Profecía de los Gentiles y el Anticristo
Profecía de los Gentiles y el Anticristo
A Daniel el profeta le fueron dados dos de los tres principales programas de Dios, esto es,
el programa de Dios para Israel y el programa de Dios para los gentiles. En una serie de
revelaciones divinas que comenzaron con el sueño de Nabucodonosor en Daniel 2 y que
siguen en revelaciones dadas después a Daniel, Dios reveló que cuatro grandes imperios,
empezando con Babilonia, dominarían sobre Israel como característica del periodo de los
gentiles. Esto se ve en la gran imagen de Daniel 2: la cabeza, de oro, representaba a
Babilonia; la parte superior del cuerpo, de plata, representaba al imperio de medas y persas;
la parte baja del cuerpo, de bronce, representaba el imperio griego, y las piernas y pies, de
hierro, al imperio romano. Esta verdad es reforzada en Daniel 7, donde las cuatro bestias
representan los mismos cuatro imperios.
Daniel alcanzó a ver el segundo imperio (medo-persa), que conquistó Babilonia el año 539
a.C., como se encuentra relatado en Daniel 5. Doscientos años después el imperio griego,
dirigido por Alejandro el Grande, conquistó los restos del imperio medo-persa. Luego, en el
segundo siglo antes de Cristo, empecé a crecer el poder del imperio romano hasta llegar a
ser el imperio más grande e influyente de todos los tiempos.
Jesús se refiere al período de los cuatro imperios que comienza con Babilonia como el
tiempo de los gentiles (Lc. 21:24), tiempo que se caracteriza por estar Jerusalén bajo el
dominio gentil. Aunque durante breves periodos el control gentil de Jerusalén se ha visto
disminuido, no habrá una liberación final de Jerusalén del dominio gentil hasta la segunda
venida de Cristo.
La mayor parte del período de los gentiles se ha cumplido, como se comprueba por el
levantamiento y caída de Babilonia, Media y Persia, Grecia y Roma. Sin embargo, la última
etapa del imperio romano, simbolizada por los pies de la imagen de Daniel 2 y por la bestia
de diez cuernos de Daniel 7, no ha tenido cumplimiento literal. La cuarta bestia, según las
Escrituras, será destruida por la venida del Hijo del Hombre del cielo, como se presenta en
Daniel 7 o en Daniel 2 en la piedra que hirió y destruyó la imagen de Nabucodonosor.
Sobre la base de estas profecías, varios intérpretes creen en una resurrección del imperio
romano que ocurrirá cuando la iglesia arrebatada sea llevada al cielo, pero antes de la
segunda venida de Cristo a establecer el reino. Esta situación ocurrirá en lo que la Escritura
llama «el tiempo del fin» (Dn. 11:35) y será un factor dominante en la historia del mundo y
en la profecía en su relación con el período que desemboca en la segunda venida.
Una de las profecías importantes dadas por medio de Daniel está en Daniel 9:24-27. Aquí,
de acuerdo con la información dada por el ángel Gabriel a Daniel, «setenta semanas» o
setenta sietes (490 años) iban a comprender la historia futura de Israel. Se le dijo a Daniel:
«Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar
la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia
perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos» (9:24).
Está implícito en la profecía de Daniel que hay un período considerable entre el fin de los
483 años, o las 69 semanas, y el comienzo de los últimos siete años o septuagésima
semana, puesto que incluye dos sucesos separados por 40 años. La última semana se iba a
caracterizar por un pacto que se hace con un príncipe futuro relacionado con el pueblo que
destruyó la ciudad. Como el pueblo que destruyó la ciudad fue el pueblo romano, «el
príncipe que ha de venir» (Dn. 9:26) será precisamente un gobernador del imperio romano
resucitado. Muchos intérpretes miran esto como un suceso aún futuro que ocurrirá después
que la iglesia haya sido arrebatada.
Este gobernador futuro hará un pacto de siete años con el pueblo de Israel, como se
describe en Daniel 9:27. El pacto será quebrantado a la mitad de la semana, y los últimos
tres años y medio serán de persecución y tribulación para Israel.
Es significativo que los primeros 483 años se hayan ya cumplido. Jerusalén fue reedificada
en los primeros 49 años, como se indica en Daniel 9:25. El Mesías fue ejecutado después de
483 años. Los sucesos de la última semana aún están en el futuro y proporcionan una
cronología para el tiempo del fin que lleva hasta la segunda venida de Cristo.
EL ANTICRITO
1) en contra de;
2) en lugar de.
Es decir, la palabra anticristo significa tanto «en contra de Cristo» como «en lugar de
Cristo».
Es decir, la palabra anticristo significa tanto «en contra de Cristo» como «en lugar de
Cristo». De modo que, aunque Juan, obviamente, hacía uso del vocablo indicando la
oposición herética del Cristo que ya prevalecía en el 9 primer siglo, el concepto tiene un
alcance aún mayor, proyectándose a los tiempos finales en que aparecerá el Anticristo, que
será la culminación de la oposición satánica al Cristo.
El cuerno pequeño. En la visión de las cuatro bestias, Dios reveló a Daniel que de la cabeza
de la última bestia surgirán diez cuernos y luego otro llamado «el cuerno pequeño» (Dn.
7:7-8, 20-26). El mismo Dios interpreta el significado de dichos cuernos diciendo: «Y los
diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará
otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. Y hablará palabras
contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los
tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo»
(Dn. 7:24-25).
El libro El príncipe que ha de venir. En su profecía de las setenta semanas (Dn. 9:24-27), el
profeta nos dice que vendrá un príncipe que hará un pacto firme con la nación de Israel. La
opinión de algunos exégetas de que quien confirma el pacto aludido en Daniel 9:24-29 es el
Mesías y no el Anticristo confronta serias dificultades exegéticas e históricas (ver páginas
48-49). Ese personaje no es otro que el Anticristo, quien tres años y medio después de
haber firmado dicho pacto se volverá en contra de la nación de Israel y ordenará una
persecución general y masiva con el propósito de aniquilar la raza judía, así como a todos
los que se identifiquen con el Mesías.
El rey que hará su voluntad. Finalmente, en su descripción de las luchas bélicas de los
últimos tiempos, Daniel nos dice que surgirá un rey soberbio «que hará su voluntad», es
decir, que impondrá su ley sobre todos, pero él mismo estará por encima de dicha ley (Dn.
11:36-47).
Este rey soberbio se exaltará a sí mismo y se proclamará como Dios, demandando ser
adorado. La descripción que el profeta Daniel hace, revela el poderío universal de dicho
personaje tanto en lo político como en lo religioso. El Anticristo de los últimos tiempos
ejercerá ese poder hasta que sea destruido por el verdadero Cristo.
Profecías novotestameníarias
La bestia. Es el apóstol Juan quien usa esa expresión en el Nuevo Testamento (Ap. 13)
para referirse al Anticristo. Es evidente que Juan usa la palabra «bestia» para describir el
carácter y la personalidad del Anticristo.
