Facultad de Derecho y Ciencia Política
Escuela Académico Profesional de Derecho y Ciencia Política
Monografía
El Debido Proceso
Proyecto para el curso de Derecho Procesal Laboral
Presentada por el bachiller
María Gracia Pozo Huamán
Asesor
Mg. Isabel Ramírez Peña
Lima-Perú
2021
Contenido
Origen y evolución del debido proceso........................................................................................4
Definición....................................................................................................................................5
Contenido y Principios del debido proceso..................................................................................6
1. Legalidad del Juez............................................................................................................7
2. Principio de exclusividad de la Jurisdicción.....................................................................8
3. Juez Natural......................................................................................................................8
4. Principio de Autoridad del Juez........................................................................................9
5. Imparcialidad del Juez......................................................................................................9
6. Independencia Judicial...................................................................................................10
El debido proceso en la normativa peruana................................................................................11
1. La Constitución Política del Perú...................................................................................11
2. Tratamiento jurisprudencial del Tribunal Constitucional...............................................11
Introducción
El Debido Proceso Legal no sólo es considerado como un derecho constitucional sino
como derecho fundamental; vale decir, uno de los derechos humanos exigibles al Estado
moderno de derecho. Mediante el debido proceso se garantiza que las reglas de
organización judicial, competencia, trámite de los juicios y ejecución de las decisiones
de la justicia, se lleven a cabo respetando las garantías constitucionales y legales
vigentes (BERNALES BALLESTEROS, Enrique: “La Constitución de 1993” Análisis
Comparado, Konrad –Adenauer- Stifung, Primera Edición, 1996, Lima-Perú, pág. 556).
Aníbal Quiroga define al Debido Proceso Legal como la institución del Derecho
Constitucional Procesal que “identifica los principios y presupuestos procesales
mínimos que debe reunir todo proceso judicial jurisdiccional para asegurar al justiciable
la certeza, justicia y legitimidad de resultado” (Citado por Enrique Bernales B, Op. Cit.,
Pág. 556).
Afirma también que el derecho de defensa es esencial en todo ordenamiento jurídico y
que mediante él se protege una parte medular del debido proceso y que las partes en
juicio deben estar en la posibilidad jurídica y fáctica de ser debidamente citadas, oídas y
vencidas mediante prueba evidente y eficiente. El derecho de defensa garantiza que ello
sea así.
Origen y evolución del debido proceso
El debido proceso es una figura jurídica que encuentra su más antiguo antecedente en la
época romana donde éste era visto como un simple conjunto de reglas que regulaban la
realización de un juicio. Es a partir de ésta perspectiva romana que se van a dar cambios
y modificaciones en su concepción; construyéndose paulatinamente, a través de
posteriores contextos históricos, una categoría jurídica que poco a poco cobra
reconocimiento normativo expreso, tratamiento doctrinario y jurisprudencial. Es así, que
podemos encontrar, posteriormente, los antecedentes del debido proceso en la Carta
Magna de 1215, ordenamiento jurídico inglés; donde el rey Juan Sin Tierra entregó a los
nobles ingleses una garantía; que originariamente fue entendida como una garantía
procesal a la libertad. Todo ello se sustentaba en la «La w of the land» (derecho a la
tierra), contenida en la carta Magna de 1215. Configurándose posteriormente los
denominados «Charters» los cuales eran una protección que otorgaba la corona inglesa
para aquellos que tenían a su cargo la labor colonizadora.
