Ateísmo
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«Atea» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Atea (desambiguación).
'A' escarlata, símbolo del movimiento ateo OUT Campaign de Richard Dawkins.
Ateísmo es, en un sentido amplio, la no creencia en deidades u otros seres sobrenaturales.
En un sentido más estricto el ateísmo es la posición que sostiene la inexistencia de
deidades. Algunos la definen como una doctrina o posición que rechaza el teísmo, que en
su forma más general es la creencia en la existencia de, al menos, una deidad.
En un sentido amplio podría incluirse dentro de la definición de ateísmo, tanto las personas
ateas, quienes explicitan la no existencia de dioses, como aquellas que, sin creer en su
existencia, no tienen evidencia ni convicción para su refutación. En un sentido estricto se
excluyen a estos últimos, denominados agnósticos, de la definición de ateos. Los agnósticos
rechazan reconocerse como ateos o ateístas ya que consideran inaccesible al entendimiento
humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia o
simplemente irrelevante.
El término ateísmo incluye a aquellas personas que declaran no creer en ningún dios ni
fuerza ni espíritu divino. Según el historiador Francisco Díez de Velasco, ser ateo o negar
la existencia de un dios o dioses no implica necesariamente no pertenecer a ninguna
religión; existen religiones, como el budismo que niegan la existencia de dios o no
mencionan la existencia de dios alguno y que, por consiguiente, son ateas o más
correctamente no teístas.
Los postulados del ateísmo son contrarios a los que sostienen las creencias religiosas e
implican una crítica a la religión.
Contenido
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1 Etimología (origen de la palabra)
2 Uso histórico del término
3 Tipología anglosajona del ateísmo
o 3.1 Ateísmo fuerte o positivo
o 3.2 Ateísmo débil o negativo
4 Ateísmo y agnosticismo
5 Discusión teística
6 Historia del ateísmo
o 6.1 Antigüedad
o 6.2 Edad Media
o 6.3 Del Renacimiento al siglo XIX
o 6.4 Siglo XX y XXI
7 Moralidad y filosofía
8 Estadísticas
9 Véase también
10 Referencias
11 Bibliografía
12 Enlaces externos
Etimología (origen de la palabra)
Etimológicamente el término proviene del adjetivo griego αθεος (atheós) , que significa
‘sin dios’ (en cualquiera de los dos sentidos, de no creer en uno o más dioses o de no
venerarlos); siendo a la partícula negativa ‘no’ o ‘sin’; y theós: ‘dios’ (literalmente Zeus).
Esta letra theta (θ Θ) griega se pronunciaba como la zeta de los españoles; justamente, en el
alfabeto fonético la zeta española se representa con esa letra θ. En cambio, la dseda griega
(ζ Ζ) se pronuncia como una mezcla de D con Z.
En el idioma inglés, el término atheism fue el resultado de la adopción del francés athéisme
en 1587 aproximadamente, el cual a su vez proviene de athée. Posteriormente a la palabra
ateísmo se crearon las palabras deísta (1621, en inglés) y teísta (1662, en inglés).
Uso histórico del término
El término ateo tuvo su primer uso en la Roma antigua, para designar a todo aquel que no
creyera en los dioses del panteón romano, en particular a los cristianos[cita requerida].
A raíz de la confluencia de las religiones en el mundo, el sentido etimológico de la palabra
tomó todo su significado para aplicarse a todos los dioses, ya que parecía injusto designar
ateístas a quienes creían en cierto dios, razón por la cual el término se limitó a las personas
que no creyesen en ningún dios. Actualmente ya no se usa el adjetivo ateo para designar a
los que no creen en unos dioses aunque crean en otros.
Tipología anglosajona del ateísmo
La variedad de corrientes filosóficas ateístas hace difícil una categorización efectiva. A
continuación se expone una categorización propuesta por los filósofos Antony Flew y
Michael Martin.
