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Vida Jurídica y Valores Humanos

El documento resume la relación entre la vida humana, el derecho y los valores humanos. Explica que la vida humana no se refiere solo a la vida biológica, sino a todo lo que hacemos y nos ocurre, y que constituye nuestra existencia. También describe que la vida humana implica un hacerse a sí misma constantemente, ya que no está predeterminada y requiere tomar decisiones sobre nuestro futuro en cada momento. Finalmente, señala que el derecho protege valores como el respeto a la vida e integridad humana, la libertad, la educación y
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Vida Jurídica y Valores Humanos

El documento resume la relación entre la vida humana, el derecho y los valores humanos. Explica que la vida humana no se refiere solo a la vida biológica, sino a todo lo que hacemos y nos ocurre, y que constituye nuestra existencia. También describe que la vida humana implica un hacerse a sí misma constantemente, ya que no está predeterminada y requiere tomar decisiones sobre nuestro futuro en cada momento. Finalmente, señala que el derecho protege valores como el respeto a la vida e integridad humana, la libertad, la educación y
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE PIURA

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS

“AÑO DEL FORTALECIMIENTO DE LA SOBERANÍA NACIONAL”

TEMA:
LA VIDA JURÍDICA Y HUMANA Y EL DERECHO Y LOS VALORES HUMANOS

CURSO:
Deontología Forense
DOCENTE:
Dr. Oscar Vilela Vargas
ALUMNA:
Urbina Chapilliquen Rocio de Abril

PIURA- PERÚ
INDICE

INTRODUCCIÓN

LA VIDA JURÍDICA Y LA VIDA HUMANA, DERECHO Y LOS VALORES HUMANOS

1. LA VIDA HUMANA Y JURIDICA .......................................................................... 4

EL INICIO DE LA VIDA DEL SER HUMANO ........................................................................ 8

LA VIDA COMO DERECHO FUNDAMENTAL DE LAS PERSONAS ............................. 9

2. DERECHO Y LOS VALORES HUMANOS ............................................................ 14

LOS VALORES HUMANOS .................................................................................................... 14

LOS CINCO VALORES QUE NOS HACEN HUMANOS ................................................. 14


INTRODUCCIÓN
El derecho comprende una doble vertiente axiológica, ya que al lado de la significación

que tiene la existencia misma del derecho en una comunidad, en razón de que ordena

las conductas sociales y genera seguridad e igualdad jurídicas, es conducto y garantía de

otros altos valores, precisamente para cuyo servicio el derecho prescribe una ordenación

social, y produce seguridad jurídica y equidad. El orden, la seguridad y la igualdad

jurídicas tienen carácter instrumental, porque con ellos el Derecho crea un espacio social

de paz, de libertad y de igualdad, pero solo adquieren sentido en función de unos,

distintos, valores superiores. Así, el otro aspecto axiológico del derecho deriva de estos

principios, que lo orientan y proporcionan la razón de ser del orden, de la seguridad y

de la equidad, las que Derecho provee. Los valores que primeramente asegura el derecho

dan a este su validez formal, pero conviene insistir en que estos solo adquieren su

trascendencia a la luz de otros, los que le dan sentido, entre estos están el respeto a la

vida e integridad humana, la libertad, la educación, la salud y el bienestar social.


LA VIDA JURÍDICA Y LA VIDA HUMANA, DERECHO Y LOS VALORES HUMANOS

1. LA VIDA HUMANA Y JURIDICA

La vida humana es la realidad primera y radical y a la vez la base y ámbito de todos

los otros seres y la clave para la explicación de éstos, al hablar de vida humana no me

refiero en modo alguno a la vida biológica, sino al concepto de vida en la acepción en

que se usa cuando hablamos de biografía, es decir, como aquello que hacemos y nos

ocurre.

La vida humana en este sentido es lo más obvio. Constituye nuestra propia existencia, la

de cada uno; todo cuanto hacemos, deseamos, pensamos, y nos ocurre. La vida humana

se ha convertido, desde hace algo más de dos lustros, en objeto de una meditación

filosófica central. Cierto que desde que la conciencia despuntó en Occidente la Filosofía,

hace veinticinco siglos, la vida humana aparece en alguna manera como objeto de

meditación; pero no como tema metafísico fundamental. Lo que el humanismo

trascendental ha descubierto es que la vida constituye no sólo una realidad distinta de

todas las demás realidades, sino que es la realidad radical, primaria, básica y que además

es el fundamento y la explicación de todo lo demás; pues todo lo demás es en la vida

humana. Y a la luz de este descubrimiento y se inaugura toda una nueva filosofía, que

significa formidable progreso en la historia del pensamiento, y cuya elaboración se nos

depara como tema de nuestra época.