Por otra parte, el lenguaje bíblico es sumamente claro en su identificación de naturaleza del
Anticristo. Expresiones tales como:
1) el hijo de perdición,
2) el hombre de pecado,
3) el inicuo,
4) el desolador,
5) la bestia,
6) El rey soberbio, sugieren que el Anticristo de los últimos tiempos será una persona y no
una organización.
El personaje más grande que ha pisado la faz de la Tierra es, sin duda, Jesucristo, Dios
manifestado en carne. Pero, con la excepción de nuestro Señor, el mundo jamás ha
conocido un personaje como el que un día se manifestará en el escenario de la historia y
que la Biblia llama el Anticristo.1 Este individuo poseerá características que maravillarán al
mundo entero y atraerán hacia él a las grandes masas de los moradores de la Tierra. He aquí
algunas de estas características:
Una de las cosas que asombrará a la humanidad será la diferencia entre este personaje y
otros líderes que el mundo ha tenido y tenga en aquel entonces. Será capaz de obrar
milagros y portentos, de modo que la humanidad será cautivada y clamará a una voz:
«¿Quién como la bestia...?» Los moradores de la Tierra le adorarán frenética y
fanáticamente.
2. Será un personaje de elevadísima inteligencia.
Es posible que su ascenso al poder comience por aclamación popular, pero una vez que
ocupe la posición deseada se convertirá en el más rudo de todos los dictadores (Ap. 13:16-
17) que la humanidad haya conocido jamás. Nadie podrá competir con él ni resistir la
influencia de su poder durante el apogeo de su gobierno.
También se nos dice que honrará al dios de las fortalezas e ignorará al verdadero Dios (Dn.
11:37-38). Luego, en sus pretensiones de grandeza, el Anticristo terminará sentándose en el
templo de Dios y demandando adoración de parte de los habitantes de la Tierra (2.a Ts.
2:4).
1. Procedencia social
El apóstol Juan describe la bestia que sale o surge del mar (Ap. 13). El mar sugiere las
naciones de este mundo. La idea que parece brotar del pasaje es que este personaje surge de
en medio de la confusión y el caos político, social, económico y religioso que ha de
prevalecer en los últimos días (Ap. 17:15).
2. Procedencia geográfica.
El cuerno pequeño que aparece en la cabeza de la cuarta bestia de Daniel 7:8, 24-25 es
identificado por muchos estudiosos de las profecías como el Anticristo, aunque no todos
están de acuerdo en los detalles de su ascensión al poder mundial.
3. Procedencia espiritual.
También, según Apocalipsis 13:4, su autoridad es de origen satánico, pues procede del
dragón. Es obvio que las expresiones «hombre de pecado», «hijo de perdición», «inicuo»,
etc., que aparecen en 2. Tesalonicenses describen el origen y el carácter espiritual del
Anticristo.
La semana setenta, es decir, los últimos siete años de la profecía de Daniel, comenzará
cuando el Anticristo concluya un pacto de protección con la nación de Israel.5 Dicho pacto
dará al Anticristo un gran prestigio mundial, ya que tendrá la apariencia de resolver el
problema político de mayor envergadura en el ámbito internacional.
Una de las decisiones más sabias del Anticristo cristaliza en una especie de acuerdo con la
iglesia apóstata, o falso cristianismo, que estará en acción especialmente durante la primera
mitad de la tribulación. Esa falsa religión recibirá el nombre de «la gran ramera» (Ap.
17:1).
El cuadro que el apóstol Juan nos presenta es, en verdad, asombroso. La ramera cabalga
sobre la bestia, indicando así su dependencia sobre ella para el ejercicio de sus actividades.
Muchos estudiantes de la Biblia concuerdan que la bestia de Apocalipsis 17:3 es la misma
que aparece en Apocalipsis 13:1 y ambas se identifican con el Anticristo.
Al parecer, el Anticristo no tendrá necesidad de la ramera para ejecutar sus planes después
de la primera mitad de la tribulación. Es más, posiblemente haya llegado hasta el punto de
resultar un estorbo para sus actividades. De modo que, en conformidad con sus propósitos,
el Anticristo destruye la religión apóstata para poder erigirse a sí mismo como dios. Es
posible que algunos de los movimientos teológicos contemporáneos y las tendencias
ecuménicas que pretenden producir unión orgánica sacrificando principios bíblicos sean los
preludios de la apostasía religiosa de los últimos tiempos.
De modo que Satanás dará su poder y autoridad al Anticristo, imitando así al Cristo, quien
ha recibido del Padre toda autoridad (Jn. 17:2; Mt. 28:18-20). Como representante del
dragón, el Anticristo poseerá un poder que estará más allá de la comprensión de la mente
humana.
El más grande de los milagros ocurridos aquí en la Tierra es, sin duda, la resurrección de
Cristo. Nuestro Señor Jesucristo murió y resucitó gloriosamente de entre los muertos (1.
Co. 15). El falso cristo de los postreros días pretenderá imitar la obra de Cristo. De modo
que se presentará ante la humanidad como alguien que ha vuelto a la vida después de haber
muerto (Ap. 13:3, 12, 14).
Sin entrar en discusiones referentes a las varias teorías que se han sugerido tocante a la
identificación de la bestia, el texto original sugiere, no una muerte aparente, sino real.2 La
Escritura dice: «Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue
sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia» (Ap. 13:3). Dos veces más se habla
de «la herida mortal que fue sanada» (Ap. 13:12, 14). También se nos dice que dos
moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del
mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será» (Ap.
17:8).
La idea que parece ser más obvia en estos pasajes es que los moradores de la Tierra estarán
dispuestos a someterse absolutamente a la autoridad de un 25 personaje que se muestra ante
el mundo como alguien que ha podido vencer la muerte.
El pacto con Israel es quebrantado
Ya hemos mencionado que una de las victorias más rotundas del Anticristo en el desarrollo
de su ascensión al poder será la firma de un tratado de paz con Israel. Es nuestra opinión
que la firma de ese pacto marcará el comienzo del período llamado la tribulación y que
dicho período se corresponde con la semana setenta de Daniel 9:27.
Aunque algunos exégetas no están de acuerdo, es nuestra convicción que la semana setenta
de Daniel es aún futura y que tendrá su cumplimiento literal a su tiempo. Creemos que esta
afirmación encuentra apoyo en las palabras del Señor Jesucristo en Mateo 24:15-30. El
lector debe notar que el Señor anuncia el cumplimiento de la profecía de Daniel (9:27 y
12:11) y asocia ese cumplimiento con lo que él llama «gran tribulación, cual no la ha
habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá» (Mt. 24:21). Pero más tarde
el Señor añade: «E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se
oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias
de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el
cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre
viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria» (Mt. 24:29-30)
También debe notarse que todo el pasaje (Mt. 24) fue dado por el Señor en respuesta a la
pregunta de los discípulos: «Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu
venida, y del fin del siglo?» (Mt. 24:3). Como parte de la respuesta a la pregunta de los
discípulos, el Señor dijo que se cumpliría lo dicho por el profeta Daniel tocante a la
abominación desoladora. De modo que dicho suceso es relacionado por el Señor como
señal de su venida y del fin del siglo.
