Las Sorpresas del Virtuoso Compromiso:
El Indigenismo de Jorge Icaza
Kathleen N. March
Ohio State University
Luis Manul Tobio
Universidad de Santiago
de Campostela
"Desde hace mucho tiempo he expresado que a Hispanoamerica y al
Ecuador Jes corresponde una literatura de com bate", 1 afirmaba Jorge lcaza
en 1970. El narrador ecuatoriano es conocido por defender el compromiso
en la actividad literaria y por ofrecer una vision ajustada del campesinado
andino. Desde la aparicion de Barro de la sierra ( 1933) y H uasipungo
(1934), el escritor se convirtio en un "enjeu" donde todavia tiene lugar un
debate entre los que lo consideran un escritor socialista y los que lo definen
como humanitario o altruista. Entre los primeros Enrique Ojeda afirma
taxativamente: "No cabe duda de que las concepciones socialistas
configuran la novela de lcaza" y tambien: "La accion de Huasipungo se·
edifica sobre las lineas generales de la doctrina social is ta. " 2 Por el
contrario, Anthony J. Vetrano se esfuerza por demostrar que el ecuatoriano
no es un escritor socialista: "La posicion de lcaza es muy humanitaria: es ta
basada en la esperanza de que algun dia las clases pudientes reconozcan
como sector humano de la sociedad ... la pobre ... poblacion indigena" y
"la posicion icaciana (es) la de un misionero literario y social ... "l
En otro nivel, los criticos han sefi.alado el esquematismo de los
personajes, .Ja fatalidad exagerada con que es conducida la accion y la
descripcion con tonos excesivamente negativos. A estos argumentos el
propio autor y pane de la critica han respondido afirmando que dicho
esquematismo se justifica por los objetivos que se intentan alcanzar en la
obra. Ernesto Alban Gomez, en "Presente y futuro de Huasipungo,"
enjuicia inteligentemente esta argumentacion:
Micntras mas simple y esquematirn fuese el indio, servia mejor a las finalidades de!
autor; mientras mas miserable su condici6n, mas atrofiada su inteligencia y menos
sutil su animo, m{1s agobiante saldria el cuadro y m;\s fuerte seria la reacci6n de!
kctor, considerado tambien como integrante de una dase social mas culta y capaz,
hta si, de comprender y realizar la revoluci{m. 4
En realidad resulta muy discutible la intencion del escritor
Iii! Kathlf'f'll ,\'. ,\la11 h /.111.1 ,\fartul Toblo
ecuatoriano de querer justificar las posibles deficiencias formales por el
valor de SU prop6sito social. Pero aun lo es mas cuando se comprueba que
ese objetivo de reivindicaci6n social es diferente al que el autor dedara
abiertamente. De la lectura atenta de su produccion surgen suficientes
contradicciones como para poner en tela de juicio la aceptada opinion de
Icaza coma escritor defensor del campesinado indigena. Veamos, en el
marco de sus cuentos andinos, c6mo se manifiesta una desconfianza radical
respecto a las clases populares rurales.
Valoraci6n de la naturaleza
Las descripciones naturales de Icaza no suelen alcanzar la riqueza e
implicaciones de otros au tores indigenistas. Los trazos bruscos, agolpados
en una sucesion ritmica igual, remachan una vision compacta y
empobrecida. Cada enfoque se impone la tarea de extender un espacio
adverso, opresivo y cerrado; siempre privilegiando una reproduccion
duramente real, nunca relajado en la belleza de un escenario. Precisamente
la escasez de tomas generales quiere comunicar una proximidad asfixiante
del entorno, a la vez que la eleccion de elementos-simbolo de lo natural
imprimen un aspecto de dificultad, de sufrimiento. El pasado gravita
pesadamente sabre es ta realidad inamovible y herm(·tica: la tierra no es mas
que una maldicic'm. Ya se ha dicho hace tiempo que lcaza no esta
adoptando una optica indigena; por el contrario, simplemente muestra la
interpretacion angosta de una ideologia opuesta a ese mundo campesino.
Segun es ta mirada nada es nuevo, nada renace en la sierra, la cual no puede
ofrecer ninguna sorpresa o enseiianza original. Para la consideracion de!
novelista denunciador de las calamidades, ese ambito es el hogar de la
miseria y de la injusticia sin solucion. En todo caso, la belleza "tragica" de
los escenarios pertenece al narrador-autor pero no a los personajes, que se
encuentran privados de esa capacidad y patrimonio. El sentido de lo
laboral y de lo estetico necesariamente unidos, aqui se distancian y solo se
trasluce la oscura rutina de la explotaci6n.
El autor selecciona sistematicamente los aspectos mas asperos de las
circunstancias ambientales en las que se mueven los personajes. La
mayoria de las relaciones de los indigenas con la tierra estan gobernadas
por el miedo, por el odio o por la rabia, como se comprueba en
"Cachorros" y "En la casa chola". En "Barranca Grande", la quebrada
junta a la que viven los protagonistas simboliza el infierno. Jose y
Trinidad viven atemorizados en ese paraje amenazante que colabora con
los metodos de! cura, desempeiiando una funcion de apoyo a la opresi6n.
Todos los rasgos configuran una concepcion en la que Icaza sugiere que el
pueblo serrano no es mas que un conglomerado de seres sometidos al
procFso org{mico. Antes que por su ser de clase social se le define por rasgos
na1urales-biol6gicos; los condicionamientos sociales vienen a reforzar su
caracter de organicidad amorfa.
Las repeticiones de datos, que se acumulan y a trechos vuelven a
/,a.1 \mprna1 drl l'11/111J11J C1J111/no1111.11J
insistir en los mismos aspectos.' buscan crear la imagen propia de! natura-
lismo: la fijeza de la realidad. Ffectivamente hay t'I1 la obra icaciana un
materialismo superficial y detenido, donde nada cambia dentro de!
enmarcado objetual. Fs un mundo bir·n diferente dd que presentan otros
au tores indigenistas, que a pesar de idealizar el cam po y hacerlo santuario
de valores imperecederos, no olvidan lo mas importante: las causas
inagotables de conflicto y transformacion. Virtualmente nunca el
novelista ecuatoriano hace atravesar o rasga la inamovilidad aparente de!
nativo con el trazo de su resistencia compacta al dominio gamonal. El
silencio, el mutismo, nunca es escindido en lo que tiene de reconcentrada
protesta-en ocasiones solemne-como simbolo de una conciencia clara
que esta detras de ese silencio; solo aparece en su absoluta identidad como
signo exclusivo de la impotencia. Silencio de la tierra, silencio de!
indigena, roto casi exclusivamente por un gorgotear de palabras, de frases
nunca completadas. Dualidad inevitable del murmullo confuso de! ser
quechua hecho lamento desde los tiempos de la Conquista.
De este modo, resulta evidente que los personajes nativos parecen vivir
de espaldas a la realidad natural, excepto en el nivel de relacion mas
factual-aunque solo sea por el hecho inevitable de vivir en ella-como si
la naturaleza no fuera un objeto de pensamiento y solo la confrontacion
rompiera es ta insensibilidad. El indigena esta incluso en su pequeiio cerco
de atraso y pobreza que le incapacita para una actividad superior. La
consecuencia es el empobrecimiento de su mundo interior, al no revelar
ninguna reaccion o capacidad intelectual o productiva de un corpus
cultural. Pero es que el novdista no muestra tampon> simpatia o compren-
sion hacia las costumbres, creencias o manifestaciones culturaks
indigenas.
