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1) Cuando los españoles llegaron a México, encontraron una gran diversidad de pueblos indígenas con distintas lenguas y culturas. 2) La población indígena se redujo drásticamente en los primeros 80 años después de la conquista debido a epidemias y maltrato. 3) Hoy en día, México tiene la mayor población indígena en América, con más de 15 millones de personas pertenecientes a 62 pueblos originarios que conservan sus propias tradiciones.

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1) Cuando los españoles llegaron a México, encontraron una gran diversidad de pueblos indígenas con distintas lenguas y culturas. 2) La población indígena se redujo drásticamente en los primeros 80 años después de la conquista debido a epidemias y maltrato. 3) Hoy en día, México tiene la mayor población indígena en América, con más de 15 millones de personas pertenecientes a 62 pueblos originarios que conservan sus propias tradiciones.

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Las sociedades indígenas en la historia de México

Cuando Cristóbal Colón llegó al Nuevo Mundo, creyó que había alcanzado una parte de la India o las
indias como se le llamaba entonces, desde el punto de vista de Europa. Al suponer que había
descubierto el otro extremo de Asia, dio a estas tierras el nombre de Indias Occidentales. Por esta
razón, los habitantes de estas tierras fueron llamados indios, aun cuando no tenía nada que ver con la
India.
A inicios del siglo XVI, en México existían alrededor de 600 pueblos originarios, que hablaban 80
lenguas pertenecientes a 15 familias lingüísticas distintas. Durante cincuenta siglos desarrollaron una
serie de expresiones culturales únicas en el mundo, pero la llegada de los españoles fue especialmente
dramática para ellos. Según cifras estimadas, la población de 25 millones se redujo drásticamente a
menos de 5% (1 millón 75 mil) en solo 80 años, debido a las epidemias de viruela, explotación y
maltrato que los europeos propinaban a los indígenas, quienes se justificaron con el derecho de
conquista y de evangelización.

En la actualidad, México agrupa la mayor población indígena del continente americano. Se estima que
existen más de 15 millones, los cuales se encuentran distribuidos en todo el país.
Son los herederos directos de una antiquísima tradición cultural; tienen costumbres, tradiciones y
lengua propias. Existen 62 pueblos originarios, por lo tanto, igual número de idiomas, algunos de ellos
han dado lugar a variantes lingüísticas, sumando más de 200 en la actualidad. Se estima que, en el
mundo, hay alrededor de 7 000 idiomas.
Pueblos originarios en México:

Nahua Purhépecha Triqui Guarijío Paipai


Maya Mixe Popoloca Matlatzinca Kumiai
Zapoteco Tlapaneco Cora Kekchi Ixil
Mixteco Tarahumana Kanjobal Chocholteca Pápago
Otomí Zoque Yaqui Pima Cucapá
Tzeltal Maya Cuicateco Jacalteco Cochimí
Tzotzil Tojolabal Mame Ocuilteco Lacandón
Totonaca Chontal Huave Seri Kiliwa
Mazateco Popoluca Tepehua Quiché Teca
Chol Chatino Pame Ixcateco Aguacateco
Mazahua Amuzgo Chontal Cakchiquel
Huasteco Huichol Chuj Kikapú
Chinanteco Tepehuán Jonaz Motozintleco
El estado de Puebla cuenta con una población de 565 509 indígenas nahuas, totonacos, popolocas,
otomíes, mixtecos, mazatecos y tepehuas (lo que representa el 13% de la población total).
Esta característica pluriétnica representa un importante patrimonio cultural que muchas ocasiones
hemos negado, básicamente porque desconocemos sus aportes a la identidad nacional. Debemos
reconocer a México como una nación multicultural donde se promueva y acepte la diversidad y el
derecho a la diferencia de los pueblos indígenas.
Muchos mexicanos siguen pensando que el país tiene una historia única y desconocen lo que
construyeron las sociedades indígenas a lo largo del tiempo. Ahora es el momento de recuperarlas
como una parte medular del pasado. Saber quienes fueron nuestros antepasados, cómo eran, dónde
vivían, en qué pensaban, qué creían y cuál ha sido su legado, nos ayudará a asumir nuestra historia y a
sentirnos orgullosos de ser mexicanos.
1.3 Horizontes culturales
Gracias a los conceptos áreas y subáreas culturales ha sido posible situar de forma geográfica a las
sociedades del México antiguo. No obstante, también era necesario ubicarlas en el tiempo en que se
desarrollaron, por eso se estableció una clasificación cronológica denominada Horizontes culturales, que
dividió a la época prehispánica en tres grandes periodos históricos: Preclásico o Formativo, Clásico y
Posclásico. Los horizontes culturales son periodos históricos que nos sirven para ubicar en el tiempo a las
sociedades de Mesoamérica. Asimismo, los especialistas han propuesto una división interna dado el
desarrollo cultural, que varía de un área a otra.