¿Qué es nuestra vida?, nos preguntamos por la presencia directa de eso que llamamos

vida. Vivir es lo que somos y lo que hacemos; es lo que está más próximo a nosotros.

Nuestra vida es todo lo que nos ocurre y hacemos en cada instante; y, por ende, está

compuesta de una serie de sucesos, muchos de los cuales -acaso la mayor parte- parecen
humildes o triviales. Cierto que, a veces, la vida parece tomar tensión, encabritarse,

concentrarse, densificarse. Pero tan vida son esos momentos dramáticos, como los

minutos vulgares.

Vida es todo lo que hacemos; pero eso no sería vida si no nos diéramos cuenta de que

lo hacemos. Es la vida una realidad de peculiarísima condición, que tiene el privilegio de

darse cuenta de sí misma, de saberse. Pero este saberse no es un conocimiento

intelectual, sino ese carácter de presencia inmediata de la vida para cada cual. Sentirse,

darse cuenta, verse, es el primer atributo de la vida. La vida es pues intimidad con

nosotros mismos, un saberse y darse cuenta de sí misma, un asistir a sí misma y un tomar

posesión de sí misma. Vivir es encontrarnos en un mundo de cosas, que nos sirven o que

se nos oponen, que nos atraen o que repelemos, que amamos u odiamos; es

encontrarnos en un mundo de cosas ocupándonos de ellas. Así, pues, la vida consiste en

la compresencia, en la coexistencia del yo con un mundo, de un mundo conmigo, como

elementos inseparables, inescindibles, correlativos. Por qué yo no soy, si no tengo un

mundo de que ocuparme, si no hay cosas que pensar, que sentir, que desear, que repeler,

que conservar, que transformar, o que destruir. Pero tampoco tiene sentido que yo hable

de un mundo como independiente de mí, porque yo soy el testigo del mundo. Para que

tenga sentido hablar del mundo es preciso que yo exista con él; y que exista yo, no sólo

a manera de una de sus partes o ingredientes, sino como garantía de su existencia. Hablar

del mundo independiente de mí es invención, fabricación o hipótesis intelectual, pero de

ninguna manera una realidad dada. Lo dado radicalmente es el mundo testificado por

mí.
Encontramos la vida cuando nos encontramos a nosotros mismos con el mundo, al

mundo con nosotros, en inseparable compañía. Y ¿quién es el yo? «El yo no es

ciertamente una cosa; no es mi cuerpo, pero tampoco es mi alma, conciencia o carácter,

pues yo tengo que vivir con estos elementos; el yo se ha encontrado con estas cosas

corporales y psíquicas y vive con ellas, mediante ellas; es el que tiene que vivir con las

cosas, entre las cosas, de las cuales hay unas, su cuerpo y su psiquismo, que tienen una

mayor proximidad.

Pero la vida no queda caracterizada solamente como un saberse, como un pensarse a sí

misma; sino que además hay que añadir fundamentalmente que consiste en un hacerse a

sí misma. La vida no es un ser ya hecho, ni tampoco un objeto con trayectoria

predeterminada; la vida no tiene una realidad ya hecha como la piedra, ni tampoco una

ruta prefijada como la órbita del astro o el desarrollo del ciclo vegetativo de la planta. Es

todo lo contrario; es algo completamente diverso: es un hacerse a sí misma, porque la

vida no nos es dada hecha; es tarea; tenemos que hacérnosla en cada instante. Y esto no

sólo en los casos de conflictos graves, sino siempre, en todo momento. Vivimos

sosteniéndonos a nosotros mismos, llevando en peso nuestra propia vida, que, en cada

instante, se halla en la forzosidad de resolver el problema de sí misma. Una vida que

simplemente se viera a sí misma, como sería la de una bala que tuviera conciencia, no

sería vida, porque no tendría que hacerse a sí misma. Y si bien no nos es dado escoger

el mundo en que va a hacerse nuestra vida y ésta es su dimensión de fatalidad, nos

encontramos siempre con un cierto margen, con un horizonte vital de posibilidades y

ésta es su dimensión de libertad (pues en el peor y más apretado de los casos, quedarán

por lo menos dos posibilidades: aceptar un destino inexorable o marcharnos de la vida).

La vida es siempre un hacer algo, algo concreto, positivo o negativo pues el no hacer
nada es en definitiva también un hacer vital, un decidirse por una de las posibilidades. Y

el hacer vital consiste en un determinar qué voy a ser, qué voy a hacer en el próximo

instante; la vida consiste en un tener que decidir en cada momento lo que vamos a ser

en el siguiente, en un hacerse a sí mismo resolviendo en cada instante su futuro. Vivir es

cabalmente estar ocupados en algo, preocupados; vivir es tener planteado

constantemente el problema de sí mismo y tener que irlo resolviendo en cada momento.