Por otro lado, es preciso señalar que la concepción del debido proceso fue trasplantada a
las colonias inglesas y para ese entonces el debido proceso tenía dos características: Una
primera característica era entender al debido proceso como una garantía procesal de la
libertad personal, esto es, contra detenciones arbitrarias por parte del Estado; otra
segunda característica era además comprenderlo como una garantía frente a la voluntad
del monarca y de los jueces, mas no frente a la del parlamento .En este último punto se
debía incluir la protección de todo ciudadano frente a cualquier arbitrariedad de toda
autoridad en general .En ese sentido; es preciso aclarar que según Juan Linares al
incorporarse a las cartas coloniales sin mayores debates la garantía del debido proceso,
lo hace en el sentido de una garantía procesal (Linares , 1989)
Ahora bien; el debido proceso en el derecho inglés sólo amparaba a los nobles7• Sin
embargo, posteriormente, el debido proceso fue trasladado al ordenamiento jurídico
norteamericano logrando en éste un carácter general, pues, logró reconocimiento en la
Constitución Política Norteamericana, pero cabe indicar, que dicho reconocimiento fue
incorporado mediante dos enmiendas, pues el texto originario de la Constitución
Norteamericana, esto es ; el de Filadelfia de 1787, no contenía el derecho al debido
proceso (fue la V y XIV enmienda las que dieron lugar a dicha incorporación).La V
enmienda, hecha en 1791, estableció que: «ninguna persona será privada de su libertad
o propiedad sin el debido proceso legal» y la enmienda XIV, hecha en 1866, estableció
que: «ningún Estado privará a persona alguna de vida, libertad o propiedad, sin el
debido procedimiento legal, ni negará, dentro de su jurisdicción a persona alguna la
igual protección de las leyes». De modo que; aquí ya podemos vislumbrar, que la
diferencia entre la V y XIV enmienda reposa en el grado de reconocimiento de los
alcances de lo que progresivamente se va consolidando como un derecho al debido
proceso. (La XIV enmienda amplia los alcances de la V).
Sin embargo, tal como lo señala Chichizola, todo el reconocimiento que se le otorgó al
derecho al debido proceso, fue interpretado en un sentido lato, es decir, sólo como una
garantía procesal de la libertad; tener oportunidad a ser oído, defenderse, ofrecer
pruebas en procedimiento regular, conforme a las formas establecidas por ley y ante un
tribunal con jurisdicción. Pero más adelante la jurisprudencia norteamericana amplió su
alcance extendiendo la garantía del debido proceso al aspecto sustantivo; como un
medio de controlar la razonabilidad y proporcionalidad de las leyes, así como de todo
acto de quien imparte justicia
En virtud de ello, hoy podemos afirmar que fue la jurisprudencia de la Corte Federal
Norteamericana, la que le ha dado gran desarrollo y amplio los alcances a la garantía del
due process of law, tan es así que tal como lo señala CHICHIZOLA:
"[ ... ] ya a fines del siglo XIX la jurisprudencia estadounidense reconoció a la
garantía del debido proceso como una de las más importantes de la Constitución
de ese país. Su interpretación ha sido muy amplia y liberal, constituyendo una
eficaz protección a la libertad y de los demás derechos individuales contra todo
acto arbitrario de los poderes gubernamentales". (Chichizola, 1996)
Entonces; es tal su evolución que "la Carta Suprema estadounidense reconoce un doble
aspecto de la garantía del due process of law». Ambos aspectos se configuran como:
«las caras de una moneda, no se excluyen»
Definición
El debido proceso es un derecho fundamental contentivo de principios y garantías que
son indispensables de observar en diversos procedimientos para que se obtenga una
solución sustancialmente justa, requerida siempre dentro del marco del estado social,
democrático y de derecho. Es un derecho de toda persona a participar en un
procedimiento dirigido por unos sujetos con unas cualidades y funciones concretas,
desarrollado de conformidad con las normas preestablecidas en el ordenamiento
jurídico, en los que se debe decidir conforme al derecho sustancial preexistente, siempre
y cuando se dé la oportunidad de oír o escuchar a todos los sujetos que puedan ser
afectados con las resoluciones que allí se adopten.
El debido proceso tiene su origen en el due process of law anglosajón, se descompone
en: el debido proceso sustantivo, que protege a los ciudadanos de las leyes contrarias a
los derechos fundamentales y, el debido proceso adjetivo, referido a las garantías
procesales que aseguran los derechos fundamentales. Su incorporación al
constitucionalismo latinoamericano ha matizado sus raíces, señalando que el debido
proceso sustantivo se refiere a la necesidad de que las sentencias sean valiosas en sí
mismas, esto es, que sean razonables; mientras que el debido proceso adjetivo alude al
cumplimiento de ciertos recaudos formales, de trámite y de procedimiento, para llegar a
una solución judicial mediante la sentencia. Por su parte la doctrina y la jurisprudencia
nacionales han convenido en que el debido proceso es un derecho fundamental de toda
persona -peruana o extranjera, natural o jurídica- y no sólo un principio o derecho de
quienes ejercen la función jurisdiccional. En esa medida, el debido proceso comparte el
doble carácter de los derechos fundamentales: es un derecho subjetivo y particular
exigible por una persona y, es un derecho objetivo en tanto asume una dimensión
institucional a ser respetado por todos, debido a que lleva implícito los fines sociales y
colectivos de justicia. En ese entendido, el debido proceso en tanto derecho fundamental
con un doble carácter es oponible a todos los poderes del Estado e incluso a las personas
jurídicas. Por ello, el debido proceso de origen estrictamente judicial, se ha ido
extendiendo pacíficamente como debido procedimiento administrativo ante las
entidades estatales -civiles y militares- y debido proceso parlamentario ante las cámaras
legislativas, así como, debido proceso inter privatos aplicable al interior de las
instituciones privadas.
