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MANSILLA GALLEGOS, MANUEL IGNACIO - RECURSO DE
INCONSTITUCIONALIDAD EN CARPETA JUDICIAL: "MANSILLA GALLEGOS,
MANUEL IGNACIO S / HOMICIDIO AGRAVADO POR FEMICIDIO" - (CUIJ
21-07008638-4) S/ RECURSO DE INCONSTITUCIONALDAD (QUEJA ADMITIDA)
21-00512408-2
Secret. Tecnica de la Corte Suprema de Justicia
En la Provincia de Santa Fe, a los veintisiete
días del mes de diciembre del año dos mil veintiuno, los
señores Ministros de la Corte Suprema de Justicia de la
Provincia de Santa Fe doctores Daniel Aníbal Erbetta, María
Angélica Gastaldi, Rafael Francisco Gutiérrez, Mario Luis
Netri y Eduardo Guillermo Spuler, con la presidencia del
titular doctor Roberto Héctor Falistocco acordaron dictar
sentencia en los autos caratulados “M. G., M. I. -RECURSO
DE INCONSTITUCIONALIDAD EN CARPETA JUDICIAL: 'M. G., M. I.
S/ HOMICIDIO AGRAVADO POR FEMICIDIO'– (CUIJ 21-07008638-4)
sobre RECURSO DE INCONSTITUCIONALIDAD (QUEJA ADMITIDA)”
(Expte. C.S.J. CUIJ N°: 21-00512408-2). Se resolvió someter
a decisión las siguientes cuestiones: PRIMERA: ¿es
admisible el recurso interpuesto? SEGUNDA: en su caso, ¿es
procedente? TERCERA: en consecuencia, ¿qué resolución
corresponde dictar? Asimismo, se emitieron los votos en el
orden en que realizaron el estudio de la causa, o sea,
doctores Erbetta, Gastaldi, Falistocco, Gutiérrez, Netri y
Spuler.
A la primera cuestión -¿es admisible el recurso
interpuesto?- el señor Ministro doctor Erbetta dijo:
Mediante acuerdo registrado en A. y S. T. 287,
págs. 460/462, esta Corte admitió la queja por denegación del
recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el imputado
M.G. con el patrocinio letrado de la Defensora General y del
Asesor de Menores de Venado Tuerto, contra la resolución 14,
del 28 de febrero de 2018, dictada por los Jueces del Colegio
de Cámara de Apelación en lo Penal de Rosario, doctora
Hernández y doctores Ivaldi Artacho y Mascali, por entender
que las postulaciones contaban “prima facie” con suficiente
asidero en las constancias de la causa e importaban articular
con seriedad planteos que podían configurar una cuestión
constitucional con idoneidad suficiente como para operar la
apertura de la instancia extraordinaria.
El nuevo examen de admisibilidad que impone el
artículo 11 de la ley 7055, efectuado con los autos
principales a la vista, me conduce a ratificar esa conclusión
de conformidad a lo dictaminado por el señor Procurador
General (fs. 65/71).
Voto, pues, por la afirmativa.
A la misma cuestión, la señora Ministra doctora
Gastaldi, el señor Presidente doctor Falistocco y el señor
Ministro doctor Gutiérrez expresaron idéntico fundamento al
vertido por el señor Ministro doctor Erbetta y votaron en
igual sentido.
A la misma cuestión, el señor Ministro doctor Netri
dijo:
1. Mediante acuerdo registrado en A. y S. T. 287,
págs. 460/462, esta Corte admitió la queja por denegación del
recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el imputado
M.G. con el patrocinio letrado de la Defensora General y
del Asesor de Menores de Venado Tuerto, contra la
resolución 14, del 28 de febrero de 2018, dictada por los
Jueces del Colegio de Cámara de Apelación en lo Penal de
Rosario, doctora Hernández y doctores Ivaldi Artacho y
Mascali, por entender que las postulaciones contaban “prima
facie” con suficiente asidero en las constancias de la
causa e importaban articular con seriedad planteos que
podían configurar una cuestión constitucional con idoneidad
suficiente para operar la apertura de la instancia
extraordinaria.
2. En el examen de admisibilidad que prescribe el
artículo 11 de la ley 7055, no obstante lo dictaminado por
el señor Procurador General (fs. 65/71), considero que el
remedio interpuesto resulta inadmisible, desde que los
agravios esbozados por la interesada no lucen suficientes
de modo que posibiliten franquear el acceso a esta
instancia de excepción, por cuanto todo el desarrollo
expuesto se traduce en la disconformidad con los
fundamentos dados por la Alzada, sin lograr acreditar con
sus alegaciones que los vicios que esgrime se configuren en
el fallo.
Voto, pues, por la negativa.
A la misma cuestión, el señor Ministro doctor
Spuler expresó idéntico fundamento al vertido por el señor
Ministro doctor Erbetta y votó en igual sentido.
A la segunda cuestión -en su caso, ¿es
procedente?- el señor Ministro doctor Erbetta dijo:
1. De las constancias de autos, y en lo que aquí
interesa, surge que luego de tramitada la causa, por fallo
275, del 5 de julio de 2016, el Juez en lo Penal Correccional
y de Faltas N° 1 de Venado Tuerto, declaró la responsabilidad
penal de M.G. en carácter de autor del delito de homicidio
calificado por “femicidio” (fs. 794/853, Expte. N° 176/2015).
Esta decisión fue confirmada por los Jueces de la Cámara de
Apelación de esa ciudad por acuerdo 8 del 3 de abril de 2017
(fs. 913/932, Expte. N° 176/2015).
2. Posteriormente, al evaluar la necesidad de
imposición de pena en los términos del artículo 102 del
Código Procesal de Menores, el Juez de Menores de Venado
Tuerto, doctor Prado, por pronunciamiento 423, del 24 de
agosto de 2017, condenó a M.G. como autor del delito de
homicidio agravado por “femicidio” a la pena de 21 años y 6
meses de prisión (fs. 1010/1016v., Expte. N° 176/2015).
Luego de brindar las razones por las cuales
concluía que la sanción penal no podía eludirse en el caso,
se avocó al tratamiento del monto a imponer. De este modo,
partió de considerar que la prisión perpetua -prevista en el
ordenamiento legal para el delito por el que se había
condenado a M.G.- no resultaba aplicable a los menores de
edad, citando el fallo “Maldonado” del Máximo Tribunal de la
Nación. Y, con base en éste, expresó que la pretensión
punitiva debía ser determinada dentro de los parámetros de la
tentativa, adoptando como regla general la excepción
contemplada en el último párrafo del inciso 3 del artículo
4 de la ley 22278.
Sentado ello, para determinar la cuantía de la
sanción, tomó como máximo el monto de 35 años de prisión
-previsto en el art. 13, C.P. para otorgar el beneficio de
la libertad condicional a los condenados con pena de
prisión perpetua- reducido en un tercio, es decir, 23 años
y 8 meses, sin fijar mínimo alguno.
A partir de allí, valorando las pautas contenidas
en el artículo 4 de la ley 22278, le impuso al justiciable
la pena de 21 años y 6 meses de prisión, accesorias legales
y costas (arts. 80, inc. 11; 13; 44; 45; 5; 12 y 29, inc.
3, C.P.).
3. Apelada tal resolución por la fiscalía, la
defensa y el Asesor de Menores, los Jueces del Colegio de
Cámara de Apelación en lo Penal de Rosario, doctora
Hernández y doctores Ivaldi Artacho y Mascali, por acuerdo
14, del 28 de febrero de 2018, la confirmaron (fs.
1054/1066, Expte. N° 176/2015).
Para así decidir, en primer lugar, el voto de la
doctora Hernández -al que adhirieron el doctor Mascali y el
doctor Ivaldi Artacho con sus ampliaciones- consideró que
el Fiscal había desistido del pedido de aplicación de la
pena de prisión perpetua, así como la defensa y el Asesor
de Menores de sus planteos de innecesariedad de la sanción.
Sentado ello, la Judicante se avocó a analizar la
determinación de la respuesta punitiva, comenzando por
fijar sobre qué base y escala legal debía individualizarse
y, luego, cuál era el monto que en definitiva cabía imponer.
