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Requisitos de la Conformidad Penal

1) La conformidad en un proceso penal es la aceptación voluntaria por el acusado de los hechos, la calificación jurídica y la pena solicitada por la acusación para evitar la celebración de un juicio. 2) La conformidad debe ser absoluta, expresa, personal, voluntaria y cumplir con los requisitos formales establecidos por la ley. 3) La conformidad solo puede darse para delitos menos graves con penas menores a seis años de prisión, tanto en el Juzgado de lo Penal como en

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Requisitos de la Conformidad Penal

1) La conformidad en un proceso penal es la aceptación voluntaria por el acusado de los hechos, la calificación jurídica y la pena solicitada por la acusación para evitar la celebración de un juicio. 2) La conformidad debe ser absoluta, expresa, personal, voluntaria y cumplir con los requisitos formales establecidos por la ley. 3) La conformidad solo puede darse para delitos menos graves con penas menores a seis años de prisión, tanto en el Juzgado de lo Penal como en

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15/01/2016

CONFORMIDAD DEL ACUSADO

I. CONCEPTO Y REGULACIÓN

A diferencia de lo que ocurre en el proceso civil con el denominado allanamiento del demandado a la
pretensión del actor, en el proceso penal la voluntad del imputado no puede provocar la finalización
del proceso. La única incidencia que la voluntad del imputado puede tener en el proceso penal es la
de evitar la celebración del juicio, en los casos y en el modo y forma en que la Ley de Enjuiciamiento
Criminal (artículos 655, 688 y siguientes para el procedimiento ordinario, y artículos 784.3 y 787
para el procedimiento abreviado) o la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado (artículo 50), permite su
conformidad con la pena pedida por el acusado, dictándose sentencia de conformidad.

Desde su origen en el texto de la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882, pasando por la Ley
Orgánica del Tribunal del Jurado de 1995, hasta las recientes manifestaciones en las Leyes de
reforma de 1988, 1992 y 2002, la conformidad se ha configurado en la justicia penal española como
una institución procesal basada tradicionalmente en el principio de adhesión. La conformidad es un
modo de poner fin al proceso, que supone la aceptación por el acusado de los hechos, de la
calificación jurídica y de la responsabilidad penal y civil exigida. Se parte, ciertamente, de la
autonomía de la voluntad del sujeto pasivo del proceso penal, aunque dicha autonomía queda
inicialmente limitada a la posibilidad de aceptar, sin negociación, la calificación más grave formulada
por las acusaciones, con el único beneficio para el acusado de evitar el juicio.

La escasa utilidad práctica de la conformidad estricta, en la que el acusado obtiene un beneficio poco
relevante -la simple evitación del juicio-, renunciando implícitamente a toda posible rebaja, o incluso
a la absolución que pudiera derivarse del propio juicio, condujo al legislador a introducir, muy tímida
y difusamente en la Ley Orgánica 7/1988, un principio de negociación, permitiendo que el escrito de
la defensa se presentara conjuntamente con el del fiscal (antiguo artículo 791.3 de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal), o bien autorizando al Ministerio Fiscal a que rebajara la pena en el juicio
oral con el fin de favorecer la conformidad del acusado (antiguo artículo 793.3 de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal). Con ello nuestro modelo de conformidad se aproxima a los sistemas de
"transacción penal", siguiendo en este punto los criterios de la Recomendación 18 del Consejo de
Ministros del Consejo de Europa. Un paso decidido, y no exento de polémica, que ha sido
adecuadamente justificado no sólo desde la práctica sino desde los principios constitucionales que
informan el vigente modelo de justicia penal.

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Fuera del reconocimiento de los hechos, puede el acusado conformarse con la pena más grave de las
solicitadas por las acusaciones. Es la conformidad un modo de poner fin al proceso por la voluntad
del acusado, que supone la aceptación de los hechos, de la calificación jurídica y de la
responsabilidad que se solicita por la acusación y representa un acto de disposición del derecho de
defensa. Esta disposición se concreta en la renuncia al derecho a la presunción de inocencia, y
exonera a la acusación de la carga de probar la culpabilidad del acusado en un juicio contradictorio
con pruebas y debates, de modo que la condena de quien se conforma se produce por su propia
manifestación de voluntad y no porque haya sido encontrado culpable tras el juicio oral. Así pues, la
conformidad incide tanto en el desarrollo del proceso, que finaliza anticipadamente, como en el
propio contenido de la sentencia, pues el órgano judicial queda vinculado por la manifestación del
acusado.