Icaza comienza por silenciar o no tener en cuenta toda la riqueza
legendaria y mitica como resultado primero del contacto del indigena con
su contexto natural. En un segundo instante, el tratamiento de estos signos
culturales es juzgado negativa o unilateralmente, y sobre todo como
exponentes de una condicion atrasada. En "Barranca Grande" o "En la
casa chola'', las creencias nativas son identificadas o reguladas bajo un
mismo tratamiento de supersticion vulgar, caracteristicas de su
mentalidad. Esa naturaleza supersticiosa funciona como representante
tipico de toda la cultura. Tales ideas actuan de forma particular, como
determinantes psicologicos mas que como superestructuras sociales. El
campesino tendria una psicologia moldeada por rasgos degradados que se
convierten en la clave de su actuacion social. En otras ocasiones la
superestructura cultural t!S rechazada como consecuencia logica despues de
haber sido deformada con ironia despreciativa. No es una casualidad que
aqul'lla se conecte con brujas y curanderas, figuras facilmente destituibles
para una mente racional y "civilizada". En consecuencia, el mi to no seria
otra cosa que una coleccion de supercherias e historias que llenan de temor
la vida diaria del quechua, ademas de ser un signo revelador de las
relaciones de sumision que mantiene con la naturaleza.
166 Kathlr'en N. l\lmch /,111.1 Mar/11/ Tobfo
En resumen, se destaca en este acervo popular legendario lo que tiene
de atraso, de irracionalidad y de ignorancia, pero nunca lo que contiene de
conflictividad, de dinamicidad, puesto que aquel no es una simple
sistematizaci6n gratuita. En ultima instancia, la mentalidad y el
pensamiento indigena es de la misma indole que la religiosa cat6lica:
irracional y metafisica, con la diferencia de que esta es mas poderosa y
habil. De esta manera, el narrador ecuatoriano viene a reafirmar la
capacidad y supremacia de las clases dominantes en ei nivel politico,
aunque como compensaci6n ofrezca el escaso consuelo de someterlas a la
critica moral.
Icaza pudo rdkxionar de que modo lo mitico, las ideas tradicionales,
a causa de los conflictos de clase. se escinden, n)mo sc supcran, cbmo sc
manifiestan en ese pensamiento "primitivo" las invariantes de iguali-
tarismo o justicia. Tambi(·n pudo rdlcxionar dnno sc desenvuelven las
luchas entre ideas \icjas y nm•vas. En dcfiniti\a, todos son problemas
objetivos de la rclacion ideologia ~ pritetica social. Por desgracia. en su
lugar se instala una imagen superficial de las contradicciones sociales y de
los medios para superar las lirnitaci01Ks objetivas. Todo cl lo es sustituido
en buena pane por una problern[Hica y una interprctaci{m psicologista qtw
pretende dar explicacion dcl fen{mwno social en oscuros complejos
vagamcnte frcudianos.
Caracterizaci6n de la clase campeszna
El objetivo primordial de Icaza es mostrar la condicion del campesi-
nado-descrito con una minuciosidad especial y una persistencia infatiga-
ble-concediendo atenci6n principal a su estado subjetivo, al asumir que
el conocimiento de su interioridad permitiria descubrir las causas mas
profundas. Por esta raz6n lo psicol6gico tendra una importancia que ya
apareda en sus obras teatrales con las que inici6 su carrera de escritor. Las
acciones de sus dramas describen conflictos de una clase media urbana
enzarzada en una problematica racial de ocultaci6n de sus origenes
indigenas, lo que es causa de actitudes esquizofrenicas y sadicas insertas en
situaciones efectistas. Tematica que desembocara en los cuentos urbanos
de Barro de la sierra.
En sus cuentos rurales sc observa c6mo dentro de los encuadres
naturales los espacios del relato estan siempre bajo el signo del confina-
miento y la separaci6n. Las laderas y campifias estan cerradas por la
sequia, el hambre o el temor, rodeadas por el muro hurafio de las
haciendas. Sus moradores yacen autoenclaustrados en las hundidas chozas
que cobijan una vida casi subterranca. Se quiere dejar bien claro que la
sierra resulta un espacio extrafio e insolidario. El enfoque narrativo se
allega a los interiores, a los ambientes es pesos de las cabanas y boliches. La
sensaci6n de agobio, pesantez y angustia se transmite por las referencias a
los malos olores, oscuridad y estrechez, los cuales forman como un segundo
perimetro previo al ultimo circulo: el de la mente campesina. El narrador
/.a.1 \m/nt'1111 df'i l'ir/110111 Co111/non11.111 167
parece que quiere que el lector descienda a un nuevo infierno.
Por afiadidura, en el seno de la comunidad campesina no se
manifiestan sentimientos colectivos; los protagonistas de "En la casa
chola", "Barranca Grande", "Cholo ashco" o "Exodo" viven aislados sus
conflictos. La angustia y la desesperacibn de esta soledad conduce al
autocastigo, al nacimiento de complejos, a la fantasmagoria psicol6gica
que pretende dar raz6n de esa insolidaridad o incomunicaci6n, prefiriendo
vivir en la interioridad de cada uno a pesar de experimentar circunstancias
semejantes. Para este drama de la opresi6n y la miseria no hay alternativas,
nada lo contrarresta, y la degradaci6n de los personajes se convierte en el
proceso ineluctable de la acci6n. Una atm6sfera negra conlleva la puesta en
escena de un realismo llamativo y bas to. Escenificaci6n que sirve ante todo
para desarrollar el aspecto subjetivo del relato.
Por todo esto, lo psicol6gico adquiere un valor determinante dado el
rol que se le otorga a ese estado, ya aludido, de superstici6n, de
sometimiento a reacciones confusas, de desconfianza. El factor psiquico
cobra un rango superior al de las determinaciones sociales, ya travesde un
proceso de inversion, los avatares y hechos reales vienen a corroborar el
diagn6stico mental. Este planteamiento entre subjetividad y objetividad
oculta consecuencias implicitas mas graves. Es decir, debido a este caracter
del campesinado, ellos mismos se vuelven cbmplices de la opresi6n que
sufren. La anciana madre de "En la casa chola", desgarrada en sus
monologos por una conciencia que se acusa de no tener coraje-"la
humillaci6n de siempre", "los afios de opresion"-es lo que le impide
resistir. La convicci6n de que su falta de entereza y de valor es la raz6n de su
postraci6n provoca que hunda sus brazos en las llamas en un acto de
violencia impotente y automutiladora.
De la misma manera, en el comportamiento de los dos enamorados en
"Barranca Grande" y en las escenas innobles de! boliche en "Sed", se
argumenta que la culpa de las humillaciones y violencias padecidas es
tambien de los nativos. Un paso mas en esta l6gica se encuentra en las
luchas familiarcs de "Cho lo ashen" o "Cachorros", donde dlos han
asimi Iado en su st·no la violcncia inj us ta de los patroncs. Queda establecida
asi una homogeneidad entre clase dominantc y dominada, por la que
aqui·lla establcce de forma compkta su sojuzgamiento. Sc anula todo
convencimiento en un principio irreductible, heterogbH:'o, a ese podcr.
