PLATÓN
PLATÓN
(427-347 a. C.)
Platón1, el más genial de los discípulos de Sócrates y ateniense como él, nació el año
427 a.C. De decidida vocación política, se desengañó muy pronto de las prácticas políticas
atenienses de su época, especialmente ante la condena de Sócrates, totalmente injusta en su
opinión. Desde entonces dedicó su esfuerzo intelectual a construir y fundamentar
teóricamente un modelo ideal de sociedad. Fundó una escuela, la Academia, dedicada a la
docencia y a la investigación. En ella se dedicaba una especial atención, juntamente con la
filosofía, a las matemáticas y a la astronomía, de acuerdo con un plan de educación superior
progresiva. Murió a los ochenta años, en el 347 a.C.
a. Contexto histórico.
Justo antes de nacer Platón, Atenas vivía su época de mayor esplendor. En ella
florecieron sin igual la democracia, la filosofía, la literatura y las artes. Después de la victoria
griega sobre los persas en las Guerras Médicas (499-479 a.C.), y bajo la dirección de Pericles
(462-429 a.C.), Atenas se convierte en la potencia hegemónica del Mediterráneo oriental.
Pero esta situación cambiará radicalmente cuando comienza la Guerra del Peloponeso
en el año 431 a.C., o sea, cuatro años antes del nacimiento de Platón. La Guerra del
Peloponeso enfrentó a Atenas y Esparta, que representaban dos formas contrapuestas de
entender la política (la democracia y la aristocracia, respectivamente). La guerra, que duró casi
treinta años, acabó con la victoria de Esparta sobre Atenas, en el año 404 a. C. Así, Atenas
perdió su hegemonía político-económica y entró en un periodo de decadencia. Esparta impuso
a Atenas el gobierno de los Treinta Tiranos (404 a.C.), gobierno oligárquico que se
caracterizó por su violencia y corrupción. En él participaron familiares y amigos de Platón, que
le invitaron a formar parte del mismo. No obstante, decidió mantenerse al margen por los
crímenes y horrores cometidos por este gobierno. El descontento general llevó a una guerra
civil que tuvo como consecuencia la reinstauración de la democracia (403 a.C.). Pero se
trató de un burdo simulacro de la anterior: el caos, la demagogia y la corrupción se instalaron
en Atenas. Es en este contexto en el que se produjo la injusta condena a muerte de Sócrates
(399 a.C.), “el hombre más justo de su tiempo”, lo que llevó a Platón a renunciar
definitivamente a toda pretensión de intervención práctica en la política ateniense, si bien
nunca renunciaría a la reflexión teórica sobre la misma.
Platón vive, pues, en unas circunstancias históricas muy convulsas. En gran medida, su
filosofía es una respuesta a la decadencia y al desorden que le tocó vivir. Atenas se
desmoronaba, y es natural que los atenienses más lúcidos se preguntaran cómo se había
llegado a esta situación después del esplendor anterior.
b. Contexto cultural.
La concepción platónica de la realidad es, por tanto, dualista: existe el “mundo de las
Ideas” inmateriales, inmutables y eternas, y existe el mundo físico material, cambiante y
corruptible.
Lo que Platón quiere expresar al afirmar su “separación” del mundo físico es que las
Ideas no dependen en su ser, en su verdad y en su permanencia, de las cosas sensibles:
un triángulo (la Idea de Triángulo, el triángulo ideal) es lo que es y posee las propiedades que
posee, independientemente de que tal esencia se realice o no se realice en el mundo sensible,
físico.
Pero si las Ideas no dependen en su ser de los seres físicos, éstos sí dependen de ellas:
una figura es un triángulo en la medida en que en ella se realiza la Idea de Triángulo, una
acción es justa en la medida en que en ella se da la Idea de Justicia, etc. ¿Cuál es, entonces, la
relación de los seres sensibles con las Ideas? En sus escritos, Platón ha recurrido a dos
términos para caracterizar esta relación: “participación” (los seres sensibles particulares
participan de las Ideas correspondientes) e “imitación” (los seres sensibles particulares
imitan a las Ideas). En sus últimas obras, Platón tiende a utilizar más la noción de imitación
que la de participación.
La noción de imitación pone el acento en que las Ideas son modelos, son paradigmas
que las cosas pretenden imitar, a los cuales quieren acercarse, sin conseguir igualarlos
plenamente jamás: ninguna esfera física, de bronce o de madera, es plena y perfectamente
esférica, sólo lo es la esfera ideal. Las Ideas son, pues, ideales que no llegan a cumplirse
perfectamente en el ámbito de lo sensible. Por lo demás, Platón reconoció la dificultad de
explicar de manera adecuada la separación de las Ideas y su relación con los seres sensibles.
El mundo de las Ideas está constituido por una multiplicidad: Ideas matemáticas,
Ideas de valores estéticos, Ideas de valores morales, Ideas de los seres físicos, etc. Platón
concibe un mundo de Ideas no como un conglomerado inconexo de esencias sino como un
sistema organizado y ordenado jerárquicamente, en el que las Ideas inferiores implican las
superiores (es decir, participan de ellas), hasta llegar a la Idea que se halla en la cúspide de la
jerarquía: la Idea del Bien.
Para Platón el concepto más abstracto no es, como cabría esperar, el de Ser, punto de
encuentro de todo lo real (pues todas las cosas son), sino el de Bien. La clave para entender
esto está en la profunda convicción teleológica que anida en la filosofía platónica: si uno sabe
que algo es, o existe, siempre cabe la pregunta: ¿para qué es?, ¿cuál es el bien de ello? El
bien de una cosa es la explicación final de su existencia. Es legítimo, por tanto, preguntar por
el bien de cualquier realidad, incluyendo las Ideas más altas, como el Ser, la Belleza, la
Verdad o la Justicia (¿para qué el Ser, la Belleza, etc.?), pero esa pregunta no tiene sentido
aplicada al Bien (pues preguntar el “para qué” de algo es precisamente preguntar por su bien),
que de esta forma se coloca en un plano de absoluta supremacía ontológica2.
Las Ideas son modelos o paradigmas perfectos de las cosas. El Hombre en sí (la Idea
de Hombre) no es un hombre cualquiera, sino un hombre bueno o perfecto, un hombre ideal,
que posee en grado máximo la virtudes o perfecciones de los hombres. En este sentido, las
Ideas son perfectas o buenas en grado máximo. Dado que, como hemos dicho ya, las cosas
son lo que son y tienen las propiedades que tienen porque participan o imitan a las Ideas
correspondientes (p. ej., Sócrates es un hombre justo porque participa de la Idea de Hombre y
de la Idea de Justicia), las Ideas, en tanto que perfectas o buenas en grado máximo,
participan de la Idea del Bien. Por eso se dice que la Idea del Bien es la Idea de las Ideas,
porque constituye el principio de la perfección de las Ideas. La Verdad, la Belleza o la
Justicia son realizaciones o manifestaciones de la Idea del Bien, (es decir, las cosas buenas lo
son únicamente en tanto que participan del único Bien absoluto).
