0% encontró este documento útil (0 votos)
372 vistas125 páginas

Explotación Intensiva de Recursos Naturales

Este documento presenta los objetivos y contenidos de una asignatura sobre recursos naturales renovables. Se explicarán seis recursos principales: 1) biodiversidad, 2) agua, 3) caza y pesca, 4) pastos, 5) recursos forestales y 6) ordenación territorial. Cada capítulo analizará la importancia del recurso, los problemas relacionados con su explotación insostenible y medidas para una gestión sostenible.

Cargado por

Lindsay Sanchez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
372 vistas125 páginas

Explotación Intensiva de Recursos Naturales

Este documento presenta los objetivos y contenidos de una asignatura sobre recursos naturales renovables. Se explicarán seis recursos principales: 1) biodiversidad, 2) agua, 3) caza y pesca, 4) pastos, 5) recursos forestales y 6) ordenación territorial. Cada capítulo analizará la importancia del recurso, los problemas relacionados con su explotación insostenible y medidas para una gestión sostenible.

Cargado por

Lindsay Sanchez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

MA008 Recursos Naturales

Presentación de la asignatura

Es obvio que la realidad actual del mundo en que vivimos está muy lejos de cualquier tipo de
desarrollo sostenible, concepto que implica no solamente términos ecológicos, sino también
sociales y económicos.

Algunos síntomas claros de la presente insostenibilidad ecológica del sistema en que vivimos
son los numerosos problemas ambientales que padecen las poblaciones del mundo:
reducción o desaparición de bosques, suelos, pesca y agua potable, extensión de los
desiertos, contaminación del aire, agua y suelo, acumulación de residuos, deterioro del
paisaje, etc. Igualmente, existen otros síntomas que atañen a la insostenibilidad actual
sistema económico: incremento del desempleo y la deuda externa, disminución de las rentas,
grandes fluctuaciones de los mercados, etc.

También, aunque aparentemente menos manifiesta, es la clara insostenibilidad del sistema


desde el punto de vista social: hambre, pobreza, grandes epidemias, incremento en el
número de refugiados, disturbios sociales, etc.

Esta situación requiere actuaciones a todos los niveles, desde los estados y las grandes
empresas multinacionales, hasta cada uno de los ciudadanos.

Sin lugar a dudas, la explotación intensiva de los recursos naturales del planeta tiene que ver
con muchos de estos problemas, no tan sólo a nivel ambiental, sino también a nivel social y
económico.

Desde siempre, el hombre ha utilizado los recursos naturales para subsistir. Éstos se
agrupan en dos categorías, en función de su capacidad o rapidez de regeneración:

- Los recursos renovables son los que se pueden regenerar a una escala de tiempo


humana, como los árboles de un bosque o los peces del mar. Al ser renovables, hay que
tratar que la velocidad de renovación de estos recursos naturales nunca sea inferior a la tasa
de su consumo por parte del hombre.

- Por su parte, los recursos no renovables son aquellos que no se pueden regenerar a una


escala de tiempo humana: se trata de los recursos minerales y los combustibles fósiles
(petróleo, gas, carbón), que tardan cientos, miles o millones de años en renovarse. A ellos
hay que añadir los recursos que en la actualidad se desconocen, pero que pueden resultar
explotables en un futuro inmediato, como lo fueron el gas natural o la energía nuclear hace
pocas décadas.

En esta asignatura se van a explicar algunos aspectos sobre los recursos naturales


renovables de mayor importancia para la humanidad, así como unas pinceladas sobre la
gestión de los mismos.
 En el primer capítulo se trata la biodiversidad como recurso, un concepto de reciente
creación y que está generando una viva inquietud en la opinión pública mundial.

 En el segundo capítulo se habla de la importancia y gestión del agua, que sirve de


complemento a la asignatura de tratamiento de aguas residuales.

 El tercer capítulo se dedica a la caza y pesca. Esta última merece una especial
atención, al tratarse de la única explotación industrial directa que se realiza sobre
poblaciones salvajes de animales.

 En el cuarto capítulo se hace un repaso de los pastos, como un recurso transformable


en proteína animal mediante la ganadería extensiva, y conservador del paisaje al
mismo tiempo.

 El quinto capítulo se dedica a los recursos forestales, quizás los recursos naturales
renovables más importantes, desde la antigüedad hasta el hombre moderno.

 Finalmente, en el sexto y último capítulo se realiza una aproximación a la planificación


y ordenación territorial, disciplina que trata de otorgar a cada territorio el uso más
adecuado a sus características, en función de los recursos existentes en el mismo.

 Finalmente, el séptimo y último capítulo hace referencia a un tema de gran actualidad:


el papel de los bosques como sumidero o fuente de carbono en la lucha contra el
cambio climático y las políticas y mecanismos de mitigación, no siempre bien
entendidos, que intentan aplicar los países en este contexto.

Los suelos también cuentan con una asignatura propia, y por eso no han sido tratados aquí.
La agricultura, ganadería y acuicultura no se han considerado como recursos naturales
renovables (aunque en el capítulo dedicado a los pastos se aborde parcialmente la
ganadería extensiva) ya que, en muchos casos, se trata de explotaciones industriales,
prácticamente controladas a lo largo de todo el engranaje de producción.

APORTACIÓN Y
RESUMEN DEL
CAPÍTULO OBJETIVO PARTICULAR RESULTADO
CAPÍTULO
CONSEGUIDO
Capítulo 1 Dar a conocer el concepto
de biodiversidad, su Conocimiento de la
importancia y el papel que Importancia de importancia ecológica y
la
juega dentro de los biodiversidad. para la humanidad que
ecosistemas. tiene la biodiversidad
como recurso.

Pérdida de la Análisis de las causas


biodiversidad. que provocan la pérdida
de biodiversidad y formas
de actuación.
Principales
particularidades de las
Especies especies amenazadas en
amenazadas. la actualidad, medidas a
tomar y relación de éxitos
obtenidos.
Diferencias entre los
conceptos de
Introducción,
introducción,
reintroducción y
reintroducción y
repoblación de
repoblación de especies
especies animales.
animales, posibles
efectos negativos.
Particularidades de los
Proporcionar ideas clave ríos y efectos ambientales
sobre la situación actual de la construcción de
Aguas continentales.
de las aguas continentales obras civiles para el
Capítulo 2 y los efectos que sobre control de las aguas
ella ocasionan las continentales.
actividades Medidas de actuación
antropogénicas. Uso racional del
para hacer un uso
agua.
racional del agua.
Manejo de las
poblaciones cinegéticas,
La caza. evaluación del hábitat y
Determinar los criterios formas de elaboración de
para permitir una caza los cupos de captura.
racional y una actividad
Capítulo 3 Conocimiento de la
extractiva de los recursos
pesqueros de manera gestión de los recursos
sostenible. pesqueros y medidas de
La pesca.
mejora de los hábitat y
poblaciones de pesca
continentales.
Aplicación de estructuras
silvícolas en los pastos
Ecología de los
para el mantenimiento de
Comprender las pastos. la estabilidad global del
particularidades de los sistema.
Capítulo 4 ecosistemas de pastizales
sobre los que se sustenta Características de los
la ganadería extensiva. pastos en diferentes
Tipos de pastos y
ambientes: mediterráneo,
aprovechamiento.
medioeuropeo y de alta
montaña.
Conocimiento de la
Importancia del
vertiente ecológica y
bosque.
económica del bosque.
Dar a conocer el Técnicas de manejo de
Silvicultura.
significado del manejo y la los bosques.
Capítulo 5
explotación sostenible del
bosque. Factores que inciden en
el origen y propagación
Los incendios
de los incendios
forestales.
forestales y medidas para
prevenirlos.
Conocimiento de los
principios de la
Planeamiento planificación urbanística
Proporcionar una serie de urbanístico. como instrumentos para
ideas clave sobre la la ordenación del
ordenación de los posibles territorio.
usos del territorio más
Capítulo 6 adecuados a las Importancia de
características del mismo Conservación de los conservación de los
y de los recursos humedales. humedales en la
naturales que en él se ordenación del territorio.
encuentran.
Objetivos generales de
Espacios naturales
protección de los
protegidos.
espacios naturales.
Principios de
El ciclo del carbono. funcionamiento del ciclo
del carbono.
Importancia del carbono
El modelo de gestión
Dar a conocer el papel como un elemento más
forestal y la
que desempeñan los del modelo de gestión
reducción del
bosques en la lucha forestal desde el punto de
carbono atmosférico.
contra el cambio climático vista de la integralidad.
Capítulo 7
y las políticas y
estrategias de mitigación Conocimiento de los
propuestas al respecto en mecanismos y
el Protocolo de Kioto. particularidades que
Protocolo de Kioto y establece el Protocolo de
bosques. Kioto para la
contabilización del
carbono en los inventarios
nacionales.

Capítulo 1.- La biodiversidad como recurso


OBJETIVO
- Dar a conocer el concepto de biodiversidad, su importancia y el papel que juega dentro de
los ecosistemas.

1.1. Introducción

La palabra biodiversidad es un neologismo, popularizado recientemente por el científico


norteamericano Edward O. Wilson, que se utiliza para referirse a la diversidad biológica.

Es diferente de la diversidad utilizada en los estudios ecológicos: esta última es un índice


numérico que relaciona el número de especies de un ecosistema con el número de
individuos de cada una de estas especies; como norma general se trabaja con grupos
concretos de organismos (especialmente plantas fanerógamas, animales vertebrados o
insectos), y proporciona una idea del grado de estructuración, complejidad y madurez del
ecosistema que se estudia.

La biodiversidad, en cambio, hace referencia a toda la variedad de formas de vida, es decir,


todas las especies de organismos (plantas, hongos, animales, bacterias, etc.) existentes, y
en principio no interesa su mayor o menor abundancia de individuos. En este contexto, la
palabra diversidad se utilizará como sinónimo de biodiversidad, y no como índice ecológico.

La biodiversidad puede manifestarse a diferentes escalas, tal y como se muestra en la figura


1.1. En una escala de mayor a menor, primero aparece la biodiversidad a nivel ecológico,
que queda reflejada en la variedad de ecosistemas y comunidades diferentes que existen
sobre el planeta. La biodiversidad a nivel específico hace referencia a los diferentes
organismos que viven en un ecosistema determinado: son los inventarios de especies.

Finalmente, la biodiversidad a nivel genético se refiere a la biodiversidad intraespecífica, es


decir, la variabilidad genética dentro de una misma especie; un ejemplo claro de este último
aspecto es la propia especie humana, cuya variabilidad genética le ha permitido adaptarse a
condiciones de vida muy diferentes (desde los esquimales a los bosquimanos del desierto de
Kalahari, pasando por los sherpas tibetanos o los quéchuas andinos). Esta variabilidad
genética constituye la biodiversidad genética de la especie y es el fenómeno sobre el cual se
desarrolla la evolución biológica.

 
Figura 1.1: Esquema de los diferentes niveles de observación y estudio de la biodiversidad.

El término biodiversidad se ha popularizado y extendido a través de los medios de


comunicación, especializados o no, desde hace muy poco tiempo. A raíz de esto, ha llamado
la atención de los dirigentes políticos del mundo, gracias a lo cual fue uno de los temas
prioritarios de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992, y se han dedicado y se
dedican todavía importantes sumas a su estudio por parte de los centros de investigación y
universidades más prestigiosos del mundo.

Pero, ¿cuál ha sido el responsable de este espectacular "boom" de la biodiversidad? Las


causas directas hay que buscarlas, básicamente, en la preocupación general ante la
publicación de cifras alarmantes sobre el ritmo actual de extinción de especies de seres
vivos. En particular, la voz de alarma sonó ante las estimaciones realizadas sobre la
extinción de especies debido a la desaparición, cada vez a un ritmo más vertiginoso, de los
bosques tropicales. Esta idea se amplió a un marco planetario y hoy esta preocupación se
extiende ante la arriesgada situación en que se encuentran un gran número de especies,
muchas de ellas todavía por conocer, ante la rápida transformación de los ecosistemas por la
actividad, directa o indirecta (como el cambio climático global), de la especie humana.

1.2. La importancia de la biodiversidad

1.2.1. Importancia ecológica

Todavía no está claro el papel que tiene la diversidad de especies sobre el funcionamiento
de los ecosistemas.

Ante una perturbación más o menos grave (incendio, sequía, episodio de contaminación,
etc.), se han estudiado los efectos que puede tener sobre la estabilidad de un ecosistema
con un mayor grado de diversidad. Según esto, el ecosistema más diverso podría
recuperarse más fácilmente al resultar afectado por una amenaza: en caso de pérdida o
graves repercusiones sobre algunas especies con una función concreta, es decir, con un
nicho ecológico concreto, otras podrían ir asumiendo paulatinamente esta función,
estabilizando así el ecosistema.
Esta idea también puede aplicarse a la variabilidad genética de una sola especie (diversidad
genética). Por ejemplo, si todas las plantas de una misma especie tienen unas necesidades
de agua similares, todas sufrirán el mismo "stress" hídrico en años más secos de lo normal,
lo que redundará en una reducción significativa de su producción de semillas. Sin embargo,
si existiera variabilidad genética en esta población de plantas, algunos individuos podrían
resistir condiciones de sequía peores de lo normal y producir semillas aún en esas
condiciones. De esta manera, la producción de semillas sería satisfactoria tanto en años
húmedos como secos.

 
En general, los organismos adaptables genéticamente pueden subsistir en
ambientes más variables que aquellos cuyas poblaciones son genéticamente
uniformes.

La experiencia con cultivos agrícolas ha demostrado que variedades altamente productivas,


pero genéticamente uniformes, tienen requerimientos ambientales más estrictos -toleran
menos las variaciones ambientales- que otras variedades menos productivas, pero más
variables. Y todavía más, las plantaciones formadas por variedades de plantas uniformes son
más susceptibles de padecer enfermedades y plagas.

Así, parece claro que la variabilidad intraespecífica, dentro de una misma especie, es
importante para la supervivencia a medio o largo plazo de la especie. Pero, ¿funciona igual la
diversidad en los ecosistemas, de forma que los ecosistemas más diversos soportan mejor
las fluctuaciones ambientales a largo plazo que los ecosistemas con menos especies? Aquí
la evidencia parece más contradictoria. Las comunidades terrestres de latitudes templadas,
donde existe una marcada estacionalidad, son menos diversas que las comunidades
tropicales, donde reinan condiciones más uniformes (por ejemplo, la temperatura es
constante a lo largo del año). Además, las comunidades bentónicas de las llanuras abisales
marinas se encuentran entre las comunidades más diversas de todas, a pesar de estar
sujetas a las condiciones ambientales más estables del planeta.

Lo que sí es evidente es que la desaparición de determinadas especies puede comportar


alteraciones en cascada en los ecosistemas, particularmente si se trata de especies clave, de
las cuales dependen muchas otras. Además, cada especie es única. La pérdida de una
especie implica perder irremisiblemente una fuente de conocimiento singular y quizás una
fuente de riqueza y beneficio potencial para el hombre, como veremos a continuación.

1.2.2. Importancia para la humanidad: la biodiversidad como recurso

 
El uso racional de los recursos biológicos puede reportar muchos beneficios para la raza
humana. El ejemplo más claro y cercano es el de los alimentos. Los animales, y entre ellos el
hombre, necesitamos a las plantas para subsistir. Los seres humanos han usado como
alimento a lo largo de su historia cerca de 5.000 especies de plantas, pero en la actualidad
son menos de 20 las especies principales que se utilizan para alimentar a la humanidad, y de
éstas, sólo 3 o 4 especies de cereales son básicas para todos.

La conservación de la biodiversidad tiene una consecuencia directa: el mantenimiento de la


reserva de genes. Las plantas silvestres poseen una gran cantidad de genes propios,
disponibles para incrementar la reducida base genética de los cultivos agrícolas establecidos.
Estos genes silvestres se pueden utilizar (y de hecho se ha venido haciendo a través de
cruzamientos desde hace muchos años) para mejorar cultivos, aumentar su capacidad para
resistir a enfermedades y plagas, adelantar la época de recolección, incrementar la
resistencia a condiciones adversas, etc.

Figura 1.2: Planta de alfalfa. Las plantas silvestres constituyen una importante reserva
genética.
Fuente: banco de imágenes del Ministerio de Educación y Ciencia (España).

Otra aplicación directa de la biodiversidad se encuentra en la medicina y en los productos


farmacéuticos. La penicilina, por ejemplo, fue aislada a partir de hongos de la especie
Penicillium notatum, mientras que la mundialmente famosa "aspirina" se preparó por
acetilación del ácido salicílico, descubierto en plantas de la especie Filipendula ulmaria.

Según la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.), alrededor de 20.000


especies de plantas tienen propiedades medicinales conocidas.

Sólo en los EEUU, un 25% de los medicamentos producidos contiene sustancias originadas
en plantas, otro 13% proviene de microorganismos y tan sólo un 3% de animales.
En la lucha contra las plagas de insectos mediante controles biológicos también se
encuentran los beneficios de la biodiversidad. Por ejemplo, el caso del aceite de piretro,
obtenido de los crisantemos, a partir del cual se han preparado los modernos pirotrenoides,
uno de los grupos de insecticidas fácilmente biodegradables más utilizados hoy en día.

Un ejemplo más reciente es el de los extractos de plantas meliáceas, principalmente de la


especie Azadirachta indica, de la que se extrae un compuesto llamado azadiractina, que ha
resultado ser uno de los inhibidores de alimentación y de la muda de los insectos más
potentes que se conocen, con lo que se emplea como biocida para control de plagas de

Aquí se han presentado tan sólo unos pocos ejemplos de los importantes beneficios directos
que la preservación y el mantenimiento de la biodiversidad proporcionan a la humanidad,
siendo la búsqueda de productos bioactivos a partir de plantas terrestres y organismos
marinos uno de los campos de investigación con más futuro.

1.3. La pérdida de biodiversidad

En el estudio de la diversidad biológica se parte de un problema inicial: el desconocimiento


de cuál es la biodiversidad del planeta y la inexistencia de un inventario de las especies que
poblan la Tierra. Y esto no es lo peor. Ni siquiera se conoce, ni de forma aproximada, el
número de especies que viven en nuestro planeta.

En la actualidad hay descritas aproximadamente un millón y medio de especies, de las


cuales, en un 90% se conocen apenas poco más que su nombre y aspecto. Es decir, se
tienen unos ligeros conocimientos sobre la biología de los organismos en apenas un 10% de
este millón y medio de especies. Sin embargo, el principal problema es que este millón y
medio de especies descritas en realidad constituye un pequeño porcentaje de las que
realmente existen. Continuamente se están descubriendo nuevas especies, especialmente
en grupos como los increíblemente diversos artrópodos (insectos, arácnidos y crustáceos), y
en otros grupos de difícil taxonomía (hongos, protozoos, gusanos, nemátodos, etc.). Como
dato, apuntar que entre 1978 y 1987 se describieron cada año unas 13.000 especies.

Pero no sólo se descubren especies nuevas. En 1977, en una inmersión del sumergible
"Alvin", se descubrieron unas surgencias hidrotermales en las profundidades del océano
Pacífico, donde se encontraba un ecosistema de características únicas. Efectivamente,
alrededor de las fumarolas de las surgencias se encontraron comunidades hasta entonces
desconocidas: gusanos tubícolas de 2 m de largo, almejas y mejillones abisales gigantes, y
muchas otras especies adaptadas a las condiciones de elevada presión y temperatura
imperantes en este peculiar ambiente. Desde entonces, se han encontrado en estos
ambientes al menos 16 familias de invertebrados desconocidos hasta la fecha. Estos
ecosistemas hidrotermales submarinos son, además, únicos por otra importante razón: su
fuente de energía no proviene del Sol, sino de la energía química proporcionada por la propia
surgencia hidrotermal y aprovechada por bacterias quimiosintéticas que cumplen el mismo
papel de los vegetales fotosintéticos en la superficie.

Partiendo de varias estimaciones y extrapolaciones, se ha llegado a la conclusión de que en


la Tierra debe haber entre 5 y 30 millones de especies. Tan amplio margen de maniobra se
justifica por ser diferentes los métodos que se aplican para estimar la biodiversidad total
planetaria y, evidentemente, por el poco conocimiento real del que se dispone. Por ejemplo,
los insectos son el grupo con mayor número de especies descritas (unas 750.000
aproximadamente), pero al mismo tiempo es uno de los más desconocidos.

Los microorganismos es otro de los casos que escapa a toda estimación fiable. Las
bacterias, por ejemplo, se identifican mediante una batería de cultivos en laboratorio y
caracterizaciones bioquímicas. Se han descrito en la actualidad unas 5.000 especies. La
utilización de las modernas técnicas de biología molecular ha permitido, no obstante,
descubrir que el número real de especies de bacterias es mucho mayor, ya que la mayor
parte de ellas son indetectables para la metodología microbiológica clásica.

En pocas palabras, quedan muchos más organismos por conocer que los que han sido
descritos hasta ahora. Y no sólo organismos microscópicos...

 
En 1997 se descubrió un mamífero nuevo para la ciencia en las selvas de
Vietnam, un pequeño ciervo que responde al nombre local de "Muntjac Troung
Son".

El término biodiversidad se inspiró fundamentalmente en la increíble diversidad biológica de


los bosques lluviosos tropicales, considerados precisamente los ecosistemas más ricos en
biodiversidad de la Tierra. De hecho, la preocupación por la pérdida de diversidad tiene su
origen en la misma época en la que se conoció el frenético ritmo de destrucción de estos
bosques. Si nos basamos en estimaciones de la riqueza de especies de estos bosques,
muchas de ellas muy especializadas y adaptadas a vivir en hábitat muy concretos, y en el
ritmo de destrucción de los mismos, los científicos piensan que se pueden estar extinguiendo
unas 17.000 especies por año. Se ha calculado que la mitad de las especies actuales
podrían extinguirse en los próximos cien años si continua el ritmo actual de destrucción de
los bosques tropicales.

Precisamente por la gran reserva de biodiversidad que son los bosques tropicales, siempre
se ha destacado en estos estudios la importancia de los ecosistemas terrestres, dejando de
lado a los ecosistemas marinos, aunque éstos últimos representen el 75% de la superficie
terrestre. No obstante, hay ecosistemas marinos de una riqueza comparable a la pluviselva
tropical, por ejemplo, los arrecifes de coral, que sólo se encuentran en las costas de mares
tropicales. A diferencia de lo que pasa en las selvas, donde todo está oculto a la vista, en el
arrecife de coral es relativamente fácil ver al menos parte de la riqueza de especies que
alberga: en un solo arrecife de coral australiano se pueden encontrar hasta unas 500
especies de peces, más que en todo el mar Mediterráneo.
Los arrecifes de coral están muy ligados a otros dos ecosistemas costeros tropicales: las
praderas de fanerógamas o pastos marinos y los bosques de mangle o manglares, donde
viven las fases juveniles de los organismos que al crecer poblarán el arrecife. Al igual que los
bosques tropicales, todos estos ecosistemas están siendo gravemente afectados por
alteraciones en las zonas costeras, operaciones pesqueras, contaminación y turismo masivo.
Si bien es cierto que en el mar no hay constancia de que se produzcan extinciones al mismo
ritmo que en los ecosistemas terrestres, ya se empiezan a observar indicios peligrosos (como
los blanqueamientos y mortalidades masivos de corales, por ejemplo), que podrían tener, por
las características del medio marino, un alcance mucho más global que los casos terrestres.

Figura 1.3: Manglar de Florida. Estos bosques costeros son el soporte de vida para multitud
de organismos, tanto marinos como terrestres.

Las principales causas de la pérdida mundial de biodiversidad son, básicamente:

- la destrucción de los ecosistemas, tanto terrestres como marinos, especialmente en los


trópicos;

- la introducción de especies exóticas en ecosistemas que no les son propios, en un ejemplo


de mala gestión de poblaciones salvajes, que pueden desplazar y llegar a eliminar a
especies autóctonas; y,

- la contaminación del medio, que puede afectar tanto a escala local como planetaria.

Las razones últimas de todos estos factores son, básicamente, humanas. Según la
UNESCO, se explican por: un uso incorrecto de los recursos, una visión excesivamente
utilitarista del mundo, el fenómeno del colonialismo, la mala planificación y gestión
económica y política, así como la pobreza endémica y el incremento incontrolado de la
población en aquellas áreas donde existe una biodiversidad más rica, precisamente en la
mayoría de los países del tercer mundo.

1.4. Poblaciones de animales salvajes


 

Los animales salvajes son un recurso muy importante en muchas zonas del mundo, por
algunos de los siguientes motivos:

- Valor alimenticio. La caza y la pesca son actividades importantes todavía para la


alimentación de muchos seres humanos.

- Valor como atracción turística. Sólo hay que pensar en los safaris fotográficos en los
parques nacionales de Kenya y Tanzania.

- Valor ecológico. Muchos ecosistemas dependen del control de los animales que en ellos
viven, como los elefantes africanos en la sabana.

- Valor económico, por los productos que de ellos se obtienen: pelos, pieles y cueros
valiosos, grasa, aceites, marfil, productos médicos, etc.

La gestión de las poblaciones de fauna salvaje es la aplicación de los conocimientos


ecológicos a las poblaciones de animales salvajes, así como a las plantas y animales con los
que estén relacionados, de forma que se consiga un equilibrio entre las necesidades de
estas poblaciones y las necesidades de la gente. Hasta prácticamente los años 70, el manejo
de fauna se consideraba aplicado exclusivamente a las especies de aves y mamíferos objeto
de explotación cinegética. Aunque éste sigue siendo un objetivo importante todavía hoy en
día de la gestión de la fauna salvaje, los horizontes de esta disciplina se han ampliado de
forma importante hacia especies que nada tienen que ver con la caza o la pesca:
conservación de especies en peligro, problemas ecológicos por introducción de especies
exóticas, etc.

¿Qué se hace concretamente para gestionar poblaciones salvajes de animales? El objetivo


es buscar la solución a un problema, generalmente de importancia local, que afecta a una
población de animales determinada. Para ello, el gestor ha de explorar primero la literatura
científica, tratando de buscar casos similares que puedan sugerir una aproximación a la
resolución del problema. Posteriormente, a través de estudios de campo y, a menudo, a
través de análisis de laboratorio, ha de determinar las causas del problema. Finalmente, hay
que indicar las medidas necesarias a aplicar para solucionar el problema en cuestión.

Para trabajar con poblaciones de animales salvajes son necesarios unos ciertos
conocimientos sobre la ecología, la dinámica de estas poblaciones. Los atributos básicos de
las poblaciones son la densidad, la relación de sexos, la estructura de edades, la natalidad,
la mortalidad, la inmigración y la emigración. El crecimiento teórico de la población, y la
influencia de la capacidad de carga del sistema (K= es el número máximo de individuos de la
población que el ambiente puede sostener) se ilustran en base a la conocida como "ecuación
logística" del crecimiento, que aparece gráficamente en la figura 1.4.

 
Figura 1.4: Crecimiento de una población con un número máximo de individuos que puede
sostener el ambiente.

En general, se considera que los factores que limitan las poblaciones en el centro de la
distribución geográfica de una especie dependen generalmente de la densidad de la
población, mientras que las poblaciones que se encuentran en la periferia del rango de
distribución de la especie están frecuentemente controladas por factores independientes de
la densidad de población (como los factores ambientales: el clima, etc.).

En la práctica, los gestores de fauna salvaje deben tratar de buscar las razones de
desequilibrios en tasas de nacimiento, tasas de mortalidad, inmigración y emigración. Las
razones de tales desequilibrios suelen encontrarse en lo adecuado o inadecuado de la
alimentación y el refugio en el ambiente y cómo estos dos aspectos interactúan con los
nacimientos, muertes, inmigraciones y emigraciones. La información sobre la natalidad suele
ser más fácilmente asequible y más directa que sobre la mortalidad. Para estudiar la
mortalidad en la población, se acostumbran a usar tablas de vida, que estudian la demografía
de la población y ayudan a localizar las clases de edad más afectadas por esta mortalidad.
Conociendo estos parámetros poblacionales, se pueden descubrir las causas de problemas
que pueden aparecer en los animales que se pretenden gestionar.

1.5. Especies amenazadas

La historia de la Tierra recoge varios episodios de extinciones masivas, seguidas de


períodos de especiación rápida y de cambios. Este dato demuestra que la biosfera es capaz
de recuperarse de grandes catástrofes mediante los procesos evolutivos naturales.

Aquí se enuncian las más importantes1:

- La primera extinción se produjo en el período Ordovícico, hace unos 420 millones de años y
redujo en un 12% las especies marinas, especialmente formas planctónicas y grupos de
corales formadores de arrecifes.
- La segunda extinción sucedió en el Devónico, hace unos 370 millones de años, y provocó la
extinción de los placodernos (animales parecidos a peces acorazados) y hasta un 70% de
organismos como moluscos gasterópodos, equinodermos, cefalópodos ammonoides (un
grupo de calamares con concha) y corales.

- La tercera, la más drástica, se produjo en el Pérmico, hace 225 millones de años, y


extinguió entre el 77 y el 96% de los animales marinos; aquí, entre otros, desaparecieron los
trilobites.

- En la cuarta, en el Triásico, hace 200 millones de años, se extinguieron el 70% de los


organismos marinos, y resultó particularmente dramática entre los foraminíferos,
braquiópodos, bivalvos, gasterópodos y cefalópodos ammonoides.

- La última, que es la más famosa actualmente, fue en el Cretácico, hace 65 millones de


años, y en ella desaparecieron, además de los dinosaurios, numerosos organismos marinos,
como los cefalópodos ammonoides.

 
Figura 1.5: Clasificación de la escala cronoestatrigráfica. Las 4 eras se subdividen en
diferentes períodos de tiempo. Zoico indica animal, Paleo indica antiguo, Meso indica medio
y Ceno indica conocido.

La extinción de especies es, tal y como se puede observar, un hecho absolutamente natural,
así como uno de los principales factores de la evolución. El problema es que el ritmo actual
de extinción de especies es unas mil veces superior al "normal" de los procesos naturales.

Ya desde los tiempos del Pleistoceno, hace entre 11.000 y 1.500 años, se piensa que la caza
practicada por los hombres primitivos tuvo una gran importancia en las extinciones de
grandes mamíferos como los mamuts y mastodontes, los tigres dientes de sable o los
perezosos terrestres gigantes sudamericanos.

Desde el siglo XVII hasta la actualidad se ha registrado formalmente la extinción de cerca de


500 especies animales y unas 600 de plantas. Es lo que ha ocurrido en tiempos históricos o
recientes con la mayoría de lémures de Madagascar, de aves ápteras terrestres, como el
dodo de Mauricio o los moas gigantes de Nueva Zelanda, con el uro europeo, la vaca marina
de Steller, el cuaga africano o el lobo marsupial australiano, entre otros. Por no hablar de las
que se están extinguiendo sin haberse conocido siquiera...

