Trabajo Práctico
Realice un informe, de al menos 5 páginas, entre las características distintivas, a la hora de
realizar el acompañamiento terapéutico en las distintas etapas de la vida, y las ventajas y
desventajas que usted considera que se le presentaran en cada una de las edades, cuando
usted cumpla con su función de A.T.
Características del acompañante terapéutico
El profesional que nos ayudará en el acompañamiento terapéutico requerirá de las siguientes
características:
Debe estimular la fuerza de voluntad del paciente
Debe tener empatía, capacidad de escucha e interesarse por él
Debe tener conocimientos teóricos y aportar al equipo de profesionales médicos sobre
su evolución
Es importante que no pierda de foco que su tarea principal es desarrollar o recuperar
la autonomía en el paciente para que pueda valerse por sí mismo
Apuntalar el desarrollo social del paciente
Ser auténtico; es decir, si bien mantiene las formas de un profesional, debe ser un
acompañante humano y sensible al paciente
Trabajar la movilidad y el mantenimiento psíquico y físico del paciente
Primordial, asegurar el seguimiento y continuidad del tratamiento
Rol del acompañante terapéutico
Es un rol de múltiples funciones. Dichas funciones se relacionan con la posibilidad- que brinda
el acompañamiento terapéutico- de pensar y diseñar la estrategia de tratamiento en función a
la singularidad del paciente. Por lo que, las funciones que desarrolla el at dependen- en gran
parte-de los objetivos particulares que se planteen en el caso concreto. Sin embargo, algunos
autores plantean ciertas funciones “generales” del rol del acompañante, que se presentan
sintetizadas a los fines didácticos. Según Kuras de Mauer y Resnizky (2003), pioneras en la
práctica del Acompañamiento Terapéutico, el a.t. tiene las siguientes funciones:
Contener al paciente: La contención es fundamental y constituye la primera función del
Acompañante Terapéutico, cualquiera sea el momento del proceso en que se hallen los
pacientes. El Acompañante Terapéutico se ofrece como sostén, auxiliando al paciente en su
imposibilidad de delimitarse a sí mismo. Acompaña y ampara al paciente en su desvalimiento,
su angustia, sus miedos, su desesperanza, e incluso en aquellos momentos de mayor
equilibrio.
Ofrecerse como referente: El Acompañante Terapéutico es para su paciente un "referente”,
incluyéndose como tercero. Cuando hablamos de "terceridad”, lo hacemos aludiendo a un
posicionamiento del Acompañante Terapéutico que opera en el vínculo a la manera de
organizador psíquico que lo ayuda a regularse.
Ayudar a "reinvestir”: En virtud del grado de vulnerabilidad del Yo en las psicosis, el
Acompañante Terapéutico se ofrece a la manera de un "organizador psíquico” capaz de
intervenir operativamente y decidir por el paciente en aquellos ordenes donde éste no es aun
capaz de hacerlo por sí mismo. Asume por momentos funciones que "el Yo del paciente”, por
estar comprometido y debilitado por la enfermedad, no puede desarrollar.
Registrar y ayudar a desplegar la capacidad creativa del paciente: La canalización de las
inquietudes del paciente cumple un doble objetivo: sirve para liberar la capacidad creativa
inhibida y tiende a la estructuración de la personalidad alrededor de un eje organizador. Al
proponer y ayudar a investir tareas acordes con los intereses del paciente, se lo ayuda a
reencontrarse con la realidad y se promueve y refuerza en él la noción de proceso, opuesta a la
concepción mágica del tiempo y el espacio, cuyo rasgo distintivo es la dilución en la inmediatez
y la negación de lo procesual.
Aportar una mirada ampliada del mundo objetivo del paciente: El Acompañante Terapéutico
dispondrá de información ampliada sobre su modo de discurrir en ámbitos diversos, sobre los
vínculos que mantiene con los miembros de la familia, el tipo de personas con las que prefiere
relacionarse, las emociones que lo dominan. Registrará también conductas llamativas de la
vida diaria en relación a la alimentación, el sueño, higiene personal, todo ello contribuirá a una
mejor evaluación de las alternativas a la hora de trazar una estrategia clínica.
Habilitar un espacio para pensar: El acompañante se incluye entre las actividades terapéuticas
del paciente y lo hace con disposición dialógica. No formula interpretaciones de formaciones
del inconsciente de su paciente. Pero, en muchos sentidos, resulta ser “su intérprete”. El
espacio discursivo que se habilita en el vínculo, ensancha las fronteras del intercambio
comunicativo del paciente. Se legitima así un ámbito más de procesamiento y metabolización.
