Complicidad Primaria
Complicidad Primaria
I. Planteamiento
[*] Abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con estudios de Maestría con mención en
[1]
reconocen al encubrimiento como tercera forma de participación criminal junto a la inducción y la
-
lativa, en la cual se optaba por un punto de vista contrario, es decir, concebir al encubrimiento como
participación
propia e impropia. Así, por ejemplo, ANTÓN ONECA, José. Derecho Penal. 2ª edición. Akal, Madrid,
1986, p. 454; sobre la base de la regulación de la autoría y la participación previa al vigente CP español
típica autónoma, la que se encuentra en relación con la comisión de un hecho punible previo (artículos
que dicho hecho pueda ser descubierto o para evitar la investigación del mismo o para eludir la captura
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-
bas por un criterio netamente cualitativo, a saber, el nivel de relevancia del
en nuestro derecho positivo junto con las tres formas de autoría y la insti-
-
fo del artículo 25 del CP) y una secundaria
implica entender, en sentido inverso, que la ayuda prestada al autor durante la fase ejecutiva debe
intervenir en un delito con posterioridad a su ejecución, pues tal como lo señaló MEZGER, Edmundo.
Derecho Penal. Libro de estudio. Tomo III. Parte Especial. Traducción de la 6ª edición alemana por
-
renciación entre participación y favorecimiento, es por lo general, saber si el hecho precedente ha sido
consumado”, ya que el encubrimiento (o “favorecimiento” en los términos de MEZGER) requiere un
hecho precedente; mientras que la participación un hecho inminente.
aunque no culpable, es decir, se requiere la presencia de una accesoriedad limitada (acerca de la rele-
vancia de la accesoriedad en el encubrimiento, Cfr. GILI PASCUAL, Antoni. “Consideraciones sobre
el concepto de accesoriedad en el encubrimiento”. En: CPC. N° 61. Edersa, Madrid, 1997, p. 183),
manera, en el supuesto en el que falte esta atribuibilidad respecto de uno de los sujetos que intervienen
encubridor, no precisa ser un conocimiento cabal del hecho, pues basta con que este comprenda, como
límite inferior, los rasgos esenciales del hecho previo que se quiere encubrir), es decir, que se requiere
animus adjuvandi y la
encubridor no debe de haber intervenido en el delito previo ni como autor ni como cómplice (de donde
delito –tal como señala la doctrina mayoritaria– haya sido pactada previamente, de tal manera que per-
-
da, siendo necesario un cambio de perspectiva metodológica.
Ahora bien, constituyendo un dato cierto que la complicidad primaria es legal-
mente reconocida –por citar algunos casos– en el derecho positivo peruano y es-
pañol, lo primero que se demanda –de lege lata– es establecer una delimitación
[2] PÉREZ ALONSO, Esteban Juan. La coautoría y la complicidad (necesaria) en Derecho Penal.
Comares, Granada, 1998, p. 327.
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.
[4]
[3] OCTAVIO DE TOLEDO Y UBIETO, Emilio y HUERTA TOCILDO, Susana. Derecho Penal. Parte
General. 2ª edición, Editor Rafael Castellanos, Madrid, 1986, p. 507.
[4] Cfr. BOCKELMANN, Paul. Relaciones entre autoría y participación. Abeledo-Perrot, Madrid, 1960,
p. 7; PEÑARANDA RAMOS, Enrique. La participación en el delito y el principio de accesoriedad.
Manual de Derecho Penal. Parte
General La autoría y la par-
ticipación criminal
DAVID ROSALES ARTICA
. [7]
[5] Citado por GÓMEZ GONZÁLEZ, Orlando. Participación criminal: Análisis doctrinal y jurisprudencial.
Dykinson, Madrid, 2001, p. 118.
[6] Cfr. QUINTERO OLIVARES. Ob. cit., p. 623.
[7] Cfr. GÓMEZ GONZÁLEZ. Ob. cit., pp. 127-129.
[8] Cfr. PEÑARANDA RAMOS. Ob. cit., p. 239.
[9] Cfr. ZUGALDÍA ESPINAR, José M. (Director) y PÉREZ ALONSO, Esteban J. (Coordinador). Derecho
Penal. Parte General. 2ª edición, Tirant lo Blanch, Valencia, 2004, p. 729; BLANCO CORDERO,
Isidoro. Límites a la participación delictiva. Las acciones neutrales y la cooperación en el delito.
Comares, Granada, 2001, p. 16.
