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El Bien Jurídico en Los Delitos de Maltrato Animal

El documento discute el bien jurídico protegido en los delitos de maltrato animal. Existen dos posiciones principales: 1) que el bien jurídico son los humanos, protegiendo la moral pública y prevenir la crueldad hacia personas, y 2) que el bien jurídico son los propios animales, reconociéndolos como sujetos de derechos. Aunque la primera es la visión tradicional, la legislación argentina y jurisprudencia reciente apoyan la segunda posición de proteger directamente el derecho de los animales a no ser maltratados.
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El Bien Jurídico en Los Delitos de Maltrato Animal

El documento discute el bien jurídico protegido en los delitos de maltrato animal. Existen dos posiciones principales: 1) que el bien jurídico son los humanos, protegiendo la moral pública y prevenir la crueldad hacia personas, y 2) que el bien jurídico son los propios animales, reconociéndolos como sujetos de derechos. Aunque la primera es la visión tradicional, la legislación argentina y jurisprudencia reciente apoyan la segunda posición de proteger directamente el derecho de los animales a no ser maltratados.
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El bien jurídico en los delitos de maltrato animal*

Nadia Espina**
Universidad de Buenos Aires
SUMARIO: 1. Introducción /2. Protección legal del animal no humano en
Argentina/ 3. El bien jurídico en el delito de maltrato animal /4. Evolución en
la jurisprudencia /5. Conclusiones .

1. Introducción
El delito de maltrato o crueldad animal genera una discusión en la dogmática
jurídico penal acerca de la titularidad del bien jurídico. Mientras que el sector
mayoritario de la doctrina, pretende justificar la tipificación de las conductas
de maltrato animal como un delito contra los humanos, la doctrina minoritaria
propone considerarlo como un delito contra el animal no humano.

Esencial es para ese debate la consideración sobre el estatus jurídico del animal
que históricamente fue concebido como un objeto de propiedad de los huma-
nos. Reconocer que los animales no humanos, son los verdaderos titulares del
bien jurídico en el delito de maltrato o crueldad, implica introducir la idea de
que los mismos son sujeto de derechos.

Son pocos los autores que abordan la cuestión animal, y en particular, que
analizan quiénes pueden ser considerados como verdaderas víctimas de los de-
litos de referencia. Una luz de esperanza representa la jurisprudencia de los
distintos países que en los últimos años rompe con el tradicional narcisismo
antropocéntrico y declara a los animales no humanos como titulares de ciertos
derechos básicos.
*El presente es una transcripción de la conferencia virtual llevada a cabo en el II Congreso Internacional
Multidisciplinario de Derecho y el IV Encuentro Macrorregional de Estudiantes de derecho, organizado por
Amachaq Escuela Jurídica del 12 al 24 de julio del 2021.
**Es abogada con Magister en Derecho Penal, además es profesora adjunta interina de Derecho Penal. Posee
un doctorado de la Universidad de Buenos Aires. Es vicepresidenta de la Asociación Argentina de Profesores
de Derecho Penal. Fue directora general de Capacitación y Escuela del Ministerio Público Fiscal de la Na-
ción. Actualmente se desempeña como funcionaria del Ministerio pública Fiscal de Argentina.
Nadia Espina

De cualquier modo, el reconocimiento de ciertos derechos a los animales no


humanos, no es ampliamente aceptado e incluso es descalificado por quienes
asumen posiciones radicalmente opuestas. Lo mismo ocurrió cuando se planteó
por primera vez que todos los humanos teníamos derechos inviolables. Menes-
ter es destacar que hasta el siglo XIX, la Corte Suprema de Estados Unidos
sostenía la inferioridad del negro, en la medida que no tenía ningún derecho
que el blanco estuviera obligado a respetarle.

Las luchas contra el racismo y el sexismo, constituyen la antesala de la lucha


contra el especismo, que sobre la base de discursos éticos y jurídicos niega que
los animales no humanos tengan derechos. Esa lucha, comenzó hace más de dos
siglos atrás en el campo de la filosofía, cuando algunos autores plantearon la
posibilidad de considerar moralmente a los animales no humanos.

