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Gotas de Agua

cuentos y poemas.

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Ruben Aragon
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GOTAS DE ESPERANZA

CUENTOS Y POEMAS GANADORES DEL VII CONCURSO ESCOLAR NACIONAL BUENAS PRÁCTICAS PARA EL AHORRO DEL AGUA POTABLE
CUENTOS Y POEMAS GANADORES DEL
VII CONCURSO ESCOLAR NACIONAL CUENTOS Y POEMAS GANADORES DEL
BUENAS PRÁCTICAS PARA EL AHORRO DEL AGUA POTABLE VII CONCURSO ESCOLAR NACIONAL
BUENAS PRÁCTICAS PARA EL AHORRO DEL AGUA POTABLE

Gotas de esperanza reúne los cuentos y


poemas que obtuvieron el primer puesto,
en cada región, en el VII Concurso Escolar
Nacional Buenas prácticas para el ahorro
del agua potable, organizado por la Sunass.
Este segundo volumen corresponde a los
ganadores del nivel 2 (de 3° a 6° de primaria).
En un año marcado por la COVID-19, ellos
plasmaron sus inquietudes, anhelos y sueños
en torno a la cultura de valoración del agua
potable y de las buenas prácticas en el uso
del agua.

ISBN: 978-9972-2511-5-3

9 789972 251153

Escanea para leer la


versión digital

19011 / SUNASS - Gotas de Esperanza Nivel 2 / Lomo 1.2 OK / Medida 45.2 x 22.5
Gotas de esperanza, Nivel 2
Cuentos y poemas ganadores del VII Concurso Escolar Nacional
Buenas prácticas para el ahorro del agua potable.

Editado por:
© Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass)
Avenida Bernardo Monteagudo 210-216
Magdalena, Lima - Perú
www.sunass.gob.pe

Primera edición: marzo de 2021

Gestión del Programa Educativo y Concurso Escolar Nacional


Buenas prácticas para el ahorro del agua potable:
Dirección de Usuarios

Coordinación editorial:
Oficina de Comunicaciones e Imagen Institucional (OCII)

Cuidado editorial:
La Trama Storytelling y Comunicación S. A. C.
Edición: Iván Herrera / Arte: Christian Ayuni / Corrección: Sofía Rodríguez

ISBN: 978-9972-2511-5-3
Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú No 2021-02713
Impreso en el Perú / Printed in Peru
Impreso por Tarea Asociación Grafica Educativa
Psje. Maria Auxiliadora Nro. 156, Breña, Lima, Perú
Marzo de 2021
Tiraje: 1150 ejemplares
CUENTOS Y POEMAS GANADORES DEL
VII CONCURSO ESCOLAR NACIONAL
BUENAS PRÁCTICAS PARA EL AHORRO DEL AGUA POTABLE

NIVEL 2
ÍNDICE
PRESENTACIÓN..................................................................7
CUENTOS.............................................................................8
Amazonas........................................................................11
Apurímac..........................................................................13
Arequipa...........................................................................15
Ayacucho.........................................................................18
Cajamarca........................................................................20
Cañete..............................................................................22
Chimbote..........................................................................27
Cusco...............................................................................28
Huacho.............................................................................32
Huánuco...........................................................................37
Huaraz..............................................................................39
Ica.....................................................................................43
Junín................................................................................51
La Libertad.......................................................................57
Lambayeque....................................................................63
Lima Metropolitana y Callao...........................................65
Madre de Dios..................................................................72
Moquegua........................................................................74
Pasco...............................................................................79
Piura.................................................................................82
Puno.................................................................................85
San Martín.......................................................................89
Tacna................................................................................92
Tumbes............................................................................98
Ucayali.......................................................................... 103
POEMAS ......................................................................... 110
Amazonas..................................................................... 113
Apurímac....................................................................... 114
Arequipa........................................................................ 116
Ayacucho...................................................................... 117
Cajamarca..................................................................... 119
Cañete........................................................................... 121
Chimbote....................................................................... 123
Cusco............................................................................ 124
Huacho.......................................................................... 125
Huancavelica................................................................ 127
Huánuco........................................................................ 128
Huaraz........................................................................... 130
Ica.................................................................................. 131
Junín............................................................................. 132
La Libertad.................................................................... 134
Lambayeque................................................................. 135
Lima Metropolitana y Callao........................................ 136
Madre de Dios............................................................... 138
Moquegua..................................................................... 140
Pasco............................................................................ 142
Piura.............................................................................. 143
San Martín.................................................................... 145
Tacna............................................................................. 147
Tumbes......................................................................... 148
Ucayali.......................................................................... 149
PRESENTACIÓN
El agua es vida. Es una frase breve, pero potente. Desde pequeños
somos conscientes de que necesitamos agua para crecer y estar
sanos. Todo esto depende de que tengamos un acceso adecuado
al agua segura y a los servicios de saneamiento, de que hagamos
uso responsable de ellos y de que cuidemos sus fuentes; es decir,
el lugar de donde proviene el agua, como los bosques, páramos,
ríos, lagos, lagunas y glaciares.
De todo ello trata este libro, pero desde la mirada de niñas y
niños de todo el Perú. Gotas de esperanza reúne los cuentos y
poemas que obtuvieron el primer puesto, en cada región, en el VII
Concurso Escolar Nacional Buenas prácticas para el ahorro del
agua potable, organizado por la Sunass. Este segundo volumen
corresponde a los ganadores del nivel 2 (3° a 6° de primaria). En
un año marcado por la COVID-19, ellos plasmaron sus inquietu-
des, anhelos y sueños en torno a la cultura de valoración del agua
potable y de las buenas prácticas en el uso del agua.
Este concurso es parte del Programa Educativo de la Sunass,
que trabaja con docentes y alumnos la valoración de los servicios
de saneamiento y reconoce las mejores experiencias en el uso res-
ponsable del agua potable.
Mis felicitaciones a las y los estudiantes que participaron, en es-
pecial a quienes ganaron, elegidos de un total de 966 colegios. No
me cabe duda de que, mientras fomentemos el cuidado del agua,
tendremos un futuro en el que nunca faltarán gotas de esperanza.

Iván Lucich Larrauri, presidente ejecutivo de la Sunass

7
AMAZONAS
UNA QUEBRADA HERMOSA

Una noche no muy lejana, mi abuelito me contó una hermosa


historia, aprovechando la luz de la luna y las estrellas brillan-
tes. Me contó sobre el origen de la quebrada Shailla. Mi abue-
lito me decía que esa quebrada tenía madre, era una enorme
Achpamama negra con orejas muy grandes. Al principio, me
asusté mucho, pero, poco a poco mi cuerpo se fue compo-
niendo del susto.
Mi abuelito me contaba pausadamente que la serpiente era
la guardiana de la quebrada de Shailla. En aquellos tiempos, el
pueblo mariscalino bebía agua pura y cristalina. Mi abuelito me
contaba también que, cuando aumentaba su caudal, la quebra-
da de Shailla rugía como un león. A veces, se escuchaba como
si la serpiente entonara una bella melodía. Todos los pueblos
cercanos a Mariscal Benavides tenían mucha envidia por este
recurso tan maravilloso que nos regaló la naturaleza. Mi abue-
lito me seguía contando, con mucha tristeza, que cuando la
serpiente se enojaba por las malas acciones de los poblado-
res mariscalinos, a lo lejos se observaban relámpagos.
Mi abuelito también me contó que aquellas luces incan-
descentes empañaban la vista y hacían retumbar la montaña
con ruidos temibles. Los pobladores sentían mucho miedo y
respeto, pero poco a poco perdieron el amor y el cuidado a la

11
quebrada de la Shailla. Desde ese momento, se comenzó a
deforestar y a contaminar.
Un día, el cielo oscureció mucho, aparecieron vientos muy
fuertes con truenos y relámpagos acompañados de lluvia to-
rrencial. Cayó un gran wacawichca. Entonces, la serpiente fue
arrastrada; desde aquel día, la quebrada de la Shailla disminu-
yó su caudal. Sus aguas ya no son las mismas, no son saluda-
bles para el consumo humano.
Hoy siento mucha alegría como niño. Los profesores de mi
escuela ya están sensibilizando a mis compañeros y a los pa-
dres de familia para que siembren árboles y cuiden nuestro
medio ambiente.
Yo sé que la Achpamama negra volverá. Si no es ella, lo
harán sus hijos.

Anderson Solano Calampa


I. E. 18240
Mariscal Benavides, Rodríguez de Mendoza

12
APURÍMAC
LAS SIRENAS QUE SALVARON LA LAGUNA AZUL

Había una vez, una laguna muy hermosa y cristalina. Allí vi-
vían muchos animalitos como ranas, renacuajos y peces,
además de sirenas. La laguna estaba ubicada en el distrito
de Tamburco, en la zona de San Gabriel Wayqo. Todos los
vecinos eran muy unidos, les gustaba bailar, cantar y compar-
tir sus alimentos con los que más lo necesitaban. Todos se
saludaban y eran muy atentos.
Todas las mañanas, las personas salían a sembrar sus ve-
getales y los regaban con agua de la laguna, ya que la lagu-
na se llenaba de un manantial que todos decían era mágico.
Por esa razón, los vegetales salían grandes y sabrosos para el
consumo humano.
Los habitantes de San Gabriel Wayqo se turnaban para lim-
piar la laguna, a fin de que estuviera limpia y se pudiera tomar
el agua. Las personas iban de paseo a la laguna; allí jugaban
o acampaban. Todo iba bien hasta que un día los habitantes
dejaron de limpiar.
Las sirenas, los patos y las aves pequeñas estaban incó-
modos y enfadados con los humanos porque su agua esta-
ba sucia, no se podía consumir. Las sirenas siempre habían
vivido en la laguna disfrutando de los vivos colores del agua
y cuidando de los animales y de las plantas. Sin embargo, en
los últimos años, vivían rodeadas de basura y de plásticos, y
veían cómo, poco a poco, su mundo estaba desapareciendo.

13
Además, las sirenas acababan sus jornadas agotadas de tan-
to limpiar y podían dedicar poco tiempo a cantar y bailar sus
carnavales, que era lo que más les gustaba: ponerse su traje
típico de abanquina para gozar de los cantos y del baile car-
navalesco. Y la culpa era de los humanos, quienes no tenían
nada de cuidado y echaban sus basuras a la laguna, sin darse
cuenta de que estaban haciendo mucho daño a todos los que
vivían en la laguna y a la población.
En busca de una solución, por las noches, las sirenas se
acercaban a la orilla de la laguna para dejar a los humanos
mensajes hechos con piedras en los que pedían su ayuda
y su colaboración. Sin embargo, las personas no parecían en-
terarse de nada. El problema llegó a ser tan grande que en la
laguna se formó una gigantesca isla de plásticos que no de-
jaba entrar la luz al fondo de la laguna. Ya nadie podía tomar
las aguas, lo que provocó que las personas que vivían por ahí
tuvieran que abandonar sus casas.
Sin embargo, las sirenas eran perseverantes y sabían que
necesitaban la ayuda de los humanos para acabar con la ba-
sura. Y fue un día de verano cuando una niña llamada Salma
descifró el mensaje de las piedras en la laguna.
Rápidamente, dio la alarma a los mayores. Y aunque mu-
chos siguieron ensuciando, cada vez más gente cuidó de las
aguas y recogió la basura, lo que hizo que volviera a ser un
lugar acogedor y mágico. Los pobladores que antes vivían en
la zona regresaron a sus casas y siguieron turnándose para
limpiar la laguna y vivir felices bajo el hermoso cielo azul.

Brandon Raúl Camacho Molero


I. E. 54038 San Antonio
Tamburco, Abancay

14
AREQUIPA
UMA Y YAKU

Cuenta la leyenda que en el pueblo La Estrella, un pueblo pe-


queño y árido, existía un pequeño pozo que era cuidado por
el dios Uma. Él permitía que los aldeanos usaran el agua, con
la única condición de que no desperdiciaran ni una sola gota,
ya que, si eso pasaba, el dios Uma dejaría de llenar el pozo.
Se contaba que Uma, por las noches, cuando todo el pueblo
dormía, corría hasta la montaña más alta. Les cantaba unas
canciones a las nubes y ellas soltaban lluvias y tormentas que
Uma recolectaba en tinajas y, al amanecer, Uma se sentaba a
dormir a un lado del pozo, esperando que el primer aldeano le
pidiera permiso para recoger un poco de agua.
La población iba creciendo, y Uma no podía abastecer a to-
dos del líquido elemento. Los aldeanos comenzaban a recla-
mar por el agua. En su desesperación por que no les faltara el
agua, Uma hizo canales en toda la aldea y un enorme río que
iba desde la montaña más alta hacia el pozo. Así él podía can-
tar a las nubes y el agua llegaría directamente al pozo.
Uma cantaba y bailaba para las nubes toda la noche y dor-
mía todo el día al pie de la montaña, y se llegó a enamorar de
Yaku, una hermosa nube que se escondía tímidamente escu-
chando el cántico de Uma. Mientras él dormía, Yaku le brinda-
ba sombra. Así pasó mucho tiempo hasta que llegó la época
de lluvia. Uma podía descansar, ya que las nubes hacían su

15
trabajo. Uma, muy feliz, regresó al pueblo. Esa noche durmió
sentado al filo del pozo, esperando que el primer aldeano le pi-
diera permiso para usar el agua; sin embargo, nadie se asoma-
ba. “Ha de ser por los canales” , dijo Uma. Entonces, decidió
dar una vuelta por la aldea. Se disfrazó de nube para que los
aldeanos no vieran su presencia.
Grande fue su sorpresa y muy triste su pesar al descubrir
que los aldeanos ya no cuidaban el agua, no cerraban los ca-
nales, dejaban que el agua corriera por las calles. Las señoras
botaban el agua con la que lavaban las verduras. Veía cómo
los niños jugaban con el agua. Los hombres limpiaban sus
carretas directamente del canal, sin usar baldes. Lo que más
causó molestia en Uma fue que algunos aldeanos se apropia-
ron de los canales, haciendo que una parte de la población
tuviera que pagar por un poco de agua.
Uma se enojó muchísimo. Dejó de ser una nube pequeña y
se convirtió en una enorme tormenta cargada de rayos y true-
nos. “Han incumplido su palabra, ahora yo romperé el trato”,
dijo, y comenzó a lanzar rayos sobre los canales. Hizo que
lloviera sin parar hasta desaparecer el pozo de agua.
Los aldeanos comenzaron a llorar por no cumplir con su
promesa y Uma dejó de darles agua por un largo tiempo. Es
por ello que los aldeanos comenzaron a juntarse en grupos
para ir a buscar agua en las montañas más altas, pero no con-
seguían mucho. Lo poco que traían trataban de racionalizarlo.
Las mujeres y niños lloraban todos los días al frente de Uma
pidiéndole que regresara el agua, que no volverían a portarse
de esa manera ya que se habían dado cuenta de que sin el

16
agua no hay vida. Sin embargo, Uma estaba muy molesto y no
dejaba caer ni una sola gota de agua en el pueblo.
Yaku se enteró de lo sucedido. Veía cómo los aldeanos su-
frían al subir y llevar unas cuantas gotas de los minúsculos
pocitos que se formaron, así que decidió conversar con Uma
para que permitiera que los aldeanos volvieran a tener agua.
Yaku le propuso a Uma que si él permitía que los aldeanos
volvieran a tener un pozo de dónde sacar agua, ella se casa-
ría con él y se quedaría a su lado para ayudar a vigilar que
las aguas no fueran desperdiciadas. De esa manera los dos
podían cuidar el pueblito. Uma, que estaba tan enamorado de
Yaku, no dudó en aceptar su propuesta. Tanta era su felicidad
que no construyó un pozo, sino un enorme río. Desde el pico
más alto hasta el mar más cercano, puso muchas plantitas y
árboles a los costados y muchos animalitos que podían beber
directamente del río.
Cuentan los pobladores que, cuando Yaku y Uma se casa-
ron, hubo una gran fiesta en el cielo. Las nubes rebalsaban de
alegría y eso provocó que el río se llenase de abundante agua.
Los pobladores celebraron la llegada del agua, y prometieron
a Yaku y Uma no volver a malgastarla.
Uma se volvió una nube para poder estar junto a su amada,
y ahora los dos se encuentran al pie de la montaña más alta, al
filo del río, cuidando que el agua no se desperdicie.

Miguel Elías Córdova Heredia


Colegio Balmer
Cerro Colorado, Arequipa

17
AYACUCHO
EL SUEÑO DE UN NIÑO QUE NO SABÍA CUIDAR EL AGUA

En un hermoso lugar llamado Huamanga vivía Andrés. Él


no cuidaba el agua porque al cepillarse los dientes no cerra-
ba el caño y, cuando se bañaba, no cerraba la ducha al jabo-
narse, y cuando iba a la escuela, botaba los envoltorios de
las golosinas que comía a un bello río que había cerca de la
escuela.
Un día pasó algo muy triste. Cuando iba a su escuela, vio
que su hermoso río estaba muy contaminado. En el borde del
río, estaban todos los pececitos y las aves muertas. Andrés
levantó su cabeza y vio que todo había cambiado: ya no era el
bonito paisaje verde con muchas flores y no se escuchaban
los hermosos cantos de los pajaritos; en vez de eso, solo vio
los árboles que estaban tan secos que parecía un desierto y
ya no habitaba allí ningún animalito.
Andrés se asustó tanto que corrió y corrió a su escuela.
Cuando llegó, abrió el caño y no salió ni una gota de agua. Se
puso a llorar desesperadamente y su hermano Alfredo le dijo:
—Despierta, Andrés, tuviste una pesadilla.
Andrés despertó, secó sus lágrimas y salió corriendo. Vio
el hermoso río muy limpio, escuchó el cantar de los pájaros,
vio con tanta alegría el bello paisaje y volar mariposas multi-
colores.

18
Desde ese día Andrés, cambió por completo y prometió cui-
dar el agua, porque el agua es vida.

Maricielo Origuela Guerrero


I. E. Carlos Laborde
Ayacucho, Huamanga

19
CAJAMARCA
PIPO, ANITA Y EL AGUA DEL BOSQUE

Un día muy caluroso, en el bosque, se encontraron en la rama


de un gran romerillo Anita, la hormiga arriera, y Pipo, el es-
carabajo. Ambos cargaban las hojas que habían cortado del
árbol.
—¡Jijijo! Hola, Anita, ¿cómo estás? —saludó, muy atento, el
escarabajo.
—Bien, amigo Pipo —respondió la hormiga arriera—. Casi no
te reconocí con tantas hojas que llevas cargando. ¿Cómo está
tu familia?
—¡Jijijo! Mi familia está bien, pero en estos días estamos
sufriendo por la falta de agua. Por eso, tengo que subir cada
vez más alto en este árbol a buscar las hojas más frescas y ju-
gosas y llevarlas a mi casa allá abajo, entre las raíces de esos
arbustos marchitos. Creo que pronto tendré que irme a vivir a
otro lugar del bosque.
Todos los habitantes estaban sufriendo el mismo proble-
ma, y el agua era cada vez más escasa. Las hormigas arrieras,
que eran muy sabias, solo cortaban las hojas que necesita-
ban, ya que sabían que los árboles eran la fuente de agua para
todo el bosque.
—Escucha, Pipo. Te voy a contar cómo la Madre Naturaleza
nos da la vida todos los días. ¿Tú has visto que, en las noches,

20
pasa por el bosque la niebla, y los árboles la detienen con sus
ramas más altas, y donde no hay árboles, la niebla sigue su
paso hacia otros lugares?
—¡Jijijo! Sí, Anita. Por eso, mi casa la hice abajo en un lugar
calientito donde pueda dormir acurrucado con mi familia.
—Pues bien, esa niebla está cargada de agua, y son los ár-
boles quienes con sus hojas capturan esa agua como una es-
ponja y hacen que empiece a bajar por sus ramas y por su
tronco. Luego, al llegar a tierra, se forman pequeños riachue-
los y quebradas que dan vida al bosque donde vivimos.
—¡Jijijo! Amiga, Anita, o sea que los árboles son nuestra
fuente de agua; ellos la capturan de la niebla y la comparten
con todos nosotros. ¡Entonces, debemos cuidar a nuestros
árboles y a todos los que ayudan a que tengamos agua y un
bosque feliz!
A partir de ese día, Pipo solo cosechaba de los árboles lo
necesario para vivir con su familia y enseñaba a los demás a
cuidar del bosque. Cuando encontraba una semilla, la ente-
rraba y cuidaba que creciera, y siempre que podía se reunía
con sus amigas las hormigas para cargar pequeñas piedras y
limpiar el paso del agua hacia los riachuelos.