[10] Tratado de Derecho Penal. Parte General. Traducción
de Miguel Olmedo Cardenete. 5ª edición, Comares, Granada, 2002, pp. 706-707.
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punibilidad.
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hecho principal”[15].
La mayor parte de las opiniones doctrinales establece que para relacionar ade-
cuadamente el hecho del autor con el del partícipe, concurrentes en la reali-
-
nible del autor desencadene la punibilidad de los partícipes (que se denomi-
na accesoriedad cuantitativa
de los elementos del delito (tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad) que de-
ben constituir objeto de referencia para las conductas de participación (que se
[11] Cfr. PEÑARANDA RAMOS. Ob. cit., p. 336; ZUGALDÍA ESPINAR y PÉREZ ALONSO. Ob. cit.,
p. 703.
[12] Cfr. OLMEDO CARDENETE, Miguel. La inducción como forma de participación accesoria. Edersa,
Madrid, 1999, p. 212.
[13] Cfr. MIR PUIG, Santiago. Derecho Penal. Parte General. 8ª edición, de F, Montevideo-Buenos Aires,
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pación.
[14] Cfr. ZUGALDÍA ESPINAR y PÉREZ ALONSO. Ob. cit., p. 729.
[15] GÓMEZ GONZÁLEZ. Ob. cit., p. 129.
DAVID ROSALES ARTICA
[16] Para SANCINETTI, Marcelo. “El ilícito propio de participar en el hecho ajeno. Sobre la posibilidad de la
Ilícito personal y participación. 2ª edición, Ad-Hoc,
Buenos Aires, 2001, pp. 59-61 y 90; estas dos nociones de la accesoriedad se encuentran relacionadas,
idea de la autonomía de la participación, llega a sostener que: “desde el punto de vista de una teoría de
la responsabilidad que se base en el quebrantamiento de una norma de conducta que sirve de modelo del
cuantitativo del hecho en su conjunto, es decir, como si un solo autor lo ejecutara todo”.
Cfr., también, ROBLES PLANAS, Ricardo. La Participación en el delito: Fundamento y Límites.
Marcial Pons, Madrid-Barcelona, 2003, p. 175; para quien la accesoriedad cuantitativa hace referencia
a que el castigo de la participación depende de la continuación por parte del autor de la acción que ha
ESTUDIOS CRÍTICOS DE DERECHO PENAL PERUANO
, [19]
-
titativa, entonces, es un requisito derivado del principio del hecho que debe
respetar todo Estado de Derecho[21].
[23] Cfr. GARCÍA CAVERO, Percy. Lecciones de Derecho Penal. Parte General. Grijley, Lima, 2008, p. 584;
PEÑA CABRERA, Raúl. Tratado de Derecho Penal. Estudio Programático de la Parte General. 1ª reim-
presión de la 3ª edición, Grijley, Lima, 1999, pp. 350 y 352; VILLA STEIN, Javier. Derecho Penal. Parte
General
1110; BRAMONT ARIAS, Luis Alberto. Derecho Penal peruano. Ediciones jurídicas Unife, Lima, 2004,
pp. 419-420; ROJAS VARGAS, Fidel. Estudios de Derecho Penal. Jurista editores, Lima, 2004, p. 193.
[24] Cfr. PEÑARANDA RAMOS. Ob. cit., p. 255; BACIGALUPO, Enrique. Principios de Derecho Penal.
Parte General. 5ª edición. Akal, Madrid, 1998, pp. 379-380; GÓMEZ GONZÁLEZ. Ob. cit., pp. 127 y
131; OLMEDO CARDENETE. Ob. cit., pp. 208 y 215; OCTAVIO DE TOLEDO y HUERTA TOCILDO.
Ob. cit., p. 509; ZUGALDÍA ESPINAR y PÉREZ ALONSO. Ob. cit., p. 731; BUSTOS RAMÍREZ,
DAVID ROSALES ARTICA
accesoriedad mínima por considerarlo coherente con la concepción personal de lo injusto y por no
suponer la admisión de un tipo de lo injusto independiente de la participación, ni la consideración de
la participación como un delito autónomo. Para salir al frente de las críticas que sostienen que con la
accesoriedad mínima la participación sería punible incluso en los supuestos donde concurre una causa
del autor y el partícipe lo sabe. En ese caso falta en la conducta del partícipe el desvalor de la acción”.