En los relatos icacianos se registra una limitaci6n importante en la
medida en que no existe la idea de una posible emancipaci6n del
campesinado o de superaci6n relativa de su estado; por tanto , la lucha
contra los gamonales, contra los aparatos ideol6gicos y represivos no sale
de un girar en el mismo sitio. Sin duda, Icaza esta deslumbrado por la
fuerza de! poder latifundista, pero precisamente por no dialectizar ese
poder, por considerarlo absoluto, sin cuestionar su origen y su relaci6n con
los oprimidos, 6 le lleva a estimarlo como omnipotente. Por eso, no es
sorprendentc que se vehicule la idea de queen las rebeliones contempora-
neas como en las pasadas nada cambia por minimo que sea,
Hi8 Kath/rrn N ..\I art h l.111.1 .\111rt11/ Tobfo
eslablecit'.·ndose una simetria perfecta entre rebeli6n y opres1011. Li
seleccion de la escena de la iglesia al iniciarse "Barranca Grande" es
significativa como ejemplo de un dominio sin fisuras: la dase dominate-
representada en el cura-y la campesina son dos imagenes perfectamente
acopladas, esta producto exclusivo de la primera. Nada quiebra ese reflejo.
El campesino es privado de toda fuerza propia, subversiva, y se proyecta
como un objeto pasivo de una opresion ode una piedad. En consecuencia,
no hay futuro, el devenir no supone ninguna aculumacion, no comporta
una huella que desnivele un engarce exacto; todo se resuelve en una
repetici6n obstinada: "Una humedad viscosa-la misma que sin duda
paralizo a sus antepasados mas remotos a la vista de arcabuces, espadas,
armaduras y caballos-les hundia en la evidencia de su condenaci6n
eterna." 7
Significativamente, los desenlaces de los cuentos vuelven a restaurar o
dejan intocados un estado similar al inicial del cuento. Nada ha cambiado
excepto el autocastigo o la muerte de los personajes indigenas. viniendo a
comprobar la certeza de la afirmaci{m: "Donde nada cambia los hombres
mueren.''
Este analisis pesimista y esceplico de Icaza crea un sentimiento de
derrota y descompromiso, que la indignacion aducida no es capaz de
contrarrestar. Sin embargo, una interpretacion que tan claramente
bloquea toda alternativa posible a ese mundo tan perfectamente sellado
por la opresi6n, conduce a sospechar que el autor esla ofreciendo una
soluci6n implicita. El autor conduce al lector por todas las fases de su
argumentacion pero deja que tome solo la conclusi6n inevitable. Si ese
espacio reduso existe tan dolorosamente, a la fuerza liene que eslar
reflejando un ambito correspondiente de lo abierto, de la actividad, de la
liberaci6n: el mundo de la ciudad.
De la creencia profunda de que el campesinado serrano no tiene
capacidad de emancipaci6n, proviene la noci6n complementaria de
regeneracionismo. Esta corriente ideol6gica se entronca en el novelista
ecuatoriano con la ideologia del meslizaje, soluci6n pequefio burguesa al
problema indigena, elaborada entre otros por R. Rojas y Vasconcelos.
Tambien para lcaza, que sostenia que: "Lo mas importante en el indio
vivo-coma yo le llama-es su proceso de acholamiento" 8 como para los
grandes teorizadores, el mestizaje es inevitable y aconsejable pero solo
cumplira sus objetivos en la medida en que lo indigena quede sometido,
asimilado o depurado y que, naturalmente, esa asimilaci6n este dirigida
por los mismos mestizos. Se consuma asi la anulaci6n de lo indigena por su
aparente incorporaci6n pero con la supuesta compensaci6n de que
suministraria lo original a la "nueva" y "superadora" unidad. Lo
aut6ctono que a primera vista tendria un rango igual a la aportaci6n
europea, en realidad quedaria recluido al papel de curiosidad carente de
valor funcional. La idealizaci6n de lo indigena esta en relaci6n directa con
su marginacion practica. Como es de suponer el termino s{ntesis aparece
constantemente. El concepto de fusion (de clases), de colaboraci6n, no es
/.a.1 .\111/JJP.1a.1 drl l'n/1111111 Cm11/nm111.1<1 lh9
otra cosa en el piano politico que el reformismo y el idealismo en la teoria.
En concreto, la idea de! hombre todo de Vasconcelos es expresiva por lo que
revela de unificacion, de suma y nunca de division. Por encima, este
hombre sintetico tendria una mision providencialista en el mundo. En
pocas palabras, el viejo suefio de Sarmiento referido a las nuevas republic.as
americanas, se aplica ahora a los mestizos.
De hecho, la union de lo occidental con lo autoctono en un terreno
abstracto, solo sirve para "olvidar" las consecuencias reales que se ocultan
en la fraseologia apasionada de una nueva America. Armas principales por
las que se quiere llevar a cabo este proyecto son la escuela publica y la
educacion (~Que educacion? ~Que escuela?). Se pretende hallar la solucion
al problema socio-racial por media de un ti pico aparato ideologico y con
una 16gica idealista: cambio de mentalidad ~ cambio social.
Significativamcnte, ante d problema de la kngua no vacilan en dectuar
una escisi(m muy clara. rechazando las lenguas indigenas por la lengua
dominante, cl cspafioL La unificaci6n lingt"iistica y educacional por
decreto suck scr signo inequivoco de las politicas rcpresivas burguesas.
Curiosamentc est a confianza en cl mestizaje se manifiesta en Icaza tambien
en la propia evoluci6n de su obra. Despuc'.·s de Huasipungo practicamente
todas las narracioncs con cl uy<'n por tratar los problemas de los cholos
urbanos; la trayectoria puede partir de! campo pero indefectibkmcnte
acabar{1 en la ciudad.
Sin embargo, un indicio que puede revelar la conciencia inestable de
las posiciones ideologicas de! escritor radica en la evolucion de las
constantes supresiones y nuevas redacciones de cuentos y novelas. Ya en un
articulo de Ross F. Larson de! afio 1965, se llamaba la atencion sabre el
gradual cambio ideologico de Icaza respecto al indio, que se manifestaba
en las revisiones de Huasipungo. Para este critico, no obstante, lo
fundamental era la intencion de pulir las deficiencias artisticas de la
novela, y para ello se basaba en las dedaraciones de! mismo au tor: "Hice la
revision de la novela Jlevado de un deseo de darle mayor claridad para el
mundo internacional ... En ta! virtud me vi, casi obligado, a la revision. "9 Si
bien es cierto que el novelista alivia, flexibiliza algo la expresi6n, el
argumento es mas alarmante que tranquilizador. En SUS palabras hay la
intenci6n de querer reducir su accion a un marco aseptico, casi tecnico.
Por otra parte, Larson no menciona la amplitud de estas practicas y
que incide notablemente en Jos cuentos-por ejemplo, en el desenlace de
"Sed" -donde hay importantes revisiones y no tan to porque "la dificultad
de las traducciones en los giros y en las palabras se hacia cada vez mas
infranqueable," 10 como vuelve a decir el novelista, sino porque, al
contrario, esas palabras podrian resultar demasiado reveladoras en mas de
una ocasion.