Pasados tres años y medio a partir de la firma de dicho pacto, el Anticristo renuncia a su
promesa, iniciándose así un período de persecución sin precedentes para la nación de Israel
(Ap. 11:2, 3; 12:6, 14; 13:5; Dn. 7:25).
Al fin, aquel que ha tratado de usurpar la gloria que sólo a Dios pertenece será vencido
históricamente. El plan maestro de Satanás es reducido al fracaso. Su propósito de regir al
mundo mediante el Anticristo fracasa absolutamente. El profeta Daniel dice que llegará su
fin y que no tendrá quien le ayude (Dn. 11:45). Y el apóstol Juan dice: «Y la bestia fue
apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las
cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su
imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lugar de fuego que arde con azufre»
(Ap. 19:20).
Muchas profecías se van cumpliendo a medida que avanza esta era. El carácter general de
la era está presentado en siete parábolas en Mateo 13. En la parábola del sembrador, que es
de naturaleza introductoria, se describe la variada recepción de la verdad. A veces cae sobre
el terreno duro y apisonado, donde queda a merced de las aves que la comen. Otras caen
sobre un terreno que es muy superficial y pedregoso, y cuando aún está comenzando a
brotar, muere por falta de raíces. Otras veces cae en buena tierra pero es ahogada por las
espinas que la rodean. Sólo una porción de la semilla cae en buena tierra y produce fruto de
a ciento por uno, sesenta por uno o treinta por uno (Mt. 13:1-9, 18-23).
La parábola de la cizaña sembrada junto al trigo indica el peligro de la falsa profesión que
no será juzgada hasta el tiempo de la siega (vv. 24-30, 36-43). La parábola de la semilla de
mostaza indica el rápido crecimiento del cristianismo desde un pequeño comienzo a un
gran movimiento (vv. 31-32). La parábola de la levadura habla del mezclado con la buena
masa hasta que todo queda leudado (vv. 33-35). El tesoro escondido de Mateo 13:44
probablemente se refiere a Israel escondido en cuanto a su entidad nacional en la era actual,
pero que, sin embargo, fue comprado por Cristo en su muerte.
Otro rasgo de la edad presente será la creciente apostasía de parte de los inconversos que
hay dentro de la iglesia profesante. 2 Pedro 2 - 3 resume esta progresión en cuatro
categorías: 1) la negación de la persona y la deidad de Cristo (2:1), 2) negación de la obra
de Cristo que nos compró cuando murió en la cruz (2:1), 3) apostasía moral al apartarse de
las normas morales (2:2-22), 4) apartamiento de la doctrina de la segunda venida de Cristo
y de los juicios relacionados con ella (3:1- 13). Otros pasajes contribuyen a la doctrina de la
apostasía en el Nuevo Testamento (1 Ti. 4:1-3; 2 Ti. 3:1-9; Jud. 3-19). Todas estas
profecías de apostasía en gran escala en la iglesia se están cumpliendo a partir del primer
siglo y hasta el presente. La apostasía final ocurrirá después que la iglesia sea arrebatada y
quede en el mundo sólo la porción inconversa de la iglesia profesante.
EL PERIODO DE PAZ
Según Daniel 9:27, cuando el dictador del Oriente Medio surja como el «Príncipe que ha de
venir» (Dn. 9:26), hará un pacto con Israel por un período de siete años. Los detalles de este
pacto no se nos dan en las Escrituras, pero todo hace suponer que se trata de un pacto de
protección. Es claro que el dictador desea poner fin a la controversia entre Israel y las
naciones circundantes; usa la artimaña de establecer un protectorado para Israel y por este
medio traer una cierta medida de paz y tranquilidad a la situación política en el Medio
Oriente. Aunque no hay indicación de que éste será un período de completa paz, Israel está
seguro, relativamente hablando, y se le conceden privilegios en comercio y una libertad en
cuanto a tensión que no ha caracterizado a la nación desde que fue formada en 1948.
Indudablemente el cambio inspirará a muchos judíos a regresar a su antigua tierra, e Israel
prosperará financieramente.
De igual modo, seguirá la evangelización de Israel y muchos se volverán a Cristo. Por otro
lado, muchos también volverán al judaísmo ortodoxo. En este período será reconstruido el
templo en Jerusalén y los judíos ortodoxos renovarán el sistema mosaico de sacrificios, los
que no se habían ofrecido desde que el templo fue destruido en el año 70 d.C. Esto está
sobreentendido en Daniel 9:27, donde se predice que cesará el sacrificio, hecho apoyado
por Daniel 12:11, que habla de la finalización de los sacrificios diarios. Obviamente los
sacrificios no podían cesar sin haber sido reiniciados, y la reiniciación de los sacrificios
requiere de un templo en Jerusalén. Nadie sabe exactamente en qué momento será
reedificado el templo, pero es claro que estará en funcionamiento cuando comience este
período de paz.
EL ARREBATAMIENTO
Este último uso aparece ilustrado en Hechos 8:39, donde Felipe, después de haber llevado a
cabo el bautismo del eunuco etíope, es «arrebatado» y transportado por Dios del desierto a
la ciudad costera de Azoto. De manera similar, la iglesia será, en un instante, arrebatada de
la tierra al cielo. No es sorprendente que un autor contemporáneo haya llamado a este
singular acontecimiento: «La gran recogida».
Algunos críticos en los países anglosajones observan que la palabra doctrinal que se
emplea, raptare, no aparece en la Biblia. Aunque es verdad por lo que respecta a las
versiones inglesas, el término correspondiente sí aparece bien traducido en las versiones
españolas como arrebatamiento, procedente del correspondiente término en la versión latina
rapere, que está en la raíz de la palabra inglesa raptare. Muchos términos doctrinales
coetáneos se derivan de una base latina. A lo largo de la historia de la iglesia occidental, el
latín fue la lengua aceptada para la discusión teológica. El resultado es que muchos
términos teológicos se desarrollaron en esta lengua (por ejemplo, Trinidad).
Pretribulacionismo —Esta posición enseña que todos los cristianos serán tomados en el
arrebatamiento que tendrá lugar antes de la tribulación.
Arrebatamiento parcial —Esta posición enseña que el arrebatamiento tiene lugar antes de
la tribulación, pero que sólo serán tomados cristianos «espirituales», mientras que otros
cristianos pasarán a través de la tribulación.
Midtribulacionismo —Esta postura enseña que todos los cristianos serán tomados en el
arrebatamiento a la mitad de la tribulación (después de los primeros tres años y medio).