Las distintas posiciones éticas en la consideración de los animales, trasladadas


al campo jurídico, dan lugar en el siglo XIX a las primeras leyes de protección
penal a los animales. Será a partir de entonces que se analizarán las distintas
visiones sobre el bien jurídico lesionado en los delitos de maltrato, para con-
cluir que la postura que mejor se adecua a la legislación argentina, es la de
reconocer que el bien jurídico es el derecho del propio animal no humano a no
ser objeto de crueldad, lo que implica necesariamente reconocerlos como sujeto
de derechos.

2. Protección legal del animal no humano


Las ideas del utilitarista clásico, Jeremy Bentham, nucleadas en la capacidad de
sufrimiento de los animales no humanos, influyeron en las primeras leyes de
protección a los animales del siglo XIX.

Si bien el primer antecedente en regular el maltrato animal se encuentra en


Gran Bretaña, a partir de la ley conocida como Martin Acts de 1822, en Ar-
gentina los orígenes en materia de protección legal a animales no humanos, se
relacionan con la labor emprendida por Domingo Faustino Sarmiento, como
presidente de la Sociedad Argentina Protectora de Animales.

En el campo penal, la primera ley que sancionó los malos tratos a los animales
se remonta al año 1891, y tuvo como antecedente al proyecto presentado por
Sarmiento en 1884.

Luego en 1953, el diputado y presidente de la Cámara baja, Antonio J. Benítez,


elaboró a pedido del entonces presidente Juan Domingo Perón, un proyecto de
ley en base a dos iniciativas peronistas, una de 1947 y otra de 1951.
El bien jurídico en los delitos de maltrato animal

Esas propuestas se plasmaron en la vigente ley N° 14.346, conocida como “Ley


Benítez”, por quien fuera su autor.

3. El bien jurídico el delito de maltrato ambiental


En la dogmática jurídico penal, el concepto antropocéntrico de bien jurídico,
genera diferentes discusiones acerca de su titularidad, en el delito de maltrato
animal. Así, la cuestión se debate entre quienes sostienen que ese delito guarda
relación con los humanos, y quienes consideran que el animal no humano es su
verdadero titular. Si bien el primer sector representa la doctrina mayoritaria y
el segundo la minoritaria, tampoco faltan los autores que mantienen una pos-
tura deslegitimante.

3. a. Una visión antropocéntrica


En su libro La pachamama y el humano, E. Raúl Zaffaroni señala que para en-
tender al maltrato animal como un delito contra los humanos, se considera que
el bien jurídico es: 1) La moral pública o las buenas costumbres, 2) El interés
moral de la comunidad y 3) La lesión al medio ambiente.

No obstante, se observa que en la búsqueda por justificar el delito desde una


posición antropocéntrica, la doctrina acude con frecuencia a encontrar distin-
tos y nuevos bienes jurídicos, dando lugar a diferentes clasificaciones entre los
autores que se consulten.

3. a. 1. La moral pública o las buenas costumbres


La doctrina que se remonta al siglo XIX, considera que el bien jurídico en el
maltrato animal es la moral y las buenas costumbres, basado en: 1) el senti-
miento de piedad, amor o compasión del humano hacia los animales, y 2) la pro-
moción de la educación civil, para evitar ejemplos de crueldad que acostumbren
al hombre a la insensibilidad ante el dolor ajeno.

Fue Karl Ferdinand Hommel (1722-1781), quien en el año 1769, señaló que
el que encontraba placer en el dolor o tormento del animal, seguramente se
complacería en desagarrar humanos. Así, el representante del penalismo ilus-
trado en Alemania, fundaba el castigo en el delito del maltrato animal en tanto
entendía que aquellos carecían de derechos.

Esta perspectiva antropocéntrica encuentra sus raíces filosóficas en Inmanuel


Kant (1724-1804) para quien el animal no era sujeto de relaciones jurídicas
sino objeto. El humano solo tenía deberes hacia sí mismo y hacia los otros
Nadia Espina

humanos, pero no hacia los animales. Según ese autor, en el maltrato animal se
encontraba en juego el deber del humano hacia sí mismo porque el sufrimiento
de los animales no humanos le generaba compasión, lo que debilitaba paulati-
namente una predisposición natural muy útil a la moralidad en relación con los
demás humanos.