Nuestra vida es decidir nuestro hacer, decidir sobre sí misma, decidir lo que vamos a ser;

por tanto, consiste en ser lo que aun no somos; en empezar por ser futuro; en ocuparnos

de lo que hemos de hacer, o lo que es lo mismo, en pre-ocuparnos. Vivir es realizar un

proyecto de existencia, es un quehacer, una sucesión y una simultaneidad de hacerse.

Ahora bien, nótese que el hacer humano, como tal, no consiste en la

actividad de sus procesos fisiológicos, ni tampoco en la de sus mecanismos psíquicos (de

imaginación, percepción, pensamiento, emoción, voluntad, etc.). Tanto esos mecanismos

psíquicos, como los resortes corporales, son meros instrumentos con los cuales el

hombre efectúa sus haceres. La esencia del hacer, de todos los humanos haceres, no

está en los instrumentos anímicos y fisiológicos que intervienen en la actividad, sino en

la decisión del sujeto, en su determinación, en un puro querer, previo al mismo

mecanismo volitivo. Ese puro querer, esa determinación radical y primera, pone en

funcionamiento los mecanismos, las actividades de que el hombre dispone (su

imaginación, su voluntad, sus brazos, etc.). Tanto es así que no se confunde el hacer

humano, con sus medios o instrumentos-, que decimos: ponerme a razonar, ponerme a

imaginar, ponerme a andar, etc. Lo que radicalmente procede de mí, es el ponerme a

hacer todas esas cosas, y no esas cosas (el razonamiento, la imaginación, el andar, etc.)

que son mecanismos, actividades, instrumentos. La vida radica en la decisión mía.


 EL INICIO DE LA VIDA DEL SER HUMANO

La vida inicia en el momento de la concepción, esto es con la unión del óvulo con el

espermatozoide, unión que da vida a una nueva célula que es el cigoto, comenzando así

el desarrollo embrionario. Esta nueva célula posee 46 cromosomas y un patrimonio

genético único, diferente de sus progenitores, con capacidad autogobernable y

totipotencial; y, desde este momento, el ser que está por nacer, se acoge a la garantía

constitucional de protección del derecho a la vida y su vulneración se encuentra

sancionada por las leyes penales de varios países.

Así, la mayoría de códigos penales contemplan al aborto como un delito contra la vida,

con las excepciones que la misma ley establece. Por lo tanto, este ser merece la

protección jurídico-penal, pues la vida humana es el más alto de todos los bienes

jurídicos y nuestras leyes castigan severamente su destrucción.

Vemos que la vida no es algo que se da por sí mismo, no existe por sí sola. Ésta comienza

en el estado embrionario en donde aparece un nuevo ser, único, irrepetible, autónomo,

con un código genético propio, aunque todavía dependiente. Pues la vida no pasa por

diferentes etapas donde vale más o menos, según la utilidad social del individuo. La

vida humana vale por esa dignidad intrínseca de la persona. Los derechos humanos son

propios del hombre. Cada individuo nace con ellos, están allí desde que hay vida

humana y por los tanto todos y todas tenemos la obligación de respetarlos. Como

podemos evidenciar de lo anotado anteriormente, la protección del derecho a la vida es

uno de los objetivos principales de los cuales se deben ocupar el sistema internacional

de derechos humanos. La vida de cada ser humano debe ser respetada desde la
concepción, ya que aquí comienza ésta. La protección de la vida del no nacido y del

nacido debe ser un elemento clave de este sistema.

 LA VIDA COMO DERECHO FUNDAMENTAL DE LAS PERSONAS

El derecho a la vida es una de las garantías constitucionales absolutas, el primer

derecho, el más natural, por lo tanto una de las formas de garantizar este derecho es la

debida penalización para quienes intenten, siquiera, violentarlo. Del derecho a la vida

depende la posibilidad de gozar y ejercer los restantes derechos. “El derecho a la vida es

un derecho humano fundamental, cuyo goce es un prerrequisito para el disfrute de todos

los demás derechos humanos. De no ser respetado, todos los derechos carecen de

sentido. En razón del carácter fundamental del derecho a la vida, no son admisibles

enfoques restrictivos del mismo”

El derecho a la vida es un bien natural, que todos intuyen por instinto, es un

derecho innato. El derecho a la vida constituye el soporte físico de los demás derechos

fundamentales, ya que si este derecho es violentado, desaparece el titular del mismo. Por

lo tanto es deber del Estado proteger la vida humana frente a cualquier agresión de los

individuos y sancionar severamente a todas las personas que atenten contra este

derecho.