II. REQUISITOS DEL ACTO DE LA CONFORMIDAD

El acto procesal del acusado en que se manifiesta la conformidad debe cumplir una serie de
requisitos para su validez: la conformidad ha de ser absoluta, expresa y personalísima, voluntaria,
formal y de doble garantía (Sentencia del Tribunal Supremo, Sala 2ª, de 1 de marzo de 1.988).

En primer lugar, la manifestación del acusado ha de recaer sobre el contenido íntegro de la


calificación acusatoria, pues al escrito de acusación que contenga pena de mayor gravedad se
refieren los artículos 655 y. 787.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, es decir, la conformidad se
extiende tanto a los hechos, como a su configuración jurídica y a la pena en su concreta naturaleza y
medida, sin limitación de clase alguna. El carácter absoluto de la conformidad impide que se someta
a cualquier género de condición, plazo o término, salvo en lo que se refiere a la responsabilidad civil.
Por lo tanto, no es posible condicionar la conformidad a la suspensión de la ejecución de la pena, a
su sustitución o a cualquier otro límite o condición, pues en este caso debe continuarse el juicio oral.

En segundo lugar, la conformidad ha de ser expresa, lo que impide admitir que se manifieste o
deduzca de forma tácita o implícita y exige una categórica afirmación de la misma por parte del
acusado. Porque el carácter personalísimo de la conformidad no permite que se realice por medio de
mandatario, representante o intermediario, ni siquiera provistos de poder especial; y menos aún,
dejarse al arbitrio de un tercero. Por esta razón, el artículo 655 señala la previa ratificación del
procesado en la conformidad, y el artículo 784.3 dispone que el escrito de defensa donde se exprese
la conformidad sea "firmado también por el acusado"; o en el artículo 787.1 la defensa podrá pedir
que se proceda a dictar sentencia de conformidad "con la conformidad del acusado presente". Esta

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exigencia de la intervención personal y directa del acusado es debida al propio carácter de los
derechos procesales a los que se renuncia y de la responsabilidad criminal que se acepta, que son de
su exclusiva titularidad.

En tercer lugar, la conformidad ha de ser prestada voluntariamente. La conformidad debe prestarse


libre y voluntariamente, lo que significa, de un lado, que el acusado ha de tener pleno conocimiento
de las consecuencias de su acto, comprendiendo debidamente la naturaleza de la acusación y los
derechos a los que está renunciando; de otro lado, supone que ese acto procesal no puede haber
sido inducido mediante coacciones, amenazas, engaños, etc., de modo que podrá revocarse e
invalidarse por vicios del consentimiento, evitando precisamente que el acusado se vea condenado
cuando su conformidad adolezca de ignorancia, error, violencia o dolo. Las garantías de la
voluntariedad se concretan tanto en la necesaria concurrencia de la manifestación del acusado junto
con la de su defensor; como en que se ha de prestar ante el juez, quien debe oír " al acusado acerca
de si su conformidad ha sido prestada libremente y con conocimiento de sus consecuencias" (artículo
787.2); como en deber del secretario de informar al acusado sobre las consecuencias de la
conformidad antes de que éste la haya prestado (artículo 787.4). De todos modos, si se hubiera
dado algún vicio en la voluntad del acusado cuando expresó su conformidad, la ineficacia del acto
viciado podría hacerse valer directamente ante el sentenciador, si se descubre previamente a que se
dicte la sentencia; si no fuera así, podrá hacerse valer por vía de recurso contra la sentencia, sea
ante la Audiencia o ante la Sala Penal del Tribunal Supremo; si se descubriera en un momento
posterior se podrá plantear un proceso de revisión de la sentencia firme cuyo contenido hubiera
venido determinado por algún vicio de la voluntad (artículo 954.3 de la Ley de Enjuiciamiento
Criminal).

En cuarto lugar, la conformidad representa un acto formal, debe reunir las solemnidades requeridas
por la ley para cada uno de los momentos procesales en que puede manifestarse, formalidades que
son de estricta observancia en cuanto incorporan las garantías esenciales de tan trascendente acto
procesal. Por tanto, el procedimiento que rodea a la prestación de la conformidad ha de ser
estrictamente observado, so pena de viciar de nulidad el acto.

Finalmente, la conformidad es un acto de doble garantía, pues en todos los casos ha de manifestarse
concurrentemente las voluntades del acusado y de su abogado defensor, de modo que no basta la
declaración del acusado si no va acompañada de la de su letrado en el mismo sentido, de modo que

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si éste considera necesaria la continuación del juicio el juez podrá ordenarla no obstante la
conformidad del acusado (artículos 694 y 787.4.II).

