Sex
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Hablar de represión de las conductas sexuales no reproductivas, implica adentrarse en los orígenes
de la formación de una nación. En mi caso particular, hablar de la represión hacia el placer tiene que
ver directamente con la organización política posterior a las luchas de independencia, donde la
iglesia católica –tal y como lo venía haciendo desde la conquista y colonización- conserva los cotos
Aquí, es conveniente difundir que la propia Constitución en su artículo primero, luego de asumir
como forma de gobierno la república representativa y federal, agrega en el mismo artículo, que
también adopta como religión oficial la católica, apostólica y romana. Con esos términos. Liberales
en la forma y conservadores en el fondo, los hombres que construyeron la institucionalidad (al decir
hombres, digo eso, hombres, no mujeres) dejaron libre al mercado, en ese momento histórico en
manos del imperialismo inglés, con una ley de la oferta y la demanda que dividía las naciones entre
Vaticano la posibilidad de encerrar a los ciudadanos en una celda de dogmas y reglas morales
imposibles de traspasar.
No pretendo realizar una explicación de la historia argentina, sino poner las bases de una
irrupción revolucionaria, es decir de los sesenta del siglo pasado hasta casi finalizar el siglo XX. De
entrada, hablar de la represión que se ejerció, y se ejerce, sobre las disidencias sexuales, es hablar
de una formación –tanto directamente relacionada con el proceso educativo, como en el quehacer
cotidiano- recibida desde el imaginario social, como lo socialmente correcto. En eso estamos de
acuerdo todos. En lo que podemos disentir es en la manera en que se llevó a cabo esta represión.
construcción que me sirve muy bien a lo que apunto. La misma situación, la de mi salida del clóset
para darme a conocer en el ámbito en que me desenvolvía en ese entonces, tiene dos vertientes: la
mía y la del entrevistado. Eso sí, con la salvedad de que antes de cualquier posible publicación, yo
debía leer primero lo redactado. Paso a transcribir: “- Flaco. Antes de publicar esto que te cuento,
… Sucedió un poco antes que volviéramos a caer en cana. Manuel nos cita a todos. A una
reunión en Jujuy, ni me acuerdo para qué. Estábamos el Trabuco, el pibe que después murió
con Manuel. El negro Hugo. Lucho Wista, que era de nuestro grupo operativo. Y el Coque
empieza a hablar. Yo no le entendía lo que quería decir. “Boludo. Hablá bien que parece
que estás enfermo”. “Me imagino que después de lo que les voy a decir me van a dejar de
lado. Pero yo quiero a la revolución y tengo un conflicto interno que se los tengo que decir.
Tengo que manifestarles que no tengo las mismas inclinaciones sexuales que ustedes”. Lo
miro al Negro Hugo. El Negro estaba pálido. Nunca lo vi así en mi vida. Yo pongo los
puños cerrados sobre la mesa y no levanto más la cabeza.
Quien rompió el silencio fue Manuel diciendo. “El compañero sigue siendo nuestro
compañero. Y esto va a quedar acá”.
¡Y yo que me crié tirándole piedras a los putos!
Cuando el Coque se va, Manuel dice otra cosa: “No podemos tener al frente de las
masas a un compañero de esta calidad. ¿Qué van a decir de Montoneros? Es una debilidad
ideológica.”
Y después, nosotros. ¡Que hiciera ejercicios físicos! “¡Como en Cuba!” Decía el
Negro. Yo, si no quería que le presentáramos compañeras. ¡Lo queríamos ganar!
“Eso en Cuba fue un desastre”. Fue lo que el Coque nos respondió.
