DEPARTAMENTO DE ANTROPOLOGÍA
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
UNIVERSIDAD DE CHILE
REVISTA
CHILENA DE
ANTROPOLOGÍA
Nº , Santiago,
ISSN -
Editores
Andrés Troncoso, Andrés Gómez y Eugenio Aspillaga.
Departamento de Antropología, Universidad de Chile
Editor Sección Monográfica
Claudio César Olaya (Universidad Nacional Federico Villarreal, Perú)
Comité Editorial
Hugo Benavides (Fordham University, Estados Unidos)
Luis Alberto Borrero (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas,
Argentina)
Luis Jaime Castillo (Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú)
Josepa Cucó (Universidad de Valencia, España)
Pedro Paulo Funari (Universidade Estadual de Campinas, Brasil)
Alfredo González Ruibal (Universidad Complutense, España).
Enrique Luque (Universidad Autónoma de Madrid, España)
Rosamel Millamán (Universidad Católica de Temuco, Chile)
Horacio Sabarots (Universidad de Buenos Aires, Argentina)
Charles Stanish (Cotsen Institute of Archaeology, University of California, Estados
Unidos).
Este Volumen es una coedición del Departamento de Antropología de la Universidad de
Chile y el Instituto Francés de Estudios Andinos
© Instituto Francés de Estudios Andinos, UMIFRE 17, CNRS-MAEE. Av. Arequipa
4595, Lima 18, Perú
Teléf.: (51 1) 447 60 70 Fax: (51 1) 445 76 50.
E-mail: postmaster@[Link]. Pág. Web: [Link]
Este volumen corresponde al tomo 9 de la Colección «Actes & Mémoires de l’Institut
Français d’Études Andines» (ISSN 1816-1278)
Consultas y suscripciones deben dirigirse a:
Revista Chilena de Antropología
Departamento de Antropología-Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Chile
Av. Ignacio Carrera Pinto 1045 – Ñuñoa
Santiago, Chile
E-mail: rchant@[Link]
[Link]
ISSN 0716-3312
Imagen de Portada:
Pieza del Complejo Cultural Llolleo perteneciente
al Museo Nacional de Historia Natural.
Impreso en Gráfica LOM
Índice
Revista Chilena de Antropología ...................................................... 7
Editorial Producción y distribución de
cerámica en los Andes prehispánicos:
perspectivas contextuales y prácticas ................................................. 9
Significado Social de la Cerámica Nasca Temprano en
el Valle de Acarí, Perú ..................................................................... 15
Lidio Valdez
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches
del Valle de Santa ........................................................................... 37
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
El Estilo Cerro del Oro del Horizonte Medio en
el valle de Asia ................................................................................ 77
Rommel Ángeles Falcón
Utilización y Reutilización de la Cerámica Wari:
Una Perspectiva Desde Marayniyoq, Ayacucho, Perú .................... 113
Lidio M. Valdez y J. Ernesto Valdez
La Problemática de la Cerámica Ychsma:
El Estado de la Situación y Algunos Elementos de Discusión........ 133
Francisco Vallejo Berríos
Caracterización del Estilo Tricolor Geométrico y
Evaluación de Contactos con el Estilo Ychsma ............................. 169
Camilo Dolorier y Lyda Casas Salazar
Una Ofrenda de Cerámica Ceremonial Wari en La Oroya,
Valle de Acarí, Perú ...................................................................... 189
Lidio M. Valdez
Visllani Visllacuni: Patrones de Consumo a
Comienzos del Horizonte Medio ................................................. 205
Anita G. Cook
Cerámica y Arquitectura Pública en el Camino del Inka del
Desierto de Atacama (Río Loa, Norte Grande de Chile) ............... 227
Mauricio Uribe R. y Simón Urbina A.
“Los Olleros no son del Inka”, Especialización Artesanal y
Economía Política en Los Andes: El Caso de los Alfareros
de la Pampa de Burros .................................................................. 261
Hartmut Tschauner
Revista de Antropología N°20, 2009: 7-8
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Chile, Santiago, Chile
Editorial
Revista Chilena de Antropología
Como ya comentamos en el número pasado, la Revista Chilena de
Antropología del departamento de Antropología de la Universidad de Chile
ha comenzado un camino de formalización y acercamiento a los estándares
de publicaciones científicas internacionales, proceso arduo y exigente que
pone a prueba nuestros esfuerzos como editores.
Bajo el importante camino trazado por nuestros antecesores, la revis-
ta se plantea como objetivos para los próximos años el contar con mayor
volumen de publicación. Dos serán los objetivos a lograr a contar de los
números venideros: Uno, el afianzar la visibilidad de la revista a nivel na-
cional e internacional, para lo cual hemos emprendido diferentes estrategias
de referenciación e indexación en bases de datos específicas de las Ciencias
Sociales; dos, organizar y desarrollar por temas dos números por año a partir
del 2010.
Nuestra fórmula editorial se sustentará a partir de esta fecha con el
objetivo de alcanzar dos números por año, organizando algunos números
temáticamente y otros quedando abiertos a todo tipo de artículos.
En el tema que nos convoca para este número, se han reunido nueve
trabajos orientados a discutir la producción y distribución de cerámica en
los Andes prehispánicos, los que abordan diferentes temáticas sociales de
la época prehispánica andina a partir de la alfarería con casos de estudios
en Perú y Chile. Para ello hemos invitado como editor de este volumen al
arqueólogo peruano Claudio César Olaya, quien nos introducirá a cada uno
de los textos en su editorial de la sección temática.
La presencia de este tema, la variedad de autores que escriben y el co-
rresponder este número a una coedición con el prestigioso Instituto Francés
de Estudios Andinos (IFEA, Perú), no son más que el reflejo de los objetivos
que orientan a la Revista Chilena de Antropología, ser una revista interna-
cional que dé cabida a temas amplios y variados que nos permiten abrir y
7
Editorial
articular nuestras preguntas y prácticas con el quehacer latinoamericano y
mundial. Este número es un paso más en esa línea.
8
Revista de Antropología N°20, 2009: 9-14
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Chile, Santiago, Chile
Editorial
Producción y distribución de cerámica en los Andes
prehispánicos: perspectivas contextuales y prácticas
El 2 de septiembre del año 2005 en la ciudad de Lima, se llevó a
cabo la cuarta edición del simposio denominado Seminario de Arqueología
UNFV, el cual llevó el título de La producción y distribución de cerámica como
indicador social y político en los Andes prehispánicos y coloniales. A pesar de lo
sugestivo del título, las ponencias presentadas tuvieron una gran variedad
de enfoques, desde los más «clásicos» hasta los más innovadores, pero todos
concentrando los esfuerzos, obviamente, en estudios sobre cerámica. Las
15 ponencias admitidas oficialmente (dos de las cuales lamentablemente
no fueron presentadas por no llegar a tiempo los conferencistas) tomaron
diversos rumbos metodológicos para llegar a exponer sus resultados respec-
tivos. Para cumplir con los requerimientos del evento y la publicación se
presentaron trabajos que podían incluir tanto datos estilísticos (Ángeles, este
número; Valdez, este número; Dolorier y Casas, este número; Vallejo, este
número) como arqueométricos (Chapdelaine et al., este número), mientras
que algunos, a partir de casos prácticos, proponen lineamientos metodoló-
gicos e interpretativos de acuerdo a realidades diversas (Vallejo, éste número;
Uribe, este número). Otros casos que podemos mencionar son aquellos que
tomaron más de una perspectiva para mostrar sus respectivos aportes (Cook,
este número; Valdez y Valdez, este número), los cuales combinan enfoques
funcionales y contextuales para llegar a las inferencias del caso. Es significati-
vamente relevante la información proveniente de talleres, la cual nos brinda
panoramas bastante amplios para entender patrones de consumo y políticas
de producción (Tschauner, este número). Como se puede apreciar, tenemos
una gran variedad de enfoques y tendencias metodológicas, las cuales están
permitiendo llegar a niveles de inferencia óptimos.
Pasando a los casos netamente prácticos, Lidio Valdez intenta seguir
manteniendo los postulados que sostienen que el valle de Acarí, durante el
Período Intermedio Temprano, mantiene una autonomía política con res-
pecto a la sociedad Nasca. En trabajos anteriores, esta hipótesis ya había sido
9
Editorial
esgrimida por el autor a partir del estudio de contextos funerarios, señalando
una suerte de etnicidad, la cual se haría más fuerte ante las presiones exter-
nas, aunque permitiendo la entrada de ciertos elementos estilísticamente
relacionados a Nasca. Se brinda un panorama inicial sobre el contexto social
en el cual se desenvuelve y circula la alfarería nasca.
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa nos brindan
nuevos datos en torno al panorama político que ellos interpretan como un
control directo del valle de Santa por parte del área nuclear moche durante
la Fase IV, que estilísticamente identifica a esta sociedad. Pero, a su vez, se
propone la emergencia de una identidad «santeña» en el valle, producto de
las presiones externas y otros factores internos. A partir de la identificación
de sitios productores de cerámica y relevantes datos radiocarbónicos se pre-
senta una interesante y atrevida propuesta de parte de los autores, los cuales
intentan comprender de manera global la naturaleza del estado Moche Sur.
A partir de una muestra de cucharas provenientes del sitio wari de
Conchopata, Anita G. Cook discute algunos patrones de consumo, circula-
ción y uso poco conocidos para estos objetos, pues generalmente estos son
asociados a contextos de índole doméstica. Ciertos contextos de alto valor
ritual y simbólico contienen a estas cucharas, las cuales podrían adquirir
a partir de esta situación social un significado que hasta el momento ha
pasado casi desapercibido. Todo haría indicar que estas cucharas también
podrían ser enmarcadas dentro ciertos eventos de carácter funerario y ritual,
adquiriendo un prestigio que recién empieza a ser entendido.
Siguiendo con los trabajos centrados en el Horizonte Medio, pasa-
mos al sitio wari de Marayniyoq en Ayacucho. Lidio Valdez y J. Ernesto
Valdez nos ubican en una situación social que ha sido casi ignorada por
la mayoría de investigadores que realizan estudios sobre cerámica en esta
zona: la reutilización de vasijas (desechadas) por parte de estratos sociales
poco favorecidos. Todo haría indicar que muchas piezas de alfarería que en
algunos contextos habrían sido desechadas o descartadas, son rescatadas y
reutilizadas por personas pertenecientes a una clase social de pocos recursos
materiales, y con mucho menos recursos en buenas condiciones o nuevos.
Los autores, a partir de esta situación, intentan demostrar la existencia de
contradicciones sociales existentes entre clases, aquellas que pueden hacer
derroches de poder al sacrificar cerámica fina y otra que tiene que «reciclar»
desechos para satisfacer sus necesidades. Discutible enfoque, el cual expone
muchas evidencias interesantes.
