Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales
OSAL Observatorio Social de América Latina
Año XI Nº 27 / publicación semestral / abril de 2010
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Director
Guillermo Almeyra
Colectivo Editorial
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Modonesi, João Marcio Mendes Pereira, Julián Rebón, Agustín Santella, Carlos Abel Suárez
Consejo Consultivo Editor
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Autónoma de México, UNAM]
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[Centro de Estudios Latinoamericanos, CELA]
• República Dominicana y Puerto Rico, coordinado por Octavio Figueroa [Centro Juan Montalvo]
• Venezuela, coordinado por Marco Antonio Ponce y Marino Alvarado Betancourt [PROVEA]
Escriben en este número
Olmedo Beluche, Armando Chaguaceda Noriega, Mariana López de la Vega, André Luiz
Coelho, Clayton Mendonça Cunha Filho, Massimo Modonesi, Fernando Munguía Galeana,
Lucio Oliver, Fidel Pérez Flores, Raúl Prada Alcoreza, Haroldo Ramanzini Júnior, Luis Serra
Vázquez, Mabel Thwaites Rey, Tullo Vigevani
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Sumario
Editorial 11
Debates
Después de la globalización neoliberal: ¿Qué Estado en América Latina?
Mabel Thwaites Rey 19
Autonomia e integração regional no contexto do Mercosul. Uma
análise considerando a posição do Brasil
Tullo Vigevani y Haroldo Ramanzini Júnior 45
Análisis de casos
La fundación de la Segunda República
Raúl Prada Alcoreza 67
Participación ampliada y reforma del Estado: mecanismos
constitucionales de democracia participativa en
Bolivia, Ecuador y Venezuela
Fidel Pérez Flores, Clayton Mendonça Cunha Filho y André Luiz Coelho 73
Los retos de la participación ciudadana a nivel municipal en Nicaragua
Luis Serra Vázquez 97
La lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas
Massimo Modonesi, Lucio Oliver, Mariana López de la Vega y
Fernando Munguía Galeana 117
Aportes del pensamiento crítico latinoamericano
Martí y nuestra América: una introducción necesaria
Armando Chaguaceda Noriega 129
Nuestra América
José Martí 133
Aniversarios: 20º aniversario de la invasión a Panamá
A veinte años del 20 de Diciembre
Olmedo Beluche 143
Entrevista
La autonomía financiera de América Latina en la crisis económica mundial
Pedro Páez Pérez 149
Reseñas
La coyuntura de la autonomía relativa del Estado
Massimo Modonesi 159
La verdadera historia de la separación de 1903
Guillermo Almeyra 165
Documentos
Declaración del municipio autónomo de San Juan Copala ante la
agresión paramilitar 171
Declaración del Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
en apoyo al SME 173
Declaración del Sindicato Mexicano de Electricistas contra la
privatización de Luz y Fuerza del Centro 177
Manifiesto General de la Primera Cumbre de Consejos de
Movimientos Sociales del ALBA-TCP 179
Por qué dejamos nuestras granjas atrás para venir a Copenhague.
Declaración de Vía Campesina 187
Observatorio Crítico: red de proyectos y colectivos para la
reflexión y transformación social en Cuba 191
Lista de publicaciones recientes y recibidas 197
Editorial
El fondo y la superficie
Guillermo Almeyra
Hace rato que en el medio académico y periodístico se piensa en términos de na-
ciones sin ver que estas no son social o culturalmente homogéneas sino una cons-
trucción histórico-cultural que abarca clases y sectores en conflicto permanente
entre sí. En consecuencia, se difunde el hablar de conflictos de naciones y hasta
de civilizaciones: así Marianne, la República, la señora Francia, se opondría al Tío
Sam, o China o Rusia le disputarían a este su hegemonía y así sucesivamente. Una
de las contradicciones del sistema capitalista –la diversidad y la competencia de
capitales, la utilización por estos de su Estado, la territorialidad del capitalismo–
es asumida como si fuera la única y principal y lo que aparece en la superficie es
tomado como si fuese la esencia misma del problema.
Por supuesto, el nacionalismo, tanto el de los oprimidos como el de los opreso-
res, es una gran fuerza ideológica, política y cultural, pero incluso el que se opone
al imperialismo (o sea, al nacionalismo de los colonizadores), no es anticapitalista,
aunque debilite a la manifestación actual del capitalismo que es el imperialismo
del gran capital financiero y de los Estados a su servicio. Para la liberación social el
nacionalismo antiimperialista es una condición necesaria pero no suficiente, por-
que la liberación nacional, en cualquier rincón de la Tierra, solo podrá ser total y
definitiva cuando quienes viven de la opresión de la inmensa mayoría de la Huma-
nidad hayan sido vencidos en sus propios países tras haber sido expulsados de la
mayor parte de las regiones del globo. O sea, el comienzo de la liberación de unos
pocos en un territorio periférico sólo puede culminar con éxito en la liberación
general del sistema que dentro de cada nación oprime y explota a las mayorías y
que hace que una minoría extranacional, apoyada siempre en Estados nacionales,
oprima a otras naciones.
En una palabra: si se quiere ser consecuentemente anticolonialista y ayudar a
descolonizar a los países dependientes hay que ser algo más que un nacionalista
deseoso de reformar la relación de dependencia que impone el capitalismo, entre
12 Editorial
otras cosas porque la parte principal del capital en nuestros países está en manos
de las transnacionales y porque los grandes capitalistas locales están fusionados
con el capital financiero internacional, de modo que una alianza entre ellos y sus
explotados no es posible.
En nuestros países latinoamericanos el capitalismo se impuso mediante una
salvaje explotación basada en la negación de las otras culturas, en la imposición
de criterios racistas y de castas a partir del color de la piel así como en la servidum-
bre y la esclavitud. El imperialismo del Destino Manifiesto de Estados Unidos se
apoya también en el concepto de pueblo elegido por Dios, el cual siempre ha sido
desde los tiempos más remotos profundamente racista. El racismo, que muchas ve-
ces sus víctimas asumen como algo natural, lo cual las lleva incluso a intentar ne-
gar su origen étnico y su propia cultura a los que ven como inferiores, es una lacra
que debe ser combatida constante y cotidianamente y en todos los campos pues
permea la cultura de los países dependientes, donde se considera mejor y superior
lo que proviene de las metrópolis. Pero la descolonización del país y del poder
dentro del país no consiste sólo en que la mayoría mestiza o de origen europeo re-
conozca graciosamente las culturas, lenguas, tradiciones y formas de organización
de los negros y los pueblos originarios asumiendo la tarea muchas veces imposible
–por razones demográficas y geográficas– de concederles ghettos supuestamente
autónomos. Un Estado plurinacional no deja de ser capitalista mientras no sea
eliminada la contradicción principal, la explotación de clase, que ha requerido
históricamente la opresión cultural y racial para consolidarse.
Por eso la autoorganización, la autonomía de los oprimidos debe construir po-
der en la conciencia de los pueblos que la practican bajo la forma asamblearia, de
democracia directa y de decisiones colectivas, y levantar al mismo tiempo un po-
der dual frente al Estado central y al gobierno de este, aunque el mismo reconozca
esos poderes locales, porque la independencia en la formación de las opiniones
y reivindicaciones es la base de la ciudadanía, la cual no se opone en nada a la
Federación de comunas autónomas, tal como lo demostraron las Comunas de la
Revolución Francesa, que estaban federadas.
En escala mundial, el capitalismo nos ha retrotraído al siglo XIX, el del libera-
lismo sin trabas en el campo político-social con el apoyo de Estados poderosos.
Se están anulando una tras otra las conquistas de más de siglo y medio de luchas
civilizatorias de los trabajadores, como las ocho horas, la abolición del trabajo
infantil o de la esclavitud, mientras la trata de personas es incluso práctica normal.
En escala mundial estamos ante la necesidad de una Revolución Francesa, demo-
crática y social, que no se completó ni siquiera en Francia. Ella incluye la descolo-
nización y el combate al racismo en nombre de la igualdad del género humano y
de la igualdad entre los géneros, así como una democratización de las decisiones
productivas para salvar al planeta de un desastre ambiental.
O sea, necesitamos una revolución democrática con un curso anticapitalista
que permita a la vez superar y enterrar al sistema capitalista de explotación y do-
minación. Esta puede parecer una visión utópica, pero es más realista que la de
quienes creen poder construir Estados capitalistas criollos independientes, demo-
cráticos, descolonizados y no racistas en un mundo caracterizado por la creciente
concentración del poder, el aumento de la dependencia de los países productores
Editorial 13
de materias primas y con industrialización relativamente menos avanzada, la con-
centración de la riqueza y del poder que esta otorga en cada país, la imposición de
una hegemonía cultural cada vez mayor por parte de los países metropolitanos y,
por supuesto, el desarrollo de la idea de que el oprimido es una subespecie inferior
para poder así tratar de justificar su opresión (como lo demuestran las intervencio-
nes “civilizatorias” en Irak o Afganistán o la política de Israel en Palestina).
La lucha contra la corona española comenzó como parte de un intento de
democratizar y modernizar a España junto con sus colonias en la línea recogida
de los revolucionarios franceses por los Liberales de la península. Pero la Inde-
pendencia, como salida obligada de los criollos ante la Restauración y los esfuer-
zos de recolonización y desviada por los intereses librecambistas de Inglaterra,
llevó a aquellos a liquidar la línea liberadora de los revolucionarios haitianos,
de Bolívar, de Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Bernardo
de Monteagudo, José María Morelos, Francisco de Morazán y otros libertadores,
para construir en cambio oligarquías locales, en una relación de dependencia
semicolonial de las grandes potencias. La Independencia meramente formal es-
tuvo manejada y controlada por estas, que con sus armas intervinieron en las
diversas regiones de nuestro continente cuantas veces lo consideraron necesario,
en alianza precisamente con dichas oligarquías o con una parte de ellas. Durante
el siglo XIX se consolidaron esos Estados oligárquicos y dependientes a espaldas
de las mayorías nacionales y sobre la base del racismo al que se agregó, a fines
del siglo, la discriminación clasista frente a la naciente “cuestión social”. Ya a co-
mienzos del 1900 y en la ola de las grandes revoluciones democráticas como la
rusa de 1905, la persa, la china y la mexicana de 1910, en los distintos puntos de
nuestro continente en manos de dictadores, caudillos y agentes imperiales, sur-
gieron precursores como Manuel Ugarte, José Martí, José Carlos Mariátegui, que
preanunciaron el surgimiento de los grandes movimientos campesinos y obreros
y, a partir de la última mitad del mismo, también indígenas, que enfrentaron a la
vez a las oligarquías y a la dominación imperialista y difundieron la idea de que la
liberación nacional está unida a profundas reformas sociales y a la recuperación
de una cultura nacional democrática, igualitaria, antirracista. A caballo entre el
siglo XX y el nuestro, la Revolución Boliviana está retomando el hilo interrumpido
de la de 1952 y hace que la lucha cultural, política y social en nuestro continente
dé un salto inmenso hacia una Independencia no sólo política formal sino tam-
bién económica, cultural y social.
Los conquistadores españoles reunieron a los que sobrevivieron a la conquista
en artificiales Pueblos de Indios, para controlarlos mejor, por medio de los “princi-
pales” indígenas y de los sacerdotes, y acabaron con la antigua extensión territorial
de los ayllus andinos, que tenían tierras altas, de montaña y de valle, para concen-
trarlos en lo que hoy queda de las comunidades.
El pasado precolonial ha sido prácticamente destruido y los habitantes origi-
nales de nuestra América fueron incorporados al capitalismo y mezclados con los
africanos que eran sus víctimas y lo desarrollaban al venir como mercancías.
Los pueblos originarios, transformados y sumergidos en el mercado de fuerza
de trabajo, en el de productos, en el de insumos, en el monetario, no viven hoy en
“refugios” ni en comunidades aisladas ni quieren revivir un pasado que no puede
14 Editorial
ser reconstruido y del cual toman el mito de la libertad y la unión. La luchas de
esos pueblos, por lo tanto, no miran hacia el pasado sino que son profundamente
modernas y buscan cambiar el Estado criollo y dependiente nacido hace dos si-
glos, para reconstruirlo y ser incluidos en él. Es cierto, ni en Chiapas ni en Ecuador,
ni en Bolivia o Paraguay tienen los indígenas un modo de producción no capita-
lista que oponer al capitalismo que les rodea y que entra por todos los poros de su
vida y de su economía y, cuando mucho, quieren modificarlo con una autogestión
comunitaria que no lo anula. Pero eso no quiere decir que el artesano aymara de
El Alto sea promotor de un capitalismo andino, mezcla de mercado mundial y
ayllu (o, mejor, de lo que queda de este) porque mientras el capitalismo diferencia
interna y rápidamente a las comunidades, el mercado mundial reduce y pone en
peligro constantemente las conquistas estatales logradas por el movimiento.
Estamos, por consiguiente, en una fase de transición, tanto en Bolivia como en
el arco andino y en todo el continente, en la que no se ha superado aún el horizon-
te capitalista, aunque hay importantes avances político-culturales (la autogestión
campesino-indígena en Chiapas y en otras regiones de México, los elementos de
construcción de poder dual en Bolivia, la autogestión en las fábricas recuperadas
por sus trabajadores en Argentina y la nueva visión política nacional, en ruptura con
el aislamiento étnico o social, de vastos sectores de los movimientos sociales).
Estos movimientos que no miran hacia el pasado sino hacia el futuro dan el im-
pulso que lleva a algunos gobiernos (Venezuela, Ecuador, Bolivia) a hablar de un
futuro socialista, sin especificar en qué se diferenciaría ese sistema del burocrático
“socialismo real” de la Unión Soviética y Europa Oriental o de otros “socialismos”
como, por ejemplo, el de los militares de Myanmar (un capitalismo de Estado re-
accionario aunque con ciertas políticas antiimperialistas). Incluso algunos de esos
gobiernos confunden la necesidad de una indispensable acción común regional
y mundial contra la dominación capitalista y el poder de las transnacionales con
una alianza “socialista” de gobiernos o de partidos gubernamentales que no salen
ni pretenden salir del marco del capitalismo.
Las diversas regiones de América Latina que sufren esta crisis ecológica y de
la civilización misma, presentan en efecto características particulares. Todos los
Estados del conjunto que, por comodidad, calificamos de América Latina son Es-
tados capitalistas, que dependen fuertemente del capital financiero mundial y en
todos ellos (con la posible excepción de Cuba y de Bolivia), domina ampliamente
la hegemonía cultural del imperialismo, que se perpetúa por medio de los sistemas
educativos, los medios de información, la imposición de gustos, subculturas, len-
guajes, vestimentas, alimentos y diversiones.
Esta unidad en la dependencia es la base real de la idea de un destino común,
el cual solamente es posible mediante una liberación nacional y una descoloniza-
ción que aún deben ser alcanzadas. Mucho más que las lenguas oficiales neolati-
nas más o menos entrelazadas con las lenguas de los pueblos originarios o con las
de los esclavos africanos, mucho más que un primer momento de historia libera-
dora común, a principios del siglo XIX, nos une la necesidad de resistir las imposi-
ciones imperiales y, para eso, de unirnos e integrarnos para poder liberarnos.
En esta diversidad centrípeta hay grandes diferencias subregionales. En algunos
Estados los gobiernos tienden a construir un tipo particular de capitalismo de Es-
Editorial 15
tado, como en Cuba, Venezuela, Bolivia; otros han dolarizado su moneda, como
Ecuador o Panamá, lo cual agrava su dependencia a pesar de los esfuerzos del
gobierno ecuatoriano por sentar las bases constitucionales e institucionales para
la lucha por la liberación económica y política; otros más, como los gobiernos
de Colombia, Panamá, Costa Rica, Perú o Chile, aplican las funestas recetas del
Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial que llevaron al estallido de
la actual crisis y persisten en sostener políticas neoliberales; en otros, por último,
gobiernos deseosos de modernizar y democratizar sus países y de abrir el camino
a una mayor justicia social, como en Paraguay, chocan sin embargo con un aparato
estatal profundamente corrupto y reaccionario y no pueden cambiar las políticas
neoliberales heredadas o, como Argentina, Uruguay y Brasil, las aplican pero in-
tentan modificarlas con políticas sociales distributivas.
Pero lo que tienen todos en común –independientemente de la ortodoxia neo-
liberal de algunos que los diferencia del estatismo neodesarrollista de otros– es la
aceptación de hecho de la subordinación de sus respectivos países, como expor-
tadores de materias primas, a las imposiciones del mercado mundial y al tipo de
producción y de consumos impuestos por los países industrializados. Siguen la
vía muerta del extractivismo en vez de buscar alternativas en la producción, en el
consumo, en los valores y de subvertir el funcionamiento de su economía y de su
sociedad mediante la planificación democrática, en el territorio, de la utilización
de los recursos naturales, económicos y sociales, la producción en autogestión
para las necesidades reales –para eliminar así los despilfarros y las falsas necesi-
dades del consumismo inducido– y la planificación de los intercambios urbano-
rurales e intrarregionales. O sea, aunque lleguen a hablar incluso de “socialismo”,
no encaran el funcionamiento de un nuevo tipo de aparato estatal democrático,
autogestionario, respetuoso de las autonomías, centralizado desde “abajo” hasta
“arriba” y realmente integracionista en el campo regional como único modo de
romper con la dependencia de las transnacionales y de las finanzas extranjeras.
Por el contrario, atribuyen al viejo tipo de Estado semicolonial, centralizado ver-
ticalmente la tarea de sacar del atraso al país mediante un frondoso e ineficiente
aparato burocrático (el cual, por otra parte, es la expresión y también en parte la
causa de ese atraso).
Esa es una vía sin perspectivas porque la herramienta mezquina e ineficaz del
aparato estatal nacional no puede impedir la acción de la crisis de la economía
capitalista mundial. Puesto que tampoco es posible desvincularse repentina y
abruptamente del mercado mundial, dada la compleja relación que existe entre
los insumos y tecnologías importadas y la producción nacional así como entre el
tipo de mercancías que un país exporta y la obtención de las divisas necesarias
para su desarrollo, la vía de la autarquía, del “desenchufe” o la “fuga” del mercado
es tan estéril como la del desarrollismo, que ha sido teorizado en América Latina y
en ella también varias veces ha fracasado en sus diversas variantes.
Sólo queda, por consiguiente, la combinación entre la continuidad y la rup-
tura, desarrollando nuevas relaciones de producción, nuevos consumos susten-
tables y basados en recursos nacionales, nueva organización del territorio y un
nuevo uso del mismo aunque durante años se mantenga una inserción en el mer-
cado mundial de tipo fundamentalmente extractivista. Porque lo nuevo no nace
16 Editorial
de cero ni en la economía ni el terreno político sino que nace de lo viejo pero lo
rompe y supera. Lo mismo es válido para la extensión de la autonomía y la auto-
gestión, que son también un aprendizaje y un arma de transformación democráti-
ca y moral de los trabajadores y comienzan en pequeña escala local pero tienen
potencialidad para desarrollarse en otra mucho más amplia y superior. O sea,
que la vía para la liberación económica pasa por la construcción de un Estado
democrático, de ciudadanos, que adquieran poder sobre sí mismos, la sociedad
y las relaciones sociales.
Por eso en este número seguimos analizando algunos ejemplos actuales –en
Nicaragua, en Venezuela– gracias a trabajos de jóvenes investigadores, al mismo
tiempo que subrayamos la necesidad de recuperar la memoria histórica, difun-
diendo el pensamiento liberal revolucionario de José Martí o recordando las inter-
venciones estadounidenses en Panamá; e intentamos, al mismo tiempo, analizar
algunas de las experiencias parciales y limitadas de integración regional que po-
drían servir para conquistar una futura independencia real de todas las regiones de
nuestro continente.
América Latina, el mundo en crisis, CLACSO y el OSAL están entrando en una
década muy difícil pero llena de importantes retos y que exige un análisis cons-
tante de los cambios en curso y de lo que podría ser alternativo. Esa seguirá siendo
nuestra tarea.
Enero del 2010
Después de la
globalización neoliberal
¿Qué Estado en América Latina?
Mabel Thwaites Rey
Profesora e Investigadora del Instituto de
Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC),
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad
de Buenos Aires. Coordinadora del Grupo de
Trabajo de CLACSO “El Estado en América
Latina. Continuidades y rupturas”.
Resumen Abstract
Este trabajo repasa el sentido de la This paper reviews the meaning of the
globalización neoliberal, de su expansión neoliberal globalisation, its expansion
y crisis a nivel mundial y su impacto and crisis at the global level and its
específico sobre los Estados nacionales specific impact on Latin American
en América Latina. Sostiene además que nations. In addition, it claims that these
dichos Estados conservan resortes clave nations retain key devices to fight the
para resistir la dinámica globalizadora most perverse globalising dynamics for
en sus aspectos más perversos para people’s lives and that popular sectors
la vida de los pueblos y también que play a central part in the reorganisation
los sectores populares tienen un and new direction of these nations.
papel central para la reorganización y
reorientación de esos Estados.
Palabras clave
Mundialización, Estado, soberanía, autonomía estatal, antiestatismo, movimientos
sociales
Keywords
Globalisation, nation, sovereignty, autonomous state, anti-nationalisation movement,
social movements
Cómo citar este artículo
Thwaites Rey, Mabel 2010 “Después de la globalización neoliberal: ¿Qué Estado en
América Latina?” en OSAL (Buenos Aires: CLACSO) Año XI, Nº 27, abril.
20 Debates Después de la globalización neoliberal
Introducción
Tras casi treinta años de hegemonía neoliberal y de fe ciega en las virtudes del
mercado global y desregulado, se desató en pleno corazón del capitalismo una
crisis sistémica de inédita gravedad. Las mismas voces que denostaron la interfe-
rencia pública en la lógica de la acumulación a escala planetaria, que se negaron
a establecer frenos regulatorios al sistema financiero globalizado, que propiciaron
el ajuste de los Estados periféricos y abominaron de la intervención estatal, comen-
zaron a apelar a las herramientas de los Estados para intentar frenar la espiral de
destrucción económica en la que cayó el sistema.
La gravedad de esta crisis capitalista, abierta en el centro mismo del sistema
en setiembre de 2008, arrasó con varios de los supuestos en que se sustentaba la
hegemonía neoliberal. El primero y principal de los mitos cuestionados: la supe-
rioridad del mercado libre para articular la sociedad a escala nacional y planetaria
y el correlativo desprecio por la “interferencia política” del Estado en la actividad
económica. La desesperada intervención de los gobiernos de Estados Unidos, Eu-
ropa y Asia para intentar frenar la crisis financiera, muestra a la vez la necesidad y
los límites de la conducción política del sistema capitalista mundial y reinstala la
opacada evidencia de que la intervención estatal es un componente central de la
reproducción capitalista.
La crisis capitalista, que augura un período de gran inestabilidad, tensio-
nes y debates, encuentra a América Latina en un proceso particular. Pasada
la ola del ajuste estructural y las políticas de reformas pro-mercado que es-
tigmatizaron al sector público, en los albores del nuevo siglo en la región se
inició un ciclo en el que el papel estatal empezó a adquirir una nueva enti-
dad, tanto en el plano valorativo-ideológico como en las prácticas concretas.
A partir de fines del siglo XX, varios gobiernos latinoamericanos iniciaron
procesos encaminados a superar los efectos más devastadores de las políticas
neoliberales ensayadas desde mediados de los ochenta. Partieron, casi todos,
de cuestionar el automatismo de mercado y la subordinación acrítica a la
lógica de la acumulación global e intentaron, con suerte y características
diversas, restablecer el poder estatal para definir algunos rumbos centrales de
su política económica y social.
En este trabajo nos proponemos repasar el sentido de la globalización neo-
liberal, su expansión y crisis a escala mundial y su impacto específico sobre los
Estados nacionales en América Latina. La idea principal que sustenta estas páginas
es que, pese a los incuestionables cambios que la globalización le trajo a la diná-
mica económica, política y social de los Estados nacionales de la región, el rasgo
más característico de la hegemonía neoliberal fue el servir como ariete ideológico
para asegurar la pasiva subordinación de la periferia capitalista a la acumulación
del centro. En tal sentido, y pese a todos los cuestionamientos que pesan sobre los
Estados nacionales y su contradictoria conformación y dinámica, estos conservan
resortes clave para resistir la dinámica globalizadora en sus aspectos más perversos
para la vida de los pueblos. En suma, aquí se sostiene que los espacios territoriales
estatal-nacionales deben rearticularse a partir de procesos políticos y sociales lide-
rados por los sectores populares, porque son ineludibles como jugadores centrales
en la búsqueda emancipatoria.
Mabel Thwaites Rey Debates 21
Se comienza por ubicar el contexto de la crisis mundial en curso, para pasar a
analizar el auge neoliberal en América Latina en los ochenta y noventa, las lecturas
de la globalización y los procesos políticos de esa etapa. Luego se aborda la crisis
de representación política y del ascenso de los nuevos movimientos sociales en la
región, así como la conformación de las lecturas anti-estatistas autonomistas. Fi-
nalmente, se pasa revista a la emergencia de los nuevos gobiernos posneoliberales
de la región y se apuntan los problemas teóricos y prácticos que se plantean a la
gestión de los Estados nacionales, especialmente a la luz de las experiencias de
transformación de Bolivia y Venezuela.
La globalización y su crisis
El contexto actual de la crisis mundial
La crisis actual del capitalismo mundial abrió un escenario de incertidumbre que ha
habilitado los más encarnizados debates y las más diversas perspectivas. Más allá
del carácter que se le atribuya a la crisis desencadenada en septiembre de 2008,
el consenso sobre su profundidad es unánime, así como sobre el advenimiento de
un nuevo ciclo histórico del capitalismo mundial de contornos aún indescifrables
y en disputa. En palabras de Joseph Stiglitz (2008), la crisis de Wall Street es para el
mercado lo que la caída del muro de Berlín fue para el comunismo.
Las polémicas giran en torno a las causas de esta crisis, las posibles conse-
cuencias y las propuestas sobre la acción política encaminada a superarla. Para
gran parte de los analistas (Walden Bello, Immanuel Wallerstein, Vincenç Navarro,
Torres López y otros), a lo que estamos asistiendo es a una crisis sistémica de so-
breproducción y sobreacumulación, producida por la reducción de la capacidad
de consumo de las clases populares. Esta crisis arraiga en la tendencia del capi-
talismo a construir una ingente capacidad productiva que termina por rebasar la
capacidad de consumo de la población, debido a las desigualdades que limitan el
poder de compra popular, lo cual redunda en la erosión de las tasas de beneficio.
Precisamente, la etapa neoliberal supuso la más fenomenal transferencia de recur-
sos desde los sectores populares a los segmentos más ricos y concentrados de la
población mundial.
En efecto, la polarización en la distribución de las rentas producida desde los
años ochenta está en la base de esta crisis. En la mayoría de los países de la Organi-
zación para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y los de la periferia
capitalista, la desregulación de los mercados laborales y financieros, el aumento
de la regresividad fiscal a partir de la promoción del mundo empresarial y de los
sectores más ricos, la privatización de los servicios públicos y el desarrollo de
políticas monetarias favorables al capital financiero a costa de la producción crea-
ron las condiciones para la crisis actual. Tales políticas fueron promovidas a nivel
mundial por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y por el Banco Mundial (BM),
la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Como resultado de tales políti-
cas ha habido en la mayoría de los países de la Unión Europea (UE), por ejemplo,
un aumento del desempleo (mayor en el periodo 1980-2005 que en el periodo
anterior 1950-1980, cuando las políticas existentes eran de corte keynesiano) y un
22 Debates Después de la globalización neoliberal
descenso muy marcado de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta na-
cional, descenso especialmente notable en los países de la eurozona, que fueron
los que siguieron con mayor celo tales políticas (Navarro, 2009). La consecuencia
directa de esto fue la restricción de recursos disponibles por los sectores populares
para destinarlos al consumo (Monereo, 2009). Para paliar esta deficiencia en la
demanda, los centros de poder financiero pergeñaron la expansión del crédito sin
sustento efectivo en la economía real, lo que llevó a la conformación de una bur-
buja gigantesca, cuyo estallido colocó al sistema completo al borde del colapso.
“Lo que parece merecer pocas dudas es que el
fin de ese ciclo supone el cierre de la etapa
neoliberal de capitalismo abierto de libre
mercado con acotado control estatal.”
Uno de los debates importantes gira en torno a qué papel tendrá EE. UU. des-
pués de esta debacle: si conservará o no su carácter de hegemón universal o si lo
resignará para compartirlo con Europa y Asia. Autores como Leo Panitch y Sam
Gindin (2009) sostienen que esta crisis refuerza la centralidad del Estado norteame-
ricano en la economía capitalista global, mientras se multiplican las dificultades
asociadas a su manejo. Otros autores sostienen que se asiste a un debilitamiento
del proyecto imperial yanqui y a un reacomodamiento del sistema mundial impe-
rialista, con la emergencia de rivales de la talla de Rusia y China. David Harvey
(2009b), por su parte, recupera los aportes de Braudel y Arrighi para mostrar cómo
la evidente declinación de la hegemonía norteamericana, expuesta en la crisis
financiera actual, no traerá de modo lineal el predominio de China, pero bien
podría ser el preludio “de una fragmentación de la economía global en estructuras
hegemónicas regionales que podrían terminar pugnando ferozmente entre sí con
tanta facilidad como colaborando en la miserable cuestión de dirimir quién tiene
que cargar con los estropicios de una depresión duradera”.
Lo que parece merecer pocas dudas es que el fin de ese ciclo supone el cierre
de la etapa neoliberal de capitalismo abierto de libre mercado, con acotado con-
trol estatal. Y parece también ponerle fin a la fe irrefutable en las bondades de la
globalización, dominante durante las últimas dos décadas. Al decir de Hobsbawm
(2009), “no sabemos aún cuán graves y duraderas serán las consecuencias de la
presente crisis mundial, pero señalan ciertamente el fin del tipo de capitalismo de
mercado libre que entusiasmó al mundo y a sus gobiernos en los años transcurri-
dos desde Margaret Thatcher y el presidente Reagan”.
El “resurgimiento” del papel activo de los Estados parece confirmarse por la
masiva intervención de los gobiernos del mundo desarrollado, comenzando por el
de Estados Unidos, para salvar al sistema financiero de la debacle. Y la otrora re-
pudiada estrategia de la nacionalización se baraja como alternativa inevitable para
salvar de la quiebra a bancos y empresas en problemas. Sin embargo, es preciso
señalar que ni el Estado nacional perdió su importante papel en la constitución de
estructuras de dominación a diversas escalas territoriales durante el auge neoliberal,
ni parece verosímil que ahora recobre sin más las capacidades perdidas.
Mabel Thwaites Rey Debates 23
Como señalan Carnoy y Castells (1999), sin la decisiva intervención estatal
la globalización no habría tenido lugar. La desregulación, la liberalización y la
privatización, tanto doméstica como internacionalmente, conformaron las bases
que allanaron el camino para las nuevas estrategias de negocios de alcance global.
Las políticas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher fueron clave para conformar
la base ideológica para que esto sucediera, pero fue durante los noventa que las
nuevas reglas de juego se expandieron por todo el mundo. La administración de
Clinton, el Tesoro estadounidense y el FMI fueron decisivos en promover la glo-
balización, imponiendo políticas a los países reticentes mediante la amenaza de
exclusión de la nueva y dinámica economía global.
El poder global no se ha desplegado de manera autónoma, sino por medio de
los Estados nacionales. Como destaca Guillén (2007), la globalización neoliberal
ha sido impulsada activa y directamente por los Estados, tanto del centro como de
las periferias del sistema: “La apertura comercial y financiera, la desregulación, los
tratados de libre comercio, las privatizaciones, la flexibilización de las legislacio-
nes laborales, etc., han sido todas ellas medidas tomadas y aplicadas en la esfera
estatal”. Es más, los organismos multilaterales como el FMI y el BM, si bien son
instancias supranacionales, constituyen prolongaciones estatales de los Estados
Unidos y de los países del Grupo de los Siete (G7).
Por eso es preciso discernir qué fue lo que realmente resignaron los Estados
nacionales durante la globalización, para poder ver si existe la posibilidad de que
recuperen facultades anuladas o acotadas. Porque lo que resignaron los Estados
nacionales, comparado con la etapa benefactora precedente, fueron las facultades
ligadas a la inclusión de los sectores no dominantes en los procesos de decisión
colectiva y participación en la renta y aquellas relativas al control del funciona-
miento del mercado y la protección de la sociedad en función de objetivos na-
cionales. Pero los Estados fueron el vehículo mediante el cual se configuraron las
alianzas de clase necesarias para el despliegue del capital global.
El auge neoliberal en América Latina y las lecturas de la globalización
En América Latina, el apogeo mundial de la perspectiva y las políticas neoliberales de
las décadas pasadas se sostuvo sobre dos ejes básicos. Uno: el profundo cuestiona-
miento al tamaño que el Estado-nación había adquirido y a las funciones que había
desempeñado durante el predominio de las modalidades interventoras-benefactoras.
Dos: la pérdida de entidad de los Estados nacionales en el contexto del mercado
mundial, provocada por el proceso de “globalización”. La receta neoliberal clásica
propuso, entonces, achicar el aparato estatal (vía privatizaciones y desregulaciones) y
ampliar correlativamente la esfera de la “sociedad”, en su versión de economía abier-
ta e integrada plenamente al mercado mundial. Es decir, la lectura neoliberal logró
articular en un mismo discurso el factor “interno”, caracterizado por la acumulación
de tensiones e insatisfacciones por el desempeño del Estado para brindar prestaciones
básicas a la población enmarcada en su territorio, y el factor “externo”, resumido en
la imposición de la globalización, como fenómeno que connota la inescapable sub-
ordinación de las economías domésticas a las exigencias de la economía global.
El proceso de globalización capitalista supuso un cambio significativo en el
proceso productivo mundial, con impacto sobre las formas de ejercicio de sobe-
24 Debates Después de la globalización neoliberal
ranía estatal en cuestiones tan básicas como la reproducción material sustantiva.
La puja entre los distintos espacios territoriales nacionales por capturar porciones
cada vez más volátiles del capital global y anclarlas de manera productiva dentro
de sus fronteras, llevó a Hirsch a denominar a esta etapa como la del “Estado com-
petitivo” (o “Estado de competencia”). Este es el resultado de la crisis del modelo
de intervención fordista y propio de la etapa neoliberal (Hirsch, 2005).
Sin embargo, tal articulación con el mercado mundial no es un dato novedoso
(Amin, 1998; Wallerstein, 1979; Arrighi, 1997; Kagarlinsky, 1999). La emergencia
del capitalismo como sistema mundial en el que cada parte se integra en forma
diferenciada supone una tensión originaria y constitutiva entre el aspecto general
–modo de producción capitalista dominante–, que comprende a cada una de las
partes de un todo complejo, y el específico de las economías de cada Estado-na-
ción (formaciones económico-sociales insertas en el mercado mundial1). Las con-
tradicciones constitutivas que diferencian la forma en que cada economía estable-
cida en un espacio territorial determinado se integra en la economía mundial, se
despliegan al interior de los Estados adquiriendo formas diversas. La problemática
de la especificidad del Estado nacional se inscribe en esta tensión, que involucra la
distinta “manera de ser” capitalista y se expresa en la división internacional del tra-
bajo. De ahí que las crisis y reestructuraciones de la economía capitalista mundial
y las cambiantes formas que adopta el capital global afecten de manera sustancial-
mente distinta a unos países y a otros, según sea su ubicación y desarrollo relativos
e históricamente condicionados. La crisis actual no hace sino mostrar el desigual
posicionamiento de los diversos Estados nacionales y, paradójicamente, la menor
vulnerabilidad de corto plazo que tiene América Latina en esta etapa, por haber
quedado menos expuesta a la volatilidad financiera que sacude a las economías
del centro. Esta situación peculiar se funda en las políticas posneoliberales que
varios países de la región vienen adoptando en lo que va de este siglo.
Comprender el límite estructural que determina la existencia de todo Estado
capitalista como instancia de dominación territorialmente acotada es un paso ne-
cesario pero no suficiente para entender su funcionamiento. La reciente literatura
sobre los cambios que ha impuesto la propia dinámica del capitalismo global a la
definición de los “espacios” sobre los cuales se ejerce la soberanía atribuida al Es-
tado-nación (Brenner, 2002; Harvey, 1999; Jessop, 1990, 2002) aporta una nueva
mirada a incorporar en el análisis. Esta literatura sobre el proceso de globalización
y su impacto tempo-espacial, sin embargo, suele focalizarse en el análisis de los
espacios estatales del centro capitalista, y muy especialmente de Europa. Por tanto,
muchos de los rasgos que son leídos como novedad histórica para el caso de los
Estados nacionales europeos (como, por ejemplo, la pérdida relativa de autonomía
para fijar reglas a la acumulación capitalista en su espacio territorial, comparada
con los márgenes de acción más amplios de la etapa interventora-benefactora), no
son idénticamente inéditos en la periferia.
Por eso hace falta avanzar en determinaciones más concretas, en tiempo y
espacio, para entender la multiplicidad de expresiones que adoptan los Estados
nacionales capitalistas particulares, que no son inocuas ni irrelevantes para la
práctica social y política. Porque sigue siendo en el marco de realidades específi-
cas donde se sitúan y expresan las relaciones de fuerza que determinan formas de
Mabel Thwaites Rey Debates 25
materialidad estatal que tienen consecuencias fundamentales sobre las condicio-
nes y calidad de vida de los pueblos. En este plano se entrecruzan las prácticas y
las lecturas que operan sobre tales prácticas, para justificar o impugnar acciones
y configurar escenarios proclives a la adopción de políticas expresivas de las re-
laciones de fuerza que se articulan a escala local, nacional y global. Una tensión
permanente atraviesa realidades y análisis: determinar si lo novedoso reside en la
configuración material o en el modo en que esta es interpretada en cada momento
histórico. Probablemente la respuesta no esté en ninguno de los dos polos, pero
del modo en que se plantee la pregunta sobre lo nuevo y lo viejo, lo que cambia y
lo que permanece, lo equivalente y lo distinto, se obtendrán hipótesis y explicacio-
nes alternativas. Y la importancia de tales explicaciones no reside meramente en
su coherencia lógica interna o en su solvencia académica sino en su capacidad de
constituir sentidos comunes capaces de guiar y/o legitimar cursos de acción con
impacto efectivo en la realidad que pretenden interpretar y modelar.
Los procesos políticos en América Latina durante los ochenta
Es interesante ver cómo se fueron dando los procesos latinoamericanos en el mar-
co general del desarrollo capitalista. Durante los ochenta, por ejemplo, los países
del Cono Sur empezaban a desembarazarse de las tremendas dictaduras que sofo-
caron a sangre y fuego la rebeldía popular de los primeros setenta. El problema po-
lítico central pasó a ser cómo consolidar un esquema democrático y la cuestión de
las “transiciones” ocupó gran espacio político. Este proceso se dio en un contexto
muy particular: por una parte, las naciones avanzaban en la reconquista de sus
sistemas democráticos arrastrando la pesada carga de la deuda externa acumulada
en la década dictatorial, lo que limitaba enormemente sus márgenes de maniobra
y además las ataba a los preceptos del FMI y el Banco Mundial. Por otra parte, se
conformaba en los países centrales la hegemonía neoliberal, y los gobiernos in-
augurales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan sentaban las bases para proveer
la legitimación de la ofensiva del capital sobre el trabajo a escala planetaria. De
modo que así comenzó a configurarse y expandirse una visión pro-mercado y anti-
Estado, que animó las políticas que causaron estragos sociales en la región.
En los años ochenta se dio la última experiencia de revolución político-militar
triunfante en la región, justo en paralelo al ascenso neoliberal en el mundo y al de-
clive del socialismo real. El Frente Sandinista de Liberación Nacional asume el po-
der en Nicaragua en 1979, luego de largos años de lucha armada, y lo resigna en
las urnas en 1990, poco después de la caída del muro de Berlín. Un año después,
el Frente Farabundo Martí deponía las armas en El Salvador, quebrando las expec-
tativas de consolidación de la experiencia revolucionaria en Centroamérica.
El sandinismo, que surge en los años sesenta, logra atravesar con sus luchas
políticas y militares la debacle que sufren en los setenta y ochenta los movimien-
tos populares en América Latina. Su ascenso como frente político militar con base
de masas contrasta con la realidad de derrota popular en el Cono Sur, sumido
en sendas dictaduras militares. Esta correlación de fuerzas desfavorable para los
sectores populares condicionó fuertemente las vías de salida de las experiencias
autoritarias que se sucedieron en países como Argentina, Uruguay, Chile y Brasil
en los ochenta.
26 Debates Después de la globalización neoliberal
Lo paradójico es que el sandinismo vence en 1979, el mismo año en que as-
ciende al poder Margaret Thatcher en Gran Bretaña y apenas meses antes de la
elección de Ronald Reagan en Estados Unidos. Es decir, el último experimento
revolucionario en América Latina empieza a desplegarse en el peor momento de
reflujo del polo del trabajo en el contexto mundial y del correlativo ascenso de la
hegemonía del capital bajo la égida del neoliberalismo, que se va expandiendo y
afianzando en toda la región. La caída del Muro de Berlín, en 1989, significó un
hito fundamental en el ascenso neoliberal, pues a partir de la inexistencia de la
alteridad no capitalista, la globalización y su correlato de “pensamiento único” no
sólo arrasaron con muchas de las conquistas materiales obtenidas por las clases
populares durante los años de posguerra sino que también impactaron negativa-
mente en las formas de construcción política e ideológica de los sectores subal-
ternos. Durante los años noventa avanza, entonces, la más cruda transformación
neoliberal.
Crisis de representación política y ascenso de los movimientos sociales
A las expectativas generadas por la recuperación democrática en la región en
los tempranos ochenta, abierta con las elecciones en Argentina, Uruguay, Brasil
y Chile, pronto sobrevino la desilusión por la cruda realidad que imponía el so-
metimiento a los dictados de los organismos financieros internacionales, lo que
se tradujo en recurrentes crisis de representación. Porque si los partidos políticos
perdían su capacidad y vocación para plantear e impulsar alternativas diferentes a
las impuestas por las condicionalidades externas, sólo quedaban reducidos a con-
formar elencos gubernamentales más dispuestos a ocupar los cargos públicos para
beneficio personal que a producir las transformaciones demandadas (de modo
más o menos explícito, más o menos consciente, más o menos organizado) por los
sectores populares.
Una de las herramientas de tal penetración neoliberal la constituyó la deuda
externa. El extraordinario endeudamiento contraído en los años setenta se utilizó en
las décadas siguientes como arma disciplinadora, de la mano de la receta de ajuste
fiscal y achicamiento estatal del FMI y el Banco Mundial. Es precisamente por medio
de la deuda (que exige refinanciamiento permanente) como se expresa el carácter
subordinado de la globalización capitalista en la periferia. Las necesidades de finan-
ciamiento empujaron a los Estados nacionales de la periferia a solicitar préstamos
a los acreedores y organismos financieros de crédito internacional. Para otorgarlos,
según el Consenso de Washington, los Estados debieron someterse a reformas es-
tructurales y ajustes del sector público que acotaron sus márgenes de maniobra para
hacer su propia política económica. De modo que los lineamientos principales de
la política económica interna se definieron en esas instancias supra-nacionales y en
función de lo que se consideraba adecuado para, por sobre todo, satisfacer el pago
de la deuda. Lo más destacable es que los Ejecutivos de los Estados endeudados,
constreñidos por (o como expresión directa de) la amalgama de intereses dominan-
tes (externos e internos), se comprometieron a aplicar políticas para cuya viabiliza-
ción requerían la concurrencia de otros poderes, como el Legislativo. Esto hizo que,
mientras el núcleo principal de la política se decidía en los organismos, los Ejecuti-
vos se convertían en correas de transmisión, encargados de procurar la aprobación
Mabel Thwaites Rey Debates 27
parlamentaria. Si no lo conseguían, apelaban a decretos presidenciales para sortear
el obstáculo político legislativo, degradando aún más las instancias democráticas.
Este mecanismo produjo innumerables tensiones políticas, a la par que contribuyó
a conformar la percepción difusa y generalizada de que las instancias de articulación
y representación política democrática no tienen ninguna relevancia ni sentido. Por-
que si los Parlamentos deben limitarse a aceptar y aprobar lo que envía el Ejecutivo
y este acota su papel a transmitir las exigencias externas, no hay lugar alguno para la
acción política democrática en los términos clásicos de funcionamiento institucional.
Los partidos se vacían así de todo sentido de trascendencia y quedan convertidos
en meras agencias de colocaciones de empleo público. La crisis de representación
producida por este distanciamiento es el correlato directo de la falta de alternativas
políticas genuinas y sustentadas en la movilización popular de amplio espectro.
“Salvo, podríamos decir, el más complejo caso
brasileño, las burguesías latinoamericanas
no se plantean ensayar estrategias propias y
diferenciadas de inserción en el mercado mundial.”
Cabe recordar que a fines de los ochenta se discutía fuertemente sobre la su-
puesta pérdida de relevancia de los países periféricos en el mercado mundial y
sobre cómo las nuevas relaciones Norte-Norte parecían deslizarse hacia un des-
entendimiento de la suerte del Sur. Sin embargo, más que una desconexión del
Norte próspero, lo que quedó en evidencia ha sido cómo los mecanismos de la
globalización integran a la periferia mediante nuevas formas de explotación, esta
vez impuestas como “condicionalidades” para la obtención de préstamos y refi-
nanciaciones de deuda. Ahora bien, si el condicionante global es una realidad
incontrastable, la forma que este adoptó en cada Estado-nación tuvo que ver con
la peculiar configuración de relaciones de fuerzas interna. Porque aunque el Con-
senso de Washington promovió principios unívocos para todos los países, no fue
idéntica su instrumentación en cada caso nacional. La mayor o menor resistencia
interna a las políticas de ajuste dependió, por una parte, de la configuración eco-
nómica de cada Estado-nación (su nivel de endeudamiento, por caso) y, por la
otra, de la percepción que de la situación tenían las clases antagónicas (dominante
y subalternas) y como se posicionaron frente a eso. Es decir, dependió del poder
relativo del capital vis à vis el polo del trabajo, tanto como de la matriz ideológico-
política de las clases dominantes nativas. Porque los lazos de vinculación de las
burguesías “externas” con las “internas” conforman un entramado complejo, que
deviene de las formas en que se engarzan en el mercado mundial.
En tanto los intereses de las burguesías “nativas” se articulan o subordinan con
los de los segmentos dominantes externos, aquellas tienden a representarse a sí mis-
mas como parte de una suerte de “burguesía internacional”. Salvo, podríamos de-
cir, el más complejo caso brasileño, las burguesías latinoamericanas no se plantean
ensayar estrategias propias y diferenciadas de inserción en el mercado mundial. En
general, se consolidan como meras poleas de transmisión de los intereses dominan-
tes a escala global, sin pretensión alguna de ensanchar sus márgenes de acción ni
28 Debates Después de la globalización neoliberal
de liderazgo relativamente autónomo. Su función se resume en viabilizar la expre-
sión del capital global en el territorio nacional, como socios menores que, además,
anhelan ser parte de ese núcleo central que les es territorialmente negado.
En ese marco de crisis de representación política y de insatisfacción por los
magros resultados aportados por la democracia realmente existente, las luchas
populares abandonaron el desprestigiado ropaje partidario y se transformaron en
luchas de movimientos sociales, que se deslizaron de su inicial parcialidad hacia
impugnaciones e interpelaciones más globales. Surgen así movimientos de la talla
del MST en Brasil, de derechos humanos y de trabajadores desocupados en Argen-
tina o de indigenistas en la región andina.
Como apunta Ouviña, en varios países de la región –y Argentina es un caso paradig-
mático al respecto– la emergencia de estas nuevas formas de protesta y organización
responde, en parte, a una nueva estructura socio-económica marcada por la paulatina
desindustrialización y la pérdida de derechos colectivos. Mientras en las décadas pa-
sadas la mayoría de las luchas remitían al espacio laboral –predominantemente fabril–
como ámbito cohesionador e identitario, las nuevas modalidades de protesta social
exceden la problemática del trabajo y se anclan en prácticas de tipo territorial.
La vivienda y la comida, la ecología, los servicios públicos, los derechos humanos o la recupera-
ción de valores tradicionales, que tienden a ser subsumidos dentro del proceso de globalización
capitalista en curso, son algunos de los principales ejes que atraviesan a los nuevos movimientos
sociales (Ouviña, 2004).
A esto se le suma la debilidad de los partidos políticos establecidos, incluso los
de izquierda, para dar cuenta de las transformaciones sociales negativas produci-
das por la crisis del Estado interventor-benefactor. La conjunción de estos factores
está en la base de la emergencia de organizaciones sociales que cuestionan, en su
discurso o en sus prácticas, los límites de la política institucional tradicional y que
constituyen una respuesta al vacío político.
En América Latina, en particular, expresan un cierto desencanto con relación a los partidos polí-
ticos y en especial al Estado como espacios únicos de canalización de demandas o eliminación
satisfactoria de conflictos (Ouviña, 2004).
La conformación de una lectura anti-estatista
Pero es la irrupción del zapatismo, en 1994, la que marca la tónica de un nuevo
ciclo y una nueva forma de construcción política desde la izquierda. El Ejército Za-
patista de Liberación Nacional (EZLN) forma parte de la generación de los nuevos
movimientos sociales que expresa la ruptura con las viejas formas de hacer políti-
ca, referenciadas en el Estado. En su Primera Declaración de la Selva Lacandona,
el zapatismo se planteaba tomar el poder y avanzar militarmente sobre la ciudad
de México. También intentó en 2001, con la Marcha del Color de la Tierra, una
reforma de la Constitución que permitiera su inserción en la estructura estatal. A
pesar de estas acciones, los zapatistas tempranamente lanzaron su consigna “No
queremos tomar el poder”, que fue retomada por intelectuales y dirigentes políti-
cos y sociales, y que impregnó buena parte de los debates de algunos importantes
movimientos del continente.
Mabel Thwaites Rey Debates 29
Desde mediados de los años noventa, y a partir de la influencia creciente del
zapatismo, fue ganando terreno la idea de horizontalidad, entendida como un re-
chazo visceral de las prácticas centralistas y jerárquicas de la izquierda tradicional y
los sindicatos. Se inauguró así una nueva forma de acción política: la organización
en red, una suerte de “estructura sin estructura”, abierta en todos los canales y con
capacidad de acción colectiva con incidencia real. Estas prácticas nacieron con el
zapatismo y se expandieron en un nuevo ciclo de protestas que tuvo su punto culmi-
nante con el altermundismo y el movimiento crítico de la globalización neoliberal,
que irrumpe con marchas multitudinarias a fines del siglo XX. Consignas como “glo-
balicemos la lucha, globalicemos la esperanza” o “que la resistencia sea tan global
como el capital”, plasmaron las miradas alternativas de varios movimientos sociales
de la región, recuperando un sentido internacionalista de las luchas populares.
Es a partir de estas innovadoras experiencias de lucha que comienza a configu-
rarse una lectura profundamente anti-estatista, que amalgama las insatisfacciones
por las experiencias fallidas de los socialismos reales y las socialdemocracias de
occidente, con la rebelión anti-neoliberal. El auge de los foros sociales de Porto
Alegre y de los movimientos opuestos a la globalización neoliberal en los países
centrales marca una fuerte impronta anti-estatal.
El autonomismo zapatista se enlaza con los aportes del marxista irlandés John
Holloway (1993, 2002) y con los planteos de Toni Negri y Michael Hardt (2001).
Su eje será la construcción política y social “por fuera” del aparato del Estado y la
lógica del capital. Holloway sostiene que
[…] los Estados nacionales compiten […] para atraer a su territorio una porción de la plusvalía
producida globalmente. El antagonismo entre ellos no es expresión de la explotación de los Estados
periféricos por los Estados centrales, sino que expresa la competencia –sumamente desigual– entre
los Estados para atraer a sus territorios una porción de la plusvalía global. Por esta razón, todos los
Estados tienen un interés en la explotación global del trabajo (Holloway, 1993: 7).
La conclusión política que se extrae de esta posición es que, en primer lugar,
no hay alianza posible entre clases y grupos sociales dentro del territorio nacio-
nal para enfrentar al capitalismo central, de modo que toda estrategia nacional-
popular en su formato clásico debe ser descartada. Más aun, en este razonamiento
queda diluida la existencia misma del Estado nacional como instancia, espacio o
escenario de articulación política sustantiva, en la medida en que el espacio estatal
nacional mismo pierde entidad frente a la fuerza del capital global (o el Imperio,
en términos de Negri). La derivación de esta postura lleva a plantear que la cons-
trucción política alternativa ya no debe tener como eje central la conquista del
poder del Estado nacional sino que debe partir de la potencialidad de las acciones
colectivas que emergen y arraigan de la sociedad civil para construir “otro mundo”
(Holloway, 2002; Ceceña, 2002; Zibechi, 2003).
Estos teóricos contribuyeron a la conformación de una corriente de pensamien-
to y acción política muy ligada al zapatismo, con ramificaciones en los movimien-
tos por la reforma agraria en Brasil y en algunos emprendimientos autónomos de
trabajadores desocupados en la Argentina. Uno de los problemas principales que
tiene esta perspectiva es que no diferencia el espacio territorial nacional-estatal
como lugar específico de disputa a escala global de la lógica de dominación es-
30 Debates Después de la globalización neoliberal
tatal al interior de tal espacio. La consecuencia es que subestima las luchas que
se pueden desarrollar dentro de los límites de los espacios jurídico-territoriales
de los Estados realmente existentes y las formas de materialización de conquistas
populares en la trama estatal.
El posneoliberalismo en América Latina
Nuevos gobiernos, ¿nuevos Estados?
Así se llega al 2000 con un amplio conglomerado de movimientos que expresan
el descontento y que logran cuajar en diversas expresiones de gobierno. El cuestio-
namiento al neoliberalismo y a las nefastas consecuencias de estas políticas en la
región deriva en el surgimiento de gobiernos que, en conjunto y al margen de sus
notables matices, pueden llamarse “pos-neoliberales” y que expresan correlaciones
de fuerza sociales más favorables al acotamiento del poder del capital global. En
todos estos casos comienza a cuestionarse la “bondad del mercado” como único
asignador de recursos y se recuperan resortes estatales para la construcción política
sustantiva. Se conjuga así una retórica crítica frente a las políticas neoliberales, el
diseño de propuestas para transformar los sistemas políticos en democracias partici-
pativas y directas y una mayor presencia estatal en sectores estratégicos.