Orientar en el espacio social: el paciente perturbado psíquicamente se encuentra perdido en
un espacio social que no domina. Sufre una importante desconexión del mundo que lo rodea.
En la medida en que el tratamiento lo permita, el acompañante tendrá por función paliar esta
distancia facilitándole el encuentro, en forma paulatina y dosificada, con algo de lo que perdió.
Intervenir en la trama familiar: el acompañante terapéutico puede contribuir, además, a
descomprimir y amortiguar ciertas interferencias en las relaciones del paciente con su familia.
Las ventajas del acompañamiento terapéutico son:
Facilitar la contención del sujeto en crisis y su familia en situaciones de emergencias
clínicas.
Facilitar la autonomía y confianza en sí mismo del sujeto, en el devenir del proceso del
acompañamiento terapéutico.
Brinda atención permanente y seguimiento personalizado de la evolución del sujeto.
Promueve la reinserción educativa, laboral y recreativa.
Permite sostener los vínculos familiares y sociales que resultan convenientes en
función del tratamiento terapéutico.
Propicia la detección temprana de síntomas ante una posible recaída, disminuyendo
los riesgos a través de una adecuada contención Ayuda a una reducción de costos en
los tratamientos, al brindar alternativas a la codificación y a la internación institucional
reiterada.
Las ventajas y desventajas: síndrome del autista
La etiología del trastorno autista viene determinada por causas genéticas y por causas
ambientales que actuarían como factor determinante desencadenante
Las posturas principales que invocan causales psíquicas pueden agruparse (Wintrebert, página
191) en tres escuelas. En primer lugar aquellas que están inspiradas en los trabajos de Piaget,
que ven en el síndrome del autista un déficit en la génesis de las estructuras inteligentes. El
niño autista es aquí concebido como un ser minusválido, discapacitado. En segundo lugar,
están las posturas como la de Tustin, para quien los síntomas autistas son el resultado de
estrategias defensivas fallidas, en el sentido que hacen del niño un ser incapaz de defenderse
bien de las efracciones traumáticas de su medio ambiente. En tercer lugar, encontramos la
tesis estructuralista de Lacan, para quien el autismo resulta de un uso defectuoso del lenguaje
que impide al niño acceder al orden de lo simbólico, uso defectuoso que a su vea deriva de una
anormal relación del niño con su madre y padre.
Todos estos factores etiológicos nos sirven como encuadre para encarar el tratamiento del
autismo. Desde ya, que si se comprueba fehacientemente la anormalidad genética, la
terapéutica habrá que quedar en manos de la aún poco desarrollada ingeniería genética. Por
ello nos referiremos a los tratamientos psicológicos y a los programas educativos, que son
aquellos que puede abordar un acompañante terapéutico y donde actualmente pueden
obtenerse progresos, ocasionalmente muy importantes, según el caso.
La mayoría de los tratamientos del síndrome autista apunta, al menos, a lograr una
comunicación normal con el chico, y que éste presente cierto nivel de autoabastecimiento, una
mejora es su sociabilidad y en el desarrollo de sus habilidades naturales. La estimulación para
que todo ello suceda varía de un niño a otro, pero la mayoría de los tratamientos buscan en
primer lugar identificar los intereses particulares del chico, qué le gusta más, para qué
habilidades parece estar más dotado, etc.
Este enfoque es importante porque la terapia insiste en los aspectos sanos del niño, no es sus
debilidades. Así por ejemplo, pensamos que basar una terapia en sus debilidades sería
perjudicial, porque el niño sería considerado un minusválido y entonces tanto el terapeuta
como la familia, si se hace terapia familiar, tenderán a considerar al niño como un ser al que
hay que sobreproteger y cuidar, coartándole sus potenciales aptitudes de independencia y
autoabastecimiento. La terapia pasaría aquí entonces por darles a los niños la oportunidad de
demostrar lo que tienen adentro, lo que saben, y tal vez lo que aprendieron de un modo no
convencional y sin que nadie se diera cuenta.
Varios investigadores han advertido que los síntomas del niño autista pueden ser asimilados a
las características propias de la vida intrauterina, a punto tal que se considera de estos chicos
padecen un psiquismo fetal extrauterino. En efecto, están relativamente aislados del ambiente
externo perturbador, tienen una tendencia a buscar elementos acuosos, y casi ninguno
rechaza el agua, lo que guardaría relación con el medio en el cual está flotando el feto.
También hay una tendencia a buscar lugares protectores, y a adoptar la típica posición fetal.
