El alma humana es incorruptible
El alma es el principio vital de los seres humanos que viven en este mundo, La vida se
manifiesta en dos operaciones: conocimiento y movimiento. No todo principio de operación
vital es alma, porque el ojo seria alma, ya que es el principio de visión. El alma es el primer
principio vital. El cuerpo es un principio vital, como en los animales, que su principio vital
es el corazón. Ningún cuerpo puede ser el primer principio de la vida, porque todo cuerpo
seria viviente.
El alma, no es cuerpo, sino acto del cuerpo. El alma humana es una realidad subsistente,
cuyo principio es la operación intelectual que llamamos alma del hombre y este principio es
incorpóreo y subsistente. El hombre, por entendimiento, conoce la naturaleza de todos los
cuerpos, sólo conoce algunas cosas, no puede tener ninguna de ellas en su naturaleza,
porque lo que naturalmente esta en ella impediría el conocimiento de las demás cuerpos.
El alma humana llamada entendimiento o mente, es un ser incorpóreo y subsistente. Si el
alma humana es corruptible se puede afirmar que el alma humana, llamada principio
intelectivo, es incorruptible. Puede ser destruida en sí misma y de modo accidental. Es
imposible que un ser subsistente sea producido y destruido de modo accidental; la
producción y destrucción de las cosas corresponde a su modo de ser, se adquiere por
producción y se pierde por destrucción. Lo que tiene el ser, por si mismo, no puede ser
producido ni destruido, sino en razón de su propia naturaleza. En cambio lo que subsiste
por sí mismo es producido o destruido por efecto de la generación o corrupción del
compuesto. Las almas irracionales no subsisten por sí misma, sólo el alma humana. El alma
de los irracionales se destruyen con sus cuerpos y el alma humana no puede ser destruida, a
menos de serlo en sí misma, Esto es imposible que se dé, no sólo tratándose de ella, sino de
cualquier ser subsistente que sea sólo forma, que es acto. La materia adquiere en ser en un
acto en cuanto adquiere la forma. Se destruye cuando la forma desaparezca, pero es
imposible que la forma se separe de sí misma. Es imposible que la forma subsistente deje
de ser, si el alma estuviese compuesta de materia y forma, entonces es incorruptible.
¿Es incorruptible el alma humana? (C. 75, a. 6.)
Necesariamente, el alma humana, que decimos es el principio intelectivo, es incorruptible.
En efecto: una cosa se corrompe de uno de estos dos modos: o de suyo, o accidentalmente.
Es imposible, desde luego, que algo subsistente sea engendrado o corrompido
accidentalmente, es decir, por otro ser engendrado o corrompido, porque el ser engendrado
o corrompido compete a un ser de la propia manera que la existencia, que se adquiere por
generación y se pierde por corrupción, y, por consiguiente, lo que tiene ser por sí propio, no
puede ser engendrado ni corrompido sino por sí mismo. En cuanto a las cosas no
subsistentes, como los accidentes y las formas materiales, se dice que son hechas y
destruidas por la generación y la corrupción de los compuestos. Queda, empero,
demostrado (a. 3) que las almas de los brutos no son subsistentes por sí mismas y que
únicamente lo que es alma humana; por consiguiente, las almas de los brutos corrómpense
con los cuerpos, mientras que el alma humana no podría corromperse sino por sí misma, lo
cual es de todo punto imposible no sólo respecto del alma humana, sino de cualquier ser
subsistente, que no es más que forma, porque es evidente que lo que conviene al ser por
razón de sí mismo es inseparable de él, y el ser por sí mismo compete a la forma, que es un
acto. Así es que la materia adquiere su ser en acto al recibir una forma y le sobreviene la
corrupción, separándose de ella su forma. Pero como es imposible que una forma sea
separada de sí misma, síguese que es igualmente imposible que una forma subsistente cese
de existir.
Aun suponiendo que el alma fuese compuesta de materia y forma, como algunos pretenden,
sería preciso también reconocer que es incorruptible, porque no hay corrupción donde no
hay contrariedad, puesto que la generación y la corrupción suponen elementos contrarios,
combinados por aquélla y disueltos por ésta. Así, los cuerpos celestes son incorruptibles
precisamente porque no tienen una materia sometida a esa contrariedad, que tampoco puede
existir de modo alguno en el alma intelectiva, por cuanto recibe según su modo de ser, y
todo cuanto en ella es recibido está libre de contrariedad, pues aun las razones de las ideas
contrarias no son opuestas en el entendimiento, siendo una sola en él la ciencia de los
contrarios. Es, pues, imposible que el alma intelectiva sea incorruptible.
Puede todavía deducirse una prueba del deseo que naturalmente tiene cada ser de existir
según su modo de ser. El deseo en los seres inteligentes es consecuencia del conocimiento.
