0% encontró este documento útil (0 votos)
17 vistas2 páginas

Ética protestante y capitalismo en Occidente

El documento analiza la teoría de Max Weber sobre los orígenes del capitalismo en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Weber argumenta que ciertas doctrinas protestantes, especialmente las calvinistas, promovieron una actitud hacia la acumulación de riqueza y el trabajo duro que fue clave para el desarrollo económico de Occidente.

Cargado por

maspac
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
17 vistas2 páginas

Ética protestante y capitalismo en Occidente

El documento analiza la teoría de Max Weber sobre los orígenes del capitalismo en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Weber argumenta que ciertas doctrinas protestantes, especialmente las calvinistas, promovieron una actitud hacia la acumulación de riqueza y el trabajo duro que fue clave para el desarrollo económico de Occidente.

Cargado por

maspac
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Giddens, Anthony; Sociología

Tercera Edición; Alianza Editorial; Madrid 2000.

Comentario sobre el libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo.

“ […] En La ética protestante (1976; publicada originalmente en 1904-1905), Weber aborda una cuestión
fundamental: por qué el capitalismo se desarrolló exclusivamente en Occidente. Durante quince siglos después
del ocaso de la antigua Roma otras civilizaciones ocupaban una posición más destacada que Occidente en la
historia mundial. En realidad Europa era un área relativamente insignificante del globo, mientras que China, la
India y el Imperio otomano en el Próximo Oriente eran todos ellos potencias superiores. Los chinos, en
particular, estaban a años luz de los europeos en cuanto a desarrollo tecnológico y económico. ¿Qué sucedió
para que se produjese un salto radical en el desarrollo económico de Europa a partir del siglo XVII? Para
responder a esta pregunta, razona Weber, debemos saber lo que diferencia a la industria moderna de los
anteriores tipos de actividad económica. Encontramos el deseo de acumular riqueza en civilizaciones muy
diferentes, y ello no es difícil de explicar, ya que la gente ha valorado la riqueza por las comodidades, la
seguridad, el poder y el gozo que proporciona. Quieren verse libres de necesidades y una vez que acumulan la
riqueza la emplean para vivir más cómodamente. Si prestamos atención al desarrollo económico de Occidente,
continúa Weber, encontramos algo muy diferente. Según este autor, existía una actitud hacia la acumulación
de riqueza desconocida en la historia. Esta actitud es lo que Weber denomina el espíritu del capitalismo: el
conjunto de creencias y valores que poseían los primeros comerciantes e industriales capitalistas. Estas
personas mostraban una fuerte tendencia a acumular riqueza personal, pero, a diferencia de los ricos de otras
zonas del mundo, ellos no tenían la intención de emplearla para disfrutar de un estilo de vida basado en el lujo.
Su forma de vida era ciertamente abnegado y frugal; vivían con austeridad y tranquilamente, rehuyendo las
manifestaciones ordinarias de riqueza. Weber trata de demostrar que esta inusual combinación de
características fue de vital importancia para que se comenzara a producir el desarrollo económico de
Occidente, porque, a diferencia de los grupos opulentos de épocas anteriores y de otras culturas, los
occidentales no dispersaron su riqueza. Por el contrario, la reinvirtieron para favorecer la subsiguiente
expansión de las empresas que dirigían. El núcleo de la teoría de Weber contiene la idea de que las actitudes
que se manifestaron en el espíritu del capitalismo procedían de la religión. El conjunto de la Cristiandad tuvo un
papel en la promoción de esa actitud, pero la fuerza motora esencial provino del impacto del protestantismo y
especialmente de una de sus versiones: el puritanismo. Los primeros capitalistas fueron en su mayoría
puritanos y muchos de ellos participaban de las ideas calvinistas. Weber sostiene que ciertas doctrinas
calvinistas fueron la fuente directa del espíritu del capitalismo. Una de ellas mantenía que los seres humanos
son el instrumento de Dios en la Tierra y que el Todopoderoso les exige que tengan una vocación, una
ocupación, que se haga para la mayor gloria divina.
El segundo aspecto importante del calvinismo era la idea de predestinación, según la cual sólo ciertos
individuos predestinados se encuentran entre los "elegidos" que llegarán al cielo en la otra vida. En la doctrina
original de Calvino nada de lo que hace una persona en la Tierra puede influir en si está o no entre los elegidos,
ya que esto se halla predeterminado por Dios. Sin embargo, esta creencia causó tal ansiedad entre sus
seguidores que tuvo que ser modificada para que los creyentes pudiesen reconocer ciertos signos de elección.
El éxito conseguido en la propia ocupación, representado por la prosperidad material, se convirtió en el signo
principal de que una persona era realmente una de las elegidas. Se creó un tremendo impulso hacia el éxito
económico entre los grupos que estaban influidos por estas ideas. A esto se sumaba la necesidad que tenía el
creyente de llevar una vida regida por la austeridad y la frugalidad. Los puritanos consideraban el lujo como un
pecado y, por ello, la tendencia a acumular riqueza se dio junto a un estilo de vida severo y sin adornos. Los
primeros empresarios tenían poca conciencia de que estaban contribuyendo a que se produjesen cambios
decisivos en la sociedad; les movían, por encima de todo, motivos religiosos. Posteriormente el estilo de vida
ascético - es decir, abnegado- de los puritanos ha pasado a formar parte integral de la civilización moderna.
Como señala Weber: Los puritanos deseaban trabajar por vocación; nosotros nos vemos obligados a ello. De
modo que, cuando se sacó el ascetismo de las celdas monásticas para llevarlo a la vida diaria, comenzó a

