Parto Natural: Guía Completa
Parto Natural: Guía Completa
INTEGRANTES:
KARLA CLAVIJO
ARLEN VÉLEZ
ADRIANA CHÁVEZ
JEREMÍAS VILLEGAS
BRUNO PIETRO
SUBGRUPO 3
TEMA: EL PARTO
PARTO: GENERALIDADES
El parto se define como la expulsión de un (o más) fetos maduros y la(s) placenta desde el
interior de la cavidad uterina al exterior.
Se considera un parto a término, es decir a tiempo normal, el que ocurre entre las 37 y 42
semanas desde la fecha de última menstruación. Los partos ocurridos antes de las 37 semanas
se consideran partos prematuros y los que ocurren después de las 42 semanas se consideran
partos post-término.
El parto va precedido de los pródromos de parto, síntomas vagos e inespecíficos que preceden
al parto propiamente dicho y este dura de 12 a 18 horas de media en la mujer primípara (que
da a luz por primera vez) y tiende a acortarse hasta de 6 a 8 horas de media en los
embarazos siguientes.
Parto natural
El parto natural es una manera de dar a luz con poco uso de la tecnología y dejando que la
naturaleza siga su curso.
alumbramiento sin la ayuda de medicamentos, incluidos los analgésicos, como las epidurales
usar pocas intervenciones médicas (o ninguna), como el monitoreo fetal continuo y las
episiotomías (un corte que se realiza en la zona que se encuentra entre la vagina y el ano para
hacer espacio para el bebé durante el alumbramiento)
permitir que la mujer dirija el trabajo de parto y el proceso de alumbramiento, haciéndolo de un
modo en el que se sienta cómoda
Muchas mujeres con embarazos de poco riesgo optan por un alumbramiento natural para evitar
los posibles riesgos de los medicamentos para la madre y el bebé. Los analgésicos pueden
afectar el trabajo de parto: puede haber una caída de la tensión arterial, el trabajo de parto
podría acelerarse o hacerse más lento, podría sentir náuseas y tener la sensación de falta de
control.
Pero muchas mujeres optan por el parto natural para sentirse más en contacto con la
experiencia del alumbramiento y para afrontar el trabajo de parto de manera proactiva.
¿Dónde se realiza?
Algunas mujeres que optan por un parto natural deciden dar a luz fuera del ámbito hospitalario,
como un centro de maternidad, donde el énfasis está puesto en el parto natural. Las mujeres
pueden ir de un lugar a otro durante el trabajo de parto, colocarse en posiciones que les
resulten más cómodas y pasar un rato en una tina o un jacuzzi. Al bebé se lo monitorea con
frecuencia con un ecógrafo portátil. A menudo se utilizan medidas para reconfortar a la mujer
(como hidroterapia, masajes, compresas tibias y frías, y técnicas de visualización y de
relajación). La mujer puede comer o beber si así lo desea.
Los estudios demuestran que recibir apoyo continuo de una persona experimentada y
capacitada durante el parto, como una partera o doula, puede reducir el tiempo del trabajo de
parto, disminuir o eliminar el uso de medicamentos, reducir probabilidades de necesitar una
cesárea y una sensación más positiva del trabajo de parto una vez que todo ha finalizado.
En la actualidad, también es posible tener un parto más natural en muchos hospitales. Algunos
hospitales tienen centros de maternidad en los que se usa un enfoque natural, pero se cuenta
con la intervención médica si es necesaria. Muchos hospitales han modificado su enfoque para
los partos de bajo riesgo y tienen habitaciones con un ambiente hogareño para que las mujeres
hagan el trabajo de parto, den a luz y se recuperen sin necesidad de ser trasladadas. Los
profesionales pueden recibir indicaciones de la parturienta, lo cual permite que el trabajo de
parto transcurra más lentamente y sin intervención cuando todo marcha bien. También se
pueden usar técnicas alternativas para manejar el dolor y se permite la presencia de asistentes,
como parteras o doulas.
Además del padre, a veces se permite que otros niños, los abuelos o los amigos presencien el
parto (que es una práctica habitual en los centros de maternidad). Después del alumbramiento,
los bebés pueden pasar más tiempo con la madre. Este enfoque a veces se denomina
"atención centrada en la familia".