El derecho a la vida, es el derecho a la propia existencia, física y biológica, de

las personas naturales, es un derecho individual del que somos titulares todos los seres

humanos, derecho que está reconocido por los principales instrumentos de derechos

humanos y por el Estado, por lo tanto, le compete a éste deberes muy importantes para

conseguir que el ejercicio efectivo de ese derecho no sea conculcado. Georg Hermes,

manifiesta: “Al Estado, a través de sus instituciones, corresponde exclusivamente deberes


de respeto y de tutela, que presentan los rasgos de un deber negativo y positivo,

respectivamente”.

En cuanto al deber negativo, el más importante que tiene el Estado, es el de

respetar el derecho a la vida como valor objetivo de todos los individuos, sin

discriminación alguna. Por lo tanto el Estado jamás ordenará actos de violencia, maltrato,

tortura, genocidios, asesinatos, o cualquier otro acto que atente contra los derechos de

las personas

Al hablar del deber positivo del Estado, estamos frente al deber de la protección

del derecho a la vida. Para ello utiliza los diferentes medios jurídicos, como: leyes,

órganos de administración de justicia o de protección de derechos. Pues, todas las

sociedades civilizadas protegen la vida al amparo del Derecho. Por lo tanto, es también

deber del Estado castigar a los culpables que atentan contra los derechos fundamentales

e imponerles las penas establecidas en el ordenamiento jurídico, como una de las

medidas más eficaces para lograr la protección de los bienes jurídicos. “La preocupación

más intensa en los últimos decenios se ha dirigido a establecer todos los mecanismos

jurídicos y políticos posibles para garantizar el respeto a esos derechos humanos y ha

llevado a constitucionalizarlos, a convertirlos en preceptos del máximo rango normativo –

aunque no siempre -, esto es, en derecho positivo”. Como hemos dicho, el derecho a la

vida es un derecho supremo, uno de los derechos humanos más importantes, reconocido

positivamente por los ordenamientos jurídicos, por las constituciones de la mayoría de

países y por los tratados y convenios internacionales. El derecho a la vida es un derecho

subjetivo, que corresponde a la persona misma y que por tanto merece una absoluta

protección; y dentro del término persona, se encuentra también el nasciturus. “Resulta


absurdo negar carácter de persona a un ser humano, e igualmente absurdo negar carácter

de ser humano al que inicia, una vez concebido, el proceso de gestación, que culmina en

el parto y que prosigue después de él hasta alcanzar las distintas etapas en que se suele

dividir la vida humana”.

El derecho a la vida existe desde que hay vida misma y mientras ésta dura, en

este transcurso podemos exigir que se respete ese derecho y que se dé las garantías

necesarias para impedir que cualquier acción u omisión vulnere o viole este derecho. Si

consideramos el derecho a la vida desde una perspectiva biológica objetiva, tenemos

que este derecho no incluye otros derechos fundamentales como la libertad, el honor, la

dignidad, la integridad física, la salud, la alimentación, la educación, etc., derechos que

condicionan la calidad de vida; pero que son sumamente importantes para vivir una vida

digna, por lo tanto este “vivir” requiere de bienes, especialmente de carácter

económico, “… se desprenden del derecho sustancial a la vida una serie de derechos y

garantías que van desde la salud hasta el medio ambiente”.

Como lo había indicado en líneas anteriores, el derecho a la vida, incluye su preservación,

desde el inicio de la vida hasta su terminación. El tratadista Carlos María Romero

Casabona, al respecto, manifiesta: “De ahí también que sea del máximo interés determinar

a partir de qué momento podemos afirmar su existencia y a partir de cuál tal vida ha

cesado, para conocer así al mismo tiempo hasta dónde ha de extenderse su respeto y su

protección como derecho y, en su caso, como bien jurídico”.

Todo ser humano tiene derecho a la vida y a la integridad física, desde su

concepción, por lo tanto se exige a todo ser humano el respeto y protección de la vida,

ya que ésta constituye un derecho fundamental irrevocable, inviolable, sin excepción


alguna. “Por eso, se señala que el período en que los derechos son patrimonio de la persona

o del ser humano abarcan desde el primer momento de su existencia hasta al último. El

contenido de ese derecho comprende la vida física en su totalidad; de ahí el apelativo de

la «integridad», porque ésta pertenece por igual al derecho fundamental”

