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Donde la nieve no llega

Algunos poemas

La Bella Varsovia

1
Donde la nieve no llega

2
Donde la nieve no llega
Algunos poemas

La Bella Varsovia
3
© De los poemas, sus autoras
© De esta edición, La Bella Varsovia
Apartado de correos 7098 - 28080 Madrid
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Diseño y maquetación:
La Milagrería
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Edición:
Elena Medel

Corrección ortotipográfica:
María Martínez Bautista

Ilustración de cubierta:
Detalle de Paisaje nevado a la luz de la luna, de Takahashi Hiroaki (Rijksmuseum)
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Hecho en Madrid / Made in Madrid


4
Sobre la nieve se oye

Sobre la nieve se oye resbalar la noche


La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban voces
Vicente Huidobro

Buscamos mientras nevaba poemas en los que tam-


bién cayera la nieve, poemas en los que ocurriera
justo lo mismo que ocurría entonces en la vida: la
nieve como obstáculo y como asombro; la nieve que
nos enferma y la nieve que —de otra forma— sirve
como medida del cuerpo y del tiempo. La nieve no co-
mo certeza sino como suposición, y como nieve
«que nieva para otros», y en otros momentos —en
otros poemas— la nieve que cae, sin más. Y seleccio-
namos esos poemas entre algunos de nuestros libros
más recientes, tanto novedades como reediciones,
antes de que la nieve de afuera se derritiera o se
helase, para dejar por escrito todo lo que vimos y
vivimos este día, y compartirlos allá donde la nieve
no llega.

Elena Medel
Madrid, 9 de enero de 2021

5
Donde la nieve no llega
6
Existencia doméstica (3)

El hombre cabal expulsa humo sin hablar


nada.
Prefiere la caza y luego el reparto
a la celebración del primer paso, el primer
diente,
en un hábitat de hembras, chiquillos y
perfumes.
Cerveza-en-mano-perdiz-al-pie.
El hombre patea la nieve que no le deja sacar el
coche.
El hombre mea en el cemento.
El hombre se lava, purifica, en la pila de piedra,
bajo el grifo oxidado,
con los labios flojos, la piel cuarteada,
sed en la garganta tras el vómito del día. El
hombre cigarro.
El hombre lodo. El hombre sangre
entre colmillos y cartuchos.

De Pilar Adón,
en Da dolor

7
Diario de la montaña (I)

1 marzo de 2019

Cavamos en la nieve
castillos como almas
de osos polares

De Azucena G. Blanco,
en Tránsitos

8
el recorrido / eros-grafía

primero, raspé la atmósfera


con palos, domé
la carcajada

aspiración máxima cuando era un bebé

más tarde, la caída:

terror a las encuestas


heridas en los codos
atrofia en los músculos naranjas

los hombres incurables


tenían voz nasal

criticaban al amor
por antihigiénico
y cómico

cínicos grupales impecables sus gafas


lúpulo cardíaco sacarina en el vientre

y yo
mientras tanto

insípidos gorgojos
clavículas y migas en las picaduras
un afán victoriano de paredes opacas

9
“romanticismo desvalido” era un insulto violento
para los habitantes del rígido delta de mis brazos

y yo
mientras tanto

mesaba mis pelusas


besaba a todos con mímica acrofóbica
amé manos viscosas, enferma
de nieve

buscaba calorina perfectamente llena


buscaba rojos étimos del dolor-en-raíz

pero si me colmaban
si algún hombre incurable me colmaba
si algún hombre incurable por error me colmaba

huía a desovar
río arriba
sola

De Berta García Faet,


en La edad de merecer

10
Noli me tangere a media voz
noli me tangere, me acerco a ti, el tacto es
un salto de fe

noli me tangere, Sully Morland, mantente lejos de mí,


lejos
de lo que eres

una yuxtaposición de oquedades, un amasijo


de líneas que se cruzan y noli
me tangere Sully Morland porque soy
un cuadro cubista
desencajado
en muchos espacios que se superponen y que no logro
nunca reconducir hacia mí