Si tiene un embarazo de alto riesgo, lo más conveniente es que dé a luz en un hospital, donde
pueda recibir la atención médica necesaria (especialmente en caso de emergencia).
De usted depende cómo manejar el dolor. Cada mujer descubre cuál es el método que más la
ayuda. Muchas pueden controlar el dolor canalizando su energía y concentrándose en otra
cosa. Las dos filosofías más comunes en los Estados Unidos son la técnica Lamaze y el
método Bradley.
La técnica Lamaze enseña que el parto es un proceso normal, natural y saludable, pero tiene
una posición neutral sobre el uso de medicamentos para el dolor y anima a las mujeres a tomar
una decisión informada sobre lo que es adecuado para ellas.
El método Bradley (que es un parto con la participación activa del padre del bebé) pone el
énfasis en el enfoque natural del parto y en la participación activa de un asistente. Uno de los
principales objetivos de este método es evitar el uso de medicamentos a menos que sean
absolutamente necesarios. El método Bradley también se centra en una buena nutrición y
ejercicio físico durante el embarazo, y técnicas de relajación y respiración profunda como un
método para afrontar el trabajo de parto. Si bien el método Bradley defiende la experiencia del
parto sin medicamentos, en las clases se prepara a los padres para las situaciones o
complicaciones inesperadas, como las cesáreas de emergencia.
Otras maneras en las que las mujeres manejan el dolor durante el trabajo de parto son las
siguientes:
¿Cómo me sentiré?
Si bien el parto es una de las experiencias humanas que causan más dolor, la experiencia es
diferente de una mujer a otra y de un embarazo a otro. Las mujeres experimentan el dolor del
parto de diferente manera y a algunas de ellas les parece similar a los dolores menstruales;
otras lo experimentan como una presión muy fuerte; y otras sienten oleadas intensas de dolor
similares a los dolores de una diarrea. Las madres primerizas probablemente sientan más dolor
que las mujeres que ya han atravesado algún parto.
Los partos no tienen un cronograma u horario fijo. Algunas mujeres dan a luz en unas pocas
horas y otras pueden tardar todo un día (o incluso más tiempo). Sin importar si decide recibir
medicación o no, el cuerpo de cada mujer reacciona de manera diferente al trabajo de parto.
Riesgos y precauciones
En general, el parto natural es muy seguro. Pero se vuelve riesgoso cuando una mujer ignora
las recomendaciones del profesional del cuidado de la salud o se rehúsa a permitir la
intervención de un médico si algo no sale según lo planeado.
Por su bienestar y el del bebé, es importante que esté abierta a otras opciones si surgen
complicaciones. Si surge una emergencia y se rehúsa a recibir ayuda médica podría poner en
riesgo su vida y la del bebé.
Al igual que cualquier mujer que ha dado a luz, es probable que sienta lo siguiente:
El trabajo de parto tal vez le cause más dolor del que imaginaba. Algunas mujeres que habían
dicho que no deseaban recibir medicamentos para el dolor cambian de opinión cuando están
atravesando el trabajo de parto. Esto es muy común y totalmente comprensible.
Merece toda la admiración por su deseo y entusiasmo para intentar tener un parto natural. Pero
si descubre que el dolor es más de lo que puede soportar, no se sienta mal por pedir
medicamentos. Y si algo no va de acuerdo con los planes, es posible que deba ser flexible.
Esto no la hace menos valiente ni menos comprometida con su bebé o el trabajo de parto. Dar
a luz es una experiencia hermosa y gratificante, con o sin intervención médica.
PARTO VAGINAL
¿Cuándo se considera que el parto vaginal es normal?
El parto vaginal normal es el único tipo de parto que se puede atender sin intervención médica,
es decir, realizando el menor número posible de procedimientos activos, sin olvidar nunca la
vigilancia exhaustiva del estado de la madre y del feto.
Durante el parto vaginal, el cuello del útero debe ablandarse y abrirse completamente
(“borrarse”), la mujer debe empujar el bebé hacia el exterior, y el bebé realizar determinados
movimientos para salir a través del canal del parto.
La mayoría de los partos vaginales suelen llevarse a cabo sin problemas, pero en algunos
casos el bebé puede quedar atascado en el canal del parto. En esos casos, el médico o la
comadrona pueden ayudarle a salir mediante un aparato que sujeta su cabeza (fórceps o
ventosa). Cuando hubiera que sacar al bebé de inmediato se realiza una cesárea.