10
Producción y distribución de cerámica en los Andes prehispánicos: perspectivas contextuales y ...
Tomando como punto de referencia el valle de Asia de la costa sur-
central del Perú, Rommel Ángeles nos brinda un panorama bastante amplio
en torno a la distribución de los sitios que presentan cerámica del estilo Ce-
rro del Oro. No solo contamos con un reporte de sitios que se asocian a éste
estilo, sino que también este es caracterizado desde lineamientos puramente
estilísticos y cronológicos, brindando una completa ubicación a partir de las
evidencias con las que se cuentan, las cuales se restringen casi totalmente a
material de superficie y colecciones. Ese aporte se constituye en un punto
de partida para retomar la discusión en torno a la irrupción del Horizonte
Medio en esta parte de la costa peruana, fenómeno que estilísticamente se
revela como una materialidad bastante ecléctica y dinámica.
Retomando la costa sur peruana, Valdez nos muestra los resultados de
un hallazgo fortuito en el sitio conocido como La Oroya. Un rico contexto
de ofrendas del Horizonte Medio es documentado en este trabajo. Cabe
aclarar que se admitió este aporte extra, el cual no fue presentado en el sim-
posio, debido al carácter relevante de la información pues reporta de manera
muy sucinta otro caso de la llamada «tradición de ofrendas» del Horizonte
Medio. Si bien el trabajo es de corta extensión, éste cumple con el objetivo
de informar sobre la existencia de otro caso de este tipo de eventos. Al igual
que en algunos otros sitios del Horizonte Medio, en La Oroya se habrían
suscitado eventos de carácter ritual dentro de los cuales el «sacrificio» de va-
sijas finas de diversos estilos del Horizonte Medio habrían sido una situación
propiciada en determinados contextos sociales de elite.
Obteniendo información primaria y sumamente importante del taller
de Pampa de Burros, Hartmut Tschauner nos lleva a entender que en la
sociedad Chimú existieron unidades de producción que actuaban o trabaja-
ban ajenas a los mandatos o lineamientos estatales. El sugestivo enunciado a
través de una analogía que dice textualmente «los olleros no son del inka» no
hace más que captar nuestra atención, a través de una analogía, hacia rum-
bos que nos lleven a comprender que no siempre los centros estatales tienen
la capacidad de supervisar todo tipo de producción. Un caso interesante, el
cual queda para posteriores debates y reevaluaciones.
Retomando un caso ya casi olvidado por los arqueólogos que trabajan
en la costa central peruana, Camilo Dolorier y Lyda Casas realizan un análi-
sis estilístico-iconográfico del estilo Tricolor Geométrico (Horizonte Medio
Época 4) sobre la base de ajuares funerarios procedentes del sitio de Hua-
llamarca en el valle bajo del Rímac y cruzando esta información inédita con
muestras publicadas, procedentes estas últimas de Ancón y otros sitios im-
portantes. Lo más resaltante de este estudio sería, a nuestro parecer, la ma-
11
Editorial
nera como se insertan los resultados para la comprensión de un fenómeno
posterior: la génesis de la sociedad y el estilo Ychsma. El origen de Ychsma
es una de las etapas más oscuras en el estudio de esta sociedad (Vallejo, este
número). Este aporte será de utilidad para llenar parcialmente ese espacio
vacío.
Continuando con los estudios en la costa central peruana, Francisco
Vallejo nos brinda algunas reflexiones y discusiones, las cuales representarían
una continuación de trabajos anteriores iniciados por el autor en algunos
sitios ychsma del valle del Rímac. Definir unidades estilísticas, contextos,
distribución y cronología relativa es el objetivo primordial de este impor-
tante aporte, el cual tiene una base de datos bastante amplia, compuesta por
diversos tipos de contextos como los funerarios, los llamados «pagos» a la
tierra, basurales y otros alternativos. Muchos aspectos terminológicos y esti-
lísticos son despejados a partir de una revisión crítica de trabajos anteriores,
tratando de proporcionar una visión bastante global de la sociedad Ychsma,
la cual ya estamos comenzando a entender de manera más completa desde
algunos años, a raíz de las múltiples investigaciones que se vienen ejecutan-
do en los valles del Rímac y Lurín.
Dejando de lado los Andes Centrales, Mauricio Uribe nos entrega
una magnífica contribución para entender cómo «El Inka» se manifiesta en
el desierto de Atacama, Norte Grande de Chile. Este artículo constituye
un valioso aporte para entender cómo se materializa este fenómeno en esta
parte de Sudamérica, en la cual los estudios centrados en los períodos tardíos
se encuentran muy avanzados. Se hacen importantes propuestas interpreta-
tivas y metodológicas para comprender cómo la cerámica y su relación con
los caminos se enmarca dentro de un complejo panorama en el cual mu-
chas sociedades adoptan diversos mecanismos políticos ante la presencia del
Tawantinsuyu. A su vez, se escenifica la manera como estos sistemas sociales
se prolongan hasta tiempos de la irrupción europea en el territorio. Siguien-
do proporcionando alcances en torno a este tema de interés regional, Uribe
nos brinda un interesante caso para entender la manera como «el Inka» se
asienta sobre esta zona de Chile, y dejando en claro que la «generosidad» del
imperio obedece a complejas modalidades de manejo político que se pueden
entender a partir de la distribución de cerámica a nivel regional.
Habiendo hecho este breve repaso sobre los artículos presentados en
esta entrega, debemos dejar en claro algunos aspectos relativos a la edición
de este conjunto de artículos. Desde el mes de septiembre del año 2005,
exactamente desde el día del evento mencionando líneas atrás, el suscrito
12
Producción y distribución de cerámica en los Andes prehispánicos: perspectivas contextuales y ...
empezó una convocatoria a diversos profesionales peruanos y extranjeros
para la conformación de un grupo de asesoría editorial, el cual comenzó a
trabajar desde el mes de enero del 2006. Las funciones principales de este
grupo de profesionales se centraron en garantizar un control de calidad so-
bre los trabajos remitidos al editor, a través de críticas y comentarios sobre
los mismos. En los créditos de este preámbulo figuran los nombres de estos
nueve colegas que han hecho posible que estos trabajos vayan por el camino
correcto en lo concerniente a niveles de exigencia. A pesar de que algunos
aportes tuvieron que ser rechazados por diversos motivos, creemos que fue
necesario contar con esta valiosa asesoría.
La presente publicación no hubiera sido posible sin el apoyo de mis
colegas de la Universidad de Chile, Mauricio Uribe Rodríguez y Andrés
Troncoso, director del Departamento de Antropología de la Universidad de
Chile y editor de la Revista Chilena de Antropología respectivamente. A pesar
de que casi todos los artículos refieren a zonas ubicadas dentro del Perú, ellos
se mostraron muy interesados en publicar estas actas parciales del evento, en
este Nº 20 de la revista, correspondiente al año 2009. A ellos gracias totales
por su generosidad y comprensión.
Así también, gracias al Instituto Francés de Estudios Andinos, el
presente número pertenece al Tomo 9 de la colección Actes & Mémoires de
l`Institut Français d’Études Andines. Gracias a las gestiones y aval respectivo
de esta importante entidad, tenemos el honor de ser parte de esta serie.
Queremos agradecer a todos aquellos que hicieran posible el evento
que dio origen a esta publicación. En primer lugar, a la Facultad de Huma-
nidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal (Lima, Perú), a tra-
vés del entonces decano, el doctor Lorgio A. Guibovich Del Carpio, quien
facilitó todos los avales respetivos para la realización del evento, sin poner
ninguna objeción a que este se realice, por primera vez, fuera del claustro
universitario. El suscrito formó parte de la comisión organizadora del even-
to, junto a Marina Romero y Claudia Arce, y contamos con la entusiasta
colaboración de un grupo de apoyo de estudiantes de arqueología de las
bases 2004 y 2005 de nuestra casa de estudios, entre los que se encontraron
Isabel Cinthya Caja, Patricia Díaz, Lea Lorena Rojas, María Paula Velarde,
Luis Alfredo Fernández Wanda, Melissa del Alcázar, Diana Inga, Luis Núñez
Yaya, Audry Pallete y muchos otros que colaboraron activamente.
Nuevamente debemos agradecer al Instituto Francés de Estudios An-
dinos, que ha permitido la inclusión de este número de la revista en la serie
mencionada líneas arriba. Al doctor Henri Godard, hasta el año 2007 direc-
13
Editorial
tor de esta prestigiosa entidad científica, quien gentilmente aceptó nuestra
propuesta y solicitud para incluirnos en esta colección y apoyar la presen-
tación de la publicación. Nora Araujo tuvo mucha paciencia a la hora de
tramitar las gestiones respectivas. La doctora Anne-Marie Brougère, respon-
sable de publicaciones del IFEA, se encargó de cerciorarse de que nuestros
asesores editoriales trabajaran con la seriedad respetiva. Todos ellos forman
un grupo profesional de primer nivel.
A Carlos Del Águila, quien durante su gestión como director del Mu-
seo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP)
nos permitió usar el auditorio de esta entidad para la realización del simpo-
sio. Su apoyo y paciencia permitieron que tengamos este importante aval
para nuestras actividades. Así también desde su posición como asesor de
edición, hizo mucho por contribuir a elevar el nivel de algunos artículos. A
Carlos nuestro más sincero reconocimiento y agradecimiento, no solo por
su fructífera gestión como director del MNAAHP, cargo que lamentable-
mente ya no ostenta, sino también por su amistad.
El grupo de asesores editoriales mencionados anteriormente fue
fundamental para elevar el nivel de las contribuciones. Entregando sus fichas
editoriales dentro de los plazos fijados contribuyeron de manera decisiva a
nuestra labor. Las gracias a todos los miembros de este formidable grupo.
Sin ningún orden en particular, las gracias a Mauricio Uribe (Universidad de
Chile, Chile), Izumi Shimada (Southern Illinois University, USA), Claude
Chapdelaine (Université de Montréal, Canada), Iván Ghezzi Solís (Ponti-
ficia Universidad Católica del Perú), Carlos Del Águila Chávez (Instituto
Andino de Estudios Arqueológicos - INDEA, Perú), Martti Pärssinen (Uni-
versity of Helsinki, Finland), Tiffiny A. Tung (Vanderbilt University, USA),
Carlos Farfán (Codirector del Proyecto Ychsma de la Universidad Libre de
Bruselas, Bélgica - Universidad Nacional Federico Villarreal, Perú) y Rafael
Segura Llanos (Pontificia Universidad Católica del Perú). El profesionalismo
y buena voluntad de cada uno de ellos es algo que ha contribuido a la pre-
sente publicación.