Para explicar por qué la Idea del Bien es la Idea suprema, Platón utiliza en su obra
más conocida, la República (VI, 507a-509d), un símil o comparación entre ésta y el Sol. Por
analogía con el Sol se explican el lugar y la función de la Idea del Bien en relación a) con las
Ideas y b) con nuestro conocimiento de ellas. Lo que el Sol es en el mundo sensible, es el
Bien en el mundo inteligible. Al igual que el Sol es la causa de que los objetos visibles sean
vistos y de que éstos existan (ya que sin él no podrían crecer ni subsistir), el Bien es la causa
de que los objetos cognoscibles (las Ideas) puedan conocerse y de la existencia y la esencia
de los mismos. En definitiva, la Idea del Bien es la Idea suprema porque es ella el
fundamento (causa) de todo ser (principio ontológico) y de todo saber (principio
epistemológico).
a) Es principio ontológico, ya que las cosas dependen en su ser de las Ideas (un caballo
es un caballo porque participa de la Idea de Caballo), y éstas, a su vez, en tanto que
perfectas o buenas en grado máximo, dependen en su ser de la Idea del Bien (todas las
características de las Ideas son perfecciones, y tienen esas perfecciones porque
participan de la Idea del Bien,
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Teleología («télos» = «fin») : teoría que recurre a la noción de « finalidad » para explicar la realidad cósmica o
humana.
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A diferencia del Dios cristiano, el demiurgo platónico no crea, no produce el mundo “de la nada”, sino que
actúa sobre una materia que él no ha hecho. El demiurgo es ordenador, no creador.
Todo lo expuesto hasta el momento muestra que la ontología platónica (es decir, su
concepción de la realidad) es radicalmente dualista: de una parte, las Ideas, que son la
realidad auténtica, lo “realmente real” (inmutables y eternas); y de otra parte, los seres
físicos, cambiantes y corruptibles. Veremos a continuación cómo a estos dos niveles de
realidad corresponden también dos niveles de conocimiento.
Platón subraya que estas dos formas de conocimiento poseen características distintas
y contrapuestas. Así, una opinión puede ser errónea, mientras que, por su propia naturaleza,
el saber excluye la posibilidad de error: es posible opinar acerca de algo y equivocarse, hay
opiniones falsas; no es posible, sin embargo, saber algo y estar equivocado; si uno está
equivocado no puede decirse que “sabe”. Además, y en segundo lugar, las opiniones son
inestables, fáciles de cambiar, mientras que el saber es estable y firme. Estas dos
diferencias, en fin, proceden de una tercera fundamental: el saber se basa en razones,
mientras que las simples opiniones carecen de fundamento sólido. Precisamente por basarse
en razones, el saber es conocimiento universal (verdadero en todo tiempo y lugar) y
necesario (no puede ser falso), mientras que la opinión es conocimiento particular y
contingente.
Cada segmento de la línea representa un tipo de objeto más verdadero, más real y más
claro que el anterior, pero menos que el posterior. Los extremos representan lo menos
verdadero y lo menos claro (las imágenes) y lo más verdadero y lo más claro (las Ideas). De
modo que la relación que hay entre cada segmento de la línea y el que le sigue es la misma
que la que hay entre la copia y su modelo. Y es una relación análoga a la que hay entre “lo
opinable” (el mundo sensible) y “lo cognoscible” (el mundo inteligible).
En conformidad con la teoría de las Ideas, Platón concibe el alma como una
sustancia radicalmente distinta del cuerpo. Hemos visto que la teoría de las Ideas viene a
introducir un dualismo, una separación radical entre el ámbito de las Ideas (inmutables y
eternas), el verdaderamente real, y el ámbito de los seres físicos (cambiantes y corruptibles),
sólo derivadamente real. Con este dualismo general se corresponde el dualismo
antropológico de Platón: el alma es afín a las Ideas, pertenece al ámbito de las Ideas, al que
se siente impulsada por su propia naturaleza, mientras que el cuerpo pertenece al mundo de
los seres físicos. En la contemplación, en el conocimiento de las Ideas se cumple
adecuadamente el destino de nuestras almas.
a) El alma, afín a las Ideas y como ellas inmaterial y simple, es, por naturaleza,
inmortal.
b) La unión del alma con el cuerpo no es un estado esencial del alma, sino un estado
accidental y transitorio. Más aún, no es sólo accidental, sino que puede caracterizarse
como antinatural, ya que el lugar propio del alma es el mundo de las Ideas y su
actividad más propia es la contemplación de éstas.
c) Mientras permanece unida al cuerpo, la tarea fundamental del alma es la de
purificarse, prepararse para la contemplación de las Ideas. La noción de purificación
(que posee origen y connotaciones de carácter religioso) supone que el alma se
encuentra en estado de impureza. Cabe, pues, preguntarse de dónde proceden estas
impurezas. En las obras platónicas más radicalmente dualistas (como el Fedón), la
contestación es que las impurezas vienen precisamente de la influencia del cuerpo,
de sus exigencias y necesidades, que tratan de imponerse tiránicamente al alma,
impidiéndole el ejercicio del conocimiento intelectual. El alma, pues, ha de oponerse
al cuerpo y a sus demandas, y en esto consiste la auténtica sabiduría.
El dualismo radical que hemos descrito no reconoce al alma más función específica
que el conocimiento racional, ni más conflicto que el que enfrenta al alma con el cuerpo. Las
pasiones, los placeres y los deseos, todas las tendencias perturbadoras y conflictivas, son
atribuidos a este último. Se trata, sin duda, de una concepción excesivamente esquemática y
simplificadora del psiquismo humano. En efecto, los deseos, las tendencias y las pasiones
son, en realidad, fenómenos psíquicos y no meramente corporales. Los conflictos tienen
lugar en el interior de nuestro psiquismo.
Platón se dio cuenta de esto y en sus obras maduras (República, Fedro) adoptó una
concepción más compleja del alma, distinguiendo en ella tres partes. (Su terminología es tan
poco rigurosa que a veces habla de tres partes del alma, mientras que otras veces habla de
tres almas.)
Estas tres partes son la razón (alma racional), el ánimo (alma irascible) y el apetito
(alma concupiscible). A la razón, por su parte, corresponde controlar y ordenar el apetito. En
el apetito residen los deseos irracionales y la búsqueda de los placeres que se oponen a la
razón. El ánimo, en fin, es el coraje o fuerza, que a veces cede a las exigencias del apetito,
pero que puede –y debe- convertirse en aliado de la razón en la tarea de someter y controlar
las demandas del apetito.
A esta tripartición responde la imagen del carro utilizada en el mito del Fedro, al que
hacíamos alusión más arriba (V. “La doctrina de la anámnesis”): el auriga responsable de la
conducción simboliza la razón, el caballo negro e indisciplinado simboliza el apetito y, en fin,
el caballo blanco y de naturaleza noble simboliza el ánimo. Esta concepción tripartita del
alma resulta, sin duda, más rica y apropiada para explicar la complejidad del psiquismo
humano. Sin embargo, con ella no se abandona el dualismo característico del pensamiento
platónico. Platón sigue considerando que, en sentido estricto y propio, el alma es la parte
racional. Solamente ella es inmortal. En el Timeo, expone Platón que las otras dos partes
(apetito y ánimo) se añaden al alma racional, al unirse ésta a un cuerpo, desapareciendo –por
innecesarias- cuando el alma se halla separada de éste.
5. ÉTICA Y POLÍTICA.
Platón es, ante todo, un pensador político. Su obra más importante y más conocida, la
República, está dedicada a diseñar el sistema político ideal.