En contraste, o mejor en complemento, con estas variaciones se halla
el hecho incontrovertible de la persistencia de sus ideas. A Jo largo de su
vida el au tor ecuatoriano mantiene los mismos esquemas y convicciones de
sus afios iniciales, esto es, por un periodo aproximado de cuarenta afios,
170 KathlN•n .V. ,\/arrh [,111., M11rt11/ Toblo
desde 1928 a 1972. En una enlrevisla del afio 1959, seguia sin percibir las
debilidades ideol6gicas de Huasipungo: "El indio en el Ecuador sigue en
la misma siluaci6n, Huasipungo lienc una aclualidad absolula ahora
mismo."II Y en el Segundo de los lOmOS de SU uJtima obra, la trilogia
Atrapados, incluye SU pieza lealral Flagelo, una de las mas lruculenlas,
escrita en el afio 1936. Esla union de principio y fin parece confirmar que
Icaza escasamenle lleg6 a comprender los factores de cambio que, sm
embargo, le obligaron a raspar aqui y alla sus producciones.
Interpretaci6n de la rebeli6n fJopular
lcaza culmina su a11{11isis dcl campesinado serrano aportando una
rdkxibn sobre un aspecto ddinitivo de su scr: la rcbeli6n. El au tor vicne a
situarse en un tcrrcno mfis nttamcnte politico. donde las formulacionts
tienen mayor concreci6n y las soluciones una claridad meridiana. A
diferencia de olros relatos, en El nuevo San Jorge no hay prolagonislas que
vivan en un aislamil'nlo irremediable; a primera vista, comparten unas
prcocupaciones y se agrupan en torno a ideas y temores comunes aunque
desafonunadamente este protagonismo se difumina en una multiplicidad
impersonal y confusa.
En la primera secuencia, situada en el espacio "enfermo" de la
ladera-como es de esperar la descripci6n que abre el relato posee tintes
hoscos-los campesinos victimas de la sequia se esfuerzan y se agitan en
esta situaci6n critica. A traves de los dialogos, de las acotaciones del
narrador se perfila la imagen de unas gentes desconcertadas que basculan
entre el panico y "algun instinto mal amansado", entre las practicas
supersticiosas desesperadas y las rencillas mutuas: "Baja la esquiva actilud
de las mujeres y de la vieja superslici6n de todos fue agrandandose la
imagen pavorosa" que "llegara por las tinieblas ... " 12 Dos consecuencias
se pucden extraer de los primeros compases del relalo: la ignorancia
popular o su reacci6n irracional respecto a un fen6meno nalural (la
sequia) y la atribucion de un poder omnimodo al gamonal. De esla
siluaci<'>n bloqueda son sacados por un personajc que es calificado
sis1emt11icamentc con sintagmas como: "voces y gcstos enloquecidos",
"su mirar un poco extraviado-sin franqueza tal vez, con locura quizas",
"escuchandose en su aparente demencia", "voz enloquecida". <'.Que puede
significar la locura de Cardona? t'.Por que el aulor lo selecciona coma
fuluro lider? Esle hecho abre una serie de posibles inlerprelaciones:
vendria a insinuar que lo politico, en el caso campesino es un asunlo
propio de una maleria psicol6gica confusa y lurbia. 0 lambien, esa figura
podria evocar una degradaci6n volunlaria de lo que tiene una rebeli6n de
ulopia, de necesario proyecto ideal y oplimisla, consuslancial a loda
revuelta pero que aqui es caricalurizado y rebajado hasta esa forma de
visionario lrucado y enfermizo. y lodavia algo mas, claramente se sefiala la
locura que supone rebelarse, la vanidad de tal empefio. t'.Que pensar de
unos campesinos que eligen a un demenle coma dirigente? t'.Que
conclusi<'>n se puede sacar de esla eleccion en los terminos en que la
l.n., .'ior/nnn., df'l l'ir/110\1> Com/nomi."' 171
formula lcaza? El desenlace esta ya a la vista: es preferible trazar un lamento
sabre la condicion indigena antes que reconocerle su capacidad de
revuelta.
lcaza comienza asi a describir la rebelion popular y las medias de que
se data para resistir, pero su deformacion es tan imensa que se hace
irreconocible. Toda la problematica se tergiversa en una esquematizacion
en la que la volumad de lucha, de eleccion de directrices y represemantes, se
simplifica en una reaccion psicologica: de la postracion primera a la
exaltacion casi religiosa; del "clamor de misericordia" a la "fe sin tasa" par
el descubrimiento de un "salvador". El narrador andino esta
argumentando que las creencias primitivas impiden que el campesinado se
dote de las ideas y procedimientos adecuados de lucha. No poseen un
conocimiento ceintifico de la realidad sociopolitica; no obstante, llevados
de la fuerza justa e ingenua de sus anhelos, terminan par confiar en
soluciones irreales. De ahi que lo que ellos aceptan coma salvacion es fruto
de alga que acomece de forma extraordinaria, improvisadamente: la suerte
puede depararles un redentor. Icaza en vez de meditar rigurosamente sabre
las dificultades de la revuelta-logicamente en el marco imprescindible del
nivel de formacion de Ia clase campesina-ha preferido reducir todo a una
pirueta teatral.
La segunda secuencia describe la derrota del gamonal que tiene lugar
en el espacio cerrado de la hacienda. Desde este instante se extiende el
proceso del cholo Cardona, desde su proyecto de acabar con el patron has ta
la traicion final al pueblo serrano. Efectuandose de nuevo la conocida
sust.itucion de las claves objetivas par otras psicologicas, Cardona
arrebatado par su conflicto socio-racial interior, par su megalomania,
despliega una problematica de la idemidad individual. El patron es
vencido coma resultado de haber superado su visionario opositor su
condicionamiento enajenado. En media de un histerismo efectista se
conviene en el nuevo sefior de la comarca. Para hacer mas reales e
irrefutables las hechos, su componamiento esta balizado de monologos,
pulsiones confusas, obsesiones que le someten a sentimientos alternativos
de doble personalidad. La ultima etapa del relato recoge la nueva tirania y
su esperada aceptacion par las campesinos.
No es dificil extraer una serie de conclusiones inmersas en el cuemo.
Para comenzar, el autor concede virtudes humanas fundamentales al
campesinado aunque esten enajenadas. Para acentuar esta consideracion
las data de una cierta ingenuidad que con facilidad adopta la forma de
infantilismo. Segundo, el campesinado es incapaz de promover una
actividad de lucha social. No puede actuar coma clase politica. Tercero,
aquellos representantes que dicen defender al pueblo, incluso aquellos que
salen de su mismo seno, lo tracionan par efecto de su propia condici6n y
porque el poder corrompe. Cuarto, la rebeli6n popular no hace masque
sustituir un dictador par otro. El nuevo orden en vez de superar al viejo, se
fusiona con (·I, por lo tanto, no hay cambio cualitativo, sino s6lo
estructural. Bajo una forma nueva pervivc la vieja opresi(m: la sonrisa y
172 Kathll'l'11 N. March I.111.1 Mar/11/ Tobfo
satisfaccion final de! gamonal. Por lo mismo, el poder (el t'stado) es
caracterizado como un principio metafisico, es el Mal: El dragon. Este
planteamiento concibe la historia como una repetici6n de situaciones de
opresion inacabable. La conclusion de! cuento no puede ser otra quc: el
pueblo seguir~1 jugando eternamente el papel de victima injusta.
Pero el desenlace de! re la to proporciona otro elemento mas de interes.
lcaza intenta dar explicaci6n de un hecho que sue le resultar inexplicable:
la aceptaci6n par el pueblo de la opresi6n e incluso su apoyo a ella.
