El códice Florentino
Una de las características más vigorosas de los años posteriores a la invasión
europea de Mesoamérica en 1521 fue que los pueblos indígenas sostuvieron con
sus tradiciones una resiliencia creativa, que debe ser considerada un ejemplo en
la historia de la humanidad. Al ver la profunda transformación que trajo consigo la
llegada de los europeos, y al sufrir la pérdida de su historia con la destrucción de
sus ciudades y templos, así como la quema de sus más preciados libros pintados,
los habitantes de pequeños centros y grandes ciudades se dedicaron a volver a
pintar y a escribir su historia, es decir, a pintar un nuevo mundo. Los grupos
indígenas pintaron y escribieron manuscritos históricos, genealógicos, económicos
y legales en los que combinaron la escritura alfabética bilingüe en lengua indígena
y en español con pinturas que sintetizaron, con su estilo novedoso, el cambio
histórico que experimentaron los pueblos indios después de la conquista. Además,
en un esfuerzo por crear una tradición histórica inclusiva, que aceptaba la nueva
realidad, se escribieron libros de historia que revisan el pasado desde la
perspectiva del presente indígena novohispano.
Los manuscritos pintados por indígenas en formato de libro europeo son obras
que dan testimonio de la resiliencia creativa de este momento. Obras como el
Códice Borbónico, el Códice Durán, el Códice Mendocino, el Códice Telleriano-
Remensis, el Códice Ríos y el Códice Aubin, de 1576, todos en bibliotecas
europeas, son ejemplos sobresalientes. Sin embargo, el producto más importante
de este esfuerzo por recuperar la dignidad que trae consigo la profundidad
temporal de una cultura es el llamado Códice Florentino, o Historia general de la
cosas de Nueva España, realizado entre 1575-1577 en la ciudad de Tlatelolco por
Bernardino de Sahagún y un grupo de coautores nahuas integrado por sabios, en
náhuatl tlamatinime, y pintores o tlacuiloque.
El Códice Florentino fue concebido como una enciclopedia en 12 volúmenes que
abarca todos los aspectos de la vida y la cultura de los antiguos pueblos del
Centro de México, hablantes de náhuatl. Los 12 volúmenes fueron escritos en dos
columnas paralelas, la original en náhuatl a la derecha y la traducción resumida al
español a la izquierda. Todos los volúmenes están, además, acompañados por
pinturas enmarcadas; algunas tienen brillantes colores y otras están hechas en
blanco y negro. Sahagún nombra a sus más cercanos colaboradores indígenas, a
quienes describe como gramáticos trilingües, porque podían escribir en náhuatl,
español y latín: Antonio Valeriano, Alonso Vegerano, Martín Jacobita y Pedro de
San Buenaventura; menciona a los escribas que lo ayudaron a pasar en limpio los
textos: Diego de Grado, Bonifacio Maximiliano y Mateo Severino. Sahagún, sin
embargo, no menciona a los artistas que pintaron las 2 686 pinturas de los 2 000
folios que comprende la obra. Gracias a un estudio estilístico de las manos de
artistas en el documento original pude identificar a 22 pintores, de entre los cuales
cuatro son maestros y podrían ser los mismos gramáticos mencionados por
Sahagún. El llamado maestro de ambas tradiciones –quien maneja las
convenciones prehispánicas y las renacentistas de pintura, como se observa en la
imagen que pinta de Quetzalcóatl (hecho con convenciones mesoamericanas)
siendo embaucado por Tezcatlipoca disfrazado de un viejo respetable (con la
manera renacentista de sombreado y contraposto)–, y el llamado maestro de tres
cuartos de perfil, experimentado en figuras pequeñas que ocupan espacios
interiores que tienen perspectiva, son dos ejemplos de cómo se puede reconocer
a los artistas. Los textos en español de los 12 libros han sido publicados en
ediciones en español numerosas veces, la versión más apegada al texto español
del Códice Florentino es la preparada por Alfredo López Austin y Josefina
Quintana. El texto en español se titula Historia general de las cosas de Nueva
España.3 Los textos originales en náhuatl del Códice Florentino, sin embargo,
solamente se han traducido y publicado en inglés. No existe todavía ninguna
edición que nos deje apreciar las complejas relaciones entre los textos originales
en náhuatl y español y las pinturas que los acompañan. Contamos con una edición
facsimilar, con las proporciones del original, realizada por el Archivo General de la
Nación en 1979.
Ilustraciones