vigencia en Alemania, ello debido a que en el modelo causalista imperante por entonces, el dolo
radicaba en la culpabilidad y su presencia era imprescindible a efectos de fundamentarla. Quienes
entendían la punibilidad de la participación sobre la base de este criterio, requerían que el autor
haya obrado típica, antijurídica y culpablemente, esto es, con responsabilidad plena, salvo el su-
En la doctrina penal, MAURACH, GÖSSEL y ZIPF. Ob. cit., pp. 487 y 488 §53 Nº 97; se muestran
-
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ESTUDIOS CRÍTICOS DE DERECHO PENAL PERUANO
GARCÍA CAVERO. Ob. cit., p. 586. Para este autor, la accesoriedad cualitativa implica que el autor
quebrantado su rol de ciudadano, “lo que presupone evidentemente la capacidad de culpabilidad del
autor”. De esta manera, si quien lleva a cabo la ejecución del hecho principal es un inculpable, “el
personal y no tiene por qué afectar al acto típico e injusto en el cual el partícipe ha colaborado. Por lo
cual, si un menor de edad comete un delito contando con la complicidad de un sujeto imputable, se
culpable, con lo cual no recae impunidad en quien intervino sin ser menor de edad. En este sentido,
lo injusto cometido por el autor y no en la culpabilidad”. Véase también, MIR PUIG. Ob. cit., p. 402
p. 381. Estos autores consideran que la culpabilidad es una cuestión
personal de cada sujeto y, por lo tanto, que falte esa atribución en uno de los que toman parte en un
ilícito penal solo puede afectarle a él. De esta forma, no se quiebra la relación entre el hecho y los
c) Hiperaccesoriedad.
La comunicabilidad de las
circunstancias y la participación delictiva. Civitas, Madrid, 1995, pp. 133-134; por lo general, esta
forma de accesoriedad ha estado sometida a dos tipos de interpretaciones: por un lado, se dice que
condiciones que determinan la punibilidad del autor. Por otro lado, también se la ha entendido
como sometimiento del partícipe a las cualidades personales del autor, de tal manera que las cir-
perjudican al partícipe.
ocurre cuando las circunstancias personales han pasado a constituir parte del injusto, como sucede,
por ejemplo, en el parricidio. Las consideraciones sobre este problema no pueden ni pretenden ser
abordadas en este estudio. Al respecto, BUSTOS RAMÍREZ. Ob. cit., pp. 475-477.
[26] En doctrina se le denomina también “accesoriedad media”. Cfr., QUINTERO OLIVARES. Ob. cit.,
p. 623.
DAVID ROSALES ARTICA
Una de las principales consecuencias a las que se arriba con el empleo del cri-
terio de la accesoriedad limitada –que aparentemente se adapta mejor al de-
recho positivo peruano– es que posibilita evitar la impunidad del partícipe,
-
Bus-
tos R
lo que es un injusto (un delito) y la otra porque parte de algo que todavía no
es un injusto (delito)”[27].
2. La complicidad
-
, la complicidad implica un comportamien-
[28]
-
plicidad es designado a través de la noción de “prestación” , la que entra-
[29]
de un hecho punible por parte de otro, siendo los requisitos para que pueda
[27] Cfr. BUSTOS RAMÍREZ, Juan. Manual de Derecho Penal. Parte General. 1ª reimpresión de la 4ª
edición. PPU, Barcelona, 1994, p. 474.
[28] Cfr. GARRIDO MONTT, Mario. Etapas de ejecución del delito. Autoría y participación. Editorial
Jurídica de Chile, Santiago, 1984, p. 339.
[29] Cfr. ROXIN, Claus. Strafrecht. Allgemeiner Teil. Band II. Besondere Erscheinungsformen der Straftat.
Beck, München, 2003, p. 192 § 26 Nº 183.
[30] Cfr. QUINTERO OLIVARES. Ob. cit., p. 628; GARCÍA CAVERO. Ob. cit., p. 591.
-
y doloso” (ROXIN. Strafrecht. Band II. p. 192 § 26 Nº 183); “cooperador o cómplice, en sentido amplio,
p. 387);
cometido por otro” (DONNA. Ob. cit., p. 107); “(l)a complicidad es la forma subordinada de fomento
(“fomentar”) a la resolución autodeterminada de otro de cometer un delito, ya sea en su preparación
o ejecución” (KÖHLER, Michael. Strafrecht. Allgemeiner Teil. Berlin, Heidelberg, Springer-Verlag,
New York, 1997, p. 532); “complicidad es la cooperación dolosa en un hecho punible cometido dolosa-
mente por otro” (MAURACH, GÖSSEL y ZIPF. Ob. cit., p. 452 §50 Nº 1).