Sebastián André Zúñiga López


I. E. 16081 Señor de Huamantanga
Jaén, provincia homónima

21
CAÑETE
EL LAMENTO DE GOTÍN

Una noche desperté sobresaltado por un sueño tan triste. En


el biohuerto de mi escuela, las plantitas se estaban secando.
Nadie las regaba. ¡No podemos salir de casa por la pandemia
de la COVID-19 y ellas estaban olvidadas!
Me acordé con nostalgia de que antes de la pandemia, en
el biohuerto de mi colegio Eladio Hurtado Vicente, preparába-
mos el terreno, plantábamos, regábamos y cuidábamos nues-
tras hierbas aromáticas y hortalizas guiados por nuestro ale-
gre profesor y junto a nuestros compañeros y compañeras de
clases. Nos esforzábamos; aun así, algo estábamos haciendo
mal. Y eso lo descubrió nuestra compañera Clarivet, de nues-
tra sección del cuarto A.
Un día, cuando ella regaba las plantas, le sucedió algo ma-
ravilloso. ¡Una gotita de agua le habló, con mucha tristeza en
su expresión!
—¿Qué te sucede? —preguntó Clarivet.
—Mi nombre es Gotín. Viajo bastante, vengo desde la cordi-
llera de Yauyos por el río Cañete, luego continúo por el canal
de Nuevo Imperial y llego a donde me potabilizan en el Centro
Poblado Alminares. Desde allí me trasladan, limpia y potable,
hasta tu escuela. Pero aquí no me valoran.

22
Clarivet se sorprendió al escuchar aquello. Su curiosidad
solidaria le ganó y preguntó:
—¡No entiendo! ¿Por qué no te valoramos?
Gotín se sintió en confianza. Consideró a la niña como ami-
ga y siguió hablándole, pero más tranquila:
—Ustedes riegan las plantas usando una manguera y así se
desperdicia mucha agua, que podría ser de utilidad para otros
seres —Gotín miró a Clarivet con tristeza y continuó:
—Nos desperdician cuando tus compañeros del colegio
juegan con el agua en los lavaderos de los baños.
Al final cambió de expresión y se puso seria:
—En muchos lugares, desperdician el agua igual que aquí.
No olvides que “gota a gota el agua se agota”. Por favor, nece-
sito tu ayuda, tienes que transmitir mi mensaje.
—Cuenta conmigo, Gotín —respondió Clarivet, entusiasma-
da—. Haré hasta lo imposible para ayudarte.
Gotín se tranquilizó y caminó animosamente. Se despidió
de la niña y ella se quedó muy impresionada, pero también
preocupada. Y, ¡chas!, se le ocurrió buscar ayuda de los profe-
sores Yangali y Sulca, encargados del biohuerto.
Clarivet les explicó que se debía evitar el uso excesivo de
agua en el biohuerto y en la escuela. Conmovidos por el relato,
los profesores, que destacaban por su responsabilidad, bus-
caron asesoría sobre cómo reducir el consumo de agua en el
riego de biohuertos. Luego de informarse, decidieron aplicar

23
el riego por goteo, que consiste en usar mangueras delgadas
con pequeños huequitos. Con ellas, el agua solo llega por go-
tas a la parte baja del tallo de las plantas. También optaron
por regar en las tardes, para que el agua no se evaporase rá-
pidamente.
En los lavaderos pusieron carteles que hablaban de la im-
portancia del cuidado del agua. Organizaron a los estudiantes
y realizaron una marcha por las calles mostrando pancartas
y repartiendo mosquitos, o sea dípticos, para que la gente de
Imperial tomara conciencia y cuidase el agua.
Gracias al apoyo de todos, poco a poco los estudiantes
comprendieron la importancia del cuidado del agua y dejaron
los malos hábitos que Gotín había hecho notar.
Al ver que todos estaban comprometidos y habían cambia-
do de comportamiento, Clarivet buscó a Gotín, quien se sintió
feliz por los cambios que se hicieron en la escuela. El agua
que se usaba en el biohuerto era solo la cantidad necesaria,
lo mismo que en los lavaderos de la escuela. En las casas,
también, aprendieron a reusar el agua, gracias a los consejos
de los profesores. Los estudiantes enseñaron a sus padres y
familiares. Ese año, el 2019, fue un año que nos dejó una her-
mosa lección.
Recordé todo ello en un abrir y cerrar de ojos. Por la maña-
na, le escribí por WhatsApp a Clarivet y le pregunté sobre el
biohuerto. Ella, que vive cerca de la escuela, me respondió que
el guardián estaba cuidando las plantas con el riego por goteo

24
que implementamos. Me sentí aliviado porque el mal sueño
que tuve no se cumplió.
Enseguida le volví a escribir preguntándole por Gotín y ella
me escribió que en tiempo de cuarentena de este año 2020
solo la vio una vez. Clarivet escribió así:
—Estaba lavándome las manos y, cuando cerraba el caño,
Gotín se deslizó y cayó en el lavadero.
—Y ¿qué le dijiste? —le pregunté.
—Le dije: “Gotín, este año por la COVID-19 no hemos podido
asistir al colegio, pero cuando regresemos, ten la seguridad
de que todos seguiremos poniendo en práctica lo que hemos
aprendido sobre el cuidado del agua”.
—Sí, Clarivet, lo sé. Estoy contenta por eso, pero también
estoy agotada, pues en estos tiempos de pandemia las goti-
tas de agua trabajamos más. Te voy a pedir un último favor.
Difunde sobre los cambios que se han hecho en tu escuela y
di a más personas que deben tomar conciencia del cuidado
del agua. Sin nosotras, las gotitas, ustedes no pueden lavarse
las manos y se contagiarán de este malvado virus —contestó,
emocionada, Gotín, y agregó—: ¡Recuerden seguir cuidando el
agua potaaaaableeee!
—Ya no se la veía a Gotín —dijo Clarivet—. Su voz sonaba
más baja mientras él se metía cada vez más adentro de los
tubos de plástico.

25
—Gotín se fue satisfecho con los cambios que habíamos
hecho en el colegio 20147 de Imperial. Se sintió escuchado
—dijo Clarivet–. Extrañaré a mi inusual e importante amigo.
La entendí.
—A mí también me hubiera encantado tener un amigo tan
especial —le dije.
Amiguitos, amiguitas, si Gotín llegara a tu casa, ¿lo querrías
escuchar? Sabes, yo no llegué a ver a Gotín, pero me imagino
que, cada vez que se dé mal uso al agua, ya sea en Cañete, en
el Perú o en el mundo, él alzará su voz diciendo:
“¡Reúsen y no abusen del aguaaaaa!”.

Carlos Adrián Martínez Valenzuela


I.E. 20147 Eladio Hurtado Vicente
Imperial, Cañete

26
CHIMBOTE
LA NIÑA QUE NO DESPERDICIABA EL AGUA

Había una niña que se llamaba Lucía. Ella desperdiciaba el


agua, le gustaba jugar hasta cansarse.
Un día, la niña se quedó jugando con sus amigas y sus
amigos hasta la tarde. Se bañaba y desperdiciaba el agua. Su
mamá le dijo que no la desperdiciara, pero la niña no le hizo
caso y siguió jugando.
La niña fue a comer y luego a dormir y soñó que no gastaba
el agua. No podía jugar con el agua. Ella se sintió mal, muy
mal.
Desde ese momento ella aprendió a no desperdiciar el agua.

Renzo Leonel Saavedra López


I. E. 88206
Pallasca, provincia homónima

27
CUSCO
T’ANKAR Q’OCHA: UNA NUEVA HISTORIA DE AMOR POR
EL AGUA

En el pueblo de nombre Sumaq Marca, ubicado en la sierra


peruana, vivía un niño de doce años llamado Sebastián. Él era
alegre e inquieto. Los que lo conocían decían que tenía mu-
cha imaginación. Él siempre apoyaba a sus padres en todo lo
que les hacía falta.
En esta ocasión, Sebastián no estaba alegre. Sufría mucho
al ver a sus padres preocupados porque no tenían agua para
sus sembríos ni pasto para sus animales. Pensando en cómo
poderlos ayudar, recordó que alguna vez había escuchado una
historia acerca de la existencia de una laguna llamada Q’omer
Q’ocha, situada en lo más lejano de su provincia, en las faldas
del Apu Chimboya, que tenía poderes muy especiales y ayuda-
ba a los que necesitaban de sus aguas. Entonces Sebastián
creía que no perdía nada en ir en su búsqueda.
Una mañana, muy de madrugada, Sebastián partió de su
casa con la esperanza de llegar a la famosa laguna. Después
de mucho viajar y caminar, pudo al fin apreciar la laguna de
Q’omer Q’ocha. Cansado, se puso a descansar sobre una pie-
dra en la cima de las cadenas montañosas pequeñas que ro-
deaban la laguna y pudo divisar mejor tan enigmático y her-
moso lugar.

28
Desde la cima se podía ver como el Apu Chimboya dejaba
correr sus gélidas aguas desde lo más alto de la montaña de
nieve, formando, en su recorrido, hermosos caminos de agua
que se asemejaban a los cabellos de una mujer. Serpentea-
ban hasta llegar a una gran caída, una catarata espectacular.
Q’omer Q’ocha era un espejo de agua limpia y cristalina que,
desde la cima, tenía un color verde hermoso. Sebastián se
quedó asombrado, miraba y miraba... Estaba perdido en su
belleza.
Repentinamente se vio frente a ella y le habló con la ternura
y la inocencia propias de todo niño. Entre lágrimas, le pidió
que ayudara a su familia, pues él creía en los poderes que ella
poseía. Le contó que estaba muy triste porque su papá no po-
día cultivar sus chacras y su mamita no tenía dónde pastar
los animales que le servían de sustento. Todo en su pueblo
estaba muy seco, no había agua y las lluvias no llegaban y,
si llegaban, se perdían pronto en los ríos. Entonces, la laguna
Q’omer Q’ocha, conmovida por su relato, le dijo: “¡Ya no estés
triste! ¡Yo sé cómo ayudarte!”
En eso, la laguna llamó a su hijo, que era casi de la misma
edad que el niño. Su nombre era T’ankar. Él era bondadoso y
fuerte, pese a la edad que tenía. Además, poseía un poder es-
pecial, al igual que su madre: que los lugares donde estuviera
se volvieran fértiles y con suficiente agua.
La laguna Q’omer Q’ocha ordenó a su hijo T’ankar ayudar a
Sebastián. Juntos partieron rápido hacia sus tierras y, ni bien
llegaron, su padre comenzó a tener suficiente agua para sus
sembríos y su madre, suficiente comida para sus animales.

29
Gracias al poder del bondadoso T’ankar, la familia de Sebas-
tián ya no tenía preocupaciones.
En el camino de regreso, Sebastián y T’ankar vieron que el
pueblo de Sebastián se estaba quemando. Había un incen-
dio y, como había escasez de agua, los lugareños no podían
controlarlo. El incendio arrasaba todo a su paso, con su poder
destructivo ocasionaba dolor y pena. Sebastián y T’ankar fue-
ron en su auxilio. Apenas llegó T’ankar al pueblo, los lugare-
ños tuvieron suficiente agua y pudieron controlar el desastre.
T’ankar estaba feliz de ayudar y de ver a los pobladores con-
tentos y agradecidos.
Sin embargo, lo que acababa de ocurrir, lejos de alegrar a
Sebastián le causó más angustia, porque si bien sus padres
ya tenían suficiente agua, el pueblo de Sumaq Marka seguía
sufriendo por la falta de esta. Entonces Sebastián le pidió a
T’ankar un último favor, que lo ayudara a hacer algo más por
su pueblo. Fue así que decidieron construir, en la parte supe-
rior del pueblo, la casa del agua, un gran espacio para guardar
agua y no dejar que se pierda en épocas de sequía.
Cuando Sebastián y T’ankar llegaron al lugar, sabían que
para lograr su objetivo no solo necesitaban del gran poder de
T´ankar, sino del apoyo de todo el pueblo. Gracias al acto he-
roico de T’ankar para controlar el incendio, no fue difícil con-
vencerlo. Niños, jóvenes, adultos y ancianos construyeron,
con gran esfuerzo, la casa del agua, un reservorio muy singu-
lar. Pronto llegaron las lluvias y el lugar se llenó de agua, for-
mando una laguna llena de vida donde había aves, animales

30
silvestres, peces. Todo alrededor era verde; ya no se veía seco
como antes.
T’ankar se encariñó mucho con el lugar, ahora lleno de vida,
que había transformado, y decidió pedirle a su madre que lo
dejara ir a vivir en la nueva laguna como su guardián. Desde
entonces, esta se llamó T’ankar Q’ocha. Los lugareños dejaron
de padecer por agua y comida, pues sus tierras dieron frutos,
tenían comida y suficiente alimento para los animales que
criaban y, además, la laguna les proveía de peces.
En agradecimiento a T’ankar Q’ocha, los pobladores esta-
blecieron un día para recordarlo por su buena acción y cada
22 de marzo lo festejaban, en agradecimiento por el agua que
les dio y con la que les devolvió la felicidad.
Cuando todo era perfecto, de repente sopló un viento fuer-
te. Sebastián sintió una brisa fría en la cara y se dio cuenta
de que aún se encontraba en el mismo lugar donde se había
sentado a contemplar la laguna Q’omer Q’ocha. Ese momen-
to no supo con exactitud si todo lo que había vivido a lado
de T’ankar había sucedido realmente o había sido fruto de su
imaginación, pero de algo sí estaba seguro: ya sabía lo que
tenía que hacer para ayudar a sus padres y a su pueblo.

Bayron Axel Callo Puma


I. E. 57001-792
Sicuani, Canchis

31
HUACHO
EL SUPER AGUA DEL RÍO

Había una vez un pequeño niño llamado Agua. Él vivía en los


nevados y en las profundidades de las montañas. Desde muy
pequeño, Agua quería ser un superhéroe. Su madre Nieve y
su padre Viento tenían mucho temor de que su hijo se mar-
chara tras una aventura.
Pasó un tiempo y Agua no había olvidado su deseo de ser
superhéroe. Tomó la decisión de irse. Su madre dijo:
—Hijo mío, yo desde lo alto de los nevados te alimentaré y
tu padre se encargará de soplar y soplar con fuerza tu corrien-
te. Así podrás ir más y más rápido por todos los lugares que
desees.
Su padre agregó:
—Hijo, hay lugares maravillosos afuera y seres vivos muy
amables, pero otros no lo son. Cuídate y vuelve a casa cuando
tú lo decidas.
Entonces Agua se aventuró a salir de sus profundidades.
Comenzó a correr desde el nevado Huascarán, pasaba por los
campos secos y, con su líquido hidratante, hacía que todo co-
menzara a ponerse verde. Las flores brotaban, los animales
saciaban su sed. Agua se sintió tan feliz que decidió continuar
con su labor día y noche sin descansar. Siguió y siguió reco-
rriendo cada lugar adonde le era posible entrar.

32
Muchos años después, Agua, ya era conocido entre las
plantas y los animales como el grandioso superhéroe Agua
del Río. ¡Estaba tan orgulloso de todo lo que había logrado!
Hasta que un día, se encontró con su amiga Truchina. Ella lo
vio contento y le dijo:
—¿Por qué no descansas? Debe ser agotador recorrer tan-
tos lugares sin parar.
Agua del Río respondió:
—Tengo tanta responsabilidad con el mundo que no puedo
parar, porque todos dependen de mí.
Truchina no entendió lo que decía Agua del Río. Incluso
pensó que lo decía solo por presumido. Hasta que un día se
volvieron a encontrar. Truchina se sorprendió porque vio a
Agua del Río muy triste, lloraba desconsolado. Ella no dudó
en preguntar:
—¿Por qué lloras, amigo?
Este le respondió:
—¿Sabes, Truchina? Un día estaba cumpliendo con mi tra-
bajo, llevando el agua a muchos lugares, y de pronto escuché
el llamado de auxilio de mis amigos los peces y los árboles
de la ciudad de Lima. Yo me apresuré para llegar hasta ellos,
pero por más que lo intenté no logré ayudarlos, pues era tanta
la basura que me arrojaban los humanos, que no podía llegar
limpio. Llegaba completamente sucio y a otros lugares ni in-
gresar podía.

33
Truchina dijo:
—Pero, amigo, cálmate. Es la primera vez que te sucede.
Igual estás ayudando a otros seres vivos como yo.
Agua del Río contestó:
—Es que aún no te cuento lo peor, querida Truchina. Luego
de que no pude ayudar a los animales y a las plantas de Lima,
sentí el grito de ayuda de tus amigas, las truchas en la ciudad
de Huaral. Empecé a correr con mayor velocidad, pero en el
camino me crucé con un líquido extraño, de color plomo; era
como el fango, que fue arrojado por unos señores de casco.
Pensé que no pasaba nada, seguí mi recorrido, pero de pronto,
me empecé a sentir pesado. Sin embargo, nada me detuvo;
seguí hasta llegar donde tus amigas, las truchas.
Truchina lo interrumpió:
—¡Ese es mi amigo, el Super Agua del Río!
Pero él le respondió:
—Espera, déjame terminar y entenderás por qué lloraba.
Bueno, como te decía, yo me sentía pesado, pero llegué has-
ta el lugar donde vivían tus amigas. Ellas se pusieron felices
de verme, yo igual de llegar a ayudarlas; pero en cuanto ellas
probaron de mí, gritaron: “¡Super Agua del Río, nos quieres ma-
tar! Esto sabe muy mal. Con solo tocarte, nos brotan man-
chas. Mira, no nos deja nadar, nos estamos chocando unas
con otras porque no se ve nada, y algunas hermanas se han
desmayado”. Yo quedé muy sorprendido por lo que pasaba,
pedí disculpas. Por más que intentaba ayudarlas, peor daño

34
les hacía, porque más oscuro y pesado me ponía, ya no sabía
qué hacer. Las amigas truchas me pidieron que me fuera. Les
expliqué que no fue mi intención lastimarlas y ellas dijeron que
estuviera tranquilo. Ellas entendían que no tenía malas inten-
ciones, pero que lo mejor era que tratara de ayudarlas cuando
estuviera limpio y cristalino. Entonces me fui muy triste.
Agua del Río pensó: “¿Por qué los humanos no me valoran?
Yo quiero ayudar a todos los seres vivos, pero ellos, en vez de
apoyarme para continuar con mi labor, me llenan de basura,
desechos tóxicos, hasta me arrojan frutas y verduras podri-
das. ¡Solo me contaminan! A veces, hasta me desperdician,
dejan sus caños abiertos, no controlan mi uso. ¡Yo ya me es-
toy agotando!”.
Truchina intentó animar a su amigo:
—Tranquilo, Agua del Río. Sé que es difícil tu labor. Entiendo
lo que pasó con mis amigas truchas. Créeme que no solo tú te
contaminas. Cuando los humanos te arrojan cosas, también
nos están dañando a nosotros, los animales acuáticos, terres-
tre y aéreos, incluso las plantas se dañan. Quiero ayudarte,
amigo, porque eres el mejor superhéroe que conozco. Solo te
dedicas a ayudar y no pides mucho.
—Si esto continúa así, un día ya no estaré para ayudarlos.
¡Ay, amiga Truchina! —respondió Agua del Río.
A pesar de todo, Agua del Río decidió continuar su traba-
jo sin parar hasta hoy. Él tiene la esperanza de que los seres
humanos puedan cambiar, porque un día tuvo un encuentro
con un grupo de humanos muy amables que se hacen llamar

35
ANA. Le dijeron que ellos, a partir de ahora, apoyarán su labor
y juntos lograrán que los seres humanos aprendan a valorar
la gran labor de Agua del Río. Desde ese momento, siempre
que encuentra basura en su camino, busca el apoyo de sus
amigos de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), y ellos le
brindan todos sus poderes para que Super Agua del Río siga
cumpliendo exitosamente su trabajo.