Ateísmo fuerte o positivo
Artículo principal: Ateísmo fuerte
Richard Dawkins.
Este ateísmo se caracteriza por la negación categórica de la existencia de dioses. En un
principio se comenzó a argumentar en contra de la existencia de dioses, encontrando
explicaciones sociológicas, psicológicas o históricas para el teísmo, distintas de la
existencia de dioses. Con el desarrollo de la ciencia y del conocimiento humano, eran
muchos los autores quienes denunciaban la irrelevancia de la creencia en deidades, siendo
uno de los más importantes exponentes de esta denuncia el biólogo británico Richard
Dawkins. Otros importantes autores con los que cuenta este movimiento son marxistas,
Ludwig Feuerbach, Auguste Comte y Friedrich Nietzsche en el siglo XIX, y Daniel
Dennett en el siglo XX y XXI. A menudo también parte del supuesto de que no se debe
conceder visos de posibilidad a una proposición arbitraria como la existencia de un dios.
Ateísmo débil o negativo
Artículo principal: Ateísmo débil
Es la forma del ateísmo que se aproxima al agnosticismo. No es la afirmación de la
inexistencia de deidades u otros seres sobrenaturales, sino la ausencia de creencia en los
mismos. El marxismo -siguiendo a Kant en su Crítica de la Razón Pura- niega que la
categoría de existencia se pueda aplicar a seres o entes ajenos a la experiencia.
Ateísmo y agnosticismo
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Artículo principal: Agnosticismo
Karl Marx.
Aunque formalmente se distingue entre agnosticismo y ateísmo, el primero equivale al
segundo en la práctica, ya que constituye una negación por exclusión y tabú implícito. La
práctica social en muchos países avanzados es de orden agnóstico, por confinamiento del
teísmo en las conciencias y exclusión en la exterioridad, proclamando la cuestión religiosa
como algo privado de cada ciudadano y no algo público.
El agnosticismo no niega explícitamente la existencia de los dioses, sino que niega
únicamente el conocimiento de su existencia, y por esta razón, muchos ateístas no lo
clasifican como ateo. Los agnósticos, al igual que muchos ateístas, a menudo argumentan
que la carga de la prueba recae sobre quien afirma algo, y no sobre quien deja de creerlo.
Por consiguiente, la negación de la existencia de dioses no requiere de una prueba tanto
como lo requiere la afirmación de su existencia.
Agnosticismo fuerte
Esta forma de ateísmo agnóstico afirma que no sólo es desconocida la existencia de
dioses, sino que es imposible de conocer, debido a lo sobrenatural e inalcanzable de
la idea de éstos.
Agnosticismo débil
Estas personas afirman que a pesar de la falta de conocimiento sobre la existencia
de dioses, no hay razón para pensar que este conocimiento sea inalcanzable. Este
tipo de ateísmo se divide a su vez según se considere que el conocimiento sobre la
existencia de dioses sea interesante.
Agnosticismo interesado
Es aquél que considera que el conocimiento sobre la existencia de dios es
interesante y relevante.
Agnosticismo débil apático
Que considera que el conocimiento de la existencia de seres sobrenaturales no es
interesante ni relevante. Esta forma de agnosticismo puede derivarse de razones
filosóficas o de la mera indiferencia del individuo por lo sobrenatural.
Agnosticismo práctico
Es el más extendido de todos los formatos de agnosticismo y se caracteriza por un
consenso implícito de inconveniencia o tabú para la cuestión la existencia de
cualquier deidad o sus derivaciones. Su forma habitual es el confinamiento de esa
cuestión al ámbito interior de la intimidad personal y la exclusión tácita de toda
manifestación exterior, no sólo en las conductas, sino también en el mismo
lenguaje, en el habla social.