[31] KÖHLER. Ob. cit., p. 532.
[32] Ídem.
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de un hecho punible por parte del autor. Hay que precisar, empero, que nin-
guno de los preceptos legales destinados a regular la complicidad delictiva,
con el autor. No obstante ello, a nivel de la doctrina penal se reconoce que tie-
material, sino también es po-
psíquicos . Respecto a los primeros, se sostiene que
[33]
se pueden resumir en el hecho de “dar o hacer” algo, esto es, la entrega de de-
-
hecho punible (por ejemplo: indicar donde se guardan joyas o dinero, cómo
abrir cajas fuertes, la prestación de consejos o la asesoría técnica o profesio-
nal). A pesar de la notoria distinción entre ambas formas de colaboración, es
-
can tan juntos que sea difícil diferenciarlos. Así, por ejemplo, cuando un suje-
to (cómplice) entrega a otro (autor) un instrumento, el cual si bien este último
[35]
.
No podemos dejar de mencionar aquí, que constantemente se plantean pro-
blemas en torno a la denominada complicidad psíquica, es decir, aquella que
[33] Cfr. BACIGALUPO. Ob. cit., p. 387; OCTAVIO DE TOLEDO, HUERTA TOCILDO. Ob. cit., p.
546; DONNA. Ob. cit., p. 108; BLANCO CORDERO. Ob. cit., p. 18; MUÑOZ CONDE, Francisco y
GARCÍA ARÁN, Mercedes. Derecho Penal. Parte General. 7ª edición. Tirant lo Blanch, Valencia,
2007, p. 444; BUSTOS RAMÍREZ y HORMAZÁBAL MALARÉE. Ob. cit., p. 413; ZUGALDÍA
ESPINAR y PÉREZ ALONSO. Ob. cit., Derecho Penal alemán. Parte
General
Editorial Jurídica de Chile, Santiago, 1997, p. 143; MAURACH, GÖSSEL y ZIPF. Ob. cit., pp. 452
pp. 744-745;
Derecho Penal. Parte General I. Hammurabi, Buenos Aires, 2005, p.
p. 348; COBO DEL ROSAL, Manuel y VIVES ANTÓN,
Derecho Penal. Parte General. 5ª edición. Tirant lo Blanch, Valencia, 1999, p. 760.
[34] DONNA. Ob. cit., p. 108; denomina la prestación de una colaboración no material como “complicidad
intelectual o psíquica”.
[35] Cfr. MAURACH, GÖSSEL y ZIPF. Ob. cit., p. 452 §52 Nº 2.
DAVID ROSALES ARTICA
comisión del delito (es claro que no podría admitirse complicidad, cuando un
sujeto con su comportamiento genera la resolución criminal en otro, pues esto
-
-
-
-
mo, si no hubiese contado con el apoyo psicológico de otro sujeto (el cómpli-
-
-
caciones recibidas o le sobraba valor para cometer el delito [36]
conducta delictiva”[37].
Desde la óptica de la composición subjetiva de la complicidad, habría que in-
dicar –según el artículo 25 del CP peruano– que esta es netamente dolosa, en
[38]
por lo que basta con un dolo eventual[39]; mientras que el simple error sobre el
-
-
dad. Asimismo, cabe indicar que el alcance del dolo del cómplice determina-
-
-
to), así como con la ejecución del hecho principal, por lo que el dolo debe ser
doble[40]. En tal sentido, se sostiene que el partícipe no puede responder por el
-
-
cipe [41]
-
[42]
.
Penal”. Cfr. ROSALES ARTICA, David. “Concepto normativo del dolo en el Derecho Penal”. En:
Gaceta Penal Nº 6. Gaceta Jurídica, Lima, 2009, p. 83.
[39] Cfr. CEREZO MIR. Ob. cit., 234; CÓRDOBA RODA y RODRÍGUEZ MOURULLO. Comentarios al
Código Penal
[40]
[41] ZUGALDÍA ESPINAR y PÉREZ ALONSO. Ob. cit., p. 732.
[42] Cfr. MAURACH, GÖSSEL y ZIPF. Ob. cit., pp. 460 §52 Nº 34 y 35.