III. ÁMBITO DE APLICACIÓN

La conformidad no puede prestarse en todos los procesos. La ley impone al juez o tribunal que dicte
sentencia de conformidad "si la pena no excediere de seis años de prisión" (artículo 787.1 de la Ley
de Enjuiciamiento Criminal y artículo 50 de la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado) o "fuese de
carácter correccional" (artículo 655 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal) refiriéndose a las penas
menos graves. Eso quiere decir que la conformidad puede tener lugar tanto ante el Juzgado de lo
Penal como ante la Audiencia, pues la distribución de la competencia entre ellos se realiza de
acuerdo con la pena que en abstracto tenga asignada la figura delictiva, de modo que la petición de
pena ante la Audiencia puede resultar inferior a su límite competencial y permitir así la conformidad
en el proceso abreviado. La regla del límite de los seis años de prisión resulta, por tanto, de
aplicación en todos los procesos penales, terminando con la confusión existente, y sirve tanto para el
proceso abreviado (artículo 787.1), como para el sumario ordinario (artículos 655 y 688), y para el
proceso ante el tribunal del jurado (artículo 50 de la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado). Ésta pura
función unificadora parece haber sido la razón última del plazo de los seis años de prisión, que no
encuentra correspondencia en otras previsiones del proceso abreviado ni de los juicios rápidos, ni en
la distribución de la competencia de los órganos judiciales, ni en las clases, cuantía y gravedad de
las penas establecidas en el Código Penal siete años antes de la Ley 38/2002. Por otro lado, debe
partirse de cada pena que se hubiera solicitado si fueran varias, es decir, tener en cuenta cada uno
de los delitos por los que se formule acusación, sin que puedan sumarse las penas solicitadas si se
tratara de más de un delito; en este caso, para admitir la conformidad ha de considerarse la
acusación por cada delito individualmente, de modo que ninguna de las peticiones de pena supere el
límite de los seis años de prisión, con independencia de que la suma de las penas pueda exceder con
creces de ese límite.

Por las propias razones que movieron al legislador a regular una conformidad especial para los
juicios rápidos, en cambio en este proceso especial se tiene presente la suma de las penas que se
hubieran solicitado, y el artículo 801.1.3 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal autoriza la sentencia
de conformidad solamente cuando "tratándose de pena privativa de libertad, la pena solicitada o la
suma de las penas solicitadas no supere, reducida en un tercio, los dos años de prisión"; sin
embargo esa regla no existe en el proceso abreviado, de modo que sólo debe tenerse en cuenta para

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la validez de la conformidad del acusado la pena que se pida por cada delito, y no la suma de penas
si se acusa por una pluralidad de delitos.

IV. MOMENTO PROCESAL

1. En el procedimiento abreviado, además de la conversión de las diligencias previas en


urgentes como consecuencia del reconocimiento de hechos por el acusado del artículo
779.1.5 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, la conformidad con el escrito de acusación
puede prestarse en tres momentos: en el propio escrito de defensa una vez abierto el
juicio oral por el Instructor (artículo 784.3 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal); en un
nuevo escrito de calificación conjunta firmado por acusadores y acusado, y al inicio de
las sesiones del juicio oral, antes de iniciarse la práctica de la prueba (artículo 787 de la
Ley de Enjuiciamiento Criminal). Se ha planteado el problema de la validez del escrito
conjunto cuando falte la firma de alguna de las acusaciones; el escrito debe contener
desde luego la firma de la acusación o de las acusaciones que hubieran pedido en su
escrito una pena superior a la que figure en la nueva calificación conjunta, pero si alguna
de las acusaciones hubiera solicitado una pena inferior a la conformada la falta de su
firma en el nuevo escrito de calificación no invalidará éste, pues su inicial petición no
había llegado a la pena con la que finalmente se conforma el acusado.

2. En los juicios rápidos (artículo 801 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal), la


conformidad del acusado con la acusación del Ministerio Fiscal debe mostrarse en el
mismo acto de presentación de su escrito, en aquellos casos en que no exista acusación
particular, o en el escrito de defensa de la parte cuando dicha acusación particular esté
personada.

3. En el procedimiento ordinario, la conformidad del acusado puede presentarse sólo en


el escrito de defensa (artículo 655 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal) y en el acto del
juicio oral (artículo 688 y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento Criminal).