Puede señalarse como primer hito de cambio la asunción, en 1999, de Hugo
Chávez como presidente de Venezuela, lo que abre un ciclo de gobiernos post-
neoliberales en la región: Brasil (2003), Argentina (2003), Uruguay (2004), Bolivia
(2006), Ecuador (2007), Nicaragua (2007), Paraguay (2008) y El Salvador (2009).
Varios de estos gobiernos son la expresión de la emergencia de movimientos y
partidos que se propusieron explícitamente disputar el poder del Estado. Bolivia y
Ecuador constituyen dos ejemplos cabales del entrecruzamiento entre los movi-
mientos indígenas y campesinos andinos y el Estado. Los movimientos Pachakutik
de la segunda mitad de los noventa fueron los más visibles políticamente en la
región andina y lo fueron aun más con la elección de Rafael Correa en Ecuador,
en noviembre de 2006. En estos casos se ha abierto un proceso muy rico de parti-
cipación, no exento de conflictividad y contradicciones, en torno a la articulación
de nuevas formas de gestión colectiva que intentan superar las limitaciones del
aparato estatal burgués heredado. Los procesos de reforma constitucional encara-
dos por ambos países y la discusión profunda sobre la conformación de Estados
plurinacionales superadores de las formas tradicionales de Estado-nación marcan
un hito fundamental en la praxis emancipadora del continente.
El boliviano puede caracterizarse como un gobierno de transición, cuya fun-
ción fundamental es consolidar derechos por la vía estatal y asegurar la nueva
correlación de fuerzas favorable al campo popular, con la mira puesta en potenciar
y abrir un nuevo ciclo de luchas del movimiento. Para el vicepresidente, Álvaro
García Linera:
¿Cómo pensar en la posibilidad de una nueva democratización de la sociedad que no sea cuanto
hace el gobierno, sino cuanto vuelve a movilizarse nuevamente la sociedad para ir por encima o
por debajo del gobierno, a una nueva oleada? Esta es nuestra esperanza (García Linera, 2008).
Mabel Thwaites Rey Debates 31
En el caso de Venezuela, con la experiencia denominada “socialismo del siglo
XXI” o “corriente bolivariana”, el papel del Estado pareciera apuntar a un enfoque
más clásico: la recuperación de los recursos naturales estratégicos, redistribución
de la renta petrolera, reforma agraria y desarrollo endógeno. Todo en el marco de
una retórica muy fuerte de construcción de una unidad estatal latinoamericana y
de tensión entre la participación autónoma y la construcción partidario-estatal.
Aquí también se plantea, a partir de las reformas constitucionales, generar un nue-
vo tipo de participación popular desde abajo. Este intento, sin embargo, aún choca
con concepciones y tendencias hacia la centralización y concentración piramidal
del poder (Thwaites Rey y Castillo, 2008).
Tanto las corrientes de base indígena como el planteo de “socialismo del siglo
XXI” empiezan a confluir fuertemente y a plantear que no hay salida al subdesa-
rrollo en el marco de la sociedad capitalista. Su horizonte, sin embargo, no es un
socialismo “clásico”, al estilo del modelo cubano, sino que avanzan por el camino
de un experimento mixto, con diversas formas de propiedad articuladas. Al Estado
se le otorga un rol clave: el de centralizador y asignador de la renta del recurso na-
cional básico (petróleo, gas); a la “sociedad civil”, en sus diversas manifestaciones,
se le cede la tarea del “desarrollo endógeno” y esto se combina con la interpela-
ción a una “burguesía nacional”, que aparte de pequeños y medianos empresarios
de base local incluiría a empresas grandes y, en particular, a las transnacionales
de base regional (las denominadas “multilatinas”), que han crecido en las últimas
décadas en la región.
Lo cierto es que en la última década se ha dado un cambio en la relación de
fuerzas a escala regional, que ha determinado un clima de recuperación de cierta
autonomía estatal-nacional para definir cursos de acción que se pueden imponer
a las clases y sectores dominantes locales e internacionales. Esto marca los límites
y posibilidades de acción de los gobiernos, que han surgido, en general, como
parte de procesos de lucha popular que han logrado alterar las relaciones de fuerza
vigentes en los ochenta y noventa. Si bien es cierto que el tamaño del cimbronazo
mundial no podrá dejarla al margen, las características actuales de la región pare-
cieran ponerla a mayor resguardo que en crisis anteriores con epicentro en la peri-
feria. En palabras recientes del titular del FMI, si bien la región no saldrá indemne
de la crisis global, está mejor preparada para resistir los embates. Esto se debe a la
menor vulnerabilidad actual de la región a los vaivenes financieros, en la medida
en que el ingreso de capitales de corto plazo en la región ya estaba acotado.
El Estado Nación en una perspectiva emancipadora
La situación actual plantea, entonces, grandes interrogantes con relación a la fun-
cionalidad de los Estados nacionales, y más aún para cualquier estrategia que
plantee un horizonte emancipatorio. Porque la cuestión del espacio estatal na-
cional excede el análisis del Estado como organizador de la clase burguesa, para
pensarse como nudo específico de contradicciones y relaciones de fuerza sociales
insoslayables en esta etapa de reconfiguración mundial de los espacios de produc-
ción y circulación del capital. De modo que la dimensión “interna” del Estado,
como articulador de las relaciones de poder que se configuran dentro de su espa-
cio territorial nacional, y la dimensión “externa”, que remite al posicionamiento
32 Debates Después de la globalización neoliberal
histórico de esa unidad en el concierto de Estados que conforman el mercado
mundial, se conjugan y confluyen, pero tienen especificidades diferenciadas.
“... no obstante el imperativo global, la modalidad
de inserción de cada país en el sistema internacional
implica opciones políticas construidas al interior
de tal Estado...”
En la etapa de la globalización observamos que se consolidó la idea de la
existencia de una suerte de interconexión y paridad competitiva entre todos los
Estados del orbe. Desde la visión neoliberal hegemónica, los imperativos del mer-
cado mundial dominado por la revolución tecnológica y las finanzas, que liberó al
capital de las restricciones tempo-espaciales, aparecieron como una fuerza natural
irreversible e irrefrenable (Cernotto, 1998). La lectura política dominante fue que
la única opción para los Estados nacionales era someterse a este movimiento de
integración, abriendo y adaptando sus estructuras internas a los parámetros de la
modernidad global. De modo que las evidentes –y persistentes– diferencias en-
tre territorios nacionales se atribuyeron a la incapacidad de algunos –y habilidad
de otros– para adoptar las medidas necesarias para atraer capital y arraigarlo en
inversiones dentro de sus fronteras. Como señalamos, para los países periféricos
endeudados, el disciplinamiento a los estándares internacionales de acumulación
de capital vino de la mano de las imposiciones de organismos supranacionales
como el FMI y el Banco Mundial, que revistaron como una suerte de gendarmes
de una lógica unívoca e imparable del capital.
La hegemonía de esta visión, en sus versiones neoliberales entusiastas de los
beneficios de la competencia libre, trajo como una de sus consecuencias significa-
tivas el desarme teórico y político para hacer frente a la irrupción de una estrategia
disciplinadora brutal del capital global, muy especialmente en América Latina. No
puede dejar de señalarse que a esta visión desdeñosa del papel estatal también
aportaron las perspectivas que, aun con un propósito muy diferente, enfatizaron
en la pérdida de poder relativo de los Estados nacionales vis-à-vis del agigantado
poder del “imperio”, como fuerza omnicomprensiva, desterritorializada e ines-
capable. Quedó diluido así el hecho de que el Estado-nación es un espacio de
reproducción del capital global, de las contradicciones, los enfrentamientos, las
luchas, los antagonismos, pero también lo es de la mediación, la negociación, los
compromisos, los acuerdos, lo que hace a su morfología y a sus prácticas, y lo que
define su historia como entramado cultural peculiar y específico.
La constitución política nacional de los Estados, junto al carácter global de la
acumulación constituye la más importante tensión del capitalismo contemporáneo.
Aunque la relación de explotación básica –capital/trabajo– sea comprensible desde
una perspectiva global, las condiciones para que esta se exprese se establecen nacio-
nalmente. La identificación de las tendencias mundiales permite entender los mo-
vimientos globales de la relación capital-trabajo, pero no exime de analizar cómo
dicha relación se materializa en cada sociedad –cómo adquiere su forma histórica–,
para dar cuenta de la pretensión fundamental del capitalismo de ser un proyecto de
Mabel Thwaites Rey Debates 33
reproducción social complejo. De aquí se desprende que, si bien los Estados pue-
den competir entre sí para atrapar porciones del capital que circulan libremente por
el planeta, su capacidad “constitutiva” para hacerlo difiere diametralmente y no es
inocuo, entonces, el lugar que ocupa cada Estado en el contexto global. Y tampoco
es indiferente la capacidad de los distintos actores sociales que operan a escala na-
cional para encarar sus propias estrategias de relacionamiento endógeno y externo.
El creciente papel de las instancias supranacionales y de las locales, que fueron
adquiriendo un peso propio tanto en la definición de metas colectivas como en
la capacidad de llevar a la práctica acciones concretas, no implica, sin embargo,
que el Estado nacional haya perdido irremediablemente su peso relativo, interno y
externo. Porque si bien no puede desconocerse que la globalización y la presión
de los organismos internacionales ejercen una fuerte influencia para definir las
agendas de los diferentes países, no lo hacen de modo mecánico y determinista.
“Estas influencias son mediatizadas por las instituciones y por las élites responsa-
bles de los Gobiernos nacionales” (Diniz, 2004: 111). La lógica de acumulación
global del capital, insistimos, nunca se expresa de modo directo ni unívoco en los
territorios nacionales. Ni la dinámica de sus crisis, de contagio ineludible, tiene el
mismo devenir en cada Estado y en cada momento histórico.
Lo que se quiere destacar aquí es que, no obstante el imperativo global, la
modalidad de inserción de cada país en el sistema internacional implica opciones
políticas construidas al interior de tal Estado, que ponen en juego sus capacida-
des relativas para definir cursos de acción con grados variables de autonomía y
soberanía. Tales cursos de acción, entonces, no devienen de imperativos globales
“naturalizados”, ni de fatalidades inmanejables, sino de la capacidad de los acto-
res sociales (de la organización y voluntad de acción de las clases fundamentales)
para ubicarse en cada coyuntura para favorecer tales o cuales intereses y deman-
das. La forma de insertarse en el mundo, es decir, en la economía mundial cons-
tituida, no supone un camino inexorable. Como advertían Mathías y Salama muy
certeramente en los ochenta,
[…] la política económica de un Estado en la periferia puede buscar adaptarse a las transforma-
ciones que sufre la división internacional del trabajo y a la vez influir sobre esta. Es por lo tanto, a
la vez, expresión de una división internacional del trabajo a la que se somete y expresión de una
división internacional del trabajo que intenta modificar (Mathías y Salama, 1986).
Para los países de América Latina, es también indudable que las fuertes asi-
metrías en el sistema de poder internacional hacen que sea bastante improbable
que cualquier Estado, en forma aislada, pueda modificar el equilibrio de fuerzas a
su favor, poniendo así en evidencia la necesidad de definir estrategias nacionales
concertadas con otras naciones de la región. Por eso, en la actual etapa de la “glo-
balización”, no se excluye sino que se reafirma la “política del interés nacional, no
en el sentido de un nacionalismo autárquico o xenófobo, sino como la capacidad
de evaluación autónoma de intereses estratégicos, en busca de formas alternativas
de inserción externa” (Diniz, 2004).
Vamos a rescatar, entonces, la necesidad de conceptualizar al Estado periférico
con su especificidad, que no es solamente de tamaños o capacidades cuantitativas,
34 Debates Después de la globalización neoliberal
en el marco de la totalidad del capital global. La reciente discusión latinoameri-
cana post-neoliberalismo, afirma la necesidad de ver a ese Estado “de la periferia”
como un momento de captura de espacios de soberanía, de más y mayores “gra-
dos de libertad” frente a la lógica del capital. Durante el auge del neoliberalismo
se veía al Estado –como señalamos– como una instancia que, a lo sumo, buscaba
capturar porciones del capital global circulante por el planeta e inmovilizarlo para
transformarlo en capital productivo asentado en su territorio. En concreto, el papel
de la entrada de capitales y los beneficios y seguridades que se brindaban para
ello ocupaba la inmensa mayoría de la agenda de políticas públicas de la región.
Parecía que la única posibilidad de debate era si esa captura e ingreso debía ser
irrestricta, dando lo mismo el estado de metamorfosis del capital que ingresaba (o
sea, si este se hallaba en forma de capital dinero, capital mercancía o productivo),
o si se debían colocar una serie de limitaciones para que se garantizase que el
arribo (la captura de masas de capital global) correspondiese a capital productivo,
portador de una serie de “beneficios”, algunos de los cuales eran los mismos que
discutían los antiguos modelos desarrollistas de los cincuenta.
Rumbos alternativos
Hoy podemos ver, a la luz del resquebrajamiento del neoliberalismo y del surgi-
miento de modelos alternativos en buena parte de la región, algo muy distinto.
Empezó a abrirse paso la idea de que la especificidad de los Estados en el marco
del capital global es ganar grados de libertad (soberanía) mediante dos vías. La
primera tiene que ver con la gestión propia, sin interferencias del capital global, de
una porción sustantiva del excedente local: el proveniente de la renta del recurso
estratégico (fundamentalmente petróleo o gas). Apropiarse o reapropiarse de re-
cursos no renovables y con una alta capacidad de generación de renta diferencial
aparece como algo central para ganar grados de libertad en los Estados periféricos.
Esta discusión, que comienza con los hidrocarburos, se está extendiendo al resto
de los minerales e, incluso, a la gestión del agua y la biodiversidad. La cuestión
se vuelve un poco más compleja con respecto a los recursos agro-alimentarios,
tradicionalmente en manos privadas, pero la estrategia estatal de apropiación de
una porción creciente de la renta extraordinaria proveniente de las ventajas com-
parativas naturales es una tendencia firme que plantea nuevos desafíos teóricos y
prácticos (Thwaites Rey y Castillo, 2008).
La segunda vía, mucho más en ciernes, es el intento de hacer que una parte de
la masa de capital que circula por la región, y de ser posible la mayor parte del ex-
cedente producido en el interior de la región, se “desconecte” del ciclo de capital
global, por lo menos en algunos grados. En este marco es posible leer los intentos
de crear instancias supraestatales regionales. Al ya viejo proyecto del Mercado
Común del Sur (Mercosur), permeado totalmente por la lógica neoliberal, se busca
tímidamente reconstruirlo en esta dirección, no exenta de contradicciones. Cosa
similar se pretende hacer reactivando, con objetivos diferentes a los de la década
del 90, la Corporación Andina de Fomento. Pero los dos experimentos que mejor
permiten ver este proceso son la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra
América (ALBA), donde, más allá de su aún reducido tamaño, una masa de ca-
pital regional efectivamente es diseccionada con una lógica distinta entre países
Mabel Thwaites Rey Debates 35
como Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua. Y, el más importante por su tamaño
y objetivos, la apuesta de crear un Banco del Sur, como entidad suprarregional
de captura del capital que circula y se valoriza por la región. La crisis capitalista
mundial, con epicentro en el sector financiero pero pronto devenida estructural,
abre nuevas posibilidades pero también interrogantes sobre la viabilidad de estas
instancias regionales (Thwaites Rey y Castillo, 2008).
Vemos entonces que estas dos vías nos llevan a repensar el lugar de los Estados
regionales: son momentos del capital global, pero fuertemente mediatizados por la
posibilidad –o aspiración– de apropiarse y gestionar autónomamente el ciclo del
capital regional. Es interesante hacer notar que, en todos los casos, aun en aquellos
que enuncian su intención de construir una instancia que trascienda los marcos
del capitalismo, de lo que se está hablando es de gestionar una masa de capital
que, tanto por la forma en que se valoriza como por los propios actores en juego,
sigue funcionando en el marco de la lógica de la mercancía y la ganancia.
Todo este proceso de reconfiguración de los Estados de la región no está a salvo
ni de contradicciones ni de interrogantes sobre su dinámica. Venezuela, Bolivia y
Ecuador son claramente un eje de análisis, por su posicionamiento más nítidamen-
te alternativo. En el otro extremo se ubican los países “modelos” de la región desde
la perspectiva neoliberal: Colombia, Perú y Chile, estados cuyo eje es capturar
porciones del capital global a partir de la apertura y las zonas de libre comercio
y movilidad de capital. También podríamos incorporar en este bloque a México,
aunque con una dinámica distinta por el tamaño de su economía, su pertenencia
al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y también, contra-
dictoriamente, porque nunca ha resignado la apropiación de su renta petrolera, a
partir de la estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX). Y, pese a que el tamaño de sus
economías es mucho menor, al conjunto de Centroamérica y el Caribe (exclu-
yendo, obviamente, a Cuba), con la excepción de Nicaragua y, recientemente, El
Salvador. El triunfo del empresario liberal Sebastián Piñera en Chile abre un som-
brío panorama en la relación de fuerzas regional, pues puede activar a las distintas
expresiones de derecha para rearmar una contraofensiva a escala continental. Sin
dudas, el panorama se ensombrece con el golpe de Estado en Honduras, pese a la
reacción mayoritaria de repudio que generó en la región.
Queda la pregunta por el resto de Latinoamérica, en particular el bloque “ori-
ginal” del Mercosur. Los países más pequeños del bloque, Paraguay y Uruguay,
tienden a buscar su ubicación en una posición similar a la de Chile, aun cuando
la pertenencia al Mercosur les otorga algunos grados de libertad que no tienen los
Estados que se enfocan directamente a los Tratados de Libre Comercio con Estados
Unidos. Argentina y Brasil, los países grandes del bloque, son no casualmente los
casos más complejos de analizar. Brasil, que desde la perspectiva de sus políti-
cas económicas durante la administración de Lula podría ser ubicado como un
“continuista” de las lógicas neoliberales en lo que respecta a la preeminencia del
capital financiero por sobre la lógica “neodesarrollista” sostenida por la burguesía
paulista, dispone, sin embargo, de los inmensos grados de libertad que le confiere
el tamaño de su economía. No en vano es ubicado mundialmente como un BRIC
(Big Regional Industrialised Countries), una denominación hoy común en Wall
Street para mencionar al peso en los flujos de capital global de China, India, Rusia
36 Debates Después de la globalización neoliberal
y Brasil. Su capacidad de apropiación endógena de excedentes es la más alta de
la región, y probablemente aumente a partir del descubrimiento de nuevos yaci-
mientos de hidrocarburos que transformarán a Brasil en una potencia también en
ese rubro. Su estructura estatal contiene, en consecuencia, áreas de organización
burocrática modernizada según los estándares de inserción internacional, que co-
existen con bolsones clientelares y de mayor atraso en la gestión.
Argentina es un caso aún más complejo. Se relaciona con la renta global apro-
piada continentalmente mediante sus acuerdos financieros y energéticos con Vene-
zuela, pero a la vez no ha dado pasos importantes para hacerse de la suya propia:
tanto en el caso energético como en el de la renta agraria, el peso del capital trans-
nacional sigue siendo preponderante. El gobierno argentino (incluidos en un mismo
análisis las administraciones de Néstor Kirchner y la actual de Cristina Fernández de
Kirchner) da constantemente pasos contradictorios: es impulsor de iniciativas como
el Banco del Sur o la ampliación del ALBA, pero a la vez sostiene un modelo de
acumulación fuertemente vinculado al ciclo del capital global en el sentido más
directo y menos mediado; nacionaliza el sistema de jubilaciones, de desastrosa ges-
tión privada en los noventa, pero se dispone a reabrir el canje de la deuda externa
sin someterla a revisión. Todo esto se expresa en las idas y vueltas de su relación con
Estados Unidos y los organismos financieros internacionales. No es un caso típico
de “neodesarrollismo”, mucho menos de sus modelos más radicalizados de “so-
cialismo del siglo XXI”. Tampoco apuesta a una lógica de acumulación como la de
Chile o Colombia. Se ubica en un camino intermedio, que se sostuvo hasta el 2008
con “el viento de cola” del crecimiento económico mundial, pero que a partir del
enfrentamiento con los beneficiarios de la renta agraria (el famoso conflicto con “el
campo”) empezó a perder hegemonía, al punto de ser derrotado en las elecciones
legislativas de 2009. Ahora debe enfrentar, en un contexto mucho más desfavorable,
los embates de los sectores tradicionalmente dominantes ligados a la producción
primaria exportadora, que lograron traccionar a las capas medias urbanas y rurales
e, incluso, a segmentos de los sectores populares del interior del país, transitoria-
mente interpelados por la excepcional “bonanza agrícola” del período 2003-2008.
Su disputa con los grupos mediáticos más concentrados, tras la sanción de la nueva
ley de medios públicos en 2009, le agrega un nuevo frente de conflicto sin que,
simultáneamente, se perciba vocación ni capacidad de articulación de intereses po-
pulares que eventualmente pudieran respaldar su gestión gubernamental.
En síntesis, las profundas huellas económicas, sociales y políticas que el neoli-
beralismo dejó en América Latina han vuelto actuales algunos de los debates que
protagonizaron desarrollistas y dependentistas en los años sesenta. La caída del
“socialismo real” y el auge de la globalización como eje estructurador de la econo-
mía mundial parecieron diluir por completo las opciones nacionales, en cualquie-
ra de sus variantes. Sin embargo, la realidad de la existencia de una articulación
en el mercado mundial y la preeminencia de los núcleos de poder supraestatales
no ha aniquilado las funciones, capacidades ni eventuales posibilidades de acción
de los espacios estatales nacionales como instancias o nudos de concertación de
fuerzas sociales y de desarrollo relativamente autónomo. La crisis actual no hace
sino renovar la necesidad de pensar alternativas que consideren la cuestión estatal
nacional desde una perspectiva renovadora.
Mabel Thwaites Rey Debates 37
Una mirada al futuro
Lo que resta analizar es la funcionalidad de los Estados al interior de sus espacios
nacionales. No hay duda de que la existencia del Estado, a secas, cumple un pa-
pel esencial en el mantenimiento y la reproducción de un determinado modo de
organización social, entendido como un concepto que permite abarcar la extraor-
dinaria complejidad de la realidad contenida en las relaciones Estado-sociedad y
sus respectivas instituciones. En ese sentido, suponemos que en cada experiencia
nacional la existencia de un aparato estatal responde a la necesidad de resolver
un conjunto de antagonismos, necesidades, demandas, disputas y contradicciones
planteados en el proceso de construcción de ese modo de organización social. Por
lo tanto, el papel del Estado es el resultado del involucramiento de las institucio-
nes que van surgiendo en el curso de los procesos de resolución de las cuestiones
socialmente problematizadas, exista o no consenso en que sea el Estado nacional
quien deba resolverlas.
“La crisis actual no hace sino renovar la necesidad
de pensar alternativas que consideren la cuestión
estatal nacional desde una perspectiva renovadora.”
Destacando la complejidad de la relación estatal, Poulantzas afirma:
[…] comprender al Estado como la condensación de una relación de fuerza entre clases y fraccio-
nes de clase tales como se expresan, de forma específica, en el seno del Estado, significa que el
Estado está constituido-atravesado de parte a parte por las contradicciones de clase. Esto significa
que una institución, el Estado, destinada a reproducir las divisiones de clase no es (...) un bloque
monolítico sin fisuras, sino que está él mismo, debido a su misma estructura, dividido (Poulantzas,
1977).
Y agrega que estas contradicciones de clase revisten la forma de contradiccio-
nes internas entre las diversas ramas y aparatos del Estado, y en el seno de cada
uno de ellos, en la medida en que constituyen el lugar privilegiado de una fracción
del bloque en el poder.
Como sintetiza Jessop (1990):
Los aparatos estatales económicos y sus medios de intervención no son neutrales, sino que están
integrados en el movimiento del capital y constituyen un campo de conflictos entre distintos inte-
reses. Esto significa que la intervención del Estado tiene limitaciones inherentes para garantizar las
condiciones para la acumulación del capital y está siempre sujeta a la influencia inevitable de dife-
rentes luchas de clase y democrático-populares. También significa que la idoneidad de instrumen-
tos particulares de política y formas generales de intervención no solamente variarán con cambios
en la estructura económica sino también con cambios en el balance de fuerzas políticas.
Por eso, así como las formas apropiadas de intervención cambian con el progreso
de la acumulación del capital, de la misma manera lo hacen las formas apropiadas
de representación y legislación. Es decir que los “aparatos estatales” son la forma en
que se expresa materialmente la relación social de dominación (Estado en sentido
abstracto) y cambian en la medida en que se modifica la relación social básica.
38 Debates Después de la globalización neoliberal
Los casos de Bolivia y Venezuela, en este punto, son especialmente interesantes
para analizar los problemas políticos que la práctica de la construcción de poder
popular desde la conducción estatal impone. Porque, tal como supo expresar el
vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, en estos casos el tema del poder
estatal ya no es solamente un tema de resistencia o petición, sino “de mando y eje-
cución de la cosa pública y ese es el límite histórico que los movimientos sociales
deben superar en sus acciones políticas, electorales y de movilización, si es que
quieren transformar y conducir la estructura estatal” (García Linera, 2005).
En efecto, es a partir de estas experiencias radicales que se vuelve a actualizar
la preocupación sobre las formas de transición hacia modelos emancipatorios des-
de las realidades acotadas y restringidas por un presente en el que prevalece la for-
ma de dominación estatal capitalista. Qué forma material adquirirán los órganos
de gestión de lo colectivo, mediante los cuales encarnarán las políticas populares,
es un interrogante de primer orden. Porque hacerse cargo de la gestión del Estado
con un propósito transformador acarrea numerosos desafíos y peligros a sortear.
Ni la buena voluntad de los dirigentes ni la invocación a la participación
transformadora de los movimientos sociales bastan por sí solas para producir las
profundas transformaciones democratizadoras necesarias y esperadas. Como lo
señala García Linera (2007a), eliminar estrategias patrimonialistas de ocupación
de espacios públicos para uso personal o grupal es una tarea política de primera
magnitud y de enorme dificultad, ya que tales rémoras no se circunscriben a los
sectores dominantes sino que también están bastante arraigadas en las prácticas
plebeyas. Lograr la participación activa y consciente de la más amplia pluralidad
de intereses y perspectivas, a la par que promover el sentido de lo público, cons-
truir capacidades institucionales de gestionar lo común, priorizar lo general por
sobre lo particular, exige grandes esfuerzos políticos y militantes.
Asimismo a este desafío habría que sumar el hecho de que esas mismas ins-
tancias públicas han sido históricamente construidas desde una matriz racista y
homogeneizadora, impuesta por las élites blancas, que trajo aparejada una pro-
funda segregación étnica, la cual tornó prácticamente imposible –al menos hasta
comienzos del siglo XXI– el acceso a los puestos estatales relevantes por parte de
integrantes de los pueblos indígenas que habitan el territorio boliviano. A esto
último se ha referido precisamente Luis Tapia (2007) al postular que “una de las
posibilidades de recomposición del Estado en Bolivia, que implique enfrentar se-
riamente una reforma de las condiciones de no correspondencia entre Estado y
multiculturalidad, es la idea del Estado plurinacional”. En consonancia con este
planteo, Ximena Soruco Sologuren (2009) ha advertido que la propuesta de un
Estado plurinacional constituye
[…] un intento de construcción de un sistema político que sea capaz de articular estos modos
de organización del mundo, estas culturas indígenas y no indígenas, más allá de la colonialidad
capitalista. Pero este intento, plasmado en la nueva Constitución Política del Estado, es un punto
de partida –no de llegada– que requiere la fuerza suficiente como para hacerse hegemónico, en
el sentido común mayoritario, lograr construir una institucionalidad política y preservarse en el
tiempo (la educación). Esta fuerza es solo posible si el sujeto indígena no se piensa como sujeto
único, es decir, no se vuelve autorreferencial, sino que nuclea, en torno al proyecto del Estado
plurinacional, a otros sujetos, visiones de mundo, exclusiones y necesidades.
Mabel Thwaites Rey Debates 39
También en Venezuela, señala Edgardo Lander, la superación de las trabas bu-
rocráticas y patrimonialistas remanentes en las estructuras estatales y la gestación
de nuevas formas de gestión democrática y participativa enfrentan grandes desafíos.
Cuando a partir de 2003 el gobierno de Hugo Chávez se propone sustituir las políti-
cas sociales paternalistas por políticas orientadas a fortalecer el tejido asociativo de
las comunidades, la participación y la creación de la ciudadanía política efectiva,
advierte las dificultades de lograrlo con las estructuras administrativas heredadas.
Crea, entonces, las llamadas misiones sociales que, con propósitos específicos (es-
pecialmente en salud y educación de los sectores más vulnerables), intentan sortear
los límites de las burocracias establecidas, en una suerte de by-pass institucional.
Según Lander,
las virtudes principales de las misiones residen, por un lado en su capacidad para saltar obstáculos
burocráticos y llegar en forma directa y rápida a los sectores más excluidos de la población, y por
el otro, en el hecho de que buena parte de estas misiones se basan en la promoción de procesos
organizativos en las comunidades como parte de su diseño y ejecución.
Estas misiones han tenido gran impacto en las condiciones de vida de las pobla-
ciones beneficiarias, pero todavía no está claro en qué medida constituyen el modelo
de organización de la administración pública del nuevo Estado que podría reempla-
zar a las estructuras burocráticas tradicionales. Por una parte, cuando estas formas
nuevas se superponen con las antiguas, conllevan una costosa e ineficiente carga fi-
nanciera para el Estado. Por otro lado, su limitado grado de institucionalidad, y livian-
dad burocrática, que es lo que les ha permitido a las misiones llegar en forma directa
y rápida a los sectores populares, es al mismo tiempo una fuente de debilidad.
La baja institucionalidad se expresa con frecuencia en la ausencia de procedimientos claros, de
normas administrativas de gestión de los recursos que hagan posible la contraloría social para
limitar el clientelismo y la corrupción que son denunciados una y otra vez por las propias orga-
nizaciones populares. Por otra parte, la dependencia de muchos de estos procesos organizativos
populares de las iniciativas y del financiamiento de las políticas públicas –con dosis frecuentes de
clientelismo–, dificulta la generación de experiencias organizativas autónomas (Lander, 2007).
Si bien no podemos extendernos en el presente análisis, dificultades similares han
surgido luego de la creación y el intento de implementación de los llamados Consejos
Comunales. Respecto de este punto, Cilano Peláez, Córdova Jaimes y Chaguaceda
(2009) formulan una sugestiva pregunta: ¿cómo pueden conciliarse los mecanismos
tendientes a la “democracia participativa y protagónica” señalada en la Constitución
Bolivariana, con un modelo centralizado de planificación y gestión pública?
En última instancia, la tensión entre la organización y la participación autónoma
es, de acuerdo con Lander, una de las cuestiones más importantes de la relación
del Estado venezolano con los sectores populares, de cuya resolución dependerá en
gran medida el tipo de democracia que se pueda construir. Y esto es más central aun
si se tiene en cuenta que “no es posible avanzar en la dirección de un proceso de
transformación profunda de la sociedad si simultáneamente no se tiene la capaci-
dad de gestión pública requerida para mejorar las condiciones de la vida cotidiana
de la población” (Lander, 2009). Más allá del caso venezolano, esta tensión sobre la
forma de gestión de lo colectivo, que supone una permanente transformación, está
en la base de la preocupación de cualquier estrategia emancipadora.
40 Debates Después de la globalización neoliberal
La cuestión central, para el conjunto de la región, radica en la construcción de
la voluntad política capaz de impulsar un cambio radical. Para que tal voluntad se
geste es preciso acumular las fuerzas capaces de revertir el paradigma neoliberal
aún resistente y resituar el sentido de lo público, como condición necesaria para
“refundar” la estatalidad y dotar de verdadero contenido al permanentemente abor-
tado proceso de conformación de una ciudadanía social, democrática y autogestiva.
Esto encierra la paradoja de que, para ser genuino, el cambio debe ir en contra de la
esencia de la dominación estatal. Porque, insistimos, el Estado no es una instancia
mediadora neutral sino el garante de una relación social desigual –capitalista– cuyo
objetivo es, justamente, preservarla. No obstante esta restricción constitutiva incon-
trastable, que aleja cualquier falsa ilusión instrumentalista –es decir, “usar” libre y
arbitrariamente el aparato estatal como si fuera una cosa inanimada operada por
su dueño– es posible y necesario (en términos de lucha política) forzar el compor-
tamiento real de las instituciones estatales para que se adapten a ese “como si” de
neutralidad que aparece en su definición (burguesa) formal (Thwaites Rey, 2005).
Claro que esto no es algo sencillo y entraña peligros intrínsecos. Porque la
ficción del interés general se enfrenta cotidianamente a la cooptación de las ins-
tituciones estatales por intereses específicos, que plasman, se materializan, en las
propias instituciones y que van asegurando la pervivencia del sistema. El objetivo
irrenunciable debe ser la eliminación de todas las estructuras opresivas que, encar-
nadas en el Estado, afianzan la dominación y hacer surgir, en su lugar, formas de
gestión de los asuntos comunes que sean consecuentes con la eliminación de toda
forma de explotación y opresión.
En el camino, en el mientras tanto productivo de una nueva configuración so-
cial, puede empujarse al Estado a actuar “como si”, verdaderamente, fuera una
instancia de articulación social. Esto es, forzar de manera consciente su contradic-
ción ínsita, provocar su acción en favor de los más débiles, operar sobre sus formas
materiales de existencia sin perder de vista nunca el peligro de ser cooptados, de ser
adaptados, de ser subsumidos en un orden que arraiga la injusticia. Enfrentar este
peligro no equivale a abandonar la lucha en el seno del Estado mismo, en el núcleo
de sus instituciones, porque el Estado mismo es un campo privilegiado de disputa.
En ese “como si” tiene que conformarse un espacio para una gestión alternativa
y un camino para empujar en el sentido del autogobierno popular, de la irrupción
irreverente de “lo plebeyo” en la escena pública. Se trata de caminar permanen-
temente en esa tortuosa contradicción de luchar contra el Estado para eliminarlo
como instancia de desigualdad y opresión, a la vez que luchar por ganar territorios
en el Estado, que sirvan para avanzar hacia la ampliación sustantiva de la demo-
cracia como conquista popular. Se trata de rasgar, rasguñar, arrancar del Estado
mismo, y no solo de la sociedad, las formas anticipatorias de nuevas relaciones
sociales igualitarias y emancipadoras.
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Notas
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cionales es un rasgo constitutivo del capitalismo pital tienden a estar cada vez más interconectados
moderno: la reproducción del capital a escala glo- a escala mundial, el mercado de trabajo permane-
bal tiene su contrapartida en la existencia de esos ce segmentado y sujeto a muy diversos modos de
espacios estatales que la posibilitan (Holloway, regulación estatal (Amin, 1998).
Autonomia e integração
regional no contexto
do Mercosul
Uma análise considerando
a posição do Brasil
Tullo Vigevani Haroldo Ramanzini Júnior
Profesor de la Universidade Estadual Doctorando en Ciencia Política en la
Paulista (UNESP), investigador del Universidade de São Paulo (USP) e
Centro de Estudos de Cultura investigador del CEDEC.
Contemporânea (CEDEC) y coordinador
del Instituto Nacional de Ciência e
Tecnologia para Estudos sobre os
Estados Unidos (INCTEU).
Resumen Abstract
El objetivo de este trabajo es analizar This paper aims to examine regional
los procesos de integración regional en integration processes in South America,
América del Sur, particularmente del particularly in Mercosur. The point
Mercosur, partiendo para eso del análisis de of departure is the study of Brazilian
la política externa brasilera para la región. foreign policy in the region. Possible
Discutiremos las posibles consecuencias consequences of international changes
de los cambios internacionales, además will be discussed, as well as the
del significado de la emergencia de nuevas significance of new social and political
fuerzas políticas y sociales. Se verificarán forces. Continuity and ruptures in
continuidades y transformaciones en el Brazilian behaviour as regards integration
comportamiento de Brasil en relación a la will be identified to understand
integración, en la búsqueda de los puntos strengths and weaknesses in building an
fuertes y débiles en la construcción de una independent position and in search of
posición autónoma y que revista mayor balance among other international power
equilibrio frente a los demás centros centres.
internacionales de poder.
Palabras clave
Integración, cooperación, Mercosur, Estado, política económica
Keywords
Integration, cooperation, Mercosur, state, economic policy
46 Debates Autonomia e integração regional no contexto do Mercosul
Cómo citar este artículo
Ramanzini Júnior, Haroldo y Vigevani, Tullo 2010 “Autonomia e integração regional no
contexto do Mercosul. Uma análise considerando a posição do Brasil” en OSAL (Buenos
Aires: CLACSO) Año XI, Nº 27, abril.
O objetivo deste trabalho, partindo da análise da política brasileira e considerando
aspectos das transformações recentes no cenário internacional, é discutir o atual
momento das integrações na América do Sul, sobretudo do Mercosul. Desde 1985
a integração no Cone Sul conviveu com diferentes ambientes externos, evoluindo
de tentativas desenvolvimentistas para formas de regionalismo aberto, inseridas
num clima internacional onde prevaleciam regimes liberais. Atualmente, no final
da primeira década do século XXI e no início da segunda, há tentativas de reto-
mada de políticas de desenvolvimento com alguma eqüidade, sem volta ao pro-
tecionismo. As atitudes das elites brasileiras e latino-americanas em relação à in-
tegração se combinam com mudanças objetivas ocorridas no cenário econômico
e político mundial desde a década de oitenta até os dias de hoje. Essas mudanças
nem sempre favorecem os processos de integração regional.
A persistência desde a segunda metade dos anos noventa de dificuldades para
o crescimento relativo do comércio e da integração econômica no Mercosul e
na América do Sul indica que existem razões estruturais que comprometem esse
processo. Há mudanças significativas no cenário externo que o governo brasileiro
e as elites parecem levar em consideração. Uma delas foi o crescimento da eco-
nomia mundial, a partir de 2001 até 2008, com destaque para o papel da China,
e que levou setores empresariais e grupos importantes no governo a reorientar o
foco de seus interesses. Ainda que mantida a ênfase política na integração, ela teve
seu significado proporcionalmente reduzido. O aumento do preço das commodi-
ties, inclusive do petróleo e do gás, bem como a liquidez observada no sistema
financeiro, nos primeiros anos do século XXI, colaboraram para o aumento das
exportações, não só do Brasil, mas também dos outros países da região. Ainda que
não tenha contribuído para o esforço de complementaridade produtiva regional, o
bom momento internacional foi importante para que os países mantivessem suas
economias razoavelmente estáveis. Países como Chile e Peru aumentaram muito
seu interesse pela Ásia. As dificuldades econômicas dos países centrais, particu-
larmente dos Estados Unidos, evidenciadas pela crise econômica e financeira do
segundo semestre de 2008, longe de estar resolvida em 2010, em principio po-
deriam sugerir um novo ciclo favorável à integração na América do Sul, em razão
da contração dos mercados dos países desenvolvidos. O fato de que a América
Latina, particularmente alguns países como México e Argentina, terem sido forte-
mente golpeados pela contração de seu comércio exterior, poderia também sugerir
que esse novo ciclo estivesse lastreado no mercado interno. No momento em que
escrevemos, não é possível afirmar que esse caminho tenha forte viabilidade.
No Cone Sul e na América do Sul, o fracasso da crença fundamentalista de
que o mercado seria o instrumento de superação da pobreza abriu caminho para
que, pela via eleitoral, alcançassem o governo de países da região dirigentes polí-
ticos que, ao criticarem aquela crença e o sistema internacional a ela relacionado,
Tullo Vigevani y Haroldo Ramanzini Júnior Debates 47
buscam fortalecer o papel do Estado. A crise financeira desencadeada a partir do
colapso do Lehman Brothers, no segundo semestre de 2008, fortalece as tendên-
cias que reconhecem que é responsabilidade do Estado projetar políticas de de-
senvolvimento. A integração regional exige ações que o mercado não realiza. A
história recente da integração, particularmente de Argentina e Brasil, mas também
de Paraguai e Uruguai, indica que as ações dos Estados se voltam para soluções
nacionais, não considerando como prioridade as ações necessárias para a integra-
ção. Os exemplos são inúmeros: o uso dos recursos energéticos compartilhados
ou passíveis de compartilhamento, Itaipu, Yacyretá e gás da Bolívia; o conflito en-
tre Argentina e Uruguai a respeito do efeito poluidor da empresa Botnia, no qual
aparecem como contrapostos interesses de preservação ambiental e de desenvol-
vimento. Nesses e outros casos, o interesse pela cooperação e pela integração não
parece ser suficiente para neutralizar as debilidades estruturais dos países, ou para
inserir a dinâmica regional nas agendas das políticas domésticas. Isto é, surgem
como contrapostos interesses que teriam potencialidade para criar sinergias.
“Objetivamente na América Latina verifica-se
uma situação na qual a integração regional
entre países pobres parece difícil.”
Como ensina a teoria da integração regional, ao não haver uma espiral as-
cendente, o chamado spill-over, a lógica do interesse nacional prevalece. Conse-
qüentemente, pode impedir ações e resultados que deveriam trazer vantagens para
todos. Para alcançá-las, necessariamente deve haver concessões recíprocas, onde
quem detém mais poder teria que se dispor a concessões maiores. Objetivamente
na América Latina verifica-se uma situação na qual a integração regional entre
países pobres parece difícil. Os motivos são inúmeros: relações prioritárias histori-
camente consolidadas com os paises desenvolvidos, falta de complementaridade
econômica na própria região, dificuldade derivada da pobreza na construção de
políticas compensatórias que facilitem a adesão social ao bloco regional. Os libe-
rais consideram que essa evolução, o retrocesso das idéias de integração, vividas
intensamente em alguns países andinos no final dos anos sessenta, à época do
Tratado de Cartagena de 1969, e na Argentina e no Brasil no final dos anos oitenta,
reflete a estrutura da economia internacional centrada nos países ricos e a incapa-
cidade dos governos da região de perseguirem políticas conseqüentes centradas
na livre circulação de mercadorias.
Apesar do relativo pessimismo, presente em países como Argentina, Brasil, Chi-
le, Colômbia, Paraguai, Uruguai, mesmo assim ganha alguma força um conceito
de regionalismo que afirma confiar na capacidade da região, distanciando-se dos
países centrais, particularmente dos Estados Unidos. A crise econômica e os riscos
de protecionismo nos Estados Unidos e na Europa estimulam a tendência. Ao mes-
mo tempo ganham maiores dimensões novas ambigüidades. Há sérias interroga-
ções a respeito da capacidade do regionalismo para conseguir a coordenação de
políticas. Não está claro se ambigüidades e diferenças existentes são parte de posi-
ções que podem interagir positivamente ou se correspondem a uma amalgama de
48 Debates Autonomia e integração regional no contexto do Mercosul
interesses com dificuldade de coordenação entre si. Os limites para o crescimento
do comércio intra-zona, mas sobretudo da integração produtiva, demonstram que
são necessários novos passos: mudanças de políticas, sobretudo de projetos eco-
nômicos. Em outros termos, a integração produtiva não se desenvolve com base
nos estímulos de mercado. A lógica de mercado strictu sensu tende a fortalecer
estruturas consolidadas ao longo de décadas ou de séculos. A criação de grandes
mercados, os próprios Estados Unidos no século XIX, a União Européia a partir de
1957, a China atualmente, resultam de ações dirigidas pelos Estados.
Na América do Sul deram-se avanços na integração energética, ainda que esta
esteja no cerne de dificuldades intra-regionais na segunda metade dos anos dois
mil. O intercâmbio avançou, mas persistem razões estruturais que comprometem
sua velocidade e mesmo sua perspectiva.
Num contexto político internacional em mudança, a existência de governos
que têm afinidades genéricas não tem sido suficiente para aprofundar as políticas
de integração. As lideranças políticas da região, neste início de século XXI, têm
buscado maior autonomia na atuação internacional de seus países. Paradoxalmen-
te, ainda que com conteúdo político de sinal diferente, a busca de autonomia se
manifesta também no âmbito das relações regionais. Como veremos, a partir da
análise do caso brasileiro, a busca de autonomia na política externa pode ter efei-
tos ambíguos para os processos de integração regional.
O conceito de integração regional, segundo parte da literatura, remete a um
processo de transferência de lealdades das elites do Estado nacional, para o âm-
bito regional. Em outras palavras, trata-se de uma dinâmica de transferência de
parte das funções que eram desempenhadas pelo Estado, para o âmbito regional
(Haas, 1964; Matlary, 1994; Mariano, 2007). O que se observa na América do Sul
é diferente. O fortalecimento do Estado continua a dar-se na perspectiva de seu
fortalecimento nacional. A integração regional não é vista como uma estratégia
fundamental para fortalecer a projeção externa dos países e para melhorar a ca-
pacidade de lidar com desafios que isoladamente teriam maiores dificuldades em
fazê-lo. O impulso pela integração, que, como dissemos, em alguns momentos
pareceu forte, parece não se sustentar.
Os projetos e as medidas que se efetivaram nos anos noventa e na primeira dé-
cada do século XXI, resultantes das necessidades de integração da infra-estrutura,
algum impulso pela integração produtiva e a tendência a convergências políticas
poderiam recolocar a questão do crescimento compartilhado num cenário de re-
vigoramento das relações regionais. Isso em tese seria possível seja com governos
de centro-esquerda quanto com governos liberais.
Na seção seguinte discutiremos os elementos de continuidade e de mudança
nas posições brasileiras em relação à integração regional desde meados dos anos
oitenta até os anos dois mil, considerando os conceitos de autonomia e universalis-
mo que são aspectos formadores do padrão de comportamento da política externa
brasileira. Na terceira seção, abordaremos a questão das mudanças internacionais
e seu impacto na política brasileira de integração, parecido com o impacto havido
para outros países da região. Na quarta, analisamos a emergência de novas lide-
ranças políticas latino-americanas e sua influência para os processos de integração
sul-americanos. Nas considerações finais retomamos os argumentos apresentados,
Tullo Vigevani y Haroldo Ramanzini Júnior Debates 49
concluindo ser difícil fazer prognósticos precisos sobre o processo de integração
e sobre seu possível impacto para o fortalecimento da autonomia da região frente
aos países ricos e mesmo frente aos países asiáticos emergentes.
Continuidade e mudança nas posições brasileiras
em relação ao Mercosul
Na análise da política externa brasileira têm relevância dois conceitos reiteradamen-
te apresentados como fundadores: autonomia e universalismo. Deveriam servir para
explicar parte dos rumos e das estratégias de diálogo do Brasil com o mundo, bem
como as posições do país nos processos de integração regional. A tradição e a retóri-
ca visam buscar a reafirmação desses conceitos social e historicamente construídos
e que se inserem no conjunto de percepções subjetivas que informam, em alguma
medida, as ações dos atores políticos. Estão nos quadros cognitivos que influenciam
a diplomacia brasileira e corroboram a sua retórica de tradição e continuidade. Na
visão de Mello (2000), a continuidade dos paradigmas históricos da política externa
brasileira –autonomia e universalismo– se expressaria, exatamente, na política regio-
nal. Esses conceitos são importantes, mas são genéricos. São utilizados de acordo
com os tempos e com os interesses. Assim, as mudanças internacionais e/ou domés-
ticas podem alterar o significado dos conceitos orientadores da ação externa.
No momento da aproximação Argentina-Brasil, em meados dos anos oitenta,
houve uma superposição entre a idéia da integração regional, a aliança com a
Argentina e a preservação dos valores do universalismo e da autonomia. O re-
gionalismo não diminuiria, mas reforçaria o paradigma universalista de inserção
internacional do Brasil. Foi importante para o processo de integração entre os dois
países, e posteriormente para a inclusão do Paraguai e do Uruguai, a percepção do
risco de isolamento como conseqüência do fim da Guerra Fria (Moreira, 1989) e
o reconhecimento de que as debilidades internas dos países enfraqueceriam suas
posições externas.
O início da integração com a Argentina (Declaração de Iguaçu, novembro
1985; Programa de Integração e Cooperação Econômica –PICE–, julho de 1986
e os 24 Protocolos decorrentes; Tratado de Integração, Cooperação e Desenvolvi-
mento, novembro de 1988) correspondeu a uma lógica desenvolvimentista que vi-
sava estimular a emulação empresarial, para a modernização e a inserção compe-
titiva no sistema econômico internacional. Contudo, a partir do governo de Collor
de Mello, no Brasil, e de Carlos Menem, na Argentina, no bojo de um movimento
internacional de reformas liberalizantes em diversos países da periferia, ocorre
uma mudança no perfil da integração, com maior predomínio do tema da abertura
dos mercados nacionais, em relativo detrimento da discussão de outros aspectos
importantes, principalmente das questões institucionais. Com o tempo, observa-
se a gradual perda de importância do tema do desenvolvimento no âmbito inte-
gracionista e, ao mesmo tempo, a crescente importância atribuída ao tema dos
fluxos comerciais; essa tendência foi visível nos anos que seguiram o Protocolo de
Ouro Preto de 1994 (Mariano, 2000). A crise da desvalorização do real em 1999
e a crise argentina de 2001 evidenciaram e maximizaram os efeitos negativos.
Como veremos, por conta do enfraquecimento dos modelos econômicos liberais
50 Debates Autonomia e integração regional no contexto do Mercosul
nos países da região, visível a partir de 2000, acentuando-se com a crise financeira
e econômica que explode em 2008, há sinais de modificação nessa tendência.
Poderia ressurgir novamente, ainda que com dificuldades, a perspectiva de que o
desenvolvimento é favorecido pela integração.
Com a desvalorização de 1999 e a recessão argentina em 2001, o Mercosul
evidencia uma crise cujos desdobramentos não eram e ainda não são claros. Em
2010 pode-se falar de dez anos de indefinições estratégicas. Além dos elementos
conjunturais, que se expressam em seguidos contenciosos comerciais e políticos, e
da ausência de mecanismos institucionais regionais que busquem garantir a dinâ-
mica da integração, questões estruturais relativas às economias dos países envolvi-
dos e a valores enraizados nos Estados e nas sociedades devem também ser con-
siderados na busca de explicações consistentes. No Brasil, a potencial perspectiva
de ganhos de escala em termos econômicos, que alguns acreditam ser fortemente
estimulada pelo acesso aos maiores mercados, levou à retomada dos temas da
autonomia e do universalismo, que nunca foram abandonados, agora com um
sentido restritivo em relação ao Mercosul.
“O bloco visa a inserção internacional;
desde o início, a questão da identidade
regional não é central”
A superposição entre a idéia da integração regional, a aliança com a Argentina
e a preservação dos valores do universalismo e da autonomia que, como dissemos,
foi significativa na segunda metade dos anos oitenta e no início dos anos noventa
para atores importantes, não desaparece, mas se reduz. Argumentos antigos ou
novos foram ressuscitados, ao menos como justificativas: a pequena dimensão do
mercado regional, a instabilidade dos países, o potencial de atração dos países ri-
cos, particularmente dos Estados Unidos, o sentimento difuso de desconfiança em
relação ao Brasil. Mas o argumento mais forte, como estamos enfatizando, foi o
da necessidade de garantir ao país liberdade para agir no sistema internacional. A
estrutura internacional dos anos dois mil alimentou essa visão. O enfraquecimento
estratégico e econômico dos Estados Unidos, o fortalecimento da China, foram o
meio no qual prosperou essa idéia.
Portanto, na perspectiva brasileira, visto retrospectivamente, o Mercosul sur-
ge e se desenvolve de forma claramente ambígua, o que não é essencialmente
diferente no caso argentino (Onuki, 1996). Colocado no topo das prioridades in-
ternacionais, no caso brasileiro, onde a força do universalismo permanece, ele é
apresentado como instrumento muito importante, mas sempre instrumento. Não
haveria uma clara especificidade da integração, ela não seria um fim em si mesmo
e, importante para o argumento desse texto, não é um instrumento imprescindível
de inserção no mundo. Já no momento de constituição do Mercosul, os governos
explicitavam isso:
Ao firmar o Tratado de Assunção, os quatro presidentes partem da percepção comum de que o
aprofundamento do processo de integração pode ser a chave para uma inserção mais competitiva
Tullo Vigevani y Haroldo Ramanzini Júnior Debates 51
de seus países num mundo em que se consolidam grandes espaços econômicos e onde o avanço
tecnológico-industrial se torna cada vez mais crucial para as economias nacionais (Ministério das
Relações Exteriores do Brasil, 1991: 279).
Isto é, o bloco visa à inserção internacional; desde o início, a questão da iden-
tidade regional não é central.
Haas (1964) considera que para que as elites burocráticas e governamentais
se empenhem efetivamente na construção e ampliação de instituições regionais é
preciso que estejam convencidas dos benefícios concretos e materiais resultantes
dessas medidas. Durante um período, sobretudo quando o comércio intra-regional
se expandiu fortemente, passando de aproximadamente US$ 1,6 bilhões em 1985
para US$ 19 bilhões em 1997, quando a participação desse mesmo comércio para
o Brasil evoluiu de aproximadamente 5% para 15% em relação ao intercâmbio
total do país (CEPAL, 2003), o Mercosul atendeu interesses, que viam utilidade no
bloco. No entanto, os sinais de desencantamento político e econômico já exis-
tiam, e as crises de 1999 e de 2001 potencializaram seu impacto negativo sobre
as perspectivas da integração e contribuíram para acelerar sinais que vinham se
acumulando, derivados dos limites da complementaridade e da dimensão dos
mercados.
As visões de mundo de uma parte das elites, assim como o peso dos conceitos
de autonomia e universalismo, são elementos que influenciam as posições do Bra-
sil no Mercosul. A percepção de que o maior aprofundamento do bloco implica
limitação de soberania e de autonomia, atingindo, portanto, ao menos parcial-
mente, a relação do Brasil com o mundo, sempre esteve presente e foi componen-
te importante da ação do Estado e da sociedade. Colocando limites ao Mercosul,
rejeitaram-se articulações que pudessem dificultar a movimentação internacional
do Brasil ou que pudessem contrariar a desejada autonomia e a ação universalis-
ta. Em relação a esse objetivo, observa-se que há certa convergência, ainda que
baseada em motivações diferentes, entre setores ligados à perspectiva nacional-
desenvolvimentista e aqueles ligados à tradição liberal. Esse entendimento tem um
impacto direto nas posições brasileiras em relação à integração.
