Traductor autodidacta del Ulises de Joyce
Traductor autodidacta del Ulises de Joyce
html
02/09/2016 - Clarin.com
Nuevo libro
Salas Subirat, durante un viaje a Montevideo, en enero de 1926, con propósitos de “vinculación
artística” entre los jóvenes escritores de Boedo y sus pares uruguayos | Foto: Gentileza
Penguin Random House
El Ulises de Joyce es un libro largo y complejo. Al día de hoy, no son pocos los críticos
que recomiendan leerlo acompañado de una guía. Lleno de personajes y con una
intrincada trama, se trata para muchos de la obra cumbre de la lengua inglesa. Lo que
pocos saben es que quien lo tradujo por primera vez al castellano fue un empleado
de una compañía de seguros que, con un dominio básico del inglés, realizó una tarea
ante la cual Borges mismo retrocedió: traducir al español las 267 mil palabras
contenidas en 18 capítulos y más de mil páginas de la emblemática novela del siglo
XX. La vida de José Salas Subirat fue uno de los grandes misterios de la Argentina, y,
por qué no, del habla hispana. Hasta ahora.
“El traductor del Ulises” (Sudamericana 400 páginas 349 pesos), de Lucas Petersen,
cuenta cómo Subirat llegó a realizar la titánica tarea. Un extraño personaje que llegó a
escribir libros de autoayuda, sobre seguros y a montar una fábrica de juguetes. “Salas
Subirat fue un ‘hombre hecho a sí mismo’, un self made man, como se dice en inglés. El
desafío de superar los condicionamientos de origen y enfrentar los obstáculos
(materiales e intelectuales) da coherencia a todas sus acciones”, cuenta Petersen, quien
logró conseguir fotos inéditas que le brindó su familia. A la vez, el libro termina
siendo un ensayo sociológico sobre la argentina de la primera mitad del siglo pasado.
Las fuentes para trabajar el tema eran un desafío. “La mujer de Salas Subirat no era
una persona con inclinaciones intelectuales o literarias, por lo que al morir no conservó
nada de él”, cuenta a Clarín Petersen. Por eso, los testimonios fueron la clave para
reconstruir esta historia. “Me puse a buscar a sus familiares. Aunque con baches en el
medio, estuve más de un año intentando encontrarlos. Me había puesto ese objetivo: si
no los encontraba, no iba a empezar a reconstruir su vida desde otras fuentes”, explica el
autor de la investigación. Otra cuestión ayudó, y es que Subirat era fanático de la
tecnología: “Hay fotos desde muy temprano en su vida. Incluso hay algunas
filmaciones de la década del 30 y el 40, pero casi no me sirvieron: retratan
exclusivamente escenas familiares y en la gran mayoría Salas estuvo detrás de cámara”,
cuenta Petersen.
- Aunque tiene sus detractores, hay muchos argumentos con los que puede defender ese
lugar de mejor obra del siglo XX en habla inglesa. Su valor podría resumirse en dos
aspectos. Primero, su capacidad de mirar tan profundamente la vida de un hombre,
Leopold Bloom, para poner en evidencia que en toda vida, por pequeña que parezca, se
esconde algún tipo de épica. Segundo, el increíble virtuosismo que muestra Joyce en la
técnica narrativa: literalmente, Joyce inventa o preanuncia en Ulises casi toda la
literatura de lo que queda del siglo XX.
Al terminar la histórica edición de Ulises, Salas Subirat, Rueda y Dickmann se dedicaron mutuamente
tres ejemplares. Aquí, el ejemplar de Dickmann | Gentileza Enrique Rueda y Dickman hijo
- Del traductor se conservaban algunos datos dispersos (algunos errados, incluso), que
lo retrataban como un ser curioso y enigmático, casi mítico. Su empleo como agente de
seguros en La Continental, la academia de inglés y taquigrafía que fundó en los años 20,
su variopinta producción (literatura, libros de seguros, libros de autoayuda), su
fallecimiento en Florida. Pero eran un puñado de datos, pasados de boca en boca, sin
mayores precisiones o ampliaciones.
- ¿Por qué se da este fenómeno de que sea tan desconocido a pesar de realizar una
tarea titánica?