Arrebatamiento pre-ira —Esta postura enseña que todos los cristianos serán tomados en
el arrebatamiento aproximadamente tras el transcurso de tres cuartas partes de la
tribulación.
Postribulacionismo —Esta postura enseña que todos los cristianos serán arrebatados al
final de la tribulación.
LA GRAN TRIBULACIÓN
Se entiende por «Gran Tribulación» el período de siete años que ha de mediar entre el
arrebatamiento de la Iglesia y la Segunda Venida del Señor. Coincide, como veremos en la
lección siguiente, con la 70.a Semana de Daniel 9:27. El nombre se aplica especialmente a
la segunda mitad de dicha semana = «tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo» (Dan.
12:7), es decir, tres años y medio — «42 meses» (Ap. 11:2) = «1.260 días» (Ap. 11:3). Que
este tiempo es referible únicamente a la segunda parte de la semana 70." de Daniel está
claro por la especificación de que, durante ese tiempo, los gentiles «hollarán la ciudad
santa» (Ap. 11:2), lo cual no puede ser mientras se mantenga el pacto concertado por el
Anticristo y continúen en el nuevo templo «el sacrificio y la ofrenda» (Dan. 9:27 a).
Las cifras que Daniel añade en 12:11 y 12 (1.290 y 1.335 días respectivamente), tienen su
explicación cuando se considera el tiempo que se invertirá en los juicios de Dios sobre las
naciones (Mt. 25:31-46), y la reunión y juicio del propio Israel (Ez. 20:34-38). Los 45 días
restantes (v. 12) parecen indicar la limpieza final que se ha de llevar a cabo, a fin de que
todo esté a punto para el comienzo del reino milenario.
Las Escrituras relatan con gran detalle los acontecimientos que tendrán lugar durante el
período de la Gran Tribulación:
A) Ap. 17 (comp. con Dan., caps. 2 y 7) nos ofrece la descripción del nuevo Imperio
Romano con diez naciones, a la cabeza de las cuales estará el Anticristo, descrito en Dan.
7:8 como el «cuerno pequeño».
B) 2.a Ts. 2:3 llama el Anticristo «el hombre de pecado, el hijo de perdición»; es la bestia
de Ap. 13:1 ss. Esta bestia sale del mar; el mar, a su vez, es símbolo de las naciones —los
gentiles—•, pero también representa el Mediterráneo, junto al que está asentada la ciudad
de los «siete montes* (Ap. 17:9). El versículo 4 describe a esta mujer con unos colores que
no cuadran a la Roma pagana, sino a la Roma papal.18 Pero muchos evangélicos cometen
el error de identificar al papado con el Anticristo, sin percatarse de que la mujer aparece, en
Ap. 17:3, «sentada sobre una bestia escarlata»; esta bestia, como puede verse comp. con
13:1, es el Anticristo, quien apoyará a la religión universal —ecuménica— apóstata (véase
todo el contexto), hasta que el imperio formado por el Anticristo aborrezca a la ramera, «y
la dejarán desolada y desnuda» (v. 16).
C) La bestia que es el Anticristo, no sólo hará pacto con la mujer, sino también con el
pueblo de Israel (Dan. 9:27) durante la primera parte de la 70.a semana, para deshacerse,
después, de ambos aliados cuando ya no necesite de la ayuda de ellos para imponer su ley.
El griego del Nuevo Testamento usa dos vocablos que significan «tribunal»: bema y
kriterion. El primero ocurre 12 veces, pero sólo dos se refieren al tribunal de Cristo: Ro.
14:10 y 2.a Co. 5:10. Aun cuando la lectura mejor atestiguada de Ro. 14:10 dice «tribunal
de Dios», la diferencia no hace al caso, puesto que, por una parte, Jesucristo es Dios y, más
importante todavía, el juicio le corresponde al Hijo (v. Jn. 5:22, 27). El vocablo kriterion
ocurre tres veces, pero ninguna de ellas se refiere a un tribunal divino.
2 Corintios 5:10 enseña que todos los creyentes de esta era deben presentarse ante el
tribunal de Cristo en el cielo. Este evento, a menudo conocido como el "juicio bema"
(véase también Romanos 14:10; 1 Corintios 3:10-15; 4:2-5), es un evento jamás
mencionado en los relatos concretos relacionados con la segunda venida de Cristo a la
tierra. En cambio, la segunda venida trae consigo el juicio de Dios a los incrédulos,
expresado normalmente por alguna forma de la palabra griega krinô. Así, se puede
establecer a partir del texto bíblico que el juicio bema – se aplica sólo a los creyentes de la
edad de la iglesia, mientras que el juicio krinô es para los incrédulos.
La Biblia indica que cada individuo perteneciente al Cuerpo de Cristo comparecerá ante el
bema en asociación con el regreso de Cristo por la Iglesia (es decir, el rapto
pretribulacional). El Dr. Robert Gromacki observa:
Dado que la ejecución normal de un juicio como éste requeriría cierto tiempo, el intervalo
de siete años entre ambos juicios explica muy bien ese requisito.
A) El tiempo en que los creyentes de la presente dispensación han de ser examinados ante
el tribunal de Cristo está bien determinado por otros pasajes del Nuevo Testamento: (a) Le.
14:14 señala «la resurrección de los justos» como el tiempo de las recompensas; (b) 1.a Co.
3:13, dentro de un claro contexto, dice que «el día» declarará la calidad de la obra de cada
creyente; (c) este día es, según Flp. 1:6, «el día de Jesucristo» (comp. con 2.a Ti. 1:12, 18);
(d) la resurrección o traslación de los cristianos se llevará a cabo, según 1.a Ts. 4:13-17, en
el arrebatamiento de la iglesia; luego es entonces cuando este juicio de recompensas ha de
tener lugar, (e) Cuando el Señor viene para dar fin a la Gran Tribulación, observamos en
Ap. 19:8 que la esposa del Cordero ya está preparada y recompensada, puesto que «las
acciones justas» (gr. dikaiómata) que allí se mencionan no se refieren, como es obvio, a la
justicia imputada, sino a la justicia que fue practicada en esta vida, de acuerdo con 2.a Co.
5:1º.
B) El lugar es, sin duda alguna, el Cielo, ya que el juicio ha de seguir al encuentro con el
Señor «en el aire» (1.a Ts. 4:17), cuando los creyentes estaremos ya con El para siempre.
Como claramente especifican todos los MSS en 2.a Co. 5:10, el tribunal en el que es
menester que seamos manifestados (Ht.), es el tribunal del Señor Jesucristo. Puesto que no
es un tribunal de faltas —para condenación—, sino de acciones —para recompensa—, el
rostro del Juez no será de ira, sino de mansedumbre y bondad. Pero ¿tendrá el mismo gesto
para todos? Ya lo veremos en el punto siguiente.