Do começo dos anos noventa até os dias de hoje, há um fortalecimento crescen-
te do paradigma universalista da política externa brasileira, que se relaciona com
o entendimento das permissibilidades do sistema internacional para a projeção
internacional do país. No contexto do conceito de autonomia pela participação,
evoluindo no governo Lula da Silva para a idéia de autonomia pela diversificação,
intensifica-se a busca de inserção do Brasil no cenário mundial, ampliando ten-
dência bem anterior. Isso acontece mediante a intensa participação em diferentes
instâncias internacionais, nas Missões de Paz organizadas pelas Nações Unidas,
como exemplifica o caso do Haiti, na busca pelo assento permanente no Conse-
lho de Segurança da Organização das Nações Unidas (ONU), na articulação de
coalizões multilaterais, como o Grupo dos 20 (G-20) comercial na Roda da Doha
da Organização Mundial do Comércio (OMC), no grupo Índia, Brasil e África do
Sul (IBSA) e no grupo do Brasil, Rússia, Índia e China (BRIC), no G-20 financeiro.
O Mercosul nunca deixou de ser considerado, mas foram poucas as políticas que
buscaram fortalecer o bloco como base do que seria a inserção internacional bra-
52 Debates Autonomia e integração regional no contexto do Mercosul
sileira conjuntamente com seus parceiros da união alfandegária. Essa tendência
pode ser verificada também em relação aos outros paises da América do Sul, ainda
que em relação a esses haja menos expectativas de ação externa compartilhada.
No Mercosul, boa parte dos esforços, ainda no final da primeira década dos anos
dois mil, são dedicadas à superação de dificuldades, sempre numa perspectiva
pontual. Lula da Silva e Cristina Kirchner reuniram-se em novembro de 2009 com
esse objetivo, levando a reuniões periódicas de diferentes ministros.
Utilizar o Mercosul como a base da estratégia de cooperação sul-americana
tem sido um componente importante nas posições regionais do Brasil, assim como
da Argentina. Daí a necessidade de manutenção de um aparato institucional es-
sencialmente intergovernamental, que garanta a possibilidade de entrada de novos
membros sem necessidade de esforços dirigidos à integração produtiva. A busca
de cooperação na América do Sul já estava entre os objetivos das administrações
Itamar Franco (1992-1994) e Cardoso (1995-2002), consolidando-se na gestão Lula
da Silva. Por um lado, isso demonstra haver uma dimensão sul-americana do Estado
brasileiro; por outro, significa a busca de soluções alternativas, ainda que apresen-
tadas como complementares, a uma integração em profundidade, a um mercado
comum, no Cone Sul, com as conseqüências e os compromissos que implicaria.
Por isso falamos de busca de cooperação e não propriamente de integração.
A posição dos diferentes governos brasileiros, buscando uma continuidade de
baixa intensidade da integração, parece atender à média das expectativas das eli-
tes, dentro e fora do aparelho estatal brasileiro. Nisto ela coincide com as atitudes
prevalecentes também na Argentina, Paraguai e Uruguai. As atitudes desses países
também se modificaram ao longo do tempo. Por diferentes motivos Uruguai a
partir de 1988 e Paraguai a partir de 1990 buscaram participar do bloco que esta-
vam constituindo Argentina e Brasil. As expectativas paraguaias e uruguaias foram
diminuindo ao longo do tempo (Rodríguez, 2001; Sierra, 2001; Hirst, 2005). A
partir de meados dos anos noventa, cresceu o debate na sociedade uruguaia sobre
a vantagem da permanência no Mercosul. Realisticamente, apesar de momentos
de diminuição da relação econômica do Uruguai com os outros países, foi difícil
levar à frente qualquer movimento pelo desligamento, mesmo parcial do bloco. A
tentativa do governo Tabaré Vázquez de negociar um acordo especial com os Esta-
dos Unidos não prosperou em razão dos laços estruturais com seus dois vizinhos.
O governo do presidente empossado no inicio de 2010, Mujica, por essa mesma
razão reafirma o interesse na relação com Argentina e Brasil, buscando a supera-
ção de conflitos como o da Botnia.
A perspectiva de maior institucionalização do Mercosul respondia ao interesse
dos dois países menores, pois acreditavam que lhes daria maior poder de barganha
dentro do bloco. Foi exatamente esse motivo que levou, sobretudo a diplomacia
brasileira, a resistir à institucionalização que, mesmo se adotado um sistema de
ponderações, certamente colocaria condicionamentos. No caso das relações com
a Argentina, as dificuldades brasileiras foram relativas a interesses comerciais e,
ao longo do governo Menem, às diferentes perspectivas no tocante à colocação
internacional (Escudé, 1992). O conjunto dessas dificuldades acabou impedindo
avanços significativos no tocante a maior institucionalização (Onuki, 1996), situa-
ção que perdura ao longo dos primeiros dez anos dois mil.
Tullo Vigevani y Haroldo Ramanzini Júnior Debates 53
Mudanças internacionais e conseqüências para o Mercosul
Discutimos na seção anterior as questões relativas à dinâmica intra-regional. Para
compreender na sua complexidade a evolução do Mercosul e da posição brasi-
leira, é preciso considerar as grandes mudanças internacionais que impactaram
os Estados. O fim da Guerra Fria estimulou o debate a respeito da natureza das
relações internacionais, daquilo que pareceu no início da década de noventa o
mundo das “polaridades indefinidas” (Lafer e Fonseca Jr., 1994). Como vimos,
é nesse contexto que o governo brasileiro empenhou-se na criação e no forta-
lecimento do Mercosul. Num quadro de indefinição, o Brasil acreditou que a
integração seria um fator de proteção, seja numa perspectiva de evolução multila-
teralista do quadro mundial (Buzan, 2004; Kupchan, 2002) seja numa perspectiva
de fortalecimento da centralidade norte-americana (Wohlforth, 1999; Ikenber-
ry, 2001). Mesmo quando a idéia de aprofundamento da integração mostrava-se
difícil, durante e depois da crise dos anos 1999-2001, o quadro internacional
estimulou ações coordenadas, como foi no caso da conferência de Chefes de Es-
tado americanos em Mar del Plata, em 2005. A perspectiva brasileira, sobretudo
no governo Lula da Silva, foi a de agir no sistema internacional para estimular o
multilateralismo, de forma não antagônica aos Estados Unidos, mas considerando
seu possível debilitamento. Essa busca foi crescentemente vista como um objetivo
brasileiro. A evolução dos acontecimentos, a partir de 11 de setembro de 2001,
aos poucos foi consolidando no núcleo central do governo brasileiro que, ape-
sar da enorme assimetria de poder, particularmente militar, a favor dos Estados
Unidos, a tendência de longo prazo seria a de um seu desgaste produzido pelas
conseqüências da situação de over extension. Nesse contexto o governo brasileiro
mantém o interesse pela integração de baixa intensidade, buscando a diversifica-
ção das relações externas.
As dificuldades dos Estados Unidos, o fortalecimento da economia da Chi-
na e da Ásia em geral, aumentaram a crença de que o multilateralismo se
fortaleceria. Isso antes mesmo do aprofundamento das dificuldades no Ira-
que e no Afeganistão e da crise financeira de 2008. Por um lado, como foi
amplamente evidenciado por essa crise, houve uma redução da capacidade
econômica norte-americana; por outro, cresceu o significado de outros países
e regiões. Essa constatação vale para todos os países, inclusive para os da
América do Sul. Fator de grande impacto, cujas dimensões não eram previsí-
veis no início dos anos noventa, foi o extraordinário crescimento da China e
da Ásia (Goldstein, 2005).
Desde 1985, quando da aproximação Argentina-Brasil, ou desde 1991, com a
criação do Mercosul, a geografia política e econômica internacional modificou-se
profundamente. Waltz (2000: 30, 32) afirma que “a teoria nos permite dizer que
uma nova balança de poder será constituída, mas não nos diz quanto tempo esse
processo levará para concretizar-se. (...) O inevitável movimento da unipolaridade
para multipolaridade não está acontecendo na Europa mas na Ásia”. Essa evolução
do quadro internacional e as atitudes que prevaleceram no Estado brasileiro frente
a elas tem forte valor explicativo para a política de integração regional. As elites e
o governo buscam maximizar o que acreditam serem novas oportunidades, con-
vencidas da necessidade de agilidade de decisões. O fortalecimento de relações
54 Debates Autonomia e integração regional no contexto do Mercosul
globais com o conjunto das regiões, África, Oriente Médio, é um objetivo nacio-
nal, não necessariamente conjugado com a lógica regional.
Os problemas colocados para a integração não são apenas os relativos à eco-
nomia e à política externa. Referem-se à dificuldade de internalização da lógica
da integração, mesmo continuando intensa a perspectiva da cooperação. O Brasil
mostra interesse no desenvolvimento econômico dos países da América do Sul, es-
timulando sua estabilidade política democrática, como se viu no caso de Paraguai
e também no de Honduras. Na medida de sua relativamente pequena capacidade,
contribui economicamente para alguns projetos importantes. Essa política indica
uma perspectiva cooperativa, nem sempre idêntica à integração. Como a perspec-
tiva é nacional, as ações cooperativas misturam-se com os interesses internos, das
empresas e do Estado.
A reestruturação do poder mundial (Velasco e Cruz, 2007) nos anos dois mil,
com o desenvolvimento focado em países não centrais, como demonstram os pa-
peis de Índia, Rússia e África do Sul, além da China, bem como as mudanças na
distribuição do comércio exterior brasileiro, foram acontecimentos que contribuí-
ram para que a integração regional passasse a ter menor peso relativo nos projetos
de inserção externa das elites brasileiras e do Estado. Tanto na perspectiva liberal
quanto na nacional-desenvolvimentista, o Mercosul continua importante para a
política brasileira, mas o foco de interesses vem sendo reorientado e a ação em-
presarial e governamental passa a concentrar-se em outras direções. Segundo Gui-
marães (2006: 275) “é indispensável trabalhar de forma consistente e persistente
em favor da emergência de um sistema mundial multipolar no qual a América do
Sul venha a constituir um dos pólos e não ser apenas uma sub-região de qualquer
outro pólo econômico ou político”.
O crescimento da economia mundial a partir de 2001 –com destaque para o
papel da China e da Ásia–, a ênfase atribuída pelo Brasil às negociações na OMC
e a utilização da organização para fortalecer suas posições, e a alta do preço das
commodities desde 2003, todos esses fatores contribuíram para que setores empre-
sariais e grupos importantes do governo buscassem reorientar o foco de seus inte-
resses. O comportamento brasileiro frente à crise financeira e econômica de 2008
sugere que a ênfase na busca de um sistema mundial multipolar e do fim do unila-
teralismo se apóia na percepção de que a maximização de capacidades ocorre pela
participação em diversos foros, políticos e econômicos, regionais e multilaterais.
O dinamismo da atuação brasileira no G-20 financeiro e, ao mesmo tempo, as
dificuldades para a coordenação regional de políticas, evidenciam isso. O presiden-
te Lula da Silva, ao fim da Cúpula do G-20 financeiro sobre Economia Mundial e
Mercados Financeiros realizada em Washington em novembro de 2008, concluía:
O dado concreto é que, pela força política, pela representação dos países que foram inseridos no
G-20, eu penso que não tem mais nenhuma lógica tomar decisões sobre economia, sobre política,
sem levar em conta esse fórum de hoje (Gazeta Mercantil, 2008a).
Fica clara a expectativa do governo brasileiro frente às negociações globais.
Esse interesse não está em contradição com a continuidade das atenções em re-
lação ao Mercosul. Como estamos argumentando, o que se verifica é uma dimi-
Tullo Vigevani y Haroldo Ramanzini Júnior Debates 55
nuição do peso relativo do bloco regional para a política externa e econômica
do Brasil. Se a economia brasileira se fortalece num contexto internacional con-
turbado, essa condição aumenta o interesse dos vizinhos do bloco pelo Brasil.
Um cenário global, político e econômico, de maior equilíbrio, reduz em termos
relativos o papel do Mercosul e da América do Sul e Latina para o Brasil, mas
pode aumentar o interesse dos vizinhos pelo Brasil. Essa percepção é também im-
portante para compreender as motivações da política regional. O fortalecimento
do país teria conseqüências benéficas para a região. Mesmo admitindo-se certa
razoabilidade para esse argumento, sabemos que não substitui a necessidade da
construção da integração.
“Um cenário global, político e econômico, de maior
equilíbrio, reduz em termos relativos o papel do
Mercosul e da América do Sul e Latina para o Brasil, mas
pode aumentar o interesse dos vizinhos pelo Brasil.”
Mello (2000) argumenta que na década de noventa, o objetivo norte-america-
no de avançar um projeto de integração hemisférica resultou no fortalecimento do
compromisso brasileiro com o Mercosul. Esse compromisso, no entanto, não foi
suficiente para sustentar o aprofundamento da integração. Depois da Conferência
de Chefes de Estado e de Governo das Américas em Mar del Plata, em 2005, quan-
do houve coincidência na ação visando o adiamento sine die das negociações da
Área de Livre Comércio das Américas (ALCA), o Mercosul teve reduzido o seu sig-
nificado como instrumento de barganha em relação aos Estados Unidos. Isso pode
ser comprovado pelas dificuldades de coordenação de políticas nas negociações
da OMC, inclusive na importante reunião de Genebra de julho de 2008. Referin-
do-se a esse fato, o presidente Lula da Silva afirma que “não houve divergência
de conceitos”. Mas reconhece que muitas vezes, em momentos críticos, prevalece
nas decisões do governo o interesse nacional:
Veja, por mais que você trabalhe para um processo de integração, seja da União Européia ou da
América do Sul ou do mundo asiático, em alguns momentos você tem que considerar a situação do
seu Estado nacional. Não devemos ver, em nossas diferenças, situações de conflito mas situações
de diferença; diferenças econômicas e de potencial industrial (Clarín, 2008a).
Compreendidas as linhas gerais e as percepções que estruturam a política bra-
sileira de integração regional, é importante discutir o significado das relações com
a China; elas são econômica e comercialmente importantes para toda a região e
trazem conseqüências políticas. Segundo Vadell (2008), o peso daquele país nos
investimentos e no comércio da América do Sul tem modificado as expectativas
dos atores nacionais, o que pode ser constatado pelas mudanças do perfil do co-
mércio exterior e das relações econômicas internacionais do Brasil. Fenômeno
semelhante acontece com a Argentina e com os demais países. León-Manríquez
(2006) considera que todos eles criaram expectativas elevadas, e passaram a ver
56 Debates Autonomia e integração regional no contexto do Mercosul
na China uma alternativa importante para o desenvolvimento nacional. O tipo de
relações econômicas que vêm sendo praticadas também estimula uma certa per-
plexidade. Vadell lembra a necessidade de se estar atento ao risco de consolidação
de uma especialização da produção de tipo centro-periferia. Esses riscos podem
surgir tanto num quadro de crescimento da economia mundial, e chinesa em par-
ticular, como aconteceu até 2008, por sua enorme necessidade de adquirir com-
modities, quanto num quadro mundial recessivo, como o que se afigura a partir de
2008, com baixo crescimento na União Européia e nos Estados Unidos.
No caso de um quadro internacional recessivo, importantes setores empresa-
riais brasileiros, como as associações brasileiras das indústrias de Calçados (Abi-
calçados), do Mobiliário (Abimóvel) e do Vestuário (Sindivestuário), temem um
movimento asiático de busca de novos mercados para seus produtos em função da
desaceleração da economia e da queda da demanda nos países desenvolvidos (Ga-
zeta Mercantil, 2008b). Situação semelhante ocorre na Argentina, estimulando fe-
nômenos protecionistas, com potenciais desdobramentos para o próprio Mercosul.
Conseqüentemente, a recessão nos países centrais não atua como fator alimentador
do interesse pela integração, mas pode reproduzir movimentos pela busca de acor-
dos em separado com os paises externos à região. Vimos isso no caso dos acordos
de livre comércio de Chile, Peru, Colômbia com os Estados Unidos, o que pode
repetir-se em direção a outras regiões, União Européia e mesmo paises asiáticos.
Apesar dos riscos, as oportunidades oferecidas pelas relações com a China para
grupos empresariais ou sociais consolidam uma dinâmica não diretamente con-
vergente com integração regional, pois seus benefícios independem da comple-
mentaridade produtiva regional. Em alguns casos, os excedentes no intercâmbio
com a China, importantes para a Argentina, podem alimentar um fenômeno clas-
sificado como formas modernas de nacional-desenvolvimentismo (Godio, 2006).
No caso brasileiro, a balança comercial tem apresentado alternâncias, favoráveis
e desfavoráveis. Ao sustentar até aqui um crescimento que não se pode comparar
ao de outros países, a China estimula reorientações estratégicas, seja no setor de
tecnologia avançada (exemplo: Embraer, lançamento de satélites), seja no setor de
commodities (exemplo: Vale do Rio Doce).
Integração regional e as novas forças políticas na América do Sul
A expectativa gerada inicialmente pela emergência de forças políticas inovadoras e
com bandeiras integracionistas ou latino-americanistas, fez vislumbrar a possibili-
dade de uma nova fase nas tentativas de avanço do Mercosul e da América do Sul.
Em alguns países chegaram ao governo ou alcançaram significativo poder forças
que buscam representar o interesse de alguns grupos sociais e políticos que antes
não tinham ou tinham de forma limitada acesso ao Estado. Houve uma efetiva reva-
lorização do protagonismo do Estado, objetivando recuperar capacidades de gestão
no âmbito interno, especialmente na promoção de políticas sociais. Haveria, em
tese, algo que favorece a associação de objetivos, da qual nos fala Nardin (1987), se
considerarmos posturas ideológicas de parte de alguns dos governos da região.
As dificuldades próprias da integração, somadas aos diferentes níveis de com-
preensão de quais os caminhos para o desenvolvimento, causam problemas de
Tullo Vigevani y Haroldo Ramanzini Júnior Debates 57
difícil solução. Tendências recentes mostram que o caminho para a integração não
está livre de obstáculos, cuja origem principal remete tanto a questões internas
dos países, como, por exemplo, situações de instabilidade política e econômica,
quanto a modificações no sistema internacional, ou seja, as implicações do pro-
cesso de reestruturação dos eixos de poder e desenvolvimento. As políticas sociais
e distributivas dos governos, assim como ações parcialmente desenvolvimentistas
são fatores que não necessariamente coincidem com as necessidades estruturais
da integração regional, embora, a princípio, não sejam também fatores que a res-
trinjam. A emergência de forças políticas inovadoras não é elemento suficiente
para promover na região a integração e uma maior margem de independência.
Dificuldades e incapacidade para a superação da pobreza e do atraso, em alguns
países pode levar a formas de descontentamento e ao seu corolário: forças liberais
e conservadoras se aproveitariam da situação. Tampouco nesse caso integração e
maior independência se tornariam mais próximas.
No Brasil, a falta de consenso entre as elites em torno das vantagens da inte-
gração do Cone Sul e da América do Sul, bem como a existência de determinados
desafios domésticos de difícil resolução, no curto prazo limitam os esforços do
país no sentido de adensar as discussões referentes à integração regional. Há di-
vergência entre os atores domésticos a respeito da importância da integração para
a inserção internacional do país e sobre o grau de investimento que deveria ser
feito no processo.
Apesar da integração sul-americana ser um dos principais objetivos da política
exterior do governo Lula da Silva, é possível identificar dificuldades em modificar
ou adaptar parte das ações internacionais do país à dinâmica regional. Posturas
nacional-desenvolvimentistas podem ter um reflexo ambíguo para a integração
regional, na medida que enfatizam o grau de liberdade e de autonomia nacional
na formulação de políticas e buscam tornar o país um ator protagônico no sistema
internacional. Isso pode dar-se tanto na perspectiva de afirmação da autonomia
quanto na perspectiva de que a integração é um fator de fortalecimento da capaci-
dade de barganha internacional.
Em virtude de sua base social original, o governo Lula da Silva poderia repre-
sentar uma maior abertura para a integração. Os partidos que lhe dão sustenta-
ção, em particular o Partido dos Trabalhadores, tradicionalmente são favoráveis
a ela. Embora valorizado, o interesse brasileiro pelo Mercosul e pela integração
não foi suficiente para garantir o revigoramento do bloco nos anos dois mil. Se
os valores não foram suficientes, tampouco os interesses permitiram saltos para
frente. A Argentina foi o primeiro país que Lula da Silva visitou depois de eleito;
para ele, a idéia de fortalecimento do Mercosul e da aliança estratégica sempre
esteve presente.
Na primeira reunião de Lula da Silva com o então presidente da Argentina,
Eduardo Duhalde, em novembro de 2002, mencionou-se a necessidade de se reto-
mar o PICE (Programa de Integração Comercial e Econômica) assinado pelos pre-
sidentes Sarney e Alfonsín em 1986. Por diversas vezes, afirmou-se a importância
de uma política industrial e de financiamento comum. Com a eleição de Néstor
Kirchner, em 2003, embora com uma política e um discurso favoráveis ao Mer-
cosul e demonstrando compatibilidade ideológica com o governo Lula da Silva,
58 Debates Autonomia e integração regional no contexto do Mercosul
as medidas efetivamente tomadas por eles foram limitadas. Observam-se posições
comuns, em casos específicos, como na Cúpula de Chefes de Estado das Américas,
em Mar del Plata, em 2005, quando houve coincidência na ação visando o adia-
mento sine die das negociações da ALCA. De modo geral, no entanto, não houve
esforços mais amplos de coordenação e convergência. Dessa forma, parece ter-se
diluído o impulso inicial pelo desenvolvimento comum, embora subsista a busca
de possíveis vantagens econômicas proporcionadas pelo aprofundamento do in-
tercâmbio e pela atuação internacional conjunta em situações específicas.
“As necessidades da integração são maiores
que a capacidade do Brasil de oferecer as
contrapartidas exigidas pelos sócios”
Houve alguns esforços dos presidentes Néstor e Cristina Kirchner e de Lula da
Silva no sentido de favorecer investimentos de empresas estatais ou com financia-
mento do Banco Interamericano de Desenvolvimento (BID) e do Banco Nacional
de Desenvolvimento Econômico e Social (BNDES) que privilegiassem as cadeias
produtivas. Um passo foi a efetivação do acordo para a criação do Sistema de
Pagamentos em Moeda Local (SML), vigente a partir de outubro de 2008. No en-
tanto, a crise financeira internacional, ao desvalorizar de forma desigual o peso e o
real, colocou imediatamente dúvidas quanto à concretização desse sistema. Como
vimos, estimularam-se por várias razões as lógicas protecionistas frente a terceiros
países, particularmente frente à China. Esse movimento desbordou atingindo a
liberalização intra-bloco, não superada por meio de ações de planejamento vi-
sando fortalecer cadeias produtivas regionais. Há uma atitude cooperativa, mas
não sempre essa atitude se traduz em ações de integração, pelas dificuldades e
interesses existentes.
Como notou Lima (2006), é importante considerar que a chegada ao poder de
governos de esquerda na América do Sul não gerou alinhamentos automáticos, pois
esses governos tendem a ser mais sensíveis ao atendimento das demandas de suas
respectivas sociedades, independentemente do efeito que suas ações possam ter
para os processos de integração regional. Um exemplo emblemático nesse sentido
foi o da nacionalização dos hidrocarbonetos, na Bolívia, promovida por Evo Mora-
les em maio de 2006, e que afetou interesses da Petrobrás na Bolívia. Este episódio
constitui-se em caso exemplar, pois permite avaliar as possibilidades e os limites de
uma cooperação que tenha como pressupostos concepções de mundo e valores
com alguma semelhança. Os governos Evo Morales e Lula da Silva compartilham
alguns valores: crítica das desigualdades sociais, distância dos centros de poder
mundial e idéias genericamente socialistas. No caso da Bolívia, tal como nos anos
quarenta e cinqüenta ocorreu com o estanho, o gás é agora visto como valor a ser
preservado para garantir a emancipação das populações pobres e historicamente
marginalizadas. O mesmo ocorre no Paraguai onde, segundo Canese (2008: 25), a
política do Estado visa a “recuperação da soberania hidrelétrica nacional”.
Como foi apontado, a percepção genérica de que as afinidades abrem alguns
caminhos, e promovem a compreensão entre parceiros, não deve impedir que se
Tullo Vigevani y Haroldo Ramanzini Júnior Debates 59
reconheça o fato de que a política regional e exterior relaciona-se sobretudo com
aquilo que é considerado como interesses próprios. Isso vale para Estados, classes,
grupos econômicos. Se os interesses são inerentes ao Estado (Deutsch, 1978) e de
importância estrutural na integração regional, é ainda a teoria que mostra em que
condições eles podem coincidir com a ação integracionista. Não basta vontade
política, é necessária capacidade de produzir o fenômeno do spillover ou o desen-
cadeamento de interesses que confluam na integração; caso contrário, prevalece a
busca de soluções não cooperativas.
Considerações finais
Aspecto constante da política externa brasileira, num mundo que passa por trans-
formações significativas, tem sido buscar garantir uma coesão mínima no Merco-
sul. De modo que a integração regional contribua para a inserção internacional do
país, além de sua importância em si mesma. O que discutimos nesse texto é que
a importância dessa contribuição diminuiu. Pode ser dito o mesmo em relação
aos outros países, Argentina, Paraguai e Uruguai, cujas expectativas iniciais eram
maiores. Para o Brasil, a oferta de benefícios pontuais aos parceiros, ou melhor,
contrapartidas –vistas como insuficientes, e de forma geral considerados apenas
conseqüência do aumento das pressões recebidas ou de riscos– foi uma estratégia
importante que pautou o gerenciamento dessa coesão. Assim foi no caso da crise
de 2006 em relação ao gás da Bolívia, assim parece ser no caso da solicitação pa-
raguaia de renegociação dos acordos para Itaipú. De acordo com os empresários
e o governo brasileiro, parece que o país atingiu o seu limite ou está próximo dele.
As necessidades da integração são maiores que a capacidade do Brasil de oferecer
as contrapartidas exigidas pelos sócios (Mariano, 2007). Parece faltar ao país capa-
cidade de paymaster (Mattli, 1999).
Para o Brasil e para o Mercosul, conforme argumentamos, as dificuldades para
a afirmação da integração não estão vinculadas à vontade política, mas derivam
de mudanças profundas no sistema internacional. Mudanças que se referem à
estrutura econômica, aos fluxos de comércio, de investimentos, de tecnologia,
e ao poder político, militar e cultural. Na sociedade e no Estado brasileiro, os
interesses e as concepções de autonomia, de universalismo, a busca pelo fim do
unilateralismo e o fortalecimento do multilateralismo –objetivos estes que em al-
gumas fases se superpuseram e coincidiram com o projeto de integração regional,
particularmente na relação com a Argentina e com o Mercosul– nos anos dois mil
parecem encontrar dificuldades para se compatibilizarem. Não se trata de uma
analise da vontade do Estado e dos governos. Esses interesses e concepções estão
enraizados nas elites. A preocupação por investimentos que viabilizem cadeias
produtivas é pequena, ainda que exista. Não é a isso que estão dirigidas atenções
e recursos importantes. A estrutura do Estado não considera a integração. Por
exemplo, como discutimos na pesquisa feita sobre a participação de estados,
províncias, municípios, intendências na integração, reformas administrativas não
têm em conta o processo regional (CEDEC et al., 2007). Isso no tocante ao sistema
tributário, às diretrizes dos investimentos, etc. Esforços para adequar à integração
os sistemas educacional e sanitário nas áreas de fronteira, mesmo importantes,
60 Debates Autonomia e integração regional no contexto do Mercosul
são ações isoladas.
A emergência de governos considerados de esquerda, com bases de apoio mais
ou menos similares e com afinidades políticas genéricas, não impulsionaram os
processos de integração da região, particularmente do Mercosul. Os contencio-
sos, muitas vezes importantes, sucedem-se (gás da Bolívia, Itaipú, Botnia, Yacyretá,
Odebretch-Equador, restrições a acordos alcançados) e atingem o núcleo da inte-
gração. Quando nas sociedades desenvolvem-se interesses e posições contrários
à integração, eles se apresentam não sob a forma de propostas de políticas que
buscam expandir ou readaptar o processo, mas como resistências. Isso vale para a
Federação das Indústrias do Estado de São Paulo (FIESP), para a Unión Industrial Ar-
gentina (UIA), para o Plenario Intersindical de Trabajadores - Convención Nacional
de Trabajadores (PIT-CNT) do Uruguai, para os movimentos sociais do Paraguai. As
crises nacionais não propiciaram ajustes ao processo de integração, mas redunda-
ram em seu debilitamento e na redução do esforço de complementaridade.
Cabe afirmar que a debilidade dos grupos epistêmicos pró-integração, que no
caso brasileiro acentuou-se a partir de 1998, viabilizou o fortalecimento de outros
que, mesmo não sendo contrários a ela, no bojo de um sistema internacional
em transformação, passam a valorizar idéias, projetos e interesses, que nela não
confluíam, nem a fortaleciam. A percepção, que é verdadeira, de que na medida
em que se projeta maior aprofundamento do bloco haveria perda de soberania e
de autonomia de cada país na relação com o mundo, nunca desapareceu com-
pletamente e acabou sendo um componente importante da ação do Estado e da
sociedade. Isso vale para o Brasil, assim como para os demais países do Cone Sul.
Inversamente, a percepção de que a integração fortaleceria a própria posição do
país no mundo não prosperou. Conseqüentemente, rejeitou-se uma opção que as
elites consideravam que poderia limitar a movimentação internacional do Brasil e
que seria contrária ao universalismo. Vimos que os princípios brasileiros (autono-
mia e universalismo) e o papel que as elites atribuem à integração, confluem para a
manutenção de um processo de integração no Cone Sul, limitado ao nível de uma
união alfandegária, essencialmente intergovernamental, compatível com o alar-
gamento do bloco e com as aspirações do Brasil. A idéia de Mercosul, a partir de
1991, explica o crescimento do significado para o Brasil do tema América do Sul.
O alargamento geográfico da integração vincula-se à percepção que o país tem de
si próprio em relação ao mundo exterior. O governo brasileiro, desde 1993, vem
consolidando o conceito de América do Sul, antes secundário na formulação de
estratégias regionais. O argumento dos diplomatas e dos dirigentes do Estado era
de que o Mercosul seria o ponto de partida para a integração sul-americana. Isso
corresponde a várias concepções, uma das quais é a de buscar alternativas frente
às dificuldades da própria integração no Cone Sul. Paralelamente, para outros pa-
íses, inclusive para a Argentina, o alargamento do Mercosul e a idéia de América
do Sul se ajusta à concepção da necessidade de maior equilíbrio regional.
As mudanças qualitativas e quantitativas do sistema internacional e a percep-
ção dos atores domésticos brasileiros desse movimento influíram na relativização
do papel da integração, tal como havia sido formulado de 1985 a 1998. Os con-
ceitos formadores do padrão de comportamento externo brasileiro, universalismo
e autonomia, a busca, que se acentuou no governo Lula da Silva, de enfraquecer
Tullo Vigevani y Haroldo Ramanzini Júnior Debates 61
o unilateralismo no sistema internacional e as possibilidades oferecidas pelo cres-
cente peso de alguns países que se constituem em pólos relevantes, acabaram, ao
mesmo tempo, relativizando o papel da integração como uma plataforma para que
o Brasil atingisse seus objetivos universalistas. Na percepção brasileira, eviden-
ciada em foros internacionais como a ONU, a OMC, o G-20 comercial, o G-20
financeiro, a capacidade nacional é considerada mais decisiva e apta a produzir
resultados debilitadores do unilateralismo.
Nossa análise não nega a importância do Mercosul e da integração regional na
América do Sul e Latina para a construção de condições para uma maior margem
de independência de nossos países no sistema internacional que está sendo refor-
matado no século XXI. Ao contrário, nossa analise indica que o Mercosul poderia
ser um importante instrumento para isso. Nossa analise aponta objetivamente as
dificuldades existentes, sobretudo as causas delas. No contexto fortemente positi-
vo da emergência de populações historicamente deixadas à margem, a integração
pode ser a chave para definir o rumo a ser tomado pela região. Não o tem sido.
Pode ser a base para projetar e consolidar um modelo de desenvolvimento menos
vulnerável, para a modernização, para o exercício pleno dos direitos de parte de
todos, apto a garantir maior peso internacional para a região, para o Cone Sul e
para a América do Sul e Latina. A década de noventa e os primeiros dez anos do
século XXI não serviram para consolidar essa perspectiva.
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La fundación de la
Segunda República
Raúl Prada Alcoreza
Epistemólogo y ex integrante de la Asamblea
Constituyente. Docente e investigador
de la Universidad Mayor de San Andrés
(UMSA). Miembro de Comuna y del Círculo
Epistemológico.
Resumen Abstract
La Asamblea Constituyente, sostiene According to the author, the
el autor, fundó en Bolivia una Segunda Constitutional Convention in Bolivia gave
República caracterizada por un profundo rise to the Second Republic, which carried
proceso de descolonización y de ruptura out a profound decolonisation process
con el neoliberalismo así como por el of rupture with neoliberalism, as well as
nacimiento de un Estado plurinacional, the birth of a plurinational grassroots-
comunitario y basado en las autonomías. oriented state built on autonomies.
Palabras clave
Movilizaciones sociales, movimientos sociales, descolonización, Asamblea
Constituyente, autonomía, comunitarismo, Estado plurinacional
Key Words
Social mobilisation, social movements, decolonisation, Constitutional Convention,
autonomy, grassroots, plurinational state
Cómo citar este artículo
Prada Alcoreza, Raúl 2010 “La fundación de la Segunda República” en OSAL (Buenos
Aires: CLACSO) Año XI, Nº 27, abril.
Después de haber abierto el nuevo horizonte histórico-político con el ciclo de los
movimientos sociales que se desataron con la primera guerra del agua (abril de
2005) y culminaron con la segunda guerra del gas (mayo y junio del 2005), nos
tocó vivir la primera gestión del primer gobierno indígena, en plena transición,
mientras cumplíamos con el proceso de la nacionalización de los hidrocarburos
y la convocatoria de la Asamblea Constituyente, abriendo el curso al proceso
constituyente que culminó con la escritura del nuevo texto constitucional y su
68 Análisis de casos La fundación de la Segunda República
aprobación triple, en el Liceo Militar, donde aquella se refugió para seguir sesio-
nando, en Oruro, donde se aprobó la Constitución en detalle y en el Congreso,
donde se hicieron 144 modificaciones a 122 artículos, pasando por el diálogo
de Cochabamba, donde se reescribió el título correspondiente a la Organización
Territorial del Estado.
Después de lograr la Ley del Referéndum Constituyente, mediante una fabulosa
movilización social, convocada por las organizaciones sociales, quienes vuelven a
salir en un momento de emergencia para salvar el proceso constituyente, el pueblo
aprueba su Constitución. Con esto se abre una nueva historia, dejando atrás la
anterior, caracterizada por el proceso de colonización y el desarrollo de la colo-
nialidad, en sus diferentes etapas y en sus distintas formas, atravesando los tiempos
de la Colonia y los periodos de la República, pasando por cuatro procesos de mo-
dernización que culminaron en un fracaso: las reformas borbónicas (fines del siglo
XVIII), las reformas liberales (1900), después de la Guerra Federal, la Revolución
Nacional de 1952 y el ajuste estructural neoliberal (1985-2000).
Los movimientos sociales desatados en el 2000 y que duran hasta el 2005
ponen en evidencia la crisis múltiple del Estado: crisis del Estado colonial, crisis
del Estado liberal y su modalidad de gobiernos neoliberales, crisis del Estado
moderno y crisis del la versión capitalista en un país periférico. El hundimien-
to del segundo gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada en Octubre
del 2003 implicaba también el derrumbe catastrófico del colonialismo, del libe-
ralismo, de la modernidad y del capitalismo. En este contexto se entiende que
las tareas de la Asamblea Constituyente eran fundacionales: fundar una Segunda
República, establecer como mandato la tarea de la descolonización, lo que sig-
nifica partir del reconocimiento de la preexistencia a la Colonia de las naciones
y pueblos indígenas originarios campesinos, el derecho a la libre determinación,
a su autogobierno, a sus instituciones propias, a sus normas y procedimientos
propios, a la gestión territorial, a la gestión ambiental, al beneficio exclusivo en la
explotación de los recursos naturales renovables, a la consulta, en lo que respecta
a la explotación de los recursos naturales no renovables, a la lengua, a la cultura
y a la cosmovisión propias.
Este es el comienzo, este es el punto de partida, esta es la base de la desco-
lonización. Los primeros artículos de la Constitución trazan esta ruta crítica. En
este sentido, la configuración del nuevo Estado debía desarrollarse sobre la base
de nuevas condiciones de posibilidades históricas y políticas. Estas condiciones
de posibilidad son otras que las del Estado-nación. Estas nuevas condiciones
históricas políticas expresan la muerte del Estado-nación y el nacimiento del
Estado plurinacional.
En cierto sentido se puede decir que la Constitución Política del Estado es la
construcción dramática del pacto social. Primero, la mayoría tuvo que construir un
consenso. Eso lo hizo entre las organizaciones sociales más representativas de los
movimientos sociales, cuando se discutió en el Pacto por la Unidad la propuesta
de los movimientos sociales a la Asamblea Constituyente. En este documento ya se
encontraba el diseño del Estado Plurinacional Social Comunitario. El documento
del Pacto por la Unidad se desglosó en otro documento articulado que venía como
propuesta constitucional, en forma de discurso legislativo. Este fue el documento
Raúl Prada Alcoreza Análisis de casos 69
de referencia principal de las Comisiones de la Asamblea Constituyente encar-
gadas de definir la estructura de Estado y desarrollar los informes de mayoría y
minoría, que eran la base de lo que va ser el texto constitucional.
“Hablamos de un Estado plurinacional,
comunitario y autonómico en lo que respecta
a las nuevas modalidades del Estado.”
Podemos decir que la parte declarativa de la Constitución, la que tiene que
ver con la definición ideológica política, con la visión de país, con el modelo de
Estado, los derechos, los deberes y las garantías, es la parte que más ha conservado
la propuesta de los movimientos sociales. Precisamente en esta parte se encuen-
tra lo que se ha llamado el espíritu constituyente, es decir, la voluntad del poder
constituyente.
Entonces, de la lectura de esta parte se tiene que interpretar todo el texto cons-
titucional.
Esto significa que la nueva relación entre Estado y sociedad se desarrolla en el
marco de la nueva forma y composición del Estado y de la emergencia participa-
tiva de la sociedad.
Hablamos de un Estado plurinacional, comunitario y autonómico, en lo que
respecta a las nuevas modalidades del Estado. Estos son los ejes vertebrales de la
nueva organización y del nuevo mapa institucional. El pluralismo de las naciones
y de los pueblos se asienta en la reconstitución de lo comunitario, forma insti-
tucional plural ancestral que conlleva otros proyectos culturales y civilizatorios,
articulados en las redes sociales colectivas, en las formas de cohesión de las co-
munidades, en sus estrategias simbólicas y de prestigio, en sus mandos rotativos,
en sus territorializaciones y reterritorializaciones dinámicas, móviles, sin fronteras,
que articulan en forma de archipiélagos distintos nichos ecológicos.
Lo plurinacional no podría entenderse sin la deconstrucción y la decodifica-
ción descolonizadora; tampoco podría entenderse sin este núcleo reconstitutivo
de las formas comunitarias, que, desde mi perspectiva, recupera el proyecto co-
munista, enriquecido por la resistencia y la alteridad a la modernidad de otros
sistemas civilizatorios.
El Estado plurinacional se asienta también en una concepción pluralista, el
pluralismo jurídico, político, cultural, económico y social. Desde la perspectiva
organizacional, esto se abre al pluralismo institucional, rompiendo con las for-
mas homogeneizantes de la institucionalidad moderna. El pluralismo institucional
nos conduce al pluralismo administrativo, al pluralismo normativo y al pluralismo
de las gestiones. Esto implica abrirse a un Estado complejo que articula diversas
modalidades institucionales y de gestión. Concretamente podemos hablar de una
gestión pública cíclica, dinámica y flexible, de una gestión comunitaria y de una
gestión cultural.
Por otra parte el Estado plurinacional se abre a una radial forma de descen-
tralización administrativa política, en su forma de pluralismo autonómico. Este
descentramiento, esta descentralización, esta desconcentración, implica la plena
70 Análisis de casos La fundación de la Segunda República
incorporación de los gobiernos y de las Asambleas Legislativas a la forma de Esta-
do. Lo que significa atender a los modos de armonización y coordinación de los
distintos niveles territoriales. Puede verse entonces la magnitud de la complejidad
y riqueza del nuevo Estado Plurinacional Comunitario y autonómico. En una se-
cuencia intensa y llena de tensiones se sigue construyendo dramáticamente el
pacto social, se acuerda con las minorías de izquierda, se acuerda con las minorías
de centro derecha, descartando el arreglo con las posiciones más recalcitrantes,
opuestas al proceso constituyente. Sin embargo, se continúa la construcción dra-
mática del pacto en el diálogo de Cochabamba con las prefecturas, los prefectos y
sus técnicos, reescribiendo la parte correspondiente a las autonomías, sobre todo
la relativa al entramado de las competencias. Así de este modo, en esta secuencia,
se continúa la construcción del pacto con el acuerdo llegado en el Congreso,
realizando modificaciones en la Constitución y convocando por medio de ley al
referéndum constituyente.
“Por lo tanto, estamos lejos de repetir un
modelo desarrollista, basado en el supuesto
de la revolución industrial.”
En la estructura de la Constitución Política del Estado, podemos identificar tres
modelos que ella contiene: un modelo de Estado, un modelo territorial, pero tam-
bién un modelo económico. El modelo económico es de suma importancia, pues
es este modelo el que hace sostenible el modelo de Estado y el modelo territorial.
¿Qué clase de modelo es este? La lectura completa de la Organización Económica
del Estado nos muestra tres fases: la definición de una economía plural, pues, de
acuerdo a la esclarecimiento que da la misma Constitución, en los primeros ar-
tículos de esta parte de la misma se trata de una economía social y comunitaria;
la decisión por la intervención estatal, por una economía regulada, por el papel
fundamental del Estado en la articulación de las distintas formas de organización
económica, en la industrialización de los recursos naturales, en el paso a un mo-
delo productivo y en el potenciamiento de la economía social y comunitaria; y
la apertura a una concepción ecológica del modelo económico, al introducir las
condicionantes de la tierra, el territorio, la biodiversidad, el medio ambiente, los
recursos naturales, el agua, la energía, los recursos forestales y concebir todo esto,
en articulación con la economía social comunitaria, como desarrollo sostenible.
Por lo tanto, estamos lejos de repetir un modelo desarrollista, basado en el supues-
to de la revolución industrial, paradigma correspondiente al siglo XIX, al ciclo
del capitalismo inglés, y a la imitación desarrollista para la periferia del mundo
capitalista desplegada durante la década de los cincuenta y sesenta del siglo XX y
por la escuela de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Se trata de un modelo económico que no sugiere seguir la huella de los países lla-
mados desarrollados, sino dar un salto; este salto es más bien la revolución tecno-
lógica, en combinación con la recuperación de tecnologías y saberes ancestrales,
situándose en un ámbito de actividades y acciones en armonía con la naturaleza.
Este es el sentido más pleno del vivir bien, del suma qamaña, del suma kausay, del
Raúl Prada Alcoreza Análisis de casos 71
ñandereko, del ivimarei. En este sentido, podemos hablar también de los derechos
de la naturaleza, además de los derechos fundamentales, de los derechos indivi-
duales, de los derechos sociales, de los derechos colectivos. La consideración de
los recursos naturales como estratégicos, destinados al vivir bien, condiciona la
explotación y la industrialización de los recursos naturales a la armonía con la
naturaleza, al equilibrio ecológico y a la armonía con las comunidades y las so-
ciedades. El horizonte de la economía social comunitaria sitúa a la organización
económica del Estado como una alternativa al desarrollo, una alternativa a la mo-
dernidad y una alternativa al capitalismo.
Después de la contundente victoria electoral de diciembre del 2009, por el
64 por ciento del electorado, logrando de esta forma el control de la Asamblea
Legislativa Plurinacional, el famoso control de los dos tercios, de las dos cámaras,
la responsabilidad de la aplicación de la Constitución Política del Estado es úni-
camente del Movimiento al Socialismo (MAS). El desafío que se viene adelante es
más grande que los desafíos anteriores: quebrar el dominio de la burguesía inter-
mediaria y de la clase política (2000-2005), sostener el primer gobierno indígena
(2005-2009), nacionalizar los hidrocarburos (2006), sostener la Asamblea Consti-
tuyente en plena guerra contra ella (2006-2008), aprobar la Constitución Política
del Estado (2008).
El desafío ahora es fundar la Segunda República, construir el Estado plurina-
cional, comunitario y autonómico, desplegar las transformaciones institucionales;
en otras palabras, realizar el modelo de Estado, el modelo territorial y el modelo
económico.
Este desafío solo puede ser respondido efectuando actos fundacionales; la ta-
rea de la Asamblea Legislativa plurinacional, apoyada por la participación social,
como lo establece la Constitución, es desarrollar leyes fundacionales. Seis son de
las primeras de estas leyes. Las cinco primeras se encuentran nombradas en la
Constitución: ley marco de autonomías, ley del órgano ejecutivo, ley del órgano
legislativo, régimen electoral y tribunal constitucional. La sexta tiene que ver con
la ley de gestión pública, que establece la nueva relación del Estado y la sociedad
en el marco del pluralismo institucional y en el contexto de la participación y el
control social, es decir, de la democracia participativa. En esta fundación de la
Segunda República, el gobierno central, la Asamblea Legislativa Plurinacional, los
gobiernos autonómicos, las Asambleas Legislativas autonómicas, en el contexto de
la participación social, tienen como responsabilidad conformar un nuevo mapa
institucional, nuevos dispositivos y nuevos agenciamientos, es decir, nuevas prác-
ticas, en el desarrollo y realización de una nueva forma de hacer política, en una
nueva forma de gobernar obedeciendo, en una nueva forma de legislar, apoyán-
dose en la participación social.
La gran responsabilidad de todos es interpretar, analizar y ser consecuentes con
la Constitución Política del Estado, aprobada por el pueblo boliviano. Esto implica
ser vigilantes y evitar un gran peligro, desconstitucionalizar el texto constitucional.
En otras palabras, evitar la restauración del viejo Estado, de sus estructuras e institu-
ciones, evitar hacer leyes parecidas a las anteriores, dejando en la vitrina la Consti-
tución, evitar el camino del desarrollismo y del industrialismo, inventando nuevas
rutas alternativas y alterativas, dando saltos, como los de la revolución tecnológica,
72 Análisis de casos La fundación de la Segunda República
articulada a la recuperación de saberes y técnicas ancestrales, armonizando con
lo que podemos llamar los derechos de la naturaleza. El gran desafío es lograr una
descolonización efectiva y no retórica; también plasmar la condición plurinacio-
nal de manera efectiva y no retórica. Lo mismo podemos decir en lo que respecta
a la reconstitución de lo comunitario y la realización efectiva de las autonomías;
entre estas es imprescindible la realización efectiva de las autonomías indígenas,
debido al carácter plurinacional y el proceso de descolonización iniciado.
En esta perspectiva, entre los desafíos tenemos el traspaso efectivo del poder
al pueblo, convirtiendo al Estado en un instrumento de la sociedad, desburocrati-
zando radicalmente la gestión pública. Esto también significa concebir una nue-
va forma de gestión pública, que deje de ser meramente normativa, regulativa y
controlista, que más bien se encamine a ser una gestión productiva y producente,
productiva, por creadora de excedente, producente por constitutiva de nuevos su-
jetos sociales.
Dicho de otra manera, la gestión ahora es cambio, pero, además, se realiza
en códigos interculturales. Lo que equivale a desplegar instrumentos de la gestión
pública de manera integral y participativa, como la planificación integral y partici-
pativa y el presupuesto integral y participativo, como establece la Constitución. El
conjunto de estos actos fundacionales equivale también a efectuar una revolución
cultural, que implica una revolución de las conductas y de los comportamientos,
acabando con las viejas prácticas prebendales, clientelares y de cuoteo. Como se
puede ver, la tarea es inmensa, empero es este el camino que debemos emprender,
la ruta de la transformación efectiva, no el de la retórica. La transformación no es
solamente simbólica, es real e imaginaria, es subjetiva e institucional, es alterativa
y alternativa.
Teniendo en cuenta este proceso revolucionario y esta revolución en proceso,
quizás la tarea más fuerte es construir la alternativa al capitalismo, modo de pro-
ducción de la explotación de la fuerza de trabajo y de la geopolítica de la acumu-
lación del centro del sistema mundo y de la desacumulación de la periferia, modo
de producción del circuito perverso de la dependencia, ahora de la deuda infinita
y de la especulación financiera. Modo de producción de la permanente crisis y
de los ciclos del capitalismo, como formas de salir de la crisis, aunque sea por
el método del desplazamiento. Ahora bien, esta tarea no nos compete sólo a los
bolivianos, sino que incumbe igualmente a los procesos de integración continental
y mundial, a la mundialización de los movimientos sociales antisistémicos y a la
construcción de una superación de la economía-mundo capitalista. Empero, esta
tarea nos compete a los bolivianos asumirla como parte del proceso de integración
y de mundialización de los movimientos antisistémicos, retomar la lucha anticapi-
talista y su superación en la construcción del modelo económico.
Participación ampliada
y reforma del Estado
Mecanismos constitucionales
de democracia participativa en
Bolivia, Ecuador y Venezuela
Fidel Pérez Flores,
Clayton Mendonça Cunha Filho
y André Luiz Coelho
Investigadores del Observatorio Político
Sudamericano, Instituto Universitario de
Investigaciones de Río de Janeiro.
Resumen Abstract
A raíz de las reformas constitucionales Following the constitutional reforms
en Bolivia, Ecuador y Venezuela, el in Bolivia, Ecuador and Venezuela, this
artículo presenta una comparación del paper reviews each Magna Carta in
modo en que las diversas cartas magnas terms of how civil society participation
de cada país conciben la participación in decision making is conceived in the
de la sociedad civil en la toma de corresponding nations. Particularly, it
decisiones de sus respectivos Estados. En focuses on expanded representation
particular, se refiere a los mecanismos de mechanisms, repeal of laws and
representación ampliada, la revocación termination of terms of office, foreign
de mandatos y leyes, la política exterior, policy, accountability and popular
los mecanismos populares de control control frameworks, law drafts, co-
y rendición de cuentas, las iniciativas management systems, and indigenous
de ley, los mecanismos de cogestión people’s autonomy. To finish, social
y la autonomía indígena. Por último society involvement in public affairs
se hace un rastreo de cómo ha sido la after constitutional reform is explored.
intervención de la sociedad civil en los
asuntos públicos luego de la reforma
constitucional.
Palabras clave
Participación ampliada, reforma del Estado, democracia participativa, Constitución
Política del Estado de Bolivia, Constitución de la República Bolivariana de Venezuela,
Constitución de la República del Ecuador
74 Análisis de casos Participación ampliada y reforma del Estado
Keywords
Expanded participation, state reform, participatory democracy, Political Constitution of
Bolivia, Political Constitution of the Bolivarian Republic of Venezuela, Constitution of
the Republic of Ecuador
Cómo citar este artículo
Coelho, André Luiz; Mendonça Cunha Filho, Clayton y Pérez Flores, Fidel 2010
“Participación ampliada y reforma del Estado: mecanismos constitucionales de
democracia participativa en Bolivia, Ecuador y Venezuela” en OSAL (Buenos Aires:
CLACSO) Año XI, Nº 27, abril.
Introducción
El presente trabajo pretende analizar en perspectiva comparada y a partir de sus
nuevas Constituciones los procesos de transformación vigentes en Venezuela,
Ecuador y Bolivia y sus implicaciones para la construcción de un nuevo modelo
de Estado democrático. Esos tres casos han sido señalados como los más radicales
procesos de transición política en la historia reciente de América Latina y tienen en
común el hecho de haber pasado por una amplia renovación institucional que, en
mayor o menor medida, cuestiona el modelo clásico de democracia representativa
mediante la adopción de nuevas Constituciones. Algunos observadores, inclusive,
han llamado a estas experiencias “revoluciones de papel” (Partlow, 2009), ya que
se basan fundamentalmente en el cambio de sus estructuras jurídico-políticas.
Estos tres países enfrentaron recientemente, en un contexto de crisis económica,
situaciones de inestabilidad política que llevaron al colapso de sus sistemas de par-
tidos, a la destitución de presidentes y al surgimiento de movimientos contestatarios
(ver Coutinho, 2006: 795-832; Hellinger, 2003: 27-54; Mainwaring, 2006: 13-27;
Pachano, 2006: 15-30; Peña y Lillo, 2009). Todos esos fueron ingredientes de una
crisis de representación que para importantes actores políticos tenía que resolverse
mediante un proceso de refundación del Estado y sus instituciones que garantizara
mayor control y participación popular. El proceso de imposición de reformas de
mercado características de la década del noventa era visto por esos actores como
un movimiento doblemente pernicioso: en el ámbito económico, las reformas en sí
no consideraban los intereses de las clases subalternas e impactaron negativamente
al agravar sus ya precarias condiciones de vida; en el terreno político, se desgastó la
institucionalidad democrática a medida que creció el enojo en relación con un pro-
ceso decisorio que tendía a excluir a los sectores que más perdían con las reformas.
Fue en ese contexto político y dando voz a esas demandas que Hugo Chávez, Evo
Morales y Rafael Correa fueron electos, respectivamente, en 1998, 2005 y 2006.
Autores que, como Enrique Dussel (2007), se han dedicado a estudiar la pro-
blemática de la dialéctica entre el poder popular originario (potentia) y el poder
constituido a través de instituciones (potestas), han resaltado el carácter necesaria-
mente transitorio de toda institución. Conformadas como canales de mediación
necesarios a la práctica democrática en grandes comunidades, todas las institu-
ciones sufrirían, con el tiempo, procesos entrópicos que las llevarían a perder efi-
ciencia en esa traducción entre voluntad popular y ejecución política efectiva.
Una tarea esencial de la política sería, para Dussel, por un lado saber reconocer el
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 75
momento de transformar las instituciones dadas y por otro intentar hacer que esa
transformación esté siempre orientada a volverlas más permeables a la participa-
ción directa y al control por parte de la potentia, en una aproximación progresiva
a la utopía de la democracia directa.
