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LA ERA ROMANTICA 1825 – 1850
La influencia neo-gótica tuvo especial influencia entre 1825 y
1835. Pero el espíritu de la moda romántica permaneció hasta
finales de la década de 840.
Después de olvidar las guerras napoleónicas, la moda francesa
se vio dominada por una anglomanía. Los mas snobs se
sintieron atraídos por lo ingles, lo cultivado y refinado.
Muchas de las actitudes y de los signos que definen el carácter
romántico de un vestuario fueron inventados por Beau
Brummell. Las reglas y los refinamientos en las maneras
impuestas en aquellos años fueron desarrollados por las clases
medias de Europa, que creían mejorar su posición social
adoptándola.
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LA SILUETA ROMANTICA
Hasta 1820 las cinturas de los vestidos habían sido
redondeadas, pero en 1828 pasan a ser en forma de “V”. Se
desplaza el estilo Imperio y las cinturas vuelven a su posición
natural.
Unos de los detalles sobresalientes de la época son las
llamadas “mangas boina” que se cortaban a partir de un
circulo de tela. En el centro se hacia una abertura para el brazo
y la manga se cosía a la parte superior del vestido junto al
hombre. A veces se añadía una sobremanga de seda bordada.
Este tipo de manga se usaba en vestidos de noche. Los brazos
sin tapar y los generosos escotes hacían que algunas damas se
sintieran poco tapadas. Surgieron entonces las mangas de gasa
a mediados de la década 1820 hasta que los nuevos estilos las
hicieron desaparecer.
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LA DELICADEZA VICTORIANA
A las mujeres del s.XIX les gustaba parecer frágiles. Se
comparaban a sí mismas con delicadas flores y enfatizaban su
finura y feminidad. Procuraban parecer siempre pálidas e
interesantes. Esa palidez se conseguía bebiendo vinagre o
evitando el aire fresco. Algunas damas usaban un discreto
colorete rojo en sus mejillas, pero el uso del maquillaje fue
decayendo, en especial en la década de 1870 cuando la
etiqueta social se volvió mucho mas rígida.
Muchos de los cosméticos de la época tenían una dudosa
composición química o procedían de las despensas, como los
coloretes de remolacha.
Una tez pálida era señal de belleza y delicadeza. Pero
significaba algo más: una dama no podía trabajar en el exterior
de la casa por el castigo que suponían los rayos del sol, algo
considerado vulgar y rústico. El trabajo continuo al sol y bajo
las inclemencias del tiempo dejaban la piel áspera. Los
parasoles eran de rigor y se usaban para proteger el semblante
pálido de las damas. Se procuraba proteger también el cuello y
la nuca, que quedaban al aire sin la protección de los rizos,
cuando se usaban vestidos de tarde. Incluso se llegaron a
pintar finas líneas azules en la piel para aumentar la apariencia
de una piel translúcida que dejaba ver las venas.
Durante los primeros años del s.XIX, el mayor tesoro de una
dama era su cabello, que solo se cortaba cuando enfermaban
gravemente. A veces usaban extensiones de pelo.
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LA MODA FEMENINA
A principios del s.XVIII, los vestidos femeninos se
clasificaban en “abiertos” y “cerrados”. Los primeros estaban
formados por cuerpo y falda. La falda se caracterizaba por una
abertura en forma de “V” invertida en la parte delantera
permitiendo ver las enaguas que iban debajo de la misma,
pudiendo ser éstas acolchadas o ricamente bordadas. El cuero
tenia otra abertura en la parte delantera en la que iba una pieza
a modo de peto, que se mantenía rígida usando ballenas o
cartón y normalmente se ataba a la espalda. Las mangas
llegaban hasta el codo o justo por debajo. Sus formas eran
amplias y permitían que se vieran los volantes de encaje de las
camisas, pudiendo ser dobles o triples. Se solía llevar el
mismo encaje en mangas, cofia y remate del peto. La cofia
solo se ponía en la parte alta del pelo, si iba mas abajo se
denominaba “a la jardinera”. La pañoleta era otro tipo de
cofia, más fruncida. Los cuellos de encaje o de gasa llamados
gorgueras eran accesorios muy usados por las damas durante
el s.XVIII. Las telas con las que se confeccionaban los
vestidos eran de paño de seda, muselina y gasa. Se adornaban
con lazos, flores artificiales y motivos florales pintados sobre
fondos de rayas anchas.