Estaba ideológicamente más adelante que todos y nunca nos dejó, ni como amigos
ni como militantes.1
A esta situación, cierta en términos generales, debo agregar lo siguiente; algo que leí hace dos años
en este mismo lugar y que intentaba dar una idea de lo que significaba el funcionamiento interno de
Desde julio hasta octubre de 1974, fecha en que ingreso a la cárcel, estuve en un continuo
reflexionar sobre la revolución. Si ya estábamos, de hecho, fuera del peronismo oficial y no tenía
que guardar ningún tipo de conducta para afuera, era llegado el momento de plantear abiertamente
la cuestión tantas veces postergada: la preferencia sexual. Decidido a enfrentar directamente la
situación, pido una reunión con los responsables de la Regional, porque prefería una discusión para
aclarar estos puntos tan incómodos del ejercicio de la sexualidad, antes que abandonar el proyecto
político-ideológico al que me había entregado (…) Las condiciones sociales habían cambiado y era
ya muy difícil moverse sin que se despertaran sospechas del sistema represivo. Estábamos en
constante vigilancia y a pesar de esto, pudimos reunirnos. La primera respuesta fue que era insólito,
que se trataba de algo que jamás había sucedido –yo conocía casos de expulsión- y que, de todas
1
Nicolás Doljanín, “Eso no se hace”, capítulo 8 de un libro en preparación, aún sin título, Buenos Aires,
2007.
maneras, había algo que se llamaba “moral revolucionaria” que no permitía conductas burguesas
desviadas.2
Luego vino la cárcel, el exilio, la expulsión, el reingreso, Nicaragua, la derrota, etcétera. En función
de estas no coincidencias dentro de una misma situación, es que me permitiré hablar desde mi
etnia. Esto es, desde la etnia Coquena que está ligada a todo un proceso histórico, no evolutivo, sino
*****
En los años sesenta del pasado siglo, después de la victoria de la Revolución Cubana, América
Latina se vio sacudida por una serie de movimientos guerrilleros que hacían suya la frase de
Klausewitz, aquella que decía que la guerra era la continuación de la política por otros medios. De
entrada, los regímenes tanto dictatoriales como democráticos estaban alejados en sus gobiernos,
militares la proscripción del peronismo como expresión de la política de los sectores populares,
2
Rosario Galo Moya, “De la culpa a la claridad. Otra manera de explicar la revolución”, en Disidencia sexual
e identidades sexuales y genéricas, Conapred, México, 2006.
3
Cfr., Nancy Lamenta Sholl da Silva, “La realidad no es una ventana”, en Pensares y Quehaceres. Revista de
políticas de la filosofía, n° 2, noviembre 2005-agosto 2006, pp. 113-128.
posterior a la llamada “revolución fusiladota” de 1955. Esa situación que en un comienzo dio lugar
a una resistencia sindical y de grupos aislados que combatían con lo que tenían a mano, los “caños”,
dio lugar posteriormente a una organización, gregaria en un comienzo y luego enmarcada en lo que
se conocería como “guerra popular”, que luchaba levantando una consigna clara: “Por el retorno del
conoció como Fuerzas Armadas Peronistas; lo mismo, desde el ámbito estudiantil y de obreros
jóvenes que se iniciaron en el fascismo fueron tomado posiciones desde una línea nacional hasta
encontrar el término popular, que los llevó a posiciones de izquierda dentro del peronismo. La
misma estructura productiva de Argentina, país exportador de carne y cereales con escasos
industrialización desde la década de los cuarenta, llevó a concebir la guerra revolucionaria como
esencialmente urbana. Esto es, el accionar guerrillero debía darse en las ciudades, con esporádicas
incursiones en el campo, porque era el lugar en donde estaba asegurada una retaguardia política.
Esto lo digo con respecto a las organizaciones que surgen y se forman desde el peronismo, como eje
es un proceso muy complejo, lleno de vueltas y vericuetos como la misma historia y que sería muy
temerario resumir en pocas páginas como las que aquí utilizo para dar un marco a la situación que
patriótico, no era nada raro encontrar posiciones contradictorias, tanto en la dirigencia política
clandestina como en los diferentes sectores de la población. Los cambios de los “delegados”
designados por Perón para la continuidad del proyecto interrumpido en 1955, pero sobre todo los
documentos de su autoría difundidos, daban pie a interpretaciones variadas, llevando cada sector
agua a su molino. Así, desde el elogio de la juventud “que lleva el bastón de mariscal en la
mochila”, la defensa de las por él llamadas “formaciones especiales”, hasta el elogio a la dirigencia
burocrática sindical y política, es decir, la política del “péndulo” como él mismo la denominaba, era
gracias a la política de Isabel y López Rega, este último el creador de la tristemente famosa Alianza
especial ingerencia en el proceso político desde casi fines de los sesenta hasta mediado los setenta.