A primera vista, los procesos desencadenados en los tres países andinos, con
sus nuevas constituciones, parecen caminar en ese sentido. Pero ¿hasta qué punto
las potencialidades contenidas en esas nuevas institucionalidades se han concre-
tizado en la práctica? Aunque es verdad que los procesos que aquí nos ocupan se
orientan por la necesidad de construir instituciones que amplíen la participación
y el protagonismo de sectores sociales fuera del ámbito de la política profesional,
es pertinente un análisis que evalúe el tipo de participación política sugerida por
esas nuevas instituciones en contraste con las prácticas concretas que hoy pueden
ser sometidas a evaluación.
En ese sentido, Armando Chaguaceda (2008: 11-42) llama la atención sobre la
posibilidad de que la dinámica de la participación termine por encuadrarse en lo
que él llama colaboración pragmática. En ese marco, es el aparato del Estado el prin-
cipal patrocinador de las formas organizativas de los ciudadanos a medida que tiene
el papel social y político más relevante. La participación es conducida por las auto-
ridades estatales, que acaban volviéndose el centro de todo el proceso participativo.
Así, a la sociedad civil sólo le queda el papel más limitado de identificar necesidades
para que sean atendidas por la esfera gubernamental en subordinación a objetivos
trazados por la dirección estatal. Existen, por lo tanto, distintas formas en que la
participación de la sociedad organizada se lleva a la práctica. Participación, en el
modelo tradicional del socialismo de Estado, equivale a movilización, y el sujeto de
dicha participación son las masas, destinadas a cumplir un papel pasivo en la im-
plementación de políticas diseñadas en el gobierno. Otro modelo, que Chaguaceda
identifica como modelo ciudadano, define sus actores como participantes activos,
abre espacios para la cogestión de los asuntos públicos con la institucionalidad esta-
tal y la sociedad civil participaría de forma corresponsable y no subordinada.
Con el objetivo de analizar los textos constitucionales propiamente dichos,
en la sección siguiente identificamos en las Constituciones de los tres países los
mecanismos de participación concedidos a los ciudadanos y que estarían, teóri-
camente, aproximando tales Estados a un modelo de democracia más directa. En
seguida, hacemos una tipología de esos mecanismos constitucionales en función
del aumento gradual en la intensidad de la participación y en la complejidad de su
implementación efectiva. Por último, intentamos propiciar una discusión sobre los
alcances, límites y contradicciones que estas experiencias aún recientes represen-
tan como vías para mejorar la calidad de la democracia en la región, así como para
discutir posibles caminos para futuras investigaciones en este campo.
Los poderes constitucionales y la participación ampliada
Para efectos del análisis, dividimos en ocho dimensiones distintas los mecanismos
que amplían la capacidad de los ciudadanos para intervenir en el proceso deci-
sorio antes reservado a los organismos tradicionales de representación, conforme
está expuesto en el siguiente cuadro:
76 Análisis de casos Participación ampliada y reforma del Estado
Cuadro 1
Mecanismos de
Bolivia Ecuador Venezuela
participación
Mecanismos de Cortes Superiores del Representación paritaria Los consejos comunales
representación Poder Judicial electas por de hombres y mujeres en nombran representantes
ampliada sufragio directo (Artículos cargos públicos, partidos para integrar el Comité de
182, 183, 188, 194 y 197). y movimientos (Artículo Selección de Jueces (Có-
Posibilidad de elegir par- 65). digo de Ética del juez y la
lamentarios indígenas y jueza venezolanos).
autoridades de los territo- Tres diputados especiales
rios autónomos por medio indígenas (Artículo 186).
de usos y costumbres
(Artículo 11).
Cupo mínimo de diputados
indígenas en la Asamblea
(Artículo 146) - Reglamen-
tado por la Ley Electoral
Transitoria de 2009.
Revocación de Todos los cargos de elec- Todos los cargos de elec- Todos los cargos de elec-
mandatos ción son revocables ción son revocables ción son revocables
(Artículo 240) (Artículo 105) (Artículo 72).
Revocación/ Cualquier enmienda a la Los ciudadanos pueden Los ciudadanos pueden
ratificación de Constitución debe some- convocar a referéndum convocar a referéndum
leyes terse a referéndum para revocar leyes y para revocar leyes y
(Artículo 411). decretos presidenciales decretos presidenciales
(Artículos 103 y 104). (Artículos 73 y 74).
Cualquier modificación Cualquier modificación
constitucional debe some- constitucional debe some-
terse a referéndum terse a referéndum
(Artículos 441 y 443). (Artículos 341 y 344).
Política Los ciudadanos pueden Los ciudadanos pueden Los ciudadanos pueden
Exterior convocar a referéndum convocar un referéndum convocar un referéndum
para aprobar tratados y para aprobar tratados y para aprobar o rechazar
convenios internacionales convenios internacionales tratados y convenios inter-
(Artículo 259). (Artículo 420). nacionales (Artículo 73).
Para tratados sobre
cuestiones limítrofes,
integración monetaria,
integración económica
estructural y cesión de
competencia a órganos
supranacionales el refe-
réndum es obligatorio
(Artículo 257).
Mecanismos Ejercido por mediación de Ejercido por mediación del Ejercido por mediación del
populares la Función de Control, De- Poder Función de Trans- Poder Ciudadano (Minis-
de control y fensa de la Sociedad y del parencia y Control Social terio Público, Defensoría
rendición de Estado (Ministerio Público, (Consejo de Participación del Pueblo y Contraloría
cuentas Defensoría del Pueblo y Ciudadana y Control So- General de la República)
Contraloría General de la cial, Defensoría del Pue- (Artículos 273 a 291).
República) (Artículos 213 blo, Contraloría General La sociedad organizada
a 231). del Estado) (Artículos 204 propone candidatos para
La sociedad civil organiza- y 205). dirigir el Poder Ciudadano;
da participa en la fiscaliza- Los ciudadanos y organi- la Asamblea Nacional hace
ción y denuncia de posi- zaciones sociales selec- el nombramiento (Artículo
bles casos de revocación y cionan a los miembros del 279).
controla la gestión pública Consejo de Participación Miembros del poder ciu-
en todos los niveles es- Ciudadana y Control So- dadano son designados
tatales y de cualquier cial para fiscalización a por consulta popular
empresa que use recursos todos los niveles de go- sólo cuando hay mayoría
públicos (Artículos 241 bierno (Artículos 207, 209 suficiente en la Asamblea
y 242). y 210). Nacional (Artículo 279).
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 77
Mecanismos de
Bolivia Ecuador Venezuela
participación
Iniciativa de Los ciudadanos pueden Los ciudadanos pueden Los ciudadanos pueden
ley proponer legislación, proponer legislación, modi- proponer legislación,
modificaciones constitu- ficaciones constitucionales modificaciones constitu-
cionales y convocar una y convocar una Asamblea cionales y convocar una
Asamblea Constituyente Constituyente (Artículos Asamblea Constituyente
(Artículos 162 y 411). 103, 104, 135 y 444). (Artículos 204, 341, 342
Los ecuatorianos en el y 348).
exterior tienen las mismas
prerrogativas (Artículo 102).
Mecanismos de La sociedad civil organiza- Participación ciudadana en Las organizaciones comu-
cogestión da participa en el diseño todos los niveles de go- nitarias participan en la
de políticas públicas y bierno (Artículos 85 y 95). ejecución, control y pla-
de gestión, pero la regla- Garantías de participación neación de obras, progra-
mentación específica aún a representantes de la so- mas sociales y suministro
no existe (Artículos 241 ciedad civil en discusiones de servicios públicos
y 242). y deliberaciones de los (Artículos 70 y 184).
gobiernos subnacionales Los trabajadores participan
(Artículo 101). en la gestión de empresas
Los ciudadanos participan públicas (Artículo 184).
en el Consejo Nacional de La Ley de 2006 sobre
Planeación, responsable por consejos comunales regla-
el Plan Nacional de Desarro- menta los mecanismos de
llo (Artículos 279 y 280). participación comunitaria.
Autonomía Los territorios indígenas Los indígenas pueden Se reconoce la existencia
indígena autónomos son instancias constituir circunscripcio- de una organización so-
subnacionales de gobier- nes territoriales donde cial, política y económica
no, en los cuales se aplica se apliquen mecanismos propias a las comunidades
la justicia indígena y usos judiciales propios (Artícu- indígenas (Artículo 119).
y costumbres para la se- los 60 y 171). Las autoridades indígenas
lección de los gobernantes Se reconoce y garantiza a pueden aplicar instancias
(Artículos 289 a 296). las comunas, comunida- judiciales propias de su
Las leyes que afecten a los des, pueblos y nacionalida- cultura (Artículo 260).
indígenas en su territorio des indígenas el derecho
y los recursos naturales en de propiedad de tierras
los mismos deben pasar comunitarias, indivisibles y
por un referéndum apro- exentas de pagar impues-
batorio en los territorios tos (Artículo 57).
en cuestión (Artículo 130). Las leyes que afecten a los
indígenas en su territorio
y los recursos naturales en
los mismos deben pasar
por un referéndum apro-
batorio en los territorios
en cuestión (Artículo 57).
Fuentes: Elaboración propia a partir de la Constitución Política del Estado de Bolivia, la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela y la Constitución de la República del Ecuador.
Tales dimensiones no necesariamente reflejan la estructura formal en la cual las
Constituciones están divididas, pero permiten una comparación sistemática de las
semejanzas y diferencias entre los países analizados. A continuación, desarrolla-
mos un análisis más específico de cada una de ellas.
Mecanismos de representación ampliada
De acuerdo con la Constitución ecuatoriana, el Estado promoverá la representa-
ción paritaria de hombres y mujeres en los cargos designados por el poder público
en sus instancias de dirección y decisión, así como en los partidos y movimientos
78 Análisis de casos Participación ampliada y reforma del Estado
políticos. El texto constitucional garantiza también que el Estado adopte medidas
de acción afirmativa para garantizar la participación de los sectores discriminados.
En el caso de las elecciones proporcionales, la ley establecerá un sistema electo-
ral que garantice los principios de proporcionalidad, igualdad del voto, equidad,
paridad y alternancia entre hombres y mujeres, además de determinar las circuns-
cripciones electorales dentro y fuera del país.
La Constitución boliviana establece la forma comunitaria como una de las
configuraciones posibles de la democracia en el país, definiendo la elección
de dirigentes de los pueblos indígenas originarios y campesinos por usos y
costumbres, supervisada por el Poder Electoral, siempre que no se aplique
la necesidad de voto igual, universal, directo, secreto, libre y obligatorio. En
relación con las formas de representación clásica en el Parlamento, el tex-
to constitucional establece la participación paritaria de hombres y mujeres
y la reserva de espacios para representantes indígenas, aunque no establece
exactamente cómo serán distribuidos. La Ley Electoral Transitoria, aprobada
por el Legislativo en abril de 2009, que fue diseñada para regular las elec-
ciones generales de diciembre de ese año y las departamentales de abril de
2010, establece que la lista proporcional de diputados deberá ser alternada
entre hombres y mujeres; en las circunscripciones uninominales1 los candi-
datos hombres deben tener una mujer como suplente y viceversa, además de
reservar siete circunscripciones especiales para candidatos indígenas. La ley,
sin embargo, deberá obligatoriamente ser sustituida por una nueva legislación
cuando tome posesión el nuevo Parlamento y el gobierno señale su intención
de aumentar los cupos indígenas.
La Carta Magna boliviana define también que el Tribunal Supremo de Justicia
elegirá a sus miembros mediante el sufragio universal. El texto establece que el
órgano legislativo, mediante dos tercios de los votantes presentes, preseleccionará
a los candidatos que, sin embargo, no podrán hacer campaña. El Poder Electoral,
en ese caso, sería el encargado de difundir los méritos de las candidaturas. La re-
elección de los magistrados no será posible y los mismos procedimientos para la
selección de los jueces se aplican al Consejo de la Magistratura, al Tribunal Agro-
ambiental y al Tribunal Constitucional.
Por su parte, la Constitución venezolana establece que los pueblos indígenas
tienen derecho a la participación política y que el Estado debe garantizar la repre-
sentación indígena en la Asamblea Nacional (mediante el establecimiento de un
cupo mínimo de tres diputados indígenas, respetando sus tradiciones y costum-
bres) y en los organismos de deliberación en los niveles federales y locales.
Revocación de mandatos
En relación con la posibilidad de revocación de mandatos de autoridades electas
democráticamente, los tres países analizados tienen semejanzas significativas.
Según la Constitución ecuatoriana, los ciudadanos están aptos para revocar
mandatos de todas las autoridades electas por la vía del voto popular. No obstan-
te, este proceso puede ser iniciado una sola vez y tiene que ocurrir después del
primero y antes del último año de mandato para el cual fue electa la autoridad
cuestionada. La solicitud de revocación deberá ser respaldada por un número no
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 79
inferior a 10% de los electores inscritos en el registro electoral correspondiente.
Si la solicitud de revocación afecta al Presidente de la República, es necesario un
respaldo de por lo menos 15% de los electores inscritos en todo el país.
Cabe al Consejo Nacional Electoral (CNE) promover el proceso. Para eso, será
necesario que aquel conozca la decisión del Presidente de la República y de los
gobiernos autónomos descentralizados o acepte la solicitud presentada por los
ciudadanos. En caso de que se inicie el proceso, el CNE convocará en un plazo
de 15 días el referéndum o consulta popular para la revocación del mandato. Para
que ocurra la aprobación, será necesaria la mayoría absoluta de los votos válidos,
excepto en el caso de revocación del mandato presidencial, para la cual será ne-
cesaria la aprobación de la mayoría absoluta de los electores.
En el caso boliviano, la Constitución regula la revocación de todos los cargos
electivos, excepto los de miembros del Poder Judicial. La solicitud de revocación
podrá ser solicitada después de que haya transcurrido la mitad del mandato, antes
de iniciado el último año del mismo y una sola vez por mandato. El proceso, para
iniciarse, debe contar con el apoyo de al menos el 15% de los ciudadanos de la
circunscripción del representante cuestionado.
La Constitución venezolana define que el proceso de revocación de manda-
tos debe ser iniciado después de transcurrida la mitad del periodo para el cual
fue electo el representante y por un número no inferior al 20% de los electores
inscritos en la circunscripción electoral correspondiente. Una vez convocado el
referéndum, si al menos el 25% por ciento de los electores participa del mismo
y la decisión de la mayoría fuese favorable a la revocación del mandato, ocurrirá
la inmediata destitución del representante. No obstante, el proceso de revocación
del mandato de un representante electo sólo podrá ser iniciado una vez a lo largo
del mandato.
Vemos entonces que la principal diferencia entre los países reside en el he-
cho de que en Venezuela todos los cargos de elección pueden ser revocados,
incluso los de la magistratura, mientras que en Bolivia los cargos de la magistra-
tura están exentos de esa posibilidad. En Ecuador, siendo que los cargos de la
magistratura son escogidos por concurso público y no por elección popular, no
existe esa posibilidad.
Revocación / ratificación de leyes
De manera análoga en los tres países, existe la necesidad de refrendar cualquier
modificación constitucional aprobada, independientemente de quién la haya
propuesto.
En Venezuela y Ecuador, los ciudadanos tienen también el poder de convocar a
un referéndum para revocar cualquier ley o decreto presidencial, facultad que no
está mencionada en el texto constitucional boliviano. En el caso ecuatoriano, son
necesarias las firmas del 5% de los electores en consultas nacionales o del 10%
de los electores si el referéndum se da a nivel local. Los ecuatorianos en el exterior
también pueden activar este mecanismo, siendo necesario en este caso las firmas
de por lo menos el 5% de los inscritos en la circunscripción especial de que se
trate. En el caso venezolano, las solicitudes deben tener el apoyo de por lo menos
el 10% de los electores correspondientes.
80 Análisis de casos Participación ampliada y reforma del Estado
Participación en política exterior
Los ciudadanos de los tres países tienen poderes para convocar referendos para
rechazar o ratificar tratados y convenios internacionales firmados por sus respec-
tivos gobiernos. Sin embargo, hay diferencias específicas en cuanto al tamaño del
apoyo relativo de la población para realizar una solicitud de esa naturaleza y al
tipo de tratados que pueden o deben ser sometidos a referéndum.
En Bolivia, un referéndum debe ser convocado de forma automática y obliga-
toria en relación con tratados sobre cuestiones limítrofes, integración monetaria,
integración económica estructural y cesión de competencias a órganos suprana-
cionales. Otros tipos de tratados, para ser sometidos a referéndum, necesitan el
apoyo de por lo menos el 5% de los ciudadanos inscritos en la lista de electores.
La Constitución ecuatoriana abre la posibilidad de ratificación de cualquier tra-
tado internacional mediante la activación del mecanismo de iniciativa ciudadana,
la cual necesita el apoyo de por lo menos el 0,25% de los electores.
En Venezuela, los ciudadanos sólo pueden someter a referéndum aquellos tra-
tados internacionales que pudieran comprometer la soberanía nacional o transferir
competencias a órganos supranacionales.
Mecanismos populares de control y rendición de cuentas
Las tres Constituciones prevén la creación de un poder o función autónoma es-
pecífica del Estado para garantizar mecanismos de control y rendición de cuentas
con participación ciudadana. Esa instancia está integrada por la Defensoría del
Pueblo, para garantizar el cumplimiento de los derechos ciudadanos, y la Contra-
loría General, para el control de los órganos de la administración pública.
En Bolivia y Venezuela, este poder del Estado también incluye al Ministerio
Público, encargado de ejercer la acción penal pública. En Ecuador, la Fiscalía Ge-
neral del Estado, que cumple funciones equivalentes, está incluida en la Función
Judicial y de Justicia Indígena.
En Ecuador y Venezuela se crearon canales de participación de la sociedad
organizada en el nombramiento de los principales funcionarios de esas instancias.
En el caso ecuatoriano, el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social,
integrado por siete miembros propuestos por organizaciones sociales, es el encar-
gado de nombrar a los titulares de la Defensoría del Pueblo y de la Contraloría
General del Estado.
Los ciudadanos venezolanos pueden participar en el proceso de nombramien-
to de las autoridades del Poder Ciudadano mediante el Comité de Evaluación de
Candidaturas, compuesto exclusivamente por representantes de diversos sectores
de la sociedad. Ese comité propone a la Asamblea Nacional los nombres para en-
cabezar el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo y la Contraloría General.
Pero, en caso de que los parlamentarios no consigan designar por una mayoría de
dos tercios a las autoridades del órgano en cuestión, la decisión se debe someter
a una consulta popular.
En Bolivia, la Constitución no prevé mecanismos de participación ciudadana
en el proceso de nombramiento de los órganos de control y rendición de cuentas,
pero da a la sociedad civil el derecho de participar en la fiscalización, la denun-
cia de posibles casos de revocación, el control de la gestión pública en todos los
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 81
niveles estatales y de cualquier empresa que use recursos públicos. Sin embargo,
la reglamentación específica sobre estos mecanismos de participación directa y
control social todavía no existe.
Iniciativa de ley
Las Constituciones de los tres países permiten que ciudadanos presenten iniciati-
vas de ley, propongan modificaciones constitucionales, soliciten plebiscitos sobre
cualquier asunto de relevancia y convoquen a un referéndum sobre la conforma-
ción de una Asamblea Constituyente. En el caso de Ecuador los ciudadanos que
viven más allá de las fronteras del país tienen las mismas prerrogativas.
Para poner en práctica este derecho, es necesario que los interesados forma-
licen su petición mediante la presentación de un número de firmas de acuer-
do con un porcentaje del registro electoral que varía según el país. En Ecuador
es donde se exige el menor número relativo de firmas: 0,25% para proponer
una ley, 5% para un plebiscito nacional, 10% para un plebiscito local, 1% para
modificaciones constitucionales y 8% si las modificaciones propuestas suponen
alteraciones en la estructura fundamental de la carta. Por último, el 12% de los
electores inscritos pueden convocar a una consulta popular sobre el llamado a
una Asamblea Constituyente.
En Venezuela, una iniciativa de ley puede ser presentada por el 0,1% de los
inscritos en el registro electoral; un plebiscito puede ser convocado por la petición
de por lo menos el 10% de los electores y las modificaciones constitucionales, así
como la iniciativa de convocatoria para una Asamblea Constituyente, necesitan el
apoyo de por lo menos el 15% de los electores.
Tanto en Ecuador como en Venezuela, la Constitución da garantías a los ciuda-
danos para que sus iniciativas ante el Parlamento y otros órganos normativos sean
efectivamente discutidas sin demoras excesivas. En el caso ecuatoriano el plazo
máximo es de 180 días para una iniciativa de ley y de un año para una reforma
constitucional. Si la iniciativa no fuera considerada por los parlamentarios, entraría
en vigor automáticamente y, si fuera una reforma constitucional, se convoca a un
referéndum popular para su aprobación.
En Venezuela los diputados deben considerar una iniciativa de ley de ese tipo
en por lo menos el periodo ordinario de sesiones siguiente al que la misma fue
presentada, mientras que una reforma constitucional ha de ser tramitada en el
mismo periodo legislativo en que fue presentada y ser sometida a votación en
un plazo máximo de dos años. Si no llegara a darse la discusión parlamentaria,
la iniciativa de ley sería sometida de cualquier forma a referéndum popular para
su aprobación.
Mecanismos de cogestión
De manera general, las Constituciones de los tres países prevén mecanismos de
cogestión y participación de la sociedad civil en las instancias de gobierno, pero
las formas a través de las cuales esa cogestión se vuelve efectiva varían significati-
vamente en cada caso.
En Ecuador, por ejemplo, el principal instrumento de cogestión estableci-
do por la Carta Magna es, probablemente, el Consejo Nacional de Planeación.
82 Análisis de casos Participación ampliada y reforma del Estado
Este tiene la atribución de elaborar el Plan Nacional de Desarrollo, de carácter
vinculante para la política económica y de inversiones en el sector público. De
acuerdo con el texto constitucional, el Consejo –que se replica en los niveles
subnacionales de gobierno con las mismas funciones– deberá contar con la par-
ticipación de los ciudadanos, aunque no está claro en el texto la cantidad de
miembros ni la forma de selección de los mismos, detalles fundamentales para
evaluar cuál es el grado de poder de los ciudadanos en este órgano. Fue creada
también la figura de la “silla vacía”, que reserva un asiento con voz y voto para
representantes de la sociedad civil en las sesiones de los gobiernos subnaciona-
les, aunque también en este caso el texto de la Constitución es poco claro en
cuanto a cómo se llevará esta institución a la práctica.
En Bolivia, la Constitución prácticamente establece a la sociedad civil como
un contrapoder al crear la figura de “participación y control social”, con el pa-
pel de participar en el diseño de las políticas públicas, ejercer el control social
de todos los órganos de gobierno y empresas públicas o privadas que reciban
dinero público, auxiliar al Legislativo en la elaboración de leyes, denunciar
actos de corrupción y pronunciarse sobre los informes de gestión emitidos por
los órganos del Estado. La forma en cómo se hará efectivo este contrapoder, sin
embargo, es todavía más oscura en el texto constitucional boliviano que la for-
mación del consejo de planeación ecuatoriano arriba mencionado. De hecho,
la Constitución boliviana remite su reglamentación a una ley infraconstitucio-
nal que todavía no existe y que debe ser aprobada por el nuevo parlamento a
partir de 2010.
El hecho de que los dos países hayan aprobado sus Constituciones muy re-
cientemente y, por lo tanto, de que no tienen sus mecanismos todavía en pleno
funcionamiento impide la evaluación sobre la práctica de los mismos.
Por su parte, en Venezuela, la Constitución determina la participación de
los trabajadores y de las comunidades en la gestión de las empresas públicas
y establece que los estados y municipios deben favorecer la descentralización
y la transferencia de la gestión de servicios públicos a las comunidades y gru-
pos vecinales. Aunque a semejanza del caso ecuatoriano y boliviano el texto
constitucional venezolano también sea un tanto vago sobre las formas en que
se darán tales mecanismos de cogestión, en 2006 fue aprobada la Ley de Con-
sejos Comunales, que reglamenta y da más detalles sobre el funcionamiento
de esos órganos.
De acuerdo con la ley, los Consejos Comunales pueden ser establecidos en
áreas geográficas contiguas en las que vivan entre 200 y 400 familias en áreas
urbanas, a partir de 20 en zonas rurales y a partir de 10 en territorios indígenas, y
tendrán la función de planear y ejecutar obras y políticas públicas de tipos diver-
sos en sus territorios de actuación, decididas por asambleas de ciudadanos. Para
eso, reciben recursos del Fondo Nacional de Consejos Comunales, creado por la
misma ley, de otros dos fondos públicos previamente existentes, transferencias de
otros órganos e instancias de gobierno, donaciones o recursos generados por los
propios consejos y que son canalizados a través de los bancos comunales también
establecidos por la referida ley.
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 83
Autonomía indígena
Los pueblos indígenas, que han tenido una participación decisiva en los pro-
cesos políticos que permitieron en los últimos años el rediseño institucional en
Bolivia y Ecuador, obtuvieron en los nuevos textos constitucionales de estos
países extensos derechos de autonomía y autogobierno. En Bolivia, que adoptó
la denominación oficial de Estado plurinacional en reconocimiento a las na-
ciones indígenas presentes en el país, los pueblos indígenas tienen en la nueva
Constitución el reconocimiento de sus territorios como entes del gobierno sub-
nacional en igualdad jerárquica con municipios y provincias y donde se apli-
can leyes y procedimientos judiciales comunitarios propios. En estos territorios
autónomos los indígenas pueden organizarse políticamente de acuerdo con
sus usos y costumbres y es necesario consultarlos mediante referéndum acerca
de cualquier ley o proyecto que afecte sus territorios o los recursos naturales
de los mismos.
En Ecuador, aunque no tengan sus territorios equiparados a entes gubernamen-
tales autónomos, los indígenas pueden organizarse territorialmente siendo reco-
nocida la posesión comunal de sus tierras y la aplicación en esos espacios de sus
sistemas de justicia, además de que también deben ser consultados acerca del
aprovechamiento de sus recursos naturales.
En Venezuela, sin embargo, los indígenas disponen de mucho menos poder
constitucional, el cual está prácticamente restringido a la organización territorial
en sus tierras ancestrales, delimitadas por el Estado. Existe también la consulta
previa sobre el aprovechamiento de los recursos de sus tierras (sin que esté claro
si tal consulta tiene o no carácter vinculante) y el respeto a sus idiomas y culturas
propios. La Ley de Consejos Comunales de 2006, no obstante, abre la posibilidad
de que se constituyan consejos comunales indígenas, que podrían entonces ejer-
cer las funciones de autogobierno propias de los demás consejos.
La intensidad de la participación
Es posible ahora establecer una tipología de acuerdo con distintos grados en
la intensidad de la participación presupuesta en cada uno de los mecanismos
descritos en la sección anterior e insertarlos en una escala que nos permita
observar con mayor claridad la complejidad esperada en la implementación
de esas instituciones. Esto es necesario en la medida en que no es lo mismo
participar como elector en un referéndum que ocurre sólo de forma excepcio-
nal que estar involucrado, de forma permanente, en el proceso de planeación,
gestión y toma de decisiones en torno de los problemas básicos de una comu-
nidad específica. Desde el punto de vista del ciudadano, la participación en
un referéndum termina con el voto a favor de alguna de las opciones que le
fueron presentadas el día de la elección; en cambio, para el miembro de un
consejo comunal, tal y como es proyectado en Venezuela, la participación
es mucho más compleja y exige un involucramiento permanente, además de
conocimiento y competencia adecuadas para efectivamente ser parte de la so-
lución de los problemas de su comunidad.
84 Análisis de casos Participación ampliada y reforma del Estado
Figura 1 - Escala de intensidades participativas
autonomía
legislativa
Complejidad de implementación
cogestión
iniciativa
legislativa
control
y rendición
de cuentas
poderes
revocatorios
representación
ampliada
La escala muestra una relación directamente proporcional entre la intensidad de la
participación presupuesta para cada mecanismo y la complejidad de los desafíos
que podemos esperar a la hora de su implementación efectiva. Es decir, cuanto
más intensa sea la participación esperada de parte de los ciudadanos, más comple-
ja y difícil se vuelve su concretización dentro del sistema político democrático.
La pregunta que orienta la conformación de esta tipología de los mecanismos
constitucionales de participación ampliada en los tres países analizados aquí es:
¿qué tan intensa es la participación que se espera de parte de los ciudadanos para
la implementación efectiva del mecanismo constitucional? Repensar los mecanis-
mos de acuerdo con esa mirada nos permitió representar la intensidad participati-
va presupuesta para cada uno de los diferentes tipos de mecanismo constitucional
de forma semejante a una escalera. A cada escalón aumenta en alguna medida
la intensidad con la que se espera que el ciudadano sea participante activo en el
proceso político. Pero aumenta también el tamaño de los desafíos institucionales
para su efectiva implementación.
Consideremos ahora los mecanismos de acuerdo con su posición en la escala:
Representación ampliada
Básicamente, la representación se amplía en los tres casos por la incorporación
de criterios étnicos y de género en la elección de representantes ante los órganos
ejecutivos y legislativos. También, en el caso boliviano, instancias relevantes del
Poder Judicial pasan a ser elegidas por el voto popular. Desde el punto de vista
del ciudadano, esto representa la ampliación de sus poderes como elector. Se
considera así que la condición de indígena y de mujer son políticamente relevan-
tes desde el punto de vista de la representación y los electores identificados con
esa condición tienen asegurado un cupo mínimo de representantes en los niveles
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 85
ejecutivo y legislativo. La implementación de estos mecanismos continúa siendo
el voto ejercido de forma periódica de acuerdo con los intervalos temporales pre-
establecidos. Por eso, la intensidad presupuesta de la participación ciudadana en
este caso no es distinta de la que ya existía con la realización calendarizada de
procesos electorales y, por lo tanto, estos mecanismos de participación están en el
nivel más bajo de nuestra escala de intensidades.
Poderes revocatorios
La posibilidad de revocar mandatos, leyes y tratados internacionales mediante re-
ferendos mantiene como elemento central para su implementación el ejercicio
del voto. Aunque, esta vez, la periodicidad para que eso ocurra no obedece a un
calendario preestablecido. Se necesita, según el caso, del involucramiento acti-
vo de una parte de los ciudadanos abocados a colectar firmas para solicitar el
referéndum, de la firma de un tratado internacional por parte del Ejecutivo o de
algún intento de reforma constitucional. Así, para que esos poderes sean ejercidos
efectivamente por el ciudadano, se necesita la acción concertada de un grupo de
electores. Por lo tanto, se presupone un nivel de involucramiento y participación
mayor que en el mecanismo anterior de representación ampliada.
Mecanismos populares de control y rendición de cuentas
En esta dimensión el voto ya pierde su centralidad y deja de ser la única manera
en que la participación se hace efectiva. En Venezuela y en Ecuador se crearon
canales para la inclusión de los sectores sociales relevantes en el proceso de nom-
bramiento de los integrantes de las diversas instancias de control y rendición de
cuentas, lo que implica que haya mecanismos de participación mediados por or-
ganizaciones. Es decir, ciudadanos que ya se movilizan con alguna intensidad en
la solución de los problemas colectivos en sus respectivos ámbitos empiezan a te-
ner mayor capacidad de incidencia. En el caso de Bolivia, la Constitución enuncia
poderes todavía más directos y permanentes de involucramiento en la función de
control y rendición de cuentas de la gestión pública a todos los niveles. Así, desde
el punto de vista del ciudadano, aumenta la intensidad de la participación que de
él se espera para aplicar este mecanismo.
Iniciativa legislativa
La confección de las leyes deja de ser atribución exclusiva de los parlamenta-
rios y del Ejecutivo con la creación del mecanismo que permite a ciudadanos
no electos para esos cargos la presentación de iniciativas legislativas. Pero, para
poner en práctica esta prerrogativa, los ciudadanos interesados deben mostrar
capacidad no sólo para movilizar un mínimo de apoyo como está previsto en
la Constitución, sino que también sería necesario tener un cierto dominio de la
técnica legislativa. Esto es, de forma análoga a los proyectos de ley originados
en las instancias legislativas y ejecutivas del Estado, los legisladores ciudadanos
necesitarían conocer el lenguaje y las estrategias políticas para aumentar las po-
sibilidades de ver aprobada su propuesta, ya que, a final de cuentas, el proyecto
de ley iniciado por ellos habrá de ser también discutido y evaluado por el Poder
Legislativo ya constituido.
86 Análisis de casos Participación ampliada y reforma del Estado
Vemos así que el voto en este caso desaparece como protagonista del meca-
nismo participativo y deja su lugar al ejercicio de habilidades más sofisticadas que
exigen un involucramiento más profundo e informado de acuerdo con el tema en
cuestión. Podemos afirmar, por lo tanto, que estamos ante un mecanismo que pre-
supone una intensidad participativa mayor que en los casos anteriores.
Mecanismos de cogestión
El término cogestión sugiere que los ciudadanos se involucran, tanto como sus
representantes electos, en la planeación, gestión e implementación de solucio-
nes sobre las cuestiones de interés público. Conceptualmente, podemos decir
que la cogestión puede ser ejercida en distintos niveles de gobierno o incluso
en la administración de las empresas públicas. Pero con eso debemos aceptar
también que cuanto mayor el tamaño de la comunidad que actúa como sujeto
de esa cogestión, mayor el tamaño de los desafíos que la implementación efec-
tiva de esa cogestión enfrenta2. En todo caso, la cogestión nos lleva a un invo-
lucramiento mucho más directo e intenso de los ciudadanos en todas las fases
del proceso político y se exige de ellos, consecuentemente, corresponsabilidad.
Por esa razón es uno de los mecanismos que conlleva los más altos niveles de
intensidad participativa.
“...existe la noción ampliamente aceptada de que
las comunidades indígenas se organizan de acuerdo
con un patrón participativo muy intenso...”
Autonomía indígena
Una característica común en los tres casos es que, sean cuales fueren las atribu-
ciones formales otorgadas a las unidades políticas que eventualmente serían crea-
das en las comunidades indígenas existentes, siempre les es reconocida la posibi-
lidad de organizarse de acuerdo con usos y costumbres propios. La enunciación
de este derecho no nos dice por sí misma nada concreto sobre cómo esos usos y
costumbres se llevarían a la práctica. Tampoco está garantizado en ningún lugar
del texto constitucional que, necesariamente, una costumbre indígena constituya
un tipo de organización política que, desde el punto de vista de los ciudadanos,
implique niveles muy elevados de participación. No obstante, existe la noción
ampliamente aceptada de que las comunidades indígenas se organizan de acuer-
do con un patrón participativo muy intenso que presupone el involucramiento de
buena parte de sus miembros en la solución de los problemas comunitarios. Esta
noción es todavía más plausible si consideramos el argumento de que en comuni-
dades de pequeña escala la participación en intensidades mayores es más viable.
Incluir, por lo tanto, la dimensión de la autonomía indígena como la que tiene
el más elevado nivel de intensidad participativa obedece a esas presuposiciones
que, en todo caso y ante la falta de elementos explícitos en las constituciones, es
necesario confirmar o refutar por el examen cuidadoso de lo que ocurre en esas
comunidades.
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 87
Algunas aplicaciones prácticas de los mecanismos constitucionales
Algunas experiencias concretas en Bolivia y principalmente en Venezuela ya
muestran cómo se han venido desarrollando en la práctica las prerrogativas cons-
titucionales discutidas en la sección anterior, especialmente en relación con la
revocación de mandatos, la revocación o ratificación de leyes y los mecanismos
de cogestión y autonomía indígena. El caso ecuatoriano es todavía más reciente y
no hay casos suficientemente relevantes para analizar en esta sección.
Revocación de mandatos
En agosto de 2004 se materializó lo que está dispuesto en el Artículo 72 de la
Constitución venezolana al realizarse un referéndum popular sobre la continuidad
en el cargo del presidente Hugo Chávez. En junio de aquel año, el Consejo Na-
cional Electoral (CNE) validó las firmas colectadas entre por lo menos el 20% de
los electores inscritos y organizó la consulta a nivel nacional. Los electores dieron
una amplia victoria al presidente, abriendo así un periodo de estabilidad y legiti-
midad renovada para el gobierno. De esa forma, los mecanismos de revocación
de mandatos en Venezuela se revelaron como un instrumento eficaz para canali-
zar por vías institucionales las tensiones propias de un proceso político altamente
polarizado.
Sin embargo, el proceso no estuvo exento de dificultades. Los actores políticos
enfrentados, en este caso el presidente de la República y los sectores de la socie-
dad que pretendían su destitución, no siempre se mantuvieron fieles a la legalidad
consagrada en la Constitución. En 2002, un golpe de Estado fracasado y un paro
general con el que se intentaba forzar la renuncia del mandatario fueron intentos
claros de ignorar canales institucionales de participación por parte de los oposi-
tores al gobierno. Inconformes con el programa de reformas que el Ejecutivo se
proponía implementar, empresarios, militares, sindicalistas y medios de comuni-
cación privados articularon una alianza en torno del objetivo común de interrum-
pir el mandato presidencial a cualquier costo (Leite y Pérez Flores, 2007: 341-374;
Marcano y Barrera, 2004).
Ante el fracaso de esta primera ola de intentonas extra-institucionales contra el
presidente, la alianza opositora decidió explotar los canales constitucionales de
revocación de mandatos. Sin embargo, las sucesivas campañas para reunir firmas
a favor de un referéndum encontraron serios obstáculos iniciales por parte de las
autoridades electorales y judiciales antes de que efectivamente se convocara a una
consulta con carácter vinculante. Un primer intento de realizar un referéndum
consultivo no fue autorizado por el Tribunal Supremo de Justicia argumentando
la necesidad de renovar antes al cuadro directivo del CNE, hasta entonces com-
puesto por autoridades provisionales. Posteriormente, y ya con el nuevo CNE, una
segunda campaña de firmas fue invalidada bajo el argumento de que se había
llevado a cabo antes de que el presidente completara la mitad de su mandato,
como ordena la Constitución. La tercera y última campaña de firmas, realizada en
marzo del 2004, no logró ser validada inmediatamente debido a que las autorida-
des electorales argumentaban que algunas firmas podrían haber sido falsificadas
(Miguel et al., 2009).
88 Análisis de casos Participación ampliada y reforma del Estado
Entre las filas oficialistas siempre se dijo que la identidad de varias personas esta-
ría siendo usada indebidamente para respaldar firmas en contra del presidente. Esa
situación habría motivado al entonces diputado oficialista Luís Tascón a divulgar en
un sitio de internet la lista de todos los que habían firmado desde la primera campaña,
realizada a finales de 2002. De esa forma todos tendrían la posibilidad de verificar y,
en su caso, retirar su firma. Sin embargo, ya publicadas las preferencias políticas de
los firmantes mediante la llamada Lista Tascón, una parte de la población quedó en
una situación vulnerable en cuanto a posibles represalias de diversa naturaleza, es-
pecialmente aquellos ciudadanos que fueran empleados públicos o tuvieran su prin-
cipal fuente de ingresos ligada a la máquina del Estado. Recientemente, un dirigente
sindical del sector petrolero declaró al periódico venezolano El Nacional que la refe-
rida lista estaba siendo usada como criterio para recontratar o no a los empleados de
una empresa de servicios que había sido recién nacionalizada en la región del Lago
Maracaibo. En consecuencia, aquellos que hubieran firmado contra el gobierno en el
periodo de 2003 a 2004 no iban a ser contratados por la empresa estatizada3.
En el caso boliviano, el 10 de agosto de 2008 fue realizado un referéndum
revocatorio de los mandatos del presidente Evo Morales y de ocho de los nueve
gobernadores departamentales4. De ese proceso resultó la revocación del mandato
de dos gobernadores y la ratificación de todos los demás cargos. A pesar de que no
estaba previsto en el ordenamiento constitucional anterior, el revocatorio fue con-
vocado por una ley propuesta por el presidente como un intento por solucionar
los impasses políticos entre el gobierno central y los gobernadores opositores de la
región conocida como “Media Luna”, en el oriente del país.
El hecho de no estar previsto en la Constitución que entonces estaba en vi-
gor llegó a generar un intento –fracasado– de impugnación del revocatorio por
el Tribunal Constitucional y las amenazas a los gobernadores de oposición de no
reconocer los resultados. Después de entabladas las negociaciones políticas, sin
embargo, sólo el gobernador de Cochabamba siguió afirmando hasta el día de la
consulta que no reconocería los resultados. Con todo, después de la divulgación
del cómputo final del revocatorio, él –justamente uno de los dos gobernadores que
fue revocado– reconoció el resultado y dejó el cargo.
Las reglas del revocatorio aprobadas en el Congreso, sin embargo, eran bastan-
te confusas y establecían la revocación del mandato del presidente o de los gober-
nadores que obtuvieran votos contrarios a su permanencia en el cargo en mayor
número que los obtenidos para su elección en 2005. Eso, en teoría, permitiría la
revocación del mandato de algunos gobernadores aunque obtuvieran más votos
a favor de su permanencia que a favor de su revocación. Habría sido justamente
el caso del gobernador de Oruro, Alberto Aguilar, que en 2005 fue electo con el
40,15% de votos. No obstante, la Corte Nacional Electoral había emitido una re-
solución interpretativa de la ley manteniendo las reglas originales sólo para el caso
del presidente y estableciendo la revocación de los gobernadores que obtuvieran
el 50% de los votos contrarios a su permanencia.
Revocación / ratificación de leyes
En Venezuela, en diciembre de 2007, la participación ciudadana fue determinante
en la decisión de rechazar una reforma que modificaría 69 Artículos de la Consti-
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 89
tución por iniciativa del presidente de la República y la Asamblea Nacional. En esa
ocasión, fue activado el mecanismo del Artículo 344, que obliga a la realización
de un referéndum siempre que la Constitución sea modificada. Los electores termi-
naron por rechazar la reforma por un margen estrecho5. De esa forma, un proyecto
del Ejecutivo para fijar en la Constitución parte de su programa de transformacio-
nes rumbo al socialismo fue detenido por la voluntad mayoritaria de los electores,
decisión que fue aceptada por todas las autoridades constituidas.
Sin embargo, a pesar de reconocer oportunamente la derrota de su programa
por la vía de la reforma constitucional, el gobierno no renunció del todo a la
aplicación de su proyecto normativo a través de otros mecanismos legislativos. La
Asamblea Nacional y el propio Ejecutivo, a través de los poderes que les fueron
concedidos en 2007 en la Ley Habilitante6, promulgaron leyes que retomaban el
contenido de varias de las reformas derrotadas por el referéndum popular. Formal-
mente, ese procedimiento no era necesariamente ilegal, ya que sacaba provecho
de los márgenes permitidos constitucionalmente. No obstante, sí reflejaba la vo-
luntad del Ejecutivo de avanzar en sus objetivos independientemente de las mani-
festaciones mayoritarias de los ciudadanos. Esa situación llevó a algunos sectores
de la oposición a afirmar que el presidente estaba, en la práctica, implementan-
do de contrabando la reforma constitucional que no logró aprobar (Pérez Flores,
2008: 2-14).
Uno de los artículos propuestos para su modificación en 2007 era el que im-
ponía límites a la reelección presidencial, los cuales habrían sido eliminados en
caso de que la reforma hubiera sido aprobada. En ese punto, el presidente no
tenía margen de maniobra posible fuera de los procedimientos de la modificación
constitucional. Así, una enmienda a los artículos correspondientes fue sometida
a referéndum en febrero de 2009. Esta vez la voluntad presidencial contó con la
aprobación mayoritaria del 54,86% de los electores7. Los opositores al gobierno
aceptaron la derrota, pero no dejaron de denunciar que la máquina del Estado y
recursos públicos en masa habrían sido utilizados para propiciar una cascada de
votos a favor de la enmienda.
Mecanismos de cogestión
De acuerdo con un estudio de la Fundación Centro Gumilla (Machado, 2008) has-
ta marzo de 2008 existían más de 25 mil consejos comunales formalmente consti-
tuidos y 10 mil en proceso de formación en todo el territorio venezolano. Hasta el
momento, los resultados obtenidos con los consejos son ambiguos. Por un lado, se
destaca el aumento del empoderamiento local, la definición de prioridades por las
propias comunidades y la experiencia de participación política directa proporcio-
nada a muchos ciudadanos antes políticamente pasivos. Por otro lado, se destaca
la falta de experiencia administrativa de muchos de los consejeros, la articulación
deficiente con las instancias de fiscalización nacionales como la Contraloría y con
los gobiernos estatales y municipales y la excesiva dependencia frente al gobierno
central de algunos consejos (ver Ellner, 2009).
El caso de los consejos comunales del municipio caraqueño de Chacao es
ilustrativo de la efectividad y de los problemas que enfrenta esta experiencia de
cogestión a nivel local. El 14 de junio de 2009, 29 asambleas de vecinos en el
90 Análisis de casos Participación ampliada y reforma del Estado
municipio se pronunciaron, mediante voto directo, sobre la continuidad o no de
un proyecto de revitalización del espacio donde se encuentra el mercado munici-
pal. El resultado favoreció en 99% la concretización del proyecto que incluye la
construcción de un centro cívico8. Esta consulta se encuadra en lo dispuesto por
el Artículo 70 constitucional, que crea la figura de asambleas de ciudadanos a
nivel local y da a sus decisiones carácter vinculante. Además, la Ley de Consejos
Comunales de 2006 hace de esas asambleas la máxima instancia para el ejercicio
del poder comunitario.
Este caso, que no sería el único en cuanto al ejercicio de los poderes comuni-
tarios en Venezuela, es emblemático por dos razones: ocurre en un municipio de
mayoría opositora9 y la decisión tomada es contraria a la voluntad del gobierno
central y de las instancias judiciales que habían ordenado la detención de las obras
por considerar la actividad de los vendedores del mercado que ahí se encuentra
como tradición oral del municipio. Por ese motivo, la Guardia Nacional, instancia
dependiente del Ejecutivo nacional, movilizó a algunos de sus efectivos para ocu-
par parte del terreno de las obras. El alcalde de Chacao, que tiene la intención de
dar continuidad al proyecto, anunció que usará el poder comunal precisamente
para revertir esas acciones y proseguir con las obras.
Autonomía indígena
Desde la reforma constitucional de 1994, Bolivia reconocía la existencia de
Tierras Comunitarias de Origen (TCO) en las comunidades indígenas y ahí había
entrado en vigor la propiedad colectiva de tierras y cierta autonomía cultural y
económica. Se espera que la mayoría de esas TCO se conviertan en Territorios
Indígenas Campesinos Autónomos con las facultades de autogobierno estable-
cidas por la nueva Constitución. Sin embargo, para que lo hagan, la Consti-
tución establece la necesidad de realizar un referéndum y la redacción de un
Estatuto de Autonomía local adecuado a los términos de la futura Ley Marco
de Autonomías requerida por la nueva Constitución y que será aprobado por la
próxima legislatura.
Algunos efectos no esperados de la constitucionalización de las autono-
mías indígenas y de sus derechos sobre los recursos naturales de esas tierras ya
se hicieron sentir en algunos conflictos localizados entre indígenas y coopera-
tivas mineras por la explotación de yacimientos minerales en el departamento
de La Paz. Los indígenas intentaron expulsar de sus tierras a los mineros –que
trabajaban allí antes de que se promulgara la Constitución– alegando que esta
les garantizaría la propiedad de los recursos, siendo necesaria la intervención
del gobierno central para evitar la confrontación. Otro problema que repercu-
tió en la prensa boliviana tiene que ver con la justicia comunitaria indígena:
Marcial Fabricano, indígena mojeño y funcionario del gobierno opositor del
departamento de Beni, fue condenado a un castigo de cincuenta azotes por
traición. El castigo fue defendido por organizaciones indígenas como la Con-
federación de los Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB) que argumentan que
es perfectamente compatible con lo establecido en la nueva Constitución,
pero el viceministro de Coordinación con Movimientos Sociales, Sacha Llo-
renti, condenó la acción.
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 91
Consideraciones finales
En los tres casos existen efectivamente textos constitucionales que amplían consi-
derablemente los mecanismos de participación ciudadana más allá de las institu-
ciones representativas tradicionales. Podemos decir que, a nivel institucional, esa
es la apuesta de esos países para dar respuesta a la crisis de representación que se
abatió sobre la región en la década del noventa. Hay coincidencias fuertes en ma-
teria de revocación de mandatos, revocación de leyes, iniciativa de ley, mecanis-
mos populares de rendición de cuentas y política exterior. Pero hay especificidades
notables en cuanto a los instrumentos de cogestión y autonomía indígena.
Con todo, la existencia de estos mecanismos de democracia participativa no
significó un abandono de las instituciones y mecanismos representativos. En rea-
lidad, la verticalidad del proceso decisorio continúa siendo un pilar esencial en el
funcionamiento de esos sistemas políticos y estamos lejos de cualquier afirmación
que identifique el diseño institucional de esos tres países como ejemplos plenos de
democracia participativa. La incorporación de nuevos instrumentos de participa-
ción como los que fueron aquí discutidos, sin duda, abre espacios para la creación
de un nuevo tipo de relación entre gobernantes y gobernados, aproximando a
estos últimos a las instancias de decisión. Pero abre también, como es natural en
cualquier proceso de cambio institucional profundo, una tensión entre la enuncia-
ción de derechos y garantías constitucionales y la forma en que son efectivamente
llevados a la práctica. Con este trabajo esperamos apuntar caminos por los cuales
pudieran ser estudiadas esas tensiones.
Otra cuestión importante tiene que ver con la práctica ciudadana en la demo-
cracia. Usualmente se dice que su ejercicio se vuelve efectivo primordialmente
en el momento del voto, cuando el ciudadano puede escoger a su representante.
Esas nuevas posibilidades tienen el potencial de radicalizar la práctica ciudadana,
sin restringirla al momento del voto y propiciando un control constante sobre las
acciones de los representantes, conforme se refleja en los mecanismos de coges-
tión y control y rendición de cuentas. Si lo que está escrito en las Constituciones
analizadas en este trabajo de hecho se transforma en una práctica cotidiana, po-
dremos observar un cambio en la dinámica de la democracia representativa en
sus esquemas tradicionales encaminándose a un modelo de mayor aproximación
entre gobernantes y gobernados, participación ampliada de los sectores sociales
organizados y control popular de los representantes electos.
En ese sentido, un ejemplo se encuentra en la capacidad que los ciudadanos
ahora tienen para revocar mandatos de autoridades electas. Reflexionando sobre
el acontecer histórico político reciente de la región, encontramos varios presiden-
tes que traicionaron sus promesas de campaña. Tales mecanismos de revocación
del mandato inexistentes en el pasado, son ahora elementos importantes para la
concretización de la voluntad popular y principalmente para la resolución de cri-
sis. Es notable que, tanto en Bolivia como en Venezuela, la posibilidad de revocar
mandatos fue esencial para encaminar tensiones políticas recientes entre adversa-
rios altamente polarizados por vías institucionales y pacíficas.
Así, la voluntad popular puede volverse un verdadero mediador entre las crisis
cíclicas que enfrentan los poderes constituidos, una vez que tanto el mecanismo
de la revocación de mandatos como el de la consulta popular, en teoría, podrían
92 Análisis de casos Participación ampliada y reforma del Estado
resolver conflictos que antes paralizaban a los países durante meses y a veces
hasta por años. No obstante, en Venezuela, la experiencia de la Lista Tascón fue
un precedente que tiene la capacidad potencial de inhibir la reutilización de ese
mecanismo por ciudadanos inconformes con sus gobernantes.
En cuanto a la revocación y ratificación de leyes, se demostró su importancia
como mecanismos de legitimación para el nuevo marco legal en el momento de
aprobar, mediante referéndum, las nuevas constituciones. Y en el caso venezo-
lano, para revertir una reforma que cambiaba sustancialmente la Constitución
de 1999, pero que no tuvo apoyo popular suficiente. Esa reforma, por cierto,
disminuía en algunos aspectos la capacidad de los ciudadanos para intervenir en
el proceso decisorio: aumentaba el porcentaje de apoyos necesarios para activar
referendos revocatorios, iniciativas de ley y revocación de leyes y hacía desapa-
recer la posibilidad de una consulta popular para designar a los dirigentes del
Poder Ciudadano.
En relación con los mecanismos de cogestión, se ha podido verificar un au-
mento considerable en el nivel de movilización ciudadana a partir de la creación
de consejos comunales en Venezuela. Sin embargo, hay dudas sobre la autonomía
efectiva de esos consejos ante las directrices del poder central. Y cuando ellos
efectivamente prefieren diseñar políticas públicas distintas a las propuestas por el
presidente, hay indicios de que las propias instancias del gobierno buscan darle
la vuelta a las decisiones locales, como muestra el caso de Chacao descrito en la
sección anterior.
Los textos constitucionales, como se ve, otorgan poderes auténticos para la
participación autónoma de sectores de la sociedad organizada. Pero en el caso
venezolano hay señales de que el gobierno prefiere un tipo de participación más
verticalizado donde la sociedad civil se moviliza en función de decisiones de una
cúpula. Bajo este esquema, la participación se asemeja más al modelo en que las
masas siguen las orientaciones producidas por una dirección política centraliza-
da pero tienen una influencia limitada en el diseño de las mismas. De cualquier
forma, nada impide que esas tendencias que hoy observamos puedan ser rever-
tidas en Venezuela por medio de los propios poderes de participación ampliada
incorporados en la Constitución ni que necesariamente esas incongruencias se
reproducirán en Bolivia, Ecuador10 o en cualquier otro contexto sociopolítico en
que ese modelo constitucional sea experimentado.
Con este artículo buscamos esencialmente describir los mecanismos de parti-
cipación ciudadana presentes en los nuevos textos constitucionales de los tres paí-
ses, pero estamos conscientes de que no agotamos el tema. Por el contrario, espe-
ramos que a partir de este texto eminentemente descriptivo, puedan surgir futuros
cuestionamientos y temas de investigación. Por ejemplo, una de las cuestiones que
merece mayor atención y desarrollo sería la relación entre estos mecanismos de
democracia directa y el llamado socialismo del siglo XXI, muchas veces asumida
implícitamente como una relación necesaria (ver Dasso Júnior, 2009).