Figura 1.6: El último ejemplar de Dodo murió en el año 1680. Su extinción fue debida a su
caza por parte de los marineros europeos que llegaron a isla Mauricio, en el oceáno Índico, y
los utilizaron como comida.
Fuente: Bergquist (1994).

Las principales causas de la extinción reciente de especies animales se pueden enumerar


de la siguiente manera:

1. Destrucción del hábitat. Especialmente en el caso de destrucción de los bosques, sobre


todo tropicales. También hay que destacar como responsables de la desaparición de
especies a la contaminación de las aguas, la erosión de los suelos, las malas prácticas
agrícolas y la eliminación de zonas húmedas.

2. Introducción de especies agresivas. Como ejemplo se tiene la introducción de la


mangosta asiática (Herpestes auropunctatus), que se realizó para exterminar las serpientes
venenosas sudamericanas del género Bothrops. El problema surgió cuando las mangostas
depredaron otras presas más fáciles de cazar que las serpientes, como las aves y mamíferos
de las Antillas.
Figura 1.7: La serpiente Bothrops atrox es temida por su agresividad por lo que se ha
intentado controlar su población (con más o menos éxito) con la introducción de
depredadores como la mangosta.
Fuente: http://www.gherp.com/kingsnake/scientific/venomous/

3. Introducción de enfermedades. Por ejemplo, la introducción accidental de mosquitos


portadores de enfermedades fue la causa principal de la extinción de las avifaunas propias
del Pacífico.

4. Introducción de animales ligados al hombre. Esta causa es, de hecho, un caso


particular de la introducción de especies agresivas. Se refiere a la introducción de perros,
gatos, ratones, zorros, cabras, etc., así como de animales de cultivo: ranas, peces,
crustáceos, etc. Estas introducciones han sido particularmente desastrosas en las avifaunas
insulares y en la fauna australiana. Un ejemplo curioso es el que ocurrió en 1984 en la isla
Stephen (Nueva Zelanda): el gato del guardián del faro acabó con la totalidad de la población
del acantisita endémico (Xeniscus lyalli).

5. Exterminio directo por caza. Un ejemplo de este exterminio es el de la vaca marina de


Steller (Hydrodamalis stelleri), un manatí gigante del Ártico, sólo 27 años después de su
descubrimiento.

6. Procesos naturales donde no interviene el hombre directamente. Existen factores


ajenos al hombre que hay que considerar en el manejo de especies en peligro de extinción:
disponibilidad de alimento, depredación, competencia, escasez de insectos polinizadores,
enfermedades, excesivo aislamiento de los individuos, etc. Por ejemplo, la rata gigante de los
arrozales (Megalomys desmarestii), propia de la isla de Martinica, es un ejemplo de esta
extinción, después de que la explosión del volcán Mont Pelée acabase con las exiguas
poblaciones de esta especie.

El tráfico ilegal de animales y plantas

Actualmente, el comercio internacional de flora y fauna es un gran negocio a escala mundial


que produce entre 5.000 y 8.000 millones de dólares anuales, un tercio de los cuales está
aún representado por el tráfico ilegal. Tan importante volumen económico del comercio ilegal
sólo es superado por el contrabando de drogas y de armas. Los mercados más importantes
son los de EEUU, Japón y Europa, mientras que las regiones suministradoras son todos los
países subdesarrollados de las áreas tropicales del globo.

En un solo año se venden al menos 50.000 primates vivos, 4 millones de pájaros vivos, 10
millones de pieles de reptiles, 15 millones de otras pieles, 350 millones de peces tropicales
(que son un pequeño porcentaje de todos los que se capturan, ya que la mayoría mueren en
el proceso de transporte) y 1 millón de orquídeas, entre otros. Es un hecho evidente y
aceptado internacionalmente que el tráfico de fauna y flora constituye uno de los peores
peligros que corren las poblaciones de muchas especies del planeta. Se calcula que unas
622 especies de animales y plantas de todo el mundo se encuentran a punto de la extinción
como resultado de este comercio; y 2.300 especies de animales y 24.000 especies de
plantas más se encuentran en peligro por idéntico motivo. Los rinocerontes son un ejemplo
emblemático de ello. En 1970 había en el mundo más de 70.000 rinocerontes, mientras que
actualmente sólo quedan unos 9.500. La extinción del rinoceronte por el comercio de su
cuerno (se pagan más de 12.000 dólares por dagas con el mango hecho de cuerno de
rinoceronte africano) todavía no es segura, pero si todo sigue como hasta ahora pronto será
un hecho.

Para tratar de controlar este comercio, en 1973 se firmó en Washington un acuerdo


internacional entre estados conocido como CITES (Convention of International Trade in
Endangered Species of Wild Fauna and Flora). El CITES determina las especies con las que
no se puede comerciar por la grave situación en que se encuentran (apéndice I CITES), las
especies con las que se puede comerciar bajo control científico (apéndice II) y las especies
con restricciones en algunas áreas geográficas. El convenio CITES establece un régimen
jurídico general, y corresponde a los países signatarios, España entre ellos, adoptar las
legislaciones apropiadas para su cumplimiento.

Es importante el eco mediático que han recibido algunos llamamientos ecologistas para la
conservación de determinadas especies emblemáticas como las ballenas, los rinocerontes o
los tigres siberianos. Sin embargo, también hay muchas otras especies actualmente
amenazadas de extinción o que desaparecen entre la indiferencia colectiva, despreciados
ante especies más populares. Entre ellos están los peces de aguas continentales,
especialmente los de los países tropicales, muy diversificados y con hábitats generalmente
limitados, lo que les hace ser particularmente vulnerables a los impactos climáticos y
antrópicos.

Un reciente estudio realizado en Malaysia indica que casi la mitad de las 266 especies de
peces conocidas en este país han desaparecido. En la isla de Singapur, 18 de las 53
especies censadas en 1934 no han podido ser encontradas, pese a investigaciones muy
meticulosas. En EEUU, casi las dos terceras partes de las especies originarias de California
están extinguidas, en peligro, o en declive, y se estima que un tercio aproximado de las
especies norteamericanas han desaparecido o están en peligro de extinción. También han
desaparecido todas las especies indígenas del valle de México.

 
A pesar de la situación bastante dramática de muchos ecosistemas acuáticos,
se han puesto en marcha muy pocos programas para salvaguardar la
diversidad de las aguas continentales.

 
1
 Se ha utilizado habitualmente la fauna marina como indicador, porque es en los sedimentos
marinos donde se acostumbran a conservar mejor los restos fósiles.

1.5.1. Protección de especies amenazadas

En función de las directrices marcadas por varias instituciones internacionales,


principalmente la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los
Recursos Naturales (UICN), las especies amenazadas se clasifican en cuatro categorías 1:

- En peligro de extinción: engloba aquellas especies cuya supervivencia es poco probable


si los factores causales de su actual situación siguen actuando.

- Sensibles a la alteración de su hábitat: incluye aquellas especies cuyo hábitat está


particularmente amenazado, en grave regresión, fraccionado o muy limitado.

- Vulnerables: referida a aquellas especies que corren riesgo de pasar a alguna de las dos
categorías anteriores a corto plazo, si los factores adversos que actúan sobre ellas no son
corregidos.

- De interés especial: se refiere a aquellas especies que, sin estar contempladas en ninguna
de las categorías precedentes, son merecedoras de una atención particular en función de su
valor científico, ecológico, cultural o por su singularidad.

La UICN ha ido publicando desde 1975 las listas rojas de especies amenazadas. Este
Catálogo es una lista abierta, por lo que permite la inclusión y salida de más especies, pero
se considera como incompleta por no incluir invertebrados, ni talófitas, ni especies sensibles
a la alteración del hábitat.2

Ejemplos de especies de animales en peligro de extinción en España

Como ejemplos, entre las especies animales en peligro de extinción hay dos cetáceos (la
ballena vasca, Eubalaena glacialis, con 200 individuos en todo el mundo, y la ballena
azul, Balaenoptera musculus, de la que quedan 7.500 individuos en el planeta), que todavía
son periódicamente capturados por buques balleneros; el oso pardo (Ursus arctos
pyrenaicus, con 80 individuos censados), el águila imperial (Aquila adalberti, 200 individuos),
el bucardo o cabra montés de los Pirineos (Capra pyrenaica, 30 individuos), el águila
pescadora (Pandion heliaetus, 30 individuos), el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus, 70
individuos), el búho real (Bubo bubo), la cigüeña negra (Ciconia nigra), la gaviota picofina
(Larus genei, con 100 ejemplares), la focha cornuda (Fulica cristata, con sólo 50 ejemplares)
y el camaleón (Chamaleo chamaleo, con sólo 2.000 individuos). El último ejemplar de foca
monje mediterránea (Monachus monachus) (de nombre Peluso) que habitaba en el litoral
español, en las islas Chafarinas, murió hace años.

El número de especies en peligro es mucho más elevado si se añaden los peces, por
ejemplo el fartet (Aphanius iberus), el samaruc (Valencia hispanica) o el mítico esturión
(Acipenser sturio), insectos, como la bellísima mariposa isabelina (Graellsia isabellae) de
nuestros pinares, moluscos, como las náyades (Margaritifera auricularia) de los ríos o
numerosas especies de plantas.

Figura 1.8: La ballena azul, el oso pardo, la cigüeña negra y el camaleón son especies
amenazadas.
Fuente: Blanco & González (1992).

La legislación de algunos países establece que las especies incluidas en las categorías de
"en peligro de extinción" y "sensibles a la alteración de su hábitat" no pueden ser poseídas,
vendidas, transportadas, importadas ni exportadas. Si se trata de especies animales
(incluidos sus huevos, crías, larvas o cualquier otra fase de su ciclo biológico) se prohibe
cualquier acción que implique su muerte o su captura, también se prohibe perseguirlos,
molestarlos, destruir sus viviendas, nidos o áreas de reproducción, invernación o reposo. En
el caso de las plantas se prohibe cualquier actuación no autorizada que implique su
destrucción, mutilación, corte o arranque, incluyendo la recolección de sus semillas, polen o
esporas.

Los planes que se pueden adoptar, en función del caso que se trate, son los siguientes:

- Planes de recuperación: se adoptan cuando se intenta proteger a una especie que se


incluye en la categoría de "en peligro de extinción".
- Planes de conservación del hábitat: se destinan a proteger a las especies "sensibles a la
alteración de su hábitat".

- Planes de conservación: se realizan para proteger a la categoría de especies "vulnerables".

- Planes de manejo: se adoptan para proteger las especies "de interés especial".

 
1
 Real Decreto 439/1990, de 30 de marzo por el que se regula el catálogo nacional de
especies amenazadas (BOE núm. 82 de 05-04-1990).
2
 En algunos países, las normativas autonómicas han venido a completar la legislación. Tal
es el caso de Cataluña (España) donde, aunque no se trata de un Catálogo, se complementa
la lista con una serie de especies animales (vertebrados e invertebrados) y vegetales que
quedan protegidas o reguladas, generalmente a nivel general o dentro del espacio natural
donde vive, e incluso, a un nivel más concreto.

1.5.1.1. Posibles actuaciones para proteger especies amenazadas

Los planes de actuación de especies amenazadas son instrumentos que han de servir para
resolver problemas. Se pueden adoptar dos tipos de medidas:

a) Medidas "ex situ": es la medida más fácil, rápida y económica para frenar la regresión y
asegurar la continuidad de una especie, aunque muchas veces sea complicada de llevar a
cabo por desconocimiento de la biología de la especie u otras razones. Se basa en conseguir
que la especie amenazada se reproduzca en jardines botánicos o núcleos zoológicos y
mantener los propágulos en bancos genéticos.

b) Medidas "in situ": una vez identificados los factores que influyen sobre la especie
amenazada, se dividen en favorables y desfavorables. Dentro de cada tipo se distinguen los
factores que influyen sobre el hábitat y los factores que influyen sobre la especie. El manejo
incluye:

- Actuar sobre los factores que afectan a la reproducción de la especie:

- Si se trata de animales: colocar nidos, islas con refugios, eliminar plagas, etc.

- Si se trata de vegetales: eliminar parásitos, introducir polinización artificial, eliminar plagas,


etc.

- Eliminar los factores adversos atribuibles al hombre.

- Crear espacios naturales protegidos, si es conveniente, para coordinar mejor las acciones
de protección.
- Aumentar la capacidad de carga del hábitat: inclusión de comederos, bebederos, aumento
del aporte de nutrientes, etc.

- Si la especie a proteger es un ave se puede crear una zona de especial protección para las
aves (ZEPA), instrumento previsto en la Directiva del Consejo 79/409/CEE, de 2 de abril,
relativa a la conservación de las aves silvestres. La Unión Europea contempla ayudas de
actividades de protección de las aves.

A la hora de gestionar las poblaciones de especies en peligro, hay que tener en cuenta que
la excesiva sobreprotección de algunas especies respecto a sus depredadores naturales,
como sucedió con poblaciones de ciervos en los EE.UU, puede causar su propia destrucción
como consecuencia de un crecimiento incontrolado de la población, que lleva a la
sobreexplotación de la vegetación que les sirve de alimento y a la consiguiente hambruna y
daño para los animales protegidos.

Los intentos de controlar los animales depredadores, cuando éstos mismos no se encuentran
legalmente protegidos, mediante el pago de recompensas por pieza cazada se han mostrado
generalmente inefectivos, a lo que hay que añadir los numerosos fraudes que se cometen.

Asimismo, el envenenamiento de depredadores ha demostrado también resultados inciertos


sobre los animales que se pretendía controlar, pero su uso indiscriminado ha acabado con
numerosos ejemplares de otras especies a las que no interesaba matar.

 
Hay que tener mucha prudencia y un buen conocimiento de la situación a la
hora de aplicar medidas para la protección de una determinada especie.

1.5.2. Algunos éxitos en la protección de especies amenazadas

A pesar de la tendencia negativa general de la situación de especies amenazadas, es


conveniente reconocer que se han logrado algunos éxitos en la protección de algunas
especies, cuyas poblaciones habían llegado a encontrarse en peligro de extinción.

Un ejemplo claro es el de la nutria marina (Enhydra lutris), un mustélido marino que había


sido muy abundante en las costas americana y asiática del Pacífico norte. Se ha
popularizado su imagen flotando panza arriba en el mar, rodeada de algas, y comiendo
erizos de mar. A mediados de este siglo, la nutria marina estaba en peligro de extinción
debido a la intensa caza de que había sido objeto durante casi 2 siglos a causa de su
apreciada piel. Desde entonces fue legalmente protegida en algunos países, lo que ha
permitido su recuperación al menos en las costas norteamericanas.

Al mismo tiempo, se han recuperado los bosques de grandes algas laminariales que
existieron en esas costas. Estas algas eran explotadas por el hombre para obtener agar
(producto de amplio uso en la industria alimentaria) y habían desaparecido prácticamente al
mismo tiempo que la nutria, con las consiguientes pérdidas económicas. Este doble efecto se
debe a que las nutrias controlan naturalmente las poblaciones de erizos y orejas de mar, que
son herbívoros comedores de algas. Al desaparecer prácticamente las nutrias, los erizos y
orejas de mar se multiplicaron sin freno, destruyendo los inmensos bosques de algas de la
zona.

Hoy, con la recuperación de las nutrias se ha vuelto al equilibrio ancestral, lo que significa un
beneficio económico para las poblaciones humanas de estas costas: la explotación industrial
del agar y el atractivo turístico de la presencia de la nutria.

Otros éxitos en la protección de animales en peligro han sido las recuperaciones del pato de
la madera (Aix sponsa), el pavo salvaje (Meleagris gallopavo) y el ciervo de cola blanca o de
Virginia (Odocoileus virginianus) en el este de Norteamérica; el ciervo gigante (Cervus
elaphus canadensis), el berrendo (Antilocapra americana) y el bisonte americano (Bison
bison) en el oeste de Norteamérica; y el bisonte europeo (Bison bonasus) y la saiga (Saiga
tatarica, ver tabla siguiente) en Eurasia.

Existe una serie de elementos comunes en el éxito en la gestión de animales salvajes


amenazados: el conocimiento biológico de la capacidad reproductiva de la especie, el
reconocimiento de sus necesidades de hábitat, la identificación de la causa ecológica de los
problemas existentes y el procedimiento del manejo a seguir.

El apoyo de la opinión pública en las regulaciones biológicas a aplicar en cada caso es


esencial para asegurar la recuperación de las especies salvajes. Un bonito caso es el de la
mariposa más grande del mundo: la "alas de pájaro de la reina Alejandra", u Ornithoptera
alexandrae, de Papúa Nueva Guinea. Es una mariposa que puede alcanzar una envergadura
de 25 cm, y que antiguamente era cazada con arcos y fusiles por los exploradores. Hoy, los
habitantes de la zona se encargan de su conservación, ya que se ha convertido en una
fuente de ingresos: se venden a coleccionistas, naturalistas, científicos y artistas de todo el
mundo. De esta manera, los indígenas son los primeros interesados en conservar y proteger
la mariposa y las condiciones naturales en las que ésta vive.

La recuperación de la saiga

La saiga (Saiga tatarica) es el único antílope europeo. Se distribuye por las vastas estepas
que se extienden desde la costa norte del mar Caspio hasta el mismo corazón ruso del Asia
central. En la actualidad, la saiga es el ungulado salvaje de la estepa con mayor éxito
ecológico. Es el más abundante, por ser el que mejor tolera la escasez de alimento y el frío
clima de la estepa. Pero no siempre ha sido así.

Ya a comienzos del siglo XX, las poblaciones de saigas en Rusia estaban muy lejos de ser
las que protagonizaron las leyendas de mongoles y kirguises. En 1930 apenas sobrevivían
unos cientos de ejemplares dispersos en enclaves muy localizados, aislados entre sí por las
extensas estepas rusas. Entre los factores que ocasionaron este descenso de la población
se incluyen los terribles inviernos de los años 20, la abundancia de depredadores (lobos) y la
caza furtiva. Pero fue precisamente a partir de la misma década de los años 30, cuando se
observó un incremento del número de individuos en un grado espectacular y sorprendente
para los científicos de la época. El resultado fue que en 1945 las poblaciones de saigas en
Kazakhastan crecieron hasta niveles similares a las de mediados del siglo XIX. Su área de
distribución y el número de ejemplares de sus rebaños han ido creciendo desde entonces en
forma continua.

La espectacular recuperación de este antílope se justifica, principalmente, por su capacidad


para tolerar circunstancias adversas y por la propia biología del animal, sobre todo por su
gran fecundidad y en la precocidad sexual de las hembras, que inician la reproducción a
partir de los 7 u 8 meses de vida.

En estos momentos, la saiga se considera como el mamífero salvaje de gran tamaño más
abundante en toda esta inmensa área que fue de la antigua Unión Soviética. El número de
antílopes era de unos 2 millones de cabezas en la década de los 70, distribuidos en un
territorio de 2,5 millones de km 2 de estepas y subdesiertos. Las autoridades soviéticas de esa
época autorizaron su caza regulada, con lo que se mataron entre 200.000 y 300.000
ejemplares al año; a pesar de esta caza las poblaciones se han mantenido e incluso han
crecido. La conclusión es que una buena política proteccionista sobre especies en peligro
puede producir notables beneficios económicos y sociales en períodos relativamente cortos
de tiempo. La saiga es el herbívoro con mayor eficiencia en la transformación de las plantas
herbáceas de la estepa en carne animal, siendo incluso esta eficiencia mayor que la del
ganado doméstico. Algunos expertos han llegado a proponer que el rendimiento que ofrece
la saiga en la estepa salvaje es mayor, proporcionalmente, al obtenido por la agricultura en la
estepa cultivada.

Figura 1.9: La saiga es un ejemplo de éxito de protección de especie amenazada.

1.6. Problemática de la introducción de especies animales

Se definen tres tipos posibles de introducción de animales en un ecosistema:

1. Introducción (propiamente dicha): es la liberación intencionada de individuos de una


especie, en una área de la cual no es indígena, con la intención de establecer una población
viable y autosuficiente. Consiste en repoblar una zona con una especie ajena, con el objetivo,
generalmente, de incrementar la densidad de especies cinegéticas o pesqueras o para
aumentar la diversidad y cantidad de poblaciones.

2. Reintroducción: es la técnica que pretende establecer una especie en una área que
antiguamente formaba parte de su área de distribución, pero en la que actualmente se
encuentra extinguida. Se trata de retornar especies a sus antiguos dominios poblacionales,
de donde normalmente han sido desplazadas como consecuencia de la actividad humana.

3. Repoblación-refuerzo: es la liberación, por parte del hombre, de nuevos individuos de


una especie o subespecie en una zona en la que todavía existen individuos similares.
Normalmente, se repueblan especies autóctonas con el objeto de aumentar su cantidad,
conservarla o mejorar su aprovechamiento.

 
Las introducciones acostumbran a ser el resultado de la mala gestión y
sobreexplotación de las especies.
1.6.1. Introducción de especies animales

Tradicionalmente, la introducción de especies animales ha presentado más aspectos


negativos que positivos.

a) Aspectos negativos

- Si las circunstancias lo permiten, facilitan una rápida dispersión o crecimiento y pueden


volverse incontrolables, lo que podría alterar gravemente el equilibrio de la comunidades
naturales. También cabe la posibilidad de que se lleguen a plantear problemas muy graves.

- Los animales introducidos pueden desplazar especies o poblaciones de la fauna autóctona


de hábitats ocupadas por éstas.

- Se pueden introducir nuevas enfermedades infecciosas o parásitos que afecten tanto a las
poblaciones de animales autóctonas, domésticas e incluso al hombre.

- Las especies introducidas pueden causar serios daños a bosques y cultivos, pudiendo
llegar a convertirse en plagas.

- Algunas especies introducidas pueden cruzarse con la fauna autóctona, con la consecuente
aparición de individuos híbridos, disminuyendo la riqueza genética de ese territorio y la
biodiversidad.

- Si los recursos empleados en los programas de introducción de especies se destinasen a


mejorar y mantener los hábitats para la fauna autóctona, se obtendría un mejor resultado.
Vale la pena concentrar los esfuerzos en conservar y recuperar la fauna autóctona propia y
no en acelerar la tendencia a la uniformización que existe en el mundo.

b) Aspectos positivos

- Las especies no indígenas pueden aprovechar nichos ecológicos no ocupados por ninguna
especie indígena. De hecho, se cree que algunos de los grandes herbívoros de África y Asia
podría vivir en ambientes semidesérticos españoles, como en la Depresión Central o en los
Monegros.

- La introducción de animales cinegéticos en fincas particulares puede incrementar la


productividad de la caza.

- Las combinaciones acertadas de distintos herbívoros, pueden aumentar el grado de


aprovechamiento de los pastos.

- Si se dispone de suficiente espacio, algunas especies amenazadas de extinción en el resto


del mundo podrían ser introducidas y bien gestionadas para la caza, a la vez que se
garantiza su conservación.

- Las introducciones exitosas llevan consigo un aumento de la diversidad y variedad de


especies para observar, fotografiar, cazar, etc.

Aparte de las introducciones conscientes y deliberadas, también existen las introducciones


accidentales de animales domésticos, o bien de animales que escapan de colecciones
privadas. Tal puede ser el caso de un animal muy apreciado por los terrariófilos, la tortuga
acuática de Florida (Trachemys scripta), que puede alcanzar hasta medio metro de largo
cuando es adulta y que fue liberada en las aguas continentales españolas de forma
indiscriminada.

Las razones expuestas muestran algunos de los peligros y riesgos que conllevan las
introducciones. Hay ejemplos de los efectos negativos de las introducciones en todo el
mundo, como puede observarse en el cuadro adjunto sobre la historia del conejo en
Australia, por lo que cualquier introducción debería ir acompañada de un proyecto que
evaluase el impacto del animal a introducir sobre la población doméstica y autóctona y sobre
todo el ecosistema.

Es recomendable, en cualquier caso, mucha prudencia con la introducción de


especies exóticas.

Y los conejos invadieron australia


Uno de los casos más espectaculares de introducción de una especie en un ecosistema al
que era ajena sucedió en Australia, paraíso ecológico donde flora y fauna evolucionaron de
forma independiente a la del resto del mundo durante millones de años. Tras la llegada y
colonización de estas tierras por parte de colonos europeos, éstos llevaron consigo conejos
europeos (Oryctolagus cuniculus) con objeto de emular las cacerías de estos lagomorfos que
se realizaban en las verdes campiñas de la Gran Bretaña. El conejo fue introducido en tierras
australianas en 1859, donde experimentó, en menos de un siglo, un crecimiento demográfico
extraordinario, apoyado en la ausencia de depredadores y parásitos naturales, llegando a
alcanzar proporciones de auténtica plaga bíblica.

En la década de 1940 la población de conejos de Australia alcanzaba los 600 millones de


individuos. Los conejos arrasaron la vegetación, dejando los campos convertidos en
desiertos, inútiles para el pastoreo de los grandes rebaños de ovejas que constituyen la gran
riqueza de Australia. Llegaron a formar auténticas "mareas" vivientes de animales que
avanzaban arrasándolo todo a su paso, ante las que no había ingenio que resistiera.

Para tratar de acabar con ellos, se introdujo el zorro europeo (Vulpes vulpes) en Australia.
Pero resultó peor el remedio que la enfermedad: los zorros se dedicaron a atacar a los
pequeños mamíferos marsupiales endémicos de la isla continente, más fáciles de capturar
que los conejos, ya que no estaban adaptados a enfrentarse con un depredador como este,
mientras los conejos seguían multiplicándose.

Únicamente se consiguió frenar parcialmente la invasión de conejos con la introducción en


1950 de una enfermedad vírica, la mixomatosis, que diezmó la enorme población de estos
lagomorfos aunque no acabó con ella, ya que algunos grupos se hicieron resistentes.

El último intento para acabar con el conejo lo llevaron a cabo los científicos australianos en
1995, probando el calcivirus del conejo, pero lo único que han conseguido por el momento es
que el virus haya escapado al control de los investigadores, y se haya expandido a cientos
de kilómetros del lugar de origen.

Actualmente las pérdidas para la agricultura por causa del conejo superan los 50 millones de
dólares australianos anualmente. Tal ha sido el impacto del conejo sobre los australianos que
éstos han modificado la tradición británica del conejito de Pascua, de chocolate,
sustituyéndolo por el bilby de Pascua, un pequeño mamífero marsupial autóctono de
Australia, de nombre científico Macrotis lagotis, que casi resultó extinguido a raíz de la
enorme proliferación de conejos sufrida por estas tierras.

No obstante, la del conejo no ha sido la única introducción problemática de un organismo en


Australia: también ha habido plagas exóticas de chumberas (un tipo de cactus), dromedarios
africanos, gatos, ratas, jabalíes, búfalos acuáticos asiáticos...

 
Figura 1.10: El conejo europeo ha sido el protagonista del mayor desastre ecológico de
Australia.
Fuente: Blanco & González (1992).

En el medio acuático, las introducciones pueden ser tanto o más problemáticas que en el
medio terrestre, ya que la capacidad de expansión de estas especies suele ser mayor y, por
tanto, más difíciles de controlar.

Un ejemplo clásico es el de la introducción de la perca del Nilo (Lates niloticus) en el lago


Victoria, en África. Se trata de un gran pez depredador, que puede pesar más de 100 kg y
alcanzar más de 2 m de longitud, y que está muy extendido en las aguas continentales
africanas. Fue introducido a finales de los años 1950 en el lago Victoria, del que estaba
ausente, a fin de aumentar la producción piscícola. Las cerca de 300 especies de peces
cíclidos endémicos del lago, que hasta entonces habían evolucionado al abrigo de los
grandes depredadores, se convirtieron en presas fáciles para la perca. Se estima que
muchas de estas especies, que representaban un ejemplo único de radiación evolutiva
dentro de un mismo grupo zoológico, ya han desaparecido, ayudadas también por la
introducción de artes de pesca muy agresivos en el lago.

Finalmente, resultados de estudios limnológicos sobre la producción fitoplanctónica y la


concentración de oxígeno en el agua tienden a demostrar que todo el lago Victoria está en
vías de eutrofización, lo cual trae como consecuencia una desoxigenación más o menos
evidente de ciertos fondos, anteriormente ocupados por los cíclidos.

Ejemplos de introducción de especies animales en la península ibérica

En España se han catalogado 68 especies de peces en las aguas continentales. De éstas,


tan sólo 28 especies corresponden a especies estrictamente continentales, ya que hay
muchas de origen marino que entran en los ríos.

De las 28 especies, un total de 19 son endémicas de la península ibérica, es decir, que sólo
existen allí, y la mayor parte de ellas se distribuyen por una o muy pocas cuencas fluviales
limítrofes.
Como ejemplo negativo se tiene el de la bermejuela (Rutilus arcasii), uno de los más
interesantes casos de endemismo ibérico: se ha comprobado que ha desaparecido en
numerosos ríos de León y Zamora como resultado del impacto depredador del lucio (Esox
lucius) sobre ella, el cual fue introducido en España por decisión administrativa desde 1950.

Otro gran depredador introducido recientemente en la cuenca del Ebro es el siluro del
Danubio (Silurus glanis), enorme pez del que ya se han capturado ejemplares de cerca de 70
kg, y que también supone una seria amenaza para las especies autóctonas.

Un caso más de introducción con efectos indeseados en las aguas continentales ibéricas ha
sido el del cangrejo rojo americano (Procambarus calrkii), traído en sustitución del cangrejo
de río autóctono (Austropotamobius pallipes lusitanicus) gravemente afectado por una
epidemia, pero que se ha constituido en un azote para los cultivos de arroz de, por ejemplo,
la zona del delta del Ebro.

Figura 1.11: Ejemplar de lucio introducido en España de forma artificial.


Fuente: http://www.todopesca.com/siluro/introduc/introduc.htm

Finalmente mencionaremos un caso de especie acuática introducida que ha sido


considerado aparentemente positivo. Ha sucedido en el lago Nakuru (Kenya), donde una
especie de tilapia fue introducida en un medio salino desprovisto de peces autóctonos y se
ha adaptado bien al nuevo medio. Una importante colonia de aves piscívoras, como los
pelícanos, se ha instalado en el lago para alegría de ornitólogos y turistas. En este último
caso de introducción no se ha hablado de catástrofe ecológica, sino de todo lo contrario.

1.6.2. Reintroducción de especies animales

Hace algunos años se efectuó un estudio que apuntaba que en Europa se habían realizado
más de 130 proyectos de reintroducción en los últimos 25 años. Las conclusiones que se
podían extraer de este estudio eran:

- La mayor parte de las reintroducciones que se habían realizado en el pasado no se habían


efectuado de modo correcto.

- La mayoría de los resultados de las reintroducciones eran negativos.


- En la mayoría de los casos, no se podía predecir el resultado, sino que éste dependía del
azar.

- Para poder garantizar el éxito de las reintroducciones hay que organizarlas bien,
planificarlas al detalle, vigilar la ejecución y controlar su desarrollo.