Claudio César Olaya
Universidad Nacional Federico Villarreal, Facultad de Humanidades, Escuela
Profesional de Antropología y Arqueología, Especialidad de Arqueología
Lima, martes 1 de abril de 2008
14
Revista de Antropología N°20, 2009: 37-76
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Chile, Santiago, Chile
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los
Moches del Valle de Santa
The Role of the Ceramics in the Social Affirmation
of the Moche From de Santa Valley
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
Resumen
Desde la perspectiva que los moches dominaron y reestructuraron
sociopolíticamente el valle de Santa durante la fase IV (450-800
años d.C.), una nueva sociedad Moche se constituyó como provin-
cia del estado expansionista Moche Sur. Nuevas fechas radiocar-
bónicas confirman una presencia dominante moche que duró más
de tres siglos y la densidad de la cerámica típica en los sitios de la
fase IV indican sin duda la producción masiva y la promoción del
estilo Moche en el valle de Santa. El control político permitió el
desarrollo de una identidad moche en Santa. Las relaciones entre
el centro –el sitio Huacas de Moche– y la periferia –el valle de
Santa– se discuten a partir de la producción y la distribución de la
cerámica doméstica y decorada. Además, intentamos comprender
la alfarería local en términos de indicadores sociopolíticos de la
sociedad estratificada Moche asentada en este valle, indicando los
sitios de producción cerámica y los resultados de una primera fase
de análisis de pastas por activación neutrónica.
Palabras claves: Moche, expansión, cerámica, identidad cultural.
1 Département d’Anthropologie, Université de Montréal, Québec, Canada. E-mail: [Link]-
laine@[Link]
2 Département d’Anthropologie, Université de Montréal, Québec, Canada. E-mail: [Link].
spissu@[Link]
3 Proyecto Santa de la Universidad de Montreal, Ancash, Perú. Email: jorgegamboa34@hotmail.
com
Recibido: Junio 2007. Aceptado: Diciembre 2007
37
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
Abstract
From the perspective that the Moche dominated and restructured
at the socio-political level the Santa Valley during Phase IV (AD
450-800), a new Moche society emerged as a Province of the ex-
pansionist Southern Moche State. New radiocarbon dates support
a strong Moche presence lasting more than three centuries, and
the high density of typical ceramic on sites of this phase indicates
without any doubt the intensive production and promotion of the
Moche style in the Santa Valley. Political control allowed the deve-
lopment of a local Moche identity in Santa. The relations between
the center, Huacas de Moche, and the periphery, the Santa Valley,
will be discussed regarding the production and distribution of do-
mestic and decorated ceramics. We will also try to understand the
locally produced ceramic and the socio-political indicators of the
stratified Moche society established in Santa by looking at ceramic
production centers and at the first results of paste analysis with
neutron activation.
Key words: Moche, expansion, ceramic, cultural identity.
Introducción
La producción cerámica es un componente principal en el estudio de
las sociedades pretéritas complejas. La preservación prolongada y su abun-
dancia son atributos que la distinguen de otras categorías de artefactos y la
convierten en evidencia válida para aproximarse a una historia cultural y
explorar una conducta social. La producción alfarera al interior de las so-
ciedades complejas puede ser empleada para evaluar la promoción guber-
namental de mensajes ideológicos, políticos y económicos. Pero también
puede caracterizar aspectos de carácter artístico, tecnológico o tendencias de
consumo promovidas por los dirigentes o los grupos sociales.
La cerámica puede ser estudiada desde diferentes perspectivas y puede
relacionarse con varios aspectos del comportamiento humano. Estas consi-
deraciones se aplican sin excepción a la cultura Moche como cultura, como
civilización y como Estado. A pesar que utilizamos la cerámica para estu-
diar los indicadores sociopolíticos en el valle de Santa, el marco analítico
de nuestras investigaciones se basa en el enfoque de la cultura total, lo cual
significa que para entender una cultura debemos observar y estudiar todos
los elementos disponibles. Sin embargo, la cerámica es generalmente el dato
38
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
más apropiado para explorar el comportamiento social complejo. La asocia-
ción hecha por los arqueólogos se basa generalmente en algunas observacio-
nes etnográficas generales, en particular sobre los procesos de enculturación
entre un maestro y un aprendiz en la producción alfarera (Arnold 1993;
Druc 1996).
Un estilo puede permanecer durante varias generaciones sin que se
produzcan cambios significativos, pero también es posible que diacrónica-
mente un estilo cerámico pueda sufrir modificaciones graduales de orden
artístico, de consumo y evolución tecnológica o experimentar cambios drás-
ticos creando un equilibrio puntuado. También es posible que algunos ob-
jetos menos decorados y de manufactura simple hayan sido utilizados en
ámbitos ceremoniales y hayan adquirido una carga simbólica que es difícil
de identificar.
En ciertos casos un estilo cerámico puede ser un indicador potencial-
mente ambiguo del contexto de producción, como habría sucedido durante
el dominio inca en Lambayeque, donde se produjeron formas mayormente
locales conjuntamente a modelos introducidos por administradores incas
(Hayashida 1999). Considerar únicamente al estilo de la cerámica como
índice del contexto sociopolítico de una sociedad podría llevar a una con-
clusión distinta de aquella que emerge con mayor fundamento de una pers-
pectiva que integra la economía del momento y la relación entre artesanos
y consumidores de sus productos (Tschauner et al. 1994; Hayashida 1999).
Esto no deriva en un impedimento para aproximaciones basadas en la ce-
rámica, sino que señala la necesaria correlación de sus datos con aquellos
proporcionados por otras evidencias de actividades humanas.
Las vasijas decoradas y en particular la iconografía representada en la
cerámica moche han sido objeto de numerosos estudios e interpretaciones,
los cuales señalan que las representaciones religiosas y de representantes de la
autoridad ideológica primaron sobre las representaciones de las actividades
cotidianas (Donnan 1976, 1978; Hocquenghem 1987; Makowski 1996,
2003; Uceda 2004). Algunas escenas han sido empleadas frecuentemente
en la literatura arqueológica para ilustrar casos propuestos de organización
sociopolítica e interacción humana prehispánica (Wilson 1988: 340, 1997).
Por el contrario, la cerámica llana o doméstica asociada no despertó el mis-
mo interés en los investigadores. Afortunadamente en los últimos años esta
situación ha cambiado y se ha incrementado el interés por su análisis, como
el necesario complemento al estudio de la cerámica decorada para definir
tradiciones artesanales, secuencias cronológicas y procesos sociales.
39
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
El estado moche sur
Antes de continuar con la presentación de la cerámica moche y sobre
su significado como indicador social y político en esta sociedad fuertemente
jerarquizada, es necesario explicar la presencia moche en el valle de Santa y
su entendimiento como el resultado directo del carácter expansionista del
Estado Moche Sur, que constituyó un estado territorial que se extendió a lo
largo de 200 kilómetros de la Costa Norte del Perú y que tuvo acceso a seis
valles (Figura 1). Consideramos que durante la segunda mitad del Período
Intermedio Temprano (350-700 d.C.) los moches se desarrollaron como
estado multivalle y que el valle de Santa fue una provincia de este estado ex-
pansionista cuyo poder estaba centralizado en el sitio Huacas de Moche. La
presencia física de una población moche, ya sea ésta reducida o numerosa,
ha sido propuesta sobre la base de semejanzas evidentes entre la producción
cerámica en los valles de Santa, Moche y Chicama (Larco Hoyle 2001).
La comparación de todas las categorías de cerámica sugiere una evolución
estilística similar en estos tres valles, cuyas poblaciones habrían compartido
una misma ideología, prácticas religiosas y un arte común, pero también
con elites y grupos corporativos compitiendo al nivel de valles y sectores
específicos de la región.
En la primera mitad del siglo veinte, Rafael Larco Hoyle (1938,
1939, 1948, 2001) definió las principales características de la cultura Moche
y formuló una secuencia cerámica compuesta de cinco fases: I a V (Larco
Hoyle 1938, 1939, 1948). Durante la última década su vigencia y aplicación
para explicar una misma evolución en todo el territorio bajo la influencia
de la cultura Moche han sido cuestionadas, notándose una serie de carac-
terísticas que permiten establecer dos grandes áreas de desarrollo, separadas
geográficamente por el desierto de Paiján. El área septentrional se denomina
Mochica-Norte y el área meridional Mochica-Sur (Kaulicke 1992, 1994;
Castillo y Donnan 1994; Bawden 1996). Las características observadas por
Castillo y Donnan (1994: 177-178) permiten reconocer una tradición cerá-
mica Mochica-Norte distinta del área Mochica-Sur. Las evidencias señalan
que los pueblos del territorio Mochica-Norte compartieron una serie de ele-
mentos con los pueblos del territorio Mochica-Sur, participando ambos de
una misma cultura, pero al mismo tiempo distinguiéndose y manteniendo
una propia identidad.
40
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
Figura 1. Principales sitios moche de la costa norte del Perú y delimitación de
los territorios Moche Sur y Moche Norte.
Figure 1. Main moche sites in the Northern coast of Perú and Southern and Northern
Moche territory delimitation.
Sin embargo, la secuencia estilística de la cerámica moche establecida
por Larco Hoyle (1938, 1939, 2001) sí se aplica en el territorio Moche Sur.
El incremento del territorio moche durante la Fase III parece estar asociado
a una intensificación de la integración cultural y política entre los valles de
Moche y Chicama y el área entre Virú y Santa. La Fase IV habría estado vin-
culada a la consolidación de un sistema que comprendió los valles de Chao,
Santa y Lacramarca así como diversas secciones de los valles de Virú (Strong
y Evans 1952; Bourget 2003), Nepeña (Proulx 2004) y posiblemente Casma
(Wilson 1995) y Huarmey (Prümers 2001). El sitio Huacas de Moche habría
ejercido un control hegemónico sobre gran parte de este territorio (Moseley
1992; Shimada 1994a, 1994b; Chapdelaine 2003a, 2004a, 2004b; Uceda y
Tufinio 2003). La Fase V en cambio atestiguó una reorientación del rol de
los moches en valles como Santa, donde las vasijas finas Moche V habrían
ingresado sólo como artículos de intercambio con elites locales y autónomas
(Donnan 1973; Pimentel y Paredes 2003). A diferencia de algunos sectores
del área septentrional de la Costa Norte, no se ha logrado reportar para los
sitios entre Chicama y Santa una producción local de piezas cerámicas com-
binando formas y motivos moche y wari, tanto en versiones bicromas como
policromadas, como las halladas en el valle de Jequetepeque (Castillo 2003).
41
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
Existe para el valle medio de Santa el reporte de Donnan (1973) de piezas
cerámicas policromas del Horizonte Medio, sin embargo ese conjunto de
botellas con cuerpo en forma de gota halladas en un contexto funerario po-
dría corresponder a objetos de alta calidad intensamente traficados durante
inicios del Horizonte Medio.