Contenido y Principios del debido proceso
El debido proceso es el derecho fundamental que tienen todas las personas (naturales y
jurídicas) a participar en procedimientos dirigidos por unos sujetos con unas
determinadas condiciones y cuyo desarrollo en su forma, en su decisión y en la
contradicción de los intervinientes deberá sujetarse a los lineamientos establecidos en
las normas jurídicas. Es un derecho fundamental que reclama de procedimientos
pluralistas y ampliamente participativos, en los que se asegure la igualdad y un debate
que permita la defensa de todos sus participantes. Dichos procedimientos, en los que
sólo podrá decidirse de fondo de conformidad con el derecho sustancial preexistente,
deberán ser desarrollados de conformidad con las formas preestablecidas en el
ordenamiento y estar dirigidos por terceros supraordenados, exclusivos, naturales,
imparciales e independientes. Lo anterior se comprende en dos grandes garantías: la
legalidad del juez y la legalidad de la audiencia. De esta forma, el debido proceso
integra los siguientes aspectos:
El derecho fundamental al juez director, exclusivo, natural o competente,
independiente e imparcial.
El derecho fundamental a la audiencia o a ser oído en un término razonable y en
igualdad de condiciones con los demás participantes.
El derecho fundamental a la forma previamente establecida en la ley procesal.
El derecho fundamental a que el proceso procese exclusivamente pretensión
procesal ajustada al derecho sustancial preexistente.
1. Legalidad del Juez
El debido proceso reclama de la observancia de varios principios procesales
relacionados con el sujeto director del proceso jurisdiccional. Se hace referencia a los
principios de: exclusividad y obligatoriedad de las decisiones judiciales deja por fuera la
atribución de funciones jurisdiccionales a órganos diversos al jurisdiccional); juez
competente de acuerdo a factores preestablecidos por la ley, de orden material,
territorial y funcional básicamente: juez tropos o director del proceso que rechaza la
presencia de jueces espectadores); y, finalmente, independencia e imparcialidad del
juzgador. La legalidad del juez se vincula con la idea de un juez con jurisdicción, cuya
aptitud para participar en el proceso se determina con los distintos factores de
competencia. “El principio del juez legal, su designación previa, es una de las normas
básicas de un procedimiento judicial digno del hombre (...) Se hace justicia al caso,
cuando los ordenamientos procesales han sido fijados previamente y previamente han
sido instituidas las personas”.
2. Principio de exclusividad de la Jurisdicción
Este principio consiste en el derecho del coasociado a que sus derechos sustantivos sean
actuados por jueces con jurisdicción; nadie puede ser sustraído a sus jueces
jurisdiccionales, por lo que se ha de prohibir cualquier tribunal excepcional. Se trata de
un principio que se analiza desde dos aspectos: el primero, como un derecho frente al
Estado para que cree los órganos e instrumentos indispensables para la prestación de la
jurisdicción- sin embargo, en la actualidad debe replantearse el concepto clásico de
jurisdicción que se ha asociado exclusivamente con los de Estado y soberanía, en
atención a las actividades procesales -no estatales- que se confrontan en el contexto del
derecho internacional14. El otro aspecto del principio hace referencia al derecho que los
justiciables tienen dentro del Estado para que la función de administrar justicia sólo sea
brindada por el sujeto que esté autorizado constitucionalmente para tal cometido.