Las Fuerza Armadas Peronistas (FAP) con origen en el activismo sindical y continuadores de la
guerrilla de Uturuncos; las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), cuyo origen se encuentra en
un posible apoyo a la guerrilla del Che en Bolivia y realiza un cambio al asumir al peronismo como
opción política, y Montoneros, que surge en 1969. En todo el primer periodo, hasta 1973, la
situación organizativa era clara. Por un lado, quienes asumían la lucha armada como opción no
tenían contactos directos con las agrupaciones de “superficie”; al contrario, los militantes sindicales,
estudiantiles, etc., desaparecían de un día para otro cuando optaban por la lucha armada.
las organizaciones clandestinas a un cambio de política: era necesario un acercamiento mayor con la
militancia de “superficie”, tanto y tan grande como para incidir en la formación de un movimiento
movimiento afín a los planteamientos de la izquierda, entre ellos, la construcción del “socialismo
nacional”, según las palabras de Perón. Las FAP se abren a la formación del Peronismo de Base. En
tanto, Montoneros y FAR –en discusión ya de una posible unificación- centran sus esfuerzos en la
al podio de los vencedores. Pero ese mismo retorno también es el comienzo del trabajo de zapa de
la derecha, del agrupamiento de diferentes grupos, tanto del peronismo como de fuera de él, que
Esto, a grandes rasgos, es una especie de introducción, creo que necesaria de un momento
*****
De una militancia de activista que asume su peronismo desde el estómago en una conmemoración
del 1° de Mayo, de una digamos irregular participación en un grupo de estudios: Grupo de Base
Independiente, todo siguiendo un ritmo más o menos tranquilo, hasta mi incorporación al ejército
para realizar el servicio militar. En ese año, 1972, como ya lo mencioné antes, dos sucesos fueron
primer momento, con la elección de José Cámpora como presidente de Argentina en el proceso
clandestinas, Montoneros en este particular caso, porque era la única forma de llegar a consolidar el
proyecto político en donde estábamos inmersos, por un lado. Pero lo fundamental, le decía, era que
en esa militancia tendría la posibilidad de “olvidar” y “cambiar” mi desviación a la norma
heterosexual y encausar las energías en un algo que sí valía la pena: la revolución. Todo esto,
posterior a nuestra salida del grupo de estudios, porque Manolo tuvo la desgracia de enamorarse del
“líder” y el llamado líder a llamar a reunión y pedir la expulsión de mi amigo, por faltas a la moral
revolucionaria. En esa reunión no se expulsó a nadie, sino mas bien, el grupo en ese momento afín
de la Universidad, en ese entonces, en apoyo a un sindicato formado en una fábrica textil, nueva,
De ahí la plática con mi amigo y de ahí mismo ver la incorporación a otro nivel de
militancia, como forma de “desviar el problema”. Sigue igual todo, como digo ingreso al servicio
militar y me dedico, en la medida de lo posible a aprender el manejo de armas y a leer los manuales
medida de lo posible porque en las prácticas de tiro solamente se utilizaban un par de fusiles,
quedando el que teníamos a nuestro cargo solamente para pasar revista, limpiarlos y lucirlos en los
desfiles. Nunca tiré con el fusil que tenía designado. De aquí, dentro de un todo de maniobras
políticas destinadas a preservar una supuesta buena imagen de la sangrienta dictadura que comenzó
en 1976, esta situación derivó en la masacre de las Malvinas, donde tantos y tantos soldaditos
murieron porque su fusil jamás funcionó. Y que otros tantos murieran de frío, porque los militares
se regían por el comienzo de las estaciones para determinar el tipo de ropa que se tenía que usar; de
esta manera, como todavía no llegaba el invierno los enviaron sin ningún tipo de abrigo con las
regreso a Tucumán, donde había hecho mis prácticas políticas, y logro conectarme con un miembro
de Montoneros. De nuevo en el camino, tendría que cubrir una cita que nunca se hizo efectiva,
debido a las fuertes cargas de trabajo organizativo que tenía ¡un solo compañero! en mi región.
