Evolución del concepto de literatura
Evolución del concepto de literatura
¿Qué es la literatura?
Como casi todos los vocablos que expresan la actividad artística e intelectual del hombre, la
palabra “literatura” se presenta fuertemente afectada por el fenómeno de la polisemia
(muchos significados), que hace muy difícil establecer el concepto de literatura.
El derivado erudito de litteratura pasó a las principales lenguas europeas en formas muy
afines.
En latín, litteratura significaba instrucción, saber relacionado con el arte de escribir y leer,
o también gramática, alfabeto, erudición. Se puede afirmar que éste fue el contenido del
vocablo hasta el siglo XVIII.
Durante el siglo XVII para designar lo que hoy llamamos literatura, se utilizaba el vocablo
poesía, o si se quiere mencionar cierta clase de prosa, se emplea el vocablo elocuencia.
Entre 1759-1765, Lessing publica una obra Briefe die neuestre literatur betreffend, título en
que el vocablo literatura designa ya un conjunto de obras literarias. La evolución del
vocablo sigue, y hacia el fin del tercer cuarto del siglo XVIII, Literatura pasa a significar el
conjunto de obras literarias de un país, por lo cual se le asocia un adjetivo determinativo:
inglesa, francesa, etc.
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Tal es la evolución semántica del término hasta el advenimiento del Romanticismo. Esta
evolución sin embargo, no paró aquí, sino que prosiguió a lo largo de los siglos XIX y XX.
Veamos un rápido esbozo de las más relevantes acepciones de la palabra:
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Actividad
ETIMOLOGÍA
SIGLO XVII
1759-1765
PENÚLTIMA DÉCADA
SIGLO XIX- XX
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La función poética y la literatura
De todas las funciones del lenguaje, la poética es la que caracteriza al discurso literario,
dado que lo que lo distingue de otros es la construcción particular del mensaje: el ritmo,
ciertas combinaciones de palabras ,el uso connotativo del lenguaje que permite interpretar
los términos en múltiples sentidos y no en uno solo; son algunos de los procedimientos que
usa el escritor para trabajar con el material que le provee la lengua. Con ese material
discursivo, elabora una obra que es única, porque se aleja del uso cotidiano del lenguaje:
aprovecha la sonoridad de los términos y su capacidad de evocar o de sugerir, no trabaja
con el sentido literal de las palabras, sino con todos los sentidos que esa palabra es capaz de
disparar en su imaginación y en la del lector.
Entonces, el lenguaje es el protagonista a través de una cuidada selección y combinación de
las palabras que el escritor realiza y que responden a un sentido preciso que quiere
transmitir. Cuando un poeta selecciona una palabra dentro del enorme campo de
posibilidades que le da la lengua, lo hace porque sabe que es ese término y no otro el que le
permite transmitir una idea, una sensación, un sentimiento.
Para resumir: el lenguaje poético es:
Connotativo: es decir que utiliza un lenguaje subjetivo y figurado.
Lenguaje
Connotativo Denotativo
Subjetivo Objetivo
Crea sus propios mundos de ficción: ej. Macondo en Cien años de soledad de Gabriel
García Márquez.
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Actividad
1. Observá las siguientes imágenes y junto a cada una escribí qué connotan, es
decir, qué interpretás cuando las ves.
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Realidad y ficción
Dentro de la gran variedad de textos que circulan en una sociedad, algunos tienen una
finalidad práctica como, por ejemplo, los históricos, los científicos o los periodísticos. Su
objetivo es el de transmitir información y, para lograrlo, evitan la ambigüedad y utilizan un
lenguaje claro y preciso que da por resultado un texto transparente y unívoco. La literatura,
en cambio, no se centra en el aspecto informativo, sino en el estético.
El propósito de los textos literarios no es mostrar la realidad tal cual es, sino representar,
por medio de la palabra, una percepción posible y pecu liar del mundo. En este sentido, la
ficción —propia de la literatura— equivale a una imagen de la realidad que un tiempo
histórico determinado se propone para definir los ideales o para destacar los problemas o la
decadencia moral y plantear los principios que deben modificarse.
Puede decirse que, por ejemplo, un libro de historia trata sobre sucesos o procesos que han
ocurrido efectivamente en un tiempo y en un espacio precisos en el que han vivido personas
cuya existencia real es indiscutible. En estos textos, el acento está puesto en el referente, y
su calidad depende del grado de fidelidad a él. Contrariamente, la literatura, por ser un
hecho artístico, transforma la realidad y la ficcionaliza. Los objetos a los que se refiere
existen sólo en el texto, y en lugar de personas, la obra literaria cuenta con personajes,
creaciones de ficción que pueden ser (o no) parecidas a seres existentes, pero que nunca
llegan a serlo. El valor de la literatura radica en el modo de representación de esa realidad y
no en la fidelidad a lo representado.
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La palabra género (del latín genus ‘familia’, ‘clase’, ‘tipo’) refiere, en literatura, a un
conjunto de textos que tienen ciertas características comunes que los diferencian de otros.
Según el Diccionario de términos literarios, “se puede hablar de género cuando, de manera
relativamente estable, una serie de obras presentan un esquema o conjunto de rasgos afines
en cuanto a tema, molde formal y tono, lo que convierte dicho esquema en un ‘modelo
prestigioso’ e imitable”.
