La lírica de la primera mitad del Renacimiento
En el ámbito de la poesía lírica, el Renacimiento supuso toda una revolución. De este modo,
en la primera mitad del siglo XVI observamos la existencia de dos corrientes poéticas diferenciadas:
una de carácter culto y otra de carácter popular, relacionada con el romancero y la poesía
tradicional. Por su parte, la poesía culta se divide en dos grupos que no siempre se encuentran
separados: los poemas escritos a la manera italiana (petrarquista) y los poemas escritos a la
manera cancioneril. Estas formas conviven a lo largo de la centuria, pero la retórica cancioneril irá
perdiendo importancia de manera paulatina.
Centrándonos en la lírica profana de corte italianizante, cultivada en España por Boscán y
Garcilaso, debemos señalar que su poética está basada el petrarquismo. Se trata de una corriente
lírica italianizante nacida a partir de la obra de Francesco de Petrarca, poeta italiano del siglo XIV
que dedicó su Canzoniere a una dama, Laura, amor imposible al que siguió fiel incluso tras su muerte
(laurel).
TEMÁTICA
Entre los principales temas de la lírica renacentista se encuentran:
AMOR
Es entendido a la manera petrarquista, es decir, se aparta del amor carnal y concupiscible y
sigue la concepción neoplatónica. El hombre, a través de la contemplación de la belleza de la mujer
amada podía ascender a la suprema belleza de Dios, a la perfección y el entendimiento. Ahora bien, el
amor también aparece como fuente de frustración y dolor, pues el enamorado puede percibir la
imposibilidad de alcanzar el amor o bien comprueba que, a pesar de conseguirlo, resulta no ser
permanente. A su vez, la frustración amorosa muchas veces procede de la institución matrimonial,
meros vínculos económicos o políticos. Se plantea entonces una contradicción entre las normas sociales
y los sentimientos personales manifestada a través de las antítesis tan características de la lírica de
este período: fuego/hielo, día/noche, calma/tormenta, paz/guerra, etc.
En cualquier caso, los poetas expresan un amor
idealizado y espiritual, lo más importante de la vida y
del que depende la felicidad. Suelen realiza además
una introspección (un razonamiento de sus sentimientos)
y se suele incluir una descripción física de la
dama según el canon de belleza de la época: pelo rubio, ojos
claros, tez blanca, mejillas y labios rojos (descriptio
puellae). De este modo, la dama sans merci medieval,
despótica y cruel evoluciona en la donna angelicata,
mujer angelical que eleva el corazón del poeta hacia Dios.
Este nuevo ser seguirá evolucionando y humanizándose hasta convertirse en la donna espirituale.
NATURALEZA
Aparece descrita como un remanso de paz, un lugar idílico (locus amoenus), símbolo de la
perfección del mundo natural y reflejo de la belleza divina (aurea mediocritas), que se opone a la
agitación de la vida ciudadana (beatus ille, menosprecio de corte y alabanza de aldea). Es
frecuente que el marco espacial refleje el estado de ánimo del poeta o sea el
interlocutor de este. Además, cabe destacar que los espacios naturales
simbólicos que aparecen en las composiciones renacentistas toman sus modelos
de la poesía pastoril de los clásicos grecolatinos.
MITOLOGÍA
Se emplean los relatos y personajes mitológicos para expresar
sentimientos y situaciones personales. Estos son extraídos de toda la literatura
clásica, pero destaca, sobre todo, las Metamorfosis de Ovidio.
TÓPICOS
Ya los hemos ido mencionando, pero los
recopilamos aquí. Referidos a la naturaleza y al estilo de
vida armónico se encuentran: beatus ille, locus amoenus,
menosprecio de corte y alabanza de aldea, aurea
mediocritas. Relacionado con el optimismo vital están
tempus fugit y carpe diem. Para referirse a la dama, se
utilizan descriptio puellae, donna angelicata y donna
espirituale; collige, virgo, rosas (insta a las mujeres a
aprovechar su belleza antes de que esta se marchite con el
paso del tiempo). Cuando tratan del amor, suelen recurrir al amor bonus, cuore gentile (corazón noble,
con sentimientos puros). Para aludir a la nueva concepción del hombre renacentista se emplean
sapientia et fortitudo, homo universalis (hombre de espíritu universal, con afán de conocimiento).
MÉTRICA
Ahora bien, en la métrica de la poesía renacentista también se imitan los esquemas italianos:
Predominan los versos endecasílabos, solos o combinados con heptasílabos en algunas
estrofas.
La rima es consonante por pertenecer a la lírica culta.