Estas dos últimas medidas no tienen una función económica, sino una función
exclusivamente moral: se pretende evitar que el egoísmo se apodere de guardianes y
gobernantes, y promover el sentimiento de comunidad entre ellos, evitando que “desgarren la
ciudad llamando mío no a lo mismo, sino cada cual a una cosa distinta”, algo que ocurriría si
cada cual poseyera “mujeres e hijos distintos” (República, 464c-d).
En obras posteriores, en el Político y más aún en las Leyes, Platón suavizó sus
opiniones políticas, una vez que se convenció de que no es fácil encontrar auténticos sabios
gobernantes. El gobierno de los sabios fue sustituido por el gobierno de las leyes, por el
sometimiento estricto de los gobernantes al ordenamiento jurídico.
El Estado ideal o utópico de Platón (el gobierno de los sabios) se basa en la idea de
que a la razón corresponde por naturaleza gobernar, tanto en el individuo como en el Estado,
adquiriendo la forma de una aristocracia (gobierno de unos pocos, los mejores) absolutista
(los gobernantes poseen un poder absoluto o ilimitado). Pero, según él, los gobernantes no
serán tiranos que actúen a su antojo y en función de su ambición y codicia, ni demócratas que
halaguen al pueblo y sigan sus caprichos, sino filósofos conocedores de la naturaleza del Bien
(y por tanto, sabios y justos), que gobernarán la ciudad con el solo fin de hacer mejores a sus
ciudadanos.
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ALEGORÍA DE LA CAVERNA
(República, VII, 514a-517c)
Para Platón, el mundo en el que vivimos (mundo sensible) es como la caverna, y las
cosas que vemos son meras sombras, meras apariencias. Los prisioneros representan a la
mayoría de los hombres, que no conocen la auténtica realidad, sino que tienen una opinión
del mundo inadecuada, pero se aferran a sus opiniones y no quieren escapar de la prisión. El
que es liberado de las cadenas representa al filósofo que, libre de los prejuicios que lo
mantienen encadenado a un mundo de apariencias, consigue salir de la caverna al mundo
exterior (mundo inteligible), llegando así a la contemplación de la verdadera realidad, las
Ideas y, en especial, la Idea del Bien, el Sol de las Ideas. Este filósofo debe volver a la
caverna para ayudar a sus compañeros a salir de ella (aunque ellos se encuentren tan
acostumbrados a la caverna que no tengan ningún deseo de salir, e incluso intenten darle
muerte por pretender liberarlos –clara alusión a Sócrates-), debe asumir el gobierno de la
ciudad para mejorar a los hombres, abriendo sus ojos a la verdadera realidad.
En el último párrafo del texto objeto de comentario (desde “Pues bien, querido
Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría...” hasta el final, 517b-c), Platón desvela las
claves interpretativas de la alegoría: su relación con los grados de realidad y los grados de
conocimiento, así como sus implicaciones éticas (sólo puede aspirar a la bondad quien
conoce el Bien) y políticas (han de gobernar los conocedores del Bien).
En la primera parte de este último párrafo (desde “debemos aplicar íntegra esta
alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho...” hasta “...y que es lo que deseas oír”), Platón
pone en relación la alegoría de la caverna con la alegoría de la línea, expuesta
anteriormente (República, VI, 509e-511e. V. 3. 1. “Saber y opinión”), estableciendo una
correspondencia entre los distintos niveles de realidad (y de conocimiento) que se distinguen
en la alegoría de la caverna y las secciones de la línea. Esa correspondencia queda resumida
en el siguiente cuadro:
En la segunda parte de este último párrafo (desde “Dios sabe si esto es realmente
cierto...” hasta el final), Platón recapitula las funciones que desempeña la Idea del Bien,
volviendo a la comparación que antes había establecido entre el Bien y el Sol (República, VI,
508c-509c). Así como el Sol es el fundamento, la causa, de la existencia de los seres
sensibles y del conocimiento sensible, el Bien es el fundamento de todo ser, principio
ontológico (“la causa de todas las cosas rectas y bellas”, es decir, de todas las cosas valiosas),
y de todo saber, principio epistemológico (“en el ámbito visible ha engendrado la luz y al
señor de ésta [= el Sol], y en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la
inteligencia”). Y, por último, Platón destaca la importancia ética y política del conocimiento
del Bien (“y es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado
como en lo público”), dando expresión a la idea de la identificación del saber teórico y el
saber práctico: quien conoce el Bien conoce el orden de todo lo real (saber teórico) y está,
así, capacitado para plasmar ese orden en el ámbito privado o de la moral, convirtiéndose en
un individuo justo, y en el ámbito público o de la política, pudiendo gobernar la ciudad para
hacerla justa (saber práctico).
En resumen, la Idea del Bien cumple una triple función en la filosofía platónica:
a) Ontológica: es la realidad suprema, causa de las Ideas y, por tanto, del mundo
sensible.
b) Epistemológica: es la causa de la inteligibilidad de las Ideas y, por tanto, del mundo
sensible.
c) Ética y política: sólo quien logra su conocimiento puede ser buena persona (ámbito
privado o ético) y buen gobernante (ámbito público o político).
PLATÓN: Libro VII 514a-517c (Trad. C. Eggers Lan). Madrid: Gredos, 1992.
Libro VII
(514a) -Después de eso proseguí compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su
falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada
subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En
ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer
allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza.
Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los
prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado,
como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del
biombo, los muñecos.
- Me lo imagino.
- Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de
utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas
clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
- Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
- Pero son como nosotros. Pues, en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de
los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que
tienen frente a sí?
- Claro que no, si toda sus vidas están forzados a no mover las cabezas.
- ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
- Indudablemente.
- Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los
objetos que pasan y que ellos ven?
- Necesariamente.
- Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que
pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la
sombra que pasa delante de ellos?
- ¡Por Zeus que sí!
- ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales
transportados?
- Es de toda necesidad.
- Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia,
qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a
levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y
a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto
antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y
que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira
correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y
se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades
y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran
ahora?
- Mucho más verdaderas.
- Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla,
volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente
más claras que las que se le muestran?
- Así es.
- Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de
llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz,
tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora
decimos que son los verdaderos?
- Por cierto, al menos inmediatamente.
- Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar,
miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros
objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación,
contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la
luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.
- Sin duda.
- Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que
le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito.
- Necesariamente.
- Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los
años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que
ellos habían visto.
- Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
- Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces
compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?
- Por cierto.
- Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para
aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del
tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y
cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece
que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos?
¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera
siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo
de opinar y a aquella vida?
- Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
- Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría
ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
- Sin duda.
- Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos
que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se
reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al
ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos,
y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y
conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
- Seguramente.
- Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha
sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y
la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y
contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te
equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es
realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se
ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la
causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor
de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y
que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo
público.
- Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.
