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Encuentros inesperados en Londres

Este documento presenta el comienzo de una historia romántica. Agnes se emborracha después de una pelea con su novio y termina en la casa de una mujer llamada Grace, quien la ayudó cuando la encontró en la calle. Aunque Agnes se asusta al despertar en un lugar desconocido, Grace la trata con amabilidad y la lleva a su trabajo, aunque Agnes llega tarde y es despedida. Agnes ahora se encuentra sin trabajo y sin rumbo claro.
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Encuentros inesperados en Londres

Este documento presenta el comienzo de una historia romántica. Agnes se emborracha después de una pelea con su novio y termina en la casa de una mujer llamada Grace, quien la ayudó cuando la encontró en la calle. Aunque Agnes se asusta al despertar en un lugar desconocido, Grace la trata con amabilidad y la lleva a su trabajo, aunque Agnes llega tarde y es despedida. Agnes ahora se encuentra sin trabajo y sin rumbo claro.
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Prólogo

¿Puede una fría noche entre las calles de Trafaglar Square convertirse en una conmovedora e
intensa historia que recordar?

Agnes no creía en historias románticas, sin embargo, nadie la había advertido de que nunca
sabes donde puedes encontrar la persona que pondrá tu mundo del revés. Quizá la tengas al
lado ahora mismo, quizá esté recorriendo las calles de otro país mientras escucha su canción
favorita; puede que ya la hayas conocido, o puede que tardes tantos años en conocerla, que
pierdas la fe de encontrarla hasta que llegue, como un remolino, y dé la vuelta a tu realidad.

Capítulo1.

Una fría ráfaga de viento envolvía mi piel, mientras yo iba abriendo los ojos e intentando
ubicarme en el lugar en el que se supone que he dormido esta noche. Tenía la sensación de
que un gran peso estaba presionando mi cuerpo para evitar levantarme, y mi cabeza daba
muchas vueltas. Eso solo podía significar una cosa. Por Dios, ¿pero cuánto bebí anoche?
Efectivamente, ayer no fue mi día.

La discusión que tuve con Harley, mi ahora exnovio , hizo que mi parte impulsiva saliese a la
luz; por lo que decidí arreglarme como nunca antes e irme yo sola a las afueras de Londres
para demostrarle "lo que se estaba perdiendo"; ¿en qué estaba pensando? Ahora estoy en la
cama de quien aún no he conseguido desvelar la identidad; además, me encuentro fatal y
seguramente tenga que volver a casa y enfrentarme a la charla de Harley para "arreglar lo
nuestro"; quizá pueda quedarme aquí para siempre, total, no pierdo nada.

En esa habitación hacía demasiado frío, me di la vuelta para buscar por donde se suponía que
entraba el viento, y vi que la ventana estaba abierta. ¿A quién se le ocurre abrir la ventana de
par en par, en Londres y en pleno invierno? Me estaba empezando a preocupar.

Tan pronto como logré incorporarme, escuché ruidos procedentes del otro lado de la puerta,
joder, alguien se estaba acercando. ¿Cómo se supone que tendría que reaccionar, en una casa
desconocida y sin saber quién se supone que estaría detrás de la puerta?

Escuché como alguien entraba y ya en ese entonces yo me había dado la vuelta para hacerme
la dormida; y en cuanto se acercase un poco, estaría dispuesta a girarme y enfrentarme a
quien sea que estuviese ahí.

Noté como se acercaba en silencio, y, al sentir a la persona cerca, me di la vuelta super rápido.

- ¡No puedes hacerme daño, gritaré tan fuerte que me escucharán tus vecinos, y te aseguro
que acabarás preso!

Escuché una risa y abrí los ojos, una chica rubia me estaba mirando bastante sorprendida y con
una sonrisa enorme en su rostro.

- ¿Preso? - dijo - joder, solo venía a traerte el desayuno por si tenías hambre, vaya
recibimiento.

- Lo... Lo siento, no sabía que - mierda, como salgo de esta, que vergüenza.

- ¿Que sería una mujer y no un acosador quien te ha recibido en su casa?


- Quizá, pero, ¿por qué? ¿qué pasó anoche?