La vida es un derecho fundamental, consagrado en las Cartas Magnas de los diferentes

países, y en todas las legislaciones a nivel mundial, se trata de un derecho que precede

a los restantes derechos, ya que es la condición de posibilidad de los demás, debido a

que si desaparece el titular del derecho a la vida, desaparece cualquier otro derecho

posible. Como decíamos, el derecho a la vida es inviolable, lo que significa que no se

acepta excepción alguna; la inviolabilidad se relaciona con la ley que ampara

jurídicamente este derecho y lo protege frente a cualquier agresión de las personas o de

la sociedad, es decir se tutela este derecho tanto en el área privada como en la pública,

a fin de cubrir la dimensión personal referida. Por tanto debe respetarse dicha

inviolabilidad, pues el derecho a la vida está reconocido como un principio indiscutible,

de lo contrario no podríamos hablar de un estado de derecho. “No reconocer el valor del

carácter universal de la vida humana equivaldría a negar la superioridad de la persona

frente a los demás seres, que configuran su entorno”. El derecho a la vida abarca a todos

los seres humanos sin distinción de raza, sexo, religión, posición política o económica o

cualquier otra condición social. El derecho a la vida es universal y es el origen de todos

los demás valores humanos. Los demás derechos derivan del derecho a la vida que es

el fundamental y está ligado directamente con la dignidad de las personas, ya que la

dignidad es base de todo derecho, en especial del derecho a la vida.


Podemos acotar que teóricamente se ha conseguido que se respete ese derecho a la

vida ya que, como decíamos anteriormente, este derecho se encuentra consagrado en la

gran mayoría de leyes de todos los países del mundo, sin embargo, lamentablemente,

en la práctica no se cumple, porque igualmente, existen un sinnúmero de actos (acciones

u omisiones) tendientes a vulnerar este derecho o a privar de la vida a los seres

humanos. Entre uno de estos actos tenemos la legalización del aborto y la pena de

muerte.

Se insiste, entonces, que es deber del Estado o de los Estados proteger la vida humana

frente a agresiones de los particulares, y no sólo protegerla, sino no lesionarla por sí

mismo, es decir tiene un deber positivo de protección y un deber negativo de abstención;

y es justamente la Constitución quien debe impedir que el Estado legalice o permita el

atentado contra la vida, y, vemos que en la mayoría de países se cumple con este

principio ya que han abolido la pena de muerte, constitucionalizándose, así, el derecho

más fundamental de todos los reconocidos por la Constitución, y la base de cualquier

otro derecho. Pues, entonces, como decíamos, en caso de que se realicen actos

tendientes a vulnerar el derecho a la vida, el Estado, a través de sus leyes, debe prever

sanciones penales para los responsables de dichos actos.

Así, las garantías del derecho a la vida consagrado en la Constitución se desarrollan en

el Código Penal que establece las sanciones para todo atentado contra la vida en los

delitos de homicidio, asesinato y aborto.

El tratadista Luis María Díez-Picazo manifiesta: “el derecho a la vida se traduce en

la imposición de ciertos deberes al Estado, entendido en su sentido amplio de conjunto de


los poderes públicos: el deber de no lesionar por sí mismo la vida humana y el deber de

proteger efectivamente la vida humana frente a agresiones de los particulares”.

2. DERECHO Y LOS VALORES HUMANOS

 LOS VALORES HUMANOS

Los valores del ser humano son ideas que conforman una ética y una moral

compartida por gran parte de las culturas que existen en el planeta sobre lo que es bueno

y correcto. Por supuesto, eso no significa que no haya costumbres y tradiciones distintas

a lo largo y ancho del globo, pero aceptamos que existen una serie de valores que son

universales y que es necesario promoverlos.

Los valores del ser humano son positivos en sí mismos por varias razones:

 Los valores humanos nos permiten reconocernos a nosotros mismos y aspirar a

ser mejores personas.

 Configuran la forma en la que relacionamos nuestra forma de pensar con nuestra

forma de actuar, y te ofrecen medios a través de la que vivir conforme piensas.

 Saber qué valores humanos te mueven también te ayuda a establecer prioridades

en tu vida: qué trabajo elegir, cómo educar a tus hijos, qué actividades te llenan

más…

¿Pero cuáles son aquellos valores humanos más importantes dentro de esa larguísima

lista cuya extensión es difícil de acotar? ¿La bondad?, ¿la aceptación?, ¿el altruismo?, ¿la

solidaridad?

 LOS CINCO VALORES QUE NOS HACEN HUMANOS


Muchos de estos valores están interrelacionados entre sí: ¿se puede entender la gratitud

sin la empatía?, ¿o la empatía sin la sensibilidad? Quizá la humildad es el germen de la

paciencia, ¿o a la inversa? Por lo tanto, te pedimos que acojas esta pequeña lista

de valores del ser humano como un medio y no como un fin en sí mismo.