Partiendo de la circunstancia de que no comprenden el cambio de
Cardona, desgarrados entre la evidencia palpable y su sensillez o simpleza
espiritual, sin la sutileza necesaria para descubrir las vericuetos politicos
del nuevo amo, se desarrolla en ellos un conflicto moral y psicologico que
resultara en un complejo de culpabilidad. Esta es la causa, segun el
novelista, de que veneren y apoyen el nuevo orden, par mas dolor que les
produzca. Esto conduce a admitir que el poder dictatorial es apoyado por la
masa popular en virtud de una pulsi6n moral o psiquica. El campesinado
serrano colabora con su propio verdugo: ''Conflicto que se resolvia a diario
rumiando un angustioso sentimiento de culpa. Hombres, mujeres,
ancianos y niiios creyeron entonces que para salvarse ... era necesario
venerar sin medida al santo ofendido, quien, en evidencia, solo era un
nuevo dragon de cara de vibora y patas de buey."13
Es muy cuestionable esta interpretaci6n icaciana por la que la
resistencia aparece maniatada en el interior mismo de las agentes. Pero el
problema surge precisamente desde el momenta en que lcaza al neutralizar
la fuerza de ruptura del campesinado, esta anulando el principio de
rebeli6n, el sujeto del cambio social, su motor mismo. Una vez mas se
explica par que la sierra es un mundo detenido. Estan relacionados con
esto las conceptos de la huida y lo atrapado. Para lcaza todos estan
sometidos a la malla estrecha de la estructura social. Como se afirma En la
realidad: "~Y quicn no cs ta atrapado por lo que es y representa dentrode un
sistPma?" 14 El movimiento por esa red social solo es concebido como un
derivar marginal: la huida, la cual termina, al final de su trayectoria, por
afirmar la soberania de lo atrapado. La fuga interior o fisica vendria a ser el
signo de la impotencia popular para enfrentarse a la clase dominante.
Como ejemplo de dos actitudes diamentralmente opuestas a la
icaciana podrian mencionarse la obra y actividad personal de Manuel
Scorza y Jose Maria Arguedas. El primero manifestaba en una entrevista:
No se trataba de contar mis recuerdos, sino de expresar un capitulo exce1xional de
una lucha que hada 400 afios careda de testigos. La magnitud de la resistencia de
los quechuas contra sus opresores es desconocida. Han existido demasiados
intereses en esconder es ta historia ... Se habla tragicamentedel "silencio indio", de
"la indiferencia de los indios", "Los ojos de piedra <lei indio". Eso no existe. Loque
pasa es que habia que estar detras de esos ojos, como estuve yo.11
Y el segundo deda que su t'.mica ambici6n habia sido la de
/_a, \or/Jff,\{I,\ df'i I 'ir/110'0 Co111/no1111'0 173
volcar en la corriente de la sabiduria y el arte de! Pert'1 criollo el caudal de! arte v la
sabiduria de un pueblo al que se rnusideraba degenerado, debilitado o "extrafi~" e
"impenetrable" pero que, en realidad, no era sino lo que llega a ser un gran pueblo,
oprimido por el desprecio social, la dominaci6n JX>litica y la explotacibn
ecom)mica en el propio suelo donde realizb hazafias JX>r las que la historia lo
consider6 un gran pueblo: se habia convertido en una naci6n acorralada, aislada
para ser mejor y mas facilmente administrada y sobre la cual sblo los acorraladores
hablaban mirandola a distancia y con repugnancia o curiosidad.'"
El lengu.aje de la protesta
El ti po de indigenismo y de interpretaci6n social que promueve Icaza
tiene que analizarse en relaci6n con su reflejo en el piano estilistico. Esta
tarea ya fue emprendida por A. Vetrano en su Ii bro La problematica psico-
social y su correlaci6n ling1'iistica en las novelas de Jorge Icaza, 17 pero el
analisis de este critico no concuerda con nuestros argumentos. Este afirma
que Icaza usa un lenguaje autentico, que representa fielmente el habla de la
sierra ecuatoriana_ Vetrano no esta solo en su evaluaci6n; en numerosas
ocasiones se ha elogiado la selecci6n icaciana de elementos linguisticos
populares. Segt'.m Enrique Ojeda, "Icaza tiene el raro mt-Tito de haber
integrado el lenguaje de la gente de! pueblo al mundo de la expresi6n
artistica." 18 Incluso en las palabras de! propio autor se encuentra esta
afirmaci6n:
Bernos logrado romper la forma espafiola de! pensamiento en beneficiode nuestra
propia construcci6n mental y emocionaL Hablamos en hispanoamericano-
debemos construir nuestros pensamientos esnitos con expresiones propias de
nuestro mundo.'9
En primer lugar, hay que destacar la ambiguedad de las afirmaciones
citadas: ~Cua! es el lenguaje de! pueblo americano? ~Es igual en Mexico
que en Argentina o en la sierra ecuatoriana? ~Es igual el que habla un
proletario que un patrono? ~Es exclusivamente el castellano o puede ser
una de las muchas lenguas indigenas que se mantienen en America Latina?
Ignorar el conflicto digl6sico o el monolinguismo no espaiiol es
distorsionar las circunstancias sociales de acuerdo con un proyecto
ideol6gico muy determinado. Dado el caracter social de! lenguaje y dado
que Icaza crea un habla especial para muchos de sus personajes, es preciso
identificar la ideologia representada por este estilo literario.
Cuando Icaza afirma que "hablamos en hispanoamericano" con las
correspondientes estructuras mentales, el lector se pregunta quien es ese
nosotros y si engloba a narrador y personajes indigenas. La mentalidad
diferente ~Es la deformada y supersticiosa de los quechuas o la de los
blancos y mestizos? El novelista quiteiio contradice su propia afirmaci6n
de un lenguaje hispanoamericano al hacer en sus obras una distinci6n
palmaria entre el lenguaje de los personajes campesinos y el de! narrador.
Por "hispanoamericano" cabria entonces imaginar que Icaza se refiere a la
lengua mas cercana a la lengua standard, lo cual significaria la exclusion
de los personajes representativos de! pueblo, ir6nicamente los que con mas
171 Kathlr'f'll ,\'. ,\Ian h L111.1 .\lartul Tobio
raz6n podrian llamarse americanos.
En el nivel linguistico nos encontramos de nuevo con la ideologia <lei
mestizaje. La Jengua dd discurso narrativo, por mas que se busquen
expresiones de las "estructuras mentales" <lei hispanoamericano, revela un
claro predominio de la lengua espafiola: lo indigena solo aparece
principalmente como puntos lexicos que salpican esa lengua standard.
Ya se ha sefialado que para el escritor ecuatoriano hay un hecho
fundamental: la diferencia racial equivale a una diferencia psicol6gica y
social. L6gicamente tal distinci6n se extiende a, o tiene su equivalente en,
Jos habitos linguisticos de los personajes. Los indios quechuas tienen su
propio idioma cuya presencia es ta reflejada en menor o mayor grado en su
dialogo extra-literario. De ahi que lcaza se haya visto obligado a darles una
forma de expresi6n que rapidamente los distingue de los personajes no
indigenas. El lector recordara las alteraciones fonol6gicas que indican una
pronunciaci6n incorrecta <lei expafiol y cu yo caracter oral contras ta con el
Jenguaje <lei narrador ta) vez "hispanoamericanizado" aunque dentro de la
norma culta, como ya se ha apuntado. Pero muy raramente el narrador
atrae la atencion hacia la existencia de ese otro c6digo no castellano. La
Jengua nativa no recibe ningun apoyo ni justificaci6n de su presencia en el
contexto linguistico que tiene como lengua oficial el espafiol. Si embargo,
segun H. Giles: "Generally. speakers from minority ethnic groups who use
ethnic phonological variants in their speech are downgraded." 20 Lo cual
sefiala que en un primer nivel de expresi6n la poblaci6n campesina esta
estigmatizada. De hecho lcaza se vale <lei quechua, o ciertos de sus rasgos,
para intensificar la apariencia culturalmente degradada de sus indios.