Discusión teística
La discusión en torno a la existencia de deidades, ha sido siempre en torno de argumentos a
favor o en contra de las mismas. En el contexto contemporáneo, y en Occidente, esta
discusión suele centrarse en torno del Dios judeo-cristiano, sobre quien tratan la mayoría de
las argumentaciones en el contexto antes mencionado:
Argumento del desacuerdo interreligioso
Éste es un argumento usado en las discusiones acerca de la existencia de un dios por
parte de los defensores del ateísmo. Consiste en señalar las diferencias y las
contradicciones entre las religiones, y consecuentemente señalar que no pueden ser
todas ciertas. La principal conclusión siendo que todas las religiones son falsas, o
simplemente negar el sincretismo, con los argumentos ya expuestos.
Argumento por la existencia del mal
Se conoce con este nombre al argumento con el que se pretende demostrar la
inexistencia de un dios entendido en su forma judeo cristiana, al observar una
contradicción entre dos de los elementos que se le atribuyen: la bondad, y la
omnipotencia. Esto se hace señalando la existencia del mal en el mundo, y
señalando que este mal sería contrario a la voluntad de un dios y que si ese dios
fuera omnipotente acabaría con el mal y éste no existiría. Al no ser así, se demuestra
que no puede existir ese dios bueno y omnipotente a la vez.
Argumento por pedido de demostración
Este argumento desmiente la base epistemológica de la fe, argumentando que la
carga de la prueba recae sobre quienes defienden cierta postura, en particular la
existencia de deidades; y que en caso contrario, serían creíbles todas las cosas
imaginables. Otra variante, la negación de la existencia de deidades basada en la
ausencia de pruebas.
Historia del ateísmo
Artículo principal: Historia del ateísmo
Baron d'Holbach.
Probablemente el ateísmo haya existido desde el origen de las creencias teístas, ya que es
difícil que la totalidad de los miembros de una sociedad compartan su pensamiento
religioso. A lo largo de la historia, las opiniones teístas ligadas a la religión han tenido
generalmente una posición predominante en las sociedades. Los oponentes de estas
posturas no han tenido siempre la oportunidad de expresar sus puntos de vista en público
debido a fenómenos de "caza de brujas" o la terrible Inquisición en la Europa cristiana. Por
eso en distintos momentos históricos, es raro encontrar puntos de vista ateístas en
manuscritos u otros referentes históricos.[cita requerida]
Antigüedad
Tiene relevancia la escuela Chárvaka, por el nombre de su fundador, una escuela surgida en
la India en torno al siglo VI a. e. c., que defendía una interpretación filosóficamente ateísta
y materialista del mundo, y cuya interpretación del origen de la religión y del papel del
clero se parece a la del ateísmo occidental moderno. Enfrentada con posturas religiosas
fuertemente organizadas, sus escritos fueron destruidos de manera sistemática y solo han
sobrevivido fragmentos (especialmente del Barjaspatiá sutra) enmarcados en textos
hostiles.
En la antigua Grecia vivieron filósofos supuestamente ateos o, más bien, agnósticos, que no
aprobaban la religión que dominaba su sociedad. La mayoría tenía una postura materialista,
según la cual todas las cosas son esencialmente materiales; incluso los fenómenos
«espirituales» tendrían una base material, por lo que no sería necesario ningún dios. En el
siglo V a. e. c., el término «ateo» adquirió un significado adicional, expresando una falta
total de relación con los dioses; esto es, ‘negador de los dioses, incrédulo, irreligioso,
antirreligioso, sacrílego’, con una connotación más parecida a nuestro término actual
‘impío’. Un término menos peyorativo en esa época era asebēs.