4. En el procedimiento del Tribunal del Jurado, la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado
regula expresamente la conformidad (artículo 50) como una forma más de disolución del
jurado, una vez que éste ha sido constituido, encontrándose la causa ante el órgano
enjuiciador, por conformidad del acusado con el escrito de calificación que solicite la
pena de mayor gravedad o por escrito conjunto de todas las partes presentado en el

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acto. No obstante ello, aunque la Ley no regule expresamente la posibilidad de la


conformidad en la fase intermedia, tal posibilidad se desprende de la integración de
aquella norma supletoriamente con las normas de la Ley de Enjuiciamiento Criminal
(artículo 24.2 de la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado) y, por tanto, del artículo 655
de la misma, en el que se regula la conformidad en el escrito de calificación provisional
del acusado, y se ordena, previa ratificación personal del mismo ante el órgano de
enjuiciamiento, que se dicte sentencia sin más trámites (Sentencia de la Audiencia
Provincial de Asturias, Sección 2ª, de 5 de marzo de 2001, Sentencia de la Audiencia
Provincial de Madrid de 25 de abril de 2002 y Sentencia de la Audiencia Provincial de
Vizcaya de 15 de abril de 2002, entre otras).

5. ¿Se pueden modificar en el sumario las conclusiones al inicio del juicio y conseguir
una conformidad?

No está prevista esta opción legalmente, pero tan sólo podría darse este supuesto si
se llegara con carácter previo al juicio oral un acuerdo entre la defensa y la fiscalía y
acusación particular, en su caso, en virtud del cual se acordara una modificación de la
pena a interesar por las acusaciones en virtud de una confesión de los hechos y
conformidad con la pena. Llegados a este punto hay que señalar que el juez o tribunal
no interviene en estas actuaciones, ni puede hacerlo, pero si las partes comunican al
juez o tribunal esta circunstancia podrá dar la palabra al Fiscal y acusaciones para que
se pronuncien sobre esta modificación que se postula. En el caso de que fuere
procedente la conformidad atendiendo a que la petición de pena de prisión fuere no
superior a seis años podría dar la palabra al acusado para la conformidad en la forma
y metodología ya vistos.

V. EL CONTROL JUDICIAL DE LA CONFORMIDAD

El órgano judicial realizará el control de la conformidad en orden a su homologación sobre los


aspectos a los que se refieren los artículos 655 y 787 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y artículo
50.2 y 3 de la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado, es decir, en primer lugar, sobre la corrección de
la calificación aceptada y la procedencia de la pena con arreglo a esa calificación y, en segundo
lugar, sobre la voluntariedad y el conocimiento de las consecuencias de la conformidad prestada.

1. Control sobre la corrección de la calificación

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La intervención judicial una vez que se ha manifestado la conformidad recae, en primer lugar, sobre
la corrección de la calificación presentada por la acusación o en el escrito conjunto. Este control
parte necesariamente de los hechos relatados, que vinculan absolutamente al Juez o a la Audiencia
Provincial, de modo que el tribunal no podrá alterarlos, modificarlos, añadir hechos nuevos u obviar
alguno de los que se hayan introducido. Pues bien, a la vista de los hechos el juzgador ha de valorar
la corrección de la calificación jurídica. A diferencia de la anterior regulación, en la que las facultades
de control judicial sobre la conformidad se limitaba a la tipicidad del hecho o a la existencia de
circunstancias modificativas de la responsabilidad penal que se desprendieran de los hechos, el
artículo 787 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal amplía las facultades del juzgador, y le permite un
amplio control de la calificación con la que el acusado se ha conformado, que comprende todos sus
extremos, desde la aplicación y procedencia del tipo penal -bien jurídico lesionado, gravedad de la
pena correspondiente al título de acusación-, participación del acusado, grado de ejecución del delito
o circunstancias modificativas.

2. Control sobre la procedencia de la pena

Además del control sobre la calificación jurídica de los hechos, debe el juzgador ejercer un control
sobre la procedencia de la pena conformada, a la correlación entre la pena y la calificación jurídica.
Por tanto, el control judicial se refiere solamente a que la pena solicitada figure precisamente en el
tipo delictivo en donde el relato fáctico se ha encajado, tomando en consideración todas las
circunstancias del caso. De este modo, si la pena no fuera la legalmente procedente de acuerdo con
la calificación, se pondrá en marcha el mecanismo de la desvinculación judicial de la conformidad
(artículo 787.3 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal).

¿Se puede imponer pena mayor que la interesada por el Ministerio Fiscal o la acusación particular
aunque dentro del marco legal en los casos de conformidad?