GLOSARIO
-Alma (psyché): principio de la vida, del movimiento y, fundamentalmente, del conocimiento. En un
principio (Fedón), Platón insistió primordialmente en el alma como razón, órgano del conocimiento
intelectual, concibiéndola como radicalmente distinta y enfrentada al cuerpo (dualismo
antropológico): el alma, inmaterial e inmortal, es afín a las Ideas, pertenece al ámbito de las Ideas, a
cuya contemplación se siente impulsada por su propia naturaleza; mientras que el cuerpo, material y
corruptible, pertenece al ámbito de los seres físicos. Posteriormente (República, Fedro), Platón adoptó
una concepción más compleja del alma, distinguiendo en ella tres partes: razón (noûs), ánimo
(thymós) y apetito (epithymíai), en correspondencia con las tres clases o grupos que componen el
Estado. Sin embargo, esta concepción tripartita del alma no supone abandonar el dualismo, ya que
Platón sigue considerando que, en sentido estricto, el alma es la parte racional, y ésta es la única que
es inmortal.
En el texto, Platón se refiere fundamentalmente a la afinidad del alma con las Ideas y a su proceso de
ascensión hacia las mismas y, en último término, hasta el Bien.
-Bien (agathón): es la Idea suprema (o Idea de las Ideas), ya que no necesita presupuestos que la
justifiquen, sino que es ella el fundamento de todo ser (principio ontológico) y de todo saber
(principio epistemológico). Platón explica indirectamente, por analogía con el Sol, el lugar y la
función del Bien en relación a) con las Ideas y b) con nuestro conocimiento de ellas. Al igual que el
Sol es el fundamento de la existencia de los seres sensibles y del conocimiento sensible (la visión), el
Bien es el fundamento de la existencia de las esencias inteligibles y del conocimiento intelectual. Así
mismo, el Bien, en tanto que fundamento de toda virtud o perfección, es el fin hacia el que todo
tiende, y por tanto el principio del orden de lo real. Por eso lo convierte Platón en el “objeto supremo
de conocimiento” para los filósofos-gobernantes y en culminación de la dialéctica, ya que al conocer
la finalidad de cada cosa (el fin hacia el que tiende y que constituye su propia perfección o plenitud) y,
así, el orden de lo real, el filósofo es el verdaderamente capacitado para plasmar ese orden en la
sociedad, para ordenar la ciudad y el alma humana.
-Dialéctica (dialektiké): forma suprema de conocimiento que permite ascender hasta el Bien. Platón
contrapone la dialéctica al método de las matemáticas. La dialéctica es el proceso progresivo de
conocimiento de las Ideas y sus relaciones que permite ascender por el sistema de las Ideas hasta
alcanzar su cúspide: la Idea del Bien. La dialéctica aparece como el proyecto de un saber sistemático
total y absoluto, de una “visión sinóptica” o de conjunto del mundo inteligible, que captaría la
vinculación y trabazón de las Ideas, y que, de ese modo, englobaría y fundamentaría al conjunto de las
ciencias particulares. El conocimiento propio de la dialéctica se caracteriza por su radicalidad y por
su universalidad, ya que alcanza al principio último de todo lo real: la Idea del Bien.
La dialéctica era originalmente un método de argumentación por medio de preguntas y respuestas, en
forma de conversación o diálogo. La dialéctica era, así, el arte de dialogar con vistas a alcanzar la
verdad. En este sentido, podría caracterizarse como dialéctico al método socrático de filosofar, que
Platón aplicaría al conocimiento de las Ideas y, particularmente, de la Idea del Bien.
-Educación (paideía): formación física, intelectual y moral del ser humano, ciudadano de la polis.
Platón concede una importancia decisiva a la educación como medio para alcanzar la justicia en el
individuo y en el Estado. Por eso la educación de los ciudadanos deberá ser competencia exclusiva
del Estado, ya que, para Platón, la finalidad fundamental del Estado es de carácter moral: promover la
virtud y la justicia, tanto individual como socialmente. De este modo se conseguirá una vida feliz
(convicción socrática de que la felicidad depende de la virtud). En la República la educación se
organiza en dos niveles. En el nivel primario, común a todos los ciudadanos, sin distinción de sexos,
la educación se orienta al desarrollo del cuerpo (gimnasia) y de la mente (música). El segundo nivel,
reservado para los futuros gobernantes, se desarrollará en una primera fase dedicada al estudio de las
matemáticas, que servirá de propedéutica o entrenamiento intelectual para abordar, en una última fase,
la dialéctica, que culminará en el conocimiento del Bien. La alegoría de la caverna “explica” la
educación de los filósofos-gobernantes como el proceso de entrenamiento intelectual que capacita
para la ascensión hasta el conocimiento del Bien.
La educación, para Platón, no consiste en “introducir” conocimientos en la mente del educando
(concepción sofística), sino en enseñar a mirar hacia la auténtica realidad, hacia lo que merece ser
mirado.
-Idea, Forma (idea, eidos): esencia inteligible. Las Ideas no son simples conceptos universales
elaborados a partir de la experiencia, sin existencia aparte de la mente que las concibe. Son realidades
subsistentes, que existen independientemente de las cosas o hechos físicos, particulares. Más aún, para
Platón, son las únicas realidades en sentido pleno, ya que de ellas deriva (por participación o
imitación) todo lo que hay de real en el mundo físico. Las Ideas son entidades inmateriales, eternas,
inmutables, absolutas y universales. (Por ejemplo, la justicia en sí, el bien en sí, el hombre en sí, las
entidades y proporciones matemáticas en sí mismas. De ellas derivan su ser todo lo justo, todo lo
bueno, todos los hombres, todo lo armónico y proporcionado que hay en mundo físico.)
La concepción platónica de la realidad es, por tanto, dualista: existe el “mundo de las Ideas”
inmateriales, inmutables y eternas, y existe el mundo físico material, cambiante y corruptible.
-Justicia (dikaiosyne, díke): virtud de carácter general que consiste en el orden estable y propio
(armonía) de un todo, sea éste el alma individual o el Estado. Platón compara la justicia con la salud:
del mismo modo que la salud se origina en una relación armoniosa entre los diversos elementos
constitutivos del cuerpo, siendo los buenos los que tienen el control, así también una relación
adecuada entre los distintos elementos que componen el alma es la condición de la justicia (=la salud
del alma). Por lo tanto, el orden o armonía en que consiste la justicia existe cuando las distintas partes
del todo ejercen su función específica de un modo adecuado. Así, tanto en relación con el alma
individual como en relación con el Estado, la justicia exige que el elemento racional gobierne sobre
los otros: las otras partes del alma (ánimo y apetito) han de obedecer a la razón, los otros grupos
sociales (guardianes y productores) han de obedecer al gobernante-sabio en quien encarna la razón.
-Saber, ciencia (epistéme): “opinión verdadera fundada en razones”. Platón distingue y contrapone
dos formas de conocimiento: el saber, o ciencia (epistéme), y la opinión (dóxa). 1) El saber excluye
la posibilidad de error (no es posible saber algo y estar equivocado), mientras que una opinión puede
ser errónea. 2) El saber es estable y firme, mientras que las opiniones son inestables y cambiantes. 3)
El saber se basa en razones (el que sabe puede dar razón de lo que afirma, puede exhibir las causas
de que las cosas sean como dice que son), mientras que las opiniones carecen de fundamento sólido.
Precisamente por basarse en razones, el saber es conocimiento universal (verdadero en todo tiempo
y lugar) y necesario (no puede ser falso), mientras que la opinión es conocimiento particular
(verdadero en un momento y en un lugar determinado) y contingente (puede ser falso).