Uno de los más recientes proyectos de reintroducción europeos ha sido el del oso pardo
(Ursus arctos) en el Pirineo, enmarcado en el Programa LIFE para la recuperación de la gran
fauna pirenaica, que además del oso promueve la reintroducción del quebrantahuesos
(Gypaetus barbatus). Este programa se inició en 1994, y está resultando una actuación muy
dificultosa y polémica. La introducción de tres ejemplares de oso pardo en la Val d'Aran, en el
Pirineo catalán, ha topado con la fuerte oposición de los habitantes de la zona, cosa que
podría acabar haciendo inviable una reintroducción como ésta, pese al apoyo económico de
la Unión Europea.

En junio de 1998 se cifraban en 200 el número de cabezas de ganado muertas por los tres
ejemplares de oso pardo introducidos en el Pirineo (Pyros, Giba y Melba).

Siempre se ha de tener en cuenta la opinión de las personas afectadas y, si es necesario,


realizar campañas informativas y de educación ambiental al respecto, prestando medidas
compensatorias en caso de que se produzcan perjuicios por la reintroducción (por ejemplo,
pagando el ganado muerto por los osos). En una situación como la actual, sería imposible
plantearse la reintroducción de un animal como el lobo, que antaño campaba también por
aquellos parajes pirenaicos.

En los EE.UU, en cambio, las reintroducciones han sido más generalizadas y han tenido más
éxito que en Europa. Por otra parte, normalmente han sido potenciadas por la población, lo
que ha contribuido a su éxito; a finales del siglo XIX, en EE.UU se extinguieron un gran
número de especies cinegéticas de su área de distribución, lo que sensibilizó a la población
sobre esta problemática. Este interés se tradujo en medidas concretas por parte de la
Administración para recuperar su patrimonio natural, recaudando impuestos directos e
indirectos con este fin, lo que hizo aumentar los recursos económicos y, con ellos, el éxito de
las reintroducciones.

1.6.2.1. Planificación de los proyectos de reintroducción

1. Plantear los objetivos: el objetivo principal de una reintroducción debe ser el


establecimiento de una población de una especie o subespecie que se había extinguido en
esa zona y cuyo desarrollo sea factible en condiciones de libertad y en su hábitat natural.
Otras metas a alcanzar son la supervivencia de una especie a largo plazo, conseguir que una
especie clave se reestablezca con éxito, incrementar la biodiversidad o cualquier
combinación de los anteriores objetivos.

2. Poseer un enfoque pluridisciplinar: dado que la reintroducción puede afectar a muchos


niveles, el equipo encargado de su planificación y ejecución debe ser pluridisciplinar. Este
equipo debería incluir representantes de la administración, grupos ecologistas, personal de
las universidades, zoológicos, jardines botánicos, patrocinadores, profesionales del tema,
etc. Estas personas y entidades deberían estar coordinadas entre sí y ver su trabajo
respaldado por una campaña informativa y una sensibilización de la población.

3. Definición del proyecto:

- Efectuar un estudio de viabilidad, evaluando el status taxonómico de los individuos a


reintroducir.

- Recopilación de datos: sobre la biología de las poblaciones salvajes que quedan por
determinar, los requerimientos de la especie a reintroducir, la composición de los grupos, los
territorios que ocupa, sus hábitats predilectos, su conducta social, sus necesidades de
alimento y refugio, su conducta alimenticia, sus depredadores, sus enfermedades, etc.

- Investigación de precedentes: en el caso de que existan experiencias de casos similares,


hay que estudiarlas para poder sacar conclusiones y aplicarlas al caso concreto que nos
ocupa.

- Escoger el lugar de la reintroducción.

- Identificar y eliminar las causas de la extinción: como las enfermedades, la contaminación,


las capturas, las relaciones de competición o depredación por parte de otras especies, la
pérdida del hábitat, una excesiva presión cinegética, etc. Estas acciones se encaminan a
extender la protección de la población a largo plazo.

- Realizar estudios socio-económicos y concretar los aspectos legales de la reintroducción: el


estudio económico debe reflejar los costes y beneficios para la población local de la
reintroducción, mientras que las gestiones legales son imprescindibles para poder efectuar el
proyecto.

1.6.3. Repoblación de especies animales

La causa que provoca que se deban efectuar repoblaciones suele ser una sobreexplotación
cinegética y pesquera de las poblaciones de animales. Las políticas de administración de los
recursos que no vienen precedidas de un buen estudio biológico, ecológico y genético
potencian esta situación.

Por otro lado, no hay que plantear las repoblaciones como un aporte masivo de ejemplares
de una especie para poder conseguir un número de individuos cuanto más grande mejor, ya
que repoblar de forma descontrolada puede implicar una pérdida total o parcial del patrimonio
genético de muchas especies de animales.

Un ejemplo claro de este problema se encuentra en las bien conocidas poblaciones de trucha
(Salmo trutta) peninsulares. Su situación es la siguiente: el conjunto de las poblaciones de
esta especie hacen que se pueda catalogar como "No Amenazada", ya que es todavía
abundante en muchos ríos y no está sujeta a amenazas que afecten a la especie como tal.

Sin embargo, en su estado natural presenta dos componentes perfectamente diferenciados


por sus caracteres migratorios, que en términos filogenéticos pueden dar lugar a dos grupos
evolutivamente diferenciados:

- Uno de ellos es continental y sus poblaciones viven bloqueadas en las zonas altas de los
ríos, aisladas en muchos casos por barreras ecológicas infranqueables, por lo que cierran
sus ciclos biológicos sin salir de estos ríos, realizando solamente pequeñas migraciones
reproductivas aguas arriba.

- El otro componente, conocido en términos culturales como "reo", tiene un carácter


definitivamente migratorio, y cierra su ciclo con bajadas periódicas al mar.

Pues bien, el primer componente, sujeto a hiperexplotación prácticamente sin límite, se ha


visto repoblado a lo largo de medio siglo por individuos de procedencias diversas, resultando
en cruces genéticos indeseables; de manera tal que hoy, después de serias investigaciones
científicas, resulta prácticamente imposible reconocer poblaciones que mantengan su "pool"
genético intacto. Evidentemente, si sólo consideráramos el estado de conservación de este
componente, se la habría de incluir en las categorías de vulnerabilidad o en peligro.

Figura 1.12: Trucha común (salmo trutta).


Fuente: http://jordimoya.galeon.com/trucha.html

Esta situación es muy similar a la del mítico salmón (Salmo salar), si bien parece que, en
este caso, la escasa eficacia de las repoblaciones realizadas en los últimos 30 años hacen
suponer una inferior contaminación genética de nuestras poblaciones.

1.7. Control de animales problemáticos

1.7.1. Vectores de enfermedades

 
Otro tipo de medidas de gestión son las que se han de llevar a cabo con animales que, de
forma natural, son vectores de enfermedades que atacan tanto a los seres humanos como a
los animales domésticos.

El paludismo es una grave enfermedad infecciosa que afecta cada año a más de 200
millones de personas. Se trata de la enfermedad más importante y extendida, ya que es
endémica en toda el área tropical del globo. Los agentes causantes de la malaria o
paludismo son un grupo de protozoos del género Plasmodium, que pueden provocar desde
ataques recurrentes de fiebre hasta la muerte del enfermo, y se transmiten mediante
picaduras de mosquitos del género Anopheles.

Otro tanto sucede con el dengue, enfermedad vírica tropical que también se transmite por
picadas de mosquitos, esta vez del género Aedes, especialmente el Aedes aegypti.

Con la intención de erradicar estas enfermedades, las autoridades sanitarias mundiales


(fundamentalmente la O.M.S.) han llevado a cabo grandes planes destinados a reducir las
poblaciones de mosquitos, tratando de eliminar el vector de transmisión de la enfermedad:
desecación de zonas inundadas en Africa, para evitar la reproducción de los mosquitos;
introducción de depredadores de larvas de mosquitos; uso indiscriminado de insecticidas,
etc., pero ninguno de ellos ha dado resultados satisfactorios.

Se pueden citar numerosos ejemplos adicionales de graves e importantes enfermedades


propagadas a través de animales, cuyas poblaciones se han tratado de controlar,
generalmente sin éxito. La esquistosomiasis es una enfermedad provocada por un gusano
parásito, del género Schistosoma, que tiene un ciclo de vida complejo: necesita un huésped
intermediario, esto es, ha de parasitar a otro animal antes de poder atacar a un ser humano.
Los huéspedes de estos esquistosomas son caracoles de agua dulce pertenecientes a los
géneros Bulinus, Biomphalaria y Oncomelania, lo que hace que la esquistosomiasis sea un
grave problema de salud pública especialmente en las proximidades de ríos, lagos y zonas
de riego. Los intentos de control de la poblaciones de estos caracoles no sólo no han tenido
éxito, sino que la construcción de grandes infraestructuras hidráulicas en diferentes puntos
de África (presas de Assuan en el Nilo, Akosombo en el Volta, o Kariba en el Zambeze) ha
hecho que el número de casos aumente de forma alarmante.

Otro ejemplo es la tripanosomiasis, causada por protozoos del género Trypanosoma, que en


su versión africana (enfermedad del sueño) es transmitida por la mosca tse-tse
(género Glossina), mientras la americana (enfermedad de Chagas), la transmite un grupo de
chinches hematófagos, entre los que destacan los del género Triatoma.

 
Figura 1.13: El protozoo Trypanosoma gambiense, transmitido por la mosca tsé-tsé, produce
en el hombre la enfermedad del sueño.
Fuente: http://www.guh.cz/edu/bi/biologie_bezobratli/html01/foto_001.html

Algunas enfermedades de aparición relativamente reciente, como son algunas fiebres


hemorrágicas provocadas por diferentes virus tienen sus reservorios, o pueden ser
transmitidas directamente por roedores.

Finalmente, como último ejemplo, las grandes epidemias de peste que asolaron la Europa
medieval se debieron a una bacteria (Yersinia pestis) transmitida por la picadura de las
pulgas de las ratas, roedores que procedentes aparentemente de Asia central, invadieron las
ciudades europeas ayudadas por la ausencia total de medidas de salud pública e higiene.

1.7.2. Plagas

El crecimiento exagerado de las poblaciones de determinadas especies de animales salvajes


puede ocasionar también graves problemas, especialmente para la agricultura.

Es tristemente famoso en África ecuatorial un bonito pájaro de la familia de los tejedores, el


quelea de pico rojo (Quelea quelea), considerado como el ave más destructora del mundo.
Durante la estación seca se reúnen en bandadas extraordinariamente numerosas, que llegan
a nublar la luz del sol, y que constituyen una auténtica plaga para los cultivos de cereales. Se
han empleado todo tipo de adelantos científicos para su control, pero han resistido los
productos químicos venenosos, los gases asfixiantes, los explosivos y el fuego, sin
resultados prácticos apreciables.

Probablemente, la plaga más famosa y más temida de todas sea el bíblico azote de la
langosta del desierto (Schistocerca gregaria). Las langostas, una especie de saltamontes
gregario de gran tamaño y extraordinariamente voraz, constituyen una amenaza permanente
para más de 300 millones de personas en África y Asia.
Las plagas de estos animales se originan en puntos muy concretos de la estepa subdesértica
de Somalia y las ardientes llanuras costeras del mar Rojo, pero sus consecuencias alcanzan
en ocasiones a los habitantes de países que se encuentran a muchos miles de kilómetros de
distancia.

Una de las últimas grandes plagas se inició en 1951, en Somalia, y se extendió desde allí por
todo el Oriente Medio, llegando a alcanzar hasta la India y Pakistán. Algunos enjambres
volaron hacia el oeste, y a principios de 1952 ya habían invadido Etiopía y Sudán. Otros
sobrevolaron el mar Rojo y penetraron en Arabia. En febrero la plaga llegó a Irak, donde la
aviación americana colaboró para detener su alcance. Desde aquí, la invasión se dirigió a
Jordania por un lado, y a Persia por el otro. Tropas de diferentes ejércitos colaboraron en
ambos frentes para detener la invasión, pero no pudieron impedir que las langostas volaran
hacia el este, llegando hasta la India y Pakistán. Aquí su llegada coincidió con el monzón,
que creó condiciones favorables para la puesta, y se formaron nuevas nubes que arrasaron
las cosechas. Al cabo de varios meses, al final del monzón, las langostas volvieron hacia el
oeste. En octubre se encontraban de nuevo sobre Arabia, y al terminar el año, reaparecieron
en el punto de partida, el cuerno de África, donde se esfumaron sin dejar rastro, tan
misteriosamente como habían aparecido un año antes.

Como valores de referencia que permitan imaginar la magnitud de este fenómeno, podemos
decir que una de estas nubes de langosta puede reunir hasta 10.000 millones de individuos,
cada uno de los cuales consume diariamente una cantidad de alimento igual a su propio
peso, llegando a pesar 50.000 toneladas o más.

Para controlar en la medida de lo posible la aparición de tan temida plaga, los esfuerzos se
han concentrado en el montaje de una organización de lucha que prevea los movimientos de
la plaga, dependientes de la circulación atmosférica, y ponga en marcha los dispositivos de
defensa antes de la llegada de las nubes de insectos.

Figura 1.14: Langosta del desierto en enjambre.


Fuente: Verdú & López (1973).

1.7.3. Animales peligrosos

 
De las 350 especies de tiburones que pueblan los mares, apenas una docena pueden llegar
a ser potencialmente peligrosos para el hombre. Es mucho mayor la leyenda negra que el
peligro real que suponen.

Por otro lado, los tiburones son pescados sin tregua a lo largo y ancho del mundo, entre otras
cosas para proveer las famosas aletas de tiburón que se sirven en sopa en los restaurantes
chinos. De hecho, muchas poblaciones de tiburones se encuentran sobreexplotadas en la
actualidad: se pescan unas 730.000 toneladas de tiburones al año en el mundo. Somos
mucho más peligrosos nosotros para ellos que ellos para nosotros.

Pero hay zonas, como las costas de Australia y de Sudáfrica, donde los tiburones pueden ser
un peligro real para los bañistas. Para evitar sus ataques se han probado todo tipo de
repelentes químicos y de dispositivos electrónicos, con éxito desigual hasta la fecha. El
sistema que se utiliza en Durban, Sudáfrica, es un conjunto de redes de 200 a 300 m de
largo y de 6 m de profundidad, a unos 400 m de la playa, que son inspeccionadas
continuamente. Lo que se consigue así es conducir a los tiburones hacia zonas alejadas de
los bañistas.

En Australia existe, además de los tiburones, otro peligro para los bañistas: el cocodrilo
marino o de estuario (Crocodylus porosus), que puede alcanzar hasta 7 m de longitud y más
de una tonelada de peso. Numerosas playas, tanto de río como de mar, tienen
señalizaciones de prohibido el baño ante la posible presencia de este animal.

Capítulo 2 .- El agua

OBJETIVO
- Proporcionar ideas clave sobre la situación actual de las aguas continentales y los efectos
que sobre ella ocasionan las actividades antropogénicas.

2.1. Distribución del agua en la tierra

El agua cubre aproximadamente un 65% de la superficie de la Tierra, ocupando un volumen


de unos 1400 km3. En este contexto, el 97,25% del agua en la Tierra se encuentra en los
océanos en forma de agua marina; de la misma manera, el 2,7% restante se localiza en los
continentes o en la atmósfera, siendo ésta última cantidad muy pequeña, en comparación
con los demás depósitos (0,001% del total).

En los continentes, alrededor del 75% del agua dulce, se encuentra en los casquetes polares
y glaciares (29 x 106 km3). El resto se halla en aguas subterráneas (9,5 x 10 6 km3) o lagos y
ríos (0,1 x 106 km3). Además del agua subterránea, accesible al uso humano, existen
cantidades adicionales presentes en los sitios intersticiales de los poros de las rocas en el
subsuelo.

La tabla 2.1 muestra la distribución de agua en la Tierra.

DEPÓSITO VOLUMEN (106 km3) %

Océanos 1,370 97,25

Casquetes polares y glaciares 29 2,05

Aguas subterráneas profundas (750-4.000 m) 5,3 0,38

Aguas subterráneas accesibles (< 750 m) 4,2 0,30

Lagos 0,125 0,01


Ríos 0,0017 0,0001
Humedad del suelo 0,065 0,005
Biosfera 0,0006 0,00004
TOTAL 1.408,7 100

Tabla 2.1. Distribución del agua en la Tierra.

Las aguas del planeta no permanecen estacionarias en un sólo depósito ni en una fase dada,
sino que se encuentran en continuo cambio de estado y constante movimiento en un sistema
natural denominado ciclo hidrológico.

La energía solar provoca que se evapore agua del mar, que acaba retornando a la superficie
en forma de lluvia o nieve, generalmente sobre el propio mar. El agua que cae sobre los
continentes se evapora nuevamente en una parte, mientras la otra vuelve al mar en forma de
corrientes subterráneas o superficiales. Se ha estimado que el flujo de retorno en forma de
escorrentía superficial desde los continentes hacia el mar asciende a unos 40.000 km 3 de
agua anuales. De éstos, aproximadamente 26.000 km 3 vuelven al mar como escorrentía
superficial rápida, en forma de crecidas de ríos no controlables y que, no sólo no son
aprovechables por las poblaciones humanas, sino que pueden llegar a causar daños
catastróficos. Otros 5.000 km3 retornan al mar en zonas deshabitadas.
Finalmente, 9.000 km3 de agua vuelven al mar de forma que sí es posible su explotación por
parte de los seres humanos. Esta cantidad sería suficiente para abastecer de agua a una
población de 20 mil millones de personas, más de tres veces superior de la que hoy en día
puebla el planeta. Sin embargo, tanto las personas como el agua se encuentran
desigualmente repartidos sobre la superficie terrestre, tanto en el tiempo como en el espacio,
por lo que la disponibilidad local de tan valioso recurso es muy variable.

Figura 2.1: El agua es un recurso natural vital para los animales y las plantas.

2.2. Aguas continentales

En su estado natural, los ríos surgen como una respuesta equilibradora del exceso de agua
acumulado en las cuencas hidrográficas y zonas de drenaje.

La red hidrográfica es el drenaje natural, permanente o temporal, por el que fluyen las
aguas de los escurrimientos superficiales, hipodérmicos y subterráneos.

La cuenca hidrográfica es aquel territorio cuyas aguas de escorrentía van a parar a un


mismo río, lago o mar.

Por escorrentía se entiende la parte de la precipitación que llega o alimenta a las corrientes


superficiales, continuas o intermitentes, de una cuenca. Existen diferentes tipos de
escorrentías:

- Escorrentía superficial o directa: es la precipitación que no se infiltra en ningún momento


y llega a la red de drenaje moviéndose sobre la superficie por acción de la gravedad.

- Escorrentía hipodérmica o subsuperficial: es el agua de precipitación que, habiéndose


infiltrado en el suelo, se mueve lateralmente por los horizontes superiores para reaparecer de
pronto al aire libre e incorporarse a microsurcos superficiales que la conducirán a la red de
drenaje superficial.

- Escorrentía subterránea: es la precipitación que se infiltra hasta alcanzar la capa freática,


circulando a través de acuíferos hasta alcanzar la red de drenaje. Así como la escorrentía
superficial se mueve con cierta rapidez, la velocidad del agua subterránea suele ser muy
pequeña, del orden del metro por hora. Su cantidad es mucho mayor que la que se mueve
por escorrentía superficial o subsuperficial, como se ha visto anteriormente.

En la figura 2.2 se ilustra un yetograma (representación de la variación de la intensidad de


lluvia con el tiempo) de los diferentes tipos de escorrentía, donde:

A: agua que cae sobre ríos, lagos, etc.

ED: escorrentía superficial.

EH: escorrentía hipodérmica.

ES: escorrentía subterránea.

HS: fracción de agua infiltrada que no forma parte de la escorrentía.

D: agua almacenada superficialmente en charcos y que después se evapora.

INT: intercepción o agua retenida por los órganos aéreos de las plantas.

Figura 2.2: Diferentes tipos de escorrentía.

El orden de los ríos es un parámetro relacionado con la importancia del río dentro de la
cuenca hidrográfica o de drenaje y sintetiza mucha información sobre el comportamiento
ecológico del río:

- Un río que no tiene afluentes es de orden 1.

- La unión de dos ríos de orden 1 crea un río de orden 2.


- La confluencia de dos ríos de orden 2 constituye una corriente fluvial de orden 3 y así
sucesivamente, como se puede observar en la figura 2.3.

Figura 2.3: Esquema que muestra el orden de los ríos que forman parte de una cuenca
hidrográfica.

El orden proporciona información de los procesos dominantes en los ríos, y de las


comunidades biológicas propias de cada uno. Los ríos de orden bajo (1,2) son de montaña,
de aguas frías, transparentes, que presentan unas comunidades y procesos ecológicos muy
diferentes de los ríos de orden 4 y 5 (los mayores que se pueden encontrar en España); los
ríos de orden 6 ó 7 son los mayores del mundo, como el Amazonas o el Mississippi, en los
que el caudal es mucho mayor y el agua fluye más lentamente y más cargada de
sedimentos.

A lo largo de milenios, el sedimento arrastrado por las crecidas de los ríos ha ido creando
extensas llanuras de aluvión, también llamadas llanuras aluviales o de inundación.
Gracias a esta periódica deposición de sedimentos, dichas llanuras son extraordinariamente
fértiles. Allí fue donde se asentaron las primeras culturas humanas y donde, por primera vez,
surgió la agricultura como forma sistemática de vida.

Con el tiempo se fueron desarrollando las distintas civilizaciones y aumentó su dependencia


de los cursos y las crecidas de los ríos para el agua potable, el transporte y el riego. Al
principio, el hombre supo adaptar su cultura y forma de vida a los continuos cambios de los
ríos. Luego aprendió a controlarlos y, en nuestros días, lo que intenta ya es dominarlos.
Figura 2.4: Ejemplo de modelo sedimentario en abanico aluvial en la depresión del río Ebro,
España.

2.2.1. Control de las aguas continentales

El hombre siempre ha intentado tener un control sobre las aguas de los ríos, alrededor de los
cuales se han asentado, tal y como se ha mencionado, las más importantes civilizaciones. En
el último siglo, ha sido ya capaz de transformar los ríos por medio de grandes obras de
ingeniería (embalses, canalizaciones, etc.). Esta capacidad siempre se ha visto como uno de
los beneficios más espectaculares y prestigiosos de la industrialización.

Las razones para la construcción de estas obras son económicas o de seguridad para las
poblaciones: control de la corriente fluvial, obtención de energía eléctrica y disponibilidad de
agua para el riego agrícola. Sin embargo, también ha supuesto una expresión ideológica de
la era industrial y un símbolo del dominio sobre la naturaleza.

Como tal, la política de grandes obras de infraestructura hidráulica se inició en los años 50,
con los planes hidrológicos de Stalin en la antigua URSS, y con las grandes presas del New
Deal de Roosevelt, en EEUU; pero esta política está alcanzando sus máximas cotas en la
actualidad en los países del tercer mundo, donde ha sido exportada. Cada año se inician
aproximadamente 400 grandes presas en estos países, cuyo inmenso coste contribuye de
forma importante al incremento de la deuda externa de la zona. Los resultados de tan
faraónicas obras en estos países, no obstante, reportan beneficios a menudo engañosos y
de corta duración, mientras agravan la degradación ambiental, el empobrecimiento y la
deuda de los pueblos.

Los embalses se construyen con diferentes objetivos. Algunos proporcionan agua potable a
las grandes aglomeraciones urbanas, mientras que otros acumulan agua para riego o bien
tienen como función abastecer de agua de refrigeración a centrales térmicas o nucleares.

 
Figura 2.5: Embalse de Guijo de Granadilla en Cáceres (España).
Fuente: http://www.guijodegranadilla.com/pantano.htm

Por otra parte, algunos ríos como los de la cuenca mediterránea, tienen una estacionalidad
muy marcada en su caudal, con una elevada probabilidad de que se produzcan avenidas o
riadas de importancia.

La frecuencia de catástrofes de este tipo también ha potenciado la construcción de embalses


reguladores del caudal de los ríos, así como de otras obras de ingeniería hidráulica, como las
canalizaciones de los mismos.

La política de construcción de embalses también produce una serie de problemas. En primer


lugar, un embalse altera enormemente el ecosistema natural del río, implica una grave
alteración en el medio acuático, y a menudo, la desaparición bajo las aguas de importantes
parajes naturales y monumentales. La sedimentación en los embalses plantea otro problema,
el de la disminución progresiva de capacidad con el transcurso de los años, hasta el punto
que la misión a cumplir puede quedar totalmente anulada o muy disminuida. Los cursos de
agua, fundamentalmente en períodos de crecida, erosionan y transportan materiales que
depositan cuando por la disminución de velocidad no tienen las aguas la energía viva
suficiente para mantenerlos en suspensión. Las presas frenan la marcha de esos aluviones
que quedan retenidos en su cubeta.

Y, al mismo tiempo que sirven de trampa del sedimento, las presas evitan que éste llegue al
mar. En la época romana, la ciudad de Tortosa, a orillas del Ebro, era puerto de mar. El delta
del Ebro, actualmente zona protegida, se formó en tiempos históricos gracias al aporte de
sedimentos transportados por el río. Hoy día, estos sedimentos quedan atrapados en las
numerosas represas que existen en el curso del río Ebro, lo que hace que la destrucción de
la formación deltaica por efecto del mar en un futuro no muy lejano sea motivo de
preocupación.

 
Figura 2.6: Delta del río Ebro en Tarragona, España.

Esta falta de sedimentos aportados por ríos represados tiene también efecto en la
disminución de las playas. En los ríos represados, no sólo disminuye el sedimento que llega
al mar, sino que también queda regulado el caudal de agua.

En el río Ebro, en la época de estiaje, se produce una importante entrada de agua de mar por
el fondo del lecho del río, en respuesta al bajo caudal de agua dulce que transporta; se trata
de una intrusión o lengua salina que puede ascender muchos kilómetros río arriba, y hace
que la columna de agua del río se divida en dos capas que no se mezclan, la dulce arriba y la
salada abajo, lo que da lugar a fenómenos de anoxia en el fondo. Esta falta de oxígeno en el
fondo impide la vida de organismos acuáticos. Además, el menor aporte de agua y nutrientes
provoca la disminución de la riqueza pesquera en la zona.

Figura 2.7: Parque del Delta del Ebro, en Tarragona (España).

La presa de las tres gargantas

La mayor presa del mundo está actualmente en construcción. Si se cumplen todos los
plazos, estará lista antes del año 2010. Se trata de la presa de las Tres Gargantas, sobre el
río Yangtsé, el tercero más largo del mundo. China va a construir una presa de 185 m de
altura y 11 km de longitud, que creará un embalse artificial con una superficie inundada de
más de 1.000 km2. Se trata de una obra de ingeniería sin precedentes, que pondrá bajo el
agua 4.500 pueblos y 12 ciudades importantes. Más de un millón y medio de personas
deberán abandonar sus hogares. Cientos de ciudades antiguas e importantes vestigios
arqueológicos quedarán sumergidos bajo las aguas.

Como argumento a favor de tan colosal proyecto está la necesidad de disponer de una
energía "limpia" en un país en pleno desarrollo, en el que el uso del carbón como fuente
energética ha contaminado las ciudades y ha convertido las enfermedades respiratorias en la
primera causa de mortalidad. Además se calcula que una vez construida, la presa generará
una producción eléctrica equivalente a la de 8 centrales nucleares. También se pretende
mejorar la navegación fluvial, y regular unas aguas que provocan grandes inundaciones,
como las que en 1995 mataron a 3.000 personas y dejaron sin hogar a varios millones en
Hubei y Hunan. En 1954 las inundaciones ocasionaron la muerte de 30.000 personas.

Los principales argumentos en contra del embalse son el enorme impacto ambiental que
ocasionará, desde el efecto sobre las 160 especies que viven en el río y que quedarán
reducidas a la mitad, hasta un posible cambio del clima en la zona. No es menos importante
la desaparición de más de 5.000 ha de la mejor tierra fértil de un país escaso en buen suelo
agrícola. Además, claro, del drama humano: el enorme éxodo de población campesina, sin
tierra, hacia las grandes ciudades, donde pasarán a formar parte de los más de 100 millones
de chinos desarraigados, que viven empleándose en cualquier tipo de trabajo.

2.3. El uso racional del agua

Hasta ahora se han visto los grandes esfuerzos que la humanidad ha sido capaz de hacer
para encauzar y controlar las corrientes de agua. No obstante, el agua es un bien
imprescindible, que además, por su desigual reparto en el tiempo y en el espacio, es un
recurso escaso en determinadas zonas. Por eso, es muy importante gestionar su uso
racionalmente.

En general, cuanto más rico es un país, más agua gastan sus ciudadanos. Por ejemplo, un
ciudadano europeo gasta unos 150 litros de agua al día, mientras que un ciudadano hindú,
en cambio, apenas gasta 25 litros de agua al día.

Es importante a la hora de racionalizar el uso del agua contar con una planificación territorial
correcta. Por ejemplo, durante muchos años se pensó que los cultivos de regadío debían
servir para, además de cultivar productos agrícolas, asentar poblaciones. Hoy esto es mucho
más discutible.

También hay que tener en cuenta el enorme gasto de agua que suponen los cultivos de
regadío en un país con unas condiciones climáticas mediterráneas, con un verano muy seco
y caluroso. Por ejemplo, el sistema tan común en los regadíos españoles de riego por
aspersión, que consume ingentes cantidades de agua, supone la pérdida por evaporación de
2/3 del agua usada. Naturalmente, en estas condiciones, es mucho más difícil competir con
los productos de regadío de los países centroeuropeos, donde existe mejor clima para estos
cultivos, tienen más agua y encima los regadíos requieren una menor cantidad de ésta.

También hay que adoptar, obviamente, medidas de ahorro domésticas y en la industria, para
evitar lo que hoy en día podríamos llamar el despilfarro organizado del agua. A título de
ejemplo, es interesante mencionar que muchas conducciones de agua son obsoletas y tienen
pérdidas que rozan el 75% del agua transportada, que no llega así a su destino. En las
ciudades, por otra parte, se sigue sin reciclar ni depurar las aguas residuales que se vierten
directamente, sin reaprovechar, a los ríos o al mar.

La muerte de un mar

El mar de Aral, que se encuentra en el centro de Rusia, al lado del mar Caspio, fue en otros
tiempos el cuarto lago más grande del mundo. Pero en los últimos 35 años, más de la mitad
de sus 68.000 km2 de superficie se han visto convertidos en desiertos y llanuras salinas. En
algunos sitios, la costa ha retrocedido hasta 60 km. Los antaño florecientes puertos
pesqueros, donde se desarrollaba una interesante industria conservera, permanecen hoy
cual fantasmas en un mar de arena. El uso excesivo para el riego de aguas de los afluentes
del Aral y el abuso a gran escala de pesticidas en las cosechas de algodón han hecho de un
ecosistema fértil una tierra de baldío tóxica. La mortalidad infantil de la región es, por lo
menos, cuatro veces la de la media nacional y la desnutrición se halla muy extendida.