Aunque no es práctica habitual, técnicamente sí que puede darse esta circunstancia, aunque dentro
de los límites marcados en el Código Penal, ya que la conformidad aceptada por el acusado obliga
solamente a tener en cuenta la literalidad de los hechos imputados, permitiendo al juzgador valorar
o determinar su adecuada tipicidad o la concurrencia de circunstancias modificativas de la
responsabilidad criminal, llevándole a imponer la pena con libertad de criterio, aunque, eso sí,
dentro de los límites marcados por las reglas contenidas en el Código Penal, como lo recoge la
Sentencia del Tribunal Supremo de 17 de diciembre de 2001, al señalar que:

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"... Estima que se ha vulnerado el principio acusatorio al serle impuesta una pena mayor que la
solicitada por el Ministerio Fiscal, en su escrito de conclusiones definitivas, a las que se adhirió
plenamente mostrando su conformidad con las mismas y renunciando consiguientemente al informe
oral por considerarlo innecesario.

La pena solicitada por el Ministerio Fiscal era de dos años de privación de libertad, mientras que la
Sala sentenciadora impone una pena de tres años a pesar de que la causa se había tramitado por el
Procedimiento Abreviado y el artículo 793.3 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal impone, en estos
casos, dictar sentencia de estricta conformidad con la aceptada por las partes.

Se ha dicho reiteradamente por la doctrina de esta Sala que la expresión "estricta conformidad"
obliga solamente a tener en cuenta la literalidad de los hechos imputados, permitiendo al juzgador
valorar o determinar su adecuada tipicidad o la concurrencia de circunstancias modificativas de la
responsabilidad criminal, llevándole a imponer la pena con libertad de criterio, dentro de los límites
marcados por las reglas contenidas en el Código Penal.

La conformidad implica un reconocimiento íntegro de los hechos, renunciando a la celebración del


juicio o, en su caso, a la posibilidad de defenderse en el alegato final cuando la aceptación se ha
producido en el momento de elevar a definitivas las conclusiones provisionales. Sus efectos son
análogos a los de una confesión, por lo que los hechos no pueden ser atacados en posteriores
recursos. Ahora bien, no por ello el órgano juzgador pierde las facultades que le proporciona
fundamentalmente el artículo 66 del Código Penal y que le permite ajustar la pena en función, no
sólo de las circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, sino también valorando las
condiciones personales del delincuente y la mayor o menor gravedad del hecho..."

Pero es que, además, en la actualidad ha desaparecido la expresión estricta conformidad que


constaba en la redacción anterior, por lo que el juez o tribunal pueden dictar sentencia por pena
inferior o incluso absolutoria en los casos de conformidad, como recuerdan PIQUÉ, VALLS y
RICHARD. Así, señalan, por ejemplo, estos autores que con la redacción del artículo 787 de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal el tribunal puede dictar sentencia individualizando la condena según proceda
en derecho. Así, apuntan que los únicos límites que debe tener el juez serán:

• No puede hacer una valoración de los hechos que deberá tener por admitidos.

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• La sentencia no puede imponer pena cuantitativamente superior a la solicitada por la


acusación, pero sin que ello suponga que el juez o tribunal pierda sus facultades de
aplicar el derecho según el principio iura novit curia.

3. Control sobre la voluntariedad de la conformidad

A su vez, debe controlar el juez la libre prestación por el acusado de la conformidad, y su


conocimiento acerca de las consecuencias de la misma, y para ello se le ha debido oír al respecto en
todo caso (artículos 688 y 787.2 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal), ratificando dicha conformidad
a presencia judicial (artículo 50.1 de la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado). La conformidad ha de
ser un acto jurídico voluntario y espontáneo que, evidentemente, no puede haberse formulado bajo
presión externa que llegue a viciar la voluntad del acusado, es decir, que no existe inducción a la
conformidad mediante ningún género de amenazas, coacciones, etc. Con este fin, el juez o tribunal,
una vez que el acusado ha sido informado de las consecuencias, le requiere para que manifieste si
presta su conformidad (artículo 787.4). Además, el acusado debe conocer y comprender las
consecuencias de la conformidad, y el juzgador debe controlar que conoce y comprende la acusación
con la que se conforma y sus consecuencias, sobre las que le deberá informar el Secretario Judicial
(artículo 787.4): que está renunciando a su defensa en el juicio oral -a su derecho a no declarar
contra sí mismo, a no confesarse culpable, y a la presunción de inocencia- y la pena que se le va a
imponer. Por ello, si el juez alberga "dudas sobre si el acusado ha prestado libremente su
conformidad, acordará la continuación del juicio" (artículo 787.4 de la Ley de Enjuiciamiento
Criminal).

