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Cooperación Internacional Al Proceso

Este documento trata sobre la cooperación internacional en los procesos legales. Brevemente describe: 1) La necesidad de cooperación entre estados debido a que cada uno tiene su propia jurisdicción; 2) El derecho aplicable tanto a nivel internacional como en cada estado; 3) Los sujetos involucrados en la cooperación como el requirente y el requerido.

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Cooperación Internacional Al Proceso

Este documento trata sobre la cooperación internacional en los procesos legales. Brevemente describe: 1) La necesidad de cooperación entre estados debido a que cada uno tiene su propia jurisdicción; 2) El derecho aplicable tanto a nivel internacional como en cada estado; 3) Los sujetos involucrados en la cooperación como el requirente y el requerido.

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Índice

Introducción

Cooperación internacional

Ordenamiento jurídico aplicable

a) Derecho aplicable en el ámbito internacional


b) Competencia legislativa interna

Sujetos del derecho cooperacional

Procedimientos

Teleología del derecho cooperacional

Objeto o materia para el cual se coopera

Medios de cooperación en el proceso

Conocimiento del derecho extranjero

a) Preámbulo
b) Procedimiento ante el requirente
c) Procedimiento ante el requerido
d) Conocimiento del derecho extranjero de países no signatarios del
tratado

Comisiones consulares

a) Explicación
b) Fuentes jurídicas
c) Procedimientos

Comisiones particulares

Autocooperacion para un proceso por seguir en el extranjero

a) Notificaciones y emplazamientos
b) Producción de pruebas
c) Imposición de medidas cautelares
a) Competencia de los órganos
Competencia federal y local
Competencia propia y delegada
Autonomía cooperacional
b) Principio de favorecimiento a la cooperación (favor cooperationis)
Cooperación internacional al proceso

Introducción

Nos referiremos a los medios de cooperación a favor del proceso en el


extranjero. En el primero abordaremos dos aspectos: la teoría de la
cooperación internacional hacia el proceso, así como algunos instrumentos
particulares de cooperación. A su vez haremos alusión al instrumento más
conocido en la cooperación: la carta rogatoria o exhorto.

Cooperación internacional.

A partir de la constitución del Estado moderno, cada uno de ellos monopolizo


para sí la función jurisdiccional, de ahí que la resolución de los litigios
interpartes se concentró en diversos órganos de gobierno, repartidos entre los
diferentes países del mundo. El desarrollo de la jurisdicción estatal restó fuerza
al arbitraje privado, que en la Edad Media, en el caso de Europa, era uno de los
medios de solución de controversias más socorrido, especialmente cuando se
trataba de asuntos comerciales.

El nuevo Estado nacional lucho por ejercer su soberanía en todo su


territorio. Ésta era la premisa para sobrevivir en una Europa convulsionada. El
control territorial se expresó, entre otros aspectos, en el ejercicio, por primera
vez, de una facultad jurisdiccional extensa e intensa, reflejo del poder estatal.
Había que zanjar todo conflicto mediante los tribunales estatales, cuya
competencia, por tanto era ilimitada. La justicia debía ser impartida a los
súbditos sin tomar en consideración las incidencias que los asuntos tuvieran
fuera del territorio del Estado. En este nuevo territorialismo era posible el uso
de la fuerza.

Los problemas surgieron cuando para conocer de un litigio y resolverlo


se hizo necesario practicar ciertos aspectos procesales en un territorio diferente
de aquel donde el juzgador que conocía del proceso ejercía su poder territorial.
Esto se convirtió en una inquietud permanente en cuanto a la posibilidad de
juzgar con justicia; la preocupación afloró a finales del siglo XIX, cuando
autores como Mancini y Asser planearon nuevas formas internacionales para el
desarrollo de la función judicial. Desde entonces comenzaron a discutirse,
negociarse y firmarse tratados y convenciones internacionales encaminados a
obtener lo que se denomino asistencia judicial internacional, más conocida en
la actualidad como cooperación internacional al proceso.

La cooperación al proceso implica cuando menos la presencia de dos


Estados: en uno se tramita un proceso y en el otro se practica una actuación
procesal complementaria. Pero cada uno de esos Estados aplica sus propias
leyes procesales y actúan sus órganos de gobierno, es decir, sus órganos
jurisdiccionales. En estas condiciones, se requiere el concurso de uno y otro
Estado para resolver con justicia el litigio internacional. Las respuestas que se
pueden plantear son:

a) Que cada Estado resuelva por sí mismo y sin ayuda de otro los procesos
que se le hubieren planteado.
b) B) que cada Estado realice una actividad específica para contribuir a la
justa resolución de los litigios, aun cuando se hayan plateado en otro
Estado.

La cooperación internacional solo podrá obtenerse conforme al segundo


planteamiento. De ahí que este tipo de cooperación se presenta cuando existe
un mínimum de órdenes jurídicos coordinados, es decir, cuando hay
disposiciones jurídicas que permiten a un Estado cooperar en el proceso que
se sigue en el otro. Esos mínimos son las reglas procesales del tribunal que
conoce del caso y al que se le solicita la ayuda.

El ordenamiento jurídico aplicable.

a) Derecho aplicable en el ámbito internacional.

Características de los dos órdenes jurídicos que coinciden en el derecho


cooperacional.

En el orden jurídico donde se tramita el proceso destacan los


procedimientos mediante los cuales puede solicitarse a otro Estado su
cooperación. Por su parte, en el orden jurídico del Estado donde se va a
cooperar se establecen los mecanismos por medio de los cuales se auxilia u
otorga cooperación a un proceso seguido en el extranjero. Se trata de
disposiciones que todo proceso internacional requiere y que los Estados suelen
resolver mediante convenciones internacionales.