Montoneros sin gente: los que no fueron apresados y encarcelados, quedaron “descolgados” de toda
Así llego al 17 de noviembre, fecha del retorno de Perón. Acababa de salir de la “colimba”
y descolgado como estaba me fui al acto por el retorno; allí me fijé en la gente, en los grupos y
sobre todo, escuché las consignas para saber dónde estaba el lugar que debía ocupar. Un sector
grande de la gradería del estadio estaba ocupado por un grupo vociferante que enarbolaba carteles
con fondo negro y letras blancas donde se leía “Juventud peronista”; “bastante fascistas”, pensé.
Pero de ahí surgía lo que quería escuchar: “Perón, Evita, la Patria socialista”, y “FAR y Montoneros
son nuestros compañeros”. Los había encontrado. Y me incorporé. Nuevas situaciones, empezar de
nuevo hasta retomar el contacto necesario. Llegaron las elecciones, ganamos, y salieron los presos
de las cárceles. Y de nuevo estaban ahí los compañeros. Y comenzó ya la actividad necesariamente
ligada a un gran proyecto político que rebasaba los límites de una política partidaria. Un gran
netamente nacionales.
Y se decide en reunión hacer una especie de golpe de mano, para quedarnos con la
estructura juvenil del partido, la misma que tenía serias contradicciones con la dirigencia partidaria,
pero que estaba en manos de un caudillito, ya próximo a cumplir los treinta años y, por lo tanto, ya
casi fuera de la “juventud”, que dirigía la ya entonces denominada “Rama de la Juventud” con fines
más que personales. Organizamos esa reunión, todavía en el local del Partido Justicialista, y
logramos la remoción del líder. Y de golpe, de militante de base paso a ocupar el rol de dirigente.
De ser uno más de los muchos que participaba en actos, pintadas, movilizaciones, paso a ser figura
sin salir del clóset, pero moviéndome alrededor de un grupo de amigos. De la incorporación a la
estructura clandestina para olvidar mi desviación de la norma, nada de nada. Pero, ahora desde mi
nueva posición tendría que ocultar todo. Y olvidar, ahora sí, que me sentía bien transgrediendo la
norma. No más las escapadas con los amigos, ya no el ejercicio de mi sexualidad. La imagen de un
hombre políticamente correcto, de moral intachable, era necesaria para el proyecto. Y a esa imagen
le dediqué toda la vida. Si bien apenas comenzaba la década de los setenta, estoy hablando de 1973,
ya existía en Buenos Aires un grupo con el cual, si bien no tuve un contacto directo, sí tuve la
oportunidad de leer una revistita que editaban. También, por información me entero de la aparición
de unas pintadas en donde un FHAR, se había unido a la campaña por el retorno de Perón, que
agregaba su sigla a la tradicional P, envuelta por una V (que significaba Perón Vuelve). Donde
poníamos JP, ellos la firmaban cono FHAR. Detalles de la politización del momento de auge de las
acciones populares.