Figura 2.8: Localización del mar de Aral.

A nivel mundial, la situación actual respecto al estado de las aguas continentales es tal, que
si se pretende que tan valioso recurso resulte accesible, en unas condiciones mínimas de
calidad, a toda la población, así como que cumpla el papel ecológico clave que tiene en los
ecosistemas, sería necesario proponer medidas como las siguientes:

- El fin de la construcción de grandes presas. Este tipo de proyectos cada vez están más
desaconsejados por los expertos. De todos modos, aún son promovidos como la panacea
social y económica por parte de los grandes bancos de desarrollo internacionales.

- Proteger y restablecer las cuencas fluviales. Es muy importante el restaurar los bosques
de las cuencas fluviales, por su papel de freno de la erosión de los suelos, y de control de las
crecidas de los ríos, acabar con las obras de canalización de los cauces de los ríos y evitar la
construcción de asentamientos humanos en los márgenes de inundación de los mismos.

- Combatir contra la contaminación de las aguas. A todos los niveles.

- Lograr que el agua para consumo humano esté en buenas condiciones


sanitarias. Este es uno de los problemas más graves del tercer mundo, que requiere de
grandes inversiones en sistemas de alcantarillado, conducciones de agua, redes de
colectores, sistemas de mantenimiento, etc.

Capítulo 3 .- Caza y pesca

OBJETIVO
- Determinar los criterios para permitir una caza racional y una actividad extractiva de los
recursos pesqueros de manera sostenible.

3.1. La caza

La caza es una actividad practicada, junto con la recolección de plantas, desde los albores
de la humanidad. En principio fue un medio para la obtención de alimento y vestido, así como
de defensa personal y de los cultivos y ganados frente a amenazas animales. En Europa, en
tiempos recientes, la caza ha perdido el papel que tenía como actividad de subsistencia para
pasar a ser un medio de diversión y, fundamentalmente, un deporte.

A lo largo de la historia, como consecuencia de la caza, se ha producido una fuerte presión


que ha condenado a varias especies de animales a la desaparición y ha llevado a otras a una
situación de peligro de extinción. Por ello, actualmente la caza se debe supeditar a la
utilización racional de los recursos vivos, en este caso la fauna silvestre, como un
instrumento de la política de conservación de los recursos naturales renovables.
 

 
Tradicionalmente, en función de la pieza que se pretende cobrar, la caza puede
ser mayor (lobo, ciervo, jabalí...), o menor (liebre, conejo, perdiz, paloma, entre
otros.).

Para poder sustentar las actividades cinegéticas es imprescindible mantener el hábitat de las
especies objeto de la caza, así como disponer de cupos de captura limitados, de forma que
se pueda mantener el equilibrio poblacional de estas especies.

Y para que esto sea así, es necesario analizar los resultados de la propia actividad
cinegética: se ha de conocer la evolución de los rendimientos de caza y se ha de determinar
el impacto de la misma en la población explotada, cosa que se obtiene básicamente a través
de la imagen que proporcionan la relación entre sexos y la estructura de edades de la
población.

Todavía hoy la caza se practica mayoritariamente sin ninguna base científica ni técnica para
la gestión de los recursos. En este sentido, se ha considerado la caza como un producto
gratuito de la naturaleza sobre el que el hombre no puede prácticamente modificar nada.
Como muestra de ello, todavía falta información sobre el sexo y edad de las piezas que se
capturan en nuestro país. Existen numerosas investigaciones sobre ecología y
comportamiento de los animales silvestres que podrían tener una óptima aplicación en la
ordenación cinegética para obtener un rendimiento acorde con los diferentes intereses
afectados y con el equilibrio de las poblaciones, pero que se llevan a cabo de forma muy
puntual.

Según la legislación actual, todo titular del derecho de un terreno cinegético sometido a
régimen especial, está obligado a realizar un Plan Técnico justificativo de aprovechamiento y
ordenación cinegético. En este Plan deberá hacerse constar como mínimo la cuantía y
modalidades de las capturas a realizar; así, se pretende fomentar la riqueza cinegética y se
puede obtener un aprovechamiento racional del terreno.

Algunos de los aspectos más importantes de un correcto aprovechamiento cinegético son el


manejo de poblaciones cinegéticas, los cupos de captura y los programas de mejora.

3.1.1. Manejo de poblaciones de especies cinegéticas

Es importante tener presente el área de caza y su heterogenidad espacial, es decir, la


variedad en la estructura y cobertura de la vegetación del territorio estudiado. Sobre las
capturas realizadas en este territorio hay que recabar, como mínimo, la siguiente
información:

- Número de capturas por hectárea.


- Número de capturas por jornada de caza.

- Número de capturas por cazador.

Una vez se tiene esta información, se obtiene un censo en esas áreas de especies
cinegéticas con determinación de sexo y edad de los ejemplares. Este censo se realiza en
dos épocas determinadas: uno antes del período reproductor y el otro entre la época en la
que finaliza la reproducción y justo antes del inicio del período hábil de caza. Existen diversos
métodos para realizar el manejo y censo de poblaciones.

Con los datos del censo se calculan los siguientes valores:

- Tasa de crecimiento de la población. Expresa el número de jóvenes vivos por hembra


después de la cría. Este dato es útil para ajustar los cupos de captura.

- Sex ratio (o relación de sexos). Indica cómo la estructura poblacional puede condicionar


la producción. Varía en función del sistema de apareamiento de la especie: en especies
monógamas se debería dar un equilibrio entre sexos, mientras en especies polígamas
debería haber una mayor proporción de hembras.

- Distribución por edades. Indica de forma indirecta la capacidad de crecimiento de la


población:

- En especies de caza menor se utiliza la relación número de jóvenes/número de adultos,


como indicador del nivel de productividad reproductora animal.

- En especies de caza mayor se utiliza la pirámide de edades, expresión gráfica de las


diferentes clases de edad por cada uno de los sexos que refleja la estructura demográfica de
la población.

- Se puede comparar la relación de edades (número de jóvenes/número de adultos) con su


nivel umbral para la caza (para la perdiz roja y para la liebre es de 1,5, para el conejo 1,85,
para la becada 2, etc); si la relación de edades se encuentra por debajo de esos valores, es
recomendable reducir la presión de caza.

- Evolución de la densidad a lo largo de la temporada de caza y diferencias entre los distintos


métodos de caza. En este cálculo hay que tener en cuenta la selectividad de la caza. Por
ejemplo, es más fácil cazar perdices adultas que jóvenes, ya que las primeras son más
solitarias; sin embargo, es más difícil cazar conejos adultos que jóvenes, ya que los primeros
tienen más experiencia.

- Balance general de entradas y salidas. Este balance indica la influencia que tienen la
fecundidad, la natalidad, la mortalidad y la migración (inmigración y emigración) en la
estructura de la población.

3.1.2. Evaluación del hábitat

 
La evaluación de hábitat pretende calcular la capacidad de carga del hábitat (K), es decir, el
número máximo de individuos de la población que el ambiente puede sostener. Para hacer
esta evaluación del hábitat en relación con la capacidad de carga para especies cinegéticas,
se estudian dos parámetros: la valoración de nichos ecológicos y las necesidades
nutricionales de estas especies.

- Valoración de nichos ecológicos: las especies cinegéticas tienen una serie de


necesidades que definen su nicho ecológico (un lugar físico en el que vivir y reproducirse,
cobertura vegetal, alimento, competidores y depredadores que regulen su población, etc.).
Para hacer el estudio de estas necesidades se determinan diversos parámetros. Para el
estudio de la cubierta general se determinan los tipos de vegetación y la relación entre los
diferentes tipos de plantas, así como la diferente fisonomía de la vegetación de los cultivos a
lo largo del año. También se determina la abundancia y disponibilidad de alimentos (bellotas,
frutos, insectos, flores, etc).

En general, se tienen pocos conocimientos sobre las relaciones de depredación y


competencia entre las especies cinegéticas; de hecho, las pocas especies que han sido
estudiadas en este aspecto son aquellas que están en peligro de extinción.

Es, por tanto, necesario introducir una buena gestión de las especies
cinegéticas, de modo que los depredadores amenazados puedan encontrar
alimento suficiente para asegurar su supervivencia.

- Necesidades nutricionales: son escasos los estudios existentes sobre las necesidades


nutricionales de las especies silvestres. La disponibilidad de alimento es el factor limitante
que más influye sobre las poblaciones cinegéticas.

Con los datos de los valores de los nichos ecológicos y de las necesidades nutricionales, se
puede determinar la capacidad de carga del hábitat (K) de las especies cinegéticas que se
desean ordenar.

3.1.3. Cupos de captura

La fase de los cupos de captura se realiza para cada especie cinegética y en cada área del
territorio, comparando los datos de población real con los datos de capacidad de carga
calculados en la fase anterior.

Según sea el resultado de esta comparación, pueden presentarse tres supuestos, en función
de los cuales se han de otorgar, o no, cupos de captura:
- Que la densidad de población real sea menor que la capacidad de carga: en este caso, el
objetivo de la ordenación será aumentar la densidad de especies cinegéticas en esa zona.
En este sentido, se procede a identificar los factores limitantes que provocan que la densidad
sea baja, se evalúa su incidencia, se intenta corregir su impacto, se prohíbe la caza, y (si es
necesario) se establecen mejoras del hábitat o de programas de repoblación.

- Que la densidad de población real sea mayor que la capacidad de carga: en este caso hay
un exceso de caza, la cual puede dañar a la vegetación y a los cultivos, o provocar
desplazamientos de especies no cinegéticas por entrar en competencia con ellas o favorecer
la aparición de enfermedades contagiosas en las poblaciones cinegéticas. Esta situación
puede haber sido provocada por una gestión anterior incorrecta causada por haber realizado
una repoblación masiva sin haber estudiado antes el comportamiento de la especie, por
mantener de forma artificial grandes poblaciones cinegéticas (en espacios cerrados) o por
haber desaparecido algún depredador natural.

- Un caso concreto de esta situación sucedió en el parque natural del Cadí-Moixeró


(Prepirineo catalán), entre 1982 y 1984, cuando se extendió una epidemia de
ceratoconjuntivitis entre los rebecos o "isards" (Rupicapra rupicapra subespecie pyrenaica)
del parque, que tuvo gran efecto, favorecida por la elevada densidad de animales existentes
en aquel entonces. El objetivo del plan en este caso debe ser disminuir la densidad de la
población, mediante caza controlada.

- Que la densidad de población real sea similar a la capacidad de carga: esta es la opción
que se debe perseguir. En este caso la ordenación irá encaminada a mantener esta
situación, de forma que la densidad permanezca constante. En el caso de que la caza lo
requiera, pueden introducirse algunas mejoras.

Cuando se ha decidido el cupo de captura (es decir, el número de animales que se pueden
cazar) hay que determinar su distribución en el tiempo y en el espacio, tanto para la caza
mayor como para la menor. Esto se traducirá en un número concreto de jornadas de caza, un
número máximo de cazadores por jornada de caza, un límite de piezas por cazador,
modalidades de caza que se usarán, etc.

3.1.3.1. Elementos a considerar en la elaboración de cupos de captura

Deben considerarse una serie de elementos al establecer los cupos de captura:

- Intentar cazar el equivalente numérico al crecimiento anual de la población. De este modo,


se asegura el mantenimiento de la densidad de la población. En caza mayor se puede utilizar
el procedimiento de Hoffman: se parte de las pirámides de edades de cada especie
obtenidas antes y después de la reproducción, se comparan y se definen unos cupos de
captura por cada clase de edad; estos cupos de captura se establecen de modo que se
pueda asegurar que, al comienzo de la siguiente estación reproductora, la segunda pirámide
tendrá una estructura de edades similar a la primera pirámide.
- No cazar aquella especie cuya relación número de jóvenes/número de adultos sea inferior
al nivel del valor umbral.

- Intentar que en la caza de especies monógamas la sex ratio sea lo más cercana posible a
1:1.

- La densidad que tiene una máxima productividad acostumbra a estar localizada cerca del
valor de la mitad de la capacidad de carga del hábitat.

3.1.4. Programas de mejora

Además de todo lo anteriormente mencionado, cabe la posibilidad de instaurar mejoras


diversas para conseguir un manejo más adecuado de la explotación. Se puede obtener un
mapa de calidades zonificado, si se comparan para cada especie los parámetros de
población y los mapas de capacidad de carga.

En las zonas de baja calidad, los programas de mejora apuntan en dos direcciones:

a) Mejoras del hábitat:

Creación de bebederos, bañaderos, comederos artificiales, refugios para la fauna,


dormideros artificiales, vivares y nidos artificiales, elementos para disminuir la mortalidad
accidental (vallas que impidan que los animales pasen por carreteras, marcas que avisen de
la presencia de los tendidos eléctricos, etc.), sistemas de control del nivel del agua en
humedales, etc.

b) Mejoras de poblaciones:

- Control de depredadores.

- Caza selectiva para estabilizar la sex ratio, para eliminar animales adultos o para eliminar
animales en edad reproductiva.

- Programas sanitarios para prevenir o controlar enfermedades.

c) Repoblaciones cinegéticas, que se realizarán según las siguientes pautas:

- Repoblar con individuos de la misma especie y variedad existente.

- Repoblar con individuos vacunados y con cartilla-guía sanitaria.

- Identificar los factores limitantes antes de la repoblación.

- Repoblar cuando se han ultimado las mejoras pertinentes.


- Introducir un número tal de ejemplares y con una sex-ratio tal que no se produzca una
variación grave en la estructura de la población.

- No introducir los animales inmediatamente después de su transporte, hay que esperar un


período de adaptación y aclimatación para que la repoblación tenga éxito.

- La fecha de introducción no debe ser inmediatamente anterior al inicio de su período hábil


de caza.

3.2. La pesca

La pesca es la única explotación industrial directa de una población de animales salvajes.


Como actividad humana, presenta unas características diferenciales especiales:

- Es una actividad económica. Su objetivo puede ser la obtención de beneficios económicos


(en la pesca industrial), o simplemente la provisión de alimento para sobrevivir (caso de la
pesca artesanal en muchos países).

- Los recursos pesqueros son de propiedad común. En este contexto, el mejor éxito pesquero
va a depender de la mayor capacidad técnica para pescar.

- Se trata de una explotación generalmente acompañada de grandes riesgos. Requiere


grandes inversiones económicas (en el caso de la pesca industrial) y está sujeta a
numerosos imprevistos (huracanes, desaparición de la pesca, etc.).

- El producto obtenido es altamente perecedero, por lo que requiere técnicas de


mantenimiento especiales (congelación, salado, industria conservera).

Los factores básicos que intervienen en la actividad pesquera son los representados en
la figura 3.1 y están estrechamente relacionados entre sí. El hombre tiene gran importancia
en dos aspectos principales: en lo que respecta al pescador, y por tanto, con una capacidad
técnica cada vez mayor para efectuar la pesca; y en lo que se refiere a los aspectos
económicos, al mercado, cuya relación entre oferta y demanda determinará la modalidad de
pesca y las especies pescadas.

El ambiente, por su parte, es igualmente determinante, en especial las características


oceanográficas (físicas y químicas) del mismo, para la biología de las especies objeto de
pesca y, por lo tanto, para la actividad.

Finalmente, los animales, los recursos vivos, influidos por el ambiente y por la pesca, tienen
características propias que son fundamentales para el desarrollo de la actividad: si las
comunidades de organismos son monoespecíficas o multiespecíficas, la dinámica
poblacional de cada una de las especies, etc.

 
Figura 3.1: Factores principales que intervienen en la actividad pesquera.

3.2.1. Situación mundial de la pesca

En los más de 40 años de estudio, desde 1948, sobre las pesquerías mundiales se han
sucedido 4 períodos claros, tal y como se observa en la figura 3.2. Entre 1948 y 1970 la
pesca mundial se incrementó espectacularmente al mejorarse las técnicas pesqueras, tanto
para especies pelágicas (es decir, que viven en la columna de agua, como sardinas,
anchoas, jureles, etc.) como para demersales (aquellas que viven cerca del fondo: bacalaos,
merluzas, meros, etc.). Esta mejora vino propiciada en parte por el uso de técnicas
heredadas de la contienda que acababa de finalizar.

Entre 1970 y 1973 se produjo un punto de inflexión, motivado por la dramática caida en la
pesca de anchoveta del Perú, el hasta entonces mayor recurso pesquero del mundo. A partir
de esa fecha, y hasta 1989, las capturas volvieron a aumentar a un ritmo rápido, ya que
especies hasta entonces de dificil captura, como los atunes, ya se podían capturar en
grandes cantidades por la mejoría que había experimentado la tecnología pesquera
(utilización de avionetas, helicópteros, fotografías de satélite...). La extracción de peces a
escala mundial alcanzó un máximo de 82 millones de toneladas en 1989. Desde entonces, la
tendencia de crecimiento se ha visto sustituida por la del estancamiento o el declive.

 
Figura 3.2: Evolución de la pesca mundial desde 1950 a 1995.

En algunas áreas en las que las capturas habían alcanzado un máximo en los años 70, han
descendido más de un 50% en la actualidad. Y lo que es más preocupante, algunos de los
mayores caladeros de pesca del mundo, entre ellos los Grandes Bancos y el Banco Georges,
del este de Norteamérica, se encuentran cerrados tras su agotamiento. Puede afirmarse que
esos caladeros están extinguidos para la explotación comercial.

Se ha llegado a esta situación gracias a la enorme mejora en las tecnologías pesqueras, que
utilizan herramientas tales como radares, sonares o información al momento vía satélite.

Muchas unidades de la flota pesquera son auténticas ciudades flotantes.

Estas unidades manejan artes de pesca enormes; por ejemplo, palangres de 130 km de
longitud sumergidos con miles de anzuelos cebados, redes de arrastre en forma de saco con
capacidad para tragarse el equivalente a 12 aviones Jumbo y redes a la deriva de 65 km de
largo... una auténtica maraña mortal todavía empleada por algunos países.

La presión que ejerce la pesca industrial es tan intensa, que cada año se extrae del 80% al
90% de los animales de algunas poblaciones explotadas. De hecho, la capacidad de pesca
de la flota mundial es, hoy por hoy, muy superior a los recursos existentes en el mar.

En la figura 3.3 se señalan las naciones pesqueras más importantes del mundo, junto al
volumen de sus capturas para el año 2002, según la F.A.O. (Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y Alimentación).
Figura 3.3: Principales países productores de pesca marina y continental durante el año
2002.
Fuente: http://www.fao.org/docrep/007/y5600s/y5600s04.htm#P349_12310

En el gráfico se observa que China y Perú ocupan los primeros puestos del total de los diez
principales países, cuyas capturas representan el 60% mundial. La producción de captura
declarada por China se ha mantenido bastante estable desde 1998, mientras que las
tendencias de la peruana siguen dependiendo en gran medida de las variaciones en las
capturas de anchoveta.

La producción de la pesca de captura marina en el año 2002 fue de 84,5


millones de toneladas, lo que representa una reducción del 2,6% con respecto
al año 2000 y un ligero aumento del 0,4% en relación con el año 2001 1.

1
 Fuente: El Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura, 2004. Informe Sofia, FAO.

En cuanto a los animales más capturados, la base de las pesquerías mundiales la


constituyen los pequeños pelágicos, es decir, las sardinas, arenques y anchoas, que se
capturan fundamentalmente en las áreas de surgencia más importantes del mundo, tale
como Perú, Mauritania, Namibia y costa oeste de los EEUU. También son importantes el
grupo del bacalao y la merluza, los carángidos (jureles y similares) y los escómbridos (desde
la caballa hasta los grandes atunes).

En la figura 3.4 se ilustran las especies con mayores capturas del mundo en el año 2002.
 

Figura 3.4: Volumen de las principales especies marinas capturadas en el año 2002.
Fuente: http://www.fao.org/docrep/007/y5600s/y5600s04.htm#P349_12310

Aunque en la economía mundial la pesca representa apenas un 1% aproximadamente,


considerada desde una perspectiva regional contribuye muchísimo a la supervivencia
humana, especialmente en las áreas más pobladas y con menor desarrollo económico. La
fracción que las pesquerías aportan al suministro mundial de proteínas es aproximadamente
del 15%, que aunque parezca poco, supera a la de origen vacuno, aviar o cualquier otra
fuente animal, siendo además proteínas de gran calidad alimenticia.

Una de las medidas principales que podrían tomarse para evitar la sobrepesca y los
descartes excesivos (en algunas pesquerías, como las de camarones tropicales, se llega a
tirar al mar más del 80% de lo pescado) sería la de eliminar los subsidios para las pesquerías
financieramente ruinosas.

Otra de las medidas importantes sería la protección de determinados recursos. Allí donde se
han protegido los peces, se ha comprobado que se ha recuperado su número y, con él, las
actividades sociales y económicas que sustentaban. El resurgir de la lubina listada (Morone
saxatilis) a lo largo de la costa atlántica de los EE.UU es un buen ejemplo de una especie a
la que se permitió recuperarse mediante una gestión inflexible y un inteligente plan de
protección.

Finalmente, unos apuntes para la esperanza. El éxito de los programas de reducción de


muertes accidentales de delfines y tortugas marinas indican que, pese a la precariedad de
las pesquerías mundiales, también hay razones para el optimismo. Queda mucho por hacer,
pero se pueden rectificar algunos problemas.

El gran colapso de la anchoveta del Perú


La anchoveta del Perú (Engraulis ringens) es un pariente cercano del boquerón mediterráneo
(Engraulis encransicholus), pero de mayor tamaño que éste, que vive en las frías aguas de la
corriente de Humboldt, frente a las costas de Perú y del norte de Chile.

Gracias al fenómeno oceanográfico de los afloramientos costeros, estas costas se


encuentran entre las más ricas en fitoplancton y productivas del mundo. Esta riqueza
mantenía enormes poblaciones de anchoveta, que a su vez mantenía una de las pesquerías
más importantes del mundo. En 1970 se capturaron más de 13 millones de toneladas de
anchoveta, ¡una sexta parte de toda la producción pesquera mundial!.

A esta enorme producción le siguió el mayor colapso pesquero de todos los tiempos: en 1973
apenas se pescó un millón y medio de toneladas de anchoveta. Esto ocasionó el hundimiento
de la potentísima industria pesquera peruana, enviando a miles de trabajadores al
desempleo, en una crisis socioeconómica de consecuencias gravísimas para la sociedad de
Perú.

También, óbviamente, tuvo consecuencias dramáticas para el ecosistema. Las enormes


poblaciones de aves marinas, productoras del famoso "guano" sufrieron una drástica
reducción, igual que los depredadores marinos que se alimentaban de la anchoveta: jurel
chileno, bonitos y delfines. Las causas de este colapso fueron probablemente dos. El
hundimiento de la pesquería coincidió con un violento evento del fenómeno el Niño, que
produce cambios absolutamente dramáticos en la oceanografía y climatología de la zona; y
también con una evidente sobreexplotación del recurso, pescado por encima de sus
posibilidades de recuperarse. Ambas circunstancias, una drástica variación de las
condiciones ambientales y la sobrepesca de la anchoveta, ocasionaron probablemente el
mayor colapso pesquero de la zona.

3.2.2. La gestión de los recursos pesqueros

El objetivo de la gestión de los recursos pesqueros es el mantenimiento de una explotación


sostenible de estos recursos. Así, si una población presenta un crecimiento anual
determinado (a través del aumento de peso de sus individuos), lo que se ha de tratar de
pescar es ese crecimiento que ha experimentado durante el año, dejando el resto de la
población intacto, para que siga produciendo para el año siguiente. Esto es lo que se conoce
como máximo rendimiento sostenible, el rendimiento que nos garantiza que vamos a
poder seguir explotando esa misma población al año siguiente. Si, por el contrario, decidimos
pescar toda la población, ya no se podrá pescar en el futuro.

En realidad, este objetivo teórico es muy dificil de conseguir, ya que en la naturaleza nunca
se encuentran poblaciones estables y conocidas de forma que se pueda evaluar y extraer
fácilmente este "sobrante teórico". Los conocimientos suelen ser muy limitados, y la
información ha de evaluarse con prudencia para poder gestionar un recurso pesquero de
forma que la explotación se pueda mantener racionalmente el máximo tiempo posible.
3.2.2.1. Conceptos útiles

A continuación se definirán algunos conceptos importantes en el campo de la gestión de los


recursos pesqueros.

Referentes a la pesca

La pesca puede ser una actividad industrial o artesanal. La pesca industrial o comercial
requiere embarcaciones, artes de pesca y medios económicos importantes, y está destinada
a obtener beneficios económicos; mientras, la pesca artesanal utiliza embarcaciones
pequeñas, artes sencillas y pocos pescadores, y en muchas zonas suele ser un medio de
subsistencia.

Para estudiar cualquiera de los dos casos, es interesante tener presentes los siguientes
conceptos:

- Esfuerzo de pesca: es el intento de cuantificar la importancia de la explotación sobre


un stock en un lapso de tiempo dado. Se corresponde con la energía invertida para pescar.
Sus unidades de medida dependen del tipo de pesca (por ejemplo, días de ausencia del
puerto para barcos de arrastre).

- Captura por unidad de esfuerzo (C.P.U.E): es el cociente entre las capturas y el esfuerzo
necesario para conseguirlas en un período determinado. Si se cumplen determinadas
condiciones, la CPUE equivale a un índice de abundancia del stock explotado.

- Selectividad de los artes de pesca: es cualquier factor que ocasione que la composición
por tallas de la captura sea distinta a la de la población real. Generalmente, las artes de
pesca son selectivas para pescar los animales mayores y para no capturar a los más
pequeños.

Figura 3.5: Alevines de trucha mayores de un mes.


Fuente: banco de imágenes del Ministerio de Educación y Ciencia (España).

 
Referentes a los animales

- Población: es el conjunto de individuos que viven en un ecosistema determinado y que


poseen caracteres comunes transmisibles por herencia. Se trata siempre de una misma
especie, pero el concepto de población es más restrictivo: una especie puede tener varias
poblaciones.

- Stock: es la fracción explotable de la población. Las larvas, por ejemplo, son parte de la
población pero no del stock, al no ser todavía susceptibles de ser explotadas. En realidad
un stock es una unidad de manejo de pesquerías, mientras una población es una unidad
genética, biológica.

- Abundancia: son los efectivos totales del stock.

- Densidad: son los efectivos del stock por unidad de superficie.

- Cohorte: es el conjunto de individuos que nacen en un momento determinado. En las


zonas templadas la cohorte coincide con la clase de edad, ya que hay un solo período
reproductor al año.

- Reclutamiento: posee dos definiciones. Por un lado, es el proceso mediante el cual la


fracción más joven de la población (los juveniles) se integra por primera vez al stock. Por otra
parte, es el conjunto de reclutas, es decir, los individuos que tienen la talla de reclutamiento,
que se acaban de reclutar.

- Biomasa: es la cantidad total de masa de una población, por tanto, la suma de los pesos
de los individuos.

- Producción: es el incremento de la biomasa de una población en un determinado período


de tiempo. Se puede estimar a partir de la variación de los pesos medios de los individuos.

3.2.2.2. La gestión de la pesca

La gestión de la pesca y los recursos pesqueros se puede dividir en cuatro partes:

1. Conocimiento cualitativo de la pesquería. Hay que conocer las características del


recurso, donde se encuentra, las características de la flota pesquera, las de los artes de
pesca, épocas de pesca, etc.

2. Seguimiento de la pesquería. Es necesario conocer datos cuantitativos de la pesquería o


actividad pesquera. Son particularmente interesantes las series históricas de datos
pesqueros para poder aplicar modelos globales de gestión. La información básica es:

- Capturas por especie, embarcación y caladero (lugar de pesca).


- Frecuencias de tallas de los individuos capturados. Esta información permite conocer la
estructura demográfica de la población, y con ella, se puede tratar de estimar el crecimiento
de la misma.

- Biología de la especie. Crecimiento (mediante métodos indirectos, como las frecuencias de


tallas, o directos, como el contaje de los anillos de crecimiento en los otolitos y escamas de
los peces), reproducción, alimentación, ecología, etc. Todo esto es importante, ya que
proporciona los valores de los parámetros necesarios para desarrollar modelos analíticos, así
como información válida a la hora de gestionar el recurso (tallas mínimas de captura, épocas
de veda, lugares protegidos, etc.).

3. Evaluación y asesoramiento de la pesquería. En esta etapa se utilizan los modelos


matemáticos para simular la dinámica de la población del recurso y ver en qué estado se
encuentra la explotación actualmente (si está subexplotado, sobreexplotado, o si el nivel de
explotación es correcto).

Se pueden modelar varios esquemas de explotación, siguiendo diferentes políticas


pesqueras posibles. Como resultado de la evaluación, se han de proporcionar los
diagnósticos y recomendaciones necesarios para que el gestor los considere.

Los modelos pesqueros, una herramienta de gestión

Un modelo no es más que una simplificación de una situación real, que permite estudiarla
partiendo de un número de variables menor que las que se presentan en la realidad. Los
modelos se construyen mediante ecuaciones matemáticas. Si se trabaja con modelos muy
sencillos, resulta fácil estimar los parámetros necesarios para trabajar, pero es posible que el
modelo se ajuste muy poco al fenómeno que se quiere estudiar; por el contrario, los modelos
muy complejos se ajustan bien a la realidad, pero a veces los parámetros con los que trabaja
son muy difíciles de estimar. Hay que hallar un intermedio entre ambas situaciones.

En pesquerías, los modelos matemáticos son muy útiles para estudiar la dinámica de las
poblaciones explotadas, fenómeno bastante complejo y que resulta muy difícil de conocer
con exactitud. Para ello, existen dos familias de modelos:

- Los modelos globales, también llamados "de caja negra" o de producción excedente,


tratan de estimar la evolución de la biomasa de la población a través de los datos de
capturas y esfuerzo pesquero. Son los más sencillos y también los menos fiables, pero a
menudo los únicos que se pueden aplicar, por falta de información más detallada.
Esquemáticamente, trabajan con los siguientes parámetros:

- Los modelos analíticos o dinámicos trabajan con los factores que hacen que la población
aumente (crecimiento y reclutamiento) y con los que hacen que la población disminuya
(mortalidad por pesca y mortalidad natural). Suelen ser modelos más fiables más ajustados a
la realidad, pero los parámetros necesarios para que funcionen son más difíciles de estimar.
Esquemáticamente, trabajarían así:

Sobre ambos esquemas básicos se pueden añadir los efectos de las variables ambientales,
o de otras especies que interactuen con las poblaciones pescadas (depredadores,
parásitos,...). También se pueden añadir variables de carácter económico, para hacer más
completo el estudio.

