ISSN 2448-7317
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020) ISSN 2448-7317
REVISTA DE LA SOCIEDAD MEXICANA
DE PSICOLOGÍA SOCIAL
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Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020) ISSN 2448-7317
ÍNDICE
Presentación 4-11
Angel Magos Pérez
Artículos
Reflexiones en torno a la psicología discursiva: problemas, contradicciones y posibilidades 12-40
Alexis Ibarra Martínez
Entre la filosofía moral y la epistemología: la vigilancia epistemológica en el quehacer
del investigador cualitativo 41-64
Nicole Oré Kovacs
Contaminación en y a través de memes de internet 65-90
Adriana Moreno Carrasco
Disertaciones
Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad 91-120
Carlos Labastida Salinas
Futuro(s) y modernidades múltiples 121-132
Gustavo Serrano Padilla
Reseñas
Psicología de las masas en las campañas políticas de México, 2006, 2012 y 2018 133-137
Javier Rincón Salazar
Psicología cultural, narración y educación 138-142
Ma. Del Carmen Jaimes Ruiz
El mito de las sectas. Ciencia y religión en el imaginario social 143-146
Eloy Pérez Maya
Normas de publicación 147-150
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020) ISSN 2448-7317
Presentación
Angel Magos Pérez1
Publicado: 04/12/2020
Esta es quizá la mejor y la peor época para el trabajo académico, como Michael
Billig (2012) ha advertido. La mejor porque hoy hay más publicaciones que nunca.
La peor porque parte de esas publicaciones sobra. Hoy la Revista Somepso publica
su noveno número. No es un número especial, como no lo ha sido ninguno de esta
revista. Al menos no según lo acostumbrado por las revistas académicas. No se
centra en un sólo tema. No reúne plumas similares. A nadie rinde honor. No
obstante, creo que tampoco es cualquier número (ninguno lo ha sido). El número
que usted tiene en sus manos parece ser la continuidad de un proyecto editorial
que ha tenido bien presente la advertencia de Billig. Misma advertencia que, a falta
de ingenio para escribir presentaciones, me he tomado la libertad de tomar
prestada para señalar brevemente por qué considero oportuno leer una revista
como ésta en una época como la nuestra, en la que el capitalismo académico ha
alcanzado una fuerza sin precedentes.
Hoy el espíritu empresarial y la competitividad son parte de la vida académica.
Para tener éxito en sus carreras, los académicos tienen que desarrollar una
habilidad que a los académicos de antaño no se les exigía. Esta es la habilidad de
seguir publicando y, en particular, la habilidad para poder publicar, especialmente
cuando se tiene nada por decir. Esto para nadie es una sorpresa. Además de
estatus, la investigación en las universidades atrae recursos. No es extraño que los
académicos hoy estén investigando más que en otros tiempos y, en consecuencia,
que están publicando más que nunca (dignidad de por medio). Pero este intenso
ritmo de las publicaciones, además de advertir que una parte de éstas está vacía,
también afecta de manera considerable nuestras maneras de trabajar y nuestras
formaciones. Podría pensarse que si las publicaciones se han disparado
seguramente hoy debemos encontrarnos leyendo mucho y variado,
lamentablemente esto no parece estar sucediendo. El exceso de la escritura hoy se
1
Estudiante del doctorado en Psicología Social de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad
Iztapalapa, Ciudad de México. Correo: angelmagosp@[Link]
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Presentación
traduce en el acotamiento de la lectura. Hace décadas era posible leer si no todo,
de menos gran parte de lo que se estaba publicando en nuestras disciplinas. Hoy la
vida no da para leer todo lo que se publica. Los académicos, igual que han tenido
que encontrar la forma de publicar aunque tengan nada por decir, hoy deben
aprender a discriminar publicaciones, acotando cada vez más sus líneas de trabajo.
Nos encontramos en lo que parece ser la era de los especialistas. La curiosidad de
antaño por visitar la historia, la filosofía, la sociología o la antropología
(independientemente de dónde se ubicara uno), se ha ido desvaneciendo. Hoy las
universidades se han convertido en fábricas de expertos. Los posgrados, en los que
los estudiantes se forman casi exclusivamente en un sólo tema o enfoque, son el
vivo ejemplo. Los psicólogos sociales de antes sabían de psicología social, los de
hoy saben de representaciones sociales, de identidad social o de psicología
discursiva.
Por si fuera poco, al trabajar bajo las condiciones del capitalismo académico no
sólo se tiene que publicar cada vez más, también se debe escribir de la manera
adecuada. Los académicos hoy se parecen un poco a las personas que, sonriendo a
fuerza, charola en mano y mesita detrás, uno se encuentra en los supermercados
promocionando salchichas, quesos o yogurt. Para vender sus ideas, estos utilizan
un lenguaje promocional y eligen formulaciones lingüísticas que se asemejan a las
utilizadas por los anunciantes (Billig, 2012). Tome usted una revista, lea el resumen 5
de uno de los artículos y no le será difícil darse una idea de la marca académica
que está en venta. No es casualidad que, por ejemplo, entre las convenciones
académicas contemporáneas se encuentre una propensión en la escritura por el
uso de siglas para referirnos a posturas teóricas y metodológicas. Representaciones
Sociales (RS). Análisis Crítico del Discurso (ACD). Psicología Discursiva (PD). Es
desde la(s) primera(s) página(s) de sus textos que los académicos advierten
explícitamente la sustitución de sus posicionamientos teóricos o metodológicos
por el de unas siglas. Existe incluso un guion para realizar tal advertencia: “Este
texto discute los principios de la Psicología Discursiva (PD en adelante)”. Tal es la
propensión y frecuencia de la escritura mediante siglas que incluso se puede borrar
del paréntesis “en adelante” (o sus variantes) y nada pasa, sin necesidad de
explicaciones se entiende que las siglas son un reemplazo de aquello que las
precede. Ciertamente, esta inclinación por el uso de siglas en ciencias sociales,
psicología social de por medio, no necesita justificación. Nadie escribe al principio
de sus investigaciones, tesis o artículos un apartado sobre lo que implica la forma
en que desliza la pluma. Damos por sentado que el uso de abreviaturas o siglas es
parte de los pactos académicos que, por ejemplo, apunta a la comodidad de la
lectura. El uso de siglas podría parecer hasta pedagógico. Uno avanza por la
discusión en un texto y, al encontrarse nuevamente con las siglas, de pronto puede
verificar si está poniendo la atención suficiente como para ser capaz de leer el
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Angel Magos Pérez
significado de las siglas (psicología discursiva) en lugar de las siglas (pe-de) o, en el
peor de los casos, para no tener que volver a la página uno para revisar de nueva
cuenta a lo que las siglas se refieren (cosa que siempre resulta lamentable). Pero la
escritura académica nunca es inocente. El uso de abreviaturas o siglas tampoco. Las
abreviaturas o siglas suelen aparecer cuando de teorías y metodologías
consolidadas (que han alcanzado el éxito académico) se trata. De modo que, antes
de ser un gesto de amabilidad hacia los lectores, el uso de siglas forma parte del
arsenal con el que cuentan los académicos para apuntar a la mercantilización de
sus ideas. Billig (2003), no se equivoca al argüir que las ideas por sí mismas no
bastan, pero se comercializan como productos intelectuales identificables y de
marca en el mundo académico actual. Uno de los ejemplos que sirven a Billig para
argüir es el de la Teoría de la Identidad Social (SIT, por sus siglas en inglés). Aunque
ésta se deriva del trabajo de Henri Tajfel, Tajfel nunca etiquetó sus ideas
precisamente como Teoría de la Identidad Social, menos como SIT. No le
preocupaba la marca de sus ideas como sí les preocupó a los académicos que
reprodujeron o dieron continuidad a su trabajo. Las siglas son así el distintivo de la
marca académica (teoría) que se está vendiendo y a través del cual las ideas
pueden lograr establecerse en el mercado. Los académicos empaquetan sus
productos como parte de una gama emitida por una perspectiva teórica y, al
hacerlo, los clientes y los beneficios pueden aparecer, por ejemplo en forma de 6
tesistas o de recursos.
En el mercado académico actual, en el que se debe publicar aunque las ideas
se hayan agotado, en el que los especialistas abundan y en el que al escribir hay
que vender, las revistas resultan ser los puestos ambulantes de las universidades.
Éstas condensan el espíritu empresarial y la competitividad de la vida académica de
nuestros tiempos. No obstante, creo que, por lo que venden, hoy resulta oportuno
seguirles la pista a proyectos editoriales como el de la Revista Somepso. Creo que
si este y los anteriores números no incluyeran al inicio de cada trabajo un pie de
página que da cuenta de quién escribe, a más de uno no le resultaría sencillo
adivinar el campo de conocimiento en el que los autores se ubican. Qué envidia.
Creo que esto hay que reconocérselo tanto a los autores como a la propia revista,
porque pareciera como si uno de los criterios a evaluar en los artículos fuera
“mostrar incomodidad por los espacios de trabajo secuestrados”. Que el grueso de
los trabajos (de éste y los otros números) exponga un arsenal bibliográfico de
calibres provenientes de diversos espacios disciplinares, sugiere que a esta revista
no le caen mal los autores que transgreden las fronteras ni aquellos que todavía no
se establecen en un sitio. Aunado a ello, me parece que las publicaciones de esta
revista gozan de una escritura más (o tan) preocupada por la inteligibilidad que por
la mercantilización de las ideas. La mayoría de los autores prescinde del impulso
por hacer de sus trabajos meros terrenos conceptuales y, en su lugar, parece
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Presentación
preocuparse por darse a entender. Resulta lamentable tener que agradecer esto. Es
cierto que usted encontrará términos propios del marco académico, ciertos
conceptos que sirven a los autores para pensar y discutir, pero también es cierto
que no se puede prescindir totalmente de ellos. A pesar de ello en este número se
elucida un esfuerzo por establecer un equilibrio entre palabras ordinarias y
términos académicos.
Es cierto que tiene sus pecados académicos, como toda revista, con todo y
ellos creo que el proyecto editorial de la Revista Somepso no es afín a la
especialización ni a las discusiones entre la nada y lo de siempre (publicaciones
vacías de contenido). Además, creo que el interés principal de la Revista Somepso
no es el de vender, al menos no lo que uno puede comprar en cualquier otro
puesto ambulante. Y aquí la que creo es la razón de mayor peso para seguirle la
pista a esta revista. Trabajar bajo las condiciones del capitalismo académico hace
que hoy sea más difícil encontrar el tiempo y la confianza para ir contra la
corriente, para enojarse o estar en desacuerdo. Sabemos que la dignidad va a paso
lento, pero para sobrevivir hoy, hay que volar. No todas las psicologías sociales se
publican en la misma medida, no a todas las sociologías o filosofías les va bien.
Tengo la impresión de que la Revista Somepso publica, en su mayoría, argumentos
de segunda fila. Esto es que no pueden ser considerados como pertenecientes a la
gama de teorías, metodologías o epistemologías dominantes, esas marcas 7
académicas que no sólo han logrado ser ampliamente difundidas, sino que son
vistas como versiones “más válidas” sobre lo real y lo bueno. Creo que si algo
comparte la mayoría de los textos que dan forma a este número y a los anteriores
es cierta inconformidad con las versiones dominantes sobre la realidad y el mundo.
Como que el grueso de los autores notó que algo no andaba bien o no bastaba y
decidió construir rutas alternas para pensar y hablar. No estoy seguro de que esas
rutas sean más prudentes o interesantes, pero sí de que no militan en las filas de
las marcas imperantes. Así pues, creo que resulta oportuno seguirle la pista a
revistas como ésta, porque en tiempos como los nuestros, en los que el éxito
académico de algún modo depende de la (adecuada) mercantilización de las ideas,
vender contraargumentos no lo hace cualquiera.
***
Dicho esto, debo confesar que me siento infortunado. Creo que este es uno de los
números de la Revista Somepso más difíciles de presentar. Los trabajos vertidos en
él presentan discusiones intensas, diversas y, por si fuera poco, interesantes que,
independientemente del campo de conocimiento en el que se ubique el lector
(mejor aún si no se ubica en alguno), sirven para repensar y cuestionarse sobre
asuntos que no se limitan a los temas centrales de los textos. No imagino el trabajo
que debió costarles a los autores escribir sus textos como para que todo lo que
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Angel Magos Pérez
pensaron y argumentaron en ellos vaya a parar a un párrafo a modo de síntesis.
Pido disculpas adelantadas. A pesar de que resulta imposible decir algo que haga
justicia a lo que usted encontrará adelante, pasemos pues a traicionar a los autores
que colaboran en este número, como dicta la tradición de las presentaciones.
Este número está compuesto por tres artículos, dos disertaciones y tres
reseñas. En la primera sección se encuentra Reflexiones en torno a la psicología
discursiva: problemas, contradicciones y posibilidades, un trabajo de Alexis Ibarra
que, hay que decirlo, no es una síntesis más u otra apología disfrazada de crítica
sobre psicología discursiva (así, en minúsculas). Advertir al lector lo que el autor
ofrece es imposible. Cabe señalar que, pese al título del trabajo, el autor nos
recuerda que la psicología discursiva no es una, sino que depende de cómo se le
escriba. De tal modo, lo que se discute en este trabajo son al menos dos
psicologías discursivas: la psicología discursiva de hoy, ya consolidada como marca
académica, y la psicología discursiva echada a andar por Derek Edwards y Jonathan
Potter hace casi tres décadas. Una de las ideas centrales del trabajo es que la
primera de ellas, al irse consolidando como subespecialidad, fue perdiendo el
espíritu de la segunda. Esto es que, como le suele suceder a las marcas académicas,
el éxito académico de la psicología discursiva le costó una reducción del enfoque.
Es importante señalar que el texto no apunta a la descalificación de la psicología
discursiva, éste no es un examen avasallante sino una problematización localizada 8
en el tiempo presente que nos permite entender que, aunque consolidada, la
psicología discursiva hoy demanda un arduo trabajo por parte de quienes la
escriben y platican. Y es que, como diría el autor, es habitual pensar desde la
psicología discursiva, pero no sobre la psicología discursiva. El segundo trabajo que
usted encontrará lleva por título Entre la filosofía moral y la epistemología: la
vigilancia epistemológica en el quehacer del investigador cualitativo. En éste Nicole
Oré Kovacs presenta otra discusión sobre epistemologías y sus consecuencias en la
investigación. Pero no es “otra discusión” porque sea una más, sino porque el
modelo epistemológico que se defiende no es el canónico, ese para el que el único
conocimiento válido es el que se da en vías de la razón instrumental. La autora
defiende una epistemología de carácter fenomenológico-hermenéutico, en la que
el investigador no es más un sujeto desvinculado de la investigación, sino un
agente de producción de conocimiento que, junto con otros agentes, participa de
ella. En la defensa la noción de crisis epistemológica será clave, no como situación
accidental sino como parte constitutiva de la investigación cualitativa, como
posibilidad idónea para que el investigador dude y reconfigure sus marcos
comprensivos en función de la experiencia. Como el título del trabajo advierte, la
propuesta central será que la investigación cualitativa se funde en una ética
orientada a la (permanente) vigilancia epistemológica. Y aquí cabe una advertencia:
aunque pueda parecer que la propuesta está más que gastada, igual que Bourdieu,
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Presentación
la autora no se limita a dibujar el camino a seguir para dicha vigilancia, sino que
pasa revista a algunos tropiezos que se suelen dar al caminar. Así pues, el texto
alberga algunas preguntas explícitas y otras implícitas. Mientras las explícitas
pueden ser tomadas como invitaciones a la vigilancia epistemológica; las implícitas
parecen más provocaciones, aguijoneos a nuestras formas de pensar y hacer el
mundo al investigar (implicaciones éticas y políticas de por medio). Las primeras
estimularán el pensamiento, las segundas para más de uno serán golpes al
corazón. La sección de artículos termina con Contaminación en y a través de
memes de internet, texto en el que Adriana Moreno sugiere que los memes de
internet no son simples objetos humorísticos, sino imágenes que objetivan tanto
relaciones sociales como resistencias a éstas. En vías del concepto “contaminación”
y principalmente a partir del trabajo de la antropóloga británica Mary Douglas, la
autora advierte que los memes están cargados de atributos contaminantes, pues
atentan contra los sistemas clasificatorios sobre lo puro y lo impuro de las culturas
en las que se producen. Es decir, son objetos que desafían el orden. A través de
una exposición de ejemplos que involucran a secretarías de gobierno, cantantes y
niños dioses bailarines, se arguye que estudiar los memes de internet es estudiar
aspectos profundos de la vida cotidiana y, creo, se sugiere que pensar los memes
como objetos disruptivos de los sistemas clasificatorios abre posibilidades
ontológicas para nosotros. El texto no sólo será una lectura estimulante para los 9
interesados en los memes de internet, lo será también para quienes gustan de
ensuciar todo aquello que produce o promueve relaciones de dominación.
En la sección Disertaciones se encuentra Deporte y Sociedad. Contrastes:
cuerpo, protesta y dignidad, un trabajo de Carlos Labastida que advierte cómo en
el deporte se objetiva el pensamiento de la sociedad, sus contradicciones,
desigualdades, abusos y resistencias. La primera parte del trabajo expone algunos
casos del mundo del deporte que elucidan relaciones de dominación. Por un lado,
las empresas, las instituciones y los directivos, por el otro, los atletas. Cuerpo,
género y poder conforman la triada en donde el acento es puesto. Desde una
corredora sudafricana que, al ser acusada de no parecer completamente mujer, fue
sometida a pruebas de verificación de sexo; hasta una velocista estadounidense a
la que Nike, su patrocinador, decidió cobrarle caro su embarazo. Se da cuenta del
poder y control que ejercen ciertas instituciones sobre los cuerpos y vidas de las o
los atletas, y de cómo ese poder y control objetivan valores y formas de
pensamiento hegemónicas en un tiempo histórico determinado. La segunda parte
discute la protesta en el deporte. Labastida señala que, al entrar en un recinto
deportivo, pareciera que los atletas y deportistas tuvieran que dejar su condición
de ciudadanos en los vestidores. En el campo no hay espacio para expresar o hacer
referencias a cuestiones políticas, religiosas y étnicas que atañen a los atletas y
deportistas de manera directa. Así pues, como en el deporte la protesta, la crítica y
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Angel Magos Pérez
la disidencia están prohibidas, éste se propone como un escenario idóneo para
realizarlas. El trabajo pone en evidencia la supuesta neutralidad política del
deporte, sugiriendo que si éste ha sido y es utilizado como un espacio a favor de
una agenda política particular de grupos y personajes dominantes, también
debería ser un espacio de reivindicación y de resistencia para quienes sufren el
embate de la dominación. Gustavo Serrano es el responsable del segundo y último
texto de este apartado: Futuro(s) y modernidades múltiples. En este trabajo el autor
se vale del pensamiento del sociólogo S. N. Eisenstadt para advertir que la
modernidad no es ni puede ser sin considerar la experiencia histórica de cada
sociedad. Desde esta línea y con una argumentación digna de reconocer, Serrano
señala que la expansión de la modernidad en gran parte del globo terráqueo da
lugar no a una sino a varias modernidades. La idea central será que antes de la
modernidad va la sociedad y su forma de vida, no al revés, apuntando así a la
importancia de situar histórica y culturalmente el tiempo futuro. Aunque las
modernidades múltiples parecen ser tan sólo un trozo de una propuesta más
amplia sobre el tiempo, lo que cabe destacar es que el autor no bosqueja la
propuesta de Eisenstadt, sino que se sirve de ella para argüir que la realidad se
hace de irla conociendo y, en consecuencia, que las modernidades múltiples bien
dan cuenta de que el tiempo se fabrica en espacios particulares de significados.
Nos encontramos con un trabajo en el que se defiende la idea de que el futuro no 10
es ni puede ser uno. Como se verá: desde las modernidades múltiples se avistan
futuros diversos e, incluso, en disputa. Y aquí cabe una advertencia: este es uno de
esos textos que, en vías de la potencia argumentativa y la claridad expositiva,
abordan cuestiones que transgreden el tema del que se ocupan. Es decir, en el
trabajo no sólo hay futuros y modernidades.
Este número incluye tres reseñas de libros de las que poco puede decirse.
Presentar la reseña de un libro es una tarea peligrosa. El peligro radica en que,
aunque se espera que el lector lea la presentación, la reseña y el libro, el tiempo no
siempre alcanza, como vimos atrás. Y los libros que se presentan y reseñan, pero
no se leen, corren el riesgo de volverse mitos que más tarde pasan a formar parte
de un sentido común académico. Nadie sabe quién lo dijo, pero todos lo sabemos.
Los psicólogos sociales saben de esto. Así como Kurt Lewin no tendría a quien
culpar de que se le reconozca como el padre de la psicología social (a veces con el
agregado experimental/moderna), ni G.H. Mead podría emprender un juicio contra
quien resulte responsable de que se le señale como el fundador del
interaccionismo simbólico, porque tanto a Lewin como a Mead se les adjudican
títulos sin citar a quien se los otorgó, los autores de los libros que en este número
se reseñan no podrían encontrar justicia. Si algo sale mal cúlpese a Javier Rincón,
responsable de reseñar el libro Psicología de las masas en las campañas políticas
de México, 2006, 2012 y 2018, de Manuel González Navarro; a Ma. del Carmen
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Presentación
Jaimes Ruiz, a cargo de la reseña de Psicología cultural, narración y educación, libro
coordinado por José Simón Sánchez Hernández y Salvador Arciga Bernal; y, por
último, a Eloy Maya, quien reseña El mito de las sectas. Ciencia y religión en el
imaginario social, de Saúl Sánchez.
Hasta aquí la traición. Avance y decida usted si alguno de los trabajos que
conforman este número está de más. Si cree que le han vendido lo de siempre,
pero revolcado, enróstreselo al editor. Dígale que la Revista Somepso es otra
revista que hace de ésta la peor época para el trabajo académico. De lo contrario
esté tranquilo sabiendo que la Revista Somepso no le ha arrebatado medio día de
vida ni de carrera.
REFERENCIAS
Billig, M. (2003). Critical Discourse Analysis and the Rhetoric of Critique. In G. Weiss
y R. Wodak (eds.), Critical Discourse Analysis (pp. 35-56). Londres: Palgrave
Macmillan
11
Billig, M. (2013). Academic Words and Academic Capitalism. Athenea Digital, 13(1),
7-12.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
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REFLEXIONES EN TORNO A LA PSICOLOGÍA DISCURSIVA:
PROBLEMAS, CONTRADICCIONES Y POSIBILIDADES
***
REFLECTIONS ON DISCURSIVE PSYCHOLOGY: PROBLEMS,
CONTRADICTIONS AND POSSIBILITIES
Alexis Ibarra Martínez1
Sección: Artículos
Recibido:02/07/2020
Aceptado: 14/08/2020
Publicado: 04/12/2020
Resumen
La psicología discursiva parte de la noción de discurso, habla y texto como prácticas
sociales, estudia cómo se construyen versiones de lo psicológico dentro de la
interacción. El objetivo de este artículo es hacer una revisión crítica de esta
perspectiva que en la actualidad se enfoca en el crecimiento y la sobrespecialización.
Busco examinar las premisas de fondo de las cuales emana el proceso de producción
de conocimiento: su definición, objeto de estudio y campo de acción. Marco una
distinción entre dos comprensiones que se entremezclan en la literatura, una de
carácter abierto interesada en todos los aspectos de la vida social, otra de carácter
restringido centrada en construcciones discursivas de la cognición. Busco criticar la
idea tácita de que lo psicológico y lo cognitivo son términos equivalentes, esta
premisa excluye la posibilidad de estudiar otros vocabularios que las personas
emplean en su vida cotidiana. El argumento central es que la práctica de
investigación contradice el espíritu original de la perspectiva discursiva y limita su
potencial.
Palabras Clave: análisis del discurso; construccionismo social; investigación
cualitativa; interacción; acción social.
1
Profesor e investigador de tiempo completo en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la
UNAM. Correo electrónico: alexisaim@[Link]
Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
Abstract
Discursive psychology starts from the notion of discourse, talk and text as social
practices, to study how versions of the psychological are constructed within
interaction. The goal of this article is to critically review a perspective that currently
focuses on growth and overspecialization. I seek to examine the underlying premises
of discursive psychology and from which the entire process of knowledge production
emanates: its definition, its object of study and its field of action. I make a distinction
between two different understandings that appear intertwined in literature, one of an
open nature interested in all aspects of social life, the other of a restricted nature
focused on discursive constructions of cognition. I seek to criticize the implicit notion
that the psychological and the cognitive are synonymous, this understanding of the
psychological excludes the possibility of studying other vocabularies that people use
in their daily lives. The central argument is that the actual research practice
contradicts the original spirit of the discursive perspective and limits its potential.
Key words: discourse analysis; social constructionism; qualitative research;
interaction; social action.
13
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Alexis Ibarra Martínez
Este trabajo tiene como objetivo realizar un examen crítico de la psicología
discursiva, busca explorar cuál es la naturaleza de sus preguntas de
investigación y de qué manera dichas preguntas delimitan un campo de acción.
Para realizar un ejercicio de este tipo es necesario proporcionar coordenadas
elementales para guiar a las lectoras no familiarizadas con esta perspectiva. No
se trata de una reseña exhaustiva en tanto que ya hay textos que abordan los
orígenes históricos, fuentes de inspiración y pormenores de la investigación
(Edwards, 2003; Garay, Íñiguez y Martínez, 2005; Hepburn y Potter, 2003; Ibarra,
2014; Potter, 2012; Wiggins, 2017).
La psicología discursiva parte de la noción de discurso, habla y texto como
parte de prácticas sociales, para estudiar a las personas construyendo versiones
y descripciones de lo psicológico (Potter, 2004a).
Abandona una noción encorsetada de la psicología como entidad
individual, en su lugar adopta un marco de comprensión social y lingüístico que
sostiene que lo psicológico tiene una vida pública y colectiva. De este modo
dibuja una imagen distinta de la persona, cuestiona el tipo de preguntas a
formular, e incluso, trastoca la definición misma de psicología.
Esta perspectiva inició en los márgenes de la psicología social como crítica,
más tarde evolucionó hacia un núcleo de inteligibilidad propio que establece
principios teóricos sobre el funcionamiento del discurso. A lo largo de su
desarrollo se ha decantado por una exploración de la realidad social de carácter
empírico y naturalista que enfatiza el análisis de datos y la inspección detallada
14
de los escenarios en que las personas se desenvuelven (Potter, 2012).
La psicología discursiva asume una posición construccionista, parte de la
metáfora del lenguaje como taller o sitio de construcción que se opone a la
imagen dominante del lenguaje como espejo de la realidad. Sostiene que las
descripciones construyen versiones del mundo, simultáneamente estas
descripciones están construidas, han sido fabricadas a partir de un conjunto de
materiales: “el mundo no está categorizado de antemano por dios o por la
naturaleza en formas que estamos obligadas a aceptar”. Las personas hablan,
escriben y crean argumentos, en ese proceso constituyen maneras particulares
de entender lo que les rodea (Potter, 1996b, p. 98).
Esta versión del construccionismo es antirrealista y antiesencialista. No
niega la existencia de una realidad objetiva ni sostiene que todo está hecho de
discurso. Simplemente invita a mantenernos escépticas ante cualquier forma de
representación que pretende hablar en nombre de la realidad (Rorty, 1979). Se
trata de un construccionismo no fundacional, epistémico (más no ontológico),
discursivo (más no lingüístico) y pragmático (Edwards, Ashmore y Potter, 1995;
Potter, 1996a; Potter y Hepburn, 2008).
El centro de atención es lo que “están haciendo las personas y cómo en el
transcurso de sus prácticas discursivas producen versiones de la realidad
externa y de estados psicológicos” (Edwards y Potter, 2001, p. 15).
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Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
Esta comprensión del construccionismo da forma a una teoría del discurso y
condiciona un modo de acercarse a los fenómenos. El primer principio teórico
es que el discurso está construido y es constructivo. Se edifica a partir de
distintas fuentes y recursos lingüísticos: palabras, categorías, tópicos del sentido
común. A la vez, el discurso construye: las versiones de eventos, de acciones, del
mundo o las personas se generan y solidifican a través del uso del lenguaje
(Potter, 2003a, 2004a; Wiggins y Potter, 2007).
El segundo principio es que el discurso es acción, hacemos cosas con
palabras y nuestras palabras tienen efectos; al hablar justificamos, culpamos,
negamos. Estas acciones fortalecen o debilitan ciertas formas de describir los
hechos o los estados mentales de las personas. Con este principio se rompe con
la noción tradicional de que habla y acción son dominios separados (Potter,
2003a, 2004a; Wiggins y Potter, 2007).
El tercer principio es que el discurso está situado, no emerge en el vacío ni
aleatoriamente. Una versión busca encajar en un escenario y al mismo tiempo
está parcialmente condicionada por él. Luego entonces, se puede considerar al
discurso dentro de secuencias de interacción, condicionado por la cadena de
expresiones antecedentes; se puede situar en un contexto retórico,
condicionado por argumentos alternativos; también se puede situar en espacios
institucionales, condicionado por las tareas y roles que la institución delimita
(Potter, 2003a, 2004a; Wiggins y Potter, 2007).
Al desplazarse del ámbito de lo mental hacia el terreno del discurso, la
15
perspectiva discursiva ha desmantelado el supuesto de que el estudio de lo
psicológico procede buscando fenómenos alojados en el interior de la cabeza.
En vez de ello ha redefinido lo psicológico como proceso que se da en la
intersubjetividad y se sostiene en las prácticas de las actrices sociales.
Las líneas de investigación se dirigen a los procesos de construcción, el foco
específico son las versiones y descripciones que apuntan hacia lo psicológico.
Dado el carácter construccionista de este proyecto, habla y texto se abordan
desde una posición de relativismo metodológico: no es necesario averiguar si lo
que dicen las personas es verdadero o falso, si refleja una realidad externa o una
vivencia subjetiva. Se trata de una indiferencia ontológica que permite investigar
cómo las personas gestionan dilemas tales como cuáles son los hechos, qué
descripciones reflejan la realidad o cuáles son las motivaciones de una persona.
La psicología discursiva busca hacer visibles los procesos de negociación y
definición colectiva que llevan a solventar estas cuestiones dentro de
actividades y contextos específicos (Potter, 1996b; Edwards, 1997).
Las preguntas de investigación están centradas en la acción, qué tipo de
acciones realizan las personas al describir las cosas de un modo u otro; también
están centradas en procesos, de qué manera y a partir de qué recursos las
personas producen ciertas versiones de la realidad o de la mente (Hepburn y
Potter, 2003; Wiggins y Potter, 2007).
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Alexis Ibarra Martínez
Los temas que ha explorado son variados aunque de forma mayoritaria sus
esfuerzos se han dirigido a trabajar con los temas centrales de la cognición para
desplazarlos de lo mental hacia las prácticas en la interacción. Este trabajo
incluye tres ámbitos, el primero es de crítica y re-especificación, parte de
planteamientos de las ciencias cognitivas para demostrar sus limitaciones y
ofrecer lecturas de los mismos fenómenos en términos discursivos, como
formas de acción situada. El segundo ámbito investiga el “diccionario” de la
psicología, todo el vocabulario y las categorías de sentido común que las
personas emplean en su habla y que ellas definen como pertenecientes a lo
mental. El tercer ámbito corresponde al manejo de asuntos psicológicos, los
aspectos de la interacción que apuntan hacia estados mentales de los
participantes por vía indirecta a través de descripciones de eventos, hechos y
circunstancias (Edwards, 2005; Potter y Edwards, 2003; Potter, 2006).
Prácticamente todos los fenómenos que las ciencias cognitivas explicaban
en términos mentales, computacionales y mecanicistas han sido criticados,
reinterpretados y analizados de forma empírica. Se ha puesto particular
atención en los temas clásicos que definían el proyecto cognitivista: actitudes,
guiones, memoria y atribución (Edwards, 1994; Edwards y Potter, 1992; Potter,
1998).
De forma paralela se han generado líneas de investigación que buscan
apuntalar el argumento de que los usos del lenguaje forman versiones
contingentes y locales tanto de la objetividad como de la subjetividad, es decir,
16
la realidad y la mente no hablan por sí mismas, sino que las participantes
definen que cuenta como objetivo o subjetivo en el flujo de actividad. Aquí se
puede incluir la influencia mutua que ejercen las versiones del mundo sobre la
atribución de estados subjetivos y viceversa; los procesos discursivos que llevan
a definir hechos, verdad y objetividad; las formas de describir y atribuir
emociones; así como el estudio empírico de los métodos de investigación de la
psicología. También se ha explorado de qué manera las construcciones de lo
psicológico moldean y son moldeadas por contextos institucionales (Childs y
Hepburn, 2015; Edwards, 2007; Edwards y Potter, 2017; Potter y Hepburn, 2007;
Potter y Puchta, 2007; Puchta, Potter y Wolf, 2004; Wiggins y Hepburn, 2007).
Para delimitar el campo de reflexión
En las líneas anteriores he usado la expresión “psicología discursiva” como si
fuera un todo uniforme y coherente sin matices ni diferencias, en donde todas
las investigadoras que producen conocimiento bajo esta etiqueta asumen las
mismas posiciones. Si este fuera el caso, la misión a cumplir en este escrito sería
mucho más sencilla. Si logro producir un retrato fiel de la psicología discursiva,
será sencillo para las lectoras juzgar qué tan certera es mi crítica. Sin embargo,
este no es el caso por varias razones.
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Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
La primera razón es que psicología discursiva no es un objeto en la
naturaleza que está esperando a ser descubierto, observado y representado.
Existe en la medida en que las personas hablan y escriben sobre ella en
artículos, libros, conferencias; adquiere vida a través del lenguaje y depende de
él para ser conocida. Entonces la psicología discursiva está sujeta a sus vaivenes
y variaciones: las palabras, las formas gramaticales, las metáforas y las
estrategias retóricas que se usan para hablar o escribir sobre ella (Billig, 2009,
2013).
La segunda razón es que distintas autoras han usado la misma
denominación “psicología discursiva” para referirse a proyectos diferentes, que,
si bien comparten un interés generalizado por la incorporación del discurso a la
psicología social, no coinciden en posiciones epistémicas, teóricas o
metodológicas (por ejemplo: Harré y Gillet, 1994).
Ante estas circunstancias, es necesario delimitar el campo de reflexión. En
este texto, psicología discursiva se refiere al programa de investigación que
tiene sus orígenes en el Grupo de Discurso y Retórica (DARG) de la Universidad
de Loughborough en Inglaterra. En este grupo confluyen un importante número
de investigadoras, sus representantes más destacados son Jonathan Potter y
Derek Edwards. La denominación psicología discursiva aparece por primera vez
en el libro del mismo título que ellos publicaron en 1992.
Ni siquiera esta reducción del campo de observación da como resultado
uniformidad en posiciones. Incluso dentro de esta misma constelación se puede
17
hablar de distintas versiones. Queda en duda hasta qué punto el trabajo de
Michael Billig en torno a la argumentación, la retórica y los dilemas ideológicos
puede considerarse como parte del proyecto que promueven Edwards y Potter
(Billig, 1997; Billig, Condor, Edwards, Gane, Middleton y Radley, 1988). Ambas
versiones se han nutrido mutuamente, sin embargo, Billig mantiene una
distancia crítica con respecto a muchos modos de pensar e investigar en
psicología discursiva (Billig, 1999; 2007; 2009; 2013).
De igual forma, Margaret Wetherell ha desarrollado su propia interpretación
de la psicología discursiva de influencia postestructuralista y de carácter
ecléctico, que incorpora nociones teóricas diversas como el psicoanálisis, la
teoría de identidad social, la noción de posicionamiento y los repertorios
interpretativos (Wetherell, 2007; 2015).
Otra cuestión problemática es la demarcación de fronteras. ¿Quién
establece dónde empieza y termina la psicología discursiva? Si aceptamos el
argumento de que esta perspectiva admite versiones e interpretaciones
distintas; sus límites se vuelven porosos y maleables. Esto dificulta tomar una
posición crítica, ya que algunas presentaciones de la psicología discursiva la
retratan como perspectiva capaz de abarcarlo todo, sin que haya una clara
distinción entre este proyecto y otros afines.
En lugar de pretender abarcar todas las variaciones, mi reflexión se enfoca
en la línea desarrollada por Edwards y Potter. La posición que aquí adopto es
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tratar a cualquier interpretación de la psicología discursiva como un artefacto
lingüístico y por tanto construido, posición que también abarca a este texto y
sus argumentos.
El extraño affaire de la psicología discursiva y la cognición
En este apartado quiero desentrañar los vínculos entre cognición y psicología
discursiva; se trata de una relación compleja que de no explicitarse
adecuadamente puede generar confusiones. Antes de señalar debilidades, es
necesario mostrar y valorar las contribuciones que ha realizado la perspectiva
discursiva derivadas de un cuidadoso escudriñar la cognición.
En la actualidad, las llamadas ciencias cognitivas conforman un campo
heterogéneo que atraviesa disciplinas tales como la psicología, la antropología,
la lingüística y las neurociencias. Sus orígenes pueden encontrarse en la
tradición racionalista de pensamiento que Descartes inauguró, dicha tradición
se sostiene en la imagen de la mente como espejo del mundo. A partir de la
segunda mitad del siglo XX esta tradición cristalizó en la analogía del ser
humano como computadora: un ente que procesa información (Potter y Te
Molder, 2005).
Las explicaciones cognitivas parten de una distinción entre performance y
competencia, separan lo que las personas hacen de las estructuras internas que
determinan su actividad. Dentro de esta distinción se establece que la cognición
18
es el fenómeno primario por analizar, mientras que el lenguaje es secundario, es
la superficie visible de un mecanismo profundo (Edwards, 1997).
En el ámbito de la psicología, el espíritu original de la revolución cognitiva
no buscaba añadir una dosis de mentalismo al paradigma dominante (el
conductismo) sino que pretendía dar cabida a la dimensión simbólica de la
actividad humana. Pero la idea inicial de pensar en procesos de construcción de
significado se desvirtuó hasta convertirse en mecanismos de procesamiento de
información a partir de un modelo computacional (Bruner, 1990).
Durante el periodo de crisis de la psicología social emergió una plétora de
voces que urgía a examinar los pilares epistemológicos del edificio cognitivo.
Las líneas de crítica iban dirigidas a una concepción individualista y
descontextualizada del sujeto, a la precariedad teórica y a la artificialidad de la
metodología (Hepburn, 2003). Muchas voces críticas se pronunciaron en contra
de una descripción mecanicisista y mentalista de la vida social. Todas coincidían
en que esta descripción tiene fallas en postulados, elecciones metodológicas y
la imagen que dibujan del sujeto (Billig, 1997; Gergen, 1994; Sampson, 1993;
Shotter, 1993).
El trabajo de Wetherell y Potter, antecedente directo de la psicología
discursiva, hacía planteamientos análogos al mismo tiempo que bosquejaba una
alternativa, proponía que el discurso es el elemento central para comprender los
procesos psicosociales. En esta propuesta emergente el lenguaje en uso
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Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
(performance), dejaba de ser una cuestión que no merecía atención, para
convertirse en el fenómeno sustancial (Potter y Wetherell, 1987).
El periodo que siguió a la crisis de la psicología social vio el florecimiento de
perspectivas hasta entonces marginales; o invisibles para las corrientes
centradas en la cognición, el laboratorio y la cuantificación. Aquí se pueden
mencionar la psicología crítica, los distintos construccionismos, las
metodologías cualitativas, el análisis del discurso, etcétera. Todas ellas
navegaban a contracorriente de las formas dominantes de pensamiento
(Íñiguez, 2003a).
Con frecuencia la psicología discursiva se agrupa y se confunde con esas
perspectivas alternativas; éstas comparten mucho más cuando solo se considera
a qué se oponen. Cuando se considera la propuesta específica las similitudes
entre perspectivas se diluyen. Estas diferencias abarcan cuestiones
epistemológicas, teóricas y de método (O’Reilly, Kiyimba, Lester y Edwards,
2020).
No todas abordan la cognición en los mismos términos, es indispensable
marcar diferencias y ahondar en los matices. La primera separación conceptual
por establecer es entre cognición y cognitivismo. El cognitivismo asume una
imagen perceptual, mecánica e individual, es reduccionista porque explica el
lenguaje, la acción y la vida social a partir de entidades mentales dentro de la
cabeza. La psicología discursiva se posiciona tajantemente en contra del
cognitivismo y sugiere un modelo centrado en la acción, el discurso y la
19
intersubjetividad. Abandona la metateoría cognitivista-perceptual, pero
mantiene el interés en la cognición como tema de investigación (Edwards,
1997).
La psicología discursiva coincide con otras posiciones en su rechazo al
cognitivismo. En el ámbito de la propuesta, voces construccionistas dejaron
atrás el tema de “la mente” (lo que sucede dentro de las personas) para dar
cuenta y visibilizar lo que sucede entre personas. Se abrió paso a una
teorización de la relacionalidad que abarca procesos de respuesta y
suplementación, acción conjunta, así como una concepción alternativa del yo.
Estas teorizaciones se nutren de distintos marcos y herramientas, hablan de
narración, significado, interpretación, diálogo, etcétera (Gergen, 1999, 2009;
Shotter, 1993; Sampson, 1993).
Si bien hay áreas de interés común, la psicología discursiva tiene directrices
teóricas y metodológicas propias que difieren e incluso contradicen a otras
vertientes del construccionismo, estas diferencias se han explicitado en diversos
textos (Kent y Potter, 2014; Potter, 1996a, 2010, 2012; Potter y Hepburn, 2008).
Su visión del discurso (habla y texto como parte de prácticas sociales) se aparta
de nociones de narración, significado e interpretación. Mientras que algunas
voces dejaron atrás la crítica a la mente para desplazarse hacia la relacionalidad;
la columna vertebral del proyecto de la psicología discursiva ha sido la crítica, el
intercambio con y la reconfiguración de las ciencias cognitivas.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Alexis Ibarra Martínez
El sello distintivo de la psicología discursiva es un construccionismo
epistémico que no hace afirmaciones sobre qué tipos de cosas existen y cuáles
no, esto incluye la existencia de entidades dentro de la cabeza. No rechaza ni
apoya la posibilidad de que haya un mundo interno privado o que éste posea
algún sustrato material. Sus inquietudes no giran en torno a la supuesta
realidad de la mente, no es algo que se busque comprobar o refutar. En vez de
ello se prefiere trabajar con las versiones de la mente y estados psicológicos
que aparecen y se negocian en la interacción.