*****
Ahora bien, la militancia clandestina exigía a todos un comportamiento moral, acorde con las
exigencias del compromiso político asumido. Esto no es nuevo. Eso mismo aparece en la serie de
fragmentos transformados en libro oficial que, en 1947, fue distribuido en el congreso nacional
donde quedó fundado el Partido Peronista. En el discurso inicial de Perón, él mismo se encarga de
dar los lineamientos generales que deben seguir los militantes del nuevo partido. Es conveniente
aclarar que, en las elecciones de 1946, posterior al movimiento de masas de octubre de 1945 por la
liberación del entonces coronel Perón, el naciente movimiento nacional acude gracias al préstamo
del Partido Laborista, de clara adscripción tradeunionista, ganando por amplia mayoría, a pesar de
la oposición de todos los sectores políticos del momento, desde la oligarquía conservadora hasta el
Partido Comunista, pasando por los partidos de clase media, como el Radical y otros, todos unidos
En las palabras de Perón, un verdadero cuadro político del nuevo partido, en el capítulo
“Las fuerzas del espíritu guían a los hombres”, debe “estar unido al otro que piensa y siente lo
mismo, pero quien piensa distinto, aún cuando se ponga un rótulo” debe ser considerado como un
enemigo. No lo dice con estas palabras, claro, pero después agrega que “quien no tenga el espíritu
inclinado a pensar y sentir de una manera similar a la de su agrupación será siempre un hombre
díscolo y difícil dentro de un movimiento de hombres que tienen un mismo sentir y pensar”4. Con
esto quiero decir que, posteriormente, las organizaciones siguieron con ese mismo patrón de
unificación de pensamiento, por cuanto pasada la época gregaria de toda organización, cuando las
decisiones se tomaban entre los pocos iniciadores y se llega, en función de los nuevos momentos
responsables nacionales, regionales o zonales, a una maraña burocrática donde lo único claro son
Esto lo dice Perón claramente en su discurso inaugural del peronismo, al hacer una escala
vertical de compromisos: “En primer grado son los que dirigen el conjunto; en segundo grado son
los que dirigen las partes, y en tercer grado son las partes mismas que realizan obedeciendo”. Y
4
Juan Domingo Perón, Doctrina Peronista, Buenos Aires 1948, sin pie de imprenta, pp. XVI-XXI y ss.
entre todas las indicaciones, las que se refieren al comportamiento ético de los dirigentes y bases,
políticas, aunque, para decirlo de algún modo, incorporan la teoría del centralismo democrático
leniniano en el quehacer político. Lo que me interesa demostrar es que no solamente son las
condiciones históricas las que marcan un determinado accionar político, sino que existen en la
que conozco, en una libre discusión de propuestas, en un aporte colectivo que se resolvía
donde siempre se tomaban acuerdos decididos por todos los integrantes. El paso siguiente, como
que solamente se permite bajar las líneas generales para el consumo y obediencia de las bases.
Ahora bien, el año pasado se publicó un libro extraordinario escrito por Raquel Gutiérrez, a
quien tuve oportunidad de conocer en Bolivia, cuando apenas había salido de la cárcel de mujeres
5
Idem.
de Obrajes, en La Paz. Es conveniente que leamos el prólogo a la edición mexicana. Aquí expresa
lo que me hubiera gustado decir con la claridad que ella utiliza. Cito:
La tradición de la que yo provengo y con la que discuto a lo largo del texto, se inscribe en el
conjunto de múltiples esfuerzos revolucionarios latinoamericanos que se plantearon la toma
del poder como eje ordenador de su estrategia, y la construcción de un partido-ejército
como medio para conseguir tal objetivo. De ahí la elección de los temas a discutir, la forma
que adquiere tal reflexión, la preocupación por los problemas recurrentes, etcétera. No sé
qué tanto tales discusiones (…) puedan interesar (…) a un lector o lectora (…) que no tiene
que deshacerse de tantos dogmas o que reacomodar tantas cargas”.6
También me gustaría acercar la reflexión de Mario Payeras –fundador del Ejército Guerrillero de
los Pobres (EGP) en Guatemala, organización que posteriormente junto con las otras organizaciones
Guatemalteca (URNG)-, acerca del accionar clandestino revolucionario y del necesario alejamiento
ejército que inevitablemente llevará a la toma del poder. En términos generales, Payeras critica el
6
Raquel Gutiérrez Aguilar, ¡A desordenar! Por una historia abierta de la lucha social, CEAM-Tinta Limón-
Juan Pablos, México 2006, 1ª reedición, p. 12.
tipo de organización compartimentada por cuanto entra en contradicción con la vida cotidiana,
sobre todo cuando se tiene que ligar el accionar propiamente militar con el político.7
apunta a enmarcar las condiciones donde se desarrollaron las prácticas represivas a todo tipo de
disidencia sexual. Aquí me permito incorporar a la represión también al placer, por el solo hecho de
ser placer, por cuanto todo aquello que no sea directamente ligado a una sexualidad reproductiva y
en pareja, era totalmente cuestionado. La pareja, bendecida por la organización, era la depositaria de
las nuevas relaciones que se irían construyendo con el transcurrir del tiempo que harían posible la
llegada de una nueva sociedad. Aunque desde la izquierda, volvemos aquí al paradigma
conservador: la familia como depositaria de la sociedad, el lugar clave donde se forman los hijos de
la patria, donde se inculcan los valores necesarios para la conservación moral de la especie humana.