4. Gestión. Para llevarla a cabo, cosa que generalmente realiza la administración pública, es


necesario contar con toda la información y plantearse todas las posibles situaciones óptimas,
que son diferentes según el punto de vista que se considere (biológico, económico, etc.).
Para gestionar una pesquería hay que tener presente que únicamente se pueden controlar
dos parámetros: la selectividad del arte de pesca y el esfuerzo de pesca. Las técnicas más
importantes de gestión pesquera son las siguientes:

- Regulación de los artes de pesca. Prohibir determinados artes especialmente destructores


o inadecuados (dinamita, veneno, redes de deriva, etc.).

- Regulación del tipo de malla y del tamaño de la misma. Como regla general, la malla ha de
permitir escapar a los peces con una talla igual o menor que aquella en la que madura el
50% de la población. Esta medida se determina en base a estudios biológicos de
reproducción y crecimiento. Es la mejor forma de que no se capture a toda la población antes
de que se haya podido reproducir.

- Regulación de la talla mínima de los animales capturados. Persigue el mismo objetivo que
la medida anterior, pero en lugar de controlar las mallas, se controla el producto de la pesca
en los puertos de desembarque, en los puntos de venta e incluso en las propias
embarcaciones. Es una medida muy utilizada en la pesca en aguas continentales.

- Establecimiento de vedas. Es lo que se conoce como "paradas biológicas". Debe coincidir


con el período de desove de la especie que nos interesa, en el área correspondiente.

- Declaración de reservas o zonas prohibidas para la pesca. Se mantienen así poblaciones


protegidas cuyos juveniles pueden reclutar y colonizar otras zonas. En aguas continentales
son los vedados de pesca.

- Mejora de hábitats. Se puede conseguir mediante la construcción de arrecifes artificiales


(un barco hundido, una vez limpio de contaminantes, puede convertirse en un buen arrecife
artificial), para peces demersales. También la depuración y limpieza de las aguas y el fondo
contribuyen a ello.
- Regulación de capturas, bien sea en peso o en número. Se utiliza fundamentalmente en
aguas continentales: cada pescador tiene consignado un número máximo autorizado de
capturas por especie y por día (cupos de captura).

3.2.3. Gestión de la pesca continental

La pesca continental tiene una gran importancia en países que cuentan con aguas
continentales distribuidas en grandes lagos o cuencas fluviales. En los lagos de gran tamaño
(grandes lagos norteamericanos, grandes lagos africanos, el mar Caspio, el lago Baikal, etc.),
la pesca es muy similar a la pesca en el mar, y la forma de gestionarla también. En las
grandes cuencas fluviales, especialmente en las tropicales (Amazonas, Orinoco, Zambeze,
Congo, Ganges, etc.), la pesca depende del nivel de las aguas del río. Cuando llega la época
de lluvias, estos grandes ríos se desbordan e inundan su llanura aluvial, ocupando enormes
extensiones donde los peces van a reproducirse. Al llegar la época seca, las aguas bajan y
vuelven a su cauce dejando tras de sí multitud de lagunas y charcas llenas de animales; ésta
es la época más provechosa para la pesca en estos ríos.

La ordenación de la pesca continental se ha establecido hasta ahora siguiendo lo que dictaba


la experiencia y según lo que marcaba la legislación (tamaño mínimo pescable, cupos de
captura, períodos hábiles de pesca, cebos prohibidos y permitidos, etc.). Los problemas de
contaminación, los que generan la construcción de presas, la erosión de las riberas y la
deforestación sobre los cauces fluviales y los problemas de los humedales, han demostrado
que la ordenación de la pesca debe basarse en fundamentos científicos y no únicamente en
económicos o en intereses de algunos países.

Ejemplo de la distribución de la pesca continental en España

Los planes de ordenación y aprovechamiento de la pesca continental en España son


bastante novedosos, especialmente si se comparan con los cinegéticos. La Ley 4/1989, de
27 de marzo, ya indicaba que debían redactarse planes de ordenación y aprovechamiento
piscícola, los cuales se tendrían que ir aplicando en todas las Comunidades Autónomas
susceptibles de explotar la pesca continental.

Las características de los ríos penínsulares y de su población íctica permiten dividirlos en


tramos o zonas, que suelen ser muy utilizadas en la gestión de la pesca. Los ríos o tramos
de ríos de montaña coinciden con la región de la trucha, que es la zona más valorada por los
pescadores deportivos; las zonas medias y parte de las bajas se corresponden con la región
de los ciprínidos, menos valorados desde el punto de vista pesquero, y finalmente, en las
zonas bajas terminales de los ríos y en los estuarios, ya es la región de los peces estuarinos.
Esta zonación de especies de peces está causada por las diferentes condiciones
ambientales que reinan en cada tramo de los ríos. Las truchas viven en los tramos de
montaña porque allí es donde encuentran las mejores condiciones para vivir: baja
temperatura del agua, aguas limpias y transparentes y un elevado contenido de oxígeno
disuelto.
 

Para una correcta gestión de las poblaciones de peces continentales susceptibles de


explotación pesquera, es imprescindible realizar muestreos para conocer los siguientes
aspectos de las poblaciones:

- Establecer un área de muestreo donde se pueda extraer una muestra representativa de la


población.

- Determinar el método de captura y la fecha de muestreo.

- Realizar el muestreo.

- Determina la talla, el peso y el sexo.

- Si es posible, determinar el estado de madurez sexual (mediante la evaluación del estado


de madurez de las gónadas) de cada individuo de la muestra.

- Recoger las estructuras que se van a utilizar en la determinación de la edad de los


ejemplares de la muestra (escamas, otolitos, opérculos, radios duros de las aletas, etc.) y
determinar su edad (preferiblemente utilizar más de un método de determinación).

- Establecer el número de individuos de la población, la densidad y la biomasa.

- Calcular los indicadores del crecimiento y su mortalidad.

- Calcular la producción y el cociente producción/biomasa (cociente P/B).

Para ello se utilizan técnicas de muestreo diferentes de las empleadas en la pesca marina o
de grandes lagos. En éstas, el muestreo necesario para el conocimiento de las poblaciones
viene dado por las propias capturas pesqueras comerciales, o en caso de realizarse
campañas de investigación, se utilizan barcos y artes similares a las comerciales.

En ríos pequeños, en cambio, son otros los métodos que se usan para el muestreo en
poblaciones piscícolas: pesca eléctrica, redes, trampas de red (nasas, garlitos, butrones o
esparaveles) e, incluso, el sonar.

En este sentido, el método más extendido es el de la pesca eléctrica. Se basa en crear un


campo eléctrico en el agua lo suficientemente efectivo como para provocar un aturdimiento
en los peces (electronarcosis); una vez aturdidos, se pueden capturar fácilmente y tomar los
datos pertinentes. Para crear este campo eléctrico se utiliza un generador de corriente
continua (con una diferencia de potencial entre 100 y 300 voltios y con una intensidad entre 1
y 3 amperios) cuyo cátodo se fija en el fondo y cuyo ánodo se introduce en el área escogida
para extraer la muestra.

Con los datos obtenidos en el muestreo y otras consideraciones (de tipo económico, social,
estratégico, etc) se puede empezar a organizar un programa o plan de pesca. Para ello
hace falta tener presentes los siguientes parámetros:
- Tallas mínimas permitidas para la pesca.

- Tramos de las aguas continentales: establecer zonas de refugio, zonas de


aprovechamiento, etc.

- Modalidades de pesca a utilizar.

- Cupos de captura permitidos.

- Presión de pesca permitida.

3.2.3.1. Medidas de mejora del hábitat

En función de la situación de las poblaciones de peces, cabe la posibilidad de que se tengan


que llevar a cabo programas de mejoras del hábitat. En estos programas de mejora se
recomienda:

- recopilar los datos históricos de hábitat que permitan conocer lo máximo posible su
funcionamiento y geomorfología. Es aconsejable reconstruir ese ecosistema según la
información histórica extraída; y,

- enfocar la gestión de los ríos y riberas como si fuera una reserva de especies (ya sean
acuáticas o dependientes del medio acuático).

Entre las mejoras del hábitat fluvial que se pueden realizar, se destacan las siguientes:

a) Pasos de peces: construcción de artificios para que los peces puedan superar las
barreras (naturales o constructivas) en los cauces.

b) Limpieza de cauces: si es necesario, dragar (por aspiración) los sedimentos y el cieno


acumulado y eliminar la vegetación excedente.

c) Caudal ecológico: en los cauces cuyo caudal se haya visto reducido por el efecto de
obras hidráulicas y derivaciones, se debe restituir parte del mismo. Esta operación puede
hacerse en base a dos criterios:

- Alcanzar el caudal ecológico aconsejable, es decir, aquel caudal que permite mantener
una producción piscícola con fines recreativos.

- Alcanzar el caudal ecológico mínimo, es decir, aquel caudal que permite mantener la vida
acuática, incluso la de macroinvertebrados (insectos, moluscos, crustáceos, etc.).

El tipo de criterio a seguir para establecer los caudales que deben circular dependerá del tipo
de ríos, de las especies que allí viven y de la época del año (Directiva 78/659/CEE):

- Ríos de salmónidos. El criterio a seguir dependerá de la época del año:


- Durante el período de freza y de desarrollo embrionario, y en el verano, el caudal circulante
debe ser superior al "caudal ecológico aconsejable".

- El resto del año el caudal circulante debe ser superior al "caudal ecológico mínimo".

- Ríos de ciprínidos. El criterio a seguir dependerá de la época del año:

- Durante mayo y junio el caudal circulante debe ser superior al "caudal ecológico
aconsejable".

- El resto del año, el caudal circulante debe ser superior al "caudal ecológico mínimo".

Se aconseja efectuar estudios detallados en cada caso, a nivel de subcuenca o incluso


inferior, con el fin de establecer mejor los caudales circulantes.

d) Aumento de la cobertura: esta estrategia persigue un doble objetivo: por un lado, dotar a


las especies acuáticas de áreas de refugio y, por otro lado, aumentar o estabilizar la
profundidad de la masa de agua. Se pueden adoptar varias medidas para aumentar la
cobertura:

- Idear medidas que eviten la erosión, por ejemplo, el revestimiento con piedras de la parte
exterior de un meandro de un río.

- Introducir plantas típicas de bosque de ribera en las orillas.

- Construir refugios artificiales con piedras, raíces, troncos, cornisas artificiales en la curva
externa de un meandro, etc.

- Construir artilugios que eviten que los sedimentos se vayan acumulando en el lecho del río:
por ejemplo, construir deflectores (o estructuras en ángulo) a profundidad media que formen
un ángulo de 45º con la orilla; de este modo se aumenta la corriente y se crean pozas.

- Construir artilugios que potencien la formación de pozas como barreras o diques en ríos
con fuertes pendientes.

e) Conservación y mejora de frezaderos: añadiendo arenas y gravas del tamaño


pertinente.

f) Mejora de las condiciones alimenticias: al añadir materia orgánica al agua o revegetar


los márgenes para potenciar el crecimiento de macroinvertebrados, principal alimento de los
peces, o añadir fosfatos y nitratos que potencian el crecimiento de algas, incluso se pueden
verter aguas residuales que impliquen un aumento en estas sustancias. Hay que controlar
bien estas técnicas, ya que se puede llegar a contaminar el río o a provocar eutrofización con
los fosfatos.

g) Proteger las orillas: cercando o vallando las orillas que se quieren proteger de la acción
del ganado o de los animales.
h) Mejorar las condiciones de temperatura: para peces sensibles a los cambios de
temperatura, habrá que idear sistemas que amortigüen estas variaciones. Por ejemplo, para
salmónidos que tienen un intervalo de temperatura óptimo entre 7ºC y 18ºC, se intentará
reducir el impacto del sol en primavera y verano y minimizar las pérdidas de calor durante el
invierno.

3.2.3.2. Medidas para la mejora de las poblaciones

También se pueden establecer medidas de mejora para las propias poblaciones piscícolas:

- Hacer repoblaciones piscícolas.

- Crear refugios o vedados de pesca.

- Controlar los depredadores.

- Construcción de arroyos con alevinaje.

- Planificar tratamientos sanitarios.

No hay que olvidar que determinadas medidas (como el control de depredadores, o las
repoblaciones piscícolas) pueden acarrear problemas ecológicos imprevistos, por lo que se
deben adoptar las precauciones pertinentes y hacer una buena y exhaustiva recopilación de
información previa.

También hay que pensar que, aunque hayamos diseñado y ejecutado el plan de gestión
correctamente, la evolución de los recursos acuícolas puede no ser la que se esperaba, ya
que pueden influir errores incontrolables: climatológicos, depredación imprevista,
enfermedades, errores humanos, actuaciones humanas nocivas, etc. Por ello, se recomienda
efectuar revisiones periódicas de la situación y del desarrollo del plan de gestión.

Capítulo 4 .- Los pastos

OBJETIVO
- Comprender las particularidades de los ecosistemas de pastizales sobre los que se
sustenta la ganadería extensiva.

4.1. Introducción
 

Los pastos son ecosistemas constituidos básicamente por plantas herbáceas, que sirven de
alimento a herbívoros, generalmente de gran tamaño. A nivel mundial existen importantes
extensiones de pastos salvajes: la estepa rusa, la sabana africana, la pradera
norteamericana, la pampa argentina y los llanos venezolanos. En Europa, en cambio, la
mayor parte de los pastos, a excepción de los alpinos, en la alta montaña, son pastos
seminaturales, utilizados como explotación ganadera.

Hoy en día se considera que la ganadería extensiva, basada en los ecosistemas de


pastizales sobre los que se sustenta, sabiamente practicada, estimula el funcionamiento
productivo e indefinidamente sostenible de estos ecosistemas. Contribuye, por un lado, al
mantenimiento de la producción del ecosistema, y por otro, a hacer útil y ordenar el territorio,
ayudando así a salvaguardar el patrimonio natural. Además, es un componente importante
en la economía de poblaciones rurales, cuyo mantenimiento es muy importante a la hora de
planificar la ordenación territorial.

4.2. Ecología de los pastos

4.2.1. Bases ecológicas de la explotación

La explotación natural de los pastos se basa en que los herbívoros, mediante el pastoreo,
simplifican las zonas forestales y de matorrales, transformándolas en herbazales cortos
intercalados. Los animales, además, abonan los pastos resultantes mediante sus
excrementos, lo que permite la continuidad explotadora. Como regla general, los
consumidores (herbívoros) aceleran el reciclado del sistema.

Ecológicamente se plantea el problema de mantener la estabilidad global del sistema,


permitiendo la explotación, incluso intensa en determinadas áreas. Éste se resuelve
mediante la creación de estructuras reticulares, es decir, de un mosaico de setos y zonas
forestales que envuelva a los pastos, y que proporcione a todo el sistema la estabilidad
necesaria para permitir la máxima producción compatible con la permanencia del sistema.
Las zonas forestales intercaladas son, de hecho, barreras protectoras para los pastos ( figura
4.1).
Figura 4.1: Las zonas forestales intercaladas actúan como barrera protectora de los pastos.

La explotación es un fenómeno normal en la naturaleza que se da siempre. La vegetación no


habría evolucionado como lo ha hecho sin el concurso de los herbívoros. De hecho, en los
ecosistemas naturales lo que se encuentra es un gradiente de explotación, desde
intensidades máximas en puntos muy concretos, hasta otros donde los fitófagos
prácticamente no actúan.

Conservar es mantener los gradientes naturales.

4.2.2. Los herbívoros integrados en el sistema

Los pastos seminaturales nacieron gracias a la actividad de los animales herbívoros, y


forman un sistema conjunto con ellos. No es posible mantener los pastos sin animales que
los consuman o sin personas que los abonen y sieguen a menudo. En el primer caso se
consigue una estabilidad mayor y los gastos de explotación se compensan sobradamente
con los ingresos del ganadero.

Hay que tratar de mantener un equilibrio entre el dinamismo de los pastos y la estabilidad
que proporcionan los retículos forestales, es decir, un equilibrio entre la explotación y la
conservación al mismo tiempo. Este tipo de explotación conservadora se opone a la mala
gestión de la explotación, es decir a la rapiña y la expoliación.

El pastoreo por parte de los herbívoros induce al incremento de las plantas adaptadas al
mismo, lo que contribuye al mantenimiento del sistema. Una mala gestión del ganado que
actúa sobre los pastos puede llevar a alguna de las situaciones siguientes:

- Pastoreo excesivo: incrementa la defoliación de las plantas y su sensibilidad ante el


"stress" hídrico y el pisoteo. Todo ello impide la recuperación de las especies herbáceas que
forman los pastos, contribuyendo a la denudación y erosión de los suelos.

- Pastoreo escaso: provoca la aparición de especies poco apetecibles para los herbívoros


domésticos. Se refuerza de esta manera la tendencia sucesional natural hacia el bosque.

- Pisoteo excesivo: produce la compactación del suelo, lo que puede crear ambientes


edáficos anaeróbicos. Se puede limitar así el reciclado natural de nutrientes y el
funcionamiento de las raíces de las plantas.

 
Figura 4.2: La ganadería extensiva bien gestionada contribuye al mantenimiento de los
pastos.
Fuente: banco de imágenes del Ministerio de Educación y Ciencia (España).

4.2.3. Importancia de los retículos silvo-pastorales

Los pastos, tal y como se ha mencionado anteriormente, se originaron por la actividad de los
animales herbívoros, así como por otros fenómenos (incendios forestales, aludes, etc.) sobre
las zonas forestales. Esto ocasionó la aparición de una zona de borde del bosque, dominada
por lianas y arbustos protectores, alrededor de lo que había sido la herida del bosque,
cicatrizada en forma de comunidades vegetales leñosas de rápido desarrollo o comunidades
herbáceas de crecimiento todavía más rápido.

Las zonas de borde de los bosques constituyeron los inicios de los prados
actuales, debido a la explotación natural del mismo.

En los prados naturales actuales predominan los tipos de hierbas grandes y tiernas, mientras
que en los límites entre estos prados y el bosque se encuentran plantas y arbustos que
rebrotan con gran facilidad (zarzas, avellanos, etc.).

En los prados seminaturales, explotados por la ganadería, estas zonas límite, forestales o
semi-forestales, tienen gran importancia. Contribuyen a estabilizar los pastos que de otra
manera perderían material rápidamente, por el gran dinamismo del sistema, y también
facilitan la ordenación de los mismos, por la exclusión temporal del ganado de los prados
segados. Son estructuras que facilitan la regulación y gestión de los pastos. Conociendo la
importancia de estas estructuras, se puede realizar una visión crítica de algunos de los
desarrollos llevados a cabo hasta ahora, como son los bosques de pinos y eucaliptus, que
carecen del tipo de formaciones vegetales capaces realizar esta función; o el concepto
negativo que se tenía hasta ahora del pastoreo por parte de la cabra, que puede constituirse
en un elemento auxiliar desbrozador de los zarzales y setos vivos, así como un buen
fertilizador de los pastos.
Finalmente, hay que hacer especial énfasis en el papel protector de los cortavientos y
bosques protectores para los pastos. El mejor cortavientos, y el más económico, sería un
bosque natural denso, con buenas zonas de zarzales y de setos antes de llegar a los pastos.
Sus funciones son evitar la erosión en pendientes fuertes, disminuir el efecto de vientos
impetuosos, de escorrentías fuertes durante tormentas frecuentes, retener la nieve en
invierno, etc. En definitiva, producen estabilidad paisajística.

4.3. Tipos de pastos y su aprovechamiento

4.3.1. Los pastos en ambientes mediterráneos

La dinámica de los pastos, como la de todas las comunidades naturales mediterráneas, se


rige por el ciclo anual climático. Éste viene dominado por un verano seco, en el que la
actividad se para o se reduce en los pocos ambientes protegidos del sol. Las lluvias y la
humedad necesarias para las plantas llegan en otoño. En invierno, la evaporación es escasa
y en determinadas zonas, el frío retarda o impide la actividad de muchos seres vivos, aunque
esta limitación es menos importante en las cercanías de la costa.

Las limitaciones ambientales se centran, pues, alrededor del calor y la sequía estivales. La
hierba se marchita rápidamente cuando está a pleno sol. En estas condiciones, solamente
algunas matas pueden ser aprovechadas por cabras y ovejas que hayan sido criadas en este
tipo de ambientes.

Los pastos son un mosaico de estructuras leñosas variado, con hierba de poca duración que
hay que aprovechar antes de que se marchite. No es posible mantener grandes extensiones
de herbazales sin sombra: se impone la heterogeneidad. Ante esta situación, hay que
fomentar la diferenciación de comunidades vegetales y del ganado, con una correcta
distribución por especies y por edades. Se recomienda aprovechar los conocimientos de los
pastores tradicionales sobre las posibilidades de cada tipo de bosque, matorral, ribera o
rastrojo, como de los forrajes sembrados, para equilibrar lo que el ganado no puede
encontrar fuera.

 
PECULIARIEDADES DE LOS PASTOS ESPAÑOLES

Los pastos españoles se pueden clasificar en los siguientes tipos:

 Tundra: no hay plantas leñosas y presenta un máximo productivo estival. Se puede


encontrar en zonas de alta montaña, en prados alpinos.

 Pastos arbolados subalpinos: se encuentran intercalados entre pinedas y


matorrales de alta montaña.
 Pastos de bosque: presentan dos máximos productivos y se encuentran en
paisajes con hayedos, robledales o, más raramente, pinedas.

 Todas las transiciones hacia los pastos leñosos mediterráneos: en éstos, las
lluvias se concentran en los meses fríos del año. Se caracterizan por tener hojas
duras y persistentes, por lo que se trata de un pasto esclerófilo, favorable para las
cabras.

Es necesario gestionar el paisaje no agrícola con ganados adecuados y bien


conducidos por los pastores.

En los pastos leñosos mediterráneos, menos productivos, los animales mejor adaptados son
las cabras y los asnos.

Un ejemplo de gestión de pastos: la dehesa ibérica

Las dehesas son pastizales seminaturales arbolados que ocupan amplias áreas de suelos
pobres en el centro, oeste y suroeste peninsular. En Portugal reciben el nombre de
"montados". Estos pastos han pasado de considerarse explotaciones agropecuarias
latifundistas, con connotaciones peyorativas, a exaltarse sus virtudes, por el equilibrio
conseguido en su seno entre la explotación ganadera y la conservación del ecosistema. Los
pastos seminaturales de la dehesa se mantienen en zonas deforestadas en regiones donde
antaño sólo había bosque. Dicho bosque fue eliminado mediante tala, incendios controlados
y ramoneo con cabras, hasta conseguir desarrollar los pastos con árboles (encinas,
alcornoques, robles melojos y quejigos) que hoy se conoce como dehesa, donde pasta
ganado vacuno, ovino, porcino y caballar. La dehesa se estructura en función de un sistema
vectorial de ladera: las zonas más altas y más pobres en nutrientes, con presencia de
arbolado, pierden materiales, por gravedad o al ser arrastrados por la escorrentía, en favor
de las zonas más bajas, más fértiles, con mayor humedad y donde, en definitiva, están los
mejores pastos.

Este proceso sería continuo de no ser por la ganadería, que modifica esta situación. Las
zonas bajas, más productivas, son las más consumidas por el ganado, el cual selecciona
además las plantas capaces de renovarse más rápidamente, y que son las que acabarán
dominando estas áreas. Por otra parte, las zonas altas de la dehesa son menos productivas
y su vegetación es menos agradable para los herbívoros, con lo que en esta zona hay mucha
menos presión del ganado. No obstante, se produce un cambio en el sentido de la
vectorialidad de la ladera: los animales van a descansar a lugares bien venteados y con
presencia de árboles, fertilizando el suelo de las zonas altas con sus excrementos.

De este modo se establece el equilibrio entre el efecto del pastoreo en las zonas bajas y
altas de las dehesas, con la tendencia natural vectorial de la ladera de arrastrar materiales de
arriba hacia abajo, con lo que se mantiene el ecosistema estable, regulado y productivo. Y no
sólo eso: la dehesa también es un área importante por la presencia de especies
emblemáticas de la fauna salvaje ibérica (como el águila imperial o el buitre negro), que
encuentran en estas zonas un ambiente favorable para vivir.

4.3.2. Los pastos en ambientes medioeuropeos

Los ambiente medioeuropeos se diferencian de los mediterráneos en que carecen del


período estival de sequía y calor sofocante. Los inviernos son fríos. Se nota la influencia
oceánica, por la gran humedad atmosférica, que suaviza la temperatura y sus cambios,
reduce la luz, y también acelera la acidificación de los suelos. La hierba es muy verde, pero
no muy nutritiva en condiciones naturales.

El ejemplo clásico de este tipo de pastos son los pastos británicos. En la península ibérica,
condiciones similares se dan en la cornisa cantábrica. En ambos casos encontramos un
ambiente atlántico suave, con elevada humedad, que constituye el paraíso de los pastizales.

4.3.2.1. Los ganados lanar y bovino

Los ganados lanar y bovino son los dos tipos de ganado más importantes que disfrutan de
las condiciones de los pastos medioeuropeos.

En la campiña británica, el ganado se encuentra en una finca o granja compartimentada,


donde los animales se pueden distribuir con poco esfuerzo. Ambos se reparten la hierba. El
ganado vacuno se come la hierba alta, la siega igualándola, no la come hasta su base. Por el
contrario, el ganado ovino prefiere la hierba corta bien tupida, y se come los restos cortos
más nutritivos. En estas condiciones, una correcta gestión ganadera haría que pastasen
primero las vacas, y después las ovejas. Si no es así, los óvidos se comen lo mejor primero,
los brotes tiernos más nutritivos, y dejan la paja y hierba seca para las vacas, que han de
malvivir con esta pobre dieta. Ésta fue la causa de las luchas en la pradera americana entre
"shepherds" y "cow-boys".

El ganado lanar requiere un tipo de pasto denso, con fisonomía de césped de


estadio deportivo. Es mejor si ha sido preparado antes por otros animales,
como el ganado vacuno.
 

En Inglaterra, en cambio, el ganado se distribuye adecuadamente en el tiempo y el espacio.


Cuando el frío del invierno no deja crecer la hierba, las ovejas y carneros la mantienen
arrasada, para aprovechar después mejor la luz que hará crecer la hierba rebrotada; cuando
los brotes ya suben fuertes, son aprovechados por los terneros, y finalmente, cuando la
hierba tiene más azúcares para la fermentación láctica, es consumida por las vacas de leche.
En uno o dos días, el pastoreo de las vacas rebaja la hierba. Inmediatamente después entran
las ovejas, que acaban de consumir lo que es aprovechable. Éstas últimas pueden competir
con los équidos por la misma hierba, si la entrada a cada cercado no se programa bien.

Al cabo de siglos de pastoreo intensivo se ha seleccionado un tipo de hierba que rebrota a la


vez, que es el césped de mejor calidad. Las plantas para campos deportivos, de fútbol por
ejemplo, han salido de los pastos comunales explotados todo el tiempo y con animales
variados.

Hay que tener siempre presente que el ganado ovino, por sus adaptaciones tradicionales,
prefiere la hierba corta. Con las ovejas se mantienen y mejoran los pastos de hierba corta y
tupida, ya que son seleccionados por el pastoreo de los animales. Y todavía son más
importantes en invierno, cuando las vacas han de estar cerradas en establos y ovejas,
yeguas y cabras aprovechan todo lo que es alimenticio. Los óvidos, en definitiva, son el
ganado que mejor transforma (casi "industrializa") la hierba de los pastos (especialmente
cuando la lana tiene un precio alto) y naturalmente, los óvidos realizan un gran papel en el
aprovechamiento de los pastos permanentes.

4.3.3. Los pastos en ambientes de alta montaña

La montaña ofrece una diversidad de ambientes tal que facilita el aprovechamiento ordenado
de todas sus producciones. Tiene, no obstante, el inconveniente de presentar un invierno
muy largo y duro. Algunas de sus características más importantes son:

- La nieve: es el factor limitante más importante, ya que cubre los pastos durante mucho
tiempo (de 5 a 10 meses al año. Permite poca iluminación y provoca un frío constante no
muy fuerte, así como una saturación hídrica con peligro de ataque por hongos parásitos. El
mismo aire que proporciona el color blanco a la nieve hace de aislante frente al frío muy
fuerte, pero también que los pastos permanezcan secos, reducidos a los rizomas, tubérculos,
bulbos y algunas semillas que esperan reverdecer o germinar en el momento de la fusión de
la nieve.

- El frío: se pueden alcanzar temperaturas extremadamente bajas (hasta -20ºC y -40ºC), que
no dejan nada verde. Existen pocas matas de hoja coriácea (esclerófilas) adaptadas
anatómica y fisiológicamente a fuertes heladas.

- El viento: es muy fuerte en la montaña. Reseca, enfría, rompe y arrastra el hielo y la arena,
de forma tal que lima y erosiona.
- La erosión: provocada por muy diversos medios (corrosión nival, aludes, deslizamientos de
tierra, erosión eólica y drenaje constante por lluvias), provoca la pérdida constante de
fertilidad que cae y no retorna.

- La luminosidad: es tan grande que hace que las plantas incrementen la fotorespiración.
Por esto, los colores dominantes en las plantas de alta montaña son los grises, plateados o
incluso blancos, para reflejar parte de la luz incidente, y permitir sólo el paso de la longitud de
onda precisa. Estos mecanismos se han seleccionado durante miles de años de ceguera
fotorespiratoria.

Los momentos de gran vitalidad en la montaña se reducen a pocos meses, durante el verano
y sin pausa. La hierba brota al fundirse la nieve. En esos momentos es cuando el pastor hace
subir los rebaños. Las primeras en llegar son las yeguas, que siguen a la fusión de la nieve.
Después suben las vacas y finalmente el ganado lanar aparece cuando ya hace calor. Cada
tipo de ganado aprovecha un tipo de pasto en un momento determinado en la montaña. El
orden así establecido es el fruto de la larga experiencia de los pastores y es probablemente
la regulación más perfecta de los pastos de alta montaña.

Figura 4.3: Ovejas pastando en campo abierto.


Fuente: banco de imágenes del Ministerio de Educación y Ciencia (España).

Capítulo 5 .- Los recursos forestales

OBJETIVO
- Dar a conocer el significado del manejo y la explotación sostenible del bosque.

.1. Introducción
 

El bosque es un ecosistema donde se presentan y predominan los árboles, que conforman el


estrato arbóreo, generalmente denso, y a cuyo abrigo medra un sotobosque conformado bien
por un estrato arbustivo bien por un estrato herbáceo. Junto con los elementos vegetales,
otros organismos son parte importante del ecosistema forestal: animales, hongos y
microorganismos diversos.

El bosque se puede dividir en estratos, tal y como se ilustra en la figura 5.1.

- El estrato alto o arbóreo está constituido por los árboles.

- El estrato medio esta formado por los arbustos.

- El estrato bajo se constituye de hierbas, helechos, musgos, hongos y líquenes.

Los dos últimos estratos reciben el nombre de sotobosque.

Figura 5.1: Representación esquemática de un bosque típico.