Las contracciones uterinas. Sirven para abrir (dilatar) y acortar (borrar) el cuello del
útero y para empujar al bebé para que pueda salir a través del canal del parto. Su
frecuencia, intensidad y duración se pueden valorar mediante observación y palpación,
o mediante monitorización. Clásicamente se ha considerado que para que el
mecanismo de parto fuese adecuado, se precisaban entre 3 y 5 contracciones cada 10
minutos. Actualmente, utilizando catéteres intrauterinos que miden la presión de las
contracciones se considera que el trabajo de parto es adecuado con presiones entre
200 y 250 unidades Montevideo.
El feto. Las características fetales que pueden afectar el parto incluyen:
Estática fetal. Se refiere a las relaciones espaciales entre el feto y la pelvis materna y
respecto a sí mismo. Incluyen:
-La situación del feto dentro del útero. Es la relación entre el eje longitudinal del feto y el
eje longitudinal de la madre. Si ambos ejes son paralelos, la situación es longitudinal, si
forman un ángulo de 90° es transversa y si el ángulo es de 45°, oblicua (esta última
suele ser transitoria y puede cambiar a cualquiera de las anteriores). Casi todos los
fetos (99,5%) están en situación longitudinal.
-Presentación fetal. Es la parte del feto que entra primero en el canal del parto, ya sea
la cabeza (presentación cefálica o de cabeza), las nalgas (presentación de nalgas), los
hombros (presentación de tronco) o los pies (presentación podálica).
-Actitud fetal. Es la relación de las distintas partes fetales entre sí. La actitud normal es
que la cabeza se encuentre flexionada (la barbilla se aproxima al pecho), los brazos
doblados, los muslos sobre el abdomen y las piernas sobre los muslos.
-Posición fetal. Es la relación entre el dorso fetal y el lado de la madre. Hay dos
variedades: derecha e izquierda.
Número de fetos.
El canal del parto. Está formado por la pelvis y los tejidos blandos (cuello del útero,
musculatura del suelo pélvico), los cuales ofrecen resistencia al paso del feto a su
través. La medición de la pelvis (pelvimetría) es de escaso valor para predecir el riesgo
de desproporción entre la cabeza fetal y la pelvis materna.
Fase latente. Se caracteriza por una dilatación lenta del cuello del útero. Su duración es
variable; es más larga en mujeres a las que se les induce el parto que en las que tienen
partos espontáneos. Al ser la dilatación un proceso gradual es difícil determinar el
momento exacto en que termina la fase latente y comienza la activa.
Fase activa. Se caracteriza por una dilatación más rápida del cuello uterino y porque
las contracciones se vuelven más prolongadas, intensas y frecuentes. Su duración es
similar tanto en partos espontáneos como en inducidos.
Las características de este periodo del parto no difieren sustancialmente entre mujeres de
diferentes razas. Sin embargo, sí existen diferencias importantes entre las mujeres que no han
tenido hijos anteriormente (nulíparas) y las que han dado a luz varias veces (multíparas). En
mujeres primerizas se ha observado que el cuello uterino se borra (se acorta hasta dejar de ser
un canal) primero y después se inicia la dilatación. En las mujeres que han tenido partos
previos, ambos fenómenos (dilatación y borramiento) suceden al mismo tiempo.
Durante esta fase, la mujer debe aprovechar los momentos de descanso entre contracción y
contracción para relajarse y respirar profundamente.
Se caracteriza por el deseo de empujar que aparece en la madre con cada contracción, debido
a un mecanismo reflejo desencadenado por la presión que ejerce la cabeza del feto en la parte
baja del abdomen. Durante esta etapa la madre asume un papel más activo; debe aprovechar
su deseo de empujar durante las contracciones y descansar tras las mismas. El momento más
crítico es cuando la cabeza del bebé comienza a asomar a través de la vagina. Los tejidos
están sometidos a una fuerte presión si no se ha realizado una episiotomía (corte realizado
entre el recto y la vagina para ampliar el canal del parto) y pueden desgarrarse en cualquier
momento.
Se han descrito diferencias en el periodo expulsivo dependientes de las razas y del número de
hijos, aunque no por la presencia de obesidad materna.