Como cuestión previa, expresó la Camarista que,
desechada la sanción absoluta prevista en el Código Penal
para la figura en tratamiento -por resultar incompatible con
la Convención sobre los Derechos del Niño- y ante la
necesidad de un mecanismo que opere como sustitutivo, el Juez
de primera instancia había adoptado una operación que no
podía ser convalidada -aunque ello no implicara modificar el
monto punitivo finalmente impuesto-. Al respecto, expuso que
resultaba inadmisible -por estar vedado a la jurisdicción-
una suerte de nueva sanción, sin escala alguna, derivada del
artículo 13 del Código Penal, en función del artículo 37 de
la referida Convención, haciendo jugar el plazo previsto para
una posible concesión de la libertad condicional, trasladando
un instituto de diverso origen y finalidad.
En consecuencia, manifestó que asistía razón a la
defensa y al Asesor de Menores en las quejas esbozadas en
cuanto al mecanismo empleado en el fallo de grado y entendió
que la magnitud de los hechos juzgados no habilitaba a
justificar el apartamiento de las pautas normativas
establecidas. Concluyó así que las inconsistencias que el
Magistrado había puesto de resalto debían ser resueltas sin
exorbitar los marcos legales fijados por el codificador en
relación a las figuras típicas.
Descalificado entonces el razonamiento del Juez de
primera instancia para fijar la pena de M.G., respondió
negativamente al interrogante acerca de si de la
jurisprudencia imperante en el derecho penal juvenil surgía
la obligatoriedad de efectuar la reducción de la escala
penal a la de la tentativa -en función del art. 4, ley
22278-. Así, expresó que era una facultad de la
jurisdicción y que, por tanto, no resultaba de aplicación
imperativa o como regla tan sólo por juzgarse a un menor de
edad.
Seguidamente, discurrió la Vocal acerca de la
necesidad de que la respuesta estatal para casos de menores
de edad sea diferenciada e inferior a la que correspondería
en igualdad de circunstancias respecto de un adulto. Puso
de resalto que lo vedado convencionalmente es que el
reproche penal de la culpabilidad que se le formula al niño
tenga la misma entidad que el normalmente realizado a una
persona mayor de edad y que, por ello, la prisión perpetua
deviene inaplicable.
Citó en apoyo de esta solución la doctrina que se
desprende del caso “Maldonado” de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación, de la cual -entendió- no es posible
colegir que deba reducirse de manera general y en todos los
supuestos, por la sola condición de menor de edad, la
escala penal a la de la tentativa, ya sea un caso juzgado
con penas divisibles o indivisibles, como el de autos.
Agregó que tampoco la Corte provincial en el antecedente
“Cabrera” había sostenido tal obligatoriedad y que, si aun
por vía de hipótesis, se estimara que dichos precedentes
imponen la reducción obligatoria, se advertían nuevas
circunstancias que autorizarían a apartarse de tal
criterio. Afirmó que éstas estaban dadas por tratarse el
presente de un “femicidio”, incorporado como agravante del
homicidio en el inciso 11 del artículo 80 del Código Penal,
en respuesta a las obligaciones contraídas por el Estado
argentino al ratificar la “Convención de Belém do Pará”.
Concluyó sobre el punto, que la reducción de la
escala penal aplicable a la de la tentativa no puede tener
otra razón de ser a la hora de establecer la respuesta
estatal que las particularidades del caso concreto, las
condiciones específicas del menor de edad y la
proporcionalidad con sus características y con la infracción;
y que en el supuesto de autos ningún argumento se observaba
para justificar tal disminución, atendiendo a criterios
preventivo-especiales como correctores del reproche de
culpabilidad merecido.
Sentado ello, y frente a la ausencia de un
mecanismo sustitutivo previsto en la ley para hipótesis como
la presente -prisión perpetua inaplicable para un imputado
menor de edad-, consideró la Magistrada que debía acudirse a
la escala penal prevista para el delito de homicidio simple,
ya que se estaba juzgando por la figura calificada de la
básica. En consecuencia, sostuvo la Judicante que la escala
penal a tener en cuenta debía fijarse entre 8 y 25 años de
prisión.
Descartada la obligatoriedad de efectuar la
reducción prevista en el artículo 4 de la ley 22278, evaluó
si M.G. era o no merecedor de ella. Y, en esa tarea, estimó
que concurrían en la valoración del caso, a la luz de las
pautas insertas en los artículos 40 y 41 del Código Penal,
circunstancias que agravaban el reproche. Así, se superaba
con creces no sólo el mínimo legal, sino también el término
medio de la escala, acercándose más bien a su máximo, todo
lo cual determinaba la confirmación del monto seleccionado
en primera instancia, aunque se arribara a él desde otro
punto de partida, más respetuoso -a su juicio- del
principio de legalidad.
A renglón seguido, la Vocal reiteró que se
trataba de un caso de “femicidio”, que tenía que ser
analizado y juzgado con perspectiva de género conforme al
compromiso asumido por el Estado argentino al ratificar la
“Convención de Belém do Pará” y que, si bien no podía
aplicarse la prisión perpetua prevista por el legislador
para estos casos, su incorporación dentro del catálogo de
delitos conminados con tal pena alguna pauta mensurativa le
daba al juzgador.
Agregó que en relación a la víctima, el Estado se
ha comprometido de una manera privilegiada y por dos vías,
por su condición de mujer y de menor de edad, destacando su
especial vulnerabilidad, todo lo cual -entendió- debía
tener su correlato a la hora de fijar la pena por el hecho
cometido, el que debía ser visibilizado.
Finalmente, la Magistrada, partiendo de la escala
fijada para la figura básica de homicidio, advirtió que el
reproche por la conducta atribuida superaba con creces no
sólo su mínimo legal, sino también su término medio, lo que
llevaba a descartar el beneficio de la reducción previsto en
la ley 22278, por cuanto éste opera para atemperar los
mínimos legales cuando aparecen como excesivos, lo que
-estimó- no ocurría en el caso.
Y a partir de allí, concluyó que la pena fijada -21
años y 6 meses de prisión- lucía justa y equitativa, no sólo
frente al hecho cometido, sino también a las circunstancias
del imputado referidas bajo las pautas establecidas por la
Convención sobre los Derechos del Niño -art. 40.4- y las
Reglas de Beijing -en especial, la N° 5-. Agregó que,
armonizando todos los valores y principios en juego, debían
respetarse al momento de llevarse adelante la ejecución la
continuidad de las medidas que venía desarrollando el
encausado, así como todas aquéllas que sea posible
instrumentar en su favor y las relacionadas con la
problemática que trasunta el caso. También debían
considerarse las pautas orientativas que surgen de las Reglas
Mínimas de Naciones Unidas para la Protección de los Menores
Privados de Libertad y la revisión periódica de la sanción,
incluso su libertad anticipada (cfr. fallo “Mendoza”,
C.I.D.H., párrs. 163 y 165), más allá de las exclusiones
genéricas previstas en la ley 24660 para el ilícito juzgado,
las que deberían ser interpretadas conforme los parámetros
que impone un régimen especial como el que nos ocupa.
Por lo demás, aclaró la Judicante que lo resuelto
no implicaba desconocer el mandato convencional que reza que
en materia penal juvenil la detención resulta de “ultima
ratio” y por el menor tiempo que proceda, por cuanto la
necesidad de sanción se había verificado sin agravios de
las partes. Y, en relación a lo segundo, señaló que no
debía asimilarse aquella expresión con menor tiempo
“posible”, pues ello no es lo exigido por la Convención y
tal interpretación tornaría a la reducción en mandato
constitucional y no en una facultad discrecional del juez.
4. Contra dicho pronunciamiento, interpuso el
imputado M.G., con el patrocinio letrado de la Defensora
General y del Asesor de Menores de Venado Tuerto recurso de
inconstitucionalidad (fs. 1/30v.).
En primer lugar, invocó la causal de procedencia
prevista en el inciso 2 del artículo 1 de la ley 7055,
alegando contradicción entre los derechos y garantías
consagrados en el bloque de constitucionalidad y lo
resuelto en el caso.
Postuló que el fallo soslayó el principio de
especialidad del derecho de menores y la proporcionalidad
de la pena impuesta, la que -dijo- debe ser acorde al
injusto enrostrado y a la reinserción social que se
pretende del justiciable.
Agregó que lo que habilita la vía de revisión
planteada es la incidencia que ostenta en el caso el
Informe 172/10 de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos, surgiendo la necesidad de constatar si la pena
altísima fijada resulta compatible con los estándares
internacionales en la materia.
Insistió con que la sanción no guarda
proporcionalidad con la finalidad aplicable a un menor de
edad, el cual, como sujeto, se encuentra en formación y en un
estado de inmadurez que requiere otro tipo de ponderación por
parte del Estado al momento de seleccionar la magnitud de la
condena.