Y ahora sí. Aquí están los cinco valores que creemos que caracterizan a un ser humano:

 Honestidad: Ser honestos lleva dentro la semilla de la bondad, del respeto, del

ser dentro de un grupo mucho más grande que uno mismo. La honestidad nos

obliga a ser sinceros con las personas de nuestro alrededor, a tender puentes y

descubrir que siempre nos une más de lo que nos separa, y, sobre todo, a ser

honestos con nosotros mismos.

La honestidad también nos abre muchas de las vías que nos vinculan a la ayuda

social, a las acciones de solidaridad con nuestra comunidad o con otras, y a

comprender cuál es nuestro lugar en el mundo y qué podemos hacer para ayudar

a otras personas.

 Sensibilidad: Trabajar la sensibilidad es defender la importancia de la empatía,

de ponerse en los pies del otro, de ser sensibles ante los problemas que sienten

y padecen otras personas en el mundo entero. A través de este valor que nos

hace humanos podemos establecer estrategias para ayudar a terceros, pero antes

de todo esto, poder decirles a esas personas que sufren: “No sé si puedo entender

todo lo que estás pasando, pero siento que lo estés pasando mal y quiero

ayudarte.” Sin sensibilidad, el trabajo humano que nace en el seno de nuestra

entidad o cualquier otra ONG no podría ser efectivo, y tampoco ninguna relación

humana.
 Gratitud: Si bien el amor es un valor más universal, la gratitud es el sentimiento

a través del que canalizamos gran parte del primero. Las personas que se hacen

conscientes de la necesidad de agradecer y ser agradecidos, también son aquellas

que más amor desprenden. El porqué quizá no es sencillo, pero sí comprensible:

nos quejamos demasiado de todo aquello que no tenemos y no agradecemos

todo aquello por lo que sí que deberíamos sentir alegría.

 Humildad: Es aprender de los errores, saber que no somos perfectos; humildad

es reconocer que nos hemos equivocado y que somos humanos. Para el equipo

de Ayuda en Acción, humildad es el valor humano que mueve nuestro trabajo,

que nos permite tratar de ser mejores personas cada día, que nos empuja a sacar

una lección tras cada experiencia y a acoger el cambio como algo natural en

nuestras vidas.

 Responsabilidad: Por último, la responsabilidad es, sin lugar a duda, el

quinto valor más importante de un ser humano: aquel que nos permite

comprometernos con personas y con causas, a intentar actuar de forma

coherente con nuestro pensamiento, a cumplir las obligaciones que nos hemos

puesto y a tomar decisiones coherentes. Para nosotros, la responsabilidad acoge

en su interior también solidaridad, sinceridad y un fragmento de todos los valores

del ser humano presentados en este artículo: una parte de honestidad,

sensibilidad, gratitud y humildad.

Suele decirse que ser persona en Derecho significa ser sujeto de derechos y de deberes

jurídicos. Y se afirma que hay dos clases de personas en Derecho: las personas físicas o

individuales; y las personas colectivas (corporaciones, asociaciones y fundaciones) que

suelen ser denominadas personas morales, personas jurídicas o personas sociales.


Personas individuales en Derecho, lo son hoy en los países civilizados, todos los hombres

(la esclavitud era la negación de este principio). Entre las llamadas personas morales o

jurídicas (que más propiamente deben ser denominadas «personas colectivas») figuran

las corporaciones públicas (v. g. los Ayuntamientos, las Diputaciones provinciales, los

Estados miembros de una Federación, el Estado, los Bancos oficiales, los entes

administrativos autónomos, etc., etc.); las asociaciones (religiosas, científicas, artísticas,

deportivas, etc.); las sociedades civiles y las sociedades mercantiles (colectivas,

comanditarias, anónimas, limitadas); las fundaciones (religiosas, benéficas, culturales,

etc.) y también algunas otras masas de bienes, como, por ejemplo, la masa de la quiebra.

Las personas físicas comienzan con el nacimiento y terminan con la muerte (pues hoy ya

no se mantiene en los pueblos civilizados la pena de la muerte civil). Al concebido y no

nacido se le confieren algunos derechos (de herencia) condicionados al hecho de que

nazca vivo. No toda agrupación o colectividad constituye necesariamente una persona

en Derecho; precisa que reúna todas las condiciones fijadas por la legislación vigente

(así, por ejemplo, no son personas en Derecho una familia, un equipo deportivo, una

reunión de amigos, etc.). Se discute, desde antiguo, sobre si la personalidad de esos entes

colectivos es creada sólo por el Derecho, o si por el contrario es también una realidad

independiente de él.