¿Acaso no podríamos ver en la patética conducta del niño que toca con su mano al adulto sin
que este los advierta, y se tranquilice en consecuencia, un comportamiento fetal donde la
mano es el equivalente del cordón umbilical?
Sobre la base de esta hipótesis, se nos ha ocurrido que podría diseñarse una modalidad
terapéutica cuyo objetivo sería ayudar al niño a nacer de nuevo. Puesto que supuestamente el
chico autista está físicamente fuera del útero pero psíquicamente dentro de él, la intervención
del terapeuta deberá entonces consistir en ayudar al niño creando en él las condiciones para
un “renacimiento”. Por empezar, no estimularlo demasiado, porque esto a un “feto” los
intranquiliza. No tocarlo, porque al feto no se lo puede tocar físicamente: está protegido por
una membrana. Sin embargo, la naturaleza ha dispuesto canales naturales de comunicación
entre la madre y el niño que lleva en su vientre, y habría que explotar al máximo estos canales,
que son no verbales pero si sonoros.
Se ha comprobado que el organismo dentro del útero reacciona ante los sonidos. Partiendo de
ésta base, debería a continuación instrumentarse alguna técnica que sustituya las
contracciones uterinas, previas al nacimiento. Se trata sólo de una idea, aunque aún no
podemos darle una forma más precisa. También el niño autista debería recibir
dosificadamente estímulos cada vez más frustrantes, ya que puede concebirse el nacimiento
como un momento de máxima frustración donde el niño es literalmente “abandonado” por su
madre, separado de su cuerpo. La simbiosis madre-hijo intrauterina se rompe, y entonces
cualquier cosa que le pase a la madre ya no repercutirá en él, es decir, el niño autista ya no
sentirá zozobra por cualquier cambio que acontezca en su ambiente.
Con respecto a que técnica específica se podría utilizar en este “renacimiento”, pensamos en la
musicoterapia (el trabajo gestual, corporal y musical es más apto para la comunicación a nivel
primario con los niños autistas). Ya que el tratamiento consiste en un movimiento gradual del
útero hacia la vida extrauterina, este pasaje puede ir acompañado del clima intrauterino que
puede ser recreado por los sonidos propios de ese momento, ya que la visión, el otro sentido
importante del individuo humano, no funciona aún. El feto ya vive en un mundo de sonidos,
aunque no haya música propiamente dicha: son los llamados por el Prof. Benenzon
complementos sonoros, tales como la voz de la madre, los movimientos de balanceo, etc., o
sea fenómenos no sólo acústicos sino también irracionales.
A partir de allí y poco a poco, será posible primero establecer un vínculo comunicacional entre
el niño autista y el terapeuta, que en este caso sería sustituto de la madre. Instalado este
vínculo, se puede seguir avanzando en el tratamiento reemplazando los sonidos “fetales” por
los sonidos ambientales, que son los que se experimentan en la vida extrauterina, hasta llegar
a la música propiamente dicha.
Ayudar al niño a comunicarse es posible, y esto fue posible gracia a una técnica aplicada por
Douglas Ciclen, Director de una División de Rehabilitación y Educación Especial en una
Universidad de Nueva York, y originalmente creada por la educadora australiana Rosemary
Crossley para el tratamiento del autismo. Se denomina “comunicación facilitada” y, aunque no
es una terapia en sí misma, es un importante aliado para mejorar la comunicación de chicos
con estos problemas. Sobre el teclado de una computadora o por medio de tarjetas con las
letras del abecedario, el chico es ayudado por sus familiares, sus maestros o sus terapeutas,
que sostienen su brazo para que pueda escribir palabras o frases con las que logra
comunicarse.
Relacionamos también esta técnica con uno de los axiomas de Watzlawick acerca de la
comunicación humana, más concretamente, aquel que dice que los seres humanos se
comunican tanto digital como analógicamente. Pensamos que los niños autistas se comunican
menos dificultosamente en forma analógica que digital: sus sonidos, sus movimientos, sus
gestos son mensajes, tal vez fallidos o incomprensibles por el receptor, y son mensajes
enviados mediante un código analógico. La técnica descripta apuntaría más bien a reforzar o
mejorar la comunicación digital, siempre más rica desde el punto de vista de la sintaxis y más
apta para comunicar ideas abstractas, según Watzlawick, siendo su vehículo fundamental la
palabra.
Autores como Santostéfano y Lovaas proponen un abordaje multimodal del autismo, esto
quiere decir que se aborda desde diferentes aspectos: el área cognitiva, el área conductual, el
Área afectiva, etc.
Las intervenciones cognitivas se dirigen al niño, intentando que desarrolle las habilidades
cognitivas deficitarias supuestamente a la base de trastorno autista.