A) 2.a Co. 5:1-19 deja bien claro que los sujetos convocados al tribunal de Cristo para dar
cuenta de sus actos son los creyentes de la actual época de la Iglesia. La comparación con
1.a Co. 3:12-15; 9:24-27; Flp. 3:12-14; 2.a Ti. 4:8, y aún 2.a P. 1:11, no deja lugar a dudas.
Sólo a ellos, y a todos ellos, pueden aplicarse las frases que hallamos en dichos pasajes.
B) Las acciones que son objeto de examen ante el tribunal de Cristo están bien definidas en
esos lugares, especialmente en 2.a Co. 5:10, donde son de notar los siguientes detalles:
4) que corresponde al valor de lo que se hizo: «según lo que haya hecho, ya bueno, ya ruin»
Esta última circunstancia merece mayor consideración, por dos razones: 1.a , en este juicio
no se examinan los pecados del creyente,15 puesto que éstos fueron juzgados de una vez
para siempre en la persona de Aquel que le sustituyó en el Calvario, el Señor Jesucristo (2.a
Co. 5:21; 1.* P. 2:24). Por eso, no cabe contra él un juicio de condenación (Jn. 5:24; Ro.
8:1-3, 33-34), pues tal juicio está reservado para el «mundo» (1.a Co. 5:5; 11:32). Por eso
también, Dios ya no se acordará más de los pecados del creyente (He. 10:17).
El Señor ha de juzgar a su pueblo Israel antes de inaugurar el Reino del milenio, de acuerdo
con las profecías de Ez. 20:33-38 y Mal. 3:2-6. Será éste el acto final del juicio que Dios
viene pronunciando tan severamente, a lo largo de la historia, sobre el pueblo escogido, lo
cual estaba también profetizado (v. Dt. 28:15-68; Is., caps. 1, 3, 5, etc.; Jer., caps. 2 al 9). El
Señor Jesucristo habló de este juicio en una parábola (v. Mt. 25:14-30), situándolo, en el
tiempo, tras Su Segunda Venida. El resultado de este juicio será la exclusión de los judíos
incrédulos, tanto fuera del Reino milenario como de la vida eterna (v. Ez. 2:37-38; Mt.
25:30).
Por todo el pasaje que va de Mt. 24:1 hasta 25:46, se ve el orden en que se llevará a cabo
este juicio: antes del juicio de las naciones, puesto que éste se ha de efectuar en los
términos expresados en Mt. 25:3146, mientras que los versículos 1-30 del mismo capítulo
se refieren al juicio sobre Israel.
El juicio del que tratamos en la presente lección será llevado a cabo sobre todo el Israel que
viva antes de inaugurarse el Reino milenario. Los israelitas que murieron en la incredulidad
serán juzgados, como el resto de los malvados, ante el Gran Trono Blanco de Ap. 20:11 ss.
(Dan. 12:2-3, como Jn. 5:29, no pueden dar pie para afirmar la simultaneidad cronológica
de las resurrecciones, contra la clara y explícita enseñanza de Ap. 20:4-5).
De acuerdo con Ez. 20:33-38, podemos deducir que este juicio se llevará a cabo en el
mismo lugar en que YHWH litigó con los israelitas incrédulos: en Cadés-Barnea, frente a
las fronteras de la Tierra Prometida.
El Señor Jesucristo ilustró este juicio en las dos parábolas de Mt. 25:1-13 y 14-30.25 En la
primera, el Israel vivo durante la Segunda Venida de Cristo es comparado a diez doncellas,
cinco prudentes y cinco insensatas. Estas doncellas representan a Israel (comp. con Sal.
45:8-15), no forman parte de la Iglesia, y son muchos y fidedignos los MSS que, en el
versículo 1, dicen: «salieron al encuentro del esposo Y DE LA ESPOSA». Por eso se les
pide estar preparadas para dar la bienvenida al Mesías-Rey cuando venga con su Esposa a
celebrar el banquete de bodas en la tierra (la ceremonia del actual matrimonio se celebró ya
en el Cielo siete años antes). La distribución en dos grupos de cinco no es numérica, como
si la mitad de los israelitas que vivan entonces, hayan de ser admitidos a las bodas, y la otra
mitad vaya a ser dejada fuera, sino que tiene un valor puramente paradigmático: los que
hayan recibido el Espíritu (comp. Mt. 25:4 con Ez. 36:26; Jl. 2:28- 32), serán invitados al
banquete (comp. con Ap. 19:9); los que no estén preparados se encontrarán con las puertas
cerradas. No entrar al banquete equivale a no ser admitido al Reino milenario. Esta división
es profetizada claramente en Ez. 20:37-38.
Parece claro que las ovejas y los cabritos son distintos de mis hermanos. De ahí que la
interpretación de las naciones como gentiles, y mis hermanos como el fiel remanente judío
que proclamará en todo el mundo el Evangelio del Reino (24:14; Ap. 7:1-8) cumple con
todas las demandas del pasaje. (El que Jesús llame anteriormente sus «hermanos» a todos
los creyentes, no cambia las exigencias de este contexto; 12:47-50). Estos creyentes judíos
promoverán la conversión de una multitud innumerable de gentiles (Ap. 7:9-14), quienes
evidenciarán con sus obras su fe. El que visiten a los que están en la cárcel sugiere que eso
implicará peligro para los que reconozcan públicamente a Cristo y a sus emisarios durante
ese período.
El tiempo en que se celebrará este juicio queda claramente indicado por la frase «Cuando el
Hijo del Hombre venga en Su gloria» (v. 31), es decir, en la Segunda Venida del Señor, y el
lugar de la celebración del juicio será, de acuerdo con Joel 3:1-2, el valle de Josafat.31 En
efecto, después de la porción del cap. 2:28-32, que alude a la Segunda Venida del Señor,
continúa YHWH diciendo por medio del profeta: «Porque he aquí que en aquellos días y en
aquel tiempo en que haré volver a los cautivos de Judá y de Jerusalén, reuniré a todas las
naciones, y las haré descender al valle de Josafat, y allí entraré en juicio con ellas a causa
de mi pueblo, y de Israel mi heredad, a quien ellas esparcieron entre las naciones, y
repartieron mi tierra» (Jl. 3:1-2)
Los que sean condenados en este juicio, habrán sido anteriormente derrotados y
subyugados por el Mesías (Sal. 2:1-10; Is. 63:1-6; 2.a Ts. 1:7-10; Ap. 19:11-21), y estarán
delante del tribunal divino en un completo silencio, lleno de pavor ante la majestuosa
presencia y el rostro airado del Juez. La sentencia pronunciada contra ellos (v. 41, comp.
con el v. 46) introduce prolépticamente su destino final, implicando la muerte física en el
momento inmediatamente posterior a la sentencia.
En cambio, los justos que, por medio de sus acciones generosas y, en muchos casos,
heroicas, habrán mostrado su fe, entrarán a disfrutar de las condiciones privilegiadas del
reino milenario (v. 34); estando todavía en sus cuerpos mortales, serán capaces de casarse y
procrear hijos que pueblen la tierra durante el milenio.32 Su destino eterno se expresa
anticipadamente en el versículo 46: «la vida eterna».