Ahora bien, en lo que suele decirse, en los tratados de Derecho, sobre la personalidad -

que acabo de resumir muy sucintamente en el párrafo anterior- se involucran problemas

muy varios y heterogéneos, cuya confusión ha embarullado de modo lamentable el

pensamiento jurídico durante siglos. Y es hora ya de que se despeje ese confusionismo

y de que se conciba cada una de las cuestiones con plena claridad y con rigor mental. En

este asunto se han mezclado cuestiones diversas, que es preciso mantener separadas
con toda exactitud. Estas cuestiones diversas pueden ser especificadas en las cuatro

preguntas siguientes, que podemos referir tanto a las llamadas personas físicas, como a

las llamadas personas morales (colectivas):

1º. Qué quiere decir persona en términos jurídicos; qué significa tener dentro de un

ordenamiento jurídico la calidad de persona; en suma, qué es ser persona en Derecho;

concepto que se aplica lo mismo a los individuos, que a los entes colectivos consagrados

como personas. (Este es un tema de teoría general del Derecho.)

2º. Quienes sean los entes sobre los que recaiga esa calificación jurídica de persona; es

decir, preguntarnos, refiriéndonos a los entes individuales en Derecho, sobre cuáles son

los hombres a quienes el Derecho concede personalidad; y preguntarnos, refiriéndonos

a las personas colectivas, cuáles son las entidades a las que el Derecho otorga la

personalidad. (Esto lo contesta cada ordenamiento positivo.)

3º. En qué consiste el ser de esos entes (individuales y colectivos) a los que el Derecho

concede la personalidad; así por ejemplo, refiriéndonos a las personas individuales,

indagar en qué consiste la esencia de lo humano, sus modalidades y sus manifestaciones

(qué es lo que hice en páginas anteriores) -tema de antropología filosófica-; y por lo que

atañe a las personas colectivas, esclarecer en qué consiste el ser de una asociación, de

una corporación, de una fundación (este es un tema de Sociología).

4º. Plantear desde un punto de vista estimativo, p. e. en la política legislativa, la cuestión

de a quién el Derecho debe conceder la personalidad. Esto, por ejemplo, es lo que se

hace cuando se critica la institución de la esclavitud, afirmando que a todos los hombres

debe corresponder la personalidad jurídica; o cuando se discute si el Estado no debe

admitir otras personas colectivas que aquellos que él instituya, o si por el contrario debe
concederla a todos los entes colectivos que surjan espontáneamente. (Este es un tema

de estimativa jurídica o de filosofía política.)

En la copiosísima literatura jurídica sobre la persona, este tema aparece sumido en un

mar de equívocos y de confusiones, por haber sido confundidos e involucrados esos

cuatro problemas que acabo de enumerar. La única posibilidad de crear una claridad de

ideas en este tema es delimitar con todo rigor y precisión cada una de esas cuatro

cuestiones.

La cuestión primera, es decir, la pregunta sobre el concepto jurídico, de persona -qué

quiere decir persona en sentido jurídico, en términos generales- pertenece a la teoría

fundamental del Derecho, a la que le corresponde de lleno determinar el concepto

jurídico de persona con alcance general (así como lo hace también respecto de los

conceptos básicos de norma, de deber jurídico, de derecho subjetivo, etc.) Este problema

consiste en preguntarnos qué se entiende jurídicamente por persona, aparte de cuál y

de cómo sea la realidad (individual o colectiva) que sustente tal calificación de

personalidad. El concepto jurídico de persona no pretende expresar lo que hay en las

personas (individuales o colectivas) como realidad o fenómeno más allá del Derecho,

sino única y exclusivamente en qué consiste esa calificación jurídica; es decir, que es lo

que denota el concepto jurídico de persona o el concepto de persona jurídica, aplicado

tanto a los individuos como a los entes colectivos, de manera indistinta (pues debe haber

un concepto jurídico de persona, que abarque de igual manera a las físicas y a las

sociales). Por eso, se debe preguntar primero por el alcance general del concepto jurídico

de persona; e interrogarnos después por las especialidades de la persona jurídica

individual y por las de la persona jurídica colectiva. Así, pues, al preguntarnos qué
significa persona en Derecho, nos preguntamos exclusivamente por una calificación

jurídica pura; inquirimos tan sólo un concepto jurídico puro y nada más. Y éste es el tema

que he de desarrollar a continuación. Pero para que su perfil quede delimitado con todo

relieve, será conveniente que definamos las tres cuestiones.

La segunda de las cuestiones indicadas, es decir, la de quiénes sean personas dentro de

un determinado ordenamiento jurídico, la contesta éste mismo ordenamiento, y se

estudia en la disciplina correspondiente del Derecho positivo. Quiénes son personas en

el Derecho de determinado país y época lo determinan las normas positivas de este

Derecho.