- Estaba en la calle volviendo de pasar la noche con unos amigos, cuando te vi; estabas muy
borracha, tanto que caminabas haciendo zig zag entonces decidí acercarme a ti por si
necesitabas ayuda. Te pregunté si tenías un sitio donde ir y comenzaste a hablar mal de un tal
¿Harry, Jerry?

- Harley, ¿puede ser? - en esos momentos solo estaba deseando que me tragase la tierra lo
antes posible.

- Sí, eso, Harley. Por lo que supuse que era tu novio o algo parecido, te ofrecí venir a mi casa a
dormir ya que te negabas a ir a la tuya así que te dejé en la habitación de invitados.

- ¿Eso es todo?

- Eso es todo, bueno, hasta que me has tomado por un acosador o algo así, pero no te lo
tendré en cuenta - dijo entre risas.- ¿vas a querer algo de comer?

- No quiero molestar, iré a casa lo antes posible, no te preocupes. - dije, la verdad es que me
alegré bastante de que la historia haya sido así. Nota mental: Agnes, no vuelvas a beber en tu
vida.

- Venga, he hecho café; luego si quieres te llevo a casa.

- Vale, muchas gracias de verdad, y.. oye - la chica se dio la vuelta - no me has dicho como te
llamas.

- Me llamo Grace, encantada.

- Yo soy Agnes, encantada también.

Capítulo 2

La chica a la que ya pude poner nombre, Grace, me llevó hasta la cocina y me ofreció el
desayuno. Una de las cosas que me más caracterizan es mi amor por el café, así que me
supuso una gran alegría que lo hubiese preparado para mí.

- ¿Cómo es que decidiste traerme a tu casa sin conocerme de absolutamente nada? Podría
haber sido, no sé, una psicópata. - dije mientras sujetaba la taza con la mano, esperando a que
se enfriase un poco el café.

- Si te soy sincera, no lo sé, yo tampoco había tenido un gran día como tal y al hablar contigo
pude ver que, como bien dices, no eras una psicópata. - Grace sonrió - Aunque al entrar en la
habitación me has asaltado de una forma un tanto siniestra. - dijo entre risas.

- ¡Dios para! - dije riéndome - no quiero volver a recordar el grandioso ridículo que he hecho
cuando has entrado, enserio, qué vergüenza. ¿Te he dicho que lo siento?

- Sí, creo que unas cinco veces ya - sonrió - vale, te prometo que no te lo vuelvo a recordar.

- Más te vale. Por cierto, ¿Qué hora es? - la batería de mi teléfono se había acabado anoche.

- Las diez y media, ¿tienes que ir a algún sitio? Puedo llevarte a casa ahora.
- Las diez y media, ¡Mierda! entro a trabajar a las 9, a ver,¿estamos muy lejos de Downing
Street?

Mi jefe llevaba unos meses advirtiéndome de que llegar tarde puede suponer un problema
mayor que unos euros menos en el sueldo, y no quería volver a hacerlo, en condiciones
normales nunca me atraso, suelo llegar incluso antes; pero últimamente no era así.

- A unos 20 minutos - dijo recogiendo las cosas - te llevo si quieres.

- Por favor, te lo agradecería de verdad - dije nerviosa.

Nunca me había gustado llegar tarde a los sitios, y mucho menos al trabajo. Soy una persona
un tanto organizada si hablamos de la vida laboral. Aunque un desastre conmigo misma.

Cuando salimos, Grace me llevó unas calles más alejadas, donde tenía su coche aparcado. La
indiqué donde estaba el edificio de mi empresa, y me llevó hacia él.

Llevaba mucho tiempo desmotivada; soy escritora y necesitaba estar prácticamente las 24
horas del día trabajando y maquinando ideas para las novelas, pero estos últimos meses no
tenía nada que me impulsase a seguir. Las continuas discusiones con Harley y mis ganas de
salir de lo habitual, me han llevado a un punto en el que me encuentro francamente, perdida.

Capítulo 3

Las pintas que llevaba eran horribles; si no fuese porque Grace me había dejado unos
pantalones vaqueros negros y una camiseta blanca básica, habría aparecido en el trabajo con
un vestido azul, llevando el escote de mi vida, y muy pero que muy incómoda. Llevaba mi
cabello, castaño oscuro, en una coleta y no me había aplicado ni una gota de maquillaje, no
tuve casi tiempo ni para pensar, salí pitando cuando me di cuenta de la hora.