VI. LA VINCULACIÓN DEL JUEZ A LA CONFORMIDAD PRESTADA

Ya la Sentencia del Tribunal Supremo, Sala 2ª, de 9 Julio de 1978 decía que "la conformidad crea
por mandato legal un estado de hecho y de derecho vinculante para las partes intervinientes y para
el propio tribunal". El artículo 787.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, intentando crear una
vinculación plena del juzgador a la conformidad si considera que los hechos están correctamente
calificados y la pena pedida es procedente, dispone que se podrá pedir "al juez o Tribunal que
proceda a dictar sentencia de conformidad con el escrito de acusación que contenga pena de mayor
gravedad", y si la pena no excede de seis años de prisión "el juez o Tribunal dictará sentencia de
conformidad con la manifestada por la defensa"; el artículo 787.2 de la Ley de Enjuiciamiento
Criminal establece que si la calificación es correcta y la pena procedente el juzgador "dictará
sentencia de conformidad". El artículo 655.II de la Ley de Enjuiciamiento Criminal señala que,

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manifestada la conformidad por el acusado, si no se conceptúa necesaria la continuación del juicio,


el Tribunal "dictará sin más trámites la sentencia que proceda según la calificación mutuamente
aceptada, sin que pueda imponer pena mayor que la solicitada". Así pues la Ley ha cuidado de
vincular al juzgador con la voluntad libremente manifestada por las partes, cuando además ésta
tiene un perfecto acomodo en el Código Penal; de modo que si la pena no supera los seis años de
prisión, o se tratara de cualquier otra pena de diferente naturaleza, la calificación conforme es
vinculante para el juzgador en todos sus aspectos. Es decir, alcanzaría a todos los elementos
determinados por el artículo 650 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal: la descripción del hecho
(Sentencias del Tribunal Supremo, Sala 2ª, de 28 de febrero de 1996 y 4 de febrero de 1997), su
configuración jurídica, la pena concreta (Sentencia del Tribunal Supremo, Sala 2ª, de 30 de
septiembre de 1993) y, en su caso, la petición de responsabilidades civiles.

Ahora bien, todo lo expuesto no impide que la ley autorice en algunos casos al juez o tribunal para
que se desvincule de lo pedido por todas las partes, sucesiva o conjuntamente, lo que pasa por un
rechazo de la conformidad. En el procedimiento abreviado, el artículo 787.1 de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal establece que el juez dictará sentencia de conformidad si la pena no excede
de seis años, y si concurren los requisitos establecidos en los apartados siguientes, que no son otros
que la correcta calificación y procedencia legal de la pena, y, por otro lado la voluntariedad de la
conformidad. De manera que si estos presupuestos no concurren, y la parte que presentó el escrito
de acusación más grave no rectifica, se acordará la continuación del juicio. Asimismo, el artículo
787.3 introduce un control de legalidad más amplio, y una posible desvinculación de la conformidad
también mayor, pues recoge un control de legalidad que puede operar tanto a favor del reo
(exención, atenuación o atipicidad) o en contra del mismo (agravantes) esta última incluida en el
artículo 787 bajo la general expresión de "calificación incorrecta o pena de mayor gravedad"; pero
ese control no lleva a la sentencia, sino que el juez o tribunal ha de ordenar la continuación del juicio
oral. Por su parte, en el procedimiento ordinario, además de aquel control de los presupuestos de la
conformidad, se recoge expresamente el control judicial de legalidad en contra del reo en el artículo
655 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que prevé la improcedencia de la calificación porque deba
hacerse otra más grave, lo que conduciría igualmente a la continuación del juicio. Finalmente, en el
procedimiento del Tribunal del Jurado, el artículo 50.3 de la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado
recoge la posibilidad de desvincularse el Magistrado-Presidente del Tribunal del Jurado de la
conformidad presentada cuando entendiera que los hechos aceptados "pudieran no ser constitutivos
de delito o que pueda resultar la concurrencia de una causa de exención o de preceptiva atenuación"

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con la consecuencia de no proceder a la disolución del jurado y, "previa audiencia de las partes,
someter a aquél (el Jurado) por escrito el objeto del veredicto". En definitiva, lo que realmente
vincula al juzgador, como se ha dicho, es el relato fáctico aceptado por las partes y no necesitado de
actividad probatoria, pues la conformidad excluye toda tarea para llegar a la libre convicción sobre
los hechos, pudiendo desvincularse de la conformidad en su control de la legalidad de la misma.

VII. LOS RECURSOS CONTRA LAS SENTENCIAS DE CONFORMIDAD

Las sentencias de conformidad serán recurribles en apelación ante la Audiencia Provincial (artículos
790 a 792 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal) si hubieran sido dictadas por el Juez de lo penal y,
en su caso, ante el TS en casación; en casación ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo
cuando el conocimiento del proceso hubiera correspondido a una Audiencia Provincial, o ante la Sala
de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia cuando la sentencia la hubiere dictado el Magistrado-
Presidente del Tribunal del Jurado.

