LEY ORGÁNICA Y LEY ORDINARIA
La Ley orgánica está prevista en el art. 81 CE en cuyo apartado primero se determinan los
contenidos que deben ser disciplinados por medio de esta fuente, mientras que en el segundo
se prescribe el procedimiento que debe seguirse para la producción de leyes orgánicas. A
partir de esta diferenciación que la propia Constitución asume, se puede entender que el
concepto de ley orgánica es un concepto material, y que debe limitarse a regular aquellas
materias para las que la Constitución prevé una reserva específica. En esas condiciones, los
límites materiales afectan al concepto mismo de ley orgánica: afectan a su legitimidad como
ley orgánica.
Esta diferencia entre ley orgánica y la ordinaria responde a la distinta posición que estas dos
fuentes tienen en nuestro ordenamiento y a la propia razón de ser de la ley orgánica, la cual
expresa una congruencia mayor con el sentido constitucional de la democracia que se
manifiesta, en general, en las normas de rango legal.
Por otro lado, son un tipo normativo que debe considerarse excepcional ya que rompe el juego
lógico del principio de las mayorías en toda la democracia, donde la ley debe poder aprobarse
por la misma mayoría que permite gobernar, ya que sólo así es posible que el Gobierno
consiga transformar su programa en leyes.
El ámbito material de la ley orgánica está previsto en el art. 81.1 CE, donde, además de los
supuestos incluidos en ese precepto, se contiene una cláusula genérica que se remite a las
demás reservas de ley orgánica previstas en la Constitución. Estas materias son:
o Las leyes relativas al desarrollo de los derechos fundamentales y de las libertades
públicas
o Las que aprueban los Estatutos de Autonomía.
o Las que establecen el régimen electoral general.
o Las que regulan ciertos altos órganos del Estado.
o Las que afectan a los estados de excepción, alarma y sitio.
o Las relativas a determinadas cuestiones que tienen que ver con la organización
territorial del Estado.
o La que desarrolle los principios de estabilidad presupuestaria y de sostenibilidad
financiera del sistema económica.
o Las que sirven para formalizar ciertos actos caracterizados por su especial importancia
y delicadeza.
Una destacada innovación del constituyente español ha sido la creación de una categoría de
leyes denominadas leyes orgánicas que versan sobre determinadas materias prefijadas de
antemano por la propia Constitución y que tienen un procedimiento especial de aprobación,
también expresamente previsto por la norma superior. Las leyes ordinarias son todas las
restantes, sean del Estado o de las CCAA.
Ambos tipos de leyes poseen el mismo rango y fuerza de ley. La relación entre ambas
categorías de leyes puede explicarse convenientemente por medio del principio de
competencia. De acuerdo con el citado principio, ambos tipos de leyes se despliegan sobre un
ámbito material específico, previsto por la Constitución. De esta manera se justifica no
solamente la imposibilidad de que las leyes ordinarias modifiquen lo establecido por las leyes
orgánicas, sino también la paralela imposibilidad de que la ley orgánica regule materias no
comprendidas en la relación taxativa prevista en el art. 81 del CE para la ley orgánica.
Por otro lado, se puede decir que la ley orgánica es una ley superior a la ordinaria, por ser una
ley más cercana a la Constitución, a la democracia constitucional y por estar dotada de un
procedimiento de elaboración con requisitos de aprobación superiores a los de la ley ordinaria.
La aplicación preferente de la ley orgánica sobre la ordinaria debe realizarse por los agentes
jurídicos siempre que entiendan que la ley orgánica se mueve dentro del ámbito de sus
competencias siendo indiferente para ello que la ley orgánica sea anterior o posterior a la
ordinaria.
Por el contrario, si el aplicador del Derecho considera que la ley orgánica no se mueve dentro
de su ámbito competencial, la solución al conflicto normativo dependerá de que esta ley sea
anterior o posterior a la ordinaria. Así pues, la ley orgánica será aplicada con carácter
preferente en los siguientes supuestos:
1. ley orgánica posterior y legítima para el aplicador del Derecho
2. ley orgánica anterior y legítima para el aplicador del Derecho
3. ley orgánica posterior y no legítima para el aplicador del Derecho