1
dominar la moralidad mundana y tuvo su papel en la construcción del enorme cosmos del orden económico
moderno [ ... ]. Desde que el ascetismo emprendió la tarea de remodelar el mundo y de plasmar sus ideales en
él los bienes materiales han obtenido un creciente y, finalmente, un inexorable poder sobre las vidas de los
hombres, de un modo que nunca antes se había conocido en la historia La idea de deber contenida en la propia
vocación vaga por nuestras vidas como el fantasma de las creencias religiosas muertas. Cuando la realización
de la vocación no está directamente relacionada con los más altos valores espirituales y culturales o cuando,
por el contrario, no tiene por qué sentirse simplemente como una compulsión económica, el- individuo suele
abandonar cualquier intento de justificación. En los Estados Unidos, donde su desarrollo ha alcanzado las más
altas cotas, el deseo de riqueza, separado de sus connotaciones éticas y religiosas, tiende a asociarse con las
pasiones puramente mundanas. (Weber, 1976, pp. 181-82.) La teoría de Weber ha sido criticada desde
distintos ángulos. Algunos argumentan, por ejemplo, que la actitud que él denominó "el espíritu del
capitalismo" se encuentra en las primeras ciudades comerciales italianas mucho antes de que se hubiese
siquiera oído hablar del calvinismo. Otros han señalado que la idea clave de trabajar por vocación, que Weber
asociaba con el protestantismo, ya existía en las creencias católicas. Sin embargo, muchos siguen aceptando los
puntos esenciales de la explicación de Weber y la tesis que propuso continúa siendo tan audaz y reveladora
como cuando se formuló. Si esta tesis es válida, entonces el desarrollo económico y social moderno ha estado
decisivamente influido por algo que a primera vista parece estar muy lejos de él: un conjunto de ideales
religiosos. La teoría de Weber reúne una serie de criterios de gran importancia para el pensamiento teórico
sociológico.

1. Es antintuitiva: plantea una interpretación que rompe con lo que nos dicta el sentido común. De este modo,
la teoría desarrolla una perspectiva nueva sobre los temas que trata. La mayor parte de los autores anteriores a
Weber reflexionó insuficientemente sobre la posibilidad de que los ideales religiosos hubieran podido tener un
papel fundamental en el origen del capitalismo.
2. La teoría no es una explicación puramente "estructural" ni por completo "individual". Al principio, el
desarrollo del capitalismo fue una consecuencia no intencionada de aquello a lo que los negociantes puritanos
aspiraban: llevar una existencia virtuosa según los designios de Dios.
3. La teoría da sentido a algo que de otro modo sería enigmático: por qué habrían de vivir los individuos de
forma frugal cuando estaban realizando un gran esfuerzo por acumular riqueza.
4. La teoría arroja luz sobre una serie de circunstancias que van más allá de aquéllas que originalmente
pretendía explicar. Weber subrayó que sólo trataba de aclarar los orígenes del capitalismo. No obstante,
parece razonable suponer que en otras situaciones en las que triunfó el desarrollo del capitalismo existieron
otros valores paralelos a los promulgados por los puritanos.
5. Una buena teoría no es sólo la que resulta válida. Es, además, aquélla que es provechosa en cuanto a su
capacidad para generar ideas nuevas y para estimular investigaciones posteriores. La teoría de Weber ha sido
muy satisfactoria a este respecto y ha sido el punto de partida de una enorme cantidad de investigaciones y
nuevas teorías. […]”

TAREA:

1. Leer, comprender y realizar a mano un resumen del texto que deberá ser presentado al
profesor.
2. Preparar un oral que demuestre una clara comprensión del documento. Dicho oral será
fijado oportunamente por el docente.

También podría gustarte