Si esto sucedía con la llamada sexualidad “normal”, ¿qué se podía esperar cuando se
gente –y todo gracias a esa caparazón ideológica con que nos envuelve el patriarcado- el insulto, los
golpes, las expulsiones, la represión a final de cuentas de los homosexuales no es más que la
expresión corriente de conductas no solamente toleradas, sino instigadas desde todas las estructuras,
como las educativas, del sistema patriarcal. Es demasiado fácil deshacerse de los molestos
7
Mario Payeras, El trueno en la ciudad, Ediciones del Pensativo, Colección Zahorines, 3ª edición, Guatemala
2006.
homosexuales, al fin que nada ni nadie estará en desacuerdo. Es lo que decía mi amigo Chacho, en
el fragmento que leí al comienzo: “¡Y yo que me crié tirando piedras a los putos!” La nueva familia,
el nuevo hombre, que no la nueva mujer, para ser nuevos, debe tener ciertas características que la
distingan claramente de las viejas. Esto es, deben estar en condiciones de construir la nueva
sociedad sin explotados ni explotadores y entregar hasta la última gota de sangre en ese proyecto.
Demás está decir que poco, mas bien nada, podía hacerse desde la disidencia sexual, es decir desde
mi propia homosexualidad ya asumida, pero que en función de las circunstancias, y con tremendo
patria revolución. Luego del planteamiento primero con un inicio de discusión viene la cárcel y
después el exilio y de nuevo el limbo (aunque Ratzinger diga ahora que no existe). Ante el
inminente retorno al país para continuar la lucha, decido entablar una discusión, ya con el tiempo
necesario para hacerlo porque el exilio a que estábamos sometidos nos daba reales posibilidades de
hacerla. Además, en este caso, los informes llegaron antes que yo, así que no era necesario efectuar
muchos esfuerzos, sólo continuar con lo que había quedado interrumpido. La respuesta por obvia ya
la esperaba, pero no sé por qué abrigaba esperanas de discusión y reflexión sobre una situación que
nos competía como seres humanos que somos. Fue terminante: expulsión de las filas de la
organización por desviaciones pequeño-burguesas y, como en edicto policial, por faltas a la moral.
Luego se cambia la sentencia. Quedaba fuera, pero sólo hasta que termine el proceso de “curación”,
para lo cual se me designa un responsable político y una profesional de la psicología, quienes se
encargarían de encaminarme por “los correctos caminos de la heterosexualidad”. De ahí que hable
responsabilidad política muy grande. Deseaba ganar la discusión iniciada, pero me conformaba con
Ahora me parece que la discusión tendría que haberse planteado de otra manera, no
solamente desde el punto de vista de un homosexual en la organización, sino, como dice Raquel
discutir y reflexionar sobre eso que se llama actividad política”.8 Precisamente, la reflexión debe
hacerse desde esa actividad política, esa misma actividad que nos condujo a asumir un proyecto
político-militar, que no es nada más, pero nada menos, que un proyecto de vida. Salir del clóset, del
armario, del ropero o del placard, es una actividad política; como también, luego de la salida, es una
actividad política nuestra vida misma, porque vayamos donde vayamos estamos exigiendo con
nuestra sola presencia el derecho a ser libres y ejercer nuestra libertad: el derecho a Ser, aunque
8
Raquel Gutiérrez Aguilar, op. cit., p. 15. Las cursivas son de la autora.