Los sentidos no conocen el ser sino en lugar y tiempo determinados; pero el entendimiento
los conoce absolutamente y en toda su duración; por esta razón todo ser dotado de
entendimiento desea, por su naturaleza misma, existir siempre, y como el deseo natural no
puede ser vano, síguese que toda sustancia intelectual es incorruptible.
Nuestra alma es incorruptible, es decir, que no encierra en sí ningún principio de disolución
y muerte
Los seres pueden tener en sí un doble principio de disolución y de muerte. Unos se
componen de partes, disolviéndose, como sucede a un cadáver, porque éstas se disgregan y
descomponen. Otras se transforman en otras substancias, perdiendo así su primera
naturaleza; de esta manera los alimentos que digerimos se convierten en nuestra sangre y en
nuestra substancia. Ahora bien; el alma humana no puede perecer de ninguna de estas dos
maneras. No puede disolverse por la disgregación de sus partes, como lo probamos en el
artículo Espiritualidad del alma, que es una substancia simple y espiritual, y, por tanto, no
está compuesta de partes, no pudiendo ser considerada como una parte de nuestro cuerpo.
Tampoco puede transformarse en otra substancia por ser el principio único de la vida
intelectual, que le es exclusivamente propia, y por consecuencia no puede privársele
uniéndola a otras substancias. Aun suponiendo que el alma viva sola, o unida al cuerpo que
ella anima, siempre es la misma substancia, porque no puede perder esta vida del
pensamiento aun cuando la ejerza en condiciones diferentes, según se halle unida o no a
nuestro cuerpo. Nuestra alma es, pues, incorruptible en sí misma.
Nadie niega que el tema de la inmortalidad del alma sea un tema de gran importancia. Este
magno problema ha sido estudiado por todos los grandes filósofos y teólogos. Baste citar
los nombres de Platón y de Aristóteles, de San Agustín y de Santo Tomás, así como de los
numerosos discípulos de esos cuatro máximos pensadores. La solución dada a esa «cuestión
disputada» ha sido muy diversa. Unos afirman la inmortalidad de nuestra alma, y otros la
niegan. Entre los afirmantes que dicen que esa inmortalidad puede ser probada por la razón
natural, y otros aseveran que solo puede ser probada por la revelación divina (por la fe
sobrenatural). Tomás de Vio Cayetano (1469-1534) fue uno de los discípulos más eximios
y más influyentes del Aquinatense. A lo largo de su vida cambió de opinión sobre el
problema citado. Pasó de seguir fielmente la doctrina tomasiana (nuestra alma es inmortal,
y así lo prueba la razón na tural) un defensor una opinión propia (el alma humana es
inmortal, pero esa verdad solo es demostrable por la fe cristiana).
Según Platón: el alma es fundamental para la vida, ya que el alma anima al cuerpo como
potencial, entonces entenderíamos que de algún modo el alma seria el acto que de alguna
manera va actualizando a la potencia (cuerpo)
Aristóteles: llamó vida al “hecho de que por sí mismo algo se nutre, crece y decrece”, al
igual que se basa para atribuir a la vida lo que es a Dios como el acto de entendimiento
como vida y aquel (referido a Dios) como el acto intelectivo.
Santo Tomas de Aquino trata esencialmente el tema del alma desde tres perspectivas:
1. Si el alma humana puede ser forma y sustancia individual; pues en el género de la
sustancia el individuo no solo tiene el poder de subsistir por sí solo, si no el ser como algo
completo de alguna especie.
2. Si el ama está compuesta de materia y forma, Santo Tomas argumenta contra esta tesis
“La forma que adviene a la materia constituye la especie. Por tanto, si el alma está
compuesta de materia y forma, por la misma unión de la forma a la materia del alma se
constituiría una especie en la naturales de las cosas”, de todo esto el alma es forma
únicamente con unión con el cuerpo al que la vida no confiere, por el contrario la materia
llega a ser componente de un cuerpo que tiene vida.
3. Si en el hombre hay alma racional, sensitiva y vegetativa, pues Santo Tomas responde
que el alma racional da al cuerpo humano lo que el alma sensitiva le da a la vida animal y a
la vegetativa a las plantas; lo que en el hombre es vegetativa, sensitiva y racional.
Y por eso explica Santo Tomas que el alma se une al cuerpo para existir y obras conforme a
su naturaleza.
OBJETIVO GENERAL
Mostrar y dar a conocer que ‘el alma humana es inquebrantable’ según lo
investigado.
OBJETIVOS ESPECIFICOS
Analizar un poco el concepto del tema en este caso ‘‘El alma humana es
incorruptible’’.
Desarrollar el tema.
Dar pequeños aportes de filósofos.
.