ESTUDIOS CRÍTICOS DE DERECHO PENAL PERUANO
-
da su voluntad . [43]
Por otro lado, no es necesario que el autor sepa de la ayuda que se le presta[44]
(se trata del supuesto denominado como “complicidad clandestina”[45]); em-
pero, distinto es lo que sucede si un sujeto desconoce o ignora que presta una
-
ca la opinión doctrinal dominante , no hay complicidad, pues la complici-
[46]
-
dualmente por la conducta imprudente llevada a cabo, circunstancia en la que
-
prudentes –se sostiene mayoritariamente– no es posible diferenciar entre auto-
Quinte-
ro Olivares, “el tipo de delito imprudente encuentra su esencia en la infracción
de la norma de cuidado en el sentido que quería evitar la norma protectora. Eso
permite, ante todo, concebir imprudencias de diferentes personas a la vez,
relacionadas con el mismo suceso, pero no la ayuda de una a la impruden-
cia de otra, ya que cada cual infringe su propia norma de cuidado”[48]. En
la misma línea, tampoco sería posible aceptar la complicidad dolosa en un de-
lito culposo, pues como el cómplice tendría un dominio superior al autor inme-
diato (el sujeto imprudente), se reconduciría este tipo de supuestos a la autoría
mediata[49]
imprudente, de manera que bien puede tener lugar la participación imprudente en un delito doloso, así
“Artículo 25.-
-
ta para el autor.
A los que, de cualquier otro modo, hubieran dolosamente prestado asis-
.
Penal se reconocen dos
formas de complicidad: primaria y secundaria
el cómplice primario -
.
[50]
[50] Al respecto, es importante recordar que la regulación de la complicidad primaria en nuestro país –y con
ello la diferenciación entre dos tipos de complicidad– surge recién a partir del CP de 1991. En efecto,
el CP peruano de 1863 sostenía en su artículo 15 que: “Son cómplices los que indirecta y secundaria-
que tomaren parte en la ejecución, o los que intencionalmente decidieran a otro a cometerlo, o los que
-
tado asistencia para cometer el hecho punible”.
[51] En la doctrina peruana, BRAMONT ARIAS. Ob. cit., p. 429; ha descrito a los cómplices secundarios
como “partícipes cuya intervención no fue necesaria para que el hecho sucediere, tal como sucedió,
porque no contribuyeron con nada cuyo defecto hubiera variado la ejecución o sus modalidades”.
[52] Para BUSTOS RAMÍREZ y HORMAZÁBAL MALARÉE. Ob. cit., p. 414; se trata, como sostiene la
del artículo 25 de nuestro CP y, sin embargo, se considera que ha intervenido en el ilícito penal.
ESTUDIOS CRÍTICOS DE DERECHO PENAL PERUANO
-
cilla el obtener una –por lo menos– clara diferenciación entre la complicidad
-
-
-
-
les del robo, con quienes acordó que el dinero proveniente de la venta de
la mercadería robada, fuera depositado en su cuenta; que, en tal virtud,
-
la de complicidad primaria porque no aportó una conducta esencial
para la comisión del delito– [53]
-
ca entre ambos tipos de complicidad ha sido motivo para que desde distin-
[53] Sentencia de la Sala Penal Permanente del 22 de setiembre de 2005 (R.N. Nº 3456-2004) (El resaltado
es nuestro).
DAVID ROSALES ARTICA
un ilícito penal que no logran encajar en el esquema del dominio del hecho de
tipo funcional. Lógicamente para consolidar tal conclusión, habría que plan-
tear la necesidad de un cambio de perspectiva metodológica al momento de
abordar el tema de las formas de intervención criminal. Empero, habida cuen-
ta que no podemos “escapar” de la regulación actual de la complicidad, a con-
-
limitación entre la complicidad primaria y la secundaria; resaltando nueva-
mente que la mayor parte de las opiniones vertidas al respecto, han tenido y
tienen lugar en la doctrina y jurisprudencia españolas.
sea absolutamente necesaria, por lo que todas las conductas de los que ayudan
-
mismo, esta formulación no es de recibo pues no hace depender la responsa-
bilidad de una persona de su efectiva contribución al delito, sino de que el au-
tor hubiese podido conseguir o no la colaboración de otra persona[60]. Al res-
pecto, desde nuestro punto de vista, cabe indicar que los planteamientos que
-
lidades de actuación que un sujeto tenía al momento de llevar a cabo su real
comportamiento.
-
do por el autor . Para ello, acuden a un criterio intermedio entre el abstrac-
[62]
to y el concreto[63].
[61] BRAMONT ARIAS. Ob. cit., p. 427; es bastante descriptivo al respecto, cuando señala que: “Si, como
se ha dicho, la necesidad se mide en abstractos, ningún cómplice es necesario y si se mide en concreto,
[62] Cfr. ANTÓN ONECA. Ob. cit., p. 474; ZUGALDÍA ESPINAR y PÉREZ ALONSO. Ob. cit., p. 741.