Llegué prácticamente corriendo a la oficina. Cuando entré, me dirigí a mi despacho a toda


prisa, tratando de perder el menor tiempo posible, sin tener en cuenta el ya perdido por llegar
otra vez tarde. Dejé mis cosas y me senté a continuar ideando tramas para mis novelas.

- Agnes Brown, a mi despacho por favor - escuché la voz de mi jefe a unos pocos metros de mí;
por su tono de voz pude notar que esta vez sería más serio.

Me dirigí al despacho de mi jefe mientras inventaba excusas en mi cabeza, las cuales se


acabaron disipando cuando le vi, de pie frente a mi, y con cara de pocos amigos.

- Buenos días señor Robinson, siento haber llegado tarde, es que...

- Ya van cinco veces, Brown - dijo cortando mi frase.

- Lo sé, de verdad que lo siento - dije sabiendo que no serviría de nada.

- La he dado muchas oportunidades; por reglamento debería haberla echado a la calle el


segundo día que llegó tarde, y no lo hice, porque confiaba en usted, Brown, confiaba en sus
"no volverá a pasar".

- De verdad, señor Robinson, haré más horas, no tengo problema en ello. Ha sido un pequeño
despiste, lo siento.
- He reducido su sueldo las últimas veces, no ha servido; no sé que más hacer para que se dé
cuenta de que no puede seguir haciendo esto a la empresa. - respondió con un semblante
serio.

- No volverá a ocurrir, y esta vez se lo digo de verdad. - dije con un nudo en la garganta -
además, he encontrado una buena trama para mi próxima novela, puedo enseñársela.

- Agnes, siento decirla esto, de verdad, pero creo que la mejor decisión es despedirla; en esta
empresa necesitamos seriedad y responsabilidad, y últimamente esos dos rasgos no son
propios de usted. - dijo. - debería recoger sus cosas, lo siento.

En ese momento algo dentro de mí se rompió; después de mucho tiempo buscando trabajo
para mi oficio había logrado entrar en la empresa "YWH" (Young Writters Here) donde
trabajábamos un gran número de jóvenes escritores. Con mi jefe nunca hice muy buenas
migas, pero ellos, ellos eran mi familia.

Llevo tantos meses desmotivada que siempre se me pasa la hora de ir a trabajar; mis
compañeros siempre me intentan animar pero, ¿Cómo intentar mover un barco que esta
anclado?

Salí del despacho del señor Robinson y me dirigí al mío, aunque ya por poco tiempo. Estuve de
pie, mirándolo durante unos minutos; en ese despacho había creado tantos momentos
maravillosos. En cosa de un año y medio, se había vuelto uno de mis lugares favoritos, porque
no sentía que iba a trabajar; para mí era como un segundo hogar, sobre todo desde que Harley
y yo estábamos mal.

Pero se acabó.

Capítulo 4

Salí del edificio "YWH" con una sensación de vacío inmensa. Recorrí un par de calles sin rumbo
alguno, mientras me planteaba qué hacer; quizá debería volver a casa, pero eso conllevaría
discutir con Harley.

Saqué el teléfono del bolso y le encendí, Grace me había dejado un cargador y había
conseguido acumular un poco de batería, así que podía encenderlo y revisar qué es lo que me
he perdido durante este tiempo. Tenía un par de mensajes de mi madre, recordándome lo
mucho que me quiere y diciéndome por enésima vez diaria que me cuide. Eso provocó que me
calmase un poco (dentro del hecho de que me acababan de echar de mi trabajo ideal y que no
tenía ni idea de donde ir), sabía que la tenía a ella. Bajé un poco más en la barra de
notificaciones y pude ver varias llamadas perdidas de Harley. Abrí uno de los mensajes que me
había dejado.

"¿Me puedes decir donde coño te has metido? Agnes, no pienso esperarte esta vez."

Toda la calma que tenía se esfumó de repente, Harley nunca había sido un tipo fácil; al
principio de nuestra relación todo era idílico y perfecto; como en las típicas novelas
románticas, quizá todo fue muy rápido y con el tiempo nos dimos cuenta de que no estábamos
hechos el uno para el otro. Día tras día nuestra vida de pareja se resumía en peleas, sexo, y
vernos poco porque siempre teníamos cosas que hacer. Nuestra relación se ha roto y
reconstruido muchísimas veces, pero siempre acabábamos volviendo.
Sí, lo sé, soy patética.