Platón afirma que las diferencias entre estas dos formas de conocimiento se deben a que se refieren a
objetos distintos (a distintos tipos de realidad corresponden distintas formas de conocimiento): el
saber tiene como objeto las Formas inteligibles, las Ideas, la realidad auténtica; mientras que la
opinión tiene como objeto las cosas sensibles, el mundo físico, la realidad aparente. La inestabilidad y
la falibilidad de la opinión proceden, en último término, de la inestabilidad y mutabilidad del mundo
físico.
La oposición entre saber y opinión está esencialmente vinculada a la oposición entre el conocimiento
intelectual y el conocimiento sensible, entre razón y sentidos. Platón asume la convicción
parmenídea de que sólo la razón puede llevarnos al conocimiento de la realidad, e insiste en que sólo
el conocimiento intelectual es capaz de captar las Ideas, las esencias inteligibles. Los sentidos sólo nos
ofrecen impresiones e imágenes cambiantes del mundo físico en constante devenir. Así, dirá Platón, el
saber “va acompañado de razón”, mientras que la opinión “va acompañada de sensación”.
Contexto filosófico y cultural del texto.
El fragmento que vamos a comentar pertenece al filósofo ateniense Platón (427_347 a de C).
Desde el punto de vista filosófico, lo más reseñable en la concepción del pensamiento Platónico es
el enfrentamiento a la filosofía sofista, siguiendo con ello los pasos iniciados por su maestro Sócrates.
Sin embargo, es justo también reconocer otras notables influencias en la gestación de su filosofía: Los
pitagóricos le influyeron en la concepción dualista de la naturaleza humana, así como en la
consideración de un alma inmortal que se reencarna y se purifica mediante el conocimiento. Además,
fueron los primeros en adoptar un arché formal. Por último, Platón heredó de ellos la importancia
otorgada a la matemática.
Otra ineludible influencia platónica es la ejercida por Parménides. Platón lo sigue a la hora de
distinguir dos tipos de conocimiento doxa (la vía de la apariencia, según Parménides que nos
proporciona los sentidos) y episteme (vía de la verdad proporcionada por la razón). También las Ideas
de Platón comparten las características del Ser de Parménides siendo únicas en su especie, eternas,
inamovibles, etc. salvo la unidad
También en la concepción del mundo sensible como devenir Platón recibe influencia de Heráclito. Por
último, el Nous (inteligencia) de Anaxágora puede considerarse el antecedente del “demiurgo”
platónico
Pero sin duda la mayor impronta filosófica la recibió de su maestro Sócrates, como él y tal como
hemos ya mencionado se opuso al relativismo sofista justificando el conocimiento racional y
universal de los términos morales. Aunque Platón fue más allá que su maestro afirmando que
podemos definir y conocer universalmente el Bien o La Justicia porque estas “Ideas” existen.
También de su maestro tomó el intelectualismo moral (quien conoce el bien lo hace). E incluso Platón
reproduce en sus diálogos la manera en que su maestro enseñaba otorgándole en casi todos (salvo en
los de vejez) el papel protagonista.
Respecto a lo cultural señalar que el fragmento y su autor se enmarcan dentro de un siglo muy
convulso para Grecia y muy especialmente para Atenas. El enfrentamiento y victoria contra los
persas (Guerras Médicas) había supuesto, a principios del siglo V la hegemonía política y militar de
Atenas en todo el mediterráneo occidental.
En la época de Pericles, a mediados de siglo, la Atenas democrática se convirtió también en el foco
político y cultural del mundo griego, con poetas trágicos como Sófocles y Esquilo, con la
construcción del Partenón y su decoración por Fidias; etc. En este ambiente se educó Platón.
Pero esta situación de predominio empezará a cambiar con la guerra del Peloponeso, que se inició
poco antes de que naciera Platón, enfrentando a Atenas y a Esparta durante 25 años y concluyendo
con la derrota de Atenas a la que se le impuso una dictadura: la de los treinta tiranos (Platón pudo
formar parte de este gobierno, pero rehusó debido a su crueldad) Un año después se volvió a instaurar
la democracia. Platón que siempre pareció estar interesado en la política, en su carta VII expresó su
nueva esperanza de poder intervenir en ésta, pero pronto desistió ya que se trataba de una democracia
corrupta que incluso dio muerte a su maestro Sócrates para él el hombre más justo.
De esta forma entendió Platón que la política necesitaba un cambio más profundo, una nueva filosofía
o manera de pensar que se apartase del relativismo sofista, pues Platón considera a los sofistas
responsables de la degradación de la educación moral y política de Atenas. La política se había
convertido en un campo de batalla en el que mediante la retórica sólo prevalecía el interés particular.
Por ello, cree que la mejor forma de contribuir a la recuperación de Atenas era con una nueva filosofía
que sustentara la educación moral y política en el conocimiento del Bien y la Justicia.
La decadencia política también se refleja en lo cultural. Ya no se acometen grandes proyectos
arquitectónicos, destacando solo las comedias de Aristófanes, el “estilo bello” que Prexísteles
introduce en escultura. Sólo la retórica y oratoria, necesarias para triunfar en el ágora, conocen su
máximo esplendor con Isócrates y Demóstenes.
Con este mito Platón, en boca de Sócrates, pretende explicar el ascenso dialéctico del
filósofo-rey y la necesidad de la educación o entrenamiento intelectual que le permitirá
liberarse de las cadenas de la ignorancia y ascender desde el conocimiento (doxa) de lo
aparente y sensible (caverna) al conocimiento auténtico de la verdad, lo inteligible o las Ideas
(mundo exterior) culminando con el conocimiento del Bien. Pero analicemos al menos
algunas de las implicaciones filosóficas más relevantes.
La distinción y oposición, realizada en sus primeras obras, entre lo apolíneo y lo dionisíaco, le llevará a desarrollar una
original interpretación de la historia de la filosofía, a partir de la división de los dos mundos platónicos, y la primacía de la
razón el pensamiento se alejará de la vida, oponiéndose a ella, negándola mediante la invención de una realidad trascendente
dotada de características de estabilidad e inmutabilidad, justo las contrarias de las que posee la única realidad que conocemos,
pues la vida es contradictoria y cambiante. Pero analicémoslo más detenidamente:
a) La crítica de la metafísica
Nietzsche se opone al dualismo ontológico platónico así como a la primacía del conocimiento racional: Según tal
concepción, la realidad queda escindida en dos ámbitos: una realidad suprasensible, estática e imperecedera, accesible
mediante la razón, que capta las esencias o modelos universales. Frente a una realidad cambiante, sensible, perecedera... que
es copia imperfecta de la anterior. Frente a este esquema ontológico reaccionará Nietzsche esgrimiendo tres objeciones.
