Universidad Nororiental Privada “Gran Mariscal de Ayacucho”
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
Escuela de Administración de Empresas
Formulación y Desarrollo de Proyectos
Núcleo El Tigre.
Los 7 hábitos de la gente
altamente efectivas.
Profesor: Estudiante:
Willy Zapata. Eva Marrero, C.I: 26.984.301
21 de Diciembre del 2021.
En Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva de Stephen Covey, el lector
se sumerge en una lectura que abre la mente a la reflexión y a un análisis interior,
donde evalúas a profundidad el sistema que compone nuestras vidas, redefinir el
significado del éxito, el cómo respondemos o actuamos para alcanzarlo y si
cuando lo hacemos, lo hacemos de forma acertada.
Porque el éxito tiene un significado distinto para cada persona y, la forma
en la que nos desenvolvemos para conseguirlo se traduce a nuestra percepción,
que es única.
Es por ello, que Stephen Covey nos propone conceptos y un sistema, en el
cual es fácilmente identificarse, porque aunque los estés leyendo en pleno
descubrimiento personal o desde la plenitud en la que resides en tú vida, te
fortalece desde muchos aspectos, ya sea otorgándote el impulso que necesitas
para organizarte y tomar acción o, además, alargar el bienestar que experimentas
en armonía a las circunstancias que envuelven a tu entorno.
Como bien lo refiere su título, exploraremos siete (7) hábitos, que son:
1. Primer hábito: Ser proactivo.
2. Segundo hábito: Tener un fin en mente.
3. Tercer hábito: Establecer prioridades.
4. Cuarto hábito: Pensar en ganar / ganar.
5. Quinto hábito: Primero comprender y después ser comprendido.
6. Sexto hábito: Crear sinergias.
7. Séptimo hábito: Afilar la sierra.
Al principio, cuestionarás y fortalecerás tu integridad personal, para
transformarla en una plataforma sólida y tan inmensa como el alcance de los
objetivos que te has planteado, refutando la creencia errónea de que para ser
exitoso se debe mostrar una imagen que revalide tus logros, cuando lo que más
importa es aquello que solo tú puedes contemplar y para alcanzar la idealizada
meta, es hacia donde debes dirigir y enfatizar tus esfuerzos: en crecer como
persona.
Una victoria privada que, por sí sola, se expandirá y se proyectará
convertida en una victoria pública.
Pensar antes de actuar es una herramienta que a menudo pasamos por
alto, en especial, en los momentos donde debemos afrontar mucha tensión y
estrés, generando errores que se traducen a fracaso, luego decepción y,
finalmente, depresión.
Los seres humanos nos enfrentamos constantemente a mucha presión, no
solo por la demanda exterior a la cual queremos responder de forma solícita —
porque es la percepción de la vida que se ha proyectado a través de los tiempos
—, sino también por la demanda interna, que muchas veces no reconocemos,
porque no la escuchamos o hemos silenciado porque tenemos la tendencia a
refugiarnos en aquél sentimiento de inconformidad, que puede acompañarnos
durante muchos años sin darnos cuenta, mientras permanecemos esperando, tal
vez, un cambio.
Sin embargo, para experimentar un cambio notorio y duradero en lo
personal y en el ámbito laboral, no podemos seguir ignorando la demanda
insatisfecha de nuestro interior y mucho menos, esperando que el cambio se
produzca por cuenta propia.
Y es que el éxito que deseamos alcanzar, primero debemos lograrlo en
nuestra mente, porque el verdadero cambio empieza en nuestros pensamientos y,
por ende, en la percepción que estos nos otorgan, para observar los elementos
que nos rodean, medir la utilidad de los mismos y de qué forma podemos sacarle
provecho acertadamente para nuestro beneficio.
Partiendo de los supuestos anteriores, estudiamos el hábito número uno
(1), —el más importante, según mi criterio, la plataforma—, donde evaluamos la
diferencia entre la persona proactiva y la reactiva, sin embargo, antes de
profundizar en sus diferencias, debemos puntualizar que las mismas radican en su
respuesta ante las distintas variables a las cuales se muestran constantemente
expuestas y que, a continuación, clasificaré bajo dos segmentos, las cosas que
puedes controlar y las que no puedes controlar.
Las cosas que no puedes controlar se encuentran conformado por
variables que todas las personas por igual afrontamos a diario sin remedio, tales
como el clima, la política, la economía, las opiniones. Factores que, aunque sean
muy comunes, no dejan de poner a prueba nuestra entereza y muchas veces es la
raíz de nuestras frustraciones más grandes.