"Cuando vuelvas a casa y mis cosas no estén, no te extrañes de nada. Tú solita te lo has
ganado"

Leyendo esto, mis ganas de volver a casa se hacían cada vez más pequeñas; pero debía
hacerlo, total, algún día por mucho que lo quiera evitar tenía que enfrentarme a la situación.
Tenía de dejar de huir de todo. Así que decidí volver al lugar donde Harley y yo vivíamos.

Mierda, no caí en un pequeño detalle. El coche.

Grace me había dado su número de teléfono por si necesitaba cualquier cosa, había sido una
chica muy agradable conmigo. No haberme topado con un acosador mientras caminaba
borracha por la calle es una de las pocas cosas buenas que me han pasado en los últimos
meses. Así que decidí llamarla.

- Hola Grace, soy Agnes - dije cuando descolgó el teléfono.

- Hola, ahora le paso a Grace el teléfono, se está vistiendo. - una voz masculina salió del otro
lado del dispositivo.

- Ah, em... vale sí. ¿Podría preguntarte quién eres? - dije, tratando de averiguar de quien se
trataba la voz misteriosa.

- Soy Dash, el novio de Grace. Oh, mira, ya viene. Te dejo con ella, encantado por cierto. - dijo
él.

- Sí vale, gracias igualmente.

- Hola Agnes, ¿qué tal el trabajo? Saliste muy pronto, ¿no? - dijo Grace al otro lado.

- Sí, verás. Necesito volver a casa y no tengo coche, siento molestarte otra vez pero, ¿podrías
venir a buscarme? Por favor.

- Sí, claro que sí. No te preocupes, voy enseguida. ¿En el mismo sitio en el que te dejé esta
mañana, verdad?

- Sí, es ahí. Gracias de verdad. - dije. Grace colgó el teléfono y esperé a que llegase.

Un viento frío me rozó la cara, mientras esperaba a que llegasen comencé a montarme
escenarios imaginarios en la cabeza sobre cómo sería mi encuentro con Harley, sea cual fuere,
no creo que resultase fácil.

Capítulo 5

Tras unos minutos pude ver el coche de Grace acercándose; dentro de él también estaba Dash.
Ambos me dieron una sonrisa y monté en el coche. Tras contarles mi desastrosa situación en el
trabajo, llegamos finalmente a mi casa.

- Lo que necesites llámame, de verdad Agnes. - dijo Grace antes de despedirse - Y espero que
encuentres trabajo pronto, siento mucho lo de hoy.

- No te preocupes. Y sí, me pondré a buscarlo lo antes posible. Gracias de verdad. - dije


despidiéndome con una sonrisa mientras bajaba del coche.
Me encontraba delante del edificio donde se encontraba nuestro piso. Me quedé de pie
mirándolo como una completa tonta, hasta que decidí que era el momento de entrar. Subí las
escaleras y llegué a la puerta de nuestra casa. Abrí la puerta lentamente, no sabía qué
panorama iba a encontrar detrás.

- ¿Hola? - dije al entrar.

Nada, silencio. Al parecer la casa estaba vacía por lo que decidí pasar hasta la habitación que
compartíamos Harley y yo. No sé que pretendía hacer, la verdad es que esperaba encontrarme
con un Harley cabreado que me reprochase quinientas cosas nada más entrar, pero nada,
vacío.

Me senté en el borde de la cama mientras observaba todo mi alrededor. Entre esas cuatro
paredes había creado tantos buenos como malos recuerdos, y no podía evitar que me diese
cierta pena.

Todo se disipó cuando escuché la puerta abrirse, al hacerlo pude escuchar pasos que indicaban
que Harley ya había llegado. Así que decidí por una vez ser yo la que se enfrentase a todo.

Salí de la habitación decidida a hacerle frente a mi novio, exnovio o lo que sea que fuésemos
ahora. Porque, sinceramente, ni siquiera yo sabía en qué punto estábamos. Llegué al pasillo
principal cuando vi a Harley, pero, para mi sorpresa, no estaba solo. A su lado se encontraba
una chica pelirroja, ambos estaban coqueteando en la puerta.