Los primeros filósofos en negar la existencia de los dioses tradicionales fueron algunos
sofistas griegos, siendo el primero Protágoras (480-410 a. e. c.), quien fue exiliado de
Atenas por ateísta, aunque en realidad su posición era escéptica o agnóstica respecto al
tema religioso; también Diágoras de Melos y Critias. Otros filósofos griegos tuvieron un
enfoque más práctico del ateísmo. Demócrito (460-370 a. e. c.), que fue el primero en
pensar que la realidad estaba compuesta por átomos y vacío, pensaba que la inexistencia de
los dioses se seguía de la existencia de mejores explicaciones para el mundo real,
postulando su visión de un universo compuesto por átomos; en realidad, admitía la
existencia de dioses "atómicos", lo cual se prueba porque tenemos imágenes de ellos (y
sólo tenemos imágenes de lo que hemos experimentado a nivel sensible). Hubo otros
materialistas como Epicuro (341-270 a. e. c.) y su seguidor romano Lucrecio (98-55 a. e.
c.), que aunque no negaban explícitamente la existencia de las divinidades, sostenían que
no tendrían ninguna interacción con las actividades humanas.
Como sustantivo abstracto, existía también atheotēs (‘ateísmo’). El escritor y político
romano Cicerón (106-43 a. e. c.) transcribió atheós al latín atheus. Ésta palabra tomó un
significado ambivalente en el Imperio romano, en las discusiones entre cristianos y
«paganos» (desde el siglo II de nuestra era); cada grupo atribuía el término athéoi al otro.
Edad Media
Durante la Edad Media en Europa el ateísmo filosófico o teórico (otra cosa es el
indiferentismo práctico) fue un fenómeno socialmente minoritario limitado a personas
singulares o a algunos grupos filosóficos. La metafísica, la religión y la teología habían sido
añadidas al quadrivium como materias de enseñanza predominantes, y la enseñanza
quedaba al cargo de la iglesia católica bajo la autoridad de los obispos. El cristianismo deja
de ser perseguido a partir del siglo IV, con el Edicto de Milán, y en los tres últimos siglos
de la Edad Media se produce una clericalización de la sociedad, en la que la iglesia
organiza y fortalece todo el aparato administrativo, fiscal, judicial e intelectual. La
Inquisición oficiaba para castigar y erradicar las herejías y la blasfemia (y la brujería),
términos que incluían toda desviación del dogma que pudiera conllevar críticas o
escepticismo frente a los preceptos religiosos dominantes, así como la creencia en otras
doctrinas como el catarismo o religiones como el judaismo y el islam. Casi no se empleaba
aún el término atheo o atheísta, quedando éstos difuminados entre las numerosas herejías
que se extendieron por Europa occidental en ese periodo.
Del Renacimiento al siglo XIX
Mijaíl Bakunin.
El materialismo y la resistencia a la iglesia católica fue la marca del humanismo
renacentista (1400-1500), que promovía la libertad de pensamiento y el desarrollo del
escepticismo. La visión ateísta reaparece recién en algunos filósofos renacentistas, como
Pietro Pomponazzi. Leonardo da Vinci se enfrentaba a las autoridades religiosas al sostener
que la explicación sólo puede proceder de la experimentación. Otros pensadores como
Nicolás Maquiavelo y François Rabelais formularon críticas hacia la religión y la Iglesia, y
el pensamiento de Raimundo de Sabunde, traducido al francés y alabado por el filósofo
Michel de Montaigne, marcó un paso decisivo en la vía del escepticismo.
Las palabras ateo y ateísmo empezaron a emplearse en francés a partir del siglo XVI, pero
se hablaba entonces sobre todo de increencia.
Durante la era de la Ilustración, en el siglo XVIII, el ateísmo tuvo una promoción
importante (1688-1789), con el barón Paul d’Holbach y Julien Offray de La Mettrie. La
situación empezó a liberalizarse hacia 1700. Entre otros, el filósofo y enciclopedista Denis
Diderot afirmó que el mundo se podía explicar sin ninguna hipótesis divina. Los desarrollos
de la física y la matemática condujeron también a abrir un debate acerca del determinismo,
postura que en su momento fue considerada proateísta, como la del matemático (Laplace
(1749-1827).