Estos causan la impresi6n de hablar deficientemente el idioma oficial y de
prestigio.
La falta de igualdad linguistica sobrepasa los limites de aceptaci6n
oficial y social y no tarda en unirse al status psicol6gico; en la prosa
icaciana el bilinguismo incompleto y deficientemcnte conccbido de los
indios funciona como una sefial de inteligencia inferior. Ademas, el
contacto de Jos quechuas con dos idiomas resulta ser una desventaja, tanto
en la sociedad en la que se mueven como en la relaci6n con el lector,
obligado a hacer mayores esfuerzos por en tender Jos. N. Page ha apuntado
el peligro de utilizar un dialogo demasiado "realista" 21 precisamente por
las reacciones negativas que puede provocar en el oyente (=lector). Estc
critico menciona algunas altcrnativas para cl texto literario, tales como la
reducci6n paulatina de rasgos no propios <lei lenguaje standard una vez
cstablccido el tipo de habla <lei personaje; y/o la indicaci6n
metalinguistica de) codigo empleado en un dialogo dado. lcaza prefiere
fijar un estilo "aindiado" o "quechuizado" que sirvc para caracterizar a
todos los indios que aparecen en sus obras, tecnica que hay que cuestionar
por su tajante monolitismo. lcaza semiotiza su habla, pero no la de Jos
indigenas. 22 Es decir, que en un caso tiene conciencia de la mediaci6n
literaria, en el otro no, o solamente de signo opuesto.
Acaso no sea lo mas importante la distorsi6n acustica del dialogo
/.n1 \11r/nna1 dl'i l'ir/11111n Cm11/n1m11.1<i
campesino, porque la practica vuelve mas familiares los cambios y su
modelo. Por si no fuera suficiente esta barrera, y aunque se ha dicho que
apenas se hacen menciones metaliguisticas, hay algun que otro caso en que
el narrador sefiala algo que no parece comprender o no considerar de
interes para el lector. Asi, en "Cachorros," se explica como la curandera
lleva a cabo un tratamiento "mientras murmuraba extrafias oraciones en
quichua." Los terminos quechuas ininteligibles aparecen aqui por
referencia (en otros casos, aparecen directamente), pero levantan una
barrera en la comunicacion, aislando a los campesinos de sus hipoteticos
defensores. Aun cuando no alcanzan el aislamiento o rechazo de! hablante
por parte del lector, el lexico indigena es perjudicial en la forma con la que
se le atribuye al usuario. Este resultado contradice el supuesto proposito y
logro de la "autenticidad popular" atribuida al autor ecuatoriano.
El examen de los terminos quechuas empleados revela una
organizacion cualitativa que es delatada por la presencia cuantitativa. De
especial interes son aplabras como ashco, carishina, chagra, guarmi,
Longo, pongo, ricurishca, manavali, runa. Como se ve, abundan Jos
vocablos para las relaciones sociales, personales o sexuales, situaciones en
las que el indio/india se comunican o sufren el menosprecio de un opresor.
Facilmente se asocia la lengua quechua con un grupo o individuo
despreciable. Lo que es peor aun es la imposicion de! punto de vista <lei
blanco sobre la consideracion que el indio tiene de si mismo. Un ejemplo
significativo es este monologo del peon taita Jose en "Cachorros,"
mientras contempla la posibilidad de pedirle un adelanto al patron para el
hijo que va a nacer:
2Dar{1 veinte sucres al pobre runa? iQui' ha de <lar. pes! ... Peru yu he de decir, pes:
"Tai1iquitu, boniticu, pur vida suya, pes. Un adelanticu para la guarmi que quiere
parir nu mas ... " iCarajul 2Nu dara durucomuotras veces? Puratrevidu, pur runa
brulu, mafiosu. 2 l
Es decir, lo que es un termino no connotado negativamente para el
quechuahablante-runa 'hombre, ser humano'-en este contexto se
convierte claramente en designacion despectiva de! indio, ejerciendo una
degradacion de su lengua que corresponde a la social.
De forma semejante, falta el vocabulario relacionado con la naturaleza
e indicativo de la no-comunicaci6n hombre indigena/mundo natural que
se sefial6 antes. Solo abundan unos cuantos nombres de animales,
connotativos de la suciedad ode algun otro rasgo negativo, por ejemplo,
ashco 'perro', cuy 'conejillo de Indias', cuichi 'cerdo'. Asi mismo hay un
numero limitado de palabras que se refieren a las "supersticiones' de la
comunidad.
Tambien en el nivel sintactico se percibe un intento de Icaza por
establecer una caracterizacion linguistica para los indios. Esta vez la
tecnica no esta de! todo motivada por estructuras formales de la lengua
nativa yen realidad delata una actitud de prejuicio soslayada por la critica,
que resaila positivamente el realismo de! autor. Los dialogos de los
176 l\athll'Pn ,\', .\fare h /.1w ,\1art11/ Tobio
personajes quechuas presentan una periodizacion frasica mucho mas breve
que la de los cholos o gamonales blancos, aunque el aumento pueda ser
gradual, sobre todo en el caso del mestizo inseguro de sus origenes. Tan to
en los dialogos como en los mon6logos los indios se muestran incapaces de
expresarse, si no es con frases entrecortadas, quejumbrosas y
gramaticalmente incorrectas, por no decir poco lucidas. En suma, cada
acto de habla sirve para reforzar la supuesta falta de inteligencia y
capacidad de raciocinio. De este modo, su lenguaje discursivo indicaria
que el indio es inferior por motivos innalOs o que dificilmente se podria
mejorar su condicion. De nuevo, lo social se vuelve patologico, es ta vn en
el piano verbal. Un ejemplo de la incapacidad expresiva que actua para
sugerir una deficiencia mental es el siguiente mon6logo de la india
("longa") Trinidad en el rela10 "Barranca Grande":
Tai1iqui1u. :\mu. San \'iccnli< 11. :\rnp[11anw. pn. Tai1a <ura dice quc 1udi1i< u
infinnu para pobrc' nalurak, de amafio. P~11a ... Para novitn1,. fl"'·1ai1iqui111.
So Ii ti< 11' en paila grandc. en< andt'la de <en u. <'llfrt· diablu, de Barran< a Grande.
Nu"' pur maldadquc 11u<a"u1111' . . Nu,., pm «Hi\hina ... Nuc'>porpe<adu.
Nuuu ... (Pllr qui' tambii·n '<Tf1. pc,; Longu ... Mi longu J<"i· aqui pn·-;cnti< u .
l \1u . 2 '1
Hay que volver a recordar que Icaza efectua frecuentes modificaciones
de sus obras. De este pasaje hay al menos tres versiones, cuyo efecto no se
analiza aqui, pero de todas ellas se puede decir que ninguna alcanza un
es ti lo minimamente standard. Si bien se alargan ligeramente los periodos
sintacticos, en este y los demas casos permanece el 'lamento' o grito
frustrado en coro.