Harley se giró y me vio. El acaloramiento que llevaba encima se le debió de disipar en un


momento; porque se repente su tez se volvió blanca, y por un momento parecía que se fuese a
desmayar.

- Esto era lo que estabas esperando, ¿verdad? - dije llena de ira.

- Agnes, yo..... - dijo tratando de disculparse, o qué se yo lo que estaba tratando de hacer.

- No Harley, si tenías razón. No sé de que me sorprendo. - dije.

Automáticamente me dirigí a nuestra habitación, no me iba a dar tiempo a recoger todo lo que
tenía allí; pero tampoco quería estar más tiempo compartiendo espacio con mi ahora
definitivo exnovio. Así que cogí algo de ropa interior, un par de camisetas y de pantalones y los
metí en la maleta que guardaba debajo de la cama. Metí un puñado de cosas sin mirar, las
cuales supuse que me servirían.

Una vez cerré la maleta, me dirigí a la puerta.

- Agnes, escúchame - dijo Harley agarrándome del brazo.

- Harley, suéltame. No pienso escucharte, olvídame, de verdad te lo digo. Se acabó. - le dije


mientras me movía para que dejase de sujetar mi brazo. Dirigí la mirada a la chica pelirroja -
mucha suerte cielo, la vas a necesitar. - la dije. Y sin pensármelo más, salí del que hasta hace
unos minutos había sido mi hogar.

No, no tenía ni la más mínima idea de dónde iba a ir. Tampoco podía volver a pedirle a Grace
que me acogiese en su casa, y menos ahora que sé que tiene vida de pareja. Así que cogí mi
coche, y fui sin rumbo.
Capítulo 6

Miles de preguntas recorrían mi cabeza mientras conducía sin rumbo por la carretera. Mi
maleta, el coche y yo misma, era lo único que tenía en esos momentos. No quería volver, no
pensaba perdonar a Harley algo así; por lo que estaba segura al cien por cien de que no
regresaría a la que fue mi casa hasta hace unas horas.

De pequeña, mis padres me llevaban al parque. Podía pasarme horas y horas jugando allí,
tanto sola como con otros pequeños que se acercaban para preguntarme si quería jugar con
ellos. Recuerdo que a veces, había estado tan metida en los juegos que me desorientaba, y
cuando salía al mundo real, miraba alrededor y no encontraba a mis padres. Por un momento
me sentía perdida y sola, hasta que me daba la vuelta y aparecían allí, porque nunca se habían
ido. Así me sentía yo en esos momentos, perdida y sola.

Estaba anocheciendo, genial, no tenía lugar donde dormir, ni comida, ni casi dinero;
definitivamente Agnes, eres una jodida impulsiva.

Decidí volver a la ciudad, a intentar sobrevivir hasta que sepa qué hacer; tampoco quería
llamar a mi madre. No quería preocuparla, y sé que si se lo contaba iba a hacer lo imposible
por venir a buscarme y llevarme a casa.

Me dirigí hacia un restaurante de comida rápida, donde ordené un perrito caliente y una
ración de patatas para llevar. No quería comer dentro del restaurante; demasiadas familias
con pequeñajos revoloteando alrededor de las mesas, y muchas parejas con poco presupuesto
teniendo citas románticas. Por favor, no quería que se me quitase el hambre, suficiente tenía
con lo mío.

Con mi comida una vez en la mano, me dirigía a la plaza de Trafaglar Square donde decidí
sentarme a comer bajo sus luces.

Cené mientras sonaba en mis auriculares "IDK you yet" una de mis canciones favoritas.
Definitivamente hay canciones con las que te sientes en casa, no importa cuándo la escuches
ni cuántas veces lo hagas. Sabes que pase lo que pase esa canción te hará sentir seguro.

Terminé de comer, perfecto Agnes, ¿ahora dónde se supone que vas a dormir? mierda.

Todas las personas que hayan visitado Londres alguna vez, sabrán que no se puede dormir en
la calle en los días de frío; bueno, ni en los de calor, pero ese no es el caso.