El ateísmo aumentó sustancialmente en el siglo XIX, paralelamente al conocimiento del
mundo natural y a la filosofía positivista. En este sentido cobró importancia la teoría de la
evolución por selección natural de Charles Darwin, quien era un agnóstico, en cuanto a que
ofreció una explicación del orden en la Naturaleza basada en un mecanismo natural e iba
dejando menos parcela a la creencia. En esta época se desarrollaron los regímenes liberales,
surgidos de los ideales de la Revolución francesa, que empezaron a garantizar la libertad de
conciencia, dejando progresivamente de ser las posiciones ateístas, o simplemente
heterodoxas, objeto de persecución.
El ateísmo fue desarrollado por filósofos de la izquierda hegeliana como Ludwig Feuerbach
y se convirtió en un aspecto básico del materialismo dialéctico de los filósofos alemanes
Karl Marx y Friedrich Engels (quienes fundaron su opinión materialista en las de
Demócrito y Epicuro), así como en el positivismo de Auguste Comte y el materialismo
científico-natural de Félix Le Dantec. La defensa más radical del ateísmo fue desarrollada
por los fundadores del anarquismo, más en concreto por Mijaíl Bakunin, que llamaba a la
"destrucción" de la idea de "dios" en su obra Dios y el Estado:
Amantes y envidiosos de la libertad humana, y considerándola como la condición absoluta de todo
lo que adoramos y respetamos en la humanidad, doy vuelta la frase de Voltaire y digo: si dios
existiese realmente, habría que hacerlo desaparecer.
Max Stirner (seudónimo de Johann Kaspar Schmidt, contemporáneo de Marx) publica en
1844 El único y su propiedad, obra que será idolatrada y odiada, en la cual, con un ateísmo
sin medias tintas critica a Feuerbach, Bauer y a los comunistas, hace tabla rasa de toda la
filosofía precedente y de los fantasmas de la irracionalidad, propugnando un extremo
individualismo y adoptando incluso el propio término egoísmo. Friedrich Nietzsche,
importante filósofo nihilista, y gran crítico del cristianismo, estaba atraído a la obra de
Stirner, tanto que temía ser acusado de plagio; en sus obras La gaya ciencia y Así habló
Zaratustra hace explícita la frase 'Dios ha muerto' y en la obra El Anticristo expone la
perversión que ha sufrido el cristianismo. También fue notable el pensamiento de Arthur
Schopenhauer (1788-1860), que algunos definen como «el ateísmo de la desesperación».
Debe señalarse la importancia que el libro El origen de las especies de Charles Darwin
(1809-1882) y la aceptación generalizada de la teoría de la evolución van a suponer para el
cuestionamiento de la creación divina del hombre y de las distintas especies animales, una
de las razones que justificaba satisfactoriamente la existencia de un dios, y el consecuente
reforzamiento de posiciones tanto ateas o ateístas como agnósticas.
Siglo XX y XXI
Con el surgimiento de los estados socialistas, nacidos de la Revolución de Octubre, el
ateísmo pasó de ser una postura minoritaria a ser una política de Estado. Principalmente en
la Unión Soviética, y en los países firmantes del Pacto de Varsovia, el afán del estado por
imponer el ateísmo materialista derivado del marxismo fue causa de persecución para las
diversas religiones practicadas en esos países.
Contrapuestos a estos estados, la mayoría del resto de los países del mundo
institucionalizaron la separación de la Iglesia y el Estado, declarando el estado laico, siendo
los países árabes la principal excepción. A lo largo del siglo XX ciertos países del bloque
socialista adoptaron la laicidad en favor del ateísmo de estado.
El siglo XX también vio enormes avances en la ciencia, y el ateísmo o el escepticismo se
convirtieron en las posiciones más comunes entre los científicos y gente cultivada.
Notables pensadores ateístas del siglo XX son el novelista Albert Camus, la filósofa y
novelista Ayn Rand, el filósofo Jean-Paul Sartre y el matemático y filósofo Bertrand
Russell.