Anabel Gonzáles Cajaleón


I. E. Agropecuario 100
Huaral, provincia homónima

36
HUÁNUCO
EL PACTO DE CABALLEROS

Cierto día, como cada semana, mi amigo y yo fuimos a jugar


a las cometas. La cometa de Jairo volaba más alto y él no
podía controlarla. El viento era demasiado fuerte y, sin querer,
pisó un tubo de agua. Nos asustamos mucho.
Jairo tuvo la gran idea de amarrarlo con bolsas de plástico.
Después de todo, nadie se iba a dar cuenta de por qué salían
chorros de aquel tubo roto.
Se iba cayendo el sol y llegó la noche; entonces ambos hici-
mos nuestro primer pacto de caballeros: no contar a nadie lo
que pasó aquel día.
Después de algunos días, la población de mi pueblo em-
pezó a preocuparse, porque el agua que salía de sus caños
era escasa. No podían hacer las actividades con normalidad;
todos, molestos, fueron a reclamar al presidente de la comuni-
dad, por si tenía alguna respuesta a sus reclamos. Nadie entre
las autoridades tenía respuesta alguna. Mientras la población
reclamaba, Jairo y yo nos mirábamos, pero con nuestra mira-
da reafirmábamos aquel pacto que hicimos.
¡Ay, no! Cómo poder olvidar ese viernes, mientras mamá,
toda molesta, fue a reclamar por el recibo de agua que nos
había llegado muy caro. Mi hermanito de tan solo seis años
de edad, tan pequeño y de un corazón muy bueno, se había
tomado una botella que contenía detergente con agua. Fue

37
tanta mi desesperación que abrí todos los caños de agua de
mi casa y de los vecinos, pero triste fue mi sorpresa: ni una
gota de agua salió.
Grité mucho, muchísimo al ver el dolor de mi hermano Va-
lentino. Entonces empecé a contar a la población lo que había
sucedido ese día, cuando rompimos ese tubo de agua. Fueron
tanto mis gritos y el llanto que apareció una señora de poncho
verde y sombrero negro y que felizmente llevaba en su cesta
una botella con agua.
Acudimos donde mi hermano y pudimos salvar su vida. Qui-
se agradecer a esa señora, pero nunca la volví a ver, ni siquie-
ra los vecinos sabían de ella, nadie la conocía. En una cueva
cerca del pueblo, encontré un letrero con dibujos, en el que yo
descifré lo siguiente: “Se puede vivir sin juguetes, sin televisor,
sin celular, pero sin agua no”.
Desde aquel episodio Jairo y yo pedimos disculpas e hici-
mos un nuevo pacto de caballeros: hacer lo correcto siempre.

Luis Castañeda Alania


I.E. 32140 El Progreso
Ambo, provincia homónima

38
HUARAZ
JOSÉ Y EL CUIDADO DEL AGUA

Había una vez un niño llamado José. Él venía de una fami-


lia muy humilde. Vivía solo con su abuela en un vecindario
llamado La Florida, ubicado en el distrito de Marcará, en la
Cordillera Blanca. Se dedicaba a pastar sus ovejas y chivos.
Siempre lo hacía leyendo los libros que tenía. Escribía lo que
iba aprendiendo para no olvidarlo; mientras, en la casa, la
abuela hacía lo que podía para darle de comer a su nieto.
José era un niño de diez años muy responsable. A su corta
edad, aprendió a hacer muchas cosas, al igual que su abuelita,
a quien ayudaba con los quehaceres de la casa. Él era muy
inteligente, le gustaba leer y aprender de todo, pero no podía ir
a la escuela a diario porque debía trabajar.
Lo que José más quería era estar en clases todos los días,
aprender mucho para ser profesional y hacer que nada le fal-
tase a su abuelita. Por la escasez de dinero, no podía com-
prar libros, se los prestaba de sus buenos compañeros para
así aprender y cumplir sus deberes escolares. Como José
era muy inteligente, estudió la secundaria asistiendo a clases
cada dos días. Lo hizo de esa forma porque trabajaba siempre
que podía para ganar dinero.
Un día de enero llegaron los familiares de uno de sus veci-
nos. Eran burlones y abusivos con la gente humilde del campo
y tenían malos hábitos. El jefe de la familia visitante acostum-

39
braba regar la carretera con agua potable y, cuando José y sus
animales pasaban por la carretera, los mojaba, diciendo que
estaban cochinos, olían mal y ensuciaban la calle. Si no que-
rían que los mojara, que buscaran otra vía para circular. Este
maltrato se repetía a diario.
En febrero, el derroche del agua aumentó, pues el hombre
lavaba a diario su camioneta y sus hijos jugaban carnavales.
Por este motivo, José, cansado de esta situación presentó
una queja ante la junta administradora de agua potable del
lugar. Mencionó el despilfarro del agua y la disminución y la
ausencia de agua potable en su casa, ubicada en la parte alta
del vecindario. También expuso el serio problema del cambio
climático que venía afectando a los nevados y a las fuentes de
agua, tal como le había informado su maestra Zenaida, en la
escuela de Marcará. Sin embargo, no se tomó ninguna medida
al respecto.
Los pobladores no se quedaban atrás; ellos desperdiciaban
agua regando todo con agua potable, no optimizaban sus téc-
nicas de riego, no construían reservorios ni mejoraban sus ca-
nales. Creían que el agua era suficiente e inagotable, tampoco
pensaban cómo vivirían las siguientes generaciones.
Luego de unos años, José, ya jovencito, terminó la secunda-
ria e ingresó a la universidad con la idea de enseñar a cuidar el
ambiente y aprovechar racionalmente el agua en su localidad.
Terminó de estudiar Ingeniería Ambiental en diez años. Demo-
ró todo ese tiempo porque tenía que trabajar duro durante un
año para poder estudiar el siguiente año con el dinero reunido.

40
Luego de terminar la carrera profesional hizo lo que había
pensado: organizó charlas y actividades para cuidar el am-
biente natural y para utilizar responsablemente el agua, aun-
que con pocos resultados. Asimismo, ahora él atendía mejor
a su orgullosa abuela, quien lo protegió al quedar huérfano.
Cuando venía realizando esas acciones, una noche el te-
niente gobernador del pueblo, el señor Nicolás, tuvo un sueño
muy extraño. Un ángel le revelaba hechos catastróficos como
la extinción de los nevados y las fuentes del agua, la presencia
de sequías, enfermedades y muertes de animales. Don Nico-
lás despertó asustado y, al día siguiente, en asamblea, infor-
mó a los pobladores sobre lo que ocurría. Asimismo, pidió que
reflexionaran sobre los problemas observados en el pueblo y
que participaran en los trabajos a realizarse. Como la gente
era muy creyente, aceptó todas las revelaciones que recibió
su autoridad.
Pronto, sus paisanos se disculparon con José por las ne-
gligencias mostradas con la naturaleza, y en especial con el
agua, y le agradecieron sus esfuerzos realizados en beneficio
de todo el distrito. Así, tomaron conciencia, cambiaron sus
malos hábitos y decidieron trabajar junto a él.
Entonces, realizaron las visitas domiciliarias para orientar
sobre el buen uso del agua y repartir afiches, construyeron
más reservorios de agua para tiempos de sequía, limpiaron y
mejoraron sus canales de regadío, reutilizaron el agua de las
casas, reforestaron los cerros y aprendieron nuevas técnicas
para regar sus chacras de cultivo.

41
Finalmente, lograron apreciar el agua y tener un mejor am-
biente para las futuras generaciones de la comunidad.

Miley Fernanda Abal Apolonario


I. E. 86276 Antonio Loli Laredo
Marcará, Carhuaz

42
ICA
JUNTOS GENERAMOS EL CAMBIO

Un lindo amanecer. Empezamos felices, llenos de entusias-


mo.
—¡Hoy es el gran día, qué emoción! –dijo el señor Cuy.
En el bosque, los animalitos estaban muy contentos por-
que se daba inicio al festival del agua. Ellos habían organizado
esta fiesta para dar a conocer sus estrategias para su conser-
vación.
El lugar estaba lleno de música, banderines y mucho color.
Ellos se habían organizado por tiendas y cada una de ellas te-
nía un lema motivador, que desarrollaron en conjunto.
—Bienvenido a nuestro hogar —se presentó el alcalde, el se-
ñor Cóndor.
—Gracias por haber aceptado nuestra invitación —dijo ama-
blemente el señor alcalde, que dirigió a Supersunasito al pri-
mer stand del festival.
Nuestro amigo Supersunasito es el representante de la Su-
perintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento, cuya
función es normar, regular, supervisar y fiscalizar la prestación
de los servicios de saneamiento.
—¡Agua, agüita queremos tener; amigo Supersunasito, quie-
ro aprender! Con esta sí, con esta no. A cuidar el agua, ¡uy, qué

43
emoción! —cantaron Cuy y Lechuza dando inicio al recorrido
del festival.
La llama estaba en su stand denominado Agua para Vivir.
Ella indicó que el agua es vital junto con otros componentes
para que el equilibrio exista. La llama explicó que ella y sus
compañeras vivían en zonas muy alejadas y aprendieron a ma-
nejar los instrumentos de medición de pH para saber si había
minerales dañinos para el consumo del agua. Además, como
lo hacían nuestros ancestros, realizaban la siembra y cosecha
del agua, lo que consiste en la construcción de diques de pie-
dra con núcleos de arcilla para almacenar el agua de la lluvia.
—Muy bien, señora Llama. La práctica que realizan es muy
interesante. Este sistema fue desarrollado por nuestros ante-
pasados como las culturas Chavín, Nasca, Mochica, Chimú,
entre otras. ¡Felicitaciones! —dijo Supersunasito con mucha
emoción.
El stand presidido por Cuy llevaba el nombre de Agua Pota-
ble y Alcantarillado.
—Tenemos la gran dicha de que, en nuestra comunidad,
siempre contamos con agua y nuestro servicio de alcantarilla-
do es excelente —dijo don Cuy. Él manifestó que un grupo de
cuyes organizaron una campaña de valoración de servicios y
que enseñaron a la población a cuidarlos con diferentes lemas
como “Tu vida es el agua, no la malgastes”, “El tesoro transpa-
rente es el agua que cuidas”, “Revisa que todos los sumideros
de tu casa tengan una rejilla que evite el paso de residuos al

44
desagüe”, “Evitemos arrojar desperdicios, grasas o sobras de
comida por el desagüe del fregadero”.
—De esta manera, la población tomó conciencia y empezó
a realizar buenas prácticas para el uso responsable del agua y
el cuidado del desagüe —agregó.
—La campaña con los consejos brindados ha dado sus fru-
tos: tienen una comunidad concientizada —respondió Super-
sunasito.
—¡Aquí, aquí! Bienvenidos a mi stand denominado Mi Reser-
vorio —dijo el Gallito de las Rocas.
Los gallitos de las rocas enfrentaron un problema grave: el
agua no era potable. El agua llegaba sucia, no la podían tomar;
por necesidad, algunos lo hacían y se enfermaban. Toda la
comunidad se empezó a preocupar mucho, por lo que se orga-
nizaron junto con las autoridades para construir un pequeño
reservorio, lo que les permitió tratar el agua y colocar piletas
en la aldea.
—Esto demuestra gran iniciativa de superación y trabajo en
equipo. ¡Excelente trabajo, señor Gallito de las Rocas! —dijo
con admiración Supersunasito.
Entonces, Supersunasito prometió en el festival que los
apoyaría en sus proyectos realizados con ayuda y asistencia
técnica.
Todos los animalitos comprendieron una vez más que la
unión hace la fuerza y junto al alcalde, el señor Cóndor, logra-
ron superar varios retos. Ellos cantaron: “Juntos y unidos por

45
un bien común, el agua en nuestras vidas siempre estará. ¡Mal-
gastarla no, preservarla sí, nuestro futuro asegurado está!”.
—¡Amigos, amigas, autoridades presentes! ¡Supersunasito,
una foto, una foto! — exclamó don Loro.
Todos los asistentes se tomaron juntos una linda foto.
Flash, flash, flash, sonaba por todo el lugar.
Supersunasito dijo:
—Gracias, querido pueblo. Su optimismo y su apoyo al cui-
dado y conservación del agua son muy valiosos. Con sus evi-
dencias iré a visitar otras comunidades para dar testimonio de
que juntos haremos un mundo mejor. Serán famosos, subiré
sus fotos a las redes sociales —a Facebook, Twitter, Instagram
y Youtube— para que todo el mundo conozca sus prácticas
maravillosas. ¡Que viva el pueblo de los animalitos!
—¡Haz la diferencia, tú lo debes hacer! Por favor, ayúdate y
ayuda a los demás. ¡Deben cuidar el agua! Cristhian, por favor,
haz algo; Cristhian, por favor, tú puedes… —dijo don Cuy.
—¡Cristhian, Cristhian! ¡Despierta, ya es tarde, apúrate, hijo!
—gritaba mi mamá.
Bostezando muy fuerte, me desperté. “¿Qué pasó? ¿Dón-
de están los animalitos? ¿Supersunasito? ¡Oh no, todo fue un
sueño! Pero, ¿por qué los animalitos me decían que debo ayu-
dar?”.
—Buen día, miss. Buen día, compañeros.

46
—Buen día, Cristhian. Buen día, niños —hoy continuamos
aprendiendo en casa —dijo mi profesora.
—Niños, ustedes saben que estamos en situación de pan-
demia por la COVID-19. Por favor, a cuidarse mucho, a lavar-
se las manos constantemente y cuando sus padres salgan,
háganles recordar el uso de mascarillas. La higiene es muy
importante en estos tiempos.
—Ayer escuchamos la versión de uno de sus compañeros,
que nos dijo que en su casa y la de sus vecinos el desagüe
había colapsado. Por muchas horas habían tenido que limpiar
y botar el agua del lugar. Inclusive llegó la empresa prestadora
de servicios de saneamiento (EPS) para solucionar esa situa-
ción. A pesar de ello, Arturo me comentó que una vez más
colapsó el desagüe. Por eso, hoy no está en clases —comentó
la profesora y continuó con la lección.
Al finalizar mi tarea, conversé con mi hermano sobre mi
sueño. Él me dijo que, lamentablemente, hay muchas perso-
nas que no cuidan el agua, la desperdician y no son conscien-
tes de ello.
—Pero ¿qué puedo hacer para mejorar esa situación? —le
pregunté a mi hermano, muy apenado. Y me quedé dormido.
—Hoy me espera la Comunidad de Gotitas. Me han invitado
a un evento muy especial —dijo Supersunasito.
Las niñas y niños saludaron.
La gotita Titi dijo que tenían una queja sobre el uso inco-
rrecto del agua. La gotita Toto explicó:

47
—Cuando las gotitas nos juntamos y pasamos por todo el
proceso de potabilización para llegar a las casas, hay muchos
que nos desperdician. Se demoran más de cinco minutos en
la ducha, echan demasiado detergente a su ropa utilizando
más agua, dejan abierto el caño al cepillarse los dientes, tie-
nen su inodoro malogrado, riegan su jardín por mucho tiem-
po, el caño está malogrado y gotea. Por favor, Supersunasito.
Ayúdanos a concientizar a la población sobre esta situación,
estamos desesperados.
—Comunidad de Gotitas, les voy ayudar en este penoso pro-
blema, juntos lo lograremos —dijo muy preocupado Supersu-
nasito.
—Tú puedes hacer la diferencia. Confío en ti, Cristhian;
Cristhian, ayuda a tu pueblo, tienes las herramientas…
Me desperté de un brinco. Otra vez el sueño del agua y Su-
persunasito. Esta vez fue triste, porque la comunidad de Goti-
tas estaba sufriendo. Conversé con mi hermano una vez más,
y él me aconsejó que debía seguir el camino correcto.
Juntos empezamos una aventura con ayuda de las redes
sociales.
Hemos realizado varias investigaciones y llegamos a la
conclusión de que la concientización es la clave del éxito. Es
lo que hizo la Comunidad de Animalitos. Ahora entiendo que
debo actuar para frenar esta situación. Y ¿Supersunasito exis-
te? Sí, sí existe. Lo encontré en su página web como Sunass.
Qué alegría saber que hay una entidad que nos puede apoyar
si lo solicitamos.

48
Con mi hermano, subimos consejos a las redes sociales so-
bre el uso correcto del agua; por ejemplo, bañarnos no más de
cinco minutos —ese tiempo en la ducha basta para estar lim-
pios—, remojar la ropa con la menor cantidad posible de de-
tergente para emplear menos agua al enjuagar, usar un vaso
con agua para lavarse los dientes, revisar las instalaciones de
agua, reutilizar el agua para el riego de los jardines, revisar
que los sumideros tengan una rejilla para evitar el paso de re-
siduos al desagüe, evitar arrojar desperdicios por el fregadero,
etc.
Además, hicimos un concurso de pancartas. Los niños de
todo el Perú nos enviaron mensajes por medio de fotos y con
ayuda de Sunass elegimos las mejores.
Algo increíble pasó. Muchos niños y niñas se unieron a
nuestra campaña. Ellos explicaban a sus padres todo lo apren-
dido por las redes y los consejos de Sunass. Supersunasito, el
amigo de mis sueños, ahora es realidad.
Mi amigo Supersunasito detectó el problema de mi compa-
ñero de estudios. Resulta que una de las casas del vecindario
de Arturo, mi compañero de clase, era un lugar donde pelaban
pollos para su venta. Arrojaban las plumas y los desperdicios
al desagüe; por ese motivo todo colapsaba. Gracias a esta
investigación, las autoridades cerraron ese local clandestino
definitivamente.
Mi familia, las familias de mis compañeros de clase y la pro-
fesora nos tomamos varias fotos y los subimos a Facebook,
Twitter, Instagram y Youtube, como hicieron mis amigos, los

49
animalitos. Hemos tenido varias reacciones como me gusta,
me encanta, me importa.
Amigos, amigas, ustedes también pueden hacer la diferen-
cia. Recuerden unirse a nuestra campaña “Nuestro tesoro es
el agua. Cuídala”.

Cristhian Rodolfo Ávalos Sánchez


I. E. San Pedro COPRODELI
Chincha Baja, Chincha

50
JUNÍN
ACHIC MALKA, EL PUEBLO QUE APRENDIÓ UNA GRAN
LECCIÓN

Achic Malka era un pueblo que se dedicaba a la agricultura y


a la ganadería, pero este pueblo tristemente no contaba con
agua potable. Por ello, los pobladores enfermaban constan-
temente, ya que tomaban agua de una laguna cercana. Ante
esta situación tuvieron que recurrir a un pueblo vecino lla-
mado Yaku Chuyaq para que les proporcionaran agua. Este
pueblo aceptó gentilmente, pero con la condición de que no
la desperdiciaran. Caso contrario, inmediatamente dejaría de
proporcionar este valioso líquido elemento.
Había pasado alrededor de dos décadas y la promesa de
no desperdiciar el agua se fue olvidando. Lamentablemente,
los vecinos de Yaku Chuyaq se enteraron de esto e inmedia-
tamente dejaron de proporcionarles el agua. Los habitantes
de Achic Malka no comprendían por qué ocurría esto, ya que
se habían olvidado de este acuerdo; pero como en ese pueblo
estaban los antiguos pobladores (más conocidos como los
sabios del pueblo), estos les recordaron que el convenio se
rompió a causa del mal uso que le dieron al agua durante mu-
chos años. Sintiéndose culpables, molestos y decepcionados,
al final solo les quedó aceptar la decisión del pueblo vecino,
ya que por culpa de ellos mismos perdieron un recurso impor-
tantísimo. Y ahora, para conseguir agua, forzosamente tenían
que caminar aproximadamente 10 kilómetros para llegar has-

51
ta un pozo. Y para colmo de males, no llovía, y esto causó que
las cosechas se secaran y que el ganado muriera por falta de
alimento.
Como supondrán, todas las casas estaban sucias e infes-
tadas de moscas, ya que el agua solo alcanzaba para el con-
sumo, mas no para el aseo personal, ni para la limpieza de
los hogares. Comenzaron a aparecer roedores y cucarachas.
En conclusión, no llevaban una higiene adecuada y todo ello
llevó a que se propagara la enfermedad del cólera (consumían
agua contaminada), que mató a casi la mitad de la población.
Serafín era un niño de doce años muy inteligente, que que-
dó impactado al ver todo esto y se propuso remediar esta si-
tuación. Sin embargo, él no sabía cómo hacerlo, ya que solo
era un niño. Hasta que se le ocurrió visitar a su abuelo para
averiguar un poco más de por qué no había agua potable en
su pueblo y qué acciones podría tomar a fin de encontrar algu-
na solución al problema. Al llegar a la casa de su abuelo, este
le contó sobre la condición que había puesto el pueblo Yaku
Chuyaq al pueblo Achic Malka y que este no había cumplido
con su promesa. Al oír esto, Serafín quedó muy decepcionado
de su propio pueblo, ya que no podía creer que había desper-
diciado el agua y roto su promesa.
Serafín salió de la casa de su abuelito, después de que este
le narró todo lo acontecido. Eran aproximadamente las 6 de la
tarde y, como una muy buena señal del destino, camino a casa
se encontró con un pajarito herido de plumaje dorado, cosa
que a él se le hizo raro, ya que no conocía esa especie de pája-
ro. Como Serafín era un niño muy bueno, se llevó al animalito