Por otro lado, discrepó con la interpretación
efectuada del precedente “Maldonado” de la Corte nacional, en
lo atinente a la no obligatoriedad de seguir las reglas de la
tentativa en los casos de menores de edad.
Entendió que esta reducción de la pena sólo puede
ser soslayada en el supuesto de que, durante la vigencia de
la medida cautelar, el imputado no demuestre signos de
arrepentimiento, o no exhiba “vocación a la reinserción”, lo
que no ocurrió en autos. Al respecto, explicó que M.G. en
todo momento evidenció una sobria internalización de la
conducta reprochada, admitiendo su negatividad y advirtiendo
la necesidad de que a futuro deberá superarse para no
repetirla.
Concluyó que las reglas de la tentativa son
aplicables en el presente, porque permiten morigerar
adecuadamente las consecuencias represivas del injusto,
teniendo en cuenta la edad del encartado y la necesidad de
que éste, como persona en formación, no reciba un “impacto
aplastante” en su voluntad positiva de resocialización.
Estimó que el Tribunal pretendió exhibir una
consideración de los valores en juego, mas rompiendo el
equilibrio en perjuicio de los derechos del menor de edad,
quien resulta merecedor -por imperio de la normativa
nacional y supranacional- de una morigeración represiva en
comparación a la que le correspondería a un adulto. Agregó
que no basta con no aplicarle la pena de prisión perpetua,
sino que además se requiere una ponderación más específica
en lo atinente a la individualización de la pena.
5. Cabe anticipar que propiciaré la declaración
de procedencia de la presente impugnación, toda vez que el
razonamiento efectuado por el A quo para confirmar la pena
impuesta a M.G. en primera instancia no puede ser
convalidado.
En efecto, en el caso, debe partirse de
considerar que el delito por el cual se declarara la
responsabilidad penal del imputado y luego se resolviera la
necesidad de aplicación de pena, tiene prevista como
sanción la de prisión perpetua (art. 80, inc. 11, C.P.). Y
lo cierto es que, tal como lo sostienen los Jueces de la
causa y no fuera controvertido por las partes en la
instancia de apelación, su aplicación se encuentra vedada
para las personas menores de edad.
5.1. En este sentido, cabe recordar lo expuesto
en mi voto en el caso “Cabrera” (A. y S. T. 246, pág. 409)
oportunidad en la cual, al efectuar el control de
convencionalidad sobre la pena de prisión perpetua en los
términos de la Convención sobre los Derechos del Niño
(arts. 40.1 in fine, 40.2.b.1 y 40.4), concluí en su
incompatibilidad con los artículos 5.6 de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos y 10.3 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos; la regla 17 de
las Reglas Mínimas de Naciones Unidas para la Administración
de Justicia de Menores (Reglas de Beijing); y el Informe N°
172/10 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, así
como con la doctrina constitucional sentada por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación en el caso “Maldonado”
(Fallos:328:4343).
5.2. En el citado Informe, la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos determinó que “...el
Estado de Argentina es responsable internacionalmente por
mantener en vigencia un sistema de justicia adolescente que
permite que éstos sean tratados igual que los adultos
infractores. Ello llevó a que C.A.M., C.D.N., L.M.M.,
S.C.R.C. y R.D.V.F., fueran condenados a las penas de prisión
y reclusión perpetuas por hechos que ocurrieron cuando aún
eran niños. Esta condena se impuso en desconocimiento de los
estándares internacionales aplicables en la materia de
justicia penal juvenil, en particular, la privación de
libertad únicamente como medida de último recurso y por el
tiempo más breve que proceda, así como la obligación de
asegurar una revisión periódica de la posibilidad de
excarcelación, tomando en especial consideración la finalidad
resocializadora de la pena. De esta manera, las penas de
prisión y reclusión perpetuas, fueron impuestas de forma
arbitraria y resultaron incompatibles con la Convención
Americana...” (Informe N° 172/10).
5.3. También cabe referir que luego la Corte
Interamericana de Derechos Humanos al fallar en este caso
(“Mendoza y otros vs. Argentina”, sentencia del 14.05.2013,
Excepciones Preliminares, Fondo y Reparaciones), resolvió
que el Estado debía asegurar que no se vuelvan a imponer
las penas de prisión o reclusión perpetuas a ninguna otra
persona por delitos cometidos siendo menor de edad, así
como garantizar que las personas que actualmente se
encuentren cumpliendo dichas penas por delitos cometidos
siendo menores de edad puedan obtener una revisión de las
mismas que se ajuste a los estándares expuestos. Asimismo,
-entre las distintas medidas ordenadas- se instó como
medida de no repetición a que el Estado argentino
modificara el régimen penal juvenil regulado a nivel
federal -decreto/ley 22278/80-, en cuanto permite la
aplicación de penas perpetuas a menores de edad y no cuenta
con mecanismos para supervisar de forma periódica las
condenas a niños, niñas y adolescentes.
Y que recientemente, en el marco de la
supervisión de cumplimiento de esta sentencia, la Corte
expresó preocupación con base en que “...han transcurrido
casi ocho años desde la notificación de la Sentencia y no
existe avance alguno en la adecuación del régimen penal
juvenil en Argentina a los estándares internacionales en la
materia”. Puso de resalto además que “...mientras no sea
reformado legislativamente el régimen penal juvenil en
Argentina en los términos que ha sido ordenado en la
Sentencia (...), particularmente en lo que concierne a la
imposición de penas perpetuas por delitos cometidos durante
la niñez, no existe seguridad jurídica de que este tipo de
penas contrarias a la Convención Americana sobre Derechos
Humanos y a la Convención sobre los Derechos del Niño, puedan
volver a ser impuestas por los tribunales internos. En ese
sentido, a la mayor brevedad posible, el Estado debe adoptar
la reforma normativa que deje sin efecto dicho tipo de penas
para personas menores de edad. Mientras el Estado tenga
pendiente cumplir con la referida adecuación normativa, se
recuerda que para la ejecución de esta reparación es
especialmente fundamental el control de convencionalidad “ex
officio” entre las normas internas y la Convención Americana
que deben ejercer todos los órganos del Estado, incluidos sus
jueces, así como el importante rol que -en el ámbito de sus
competencias- tienen los tribunales internos incluso los de
mayor jerarquía en el cumplimiento o implementación de las
Sentencias de la Corte Interamericana” (cfr. resolución Corte
I.D.H. del 23.09.2021).
5.4. Por su parte, en el fallo “Maldonado”, el
Máximo Tribunal de nuestro país sostuvo que “...la única vía
para determinar la pena correspondiente a un hecho cometido
por un niño siguiendo idénticos criterios que los que se
utilizan respecto de un adulto sería prescindiendo del
principio de culpabilidad, y apelando a la vieja
peligrosidad. La concepción del ser humano que subyace en
nuestra Constitución, tal como se ha señalado, repudia este
concepto, de cuño claramente positivista, francamente
enfrentado a la concepción de toda la ética tradicional,
enraizado en las peores teorías racistas del siglo XIX,
producto de un materialismo rudimentario y grosero,
asentado sobre el determinismo mecanicista de la época y,
por ende, totalmente incompatible con el concepto de
persona, base de nuestra Constitución de 1853-1860, en
perfecta armonía con el art. 1 de la Declaración Universal
de Derechos Humanos de 1948. Que en el marco de un derecho
penal compatible con la Constitución y su concepto de
persona no es posible eludir la limitación que a la pena
impone la culpabilidad por el hecho, y en el caso
particular de la culpabilidad de un niño, la reducción que
se deriva de la consideración de su inmadurez emocional o
afectiva universalmente reconocida como producto necesario
de su etapa vital evolutiva, así como la inadmisibilidad de
la apelación a la culpabilidad de autor, por resultar ella
absolutamente incompatible con nuestra Ley Fundamental. En
tales condiciones, no resta otra solución que reconocer que
la reacción punitiva estatal debe ser inferior que la que
correspondería, a igualdad de circunstancias, respecto de
un adulto...”; (Fallos:328:4343, considerandos 38 y 40).
6. Descartada entonces la posibilidad de
aplicación de la prisión perpetua, en el presente la única
solución respetuosa de los estándares vigentes en el
derecho penal juvenil y del principio de legalidad, era
reducir la respuesta punitiva en la forma regulada para la
tentativa, tal como lo prevé el artículo 4 de la ley 22278
-única pauta normativa existente, que además surge de la
legislación específica-. En consecuencia, a partir de tal
disposición, debía fijarse la sanción a imponer dentro de la
escala del artículo 44 del Código Penal para los casos de
delitos reprimidos con prisión perpetua, esto es, de 10 a 15
años de prisión.