El juicio contra Satanás, el príncipe de los demonios, es declarado en Ap. 20:2-3, 7, 10,
donde vemos que, primeramente es encadenado y arrojado al abismo, donde permanece
encerrado durante el milenio. Después de ser soltado y seducir a las naciones para reunirías
a fin de librar la última revolución contra Dios y Su pueblo, vemos que es lanzado para
siempre al lago de fuego y azufre, donde ya le esperaban desde hacía mil años el Anticristo
y el Falso Profeta.
En cuanto a los demás demonios o «ángeles caídos» de que nos hablan 2.a P. 2:4 y Jud. v.
6, leemos que fueron arrojados al «Tártaro»,33 como dice literalmente el pasaje de Pedro.
Hay dos pasajes adicionales, que confirman este juicio: 1.a Co. 6:3, donde Pablo asegura
que los creyentes «hemos de juzgar a los ángeles», lo cual sólo puede entenderse de los
ángeles caídos, por cuanto los ángeles buenos están confirmados ya en su actual estado; y
1." Co. 15:24, donde se predice que, al final de los tiempos, Cristo habrá «suprimido todo
principado, toda autoridad y potencia», lo cual, por analogía con Ef. 6:12, indica claramente
los ángeles rebeldes.
EL REINO MILENIAL
el milenio será un período de mil años en los que el Señor Jesucristo, como Rey de Israel,
ejercerá Su reinado en la tierra con plena efectividad.16 En ese tiempo, Dios cumplirá para
Israel todas las promesas hechas en los pactos del Antiguo Testamento: n las que hizo a
Abraham acerca de su futura prole y de la tierra que un día había de ocupar su descendencia
(Gn. 12:1-3), puesto que, en el milenio, ocupará, en plena y pacífica posesión, la tierra de
Palestina «desde el río de Egipto hasta el río grande, el Éufrates» (Gn. 15:18); las promesas
hechas a David, en 2.* S. 7:16, de que «será afirmada tu casa y tu reino para siempre
delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente») las promesas hechas a Moisés
acerca de la final restauración de Israel, de su reunión en Palestina y de las bendiciones que
allí han de recibir (Dt. 30: 1-10); y las promesas hechas a Israel de un nuevo pacto
(cumplidas, en parte, en la Iglesia), por el que Dios inscribirá Su ley en los corazones, les
dará un corazón nuevo y derramará sobre ellos Su Espíritu (v. Jer. 31:31-34; Ez. 36:24-28;
Jl. 2:28-32). Todo esto se cumplirá en el milenio del que habla Ap. 20:2-7.
Esta es la enseñanza explícitamente revelada en Ap. 20: 1-3. Aunque nuestras Biblias
suelen omitir la conjunción copulativa «y», por razones del peculiar estilo gramatical del
griego del Nuevo Testamento, lo cierto es que el original de Ap. 20:1, establece una
secuencia natural, por medio de dicha conjunción, con los acontecimientos referidos al final
del cap. 19. El diablo había sido ya arrojado a la tierra (Ap. 12:9), a mediados de la Gran
Tribulación (v. 14), desde tas regiones celestiales (el cielo primero o atmosférico), desde las
que dirigía las operaciones de sus «huestes de maldad» (Ef. 6:12). Ahora, después de la
batalla de Armagedón, es arrojado de la tierra tal abismo».
El ángel («un ángel», como en 17:1; 18:1, etc., no Jesucristo, comp. 19:20) ejerce seis
funciones respecto del diablo: lo prende, lo ata, lo arroja al abismo, lo encierra, pone su
sello sobre él —como garantía de seguridad— (comp. con Mt. 27:65), y lo desata al final
del milenio.
Las condiciones que existirán en la tierra durante el milenio serán las ideales:
A) Será un período de perfecta paz —las guerras habrán sido abolidas— y prosperidad,
estando todos los individuos y naciones sometidos a la férrea autoridad del Rey de reyes
(Ap. 19:16, comp. con 11:15 e Is. 9:6-7). La obediencia será una fiesta de gozo (Is. 65:18-
19). No habrá nadie privado
B) La santidad será la característica del reino y de los súbditos (Zac. 14:20-21). La gloria
del Señor se manifestará por todo el orbe (Is. 35:2) y el conocimiento de las verdades
divinas llenará la tierra (Is. 11:2, 9; Jer. 31:33-34). La justicia será administrada a la
perfección (Is. 9:7), por lo que el orden social será también perfecto (Is. 65:21-23)de
consuelo (Is. 66:13).
C) La maldición sobre la tierra (Gn. 3:17-19) será levantada, y hasta los animales más
feroces perderán su veneno y su fiereza (Is. 11:6-9; 35:9; 65:25). La enfermedad y la
muerte existirán, es cierto, pero más bien como una medida de castigo que como efecto de
las condiciones de la naturaleza (Is. 33:24; 35:3-6; Jer. 30:17; Ez. 34:16; 47:12). Así será
restaurada la prístina longevidad (Is. 65:20).
D) La tierra entera se unirá en adoración a YHWH (Is. 45:22-24; Zac. 14:16 ss.). El
Espíritu Santo suministrará el poder divino para obedecer perfecta y alegremente los
mandamientos del Rey (Jl. 2:28-32).
E) Quizá no haya otra bendición mayor que la prometida en Sof. 3:17, dentro del contexto
profético que va de los versículos 9 al 20. Dice el versículo 17:
«YHWH está en medio de ti como poderoso salvador; se gozará sobre ti con alegría,
CALLARA DE AMOR, se regocijará sobre ti con cánticos.»
Esta es una de las afirmaciones más atrevidas de la Biblia, pues asegura que Dios
descansará en éxtasis silencioso sobre Su pueblo, Israel. ¡Qué seguridad para Israel! Es un
amor demasiado grande para ser expresado en palabras. El Señor descansará, complacido,
en él. La idea de que Dios no tendrá ya más ocasión de reprender y denunciar sólo puede
ser aquí secundaria. Él disfruta de un gozo tranquilo en Su amor. Luego, el silencio se
quiebra en cánticos. Lea lo que la Palabra de Dios dice de la voz del Señor en Sal. 29:3-9 e
imagínese, si puede, lo que será ese cantar con gozo.
4. La revolución final
A pesar de todo lo dicho, y para demostrar la excesiva pecaminosidad del pecado (v. Ro,
7:13), habrá una multitud enorme de súbditos del Reino milenario, que habrán estado
sometidos con vara de hierro y habrán prestado al Rey un mero homenaje de labios para
fuera, pero sin haber creído en Él para salvación y, por tanto, continuando con un corazón
no regenerado. Como resultado de esta maligna condición interior, cuando Satanás sea
soltado al final del milenio, serán seducidos por él para rebelarse contra el Señor y atacar la
sede del Reino (Ap. 20:7-9).