Una vez expulsada la placenta y contraído todo el útero se considera que el parto ha
terminado. Si se ha realizado episiotomía (corte realizado entre el recto y la vagina para
ampliar el canal del parto), se debe cerrar mediante puntos de sutura en este momento.
ETAPAS DEL PARTO
Desde un punto de vista médico, un parto tiene tres fases:
- La dilatación. Se corresponde al inicio de contracciones de parto, dilatación del cuello
del útero y descenso de la cabeza del feto por el canal del parto.
- El expulsivo. Es la parte final del parto.
- El alumbramiento. Corresponde a la salida de la placenta.
A pesar de que el parto es todo el proceso desde su inicio hasta la expulsión de la placenta, en
ocasiones se habla de “trabajo de parto” para definir lo que técnicamente se conoce como
dilatación, y de “parto” para la salida del feto propiamente dicha.
PRIMERA ETAPA
La primera etapa del parto va desde su inicio hasta la dilatación completa del cuello uterino. De
forma muy general casi siempre se cumplen tres factores:
1. Existen contracciones seguidas, al menos dos cada 10 minutos,
2. El cérvix tiene que estar dilatado, normalmente 3 cm o más,
3. El cérvix debe estar acortado, o “borrado”, al menos en un 50% respecto a su longitud.
Son criterios siempre algo subjetivos, y por este motivo utilizar tres criterios reduce las
diferencias en la interpretación y facilita que los profesionales sepan con bastante precisión que
el parto se ha iniciado y que a partir de ese momento empezamos a "contar el tiempo" de
verdad.
La dilatación es la fase más larga del parto. En un primer parto puede durar de 8 hasta 12
horas, o incluso más. No es verdaderamente importante mientras el bebé y la mamá estén
bien. En general, la duración de la fase de dilatación es más corta en el segundo parto y
posteriores, aunque siempre puede haber excepciones.
A lo largo de la fase de dilatación, las contracciones del útero son cada vez más frecuentes y
duran más tiempo. Durante esta fase, y como indica su nombre, se produce poco a poco la
dilatación del cuello uterino. Al mismo tiempo, la cabeza del feto se encaja en la pelvis y
empieza a descender hacia la vulva, lo cual se define como “descenso”. El feto debe atravesar
la pelvis de la madre, que forma un canal algo irregular, de pocos centímetros de largo. Este
descenso es lento, y por ello tarda unas horas en atravesar. El canal es estrecho y la cabeza
pasa, pero de forma justa, por ese canal. En la mayoría de los casos, la cabeza del feto se
adapta muy bien a la pelvis y puede aprovechar el mejor ángulo para pasar en cada nivel de
ella.
Así es como esta primera etapa comprende desde el principio de los trabajos de parto hasta la
dilatación completa del cuello uterino (unos 10 cm) y consta de dos fases:
2. Fase activa
El cuello del útero se dilata por completo, pasando de los 4 a los 10 cm. Se hace
más delgado y se va retirando (borrando) hasta que se une con el resto del útero.
La parte que presenta el bebé, por lo general la cabeza, comienza a descender por
la pelvis de la mujer.
La mujer comienza a sentir la necesidad de pujar mientras el bebé desciende, pero
se debe resistir. Empujar demasiado pronto puede desgarrar el cuello uterino y
desperdiciar energía.
Esta fase dura de 5 a 7 horas de media en un primer embarazo y de 2 a 4 horas en
los embarazos posteriores.
Fase del parto: Expulsión
Tras pasar por las fases de dilatación latente y activa, cuando el cuello del útero ya ha
alcanzado el máximo de dilatación, aproximadamente los 10 centímetros, queda abierta la
puerta de salida del bebé.
Es en este momento cuando se traslada a la madre a la sala de partos en el caso de que se dé
a luz en un hospital. El feto va descendiendo por la vagina a través de la pelvis materna gracias
a la fuerza ejercida por las contracciones y a los pujos o empujones realizados por la madre, la
actitud física y psicológica de la mujer de parto cambia, se desconecta del mundo exterior y
surge su lado más primitivo. Es en ese momento cuando empieza la fase de expulsivo.