Entre contradicciones principales y secundarias, entre maniobras estratégicas y tácticas,
democrático” que nos permitía “estudiar” los documentos de la conducción para hacerlos
políticamente claros, no había tiempo ni lugar para nada que pudiera retrasar la toma del poder. No
solamente la cuestión de una disidencia sexual a la norma, como en mi caso particular, sino también
cualquier situación que “distrajera” u ocultara el “horizonte” al cual debíamos llegar. Si en el caso
de la homosexualidad podría quedar como discusión para después, también las mujeres tuvieron lo
suyo. Regreso a Raquel Aguilar, cuando expresa la esperanza de que su escrito llegue
“principalmente a las hermanas, a las mujeres que en aquella militancia pasada no encontraron,
buscándolo, todo lo que querían o imaginaban y ahora habitan un plomizo terreno de de difusa
frustración…”.9 Y el después se transforma en nunca, porque nunca llegamos a la toma del poder.
Estas organizaciones no solamente no cambiaron nada, sino que desde la misma izquierda
fueron también los reproductores del sistema patriarcal. Podemos afirmar que el patriarcado está
asentado en tres patas que nos aplastan: clasismo, racismo y sexismo. El combate contra la
9
Raquel Gutiérrez Aguilar, ibid., p. 16.
campesinos, origina el desconocimiento de la identidad de tantos pueblos que todavía se resisten a
ser eliminados. Y eso, aunque no lo crean ni lo quiera, es racismo. Y con lo que no hay ninguna
duda es con respecto al sexismo. La división obligatoria en dos sexos, masculino y femenino con
cuestionada de ninguna manera.10 Estoy hablando de los tres últimos decenios del siglo pasado. Es
más, como dije anteriormente, esto era totalmente aceptado y difundido. Hay una canción, una
especie de marcha cuasi militar, que se cantaba en los mítines y marchas, que resumía lo que
afirmo. Decía así: “A parir madres latinas / a parir más guerrilleros”, lo que marcaba el orgullo de la
maternidad para la guerra y de la sexualidad reproductiva para aumentar las filas de la revolución.
Ahora bien, creo que la revolución no está perdida, ni es una cuestión de la que no se tiene
que hablar, sino que es una necesidad real ante la patética situación que estamos viviendo con la
globalización y el neoliberalismo, a los que considero como la suma del patriarcado. Pero, esta
revolución tendría que ser, como lo dice Raquel Gutiérrez: “… una obra colectiva gozosa,
*****
10
Cfr., Diana Maffía (comp.), “Introducción”, en Sexualidades migrantes. Género y transgénero, Feminaria
Editora, Buenos Aires 2003, pp. 5-8.
11
Ibid.
La represión a la disidencia sexual existe. Eso no lo podemos negar; que se haya dado también en
las organizaciones político-militares llamadas revolucionarias tampoco lo podemos negar. Creo que
en mi caso, las circunstancias hicieron que a mis planteamientos no se respondiera con otros actos
de mayor dureza. Y en recordación especial de esa represión constante, sistémica, cotidiana, pienso
que no debemos quedarnos y mantenernos en situación de víctimas. Nada es mejor para promover
mayores castigos que permanezcamos inmóviles pidiendo una ayuda que no vendrá sino de
nosotros mismos. Es decir, que tenemos la obligación de utilizar las pocas herramientas con que
contamos. Tenemos el Artículo 1° de la Constitución política; tenemos (o está en proyecto) una ley
que penaliza la discriminación por preferencia sexual. Está a nuestra disposición un instituto
nacional paraestatal, dedicado a bregar contra las diferentes discriminaciones; además, la ley de
Sociedades de Convivencia, aprobada el año pasado que, si bien no cubre todas expectativas, es un
comienzo necesario para profundizar mucho más en la cuestión. Y más reglamentos y leyes que nos
protegen de la violencia y la discriminación. Pero tenemos usarlas, hacernos dueños y dueñas de eso
que ya está legislado y promoverlas, aunque más no sea con nuestra presencia fuera del clóset.