La tercera cuestión, esto es, la de cuál sea y en qué consista la realidad que, con

independencia del Derecho, tengan los entes a los que éste concede personalidad, es un

tema que no pertenece a la teoría fundamental del Derecho (que se ocupa de los

conceptos jurídicos puros), sino a otras disciplinas. Así, el estudio esencial del individuo

humano pertenece propiamente a la Filosofía. Y por lo que respecta a los grupos

humanos o entes colectivos, su estudio compete a la Sociología, la cual deberá primero

estudiar filosóficamente en qué consiste la realidad de las colectividades, establecer sus

diversos tipos (comunidades, asociaciones, corporaciones, sociedades, etc.); y, después,

estudiar positivamente los fenómenos o hechos en que se manifiestan dichos entes

colectivos, los ingredientes de que constan, las relaciones estáticas y dinámicas de los

mismos, la conexión de dichos fenómenos con los demás hechos sociales de toda índole

(relaciones, procesos, etc.), con los contenidos culturales (religiosos, morales, científicos,

económicos, técnicos, jurídicos, etc.) y con el medio físico.


Y, por fin, la cuarta de las cuestiones enumeradas, aquella en que se pregunta cuál debe

ser el criterio que adopte el Derecho respecto del otorgamiento de la personalidad

jurídica, corresponde en su plano más profundo a la Estimativa jurídica, y en sus

aplicaciones prácticas a la teoría política.

Esta sistematización de problemas, que he ofrecido, se puede aplicar lo mismo a la

consideración de las personas jurídicas individuales, que a la de las personas jurídicas

colectivas. Vale igualmente para las primeras que para las segundas. Pretende distinguir

cuidadosamente la cuestión sobre el concepto jurídico de persona frente a las otras

preguntas respecto de quiénes sean, cómo sean, y quiénes deban ser las realidades que

el Derecho constituye en personas. Y en esta sistematización apunto ya la idea -de la que

más adelante ofreceré cumplida justificación- de que el concepto jurídico de persona

que se predica del hombre individual es el mismo que se aplica a los entes colectivos y

a los fundacionales. Las diferencias entre el sujeto individual y los entes colectivos no son

de índole jurídica, sino que se distinguen por dimensiones metajurídicas; es decir, son

diferencias respecto de las realidades varias a las que el Derecho otorga la calificación

de personalidad. Quiere esto decir que lo que en el Derecho funciona como personalidad

jurídica individual no es la totalidad del hombre, su entraña individual e irreductible, su

plenaria realidad íntima, sino una especial categoría genérica, esto es, una categoría

jurídica, que se adhiere a esa realidad, pero sin contenerla dentro de sí. Y lo mismo

podemos decir respecto de la persona jurídica colectiva: lo que funciona como tal en el

Derecho no es la realidad concreta y total del ente colectivo, sino un sujeto construido

jurídicamente, en suma, una categoría jurídica -también, a fuer de tal, genérica- que el

ordenamiento proyecta sobre determinados tipos de situaciones sociales.


Es un funesto error, en que se ha incurrido de ordinario, el haber separado o

independizado excesivamente la doctrina sobre la persona colectiva de la consideración

general sobre el concepto jurídico de personalidad. Corrientemente, el tema de la

persona jurídica individual ha sido despachado con rapidez y superficialmente, sin

dedicarle gran atención. Por el hecho de que el individuo humano nos es dado en la

experiencia inmediata como una realidad substante, de definido perfil, y, por tanto, de

fácil reconocimiento, y de otra parte en virtud de que la justicia exige que todo hombre

sea persona en Derecho, se ha creído que la teoría de la personalidad jurídica individual

no planteaba ningún problema difícil. Es decir: respecto de la persona jurídica individual

se habían visto tan sólo dos cuestiones: la de cómo se reconoce a la persona individual;

y la de a quién debe conferirse esta categoría. Lo primero se ha contestado diciendo que

el hombre es el substrato de la personalidad jurídica individual; lo segundo se ha resuelto

afirmando que todos los hombres deben ser considerados como personas por el

Derecho. Y ambas respuestas son correctas. Pero, lamentablemente, se dejó de atender

al problema de qué quiere decir ser persona en sentido jurídico, de qué es la

personalidad jurídica corno categoría específica del Derecho, cuando se aplica a los

individuos humanos. Si esta cuestión hubiera sido planteada con agudeza y amplitud se

habría visto que lo que funciona como persona física en el área del Derecho no es la

plenitud del sujeto individual con su propia e intransferible existencia, sino tan sólo

ciertas dimensiones genéricas y comunes, objetivadas y unificadas por el ordenamiento

jurídico; y que precisamente la personalidad jurídica individual está constituida por esa

objetivación unificada que el ordenamiento jurídico ha construido con unas

determinadas calidades genéricas y funcionales (las calidades de ciudadano, comprador,

contribuyente, hijo, marido, testador, heredero, etc., etc.).

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