hacia el interior
hacia el exterior

el espacio neutro donde soy posible, el espacio


de continuidad entre la agorafobia y la claustrofobia

en donde no es posible el tacto, Sully Morland, en


donde
no existe el agua, no existe el aire y sin embargo todo
flota suspendido y sin dolor,

y tengo tanto miedo a que me toquen, Sully Morland,


tanto miedo a estar viva

11
Soy consciente, Sully Morland, de
mi bidimensionalidad, de que te miro
desde una superficie plana y desde unos ojos que se
entrecruzan en la inconcebible posibilidad del
afuera, necesito de ti para anclarme al mundo,
necesito de ti para ser esa posibilidad, necesito de
ti para mirarte y saberme mirada, configurarme en
eso y agarrarme a eso

noli me tangere porque estoy asustada de mi piel

de traspasar la piel y de rasgar la piel, de recorrer la


piel y de activar la piel, noli me tangere
Sully Morland
porque me duele
porque me duele ser y quisiera dejarme

dejarme ir
dejarme caer
(en el prodigio de una asombrosa arquitectura
y que en mí entre la luz)

soy un bosque ardiendo


y no puedo perdonármelo, y necesito el dolor porque
me vivifica, Sully Morland, porque ese dolor es el
reverso de la piel
que palpita regular
y este es el ritmo de mi cuerpo, noli
me tangere Sully Morland porque no puedo resistir
el escozor de un dedo sobre mí, porque no puedo
resistir el deseo y la tentación de desaparecer, de
no ser más bajo la piel bajo

12
el agua
no puedo resistir que tú me hagas porque no debo ser,
porque no debo estar y porque no quiero esta piel -
este dolor - esta certeza de existir en algún sitio,
desearía

desearía ser un río

un intocable río que desembocase y se llevase lejos


todos los escombros
La idea de la ruina

noli me tangere
porque no sé de qué estoy hecha, porque estoy hecha
de agua
y de aire
y no puedo flotar dentro de mí

y me duele esta dispersión, me duele derramarme en


el vacío
como la hierba de un acantilado (como el agua, como
el aire)
como todo lo que no es posible tocar
como todo lo que rechaza el tacto

noli me tangere, Sully Morland, deja


que me deshaga
como si fuera nieve

De Claudia González Caparrós,


en Si la carne es hierba (Sully Morland)

13
Duelo homérico

El pelo rizado cubierto de polvo, en desorden la


túnica blanca,
Antípator llega corriendo a la tienda de Aqui-
les. Aquiles, sentado, se muerde los labios y le
duele el alma.
Es cosa terrible lo crueles que pueden llegar a
ser las palabras.

—La tierra está mojada y huele a tierra


bajo su peso. Han roto los cristales
en su sangre, violado los umbrales
del templo y saqueado cuanto encierra.

En las más altas cimas de la sierra


hay nieve. Sus heridas son iguales
que rosas... Quien escriba los anales
«guerra» dirá sin conocer qué es guerra.

Verás la cara cruel del basilisco,


y el viento es frío. Pero las ovejas
aguardan el cayado y el aprisco.

No llores. Déjalo para las viejas.


Tan dulce yace, que ante su obelisco
la Muerte misma enarcará las cejas.

Aquiles rompió en alaridos, maldijo la muerte,


la vida, la guerra, a Dios y a sí mismo,
desoyó consejos y durante horas lloró haciendo
estrago a su paso.
14
Pero por la noche, agotado, con los ojos secos y
los labios rotos,
solo se le oía en lento susurro: «Patroclo, Patro-
clo, Patroclo...».

De Carmen Jodra Davó,


en Las moras agraces

15
El geranio es la flor preferida de mamá.
Hay que ponerla junto a la ventana
para que ahuyente a los malos espíritus.

En el libro Hierbas mágicas


leí que una parcela de geranios rojos,
plantada cerca de la casa de una bruja,
avisa con sus movimientos
la llegada de visitantes.