Por otro lado, encontramos las cosas que si están a nuestro alcance, así
como la actitud, la educación o las habilidades, entre otros rasgos que nos
representan.
Aunque estas cosas nos pueden traer, en la misma medida de lo anterior,
inconformidad, es constantemente desplazado a causa de las cosas que no están
bajo nuestro dominio y a la cual no solemos otorgarle la importancia que amerita.
De cualquier forma, la actitud que tomes en consecuencia de alguno de
estos segmentos, define si estás siendo una persona proactiva o reactiva y, a
continuación, explico las diferencias:
Las personas reactivas reaccionan a eventos que están fuera de su control,
se quejan y se lamentan sobre estos eventos o sobre sus circunstancias
personales, están continuamente frustradas, esperando un cambio que puede o
no suceder, sobre el que poco pueden hacer porque no depende ellas.
Mientras tanto, las personas proactivas tienen claro que sus decisiones
dominan su vida, no sus condiciones. No se lamentan sobre las cosas que se
escapan de su dominio y, por lo contrario, toman acciones para incrementar o
reforzar aquellas variables que si permanecen bajo su control.
Son personas que entienden que existen acciones, circunstancias,
elementos o situaciones que no pueden controlar por mucho que se intente o por
mucho que se desea.
Estas personas que son proactivas, son quienes que ante una situación
desesperada o de crisis, no se dejan engullir por las situaciones de fracaso y en
consecuencia, lo estudian y encuentran una solución o, más bien, una
oportunidad, a diferencia de la persona reactiva que culpará a agentes externos,
ubicados en las cosas que no pueden controlar. La persona proactiva siempre
buscará la manera para mejorar y sortear el problema usando los medios a su
alcance.
En resumen. La conducta proactiva es el producto de nuestras propias
decisiones, basados en valores. Mientras que la conducta reactiva nos lleva a
culpar a otros, o las circunstancias de nuestros propios males.
¿Cómo podemos ser proactivos?
El autor nos cuenta que: “para ser proactivos debemos enfocarnos en
aquellas cosas sobre las que sí podemos hacer algo. De lo contrario, nos
anclamos en las preocupaciones que no tienen solución y no avanzamos”.
Lo que entendemos de este fragmento es que nosotros podemos crear
nuestra propia realidad.
Por lo cual, reafirmo, que es un hábito de suma importancia, porque un
cambio de mentalidad puede tener un impacto enorme en la vida de una persona
y, en especial, cuando este es positivo. Recordando, una vez más, que todo
cambio notorio empieza en la mente, en el interior de la persona, antes de ser
proyectado al exterior.
Una vez que hayas obtenido esa victoria, debes definir tu misión personal.
Puesto a que creamos todo dos veces, primero en nuestra mente y después en la
realidad.
Es necesario que una vez que ese cambio se haya originado en tu mente,
formules la finalidad a la cual vas a proceder a dirigir tus acciones, teniendo en
cuenta que si no lo haces estarás siguiendo la misión personal que alguien más te
ha impuesto y no lograrás el éxito que te otorgará la plenitud, que al fin y al cabo,
todos los seres humanos aspiramos.
Sin embargo, hay varios tipos de propósitos vitales que suelen determinar
hacia donde centra sus esfuerzos cada persona: pareja, familia, dinero, entre
otros. Aunque pudiera parecer que unos son buenos y otros malos, la realidad es
que centrar tu vida en cualquiera de estos propósitos no te conducirá a ser una
persona altamente efectiva porque todos ellos se apoyan en factores externos.
El mejor modelo es centrar tus propósitos en tus principios. Que serán algo
inalterable y totalmente bajo tu control y desde donde emanar todo lo demás.
He aquí, donde radica la importancia de definir dichos principios sobre los
que se sustentará tu misión de vida. Una vez estos dos hábitos establecidos,
procedemos a evaluar el hábito número tres (3).
Este tercer hábito, enunciado por Covey como “Primero lo primero”, está
relacionado con lo personal, y consiste en ejercer la proactividad y tener un fin en
mente, es decir, poner en marcha de manera incesante la voluntad
independiente de cada uno, basándose en los principios.
Esta voluntad independiente es lo que hace posible que nos auto
administremos de forma efectiva. Para poder llevarlo a cabo, es
imprescindible organizar y ejecutar nuestras acciones estableciendo
prioridades en las distintas esferas en que nos movemos.