3. Juez Natural
Este principio procesal se ha entendido como el derecho a un juez preconstituido por la
ley procesal para el conocimiento de determinado asunto. El maestro Luigi Ferrajoli
concibe el juez natural como una garantía por la que se protege el régimen de
competencias, entendiendo por competencia la medida de la jurisdicción” de que cada
juez es titular. Sostiene Ferrajoli que dicho principio “(...) impone que sea la ley la que
predetermine tales criterios de forma rígida y vinculante, de modo que resulte excluida
cualquier elección ex post factum del juez o tribunal a quien le sean confiadas las
causas”. El jurista italiano considera que dicho principio se manifiesta en las siguientes
tres realidades: a) la necesidad de un juez preconstituido por la ley: (b) la
inderogabilidad y la indisponibilidad de la competencia; y finalmente, c) la prohibición
de jueces extraordinarios y especiales Anota que dichas manifestaciones del principio
relerido se relacionan estrechamente con los principios de imparcialidad e igualdad, al
estar dirigidas a impedir intervenciones instrumentales de carácter individual o general
sobre la formación del juez, y para satisfacer los derechos de todos a tener los mismos
jueces y los mismos procesos.
4. Principio de Autoridad del Juez
El juez director del proceso, desde ese principio se rechaza la idea de un juez mero
espectador que no intervenga activamente en el proceso Se postula la presencia de un
juez que ordene, de un juez que impulse, de un juez que sanee y de un juez que cumpla
con la inmediación procesal sin que se desconozcan las posibilidades de participación
de los demás sujetos procesales. El proceso es un instrumento público que debe estar
dirigido por un sujeto que tiene unos poderes concretos en lo referente al cumplimiento
de los requisitos formales, a la obtención de la prueba y finalmente, en lo que
corresponde a la vigilancia de la ética propia del proceso. “Frente al juez-espectador,
impasible e inerme, se postula el aumento de los poderes del juez, en lo que respecta a
la dirección y conducción del proceso en la formación del material de cognición y en la
vigilancia de la conducta de los justiciables, enunciados cuya trascendencia se implica
en la transformación fundamental de las categorías del Derecho Procesal”.16 Aunque
las partes tengan el poder de impulso inicial del proceso, el juez debe asumir una
dirección activa del mismo. El director no sólo vigila la forma a título de despacho
saneador; también procura la obtención de una solución sustancialmente justa, en
atención a los autos para mejor proveer cuando existan limitaciones de orden
probatorio, e igualmente sus poderes de dirección le posibilitan el cumplimiento de la
ordenación, para prevenir cualquier conducta contraria a los principios que rigen el
proceso.
5. Imparcialidad del Juez
Se concibe como uno de los principios fundamentales para la obtención del derecho
justo. Este principio exige que el tercero director y supraordenado juez o equivalente
jurisdiccional participe de los intereses comunes de los sujetos procesales, lo que se
asegura por medio de la objetividad correspondiente a esta participación recíproca. Pero
debe precisarse que en la sentencia se denota cierta parcialidad si se tienen en cuenta las
consideraciones valorativas provenientes del sujeto director. No puede confundirse
imparcialidad con la noción ambigua de neutralidad Ésta supone taita de valoración y la
presencia de un juez espectador desposeído de poderes de dirección concretos como
sucede en materia probatoria. Según José Luis Vásquez Sotelo, catedrático de la
Universidad de Barcelona: “La imparcialidad no debe confundirse con la neutralidad.
Consiste la neutralidad en convertir al juez en un simple espectador de lo que pasa ante
él en un proceso, sin poder tomar iniciativas. Es el juez cruzado de brazos y con la boca
cerrada. La neutralidad es una exasperación de la imparcialidad Hoy, por el contrario,
se defiende que el juez, sin bajar a la arena del combate procesal, pueda tener en la
dirección del proceso y en la práctica de la prueba todas las facultades necesarias para
dictar sentencias justas”. La imparcialidad exige que el juez se abstenga de dirigir un
proceso y tomar una decisión en el mismo cuando falte la ajenidad, como lo precisa
Ferrajoli. Sólo desde la imparcialidad es posible asegurar que la igualdad de las partes
esté presente en el desarrollo del proceso. Imparcialidad es la ajenidad del juez a los
intereses de las partes en causa, toda vez que el referido director no debe tener interés en
una u otra solución de la controversia que debe resolver El juez juzga en nombre del
pueblo y no de la mayoría, contando con la confianza de los sujetos concretos que juzga
Ferrajoli afirma que el juez no debe tener interés personal, ni público o institucional.