¿Hasta qué punto la adopción de este tipo de mecanismos implica necesaria-
mente la adopción de un programa político de redistribución económica y jus-
ticia social? ¿En un hipotético escenario adverso, con la elección de presidentes
derechistas, no podrían usarse este mismo tipo de mecanismos para implementar
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 93
políticas distintas? Abordando el uso de mecanismos de democracia directa en
Estados Unidos, los politólogos Arthur Lupia y John G. Matsusaka (2004: 463-482)
muestran, por ejemplo, que en las últimas cuatro décadas la iniciativa legislativa
y el referéndum han sido usados mayoritariamente para la implementación de
políticas conservadoras de impuestos y gasto social y que en el inicio del siglo XX
actuaban en el sentido inverso. Ellos lanzan la hipótesis de que tales mecanismos,
en realidad, actúan como canales de aproximación entre las políticas públicas y
el ciudadano medio, moderándolas en la medida en que este se ubique más a la
izquierda y radicalizándolas en situación inversa, de forma que no actúan nece-
sariamente en una determinada dirección ideológica. Como las experiencias que
nosotros estudiamos son todavía muy recientes como para analizarlas en perspec-
tiva comparada, no hay elementos suficientes para probar la hipótesis en los casos
en cuestión, pero sería necesario evaluar en el futuro las relaciones efectivas entre
los mecanismos de democracia directa y el tipo de políticas efectivamente imple-
mentadas en los tres países.
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Notas
1 La mitad de los miembros de la Cámara de Di- a esta conclusión al cruzar datos como la fecha de
putados boliviana se elige mediante el método pro- nacimiento y domicilio de las listas de firmantes di-
porcional de listas cerradas y la otra mitad mediante vulgadas con los datos equivalentes de la encuesta
elecciones en circunscripciones uninominales. anual por muestreo de domicilios de Venezuela (ver
2 Sobre este asunto, Giovanni Sartori, como par- Miguel et al., 2009).
te de sus consideraciones en torno de los modelos 4 La gobernadora del departamento de Chuquisa-
de democracia participativa, postula que la intensi- ca había sido recién electa en junio de 2009 y por
dad de un autogobierno practicable está en relación esa razón no fue sometida al revocatorio.
inversa a la extensión y a la duración requerida de 5 La reforma fue dividida para la consulta en dos
autogobierno que se exige. Así, la práctica del auto- bloques. El bloque A fue rechazado por el 50,7% de
gobierno, que tiene elementos semejantes a lo que los electores contra el 49,2% que lo apoyó; el bloque
aquí llamamos cogestión, sería menos viable a me- B fue rechazado por el 51,05% de los electores contra
dida que aumenta el tamaño de la comunidad que el 48,94% (Resultados disponibles en <http://www.
se autogobierna. Reconocido teóricamente este pro- cne.gov.ve>. Consultado el 28 de marzo de 2009).
blema de escala, lo que interesa es indagar en qué 6 En enero de 2007, después de tomar posesión
medida el diseño institucional en los tres países logra para un nuevo mandato de seis años, el presidente
superar este desafío en la práctica. Chávez obtuvo de la Asamblea Nacional poderes
3 Ver “Excluyen a 80 petroleros por la Lista Tas- para legislar en consejo de ministros durante 18 me-
cón” en El Nacional, publicado el 10 de junio de ses en once materias de interés público.
2009. También, un estudio patrocinado por el Na- 7 Resultados disponibles en <http://www.cne.gov.
tional Bureau of Economic Research de Massachus- ve>. Consultados el 28 de marzo de 2009.
setts, EUA, encontró que por lo menos el 30% de los 8 En la consulta participaron más de 20 mil veci-
firmantes de la tercera y definitiva campaña por el nos del municipio. Para que la decisión final sea vin-
referéndum vieron reducidos sus ingresos y la posibi- culante se necesitaba de por lo menos 8 mil electo-
lidad de obtener empleo entre 2004 y 2006, periodo res (o el 20% de los electores registrados en Chacao)
inmediatamente posterior a la realización del refe- conforme dispone la Ley de Consejos Comunales.
réndum revocatorio. Los autores del estudio llegaron 9 En la elección municipal de noviembre de 2008,
Pérez Flores, Mendonça Cunha Filho y Luiz Coelho Análisis de casos 95
el candidato oficialista del Partido Socialista Unido 10 Aunque algunos autores (ver, por ejemplo, Co-
de Venezuela (PSUV) obtuvo solamente el 12,56% naghan, 2008: 46-60) han venido señalando en la
de los votos válidos (Resultados disponibles en actuación del presidente Rafael Correa rasgos per-
<http://www.cne.gov.ve>. Consultados el 1 de julio sonalistas que podrían llevar a ese tipo de tensión
de 2009). también en Ecuador.
Los retos de la
participación ciudadana
a nivel municipal
en Nicaragua
Luis Serra Vázquez
Red Nicaragüense por la Democracia y
el Desarrollo Local (RNDDL).
Resumen Abstract
El estudio ha identificado un proceso This paper has identified a growing
de creciente participación ciudadana process of citizen participation in public
en la gestión pública municipal durante city management over the past decade,
la última década, vinculado a dos which is linked to two factors: training
factores: una labor de capacitación and support in charge of development
y acompañamiento realizada por organizations and local leaders, officials
organizaciones de desarrollo con líderes and citizens in areas such as human
locales, funcionarios y ciudadanos, rights and citizen participation; and, on
en los temas de derechos humanos y the other hand, the establishment of
participación ciudadana. Por otro lado, consultation and information centres
la apertura de espacios de información by local governments following the
y consulta por parte de los gobiernos Citizen Participation Act. Additionally,
locales luego de la aprobación de la Ley the new citizen participation model
de Participación Ciudadana. También se led by the government of the Sandinist
ha comprobado el avance gradual del National Liberation Front has made
nuevo modelo de participación ciudadana gradual progress since 2007 and has
impulsado por el gobierno nacional del spawned new organizations (Consejos
FSLN desde 2007, que ha significado de Poder Ciudadano –CPC–; Citizen
la creación de nuevas organizaciones Power Councils) and consensus-building
(Consejos de Poder Ciudadano C PC–) y bodies (Cabinets) which have affected
espacios de concertación (Gabinetes) several legally-prepared instances
que han afectado los espacios plurales (e.g., Comité de Desarrollo Municipal,
previstos legalmente (por ejemplo, City Development Committee) in two
Comité de Desarrollo Municipal) en dos senses: by making them ineffective
sentidos: vaciando su función al crear with the creation of parallel bodies,
una instancia paralela, o bien copando or by overriding and controlling legal
y controlando el espacio legal con los instances like CPCs as exclusive civil
CPC como interlocutores exclusivos de la society actors.
sociedad civil.
98 Análisis de casos Los retos de la participación ciudadana...
Palabras clave
Participación ciudadana, RNDDL, desarrollo local, Ley de Participación Ciudadana
Key Words
Citizen participation, Nicaraguan Network for Democracy and Local Development
(RNDDL), local development, Citizen Participation Act
Cómo citar este artículo
Serra Vázquez, Luis 2010 “Los retos de la participación ciudadana a nivel municipal en
Nicaragua” en OSAL (Buenos Aires: CLACSO) Año XI, Nº 27, abril.
Introducción
Esta ponencia presenta los resultados de una investigación realizada en 27 mu-
nicipios de las distintas regiones y departamentos de Nicaragua sobre la partici-
pación ciudadana en la gestión pública y en el desarrollo local durante los años
2007-2008.
Este estudio tiene por objetivo general el análisis de la participación ciudadana
y las organizaciones civiles en sus interrelaciones con el gobierno municipal du-
rante el periodo 2007-2008.
Los objetivos específicos plantean lo siguiente:
• Identificar el acceso que han tenido los ciudadanos a las informaciones sobre
la gestión pública de Alcaldías, gobiernos regionales y nacional.
• Valorar las oportunidades para las organizaciones civiles que han brindado el
Comité de Desarrollo Municipal y otros espacios de concertación local.
• Conocer el grado de incidencia ciudadana en la consulta, aprobación, ejecu-
ción y monitoreo de políticas públicas en sus municipios.
• Sistematizar las recomendaciones para fortalecer la participación ciudadana y
las organizaciones civiles en la gestión pública municipal.
Se trata de un estudio cuanti-cualitativo, transversal y propositivo. La principal
fuente de información han sido líderes de organizaciones civiles y funcionarios de
gobierno de los 27 municipios seleccionados, que suman un total de 587 perso-
nas, es decir un promedio de 21 informantes por municipio que fueron entrevis-
tados sobre la base de una guía semi-estructurada. Por otro lado, se ha recogido
información de fuentes documentales y registros accesibles.
La información recogida de las distintas fuentes ha sido procesada conforme
las temáticas seleccionadas, una vez que fue verificada la validez de la misma.
Posteriormente realizamos el análisis de los resultados, tratando de sintetizar los
hallazgos más relevantes, de explicar los factores que condicionan la dinámica
local, de valorar los avances y limitantes identificadas y de recopilar las recomen-
daciones planteadas a fin de fortalecer la participación ciudadana y el rol de las
organizaciones civiles en la gestión pública y el desarrollo local. Consideramos
que la problemática analizada en esta ponencia no es exclusiva de Nicaragua. Sus
experiencias positivas y negativas pueden contribuir al conocimiento y a la prácti-
ca de las organizaciones civiles de la región latinoamericana.
Luis Serra Vázquez Análisis de casos 99
Fundamentación
La Red Nicaragüense por la Democracia y el Desarrollo Local (RNDDL) es una
asociación que aglutina 54 organizaciones civiles de todo el país y tiene por mi-
sión el “contribuir al desarrollo de capacidades de sus miembros y otros actores
sociales para que promuevan, faciliten y acompañen procesos de desarrollo local
y participación ciudadana para la incidencia política, en un compromiso activo
con la descentralización del Estado nicaragüense”.
A partir del año 2007, ha surgido en Nicaragua un debate público sobre la
participación ciudadana y las organizaciones civiles como resultado de la polí-
tica del actual gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de
conformar un sistema nacional de Consejos de Poder Ciudadano subordinados al
Poder Ejecutivo que pretenden sustituir las instancias y mecanismos establecidos
en la Ley de Participación Ciudadana. Al mismo tiempo se evidencia una política
que pretende descalificar y controlar a las organizaciones civiles autónomas que
promueven la fiscalización de la gestión pública y la incidencia en políticas públi-
cas. En este contexto, la RNDDL ha decidido promover una investigación rigurosa
para conocer con certeza la dinámica actual de la participación ciudadana a nivel
local, identificando sus avances y sus limitantes, y extrayendo lecciones para su
fortalecimiento.
La relevancia del debate sobre la ciudadanía para abordar la compleja proble-
mática socio-política de América Latina ha sido señalada por A. Touraine: “El tema
de la ciudadanía significa la construcción libre y voluntaria de una organización
social que combina unidad de la ley con la diversidad de los intereses y el respe-
to a los derechos fundamentales” (Sojo, 2002: 32). En el fondo, la participación
ciudadana aborda el espinoso tema de la distribución de los recursos materiales y
políticos, se trata de democratizar el poder político incluyendo todos los sectores
sociales y se apunta a compartir los recursos que permitan condiciones de vida
dignas para todos en una sociedad.
Breve marco conceptual
El concepto más extendido de “ciudadanía” proviene de las Ciencias Jurídicas,
enfocándola como una relación legal entre las personas y el Estado que establece
derechos y deberes entre ambos. Por tanto, la definición generalmente aceptada
de “participación ciudadana” se refiere a todas aquellas prácticas de interacción
entre los actores de la sociedad civil y el Estado. Es decir, que el concepto alude
a las acciones de intervención de ciudadanas y ciudadanos, de forma individual
y colectiva, ante las instituciones del Estado, sea como elector, fiscalizador, con-
tribuyente, asociado o proponente de políticas públicas. Desde la perspectiva de
la gestión publica, la participación ciudadana cabe en todas las fases del ciclo
de políticas y programas, desde el diagnóstico de la problemática, pasando por
la elaboración de la política, la planificación e implementación de programas y
proyectos, hasta el monitoreo y la evaluación de resultados e impacto, tal como lo
establece la Ley de Participación Ciudadana en Nicaragua.
Un concepto sociológico de ciudadanía lo planteo T. Marshall, quien distingue
tres dimensiones: la “ciudadanía civil” significa el goce de derechos civiles, la
100 Análisis de casos Los retos de la participación ciudadana...
“ciudadanía política” implica el derecho de participar en elecciones, y la “ciu-
dadanía social” abarca los derechos de educación, salud, habitación, empleo y
seguridad social. Marshall señala que existe una contradicción en las sociedades
capitalistas contemporáneas entre el principio de igualdad de la ciudadanía y el
principio de diferenciación del mercado, particularmente en la vigencia de la “ciu-
dadanía social”, que el autor considera una condición necesaria para el ejercicio
de las otras dos dimensiones (Marshall, 1997).
En este sentido, Bottomore distingue una “ciudadanía sustantiva” que impli-
ca tener las capacidades para ejercer los derechos de la “ciudadanía formal” o
jurídica, y señala que la definición y vigencia de los derechos ciudadanos es un
campo de lucha socio-política entre grupos sociales con intereses contrapuestos
(Bottomore, 1992). Esta distinción ha sido retomada desde un enfoque feminista,
señalando que la igualdad formal de derechos que han alcanzado las mujeres en
muchos países difícilmente se ejerce en la práctica por la desigualdad existente
entre géneros, o mejor dicho por la subordinación del género femenino en dis-
tintos ámbitos sociales (familia, iglesia, empresa, partido, etc.) y la exclusión de
oportunidades (educación, salud, etc.) que permitan desarrollar sus capacidades y
sus derechos ciudadanos.
En el contexto latinoamericano, Ana García señala que “respecto a la ciudada-
nía formal, las diferencias entre mujeres y hombres se han reducido a su mínima
expresión en los últimos cincuenta años. En cuanto a la ciudadanía sustantiva, la
situación es claramente diferente” (García y Gomariz, 2001: 206). La limitante cla-
ve de la participación ciudadana de las mujeres reside en la diferenciación entre
un ámbito público asignado a los hombres donde se ejerce la política y la ciuda-
danía, y un ámbito privado o doméstico atribuido a las mujeres. Por esta razón, los
movimientos feministas han planteado la ruptura de esta distinción patriarcal vía la
politización de lo privado y el acceso equitativo de las mujeres al ámbito público
(Aguilar et al., 1997).
Coincidentemente, desde una perspectiva antropológica y con el auge de los
movimientos indígenas se ha señalado que muchos grupos étnicos se encuentran
excluidos de las oportunidades y condiciones sustantivas para ejercer la ciudada-
nía formal. Así ha surgido un enfoque multicultural de la ciudadanía que enfatiza
el respeto de las diversas identidades, normas y organizaciones propias de las
diversas culturas existentes en un país y la necesidad de una “discriminación posi-
tiva” para que los grupos excluidos puedan acceder en igualdad de condiciones a
los derechos ciudadanos (Bello, 2004).
En cuanto al concepto de “participación”, se lo ha definido como la “acción y
efecto de participar”, es decir se trata de “tomar parte” personalmente de una acti-
vidad o de un programa (temporal), o “ser parte o miembro” de una organización o
de una comunidad (permanente). Existen distintos ámbitos de la vida social donde
cabe a las personas “tomar o ser parte”. En el caso de la participación ciudadana
nos referimos a un ámbito societal específico, denominado por algunos autores
como “ámbito público” en tanto se abordan asuntos de interés común para los
miembros de una sociedad, y por otros autores se llama “campo político” en la
medida que interviene el Estado para normar ese asunto público que normalmente
es objeto de disputa entre grupos sociales.
Luis Serra Vázquez Análisis de casos 101
Podemos considerar el “ámbito público o político” como una dimensión es-
pecífica de la vida social donde los ciudadanos y las organizaciones compiten o
concuerdan sobre las decisiones concernientes a los asuntos de interés común.
Las fronteras del “ámbito público” han variado históricamente; así encontramos
temas contemporáneos que hoy son objeto de discusión pública y de decisiones
políticas, pero que décadas atrás no lo eran, por ejemplo, la violencia intrafamiliar,
las opciones sexuales, la contaminación ambiental, el salario mínimo, la subordi-
nación de las mujeres, niños y etnias.
La ampliación del “ámbito público” ha sido fruto de las luchas de grupos
excluidos por visibilizar sus demandas, en un contexto de cambios culturales y
educativos facilitados por la ampliación de las comunicaciones globales. Por el
contrario, los sectores dominantes han contrarrestado la ampliación del “ámbito
público” en temas que afectan sus intereses de poder, tratando de relegarlos al
“ámbito privado”, por ejemplo al ámbito del mercado dominado por grandes em-
presas o al espacio de la familia dominada por el patriarca.
En definitiva, entendemos que la participación ciudadana se refiere al in-
volucramiento de la población en asuntos considerados de interés común o
del “ámbito público”, categoría histórica definida en cada contexto según la
correlación de fuerzas. Tanto el concepto teórico como el alcance real de la
participación ciudadana son una construcción histórica de los sujetos sociales
en un contexto espacio-temporal determinado, dependiente de las condiciones
existentes (sociales, económicas y políticas) y de las capacidades de los sujetos
(humanas y materiales).
En cuanto a los factores condicionantes de la participación ciudadana, se trata
de un proceso multidimensional que obedece a distintas situaciones:
• En la dimensión política, el estado de derecho, la vigencia de derechos
individuales y colectivos tales como la libertad de expresión, movilización
y organización, la elección y revocación de dirigentes y su control por las
bases.
• En la dimensión económica, la satisfacción de las necesidades materiales bá-
sicas, la ruptura de los lazos de dependencia, la existencia de medios de co-
municación y transporte que faciliten los flujos informativos y las reuniones
colectivas.
• En la dimensión cultural, el acceso a información veraz y la educación básica,
el respeto a la diversidad cultural, el sentimiento de integración social, los va-
lores de justicia, equidad y solidaridad.
En cuanto a los niveles o tipos de participación ciudadana, una clasificación
muy utilizada se basa en las oportunidades que tienen los ciudadanos frente a
las instituciones políticas: un primer nivel es contar con la información sobre la
política o acción pública que se ha aprobado, un segundo escalón es la consulta
a los ciudadanos sobre decisiones públicas antes de ser implementadas (pero la
decisión final queda en otras manos) y un tercer nivel, es la oportunidad de que
los ciudadanos tengan voz y voto en las decisiones que se toman sobre asuntos
públicos, es decir que sus propuestas (fundamentadas, legitimadas y factibles) sean
102 Análisis de casos Los retos de la participación ciudadana...
“vinculantes” u obligatorias para los funcionarios públicos como plantea la Red
Nicaragüense de Desarrollo Local para contar con una ciudadanía activa y pro-
positiva.
Marco Jurídico de la Participación Ciudadana en Nicaragua
En Nicaragua la Constitución Política establece que “los ciudadanos tienen de-
recho de participar en igualdad de condiciones en los asuntos públicos y en la
gestión estatal. Por medio de la ley se garantizará, nacional y localmente, la parti-
cipación efectiva del pueblo” (Art. 50). También, la Constitución establece el dere-
cho ciudadano de participar en la consulta de políticas públicas que haga el Poder
Ejecutivo a través de un referéndum y la ratificación de leyes nacionales que puede
plantear la Asamblea vía un plebiscito. Asimismo, se reconocen los derechos civi-
les y políticos de los ciudadanos a constituir organizaciones, participar en asuntos
políticos y en la gestión pública, así como hacer críticas sobre el desempeño de
funcionarios e instituciones de Estado a nivel nacional o municipal (Art. 49-52).
Luego de un largo proceso de incidencia política, las organizaciones civiles
lograron la aprobación de la Ley de Participación Ciudadana (Nº 475-2003) que
señala que “...la gestión pública no puede ser concebida hoy en día sin la parti-
cipación directa y permanente de la ciudadanía, pues esto contribuye […] a con-
vertirlos […] en protagonistas de los procesos de transformación de la sociedad
nicaragüense”. Este enfoque de participación ciudadana no se limita a los niveles
tradicionales de brindar información sobre una política pública o una ley; tampo-
co a la simple consulta de las opiniones de los ciudadanos, sino que se trata de
una participación que alcanza el nivel decisorio en el diseño y la implementación
de políticas públicas, en conjunto con el gobierno.
Esta Ley define así la participación ciudadana:
Es el proceso de involucramiento de actores sociales en forma individual o colectiva, con el ob-
jeto y finalidad de incidir y participar en la toma de decisiones, gestión y diseño de las políticas
públicas en los diferentes niveles y modalidades de la administración del territorio nacional y las
instituciones públicas con el propósito de lograr un desarrollo humano sostenible, en correspon-
sabilidad con el Estado.
Según esta ley, la participación es un derecho de los ciudadanos que se carac-
teriza por ser voluntaria, universal, equitativa, solidaria y plural y, por otro lado,
constituye una obligación del Estado hacerla efectiva.
Las modalidades de participación ciudadana previstas en la ley 475-2003 son
las siguientes:
• La iniciativa ciudadana de presentar proyectos de leyes y normas, sea a nivel
nacional, regional, autónomo o local.
• La consulta ciudadana de normas o políticas que están en proceso de elabora-
ción. En el caso de la Alcaldía, tiene la obligación de consultar con la sociedad
civil el proyecto del Presupuesto Anual y del Plan de Desarrollo Municipal.
• Las instancias consultivas para la formulación, seguimiento y evaluación de
las políticas públicas tal como son a nivel municipal, departamental y regional
Luis Serra Vázquez Análisis de casos 103
–los Comités de Desarrollo– y a nivel nacional los Consejos Sectoriales y el
Consejo Económico y Social (CONPES).
• Las asociaciones sociales de pobladores, gremiales, sectoriales, grupos étnicos,
mujeres y jóvenes, que pueden obtener su reconocimiento jurídico mediante
su registro ante el Concejo Municipal, y las comunidades étnicas de las regio-
nes del Caribe ante su Consejo Regional (Ley 445-2003).
En el contexto de las regiones autónomas del Caribe, existen formas específicas
de participación y organización de las comunidades indígenas y afrodescendien-
tes que han sido reconocidas legalmente, así como sus derechos colectivos a pre-
servar sus lenguas, religiones y culturas, sus formas comunales de propiedad, sus
recursos naturales, así como poder elegir a sus autoridades comunales, territoriales
y regionales.
La información ciudadana sobre la gestión municipal
El acceso a la información de carácter público es un derecho que tienen los ciu-
dadanos de conocer los hechos de interés colectivo, como es la gestión de las
instituciones estatales. La información de la gestión pública es un elemento clave
de la transparencia que debe regir entre el Estado y los ciudadanos, basado en un
proceso de comunicación permanente de doble vía.
Este derecho ciudadano está reconocido en la Constitución Política de Nica-
ragua y en la Ley de Acceso a la Información Pública (621-2007) que establece
que “toda persona sin discriminación alguna, tiene derecho a solicitar y recibir
datos, registros y todo tipo de información pública en forma completa, adecuada y
oportuna de parte de todas las entidades sometidas al imperio de la presente Ley,
salvo las excepciones previstas como información reservada” (Art. 3). Esta ley rige
tanto para las instituciones del Estado como para las empresas concesionarias de
servicios públicos; todas ellas deben crear una Oficina de Información para reci-
bir las solicitudes ciudadanas, registrarlas y tramitarlas para brindar una respuesta
dentro de un plazo de quince días hábiles. Asimismo, deben establecer un Banco
de Datos accesible al público que contenga toda la información pública creada
o administrada por dicho ente. Por otro lado, se establece la obligación de estas
instituciones de ofrecer al público la información básica de su entidad, tal como
su estructura organizativa, su misión y visión, sus servicios y programas, los con-
cursos y licitaciones y el balance financiero anual.
El estudio de los 27 municipios seleccionados nos muestra que en ninguna
Alcaldía tenían una oficina específica con una persona responsable de recibir y
brindar información a la ciudadanía. En algunas alcaldías funcionaba una oficina
de divulgación con la función de dar a conocer las actividades y proyectos del go-
bierno municipal por los medios locales, lo que en menor medida ha servido para
atender las solicitudes de información.
En la práctica, observamos que los ciudadanos que llegaban a la alcaldía eran
remitidos por la recepcionista al funcionario correspondiente, dependiendo del
tema o servicio que se tratare. La información solicitada se ha referido a proyectos
e inversiones municipales en caminos, andenes y puentes, luz eléctrica, letrinifi-
104 Análisis de casos Los retos de la participación ciudadana...
cación, escuelas, agua potable; también sobre los servicios que presta la alcaldía.
Quienes solicitan información son generalmente los líderes comunales, los repre-
sentantes de organizaciones civiles, religiosas y políticas, las instituciones estatales,
los estudiantes y maestros del municipio. En general, observamos una disposición
favorable de los funcionarios de brindar información, salvo asuntos considerados
“reservados”, como información financiera. No obstante, la carencia de registros
sistemáticos y de bases de datos que sufren muchas alcaldías les dificulta brindar
una información fidedigna y amplia sobre la gestión municipal.
En cuanto a la información de su gestión pública, las autoridades municipales
la han efectuado mediante las reuniones con líderes locales, las asambleas y ca-
bildos con pobladores, el perifoneo por los barrios y comarcas, los programas de
radios locales y medios gráficos como murales, mantas, boletines y volantes. Las
radios locales han tenido un papel importante en informar sobre la gestión mu-
nicipal, y también en transmitir las inquietudes de la población a las autoridades
municipales. Sin embargo, la mayoría de los ciudadanos entrevistados coinciden
en señalar que ha sido muy reducida la información recibida sobre la labor que
realiza su gobierno municipal, especialmente los pobladores de comarcas rurales
y en las regiones autónomas, las comunidades indígenas y afrodescendientes.
En casi todos los municipios se han realizado los cabildos municipales normados
por ley a inicios de cada año para informar sobre los resultados del trabajo realizado
el año anterior y el presupuesto ejecutado. La asistencia ha sido bastante reducida
por diversos motivos: invitaciones dirigidas a líderes afines al partido de gobierno,
divulgación tardía y limitada a la cabecera municipal, costos de transporte de po-
bladores rurales, obligaciones laborales o familiares y desinterés debido al incum-
plimiento de promesas. Dentro de sus limitantes, los cabildos han sido un espacio
público que ha brindado la oportunidad a los ciudadanos de expresar sus opiniones
y valoraciones críticas de la gestión municipal, como fue el caso del cabildo realiza-
do en El Rama, donde se criticaron los excesivos pagos de viáticos del alcalde.
Las sesiones del Concejo Municipal han estado abiertas generalmente a los ciu-
dadanos que deseaban conocer el debate de asuntos públicos o plantear sus in-
quietudes. Sin embargo, la participación ha sido mínima por razones tales como el
desconocimiento de la fecha y la hora de las sesiones, lo pequeño del local y la falta
de condiciones y la exigencia de solicitud previa por escrito en algunas alcaldías.
Considerando que la comunicación es un proceso de doble vía, este estudio
muestra que han existido limitaciones por ambos lados: los divulgadores y funcio-
narios de la alcaldía no han sabido mantener un flujo constante de información
sobre la gestión municipal, y por otro lado hubo una debilidad de parte de los
ciudadanos y sus organizaciones para interesarse en estar informado sobre la labor
de la alcaldía.
La consulta de políticas municipales
Existe consenso en que la participación ciudadana en los asuntos públicos que
afectan sus intereses individuales o sociales es un componente clave de una “go-
bernabilidad democrática” o “buen gobierno”. Su ejercicio eficiente y oportuno
otorga a las políticas públicas que han sido consensuadas con la ciudadanía la
Luis Serra Vázquez Análisis de casos 105
oportunidad de enriquecerse con sus aportes, además de dotarlas de la legitimidad
que facilita su validez y su cumplimiento efectivo.
La participación en la gestión pública se refiere a la intervención de la ciuda-
danía y sus organizaciones en todo el ciclo de las políticas públicas, desde su ela-
boración hasta su evaluación final y mejoramiento de la misma. El seguimiento de
la gestión pública se refiere a la participación ciudadana en el monitoreo, control
y evaluación durante el proceso de implementación de planes y programas públi-
cos llevados a cabo por organismos del Estado. Las investigaciones realizadas en
diversos países latinoamericanos han mostrado que la participación ciudadana en
el seguimiento de proyectos, inversiones y uso de recursos públicos contribuye a la
transparencia y a la eficiencia de la gestión pública, es decir que mitiga la corrup-
ción y el burocratismo en instituciones estatales (Kliksberg, 2007).
Una condición necesaria para una consulta efectiva de una propuesta del go-
bierno municipal es su divulgación previa de forma amplia y completa entre la
ciudadanía para poder conocerla, analizarla y plantear sugerencias antes de su
aprobación. Nuestro estudio muestra que esta divulgación previa no ha sido una
práctica habitual en la mayoría de los Gobiernos Municipales; en general sólo lo
han hecho con la propuesta del Plan Anual de Inversiones (PIM) en los cabildos
municipales.
La práctica usual de las alcaldías en materia de consulta a la ciudadanía ha sido
mediante reuniones con líderes comunales y de organizaciones civiles, delegados
del alcalde en las comarcas y con el Comité de Desarrollo Municipal donde ha
funcionado. Estas sesiones de consulta han demostrado ser muy importantes para
sondear la opinión de los participantes y mejorar las propuestas; sin embargo son
espacios limitados en tanto no había un conocimiento previo de las propuestas
que permitiera a los líderes civiles consultar con sus bases y llevar un planteamien-
to consensuado ante al gobierno municipal.
En gran parte de los municipios estudiados encontramos que los gobiernos
municipales han realizado a finales del año el Cabildo estipulado legalmente para
consultar con la ciudadanía el proyecto de presupuesto municipal para el siguiente
año, aunque la participación ha sido reducida por las razones antes mencionadas
con los cabildos al inicio de año. Las consultas previas del presupuesto o pre-
cabildos que se estipulan legalmente durante un período de dos meses previo al
Cabildo no ha sido una práctica en los municipios estudiados. Esto ha impedido
que los ciudadanos de las distintas comarcas rurales y barrios urbanos puedan
analizar con tiempo las propuestas del gobierno y plantear sus demandas para que
al celebrarse el Cabildo se lleve un presupuesto consensuado de forma amplia con
la ciudadanía.
La participación ciudadana en los cabildos ha sido mayor en aquellos muni-
cipios donde han existido proyectos de promoción de la participación ciudadana
por organizaciones civiles que incluyen fondos para cubrir los costos de transporte
y alimentación de los ciudadanos rurales, como es el caso de la Asociación de De-
sarrollo de Nueva Guinea y de Ayuda en Acción en Kukra Hill. De igual manera,
se ha observado un incremento de la participación de grupos sociales tradicional-
mente excluidos de estos espacios públicos, como las mujeres y los jóvenes, en
municipios donde hay organizaciones civiles y proyectos que la impulsan.
106 Análisis de casos Los retos de la participación ciudadana...
Estas dificultades, sumadas a la escasa capacidad financiera de las alcaldías
para responder a las demandas ciudadanas, permiten comprender la tendencia en
los últimos años al descenso de la participación en cabildos municipales, según
muestran las encuestas nacionales realizadas por el Barómetro Latinoamericano
de Opinión Pública (LAPOP): en 2004 un 16,4% de los ciudadanos participó en
algún cabildo municipal, en 2006 el porcentaje se redujo al 11,6% y en 2008
descendió al 10,3%. Igualmente ha disminuido el número de ciudadanos que han
presentado una solicitud al gobierno municipal de un 18,3% en 2004 al 11,1% en
el 2008 (Pérez y Seligson, 2008).
La consulta ciudadana en otras ordenanzas y proyectos aprobados por el go-
bierno municipal durante 2008 fue mínima en los municipios estudiados, y en esos
casos se limitó a consultar las propuestas con algunas organizaciones y líderes. Un
reclamo planteado por entrevistados en varios municipios es que las consultas se
realizan con partidarios afines al alcalde –sea cual fuere su signo político– y no de
forma amplia con todos los ciudadanos.
Sin embargo, hemos encontrado varios municipios en donde la alcaldía ha
aprobado diversas políticas públicas municipales que han surgido de la ciudada-
nía organizada. En Bluefields se aprobó una ordenanza que crea la Secretaría de la
Juventud gracias a la capacidad de incidencia política de las organizaciones juve-
niles costeñas. En Matagalpa, la ordenanza que establece una política de equidad
de género municipal y un presupuesto anual para la Secretaría de la Mujer gracias
a la incidencia de las organizaciones de mujeres.
Sólo en la mitad de los municipios estudiados ha funcionado regularmente el
Comité de Desarrollo Municipal (CDM), que es el principal espacio de concerta-
ción interinstitucional y de consulta de la gestión municipal establecido legalmen-
te, una instancia cuya composición “debe reflejar y garantizar la representatividad
de los diferentes actores sociales y formas organizativas del territorio” (Ley 475-03,
Art. 55). La Asamblea de todos los miembros es la máxima autoridad del CDM
que elige una Junta Directiva que dirige el alcalde en casi todos los municipios;
también se organizan mesas de trabajo en áreas de interés como educación, salud,
producción, medio ambiente, mujer, niñez y juventud.
En los municipios donde los CDM han funcionado regularmente, esta instancia
ha servido como un valioso espacio de comunicación entre los distintos actores
municipales y de concertación interinstitucional para elaborar y ejecutar diversas
políticas de desarrollo municipal; también, los CDM han servido para canalizar
demandas ciudadanas a través de las organizaciones participantes.
Entre las dificultades identificadas en los CDM se destacan el manejo cen-
tralizado por algunos alcaldes de la convocatoria y la toma de decisiones, la
ausencia de algunas organizaciones civiles importantes y la tendencia de insti-
tuciones del gobierno central, como el Ministerio de Educación y el Ministerio
de Salud, de coordinarse directamente con los Consejos de Poder Ciudadano
(CPC), las nuevas organizaciones creadas por el actual gobierno del FSLN. Así
encontramos en municipios gobernados por el FSLN que el CDM ha sido susti-
tuido por los Gabinetes de Poder Ciudadano donde participan las delegaciones
del gobierno central y los CPC bajo la conducción del Secretario del FSLN en
el territorio.
Luis Serra Vázquez Análisis de casos 107
Otros espacios interinstitucionales de comunicación y consulta donde partici-
pan organizaciones ciudadanas bajo la conducción de la delegación municipal
del ministerio correspondiente son el Comité de Salud Municipal, el Consejo Mu-
nicipal de Educación, el Comité de Prevención, Atención y Mitigación de Desas-
tres y el Comité de Prevención del Delito.
En las regiones autónomas del Caribe, las comunidades indígenas y afrodes-
cendientes carecen de mecanismos de comunicación y coordinación con los Go-
biernos Municipales; en muchos casos no han sido considerados en los cabildos y
las consultas del Plan de Inversiones. En municipios donde existen comunidades
étnicas organizadas han surgido conflictos con los gobiernos municipales sobre el
uso de los recursos naturales y los territorios comunales.
Participación en la implementación de políticas municipales
En la mayoría de los municipios estudiados, las organizaciones ciudadanas han
participado activamente en la ejecución de proyectos y de obras públicas, en
menor medida en su monitoreo y evaluación. En las inversiones públicas, ge-
neralmente la alcaldía aporta la dirección del proyecto y el financiamiento –sea
de ingresos propios, transferencias u otras fuentes– mientras que la ciudadanía
colabora con mano de obra, terrenos, materiales, herramientas, bodegas, trans-
porte, alimentación y hospedaje de trabajadores o dinero en efectivo. El aporte
de la población es requerido en la mayoría de los programas que financian las
agencias de cooperación externa. En algunos proyectos el organismo de coope-
ración paga “una ayuda” monetaria a la población que aporta su mano de obra,
lo cual ha sido criticado porque desmotiva el aporte de trabajo voluntario en
futuras obras comunitarias.
En algunos casos, las organizaciones locales han participado conjuntamente
con la alcaldía en el seguimiento o monitoreo durante la implementación de los
proyectos, en particular en los Proyectos Guiados por la Comunidad (PGC) que ha
financiado el Fondo de Inversión Social (FISE) del gobierno. Esta labor de moni-
toreo local ha permitido mejorar la eficiencia en el uso de los recursos materiales
y humanos del proyecto, al mismo tiempo que ha contribuido a la apropiación
ciudadana de esas inversiones y por tanto, a su cuidado y sostenibilidad futura.
En todos los municipios se ha detectado en las organizaciones ciudadanas un
creciente interés por conocer y participar en las decisiones sobre el uso de los
ingresos municipales. Sin embargo, un monitoreo ciudadano de la gestión munici-
pal requiere, para ser efectivo, de la apertura de las autoridades municipales a las
observaciones y reclamos de los ciudadanos. Para ello debe existir en la alcaldía
un mecanismo accesible y confiable para recibir estas valoraciones y quejas ciu-
dadanas, además de una actitud abierta de parte de los funcionarios y autoridades
municipales, lo cual constituye un reto que enfrenta la gran mayoría de los muni-
cipios estudiados.
Nuestra investigación identifica un mayor nivel de participación ciudadana y
de incidencia en la gestión pública en aquellos municipios donde se han desarro-
llado durante varios años programas de capacitación de líderes comunales y de
fortalecimiento de organizaciones locales. En esos municipios se encuentran líde-
108 Análisis de casos Los retos de la participación ciudadana...
res hombres y mujeres conscientes de los derechos ciudadanos y de los espacios
de participación, además de poseer una capacidad propositiva y un compromiso
con su comunidad, tal como lo han demostrado otros estudios sobre el tema.
Participación Electoral
La participación ciudadana en las recientes elecciones municipales (del 9 de
noviembre de 2008) ha sido estimada en un 56,6% según los resultados pro-
visionales (no se han publicado los datos finales y completos) brindados por el
Consejo Supremo Electoral (CSE), mientras que una encuesta nacional a 40.000
ciudadanos estima que un 74% de la población acudió a votar por sus autorida-
des municipales (Ética y Transparencia, 2009). Este estudio muestra una menor
participación electoral de los jóvenes respecto de los adultos debido en gran
parte por falta de cédula de identidad o por no aparecer en el padrón electoral.
Pero la razón principal que impidió la votación de tres cuartas partes de los ciu-
dadanos, tanto adultos como jóvenes, fueron las anomalías ocurridas el día de
los comicios donde no se permitió la observación electoral nacional que tradi-
cionalmente han realizado organizaciones como el Instituto por la Democracia
(IPADE) y Ética y Transparencia.
Las “anomalías” que configuraron un fraude apañado por el Consejo Supre-
mo Electoral a favor del FSLN, fueron identificadas por los partidos de oposición,
las iglesias y organizaciones civiles en unos cincuenta municipios (incluyendo la
capital y cinco cabeceras departamentales): la expulsión de los fiscales de otros
partidos en las juntas de votación y en los centros de computo, el cierre temprano
y sin razón de un 20% de las mesas, la anulación de votos de forma injustificada y
la sustitución o alteración de actas de escrutinio. En cuanto a las cédulas de iden-
tidad, en muchos municipios se denunció meses antes de las elecciones que el
CSE estaba priorizando su elaboración y distribución a los simpatizantes del FSLN,
dejando indocumentados al resto de los ciudadanos. Además, hay que recordar
que a mediados del 2008 el CSE había anulado injustificadamente la personería
jurídica de dos partidos: el Movimiento Renovador Sandinista y el Partido Conser-
vador (Ética y Transparencia 2008).
Es interesante señalar que la Conferencia Episcopal se pronuncio públicamente
dos días después de las elecciones, señalando las irregularidades observadas y
proponiendo una revisión de todas las actas de escrutinio, al igual que los partidos
de oposición y la Coordinadora Civil de Nicaragua que aglutina unas 600 orga-
nizaciones. Las marchas de protesta por el fraude electoral y de petición de una
revisión pública de actas que se realizaron en varios municipios fueron reprimidas
por grupos de choque organizados por el FSLN, quien declaró haber ganado 105
alcaldías, mientras asignó 37 municipios al Partido Liberal Constitucionalista y 4
municipios a la Alianza Liberal Nicaragüense.
Cabe señalar que en 7 municipios de la Región Autónoma del Atlántico Norte
las elecciones se realizaron posteriormente, el 19 de enero 2009, en las cuales
se permitió la supervisión de organizaciones civiles como el IPADE, el Centro de
Derechos Humanos, Ciudadanos y Autonómicos (CEDEHCA) y una Red Ecuméni-
ca de Iglesias, lo cual sirvió de garantía y legitimidad a los comicios municipales.
Luis Serra Vázquez Análisis de casos 109
El informe electoral de IPADE señala que “el proceso de votación en estas elec-
ciones municipales de la Región Autónoma del Atlántico Norte se desarrolló sin
mayores incidentes y sin la presencia de irregularidades que indiquen a la fecha
la alteración de la voluntad de los electores” (IPADE, 2009: 8). La participación se
estima un poco menor que el promedio nacional (52,2%) y los resultados del voto
ciudadano le otorgaron cuatro municipios al FSLN, tres al PLC y uno a YATAMA
(Partido Regional Miskito).
En conclusión, la participación ciudadana y la gobernabilidad en unos 50 mu-
nicipios ha sido seriamente afectada por el fraude electoral que ha permitido el
ascenso de autoridades municipales percibidas como ilegales e ilegítimas por gran
parte de la ciudadanía. La credibilidad del CSE ha caído drásticamente así como
el actual marco legal electoral de carácter restrictivo producto del pacto entre
el FLSN y el PLC 2000, que estableció la distribución de los poderes del Estado
entre ambos partidos; por esta razón muchas organizaciones ciudadanas están de-
mandando una reforma de la ley electoral y la destitución de los funcionarios del
CSE. Además de las repercusiones políticas internas, el fraude electoral ha violado
convenios internacionales que Nicaragua ha firmado y compromisos bilaterales
establecidos en convenios de cooperación con gobiernos y agencias, por tanto la
Unión Europea ha suspendido la ayuda presupuestaria al gobierno y el gobierno
de EEUU ha cancelado el programa “Cuenta Reto del Milenio”, afectando así las
pocas oportunidades de superación de la pobreza que encuentran hoy día las
familias nicaragüenses.
Conclusiones
En las últimas décadas se ha construido en Nicaragua un amplio marco jurídico
sobre la participación ciudadana en la gestión de políticas públicas, especialmente
a nivel municipal, gracias a la incidencia de organizaciones civiles y de entes de
cooperación externa. Sin embargo, se observa una brecha entre el “deber ser” jurí-
dico y la realidad de la participación ciudadana, que tiene sus causas en múltiples
factores, entre los que se destacan el carácter centralista del sistema político na-
cional, el peso inercial de una cultura política verticalista y excluyente que predo-
mina entre los líderes políticos y el escaso tiempo de apropiación y ejercitación de
la Ley de Participación Ciudadana en el marco de un joven proceso de transición
democrática en el país. Por otra parte están las limitantes propias de la ciudadanía
derivada de la situación de pobreza, la desinformación, el bajo nivel educativo,
combinado con una fuerte influencia de una ideología religiosa providencialista
y fatalista.
Entre los principales hallazgos del estudio identificamos un proceso de crecien-
te participación ciudadana en la gestión pública municipal nicaragüense durante
la última década, vinculado a dos factores claves. Por un lado, una labor de capa-
citación realizada por organizaciones de desarrollo con líderes locales, funciona-
rios y ciudadanos, en los temas de derechos humanos y participación ciudadana,
que queda de manifiesto en la presencia beligerante de organizaciones locales y
redes sociales en los espacios públicos locales. Por otro lado, la apertura de espa-
cios de información y consulta por parte de los gobiernos locales y nacional luego
110 Análisis de casos Los retos de la participación ciudadana...
de la aprobación de la Ley de Participación Ciudadana, como han sido los Comités
de Desarrollo Municipal, los Cabildos Municipales, los Consejos Municipales de
Salud y Educación, los Comités de Prevención de Desastres y otras instancias lo-
cales de concertación interinstitucional.
Los espacios de gobernanza municipal analizados en este estudio han permitido
la comunicación entre los principales actores civiles y gubernamentales, la consulta
de políticas y planes de las instituciones estatales, el planteamiento de iniciativas
ciudadanas y la coordinación de esfuerzos y recursos en la ejecución de acciones
de desarrollo municipal. Entre las principales limitantes de estos espacios se ha
señalado su labor coyuntural, careciendo de una planificación y monitoreo siste-
mático, las tensiones por razones político-partidarias o de protagonismo personal
y la dependencia para su convocatoria y funcionamiento en pocas instituciones
estatales que tienden a promover una participación meramente instrumental de las
organizaciones civiles para la ejecución de políticas y planes prediseñados por las
instancias centrales. El papel de las organizaciones ciudadanas en estos espacios de
gobernanza local ha dependido de su articulación y visión común, de la calidad de
sus líderes, de su capacidad de negociación, y por otro lado, de la apertura demo-
crática y pluralista de los funcionarios que dirigen las instituciones de gobierno.
Este estudio ha comprobado el avance gradual del nuevo modelo de partici-
pación ciudadana impulsado por el gobierno nacional a partir del 2007, especial-
mente en las alcaldías lideradas por el FSLN y en las Delegaciones Ministeriales.
Esto ha significado la creación de nuevas organizaciones (Consejos de Poder Ciu-
dadano) y espacios de concertación (Gabinetes) que han afectado los espacios
plurales previstos legalmente en dos sentidos: vaciando su función al crear una
instancia paralela o bien copando y controlando el espacio legal con sus organi-
zaciones. Sin dudas que un incentivo poderoso para la incorporación a los CPC
de ciudadanos pobres han sido los beneficios de los programas estatales Hambre
Cero y Usura Cero, además de las oportunidades de empleo en el Estado, es decir
un tipo de participación condicionada en el marco de relaciones de clientelismo
político, que son típicas de sociedades con altos niveles de pobreza y desigualdad
como Nicaragua.
El estudio muestra que uno de los principales retos para promover la partici-
pación ciudadana es ampliar y mejorar la divulgación de la información sobre la
gestión pública municipal, tanto de las alcaldías como de las delegaciones del go-
bierno central. Asimismo, es preciso que la ciudadanía conozca las leyes relativas
al gobierno municipal y a la participación ciudadana, a fin de aumentar la asisten-
cia y el aporte de la población en estos espacios de consulta sobre las políticas y
proyectos municipales.
Retomando la tipología planteada en el marco conceptual, el estudio muestra
que la participación ciudadana municipal en 2007 se encontraba básicamente a
un nivel informativo de la gestión pública, con los vacíos ya señalados, y en menor
medida se ha desarrollado a un nivel consultivo (efectivo y amplio) de las pro-
puestas de políticas públicas antes de su aprobación. En pocos casos observamos
que las organizaciones ciudadanas han alcanzado un nivel de participación en la
toma de decisiones sobre planes de acción o inversiones municipales que fueran
aceptadas y aprobadas por las instituciones de gobierno.
Luis Serra Vázquez Análisis de casos 111
Por otro lado, el estudio identifica un nivel significativo de participación ciu-
dadana en la implementación de obras municipales, acciones de salud y educa-
ción, mediate el aporte de trabajo, tiempo y recursos locales sin los cuales sería
imposible que las instituciones de gobierno cumplan sus metas. Esto muestra una
disposición solidaria de un sector de la ciudadanía y de sus organizaciones en
apoyar acciones de beneficio colectivo en conjunto con las instituciones de go-
bierno, a pesar de las brechas de información y consulta que hemos detectado.
Este capital social que posee la ciudadanía local constituye un valioso recurso para
el desarrollo local, que puede potenciarse mediante una concertación incluyente
y consensuada con los gobiernos locales, las delegaciones del gobierno nacional
y otras organizaciones que operan en el territorio.
Recomendaciones planteadas
Con el fin de fortalecer la participación ciudadana a nivel municipal en la consul-
ta, implementación, monitoreo y evaluación de políticas y proyectos, los entrevis-
tados han planteado múltiples recomendaciones que resumimos en los siguientes
puntos:
Para mejorar la información al ciudadano
• Establecer en las alcaldías una Oficina de Información Pública con una per-
sona responsable de recibir las solicitudes de información que pidan los ciu-
dadanos y tramitar su respuesta en tiempo y forma, o remitirla al funcionario
competente, así como manejar un registro de expedientes.
• Capacitar al personal de la alcaldía para mejorar las relaciones humanas y
la atención a la población brindando información a todos los ciudadanos sin
exclusiones.
• Se deben establecer espacios de diálogo periódico (mensual o bimensual) entre
la alcaldía y la ciudadanía en base a un cronograma y horario establecido de
mutuo acuerdo, especialmente con las comarcas rurales del municipio.
• La alcaldía debe dar a conocer públicamente la información institucional que
estipula la ley, tal como su estructura organizativa, su misión y visión, sus ser-
vicios y programas, los concursos y licitaciones, el plan de inversiones, el pre-
supuesto y el balance financiero anual.
• Donde existan radios locales, la alcaldía debería establecer programas periódicos
de información a la población sobre su labor, proyectos en gestión o ejecución,
actividades próximas, noticias de interés municipal y mensajes educativos.
• Ampliar la producción de boletines informativos sobre la labor de la alcaldía
para su distribución amplia en las comunidades del municipio, en sus lenguas
para las comunidades étnicas.
• Informar y capacitar a la ciudadanía sobre el marco jurídico del gobierno mu-
nicipal, regional y comunitario, la ley de participación ciudadana y de acceso
a la información pública.
• Divulgar públicamente el calendario de reuniones del Concejo Municipal y
facilitar el acceso de los ciudadanos a sus sesiones en un local adecuado, así
como la divulgación de las sesiones y los acuerdos tomados por el CM.
112 Análisis de casos Los retos de la participación ciudadana...
• Instaurar un registro computarizado, sistemático y abierto de toda la informa-
ción que se genera en la municipalidad: servicios municipales, recaudación
de tributos, ejecución de presupuestos, registro civil y otras áreas de interés
público.
• Las instituciones públicas y las organizaciones civiles deben compartir la infor-
mación y los diagnósticos que tengan sobre el municipio.
• Mejorar la comunicación de los líderes comunales y gremiales con la pobla-
ción a la que representan, a fin de divulgar la información que recibieran de las
autoridades municipales y de recoger sus inquietudes y demandas.
Para fortalecer los Cabildos Municipales
• Realizar una convocatoria amplia, con tiempo y por medios seguros a toda la
ciudadanía tratando de motivarlos para que asistan a los cabildos municipales,
especialmente las mujeres, los jóvenes, las comunidades indígenas y los grupos
étnicos.
• Se recomienda realizar cabildos en cada zona o territorio en que se divide el
municipio para acercar el gobierno municipal a la población y fomentar la
participación ciudadana en la gestión pública.
• Es conveniente que en los cabildos y encuentros comunitarios participen
miembros del Concejo Municipal y del equipo técnico, además del alcalde
o vice-alcalde, así como delegados de instituciones del gobierno regional y
central en el territorio.
• Los informes financieros de ingresos y gastos de la alcaldía deben presentarse
de forma didáctica y por escrito para que la población comprenda fácilmente.
• Es conveniente llevar un registro de asistencia en los cabildos y reuniones que
tenga la alcaldía con la población (por sexo, edad, comunidad).
• Los lugares donde se realizan los cabildos y reuniones deben tener condiciones
adecuadas: asientos, espacio, ventilación y luz, sin ruidos, equipo de sonido,
agua potable, letrinas.
• Involucrar a los ciudadanos, en especial los líderes comunales, en el proceso de
formulación de las ordenanzas, bandos, proyectos y presupuestos municipales.
• Abrir en la municipalidad una oficina que promueva la participación ciuda-
dana y brinde capacitaciones sobre las Leyes de Participación Ciudadana, de
Municipios, de Presupuesto Municipal, de Servicio Civil y de Acceso a la In-
formación Pública.
• Informar a la población sobre los ingresos que recibe el municipio de distintas
fuentes, sus gastos operativos y el monto disponible para inversiones comuna-
les, de forma clara y sencilla.
• Destinar un presupuesto para la movilización de los líderes de las comunida-
des para que asistan a los Cabildos y den seguimiento a sus problemáticas.
Para mejorar la consulta y evaluación de políticas municipales
• Las autoridades municipales deben consultar ampliamente con las organiza-
ciones y líderes locales antes de aprobar una ordenanza, un bando o un pro-
yecto de desarrollo municipal, retomando las propuestas factibles que gocen
de consenso.
Luis Serra Vázquez Análisis de casos 113
• Los gobiernos municipales deben retomar los planes y demandas de las co-
munidades e integrar sus representantes en la comisión que elabora el plan y
presupuesto anual del municipio.
• En los proyectos de inversión deben establecerse comités de seguimiento con-
formados por las organizaciones comunitarias y técnicos de la alcaldía.
• La alcaldía debería informar cada trimestre a la ciudadanía los avances y las
dificultades encontradas en la ejecución del Plan Anual de Inversiones.
Para fortalecer el Comité de Desarrollo Municipal
• Integrar como miembros del CDM a todas las organizaciones de la sociedad ci-
vil, sin exclusiones partidarias o étnicas, con equidad de género y generacional.
• Los CDM deben legalizarse mediante ordenanza municipal y tener una norma-
tiva consensuada entre sus miembros que regule su funcionamiento.
• Las autoridades de la alcaldía deben involucrar al CDM en la elaboración de
ordenanzas, proyectos, planes de inversiones y presupuestos. Hay que mejorar
la comunicación entre el CDM y el Concejo Municipal.
• El alcalde o quien coordine el CDM debe impulsar su funcionamiento y moti-
var la participación, convocar con tiempo a las sesiones enviando la agenda y
documentos a discutir para que se pueda consultar con la ciudadanía.
• Se recomienda planificar y monitorear el trabajo del CDM, tanto la Junta Di-
rectiva como las Mesas, acordar un calendario de reuniones fijas, llevar un
Libro de Actas y Acuerdos, mejorar la comunicación entre las mesas y con la
Directiva.
• La alcaldía debe establecer un rubro presupuestario para el CDM, facilitarle un
espacio para sesionar y apoyo secretarial, además de los aportes que realicen
las organizaciones miembro de acuerdo a sus posibilidades.
• Promover entre los miembros del CDM actitudes de respeto, de diálogo y es-
cucha, tolerancia de otras opiniones e ideologías, respeto de los roles de cada
actor, una posición constructiva y solidaria.
• Los representantes de organizaciones civiles, comunidades y barrios, deben
consultar a sus bases sobre los temas a van a discutir en el CDM tratando de
llevar una posición de consenso. Luego de la reunión, informarles a sus miem-
bros sobre los acuerdos, desacuerdos y próximas actividades.
