Deuda Porque tú eres así, Si el, alma entera te di, Y te burlaste tranquilamente de mi pasión.
Citamos Lágrimas negras (bello tema compuesto en 1930), Olvido y Tu no, yo sí, temas
interpretados por el Trío Matamoros, quienes muestran de cuerpo entero el aporte del son al
bolero: Lágrimas negras Sufro la inmensa pena de tu extravío, siento el dolor profundo de tu
partida, y lloro sin que sepas que el llanto mío tiene lágrimas negras Tiene lágrimas negras como
mi vida. Olvido Aunque quiera olvidarme, ha de ser imposible, porque eterno recuerdo tendrás
siempre de mí. Mis caricias serán el fantasma terrible de lo mucho que sufro, de lo mucho que
sufro, alejado de ti. 69 Tu no, yo sí Si no quieres que me muera, quiéreme. Si no quieres que me
muera, bésame. Para el autor de este documento, el bolero es poesía, es inspiración, y relata en
sus mensajes las situaciones amorosas, el concepto de la mujer, el despecho, la naturaleza y hasta
le escribe a la libertad; llama a combatir la opresión y a fortalecer el amor por la tierra que nos vio
nacer. Y es por ello que, como se sustentará posteriormente, recupera con honores, su sitial como
música folclórica latinoamericana. Al igual que la literatura ―en especial, la poesía―, el bolero
expone diferentes situaciones amorosas, y precisamente muchas veces acompaña a los clásicos
literarios en la construcción del mensaje del amor. Es así como Antonio Machado, García Lorca y
Pablo Neruda hacen parte del legado romántico a través de la canción. Injusto sería no mencionar
también a Amado Nervo y a nuestro poeta romántico por excelencia: Julio Flórez. Es
imprescindible mencionar los aportes del romancero español del siglo XX. Uno de ellos es Rafael
de León: Rafael de León y Arias de Saavedra, VIII marqués del Valle de la Reina, VII marqués del
Moscoso y IX conde de Gómara (Sevilla, 6 de febrero de 1908-Madrid, 9 de diciembre de 1982),
fue un poeta español de la Generación del 27 y autor de letras para copla, faceta esta última en la
que se hizo famoso por haber formado parte del trío Quintero, León y Quiroga. Fue el letrista de
algunas de las más célebres canciones populares españolas del siglo XX, como Tatuaje, Ojos
verdes, A ciegas, A la lima y al limón, ¡Ay pena, penita, pena!, María de la O, Con divisa verde y oro
(«Rafael de León», s.f., párr. 1). El poeta fue amigo personal de García Lorca y Antonio Machado, y
compuso temas para cantantes de la talla de Nino Bravo, Isabel Pantoja y Rocío Durcal. En mi
concepto, el poema más sentido en el corazón y trasformado después en bolero es Penas y
alegrías del amor. Penas y alegrías del amor Mira cómo se me pone la piel cuando te recuerdo. 70
Por la garganta me sube un río de sangre fresco de la herida que atraviesa de parte a parte mi
cuerpo. Tengo clavos en las manos y cuchillos en los dedos y en mi sien una corona Hecha de
alfileres negros. Mira cómo se me pone la piel cada vez que me acuerdo , que soy un hombre
casao ’ y sin embargo, te quiero. Entre tu casa y mi casa hay un muro de silencio, de ortigas y de
chumberas, de cal, de arena, de viento, de madreselvas oscuras y de vidrios en acecho. Un muro
para que nunca lo pueda saltar el pueblo , que anda rondando la llave que guarda nuestro secreto.
¡Y yo sé bien que me quieres! ¡Y tú sabes que te quiero! Y lo sabemos los dos y nadie puede
saberlo. ¡Ay, pena, penita, pena 71 de nuestro amor en silencio! ¡Ay, qué alegría, alegría, quererte
como te quiero! Cuando por la noche a solas me quedo con tu recuerdo , derribaría la pared que
separa nuestro sueño, rompería con mis manos de tu cancela los hierros, con tal de verme a tu
vera, tormento de mis tormentos, y te estaría besando hasta quitarte el aliento. Y luego, qué se
me daba quedarme en tus brazos muerto. ¡Ay, qué alegría y qué pena quererte como te quiero!
Nuestro amor es agonía, luto, angustia, llanto, miedo, muerte, pena, sangre, vida, luna, rosa, sol y
viento. Es morirse a cada paso y seguir viviendo luego con una espada de punta siempre pendiente
del techo. Salgo de mi casa al campo solo con tu pensamiento, 72 para acariciar a solas la tela de
aquel pañuelo que se te cayó un domingo cuando venías del pueblo y que no te he dicho nunca,
mi vida, que yo lo tengo. Y lo estrujo entre mis manos lo mismo que un limón nuevo, y miro tus
iniciales y las repito en silencio para que ni el campo sepa lo que yo te estoy queriendo. Ayer, en la
Plaza Nueva, —vida, no vuelvas a hacerlo — te vi besar a mi niño, a mi niño el más pequeño, y
cómo lo besarías —¡ay, Virgen de los Remedios! — que fue la primera vez que a mí me distes un
beso. Llegué corriendo a mi casa, alcé mi niño del suelo y sin que nadie me viera, como un ladrón
en acecho, en su cara de amapola mordió mi boca tu beso. ¡Ay, qué alegría y qué pena quererte
como te quiero! 73 Mira, pase lo que pase, aunque se hunda el firmamento, aunque tu nombre y
el mío lo pisoteen por el suelo, y aunque la tierra se abra y aun cuando lo sepa el pueblo y ponga
nuestra bandera de amor a los cuatro vientos, sígueme queriendo así, tormento de mis tormentos.
¡Ay, qué alegría y qué pena quererte como te quiero!