Es necesario preguntarnos si el estilo Moche Sureño era excluyente,
distinguiendo a poblaciones usuarias de otras poblaciones no moche o si
era empleado como una herramienta incluyente, fortaleciendo ideologías
y jerarquías sociales multiétnicas. La respuesta a esto debe incluir el reco-
nocimiento de un proceso de por lo menos 400 años, período durante el
cual la evolución de estrategias e identidades demarcó la presencia moche
en Santa.
La presencia moche en el Valle de Santa
A mediados del Período Intermedio Temprano, antes de la llegada
de los primeros colonos moche al valle de Santa, la cultura local compartía
muchos rasgos con la cultura Gallinazo del valle de Virú. De hecho, la ce-
rámica del Período Suchimancillo del valle de Santa (Wilson 1988) puede
relacionarse con varios tipos cerámicos contemporáneos en el valle de Virú,
tales como Castillo Llano, Valle Llano, Castillo Modelado, Castillo Inciso y
Gallinazo Negativo (Bennett 1950; Strong y Evans 1952; Fogel 1993). La
cerámica gallinazo posee características propias al nivel técnico, estilístico y
formal que permiten diferenciarla claramente de la cerámica moche en el
valle de Santa. Los hallazgos de filiación recuay en varios contextos arqueo-
lógicos de tipos habitacional, ritual y funerario asociados a una ocupación
gallinazo o moche (Chapdelaine et al. 2003) en el valle de Santa, constitu-
yen evidencias de la interacción de los pueblos altoandinos con los pueblos
de la costa. Objetos de cerámica y tejidos de procedencia serrana o fabrica-
dos según las técnicas de la sierra posiblemente formaban parte de las redes
de intercambio entre ambas regiones. Parte de la cerámica recuay en el valle
de Santa probablemente se produjo en la zona de Pashash o en el Callejón
de Huaylas. Esta cerámica formaba parte de una tradición de alfarería fina y
doméstica diferente de la Moche, pero con afinidades tecnológicas y estilís-
ticas con la tradición Gallinazo (Grieder 1978; Wilson 1988).
La presencia moche en el valle de Santa fue propuesta desde los estu-
dios pioneros de Larco Hoyle (1938, 1939), luego reafirmada por Donnan
(1973) y Wilson (1988) sobre la base de similitudes entre la cerámica y otros
objetos típicos del estilo Moche que se encuentran en los valles de Moche
42
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
y Chicama con aquellos provenientes del valle de Santa. Para explicar la
presencia moche en el valle de Santa se favoreció la idea de la conquista terri-
torial y la guerra (Wilson 1988, 1999). Frente a esta posición, nos pregunta-
mos si realmente este valle había sido incorporado por los moches mediante
una conquista militar o si más bien hubo una expansión cultural ligada a
una asimilación gradual de las elites locales y su adhesión voluntaria a la
esfera de influencia moche, lo cual conllevó así a una conquista ideológica.
En este sentido el objetivo general del Proyecto Santa de la Universidad de
Montreal (PSUM) se orientó a precisar la naturaleza de la presencia moche
en el valle de Santa, evaluar su duración y comprender los mecanismos que
explican su presencia1.
Como consecuencia de la primera fase de nuestro programa de inves-
tigación, además de haber documentado la presencia moche en varios sitios
de la parte baja del valle de Santa, particularmente en los sitios El Castillo,
Guadalupito, Hacienda San José, Huaca China, GUAD-88 y GUAD-121
(Figura 2), ahora podemos estudiar la presencia moche en el valle de Santa
dentro de un marco cronológico preciso (entre 300 y 800 años d.C. según
28 fechas radiocarbónicas) y apoyarnos en numerosas colecciones confor-
madas por una gran variedad de restos culturales. Más de 50 sitios moche de
los 205 sitios identificados por Wilson (1988) han sido recorridos, evalua-
dos y sido objeto de una recolección de superficie con la finalidad de formar
colecciones de objetos diagnósticos (Chapdelaine y Pimentel 2001, 2002;
Chapdelaine et al. 2003, 2004). Basándose en las investigaciones arqueo-
lógicas previas (Wilson 1988; Donnan 1973) y los resultados de nuestras
excavaciones en sitios moche de este valle, la abundancia de objetos típicos
de la cultura Moche, por ejemplo floreros y huacos retratos, sobrepasa am-
pliamente la posibilidad de explicar esta profusión como resultado de inter-
cambios. Además numerosos cementerios que incluyen únicamente alfarería
moche y la existencia de construcciones monumentales de carácter público,
las estructuras arquitectónicas, el estilo de los artefactos y los entierros son
todos identificables con lo que conocemos de la cultura Moche. Es evidente,
en nuestra opinión, que la presencia moche en el valle de Santa debe expli-
carse en gran parte por una extensión territorial del Estado Moche, lo cual
implica un importante movimiento de personas, una migración que toma la
forma de una invasión a partir del momento en que los moches controlan el
acceso a las nuevas tierras irrigadas. Además, los nuevos dirigentes debieron
tratar con la población local que seria asimilada parcialmente y/o desplazada
hacia la parte media y alta del valle de Santa (Chapdelaine 2004c).
43
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
A partir del análisis preliminar de los nuevos datos recolectados por el
PSUM, surge una perspectiva histórica con un marco cronológico de por lo
menos 400 años y que abarca principalmente dos fases estilísticas distintas:
Moche III (ca. 300-500 d.C.) presente principalmente en el sitio El Castillo
de Santa, y Moche IV (ca. 500-750/800 d.C.) representada por múltiples
asentamientos en ambas márgenes del valle y en el sector anexo de Lacra-
marca, con ocurrencia menos frecuente de materiales Moche V en sitios
como El Castillo de Santa (Chapdelaine y Pimentel 2001) y Huaca Hedion-
da (Donnan 1973; Wilson 1988) y en los sistemas de caminos conduciendo
al valle de Chao (Pimentel y Paredes 2003). La producción y la distribución
de la cerámica moche durante los cuatro siglos de este capítulo de la prehis-
toria regional nos permiten una mejor comprensión de las diversas tenden-
cias y los comportamientos asociados a la edificación de esta nueva sociedad
en el valle de Santa, la cual implicó un contacto inicial entre las entidades
gallinazo locales y los grupos portadores del estilo Moche III, una probable
intensificación de relaciones económicas e ideológicas entre estas entidades y
la posterior dominación moche sobre el territorio local con el establecimien-
to de un nuevo centro regional en Guadalupito y el proyecto de expansión
agrícola en Lacramarca. El resultado fue la formación de una nueva sociedad
jerarquizada Moche en el valle de Santa que habría reproducido inicialmen-
te la estructura original de líderes provenientes de los valles de Moche y de
Chicama (Chapdelaine 2003b, 2003c; Pimentel 2004a, 2004b), pero que
pudo experimentar un proceso final de emergencia de una identidad moche
local inmersa en la esfera de interacción norcosteña de la segunda mitad del
Periodo Intermedio Temprano, y que aparece evidente en la emergencia de
grandes cercaduras con cerámica Moche IV en la margen sur del valle de
Santa (Gamboa 2004, 2005: 164, 175-176).
A partir del análisis preliminar de los nuevos datos recolectados por
el PSUM, surge una perspectiva histórica con un marco cronológico de por
lo menos 400 años y que abarca principalmente dos fases estilísticas dis-
tintas: Moche III (ca. 300-500 d.C.) presente principalmente en el sitio
El Castillo de Santa, y Moche IV (ca. 500-750/800 d.C.) representada por
múltiples asentamientos en ambas márgenes del valle y en el sector anexo
de Lacramarca, con ocurrencia menos frecuente de materiales Moche V en
sitios como El Castillo de Santa (Chapdelaine y Pimentel 2001) y Huaca
Hedionda (Donnan 1973; Wilson 1988) y en los sistemas de caminos con-
duciendo al valle de Chao (Pimentel y Paredes 2003). La producción y la
distribución de la cerámica moche durante los cuatro siglos de este capítulo
de la prehistoria regional nos permiten una mejor comprensión de las di-
versas tendencias y los comportamientos asociados a la edificación de esta
44
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
nueva sociedad en el valle de Santa, la cual implicó un contacto inicial entre
las entidades gallinazo locales y los grupos portadores del estilo Moche III,
una probable intensificación de relaciones económicas e ideológicas entre
estas entidades y la posterior dominación moche sobre el territorio local
con el establecimiento de un nuevo centro regional en Guadalupito y el
proyecto de expansión agrícola en Lacramarca. El resultado fue la formación
de una nueva sociedad jerarquizada Moche en el valle de Santa que habría
reproducido inicialmente la estructura original de líderes provenientes de
los valles de Moche y de Chicama (Chapdelaine 2003b, 2003c; Pimentel
2004a, 2004b), pero que pudo experimentar un proceso final de emergencia
de una identidad moche local inmersa en la esfera de interacción norcosteña
de la segunda mitad del Periodo Intermedio Temprano, y que aparece evi-
dente en la emergencia de grandes cercaduras con cerámica Moche IV en la
margen sur del valle de Santa (Gamboa 2004, 2005: 164, 175-176).
Figura 2. Localización de los sitios moche de la parte baja y media del valle de
Santa.
Figure 2. Moche sites location in the lower and mid Santa valley.
45
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
Las evidencias de la fase Moche III se concentran en la parte baja del
valle de Santa (Chapdelaine y Pimentel 2003; Chapdelaine et al. 2003; Do-
nnan 1973). Durante esta fase El Castillo alcanzó una notable importancia.
Este sitio fue inicialmente un centro de primer orden de la cultura Gallinazo
y se transformó luego en un centro moche muy importante, tal como lo
evidencian la construcción de la Huaca con murales y el sistema de terrazas,
donde se realizaban principalmente actividades de carácter administrativo.
Los testimonios en la parte alta de El Castillo permiten sostener la idea del
mantenimiento de la población gallinazo después de la llegada de los mo-
ches (Chapdelaine et al. 2003: 52-56).
En cambio, la presencia Moche IV abarcó toda la parte baja del va-
lle de Santa y del valle de Lacramarca, que está localizado inmediatamente
al sur. En efecto, durante esta fase se produjeron transformaciones locales
profundas: a) La incorporación de la anteriormente desértica y deshabita-
da zona de Lacramarca, que fue transformada en valle cultivable mediante
la construcción de canales de irrigación, la creación de tierras agrícolas y
el asentamiento de decenas de asentamientos entre los cuales destacan los
sitios Huaca San Pedro (GUAD-202) y Hacienda San José (GUAD-192),
que constituye el sitio habitacional moche de mayor extensión en el valle de
Lacramarca (Wilson 1988: 207); b) La emergencia del sitio Guadalupito
(GUAD-111 y GUAD-112) localizado en el sector de Pampa de los Incas,
un centro urbano compuesto por una extensa zona residencial y por edificios
públicos que constituyen la máxima expresión del poder moche en el valle
de Santa, con una población de status social variado y actividades económi-
cas diversificadas, portadora del estilo Moche IV; y c) El funcionamiento de
los primeros conjuntos arquitectónicos amurallados de planta rectangular o
cercaduras (GUAD-121 y GUAD-135), ubicados en el área limítrofe entre
los valles de Santa y Lacramarca, cuyos ocupantes compartían, igualmente a
los de Guadalupito, la tradición cerámica Moche IV (Gamboa 2004).