52
a su casa para curarlo. Al llegar, vendó el ala del pájaro y le
dio un poco de agua y maíz; en ese mismo instante el pajarito
comenzó a hablar y le dijo:
—Muchas gracias, Serafín. Tú sí eres un niño bueno y por
eso voy a recompensarte. Yo soy Mama Cocha (Madre de las
Aguas) y he visto cómo está sufriendo tu pueblo a causa de
su desobediencia, su falta de compromiso y la falta de agua.
Ante esta escena, el niño quedó absorto y sin palabras; re-
accionó luego de varios segundos y prestó atención a la ave-
cilla.
Un poco asustado, Serafín le dijo a Mama Cocha:
—Señora, ¿me podría ayudar a salvar a mi pueblo?
—¡Niño mío!, yo te ayudaré, pero tú tienes que ser mi voz
ante el pueblo. Tendrás tres misiones. La primera será esta:
pasado mañana reunirás a todos los varones del pueblo en la
plaza principal.
Serafín aceptó la primera misión, pues estaba encantado
con la ayuda que Mama Cocha le brindaría.
Al día siguiente muy temprano, Serafín se dirigió de casa en
casa para citar a todos los hombres a una asamblea. Al estar
reunidos todos en el lugar indicado, los varones fuertes vieron
que Serafín estaba con todos los sabios del pueblo. Tomó la
palabra y comenzó a narrarles detalladamente la experiencia
que vivió dos días antes con Mama Cocha. Al terminar el rela-
to, les dijo:
—Como les mencioné antes, los he citado porque Mama
Cocha va a hablar con ustedes mediante mi voz.
Inmediatamente, un rayo de luz cubrió a Serafín y empeza-
ron a fluir estas palabras: “He visto todo su sufrimiento durante
muchos años y siento una pena inmensa, y ahora que he es-
cuchado su arrepentimiento y los veo muy necesitados, estoy
aquí para ayudarlos. Lo primero que tienen que hacer es cons-
truir una represa. Yo les facilitaré los recursos del bosque”.
Los varones se quedaron emocionados y convencidos. En-
tonces, uno de ellos tomó la palabra:
—Muchas gracias, Mama Cocha. No sabe todo lo que he-
mos padecido y cuánto hemos esperado por ayuda. Estamos
y estaremos infinitamente agradecidos con usted por su inter-
vención. No la defraudaremos.
Después de un mes de arduo trabajo, la represa estuvo ter-
minada, y todos los pobladores vieron cómo empezó a llover
y esto significaba la alegría de Mama Cocha. Como es de es-
perar, la Madre de las Aguas volvió a hablarle a Serafín, pero
esta vez le dijo:
—Serafín, ya se cumplió la primera misión. La segunda será
esta: tendrás que ir de casa en casa, y le dirás a toda la gente
que haga una limpieza exhaustiva de las casas y de las calles
del pueblo.
Serafín obedeció a Mama Cocha y, al día siguiente, pasó
casa por casa a comunicarles lo solicitado por la deidad. Una
vez terminada la segunda misión y lograda con éxito, la Ma-

54
dre de las Aguas volvió a hablarle a Serafín, esta vez para en-
comendarle la tercera y última misión que sería una reunión
general con todo el pueblo. Serafín cumplió la tercera misión
y reunió a todo el pueblo en la plaza principal. Allí volvió a ha-
blarles la deidad:
—Hijos míos, he visto cómo han aprendido a valorar el agua
y por eso estoy muy orgullosa de vosotros. Desde ahora, todo
dependerá de ustedes, ya que, si no cuidan el agua, volverán
a sufrir y a pasar necesidad. Espero que hayan aprendido la
lección. Para ello, voy a darles unos buenos consejos para que
no vuelvan a desperdiciar el agua:
—Les recomiendo que recojan el agua de la lluvia para que
hagan la limpieza de sus casas, para hacerse su higiene per-
sonal, etc.
—También tienen que cerrar adecuadamente el caño cuan-
do no lo usen, porque de lo contrario desperdician bastante
agua.
—Laven los platos justo después de comer para evitar que
se sequen los residuos de comida y tener que usar más agua
para la remoción.
—No boten el agua con la que lavan sus alimentos, ya que le
pueden dar otro uso en la cocina.
—Y, sobre todo, enseñen a sus hijos desde pequeños cómo
usar el agua con prudencia. Espero que esta vez no desper-
dicien el agua porque si es así otra vez volverá todo su sufri-
miento.

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Los pobladores le hicieron caso a Mama Cocha y, desde
entonces, la gente de Achic Malka cuida el agua y, si ven a un
foráneo o extranjero, le cuentan la historia de la Madre de las
Aguas. Así han hecho conocer de generación en generación
cómo la deidad acabó con todo su sufrimiento.
El agua es nuestro recurso más valioso y, gracias a Mama
Cocha y a Serafín, a la angustia del pueblo se le pudo poner
¡FIN!

Luana Mabel Chávez Laureano


I. E. San Vicente de Paul
Jauja, provincia homónima

56
LA LIBERTAD
EL MISTERIOSO HOMBRE HIJO DEL AGUA

Había una vez un hacendado que tenía muchas hectáreas de


terreno y un canal de regadío que contaba con mucha agua.
Una tarde, este señor apostó su hacienda con otro hacenda-
do y perdió.
El hacendado que perdió la apuesta se sentía muy triste al
saber que perdería todo lo que tenía: sus terrenos, sus anima-
les, hasta su canal de regadío.
Este hombre estaba tan desconsolado que sus trabajado-
res se dieron cuenta de su pena, pues él no era así. Era una
persona muy alegre, divertida, siempre con una sonrisa en la
cara hacia sus trabajadores; y desde aquel día que apostó,
todo cambió en él.
Un día, uno de sus trabajadores se le acercó preocupado y
le dijo:
—¡Patroncito, patroncito, quizás aún hay alguna solución!:
compartir el agua para que la otra chacra produzca igual que
la nuestra. Será como si tuvieran dos haciendas.
—¡Dime! ¿A quién le va a importar tanto el agua? Casi nadie
le da importancia porque hay agua en cantidades en todo el
mundo —respondió el patrón.
El peón, desconcertado, le decía que no hablara de esa forma,
que el agua es muy importante y que sin ella no seríamos nada.

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—Si no contáramos con el agua de estas hermosas cata-
ratas o de los riachuelos, ¿cree usted que las frutas, los ca-
ñaverales y todas las plantas de sus huertos estarían dando
buenos resultados? —preguntó el peón.
El patrón insistía diciéndole al peón que agua siempre ha-
brá, que no se quejara y que mejor lo ayudara a pensar en una
solución para no perder la hacienda. Era lo único que le impor-
taba en ese momento.
—¡Bueno! —contestó el peón—. Yo le estoy dando una solu-
ción, pero usted no le toma importancia.
Lo que no sabía el patrón es que este hombre era un hijo
encantado del agua y, al escuchar lo que dijo el patrón, se de-
cepcionó, se puso triste; lloró y lloró desconsoladamente por
varios días. Se iba al manantial a llorar junto a él.
Sus gotas de lágrimas caían hacia el manantial hasta que
una voz salió del agua:
—¡No llores, hijo mío! —dijo la voz—. Algún día se dará cuen-
ta y quizás ya sea demasiado tarde.
Pasaron algunos días. El patrón ya no veía al peón que le
sugirió compartir el agua, y al notarlo, decidió enviar a sus de-
más peones a buscarlo.
Buscaban y buscaban por todos lados, pero no lo encon-
traban. Decidieron regresar donde el patrón para decirle que
el hombre estaba desaparecido y que no lo encontraban en
ninguna parte. Era como si la tierra se lo hubiese tragado.

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—¿Qué hacemos ahora? —preguntaron los peones.
—¡Ya, déjenlo! Seguro debe estar resentido. Ya regresará,
pues ¿a dónde va a ir ese pobre hombre? —respondió el pa-
trón.
Llegó el día en que tenía que pagar su apuesta. El otro ha-
cendado vino, pero en vez de reclamar su pago, propuso com-
partir el agua del canal de regadío para que pudiera llegar a
sus tierras y así él también pudiera sembrar y cosechar bue-
nos frutos y sus animales no se murieran de sed. Todo lo que
sembraran, producirían el doble; así sacarían provecho y sería
como si tuvieran dos haciendas, lo que significaría mayores
ganancias para ambos.
Con todas esas condiciones, el hacendado que perdió la
apuesta, muy sorprendido, dijo:
—¡Voy a pensarlo, dame unos días!
Ello también dejó sorprendido al hacendado que ganó la
apuesta, pues en su opinión, estaba siendo bastante conside-
rado con el perdedor.
Pasados unos días, el hacendado ganador fue con todos
sus hombres a iniciar los trabajos de extensión de los canales
de regadío por donde iba a pasar el agua hasta su zona, llama-
da Marcabal.
Llegaron a Llautobamba, la zona del hacendado perdedor,
para que les dijera desde dónde iban a empezar a trabajar. En-
tonces se fueron con dirección a los canales, pero al llegar al

59
lugar se llevaron una gran sorpresa, ya que el agua era mucho
menos abundante que lo que solía decir aquel hacendado.
Enfurecido, el hacendado de Marcabal le dijo:
—¡Eres un mentiroso! ¡No eres de palabra! ¡Nunca más
apostaré contigo! ¡Quédate con todo!
Y se marchó del lugar.
El hacendado de Llautobamba se quedó alegre y triste a la
vez, porque toda el agua que tenía, se había secado, solo co-
rría un hilito de agua, y se preguntaba:
—¿Pero qué fue lo que pasó? ¿Acaso habrá tenido algo que
ver aquel hombre que traté mal y cuya sugerencia rechacé?
Ya no sabía qué pensar.
De pronto, aquel hombre apareció de la nada y le dijo:
—¿Qué pasó, patroncito?
—¡Pobre infeliz! —le contestó el patrón—. ¿Dónde te habías
metido? Te hemos buscado por todas partes y no dábamos
con tu paradero.
—Me fui con mi madre —respondió aquel hombre.
—Ja, ja, ja, ja —echó a reír el patrón y le dijo que no tenía
madre, ni siquiera pariente alguno—. Eres un mentiroso —res-
pondió el patrón.
—¿No le parece raro que el agua desapareciera de repente?
¿Acaso no se ha preguntado eso? —le preguntó el hombre.

60
Entre preguntas y respuestas, el hombre decidió contarle
todo lo que había pasado y el porqué de la desaparición repen-
tina del agua. Empezó diciendo:
—Yo soy un hombre encantado, hijo del agua. Cuando usted
me trató mal y me humilló, yo me decepcioné mucho. Lloré y
lloré hasta que mi madre me escuchó, me consoló y me dijo
que usted tarde o temprano se arrepentiría de todo. Con el
consuelo de mi madre, decidimos ir a otro lugar, a un sitio lla-
mado San Felipe. Ahí le propuse a la gente que se preparara,
que limpiara sus canales, sus acequias y todo lugar por donde
pasara el agua. La gente, bien amable, me atendió, y siendo yo
un desconocido, me creyeron e hicieron todo aquello que les
había indicado. ¡Así fue!
El hombre encantado continuó:
—Pasados cuatro días, mi madre y yo decidimos ir a aquel
lugar en las alturas por donde pasa el agua, y de manera natu-
ral se tapó, desviando el agua hacia San Felipe. Toda la gente
del pueblo se puso muy feliz, celebraron con mucha alegría y
nos hicieron una fiesta. A mí me recibieron con mucha alegría.
Soy muy feliz, porque todos me tratan bien y hoy solo vine a
despedirme. ¡Adiós para siempre! —dijo el hombre y desapa-
reció.
El hacendado quedó desconcertado sin saber qué pensar.
Pasó el tiempo y todas sus plantas se empezaron a secar,
sus animales morían de sed y sus trabajadores empezaron
a marcharse de aquel lugar, pues el agua no alcanzaba para
todos. Fue recién entonces que el hacendado se dio cuenta de

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la importancia del agua, que sin ella no era nada, que por su
egoísmo lo perdió todo y tuvo que aceptar la derrota.
En cambio, en San Felipe, todos fueron felices; el agua tam-
bién, porque le daban mucha importancia y valoraban a su hijo
sin saber que él era el misterioso hombre, hijo del agua. Y así
fueron muy felices para siempre.

Heiner Baca Salazar


I. E. 80731 Chugurbamba
Sartimbamba, Sánchez Carrión

62
LAMBAYEQUE
LA LECCIÓN DEL DESPILFARRO DE AGUA

Érase una vez mis amigas Cristina, Pamela y Jéssica, a las


que les encantaba el agua. Se bañaban en su casa de la playa
de Lagunas, regaban las flores y, en el colegio, yo siempre les
decía: “Cierra el caño”. Sin embargo, mis amigas no le toma-
ban importancia, ya que ellas hasta jugaban a mojarse en el
verano.
Pero un día de fiesta en mi pueblo pasó todo lo que mi mamá
les había advertido: fueron a bañarse y del caño no salía agua,
no podían lavarse los dientes ni las manos, no podían lavar los
platos sucios de la cocina, ni regar las flores del jardín.
Salimos donde los vecinos en busca de agua y, en sus ca-
sas, tampoco había ni una sola gota de agua. Todos estaban
asustados a llorar, angustiados por lo que estaba pasando y
por la sed que teníamos. Jamás habíamos llorado tanto. Todo
mi pueblo lloraba ante la falta del líquido indispensable.
Los habitantes de mi pueblo se reunieron para analizar cuál
era el problema. Algunos afirmaban que se estaba perdiendo
la fe y ya no creíamos en las imágenes, y, por eso, San Pedrito
nos estaba castigando. Otras aseguraban que la mayoría de
personas malgastaban el agua: tenían caños deteriorados e
inodoros en mal estado, lo mismo que las mangueras con las
que regaban los jardines. Además, cuando se bañaban, deja-
ban la ducha abierta al momento de jabonarse; algunas perso-

63
nas utilizaban el agua para lavar motos. Ante esto, mi abuela
levantó la mano y opinó que debíamos ir a la iglesia y pedirle a
Dios que hiciera llover mucho; pero Don Rafita, un vecino, opi-
nó que, si esto sucedía, Lagunas se inundaría y desaparecería
nuevamente como ocurrió años atrás.
Al final, se llegó a los siguientes acuerdos: formar un co-
mité para supervisar el buen uso del agua, reutilizar el agua
y además fabricar condensadores caseros. Mi vecina Yanira,
desconcertada, comentó:
—Señores, ¿qué ocurrirá con los que no están presentes
ahora en la reunión? ¿Acaso les llegará de otros lugares el
agua?
Ante esto, mi madre propuso que cada familia elaborara
afiches con lemas sobre el cuidado del agua y los ubicara en
lugares visibles para que la gente se informara. Desde ese día,
toda mi familia y mi pueblo valoraron la importancia del agua,
y empezaron a cuidarla y a conservarla, reduciendo al mínimo
su consumo.

Akemi Lucero Valentina Nishimoto Castro


I. E. 10032 Julio Armas Loyola
Lagunas, Chiclayo

64
LIMA METROPOLITANA Y CALLAO
EL MARAVILLOSO LEGADO DE MAMA COCHA

Hace miles de años, habitaban en la tierra cuatro madres


elementales: Mama Cocha (madre del agua), Pachamama
(madre tierra), Mama Nina (madre del fuego) y Mama Wayra
(madre del viento), todas muy poderosas. los Incas y todos
los habitantes del Perú antiguo rendían culto a las cuatro ma-
dres elementales; sin embargo, entre ellas sobresalía Mama
Cocha, dama de impresionante belleza, muy venerada en las
zonas costeras. Esto atrajo la atención de Viracocha, Dios
creador del antiguo Perú, por lo que decidió averiguar acerca
de aquella diosa de los mares y de todas las fuentes de agua.
Con el deseo de atraer la atención de tal diosa, Viracocha
se dirigió hacia el lago Titicaca y se sumergió a lo más profun-
do esperando que algo sucediera. Después de largos minutos,
sintió que las aguas lo empujaban hacia la superficie hasta
sacarlo. Al salir del lago, fue capaz de apreciar la belleza y
todo el poder acumulado en una grandiosa e increíble dama.
Embelesado, Viracocha le preguntó:
—¿Eres tú aquella dama de tan impresionante poder? ¿Eres
la dueña y madre de los mares?
—Sí, lo soy: madre de los mares, ríos, lagos y toda fuente de
agua —le respondió Mama Cocha con dulce y melodiosa voz
hipnotizadora.

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Viracocha volvió a su hogar en el Hanan Pacha (Tierra de
Arriba) sin poder quitar de su mente la imagen clara y perfecta
de Mama Cocha, por lo que al día siguiente decidió ir a verla
nuevamente.
—Mama Cocha, eres sin duda la mujer más linda y podero-
sa que haya pisado la Tierra. Yo quedé enamorado de ti. Solo
quiero verte más a menudo para que tu imagen permanezca
siempre conmigo y pueda llevarte al Hanan Pacha —declaró
Viracocha a orillas del mar.
—¿Es cierto lo que me dices? ¿Realmente deseas pasar tu
tiempo con una diosa del Uku Pacha (mundo de abajo)? —pre-
guntó sorprendida, saliendo del mar.
—Juro que es tan cierto como tu belleza celestial y como
las varas que llevo en ambas manos. ¡Te amo, diosa mía, sin
importar el mundo del que vengas! —contestó sin dudarlo.
Mama Cocha aceptó la propuesta del dios Viracocha y am-
bos se dirigieron al Hanan Pacha, donde se casaron y tuvieron
dos hijos: Inti (el dios Sol) y Mama Quilla (la diosa Luna).
Pasaron juntos años felices, llenos de paz y tranquilidad.
Los incas y todos los pobladores del antiguo Perú les rendían
culto, y daban ofrendas a cada uno de sus dioses. Mama Co-
cha vivía feliz con sus ríos, lagos y mares que eran cuidados
por los habitantes, que vivían agradecidos por los beneficios
que recibían.
Todo era tranquilo hasta que, sin previo aviso, la guerra se de-
sató. Los españoles habían llegado al Perú para conquistarlo.