El género narrativo
Las obras que conforman el género narrativo se caracterizan por la presencia de un narrador
que cuenta hechos que les suceden a personajes en tiempos y espacios más o menos
definidos. El narrador, la voz que el autor crea para que se haga cargo de contar la historia,
puede conocer todos los hechos y presentarlos de manera objetiva. Pero también puede
presentar una visión parcial de la historia. En este caso suele narrar en primera persona,
aunque también puede hacerlo en tercera y, raramente, en segunda.
El género lírico
Las obras pertenecientes al género dramático (del griego drama: ‘acción’) están destinadas
a la representación escénica. En estos textos se desarrolla una historia que se conoce
mediante los diálogos y las actuaciones de los personajes. Pero, además, contienen las
indicaciones del autor que orientan acerca de la puesta en escena.
A diferencia del discurso narrativo, en el que la historia está mediatizada por la voz del
narrador, en los textos dramáticos no hay intermediarios entre los espectadores y la vida
que se hace presente en el desarrollo de la acción dramática.
Actividad
[Link]é con atención los siguientes textos.
[Link]í a qué género pertenecen.
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Los distraídos o La Torta de la Novia
Habitación modesta. Puerta al foro practicable. Una mesa pequeña de pino blanco que tiene por carpeta
un diario. Un tintero, papel, etcétera...Entran los actores.
Escena 2
Morales y Patita
Patita - (Que trae un ramo de flores y un torta envuelta en un papel) Ya estoy aquí.
Morales- ¡Que lindo ramo!
Patita- (cerrando el puño) ¡Así va a quedar con su novia!
Morales- ¿Y la torta, che? (la desenvuelve)
Patita- ¡Tiene un olor más rico! ¡De buena gana le hubiera metido el diente!
Morales- ¡Tu madrina!... (contemplando la torta) ¿Sabes que tiene buena cara? (tapándola con el
papel) Bueno. Patita, ahora te vas a ir a buscarme los botines que llevaste a componer (le da dinero) Tomá.
No demores, ¿eh?
Patita- Ya sabe que yo soy como automóvil (vase corriendo)
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- No escucho el ruido... el chiflete de la puerta me da en la espalda... y me tocó el pellón que está
más lejos del brasero- la queja llegaba tenue al cada vez más distante oído.
- Calienta igual, el aire se va p’a arriba y endispués se baja y endispués se queda. P’a eso la mamá
tapó los agujeros con diarios. P’a que no se vaya- dijo moviendo flojamente la cabeza.
- ¿Y el papá? ¿Cuándo güelve?
- Ya dentró en el cañadón. Lo vio el Gómez – miente Pedro con el último susurro.
- ¿Viene bajando? ¿Con los chivos? ¿Viene con los chivos? ¿Mañana? ¡Pedro! ¿Viene mañana?
Cholito se cansa de preguntar. Ve que Pedro también se ha dormido y se revuelve en el rústico
camastro. Tiene frío. Desobedece las órdenes de su madre y se acerca al brasero. El techo es el piso y el piso
es el cielo, quiere vomitar y entreabre apenas la puerta. El aire frío le golpea la carita, siente un vahído. Luego
de vomitar sobre la nieve se queda allí, con la puerta abierta mirando el horizonte desdibujado; el cielo es la
nieve y la nieve el cielo.
Cuando llega Rosa, las brasas agonizan; la puerta por la que se cuela el helado aire de la montaña
sigue abierta, y Cholito tiene su camisa fuera del pantalón, los pies descalzos y está ronco de gritar. Va de una
cama a la otra; quiere despertar a sus hermanos que apenas respiran.
Por la misma hendija que entra el soplo de la vida, escapa el gas asesino de los pobres.
Velloncito de mi carne,
que en mi entraña yo tejí,
velloncito friolento,
¡duérmete apegado a mí!
Hierbecita temblorosa
asombrada de vivir,
no te sueltes de mi pecho:
¡duérmete apegado a mí!
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Género
narrativo
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Comenzamos con la lectura y el análisis de un
cuento…
Actividades
El último piso
La comida sería a las nueve y media, pero me encarecieron que llegara un rato antes, para
que me presentaran a todos los invitados.
Llegué apresuradamente, sobre la hora, y ya en el ascensor apreté el botón del último piso,
donde me dijeron que vivían.
Llamé a la puerta, La abrieron y me hicieron pasar a una sala en la que no había nadie. Al
rato entró una muchacha que parecía asombrada de mi presencia.
-¿Lo conozco? –me preguntó-
-No lo creo- dije ¿Aquí viven los señores Roemer?
-¿Los Roemer?- preguntó la muchacha, riendo. Los Roemer viven en el piso de abajo.
-No me arrepiento de mi error. Me permitió conocerla –aseguré
-¿No habrá sido deliberado? –inquirió la muchacha muy divertida.
-Fue una simple casualidad –afirmé.
-Señor… ni siquiera sé cómo se llama.
-Bioy- le dije- ¿Y usted?
-Margarita, señor Bioy, ya que de una manera o de otra llegó a mi casa, no me dirá que no,
si lo convido a tomar una copita.
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-¿Para brindar por mi error? Me parece bien.
Brindamos y conversamos. Pasamos un rato que no olvidaré.
Llegó así un momento en que miré el reloj y exclamé alarmado:
-Tengo que dejarla. Me esperan para comer, los Roemer a las nueve y media.
-No seas malo –exclamó.