• Las instituciones del gobierno central y regional deberían utilizar los espacios
del CDM para coordinarse con todas las organizaciones ciudadanas del muni-
cipio, y no solo con aquellas del mismo partido político
• Crear una comisión formada por alcaldía y las organizaciones civiles encar-
gada de dar seguimiento y evaluar los proyectos municipales en sus aspectos
técnicos, financieros y sociales.
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La lucha del Sindicato
Mexicano de Electricistas
Massimo Modonesi Lucio Oliver
Doctor en Estudios Latinoamericanos, Doctor en Sociología, UNAM. Coordinador
UNAM. Profesor e investigador de la del Programa de Posgrado en Estudios
UACM y profesor de la FCPS-UNAM. Latinoamericanos de la UNAM y
profesor titular del Centro de Estudios
Latinoamericanos, de la FCPS-UNAM.
Mariana López de la Vega Fernando Munguía Galeana1
Maestra en Estudios Latinoamericanos, UNAM. Licenciado en Sociología, UNAM.
Resumen Abstract
Los graves golpes de la crisis económica The global and American economic
estadounidense y mundial, combinados crises have dealt a serious blow to
con la crisis profunda del Estado mexicano, Mexico, already undergoing a profound
llevan al grupo dominante –según crisis. As a consequence, according
sostiene este artículo– a avanzar hacia la to this article, the leading group has
privatización de los recursos energéticos moved towards privatisation of energy
y, al mismo tiempo, a tratar de imponer resources and, at the same time, the
la eliminación de una serie de derechos, intention to force the elimination of a
conquistas y garantías de los trabajadores, number of workers’ rights, guarantees
obtenidos a lo largo de varias décadas, and accomplishments, which had
que se plasmaron en parte en la actual Ley been earned over several decades and
Federal del Trabajo. Tal es el sentido de incorporated into the Federal Labour
la eliminación del Sindicato Mexicano de Act. The dissolution of the Mexican
Electricistas. El artículo también destaca Electricians’ Union is a case in point. The
los límites de la resistencia obrera y article also highlights the limits set to
popular que impidieron la generalización popular and workers’ resistance which
de una respuesta social y considera que prevented a generalised social response
el empeoramiento de la situación de las and claims that the worsening of the
mayorías en el próximo período podría majorities issue over the next term
cambiar esta situación. might change the situation.
Palabras clave
Sindicato Mexicano de Electricistas, sindicalismo, energía, privatizaciones
Keywords
Mexican Electricians’ Union, unionism, energy, privatisations
118 Análisis de casos La lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas
Cómo citar este artículo
López de la Vega, Mariana; Modonesi, Massimo; Munguía Galeana, Fernando y Oliver,
Lucio 2010 “La lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas” en OSAL (Buenos Aires:
CLACSO) Año XI, Nº 27, abril.
En México, una década que en otros países latinoamericanos trajo conquistas y
victorias populares se cierra con una violenta ofensiva derechista contra el sindi-
calismo independiente.
El gobierno panista de Felipe Calderón, luego de la derrota relativa de su pro-
yecto de privatización del petróleo impulsado en 2008 –cuando se propuso que la
inversión privada participara en la producción y distribución del crudo mexicano,
reforma que no prosperó del todo al enfrentarse con una decidida y masiva resis-
tencia popular2– ahora, al iniciar la segunda mitad de su mandato, contraatacó en
el sector eléctrico, eliminando por decreto el principal estorbo a la liberalización:
el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).
El día 10 de octubre de 2009 Calderón promulgó un decreto presidencial con
el que sancionó la extinción de la compañía estatal dedicada a suministrar la ener-
gía eléctrica en el centro del país, Luz y Fuerza del Centro (LyFC)3. Valiéndose de
la fuerza pública, ordenó la toma de las instalaciones de la empresa por parte de
la Policía Federal Preventiva (PFP) cerrando la empresa pública y dando por termi-
nadas las relaciones contractuales con más de 44 mil trabajadores de la compañía,
todos ellos miembros del SME, el cual resultó así virtualmente disuelto en la medi-
da en que desapareció la fuente de trabajo que le daba origen.
El gobierno argumentó que su decisión estaba fundada en la inoperancia téc-
nica de la compañía y, sobre todo, en los altos costos que representaba para el
gasto público. Varias voces, entre sindicatos y movimientos sociales, intelectuales
y académicos progresistas, planteaban que, en realidad, en el trasfondo de esta
acción estaba la apuesta por una progresiva apertura del sector al capital privado.
En efecto, en los días posteriores al decreto, aparecieron noticias que confirma-
ron que efectivamente el golpe, pese a la insistencia de los funcionarios federales
involucrados en la decisión gubernamental, estaba dirigido a abrir un proceso de
privatización de diversos servicios apoyados en la infraestructura de LyFC. Ade-
más, a mediano plazo, la desaparición del SME –un sindicato independiente muy
influyente en el campo de la oposición social y política– intenta abrir una brecha
en el mundo del trabajo en vista de una próxima reforma laboral, insistentemente
demandadas por los portavoces de los intereses patronales, y de pasada da un
golpe a un afluente de la resistencia a las políticas neoliberales y de la unión de
fuerzas para una opción progresista.
Antecedentes: la industria eléctrica en el país y
la conformación de un sindicato combativo
La historia del SME está relacionada directamente con algunas de las más impor-
tantes luchas populares del siglo XX. Fundado en 1914, en los mismos años de la
Revolución Mexicana, el Sindicato de Empleados y Obreros del Ramo Eléctrico,
Modonesi, Oliver, López de la Vega y Munguía Galeana Análisis de casos 119
nombre con el que naciera y que cambiara el mismo año por el de Sindicato
Mexicano de Electricistas, ha sido sin duda uno de los referentes del sindicalismo
independiente, opositor y combativo frente a los gobiernos que, por lo menos des-
de la égida neoliberalizante en los ochenta, han pretendido desaparecer el servicio
público eléctrico en beneficio del capital privado.
La industria eléctrica en México
Hacia finales del siglo XIX se establecieron en el país diversas plantas generadoras
de energía eléctrica con predominancia del capital extranjero, mismas que tuvie-
ron grandes dificultades para desarrollar una industria que satisficiera las necesida-
des crecientes del país. Iniciado el siglo XX la compañía Mexican Light and Power,
de origen canadiense, bajo el amparo de Porfirio Díaz, había logrado construir un
monopolio sobre la generación y distribución de la energía eléctrica y contaba ya
con una importante red de servicio en varios estados del centro del país.
Varias décadas después, una vez conformado el Estado posrevolucionario cor-
porativo, que se prolongará desde entonces en todos los sexenios priístas, se de-
cidió consolidar y ampliar la industria eléctrica nacional y así, en la década del
cuarenta, durante el gobierno de Ávila Camacho, se creó la Comisión Federal de
Electricidad (CFE) con la intención de expandir el servicio hacia las zonas rurales
desatendidas por las compañías privadas que se concentraban en los principales
polos económicos del país. Hacia los años sesenta, a partir de una serie de conflic-
tos entre las compañías extranjeras y el Estado y de cara a las necesidades crecien-
tes de consumo de energía de la población, el gobierno encabezado por López
Mateos impulsó la nacionalización de la industria eléctrica, reformando la Consti-
tución en su Artículo 27°, en el que quedó asentado, de forma categórica, que es
competencia exclusiva de la nación la generación, distribución y abastecimiento,
entre otros, de la energía eléctrica con fines de uso público, y que no se otorgarán
concesiones a particulares4. Sin embargo, dado que existían varias compañías en
aquel momento dedicadas a la generación y suministro de energía, se establecie-
ron administraciones estatales diferentes. Por una parte, se creó la CFE y, por la
otra, la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (CLyFC), antigua Mexican Light and
Power, cuya operación se concentraba principalmente en el Distrito Federal y en
los estados de Puebla, México, Michoacán, Morelos e Hidalgo. Desde entonces,
la tentativa de los gobiernos por fusionar a la CLyFC con la CFE fue reiterada, pro-
yecto que siempre se encontró con la resistencia férrea del SME, que rechazaba
el autoritarismo y corporativismo sindical imperantes que caracterizaban el Sindi-
cato Único de los Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM),
más aún cuando las corrientes y tendencias democráticas que surgían en su seno
eran hostigadas y reprimidas como ocurrió, en particular, en los años setenta. Así,
cuando en 1974 el entonces presidente Luis Echeverría autorizó la disolución de la
CLyFC para fusionarse con la CFE, el sindicato protagonizó una lucha permanente
logrando frenar ese proyecto.
En 1994, tras décadas de lucha, el SME logró un triunfo político importante: fue
creada la empresa LyFC, en sustitución de la CLyFC, misma que desde ese momen-
to contó con patrimonio propio y se convirtió en una empresa paraestatal bajo la
rectoría de la Secretaría de Energía, Minas e Industria Paraestatal, dirigida por un
120 Análisis de casos La lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas
consejo constitutivo en el que también coparticipaban directamente los trabajado-
res. Sin embargo, nunca desapareció el propósito de fusionar ambas compañías,
ante lo cual la oposición del SME se mantuvo también permanentemente, pues
dicha fusión habría implicado la desaparición del sindicato y la titularidad del
contrato colectivo de trabajo habría quedado en manos del SUTERM de la CFE,
sindicato afiliado al Partido Revolucionario Institucional (PRI).
La combatividad clasista de los electricistas
Así pues, el SME ha procurado mantener su independencia y ha promovido las
luchas de la clase trabajadora desde su fundación, hace más de 90 años. A lo largo
de su existencia ha participado en varias luchas sociales: el Pacto de Solidaridad,
la creación del Comité Nacional de Defensa Proletaria en 1933 y la huelga gene-
ral de 1936 efectuada en el centro del país, en la cual la energía eléctrica de las
ciudades del centro del país fue cortada, como medida de presión, con excepción
de los hospitales, los edificios públicos, las instalaciones hidráulicas, el alumbrado
y otros servicios esenciales. En 1960 participó decididamente en la lucha por la
nacionalización de la industria eléctrica. En 1996, ante el llamado del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional para organizar comités de diálogo, se formó el
Comité Civil de Electricistas que llevó energía eléctrica a las comunidades zapa-
tistas, en un esfuerzo prolongado durante más de 12 años. En los últimos años
las diferentes luchas contra las reformas estructurales han encontrado siempre un
apoyo solidario de parte del SME; en 1999-2000 apoyó la huelga estudiantil de la
UNAM contra la privatización de la educación superior y en 2008 se integró a los
grupos de defensa del petróleo.
La coyuntura actual: la resistencia frente al despotismo institucional
El decreto de extinción de la compañía de Luz y Fuerza del Centro y el consecuente
despido de miles de trabajadores representa un ejemplo nítido, y por demás grave,
de lo que ha sido la relación antagónica entre los gobiernos panistas y las diversas
formas de organización popular que se han opuesto a las medidas liberalizantes
que en los diez años de sus administraciones han impulsado permanentemente.
Como ya se había adelantado, el gobierno de Felipe Calderón, con el argu-
mento de que la empresa resultaba ya un gasto insostenible para los recursos
públicos toda vez que existía un déficit, creciente año con año, en las finanzas
de la empresa, logró materializar un largo sueño acariciado por la clase dirigente
que –desde el sexenio de Ernesto Zedillo (1994–2000), último presidente priísta–
promueve abiertamente la participación de la iniciativa privada en la generación
de energía eléctrica.
Ahora, la justificación de la medida no estuvo apoyada en el discurso del su-
puesto beneficio que implicaba para la economía nacional la privatización de
servicios públicos, discurso que durante algún tiempo gozó de legitimidad, sino
que en esta ocasión se esgrimió simplemente la ineficacia de la empresa y los al-
tos subsidios a los trabajadores como justificación de la medida. Desde el primer
momento el presidente y los secretarios del Trabajo y de Economía, así como el
titular de la Secretaría de Gobernación –acompañados lealmente por el duopolio
Modonesi, Oliver, López de la Vega y Munguía Galeana Análisis de casos 121
televisivo, Televisa y TV Azteca– desplegaron una campaña mediática negativa en
contra los trabajadores del SME y en particular contra su líder, Martín Esparza
Flores, aduciendo subsidios altos y que los salarios y prestaciones de los trabaja-
dores estaban por encima de los de la clase trabajadora en general y señalando
que, en tiempos de crisis, tenía que haber ajustes urgentes y que este recorte iba a
ser utilizado para impulsar políticas sociales. Lo que no pudieron reconocer este
gobierno derechista y los varios sectores de las clases dominantes que respaldaron
el ataque contra el SME, entre ellos los medios de comunicación más poderosos
y principales beneficiarios de la medida5, es que los derechos y salarios de los
sindicalizados, lejos de ser privilegios corporativos alcanzados por la vía de la co-
rrupción o el clientelismo –como sí sucede en otros casos de sindicatos subordina-
dos– son el resultado de una lucha permanente de estos trabajadores por defender
su condición laboral.
“El autoritarismo y la violencia con la que el gobierno
enfrentó al SME, destruyéndolo con la extinción de
la empresa estatal, se explica en parte porque, en
efecto, este es uno de los pocos sindicatos en México
que han mantenido una línea independiente.”
Evidentemente, nunca se hizo explícito que dichos salarios eran definidos por
el contrato colectivo, que los subsidios eran tanto para empresas privadas y como
para las estatales ni que desde hace años la inversión del Estado en el mejoramien-
to de la infraestructura de la compañía ha sido prácticamente nula y que las trans-
ferencias presupuestarias a LyFC eran producto mayormente del régimen fiscal al
que la tenía sometida la Secretaría de Hacienda.
El autoritarismo y la violencia con la que el gobierno enfrentó al SME, des-
truyéndolo con la extinción de la empresa estatal, se explica en parte porque, en
efecto, este es uno de los pocos sindicatos en México que han mantenido una
línea independiente, que no responden a filiaciones partidistas y que, desde su
fundación, ha permanecido cercano a las más diversas luchas populares, por lo
que desmantelarlo resultaba necesario para impulsar la agenda neoliberal de pri-
vatizaciones y flexibilización laboral.
En efecto, pocos días después de la extinción de la empresa por decreto se
supo de la decisión gubernamental de poner en marcha el negocio multimillona-
rio que supone la red de fibra óptica instalada en la infraestructura de LyFC y que
sirve para transmitir imagen, voz y datos, es decir, transmitir señales de televisión,
telefonía e internet, el llamado triple play, proyecto que bajo la dirección de la CFE
sería puesto en operación y licitado a compañías privadas.
Eso fue lo que denunció desde el principio la dirección del SME, además de
hacer públicas las deudas del sector privado y varias instituciones del gobierno
federal con Luz y Fuerza del Centro:
Del total del adeudo de 2000 a 2008, cerca de 60% corresponde a empresas e industrias y el resto
a dependencias y organismos del sector público. En este último apartado, señalaron, las secretarías
122 Análisis de casos La lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas
del gobierno federal reportan actualmente deudas en el rango de los 5 y 15 millones de pesos,
aunque alguna, como la Secretaría de Agricultura, Grupo Pozos, reportaba en el último corte de la
empresa (septiembre de 2009) 321.3 millones, y Bombeo Texcoco, 45.1 millones de pesos.6
El SME inició entonces una defensa legal de los trabajadores aduciendo la in-
constitucionalidad del decreto de extinción al tiempo que llamó a la resistencia
y a no aceptar las indemnizaciones, así como convocó a la población en general
a sumarse a su lucha por medio de la movilización popular. El gobierno, por su
parte, hizo la propuesta a los trabajadores del SME de darles una liquidación hasta
del 100% por encima de la señalada por la ley, junto a la promesa de que tendrían
mayores posibilidades de ser recontratados por la CFE. La indemnización era con-
dicionante ya que se aplicaría siempre y cuando los trabajadores la aceptaran en
un plazo no posterior al 14 de noviembre7. Ante la resistencia de los sindicalizados
y el llamado a defender su fuente de trabajo, el gobierno planteó un segundo plazo
de indemnización que se cumplió el 23 de diciembre del 2009, si bien con un
monto menor. Evidentemente, dicha propuesta ocultaba una estrategia en contra
del SME, buscando la desmovilización de sus agremiados, pues al incrementar el
número de trabajadores indemnizados el gobierno esperaba asestar así un golpe
definitivo al sindicato que perdería también legitimidad ante la sociedad para con-
tinuar con la resistencia.
La resistencia de los electricistas logró efectivamente que algunos sectores
populares respondieran a los llamados de movilización para frenar la medida
presidencial, que para entonces ya era leída como una acción autoritaria y una
agresión al patrimonio público. La primera gran marcha convocada por el SME
reunió a más de 300 mil personas en una muestra evidente de respaldo; en esa
ocasión resultó destacada la actitud solidaria, y estratégica, asumida por Andrés
Manuel López Obrador, líder de uno de los movimientos populares con mayor
capacidad de irradiación en el México actual y que fuera el principal protagonista
de la oposición a la reforma energética de Calderón, que ahora se sumaba, en la
retaguardia de la marcha y sin participar en el acto político celebrado ese día en el
Zócalo de la capital, a la resistencia en contra de la liberalización de la industria
eléctrica. Asimismo, además de un número importante de ciudadanos se sumaron
a la protesta organizaciones sociales como el Frente de Pueblos en Defensa de la
Tierra, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, estudiantes, sindicatos de
maestros, de trabajadores universitarios y de telefonistas.
El 11 de noviembre, luego de asambleas populares, el SME convocó a un paro
cívico nacional y a realizar manifestaciones en todo el país; ya para entonces se
empezó a manejar la posibilidad de llevar adelante una “huelga nacional”. El go-
bierno por su parte, mantuvo un discurso sistemático de desconocimiento de las
manifestaciones de rechazo a su medida e insistió en que “no había marcha atrás”
en la extinción de LyFC.
Según se dieron los hechos, desde el día en que se hizo público el decreto de
cierre de LyFC hasta las reacciones de los funcionarios gubernamentales involu-
crados en la medida, podemos considerar que la acción realizada, por las impli-
caciones que tuvo directamente para los miles de trabajadores despedidos, fue un
acto de despotismo neoliberal en el que participaron conjuntamente varias institu-
Modonesi, Oliver, López de la Vega y Munguía Galeana Análisis de casos 123
ciones estatales y que confirmó la complicidad entre el PRI y el Partido Acción
Nacional (PAN) y los vínculos directos entre el gobierno y los intereses del gran
capital nacional e internacional. Para legitimar la ofensiva, el gobierno no dudó en
recurrir a la manipulación de cifras y estadísticas y en desconocer, sin fundamento
alguno, los alegatos del sindicato.
Dicho de forma clara, la disolución de LyFC fue un ataque frontal contra un
sector combativo e independiente de la clase trabajadora organizada, ataque ne-
cesario para abrir la posibilidad a la contrarreforma laboral en los términos que
convengan a la clase dominante, y el intento de allanar, así, el camino para la
imposición abierta de los intereses económicos del gran capital privado en contra
de los derechos y el bienestar del pueblo en general.
Mostrando la subordinación prevaleciente de la gran mayoría de los titulares de
los órganos judiciales a los intereses políticos y económicos dominantes, que en
tantas otras ocasiones había quedado manifiesta, el 11 de diciembre un juez fede-
ral negó el amparo solicitado por el SME en el que alegaba la inconstitucionalidad
del decreto de extinción. Además, todo hace evidente que para la administración
de Calderón no existe la disposición al diálogo sino la negativa constante a la in-
terlocución entre los trabajadores y el gobierno. El establecimiento de una mesa
de diálogo ha sido una demanda constante del sindicato por medio de diferentes
acciones, desde la huelga de hambre que impulsaron el 23 de noviembre 11 traba-
jadoras del SME hasta la organización de una “comisión de notables”, conformada
por el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro, José
Enrique Villa Rivera, ex director del Instituto Politécnico Nacional, Manlio Fabio
Beltrones, Gustavo Madero y Carlos Navarrete, coordinadores en el Senado del
PRI, el PAN y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) respectivamente. Sin
embargo, la respuesta por parte de la administración calderonista ha sido atacar la
legitimidad de la resistencia y despreciar los argumentos de los trabajadores.
Hoy día, el encono de habitantes de diversas colonias de la Ciudad de México,
afectadas por las fallas en el suministro, se hace cada vez mayor puesto que los
trabajadores de la CFE no tienen la capacitación requerida para enfrentar el reto
que supone la red eléctrica de la ciudad, pues como lo manifestaron los miembros
del SME, se sostiene a partir de un tendido eléctrico que se construyó, en muchos
casos, de manera urgente con el ánimo de responder a las necesidades crecientes
de los usuarios sin contar con los recursos y la infraestructura suficiente.
Implicaciones sociales y políticas a largo plazo y la embestida contra
los trabajadores
El golpe dado contra el SME, uno de los sindicatos más combativos de la histo-
ria del sindicalismo mexicano, como se ha reiterado, muestra que lo que se imple-
mentó, en un primer momento, fue el uso autoritario del poder estatal en contra
de un sector independiente de la clase trabajadora y en beneficio de intereses
económicos privados, en tanto que no se dieron garantías de libertad sindical ni
opciones laborales viables a los trabajadores despedidos arbitrariamente y porque
ya se han dado a conocer las licitaciones para que compañías nacionales y extran-
jeras se hagan cargo del negocio que supone el llamado triple play.
124 Análisis de casos La lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas
En segundo término el suceso demuestra, nuevamente, la relación orgánica
entre la clase dirigente y las clases dominante, las cuales no dudaron en despedir a
más de 44 mil trabajadores en un contexto de crisis económica que desde hace un
par de años ha golpeado al país, con particular agudeza justamente a la clase tra-
bajadora. No hay argumento que sostenga, ni mucho menos justifique, el ataque
al sindicato en términos de una expansión de la política social, una promesa gu-
bernamental de mera propaganda y evidentemente instrumental a la legitimación
del golpe al SME. El hecho de que, en medio de la crisis, las soluciones dadas por
el gobierno impliquen agravar la situación de precariedad material para miles de
familias, muestra que el gobierno de Felipe Calderón opta por un perfil clasista y
responde a intereses que no contemplan márgenes de negociación interclasistas.
En ese sentido, este tipo de políticas, parecida a lo intentado con la Reforma
energética que abriría sectores estratégicos de Petróleos Mexicanos a la inversión
privada, confirman que el Partido Acción Nacional en el gobierno está procurando
reforzar el proyecto de clase que lo impulsó.
Finalmente, como ha sido una constante ya desde la administración pasada
de Vicente Fox, el gobierno de Calderón también ha implementado una política
de desprecio a las demandas legales de los trabajadores y de criminalización de
la protesta social para hacer frente a las luchas populares utilizando, de nueva
cuenta, todos los recursos estatales y mediáticos para desconocer, desprestigiar,
reprimir y perseguir a las organizaciones propias y autónomas de los trabajadores
y a los líderes políticos de las mismas.
Debe reconocerse que a pesar del impacto económico que supondrá el enca-
recimiento del servicio eléctrico para millones de familias, antes atendidos por la
compañía de Luz y Fuerza del Centro y ahora en manos de la CFE, además de la
concesión a capitales privados de servicios de telefonía, internet y televisión, parte
sustancial de la motivación del gobierno para llevar adelante la extinción de LyFC
y la desaparición del sindicato de electricistas, la resistencia del SME no logró
articular una respuesta masiva de parte de la población que obligara al gobierno
a echar marcha atrás. Habrá que esperar la resistencia frente a las altas tarifas de
la electricidad, como ya sucede en varios estados en el sur del país, para ver si la
derecha efectivamente ganó una batalla estratégica, quizá la más importante desde
la imposición de Felipe Calderón en 2006.
Notas
1 Los autores componen el Comité de Seguimien- 3 La figura jurídica del decreto presidencial era
to y Análisis de la Coyuntura del OSAL en México. efectivamente una forma viable para llevar adelan-
2 Al respecto pueden leerse los informes de coyun- te la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del
tura correspondientes, realizados por el Comité de Centro en el sentido conservador y autoritario, ade-
México del OSAL: “México - Informe de Coyuntura más de expedita, del mismo modo en que aquella
de marzo a abril de 2008 ‘La reforma al sector ener- fuera creada en 1994 por decisión del poder ejecuti-
gético. La resistencia nacional-popular a un proyecto vo. Cabe la duda de si la propuesta, de haber sido ca-
privatizador transnacional’”; “México - Informe de nalizada por otras vías institucionales, habría encon-
Coyuntura de septiembre a octubre de 2008 ‘La Refor- trado si no el rechazo contundente de la oposición
ma Energética: balance y perspectivas de la resistencia partidista, al menos una prórroga en su ejecución y
popular’”. Disponibles en <www.clacso.edu.ar/clac- la posibilidad de una articulación popular de mayor
so/areas-de-trabajo/area-academica/osal/produccion- envergadura como la ocurrida en 2008 con la pro-
academica/analisis-de-coyuntura/mexico/2008>. puesta de reforma energética.
Modonesi, Oliver, López de la Vega y Munguía Galeana Análisis de casos 125
4 La Constitución de los Estados Unidos Mexica- gobierno federal, que es una decisión pensando en el
nos, en su Artículo 27°, dice textualmente: “Corres- futuro del país (…) Han mantenido bien informados
ponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, a los mexicanos. Esto es vital porque sé que tenemos
transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica la razón, y en la medida en que las razones y los
que tenga por objeto la prestación de servicio públi- beneficios sean más ampliamente explicados, será
co. En esta materia no se otorgarán concesiones a los mucho mejor y mucho más pronto para poder avan-
particulares y la Nación aprovechará los bienes y re- zar en este desafío que es la transformación social”.
cursos naturales que se requieran para dichos fines”. Citado en Cervantes, Jesusa y Villamil, Jenaro 2009
Documento disponible en <http://www.diputados. “El precio del aplauso mediático” en Semanario Pro-
gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1.pdf >. ceso (México: CISA) Nº 1720, 18 de octubre.
5 Como ejemplo, tómense las palabras pronun- 6 Citado en “Luz y Fuerza: quebrada por ‘altos
ciadas por Calderón el día 14 de octubre de 2009 funcionarios’” en La Jornada (México) 28 de octubre
al estar presente en la inauguración de la 51ª Sema- de 2009. También puede leerse al respecto a Vergara,
na Nacional de la Radio y la Televisión, en la que Rosalía 2009 “Todo mundo saqueó a Luz y Fuerza”
representantes de los principales medios de comu- en Semanario Proceso (México: CISA) Nº 1720, 18
nicación, integrados en la Cámara Nacional de la de octubre.
Industria de Radio y Televisión (CIRT), ovacionaron 7 Sobre otro significado de la violencia estatal en
la medida de extinción de Luz y Fuerza del Centro; contra del SME y de la forma maniquea en cómo
Calderón dijo aquel día: “Quiero agradecer la va- fueron presentados los argumentos presidenciales,
liosa y valiente labor que han desarrollado en estos véase Dussel, Enrique 2009 “¿Qué sentido tiene:
últimos días los integrantes de la cámara, dando un ‘primero liquídense y después veremos’?” en La Jor-
seguimiento puntual y oportuno a esta decisión del nada (México) 24 de octubre.
Martí y Nuestra América
Una introducción necesaria
Armando Chaguaceda Noriega
Politólogo, historiador y pedagogo cubano
de la Cátedra Haydeé Santamaría.
José Julián Martí y Pérez (1853-1895), héroe Nacional y Apóstol del panteón pa-
triótico cubano, resulta una síntesis formidable de lo más avanzado de su tiempo
y contexto. Político, jurista, periodista, filósofo, ensayista, poeta, masón, pensador
liberal, demócrata y republicano, Martí es, para muchos autores, la máxima ex-
presión del modernismo, el antiimperialismo y el latinoamericanismo durante la
segunda mitad del siglo XIX.
Su actividad política comienza en fecha temprana. A diferencia de sus her-
manas hispanoamericanas (y de la precursora y heroica Haití) la isla de Cuba ve
iniciada su gesta independentista, de forma tardía y brutal, el 10 de octubre de
1868. Meses después, con sólo 16 años, Martí es apresado al asumir valientemente
la autoría de una carta acusatoria, dirigida a un compañero alistado en las tropas
coloniales españolas. La dureza de la cárcel lacera la frágil salud del adolescente,
cuya pena es conmutada por destierro, saliendo el 15 de enero de 1871 rumbo
a España. En esta etapa el independentismo y el antirracismo forman parte de su
germinal pensamiento político.
Durante su estancia en la metrópolis, desde enero de 1871 a octubre de 1874,
José Martí obtiene con máximas calificaciones los títulos de Bachiller y Licenciado
en Derecho y la Licenciatura en Filosofía y Letras. Asimismo, publica El presidio
político en Cuba en la que denuncia la represión española en la isla, y La República
Española ante la Revolución Cubana, donde critica el doble rasero del liberalismo
hispano, renuente a admitir la independencia de la “Siempre fiel isla de Cuba”.
A fines de 1874 Martí viaja a varias ciudades europeas, entre ellas París, don-
de se codea con artistas de la talla de Víctor Hugo, se pone al corriente de las
corrientes literarias y pictóricas del momento y atisba las convulsiones sociales y
nacionalistas que sacudían a Europa. Lo cual le serviría, junto a la experiencia es-
tadounidense, para ponderar el papel emancipador de la clase trabajadora dentro
130 Aportes Martí y Nuestra América
del proyecto pluriclasista de república democrática “con todos y para el bien de
todos” que posteriormente buscaría impulsar desde la Revolución Cubana.
De 1875 a 1878 el joven cubano reside en México y Guatemala, lo cual le
permite conocer las realidades profundas y ancestrales de la América indígena, de-
sarrollar el periodismo y la docencia en los campos de la literatura e historia de la
filosofía. En tierras aztecas, Martí conoce a la cubana Carmen Zayas Bazán, futura
esposa y madre de su hijo José Francisco, quien participaría, fiel al ejemplo de su
padre, como combatiente en la Guerra Independentista desatada en 1895.
El héroe retorna temporalmente a Cuba de 1878 a 1879 siendo nuevamen-
te deportado a España por sus arengas políticas. En 1881 se establece en Nue-
va York, donde comienza a planificar y organizar la independencia de Cuba y
Puerto Rico mediante los Clubes Revolucionarios de emigrados cubanos, cantera
de donde emergería el Partido Revolucionario Cubano (PRC), fundado el 10 de
abril de 1892, en Cayo Hueso, Florida.
En esta etapa su formación cultural y política se radicaliza y expande, lo cual
le permite trascender el independentismo para estructurar un pensamiento lati-
noamericanista y antiimperialista, al atisbar las amenazas de expansión territorial
y los rasgos plutocráticos de la política doméstica de la nación norteamericana.
Como columnista de la prensa neoyorquina, Martí comienza en 1881 una céle-
bre serie de crónicas, las Escenas norteamericanas, que retratan la realidad social y
política estadounidense, ampliamente difundidas por diarios como La América (de
Nueva York), La Opinión Nacional (de Caracas), El Partido Liberal (de México) y La
Nación (de Buenos Aires). Durante esos años fue asimismo corresponsal de diver-
sos periódicos latinoamericanos como La República (de Honduras) y La Opinión
Pública (de Montevideo).
En 1887 funge como cónsul de Uruguay en Nueva York. En 1890 se hace cargo
de los consulados argentino y paraguayo. Ese mismo año representa a Uruguay
en la Comisión Monetaria Internacional Americana de Washington. Presiones de
las autoridades españolas y la impronta organizativa de la gesta insurreccional, le
obligan a renunciar en 1891 a todos sus cargos y a la presidencia de la Sociedad
Literaria Hispano-Americana.
De 1892 a 1894 desarrolla una cercana relación con Antonio Maceo y Máxi-
mo Gómez, jefes de la Primera Guerra de Independencia (1868-1878), fortalecida
mediante entrevistas y por medio de una copiosa correspondencia. En el marco de
sus preparativos revolucionarios realiza numerosas giras y conferencias por Esta-
dos Unidos, República Dominicana, Costa Rica, Panamá, Jamaica, y México. Re-
torna a Cuba poco después de estallada la Guerra Necesaria, cayendo en el campo
de batalla de Dos Ríos, en el Oriente cubano, el 9 de mayo de 1895.
La hora de Nuestra América
La obra que a continuación presentamos, el ensayo Nuestra América, fue publica-
da en La Revista Ilustrada de Nueva York, el 10 de enero de 1891 y en El Partido
Liberal, de México, el 30 de enero de 1891. Se trata de un texto de prosa depurada,
sintética capacidad explicativa y clara implicación política. Una obra que combi-
na elegancia estilística y beligerancia acusatoria.
Armando Chaguaceda Noriega Aportes 131
A partir de un paseo por los rasgos identitarios que constituyen el mestizaje de
la realidad hispanoamericana, Martí denuncia los perversos efectos del provincia-
nismo, la adoración desmedida por lo extranjero y la copia mecánica de leyes e
instituciones foráneas, alejadas de las realidades del subcontinente. Señala la per-
vivencia de rasgos monárquicos y autoritarios en las jóvenes Repúblicas nacidas
tras la gesta independentista, cuyo Bicentenario conmemoramos. Y denuncia los
afanes expansionistas de la joven potencia norteamericana, matriz de aquel voraz
capitalismo monopolista criticado en sus crónicas de la prensa neoyorkina, con
las que se anticipa en un cuarto de siglo a la aparición de El Imperialismo, fase
superior del capitalismo, de Vladimir Ilich Lenin.
El contexto geopolítico internacional, con la expansión acelerada de las po-
tencias avaladas por los acuerdos de la Conferencia de Berlín de 1885, entraría
en una nueva fase histórica. En el parteaguas de los siglos XIX y XX, las guerras
Chino-Japonesa, Hispano-Cubano-Norteamericana, Anglo-Boer, serían episodios
de esta nueva zaga colonialista motivada por la necesidad de materias primas, en-
claves estratégicos y mercados para la exportación de manufacturas y capitales. En
nuestro continente, la penetración del capital estadounidense en la agroindustria
azucarera y bananera, el transporte y las comunicaciones, unido a la incursión en
regiones estratégicas como el Istmo de Panamá, las islas del Caribe y el Golfo de
México, configuraba una nueva hegemonía regional, que paulatinamente despla-
zaría a la británica. Por ello los contenidos antiimperialistas y latinoamericanistas
del ensayo adquieren en 1891 un valor premonitorio, que la política estadouni-
dense se encargaría de avalar trágicamente.
En el presente, cuando el proyecto de una integración no subordinada de los
Estados y pueblos latinoamericanos cobra renovada actualidad, ante una crisis glo-
bal que desnuda las formas social y ambientalmente depredadoras del capitalismo
trasnacional y demuestra la inviabilidad de esquemas importados de crecimiento
sin equidad ni soberanía, una lectura de Nuestra América parece pertinente. No
para asimilar canónicamente las ideas martianas, pero sí para comprender las cau-
sas, viejas y profundas, de nuestros problemas comunes, elegir los aliados y estra-
tegias orgánicos y creer en la factibilidad de derrotar el pesimismo desmovilizador,
instalado tras décadas de neoliberalismo salvaje.
Nuestra América
(Publicado en La Revista Ilustrada de
Nueva York, Estados Unidos, el 10 de enero
de 1891, y en El Partido Liberal, México,
el 30 de enero de 1891)
José Martí
Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede
de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcan-
cía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que
llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de
los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que
quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse
con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, como los varones
de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de
ideas valen más que trincheras de piedra.
No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo
ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de
acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse,
como quienes van a pelear juntos. Los que enseñan los puños, como hermanos
celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia
al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una, las dos manos. Los que, al
amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus
mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de
sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras
al hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por
la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa
cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o
la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila para que no
pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y
hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.
A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son
hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás.
134 Aportes Nuestra América
No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera,
el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que
cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los
nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan al Torto-
ni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea
carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal
indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la
dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues, ¿quién es el hombre? ¿El que se
queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde
no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas con el gusano de corbata,
maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda
de la casaca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus
indios, y va de menos a más; estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la
América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios, y va de más a menos! ¡Estos
delicados, que son hombres y no quieren hacer el trabajo de hombres! Pues el
Washington que les hizo esta tierra, ¿se fue a vivir con los ingleses, a vivir con los
ingleses en los años en que los veía venir contra su tierra propia? ¡Estos “increíbles”
del honor, que lo arrastran por el suelo extranjero, como los increíbles de la Revo-
lución francesa, danzando y relamiéndose, arrastraban las erres!
¿Ni en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repú-
blicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido
de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de
apóstoles? De factores tan descompuestos, jamás, en menos tiempo histórico, se
han creado naciones tan adelantadas y compactas. Cree el soberbio que la tierra
fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de
colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan
sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando
jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país nacien-
te, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren
regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas
de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de
monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al
potro del llanero. Con una frase de Sieyès no se desestanca la sangre cuajada de
la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar
bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el ale-
mán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo
puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del
país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y
disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo
que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer
del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de
avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio
de los elementos naturales del país.
Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural.
Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono
ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino
José Martí Aportes 135
entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y pre-
mia la inteligencia superior, mientras esta no se vale de su sumisión para dañarle,
o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural,
dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o
le perjudica el interés. Por esta conformidad con los elementos naturales desdeña-
dos han subido los tiranos de América al poder; y han caído en cuanto les hicieron
traición. Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer
los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar
con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.
En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarán,
por su hábito de agredir y resolver las dudas con su mano, allí donde los cultos no
aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas
de la inteligencia, y quiere que la gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima, se
lo sacude y gobierna ella. ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes,
si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del go-
bierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A
adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran
a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse
la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los
certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los fac-
tores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe
llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin
vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte
de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia,
y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus
elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hom-
bre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, por-
que no se administra en acuerdos con las necesidades patentes del país. Conocer
es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento es el único
modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad
americana. La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo,
aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a
la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han
de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo;
pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle el pedante vencido; que
no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas
repúblicas americanas.
Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y
criollo, venimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la
Virgen salimos a la conquista de la libertad. Un cura, unos cuantos tenientes y
una mujer alzan en México la república, en hombros de los indios. Un canónigo
español, a la sombra de su capa, instruye la libertad francesa a unos cuantos ba-
chilleres magníficos, que ponen de jefe de Centro América contra España al ge-
neral de España. Con los hábitos monárquicos, y el Sol por pecho, se echaron a
levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por el Sur. Cuando
los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos
136 Aportes Nuestra América
grande, volvió riendas. Y como el heroísmo en la paz es más escaso, porque es
menos glorioso que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con
honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y
unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos
diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos; como los poderes arrollados en la
arremetida épica zapaban, con la cautela felina de la especie y el peso de lo
real, el edificio que habían izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra
América mestiza, en los pueblos de pierna desnuda y casaca de París, la bandera
de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continua de la razón
y de la libertad; como la constitución jerárquica de las colonias resistía la orga-
nización democrática de la República, o las capitales de corbatín dejaban en el
zaguán al campo de bota y potro, o los redentores bibliógenos no entendieron
que la revolución que triunfó con el alma de la tierra había de gobernar, y no
contra ella ni sin ella, entró a padecer América, y padece, de la fatiga de acomo-
dación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador
despótico y avieso, y las ideas y formas importadas que han venido retardando,
por su falta de realidad local, el gobierno lógico. El continente descoyuntado
durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio
de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían
ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón; la razón de
todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de unos sobre la razón
campestre de otros. El problema de la independencia no era el cambio de for-
mas, sino el cambio de espíritu.
“Éramos charreteras y togas, en países
que venían al mundo con la alpargata en
los pies y la vincha en la cabeza.”
Con los oprimidos había que hacer una causa común, para afianzar el sistema
opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores. El tigre, espantado
del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por
los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de
terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima. La colonia continuó
viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros
–de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos
desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén
inicuo e impolítico de la raza aborigen–, por la virtud superior, abonada con san-
gre necesaria, de la república que lucha contra la colonia. El tigre espera, detrás de
cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire, echando
llamas por los ojos.
Pero “estos países se salvarán”, como anunció Rivadavia el argentino, el que
pecó de finura en tiempos crudos; al machete no le va vaina de seda, ni el país
que se ganó con lanzón se puede echar el lanzón atrás, porque se enoja y se pone
en la puerta del Congreso de Iturbide “a que le hagan emperador al rubio”. Estos
países se salvarán porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por
José Martí Aportes 137
la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la
lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que
se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos
reales, el hombre real.
Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente
de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisien-
se, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos
daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar a sus
hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y des-
conocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de
indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y
togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en
la cabeza. El genio hubiera estado en hermanar, con la caridad del corazón y con
el atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga; en desestancar al indio; en
ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se
alzaron y vencieron por ella. Nos quedó el oidor, y el general, y el letrado, y el
prebendado. La juventud angélica, como de los brazos de un pulpo, echaba al
Cielo, para caer con gloria estéril, la cabeza, coronada de nubes. El pueblo na-
tural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego de triunfo, los bastones de oro.
Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoameri-
cano. Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados del odio
inútil de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la
ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas
sobre la nación natural, tempestuosa e inerte, se empieza, como sin saberlo, a
probar el amor. Se ponen en pie los pueblos, y se saludan. “¿Cómo somos?” se
preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son. Cuando aparece en Cojímar
un problema, no van a buscar la solución a Dantzig. Las levitas son todavía de
Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América
se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la
levadura del sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en
crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale
agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han
de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer
por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para
ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a
todos y adelanta con todos, muere la república. El tigre de adentro se echa por la
hendija, y el tigre de afuera. El general sujeta en la marcha la caballería al paso de
los infantes. O si deja a la zaga a los infantes, le envuelve el enemigo la caballería.
Estrategia es política. Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es
la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y
alzarlos en los brazos! ¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada!
¡Echar, bullendo y rebotando, por las venas, la sangre natural del país! En pie,
con los ojos alegres de los trabajadores, se saludan, de un pueblo a otro, los hom-
bres nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la
Naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la
dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Los dramaturgos
138 Aportes Nuestra América
traen los caracteres nativos a la escena. Las academias discuten temas viables. La
poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colo-
rado. La prosa, centelleante y cernida, va cargada de idea. Los gobernadores, en
las repúblicas de indios, aprenden indio.
De todos sus peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas está
durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar,
a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que
Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento y de cochero a
una pompa de jabón; el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre
liviano y abre la puerta al extranjero. Otras acendran, con el espíritu épico de la
independencia amenazada, el carácter viril. Otras crían, en la guerra rapaz con-
tra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso,
nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos
e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le
acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que
la desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí
propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos viriles; como
la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el predominio de
lo más puro de su sangre, la América del Norte, o en que pudieran lanzarla sus
masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista y el interés de un caudillo
hábil, no está tan cercana aún a los ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a
la prueba de altivez, continua y discreta, con que se la pudiera encarar y desviar-
la; como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos
atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la
arrogancia ostentosa o la discordia parricida de nuestra América, el deber urgente
de nuestra América es enseñarse cómo es, una en alma e intento, vencedora veloz
de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono que arranca a las
manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros
dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor
de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino
la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por el respeto, luego que
la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre
y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele
y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener
una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a
tiempo la verdad.
No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pen-
sadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero
justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la Naturaleza,
donde resalta en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal
del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y
en color. Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el
odio de las razas. Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía
de otros pueblos diversos, caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos,
de ensanche y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de
preocupaciones nacionales pudieran, en un período de desorden interno o de
José Martí Aportes 139
precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave para
las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas e in-
feriores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad
ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma,
ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas,
que son diferentes de las nuestras; ni tiene en mucho a los hombres biliosos y
trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con
menos favor de la Historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas; ni
se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para
la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma
continental. ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a
cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora;
del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por
las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla
de la América nueva!
A veinte años
del 20 de Diciembre
Olmedo Beluche
Licenciado en Sociología, maestro en
Estudios Políticos y profesor en la
Universidad de Panamá. Secretario
General del Partido Alternativa Popular.
Veinte años han transcurrido desde la aciaga medianoche del 19 al 20 de diciem-
bre de 1989. Aún los muertos gritan en silencio contra el olvido, exigiendo que
sus nombres sean pronunciados y pidiendo justicia. La quinta parte de un siglo
ha pasado y todavía el pueblo panameño desconoce cuanto daño nos hicieron.
Como muchos otros crímenes en este país, los hechos siguen sin esclarecerse del
todo, sin investigación judicial, sin proceso y sin castigo.
A la invasión norteamericana del 20 de Diciembre de 1989 le pasa lo mismo
que al 3 de Noviembre de 1903: la clase dominante panameña mantiene en la os-
curidad el acontecimiento, mientras que los amanuenses intentan imponernos un
balance histórico que es diametralmente opuesto a la verdad. Ellos pretenden que
el acto más cruel y sanguinario de sojuzgamiento de la nación panameña por el
imperialismo norteamericano sea recordado “como una liberación”, en palabras
del ex arzobispo Marcos G. McGrath. Tal y como han logrado, con cierto éxito,
respecto a la separación de Panamá de Colombia en 1903, pasando como “inde-
pendencia” el acto que nos convirtió en colonia.
La evaluación histórica de la invasión puede ser abordada desde dos perspec-
tivas, la de los objetivos del invasor y la de las víctimas, la de Estados Unidos y la
de la mayoría de la nación panameña.
Como ya hemos indicado en el capítulo VI de nuestro libro Diez años de luchas
políticas y sociales en Panamá (1980-1990), hay que distinguir entre los objetivos
manifiestos por el gobierno norteamericano y los objetivos reales.
Sería ingenuo aceptar a priori los argumentos del ex-presidente George Bush
padre, en el sentido de que se invadió a Panamá para “garantizar la vida de los
norteamericanos y la seguridad del Canal”, o que se buscaba traernos la “demo-
cracia” y sancionar al “narcodictador” Manuel A. Noriega. Creer ese argumento
es tan pueril como dar por hecho que se invadió Irak en 2003 por las inexistentes
144 Aniversarios A veinte años del 20 de Diciembre
“armas de destrucción masiva”, como sostuvo George W. Bush hijo en su momen-
to. Probadamente mentirosos y criminales tanto el hijo como el padre.
En el citado libro sostenemos que la prueba fehaciente de que el objetivo nor-
teamericano no era “liberarnos” del dictador, fue que el 3 de octubre de 1989,
cuando Moisés Giroldi y un grupo de oficiales dio un golpe de estado y arrestó a
Noriega, ofreciéndoselo a Estados Unidos, las tropas del Comando Sur se hicieron
las desentendidas y con desprecio miraron para otro lado.
A nuestro juicio, la Invasión del 20 de Diciembre de 1989 no se entiende sin
examinar los acontecimientos dramáticos ocurridos en Panamá durante la década
de 1980, los cuales podemos resumir en que:
1. A partir de la firma de los tratados Torrijos-Carter, en 1977, se pactó entre Esta-
dos Unidos y los militares panameños un proceso de democratización controla-
do y paulatino que debía culminar en 1984 con elecciones presidenciales. Este
proceso se inscribía claramente en la política exterior norteamericana diseña-
da por Jimmy Carter de imponer regímenes parlamentarios o presidencialistas
como mejor forma de dominación que las dictaduras militares impuestas en la
década anterior, ya que algunas de ellas habían derivado en revoluciones como
la iraní y la nicaragüense. A partir del Consenso de Washington estos regímenes
combinaron “democracias” muy restringidas con la aplicación de una drástica
política económica neoliberal de desmonte del “estado de beneficio”.
2. El proceso panameño de democratización se fue complicando por dos vías: la
muerte (accidental o no) del General Omar Torrijos, en julio de 1981, condujo a
una lucha por el poder entre la oficialidad de la Guardia Nacional y una resisten-
cia social creciente contra las políticas neoliberales que se intentaron imponer.
De manera que, hacia 1984-1985, con el gobierno nacido del fraude electoral
impuesto en acuerdo (subrayo), entre la Guardia y EEUU, de Nicolás Ardito Bar-
letta, estalló con fuerza la crisis social y política que derivó en la invasión.
3. Entre 1981 y mayo de 1989, el General Noriega fue el aliado privilegiado de
Washington, recibiendo respaldo político y militar para elevar a la Guardia a
un Ejército moderno, a cambio de aplicar en Panamá las políticas de privatiza-
ción y deuda externa impuestas por los organismos financieros. Es la explosión
de luchas populares contra el gobierno de Barletta la que lleva a la crisis el
acuerdo. Pero la ruptura entre EEEUU y Noriega no se da hasta febrero de 1988
y, aún así, no es sino hasta el fracaso de las elecciones de mayo de 1989, cuan-
do el Pentágono se decide a deshacerse de Noriega en busca de un régimen
político estable.
Por consiguiente, el objetivo primario de la invasión para EEUU era establecer
en Panamá un régimen político estable que, con apariencia democrática, garanti-
zara la aplicación de las políticas neoliberales que eran su prioridad, al estilo de lo
que se hizo en México con Salinas de Gortari, en Perú con Alberto Fujimori y en
Argentina con Carlos Menem.
Este objetivo quedó patentado en que, pocos meses después de la invasión,
en julio de 1990, el gobierno norteamericano hizo firmar a Guillermo Endara el
llamado Convenio de Donación, por el cual se darían algunos millones de “ayu-
Olmedo Beluche Aniversarios 145
da” económica a cambio de la aplicación de un estricto plan de liberalización y
privatización dictado por el FMI y el Banco Mundial, como señala el propio texto
del convenio.
Desde este punto de vista, político y económico, hay que decir que EEUU ha
tenido éxito con lo que se propuso en la invasión. La apariencia democrática del
régimen ha permitido aplicar a fondo el esquema neoliberal a los sucesivos gobier-
nos de Endara, Pérez Balladares, Moscoso y Martín Torrijos. Y no es sino hasta las
elecciones de 2009 cuando este régimen y estas políticas han empezado a mostrar
ciertas fisuras, influidas por la debacle mundial del modelo neoliberal.
Señalábamos, en nuestro libro ya citado, publicado en 1994, que otro de los
objetivos podría estar relacionado con la reversión del Canal a manos panameñas
y el cierre de las bases militares a partir del año 2000. En este aspecto, diera la
impresión que nos equivocamos, pues las bases militares se cerraron y el canal
revertió como estaba establecido en el tratado Torrijos-Carter.
Sin embargo, a favor de nuestro argumento debemos aducir ahora que el go-
bierno norteamericano retiró sus tropas a inicios del siglo XXI, como estaba pac-
tado, tomando ciertos resguardos: una reforma constitucional y una ley orgánica
que convirtió la administración del canal en una “zona” bajo un régimen en el
que tienen más control los usuarios (el principal sigue siendo EEUU) y las élites
financieras, que el pueblo panameño.
En el tema de las bases militares, es conocido el intento fallido de mantener
la base de Howard bajo el esquema de “combate al narcotráfico” (CMA), pero
luego este déficit fue corregido con acuerdos de seguridad, como el Salas-Beker,
que autoriza a unidades militares norteamericanas la custodia de nuestros mares
y nuestras fronteras.
Desde la perspectiva de las víctimas, reiteramos lo dicho en nuestro libro La
verdad sobre la invasión:
En una sola noche las tropas norteamericanas asesinaron 100 veces más panameños que en 21
años de régimen militar. En una sola semana se hicieron 100 veces más prisioneros políticos que
los que hubo durante los cinco años de régimen norieguista.
Pese a la ausencia de una investigación oficial, la Iglesia Católica pudo reunir
los nombres de cerca de 500 asesinados, la mayoría de ellos civiles. Las fosas co-
munes de El Chorrillo, Corozal, Arco Iris y Chepo siguen sin abrirse. Personas que
perdieron sus hogares esa noche hay entre 18 y 20 mil. Organismos de derechos
humanos cuantificaron los heridos en al menos 2 mil. Algo que muchos ignoran
es que se hicieron cerca de 5 mil arrestos políticos. Las pérdidas materiales, en es-
pecial del estado panameño, siguen sin sumarse, aunque la Cámara de Comercio
cuantificó las suyas en 400 millones de dólares, sin considerar dos años de sancio-
nes económicas que hicieron retroceder el PIB en un 16%.
Veinte años después, cuando parecía que iba a hacerse algo de justicia a través
de una ley aprobada en primera instancia por la Asamblea Nacional, en diciembre
de 2007, para establecer el reclamado Día de Duelo Nacional y una Comisión
Investigadora, esta fue vetada posteriormente por el presidente Martín Torrijos, sin
que los diputados proponentes hayan intentado imponerla por insistencia.
146 Aniversarios A veinte años del 20 de Diciembre
En conclusión, hasta ahora, el balance histórico sigue siendo favorable para
los victimarios y desfavorable para las víctimas. En espera de que más temprano
que tarde una nueva generación de panameños y panameñas logre un gobierno
que reivindique la memoria de los mártires del 20 de Diciembre, nuestra pequeña
contribución a la justicia que reclaman los muertos estriba en que se conozca la
cruda verdad de los hechos.
La autonomía financiera
de América Latina en la
crisis económica mundial
Entrevista a
Pedro Páez Pérez
(por Carlos Abel Suárez
y Guillermo Almeyra)
Doctor en Economía por la Universidad de Texas, Master en Desarrollo
y Políticas Públicas por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
(FLACSO) y Economista por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador;
ex ministro Coordinador de Política Económica de la República de Ecuador y
actual responsable de la Comisión Ecuatoriana para la Creación de una Nueva
Arquitectura Financiera.
Resumen Abstract
Pedro Páez Pérez defiende aquí la Pedro Páez Pérez advocates the need
necesidad de una mayor autonomía for greater financial independence
financiera de América Latina, en el in Latin America in the context of
marco de la actual crisis económica the global economic crisis, which he
mundial, que define como estructural y defines as structural and systemic. The
sistémica. La creación del Banco del Sur, establishment of Bank of the South,
en cuyo diseño se han comprometido which has committed the participation
siete países de la región, constituye un of seven countries of the region, is
paso trascendental en el proceso de a decisive step towards integration,
integración, lo que permitiría montar which would help to put up an effective
una línea de defensa eficaz frente a line of defence against the speculative
los embates especulativos del Norte, charges of the North and to facilitate
al mismo tiempo que facilitaría los local trading and development finance
intercambios locales y el financiamiento by circumventing control and costly
del desarrollo, eludiendo el control y la intermediation of current oligopolistic
costosa intermediación de los actuales financial centers. This new financial
centros financieros oligopólicos. Esta architecture, as explained by Páez
nueva arquitectura financiera, según Pérez, is crucial to restore the social
explica Páez, es fundamental para and economic fabric with a wider
reconstruir el tejido económico y social perspective than that of investment
desde lógicas más amplias que las de returns. He points out, additionally,
la rentabilidad del capital. Advierte, that this process is contingent on the
asimismo, que para que este proceso involvement of social movements and
pueda concretarse es fundamental el alternative thinking.
papel de los movimientos sociales y del
pensamiento alternativo.