Ninguno de esos ordenamientos jurídicos se encuentra supeditado al


otro: se trata de órdenes jurídicos autárquicos. En principio cada uno de ellos
deriva de su sistema de creación internos. En suma, la cooperación de cada
Estado es una decisión soberana.

Además del derecho interno encontramos el derecho convencional


internacional. En la Carta de las Naciones Unidas se establece que cada
Estado debe cooperar a la solución de problemas de carácter “económico,
social, cultural, o humanitario”, presuponiendo con ello el principio de
solidaridad internacional. A partir de esta disposición se celebraron diversos
tratados internacionales en materia de cooperación.

Desde la Edad Media se ha sostenido el principio de que la ley aplicable


al proceso es la de cada Estado (lex fori). No obstante, en el siglo XX
empezaron a surgir ciertas excepciones a esa lex processuallis fori con el
objeto de lograr mayor cooperación a la resolución del litigio interpartes.

b) Competencia legislativa interna

México tiene un sistema político federal; por tanto, hay leyes federales, así
como locales, las de cada entidad federativa. De ahí que deba determinarse a
quien le compete legislar en torno de la cooperación a un proceso extranjero: a
cada entidad federativa o al Congreso federal.

De a cuerdo con la constitución federal (art. 124), la facultad para legislar


en México “le compete en principio a cada entidad federativa, salvo en los
casos que por rationae materiae le competen en exclusiva al gobierno federal”
(art. 73).

Al examinar estas excepciones, en la Constitución no se dice que la


competencia para legislar sobre cooperación internacional corresponde al
Congreso de la Unión, por lo que tal facultad compete a cada entidad
federativa. Sólo en esos casos en que por ratione materiae pueda legislar, el
gobierno federal podrá expedir ese tipo de regulaciones. De estos casos el más
importante es la materia comercial, donde el Congreso de la Unión tiene
facultades para legislar en materia de cooperación internacional, pues como se
sabe, los asuntos mercantiles o comerciales son materia federal. De ahí que
los códigos de procedimientos civiles y penales de cada entidad federativa
regulen este tipo de cooperación internacional. Incluso, los tribunales de
amparo están de acuerdo con el criterio de las facultades de las entidades
federativas en la materia, es decir, el que “apoya la competencia legislativa de
las entidades federativas para legislar sobre cooperación internacional hacia el
proceso.

Algunas de las codificaciones civiles de las entidades federativas remiten


al Código Federal de Procedimientos Civiles, aunque normalmente lo hacen en
cuanto a las formalidades que deben seguirse en el caso de exhortos”, y no en
todo tipo de actos de cooperación. Por otro lado, los códigos de los estados
fronterizos del norte del país carece de reglas sobre comunicaciones en zonas
fronterizas, las cuales, sin embrago, con frecuencia se llevan a cabo en la
práctica de forma directa. Los demás códigos establecen disposiciones
conforme a las cuales cada juez estatal puede recurrir a las vas consulares o
preparar por si mismo los procesos que se seguirán en el extranjero. En este
casi el abogado postulante debe tener cuidado, ya que la remisión que las
legislaciones estatales hacen a la ley federal solo se refiere a cuestiones
especificas de la propia remisión legislativa, pero no en todo lo que respecta a
la cooperación internacional al proceso. Un mal entendimiento de este aspecto
es lo que ha provocado que algunos jueces estatales se olviden de las reglas
de sus códigos y recurran en su totalidad a la ley federal, lo que no es
jurídicamente aceptable, además de que se corre el riesgo de que un proceso
instaurado de esta forma sea impugnado.

Sujetos del derecho cooperacional.

Los sujetos más relevantes son, por un lado, el que solicita la cooperación y,
por el otro, el que la otorga. Al primero se le conoce como sujeto requirente y al
segundo con sujeto requerido.

a) Tradicionalmente se ha sostenido que el sujeto requirente debe ser un


miembro del Poder Judicial; se limita a los miembros de este poder el
solicitar la cooperación. En la actualidad se ha ampliado ese derecho a
otras autoridades. Algunas convenciones internacionales prefieren
referirse a quienes realizan una función jurisdiccional. De ahí que deba
considerarse a otros órganos, que aunque no dependan del Poder
Judicial, realicen ésta función. En México tenemos a los tribunales
militares, laborales, agrarios, fiscales, etc.; es decir, órganos, que cuya
naturaleza no es judicial pero que desarrollan formalmente una función
típicamente jurisdiccional en la medida en que resuelven litigios.
Además de las autoridades que ejercen esa función, se
encuentran otras no judiciales ni jurisdiccionales que también pueden
requerir cooperación del extranjero. Un ejemple es el Ministerio Público,
que puede necesitar ayuda a fin de integrar su averiguación previa, o
bien una autoridad fiscal que pida información de una autoridad
equivalente en el extranjero sobre algún causante con fuentes de
ingreso en otro país.
La regla general es que el auxilio o cooperación al extranjero sólo
puede ser solicitado o requerido por una autoridad, hay excepciones.