La psicología discursiva evolucionó a partir de un debate intenso contra las
ciencias cognitivas y la psicología social colonizada por modelos biológicos,
perceptuales y computacionales. Pero siempre ha buscado ir más allá de una
simple declaración de rechazo. Ha elegido “demostrar en detalle específico
cómo afirmaciones particulares en estudios particulares son fallidas”. En esta
línea, hay análisis que desarman el carácter neutral de ciertas metodologías, hay
críticas a los métodos cualitativos que incorporan preceptos cognitivistas al
tratar las palabras de las personas como reporte de estados subjetivos, y
también, hay estudios que demuestran que los escenarios de investigación
están hechos para producir cogniciones estables (Potter, 2003b, p. 785; Potter,
2010).
Otra veta retoma estudios basados en explicaciones cognitivistas y ofrece
una lectura discursiva de los mismos. Cuando hay datos disponibles se busca
demostrar, a partir del análisis del mismo corpus, las deficiencias de
20
interpretaciones mentalistas y la superioridad de una lectura pragmática e
interaccional. Una tercera veta opera en un acto de traducción, inicia con un
fenómeno que supuestamente reside en el ámbito mental para desplazarlo
hacia el ámbito de los usos sociales del lenguaje.
En la medida en que el programa crece y se extiende, mantiene la
exploración de los temas clásicos: memoria, guiones, actitudes, además de que
incorpora cualquier asunto que entra en el amplio rubro de “características
psicológicas” o “estados mentales” ya sean disposiciones, intenciones,
motivaciones, atribuciones o emociones. Dicho programa parte de una versión
del construccionismo que prioriza lo local y contingente, subraya el detalle de la
interacción, incluyendo qué dicen las personas, cómo lo dicen, en respuesta a
qué, cómo arman versiones y dentro de qué contextos. El interés está en las
construcciones de lo psicológico como práctica situada en escenarios
específicos.
De ahí que el crecimiento y extensión del programa amplía la variedad de
escenarios observados para dar cuenta de la actividad cotidiana de las personas
en espacios ordinarios e institucionales. Con ello se muestra la compleja
interrelación entre contexto y versiones de lo psicológico. En la actualidad el
interés por la cognición se mantiene y toma distintas formas, hay un énfasis
particular en la mutua influencia que ejercen las versiones de la mente y del
mundo, esto es, la forma en que las personas ensamblan descripciones objetivas
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
para implicar estados subjetivos y viceversa (Edwards y Potter, 2017; Potter,
Hepburn y Edwards, 2020).
En síntesis, la psicología discursiva opera simultáneamente en dirección
crítica y generativa, desmantela los pilares epistemológicos del edificio
cognitivista, revela la forma en que operan los métodos de investigación para
producir datos y rechaza lecturas mentalistas. Mientras que algunas autoras
abandonaron la cognición por considerarla irremediablemente atada a modelos
mecánicos, las psicólogas discursivas rescataron a la cognición de su prisión
mentalista. Así afirman que las versiones que construyen estados mentales son
una forma de acción y son observables como prácticas discursivas.
El vínculo que la psicología discursiva establece con la cognición es único y
no está presente en marcos de pensamiento similares que se muestran
dispuestos a abandonarla y moverse a otros territorios. La perspectiva discursiva
problematiza las definiciones tradicionales de las ciencias cognitivas para
reconfigurarlas en términos de usos del lenguaje en la interacción. Se trata de
una práctica teórica y metodológica de re-especificación que proviene de la
etnometodología; no se busca reemplazar ni sustituir a la psicología científica
(cognitiva o de cualquier otra índole) ni a la psicología de sentido común, lo que
se busca es convertir temas de la ortodoxia cognitivista en una observación
directa de acciones y juegos de lenguaje dentro de actividades y circunstancias
específicas, dentro de los nichos ecológicos de las personas (Huma, Alexander,
Stokoe y Tileaga; 2020).
21
En esta sección espero haber mostrado la pasión de la psicología discursiva
hacia la cognición en términos que hacen justicia a sus logros y aportaciones.
Esta línea de trabajo no puede ni debe menospreciarse, no solo por la cantidad
de hallazgos empíricos que ha arrojado, sino también porque ha contribuido a
mostrar que lo que llegamos a definir como “la mente” y “el mundo” es
resultado de procesos de construcción que ocurren en el flujo del intercambio
social. Ahí donde algunas se contentan con señalar “esto es una construcción”,
las psicólogas discursivas muestran el cómo de los procesos de construcción en
vivo y con lujo de detalle.
Ahora bien, me preocupa que la parte se confunda con el todo. Hay una
tendencia a asumir que trabajar con la cognición en términos pragmáticos es la
razón de ser del proyecto discursivo. El peligro está en que una línea de
exploración se convierte en la definición de la totalidad.
Si ya se estableció que la cognición es práctica situada y discursiva con
numerosos análisis empíricos que dan sustancia y evidencia a este argumento,
cabe preguntar para qué aumentar la cantidad de estudios de los mismos
fenómenos. El peligro es tener un proyecto que se sostiene en “ ilustraciones
repetidas del argumento clave de que los conceptos cognitivos se realizan y se
despliegan en el discurso de los participantes” (Kitzinger, 2006, p. 69).
En las líneas siguientes espero justificar la necesidad de interrogar la
definición del proyecto discursivo, entender cómo una cierta definición abre
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Alexis Ibarra Martínez
posibilidades e impone fronteras. El argumento al que quiero llegar es que la
psicología discursiva ha asumido tácitamente que estudiar construcciones de la
cognición es equivalente a estudiar construcciones de lo psicológico. Esta
suposición elimina la posibilidad de que pueda haber otros vocabularios de lo
psicológico que están presentes en el habla y las actividades de las personas.
Dichos vocabularios se ignoran porque los presupuestos de partida no les dan
lugar, por lo tanto no se vuelven observables ni dignos de atención o
exploración empírica.
Psicología discursiva: examinar la naturaleza de sus preguntas
En la actualidad, la psicología discursiva se ha convertido en una perspectiva
consolidada; se ha instaurado como programa de investigación con un cuerpo
teórico sólido y herramientas metodológicas precisas; ha probado su capacidad
para realizar estudios empíricos de una variedad de temas y escenarios que han
derivado en la acumulación de un considerable cuerpo de datos.
Se ha trasladado de la crítica a la propuesta hasta configurar un núcleo de
comprensión autónomo claramente diferenciado de otros (Gergen, 1994).
Además, cuenta con las condiciones adecuadas para su crecimiento. El
crecimiento no puede suceder sin consensos: acuerdos sobre los problemas
relevantes, los medios para resolverlos, qué cuenta como dato y qué tipo de
afirmaciones sobre la realidad son factibles. Este telón de fondo representa la
22
condición de posibilidad del pensamiento, sin el cual, investigadoras no podrían
producir conocimiento (Kuhn, 1962/2000).
En tanto proyecto afianzado, la psicología discursiva opera bajo acuerdos en
torno a cuestiones básicas: su definición, su alcance y su relevancia. Y también,
en torno a la teoría, la metodología y temas clave de investigación. Nada de
esto sería posible sin una demarcación del objeto de estudio, solo en la medida
que las investigadoras tienen una idea compartida y consensuada de qué
estudia la psicología discursiva pueden interrogar a la realidad.
La fundación, crecimiento y prestigio de una subespecialidad dentro de una
disciplina (en este caso la perspectiva discursiva dentro de la psicología social)
involucra procesos complejos que se dan dentro de contextos socioeconómicos
específicos, el conocimiento científico no es independiente de ellos. De modo
que el progreso y el éxito requieren mucho más que pensamiento innovador,
una teoría sólida o acumulación de hallazgos. Una subespecialidad necesita un
nombre propio para ser identificada y para que funcione como marca
reconocible para el exterior. También necesita reclutar un ejército de adeptas
que reúnen hallazgos susceptibles de ser convertidos en productos para
promover sus ideas. En la medida en que se acumulan publicaciones que se
identifican con la misma marca, la perspectiva emergente adquiere fuerza (Billig,
2007).
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
Todo núcleo de comprensión se origina a partir de la crítica y
desestabilización de otro (Gergen, 1994). Sin embargo, una perspectiva que
inicia con la ruptura de convenciones cambia sus modos de operar una vez
consolidada. Cuando la naturaleza de las preguntas de investigación está
definida, el marco de pensamiento y acción se reduce. Las cuestiones teóricas o
filosóficas se convierten en asuntos técnicos y de procedimiento, en
consecuencia dan un giro hacia la sobrespecialización (Billig 2007; Moscovici y
Markova, 2006)
La pregunta es si estos planteamientos en torno a la gestación, crecimiento
y éxito de una subespecialidad pueden describir el estado actual de la
psicología discursiva. Desde la posición de algunas autoras, efectivamente la
psicología discursiva ha conquistado el éxito y es parte de lo que se denomina
mainstream2: la corriente dominante de actividad o influencia (Abell y Walton,
2010; Parker, 2012; Stokoe, Hepburn y Antaki, 2012). Otras advierten que la
perspectiva discursiva puede terminar como ortodoxia que se instala en el
conformismo con sus propias reglas; así corre el riesgo de dejar de ver sus
modos de operar y cosificarse (Billlig, 2007; Íñiguez, 2003b; Sisto, 2012;
Wetherell, 2015).
Estos argumentos nos invitan a hacer una pausa en el camino para
reflexionar sobre la psicología discursiva: destacar sus contribuciones, pero
sobre todo pensar en sus limitaciones. En este texto me interesa examinar las
premisas de fondo de la psicología discursiva y de las cuales emana todo el
23
proceso de producción de conocimiento. Busco empezar por sus supuestos
fundacionales y que pueden expresarse en preguntas clave: cuál es la definición
de psicología discursiva, cuál es su objeto de estudio y cuál es su campo de
acción.
Estas tres cuestiones representan el telón de fondo que da forma a la
práctica investigativa, pero se mantiene invisible para las investigadoras. Son
acuerdos implícitos que ya no ocupan el primer plano porque se asume que es
una perspectiva afianzada y no es necesario examinar la naturaleza de sus
preguntas de investigación. De este modo se crean diques, lo que no es
debatible, lo que no se puede o no se debe poner en entredicho.
El ejercicio de pensamiento que aquí planteo no se dirige entonces a
particularidades de la psicología discursiva como procedimientos, temas o
estudios puntuales. Tampoco busco hacer una crítica desde una posición
externa y supuestamente más aventajada, ni contraponer a la psicología
discursiva con otras vertientes de análisis del discurso u otras formas de hacer
psicología social. Este texto no es un argumento en contra, ni un llamado a
moverse hacia nuevos paradigmas.
2
Aunque debe matizarse que esta afirmación aparentemente universal es válida para la
psicología social de geografías específicas y producida en inglés. No necesariamente es el caso
de la psicología social que se produce en español ni en Latinoamérica.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Alexis Ibarra Martínez
Por el contrario, entiendo este escrito como ejercicio inicial de autocrítica,
que busca sopesar las contribuciones y limitaciones de la psicología discursiva
desde las mismas herramientas conceptuales que ella provee. Antes que
desmantelar supuestos, busco pensar si es posible extender su campo de
pensamiento y acción.
La propuesta es iniciar un diálogo en torno a los modos de producción de
conocimiento de la psicología discursiva. Sostenida en su éxito y
reconocimiento público, la etiqueta “psicología discursiva” se trata como si su
objeto de estudio resultara evidente con solo escuchar el nombre, como si la
marca delimitará en automático un campo de acción.
Al plantear que la perspectiva discursiva emplea el análisis del discurso para
estudiar fenómenos psicológicos, sus representantes parecen dar por sentado
cuál es el rango de temas que ahí tienen cabida. De este modo es posible
investigar y generar conocimiento sin tener respuesta a la pregunta de cómo se
delimita el ámbito de lo psicológico.
Si pensamos en su desarrollo histórico, la psicología discursiva inició
señalando las limitaciones de las posiciones realistas y mentalistas de la
psicología social. Con ello redefinió a la cognición como práctica discursiva y
social. El nuevo proyecto se configuró en una extraña relación simbiótica con el
cognitivismo, derribó sus pilares conceptuales, pero simultáneamente retomó su
agenda y sus temas de investigación. Absorbió la idea de que la psicología
investiga la cognición, por tanto, todos sus esfuerzos se dirigieron a llevar los
24
distintos fenómenos cognitivos al espacio de la acción social (Kitzinger, 2006).
Las psicólogas discursivas se enorgullecen al señalar que su proyecto abarca
el amplio espectro de temas, fenómenos y vocabularios de lo psicológico; pero
en realidad su foco de observación ha sido la cognición. Con ello han
construido una asociación indisoluble entre lo cognitivo y lo psicológico,
suponen que ambos términos son equivalentes e intercambiables.
Las lectoras no encontrarán esta idea como afirmación tajante en la
literatura puesto que nunca se establece una definición específica de psicología,
sino que se deja abierta, ya que las mismas premisas teóricas indican que las
personas estudiadas (y no las investigadoras) emplean, reproducen y construyen
sus propias definiciones de lo psicológico. La ausencia de definición queda
justificada porque idealmente permitiría observar y analizar todos los
vocabularios de lo psicológico que usan las personas en su vida cotidiana. La
desventaja es que la intención inicial no se cumple, porque en la práctica
predomina un foco de observación y análisis mucho más restringido y cerrado.
Para demostrar este argumento, será necesario recuperar las distintas
descripciones de la psicología discursiva y analizar de qué manera delimitan un
terreno de exploración. En esta revisión propongo establecer una separación
entre dos concepciones de psicología discursiva que coexisten en la literatura:
una de carácter abierto y otra de carácter cerrado. La primera busca explorar la
acción social en sus distintas facetas y escenarios para ampliar las posibilidades
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Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
de la psicología social; mientras que la última se ha limitado a explorar las
versiones de lo psicológico, entendidas siempre como construcciones de la
cognición.
A lo largo de este texto exploro el sentido de la marca “psicología
discursiva” para problematizar cómo se establecen los vínculos entre psicología
y discurso. El planteamiento central es que en la práctica ha predominado una
concepción cerrada del proyecto discursivo que reduce lo psicológico a lo
cognitivo, y ha excluido la posibilidad de estudiar otros vocabularios o
comprensiones de la psicología que circulan en la vida cotidiana y están
presentes en la interacción social.
Sobre el vínculo entre psicología y discurso
En la actualidad, “psicología discursiva” se ha convertido en una marca bien
establecida. Su éxito es tal que ya no genera ninguna sorpresa escuchar la
anomalía que produce la unión de dos palabras tan disímiles como psicología y
discurso. Es necesario pensar cuál es el vínculo que aglutina dos palabras que
apuntan a ámbitos del conocimiento sin lazos aparentes (teóricos,
metodológicos o temáticos). Una persona que escucha la expresión por primera
vez probablemente pensaría que se trata de una de las tantas parcelas en que
se continúa fragmentando la psicología.
Los autores de esta perspectiva proporcionan razones de carácter práctico
25
para acuñar dicha expresión: contar con una etiqueta identificable que la
distinguiera de otras vertientes del análisis del discurso (Edwards, 2012).
En este punto una definición mínima puede ser de ayuda: “El análisis del
discurso es el estudio de la forma en que el habla y los textos son empleados
para realizar acciones. La psicología discursiva es la aplicación de las ideas del
análisis del discurso a los asuntos de la psicología.” Los autores señalan la
capacidad del programa para abarcar “casi todo el espectro de los fenómenos
psicológicos” (Potter, 2003ª, p. 73).
Es aquí en donde la bisagra discurso/psicología se vuelve problemática.
¿Cuáles son los asuntos de la psicología? ¿Quién y cómo define estos asuntos?
¿Cuál es ese espectro de fenómenos? Tal como se plantea, la definición parece
presuponer un ámbito de lo psicológico bien delimitado que no necesita ser
consensuado o interrogado.
Olvidamos que la relación entre discurso y psicología está llena de
tensiones. Es necesario entender cómo se sitúa un proyecto de esta índole
frente a lo que tradicionalmente se ha identificado como conocimiento
psicológico.
Aquí surgen dos cuestiones: cómo especificamos el objeto de estudio y
cómo delimitamos “lo psicológico” dentro del territorio del discurso. De inicio
existe una contradicción aparentemente insoluble, el ámbito de lo psicológico y
de lo discursivo se han ubicado en planos desconectados y distantes; el primero
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Alexis Ibarra Martínez
se asocia al espacio mental privado e inaccesible, el segundo a los usos sociales
del lenguaje.
Como ya señalé antes, la etiqueta “psicología discursiva” fue creada para
delimitar una concepción propia del discurso. El lenguaje se entiende como el
medio principal para la acción y la interacción, el análisis del discurso sería
entonces “un análisis de lo que las personas hacen” (Potter 2004b, p. 201 el
subrayado es mío).
Una manera de entender el vínculo que aglutina dos ámbitos del
conocimiento sin lazos aparentes (discurso y psicología) es que se trata de
aplicar, transferir conocimientos de un campo a otro, resolver los problemas de
siempre con herramientas nuevas. Sin embargo, al habitar un marco discursivo
la definición misma de lo psicológico queda trastocada, luego entonces la
noción de aplicación es insuficiente.
Si imaginamos al discurso como un territorio extenso ¿cómo demarcar cuál
es la parcela que corresponde a la psicología? Al trazar fronteras, las psicólogas
discursivas pueden adueñarse de una marca (en el sentido de una cualidad que
las distingue de los demás) para plantear problemas de investigación propios y
defender la superioridad de sus recursos. Así se establece que hay un rango de
temas o fenómenos que corresponden a las psicólogas discursivas y no a
cualquier otro analista del discurso.
Con independencia del argumento de la superioridad técnica, trazar esta
frontera plantea limitaciones. Si pensamos que el giro discursivo desdibuja los
26
límites disciplinarios y abre un marco más amplio para comprender los
fenómenos en su contexto, la idea de un territorio propio resulta
contraproducente. Aunque cada investigadora puede adueñarse de una parcela,
eso no quiere decir que el discurso (el medio que las personas usan para hacer
inteligibles sus actividades e interacciones) sea igualmente cuadriculable, nos
enfrentamos al peligro del reduccionismo.
Aislar construcciones de lo psicológico acarrea el riesgo de extirparlas de un
nicho de origen más amplio: la acción situada que se da en el flujo de actividad.
Y con ello suponer que al estudiar lo psicológico se abarca toda la acción social.
Una de las influencias centrales para la psicología discursiva es el
pensamiento etnometodológico, que puede sintetizarse como la observación de
los métodos de razonamiento práctico que las actrices despliegan en la
interacción (Coulon, 1988). Es una forma de interrogar la realidad social que
empieza “desde abajo”, busca aquello que emerge en el flujo de actividad.
Como tal no está estructurada en torno al edificio conceptual o a la agenda de
una disciplina específica (Lynch y Bogen, 2005).
Es aquí donde la perspectiva discursiva entra en contradicción con sus
influencias teóricas. Este proyecto se interesa por lo emergente en la
interacción, pero siempre desde una agenda y un edificio conceptual
previamente establecido. La agenda es desmantelar al cognitivismo; el edificio
conceptual son los fenómenos propuestos por las ciencias cognitivas.
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Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
Aunque hay autoras que subrayan las aportaciones del pensamiento
etnometodológico para la psicología discursiva (Martínez, Stecher y Íñiguez,
2016). Otras ponen el acento en las inconsistencias del proyecto discursivo:
observar la actividad situada desde una mirada selectiva para encontrar aquello
que previamente se ha fijado como relevante (Housley y Fitzgerald, 2008, 2009;
Schegloff, 2005).
Dos comprensiones del proyecto discursivo
Partir de un marco de pensamiento discursivo, abre un horizonte nuevo para las
interesadas en el estudio de los fenómenos psicosociales porque invita a un
análisis comprometido de las acciones de los sujetos inmersos en sus contextos
ecológicos. El peligro está en que ese amplio paisaje se vuelve estrecho cuando
se convierte en una concepción de lo psicológico que abarca un rango limitado
de fenómenos.
Si hacemos una revisión de las formas en que las adeptas de la psicología
discursiva presentan su proyecto, podemos encontrar versiones que parten de
un vasto marco de referencia y apuntan a una psicología social interesada en las
actividades de las personas en el sentido más amplio. Pero también, versiones
que constriñen este proyecto a las construcciones de la mente y la cognición.
En las siguientes líneas espero mostrar que dentro del mismo proyecto (en
voz de distintas autoras que siguen la estela de Edwards y Potter) coexisten dos
27
concepciones de la finalidad y el campo de acción de la psicología discursiva.
Se trata de algo más que ramificaciones de un mismo conjunto de
principios teóricos. Y aunque no son versiones incompatibles acarrean el peligro
del reduccionismo. Como ya he señalado antes, hay una versión de la psicología
discursiva con posibilidades infinitas, que no se limita a una misma línea
temática, sino que está articulada en torno a una concepción del discurso. A la
par, hay otra versión que se limita a estudiar las construcciones discursivas de la
mente y la cognición.
La línea central de exploración de la psicología discursiva ha sido la
cognición y los estados mentales como práctica interaccional, situada y
enraizada en los usos del lenguaje. De acuerdo con los planteamientos de sus
representantes, esta línea solo puede existir si se sostiene una concepción del
discurso que se interesa por el amplio abanico de actividades que las personas
realizan en una variedad de escenarios a través del lenguaje.
Es decir, en el espíritu original de la perspectiva discursiva, un mismo
proyecto no debería escindirse en dos versiones distintas. En la práctica, sin
embargo, predomina el estudio de los estados mentales a costa de su propia
concepción del discurso. Entre más se restringe las líneas de exploración más se
contradice el principio básico de estudiar lo que realmente hacen las personas
al usar el lenguaje cuando están inmersas en sus nichos ecológicos. La promesa
original de la psicología discursiva queda sin cumplirse.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Alexis Ibarra Martínez
El riesgo mayor es el reduccionismo. Recortar el ámbito de lo psicológico y
definirlo como sinónimo de lo cognitivo ¿Quién establece que lo psicológico es
equivalente a lo cognitivo? ¿Qué estamos excluyendo de la reflexión al entender
ambos términos como intercambiables?
En términos generales la psicología discursiva suele presentarse como un
proyecto que indaga en la organización de las prácticas sociales en que
aparecen determinadas formas de nombrar, describir o aludir (implícita y
explícitamente) a lo psicológico. A su vez, estudia los efectos que las
construcciones de lo psicológico ejercen en secuencias de interacción, así como
en las prácticas sociales y los contextos institucionales de las que forman parte
(Potter, 2010).
En los textos de psicología discursiva, la tendencia general es hablar de
estados o procesos psicológicos como si fueran términos transparentes que no
requieren clarificación alguna, así la definición de lo psicológico se da por
sobrentendida, aparece como algo que no necesita ser explicado o justificado.
Para dar sustento a esta argumentación, a continuación, presento dos
grupos de citas textuales que aparecen en la literatura. El primer grupo de citas
habla de una versión abierta de este proyecto que busca ampliar las
posibilidades de acción de la psicología:
[La perspectiva discursiva] inicia con la psicología de cara a las personas
viviendo sus vidas… (Potter y Wiggins, 2007, p. 73).
28
[La psicología discursiva] parte de una visión de las personas como sociales
y relacionales, y con la psicología como un dominio de práctica más que de
contemplación abstracta. (Wiggins, 2007, p. 73, el subrayado es mío).
[La psicología] se vuelve más centrada en la interacción, dinámica y
culturalmente específica (Hepburn y Wiggins, 2007, p. 8, el subrayado es
mío)
[La psicología discursiva] ha ofrecido una forma alternativa de concebir las
relaciones mutuas entre personas, prácticas e instituciones… Investiga de
forma cercana y sistemática cómo los individuos producen, debaten,
resisten e implican versiones de mundos, mentes, personas y relaciones
sociales (Augoustinos y Tileaga, 2012, p. 406).
[La psicología discursiva es] una aproximación sistemática a todas las cosas
sociales, desde encuentros interaccionales cotidianos hasta el análisis de
asuntos y problemas sociales más amplios (Tileaga y Stokoe, 2016)
El discurso es el medio vital para la acción. Es el medio a través del cual las
versiones del mundo son construidas y producidas como relevantes o
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Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
insignificantes. Para las científicas sociales el estudio del discurso se vuelve
una forma poderosa de estudiar la mente, los procesos sociales, las
organizaciones, los eventos, tal como son vividas dentro los asuntos
humanos (Potter 2003b, p. 791).
Este conjunto de definiciones muestra una psicología discursiva con un
potencial ilimitado dada la forma en que redefine a la disciplina y concibe la
participación de las actrices en la constitución de la realidad social. Además,
incita a hacer investigación partiendo de la observación de personas viviendo
sus vidas, una alternativa al conocimiento producido en escenarios artificiales
que convierten a los sujetos en figuras de cartón (Billig, 1994).
Desde esta visión extensa, parecería que las líneas de exploración pueden
bifurcarse y multiplicarse. Después de todo, psicología discursiva no tendría por
qué ser un programa determinado por un tema o problema particular puesto
que, si las preguntas de investigación se construyen a partir de su concepción
del discurso, puede investigarse cualquier tema y responderse a cualquier
pregunta.
A pesar de ello, podemos encontrar un conjunto distinto de formas de
presentar la psicología discursiva, en donde ya no parece un proyecto abierto
pues solo incluye las representaciones y prácticas que construyen estados
psicológicos o mentales. No se delimita explícitamente cuáles son los asuntos
de la psicología incluidos dentro del campo de observación. Sin embargo, las
29
citas que presentó establecen conexiones y hacen uso de ejemplos, de modo tal
que la noción de lo psicológico siempre queda atada a lo cognitivo. Antes de
ahondar en este argumento presentó una muestra de fragmentos textuales que
apuntan en esta línea:
[La psicología discursiva] …ofreció lo que ahora puede ser visto como una
relaboración… de la naturaleza de la psicología y en particular del estatus de
la cognición (Hepburn y Wiggins, 2007, p. 6, el subrayado es mío).
[La psicología discursiva] …re-especifica los temas de investigación centrales
de la cognición social, la psicología cognitiva y la ciencia cognitiva (Potter,
2006, p. 132, el subrayado es mío)
[Desde una perspectiva discursiva] …la cognición no es la entidad que
explica la interacción, más bien podemos ver de qué forma las versiones de
la mente (recuerdos, rasgos, actitudes) llegan a ser producidos para
propósitos de la acción. (Hepburn y Wiggins, 2007, p. 7, el subrayado es
mío)
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Alexis Ibarra Martínez
… las psicólogas discursivas analizan sistemáticamente la cognición como
parte del aparato interaccional de las participantes… observan cómo se lleva
la cognición a la acción. (Te Molder, 2015, p. 5, el subrayado es mío)
… estudia la participación de la cognición como una cuestión de los
participantes. Esto es, trata a la mente, la experiencia, la emoción, la
intención, en términos de cómo son construidas y enfrentadas en la
interacción. (Wiggins y Potter , 2007, p. 79, el subrayado es mío)
La psicología discursiva se acerca a los temas de cognición, estados
mentales y características psicológicas como asuntos que están en
negociación activa en el habla y el texto (Edwards, 2006, p. 41, el subrayado
es mío).
Los ejemplos de ambos conjuntos de citas no intentan ser una muestra
representativa. Mi elección es sesgada en tanto que busca subrayar dos lecturas
distintas del mismo proyecto, una de carácter amplio, otra de carácter más
cerrado. Si ubicamos la perspectiva discursiva en el contexto histórico de su
gestación, tiene sentido el énfasis en la cognición como objeto de crítica y su
traducción hacia la pragmática social. En el presente, es necesario preguntarnos
si la atención exclusiva en la cognición es relevante, o si el riesgo es tener una
perspectiva teórica limitada y “definida por aquello a lo que se opone” (Kitzinger
30
2006, p. 69).
Si volvemos a revisar estas definiciones, en el primer grupo se hace
referencia a la psicología en términos amplios: como parte de la vida de las
personas, como dominio de práctica, como algo dinámico, culturalmente
específico, como parte de las relaciones entre actores sociales, prácticas e
instituciones.
En el segundo grupo, la palabra psicología adquiere un sentido mucho más
restringido, asociado a términos específicos: cognición, mente y características
psicológicas. Una de las citas señala una relaboración de la naturaleza de la
psicología y en particular del estatus de la cognición. En estas descripciones lo
mental, lo cognitivo y lo psicológico se usan como términos intercambiables. En
este proceso la cognición se vuelve sinónimo de psicología.
Las dos concepciones de la psicología discursiva no necesariamente son
mutuamente excluyentes. Abordar las prácticas sociales no elimina la
posibilidad de estudiar la cognición (siempre y cuando se defina en términos de
actividad situada).
En cambio, si asumimos que la línea primordial de exploración es la
cognición se descarta la inclusión de otros temas y por tanto la posibilidad de
un marco que realmente abarca “un análisis de lo que las personas hacen” “a las
personas viviendo sus vidas” o “todas las cosas sociales”. Puesto que ni todo lo
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Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
que las personas hacen, ni las vidas de las personas, ni todos los asuntos
sociales giran en torno a los discursos de la cognición.
Potter sostiene que “en última instancia el tema de la psicología discursiva
es la psicología desde la perspectiva de los participantes” (Potter y Puchta, 2007,
p. 104). A primera vista parece que la perspectiva discursiva da cabida a “una
gran población de entidades y procesos psicológicos” (Potter, 2000, p. 36). Sus
representantes prometen estudiar a la psicología en acción, el universo que
ofrecen es complejo e inagotable.
Sin embargo, en la práctica parecen trabajar con una definición de lo
psicológico mucho más restringida y que nunca se explicita. Si el objeto de
estudio es la psicología desde la perspectiva de los participantes, la implicación
es que el único vocabulario que forma parte de las prácticas de los actores
sociales es el de la cognición. Y si la apuesta es explorar cuáles son las versiones
y comprensiones de lo psicológico que aparecen en las prácticas sociales de los
sujetos, entonces el foco de observación tendría que ser más amplio.
Suponer que lo cognitivo abarca todo lo psicológico es confundir a la parte
con el todo, se da por hecho que la psicología que está presente en las
descripciones, construcciones y prácticas de las personas es irremediablemente
de naturaleza cognitiva. Las personas no solo hablan el idioma del mentalismo y
la cognición.
En otras palabras: hay vocabularios, descripciones, formas de articular la
experiencia y narrar a las personas que no están vinculadas a lo mental o
31
cognitivo, que permean la vida cotidiana y las actividades de las personas.
Otros vocabularios de lo psicológico
La psicología discursiva se ha mantenido en intercambio fructífero con las
ciencias cognitivas desde una postura de oposición y de propuesta. Algunos
textos emplean la etiqueta “psicología postcognitiva” para referirse a esta
perspectiva (Potter, 2000; Te Molder, 2016). El término apunta hacia un proyecto
que supera las limitaciones de nociones mentalistas y computacionales, al
mismo tiempo que señala una continuación del trabajo con la cognición.
Puede argumentarse que producir conocimiento desde esta línea conserva
la misma capacidad generativa que en sus inicios, sin embargo, también
podemos pensar cómo ampliar el campo de acción. Una opción es recuperar el
principio clave de analizar aquellas construcciones discursivas de lo psicológico
que se filtran en la interacción y en la vida cotidiana. Al mismo tiempo debe
romperse con la noción de que lo cognitivo abarca todo lo psicológico:
“…la psicología es algo más que solo cognición. Tal vez es obvio, pero tal ha
sido la fuerza de la psicología cognitiva que las dos palabras se usan
frecuentemente como si fueran sinónimos.” (Wiggins, 2020, p. 4, el
subrayado es mío).
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Alexis Ibarra Martínez
Este es el único texto que he localizado donde una autora que se ubica dentro
de la galaxia discursiva traza una diferencia explícita y contundente entre
cognición y psicología. Su reflexión no llega más lejos, no indaga si esta fusión
de términos puede ser problemática, ni tampoco que líneas de investigación se
inauguran si se toma seriamente esta separación.
Proponer ramificaciones en las líneas de exploración de la psicología
discursiva no significa abandonar su marco teórico, todo lo contrario, implica
considerar de qué modo su concepción del discurso permite analizar otras
versiones de lo psicológico presentes en la vida cotidiana.
Un soporte teórico para abrir el campo de acción de la psicología discursiva
puede encontrarse en un principio clave del construccionismo: nuestras formas
de dar cuenta del mundo o del yo se mantienen y transforman en función de las
vicisitudes del proceso social (Gergen, 1999). Nuestros modos de articular lo
psicológico en el lenguaje son contingentes y están atados a comunidades
específicas y procesos históricos más amplios. Entonces, lo psicológico no
puede ser un lenguaje monolítico, muta de comunidad a comunidad y a lo largo
de la historia.
El carácter dinámico y mutable de los vocabularios de lo psicológico
también tiene soporte teórico en la noción de variabilidad en el discurso. El
habla de las personas no forma una totalidad unificada y coherente, está
poblada de contradicciones y versiones antagónicas (Billig, 1986; Potter y
32
Wetherell, 1987). Las personas recurren a distintos repertorios para dar cuenta
de acciones, eventos y personas, en ese sentido siempre echan mano de las
construcciones disponibles en su entorno. El vocabulario cognitivo no tendría
por qué ser la única fuente que tienen las personas para dar inteligibilidad a lo
que les sucede.
Los argumentos anteriores señalan que el discurso de las participantes
puede estar poblado por otras comprensiones de lo psicológico. Falta
establecer cuáles podrían ser esos vocabularios, aquí recurro a fuentes que no
provienen directamente de la psicología discursiva para fortalecer este
argumento.
Los lenguajes de lo psicológico subsisten gracias a su circulación y
diseminación; representan formas de dar cuenta que adquieren estatus de
verdad en la medida en que se instauran en instituciones y se manifiestan en
todos los espacios de la vida cotidiana (Rose, 1998). El lenguaje de la psicología
no forma una totalidad coherente, está compuesto de una “familia de
vocabularios divergentes” que operan ofreciendo recursos para interpretar y
nombrarlo todo (Rose, s/f).
Como ejemplos concretos de vocabularios de lo psicológico que circulan en
la vida cotidiana se puede mencionar: los lenguajes del diagnóstico y la
psicopatología (Gergen, Hoffman y Anderson, 1996); el psicoanálisis (Moscovici
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
citado en Billig, 2008); los lenguajes del bienestar y la felicidad (Davies, 2015);
los lenguajes de la intimidad y la confesión (Atkinson y Silverman, 1997).
El modo de indagación propio de la psicología discursiva ofrece
herramientas para estudiar qué vocabularios de lo psicológico se emplean, de
qué manera y con qué consecuencias. Extender el marco de observación, no
obliga a cambiar los supuestos teóricos, ni el enfoque metodológico. Después
de todo, se conserva el principio de que lo psicológico puede estudiarse como
versión construida y constructiva que realiza acciones. De igual modo se
mantiene el compromiso con las actividades de las personas en sus contextos
naturales.
Reflexiones finales
La perspectiva discursiva representa un punto de inflexión en psicología social
puesto que generó una revolución en los modos de conceptualizar y producir
conocimiento en la disciplina. Para muchas, hoy representa el marco que
permite pensar e interrogar a la realidad psicosocial. Al convertirse en un fondo
invisible que da forma al pensamiento, no necesariamente se convierte en
objeto de reflexión. Está bien pensar desde la psicología discursiva, pero eso no
debería eliminar la posibilidad de pensar sobre la psicología discursiva.
Se trata de un tipo de reflexión que solo puede tener espacio, si se
suspende (al menos temporalmente) la preocupación por el crecimiento, por
33
esa razón, en este texto no me inclino por una visión tecnificada que persigue la
superespecialización.
Aquí buscaba examinar las premisas de fondo de la psicología discursiva y
de las cuales emana todo el proceso de producción de conocimiento: su
definición, su objeto de estudio y su campo de acción. Cuando se exploran
estos elementos hay cuestiones que pasan desapercibidas y que pueden
problematizarse.
En primer lugar, dos formas de aproximarse a la psicología discursiva que
abren distintos rangos de acción, una de carácter abierto, centrada en la acción
social que no está ceñida a un tema. Otra de carácter restringido que coloca su
atención en las construcciones de la cognición. Hay dos maneras de evaluar la
pertinencia de esta distinción; la primera es si la distinción es realmente
existente o se sostiene al revisar la literatura original. La segunda pertenece al
futuro, donde la pregunta ya no es qué tipo de psicología discursiva existe en la
literatura, sino qué tipo de conocimiento puede construirse y a partir de qué
marco de comprensión. Aquí es donde la visión amplia de una psicología
discursiva interesada en las actividades de las personas en sus nichos ecológicos
tiene mucho más potencial, visión que puede perseguirse si se deja de lado la
tecnificación y superespecialización.
En segundo lugar, puede problematizarse la forma en que la perspectiva
discursiva enmarca e investiga la cuestión de “lo psicológico”. Aquí quisiera
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Alexis Ibarra Martínez
recuperar y puntualizar los argumentos que me llevan a sostener que dicho
entendimiento resulta limitante.
La postura que marca cómo se exploran los fenómenos psicosociales se
establece a partir de la distinción que en inglés se expresa con los términos
emic y etic. La perspectiva discursiva adopta una posición emic “inicia con
conceptos y comprensiones de las participantes tal como son desplegadas en
prácticas de interacción” (Potter y Edwards, 1992, p. 100).
De esto se deriva que la perspectiva discursiva no debería proporcionar a
priori una definición de lo psicológico, puesto que su interés central está en las
versiones, comprensiones de la psicología que se muestran y se negocian en el
flujo de la interacción. Si se toma la noción de emic como directriz
metodológica, entonces se busca observar las definiciones de lo psicológico
que son relevantes para las personas en su actividad cotidiana.
La ausencia de una definición teórica de psicología es un elemento
necesario para poder estudiar definiciones emergentes y situadas que aparecen
en boca de las personas. Esta sería la posición ideal por alcanzar para respetar
los planteamientos teóricos y metodológicos de la propia perspectiva discursiva.
Pero dicho ideal no siempre se respeta, en la práctica de investigación
predomina la exploración de los vocabularios relacionados a la cognición.
Como ya señalé antes la psicología discursiva ha establecido una relación
extraña y simbiótica con la cognición. Otros autores han hecho críticas al
respecto que atacan otros problemas. Se ha señalado que la psicología
34
discursiva no ha logrado desembarazarse de concepciones mentalistas y
cognitivistas (Coulter, 1999), pero esta crítica ya ha sido rebatida (Potter y
Edwards, 2003). También se ha señalado que la investigación empírica puede
caer en la repetición de una misma premisa (Kitzinger, 2006), mientras que la
psicología discursiva sostiene que esta línea de trabajo sigue siendo productiva
(Huma, Alexander, Stokoe y Tileaga; 2020; Potter, Hepburn y Edwards, 2020).
La tercera línea de crítica es si la psicología discursiva obedece a la
localización local de los fenómenos u obedece a una agenda académica
previamente establecida. Aceptar esta crítica significa que la perspectiva
discursiva no respeta integralmente una posición emic porque históricamente
surgió y se fortaleció a partir de la agenda de desmantelar al cognitivismo
(Housley y Fitzgerald, 2008, 2009; Schegloff, 2005).
El mayor peligro es que la psicología discursiva solo pueda observar aquello
que ya existe dentro de sus preconcepciones, y no todos los vocabularios de lo
psicológico que están presentes en las conversaciones y en las vidas de las
personas. Comete el error de asumir que psicología y cognición son sinónimos,
al hacerlo reduce el campo de observación y teorización. Por tanto, deja sin
cumplir la promesa de abandonar una psicología académica y encorsetada,
cuando debería centrarse en la psicología en acción, la que está presente en la
perspectiva y las actividades de los participantes.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Reflexiones en torno a la psicología discursiva…
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Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020) ISSN 2448-7317
ENTRE LA FILOSOFÍA MORAL Y LA EPISTEMOLOGÍA: LA VIGILANCIA
EPISTEMOLÓGICA EN EL QUEHACER DEL INVESTIGADOR
CUALITATIVO1
***
BETWEEN MORAL PHILOSOPHY AND EPISTEMOLOGY:
EPISTEMOLOGICAL VIGILANCE IN THE QUALITATIVE RESEARCHER´S
PRACTICE
Nicole Oré Kovacs2
Sección: Artículos
Recibido:28/06/2020
Aceptado: 12/09/2020
Publicado: 04/12/2020
Resumen
En la práctica de la investigación cualitativa no buscamos lo enteramente
desconocido, sino más bien lo inasible, lo que emerge de las relaciones humanas.
Para ello, recogemos el discurso del otro y pretendemos comprenderlo, pues solo así
podremos dar cuenta del fenómeno ante nuestra comunidad académica. Sin
embargo, paradójicamente, lo hacemos dentro de una cultura que privilegia un
modelo epistemológico que desestima el saber práctico y promueve la asunción de
una posición neutral, desvinculada. A la luz de este sesgo, por la investigación misma
y por todos los que se comprometen con ella, nuestro propósito de recuperar el valor
del saber encarnado —aquel que emerge de la experiencia— debe imponerse. Ahora
bien, para cumplir con este objetivo, primero es preciso reflexionar sobre nuestra
posición epistemológica y sus implicancias éticas. En otras palabras, como
investigadores debemos adoptar una actitud fenomenológico-hermenéutica y del
1 Agradezco al filósofo Gonzalo Gamio Gehri por su atenta y cuidadosa orientación a mi trabajo
intelectual
2
Profesora de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y de la Universidad Antonio Ruiz de
Montoya (UARM), Lima Perú. Correos electrónicos: pcpsnore@[Link] ; [Link]@[Link]
Entre la filosofía moral y la epistemología…
ejercicio de la racionalidad práctica, es decir, fomentar el hábito de la vigilancia
epistemológica.
Palabras Clave: ética; teoría de la ciencia; investigación cualitativa; ruptura
epistemológica; autorreflexión
Abstract
In the practice of qualitative research, we do not look for the absolute unknown, but
for the ungraspable, the one that emerges from human relations. Therefore, we
collect the other’s discourse and pretend to comprehend it, to then give an account
of the phenomenon to our academic community. Yet, paradoxically, researchers do it
within a culture that privileges not only an epistemological model that dismisses
practical knowledge but also one that favors the assumption of a neutral and
disengaged position. In light of this bias, for the sake of our work and of the parties
committed to the study, our goal of recovering the value of incarnated knowledge —
the one that emerges from the experience— should be our top priority. Hence to
achieve this objective, we need to reflect on our epistemological stance and its ethical
implications first. In other words, as researchers, we need to adopt a hermeneutic-
phenomenological approach and the exercise of practical reasoning as well, that is, to
promote the habit of epistemological vigilance. 42
Key words: ethics; theory of science; qualitative research; epistemological rupture;
self-reflection.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Nicole Oré Kovacs …
1. Crisis epistemológica y construcción narrativa. La crítica de la
epistemología moderna.