- Salas no sólo era una figura muy periférica del mundo literario al momento de traducir
Ulises. Lo más notable es que, después de hacerlo, él no mostró ningún interés
particular en usufructuar ese título de “traductor de Joyce” en términos de su
posicionamiento personal en el mundo literario. Después de la segunda versión,
revisada, de 1952, prácticamente se retira de la escena. Cuando muere, en 1975, era un
hombre casi olvidado. La posibilidad de que se perdiera para siempre esa historia fue lo
que movilizó a buscar, casi de manera detectivesca, a sus descendientes.
- Salas es un típico hijo de la inmigración, al menos de aquella fracción que antes del
peronismo pudo ascender socialmente a la clase media. Políticamente, por ejemplo,
combina algún izquierdismo (más radical o más moderado, según la época), tan
difundido en la cultura de la clase trabajadora inmigrante, con el individualismo
meritocrático de inspiración liberal que se promovía desde el Estado y otras
instituciones. Por otro lado, su vínculo con la lengua literaria es también el típico de los
hijos de inmigrantes. Es un vínculo incómodo por la falta de referencias familiares, por
haberse formado de manera autodidacta, que se expresa en una mezcla de pudor por
escribir bien con un desenfado muy propio por ser esa generación el laboratorio donde
se está formando algo nuevo, el español rioplatense. Ese proceso –que tiene en la
ficción a Roberto Arlt como exponente fundamental— se plasma de manera bastante
evidente en su traducción de Ulises.
Parte de la numerosa familia Salas Subirat en una excursión campestre. De pie, segundo desde la
izquierda, está José Salas Subirat. Junto a él, de negro, su madre, Florentina Subirat. José padre está
sentado, en la izquierda de la imagen | Foto: Gentileza Penguin Random House
- En el libro se cuenta que Salas Subirat quería ser un mediador entre las minorías
excluidas y los saberes culturales. ¿Lo logró?
- Creo que sí lo logró. Lo logró porque, pese a que su figura pasó al olvido en el mundo
literario, su traducción formó a varias generaciones de lectores. Su tarea de mediación
fue efectiva. Lo logró también en el campo de los seguros (de la venta de seguros, en
particular), ya que enriqueció esa disciplina con saberes que "importaba" de la cultura
erudita. En el campo de los seguros no fue tan olvidado entre los que se formaron con
sus textos, aunque no supieran tanto de su vida (allí, como en todo texto técnico-
motivacional, la biografía del autor no resulta tan relevante como en el campo de la
literatura). Como el nombre de mediador lo indica, se proponía como intermediario, lo
cual no queda invalidado por el "borramiento" de su figura.
- Uno de las cuestiones que más me sorprendió (y uno de los motivos que me llevó a
iniciar la investigación) fue que si se lo googleaba no se encontraba una sola foto de su
rostro. No podía entender cómo podía pasar eso, sobre todo porque había vivido 75 años
y había muerto no hacía tanto tiempo. Recuerdo la excitación cuando vi por primera vez
su rostro, en una de las pocas necrológicas que se publicaron en 1975. Lo correcto sería
decir: “se olvidó su rostro” o “su rostro ya no era conocido al iniciar la investigación”.
Pero si, parafraseando a Platón, conocer es recordar, no se conocía su rostro. Las fotos
del libro son inéditas.
- Como cabe imaginar, con un esfuerzo y un tesón casi sobrehumanos. Solo esa pasión
por superar desafíos explica semejante dedicación. Además, tenía una curiosidad
descomunal. Quería conocer el Ulises. Si su inglés no alcanzaba y no había traducción,
era cuestión de traducirlo por su cuenta. A veces el texto le presentó dificultades que no
pudo resolver. Hay que considerar que por entonces prácticamente no había material de
referencia, algo que hoy se considera absolutamente imprescindible para traducir e
incluso leer Ulises.
- ¿Cómo fue ese proceso de traducción? ¿Cuánto demoró? ¿Lo hacía mientras
trabajaba de otras cosas?
Autodidacta y emprendedor: en pleno auge de la sustitución de importaciones, Salas Subirat montó una
fábrica de juguetes, los Chaminú | Foto: Gentileza Penguin Random House
- ¿Cuán buena fue la traducción para ese momento y cuán buena es hoy? ¿Se sigue
usando?
El libro se presenta hoy viernes 2 de septiembre en la Sala Federal del Centro Cultural
Kirchner, a las 19, con Luis Chitarroni, Carlos Gamerro y Jorge Fondebrider.
En su escritorio de La Continental, en tiempos en que traducía Ulises | Foto: Gentileza Penguim Random
House