6. Independencia Judicial
Significa que las instrucciones emitidas por el titular de la función jurisdiccional se
vinculan exclusivamente ton el ordenamiento jurídico, y no en los criterios de grupos de
presión, o en las pautas dadas por los poderes económicos, ni en los conceptos
proferidos por los demás órganos del poder público o jueces superiores. Dicho principio
se garantiza con los sistemas de nombramiento, permanencia y remoción; asegura,
desde un autogobierno no dependiente de otros entes estatales que la potestad
jurisdiccional se ejerza sin presiones de ninguna índole. El principio de la
independencia se desdobla en dos aristas- una externa y otra interna.
Desde el punto de vista exterior la independencia de la función judicial ejercida
por jueces singulares y colectivos, se afirma con la no intromisión de poderes
externos a ella, los que no pueden interferir en la actividad decisoria (p. ej. los
jueces no deben atender en sus decisiones las instrucciones emanadas del poder
ejecutivo, ni tampoco órdenes o consejos generados desde el órgano legislativo).
En cuanto a la independencia interna, se debe asegurar la autonomía del juicio,
no admitiendo interferencia de jerarquías internas dentro la propia organización
judicial. El juez resuelve con apoyo en el sistema de fuentes, aunque es
importante vincular la independencia interna con el principio de igualdad. Cada
vez cobra mayor importancia el precedente judicial como límite en la tarea de
aplicación y de interpretación. El juez debe actuar conforme al imperio de lo
normativo, pero su actuación no puede sacrificar el principio de igualdad como
en los casos del respeto que se debe a una decisión proferida por un alto tribunal
cuya función sea unificar la jurisprudencia nacional
El debido proceso en la normativa peruana
Ningún ordenamiento jurídico puede estar al margen de un tratamiento del debido
proceso. Por ello, somos de la opinión que es conveniente analizarlo en primer lugar
desde un acercamiento al texto constitucional, pues, es él quien refleja el grado de
reconocimiento de los derechos fundamentales, tales como el debido proceso, y sus
alcances en cuanto a protección. Más aun, el análisis que nos proponemos no sería
posible, sin considerar el tratamiento jurisprudencia que le viene dando al debido
proceso nuestro Tribunal Constitucional
1. La Constitución Política del Perú
En el artículo 139°, de nuestro actual Texto Constitucional, recoge bajo los
denominados principios y derechos de la función jurisdiccional una serie de elementos
considerados propios del debido proceso en su manifestación formal o procesal. Ello
lleva a inferir equivocadamente que el derecho al debido proceso, será vulnerado sólo
cuando se afecta las reglas formales previamente establecidas para el desarrollo de un
proceso, esto es que sólo habrá vulneración al debido proceso cuando se atente contra su
manifestación formal. Pues, esto encuentra una aparente justificación en cuanto nuestra
Constitución carece de prescripción expresa del debido proceso sustantivo.
2. Tratamiento jurisprudencial del Tribunal Constitucional
El Tribunal Constitucional Peruano, supremo intérprete de nuestra Carta Magna, parece
de alguna manera subsanar la indefinición del debido proceso, le da mayores alcances
en su aplicación y pone en evidencia el reconocimiento de las dos manifestaciones; la
formal y la sustantiva. Ello lo podemos corroborar en fallos que ha dado el Tribunal
Constitucional sobre el particular. Asienta una posición firme en cuanto les confiere
invocación válida a ámbitos distintos al judicial, tales como el de los procedimientos
administrativos o en las relaciones corporativas entre particulares. En ese sentido apunta
el pronunciamiento del Tribunal Constitucional en el caso Pedro Amillas quien
interpuso una Acción de Amparo contar el club Regatas Lima por considerar, que en el
curso del procedimiento instaurado ante su persona, la junta calificadora y de disciplina
del club le impuso la sanción máxima de su estatuto, fundándose sólo en las
declaraciones de dos trabajadores del club, sin que se le permitiera un careo con sus
acusadores "[ ... ] el respeto de las garantías del debido proceso, no puede soslayarse,
de modo que también son de aplicación en cualquier clase de proceso o procedimiento
privado [ ... ]"
Por otro lado, en cuanto a las dimensiones del debido proceso ambas han sido objeto de
pronunciamiento del Tribunal Constitucional. Particular mención merece la dimensión
sustantiva del debido proceso, porque, pese a que, en nuestra legislación vigente no ha
sido mencionado de manera expresa la obligatoriedad del principio de razonabilidad en