En México, los curanderos purifican a sus


pacientes
cepillándolos con geranios, ruda y pimienta.

Un día mamá me contó:

Una mujer tenía una casa húmeda


y de aspecto triste.
Se sentía miserable
pensando que todos vivían mejor.
Por las noches iba a visitar a sus vecinas
y se quejaba de su destino.
Una de ellas decidió regalarle un geranio:
Mirá, tiene un poder mágico,
ponela en el centro de la mesa,
cuidala bien.

Una flor te puede cambiar la vida.

16
¿Fue feliz esa mujer?,
le pregunté a mamá, pero no me contestó.

Al otro día entró en mi cuarto:

Cuando yo era joven


tenía un solo vestido,
un abrigo para el invierno
y un par de sandalias,
la nieve se acumulaba
sobre mis dedos.
En verano salía al jardín,
me bañaba con baldes de agua,
la menta me rozaba
los tobillos,
fui feliz.

De Natalia Litvinova,
en La nostalgia es un sello ardiente

17
Vacas

Vienen vacas rumiando hierba oscura.


Son mansas,
como el dragón del cielo antes del rayo;
distantes, diminutas,
esa nieve que nieva para otros,
si desde los balcones
del miedo
las ves siempre venir y llegar nunca.
Ojalá nunca lleguen, ¿aunque sabes?:
la esperanza distrae pero no engaña,
el andén, el barranco, el foso, el lodo
son para sus pezuñas solo aire
y hay diamantes de alivio en la derrota
que traen con su alquitrán los malos tiempos.
O quizá ya han llegado algunas veces
y son el agua
que se revela turbia en su conjunto
y es clara cuando bebes, cuando nadas.

De María Martínez Bautista,


en Galgos

18
Museo de cánceres

(Por eso amputarán tus pies. Por eso sellarán tus ojos con
fragmentos de mapas antiguos. Por eso pronunciarán tu nom-
bre en celebración del páncreas. ¿Comprendes? Por eso el útero
es más oscuro: intestino y córnea. Por eso amputarán el rezo.
¿Comprendes?)

-Luna Miguel Santos: viva /cáncer de azúcar

-Ana Santos Payán: viva /cáncer de mamá

-Pedro Miguel Tomás: vivo /cáncer de salud

-Chus Tomás: viva /cáncer de paciencia

-Pedro Miguel: muerto /cáncer de abuelo

-Mercedes Payán: viva /cáncer de soledad

-Manolo Santos: vivo /cáncer de familia

-José Ángel Valente: muerto /cáncer de luz

-Roberto Bolaño: muerto /cáncer de probabilidades

-David Foster Wallace: muerto /cáncer económico

-Marcel Schwob: muerto /cáncer de sífilis

-Antonio J. Rodríguez: vivo /cáncer de Europa

19
(Por eso me duele, ¿sabes? Por eso me duele la sangre: por-
que está fuera. Y dentro no duele y fuera mata. Y dentro no
daña y fuera asusta. Qué intensa la sangre. Qué peligrosa. Por
eso me duele, ¿entiendes? ¿Lo entiendes?)

-Daniel Clowes: vivo /cáncer fantasma

-Clarice Lispector: muerta /cáncer de audacia

-Alejandra Pizarnik: muerta /cáncer de jaula

-Miguel Hernández: muerto /cáncer de luna

-Jorge Luis Borges: muerto /cáncer de viuda

-Michel Houellebecq: vivo /cáncer de pene

(Por eso no existo. ¿Ya te marchas? Por eso al curarnos todos


nos fugamos. ¿Quién se queda? O peor. ¿Dónde?)