Con la caída del bloque socialista en los años 90 del siglo XX, las religiones en los antiguos
países socialistas retomaron parte de su antigua importancia, si bien el ateísmo continúa
siendo muy extendido en estos países.
Entre los siglos XX y XXI personajes como Richard Dawkins (etólogo), Peter Atkins
(químico), Sam Harris (escritor), Christopher Hitchens (escritor), Piergiorgio Odifreddi
(matemático), Michel Onfray (filósofo), Pat Condell (escritor), Gustavo Bueno (filósofo) y
Fernando Savater (filósofo) entre muchos otros, mantienen posiciones ateas más o menos
activas, en defensa de la ciencia y el humanismo vitalista, frente a la intervención e
influencia de las distintas iglesias y en defensa de los derechos de los ateos que consideran
menoscabados.
Moralidad y filosofía
Artículo principal: Ética laica
Porcentaje de ciudadanos de países de la Unión Europea que respondieron «No creo que
exista espíritu, dios o una fuerza vital» en la encuesta del Eurobarómetro de 2005.
El teísmo condena por lo general al ateísmo como inmoral, por no aceptar el fundamento de
la moral teísta: los mandatos morales de la divinidad. Hecho falso, ya que a menudo la
moral humanista supera en racionalidad y lógica a la religiosa. La diferencia fundamental
entre la moralidad teísta y la ateísta, es que la primera emana de la autoridad divina,
mientras que la segunda del Humanismo, como producto de reflexiones personales y del
respeto de las normas sociales.
Algunos teístas consideran al ateísta incapaz de integrarse correctamente a la sociedad, por
no someterse a los mismos principios morales que comparte la mayoría teísta, o incluso por
el hecho de no creer; los ateos afirman que esta postura es fruto de una actitud intolerante y
que la moralidad teísta no fue correctamente razonada. Los ateístas rechazan las
acusaciones teístas, y consideran su propia moralidad, de carácter generalmente racional,
crítico y humanista, como más válida que la moralidad teísta por no estar basada en la
simple obediencia y en tradiciones consideradas a menudo absurdas y en algunos casos
hasta escandalizantes para la persona cultivada.
Analizando una serie de estudios previos, el sociólogo Phil Zuckerman no sólo comenta
que numerosos autores demuestran que los ateos tienen un sentido de la moralidad y de la
justicia social tan definido como los creyentes, sino que afirma que las cifras demuestran
que los ateos y los partidarios de la laícidad tienen un sentido más profundo y más ético de
la justicia social. Las cifras demuestran que en los Estados Unidos, los estados con mayor
porcentaje de ateos tienen una tasa de criminalidad más baja, mientras que se cometen más
crímenes y delitos en los estados donde la fe religiosa es más extendida. Sólo 0,2% de las
personas encarceladas en los Estados Unidos son ateas, mientras que la cifra de ateos en
este país es de 4% y que 12,1% no pertenecen a ninguna religión. Según los estudios
citados, los ateos se muestran más tolerantes hacia las mujeres y los homosexuales, son
menos racistas y tienen menos casos de maltrato a los niños. Por otra parte, el ateísmo y el
laicismo coinciden con niveles de estudios más altos.
Adhiriendo filosóficamente al idealismo o bien al materialismo, los ateos suelen tener en
consecuencia una ética inmanente (en oposición por ejemplo a la ética trascendente
cristiana basada filosóficamente en el sistema realista), es decir que no están lastrados con
reglas morales absolutas asumiendo por el contrario posturas relativistas en la moral.
Estadísticas
Artículo principal: Demografía del ateísmo
Porcentaje de ateos y agnósticos en el mundo en 2007.
En términos mundiales, si existen ateos y agnósticos en todos los países del mundo, su
número es más reducido en países pobres y menos desarrollados que en los países ricos e
industrializados.