5.2. Situación mundial de los bosques

La cubierta forestal a nivel mundial alcanza casi 4.000 millones de hectáreas, y cubre cerca
del 30 por ciento de la superficie terrestre, tal y como se muestra en la  tabla 5.1. Entre 1990
y 2005, el mundo perdió el 3% de su superficie forestal, con una reducción media del 0,2%
anual, según los datos de la FAO.

En el período comprendido entre los años 2000 y 2005, la pérdida neta de bosques se cifró
en 7,3 millones de hectáreas anuales, a razón de 20.000 hectáreas diarias, una superficie
que equivale dos veces a la ciudad de París.

SUPERFICIE TOTAL DE BOSQUES


(NATURALES Y PLANTACIONES
SUPERFICIE FORESTALES)
REGIÓN TERRESTRE
(MILLONES DE ha) Superficie
% de la superficie
(millones de
terrestre
ha)
África 2978 635 21,3

Asia 3085 571 18,5

Europa 2260 1001 44,3

América del Norte y


2137 699 32,7
Central

Oceanía 849 206 24,2

América del sur 1755 859 48,9

Total 13064 3971 30,4

Tabla 5.1. Superficie de los bosques por regiones, año 2005.


Fuente: Situación de los bosques del mundo 2007, SOFO.
http://www.fao.org/docrep/009/a0773s/a0773s00.htm

Latinoamérica, el Caribe y África son hoy las regiones que experimentan mayores pérdidas.
África, con el 16% de la superficie forestal mundial, perdió el 9% de sus bosques entre 1990
y 2005. Por su parte, América Latina vio como la tasa de pérdida anual pasaba del 0,46 al
0,51 por ciento entre 2000 y 2005.

En el período comprendido entre los años 1990 y 2005, la región de América Latina y el
Caribe perdió alrededor de 64 millones de hectáreas de superficie forestal. Durante ese
tiempo, la superficie forestal aumentó en un 11% en el Caribe y disminuyó en un 19% en
América Central, y un 7% en América del Sur. En ese mismo periodo, la superficie forestal
disminuyó del 51 al 47% de la superficie terrestre total en la Región. La superficie total de
otras tierras boscosas se mantuvo estable, representando el 6% de la superficie terrestre
total.

Costa Rica es el único país de América Central que registró una tasa negativa de variación
de la superficie forestal en el decenio de 1990, y que en cambio notificó un aumento de la
superficie forestal de 2000 a 2005. Este viraje puede estar relacionado a políticas
innovadoras y el pago por servicios medioambientales.

Finalmente, en Europa y Norteamérica, los bosques se enfrentan a un grave deterioro


provocado por la polución atmosférica. Se calcula que en los próximos 100 años se puede
llegar a perder sólo en Europa un 20% de la producción total de madera, debido a los efectos
que la lluvia ácida está provocando sobre todo en el centro y en el norte del continente.

 
Figura 5.2: Imagen de un hayedo, bosque caducifolio típico de ambientes centroeuropeos.

5.3. La importancia de los bosques

5.3.1. La importancia ecológica del bosque

La importancia ecológica del bosque es enorme. Ya se ha tratado en el tema de la


biodiversidad el enorme valor que tienen los bosques tropicales en la conservación de la
biodiversidad del planeta. Sin embargo, esto no sólo es cierto en los bosques tropicales.
Pensemos que en los bosques, de cualquier tipo, existen infinidad de formas de vida
maravillosamente adaptadas a la vida forestal, y que si estos bosques desaparecieran, los
organismos desaparecerían también.

Un ejemplo al respecto es el del urogallo (Tetrao urogallus), ave emblemática de los bosques
caducifolios de la cordillera cantábrica, así como del dominio de las coníferas (pinares de
pino silvestre y negro, abetales y hayedo-abetales) de los Pirineos.

Figura 5.3: El urogallo es una ave típica de los bosques caducifolios cantábricos.

 
 
El bosque, no sólo protege el suelo, sino que lo incrementa.

Efectivamente, los ecosistemas forestales potencian y aumentan las capas del suelo, ya que
en el primer estrato edáfico se forma una importante cantidad de humus, fruto de la
hojarasca y la acumulación de los materiales caídos desde los árboles y restos de
vegetación. Este estrato, rico en materia orgánica, es fundamental para los organismos del
suelo, para el reciclado de nutrientes, y para la propia vida de las plantas del bosque.
Además, retiene mucha agua y la libera poco a poco, lo que hace que el bosque regule la
escorrentía superficial derivada de fuertes lluvias, controlando posibles inundaciones. Este
papel es muy evidente en los bosques y la vegetación de ribera, que actúan como
verdaderas esponjas en el momento de crecida de los ríos. Por otro lado, las raíces de los
árboles y resto de plantas del bosque retienen la tierra, contribuyendo así a evitar la erosión
del suelo.

Es interesante tener en cuenta la importancia del bosque en estos aspectos, ante los
posibles efectos negativos de algunas obras. Por ejemplo, una carretera mal diseñada puede
peligrar ante la erosión y degradación de sus taludes, si no hay vegetación que los proteja.
Igualmente, los embalses que almacenan el agua de una cuenca desforestada corren el
peligro de una rápida colmatación por sedimentos aportados por las aguas, los cuales
quedarían retenidos en gran parte si los bosques no hubieran desaparecido.

Otra importante función ecológica de los bosques es la de purificación del aire contaminado.
El proceso de fotosíntesis hace que las plantas del bosque absorban dióxido de carbono de
la atmósfera, al mismo tiempo que liberan oxígeno. Quizás los bosques estén ayudando a
compensar o frenar la creciente contaminación por dióxido de carbono que parece estar
teniendo un papel destacado en la evolución climática del planeta, al mismo tiempo que
compensan con la producción de oxígeno la disminución en este gas provocada por la
sociedad industrial moderna. También cumplen un papel importante en la fijación del polvo,
que se da en la enorme superficie foliar de los bosques; este polvo se limpia posteriormente
de las hojas con el agua de lluvia.

Finalmente, otro interesante aspecto de los bosques como protectores del medio atmosférico
es la gran capacidad que tienen de amortiguar la contaminación sonora.

También es importante, al menos a escala humana, la función del bosque como lugar de
esparcimiento y recreo de las personas, así como el marco ideal para realizar campañas de
educación ambiental sobre el terreno, estudiando el medio. Ambas funciones, especialmente
la primera, requieren de la plena concienciación de la gente sobre la fragilidad de estos
ecosistemas, así como de un plan de ordenación del territorio forestal y control de las
explotaciones forestales que permita conjugar la explotación con la función social de los
bosques.
5.3.2. El valor económico del bosque

Los bosques son fuente de gran cantidad y variedad de productos de gran valor económico.
El producto más conocido y que más dinero mueve es la madera. Se calcula que los
bosques mundiales producen 2 billones de toneladas de madera anuales; de éstas,
aproximadamente la mitad, se utiliza de inmediato como combustible in situ, mientras que el
resto se comercializa.

Desde un punto de vista comercial, las maderas se dividen en dos grandes grupos:

- La madera blanda, producida por gimnospermas, es decir coníferas (pinos, abetos, cedros,
etc.).

- La madera dura, que se obtiene de angiospermas, o árboles de hoja ancha (es decir,
robles, hayas, castaños, la mayoría de árboles tropicales, etc).

Figura 5.4: La industria de la madera es la que realiza el mayor aprovechamiento económico


de los recursos forestales. En la fotografía se observa un almacén de palets reciclados.
Fuente: catálogo Recupalet Codina, S.A.

Desde un punto de vista general, la mayor parte de especies de coníferas (madera blanda)
son árboles más uniformes, con crecimiento más rápido y de diámetro más pequeño que los
árboles de hoja ancha; además, en los bosques de coníferas (los mayores del mundo) suelen
dominar una o muy pocas especies diferentes, por lo que son muy homogéneos,
característica que facilita su explotación. Por esta razón la madera de coníferas es más
barata que la de los árboles de madera dura.

Los árboles de madera dura, especialmente abundantes en los trópicos, presentan maderas
más densas, duraderas y con menos nudos que las maderas blandas de coníferas. Además,
son más hetereogéneos; están compuestos por una variedad mucho mayor de especies y,
por tanto, de maderas, por lo que son más difíciles de explotar.

 
En apenas 1 km2 de bosque tropical se pueden encontrar hasta 80 especies
diferentes de árboles, de las que unas 25 tienen importancia comercial.
 

Algunas especies de madera dura son muy apreciadas, como la caoba o la teka para
ebanistería fina y chapas decorativas o el greenheart y el iroko en la construcción. También
hay árboles de hoja ancha de climas templados cuya madera es muy apreciada por su
calidad como es el roble, el nogal, el arce de azúcar norteamericano, etc.

Además del uso directo, la madera y las pulpas vegetales, tras diferentes tratamientos
mecánicos y químicos, se convierten en papel, probablemente uno de los productos más
importantes de la explotación de los bosques.

Figura 5.5: Bosque de sequoia y otras coníferas.


Fuente: Candel (1982).

El carbón de leña también se obtiene de la madera, una vez que ha sido carbonizada o


incompletamente quemada en hornos especiales con poco oxígeno, con lo que se
incrementa su concentración en carbono y, por tanto, su valor energético. Esta técnica
constituye, probablemente, la base de la industria química maderera más antigua: las
técnicas de su preparación y uso eran conocidas desde hace unos 6.000 años. El carbón de
leña era la materia prima esencial para las industrias metalúrgicas del mundo antiguo, por lo
que se produjo una deforestación de muchos bosques europeos; el sureste de Inglaterra, que
había sido un bosque casi impenetrable, fue particularmente explotado por este motivo. Hoy
en día se estima que más de la mitad de la cosecha maderera mundial se emplea como
combustible, especialmente en los países en vías de desarrollo.

De la madera también se puede obtener una molécula orgánica: la celulosa. A partir de ella
se fabrican importantes productos de uso industrial, como fibras artificiales (acetato de
celulosa, éteres de celulosa y nitrocelulosa), películas y plásticos (como el celuloide, usado
en la industria cinematográfica).

Mediante el sangrado de la corteza de los pinos se extraen la brea y la resina cruda o pez. A


estos productos se les conocía como "productos navales", ya que antiguamente se utilizaron
para el calafateado de cascos y cubiertas y para sellar las jarcias y forros de las
embarcaciones de madera. Actualmente, lo que se extrae es la fracción volátil de la resina
del pino, la trementina y la fracción cristalizada (la colofonía), pero no para uso naval, sino
para las fábricas de papel y para la industria química.

Tradicionalmente, los aceites vegetales, gomas y resinas se han utilizado en la


preparación de alimentos, jabones y perfumes, aunque en la actualidad se han convertido en
productos imprescindibles en muchas industrias modernas:

- Los aceites vegetales proceden de las hojas o de las semillas de ciertos árboles, de los que
son extraídos por compresión. El aceite de palma, por ejemplo, se obtiene de la planta
oleícola más importante del mundo: la palma oleaginosa (Alaeis guineensis), originaria de las
zonas húmedas de África tropical y cultivada en vastas plantaciones de África y de la
península Malaya. El aceite de oliva, de gran importancia económica, se extrae de la semilla
del olivo (Olea europaea).

- La goma arábiga es, de hecho, un producto patológico rezumado por árboles enfermos de
la especie Acacia senegal.

- Como ejemplo de oleo-resinas tenemos el olíbano y la mirra que se obtienen del sangrado
de árboles (de Boswellia carteri el olíbano, y de Comniphora molmol la mirra) en Arabia y el
noreste de África, y cuyo valor hace 2.000 años era comparable al del oro.

El corcho es un material impermeable, liviano, imputrescible y poco denso que se obtiene de


la corteza de los alcornoques (Quercus suber) mediterráneos. Por sus características se usa
básicamente en la industria taponera, aunque una buena parte se destina también a formar
aglomerados de corcho para la fabricación de tableros aislantes térmicos o acústicos.

El bambú es un nombre genérico que engloba a un grupo de gramíneas (plantas herbáceas)


que pueden alcanzar gran tamaño (hasta 20 m de alto) y formar grandes bosques en
regiones tropicales y subtropicales. Se trata de un material extraordinario: es liviano, hueco,
flexible y robusto, por lo que puede aplicarse a múltiples usos: para la construcción de
muebles, material de contrucción de viviendas o de embarcaciones, materia prima de cestos
o instrumentos musicales, entre otros.

 
Figura 5.6: Cañas de bambú.
Fuente: http://www.solverde.com.ar/solverde_exterior/bambu.htm

El caucho es otro producto de los bosques muy valorado. Este material procede del látex, un
exudado lechoso y gomoso obtenido mediante sangrado de la corteza de varias especies de
árboles tropicales. En realidad, actualmente sólo se explota como productor de caucho un
solo árbol, el Hevea brasiliensis, originario de la cuenca del Amazonas, pero con presencia
mayoritaria en el sudeste asiático. El caucho puede someterse a procesos de vulcanización,
que se basan en su calentamiento con azufre para crear enlaces químicos estabilizadores
entre las moléculas; con estos procesos se producen artículos de goma (mangueras,
artículos del hogar, bolsos, zapatos, pavimentos, etc.) y, sobre todo, neumáticos, que
representan las tres quintas partes de todo el caucho (natural y sintético) que se consume en
los países industrializados.

Otro producto de las plantas y árboles de los bosques son las fibras naturales (aunque lo
cierto es que son menos conocidas que las fibras naturales que proceden de cultivos como el
algodón o el lino). De la corteza de determinados árboles, el baobab (Adansonia digitata)
africano o la morera japonesa (Broussonetia papyrifera), se pueden extraer fibras, las cuales
son consumidas a nivel local para la fabricación de cuerdas y otros útiles.

Las fibras extraídas de los peciolos foliáceos de las palmeras también se utilizan en la
fabricación de pinceles y cepillos. Otro ejemplo es el de una planta muy conocida: el cocotero
(Cocos nucifera), que proporciona fibras a través de la cubierta de su semilla, el coco; en la
India y en Sri Lanka se utiliza este material para fabricar alfombras, cordajes, colchones y
otros productos.

Otro producto con un amplio mercado son los colorantes, extraídos de miles de especies de
plantas para la producción de tintes. Los taninos son unas moléculas químicas compuestas
de carbono, hidrógeno y oxígeno, presentes en las hojas, frutos, madera y raíces de multitud
de plantas, que son muy usadas en la industria de curtido del cuero, aunque actualmente
están siendo sustituidas por productos sintéticos.

El mundo occidental ya no depende de los productos del bosque para su alimentación pero,
en algunas zonas, como en los trópicos, el bosque todavía constituye una importante fuente
de alimentos. Es especialmente interesante el caso de los frutos duros, ricos en grasas y
proteínas; algunos de los más apreciados son el coco, el castaño de Pará (Bertholletia
excelsa) y el anacardo (Anacardium occidentale). Por otra parte, muchos de los frutos hoy en
día cultivados, como las bananas, fresas, zarzamoras y naranjas, proceden de plantas o
árboles de bosque.

El bosque también es una fuente de sustancias químicas y productos de utilidad médica.


Por ejemplo, en las selvas sudamericanas, el botánico español del siglo XVIII José Celestino
Mutis descubrió las propiedades antipalúdicas de la corteza del árbol de la quina (Cinchona
condaminea). Otro caso es el de la Chondodendron tomentosum, una planta trepadora de la
selva brasileña de la que se extrae el curare, originariamente utilizado por los indios para
envenenar sus flechas, pero que ha sido utilizado como anestésico en operaciones
quirúrgicas Actualmente, la industria farmacéutica mundial está investigando los productos
de los bosques tropicales, buscando nuevos fármacos con los que combatir las
enfermedades de la humanidad.

5.4. La explotación forestal: la silvicultura

La silvicultura es la ciencia que estudia la gestión y conservación de los bosques con el fin de
conseguir el máximo provecho adecuado al objetivo que se pretende alcanzar. Para ello
existen técnicas muy diferentes, según los beneficios que se pretendan obtener: por ejemplo,
se puede gestionar una pineda para la extracción de madera, un alcornocal para la
extracción de corcho o un bosque en un área natural protegida.

Hace tiempo sucedía con los bosques lo mismo que con los mares o las praderas, es decir,
parecían inmensas extensiones de recursos inagotables por explotar. Hoy sabemos que la
realidad es muy diferente. Actualmente, la demanda de pulpa para papel y madera maciza a
nivel mundial crece a tal velocidad que es imprescindible conseguir que los bosques crezcan
al mismo ritmo que las necesidades humanas. Por ello, en los países madereros
especialmente, la gestión de los bosques se realiza de forma absolutamente controlada,
desde las operaciones de preparación y plantación de plántulas o semillas sobre el terreno
hasta la extracción final.

Es necesario controlar para ello, entre otras cosas, las plagas del bosque y la vegetación no
deseada que compite por agua, suelo y luz con los árboles jóvenes. Esto se suele llevar a
cabo mediante pesticidas y herbicidas, químicos o biológicos, elementos que pueden llegar a
ser muy necesarios.

 
Entre insectos, roedores y enfermedades de los árboles, cada año se destruye
aproximadamente el 40% del volumen total de madera extraída de los bosques
de Norteamérica.

Una gestión adecuada de los recursos forestales, en este caso dedicados a la explotación
maderera, incrementa la calidad y el volumen de los árboles recolectados. En los bosques no
gestionados del noreste de los EEUU, se pueden encontrar entre 50.000 y 100.000 plántulas
o árboles jóvenes por hectárea de terreno. En algunos bosques talados se contabilizan hasta
600.000 plántulas/ha. El problema es que estos arbolitos, por su gran abundancia, van a
crecer atrofiados y desnutridos, por lo que serán más susceptibles de padecer
enfermedades. En cambio, un bosque gestionado de la misma área geográfica, posee un
número de plántulas/ha entre 1.700 y 3.500. Con esta densidad, su crecimiento es mucho
mejor, ya que disminuye la competencia entre las plántulas por la luz y los nutrientes del
suelo, mientras se optimiza el aprovechamiento del terreno, consiguiendo la máxima cosecha
posible.
De esta forma, en los países nórdicos, se consiguen cortar las coníferas en 35 años,
mientras antes se hacía cuando los árboles tenían entre 60 y 100 años; en el sur de los
EE.UU estos mismos árboles se cortan al cabo de 20 años. En estos casos, se suele
replantar aproximadamente el 15% de la zona talada, ya que la mayoría de estos bosques se
regeneran naturalmente.

Hasta aquí se ha visto, como introducción, un ejemplo de gestión de bosques de coníferas


norteamericanos para la obtención de madera. A partir de ahora se verán algunos conceptos
básicos sobre explotaciones forestales en general y un esquema de las técnicas de
explotación forestal más aplicadas en los bosques.

5.4.1. Conceptos básicos sobre explotación forestal

Algunas definiciones básicas sobre explotación forestal son las siguientes:

Aprovechamiento

Es la extracción de productos del bosque. En el caso de la madera, se pueden utilizar


distintos criterios en el aprovechamiento del bosque:

- Criterios físicos. En estos casos se procura que el árbol permanezca en el bosque el


máximo tiempo posible. Para ello, se realizan limpiezas del sotobosque y talas de los árboles
mal formados, enfermos o maduros.

- Criterios económicos. De esta manera, se procura conseguir el máximo rendimiento del


bosque. Es la peor manera de explotar el bosque, ya que siguiendo este criterio a menudo se
realizan aprovechamientos abusivos y destructores, típicos de una mala gestión.

- Criterios tecnológicos. Aquí se pretende orientar el bosque a la producción y obtención de


árboles de un tamaño determinado, con fines más específicos.

Turno

Es el lapso de tiempo que transcurre desde que el árbol nace hasta que tiene el diámetro que
interesa, momento en que se acostumbra a hacer la tala. Los turnos pueden tener
duraciones extraordinariamente variables, desde 400 años en algunos robles de Europa
central, hasta 6 u 8 años en especies de crecimiento rápido. Los chopos, por ejemplo, suelen
tener turnos de entre 15 y 20 años.

Clases de edad

Son los grupos de árboles del bosque, clasificados por diámetros (generalmente se hacen
grupos a partir de 10 cm y múltiplos de 5). También se llaman clases diamétricas.
Representan la estructura demográfica de la población de árboles.

Estructura del bosque


Es la forma que tiene el bosque en relación a la edad de los árboles. Puede ser:

- Regular: cuando toda la masa forestal está compuesta por árboles de la misma clase de
edad.

- Irregular: cuando hay árboles de diferentes clases de edad.

Regeneración del bosque

Según el tipo de regeneración que se produzca, se traducirá en tipos de bosque diferentes:

- Monte alto: cuando todos los pies (árboles jóvenes) proceden de semilla; éstos reciben el
nombre de brinzales. Es el caso de la mayoría de bosques de coníferas.

- Monte bajo: la mayoría de pies vienen de brotes de cepa o raíz. Puede tratarse de rebrotes
de cepas de árboles previamente cortados.

- Monte medio o mixto: es el constituido por la combinación de las dos formas anteriores,
con un piso superior procedente de brizales y un piso inferior constituido por brotes de cepa o
raíz. Es el caso de muchos encinares.

Métodos de tratamiento

Prácticamente, la única forma que tiene el hombre de tratar el bosque es mediante la tala.
Existen diferentes métodos, según el tipo de bosque que se trate:

- Limpieza: consiste en extraer las ramas bajas, y en el suelo, cortar los brotes inútiles o
defectuosos de una cepa, así como las matas y arbustos.

- Tala de todos los árboles: se cortan todos los árboles del bosque o sólo de un sector
localizado. Como norma general, se acostumbra a ir talando el bosque por sectores en
períodos de años regulares y sucesivos.

- Aclarado: consiste en talar algunos árboles del bosque, según unos criterios previos
fijados. Normalmente se pretende asegurar el mantenimiento del espesor adecuado para
cada tipo de bosque, de forma que se pueda producir la renovación natural y continua de las
especies aprovechadas. Para ello, la intensidad máxima de aclarado (en% de árboles que se
pueden cortar) se calcula dividiendo la longevidad (la edad que pueden alcanzar los
individuos sanos) de la especie por el turno normal que se practica en la región.

5.4.2. Técnicas de explotación forestal


5.4.2.1. Plan de ordenación del bosque

Previamente al aprovechamiento de un bosque es preciso definir un plan de ordenación. Este


plan ha de regular y establecer el tipo de aprovechamiento que se puede realizar de un
bosque concreto en cada momento.
Es necesario para ello la elaboración de un estudio técnico que analice los factores de la vida
en el bosque (clima, suelo, edad de los árboles, densidad de los mismos, red de caminos,
plan de trabajos culturales y de aprovechamiento, etc.), con el fin de conseguir un equilibrio
entre el máximo beneficio posible y el mantenimiento de la estructura y calidad del bosque. Si
la superficie forestal no se encontrase en buenas condiciones, se debería realizar un estudio
del tratamiento y del mejor aprovechamiento posible para perfeccionar la estructura de la
masa forestal.

5.4.2.2. Planificación de un aprovechamiento

Una vez ya se cuenta con un plan de ordenación para el bosque, se procede a planificar el
aprovechamiento del mismo. Entre otras cosas, hay que procurar que la tala coincida con el
período de parada vegetativa de los árboles. Un plan de trabajo normal debe constar,
cronológicamente, de las siguientes fases:

- Marcaje de los árboles que se quieren quitar del bosque.

- Construcción de una red de caminos de acceso, o reconstrucción y mejora de los


existentes.

- Realización de la tala, con los criterios adecuados de máximo aprovechamiento de la


madera, y mínima acción destructora sobre el bosque.

- Arrastre y clasificación de los troncos en el bosque, así como su transporte.

- Retirada del ramaje del bosque, operación que frecuentemente se omite debido a su
elevado coste económico.

- Reforestación artificial, en los casos en que haya espacios abiertos con pocas posibilidades
de ser reforestados naturalmente.

5.5. Reforestación

La reforestación o repoblación es la reimplantación de árboles en un paraje, que a lo largo


de su desarrollo mantendrán o volverán a formar un bosque. Es diferente de la forestación,
que es la introducción de árboles en un área desarbolada durante siglos.

Ambas pueden ser de dos tipos:

- Naturales: cuando los árboles rebrotan o nacen de forma natural, sin intervención humana.
Esto puede no ser posible si ha habido una excesiva explotación previa del bosque.

- Artificiales: cuando el hombre introduce árboles en un terreno. Es el caso, entre otros, de


las plantaciones de árboles exóticos, como los eucaliptus (Eucalyptus sp.), de origen
australiano, o el americano pino insigne (Pinus radiata), que fueron introducidos, por ejemplo,
en España a comienzos del siglo XX.

El problema de los eucaliptus

Son particularmente importantes las plantaciones de eucaliptus existentes en determinadas


zonas de la geografía española. La elevada producción de madera de estos árboles, así
como su facilidad para rebrotar tras un incendio, y la gran variedad de eucaliptus existentes
(hay cerca de 600 especies incluidas en el género Eucalyptus), que se pueden adaptar a
condiciones muy diferentes, han hecho de estos árboles australianos uno de los
dominadores de las superficies forestales españolas dedicadas a proporcionar madera para
pasta de papel. Sin embargo, los eucaliptus presentan un problema conocido como
alelopatía, consistente en que la hojarasca producida por algunas especies reforestadas
provoca la desaparición de la flora herbácea y arbustiva de los alrededores del árbol, así
como la acidificación y empobrecimiento del suelo en ese mismo terreno, con el daño que
esto representa para el ecosistema.

Los motivos, así como los objetivos, de las políticas de reforestación pueden ser varios:
mantenimiento de zonas boscosas y creación de nuevos bosques, para abastecer la
demanda en constante crecimiento de madera para usos diversos; la existencia de gran
cantidad de superficie desforestada, debido al abandono de cultivos y pastos antiguos,
incendios forestales, explotaciones mal gestionadas, etc.; y también por el importante papel
ecológico y social que cumplen los bosques (protección del relieve, o de aludes en alta
montaña, protección de la caza, y mantenimiento de bosques en espacios naturales
protegidos).

Es interesante tener en cuenta una serie de factores a la hora de llevar a cabo la


reforestación de un área. En este sentido, es importante el medio físico donde se va a
realizar, las características del clima y del suelo, así como la vegetación natural existente y la
meteorología en el momento de la reforestación. Evidentemente, también se han de
considerar las características de la especie o especies a reforestar, y el impacto que ello
supondrá sobre el medio ambiente, en función de los objetivos buscados.

Sería conveniente no guiarse únicamente por criterios económicos al llevar a cabo una
reforestación, ya que éstos pueden variar a medio o largo plazo, sino utilizar también criterios
ecológicos a la hora de reforestar un área y de gestionar esta explotación.

 
Mantener una cierta diversidad de especies de árboles en vez de una
explotación monoespecífica (con una sola especie de árbol), es una buena
estrategia ecológica y paisajística que suele serlo también en términos
económicos.
5.6. Los incendios forestales

Los incendios forestales constituyen uno de los problemas típicos de temporada en el verano
mediterráneo. La opinión pública en general está muy concienciada ante los graves daños
que estos sucesos ocasionan a todos los niveles.

Un área quemada necesita de 20 a 50 años para recuperarse y formar una masa


forestal de madurez semejante a la que resultó incendiada.

A continuación se profundizará un poco más sobre este tipo de fenómenos, en cuyo


desencadenamiento el hombre tiene buena parte de culpa, tanto de manera directa como
indirecta.

5.6.1. El fuego forestal

El fuego forestal tiene una serie de características propias que hay que tener muy en cuenta
a la hora de estudiar este fenómeno:

- Resulta difícil quemar un bosque. El fuego es un fenómeno de combustión rápida que se


produce por la oxidación energética de la materia vegetal, y al mismo tiempo, libera energía
en forma de luz y calor. Sin embargo, para que esta combustión se inicie es necesario un
aporte de energía supletorio, ya que en el bosque no se dan igniciones espontáneas. Dicho
aporte puede ser producido por un rayo, por ejemplo, o por el hombre. Sin este aporte extra
de energía, no se puede originar ningún incendio forestal.

- El riesgo de incendio es diferente según la época del año o la meteorología imperante en el


momento (si ha habido lluvias recientes, sequía, etc.).

- La inflamación siempre se produce por contacto.

- Para que se produzca la combustión, la madera es el combustible, pero el comburente, el


oxígeno, tiene un elevado componente aleatorio, ya que depende del viento.

- La evolución del incendio forestal está muy supeditada a la orografía del terreno. Los
relieves montañosos y accidentados favorecen la propagación de los incendios y dificultan su
extinción.

Teniendo estas características presentes, es evidente que el riesgo de incendios en una


zona determinada aumentará cuando la temperatura ambiental sea elevada (ya que el aporte
inicial de energía será menor); también, al aumentar la intensidad del viento, ya que el viento
transporta al comburente necesario para la combustión; cuando disminuye el punto de
humedad de la vegetación (por una sequía, por ejemplo); también se incrementan las
probabilidades de producirse un incendio allí donde haya una mayor particulación del
combustible, ya que arde mejor el serrín que un tocón de madera.

A este último respecto, hay que indicar que lo primero en arder en el bosque cuando se
produce un incendio es la madera troceada que se pueda encontrar en el suelo del bosque,
después las matas y arbustos del sotobosque, y finalmente, los grandes troncos son los
últimos en arder.

Los fuegos forestales son, hasta cierto punto, fenómenos naturales. Los rayos o las
erupciones volcánicas pueden desencadenarlos, proporcionando esa energía necesaria para
iniciarlos.

No obstante, ha sido el hombre el que los ha potenciado en realidad, especialmente en el


área mediterránea, actuando en dos frentes: por un lado, ha provocado la degradación del
manto vegetal en áreas amplísimas; esta degradación de la vegetación conduce hacia un
incremento en el xerofitismo, es decir, en la cantidad de plantas xerófitas, propias de áreas
secas, que arden con facilidad. Y por otro lado, ha fomentado la reforestación de ciertas
especies pirófitas (esto es, plantas que favorecen y son favorecidas al mismo tiempo por el
fuego, ya que, aunque mueren los adultos, permite que las semillas se desarrollen mejor).

Los mejores ejemplos de plantas pirófitas reforestadas por el hombre son los eucaliptus y los
pinos. Un eucaliptus es 267 veces más combustible que una encina, mientras un pino
carrasco (Pinus halepensis) lo es 230 más que una encina. El motivo de las reforestaciones
realizadas con estos tipos de árboles es el mayor beneficio económico que reportan
respecto, por ejemplo, las encinas o los robles, ya que crecen más rápido y son aptos para
producir madera y pulpa de papel. En cambio, tienen un alto riesgo de incendio que el
empresario se ve obligados a aceptar en aras de una mayor rentabilidad económica.

Existen tres tipos de incendios forestales:

- Fuego de superficie: se trata del fuego que afecta al monte bajo y al sotobosque, que
están en contacto directo con la superficie del suelo, y son la parte más inflamable del
bosque. Esquemáticamente, sería como lo ilustra la figura 5.7.

Figura 5.7: Esquema de un fuego forestal de superficie en un pinar.