b) En cuanto al cooperador o requerido, los mecanismos de cooperación


del proceso nos dirigen a una autoridad. No obstante, puede darse el
caso de que se solicite conocer el texto del derecho extranjero, donde no
siempre se recurre a una autoridad, sino que en particular otorga un
dictamen o affidavit, es decir una opinión calificada sobre ese derecho,
como se utiliza con frecuencia en otros sistemas jurídicos.
Además, el que coopera no necesariamente depende de un orden
jurídico diferente del que corresponde al solicitante.
c) Durante mucho tiempo hubo desconfianza en las comunicaciones entre
requirente y requerido. Era desconfianza de la documentación recibida,
por lo que los mecanismos de certificación se reforzaron mediante el
procedimiento denominado legalización; se desconfiaba también de la
honestidad de los particulares que hacían el traslado de los documentos.
Asimismo. La burocracia judicial alargó innecesariamente los períodos
entre el envío de una solicitud y su recepción. En estos trámites la
cadena de legalizaciones exigida se convirtió en un obstáculo al
procedimiento, sobre todo a su rapidez.
Para destrabar los procesos burocráticos y disminuir el tiempo
requerido en las comunicaciones, desde finales del siglo XIX, y más
tarde desde 1950 en Europa (principalmente por medio de la
Conferencia de La Haya y de la Comunidad Económica Europea), y en
los años correspondientes a 1970 en América (a través de CIDIP), se
creó la figura de la autoridad central. Con base en ella, los Estados
fijaron, las reglas para una amplia cooperación internacional y dieron a la
autoridad estatal una función, que se sintetizó en las atribuciones
otorgadas a ese nuevo órgano. La autoridad central es una instancia de
gobierno designada por cada uno de los países ratificantes de la
Convención que se encarga de enviar y recibir peticiones de
cooperación. A través de ella las demás oficinas, los tribunales y los
órganos de gobierno pueden canalizar sus peticiones, con la seguridad
de que van a ser retransmitidas a las autoridades competentes en el
extranjero. De la misma forma, la autoridad central extranjera tendrá la
certeza de que su homóloga mexicana va a conducir y a entregar al
tribunal competente o a la autoridad facultada la petición que le está
enviando.
La autoridad central ha servido como un vehículo adecuado
para las comunicaciones entre requirente y requerido. Varios
tratados y convenios internacionales modernos obligan a que
cada Estado tenga una autoridad central, lo que facilita y agiliza
las comunicaciones y las hace, sobre todo, menos burocráticas.
Esta figura ya ha penetrado en el derecho interno, pues se le
menciona, por ejemplo, en la LOAPF, que deposita la función de
autoridad central en la SRE, en concreto en la Dirección de
asuntos jurídicos.
Al lado de la conducción de comunicaciones, la autoridad
central sirve para presentar ante las autoridades correspondientes
las cartas rogatorias o exhortos procedentes de extranjero, así
como para resolver temas de trámite, evitando que las
autoridades de destino final devuelvan el exhorto con el pretexto
de que falta algún requisito secundario. Los abogados y las
partes interesadas establecen comunicación con la autoridad
central para apoyarla en todo momento. Esta instancia realiza
también solicitudes de conocimiento de derecho extranjero y, con
frecuencia, es la consejera de las autoridades en el país para
diseñar sus comunicaciones.
Procedimientos

El derecho cooperacional implica dos tipos de procedimientos: el que debe


seguir el sujeto que solicita cooperación, y el que seguirá el sujeto al cual se le
requiere la cooperación.
Se les denomina procedimientos ante el requirente (o del exhortante). El
último tipo de procedimientos es lo que propiamente abarca la actividad
cooperacional.
Cada estado establece en sus leyes internas los procedimientos para
obrar como requirente o como requerido, lo que hace autónomamente en sus
leyes internas o adhiriéndose a tratados internacionales; en cualquiera de
ambos casos se estipulan dichos procedimientos; en México, se localizan en
especial en las leyes de procedimiento. Los tratados regulan con mayor énfasis
el procedimiento cooperacional. No está por demás recordar que los actos o
procedimientos del requirente o asistido, así como los del cooperador u órgano
asistente, se regulan normalmente por la ley del lugar de su lex fori en cada
caso.

Teleología del derecho cooperacional.

El derecho cooperacional no puede comprenderse sin conocer las causas que


lo animan. El sujeto coopera porque considera que es un Estado parte de la
comunidad internacional y, por tanto, tiene la obligación de ayudar a que los
litigios en otros Estados se resuelvan con seguridad y justicia cuando hay
elementos vinculados con su territorio. Esta actitud abierta y positiva de ayuda
es refrenada por la necesaria solidaridad entre Estados.
El órgano requerido, en tanto órgano cooperador, no solo atenderá a la
justicia como fin del derecho (según la filosofía ius naturalista), sino que, de
manera más concreta, debe atender a la resolución del litigio que se llevó a
proceso. Esto es, el acto de cooperación que pueda otorgarse a un proceso
tramitado en el extranjero no es un fin en sí mismo, sino un medio al servicio de
fines. Se trata de que el órgano cooperador colabore tomando en cuenta que
con ello contribuye a resolver un litigio interpartes.
La cooperación que se apega a esta orientación teleológica es
precisamente la que da contenido y funcionalidad a esta labor. De otro modo
no podrán entenderse las providencias implícitas, las formalidades adicionales
o las formas distintas o no correspondientes que el órgano exhortado debe
proveer.

Objeto o materia para el cual se coopera.

