Año 2, Nº 34 / 7º durante el año.
20 de febrero de 2022
Ciclo C - Color Verde
“AMEN A SUS ENEMIGOS,
HAGAN EL BIEN Y
PRESTEN SIN ESPERAR
NADA EN CAMBIO”
E l desafío que nos plantea el Evan-
gelio de hoy es una provocación al
amor y a la buena voluntad de las
personas. Porque la propuesta de
Jesús es la instauración de una socie-
dad que se construye sobre la base de
los vínculos, del consenso entre las
personas, es decir, en la caridad cris-
tiana. Bajo esta premisa, el Señor nos
muestra que no hay mérito en amar a
quien nos ama, porque eso también
lo hacen los pecadores. El creyente,
sin embargo, está llamado a amar a
sus enemigos. Hacer el bien y prestar
sin esperar nada a cambio, sin intere-
ses ni retribuciones.
El Evangelio es una novedad difícil
de llevar adelante. Pero que significa
ir detrás de Jesús. Alguien, puede
decir ¡Pero, no me siento capaz de
hacerlo! ¿Cómo amo a mis enemigos?
Solamente un corazón misericordio-
so puede hacer todo aquello que el
Señor aconseja. La vida cristiana no
es una vida auto referencial; es una
vida que sale de sí misma para darse a
los otros. Es un don, es amor y este
amor no vuelve sobre sí mismo, no es
egoísta: se da.
En nuestra sociedad, decimos amar a
quienes nos aman. Hacemos el bien a
quienes nos lo hacen y somos genero-
sos en la medida que haya reciproci-
dad. Pero obrando así, ¿qué es lo que
nos distingue de los que no tienen fe?
Al cristiano se le pide “algo más”:
amar al prójimo, hacer el bien y pres-
tar sin esperar recompensa. Porque
se supone que eso es lo que hace Dios
con sus hijos. Esta es la utopía evan-
gélica que propone Jesús, el amor a
todos, como el de su Padre: “que hace
salir el sol sobre malos y buenos”.
Adelantarnos para hacer el bien es
una forma de despertar en el corazón
de los otros sentimientos de perdón,
de generosidad, de paz y de alegría.
Así nos vamos pareciendo al Padre
del cielo y formando en la tierra la fa-
milia de los hijos de Dios.
P. Fredy Peña Tobar, ssp.
“SI AMAN A AQUELLOS QUE LOS AMAN, ¿QUÉ MÉRITO
TIENEN? PORQUE HASTA LOS PECADORES AMAN
A AQUELLOS QUE LOS AMAN” (LC 6, 32).
1. Ambientación
Jesús nos ha llamado alrededor de
su mesa y nosotros, por gracia,
hemos aceptado su invitación. Cada
vez que el Señor nos llama lo hace
para alimentarnos con su Cuerpo y
su Sangre para que nuestra alma
no perezca. Como escucharemos en
la liturgia de la Palabra, el perdón y
la misericordia son de los alimentos
más sólidos que podamos recibir.
Hambrientos del alimento verda-
dero, iniciemos nuestra celebración
cantando.
2. Primera Lectura 1Sam 26, 2. 7-9. 12-14. 22-23
Lectura del
primer libro de
Samuel.
David perdona a quién busca asesinarlo,
convirtiéndose en un ejemplo para nosotros.
Saúl bajó al desierto de Zif con tres
mil hombres, lo más selecto de
Israel, para buscar a David en el de-
sierto. David y Abisai llegaron de
noche, mientras Saúl estaba acosta-
do, durmiendo en el centro del
campamento. Su lanza estaba clava-
da en tierra, a su cabecera, y Abner
y la tropa estaban acostados alrede-
dor de él. Abisai dijo a David: «Dios
ha puesto a tu enemigo en tus
manos. Déjame clavarlo en tierra
con la lanza, de una sola vez; no
tendré que repetir el golpe». Pero
David replicó a Abisai: «¡No, no lo
mates! ¿Quién podría atentar im-
punemente contra el ungido del
Señor?». David tomó la lanza y el
jarro de agua que estaban a la cabe-
cera de Saúl, y se fueron. Nadie vio
ni se dio cuenta de nada, ni se des-
pertó nadie, porque estaban todos
dormidos: un profundo sueño, en-
viado por el Señor, había caído
sobre ellos. Luego David cruzó al
otro lado y se puso en la cima del
monte, a lo lejos, de manera que
había un gran espacio entre ellos, y
empezó a gritar a la tropa y al rey
Saúl: «¡Aquí está la lanza del rey!