No cabe duda de que la pasión por la producción de conocimientos rigurosos y
válidos nos caracteriza como investigadores. Ahora bien, para cumplir con tal
aspiración, este acto productivo deberá sostenerse en un modelo científico en el
que gravitan paradigmas tan variados como distintos entre sí. Así pues,
positivismo, neopositivismo y la fenomenología-hermenéutica son algunos de
los paradigmas a partir de los cuales el investigador podrá situarse para diseñar
el estudio que le permitirá posteriormente articular un saber significativo.
Naturalmente, ante tan diverso panorama, este deberá asumir y defender
aquella teoría que mejor le permita explorar la realidad social a estudiar. No
obstante, a fin de prevenir la aplicación acrítica y cómoda de los planteamientos
que esta pluralidad de perspectivas le proporciona, el investigador ha de
disponerse a examinar las condiciones y límites de validez de su postura y
procedimientos. En este sentido, le conviene atender la propuesta de Bourdieu,
Chamboredon y Passeron (2002) de mantener una actitud de vigilancia
epistemológica, es decir, aquella disposición en la que el investigador se implica
en la revisión de los conceptos de ciencia, así como los estándares de
argumentación y verificación que sustentan sus producciones. 43
Como ya hemos precisado, puesto que el quehacer del investigador se
realiza en el contexto de la cultura moderna y el modelo epistemológico de
orientación positivista que ella defiende, el punto de partida exige una actitud
vigilante frente a las cualidades del mismo. Como se sabe, la epistemología
moderna, en tanto pretende constituirse como una disciplina de alto rigor
metodológico que establece con certeza y validez sus pretensiones de verdad,
ha sido descrita como fundacionalista. Por ello, sus argumentos se constituyen
como las formulaciones clave y fundacionales de los modelos teóricos
hegemónicos. Así pues, una de las características de la epistemología moderna
“canónica” es que traslada la matematización del mundo, la experiencia humana
de la filosofía cartesiana y los descubrimientos de la física a la formulación de
argumentos naturalistas, reduccionistas —tanto no empíricos como
experimentales— en apariencia, sólidos. Precisamente, la cualidad “canónica” de
la epistemología moderna radica en el tipo de razonamientos utilizados para tal
fundamentación. Taylor (1997a) los describe como apodícticos, pues expresan
verdades concluyentes que no son sometidas a crítica ni a revisión.
Dicho esto, cabe preguntarse sobre la relación entre la cultura moderna y la
epistemología, pues es evidente que la primacía de lo epistemológico y su
método se ha extendido a tal punto que es posible notar su influencia en
aquellas dimensiones de la vida humana aparentemente incompatibles con la
ciencia positivista, entre ellas la moral y el consecuente uso de la racionalidad
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Entre la filosofía moral y la epistemología…
práctica3 para formular cuestiones morales de largo alcance. Ahora bien, si la
moral es entendida como aquella disciplina que se ocupa del discernimiento de
cuestiones éticas y políticas de agentes profundamente implicados en sus
experiencias de vida, entonces es natural que la cultura moderna desestime este
tipo de racionalidad práctica. Para el modelo epistemológico “canónico”, la
única razón válida es la que procura medidas de control y uso de los objetos
para obtener el mayor beneficio posible, es decir, el cuidado de la razón
instrumental.
En efecto, podemos describir la epistemología moderna como aquella que
establece teorías que explican el orden del mundo y la vida humana sobre la
base de argumentos que no se cuestionan porque se asumen como evidentes,
como objetos de “certeza”. En consecuencia, impera un modelo de razón
procedimental e instrumental interesada únicamente en describir y aplicar la
mejor metodología o estrategia heurística que permita decir algo certero y
válido sobre el mundo, aunque, curiosamente, desde la perspectiva de un único
sujeto. En otras palabras, para que el sujeto pueda hacer uso de su razón y darle
sentido a su experiencia, solo deberá centrar la mirada en sí mismo y en los
procedimientos que utiliza. Concebido así, para este modelo instrumental las
explicaciones producidas por la razón no son más que proyecciones en un
mundo “neutral”, en términos de Taylor (1997a), una reducción naturalista.
Si la clave para entender el vínculo entre la moral y la epistemología radica
en la conexión entre los modos de conocer el mundo y actuar en él, entonces al
44
instrumentalizar su razón el sujeto moderno tendrá que explicar el mundo de tal
forma que los principales postulados teóricos respecto de su experiencia
deberán ser, necesariamente, una explicación de estos procedimientos (ídem).
Ahora bien, la única pretensión del sujeto no será solo revisar y difundir el mejor
procedimiento posible para hallar “certezas” en el mundo, sino que además
pretenderá generalizarlo de modo que otros campos puedan beneficiarse de él.
Con este objetivo en mente, resulta esperable que la actitud del sujeto moderno
esté marcada por la constante necesidad de abstraerse de su posición, liberarse
de sesgos y alejarse de la perspectiva antropocéntrica de comprensión del
mundo.
Cuando se traslada esta actitud epistémica a la teoría de la ciencia y la
explicación sobre el desarrollo y avance de las teorías científicas, el investigador
se enfrenta a modelos teóricos que poseen un vasto cuerpo de explicaciones
procedimentales; una lista de problemas ya determinados y sus
correspondientes metodologías; una lista de anomalías identificadas, forzadas a
ajustarse a la teoría vigente y, cómo no, un grupo de investigadores que
3
La racionalidad práctica debe sus orígenes a la teoría ética de Aristóteles, a partir de la idea de
noús praktikós (i.e. intelecto práctico o razón práctica) elaborada en la Ética Nicomáquea y que
Taylor (1997a, 2018) retoma en los mismos términos. El presente artículo mantiene la misma
línea argumentativa que Taylor (2018) quien la define como “un razonamiento que procede por
transiciones” (p. 113) realizadas a partir de la comprensión encarnada de los agentes.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Nicole Oré Kovacs …
trasladan este cuerpo paradigmático a sus respectivas disciplinas. Precisamente,
a razón de esta multiplicidad de características es que las teorías convergen en
el concepto de inconmensurabilidad planteado por Kuhn (2004). El autor
sostiene que, puesto que estas defienden puntos de vista heterogéneos, es
decir, distintos modos de ver el mundo y practicar la ciencia, la
inconmensurabilidad es una condición común a todas las teorías científicas. En
concreto, Kuhn (2004) afirma que no es posible determinar si una teoría es
verdadera o falsa a partir de un criterio neutral ni tampoco a partir de la
apelación a los hechos. Dicho de otro modo, la posibilidad de dirimirse entre
estas narrativas rivales es inexistente, pues sus diferencias teóricas son tan
radicalmente opuestas que sus planteamientos de normas y definiciones de
ciencia dependerán de la tradición científica en la que se sostengan (p. 230). Por
supuesto, las consecuencias de esta aparente incompatibilidad se manifiestan
en la dificultad de hacer debatir a las teorías A y B, dadas sus naturalezas
distintas. Pese a ello, en un escenario de debate y a fin de tomar una decisión
respecto a la mejor teoría explicativa del mundo, cada bando deberá formular
argumentos que convenzan al bando contrario de la efectividad de su teoría
para reducir el error4.
Al respecto, Taylor (1997a) es claro al destacar que este debate deviene en
el establecimiento de una serie de criterios que demuestran que la teoría B es
verdadera y la teoría A es falsa. Por su parte, (Kuhn, 2004) señala que una de las
partes deberá convencerse de su equívoco y, en consecuencia, asumir la postura
45
considerada como buena o correcta. Sin embargo, convenir aceptar o no una
teoría no dependerá de la experiencia individual de los sujetos integrantes de
los bandos en debate, sino más bien se supeditará a las razones formuladas
ante la comunidad de investigadores. En realidad, son ellos quienes construyen
una serie de valores formales que interactúan con los miembros de manera que
estos sean persuadidos de mantenerse fieles a los principios de la ciencia
normal. Es por esta razón que podemos afirmar que una de las cualidades más
destacadas de la epistemología moderna es la existencia de debates
irresolubles, precisamente porque la fundamentación a partir de argumentos
apodícticos desdeña la posibilidad de cuestionamiento y procura más bien su
ciega aceptación (Taylor, 1997a, p. 69).
Las consecuencias éticas de este modelo de ciencia se materializan en la
actitud del investigador, a quien podemos describir sobre la base de las tres
nociones del sujeto moderno propuestas por Taylor (1997b) íntimamente
vinculadas a la interpretación moderna de la epistemología. No obstante, antes
de profundizar en la descripción de tales nociones, primero resulta pertinente
4
A nivel epistémico, la reducción del error se contempla a partir de la profundidad explicativa
de una teoría en comparación con la primera teoría, de carácter fundacional y compuesta por
argumentos apodícticos. Esto se realiza a partir de la formulación de explicaciones
comprehensivas a través de un lenguaje de contrastes transparentes (Taylor, 2005) que permitan
entender de manera más profunda las dimensiones de la vida humana.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Entre la filosofía moral y la epistemología…
abordar el giro reflexivo que supuso la filosofía cartesiana. Este giro concibe a la
certeza como consecuencia de la claridad reflexiva, claridad en la cual el sujeto
descubre que a partir del examen de los procedimientos que le permiten
generar representaciones sobre el mundo puede establecer sus propios criterios
para dar cuenta de la realidad externa. El fundamento subyacente a esta
operación es la presuposición de que “la certeza es algo que podemos generar
por nosotros mismos al ordenar correctamente nuestros pensamientos”
(ibídem., p.24), lo cual además se establece como uno de los ideales centrales
de la modernidad. Así pues, el ideal de certeza autogenerada se constituye
como un incentivo para interpretar el propio conocimiento a partir de la
distinción entre el pensamiento acerca de lo real y los objetos del mundo. Dicho
esto, es posible asumir a este ideal como un propósito moral, además de un
objetivo epistémico.
Abordado este punto, ahora es posible definir la posición del investigador a
partir de las tres nociones de sujeto moderno que plantea Taylor (1997b), a
saber, (1) la imagen de sujeto desvinculado, (2) la concepción puntual del yo y
(3) la interpretación atomista de la sociedad. Como veremos, estas nociones se
articulan en un modelo que distingue a un “sujeto” que evalúa el rigor de su
pensamiento de un “agente” que procura comprender epistemológicamente el
mundo, pero que también integra la organización social y la vida cotidiana. En
primer lugar, la imagen de sujeto desvinculado describe el movimiento de
abstracción y distinción que realiza el sujeto del mundo natural y social, de
46
modo que su identidad no pueda definirse a partir de aquellos contenidos. A
nivel de la investigación, esto supone la asunción de una postura alejada del
fenómeno que se pretende estudiar, a modo de observador imparcial. En ese
sentido, el investigador debe desvincularse completamente del fenómeno, para
así purificarse de sesgos que pudieran contaminar sus mediciones y hallazgos.
Como consecuencia, el investigador cosifica la realidad social a estudiar y
organiza el campo de estudio en un conjunto de objetos susceptibles de ser
medidos y utilizados. Evidentemente, a nivel ético, desde la perspectiva
moderna, la desvinculación requiere situarse fuera del mundo para describirlo,
por lo que no podrá ser definido fuera de lo que el investigador pueda decir de
sí mismo y de lo que observa.
En segundo lugar, la noción de la concepción puntual del yo es aquella en la
que el sujeto es capaz de vincularse instrumentalmente con el mundo, pero solo
para cambiarlo y reorganizarlo y así poder asegurar su bienestar. Como se
observa, el yo puntual conecta al sujeto desvinculado y su pretensión de control
racional, puesto que dicho control se obtiene a través de la desvinculación, la
cual como mencionamos anteriormente, objetiviza el mundo privandolo de la
fuerza normativa que ejerce sobre él (Taylor, 2018). Desde el punto de vista
epistemológico, el yo puntual pretende poner entre paréntesis las ideas
tradicionales y someter a discusión sus fundamentos. Para cumplir tal fin, el
sujeto debe liberarse de la influencia de la pasión, la costumbre e incluso de la
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Nicole Oré Kovacs …
educación, pues solo así construirá una conciencia autónoma que le permita
reconstruir su mundo y reconstruirse a sí mismo. En otras palabras, en este
proceso el sujeto, en tanto puntual, se separa de sí mismo para objetivizarse y
objetivizar al mundo. En esta misma línea, según Taylor (2018) la desvinculación
radical propuesta por Locke reitera la explicación respecto de la asunción de
una actitud reflexiva como ideal moderno en la que:
Hemos de volvernos hacia el interior, hacernos conscientes de nuestra
actividad y de los procesos que nos configuran. Hemos de hacernos cargo de la
construcción de nuestra representación del mundo, que de otra manera
progresaría sin orden y, por consiguiente, sin ciencia; hemos de hacernos cargo
de los procesos por los cuales las asociaciones forman y configuran nuestro
carácter y perspectiva (ibídem. p. 243).
Por último, de acuerdo con Taylor (1997b), la tercera noción de sujeto es la
consecuencia social de las dos nociones previas. Así, el sujeto “atómico”
representa una interpretación de la sociedad como constituida a partir de
propósitos individuales, es decir, una sociedad atomista. En términos generales,
esta noción explica la conformación del orden social moderno como producto
de la integración voluntaria de miembros abocados a la búsqueda de su propio
bienestar. Asimismo, esta concepción de sujeto parte de las teorías
contractualistas y se manifiesta socialmente en lo que Taylor (1991) denomina
individualismo, uno de los malestares de la modernidad que paradójicamente es
considerado también uno de sus grandes logros. El individualismo destaca la
47
facultad de cada persona de seguir sus convicciones de manera consciente y
establecer patrones de vida propios en un escenario de permanente
competencia entre agentes privados. Para alcanzar sus propósitos y
consolidarse en esta sociedad atomista, el sujeto debe desestimar las aparentes
restricciones provenientes de la tradición y los horizontes morales.
Precisamente, de este ideal atomista es que la epistemología formula teorías
que señalan el error e incompatibilidad de las explicaciones previas, pues la
tradición no es más que la formulación de marcos de acción restrictivos para la
libertad individual. No obstante, si bien este enfoque individualista dio paso a
una aparente sensación de libertad, no cabe duda de que al mismo tiempo
devino en una completa pérdida de aquellos marcos de referencia que otrora
otorgaban sentido a la actividad humana y a su posición en el orden cósmico.
Dicho de otro modo, puesto que todo lo que rodea al individuo no es más que
materia prima o el instrumento para sus propósitos (ibídem. p. 3), en su
búsqueda de libertad el sujeto atómico perderá el sentido orientador del
mundo y las prácticas sociales.
En términos del campo de la investigación moderna, estas tres nociones
pueden ser comprendidas desde distintas aristas. Desde la que atañe al rol del
investigador, es posible afirmar que para poder dar cuenta del mundo a través
de los procedimientos planteados por la razón, su desvinculación se constituye
como necesaria. Como resultado, el mundo, el “otro” e incluso él mismo se
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objetivizan. Además, como señala Heidegger (1994) en La pregunta por la
técnica, los recursos del investigador estarán orientados a no develar la esencia
o “hacer salir lo oculto”. Al pretender ajustar el fenómeno a sus pretensiones,
este ocultará la verdad y en consecuencia acabará objetivizando el método
también. En efecto, comprendida bajo esos términos, la investigación en sí
misma se constituye como un dispositivo que vela la emergencia espontánea de
las esencias y, por lo tanto, desvirtúa el potencial de acción de todas las partes
involucradas y comprometidas con ella, a saber, investigador, participantes y el
fenómeno a estudiar.
A partir de lo anterior, podríamos describir el campo de la epistemología
moderna como un espacio en el que el conocimiento es la representación
interna de aquello que ocurre en la realidad externa (Taylor, 1997b). Estas
representaciones, así como los procedimientos que permitieron su formulación
se organizan en teorías, las cuales solo serán aceptadas en tanto pongan de
manifiesto una mayor certeza para explicar el mundo. Por lo tanto, cada teoría
formará parte de un paradigma de comprensión que, en el curso de las
revoluciones científicas, desplazará a la anterior erigiéndose como “punto de
referencia básica para la explicación científica de la naturaleza” (Taylor, 1997a, p.
73). Frente a esta situación, las dos alternativas posibles serán evitar el debate
entre teorías o declararlo irresoluble. Incluso, se desestima la posibilidad de
adquirir un tipo de conocimiento distinto de las categorías de entendimiento
del investigador aunque se verifique que corresponden a la emergencia
48
espontánea y natural de un saber en el cual tanto el investigador como los
participantes se encuentran profundamente involucrados.
Lo que esta lectura permite entrever es que, en términos de la adquisición y
la construcción de conocimiento, es necesario dar cuenta del tipo de
explicaciones que se intentan formular y las consecuencias de tal proceso en el
desarrollo de una investigación. Ahora bien, las explicaciones que se privilegian
no son más que descripciones abstractas que confirman argumentos
apodícticos. Al tratarse de datos despojados de la riqueza de su contenido y
significado se encuentran desvinculados de la realidad que estudian y al mismo
tiempo se constituyen como meras evidencias que sostienen el argumento. Por
lo tanto, la explicación se constituye como la aspiración a captar las cualidades
del mundo con total independencia o desconexión de la experiencia del
investigador en el mundo mismo (Taylor, 1997a). Sin embargo, al fijar la
atención en lo descriptivo, este modo de describir la explicación olvida que es
imposible formular cualquier explicación abstrayendo todo aquel contenido que
le otorga sentido. En otras palabras, lo que se olvida aquí es la dimensión
comprensiva de la explicación.
Ahora, cabe preguntarse qué ocurre con el investigador cuando por alguna
razón se da cuenta de que aquellas inferencias que daba por sentado dejaron
de serle útiles y justificables racionalmente. MacIntyre (1977) afirma que lo que
le acontece al investigador es una crisis epistemológica, es decir, aquella
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situación en la que el agente descubre que las interpretaciones que formaban
parte de sus recursos para dar cuenta del mundo han perdido su utilidad.
Asimismo, el agente descubre que existen esquemas interpretativos nuevos,
distintos e incluso rivales que producen visiones incompatibles de la realidad.
Cabe señalar que esta crisis le sucede a un agente, no a un sujeto desvinculado,
pues MacIntyre (1977) reconoce que esta situación ocurre necesariamente en el
mundo, en la experiencia de un agente encarnado, por lo que la explicación
epistemológica abstracta, característica de la cultura moderna, es más bien una
comprensión narrativa de los eventos pasados a la luz de la experiencia
presente.
Precisamente, esta crisis ocurre cuando del fenómeno emerge un saber
antes velado por la técnica. El impacto de este hallazgo será tan evidente que a
pesar de que el investigador utilizará todos sus recursos para poder explicarlo,
se percatará de la insuficiencia de sus marcos explicativos y; por ello, se verá
forzado a revisar y reconstruir la narrativa de su comprensión “(…) a la luz de las
respuestas actuales a su indagación” (ibídem. p. 85). En ese sentido, resulta
pertinente señalar que la indagación del investigador se encuentra mediada por
dos ideales no necesariamente conciliables, a saber, la verdad y la inteligibilidad.
Efectivamente, en estas crisis atravesadas por el investigador, dichos ideales
podrían ser cuestionados cuando el descubrimiento de una verdad
insospechada pone en tela de juicio aquello que en un primer momento se
consideró inteligible tanto para él mismo como para los otros. Así pues, a partir
49
de este ideal de inteligibilidad, MacIntyre (1997) entiende a las crisis
epistemológicas como crisis en las relaciones humanas.
En consonancia con lo anterior, nos atreveríamos incluso a señalar que la
aproximación cualitativa a la investigación pretende generar tales crisis. Por esta
razón, la investigación cualitativa se establece a partir de un enfoque
metodológico que recupera el lugar de las relaciones humanas como núcleo del
cual emerge el saber en sí mismo. Por supuesto, este saber es el producto del
vínculo entre agentes que se reconocen situados en una realidad y se
comprometen genuinamente con sus experiencias5. Por ello, la figura
conceptual de este “otro modo” de ejecutar la investigación aparece como
respuesta crítica a las pretensiones de la epistemología moderna.
La atención hacia lo cualitativo irrumpe en la tradición epistemológica
señalando sus fallas y olvidos, promulgando nuevas narrativas. Su enfoque
interpela al investigador en su posición desvinculada y le exige, además, el
reconocimiento de su lugar de agente en el escenario de la investigación.
Asimismo, le demanda la revisión de la historia de la epistemología como una
narrativa moral (MacIntyre, 1997). Por último, lo invita a reconstruir los marcos
comprensivos del progreso epistemológico a la luz de narrativas cada vez más
5
Se considera como agente a todo aquel que participa en la investigación, incluido el
investigador, quien asume la cualidad de agente desde una perspectiva encarnada en el mundo.
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ajustadas a la experiencia y, precisamente, por ello valora la situación de crisis
epistemológica como la ocasión idónea para tal reconstrucción.
El agente en situación de crisis epistemológica reconoce de sí mismo algo
muy valioso: que el esquema de interpretación en el que hasta el momento
confiaba ciegamente, se ha derrumbado (MacIntyre, 1997). En este sentido,
reconoce que el trasfondo desde el cual interpretaba la realidad ya no es el más
apropiado; lo hace a tal punto que empieza a dudar de él y de las creencias
provenientes de este. Sin embargo, en contraste con la duda cartesiana que
requiere “liberarse” de las cadenas de la tradición, esta se trata más bien de una
duda necesariamente contextualizada en ella. En resumen, en una crisis
epistemológica el agente cuestiona; por un lado, la tradición teórica imperante y
sus pretensiones de validez y; por otro lado, la actitud que asumió en su
momento a partir de ella.
Al comprometerse con el cuidado de una investigación cualitativa, el
investigador deja de contemplarse a sí mismo como sujeto desvinculado y
comienza a reconocerse como un agente encarnado en el mundo. De esta
manera, habiendo asumido esta nueva identidad, se siente preparado para la
posibilidad de atravesar una crisis epistemológica, pues de antemano sabe que
será interpelado por la presencia e historia de otros agentes. En esa medida,
dado que admite que sus experiencias y conocimientos del fenómeno
constituyen aquella “otra narrativa” de la realidad, es decir, otra teoría que
emerge del fenómeno mismo, valida sus historias. En consecuencia, podemos
50
afirmar que el investigador cualitativo se hace responsable de la construcción
de un escenario de investigación que, en palabras de González (2008), rompe
con la estructura instrumental dominante y centra el enfoque en los agentes y
contextos en los que estos interactúan.
Como hemos visto hasta el momento, el proceso de la investigación
cualitativa nos insta a construir un escenario de investigación entendido como
el espacio social en el cual cada uno de los actores (i.e. participantes del estudio
e investigador) recupera su condición de agente. Naturalmente, para que esto
ocurra se requiere la adhesión como producto de una decisión personal
consciente y profundamente interesada de cada agente involucrado. Cabe
señalar que esta decisión facilita la emergencia del sentido subjetivo de los
participantes en correspondencia al tema de investigación (González, 2008, p.
111). En otras palabras, el escenario de investigación ha de establecerse como
un espacio reflexivo y dialógico que promueva el compromiso auténtico y la
participación genuina de todas sus partes. Ahora bien, lo que emana de esto es
la necesidad de crear y sostener un vínculo entre el investigador, los
participantes y el contexto de la investigación como condición de posibilidad
para su realización. Como se aprecia, lo cualitativo despoja al investigador del
rol de observador imparcial, de su certeza autogenerada y, por el contrario, lo
encarna en una realidad social en la cual podrá reconstruir una narrativa más
inteligible producto de esta reflexión colectiva.
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De acuerdo con MacIntyre (1977), las narrativas construidas o reconstruidas
como solución a la crisis epistemológica serán ellas mismas una historia de la
transición entre una teoría A, a otra más comprensiva, B. Por supuesto, este
cambio de perspectiva requiere establecer teorías formuladas sobre la base de
argumentos enteramente distintos de los argumentos apodícticos que, como ya
hemos señalado, rechazan la dimensión práctica de la razón. Aquí entra en
juego el modelo de argumentación trascendental que Taylor (1997a) considera
central para el razonamiento práctico, pues recupera el vínculo entre la
epistemología y la moral.
Pese a su carácter trascendental, este tipo de argumento ha sido
desacreditado por la perspectiva naturalista moderna por proponer una
explicación de la vida humana en términos enteramente antropocéntricos y
fenomenológicos y esta es simplemente una cuestión inaceptable para la
comprensión del mundo en términos neutrales. Debido a que el argumento
trascendental —a través del ejercicio de una racionalidad práctica cuyo punto
de partida radica en el compromiso entre el individuo y su experiencia— sitúa el
acento en el valor de la perspectiva humana sobre las cosas, ha sido
considerado no sólo inferior al apodíctico, sino también fuente de error y falto
de rigor para la construcción de explicaciones absolutas y abstractas. Por este
motivo, para debilitar su influencia en la epistemología contemporánea y
permitir recuperar el valor de la racionalidad práctica, Taylor (1997a)
recomienda recordar la inconsistencia de ese modelo.
51
Hasta este punto, hemos evidenciado cómo el enfoque cualitativo y
epistemología admiten el ejercicio de la racionalidad práctica para formular
teorías comprensivas que den razón de la experiencia del mundo involucrada en
el ejercicio de la investigación. Asimismo, hemos visto que a través de
argumentos trascendentales que dan cuenta de la transición de un punto de
partida teórico A hacia una teoría B, es posible experimentar una ganancia
epistémica. Ahora bien, este punto de partida que representa la primera
aproximación del investigador —ahora agente— es claramente identificable en
el proceso de definición del problema de investigación, el cual estará cargado
de reflexión, duda e incertidumbre (o certezas parciales). Aquí, el investigador
no es acreedor de una certeza a priori sobre el fenómeno de estudio y en ese
sentido la delimitación del problema supone un desafío que le brinda la
posibilidad de reconocer que se verá enfrentado a otras narrativas que podrían
llevarlo a experimentar una crisis. De ahí que el planteamiento del problema sea
de cualidad recursiva y que se articule con el objetivo de construir “modelos
teóricos comprehensivos y con valor explicativo sobre sistemas complejos cuya
organización sistémica es inaccesible a la observación, sea esta natural o
provocada” (González, 2008, p. 117). Como señala González (2008), esta
explicación no es de carácter causal o demostrativo, sino más bien se establece
como una explicación constructivo-interpretativa, ubicada en un contexto que
requiere de la inmersión en el campo y resultado de la acción comprometida de
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personas que se asumen a sí mismas como agentes de producción de
conocimiento.
Dicho lo anterior, es posible reconocer a las transiciones narrativas como un
proceso implícito en la investigación cualitativa. Por lo tanto, para comprender
el valor de los argumentos trascendentales es necesario revisar brevemente el
proceso a través del cual el argumento hace explícita la transición entre teorías
y la asunción de una actitud epistemológica de carácter fenomenológico-
hermenéutico.
En principio, este tipo de argumento permite explicar la experiencia de
transición que supone el cambio entre posiciones epistemológicas en las cuales,
la segunda, en el sentido de que se experimenta como ganancia epistémica, es
reductora del error e incluso supone una mejora en términos de clarificación
narrativa. Esto significa que la teoría A no es considerada como falsa y
desestimada como tal, sino que más bien se considera necesaria para poder
formular la segunda teoría B, la cual propone un marco comprensivo más
complejo y, además, resuelve sus anomalías al integrar la perspectiva amplia de
los participantes. Asimismo, el argumento puede ser formulado en términos
biográficos, en la perspectiva de la historia de una tradición (sea esta intelectual,
cultural o política) e incluso en términos interpersonales. Lo que este argumento
ofrece es, concretamente, una interpretación que otorga sentido tanto al
fenómeno como al agente que lo experimenta. En otras palabras, lo que este
argumento ofrece a los agentes es una interpretación de ellos mismos que, al
52
identificar contradicciones, aclarar confusiones o recordar creencias antes
olvidadas, pretende reducir el error y configurar un saber más amplio (Taylor,
1997d). Como puede apreciarse, las cualidades de este tipo de razonamiento
apelan a un agente comprometido con cierto cuerpo de creencias.
Esto nos lleva a señalar las tres características de este tipo de argumentos,
las cuales Taylor (1997d) identifica como esenciales para comprender aquello
que estos pretenden probar. En primer lugar, estos argumentos consisten en
una serie de pretensiones de indispensabilidad. Así, estos argumentos se
caracterizan porque permiten explicar el paso de un punto de partida hacia
determinadas conclusiones, las cuales demuestran que la condición que se
explicita en la conclusión es indispensable para comprender el principio o el
ámbito de experiencia que investigamos. Por ello, el punto de partida es que
para que la experiencia sea inteligible, debe ser coherente, cuestión que,
además, se establece como pretensión indispensable para el siguiente punto de
la cadena argumentativa. La segunda característica contempla a las
pretensiones de indispensabilidad como evidentes de suyo. El punto de partida
de la cadena argumentativa requiere considerar que la experiencia es
intencional, es decir, es vivencia de algo. Dicho de otro modo, cuando el agente
da cuenta de una experiencia, lo hace en referencia a un objeto. Por último, la
tercera característica define a estas pretensiones como relativas a la experiencia,
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pues proporcionan a la cadena argumentativa un ancla, un “incontestable punto
de partida” (ibídem. p. 52).
2. Agencia encarnada y racionalidad práctica. Una lectura fenomenológico-
hermenéutica.
Ahora bien, tomando en cuenta los rasgos distintivos de la indagación
trascendental, cabría preguntarse cuál es el lugar de la racionalidad práctica en
la formulación de este tipo de argumentos. En principio, la racionalidad práctica
se establece como el dispositivo que permite articular las explicaciones,
otorgándoles así el matiz antropocéntrico que requieren para dar cuenta de la
vasta complejidad de los asuntos humanos. Luego, permite formular un
argumento moral que explicita los compromisos y horizontes éticos que
proporcionan el sentido de orientación de la vida de los agentes. Además, como
se explicó anteriormente, con el propósito de enriquecer el acto deliberativo, se
aplica directamente a las cuestiones éticas y políticas. En este sentido, la
racionalidad práctica recupera el valor de la experiencia como punto de anclaje
para la articulación de la cadena de argumentos trascendentales.
Dicho esto, es posible reconocer la necesidad de recuperar el valor de un
modelo de racionalidad práctica que permita integrar a los agentes en el
proceso de construcción de conocimiento vinculado a la experiencia, a la
“práctica” humana en el espacio social. De ahí que se aprecie el rol del trasfondo
53
como un elemento esencial para la formulación de nuevas explicaciones
vinculadas a la experiencia. Al respecto, Taylor (1997c) señala que este trasfondo
surge de la conexión con la idea de agencia vinculada, la cual ha de entenderse
como la actuación de un agente cuya experiencia se hace inteligible únicamente
al situarlo en su contexto. La actuación se encarna en la experiencia y su
conexión significativa con el contexto es lo que, precisamente, la hace
inteligible. Es por esta razón que, desde un enfoque cualitativo de investigación,
se valora la experiencia en tanto se hace inteligible para el investigador y para el
participante. Ambos prestan atención a su vivencia y juntos son capaces de
articular una explicación contextualizada, incluso considerando que este
contexto representa el horizonte no explícito a partir del cual esta experiencia es
entendida (ibídem. p. 101).
El trasfondo emerge del vínculo entre el agente y su experiencia, en un
escenario de investigación que hace inteligible las vivencias para este. Así,
aunque implícito y dado por sentado, a partir del ensayo de la formulación de
explicaciones comprensivas, este trasfondo puede ser articulado o hecho
explícito en el lenguaje. Por lo tanto, siempre a través del establecimiento de
una conexión con el contexto, cualquiera de sus rasgos, teorías, prácticas y
creencias pueden ser puestas en cuestión.
Si dudar se establece como una actividad más compleja de lo que parece
(MacIntyre, 1977), entonces el investigador que duda sobre sus teorías es
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concebido como un agente que se reconoce encarnado en una realidad social
particular, realidad que experimenta y reconoce como fuente de sentido.
Cuando el agente concibe su objeto y su propia actividad como un entramado
de relaciones significativas, la asunción de una actitud fenomenológico-
hermenéutica forma parte del proceso de explicitación del vínculo que tiene con
el mundo.
Por ello, desde el punto de vista fenomenológico resulta esencial considerar
la naturaleza de la percepción como un dispositivo que permite ser consciente
del mundo, asumiendo como punto de partida el hecho de poder percibirlo.
Esta percepción será el fundamento de cualquier otro modo en el que el agente
pueda situarse ante y en el mundo. En esa línea de reflexión, Taylor (1997d)
invoca la tesis del agente encarnado, formulada por Merleau-Ponty para
explicar la interrelación entre la percepción y la encarnación en el mundo. Esta
tesis sostiene que la percepción del mundo es, en esencia, la percepción de un
agente encarnado, pues la experiencia de la percepción resulta del vínculo y el
compromiso del agente con el mundo. En consecuencia, el campo perceptivo
experiencia través del cual la experiencia se hace inteligible será crucial para
determinar el curso de acción de este agente.
A partir de lo dicho, resulta vital hacer referencia a la estructura orientativa
del campo perceptivo como trasfondo ineludible de la experiencia y de la
reflexión. Esta estructura contempla la dirección (e.g. arriba y abajo, derecha e
izquierda, etc.) vinculada a cómo el agente puede moverse y actuar en el
54
campo. Cabe señalar que dicha dirección no está centrada en la corporalidad
del agente, sino más bien en su posición en el espacio de la experiencia. Por
ejemplo, el investigador que se sitúa sobre un podio como observador de un
grupo de trabajo, dirá que los participantes se encuentran debajo de él. Por el
contrario, el investigador invitado a participar de una ceremonia tradicional
percibirá a los participantes del evento frente a él o, de ser el caso, arriba de él.
Lo que este ejemplo permite explicar es que el campo, en tanto estructurado
como un campo potencial de acción se relaciona con los modos de estar y
actuar en el mundo. Tal como indica Taylor (1997d), al mencionar que
“percibimos el mundo o tomamos parte en él, a través de nuestras capacidades
para actuar en él (…) la direccionalidad sólo tiene sentido en relación con mi
acción” (ibídem. p. 47).
De esta afirmación se desprende que el punto de partida para experimentar
el mundo es la percepción, la cual es a su vez inseparable de este, pues el
agente actúa y se vincula con él desde el acto de percibir. En efecto, la actividad
está necesariamente dirigida hacia el mundo y se ejecuta en él. De esta forma,
según indica Taylor (1997d), resulta inevitable que el agente esté abierto al
mundo; y esta apertura, en cuanto perceptiva, será la de un agente entrelazado
con el mundo, arraigado en él. Dicho esto, la agencia encarnada no es un hecho
que se descubra empíricamente, sino más bien es constitutiva de la experiencia.
De ahí que, en la práctica, la idea de agencia encarnada sea una dimensión
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ineludible de la experiencia. Ser un agente encarnado es la condición de
posibilidad para constituir un campo, un locus de acción.
La posición fenomenológica del agente encarnado nos permite argüir las
cualidades del proceso de formulación de los argumentos trascendentales.
Estos, al señalar características esenciales de la experiencia, se formulan para
convencer a la otra parte. Este tipo de argumentos demuestra que es necesario
concebirse como agente encarnado para tener una experiencia del mundo. La
validez de estos argumentos se sostiene en el vínculo del agente con el mundo
y en ese sentido sus conclusiones son relevantes y significativas porque prueban
la inevitabilidad de “estar arraigado en él”. Este razonamiento fenomenológico
echa por la borda las pretensiones reduccionistas y mecanicistas de la
epistemología moderna, las cuales procuran reducir la experiencia humana a lo
corpóreo y mensurable. La epistemología moderna procura formular
explicaciones que se sitúan fuera de la experiencia ordinaria. En este punto
puede advertirse cómo estos argumentos revelan no solo un modo de ser en el
mundo (i.e. agencia encarnada), sino también ponen de manifiesto un rasgo
esencial de toda explicación, a saber, invocar la propia autocomprensión (Taylor,
1997d).
Aquí entra en juego la posición hermenéutica que juzgamos como necesaria
para el ejercicio de la actividad del investigador. La relación entre la agencia
encarnada y la formulación de argumentos trascendentales permite articular el
proceso de interpretación de las experiencias que surgen en el escenario de
55
investigación. En el acto de comprender, el investigador debe reconocerse a sí
mismo y a los participantes como agentes. Por lo tanto, se establece un círculo
hermenéutico a través del cual el contenido de las interpretaciones se enriquece
a partir del contexto y se complejiza en función de las experiencias de todos los
agentes involucrados. Lo que ocurre aquí es que los argumentos se formulan
para justificar teorías que emergen de la experiencia misma. Por consiguiente, el
argumento trascendental ha de basarse en la comprensión de la propia
actividad, la cual autoriza a los agentes a enunciar ciertos juicios evidentes de
suyo, indispensables para dar cuenta de su propia experiencia. De ahí que el
paso de una teoría A, hacia otra, B, suponga, como hemos visto, una ganancia
epistémica; es decir, lo que los agentes ganan en términos cognoscitivos —en
su calidad de agentes capaces de experiencia—son nuevos sentidos,
explicaciones comprensivas que desde una dimensión epistemológica articulan
un saber sobre sí mismos.
Desde este enfoque, para comprender cómo la actitud fenomenológico-
hermenéutica del investigador entra en juego, resulta necesario volver la mirada
hacia la situación de crisis epistemológica antes descrita. Es importante reiterar
aquí que la crisis epistemológica no solo pone en cuestión las teorías implícitas
de los agentes, sino que además cuestiona elementos de la vida cotidiana y las
relaciones sociales. Esto sucede precisamente porque la crisis surge en el campo
de la experiencia del agente en el mundo. Por lo tanto, cuando las narrativas
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dejan de ser capaces de dar cuenta de lo que sucede, el agente se ve
interpelado ante la necesidad de formular y adoptar otra narrativa más amplia y
esclarecedora.
MacIntyre (1977), explica que, en la resolución de una crisis epistemológica,
el agente logra entender el motivo por el cual fue necesario reformular los
criterios de verdad y comprensión previamente asumidos. El autor señala
específicamente que el agente “hubo de volverse epistemológicamente
autoconsciente” (ibídem. p. 85), condición que le permite formular dos
conclusiones. En primer lugar, que la nueva comprensión narrativa puede ser
puesta en cuestión en algún momento. En segundo lugar, que no está en
condición de sostener que ahora posee la verdad única o que es totalmente
racional, pues en las crisis los criterios de verdad, razón e inteligibilidad pueden
ser revisados. Por ello, puede inferirse que la investigación como acto produciría
situaciones de crisis epistemológica que obligarían al investigador a mantener la
mirada atenta sobre la experiencia desplegada en el escenario de la
investigación y a examinar sus teorías implícitas. Se requiere, entonces, que el
investigador sea consciente de su posición en el ejercicio del conocimiento,
cuestión que nos permite introducir el concepto de vigilancia epistemológica.
3. El ejercicio de la vigilancia epistemológica. Contribuciones a una ética
del quehacer del investigador.
56
La vigilancia epistemológica es concebida desde el campo de las ciencias
sociales como la capacidad del investigador para reflexionar
epistemológicamente sobre la práctica de su disciplina y su lugar en la sociedad
en general (Blanco, 2010). Con el propósito de examinar los cimientos y
problemas de la investigación en ciencias sociales, Bourdieu, Chamboredon y
Passeron (2002), formulan este concepto manifestando la necesidad de poner
en cuestión la supuesta anarquía conceptual imperante en las ciencias sociales.
Para los autores, esta reflexión implica evaluar críticamente una práctica
científica con el fin de ir más allá de sus exigencias de rigor. Por tanto, la
vigilancia epistemológica requiere liberarse de sus estándares metodológicos
impuestos que son parasitarios de la epistemología subyacente a la ciencia
experimental. De este modo, la vigilancia se postula como necesaria para la
investigación en ciencias sociales y exige la explicitación de los problemas que
surgen en el proceso de investigación, así como los principios considerados
para construir un objeto de estudio (ibídem. p. 52). Este acto requiere reconocer
el posicionamiento epistemológico del investigador y evitar su subordinación a
“automatismos de pensamiento” (que no se someten a crítica) o a
deslumbramientos frente al aparato técnico o teórico desde el cual se pretende
diseñar y ejecutar una investigación (ibídem. p. 90).
Resulta sencillo ilustrar esta situación. Solo haría falta imaginar a un
investigador novel que realiza en solitario su primera investigación formal.
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Naturalmente, este identificará un problema de investigación en la realidad
social y decidirá abordarlo a partir de la corriente teórica que haya marcado la
pauta de sus intereses intelectuales y de su trabajo. Antes de encontrarse con el
campo, sus primeras indagaciones lo llevarán a confirmar, a priori, que la teoría
escogida es pertinente para realizar el estudio. Además, sus búsquedas
bibliográficas lo conducirán a encontrar un instrumento que promete un amplio
recojo de información. Enseguida, considerando que el plan establecido es
pertinente para responder a su pregunta, el investigador formulará el proyecto
de investigación. Hasta este punto, la mirada de nuestro personaje estará
puesta tanto en sus propios intereses como en las intuiciones epistemológicas
basadas en los aparatos técnicos y teóricos escogidos. Ahora bien, al llevar este
proyecto al campo, es decir, al espacio de encuentro con el otro, se encontrará
con otro tipo de saber, un saber común, producto de las prácticas sociales
cotidianas. Frente a esta situación, que ya podríamos caracterizar como crisis, el
investigador tiene al menos dos opciones: (1) imponer a la realidad social el
marco teórico-metodológico de su investigación o (2) reconocer la emergencia
de este otro tipo de saber que lo lleva a identificar el error de su posición inicial.
Sin embargo, para que esto ocurra es necesario que el investigador haya
formado el hábito de reflexión sobre su propia práctica y el reconocimiento de
las graves consecuencias de la imposición de ideales de absolutez de los
sistemas conceptuales (ibídem. p.24). Este acto reflexivo deberá permitirle poner
en cuestión el lugar que ocupa en el campo científico e identificar las
57
determinaciones inherentes a la postura intelectual adoptada (Blanco, 2020). La
adquisición de este hábito forma parte de la pedagogía de la investigación,
pues desde la perspectiva de Bourdieu et al. (2002) es indispensable para
elaborar las particularidades de la práctica y concretar los preceptos del
principio de vigilancia epistemológica.
Como bien explica Blanco (2010), esta vigilancia requiere de una ruptura
epistemológica respecto de lo que el investigador cree saber y entender de la
realidad que pretende estudiar. En este sentido, esta ruptura se realiza
necesariamente a nivel práctico, es decir, desde la experiencia en el escenario de
investigación, que supone para el investigador el encuentro con otros agentes,
y, por lo tanto, con otros modos de comprensión. No obstante, Bourdieu et al.
(2002) sostienen que la ruptura es usualmente anunciada más no ejecutada.