El rol de la cerámica en el desarrollo del estado Moche sur
La cerámica moche fue reconocida desde inicios del siglo veinte como
la más diversificada y compleja en representaciones escultóricas de América
del Sur y su alta calidad fue la razón principal para su presencia en los me-
jores museos del mundo. Para nosotros esto significa que la cerámica moche
no presenta problemas de identificación, si es que los fragmentos o las vasijas
completas son similares a los modelos conocidos en los valles centrales de
Moche y Chicama. El único problema relacionado con su identificación y
autenticidad es la imitación de esta cerámica, lo cual es posible mediante la
46
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
obtención y utilización de moldes. La alta calidad alcanzada por los alfare-
ros moche es el criterio para distinguir la verdadera cerámica moche de las
imitaciones. Sin embargo, debemos indicar que la calidad de la cerámica al
interior de la producción artesanal moche es variable y que existen vasijas
de mediana calidad en el propio sitio de Huacas de Moche. La presencia de
una gran cantidad de cerámica similar o virtualmente idéntica a la cerámica
de estilo Moche proveniente de los valles de Moche y Chicama permite la
identificación del origen moche de la mayoría de alfareros y de los usuarios
de esta cerámica. Debemos igualmente tomar en consideración la presencia
de otros artefactos asociados a diferentes contextos arquitectónicos y funera-
rios en cualquier intento para determinar el origen étnico de un grupo. No
cabe duda que la cerámica moche es un buen indicador de etnicidad, pero
no debemos olvidar que otros rasgos culturales como son los textiles, ador-
nos personales, peinados, tocados y tatuajes por citar algunos, son también
indicadores culturales que combinados con la cerámica permiten una mejor
identificación de la filiación étnica de un grupo.
Según los arqueólogos que investigan las sociedades que alcanzaron el
nivel del estado, la producción cerámica pudo ser utilizada como herramien-
ta ideológica para promover a la nueva elite gobernante (Moseley 1992).
Detrás de este enunciado que sirve para explicar el carácter expansionista del
Estado Moche se encuentra la producción masiva de vasijas de alta calidad
decoradas con exquisitos diseños de línea fina y sorprendentes representa-
ciones antropomorfas, zoomorfas y fitomorfas moldeadas. Un paradigma
importante de los estudios sobre la cultura Moche ha sido el de proponer
que los ceramios decorados, que se encuentran en contextos funerarios y
conjuntos residenciales y que han sido descritos como objetos rituales o
de elite, fueron vehículos para la transmisión de mensajes políticos, econó-
micos e ideológicos (Bawden 1994, 1996; Donnan 2004; Donnan y Mc-
Clelland 2004). Esto significa que la cerámica puede ser considerada como
herramienta para promover las metas del Estado. Por lo tanto en el caso
del valle de Santa, la cerámica moche habría servido para incorporar a los
grupos locales de filiación gallinazo bajo su dominio. Sin embargo, los datos
del PSUM no permiten sostener esta hipótesis, sino más bien la idea de un
movimiento de población de origen moche hacia el valle de Santa. Al pare-
cer la población local se mantuvo separada de los primeros colonos y siguió
produciendo su propio estilo de cerámica por varias generaciones hasta que
los moches tomaron el control político total de esta región a principios de la
fase IV (aproximadamente entre los años 500 y 600 d.C.). Esta cohabitación
duró unos 150 años después del establecimiento de los moches en El Casti-
llo, primer sitio importante de la fase III en el valle de Santa.
47
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
La rica iconografía moche que decora las vasijas y otros objetos de
cerámica tales como figurinas, instrumentos musicales, máscaras, piruros y
cucharas ha sido analizada por expertos que han identificado la existencia
de varios temas iconográficos (Donnan 1978; Hocquenghem 1987; Castillo
1989; Bourget 2001; De Bock 2003; Makowski 2003). Los rituales religio-
sos, la reproducción del mundo natural y la guerra son algunos de los temas
que predominan en las representaciones de las vasijas pintadas y escultóricas
elaboradas por los artistas moche. Muchos problemas de investigación se
han formulado utilizando escenas iconográficas específicas para promover
o para verificar una idea o un comportamiento. Por ejemplo Wilson (1988:
339-340) seleccionó algunos floreros para ilustrar la guerra y su teoría sobre
la conquista del valle de Santa por un ejército moche (ver también Arkush y
Stanish 2005; y para una visión más amplia Arkush y Allen 2006).
El rol y la importancia de la cerámica moche en el valle de Santa deben
ser considerados desde una perspectiva sociopolítica particular de carácter
intrusivo. Es importante mencionar que originalmente la cerámica moche
y todos los significados que ella podría haber contenido fueron llevados al
valle de Santa e impuestos a la población local. Este panorama se basa en la
naturaleza del Estado Moche Sur, un estado territorial con una organización
política centralizada predispuesta a ampliar su territorio en la medida que
su naturaleza expansionista encajaba con su estructura sistémica. Al estudiar
la cerámica moche del valle de Santa, es esencial aceptar la idea según la
cual este producto era disponible dentro de un sistema de clases basado en
la desigualdad y en los privilegios de la clase alta, que tenía acceso diferen-
ciado a las mercancías y a los recursos. La cerámica moche jugó un rol de
gran importancia, entre los siglos IV y VII de nuestra era, en el desarrollo
de una nueva sociedad en la parte baja del valle de Santa y no era ajena a
los eventos y procesos que ocurrían en los valles más al norte. Estilística y
tecnológicamente la cerámica moche del valle de Santa, es similar a la que se
encuentra en los sitios urbanos y rurales de los valles de Moche y Chicama
(Donnan y Mackey 1978: 65-211; Russell et al. 1994, 1998; Franco et al.
2003; Gumerman y Briceño 2003).
La elite de un estado prehispánico tenía necesidades económicas: co-
sechas estables, productividad y excedentes que permitieran la construcción
de templos, acueductos, caminos, canales de irrigación, fortalezas, palacios
y residencias de la elite; necesidades militares: destacamentos de soldados,
ejército permanente, armas, control del territorio, fuerzas de la ley y de pro-
tección de las propiedades estatales; necesidades ideológicas: templos, pa-
lacios, capillas, banquetes, prisioneros para los rituales y la producción de
48
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
símbolos a manos de artesanos especializados a tiempo completo. De todas
estas necesidades, la cerámica era de particular importancia para las nece-
sidades económicas así como para los objetivos ideológicos. Es necesario
mencionar que la cerámica moche fue el producto de un grupo foráneo
que había conquistado y ocupado un valle extranjero a través de una serie
de acontecimientos de largo plazo que duraron probablemente 400 años.
En este contexto particular es evidente que la cerámica moche cumplió un
papel importante en el desarrollo de la nueva sociedad Moche en el valle
de Santa. Basándonos en los datos arqueológicos reunidos por el PSUM, el
objetivo central de esta contribución consiste en determinar la importancia
que tuvo la cerámica decorada –generalmente vinculada a la elite– y la cerá-
mica utilitaria en la afirmación social de los mochicas del Santa, para luego
proporcionar argumentos que nos permiten sostener que la cerámica moche
fue un fuerte indicador étnico (Figura 3).
Figura 3. Vasija de la fase Moche III de un hombre presentando un tejido
(Procedencia: tumba del Conjunto #15 de la zona urbana del sitio Huacas de
Moche).
Figure 3. Moche III phase vessel depicting a man with a textile (Proceeds from: Conjunto
#15 tomb from the urban area of Huacas de Moche site).
Producción y distribución de la cerámica Moche en el Valle
de Santa
Los sitios moche de Santa y Lacramarca muestran en la superficie y en
las áreas excavadas la presencia constante de piezas decoradas y no decoradas
similares a las que se encuentran en los valles de Moche y Chicama (Figuras
4, 5). La mayoría de tiestos muestran un control adecuado de cocción en
49
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
atmósfera oxidante, pero ocurren piezas de quemado imperfecto o piezas
deformadas durante el quemado (Figuras 6, 7). El uso de pigmento negro
sobre engobes crema y rojo generó piezas con pintura tricolor, usuales en
sitios de las fases Moche III y IV. A partir de la fase III se elaboraron cuencos
finos que reproducían en pequeña escala la morfología de grandes tinajas
y ollas de cocina. Si bien ocurren piezas con alta inversión de trabajo en la
decoración pintada, también encontramos una gran variabilidad en el grado
de esfuerzo puesto en el pintado y pulido de piezas tales como cucharas,
cuencos, cántaros y ollas, lo cual nos sugiere la existencia de una diversidad
de valores cualitativos atribuidos por los usuarios a la cerámica, pero tam-
bién que es necesario reevaluar la dicotomía «cerámica fina y doméstica» al
existir productos cerámicos que enlazan estos extremos.
Figura 4. Vasija escultórica en forma de sapo de la fase Moche IV (Procedencia:
Conjunto #5 de la zona urbana del sitio Guadalupito).
Figure [Link] shape sculpted vessel of Moche IV phase (Proceeds from: Conjunto #5 from
the urban area of Guadalupito site).
La producción y distribución de cerámica es una parte de la economía
moche que necesita más investigación y análisis detallado. Solo media de-
cena de talleres de cerámica moche han sido excavados hasta la fecha. Pero
en un territorio con 200 kilómetros de largo, la organización, tamaño y
escala de la producción cerámica son aspectos que aún nos son esquivos.
Talleres como los de Pampa Grande (Shimada 1994a) y Huacas de Moche
(Uceda y Armas 1998; Bernier 2005) o de Cerro Mayal (Russell et al. 1994,
1998; Russell y Jackson 2001) podrían ser el tipo recurrente en los sitios
urbanos y aldeanos como también pueden representar la excepción en la
mayoría de ellos. Talleres corporativos de artesanos especialistas trabajando
en proximidad a agentes gubernamentales en sitios residenciales urbanos,
50
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
como también talleres familiares en localidades secundarias o rurales, son
posibilidades distintas de la organización productiva alfarera moche y no
debe descartarse su existencia contemporánea, pero en diferentes contextos
socioeconómicos.
Figura 5. Figurina vacía en forma de mujer, fase Moche III (Procedencia:
Tumba #3 de la Terraza Norte del sitio El Castillo).
Figure 5. Female shaped emptied figurine, Moche III phase (Proceeds from: tomb #3 from
the Northern terrace of El Castillo site).