Al respecto, cabe señalar que en oportunidad de
emitir mi voto en el precedente “Cabrera”, expresé que el
precepto de la ley 22278 sólo podía ser interpretado en
estricta correspondencia con el principio de culpabilidad
disminuida. De ello se deriva la existencia de un deber de
justificar la imposición de la pena y de explicar los motivos
en virtud de los cuales se aplicará o no la escala reducida,
por lo que para alejarse de dicha disminución o, en su
defecto, de la absolución, deben analizarse concretamente los
parámetros referidos por la Corte Suprema de Justicia de la
Nación en el fallo “Maldonado”, pues, en caso contrario, la
selección de la sanción escaparía a la finalidad de “ultima
ratio” del derecho penal.
De este modo, se admitió la posibilidad de que,
brindando adecuada fundamentación, los jueces descarten la
reducción prevista en el artículo 4 de la ley 22278. Sin
embargo, ello no habilitaba una solución como la escogida en
el pronunciamiento impugnado. En efecto, en primer lugar, en
el antecedente referido dichas consideraciones fueron
formuladas a mayor abundamiento, por cuanto ninguna
incidencia tenían para la resolución de la causa. Es que
allí, esta Corte anuló la sentencia de declaración de
responsabilidad penal del imputado menor de edad -por
violación de las garantías de debido proceso y de los
derechos de defensa y al recurso, entre otros-. Por tanto,
no era necesario en esa oportunidad analizar cómo debía
procederse en aquellos supuestos en los que -como en este
caso- la decisión -aun fundada- de apartarse de la escala
penal reducida de la tentativa, determinaría la imposición
de una sanción vedada -como se dijo- en nuestro
ordenamiento constitucional.
Ahora bien, planteada esta problemática en autos,
corresponde abordarla efectuando una interpretación
progresiva de las garantías constitucionales y de las
obligaciones convencionales que esta Corte tiene la
responsabilidad de tornar operativas. Y, en dicha tarea,
como se adelantó, debe entenderse que en los casos en que
se decide imponer pena a personas menores de edad por la
comisión de delitos conminados con prisión perpetua, la
única solución posible es la aplicación de la reducción
prevista en el artículo 4 de la ley 22278.
7. Esta conclusión no sólo resulta respetuosa de
los principios vigentes en materia de derecho penal
juvenil, sino también acorde al principio de legalidad.
7.1. En efecto, sabido es que el principio de
legalidad ha sido formulado como “nullum crimen, nulla
poena sine lege praevia, scripta, stricta et certa”,
prohibiendo las penas sin ley y exigiendo que ésta sea
previa, escrita, cierta y estricta. Fue Beccaría quien
definió y extendió la mentada necesidad de ley no sólo para
la tipificación de las infracciones legales, sino también
para las respuestas punitivas.
De la exigencia de legalidad se derivan los
principios de máxima taxatividad legal e interpretativa, en
función de los cuales la integración analógica de la ley
penal está prohibida “in malam partem” (Zaffaroni, Eugenio
Raúl; Alagia, Alejandro; Slokar, Alejandro: “Manual de
Derecho Penal Parte General”, Editorial Ediar, Bs. As., 2005,
1° ed., págs. 106/107).
Y lo cierto es que, si bien en ciertos supuestos se
podría admitir que se deje de lado la escala reducida del
artículo 4 de la ley 22278 -teniendo en cuenta los principios
de legalidad, culpabilidad, proporcionalidad, necesidad y
mínima intervención-, en el presente ello no es admisible. Es
que, -como se explicó- en el caso escoger tal alternativa
trae como resultado una particularidad: la pena prevista
legalmente para el delito por el cual se condena a M.G. se
encuentra -por las razones esgrimidas ut supra- vedada para
las personas menores de edad.
Ante este panorama, debe buscarse una solución y la
única alternativa nos la da el mismo ordenamiento normativo
al contemplar la posibilidad de reducir la pena en la escala
de la tentativa, pauta prevista en el artículo 4 de la ley
22278, legislación específica vigente en materia de régimen
penal juvenil. En consecuencia, conforme al mencionado
precepto, debe reducirse la escala en el modo previsto en el
artículo 44 del Código Penal para la tentativa de delitos
reprimidos con prisión perpetua. Cualquier otra
interpretación genera la necesidad de determinar una escala
penal dentro de la cual debería fijarse la sanción a
imponer, incurriéndose en una integración analógica “in
malam partem” inadmisible en materia penal.
7.2. Asimismo, lo propuesto responde a los
estándares vigentes en el derecho penal juvenil.
Al respecto, no puede desconocerse que los niños
poseen los derechos de todos los seres humanos, menores y
adultos, y tienen además derechos especiales derivados de
su condición, a los que corresponden deberes específicos de
la familia, la sociedad y el Estado (Corte I.D.H., OC 17/02
Condición Jurídica y Derechos Humanos de los Niños, párr.
54).
Pero, además, estos derechos especiales que
tienen las personas menores de edad por su condición, no
constituyen sólo un postulado doctrinario, sino que su
reconocimiento es un imperativo jurídico de máxima
jerarquía normativa, derivado de los tratados
internacionales suscritos por nuestro país, en especial, de
la Convención sobre los Derechos del Niño y del Pacto de
San José de Costa Rica (cfr. cons. 33, “Maldonado”,
C.S.J.N.)
Dentro de este ámbito de protección especial, la
Convención sobre los Derechos del Niño acuerda en su
artículo 37, inciso b, un derecho fundamental al disponer
que “...la detención, el encarcelamiento o la prisión de un
niño se llevará a cabo de conformidad con la ley y se
utilizará tan sólo como medida de último recurso y durante
el período más breve que proceda”.
En similar sentido, las Reglas Mínimas de Naciones
Unidas para la Administración de Justicia de Menores
(aprobadas por la Asamblea General en su resolución 40/33,
del 29 de noviembre de 1985) establecen que “[l]a decisión de
la autoridad competente se ajustará a los siguientes
principios: (...) b) [l]as restricciones a la libertad
personal del menor se impondrán sólo tras cuidadoso estudio y
se reducirán al mínimo posible” (regla 17.1) y que “[e]l
confinamiento de menores en establecimientos penitenciarios
se utilizará en todo momento como último recurso y por el más
breve plazo posible” (regla 19.1).
Asimismo, las Reglas de Naciones Unidas para la
Protección de los Menores Privados de Libertad (adoptadas por
la Asamblea General en su resolución 45/113, del 14 de
diciembre de 1990), entre sus perspectivas fundamentales,
proclaman que “[l]a privación de libertad de un menor deberá
decidirse como último recurso y por el período mínimo
necesario y limitarse a casos excepcionales. La duración de
la sanción debe ser determinada por la autoridad judicial sin
excluir la posibilidad de que el menor sea puesto en libertad
antes de ese tiempo”.
Por otra parte, no puede obviarse que la ley 26061
proyecta una trascendencia fundamental en la materia que se
debate en el presente caso, en la medida que, en su artículo
2, dispone que “...[l]a Convención sobre los Derechos del
Niño es de aplicación obligatoria en las condiciones de su
vigencia, en todo acto, decisión o medida administrativa,
judicial o de cualquier naturaleza que se adopte respecto
de las personas hasta los dieciocho años de edad...”.
Del mismo modo, mediante la reglamentación de su
artículo 19 que reconoce el derecho a la libertad (cfr.
anexo del decreto 415/06), se establece que en su
aplicación deben considerarse parte integrante de dicha
norma: las Reglas de Naciones Unidas para la Protección de
los Menores Privados de la Libertad (Reglas de La Habana);
las Reglas Mínimas de Naciones Unidas para la
Administración de Justicia de Menores (Reglas de Beijing);
las Directrices de Naciones Unidas para la Prevención de la
Delincuencia Juvenil (Directrices de Riad) -adoptadas y
proclamadas por la Asamblea General en su resolución 45/112
del 14 de diciembre de 1990-; y las Reglas Mínimas de
Naciones Unidas sobre las Medidas no Privativas de la
Libertad (Reglas de Tokio) -adoptadas por la Asamblea
General en su resolución 45/110 del 14 de diciembre de
1990-. Por tanto, resulta incorporado al derecho interno,
con plena operatividad, un conjunto de instrumentos
internacionales que precisamente tienen por finalidad
limitar el poder punitivo del Estado en los casos de
delitos cometidos por personas menores de edad.