-No soy malo ¿Qué más querría que no dejarte nunca! Pero me esperan para comer.
-Bueno si preferís la comida, no insisto. Has de tener mucha hambre.
-No tengo hambre –protesté- pero prometí que llegaría antes de las nueve y media. Los
Roemer estarán esperándome.
-Perfectamente. Corra abajo. No lo retengo aunque le aclaro: no creo que vuelva a verme.
-Volveré dije. Le prometo que volveré.
Podría jurar que antes nos habíamos tuteado. Pensé que estaba enojada, pero no tenía
tiempo de aclarar nada. La besé en la frente, solté mis manos de las suyas y corrí abajo.
Llegué a las nueve treinta al octavo piso. Hablamos de muchas cosas, pero no me pregunten
de qué porque yo sólo pensaba en Margarita. Cuando pude me despedí. Me acompañaron al
ascensor.
Cerré la puerta y me dispuse a oprimir el botón del noveno piso. No existía ese botón. El de
más arriba era el octavo.
Cuando oí que los Roemer cerraban la puerta de su departamento, salí del ascensor para
subir por la escalera. Sólo había allí una escalera para bajar. Oí que había gente hablando en
el palier del sexto piso. Bajé por la escalera y les pregunté cómo podía subir al noveno piso.
-No hay noveno piso –me dijeron
Empezaron a explicarme que en el octavo vivían los Roemer, que eran, seguramente, las
personas a quiénes yo quería ver…Murmuré no sé qué y sin escuchar lo que decían me
largué escaleras abajo.
Adolfo Bioy Casares
[Link]é:
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Elementos de la narración
Toda narración necesita de ciertos elementos que configuran el relato y sin los cuales no
habría una historia. Ésos elementos son:
Narrador
Personajes
Ambiente
Tema
Argumento
NARRADOR
Es el encargado de contarnos la historia, no tiene una existencia concreta sino que es una
abstracción, por eso no debe confundírselo con el autor (hombre de carne y hueso).
Punto de vista: posición desde la que el narrador ve, oye, percibe la acción. Se concreta en
el narrador que puede ser:
En primera persona.
protagonista: personaje principal de la historia. Ej. “cuando entré al salón vi los
cuadros y me espanté...”
testigo: está dentro de la historia pero desde un papel marginal. Ej. “supe que Pablo
había soñado con arañas. Lo vi despertarse alarmado...”
En tercera persona.
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omnisciente: analiza la acción e incluso la interioridad de los personajes. Es un
“semi dios” Ej. “el hombre temblaba de frío mientras pensaba temeroso que su
muerte estaba cerca...”
cuasiomnisciente: sabe lo que hacen los personajes pero no lo que piensan o sienten
en su interior. Ej. “cuando todos se fueron, el hombre cerró la puesrta sentó y se
puso a llorar...”
PERSONAJES
Son los que llevan a cabo la acción, son protagonistas o secundarios, tipos o complejos:
protagonistas: toda la acción gira en torno a ellos, aparecen desde el principio hasta
el final del relato.
secundarios: realizan acciones de poca importancia, sin relevancia.
tipos: son personajes con pocos atributos. Ej: el malo, el bueno, el avaro, etc.
complejos: son personajes que a lo largo del relato muestran cambios psicológicos y
hasta físicos en algunos casos.
Conocemos a los personajes a través del narrador, quien los describe exhaustivamente o a
través de los diálogos, donde “escuchamos” directamente sus voces.
AMBIENTE
El ambiente se refiere al dónde y cuándo suceden los hechos en la narración.
El tiempo puede ser:
Época del año: otoño, primavera, verano, otoño.
Época histórica: 1810, siglo XX, Edad media, febrero de 2000, etc. Son fechas
exactas.
Momento del día: mañana, tarde, noche.
Día de la semana: lunes, martes, miércoles…
Mes del año: enero, febrero, marzo…
TEMA
Se reconoce por la pregunta ¿de qué habla la obra?, ¿de qué trata?
Ej: en el cuento de Bioy Casares, “El último piso”, el tema es la duda de un personaje
acerca de la existencia de un noveno piso en un edificio.
ARGUMENTO
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Es el resumen del relato. El resumen se logra seleccionando las acciones más importantes y
ordenándolas cronológicamente de manera que formen la secuencia narrativa: principio,
nudo y desenlace.
Ej: en el cuento Caperucita Roja:
- la mamá le pide a la niña que lleve una canasta a la abuela.
- Le recomienda tomar el camino más largo del bosque.
- La niña se encuentra con el lobo.
- El lobo la reta y le dice que tome el camina más corto. Ella acepta.
- El lobo llega antes y se come a la abuela.
- Llega la Caperucita y es atacada por el lobo.
- Un leñador salva a la niña.
Posemos distinguir dentro del género narrativo, diferentes clases de textos que se
diferencian entre sí por algunos aspectos formales:
Cuentos
Leyendas
Mitos
Fábulas
Novelas
Cuento
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enumeración de hechos, y, por extensión, "cuento" significa recuento de acciones o sucesos
reales o ficticios.
Leyenda
Es una narración oral o escrita, con una mayor o menor proporción de elementos
imaginativos y que generalmente quiere hacerse pasar por verdadera o basada en la verdad,
o ligada en todo caso a un elemento de la realidad. Se transmite habitualmente de
generación en generación, casi siempre de forma oral, y con frecuencia experimenta
supresiones o cambios.