[63] Sobre la postura intermedia, véase también, BUSTOS RAMÍREZ y HORMAZÁBAL MALARÉE.
Ob. cit., p. 413.
del cómplice de acuerdo con la intercambiabilidad de la prestación. En efecto, sostiene que: “(l)a acti-
complicidad”. Cfr. RODRÍGUEZ DEVESA, José María y SERRANO GÓMEZ, Alfonso. Derecho
Penal español. Parte General. 18ª edición. Dykinson, Madrid, 1995, p. 817.
A esta posición se le ha reprochado que tanto los aportes necesarios o no, pueden ser intercambiables
entre los sujetos que intervienen o incluso terceros. Si el criterio es la intercambiabilidad, en supuestos
donde intervienen varios sujetos que pueden efectuar las mismas labores y sustituir a otros sin com-
para que una misma prestación pueda constituir una complicidad primaria dependiendo del número
ejemplo: “En el caso, tan frecuente y variadamente resuelto por la jurisprudencia, de quien se queda a
de la Segunda Sala Penal Transitoria del 4 de diciembre de 2006-R.N. Nº 216-2006 [las negritas son
ayuda al autor en la ejecución del delito, sea psíquica o materialmente, distinguiéndose entre complici-
hubiese cometido, es decir, que su intervención resulta relevante e indispensable para la comisión del
delito, mientras que el segundo, como lo (sic.) que de cualquier modo, hubiesen prestado dolosamente
su ayuda, es decir, que su intervención no resulta indispensable, dado que el auxilio prestado, lo pudo
haber realizado cualquier persona
Por otro lado, también es importante traer a colación la propuesta ofrecida por LÓPEZ PEREGRIN,
Mª Carmen. La complicidad en el delito. Tirant lo Blanch, Valencia; 1997, p. 437; para quien el fun-
damento del castigo de la complicidad primaria (cooperación necesaria) y la secundaria radica en que
pues de manera mediata, lesionan o ponen en peligro un bien jurídico. Para esta autora, la aplicabilidad
ESTUDIOS CRÍTICOS DE DERECHO PENAL PERUANO
un “juicio hipotético a posteriori que versa sobre las posibilidades del autor
principal en un momento histórico concreto”[65]
. En conclusión,
[67]
determinar en qué circunstancias el comportamiento de un sujeto que favorece un delito, eleva des-
de un punto de vista ex ante
complicidad ha de ser idónea ex ante
comparando las posibilidades teóricas de comisión del delito por el autor con dicha aportación y sin
en consideración para determinar la sustancialidad del incremento del riesgo, sobre todo teniendo en
cuenta en qué medida el cómplice primario tiene posibilidades de “desbaratar el plan”. De esta manera,
-
maria (¡y no coautoría!), por ejemplo, sujetar a la víctima mientras otro le agrede, distraer al vendedor
mientras otro le sustrae las mercancías o a la víctima mientras otro envenena su comida. Tampoco es
-
miento del incremento del riesgo no ofrece –como reiteradamente se señala– la posibilidad de obtener
[64] Cfr. OCTAVIO DE TOLEDO y HUERTA TOCILDO. Ob. cit., pp. 543-544.
[65] Comentarios al Código Penal. Tomo I.
Ariel, Barcelona, 1972, pp. 874-875 (con cursivas en el original).
[66] CÓRDOBA RODA y RODRÍGUEZ MOURULLO. Ob. cit., p. 875.
[67] Ídem.
DAVID ROSALES ARTICA
[68] Cfr. GIMBERNAT ORDEIG, Enrique. Autor y cómplice en Derecho Penal. Colección: Maestros del
Derecho Penal, Nº 20. B de F, Montevideo-Buenos Aires, 2006, pp. 127-130.
[69] Cfr. GIMBERNAT ORDEIG. Ob. cit., p. 128.
ESTUDIOS CRÍTICOS DE DERECHO PENAL PERUANO
-
-
-
concreto (v. gr., teniendo en cuenta los factores especiales que concurren en
la persona concreta que recibe la cosa). Según ha manifestado Gimbernat, “en
abstracto, no es posible indicar sobre qué número de objetos de la misma es-
pecie debe poder disponer el sujeto para decir, respecto de él, que la cosa era
escasa. Es esta una cuestión que depende de la peculiaridad que tenga el bien
[70]
.
de captar los supuestos en los cuales la acción del cómplice consiste en la en-
ii) El segundo factor, implica que la actuación debe haber sido causal
para el resultado;
iii) El tercer factor, entraña que el comportamiento claramente crimi-
nal y condicionante del resultado no constituye cooperación prima-
ria (necesaria) cuando, dadas las circunstancias del caso concreto, no
supone la remoción de un obstáculo serio.