En 1914, James H. Leuba publicó que el 58% de 1.000 científicos estadounidenses
expresaron «escepticismo o duda en la existencia del dios judeo-cristiano». El estudio se
repitió en 1996, y produjo un porcentaje similar de 61 %. En cambio entre los científicos de
la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos ese número es de 93 % (según la
revista Nature, n.º 386, pág. 435-436).
Según el Britannica Book of Year, en 1994 en el mundo había 1.154 millones de ateístas y
agnósticos. La World Christian Encyclopedia anunció que en el año 2000 había 262
millones de ateístas y 1.071 millones de agnósticos.
Según la obra de J. Baubérot (dir.) Religion et laïcité dans l'Europe (‘religión y laicismo en
Europa’) un cuarto de la población europea sería «no religiosa». El 5% de los europeos
serían ateístas convencidos.
La edición del Eurobarómetro de febrero de 2005 revela que para el conjunto de la Unión
Europea (incluidos países en trámite de incorporación) un 18% de la población elige la
opción «no creo que exista ningún espíritu, Dios o fuerza vital», frente al 52% que cree que
existe un dios, y 27% que cree que existe «alguna clase de espíritu o fuerza vital» (ver
mapa). En un extremo se sitúan los franceses, con un 33% de ateístas, los checos, con un
30% o belgas y holandeses con un 27%. En el opuesto están Polonia, Irlanda o Rumania.
Se muestran además diferencias por sexos, clases de edad, orientación política y nivel
cultural, siendo las mujeres, los mayores, los que se consideran de derechas y los
formalmente menos instruidos los que en mayor porcentaje declaran creer en Dios. Por otra
parte, los resultados de una encuesta de la Fundación Santa María, vinculada a una orden
católica, indican que un 28% de los jóvenes españoles niegan la existencia de Dios.
Por qué el ateísmo no es una religión ni puede
serlo.
En este ensayo demostraré que el ateísmo no es una religión y además
demostraré por qué no puede serlo.
Índice.
Definiciones.
La religión, caracter antropológico.
Comparando religión y ateísmo.
Comparación improcedente.
La religión es una creación humana.
Conclusión.
Definiciones.
La primera definición que se emplea para señalar que algo es religión o merece
ese nombre es: "Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de
sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la
conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y
el sacrificio para darle culto." (DRAE)
Mientras que ateísmo se define como "opinión o doctrina del ateo" y ateo como
"que niega la existencia de Dios". Puesto que un ateo por definición niega la
existencia de lo que la religión tiene como propósito, es decir, una divinidad a la
cual rendirle culto y que implícitamente se tiene como existente, es facil
comprender que un ateo no puede estar comprendido dentro de religión alguna,
ni qué hablar entonces de ateísmo como una religión.
Concluyo entonces que por definición, ateísmo no puede ser una religión.
La religión, caracter antropológico.
La religión, siendo una actividad humana cae en el ámbito de la antropología, la
cual reconoce ciertas características del comportamiento humano que hacen a
una religión y que escapa a la definición dada anteriormente. Se compara a
continuación esas características en relación al ateísmo.
Comparando religión y ateísmo.[1]
Característica de la religión Ateísmo
Posee dogmas El ateísmo no posee dogmas. Si bien hay
ateos que sostienen dogmáticamente que
Dios no existe, en general los ateos tienen
fundadas razones para creer que Dios no
existe y que está en materia de discusión,
algo que es contrario al dogma tal como lo
define la religión. (Dogma: cosa que se cree
sin evaluación previa)
Iglesias No posee.
Prácticas rituales sociales tal como
No posee.
nacimiento, casamiento y muerte.
No existe tal cosa en el ateísmo. Existen sí,
Algunas religiones cuentan con libros
algunos trabajos de tipo intelectual que son
antiguos considerados sagrados los cuales no
tenidos en alta estima pero que no están
pueden o no deben ser cuestionados
fuera de todo cuestionamiento.