Este anuncio, por ejemplo, se manifiesta en la definición del objeto de estudio
como una construcción teórica provisional, destinada a sustituir aquellas
nociones del sentido común por otras vinculadas a concepciones científicas. Por
lo tanto, la ruptura epistemológica debe distinguir entre las interpretaciones
científicas del funcionamiento social (abstractas) de aquellas antropomórficas.
Solo de esta forma, podrá admitir la explicitación estricta de la experiencia. Pero,
sobre todo, esta comprensión de las cosas debe ejecutarse en la práctica.
La ruptura es el primer acto del proceso de vigilancia epistemológica y a
este le siguen la construcción y comprobación (Blanco, 2010). En términos
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Entre la filosofía moral y la epistemología…
generales, el proceso integral se articula con la necesidad de mantener
coherencia conceptual respecto de las líneas teóricas escogidas para ejecutar la
investigación. La explicitación de la posición epistemológica y la pretensión de
coherencia llevarán al investigador a identificar los errores que se cometen en el
proceso, para así determinar los mecanismos metodológicos que permitirán
superar los problemas que surjan. La captación del error de la posición
epistemológica asumida y sus efectos permitirán construir la lógica de la nueva
narrativa, la cual ha de comprobarse asumiendo siempre su inestabilidad
relativa.
Es por esta razón que podemos considerar a la vigilancia epistemológica —
y el acto reflexivo que ella supone— como mecanismo generador de
conocimientos socialmente significativos (Iturrieta, 2019). Para poder generarlos,
es necesario someter a examen las pretensiones de validez que los
procedimientos y técnicas de investigación suscriben, los cuales tienden a ser
aplicados de manera automática y acrítica. Esto requiere, además, reconocer
que la aplicación de tales metodologías siempre han de ajustarse a un contexto
específico y particular, por lo que requieren de un ajuste ad hoc. Por ello, según
indica Iturrieta (2019), es necesario que el investigador se formule una pregunta
respecto a lo que considera que es la “naturaleza” de lo científico. En las ciencias
sociales, se impone esta necesidad a razón de la imprecisa separación entre la
opinión común y los discursos epistémicos. La vigilancia epistemológica formula
esta pregunta, pues la reflexión gnoseológica que sustenta la producción de
58
conocimiento es de utilidad para identificar errores y admitir la necesidad de
discutir la integración del saber común en un concepto renovado de ciencia.
Dicho esto, los conocimientos generados serán significativos en tanto emergen
de la síntesis entre los conocimientos que provienen de la teoría y los saberes
que se articulan desde la experiencia de los agentes.
Se sugiere que la investigación cualitativa se funde en una ética orientada a
la vigilancia epistemológica. Para ello es necesario desarrollarla y practicarla
como un hábito intelectual a lo largo del proceso de investigación; esto incluye
las etapas iniciales de formulación del problema y establecimiento del estado de
la cuestión, así como las fases de recojo de información, análisis y discusión.
Esta cualidad de la vigilancia nos insta a considerar también a la generación de
conocimiento como actividad constante y recursiva en la que se reconoce la
variabilidad de la definición del objeto de estudio, en tanto este se modifica a
medida que emergen nuevos saberes. El investigador ha de estar atento a la
emergencia de tales sentidos y de sus propias intuiciones, de modo que pueda
tomar decisiones pertinentes abocadas a garantizar la continuidad del proceso.
Es así que la vigilancia epistemológica logra cimentarse como un hábito
imprescindible para la elección del tema de investigación y los conceptos o
variables a utilizar; la construcción del objeto; la determinación y construcción
de las técnicas de recojo de información; la modalidad de aproximación al
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trabajo de campo y familiarización con él y el análisis de los datos (Rosa, 2009),
etapas que recordemos tienen un carácter dinámico.
Pensar en la vigilancia epistemológica suscita la formulación de una
multiplicidad de preguntas que nos permiten evaluar nuestra posición como
investigadores. Por ejemplo, ¿Cuál es el lugar de la teoría?, ¿de dónde emerge?,
¿cuán preciso es el objeto de estudio? ¿en qué medida es integrador el
planteamiento del problema y hasta qué punto es relevante la pregunta de
investigación?, ¿cuán conveniente es el esquema metodológico planteado? Y
por supuesto, aquella pregunta crucial en cuya formulación está implícito el
vínculo entre la epistemología y la ética: ¿En qué medida esta investigación
enriquece la experiencia humana? Como se observa, es posible plantear cuantas
preguntas surjan en función de lo que ocurre en el proceso de investigación.
Por ello, es de vital importancia reconocer el lugar de la formulación de la
pregunta en el acto de investigar, tal cual lo refiere Heidegger (2018) al indicar
que
Todo preguntar es una búsqueda. Todo buscar está guiado previamente por
aquello que se busca. Preguntar es buscar conocer el ente en lo que respecta al
hecho de que es y a su ser-así. La búsqueda cognoscitiva puede convertirse en
“investigación”, es decir, en una determinación descubridora de aquello por lo
que se pregunta. (…) En la pregunta investigadora, e.d. específicamente
teorética, lo puesto en cuestión debe ser determinado y llevado al concepto. En
lo puesto en cuestión tenemos entonces, como aquello a lo que propiamente se
59
tiende, lo preguntado [das Erfragte], aquello donde el preguntar llega a su meta.
El preguntar mismo tiene, en cuanto comportamiento de un ente –del que
pregunta- su propio carácter de ser. El preguntar puede llevarse a cabo como
un “simple preguntar” o como un cuestionamiento explícito. Lo peculiar de este
último consiste en que el preguntar se hace primeramente transparente en
todos los caracteres constitutivos de la pregunta misma que acaban de ser
mencionados (p. 16).
Como ha sido descrito, formular preguntas es el modo de ser del
investigador, el investigador no solo se plantea cuestiones importantes acerca
del método y proceso de investigación, sino que también reflexiona en torno a
aquello que emerge desde el fenómeno y sus implicancias en la vida de los
agentes. Cuando Heidegger (2018) indica que todo acto de búsqueda está
guiado por aquello que se busca, dirige la atención hacia el ser y su potencia
para determinar el movimiento del ente para quien es inteligible la pregunta, es
decir, el agente mismo y su capacidad de pensar. En este caso, el investigador,
situado en el mundo y creador del escenario de investigación, hace emerger al
fenómeno en el preciso momento en el que formula aquellas interrogantes. Por
ello, la respuesta a tales cuestiones marcará la pauta del investigador sirviéndole
como eje de orientación a partir del cual podrá justificar sus decisiones.
Ahora bien, para que esto ocurra se requiere reconocer la existencia de
otras narrativas, aquellas que prometen otro tipo de interpretación de los datos
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Entre la filosofía moral y la epistemología…
que el investigador tiene a su disposición. Respecto a ello, Guzmán-Valenzuela
(2014) describe dos perspectivas, que serán descritas a través de los mismos
términos que utiliza la autora para garantizar la fidelidad de su explicación. La
primera, etic, pretende representar la realidad a partir de una perspectiva
externa a la misma, siendo este el enfoque del investigador que determina el
punto de partida teórico A como marco de referencia para interpretar el
fenómeno. En esta línea de pensamiento, el investigador hará descripciones
alejadas y abstractas de la experiencia de los participantes, cuestión que invita a
pensar en un tratamiento positivista de la investigación cualitativa, sin que ello
sea evidente (Iturrieta, 2019). Por otra parte, la segunda perspectiva, emic, surge
de la visión de los sujetos que participan en una realidad social determinada. Se
trata de aquel saber que distinguimos como emergente de la experiencia
misma, el cual requiere que el investigador preste atención a los diálogos y
prácticas sociales que se hacen patentes en el contexto del fenómeno a partir
del cual surgen aquellos nuevos significados que constituyen la otra narrativa.
Así, el investigador realizará descripciones densas y complejas del fenómeno y
las validará con los participantes (Guzmán-Valenzuela, 2014).
Ahora bien, es posible considerar las perspectivas examinadas según cierto
orden jerárquico en función a sus contenidos. Esto nos permitirá describir luego
el cambio de posición del investigador. De esta forma, se propone que el
proceso inicie con un análisis de datos que proporcione los insumos para
formular descripciones inductivas de primer orden (emic), las cuales serán
60
sintetizadas e integradas a las categorías deductivas vinculadas a teorías
abstractas de segundo orden (etic). Para Guzmán-Valenzuela (2014), ambas
perspectivas son interpretativas, pues se ponen en ejercicio tanto a partir de la
experiencia de los participantes como de las teorías implícitas desde cuyo
horizonte el investigador otorgó sentido a los datos. Además, en esta dinámica
de cambio de posiciones, el investigador participa de un juego dialéctico entre
contenidos de carácter inductivo-descriptivo (emic) y deductivo-teórico (etic)
que es constante durante todo el proceso de investigación.
Las perspectivas etic y emic describen dos extremos de posición que puede
asumir un investigador. Guzmán-Valenzuela (2014) los denomina “polos
epistemológicos”, siendo el polo epistemológico I aquel vinculado a una
postura cercana a la teoría abstracta y alejada de la realidad. En contraste, el
polo epistemológico II aproxima al investigador a la realidad circundante y, por
lo tanto, a las interpretaciones de los participantes. Estos polos no se excluyen,
pues forman parte de un continuo en el que se espera que el investigador
pueda movilizarse. Es en este punto que entra en juego la vigilancia
epistemológica, pues es a través de su cuidado que el investigador podrá
reconocer su posición y evaluar su pertinencia. La idea clave es que se instaure
el movimiento natural entre ambos polos, mediado por la vigilancia, y que
resulte en la formulación de una síntesis que subsuma la perspectiva del
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Nicole Oré Kovacs …
investigador, el marco teórico y la perspectiva de los participantes (ibídem. p.
20)6.
Es conveniente precisar el lugar de la vigilancia epistemológica en la teoría
de los polos epistemológicos antes descritos. En tanto mecanismo que permite
dar cuenta de la posición epistémica es también un proceso continuo de
autorreflexión que necesita ser explicitado. A partir de ella el investigador
reconoce y verifica sus marcos conceptuales, ontológicos e incluso ideológicos y
la forma en la que estos determinan o dificultan la aproximación al campo de
estudio. Esta situación no desestima la asunción de ciertas narrativas para
interpretar la realidad, sino que más bien demanda la explicitación de las
mismas, de manera que puedan ser revisadas a la luz de aquello que sucede en
el escenario de investigación. Por lo tanto, la vigilancia epistemológica puede
ubicarse en el tránsito entre los polos epistemológicos y la realidad estudiada
(ibídem. p.24).
Resulta necesario considerar al investigador como un agente en constante
movimiento crítico. Es este movimiento entre posiciones que producirán la
ruptura necesaria para cuestionar las narrativas implícitas que determinan el
quehacer investigativo. Por tanto, es de vital importancia destacar que el rol del
investigador ha de ser flexible, siempre involucrado en la realidad social, pues
así modificará sus posiciones según sea necesario. En este sentido, su capacidad
reflexiva y atención a la experiencia han de serle útiles para examinar la
pertinencia de sus decisiones a lo largo del proceso.
61
La explicitación de la postura epistemológica y su subsecuente ruptura
forman parte de un desarrollo continuo y recursivo que puede ser descrito en
una serie de etapas que, a manera de espiral, se sobreponen unas a otras, a
saber, (1) evaluación de las implicancias de la reflexión, (2) actividad reflexiva en
el escenario, (3) movimiento crítico y (4) construcción y reconstrucción de
narrativas. El punto de partida general se establece en el examen de la realidad,
que indudablemente se realiza a partir de marcos referenciales pre-establecidos,
también descritos como ‘teorías implícitas’. Es a partir de esta condición inicial
que el investigador ha de evaluar aquellas determinaciones suyas que van
haciéndose explícitas durante el ejercicio mismo de la investigación. Estas se
vinculan, como hemos visto, con la postura teórica asumida, la teoría del
método y finalmente—no por ello menos importantes— las cualidades del
campo disciplinar y profesional. Aquí entra en juego la biografía del
investigador, en términos de su formación y experiencia profesional, así como
también las tendencias de su especialidad. El investigador ha de evaluar
6
Desde la sociología, este tipo de movimiento entre polos epistemológicos se traduce en la
formulación de Teorías de Rango Intermedio, definidas por Merton (1968) como teorías que se
ubican a nivel intermedio respecto a las teorías generales de los sistemas sociales, cuyas
explicaciones se alejan de clases particulares de comportamiento social y las descripciones
particulares no generalizadas, propias de contextos específicos. Así, según el autor, las teorías de
rango intermedio contendrán abstracciones, pero se mantendrán lo más cerca posible de los
fenómenos sociales.
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aquellas implicancias y hacerlas explícitas en el espacio público, siempre en
diálogo con los miembros de la comunidad académica a la que pertenece. De
esta forma, al hacer manifiesta su posición, no solo se hace responsable de la
misma, sino que también la reconoce como uno de los elementos que ha de
defender o modificar en función a lo que ocurra en la experiencia de
investigación, la cual podría conducirlo a iniciar una odisea que lo llevará a
experimentar situaciones de crisis.
La segunda etapa corresponde a la construcción del escenario de
investigación que supone la salida al campo social, es decir, al encuentro con el
fenómeno mismo. Ahora bien, esto puede ocurrir incluso antes de la
formulación del problema, de ahí que se considere que estas etapas interactúan
entre sí. De esta forma, la inmersión en el escenario de investigación, y por
tanto, la aparición de sentidos subjetivos novedosos, propios del fenómeno
mismo y producto de la experiencia de los agentes involucrados, llevarán al
investigador a realizar el examen de sus perspectivas intelectuales. Por ello,
denominamos “actividad reflexiva en el escenario” al ejercicio de una reflexión
situada en la experiencia. Para la tercera etapa, podemos recuperar la teoría de
polos epistemológicos formulada por Guzmán-Valenzuela (2014), para dar
cuenta del “movimiento” imperante del quehacer investigativo, a partir del cual
el investigador decide qué posición es pertinente. Esto supone que el
investigador se comprometerá a estar atento a su perspectiva y se dispondrá a
modificarla para admitir la emergencia de nuevos sentidos. Por ello,
62
entendemos a la última etapa como aquella en la que las narrativas se articulan.
Para llegar a este punto el investigador ha evaluado críticamente su posición
epistemológica y ha identificado la ruptura generada a partir de la teoría
emergente. Esta etapa supone la formulación de explicaciones comprensivas, las
cuales reconocen el lugar del “otro” en la articulación de conocimiento situado,
pues participan en él todos los agentes implicados en el escenario de
investigación.
Con la finalidad de situar el ejercicio de la racionalidad práctica en el
quehacer del investigador a la luz del mecanismo de vigilancia epistemológica,
es pertinente detenerse un momento en este punto. La propuesta del presente
artículo pretende conjugar estos elementos, de manera que se promueva la
comprensión del rol del investigador como agente, cuestión que recupera su
posición en el campo de lo real, del mundo de la experiencia. He ahí el núcleo
de una agencia de carácter fenomenológico-hermenéutico, en la cual el
investigador se implica en la experiencia para poder dar cuenta de ella. El
ejercicio de la racionalidad práctica se hace manifiesto en aquel momento en el
que el investigador discierne cuestiones éticas vinculadas a la realidad que
estudia y da cuenta de ellas, articulándolas de manera coherente en el campo
del discurso científico. Para ello, trabajará en la formulación de argumentos que
conjuguen aquellos discursos que surgen de la experiencia de los participantes,
en la cual él también está inmerso.
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La inmersión en la experiencia, así como el dar razón de ella, es una de las
actividades esenciales del quehacer del investigador cualitativo. Podríamos
referirnos a la investigación como una experiencia en sí misma, que se articula
en el escenario del trabajo científico. En virtud de ello, incluso es posible
vincularla a la actividad filosófica, tal como la describe Gamio (2020) desde un
punto de vista fenomenológico, al indicar que “es una experiencia que se
propone esclarecer nuestra experiencia (del mundo)” (párr. 4). El investigador
cualitativo, así como el filósofo, se propone comprender y describir las
narrativas que determinan esta experiencia en la que los agentes se reconocen
situados y profundamente implicados. El investigador y el filósofo reconocen la
existencia del mundo como algo que los circunda, que no puede disociarse de
la conciencia y, por lo tanto, no admite explicaciones abstractas con
pretensiones de apodicticidad.
Finalmente, esto nos conduce a considerar la vigilancia epistemológica
como condición de posibilidad para la investigación cualitativa. Su puesta en
práctica permite reconocer —para luego explicar— las contradicciones,
incoherencias o lagunas de las teorías fundacionalistas canónicas. Se trata,
desde luego, de un mecanismo que revalora las descripciones del mundo en
términos antropocéntricos y dentro de cuyo núcleo está la experiencia del
investigador y su capacidad para dar razón de ella. Por lo tanto, recupera el
valor de la racionalidad práctica, de manera que el vínculo entre epistemología y
ética se hace manifiesto en la ganancia epistémica que supone la construcción
63
de una teoría que explicita la transición de narrativas y de posiciones éticas. En
resumen, la vigilancia epistemológica permite la adquisición de sentidos
orientadores para la propia vida.
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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.
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Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020) ISSN 2448-7317
CONTAMINACIÓN EN Y A TRAVÉS DE MEMES DE INTERNET
***
CONTAMINATION IN AND THROUGH INTERNET MEMES
Adriana Moreno Carrasco1
Sección: Artículos
Recibido: 04/09/2020
Aceptado: 06/11/2020
Publicado: 04/12/2020
Resumen
En este trabajo, propongo explorar el concepto de contaminación desarrollado por
Mary Douglas desde la antropología simbólica, entendido como la respuesta -
usualmente negativa- hacia ambigüedades y anomalías culturalmente establecidas.
A lo largo del texto cito casos concretos en que los memes de Internet fungen
como objetos que reproducen la contaminación y como objetos que poseen en sí
mismos atributos contaminantes. Parto de una breve introducción para exponer el
concepto, seguido de ejemplos de memes que surgen en el contexto religioso
mexicano, útiles para identificar la contaminación en ese ámbito. Posteriormente
describo los elementos contaminantes de los que se constituyen los memes;
continúo con el señalamiento de iniciativas legales que se han propuesto en
México para neutralizar la contaminación producida a través de estos contenidos.
Por último, comparto algunas reflexiones en torno a la efectividad de iniciativas
públicas y privadas en torno a los memes de Internet para incluir a la sociedad en
la discusión de temas relacionados con el arte, la cultura y la política.
Palabras Clave: Memes de Internet; Contaminación; Ambigüedad y anomalía;
Instituciones; Juventudes.
1
Estudiante del doctorado en Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma
Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Ciudad de México. Correo electrónico:
[Link]@[Link]
Contaminación en y a través de memes de internet
Abstract
In the following paper, I explore the concept of pollution developed by Mary
Douglas from the symbolic anthropology perspective, this concept is
understood as the -usually negative- response to culturally established
ambiguities and anomalies. Through the text I cite specific cases in which
Internet memes operate as objects that reproduce pollution and as objects that
have pollutant attributes in them. I start with a brief introduction to expose the
concept, followed by examples of memes from Mexican religious context that
are useful to clearly identify pollution. Then I describe the pollutant elements
that constitute memes; I continue pointing out some legal initiatives that have
been proposed in Mexico to neutralize pollution produced through these user
generated contents. Finally, I share some thoughts on the effectiveness of public
and private initiatives around Internet memes to include society in the
discussion of arts, culture and politics.
Key words: Internet memes; Pollution; Ambiguity and anomaly; Institutions;
Youth.
66
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Adriana Moreno Carrasco
Introducción
En los últimos años me he esforzado por situar a los memes de Internet como
un pretexto de estudio (más que como objeto) con el que se abren nuevas
posibilidades para acercarnos a las personas y los grupos, sus prácticas, sus
intereses e inquietudes cotidianas (es decir, los verdaderos objetos de estudio).
Fue así que emprendí una etnografía con la cual pudiera conocer y analizar la
forma en que el capital cultural se hace presente y fundamental en la
producción y consumo de memes de Internet. Sin embargo, para este trabajo
me centraré en reflexiones que surgieron durante mi trabajo de campo, que
incluyó asistir y participar en distintos eventos donde los memes de Internet
fueran el centro de la discusión, desde charlas, talleres, hasta festivales de
cultura digital.
En esta primera exploración pude conocer distintas perspectivas con las que
se han tratado los memes de Internet, así como los objetivos que han sido
perseguidos a partir de ellos más allá del divertimento, la risa y el humor. Asistí
a talleres como el de Página Pantalla. Acercamientos teóricos y prácticos al arte
de Internet2en el Centro Cultural de España y al taller Escuela Nacional de Artes
Memísticas: El Instituto Nacional de Bellos Memes en el MUNAL, en los que se
discutía el papel de los memes de Internet como expresiones artísticas, literarias,
y políticas representativas del momento histórico en el que nos encontramos.
67
Junto con esta exploración, me propuse hacer un rastreo de eventos
similares y su alcance, con la intención de tener un panorama completo de la
forma en que han sido tratados los memes de Internet, fuera de plataformas
sociodigitales. Con este rastreo pude confirmar que en los últimos años,
instituciones públicas y recintos museísticos han comenzado a discutir el papel
de los memes y otros contenidos generados por las usuarias y los usuarios en la
cultura, el arte y la opinión pública. De ahí que organismos como el Instituto
Mexicano de la Juventud y el Colegio Nacional de Educación Profesional
Técnica, por mencionar un par de ejemplos, han organizado actividades con la
intención de aprovechar el potencial de los memes en la transmisión de ciertas
ideas, discursos y valores.
Durante esta inmersión al campo encontré convocatorias de eventos
pasados, que eran generalmente iniciativas por parte del gobierno de la Ciudad
de México3 con las que se invitaba a las personas jóvenes a participar en
2
Consultar: [Link]
practicos-al-arte-de-internet-Bk-haIeQ-
3
Por ejemplo, en 2018, la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa del
Distrito Federal, organizó el Concurso Meme Artístico CDMX, con el objetivo de que las
personas jóvenes crearan memes en los que se exaltaran los “lugares representativos de la
Ciudad de México”. Para ello, se les instaba a tomar fotografías en dichos lugares y agregarles
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Contaminación en y a través de memes de internet
concursos de “memes artísticos” o “fotomemes” como los denominaron. Con
estos eventos buscaban acercar a las personas jóvenes a dichas instituciones,
sus actividades y valores, para detonar la reflexión en torno a ciertas temáticas
relacionadas con las juventudes; se ofrecieron premios, reconocimientos y otros
estímulos. No todos los esfuerzos por atraer a las personas jóvenes fueron
exitosos, sin embargo casos notables como el Concurso Nacional de Memes,
GIF y Videos: Like por tu salud organizado por los Centros de Integración Juvenil
y el Instituto Mexicano de la Juventud generaron una amplia participación4.
Por otra parte, canales de comunicación oficiales como las cuentas de
Twitter del Servicio de Administración Tributaria (SAT) y la Coordinación
Nacional de Lectura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL) hicieron lo
propio compartiendo memes, atrayendo la atención de sus seguidoras y
seguidores. Por ejemplo, en la cuenta del SAT apareció un meme con el que se
buscaba recordarle a las y los contribuyentes cumplir con sus obligaciones
fiscales. Las reacciones fueron variadas, hubo a quienes les parecía gracioso el
contenido, hasta quienes aprovecharon la oportunidad para manifestar sus
inconformidades con el servicio de este órgano. Sin embargo, lo más
interesante fue la muestra de memes producidos por las seguidoras y los
seguidores de la cuenta, la mayor parte de estos contenidos respondían a la
inconformidad con el desempeño de la institución; hubo otros que llamaron mi
atención porque en ellos se cuestionaba la baja calidad del meme, porque para
ellos no tenía gracia o no estaba bien logrado.
68
un copy o texto con el que se complementará el meme. La convocatoria puede ser consultada
en el siguiente enlace:
[Link]
4
De acuerdo con el blog de los Centros de Integración Juvenil, esta convocatoria recibió 3000
propuestas provenientes de todo el país. La nota puede ser consultada en este enlace:
[Link]
de-memes-gif-y-videos-like-por-tu-salud-132545
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Adriana Moreno Carrasco
69
Imagen 1. Meme publicado por la cuenta oficial del SAT en Twitter, con el que se invita a las y los
seguidores a cumplir con sus obligaciones fiscales. Tomado de:
<[Link] [29 de noviembre de 2020].
Imagen 2. Meme producido por @redrockernyc, como respuesta al que publicó el SAT. Tomado de:
<[Link] [29 de noviembre de
2020].
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Contaminación en y a través de memes de internet
Un ejemplo similar es el de la cuenta de Twitter de Literatura INBA, donde se
compartió un meme en el que se aprecia a Maluma, intérprete colombiano de
reguetón, leyendo al novelista francés Albert Camus. Quizás el meme no fue
gracioso en sí, pero logró producir cierta simpatía y llamar la atención de
distintas personas y otros medios. Lo interesante aquí fue que no todas las
seguidoras ni todos los seguidores lo recibieron con agrado y se desató un
escándalo porque, parecía una infamia tratar de promover la lectura (y motivar a
los estudiantes de grado a terminar sus tesis), a través de una imagen
impensable: un reguetonero leyendo. Gracias a la indignación de los supuestos
puristas de la literatura y su despliegue de clasismo, el meme generó tráfico en
la cuenta y una amplia participación, incluyendo la de otras cuentas oficiales
como la del medio Animal Político que contribuyó con su propia versión.
70
Imagen 3. En este meme se aprecia al intérprete Maluma leyendo. La persona encargada de llevar la
cuenta, aclaró que no se trataba de una campaña de promoción de la lectura, pero que había
disparado las búsquedas de la obra de Camus. Tomado de:
<[Link] [29 de noviembre de
2020].
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Adriana Moreno Carrasco
Estos dos ejemplos me produjeron inquietud, ¿por qué habían causado tantos
disgustos y reacciones negativas?, ¿por qué las seguidoras y los seguidores se
resistieron a los intentos de estas instituciones por comunicarse a través de
memes de Internet?
La incursión de los memes de Internet en canales y cuentas oficiales como
estas muestra la urgencia de las instituciones por atraer a las y los ciudadanos,
mediante contenidos o convocatorias de este tipo que no suelen ser exitosas.
Sin embargo, más allá del tráfico que consiguen estos memes, he podido
comprobar que las instituciones y las personas que las representan notan el
valor de los contenidos en la medida en que son eficaces para la propagación
de ideas y discursos determinados, así como me lo confirmó una interlocutora
que conocí durante mi trabajo de campo. Ella comentó que estaba en contacto
con un grupo de personas jóvenes que habían sido contratadas por parte del
representante de un partido político para producir memes que le ayudaran a
obtener mayor visibilidad durante el periodo electoral de 2015 en el que se
disputaron las jefaturas delegacionales y los puestos de la Asamblea Legislativa
del Distrito Federal.
Seguramente habrá más casos similares a los que acabo de señalar, que
despiertan más inquietudes respecto al papel de las instituciones y los inciertos
objetivos que persiguen, porque lo que quieren no es necesariamente
comunicarse, expresarse o divertirse, como lo hacen las personas jóvenes,
quienes generalmente los producen, más bien pareciera que buscan mantener
71
su dominio, pero ahora a través de estos contenidos para avasallar el
pensamiento individual (Douglas, 1996). Esta es la vía más corta para llegar a
una posible explicación, una muy simple, quizás. Sin embargo, en este trabajo
quiero proponer otra ruta, porque pienso que más allá de eso, el disgusto
radica en que no parecen dignos de producir memes, porque con sus dudosas
intenciones los ensucian, a diferencia de aquellos que surgen genuinamente
desde los rincones de Internet, como producto del ingenio de las usuarias y los
usuarios que solo quieren divertirse.
Así que, en los siguientes apartados, desarrollo la idea de que los memes de
Internet fungen como objetos que reproducen la contaminación y como objetos
que poseen en sí mismos atributos contaminantes. Para comenzar esta ruta,
propongo una primera parada en el concepto de contaminación, desarrollado
magistralmente por Mary Douglas desde la antropología simbólica y el estudio
de fenómenos religiosos, por lo que me serviré de memes que surgen en
contextos religiosos mexicanos para ilustrar la relación de este concepto con
casos específicos, para pasar a exponer otras dimensiones en las que se
manifiesta la contaminación en y a través de los memes de Internet. Con este
texto también me propongo traer al presente el trabajo de Mary Douglas que
ha pasado desapercibido durante las últimas décadas y que no ha sido aplicado
en el abordaje teórico de la cultura digital, pero que resulta útil para discutir y
explicar fenómenos como los que abordo aquí.
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Contaminación en y a través de memes de internet
Contaminación: la materia fuera de su lugar
La contaminación ha sido definida por la antropología simbólica como cualquier
cosa o “materia puesta fuera de sitio” (Barfield, 2001, p. 221), esta acepción es
verdaderamente amplia, sin embargo, Mary Douglas, eminente antropóloga
inglesa, desarrolló una profunda investigación sobre el tabú y la contaminación
a partir de un análisis pormenorizado del Levítico. En dicho trabajo presta
atención a la forma en que las culturas organizan su mundo, estableciendo
sistemas clasificatorios particulares con los que se designa lo puro y lo impuro,
el orden y el desorden, entre otras dicotomías que al poner a prueba los límites
entre la inmundicia y lo sagrado (Douglas, 1968) producen nociones de
contaminación a las que corresponde una respuesta: creencias,
comportamientos, sanciones o la reestructuración de clasificaciones.
La contaminación entendida desde la antropología no implica una serie de
agentes patógenos o la suciedad en sí misma, sino la desestabilización de un
orden culturalmente establecido, Douglas señala que la contaminación, en un
sentido estricto es el “producto secundario de una sistemática ordenación y
clasificación de la materia, en la medida que el orden implica el rechazo de
elementos inapropiados” (1973, p. 54).
La autora sostiene que estas reglas de pureza y contaminación sirven como
una guía moral y de comportamiento que mantienen un orden ideal de la
72
sociedad en la que operan. De acuerdo con Douglas, estas categorías surgen
dentro del orden simbólico de la cultura, pero se extienden a distintas
dimensiones de la vida social por lo que ciertos valores morales y reglas sociales
surgen como respuesta al desagrado que produce el desorden, la suciedad y lo
impuro. Desde su perspectiva
Evitamos la suciedad, no por un temor pusilánime y menos aún por espanto o
terror religioso. Tampoco nuestras ideas sobre la enfermedad dan cuenta del
alcance de nuestro comportamiento al limpiar o evitar la suciedad. La suciedad
ofende el orden. Su eliminación no es un movimiento negativo, sino un esfuerzo
positivo por organizar el entorno. (Douglas, 1973, p.14).
Esta tendencia a organizar el mundo y evitar la contaminación, encubre otro
objetivo: el de controlar el comportamiento de unos con respecto a otros. Así,
Douglas (1973), encuentra que en ciertas culturas hay enfermedades,
padecimientos o catástrofes meteorológicas que se desatan cuando las
personas faltan a las reglas de pureza, como una suerte de sanción natural que
se gana cuando se es adúltero o políticamente desleal, por mencionar ejemplos.
De esta manera se determina un orden con el que se someten unos a otros,
obligándoles a seguir un comportamiento cívico óptimo y reprendiendo a
quienes lo transgreden.
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Adriana Moreno Carrasco
Las creencias de contaminación portan una carga simbólica importante que
se articula a cada cultura y que se expresa en la visión general del orden que
establece, de tal forma que podría “parecer imposible que semejante persona
pudiese liberar su pensamiento de los rutinarios hábitos protectores de su
cultura” (Douglas, 1973, p. 19), es decir, este orden opera como un marco o
esquema que determina la forma de pensar, actuar y sentir ante los otros y ante
cualquier situación social. Como todo esquema, una vez aprendido es difícil
modificarlo ya que funciona como una suerte de atajo que automatiza el
procesamiento de la información, dictando respuestas aceptables por la cultura
que lo establece.
Por lo tanto, estos sistemas clasificatorios regulan el comportamiento de
quienes forman parte de determinada cultura ya que les asigna un lugar dentro
de categorías sociales restringidas que solo pueden ser libradas a través de
rituales de separación o demarcación (Douglas, 1968); de lo contrario, si los
límites se transgreden abruptamente, se da la contaminación. De acuerdo con la
autora, la rigidez de estas clasificaciones determinará el grado de control y la
intensidad de la contaminación percibida: “[l]as reglas de contaminación
pueden verse como una extensión del proceso perceptivo: en tanto que
imponen orden a la experiencia, afianzan la clarificación de formas y, por lo
tanto, reducen la disonancia” (Douglas, 1968, p. 339) que puede despertar la
contaminación.
Así, podemos entender la contaminación como una suerte de intolerancia
73
cultural a la ambigüedad o la anomalía que se expresa a través de la
discriminación, la evitación o la presión a la conformidad social que favorece el
mantenimiento del orden culturalmente establecido (Douglas, 1968).
Si bien, la obra de Douglas aquí expuesta se centraba en desentrañar los
sistemas clasificatorios vertidos en textos bíblicos y rituales religiosos, sus
aportes son invaluables para explicar aspectos de la interacción y la dimensión
simbólica de la vida social contemporánea, plagada de intercambios culturales
provenientes de distintas partes del planeta, como hemos podido experimentar
en mayor medida con la globalización (Rosas Mantecón, 1993) y el auge de las
tecnologías de saturación del yo (Gergen, 2006), particularmente con el uso de
Internet. Los memes como buenos agentes de contaminación han demostrado
ser una mezcla incómoda de categorías donde se funden cánones culturales,
sociales y morales que, en el marco de nuestros sistemas clasificatorios, no
deberían combinarse. Los memes de Internet son ese punto en el que la
ambigüedad puede producir experiencias desagradables, pero también
estimulantes, donde se articulan el humor, el asco y el asombro en diferentes
grados, así como sucedió con el caso del Pasito perrón (que detallaré más
adelante), donde lo sagrado y lo profano lograron convivir armoniosamente
para arrebatar carcajadas, likes y como era de esperarse, algunas culpas y
reproches.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Contaminación en y a través de memes de internet
Ya en la obra de Mary Douglas (1973) quedaban registrados castigos
ejemplares como el de Santa Catalina de Siena, que decidió reprenderse a sí
misma cuando descubrió que experimentaba asco al ver y tratar las heridas de
los pacientes que atendía. Para sobrellevar la desazón que representaba para
ella la incompatibilidad de su desempeño prosocial con la higiene, Santa
Catalina bebió un cuenco lleno de pus, con la intención de apaciguar el
reproche que ella misma se infligía.
El ejemplo, quizás exagerado, es útil para seducir a las personas lectoras,
pero también para establecer un puente con ejemplos contemporáneos de
contaminación y sus reproches correspondientes: a principios de 2017, los y las
mexicanas nos divertíamos con el video de Rolando Ávila que, en vísperas de la
celebración de la Candelaria, puso a la figura del niño dios a bailar El pasito
perrón, canción del grupo musical Dinastía Mendoza. Tras la propagación viral
del meme, diferentes grupos al interior del país comenzaron a organizarse para
replicar la coreografía en distintos parques, plazas y colegios bajo el título de
Pasito perrón challenge5.
74
Imagen 4. Captura tomada del video Pasito perrón, en el que el usuario hace bailar a la figura del niño
dios. Tomada de: <[Link] > [29 de noviembre de 2020].
Más tarde, el padre José de Jesús Aguilar Valdés, director del Sistema de
Información de la Arquidiócesis de México, pidió a la sociedad mexicana que no
hiciera bailar al niño dios y que le dieran el respeto debido a la figura sagrada.
El presbítero negó los rumores de que se encarcelaría a quienes difundieran el
video, pero aclaró que era de suma importancia dar el debido respeto al niño
dios y no transgredir la sensible fe de las personas creyentes. El padre hizo
énfasis en que la figura sagrada fuera tratada como tal y no como un juguete o
muñeco común y corriente. José de Jesús Aguilar aprovechó el espacio dado
por la página de Facebook de Radio Fórmula Torreón para dar su opinión y
5
Este reto consistía en grabarse replicando la coreografía, bailando de un lado a otro, mientras
algún participante era cargado, simulando la postura del niño dios que aparecía en el video
original. Al hacer la búsqueda en YouTube aparecen más de 25000 resultados, lo que nos da
pista sobre la gran propagación que tuvo este meme y su respectivo reto.
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Adriana Moreno Carrasco
aclarar la postura de la arquidiócesis mexicana con respecto al meme. En su
intervención6 menciona:
De hecho la palabra sacro, significa lo que es separado, lo que se trata de una
forma distinta a lo ordinario. Y si una imagen del niño Jesús que está hecha para
ser venerada, que tiene una finalidad religiosa, es ocupada en forma de muñeco,
entonces está perdiendo su sentido. (Aguilar, 2017).
Probablemente, Mary Douglas y el padre José de Jesús llegaron por distintas
vías a los aportes del teólogo inglés Ronald Knox, quien también fue un
destacado traductor del antiguo testamento. Douglas lo remite en su trabajo y
señala que la palabra sacer, del latín, podía referirse tanto la profanación, como
a la consagración, asimismo, el teólogo había proporcionado una versión más
interesante del antiguo testamento en el que dicha expresión podía ser
traducida como algo “puesto aparte” (Douglas, 1973, p. 23). Por su parte,
Schechner confirma que la pureza o el orden establecido culturalmente, cuando
es transgredido produce una falla, la contaminación: “[a]quí el horror de la
impureza o mezcla es desafiado, subvertido y derrumbado” (2013, p. 263), la
contaminación se presenta en este caso, como una respuesta a la ambigüedad
que se produce cuando la materia se encuentra fuera de lugar, es decir, cuando
se transgrede la norma en la que “por un lado, está el mundo de las cosas
profanas, y por el otro, el de las cosas sagradas” (Durkheim, 1982, p. 200). 75
El meme en el que la figura del niño dios baila, es interesante también
porque además ha resurgido, confirmando que en México, lo sagrado y profano
son categorías claramente diferenciadas, opuestas, que al mezclarse pueden
generar ambigüedad o contaminación. Después de tres años, las y los
mexicanos han comenzado a relacionar la catastrófica pandemia de Covid-19
con la profanación de la figura del niño dios. Recientemente, han aparecido
memes y notas como la de El Deforma7 en la que señalan, sí, en tono irónico y
burlón, que quienes participaron de la euforia del Pasito perrón habían
contribuido al desencadenamiento del presente castigo. Si bien, la nota no
persigue más que seguir generando contenidos divertidos o graciosos, nos
muestra el reconocimiento de la contaminación y la respuesta punitiva natural
como aquella que Douglas encontraba en culturas lejanas.
6
La intervención completa del padre José de Jesús Aguilar Valdés se encuentra en el siguiente
enlace: [Link]
7
El medio noticioso satírico El Deforma, publicó la nota “12 mexicanas razones por las que
Diosito nos castigó con el Coronavirus”, en el que además de señalar el caso del Pasito perrón,
también se mencionan otros eventos de profanación como la burla producida por una figura
gigantesca del niño dios construida para una iglesia zacatecana. La nota completa se encuentra
en el siguiente enlace: [Link]
mexicanos/
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Contaminación en y a través de memes de internet
76
Imagen 5. En este meme aparece la figura del niño dios gigante, que a finales de 2019 causó una gran
impresión por su tamaño (6 metros de altura) y expresiones toscas. Esta imagen está instalada en la
Parroquia de la Epifanía del Señor en Zóquite, Zacatecas. Tomado de:
<[Link] [29 de
noviembre de 2020].
Frente a este par de ejemplos, me gustaría señalar uno más para continuar
explorando la intolerancia a la ambigüedad o contaminación. Debido al periodo
de confinamiento por la pandemia de Covid-19, las iglesias han tenido que
cerrar sus puertas para evitar contagios entre sus devotos, sin embargo, esto no
ha suspendido sus actividades por lo que han recurrido a plataformas
sociodigitales como Facebook para transmitir en vivo sus celebraciones
eucarísticas. Tal es el caso de la Parroquia Nuestra Señora Aparecida del Brasil,
ubicada en la alcaldía Venustiano Carranza, en la Ciudad de México. Aunado a
las transmisiones en vivo, han compartido distintos contenidos en su página de
Facebook, entre ellos la fotografía del niño dios con cubrebocas y una careta
protectora a la medida, muy común en estos días y que ha servido como una
barrera adicional para evitar que los cuerpos humanos enfermen al tocarse los
ojos o la boca con las manos sucias.
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Adriana Moreno Carrasco
77
Imagen 6. Fotografía publicada en la página de Facebook de la Parroquia Nuestra Señora Aparecida
del Brasil. En ella se aprecia la figura del niño dios con cubrebocas y careta para protegerle del
coronavirus. Tomada de:
<[Link] [29 de
noviembre de 2020].
En este contexto, la imagen del niño dios no aparece profanada para todas las
seguidoras y los seguidores, la mayoría responde con una oración, likes y otras
reacciones positivas. Aunque no hay reacciones de me divierte ni comentarios
sarcásticos, hay otras personas que mostraron su desaprobación con reacciones
de me enoja. Si bien, este contenido no tenía intención de ser un meme y
tampoco ha llegado a propagarse como tal, sigue mostrando que en distintos
escenarios las muestras de contaminación son desdeñables, en este caso a
partir de la humanización de las figuras sagradas, porque lo humano aparece
como lo impuro en contraposición con lo divino que no baila, que no enferma.
Sin embargo, fuera del contexto religioso, lo humano también aparece
como contaminación en la producción misma de contenidos. Es por esto que,
para continuar con la reflexión, en el siguiente apartado me centraré en otra
forma en que distingo la contaminación en los memes de Internet y a partir de
ellos en donde lo humano se contrapone, ya no a la perfección de lo divino,
sino a la perfección de las máquinas.
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Contaminación en y a través de memes de internet
Contaminación: humanos vs. máquinas
El mantenimiento o desafío del orden aparece en distintas dimensiones de los
memes de Internet, en los ejemplos anteriores encuentro la ambigüedad en un
nivel simbólico y de contenido; en este apartado me centraré en los aspectos
técnicos y estéticos que también juegan un rol importante en su producción y
consumo, así como en los atributos que los constituyen como objetos que
reproducen la contaminación.
Los rasgos estéticos característicos de los memes de Internet tradicionales
han sido identificados por Nick Douglas (2014) como una corriente estética
particular que denomina Internet Ugly. Esta corriente se caracteriza por mostrar
un grado de humanidad que se expresa a través de trazos torpes, faltas de
ortografía y otros errores que denoten un pobre trabajo técnico. De acuerdo
con Douglas, los memes de Internet “celebran lo amateur” (2014, p. 324),
garantizando el acceso a cualquier persona interesada en crear contenidos,
independientemente de que posea habilidades o conocimientos avanzados en
edición de imágenes. El autor encontró casos en los que personas profesionales
en producción visual decidían emplear errores técnicos como recursos valiosos
en la creación de contenidos, así que empleaban editores gráficos
especializados para producir contenidos deliberadamente feos.