Que cruce uno de los muchachos y
la recoja. El Señor le pagará a cada
uno según su justicia y su lealtad.
Porque hoy el Señor te entregó en
mis manos, pero yo no quise aten-
tar contra el ungido del Señor».
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
3. Salmo Sal 102, 1-4. 8. 10. 12-13
R. El Señor es bondadoso y compasivo.
Bendice al Señor, alma mía, que todo
mi ser bendiga su santo Nombre,
bendice al Señor, alma mía, y nunca
olvides sus beneficios. R.
Él perdona todas tus culpas y sana
todas tus dolencias; rescata tu vida
del sepulcro, te corona de amor y de
ternura. R.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran miseri-
cordia; no nos trata según nuestros
pecados ni nos paga conforme a
nuestras culpas. R.
Cuanto dista el oriente del occiden-
te, así aparta de nosotros nuestros
pecados. Como un padre cariñoso
con sus hijos, así es cariñoso el Señor
con sus fieles. R.
4. Segunda Lectura 1Cor 15, 45-49
Lectura de la primera
carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto.
San Pablo se refiere a Cristo, como el Adán
celeste, de quién recibimos la Vida nueva, la que
nos abre las puertas de la vida plena y celeste.
Hermanos: Esto es lo que dice la Es-
critura: «El primer hombre, Adán,
fue creado como un ser viviente»; el
último Adán, en cambio, es un ser
espiritual que da la Vida. Pero no
existió primero lo espiritual sino lo
puramente natural; lo espiritual
viene después. El primer hombre
procede de la tierra y es terrenal;
pero el segundo hombre procede
del cielo. Los hombres terrenales
serán como el hombre terrenal, y los
celestiales como el celestial. De la
misma manera que hemos sido re-
vestidos de la imagen del hombre te-
rrenal, también lo seremos de la
imagen del hombre celestial.
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
ALELUIA Jn 13, 34
Aleluia. «Les doy un mandamiento
nuevo: ámense los unos a los otros,
así como Yo los he amado», dice el
Señor. Aleluia.
5. Evangelio Lc 6, 27-38
Evangelio de nuestro
Señor Jesucristo
según san Lucas.
Cristo, que pagó por nuestros pecados, nos expresa
la exigencia de perdonar, de amar: ser misericor-
diosos como el Padre del cielo es misericordioso.
Jesús dijo a sus discípulos: Yo les
digo a ustedes que me escuchan:
Amen a sus enemigos, hagan el bien
a los que los odian. Bendigan a los
que los maldicen, rueguen por los
que los difaman. Al que te pegue en
una mejilla, preséntale también la
otra; al que te quite el manto, no le
niegues la túnica. Dale a todo el que
te pida, y al que tome lo tuyo no se lo
reclames. Hagan por los demás lo
que quieren que los hombres hagan
por ustedes. Si aman a aquellos que
los aman, ¿qué mérito tienen?
Porque hasta los pecadores aman a
aquellos que los aman. Si hacen el
bien a aquellos que se lo hacen a us-
tedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo
hacen también los pecadores. Y si
prestan a aquellos de quienes espe-
ran recibir, ¿qué mérito tienen?
También los pecadores prestan a los
pecadores, para recibir de ellos lo
mismo. Amen a sus enemigos, hagan
el bien y presten sin esperar nada en
cambio. Entonces la recompensa de
ustedes será grande y serán hijos del
Altísimo, porque Él es bueno con los
desagradecidos y los malos. Sean mi-
sericordiosos, como el Padre de uste-
des es misericordioso. No juzguen y
no serán juzgados; no condenen y
no serán condenados; perdonen y
serán perdonados. Den, y se les
dará. Les volcarán sobre el regazo
una buena medida, apretada, sacu-
dida y desbordante. Porque la
medida con que ustedes midan tam-
bién se usará para ustedes.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Escucha el
Evangelio Dominical
ingresando
a este link
6. Oración Universal
M. A Dios, Padre compasivo y lleno
de bondad, dirijámosle nuestras pe-
ticiones por la Iglesia y por todo el
mundo.