Al respecto, Santostéfano (1990) considera que la “atención focal” es uno de los procesos
cognitivos deficitarios a la base del autismo. Propone dos programas para desarrollar la
atención focal: El “Programa Sígueme”, consistente en estimular el seguimiento ocular y
auditivo del niño de estímulos-blancos pasivos y en movimiento posteriormente, y el
“Programa ¿Cual es el grande?, ¿Cual es el pequeño?” encaminado a diferenciar/discriminar
objetos.
En cuanto al área afectiva, la terapia cognitiva o psicodinámica puede ser empleada para
trabajar los sentimientos o ansiedades generados por la presencia de otras personas como los
acompañantes terapéuticos y los mismos padres. Los acompañantes terapéuticos en estos
casos deberán crear un clima de confianza con gran paciencia para que los niveles de ansiedad
se puedan mantener en un nivel donde poder trabajar las otras áreas.
Los aspectos interpersonales se refieren a la mejora de la socialización y aprendizajes de niño;
y se suelen dirigir tanto al colegio (educación especial) como a la familia (orientación), pero
también los acompañantes terapéuticos pueden intervenir en el proceso de socialización del
niño autista enseñándoles cómo comportarse con las demás personas, dentro de las
limitaciones obvias que tienen esta clase de pacientes.
Y respecto del área conductual, la terapia de conducta (p. Ej. Lovaas, 1981) se utiliza para
controlar los síntomas no deseados, promover las interacciones sociales, incrementar la
autoconfianza, implementar el lenguaje y facilitar la conducta exploratoria y social.
Uno de los enfoques más útiles en el autismo, de tipo conductual e le de Lovaas dedicado a
abordar varias áreas:
· Reducción de la conducta auto lesiva: Empleo de la extinción, aislamiento y castigo
contingente.
· Reducción de la auto estimulación: Empleo del castigo contingente, moldeamiento progresivo
de respuestas apropiadas y reforzamiento de respuestas incompatibles con la auto
estimulación.
· Adquisición de habilidades sociales y lingüísticas: Sigue una secuencia iniciada con el
condicionamiento operante del contacto ocular, continúa con la imitación no verbal y después
verbal, le sigue el seguimiento de instrucciones y tiene como punto final la imitación del
lenguaje perceptivo. Posteriormente se refuerza el lenguaje “espontáneo” no puramente
imitativo.
Por último, la integración y comunicación de los niños autistas puede verse favorecida por el
ocio y el tiempo libre, que parecen ser una buena terapia para su reinserción social, según un
estudio realizado por la Asociación Antares, que agrupa a familiares de personas
discapacitadas con dificultades para la comunicación (Sin autor indicado, sobre el autismo).
El estudio analizó a 30 discapacitados y a sus familiares, y concluye que el ocio contribuye a
favorecer la autonomía personal. Por ello, las vacaciones o actividades realizadas lejos de las
familias favorecen el desarrollo de ciertas habilidades de autonomía que dentro del entorno
familiar son a veces imposibles de adquirir.
En este sentido, Teresa Cárdenas, una de las coordinadoras del estudio, señala que “lo que nos
distingue de otras organizaciones es que tratamos de realizar las actividades al aire libre,
porque con ello queremos generalizar en sus vidas el ocio. Así, se les lleva al cine, a un
supermercado, o a una cafetería, pero siempre acompañados de monitores especializados”
Otros de los beneficios que aporta esta metodología, que puede ser aprovechada con
acompañante terapéutico, es que aumentan las necesidades de relación y de comunicación.
Teniendo en cuenta que se trata de personas autistas, que no hablan o con problemas de
comunicación, sus relaciones sociales no son en sí mismas motivantes, dado que prefieren la
soledad. Pero en actividades de ocio, las relaciones en pequeños grupos y la variedad de
actividades gratificantes hace que las interacciones sean sencillas y dinámicas, y cargadas de
una estimulación constante.
El autismo es una perturbación severa de la personalidad cuyas causas generadoras parecen
ser el producto final de un heterogéneo conjunto de factores biológicos y psicológicos que
alteran algunos aspectos evolutivos, siendo el más evidente el de la comunicación.
Cualquier postura que se adopte con respecto a la etiología tanto orgánico como psicogenético
nos encontraremos con situaciones que no pueden explicarse por una sola de estas posturas.
Las primeras manifestaciones del autismo comienzan desde el nacimiento. Algunos bebés con
estas características raramente lloran o demandan, son llamados “bebés modelos”.
