CASO
Natalia tiene 32 años, estudia la universidad y trabaja como secretaria. Su motivo de
consulta es que tiene problemas en sus relaciones interpersonales. Creció con una madre
extremadamente estricta, rígida y enojona “es tu deber hacer las cosas exactamente como yo te
digo” era una frase típica de la madre cuando Natalia no alcanzaba los estándares que le exigía su
madre. Los castigos podían ser físicos, como golpes y cinturonazos, o más de índole emocional (la
madre era fría y no le prestaba nada de atención a Natalia cuando no llegaba al estándar). A parte
de ser muy rígida, la madre era muy inestable emocionalmente, incluso llegando a peleas físicas
con las vecinas. A parte de la impulsividad, era propensa a profundas depresiones, tomaba
antidepresivos y ansiolíticos con frecuencia. La madre cumplía criterios para trastorno límite de la
personalidad pero nunca fue diagnosticada. El padre de Natalia le prestaba atención cuando era
chica pero debido al consumo crónico de marihuana, no era consistente, prefería muchas veces
consumir drogas que pasar tiempo con Natalia o sus 2 hermanas. Los padres peleaban mucho, y
después de un periodo de un año de discusiones casi diarias, finalmente se separan, Natalia tenía
9 años. A partir de ese momento, el padre se alejó y nunca fue un apoyo constante para Natalia,
se desaparecía por periodos largos de tiempo, no llamaba y no apoyaba económicamente de
forma constante, aunque sí tenía los medios económicos para hacerlo. El padre de Natalia era
muy consentidor cuando era niña, así que era todo para ella, por lo cual fue muy difícil entender
como su padre pasó de ser su héroe a una total decepción. Actualmente, el padre usualmente la
busca solo en cumpleaños o fechas especiales.
El problema que más malestar le genera a Natalia es su relación con un hombre casado que le
asegura que la quiere mucho pero nunca podrá dejar a su esposa por ella. Cuando el terapeuta le
pregunta por qué sigue con él sabiendo eso, ella contesta “no puedo terminar con él, es todo lo
que tengo, aunque está casado está parcialmente ahí para mí” “él es el único que me resuelve
cuando necesito algo” “él es el único que me escucha y me ayuda a calmarme cuando me pongo
mal emocionalmente” “necesito a alguien que me diga que las cosas van a estar bien cuando yo lo
veo todo negro, necesito a alguien que esté, aunque tenga que compartirlo, para que me ayude a
lidiar emocionalmente, yo no puedo sola, no puedo..” “cuando estoy con él pretendo que su
esposa no existe, solo no pienso en eso”.
Durante las siguientes sesiones el terapeuta identifica que Natalia tiene terror a que su pareja la
termine. Para evitar el abandono, ella intenta ser la novia perfecta “si soy la novia perfecta, no
muestro muchas necesidades / emociones y lo complazco en todo lo que quiere, se va a quedar
conmigo (mínimo por el momento)” pero “si le muestro mi verdadero yo o cometo cualquier
error, me va a dejar” “si él se enoja es porque hice algo mal”. Por lo tanto, Natalia muestra mucha
ansiedad cada vez que nota a su pareja distanciado. Aunque ella se esfuerza por ser perfecta, sus
fuertes necesidades afectivas son imposibles de disimular, exige más tiempo de lo que él le puede
dar y constantemente lo busca, le llama, mensajes etc. Ella periódicamente explota, haciéndole
dramas muy intensos en donde le exige que deje a la esposa y le reclama lo injusto de ponerla en
esa situación. El novio no se espanta ante los reclamos, solo la escucha pero sigue sin
comprometerse a dejar a la esposa.
Eventualmente el comienza a alejarse de Natalia, y por mucho que ella se esforzó en que
la relación funcione, incluso aceptando todos sus términos, él la deja. Natalia llega en crisis a
terapia abrumada con tristeza y ansiedad, presenta en ese momento las siguientes ideas “siempre
voy a estar sola” “aunque haga todo bien, repentinamente siempre me dejan”. Cuando el
terapeuta le intenta mostrar Socraticamente que no es tan mala idea que terminaron y le señala
las características negativas de su ex, ella se pone peor y responde “algo está mal en mí!, nadie me
puede aguantar” “soy un desmadre emocional” “quien va a querer aventarse este paquete?!!” “no
creo que sea él porque siempre me pasa lo mismo, he tenido 7 parejas y las 7 me han dejado,
siempre voy a estar sola”. Aparte de la ruptura, en la misma semana tuvo un acta administrativa
en el trabajo, lo cual generó mucha autocritica “no estoy haciendo lo suficiente en el trabajo” “soy
incompetente” “nada hago lo suficientemente bien”.
Después de 2 semanas de intensa tristeza y de no funcionar en el trabajo, Natalia todavía
presenta mucho malestar pero oscila entre periodos intensos de tristeza y periodos en donde se
inmersa en el trabajo y esta como entumecida pero funcional. Le dice al terapeuta “si no pienso
en el problema (el hecho de que sé que siempre voy a estar sola), puedo funcionar, pero si pienso
en eso me voy a desmoronar” “Como sé que los hombre solo se acercan a mí porque quieren algo
físico nada más, mejor evito fijarme en nadie, así nadie me lastima” “no puedo correr el riesgo de
que me lastimen otra vez”. Aunque con esta nueva actitud ella puede funcionar, existen muchas
situaciones que la ponen mal, un ejemplo típico sería un viernes en la noche donde no tiene
planes y le llega el pensamiento “siempre voy a estar sola”, lo cual le genera tristeza y llora hasta
que se duerme. Otra situación típica sería tener exceso de trabajo piensa “estoy sola, con nadie
que me apoye” lo cual le genera tristeza y termina resolviendo por sí misma. En todas las
ocasiones después de sentirse mal durante minutos (o horas) ella busca más trabajo o estudia para
no pensar en su situación sentimental.