El joven iba caminando por la calle, cuando de pronto se tropezó
con algo de gran tamaño a la altura de sus rodillas. Miró para abajo
y se encontró con algo que no esperaba: un gran baúl de madera.
¿Quién habría dejado un baúl de esas características en medio de la
calle...? Al instante, miles de pensamientos le vinieron a la cabeza:
“Me pregunto si se lo habrán olvidado o lo habrán abandonado
voluntariamente; el dueño podría ser un médico, o un mago, o un
anticuario; no sé si lo estarán buscando o ya lo darán por perdido; y
lo más importante: ¡muero por saber qué tiene adentro!”. Después de
mucho meditar —sin dejar de mirar el baúl en ningún momento—,
decidió seguir camino (haría de cuenta que nunca lo había visto).