La doctrina penal del siglo XIX aparece influenciada por el criterio kantiano.
Desde esa perspectiva, la sociedad emerge como titular del bien jurídico por-
que no tolera ver que se haga sufrir de forma innecesaria a los animales no
humanos, o porque la crueldad y el maltrato hacia los animales no humanos
predisponen a la sociedad o a alguno de sus miembros, a asumir moralmente el
maltrato contra otras personas.

La moral como bien jurídico apela a la sensibilidad humana frente a la crueldad


y al sufrimiento infligido al animal no humano. Se intentan fomentar los sen-
timientos de piedad, compasión o amor de los humanos hacia los animales no
humanos, y se castiga al humano cuando el sufrimiento de los últimos despierta
compasión hacia los animales no humanos.

En Argentina, el proyecto originariamente presentado por el diputado Bení-


tez, consideraba al maltrato o crueldad animal como un delito contra el sen-
timiento social del pueblo civilizado para evitar que se despierten o fomenten
en el humano instintos de crueldad hacia sus semejantes. No obstante, la ley
Nº 14.346 -actualmente vigente- se pronuncia por considerar que los animales
no humanos son las verdaderas víctimas del delito en el artículo primero de la
norma, colocándolos así como titulares del bien jurídico lesionado.

Tanto los sentimientos de piedad, compasión o amor hacia los animales no


humanos como la tendencia a cometer actos de crueldad contra los hombres
(moral y buenas costumbres) encuentran como objeto de protección a la socie-
dad y no al animal no humano. Ese aspecto será el que permita diferenciar esta
postura con la del bien jurídico como interés moral de la comunidad aunque
esta última posición queda en un gris intermedio que encierra en sí misma una
enorme contradicción.

Entre las críticas, Zaffaroni señala que se encuentra el inconveniente de dejar


atípicos los actos de crueldad o maltrato que se realicen en privado, en tanto si
los actos de crueldad o de maltrato no se producen en público o frente a terce-
ras personas, nunca podría verse afectada la moral entendida como sentimien-
tos de amor, piedad o compasión hacia los sujetos de una vida distinta.
El bien jurídico en los delitos de maltrato animal

Otra cuestión es la relacionada con la moral como bien jurídico, la que encuen-
tra obstáculo en el principio de lesividad heredado desde la Ilustración, según
el cual el Derecho penal solo debe intervenir si amenaza una lesión o peligro
para concretos bienes jurídicos y no por meras inmoralidades. Así pensadores
ilustrados como Hommel y Beccaria exigían un concreto daño al prójimo o a la
sociedad para castigar conductas, lo que ponía un límite al ius puniendi.

Es la introducción al concepto de bien jurídico por Birnbaum la que pone en


conflicto toda valoración abstracta para pasar a exigir la necesidad de lesión de
un bien jurídico susceptible de titularidad por un sujeto. En particular, la idea
de lesión del bien jurídico es lo que marca un límite con aquellas leyes penales
arbitrarias motivadas en cosas contrarias a la moral, la ética u otras conductas
reprobables.

Por otra parte, pretender fundar el maltrato animal en la peligrosidad que re-
presentaría el humano frente a futuros ataques a sus semejantes, acerca esta
posición al positivismo peligrosista en donde no importa el delito sino la peli-
grosidad revelada por el hecho o por la mala vida. Ello conlleva a un Derecho
penal de autor en contraposición a un Derecho penal de acto. No debe olvidarse
que conforme al nullun crimen, nulla poena sine actione, no puede haber delito
y por tanto pena sin una acción o conducta, ni tampoco se puede penar por el
carácter peligroso del sujeto o por el dato impreciso de su modo de conducirse
o comportarse.

3. a. 2. Interés moral de la comunidad


Se trata de la doctrina que cobra auge en el siglo XX y que en la actualidad
tiene la mayor cantidad de adeptos en la dogmática penal. Los autores que la
sostienen parten por considerar a la salud y al bienestar de los animales no
humanos como objeto de protección, pero en cuanto esos aspectos representen
un interés moral de la comunidad.