-Antonin Artaud: muerto /cáncer de loco

-T. S. Eliot: muerto /cáncer fenicio

-Juan Eduardo Cirlot: muerto /cáncer de Astarté

-Edmond Jabès: muerto /cáncer de Egipto

-Antonio Machado: muerto /cáncer de Leonor

-Vladimir Nabokov: muerto /cáncer de fuego de cán-


cer de entrañas

20
-Thomas Pynchon: vivo /cáncer de rostro

-Sharon Olds: viva /cáncer de satanás

-Dorothea Lasky: viva /cáncer de leche

-Virgina Woolf: muerta /cáncer de agua

(Por eso me ahogo. Por eso no entiendo el amor. Por eso no cai-
go enferma. Por eso solo enfermo. ¿Sabes? Solo enfermo.)

-Charles Baudelaire: muerto /cáncer de feo

-Arthur Rimbaud: muerto /cáncer de elefante

-Paul Valéry: muerto /cáncer marino

-Joyce Mansour: muerta /cáncer de mujer

-Paul Éluard: muerto /cáncer azul

-Lysiane Rakotoson: viva /cáncer de nieve

(Por eso estas manchas. Y esta piel. Como una cicatriz eterna
extendida y blanca, mi piel es cicatriz, mi piel es el cordón um-
bilical entre la lengua y las axilas. Por eso estas manchas rojas.
Por eso estas manchas negras. Por eso el olor a fruta: la lengua,
las axilas.)

-Emily Dickinson: muerta /cáncer de coño

-Anne Sexton: muerta /cáncer de coño

21
-Anna Ajmátova: muerta /cáncer de coño

-Sylvia Plath: muerta /cáncer de coño

-Marina Tsvietáieva: muerta /cáncer de coño

-Javier Marías: vivo /cáncer pesado

-Enrique Vila-Matas: vivo /cáncer de Enrique Vila-


Matas

-Gonzalo Torné: vivo /cáncer espía

-Rodrigo Fresán: vivo /cáncer inquietante

-Tao Lin: vivo /cáncer MDMA

-Unai Velasco: vivo /cáncer 1990

(Por eso vomitaba, ¿lo entiendes? Por eso la bulimia de aque-


llos meses intentando adelgazar para dar pena, intentando en-
fermedades impregnadas de no sé qué. Intentando la literatura.
Por eso vomitaba, ¿te acuerdas?)

-Ana Santos Payán: viva /

-Ana Santos Payán: viva /

-Ana Santos Payán: está viva /

De Luna Miguel,
en La tumba del marinero

22
Caída de la nieve

Jamás ha sido blanca:


en su origen empuja
sedimentos y tierra,
los negros, naturales
residuos de la vida.

No hay ninguna inocencia que perder,


la inocencia está al fin de la escalada,
lo virgen es impuro, se construye.

La nieve necesita
del barrido interior de la palabra,
de su aguda atención, de su rastrillo
para tratar de ser
y sostener el blanco.

De Andrés Neuman,
en Casa fugaz. Poesía 1998-2018

23
Errores

Cae la nieve graciosamente


sobre los cestos de las floristas: emblanquece
los junquillos y las violetas,
las fresias delgadas, venidas
de los países del sol.
Mirándolas se piensa
en los muchos destinos errados
que duelen
por los caminos de la tierra
y un furor nostálgico aprieta
por los caminos de oro del alma
donde la nieve no llega.

Milán, 2 de marzo de 1932

De Antonia Pozzi,
en Inicio de la muerte
(con traducción de María Martínez Bautista)

24
Índice

“Sobre la nieve se oye”, por Elena Medel 5

Donde la nieve no llega


“Existencia doméstica (3)”, de Pilar Adón 7
“Diario de la montaña (I)”, de Azucena G. Blanco 8
“el recorrido / eros-grafía, de Berta García Faet 9
Noli me tangere…, de Claudia González Caparrós 11
“Duelo homérico”, de Carmen Jodra Davó 15
El geranio es la flor preferida de mamá…, de Natalia Litvinova 16
“Vacas”, de María Martínez Bautista 18
“Museo de cánceres”, de Luna Miguel 19
“Caída de la nieve”, de Andrés Neuman 23
“Errores”, de Antonia Pozzi 24
Donde la nieve no llega
terminó de maquetarse
en Madrid
el 10 de enero de 2021,
un día después de la nevada.

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