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Las influencia de la moda inglesa.
Las influencia de la moda inglesa suprimió el miriñaque y el
corsé, abandonando las camisas y las enaguas sustituyéndolas
por túnicas largas de gasa o lino denominadas “a la romana”.
Desaparecieron los bolsillos interiores y los pies se calzaron
con escarpines finos y sin tacones atados con lazos. El cuerpo
con escote en punta era muy corto y la falda fruncida, muy
larga y recogida a un lado. En el cuello se llevaba una corbata
alta y la cara se enmarcaba con un gran sombrero que tenia un
ala en forma de visera. Algunos vestidos tenían mangas
pequeñas poniéndose de moda el uso del guante largo. Sobre
los hombros se solía llevar un chal. Otro detalle importante es
el cinturón cruzado a la espalda y recogido luego alrededor de
la cintura o los delantales tipo pañoleta.
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CAMBIOS EN LA MODA DE 1820 A 1850
A principios de la década de 1820 la figura de la mujer era
muy estilizada, los vestidos eran artificialmente alargados
elevando la cintura, realizados en finas muselinas y con
mangas cortas bordadas o caladas.
A finales de la década de 1840 la figura parecía una pequeña
campana de mesa, por el uso de faldas muy anchas y el
descenso de la cintura.
Durante estas décadas se sucedieron muchísimos cambios en
los estilos.
Desde el principio de este periodo hasta casi el cambio de
siglo, los polisones y la prudencia combinados se convertirían
en el sello de la mujer de su tiempo.
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La cintura.
El cambio más importante a principios de esta época fue la
bajada de la cintura a su posición natural. Antes los vestidos
ocultaban sus estómagos, con la bajada de la cintura se hizo
imprescindible el uso del corsé. Las mujeres se lo ataban cada
vez mas fuerte conforme pasaban los años y las primeras
críticas no llegarían hasta la década de 1840.
Muy pocos vestidos separaban cuerpo y falda. La parte
superior del vestido solía tener elementos para cerrarlo, como
cintas o botones, pero la ropa interior se ajustaba firmemente
al cuerpo de la dama. Se enfatizaba la figura en V, y el pico de
esa V se llego a bajar por debajo de la cintura ligeramente,
estilo denominado María Estuardo. Los vestidos con bordes
ondulados en el cuero o en el cuello se denominaron Van
Dyke.
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La falda.
Entre 1825 y 1840 las faldas se hicieron cada vez mas anchas,
siendo en el 35 cuando llegaron a tapar completamente los
pies de las damas. Desde hacia 10 años los bordes de las faldas
con sus decoraciones eran los protagonistas. Se rellenaban y
almohadillaban en roulleaus, permitiendo una caída más
natural de la falda. En la parte superior se cosían cintas que al
atarse fijaban el vestido a la cintura, especialmente en 1830.
Cuando los dobladillos llegaban al suelo y las decoraciones y
bordados del bajo de la falda pasaron de moda, las damas se
colocaban varias enaguas para agrandar el vuelo de la prenda,
éstas se rellenaban y almohadillaban siendo normal llevar
varias, entre 3 y 6, debajo de la falda. El tejido favorito para su
confección era la franela y para que quedaran más rígidas se
usaba pelo de caballo. En 1840 se vendieron enaguas por
primera vez.
En 1856 aparecen las ballenas y las damas pudieron liberarse
del peso de tantas enaguas. Las ballenas, hechas con el hueso
del mismo animal, se colocaban formando círculos
concéntricos haciendo que la enagua tomara esa característica
forma de campana que tan de moda estuvo en estos años.
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Las mangas.