Esta línea encuentra sus raíces en el pensamiento de Schopenhauer, para quien


los actos de crueldad contra los animales no humanos vulnerarían el principio
moral supremo que es la compasión. De ese modo, la comunidad no soporta ver
que se haga sufrir innecesariamente a seres sintientes capaces como el humano
de experimentar dolor y placer.

Se señala incluso contradictoriamente que el bienestar animal entendido como


ausencia de sufrimientos innecesarios, se corresponde mejor con el reconoci-
miento de derechos propios de los animales no humanos, ya que ofende a los
humanos que se maltrate a los animales no humanos porque los mismos expe-
Nadia Espina

rimentan dolor y sufrimiento, así se pretende que vivan bien en las condiciones
de su especie. De ese modo, estos autores entienden que la obligación de no so-
meter a los animales no humanos a malos tratos se deriva de que se le reconoce
al animal no humano el bienestar.

Esta posición queda a mitad de camino porque la misma reconoce que los ani-
males no humanos son seres sintientes pero asimismo estos últimos no dejan de
ser un mero objeto. En definitiva, la salud y el bienestar animal se fundamentan
–si bien bajo otro ropaje– a partir de los sentimientos de compasión hacia los
animales no humanos, en base a una raíz marcadamente antropocéntrica.

Sin embargo, algunos autores sostienen que esos sentimientos humanos de


compasión y amor hacia los animales no humanos son los que impulsaron la
tipificación de los delitos de maltrato o crueldad. A partir de entonces, consi-
deran que la interpretación de los tipos penales de maltrato o crueldad animal
deben seguir su propio camino en donde no parece que existan obstáculos para
entender que el bien jurídico es el bienestar animal, lo no implica para ellos
afirmar ni negar la existencia de ciertos derechos a favor de los animales no hu-
manos. En efecto, los seguidores de esta corriente entienden que los animales
no humanos no pueden ser titulares de derechos, pero no descartan que sean
objetos de protección.

La sociedad aparece como titular del bien jurídico y el animal no humano, pese
a ser considerado un ser vivo capaz de sufrir y sentir, constituye el objeto ma-
terial del delito.

Entre los argumentos para negar la protección de la vida o integridad del


animal no humano como ser vivo, este sector plantea, por un lado, la falta de
representación procesal de los mismos durante un proceso penal, y por el otro,
que el reconocimiento como sujeto pasivo del delito de maltrato animal, im-
plicaría asignarle la de sujeto activo de otros tipos penales. Dichas objecio-
nes son rebatibles en tanto la posición que parte por reconocer la titularidad
de ciertos derechos a los animales no humanos, les confiere derechos pero no
obligaciones, equiparándolos a un niño recién nacido que posee derechos y que
por tanto puede ser sujeto pasivo de delitos, pero que carece de capacidad para
cometerlos. Por otra parte, cuestionar su representación procesal no parece un
fundamento hoy admisible cuando existe una tendencia hacia la responsabili-
dad penal de las personas jurídicas. Asimismo, la representación de los anima-
les no humanos en el proceso penal puede ser llevada adelante por asociaciones
protectoras de animales o por unidades fiscales especializadas.
El bien jurídico en los delitos de maltrato animal

3. a. 3. Medio ambiente
Es minoritaria la doctrina que se inclina por considerar que el medio ambiente
es el bien jurídico lesionado en los delitos de maltrato animal. La asociación
de estos delitos con el medio ambiente vendría dada por su objeto material,
en la medida que se considere que los animales no humanos forman parte del
entorno. Así en la doctrina alemana, Wiegand entiende que “se pone en peligro
el medio ambiente cuando se daña la integridad física o psíquica del animal al
matarlo o maltratarlo cruelmente”.