todo acto de poder, el Tribunal Constitucional recurre a lo señalado en nuestra
Constitución en la siguiente cláusula: "La enumeración de los derechos establecidos en
este capítulo no excluye los demás que la Constitución garantiza, ni otros de naturaleza
análoga o que se fundan en la dignidad del hombre o en los principios de soberanía del
pueblo, del Estado democrático de derecho y de la forma republicana de gobierno".37
En ese sentido apunta el pronunciamiento del Tribunal Constitucional en caso de
Miguel Chuqui quien interpone Acción de Amparo contra el Jefe de la Unidad de
Personal y otros funcionarios de la Municipalidad Distrital de Chorrillos, por violación
de sus derechos al debido proceso y a la igualdad ante la ley. Solicita, por tanto, se
declaren inaplicables la Resolución Jefatura N.0 001-2000-MDCH, de fecha 17 de
marzo de 2000, que lo sanciona con 30 días de suspensión sin goce de remuneración, y
la Resolución Jefatura N.0 002-2000-UPER-MDCH, de fecha 24 de abril de 2000, que
redujo la sanción a 20 días; consecuentemente, se ordene el pago de sus remuneraciones
dejadas de percibir durante los meses de abril y mayo, así como se anule el registro de la
sanción en su foja de servicio. Al respecto señala te Tribunal Constitucional en uno de
sus fundamentos:
"Este Tribunal tiene establecido en diversa jurisprudencia que, en el ejercicio de
la potestad sancionadora, los órganos de la administración pública están
obligados a respetar los derechos reconocidos en la Constitución. Esta
constricción se impone por las exigencias que se derivan del derecho al debido
proceso sustantivo, entre otras que el resultado de una sanción en el plano
administrativo no sólo debe ser consecuencia de que se respeten las garantías
formales propias de un procedimiento disciplinario, sino, además, de que sea
acorde con los principios de razonabilidad y proporcionalidad" (Accion de
Amparo , 2002)
Por ello, somos de la opinión que el Tribunal Constitucional concuerda en parte con la
posición de que el debido proceso, tal como lo señala GUTIERREZ: «constituye un
derecho constitucional innominado» y lo meritorio de la jurisprudencia que se analiza es
que confirma esta posición. Sin embargo, cabe señalar que es un derecho innominado en
parte, ya que es la manifestación sustantiva la que no tiene referencia expresa en nuestra
Constitución Política de 1993 Además, podemos agregar que al ser la dignidad el
sustento de nuestro ordenamiento jurídico y estar consagrada en nuestra Carta Magna de
la siguiente manera: «La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son
el fin supremo de la sociedad y del Estado». Permite al Tribunal Constitucional
entender al debido proceso como un derecho con reconocimiento tácito o innominado
pues, esto está circunscrito al cumplimiento de dicho fin.
El debido proceso como derecho
El debido proceso o proceso justo es un derecho fundamental que tiene su escenario
natural de aplicación en todo tipo de proceso o procedimiento en donde estén en
discusión o sean objeto de controversia los derechos e intereses de cualquier persona.
De ahí que todos los instrumentos de derechos humanos lo reconozcan y garanticen,
como el artículo 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos que lo
reconoce bajo el nombre de “garantías judiciales”.
Como derecho fundamental, el debido proceso no se agota en las reglas procesales
establecidas en los códigos procesales, sino que los supera y, es más, condiciona su
validez. De ahí que, siendo un derecho fundamental reconocido en la Constitución de
1993 (artículo 139.3) el mismo se constituye en un parámetro de validez de los códigos
procesales. Por ello, resulta de sumo interés repasar brevemente sus principales
características, con la finalidad de coadyuvar a una mejor comprensión del mismo de
cara a su aplicación práctica.
1. Derecho fundamental de contenido complejo
Se ha señalado con acierto que el debido proceso es un derecho que tiene un contenido
complejo. Al respecto, debemos recordar que todo derecho fundamental tiene un
contenido, esto es un conjunto de facultades que tiene el titular del derecho y que puede
ejercer frente a otros y exigir de estos su respeto (Estado y otros privados) y también su
promoción y protección (del Estado).
Todos los derechos fundamentales (libertad de expresión, propiedad, honor, intimidad,
trabajo, pensión, etc.) tienen un contenido más o menos preciso y delimitado, no
obstante, el debido proceso es un derecho complejo porque el mismo contiene otros
derechos y principios (como los derechos de defensa, motivación, pluralidad de
instancias, procedimiento predeterminado, razonabilidad y proporcionalidad, etc.).