Llegados a este punto, se debe señalar que un aspecto relevante en el plantea-
miento de Gimbernat, se encuentra en que resalta el establecimiento de un jui-
cio ex ante [72]
. Así, este autor señala
que: “si yo quiero contribuir a un delito, lo único que puedo saber, en el mo-
-
escaso o abundante”[73].
Si bien la jurisprudencia española ha admitido en gran medida la formula-
ción de G -
saber si el objeto materia del aporte del cómplice es, de forma objetiva, esca-
[72]
[73] GIMBERNAT ORDEIG. Ob. cit., p. 135.
[74] OCTAVIO DE TOLEDO y HUERTA TOCILDO. Ob. cit., p. 545; se han referido a la propuesta de
ESTUDIOS CRÍTICOS DE DERECHO PENAL PERUANO
-
nes escasos de Gimbernat. Este criterio ayuda a responder la pregunta acerca
de: ¿qué se entiende por necesidad de la cooperación?, pues sirve para de-
Para Mir Puig, la solución del problema de delimitación entre las formas
de complicidad debe buscar combinar ambas pautas, pues a su juicio son
compatibles, “porque fundamentalmente apuntan a aspectos distintos del
problema”[76]. Así, la importancia de la primera fórmula radica en diferenciar
entre el “sí” y el “cómo” del hecho; siempre que por el “sí” se comprenda la
-
ción criminal originaria y que en el “cómo” se incluyan todas las circunstan-
cuales puede distinguirse entre una contribución esencial y una que no dispo-
-
ción del objeto de referencia de la complicidad primaria y secundaria, el cual
de la ejecución del hecho punible para la
-
-
ria respecto de la actuación de otro u otros con pleno dominio del hecho (aje-
-
esencial cuando –también desde una perspectiva ex ante y objetiva– tiene una
función prescindible o de o en la fase preparatoria o
-
complicidad, pueden llevarse a cabo antes o durante la ejecución del hecho tí-
-
es, antes de que se inicie la ejecución del hecho punible, creando las condi-
ciones necesarias que hagan posible su ejecución (por ejemplo, quien prepa-
-
go de la caja fuerte de su padre a un facineroso, para que este pueda llevarse
todo el dinero días después). Empero, la participación del cómplice primario
-
[79] Al respecto, PÉREZ ALONSO. Ob. cit., p. 343, ha indicado que “el momento del aporte puede ser un
criterio delimitador, por regla general, aunque no siempre, entre estas dos formas de complicidad”
(con cursivas en el original).
[80] -
saria (complicidad primaria) tenga lugar durante los actos ejecutivos. Al respecto, MIR PUIG. Ob. cit.,
el otro la acceda carnalmente no puede alegar ser solo cómplice primario del
-
vado a cabo durante la ejecución del delito).
Sin embargo, al parecer esa concepción no es la que domina con frecuencia
en la jurisprudencia nacional, como se puede apreciar en la siguiente Ejecu-
toria Suprema:
“Segundo: Que se imputa al encausado recurrente que el cuatro de se-
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te minutos, haber acompañado y observado cuando su “acompañante” in-
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dad primaria o necesaria en la fase ejecutiva en relación al hecho del au-
tor –que es quien domina y decide el curso de la acción ilícita–”[81]
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lio que se brinde durante la fase ejecutiva permite la composición de una com-
plicidad simple o secundaria; mientras que en la etapa de preparación del he-
“a) cuando falte el tipo subjetivo de la coautoría, es decir, cuando actúe de forma unilateral, sin acuerdo
En este sentido, se han manifestado algunos vocales supremos (en voto singu-
[82]
Jacobo (Coordinador). Comentarios al Código Penal. Tomo 1, Bosch, Barcelona, 2007, p. 405.
esa promesa en fundamento subjetivo de una participación en el hecho, sino que solo es posible ca-
Comentarios a la Parte
Especial del Derecho Penal
[83] Cfr. GONZALES RUS, Juan José. En: COBO DEL ROSAL, Manuel (Coordinador). Derecho Penal
español. Parte Especial. 2ª edición, Dykinson, Madrid, 2005, p. 1898.
[84] Ejecutoria Suprema del 30 de diciembre de 2004 (R.N. Nº 2976-2004-Lima).