En España, la discusión de la naturaleza como bien jurídico tiene origen en la


reforma del Código Penal del año 2003, cuando se introduce el delito de mal-
trato animal junto a los delitos relativos a la protección de la flora y la fauna, lo
que lleva a distintos autores a sostener que los animales no humanos no forman
parte del medio ambiente o naturaleza. Incluso esta discusión se profundiza en-
tre los que distinguen la fauna urbana de la silvestre para concluir que cuando
se trata de los primeros no existe relación entre las conductas de maltrato o
crueldad y el equilibrio del ecosistema. Asimismo, otros señalan que los inte-
reses medioambientales pueden ir en sentido contrario a la protección de los
animales no humanos, en la medida en que el restablecimiento de un ecosistema
puede aconsejar el sacrificio masivo de alguno de ellos.

Desde mi punto de vista, no sería correcto incluir al maltrato animal dentro


de los delitos contra el medio ambiente, pues se trata de dos bienes jurídicos
diferentes. Más aún cuando se pretende el cambio de estatus jurídico de los ani-
males no humanos hacia una concepción que los considere como sujeto de dere-
chos. Parece lógico que en el caso del medio ambiente o la naturaleza se quiera
salvaguardar el equilibrio ecológico, mientras que en el caso del maltrato se
pretende evitar que ciertos animales no humanos, aisladamente considerados,
sufran innecesariamente como consecuencia de ciertas conductas humanas.

En efecto, en la mayoría de los casos de delitos contra el medioambiente se


justifican para preservar el equilibrio ecológico pero encuentran como funda-
mento último y antropocéntrico a las generaciones humanas actuales y futuras.
No ocurre lo mismo en aquellos países como Bolivia o Ecuador donde se ha
reconocido expresamente el carácter de la Naturaleza como sujeto de derechos.

3. b. Deslegitimantes
Dentro de este sector, se incluyen aquellos autores que sostienen que las con-
ductas no deberían ser tipificadas como delitos o que ponen en duda la existen-
cia de un bien jurídico identificable.
Nadia Espina

Un sector de la doctrina, defiende la administrativización del maltrato animal,


lo que en palabras de Zaffaroni “parece un recurso simplista de penalistas en
apuros para sacarse de encima un problema expulsándolo del campo jurídico
penal” , mientras que otros sostienen que el delito de maltrato animal, desde el
punto de vista de la teoría del bien jurídico, presenta problemas de legitimación
, o bien ponen en duda y señalan con cierto agnosticismo que en este delito
exista un bien jurídico identificable .

3. c. Los animales no humanos como sujeto de derechos


El reconocimiento de los animales no humanos como sujeto de derechos, como
ya se ha visto, representa en la actualidad un amplio debate ético, filosófico e
incluso político, cuyo punto en común es el rechazo a la división cartesiana en-
tre los animales no humanos concebidos como máquinas y los humanos como
únicos seres dotados de alma y racionalidad.

Fue a partir del utilitarista clásico Jeremy Bentham (1748-1832), que se inició
el planteamiento moderno de la cuestión hace dos siglos, y que continua su
desarrollo a través de Peter Singer y Tom Regan, entre otros.

En el campo jurídico, el primer antecedente en la consideración del propio ani-


mal a no ser objeto de crueldad humana se encuentra en Berner.

Lo cierto es que desde que se reconoce que el animal no humano es un ser sin-
tiente, capaz de experimentar dolor y placer, surge la necesidad de precisar que
el bien jurídico en el delito de maltrato animal es el derecho del propio animal
no humano a no ser objeto de crueldad, para lo cual es menester reconocerle el
carácter de sujeto de derechos.

Esta posición es la que asume Zaffaroni en su obra La Pachamama y el Humano


y es la que mejor se adecua con la vigente ley argentina que refiere al animal no
humano como verdadera víctima del delito. Así, también lo expresa junto a sus
coautores Alagia y Slokar en Derecho Penal, Parte General, quienes parten por
definir al bien jurídico como una relación de disponibilidad de un sujeto con un
objeto, toda vez que algunas veces los sujetos no son personas . Así, concluyen
en la conveniencia de rechazar la tesis personalista del bien jurídico para reco-
nocer que hay bienes jurídicos de sujetos no humanos (animales).

Lo que se propone es que a los animales no humanos se les reconozcan ciertos


derechos, principalmente el derecho a la vida, a la libertad y a la integridad. No
obstante, los cuestionamientos de la doctrina a esa propuesta guardan relación
El bien jurídico en los delitos de maltrato animal

con la visión antropocéntrica del bien jurídico que tiene origen en el Estado
moderno.