Leyenda viene del latín legenda («lo que debe ser leído») y se refiere en origen a una
narración puesta por escrito para ser leída en voz alta y en público En las leyendas la
precisión histórica pasa a un segundo plano en beneficio de la intención moral o espiritual.
Fábulas
Las fábulas, son relatos cortos y ficticios encargado de transmitir alguna enseñanza a la
que llamamos moraleja. Sus protagonistas, son animales que actúan, hablan y piensan
como humanos.
Pueden estar escritas en prosa o verso, surge en el S. XIII y adquiere mayor difusión en el
S. XVIII.
Mitos
El hombre quiere saber por qué se producen los diferentes fenómenos de la naturaleza,
cómo se originan algunos de ellos, por qué algunos hechos se repiten con regularidad.
Algunas de esas respuestas la dan ciencias como la geografía, la física, la química y la
filosofía. En la Antigüedad surgieron los mitos para explicar esos hechos.
Los mitos han llegado a nosotros a través de relatos literarios, religiosos o históricos muy
antiguos. A su vez, han sido fuentes de inspiración para la creación de obras literarias desde
la Antigüedad hasta nuestros días.
Para el relato de un mito se usa la imaginación como ámbito para crear una ficción. En él se
combinan cuidadosamente las palabras que lo componen para crear belleza. Por esto
consideramos al relato del mito como un texto con intencionalidad estética.
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Novelas
Así como el cuento son relatos, pero se diferencian de él por su extensión y por su
complejidad en la trama de la historia: mayor extensión, mayor cantidad de personajes, de
conflictos, de espacios.
Actividades
TESEO Y EL MINOTAURO
Anónimo
Minos, el rey de Creta, estaba peleado con los atenienses. Los dioses apoyaban al rey y
mandaban a Atenas muchas desgracias: enfermedades, sequías y escasas cosechas.
Los atenienses, muy preocupados, fueron a consultar al oráculo que era como un templo
o iglesia donde vivía la pitonisa. Ella se comunicó con los dioses y después les contestó:
—Si Minos perdona a los atenienses, los dioses también.
El rey de Creta mandó construir un gran palacio, llamado laberinto; era una mansión
gigantesca con mil recovecos y en la parte central vivía un Minotauro, monstruo feroz, con
cuerpo de hombre y cabeza de toro, que se alimentaba de personas.
Cuando los atenienses le preguntaron a Minos qué podían hacer, él les dijo que no
lucharía más si le enviaban, cada nueve años, siete hombres y siete mujeres jóvenes, sanos,
fuertes y hermosos.
Así fue; cada nueve años hacían un sorteo y salían seleccionados catorce jóvenes que se
iban para no volver nunca más.
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El rey de Atenas, Egeo, no quería que fuera su hijo Teseo, pero como el joven era muy
valiente decidió ir y le prometió a su padre que volvería.
Como de costumbre, viajaron hacia Creta en un barco que llevaba una vela negra.
Al llegar al enorme laberinto los muchachos se asustaron. Allí, Teseo vio a Ariadna, la
hija del rey Minos y algo parecido al amor se cruzó entre ambos.
Entonces, ella se acercó a él y le dijo:
—Extranjero, no quiero que mueras.
—Yo tampoco quiero morir; quiero luchar, matar al Minotauro y salir de ese laberinto del
que dicen que nadie pudo salir.
—Es cierto que nadie lo logró, pero yo tengo un arma secreta para encontrar la salida.
Entonces le mostró un ovillo de hilo.
—Atá la punta de una pared y desovillá el hilo; para volver deberás rehacer el ovillo.
—Buenísimo; de esta manera podré librarme del laberinto, pero... ¿cómo voy a derrotar al
Minotauro?
—No te preocupes, esta espada lo matará —le contestó mientras le entregaba una espada
brillante.
Al día siguiente, los catorce jóvenes fueron llevados a la puerta del laberinto; estaban
muertos de miedo y no sabían nada del ovillo ni de la espada.
—¡Minotauro! —gritó Minos—. ¡Acá tenés tu regalo!
—¡¡¡Gruuuuuuusssshhhh!!! —bramaba desde adentro, el monstruo.
Teseo tranquilizó a sus compañeros, les dijo que fueran detrás de él; ató la punta del
ovillo a una roca y empezaron a caminar por lugares que se torcían, cruzaban y se dividían,
en un complicado laberinto. Era como esos juegos de entretenimiento en los que hay que
rescatar a un personaje y con el lápiz se pueden dibujar muchos caminitos y, a veces,
cuando estamos llegando aparece una calle sin salida y hay que volver al principio.
A medida que avanzaban, se escuchaban más fuertes los rugidos del Minotauro y
cuando lo vieron moviendo su cabeza para todos lados y con una baba que le chorreaba de
los labios, se asustaron muchísimo.
—Quédense aquí con el ovillo, es muy importante que no lo suelten —les dijo Teseo y se
fue acercando al Minotauro.
El monstruo estaba asombrado porque nadie se había animado a enfrentarlo. Teseo sacó
la espada y lo venció.
—Volvamos —dijo Teseo.
Tomó el hilo y lo fue ovillando. Así lograron salir; era de noche y se asustó al ver una
figura blanca detrás de un árbol, pero... se tranquilizó cuando reconoció a Ariadna.
—Ariadna, te quiero. ¿Venís conmigo a Atenas?