78
Imagen 7. En este contenido se aprecia una mezcla de letras, dibujos y trazos imprecisos hechos a
mano alzada en Paint. Esta imagen ejemplifica la estética Internet Ugly, como la denomina Nick
Douglas. Tomada de: <[Link] [29 de noviembre de
2020].
Para Douglas (2014) los contenidos que ponderan estos errores, de forma
premeditada (y también aquellos sin la intención de hacerlo) forman parte de la
estética propia del Internet Ugly en la que es habitual crear contenidos con
trazos a mano alzada, utilizando el mouse sin procurar precisión alguna, el uso
de imágenes escaneadas, borrosas o pixeladas, incurrir en faltas de ortografía o
de sintaxis, la economía del lenguaje, entre otras aparentes atrocidades con las
que se busca deliberadamente producir una ambigüedad.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Adriana Moreno Carrasco
Douglas afirma que este “grado de humanidad” (2014, p. 315) que se le da a
los contenidos a través de los errores fungen como una forma de resistencia y
oposición a los criterios estéticos actuales en los que se priorizan las
composiciones pulcras, minimalistas, los trazos precisos, el orden, la simetría
entre otros atributos que se asocian a la limpieza o lo puro; basta señalar como
ejemplo la predominante estética minimalista implementada por Apple tanto en
sus interfaces como en el exterior de sus equipos de cómputo, generalmente,
carcasas blancas o grises. Lo humano aparece aquí también, como algo que
ensucia con su imperfección, a diferencia de las máquinas, que no se equivocan.
Los memes de Internet más comunes aparecen aquí como una suerte de
resistencia ante un régimen estético en el que lo humano es borrado, omitido.
Por ejemplo, no es casualidad el predominante uso de correctores ortográficos
y editores de imágenes cada vez más potentes para lograr aquello que los
humanos no pueden, es decir para borrar sus limitaciones y así evitar el
desagrado que producen estos errores a otros humanos.
Por otro lado, encuentro casos en los que se busca emular de forma
controlada el error, aprovechando la perfección de las máquinas pare recrear las
fallas humanas. Por ejemplo, tipografías como la controvertida Comic Sans,
también empleada profusamente en memes de Internet, posee una
composición llena de curvas y trazos moderadamente desaliñados. Esta fue
creada por Vincent Connare en 1994, a pedido de Microsoft, con la intención de
usarse en softwares y contenidos dirigidos al público infantil, por lo que
79
buscaba que la fuente tuviera rasgos de informalidad como si se tratara de
letras hechas a mano alzada, clásicas de las historietas para niños.
Las y los diseñadores tipográficos suelen retorcerse al ver el uso cotidiano
de Comic Sans, que a sus ojos es desagradable, sobre todo cuando es empleada
en contextos erróneos como documentos formales, señalización o placas
conmemorativas, es decir, cuando aparecen fuera de lugar. Para contrarrestar la
inquietante experiencia de contaminación estética, se han creado campañas
para evitar el uso de esta tipografía en espacios distintos al establecido. Un
ejemplo notable es el sitio Comic Sans Criminal8 que tiene como objetivo
enseñar a las personas a usar apropiadamente Comic Sans para -en sus propias
palabras- dejar de ser un criminal. En esta página se encuentran guías para la
correcta aplicación de la tipografía, se sugieren bancos tipográficos y opciones
que pueden emplearse en documentos formales e informales u otros
contextos9.
Ejemplos como estos dan cuenta de la experiencia de la contaminación en
distintas situaciones, por un lado, como un error humano que debe ser omitido
8
Consultar: [Link]
9
Por ejemplo, Comic Sans ha sido indicada por la Asociación Británica de la Dislexia para
facilitar la lectura a personas que padecen este trastorno. Consultar: [Link]
technology/typefaces-for-dyslexia/
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Contaminación en y a través de memes de internet
mediante máquinas y softwares de edición o como un error que se puede
emular a través de los mismos medios, pero de forma controlada; y por último
como una forma de resistencia ante la perfección que se ha impuesto
culturalmente.
80
Imagen 8. En este meme se aprecian tres fuentes tipográficas en uso, acompañadas de imágenes con
las que se pretende mostrar el grado de formalidad o informalidad atribuida a cada fuente. Tomado de:
<[Link]
/> [29 de noviembre de 2020].
Esta estética que Douglas definió como Internet Ugly, permite descubrir una
suerte de posicionamiento político. Al respecto, Bollmer (2018) señala que esta
forma de producir contenidos y su estética descuidada o amateur
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Adriana Moreno Carrasco
desafían o exponen los límites formales asumidos en los medios digitales,
esbozando un espacio estético que permite ver y decir algo, algo que ha sido
juzgado como “feo” o “inculto” en un contexto más comúnmente definido por lo
cool. Pero al mismo tiempo, hay un uso “correcto” del estilo, al menos si uno
quiere ser parte de un grupo específico. (Bollmer, 2018, p. 172)
Con lo que regresó al desencanto con los memes producidos por el SAT y el
IMBAL. Desde la perspectiva de las seguidoras y los seguidores, dichas
instituciones no parecen hacer un uso correcto de los memes, están fuera de
lugar y por lo tanto contaminan. Pareciera entonces que a partir de los memes
se regula esta entrada -o no- a ciertos grupos. Esto también lo pude confirmar
durante mi trabajo de campo, cuando asistí al taller de Escuela Nacional de
Artes Memísticas: El Instituto Nacional de Bellos Memes en el MUNAL , la
tallerista principal señaló que los memes de Internet tienen una suerte de
adentro y afuera, dimensiones a las que se puede acceder si se entiende o no el
sentido de los contenidos, para ella, los memes operan como puntos de
referencia para indicar si se pertenece o no a cierto grupo, en la medida en que
son interpretados y también cuando resaltan las diferencias entre las y los
integrantes de cada grupo.
A partir de estos contenidos se obtiene un reconocimiento que no
cualquiera puede ostentar, mucho menos las instituciones de gobierno 81
mexicanas que no tienen muy buena reputación frente a las y los ciudadanos,
mucho menos frente a las personas jóvenes que son quienes encabezan la
producción y consumo de memes de Internet. Sabemos que la mala reputación
de las instituciones no ha sido ganada de forma gratuita, y que especialmente
las personas jóvenes han sido bastante perjudicadas por su ineficiencia. Aunado
a esto, no podemos dejar de lado que son las personas jóvenes quienes han
desarrollado un mayor dominio en el uso de Internet y plataformas
sociodigitales, espacios en los que han logrado un cierto grado de autonomía
(Castells, 2009) que podría estar en riesgo con la intrusión de estas instituciones.
La producción y consumo de memes de Internet va más allá de los objetos
digitales en sí. A través de ellos se instauran formas de reconocimiento a las que
no cualquiera puede acceder, aunque así tengan derecho. Los memes de
Internet brindan un espacio para compartir historias, experiencias y distinciones
que en otros espacios pueden ser más limitados, especialmente para personas
jóvenes
Internet y el móvil les brindan una plataforma simbólica compensatoria y
sustitutiva de la falta de poder real en la vida cotidiana. Frente a las dificultades de
inclusión que les plantean la mayoría de las instituciones tradicionales,
particularmente las que se relacionan con la formación, el empleo y el acceso al
poder, los jóvenes generan estrategias flexibles y móviles de inclusión en los
escasos márgenes que les brindan los circuitos formales, pero fundamentalmente
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Contaminación en y a través de memes de internet
en los circuitos informales que generan ellos mismos, donde internet constituye un
espacio privilegiado. (Winocur, 2009, p. 49)
A través de estos espacios, las personas jóvenes encuentran otras vías para
distinguirse y acentuar su afiliación con aquello que los asemeja o para reforzar
aquello que les diferencia de otros, estableciendo formas particulares para
comunicarse e interactuar, como señala Nateras “[e]sta urgencia de la
diferenciación es un mecanismo de legitimación en la constitución identitaria
del ser jóvenes versus los mundos adultos” (2010, p.18) que se filtra a todas las
esferas de la vida cotidiana de las personas jóvenes. Los memes de Internet y la
cultura digital aparecen como los territorios que tienen que ser defendidos de la
posible contaminación inducida por otros grupos etarios o agentes que
busquen restringirlos como lo elaboro en el siguiente apartado.
Regulación vs contaminación
Douglas señala que en culturas pasadas y presentes es usual organizar el
mundo a través de dicotomías, a veces claras y en otras no tanto, sin embargo,
lo importante es que de estas se desprenden ideas de pureza e impureza a las
que corresponden ciertas respuestas, de tal manera que
[E]l universo se divide en ciertas cosas y acciones que están sometidas a restricción 82
y en otras que no lo están; entre las restricciones, unas están destinadas a proteger
a la divinidad contra la profanación y otras a proteger lo profano contra la
intrusión peligrosa de la divinidad.
Es así que en este apartado me concentro en dos formas de restringir o regular
a los memes de Internet que han sido puestas en práctica para proteger un
orden dado, no precisamente el de lo sagrado y lo profano, sino el de las
jerarquías y las categorías sociales.
En los últimos años, distintas figuras públicas han buscado la forma de
regular estos contenidos o de proceder legalmente cuando se salen de control,
sobre todo cuando afectan la imagen o el honor de funcionarias y funcionarios
públicos. Por ejemplo, en el año 2015, la diputada local Selma Guadalupe
Gómez Cabrera, del Partido Verde de Sonora propuso al congreso de su estado
la “Ley de responsabilidad civil para la protección de la vida privada, el honor y
la propia imagen”. Con esta iniciativa se buscaba sancionar legalmente la
producción y distribución de memes que abordaran temas políticos o en los
que se pusiera en riesgo la imagen de figuras públicas. Finalmente, la iniciativa
no tuvo éxito.
También en 2015 apareció otro intento por regular la distribución de
memes de Internet. En este caso fue la diputada Martha Orta Rodríguez del
Partido Revolucionario Institucional de San Luis Potosí. La diputada proponía la
adición al artículo 187 bis para que pudieran prohibir la difusión de imágenes,
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Adriana Moreno Carrasco
videos y pistas de audio que denigraran o humillaran a las personas que
aparecieran en dichos contenidos. Esta propuesta, igual que en el caso anterior,
era demasiado confusa e imprecisa. Unos días después de presentar la iniciativa
(y de recibir muestras de desaprobación), la diputada trató de hacer una
precisión, por lo que señaló que no se refería a memes, sino al intercambio de
contenidos para poner en práctica el sexting o alguna forma de violencia a
través de Internet. Esta propuesta no tuvo mayor incidencia, sin embargo atrajo
la atención de personas que comenzaron a producir memes sobre ella y su
iniciativa.
Otro caso similar fue el del gobernador de Chihuahua José Reyes Baeza. En
2006, el mandatario proponía una ley para sancionar el uso y la distribución de
imágenes, textos y voces de otros para obtener un beneficio a cambio. De
nuevo, la propuesta era confusa e imprecisa (no quedaba claro si se refería a
memes o no), pero fue aprobada y se integró al código penal de su estado. Sin
embargo años más tarde, en 2017 esta ley fue eliminada por el coordinador de
diputados del Partido Acción Nacional, Miguel La Torre.
A través de estas iniciativas se buscaba proteger el honor de ciudadanas y
ciudadanos regulares, pero particularmente de los servidores públicos que se
encuentran más expuestos a los inconvenientes que supone ser atacado por la
opinión pública. Como ya lo hacen las caricaturas políticas, los memes de
Internet, también ponen a prueba los discursos oficiales y la imagen de las
figuras públicas, señalando por ejemplo la limitada pericia con la que
83
desempeñan sus cargos o cualquier aspecto de su físico o de su vida privada
que pueda considerarse un defecto, para cuestionar su lugar en la estructura
política, poner en duda su posición y su valor en la sociedad, es decir su honor
que como señala Pitt-Rivers:
es el valor de una persona para sí misma, pero también para la sociedad. Es su
opinión sobre su propio valor, su reclamación de orgullo, pero también es la
aceptación de esa reclamación, su excelencia reconocida por la sociedad, su
derecho al orgullo. (Pitt-Rivers, 1977, p. 18)
A través de los memes de Internet se cuestiona precisamente el honor de las
figuras públicas, su poder y su derecho al orgullo, esto no es poco, cuestionar
su valor representa un cambio significativo en la forma de ser percibidos y
tratados, porque el honor “entraña no solo una preferencia habitual por un
modo de conducta determinado, sino también el derecho a determinado trato a
cambio” (Pitt-Rivers, 1977, p. 18) y con el poder del anonimato desde el que se
producen los contenidos, pueden omitir cualquier muestra de respeto o siquiera
empatía que puede afectar a cualquiera y particularmente a figuras públicas.
Cuando las diputadas Selma Gómez y Martha Orta hicieron sus propuestas,
no faltó el despliegue de memes en contra suya, la mayoría decía cosas como
“propone ley antimemes, la convierten en uno” o “quiere prohibir los memes, se
convierte en meme”. Con esto se cuestiona la distancia que hay entre las y los
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Contaminación en y a través de memes de internet
ciudadanos comunes frente a quienes ostentan un cargo público. Pasar
abruptamente de ser una autoridad respetable a protagonista de un meme
pone de manifiesto una transición que contamina la imagen de las involucradas,
dejándoles desprovistas de la investidura de poder para reubicarlas en el mismo
peldaño que cualquier otra persona en la jerarquía social. Este cambio de
posición refleja un desorden, una asimetría de poder y honor que pasa de una
figura a otra, situándolas en categorías sociales distintas por un breve instante y
que no suele ser agradable para quienes quedan en una posición menos
favorecida.
Otro caso interesante relacionado con la regulación de contenidos se dio en
junio de 2020 cuando el senador Ricardo Monreal impulsó reformas a la Ley
Federal del Derecho de Autor y al Código Penal Federal con la intención de
modificar los términos de la propiedad intelectual del Tratado entre México,
Estados Unidos y Canadá. Con esta precipitada reforma10 se promovió (además
de penas de cárcel por alterar o reparar dispositivos como celulares o
computadoras personales) un mecanismo de censura digital con el que
proveedores de servicios de Internet pueden remover contenidos sin notificar o
comprobar que violan derechos de autor de quien así lo demande. Con esta
reforma lo que podría pasar es que cualquier meme, remix o mashup de
contenidos sea retirado si alguien reporta que afecta sus derechos de autor. Los
memes de Internet y gran parte de los contenidos generados por las usuarias
suelen contener fragmentos de obras provenientes de industrias culturales
84
consolidadas como el cine, la televisión y la música, por lo que se limitaría la
participación de un sinnúmero de personas creadoras de contenido.
Es así que ante el problema de la contaminación se busca intervenir a través
de su organización bajo el marco de la regulación legal, restringiendo su
producción y circulación, pero también limitando el acceso de un gran número
de personas que suelen participar en dicho proceso. En las iniciativas de las
diputadas se buscaba restringir su uso cuando afectará la imagen pública, pero
en esta reforma lo que se busca es restringir su creación limitando el acceso a
las fuentes de materia prima. Buscar el orden de estos contenidos nos habla de
una suerte de desviación que tiene que ser controlada, ya que como menciona
Douglas “[e]l reconocimiento inicial de la anomalía induce a la angustia y de allí
a la supresión o a la evasión” (1973, p. 18) y la forma de contrarrestarla parece
ser la organización enérgica de estos contenidos a través de las leyes.
Reflexiones finales. Ante la ambigüedad y la anomalía
10
Distintas organizaciones han emprendido acciones para evitar que esta reforma se consolide
y junto con la participación de la ciudadanía se ha conseguido que la Comisión de Derechos
Humanos intervenga para analizar y determinar su inconstitucionalidad:
[Link]
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Adriana Moreno Carrasco
En los ejemplos anteriores, se muestra la reacción de la sociedad mexicana
frente a la contaminación y la transgresión del sistema clasificatorio establecido,
en el que categorías como sagrado y profano no deben ser mezcladas. Sin
embargo, de la contaminación aparecen muestras de aprobación o desagrado
confirmando que
Existen diversos modos de tratar anomalías. Negativamente, podemos hacer caso
omiso de ellas, no percibirlas sin más, o bien condenarlas cuando las percibimos.
Positivamente, podemos afrontar con resolución la anomalía y tratar de crear una
nueva configuración de la realidad en la que tenga cabida. (Douglas, 1973, p. 58)
Como en el caso del niño dios con careta que despertó la inquietud de uno que
otro de sus fieles, hay quienes no perciben las anomalías que desafían los
sistemas clasificatorios de su cultura. Es posible encontrar memes de Internet
con los que se mezclan o transgreden categorías, produciendo ambigüedades
interesantes que no necesariamente devienen en desagrado. La contaminación
entendida como una forma de ambigüedad y anomalía (Douglas, 1973) desata
otro tipo de experiencias con las que es posible llegar a reflexiones
estimulantes.
Para la autora, la anomalía es aquello que se desajusta de la norma o que
sobresale dentro de una serie de elementos, por otra parte, concibe la
ambigüedad, como aquello que puede tener dos interpretaciones, sin embargo, 85
afirma que hay casos en los que las categorías analizadas son tan difíciles de
aprehender que distinguir ambos términos no representa ventaja alguna. Como
ejemplo práctico, señala a las sustancias que son pegajosas como el jarabe de
azúcar, que no se ajusta a la categoría de sólidos, pero tampoco a la de líquidos,
es decir, se trata de una anomalía que simultáneamente produce una sensación
ambigua pero que enriquece la experiencia sensorial de quienes lo prueban por
primera vez.
Estas experiencias nuevas, fruto de la ambigüedad como lo pegajoso, se
reproducen en la creación y el consumo de ciertos memes que contribuyen a la
discusión de diversos temas de formas heterodoxas, en algunos casos
reforzando las barreras de los sistemas clasificatorios y en otros, desafiándolos,
poniendo a prueba su rigidez como si se tratara de una sustancia viscosa que
produce ambigüedades pero que enriquece las reflexiones en torno a dichos
temas. Por ejemplo, páginas de Facebook como Obras de arte comentadas11,
Instituto Nacional de Bellos Memes12, Broken English13 o Acontecimientos
11
Consultar: [Link]
12
Consultar: [Link]
13
Consultar: [Link]
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Contaminación en y a través de memes de internet
históricos narrados con perritos14, han sabido emplear la anomalía para tratar el
arte, la literatura y la historia a través de memes de Internet. Si bien, el
tratamiento de los temas no es profundo, abren la posibilidad de que las
seguidoras y los seguidores, seducidas y seducidos por la viscosidad de los
contenidos, se interesen en las obras, los artistas y los hechos históricos
señalados, detonando su curiosidad y estimulándoles para continuar
enriqueciendo su conocimiento al respecto.
Durante el taller Escuela Nacional de Artes Memísticas: El Instituto Nacional
de Bellos Memes en el MUNAL, se discutió la importancia de estos contenidos
como una suerte de anzuelo para llamar la atención de las seguidoras y los
seguidores e invitarles a investigar sobre el arte, la cultura y la literatura por sí
mismas. En este taller participaron personas con distintos cargos e intereses, por
ejemplo, algunas asistentes formaban parte de museos como el Museo
Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), otros eran community
managers15 de medios como BuzzFeed News México, personas editoras y
administradoras de páginas memes en Facebook como Antropocholo16, entre
otras con distintos niveles de popularidad. En este evento, Itzel Ortega (ahora
exintegrante del Instituto Nacional de Bellos Memes), la tallerista principal, hizo
énfasis en la importancia de producir memes con buena calidad técnica para
atraer la atención de la audiencia y acercarles a la experiencia de percibir una
obra de arte como si se estuviera dentro de un museo. Con este objetivo se
busca difuminar los límites entre la cultura reconocida oficialmente y la que no,
86
pero también, eliminar las barreras simbólicas que impiden el acceso a obras
artísticas y literarias, aunque estén a la mano. En estas propuestas, se aprovecha
la ambigüedad y la anomalía para reflexionar otra dimensión de los memes.
Algo similar encontré en el taller Página Pantalla. Acercamientos teóricos y
prácticos al arte de Internet, facilitado por el artista digital Canek Zapata. En este
espacio se discutió el papel de las expresiones artísticas digitales, así como la
importancia de Internet, el uso del software y la creatividad para producir no
solo piezas bellas, sino que permitieran el análisis teórico, la creación literaria y
periodística. Durante las sesiones de este taller se abordó la importancia de los
memes de Internet, las selfies y las piezas artísticas digitales contemporáneas así
como pasadas, para comprender el momento histórico en el que nos
encontramos, así como las expresiones culturales que los han acompañado. En
este taller, la experiencia estética también era uno de los objetivos más
Consultar:
14
[Link]
perritos-111890963787808
15
Profesional de marketing digital encargado de gestionar la imagen de una marca o empresa
en Internet, particularmente plataformas sociodigitales como Facebook.
16
Consultar: [Link]
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Adriana Moreno Carrasco
importantes a perseguir, para estimular la curiosidad de las personas en torno a
estos temas.
En el festival MEME MX, hubo participaciones diversas y multidisciplinares,
desde periodistas y escritores como Nayef Yehya y Mario Flores, hasta figuras
importantes en la producción y consumo de memes como Brad Kim, editor
fundador de Know Your Meme17, un archivo digital de memes de Internet que
se encarga de su documentación. También participó Vampipe18, una figura
popular en la creación de memes en México que se ha dedicado a producir
contenidos en torno a la vida política del país y sus personajes. Vampipe señaló
que es necesario preguntarse por la utilidad de los contenidos que se producen,
la audiencia a la que van dirigidos, el humor y la calidad de los memes, por lo
que hizo énfasis en que la producción de los contenidos implica esfuerzo
técnico, pero también el mantenimiento de cierta sensibilidad por lo que sucede
alrededor para integrarlo a los contenidos y detonar la reflexión.
Con mi trabajo de campo, pude dar cuenta del carácter contaminante de los
memes, pero también de la contaminación que reproducen. Los memes de
Internet, como reproductores de contaminación ofrecen distintas vías para
discutir aspectos profundos de la vida cotidiana, la cultura, la política, la religión
o cualquier otro tema de interés para las ciencias sociales, ya que abren la
posibilidad de conocer la forma en que cada sociedad clasifica y ordena su
mundo a partir de una mezcla de imágenes, textos y otros medios que dan
como resultado piezas que develan los sistemas clasificatorios que la cultura
87
propia impone, así como los tabúes y anomalías que le desafían, porque como
señala Douglas:
Las creencias de contaminación, ciertamente derivan de la actividad racional, del
proceso de clasificar y ordenar la experiencia. Sin embargo, no son producidos por
procesos estrictamente racionales o siquiera conscientes, sino más bien como un
subproducto espontáneo de estos procesos. (1968, p. 341).
De manera que los memes han ampliado la posibilidad de que otras personas
compartan su perspectiva del mundo y se involucren en la discusión de temas
relacionados con la agenda pública, por ejemplo, y que en otros momentos
estaba limitada a grupos cerrados o con un capital cultural distinto. Ahora bien,
esto no quiere decir que la democratización de la palabra resuelva conflictos o
que todas las voces sean dignas de ser escuchadas, sin embargo, es un paso
17
Consultar: [Link]
18
Uno de los memes más populares de Vampipe es el de Enrique Peña Nieto reproduciendo un
videoclip en su teléfono donde muestra los movimientos de un candelabro durante el sismo del
7 de septiembre de 2017, mientras pasa de un video a otro de su carrete, aparece el de una
mujer semidesnuda con un sonido de gemidos de fondo. Se puede consultar aquí:
[Link]
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Contaminación en y a través de memes de internet
importante que haya cabida para la opinión y el reconocimiento de otros
grupos que sistemáticamente han sido minimizados y dejados al margen, como
las personas jóvenes. También es un paso adelante que objetos aparentemente
banales como los memes de Internet, puedan ser considerados como vehículos
para discutir otras dimensiones de la vida cotidiana, la producción artística y
cultural o la vida política del país.
Ahora bien, al inicio de este trabajo mencioné algunas convocatorias con las
que se invitaba a las personas jóvenes a participar produciendo memes sobre la
ciudad, la prevención a las adicciones y otras temáticas, pues en este punto
quisiera hacer algunas precisiones para desambiguar las razones por las que
considero que fueron exitosas, pero no efectivas.
Los ejemplos exitosos que encontré fueron solo un par y la poca o nula
efectividad de estos eventos radicó en el desconocimiento que se tiene respecto
a los actores involucrados: las personas jóvenes (sus intereses e inquietudes) y
los memes de Internet. Para que iniciativas de este tipo sean provechosas se
requiere, principalmente, la genuina intención de conocer a las personas que se
convoca y sus circunstancias, porque eventos de ese tipo refuerzan las
distancias y las barreras que hay entre las instituciones y las personas a las que
deben representar. Esta rígida barrera no hace más que reproducirse a cada
paso que las instituciones dan para paliar las condiciones que marginan y
excluyen a grupos sociales desfavorecidos, porque si las necesidades primarias
no están cubiertas, difícilmente se generarán las condiciones que estimulen la
88
curiosidad por actividades y prácticas culturales (Bourdieu 2010).
Si dejamos fuera premios de hasta $700019 (razón por lo que tuvieron una
amplia participación), estas actividades no suelen ser divertidas debido, entre
otras cosas, a la serie de restricciones que se les imponen. En las bases de
participación, se les exige que eviten lenguaje ofensivo, el uso de emojis,
palabras altisonantes, palabras o términos que no sean en castellano, también
se les pide que solo hablen de los aspectos positivos de las instituciones, que se
limiten a usar contenidos originales…. Los memes de Internet no son nada de
eso y los temas que les interesan a las personas jóvenes seguramente, tampoco,
mucho menos de la forma en que se les exige tratarlos. Estas dinámicas están
pensadas aparentemente para ellas, pero no les consideran realmente. Quizás lo
único que falta es que haya más psicólogos y psicólogas sociales en el terreno,
para guiar un ejercicio de intervención exitosa, en el que se planteen las
verdaderas necesidades e intereses de las personas.
Pero, como la esperanza es lo último que muere, puedo decir que, no todo
está perdido. Aunado a estas fallidas iniciativas oficiales, encontramos
19
En 2017, los Centros de Integración Juvenil junto con la Secretaría de Salud y el Instituto
Mexicano de la Juventud organizaron el “Concurso nacional de memes, GIF y videos. Like por tu
salud” en el que se premiaban con $7000 a la persona ganadora del primer lugar, $5000 y $3000
al segundo y tercer lugar respectivamente. La convocatoria todavía se puede consultar en este
enlace [Link]
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Adriana Moreno Carrasco
propuestas de museos y otras instituciones dedicadas a la preservación y
difusión del arte, dispuestos a negociar los estándares de las obras que incluyen
en sus repertorios para dar paso a nuevas expresiones culturales digitales como
los que he señalado. Un ejemplo interesante es el Museo Dolores Olmedo 20,
que ha llevado a cabo un concurso de memes, con el que se buscaba una
reapropiación de las obras de arte que conforman su colección, por lo que las
personas interesadas en participar emplearon el catálogo de obras del museo
para producir memes. Este concurso fue puesto en marcha por los miembros de
la página de Facebook Instituto Nacional de Bellos Memes, quienes se
encargaron de evaluar las creaciones de quienes participaron y premiar a
quienes ganaron. Existen otras propuestas notables como talleres para aprender
a hacer memes, en México los han ofrecido museos como el MUNAL, el Centro
de la Imagen21 y el Museo Arocena de Coahuila22. Con estos eventos no se
busca emprender competencia alguna, sino, enseñar el manejo de algunas
herramientas para producir contenidos sujetos al criterio y las necesidades
comunicativas de quienes participan en dichos eventos. Asimismo, en estos
talleres se discuten no solo los memes, también aspectos de la cultura digital, la
comunicación, el arte, la política, entre otros que enriquecen la experiencia y el
sentido de producir memes.
Probablemente, los memes de Internet no lleguen a ser considerados
oficialmente como expresiones artísticas formales, sin embargo, lo importante
aquí es que es imposible negar que están recubiertos de sentidos y símbolos
89
que afianzan o desafían sistemas clasificatorios, que distinguen a las personas
que los producen y propagan. Tampoco se puede negar su valor en términos
sociales y culturales con los que se despliega un sinnúmero de posibilidades
para abordar temas y objetos de estudio propios de las ciencias sociales,
particularmente, la psicología social.
Para concluir me gustaría extender la invitación a las colegas para
contaminar los espacios académicos con temas y métodos que habiliten otras
rutas para la producción de conocimiento y el enriquecimiento de nuestras
disciplinas, así como a desarrollar herramientas que permitan desentrañar las
ambigüedades y las anomalías en nuestros propios objetos de estudio.
Consultar:
20
[Link]
olmedo/
21
Consultar:[Link]
seminarios/2018/[Link]
22
Consultar: [Link]
semana-internacional-de-los-museos
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Contaminación en y a través de memes de internet
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Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020) ISSN 2448-7317
DEPORTE Y SOCIEDAD. CONTRASTES: CUERPO, PROTESTA Y
DIGNIDAD
***
SPORTS AND SOCIETY. CONTRASTS: BODY, PROTEST AND
DIGNITY
Carlos Labastida Salinas1
Sección: Disertaciones
Recibido: 16/07/2020
Aceptado: 14/08/2020
Publicado: 04/12/2020
“Nosotros estábamos muy conscientes de que el conocimiento
acerca del deporte lo era también de la sociedad.”
Norbert Elias y Eric Dunning, 1986
Resumen
Tras caracterizar al deporte profesional como una esfera social llena de contrastes, los
cuales no son más que los contrastes de la sociedad misma, en el presente ensayo
pongo de relieve la gran asimetría de poderes y recursos que existe en el mundo
deportivo, especialmente entre directivos, patrocinadores, políticos y atletas. Lo
anterior se realiza mediante dos recorridos principales. El primero de ellos enfatiza la
manera en la que el cuerpo de las y los atletas se encuentra sometido a las reglas,
intereses y juicios de un reducido número de personas que conforman las élites
deportivas. El segundo aborda la siempre polémica cuestión de la protesta política en
el deporte y las diversas posturas que giran en torno a esta, dejando al descubierto las
incongruencias existentes y la gran desigualdad de poder entre los diferentes actores.
Concluyendo, así, que si el deporte es un espacio de abusos, opresiones y explotación,
también debe ser uno de lucha, resistencia y dignidad.
Palabras clave: política; derechos; poder; ética; justicia.
1
Estudiante de la maestría en Sociología Política del Instituto Mora, Ciudad de México. Correo
electrónico: carloslab93@[Link]
Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
Abstract
After characterizing professional sport as a social sphere full of contrasts, which are the
same contrasts of society itself, in this essay I display the existent asymmetry of power
and resources in the sports world, specially the one among executives, sponsors,
politicians and athletes. To accomplish this I take two main routes. The first one
highlights the way in which the body of athletes is subject to the rules, interests and
judgements of a small number of people who constitute the sports elite. The second
one approaches the polemic issue of political protest in sport and the different
attitudes around it, exposing the many existing contradictions and the unequal power
among different actors. Thus, it is concluded that if sport is a field where abuses,
opressions and exploitation take place, it should also be a field where contestation,
resistance and dignity emerge.
Key words: politics; rights; power; ethics; justice.
92
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Carlos Labastida Salinas
El deporte –y el deporte profesional2, en específico– puede ser visto e
interpretado de múltiples maneras, y así se ha hecho a lo largo de los años. Una
manera de verlo es como una especie de símbolo o de muestra del progreso de
la humanidad. Lo anterior se debe, más que nada, al concepto de récord que le
es inherente desde sus inicios (Besnier, Brownell y Carter, 2018; Guttman, 2004) y
al rápido desarrollo y uso que hace de los más recientes avances tecnológicos
(los cuales, por extrañas razones, suelen ser considerados como aquellos con los
que, en buena medida, juzgamos lo avanzada que está una sociedad, lo que sea
que eso signifique). Aunado a esto, todavía hay quienes suelen atribuirle al
deporte un carácter formativo por excelencia e, incluso, lo ven como una
herramienta o medio para la transformación social; como una actividad que
fomenta, produce e interioriza los valores de una sociedad democrática, solidaria,
igualitaria, pacífica, inclusiva, etc. El famoso espíritu olímpico y el fair play (véanse
ONU (2003) y Moscoso-Sánchez (2010), por ejemplo).
Además, la naturaleza competitiva del deporte profesional y las grandes
cantidades de recursos de todo tipo que giran en torno a él, junto con las
exigencias de consumo de la sociedad contemporánea, tienen a múltiples
industrias (la textil y de la moda, de alimentos, de telecomunicaciones, transporte,
arquitectónica, publicitaria, etc.) trabajando permanentemente a tope,
desarrollando y presentando, año con año, una cantidad de productos novedosos
de distintos tipos tanto para las y los deportistas como para cuerpos técnicos,
93
jueces, árbitros y las audiencias. Estas tecnologías las encontramos en forma de
vestimenta y equipamiento; en novedosas técnicas, métodos o sustancias para
mejorar el rendimiento; equipos electrónicos de asistencia para árbitros y
técnicos; innovadoras formas de transmisión, de análisis y predicciones de
encuentros deportivos, por mencionar sólo algunos. Estos impresionantes
avances, junto con los constantes récords y logros conseguidos por los países,
equipos y atletas con el pasar de los años, abonan a esa visión del deporte como
muestra del progreso y desarrollo humano.
Sin embargo, no es difícil ver que el deporte es, al mismo tiempo, una de las
esferas sociales más conservadoras y rígidas que existen en comparación con
otras. Esta rigidez y conservadurismo, que residen en su estructura y sus
2
La especificación de profesional es de suma importancia para los fines de este escrito,
entendiendo por profesional a “todo aquel que por dinero o cualquier otra retribución pecuniaria,
practique, enseñe, prepare o adiestre en cualquier deporte” (Federación Atlética Argentina, 1954,
p. 5). La importancia reside en que el deporte profesional es el que más ha sufrido las
consecuencias de las exigencias de productividad, eficiencia y consumo de la sociedad
contemporánea; es el que más se ha pervertido a causa de la burocratización, rentabilidad y
mercantilización. Al tener, entre otras, esta motivación económica, su lógica deviene diferente a
la de los demás espacios y formas de practicar deporte (amateur, escolar, recreativo, etc.), y el
carácter lúdico de la actividad deportiva se encuentra más ausente o reducido que en cualquier
otra. Aunque si bien se conservan y se reproducen los aspectos esenciales, esta motivación
específica produce un cambio de gran relevancia, en el que se priorizan ciertas acciones y valores
que dan paso a aparición de fenómenos particulares en busca de la ganancia económica.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
dinámicas mismas, contrastan fuertemente con los ideales y aspiraciones de
progreso en cuanto a igualdad, inclusión y solidaridad, anteriormente
mencionados, que supuestamente buscan. Y no sólo contrastan fuertemente, sino
que se ven ampliamente cuestionados cuando reparamos en este otro tipo de
aspectos que también le son esenciales al deporte. A poco nos resulta ajeno el
hecho de que, históricamente, el deporte ha estado fuertemente marcado por el
sexismo, el racismo, los nacionalismos y la xenofobia, la mercantilización y el
consumo, la corrupción, su uso como instrumento político o económico por parte
ciertas élites, la desigualdad de poderes y recursos entre directivos y atletas, entre
otros.
Para verlo en términos concretos, piénsese que mientras podemos
maravillarnos con la fabricación de bicicletas increíblemente aerodinámicas y
livianas, después de múltiples intentos fallidos sigue sin lograrse en el ciclismo de
ruta una estable y duradera competencia femenil equivalente al Tour de France
varonil, que cuenta ya con más de un siglo de historia3. Podemos ver en la
televisión –o en algún dispositivo móvil– en cámara súper lenta, a quién sabe
cuántos cuadros por segundo, y desde incontables ángulos, los gritos, cánticos y
gestos racistas, xenófobos u homofóbicos que aficionados y algunos jugadores
hacen a sus rivales. Mientras estábamos a la expectativa de lo que Japón, el
gigante tecnológico, nos tenía preparado para los próximos Olímpicos de Tokio,
diversas mujeres atletas exigen y luchan en diversos espacios por mejores
condiciones y derechos laborales. Celebramos los diversos récords conseguidos
94
en los juegos de Sochi 2014, para luego enterarnos de la participación
gubernamental en un plan de dopaje sistemático en los atletas del país anfitrión.
Somos testigos del auge de los sistemas de monitorización y rastreo para obtener
los datos y estadísticas del desempeño de atletas, del uso en los entrenamientos
de las cámaras de oxigenación hiperbárica, o de la incursión de la termografía
aplicada al deporte para la detección de lesiones o el riesgo de sufrirlas, pero
seguimos encasillados en la extremadamente rígida categorización binaria
varonil/femenil en las ramas de casi todos los deportes, la cual margina y
estigmatiza a atletas transexuales e intersexuales. Así, vemos que las
contradicciones que existen en el deporte son las contradicciones que existen en
el mundo. Y la estampa perfecta para retratarlas nos la brindó Estados Unidos el
30 de mayo del 2020. Mientras al mediodía, con el lanzamiento del Falcon 9
logrado mediante la colaboración de la NASA con Space X, se decía que se
inauguraba una nueva era espacial para la humanidad, en decenas de ciudades
estallaban protestas llenas de rabia e indignación contra el histórico y sistemático
racismo que impera en el país norteamericano, las cuales fueron detonadas por
3
El Tour de l’Aude Femenino, Grande Boucle y La Route de France son algunas de las carreras
femeniles más prestigiosas que han existido, sin embargo, todas ellas han atravesado por diversos
problemas para su realización, sobre todo por el escaso interés de los patrocinadores,
ocasionando la desaparición de algunas de ellas desde hace tiempo o de la realización
intermitente de otras, incluso llegando a perder su carácter de profesional. La más constante,
estable y que continúa vigente es el Giro de Italia Femenino.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Carlos Labastida Salinas
el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis en los días
previos. Así es el mundo, y así es también el deporte.
De esta manera, encontramos en el deporte profesional una especie de
contradicción entre el avance y retroceso, entre el progreso y el conservadurismo.
Sin embargo, la cuestión central reside en entender que el deporte no es ni lo
uno ni lo otro. No es progreso, ni punta de lanza en la transformación de la
sociedad, como todavía les gusta creer a muchos. Ni es tampoco la
representación de algunos de los aspectos más primitivos de nuestra sociedad,
como lo creen otros tantos. Es más bien, utilizando algunas de las frases con las
que Geertz (1973) caracterizó al deporte en su clásico estudio sobre las riñas de
gallos en Bali, un cuento que se cuenta una sociedad a sí misma sobre sí misma,
“un ejemplo de ella cuidadosamente preparado [...], una simulación de la matriz
social” (pp. 358, 366). El deporte nos permite encontrar las más diversas
expresiones existentes en el amplio abanico de valores que reinan en una
sociedad. Es un espacio que refleja los aspectos más dolorosos, reprobables y
decepcionantes, así como los más esperanzadores y reconfortantes que se
encuentran circulando en una colectividad. Así, precisamente como lo afirmaba
el mismo Geertz (1973), la función del deporte “no consiste en mitigar las
pasiones sociales ni exacerbarlas [...] sino en desplegarlas” (p. 364) en medio de
un escenario determinado. El deporte nos permite ver lo que es una sociedad,
nos permite ver lo que somos.
Si bien los avances tecnológicos y sus usos en el deporte nos proveen de
95
mucho material sobre el cual reflexionar, por el momento, me enfocaré en
algunos de aquellos aspectos que he caracterizado como conservadores o de
atraso que persisten en la práctica del deporte profesional. Como resulta
evidente, la cantidad de este tipo de problemáticas es muy vasta y, debido a su
naturaleza, resulta problemático hacer una categorización o una delimitación
clara para la gran mayoría de ellos en cuanto a la cuestión central del problema,
pues en ellos convergen distintos aspectos. En esta ocasión, de entre todo el gran
entramado de problemáticas que podrían escogerse, en la primera parte de este
escrito retomaré solamente algunos de los casos recientes más emblemáticos e
ilustradores que atañen a las relaciones entre cuerpo, género y poder que nos
permitan tener un panorama general del estado del deporte profesional
contemporáneo en estos temas.
Afortunadamente, en el deporte –como en cualquier otro espacio de la vida
social– las tensiones o conflictos existentes son problematizados y enfrentados
de diversas maneras, una de las cuales es la acción directa en forma de protesta
o manifestación. Estas protestas y manifestaciones de carácter político que se dan
en el deporte –y que largamente han estado terminantemente prohibidas en las
distintas competiciones oficiales– suelen hacer referencia a conflictos que
trascienden la propia esfera deportiva, dando como resultado que el deporte
profesional y sus espacios suelan ser frecuentemente utilizados como escenario
para realizar posicionamientos, exigencias y reclamos de todo tipo. Por ello, en la
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
segunda mitad de este ensayo, se encuentran algunas reflexiones en torno a una
de las múltiples aristas de la muy compleja relación entre deporte y política, a
saber, el de la protesta en el deporte. Reflexiones que nos muestran que no todo
está perdido, que a pesar de que las y los deportistas profesionales se encuentran
sometidos a un régimen de extrema disciplina y obediencia, todavía nos
encontramos con rayos y destellos de esperanza y de dignidad.
Para dejar descansar por un momento las multicitadas y muy conocidas
expresiones del deporte como espejo del mundo o como microcosmos de la
sociedad, tomaré prestada la expresión que sirve de título a un reciente libro del
sociólogo e historiador Ariel Rodríguez (2019) y la utilizaré un poco a
conveniencia para afirmar que el deporte es “un museo del universo”4. Es un
museo porque “el museo expresa un momento totalizante de la cultura: el mundo
todo, una faceta, una culminación o un ejemplo didáctico de ese mundo” (p. 13).
En él podemos encontrar lo mejor y lo peor, lo más desilusionante y lo más
esperanzador de nuestra sociedad. Pasemos, pues, a observarnos, a reconocernos
y a contemplarnos.
I. Definiciones y usos legítimos del cuerpo: poder, cuerpo y deporte.
Al definir el deporte como un campo, Bourdieu (1990) lo conceptualizó como una
esfera autónoma de la vida social con sus relaciones sociales, sus intereses y sus
recursos propios. Es decir, que el deporte se organiza de acuerdo con su propia
96
lógica y dinámica –en otras palabras, su realidad propia– las cuales le son
específicas, irreductibles y distintas a las de los demás campos. En consecuencia,
desde este punto de vista, el deporte es un espacio en el cual existen diversas
fuerzas y luchas simbólicas, donde los capitales económicos, sociales y culturales
se encuentran distribuidos de manera desigual y los agentes sociales actúan y
luchan por mantener o transformar dicha correlación de fuerzas.