DAVID ROSALES ARTICA
las cuales puede apreciarse que un sujeto interviene durante la fase de ejecu-
ción del delito, con un aporte relevante para el hecho punible pero que no lo
convierte en coautor del mismo, sino solo en un cómplice primario. Ello su-
cede, según postula por ejemplo P Alonso[85], cuando un sujeto contribu-
de algún elemento subjetivo del injusto requerido por el tipo penal (por ejem-
-
gumentos desde los cuales consideramos que la complicidad primaria es una
[86]
.
por tratarse de un supuesto de dominio funcional del hecho”. También, CEREZO MIR. Ob. cit., p. 247;
OCTAVIO DE TOLEDO y HUERTA TOCILDO. Ob. cit., p. 546.
ESTUDIOS CRÍTICOS DE DERECHO PENAL PERUANO
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chada” por los seguidores de la doctrina del dominio del hecho (so-
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dos aquellos supuestos que no caben dentro del esquema del dominio
del hecho funcional (coautoría), esto es, sirve para agrupar compor-
tamientos que a pesar de representar aportes imprescindibles para la
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punible, pero que no tienen lugar durante la fase de ejecución del mismo y,
por ende, no pueden constituir coautoría. Ello es así, pues lo que se busca es
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ciarse con una disminución de la pena; siendo que al tratarlos como cómpli-
ces primarios, si bien se cambia el título de imputación (de coautor a cómpli-
ce primario), pero a nivel de la sanción penal se les sigue considerando como
autores, con lo que se termina conservando cierta proporción entre la magni-
tud del aporte y el castigo.
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varios sujetos a cometer el ilícito penal, solo uno o algunos lo ejecutan debi-
do a especiales circunstancias espacio-temporales estrictamente dependien-
Zagal, así como de otro desconocido que se dio a la fuga, previo concierto,
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ras de la noche transitaba por una de las calles del distrito limeño de Surco,
[90] Ejecutoria Suprema del 3 de noviembre de 2004. (R.N. N° 3038-2004-Lima) (las negritas son nuestras).
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se del coche, hecho en el que intervienen otros dos individuos
el sujeto desconocido– pese a lo cual no logran su cometido por la oposi-
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gran capturar a Yarasca Sotelo; que los tres restantes se dieron a la fuga
y, según las informaciones de los pobladores, abordaron el vehículo sta-
tion wagon conducido por el encausado Portugal Huayanca, el mismo
que luego, merced a una operación policial, fue intervenido en el kilóme-
tro doscientos uno de la carretera Panamericana Sur, en cuyo interior solo
Tercero:
de fojas treinta y siete reconoció que con sus coimputados se habían pues-
to de acuerdo para robar un vehículo; que según el tenor de la Ocurren-
cia de Calle Común transcrita a fojas uno y dos los pobladores de la Ur-
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viado. Cuarto: Que en sede policial –fojas catorce– Chuquispuma De La
y que escuchó que los que subieron al vehículo, entre ellos Yarasca Sote-
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mismo, Portugal Huayanca en sede policial reconoció el acto del traslado
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re en El Pedregal unos veinte minutos, y que fue durante esa espera que
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ber intervenido en el robo y que, a sabiendas, esperaban a sus coimputa-
dos a la salida de Chincha, si se toma en cuenta: a) la propia intervención
policial precedida del arresto ciudadano a Yarasca Sotelo, b) la informa-
ción proporcionada por los pobladores del lugar –que dio lugar a la ope-
ración policial y a la captura de la camioneta y de los encausados Portugal
–, en el sentido de haber observado
que los asaltantes que huyeron subieron a una camioneta station wagon
reconocía como parte de los cuatro sujetos que lo agredieron para sustraer-
le el vehículo que conducía–, las evidencias glosadas en el fundamento ju-
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bar un vehículo y que una de sus tareas –propia de la división ejecutiva del
hecho delictivo– era esperar a sus coimputados a la salida de Chincha para
conseguir el agotamiento del delito y trasladarlos”[91].
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tros tradicionales bajo los que se estructura la coautoría.
A mi juicio, la solución al problema que plantea la complicidad primaria, radi-
ca en un cambio de perspectiva al momento de establecer qué es la coautoría.
En tal sentido, consideramos que la doctrina del dominio del hecho, por estar
sustentada en gran parte en datos ontológicos, no constituye un medio idóneo
[91] Ejecutoria Suprema del 10 de enero de 2006 (R.N. N° 4648-2005-Chincha) (las negritas son nuestras).
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