Nadie pretenderia queen una obra literaria nose tuviesen en cuenta
rasgos <lei habla popular; la tecnica es relativamente abundante. No
obstante, su empleo es un arma de doble filo. Con demasiada facilidad deja
de ser caracterizacion autentica para convertirse en otro elemento
degradante mas de los personajes. Y si, como en este caso, el contenido <lei
discurso practicamente nunca abarca un nivel de comprensi6n ni siquiera
mediano, la expresion abrupta, estatica en su repeticion fatigosa, sigue
socavando la posible imagen de un campesinado capaz de una vida
normal.
El tema <lei lenguaje literario <lei indigenismo (ode la literatura que
trata de una situacion de contacto entre dos grupos lingiiisticos) todavia
esta por analizar. 25 Algunas de las limitaciones impuestas al escritor por un
publico lector no quechuahablante han sido apuntadas parcialmente
aqui. Muy conocido es el caso del peruano Jose Maria Arguedas, quien
confes6 haber dedicado gran esfuerzo a la creacion de un lenguaje-puente
entre las dos culturas. El resultado no es autentico, sino verosimil, pero hay
algo mas importante: no traiciona el universo indigena ni cultural ni
lingiiisticamente. Al quechua de Arguedas nose le resta la dignidad que al
indio de Icaza le falta. Algunos de los rasgos lingiiisticos de! estrato
indigena son los mismos en ambos au tores; los diferencia, no obstante, la
/,11, .'imfJIPlll\ dl'i I 'nf110\f! C1m1/>rn111i.H> l7i
frecuencia y la flexibilidad de empleo, lo cual nos permiliria hablar de
relralo (Arguedas) frenle a caricalura (Icaza). Olro aulor peruano, el
exiliado Manuel Scorza, mueslra su fuene conciencia <lei peligro que
acarrea una "aunlenlicidad discursiva" en los dialogos lilerarios. Aunque
sus personajes son principalmenle indigenas de la sierra peruana, Scorza
Jes da un lenguaje slandard, lleno de melaforas y expresiones humorislicas
pero lambien serio y racional cuando viene el caso. Segun la afirmacion
reilnada <lei escrilor: "Mis personajes eran moralmenle impecables. Por
eso no quise alribuirles un caslellano macarronico. "26
El analisis <lei lenguaje lilerario desde la perspectiva socio-linguislica
revelara elementos tal vez no percibidos anleriormente, al menos de modo
direclo. Tambien se relaciona con el concepto de la "vision desde dentro"
tantas veces atribuida al indigenismo o usada para criticarlo si falla. Segun
A. Cornejo Polar, no hay que exigirle al genera la experiencia nativa.27 Es
suficienle compartir los intereses <lei campesino indigena. Este punlo de
vista es aceptable en lo que se refiere al contenido de la obra indigenista. No
obstante, no pareceria ser com probable en el piano formal. Es decir, que la
lengua utilizada por los indios no hispanohablantes es lodo un sistema de
expresion que sirve perfectamenle los intereses e interacciones de la
comunidad. Si el escritor no sabe esa lengua le sera mas dificil aprovechar
su potencial linguistico-conceplual para la creacion literaria; facilmenle se
tendra que limitar a un reptTlorio standard de rasgos no caste llanos, tal \TZ
suslituyendo la cantidad por la cualidad. Y como en cualquier situaci(m
oral dl' expresi(m lingt'iislica, hay que tener en cuenta quih1 habla, qu(·
dice, de qu(· manera, etc Salvo que en la obra literaria t'S el autor quien
controla los elemtntos de este acto de habla. Y al hacerlo, puede estar mos-
lrando aspectos muy intcrtsantcs para el estudio de su postura ideolbgica.
El proyecto ideol6gico de ]. lcaza
Al escribir sus relatos el novelista ecuatoriano manifesto ser, y asi fue
considerado, un defensor del campesinado de los Andes 28 -por lo cual
hubo de recibir en Mexico el dtulo de "Defensor de los indios" -. En
consecuencia, ~Por que ti po de apoyo y programa aboga J. lcaza? Dada su
concepcion de! campesinado, su plan es ta destinado a redimirlo tomando
como base los principios del derecho natural, sustentandose en la idea de
que coma seres humanos participan de una naturaleza comun que Jes con-
fiere atributos de valor excelso. Asi pues, su defensa descansa en los
derechos del hombre o de! individuo y, en este sentido, nada innova
respecto al pensamiento liberal decimonbnico. Las situaciones de
injusticia, de violencia o de marginalidad social tienen la finalidad,
ademas de implicar la enajenacion del campesinado, la de denunciar la
opresi6n indigena y exigir el reconocimiento de su dignidad. La acepta-
cion de las producciones icacianas ha de explicarse por este planteamiento
178 Kathleen .\'. ,\Inn h l.111.1 ,\lar/11/ Toblo
humanista, facilmente asimilable o identificable con la ideologia liberal,
hegemonica en las sociedades americanas; pero tambien sin duda por la
critica a la clase en el poder y, por ultimo, a una descripcion de la sociedad
serrana como hasta entonces no se habia realizado.
Sin embargo, la dependencia ideologica de Icaza respecto a la clase
dominante es mas profunda de lo que pudiera parecer a primera vista, pero
tambien es muy sintomatico de la condicion de la pequefiaburguesia,
estrato en el que else encuadraba, 29 constantemente sometida a los vaivenes
opositivos de las dos clases antagonicas. Resulta sorprendente descubrir
que el novelista, en gran medida, no hace mas quc aceptar la ideologia
dorninantc acnca <lei campesinado scrrano. Por cscogcr un l'jcmplo. la
antinomia individualismo ~ masa. tan caractcristica de! pcnsami1·nto
conservador. da forma a las dcscripcioncs dcl pueblo como nmjunto
amorfo y carente de personalidad o sc haya presente en las letanias indi-
ferenciadas e isomorfas con que se expresan. El narrador quitefio real-
mente cree que el campesino es un ser animalizado y embrutecido, pero el
deber es regenerarlo, instante en el que se distancia de las posturas con-
servadoras. En cierto modo, es ta caractcristica de las ideas de Icaza ya habia
sido apuntada acertadarnente por William Rowe: "Ver la violencia como
una respuesta mecanica a la opresion, indica una actitud ambigua hacia
los oprimidos, ya que si bien son mostrados como victimas de la injusticia,
son tratados por el escritor como objetos, lo que significa colaborar con la
ideologia de! opresor. "30
Sin embargo, Jorge lcaza nunca promueve la independencia de!
campesinado como clase o sujeto politico, lo que supondria mostrar sus
capacidades, SU fuerza real y no solo SUS debilidades. En realidad SU defensa
es ta al servicio de una regeneracion que pone el protagonismo politico en
manos de otra clase que no es la campesina. Las palabras de! propio
novelista son reveladoras, comentando su Huasipungo, dice: "La solucion
de Huasipungo cs la rebelion instintiva que hay que dirigirla y orientarla
para evitar su frustracion. "3 1 Por ello, en el narrador ecuatoriano no hay
una linea continuada entre defensa del indigena y denuncia de la clase
dominante. El escritor desliza una difrrcncia. una fisura. entre ambos th-
minos yen f'SC espacio sitt'1a lo fundamental de su proyecto ideolbgico: el
pucsto dirigcntc de la pcqut'lia burguesia.ll Esta lunci{m ticne dos
aspcctos: la concepci6n moralista dt reivindicacibn de los natin>s. sc
cornplcm1·nta con la degradacibn concreta (el rcalisrno icaciano)
constituycndo las dos caras de una unidad. Dcstituycndo al campesinado
como clase autonoma, se busca plegarlo o asumirlo al prograrna politico
de las dases medias. El segundo aspecto es la critica de la oligarquia terra-
teniente que quiere testimoniar la impostura de su rol dominante. De un
solo golpe lcaza justifica que SU ciase debe tomar el poder.