En ese sentido, Roxin expresa que en el delito de maltrato animal no se tiene


que renunciar al principio de protección de bienes jurídicos sino que hay que
ampliarlo, mediante la extensión del contrato social a otras criaturas de la crea-
ción (Mitgeschöpfe). Así, ese autor sostiene que en el maltrato animal, la ley ale-
mana tiende a la protección de la vida y del bienestar animal, pero que aquello
no significa que se proteja una simple concepción moral sino que hay que partir
por considerar que “el legislador en una especie de solidaridad con las criatu-
ras, también considera a las especies superiores de animales como criaturas de
la creación (…) a los que, como tales, protege”, ya que “su sensación de dolor
se equipara hasta cierto grado, a la del ser humano” . De ese modo, el profesor
de Münich parece concluir en que el fundamento del bien jurídico reside en los
derechos a la vida y a la integridad de los animales de manera autónoma.

4. Evolución en la jurisprudencia
La discusión ética, filosófica y jurídica que abre camino a la posibilidad de con-
siderar al animal no humano como sujeto de derechos, y consecuentemente
titular del bien jurídico lesionado en el delito de maltrato o crueldad animal
en Argentina, encuentra su correlato en la jurisprudencia de los últimos años.

-“La orangutana Sandra”

En noviembre de 2014, la Asociación de Funcionarios y Abogados por el De-


recho de los Animales -AFADA-, presentó una acción de habeas corpus ante
el Juzgado de Instrucción Nº 47 de la Ciudad de Buenos Aires, a favor de la
orangutana Sandra, por encontrarse privada ilegitima y arbitrariamente de su
libertad en el Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires, con su salud física y
psíquica deteriorada, y con riesgo de muerte. Motivo por el cual, se solicitó
su liberación y posterior reubicación en el santuario de primates de Sorocaba,
ubicado en el Estado de São Paulo, Brasil.

El pedido fue rechazado por el juzgado y la Sala VI de la Cámara Nacional de


Apelaciones en lo Criminal y Correccional, confirmó lo resuelto. Ello motivó
la presentación de un recurso de casación.

A fines del año 2014, la Sala II de la Cámara Federal de Casación Penal, enten-
dió que en virtud de “una interpretación dinámica y no estática por la cual es
menester reconocer al animal el carácter de sujeto de derechos, pues los sujetos
Nadia Espina

no humanos (animales) son titulares de derechos”. Es decir, reconoció que San-


dra era una persona no humana.

Remitidas las actuaciones a la Justicia Penal Contravencional y de Faltas, el


caso se resolvió el 21 de octubre del año 2015 mediante acción de amparo,
reconociendo a Sandra como sujeto de derechos. Para así resolver, se sostuvo
que eran dos las cuestiones a considerar: 1) Si la orangutana Sandra poseía
derechos, y 2) Si correspondía proceder a su liberación o traslado.

En relación a la primera, con cita al fallo de la Sala II de la C.F.C.P., la magistra-


da consideró: “La orangutana Sandra es una persona no humana, y por ende, sujeto
de derechos y consecuentes obligaciones hacia ella por parte de las personas humanas.
La norma de fondo resulta aplicable al caso, si las condiciones de cautiverio de Sandra
contrarían los fines tenidos en cuenta en la ley 14346, de no infligir sufrimiento a un
ser viviente. Surge que el interés jurídicamente protegido por la ley, no es la propiedad
de una persona humana o jurídica sino los animales en sí mismos (…) se trata de reco-
nocerle a Sandra sus propios derechos, como parte de la obligación de respeto a la vida
y de su dignidad de ser sintiente´”, y agregó “…la decisión de lo que es considerado
superior y lo que es considerado inferior (…) es una construcción social, no es algo dado
por la naturaleza. Entender y darse cuenta que los modos de categorizar y clasificar
encierran relaciones de poder específicas, que a su vez pueden provocar relaciones de
desigualdad, dominación y sometimiento de seres vivientes, nos permitirá la posibili-
dad de cambiar ciertos modos de ver y actuar sobre nuestra vida cotidiana y sobre la
vida de los otros humanos y no humanos”.