Con esta prueba de la incorregibilidad natural del corazón humano, cualesquiera sean las
condiciones en que Dios haya puesto a la humanidad a lo largo de toda la historia, Dios
ejecutará un rápido y drástico castigo sobre los rebeldes, abrasándolos con fuego
descendido del cielo. Tras este castigo contra Satán y sus últimos secuaces, se llevará a
cabo el último y final juicio ante el Gran Trono Blanco (Ap. 20:10-15) y, vencidos ya los
últimos enemigos del Reino, Cristo pondrá todo el botín adquirido, sin renunciar por eso a
Su realeza, a los pies del Padre, para que Dios lo sea todo en todos (v. 1- Co. 15:24-28; He.
10:13).
1. El último juicio
El último juicio de Dios tendrá lugar de acuerdo con lo que Juan describe en Ap. 20:11-15.
Para el atento estudioso de la Palabra de Dios, éste es un juicio completamente distinto del
que se nos refiere en Mt. 25:31-46.
El capítulo 20 del Apocalipsis no deja lugar a dudas acerca del tiempo en que se llevará a
cabo el Juicio Final: después de la segunda resurrección (Ap. 20:5), es decir, la de los
impíos, pues sólo sobre éstos tiene potestad la segunda muerte ( comp. v. 6 con v. 14).
Estos muertos aparecen ya «de pie» (v. 12), lo cual supone que han sido resucitados (v. 13,
antes de la ejecución de la sentencia). El tiempo es, pues, inmediatamente después del
milenio y del juicio de los ángeles caídos, e inmediatamente antes de la inauguración del
estado eterno, ya que el versículo 11 menciona la desaparición de la tierra y del cielo
(comp. con 22:1).
Mientras que el juicio sobre el Israel vivo al fin de la Gran Tribulación tendrá lugar, con
toda probabilidad, en Cadés-Barnea, y el juicio contra las naciones en el valle de Josafat, es
decir, ambos en esta tierra, este Juicio Final se celebrará en el Cielo, puesto que (a) allí está
el Gran Trono Blanco, al que el libro del Apocalipsis viene refiriéndose desde 4:2; (b) no
puede ser en la tierra, porque la tierra y el cielo39 acaban de desaparecer (v. 11).
Aunque nuestras biblias leen, en el versículo 12, «de pie delante de Dios», el testimonio de
los MSS es abrumador a favor de la lectura «de pie delante del trono». Que este trono es
también de Cristo, después de la batalla de Armagedón, lo vemos por Ap. 22:1, donde
aparece como «trono de Dios y del Cordero» {comp. con 11:15). Por otra parte, sabemos
que los juicios escatológicos de Dios se ejecutan por medio de Jesucristo (v. Jn. 5:22, 27;
Hch. 10:42; 17:31), quien ha recibido toda potestad en el cielo Y en la tierra (Mt. 28:18).
Finalmente, la identidad del trono de Dios con el de Cristo se ve también comparando Ro.
2:6, 16; 3:6.
5. Los sujetos que serán sometidos a juicio en este caso
El texto sagrado especifica claramente cuáles son los sujetos de este último juicio, al decir:
«Y vi a los muertos, grandes y pequeños...» (Ap. 20:12). A pesar de que aparecen ya «de
pie delante del trono», es decir, ya resucitados* se les llama los «muertos», para
identificarlos fácilmente con «los otros muertos» del versículo 5, que participan en la
segunda resurrección para ir a «la segunda muerte» (comp. v. 6 con los w. 12-15). Todos
los muertos que fueron salvos, habrán ya resucitado anteriormente.
Este último juicio será sobre «obras» que mostrarán la ausencia de fe, así como el juicio de
las naciones mostrará la condición de los gentiles malvados por la ausencia de obras, y la
de los gentiles justos por sus obras de amor. Tres detalles son dignos de observación en Ap.
[Link]
B) La diversidad de los libros: «y tos libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual
es el libro de la vida». La verdadera biografía de cada malvado aparecerá en aquel día
escrita en el Cielo, sin faltar un solo detalle. Lo que muchos creyeron que nunca se sabría,
estará registrado allí. Habrá libros de todos los tamaños, «según sus obras» (w. 12,13). El
libro de la vida será abierto también, para mostrar que no se hallan inscritos en él.
C) La diversidad de las obras: En la Escritura hay 42 referencias al juicio según las obras;
cuatro de ellas, en Apocalipsis: 2:23; 18:3-6; 20:13; 22:12. Todo pecado es mortal de
necesidad (Ro. 5:12; 6:23; Stg. 1:15; 2:10), pero hay pecados que son mayores que otros,
como vemos en Jn. 19:11, así como en Le. 12:47-48, donde se advierte la diferencia entre
pecados, y también, de acuerdo con la gravedad de los pecados,, la diferencia de castigos.
Pero lo decisivo para la condenación eterna, no son precisamente los pecados (v. Jn. 9:41),
sino la ausencia de vida por falta de fe (v. Jn. 3:17-21). Por eso, la sentencia contra los
malvados será la misma: todos ellos serán condenados a la muerte eterna (comp. Ap. 14:11
con 20:10, 14-15).
El resultado del último juicio está lacónicamente, pero terriblemente, expresado en Ap.
[Link] *Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego», es
decir, al Infierno. Pero lo más terrible del Infierno será la eterna separación de Dios (v. Mt.
25:41).
LA NOVIA DE CRISTO EN EL CIELO
Junto con el juicio bema, Apocalipsis 19:7-10 muestra a la iglesia como una novia que ha
sido preparada para el matrimonio (con "lino fino", que representa "las acciones justos de
los santos") con su novio (Cristo). La novia ya ha sido vestida en preparación para su
regreso en la segunda venida con Cristo a la tierra (Apocalipsis 19:11-18). De ello se
desprende que la iglesia ya tendría que estar completa y en el cielo (debido al rapto
pretribulacional) para haber sido preparada de la manera que describe Apocalipsis 19. Esto
requiere un intervalo de tiempo que el pretribulacionismo maneja bien.
Cualquiera sea el punto de vista que uno tenga sobre el regreso de nuestro Señor, una cosa
es clara en la Escritura profética, la boda tiene lugar en el cielo (Apocalipsis 19:7-9) antes
del regreso triunfal de Cristo con Su Iglesia redimida a Su lado (Apocalipsis 19:11-16).
Los no pretribulacionalistas no explican cómo la iglesia llegó al cielo antes de regresar con
Cristo a la batalla de Armagedón. En el mejor de los casos, algunos sugieren que son
"arrebatados" después de la Tribulación sólo para regresar inmediatamente con el Señor.
Este arreglo, sin embargo, ¡deja poco o nada de tiempo para la boda!