66
Mama Cocha, junto a los otros dioses, observaban el escena-
rio con horror. Querían hacer algo, pero no les estaba permiti-
do interferir en los asuntos humanos. Sin embargo, ellas, las
madres elementales, no podían ser indiferentes frente a lo que
ocurría, por lo que Mama Cocha llamó a las otras madres y
les propuso ayudar a los pobladores en todo lo que pudieran.
Tal es así que Mama Wayra, haciendo uso de todo su poder, el
viento, se encargó de que la noticia de la conquista española se
propagara por el territorio, para que, enterados todos, unieran
tropas y luchasen por liberar al Perú. Pachamama les enseñaba
a los campesinos y campesinas a sembrar la tierra para que no
pasaran hambre en tiempos difíciles. Mama Nina, a través del
fuego, mandaba señales de apoyo al Perú y también iluminaba
el camino de quienes lo necesitaban para hacerles saber que
había esperanzas de un país libre. Mientras tanto, Mama Cocha
proporcionaba el líquido elemento a los guerreros cansados y
sedientos, y los guiaba a través de sus aguas.
Enterado de todo esto, Viracocha prefirió ignorar lo que ha-
cía su esposa, la diosa Mama Cocha, ya que, para él, era más
importante que ella estuviera en paz consigo misma; sobre
todo, en aquellos tiempos en que les tocaba ver que las fuen-
tes de agua se deterioraban como consecuencia de las gue-
rras y de otras acciones de los humanos, lo que hacía que
Mama Cocha se entristeciera mucho.
Al cabo de varios años, y tras diferentes guerras, al fin el
Perú fue libre. Se sentía bien disfrutar de la paz. Los dioses
respiraban tranquilidad en los tres mundos: el Hanan Pacha,
el Kay Pacha y el Uku Pacha (mundo de arriba, mundo del pre-

67
sente y mundo de abajo). Mama Cocha también lo disfrutaba,
pero aún había algo que la hería. Las aguas de sus manantia-
les, ríos, lagos y mares habían quedado contaminadas y su-
cias. Sus glaciares se iban derritiendo. Los humanos, que ya
no tenían guerras como en el pasado, ahora contaminaban sin
piedad sus fuentes de agua, por lo que Mama Cocha estaba
devastada. Ya no salía de su habitación. Se encerraba solitaria
en medio de la pena y del dolor que sentía. Y Viracocha empe-
zaba a extrañar la compañía de su amada.
—¡Inti, Quilla, vengan por favor! —Viracocha llamó a sus dos
hijos.
—¡Tayta! —respondieron ambos
—¿Qué ocurre, Tayta? —preguntó Quilla percatándose de la
preocupación que había en el rostro de Viracocha.
—Es Mama Cocha, su madre: no ha salido de su habitación
en estos últimos años —comentó Viracocha.
Sus hijos se pusieron cabizbajos. Ellos extrañaban a su ma-
dre tanto como su padre. Sabían que tenían que hacer algo
para que ella volviera a compartir tiempo con ellos. Es por eso
que decidieron ir a hablar con ella. Al entrar a la habitación, la
vieron con el poderoso cetro en la mano creando un maremo-
to dirigido a la civilización costera del Perú.
—¡Querida, detente! —pidió Viracocha.
—Mamá, no lo hagas —dijo Mama Quilla—. Si acabas con
los pobladores de la costa o de cualquier otro lado del Perú,
serías como Kon (Dios de la lluvia), que cuando los humanos

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dejaron de darle ofrendas, se enfureció tanto que se llevó to-
das las lluvias por mucho tiempo provocando una gran sequía,
lo cual resultó muy letal para los humanos.
—Lo que dijo Quilla es un buen punto, mamá. Por favor, te
queremos y te necesitamos —agregó Inti, con melancolía.
—¡No lo entienden! Si los mato ahora, morirán más rápido
que con el cruel acto de suicidio que están cometiendo al vol-
ver inútiles las fuentes de agua —explicó Mama Cocha.
—Quizás merezcan morir. ¿Pero no te das cuenta del daño
que causarías alterando la naturaleza? —cuestionó Inti.
—¿Qué clase de daño causaría yo? Después de todo, los
humanos son quienes alteran la naturaleza con sus monstruo-
sos actos, botando la basura a los ríos y mares, usando in-
discriminadamente mis fuentes, arrojando sustancias tóxicas
a mis aguas y muchos otros actos más —respondió Mama
Cocha a la defensiva.
Quilla contestó:
—Mama Cocha, madre del agua: eso sugiere que toda fuen-
te de agua es como un hijo para ti. Dicen que no hay mayor
dolor para una madre que el perder a un hijo. Es comprensible
que te sientas lastimada por todo el daño y el poco cuidado
que les dan a tus mares, lagos y ríos.
—Pero, si terminas con los humanos, una parte de mí mo-
rirá —agregó Viracocha—. Así como las fuentes y mares son
tus hijos, los humanos son los míos: yo los creé. Sería muy
doloroso ver que ellos desaparecieran.

69
Mama Cocha quedó pensativa por un buen rato, después
de escuchar a su amado Viracocha y a sus queridos hijos Inti
y Quilla. Se dio cuenta al fin de que no podía matar a los hu-
manos, ya que ella también los amaba. Entonces se le ocurrió
una alternativa: enseñarles a usar adecuadamente los recur-
sos naturales.
Mama Cocha se comunicó con el resto de las madres ele-
mentales y les explicó el plan. Mama Wayra difundiría las
medidas para cuidar los mares y toda fuente de agua en el
mundo. Esto lo haría empleando su principal poder, el vien-
to. Así, todo el mundo se enteraría. Pachamama mantendría
con vegetación las zonas que le correspondía y enseñaría la
cantidad de agua exacta que debían utilizar los humanos para
cuidarse y para cuidar los sembríos. Mama Nina se encargaría
de controlar su fuego para evitar gastar el agua en incendios
naturales.
A su vez, Mama Cocha tomaría forma humana y enseñaría
a cada uno de los pobladores de nuestra amada tierra. Les
haría entender que, si no cuidamos el agua, pronto se acaba-
rá y el mundo no tendrá cómo sobrevivir. Por lo tanto, cada
papá, mamá, abuelito y abuelita del Perú será responsable de
enseñar a sus hijos e hijas a disfrutar de este valioso recurso,
cuidándolo y protegiéndolo. Estos aprendizajes serían trasmi-
tidos de generación en generación a través de muchos años.

70
Viracocha, Inti y Quilla ya no ven muy a menudo a Mama Co-
cha en el Hanan Pacha, pero saben que ella está feliz, evitando
la extinción del agua y, por lo tanto, cuidando a los humanos.
En ocasiones, ellos también toman forma humana y acompa-
ñan a Mama Cocha en su gran tarea. Si logras reconocerlos,
guarda el secreto y trátalos con mucha amabilidad.

Anghely Camil Suárez Tello


I. E. La Cruz
Pueblo Libre, Lima

71
MADRE DE DIOS
HISTORIA DE UNA GOTITA DE AGUA QUE HA SALVADO A
LA POBLACIÓN

Había una vez una gotita de agua que se sentía sola y viajaba
de pueblo en pueblo y de región en región. No tenía amigos
con quien compartir sus momentos, pero le gustaba viajar
para ver si encontraba otra gotita de agua en alguna región.
Una vez viajó por la sierra del Perú y encontró la tierra desola-
da. Los animales se morían de hambre y de sed, porque no ha-
bía agua. La población vivía en desesperación, porque no podía
regar sus chacras. Era una pena ver cómo sufrían la gente y los
animales por la falta de agua. Hacía buen tiempo que no llovía.
La gotita se puso muy triste, hasta se puso a llorar; entonces
se dijo: ”Voy a ayudar a esta pobre gente para que no mueran
sus animales y para que ellos tampoco mueran de hambre”.
La gotita se fue pronto al espacio a buscar a sus familiares.
Encontró a cinco parientes y les contó la triste historia y las
cinco gotitas se entristecieron y formaron un grupo de seis
gotitas, y entonces fueron al espacio a buscar ayuda de más
gotitas. Encontraron cerca de cien gotitas y les contaron el
problema y formaron un grupo de más de cien gotitas.
Esas cien gotitas seguían viajando más allá del espacio y vie-
ron como miles de gotitas subían de los ríos hacia el espacio. Las
cien gotitas hablaron con miles de gotitas y las convencieron de
ayudar a la población de la sierra. Esta vez el grupo era de miles.

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Esos miles de gotitas viajaron en grupo más allá del espa-
cio y se encontraron en un gran mar y vieron cómo millones
de gotitas subían al espacio. Entonces los miles de gotitas les
hablaron del problema y las convencieron para brindar ayuda.
Así se formó un grupo de millones y millones de gotitas de
agua, y se fueron hacia la sierra a brindar ayuda a la población.
Los millones y millones de gotitas llegaron a la sierra, se
juntaron todas y cayeron a la tierra en forma de lluvia, y hubo
abundante agua, hasta inundación. Después de cumplir con
la ayuda, las gotitas poco a poco se fueron a sus lugares de
origen por la acción del sol, pero dejaron los campos verdes,
animales gordos, las chacras floreciendo y la población con-
tenta.
Y la gotita que era sola, desde el espacio, vio el fruto de su
sacrificio y de la ayuda de sus millones de familiares. Estaba
muy contenta con la buena obra que hizo una simple gotita de
agua.

Liz Mishell León Cjuno


I. E. José Carlos Mariátegui
Inambari, Tambopata

73
MOQUEGUA
LA AVENTURA DE TITA

Había una vez una gotita de agua llamada Tita. Tita era ale-
gre, soñadora y muy juguetona, y así en el aire empezó su
gran aventura.
El sol calentaba mucho, pues era verano y el calor hacía que
ella se elevara cada vez más alto. ¡Cada vez más alto hasta
formar parte de una nube!
Y allí quedó, ¡sorprendida!, al contemplar desde el cielo lo
hermoso que era el lugar donde había nacido. Pudo contem-
plar desde ahí lo grande que era el mar, vio lo largo que era el
río Amazonas y la forma en que el lago Titicaca reflejaba la luz
del sol.
Se sentía muy emocionada contemplando la abundancia
del agua que había en el planeta Tierra, y de saber que ella, al
ser una gotita de agua, formaba parte de todo esto.
De repente, miró a su alrededor y notó que no estaba sola.
Allí también había otras gotitas como ella y eran muchas. Em-
pezó a sentir cómo el viento las empujaba alejándolas del mar
hacia los Andes. Sintió también cómo el viento las juntaba
cada vez más. Se dio cuenta que de tanto juntarse en la nube
empezaban a caer, y la nube entonces dijo:
—¡Gotitas, ahora ustedes son lluvia!
Y empezaron a caer.

74
“¡Qué alegría! –pensó Tita–.¡Conoceré la tierra!”.
Y así Tita la gotita empezó a caer; pero, mientras iba cayen-
do, se fue enfriando y, ¡ups!, ¡se congeló! Se convirtió en un
copo de nieve, y cayó sobre un nevado.
Entonces pensó: “Esto no me lo esperaba. Está frío aquí”.
El nevado dijo:
—¡Gotitas, son copos de nieve ahora, pero no se preocupen!
¡Pronto, el sol calentará y se derretirán!
Tita pensó: “Menos mal, es un poco aburrido aquí, aunque…
antes era cristalina y ahora me veo blanca. Mmm… Debe ser
porque ahora soy un copo de nieve”.
Y así pasaron las horas, el sol apareció y con sus rayos de
luz y calor, las gotas se descongelaron. Primero, fueron unas
pocas; luego, otras y otras más, hasta formar un riachuelo.
—¡Qué cristalinas y limpias nos vemos! —le dijo a otra gotita.
Esta le respondió:
—Tienes razón, somos agua pura y nuestro destino es bajar
por los ríos, para que las personas nos capten en el camino y
mediante un tratamiento nos conviertan en agua potable. Así
seremos seguras para que las personas nos utilicen para cal-
mar su sed, preparar sus alimentos y asearse.
Cada vez más gotitas se unían al riachuelo, hasta que llega-
ron a formar un río.
—¡Qué emoción! ¿Cuál será mi destino? —decía Tita.

75
Algunas de las amigas de Tita se fueron quedando en el
camino. Fueron convertidas en agua potable y sirvieron para
cocinar, para que las personas puedan bañarse y para que se
laven las manos con frecuencia. Sus amigas gotitas se que-
daban alegres, pues sabían que eran muy importantes para
mantener la salud de las personas.
Y así Tita siguió bajando con el río. De pronto, empezó a no-
tar que algunas de sus amigas gotitas empezaban a enfermar.
Habían cambiado de color y ya no estaban tan cristalinas.
Tita se preguntó: “¿Qué está pasando?”
Entonces, el río, con su voz gruesa, dijo:
—Gotitas, estamos pasando por la ciudad donde vive el
hombre y algunos echan sus residuos al río, ¡contaminándo-
me! Por eso, ustedes enferman, y ahora algunas están conta-
minadas.
Tita, preocupada, dijo:
—Pero si nos contaminamos todas no podremos ayudar a
que las personas se mantengan saludables, y si los niños nos
beben, enfermarán, ya no podrán crecer fuertes y sanos. Ten-
drán problemas de desnutrición, ya que su barriguita enferma-
rá. Además, ¿cómo podrán lavar sus manitos con frecuencia?
Y así continuó el viaje de Tita. Ella estaba preocupada por-
que no quería contaminarse.
Muchas gotitas que estaban contaminadas se quedaron en
el camino. Tita, muy triste, pensó: “Si el hombre bebe o prepa-

76
ra sus alimentos con esta agua contaminada, enfermará. Si el
hombre no quiere enfermar, deberá mantenernos limpias. En
fin, eso depende de los cuidados del hombre. Nosotras naci-
mos limpias”.
Y el río siguió bajando y en el camino más gotitas enfermaron.
Un día, el río dijo mirando hacia un lado:
—Esto era una mina. El hombre antes echaba sus residuos
al río y contaminaba el agua; pero ahora la comunidad se ha
organizado y cuida el río para mantenerlo limpio.
Al oír esto Tita pensó: “¡Qué alegría! Si las personas nos cui-
dan, nosotras podremos ayudarlas a mantenerse saludables”.
Llegó el día en que Tita fue captada y convertida en agua
potable. Viajó por las tuberías de agua. En ellas escuchó que
las personas estaban luchando contra una enfermedad, y que
esta les causaba mucho dolor y sufrimiento; pues estaban
perdiendo a sus seres queridos, víctimas de un virus.
Ahora más que nunca, el agua potable era muy importante,
pues para vencer a este virus necesitaban de mucha higiene y
de un lavado frecuente de manos.
Tita estaba impaciente:
—Ya quiero llegar a mi destino y ayudar a las personas a
derrotar este virus. Estoy segura de que, con nuestra ayuda, lo
va a vencer —dijo muy segura de sí.

77
Finalmente, Tita se sintió muy feliz, pues cumplió su deseo
de ayudar a las personas a luchar contra este coronavirus. Su
participación fue muy importante para vencerlo.

Sebastián Arom Galindo Quintana


I. E. Mariscal Domingo Nieto Márquez
Ilo, provincia homónima

78
PASCO
UNA LECCIÓN SOBRE EL CUIDADO DEL AGUA

Había una vez un pueblo llamado San Antonio de Rancas.


En ese lugar vivía Camila junto a su familia. Vivían contentos
porque no les hacía falta nada y, cada vez que llegaba la épo-
ca de carnavales, tenían la costumbre de jugar con el agua
desperdiciándola y haciendo un mal uso de ella.
Un día, al ver que la gente jugaba y desperdiciaba el agua, la
Madre Naturaleza se enojó con ellos y muy molesta dijo:
—Este pueblo no valora lo que le doy, así que le daré una
lección.
Entonces, hizo que dejara de llover. Poco a poco se secaron
los ríos y puquiales, lo que causó un gran alboroto y extrañeza
en los vecinos. Algunos se preguntaban:
—¿Por qué el agua está desapareciendo?
Otros decían que nunca había pasado eso, que antes ellos
tenían agua todo el tiempo.
Pasaron los días, y el agua se secó por completo. La gente,
desesperada, salió en busca de agua. Mientras tanto, el papá
de Camila cavó una poza profunda, y encontró un poco de
agua. Al enterarse de esto, la gente fue hacia la poza y empe-
zaron a pelearse por un poco de agua.

79
La Madre Naturaleza, al ver que todos se peleaban por el
agua, hizo también secar el pozo. Camila y su familia salieron
del pueblo a buscar agua. Anduvieron días sin poder encontrar
una sola gota. Ya muy agotados, se sentaron al lado de una
roca para descansar. Mientras hacían esto, recordaron cómo
antes tenían mucha agua y no la supieron aprovechar, ni con-
servar. De pronto, se escuchó una voz que decía:
—Ustedes tenían suficiente agua y no la supieron aprove-
char, ni cuidar.
El papá de Camila no sabía quién había hablado, y muy
asustado preguntó:
—¿Quién eres?
—Soy la Madre Naturaleza y estoy dándole una lección a
este pueblo, que no supo cuidar el agua —respondió aquella
voz.
La mamá de Camila, muy asustada, le pidió a la Madre Na-
turaleza que se compadeciera de ellos y les diera una oportu-
nidad; ahora sí cuidarían el agua.
Viendo que Camila y su familia ya no aguantaban la sed, la
Madre Naturaleza se compadeció de ellos y le dijo al padre:
—Haz un hoyo debajo de la roca y encontrarás en el Uku
Pacha abundante agua.
El papá de Camila comenzó a cavar y encontró al fin agua para
beber. Muy contentos, agradecieron a la Madre Naturaleza y le
prometieron cuidar y no desperdiciar el agua que les ofrecía.

80
El papá de Camila, muy contento, fue a llamar a todos sus
vecinos y les dijo que había encontrado agua gracias a la Ma-
dre Naturaleza, que se compadeció de ellos.
Desde ese momento, la población se dio cuenta de que no
es bueno desperdiciar el agua, y se decían entre ellos que ya
nunca más desperdiciarían el agua.
Muy complacida, la Madre Naturaleza dijo que pronto iba a
caer agua del Hanaq Pacha, como de costumbre. Desde en-
tonces los pobladores usaban adecuadamente el agua, con
miedo de que la Madre Naturaleza les quite el agua del Kay
Pacha.
Todos tomaron conciencia y ya no desperdiciaban el agua.
Por el contrario, la cuidaban, cerraban los caños, dejaron de
contaminar el río, regaban sus plantas con agua reutilizada y
así todos contribuyeron al cuidado y buen uso del agua.

Dayana Sadith López Rivera


I. E. 34032 Mártires de Rancas
Simón Bolívar, Pasco

81
PIURA
LOS MONSTRUOS Y EL HÉROE

En un lejano pueblo, existía un lugar con árboles casi muer-


tos, flores marchitas, aves maltratadas, agua contaminada.
Vivían sometidos al castigo y la tiranía de un malvado mons-
truo y de sus secuaces, quienes, todos los días, se encarga-
ban de perjudicar a la naturaleza arrojando basura, animales
muertos y todo cuanto hiciera daño al ambiente.
Aquellos monstruos se aprovechaban de la tala de árboles.
Con ellos hacían carbón para vender a los pueblos vecinos y
aumentar sus ingresos. No les importaba la salud de los de-
más ni las especies que habitaban en la zona.
Las mamás monstruos, todos los domingos, salían a lavar
al canal y echaban en él el agua con jabón, sin importarles
el daño que causaban. A diario morían los pequeños peces
que vivían allí, y también los sembríos estaban enfermando, al
igual que los moradores que vivían en los alrededores.
Así fueron transcurriendo los días. Hasta los mismos hijos
de los monstruos se estaban enfermando y nadie sabía expli-
car las causas.
La triste noticia se extendió por el pueblo, hasta llegar a los
oídos de un superhéroe:

82
—¡Oh! —dijo, asombrado, el héroe—, ¿pero qué está pasan-
do en este pueblo? ¿Por qué todos están enfermando? Iré a
investigar.
Una mañana, el superhéroe tomó su supermaleta donde
guardaba sus superpoderes y muchas herramientas mágicas.
Subió a un caballo y cabalgó día y noche, presto a grandes
aventuras.
Una mañana, antes de que cantara el gallo, llegó al pueblo
llamado Quebrada de la Abuela. Cerró los ojos y, al abrirlos,
pensó que se encontraría ante un campo hermoso, con can-
tos de pajarillos y un hermoso riachuelo; pero su decepción
fue tanta que se puso a llorar, lo que llamó la atención de los
monstruos. Estos pensaban que era un demonio enviado por
el canal Daniel Escobar como castigo. Asustados, se acerca-
ron lentamente hasta verle su rostro. El superhéroe, muy mo-
lesto, los amenazó con lanzar un hechizo, si no lo ayudaban a
investigar las causas de tanto mal.
Fue así que congregó a todos los habitantes y, desde el más
pequeño, emprendieron el trabajo. Al principio, no fue fácil;
varios monstruos se oponían haciendo el trabajo más difícil.
El superhéroe, consciente del mal que aquejaba al medioam-
biente, convocó a una asamblea, explicó y organizó a todos
los monstruitos para que tomaran conciencia y comprendie-
ran que ellos solos se estaban envenenando, al no proteger
las aguas del canal que beneficiaba a la población.
Elaboraron varios carteles, explicando cómo podían cuidar
y salvar su pueblo; que para bañarse y disfrutar un domingo

83
divertido en familia era necesario no ensuciar el agua, y que
la basura se podía reciclar y formar compost para nutrir a las
plantas.
Aquellos monstruos, conscientes de su autodestrucción,
rogaron al superhéroe que los ayudara a salvar su pueblo; ade-
más se comprometieron a cuidar el agua y sus plantas.
El superhéroe sacó una bolita mágica, colmada de muchas
semillas de diferentes frutos, y las regó sobre la tierra. Nacie-
ron muchas plantas, el campo reverdeció y, con ello, volvió la
melodía de los pajarillos. Desde ese momento, los monstrui-
tos comprendieron que cuidar el agua y saberla compartir es
importante; de allí que se decían: “Al agua que has de beber
hay que saberla mantener.”
A partir de ese inolvidable momento, el pueblo empezó a
respetar y a cuidar el agua.