—Sí, vamos.
Entonces fueron hasta el barco y partieron rumbo a Atenas.
JUAN EL TONTO
Tradicional
Había una vez un tonto llamado Juan, que aparentaba creer todo lo que le decían,
aunque fueran las mentiras más grandes del mundo. Tenía este tonto por patrón a un
hombre muy "bromisto".
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Cierta vez, y como deseaba reírse de su peón, lo invitó a comer en su casa, pues
habían carneado un chancho. Mientras estaban asando unos chorizos, el patrón le dice al
tonto, señalando los pantalones:
Juan ¿cómo se llama esto?
-Pantalones.
-No, tonto, esto se llama garabalata -responde el patrón.
-Garabalata -dice Juan, y se calla.
Al rato le pregunta, señalando las alpargatas:
-Juan, ¿cómo se llama esto?
-Alpargatas -dice el tonto.
-No, hombre, esto se llama chirimique -dice el patrón.
-Chrimique -repite Juan.
Luego, señalando un gato, el patrón le pregunta:
Y aquello ¿cómo se llama?
-Gato.
-No, se llama ave que caza ratas -corrige el patrón.
¡Oh!, ¡ave que caza ratas!
-Así es, y esto (señalando el fuego) ¿cómo se llama?
-Fuego -replica Juan.
-No, se llama alumbrancia.
-Alumbrancia -repite Juan.
Y el patrón sigue haciendo preguntas al peón y corrigiendo lo que éste dice.
Indicando un balde con agua, le pregunta de nuevo:
-Y esto ¿cómo se llama?
-Agua.
-No, hombre, esto se llama clarancia.
¡Ah!, clarancia.
Permanecieron callados un rato, y el patrón, que se había propuesto hacer enojar al
tonto, sin conseguirlo, continuó con sus bromas:
-Oye, Juan, ¿cómo se llama esto? (señalando un inmenso trigal):
-Trigo. No, eso se llama bitoque -informa el patrón.
-Bitoque -repite Juan.
-¿Y eso?
-Burro -contesta Juan.
-No, hombre, eso se llama filitroque.
¡Ah! filitroque.
Por último, señalando los chorizos, el patrón pregunta:
-¿Cómo se llama esto?
-Chorizos.
-No, tonto, eso se llama filitraca.
Al cabo de un momento de permanecer callados, el patrón da las buenas noches a
Juan y se retira a dormir, riéndose.
Quedó Juan sentado junto al fuego, cuando al cabo de un rato cayó una enorme
brasa en el lomo del gato que dormía junto al fuego; el gato salió corriendo en dirección al
trigal.
Viendo que éste comenzaba a incendiarse, Juan gritó a su patrón:
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-Patrón, póngase los chirimiques y también las garabalatas, que el ave que caza ratas
se ha vestido con alumbrancia, y si no viene con clarancia se le quemará el bitoque. Yo me
voy en filitroque y me llevo la filitraca.
Cuando el amo terminó de traducir las palabras que le había enseñado al tonto, ya se
le había quemado el trigal y Juan se había llevado todos los chorizos.
EL VIENTO ZONDA
El indio Huampi (superior a todos) gobernaba varias tribus de las muchas que
habitaban los valles calchaquíes. Bien merecía llevar ese nombre, pues no había otro que se
destacara como él por su indomable valor y su extraordinaria destreza en el manejo de las
armas. Admirado y temido por todos, era al mismo tiempo amo y señor de toda la comarca.
Huampi era un cazador incansable , y el más diestro que hasta entonces se había conocido.
Manejaba el arco con tal habilidad, que no perdía víctima a la que arrojara sus certeras
flechas.
Por eso, en los montes, valles, praderas y bosques, tanto caían los guanacos y
vicuñas, como los cóndores, los suris y toda clase de aves. Guiado por su vanidad y por el
escaso amor que los animales le inspiraban, Huampi no perdonaba en sus cacerías ni las
crías más pequeñas.
Un día apareció Llastay, que era el protector de las aves. Huampi le preguntó:
-¿Qué andás buscando?
¡Te busco a ti! -replicó Llastay muy enojado-. ¡Eres cruel y despiadado con los
pobres animales!
¡Todo esto es mío! -replicó Huampi, señalando los valles con el brazo.
¡Nada es tuyo, mal indio...! ¡Tú vives en estos hermosos valles y debes cuidar lo que
la Naturaleza te ha confiado! ¡Si no respetas las plantas y los animales, te castigaré!
Dicho esto, Llastay desapareció.
Durante unos meses, Huampi dejó de cazar, porque Llastay le había inspirado
miedo. Pero, poco a poco, fue olvidándose y continuó matando animales con tanta maldad
como antes. Entonces Llastay pidió a la Pachamama, que es la misma Naturaleza, que
castigara al indio cruel.
Pachamama apareció ante Huampi y con voz grave le dijo:
- No sólo no tienes piedad con los animales, sino que ni siquiera piensas en los hijos
de tu tribu, que un día no tendrán ni carne, ni leche, ni cueros, ni plumas. No tienes corazón
ni mereces que te perdone.
Inmediatamente Huampi se vio muy arriba en el cielo, volando con toda velocidad.
Quiso hablar y de su boca salió un silbido que hacía estremecer a las plantas, los animales y
los hombres.
