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Mitos de creación: Shu, Tefnut y más

El mito de la creación egipcio describe que en el principio existía el dios Atum en el océano primordial, de donde creó a los dioses Shu y Tefnut. Shu y Tefnut engendraron a Geb y Nut, cuyos hijos fueron devorados por Nut, causando una disputa que separó a Geb y Nut. Más tarde concibieron a Osiris, Isis y otros dioses. El mito yoruba cuenta que los dioses Olorun y Olokun engendraron a Obatalá y Orunmila. Obatalá cre

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Mitos de creación: Shu, Tefnut y más

El mito de la creación egipcio describe que en el principio existía el dios Atum en el océano primordial, de donde creó a los dioses Shu y Tefnut. Shu y Tefnut engendraron a Geb y Nut, cuyos hijos fueron devorados por Nut, causando una disputa que separó a Geb y Nut. Más tarde concibieron a Osiris, Isis y otros dioses. El mito yoruba cuenta que los dioses Olorun y Olokun engendraron a Obatalá y Orunmila. Obatalá cre

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Egipto

Según la cosmogonía de Heliópolis (una de las ciudades más importantes del antiguo Egipto y sede de uno de los centros
religiosos más importantes), en el principio se encontraba Atum dentro del nun, el océano primordial, sumergido en una
gran oscuridad, entonces se creó Atum así mismo y después de ello, del nun surgió una colina primordial. Entonces, se
crearon los dioses Shu, dios del aire, y Tefnut, diosa de la humedad, de un estornudo u orgasmo del dios Atum (esto
depende de la de los textos que se consulten).
Estas tres deidades vivieron en armonía hasta que un día los hijos de Atum cayeron en el nun, por lo que el dios, llorando
de pena, los fue a buscar. Cuando los encontró derramó lágrimas de felicidad de las cuales surgieron los hombres y las
mujeres que poblarían el mundo.
Shu y Tefnut, engendraron a dos hijos: Geb, dios de la tierra y Nut, diosa de los cuerpos celestes, que a su vez tendrían
como hijos a las estrellas, pero estas fueron devoradas por Nut, lo que provocó la terrible ira de su hermano, Geb y
para detener el conflicto, Shu los separó.
Una vez reconciliados, concibieron a Osiris, Seth, Isis y Neftis, dioses y diosas que rigieron al mundo humano en sus
primeros años y que les dieron sentido a otros mitos.

África occidental
Específicamente, en lo que hoy en día es Nigeria, se establecieron varias tribus yoruba, término que hoy en día
comprendemos como una religión que ha logrado ganar adeptos en Latinoamérica debido a la compra venta de esclavos
africanos.
Sin embargo, antiguamente, estas tribus tienen una cosmogonía muy interesante y su mito de la creación no es la
excepción. Los yorubas llamaron a sus deidades, Orishas, término que podría traducirse como “dueños de la cabeza” y
actualmente se sabe que existen poco más de 400 orishas.
De acuerdo con el mito de la creación, al inicio existían lo dioses Olorun (deidad de los cielos) y Olokun (deidad del abismo
acuático), ellos engendraron a dos dioses: Obatalá y Orunmila. El primero le pidió permiso a su padre para crear la Tierra
y así, conectar los cielos y el abismo acuático, a lo que su padre lo envió a buscar consejo con su hermano Orunmila (dios
de las profecías). Este le entregó una lista de 7 objetos necesarios para crear la Tierra: una larga cadena de oro, una
concha de caracol llena de arena, una gallina blanca, un gato negro y una semilla de palmera; su hermano le dio seis de
los siete objetos en una bolsa.
Obatalá acudió a los dioses quienes le entregaron su oro para hacer una cadena que ató a una nube y comenzó a
descender del cielo, sin embargo, la cadena no llegaba hasta el abismo acuático y cuando Obatalá se percató de ello,
escuchó desde el cielo a su hermano Orunmila indicarle que debía verter la arena de la concha y soltar a la gallina para
que excavara.
Es así, que se crearon las colinas y valles, entonces Obatalá saltó a una de las colinas para admirar la tierra y después
plantó la semilla de palma que creció y esparció más semillas provocando que se extendieran por toda la tierra.
El dios, fascinado por su creación, se estableció en la tierra junto al gato negro y cuando comenzó a aburrirse excavó
hasta encontrar arcilla, con la que modeló personas como él para hacerle compañía, sin embargo, trabajó tanto que
cuando se detuvo a descansar el gato negro le ofreció las alegrías del vino de palma y el dios comenzó a beber
desmesuradamente.
Después de una noche de beber y bailar, el dios cayó en estado de estupor y continuó moldeando personas, que ahora
estaban llenas de imperfecciones. Sin embargo, el dios de los cielos, al percatarse de que su hijo no volvía, envió a su
hermano a la Tierra donde él, creó todo lo que nada por el agua, todo lo que se arrastra por el suelo y todo lo que vuela
por el aire.
Cuando Obatalá, regresó en sí, ofendido por lo que Orunmila había hecho (por petición de su padre), subió a los cielos a
reclamarle, pero ante la indiferencia de su padre por su ira, le pidió entonces que les diera vida a sus creaciones de
arcilla. Sin embargo, al regresar a la tierra se percató de lo que había hecho y se convirtió en el protector de la humanidad,
de sus enfermedades, desgracias y defectos que se explican debido al día en que el creador bebió demasiado.