El inicio del expulsivo se define como el momento en que se constata que la mujer está en
dilatación completa o cuando la cabeza del bebé es visible. Se habla de diez centímetros
porque eso es, aproximadamente lo que mide el diámetro de la cabeza del bebé de una oreja a
otra, la cifra aproximada que obtienen los obstetras cuando hacen una ecografía y miden el
diámetro biparietal (DBP). Sólo hay una manera para saber con certeza que una mujer ha
alcanzado dicha dilatación completa y la fase del expulsivo ha comenzado, esto es a través de
un tacto vaginal que nos confirme que la cabeza del bebé ha pasado el cuello del útero e inicia
su descenso por la pelvis.
En los partos fisiológicos hay otros signos de que se está llegando a ese momento:
A menudo las matronas deciden iniciar la fase activa del expulsivo animando a la mujer a
empujar una vez se ha diagnosticado la dilatación completa o a veces incluso antes. Pero el
manejo fisiológico debería ser el de esperar a que la mujer sienta ganas de empujar. Hay veces
que incluso estando completa la mujer no siente la necesidad de empujar y basta con esperar
de 10 a 20 minutos para que esta sensación comience.
El retraso en el pujo no muestra ningún efecto adverso en el desenlace fetal o neonatal. Por el
contrario, los estudios han demostrado una incidencia más elevada de partos instrumentales en
aquellos partos en los que se forzó el comienzo de la fase activa. Aunque estos resultados
fueron obtenidos de pacientes con epidural, los resultados concuerdan con la experiencia
clínica de algunas matronas que retrasan el comienzo de la fase activa hasta que la mujer
siente ganas e empujar. Esta práctica resulta más sencilla para la mujer y tiende a reducir la
duración de la fase activa.
Los pujos espontáneos suelen ser más cortos y enérgicos, en exhalación- soltando el aire- y a
veces acompañados de gemidos o gruñidos que acompañan cada impulso y permiten que el
aire salga. Empujar espontáneamente consiste en, de 3 a 5 empujes cortos (4 a 6 segundos)
con cada contracción, comparados con los dirigidos que son empujes de 10 a 30 segundos de
duración al mismo tiempo que se contiene la respiración. La evidencia disponible es limitada,
pero se puede afirmar que aunque el pujo continuo y sostenido parece acortar ligeramente el
periodo expulsivo, no es recomendable su uso debido a los efectos secundarios que produce
en la madre y el bebé.
También se sabe que son más efectivos los pujos a glotis abierta, (soltando el aire al empujar)
que a glotis cerrada (conteniendo la respiración mientras se empuja). A pesar de ello todavía
en algunas clases y centros se instruye a las mujeres en la realización de la Maniobra de
Valsalva, que consiste en coger mucho aire cuando venga la contracción, y sin soltarlo,
empujar fuerte hacia el ano como si se fuera a defecar.
Esta manera de empujar es peligrosa por dos motivos:
1. Para el bebé porque disminuye el aporte de oxígeno, encontrándose cifras más bajas en el
ph (indicador de la oxigenación fetal durante el parto). Empujar aguantando la respiración
aumenta mucho la presión intratorácica e intracraneal y disminuye el retorno venoso. Hace que
disminuya la frecuencia cardiaca de la madre y dificulta su oxigenación, y, por lo tanto también
la de su bebé. Si pruebas a intentarlo, notarás una fuerte sensación de presión en la cabeza,
que los ojos parece que se salen de sus órbitas, quizá mareo y presión también en los oídos.
Por todo ello puede ser también especialmente perjudicial para algunas mujeres (casos de
cardiopatía, desprendimiento de retina, hipertensión…).
2. Para la madre, porque causan más daño al suelo pélvico. El pujo a glotis abierta, empuja
más el contenido (bebé), que el continente (visceras), por lo tanto no lesiona tanto el periné
como los que se realizan conteniendo la respiración.
La recta final:
Con estos esfuerzos de pujo, la cabeza del bebé va descendiendo por la pelvis de su madre,
rotando y acomodándose a sus diámetros. Hasta que llega un momento en el que alcanza el
suelo del periné, la zona más baja de la pelvis, donde la cabeza empieza a “flexionarse” hacia
el orificio de salida del periné, nuestra vulva.
A esta fase se la llama coronar: el pelo del bebé empieza a ser visible en la vulva de su madre,
aunque con cada contracción, puede que se retraiga para luego volver a aparecer. Este vaivén
permite que la musculatura del periné se vaya adaptando al paso de la cabecita del bebé, y se
vaya abriendo para dejarle paso. Esto es más habitual en el parto del primer hijo, en los demás
el paso suele ser más rápido.