1.- Por la Iglesia, para que como co-
munidad creyente, hagamos vida el
perdón y la misericordia con todos
aquellos que nos atacan y ofenden. Y
que sepamos pedir perdón a todos
aquellos a quienes hemos dañado
con nuestro testimonio y acciones,
oremos:
R. Te rogamos, óyenos.
2.- Por los gobernantes del mundo
entero, para que fomenten la justicia
y la paz entre todos los pueblos,
oremos: R.
3.- Por quienes viven en soledad, por
los cesantes, por los carentes de lo
necesario para una vida digna,
oremos: R.
(Se pueden agregar otras peticiones
de la comunidad)
4.- Por nosotros mismos y nuestra
comunidad, para que desterremos
de nuestro corazón la indiferencia,
el rencor, el deseo de venganza,
oremos: R.
M. Padre misericordioso, atiende
nuestras peticiones y, por el don de
tu Espíritu, concédenos un corazón
semejante al de tu Hijo y Señor
nuestro, Jesucristo, que contigo vive
y reina por los siglos, de los siglos.
R. Amén.
Sugerencias de cantos
Junto como hermanos/
Una espiga/
Gustad y ved que bueno es el Señor/
Un mandamiento nuevo/
Mientras recorres la vida.
Actualidad:
Caminos de sinodalidad:
Durante estos años en Chile, hemos
estado recorriendo caminos en bús-
queda de renovar la Iglesia. En ese
contexto se ha animado un “Proceso
nacional de discernimiento”, el que
durante 2019 reunió a más de 700
comunidades –alrededor de seis mil
personas– de las distintas diócesis del
país, en encuentros que abordaron
tres temáticas relevantes para com-
prender y buscar caminos de supera-
ción de la crisis de la Iglesia: las rela-
ciones interpersonales, las estructu-
ras y la gestión, y los signos de los
tiempos.
Se han reconocido diversas proble-
máticas, las más transversales son el
abuso, el clericalismo, el rol secunda-
rio de las mujeres, la falta de compro-
miso laical y la baja presencia juvenil.
La dificultad para enfrentar los con-
flictos al interior de las comunidades
eclesiales aparece como causante de
problemas interpersonales, pero
también como obstáculo para su re-
solución. La mayoría de las comuni-
dades dan a entender que, al no ser
capaces de manejar adecuadamente
los conflictos con los sacerdotes o
entre los laicos, estos quedan invisibi-
lizados y continúan amplificándose y
dañando las relaciones.
Existen diversas percepciones y mati-
ces en torno a por qué se produce
esta situación y cómo esto afecta la re-
lacionalidad en el Iglesia. Un gran
número de comunidades considera
que, en ocasiones, la indiferencia, la
apatía o la falta de interés generan
que los miembros de la comunidad
prefieran no involucrarse cuando se
producen conflictos. Otras comuni-
dades consideran que se preferiría
evadir los conflictos antes que inver-
tir tiempo y energía involucrándose
para buscar soluciones. Se percibe
una tendencia a invisibilizar situacio-
nes de conflicto, por falta de disposi-
ción, voluntad o miedo para enfren-
tar situaciones problemáticas y parti-
cipar de los cambios o soluciones re-
queridas.
La dificultad para enfrentar conflic-
tos también se asocia a una falta de
libertad y de empoderamiento. Esta
carencia de voluntad para intervenir
en situaciones y levantar la voz, se po-
tencia negativamente por la actitud
de quienes no estarían dispuestos a
asumir los cambios o consecuencias
que pudieran derivar de ello.
Animamos a revisar el “Informe de
resultados del Proceso nacional de
Discernimiento eclesial 2019” e in-
formarse cómo participar del camino
sinodal en curso en [Link]
“El Domingo, día del Señor”.
Semanario Litúrgico. Con las debidas licencias.
ISSN: 0717-4896