Respecto a la segunda, sostuvo que Sandra era una persona mono-única, que
tenía derecho a gozar de una mejor calidad de vida y por ello, encomendó a la
Mesa Técnica de Expertos, definir las mejores condiciones para Sandra. Sin
embargo, dado que no ordenó su traslado al santuario de Brasil, adscripto al
Proyecto Gran Simio, aún permanece cautiva.

La sentencia de la Sala II de la CFCP sentó un precedente en la jurisprudencia


hacia un nuevo estatus jurídico de los animales, al reconocer su carácter de
personas no humanas con derechos a la vida, la libertad física y a no ser mal-
tratados. Incluso motivó similares resoluciones como la que concedió el habeas
corpus en Mendoza a favor de la Chimpancé Cecilia.

En esa ocasión, la AFADA interpuso una acción de habeas corpus a favor de la


Chimpancé Cecilia por considerar que había sido privada ilegítima y arbitraria-
mente de su derecho a la libertad ambulatoria y a una vida digna por parte de
autoridades del zoológico de Mendoza, y que su estado de salud físico y psíqui-
co se hallaba profundamente deteriorado con evidente riesgo de muerte. Por lo
El bien jurídico en los delitos de maltrato animal

cual, solicitó su libertad y posterior traslado y reubicación en el Santuario de


Chimpancés de Sorocaba ubicado en el Estado de São Paulo.

Así, el 3 de noviembre de 2016, la titular del Tercer Juzgado de Garantías del


Poder Judicial del Mendoza, resolvió hacer lugar a la acción de habeas corpus,
declarar a la Chimpancé sujeto de derecho no humano, y disponer su traslado
al Santuario de Sorocaba. Para así resolver, consideró que el bien jurídico del
delito de maltrato animal es el derecho del animal a no ser objeto de la crueldad
humana.

La Chimpancé Cecilia fue trasladada al Santuario dando lugar a uno de los


primeros casos argentinos que se suma al Proyecto Gran Simio. Sandra lo hizo
en el año 2019.

Esta breve reseña de fallos no pretende agotar la totalidad de los casos que han
sido resueltos en la jurisprudencia argentina conforme a una nueva concepción
del estatus jurídico del animal no humano sino que solo pretende ilustrar el ca-
mino trazado desde hace algunos años con miras a considerar que el verdadero
titular del bien jurídico en el delito de maltrato o crueldad animal es el propio
animal.

5. Conclusiones
La inclusión de los animales comienza a partir del utilitarista clásico y filósofo
Jeremy Bentham, sobre la base de la idéntica capacidad que se les reconocía
a los animales no humanos para sufrir y gozar. Estas ideas fueron tomadas
por autores contemporáneos como Peter Singer, y luego profundizadas desde
la perspectiva de Tom Regan, e incluso continuadas desde la sociología y la
política. Hasta entonces no existía posibilidad de concebir intereses, deberes o
derechos del cual el animal fuera poseedor en su calidad de tal.

Es cuando la discusión filosófica pasa al campo jurídico que estas ideas reco-
bran fuerza a partir de las primeras leyes de protección animal, y en particular
y en lo que aquí interesa, en el Derecho penal a través de la titularidad del bien
jurídico del delito de maltrato o crueldad animal.

Desde el punto de vista de ley argentina N°14.346 -pese a las posiciones en


contrario-, se entiende que el legislador al tipificar la conducta de maltrato o
crueldad concluyó que los animales no humanos son las verdaderas “víctimas”
del delito. De cualquier modo, en la dogmática jurídico penal de los últimos
años esta postura es criticada por quienes justifican el maltrato como un delito
contra el humano.
Nadia Espina

Es la jurisprudencia de los últimos años la que a nivel internacional y nacional


marca la senda del camino por el nuevo estatus jurídico del animal, lo que no
solo implica interpretar y sostener que el titular del bien jurídico es el animal
no humano en el delito de maltrato o crueldad, sino reconocerles su carácter
de sujeto de derechos.