Anyi Vanessa Flores Rivera


I. E. 14107 Santa Rosa de Lima
Sullana, provincia homónima

84
PUNO
UMAXA T’UKUNTATAYNA Q’IXU Q’IXU XAMA1

Hace muchos años, en la comunidad andina de Challapa, en


el distrito de Rosaspata, todo era prosperidad. Tenían siem-
bras, animales y las tierras producían en abundancia. Es que
existía una gran cantidad de manantiales que los abastecían
de agua para regar sus campos y criar sus animales.
Dicen que había un lugar donde Jach’a Tatito (Padre Gran-
de) producía agua y al que nadie podía acercarse por ser sa-
grado y misterioso. Era el cerro Mikayhani, y quien intentara
aproximarse quedaba encantado. Por eso, nadie se acercaba
a él. De él brotaba un gran manantial, que brindaba sus aguas
cristalinas a todos los demás manantiales y que alimentaba a
la laguna Quetuña.
Una tarde, don Carlos retornó de un viaje de la ciudad. Ese
viaje lo había convertido en una persona prepotente y egoísta,
que desconocía y se burlaba de la fe del pueblo diciendo que
las costumbres eran el atraso de la comunidad. Él decía que
en la ciudad nadie creía en tonterías y vivían de lo mejor, que
se alimentaban de cosas ricas, se vestían de lindos trajes y no
utilizaban mecheros para alumbrarse sino luminarias de elec-
tricidad. Incluso, decía, el agua salía de dentro de las casas.
Gritaba a los cuatro vientos que si sembraban e ingresaban a
esos lugares sagrados no pasaba nada, y que todas las rique-
zas siempre han existido y existirán.

85
—El problema —decía— es que somos unos ociosos y no
queremos explotar la naturaleza; por eso, les digo que comen-
cemos a cultivar todas las tierras y verán que no pasa nada.
Y así sembraron cuanto pudieron y cosecharon como nun-
ca; luego aumentaron sus siembras y cosecharon en grandes
cantidades. Pero, luego de tres años de explotar las riquezas,
a pesar de las siembras y del trabajo duro a la tierra, ya no pro-
ducía como antes, pues ya no había agua.
Los manantiales se habían secado. Todos se lamentaban
de haber obedecido a don Carlos, quien se había suicidado
sintiéndose culpable de la desgracia.
Challapa se había convertido en una comunidad abandona-
da. Las personas se iban a diferentes lugares en busca de me-
jores condiciones, mientras los que se quedaban tenían que
trasladarse a lugares alejados para conseguir agua.
Es que ya no había agua. A primeras horas del día, salían
con dirección al único manantial distante, a más de dos horas
de caminata. Cargando sus chatos de barro, se trasladaban
en busca de agua.
Los hombres realizaban todo un viaje solo para abastecer
de agua sus casas, mientras que las mujeres cocinaban y rea-
lizaban los quehaceres del hogar. Los animales se morían de
sed y de hambre, si no eran llevados de manera especial al
manantial para que tomaran agua.
En Challapa, ya solo dependían de las escasas lluvias para
sus siembras. Uno de los ancianos de la comunidad, llamado

86
Mariano, pidió una reunión a los tenientes para solucionar el
problema. Después de tantas solicitudes, se reunieron en la
plaza Pulluni para escuchar al anciano. Él les dijo:
—Hermanos comuneros, durante mucho tiempo observé
cómo maltratamos a la madre naturaleza y nadie de nosotros
se ha atrevido a reparar esos daños. Durante los siete últimos
días, sueño que Jach’a Tatito, las plantas, los animales y el
agua me hablan con mucho dolor y lágrimas sobre el maltrato
que hemos causado, y piden el arrepentimiento de todos para
que ellos vivan y también nos den vida. Es muy importante
llevar la ofrenda, hacer el tinkachu al cerro sagrado (Mikayani)
para poder recuperar la riqueza.
—¡Ja, ja, ja! —Juan, uno de los comuneros, se reía—. O sea,
nosotros vamos a hacer lo que un anciano soñó. ¡No se pa-
sen! ¡Si para eso nos reunimos, es una pérdida de tiempo!
—¡Un momento! —respondió Mariano—. ¿Acaso no somos
conscientes del daño causado a la naturaleza? Por favor, les
pido que formemos un grupo de personas con fe sincera para
dirigirnos al lugar sagrado y hacer las ofrendas, el tinkachu, y
nos arrepentimos.
En silencio se agruparon diez personas; curiosamente, eran
los mayores. En ese instante, partieron al lugar sagrado llevan-
do frutas, coca quinto, alcohol, cigarro y un conjunto de hier-
bas curativas y aromáticas. A la medianoche, llegaron al lugar
indicado. Rezaron con devoción a Jach’a Tatito, al tiempo que
realizaron las ofrendas respectivas y el tinkachu. Al amanecer,

87
retornaban a la comunidad, cuando un sonido tenebroso se
escuchó en los cerros:
—¡Q’ixu! ¡Q’ixu! ¡Xama!2
Los pobladores salieron de sus casas despavoridos.
—¡Q’ixu q’ixu xama! ¡Q’ixu q’ixu xama! ¡Q’ixu q’ixu xama!
—gritaban, buscando refugio.
En ese momento, llegó don Mariano y les pidió calma. El rui-
do era normal, explicó: Jach’a Tatito había aceptado la ofren-
da, el tinkachu y las oraciones. Ese sonido significaba que el
agua había reventado en todos los manantiales y que el agua
de la laguna Quetuña estaba nuevamente cristalina y abun-
dante. La riqueza y la felicidad habían retornado a Challapa.
—Jach’a Tatito les ha pedido que siembren plantas medici-
nales y aromáticas alrededor de la laguna para así poder lle-
varle ofrenda y para que sean útiles contra las enfermedades
que podrían aparecer.
A partir de ese momento, en la comunidad de Challapa, la
mayoría de las familias tienen pequeños huertos, donde culti-
van plantas tradicionales con propiedades medicinales. Cada
familia cultiva variedades diferentes. Rinde culto y ofrece res-
peto a la naturaleza al plantar hierbas medicinales y aromáti-
cas y al cuidar el agua porque, de lo contrario, no volverán a
escuchar un ¡ukha umaxa t’ukuntatayna q’ixu q’ixu xama!

Kaledh Huacasi Mamani


Colegio Adventista del Titicaca
Juliaca, San Román

1. Umaxa t’ukuntatayna q’ixu q’ixu xama: El agua reventó como el trueno.


2. Q’ixu q’ixu xama: Sonido onomatopéyico del trueno.

88
SAN MARTÍN
EL AGUA DE LA FAMILIA ESPÍNDOLA

Todo empieza en una familia muy “Espíndola”. Esta familia


tenía mala reputación. El barrio donde vivía era muy limpio
y ordenado. Cuando ellos llegaron, fueron los causantes de
que ese hermoso sector se viera contaminado y desordena-
do. Esta familia tuvo una hija, a la cual llamaron Lily. Ella tenía
las mismas costumbres de sus padres. Era una niña desor-
denada, descuidada, negligente y no sabía cuidar el agua de
su casa. Dejaba los caños abiertos, no reciclaba el agua que
utilizaba al bañarse o al lavar su ropa; pero era una niña muy
curiosa, le gustaba investigar y experimentar cosas nuevas.
Al poco tiempo y a causa de la mala administración del agua
en su casa, la familia Espíndola empezó a tener problemas
por los elevados montos del recibo por consumo del agua.
Ahora tenían que pagar 300 soles mensuales. Ese monto era
inalcanzable para el bolsillo de sus padres, porque estaban
atravesando por una crisis económica.
Días más tarde, Lily tuvo que ir a la escuela sin bañarse y sin
tomar desayuno porque les habían cortado el agua, y mientras
ella jugaba en el patio, tenía mucha sed y buscaba quien le
diera de tomar un poquito de agua. Como nadie le quería invi-
tar, Lily se puso muy triste y, mientras lloraba, decía: “¿Por qué
no tengo agua en mi casa?”. Entonces, una niña muy linda,

89
llamada Valentina se le acercó y le dio de beber de su agua y
le preguntó:
—¿Por qué no tienes agua en tu casa?
Lily respondió rápidamente:
—Mis papás no pueden pagar el recibo del agua de mi casa
porque está muy elevado.
Rápidamente, Valentina se dio cuenta de que la familia Es-
píndola estaba desperdiciando mucha agua. Inmediatamente
le dijo a Lily:
—Amiga, yo tengo un secreto para que nunca falte el agua
en tu casa.
—Dime, por favor —dijo Lily, muy interesada. Valentina le
contestó:
—Amiga, lo único que debes hacer es cuidar el agua de tu
casa cada vez que te bañes, al cepillarte los dientes, al lavar
la ropa... Y cuando laven los autos, usen baldes en lugar de la
manguera. Tus duchas deben ser más cortas. Recicla el agua
de la pileta para regar las plantas o baldear la vereda y, cuando
veas que un caño está goteando, avisa para que lo arreglen.
Finalmente, Valentina preguntó:
—¿Puedes hacerlo?
—Claro que sí —respondió Lily—. No solo yo: lo harán tam-
bién mis padres, porque yo lo haré primero —agregó Lily, muy

90
contenta—. Nunca más faltará el agua en mi casa y nuestra
economía podrá mejorar.
Desde entonces, Lily y Valentina se hicieron muy buenas
amigas y, al pasar el tiempo, Lily pudo ayudar a mejorar la eco-
nomía de sus padres y vivieron felices.
De esta manera Lily y sus padres aprendieron a valorar y
ahorrar el agua potable.

María Sofía Tumqui Guevara


I. E. Lorenzo Morales
Tarapoto, San Martín

91
TACNA
LAS MIL AVENTURAS DEL RÍO CAPLINA

Nací hace mucho tiempo entre dos inmensas montañas. Me


pusieron de nombre Caplina. Al principio, era un pequeño río.
Me emocionaba verme tan cristalino acariciando las rocas.
Me encantaba ver cómo se reflejaban en mi los brillantes
rayos del sol. Era muy divertido ver a los animales jugar en
mí, ver cómo se emocionaban al tomar de mis aguas, entre
otras cosas muy divertidas. Mientras iba creciendo, viajaba
por varios lugares, los cuales eran muy verdes, tenían árboles
grandes y frondosos, hermosas flores multicolores y varios
animales que corrían hacia mí. ¡Todo eso me encantaba!
Mi vida era muy feliz por todo lo hermoso que veía a mi al-
rededor, era muy afortunado. Poco a poco, iba creciendo, mis
aguas iban aumentando y mi velocidad era cada vez mayor,
me sentía invencible. Un día, estaba recorriendo unos lugares
muy bonitos, cuando vi unos animales que nunca había visto.
Ellos solo usaban sus piernas para caminar, eso me parecía
muy extraño. Ellos no tomaban mis aguas, ni jugaban en ellas,
solo se las llevaban y me tiraban desechos y cosas que ya no
usaban. También echaban en mí líquidos de colores oscuros
y de texturas pegajosas. Todas estas cosas cambiaban mi co-
lor. Ya no era cristalino, empezaba a tener un color muy oscu-
ro y un olor desagradable, no me sentía igual. Mientras seguía
mi recorrido, volví a ver a mis amiguitos los animales. Ellos
me miraron asombrados, sabían lo que me había pasado. Me

92
dijeron que esos animales se llamaban humanos. Mis amigos
se sintieron tristes también, ya que no podrían beber de mí, ni
jugar como antes, porque mis aguas ahora los dañaban. ¡Yo
estaba muy apenado!
Una tarde muy fría, en la que llovía muy fuerte, sentí cómo
mis aguas empezaban a crecer y poco a poco me empecé
a salir de mi camino, no podía controlarlo. Sentía miedo, iba
velozmente. Eso hizo que yo inundara una ciudad pequeña.
Me entristeció lo que sucedía. Veía cosas derrumbarse, tam-
bién veía a los humanos llorar. ¡Yo no quería dañarlos! Pero
no sabía cómo decirles que ellos me hicieron eso a mí. Por
las cosas que me arrojaban hicieron que mis aguas fueran
turbias, mi tamaño aumentase y mi cauce cambiara. Había
unos humanos que me decían cosas muy feas y me apenaba.
Estuve tan triste que sentí que debía llamar a mi hermano. Se-
guramente no lo saben, pero los ríos podemos comunicarnos,
yo siempre lo hago.
Entonces, me comuniqué con mi hermano, quien se llama
Locumba. Él sentía lo mismo que yo. Sabía lo que me pasaba
y me escuchaba, aunque no podía oír mi voz. Locumba me ex-
plicó que lo que sucedía no era mi culpa, que eso nos pasaba
a algunos de nosotros, los ríos. Locumba es muy sabio. Me
contó de muchas más cosas que él pasó, y me dijo algo que
no entendí en ese momento, pero sentí que era muy impor-
tante. Hablar con Locumba hizo que me calmara. Sabía que
pronto pasaría todo eso. Poco a poco, yo fui volviendo a mi
cauce. ¡Ya no me sentía más triste!

93
Algunas plantas y rocas me ayudaron. Muy pronto mi color
fue cambiando y, poco a poco, me sentía más feliz. Mis aguas
se iban aclarando, eran más transparentes, ya podía volver a
ver el reflejo del sol y mis amigos animalitos volvían a tomar
de mis aguas y la vida volvía a habitar en mí.
Seguía recorriendo varios caminos hasta que entré a un lu-
gar que nunca antes había visto. Este lugar era muy grande.
Tenía objetos muy extraños que sacaron las cosas feas que
algunos humanos pusieron en mis aguas. Parecía que entra-
ba a una laguna. Estuve allí mucho tiempo. Aproveché para
descansar de mi gran recorrido, me sentía muy ansioso. Ese
lugar también tenía humanos, por lo que al principio tenía mu-
cho miedo, no quería hacerles daño, ni que ellos me hicieran
daño a mí. Con el tiempo fui confiando en ellos, porque eran
muy amables conmigo. Me hacían pasar entre cosas que me
hacían cosquillas, o en las que podía jugar; pero lo que más
me gustaba de ese lugar era que me limpiaban y, poco a poco
me sentía más liviano, me imaginaba lo felices que estarían
mis amigos animales al verme. Yo también tenía muchísimas
ganas de verlos.
Un día, los humanos me echaron algo que tenía un olor muy
fuerte. ¿Sería un perfume? Yo no lo sabía, pero ese día ellos
me pusieron en unos tubos muy grandes que se dividían en
otros tubos más pequeños. ¡Eran demasiados! Me preguntaba
a dónde irían. ¿Será que por eso me pusieron ese perfume?
Poco a poco, podía ver luces al final de esos tubos. Sentí cómo
iba llegando a muchos lugares. Conocí a muchos humanos,

94
ellos usaban mis aguas, con ellas lavaban la ropa, sus manos,
se bañaban y tomaban de mí.
Tenía un poco de miedo, porque algunos de ellos me arro-
jaban cosas, como espumas y líquidos viscosos. Estaba muy
temeroso, pero sabía que no todos los humanos eran malos.
Muchos de ellos me cuidarían, como lo hicieron mis amigos
antes. Me sentía feliz, porque visitaba muchos lugares, vi a al-
gunos amigos animales que al verme movían sus colas y con
sus lenguas me hacían reír.
En algunos lugares, llamados hogares, había personas que
me querían mucho. Sus manos eran muy suaves porque me
trataban con amor. Ellos me cuidaban mucho, no les gustaba
despreciarme, se preocupaban hasta por mi última gota. Ellos
me juntaban en recipientes llamados baldes, y conmigo rega-
ban plantitas que crecían muy bonitas. Eso me recordaba a los
lugares hermosos que recorrí. Otros humanos me juntaban con
aguas amigas que recogían de las lluvias. Juntos los ayudába-
mos en sus tareas del hogar, me gustaba hacer amigos.
Poco a poco, sentía que iba envejeciendo. Un día después
de realizar muchas tareas, terminé también bañando a un ami-
go de cuatro patas. Eso me recordaba a mis amigos animales
que siempre venían a bañarse en mí. Pensaba tuve una vida
bonita y feliz, aunque un poco triste por las cosas que había
experimentado. Al terminar de pasar por esos hogares, volví a
un lugar en donde me limpiaron, pero ya me sentía muy can-
sado, ya no tenía la misma fuerza para purificar mis aguas.
Descansé en unas lagunas otra vez y jugué un poco con las
cosas que los humanos me ponían para poder limpiarme. Es-

95
taba muy entusiasmado porque sentía que volvería a recorrer
esos lugares tan bonitos, vería muchos paisajes o pasaría por
casas donde había humanos, pero no, ya no era un río jovial y
fuerte, me sentía un poco lento.
Mientras iba pasando por esos caminos, mis aguas reco-
rrían grandes chacras, aunque mi paso ya era más lento. No
tenía la misma fuerza de antes, pero me esforzaba en alimen-
tar a esas plantas y árboles en mi recorrido, me encantaba dar
vida.
Pasaron unos días y llegué a un lugar enorme, era como
una laguna que no tenía final. No podía ver muy bien todo,
pues me sentía muy débil, pequeño, mis aguas no eran las
mismas. Sentía que me perdía en ese inmenso lugar. En ese
momento, con las últimas fuerzas que me quedaban, recordé
cuando pedí ayuda a hermano Locumba, cuando pensé que
sería mi final. Recordé lo que me había dicho mi hermano:
—Ahora estás un poco triste y confundido, porque no en-
tiendes lo que los humanos hacen contigo, piensas que no vas
a poder seguir tu recorrido, pero no es así. Un día llegarás a un
lugar donde, después de tus mil aventuras, podrás descansar,
porque lo mereces, porque das vida.
Tenía razón Locumba. Doy vida. En todo mi recorrido co-
nocí a muchos animales y humanos y sé que no todos son
malos, sé que muchos me aman y me cuidan.
¡Estoy seguro de que este es el lugar al que se refería
Locumba! Lo sé porque me siento en paz, mientras recuer-
do todo lo que pasé, todos los amigos que conocí, mientras

96
sonrío pensando en las mil aventuras que viví. Siento cómo
mis aguas van calentándose, escucho a lo lejos sonidos de
animales y muchos amigos que podría ir a conocer. Veo que
en esta gran laguna también hay vida. Quisiera saber quiénes
son, pero mi cansancio puede más que mis fuerzas. Poco a
poco, sigo sintiendo cómo mis aguas se vuelven aún más ca-
lientes. Nunca me había pasado esto, pero no siento miedo
sino mucha paz. Estoy muy tranquilo. Mientras veo reflejados
en mí los rayos solares que tanto me gustaban, siento cómo
mis aguas van elevándose poco a poco, hasta la última gota
que queda de mí. Cada vez veo más cerca al sol y a las nubes,
sé que voy subiendo hacia ellas, me elevo al cielo, y con las
últimas fuerzas que quedan en mí, pienso: “¿Será que este es
mi final o será un nuevo comienzo?”.