Asimismo, es complejo porque su contenido tiene un carácter abierto, dado que en cada
caso concreto se pueden identificar nuevos contenidos del debido proceso y el mismo
no se agota en los derechos que ya se encuentran reconocidos en el derecho positivo. En
relación con el derecho de defensa, por ejemplo, se tiene que el mismo comprende en
principio los derechos de contradicción y a contar con una asistencia letrada, pero que
por la casuística se ha ido reconociendo que para ejercer una adecuada defensa se debe
contar con un plazo razonable para elaborarla, conocimiento claro y preciso de la
imputación en casos que conlleve condenas penales o sanciones administrativas, la
asistencia letrada debe ser adecuada y si el imputado/demandado no se comunica en el
idioma oficial, se debe proporcionar un traductor para coadyuvar al conocimiento de los
cargos o imputaciones.
Por otro lado, en nuestro ordenamiento por la labor del Tribunal Constitucional se ha
reconocido una serie de derechos denominados implícitos o no enumerados que se
integran al debido proceso, tales como los derechos a la verdad, al plazo razonable de
duración de los procesos o el derecho a no ser procesado o sancionado por los mismos
hechos dos veces (ne bis in ídem).
2. Su ámbito de aplicación es transversal a todo tipo de proceso o
procedimiento
El derecho al debido proceso suele ser entendido como un derecho que se exige solo
frente al Estado o incluso solo frente a los jueces, dado que, el proceso judicial es su
ámbito natural de aplicación por excelencia. No obstante, lo anterior sin dejar de ser
cierto, es claramente incompleto, dado que el ámbito de aplicación del debido proceso
excede ampliamente el escenario judicial e incluso el ámbito del derecho público, ya
que el mismo resulta exigible también ante los privados.
Al respecto, podemos señalar que las reglas previstas para el cese del vínculo laboral,
previstas en la legislación laboral de la actividad privada, consistente en que el
empleador realice la imputación de una falta grave y otorgue un plazo máximo de 6 días
hábiles para que el trabajador pueda efectuar sus descargos, son claramente algunas
reglas que garantizan el derecho al debido proceso frente al cese del vínculo laboral
(específicamente el derecho a conocer los cargos y el derecho de defensa).
No obstante, estas reglas deben complementarse con el de acceso del trabajador a los
medios de prueba que sustentan la imputación, así como a los medios de prueba que
puedan sustentar su defensa, y que la decisión de cese del vínculo se encuentre
debidamente motivada. Si no se respetan estos derechos (defensa, prueba, motivación),
estaremos frente a un procedimiento de cese de vínculo laboral que resulta incompatible
con el derecho al debido proceso y que, por ende, determina su inconstitucionalidad y la
reposición del trabajador despedido.
3. Derecho fundamental de configuración legal y respeto a su contenido
esencial
El derecho al debido proceso si bien tiene un contenido amplio, conceptualmente se
entiende como aquel derecho que exige que cualquier proceso o procedimiento se
desarrolle respetando los derechos que lo integran y que el resultado de los mismos se
ajuste a los estándares de una decisión justa, es decir, no arbitraria, desproporcionada o
irrazonable.
Debido a esta amplitud, en cuanto concepto y en cuanto a su contenido, es que el debido
proceso, así como los derechos y principios que lo integran requieren de la ayuda del
legislador para que sean efectivos y eficaces en la práctica. Esto significa que el debido
proceso es un derecho de configuración legal. No obstante, eso no quiere decir que el
mismo se halle supeditado a la ley, sino que, al contrario, es la ley la que se encuentra
condicionada por el derecho al debido proceso. Dado que el desarrollo legal del debido
proceso debe respetar el contenido esencial de los derechos que lo integran.
En dicho sentido, por ejemplo, todos los códigos procesales establecen la forma en que
se ejercerá el derecho de defensa, estableciendo formalidades, plazos para ejercerlo,
recursos e instancias; en el caso del derecho a la debida motivación de las resoluciones
judiciales, usualmente los códigos han establecido que los jueces deben dar cuenta de
los hechos de la controversia, así como las consideraciones jurídicas que sustentan la
decisión, etc.
Ahora bien, esta regulación legal no debería impedir u obstaculizar el ejercicio de los
derechos que integran el debido proceso o desnaturalizar sus principios
(proporcionalidad, razonabilidad e interdicción de la arbitrariedad). De ahí que, si el
legislador establece requisitos legales excesivamente formalistas, estos pueden ser
inaplicados por los jueces para optimizar el ejercicio del derecho afectado o limitado.