En el Nuevo Testamento, los ancianos como los más altos oficiales de la Iglesia son
quienes la representan (cf. Hechos 15:6; 20:28), y en el Antiguo Testamento, veinticuatro
ancianos fueron nombrados por el Rey David para representar a todo el sacerdocio levítico
(1 Crónicas 24). Cuando esos veinticuatro ancianos se reunieron en el recinto del templo en
Jerusalén, toda la casa sacerdotal estaba representada. Por ello, parece más probable que los
ancianos representen a los redimidos, ... la iglesia por lo tanto está en el cielo antes de que
comience la tribulación.
Si estos ancianos se relacionan con la iglesia, entonces significaría al menos dos cosas:
Las Escrituras hablan claramente de un final irreversible de este mundo. Existen pasajes
claros en los que dicho fin se predice sin ambages. Por ejemplo: Mt. 24:35; Mr. 13:31; Le.
16:17; [Link] 2.a P. 3:10-13: Ap. [Link] 21:1. El más claro y detallado es, sin duda, 2.a P.
3:10-13, que dice así:
«Pero el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche; en el cual los cielos
desaparecerán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y
las obras que en ella hay serán quemadas. »Puesto que todas estas cosas han de ser
deshechas, ¡qué clase de personas debéis ser en vuestra conducta santa y en piedad,
^aguardando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose,
serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! »Pero esperamos, según
su promesa, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales habita la justicia.»
El griego original de Ap. 21:1, al hablar de «un cielo nuevo y una tierra nueva», no usa el
adjetivo «neos», sino «kainós». El adjetivo neos connota algo que no existía antes, que
viene detrás de otro; de ahí que se llame neos al hijo menor en Le. 15:12, 13. En cambio, el
adjetivo kainós expresa, de suyo, algo reciente en el tiempo, pero cuya íntima esencia
puede ser la misma; de ahí que se llame kainé diathéke al «nuevo pacto», sin que eso
signifique que del pacto antiguo no queda nada. Así, hablando de la continua renovación de
nuestra mente, el Apóstol Pablo usa el término griego anakaínosis, mientras que al hablar
de la juventud de Timoteo emplea neótes (comp. Ro. 12:2 con 1." Ti. 4:12). En el primer
caso, la mente es la misma, pero está pasando por una transformación (gr.
«metamorphoústhe»), mientras que la juventud de Timoteo era una completa novedad.
Por otra parte, la destrucción del primer cielo y de la primera tierra, a la que se refiere
Pedro (2." P. 3:10-13), y que es, en realidad, una profunda transformación mediante el
fuego, no tiene por qué afectar a todo el Universo, sino sólo a este planeta que habitamos, al
cielo atmosférico y, con toda probabilidad, a nuestro sistema planetario e, incluso, a la
constelación en la que dicho sistema se mueve.
La Nueva Jerusalén
Todos los amilenaristas, incluidos los exegetas de la Iglesia de Roma, alegorizan esta
ciudad, diciendo que es símbolo de la Iglesia, la cual «desciende del lado de Dios», en
cuanto que es un don de Dios. Pero, para empezar, hay que tener en cuenta que la Iglesia no
«desciende del Cielo», sino que asciende de la tierra. No hay motivo alguno para tomar esta
ciudad en otro sentido que el literal.
Observa que la Escritura incluye, además de la Iglesia, a otros habitantes. Una ciudad era la
expectativa de los santos del Antiguo Testamento. De Abraham se dice: «Porque esperaba
la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (He. 11:10). Al
hacer un contraste entre la Jerusalén terrenal y la celestial, en Gálatas 4, Pablo declara que,
considerando que el judío en la esclavitud anhelaba la Jerusalén terrenal, se mantenía firme
la promesa de una ciudad mayor, o lugar de morada, en las palabras: «Mas la Jerusalén de
arriba, la cual es madre de todos nosotros, es Ubre» (Gá. 4:26)
Ningún pasaje bíblico identifica más fielmente ni describe mejor quiénes son los ocupantes
de la Jerusalén Celestial que He. 12:22-24, que dice así:
«Sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén
celestial, a la asamblea festiva de miríadas de ángeles, »a la congregación de los
primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los
justos hechos perfectos, »a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que
habla mejor que la de Abel.»
Empecemos por notar lo del monte de Sión que, por contraste con el Sinaí (véanse los w.
18-21), nos recuerda lo mismo que dice Pablo en Gá. 4:25-26, donde es muy de notarse lo
de «madre de todos nosotros», entre los cuales estaban también los creyentes gentiles de
Galacia, pues para todos los creyentes valen las palabras de Jesús en Jn. 14:2; «En la casa
de mi Padre hay muchas mansiones... voy, pues, a preparar lugar para vosotros.» Aquí,
pues, «Sión» es símbolo de la esfera de gracia, así como el Sinaí era la esfera de la Ley. Es
la misma ciudad del Dios vivo de la que se habla en He. 11:10, y que Abraham esperaba, es
la Jerusalén celestial de Gá. 4:26, y es la asamblea festiva (gr. panegyrei) de decenas de
millares de ángeles; de esos mismos ángeles que son enviados «para servicio a favor de los
que van a heredar la salvación» (He. 1:14)
¿Cuál es la ubicación presente, y futura, de la Nueva Jerusalén?
Las medidas de la ciudad son colosales: unos 2.400 kilómetros de largo, por otros 2.400
kms. de ancho, nos dan una superficie de 5.760.000 kms, cuadrados. Siendo la altura
también de 2.400 kms., tenemos como resultado, si la ciudad es un cubo, la fantástica cifra
de 13.824 millones de kilómetros cúbicos. Soy, sin embargo, de la opinión de W. M.
Smith,26 J. F. Walvoord,27 y muchos otros autores, de que su estructura es piramidal, con
lo que su volumen sería de 6.912 millones de kilómetros cúbicos.28 Las razones a favor de
una forma piramidal son las siguientes: A) Su belleza arquitectónica es mucho mayor; B) se
entiende mejor que el río de agua viva y pura salga del trono de Dios y del Cordero (22:1);
C) Si el muro de la ciudad tiene unos 64 mts. de altura, este tamaño, que sería enorme para
una ciudad normal, resulta pequeñísimo en comparación de la altura; pero ya no es tan
desproporcionado si la ciudad, en lugar de tener estructura cúbica, la tiene piramidal.
Un buen apartamento, digno de un rey, puede tener una capacidad de 5.000 mts. Cúbicos,
Esto supuesto, puede haber en la Nueva Jerusalén, descontando 2/3 partes para parques y
avenidas, [Link].000.000 regios apartamentos (mil ciento cincuenta y dos billones
de palacios, ¿será éste el número de los salvos?).
Respecto a la calidad de los materiales, no podemos decir otro tanto. No hay duda de que
son materiales de diferente calidad de la que poseen los materiales de este mundo, tanto en
lo referente a las piedras preciosas, perlas, jaspe, etc., que se mencionan, como al «oro
puro» del que está construida la ciudad, «semejante al cristal puro»
BIOGRAFIAS