Japón
En el caso de Japón, aunque no se habla del origen de todo el mundo/universo, se habla la creación del país. Para los
japoneses los primeros dioses surgen en la Alta Planicie Celestial, tres dioses invisibles y dos visibles de los cuales no se
tiene un origen claro, pero se conocen como las “Divinidades Celestiales especiales”.
Después, en un segundo momento, surgen dos dioses invisibles más y seis parejas de dioses que nombraron como las
“Siete Generaciones de la Era de los Dioses”, la última pareja en hacer su aparición es Izanagi (“El que invita” o la deidad
sagrada de la calma) e Izanami (“La que invita” o deidad sagrada de las olas).
Esta primera parte del mito lo más relevante es que los dioses ordenan a Izanagi e Izanami que terminen de crear el país
que flota, para lo cual, le entregan a Izanagi la “Celestial Lanza de Joyas”. Ambos dioses se situaron en un puente flotante
para que Izanagi revolviera el magma para cuajarlo con la marea salada, entonces al levantarla, el líquido que goteó de la
lanza se solidificó y formó la isla de Onogoro a la cual las deidades bajan y construyen la Ama no Mihashira (“Augusta
Columna Celestial”) y la “Sala de Ocho Brazas”, es decir, la sala que señala todas las direcciones posibles.
En esta casa (pilar y centro) las deidades comienzan su tarea creadora cuando Izanagi le pregunta a Izanami:
- ¿Cómo está formado tu cuerpo?
- Mi cuerpo se hace y se hace, pero hay un lugar que no acaba de hacerse. ¾ Respondió la diosa.
- Mi cuerpo se hace y se hace, pero hay un lugar que se hace en exceso. ¿Qué pasaría si metiera en el lugar de tu
cuerpo que no acaba de hacerse y generáramos países? ¾ Le dijo Izanagi.
- ¡Será bueno!
- En tal caso, tú y yo daremos una vuelta a la Augusta Columna Celestial y nos encontraremos para unirnos conyugalmente.
Ve tú hacia mí por el lado derecho y yo iré hacia ti por el lado izquierdo.
Así lo hicieron, pero cuando se encontraron, la primera en hablar fue Izanami e Izanagi le respondió al tiempo que se
daba cuenta del error que cometió su hermana al hablar primero, de esta unión nació un hijo deforme, Hiruko (el niño
sanguijuela) y una hija deforme, Aha shima (la isla bruja). Aterrados, las divinidades regresaron a la Alta Planicie donde los
dioses después de consultar al oráculo confirman lo que Izanagi pensó, por lo que ambos hermanos, deben regresar a la
columna para realizar de nueva cuenta el ritual de apareamiento de la forma correcta.
Una vez hecho el ritual correctamente, de la unión nacen ocho islas que conforman el “Gran país de las Ocho Islas”
(antiguamente el número ocho se comprendía como “mucho” dando lugar así, al “Gran País de muchas islas”). Después de
más rituales exitosos surgen seis islas más y entre el surgimiento de islas también nacen otros 31 kamis (dioses), de los
cuales la última fue de gran importancia, ya que Ohogetsu-hime no kami (la Gran Princesa de la Alimnentación), al morir,
de su cuerpo daría a la “hierba humana” el arroz, el mijo, el trigo, el frijol y la soja. Pero ese es otro mito.

- Las razones por las que elegí estos mitos es porque me llama la atención de los grandiosas historias que pueden
surgir de la imaginación, al igual que me sorprende el hecho de que antes para los humanos para todo tenia que
haber dioses y los dioses en la mayoría de los mitos son los creadores del cosmos, claro después de haber creado
a sus hijos.

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