1.- La realidad sensible se infravalora debido a su mutabilidad, dado que la razón humana y opera con categorías
inmutables (esencias racionales, que justifican nuestro conocimiento universal mediante conceptos); pero el hecho
de que la razón funcione con tales categorías no demuestra la "imperfección" ni la "dependencia" del mundo sensible,
sino sólo la inadecuación de la razón para conocerlo... ¿Y si la razón no fuera la facultad adecuada para conocer el
mundo? El concepto para Nietzsche no es más que un modo impropio de referirse a la realidad, no es más que una
metáfora de la realidad. La tradición occidental se olvidó de su carácter metafórico y ha pretendido encontrar en él un
modo general y abstracto de captar la “esencia” de la realidad y por ello, de alejarnos de lo singular y concreto, de
alejarnos de la realidad. Lejos de ofrecernos el conocimiento de la realidad, el concepto nos la oculta. Nietzsche
dirigirá también su atención al papel que ha jugado el lenguaje en la reflexión filosófica. Dada la íntima relación
existente entre el pensamiento y el lenguaje. De este modo el lenguaje contribuye decisiva y sutilmente a afianzar ese
engaño metafísico acerca de la realidad, afianzando los conceptos. Recuperar el sentido de lo real exige, por lo tanto,
recuperar simultáneamente el sentido, el valor de la palabra. De ahí el estilo aforístico de su obra.
2.- El mundo suprasensible no es más que una ilusión, una ficción, una fantasía construida como negación del mundo
sensible, única realidad para nosotros.
3.- Recurrir a un mundo suprasensible lo interpreta, pues, como una reacción anti-vital, como una negación de la
vida, (vida que está marcada por el sufrimiento tanto como por la alegría), como una venganza contra la naturaleza, propia de
espíritus ruines que odian la vida, un producto del resentimiento contra la vida. Incapaces de aceptar un destino trágico, los
hombres se rebelan contra esa vida que le aboca al sufrimiento y la niegan, convirtiéndola en un mero residuo de otra
realidad, perfecta ésta, donde ahogan su resentimiento.
b) La crítica de la moral
Nietzsche acusa a la moral platónico-cristiana de antinatural por ir en contra de los instintos vitales. Su centro de
gravedad no está en este mundo, sino en el más allá, en la realidad en sí platónica que luego se convertirá en el mundo
sobrenatural del cristianismo. Se trata de una moral trascendente que no gira en torno al hombre, y que impone al hombre un
rechazo de su naturaleza, una lucha constante contra sus impulsos vitales, por lo que significa un rechazo general de la vida, de
la verdadera realidad del hombre, en favor de una ilusión generada por el resentimiento contra la vida. Tal moral es síntoma y
expresión de la decadencia de la cultura occidental.
d) La muerte de Dios, el nihilismo y voluntad de poder.
El análisis de la trayectoria del pensamiento y la cultura occidentales le llevará a Nietzsche a constatar la muerte de
Dios. Dios había sido la brújula del hombre occidental. Pero el hombre ha ido matando a Dios sin darse cuenta, expulsándolo
poco a poco de su pensamiento y de su cultura. La muerte de Dios es, en realidad, la muerte del monoteísmo cristiano y de la
metafísica dogmática, para quienes sólo hay un Dios y una verdad. Al descubrir la muerte de Dios el hombre queda
desorientado, su vida pierde el sentido. Nihilismo.
Esta es la base sobre la que ha de construirse, según Nietzsche, la nueva filosofía. El hombre provoca, en primer lugar,
la muerte de Dios, sin apenas darse cuenta de ello. En segundo lugar, el hombre toma conciencia plena de la muerte de Dios y
se reafirma en ella. En tercer lugar, y como consecuencia de todo lo anterior, el hombre se descubre a sí mismo como
responsable de la muerte de Dios descubriendo, al mismo tiempo, el poder de la voluntad, e intuyendo la voluntad como
máximo valor
Ejemplo de Examen
TEXTO:
Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de
cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a
aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de
cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que
nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas
cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de
Homero, es decir, que preferiría decididamente "ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre" o
sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
PLATÓN, República VII
PREGUNTAS:
1.- Describe el contexto cultural y filosófico del texto. (1´5)
2.- Identifica y explica el significado de este texto. (2)
3.- Justifica el texto desde la posición filosófica del autor. (2´5)
4.- Relaciona la temática del texto con una posición filosófica contemporánea. (2)
5.- Valoración razonada de la actualidad del texto. (1)
6.- Rellena los huecos (1): La duda es el punto de partida del ………método…… cartesiano.
Pero no se trata de una duda escéptica, sino ……metódica………Según Descartes hay
varios motivos para la duda. Cuando parecía desembocar en el escepticismo, Descartes
tropezó con una primera certeza: el ………cogito………A partir de este momento, Descartes
estaba en condiciones de construir su metafísica, puesto que había encontrado una primera
verdad libre de toda duda. La metafísica es el estudio de la …sustancia………...
1.- Describe el contexto cultural y filosófico del texto
Platón, cuyo verdadero nombre era Aristocles, nació en Atenas en el 427 a. c. y vivió hasta el 347 a.c. Su
vida y su obra están pues influenciadas por los acontecimientos históricos, culturales y filosóficos que
tuvieron lugar en Atenas durante ese tiempo.
En el siglo V Atenas se había convertido en el centro cultural del mundo griego, debido al triunfo de los
griegos ante los persas en las Guerras Médicas, que supuso una prosperidad económica y también gracias
al gobierno de Pericles, a quien debemos la primera democracia que concedía a los ciudadanos los
derechos de isonomía e isegoría. Pericles estaba muy interesado por la cultura y por eso, bajo su mandato,
Atenas alcanzó un gran protagonismo a nivel cultural. Se construye el Partenón, decorado por Fidias; la
escultura refleja los ideales del clasicismo griego, la perfección y la armonía, valores que aparecen en la
filosofía platónica y destacan escultores como Policleto o Praxíteles; en literatura destacan los autores de
tragedias, entre los que podemos citar a Esquilo, Sófocles y Eurípides y de comedias, como Aristófanes.
También aparece la historiografía con Herodoto y Jenofonte.
Pero este esplendor del siglo V entró en declive en el siglo IV, cuando estallan las Guerras del Peloponeso
y, como consecuencia de la victoria espartana, se implanta en Atenas el gobierno de los treinta tiranos.
Cuando se restablece la democracia, tiene lugar la condena de Sócrates. Esto le da a Platón motivos para
dedicar su obra a buscar la mejor forma de gobierno posible.
En el pensamiento de Platón podemos destacar cuatro influencias filosóficas importantes:
a)Heráclito, cuya teoría de la realidad como devenir le vale a Platón para describir el mundo sensible;
b)Parménides, cuya epistemología que diferencia dos vías o caminos para llegar al conocimiento la de la
verdad (La razón) que nos conduce al Ser y la de la apariencia (Sentidos) que nos conduce al no-ser; toma
Platón como base de la Episteme y Doxa. Además el Ser, sirve como punto de partida al mundo de las
Ideas de Platón. Las Ideas tienen las mismas características del Ser. Son eternas, inmortales, inmutables,
únicas, perfectas…;
c)Pitágoras, de quien le llega a Platón la teoría egipcia denominada orfismo, que defiende la
reencarnación y transmigración de las almas. Además hereda la concepción de un principio formal y no
material de lo real. Y la importancia dada a las matemáticas: en la puerta de la Academia había un letrero
que decía “que nadie entre aquí que no sepa geometría”.
d)Sócrates, en quien realmente se inspira Platón. De él hereda su preferencia por los diálogos, que es la
forma en que Platón escribe sus obras, para respetar a su maestro que no dejó nada escrito. Como
Sócrates, Platón pretende combatir el relativismo y escepticismo de los sofistas. Para ambos autores se
puede llegar a un conocimiento universal a través de la razón. Su objetivo es marcadamente pedagógico y
político, pero Platón no busca el éxito sino la mejor forma de gobierno posible, basada en la educación de
cada clase y en la idea de que los gobernantes sean los filósofos.