¿Qué hizo la maravillosa Agnes ante esta situación? Levantarse y andar, otra vez, sí, soy
patética. Podría haber buscado alojamiento, llamado a alguien, pero no; la cabezota de Agnes
que se puede valer por sí sola siempre y no necesita ayuda de nadie decidió andar rumbo a la
nada.

Aunque quizá más tarde me daría cuenta de que la idea no fue tan patética como pensaba.

Capítulo 7

Comenzó a llover, dios pero ¿Qué mas podía salir mal hoy? si me hubiesen dicho que iba a caer
un meteorito con la maravillosa suerte de estamparse encima de mí, me lo hubiese creído sin
duda.
- Mierda, joder - dije en alto intentando resguardarme de la lluvia y tratando de no mojarme
mucho.

- No creo que debas quejarte tanto, si vienes a Londres deberías saber que llueve casi siempre
- dijo una voz masculina detrás mío.

Al levantar la cabeza y darme la vuelta; vi a un chico moreno, vestido con unos jeans negros y
un jersey rojo. Me estaba mirando con un semblante muy serio, será maleducado.

- Siento decirte que si vienes a hacerte el gracioso, este no es mi día. - le dije intentando
mantener la compostura.

- No sé si me ves riéndome, pero bueno. Venga, no creo que hayas tenido tan mal día - dijo con
media sonrisa en la boca.

Me estaba estresando, ¿enserio?

- Bueno, si para ti un buen día incluye que me haya despertado en casa de una desconocida
con una resaca enorme, que me hayan echado del trabajo y, además, haya pillado a mi novio
con otra y esté aquí sin un lugar donde ir, sí, he tenido un gran día. - le dije.

Su cara en esos momentos era indescriptible, una mezcla entre asombro y diversión asomaba
en su rostro. De repente, sonrió, mucho, como si le acabase de contar la anécdota más
graciosa del mundo. Definitivamente este chico me estaba irritando.

- ¿Se puede saber de qué demonios te ríes? Mira, no se ni siquiera que hago hablando contigo,
no te conozco; ¿sabes qué? paso. - dije, y comencé a andar.

- Tienes un poco de kétchup en la boca, por eso me río. - dijo. Agnes, ¿puedes dejar de ser tan
patética? - Y, ¿dónde se supone que vas a ir? acabas de decirme que no tienes donde
quedarte.

Lo peor de todo es que el chico tenía razón, ¿Qué iba a hacer ahora?

Capítulo 8

La lluvia me estaba empapando completamente y lo único que estaba haciendo yo, era hablar
con un completo desconocido en vez de resguardarme; creo que soy capaz de adivinar quien
va a pillar un buen resfriado.

- Mira, no tengo ni idea de quién eres, pero creo que me estás haciendo perder el tiempo.
Además, lo único que has hecho desde que hemos entablado conversación es reírte de mí -
dije furiosa.

- Vaya... qué carácter - dijo sonriendo - yo que te iba a invitar a tomar un chocolate caliente
para compensar el día tan maravilloso que has tenido hoy.

Por favor, ya no sé si agradecerle su "amabilidad" o cruzarle la cara, no deja de reírse y me está


poniendo muy nerviosa.

- Mira yo no sé quién te has...

Antes de que terminase la frase, el moreno me agarró del brazo y comenzamos a andar. Ya
notaba la lluvia adentrarse hasta enfriarme los huesos.
- ¿Se puede saber dónde me llevas? - dije tratando de encontrar una solución a esta repentina
"huida entre la lluvia".

- Si te lo digo, ya no tiene gracia. - dijo el moreno mientras agarraba mi brazo. - además, te


agradecería que dejases de ser tan jodidamente borde y te dejases llevar un poco, te iría
mejor, créeme.

Le fulminé con la mirada, segundos después el chico se puso detrás de mí y me tapó los ojos
con sus manos, mientras seguíamos andando pero esta vez más lento.

Tras varios minutos de camino, tropezones y risas por su parte, parece que estábamos
llegando a su destino.

- Escúchame, voy a descubrirte los ojos, pero antes quiero que aceptes una condición. - dijo él
mientras frenaba el paso.

- Más te vale que no sea una tontería lo que vayas a decirme, porque aunque no lo creas,
acabo de proponerme mentalmente ser más amable contigo - dije con un tono amenazador.