Esta disparidad en el volumen poseído de capital se ve materializada, entre
otras cosas, en torno al problema de la legitimidad. Es decir, que aquellos grupos
que cuentan con mayor volumen de capital tienen la capacidad de decidir qué
acciones, qué prácticas o qué productos gozan de ser legítimos o ilegítimos en
algún campo en específico (Ariño, 2011), en este caso, el del deporte.
De entre todas las variadas y diversas luchas que se pueden pensar dentro
del deporte, Bourdieu (1990) hace mención específica de “el monopolio para
imponer la definición legítima de la actividad deportiva y de su función legítima”
(p. 200), es decir, de determinar qué sí es y qué no es deporte, qué está permitido
4
Rodríguez (2019) emplea la expresión “museo del universo” no para referirse al deporte como
tal, sino a la Ciudad de México en 1968, la cual, en el contexto de los Juegos Olímpicos y el
movimiento estudiantil, fungió como museo en el sentido de que exhibió “experiencias de vida,
gestos colectivos, estados de ánimo generacionales y lenguajes que iban de la ruptura a las
convenciones al uso” (p. 14). Un museo que presentó y representó el gran estado de la cuestión
de “la ciudad, de la nación, del Estado, del mundo, del deporte, de la competencia, del arte, de la
violencia, del cinismo, de los límites y alcances de una década” (p. 14).
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Carlos Labastida Salinas
y qué no, si se es deporte de élite o popular, o el deporte como profesión o como
espectáculo. Dentro de esta tensión entre lo legítimo y lo ilegítimo se encuentra
también la relacionada con el problema de “la definición del cuerpo legítimo y el
uso legítimo del cuerpo” (p. 200). El análisis central del autor sobre esta cuestión
radica, principalmente, en el significado y la relación que las personas de
determinada clase social establecen con su cuerpo, así como la manera en que
esta relación determina, en gran medida, el deporte que se practica, pues cada
clase presta una atención diferente a las ganancias intrínsecas para el cuerpo en
sí y las ganancias en términos de distinción que otorga cada deporte. Dicho de
manera muy general, Bourdieu (1990) afirma que las élites o las clases altas ven
su cuerpo con una finalidad estética, cuyo fin es el goce, la higiene, la elegancia
y la admiración: el cuerpo para ser mostrado, “como configuración perceptible, el
cuerpo para los demás” (p. 211). Por otro lado, las clases populares establecen
con su cuerpo una relación de tipo más instrumental, donde el interés central se
encuentra en la ganancia de fuerza y musculatura, y se practican deportes donde
se pone en juego el cuerpo mismo5.
Si bien el sociólogo francés enfoca su análisis en lo recién mencionado sobre
la legitimidad del cuerpo, en las siguientes líneas aprovecharé para retomar esta
cuestión y centrar la atención sobre algunas formas en las que, dentro del campo
de deporte, esta tensión de lo legítimo y lo ilegítimo a la que el cuerpo se
encuentra sometido también abarca aquellas disputas en torno a las condiciones
o las características específicas que deben cumplir los cuerpos que hacen deporte.
97
¿Quién puede y quién no puede hacer cierto deporte? ¿Quién y con qué
fundamentos lo decide? Los siguientes son algunos casos donde se pueden ver
claramente estas tensiones entre poder, cuerpo y deporte. Casos en los cuales se
hacen patentes las grandes desigualdades de posesión de capitales que se
traducen en opresiones, abusos e injusticias debido al gran poderío y control que
ejercen ciertos organismos, empresas, instituciones y directivos sobre los y las
atletas.
Quizá el caso reciente más mencionado cuando se habla de cuerpo, género
y deporte sea el de la corredora sudafricana Caster Semenya, quien ha sido
5
Por ello, asegura Bourdieu (1990), las personas pertenecientes a las clases altas suelen decantarse
por deportes en los cuales el cuerpo no es expuesto al contacto físico brusco o directo, y algunos
donde el componente estético resulta fundamental: esgrima, golf, gimnasia, polo, equitación,
tenis (conocido en sus inicios como el deporte blanco, y no únicamente por el color de sus
uniformes), entre otros. Cabe resaltar que, hasta hace no mucho tiempo, los colores
predominantes de los uniformes de algunos de estos deportes sean el blanco y los colores claros,
los cuales han estado tradicionalmente asociados a la higiene, al prestigio y la nobleza. En cuanto
a las clases populares, el tipo de relación con su cuerpo resulta en la práctica de deportes donde
resaltan la fuerza física, la resistencia y la agresividad, como los deportes de contacto. No está de
más mencionar que, sin duda, hoy día vivimos lo que algunos autores han llamado la
democratización del deporte (Iuliano, citado en Gómez, Grinszpun, y Seid, 2012), donde, como
consecuencia de la globalización, los deportes tradicionalmente practicados por las clases altas
se han hecho más accesibles a las demás y donde estas transitan, poco a poco, hacia la práctica
de otros deportes.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
multimedallista olímpica y mundial en los 800 metros planos. Siempre vale la
pena retomar su historia. Semenya ha estado desde hace muchos años en medio
de la polémica, y la razón es que, para algunos, no parece completamente mujer.
Durante las primeras competencias de su carrera deportiva, Semenya no
provocaba tanto alboroto, si acaso uno que otro comentario, nada más; pero en
el 2009, cuando los primeros lugares, las medallas y los buenos cronometrajes
llegaron, las sospechas y acusaciones no se hicieron esperar, tanto por parte de
atletas como del público, entrenadores, comentaristas, etc. Elisa Cusma, atleta
italiana que corrió contra Semenya en la final del mundial de Berlín de ese mismo
año, la acusó directamente de ser hombre. Inicialmente, se manejaron versiones
sin fundamento de que Semenya era transexual o se le señaló –utilizando el
término de manera errónea– de ser hermafrodita. Ante la presión, la entonces
llamada Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF por sus
siglas en inglés, que a partir del 2019 cambió su nombre a World Athletics),
máximo órgano rector del atletismo en el mundo tomó la decisión de intervenir,
exigiendo a la atleta la realización de diversas pruebas de verificación de sexo6.
En diversos medios trascendió la noticia de que los resultados de dichas pruebas
arrojaban que Semenya producía niveles de andrógenos, especialmente de
testosterona, tres veces superiores de lo que lo hace una mujer promedio, y que
la atleta había atravesado por lo que hoy día se conoce como diferencias en el
desarrollo sexual (DSD), siendo esto el causante de sus altos niveles de
andrógenos.
98
En medio de la polémica, en el 2010 la IAAF decidió seguir la recomendación
de un grupo de expertos médicos que establecía que la sudafricana podía seguir
compitiendo como mujer sin limitación alguna. El caso quedó archivado, aunque
no sin sus opositores correspondientes, hasta el 2018, cuando la IAAF decidió
establecer nuevos criterios de elegibilidad para las atletas mujeres con altos
niveles de testosterona, exigiendo que, si querían participar en los eventos
oficiales, estas debían someterse a un tratamiento médico para bajar su
producción de testosterona hasta un nivel específico. Negándose a acatar esta
medida por considerarla discriminatoria y violatoria de sus derechos, Semenya ha
emprendido desde entonces acciones legales contra la IAAF ante el Tribunal de
Arbitraje Deportivo y la Corte Federal Suprema de Suiza, las cuales, hasta el
momento, no han sido favorables para la sudafricana, lo que al día de hoy –al
momento en que se escriben estas líneas (verano del 2020)– la tiene alejada de
competencias oficiales y con la incertidumbre de poder participar en los próximos
Juegos Olímpicos de Tokio.
De esta manera, la entonces llamada IAAF determinó quién sí es una mujer
normal y quién no, y lo que se debe hacer si se quiere ser considerada como tal.
Imaginemos que algo similar se hiciera en las ramas varoniles: que resultara que
6
Para una reconstrucción histórica y análisis a fondo sobre la cuestión del sexo, atletas
intersexuales y las pruebas de verificación de sexo en el deporte, puede consultarse Besnier,
Brownell y Carter (2018)
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Carlos Labastida Salinas
Bolt, Phelps o Djokovic produjeran una cantidad considerablemente mayor de
testosterona que los demás hombres, ¿se les suspendería por ser demasiado
hombres o más hombres que los demás? O, en un sentido inverso, si la Federación
fuera congruente con su lógica de competir en igualdad de condiciones, entonces
también tendría que exigirles a los atletas hombres, que por alguna razón
producen niveles más bajos de testosterona que el hombre promedio, a
someterse a tratamientos médicos para alcanzar niveles iguales a los de los
demás competidores, ¿no?
Como bien argumentan Rivero y Tamburrini (2014), lo de Semenya y otras
mujeres con características similares es consecuencia de la arcaica rigidez de la
división binaria de los sexos. Estos autores lanzan una dura crítica en la que
afirman que la división de categorías en el deporte basada en el sexo es obsoleta,
especialmente en estos tiempos donde los conocimientos médicos y científicos
son tan avanzados. Lo que tendría sentido hacer es medir el índice de
andrógenos, particularmente la testosterona, para construir desde ahí las
categorías competitivas en los deportes, independientemente del sexo biológico.
Esto permitiría superar todos aquellos supuestos dilemas que surgen en cuanto
a la participación de atletas transexuales, intersexuales, DSD, etc7. Hacer lo
anterior implicaría no sólo reconfigurar el deporte, sino reconfigurar las formas
de pensamiento y, por lo tanto, reconfigurar la sociedad.
En una de las incontables entrevistas que ha dado Semenya, la atleta
menciona contundentemente “Todos somos diferentes [...] Yo produzco más
99
testosterona, ¿y eso qué?” (Guardian Sport, 2019) Tiene razón. El éxito o fracaso,
el ser mejor o peor que otros en un deporte o en el desarrollo de habilidades
específicas está determinado, principalmente, por nuestras diferencias –tanto
físicas como culturales y sociales (las últimas teniendo efectos decisivos en las
primeras, como se sabe desde hace tiempo, Besnier, Brownell y Carter, 2018). Las
y los atletas más destacados las poseen en mayor medida que los demás.
Recordemos que por algún tiempo se habló mucho de la anatomía de Phelps,
sobre todo de la longitud de sus brazos; o de la estatura y longitud de las piernas
de Bolt; o de la potencia de Cristiano Ronaldo, pero en ningún momento fueron
cuestionados por ello, sino idolatrados. Fueron incluso estudiados, aunque no
con un ánimo de sospecha o cuestionamiento –como Semenya–, sino de
admiración. Diferencias anatómicas y fisiológicas naturales –refiriéndome con
7
Claudio Tamburrini, filósofo y ex futbolista argentino, retoma la interesante y cada vez más
respaldada propuesta del profesor Pedro Malpica, quien esgrime la posibilidad de que el criterio
de categorización en los deportes no sea el sexo, sino aspectos como los niveles de andrógenos
en el cuerpo o, dependiendo de la actividad, factores como el peso, la estatura o la masa muscular
–algo muy similar a lo que ocurre en el boxeo, cuyas categorías están basadas en el peso de los
competidores–, apuntando siempre a competiciones mixtas. De esta manera, en el futuro, las dos
categorías se fundirían en una, y así como hoy nos extraña la costumbre de que antes se separara
a los deportistas en categorías diferenciadas por razas, “de la misma forma el actual cisma entre
femenino y masculino se verá como un rasgo anticuado y prejuicioso” (Rivero y Tamburrini, 2014,
pp. 111-112).
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Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
esto a que no han sido modificadas intencionalmente– son las que, en última
instancia, definen la gran variedad de atletas que vemos día a día: estatura,
complexión, capacidad pulmonar, elasticidad, tolerancia a los efectos del ácido
láctico, explosividad y potencia muscular, etc.8 El único pecado de Semenya es
que su diferencia transgrede una de las concepciones dicotómicas más sagradas
y constitutivas del pensamiento occidental: la de hombre/mujer. Y aunque
probablemente el de Semenya sea el caso más conocido, no es la primera mujer
en sufrir este tipo de problemas. Esperemos que sea de las últimas.
Es en situaciones como esta donde se hacen plenamente evidentes las
características que le confieren autonomía al campo del deporte: su auto
administración y su autor reglamentación. Al hablar de la autonomización de este
campo, Bourdieu (1990) hizo referencia a dos procesos específicos que lo
acompañan: la racionalización y la reglamentación. Con ellos se refiere a la
constitución de un cuerpo de reglamentos específicos de aplicación universal y a
la de un cuerpo de dirigentes especializados. Estos últimos:
Están investidos del derecho de fijar las normas relativas a la participación en
las justas que ellos organizan y les corresponde ejercer, bajo control de los
tribunales, un poder disciplinario (exclusiones, sanciones, etc.) para que se
respeten las reglas específicas que ellos dictan (Bourdieu, 1990, p. 198).
El problema reside en que la posesión de poderes y recursos –o de capitales– es
100
tan grande y desigual, que todo agente que participe en dicho campo queda,
prácticamente, bajo su control. El dominio de ciertos organismos nacionales o
internacionales, federaciones, patrocinadores, empresas de diversa índole o
directivos ha llegado a tal punto que, como es fácil darse cuenta, el deporte
profesional tiene, literalmente, dueños. Son ellos quienes deciden qué se hace y
que no, cómo, cuándo y dónde se hace, y hasta lo que es moral e inmoral. Formar
parte de ese mundo implica la obligación, casi inescapable, de seguir y conducirse
bajo dichas reglas y valores. Las capacidades, talentos, características de los
cuerpos, el esfuerzo y el trabajo son puestos a su consideración, apreciación y
criterio. Esta disparidad de poderes y recursos conduce, en muchos casos, a
múltiples abusos, a explotación y maltrato hacia los y las atletas; los cuales gozan,
por lo general, de absoluta impunidad. ¿Quién vigila al vigilante?
Allyson Felix es la velocista más galardonada en la historia de los Mundiales
de Atletismo. A la fecha, cuenta con 13 medallas de oro, tres de plata y dos de
bronce; así como con seis medallas de oro y tres de plata en Juegos Olímpicos.
Es, sin duda alguna, una de las mejores velocistas de todos los tiempos. En el
2019, esta corredora estadounidense libró una batalla contra su patrocinador, una
8
Además, el desarrollo de algunas de estas cualidades –como la capacidad pulmonar, la
elasticidad, la estatura, entre otras– no depende en absoluto del nivel de testosterona en el
cuerpo, y resultan, incluso, mucho más determinantes que esta última al momento de otorgar
ventajas en ciertos deportes, dependiendo de la actividad de la que se trate.
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Carlos Labastida Salinas
de las empresas más poderosas en el mundo deportivo: Nike. Dicha batalla giró
alrededor de una de las cuestiones más silenciadas en el deporte, aquella que la
exatleta Phoebe Wright llamó “el beso de la muerte” para las mujeres en dicha
industria: el embarazo y la maternidad (Felix, 2019; Montaño, 2019).
En mayo del 2019, en una columna escrita para The New York Times, Felix
(2019) reveló su experiencia vivida con Nike a raíz de su embarazo. En ella, nos
cuenta que todas las mujeres atletas saben perfectamente que al decidir ser
madres se arriesgan a fuertes recortes en sus pagos por parte de los
patrocinadores durante y después del embarazo, es una especie de secreto a
voces9. La velocista, quien empezó su relación con Nike en 2010, optó por la
maternidad en 2018, año que coincidía con la renovación de su contrato, el cual
había finalizado en diciembre del 2017. A pesar de sus victorias y su
reconocimiento mundial, la empresa, dando a entender que la corredora ya no
valía lo que antes, ofreció pagarle únicamente el 30% de lo que le pagaba previo
a su embarazo. La atleta cuenta que estaba dispuesta a aceptarlo, pero con una
condición: que Nike se comprometiera, por medio de una cláusula en el contrato,
a no penalizarla económicamente si no lograba rendir al máximo durante los
primeros meses después de su embarazo. La empresa se negó y las negociaciones
quedaron estancadas. Al contar esto, la multimedallista sentencia: “He sido una
de las atletas más ampliamente comercializadas de Nike, si yo no puedo asegurar
protecciones de maternidad, ¿quién puede?” (Felix, 2019)10.
Algunas otras atletas que han sufrido este problema y que han encontrado
101
los medios para contar su historia son Kara Goucher y Alysia Montaño. Esta
última, en una columna propia del mismo New York Times, relata la indignante
actitud de Nike hacia ellas y las mujeres deportistas que optan por la maternidad.
Muchas compañías, dice la atleta, encuentran rentable el lanzamiento de
campañas y comerciales donde exaltan y elogian a las mujeres atletas 11,
obteniendo así reconocimiento por apoyar, promover y visibilizar el deporte
femenino, pero son sólo eso, comerciales y publicidad. Y define la industria del
deporte en general como una multimillonaria “que en público elogia a las mujeres
por tener una familia, pero no les garantiza un salario durante el embarazo y la
maternidad temprana” (Montaño, 2019). Después de que el caso de Felix y los
dichos de Montaño fueran conociéndose y difundiéndose poco a poco en el
9
A algunas, incluso, se les hace firmar un acuerdo de confidencialidad donde se comprometen a
no revelar los detallas de las negociaciones o de sus contratos (Felix, 2019).
10
Cabe resaltar que, a diferencia de otros deportistas como futbolistas, basquetbolistas,
beisbolistas, entre otros, las y los profesionales del atletismo no son asalariados, sus ingresos
económicos dependen de becas, patrocinios (sobre todo de marcas de ropa y alimentos) y primas
otorgadas por conseguir medallas, podios y récords.
11
En México, por ejemplo, la propia Nike lanzó desde hace un par de años la campaña Juntas
Imparables, la cual tiene como objetivo destacar la fortaleza, capacidad y talento de las mujeres
en el deporte.
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Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
espacio público, diversas marcas de la industria deportiva (Burton, Altra, Nuun,
Brooks, por ejemplo) anunciaron que incorporarían a sus contratos garantías para
las mujeres para ser apoyadas por sus patrocinadores en cuestiones de
maternidad. Pocos días después, Nike también se comprometió a cambiar su
política de maternidad, garantizando pagos y bonos durante los meses de
embarazo y los subsecuentes. Lo único que las atletas pedían era eso, las
garantías básicas a las que se tiene derecho en cualquier trabajo que respete
mínimamente la dignidad de las personas.
Meses después de lo ocurrido, con una brillante actuación en el Mundial de
Doha 2019, Allyson Felix corrió los relevos 4x400 en la categoría mixta y la femenil,
contribuyendo a que su equipo obtuviera la medalla de oro en ambas pruebas.
En la misma justa deportiva, la jamaicana Shelly-Ann Fraser-Pryce, otra brillante
velocista y plusmarquista, competía en los 100 metros planos. Al igual que Felix,
Fraser-Pryce también se había convertido en madre durante los meses anteriores
al Mundial, encontrándose bajo la presión y las expectativas por su rendimiento.
La jamaicana arrasó en la prueba, logrando su segunda mejor marca personal en
esa distancia (corrió en 10.71 segundos; su récord personal es de 10.70 segundos,
realizado en 2012), además de conseguir también el oro con su equipo en los
relevos femeniles de 4x100. Por si a alguien todavía le quedaban dudas.
Un caso más. A finales del 2019, en internet comenzó a circular un video
donde la joven Mary Cain, una estudiante que en algún momento tuvo un futuro
prometedor en el atletismo, cuenta su historia, la cual también tiene a la marca
102
estadounidense Nike como protagonista. El título del video lo resume todo: Yo
era la niña más rápida de los Estados Unidos, hasta que me uní a Nike. A sus
apenas 16 años, Cain había ya roto diversos récords nacionales en carreras de
medio fondo, además de caracterizarse por ser una buena estudiante. Esto la llevo
a ser invitada a formar parte del llamado Oregon Project, un equipo de corredores
de élite especializado en medias y largas distancias, financiado por Nike y dirigido
por el entrenador Alberto Salazar, con sede en Portland, Oregon12.
Lograr esto era el sueño hecho realidad de la estudiante, pero en lugar de
encontrar todo lo esperado y lo que le fue prometido, fue “física y
emocionalmente abusada por un sistema diseñado por Salazar y avalado por
Nike” (The New York Times, 2019). Relata que fue forzada a perder peso incluso
a niveles por debajo de lo saludable –obligándola a ingerir medicamentos cuyo
uso está estrictamente prohibido en atletas– lo que le llevo a padecer el Síndrome
de Deficiencia Energética Relativa en el Deporte (RED-S)13 durante tres años, el
cual fue la causa de que sufriera fracturas en cinco huesos distintos. La atleta
acusa que, durante su participación en el proyecto, fue maltratada y humillada, y
12
Algunos de los atletas más reconocidos que participaron en dicho proyecto fueron Mo Farah,
Galen Rupp, Sifan Hassan, Donovan Brazier.
13
Este síndrome consiste en una disfunción fisiológica que afecta, entre otras cosas, el ritmo
metabólico, el ciclo menstrual, la salud cardiovascular y ósea, así como el sistema inmunológico
(Mountjoy M, Sundgot-Borgen J, Burke L, et al., 2014).
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Carlos Labastida Salinas
revela que sufrió al punto que empezó a desarrollar pensamientos suicidas, pero
a nadie le importó.
Finalmente, Cain logró dejar el equipo y regresar a Nueva York, su ciudad
natal, donde poco a poco ha ido recuperándose. Desde ahí cuenta su historia y
lanza su dura crítica a lo que considera que es “una crisis sistemática en el deporte
femenil y en Nike” –una marca que es todopoderosa en el mundo del atletismo,
con un control casi absoluto del medio–, “donde los cuerpos de las mujeres son
arruinados por un sistema que abusa de ellas física y emocionalmente” (The New
York Times, 2019). Dicho sistema, sostiene, tiene que cambiar. A pesar de todo,
asegura que ella seguirá corriendo por muchos años, pues aún tiene fe en el
deporte14.
Al contar sus historias, hay una cosa en la que tanto Allyson Felix como Mary
Cain coinciden, y que también se observa en otros casos: que por más que
parezca que existen avances en términos de igualdad e inclusión, son estas
cuestiones fundamentales los que revelan que el deporte es, todavía a estas
alturas, un sistema creado por hombres y para hombres.
Para completar el repertorio, de muy breve manera podemos recordar la
renuencia de la National Football League (NFL) a aceptar que los golpes en la
cabeza que reciben constantemente los jugadores durante los partidos y
entrenamientos es causante de Encefalopatía Traumática Crónica (ETC), una
enfermedad neurodegenerativa que se le ha diagnosticado a diversos jugadores
y exjugadores de futbol americano (la cual también es común en boxeadores). La
103
NFL incluso llegó a intimidar, hostigar y amenazar a científicos y médicos que
trabajaron en darlo a conocer15, pues creían que dicha información afectaría el
gusto por el deporte y se vería reflejado en pérdidas económicas. En el mismo
terreno del futbol americano, llama la atención el concepto de la femenil Legends
Football League (llamada en sus inicios Lingerie Football League), cuya lógica
sugiere que lo interesante de las jugadoras y sus partidos no son su juego en sí,
sino la exhibición de sus cuerpos.
Así, se puede dar cuenta del poder y control que ejercen ciertas instituciones
o personas (organismos internacionales, federaciones, patrocinadores,
televisoras, directivos, entrenadores, etc.) sobre los cuerpos y vidas de las y los
atletas. Poder y control que se encuentran sustentados en valores y formas de
pensamiento hegemónicas en un tiempo histórico determinado; y que en otras
14 13
En noviembre del 2019, la Agencia Estadounidense Anti-Dopaje suspendió por cuatro años a
Salazar por violar diversas reglas anti-dopaje con sus atletas. El Oregon Project fue cerrado
definitivamente, y la Agencia Mundial Anti-Dopaje anunció que investigaría a profundidad a todos
los que entrenaron bajo la dirección de Salazar.
15
Para profundizar en este episodio de la historia de la NFL y la vida del Dr. Bennet Omalu (quien
fue el principal médico al frente de estas investigaciones), pueden consultarse el artículo titulado
Game Brain y el libro titulado Concussion, ambos escritos por la periodista J. Marie Laskas, así
como la película que se produjo posteriormente con el mismo nombre del libro.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
ocasiones se encuentran guiados por intereses políticos y económicos ajenos, e
incluso contrarios, a los de las y los propios atletas.
II. Actos de valor y dignidad: la protesta política en el deporte.
“Los caballos de carreras, los gallos de riña y los atletas humanos
no tienen el derecho de ser aguafiestas.”
Eduardo Galeano, 1995
“En toda Latinoamérica, los estadios cumplen esta doble función:
en tiempos de paz sirven como terreno de juego, y en tiempos
de crisis se convierten en campos de concentración.”
Ryszard Kapuscinski, 1969
Como se vio anteriormente, el deporte comparte con otras esferas de la vida
social el desequilibrio de poderes junto con las injusticias y desigualdades que
este acarrea. La idea imperante de que el deporte pertenece exclusivamente al
campo del ocio y del entretenimiento –incluso más que otras actividades, como
las artes–, así como las grandes cargas emotivas y afectivas que afloran en su
práctica y disfrute, hacen olvidar o, en el mejor de los casos, relegan a un plano
secundario, esa otra cara del deporte en la que se insertan, entre tantos otros, los
casos mencionados anteriormente. 104
A diferencia de otros ámbitos de la vida, el deporte posee una característica
particular, por lo menos en las sociedades presuntamente democráticas. En él, la
protesta, la crítica y la disidencia –y en realidad toda expresión o manifestación
política, religiosa o étnica– no sólo están mal vistas y son indeseables, sino que
están explícitamente prohibidas y hasta penalizadas. Contrasta, así, con espacios
como las artes o la escuela, donde la vinculación, incorporación y expresión de
cuestiones que conciernen a la sociedad en general no sólo están permitidas, sino
que son incluso alentadas. Si bien es cierto que estas actividades y sus espacios
son diferentes en sus fines y sus dinámicas, nos vemos obligados a preguntarnos
¿por qué al deportista no se le permite vincular su quehacer profesional con su
entorno sociopolítico como sí se le permite hacerlo a cualquier otro que realice
alguna otra actividad o práctica social y cultural? Como bien lo expresa
Tamburrini:
Quién afirme que no es correcto expresar puntos de vista políticos en ocasión
de la realización de un evento deportivo tendrá que explicar por qué es
aceptable hacerlo en todos los otros contextos pero no en el deporte [...] el
deporte es un escenario tan válido como cualquier otro para lanzar la
discusión sobre temas de interés para la sociedad (Rivero y Tamburrini, 2014,
p. 101).
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Carlos Labastida Salinas
De esta manera, el deporte profesional constituye una suerte de espacio
antidemocrático, donde sus protagonistas no sólo se encuentran sometidos a
abusos, voluntades e intereses ajenos a los suyos –como en los casos
mencionados en la sección anterior–, sino que, además, están sometidos a un
implacable régimen disciplinario donde se les prohíbe, entre muchas otras cosas,
expresar o hacer referencia a cuestiones políticas, religiosas y étnicas que les
atañen directamente. La discusión sobre los fundamentos de esta prohibición no
es tan simple como pudiera parecer a primera vista, y menos lo son sus
implicaciones. Sobre esto es que se intenta una reflexión en las siguientes líneas.
Paradójicamente –o tal vez por eso mismo– el deporte constituye el escenario
perfecto para la realización de la protesta, las expresiones y manifestaciones
políticas: el estadio, la cancha, la multitud, la atención centrada en los
protagonistas, los medios transmitiendo la imágenes a miles o millones de
personas que siguen atentamente los acontecimientos, y las y los deportistas –
quienes, en muchas ocasiones, cuentan con estatus de símbolos, íconos o ídolos
que los dota de gran energía emocional y de un gran poder performativo–. Así,
las expresiones y manifestaciones políticas en los eventos deportivos y las
ceremonias de premiación ocupan un lugar privilegiado en el repertorio de
protesta del que hacen uso muchos y muchas deportistas, el cual es, para gran
parte de ellos, el único espacio con el que cuentan para levantar la voz y ser
escuchados.
Aunque seguramente a estas alturas ya podrá intuirse, no está de más
105
explicitar que, si bien pueden distinguirse diferentes tipos de protesta relacionada
con los eventos deportivos, en estas líneas me centraré únicamente en la protesta
que tiene lugar en el escenario de juego y es realizada por parte de las y los
deportistas; dejando de lado, por esta ocasión, aquellas del público o audiencia
durante los eventos, las de ciertos sectores de la sociedad contra la realización de
algunos eventos deportivos, o las de los propios deportistas realizadas fuera de
la cancha, entre otras.
La idea de que deporte y política deben ser cuestiones separadas es tan
antigua como las competencias profesionales mismas. Besnier, Brownell y Carter
(2018) apuntan que desde los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia –cuyos
orígenes se remontan al siglo VII a.C. – los atletas que se reunían para competir
representaban a ciudades-estado que usualmente se encontraban en guerra
entre ellas fuera del sagrado recinto olímpico, “pero las leyes y el juramento de
los atletas protegían a los Juegos de cualquier interferencia política” (p. 10). Esta
idea se conserva prácticamente intacta hasta nuestros días, protegida y
materializada en los diversos reglamentos de los organismos, tanto nacionales
como internacionales, que rigen el deporte profesional. El Comité Olímpico
Internacional (COI) lo establece claramente en la conocida Regla 50 de su Carta
Olímpica: “Ningún tipo de demostración o propaganda política, religiosa o racial
está permitida en ningún recinto, avenida u otra área Olímpica” (COI, 2019, p. 91).
En caso de incumplimiento, las sanciones ameritan la descalificación o
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Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
desacreditación de la persona o la delegación, además de cualquier otra sanción
que se considere pertinente. La Federación Internacional de Futbol Asociación
(FIFA) –sin duda alguna el organismo deportivo más poderoso del mundo– posee
una reglamentación similar, y, en su caso, las sanciones incluyen fuertes
penalizaciones económicas a los transgresores. Pareciera que, al entrar al recinto
deportivo, uno tuviera de dejar su condición de ciudadano en los vestidores.
Esta visión excluyente y divisiva entiende el deporte como una actividad
trascendental y universal para la humanidad, cuya neutralidad y pureza deben ser
protegidas a toda costa de la interferencia de influencias o intereses oscuros que
busquen desvirtuarlo, ensuciarlo o manipularlo. Sin embargo, la violación a dicha
regla por parte de deportistas ha sido una constante, tan antigua como la regla
misma. Manifestaciones, expresiones y posicionamientos políticos no son difíciles
de encontrar en la historia del deporte. Algunos son más explícitos y disruptivos
que otros, y algunos tienen lugar en eventos más estelares que otros. Abarcan
desde simples gestos durante los juegos y las celebraciones o mensajes en la
vestimenta, hasta negativas u obstaculizaciones directas a la realización del
evento deportivo; y suceden tanto en Juegos Olímpicos y mundiales como en
eventos de ligas profesionales menores.
El temor por parte de los organismos rectores del deporte a que este se vea
manchado y sea mal utilizado, los ha obligado a enfatizar y explicitar
constantemente estas medidas; sobre todo en tiempos donde las plataformas
digitales y medios alternativos de información y difusión hacen posible la
106
resonancia, masificación y viralización de imágenes y mensajes de una manera
que los medios tradicionales no son capaces.
Debido a lo anterior, y al alto número de protestas y manifestaciones políticas
ocurridas en eventos importantes del 2019 –principalmente en los Juegos
Panamericanos de Lima y el Mundial de Natación en Corea del Sur–, el COI sintió
la necesidad de expresar su gran preocupación de que los Juegos Olímpicos, que
debieron llevarse a cabo en el verano del 2020, se vieran manchados y fueran mal
utilizados. En un comunicado emitido a principios de año, el organismo recalcó
que quedaban prohibidos los gestos que estuvieran políticamente motivados –
como levantar el puño o arrodillarse–, los mensajes políticos en vestimenta y
uniformes, así como la disrupción de las ceremonias de premiación. No obstante,
para aliviar un poco las tensiones, y ante “las crecientes demandas por parte de
atletas para tener permitido expresarse sobre ciertos asuntos” (Panja, 2020), el
COI mencionó los espacios y lugares donde las y los atletas son libres de
expresarse a sí mismos y que pueden ser utilizados para dichos fines sin ser
sancionados: entrevistas y conferencias de prensa, medios digitales y
tradicionales, así como las redes sociales digitales personales.
Es importante resaltar que, debido a esta profundamente enraizada
concepción del deporte como ajeno a la política, los deportistas que la
transgreden y se manifiestan, no sólo son sancionados intra institucionalmente,
sino que, en algunos casos, llegan a ser condenados al ostracismo, señalados y
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Carlos Labastida Salinas
sancionados moralmente por compañeros, directivos, aficionados, comentaristas,
etc. Como ejemplo, recordemos el que es seguramente el caso más emblemático
de este tipo: el saludo del Black Power realizado por los velocistas afroamericanos
Tommie Smith y John Carlos, apoyados por el australiano Peter Norman, en la
premiación de los 200 metros planos en México 68. Al comenzar el himno
estadounidense, los dos afroamericanos agacharon la cabeza y levantaron su
puño envuelto en un guante negro, en señal de protesta contra la opresión vivida
por la población afroamericana en su país. A su vez, los tres atletas portaban un
parche a la altura del pecho que rezaba la frase Olympic Project for Human Rights,
rodeada por una corona de laurel. Posterior a este acto, los tres fueron
reprendidos fuertemente por el COI y sus respectivas comitivas, excluidos de sus
selecciones, marginados de futuras competencias internacionales y duramente
criticados en sus países. Smith y Carlos incluso sufrieron constantes amenazas de
muerte hacia ellos y sus familias. La vida de los tres quedó prácticamente
destruida (Smith, 2008).
Al igual que la de Smith y Carlos, la gran mayoría de las manifestaciones y
protestas políticas en el deporte aluden a desigualdades, abusos, opresiones y
marginaciones que distintas comunidades y personas viven y sufren en su día a
día. Así, en estos casos, la Regla 50 de la Carta Olímpica le prohíbe al atleta tomar
una posición política en el campo contra aquello que atenta contra su vida y su
dignidad, contra las injusticias que sufre en su vida diaria e, incluso, dentro de la
cancha donde se le prohíbe levantar la voz, la cual constituye, muchas veces, el
107
único espacio que tiene para hacerlo. Pareciera que, para estos organismos
rectores del deporte, las exigencias por la vida, por la igualdad y el respeto
constituyen posiciones políticas divisivas que contaminan la actividad deportiva.
Tristemente, a juzgar por las reacciones de algunos sectores sociales ante ellas –
no sólo en aquel entonces, sino hoy todavía– sí lo son.
Esta idea de la neutralidad del deporte, y la manera en que es adoptada y
defendida por una gran cantidad de personas –que incluyen tanto a los mismos
jugadores, como a directivos, comentaristas o aficionados– puede verse reflejada
en diversas situaciones y momentos. Por ejemplo, cuando a los atletas se les
pregunta en una entrevista acerca de alguna problemática social o política
contemporánea, estos suelen dar respuestas que enfatizan que lo que a ellos les
corresponde y les toca es únicamente jugar, y que no son los indicados para
hablar de un tema así. Lamentablemente, esta idea tiene una forma más extrema,
una que va más allá de la exclusión de la manifestación política dentro del terreno
de juego y se convierte en una donde deporte y política deben estar tajantemente
separados, tanto dentro como fuera de los escenarios deportivos; que ambos son
prácticamente excluyentes entre sí. Un caso ilustrativo de este punto lo
encontramos en las declaraciones que la conductora de Fox News, Laura
Ingraham, hizo sobre los basquetbolistas LeBron James y Kevin Durant, después
de que estos últimos externaran su rechazo al racismo y a la administración de
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Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
Donald Trump en general. La conductora tachó sus comentarios de ignorantes,
hizo alusión a la inconclusa formación escolar de James y comentó que:
no deberían abrir la boca de esa manera [...] es insensato buscar consejo
político en alguien a quien se le pagan cien millones de dólares al año por
botar un balón [...] son jugadores grandiosos, pero nadie votó por ustedes [...]
así que guárdense sus comentarios políticos para ustedes o, como dijo alguien
alguna vez, cállense y driblen (shut up and dribble)” (Mark F, 2020).
Una situación similar puede verse en el imperdible documental Les Bleus. Una
historia de Francia 1996-2016, el cual gira en torno al papel que –directa o
indirectamente– la selección de futbol francesa ha tenido en problemáticas
sociopolíticas como la unidad nacional, la migración, el racismo y la xenofobia en
el país galo. En los últimos minutos del documental, se puede observar al
expresidente Francois Holland dar a entender que los deportistas no tendrían que
andar opinando sobre la política nacional y sus problemas: “zapatero a tus
zapatos” (Dietz, Dauger, y Blanchard, 2016). Es decir, por el simple hecho de ser
deportistas, no están calificados para hablar de ciertos temas. Temas que, como
ciudadanos, competen a todos. Desde este punto de vista, parece que ser
deportista es incompatible con ejercer los derechos más básicos de libre
expresión y manifestación.
A primera vista, y por la manera en que aquí se ha expuesto, la prohibición y,
108
sobre todo, las sanciones correspondientes a las manifestaciones políticas en el
deporte por parte de sus protagonistas pudieran parecer excesivas y hasta
injustas. Ser sancionado por exigir justicia, igualdad o dignidad. Como es fácil de
imaginar, las reglas que prohíben y sancionan las manifestaciones políticas en los
escenarios de juego han estado sometidas a una constante polémica y crítica a lo
largo de los años. Una regla cuyo objetivo es mantener alejada la polémica
provoca, irónicamente, una polémica constante. Mientras unos abogan por la
extinción de esta regla, otros consideran que es justa y, sobre todo, necesaria. La
discusión ha sido amplia y tensa.
Los argumentos que justifican y defienden la prohibición, y su
correspondiente sanción son sencillos, pero sólidos. Además de la ya mencionada
idea de la supuesta neutralidad del deporte y la aspiración de que este tenga una
capacidad integradora y pacificadora en la sociedad, el argumento central
obedece a una razón práctica: si se permiten las manifestaciones, expresiones y
protestas políticas libremente, sería el caos. Nos encontraríamos ante una
incontenible oleada de actos que, en última instancia, resultarían en la
imposibilidad de llevar a cabo satisfactoriamente el evento deportivo. Veríamos
por igual mensajes y gestos antirracistas como saludos neonazis, por poner un
ejemplo16. Se abriría el espacio para la confrontación directa, especialmente en
16
En el 2013, el futbolista griego Giorgos Katidis celebró la anotación del gol que significó la
victoria de su equipo, el AEK Atenas, quitándose la playera y haciendo el saludo nazi hacia la
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Carlos Labastida Salinas
aquellos casos donde se vean enfrentadas posturas o demandas incompatibles
entre sí.
Podría pensarse que, si una manifestación no afecta en nada el desarrollo del
encuentro (un gesto o mensaje en una celebración, por ejemplo, o en un
momento previo o posterior al juego) y que, además, defienda o apele a una
causa que se considere éticamente legítima, no debería ser objeto de censura,
(sino incluso de reconocimiento y hasta de coherencia con los supuestos valores
deportivos y olímpicos). El problema aparecería cuando las manifestaciones sean
cuestiones éticamente condenables –que, sin duda, las habría, y las hay
actualmente–, y, más aún, cuando conciernan a disputas directas entre los
participantes y estén dirigidos hacia ellos en concreto (países o atletas
representando países en conflictos políticos o bélicos; tensiones y disputas
económicas, ideológicas; naciones con una historia conflictiva, etc.)17. Y esto sin
mencionar el papel que podría jugar el público en todo ello.
Lo anterior puede llevar a pensar en la posibilidad de establecer una
reglamentación diferenciada, donde la expresión en cuestión sea puesta a
consideración para determinar si será sancionada o no, pero esto resultaría igual
de problemático. ¿Cuáles sí estarían permitidas y cuáles no? ¿Bajo qué criterios,
valores o intereses se definiría? ¿En dónde se establecería el límite de lo aceptable
y lo no aceptable? Y, ¿quién, con qué autoridad, lo determinaría? Además, en
tribuna. El jugador fue suspendido por el resto de la temporada, se le impuso una multa y fue
109
expulsado de por vida de la selección nacional griega en todas sus categorías. En su defensa, con
la intención de que se revocaran las sanciones, el joven futbolista se disculpó y alegó que
desconocía el significado del gesto que realizó y que mucho menos sabía que resultara ofensivo.
Claro que nadie le compró el cuento.
17
En el pasado Mundial de Rusia 2018, en el duelo entre Suiza y Serbia, los suizos Xhaka y Shaquiri
estuvieron en el centro de la polémica por sus celebraciones. En el contexto del complejo conflicto
entre Serbia y la República de Kosovo –la cual no es reconocida como nación independiente por
la primera y donde la etnia albanesa tiene predominio numérico–, dichos jugadores celebraron
sus anotaciones haciendo referencia al águila que posa en la bandera albanesa (ambos tienen
raíces kosovares). Lo anterior provocó la molestia y enojo de sus rivales. No es la primera vez que
sucede algo así en los encuentros entre las naciones involucradas, donde se ha llegado a la
confrontación verbal y hasta física en algunas ocasiones (Gómez, 2018).
En el Mundial de Natación de Corea del Sur 2019, el australiano Mack Horton se negó a compartir
el podio con el chino Sun Yang –quien anteriormente ha dado positivo en controles antidopaje y
recientemente destruyó una de sus muestras para que no fuera examinada– al considerar que
hace trampa sistemáticamente y que no es sancionado con la severidad con la que se sanciona a
los demás. El chino aseveró que Horton no sólo le había faltado el respeto a él, sino a China. Esta
enemistad entre ambos nadadores –que arrastran desde el 2015– ha derivado en fuertes
tensiones entre las delegaciones deportivas de ambos países; y llevó a la Federación Internacional
de Natación (FINA) a reprender a Horton y la delegación australiana por su comportamiento.
Además de que se vio obligada a implementar una nueva regla que prohíbe explícitamente las
protestas personales durante el evento (Leslie, 2019). El conflicto, además, tuvo una fuerte
presencia y resonancia en los medios de ambos países y suscitó acaloradas discusiones en redes
sociales.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
cualquiera de las dos posibilidades mencionadas, no faltaría quienes, –
incluyendo, y tal vez más que nada, agentes externos– explotarían y se
aprovecharían de la situación, haciendo, de igual manera, inviable el evento;
dejándolo expuesto a ser boicoteado. De una manera u otra, la consecuencia sería
el caos.