 

- Fuego de copas: en este caso, el fuego se transmite de una copa a otra si éstas son
suficientemente densas, independientemente de lo que ocurra en el sotobosque. De todos
modos, estos fuegos suelen ir asociados a los de superficie, tal y como se observa en
la figura 5.8.

Figura 5.8: Esquema de fuego de copas y de superficie conjuntos en un pinar.

- Fuego de humus: este fuego sólo afecta a la materia orgánica en proceso de


descomposición que se encuentra en el suelo. Se trata de fuegos semiocultos, casi sin
llamas, propios de bosques caducifolios y que se propagan lentamente. Son raros en
latitudes mediterráneas (figura 5.9).

Figura 5.9: Esquema de un fuego de humus en un bosque caducifolio.

El fuego se propaga dependiendo de un frente de avance en forma de cinta más o menos


serpenteante. Los restos que quedan calcinados tras el paso de este frente no pueden volver
a quemarse. Previamente al frente de avance, aparece el frente de desecación, que está
ocasionado por las elevadas temperaturas ambientales provocadas por el incendio, y que
mata a los vegetales, evaporando el agua que contienen. De esta manera facilita el paso del
frente de avance. En este punto, el viento y la pendiente del terreno son de la máxima
importancia para el avance del fuego.

5.6.2. Medidas preventivas contra los incendios forestales

Las medidas preventivas contra los incendios forestales tienen básicamente tres objetivos:

- Impedir el origen de los incendios atribuibles a causas evitables.

- Preparar los montes para obstaculizar la expansión del fuego una vez que éste se haya
iniciado.

- Instalar sistemas de detección y comunicaciones que permitan acudir rápidamente a


sofocar el incendio cuando se haya iniciado.

Se han de tener más controladas las conocidas como zonas de actuación, es decir, las
comarcas con mayor riesgo de incendio. Este riesgo se asigna en función de tres factores
principales:

- Biovolumen o volumen total de materia vegetal que puede quemarse. Esto da una idea de
la intensidad que podría tener un fuego eventual.

- Estructura de la vegetación (disposición en el espacio de los diferentes elementos de esta


vegetación). Este factor va a condicionar la velocidad de propagación de un hipotético fuego.

- Las especies predominantes, cuya combustibilidad puede influir en la dinámica del fuego.

También se trabaja con índices de peligro, calculados con base a las mediciones diarias de
los factores más importantes ante un eventual fuego: la temperatura ambiental, la humedad
relativa, las lluvias y la velocidad del viento, que van a repercutir en la humedad de la
vegetación.

A mayor humedad en la vegetación, mayor resistencia encontrará el fuego.

En referencia a los cortafuegos, éstos son elementos muy importantes en la prevención de


incendios. Se trata de franjas de terreno desprovistas de vegetación, abiertas antes de que
se produzca ningún incendio. Al interrumpir la continuidad del arbolado, matorral o pastizal,
se contribuye a la detención del fuego.

La eficacia de los cortafuegos depende de varios factores:


- su emplazamiento, que hace que normalmente sigan líneas divisorias y cambios en las
vertientes de crestas de montaña, y se orienten en función de la dirección de los vientos
dominantes;

- su amplitud; y,

- su estado de limpieza.

Figura 5.10: La limpieza periódica de los cortafuegos es esencial para que cumplan su
cometido.
Fuente: http://www.altimetriasturias.com/baixa.jpg

Es asimismo de gran importancia tratar de evitar en los cultivos de los montes la quema de
barbechos, matorrales o pastizales, ya que esta práctica contribuye a la degradación del
suelo y constituye un riesgo añadido en las épocas en que los incendios son propicios; hay
que tener en cuenta que la quema de rastrojos está muy extendida, ya que favorece el
rebrote de las hierbas y para el propietario supone un ahorro en el pago de jornales.

Finalmente, son muy importantes las tareas de vigilancia y prevención a realizar en los
ámbitos de educación, a todos los niveles, de propaganda y de legislación, ya que es la
mejor manera de evitar actos e imprudencias que puedan provocar la quema de los bosques.

Capítulo 6 .- La ordenación del territorio

OBJETIVO
- Proporcionar una serie de ideas clave sobre la ordenación de los posibles usos del
territorio más adecuados a las características del mismo y de los recursos naturales que en
él se encuentran.
6.1. Introducción

En este capítulo se va a tratar el tema de la planificación y ordenación del territorio, que es la


aplicación directa sobre el territorio de la gestión de los recursos naturales. Mediante la
ordenación del territorio se pretenden conocer las características del medio y valorar sus
recursos naturales con el objetivo de ordenar los posibles usos de ese medio; al mismo
tiempo, se marcan unas restricciones y/o prioridades de actuación para que el uso del
territorio que se elija sea el más idóneo a sus características y permita la conservación de los
recursos naturales.

 
Se entiende como recursos naturales aquellos bienes de contenido económico
que se pueden obtener de la naturaleza y que no derivan de la creación
humana.

Las causas que provocan problemas en la ordenación del territorio son muy similares a las
que generan los problemas medioambientales en general. Éstas se pueden resumir en las
siguientes:

1. No considerar los beneficios ambientales en la contabilidad nacional.

2. La búsqueda de resultados a corto plazo.

3. Una planificación sectorial que no integra los aspectos ecológicos, sociales y económicos.

4. Una economía dirigida a aumentar los beneficios, sin tener en cuenta otras repercusiones.

5. El predominio de los intereses privados sobre los públicos.

En este sentido, es evidente la existencia de desórdenes territoriales generados por la


actividad económica del hombre. Dichos desórdenes provocan desequilibrios
territoriales que influyen en la calidad de vida. Estos desequilibrios pueden clasificarse en
dos tipos:

a) Desequilibrios horizontales: son aquellos que provocan desigualdades en las distintas


partes del territorio.

- Las zonas mal comunicadas en las que las ayudas son pocas y tardías.

- Las zonas despobladas en las que se invierten escasos recursos económicos.


- Las zonas o áreas afectadas por diferentes políticas y sus posteriores reformas.

- Las áreas de alta montaña.

- Las comarcas deprimidas que se están despoblando por falta de desarrollo económico.

b) Desequilibrios verticales: son aquellos que provocan desórdenes en la organización del


espacio, en el uso del suelo, y que generan problemas ambientales.

- Las zonas con recursos naturales mal gestionados.

- Las zonas con una gestión deficiente de los usos del suelo.

- Las zonas urbanas con problemas medioambientales.

- Las zonas con actividades industriales, económicas y/o servicios mal repartidas.

Las estrategias a adoptar variarán en función del tipo de desequilibrio que se quiera
subsanar.

La ordenación territorial se está realizando en muchos casos no como medida


previa, sino a posteriori, por lo que su coste se incrementa.

Por ejemplo, la Carta Europea de Ordenación del Territorio de 1983 establece que los
objetivos de la ordenación del territorio necesitan nuevos criterios de orientación y utilización
del progreso técnico, acordes con las exigencias económicas y sociales de gestión
responsable de los recursos naturales, y no con las de la rentabilidad o con los intereses
sectoriales. En el mismo sentido se manifiestan la Carta Europea del Suelo y la Carta
Europea del Litoral. Todas ellas se enmarcan dentro de la Estrategia Mundial para la
Conservación, promovida por la U.I.N.C. en 1980 con la colaboración del P.N.U.M.A. y la
W.W.F., que define los procedimientos para alcanzar una atribución racional del
aprovechamiento de la tierra y el agua.

6.2. El planeamiento urbanístico como instrumento de ordenación territorial

La ordenación territorial tiene que estructurarse siguiendo el sistema utilizado en la


planificación urbanística: organizar la ordenación en unidades cada vez más amplias,
partiendo de una zona o área, para luego pasar a la comarca, región, nación y así
sucesivamente.

En la ordenación del territorio hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:
- Realizar una buena zonificación: destinar a cada actividad los territorios idóneos para su
buen desarrollo.

- Realizar una evaluación del impacto ambiental de las actividades que se van a efectuar en
cada zona: si el resultado de la evaluación de una actividad es negativo, se debe rechazar.

- Evaluar la geomorfolgía, el clima y los condicionantes naturales del terreno para decidir si
un uso o actividad determinado es viable o no.

- Tratar el espacio natural como un recurso o como el conjunto de varios recursos.

En un principio la ordenación del territorio se enfocaba con el planteamiento de ordenación


de recursos naturales y espacios naturales protegidos; iba encaminada a determinar los
mejores establecimientos posibles de industrias y ciudades desde un punto de vista social,
económico y tecnológico. En definitiva, se pretendían subsanar problemas de localización
industrial o urbana. Siguiendo este planteamiento, se realizaban exhaustivos estudios del
medio físico, pero centrándolos en aspectos puramente industriales o urbanos, por lo que
este modelo no se podía extrapolar a otros ámbitos.

El planeamiento urbanístico es mucho más amplio que el de los recursos naturales y


espacios naturales protegidos. Éste incorpora toda una serie de elementos nuevos, como
son la conservación de la naturaleza y la protección del patrimonio natural; además,
considera a los ayuntamientos (que normalmente eran los que menos intervenían en
cuestiones medioambientales) como una pieza clave en la ordenación del territorio.

Sin embargo, también existen algunos aspectos del planteamiento urbanístico que hay que
superar para poder efectuar una planificación integrada, como es la ordenación del territorio.
Estos problemas se pueden concretar en los siguientes:

- El planteamiento urbanístico acostumbra a plantear soluciones a corto plazo.

- En el planeamiento urbanístico intervienen diversas disciplinas de forma poco global,


afectando sólo a algunas cuestiones.

- Existen muchos temas a resolver que implican la actuación de diversos departamentos de


la Administración Pública, independientes entre sí, lo que también se contradice con la
planificación integrada.

- La división del territorio y de su gestión en los planes urbanísticos siguiendo un criterio de


ayuntamientos, comarcas o comunidades autónomas, puede poner trabas a la hora de tratar
los problemas ambientales en un medio continuo como es el medio natural.

- El planeamiento urbanístico ordena las actividades socioeconómicas de un municipio,


mientras que en lo relativo a problemas medioambientales suelen abarcar un campo más
amplio que el puramente municipal.

En lo sucesivo nos centraremos particularmente en los aspectos problemáticos de


determinados territorios, como ejemplos de planificación territorial. Las áreas que se van a
considerar (medio urbano, humedales,...) no son independientes, sino que suelen estar
intercaladas y solapadas. De ese modo, es frecuente encontrar áreas de montaña en las que
se incluyen humedales, zonas urbanas, estepas, prados y bosques. Desde un punto de vista
práctico se adopta el criterio de delimitar las zonas en función del dominio de unos medios
sobre los demás. Por tanto, la división que se ofrece a continuación no es más que una
abstracción.

Se explicará de forma sintetizada los problemas más característicos de cada zona, sus usos
y los objetivos de planificación.

Cuando se realiza una ordenación real, además, tienen que integrarse los
problemas, los usos y los objetivos de ordenación de cada una de la áreas en
concreto.

Figura 6.1: Fotografía aérea en la que se pueden apreciar los usos del suelo urbano y
agrícola.

6.3. Medio urbano

El paso generalizado de población rural a población urbana es un hecho evidente a nivel


mundial. En la Comunidad Europea, el 80% de la población vive en ciudades. Por lo tanto, es
en las aglomeraciones urbanas donde los problemas ecológicos afectan más a la calidad de
vida de los ciudadanos. Las tendencias demográficas, incluidas la población, el tamaño de
las familias y la ocupación del espacio, indican que la presión de las zonas urbanas va a
aumentar más aún.

El transporte, la energía, la industria y, en algunos casos, el turismo, son los sectores que
más repercusión tienen en la calidad del medio ambiente urbano y, también, los que pueden
salir más beneficiados si las aglomeraciones urbanas se planifican y gestionan de forma
racional y sostenible. En 1990 la Comisión europea publicó un Libro Verde sobre el Medio
Ambiente Urbano, en el que propuso una posible serie de medidas a este respecto, entre las
que cabe mencionar las siguientes:

- Planificación de los usos del suelo urbano y rural.

- Una gestión óptima del crecimiento industrial y económico, consumo de energía y


producción de residuos.

- Racionalización del tráfico urbano y mejora del transporte público colectivo.

- Protección y mejora del patrimonio histórico de las ciudades y creación de espacios verdes.

Hay que tener presente, además, el aumento de las comunicaciones interurbanas, la rapidez
en la transmisión de la información, los intercambios comerciales a grandes distancias y la
internacionalización de los problemas humanos, que hacen que el planteamiento urbanístico
tradicional deje de tener sentido.

6.4. Humedales

Los humedales o zonas húmedas pueden aparecer muy secas, muy inundadas o en
cualquier otra situación intermedia: por su dinámica compleja, resulta muy complicado llevar
a cabo políticas racionales para su conservación. Estos cambios constantes hacen de los
humedales unos ecosistemas ecológicamente muy ricos, cuya diversidad rivaliza con la de
las selvas tropicales. Estos sistemas acuáticos son decisivos para que se cumpla el ciclo vital
de plantas y animales, algunos de ellos en peligro de extinción. Constituyen el hábitat, y
proporcionan lugares de puesta, para una extraordinaria variedad de criaturas; también
anidan en ellos multitud de aves migratorias.

Algunos humedales tienen incluso una función global. En particular, las turberas del norte de
Canadá, Alaska y Eurasia contribuyen a moderar los cambios climáticos actuando como
sumideros de dióxido de carbono, el gas principal causante del efecto invernadero.

Figura 6.2: Humedal.


Fuente: Banco de Imágenes del Ministerio de Educación y Ciencia (España).
 

Los humedales tienen un valor comercial y cumplen funciones muy útiles. Son fuentes de
cultivos lucrativos de arroz silvestre, y hábitat de animales de los cuales se aprovechan sus
pieles, también de peces y mariscos. Las zonas húmedas atemperan los efectos
perjudiciales de las olas, amortiguan y almacenan las aguas de inundación, retienen el
sedimento y reducen la contaminación; en virtud de esta última propiedad se merecen el
sobrenombre de "riñones de la naturaleza".

Entre los problemas más graves que les afectan son especialmente importantes los
siguientes:

- Desecación para uso agrícola, urbano, industrial o turístico, debido a considerarse


(erróneamente) que eran insalubres. Por ejemplo, en España se han llegado a desecar hasta
un 80% de las zona húmedas existentes en tan sólo 30 años. No se dispone de datos
precisos a una escala internacional, pero se estima que las zonas húmedas constituyen hoy
en día el 6% de la superficie de la Tierra.

- Obras inadecuadas como la separación de humedales contiguos con diques, que


disminuyen la capacidad de los humedales para almacenar agua y depurarla.

- Desaparición por la sobreexplotación de los acuíferos a los que están ligadas. Por ejemplo,
hoy en día, algunas zonas húmedas protegidas legalmente, como las Tablas de Daimiel,
presentan su ciclo hidrológico gravemente alterado por las extracciones de agua subterránea
para riego de cultivos de rentabilidad perecedera, o muy baja (el mismo problema había en
Doñana antes de que el vertido de lodos contaminados desaconsejase la utilización del agua
de esa zona para el riego).

- Contaminación de las zonas húmedas por vertido, directo o indirecto, de todo tipo de
residuos.

- Presión humana excesiva por caza, pesca o actividades de ocio.

Estabilización de costas & protección contra tormentas

Los huracanes, ciclones, mareas de tormenta y otras perturbaciones costeras debidas al


clima pueden causar daños enormes a través de inundaciones y la destrucción directa de
bienes, por no decir nada de las pérdidas de vidas humanas. En Bangladesh 40.000
personas murieron ahogadas en 1985 durante una marea de tormenta. Se estima que hoy
estas mareas amenazan a 46 millones de personas por año.

Las marismas salobres, los manglares y otros humedales arbolados sirven de primera línea
de defensa contra las tormentas. Contribuyen a reducir al mínimo el impacto de las tormentas
reduciendo la acción del viento, así como de las olas y corrientes, en tanto que las raíces de
las plantas contribuyen a retener los nutrientes. Los manglares de los Sundarbans desactivan
olas de tormenta de hasta cuatro metros de altura, lo que ha alentado al Gobierno de
Bangladesh a invertir sumas apreciables de dinero en la replantación de mangles en la zona
para contribuir a la protección contra las tormentas. En las Filipinas, luego de muchos años
en que los manglares estuvieron sujetos a la erosión y a su conversión a otros usos, el
gobierno promulgó una ley en 1986 que requiere que el ancho del cinturón de manglares a lo
largo de las costas proclives a sufrir los embates de tormentas y tifones se aumente de 20
metros (como establecía una ley de 1975) a entre 50 y 100 metros. La reforestación de
manglares con apoyo gubernamental comenzó en las Filipinas en la década de 1980, con un
proyecto financiado por el Banco Mundial por un valor de 3.5 millones de dólares EE.UU. La
reforestación es un proceso costoso: en Tailandia los costos se elevaron a 946 dólares por
hectárea, en tanto que la protección de los manglares existentes sólo se elevaba a 189
dólares por hectárea.

En Malasia el valor de los manglares palustres intactos tan sólo para la protección contra
tormentas y el control de las inundaciones ha sido estimado en 300.000 dólares EE.UU. por
kilómetro - el costo que supondría sustituirlos por muros de piedra. La estabilización de las
riberas no es menos importante tratándose de los ríos interiores. En el Reino Unido la
vegetación destruida a orillas de ríos del este de Inglaterra se le ha atribuido un costo
estimado de 425 dólares EE.UU. por metro de ribera - el costo del mantenimiento de
estructuras para fortalecer las riberas a fin de prevenir la erosión.

Los arrecifes de coral protegen también contra las tormentas. En una estimación reciente del
valor de los arrecifes de coral, calculado sobre la base del valor económico de la protección
contra tormentas, la pesca y el turismo, se comprobó que el costo de destruir apenas un
kilómetro de arrecife oscilaba entre 137.000 y cerca de 1.200 millones de dólares EE.UU. en
un período de 25 años. Pese a su función crucial, se estima que un tercio de los 600.000
kilómetros cuadrados de arrecifes de coral del mundo han sido ya destruidos y un estudio
reciente indica que el 58% de los arrecifes que quedan están amenazados por actividades
del hombre, particularmente por la pesca excesiva y las prácticas pesqueras destructivas, así
como el desarrollo de las zonas costeras y la descoloración asociada al cambio climático.

Los efectos previstos del cambio climático en los próximos 50 a 100 años someterán a los
humedales costeros y continentales a una gran presión manifestada en tormentas más
frecuentes, variaciones en la distribución de la precipitación y el aumento del nivel del mar.

Fuente: RAMSAR.

Entre los usos más importantes de los humedales, a efectos humanos, cabe citar los
siguientes:

- Permiten obtener sal común, sales de potasio, bromo, turba, gas, etc.

- Controlan las inundaciones por almacenamiento de agua.

- Se pueden aprovechar en acuicultura.

- Permiten cultivos como el arroz.


- Proporcionan sales minerales para el ganado y la fauna silvestre en zonas de alta
evapotranspiración (altas temperaturas).

- Tienen un alto interés paisajístico y turístico.

- Son reservas de una alta biodiversidad.

- Actúan como abrevaderos para el ganado.

- Son utilizables para la caza y la pesca.

- Son puntos de descanso de aves migratorias.

Como objetivo de ordenación general, la idea es que los procesos naturales deberían
preservarse al máximo. El análisis regional de cuencas que aborde no sólo el presente, sino
también situaciones futuras, puede ayudar a definir las zonas húmedas. En este tipo de
análisis podría basarse la planificación y la regulación. Asimismo, debería integrarse la
protección de tales sistemas en políticas generales del uso de la tierra, que abarcaran la
gestión de los abastecimientos de agua, la de llanuras inundables, el control de aguas
torrenciales y la prevención de la contaminación.

Concretamente, se podrían definir los siguientes objetivos de ordenación concretos:

- Mantenimiento de las fluctuaciones del nivel del agua para no destruir la variedad existente
de nichos ecológicos y la propia estructura del humedal.

- Mantenimiento de las unidades de paisaje que rodean los humedales y su comunicación


con éstos, de forma que se mantenga la interrelación entre estos sistemas.

- Conservar y mantener en el mejor estado posible los humedales ya existentes.

- Evitar la desecación por motivos ajenos a la propia dinámica del humedal.

- Creación de nuevos humedales, previos estudios ecológicos y de planificación territorial.

Figura 6.3: Laguna costera en el parque natural de los Aiguamolls de l'Empordà (Girona).


 

Figura 6.4: Laguna de pradera.

Figura 6.5: Turbera.

Figura 6.6: Pantano cenagoso.

6.5. Zonas costeras


 

Las zonas costeras o litorales, tanto marinas como de los grandes lagos, son áreas donde se
acumula una gran parte de la población y actividades humanas. Esto ocasiona graves
problemas en una franja de terreno tan estrecha como es el litoral. Algunos de los más
importantes son:

- Alteración de la dinámica litoral: por construcción de puertos, tanto deportivos como


comerciales o industriales, y otras obras de infraestructuras como espigones, paseos
marítimos, carreteras litorales, regeneración de playas, etc. Los puertos acostumbran a
modificar las corrientes, alterando así el equilibrio dinámico de los sedimentos costeros. Esto
provoca que los puertos se colmaten de sedimentos (y necesiten entonces dragados
periódicos), y que las playas inmediatas se vacíen de arena (por lo que hay que
"regenerarlas").

- Alteración en el paisaje: construcción de urbanizaciones y complejos industriales con


modificación de la línea de costa y la masiva ocupación del suelo. Por ejemplo, a raíz de la
flagrante construcción de enormes bloques de apartamentos y hoteles prácticamente en la
misma línea de playa, se popularizó el término "balearización" para tan desenfrenado
desarrollismo turístico, ya que sus primeras manifestaciones se dieron en las Islas Baleares
(España), extendiéndose posteriormente por los litorales catalán, levantino y canario.

Figura 6.7: Ejemplo de balearización en la localidad de Castelldefels (Barcelona).

- Intereses socioeconómicos enfrentados: en algunos municipios de la costa, la actividad


turística se opone a la economía tradicional. De esta manera, aparecen nuevos espacios
protegidos y urbanizaciones; proliferan las industrias contaminantes; se crean nuevos
empleos, pero desaparecen otros; se incrementa la pesca marítima y el uso de
embarcaciones de recreo, entre otros.

- Graves desequilibrios espaciales y temporales, motivados por el turismo: es evidente


que el turismo, la principal actividad económica de las zonas costeras, tiene un importante
componente espacial y estacional. Existen poblaciones costeras que en verano multiplican
varias veces su población residente. Esto acarrea una serie de graves problemas, como la
escasez de agua, la salinización de las aguas freáticas litorales, o el aumento en la
contaminación de las aguas costeras.

- Graves daños a los ecosistemas litorales: los ecosistemas litorales, muchos de ellos de


elevado valor ecológico, como las praderas de la fanerógama marina Posidonia oceánica,
son agredidos constantemente por las actividades turísticas y de toda índole que se realizan
en el mar. El ejemplo más claro es la "regeneración" de las playas. Debido a la mala política
de construcción de puertos y obras litorales, la alteración de la dinámica de sedimentos
costeros provoca la pérdida de arena de las playas. Esta arena es repuesta por extracción
directa de sedimentos marinos, aunque, al estar desequilibrado el sistema, las primeras
tormentas de finales del verano se la vuelven a llevar. La actividad extractiva de sedimentos
marinos destruye completamente las comunidades que se encuentran en la zona de
dragado, además de tratarse de una arena cuya calidad y granulometría no es la adecuada
para las playas.

- Las obras realizadas en los ríos: estas obras, especialmente las presas, retienen el
sedimento que de otra forma iría a parar al mar. Este aporte pasaría a formar parte de la
dinámica de sedimento litoral, y por tanto, a nutrir las playas. Al no producirse actualmente
este aporte, ya que la mayor parte de los ríos se encuentran embalsados, se agudiza el
desequilibrio sedimentario de nuestro litoral. El caso más claro es el del delta del Ebro,
condenado a desaparecer ante el empuje del mar, ya que no recibe aportes de sedimento del
río. Además, se reduce el aporte de nutrientes en la desembocadura de los ríos, con lo que
disminuye ostensiblemente la riqueza pesquera de la zona.

Los usos que tienen las zonas costeras son múltiples, y todos de gran importancia:

- Pesca, acuicultura y acciones extractivas (arenas, gravas, petróleo y gas natural).

- Turismo: se calcula que más del 90% del turismo extranjero en el estado español es turismo
de playa.

- Urbanización litoral: es interesante destacar que la mayor parte de la población mundial se


agolpa en ciudades costeras.

- Industria: en la costa se sitúan la mayoría de empresas de refino de petróleo, siderurgia,


cementos y construcción naval.

Como objetivos deseables de ordenación en estas áreas, se destacan:

- Armonizar promoción económica y conservación del litoral. Poner el medio ambiente


costero al servicio del turismo puede ser un gran negocio a corto plazo, pero evidentemente
se trata de una dilapidación a la larga del litoral y sus recursos vivos y paisajísticos.

- Marcar las directrices que hay que tener en cuenta en la ordenación del litoral: interacciones
entre tierra y mar, desarrollo económico, conservación de zonas naturales, etc.

- Evitar la sobresaturación de usos en la proximidad de la costa, dando prioridad a unos


sobre otros.

6.6. Espacios naturales protegidos

Hace algo más de un siglo que se constituyó en Yellowstone, EEUU, el primer parque
nacional del planeta. Fue el primer paso en el camino de la protección de la naturaleza, y hoy
esta práctica se ha extendido a la casi totalidad de países del mundo. Las áreas protegidas
se entienden hoy como una pieza clave en las políticas de desarrollo rural y conservación del
patrimonio natural.

Los objetivos generales que tiene la protección de determinados espacios naturales son:

- Proteger las áreas y elementos naturales que tienen un interés singular desde el punto de
vista científico, cultural, educativo, estético, paisajístico y recreativo.

- Construir una red representativa de los principales ecosistemas y regiones naturales del
territorio nacional.

- Contribuir a la supervivencia de comunidades o especies necesitadas de protección,


mediante la conservación de sus hábitats. Este objetivo se encuadra en el marco general de
protección de la biodiversidad.

No obstante, el fin principal de la conservación, en último término, es el beneficio del hombre.


Por ello, a estos objetivos presentados hay que añadir otros dos:

- Facilitar a los ciudadanos el disfrute y conocimiento de una naturaleza bien conservada.

- Contribuir a garantizar una renta y condiciones de vida digna para las comunidades en las
que estos espacios protegidos se encuentran enclavados.

Capítulo 7 .- El papel de los bosques como sumideros y fuentes de carbono

OBJETIVO
- Dar a conocer el papel que desempeñan los bosques en la lucha contra el cambio
climático y las políticas y estrategias de mitigación propuestas al respecto en el Protocolo
de Kioto.

7.1. Introducción

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático alerta de que es


necesario estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero entre 445-490 ppm
de CO2 equivalente o menos, para limitar el aumento de la temperatura mundial a un rango
de 2-2,4 ºC y evitar así los peores efectos del cambio climático.

Es decir, dado que las concentraciones actuales son aproximadamente de 430 ppm, esto
significa que los aumentos futuros deberán limitarse entre 15 y 60 ppm.
 

 
En el período 1960-1995, la tasa anual promedio de aumento de la
concentración de dióxido de carbono atmosférico fue de alrededor de 1,25
ppm. En la actualidad (1995-2005), dicha tasa es de poco menos de 2 ppm
(IPCC 2007b).

En este sentido, corresponde al sector forestal jugar un papel primordial en la mitigación de


este problema, al demostrar una elevada capacidad de fijación de carbono, sobre todo en los
bosques boreales.

Sin embargo, paradójicamente, el cambio climático puede tener algunos efectos positivos en
la vegetación, que redundarán en una mayor producción neta de biomasa y crecimiento. En
efecto, el aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera ocasiona:

- un incremento de la acción fotosintética y una optimización en el uso del agua por parte de
las plantas, ya que pierden menos líquido al cerrarse sus estomas;

- la mayor duración de las estaciones favorables en latitudes medias y boreales. Se ha


constatado un adelanto medio de la primavera y un retraso medio del otoño en unos cuantos
días, motivado por el aumento de las temperaturas; y,

- la mejora de la disponibilidad de nitrógeno para el crecimiento de plantas y árboles,


facilitada por un posible aumento de la temperatura en latitudes altas.

Aunque los efectos negativos son bastante más notorios:

- Desplazamiento de especies por modificación de las condiciones del hábitat y desaparición


de otras con dificultad para desplazarse.

- Aumento de las plagas de insectos al alargar su período de existencia por las mejores
condiciones climáticas.

- Aumento de la probabilidad de aparición de especies invasoras por el cambio en las


condiciones del medio.

- Aumento del riesgo de incendios por la disminución de las precipitaciones y ascenso de las
temperaturas.

 
Además del sector forestal, los océanos y suelos son los elementos capaces de
absorber de la atmósfera el CO2, constituyendo lo que se ha dado en llamar
como sumideros.

Según fuentes de la FAO, los bosques1abarcan un 31% de la superficie total de la Tierra. En


la figura 7.1 se ilustra la distribución de la superficie forestal por continente.

Figura 7.1: Cubierta forestal mundial por continente sobre un total de 3869 millones de ha.
Fuente: FAO, 2006.

En la figura 7.2 se ilustran los diez países principales con una mayor superficie forestal.

 
Figura 7.2: Principales países con una mayor superficie forestal (millones de ha) en 2005.
Fuente: FAO, 2006.

En la figura 7.3 se ilustra, por regiones, el stock de carbono en la biomasa y suelo expresado
en Gt, según inventario realizado en el año 2005.

Biomasa viva: masa vegetal sobre el suelo, incluyendo la parte aérea de los árboles,
vegetación arbustiva y vegetación herbácea durante su período de actividad vital.
Biomasa muerta o necromasa: incluye los árboles muertos en pie o caídos, así como los
troncos y el material vegetal muerto presente en el ecosistema.
Litter: capa de material orgánico no descompuesto, que se encuentra sobre el suelo (hojas,
ramillas, semillas, entre otros).
Suelo: se considera hasta una profundidad máxima de 30 cm (IPCC, 1996).

Figura 7.3: Inventario total por regiones del carbono acumulado en biomasa viva, no
viva, litter y suelo. Fuente: FAO.

En el informe de la FAO titulado "Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2010


(FRA, Forest Resources Assessment)", se concluye que los bosques almacenan, solamente
en su biomasa, alrededor de 289 Gt de carbono, de los que poco más del 40% corresponde
a América Latina.

Existen numerosos factores (lugar, clima, disposición de nutrientes, etc.) que condicionan el
período de almacenamiento y velocidad de fijación del carbono en la vegetación y suelo. Por
ejemplo, los bosques boreales acumulan más de 500 t/ha, los templados, alrededor de 160
t/ha y, los tropicales, algo más de 400 t/ha.