Pero hay algo más que me inquieta y las traduzco a una serie de tres preguntas que me
cuestionan: ¿quién soy?, ¿qué soy?, ¿dónde estoy? Las dos primeras están relacionadas con la
identidad y la última me remite al lugar en donde estoy parado, sea histórico o territorial.
Con respecto a la identidad, Félix Guattari la resume también en una serie de preguntas.
Dice:
Pero más adelante aclara que esa misma identidad que llevamos pegada como etiqueta, en este caso
la etiqueta homosexual, nos permite la construcción de una subjetividad diferente que produce
“devenires” en una sociedad, es decir que traspasa las capas de la sociedad y se interrelaciona con
ellas. A esto yo agregaría que esa interrelación, es una interlocución que tenemos que realizar, pero
como movimiento constituido. De ahí las preguntas que me hago. ¿Estamos constituidos como
Subjetividad dice Guattari. Sujetividad, o sea, condición de sujeto, aporta Horacio Cerutti13.
Es decir, que todavía nos falta caminar mucho en este proceso que nos lleva a la construcción del
12
Félix Guattari y Suely Rolnik, Micropolítica. Cartografías del deseo, Tinta y Limón, Buenos Aires 2005,
pp. 94 y 95.
13
Horacio Cerutti Guldberg, “Identidad Nuestroamericana”, en Francesca Gargallo y Rosario Galo Moya
(coord.), Las políticas del sujeto en Nuestra América, en prensa, México 2007.
sujeto. Este siglo ha comenzado con ganas de cambios. En primer lugar se encuentran los
movimientos indígenas que de una u otra manera están haciendo retroceder al sistema.
Comenzamos en el 2000 con la toma de las sedes de los poderes políticos en Quito, Ecuador; le
siguió el levantamiento de Cochabamba en Bolivia, conocido como la Guerra del Agua, que evitó la
privatización del vital líquido. A eso tenemos que sumarle en el mismo país la destitución de dos
Evo Morales y la recuperación de los hidrocarburos. Y aquí también hablamos de identidad, de una
identidad recobrada por los movimientos indígenas, que no se trata tan sólo de una etiqueta sino
que recobra lo que por más de quinientos años les ha sido negado, combatido, escondido y
pretendido exterminar. Ahora Tupac Katari, según la leyenda, ya está a punto de volver a reunir los
Pero también surgieron otros movimientos que se transformaron en sujeto. No quería hablar
nombrar a las lesbianas negras de Brasil (y en general donde existen comunidades afro) en su afán
de lucha contra el semen del blanco como formador de la identidad brasileña. También, en Buenos
Aires, Argentina, los piqueteros que llevaron la protesta a los rutas y caminos, ante la falta de
Y podría seguir, pero prefiero hablar en primera persona y presentarme. Yo soy Coquena,
gay, nacido en Argentina pero mexicano por adopción y querencia, nuestroamericano por afinidad
política. Esta es mi identidad. Y ahora estoy pisando este momento histórico y este territorio, por lo
tanto, tengo un lugar desde donde reflexionar y además, tengo un cuerpo desde donde pienso y
Quiero terminar con un párrafo del libro de Raquel Gutiérrez que, me parece, sintetiza lo
14
Raquel Gutiérrez Aguilar, op. cit., pp 17 y 18.
BIBLIOGRAFÍA
DOLJANÍN, Nicolás, “Eso no se hace”, cap. 8 de libro en preparación, mimeo, Buenos Aires 2007.
GUATTARI, Félix y Suely Rolnik, Micropolítica. Cartografías del deseo, Tinta Limón, Buenos
Aires 2006.
GUTIÉRREZ AGUILAR, Raquel, ¡A desordenar! Por una historia abierta de la lucha social,
CEAM-Tinta Limón-Juan Pablos, México 2006.
MOYA PANTOJA, Rosario Galo, “De la culpa a la claridad. Otra manera de explicar la
revolución”, en Norma Mogrovejo, Héctor Salinas y Francesca Gargallo (coord.), Disidencia sexual
e identidades sexuales genéricas, Conapred, México 2006.
PERÓN, Juan Domingo, Doctrina peronista, sin pie de imprenta, Buenos Aires 1948.