Ahora bien, el acusado no podrá impugnar por razones de fondo (por falta de tipicidad, indebida
aplicación de un precepto penal, etc.) la conformidad que libremente hubiera prestado, en aplicación
de la doctrina de los actos propios.

Una constante doctrina jurisprudencial (Sentencias del Tribunal Supremo, Sala 2ª, de 9 de mayo de
1.991, 19 de julio de 1.996, 26 de octubre de 1.998, 27 de diciembre de 1.999 y Nº 1784/2000, de
20 de diciembre, entre otras) ha venido recordando que las sentencia dictadas por conformidad de
las partes no pueden ser objeto de revisión casacional, porque la plena aceptación por el acusado de
los hechos imputados por la acusación, de la calificación jurídica de éstos y de la pena interesada,
todo ello con la garantía y el aval del defensor, implica un desistimiento implícito a impugnar en
sede de casación las cuestiones fácticas, jurídicas y penológicas que previamente se habían
aceptado en el trámite procesal previsto a tales efectos por la ley y con observancia de cuantos
requisitos y formalidades exige la norma reguladora de esa institución (artículo 793.3 -hoy artículo
787- en el procedimiento abreviado, y artículo 655 para el proceso ordinario, ambos de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal). En consecuencia, las sentencias dictadas en régimen de conformidad que
se regulan en el artículo 787 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal en el procedimiento abreviado) no
pueden ser recurridas por razones de fondo si la conformidad ha sido libremente pactada.

Como excepción a este régimen general, cabría interponer recurso contra las mismas cuando no se
respeten los requisitos formales, materiales y subjetivos legalmente necesarios para la validez de la
sentencia de conformidad o no se hayan respetado los términos del acuerdo entre las partes (Auto

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del Tribunal Supremo, Sala 2ª, Nº 1819/2003, de 6 noviembre). Así, la Sentencia del Tribunal
Supremo, Sala 2ª, Nº 1087/2001, de 8 junio [Rec. 3883/1999] admitió la recurribilidad de una
sentencia dictada por conformidad de las partes al estar la impugnación limitada al alcance
penológico del fallo de la resolución de instancia dados los términos en que se formuló la petición
acusadora. En dicha sentencia se recogía una exceso punitivo en las penas accesorias, ya que se
imponían dos penas (suspensión de empleo o cargo público e inhabilitación especial del derecho de
sufragio pasivo durante el tiempo de la condena) cuando el artículo 56 del Código Penal sólo autoriza
la imposición de "alguna" de las penas que a renglón seguido describe, razón por la cual se suprimió
la pena de suspensión de empleo o cargo público.

Por otro lado, la Sentencia del Tribunal Supremo, Sala 2ª, Nº 339/2005, de 21 de marzo reconoce la
posibilidad de revisión de las sentencias conformidad, ya que "la conformidad expresada en el
proceso no debe ser equivalente a la prueba de los hechos mediante confesión, dado que no se basa
en un expreso reconocimiento de la autoría, sino en la presión que ejercía en el caso concreto sobre
la Defensa y el acusado el riesgo de ser sometido a una pena mayor ante la situación de
imposibilidad de conseguir otras pruebas -que como se vió existían- y, en el caso de que no se le
creyera su versión de los hechos -que como se vio era real-, no tuviera ningún otro elemento para
contradecir la acusación. Por otra parte, entendemos que un nuevo informe proveniente de la
Dirección General de la Policía conteniendo una aclaración decisiva sobre los hechos, proveniente de
sus propios archivos a los que el acusado no tenía acceso y que, además, desmiente la versión
anterior que sirvió de único apoyo de la acusación, cumple con las exigencias formales del artículo
954.4 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal."

La sentencia del Tribunal Supremo de 21 de marzo de 2012 trata sobre la circunstancia de que la
regla general de inadmisibilidad del recurso de casación frente a las sentencias dictadas de
conformidad está condicionada a una doble exigencia: que se hayan respetado los requisitos
formales, materiales y subjetivos legalmente necesarios para la validez de la sentencia de
conformidad y que se hayan respetado en la sentencia los términos del acuerdo entre las partes.