En palabras de John Stuart Mill, todo gran movimiento atraviesa tres fases
“Ridículo, polémica y aceptación”. Alguna vez fue ridículo pensar que las mu-
jeres, los negros, los disidentes sexuales e incluso todas las personas tuviesen
derechos inviolables. Hoy la discusión por los derechos de los animales no hu-
manos es mayoritariamente tildada de ridícula pero seguramente en las próxi-
mas décadas cobrará más fuerza.

6. Respuestas a las preguntas del público


6.1 En el Código Penal Peruano se regula el delito de abandono y
maltrato animal dentro de los delitos contra el patrimonio ¿Consi-
dera usted que existe una visión reduccionista de considerar a los
animales como una propiedad? ¿Ante esta situación, considera que
debería existir una reubicación de este artículo?
La tipificación del delito de abandono y maltrato animal como delito contra
el patrimonio en el Código Penal peruano, conlleva per se la consideración del
animal no humano como una cosa. En ese sentido, si la pregunta se replantea
hacia el entendimiento de quién es el titular del bien jurídico, entonces cabría
sostener a modo de respuesta que es el humano, pues conforme a esa visión
lo que está en juego es el patrimonio. Esta posición antropocéntrica, parte de
considerar a los animales como objetos y –contraria– a la idea de la titularidad
de ciertos derechos en favor del animal no humano.

Es por ello que, entre las propuestas, podría pensarse en una reforma de la
legislación civil peruana, en donde se deje de considerar a los animales como
cosas u objetos sometidos a propiedad del ser humano, tal y como ha ocurrido
en otros países.

7.2 Dentro de la realidad peruana, ha sido casi nula la sanción pe-


nal por el delito de abandono y maltrato animal debido a que en
nuestros tribunales casi no se presentan casos ¿Considera que sería
una mejor solución la sanción administrativa para los sujetos que
realicen actos de maltrato o abandono a los animales?
El bien jurídico en los delitos de maltrato animal

Ciertamente la respuesta deviene en negativa. Dicha postura reduce el aspecto


problemático del ilícito a una discusión netamente administrativa. Además, es
necesario enfatizar que estos delitos no dejan de estar tipificados como tales
en la mayoría de los Códigos Penales del mundo. Por consiguiente, lo que se
pretende es encontrar una fundamentación distinta al cambiar el contenido del
bien jurídico y no la naturaleza de la sanción.

Así, a través de los años, se ha considerado como bien jurídico al patrimonio,


el medio ambiente, la moral o las buenas costumbres y al interés general de
la sociedad, entre otros. En la actualidad, se considera que el bien jurídico no
es otro que el derecho del animal a no ser objeto de crueldad humana, lo que
permite concluir que es el titular del bien jurídico. El eje de la discusión no es
si las conductas de maltrato deben ser consideradas como contravenciones o
faltas, sino interpelarnos por quién es el titular del bien jurídico lesionado para
evitar que recaiga en un titular alterno.

7.3 ¿Qué postura sostiene ante los autores que afirman que los de-
litos de maltrato o abandono animal son una vulneración de los
principios de fragmentariedad y ultima ratio del derecho penal?
Como ya he mencionado, las conductas de maltrato animal ya se encuentran
tipificadas en los Códigos Penales. La discusión que se propone no es la crimi-
nalización de esas acciones, puesto que las mismas ya son consideradas como
delito en casi todas las legislaciones.

El derecho penal de prima ratio en vez de última ratio se debe a la actual puesta
en crisis del modelo de los principios heredados de la ilustración. La parábo-
la involutiva de la doctrina del bien jurídico se debe más bien a la vuelta de
construcciones teóricas que prescinden de la lesividad al bien jurídico como
condición para el paso del poder punitivo. Por eso, el concepto de bien jurídico
resulta fundamental para distinguir entre las funciones legitimantes y litima-
doras o garantizadoras. La prudencia debe relacionarse con aquellas posiciones
que a la luz del “bien jurídico protegido” llenan la última ratio conforme a las
necesidades y emergencias de la política criminalizante. Así como también, res-
pecto de aquellas que permiten encontrar titulares del bien jurídico diferentes
a las víctimas.

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