Horizontes culturales de Mesoamérica

Preclásico o formativo
2 500 – 200 a.n.e.

Inferior (2 500 – 1 200 a.n.e.)


Es el periodo en que surgieron las aldeas y los primeros centros ceremoniales en los que se realizaban
actividades religiosas, administrativas y de intercambio comercial más importantes.

La división del trabajo estaba ya definida; por un lado, las mujeres preparaban los alimentos, cuidaban los
hijos, ayudaban a la recolección, labores agrícolas y a la producción de alfarería; mientras que los
hombres se ocupaban de la caza, pesca, agricultura, alfarería, construcción y obras laborales artesanales.
En este horizonte se estableció la sociedad jerarquizada, compuesta por sacerdotes, jefes militares,
comerciantes, artesanos y campesinos.

Medio (1200- 400 a.n.e.) y Superior (400 – 200 a.n.e.)


La agricultura se consolidó como la actividad más importante, destacando el cultivo de maíz, frijol y
calabaza. Más adelante aparecieron las terrazas y comenzó la construcción de chinampas. En cuanto al
comercio, se afianzaron las relaciones de intercambio basadas en el trueque de algunos objetos. Los
materiales empleados para la elaboración de herramientas eran de piedra, hueso, cornamenta de venado y
madera. Hicieron morteros y metates para moler y triturar semillas. Posteriormente trabajaron el jade,
turquesa, cuarzo y caolín para la elaboración de adornos y objetos dedicados al culto, como esculturas,
máscaras, collares y cuchillos. La religión era politeísta, aunque el jaguar fue el animal más venerado, el
cual era representado de múltiples formas, entre las que destaca el hombre jaguar y niño jaguar, que
simbolizaba el poder espiritual de los sacerdotes, pues era considerado un elemento armónico de la
dualidad día – noche y de la fertilidad.

Los sitios más importantes del Preclásico inferior son San José Mogote y los núcleos aldeanos olmecas;
del Preclásico medio son: El Trapiche, Remojadas, Tres Zapotes y La Venta (Costa del Golfo). En el
Preclásico superior tenemos al Cerro de la Cruz (Centro Norte), Chupícuaro (Occidente); Tehuacán, El
Arbolillo, Zacatenco, Tlatilco, Xolóztoc, Copilco, Cuicuilco y Tlapacoyan (Altiplano Central); Taxco, El
Naranjo, Iguala, Telolopan, Mezcala, Zumpango, Chilpancingo (Occidente); Monte Albán, Cuilapan,
Zimatlán, Juchitán y San José Mogote (Oaxaca); Chiapa de Corzo y Palenque (Área Maya).

Clásico
200 a.n.e. – 900 d.n.e.

Protoclásico
200 a.n.e. a 200 d.n.e.
En este horizonte surgieron las ciudades; ya no solo se erigieron centros cívico -religiosos como en el
periodo anterior. Las sociedades presentaron una mayor diferenciación social que se basó en el acceso a
determinados bienes y en los oficios. Además, se les dio mayor importancia a los edificios destinados al
culto. El régimen teocrático llegó a su apogeo, los sacerdotes no sólo tenían en sus manos las actividades
religiosas, también la producción y distribución de los bienes de consumo.

La arquitectura adquirió dimensiones monumentales; los templos fueron construidos sobre grandes
basamentos piramidales simulando los planos celestes. Las plazas sirvieron como lugares de congregación
para el culto y el intercambio comercial. Aparecieron los estilos arquitectónicos regionales, como el talud-
tablero teotihuacano, la arquitectura de nichos de la costa del Golfo, el tablero del doble escapulario en
Oaxaca, las cresterías, bóveda y el arco maya.
Clásico 200 a 650 d.n.e y
Epiclásico 650 a 900 d.n.e.
La religión era politeísta y estuvo dominada por deidades asociadas a la lluvia y al trueno como Tláloc,
Cocijo, Tajín y Chac, aunque se retornó a Huehuetéotl dios viejo del fuego y una diosa de la fertilidad,
que veneraban las sociedades del formativo.

La agricultura fue la principal actividad, mejoraron las técnicas de cultivo, adecuándose a las necesidades
regionales. Además, se desarrolló la actividad especializada de tipo artesanal, que se manifestó en forma
masiva, principalmente en la producción de vasijas, platos, vasos, máscaras, urnas, incensarios y
esculturas. Al mismo tiempo se intensificó el comercio de larga distancia, que propició el intercambio
cultural, tal como se demuestra con la difusión de dos tipos de calendario: el solar de 365 días y el ritual
de 260 días, de la escritura a base de glifos, de los estilos arquitectónicos y de la religión.