La producción de cerámica y la arqueología de las unidades domésti-
cas –mediante la excavación en áreas de conjuntos residenciales– son aspec-
tos de las sociedades complejas que en los últimos años han recibido mayor
atención (Uceda y Armas 1997, 1998; Bernier 2005). Antes de iniciar nues-
tro proyecto había muy poca información sobre la producción de cerámica
moche en el valle de Santa. Se asumía que la cerámica de mayor calidad se
habría obtenido a través de los vínculos comerciales entre la capital y los
nuevos centros que surgieron en el valle de Santa siempre y cuando la pobla-
ción moche fuese poco numerosa. Un aumento importante de la población
moche en el valle de Santa habría provocado también un aumento signi-
ficativo en la necesidad de cerámica moche. En tal sentido, la producción
local de cerámica de estilo Moche para servir aspectos relacionados con los
intereses políticos, económicos e ideológicos, así como aquellos de perte-
nencia étnica, era inevitable y probablemente debió desempeñar un rol muy
importante en la construcción de la nueva sociedad provincial.
51
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
Figura. 6. Vasija escultórica de la fase Moche IV con el motivo de maní
(Procedencia: cementerio al noroeste de la zona urbana del sitio Hacienda San
José, Lacramarca).
Figure 6. Moche IV phase sculpted vessel with peanut motif (Proceeds from: Northwestern
cemetery from the urban area of Hacienda San José site, Lacramarca).
Figura 7. Vasija escultórica de la fase Moche III en forma de ola con el
motivo de la escalera (Procedencia: Tumba #3 de la Terraza Norte del sitio El
Castillo).
Figure 7. Moche III phase wave-shaped sculpted vessel with ladder motif (Proceeds from:
Tomb #3 from the Northern Terrace of El Castillo site).
Con la finalidad de comprender la naturaleza de la presencia de Mo-
che en el valle de Santa, debemos recalcar que se han identificado más de
205 sitios de esta cultura y que la cerámica constituye siempre la clase de
52
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
objeto más abundante en estos establecimientos de diferentes tamaños y
funciones (Donnan 1973; Wilson 1988; Chapdelaine et al. 2003).
Si asumimos que la presencia de moldes asociados a recipientes con
defectos de cocción y a una gran cantidad de cerámica típica de Moche en
sitios de habitación así como en cementerios son elementos suficientes para
discutir sobre la producción de cerámica en estos mismos sitios o en los sitios
vecinos, la existencia de varios centros de producción de cerámica en la parte
baja del valle de Santa concuerda bien con el tamaño de la población moche
en este valle y con sus necesidades para la utilización cotidiana de vasijas de
cerámica y de otras categorías de artefactos de cerámica (Figura 8).
Figura 8. Localización de los sitios moche con moldes de la parte
baja del valle de Santa.
Figure 8. Location of moche sites with molds in lower Santa valley.
Se había postulado que en el valle de Santa se produjo localmente
cerámica moche, complementada con el intercambio y distribución de mol-
des (Donnan 1973; Wilson 1988). Sin embargo, sólo unos pocos moldes
cerámicos fueron reportados antes del inicio de nuestras investigaciones en
el valle de Santa. En el sitio Moche III El Castillo (Figura 9) se han encon-
trado fragmentos de moldes y platos de alfarero dentro de los rellenos de
tierra y desechos entre los pisos de las construcciones en la Terraza Norte,
que corresponde a un sector de carácter administrativo donde predomina un
sistema de terrazas con patios, banquetas y rampas. También hemos hallado
53
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
este tipo de indicios de producción cerámica en el sector denominado Terra-
za Este, donde se documentó un sector de arquitectura pública compuesto
de una gran plaza y un sistema de banquetas que conduce hacia un trono.
Hasta el momento este asentamiento constituiría el único sitio con eviden-
cias indirectas de producción cerámica de la fase Moche III identificado en
el valle de Santa (Chapdelaine y Pimentel 2001, 2002; Chapdelaine et al.
2003).
En el sitio Moche IV de Guadalupito, un centro urbano compuesto
por conjuntos residenciales y administrativos, dos grandes plataformas de
adobes, plazas extensas y cementerios, la presencia de moldes en superficie
fue percibida como indicio de producción supervisada por las elites (Wilson
1988: 211). Durante nuestros trabajos del 2002 se recuperaron más moldes
en las excavaciones de los conjuntos residenciales. Sin embargo, a pesar de
las prospecciones intensivas y el levantamiento detallado de planimetría de
la zona residencial, no se ubicó ningún probable taller o área de producción
cerámica intensiva y especializada (Chapdelaine et al. 2003: 26-36).
El sitio Hacienda San José, localizado en el valle de Lacramarca, fue
el segundo asentamiento Moche IV que permitió iniciar la comprensión de
una producción local extensiva de cerámica (Figuras 8, 10). En este sitio,
compuesto por conjuntos residenciales, cementerios y un edificio platafór-
mico pequeño, efectuamos recolecciones sistemáticas durante dos tempora-
das y realizamos excavaciones en área durante una temporada, sin que ha-
llemos un taller de producción cerámica. Sin embargo, documentamos 135
moldes completos o fragmentados y varios fragmentos de vasijas de cerámica
con defectos de cocción (agrietamiento y/o deformación de las paredes de
cámaras y golletes), asociados a cuatro conjuntos habitacionales (Chapdelai-
ne y Pimentel 2001, 2002). Gran parte de estos materiales fueron recupe-
rados sobre los pisos de barro y en los rellenos de tierra y desechos bajo los
pisos de ambientes y patios al interior de los conjuntos. En el Conjunto #4
no se definió un área para quema de vasijas, pero sí un ambiente (Ambiente
#9) con adobes dispersos fuertemente calcinados, pedazos de arcilla cruda
y abundantes fragmentos de vasijas domésticas, sin mayores evidencias de
una cadena operativa de producción alfarera (Chapdelaine y Pimentel 2002:
112, Figura 35).
Más moldes fueron hallados en los sitios GUAD-88 (Figura 11),
GUAD-130 (Figura 12) y GUAD-186. Estos sitios están localizados en
los alrededores de El Castillo y están asociados a la ocupación Moche IV,
mientras que El Castillo corresponde a la fase Moche III. En estos nuevos
54
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
asentamientos de la fase IV y particularmente en GUAD-88 encontramos
fragmentos de más de ochenta moldes para la fabricación de cántaros llanos,
cántaros con cara-gollete, botellas escultóricas, figurinas y aplicaciones (Tai-
llon-Pellerin 2004).
Figura 9. Molde de un florero, fase Moche III (Procedencia: Terraza Norte del
sitio El Castillo).
Figure 9. Vase mold, Moche III phase (Proceeds from: Northern Terrace of El Castillo site).
Un porcentaje significativo de la cerámica moche de Santa habría sido
producida localmente como respuesta a un crecimiento demográfico interno
y a la necesidad utilizar cotidianamente y en eventos especiales vasijas y otros
artefactos cerámicos. La utilización de moldes para reproducir tendencias es-
tilísticas populares en los principales sitios de los valles de Moche y Chicama
pudo devenir en un medio para la reproducción constante de modelos origi-
nales, que implicó la complejización del sistema de producción inherente a
la elaboración de cerámica por moldeado, pero que también significó el de-
sarrollo de un nivel de conocimiento y manipulación del simbolismo de las
imágenes en ella representadas (Cummins 1994, 1998: 208-210). Siguiendo
esta perspectiva, es muy posible que los artesanos especialistas en la fabrica-
ción de las vasijas por moldeado hayan sido inmigrantes originarios de los
valles centrales de la civilización Moche. Pero es necesario preguntarnos si en
esta producción cerámica especializada participaron también artesanos que
pertenecían a los grupos étnicos locales de filiación gallinazo.
55
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
Figura 10. Moldes de la fase Moche IV del sitio Hacienda San José,
Lacramarca.
Figure 10. Moche IV phase molds from Hacienda San José site, Lacramarca.
El contexto geopolítico de procedencia de la cerámica moche habría
tenido un impacto directo sobre su distribución. Si la producción cerámica
hubiese sido controlada por dirigentes de otros valles y sus representantes
en el valle de Santa, la distribución de piezas se habría limitado a las elites
moche y locales que habrían recibido vasijas finas a manera de presentes.
Por el contrario, si la cerámica fue elaborada localmente en talleres de va-
riado tamaño y localizados en diferentes sitios del valle, mayores segmentos
socioeconómicos pudieron tener acceso a estos artefactos con fines domésti-
cos, ceremoniales y funerarios. Ciertamente los datos para los sitios Guada-
lupito, Hacienda San José y GUAD-88 de la fase Moche IV no se adecuan
a la hipótesis de un fuerte control estatal de la producción cerámica o una
centralización física de la misma. Los datos arqueológicos más bien sugieren
una diversificación de los centros de producción cerámica moche en el valle
de Santa.
56
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
Figura 11. Moldes de la fase Moche IV del sitio GUAD-88.
Figure 11. Moche IV phase molds from GUAD-88 site.
El origen de la cerámica moche: contribución del análisis
por activación neutrónica
Generalmente la técnica popular para identificar la procedencia de
un tipo particular de artefacto es el criterio de abundancia. En nuestro caso,
la impresionante cantidad de artefactos moche en el valle de Santa era y se
considera todavía como la evidencia principal para argüir sobre la presencia
física de los moches en este valle. Más de 205 sitios han sido identificados
como pertenecientes a la cultura Moche o que presentan un componente
moche y la mayoría de ellos localizados en la parte baja del valle. Varios
cementerios ricos en cerámica pintada o moldeada típica del estilo Moche
están asociados con sitios de habitación. Este es un elemento de base para
poder asumir que los moches ocuparon físicamente el valle de Santa y que el
comercio y la difusión no explican la presencia de colecciones abundantes y
diversificadas de objetos de estilo Moche. Los artefactos de cerámica, metal,
piedra, textil, conchas y madera, así como los restos arquitectónicos y los
contextos funerarios son todos atribuibles a la cultura Moche. La circulación
y distribución de productos cerámicos entre los valles de Moche y de Santa
no puede ser eliminada, pero parece imposible que estas actividades expli-
quen por sí solas la gran cantidad de vasijas implicadas que se encuentran
en el valle de Santa. La distribución local de los artefactos de estilo Moche
manufacturados localmente debe ser entonces la opción lógica para explicar
su presencia en el valle de Santa.
57
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
El origen o la proveniencia de un artefacto constituyen un criterio
predominante para discutir sobre la distribución y la producción de la ce-
rámica. La imitación de un producto es siempre una posibilidad y la iden-
tificación visual de una vasija pintada o moldeada como típica del estilo
Moche estará basada en la capacidad del analista y en la validez del concepto
de definición de qué es la cerámica típica Moche. En cualquier producción
artesanal, la calidad variará y la dificultad de dar una identificación cultural
específica se convertirá en un desafío más difícil de resolver.