150 Entrevista La autonomía financiera de América Latina...
Palabras clave
Banco del Sur, Fondo del Sur, crisis de las finanzas, autonomía financiera
Key words
Bank of the South, South Fund, finance crisis, financial autonomy
Cómo citar este artículo
Páez Pérez, Pedro 2010 “La autonomía financiera de América Latina en la crisis
económica mundial” en OSAL (Buenos Aires: CLACSO) Año XI, Nº 27, abril.
¿En qué punto está el proceso de constitución del Banco del Sur?
Ya han firmado el convenio constitutivo siete presidentes, pero como se trata
de un tratado internacional tiene que ser ratificado por los congresos. Hasta ahora
sólo lo ha ratificado el congreso de Venezuela y faltarían Ecuador, Bolivia, Uru-
guay, Paraguay, Brasil y Argentina, pero en la última reunión de trabajo logramos el
compromiso de todos los países por lograr lo más pronto posible esa ratificación.
Considerando el contexto económico internacional, ¿qué ventajas tiene la posibili-
dad de una autonomía financiera para la región?
Pues justamente es la crisis financiera internacional la que genera los mayores
problemas y las mayores amenazas sobre la estabilidad macroeconómica, finan-
ciera y democrática en la región. Por eso es tan importante avanzar con prontitud
hacia la construcción de una nueva arquitectura financiera que permita crear un
espacio de soberanía monetaria y financiera, cambiar la relación entre las finanzas
y la producción, generar políticas domésticas de pleno empleo y de combate a
la pobreza y tener un mejor manejo de los recursos, sobre todo movilizando los
recursos internos sin tener que estar permanentemente a la defensiva frente a las po-
sibilidades de ataques especulativos como los que ahora se han hecho públicos en
el caso de Grecia y de la zona Euro. La nueva arquitectura financiera va a permitir
contar con los medios necesarios para promover el desarrollo desde lógicas que no
necesariamente se restringen a la de la rentabilidad del capital, sino que incluirían
la posibilidad de viabilizar otro tipo de modalidades productivas en defensa de la
economía de las familias y de las regiones.
¿Se puede alcanzar esa autonomía financiera en América Latina y en qué medida?
Yo creo que las condiciones están dadas. Ha habido un desmantelamiento
sistemático de las capacidades del Estado durante los últimos treinta años, forta-
leciendo solamente las facultades represivas de los aparatos estatales, pero debi-
litando todo aquello que tiene que ver con la soberanía económica de los países,
dejando cada vez más a la intemperie la situación interna de la producción y
sobre todo de los productores en la mayoría de nuestro continente. Lo que estamos
tratando de ubicar es justamente cuáles son los mecanismos que permitirían, en
medio de este desmantelamiento del aparato institucional, los nuevos diseños que
permitan recuperar también tejido productivo y tejido social, que también se ha
perdido fruto de esta ofensiva neoliberal. ¿En qué medida se lo puede hacer? Pues
yo creo que justamente uno de los elementos centrales de la crisis sistémica que
Entrevista a Pedro Páez Pérez Entrevista 151
vive el capitalismo a nivel mundial tiene que ver con la manipulación monetaria,
financiera y macroeconómica que ha podido concentrarse en manos sobre todo
del eje anglosajón, la city de Londres y Wall Street. La posibilidad de avanzar con
un diseño integral hacia la nueva arquitectura financiera, esto es, tener moneda
regional y el desarrollo de monedas locales además de la nacional; la posibilidad
de movilizar tanto la moneda regional como las monedas nacionales y como las
monedas locales en procesos de financiamiento conjunto de nuevos proyectos de
desarrollo con una perspectiva distinta al encajonamiento primario extractivista,
va a dar lugar, con el apoyo del Banco del Sur, una nueva banca de desarrollo, a
marcar la pauta de un nuevo tipo de banca de desarrollo con las instituciones ya
existentes. Estos dos pilares, la moneda y la banca de desarrollo, requerirán contar
con una serie de componentes de un nuevo enfoque de banca central cuyo cora-
zón estaría con el Fondo del Sur, una alternativa al Fondo Monetario Internacional,
que recogería el funcionamiento nuevo de la banca central conectado en red,
conectado en línea, formando un mercado virtual de valores, creando un sistema
de seguros, con créditos de emergencia para la balanza de pagos y la caja fiscal,
al igual que un fondo común de reserva y un sistema de gestión común de reserva.
Estas tres patas, banco de desarrollo, monedas, locales y regionales, y el Fondo
del Sur, este sistema de nueva banca central, podrían permitir un nuevo tipo de
manejo institucional del crédito que permitiría el despliegue de otro tipo de polí-
ticas económicas con muchos mayores grados de libertad y con la posibilidad de
articular de mejor manera el funcionamiento de la economía capitalista privada,
de la economía capitalista del polo público, del Estado, y sobre todo con la incor-
poración de nuevos actores de la economía popular.
¿Cómo opera, en la situación actual de América Latina, la actual política de la Re-
serva Federal de mantener baja la tasa de interés y el conjunto de medidas de la
administración Obama para conjurar la crisis?
Justamente uno de los riesgos mayores que se está viviendo y la premura de
avanzar en esta construcción colectiva institucional viene de los efectos terribles
que se generan desde el salvataje que se está produciendo en el norte. Mientras en
el norte pueden hacer lo que quieran, prácticamente, debido al manejo monetario
y macroeconómico asimétrico, en el sur se multiplican por un lado las presiones
procíclicas ligadas al recorte presupuestario en la inversión social y en la inversión
productiva, al deterioro de la capacidad de compra de la población, a la reduc-
ción de los salarios reales, a la destrucción generalizada de empleos, al aumento
de las tasas de interés y a las presiones devaluatorias que pueden culminar en
guerras comerciales entre nuestros países echando al traste los procesos de inte-
gración. Pero adicionalmente, la inyección gigantesca de liquidez para resolver de
manera ilusoria una crisis que en el centro es una crisis estructural de solvencia,
está en realidad exacerbando el comportamiento especulativo y hasta mafioso,
que fue el que provocó la crisis. Son justamente los mismos canales oligárquicos
que provocaron la crisis y con las mismas modalidades los que están recibiendo
ese salvataje en cantidades astronómicas y que por razones políticas y de falta de
oportunidad económica en el centro no se emplean en formar más burbujas allá,
pero que están a la cacería en otras partes del mundo, sobre todo en los mercados
152 Entrevista La autonomía financiera de América Latina...
de materias primas y en mecanismos de call credit, es decir, tomando prestados
créditos a tasas de interés por debajo del 1 por ciento en el norte –con el pretexto
de que son bancos demasiado grandes para caer– y prestando de manera abusiva a
los países de la semiperiferia y de la periferia a tasas de interés cada vez más altas
a partir de procesos de crisis fiscal provocados precisamente por la propia crisis o
provocados, de manera sistemática y deliberada, por confabulaciones especulati-
vas como la que acaba de ser denunciada por The Wall Street Journal en el caso
griego, como un mecanismo de golpear a toda la zona euro.
¿Salió el capitalismo de la crisis o vienen nuevas burbujas, como las que le dieron
oxígeno durante las últimas décadas?
Justamente el problema fundamental que provocó la crisis no se ha resuelto. La
lógica del capitalismo actual, de la forma de ser del capitalismo en la actualidad,
es el capitalismo financiarizado, marcado por un proceso de monopolización y de
oligopolización enorme en el cual la jerarquía de las tasas de ganancia, el corto-
placismo y el rentismo marcan los horizontes y los ritmos de acumulación. En la
medida en que eso no se está resolviendo, en la medida en que ni siquiera se puede
implementar una superación de las políticas neoliberales con consistencia y au-
tenticidad, los principales mecanismos de crisis, los principales comportamientos
tóxicos, están presentes en los actores más poderosos y como habíamos conversa-
do hace un momento; nuevas burbujas están apareciendo en nódulos del sistema
cada vez más estratégicos, como los que tienen que ver con la formación mundial
de precios en el caso de los alimentos, de la energía y de los metales preciosos.
La manipulación de los precios en estos tres capítulos tendrá consecuencias cada
vez más feroces, más destructivas, sobre el funcionamiento coherente del conjunto
de la economía en condiciones en que la provisión de cada producto se da en
el marco de la globalización, es decir, de una logística planetaria tremendamente
fragmentada y sofisticada en la que las señales y la coordinación desde el sistema
financiero se vuelven vitales, de manera que el riesgo que se tiene sobre la provi-
sión, por ejemplo, de alimentos para miles de millones de habitantes depende de la
situación de dos o tres transnacionales que controlan una agricultura de contrato a
escala mundial. Esto exacerba una situación de hambruna que ya se ha generaliza-
do y que en lo que va de la crisis ha aumentado en más del 20 por ciento llegando
en el último informe de la FAO a más de mil 200 millones de habitantes. Si a eso le
sumamos la tremenda incertidumbre que esto provoca sobre los mercados de insu-
mos, sumado al tema de la energía y la tremenda fragilidad del sector exportador de
nuestros países, que depende básicamente de dos o tres productos, estamos plan-
teando una situación de mucha incertidumbre entre los inversionistas y de exacer-
bación de las tendencias adversas al riesgo y defensivas, que nuevamente refuerzan
las tendencias especulativas, cortoplacistas y rentistas en lugar de la producción de
largo plazo, en lugar de los procesos de generación de empleo.
Usted integra el comité de expertos convocado por Naciones Unidas a propósito
de la crisis. ¿Las recomendaciones formuladas cayeron en saco roto?
Ese comité de expertos cerró con el G-192, es decir, la asamblea general de
192 plenipotenciarios a mediados del año pasado convirtiéndose en un hito histó-
Entrevista a Pedro Páez Pérez Entrevista 153
rico, porque se trata de la instancia legal más alta que se ha dado en un tema tan
trascendente. Lastimosamente se ha intentado hacer oídos sordos a los mandatos
de esos 192 plenipotenciarios, incluyendo a Estados Unidos y Gran Bretaña, por
ejemplo, e instancias de las propias Naciones Unidas como el Fondo Monetario
Internacional han desoído, han desobedecido ese mandato por lo cual se debe-
ría demandar sanciones administrativas para los funcionarios y las autoridades de
esa institución. No obstante, los principales elementos que están presentes en el
reporte de la Comisión Stiglitz y luego en el outcome document de la Asamblea
General que le siguió han implicado una ruptura epistemológica y axiológica res-
pecto tanto al diagnóstico de la crisis como a los lineamientos generales de salida
a la crisis, entre ellos el tema de la regulación financiera. No han pasado muchos
meses de intentar desviar y de diluir esa presión internacional, por ejemplo, en
torno a la re-regulación financiera que ya el propio Fondo Monetario Internacio-
nal y las autoridades políticas y económicas de Europa, por ejemplo, a pesar de
no ser precisamente coincidentes con el pensamiento progresista, están buscando
alternativas que permitan retomar muchos de los temas que se discutieron en la
Comisión Stiglitz, como son el impuesto a las transacciones financieras y el avan-
zar a un proceso de regulación. Una victoria mucho más temprana puede ligarse
a la emisión de los derechos especiales de giro, que había sido vetada por los
Estados Unidos durante cuarenta años y que en algunos medios académicos, so-
bre todo conservadores, sobre todo aquellos decisivos en la gestión de la política,
era totalmente desprestigiada y despreciada como técnicamente poco robusta. En
los hechos se demostró que cuando Fuenteovejuna se reunió, cuando el G-192 y
el espectro de acción colectiva se impuso, la correlación de fuerzas cambió, los
países emergentes, sobre todo China, adoptaron otra posición respecto a los paí-
ses centrales y eso obligó a que los Estados Unidos dieran la luz verde para que
el Fondo Monetario Internacional en dos semanas acredite millones de dólares a
los bancos centrales miembros, que en muchos casos no solamente no sabían de
dónde les caía la plata sino que hasta ahora no saben qué hacer con ella. Esa es
una primera victoria y uno de los elementos que todavía requiere la lucha social,
que todavía requiere la movilización de la ciudadanía, es la utilización adecuada
de esos derechos especiales de giro; por ejemplo, podría ser utilizada, en el caso
de Estados Unidos, de Europa y Japón, que no necesitan derechos especiales de
giro en absoluto porque tienen monedas duras perfectamente convertibles en los
mercados internacionales y podrían utilizarse esos recursos, 150 mil millones de
dólares anuales, para cumplimentar en parte esa promesa largamente postergada
de 0,7 por ciento del producto interno bruto para el desarrollo sin ningún tipo
de presión inflacionaria, sin ningún tipo de costo financiero, sin ningún tipo de
disputa presupuestaria al interior de esos países. Estos recursos podrían ayudar a
resolver los problemas que han sido exacerbados por la crisis, básicamente desde
los atropellos y los abusos del norte, cuyos efectos son dramáticamente soportados
en el sur, como son aquellos ligados a la hambruna que ya mencionamos, a la
exacerbación de la extrema pobreza y al agudizamiento de los efectos de la crisis
climática. Solamente en estos tres ámbitos, ligados a los objetivos del milenio, las
Naciones Unidas tienen hecho un estudio según el cual con 80 de esos 150 mil
millones de dólares anuales, durante diez años, podrían hacerse inversiones que
154 Entrevista La autonomía financiera de América Latina...
hagan un cambio significativo, cualitativamente diferente, en la evolución de las
tendencias estructurales. Adicionalmente se podría orientar parte de esos recursos,
de los derechos especiales de giro, para que funcionen como prestamistas de últi-
ma instancia de los esfuerzos regionales que puedan establecerse también con la
formación de derechos especiales de giro regional y la estructuración de nuevas
arquitecturas financieras como las mencionadas para el caso de América Latina.
Obviamente, en cada situación, conforme a las condiciones políticas, económi-
cas, culturales de cada región, de manera de avanzar hacia la construcción de un
mundo multipolar, en la recuperación no solamente de la representatividad y del
peso político en la arena internacional, sino también en la recuperación de la co-
herencia productiva, consultiva, que reduzca los tremendos riesgos del comercio
de larga distancia y de una cadena de valor tan fragmentada y tan dispersa en el
mundo como lo que ya se ha mencionado.
Una moneda regional, que en un comienzo pueda desprender las transacciones
comerciales entre los países de América Latina, como usted ha propuesto, ¿qué
beneficios tiene?
El primero es el hecho de que nuestros países podrían ahorrarse una buena can-
tidad de divisas que se han convertido en la angustia permanente de los ministros
de economía y de los gobiernos de turno, independientemente del signo político
que tengan. La construcción de esta dependencia monetaria y financiera ha corres-
pondido a una política sistemática de parte del imperio para crear esas condicio-
nes de escasez permanente y la ruptura de Bretton Woods en 1971, la crisis de la
deuda en los años ochenta, las reformas estructurales del Consenso de Washington
en los años noventa y una serie de mecanismos de desregulación financiera y de
erosión de las funciones de la moneda nacional han sido parte de este proceso. La
recuperación de este espacio de soberanía monetaria permitiría movilizar recursos
propios, crear nuevos mercados, auspiciar y financiar la participación de nuevos
actores, con nuevos productos e influjos de comercio que espontáneamente no se
dan en el marco de este mercado mundial oligopolizado, controlado por las trans-
nacionales y basado en el uso del dólar. Hoy por hoy, por ejemplo, una transacción
entre Colombia y Perú no se hace en ninguna de las monedas nacionales sino que
se la tiene que hacer en dólares. Una compra de 100 millones de Colombia a Perú
tiene que pasar por el banco corresponsal privado en los Estados Unidos a través
del mecanismo de switch, pasar por la Reserva Federal hacia el banco corresponsal
colombiano, para que finalmente se haga el pago en Colombia. Estos elementos
podrían ser ahorrados, dilatando el uso del dólar y permitiendo la generación de un
crédito recíproco entre bancos centrales, como es el diseño que hoy tenemos con
el SUCRE, Sistema Unitario de Compensación Regional.
¿En qué plazo podría concretarse ese proyecto?
El SUCRE ya ha sido también firmado por los presidentes de los países del
ALBA como convenio constitutivo y está esperando la ratificación de los respec-
tivos parlamentos. En el caso de Cuba y de Venezuela esa ratificación ha sido ya
dada y en los hechos, en el natalicio del libertador Antonio José de Sucre, en cuyo
homenaje el sistema tiene un acrónimo, el 3 de febrero se hizo la primera transac-
Entrevista a Pedro Páez Pérez Entrevista 155
ción. Estamos todavía madurando las condiciones económicas para ir dando cada
vez mayores funciones al SUCRE, en condiciones en las que se vayan cubriendo
más y más transacciones y se vayan cubriendo más y más actores.
¿Requiere su instrumentación otro tipo de proceso de integración regional que el
que se vino dando hasta ahora?
Yo creo que es al mismo tiempo producto y proceso. El SUCRE va a permitir
impulsar otras dimensiones de la integración regional, va a permitir propiciar otro
tipo de lógicas productivas pero también otro tipo de lógicas en los flujos entre
nuestros países que van a orientar un desarrollo de nuevo tipo, que van a orientar
una integración de nuevo tipo.
Estos acuerdos macroeconómicos, habida cuenta de las asimetrías regionales, ¿no
atan a los países más pequeños a las políticas económicas decididas por los gru-
pos económicos de los más aventajados en términos de desarrollo? Dicho de otro
modo, ¿no limitan la soberanía en materia de política monetaria, como en el caso
del Euro, por ejemplo?
Por el contrario. El diseño del SUCRE en lugar de restringir los grados de li-
bertad de las políticas domésticas los aumenta, en la medida en que no son ex-
cluyentes de otros tipos de medios de pago las propias monedas nacionales, pero
inclusive propicia el desarrollo de monedas locales como en el caso ecuatoriano,
que lo hemos hecho, y al mismo tiempo está reduciendo la dependencia, la an-
gustia permanente por obtener excedentes en dólares para completar el mínimo
técnico cotidiano en las transacciones tanto comerciales como financieras. Estos
mayores grados de libertad van a permitir que, no importa cuál sea el signo político
del gobierno de turno en cada país, se pueda contar con un mayor espacio de polí-
tica y un mayor horizonte de sustentabilidad en los programas macroeconómicos,
pero al mismo tiempo, como mencionábamos hace un rato, hay un contenido
adicional, una perspectiva adicional, que se refiere a la posibilidad de incorporar
a nuevos actores sociales con nuevas lógicas, con nuevos mercados y nuevos pro-
ductos al comercio exterior regional y a la formación y el cultivo de una dinámica
de esos mercados regionales que permita sustentar un régimen de acumulación
de nuevo tipo.
Según su opinión, ¿qué papel tienen los movimientos sociales en esa estrategia de in-
dependizar a la región de la órbita del dólar y avanzar en el proceso de integración?
Hasta ahora, lastimosamente, la mayoría de los debates se han dado en el pla-
no tecnocrático. Mientras las negociaciones se den entre cuatro paredes siempre
hay el riesgo de que estos procesos se desnaturalicen. Yo creo que es fundamental
no sólo el papel de los movimientos sociales en la vigilancia de esta estrategia
transformadora sino también y de manera fundamental el papel de la academia.
El déficit del pensamiento alternativo es hasta ahora verdaderamente dramático.
No se pueden llenar los vacíos técnicos, los vacíos del rigor científico debidos
a las presiones del mercado y a las presiones del capital reputacional, como lo
llamaría Bourdieu, con incienso. Yo creo que es fundamental el hacer el análi-
sis objetivo de la realidad concreta para establecer con mucha creatividad, con
156 Entrevista La autonomía financiera de América Latina...
mucho rigor, con mucha responsabilidad, las alternativas, en las cuales lo que se
ha avanzado hasta ahora en el tema de la nueva arquitectura financiera regional
puede marcar la pauta de lo que se podría seguir haciendo, pero siempre desde
un balance crítico en el que es importante la participación colectiva y una actitud
autocrítica permanente.
La coyuntura
de la autonomía
relativa del Estado
Luis Tapia
La Paz, Muela del Diablo,
Comuna y CLACSO, 2009
Massimo Modonesi
Esta compilación de ensayos de Luis Tapia, integrante del grupo Comuna, junto
con Raúl Prada y Álvaro García Linera, autores de otros volúmenes editados por
CLACSO, fue publicada en el marco de una colección dedicada a dar proyección
latinoamericana al pensamiento socio-político surgido al calor de las luchas popu-
lares en Bolivia. A diferencia de estos últimos –quienes participan en el gobierno
de Evo Morales– las reflexiones de Tapia en los años más recientes se han destaca-
do por la crítica hacia las posturas del gobierno y del partido –el MAS (Movimiento
al Socialismo)– que es su sostén.
Armado con este espíritu crítico, el propósito de Tapia a lo largo de los distintos
textos que componen el libro es ofrecer una interpretación de la coyuntura boli-
viana. Para ello procede por medio de un atinado cruce de abordajes analíticos. En
primer lugar, abreva en un acervo teórico –principalmente marxista y en particular
en el pensamiento de René Zavaleta Mercado– apropiándose de conceptos y ejes
problemáticos que le permiten iluminar los procesos políticos. En segundo lugar,
Tapia busca entender la coyuntura situándola en una lectura histórica para rastrear
la emergencia de formas y modalidades sociopolíticas en la mediana duración,
mostrando los entrecruzamientos, las continuidades y las rupturas que componen
el momento presente. Por último, al abordar directamente el análisis de la coyun-
tura, en particular el pasaje entre el ciclo de rebelión y el establecimiento del go-
bierno del MAS, el autor centra la atención en las contradicciones, en las tensiones
que subyacen detrás de la aparente linealidad del ascenso al poder.
Cada una de estas entradas analíticas ofrece elementos de comprensión de la
realidad boliviana actual y, sin duda, la combinación de ellas proyecta un mirada
de amplios alcances interpretativos, una imprescindible lectura de época, se com-
partan o no sus conclusiones.
160 Reseñas La coyuntura de la autonomía relativa del Estado - Luis Tapia
Sin la pretensión de abarcar la totalidad de las ideas expuestas en este libro
destacaré las que, a mi parecer, atraviesan los distintos textos que lo componen y
le confieren coherencia y densidad interpretativa.
En el ensayo titulado “Composición de clase y bloque político dominante” Luis
Tapia empieza a definir la coyuntura boliviana en función de los grados de de-
mocratización y descolonización, colocándolos como criterios fundamentales de
medición de la profundidad de la transformación en curso. A nivel teórico, recu-
perando un concepto forjado por el obrerismo italiano, Tapia deriva de la composi-
ción política de clase la formación de un bloque político dominante, distinguiendo
y articulando el análisis del sujeto clasista y del sujeto político, del poder de clase
y del poder de Estado. Esta distinción le permite destacar las características, a lo
largo de la historia boliviana, de la conformación del poder político, en particular
en torno a las coyunturas de 1952 y en 1985, resaltando y evidenciando las oscila-
ciones entre la autonomía relativa y el carácter instrumental del Estado.
En efecto, según Tapia, desde los años ochenta el neoliberalismo en Bolivia
promovió la desmovilización y el debilitamiento de los sectores populares orga-
nizados –fundamentalmente el sindicalismo unificado en la Central Obrera Bo-
liviana (COB)– construyendo un sistema de partidos que representaba, en forma
diferenciada, un mismo proyecto de modernización capitalista legitimado por la
“eficiencia técnico-administrativa desideologizada”. En este sentido, se contrajo
bruscamente la autonomía relativa del Estado y los sectores empresariales asu-
mieron plenamente, por intermediación de la tecnocracia, el control del aparato
público en función de sus intereses. Sin embargo, según Tapia, en la última déca-
da esta construcción entró en crisis fundamentalmente por la modificación en la
composición política del otro polo clasista, el de las clases dominadas. A la derrota
del sindicalismo obrero –encarnado en la COB– respondió el crecimiento del sin-
dicalismo indígena y campesino –sintetizado en la Central Sindical Unitaria de los
Trabajadores del Campo de Bolivia (CSUTCB)– así como la organización de otros
ámbitos colectivos, en particular –insiste Tapia– en las tierras bajas, con la Confe-
deración de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB) y los movimientos antiprivati-
zación. Aún en plena privatización, en medio del triunfo del liberalismo político
en los años ochenta, Tapia muestra cómo los sectores populares aprovecharon la
descentralización administrativa para apropiarse de espacios de participación a
nivel municipal, a partir de los cuales se inició una dinámica de politización de
los ámbitos comunitarios.
A lo largo de un intenso proceso de acumulación de fuerzas, el pasaje desde
el plano corporativo al nivel político se manifestó en el desborde de las luchas
populares a partir de un proceso de movilización y unificación de estructuras co-
munitarias, y se prolongó en la formación de partidos y de un proyecto nacional.
Sin embargo, señala Tapia, en la situación actual, aun reconociendo que las clases
dominantes perdieron la dirección política y se encuentran relegadas en bastiones
regionales y que surgió un “partido de origen campesino que ha articulado una
amplia red de alianzas políticas con varios sectores populares”, no se ha formado
un nuevo bloque dominante.
Este bosquejo general del panorama sociopolítico boliviano será enriquecido
por Tapia en los textos siguientes. En el ensayo titulado “Los ciclos de construcción
Massimo Modonesi Reseñas 161
del Estado-nación y la democracia”, el autor ofrece una lectura histórica de los
procesos políticos, resaltando los ciclos de nacionalización y privatización vistos
como avances y retrocesos democráticos y de edificación nacional. Para Tapia, “la
nacionalización aparece como la condición material de posibilidad de la demo-
cratización multicultural”. Este proceso conjuga distintos elementos:
El proceso de constitución de asambleas de pueblos indígenas, el crecimiento del sindicalismo
campesino y la constitución de movimientos antiprivatización han creado las condiciones para
volcar la orientación del voto hacia un partido que funge, por lo pronto, como un partido de los
trabajadores o articulador de la representación de los trabajadores, bajo modalidades de alianza
y negociación.
Después del triunfo electoral, el eslabón principal de esta subversión institu-
cional fue la Asamblea Constituyente. Sin embargo, expresando una preocupación
recurrente en varios ensayos, Tapia muestra cómo en ella se avanzó más en la na-
cionalización –en particular de los recursos naturales– que en la democratización
multiétnica y multicultural, y en el desarrollo de espacios de deliberación y de
autogobierno.
En el siguiente ensayo, “Las olas de expansión y contracción de la democra-
cia”, Tapia refuerza esta concepción de democracia fincada en la igualdad y el
autogobierno. A contracorriente de la “contrademocratización o desdemocratiza-
ción” neoliberal, los procesos de transformación en Bolivia han sido:
[…] imaginados y promovidos desde la configuración de otros espacios políticos que estaban
fuera de los espacios políticos configurados por el Estado: a partir de espacios sindicales que para
entrar al Estado han creado partidos políticos, desde los espacios configurados por las estructuras
comunitarias de autoridad y los procesos de articulación de sus asambleas de pueblos y a partir de
algunas otras fuerzas que tienen que ver con la articulación de movimientos y espacios públicos
contra la privatización de los recursos naturales y los servicios públicos, siendo la forma paradig-
mática y más desarrollada la coordinadora del agua en Cochabamba.
En este sentido, Tapia resalta la tendencia a la democratización que se manifes-
tó en los procesos de participación, deliberación y movilización que desemboca-
ron en la quiebra del orden político boliviano. Los anhelos de igualdad y autogo-
bierno fueron, en medio de este ciclo de rebelión, traducidos en las consignas de
“nacionalización” y “Asamblea Constituyente”.
En el texto titulado “Ejes de rotación, movimiento y significación”, Tapia reto-
ma la idea de la existencia de distintas temporalidades y racionalidades –en pri-
mera instancia, la moderna y la agraria– recuperando la caracterización de Bolivia
como formación social abigarrada elaborada por Zavaleta Mercado. A partir de
este reconocimiento Tapia afirma que Bolivia es “un país multisocietal y no sólo
multicultural”, en el cual no hay “sincronía en la vida política y social sino más
bien una especie de polirritmia, en muchos casos conflictiva”. Siguiendo esta línea
de tensión, Tapia sostiene que, en la actualidad:
[…] han accedido al Ejecutivo y al Legislativo sujetos que vienen de matrices campesinas y comu-
nitarias, que se mueven en un tiempo histórico agrario, pero que han entrado al seno de estructuras
que se mueven según otro tiempo histórico, sobre todo porque reproducen el tipo de estructuras
162 Reseñas La coyuntura de la autonomía relativa del Estado - Luis Tapia
propias del capitalismo y el modo en que la economía y la política boliviana se articulaban de
manera subordinada al mundo y sus formas transnacionales de explotación actual. El ocupar las
estructuras estatales hace que estos sujetos empiecen a moverse y producir significación o sentidos
que no responden a su historia y sus núcleos campesinos y comunitarios sino también a las estruc-
turas estatales que hoy están ocupando.
En este sentido, el diagnóstico de Tapia muestra una contradicción de fondo:
El espacio político estatal no ha sido modificado todavía en términos estructurales, y lo que el tipo
de rotación que se ha experimentado ha producido es la sustitución de los sujetos gobernantes,
dando lugar a una coyuntura de autonomía relativa del Estado, en tanto se ha desplazado a la
clase dominante del Ejecutivo y el Legislativo. Sin embargo, todavía no se ha cambiado el eje
de rotación o la rotación estatal que tiene que ver con la reproducción del régimen de propie-
dad y las estructuras económicas, que están siendo afectadas en torno al llamado proceso de
nacionalización. Ese es el principal eje en la reforma del Estado, que implicaría un cambio en
el movimiento de la economía boliviana o el modo en que rotan los procesos productivos y los
procesos políticos, que durante la época de privatización neoliberal implicaban un movimiento
que salía de las fronteras nacionales, en términos de que la rotación del excedente se articulaba
a procesos transnacionales.
Uno de los cambios que se han dado en relación a esta dimensión es el hecho
de que la victoria electoral del MAS ha hecho que el Estado boliviano empiece
a rotar o a moverse en mayor sintonía con los movimientos internos, tanto de la
sociedad civil como de los núcleos comunitarios. Ahora bien, el Estado sigue ro-
tando de acuerdo a un ritmo burocrático.
Desde esta óptica, Tapia afirma que Evo Morales es el producto de un proceso,
expresa una alianza y no una relación orgánica entre los distintos movimientos so-
ciales y, por lo tanto, su gobierno no es el “gobierno de los movimientos sociales”,
en la medida en que no responde a procesos de deliberación colectiva, de una
extensión nacional de prácticas participativas y comunitarias.
En el ensayo que da nombre al libro, “La coyuntura de la autonomía relativa del
Estado”, en contraste con el “momento instrumental del Estado” (Zavaleta) promo-
vido por el neoliberalismo, Tapia caracteriza el momento actual boliviano a partir
de esta definición marxista clásica. Después de distinguir versiones de autonomía
relativa del Estado –todas ellas destinadas a asegurar la reproducción ampliada del
capitalismo– expresadas como bonapartismo, burocracia entendida como “capita-
lista general” y gestión estatal de partidos de trabajadores, Tapia opta por la tercera
para ilustrar el momento boliviano:
Así, se parece a la experiencia socialdemócrata, laborista o socialista europea y, en el horizonte
latinoamericano, a la experiencia brasileña, en la que sindicatos obreros organizan el Partido de
los Trabajadores que logra ganar las elecciones nacionales. La gran diferencia en relación tanto a la
historia reciente brasileña como a la más antigua europea, es que en el caso boliviano se trata de
un partido de origen campesino, aunque con discurso y proyecto nacional.
Tapia recorre el ciclo de crisis del Estado boliviano, provocada por la acu-
mulación de fuerzas de los movimientos, retomando temáticas presentes en los
ensayos anteriores, para mostrar la gestación de esta coyuntura de autonomía
relativa y su horizonte de posibilidad. Abordando directamente la caracterización
Massimo Modonesi Reseñas 163
del gobierno del Evo Morales, Tapia destaca que se modificó la extracción de
clase de los miembros del gobierno y el contenido de clase en el ejercicio de go-
bierno. Plantea, al mismo tiempo, que la autonomía relativa frente a los poderes
transnacionales sigue siendo una condición ineludible visto que estos están es-
trechamente imbricados con la clase dominante boliviana. De la misma manera,
insiste en el tema de la reforma agraria como tarea pendiente para profundizar
la discontinuidad en la matriz clasista del Estado. Finalmente, advierte el riesgo
de la formación de una “burocracia política de origen campesino y popular que
gobierne el capitalismo en Bolivia” basada en la hegemonía de un partido sobre
los movimientos sociales.
Como antídoto a estas tendencias sugiere la necesidad de un mayor pluralismo
y la apertura de espacios de deliberación colectiva y confía en que, más allá de
las alianzas electorales y clientelares que giran en torno al MAS, “el núcleo duro
y básico de la representación y articulación política son las organizaciones de la
sociedad civil del mundo de los trabajadores”.
En el ensayo siguiente, “Representación, participación y democratización en
las relaciones Estado-sociedad civil”, Tapia refuerza e insiste en estos argumentos,
sosteniendo que el nivel corporativo sigue siendo el más representativo, tanto en
el mundo de los trabajadores como de los empresarios, y que el MAS no es un
espacio de participación sino de negociación y delegación.
En la misma dirección, en “Los ejes igualdad-democracia y equidad-justicia”,
Tapia despliega la crítica a las nociones de equidad y de gobernabilidad promovi-
das por el neoliberalismo para defender el principio de igualdad como vector de
los procesos de democratización y, a partir de esta asociación, cuestiona el alcan-
ce de las reformas en curso concluyendo que:
[…] como en el ámbito de la constitución de los espacios y los sujetos políticos no se han pensado
ni diseñado constitucionalmente procesos de ampliación del principio de igualdad en los momen-
tos de deliberación, legislación y toma de decisiones sobre la distribución y el uso del excedente
económico del país, no hay indicios de democratización ni de ampliación de la justicia distributiva
o de la equidad.
En el trabajo siguiente, “Las formas sustantivas y aparentes de las luchas de
clases”, Tapia analiza el neoliberalismo como estrategia capitalista, como forma
de lucha de clase, de disputa del excedente, de intensificación de la explotación.
A partir de esta perspectiva, muestra y denuncia los rasgos clasistas, fascistas y ra-
cistas propios del proyecto de restauración oligárquica centrado en las autonomías
departamentales de la llamada “Media Luna”.
Finalmente reitera los argumentos de crítica al MAS presentándolo como una
“mediación en el seno de las instituciones liberales de representación”, vislum-
brando el riesgo de que
[…] empiece a creer en esta forma aparente, es decir, creer que es dirigente, cuando el contenido
del proceso de cambio fue producido desde otros núcleos, sujetos y luchas que hicieron posible la
recomposición del sistema de partidos y del Ejecutivo. Las instituciones representativas generan el
efecto de mayoría electoral que pareciera convertirse en dirección política. El MAS alimenta el de-
sarrollo de esta forma aparente a través de la pretensión de control de las organizaciones populares,
un control descendente que se ha ejercido sobre todo en el proceso de la Asamblea Constituyente y
164 Reseñas La coyuntura de la autonomía relativa del Estado - Luis Tapia
en las decisiones colectivas de los últimos momentos de luchas de clases, sin tener, necesariamen-
te, una capacidad sustituta de propuesta de proyecto y de horizonte político.
En conclusión, Tapia ofrece una serie de hipótesis, argumentos y claves de lec-
tura que permiten abordar el análisis del proceso boliviano desentrañando sus orí-
genes, su composición y sus contradicciones. El conjunto de ensayos reunidos en
este libro es, sin duda, un aporte al debate y una invitación a la reflexión crítica y
comprometida. En última instancia, los claroscuros de la experiencia boliviana re-
quieren ser iluminados desde distintas perspectivas, mostrando sus alcances y sus
límites en aras de estimular y acompañar uno de los procesos de transformación
más destacados de la historia latinoamericana.
En particular, la apuesta de fondo que subyace en el razonamiento de Tapia
tiene un indudable valor estratégico: si los movimientos sociopolíticos bolivianos
abrieron un horizonte de posibilidad, su aprovechamiento pasa por su fortale-
cimiento y su proyección y no sólo por una traducción estatal o administrativa
–plena o parcial– de sus demandas. La extensión y ampliación del proceso de
transformación en Bolivia, más allá de la coyuntura, necesita de la participación
antagonista y autónoma de subjetividades anticapitalistas, las cuales se construyen
en el conflicto y en experiencias de autoemancipación.
La verdadera historia
de la separación
de 1903
Reflexiones
en torno al Centenario
Olmedo Beluche
Panamá, Imprenta ARTICSA, 2004
Guillermo Almeyra
La creación manu militari de Panamá y su transformación
en colonia en el Siglo XX
Cuando los gobiernos, la academia y los medios de información festejan el se-
gundo centenario de la aún incompleta batalla por la Independencia en los países
latinoamericanos creemos muy oportuno recordar, aunque con retardo, un trabajo
de Olmedo Beluche, sociólogo panameño, magíster en Estudios Políticos, profesor
de la Universidad de Panamá y autor, entre otras obras, de Pobreza y Neoliberalis-
mo en Panamá (1997) y Estado, Nación y clases sociales en Panamá (1999).
Dicho libro, en efecto, ha tenido poca difusión fuera de Panamá aunque es
sumamente útil no solo para comprender la creación de ese país mediante una
conspiración entre el capital financiero franco-estadounidense y el gobierno de
Washington con el apoyo servil de una oligarquía local (hecho que muy pocos
discuten fuera del país del Istmo) sino, sobre todo, para entender el carácter anti-
nacional de las oligarquías comerciales latinoamericanas, su subordinación a las
potencias de sus épocas respectivas, el paulatino desarrollo del imperialismo esta-
dounidense en América Latina ya a partir de mediados del siglo XIX sobre la vía de
intereses estratégicos bien delineados y constantes, así como la interrelación que
desde entonces se ha ido construyendo, a espaldas del pueblo estadounidense y
de los demás pueblos de la región, entre el capital financiero (en el caso paname-
ño, la Banca Morgan) y el establishment de Washington.
La historia oficial panameña pinta como próceres a los que conspiraron para
hacer del país una colonia estadounidense y, además, dice que la separación de
166 Reseñas La verdadera historia de la separación de 1903 - Olmedo Beluche
Panamá de Colombia fue resultado de una sublevación popular provocada por la
opresión colombiana. Beluche sostiene en cambio en su libro que la separación
de Panamá de Colombia no respondió a ninguna exigencia popular en Panamá.
Además prueba que, desde pocos años después de la guerra de Independencia,
casi medio siglo antes de dicha separación de Colombia, los comerciantes de la
ciudad de Panamá, mayoritariamente extranjeros, pedían ser en realidad un pro-
tectorado virtual de Estados Unidos (mediante el Tratado Mallarino-Buidlack de
1846 firmado por Nueva Granada y Estados Unidos) para evitar ser anexados por
Inglaterra, como Belice y la costa atlántica de Nicaragua. Merced a dicho tratado,
los ciudadanos y soldados estadounidenses podían circular libremente por Pana-
má y las mercancías de Estados Unidos no pagaban aduana.
Cuatro años después, en 1850, Estados Unidos e Inglaterra firmaron el Tratado
Clayton-Bulwer, en el cual se comprometían a controlar de modo exclusivo cual-
quier canal interoceánico que se construyera en cualquier parte de Centroamérica
(en ese entonces se pensaba en construir uno por el río San Juan y los lagos nicara-
güenses, hasta que el carácter volcánico de la zona y la malaria obligaron a pensar
en Panamá abandonando los otros proyectos).
En 1869-1870, incluso, Washington negoció con Bogotá la construcción del
canal, que tuvo que postergar por la Guerra de Secesión estadounidense. Eso dio
la oportunidad al capital francés, que había construido el Canal de Suez, de in-
tentar sin éxito la empresa entre 1880 y 1888 pues todo terminó en un famoso
escándalo financiero.
Dice al respecto Beluche, que habla del “hanseatismo” o “transitismo” de la
oligarquía comercial panameña:
Esta realidad histórica dio forma a una burguesía comercial istmeña, asentada en la ciudad de Pa-
namá, asociada a esos intereses foráneos, ya fuera como prestadora de servicios de tránsito o como
agente comercial. Una burguesía comercial importadora y reexportadora, en gran medida extranjera,
cuyo interés particular estaba firmemente ligado a sus socios norteamericanos, ingleses y franceses.
Contrariamente a lo que suele afirmar la historia oficial panameña, ese carácter socioeconómico
produjo una burguesía comercial sin un claro “proyecto nacional” que fuera más allá del control y
usufructo de la zona de tránsito. (…) Esa falta de decisión y claridad en un proyecto nacional se de-
bió en parte a que su perspectiva “nacionalista” no estaba en relación con un mercado interno, im-
posible dado el raquitismo demográfico del Istmo, sino relacionada con el negocio reexportador.1
La fusión entre los intereses de una burguesía comercial concentrada en el prin-
cipal centro de una región y el capital extranjero, dando la espalda a un proyecto
nacional y a la construcción de un mercado interno, en Panamá o en el Río de la
Plata, explica ya desde el siglo XIX, desde la separación de España, las historias
de esos países y la oposición entre conservadores y liberales, que eran federales, o
entre unitarios y federales.
Mientras tanto, a comienzos del 1900, el banquero J. P. Morgan había formado
un cartel con otros financieros y había comprado secretamente, por cinco millones
de dólares, la mayoría de las acciones de la compañía francesa del Canal, que pa-
saron a ser estadounidenses a pesar de la prohibición legal que existía al respecto.
El grupo Morgan quería que el gobierno estadounidense le comprase esas accio-
nes por 40 millones de dólares y le ayudase a construir el canal y para ello cons-
piraba con altos funcionarios del gobierno de Teodoro Roosevelt. En 1902, ante el
Guillermo Almeyra Reseñas 167
avance de las guerrillas liberales en el Istmo, las tropas estadounidenses invadieron
Panamá, violando la letra y el espíritu de los tratados existentes.
En esas condiciones se llevaron a cabo las negociaciones entre Estados Unidos
y el gobierno colombiano, que estaba dispuesto a permitir la construcción del
Canal pero pedía cobrar parte de la indemnización de la compañía francesa que
no había terminado la obra (40 millones de dólares), más 10 millones al contado y
600 mil mensuales (el ferrocarril transístmico pagaba 250 mil dólares anuales, que
el Estado dejaría de recaudar). Pero Estados Unidos consideró que podía conseguir
lo mismo directamente, por la fuerza, mucho más barato y organizando de paso
una posesión colonial, Panamá.
El costo, en efecto, fue mínimo: 100 mil dólares, que llegaron por el Crédit
Lyonnais, para sobornar a dos generales y a unos pocos soldados colombianos,
otros 75 mil, un mes después, que del banco Joshua Lindo fueron al Isaac Brandon
& Bros., de Panamá, para el puñado de oligarcas conjurados, y los 10 millones de
adelanto que hubieran correspondido a Colombia, pero que jamás llegaron a Pa-
namá y quedaron en un banco neoyorquino, administrados por J. P. Morgan y Cía.,
el cual, como buen negociante, los invirtió en las primeras hipotecas de bienes
raíces de Nueva York “para asegurar la estabilidad de la nueva república”. Varios
buques de guerra estadounidenses aseguraron esta “independencia” obtenida el 3
de noviembre de 1903. El presidente T. Roosevelt declararía menos de ocho años
después de la misma, en marzo de 1911, en la Universidad de California, que
“afortunadamente, la crisis se presentó en un período en el que pude actuar sin
impedimentos. En consecuencia, tomé el Istmo, inicié el Canal y luego dejé que el
Congreso debatiera no al canal sino a mí (Risas y aplausos)”2.
Los oligarcas panameños, por supuesto, firmaron los documentos que estable-
cían las condiciones en que se formaba el nuevo país sin corrección alguna y sin
que ni siquiera hubiesen sido traducidos. ¡No faltaba más!
Notas
1 Beluche, Olmedo 2004 La verdadera historia de mares. La creación del Canal de Panamá (1870-
la separación de 1903 (Panamá: ARTICSA) pág. 14. 1914) (México DF: Lasser Press Mexicana SA) pp.
2 McCullough, David 1979 El cruce entre dos 413-414.
Declaración del
municipio autónomo de
San Juan Copala ante la
agresión paramilitar
San Juan Copala, México,
29 de noviembre de 2009
Grupos paramilitares cercan al municipio autónomo de San Juan Copa-
la y asesinan a un niño
• Hay tres heridos y un niño muerto.
• Buscan terminar con el municipio autónomo y entregarlo al control del gobier-
no estatal.
• La agresión se da en el marco de las actividades de un acto de solidaridad con
el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco.
• En los últimos meses las agresiones en contra del municipio autónomo se han
dado de una manera sistemática.
El municipio autónomo de San Juan Copala informa a todo el público en general:
El día 28 de noviembre de 2009, la sede del municipio autónomo de San Juan
Copala en el estado de Oaxaca fue atacada violentamente por grupos paramilita-
res que disparaban armas de grueso calibre. La agresión se dio en dos ocasiones:
una como a las tres de la tarde, que duró como una hora, y otra como a las seis
de la tarde, que duró casi el mismo tiempo. En la primera tomaron como blanco
el albergue infantil ubicado en el municipio autónomo y como consecuencia de
ello asesinaron a un niño de nombre Elías Fernández de Jesús; también resultaron
heridos otros tres de sus compañeros, Tomotelín Velasco y Jacinto Velasco, y un
tercero cuyo nombre se ignora.
Las primeras noticias que tenemos sobre los responsables apuntan a una alian-
za entre la Unidad de Bienestar Social para la Región Triqui (UBISORT) y un sector
del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui-Partido Unidad Popular (MULT-UP).
Mientras los primeros cerraron el único camino que comunica a San Juan Copala
con el resto de la región, para aislar al municipio, los segundos iniciaron la agre-
sión militar desde los cerros que se encuentran alrededor del centro del municipio,
172 Documentos Municipio autónomo de San Juan Copala
justo por el lado donde colinda con comunidades del Movimiento de Unificación
y Lucha Triqui. Después de que estos comenzaron la balacera, se les unieron los
pistoleros de UBISORT que viven en el municipio autónomo.
Por las notas de la prensa cercana al gobierno, donde se informa de la cance-
lación del municipio autónomo, sabemos que hay una estrecha alianza entre estas
dos fuerzas políticas, coordinadas desde las altas esferas del gobierno estatal. No es
una alianza de ahora sino de hace años, y no consideramos que sea todo el MULT-
UP, sino principalmente sus dirigentes. Por eso desmentimos que el municipio ya
no existe. Al momento de hacer esta denuncia se encuentra cercado y agredido
con armas de fuego, pero nuestras autoridades autónomas siguen en sus cargos.
Los barrios y comunidades que lo integran ya se movilizan para apoyarlos.
No podemos olvidar que el municipio de Santiago Juxtlahuaca, al que legal-
mente pertenecía el municipio Autónomo de San Juan Copala, es gobernado por
el Partido Unidad Popular, y es ahí en donde la Unidad de Bienestar Social de
la Región Triqui (UBISORT) ha estado recibiendo los principales apoyos para las
agresiones en contra del municipio autónomo. Tampoco olvidamos que a prin-
cipios de noviembre pistoleros al servicio de la UBISORT intentaron asesinar al
Presidente Municipal autónomo, matando a un miembro del municipio autónomo
que intentó impedirlo. Finalmente el asesino fue detenido y confesó que había un
plan para asesinar al Presidente Municipal autónomo y a los líderes de los barrios.
Cuando se entregó al Ministerio Público se presentó el líder de la UBISORT a exi-
gir su liberación.
Las agresiones contra el municipio autónomo han aumentado desde que co-
menzamos a brindar apoyo a otros compañeros en lucha. Primero los compañeros
zapotecos de los Loxicha, mientras exigían la libertad de sus compañeros, después
la Policía Comunitaria en el estado de Guerrero, contra la represión que están
sufriendo por el gobierno del estado y ahora los compañeros de San Salvador Aten-
co, en la lucha por la libertad de sus compañeros presos y sentenciados a largas e
injustas condenas de prisión.
Al denunciar estos hechos ante la opinión pública refrendamos nuestro dere-
cho a seguir con nuestro proyecto de autonomía y a solidarizarnos con nuestros
compañeros en lucha. Exigimos al gobierno del estado que deje de agredir a través
de sus organizaciones títeres.
José Ramírez Flores
Presidente
Severo Sánchez González
Alcalde
Macario García Merino
Secretario
Declaración del
Frente Nacional de
Lucha por el Socialismo
en apoyo al SME
México, 19 de octubre de 2009
Al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).
A las organizaciones democráticas e independientes.
A los organismos defensores de los derechos humanos.
A la opinión pública nacional e internacional.
A los medios de comunicación de México y el mundo.
El Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS) expresa su apoyo total al
Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).
Los últimos sucesos que han cimbrado la política nacional, violentando la le-
galidad, la autonomía sindical y la soberanía del país, tienen como responsables
directos al ilegítimo presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, y a miem-
bros de su “gobierno”.
El Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS) expresa su más enérgico re-
chazo a la sucia política de ultraderecha aplicada por el “gobierno” de Calderón, en un
conflicto fabricado deliberadamente por él mismo con al menos cuatro intenciones:
1. Desarticular al SME por considerarlo un importante actor político de carácter
combativo y contrario a sus planes neoliberales en general, entre los cuales
destaca la intención de privatizar la industria eléctrica nacional.
2. Borrar el ejemplo que ha dado y sigue dando el SME a todo el sindicalismo
nacional, no sólo por ser un símbolo histórico como sindicato realmente inde-
pendiente, verdaderamente democrático y con vocación de representar efec-
tivamente los intereses de sus agremiados, sino también de ser solidario con
otros gremios, organizaciones sociales y sectores del pueblo.
3. Acabar con su capacidad de convocatoria para articular movimientos multi-
sectoriales amplios, de oposición al régimen capitalista y a favor de las causas
populares.
174 Documentos Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
4. Enviar a todo el pueblo de México el mensaje de que quien no acepte some-
terse a sus políticas neoliberales será sometido con la fuerza bruta del Estado
acompañada de una campaña mediática contra cualquier fuerza política de
izquierda en nuestro país.
5. Este golpe policíaco-militar obedece abiertamente a intereses corporativos y de
alianzas políticas para la obtención de la concesión de la instalación de las re-
des de fibra óptica en el Valle de México, ya que es el mercado más importante
por el nivel de ingresos que representa. Ahora esta red de fibra óptica de Luz y
Fuerza es de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Este agraviante episodio encarna una lección más que demuestra la estrate-
gia preferida del “gobierno” de Felipe Calderón: primero la creación ficticia de
escenarios manipulados a través de sus medios de comunicación aliados (toda
la televisión, la mayoría de la radio y gran parte de la prensa escrita), los cuales
a una sola voz repiten hasta el hartazgo la torcida versión oficial; y después la
única política que es capaz de aplicar ante su incapacidad para gobernar, falta de
legitimidad y lo absurdo de sus iniciativas impopulares: el garrote de las fuerzas
policíacas y/o militares (que en los hechos son exactamente lo mismo).
Por otro lado nuevamente queda claro que en la palabra del “gobierno” fede-
ral, al igual que la de muchos estatales, no se puede confiar; pues no saben respe-
tarla. Prueba de ello es que el secretario particular de Calderón se reúne el jueves
9 con la dirigencia (legal y legítima) del SME, tomando acuerdos para la solución
del conflicto, y dos días después se da el golpe policíaco-militar a las instalaciones
de Luz y Fuerza del Centro, anunciándose su liquidación. ¡Para este gobierno el
diálogo es sólo simulación y nada más!
El Pueblo Mexicano está ante un dictador que cree que puede manejar ar-
bitrariamente nuestro país, como si fuera el rancho de su propiedad. El reciente
“paquete económico” presentado por Felipe Calderón al Congreso es una prue-
ba más de ello y de su absoluta insensibilidad social. En tanto que desaparecer
abrupta y marrulleramente una empresa como Luz y Fuerza del Centro (LyFC), que
además de ser producto histórico del desarrollo de nuestro país constituye uno de
los pilares de la Soberanía Nacional, es signo inequívoco de que este títere del
imperialismo (Calderón) está dispuesto a todo con tal de entregar el patrimonio de
México a sus patrones: la oligarquía mexicana y el empresariado transnacional.
Es claro que Felipe Calderón y su gobierno panista son el principal enemigo de
México... y de su pueblo.
Calderón alega “comprobada ineficiencia operativa y financiera” de LyFC
como pretexto para dictar su extinción, sin señalar e investigar la responsabilidad
directa que puedan tener en ello los funcionarios públicos que dirigen la paraes-
tatal, que han sido nombrados precisamente por su “gobierno”, y que entre otras
arbitrariedades han exentado de pago u otorgado tarifas preferenciales a institucio-
nes gubernamentales y empresas de la oligarquía. Asimismo es ridículo que Calde-
rón recurra a esa argumentación, cuando su propio “gobierno” además de ilegal,
es probadamente negligente e incapaz, y ha sumido al país en una terrible crisis
económica, social y política, además de haber creado una ingobernabilidad que
se refleja en las 15.400 ejecuciones que (según cifras oficiales) se han dado duran-
Declaración en apoyo al SME Documentos 175
te los tres años que lleva su administración; muertes producto de su guerra para
reordenar bajo su conducción al mercado del narcotráfico (el cual está más que
permeado por políticos y policías, así como por militares en activo y desertores).
El matrimonio de componendas entre el PAN gobernante y Elba Esther Gordillo
del SNTE (máxima exponente del charrismo, la corrupción y la descomposición
sindical), en contraste con la marrullería, criminalización y fuerza bruta asumida
por Felipe Calderón contra el SME, es un ejemplo más que deja al descubierto el
nulo avance democrático que ha habido de los gobiernos del PRI a los del PAN.
Estos, al igual que sus antecesores, le siguen apostando a perpetuar los liderazgos
sindicales corruptos, ilícitos y delictivos, siempre y cuando sean dóciles ante el
Estado y se presten a su servicio para cualquier trabajo sucio: como entre otras co-
sas lo hizo dicha lideresa que ilegalmente dirige el SNTE, para imponer la llamada
“Alianza por la Calidad Educativa” (ACE).