Los bosques contienen un 50% más de gases de efecto invernadero que la


atmósfera terrestre.

Aparece así una nueva variable a tener en cuenta: el carbono fijado a la ordenación del
monte, que se une a la ya de por si compleja gestión de la producción económica, madera,
pastos, caza, biodiversidad, recreo, paisaje, erosión, entre otros.

Sin embargo, todavía hoy se desconocen muchos aspectos de lo que se ha dado en llamar la
"selvicultura del carbono".

A medida que avancen las investigaciones, el objetivo es dirigir la ordenación


de los montes hacia la máxima renta en carbono.

Al igual que ocurre en otros ámbitos, la estrategia de estabilización o reducción de la


cantidad de carbono atmosférico puede lograrse con éxito, combinando:

- una reducción de la tasa de emisión, es decir, disminuyendo mayoritariamente el empleo


de combustibles fósiles, producción de cemento, cambios en los usos del suelo, o una
combinación de todo ello; o bien,

- un aumento de la tasa de absorción, ya sea de forma mecánica, es decir, mediante la


denominada captura y almacenamiento de carbono (CAC), o de forma biológica, gracias a
los organismos fotosintéticos que capturan el gas y lo acumulan como biomasa o materia
orgánica, en diferentes tipos de sedimentos.

El carbono constituye aproximadamente el 50% de la biomasa en relación al


peso seco: por ello, se consideran los bosques como sumideros de carbono.

 
En este apartado nos referiremos a esta segunda opción, y en concreto, al papel que los
ecosistemas naturales pueden desempeñar en el "secuestro biológico del carbono".

 
1
 FAO (2007) considera que una zona forestal es aquélla que tiene al menos un 10% de su
superficie cubierta por las copas de los árboles.

7.2. El ciclo del carbono

Al igual que el ciclo biogeoquímico del nitrógeno o el hidrológico, el ciclo del carbono es uno
más de los procesos regulares y básicos para el mantenimiento de la vida sobre la Tierra.

Este ciclo comienza con la fotosíntesis, proceso por el que las plantas absorben el
CO2 existente en el aire o el agua, y lo incorporan en parte a los tejidos vegetales en forma
de grasas, proteínas e hidratos de carbono. El resto es devuelto a la atmósfera o al agua
mediante el mecanismo de la respiración de dichas plantas, raíces, algas y animales
acuáticos.

Posteriormente, los animales herbívoros utilizan, reorganizan y degradan los compuestos de


carbono de los vegetales en su alimentación, liberando gran parte del CO 2 en los procesos
respiratorios, como producto secundario del metabolismo (8). Aunque no se contempla en el
ciclo del carbono, en este punto hay que mencionar los procesos de fermentación entérica
del ganado, con emisión de gas metano, cuya influencia en el calentamiento global es
también muy importante. El resto del CO 2 pasa a incorporarse en los carnívoros, que se
alimentan a su vez de los herbívoros.

La derivación hacia el medio acuático puede dar lugar a sedimentos orgánicos o combinarse
con las aguas para producir carbonatos y bicarbonatos.

Los organismos descomponedores se encargan de mineralizar y descomponer los restos


orgánicos, cadáveres, excrementos, entre otros, liberando así CO 2 (13, 5, 7). La fracción no
descompuesta o parcialmente descompuesta se acumula en el suelo, fondo del mar o bien
depósitos de carbonato (3), generando turba en zonas húmedas y, en consecuencia, dando
lugar a la formación de depósitos de combustibles fósiles como petróleo, carbón y gas
natural (6).

Normalmente, el equilibrio de la parte viviente o biótica se alcanza cuando la cantidad de


carbono atmosférico fijado por medio de la fotosíntesis es equivalente a la emitida a la
atmósfera por los organismos que respiran y por la combustión del carbono orgánico. En esta
situación las concentraciones de CO2 y CH4 se mantienen relativamente constantes.

En la figura 7.4 se ilustra gráficamente el ciclo del carbono.

 
Figura 7.4: Ciclo del carbono.
Fuente: http://www.natureduca.com/cienc_gen_ciclocarbono.php

No obstante, efectos antrópicos en el ciclo del carbono tales como la quema de grandes
cantidades de combustibles fósiles como petróleo o carbón o la producción de cemento
mediante la combustión del carbonato cálcico, devuelve a la atmósfera carbono orgánico
largamente almacenado (2), rompiendo el equilibrio, sobre todo a escala local.

Asimismo, la transformación de ecosistemas naturales (selvas, bosques) en áreas para uso


humano (agricultura, pastoreo, construcción, entre otros) ha contribuido también a aumentar
los niveles de CO2 atmosférico.

Aproximadamente el 20% las emisiones de carbono anuales son atribuibles a


los cambios en el uso del suelo y, el resto, al empleo de combustibles fósiles y
a la producción de cemento.

En este contexto, si la velocidad de acumulación del carbono es superior a la de emisión, se


dice que dicha localización es un sumidero de carbono. Por el contrario, si la velocidad de
emisión es superior a la de fijación, se dice que aquella ejerce como fuente de carbono.

Producción primaria neta (PPN), productividad neta del ecosistema (PNE) y su relación
con las fuentes y sumideros de CO2

La productividad primaria neta (PPN) se define como la cantidad total de carbono fijado en el
proceso de fotosíntesis (producción bruta, PB) menos la respiración de la propia planta
(respiración autotrófica, Ra).
La productividad neta del ecosistema (PNE) se define como la PNN menos la respiración de
los organismos no autótrofos (descomponedores y transformadores de la materia muerta -
respiración heterotrófica-, Rh).

PNE=PPN-Rh=PB-Ra-Rh

Se puede interpretar que la PPN es todo el material orgánico fijado por una planta o bosque
durante un intervalo de tiempo en hojas, madera, frutos, raíces, entre otros. Esto es complejo
de evaluar, por lo que se siguen técnicas alométricas que cuantifican los incrementos en
biomasa aérea y subterránea, descontando luego todas las pérdidas producidas a
consecuencia del consumo por herbívoros, hojarasca caída, pérdidas por incendios...

Sin embargo, la consideración de un bosque como sumidero o fuente se hace basándose en


el concepto de PNE que, tal y como se ha definido, es la PPN menos las emisiones de
CO2 debidas a la respiración heterotrófica.

La contabilización total del carbono consistiría en una consideración completa de las


variaciones del carbono almacenado en todas las superficies de un país, incluyendo todos
los reservorios de carbono. Esto permitiría, en principio, obtener el balance del intercambio
neto de carbono entre los ecosistemas y la atmósfera.

El IPCC (2003) propone para el cálculo de las emisiones y absorciones de gases de efecto
invernadero relacionadas con el sector usos del suelo, cambios del uso del suelo y bosques
(LULUCF), una ecuación que supone evaluar el incremento, en un período determinado, del
carbono acumulado que hay en la biomasa viva ( ΔC FFLB), de los incrementos de carbono
ubicados en la materia orgánica muerta ( ΔCFFDOM), y de los que hay en los suelos ( ΔCFFSOILS):

ΔCFF= ( ΔCFFLB)+ ( ΔCFFDOM)+ ( ΔCFFSOILS)

Esto es muy complejo de llevar a cabo, por lo que habitualmente se mide el incremento neto
de nuevo carbono fijado en los árboles (NNCI, por sus siglas en inglés), mediante ensayos
destructivos y que dista del concepto de PPN tanto más cuantas mayores sean las pérdidas
mencionadas con anterioridad.

7.3. Cálculo de las absorciones producidas por los sumideros

El equilibrio entre la tasa fotosintética y la tasa combinada de respiración y combustión


condiciona el hecho de que un área sea considerada como sumidero o fuente de carbono en
los ecosistemas terrestres.

En la figura 7.5 se ilustra la distribución de emisiones de carbono a la atmósfera por fuentes


desde 1850 (izqda.) y la capacidad estimada de absorción por los denominados sumideros
de carbono (dcha.).

 
Figura 7.5: Emisiones de carbono por fuentes (izqda.) y su correspondiente absorción por los
sumideros (dcha.).
Fuente: Houghton, 2007.

Tal y como se ha comentado, la estimación de las absorciones por parte de los sumideros
forestales es una tarea compleja. A continuación se proporciona un ejemplo de cálculo de la
cantidad de CO2 retirado de la atmósfera por un árbol de una especie determinada.

Los datos que se necesitarán son los siguientes:

- Volumen maderable con corteza (Vcc): volumen con corteza del fuste, es decir, del
tronco del árbol, sin considerar ramas ni raíces.

- Densidad (D): tonelada de materia seca (tms) por metro cúbico de árbol recién cortado.

- Factor de expansión de biomasa (BEF, por sus siglas en inglés): parámetro o función


que permite estimar el volumen aéreo del árbol a partir de su volumen maderable, es decir,
multiplicando el Vcc por el BEF se obtiene todo el volumen del árbol.

- Factor R: relación entre biomasa aérea y raíces.

- Factor FC: factor de conversión de tonelada de materia seca (tms) a tonelada de carbono


(tC), fijado en 0,5 tC/tms

- 44/12: proporción molecular para pasar de carbono (C) a dióxido de carbono (CO 2).

La fórmula a aplicar es la siguiente:

Cantidad de CO2 acumulada (t CO2/árbol)= (Vcc*D*BEF)*(1+R)*FC*44/12

Por ejemplo, para un pino resinero con un volumen maderable con corteza de 0,2 m 3, se
tiene:

Vcc=0,2; D=0,44; BEF=1,3; R=0,32; FC=0,5;


con lo que:

tC/árbol=0,755

tCO2/árbol= 0,2768, es decir, kgCO2/árbol= 276,8

Obviamente, si la densidad de la madera es más alta a igualdad de volumen maderable, la


cantidad de CO2 acumulada sería superior.

 
Las especies forestales más ecoeficientes son el pino carrasco y el piñonero,
que absorben al año, respectivamente, 48.870 y 27.180 kg de CO 2, y el
alcornoque, con 4.537 kg de CO2.

En el caso de una masa forestal, se estima la cantidad de carbono acumulada según el


volumen maderable por hectárea y de la superficie ocupada por cada especie presente en
dicho bosque, además del carbono de los otros tres reservorios (suelo, madera muerta y
hojarasca), que se estima de manera similar.

A todo ello hay que añadir el avance de las investigaciones, que poco a poco van aportando
nuevos datos o rompiendo paradigmas. Por ejemplo, hasta hace poco tiempo se pensaba
que los bosques maduros, que ocupan el 15% de la superficie boscosa mundial, eran neutros
por lo que respecta a la emisión-fijación del CO 2. Posteriormente, se ha descubierto que
dichos bosques absorben alrededor de 1,3 Gt de carbono al año y que, a su vez, retienen el
10% del CO2 mundial1.

Si se trata de pastizales y suelos agrícolas, el reservorio más importante en estos casos es el


suelo, ya que hay que tener en cuenta que el carbono almacenado en la parte aérea de la
vegetación es muy bajo, a excepción de los cultivos leñosos. En estos casos se emplean
unos índices estimativos de contenido de carbono por hectárea, dependiendo del clima,
actividad agrícola o pastoral que se realice y la especie plantada, entre otros factores.

 
1
 Estudio de J. Lehman (2007) para la revista Nature, 447:143.Citado por J. C. del Álamo
Jiménez. La gestión de los bosques: una herramienta activa de mitigación del cambio
climático.
En: http://www.conama9.org/conama9/download/files/JTs/985644_doc_JC%c1lamo.pdf

7.4. Medidas de estabilización o reducción de la cantidad de carbono atmosférico

 
La gestión del carbono en los ecosistemas pasa por diseñar una estrategia biológica que, por
un lado, reduzca las emisiones de los sistemas biológicos y, por otro, aumente su capacidad
para almacenar carbono. Para cumplir dicho objetivo, deben respetarse las siguientes
premisas:

- Mayor protección y conservación de las masas forestales existentes.

- Reducción de la tasa de pérdida actual, haciendo un manejo sostenible del bosque y


adoptando medidas de prevención contra incendios.

- Rehabilitación de ecosistemas y suelos tradicionalmente agotados.

- Incremento del carbono fijado en productos de larga duración.

- Creación de nuevos reservorios, por ejemplo, mediante la reforestación.

- Sustitución de los combustibles fósiles por biomasa forestal.

- Investigación a nivel internacional de la capacidad fijadora de las diferentes especies y


suelos forestales.

- Reducción de cargas fiscales y subvenciones para fomentar y generar incentivos, por


ejemplo, una "selvicultura del carbono", que optimice el papel de los sumideros forestales.

 
El cambio climático no se resuelve exclusivamente con la captación del
carbono por los sumideros forestales, sino que hacen falta políticas de
reducción de emisiones de combustibles fósiles.

No obstante, la desventaja es que con la implantación incontrolada de estas medidas, se


corre el riesgo de incentivar la acumulación de biomasa y enfatizar en exceso la mitigación
del cambio climático sobre el sector forestal.

 
Hoy en día, el incremento de los bosques y la gestión forestal constituyen la
fórmula más barata de fijación del carbono (IPCC, 2007).

7.5. El modelo de gestión forestal

 
Una cuestión clave en los sumideros es la permanencia del carbono almacenado. Las
cantidades de CO2 absorbidas por un sumidero pueden retornar a la atmósfera si la
formación vegetal desaparece por alguna causa determinada, por ejemplo:

- plagas y enfermedades;

- extracción de madera o recogida de cosechas; e,

- incendios forestales.

Sin embargo, un modelo de gestión forestal debe verse desde una perspectiva integral, es
decir, no basta con referirse exclusivamente a la pérdida de CO 2 o al tratamiento separado
de la biomasa viva o muerta, sino que debe tenerse en cuenta también el factor económico y
social.

Efectivamente, resulta imprescindible para una política real de mitigación establecer un


sistema de precios en el uso del carbono, tanto por lo que respecta a su emisión como para
su fijación. En el primer caso, sí se han establecido planes de derechos de emisión e,
incluso, impuestos de emisión o sistemas de emisiones de carbono negociables con fijación
de límites máximos; sin embargo, en el caso de los sumideros no se ha avanzado.

Naciones Unidas se ha referido a la necesidad de valorar económicamente el


carbono de los montes para evitar la deforestación, aunque solamente
menciona a los tropicales.

Los precios y los mercados de los productos forestales, conjuntamente con el marco
regulatorio establecido para las energías renovables en cada caso, condicionarán si éstos se
destinan a la producción energética o bien a otros usos.

Tal y como se muestra en la tabla 7.1, la producción de biocombustible sería la actuación


menos favorable en lo que concierne a las emisiones de CO 2.

TIEMPO DE
RESERVORIO FRACCIÓN EJEMPLOS
PERMANENCIA

Biomasa viva Biomasa sobre Tronco, ramas, corcho, semillas, de décadas a


suelo hojas y tocones. siglos.

Biomasa bajo Biomasa de las raíces vivas. de meses a años.


tierra

Biomasa no viva, excepto la


hojarasca. Incluye madera sobre la
Madera muerta superficie, raíces muertas y de meses a años.
tocones mayores o iguales a 10
Biomasa no cm de diámetro.
viva
Biomasa no viva de pequeño
tamaño en varios estados de de años a
Hojarasca (litter)
descomposición sobre el suelo décadas.
mineral u orgánico.

Materia orgánica M.O estabilizada por arcillas, de siglos a


Suelo
estable carbono recalcitrante, turba. milenios.

de meses a
Papel, textil Papel, cartón, fibras textiles.
décadas.

Transformados de décadas a
Construcción, muebles...
de madera siglos.
Productos
forestales
de meses a
Desecho Madera en vertedero.
décadas.

Leña, restos de corta, de semanas a


Biocombustible
subproductos. meses.

Tabla 7.1. Tiempo de permanencia medio del carbono en diferentes reservorios.


Fuente: adaptado de Del Álamo, (s.f.).
En: http://www.conama9.org/conama9/download/files/JTs/985644_doc_JC%C1lamo.pdf

Está claro que la estrategia pasa por retardar lo más posible la vuelta del carbono a la
atmósfera, almacenándolo de diferentes maneras, y a la espera de la adopción de medidas
de reducción de emisiones. Es por ello que el tiempo de permanencia del carbono en la
biomasa, suelo y productos forestales, es un indicador que debe integrarse en un modelo
global de gestión del monte.

 
La gestión forestal del carbono, todavía hoy en estado incipiente, es una forma
más de mitigación del cambio climático, la cual abre muchas expectativas a la
ordenación de montes para fijar carbono.

7.6. El Protocolo de Kioto y los bosques

La Convención Marco de las Naciones Unidas (UNFCCC, por sus siglas en inglés) de 1992,
en su artículo 4, apartado 1, párrafo d, menciona que los pases deben:

Promover la gestión sostenible y promover y apoyar con su cooperación la conservación y el


reforzamiento, según proceda, de los sumideros y depósitos de todos los gases de efecto
invernadero no controlados por el Protocolo de Montreal, inclusive la biomasa, los bosques y
los océanos, así como otros ecosistemas terrestres, costeros y marinos.

Dentro de este mismo contexto, el concepto de sumidero fue definido como:

Cualquier proceso, actividad o mecanismo que absorbe o elimina de la atmósfera un gas de


efecto invernadero, un aerosol o un precursor de un gas de efecto invernadero y que lo
almacena.

El Protocolo de Kioto permite a los pases firmantes que utilicen parte de las toneladas de
carbono absorbidos por estos sumideros para facilitar el cumplimiento de los compromisos
de limitación de las emisiones que dichos pases adquieren al ratificar el Protocolo.

En ese sentido, considera como sumidero únicamente ciertas actividades de uso de la tierra,
cambio de uso de la tierra y selvicultura (LULUCF, por sus siglas en inglés), que se traducen
en una captura del CO2 presente en la atmósfera y su almacenamiento posterior en forma de
materia vegetal.

 
CONSIDERACIONES IMPORTANTES SOBRE EL PROTOCOLO DE KIOTO Y LOS
BOSQUES

En vistas al cumplimiento de sus compromisos de limitación o reducción de emisiones a la


atmósfera, los pases firmantes solamente pueden deducir de su inventario de CO 2 las
absorciones producidas en las áreas terrestres en las que se realice alguna actividad
inducida por el hombre directamente relacionada con el cambio del uso del suelo que haya
tenido lugar desde 1990, y que sea medible y verificable.

 
Dichas actividades1 contempladas en el Protocolo de Kioto son (art. 3.3):

- Forestación: creación de un bosque, como fruto de la actividad humana, donde no lo haba


al menos durante los últimos 50 años, mediante plantación, siembra o fomento de semilleros
naturales.

- Reforestación: creación de un bosque, como fruto de la actividad humana, en tierras que


tuvieron bosque pero que actualmente están deforestadas, mediante plantación, siembra o
fomento de semilleros naturales.

- Deforestación (como fuente de emisión): conversión de tierras con bosque en tierras no


forestales como resultado directo de la actividad humana.

- Actividades adicionales: gestión de los bosques (podas y claras) y de las tierras agrícolas


que mantengan o aumenten el contenido de carbono.

Los pases firmantes tienen la obligación de informar de sus avances debido a estas
actividades y, opcionalmente, de las siguientes 2:

- Gestión de tierras agrícolas.

- Gestión de bosques.

- Gestión de pastos.

- Restablecimiento de la vegetación.

El Protocolo de Kioto reconoce la existencia de los sumideros de carbono, pero se muestra


reticente a la hora de contabilizar la capacidad de fijación del carbono en los bosques, hasta
el punto de limitar al 1% (el 2% en la UE), respecto de las emisiones del año base, el
porcentaje de sumideros de carbono que debidos a la selvicultura y uso de la tierra pueden
descontarse, para el período 2008-2012, de las agendas nacionales de carbono de cada uno
de los pases respectivos.

En efecto, no todo lo que se absorbe como consecuencia de las actividades anteriormente


descritas es inventariable. El Protocolo establece que sólo se contabilizarán las absorciones
producidas por estas actividades durante el período 2008-2012, directamente inducidas por
el hombre y, ante todo, verificables.

 
No se contabiliza el carbono almacenado sino el aumento de carbono
absorbido que cumple con los requisitos que establece el Protocolo durante el
período de compromiso.
 

Asimismo, dictamina que el secuestro de carbono en los suelos y la deforestación evitada no


son elegibles para los créditos de los denominados Mecanismos de Desarrollo Limpio
(MDL)3. Este hecho tiene su razón de ser en una compleja burocracia para el desarrollo de
proyectos forestales dentro de los MDL y de su inclusión en el Plan Nacional de
Asignaciones de cada país.

Todas estas circunstancias, agravadas por el nulo beneficio que reciben generalmente los
propietarios forestales a raíz de dicho descuento, suponen sin duda un factor desmotivador
en el empleo de uno de los pocos sumideros naturales de carbono.

Por otro lado, el hecho de que Kioto no aborde desde un punto de vista integral el fenómeno,
ha provocado un gran desconocimiento en la opinión pública de las posibilidades de empleo
de los bosques como sumideros de carbono, atribuyendo así exclusivamente el
calentamiento global a la quema de combustibles fósiles y obviando la deforestación y el mal
uso del suelo, que representan cerca del 20% de emisiones de gases invernadero.

 
1
 Estas actividades deben de haberse realizado con posterioridad al 31 de diciembre de 1989
y con anterioridad al 31 de diciembre del último año del período de compromiso.
2
 Deben ser actividades que no se realizaban con anterioridad a 1990 e inducidas por el
hombre.
3
 Se incluyeron posteriormente en la Conferencia de las Partes (COP 6) celebrada en La
Haya, en el año 2000.

7.7. Deforestación y REDD+

Según el estudio FRA, desde que comenzó el milenio, la pérdida de bosques en el mundo se
ha ido reduciendo, pasando de 16 millones de ha por año en la década de 1990 a 13
millones de ha por año, la mayor parte en las zonas tropicales. No obstante, las cifras siguen
siendo alarmantes.

Los motivos hay que buscarlos en la conversión a otros usos del suelo o a pérdidas por
causas naturales.

 
El cambio del uso de la tierra es un eufemismo para referirse a la
deforestación1, que incluye la destrucción de los ecosistemas boscosos y
selvas.
1
 La FAO considera la deforestación como el cambio permanente de la cubierta forestal a
una superficie con una cobertura de las copas de los árboles inferior al 10%, con el
consecuente cambio en los usos del suelo.

La superficie forestal mundial alcanza el 31% de la superficie terrestre total, lo que supone
algo más de 4000 millones de hectáreas (figura 7.6).

Figura 7.6: Composición de la cobertura de bosque en el mundo por tipología.


Fuente: Informe FRA, 2010.

 
Los bosques primarios almacenan más carbono y más biodiversidad que los
bosques plantados y en regeneración, por lo que su pérdida resulta más
significativa.

La figura 7.7 muestra el cambio neto anual del área de bosque (suma de las pérdidas menos
la suma de los incrementos en superficie forestal) por regiones en los periodos 1990-2000 y
2000-2005. La pérdida neta total en el área del bosque en el período 2000-2005 se calcula
en 7,3 millones de hectáreas por año frente a 8,9 millones de hectáreas anuales en el
período 1990-2000.

Se puede observar que Sudamérica y África experimentaron las mayores pérdidas netas
anuales de bosque en el período 2000-2005, con algo más de 4 y 4 millones de ha,
respectivamente.

 
Figura 7.7: Cambio neto anual del área de bosque por regiones entre 1990 y 2005.
Fuente: FAO, 2006.

Oceanía también registró una pérdida neta, debida en parte a la grave sequía en Australia
desde el año 2000. Por el contrario, Asia registró una ganancia neta de 1 millón de hectáreas
por año durante el período 2000-2005 y, en Norteamérica y Centroamérica, la superficie
forestal permaneció estable, si bien en Europa creció, pero a una tasa menor que antes.

Tal y como se ilustra en la figura 7.8, China, India, Estados Unidos y Vietnam, han añadido
más de siete millones de hectáreas anuales de nuevos bosques, mientras que Brasil,
Indonesia y Australia fueron los que más bosques perdieron, aproximadamente, 2,5 millones
de ha cada uno entre 2005 y 2010.

 
Figura 7.8: Cambio neto del área de bosque por país, 2005-2010 (hectáreas/ año.
Fuente: http://www.un.org/en/events/iyof2011/forests-for-people/forest-graphs/

En términos de carbono, el cambio de la cobertura mundial de bosques entre 2005 y 2010


resultó en una pérdida anual de 0,5 Gt de reservas de carbono.

En la actualidad, los bosques del mundo almacenan en su totalidad 289 Gt de


carbono, o lo que es lo mismo, cerca de 37 años de emisiones de CO 2 a los
niveles de 2006.

La deforestación de los bosques tropicales se estima que supone un foco de emisión neta de
carbono cercano a los 1,6 Gt al año. Tan sólo el cambio de uso forestal a agrícola representa
en estos países la pérdida de un 75% del carbono del suelo, equivalente a un 18-20% del
total de emisiones por deforestación.

7.7.1. Reducción de las emisiones por deforestación y degradación (REDD+)

El REDD es un mecanismo de mitigación del cambio climático, por el que los países del
anexo I del Protocolo de Kioto buscan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero
mediante el pago a las naciones en desarrollo para que detengan la tala de sus bosques.
 

Cada tonelada de carbono almacenado supone reducir la velocidad y magnitud


del cambio climático, es decir, los mercados de almacenamiento existentes
añaden un valor al carbono como producto global.

Poner un precio al carbono y pagar a los propietarios para almacenarlo supone un incentivo
muy interesante para la conservación. La REDD es un esfuerzo para usar el valor financiero
como incentivo, para que los países en vías de desarrollo reduzcan las emisiones de los
cambios del uso del suelo en áreas forestales e inviertan en modelos bajos en carbono hacia
un desarrollo sostenible.

El origen del término REDD se remonta a la COP 11 de Montreal (2005), en la que la


Coalición de Naciones de la Selva Tropical, liderada por Papúa Nueva Guinea y Costa Rica,
presentó la propuesta: "Reducción de las emisiones producidas por la deforestación en los
países en desarrollo: medidas para estimular las acciones". Sin embargo, no fue hasta dos
años después, en Bali, que se hizo un llamamiento a "[...] instrumentalizar las políticas e
incentivos positivos sobre los temas relacionados con la reducción de emisiones producidas
por la deforestación y degradación 1 forestal en los países en desarrollo [REDD] y...sobre el
papel de la conservación, el manejo sostenible de los bosques y la mejora de
almacenamiento de carbono forestal en esas naciones [REDD+]".

Desde entonces, el apoyo hacia el REDD+ se ha acentuado, hasta el punto de ser uno de los
pocos temas en el que se progresó durante la Cumbre del Clima celebrada en Copenhague
en 2009 (COP 15).

Desde el punto de vista del coste-beneficio, constituye una medida efectiva en tanto que:

- Sirve para la conservación de las selvas.

- Frena el cambio climático.

- Protege la biodiversidad.

- Impulsa el desarrollo sostenible.

- Mantiene los servicios ecológicos proporcionados por los ecosistemas forestales


saludables.

Sin embargo, siguen sin resolverse los conflictos acerca de su forma de implementacin y el
reparto equitativo de beneficios entre los actores involucrados.

 
1
 La degradación implica una modificación inducida por el hombre en la vegetación natural,
pero no un reemplazo total de la misma. No hay que confundir dicho concepto con la
fragmentación, que es la transformación del paisaje dejando pequeños parches de
vegetación original rodeados de superficie alterada.

Bibliografía

Libro de texto:

[1] Tutusaus, K. P. (2003). Recursos Naturales. Barcelona: Fundación Universitaria


Iberoamericana. ISBN: 978-84-96058-33-0.

Bibliografía actual:

[1] Araujo, J. (2011). Bosques de España. Madrid: Lunwerg. ISBN: 978-84-9785-748-2.

[2] Becker, F. G. & Edda, S. S. (Eds). (2012). Pagamentos por serviços ambientais. Lições
aprendidas e desafios. Brasília: Ministério do Meio Ambiente. ISBN: 978-85-7738-157-9.

[3] Bruckman, M. (2012). Recursos Naturales y la Geopolítica de la Integración


Sudamericana. Lima: Instituto Perumundo. ISBN: 978-61-2461-470-5.

[4] Buruaga, M. S., Canales, F., Campos, M. A. & Onrubia, A. (2012). Manual de caza: Guía
para el examen de aptitud para cazar. Vitoria-Gasteiz: Servicio Central de Publicaciones del
Gobierno Vasco. ISBN: 84-457-2323-5.

[5] D'Amico, M. (2015). On the road: los distintos impactos del tráfico motorizado sobre
poblaciones animales (Tesis doctoral). Universidad Pablo de Olavide, Sevilla.

[6] Donoso, P. H. & Promis, Á. B. (2013). Silvicultura en bosques nativos. Valdivia: Marisa


Cuneo Ediciones. ISBN: 978-956-7173-32-7.

[7] Gariglio, M. A., Barreto, E. V. S. S., Cestaro, L. A. & Yoshio, P. K. (2010). Uso sustentável
e conservação dos recursos florestais da caatinga. Brasília: Ministério do Meio Ambiente.
ISBN: 978-85-63269-04-1.

[8] Lloret, F. (2012). Vulnerabilidad y resiliencia de ecosistemas forestales frente a episodios


extremos de sequía. Revista Ecosistemas, 21(3), 85-90.

[9] Moreira, E. B., Cirilo, R. B. & Nóbrega, M. F. B. (2012). Gestão dos Recursos Naturais.
Rio de Janeiro: Ciência Moderna. ISBN: 978-85-3990-268-2.

[10] Mota, J. C. (2015). Dicionário de Recursos Naturais. Rio de Janeiro: Ciência Moderna.


ISBN: 978-85-3990-592-8.
[11] Pausas, J. G. (2012). Incendios forestales. Una visión desde la ecología. Madrid:
Consejo Superior de Investigaciones Científicas. ISBN: 978-84-00-09492-8.

[12] Ramos, M. M., Barraza, L. & Balbanera, P. (2012). Manejo de bosques tropicales: bases
científicas para la conservación, restauración y aprovechamiento de ecosistemas en paisajes
rurales. Investigación ambiental Ciencia y política pública, 4(2).

[13] Santolalla, F. (2013). Parques y reservas naturales de Europa. Madrid: CVG. ISBN: 978-


84-9298-709-2.

[14] Tarbuck, E. J. (2013). Ciencia de la Tierra. Madrid: Pearson. ISBN: 978-84-9035-310-3.

Referentes bibliográficos:

[1] Azqueta, D. & Ferreiro, A. (1994). Análisis económico y gestión de recursos


naturales. Madrid: Alianza. ISBN: 978-84-2066-807-9.

[2] Molina, M. G. N. (1993). Historia y medio ambiente. Madrid: Eudema Universidad. ISBN:


978-84-7754-128-8.

[3] Riera, P. (2005). Manual de economía ambiental y de los recursos naturales. Madrid:


Paraninfo. ISBN: 978-84-9732-369-7.

También podría gustarte