En cuanto a las estrofas, destacan:
El soneto, composición de catorce versos endecasílabos de rima consonante agrupados
en dos cuartetos y dos tercetos (ABBA/ABBA/CDC/DCD).
Los tercetos, estrofas de tres versos de arte mayor, generalmente endecasílabos con
rima consonante (A-A).
Las octavas reales, estrofa de ocho versos endecasílabos de rima consonante
(ABABABCC).
Las liras, estrofas de cinco versos compuestas por tres versos heptasílabos y dos
endecasílabos con la siguiente rima consonante: 7a11B7a7b11B.
Los subgéneros líricos más cultivados son las églogas, las elegías y las odas.
Respecto a la lengua y el estilo, se siguen los ideales clásicos de naturalidad y sencillez. De
este modo, abundan, entre otros:
Las metáforas, las comparaciones, y los epítetos (adjetivos innecesarios que adornan o
resaltan las cualidades de las cosas), especialmente en las descripciones de la amada y la
naturaleza.
Recursos basados en las simetrías (paralelismos, antítesis -que expresan las contradicciones
del petrarquismo, anáforas...)
AUTORES
Dentro de estas fechas, además de Boscán y Garcilaso, se encuentra una nómina generacional
de poetas que comparten rasgos renacentistas y que contribuyen a la renovación poética. Entre ellos
podemos mencionar a Diego Hurtado de Mendoza, Hernando de Acuña o Gutierre de Cetina.
GARCILASO DE LA VEGA
El poeta Garcilaso de la Vega fue un caballero al servicio del
ejército del emperador Carlos I, por lo que estuvo varias veces en Italia.
Allí entró en contacto con la lírica italiana de Petrarca y, por influencia
de su amigo Juan Boscán, se dedicó a introducir en nuestra lengua la
lírica típicamente renacentista.
Son muchos los aspectos de su vida que se reflejan en sus
obras, como su amor con Isabel Freyre (dama de compañía de la reina
Isabel, esposa del emperador, y la Elisa de sus versos). Este fue un amor
imposible que inspiró algunos de sus poemas más conocidos, aunque en
la realidad Garcilaso se casó con otra mujer. Murió muy joven, con 35 o
36 años, en una campaña militar en el Sur de Francia.
Su obra es muy breve, en torno a setenta poemas, pero son
decisivos en nuestras letras, ya que supusieron la introducción en castellano de la corriente
lírica del Renacimiento. Por tanto, en ella encontramos todas las características que vimos para este
tipo de poesía. Entre sus poemas renacentistas destacamos:
Cuarenta sonetos, la mayoría de tema amoroso. En algunos sonetos, el yo poético se
identifica con personajes mitológicos, como ocurre en el soneto XIII, donde se compara con
Apolo, rechazado por Dafne, que terminará por convertirse en laurel; o en el soneto XXIX, en el
que recrea la historia de Leandro, que cada noche cruza a nado el mar para reunirse con su
amada Hero. En la mayor parte de los sonetos se explican los distintos matices de la
expresión amorosa: el dolor que produce la ausencia de la amada, la voluntad de
reencontrarse con ella, el sufrimiento al recordar la felicidad perdida… En algunas
composiciones, Garcilaso explica el proceso de enamoramiento y la naturaleza del
amor. Este se concibe como una comunicación entre las almas, que se lleva a cabo por medio
de unos “espíritus vivos y encendidos” que van desde los ojos de la amada hasta los del
enamorado. De este modo, la amada escribe o dibuja su rostro en el alma del amante que, desde
entonces, consagra su vida al amor, pues en él encuentra el sentido de su existencia.
Tres églogas: poemas de temática bucólico pastoril. Es un subgénero lírico que nace en
la literatura grecorromana donde el poeta expresa sus sentimientos a través de
pastores idealizados en el marco de la naturaleza idealizada. Así, la famosísima
Égloga I recoge el diálogo de dos pastores: Salicio, que lamenta el abandono de su amada
Galatea por otro hombre, y Nemoroso, que lamenta la muerte de su amada Elisa. Ambos
serían trasunto del propio Garcilaso en dos momentos de su vida: cuando Isabel Freyre se casó
con otro hombre y cuando murió. En la Égloga II, a Salicio y Nemoroso se una el pastor
Albanio, que experimenta una intensa pasión por Camila quien, sin embargo, lo rechaza.
Finalmente, la Égloga III está protagonizada por las ninfas del río Tajo, que tejen cuatro
tapices en los que se cuentan historias mitológicas de amores desgraciados.