En este aspecto, Platón también recibe de Sócrates su teoría del intelectualismo moral. Deben gobernar los
filósofos porque ellos son los que poseen el verdadero conocimiento y el conocimiento es garantía de la
virtud.
La obra de Platón se divide en cuatro etapas:
1. Diálogos de juventud, en que reproduce las enseñanzas de su maestro. Transcurre antes de fundar la
Academia. En esta etapa destacan las obras Apología de Sócrates, Critón…
2. Diálogos de transición, en que empiezan sus primeras teorías que desembocarán en la Teoría de Las
iIdeas. Aquí escribe por ejemplo el Menón.
3. Diálogos de madurez, en que aparece la teoría de las Ideas. Transcurre en la época que sigue a la
inauguración de la Academia. Aquí escribe Platón sus obras más importantes como República, Fedón,
Fedro o el Banquete.
4. Diálogos de vejez, en su última etapa. Tienen lugar tras sus intentos frustrados por hacer realidad un
sistema de gobernantes filósofos. Escribe el Timeo y las Leyes.
b) Antropológico. La caverna y las cadenas que nos amarran representa el cuerpo en el que el alma está
encerrada. El esclavo liberado representa el recorrido que ha de hacer el alma para conocer y volver al
mundo de las Ideas.
c) Éticopolítico. El esclavo liberado que consigue conocer las Ideas representa al filósofo que tiene una
función pedagógica y dirigente. El filósofo ha de ser quien gobierne porque, al ser quien tiene el
conocimiento del Bien, necesariamente obrará con justicia.
Considero adecuado justificar este texto desde la teoría del conocimiento de Platón. Pero antes expondré
un breve resumen de la teoría de las Ideas de Platón.
Se trata del núcleo de todo su pensamiento. De esta teoría se desprenden tres rasgos del pensamiento
platónico:
1.- El idealismo. Las Ideas son anteriores y mas verdaderas que las cosas sensibles. Son la esencias
formas, los moldes, o el modelo de acuerdo al cual han sido hechas las cosas sensibles, con la
intervención del demiurgo. Las Ideas son objetivas, perfectas, inmortales e inmutables. Así es la
verdadera realidad, mientras que las cosas sensibles, cambiantes y múltiples, solo imitan o participan de
las Ideas en mayor o menor grado.
2.- El espiritualismo. Las Ideas son el fin, la meta a la que ha de llegar nuestra alma si se libera de los
placeres sensibles, si consigue salir de ese cuerpo en que se encuentra prisionera, porque el lugar
natural del alma es el mundo de las Ideas.
3.- El ejemplarismo. Las ideas están jerarquizadas y en la cima de todas ellas se encuentra la Idea del
Bien. Esencia de todas ellas, las Ideas participan de ella, dándoles unidad. Y hay que conocer el bien si
queremos ser justos en lo privado y en lo público.
La teoría platónica del conocimiento es dualista, es decir, distingue dos tipos de conocimiento:
1. Conocimiento sensible. Es un conocimiento engañoso, el menos claro; que no nos ofrece la verdadera
realidad. Es el conocimiento que obtenemos cuando nos dejamos llevar por los sentidos y no usamos la
razón. Este conocimiento nos ofrece sólo apariencias. Es un conocimiento imperfecto y engañoso y sólo
nos permite obtener opiniones (Doxa).
2. Conocimiento intelectual. Es el que obtenemos cuando nos desligamos de los sentidos y utilizamos la
razón. Es el conocimiento más claro ya que recae sobre la verdadera realidad que son las Ideas. Sólo
este conocimiento nos permite obtener la ciencia (episteme), porque es el que nos lleva a los conceptos
universales.
Lo importante de la teoría platónica es que, según él, el conocimiento intelectual es anterior al sensible.
Esto se denomina idealismo. El alma pertenece al mundo de las Ideas y tenía el conocimiento de éstas
antes de unirse al cuerpo, pero lo pierde al encarnarse en un cuerpo. Si lo persigue, lo recuperará.
Conocer es recordar. El conocimiento es reminiscencia.
Pero para conseguir recuperar el conocimiento de las Ideas hay que seguir un camino marcado por el
esfuerzo, desde la ignorancia hacia la sabiduría. Este camino se denomina dialéctica, y pasa por cuatro
fases. Dos de ellas pertenecen al conocimiento sensible (doxa) y son:
-Imaginación, o conocimiento de imágenes (eikasía). Es el conocimiento que sólo nos permite obtener
imágenes de la realidad que otros nos proyectan. Es el conocimiento que tenemos cuando simplemente
repetimos las opiniones de otros como si fueran reales. Es la situación en que se encuentran los esclavos
encadenados en el mito de la caverna.
-Creencia (pistis).- Es el conocimiento que obtenemos directamente de nuestros sentidos. Es la
situación que se encuentran los esclavos cuando conocen los elementos causantes de las sombras que
se proyectaban en las paredes de la caverna.
Las otras dos fases pertenecen al conocimiento intelectual (episteme) y son:
-Cto. discursivo (dianoia).- Es el conocimiento que se basa en la razón, pero que se apoya en
hipótesis. Su objeto de estudio son los entes matemáticos. Entre lo sensible y lo inteligible al apoyarse en
imágenes, Da por supuestas algunas ideas y se dirige a partir de ellas hacia las cosas sensibles. Es la
situación en que se encuentra el esclavo cuando se aproxima a la boca de la cueva y ve las cosas
iluminadas por el sol, pero no puede mirar directamente a éste.
-Inteligencia (noesis).- Es el conocimiento de las Ideas mismas, que no va de las hipótesis hacia las
cosas, sino hacia arriba, hacia las ideas mismas. Es el que nos enfrenta a la Idea del Bien y el que nos
lleva a darnos cuenta de que ésta es la causante de todo lo demás. Es la situación en que se encuentra
el esclavo que sale de la caverna y mira directamente al sol.
Lo que mueve al ser humano a caminar desde la ignorancia hacia la sabiduría es el Eros, el amor,
entendido como el reconocimiento de aquello de lo que se carece y su búsqueda.
Para Platón la dialéctica no es sólo diálogo para llegar a la verdad sino también un proceso de
purificación del alma. La dialéctica tiene una doble dirección:
Ascendente, que consiste en la indagación del principio del que dependen todas las hipótesis, en la
búsqueda de una realidad que no necesita de ninguna otra para existir.
Descendente, que consiste en extraer las consecuencias de ese principio para vivir de una manera justa.
Éste es el motivo por el que los que han ascendido al mundo de las Ideas, y han contemplado la Idea del
Bien, deben regresar a la caverna a “liberar” a los demás prisioneros de sus prejuicios. Y eso a pesar de
que, al bajar a la oscuridad, los que están encadenados se van a reír de ellos cuando les cuenten lo que
han visto, e incluso querrán matarlos.
4.- Relaciona la temática del texto con una posición filosófica contemporánea.