Antiguamente la cooperación se reducía a un simple procedimiento de trámite,


de modo tal que se dejaban fuera todos los aspectos no previstos
expresamente en el requerimiento, y además, con frecuencia se excluían los
actos mediante los cuales se reconocía y ejecutaba una sentencia extranjera.
Hoy en día la cooperación se entiende en un sentido más amplio y se otorga
para los tipos de procedimientos siguientes:

a) Procedimientos preprocesales. Es decir, mediante los cuales se prepara un


proceso. La ley no se los acepta en México, pero permite que se escuche a
testigos en un proceso de este tipo que se va a seguir en el extranjero, siempre
que la comparecencia sea voluntaria. En procedimientos de esta naturaleza la
demanda de fondo no ha sido presentada aún ante el juez extranjero, pero el
juez local ya ha aceptado que las partes, mediante sus abogados, inicien la
preparación del juicio, y ha dado su autorización para que se realicen los actos
procesales correspondientes. Se trata principalmente de los procedimientos
previos al juicio que el derecho estadounidense conoce como pre-trail
discovery en la modalidad de actos preparatorios a juicio.

b) Procedimientos intraprocesales. Son los que se otorgan para servir en


procesos que se encuentran en trámite. En este caso la demanda ya se
presentó, pero aún no se ha resuelto la pretensión de fondo (no se ha dictado
sentencia). Se trata de los actos que ayudan al juez a allegarse evidencias para
mejor resolver el caso.

c) Procedimientos posprocesales, esto es, los requeridos para que se


reconozca o se haga cumplir una resolución (un laudo o una sentencia)
pronunciada en el extranjero. Suponen que el proceso principal ya concluyó y
que la sentencia o laudo dictado son inapelables y, por tanto, solo falta el
reconocimiento de la fuerza ejecutoria con la que se dictó el laudo o la
sentencia, así como si ejecución.

Medios de cooperación en el proceso

En el derecho cooperacional se conocen diversos dispositivos o instrumentos


mediante los cuales puede pedirse y otorgarse la cooperación, entre ellos los
siguientes:

a) Mecanismos para la obtención de información y conocimiento acerca del


derecho extranjero. Con ellos se busca conocer el texto de una determinada
disposición y saber cómo fue interpretada por los tribunales y discutida por la
doctrina. El objetivo de conocer el texto de una disposición tiene que ver con la
aplicación del derecho extranjero por parte del juez.

b) Mecanismos en que la cooperación es otorgada por el cónsul o un


diplomático del país requirente que se encuentra acreditado en otro Estado. Se
trata de comisiones consulares o diplomáticas.
c) Mecanismos en los que participa un particular como sujeto cooperante.
Intervienen ahí los commissioners o comisionados. Se caracterizan por no ser
órganos de autoridad, sino sujetos privados cuya comisión es obtener
información específica para un proceso.

d) Mecanismos propios y autónomos, en los que no existe la previa solicitud de


cooperación por parte de un órgano de gobierno extranjero. Se trata de
procedimientos que un Estado realiza de manera autónoma. Entre otras
actividades, los compromisos que asumen los países, principalmente en
tratados de libre comercio, conforme a los cuales se obligan a informar a sus
contrapartes acerca de las modificaciones a su legislación interna; también
hallamos procedimientos que permiten preparar un proceso que se seguirá en
el extranjero.

e) Mecanismos tradicionales del civil law o del romano-germánico, en los que


requirente y requerido realizan usualmente función jurisdiccional. A estos
mecanismos el derecho hispano, al igual que el mexicano, prefiere llamarles
exhortos. En otros lugares se les conoce como carta rogatoria (países del
common law) o comisión rogatoria (Francia).

Existe otro tipo de mecanismos cooperacionales especiales y simplificados


que, por lo general establecen procedimientos uniformes.

Conocimiento de derecho extranjero

a) Preámbulo

En los casos en que el derecho extranjero se califica como verdadero derecho


y no como un simple hecho en el proceso –así ocurre en el Código Civil
Federal, el del Distrito Federal y el de varias entidades federativas–, se hace
necesario que cualquier disposición o jurisprudencia extranjera sea conocida
por la autoridad encargada de aplicarla.

Un juez o una autoridad administrativa, al tratar de resolver cualquier


negocio jurídico, pueden encontrarse con que su norma de conflicto le señala
como aplicable una disposición jurídica extranjera.

Ejemplo

Art. 1593 del CCDF dispone que “los testamentos hechos en país extranjero
producirán efecto en el Distrito Federal cuando hayan sido formulados de
acuerdo con las leyes del país en que se otorgaron”. Supongamos que un
testamento formulado en el extranjero se presenta ante un tribunal mexicano.
Para determinar si es válido, el tribunal debe conocer primero la ley del lugar
donde se otorgó, pues de otra manera no estará en aptitud de resolver si debe
producir efectos en México.

En un caso como éste, el conocimiento dl derecho extranjero es esencial. No


se trata de probar los hechos de una demanda, sino de conocer el texto del
derecho extranjero. El procedimiento es distinto de los empleados para conocer
y demostrar los hechos de la demanda (procedimiento probatorio). Tampoco es
igual al que se requiere para enviar o recibir un exhorto. El procedimiento para
conocer el derecho extranjero emplea otras medidas, pero puede recurrir a la
cooperación internacional.

Así, por ejemplo, el juez puede por sí mismo conocer el derecho


extranjero cuando su experiencia personal se lo permite o cuando tiene
conocimientos de derecho comparado; pero también puede recurrir
internamente a la consulta directa del derecho extranjero, o auxiliarse incluso
de peritos o expertos en el derecho que le es desconocido. Sin embargo, si el
juez no puede conocer personalmente o mediante otra persona el texto del
derecho extranjero, le queda la vía de la cooperación internacional. En varios
países la ley interna permite que los abogados especialistas en derecho
comparado o extranjero den asistencia acerca de su propio derecho, sin
necesidad de que hay de por medio un tratado internacional.