En consecuencia, no puede relativizarse la
incidencia de la ley 26061 -y también de la ley provincial
12967 que adhiere a ella- en materia penal juvenil, toda
vez que, en función de las pautas interpretativas sentadas
por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el
precedente de Fallos:331:2691, la ley 22278 debe ser aplicada
dentro de los límites impuestos por la ley 26061.
Por su parte, la Corte Interamericana de Derechos
Humanos adoptó en el caso “Mendoza” referido los principios
de “ultima ratio” y de máxima brevedad posible en la
aplicación de las penas, siguiendo las directivas impartidas
por el artículo 37, inciso b de la Convención sobre los
Derechos del Niño.
Ese mismo Tribunal, en la Opinión Consultiva 17/02
ya citada, entendió que “...es evidente que las condiciones
en las que participa un niño en un proceso no son las mismas
en las que lo hace un adulto. Si se sostuviera otra cosa se
desconocería la realidad y se omitiría la adopción de medidas
especiales para la protección de los niños, con grave
perjuicio para estos mismos. Por lo tanto, es indispensable
reconocer y respetar las diferencias de trato que
corresponden a diferencias de situación, entre quienes
participan en un procedimiento” (párr. 96).
También cabe mencionar las observaciones finales
del Comité Internacional de los Derechos del Niño (órgano de
control de la Convención) para Argentina, en las que señala
la falta de compatibilidad de la ley 22278 con la Convención,
reafirmando los principios de “ultima ratio” y máxima
brevedad de la pena.
De lo reseñado, surge inequívocamente que los
principios que rigen el derecho penal juvenil establecen
claramente que la sanción penal debe operar como “ultima
ratio”, de manera subsidiaria y siempre atendiendo al
interés superior del niño (cfr. voto de la dra. Ledesma en
“M., C. A. y otros s/ rec. revisión”, Cám. Fed. Casación
Penal, Sala II, 21.08.2012).
7.3. En este contexto, en el caso analizado, no
quedan dudas de que la aplicación de la escala penal
reducida en la forma prevista para la tentativa para los
delitos reprimidos con pena de prisión perpetua conforme al
artículo 44 del Código Penal -10 a 15 años de prisión-
reduce el encarcelamiento al menor tiempo posible,
respetándose de este modo la legalidad y los estándares
referidos respecto a la prisión como medida de último
recurso y por el tiempo más breve posible.
8. En función de lo expuesto, la solución
adoptada por la Cámara resulta descalificable desde la
óptica constitucional.
Es que, la Alzada, luego de considerar que la
reducción prevista por la ley 22278 es facultativa y no
obligatoria para los jueces, brindó las razones por las
cuales no correspondía -en su estima- aplicarla en el caso
de M.G. y, en consecuencia, al no poder imponerle la pena
de prisión perpetua, recurrió a una integración normativa
para buscar cuál era la escala penal a tener en cuenta. En
ese cometido, entendió que aquélla debía ser la prevista
para la figura básica del delito por el cual se había
condenado al justiciable y, dentro de la escala del
homicidio simple, confirmó la pena impuesta en primera
instancia que había sido de 21 años y 6 meses de prisión.
Mas en este razonamiento el A quo no debió
desatender que, al dejar de lado la reducción de la pena en
el modo previsto para la tentativa, se apartaba de los
principios específicos vigentes en la materia -privación de
la libertad como “ultima ratio” y por el menor tiempo
posible-. Ello es así, por cuanto la solución a la que
arribara la Cámara implica desconocer lo dispuesto por el
artículo 37, inciso b de la Convención sobre los Derechos del
Niño -norma con jerarquía superior que manda a imponer la
pena más breve posible-, al habilitar la consideración a la
hora de individualizar la pena del imputado de una escala
penal con un máximo -25 años- ostensiblemente mayor al que
surge de aplicar la escala atenuada prevista en el artículo 4
de la ley 22278 -15 años-.
Pero además, tal decisión resulta violatoria del
principio de legalidad que rige también respecto de la pena
y, en especial, de la prohibición de integración normativa
“in malam partem”. Es que, los Magistrados debieron “buscar”
una escala penal para el caso, realizando -como se dijo- una
integración normativa vedada en materia penal, máxime cuando
se hizo en perjuicio del imputado. En efecto, como resultado
del razonamiento seguido por los Judicantes, se tuvo en
cuenta una escala penal más gravosa -8 a 25 años- que la que
hubiera correspondido en caso de optar por la solución
normativa -10 a 15 años-, aplicándosele en definitiva una
sanción -21 años y 6 meses de prisión- muy superior al máximo
posible conforme la prevista legalmente -15 años-.
La descalificación constitucional del
pronunciamiento cuestionado no importa desconocer la
gravedad del hecho aquí analizado. En efecto, en el
presente se investiga y juzga un “femicidio” que, atento a
la condición de vulnerabilidad de la víctima -una niña de
14 años de edad embarazada- exige una respuesta del Estado
acorde a los compromisos internacionales asumidos. Por
ello, tales circunstancias si bien no habilitaban el
apartamiento del marco legal referido a la hora de
determinar la escala penal, sí deberán ser tenidas en
cuenta para individualizar la pena del imputado conforme
las pautas sentadas por los artículos 40 y 41 del Código
Penal.
Del mismo modo, no pueden obviarse las
implicancias que la solución aquí propiciada -aplicación
obligatoria de la escala penal prevista para la tentativa
(10 a 15 años de prisión) en casos de personas menores de
edad a quienes se les impute la comisión de un delito
conminado con pena de prisión perpetua- genera en relación
a las escalas penales a considerar en supuestos de
atribución a jóvenes de delitos cuya pena máxima -aun
reducida en el modo establecido en el artículo 4 de la ley
22278- fuera mayor a 15 años de prisión.
Al respecto, cabe señalar que ello es
consecuencia de las inconsistencias provocadas por
sucesivas reformas parciales asistemáticas y
contradictorias introducidas a la legislación penal
argentina en los últimos años, las que han resquebrajado
completamente el principio de proporcionalidad de las penas.
En consecuencia, la jurisdicción no puede hacerse
cargo de estas inconsistencias en la dosimetría penal y debe
sujetar el caso a la ley aplicable, que no es otra que la
22278, cuyo artículo 4 da la única pauta normativa para
determinar la escala penal aplicable en autos en función del
condicionante derivado de la prohibición de la aplicación de
la pena de prisión perpetua a los niños, niñas y adolescentes
(conforme lo expuesto ut supra en el punto 5), lo que impide
validar una pena fija (perpetua) atendiendo a la edad del
imputado al momento de cometer el hecho por el que se lo
juzga.
9. En conclusión, la decisión impugnada, al
confirmar la pena impuesta en primera instancia, se apartó de
los principios específicos vigentes en el derecho penal
juvenil y del de legalidad -al efectuar una integración
normativa en perjuicio del imputado-, lo cual la torna
descalificable desde la óptica constitucional, debiendo ser
anulada.
Por todo lo expuesto, voto, pues, por la
afirmativa.
A la misma cuestión, la señora Ministra doctora
Gastaldi dijo:
1. Coincido sustancialmente con el relato de
antecedentes y con la solución que se propicia en el voto del
señor Ministro doctor Erbetta, en el sentido de que el
apartamiento de la escala de la tentativa prevista en el
artículo 4 de la ley 22278 en un supuesto como el
presente, en que se condenara a M.G. por un hecho cometido
mientras era menor de edad, resulta descalificable desde la
óptica constitucional. Pues, conforme el desarrollo
efectuado por el señor Ministro preopinante, los Jueces,
recurriendo a una interpretación “in malam partem”,
soslayaron inmotivadamente las implicancias del principio
de legalidad y de aquéllos específicos que rigen en el
derecho penal juvenil.
2. De igual manera, sin que lo decidido implique
desentenderse de las particulares circunstancias de la
causa, al tratarse la víctima de una mujer, menor de edad,
embarazada y la particular protección constitucional y
convencional que ello implica conforme los compromisos
internacionales asumidos. Las que, en su caso, deberán ser
tenidas en cuenta por los jueces de la causa al momento de
determinar la pena, de conformidad con lo dispuesto por los
artículos 40 y 41 del Código Penal.
Por todo lo expuesto, voto, pues, por la
afirmativa.
A la misma cuestión, el señor Presidente doctor
Falistocco dijo:
1. En primer lugar, coincido con lo expuesto por
el señor Ministro doctor Erbetta en el punto 5 de su voto
en cuanto a que el delito por el cual se declarara la
responsabilidad penal del imputado y luego se resolviera la
necesidad de aplicación de pena, tiene prevista como
sanción la prisión perpetua (art. 80, inc. 11, C.P.), mas
su aplicación se encuentra vedada para los menores de edad.