Para ello podemos recurrir a la llamada Caja de Eisenhower, que sirve para
organizar visualmente nuestras prioridades en función de su urgencia e
importancia.
Para Covey, las personas altamente efectivas trabajan sobre todo en el segundo
cuadrante de este modelo: lo no urgente pero sí importante.
De esta forma puede ser coherente, mantener el equilibrio en su vida, ser
flexible y aplicar todo esto a cada aspecto de su vida.
Otro aspecto a destacar en este punto es que una de las actividades que
por sí solas más potencia nuestra fuerza es saber delegar en otros de manera
efectiva, y poder centrarnos en alcanzar nuestros objetivos prioritarios.
Es un aspecto de nuestra percepción que muchas veces descuidamos,
continuamente desplazando las prioridades y desaprovechando el tiempo que, al
fin y al cabo, somos incapaces de recuperar. Por ello, para poder avanzar,
debemos dar el primer paso, enfocarnos en lo que aspiramos alcanzar y tomar
acción en consecuencia a esto.
No se trata de no hacer lo que nos gusta o consideramos “descanso”, sino
en hacer de cada minuto que transcurre algo valioso, algo que nos complemente y
deshaga aquel sentimiento de inconformidad que presenciamos cuando, luego de
desaprovechar el tiempo, nos ocasiona frustración.
En el cuarto hábito el autor hace referencia a una serie de paradigmas que
determinan la interacción humana. Cada vez que se produce un contacto entre
dos personas, el resultado para ambas puede ser diferente: Ganar/ganar,
gano/pierdes, pierdo/ganas, pierdo/pierdes, gano, y ganar/ganar o no hay trato. En
el primer paradigma, el de ganar/ganar, los acuerdos a los que llegan los
individuos son beneficiosos para ambos, y no requiere que se excluya del éxito a
nadie.
Es decir, no es necesario que alguien más pierda para obtener la victoria en
el objetivo que tienes establecido. En absoluto. Puedes lograr mucho más
cooperando con un tercero, ya sea que esto produzca un alargamiento de una
relación que puede resultar sumamente provechosa en un escenario futuro, o
sencillamente, ambas partes quedan satisfechas al cerrar un acuerdo.
De esta manera te vuelves más consciente de que para ganar no solo
debes concentrarse en derrotar a tu oponente, en este caso, la contraparte de un
trato que precisamente, debería resultar beneficioso los dos bandos.
En el resto de interacciones, siempre sale alguien perjudicado, aunque a
veces dependiendo de la situación puede ser mejor un paradigma u otro. Hay que
saber identificar cada situación y aplicar el paradigma más idóneo para cada caso.
Covey esgrime que en realidad el paradigma ideal sería el de ganar/ganar o
no hay trato, es decir, que si no se puede llegar a una solución que beneficie a las
dos partes que están interactuando, lo más conveniente es disentir de común
acuerdo y establecer que no se ha llegado a ningún acuerdo.
Por otro lado el quinto hábito parte de un problema de base que es que en
muchas ocasiones, cuando nos comunicamos con los demás, prescribimos antes
de diagnosticar, es decir no entendemos las necesidades de los demás y por tanto
nuestra respuesta no produce el efecto positivo que debería.
Para poder incorporar este hábito de manera efectiva a la realidad de cada
uno, es imprescindible contar con la capacidad de la escucha empática. No sólo
escuchar qué nos dicen, sino también comprender qué nos están queriendo decir.
Covey señala que normalmente estamos programados para responder a quien
estamos escuchando en términos de evaluación (estamos o no de
acuerdo), sondeo (en base a nuestro propio marco de referencia), consejo (en
base a nuestra experiencia) o interpretación (explicar los motivos del otro).
Ser capaces de escuchar empáticamente lleva tiempo, pero quien lo
consigue cuenta con la ventaja de poder interpretar rápidamente y a un nivel
profundo lo que les sucede a los demás, y ser por tanto más efectivos en su
relación con ellos.
En el sexto hábito, Covey nos hace entender la sinergia como la actividad
superior de la vida, y el hábito que verdaderamente refleja todos los demás.
Gracias a ellas se pueden crear nuevas alternativas para dar solución a problemas
que de otra manera sencillamente no surgirían. Es la esencia del liderazgo
transformador.
Gracias a la comunicación sinérgica las partes implicadas obtienen una
mayor comprensión mutua, aprendizaje y desarrollo. En el entorno empresarial, la
creación de relaciones sinérgicas es una poderosa fuente de experiencias que
mejoran el desempeño de la organización a todos los niveles.