Una práctica muy socorrida en México es la elaboración de affidavits,


que suelen presentarse como prueba del derecho mexicano ante tribunales de
Estados Unidos de América. El abogado que otorga el affidavit debe
identificarse en el propio escrito acerca de sus calificaciones para pronunciarse
en torno del derecho (legislación o jurisprudencia) de que se trata. Dará su
opinión con él, mayor detalle posible, se referirá e interpretará el derecho
mexicano y deberá citar la jurisprudencia y doctrina sobre los puntos sujetos de
análisis, y para concluir hará un juramento en el sentido de que lo expresado es
verdad. Algunos tribunales de ciertos estados de la Unión Americana exigen
que el affidavit esté legalizado; así, quien lo elaboró tendrá que presentarse
personalmente ante un cónsul de Estados Unidos de América en México para
ratificar el affidavit, o bien notariar su declaración y luego apostillarle. El
funcionario preguntará al abogado si lo declarado en el documento es verdad, y
éste jurará en tal sentido. En la mayor parte de los estados de la Unión
Americana no se requiere la certificación consular.

Además del derecho interno hay tratados que establecen normas de


cooperación en la materia, como el Acuerdo de Cooperación para el
Intercambio de Información sobre los Ordenamientos Jurídicos entre México y
España, suscrito el 1º. De diciembre de 1984. En forma más completa, puesto
que no sólo se limita a intercambiar textos, sino a guiar el sentido y alcance de
los mismos, está la Convención Interamericana sobre Prueba e Información
acerca del Derecho Extranjero, firmada en 1979 en Montevideo, Uruguay, en la
segunda CIDIP, así como la Convención Europea sobre conocimiento de
Derecho Extranjero y de las que México es Estado parte. Estas convenciones,
de acuerdo con las líneas de la teoría de la cooperación internacional, se
refieren a dos tipos de procedimiento: los seguidos ante el órgano requirente y
los efectuados ante le requerido.

Ambas convenciones son importantes, ya que una la suscriben varios


países americanos, además de España y, otra, los europeos.
He aquí los procedimientos establecidos por ambas convenciones:

b) Procedimiento ante el requirente

El derecho extranjero es derecho y no requiere prueba del mismo, de manera


que los sujetos del litigio (actor y demandado) no tienen la carga de probarlo;
sin embargo, pueden auxiliar al juez para que conozca el derecho extranjero.
Aunque no sea su obligación, pueden solicitar que inicie los trámites de un
procedimiento de cooperación internacional que permita el conocimiento del
derecho extranjero.
Independientemente de lo anterior, a instancia de los particulares y
oficiosamente, el juez o cualquier otra autoridad administrativa pueden solicitar
la cooperación de un Estado extranjero cuyo derecho sea el reclamado. La
solicitud, que debe ser sencilla, contendrá nombre y domicilio del requirente, la
naturaleza del asunto que busca resolverse, las cuestiones o puntos de
consulta, así como los medios probatorios mediante los cuales se canaliza esa
información (documental, pericial o informes oficiales). Esta solicitud no
necesita ser legalizada, pero si traducida al idioma de la autoridad a la que se
le pide apoyo.
Aunque la solicitud pueda enviarse directamente, es aconsejable que
sea transmitida por medio de la autoridad central del propio país requirente, la
cual podrá hacerla llegar a su contraparte del Estado requerido; si el juez la
conoce, podrá enviar su solicitud directamente a este ultimo.

Ejemplo

Un juez mexicano desea saber si el matrimonio religioso contraído en Colombia


y que ha sido planteado en un proceso tiene efectos jurídicos según el derecho
de ese Estado. Para ello, pedirá que se le informe si el derecho de Colombia
reconoce los matrimonios religiosos y lo hará por medio de la autoridad central
mexicana o directamente a su contraparte extranjera. Si lo hace mediante la
primera será a través de la dirección de asuntos jurídicos de la Secretaria de
Relaciones Exteriores.

c) Procedimiento ante el requerido


Cuando la autoridad central del Estado requerido reciba la solicitud, procede a
dar respuesta a las interrogantes que se le plantean. Pero si el cuerpo de
abogados que integran la autoridad central no están en condiciones de
responder, ya sea por falta de tiempo, ignorancia o por la complejidad del
asunto, pueden retransmitir la petición a los órganos internos de gobierno que
darán la respuesta.
Aunque la regla general obliga a responder uno a uno los
cuestionamientos, es factible hacer una excepción, aduciendo que la respuesta
afecte en términos de orden público o soberanía al Estado requerido. Sin
embrago, la autoridad central del Estado requerido no puede negar la
respuesta cuando aduzca solo que éste sería el competente en el asunto que
se está conociendo en el extranjero.
Al tener la respuesta, se le enviará al requirente la información.

Ejemplo
Una autoridad extranjera puede pedir a la autoridad central mexicana que le
informe si el incumplimiento del convenio de esponsales, según la ley
mexicana, produce el pago de daños y perjuicios. La autoridad mexicana
contestará directamente, anexando los textos de leyes, doctrina y
jurisprudencia sobre el particular. Si el problema le parece complicado, tiene la
opción de solicitar el auxilio de un abogado, o profesor universitario experto en
la materia, o de un juez o magistrado. Luego, la respuesta de éstos se envía a
la autoridad solicitante por medio de la autoridad central mexicana. México no
queda obligado a reconocer una sentencia extranjera que se haya dictado con
base en la opinión que transmitió la autoridad central mexicana (art. 545,
CFPC)