Así, por ejemplo, desde la primera de dichas perspectivas resulta admisible un recurso interpuesto
frente a una sentencia de conformidad, cuando se alegue que se ha dictado en un supuesto no
admitido por la ley en razón de la pena, cuando se alegue que no se han respetado las exigencias
procesales establecidas (por ejemplo la «doble garantía» o inexcusable anuencia tanto del acusado
como de su letrado), cuando se alegue un vicio de consentimiento (error, por ejemplo) que haga

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ineficaz la conformidad (sentencia 23 de octubre de 1975), o, en fin, cuando, excepcionalmente, la


pena impuesta no sea legalmente procedente conforme a la calificación de los hechos, sino otra
inferior, vulnerándose el principio de legalidad (sentencia 17 de abril de 1993).

Desde la segunda de dichas perspectivas, resulta admisible el recurso interpuesto contra sentencias
que no respeten los términos de la conformidad de las partes , bien en el relato fáctico, bien en la
calificación jurídica o bien en la penalidad impuesta , debiendo recordarse que la admisibilidad del
recurso no determina la decisión que en su momento haya de adoptarse sobre su estimación, pues
el Tribunal sentenciador, por ejemplo, no pierde sus facultades de individualizar la pena en cuantía
inferior a la solicitada (sentencias 4 de diciembre 1990 , 17 de junio y 30 de septiembre de 1991 ,
17 de julio de 1992 , 11 , 23 y 24 de marzo de 1993), teniendo como límite en cuanto a la penalidad
no poder imponer pena más grave que la pedida y conformada (cfr. STS 27-4-1999).

Dicha conformidad, como dice la Sentencia de 1 de marzo de 1988 , resumiendo la doctrina de esta
Sala, para que surta sus efectos, ha de ser necesariamente «absoluta», es decir, no supeditada a
condición, plazo o limitación de cosa alguna; «personalísima», o, dimanante de los propios acusados
o ratificada por ellos personalmente y no por medio de mandatario, representante o intermediario;
«voluntaria», esto es, consciente y libre; «formal», pues debe reunir las solemnidades requeridas
por la ley, las cuales son de estricta observancia e insubsanables; «vinculante», tanto para el
acusado o acusados como para las partes acusadoras, las cuales una vez formuladas, han de pasar
tanto por la índole de la infracción como por la clase y extensión de la pena mutuamente aceptada e
incluso para las Audiencias , salvo en los casos antes expresados; y, finalmente, «de doble
garantía», pues se exige inexcusablemente anuencia de la defensa y subsiguiente ratificación del
procesado o procesados -en la hipótesis contemplada en el artículo 655- o confesión de acusado o
acusados y aceptación tanto de la pena como de la responsabilidad civil, más la consecutiva
manifestación del defensor o defensores de no considerar necesaria la continuación del juicio -
artículos 688 y ss. LECrim -."

VIII. ALCANCE DE LA CONFORMIDAD SOBRE LA RESPONSABILIDAD CIVIL

La conformidad de los acusados, manifestada en el acto del juicio, no obliga al juez o Tribunal a
dictar un pronunciamiento sobre responsabilidades civiles ajustado a lo pedido por el Fiscal o la
acusación particular, ya que la jurisprudencia del Tribunal Supremo señala que se pueden revisar las
peticiones sobre responsabilidades civiles.

Señala la Sentencia del Tribunal Supremos de 4 de junio de 2002 que:

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"... Los artículos 103 y 104 del Código Penal de 1973 y los similares 112 y 113 del Código Penal de
1995 al regular los términos de obligación de reparar los daños causados y de indemnizar los
perjuicios causados, se están indudablemente refiriéndose a los daños y perjuicios ocasionados por
el obligado a reponer e indemnizar, siendo obvio que tal obligación no podía imponerse a una
persona totalmente ajena al hecho delictivo originador de los daños y perjuicios."

"... Por ello debe estimarse el recurso, por considerar que la imposición a Eusebio y a Marcelino de la
obligación de indemnizar a Raúl y a Ildefonso, supuso la infracción de los artículos 19, 103 y 104 del
Código Penal de 1973, y de los artículos 109, 112 y 113 del Código Penal de 1995.

La conformidad de los acusados, manifestada en el acto del juicio, no obligaba al Tribunal a quo a
dictar un pronunciamiento sobre responsabilidades civiles ajustado a lo pedido por el Fiscal, ya que
según jurisprudencia de esta Sala (Sentencias de 3 de julio y 7 de noviembre de 1990) las
Audiencias, en tales supuestos de conformidad no pueden imponer pena más grave que la
mutuamente aceptada, aunque sí absolver o imponer pena inferior a la convenida, y lógicamente
también pueden revisar las peticiones sobre responsabilidades civiles, cuando de los hechos
declarados probados en virtud de la conformidad, y por aplicación de las normas del Código Penal,
no cabe deducir las consecuencias indemnizatorias interesadas por la Acusación."

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