Otros, opuestamente, son sumamente irritables, lloran, gritan sin encontrar causa aparente
para ello. Muchos de estos niños sonríen, se sientan, gatean dentro de las edades esperadas,
pero pueden aparecer otras conductas que resultan extrañas:
*ausencia de interés por la exploración de objetos
*sonríe sólo cuando se le meces o se lo hace brincar y no en la interacción.
*pueden permanecer interesados por horas mirando fijamente las luces.
A medida que crecen se observan manifestaciones atípicas:
No logran integrarse en actividades grupales con pares, agresión y autoagresión, dificultad de
aprendizaje, conductas impulsivas, no aceptación de los cambios en la rutina, anormalidades
en el habla, tienden a emplear secuencias simple de preguntas-respuestas como recursos
únicos para iniciar o mantener una conversación, realizan preguntas cuyas respuesta ya
conocen, no emplea la mirada como recurso, tienden a producir monólogo repetitivo,
limitados y carente de interés para otros, incapacidad para comprender los mensajes de
“doble sentido” (chistes) y todo aquello que tenga significado metafórico “no literal”.
El autista presenta tendencia a comprender solo los mensajes literales.
Todos los aspectos de la conducta que son típicos del autismo infantil precoz pueden verse en
otros tipos de afecciones y el diagnóstico puede ser difícil cuando el niño tiene una variedad de
impedimento, (sordo, ciego, afásico, etc.)
Para llevar a cabo un adecuado abordaje psicoterapéutico de un niño autista, debemos tener
en cuenta a manera de orientación, las siguientes pautas: favorecer entre terapeuta-niño una
cualidad de relación basada en el afecto. Es importante saber escuchar, comprender su ritmo
diferente de otros. Reconocer qué interacciones son gratificantes para el niño. ¿Cómo es
posible mantener con él una relación lúdica? ¿Qué tipo de signos hay que usar en la relación
para que esta sea asimilada y cómo deben manejarse las variables de distancia física y
emocional para que ésta sea aceptada por él mismo?
* Evaluar (desde las limitaciones que tiene desde el at). ¿Por qué objeto se interesa? ¿Qué tipo
de relación se establece con ellos? ¿Presenta gestos expresivos de interacción? ¿Busca a otra
persona para que le alcance lo que le solicita? ¿Realiza alguna comunicación? ¿Utiliza
símbolos? ¿Qué clase?
* Establecer límites en cada situación para que el niño logre ir construyendo lo que se espera
de él en cada caso y pueda “anticipar”. ¿Qué situaciones le provocan rabietas u otro tipo de
reacción? ¿En qué oportunidades el niño facilita el acercamiento y la interacción?
Es de gran importancia considerar que existe en el niño autista una alta dependencia a
condiciones contextuales, por lo tanto los contextos deben ser muy restringidos y estables (sin
variable ni cambio).
Muchas de las reacciones de apariencia de causa “endógenas” como las autoagresiones,
berrinches, rabietas, son las respuestas a situaciones contextuales que le resultan di
placenteras.
Las iniciativas de relación que existen en el autista pero se expresan en forma débil, por esto es
necesario estar atento para detectar este intento (confeccionar una ficha de observación con
detalles minuciosos de las conductas observables).
Para favorecer el desarrollo de intenciones comunicativas la estrategia fundamental es recurrir
al procesamiento visual en que los niños autistas suelen tener más capacidad.
CONCLUSIONES
En nuestro país, la frecuencia de autista de 4 cada 10.000 nacimientos y en Japón de 16,
mucho mayor.
Están en todas las clases sociales y se advierte un aumento de los casos de autismo. Estos
datos de por sí hablan de la importancia de la incidencia de esta enfermedad y,
consecuentemente, de la importancia del problema tratado en esta monografía.
Realizar este trabajo nos ha abierto la perspectiva sobre el campo de posibles técnicas e
instrumentar para el tratamiento de los niños autistas, con lo cual podemos contribuir a
aumentar las probabilidades de reactivación de esta patología tan severa.
Además, el ser una patología del desarrollo, las posibilidades de tratamiento eficaz aumenta
mucho, ya que se manifiesta en una etapa temprana, el sistema nervioso tiene aún la
suficiente plasticidad como para que haya muchas posibilidades de cambio.
Las diversas teorías sobre la etiología del autismo no consideramos que sean excluyentes entre
sí, sino más bien complementarias, debido a que el autismo como patología tiene muchas
facetas distintas. De aquí la necesidad de un enfoque interdisciplinario para su tratamiento
que contemple tanto lo genético como lo orgánico, como lo psicológico y lo psicosocial.