- Una condición, aceptarás cualquier cosa que te ofrezca durante esta noche. - dijo casi
susurrando en mi oído.

- Eh, quieto parao - dije - ¿me permites poner una condición dentro de la propia condición? -
respondí .

- Adelante, pongamos condiciones.

- Aceptaré cualquier cosa que me ofrezcas durante esta noche, siempre y cuando no sea droga,
sexo o el encubrimiento de un crimen terrible. - afirmé.

- Trato hecho morena - dijo riéndose - ahora, déjame enseñarte el lugar anda, vas a acabar con
una hipotermia si seguimos mucho tiempo más en la calle.

El chico me destapó los ojos; delante de mí tenía una cafetería, sí, una simple cafetería. Pero
algo me hizo ver que no era como las demás; era simple, pero acogedora. Al entrar en ella un
suave aroma a canela recorrió mis orificios nasales. Al fondo de la cafetería, se encontraban
unos sofás color crema, al lado de una estantería llena de libros los cuales la gente tomaba
prestados mientras permanecían allí. Además la melodía de "My Way" de Frank Sinatra,
resonaba por todo el local haciéndolo aún más acogedor.

- Esto es... simplemente... - no sabía qué decir, este sitio era increíble.

- Es simplemente una cafetería, sí. Como cualquier otra, creí que quizá podría gustarte,
además, te dije que te iba a invitar a un chocolate caliente. - dijo mientras nos adentrábamos
aún más allí.

Fuimos directos hacia el sofá que quedaba libre y nos sentamos allí, junto a una pequeña
chimenea de la cual agradecía su calor.

- Un chocolate caliente, ¿verdad? - me dijo el chico.

- Sí, con más leche que chocolate, por favor. - respondí amablemente.

- Bien, voy a pedirlo - dijo levantándose.

- Oye... aún no me has dicho tu nombre, Don condiciones.


- Marc, me llamo Marc. ¿Y tú, Doña amable?

- Eh, no me seas así, no soy tan borde - dije.

- ¿Vas a responder a mi pregunta? Ya habrá tiempo para debatir sobre tu grado de amabilidad.

- Agnes, me llamo Agnes. - dije.

El moreno me dio una media sonrisa y se dirigió hacia la barra.

Capítulo 9

Si aquella mañana alguien me hubiese dicho que iba a acabar con un desconocido tomando un
chocolate en una cafetería del centro de la ciudad, jamás le hubiese creído. Pero allí me
encontraba, con Marc, divagando sobre diferentes temas de conversación.

- ¿Enserio piensas que es mucho mejor la película que el libro de orgullo y prejuicio? - dijo
Marc

- Pues definitivamente sí, se entiende mejor - afirmé - oh, por dios, no me digas que eres el
típico que odia las películas por encima de cualquier cosa - supliqué mientras daba vueltas al
chocolate.

- Por dios Agnes, ¿por quién me has tomado? - dijo tratando de verse serio - claro que me
gustan las películas, pero no estoy de acuerdo en absoluto con que esa película sea mejor que
el libro, punto.

- Vale, pues yo no estoy de acuerdo en que seas tan raro - dije aguantándome la risa.

- Perdóneme, doña no me mires, ni me toques y ni siquiera me hables porque está lloviendo


en Londres - dijo riéndose.

- Porque me he propuesto ser mas amable contigo, que sino ya te habría cruzado la cara más
de una vez - dije sonriendo irónicamente.

Aunque me cueste admitirlo, Marc era un chico divertido, hemos hablado de diversos temas y
nunca nos quedamos sin ideas.

Supongo que a veces nos cerramos, porque hemos sufrido mucho o recibido tantos golpes a lo
largo de nuestra vida que de repente aparece una capa invisible que hace que no queramos
socializar con nadie más. No por que seamos solitarios, o sosos, sino porque tenemos miedo
de que nos vuelvan a hacer daño.

Deduzco que eso fue lo que me pasó con Marc cuando le conocí.

Marc y yo salimos del bar después de pasarnos alrededor de dos horas hablando de todo un
poco. Había frenado un poco la lluvia, por lo que fue la ocasión perfecta para dar un paseo un
rato. Aunque seguía teniendo frío, el rato en el bar hizo que entrase un poco en calor, por lo
que ahora podía permitirme volver a salir un rato a la calle.