Además de trabajar con esquemas mentales y una buena colección de
referencia –lo cual es fácil de hacer con la cerámica moche– los arqueólogos
disponen de varias técnicas o métodos para la identificación cultural de la
cerámica. Primero, el análisis tecnológico y en particular el análisis de la pas-
ta, que pueden dar más peso a las variables morfo-estilísticas, en particular
datos mineralógicos obtenidos del análisis de secciones delgadas. En segundo
lugar, el análisis por activación neutrónica o técnicas similares que se utilizan
regularmente para estudiar la procedencia de cualquier conjunto de cerámi-
ca. Hemos utilizado este método y a continuación presentamos brevemente
los resultados del análisis de 34 muestras de cerámica, una pequeña muestra
para estudiar la procedencia de artefactos de cerámica moche en el valle de
Santa (Tabla 1). En El Castillo se seleccionaron 11 muestras, 6 muestras en
Guadalupito y 16 muestras provienen de Hacienda San José. Cada muestra
implicaba la manipulación de 100 miligramos de peso para ser sometida
al reactor de la Escuela Politécnica de Montreal (Kennedy y Chapdelaine
2004). El análisis comprendió moldes, botellas, floreros, cántaros y cuencos.
Además se sometieron 4 muestras de arcilla cruda y de adobes (todas del
sitio Hacienda San José, con excepción de una arcilla cruda tomada en un
corte del río Santa, 2 kilómetros al este de Guadalupito y 3 kilómetros al
oeste de El Castillo) que fueron examinadas paralelamente, y que pueden a
su vez ser comparadas con los datos del sitio Huacas de Moche (Chapdelaine
et al. 1995) para entender la relación entre los valles de Moche y Santa.
Los resultados expresados en partes por millón de cada elemento quí-
mico identificado fueron comparados entre las muestras para determinar su
distancia; cuanto más grande es el número, más grande es la diferencia que
identifica una arcilla distinta. Una manera de ilustrar esta comparación es
el dendrograma que permite agregar las muestras más parecidas o similares.
Examinando el dendrograma (Figura 13) se puede observar cinco grupos de
diferentes tamaños. Las distancias más pequeñas expresan una fuerte posi-
bilidad de provenir de la misma fuente de arcilla o de la misma pasta pre-
parada.
58
No. No cat. Sitio Fase Descripción Contexto*
PE301 G-112.898 Guadalupito IV Florero, motivo ave CA#4 ; A-1
PE302 G-112.3637 Guadalupito IV Florero, motivo flor CA#5 ; A-3, nicho 3
PE303 G-112.4576 Guadalupito IV Cántaro, motivo cangrejo CA#3C ; A-3
PE304 G-112.27 Guadalupito IV Fragmento de molde superficie, CA#2-3
PE305 G-112.34 Guadalupito IV Fragmento de molde superficie, CA#2-3
Guadalupito sector,
PE306 G-97 ---- Arcilla natural cerca G-97
Rio Santa
PE307 EC-5935 El Castillo Norte III Botella, dios con colmillos CA#2, A-2S
PE308 EC-5981 El Castillo Norte III Botella, monstros CA#2, tumba #2
PE309 EC-5985 El Castillo Norte III Botella, motivo sol CA#2, tumba #2
PE310 EC-6466 El Castillo Norte III Botella, achira con ratón CA#2, tumba #3
PE311 EC-6469 El Castillo Norte III Botella, motivo ave CA#2, tumba #3
PE312 EC-5950 El Castillo Norte III Fragmento de molde CA#2; A-2S
PE313 ECE-696 El Castillo Este III Botella, dios con colmillos CA#2
PE314 ECE-773 El Castillo Este III Fragmento de molde CA#2, A-5
PE315 ECE-1564 El Castillo Este III Florero crudo CA#2; A-5
PE316 ECE-1771 El Castillo Este III Crisol CA#2; A-5
PE317 ECE-2588 El Castillo Este III Tiesto Gallinazo crudo Terraza alta, cuadro L5
PE318 G-88 Guad-88 IV? Tiesto Moche crudo Sector Este, p.h. #3
PE319 G-192-187S Hacienda San José ---- Arcilla cruda modelada Sector Sur
PE320 G-192-J29 Hacienda San José ---- Desecho arcilla cruda Sector central, CA#4; A-9A
PE321 G-192-A Hacienda San José ---- Adobe quemada Sector Sur
PE322 G-192-G16 Hacienda San José ---- Fragmento adobe Sector Norte, CA#1, A-1
PE323 G-192-1651 Hacienda San José IV Huaco retrato Sector central, CA#4 ; A-6
PE324 G-192- Hacienda Fragmento
IV Sector Norte, CA#2, A-4
1534 San José de molde
PE325 G-192- Hacienda Fragmento
IV Sector central, CA#4; superficie
2631 San José de molde
PE326 G-192-2644 Hacienda San José IV Fragmento figurina Sector central, CA#4 ; A-5A
PE327 G-192-2645 Hacienda San José IV Fragmento figurina-silbato Sector central, CA#4 ; A-5A
PE328 G-192-338 Hacienda San José IV Florero, motivo triángulo Sector Norte, cuadro H-16, tumba
PE329 G-192-410 Hacienda San José IV Florero, motivo geométrico Sector Norte, cuadro H-20
PE330 G-192-1040 Hacienda San José IV Florero, motivo geométrico Sector Sur, superficie
PE331 G-192-926 Hacienda San José IV Plato, motivo geométrico Sector Norte, cuadro G-17, superficie
PE332 G-192-210 Hacienda San José IV Plato, motivo geométrico Sector Norte, cuadro H-18, superficie
PE333 G-192-317 Hacienda San José IV Cántaro, exterior blanco Sector Norte, cuadro H-18, superficie
PE334 G-192-328 Hacienda San José IV Cántaro, motivo línea blanca Sector Norte, cuadro H-18, superficie
* CA: conjunto arquitectónico; A-: ambiente; p.h.: pozo de huaquero; cuadro: unidad de registro de 20 x 20 metros.
Tabla 1. Lista de las muestras analizadas con
el método de activación neutrónica.
Table 1. Analysed samples with neutron activation method.
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
Figura 12. Molde de la fase Moche IV del sitio GUAD-130.
Figure 12. Moche IV phase mold from GUAD-130 site.
Figura 13. Dendrograma de 34 muestras del valle de Santa analizadas por el método
de activación neutrónica.
Figure 13. Dendrogram of 34 samples from Santa valley analyzed by neutron activation method.
Se puede observar que el Grupo A es minoritario, con dos muestras, y pa-
rece distinto tanto de las muestras de arcilla natural del valle de Santa como de
la mayor parte de muestras de cerámica santeña, pudiendo corresponder a piezas
60
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
importadas de otro valle o elaboradas con una fuente local distinta de arcilla.
La muestra Pe-323 corresponde a una vasija retrato de muy buena calidad
del Conjunto #4 del sitio San José (Figura 14).
Los grupos B, C y D son considerados como objetos de producción
local, apoyándonos en la similitud o la distancia corta que existe entre las
muestras de algunas vasijas con las muestras de arcilla local. Estos grupos
son minoritarios, indicando sin duda que las arcillas naturales analizadas
no fueron muy populares en la producción de otras vasijas seleccionadas
del valle de Santa. El Grupo D está constituido por muestras de dos adobes
de Hacienda San José y podemos sostener de manera preliminar que este
tipo de arcilla cruda no fue utilizado por los alfareros. Sin embargo, no se
puede excluir totalmente este tipo de arcilla si consideramos que las vasijas
fueron fabricadas con una pasta preparada y mezclada con diferentes tipos
de arcilla.
El Grupo E es el más extenso, pero su correlación con las arcillas
locales analizadas es problemática. Las once muestras presentan una gran
similitud y el grupo parece homogéneo (Figura 15). No se puede eliminar
la posibilidad de un origen en el valle de Santa pero como las distancias en-
tre este grupo y las muestras que han sido consideradas locales son fuertes,
creemos que es importante comparar este grupo con los datos que tenemos
del sitio Huacas de Moche. Al mismo tiempo se puede examinar la posición
del Grupo A así como de las muestras Pe-309 y Pe-312, que corresponden a
un fragmento de botella con el motivo del sol radiante proveniente de una
tumba de elite del sitio El Castillo y a un molde de vasija escultórica, respec-
tivamente, para así determinar el posible origen de estas piezas, tan distintas
de las muestras asociadas a un origen local, es decir los grupos B, C y D.
Se ha determinado de manera muy clara que las muestras del Grupo E
no tienen correspondencia clara con las muestras del sitio Huacas de Moche
(Figura 17, y ver Kennedy y Chapdelaine 2004; para otros dendrogramas
en las Figuras 4 y 5 disponibles en el sitio [Link]
ca/varia/colloque_SAA _4/SAA04/[Link]). Este grupo se mantiene ho-
mogéneo pero las distancias entre ciertos miembros del Grupo E son más
parecidas a las muestras de Huacas de Moche que a las del valle de Santa.
Dentro de esta perspectiva, podemos mantener la idea de que las muestras
proceden del valle de Moche o que en su fabricación se utilizó una pasta no
muy diferente de la pasta utilizada en la fabricación de figurinas y cerámica
decorada del sitio Huacas de Moche.
61
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
Figura 14. Vasija tipo «huaco retrato» del grupo A, fase Moche IV
(Procedencia: Conjunto #4 del sitio Hacienda San José, Lacramarca).
Figure 14. «Huaco retrato» vessel type from group A, Moche IV phase (Proceeds from:
Conjunto #4 of Hacienda San José site, Lacramarca).
Figura 15. Florero de la fase Moche IV con un motivo de cabezas de ave
(Procedencia: Conjunto #4 de la zona urbana del sitio Guadalupito).
Figure 15. Moche IV phase vase with bird head motif (Proceeds from Conjunto #4 of the
urban zone of Guadalupito site).
El Grupo A y las muestras Pe-309 y Pe-312 no tienen una relación con
las arcillas, las figurinas y la cerámica decorada del sitio Huacas de Moche
(Kennedy y Chapdelaine 2004: Figuras 3, 4, 5). La conclusión más lógica
sería entonces considerar un origen desconocido de estas muestras, lo cual
sugiere también una diversidad de fuentes de arcilla en la producción alfa-
rera del valle de Santa durante la presencia moche. Un resultado inequívoco
62
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
corresponde a la muestra Pe-302 que no forma parte de los grupos identi-
ficados pero cuya distancia con las muestras del Grupo E no es grande. Se
trata de un florero (Figura 16) elaborado con pasta de alta calidad, hallado
en el Conjunto #5 de Guadalupito, que está ubicado frente a la plataforma
principal de este centro urbano. Esta muestra presentó una composición
similar a las vasijas finas, figurinas y arcillas analizadas en el sitio Huacas de
Moche y podemos asumir que esta pieza fue elaborada en el valle de Moche
y llevada al valle de Santa como un artículo de alto status. Adicionalmente,
debemos señalar que este florero presenta una decoración en línea fina ejecu-
tada con gran maestría y debe formar parte de la producción de un artesano
afiliado a un taller prestigioso de pintores de alfarería ritual.