Desde entonces, corre el viento zonda por los valles, y en su loco correr nos va
diciendo:
-¡Que no te suceda lo que a mí. ¡Respeta a los animales! ¡No los mates sin
necesidad! ¡Respeta las leyes de la naturaleza para que no desaparezcan de la Tierra!
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EL LEÓN Y EL MOSQUITO LUCHADOR
Esopo
-- No te temo, y además, no eres más fuerte que yo. Si crees lo contrario, demuéstramelo.
¿ Que arañas con tus garras y muerdes con tus dientes ? ¡ Eso también lo hace una mujer
defendiéndose de un ladrón ! Yo soy más fuerte que tú, y si quieres, ahora mismo te desafío
a combate.
El león empezó a arañarse con sus propias garras, hasta que renunció al combate. El
mosquito victorioso hizo sonar de nuevo su zumbido; y sin darse cuenta, de tanta alegría,
fue a enredarse en una tela de araña.
Al tiempo que era devorado por la araña, se lamentaba de que él, que luchaba contra los
más poderosos venciéndolos, fuese a perecer a manos de un insignificante animal, la araña.
No importa que tan grandes sean los éxitos en tu vida, cuida siempre que la dicha por haber
obtenido uno de ellos, no lo arruine todo.
25
Género
lírico
El
Martín
Fierro
El Martín
Fierro se
publicó en dos partes. La primera (conocida como La Ida) apareció en 1872. Es un poema
extenso dividido en trece cantos. El objetivo de esta primera parte José Hernández lo
explica en el prólogo de la obra y es denunciar la condición social en las que vivía el
gaucho: “…me he esforzado…en presentar un tipo que representara el carácter de nuestros
gauchos…que, al paso que avanzan las conquistas de la civilización, va perdiéndose casi
por completo… ”.
La segunda parte se publicó en 1879, luego del éxito alcanzado por la primera y cuando
Hernández era diputado. Compuesta por treinta y tres cantos. En el prólogo añade otros
objetivos a los que ya había formulado en la primera parte, que están relacionados con el
deseo de integrar al gaucho a la vida institucional de la nación. Manifiesta un propósito más
didáctico destinado a educar al gaucho para su integración a la vida social del país.
Los temas
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Entre las dos partes se desarrolla un argumento que se apoya en cuatro temas
fundamentales: la vida en la estancia y la vida en la frontera (en la Ida) y la vida en la
tosería y el reencuentro con los hijos (en La Vuelta). Dentro de estos temas particulares se
insertan otros más universales como: el amor, la amistad, la muerte, el destino, Dios, la
eternidad, la injusticia, etc.
La secuencia narrativa
No se puede encontrar una secuencia narrativa, como en la novela, el orden tradicional del
planteamiento de los hechos (presentación, nudo y desenlace) pero se puede señalar en la
primera parte:
a) Una presentación: en el canto I
b) Un nudo: desde el canto II al XII, cuyo clímax está dado en el momento que
Fierro regresa de la frontera.
c) Un desenlace: en el canto XIII
Los narradores
El lenguaje gauchesco
Hernández logró trasladar el habla oral del gaucho a la lengua escrita, con todas sus
particularidades e imperfecciones, y reproducir todas aquellas palabras aparentemente
rústicas que eran en realidad restos del español arcaico. Las principales características del
lenguaje son:
Supresión: de la consonante en la sílaba final de los participios (sentao, parao) o de
adjetivos (sosegao); de la D final (amista), etc..
Apócope: pa por para.
Cierre de vocales: carniábamos, pior.
Diptongación: nuembres por nombres
Doble acentuación: díganlés
Sustitución: de hie por ye (si yela todos tiritan); de h inicial por g (hüérfano)
La versificación
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La estrofa que predomina en el poema es la llamada sextina (seis verso de ocho sílabas con
rima aab/ aab), pero Hernández la combina de manera original con la siguiente rima: a
(libre)bbccb.
Actividades
1. Lean el título. ¿Qué pueden decir acerca de los gauchos? ¿Qué cosas relacionadas con
ellos conocen? ¿Qué escucharon, vieron o saben acerca de Martín Fierro?
2. Lean la carta que introduce El gaucho Martín Fierro. ¿Quién la escribe, cuándo y dónde,
a quién está dirigida?
3. La carta funciona como prólogo. ¿Qué es un prólogo? ¿Para qué se usa? ¿Qué otros
prólogos conocen?
Comprensión
1. Lean el primer canto. ¿Quién narra y en qué persona lo hace? ¿Cómo se presenta Martín
Fierro a sí mismo? Busquen en el poema qué palabras o qué comparaciones usa para
hacerlo.
2. En la última estrofa del primer canto, el narrador anticipa algo acerca de lo que va a
contar. ¿Qué imaginan? Discutan y argumenten.
3. a. Comparen la forma como está escrita la palabra vigüela en el texto y en el glosario.
¿Cómo explican la diferencia? Extiendan la explicación a estrordinaria.
3. b. Transcriban diez palabras cuya escritura represente la variedad gauchesca y el registro
oral. Señalen y expliquen las transformaciones.
4. En el segundo canto, recojan la información que da el texto acerca del gaucho: ¿con qué
elementos trabajaba?, ¿dónde vivía?, ¿cómo se vestía?, ¿qué cosas le gustaban? Elaboren
una descripción y luego compárenla con la información lateral de la página 15.