Emilia Cristina Vargas Valdez


I. E. Santísima Niña María
Tacna, provincia homónima

97
TUMBES
LA GOTITA DE AGUA

Había una vez una gotita de agua que recorría muchos luga-
res, gracias al ciclo que la hacía subir de la tierra a la atmós-
fera y volver a bajar. Pero, además, esta gotita tenía un don
muy especial; era inteligente y podía entender lo que sucedía
a su alrededor.
La gotita había visitado muchos lugares y se había dado
cuenta del sufrimiento de muchas hermanas gotitas que no
eran bien utilizadas por la gente. Con mucha pena, observaba
caños dañados que goteaban agua, niños que jugaban abrien-
do y cerrando caños, personas que lavaban ropa, se bañaban y
hacían sus necesidades fisiológicas en los ríos contaminando
sus aguas; otros que regaban exageradamente, con grandes
mangueras, las pampas y los patios de su casa; también gen-
te que sufría por no tener agua para preparar sus alimentos y
para asearse.
Ante tanta injusticia por el mal uso de este recurso y en
otros casos por la escasez, la gotita pensó en hacer algo para
cambiar la actitud de las personas y así puedan hacer buen
uso del agua. Para esto, viajó a las altas montañas en busca
del Espíritu de los Manantiales, quien —se decía— tenía mu-
chos poderes para hacer cosas extraordinarias.
Al llegar hasta la cima de las altas montañas encontró al
Espíritu de los Manantiales, y este, al verla, le dijo:

98
—De seguro, debe ser algo muy delicado lo que te impulsó
a hacer este viaje tan largo.
La gotita le respondió:
—Sí, mi querido Espíritu de los Manantiales. Necesito de su
ayuda.
A pesar de tener muchos poderes, el Espíritu de los Manan-
tiales no sabía lo que estaba sucediendo.
—A ver, cuéntame gotita, qué es lo que pasa y en qué te pue-
do ayudar —manifestó el Espíritu de los Manantiales.
—Hay muchas personas que no saben darle buen uso al
agua y otros que sufren por ella, y a mí no me gustan las in-
justicias. No entiendo por qué la gente se comporta así. No
saben cuidar lo que la Madre Naturaleza nos regala —agregó
la gotita.
—Estás en lo cierto, gotita, y debemos hacer algo para que
estas personas aprendan a cuidar el agua —respondió el es-
píritu.
—A eso me refiero, Espíritu de los Manantiales. Sería bue-
no que se les dé una lección a estas personas que no saben
dar el uso adecuado a mis hermanas gotitas, pues mientras
muchos desperdician el agua, otras personas padecen por no
contar con el líquido fundamental para la vida.
—Cálmate —le dijo, riéndose, el Espíritu de los Manantia-
les—. Tenemos que pensar con mucha inteligencia cómo fre-

99
nar a estas personas que le dan mal uso a este recurso y tam-
bién cómo ayudar a los que sufren por no tenerlo.
Es así que se pusieron a pensar. El espíritu pensó, pensó y
pensó, hasta que por fin dijo:
—¡Listo, la tengo! Esto es lo que vamos hacer, gotita; porque
no todo lo voy hacer yo, tú también vas a ayudar.
—Sí, mi espíritu, lo que usted diga. Juntos lucharemos por
una buena causa —dijo muy emocionada la gotita.
—Gotita, vas a ir a visitar a las personas que sufren por el
agua, pues ellos ya saben cuidar de nosotros por la situación
que viven a diario. Con la ayuda de ellos, tú repartirás volan-
tes. Pondrán grandes carteles y pancartas donde se lea: “Cui-
demos el agua”, “El agua se agota”. Asimismo, indícales que
deben hacer charlas para dar a conocer a la gente lo impor-
tante que es cuidar el agua y que no la deben desperdiciar.
Que reflexionen y se den cuenta lo que podría pasar si los ríos
se secaran y ya no lloviera más. Desgraciadamente, el agua
se acabaría y la vida en este hermoso planeta desaparecería
irremediablemente. Después de realizar estas acciones para
concientizar a la gente, observaremos si ponen en práctica lo
que se les ha recomendado —finalizó el Espíritu de los Manan-
tiales.
La gotita cumplió al pie de la letra con lo encomendado.
Visitó a la gente, promovió la difusión de carteles y se hicie-
ron charlas de sensibilización. Todos se comprometieron a
cumplir las recomendaciones dadas. La gotita, muy contenta,
pensó que por fin la gente había aprendido a cuidar y a darle

100
un buen uso al agua. Pero cuando empezó a observar su com-
portamiento, ¡oh!, se llevó una gran sorpresa. Todos seguían
haciendo lo mismo, no habían aprendido la lección. La gotita
volvió a visitar al Espíritu de los Manantiales para darle a co-
nocer la mala noticia. Este se molestó y dijo:
—No quisiera hacerlo, pero la situación me obliga a actuar.
Ahora verán que fue cierto lo que se les advirtió y, por desobe-
dientes, los castigaré. Así entenderán por qué es importante
cuidar el agua.
A la medianoche, y mientras todos dormían, el espíritu —ha-
ciendo uso de sus poderes— secó el río que proveía de agua a
las personas que seguían siendo inconscientes en su manera
de actuar.
Al amanecer, y como era costumbre, la gente fue a abrir sus
caños, pero se dieron cuenta de que no caía ni una gota. To-
dos se reunieron en la calle para investigar el motivo de esta
escasez y decidieron ir al río para averiguar lo que pasaba.
Muy sorprendidos quedaron, al ver que el río se había secado.
Fue en ese momento que reflexionaron y entendieron lo que
se les había anunciado en los carteles y en las charlas acerca
del riesgo que todos correrían por no cuidar el agua.
Las personas, muy preocupadas, dialogaron al respecto y
decidieron que la única manera de solucionar este gran proble-
ma era invocar al Espíritu de los Manantiales para que devol-
viera el agua al río. Así lo hicieron con ayuda de la gotita. Todos
concurrieron a la orilla del río y empezaron a invocar al espíritu.
Al escuchar el clamor de los desobedientes, el Espíritu de los

101
Manantiales tuvo compasión de la gente y, con sus poderes ex-
traordinarios, formó una gran nube cargada de agua y la lluvia
empezó a caer a torrentes sobre ese lugar. Así el río se volvió
a llenar y hubo agua para todos. La gotita y sus hermanas se
pusieron muy felices porque ahora sí, la gente había aprendido
la gran lección de dar buen uso al agua. Por otro lado, las per-
sonas que sufrían por la escasez saltaron de alegría al ver que
ahora iban a tener suficiente agua, pero eso sí, debían aprove-
charla bien.
La gotita, muy contenta por la felicidad que experimentaba
la gente al ver solucionado el problema, agradeció al Espíritu
de los Manantiales por haber ayudado a cambiar la actitud de
las personas frente al cuidado y al buen uso del agua.
Gotitas felices, todos felices.

Karla Mariapaz Baca Correa


I. E. 071 José Carlos Mariátegui
Zorritos, Contralmirante Villar

102
UCAYALI
UN VIAJE A VILLA PRIMAVERA

Había una vez, en una lejana localidad de la selva, un hermoso


paraje lleno de árboles y riachuelos que, generosos, entrega-
ban su agua y frescura día y noche. Los primeros pobladores
que llegaron, semana tras semana y año tras año, ya no se
acordaban de cuando comenzaron a disfrutar de ese hermo-
so paraje al que por común acuerdo llamaron Villa Primavera.
Esta historia que les voy a contar le sucedió a mi familia
durante las vacaciones del mes de enero, cuando visitamos
Pucallpa, la Tierra Colorada. Soy Larry y vivo en Lima. Un día,
papá nos prometió un viaje inolvidable. Era un hermoso día
iluminado por un resplandeciente sol que nos abrazaba con
fuerza, como quien da una calurosa bienvenida. Aterrizamos
en el aeropuerto Cap. FAP David Abensur de la ciudad, luego
nos trasladamos en un mototaxi. Papá hizo que nos dejara a
la entrada y de ahí emprendimos un largo camino. La aventura
había empezado. Tras una larga caminata bajo un sol abrasa-
dor y casi con la lengua afuera, llegamos al pequeño poblado
que sería mi hogar. Me llamó mucho la atención el majestuo-
so cartel que da la bienvenida a todo forastero que llega al
pueblo.
—¡Uf!, por fin llegamos —exclamaron mis padres y mis her-
manos.

103
Tomamos un breve descanso a la sombra de un gigantesco
mango que había en el patio de la escuela. Luego empren-
dimos la marcha por las polvorientas calles del caserío. Los
vecinos del lugar nos miraban con asombro. Algunos nos sa-
ludaban, otros eran indiferentes a nuestra llegada, hasta que
pudimos ver el lugar que sería nuestra morada por un tiempo.
Al observar nuestra casa, pude ver el asombro en los ojos
de mi madre y de mis hermanos. Papá estaba tranquilo, qui-
zás él se esperaba algo parecido.
—¡No se preocupen, muchachos! Con unos cuantos clavos
y un poco de pintura quedará bien —dijo mi padre en tono ale-
gre—, así que pasemos y arreglemos nuestras cosas que ya
se hace tarde para descansar. Mañana será un gran día para
todos nosotros. Empezaremos una nueva experiencia y cono-
ceremos un nuevo lugar y nuevos amigos.
A la mañana siguiente, tras despertar con el bullicio que ha-
cían los animales del lugar y el cantar de los pajarillos, fuimos
a hacer nuestro aseo personal y con mucho asombro vi que
no había agua en el caño de la casa.
—¡Papá, papá! —exclamé—. No tenemos agua. ¿Qué vamos
a hacer?
Papá respondió:
—No se preocupen, niños. Conseguiré agua con algún veci-
no hasta que podamos instalar los servicios.

104
Luego de un buen rato papá volvió con un bidón de agua
tratada que tuvo que comprar en la bodega del caserío. Muy
preocupado le dijo a Mamá Panchita:
—¡Mujer! He conversado con algunos moradores y me han
comunicado que el caserío no tiene agua debido al mal uso
que le han dado los pobladores al pequeño riachuelo que
pasa por el pueblo. Lo han contaminado con tanto desecho
que echaron que ahora no es apto para el consumo humano.
Pensaron que nada iba a suceder. Además, el pozo con el que
cuentan se está secando por el uso excesivo del agua que no
es aprovechada de manera adecuada.
Luego de escuchar estas malas noticias, salí a recorrer el
pueblo y comprobé con mucha pena que todo lo que decía
papá era verdad.
Recorriendo las calles del caserío, vi muchos niños de mi
edad que jugaban despreocupados del problema que sucedía.
Me acerqué a ellos buscando conversación para así poder ju-
gar con ellos. Me alegró cuando me invitaron a unirme a su
grupo. A pesar de que les dije que mi nombre era Larry me
llamaron El Nuevo.
Estaban haciendo equipo para jugar un partido de fulbito;
como no me conocían y no sabían que era un gran jugador,
fui el último en ser elegido. Grande fue la sorpresa del equipo
contrario, ya que, gracias a mis goles, les dimos una paliza
que nunca olvidarían. Eso me ayudó a integrarme con más fa-
cilidad al grupo. Luego de varios partidos nos sentamos en la
placita del pueblo a comer unos deliciosos curichis de aguaje

105
con su bizcochito. La verdad, nunca había comido algo así,
pero fue muy agradable. Como ya se hacía tarde, me despedí
de mis nuevos amigos y empecé el retorno a casa pensando
que papá y mamá iban a estar preocupados por mi larga au-
sencia y algo molestos por no ayudar en el arreglo de nuestra
casita.
Mientras caminaba, pude observar las largas colas que
hacían los pobladores ante una cisterna. Era el camión de la
municipalidad que abastecía de agua al pueblo. Lo hacía de
manera racionada pues tenía que alcanzar para todos. La cuo-
ta de agua que entregaba era exclusivamente para satisfacer
las necesidades básicas de cada familia. Mientras caminaba,
observé que dentro de la cola estaba mi hermano Shamuco y
mi ñañita Estelita. Ellos, por ser los más grandecitos, estaban
esperando su turno para que les dieran agua. Me acerqué a
ellos con la intención de ayudarlos, pero me dijeron que era
muy pequeño y más bien les iba a estorbar.
Seguí mi camino y, al llegar a casa, vi una gran muchedum-
bre que estaba en la puerta de mi precaria vivienda y pedía
hablar con mi papá, don Gerónimo. Alguien hizo correr la voz
de que mi papá era ingeniero industrial y que trabajaba en una
empresa proveedora de agua en la capital. Mi querido padre
salió a atender a esas personas. Entre ellas, pude observar
a doña Madeleine, una señora de muy buen carácter que era
una de las autoridades del caserío. Además, se encontraba el
agente municipal, un señor de avanzada edad y medio pela-
cho. Tomó la palabra el agente y explicó a mi padre la situa-
ción por la que atravesaba el pueblo y le preguntó si él, con

106
los conocimientos que tenía, los podía ayudar. Papá, un poco
fastidiado por la situación, les manifestó que lo pensaría, por-
que él había ido a este hermoso paraje a descansar. Prome-
tió darles una respuesta al día siguiente. Esa noche, luego de
cenar, papá conversó con todos los miembros de la familia y
pidió la opinión de cada uno de nosotros. Desde luego que la
respuesta fue positiva, y comprometimos a nuestro padre a
apoyar a los pobladores de Villa Primavera.
Los días fueron pasando y, mientras papá y un gran número
de pobladores se dedicaban al mantenimiento del pozo tubu-
lar del pueblo, las mujeres realizaban la limpieza de las ribe-
ras del pequeño riachuelo y otro grupo de personas elaboraba
carteles de orientación. En ellos, recomendaban a las perso-
nas del caserío no desperdiciar el agua, no arrojar desechos
al riachuelo.
Finalmente, el pueblo volvió a tener agua y agradecieron
mucho a papá, quien les recomendó tener bastante cuidado
con el uso de este gran recurso, que algún día se podría ago-
tar. Fueron días tan hermosos que, cuando me di cuenta de
que las vacaciones ya estaban por acabar, me sentí muy tris-
te. Se lo comenté a mis padres. Ellos me manifestaron que
todo inicio tiene su final. Papá me dijo que había consegui-
do pasajes de retorno a la capital para el 20 de marzo y que
aprovechara en disfrutar los días que quedaban. Así lo hice.
Aprovechaba cada momento libre para estar con mis amigos
y amigas Jhoanis, Sharuk, Álvaro, Alinller, Greyci y todos los
que ahí vivían. Fueron días maravillosos que no deseaba que
acabaran.

107
Un día, mi corazón saltó de alegría. En mi inocencia, pensé
que era algo bueno cuando el presidente de la República anun-
ció una cuarentena en todo el país. Se suspendía todo tipo de
actividad pública por la COVID-19, y todas las personas de-
bían permanecer en sus domicilios para evitar los contagios.
Nuevamente, la familia dialogó sobre el tema y acordamos
que lo mejor era permanecer en el lugar, pero tendríamos que
extremar las medidas de seguridad para evitar los contagios.
Es así que papá se puso a desarrollar su ingenio y elaboró
unos lavaderos de mano que permitían reusar nuevamente el
agua para regar plantas de los biohuertos, lavar los vehículos,
regar los jardines, etc. Estos lavaderos fueron instalados en
diferentes partes del pueblo y en cada casa de los morado-
res, pues la mejor manera de evitar el contagio es lavarse las
manos con frecuencia.
También enseñó a las personas a tener en casa pequeños
biohuertos preparados por cada familia para tener alimentos
sanos y nutritivos que servirán para acompañar los alimentos
que provee el programa Qali Warma. Además, ayudó a instalar
pequeños reservorios que ayudarían a aprovechar el agua de
las lluvias y reutilizarla en alguna actividad.
Todas estas medidas de prevención para luchar contra la
COVID-19 fueron creadas por papá, y gracias a los moradores
responsables y conscientes del caserío, fueron implementa-
das. Mi familia y yo estamos orgullosos de él y muy felices
de poder ayudar a que este pequeño paraíso llamado Villa Pri-
mavera, donde estamos viviendo, pueda superar con éxito la
pandemia y sirva de modelo a otros caseríos. Será un ejemplo

108
de que, solo desarrollando en las personas una cultura de pre-
vención y hábitos de higiene y siendo conscientes de nues-
tras acciones, evitaremos contagiarnos y contagiar a las per-
sonas vulnerables de nuestra familia. Además, ayudaremos
a que nuestro planeta pueda recuperar el verdor y la vida que
ya había perdido por no utilizar adecuadamente el agua.

Larry Leandro Puyo Tananta


I. E. 64661 Villa Primavera
Yarinacocha, Coronel Portillo

109
AMAZONAS
AGUA POTABLE ES SALUD Y VIDA

¡Dios! Creaste hombres del grupo PIASAR,


hombres de fe, que pensaron en mi caserío de Peña Blanca.
Trajeron el agua potable, líquido vital de la vida.
Yo consciente, tú consciente, todos conscientes ¡gracias decimos!

Ahora, querido pueblo de Peña Blanca, ¿qué hacer?


Desde donde estemos, nos toca cumplir un deber.
¿Cómo lo haremos? ¿Qué acciones tomaremos?
Todos estamos frente a este líquido vital llamado agua.

Desde el sol radiante hasta que se oculte,


pongamos la mano al pecho y tomaremos acciones
como cuidar, ahorrar y como sembrar el agua.
No dejemos que se pierda el agua, tomémosla como regalo de Dios.

¿Por qué no debería cuidarla, si es líquido que nos da la vida,


embellece mi hogar, mejora mi salud y la de mi pueblo?
Agua potable, engrandeces la alegría de mi pueblo.
Junto con mis autoridades, nos comprometemos a cuidarte.

Saida Arévalo Odiaga


I. E. 17774
Cumba, Utcubamba

113
APURÍMAC
AGÜITA DE SAN ANTONIO

Hay agua cristalina de San Antonio


que nace de las profundas faldas del apu Ampay
que discurre por las quebradas encañonadas del Qolcaqi
regando los pajonales del valle de Tamburco.

En la salida de tu puerta, cantan hermosas calandrias


y el ruiseñor anuncia la llegada de muchas criaturas.
De las altas cumbres de Socclaccasa y Huarqoña
saciarán su ansiada sed de agonía.

Agüita de San Antonio, no cierres tu puerta.


Te necesitan los pobladores del valle de Abancay
para consumir y regar sus huertos y jardines.

Eres la más bella y hermosa del mundo.


Eres la vena de mi tierra de Tamburco.
Ahí reposan inocentes criaturas y trinan hermosas aves.

El sol quiere cerrar tu puerta con fuego de azufre


dejarte encarcelado en las entrañas de Mama Pacha.
Agua, eres fuente de vida y orgullo de mi corazón.
Hoy vengo a cuidarte y dar reposo al ojo de tu salida
con plantas nativas y aromáticas.
Evitaré el sol que te castiga sin temor.

114
Los apus no permitirán que desaparezcas de la tierra
por causa de contaminación del hombre ajeno.
Las plantas y los animales no tienen la culpa de padecer de sed
por irresponsables taladores de ojos de agua.

Rubí Espinoza Laqui


I. E. 54038 San Antonio
Tamburco, Abancay

115
AREQUIPA
EL AGUA ES VIDA

Empezando un buen día,


como niña responsable,
les escribí esta poesía.
Escucha estos consejos
y practícalos día a día:

Cuando laves tus verduras, no tires el agüita,


échala a tu jardín, para que crezca tu plantita;
cuando laves tu ropa, guarda el agua del enjuague,
para que mamá trapee el piso o papá el carro lave;
cuando te laves tus dientes, cuida también el agua,
en un solo vaso llena para no desperdiciarla.

Reusemos el agua pura con mucha responsabilidad,


para tener un futuro lleno de vitalidad.
Cuidemos el agua, sin ella no habría vida,
no seamos inconscientes, porque podría faltarnos algún día.

Carolina Angelie Fernández Catasi


I. E. 40091 Alma Máter de Congata
Uchumayo, Arequipa

116
AYACUCHO
¡CUIDA EL AGUA!

¡Hola, les quiero contar algo!


Cae gota a gota o en chorro.
¿Sabes qué es? El agua.
Cuida el agua, no la malgastes.

Yo, tú, ¡todos! Cuidemos el agua,


que ella es vida. ¡Cuídala!
Que el líquido vital
no se contamine. Es nuestro deber cuidarla.

Cuida que yo te ayudo a hacerlo.


Cuida como Sunass.
Dale buena utilidad al agua,
que ella te da vida.

Cuida y protege cada gota,


que a los tiempos, si se malgasta,
la buscarás cuando no haya.
Tarde será tu reacción.

¿Tú y yo qué haríamos


si no hubiera agua? ¿Qué haríamos?
Cuida, no la desperdicies. Si no lo haces ahora,
hará falta a las futuras generaciones.

117
Hoy es el momento que cuidemos el agua,
reflexiones y cuidemos mucho.
Estamos a tiempo, cuidemos ya.

Gracias al agua, las huertas y jardines


de mi colegio están verdes y hermosos.
Entonces, cuidemos todos.
El agua es vida.

Con el agua cocinas,


con el agua vives,
con el agua te aseas.
Esa es el agua, ¡cuídala!

Mayli Milagros Baltazar Curo


I. E. 38880 Madre Teresa de Calcuta
Huanta, provincia homónima

118
CAJAMARCA
EL AGUA ES VIDA

El agua es vida,
un recurso natural.
Tómala siempre hervida,
nuestro elemento vital.

Cuidemos para el mañana,


porque de ella vivimos.
Seres humanos, flora y fauna
gracias a ella existimos.

A toda la gente
le doy consejos sanos:
úsenla racionalmente
para lavarse las manos.

El agua del caño


es agua potable.
Aprovéchenla todo el año,
no la desperdicies, sé amable.

No arrojes la basura
a los ríos y quebradas.
Contaminarás tanta hermosura
dejándolas envenenadas.

119
¡Qué importante es el agua!
Protegerla es nuestro deber.
El tiempo no da tregua
¿Cómo hacerles entender?

Nathaly Yassmin Cerna Barboza


I. E. 82753 Isabel Barrantes Malca
Llapa, San Miguel

120
CAÑETE
EL VALOR DEL AGUA

I
El agua potable, pura y cristalina.
Cada vez eres más indispensable en nuestras vidas,
ya que cada día te consumo,
ya sea hervida o en mi uso del día.

II
En estos tiempos de pandemia
qué sería de mi vida sin tu existencia.
Ya salvaste muchas vidas
con solo caer de nuestras cañerías.

III
El agua potable es por excelencia
un recurso natural. Por eso tomemos conciencia
que el agua no hay que desperdiciar.
Valoremos gota por gota
que cada día el agua se agota.