En ese sentido, cabe recordar lo expuesto por el
suscripto in re “Cabrera” (A. y S. T. 246, pág. 409) en torno
a que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el
Informe 172/10, concluyó que Argentina “...al imponer la pena
de prisión perpetua a C.A.M., L.M.M., S.C.R.C. y R.D.V.F., y
de reclusión perpetua a C.D.N. en incumplimiento de los
estándares internacionales aplicables, violó en su perjuicio
los derechos consagrados en los artículos 19, 5.1, 5.2, 5.6 y
7.3 de la Convención Americana en relación con las
obligaciones establecidas en los artículo 1.1 y 2 del mismo
instrumento” (cons. 189).
Manifesté que la Comisión, para arribar a tal
conclusión, consideró que “...los artículos 19 y 5.6 de la
Convención Americana, leídos en su conjunto e interpretados a
la luz de los estándares esbozados en los párrafos
precedentes, incorporan: I) la obligación de los Estados de
disponer las medidas necesarias para que el sistema de
justicia penal aplicable a niñas, niños y adolescentes tome
en especial consideración sus particularidades y necesidades
de protección y, en consecuencia, establezca regulaciones
distintas de las aplicables a los adultos; II) la obligación
de los Estados de asegurar que la pena privativa de libertad
sea establecida 'como medida de último recurso' y 'por el
tiempo más breve que proceda', parámetros que en el caso de
la prisión perpetua, debido a la severidad inherente a dicha
pena, deben ser evaluados con especial cautela; y III) la
obligación de los Estados de asegurar que la determinación
del plazo para solicitar la excarcelación en el contexto de
la pena de prisión perpetua, sea razonable y proporcional a
la situación especial de los adolescentes, así como a la
finalidad de resocialización como aspecto primordial de la
pena” (cons. 167).
Y en ese sentido, puso de resalto la Comisión que
“...la falta de parámetros especiales para la aplicación de
sanciones penales a adolescentes, particularmente las penas
privativas de libertad y las posibilidades de
excarcelación, derivó en que las víctimas del presente caso
fueran tratadas como adultos infractores, lo que resulta
incompatible con los derechos contemplados en los artículos
19 y 5.6 de la Convención Americana, en relación con las
obligaciones establecidas en los artículos 1.1 y 2 del
mismo instrumento” (cons. 173). Así, concluyó que “...al
imponer la pena privativa de libertad más severa omitiendo
un análisis pormenorizado de estas cuestiones y sin
explorar alternativas distintas a dicha pena, las
autoridades judiciales asimilaron la situación de las
víctimas a la de los adultos, en incumplimiento de las
obligaciones internacionales en materia de protección
especial de niños, según las cuales la privación de
libertad sólo procede como medida de 'último recurso' y
'por el tiempo más breve que proceda'” (cons. 177).
Todas estas pautas sirvieron luego para que la
Cámara Federal de Casación Penal interviniera en un recurso
de revisión y finalmente anulara la imposición de penas
perpetuas a quienes habían ocurrido ante el Sistema
Interamericano de Derechos Humanos.
En el precedente mencionado, también aludí a la
doctrina emanada del Máximo Tribunal de la Nación, que de
algún modo se había anticipado a los lineamientos efectuados
en el orden convencional. De esta forma, en “Maldonado” se
sostuvo que “...la única vía para determinar la pena
correspondiente a un hecho cometido por un niño siguiendo
idénticos criterios que los que se utilizan respecto de un
adulto sería prescindiendo del principio de culpabilidad y
apelando a la vieja peligrosidad...”, al tiempo que agregó
que “...en el marco de un derecho penal compatible con la
Constitución y su concepto de persona no es posible eludir la
limitación que a la pena impone la culpabilidad por el hecho,
y en el caso particular de la culpabilidad de un niño, la
reducción que se deriva de la consideración de su inmadurez
emocional o afectiva universalmente reconocida como producto
necesario de su etapa vital evolutiva, así como la
inadmisibilidad de la apelación a la culpabilidad de autor,
por resultar ella absolutamente incompatible con nuestra Ley
Fundamental. En tales condiciones, no resta otra solución que
reconocer que la reacción punitiva estatal debe ser inferior
que la que correspondería, a igualdad de circunstancias,
respecto de un adulto” (cons. 40).
2. Dicho ello, entiendo también -como lo expresé
en el precedente “Cabrera”- que ante la imposibilidad de
aplicación de la pena de prisión perpetua, “...la única forma
de compatibilizar la sanción con los estándares de mínima
intervención, resocialización, ultima ratio, subsidiariedad
e interés superior del niño que rigen la materia” es
decidir acerca de la aplicabilidad de la escala reducida de
la tentativa en los términos del artículo 4 de la ley 22278
(en tal sentido, cfr. causa “M. y otros s/ recurso de
revisión”, C.F.C.P., Sala II causa nro. 14.087).
Es esa la solución respetuosa de los estándares
vigentes en el derecho penal juvenil -ut supra expuestos- y
también del principio de legalidad penal, ya que el
artículo aludido es la única pauta normativa existente, que
además surge de la propia ley aplicable en la materia.
De este modo, comparto lo expuesto por los votos
precedentes en relación a las exigencias propias del
principio de legalidad y su derivado de máxima taxatividad
legal e interpretativa, a partir de la cual se encuentra
vedada la interpretación analógica de la ley penal “in
malam partem”.
Y en el caso, donde la pena prevista legalmente
para el delito por el cual se condenó a M.G. se encuentra
vedada por haber sido cometido éste cuando era menor de
edad, la única alternativa la brinda el mismo ordenamiento
normativo al contemplar la posibilidad de reducir la pena
en la escala de la tentativa, pauta prevista en el artículo
4 de la ley 22278, disposición que se encuentra en la
legislación específica vigente en el régimen penal juvenil,
que es la “...pieza jurídica fundamental nacional en la
materia...”, en palabras de la Corte Suprema nacional (cfr.
cons. 25, fallo “Maldonado”). Cualquier otra solución genera
la necesidad de determinar una escala penal dentro de la cual
debería fijarse la sanción a imponer, so pena de incurrir en
una integración analógica “in malam partem”, inadmisible en
materia penal.
Es en razón de lo expuesto que la decisión adoptada
por la Cámara resulta descalificable desde la óptica
constitucional. En efecto:
Al entender que la pena de prisión perpetua se
encontraba vedada en el caso, la Alzada expresó los motivos a
partir de los cuales estimaba que no correspondía aplicar la
reducción prevista en la ley 22278 y recurrió a una
integración normativa con el fin de buscar una escala
alternativa, al considerar la “...ausencia de un mecanismo
sustitutivo previsto en la ley para casos como el que nos
ocupa (prisión perpetua inaplicable para imputado menor)”. Y
en esa labor, entendió que debía ser la establecida para la
figura básica del delito por el cual se condenaba al
justiciable, manifestando las circunstancias por las que -a
su juicio- correspondía confirmar la pena impuesta en primera
instancia que había sido de 21 años y 6 meses de prisión.
En este punto, concuerdo con los votos que me
preceden en cuanto a que el Tribunal, al soslayar la
reducción de la pena que dispone el artículo 4 de la ley
específica, no sólo se apartó de los principios vigentes en
la materia, sino que también afectó el principio de legalidad
y, en especial, el de máxima taxatividad interpretativa y la
prohibición de integración normativa “in malam partem”, al
optar por una escala penal que le permitió imponer una pena
más gravosa que la que hubiera correspondido en caso de
aplicarse la solución legal prevista, determinando -en
perjuicio del imputado- una sanción (21 años y 6 meses de
prisión) superior al máximo establecido de acuerdo al
artículo 4 de la ley 22278 (15 años, conforme al art. 44,
C.P.).
3. Por último, no se desconoce la magnitud de los
hechos juzgados y las circunstancias del caso que tuvieron
en cuenta los Magistrados para agravar el reproche de M.G.
-al tratarse la víctima de una mujer menor de edad,
embarazada- y la particular protección constitucional y
convencional que ello implica, mas tales extremos no pueden
motivar el apartamiento del marco legal establecido por las
normas y principios aludidos; antes bien tendrá su impacto
a la luz de las pautas insertas en el artículo 41 del
Código Penal.
Por tales razones, voto, pues, por la afirmativa.
A la misma cuestión, el señor Ministro doctor
Gutiérrez dijo:
1. Comparto la solución por la anulación de la
sentencia recurrida, toda vez que entiendo que la misma
resulta descalificable desde la óptica constitucional.