d) Conocimiento del derecho extranjero de países no signatarios del


tratado

La falta de un tratado con el país cuyo derecho se necesita conocer no impide


que éste sea conocido por el juez o la autoridad autorizada. Algunas entidades
federativas siguen aun la antigua tradición que hace recaer sobre los litigantes
la carga de la prueba de tal derecho. Otros estados incluido el DF liberan de
ésta carga y amplían el principio iura novit curia.
En caso que tenga que probarse el derecho extranjero, los interesados
pueden recurrir a los procedimientos establecidos en el tratado referido. Incluso
es factible pedir auxilio a los órganos extranjeros. Existen países dispuestos a
otorgarlo aún cuando no haya tratado. En otros, sus leyes internas no dicen
nada sobre el particular, como México, que es silente acerca del tema. Sin
embargo, no existe impedimento alguno para ello y la SRE podrá dar
respuestas a casos provenientes del extranjero.
Han sido superadas las ideas de que el derecho extranjero solo puede
probarse mediante certificaciones diplomáticas. Hoy en día se admite la
posibilidad de recurrir a procedimientos similares a los establecidos en los
convenios que hemos citado. La ley interna, por ejemplo, permite las
declaraciones de personas conocedoras, lo cual constituye la pericial jurídica.
En algunas entidades federativas las leyes permiten que sus jueces soliciten la
cooperación de la SRE.

Comisiones consulares
a) Explicación.
La cooperación para un proceso puede ser obtenida a través del servicio
diplomático y del servicio consular. El servicio que prestan uno y otro es similar,
aunque el diplomático está enfocado en una actividad política que puede
entorpecer el procedimiento. Éste medio es el acostumbrado en el ámbito
penal.
Con frecuencia este medio de cooperación –la comisión consular- se ha
confundido en los exhortos. Esto ocurre en la práctica diaria entre los
abogados, así como en el ámbito oficial; tanto es así, por ejemplo el artículo
104 del reglamento de la abrogada Ley Orgánica del Servicio Exterior
Mexicano lo denominaba exhorto.
A través del encargo o comisión consular, un juez (incluso otro tipo de
autoridades) obtiene del consular de su país acreditado en el extranjero ciertas
actuaciones e informes que le son útiles para resolver con mayor justicia un
litigio o negocio jurídico.
Al compararse la comisión consular con el exhorto encontramos que se
trata de instituciones jurídicas distintas. Una es ordenada por una autoridad a
otra que se regula por el mismo sistema jurídico, mientras que en la otra, se
trata de jueces o autoridades de países distintos. A diferencia del exhorto, en el
que solo se ruega, en la comisión consular se ordena. A demás en esta ultima
el requirente y el requerido dependen de una misma autoridad, lo que no ocurre
en el caso de los exhortos. La comisión consular tiene como ventaja que aplica
el mismo derecho que rige al requirente, lo cual no necesariamente ocurre en el
exhorto.

b) Fuentes jurídicas.
Éste mecanismo de cooperación se encuentra previsto tanto en el derecho
convencional internacional como en el interno. Como ejemplo cabe citar las
normas vigentes en el ámbito convencional internacional del que México es
parte:
 La Convención de Viena sobre Relaciones Consulares (y algunas otras
convenciones bilaterales).
 La Convención de la Haya Sobre la Obtención De Pruebas en el
Extranjero en Materia Civil o Comercial.
 La Convención Interamericana sobre la Recepción de Pruebas en el
Extranjero.
 El Protocolo Adicional a la Convención Interamericana sobre Recepción
de Pruebas en el Extranjero.
 Convención de la Haya sobre la Notificación o Traslado en Extranjero de
Documentos Judiciales y Extrajudiciales en Materia Civil o Comercial.

El mecanismo convencional fue adoptado en algunos códigos procesales


nacionales internos como el Código Federal de Procedimientos Civiles (art
548), el Código Federal de Procedimientos Penales (art 59) y Código de
Comercio. (Art. 1073). Sin embargo éste mecanismo no está incluido en todos
los códigos estatales, seguramente por la duda que existió durante muchos
años en el sentido de que las legislaturas de los estados no deberían regular la
actividad cooperacional. La ausencia de disposiciones en cada entidad
federativa sobre las comisiones consulares plantea el problema siguiente: a
menos que sea aplicable un tratado, no es posible que un juez local acceda a
este mecanismo cooperacional, debido a que sus legisladores no lo han
admitido. El legislador federal acepta esas medidas a fin de que los órganos
federales puedan recurrir a ellas. Pero el legislador federal carece de
competencia para indicar a los órganos judiciales estatales si pueden o no
recurrir a las comisiones Consulares.
Por ello es necesario que los legisladores de cada entidad federativa
faculten a sus autoridades para solicitar cooperación consular. Podría
establecer que los medios de cooperación consular se rijan de acuerdo con lo
establecido en el CFPC, sin perjuicio claro está, de que las autoridades locales
puedan pedir a los cónsules que la diligencia practicada se realice con alguna
forma especial estipulada en la entidad interesada. De hecho, los jueces de
algunos estados han recurrido a la comisión consular, aun cuando la ley estatal
alude a este mecanismo cooperacional.