- Y dime, Agnes, ¿has pensado ya dónde pasar la noche? - dijo Marc.

- Pues sinceramente no, pero me las apañaré, no te preocupes - le respondí.

Tras unos minutos en silencio, Marc se paró en frente de mí.


- Igual te suena raro, pero vivo a unas manzanas de aquí, vivo solo con mi perro en un
apartamento. Hay sitio, por si quieres venir. - dijo, en su tono de voz se notaba que no sabía
como proponérmelo.

- Verás Marc, agradezco mucho tu amabilidad, de verdad, pero no te conozco casi en absoluto,
por lo que prefiero irme a un hotel y ya mañana planearé qué hacer después. - le aclaré -
espero que no te moleste, de veras, muchas gracias de todas formas.

- Claro que no me molesta, de hecho te entiendo - dijo Marc con gesto de despreocupación. -
también conozco un hotel a pocos metros de aquí, si quieres puedes pasarte por allí.

- Sí, se que hotel dices, creo que iré - respondí dispuesta a despedirme ya.

Marc se acercó a mí y me tendió una pequeña bolsa de tela.

- Cógelo, Agnes.

Cogí la bolsita, y cuando la abrí, había varios billetes en su interior.

- Yo... esto...Marc, no - dije confundida.

- Agnes recuerda lo que dije al principio de la noche, aceptarías lo que te pidiese, dentro de tus
condiciones claro - dijo con una media sonrisa - así que solo te pido que me dejes pagarte el
hotel, por favor.

- De veras Marc, no hace falta, pero muchísimas gracias, enserio.- dije sonriendo.

- No hay de que, que pases buena noche Agnes. - respondió devolviéndome la sonrisa.

Marc dio media vuelta y se alejó.

- ¡Espera! - grité. El moreno se giró hacia mí - ¿Nos volveremos a ver? - pregunté.

Marc simplemente sonrió y volvió a alejarse sin mediar ni una sola palabra.

Capítulo 10

La habitación del hotel era muy pequeña; con algunos muebles de madera los cuales tenían
pinta de ser muy antiguos - y no solo por la apariencia, sino por cómo chirriaban al abrir y
cerrar las puertas - desde luego espero no haber despertado a nadie, y es que no exagero
cuando digo que el ruido era insoportable.

Ya estaba amaneciendo cuando sonó el despertador que puse anoche en mi teléfono para
acordarme de que tenía que abandonar la habitación del hotel pronto, así que después de dar
mil vueltas enredada entre las sábanas, decidí levantarme.

Marc me dejó un poco desorientada después de la despedida de anoche, quizá solo fue una
persona fugaz que pasó por mi vida para ayudarme a no morir de frío al anochecer.
Mencionando eso, fue muy considerado por su parte haberme ayudado de tal forma.

Abrí la maleta a ver qué me encontraba; cuando me fui de casa estaba tan enfadada que no
recordé siquiera la ropa que había metido. Tras echarla un vistazo, decidí ponerme unos
vaqueros anchos azul marino, y un jersey negro que me llegaba por debajo de la cadera. Desde
luego hacía muchísimo frío así que cogí el abrigo que llevaba anoche, el cual puse a secar en el
calefactor del baño.

Cuando recogí todo me dispuse a salir a desayunar, estaba muerta de hambre así que fui al bar
que visité ayer con Marc.

- Un café con leche, por favor - dije al camarero.

- ¿Quiere algo de comer? - asentí y me ofreció distintas opciones, al final decidí tomar unas
tostadas.

- Son 6 dólares - me dijo el camarero.

Anoche me sobró un poco del dinero que me dio Marc, por lo que es con lo que pagaría el
desayuno. Cuando me dispuse a sacar el dinero de la bolsita se me cayó un pequeño papel de
dentro.

Le recogí y algo estaba escrito en su interior : Marc Jones, llámame morena 7700123456.

Y en ese instante, entendí todo.

Mientras desayunaba reflexioné sobre todo lo que había pasado en tan poco tiempo, y sigo sin
saber por qué no me afectó tanto en un primer momento; quizá porque estaba tan ocupada
pensando en dónde ir que no tuve tiempo para sopesar el giro que había dado mi vida en un
día.

Salí decidida

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