Los asentamientos más importantes del Clásico son Altavista, La Quemada, El Sabinito, Santa María del
Refugio, San Bartolo, Toluquilla y Ranas (Centro Norte); Teotihuacán, Xochitécatl, Cacaxtla y
Xochicalco (Altiplano Central); Huijazoo, Lambityeco, Monte Albán y Yagul (Oaxaca); Tajín y
Yohualichan (Golfo de México); Teuchitlán (Occidente); Bonampak, Palenque, Yaxchilán, Uaxactún,
Piedras Negras, Copán, Sayil, Labná y Kabah (Área Maya).

Posclásico
900 – 1521 d.n.e.
Posclásico temprano (900 – 1200 d.n.e.)
Posclásico tardío (1200 – 1521 d.n.e.)
Comenzó en el 900 d.n.e., con la caída de los centros urbanos del Clásico y termina en 1521 con la
conquista de México-Tenochtitlan por parte de los españoles. Se caracteriza por los movimientos y
reacomodos de la población a consecuencia de los ajustes políticos, así como la creciente aridez del Centro
Norte, que como ya mencionamos, ocasionó el retroceso de Mesoamérica del sur, situación que favoreció
la llegada de los chichimecas, quienes portaban rasgos culturales diferentes.1

En este horizonte se continuó la construcción de obras hidráulicas para la agricultura, al tiempo que la
metalurgia surgió como una de las actividades más importantes, sobre todo en Occidente. Se sabe que en
esta época se efectuaba la extracción de oro, plata y cobre, aunque algunos especialistas han propuesto
que también estaño y plomo. Además, aumentó el comercio de larga distancia. Los bienes que
intercambiaban eran materias primas y objetos elaborados por mano de obra especializada. Los
comerciantes (pochtecas) ocuparon un lugar destacado en la sociedad; alejados de la producción agrícola,
tenían privilegios y poseían grandes riquezas.

La sociedad estaba dividida en dos grupos: Pipiltin (nobles) macehualtin (pueblo). Los primeros
constituían el grupo dominante, eran los administradores y en sus manos estaba el gobierno. Los
macehualtin en cambio, eran en el sector productivo de la sociedad y estaban organizados en calpulli
(barrio). Los macehualtin producían lo necesario para su consumo, los excedentes pasaban a manos de sus
gobernantes a través del tributo.

La inestabilidad política que se presentó en Mesoamérica ante la caída de los centros políticos del Clásico
fue una de las causas del militarismo en este Horizonte; y se puede observar la proliferación de elementos
ideológicos asociados a la guerra, hecho que también se refleja en la religión, con marcada orientación
hacia las guerras rituales que tenían como fin obtener cautivos para el sacrificio. En muchas ocasiones
estas acciones encubrieron campañas de conquista a través de las cuales se manifestaban los proyectos de
dominio de los pueblos hegemónicos. Y aunque se mantuvo el culto los dioses que ya existían en el
Clásico, surgieron nuevas deidades como Tezcatlipoca, Huitzilopochtli o Curicaueri.

Los centros urbanos más importantes de este periodo fueron: Carabino y El Cerrito (Centro Norte); Tula,
Tlaxcala, Cholula y Tenochtitlan (Altiplano Central); Ihuatzio, Pátzcuaro y Tzintzuntzan (Occidente);
Mitla, Tilantongo y Zaachila (Oaxaca); Castillo de Teayo Tusapán, Misantla y Zempoala (Golfo de
México) y Chichén-Itzá, Izamal, Mayapan y Uxmal (Área Maya).

1
Romeo, 1996, p. 118.
El periodo Preclásico se puede entender como un periodo formativo en el que aparece la llamada cultura
madre, que fueron los olmecas. La influencia de esta cultura se dispersó y llegó hasta Monte Albán, en
Oaxaca, y Palenque y Bonampak, en Chiapas.
El periodo Clásico representa el momento de máximo desarrollo de la civilización mesoamericana
con la cultura teotihuacana, en el actual Estado de México, y la cultura maya, en Guatemala y Honduras,
como las más representativas. Este periodo termina con el abandono masivo de las grandes ciudades,
acontecimiento que se conoce como “El Colapso”. Aún no sabemos con exactitud las causas de esta
emigración, pero los historiadores han elaborado al respecto diversas hipótesis (Esquema 1.1).
El periodo Posclásico se inició después del abandono de las ciudades del periodo Clásico. Los
herederos de Teotihuacan se establecieron en Tula y los mayas de Guatemala fundaron varias ciudades en
Yucatán:
Chichén Itzá, Uxmal, etcétera. Éste fue el último esplendor de Mesoamérica, mismo que terminó
abruptamente con la conquista española.

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