Ello es así pues, conforme al desarrollo
argumental de los votos que anteceden en orden a los
principios fundamentales que imperan en materia penal
juvenil, ha de concluirse que los Sentenciantes se
apartaron de los estándares específicos aplicables a las
concretas circunstancias del caso, adoptando una solución
reñida con el principio de legalidad por efectuar una
interpretación “in malam partem”, debiendo en tal sentido
-como se adelantó- anularse la decisión impugnada.
2. Dicho esto, se impone señalar que no escapan al
análisis de esta Corte las particulares circunstancias del
hecho por tratarse la víctima de una mujer menor de edad
embarazada y la especial protección con anclaje
constitucional y convencional que tuvo en cuenta la Cámara al
efecto; pero, en virtud de las razones apuntadas
precedentemente, ello no puede justificar el apartamiento al
marco legal establecido por las normas aludidas en orden a la
escala penal aplicable, antes bien encuentra proyección en la
esfera de determinación de la pena conforme a las pautas de
los artículos 40 y 41 del Código Penal.
Voto, pues, por la afirmativa.
A la misma cuestión, el señor Ministro doctor Netri
dijo:
1. Atento el resultado obtenido al tratar la
primera cuestión, corresponde que me pronuncie sobre la
procedencia de la presente vía.
La decisión puesta en crisis por la defensa técnica
consiste en la confirmación de la sentencia de grado, por
medio de la cual -a su turno- se condenó a M.G. a la pena de
21 años y 6 meses de prisión, accesorias legales y costas,
como autor penalmente responsable del delito de homicidio
calificado por “femicidio”, hecho cometido siendo menor de
edad (sentencia 275, del 5.07.2016, confirmada por la
Cámara de Apelación en lo Penal por acuerdo 8 del
3.04.2017). En la instancia de grado, la defensa del
imputado, el Asesor de Menores y la fiscalía interpusieron
recursos de apelación. Los primeros, coincidieron en la
necesidad de fijar una pena, mas cuestionaron el quantum de
la sanción punitiva impuesta, peticionando la aplicación de
la correspondiente al delito cometido -art. 80, inc. 11,
C.P.- disminuida en el grado de la tentativa, conforme el
artículo 44 del Código Penal. Por su parte, el Fiscal de
Cámaras desistió del agravio en orden a la imposición de la
pena de prisión perpetua, con fundamento en el fallo
“Cabrera” de esta Corte, peticionando la aplicación de 23
años y 6 meses de prisión.
La Cámara, por acuerdo 14 de fecha 28.02.2018,
confirmó el pronunciamiento que impusiera el monto de 21
años y 6 meses de prisión.
2. Los reproches que dirige la impugnante a dicho
acuerdo giran en torno a dos ejes principales: a) el
primero, basado en que el fallo soslayó el principio de
especialidad del derecho de menores y la proporcionalidad
de la pena impuesta, la que -entiende- debe ser acorde al
injusto enrostrado y en orden a la reinserción social que
se pretende del justiciable, aludiendo a la incidencia que
ostenta en el caso el Informe 172/10 de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos; y b) el segundo, al
achacar a dicho pronunciamiento una interpretación
incorrecta del precedente “Maldonado” de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación en lo atinente a la no obligatoriedad
de seguir las reglas de la tentativa en los casos de menores
de edad.
3. Ahora bien, luego de efectuar una atenta lectura
de la sentencia en crisis y de las constancias de la causa,
considero que no asiste razón a la impugnante en cuanto a la
configuración de los vicios descalificatorios endilgados a la
misma, por lo que adelanto que el recurso de
inconstitucionalidad interpuesto no habrá de prosperar en
esta instancia.
Es que, no obstante los reproches de la defensa,
advierto en los mismos sólo insistencia por parte de la
interesada en imponer su propia postura en cuanto a la
solución que correspondería al presente, mas sin hacerse
cargo con argumentos idóneos de los fundamentos expuestos por
el A quo y sustentados en las constancias del caso para
arribar a su decisión.
4. En primer lugar, conforme señala el señor
Procurador General, se advierte que todo el desarrollo
argumentativo de la Alzada -como se verá- se motivó a partir
de los postulados constitucionales y los estándares
internacionales aplicables en materia de justicia penal
juvenil.
De tal modo, surge que el análisis efectuado partió
de considerar que el delito por el cual se declaró la
responsabilidad penal del imputado y luego se resolvió la
necesidad de aplicación de pena, tiene prevista como
sanción la de prisión perpetua (art. 80, inc. 11, C.P.).
Sobre ello, la Vocal del primer voto -a la que adhirieron
sus colegas- consideró y destacó el desistimiento fiscal en
relación a su primigenia pretensión y los lineamientos
sentados por organismos internacionales que descalifican la
aplicación de penas absolutas para casos de menores de
edad, con cita de las conclusiones del Informe 172/10 de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
En consonancia con ello, la Alzada mencionó
precedentes jurisprudenciales de insoslayable aplicación en
la materia, tales como “Maldonado” (C.S.J.N.) y “Cabrera”
(C.S.J.S.F.) en el ámbito local.
Seguidamente, y sin perjuicio de no existir
controversia -por la etapa procesal arribada- sobre la
necesidad de imponer sanción en el caso concreto, la Cámara
brindó una serie de fundamentos en orden a la finalidad de
la pena para el supuesto de un menor de edad, su
significación y las particulares características que guarda
la misma al resultar su destinatario un sujeto en
formación. En tal sentido, expresó que “...no se desconoce
la ideología que sustentara el Derecho de Menores en el
orden penal, siendo que aparece como una justicia de
excepción con ribetes preponderantemente tuitivos
tendientes a la recuperación individual y en el orden
social, exenta de espíritu vindicativo, por cuanto no se
trata de imponer una pena por la pena misma, ni por la mera
retribución; sin embargo se repara que se está frente a un
supuesto de menor punible, es decir respecto del cual la
legislación vigente prevé la aplicación de sanción bajo
ciertas condiciones que se han encontrado configuradas, lo
cual resulta a esta altura incontrastable aún para todas las
partes actuantes en el proceso”.
En línea con lo anterior, citó fragmentos
pertinentes de las Reglas Mínimas de Naciones Unidas para la
Administración de la Justicia de Menores (Reglas de Beijing)
aplicables al caso de autos, relativas a la proporcionalidad
en la respuesta al delito, teniendo en cuenta sus
circunstancias y gravedad, las necesidades y circunstancias
del menor, como así también las de la sociedad (regla 1.7 y
punto 1.4 de los principios generales).
4.1. Luego de ponderar tales premisas, la Cámara
confirmó el monto impuesto en baja instancia, aunque por un
mecanismo sustitutivo de la aplicación de la pena de prisión
perpetua -descartada por los argumentos señalados-, y a ese
fin determinó la escala legal sobre la que debía fijarse la
sanción. En dicha labor, no convalidó el mecanismo adoptado
en baja instancia para llegar a ese resultado, exponiendo las
razones para decidir así, sin perjuicio de resaltar la
“...loable intención del A-quo de individualizar la pena
teniendo en cuenta las particularidades del caso y su
gravedad”.
Para confirmar el monto de pena dado, conforme la
interpretación de la jurisprudencia ya citada, concluyó que
la reducción a la tentativa que prevé el artículo 4 de la ley
22278 es una facultad de la jurisdicción incluso para
hechos como el juzgado en el presente, y que de dichos
fallos no surge la obligatoriedad de realizar esa operación
por ser el imputado un menor de edad. Mas justipreció -por
interpretación convencional y tal como sentara la Corte
nacional en “Maldonado”- que dicha respuesta punitiva debe
ser diferenciada e inferior a la que correspondería, en
igualdad de circunstancias, respecto de un adulto.
Expuso que aun en el caso hipotético de
entenderse que dicha reducción es imperativa para la
judicatura, se presentan aquí nuevas circunstancias que
ameritarían apartarse de esta interpretación
jurisprudencial que sostiene la recurrente, como resulta
ser el análisis de autos bajo la perspectiva de género
desarrollada en las anteriores instancias, por tratarse el
hecho juzgado de un “femicidio” y, por ende, la
operatividad que asumen las obligaciones contraídas por el
Estado al ratificar la “Convención de Belém Do Pará” (art.
7, inc. c).
Explicó que la pretendida reducción del monto de
la pena, a la hora de establecer la respuesta estatal,
tiene su razón de ser en la proporción que debe guardar la
sanción tanto con las circunstancias específicas del menor,
como con las particularidades del caso concreto y la
infracción cometida; y expresó que en el “sub examine” no
se observa ningún argumento al respecto que justifique tal
disminución.