Entre 1825 Y 1835 las mangas que mejor definieron la era
romántica fueron las “mangas jamón”, llamadas así por su
forma. Se realizaban partiendo de un cuerpo con forma
triangular. Aparecen por primera vez en 1824 y los grandes
patrones se cortaban en tela, redondeando la parte superior
para aumentar mas aun de tamaño. Desde 1825 fueron
ondulándose hasta alcanzar grandes proporciones en 1833. Las
mangas jamón se convirtieron en el símbolo que hoy
asociamos con el vestido de la era. Hacia mediados de 1830, la
parte superior de las mangas jamón había crecido tanto que
llegaba a combarse. Para mantener la forma se rellenaban de
materiales rígidos (como el cartón). Este relleno se colocaba
en el interior de la manga pero resultaba incomodo. Poco a
poco se sustituyeron por otros materiales como las ballenas
(llamadas así por estar hechas de hueso de ballena), un forro
de algodón o almohadillas de cuero. Hacia 1835 estos soportes
se dejan de usar cayendo la tela sobre los brazos, surgiendo un
nuevo estilo. A partir de 1836 los brazos se cubrieron con
mangas mas estrechas, ajustadas en la parte superior del
hombro y se ensanchaban con rellenos cerca del codo. Estos
ensanchamientos fueron bajando con el paso del tiempo hasta
la muñeca y ese exceso de tela acabó cosiéndose en forma de
banda o tira recogida. Hacia 1845 la línea de los hombros
mostraba una nueva tendencia. Las mangas estrechas y
ajustadas se convirtieron en estrechos puños que impedían y
restringían a las damas el movimiento de sus brazos,
aumentando de alguna manera la sensación de solemnidad en
sus gestos, algo que se asocia con las damas de la época
Victoriana.
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VESTUARIO ROMANTICO
La mayoría de los vestidos de la época romántica y victoriana
eran muy pesados, realizados en muselinas o sedas y
terciopelos, por lo que resultaba casi imprescindible el uso de
unas enaguas con piezas metálicas en forma de aros que
sujetaran la prenda en su posición ajustándola a la cintura para
que no se separara del cuerpo del vestido. Esta parte del traje
tampoco resultaba ligera porque solía tener relleno en el pecho
y ballenas para que mantuviera una forma adecuada a la figura
femenina de la época.
Cuando finalmente la dama estaba preparada para colocarse la
falda resultaba difícil introducirla por la cabeza y cerrar la
cremallera de la espalda o abotonarla por delante. De hecho,
parecía hacerse todo complicado a propósito. Durante toso el
s. XIX y parte del XX las faldas se abotonaban o ajustaban a
la cintura con ganchos, corchetes y ojales, después de
colocaba el cuerpo que estaba separado de la falda.
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Para salir a la calle...
Cuando una mujer salía a la calle era imprescindible el uso del
bonete o sombrero y los guantes, el uso de estos últimos era
tan importante que una revista de moda de la época en un
articulo reconocía que: “algunas damas han aparecido en
publico sin guantes...” para afirmar después “!sin guantes¡”
El problema del vestuario de una dama aumentaba por el
hecho de que debían cambiar de vestido varias veces al día. El
siguiente comentario de una dama inglesa nos da una idea
aproximada de la complejidad de la situación:
“Una buena parte de nuestro tiempo lo dedicamos a
cambiarnos de vestido. Cuando bajas a desayunar para
después ir a la iglesia, debes lucir tu mejor vestido. Después
del oficio religioso, cambias a una ropa más cómoda para estar
en casa. A la hora del té vuelves a cambiar, y, por supuesto,
necesitas otro vestuario diferente para la noche.”
Sin embargo, a pesar de que vestirse resultaba incomodo,
complicado y lento, parece que todos estos inconvenientes
eran el pequeño precio a pagar para resultar bella y estar a la
moda. Todas las damas románticas respetables cualquiera que
fuera su posición social, se vestían con varias prendas unas
encima de otras como capas del vestido completo. La ropa era
tan complicada que la rutina comenzaba por la colocación de
la ropa interior, después debería ir el corsé, pero al ser una
prenda rígida que impedía el movimiento, algunas otras debían
colocarse antes.
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Empezaban por las medias que se sujetaban con ligas. Hasta
1870 no aparecieron las medias sujetas al corsé con broches.
Luego se calzaban, botas o botines con filas de botones
diminutos que se abrochaban con un gancho especial. Hasta
1890 no aparecen los cordones.