En este sentido es obvio que para el sector eléctrico, Calderón prefiere trabaja-
dores como los de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que en lugar de ser
servidores del Pueblo Mexicano, sean sus verdugos… Esta y no otra es la actitud de
estos ante el amplio movimiento de Resistencia Contra las Altas Tarifas de Luz que
se ha extendido por muchos estados del país. En el caso de Chiapas, ya en 2004
estos “trabajadores” de la CFE actuaron como verdaderos grupos de choque, gol-
peando salvajemente a mujeres, ancianos y hombres que se oponían a los cortes
de luz. Pero últimamente, también en ese estado, han sido trabajadores de CFE con
uniformes y camionetas de la empresa los que han realizado detenciones arbitra-
rias de luchadores sociales, ejerciendo así un papel de auténtico cuerpo paramili-
tar: eso ha sucedido en las aprehensiones de Mariano Abarca en Chicomuselo, por
oponerse al saqueo de las transnacionales mineras; y de José Manuel Hernández
Martínez, por ser un histórico dirigente de la lucha por la tierra en la entidad.
Hacemos un llamado a todo el Pueblo de México, para desconocer al “gobier-
no” espurio de Felipe Calderón. Él no es el presidente del país, pues llegó a este
cargo a través de un descarado fraude electoral. Él no tiene ninguna legitimidad
para desaparecer una empresa (LyFC) que ha sido producto del esfuerzo de mu-
chas generaciones de mexicanos y mexicanas, y que constituye parte importante
del patrimonio que apuntala la soberanía nacional. Ni Calderón ni el titular de la
Secretaría de Trabajo y Previsión Social, Javier Lozano Alarcón, tienen facultades
legales para violar la autonomía sindical ni pasar encima de un litigio que corres-
ponde exclusivamente a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje.
¡¡¡Ya basta de la dictadura y el terrorismo de Estado de Felipe Calderón!!!
¡¡¡Luz y Fuerza del Centro debe ser una empresa pública de carácter social!!!
¡¡¡Respeto a la existencia y autonomía sindical del SME!!!
¡¡¡Fin al charrismo sindical promovido desde el gobierno mexicano!!!
¡¡¡Por la Unidad Obrero, Campesina, Indígena y Popular!!!
Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS)
Declaración del Sindicato
Mexicano de Electricistas
contra la privatización
de Luz y Fuerza del Centro
México D.F.,
18 de octubre de 2009
Sindicato Mexicano de Electricistas
A todas las organizaciones sindicales, sociales y políticas.
A los estudiantes, intelectuales, artistas, campesinos e indígenas.
A los periodistas honestos y democráticos.
Al pueblo todo:
El jueves 15 de octubre pasado, en la capital del país y en diversas ciudades de
nuestro país se llevaron a cabo las primeras manifestaciones de rotundo rechazo al
ilegal e inconstitucional Decreto de Extinción de Luz y Fuerza del Centro y de la ocu-
pación policíaca y militar de nuestros centros de trabajo, mandatada por Felipe del
Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, titular espurio del ejecutivo federal.
En particular, la realizada en la ciudad de México resultó ser una extraordinaria e
impresionante manifestación, no sólo por la cantidad de asistentes sino además por
la calidad de los contingentes, pues estuvo constituida por trabajadores de diversos
sindicatos, amas de casa, estudiantes, profesores, campesinos, indígenas, niños de
la calle, intelectuales, artistas, jubilados, colonos, y desde luego, por los propios
trabajadores afiliados del Sindicato Mexicano de Electricistas y sus familiares.
Acto ejemplar como pocos, disciplinado en su conducta política y animado por
una profunda convicción solidaria, clasista y nacionalista. Dicho acto demostró que
los trabajadores y el pueblo están llegando al límite de su paciencia, que los tiempos
de la política neoliberal y del gobierno Calderonista están cercanos a su fin.
La gota que derramó el vaso fue la agresión en contra de la empresa pública,
propiedad colectiva y social de todos los mexicanos: LyFC, y contra el Contrato Co-
lectivo de Trabajo y el Sindicato Mexicano de Electricistas. La agresión de la oligar-
quía y su Estado contra nuestra organización sindical tiene tras de sí el propósito de
culminar las “reformas estructurales”, la entrega de nuestros recursos naturales y el
178 Documentos Sindicato Mexicano de Electricistas
patrimonio nacional a las transnacionales. “Combate a la pobreza, modernización,
transición democrática”, etc., sólo son ejercicios verbales del grupo ultraderechista
gobernante, carentes de contenido y vacíos de racionalidad social.
Por todo ello, los 67.303 trabajadores afiliados al Sindicato Mexicano de Elec-
tricistas, conmovidos y con profunda emoción, agradecemos las muestras de soli-
daridad para con nuestra organización y los conminamos a continuar alertas, mo-
vilizados y organizados, para encontrar entre todos los mecanismos más eficaces
para enfrentar y derrotar a nuestros enemigos de clase.
Porque sabemos que la unidad sindical y popular en un gran Frente Grande y
de Todos se encuentra cerca, tan cerca como apretemos el paso, los llamamos a
redoblar esfuerzos para lograr esa unidad desde abajo; desde los centros de tra-
bajo, de labranza, de estudio, de habitación, de investigación, de enseñanza. Esa
unidad, si la trabajamos y la logramos será, sin duda alguna, indestructible. Esa es,
debe ser, una de nuestras metas inmediatas. Y porque sabemos que la solidaridad
es la ternura entre los pueblos, preparemos unidos y organizados las nuevas jorna-
das históricas que habremos de llevar a cabo, para recuperar a nuestra Patria.
¡Viva la Unidad Obrera Campesina y Popular!
¡Viva la Clase Obrera!
¡Viva el Sindicato Mexicano de Electricistas!
Fraternalmente,
“Por el Derecho y la Justicia del Trabajador”.
Comité Central y Comisiones Autónomas
Fernando Amezcua Castillo, Secretario del Exterior
Manifiesto General de
la Primera Cumbre de
Consejos de Movimientos
Sociales del ALBA-TCP
Cochabamba, Bolivia,
15 al 17 de octubre de 2009
Hacia la fundación del Consejo de Movimientos
Sociales del “ALBA - TCP”
Durante muchos años nuestros pueblos y naciones originarias fueron saqueados
permanentemente y reducidos a simples colonias por los países más poderosos
del mundo, quienes en su afán de acumulación de riqueza invadieron nuestros
territorios, se adueñaron de nuestras riquezas, culturas, conciencias, enajenando
nuestro trabajo y ofendiendo a nuestra madre tierra (Pachamama) depredando los
recursos que existen en ella en pos del lucro desmedido.
En los ochenta una inmensa deuda externa imposible de pagar nos postró aún
más en la pobreza y la miseria, volviendo a generarse la violencia institucional
que ya se había vivido con la militarización de nuestros pueblos, la desaparición y
la tortura de nuestros familiares y el sometimiento de nuestras naciones indígenas
originarias campesinas.
A lo anterior, ya en la etapa neoliberal, se añaden en el marco del capitalismo
transnacional y globalizado los inhumanos procesos de desnacionalización y la
sumisión absoluta de los gobiernos neoliberales a los dictados del Fondo Moneta-
rio Internacional y del Banco Mundial.
Todo esto ha hecho que la voluntad popular no signifique nada en el esquema
del pensamiento de las transnacionales, de la explotación y el crimen, recordán-
donos permanentemente que la era de colonización de nuestros pueblos aún no
ha terminado.
La intromisión del imperialismo yanqui en la historia de nuestros pueblos,
como ocurrió con países como Colombia, Haití, México, Puerto Rico, Nicaragua,
Argentina, Ecuador, Venezuela, Bolivia, entre otros, con el pretexto de luchar con-
tra el “terrorismo” o el “narcotráfico” ha expoliado nuestros recursos y ha empo-
brecido a nuestra gente; igual que los colonizadores de la “cruz y la espada” se
han apoderado de nuestras riquezas y han dañado el medio ambiente.
180 Documentos Primera Cumbre de Consejos de Mov. Soc. del ALBA-TCP
La desigualdad económica, política y social, al igual que la exclusión y la dis-
criminación son producto del neoliberalismo y el colonialismo de larga data, que
debilitaron a los Estados y supeditaron el bienestar de nuestros pueblos a los de-
signios de las organizaciones multinacionales y a los intereses de las empresas
trasnacionales. La capacidad destructiva del sistema de dominación imperialista es
aterradora, el desempleo aumenta y la esperanza de vida desciende; ellos mismos
se encuentran ahora sumidos en una crisis sistémica cuya resolución no puede ser
a costa del bienestar de nuestros pueblos.
Los movimientos sociales, expresión de las organizaciones indígenas originarias,
afrodescendientes, campesinas, organizaciones sindicales, juveniles, gremiales, los
maestros, los obreros, los sin tierra, los productores cocaleros, las juntas de vecinos,
profesionales progresistas y otros que luchan no sólo por reivindicaciones salariales,
sino también por la vida y el respeto a la madre tierra, desde antes y desde siempre
fueron los verdaderos artífices de la revolución y de las transformaciones profundas.
No olvidemos que los movimientos sociales hemos jugado un papel central en
los últimos años en la perspectiva de una democratización y descolonización pro-
funda de nuestros países, por un cambio sustantivo y genuinamente transformador
tanto en lo económico como en lo superestructural de nuestra Abya Yala.
Recordemos que el 14 de diciembre de 2004, Cuba y Venezuela proponen
dar inicio e impulsar el ALBA, como alternativa al ALCA, que permita a nuestros
pueblos y naciones avanzar políticamente en la búsqueda de una verdadera y libre
integración, basada en la solidaridad, que responda a las necesidades sociales,
políticas, educativas, culturales, económicas, reconociendo las luchas históricas
de los pueblos latinoamericanos y caribeños por su unidad y soberanía.
En noviembre de 2005, en el marco de la Cumbre de las Américas en Mar del
Plata, se da la simbólica derrota del ALCA que fue organizada por la Alianza Social
Continental, como aporte a la integración.
Meses después, en enero de 2006, en el marco del capítulo del Foro Social
Mundial, el Presidente Chávez se reúne con los Movimientos Sociales y plantea la
necesidad de la creación del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA.
El año 2006, en Lima, Perú, se lleva a cabo la Cumbre Enlazando Alternativas,
paralela a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y la
Unión Europea, en la que se avanza en la articulación de los Movimientos Sociales
en el marco del proceso de integración latinoamericana.
Más tarde, en noviembre del 2006, en la ciudad de Cochabamba, Bolivia, se
celebra la Cumbre Social por la integración de los Pueblos, paralela a la Cumbre
Presidencial de la Comunidad Suramericana de Naciones (CSN). Fue organizada
por la Alianza Social Continental, como aporte a la integración en el marco de una
gran movilización de los movimientos sociales, originarios del país.
En la V Cumbre del ALBA celebrada en abril de 2007 se lanza la declaración
de Tintorero, donde se aprueba la creación del Consejo de Movimientos Sociales
del ALBA.
Después, en noviembre de 2007, en la II Reunión de la Comisión Política del
ALBA, el Consejo de Ministros decide que cada país miembro debe crear su capí-
tulo nacional en el marco de la conformación del Consejo de Movimientos Socia-
les del ALBA, y que los integrantes de dicho capítulo acordaran la forma y meto-
Manifiesto General Documentos 181
dología para el funcionamiento de dicho Consejo, así como la invitación a otros
movimientos sociales de países extra-ALBA a participar en el mismo.
En ese mismo año, se expande la Alternativa Bolivariana a partir de la forma-
ción de las casas del ALBA a países no integrados al ALBA con la participación de
las organizaciones sociales de esos países, entre ellos Perú.
Posteriormente, en enero del año 2008, en Caracas se celebra la VI Cumbre del
ALBA, donde se aprueba la estrategia para el Consejo de Movimientos Sociales del
ALBA, incluyendo sus principios, estructura y funciones; además se acuerda darle
continuidad a dos acciones pendientes aprobadas en Tintorero, que son:
• Identificar en el ámbito Latinoamericano y caribeño, organizaciones, redes y
campañas sub-regionales y regionales, nacionales y locales, en países extra-
ALBA que puedan ser convocadas para formar parte del Consejo de Movimien-
tos Sociales.
• Realizar una reunión constitutiva del Consejo de Movimientos Sociales.
El complejo proceso de organización de la institucionalidad del ALBA-TCP
como mecanismo de integración, las realidades y desafíos que han vivido algu-
nos de los procesos políticos de los países miembros (Bolivia, Venezuela), otras
prioridades y esfuerzos dentro del ALBA-TCP y criterios de países miembros han
determinado que esta iniciativa esté pospuesta desde esa fecha (aun en febrero de
este año, 2009, la Comisión Política acordó “establecer un plazo a la creación de
los capítulos nacionales de movimientos sociales y comunicar a la coordinación
permanente del ALBA los detalles al respecto antes de finales de abril de 2009.
Ello con el fin de promover la instalación del Consejo de Movimientos Sociales del
ALBA el primero de mayo de 2009”).
Y es en este contexto que en julio de 2008 el MST y las organizaciones de la
Vía Campesina-Brasil, en diálogo con otras organizaciones del continente, con-
vocan a sendos encuentros en la Escuela Nacional Florestán Fernández (del MST)
con un grupo sustantivo de líderes y operadores políticos de movimientos y orga-
nizaciones sociales, para, con todos estos antecedentes, llamar a un proceso de
construcción de una articulación hemisférica de movimientos y organizaciones
sociales en torno a los principios del ALBA y sus iniciativas. Resultado de esta
reunión es la Carta de los Movimientos Sociales de las Américas que fue lanzada
en la Asamblea de Movimientos Sociales, en ocasión del III Foro Social de las
Américas (Guatemala, octubre de 2008).
En enero de 2009, como parte de las actividades del VIII FSM 2009, celebrado
en Belem do Pará, Brasil, se reunieron en la Asamblea de Movimientos Sociales
representantes de centenares de organizaciones y movimientos de todos los países
de las Américas, que se identifican con el proceso de construcción del ALBA, para
aprobar esta carta en su versión definitiva: Carta de los Movimientos Sociales de
las Américas. Construyendo la integración de los pueblos desde abajo. Impulsando
el ALBA y la solidaridad de los pueblos, frente al proyecto del imperialismo.
Recientemente, en septiembre de este año, en San Pablo se realiza una Convo-
catoria a los Movimientos Sociales de las Américas con el objetivo de articular el
proceso de construcción del ALBA a partir de los Movimientos Sociales.
182 Documentos Primera Cumbre de Consejos de Mov. Soc. del ALBA-TCP
Con este recuento no sólo reflejamos el camino recorrido en este proceso de
integración hasta la fecha, sino que los alentamos a reflexionar y construir desde
nuestra historia común.
En efecto lo que estamos viviendo en América Latina es parte de un proceso abar-
cador de reapropiación social de nuestro destino, de nuevas formas de organización
política, horizontal, de democracia directa y participativa, de una economía plural
que recupere los recursos naturales en beneficio de los pueblos, de una construcción
de nuevas relaciones sociales armónicas, solidarias y comunitarias de producción.
Ahora con una fuerza inusitada surge en América y el mundo el grito de liber-
tad, de lucha por la recuperación de nuestro territorio, de nuestras libertades, de
nuestra soberanía; miles de hermanos se sumaron a la causa revolucionaria para
liberar la patria, miles de ellos ofrendaron sus vidas en este intento, en diferentes
épocas y de diferentes maneras, mártires de la revolución fueron los Tupac Katari,
Tupac Amaru, Bartolina Sisa, Manuela Sáenz, Apiaguayki Tumpa, Juana Azurduy
de Padilla, Santos Pariamo, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Inti Peredo, Lempira, hé-
roe de la revolución hondureña, el libertador Simón Bolívar, Augusto César Sandi-
no, José Martí, Ernesto Che Guevara, Salvador Allende, Luis Espinal y actualmente
los cinco patriotas cubanos que purgan condenas perpetuas por el solo hecho de
luchar contra el terrorismo, contra el imperialismo.
Esta Primera Cumbre del Consejo de Movimientos Sociales en el marco del
ALBA-TCP es una cumbre histórica que permite la participación directa de los mo-
vimientos sociales en los diferentes medios de cooperación y solidaridad, a dife-
rencia de otros mecanismos de integración de países, que nunca han considerado
la participación plena de los pueblos y naciones, limitándose a meros intercam-
bios de intereses mercantilistas que van en contra de la integración y reciprocidad
de pueblos y naciones de la gran Abya Yala (latinoamericana).
En este contexto la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América
y el Caribe se constituye en un verdadero espacio de construcción de una nueva
patria latinoamericana, portando la bandera de la humanidad por su definitiva
emancipación. Por eso estamos dispuestos a combatir contra la explotación del
hombre por el hombre, considerando que existe la latente necesidad de una “se-
gunda independencia”.
Esta Cumbre Internacional es el saludo de los Movimientos Sociales de los
países miembros del ALBA-TCP a la VII Cumbre de Presidentes de la Alianza Boli-
variana para los Pueblos de nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos,
que durante media década lucha por la desaparición de toda forma de dominación
y explotación contra los pueblos y la construcción de relaciones de complementa-
riedad y ayuda recíproca en procura de su desarrollo y de lograr el buen vivir.
Aquí, desde el corazón de Sudamérica, desde los pueblos combatientes, las
organizaciones indígenas originarias campesinas, de obreros, trabajadores, estu-
diantes, clase media y profesionales comprometidos con su pueblo de Venezuela,
Cuba, Bolivia, Antigua y Barbuda, Ecuador, Nicaragua, Honduras, la Mancomu-
nidad de Domínica, San Vicente y las Granadinas, aunados en el Consejo de Mo-
vimientos Sociales del ALBA-TCP, nos comprometemos a defender los principios
revolucionarios del ALBA-TCP, que potencian la lucha y la resistencia contra todo
tipo de explotación para construir un mundo diferente.
Manifiesto General Documentos 183
Nuestro objetivo como Consejo de Movimientos Sociales de los países miem-
bros del ALBA-TCP es la lucha por el pluralismo en nuestros países y en el mundo
entero, sustentada en la armonía entre nuestros pueblos y la madre tierra para el
buen vivir, en los principios morales, éticos, políticos y económicos de nuestras
comunidades y barrios del campo y la ciudad. Pretendemos forjar desde el seno
del pueblo una nueva Patria Social Comunitaria, descolonizada y fundada en la
multidiversidad, respetuosa de las diferencias y de las particularidades sociales y
regionales.
La actuación del Consejo de Movimientos Sociales, estará fundamentada en los
siguientes principios:
• Es un espacio inclusivo, abierto, diverso y plural, a partir de la identificación
con los objetivos y principios del ALBA-TCP.
• Es un espacio para compartir y desarrollar agendas comunes que beneficien a
los pueblos, sin convertirnos en un espacio para dirimir disputas y representa-
ciones políticas.
• Es un espacio para fortalecer posiciones políticas, económicas y sociales, sin
convertirnos en un foro o asamblea de actuación social, que reconoce los es-
pacios de articulación existentes.
• Significa el compromiso de la plena identificación con los principios generales
que definen el ALBA-TCP como proceso de integración.
• Expresa la legitimidad y representación real de los Movimientos Sociales que
se integran.
• En países miembros, sostener permanente diálogo e interrelación con sus res-
pectivos gobiernos.
• Cada Coordinación Nacional en los países miembros del ALBA-TCP definirá
sus propias dinámicas de actuación y de relacionamiento con sus gobiernos.
• En países miembros del ALBA-TCP, los vínculos de las organizaciones sociales
con el CMS se desarrollarán a través de las Coordinaciones Nacionales.
• Integrar el enfoque de género, reconociendo el legítimo derecho de la partici-
pación de la mujer en los movimientos sociales con equidad, igualdad real y
justicia social.
Los pueblos de América Latina que pertenecemos a la Alianza Bolivariana para
los Pueblos de nuestra América Latina y el Caribe - Tratado de Comercio de los Pue-
blos, organizados en este Consejo, continuaremos luchando contra los constantes
intentos del imperialismo norteamericano de privarnos del desarrollo económico
pleno; ni los ataques, amedrentamientos, armas, utilización de la violencia podrán
callarnos, seguiremos luchando y siendo solidarios ahora particularmente con el
pueblo hermano de Honduras.
Estamos convencidos de que sólo con la organización, movilización y la uni-
dad de los pueblos del ALBA-TCP es posible un auténtico proceso de integración,
como también el logro de la transformación económica, social, política y cultural
de nuestros países.
Esta Cumbre reafirma la voluntad de Bolivia, Venezuela, Cuba, Antigua y Bar-
buda, San Vicente y las Granadinas, Nicaragua, Honduras, Ecuador y la Manco-
184 Documentos Primera Cumbre de Consejos de Mov. Soc. del ALBA-TCP
munidad de Domínica por el desarrollo y el fortalecimiento del Consejo de Mo-
vimientos Sociales sobre la base de una solidaridad comprometida con los demás
pueblos del continente; optamos por la lucha plural, democrática, antifascista y
antiimperialista, a través de un trabajo con objetivos políticos que no escondan su
naturaleza ni su carácter revolucionario.
La conformación de este Consejo de Movimientos Sociales nos permite salir de
las luchas locales y aisladas, de nuestras fronteras nacionales, para integrarnos en
la dimensión del Abya Yala o patria latinoamericana; permite la complementarie-
dad y participación de los pueblos en los diferentes Consejos y Grupos de Trabajo
que son las instancias de unificación que funcionan en el marco de la Alianza
Bolivariana para los Pueblos de nuestra América Latina y el Caribe.
Para lo cual se conforma un comité ad hoc, que coordinará Bolivia, y será
integrado por un representante de los tres capítulos nacionales ya creados (Bo-
livia, Venezuela y Cuba) y otras importantes organizaciones, redes y campañas
para impulsar el proceso de constitución del Consejo de Movimientos Sociales del
ALBA-TCP en seis meses.
Es dado en la ciudad de Cochabamba, a los 16 días del mes octubre de 2009.
Propuesta de acción
• Consolidación de los capítulos nacionales con organizaciones representativas
de los movimientos sociales.
• Incorporar a los movimientos sociales de los países del ALBA en el Exterior, así
como a organizaciones sociales presentes en los países miembros del ALBA.
• Crear espacios de discusión para evaluar actividades de los movimientos socia-
les y desarrollar programas comunes.
• Que los movimientos sociales realicen actividades de solidaridad de manera
conjunta.
• Saludamos las iniciativas de Vía Campesina, el MST y otras organizaciones,
propuestas en septiembre de 2009 en San Pablo, en la perspectiva de fortalecer
la articulación de los movimientos sociales del continente. En específico, nos
sumamos a la iniciativa de la realización de una Asamblea Continental de Mo-
vimientos Sociales con el ALBA, para el primer semestre del 2010.
• Fortalecer los programas de desarrollo, participación y asistencia a través de los
movimientos sociales.
• Asignación presupuestaria a los movimientos sociales.
• Privilegiar el proceso de participación de la mujer en la dirección de los movi-
mientos sociales.
• Incorporación de manera progresiva a organizaciones comunitarias pequeñas
con igualdad de derecho de participación.
• Luchar por los derechos de los inmigrantes a un trabajo digno y a la salud.
• Impulsar la participación de los movimientos sociales de los países cuyos go-
biernos no son integrantes formales del ALBA como forma de globalizar la
lucha.
• Los programas de los movimientos sociales deben ser entregados a los Jefes de
Estado y de Gobierno de los Países del ALBA a través de resoluciones para su
aprobación.
Manifiesto General Documentos 185
• Los “10 mandamientos para salvar la vida y el planeta, la humanidad y la vida”
propuestos por el presidente Evo Morales deben ser adoptados como principios
fundamentales de los movimientos sociales.
• Cada capítulo nacional debe establecer sus programas que respondan a las
necesidades reales de los pueblos.
• Establecer mecanismos de comunicación permanente entre los movimientos
sociales y los pueblos y naciones indígenas originarias campesinas, donde se
compartan las experiencias del proceso en cada país.
• Desarrollar programas de formación para los voceros de los movimientos so-
ciales.
• Crear una red de medios de comunicación e información propios de los mo-
vimientos sociales.
• Luchar y demandar el derecho de los pueblos a la paz y a su autodetermina-
ción.
• Invitar a las Nacionalidades y pueblos indígenas; a las comunidades del campo
y de la ciudad; a las organizaciones populares; a los medios y redes de comu-
nicación comunitaria y masiva; a todos y todas los habitantes del mundo, a
difundir, denunciar y condenar en sus espacios las estrategias de intervención
de los Estados Unidos, a través de bases militares en Colombia, en la región, y
el resto del mundo.
• Impulsar campañas en contra de las empresas transnacionales e impulsar pro-
yectos gran-nacionales promovidos por los gobiernos del ALBA a través del
Tratado de Comercio de los Pueblos.
• Apoyar la adopción de una moneda internacional, promovida por los países
del ALBA y la UNASUR.
• Estimular las luchas sociales para el re-ascenso del movimiento de masas.
Porqué dejamos nuestras
granjas atrás para
venir a Copenhague
(Discurso de Henry Saragih, Coordinador General de La
Vía Campesina, en la apertura del Klimaforum.)
Copenhague, Dinamarca,
7 de diciembre de 2009
Porqué dejamos nuestras granjas atrás para venir a Copenhague
Esta es una noche muy especial en la que nos hemos unido para la apertura de la
asamblea de los movimientos sociales y de la sociedad civil en el Klimaforum. No-
sotros, el movimiento campesino internacional La Vía Campesina, hemos llegado
a Copenhague desde las cinco esquinas del planeta, abandonando nuestras tierras,
nuestro ganado, nuestros bosques, y también nuestras familias en los poblados y
pueblos de los que venimos para unirnos a todos vosotros.
¿Por qué es tan importante para nosotros venir hasta aquí? Existe más de una
razón. Primero para deciros que el cambio climático ya está teniendo un impacto
directo sobre nosotros. Nos ha traído inundaciones, sequías y brotes de pestes
que están acabando con nuestras cosechas. He de resaltar que el fallo de nuestras
cosechas no es algo que haya sido producido por los o las campesinas. No, sino
que son los diferentes agentes contaminantes cuyas emisiones destruyen los ciclos
naturales. De este modo, nosotros, los campesinos y campesinas y las y los agri-
cultores en pequeña escala hemos venido aquí para decir que nosotros no vamos
a pagar por sus errores. Y estamos aquí para pedir a los responsables de las emisio-
nes que acepten sus responsabilidades.
En segundo lugar, me gustaría compartir con vosotros algunos interrogantes so-
bre quiénes son en realidad los que emiten gases con efecto invernadero de origen
agrícola: los nuevos datos recientemente publicados muestran claramente que son la
agricultura industrial y el sistema alimentario globalizado los responsables de entre
el 44 y el 57% del total de las emisiones de gases con efecto invernadero. Estos nú-
meros se pueden desglosar como sigue: (i) las actividades agrícolas son responsables
del 11 al 15%; (ii) el desbroce y la deforestación causan un 15 al 18% adicional; (iii)
el procesado de los alimentos, empaquetado y el transporte causan de un 15 al 20%;
188 Documentos Vía Campesina
y (iv) la descomposición de los deshechos orgánicos causan otro 3 al 4%. Lo que
significa que nuestro sistema alimentario actual es el mayor contaminante.
La cuestión a la que ahora hemos de responder es la siguiente, ¿cómo solucio-
namos este caos climático y de hambre y aseguramos una calidad de vida mejor
para los campesinos y campesinas, cuando todo el sector agrícola en sí mismo está
contribuyendo con más de la mitad del total de las emisiones? Nosotros creemos
que es el modelo industrial y el del agro-negocio el que está en la raíz del proble-
ma, ya que los porcentajes mencionados anteriormente vienen de la deforestación
y la conversión de los bosques naturales en plantaciones de monocultivos, todo
ello llevado a cabo por las Corporaciones de Agronegocios. No por producciones
agrícolas familiares. Semejantes emisiones de metano en agricultura se deben tam-
bién al uso de urea como fertilizante petroquímico durante la Revolución Verde,
masivamente apoyada por el Banco Mundial. Al mismo tiempo, la liberalización
del mercado agrícola promovida por los tratados de libre comercio (TLC) y por la
Organización Mundial del Comercio (OMC) está, igualmente, contribuyendo a las
emisiones de gases con efecto invernadero debido al procesado de los alimentos y
el transporte de estos a lo largo y ancho del planeta.
Si sinceramente queremos atajar la crisis del cambio climático, la única mane-
ra existente es detener la agricultura industrial. Los agronegocios no sólo han con-
tribuido enormemente a esta crisis climática, sino que también han masacrado a
los y las campesinas y pequeños agricultores del mundo. Millones de campesinas,
mujeres y hombres de todo el planeta, han sido expulsados de sus tierras. Millones
también son víctimas, en miles de formas diferentes, de violencia cada año por
que sus tierras están en zonas de conflicto en África, Asia y América Latina. Los y
las campesinas y los jornaleros suponen la inmensa mayoría del más de un millón
de personas que sufren hambre en el mundo. Y es debido al libre comercio que
muchos campesinos se han suicidado en el sur de Asia. Por todo esto, el fin del la
agricultura industrial es el único camino hacia adelante.
¿Traerán las actuales negociaciones sobre el clima, basadas en mecanismos
comerciales sobre el carbón, alguna solución al cambio climático? A esto, noso-
tros decimos que estos mecanismos de comercio sobre el carbón servirán sólo a
los países y compañías contaminantes, y sólo traerán desastres a los campesinos y
a las gentes indígenas de los países en desarrollo. La iniciativa REDD (Reducción
de Emisiones de la Deforestación y la Degradación) ya ha expulsado de sus tierras
a muchos indígenas y a pequeños productores en los países en desarrollo. Y más
y más tierras de cultivo están siendo convertidas en plantaciones de árboles para
atraer así más créditos de carbón.
En la Conferencia de las Partes (COP 13) en Bali, 2007, La Vía Campesina pro-
puso la solución de los sin tierra y los pequeños campesinos para el cambio climá-
tico: “Los campesinos de pequeña escala, sostenibles, están enfriando el planeta”.
Y aquí, en la COP 15, queremos traer de nuevo esta propuesta, respaldada por
las cifras que demuestran que podría reducir en más de la mitad las emisiones de
gases con efecto invernadero. Estas cifras se recogen de: (i) recuperando la materia
orgánica en el suelo se reducirían las emisiones en un 20 al 35%; (ii) revirtiendo la
concentración de la producción cárnica en producciones-fábricas y reintegrando
la producción conjunta de cosechas y ganado se reduciría las emisiones en un 5
Porqué dejamos nuestras granjas atrás para venir a Copenhague Documentos 189
al 9%; (iii) situando los mercados locales y los alimentos frescos en el centro del
sistema alimentario se reducirían en otro 5 al 9%; y (iv) deteniendo el desbroce y
la deforestación, se eliminarían entre el 15 y el 18% de las emisiones. En resumen,
extrayendo la agricultura de los grandes agronegocios corporativos y devolvién-
dola a los campesinos y campesinas, podemos reducir a la mitad la emisión total
de gases de efecto invernadero. Esto es lo que nosotros proponemos, y se llama
Soberanía Alimentaria.
Y para conseguir esto, necesitamos que los movimientos sociales trabajen en
conjunto y luchen juntos para poner fin a las soluciones hipócritas actuales que
están hoy en la mesa de negociación sobre el cambio climático. Esto es una condi-
ción sine qua non. De otro modo nos enfrentaremos a una tragedia mucho mayor
de escala mundial. Nosotros, como movimientos sociales, hemos de situar nuestra
agenda sobre la mesa, porque nosotros somos las principales víctimas climáticas
y los primeros refugiados climáticos, y por esto es que la justicia climática está en
nuestras manos.
En la Conferencia sobre Alimentación de la FAO en 1996, los gobiernos se
comprometieron a reducir el hambre a la mitad para 2015. La realidad es que
recientemente, el número de hambrientos en el mundo ha aumentado drástica-
mente. No queremos que ocurra lo mismo con las conferencias sobre el clima y
ver cómo las emisiones aumentan aún más independientemente de lo que los go-
biernos negocien dentro del Foro de Naciones Unidas sobre la Crisis del Cambio
Climático. Queremos invitar a todos los movimientos presentes en Copenhague
a unirse para poner conjuntamente la justicia climática sobre la mesa. La justicia
climática sólo será alcanzada a través de la solidaridad y la justicia social.
Observatorio Crítico:
red de proyectos
y colectivos para la
reflexión y transformación
social en Cuba
El pensador cubano Fernando Martínez Heredia ha planteado en repetidas ocasio-
nes que al marxismo le falta una teoría de la dominación, y que además el siglo XX
experimentó al menos dos tipos de dominación: la capitalista y la de los regímenes
de corte “estalinista”.
En las revoluciones, la creatividad popular genera una unión entre los sistemas
poético y político, unidad que deviene lugar del diálogo posible y del juicio de la
historia. La dominación al interior de los procesos revolucionarios rompe esa uni-
dad, introduce una fractura radical entre política y poesía, entre poder y creación,
que sólo se supera contraponiendo la autopoiesis del protagonismo popular.
Por tanto, sólo el rescate de los contenidos populares (institucionalización del
proyecto liberador en una sociedad autónoma donde no existan fracturas entre el
sistema poético y el sistema político) de una revolución puede impedir o contra-
rrestar su conservadurización. Por ello, la creatividad “cultural” no es algo suple-
torio, sino una dimensión inherente e imprescindible de la eficacia profunda del
proyecto de liberación mismo. De allí emerge también la necesidad de considerar
la creatividad artística-literaria-comunitaria como parte esencial de la acción re-
volucionaria crítica.
Con tal perspectiva, un grupo de jóvenes cubanas/os desde 1997 han encami-
nado la creación de colectivos y redes con la finalidad de “rescatar los contenidos
populares de la revolución cubana”. Las acciones desarrolladas han ido comple-
jizándose a medida que transcurría el tiempo y se acumulaban experiencias. En
2004, a partir de un grupo informal de jóvenes profesores e investigadores de cien-
cias sociales, fue constituida la Cátedra de Pensamiento Crítico y Culturas Emer-
gentes “Haydée Santamaría” (KHS), que se dedicó a organizar diversos encuentros
acerca de temas de actualidad bajo los auspicios de la Asociación Hermanos Saíz
(AHS, organización que agrupa y promueve a los jóvenes intelectuales cubanos).
192 Documentos Observatorio Crítico
La característica más notable de tales encuentros fue el ángulo crítico en el aborda-
je de las problemáticas de la realidad cubana del momento, donde se conjugaban
el enfoque “macro” con el “micro”, y el debate teórico con las vivencias y accio-
nes culturales (conciertos de trova, participación de performers y raperos, proyec-
ción y discusión de audiovisuales, presentación de libros, discusión de proyectos
e iniciativas comunitarias).
El primer evento que organizó la Cátedra fue un foro juvenil antifascista, en la
céntrica Biblioteca Pública “Rubén Martínez Villena”, donde se trató de contribuir
al discernimiento público de lo que era el fascismo, a propósito de una campaña
propagandística oficial donde se identificó al gobierno norteamericano de G. W.
Bush con esa tendencia política. El evento contó con la asistencia de importantes
investigadores y promotores comunitarios, y culminó con un concierto del tro-
vador cubano Pedro Luis Ferrer que se insertó orgánicamente en la “ruta crítica”
del encuentro. Es importante traer a colación el hecho de que en ese espacio se
habló de pensadores (como Walter Benjamin) y temas (como el totalitarismo) que
anteriormente –según tenemos conocimiento– no habían sido objeto de debate
público cubano en las últimas cinco décadas.
El foro inmediatamente generó una “secuela” en el popular barrio de Alamar,
donde la Cátedra junto con el proyecto poético-artístico comunitario OMNI-Zona
Franca organizaron en la sede de este (actualmente desalojada por una decisión
administrativa) un “debate performático” sobre el totalitarismo y las antiutopías
bajo el título “Jonás y la Ballena”. Y como continuación de estos esfuerzos en
2005 tuvo lugar bajo auspicios de la Cátedra el primer encuentro de debate dedi-
cado específicamente a desentrañar las razones del fracaso del “socialismo real-
mente existente”.
La ampliación del trabajo de la Cátedra Haydée Santamaría, que con el tiempo
comenzó a identificarse como Colectivo Autogestionario (pues el apoyo de los
auspiciadores –la AHS– se extendía sólo a los eventos más significativos, mientras
la Cátedra organizaba quincenalmente debates abiertos al público, así como apo-
yaba a proyectos comunitarios y acciones de otros colectivos) trajo la necesidad
y el deseo de implementar alianzas con otros grupos de ciudadano/as crítico/as
que iban buscando sus propios caminos en la construcción del futuro cubano.
Así, se generaron varios momentos de diálogo. El despliegue estratégico de esa
praxis-vivencia ha propiciado la expansión y diversificación de sus bases y propó-
sitos, generando recientemente la Red Protagónica Observatorio Crítico <www.
observatorio-critico.blogspot.com>; <www.observatoriocritico.blogspot.es>, una
propuesta novedosa y dotada de potencial emancipador en el panorama político-
cultural cubano.
“Observatorio Crítico” es el nombre de los encuentros de alcance nacional que
hemos logrado convocar (que cuentan con el apoyo de la AHS) para que jóvenes
creadores, críticos y promotores puedan intercambiar ideas y consolidar proyec-
tos. En marzo del 2009 tuvo lugar el tercero y más reciente de esos foros, en cuyo
contexto los/las participantes decidimos no recesar las deliberaciones al término
del mismo, sino continuar las actividades como una Red Protagónica. Esta Red
ha incluido en un plano de igualdad y co-protagonismo solidario un número de
importantes proyectos socio-culturales, algunos de los cuales se constituyeron o se
Red de proyectos y colectivos para la reflexión... Documentos 193
sumaron a la red ya después del encuentro de marzo de 2009. Actualmente, entre
los proyectos que conforman la Red Observatorio Crítico se encuentran:
• Cátedra Haydée Santamaría (KHS).
• El Guardabosques (proyecto ecológico que edita un boletín digital así como
realiza acciones de reforestación y contra el maltrato a los árboles).
• Grupo de Estudios Culturales Nuestra América (GECNA: colectivo de personas
interesadas en la recuperación de la herencia prehispánica y especialmente en
el estudio y la práctica de la toltequidad).
• Fanguito Estudio (proyecto creativo autónomo de arte digital crítico, con un
espacio propio para exposiciones en el barrio popular de El Fanguito, en el
municipio habanero Plaza de la Revolución).
• Esquife (proyecto de creación, promoción e investigación cultural con más de
diez años de trabajo que edita una revista digital del mismo nombre, donde se
publican textos y música de gran calidad y que se ha convertido en un medio
de divulgación imprescindible y de alcance extremadamente democrático para
los autores cubanos).
• Ahimsa (proyecto de reciente constitución que promueve el pensamiento y la
praxis social de la no-violencia activa).
• El Trencito (proyecto familiar comunitario autónomo con más de quince años
de experiencia, dedicado a promover juegos no-competitivos y no-adultocén-
tricos entre niños/as de un vecindario de El Vedado, en el municipio habanero
Plaza de la Revolución).
• Socialismo Participativo y Democrático (SPD: colectivo dedicado a reflexio-
nar y elaborar propuestas sobre el socialismo autogestionario, y a promoverlo
como un futuro posible para Cuba).
Además, participantes del Observatorio Crítico contribuyen activamente
a otros espacios de reflexión y promoción, entre ellos la publicación digital
Havana Times, el Taller Vivir la Revolución, la revista Espacio Laical (del Ar-
zobispado de La Habana) y los debates de Últimos Jueves organizados por
la revista Temas. A nivel regional varios compañeros forman parte de redes y
equipos de instituciones como el Consejo Latinoamericano de Ciencias So-
ciales y diversos capítulos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Socia-
les. Y han articulado labores de solidaridad, reflexión y formación políticas
ante sucesos como el golpe oligárquico en Honduras y el desastre (socio)
natural de la hermana Haití.
En los últimos meses el Observatorio en su conjunto apoyó la organización
de dos encuentros teóricos de suma novedad para Cuba: la conmemoración del
Día Mundial de la No-Violencia (protagonizado por el proyecto Ahimsa, que
tuvo la primicia en llamar la atención sobre el tema y discutirlo en profundidad),
y Medios Digitales y Cultura (promovido por el proyecto Esquife para contribuir
al debate sobre el polémico tema de los espacios digitales, de gran novedad e
impacto en Cuba). Nuestra Red también se vincula a varias iniciativas comuni-
tarias y ha propiciado unos cuantos espacios autónomos de debate temático en
diferentes entornos.
194 Documentos Observatorio Crítico
Pero el debate “en sí” no es suficiente; se hace imprescindible el paso a la
praxis. Una muestra de ello ha sido la serie de acciones con gran nivel de par-
ticipación popular que hemos realizado ya en tres ocasiones en la fecha del 27
de noviembre, proclamado Día de la Descolonización Histórica, en homenaje
a un grupo de héroes anónimos afrocubanos (negros) miembros de la sociedad
Abakuá que en 1871 protagonizaron una protesta armada contra el asesinato de
ocho estudiantes (blancos) de la Universidad de La Habana por las autoridades
coloniales españolas. Hasta hace tres años sólo se conmemoraba oficialmente el
asesinato de los estudiantes; gracias a la iniciativa “desde abajo” de la Cátedra
Haydée Santamaría y posteriormente del Observatorio Crítico se ha rescatado ese
trozo de memoria popular revolucionaria, realizando un graffiti y una concentra-
ción en el sitio donde fue encontrado uno de los negros asesinados. La primera
vez asistieron unas diez personas, activistas de los proyectos involucrados; en el
año 2009 la conmemoración del Día de la Descolonización Histórica contó con
la participación de varios proyectos comunitarios, de representaciones de varios
juegos (núcleos de base) Abakuá, de instituciones culturales y científicas (como
la Casa de África y el Instituto Cubano de Antropología), de vecinos del lugar y
trabajadores de empresas aledañas: un total de doscientas personas. En 2009, en
vísperas de la fecha, el periódico Granma por vez primera hizo referencia explícita
a la protesta armada de los Abakuá en 1871. Anamnesis histórica: lo olvidado y
“reprimido” volvía a emerger.
Otras actividades de acompañamiento incluyen la participación de activistas
en las manifestaciones masivas del Primero de Mayo (2008 y 2009) con un cartel
con la consigna “Abajo la burocracia // Vivan los trabajadores // Más socialismo”,
así como en la marcha-performance contra la violencia realizada de manera es-
pontánea por unos 200 jóvenes habaneros el 6 de noviembre pasado. También
hemos participado varias veces en la peregrinación “Por la salud de la poesía
cubana y por las energías ocultas del pueblo” que los 17 de diciembre (día de San
Lázaro) organiza el colectivo autónomo poético-performático OMNI-Zona Fran-
ca, donde en una caminata de más de 10 km se carga en hombros un “garabato
gigante” como símbolo de apertura de “todos los caminos”. La acción se inserta
en la peregrinación popular multitudinaria relacionada con el culto sincrético de
San Lázaro-Babalú Ayé que tiene lugar ese día y culmina en el Santuario católico
de El Rincón.
Este año el IV Observatorio Crítico tendrá lugar en el poblado de San José de las
Lajas, provincia de La Habana, del 12 al 15 de marzo. Su tema marco será: “Diná-
micas mediáticas, procesos culturales y comunidades en movimiento”. Las líneas
temáticas específicas girarán en torno a los mass media cubanos, mediaciones,
debates e interpretaciones (entre 2008 y 2009); la crítica y la investigación socio-
cultural, la creación y los públicos y la gestión, autogestión, proyectos colectivos
y desarrollos socioculturales locales. A estas se agregan las líneas temáticas ya
habituales del observatorio: ecología cultural y cultura ecológica; experiencias pe-
dagógicas y transformación social. Además se aceptarán trabajos con otros temas
de interés sociocultural, previa consulta al comité organizador.
Estas acciones demuestran la necesidad de una nueva apropiación de los pro-
yectos históricos libertarios de los sectores subalternos por el activismo socio-po-
Red de proyectos y colectivos para la reflexión... Documentos 195
lítico, los proyectos culturales y en especial por las generaciones más jóvenes,
en pro del desarrollo de la revolución cubana en tanto propuesta1 emancipadora
popular. La profundización y la universalización de la cultura como autopoiesis
protagónica solidaria habrán de incluir el énfasis en el patrimonio ético-revolucio-
nario cubano, abriendo paso para la construcción del socialismo del siglo XXI en
los territorios liberados de Nuestra América.
Notas
1 Propuesta no pospuesta, así la asumimos, más allá del juego de palabras.
Lista de publicaciones
recientes y recibidas
Alemania
Rural 21. The International Journal for Rural Development 2009 (Frankfurt: DLG
Verlags GmbH) Vol. 43, Nº 5.
Argentina
Bonnet, Alberto y Piva, Adrián (comps.) 2009 Argentina en pedazos. Luchas
sociales y conflictos interburgueses en la crisis de la convertibilidad (Buenos
Aires: Peña Lillo y Continente).
Conflicto social. Revista del Programa de Investigaciones sobre Conflicto Social
2009 (Buenos Aires: IIGG-FCS-UBA) Año 2, Nº 2, diciembre.
Fernández Soto, Silvia y Tripiana, Jorge (orgs.) 2009 Políticas sociales, trabajo y
trabajadores en el capitalismo actual. Aportes teóricos y empíricos para una
estrategia de emancipación (Buenos Aires: Espacio Editorial).
Lagos, Marcelo (dir.) 2009 Jujuy bajo el signo neoliberal. Política, sociedad y cul-
tura en la década del noventa (San Salvador de Jujuy: Editorial de la UNJ) 554
págs.
Le Monde diplomatique 2009 (Buenos Aires) Nº 125, noviembre, dossier “El ca-
pitalismo del desempleo”.
Revista THEOMAI. Estudios sobre sociedad y desarrollo 2009 (Buenos Aires:
UNQ) Nº 20, segundo semestre.
Schneider, Alejandro (comp.) 2009 Trabajadores. Un análisis sobre el accionar
de la clase obrera argentina en la segunda mitad del siglo XX (Buenos Aires:
Herramienta) 192 págs., con artículos del compilador, Roberto Izquierdo,
Hernán M. Palermo, Marcos Schiavi, Julia Soul y Pablo A. Vommaro.
Senén González, Santiago y Bosoer, Fabián 2009 Breve historia del sindicalismo
argentino (Buenos Aires: El Ateneo).
Acción 2009 (Buenos Aires: IMFC) Año XLIV, Nº 1037.
198 Lista de publicaciones recientes y recibidas
Bitácora cultural 2009 (Buenos Aires: Asociación H. P. Agosti) Nº 26, noviembre.
Boletín de la maternidad (Buenos Aires: Observatorio de la maternidad) Nº 7,
octubre de 2009; Nº 8, febrero de 2010.
La interhospitalaria 2009 (Buenos Aires: CICOP) Año 8, Nº 33, noviembre-diciembre.
Movimiento. Reseñas y debates 2009 (Buenos Aires: IAEJP) Año 5, Nº 45, agosto;
Nº 46, septiembre; Nº 47, octubre; Nº 48, noviembre.
Prácticas no discriminatorias en relación con adultas y adultos mayores 2009
(Buenos Aires: INADI).
Temas y debates. Revista universitaria de ciencias sociales 2008 (Rosario: UNR)
Año 12, Nº 16, diciembre.
Tercer sector 2009 (Buenos Aires: Fundación Del Viso) Año 15, Nº 73, dossier
“Un techo para vivir”.
Bolivia
AAVV 2009 Interculturalidad crítica y descolonización: fundamentos para el de-
bate (La Paz: Instituto Internacional de Integración).
AAVV 2009 Memoria del Seminario Internacional “Postneoliberalismo: Cambio o
continuidad” (La Paz: CEDLA).
AAVV 2009 Pluralismo epistemológico (La Paz: CIDES–UMSA, Comuna y CLAC-
SO) 302 págs., con artículos de León Olivé, Boaventura de Sousa Santos,
Cecilia Salazar, Luis H. Antezana, Walter Navia, Guadalupe Valencia, Martín
Puchet, Maya Aguiluz, Mauricio Gil, Hugo José Suárez y Luis Tapia.
Calderón, Fernando 2009 La fuerza política de la cultura (La Paz: Plural) octubre,
214 págs.
Colque, Gonzalo 2009 Autonomías indígenas en tierras altas. Breve mapeo para
la implementación de la Autonomía Indígena Originario Campesina (La Paz:
Fundación Tierra) julio, 140 págs.
Fundación para la Democracia Multipartidaria 2009 Del conflicto al entendi-
miento. Informe Especial (La Paz: PNUD).
Fundación Tierra - Regional Valles 2009 Campesinos indígena originarios sin exis-
tencia legal (La Paz) octubre, 127 págs.
Garcés Velásquez, Fernando 2009 ¿Colonialidad o interculturalidad? Representa-
ciones de la lengua y el conocimiento quechuas (La Paz: PIEB y UASB-Ecuador).
Grey Postero, Nancy 2009 Ahora somos ciudadanos (La Paz: Muela del Diablo).
Ministerio de la Presidencia 2009 Tahuamanu: Racismo y Masacre en la Amazo-
nía (La Paz) Tomos I y II.
Ministerio de Relaciones Exteriores 2009 ALBA-TCP: el amanecer de los Pueblos
(La Paz).
Ministerio de Relaciones Exteriores 2009 El Vivir Bien como respuesta a la Crisis
Global (La Paz) 202 págs.
Nuñez del Prado, José 2009 Economías indígenas. Estado del Arte desde Bolivia y
la Economía Política (La Paz: CIDES–UMSA e IRD).
Rojas Ortuste, Gonzalo (coord.) 2009 Nación o naciones boliviana (s). Institucio-
nalidad para nosotros mismos (La Paz: CIDES–UMSA e IRD).
Sanjinés, Esteban y Tinta, Rafael 2009 Saneamiento Interno Comunal: un camino
participativo de la gestión territorial (La Paz: Fundación Tierra - Regional Alti-
plano) 32 págs.
Libros de reciente publicación y revistas recibidas 199
Sanjinés, Esteban 2009 “El procedimiento normal para la distribución de tierras”,
documento de trabajo en Fundación Tierra <www.ftierra.org> 14 de agosto.
Sanjinés, Javier 2009 Rescoldos del pasado: conflictos culturales en sociedades
postcoloniales (La Paz: PIEB).
Tapia Mealla, Luís (coord.) 2009 Democracia y Teoría Política en Movimiento (La
Paz: CIDES–UMSA e IRD).
UNASUR 2009 Masacre de El Porvenir. Informes institucionales (La Paz: Direc-
ción Nacional de Comunicación Social).
Uriona Crespo, Pilar 2009 Los caminos de la paridad. Mujeres, participación y
representación en el proceso post constituyente (La Paz: IDEA Internacional y
Coordinadora de la Mujer) julio, 50 págs.
Vanderley, Fernanda 2009 Crecimiento, Empleo y Bienestar Social en Bolivia (La
Paz: CIDES–UMSA y Plural).
Brasil
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Henao Ospina, Evelio 2009 El fin de las AUC. ¿Verdad o ficción? (Bogotá: Círculo
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Mejía Azuero, Jean Carlo 2009 Sin eufemismos: conflicto y paz en Colombia (Bo-
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Molano, Alfredo 2009 Ahí les dejo esos fierros (Bogotá: Aguilar).
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dio ambiente”; Nº 33, agosto, “Años ’60”; Nº 34, diciembre, “Estética y
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Reyes Posada, Alejandro 2009 Guerreros y campesinos: el despojo de la tierra en
Colombia (Bogotá: Norma) 378 págs.
Rueda Calderón, Zenaida 2009 Confesiones de una guerrillera. Los secretos de Ti-
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Sanabria O, Carlos J. 2009 Los fantasmas de las calles del cartucho (Bogotá: La
Oveja Negra).
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Estados Unidos
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México
AAVV 2009 Primer coloquio internacional in memoriam Andrés Aubry “Planeta
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Acuña Soto, Hugo Alberto 2009 Poder civil y crisis global (México: s.d.).
Aibar, Julio y Vázquez, Daniel (coords.) 2009 ¿Autoritarismo o democracia?
Hugo Chávez y Evo Morales (México: FLACSO).
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Aristegui, Carmen 2009 Transición (México: Grijalbo Mondadori).
Castro Guzmán, Martín 2009 Política social y pueblos indígenas. Un análisis des-
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COMDA 2009 Agua para todas y todos. Carpeta de experiencias y luchas por el
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COMED 2009 Desapariciones forzadas en México. Documentos del proce-
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13 de julio; Nº 237, 10 de agosto; Nº 238, 5 de octubre; 2010, Nº 239, 5 de
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beldia.org>.
Revista Sociológica 2009 (México: UAM-A) Año 24, Nº 70, mayo-agosto, dossier
“Aproximaciones al poder”.
RGOCDH 2009 Informe 2009 sobre la militarización del territorio y la criminali-
zación de la protesta social (Chilpancingo) diciembre.
RNOCDH 2009 Violencia institucional contra las mujeres en México (México) 5
de noviembre.
Rodríguez Araujo, Octavio (coord.) 2009 México ¿Un nuevo régimen político?
(México: Siglo XXI).
Velázquez Flores, Rafael y Prado Lallande, Juan Pablo (coords.) 2009 La iniciativa
Mérida: ¿nuevo paradigma de cooperación entre México y Estados Unidos en
seguridad? (México: FCP-UNAM, FDCS-UAP y SITESA).
Yorail Maya 2009 (CDHFBC) Nº 5, abril-junio; Nº 6, julio-septiembre; Nº 7,
octubre-diciembre.
Comercio exterior. Revista de análisis económico y social 2009 (México: BNCE)
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Acción 2009 (Asunción: CEPAG) Nº 296 al 300, julio a diciembre.
Boletín Derechos Humanos y Agronegocio 2009 (Asunción: BASE-IS y CEPAG)
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Céspedes, Roberto Luis 2009 Autoritarismo, sindicalismo y transición en el Para-
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Galeano, Luis 2009 La hegemonía de un Estado Débil (Asunción: CEPES).
Informativo Campesino 2009 (Asunción: CDE) Nº 234, mayo-junio; Nº 235,
julio-agosto; Nº 236, septiembre-octubre.
Maidana, Antonio 2009 Forjando el ideal comunista. Las memorias de Antonio
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