No propone ninguna de estas cosas, por el
contrario, las niega, incluyendo las "fuerzas"
Adoración de fuerzas o personas invisibles.
que algunas religiones adoran por poseer
cierta inteligencia.
Mitos, sobre el origen del universo
El ateísmo no requiere ni promueve tales
(cosmología) o sobre lo que ocurre con la
cosas.
persona luego de su muerte.
No lo hace. Debido a que el ateísmo es la
Provee un sentimiento de identidad. simple negación de algo, esto no prescribe
ninguna forma de ser.
Creencia en verdades reveladas,
Como el ateísmo niega que existan dioses,
generalmente por dioses o poderes
no puede haber tales revelaciones.
sobrenaturales, o reveladas por "señales".
No hace ni promueve tal cosa. Es cierto que
existen grupos de ateos organizados pero
tales grupos están en el mismo nivel que las
Construye comunidades en torno a ella.
sociedades de caracter civil, no son
comunidades puesto que no tienen
regulaciones morales implícitas.
No está claro que esto sea cierto para el
ateísmo tampoco. La cultura atea es
bastante ténue y suele ser interpretada
Promueve el arte y cultura religiosa como basándose en doctrinas filosóficas afines, no
promoción de sus dogmas. necesariamente compartida por todos los
ateos o por los ateos en general
(humanismo, marxismo, materialismo
dialéctico, etc...)
Quede entonces demostrado que no es posible hacer una correlación
antropológica de la religión con el ateísmo.
Comparación improcedente.
Algunos teístas tratan de igualar el ateísmo con religión para poder decir que los
ateos son como los creyentes y por lo tanto son una facción más a la cual
oponerse. No pueden o no quieren concevir que haya gente que no es como ellos
mismos, es decir, gente que no necesita dogmas o "guías supremas" por las cuales
vivir y juzgar. El ateísmo no es una "facción religiosa". El ateísmo no prescribe
una moral, ni un comportamiento de vida específicos o codificados, cada ateo es
libre de elegir cómo vivir o de adoptar el código de comportamiento que mejor
le parezca, generalmente eligiendo ese código provisionalmente.
El ateísmo es la postura argumentativa que adopta una persona frente a la
propuesta religiosa, basado en, aunque no limitado a, la razón, la experiencia y a
veces la propia psicología personal del ateo, quien llega a la conclusión de que
no existe Dios.
La religión es una creación humana.
La religión es una creación del ser humano, socialmente útil a veces, necesaria
en algunos casos, pero esto no justifica ni hace que todo ser humano tenga que
ser religioso (estar atado a una religión) ni mucho menos que toda religión es
verdadera por el solo hecho de existir. El ateísmo es la posición opuesta a la
religión, es la respuesta a la propuesta positiva de la relgión ("Dios existe") y esa
respuesta es "no, Dios no existe" y en consecuencia niega de base cualquier
religión. Por lo tanto no puede ser el ateísmo aquello que el ateísmo mismo está
negando.
Algunos teístas tratan de separarse del caracter humano de la religión alegando
que ellos no practican una religión queriendo de esta forma legitimar sus
creencias básicas diciendo que están fundadas en algo más allá que el ser
humano, sin embargo un análisis de sus creencias y comportamiento encajan
mucho mejor en la lista de más arriba que el ateísmo mismo. Pero, además, al
hacerlo toman una posición más difícil de defender que simplemente aceptando
que ellos hacen una religión. Ya es difícil demostrar sólidamente usando la razón
y la lógica la existencia de Dios, menos aún será defender que ellos no
constituyen una religión cuando en los hechos encajan perfectamente en la
definición de religión.
Conclusión.
Por otro lado el ateísmo al negar de plano la existencia de divinidades es
imposible que se le pueda catalogar como religión.
Diego Romero - 30 de septiembre del 2007.