Seguidamente, adujo que ante la ausencia de un
mecanismo sustitutivo previsto en la ley para casos como el
presente, debe acudirse a la escala prevista para el
homicidio simple -8 a 25 años de prisión, art. 79, C.P.-, al
juzgarse una figura calificada de la básica, la que queda en
pie al excluir la sanción absoluta prohibida
convencionalmente.
A partir de esa escala, la Alzada entendió que
debía partir el análisis acerca de si M.G. es merecedor de la
reducción facultativa del artículo 4 de la ley 22278, y a ese
fin valoró, en primer término, a la luz de las pautas de los
artículos 40 y 41 del digesto de fondo, las circunstancias
que agravan el reproche. Entre ellas, ponderó: a) que el caso
se trata de un homicidio agravado por “femicidio”, respecto
del cual Argentina asumió obligaciones frente a la comunidad
internacional, figura conminada con pena absoluta no
aplicable por ser menor el imputado, pero que alguna pauta
mensurativa le otorga al juzgador; b) la protección integral
-por leyes nacional 26061 y provincial 12967- hacia los
derechos del encartado, con proyección similar respecto de
los derechos de la víctima, por su condición de menor de edad
al tiempo del hecho y, por ende, destinataria de una especial
tutela estatal; c) se trata de un atentado contra una
mujer/menor embarazada, circunstancia que conocía el
justiciable; y d) el comportamiento seguido por el encartado
luego de perpetrar el hecho, al manipular el celular de la
víctima con ánimo de profundizar el estado de incertidumbre
en sus familiares y amigos ante su búsqueda.
Tales circunstancias fueron las valoradas por la
Cámara, y así justificó que el hecho cometido supera con
creces no sólo el mínimo legal de la figura, sino también
el término medio de la escala, y de esa forma desestimó la
posibilidad de reducir la pena a aplicar conforme la
tentativa, tal como faculta el régimen penal juvenil.
Luego, consideró el Tribunal que no cabía
receptar la pretensión fiscal -monto de 23 años y 6 meses
de prisión conforme el mecanismo de determinación seguido
por el A quo-, valorando otras pautas que operan de modo
favorable para el imputado, tales como su actitud
colaborativa frente al proceso, su sujeción a las medidas
instrumentadas tanto cautelares como socioeducativas y su
posición admisiva de responsabilidad que permitió
esclarecer el hecho en lo que respecta a su intervención.
Por todos esos motivos, la Alzada estimó que el
monto impuesto lucía justo y equitativo frente al delito
cometido, como también frente a las circunstancias del
justiciable -conforme las pautas que rigen la C.I.D.N. y
las Reglas de Beijing-, propiciando asimismo en la
ejecución la continuidad de las medidas favorables que
viene desarrollando el encausado, su revisión periódica e,
incluso, su libertad anticipada, todo ello en el marco de
interpretación impuesto por el régimen especial minoril.
4.2. Con lo anterior, se advierte sin más que la
Cámara brindó de forma pormenorizada sobrados fundamentos,
diferenciando este caso con el trato que se da a los
mayores imputados, de conformidad con los estándares
internacionales, desde que justificó no sólo la necesidad de
aplicar pena -como se vio, aun ante la particularidad de que
dicho punto no resultaba materia controvertida en la
instancia apelatoria-, sino también la prescindencia de la
escala reducida de la tentativa.
Asimismo, valoró de qué manera resultaba adecuada
para promover la reintegración del entonces menor y explicó,
por último, cómo deberá efectivizarse su revisión periódica,
teniendo presente que las excepciones contempladas en la ley
24660 conforme el ilícito juzgado deberán ser interpretadas
en el marco de los parámetros específicos del régimen
especial que rige el “sub lite”.
Con tales argumentos, coincido con el señor
Procurador General, al no advertir que la interpretación dada
por el Tribunal del artículo 4 de la ley 22278 se encuentre
en pugna con la literalidad de la norma, ni con lo expuesto
por el Máximo Tribunal nacional in re “Maldonado”. En el
mismo sentido, entiendo que la labor de la Alzada se ajusta a
los parámetros sentados por esta Corte en “Cabrera”, en el
cual se reconoció que resulta facultativa para los
magistrados y que el juez debe exponer las razones que lo
llevan a aplicarla o a apartarse de la reducción prevista (A.
y S. T. 246, pág. 409).
4.3. Frente a estas premisas, como se adelantó, la
compareciente insiste con su postura, alegando que la Cámara
soslayó la especialidad que opera en la materia y efectuó una
interpretación jurisprudencial errónea. Mas no concreta una
crítica razonada de los argumentos brindados por la Alzada,
ni refuta idóneamente las consideraciones -bajo la
perspectiva que se invoca- que efectivamente dedicó la
sentencia confirmada y que, en definitiva, implicó una
respuesta punitiva estatal sustancialmente inferior a la
que le correspondería, en igualdad de condiciones, a un
adulto.
De este modo, no alcanza a persuadir que los
Judicantes hubieran decidido por fuera de los márgenes
razonables del ejercicio de la magistratura, teniendo en
cuenta la magnitud del hecho juzgado, las especiales
circunstancias del caso y -tal como cita la doctora
Hernández en su voto- la necesidad de armonizar todos los
valores en juego.
5. En conclusión, y conforme las consideraciones
efectuadas, se evidencia que la recurrente no acredita con
sus postulaciones los vicios que le endilga al fallo, ni
persuade de que la Alzada hubiera desbordado de manera
irrazonable las posibilidades interpretativas de las normas
aplicables en un apartamiento de los principios
constitucionales y convencionales imperantes en materia de
derecho penal juvenil, como genéricamente se invoca.
Voto, pues, por la negativa.
A la misma cuestión, el señor Ministro doctor
Spuler expresó idénticos fundamentos a los vertidos por el
señor Presidente doctor Falistocco y votó en igual sentido.
A la tercera cuestión -en consecuencia, ¿qué
resolución corresponde dictar?- el señor Ministro doctor
Erbetta dijo:
Atento al resultado obtenido al tratar las
cuestiones anteriores, corresponde declarar procedente el
recurso de inconstitucionalidad y, en consecuencia, anular la
determinación de la pena efectuada en la sentencia impugnada.
Remitir la causa al Tribunal que corresponda a los fines de
que la misma sea nuevamente juzgada conforme las pautas
sentadas.
Así voto.
A la misma cuestión, la señora Ministra doctora
Gastaldi, el señor Presidente doctor Falistocco y los señores
Ministros doctores Gutiérrez, Netri y Spuler dijeron que la
resolución que correspondía dictar era la propuesta por el
señor Ministro doctor Erbetta y así votaron.
En mérito a los fundamentos del acuerdo que
antecede, la Corte Suprema de Justicia de la Provincia
RESOLVIÓ: Declarar procedente el recurso de
inconstitucionalidad y, en consecuencia, anular la
determinación de la pena efectuada en la sentencia impugnada.
Remitir la causa al Tribunal que corresponde a los fines de
que la misma sea nuevamente juzgada conforme las pautas
sentadas.
Registrarlo y hacerlo saber.
Con lo que concluyó el acto, firmando el señor
Presidente y los señores Ministros, de lo que doy fe.
FALISTOCCO
ERBETTA GASTALDI
GUTIÉRREZ NETRI
(en disidencia)
SPULER
PORTILLA
Tribunal de origen: Jueces del Colegio de Cámara de
Apelación en lo Penal de Rosario, doctora Hernández y
doctores Ivaldi Artacho y Mascali.
Tribunal que intervino con anterioridad: Juez de Menores
de Venado Tuerto, doctor Prado.
REFERENCIAS:
Ministro Firmante: 27/12/2021 DR. ERBETTA
Ministra Firmante: 27/12/2021 DRA. GASTALDI
Ministro Firmante: 27/12/2021 DR. NETRI
Secretaria Firmante: 27/12/2021 DRA. PORTILLA
Se deja constancia que el presente acto jurisdiccional fue
firmado por los señores Ministros y por quien suscribe, en la fecha y
hora indicada en el sistema informático del Poder Judicial de la
Provincia, en forma digital (Ley Nacional 25506; Decreto Reglamentario
2628/02; Ley Provincial 12491 y Acordada CSJSF n° 42 punto 3 de fecha
11/10/06). Santa Fe, 27 de diciembre de 2021. FDO.: DRA. PORTILLA
(SECRETARIA)