Nose ha pretendido decir en este trabajo quc Jorge Icaza deberia haber
mostrado un campesinado serrano perfectarnente organizado y sin con-
tradicciones puesto que ese reflejo seria completamente irreal y exclusiva-
mente movido por un voluntarismo o idealismo improcedente. Al fin y al
/.a1 Sorfnr.1a1 1fr/ l'irt11ml! Comfnnmi.10 179
cabo, la idealizacion exagerada es tan improductiva como la caricatura
degradante. Pero precisamente es por la vision unilateral de lcaza, por su
exclusion de lo dialectico y su primordial atencion a lo estructural, por lo
que no se le puede considerar un defensor incondicional de la clase
campesma.
NOT AS
I. Gilberto Mantilla Garzbn, "Conversacibn con Jorge Icaza," Afondo Nuevo, No, 49, julio
1970, p, 40,
2, Enrique Ojeda, Cuatro obras df' Jorge Jcaza (Quito: Casa de la Cultura Ernatoriana, 1961 ),
pp, 41, 24.
3. Anthony Vetrano, La Problf'matica psico-social y su correlaci6n ling1Hstica en las novelas
df' Jorge /caza (Miami: Ediciones Universal, 1974), p. 30.
4, Ernesto Alban Gomez, "Presentt' y futuro de Huasipungo," Mundo Nuf'uo, No, 49, julio
1970, p. 33.
5. La repeticibn es una caracteristica quc pcnerra los motivos, los temas y el estilo de los
cuentos. La succsion de sintagmas nominales en las dcscripciones, las series de dialogos y
monblogos, las caracterizacioncs de los personajes; o bien, las violacioncs de cholas, cl
componamiento de! cura, etc confirman csta presencia de lo iterativo.
6, Sobre este punto, vease Alain Badiou y Franc;ois Balmes, De l'ideologif' (Paris: Fran~·ois
Maspero, 1976).
7. "Barranca Grande," en Relatos (Buenos Aires: Editorial llniversitaria de Buenos Aires,
1969), p, 95,
8. En Claude Couffon, "Jorgt' kaza, Cholos," Letras del Ecuador, No. 116 (1959), p. 18.
9. Ross F. Larson, "La evolucibn textual de l/uasifmngo de Jorge Icaza," Revis/a Jbno-
americana, 31, No. 60, julio-diciembre 1965, p. 210.
10, Ross F. Larson, p. 210.
11. Martin Alberto Noel, "Diez minutos con Jorge Icaza," Clarin (Lima), 26 julio 1959,
seccibn literaria.
12. "El nuevo San Jorge," Relatos, p, 157.
13, "El nucm San Jorge," Relatos, p, 191.
14, Jorge lcaza, En la realidad (Buenos Aires: Losada, S.A,, 1972).
15. Manuel Seema, Entrevista a El Pais (Madrid), 15 Julio 1979, suplemento dominical pp.
IV. V.
16. Josi• Maria Argucdas, "Yo no soy un an1lturado," discurso incluidoen El wrro dearriba y
el wrro 1fr abajo (Buenos Aires: Losada, S.A,, 1971 ), p. 29fi.
17, Anthony Vetrano, La problematica psico-so1 ia/,
18, Enrique Ojeda, Cuatro obras df' Jorgr lcaza, p, 30,
19, Adrian Villagbmn, "2S ai\os de Huasipungo," Excelsior (Mexico), IS lebrero 1960,
20, Howard Giles, "Ethnicity markers in speech," in Klaus R. Scherer and Howard Giles,
eds,, Social markns in speech (Cambridge: Cambridge University Press), pp, 251-89.
180 Kathlr'l'll N. A/au h l.11i., Tobio Mar/11/
21. Norman Page, Spef'Ch in the English Novel (London: Longman Group Ltd., 1973).
22. Norman Page, Speech in the English N1Jlle/.
23. "Cachorros," Relatos. p. 18.
24. "Barranca Grande," Relatos, p. 98.
2.5. Puedm verse la tesis doctoral inhlita de K. March, "La visi(m de .Jmi· Maria Argucdas: A
Literary, Cullural and Linguistic Approach," Sl TNY at Buffalo, 1979; la de L. Manul
Tobio, "La novelistica de! mundo guarani: Estructuras economico-sociales,"
lJniversidad Complutense de Madrid, 1980; y el Ii bro de Dino Preti, Socio-ling1lfstica: Os
nii•eis de fa/a (Sao Paulo: Editora Nacional, 1974).
26. Manuel Scorza, entrevista cclebrada en Pontevedra, Espafia, mayo 1980.
27. Antonio Cornejo Polar, "El indigenismo y las literaturas heterogeneas: su doble estatuto
socio-cultural," Rel'ista de critica literaria latinoamericana, afio IV, Nos. 7-8, !er y 2do
semestres 1978, pp. 7-21.
28. Benjamin Carrion lo considera defensor de los indios y de su lengua: "Nos parece ... que .J.
Icaza no solo quiere hacer la defensa del indio, sino acaso primordialmente, la defensa de
la palabra popular, de! modo de hablar de su pueblo, que es su propia alma." En El mm.Jo
relato ecuatoriano: Critica y antologia, 2a ed. (Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana,
19.58), p. 116.
29. Agustin Cueva, "En pos de la historicidad pcrdida. Contribucion al debate sobre la
literatura indigenista de! Ecuador," donde se encuentra un dato de notable interes respccto
a la insercion politica de kaza: "Yen su vida politica jamas fue un militant<' marxista:
partenecio a la Concentraci6n de Fuerzas Populares, organizaci6n populista fundada yen
aquel entonces dirigida por el ambiguo caudillo Carlos Guevara Moreno." En la Rei>ista
de critica literaria latznoamericana, afio IV, Nos. 7-8, 1978, pp. 23-38.
30. William Rowe, "Mi toe ideologia en la obra de .Jose Maria Arguedas," en Juan Larrn, ed.,
Recopilaci6n de textos sobre Jose Maria Arguedas (La Habana: Casa de las Americas,
1976), p. 261.
31. Bernard Dulsey, "Jorge kaza and his Ecuador," Fhspania, 44, No. I, marzo 1961, p. 99.
32. En este sentido, es interesante comprobar como kaza tenia plena rnnciencia de la
dimension ideol6girn-pranirn de sus obras y por esto se ilusiono por algun tiempo con
que sus Ii bros podrian influir a la rnnsecuci6n de su proyecto ideologirn. En mas de una
ocasi6n afirm6 de modo optimista que su novela Huasipungo hab'ia influido en la
revolucion boliviana. Pero tambien se refleja la misma rnnviccion en la declaracion
pcsimista en la que reconoce estar desilusionado porque su obra no habia alcanzado los
efectos sociales esperados de rebeli6n, al menos en el Ecuador. \'ease Bernard Dulsey,
"Jorge kaza and his Ecuador."