5. Identifiquen los tiempos verbales que se utilizan en el segundo canto. ¿Cuándo se usa
cada uno? ¿Qué campos léxicos aparecen asociados a cada tiempo verbal? Fundamenten
con otros fragmentos del texto.
6. Observen la versificación. ¿Qué tipo de verso forman las estrofas? ¿Cómo se distribuye
la rima y qué clase de rima se emplea? ¿Todas las estrofas del poema son iguales?
7. Observen cómo se conserva la métrica octosilábica al recurrir a diferentes licencias
poéticas. En el verso 118 (aunque en el estribo esté) hay dos sinalefas. Identifíquenlas.
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En el verso 329 (también tuvo que jüir) hay un caso de diéresis. Identifíquenlo. Transcriban
otros dos versos con sinalefa.
8. a. Observen otros casos de diéresis en letras de canciones (por ejemplo: no seas tan
cruel, en “Prófugos” de Soda Stereo, o en vuelo triunfal, en “Aurora”, canción patria).
Busquen otros ejemplos.
8. b. En el habla también se registran fenómenos que no difieren tanto de los artificios
utilizados en la lengua poética. Busquen ejemplos de sinalefa en el habla cotidiana.
9. Comenten y analicen por qué Fierro se separa de su familia.
10. a. En el tercer canto aparece la figura del indio. ¿Cómo se habla de los indios? ¿Cómo
se los caracteriza? Justifiquen la respuesta con el texto de los versos.
10. b. Con la ayuda del lateral de la página 32 y la información de la página 37, repongan el
contexto histórico de la lucha contra los indígenas. Busquen más información.
11. ¿Cómo se describe la vida en los fortines? Justifiquen la respuesta con fragmentos del
texto.
12. ¿Qué pasa con el caballo de Fierro? ¿Con qué otras situaciones en el poema se puede
relacionar esta escena? Rastreen en el canto IV y en el canto V otros momentos
en los que aparecen figuras vinculadas con la autoridad.
13. ¿Qué sucede hacia el final de canto IV? ¿Cómo reacciona Fierro ante esta situación de
injusticia? ¿Qué hubieran hecho ustedes? ¿Es comparable con alguna situación de injusticia
que hayan vivido?
14. ¿Quiénes son los gringos? Busquen en el texto qué recursos se usan para
caracterizarlos.
TRABAJO PRÁCTICO Nº 2
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b. Explica con tus palabras la siguiente idea extraída del cuento: “Comprendió que un
destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva
adentro”.
13. Lee el cuento El fin de Borges y determina qué cambio se produce en relación con el
libro y la película.
El fin
Jorge Luis Borges (En: Ficciones)
Recabarren, tendido, entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. De la otra
pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, una suerte de pobrísimo laberinto que se enredaba y
desataba infinitamente... Recobró poco a poco la realidad, las cosas cotidianas que ya no
cambiaría nunca por otras. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil, el poncho de lana
ordinaria que le envolvía las piernas. Afuera, más allá de los barrotes de la ventana, se
dilataban la llanura y la tarde; había dormido, pero aún quedaba mucha luz en el cielo. Con
el brazo izquierdo tanteó, hasta dar con un cencerro de bronce que había al pie del catre.
Una o dos veces lo agitó; del otro lado de la puerta seguían llegándole los modestos
acordes. El ejecutor era un negro que había aparecido una noche con pretensiones de cantor
y que había desafiado a otro forastero a una larga payada de contrapunto. Vencido, seguía
frecuentando la pulpería, como a la espera de alguien. Se pasaba las horas con la guitarra,
pero no había vuelto a cantar; acaso la derrota lo había amargado. La gente ya se había
acostumbrado a ese hombre inofensivo. Recabarren, patrón de la pulpería, no olvidaría ese
contrapunto; al día siguiente, al acomodar unos tercios de yerba, se le había muerto brus-
camente el lado derecho y había perdido el habla. A fuerza de apiadarnos de las desdichas
de los héroes de las novelas concluimos apiadándonos con exceso de las desdichas propias;
no así el sufrido Recabarren, que aceptó la parálisis como antes había aceptado el rigor y
las soledades de América. Habituado a vivir en el presente, como los animales, ahora
miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de lluvia.
Un chico de rasgos aindiados (hijo suyo, tal vez) entreabrió la puerta. Recabarren le
preguntó con los ojos si había algún parroquiano. El chico, taciturno, le dijo por señas que
no; el negro no contaba. El hombre postrado se quedó solo; su mano izquierda jugó un rato
con el cencerro, como si ejerciera un poder.
La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño. Un punto se agitó
en el horizonte y creció hasta ser un jinete, que venía, o parecía venir, a la casa. Recabarren
vio el chambergo, el largo poncho oscuro, el caballo moro, pero no la cara del hombre, que,
por fin, sujetó el galope y vino acercándose al trotecito. A unas doscientas varas dobló.
Recabarren no lo vio más, pero lo oyó chistar, apearse, atar el caballo al palenque y entrar
con paso firme en la pulpería.
Sin alzar los ojos del instrumento, donde parecía buscar algo, el negro dijo con dulzura:
—Ya sabía yo señor, que podía contar con usted.
El otro, con voz áspera, replicó:
—Y yo con vos, moreno. Una porción de días te hice esperar, pero aquí he venido.
Hubo un silencio. Al fin, d negro respondió:
—Me estoy acostumbrando a esperar. He esperado siete años.