La siguiente prenda eran los pololos que llegaban hasta la
rodilla y tenía una abertura en el tiro.
Sobre los pololos iba la camisa que solía llevar un adorno de
cintas en el escote para dar sensación de mayor volumen.
A continuación venia el corsé. Una dama que no tuviera ayuda
de algún sirviente, una hermana o su madre podía tardar hasta
30 minutos en colocárselo, atando las cintas del corsé a los
postes de la cama y tirando fuertemente hasta conseguir fijarlo
al cuerpo.
Encima del corsé iba la camisa que solía tener mas cintas,
encajes o volantes en el escote.
Durante el romanticismo las damas se colocaban después una
crinolina con una enagua que suavizaba los bordes de los
alambres de la estructura y evitaba rozaduras. Algunos aros
llegaban a medir hasta 3 metros de circunferencia, así que el
tamaño de las faldas llego a convertirse en un verdadero
problema. Cuando una dama llevaba este tipo de falda, era
fácil que tropezara con objetos y muebles.
Las mangas eran estrechar y ajustadas por debajo del codo
llegando incluso al puño, con muchos volantes. Esto
aconsejaba que la dama se maquillara antes de ponérsela.
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Por ultimo, las damas se peinaban, usando pinzas, alfileres de
cabello, algunos de ellos curvos para dar volumen y
extensiones, era normal que una dama tuviera en su tocador
una caja o recipiente donde guardar los pelos que le caían al
cepillarse por la noche. Cuando eran suficientes se llevaban al
peluquero para que hiciera sus propias extensiones. Solían
también hacerse bromas al respecto, como por ejemplo, si una
mujer se ahoga, no sujetarla del pelo, ya que posiblemente se
desprendiera.
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LA CRINOLINA
En el s.XVII el farthingale o enagua era muy usado por las
damas de la corte. Se colocaba sobre la camisa y el corsé y
daba volumen a las pesadas faldas.
En el s.XVIII la moda sigue cambiando. En Francia aparecen
los panieres (cestos). Los primeros eran unos cojines
circulares parecidos a los actuales flotadores, que se colocaban
a la altura de la cintura para ensanchar la falda. Los segundos
consistían en una estructura oval de alambre, caña o ballenas
que aumentaban el tamaño de las faldas hacia los lados.
Existía el gran panier que llego a medir metro y medio de un
extremo a otro de la falda, la incomodidad estaba garantizada
pero no importaba si la dama lucia una silueta a la moda.
La crinolina no fue solo una moda para las damas
aristocráticas, sino que fue la primera moda popular de la
historia con una producción en serie y una distribución que
permitieron unos precios asequibles. La crinolina es la primera
moda para todas las mujeres, ya fueran ricas o pobres.
La palabra crinolina del francés (crinoline) proviene del latín
crinis que significa pelo de caballo. En el siglo s.XVI ya se
hacían crinolinas mezclando el pelo de la crin con algodón o
lino. Esta practica se recupero en 1840 en París y pronto se
extendió. Su uso acabó a finales de 1850.
La crinolina es un armazón metálico o de hueso de ballena que
proporciona gran vuelo al vestido y que, junto con el uso del
corsé, estiliza al máximo el talle femenino poniendo énfasis en
escote y cadera.
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Esplendor y decadencia.
El máximo esplendor de la crinolina fue durante 1859, las
cifras de producción eran enormes. Entre 1858 y 1864 la firma
francesa Peugeot produjo cerca de cuatro millones cada año.
La crinolina proporcionó gran libertad a las piernas para
moverse en su interior y elimino el excesivo peso de las
enaguas que eran necesarias antes de su aparición.
Nunca antes un vestido había proporcionado tanta libertad al
cuerpo femenino aunque su anchura hacia incomodo el
sentarse o el pasar por una puerta.
Desde mediados de 1860 el tamaño de la crinolina fue
disminuyendo progresivamente, haciéndose mas rectas en la
parte frontal y deformando su forma circular en elipse.
Las faldas se fueron estrechando en la cintura y aumentando el
tamaño en el trasero.