Pero ¿qué no es esa, precisamente, la intención de la protesta? La de irrumpir,
romper con una supuesta armonía, incomodar y llamar la atención sobre una
cuestión determinada que se considera que afecta, amenaza o violenta a una
persona o una colectividad. Y esto, la protesta en el deporte lo cumple
plenamente. Por ello, como se mencionó previamente, el deporte constituye un
escenario perfecto para su realización.
En la conferencia de prensa dada a principios de año por el COI para refrendar
la neutralidad del deporte, el presidente del organismo, el alemán Thomas Bach,
aseveró que los Juegos Olímpicos:
No son ni deben ser nunca una plataforma para avanzar en fines políticos o
divisivos [...] Nuestra neutralidad política se ve socavada cada vez que
organizaciones o individuos intentan utilizarlos como escenario para sus
propias agendas, por legítimas que sean (Associated Press, 2020a, cursivas
añadidas).
Pero en estas palabras del presidente hay un problema, sino es que una gran
110
incongruencia. A estas alturas, sólo una persona ingenua y despistada –o cínica–
se mostraría convencida de que el deporte profesional, y sus grandes eventos,
son políticamente neutrales. Históricamente, el deporte ha sido utilizado como
una herramienta y un medio para obtener múltiples fines o beneficios políticos.
Y este uso no se lo han dado los jugadores precisamente, sino aquellos que lo
controlan, aquellos que detentan el poder en dicho campo, que ha sido utilizado
políticamente por aquellos que claman y defienden a ultranza su neutralidad
política: jefes de Estado, presidentes de organismos, directivos, patrocinadores,
televisoras, etc.
Recordemos, por mencionar sólo algunos ejemplos, que Hitler quiso utilizar
las Olimpiadas de Berlín 1936 como escenario para la demostración de la
supuesta superioridad aria (cosa que, naturalmente, no le salió muy bien). O la
manera en que Rusia llevó a cabo un plan sistemático de dopaje –en el cual se
presume estuvieron involucradas autoridades federales– en los Olímpicos de
Invierno de Sochi 2014 para arrasar en el medallero, lo que serviría –junto con el
papel desempeñado por el gobierno en la llamada crisis de Crimea– para impulsar
la popularidad y aceptación de Putin en la población rusa (la aprobación del
mandatario creció 15% en las semanas posteriores a los juegos) (Fogel, 2017; RT,
2014). O, en el contexto de la Guerra Fría, el boicot que Estados Unidos y sus
aliados realizaron a los Juegos de Moscú 1980; así como el que realizaron, cuatro
años después, la URSS y sus aliados del bloque soviético a los de Los Ángeles
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Carlos Labastida Salinas
198418. Y, en general, es evidente la manera en que albergar un evento deportivo
de alto calibre suele ser muestra, y a la vez oportunidad, para enseñar al mundo
la prosperidad de la que supuestamente goza un país o una ciudad. Oportunidad
que es explotada al máximo. Ya lo ponía de relieve Bourdieu (1990) al mencionar
que “las competencias colectivas se han convertido en una de las formas de medir
la fuerza relativa de las naciones, es decir, en una apuesta política” (pp. 202-203).
Particularmente ilustrador es el encuentro de futbol que tuvo lugar en 2001
entre Francia y Argelia organizado por autoridades gubernamentales francesas.
Al calor del ambiente festivo e integrativo que se sentía derivado de la victoria en
el mundial pasado del equipo galo y del buen momento que aún vivían, dicho
partido tenía la intención ser un medio para mostrar y fortalecer la realmente
inexistente integración de la población francesa negra y la de origen árabe,
especialmente de aquellos países que en algún momento fueran colonizados por
los franceses, como lo fue Argelia. El juego, a 40 años de la guerra entre ambas
naciones, fue publicitado como un partido por la paz y la integración, de la
superación de las tensiones xenófobas y racistas que largamente han existido en
el país. El resultado fue un rotundo fracaso. La tensión que precedió al encuentro
devino en caos dentro del recinto: reclamos y consignas por parte del público
argelino –o del identificado con ellos– contra la xenofobia y la marginación de las
que son víctimas, fuertes abucheos a La Marsellesa y al equipo francés, la invasión
al terreno de juego durante el segundo tiempo que derivó en enfrentamientos
con la policía y la eventual suspensión del partido. Respecto a este
111
acontecimiento, diversos jugadores franceses reclamaron, al ser entrevistado para
el documental Les Bleus, que no se le puede pedir a los futbolistas que resuelvan
lo que no está resuelto socialmente (Dietz, Dauger, y Blanchard, 2016). Es decir,
el deporte no puede solucionar lo que no ha solucionado y le corresponde
solucionar a la sociedad en general.
En respuesta a las declaraciones de Bach sobre la neutralidad de las
olimpiadas, la periodista deportiva Nancy Armour (2020) las caracterizó como “la
mayor de las hipocresías” y recordó algunas acciones realizadas por el mismo
Bach. Por ejemplo, cuando Corea del Norte y Corea del Sur anunciaron la
probabilidad de participar como una sola entidad en los Juegos de Invierno de
Pyeongchang 2018, el directivo expresó que ojalá los Juegos “estén abriendo una
puerta hacia un futuro más brillante para la Península Coreana” (Armour, 2020);
o, cuando los mismo países propusieron una candidatura conjunta para albergar
las olimpiadas en el 2032, el alemán proclamó que era “un paso hacia adelante
en mostrar cómo el deporte puede, una vez más, contribuir a la paz en la
Península de Corea y en el Mundo” (Armour, 2020). Así, la periodista finaliza
acusando que, en realidad, no es la mezcla de la política con el deporte lo que
molesta a las autoridades, sino el cruce del deporte con las posturas políticas que
no les gustan a ellos. Si Bach y el COI –junto con demás directivos, gobernantes
18
En ambos casos, los países llegaron a amenazar con fuertes sanciones a sus deportistas en caso
de que intentaran participar en los certámenes
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
y autoridades deportivas– tienen su forma de buscar hacer del mundo un lugar
mejor, ¿por qué no reconocen, respetan y permiten que los atletas también lo
hagan a su manera?
Entonces, si es evidente que el argumento de la neutralidad política de
deporte es difícil de sostenerse, ya que, constantemente, es utilizado a favor de
una agenda política particular de grupos y personajes dominantes, ¿con qué otro
se les ha de negar a las y los jugadores la realización de manifestaciones políticas
en los eventos deportivos? Y si el deporte ha sido, a su vez, un espacio donde a
las y los atletas se les explota, se les oprime y se les abusa de diversas maneras –
como se vio en el apartado anterior–, el deporte debería ser, también, un espacio
de reivindicación y de resistencia.
Sobre esta cuestión, el movimiento Global Athlete19 (2020) –el cual se
posiciona por una abolición definitiva de la Regla 50 por considerarla violatoria a
los derechos humanos– ha mencionado que:
Si los atletas quieren alzar la voz –en la medida en que respeten los derechos
y las libertades de los demás delineadas en la Declaración Universal–
deberíamos escucharlos [...] Silenciarlos nunca debería ser tolerado, y
amenazarlos con su remoción de los Juegos Olímpicos es otro signo del poder
desigual entre los líderes del deporte y los atletas.
Asimismo, como ya fue mencionado, la gran mayoría de las protestas y
112
manifestaciones realizadas en los eventos deportivos suelen ser en defensa de las
cuestiones más básicas de la dignidad humana: por la igualdad, contra la
discriminación, la xenofobia o la homofobia, a favor de la libertad, la autonomía
o la independencia, entre otras. Suelen hacer referencia a luchas políticas y
sociales de reivindicación y resistencia. Gran parte de los fenómenos contra los
que se posicionan, los sufren y padecen, e incluso con más fuerza, dentro del
deporte y del terreno de juego. Armour (2020), nuevamente, lo dice de manera
inmejorable:
La ironía reside en que, por lo general, los atletas a quienes los líderes del
deporte han tratado de silenciar en cierto momento son considerados como
destacados ejemplos de rectitud y virtud –y son venerados por ello– una vez
que la historia se pone al corriente20.
19
Global Athlete es un movimiento internacional dirigido por atletas que buscan reducir la gran
brecha de poder existente entre directivos y deportistas para dar voz a estos últimos en el mundo
deportivo, exigiendo cambios en la manera en que se dirige y administra el deporte a nivel
mundial.
20
Fue hasta el 2019 –51 años después de los eventos– que, tras vivir décadas de sanciones,
marginación y maltrato, Smith y Carlos fueron reconocidos por el Comité Olímpico de Estados
Unidos y fueron integrados al Salón de la Fama, honor que les fue concedido por su “carácter, su
conducta y sus contribuciones fuera del campo, así como por sus logros atléticos” (Armour, 2019).
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Carlos Labastida Salinas
Asumir que los recintos deportivos no son los lugares para manifestarse,
expresarse o protestar políticamente, es perpetuar o promover la ilusión de que
el deporte es un universo completamente independiente al resto de la sociedad,
un cuento de hadas en el que los problemas y conflictos sociales que afectan a la
colectividad a la que dicho deporte pertenece no existen también en él. Es no
querer ver que las formas en las que nos relacionamos –y sus consecuencias–
fuera del deporte permean y dominan las formas en que nos relacionamos dentro
del deporte también. Equivale a ignorar el hecho de que el deporte no sólo refleja
o reproduce dichos conflictos, sino que, al hacerlo, los perpetúa, fortalece y
disemina (sin dejar de lado que, en determinadas circunstancias, también ahí
pueden transformase, reconstruirse o resignificarse). De esta manera, la protesta
en el deporte no es una cuestión de indisciplina, es una cuestión de lucha,
resistencia y dignidad.
Llegado a este punto, tras haber hecho este breve recorrido entre ambas
posturas, se puede asegurar que el argumento que mejor libra las críticas y
aunque apenas logra sostener la justificación de la regla es el de la finalidad
práctica. Creo que es difícil no estar de acuerdo con –o por lo menos no reconocer
la ineludible necesidad de– dicha finalidad: que el encuentro deportivo, el fin
último de la razón de estar ahí, se realice. Sobre todo porque resulta evidente
que, de permitirse libremente las manifestaciones, expresiones y protestas
políticas en los terrenos de juego por parte de los deportistas, nos veríamos ante
una imparable oleada de ellas, las cuales serían de toda índole. Desde las más
113
legítimas y que no afecten la realización del evento, hasta las más disruptivas y
cuestionables desde un punto de vista ético. Sin dejar de mencionar que no
faltarían algunos grupos –tanto internos como externos– que la aprovecharían al
máximo en busca de ciertos intereses, poniendo en riesgo la realización de los
encuentros. Así, se hace difícil abogar por una cancelación definitiva de dichas
reglas. Incluso, de cierta manera, estas terminan siendo necesarias no sólo para
que pueda protegerse o salvaguardarse la practica misma de la actividad
deportiva, sino –y más importante– para que las manifestaciones, expresiones y
protestas políticas conserven su carácter subversivo y disruptivo; y, así, preserven
su sentido.
Sin embargo, esto no quiere decir que ahí cerremos el caso y abandonemos
el tema. Al contrario. Si esta prohibición y penalización no puede ser suprimida
porque amenaza la realización deportiva misma, lo que sí podemos es celebrar
su desobediencia e incumplimiento, celebrar cuando aparecen esos actos de valor
Por su parte, Peter Norman –quien en represalia fue excluido de los Olímpicos de Múnich 72 a
pesar de haber dado la marca clasificatoria y no fue invitado a los Juegos que se llevaron a cabo
en su país, en Sídney 2000– falleció en el 2006. En 2018 fue galardonado póstumamente con la
Orden del Mérito por parte del Comité Olímpico Australiano (AOC), otorgada a quienes obtienen
un mérito notable en el mundo del deporte. En la ceremonia, el presidente del AOC mencionó
que nunca debe olvidarse la valiente postura que tomó Norman aquel día. Seis años antes, en
2012, el Parlamento australiano “pidió perdón a Norman por no haber reconocido su rol
inspirador antes de su fallecimiento” (BBC, 2018).
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
y dignidad que son siempre tan necesarios. Y cuando sucedan –en vez de
condenar o escandalizar– escuchemos y atendamos las demandas. Actuemos, de
manera colectiva y organizada, para contribuir a su discusión y posible solución.
Celebremos a Colin Kaepernick al hincarse, durante el himno nacional
estadounidense que suena previo a los encuentros, en contra de la brutalidad
policiaca, la injusticia y la sistemática opresión racial en su país, y que siempre se
mantuvo firme a pesar de las críticas, las sanciones y las bien conocidas
consecuencias que le atrajo dicha acción. A la velocista Cathy Freeman en los
Commonwealth Games de 1994, quien, después de celebrar su oro en los 400
metros con la bandera de los pueblos aborígenes de Australia, fue advertida por
el jefe de la delegación australiana que no lo volviera a hacer si no quería ser
enviada de vuelta a casa. Días después, cuando ganó los 200 metros, repitió el
acto21. Al beisbolista Carlos Delgado, quien, en protesta contra la invasión a Irak,
se retiraba del campo durante el God Bless America que se reproducía durante el
intermedio de la séptima entrada de cada partido. Al ver a Megan Rapinoe
hincarse durante el himno antes de los partidos porque considera que es
responsabilidad tanto suya como de los demás “asegurar que la libertad esté
garantizada para todos” en los Estados Unidos, y que simplemente no puede
“aceptar la opresión que este país permite contra su propia gente” (Rapinoe,
2016). Al etíope Feyisa Lilesa que, al llegar a la meta en segundo lugar durante el
maratón de Río 2016, levantó sus brazos y cruzó sus muñecas en señal de protesta
contra la represión y persecución política que sufría la gente de su etnia, los
114
Oromo22. A la lanzadora de martillo estadounidense Gwen Berry al hincarse
durante la premiación en los Panamericanos de Lima 2019 en protesta contra el
racismo, en específico, y las políticas del presidente Trump, en general. Al árbitro
mexicano Adalid Maganda hincado y a aquellos jugadores, como el franco-
maliense Marega o el camerunés Eto’o que, ante cánticos o gritos racistas por
parte del público o sus rivales, abandonan dignamente el campo a mitad del
juego, a pesar de los esfuerzos de sus compañeros que intentan convencerlos de
que no lo hagan, como diciéndoles que es algo sin importancia. O al equipo de
los Phoenix Suns de la NBA, que en señal de apoyo a la población migrante y en
protesta contra la ley antimigración en Arizona, salió a un partido con la leyenda
Los Suns en su playera. Y a tantas y tantos más. Y conmemoremos, siempre que
21
Al día de hoy, la velocista es reconocida como una impulsora de la reconciliación del Estado
australiano con los pueblos aborígenes. En Sídney 2000, Freeman fue la encargada de encender
el pebetero y, días más tarde, conquistó los 400 metros planos. En el 2007, ya retirada de las
pistas, estableció la Fundación Cathy Freeman, la cual trabaja con comunidades índígenas remotas
en busca de reducir la gran brecha educativa existente entre australianos indígenas y no-
indígenas, brindado incentivos y facilidades para que los primeros puedan asistir a la escuela.
22
Posterior a este acto, Lilesa tuvo que huir de su país, pues recibió amenazas de muerte, además
de que le fue negado el premio económico correspondiente por haber sido medallista olímpico.
Dos años después, con un nuevo primer ministro en el país, Lilesa pudo volver y le fueron
devueltos su premio y reconocimiento correspondientes.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Carlos Labastida Salinas
se pueda, a los ya míticos Smith, Carlos y Norman, quienes, a pesar de no ser los
primeros, sentaron un precedente invaluable en la lucha por los derechos, la
justicia y la igualdad por medio de la protesta y las expresiones políticas en el
deporte. Vale la pena mencionar que varios de las y los atletas aludidos
previamente –y muchos más– lograron no sólo visibilizar su demanda, sino
impulsar acciones para avanzar hacia su cumplimiento y, hoy día, son reconocidos
y valorados por ello.
Celebremos, escuchemos y atendamos a todas y todos aquellos deportistas
que, aun conociendo las sanciones deportivas, institucionales y sociales a las que
se atienen, se atreven a manifestarse. Aquellos y aquellas que, sabiendo que
ponen en peligro su carrera deportiva a la cual han dedicado prácticamente toda
su vida, levantan la voz por tantos millones en el planeta, a quienes el mundo
nunca les ha hecho justicia.
Así las cosas, sin duda seguiremos atestiguando manifestaciones y
expresiones políticas que se posicionan a lo largo del amplio espectro de los
valores, las demandas y exigencia sociales. Quedará en nosotros posicionarnos y,
como decía Galeano (2017), saber “elegir en el eterno combate entre los indignos
y los indignados” (p. 28).
Nota 1: Recientemente, a raíz del asesinato del afroamericano George Floyd
a manos de la policía, tuvo lugar un fenómeno interesante. Ante las masivas
manifestaciones ocurridas a nivel nacional e internacional por su asesinato y
contra el imperante racismo en general, varios deportistas profesionales se
115
unieron a la exigencia de justicia y realizaron diversos posicionamientos
antirracistas. En un principio, lo hicieron a través de sus perfiles en redes sociales,
en entrevistas o comunicados; posteriormente, aquellos deportistas en cuyos
países se empezaron a reanudar los eventos deportivos –en el contexto de la
pandemia por Covid-19– trasladaron sus reclamos a la cancha. Unos de los
primeros fueron los futbolistas del Borussia Dortmund de la Bundesliga, quienes
mostraron un mensaje en una playera bajo su uniforme que rezaba Justice for
George Floyd. Terminado el encuentro, la Federación Alemana de Futbol (DFB)
anunció que analizaba el caso y la posibilidad de imponer sanciones. Ante el
reclamo y críticas generadas hacia la DFB, la FIFA decidió intervenir, exhortando
a las federaciones a que se mostraran comprensivas ante la situación global.
Después de todo, no fueron sancionados. Con el paso de los días, más deportistas
se sumaron, con igual permisividad. Incluso, durante algunos partidos entre los
equipos ingleses pertenecientes a la English Premier League, los jugadores
portaron en su dorsal la leyenda Black Lives Matter, en vez de sus respectivos
nombres. Otros más, antes de iniciar los encuentros, se hincaban durante un
minuto. Durante aquellas semanas, en Estados Unidos se eliminó una regla que
obligaba a las y los deportistas a permanecer de pie durante el himno, regla que
fue adoptada a raíz de las protestas de Kaepernick y Rapinoe. Además, el actual
presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha expresado su apoyo a las protestas en
el campo hechas por futbolistas (AP, 2020b). Al final, el tiempo dirá si esta
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Deporte y sociedad. Contrastes: cuerpo, protesta y dignidad
flexibilidad es solamente coyuntural y calculada –para evitar críticas,
cuestionamientos y exposiciones mediáticas innecesarias– o si podría ser el inicio
de alguna flexibilización o reforma más permanente a la regla.
Nota 2: No quisiera dejar sin mencionar que, a veces, la protesta y las
exigencias de ciertas demandas en el deporte no implican forzosamente irrumpir
en el encuentro o alterar su curso. Muchas de las más grandes y efectivas
protestas y posicionamientos se han llevado a cabo haciendo justamente lo
contrario: realizándolo, llevándolo a buen término. Uno de los eventos más
emotivos y trascendentes que se recuerdan en la historia del deporte –y de los
maratones específicamente– fue cuando Kathrine Schwitzer se registró,
haciéndose pasar por hombre, al maratón de Boston en 1967, cuando no se les
permitía a las mujeres participar oficialmente registradas. Al ser descubierta, el
personal organizador y de seguridad intentó detenerla y retirarla; sin embargo,
su esposo, amigos, y otros corredores lo impidieron, escoltándola hasta la meta23.
Tras ese acontecimiento, y debido a la creciente presión existente, en 1971 se
abrió la rama femenil en los maratones. También está el llamado Juego de los
Sexos de 1973 en el tenis, donde Billie Jean King derrotó a Bobby Riggs, quien
había mencionado que la calidad de la rama femenil no era tan buena y no valía
lo mismo que la varonil. Este episodio es considerado un hito en la aceptación
del tenis femenil. Por último, no hay que olvidar al mítico afroamericano Jesse
Owens, quien –ganando cuatro oros en atletismo en los Olímpicos de Berlín 1936
– le mostró a Hitler, y al régimen nazi en general –quienes buscaban utilizar los
116
Juegos como muestra de la supremacía aria–, lo equivocado y ridículo de sus
convicciones. Las anteriores son una especie de posicionamiento político
implícito, los cuales hacen del deporte “uno de los pocos lugares donde los
invisibles pueden todavía hacerse visibles, aunque sea por un rato, en tiempos
donde esa hazaña resulta cada vez menos probable para las personas pobres y
los países débiles” (Galeano, 2017, p. 205).
Y ojalá que, de paso, la reflexión sobre estas cuestiones nos lleve, ya de una
buena vez, a desterrar la simplista y superficial idea de que el deporte es el opio
de los pueblos, la cual, increíblemente, sigue estando presente en el pensamiento
de amplios sectores sociales, y que sin duda se ve reflejada, a la vez que reforzada,
en ámbitos como los académicos o literarios, entre otros. Por ejemplo, es bien
sabido que Borges despreciaba el futbol. Y, por otro lado, Angelotti (2010) –sin
dejar de reconocer su aguda crítica a la influencia del proceso capitalista en el
deporte moderno– señala que para muchos de los teóricos neomarxistas “la
verdadera función política de estas actividades físicas –la razón por la que habían
sido creadas y el motivo de su expansión– estaba en su capacidad de distraer a
los trabajadores y al proletariado en general” (p. 60). Aunque no hay que olvidar
23
En esa misma competición, y en la del año anterior, otra mujer, llamada Roberta Gibb, también
había corrido y terminado exitosamente la carrera. Sin embargo, lo había hecho sin número, es
decir, sin haber estado formalmente inscrita. Ella es reconocida como la primera mujer en
completar el Maratón de Boston.
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Carlos Labastida Salinas
que a otros, como a Gramsci, les encantaba el futbol. El italiano veía en este el
reflejo de la sociedad individualista contemporánea producto del modo de vida
capitalista, donde el movimiento, la competición y la lucha se encuentran
reguladas por la lealtad (Gramsci, 2009), y lo definió como “el reino de la lealtad
humana ejercida al aire libre” (Gramsci, citado en Galeano, 1995, p. 37).
Hecho este recorrido, se hace evidente que, si de verdad quisieran contribuir
y promover una sociedad más justa, integrada y pacífica por medio del deporte,
el COI, la FIFA, World Athletics (antes IAAF), Nike y todos los demás gigantes que
dominan el mundo del deporte profesional, tienen mucho que hacer en muy
diversos ámbitos, y podrían empezar por alguno de los temas mencionados
anteriormente. Antes de estar realizando sus campañas de fair play, y de defender
a ultranza el olimpismo, deberán reconocer que mientras todas estas
desigualdades e injusticias persistan, sus campañas se tornan absurdas e
inservibles, por decir lo menos.
REFERENCIAS
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capitalismo de compadres en el futbol nacional. Zamora: El Colegio de
Michoacán.
117
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Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020) ISSN 2448-7317
FUTURO(S) Y MODERNIDADES MÚLTIPLES
***
FUTURE(S) AND MULTIPLE MODERNITIES
Gustavo Serrano Padilla1
Sección: Disertaciones
Recibido: 19/08/2020
Aceptado: 21/09/2020
Publicado: 04/12/2020
Resumen
En el presente trabajo se pretende abordar la problemática del tiempo futuro a partir
de la noción de modernidades múltiples desarrollada por el sociólogo Shmuel Noah
Eisenstadt. A través de la noción de modernidades múltiples se argumentará que la
propia noción de futuro conceptualizada en la modernidad ha sido matizada de
diferentes formas en las diversas sociedades en las que se ha adoptado dicho
modelo. Para cumplir con los objetivos de este texto se propone seguir una línea
expositiva en tres pasos: mostrar cómo aparece la noción de futuro en la
modernidad y el cambio cualitativo que este supone frente a ideas previas del
mismo; explorar la noción de modernidades múltiples tal y como ha sido trabajada
por Eisenstadt y retomada por diversos pensadores; argumentar cómo es que a raíz
de dicha argumentación es posible pensar en temporalidades múltiples y, por
consiguiente, en futuros diversos que se encuentran en disputa.
Palabras clave: Historia; utopía; esperanza; multiplicidad; civilizaciones
Abstract
The present work aims to address the problem of the future tense from the notion
of multiple modernities developed by the sociologist Shmuel Noah Eisenstadt.
Through the notion of multiple modernities, it will be argued that the very notion of
the future conceptualized in modernity has been nuanced in different ways in the
various societies in which this model has been adopted. In order to fulfill the
1
Estudiante de la maestría en Estudios Políticos y Sociales, UNAM. Correo: gustavosp94@[Link]
Futuro(s) y modernidades múltiples
objectives of this text, it is proposed to follow an exposition line in three steps: to
show how the notion of the future appears in modernity and the qualitative change
that this implies compared to previous ideas of it; explore the notion of multiple
modernities as it has been worked on by Eisenstadt and taken up by various thinkers;
argue how it is that as a result of this argument it is possible to think of multiple
temporalities and, consequently, of diverse futures that are in dispute.
Key words: history; utopia; hope; multiplicity; civilizations
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Gustavo Serrano Padilla
I. Breve historia del futuro: modernidad e historia
Se suele llamar futuro a ese tiempo que tenemos “por delante”, a lo que “todavía
no es” y que, en sentido estricto, nunca termina por ser, puesto que en el
momento que acontece se vuelve presente. Resulta fácil pensar que, al igual que
nosotros, todas las generaciones y sociedades pasadas han tenido ante sí un
futuro hacia el que se orientan las acciones del presente. Sin embargo, tal y como
lo menciona Lucian Hölscher (2014), la idea de futuro es relativamente reciente,
al menos el futuro tal y como lo entendemos hoy en día. Podría decirse que
siempre hubo acontecimientos futuros que se debían esperar, pero no siempre
existió la idea de un tiempo como flujo homogéneo que discurre y sobre el que
acabarán asentándose dichos acontecimientos. Resulta dudoso que antes de
comenzar la era Moderna existiera este imaginario respecto al tiempo mismo que
posibilita la conceptualización de un futuro como espacio abierto e
indeterminado para la acción. Esta idea resulta un tanto extraña ya que las
diversas ideas de futuro a lo largo de la historia han sido poco estudiadas por la
ciencia histórica2.
En cualquier caso, es posible asumir que el concepto de futuro moderno se
forma apenas en los siglos XVI y XVII, en Europa occidental y emparejado con la
propia noción de historia que se empieza a gestar en la época. Dicha noción de
historia concebía, por primera vez, el devenir histórico como un proceso
123
coherente de desarrollo de la humanidad (Hölscher, 1999; Koselleck, 2016). La
historia, en este sentido, dejaba de ser una simple narración de lo factualmente
acontecido y pasaba a formar parte de una conciencia histórica, de devenir en el
transcurso del tiempo.
Una descripción histórica del propio concepto de futuro no debe ser una
mera presentación acumulativa de las diversas ideas, imaginarios y
conceptualizaciones que se han hecho respecto a él a lo largo de la propia
historia; antes bien se trata de mostrar cómo estos cambios cualitativos se han
ido gestando en un mismo proceso histórico, respondiendo a diferentes matices
de la época y la geografía. Esta descripción está basada en una breve hipótesis, a
saber: que las nociones de futuro no son una constante antropológica o una
facultad innata de la existencia humana, sino una forma de pensar históricamente,
una conciencia del devenir temporal que tiene su origen en los albores de la
modernidad. Esto pone de relieve que la ocupación y relación de la sociedad con
el futuro no ha tenido la misma intensidad en todas las épocas y que, al mismo
2
Al respecto conviene señalar el trabajo realizado por Georges Minois sobre Historia del futuro quien
se ocupa, sobre todo, de rescatar las diversas “técnicas predictivas” a lo largo de la historia, no del
cambio del concepto de futuro en sí mismo. Sobre el tema se pueden consultar los siguientes
materiales: Elias, N. (1989). Sobre el tiempo. México: FCE; Koselleck, R. (2016). Historia de conceptos.
Madrid: Trotta; Toulmin, S. y Goodfield, J. (1982). The Discovery of time. Chicago: University of
Chicago.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Futuro(s) y modernidades múltiples
tiempo, ha pasado por distintas fases de contracción y expansión (Hölscher,
1999).
En la época medieval resulta interesante percatarse que los horizontes de
futuro se diferenciaban de los de hoy en día en el sentido de que el propio tiempo
por venir no aparecía como un espacio de tiempo abierto, contingente e
indeterminado; la idea del tiempo que existía era la de un eterno retorno, un ciclo
que tendía a repetirse. El futuro, en ese sentido, aparecía más bien como una
especie de “pasado” que se volvía a hacer presente (Eliade, 2015). Sin embargo,
lo que se sabe al respecto de las orientaciones de futuro en la época medieval
resulta ser relativamente poco. El cristianismo, por ejemplo, contaba con el
retorno de Cristo a la tierra e incluso con la instauración del “reino milenario”.
Más allá de eso resulta difícil diagnosticar qué expectativas e ideas albergaba la
sociedad medieval respecto al propio futuro, sin embargo, parece dudoso que
dicha sociedad conociera ya un futuro como el que se instaura a partir de la Edad
Moderna, sobre todo porque la idea principal de futuro en la edad media recaía
en lo que se podría denominar “futuro trascendental” (Zimbardo y Boyd, 2009).
Instalado en el reino de los trascendental el futuro de la edad media escapaba al
reino del hombre. Es sólo hasta la modernidad y a través de un largo proceso de
secularización que el mismo concepto de futuro se trastoca y se convierte en un
futuro mundano.
La novedad que introduce la modernidad respecto al tiempo futuro no es,
primordialmente el discurso que se gesta sobre las cosas futuras. La característica
124
principal es, la idea de un futuro como espacio de tiempo, como un periodo en
el que todas las cosas que “todavía no son” deberán acontecer o en el que, en
todo caso, es posible realizar representaciones de tales cosas. El tiempo moderno,
tal y como lo apunta Josetxo Beriain “se caracterizaría por el ritmo abrupto de
cambio con un futuro lleno de indeterminación” (2005, p. 1).
En esa misma línea y para ir finalizando este breve apartado conviene señalar
cuatro características fundamentales que el futuro moderno contiene y que son
señaladas por Ramón Ramos (2017) a partir de una reflexión sobre los trabajos
de Luhmann, Koselleck y Barbara Adam, a saber: el futuro como novedad, la
apertura del futuro, la colonización utópica mediada por los avances tecnológicos
y, finalmente, la idea de una mejora o progreso permanente e indefinido.
La idea del futuro como novedad enfatiza la asimetría entre el espacio de
experiencias y el horizonte de expectativas (Koselleck, 2012). Así, se asume que
aquello que ha sucedido y que pertenece al espacio de experiencia es necesaria
y cualitativamente diferente de lo que todavía no acontece y habita en el
horizonte de expectativas. El tiempo se alimenta de un flujo incesante de cosas y
acontecimientos que siempre son diferentes a lo ya conocido. Por su parte, la
apertura del futuro supone —como ya se ha expuesto anteriormente— que el
tiempo por venir es un espacio indeterminado y contingente sobre el cual los
seres humanos tienen un control relativamente pobre puesto que, siguiendo con
el rasgo de la novedad, la sociedad se enfrenta constantemente a elementos
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desconocidos. En tercer lugar, se puede observar una tendencia hacia la conquista
paulatina de la naturaleza por el hombre a través de distintas herramientas y
avances tecnológicos. El último rasgo, la mejora o progreso permanente, se
refiere fundamentalmente a la idea de un fin y una finalidad de la historia; dicha
concepción fue plasmada, por ejemplo, en cuestiones literarias como la Utopía
de Tomás Moro y en escritos de corte más político y filosófico tales como los tres
estadios desarrollados por Augusto Comte.
Habiendo expuesto las características o rasgos principales del futuro
moderno conviene explicitar las ideas centrales y postulados sobre la tesis de las
modernidades múltiples que han sido trabajados por S.N. Eisenstadt y que han
repercutido en diversas áreas de las Ciencias Sociales para, en el último apartado,
tratar de argumentar cómo es que hablar de modernidades múltiples es, también,
hablar de futuros diversos.
II. El concepto de modernidades múltiples
En el apartado anterior se realizó un breve recorrido por la historia y
conceptualización del futuro para intentar argumentar que este —al menos como
lo conocemos hoy en día— resulta ser un producto más o menos reciente cuya
fecha de aparición puede rastrearse en los albores de la modernidad y que difiere,
cualitativamente, de aquellas otras ideas y conceptos presentes, por ejemplo, en
la Edad media, así como en las sociedades premodernas.
125
Ahora bien, si se asume dicha idea, resulta curioso y a la vez necesario,
plantear el propio problema de la modernidad ya que, como bien lo apunta
Eisenstadt, algunos eventos relativamente recientes de la historia —como la caída
del régimen soviético— han supuesto y moldeado diversas dudas en torno a lo
que entendemos hoy en día por modernidad. Alrededor del mundo y desde
distintas disciplinas se han intentado dar diversas explicaciones respecto a la
modernidad de cara a las intrigas que estos mismos eventos plantean; algunas
de estas miradas asumen a la modernidad como una etapa histórica superada
abriendo paso a conceptos tales como la posmodernidad, otros tantos prefieren
argumentar que los elementos básicos de la agenda de la modernidad se han
agudizado dando paso a la hipermodernidad, incluso —y en términos más
radicales— se ha diagnosticado el fin de la historia (Fukuyama, 2006) al asumir
que, después de la caída del régimen soviético, las opciones históricas frente al
capitalismo se habían agotado, resultando así en la culminación de la historia
entendida como ese proceso de cambio en el devenir del tiempo. Quizás en el
sentido opuesto a la visión de Francis Fukuyama se encuentra el trabajo de
Samuel P. Huntington y el concepto de choque de civilizaciones en el que se da
por sentado, de manera radical, que el proceso de modernización no conlleva a
un mundo homogéneo y pacificado sino a una lucha entre la civilización
occidental y —siempre en términos hostiles— civilizaciones del medio oriente.
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Futuro(s) y modernidades múltiples
Si bien cada una de estas perspectivas resalta diversas características del
mundo contemporáneo y acentúa diversas contradicciones presentes en la
agenda moderna, no es baladí retomar la postura del sociólogo judío S.N.
Eisenstadt quien, frente a tales caracterizaciones, propondrá que, lo que
actualmente presenciamos es el desarrollo histórico de las modernidades
múltiples. Dos ideas resultan básicas de dicho modelo: 1) la modernidad, surgida
en Europa, no se aplica de manera ingenua en diferentes latitudes y civilizaciones;
por el contrario, es de acuerdo a la experiencias histórica de cada una de estas
sociedades que la agenda moderna se adapta, rechaza o se asume de diversas
maneras; 2) la tensión fundamental de dicha aportación recae entre el
universalismo y el particularismo, entendiendo que la modernidad, tomada como
una pretensión de universalidad del devenir histórico, no puede ser aplicada en
su totalidad en ámbitos y regiones sin tomar en cuenta lo particular de cada una
de ellas. A lo largo de este apartado se intentará describir punto por punto la
propuesta de Eisenstandt tomando como ejes de orientación las dos ideas básicas
aquí propuestas.
La idea de modernidades múltiples se sustenta en el reconocimiento de que
la modernidad debe ser vista como una cristalización de un nuevo tipo de
civilización que, al igual que las expansiones de las religiones y los imperios
antiguos, combinaba una serie de aspectos ideológicos, económicos y políticos
(Eisenstadt, 1999, p. 284). Esto a la vez, genera una nueva tendencia en el
desarrollo histórico de la humanidad que se puede observar en la generación de
126
nuevos marcos y sistemas simbólicos o culturales. La modernidad, surgida en
Europa, se expandió a lo largo del mundo, creando diversas combinaciones que
dieron lugar a marcos basados en las propias premisas básicas de la civilización
que la acuñó, pero también con raíces en la propia agenda de la modernidad.
Cada uno de estos marcos (ideológicos, políticos, económicos y culturales) deben
ser considerados como heterogéneos y multi-centrados, con dinámicas propias
y, siguiendo una de las premisas básicas de la modernidad, en constante cambio
y relacionándose con otros marcos y modelos. Estas diversas combinaciones
abren diversas opciones y posibilidades, dando como resultado una
heterogeneidad de modernidades o, como bien se puede ir advirtiendo,
modernidades múltiples. Al mismo tiempo esto ha generado que dichas
sociedades puedan resultar parecidas en ciertos aspectos —pues abrevan de
raíces comunes que provienen de la agenda moderna— sin embargo, también
presentan diferencias y matices como resultado de las constantes interacciones
entre diversos marcos, además de que responden a su propia experiencia
histórica. Es en ese sentido que, siguiendo la argumentación de Josetxo Beriain
(2005), es posible asumir que las modernidades múltiples se encuentran basadas
en una unidad de la diferencia.
La modernidad original, apunta Eisenstadt, se basaba en dos dimensiones
íntimamente conectadas, a saber, la dimensión estructural que puede ser
entendida como el aspecto organizativo de la sociedad y remite a aspectos como
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Gustavo Serrano Padilla
la diferenciación, urbanización, industrialización y ampliación de las
comunicaciones. La segunda dimensión es la institucional, referida al desarrollo
de diversas instituciones dentro de la sociedad moderna; instituciones que, por
cierto, han sido el foco de atención de una gran parte de la teoría social y entre
las que destacan: el nacimiento del estado moderno, las colectividades nacionales
y, sobre todo, el surgimiento de una economía capitalista.
Ya dentro de la teoría clásica se apuntaba que todos estos aspectos, si bien
podían ser separados analíticamente, resultaban inseparables en el proceso
histórico de conformación de la modernidad (Eisenstadt, 1999). Sin embargo, uno
de los aspectos más relevantes al pensar dicho proceso consistió en asumir que,
al ser recibida en otras sociedades fuera de Europa, dicha agenda sería
incorporada homogéneamente, dando como resultado una serie de copias
idénticas al programa original. Actualmente los desarrollos dentro de las Ciencias
Sociales muestran que dicha incorporación está lejos de ser un proceso
homogéneo y pacifico; al contrario, dicha combinación depende de las raíces
históricas de las sociedades en cuestión, su anclaje en la tradición e incluso el
momento histórico por el que transcurren.
A través de un proceso histórico que se ha ido acelerando gracias a la
globalización es posible asumir que la modernidad se ha expandido en gran parte
del globo terráqueo, aunque, quizás, a diferentes ritmos, cadencias, velocidades
y matices. Esta expansión no ha dado lugar a una única civilización, sino a
variaciones de un mismo patrón estructural y cultural. Gracias a ello se han
127
desarrollado, por decirlo de alguna manera, distintas civilizaciones o, mejor dicho,
distintas modernidades.
A este respecto resulta pertinente citar como ejemplo el caso de Estados
Unidos y, quizás el más interesante de todos, el de Japón. Esto no elimina las
diferentes variaciones que se han desarrollado en los últimos años, sobre todo en
la región de América Latina. Los Estados Unidos, tal y como apunta Josetxo Beriain
(2005), puede ser considerada “la primera civilización completamente
desarrollada que surge de la herencia revolucionaria” (p. 46). Resulta interesante
que el propio mito fundacional haya supuesto la ruptura con la misma tradición
europea y que, sobre todo, haya concebido a la tierra ya no como el campo de
los antepasados, sino como la propia conquista de los colonos que posibilitaba
la apertura de un horizonte cuya utopía se manifestaba en el presente que
siempre se encuentra orientado hacia el futuro. Estados Unidos no representó un
“fragmento de Europa”, al contrario: la particularidad de su orden político radicó
en su conexión fundamental con una identidad colectiva. La revolución
norteamericana fue, sobre todo, un catalizador de esta nueva identidad.
Por su parte, el caso japonés, resulta atractivo al tomar como ideas centrales
la nación y el progreso durante la era Meiji (Beriain, 2005). Además, fue a través
de las diversas estructuras políticas y nacionales que el proyecto de restauración
en la Era Meiji tuvo su éxito. A esto debe ser agregada la ya conocida
“domesticación del samurái” que, como disciplina militar, ponía el énfasis en la
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Futuro(s) y modernidades múltiples
disciplina y en la expectativa del control de deseo a largo plazo. En el proceso de
modernización tardía dentro de Japón esta peculiaridad fue canalizada para
producir una tendencia de armonía entre el sentido e identidad personal con las
diferentes metas y responsabilidades de orden social. En ese sentido —y
siguiendo con la propia exposición de Josetxo Beriain— es preciso resaltar la idea
de que existía un ethos originario dentro de la cultura japonesa, a saber, el
Samurái que, a través de la combinación de autoafirmación, honor y dignidad
logró hibridarse con la agenda de una cierta modernidad, dando paso a una serie
de marcos culturales, políticos e incluso económicos que no se anunciaban dentro
de la modernidad originaria.
Sin pretender ahondar más en estos dos ejemplos, resulta pertinente insistir
en que, como se ha tratado de exponer a lo largo de este apartado, son la
experiencia y momento histórico de cierta civilización lo que, junto a la
implementación de cuestiones centrales de la modernidad, abren el camino para
diferentes matices de lo que podríamos denominar como moderno, dejando
atrás la idea de un proyecto homogéneo y totalizador de la sociedad global.
Ahora bien, cabe decir que estos procesos no suponen un desarrollo pacífico,
por el contrario, ponen en el centro de discusión las antinomias y contradicciones
propias de la modernidad, haciéndolas más evidentes y agudas. Según Eisenstadt
(1999, p. 286), las primeras tensiones desarrolladas por el programa original de la
modernidad son cuatro: 1) entre una visión totalizante y una concepción diversa
de la razón y su lugar en la vida social; 2) entre la reflexividad y la construcción
128
activa de la naturaleza y la sociedad; 3) entre diferentes perspectivas sobre la
experiencia humana; 4) entre el control y la autonomía.
Dichas antinomias se hacían presentes en la arena política generando
diversas críticas gestadas dentro del propio programa o bien desde fuera de este.
La crítica más extrema a la agenda de la modernidad negaba la posibilidad de un
anclaje del orden social moral especialmente en el aspecto referido a la
autonomía de los individuos y el papel que jugaba la razón. Del otro lado, la crítica
interna, subrayaba el desarrollo de las sociedades modernas desde el punto de
vista de las premisas sociales y culturales y resaltaba la confrontación entre el
supuesto desarrollo de la autonomía frente a la pesadumbre del control, así como
el dislocamiento entre diferentes sectores de la sociedad a raíz de la profunda
industrialización del campo y las ciudades.