Figura 16. Florero de la fase Moche IV con un motivo floral (Procedencia:
nicho del Conjunto #5 de la zona urbana del sitio Guadalupito).
Figure 16. Moche IV phase vase with flower motif (Proceeds from: Conjunto #5 niche of
the urban zone of Guadalupito site).
Al comparar la composición química de las muestras de arcillas de los
valles de Santa y de Moche surgió un primer resultado. Las arcillas recolecta-
das en depósitos sedimentarios del valle de Santa muestran una composición
similar en su conjunto, pero difieren de las arcillas y las piezas de Huacas
de Moche. También existió una notoria distancia entre las vasijas de Huacas
de Moche y la mayoría de las muestras analizadas provenientes del valle de
Santa (Figura 17).
63
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
Figura 17. Dendrograma comparativo de las muestras del valle de Santa y
Huacas de Moche.
Figure 17. Comparative dendrogram of Santa valley and Huacas de Moche samples.
El resultado del análisis de pastas por activación neutrónica ha sido
alentador, particularmente al relacionarlo con los datos proporcionados por
este mismo procedimiento en el sitio Huacas de Moche. Permite asumir con
mayores evidencias la existencia de una producción local de redes de inter-
cambio de cerámica fina entre el valle de Santa con otros valles de la Costa
Norte. Pero para llegar a formular un cuadro más completo sobre estos as-
pectos de la producción alfarera debemos ampliar el número de piezas anali-
zadas, incluyendo un mayor número de vasijas llanas y de uso doméstico.
64
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
Conclusiones
Dentro de un marco histórico de cuatro siglos de duración, durante
el cual se fue construyendo una nueva sociedad regional que reprodujo muy
de cerca la organización de la sociedad de origen, cada comunidad moche en
el valle de Santa fue económicamente autosuficiente. Tuvieron que generar
excedentes para los señores locales moche y para sus linajes originales de los
valles más al norte.
Basados en las sorprendentes semejanzas de todos los aspectos de la
cultura de Moche y los resultados del Proyecto Santa de la Universidad de
Montreal, podemos sostener la idea que el valle de Santa constituyó una pro-
vincia moche controlada por un gobierno directo y que Guadalupito fue el
centro político y económico de la provincia de Santa durante la fase IV. Sin
embargo, la cerámica moche del valle de Santa muestra tendencias distintas,
que aunque menores, pueden ser calificadas como indicadores de un esti-
lo Santa dentro del estilo general Moche, una suerte de Moche Provincial.
Este desarrollo podría eventualmente haber conducido a una independencia
o autonomía local respecto del centro moche, pero los fuertes lazos fue-
ron más poderosos que las diferencias. El valle de Santa se entiende todavía
como la periferia del corazón moche y queda demostrado que los datos de
la cerámica pueden ser utilizados para hacer inferencias sobre cuestiones
políticas complejas. Se necesitan otras evidencias para completar la interpre-
tación sobre el rol de la cerámica, pero persiste la idea de que esta nos pro-
porciona elementos valiosos para comprender el proceso social involucrado
en su fabricación, distribución y accesibilidad, ya sea limitada a un grupo
reducido de miembros de la sociedad o disponible a grandes segmentos de
la población.
El desarrollo de un estilo provincial Moche en el valle de Santa puede
ser interpretado como evidencia de la autonomía política de los gobernantes
moche en este valle (Figura 18). Sin embargo, consideramos que las rela-
ciones constantes entre el corazón y la periferia explican mejor las seme-
janzas generales de la producción cultural de los valles de Moche y Santa.
La conclusión sería que los gobernantes de los valles centrales de Moche
controlaron directamente la población de Santa. Será interesante en el futu-
ro comprobar si este tipo de gobierno político existió en el centro regional
Pañamarca del valle de Nepeña, donde más datos sobre la presencia de Mo-
che proporcionarán mayores luces sobre la organización política del Estado
Moche Sur en esta zona fronteriza.
65
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
Al nivel estilístico los lazos entre los valles de Santa y Moche durante
las fases Moche III y IV (aproximadamente 350-800 d.C.) eran más fuertes
que las fuerzas centrífugas. La ocurrencia de tendencias localistas no es im-
probable, tanto en elites como en segmentos poblacionales de menor status
ocupando el valle de Santa por generaciones sucesivas. Pero la cultura mate-
rial de las fases Moche III y IV en este valle y particularmente la cerámica y
su carga simbólica indican estrechos vínculos entre ambos valles, tanto en la
producción como en el empleo de artículos de alto valor económico y sim-
bólico, como en los artefactos de producción y consumo masivo. Durante la
larga ocupación moche del valle de Santa parece lógico pensar que los mo-
ches nacidos en este valle se volvieron «santeños» más que «mochicas» y que
por lo tanto el desarrollo de una identidad provincial moche era inevitable,
especialmente para los miembros de las clases populares que tenían pocas
posibilidades de regresar a su tierra de origen.
Figura 18. Reconstitución de un florero pedestal de la fase Moche III con
representación escultórica de cuatro rostros humanos. Esta pieza representaría
una variante estilística local, con uso de pintura crema sobre rojo y ojos «grano
de café» (Procedencia: Conjunto #1 de la Terraza Norte del sitio El Castillo).
Figure 18. Reconstitución Reassembly of a Moche III phase pedestal vase with the sculpted
representation of four human faces. This piece represents a local stylistic variant with cream
over red paint and «coffee grained» eyes (Proceeds from: Conjunto #1 of the Northern
Terrace of El Castillo site).
Es factible que los gobernantes de Huacas de Moche y de los centros
asociados como El Brujo planificaran, consolidaran y ampliaran sus vínculos
con el valle de Santa, introduciendo inicialmente en este valle sus propios
66
Rol de la Cerámica en la Afirmación Social de los Moches del Valle de Santa
referentes culturales y reproduciendo estructuras sociopolíticas e ideológicas
vigentes desde la fase Moche III en el sitio El Castillo, con una reorientación
notable de las estrategias de dominación durante la fase Moche IV, que sig-
nificó la ampliación de la frontera agrícola y la creación de un nuevo centro
de actividades ceremoniales y gubernamentales con sede en Guadalupito.
El control de una población por otra puede incluir una primera etapa de
demandas unilaterales por parte de los grupos dominantes sobre los domi-
nados, con una fase ulterior de coexistencia negociada e interdependencia.
Pero la presencia moche en el valle de Santa pudo implicar un proceso inver-
so, con coexistencia temprana seguida por una reformulación de los objeti-
vos políticos y la estructura de las jerarquías sociales regionales.
La información arqueológica permite argumentar que la alta densi-
dad de cerámica Moche IV en Santa fue el resultado de una producción
local diversificada en ubicación de centros de manufactura, incluyendo la
importación desde valles vecinos de piezas de alta calidad y posiblemente
de moldes. La producción masiva y el acceso a moldes y vasijas de diferen-
te calidad por diversos segmentos de las poblaciones en el valle de Santa
son elementos que favorecen la idea de una promoción del estilo cerámico
Moche –particularmente durante la fase IV– entre elites y las colectivida-
des inmigrantes moche, como también con los nativos aculturados o con
individuos que compartían intereses con los moches y que estuvieron in-
volucrados en proyectos estatales como el desarrollo de la irrigación en el
valle de Lacramarca y la emergencia de Guadalupito. Este proceso implicó
complejos vínculos de cohesión social y redes de intercambio económico,
que en conjunto permitieron la producción y circulación constante de pie-
zas cerámicas y su consumo cotidiano. La definición de estos vínculos será
un reto en los próximos años
La producción de cerámica moche en el valle de Santa y una factible
red de distribución intravalle de la cerámica decorada jugaron un rol prin-
cipal en la afirmación sociopolítica de una entidad Moche Santeña. La ce-
rámica moche moldeada, pintada o llana fue empleada por los gobernantes,
los líderes de los linajes o las asociaciones corporativas así como por el resto
de las comunidades asentadas en la parte baja del valle de Santa y contribuyó
durante varias generaciones tanto a la afirmación de su identidad frente a
las poblaciones foráneas vecinas, como a una integración en los eventos y
procesos norcosteños del Período Intermedio Temprano.
Para terminar, podemos concluir señalando que la cerámica moche
del valle de Santa jugó un papel similar al que tuvo en el valle de Moche y
67
Claude Chapdelaine, Víctor Pimentel y Jorge Gamboa
que fue utilizada como herramienta ideológica e incentivo político y econó-
mico para cualquier individuo o grupo familiar que compartía los mismos
valores que la elite moche. La producción masiva de cerámica local Moche
de Santa y la amplia red de distribución dirigida hacia cada miembro de
esta nueva sociedad regional moche desempeñaron un rol importante en la
afirmación social y política de sus usuarios. Las mejores vasijas fueron hechas
para los gobernantes, pero la producción y distribución de vasijas típicas
moche fue también eficiente entre los miembros de las clases populares mo-
che que ocupaban la parte baja del valle de Santa. Como nota final podemos
afirmar que los moches no solamente propagaron la palabra de su poder
sino que también pusieron a la disposición su exquisita y distintiva cerámica
caracterizada por su bicromía y su alto grado de realismo.
Agradecimientos: Los autores desean expresar su agradecimiento a
todos los miembros del Proyecto Santa de la Universidad de Montreal entre
los años 2000 y 2004, en particular a Hélène Bernier, Véronique Bélisle, Da-
vid Chicoine, France-Éliane Dumais, Julie Fournier, Juan López Marchena,
Delicia Regalado y Alexandra Taillon-Pellerin. Asimismo a los organizadores
del IV Seminario de Arqueología de la Universidad Nacional Federico Villa-
rreal por brindar la oportunidad de exponer nuevos datos sobre la ocupación
moche del valle de Santa.
Notas
1
El Proyecto Santa de la Universidad de Montreal es un programa de investigaciones ar-
queológicas auspiciado por el Consejo de Investigaciones en Ciencias Humanas del go-
bierno del Canadá. Los trabajos de campo de la primera fase fueron conducidos entre los
años 2000 y 2002. Los trabajos de laboratorio se realizaron durante el 2003 y 2004. La
segunda fase de este programa de investigaciones se ha iniciado en noviembre del 2005
y los objetivos de la investigación son básicamente las mismos: la excavación de los sitios
importantes moche para entender la naturaleza de la provincia de Santa en el marco del
Estado expansionista Moche Sur y la excavación en pequeña escala de sitios de filiación
cultural Gallinazo para medir el impacto de la presencia moche en los grupos locales. La
comprensión de las actividades domésticas y el fechado de los componentes más impor-
tantes y los principales eventos en estos sitios son otros de los objetivos fundamentales de
nuestro proyecto.
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