Llega un punto en que no hay marcha atrás, la cabeza se queda fija y en las siguientes
contracciones sale. Es en ese momento cuando las mujeres pueden sentir una sensación muy
intensa de quemazón en la zona de la vulva, lo que se ha dado en llamar el “anillo de fuego”;
la piel del periné se estira al máximo para dejar paso al bebé con la menor lesión posible.
Hay algunos bebés, especialmente en segundos partos y siguientes, que terminan por salir por
completo en esa contracción, casi como un pez que se escurre entre las manos. Pero este no
es un caso muy habitual. Después de sacar la cabeza suelen empezar a rotar los hombros,
acomodándolos al canal del parto y a la siguiente contracción es cuando termina de salir. Eso
sí, una vez aparecen sus hombros, el resto del cuerpo se desliza rápidamente detrás, sin
apenas presión ni esfuerzo.
La epidural en el expulsivo:
Es frecuente que las mujeres con analgesia epidural no perciban las contracciones, y por tanto
no sientan ninguna sensación de pujo, incluso cuando la cabeza del bebé ya ha descendido por
el canal del parto y esté visible. El bloqueo sensitivo provocado por la analgesia epidural puede
ser tan potente, que elimine toda sensación, no solo de dolor, sino también de otras
sensaciones útiles, como la de presión y fuerza.
Por ello es importante que en los hospitales se vaya extendiendo el uso de epidurales de baja
dosis (walking epidural) que permiten a las mujeres un grado bastante aceptable de alivio del
dolor- aunque no lo eliminen totalmente- sin un excesivo bloqueo motor ni sensorial. Aunque la
mujer no sienta fuertes deseos de empujar, el hecho de notar la sensación de presión de la
cabeza del bebé en el canal de parto es un buen indicativo de cuando es el momento idóneo
para empujar. De otra forma, la mujer depende enteramente de que los profesionales que la
atienden le indiquen cuando tiene que hacerlo.
Duración del expulsivo:
Según la “Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal”, del Ministerio de
Sanidad, la duración del expulsivo puede variar en función de la mujer (si es su primer
parto o no), y del uso o no de analgesia epidural, tal y como se refleja en la siguiente tabla:
Se observa que el expulsivo suele ser más corto en los segundos partos y posteriores, y que el
uso de epidural alarga el mismo.
No obstante estas referencias son orientativas. Si tanto la madre como el bebé se encuentran
bien, puede esperarse un tiempo antes de recurrir a métodos más drásticos, siempre que se
considere oportuno y la madre lo deseé.
En estos casos las mujeres pasan directamente de las contracciones de dilatación a una
sensación de pujo muy fuerte, intensa e incontrolable, que termina casi de inmediato con la
salida del bebé. Estas mujeres no realizan ningún esfuerzo, el bebé sale prácticamente solo,
casi como un estornudo, sin apenas dolor, ni ningún daño.
Parece que el cuello y las estructuras del suelo pélvico se relajan de golpe para dejar paso a la
salida del bebé, en lo que podría ser un mecanismo natural de protección del mismo. En este
caso, las distintas fases del expulsivo se solapan y los tiempos se acortan notablemente,
haciendo que sea más fácil y seguro para ambos.
TERCERA ETAPA
ALUMBRAMIENTO
La tercera fase del parto (Alumbramiento) comienza con el completo nacimiento del neonato y
termina con la expulsión total de la placenta y sus membranas.
Se reconoce desde la práctica clínica, que el riesgo de complicaciones tras el nacimiento de la
placenta y membranas continua por un período de tiempo que en la bibliografía consultada
oscila entre una y cuatro horas y, es por ello que en la mayoría de centros hospitalarios el
puerperio inmediato transcurre al menos durante las dos horas siguientes. Es, en este tiempo,
donde la prevención, detección y actuación ante las hemorragias puerperales así como de
otras potenciales complicaciones cobra mayor atención para los profesionales.
La duración media del tercer estado de parto oscila entre 5 y 15 minutos, aunque los límites
absolutos para el alumbramiento, sin evidencia de hemorragia activa, permanecen aun
indefinidos. Los rangos oscilan entre 30 y 60 minutos tras el nacimiento del neonato.