c) Procedimientos

Al igual que otros mecanismos cooperacionales, en el que explicamos ahora


encontramos dos tipos de procedimientos: los que se siguen ante el órgano
requirente y los que se realizan ante el consulado (el requerido).
Las actuaciones ante el requirente no parecen detalladas en la
normatividad. La ley solo hace referencia a la posibilidad de pedirle auxilio al
Cónsul mexicano en el extranjero. No se dice nada respecto de legislaciones,
lo que significa que no son necesarias. Como medios a través de los cuales se
transmite la solicitud al cónsul mexicano en el extranjero, la ley prevé la
remisión directa (vía judicial), así como la indirecta; para ello, la intermediaria
es la SRE.
En cambio, la normatividad que deberá seguir el requerido parece ser un
poco más rica. En ella se establece, por ejemplo, que las actuaciones que
practique el cónsul serán para un proceso ya iniciado. O sea, que no son
factibles las diligencias civiles o comerciales para preparar un proceso;
tampoco para dar cumplimiento a una sentencia. Y es que, a demás los
cónsules acreditados no pueden ejercer fuerza para hacer cumplir las
determinaciones del requirente.
La Convención de la Haya sobre la Obtención de Pruebas se refiere a
los criterios citatorios para comparecer, y establece a si mismo que la persona
citada puede ser asistida por un consejero, sin que esté obligado a declarar. Si
no comparece, el cónsul puede pedir ayuda al Estado receptor para que lo
auxilie con medios de apremio.
A la diligencia de declaración de la persona citada podrá asistir un
intérprete designado por ésta y no por el cónsul.
A demás de la obtención de comparecencias, el cónsul puede coadyuvar
en la obtención de documentos y aplicar inspecciones, pero con la anuencia de
las personas que puedan disponer o tengan en su poder los documentos
correspondientes o que permitan que el cónsul vaya al sitio donde deban
practicarse las inspecciones, pero con la anuencia de las personas que puedan
disponer o tengan en su poder los documentos correspondientes o que
permitan que el cónsul vaya al sitio donde deban practicarse las inspecciones.

Comisionados particulares

Otro medio de cooperación al proceso es el de los commissioners, comisarios o


comisionados. Es un sistema de origen inglés conforme al cual el juez confía
en un particular para que éste se traslade al lugar donde se requiere obtener un
aprueba o hacer una notificación o una cita.

Como cualquier otro medio de cooperación para el proceso, el


instrumento señalado implica 2 tipos de procedimientos: el que se desarrolla
ante el tribunal requirente y el que se practica en el foro al cual ha sido enviado
el comisionado.
El procedimiento seguido ante el requirente es menos importante, ya que
lo sustancial está en las actuaciones practicadas en el foro al cual se envió la
comisión y al comisionado.
En el ámbito convencional internacional este mecanismo está regulado
por la Convención de la Haya sobre la Obtención de Pruebas en el Extranjero
en materia Civil o Comercial del 18 de marzo de 1970, aplicable en México por
ser Estado parte. Dicho tratado, además de referirse a las comisiones
consulares, también establece algunas reglas para los comisionados.
En ésta Convención se admite que en materia civil o comercial los
comisarios puedan proceder en “todo acto de instrucción concerniente a un
procedimiento ya iniciado ante un tribunal de otro Estado contratante”. Éste
acto está condicionado a la autorización (general o particular) del Estado donde
se pretende practicar el acto, respetando las condiciones que se hubiesen
fijado.
La obtención de pruebas a través de este medio ha provocado
reacciones: en ciertos casos se han permitido esas actuaciones, pero en otras
se les ha restringido, sobre todo cuando se trata de materias sensibles como la
fiscal o la de control de cambios.
Al adoptar ésta Convención de la Haya México planteó una reserva y no
admite la figura de los comisionados: “los Estados Unidos Mexicanos hacen
reserva expresa y total de las disposiciones contenidas en los artículos 17 y 18
de éste capítulo en relación con los comisionados…”.
La reserva no significa que en México estén prohibidas esas prácticas, a
pesar de que en su época Ricardo Abarca, uno de los negociadores mexicanos
de ésta Convención, propuso que además se adicionara al Código Penal una
disposición que recurriera a quienes realizaran la labor de comisarios para un
proceso extranjero. Como mencionamos, en México no están prohibidas las
funciones de los comisarios, porque no van contra el orden público mexicano.
Se trata de un particular a quien se le ha encargado una comisión, escuchar a
testigos o realizar una notificación, y si aquellos declarar voluntariamente o la
notificación se lleva a cabo con la aceptación implícita o explícita del requerido
no hay contradicción con el orden público mexicano. Si el comisionado necesita
que un testigo sea requerido, por la fuerza, podrá solicitarlo al juez mexicano, y
si éste reconoce la jurisdicción que le ordenó al comisionado llevar a cabo su
tarea, no hay obstáculo en que se cite por el juez para escuchar al testigo por
el comisionado. Es claro que el juez mexicano pueda aplicar las reglas del
procedimiento de su foro por tratarse de reglas de orden público. El testigo será
escuchado entonces, previo a calificar el juez el interrogatorio.
México solo prohíbe esta práctica en la Ley de Protección al Comercio y
la Inversión de Normas Extranjeras que Contravengan el Derecho Internacional
(23 de octubre de 1996), que se emitió como respuesta a la polémica Ley
Helms Burton, iniciativa estadounidense que sanciona a todo aquel que
obtenga bienes en cuba, luego de que el régimen de Fidel Castro expropio en
esa isla propiedades de ciudadanos estadounidenses.
La citada ley mexicana se conoce como Ley Antídoto, que por sus
características y las condiciones en que fue expedida es una ley excepcional;
no obstante, la experiencia ha demostrado su inaplicabilidad.
Ésta ley reprime civil y plenamente a quien proporcione información
requerida por los tribunales extranjeros. Pero esta disposición solo atañe a los
procesos que pretendan imponer un bloqueo económico o limitar la inversión a
un país, reclamar pagos a particulares con motivo de las expropiaciones o
restringir a inversionistas específicos la entrada en el país que expida la ley ( la
de Estados Unidos de América en este caso) para alcanzar esos fines. Se trata
del único caso en que México reprime expresamente la función de los
comisarios.
Hasta la fecha no se ha regulado en nuestro país la posibilidad de que
los jueces mexicanos requieran el apoyo de comisionados en el extranjero con
el propósito indicado, para obtener pruebas útiles en los procesos que se les
encomienda. Como no está prohibido que se realice esa función en México
(salvo el caso específico explicado), es frecuente que algunas personas, entre
ellas abogados, obtengan documentos del Registro Civil y del Registro Público
de la Propiedad y los envíen al extranjero para un proceso seguido en otro
país. Abogados, corredores y notarios notifican y entregan a menudo
demandas en un proceso seguido en el extranjero, sin que esto cause el menor
problema jurídico.