El pensamiento de Nietzsche (s. XIX) se caracteriza por ser un vitalismo irracionalista, por tanto, me
parece interesante compararlo con un pensador que representa un modo completamente distinto de
concebir la realidad, como es el caso del idealismo racional de Platón (s. V-IV a. C.). Antes de hacer
referencia a las notables diferencias que caracterizan a ambos pensadores, creo adecuado destacar
algunos puntos en común. Hay rasgos comunes en el estilo literario de ambos autores, en cuyas obras
es fácil encontrar mitos y metáforas como recursos didácticos, así como, a veces, un estilo poético.
También es común a ambos autores la defensa del sentido aristocrático de la existencia, aunque desde
perspectivas muy diferenciadas. En ninguno de los dos se trata de una aristocracia de la sangre o el
dinero, sino que en el caso de Platón es una aristocracia del conocimiento (los más sabios y generosos
son quienes deben gobernar la sociedad ideal dividida en gobernantes, guardianes y productores) y en el
caso de Nietzsche de una aristocracia de los creadores de nuevos valores. Ambos hablan de esclavos,
pero no en el mismo sentido. Platón llamaba esclavos a los ignorantes que se dejaban engañar por los
sentidos. Nietzsche llama esclavos a los defensores de los valores de la cultura occidental –cuyo origen
está en el pensamiento platónico- por considerarlos dogmáticos, decadentes y viciados en su origen por
su empeño de instaurar la racionalidad a toda costa. El dogmatismo platónico se convierte, de este
modo, en el error de base de la cultura occidental, según Nietzsche.
Platón y Nietzsche representan, por tanto, dos modos antitéticos de concebir cualquier dimensión de la
realidad. Nietzsche distingue en el arte y la cultura griegos dos fuerzas contrapuestas calificadas como
“espíritu apolíneo” y “espíritu dionisíaco”. En la tragedia griega, el dios Apolo representa los valores de la
razón. Apolo es la divinidad de la luz y de la proporción, de la forma y la justa medida, del equilibrio y la
serenidad; encontramos su espíritu en la obra bella, equilibrada y perfecta. El hombre apolíneo es aquél
en el que predomina la razón. El dios Dionisio, por su parte, representa los valores de la vida. Dionisio es
el dios del vino, de la fecundidad; es la imagen de la fuerza instintiva y pasional, de la corriente vital
efervescente, del frenesí sexual, la música excitante, lo caótico y desmesurado. El hombre dionisíaco
niega la razón y acepta los impulsos vitales.
Según N., con Sócrates y Platón se inició el predominio histórico de todo aquello que es lógico y racional,
es decir, comenzaron la decadencia y el error. La metafísica platónica no hace más que profundizar este
error. Su concepción de la realidad parte de la existencia de dos mundos: el de las Ideas y el sensible.
Según Platón, el mundo sensible se caracteriza por el cambio, la mutación, la imperfección, la
fugacidad,… pero no es real sino que sólo es apariencia ; el verdadero es el mundo de las Ideas, donde
no existe el cambio ni el devenir. Según N., esto no es más que “egipticismo”, ya que Platón momifica la
realidad, detiene el devenir, en definitiva, la mata. La realidad es terrible: el sufrimiento, el dolor, la lucha,
la muerte, el cambio constante,… hacen difícil la vida. Pero la solución no es inventarse otra y negar
esta, la terrenal, la única con que realmente contamos. Son los débiles de espíritu, aquellos que no
pueden soportarlo, quienes crean otro mundo distinto a este, un mundo donde todo lo terrible ha sido
eliminado, donde no hay cambio, ni destrucción, ni muerte: es el mundo de las Ideas de Platón o el
paraíso del Dios cristiano. El cristianismo, según N., ha creado una “moral de esclavos”, que fomenta el
resentimiento contra la vida y los valores mezquinos, propios del rebaño, tales como: humildad, sacrificio,
obediencia… Frente a esta, N. promueve la “moral de los señores”, propia del superhombre, moral de
superación y afirmación de la vida, propia de espíritus elevados. Para ello, Dios y los valores que
representa deben morir. Sólo con la muerte de Dios es posible que el hombre viva.
El rechazo de Dios de Nietzsche pone de manifiesto su desprecio por la influencia que las religiones
tienen sobre los hombres débiles, al torturar sus conciencias e impedir el desarrollo de hombres
superiores.
Nietzsche anticipa que la muerte de Dios provocará el fin de los valores absolutos.
El rechazo de todos los valores constituye la característica esencial del nihilismo, un gran peligro para el
hombre débil que no conoce otra cosa; porque significa la ausencia de valores y el reconocimiento de la
carencia de sentido de la vida. Pero hay también un sentido positivo del nihilismo y es el que busca el
cambio y el nuevo horizonte de un tipo superior de hombre. En eso consiste la voluntad de poder. La
voluntad de poder supone rechazar los igualitarismos: “A mí la justicia me dice que los hombres no
somos iguales”. Supone inventar valores que supongan un amor a la vida.
Esto nos lleva a hablar del eterno retorno o amor fati. He de vivir deseando que lo vivido renazca
eternamente. Hay que entender el eterno retorno como la expresión de la máxima reivindicación de la
vida “¿Qué sucedería si un demonio... te dijese: Esta vida, tal como tú la vives actualmente, tal como la
has vivido, tendrás que revivirla... una serie infinita de veces; nada nuevo habrá en ella; al contrario, es
preciso que cada dolor y cada alegría, cada pensamiento y cada suspiro... vuelvas a pasarlo con la
misma secuencia y orden... y también este instante y yo mismo... Si este pensamiento tomase fuerza en
ti... te transformaría quizá, pero quizá te anonadaría también...¡Cuánto tendrías entonces que amar la
vida y amarte a ti mismo para no desear otra cosa sino ésta suprema y eterna confirmación!” .
El Superhombre es el pensamiento central de Nietzsche. El ser humano debe ser superado, ya que todos
los seres evolucionan y se transforman, y el ser humano no puede ser una excepción. El ser humano no
es un ser estático, sino que está dotado de una enorme fuerza creadora.
La especie humana está dotada de la fuerza expansiva de la vida, la que está en un proceso evolutivo
constante (no olvidemos el pensamiento de Charles Darwin y el evolucionismo). Pero para poder llegar a
ser el Superhombre hay que superar la moral tradicional y decadente, y llegar a la nueva moral. La
transformación del hombre en Superhombre pasa por tres estadios diferentes:
• Camello: El espíritu del hombre es en primer lugar un camello con una carga enorme.
• León: El hombre, cansado por la carga anteriormente descrita, se rebela contra su dueño e impone su
voluntad.
• Niño: El hombre se convierte en un niño lleno de futuro: el Superhombre.
Las características más importantes del Superhombre son su necesidad de la vida; El Superhombre
valora principalmente la vida terrena: el placer, las pasiones, la victoria. Intenta superarse, y por eso
rechaza la moral tradicional cristiana, aceptando la moral de los señores, propia de los fuertes.
Una de las características más importantes del Superhombre es la fidelidad a la tierra: Sólo existe esta
vida, y, por tanto, cualquier pretensión de renuncia en nombre de una vida mejor después de la muerte,
es totalmente absurda. Es esta fidelidad a la tierra la que le llevará, en primer lugar, a renunciar a
cualquier reducto de Platonismo que nos lleve a considerar la posibilidad de un mundo inmaterial mejor
que éste, y de una vida mejor que la vida terrenal. La fidelidad a la tierra es lo que nos lleva a vivir esta
vida con toda la intensidad posible.