En 1867 aparecen los primeros pannier almohadillados, que
poco a poco desplazaron a la crinolina. Luego éstos se
sustituyeron por los polisones.
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EL CORSE
El corset ha sido desde su inicio símbolo de seducción. Era la
prenda intima que se escondía bajo los pesados vestidos para
resaltar el busto y acentuar la estrecha cintura que exigía la
moda de la época. Su origen se remonta hacia el 1700 a.C.,
cuando las primitivas habitantes de la isla de Creta usaron el
corset para destacar la figura perfecta. Su invención se
atribuye a Catalina de Médicis, quien puso en vigor una
prohibición a las cinturas anchas para asistir a la corte real de
Francia en 1550.
Al principio esta prenda se confeccionaba a la medida del
cuerpo por costureras especializadas usando para ello una tela
resistente, algunas varas rígidas que se adherían al torso y
cordones que se cruzaban entre sí, apretando la cintura hasta
conseguir los 50 cm. de diámetro que exigía la moda, aunque
en ocasiones llegaron a los 32 cm. o incluso menos. En el
intento algunas se desmayaban o simplemente quedaban sin
respiración. Junto con el corsé llegó la liga graduable,
popularizada en el mundo por las bailarinas de can-can, y más
tarde se inicio la era del brassiére, conocido hoy como
sujetador.
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SOMBREROS ROMANTICOS
Eran amplios, recargados de adornos y cintas, lazos y plumas.
Su forma complementaba de alguna manera las amplias líneas
de los hombros que se lucían en 1830. Para veladas nocturnas,
las damas solían llevar turbantes o pequeñas boinas de seda,
satén y terciopelo, ligeramente caídos hacia un lado. Los
turbantes se conseguían enrollando cintas anchas de tela sobre
la cabeza, pero esta moda desapareció en la década siguiente.
Los gorros se usaron casi tanto como los sombreros, así que
pocas diferencias existían entre ambos.
Las cintas atadas sin cortar que los adornaban eran una de las
características de la moda en años posteriores a 1828, época
en la que se usaron de manera cotidiana.
El estilo de gorro llamado “coal scuttle” se llevaba sujeto al
peinado con largas pinzas que servían para fijar los amplios
nudos “Apolo”, muy usados en la época.
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ESCLAVINAS Y EL FICHÚ DE 1830
Las esclavinas tenían diseños muy variados y todas cubrían los
amplios hombros. Aunque las primeras eran unos finos
collares blancos bordados o con lazos, pronto se hicieron más
anchas para poder abarcar los crecientes hombros de las
mangas jamón, acentuando su amplitud y haciendo que la
cintura de los vestidos de 1830 pareciera más pequeña,
convirtiéndose en uno de los elementos más característicos y
populares del periodo romántico.
La anchura de la esclavina de lazo llegó a ser de 80 cm. A
veces se fijaban a la camiseta (chemisette) que era una blusa
sin mangas abierta por los laterales y abrochada en la cintura.
A este elemento se le llamaba también “canesú de tul”. En la
segunda versión de la esclavina de lazo, los extremos eran aun
más largos y se denominaba “esclavina fichú”.
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EN LA ACTUALIDAD...
Hoy día las influencias románticas, victorianas, góticas y
barrocas están a la orden del día en el vestir, especialmente en
alta costura, ropa para ceremonias y en las subculturas sociales
tales como los “góticos”, los “siniestros”, los “neo-
románticos”... Estos últimos muestran las tendencias más
fuertes en la actualidad, existiendo tiendas, tiendas por
internet, páginas web... que se dedican al mundo de la ropa de
época en su variante “oscura”. Ciertos grupos sociales, como
los citados anteriormente, tienen una visión romántica
catastrofista de la vida, anhelando en cierto modo la pureza del
mundo, la humanidad de las personas y apreciando de manera
especial los fenómenos que en ésta se producen.
Así pues, las épocas pasadas nos acompañan hoy en día muy a
pesar de los avances tecnológicos y sociales que se están
produciendo y cada vez a pasos más agigantados haciendo que
el siglo pasado semeje estar a milenios de nuestros días.
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Guadañaland Factory
LadyMorte Designs
2005
Tamara Casalderrey Doval alias “LadyMorte”
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