IV
El Perú hoy en día está en una emergencia nacional,
ante esta pandemia todos debemos luchar,
y el agua hoy en día hay que cuidar.
Con tan solo 20 segundos, lavando nuestras manos,
nuestras vidas se salvarán.

121
V
Sin ti la vida pierde sentido y la muerte adquiere valor.
Mi corazón aún no pierde la esperanza
que los países, unidos como hermanos,
saldremos victoriosos de esta situación.

VI
Ahora más que nunca,
nuestra agua potable se valora de corazón.
El trabajo de miles de peruanos,
que luchan con tesón
para que agua potable caiga en cada rincón,
en este mundo, sin carácter de concientización.

VII
Desde ya valoremos el agua,
cuidándola y reutilizándola, mas no desperdiciándola.
Será igual de beneficiosa,
cerrando el caño, y revisando nuestras fugas.
Somos millones en todo el mundo y vamos a luchar
por un planeta sano;
por eso, cada gota hay que valorar.

Shnaider Alexander Tadeo Garriazo


I. E. José Abelardo Quiñones
Mala, Cañete

122
CHIMBOTE
AGUA, FUENTE DE VIDA

I
Agua cristalina, tú que viertes de los cerros
más recónditos, formando riachuelos, quebradas y lagos,
eres fuente de vida para todos los seres vivos.
Tu pureza y belleza son únicos.

II
Cómo no cuidarte, eres la virtud de la creación bendita,
eres tan pura y saludable, eres vida.
Deslumbras con tu belleza
que nos satisface para calmar la sed.

III
Gracias a ti, agua cristalina,
podemos disfrutar de verdes pastizales
y del trinar de las aves por las mañanas
bajo un cielo azul y un sol radiante.

IV
Agua, fuente de vida, eres inigualable.
Ni el oro ni el dinero valen más que tú en la naturaleza.
Lucharé y defenderé hasta el último suspiro
pues sin ti no habría vida. El tiempo se agota y no quiero perderte.

Joris Gadiel Crespín Pérez


I.E. 88161 Santiago Antúnez de Mayolo
Lacabamba, Pallasca

123
CUSCO
EL AGUA, MINA DE VIDA

El agua es parte de nosotros,


nuestra vida, nuestro ser, nuestro legado.
Sin ella no podríamos vivir.
Desde la primera generación
tomamos agua
para sobrevivir tú y yo.

Debemos cuidar el agua, porque un día se acabará.


No habrá más y se extinguirán los humanos,
los animales y todo ser vivo.
Cada año hay menos agua dulce
la cual es para tomar.
Sé que nadie quiere morir.
Por eso, cuidemos el agua, valorémosla,
demos un buen uso.

Gracias al agua tenemos toda la biodiversidad,


la vida y todo lo necesario. No seamos mal agradecidas,
porque un día nos vamos a arrepentir.
Las horas y los segundos cuentan.
Deja de contaminar y hacer daño,
y reflexiona, porque no somos los únicos en el mundo,
y siempre necesitaremos el agua.

Flor Esmeralda Monge Corpuna


I. E. 56260 Señor de Huanca
Capacmarca, Chumbivilcas

124
HUACHO
AÚN HAY TIEMPO, YACUMAMA

Mi Perú es un país bendecido


con ricas montañas, ríos quebradas y pongos.
¡Cómo recuerdo cuando niña haber escuchado
el zumbido de los ríos y de las olas, y de las olas del mar bravío!

¡Díganme, señores! ¡Díganme, señores! ¿Qué estamos haciendo


con nuestros ríos, lagunas y manantiales?
Hoy todo se está secando,
nuestra agua infectada está ya,
con el cáncer de nuestra indolencia.

Cuán distinto se torna hoy nuestro recurso hídrico.


El humo negro de las fábricas todo, todo lo ha ocultado.
Los relaves mineros todo lo han contaminado,
y el derrame del petróleo a nuestro mar lo ha condenado.

Dicen, dicen que el río está dormido.


Dicen que la mar ya no quiere cantar
y que en el cielo las lágrimas de las nubes se han secado,
y dicen, dicen que, de las lagunas, solo quedan algunas.

¡Basta! ¡Basta de tanta infamia! ¡Qué te han hecho,


qué te han hecho, Yacumama!
Basta, basta de tanta contaminación de fábricas y de mineras.
¿Acaso, acaso los desechos de nuestra ignorancia
te han arrebatado tu hidalguía y han contaminado tu alegría?

125
¡Basta! ¡Basta! ¡Basta de tanta crueldad!
¡Despierta, Yacumama! ¡Despierta, Madre Agua!
No dejes a tus hijos morir de sed.
No dejes morir tus fuentes de agua viva.

¡Despierta, Yacumama! ¡Despierta, madre mía!


La humanidad llora tu agonía.
El hombre al fin ha comprendido que sin ti
todo, todo la habrá perdido.

Alza tus aguas, alza tus aguas,


alza tus aguas y vamos a renovarnos.
El Perú espera por ti.
Levántate, levántate, levántate, Yacumama.

Carmen Castillo Cesias


I. E. P. Nuestra Señora de La Anunciación
Huacho, Huaura

126
HUANCAVELICA
AGUA

Si pudiéramos preservar en
muestra mente la importancia
del agua y tenerla presente cada
vez de una manera hermosa,
esta sería una posibilidad.

Los peces tienen derecho a vivir.


Basta de mareas negras y mares con petróleo,
eso es algo que odio, amo el mar.
¡Quiero vivir!, soy solo un niño,
no quiero morir.

Deseo un mundo bello,


que me dejen verlo, soy solo un niño
que espera un mundo feliz.

Libia Grisel Vargas Huarcaya


I.E. 36425
Lircay, Angaraes

127
HUÁNUCO
AGUA, FUENTE DE VIDA

I
¿Qué es el agua?, yo pregunto.
Es algo que bebes, me responden.
Pero no, el agua es un elemento que ayuda
a que el mundo esté en orden.
Para mí es fundamental,
porque es vida para toda la tierra.

II
¿Acaso no saben que poco a poco se termina
y al mundo dejan sin su medicina?

¿Sabías que nos ayuda en la digestión de los alimentos,


Y, si no existiera el mundo, y los humanos estaríamos en lamentos?

III
Pocas personas ayudan,
pocos humanos comprenden,
y pocos son los que aprenden
a valorar el agua.

128
IV
Me llena de rabia e impotencia saber
y no poder hacer nada
cuando desperdician el agua.
Es como si me clavaran en el pecho una espada.
¡Cuida el agua, por favor!

Gustavo Leonel Guillermo Matos


I.E. 32140
Ambo, provincia homónima

129
HUARAZ
LOS RECURSOS HÍDRICOS DE MI PUEBLO

Agua que corres por el río de Trancaracra,


desde la laguna de Caurish,
hermoso manantial de Tsusupuquio,
desde tus entrañas salen las aguas,
que son fuente vital de vida,
ya que nos dan de beber a la población de Punrunya.
Agua que fluyes desde la laguna Caurish
eres esencial recurso hídrico para el caserío de Marcash,
donde las comunidades realizan sus riegos,
como verduras, pastos y otras variedades de clase de sembrío.
Hermosa laguna de Parina que te encuentras en el distrito de Huacchis,
en las punas de Andabamba, en tus riveras crecen hermosas totoras verdes,
regadas por tus aguas cristalinas.
Las aguas de Parina, Tampush, Milluash, al unirse,
forman el callejón del río Champara,
que llega al río de Manchuria a dar vida a hermosas plantas de palto.

Jhovani Stefano Garrido Miranda


I. E. 86427 Marcash
Huacchis, Huari

130
ICA
POEMA AL AGUA

Eres la belleza de los paisajes, el corazón de la naturaleza,


la multiplicidad de la vida, la madre del planeta,
que con solo tocar y abrazar las cosas
haces de ellas maravillas.

Eres tan grande y perfecta


que con tu infinito poder creas placeres y alegrías.
Pero puedes ser lo más devastador
cuando la humanidad te desafía.

Si las vertientes de agua son tan perfectas,


¿por qué les damos de beber la negra soledad de los venenos?

Sin ti la vida pierde sentido, la muerte adquiere valor


y la mente solo espera una salida a la esperanza perdida,
donde un sueño ofrece la tranquilidad a la batalla perdida,
para así tratar de olvidar la incontenible melancolía.

Yelena Lisset Llanto Marcos


I. E. José María Arguedas
Parcona, Ica

131
JUNÍN
AGUA DE ONDOVADO

Agua de Ondovado
cristalina y abundante
que emana de los totorales
de mi hermosa Maravilca.

II

Agua de Ondovado,
con tu cauce riegas los sembríos,
alimentas a los animales,
y das vida a las personas
de tu pueblo.

III

Agua de Ondovado,
tus hijos te agradecen
limpiando tus cauces
en el cuasimodo.

132
IV

Agua de Ondovado,
en tiempos de pandemia
no debes ser mal usada;
ahora más que nunca eres necesaria
para protegernos de esta enfermedad.

Agua de Ondovado,
eres vida y esperanza
para todos los maravilcanos.
Por eso, te cuidaremos
en cada momento
de nuestra vida.

Reymi Justin Antezana Quispe


I. E. 30319
Matahuasi, Concepción

133
LA LIBERTAD
UN MUNDO SIN CONCIENCIA

Pedida por muchos, desperdiciada por todos…


bajo la triste mirada de un mundo egoísta e ignorante.
El agua, fuente de vida para el planeta,
riqueza vital para la naturaleza.
Podría el mundo quedarse sin amor,
pero nunca sin agua.
Recorre ríos, lagos, valles, montañas y quebradas,
dejando a su paso flores, llenas de calor y alegría.
Abre caminos con su imponente poder
hasta llegar al mar después de un largo viaje.
Utiliza la consciencia, preserva el mundo.
Ahorra el agua, cuídala hoy para tener un mañana mejor.
¡Cuidemos el agua!

Miguel Ángel Sánchez Cesias


I. E. La Encalada
Trujillo, provincia homónima

134
LAMBAYEQUE
EL AGUA

Agua cristalina, útil en mi vida,


elemento más importante para mí.
Vital eres para el ser humano, plantas y animales.
Eres un bien que debemos
administrar y no malograr.
Yo dependo de ti, mi cuerpo también.
Y el planeta entero necesita de ti.
Te cuido que más que oro,
eres la vida de mi familia y
de todos los seres vivos.

Estoy dispuesta a cuidarte


cada día más y no ser egoísta
con las próximas generaciones.
Ellos necesitan del apoyo de nosotros.
Juntos unidos, porque el agua es vida.

Mayra Lisseth Sánchez Coronado


I. E. 10042 Monseñor Juan Tomis Stack
Chiclayo, provincia homónima

135
LIMA METROPOLITANA Y CALLAO
AGÜITA, PROMETO CUIDARTE

De las altas cordilleras


nacen lagos y lagunas
ríos, riachuelos,
abundante agua pura.

Vienes regalando vida


corriendo sin cesar
pero en tu camino
te contaminan a todo dar.

Tratamientos, filtros, purificadores


tienen que aplicar
para llegar a nuestros hogares,
Pero no todos podemos contar.

Agüita, agüita pura,


líquido elemental.
Los seres vivos
sin ti no podrían vivir.

Con baldes y porongos


te tengo que buscar
cuando a mi casa
No puedes llegar.

136
Hoy valoro tu importancia.
Prometo cuidarte y ahorrarte.
No más fugas, ni caños malogrados,
ni duchas de largo rato.

Agüita, eres vida, eres salud,


eres energía que mueve industrias,
eres progreso de nuestro Perú.

Valentina Mía López Sifuentes


I. E. 164 El Amauta
San Juan de Lurigancho, Lima

137
MADRE DE DIOS
EL AGUA POTABLE

Agua potable, que eres agua dulce,


esencial en el desarrollo humano,
orgullosa me siento de aclamarte
porque llenas de vida mi ser.

Vienes desde la cordillera andina


en un trayecto por lindos paisajes
haciendo un sendero convertido en un río
hasta llegar a mi Puerto Maldonado.

La gestión de las autoridades,


en el sector La Pastora se construyó la captación
y planta de tratamiento
para convertirte en agua potable.

Llegas mediante una red de tubos,


hasta las casas de miles de familias.
En mi hogar te utilizamos
para preparar todo nuestros alimentos.
Contigo, agua potable, puedo bañarme,
lavar mis dientes, cabellos, mis manos,
especialmente por esta pandemia COVID-19,
¡Qué esencial eres tú!

138
Después de haberte utilizado y ensuciado,
te vas mediante el desagüe,
otra vez al río e infectas el agua limpia
y sigues hasta llegar al océano.

Pueblo de Puerto Maldonado,


les pido de corazón y con mucha razón:
no contaminen ni malgasten,
el agua potable, ¡es de todos!

Briana Rosela Zavala Vargas


I. E. Santa Rosa
Tambopata, provincia homónima

139
MOQUEGUA
GOTITA DE VIDA

Cual gotita de rocío,


amaneces abrazando
a los pétalos de rosa de mamá.

Desciendes desde el cielo,


cobijito has de buscar
entre ramas y hojas
tu hogar encontrarás.

Porque eres vida,


elemento vital,
líquido sagrado,
de las montañas descenderás.

Sediento está el ciervo,


su sed has de calmar,
vas a su encuentro
entre el río y el mar.

Cristalina y pura eres,


agüita de manantial.
Desde montañas y nevados
tus aguas correrán.

140
Florecen hermosas las flores,
crecen frondosos los árboles,
A tus pasos dejas vida.
¡Qué dicha y felicidad!

Cordillera Blanca,
copito de algodón.
tu llanto siento en mi rostro.

Al amanecer,
primer pensamiento
con triste lamento.

Si no te cuido ahora,
después muy tarde será.
Agüita, no te pongas triste,
mañana otro día será.

La gente tomará conciencia,


y así ¡no te has de acabar!

Aremis Zúñiga Gutiérrez


I. E. Mariscal Domingo Nieto Márquez
Ilo, provincia homónima

141
PASCO
GOTITA DE LLUVIA

Soy un niño con esperanza de un susurro.


En estas líneas me inspiro,
palabras que llegarían a tu conciencia como un suspiro.
Damas, caballeros, niños…
¡el agua es vida! ¡El agua es salud!
Parece muy poca cosa, pero tan solo una gota es valiosa.

Si lavas la papita, reúsa el agüita regando tus plantitas.


¡No la puedes desperdiciar!
Si no la vas a usar, cierra el caño, evita el daño.

El agua viste de verde a las plantas.


La tierra necesita el agua
porque sus raíces beben agua.
Si quieres oír el sonido del mar…
¡el agua tienes que cuidar!

Jeanfranco Samyr Edilfonso Flores


I. E. 34002 6 de Diciembre
Chaupimarca, Pasco

142
PIURA
CUIDEMOS EL AGUA

Un recurso indispensable
es del que vamos a hablar,
que nos permite la vida,
por eso la debemos cuidar.

Poco a poco se acaba


este líquido elemental,
y sin ella nos tocaría
una destrucción total.

El agua que existe


no se puede acabar.
Así que tomemos conciencia,
y empecemos a ahorrar.

Si un día nos falta,


no podemos seguir.
Pues con ella hacemos todo
lo necesario para vivir.

Las plantas y los animales


no la pueden afectar,
pero nosotros las personas
la podemos contaminar.

143
Es por ello que invito
a todos a reflexionar
de las acciones
que hacemos
para el agua cuidar.

Nicolás Morocho Girón


I. E. 20617
Jililí, Ayabaca

144
SAN MARTÍN
LA BRECHA DEL AGUA POTABLE

¡Aumenta la población! Se hace más escasa.


¡Cuídala, no la desperdicies!
¡Es muy importante para la vida en el planeta!

Se oye un pregonar solitario


que no encuentra eco por más silencio que haya.
Y sigue en su andar
con indiferencia total de quienes lo observan.

Camina por la pequeña ciudad que tiene un río,


una quebrada que lo circunda,
contaminada por la basura que ahora aumentó en esta pandemia.
Las mascarillas y guantes ahora contaminan sus aguas.

Al ver al camión, surge un reclamo del personaje:


¡Amigo, por favor, al botadero! ¡Esta agua llega a tu casa!...
No hay respuesta, solo una mirada fría y una mueca de fastidio.

A cuidar esta bendición divina.


No la desperdicies,
no la maltrates con aceites,
utiliza materiales biodegradables.

145
No presumas de tu carro con la manguera discurriendo.
No la hagas inalcanzable a otros, mientras te lavas o duchas.
Colabora con la vida sin afectar a los demás.
Estas gotas milagrosas sino tomamos,
morimos en poco tiempo.
No abramos una brecha imposible de cruzar
Tomemos conciencia de que todo puede ser potable.

Thiago Fabrizio Montes Tenazoa


I. E. Lorenzo Morales
Morales, San Martín

146
TACNA
¡CUIDA EL AGUA!

Tacna querida,
usa el agua con mesura;
si la dejas correr,
recuerda que no la puedes tener.

Estás en un desierto,
y sabes que es cierto
que de agua podemos carecer
y hasta la podemos perder.

No te vayas a sorprender
cuando no tengas qué beber.
Estás a tiempo de comprender,
piensa lo que vas hacer.

Si las aguas de los ríos Sama y Locumba


se secan, vamos a padecer
y del Caplina y Uchusuma
ni una gota vamos a ver.

Tacna querida y valiente,


cuida el agua heroicamente,
para no tener un futuro incierto,
sin vida, sin aliento.

Valeria Mariane Auccapiña Coaguila


I. E. Aurelia Arce Vildoso
Calana, Tacna

147
TUMBES
CUIDEMOS EL AGUA

Si cuidamos bien el agua


no podemos enfermar,
porque siempre limpia y sin basura
el agua nos fortalecerá.

La contaminación viene de pronto


por manos irresponsables.
Hago bien en decirle a mi pueblo:
no ensuciemos el agua
por ser útil y necesaria,
que nos da la naturaleza divina.

Pido a la gente de mi pueblo


educarnos de buena forma.
No contaminemos el agua
y siempre viviremos sanos.

Antonny Samir Sánchez Mendoza


I. E. 071 José Carlos Mariátegui
Zorritos, Contralmirante Villar

148
UCAYALI
LA CONTAMINACIÓN DEL AGUA

¡Oh Dios, danos sabiduría!


La contaminación del agua,
en mi querida tierra Atalaya, es muy preocupante.
Si seguimos contaminando, no habrá agua
ni siquiera para calmar o mitigar la sed.

Con la tristeza de mi corazón digo:


¡Oh Dios, ten piedad y misericordia,
por la desobediencia de tu pueblo,
porque tú eres el creador de ríos, quebradas y mares!

Desde lo más profundo de mi querida tierra Atalaya,


invoco a mis hermanos peruanos y a mi pueblo
a no arrojar basura,
para evitar la contaminación
de los lagos, ríos, quebradas y mares.

La conservación,
el cuidado del agua en nuestra actualidad es vital,
y mantener las buenas prácticas
para el consumo del agua potable.
¡Porque el agua es vida!
¡Purifica el alma y representa la sangre de Dios!

David Abraham Cachique Silvano


I. E. 64731 Mariscal Cáceres
Raimondi, Atalaya

149
GOTAS DE ESPERANZA
CUENTOS Y POEMAS GANADORES DEL VII CONCURSO ESCOLAR NACIONAL BUENAS PRÁCTICAS PARA EL AHORRO DEL AGUA POTABLE
CUENTOS Y POEMAS GANADORES DEL
VII CONCURSO ESCOLAR NACIONAL CUENTOS Y POEMAS GANADORES DEL
BUENAS PRÁCTICAS PARA EL AHORRO DEL AGUA POTABLE VII CONCURSO ESCOLAR NACIONAL
BUENAS PRÁCTICAS PARA EL AHORRO DEL AGUA POTABLE

Gotas de esperanza reúne los cuentos y


poemas que obtuvieron el primer puesto,
en cada región, en el VII Concurso Escolar
Nacional Buenas prácticas para el ahorro
del agua potable, organizado por la Sunass.
Este segundo volumen corresponde a los
ganadores del nivel 2 (de 3° a 6° de primaria).
En un año marcado por la COVID-19, ellos
plasmaron sus inquietudes, anhelos y sueños
en torno a la cultura de valoración del agua
potable y de las buenas prácticas en el uso
del agua.

ISBN: 978-9972-2511-5-3

9 789972 251153

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versión digital

19011 / SUNASS - Gotas de Esperanza Nivel 2 / Lomo 1.2 OK / Medida 45.2 x 22.5

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