Esta fase del parto ocurre, la mayor parte de las veces, con normalidad. No obstante, es un
momento donde las complicaciones pueden aparecer de forma brusca y severa. La más común
es la hemorragia puerperal (HPP), que como hemos dicho, es la mayor causa de muerte
materna global asociada al parto.
La hemorragia puerperal se define como la pérdida hemática superior a 500 mls tras un parto
normal aunque hay autores que aseguran que en buenas condiciones de salud una mujer
puede hacer frente sin complicaciones a pérdidas superiores a 1000 mls tras el parto. La HPP
supone una caída en las reservas de hierro y una contribución directa a la aparición ó
empeoramiento de la anemia. Lo que produce fatiga y debilidad y con ella la hospitalización de
las madres puede verse prolongada afectando indudablemente al apego y la lactancia materna.
Las transfusiones hemáticas mejoran la anemia y acortan los períodos de hospitalización, pero
no están exentas de posibles complicaciones como las reacciones a las mismas ó las
infecciones futuras. Debemos considerar además que el acceso seguro a las transfusiones de
sangre no es, por desgracia, universal.
Otras complicaciones asociadas al tercer estado del parto son: las retenciones placentarias, y
las inversiones uterinas, todas ellas susceptibles de requerir cuidados anestésicos de
emergencia y en caso de que sean necesarias exploraciones ó instrumentaciones del útero con
el consiguiente riesgo de sepsis a corto y medio plazo.
Signos de separación placentaria
Todas las mujeres tienen riesgo de complicaciones durante el tercer estado del parto:
hemorragia puerperal, retención placentaria e inversión uterina o incluso placenta acreta y sus
variantes. La mayoría de complicaciones durante el alumbramiento ocurren en mujeres con
perfil de bajo riesgo por lo que los profesionales e instituciones deben disponer protocolos y
estrategias para prevenir y solucionar estos problemas tan pronto como sea posible.
Son cuatro los signos de separación placentaria descritos en la bibliografía científica:
• El signo más fiable es la longitud del cordón umbilical a medida que la placenta
se separa y es desplazada hacia el segmento uterino inferior. Colocar una pinza
en el cordón cerca del periné facilita la visualización de este indicador. No se
debe aplicar tracción en el cordón sin contratracción en el útero sobre la sínfisis
púbica para evitar prolapsos ó inversiones uterinas.
• El útero adopta una forma globular y una consistencia más firme a medida que la
placenta alcanza el segmento uterino inferior. No obstante, es difícil de valorar
durante la práctica clínica.
• El descenso de la placenta hacia el segmento uterino inferior y finalmente hacia
la vagina hace que el útero se desplace en posición vertical.
• Aumenta la pérdida sanguínea de forma transitoria. Esta pequeña hemorragia es
debida al descenso placentario, aunque puede ocurrir cuando el
desprendimiento es aún incompleto. No obstante ésta pérdida hemática se
asocia también con un alumbramiento más lento. La literatura científica lo
relaciona con el nacimiento de la cara materna de la placenta en primer lugar en
vez de la cara fetal e inserción umbilical.
Manejo del alumbramiento
Previo al parto, idealmente en el período antenatal se debe informar a la gestante y su pareja
sobre los diferentes métodos de alumbramiento así como de los factores de riesgo y las
implicaciones potenciales que dichos métodos pueden tener sobre la salud y bienestar de las
mujeres. La Estrategia en la Atención al Parto Normal del Sistema Nacional de Salud
recomienda activamente que se informe a las mujeres, considerando el alumbramiento
espontáneo o fisiológico una opción si la mujer lo solicita.
La duración de la tercera etapa del parto es importante, puesto que el riesgo de hemorragia
puerperal está directamente relacionado con el alumbramiento prolongado, aunque en la
bibliografía existe cierta laxitud a la hora de establecer márgenes de duración concretos.
- Manejo expectante
Como su nombre indica mezcla algunos de los componentes tanto del manejo activo como del
fisiológico. Así pues, puede incluir: uso de fármacos uterotónicos en un inicio, tracción
controlada de cordón y pinzamiento una vez cesa el latido ó uso de fármacos cuando el cordón
ya ha dejado de latir, y posteriormente pinzado del mismo y tracción controlada de cordón.
Sin duda, se trata de formas interesantes debido a la creciente evidencia que explica los
múltiples beneficios del pinzamiento tardío del cordón umbilical. No obstante, requiere de líneas
de investigación futuras.
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