El otro explicó sin apuro:
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----Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos. Los encontré ese día y no quise
mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas.
—Ya me hice cargo —dijo el negro—. Espero que los dejó con salud.
El forastero, que se había sentado en el mostrador, se rió de buena gana. Pidió una caña
y la paladeó sin concluirla.
—Les di buenos consejos —declaró-—, que nunca están de más y no cuestan nada. Les
dije, entre otras cosas, que el hombre no debe derramar la sangre del hombre.
Un lento acorde precedió la respuesta del negro:
—Hizo bien. Así no se parecerán a nosotros.
—Por lo menos a mí —dijo el forastero y añadió como si pensara en voz alta—: Mi
destino ha querido que yo matara y ahora, otra vez, me pone el cuchillo en la mano.
El negro, como si no lo oyera, observó:
—Con el otoño se van acortando los días.
—Con la luz que queda me basta —replicó el otro, poniéndose de pie.
Se cuadró ante el negro y le dijo como cansado:
—Dejá en paz la guitarra, que hoy te espera otra clase de contrapunto.
Los dos se encaminaron a la puerta. El negro, al salir, murmuró:
—Tal vez en éste me vaya tan mal como en el primero.
El otro contestó con seriedad:
—En el primero no te fue mal. Lo que pasó es que andabas ganoso de llegar al
segundo.
Se alejaron un trecho de las casas, caminando a la par. Un lugar de la llanura era igual a
otro y la luna resplandecía. De pronto se miraron, se detuvieron y el forastero se quitó las
espuelas. Ya estaban con el poncho en el antebrazo, cuando el negro dijo:
—Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo
su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace siete años, cuando mató a mi
hermano.
Acaso por primera vez en su diálogo, Martín Fierro oyó el odio. Su sangre lo sintió
como un acicate. Se entreveraron y el acero filoso rayó y marcó la cara del negro.
Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo
dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una
música... Desde su catre, Recabarren vio el fin. Una embestida y el negro reculó, perdió pie,
amagó un hachazo a la cara y se tendió en una puñalada profunda, que penetró en el
vientre. Después vino otra que el pulpero no alcanzó a precisar y Fierro no se levantó.
Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el
pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero,
ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un
hombre.
En su oscura y valerosa historia abundan los hiatos. Hacia 1868 lo sabemos de nuevo en el
Pergamino: casado o amancebado, padre de un hijo, dueño de una fracción de campo. En
1869 fue nombrado sargento de la policía rural. Había corregido el pasado; en aquel tiempo
debió de considerarse feliz, aunque profundamente no lo era. (Lo esperaba, secreta en el
porvenir, una lúcida noche fundamental: la noche en que por fin vio su propia cara, la
noche que por fin oyó su nombre. Bien entendida, esa noche agota su historia; mejor dicho,
un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque los actos son nuestro símbolo.)
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Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento:
el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. Cuéntase que Alejandro de
Macedonia vio reflejado su futuro de hierro en la fabulosa historia de Aquiles; Carlos XII
de Suecia, en la de Alejandro. A Tadeo Isidoro Cruz, que no sabía leer, ese conocimiento
no le fue revelado en un libro; se vio a sí mismo en un entrevero y un hombre. Los hechos
ocurrieron así:
En los últimos días del mes de junio de 1870, recibió la orden de apresar a un malevo, que
debía dos muertes a la justicia. Era éste un desertor de las fuerzas que en la frontera Sur
mandaba el coronel Benito Machado en una borrachera, había asesinado a un moreno en un
lupanar; en otra, a un vecino del partido de Rojas; el informe agregaba que procedía de la
Laguna Colorada. En este lugar, hacía cuarenta años, habíanse congregado los montoneros
para la desventura que dio sus carne a los pájaros y a los perros; de ahí salió Manuel Mesa,
que fue ejecutado en la plaza de la Victoria, mientras los tambores sonaban para que no se
oyera su ira; de ahí, el desconocido que engendró a Cruz y que pereció en una zanja,
partido el cráneo por un sable de las batallas del Perú y del Brasil. Cruz había olvidado el
nombre del lugar; con leve pero inexplicable inquietud lo reconoció... El criminal, acosado
por los soldados, urdió a caballo un largo laberinto de idas y de venidas; éstos, sin embargo
lo acorralaron la noche del doce de julio. Se había guarecido en un pajonal. La tiniebla era
casi indescifrable; Cruz y ¡os suyos, cautelosos y a pie, avanzaron hacia las matas en cuya
hondura trémula acechaba o dormía el hombre secreto. Gritó un chajá; Tadeo Isidoro Cruz
tuvo la impresión de haber vivido ya ese momento. El criminal salió de la guarida para
pelearlos. Cruz lo entrevió, terrible; la crecida melena y la barba gris parecían comerle la
cara. Un motivo notorio me veda referir la pelea. Básteme recordar que el desertor malhirió
o mató a varios de los hombres de Cruz. Este, mientras combatía en la oscuridad (mientras
su cuerpo combatía en la oscuridad), empezó a comprender. Comprendió que un destino no
es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro. Comprendió que
las jinetas y el uniforme ya lo estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de
perro gregario; comprendió que el otro era él. Amanecía en la desaforada llanura; Cruz
arrojó por tierra el quepis, gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un
valiente y se puso a pelear contra los soldados junto al desertor Martín Fierro.
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Género
dramático
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Bibliografía
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