Autocooperación para un proceso a seguir en el extranjero

Los mecanismos de cooperación para un proceso que se lleva a cabo en el


extranjero pueden darse por solicitud oficial (conocimiento del derecho
extranjero, exhortos, comisiones consulares, comisionados particulares) o
autónomamente, es decir, sin necesidad de petición oficial y sin que esa
solicitud provenga del extranjero. Existen mecanismos autónomos.
El derecho mexicano considera factible que se produzcan actuaciones
como las siguientes:
 Practicar notificaciones y emplazamientos para un proceso en el
extranjero.
 Producir pruebas destinadas a un proceso que se sigue en el extranjero.
 Imponer medidas cautelares para un proceso por seguir en el extranjero.
Estas actuaciones pueden calificarse como altruistas, pues el Estado
mexicano las otorga sin que un órgano de gobierno extranjero pida el auxilio.
Aunque no requieren una instancia o solicitud proveniente del extranjero,
normalmente es necesario que una persona particular solicite la actuación ante
el tribunal judicial mexicano.
En gran medida, estas reglas otorgan facultades a los tribunales del foro
para la práctica de las diligencias citadas, como una opción a la actividad de los
comisionados.

a) Notificaciones y emplazamientos

El Código Federal de Procedimientos Civiles (art. 547) al igual que el Código


de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal (art. 604, fracc. III), indican
que por solicitud de una parte o de un interesado podrán practicarse en los
tribunales federales o de Distrito Federal diligencias que permitan hacer
notificaciones o emplazamientos.
Como se advierte, en este caso no se requiere que alguna autoridad
desde el extranjero solicite que se haga la notificación: basta la solicitud directa
del interesado ante un tribunal mexicano.
Obviamente, en estaos casos se necesita que el presunto notificado o
emplazado se encuentre en el territorio donde ejerce competencia el tribunal al
cual se le pide tal actuación.
La ley no indica nada especial respecto del derecho aplicable a esas
notificaciones y emplazamientos, de manera que tendrá que aplicarse la regla
general que determina como aplicable la ley del foro.
La ley del Distrito Federal así como la de varias entidades federativas,
señala que estas notificaciones se harán por la vía de la jurisdicción voluntaria
(art. 604, fracc. III y 893).

b) Producciones de pruebas

Las partes interesadas tienen la posibilidad de recurrir a los tribunales


mexicanos a fin de obtener pruebas que utilizaran en un proceso que se
seguirá en el extranjero. Los tribunales mexicanos están obligados a realizar
los actos necesarios a fin de producir este tipo de pruebas. Dicha normatividad
se encuentra en los códigos Federal de Procedimientos Civiles (art. 547) y para
el Distrito Federal (art. 604, fracc. III y 193, fracc. IX), así como en los de
algunas entidades federativas.
Para ello podrá recurrirse a los medios preparatorios del juicio o
diligencias durante el mismo. Estas actuaciones implican que la demanda no
ha sido presentada y tampoco que alguna autoridad extranjera haga la petición.
En el caso de las notificaciones y emplazamientos como ya
mencionamos, el tribunal competente será el de la ubicación de las personas
que se pretende examinar o de las cosas que serán inspeccionadas. La ley
aplicable es la lex processuallis fori, ya que no existe regla especial sobre
particular.

c) Imposición de medidas cautelares

México ha sido renuente a aceptar medidas cautelares en los convenios


internacionales; además, no es parte de la Convención Interamericana sobre
Cumplimiento de Medidas Cautelares (caso en el que se requerirá un exhorto).
El derecho interno dispone que para la imposición de medidas
cautelares solo será competente el tribunal facultado para conocer del juicio
principal (artículos 22 CFPC, y 162, CPCDF).
No obstante, cabe destacar el segundo párrafo del artículo 162 del
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, que dispone: “en
caso de urgencia, puede dictarla [una medida cautelar] el [juez] del lugar donde
se halle la persona o la cosa objeto de la providencia, y efectuado, se remitirán
las actuaciones al competente”.
En principio, tal parece que este párrafo permite la aplicación de
medidas cautelares, pero resulta inconveniente por que establece que las
actuaciones deberán enviarse al tribunal competente. Estas remisiones al
extranjero no son factibles según la propia codificación mexicana. Además, los
tribunales mexicanos en materia de normas de conexión han dispuesto con
frecuencia que estas únicamente delimite la propia esfera territorial de
competencia, es decir, solo son aplicables para relaciones jurídicas de tráfico
interno. Por ahora las únicas medidas cautelares son las que establece el
derecho convencional internacional, especialmente las de naturaleza familiar.
Como mencionamos, el Código de Comercio establece en materia
arbitral que las partes “podrán, con anterioridad a las actuaciones arbitrales o
durante su transcurso, solicitar al juez la adopción de medidas cautelares
provisionales” (art. 1425); como se advierte, se trata de un dispositivo amplio,
pues de forma excepcional permite que, aun antes de iniciarse el proceso
arbitral, sea solicitada la medida precautoria o cautelar.

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