Uno de los mejores ejemplos de las distintas contradicciones y antinomias
del programa moderno se puede localizar —en clave poética— dentro de la obra
del francés Charles Baudelaire, especialmente en Las flores del mal de 1857 y El
pintor de la vida moderna de 1863. A lo largo de su obra el poeta francés, como
un flâneur de la época distingue entre la maravillosa artificialidad de las grandes
urbes frente a la decadencia de aquellas clases desfavorecidas, de los barrios
bajos, de los burdeles. En ese mismo sentido, pero ahora en clave sociológica, se
encuentra la obra de Georg Simmel quien, en su pequeño texto sobre la
metrópoli y la vida mental deshilvana y analiza el impacto que tuvo el proceso de
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Gustavo Serrano Padilla
industrialización dentro de las identidades, comportamientos y actitudes de las
personas (Simmel, 2016).
Estas contradicciones, ubicadas ya en la agenda original de la modernidad,
prevalecieron y repercutieron en constelaciones y dinámicas institucionales
presentes en diferentes sociedades modernas. Junto a la expansión de las
civilizaciones modernas en contactos como América e incluso Asia y las dinámicas
de constante desarrollo de diversos marcos internacionales surgieron nuevos
elementos que resultaron fundamentales en la constitución de modernidades
múltiples. De especial importancia fueron los elementos presentes en
civilizaciones no occidentales ya que, gracias a la diferenciación de estos patrones
con los propuestos por la agenda de la modernidad europea, se generaron
diversos desafíos a las esferas política e ideológica a las hegemonías existentes.
Tal y como se mencionó anteriormente, la apropiación de los elementos
centrales de la modernidad no implica una aceptación pasiva de dichos
elementos, se necesita de un selección, reinterpretación y reformulación de
dichas raíces de acuerdo con la experiencia histórica y el aspecto tradicional de
las diferentes sociedades. Esto no genera una simple copia de los patrones
institucionales y culturales, sino un desarrollo y reconstrucción de dichos modelos
que permiten la formación de nuevos elementos que tienden a reconfigurarse y
reinterpretarse. Dicha selección y reinterpretación puede generar múltiples
énfasis en distintos elementos de la matriz moderna original. Las tensiones y
conflictos de dicho proceso no se relacionan tanto con los programas culturales
129
como con los problemas en el ámbito político e institucional de las sociedades
que puede ser relacionado, sobre todo en la composición básica de la política y
su tensión fundamental, a saber, “entre la política normal o revolucionaria, la
voluntad general o la voluntad de todos, entre la sociedad civil o el estado y,
finalmente, entre el individuo y la colectividad” (Eisenstadt, 1999, p.289).
Uno de los elementos centrales en la constitución de estas múltiples
modernidades es, según Eisenstadt (1999) las “cosmologías” de cada civilización,
así como los patrones ya existentes de instituciones que surgieron como
resultado de la sedimentación a través del tiempo de distintas experiencias e
interacciones entre civilizaciones. La interacción persistente entre estos
elementos generó cambios en las dinámicas básicas y las premisas culturales de
la modernidad, diferenciándose y reinterpretándose continuamente.
Como se ha podido ver el desarrollo del concepto de modernidades múltiples
trabajado por S.N. Eisenstadt resulta ser un punto de vista atractivo y sugerente
que permite mirar y plantear preguntas respecto a la sociedad actual desde
ángulos diferentes. Al asumir la existencia de las modernidades múltiples se opera
un cambio en el panorama histórico, se posibilita una apertura de horizontes a la
vez que plantea y agudiza algunas de las cuestiones fundamentales dentro de la
teoría social. En este apartado se mostró un panorama muy general sobre dicha
teoría, pues a partir de ella, siguiendo sus postulados básicos, en el siguiente
apartado se intentará argumentar que pensar en modernidades múltiples es,
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Futuro(s) y modernidades múltiples
también, pensar en futuros diversos en el entendido previo que éste (el futuro)
es un producto reciente cuyo origen se puede datar en los albores de la
modernidad.
III. Modernidades múltiples, futuros diversos
A lo largo de este breve texto se ha propuesto conjugar la problemática en torno
al tiempo futuro con la tesis de las modernidades múltiples sostenida por S.N.
Eisenstadt. En este último apartado se pretende, a partir del contexto
anteriormente mencionado, esbozar la idea de que en la sociedades
contemporáneas ya no es posible hablar de un único futuro que remite al
programa original de la modernidad Europea; al contrario, a partir del
presupuesto sobre modernidades múltiples se argumentará que también existen
futuros diversos y, muchas veces, futuros en disputa; lo que conlleva hablar,
necesariamente, del futuro como un terreno de lucha en los ámbitos y marcos
culturales, políticos y sociales.
Si el futuro como horizonte abierto de posibilidades, junto a la semántica
asociada a él en la forma del progreso a través de la modernización fue uno de
los elementos centrales en la concepción del tiempo inaugurada dentro de la
modernidad, resulta interesante observar y conjeturar cómo es que esta idea
básica se ha ido modulando a lo largo y ancho de diferentes latitudes en las que
se ha pretendido adoptar el programa de la modernidad. Evidentemente no se
130
concibe de igual forma el futuro en Europa central que en los Estados Unidos e
incluso en América Latina; con matices más agudos o incluso con mescolanzas
entre la tradición y el progreso estos diversos futuros han aparecido a lo largo de
la historia de las sociedades modernas o en vías de modernización. Uno de los
ejemplos más básicos de esto último se puede observar en la discusión que
Ramón Ramos Torre expone en torno a los Futuros climáticos en disputa (2018);
si bien algunas ideas del futuro y el progreso están íntimamente relacionadas con
el dominio y explotación de los recursos naturales, muchas otras apuestan por la
conservación de dichos elementos de cara a la inminente crisis ambiental que se
vive globalmente: la tala indiscriminada de bosques, las cantidades industriales
de desechos que se arrojan a los ríos y demás se enfrentan a posturas ecológicas
que buscan establecer un tipo de vida sustentable que permita encarar un futuro
amenazador.
Dichas disputas no sólo se dan en el terreno del cambio climático y la
amenaza ecológica, incluso en el terreno práctico de la vida cotidiana se pueden
encontrar discursos que difieren en mayor o menor grado de aquellos rasgos
fundamentales del futuro. El propio Ramón Ramos (2017), en una investigación
empírica realizada en España, comprueba cómo es que a través de diferentes usos
discursivos el futuro se dota de una carga negativa o, para decirlo sucintamente,
alejada de los rasgos característicos como la novedad o el progreso ilimitado.
Lejos de que esto sea una muestra más de ese posmodernismo catastrófico
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Gustavo Serrano Padilla
(Ramos, 2017) que tiende a diagnosticar la paulatina desaparición del horizonte
del futuro o su reemplazo por un presentismo agudizado, da la impresión que
esto no es más que un síntoma o un anuncio de un posible desdoblamiento de
diversos futuros que no se rigen necesariamente por aquellos rasgos
predominantes en la modernidad Europea sino que tal y como pretende la teoría
de las modernidades múltiples son un producto del propio momento y
experiencia histórica de las sociedades en las que se dan.
Que la historia terminó no es más que una mirada simple ante la complejidad
del mundo y ante diversas manifestaciones o desdoblamientos del propio
tiempo. Del mismo lado se localizan aquellas posturas según las cuales el futuro
ha colapsado o se ha agotado y resulta insuficiente para orientar la acción del
presente. Más valdría advertir que hoy en día, ante diversos procesos que se han
gestado históricamente de acuerdo con diversas experiencias en el tiempo, el
futuro se ha matizado de distintas formas en diversas latitudes. Antes que
diagnosticar el fin de este sería necesario prestar atención a sus diversas
transformaciones y desarrollos, así como a los diferentes discursos que de él se
elaboran y reinterpretan.
El futuro no puede empezar, decía Niklas Luhmann (1992), y no puede hacerlo
porque es una instancia en la que se contrastan los que esperábamos que
aconteciera (futuros pasados) con lo que esperamos pueda ocurrir (futuros
presentes). Es un tiempo de contrastación caracterizada por las diferencias en los
matices y profundidad de cada uno de sus rasgos, tal y como lo muestra la teoría
131
de las modernidades múltiples. Una problematización efectiva en torno al
problema del futuro necesita asumir que dicho tiempo no es unidimensional y
perteneciente a una sola agenda (aquella de la modernidad tradicional), sino que
a lo largo de la historia ha sufrido reinterpretaciones, agregados y eliminaciones
de aquellos rasgos fundamentales y distintivos con los que se inauguró.
Problematizar el futuro exige una conciencia de su complejidad y multiplicidad;
conciencia que es alimentada con toda una serie de reflexiones provenientes de
la teoría de las modernidades múltiples y que invitan a reflexionar sobre el
carácter diverso o el desdoblamiento de la modernidad original. Cierto es que, tal
y como menciona Eisenstadt (1999) aún se comparten coordenadas generales,
sobre todo dentro de una sociedad global (la preocupación por el cambio
climático, por ejemplo), sin embargo, desde diversas latitudes el futuro se
manifiesta a través de distintos recursos y discursos fruto del propio momento
histórico en el que se habita.
REFERENCIAS
Baudelaire, C. (2013). Obras selectas. Madrid: Edimat.
Beriain, J. (2005). Modernidades en disputa. Barcelona: Anthropos.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Futuro(s) y modernidades múltiples
Eisenstadt, S. (1999). Multiple Modernities in an Age of Globalization. En:
Canadian Journal of Sociology. 24(2), 1999, pp. 283-295.
Eliade, M. (2015). El mito del eterno retorno. Madrid: Alianza.
Fukuyama, F. (2006). ¿El fin de la historia? Y otros ensayos. Madrid: Alianza.
Hölscher, L. (2014). El descubrimiento del futuro. Madrid: Siglo XXI.
Koselleck, R. (2012). Historias de conceptos Estudios sobre semántica y
pragmática del lenguaje político y social. Madrid: Trotta.
Koselleck, R. (2016). historia/Historia. Madrid: Trotta.
Luhmann, N. (1992). El futuro no puede empezar: estructuras temporales en la
sociedad moderna. En: Ramos, R. (1992). Tiempo y sociedad. Madrid: Centro
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doi: [Link]
Ramos, R. (2018). Futuros climáticos en disputa. En: Revista Española de
Investigaciones Sociológicas, 161: 87-102.
[Link]
Simmel, G. (2016). Las grandes ciudades y la vida intelectual. Madrid: Hermida.
Zimbardo, P. y Boyd, J. (2009). La paradoja del tiempo. Barcelona: Paidós.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.
132
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020) ISSN 2448-7317
RESEÑA: González, M. (2019). Psicología de las masas en las
campañas políticas de México, 2006, 2012 y 2018. México: UAM
Iztapalapa.
Javier Rincón Salazar1
Sección: Reseñas
Recibido: 10/06/2020
Aceptado: 10/07/2020
Publicado: 04/12/2020
El texto aborda una de las problemáticas más trascendentes de la psicología
social. El que concierne al comportamiento que exhiben las multitudes y su
transformación en masas humanas. La investigación que se elabora se centra en
la observación del cierre de las campañas políticas, en el marco de las elecciones
presidenciales en México, en tres periodos diferentes. Los últimos tres sexenios.
En cada campaña se presenta la narrativa de lo observado en los eventos que
realizan cada una de las fuerzas políticas más encumbradas del país.
La investigación ofrece testimonios fotográficos de lo acontecido y señala los
aspectos que considera más destacables, donde las creencias se erigen como el
fondo más significativo del entramado. Pero son los símbolos, las emociones y
las imágenes (esto último como parte del pensamiento social) las que le otorgan
contenido a su expresión. Ellas son acompañadas de un ritual de organización
para el arribo, de la disposición del escenario, de un plan de amenidades y
entretenimiento, así como la presentación del candidato o candidata que
contiende y aparece en la boleta electoral. Se trata de un espectáculo poco
original en su montaje, pero original e irrepetible por su circunstancia.
Cabe remarcar que la lectura es sumamente sencilla, el autor al tomar el tema
de la psicología de masas, no la describe con tecnicismos ni vocabulario de la
disciplina, lo hace con ejemplos tan cotidianos que, aunque uno no sea psicólogo
social o no conozca del tema, al leer va entendiendo en cada párrafo leído los
cimientos de la teoría y la idea central de la psicología de masas.
El tema central de la ceremonia se asienta en los augurios por el cambio
social. Igualmente, por la justicia, la modernidad y la urgencia de llevar a cabo los
1
Egresado de la licenciatura en Psicología Social de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad
Iztapalapa, Ciudad de México. Correo electrónico: hoomy_21@[Link].
Javier Rincón Salazar
ajustes necesarios y lograr una nación más dinámica, más equitativa y con mayor
progreso. Las líneas que se presentan constituyen la filosofía de un plan de
trabajo de los partidos, que se proclama como un catálogo de imágenes que
emergen de los diversos grupos, sectores, organizaciones, gremios, generaciones.
Y que ahora se presenta como la estrategia política donde se trata de vencer a
algo y a alguien.
La fundación o ampliación de la democracia, parece, es el fenómeno que
moviliza a las multitudes. Aunque en un país tan plural, su contenido puede tener
gran diversidad de definiciones, alcances y repercusiones. Para los ciudadanos lo
que importa es que se genera un espacio de diferenciación y la promesa de los
viejos ideales, las añejas demandas incumplidas y de nuevas solicitudes que
invocan al futuro, bien lo señala cuando escribe, “la masa vive la ilusión como
realidad” (p. 60). En cualquiera de los casos la pluralidad de la sociedad permite
la coexistencia de diversas rutas para la ilusión.
El libro contiene tres apartados. El primero de corte teórico donde se delinea
la conceptualización de la psicología de las masas y su líder. Esto es la manera de
analizar la psicología de las multitudes. Fenómeno que busca ser comprendido
en la vida política contemporánea. En este apartado se hace una relatoría de
autores, modelos, debates que contribuyen a definir la psicología de las
multitudes contemporáneas.
134
134
En este apartado se apoya en la idea de pensamiento social, la comunicación
y la modernidad para entender el cambio que hay dentro de la cultura, para la
transformación de un individuo a ser un integrante de la masa. Da una visión de
una teoría que surge a principios del siglo XX con elementos muy puntuales del
siglo XXI, lo vemos cuando nos dice que “la llamada comida rápida es un ejemplo
de lo masivo y lo inmediato” (p. 31), muestra que en la vida contemporánea de la
modernidad que vivimos vamos de la mano con la idea de estar en una masa.
Así vemos cómo se ubica su metamorfosis en el tema central del libro, la
formación de la masa. Esta surge de manera simultánea a la presencia del
candidato(a) quien representa diversas ideas, expectativas. Simbiosis necesaria
para su conversión y actividad de aquellos que siguen al candidato en su lucha
de “democracia” y las emociones que el líder desborda, “la voluntad de la masa
se ubica en esta situación afectiva-emocional” (p. 103), llegando así a la cumbre
de una masa en un cierre de campaña.
El segundo apartado contiene las narrativas del cierre de las campañas de
tres periodos electorales. Los escenarios de las observaciones son realizados en
2006, 2012 y 2018, correspondientes a la sucesión presidencial, suceso calificado
como el ambiente de esperanza, incertidumbre y de grandes expectativas en la
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Reseña: Psicología de las masas...
sociedad mexicana. Evento místico que ha permitido grandes cambios como la
revolución mexicana o grandes tragedias como asesinatos o innumerables
fraudes electorales. La narrativa de cada cierre de campaña revela las anécdotas
de los grupos y las personas que llegan a los espacios convocados y asumen una
actitud festiva y de triunfo. Las fotografías dan testimonio de los valores
observados. Nueve narrativas componen el apartado a lo largo de los tres
períodos señalados. Lo que señala una consistencia en la investigación y una
suerte de comparación entre los períodos estudiados.
Un tercer apartado remata la investigación. En este se analiza la relación del
pensamiento de las masas con la política mexicana. Los significados del cambio
social a manera de imagen que moviliza a los grupos y otorgan un énfasis a los
procesos electorales. En este apartado se repasan los procesos socio culturales
que predominan en México y que sirven de plataforma en la continuidad de las
creencias. Igualmente, en la formación de otras nuevas. En esa situación afloran
las expectativas ciudadanas en el momento de la interacción con los diversos
candidatos en un intercambio de esperanzas, ilusiones y temores.
Es importante señalar que el análisis en el que se ubica encuentra elementos
psicosociales: símbolos, imágenes, creencias y emociones. Las cuales le dan
relación a la vida política en México con la psicología de masas, estos elementos
dan una estructura analítica, que situándolo en un párrafo es:
135
“Todo esto se construye con todas las fuerzas sociales y políticas, con sus pasados y
sus expectativas, pero también con las pasiones y emociones que desata una idea
extraordinaria que promete no solo desarrollo, sino darle sentido al presente, al
pasado y al futuro de los grupos y las personas” (p. 451).
Finalmente, se presenta una imagen metafórica de la vida política de México. En
ella se ubica a una pirámide que es rodeada por los habitantes de un lugar
legendario. La imagen busca elegir al mejor hombre (no mujer), que represente a
sus habitantes. La metáfora elabora preguntas y cuestionamientos que deben
responder la psicología social colectiva en conjunción con las ciencias sociales.
El texto obsequia una reflexión sobre el presidencialismo mexicano, sus raíces
y la imagen que este personaje impone sobre la vida social, política y cultural. No
se busca hacer una prospectiva sobre el futuro de las campañas políticas. Por el
contrario, se busca reconocer los vestigios históricos y culturales que forjan los
valores y las emociones de un pueblo que arrastra sus inquietudes de la vida
social y cultural a la política, bien lo enmarca con la cita de Le Bon, “con la lógica
sentimental se edifican nuestras creencias, es decir, los factores de la conducta de
los individuos y los pueblos” (p.450).
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Javier Rincón Salazar
Para el autor, la psicología de las masas es un proceso integrador de las
distintas vertientes de la psicología colectiva y de otros campos disciplinarios
como la antropología, la sociología y la ciencia política. Igualmente, las distintas
áreas de investigación para indagar el presidencialismo como fenómeno
psicosocial y cultural. La imagen del presidente y de los candidatos(as) al cargo
político, parecen observar como figura de soporte, es la brizna profunda del
pensamiento ciudadano, la que se ubica entre el realismo y los ideales profundos
de una sociedad.
Producto de un largo recorrido, la psicología de masas parece seguir
reconociendo en la vida contemporánea, la adhesión de la masa al líder y el culto
a la personalidad. Pero esto no sólo para personajes de la política, sino con
personas del mundo del espectáculo, del deporte, de la ilegalidad, lo que pone
en evidencia los deseos y las carencias del hombre y mujer de la modernidad, “en
el fondo hay una especie de repetición de la sociedad espectáculo” (pág. 445). En
el fondo hay un debate sociocultural e histórico sobre los contenidos que
mantienen los medios de comunicación y su papel frente a los problemas
nacionales y globales.
En la lectura de este texto se advierte una gran propensión por el cambio
social. Las masas y los líderes lo invocan constantemente. Pero los significados se
asumen un tanto veleidosos. El autor no deja de señalar el predominio de las 136
136
creencias del ciudadano como el aguijón que moviliza a las masas. Elemento que
permite el ímpetu con el cual el candidato(a) se superpone a la multitud.
Muchas de las creencias invocadas por la población advierten la acumulación
de deudas. Este aspecto merece resaltarse como un producto de la historia, pero
también como un proceso que anticipa lo posible y lo imaginable en la masa. Los
tiempos que corren parecen señalar las advertencias de una revancha de diversos
grupos y sectores a partir de la disparidad de los contenidos del cambio social.
Aspecto que rebasa a la psicología social y la obliga a vincularse con otros campos
disciplinarios y teorías específicas.
Visto como un análisis psicopolítico, el texto hace énfasis sobre las maneras
culturales que posee la vida política. La ligadura de la vida cotidiana con la
creación de la historia de un pueblo. Es decir, la atadura de lo individual y lo
colectivo o de lo cotidiano con lo histórico. Elementos que no son explícitos en el
léxico y expresiones de la masa pero que se pueden alcanzar cuando la política
no consuma las promesas e ilusiones concertadas.
El trabajo hace evidente la necesidad de replicar y ampliar las áreas de
oportunidad de la investigación en psicología social colectiva. Si se señalaba un
eclipse de este tema, la investigación demuestra que hay un enorme universo por
analizar. Nos pone en la mesa que la psicología de masas en México del siglo XXI
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Reseña: Psicología de las masas...
está aún presente, que no se ha agotado el tema de las multitudes, al contrario,
nos abre un panorama que, si bien no es nuevo, lo hace interesante. Y renueva
los modelos psicosociales desde la visión de la psicología colectiva. Lo original de
todo esto es que pone a la cultura y los elementos que esta conlleva como el eje
que mueve a la vida política en este país, y no solo de los cierres de campañas
analizados, sino, desde hace siglos que estos elementos culturales implican la
elección de un líder/ídolo/símbolo nacional.
REFERENCIAS
González, M. (2019). Psicología de las masas en las campañas políticas de México,
2006, 2012 y 2018. México: UAM Iztapalapa en coedición con Estampa Artes
Gráficas S.A. de C.V.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.
137
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020) ISSN 2448-7317
Reseña: Arciga, S. y Sánchez, J. (Coords.). (2019). Psicología
cultural, narración y educación. Ciudad de México: Universidad
Pedagógica Nacional.
Ma. del Carmen Jaimes Ruiz1
Sección: Reseñas
Recibido: 26/06/2020
Aceptado: 31/07/2020
Publicado: 04/12/2020
Siempre que alguien pone un libro en tus manos, implica un gran reto como
lector. Lo menciono porque no es fácil enfrentarte a un nuevo texto, a una forma
específica de escribir, de comprender y representar al mundo desde la propia
experiencia de los autores.
El libro plantea desde el inicio la discusión acerca de la configuración del yo,
considerando los planteamientos de la psicología social, y recupera los aportes
de la psicología cultural, particularmente, los trabajos de Bruner relacionados con
el relato como medio para construir el pensamiento narrativo de los sujetos que
da cuenta de lo que pasa en la cotidianidad. Ambos elementos permiten
comprender el sentido del libro que es rescatar las narraciones de distintos
sujetos que relatan sus historias desde sus experiencias, teniendo como
referentes a la cultura y a la educación: es un libro colectivo articulado por la
narración.
El libro Psicología cultural, narración y educación está organizado en dos
apartados. La primera parte titulada “perspectivas teóricas: cultura, narrativa e
historia” presenta cuatro trabajos de corte teórico–conceptual. El segundo
apartado titulado “las prácticas educativas y relatos de vida” está constituido
también por cuatro contribuciones en donde se recuperan trabajos de corte
empírico, realizados en distintos escenarios sociales en los que se recrean las
narrativas de las experiencias de las autoras.
El primer apartado demanda, como muchas lecturas, recurrir a otros textos
para complementar su contenido. Hay que descubrir la negociación de
significados entre los que escribieron y los autores con quienes dialogaron.
En “narrando al yo: cómo construimos la realidad de las personas”, Jorge
Mendoza profundiza en la manera en que se ha constituido al yo, el sí mismo o
1
Profesora del Centro de Actualización del Magisterio de Iguala, Guerrero, México. Correo:
mjaimesruiz@[Link]
Ma. Del Carmen Jaimes Ruiz
persona: ese yo que surge en lo social, y que abandona lo individual. A partir de
señalar las dos posiciones encontradas de la psicología, una de corte
experimental que pone el acento en el individuo; y otra de corte social que hace
énfasis en la cultura y en el medio social, distingue cómo, en la primera postura,
desde hace más de un siglo, se enfatizaba a las irregularidades del yo: baja
autoestima, personalidad antisocial, trastornos como anorexia, psicosis, y muchos
otros. Estos ideados desde una mirada clínica que posteriormente todos
recreábamos para enaltecer los defectos. Por recuperar otro ejemplo, ahora el de
moda, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad que señala a muchos
de nuestros niños y jóvenes.
Desde la segunda postura, la psicología social, se recupera el valor del yo en
la persona, donde se enfatiza lo social y las relaciones interpersonales. Desde esta
perspectiva se habla de un yo interactivo y narrativo que se construye a partir de
las interacciones grupales en la sociedad. El autor recupera el valor de la narrativa
en la constitución del yo, esto es, la persona y la importancia de la cultura en esta
transformación. Aquí son los otros, es decir, la gente, los grupos y la sociedad
quienes te configuran. Así como son las narrativas que cada uno construimos, las
que le dan sentido a nuestra vida, a nuestras experiencias, y que recuperamos de
la cultura en la que estamos inmersos. De ahí que tenemos que buscar en nuestra
propia cultura y explorar como narramos nuestra existencia, nuestro pasado,
aquello con lo que interactuamos, a los otros, y a los que están junto con
nosotros; esto posicionará al yo de otra manera.
139
En el siguiente trabajo, José Simón Sánchez, explica con una gran claridad las
aportaciones de Bruner sobre la psicología cultural, la narrativa y la educación.
Sin duda, en este momento, las contribuciones de la psicología cultural son los
que tienen más peso en el estudio de la mente humana. Pone el acento en el
papel de la cultura, en el desarrollo mental y cómo actúan respecto a la educación.
Se preocupa por el aprendizaje –esto es, entender lo que sucede con el desarrollo,
la cognición y el pensamiento- así como en el apoyo de la enseñanza para el
sujeto que aprende, es decir, el aprendiz.
En el texto plantea cuatro puntos principales. El primero que aborda es sobre
la crítica de Bruner al abandono del objetivo central de la psicología cognitiva, ya
que dejó de lado la mente como objeto de estudio y pasó a estudiar la
información acumulada; además, destaca cómo ésta dio paso a la psicología
cultural. En un segundo punto debate el problema en torno a las relaciones entre
cultura y mente: por un lado, coloca a la cultura como costumbres, valores y
significados que son externos a la mente; por el otro, ubica al pensamiento como
herramienta y conocimiento que forman parte de la mente interna de las
personas. En un tercer punto relaciona al pensamiento paradigmático con el
pensamiento narrativo, relacionándolos con el conocimiento científico
paradigmático y el otro con el conocimiento narrativo; sobre todo, reflexiona
sobre las implicaciones educativas en el aprendiz. En el cuarto y último apartado
analiza el papel de la narrativa y los relatos en el desarrollo de los procesos
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Reseña: Psicología cultural, narración y educación
educativos, al igual que éstos pueden apoyar para dar un mayor sentido y
significado a los sujetos que aprenden. Entonces, de esta manera, podremos dar
sentido a la creación y a la negociación de significados, así como sus
implicaciones educativas.
El tercer trabajo del libro nos hace despertar de manera abrupta en una
realidad que vivimos: nos encontramos en el declive de una civilización y de dos
grandes ideologías que prevalecieron en ella. Por lo tanto, señalan los autores
que “necesitamos volver a imaginar” para poder recrear y explicar la situación en
la vivimos actualmente, en donde el primer requisito es hacer frente al presente
y al futuro del hombre. La idea de que el conocimiento, así como lo
comprendíamos, era patrimonio de la humanidad y que su valor estaba por
encima de todo ha sido superada. De igual manera, la concepción de que la
cultura era un conjunto de valores únicos e irremplazables ha cambiado. De ahí
que, también la educación como medio fundamental para la difusión del
conocimiento y para su transmisión de una generación a otra se ha tenido que
replantear. Señalan que las sociedades deben sentar su pertinencia en el
conocimiento colectivo. De esta forma, exponen que una de las funciones de la
educación es la de ayudar a la comunidad, a aceptar y comprender la necesidad
de nuevas formas de aprendizaje, asimismo de asumir el reto de poner al alcance
de la comunidad la comprensión de sus fines y sus procesos.
En el cuarto apartado del libro, Amilcar Carpio, analiza los contenidos de
libros de texto gratuito (LTG) de la educación básica, particularmente los de la
140
asignatura de historia, poniendo el acento en los problemas de enseñanza, en la
escritura de la historia en relación con el poder, en los estados nación y en la
visión eurocéntrica que tienen en su escritura a nivel mundial. El autor recupera
algunas preguntas de Guha para detonar el análisis: ¿quién o quiénes eligen algún
hecho o acontecimiento para incorporarlo en la historia? ¿quién lo decide? ¿con
qué valores? Y responde con lo que él ha llamado “estatismo”, es decir, plantea
que es el estado nación el que decide, selecciona, evalúa y discrimina lo que tiene
o no que incorporarse en los LTG.
También habla de las historias de las minorías y de las nacionales defendidas
en muchos países, al igual de cómo se han configurado. Señala que en nuestro
país vivimos un eurocentrismo exacerbado que ha privilegiado la memorización
de los hechos, las fechas y los nombres. Argumenta que los libros de texto de
nuestro país han sido una herramienta básica para fortalecer el proyecto del
estado mexicano: se confirman los héroes y villanos, además se legitima una
versión única y oficial de nuestro pasado, de ahí que el estado ha tenido una gran
crítica por el monopolio en los LTG. Agrega que han aumentado los trabajos que
abundan en juicios, filias y fobias de autores igual de peligrosos que la versión
oficial. Por citar algunos ejemplos, hablan de Hidalgo mujeriego, de Villa roba
vacas, de Juárez como indígena pro-Yanqui que, además, carecen de una
investigación sólida que los sostenga.
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Ma. Del Carmen Jaimes Ruiz
Ante esta situación plantea que se debe revisar qué historia se debe enseñar
en las escuelas. Propone que es necesario poner a disposición del público
investigaciones de calidad, pero evitando los peligros de los comerciantes y
falsarios de la historia. Asimismo, habrá que seguir trabajando fuera de las
escuelas.
El siguiente apartado de libro está integrado por narrativas de cuatro mujeres,
todas relacionadas con la docencia y la educación, en las que recuperan la
experiencia vivida.
En el primer trabajo del segundo apartado, Neftali Secundino analiza clases
de nivel primaria para identificar los tipos de artefactos utilizados por profesores
en su práctica. Parte de la noción de herramientas psicológicas propuesta por
Vygotsky y que retoma Wartofsky (1979), para introducir de manera adicional, la
noción de artefacto, como formas de representación del conocimiento. De los
cuales señala tres tipos:
1. Artefactos primarios: son creados y preservados para transmitir
habilidades.
2. Artefactos secundarios: son modos de representación gestual u oral
comunicados de diversas modalidades.
3. Terciarios: constituyen un dominio en el cual hay una libre construcción en
la imaginación de reglas y operaciones diferentes de aquellas adoptadas
en la praxis ordinaria.
Ellas realizaron un trabajo de intervención con docentes en el que usaron distintos
141
artefactos y siguieron la práctica con observaciones y grabaciones. Entre los
resultados señalan que el uso de los tres tipos de artefactos constituye soportes
centrales en su desarrollo y alcance que actúan como mediadores de procesos
entre docentes y estudiantes. A través del uso de distintos artefactos pudieron
caracterizar la manera en que las profesoras observadas realizaban su docencia.
El segundo trabajo, la narrativa en la enseñanza de la historia a nivel
universitario, de Julia Salazar, parte de la reflexión acerca de las dificultades para
la enseñanza de la historia en la universidad. A través de la narrativa, da cuenta
de sus experiencias como docente de historia, pero también como investigadora.
Recupera algunas respuestas de jóvenes de bachillerato a los que les pregunta
acerca de la clase de esta materia, que no distan mucho de las que ya conocemos.
Utiliza la narrativa para el aprendizaje de la historia, como un recurso didáctico,
sobre todo las narrativas fílmicas o literarias. Lleva a los estudiantes a que
investiguen, que creen conocimiento histórico y no sean simples consumidores.
Propone varias sugerencias de cómo trabajar la narrativa y muestra algunos
ejemplos. Es un apartado que puede ser de mucha utilidad para los estudiantes
de la licenciatura en enseñanza de la historia, ya que podrían documentar muchas
de las sugerencias que la autora plantea para trabajar las narrativas en la clase.
El texto cierra mencionando que las narrativas permiten observar de manera
clara como los estudiantes muestran y organizan sus argumentos para demostrar
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Reseña: Psicología cultural, narración y educación
la problemática que están trabajando; así como la progresión en el desarrollo de
sus habilidades en el conocimiento histórico.
En el siguiente trabajo, Norma Ramos Escobar narra las experiencias de
algunas docentes potosinas como parte de un proyecto de memoria escolar. Los
escritos autobiográficos relatan sus historias de vida y la manera en que su
condición de género ha estado presente tanto en su vida familiar como en sus
expectativas profesionales y explican cómo han tenido que truncar sus proyectos
en nombre del “deber ser”. Un comentario interesante que hace la autora es que
pocas mujeres en la historia han dejado huella escrita.
En el proyecto se analizaron 64 autobiografías breves de 13 maestros y 51
maestras, tipificados como novelas escolares. Lo más relevante de lo que
hablaron en sus narrativas fue del trabajo en la escuela. También las maestras
dieron sentido y significado a su historia doméstica infantil, las elecciones
profesionales frustradas y las cargas de trabajo, todas mediadas por su condición
de género. Sin duda, muchas historias coincidentes con las que muchas docentes
hemos vivido.
El último texto del libro, Margarita: biografía de una madre adolescente en
un contexto de pobreza urbana, es un excelente relato biográfico, que da cuenta
de cómo el embarazo adolescente ocurre en un determinado contexto cultural
que como lo señala el texto, “lo prescribe y posibilita”.
Más allá de la historia de Margarita, el capítulo muestra las habilidades
142
investigativas de la autora que recupera el relato autobiográfico y las historias de
vida, como formas de narrativas en las que el sujeto entrevistado da cuenta de su
propia historia, para dar cuenta de un tema vigente en nuestra sociedad.
Sin duda, cada capítulo del libro aporta elementos interesantes para
comprender la narración desde distintos lugares y distintos sujetos, pero que, al
ser internalizada por los lectores, permite la negociación de significados y a la vez
la reconstrucción de nuevas historias y narrativas que permiten comprender de
manera más profunda aspectos relacionados con la cultura y la educación.
REFERENCIAS
Wartofsky, M. (1979). Models. Representation and the Scientific Understanding.
Boston: Springer Netherlands.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020) ISSN 2448-7317
Reseña: Sánchez, S. (2019). El mito de las sectas. Ciencia y
religión en el imaginario social. Puebla: BUAP.
Eloy Maya Pérez1
Sección: Reseñas
Recibido: 26/06/2020
Aceptado: 31/07/2020
Publicado: 04/12/2020
En el libro “El mito de las sectas” (2019) el Dr. Sánchez López reflexiona en torno
al concepto de secta revisándolo desde la psicología social. En el libro se describe
la relación de la psicología con el fenómeno religioso; se enfoca especialmente
en las sectas como el elemento desde donde se analiza para construir saberes. El
texto, sin mencionarlo, se asume con una postura crítica y reflexiva. Inicialmente,
ubica a las sectas como un objeto complejo (en términos de la complejidad
propuesta por Morin) que es mirado y colocado como una ciencia, pero el autor
expresa lo contrario, es decir, afirma que quizá será una pseudociencia,
básicamente, porque no teoriza la realidad religiosa, más bien la legitima. A partir
de este argumento, describe como su propósito el desvelar la subjetividad
implícita en este calificativo y, por tanto, sus implicaciones conductuales,
cognitivas, ideológicas y relacionales subyacentes al proceso de objetivación en
el estudio psicológico del fenómeno sectario.
Se agradece al autor que se declare abiertamente partidario de los estudios
cualitativos y que exprese con gran formalidad y solvencia su inclinación por
aportar a la verdad subjetiva elementos para alcanzar el estatus de generadora
de conocimiento. En la labor intelectual que se recrea en el texto, el autor no
busca caricaturizar a la religión ni mucho menos destruir sus doctrinas a través
de revelaciones científicas, sino que pretende que la ciencia dé explicaciones para
comprender al fenómeno religioso de manera distinta a las que la propia religión
utiliza para explicarse a sí mismo.
Al concepto de secta le da el tratamiento de religión y fenómeno social, con
la intención de entenderla desde el enfoque de la tolerancia y al mismo tiempo
legitima la diversidad religiosa. Así pues, se sostiene un análisis más complejo con
el cual, en primera instancia, se supera el estigma impuesto sustentado en la idea
del fanatismo que se apega a una visión dogmática con argumentos irracionales
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Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus Celaya-Salvatierra, Guanajuato México.
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Eloy Maya Pérez
y prácticas igualmente limitantes las cuales en conjunto personifican el rechazo a
la supremacía del modelo católico. Al mismo tiempo, se les distingue como
delincuencia organizada capaces de realizar cualquier tipo de crimen (abuso
sexual, explotación laboral, fraudes financieros, etcétera) y acto inmoral y, pese a
ello, mostrarse al exterior como comunidades de paz para promover el desarrollo
comunitario y la armonía entre los miembros. Como afirma Sazo (2010), la
utilización de tipologías y definiciones que conforman una representación de lo
sectario, principalmente a través de la criminalización y desracionalización del
miembro y/o grupo; subalternizan este saber y lo deslegitiman como opción
religiosa, que en opinión del que esto escribe se fundamentan en realidades
trágicas de las sectas que son del dominio público y por las cuales las hemos
colocado en ese lugar de sistema totalitario y perjudicial. Este ejercicio de
deslegitimización no es casual, pues las sectas se han convertido en una
experiencia social que cuestiona la hegemonía del catolicismo y lo ha vencido en
algunos territorios.
Se vincula lo psicológico con las sectas a partir del cómo se instala la
ideología de estas en las personas y los colectivos consiguiendo crear
argumentos para desestimarlas o eliminarlas -inclusive con bases jurídicas-; por
ejemplo, la brainwashing theory se convirtió en un mecanismo que facilitó
desarmar diversas sectas y organizaciones religiosas representativas de varios
países, convirtiéndose incluso en una psicología social de las sectas con el aval de
los académicos que la sustentan, como afirma el autor. Sus argumentos se
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centraron en el daño psicológico que podían producir otros modelos religiosos
diferentes al tradicional basados en la alienación, la sumisión, el control y la
manipulación mental que ponían en riesgo, incluso, la estructura de la
personalidad y la vida. La psicología de las sectas forma parte de una psicología
que aborda el fenómeno religioso mirado de manera orgánica desde la estructura
social y política en la que ocurre, sobre todo, convirtiéndolo en objeto de análisis
al que aporta argumentos para su comprensión.
No es sencillo desestructurar un concepto y menos cuando pertenece al
repertorio lingüístico de las ciencias. Barthes (1997, citado por Simón) afirma que
existe una ideología universalista caucionada por Dios o por la naturaleza o, en
última instancia, por la ciencia, y todas esas coartadas funcionan como disfraces,
máscaras impuestas a los signos. Entonces, es labor de los hombres develarlas en
aras de su comprensión, dentro y fuera de los marcos de la ciencia. A esto le
dedica una buena parte de la obra, con la intención, me parece, de mostrarnos la
fragilidad de un concepto trascendido: la psicología de las sectas.
La psicología de las sectas presenta serios inconvenientes epistemológicos y
limitaciones, principalmente en relación con el conocimiento que propone pues
es producto del enfoque de la brainwashing theory. Las críticas a este sistema
teórico se sustentan en la idea generalizada del rechazo a las minorías -condición
que ocurre también con otros ejemplo como las minorías sexuales, sociales,
políticas, etcétera- y se fundamentan en el análisis de las condiciones de las
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Reseña: El mito de las sectas…
personas -personalidad, las carencias de tipo afectivo, las crisis existenciales,
etcétera- , que eligen el cambio de institución religiosa mirándolos como si
hubieran sido engañados y, así, sustraídos desde la fe religiosa hegemónica hacia
un grupo embustero ilegitimo, aunque les posibilite el desarrollo espiritual y por
tanto el crecimiento humano, se desvirtúan los alcances personales exhibiendo
sus fallos a través de argumentos como delirios de interpretación y de
reivindicación (De la Peña 2003), que sustentan su práctica.
Este texto desvirtúa la lógica de un sistema científico con la firme intención
de proponer otro análisis desde la psicología partiendo de sus componentes
psicosociales del fenómeno y enalteciendo la subjetividad inherente al mismo.
Este hecho no es posible, insiste el autor, sino se deja de lado el objeto para
centrarse en el concepto, es decir, pensar en una pre-psicología de las sectas, un
análisis semiológico que lleve a la comprensión del signo y su trascendencia social
y, posteriormente, a un análisis experiencial.
Secta como signo social tiene varias funciones ideológicas entre ellas el hecho
de crear representaciones sobre lo que significa y, por tanto, sobre sus prácticas.
Visto así, se presenta con connotaciones negativas -como si fuese una losa- que
la desproveen de su capacidad de ser movimientos religiosos legítimos.
Para finalizar el texto, el autor nos revela una poderosa reflexión en torno al
concepto, lo coloca y justifica como un fenómeno socio-religioso cargado de
importantes significados que son atribuidos desde la experiencia, sostenidos
desde la subjetividad y practicados desde la intolerancia, la segregación y las
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acusaciones fundadas en el adoctrinamiento tramposo que abusa de las
debilidades -características personales- y sus necesidades humanas. Además
comparte, desde su apropiación del fenómeno, el hecho de que diversas
organizaciones espirituales les es derogado el título de religiones por otros
sistemas hegemónicos, generalmente con más trayectoria y cobertura social, que
actúan desde etnocentrismo religioso; empoderados y sostenidos
teosóficamente desde donde relativizan la práctica de la fe reduciéndola desde
la comparación consigo mismas, y, por tanto, se usan de ejemplo para mostrar
las carencias de las otras organizaciones menores, sobre todo sus procesos de
captación y reclutamiento de fieles a los cuales califican como mecanizados.
De la lectura de este libro surgen aprendizajes que quien esto redacta logra
recuperar, entre ellos está el hecho de considerar que las sectas son estudiadas
por sus efectos más que por sus fundamentos, condición que forma parte de esa
tradición técnica en el análisis de los fenómenos sociales en la que se revela la
estructura y el orden de los sistemas dejando de lado ciertas realidades, en este
caso, las religiosas.
Otro aporte valioso tiene que ver con el análisis de conceptos, que si bien se
trata de la comprensión de los signos y de su sentido social, este debe otorgarse
desde la voz de los agentes sociales, su espacio, sus representaciones y discursos
que sustentan las prácticas desde la subjetividad, para no ceder a la tentación que
ofrecen propuestas teóricas carentes de fundamentos que siguen líneas analíticas
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parcializadas y que al tratar con elementos tan delicados como la fe, marca una
distancia entre la comprensión de la persona y crean -o siguen- mitos.
REFERENCIAS
Simón, G. (2017). Uno no es nunca propietario de un lenguaje”: Roland Barthes,
el desnaturalizador. En: DeSignis, Volumen 26(1), pp. 47-57.
Morin, E, (1990). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Editorial
Gedisa.
Sazo, N. (2010). Entre locos y sinvergüenzas. Deslegitimación y subalternización
de las sectas en Chile. En: Revista Cultura y Religión, 4(2), pp. 241-263.
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Revista SOMEPSO Vol.5, núm.2, julio-diciembre (2020)
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