En el paradigma Ganar/ganar que veíamos en el hábito anterior, se pueden
llegar a crear relaciones de tipo sinérgico que a largo plazo benefician
ampliamente a todos los implicados.
Aunque también se pueden generar sinergias negativas cuando las
personas tratan de resolver problemas y tomar decisiones en realidades
interdependientes y centran sus esfuerzos en que esas sinergias perjudiquen a
otros para reforzar su posición.
Por último, es importante es este punto tener en cuenta que para facilitar
cada uno relaciones sinérgicas con los que están alrededor es muy importante
tener la capacidad de valorar las diferencias de percepción entre uno mismo y los
demás, ya que de opiniones similares poco desarrollo se puede conseguir.
En resumen, es el resultado de cultivar la habilidad y la actitud de valorar la
diversidad. La síntesis de ideas divergentes produce ideas mejores y superiores a
las ideas individuales. El logro del trabajo en equipo y la innovación son el
resultado de este hábito.
En el séptimo y último hábito se hace referencia a los principios de auto-
renovación equilibrada. Parten de la base de que todos tenemos cuatro
dimensiones principales que determinan nuestra personalidad y la manera en que
actuamos: la física, la social, la mental y la espiritual.
En mi opinión, otro aspecto que solemos descuidar, que banalmente se
traduce a olvidarse de uno mismo, cuando en realidad, necesitamos encontrarnos
óptimos y ser autosuficientes para poder liderar tanto en los ámbitos personal y
profesional con entereza.
Lo que Covey llama el hábito de “afilar la sierra” se refiere a desarrollar y
dar expresión precisamente a estas cuatro motivaciones, de manera constante y
coherente, con el fin de ser efectivos.
Puesto a que el ser humano necesita de motivación, de aliento, que los
inspire e impulse a seguir intentándolo, teniendo en cuenta que a veces la fuerza
de voluntad no es suficiente y se necesita de apoyo. Y, ¿qué mejor apoyo que
encontrarse en armonía con nuestro interior?
Para llevar a cabo este proceso hay que trabajar en cada una de las
dimensiones antes citadas. A nivel físico, se ha de cuidar el cuerpo, hacer
ejercicio, preocuparse por la nutrición y controlar los niveles de estrés a que
estamos sometidos. La salud juega un papel importantísimo, necesitamos tener
suma vitalidad y energía para poder ser proactivos, ser autosuficientes, ser
capaces de responder a las exigencias con fuerza.
A nivel mental, es importante practicar la lectura, planificar nuestros
proyectos, visualizar lo que queremos conseguir y también por qué no ponerlo por
escrito. Así como el físico, este nivel es muy importante y me atrevería a decir que
incluso aún más, retrocediendo a lo anteriormente señalado: la importancia de
cambiar de mentalidad para tomar acción.
Si no contamos con una mente serena, descansada, que pueda absorber
toda la información necesaria y pueda maquinar y razonar en consecuencia a las
circunstancias, entonces estaremos lejos de alcanzar nuestra misión. Por eso es
de vital importancia tanto descansar como reforzar nuestra mente, organizándonos
y equilibrándonos.
En la dimensión social, es importante ser empáticos con los demás, buscar
sinergias en las interacciones y desarrollar individualmente la seguridad intrínseca
de cada uno.
Y en lo referente a lo espiritual, la clave pasa por tener claros cuáles son
nuestros valores y estar comprometidos con ellos.
En resumen, es usar la capacidad que tenemos para renovarnos física,
mental y espiritualmente. Es lo que permite establecer un equilibrio entre todas las
dimensiones de nuestro ser, a fin de ser efectivos en los diferentes papeles (roles)
que desempeñamos en nuestras vidas.
Éstos son los 7 hábitos de la gente altamente efectiva para Stephen R.
Covey, que todos podemos aplicar a nuestra esfera personal y profesional para
poder hacer frente a prácticamente cualquier dificultad que nos plantee la vida.
Para ello cuenta tanto la actitud como la aptitud, y sobre todo la voluntad de
aferrarse y hacer propios una serie de principios y paradigmas que nos ayuden
a desarrollar estos hábitos.
Para finalizar, podemos decir que los 7 hábitos no son un conjunto de
partes independientes o formulas fragmentadas. En armonía con las leyes
naturales del crecimiento, proporcionan un enfoque gradual, secuencial y
altamente integrado del desarrollo de la efectividad personal e interpersonal.