Esto ha sucedido en el ámbito administrativo cuando se exigía el pago de una tasa para
que los administrados pudieran interponer algún recurso administrativo, requisito que
fue declarado inconstitucional por el Tribunal Constitucional por ser contrario a los
derechos de defensa y a la pluralidad de instancias (sentencia del Exp.
3741-2004-PA/TC).
4. Es un derecho cuyo contenido se adapta a las particularidades del proceso
o procedimiento.
El debido proceso al ser un derecho con un ámbito de aplicación bastante amplio
conlleva que sus exigencias no sean las mismas, sino que se adapten a los fines del
proceso o procedimiento, siempre que se respete el contenido esencial de los derechos
que lo integran. Al respecto, podemos tomar como referencia el procedimiento de
investigación que se desarrolla por parte de las comisiones investigadoras del Congreso
de la República.
Cuando Alan García cuestionó la investigación que desarrollaba la llamada
megacomisión presidida por el entonces congresista Sergio Tejada, los jueces
constitucionales aplicaron al mismo un entendimiento estricto y muy exigente del
debido proceso. No se tuvo en cuenta la finalidad de la investigación congresal y la
consecuencia de su informe final en los derechos del investigado, y se lo equiparó a una
investigación de carácter penal. Tal comprensión estricta del debido proceso en sede de
investigación parlamentaria, fue abandonada por el Tribunal Constitucional en el caso
de Alejandro Toledo, cuando pretendió hacer lo mismo que García (sentencia del Exp,
4968-2014-PHC/TC).
Esta adaptabilidad del debido proceso también se presenta en el ámbito de los
procedimientos administrativo, cuando algunos contemplan un recurso de revisión (de
alcance nacional) y otros no para dar por agotada la vía administrativa. En igual sentido,
el proceso judicial que se ha establecido para hacer frente a los casos de violencia, que
presenta características particulares en donde, de forma sumarísima, se deben emitir
disposiciones para garantizar la integridad de la víctima de las agresiones y luego se da
pie a una investigación fiscal para establecer responsabilidades penales. Esto depende,
en última instancia, de los fines constitucionales del proceso o procedimiento de que se
trate.
5. Es un derecho fundamental con dos dimensiones: debido proceso formal-
procesal y debido proceso sustantivo-material
El derecho al debido proceso no se agota en una comprensión meramente procesal-
formal de su contenido, sino que tiene además una comprensión sustantiva-material,
dado que el debido proceso garantiza que lo que se decida no sea materialmente injusto,
irrazonable o arbitrario, por el contrario, el resultado de todo proceso o procedimiento
además de respetar los derechos procesales que integran el debido proceso, deben
ajustarse a los estándares de razonabilidad y proporcionalidad, de modo tal que dicha
decisión no pueda ser calificada de arbitraria.
De ahí que los principios de interdicción de la arbitrariedad, razonabilidad y
proporcionalidad, resultan esenciales para tener una comprensión constitucionalmente
adecuada del debido proceso. Inicialmente, se consideraba arbitraria una decisión que
no estuviera debidamente motivada, pero con el tiempo, se ha ido extendiendo la
dimensión sustantiva del debido proceso, a fin de que en el mismo se considere que una
decisión no puede ser desproporcionada. Por ejemplo, el Tribunal Constitucional
declaró la nulidad de una sentencia laboral al considerar que esta aprobó una
desproporcional liquidación de intereses legales por beneficios sociales lo que constituía
una intervención arbitraria en el derecho de propiedad de la empresa demandante
(sentencia del Exp. 00665-2007-PA/TC).
Conclusión
Diversos juristas coinciden en precisar que el debido proceso es un principio
fundamental, en cuyo escenario se respetan los derechos y garantías procesales,
para asegurar un correcto juicio a las partes procesales, en donde se concluye con
sentencia que puede ser de carácter condenatoria o absolutoria, es decir en un
proceso judicial existe un perdedor y un ganador, por lo que la judicatura
nacional propende es que aún el justiciable que pierda un proceso judicial,
entienda que su juicio fue justo y transparente, es decir respetando el debido
proceso.
Bibliografía
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2002).
Chichizola, M. (1996). Las garantías del debido proceso. Materiales de enseñanza,. Lima:
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