PROLOGO
El objeto del derecho es uno de los términos de referencia de la relación jurídica, o sea del deber
jurídico y del derecho subjetivo. Así pues. Por objeto debe entenderse, en general, todo lo que en
una relación jurídica no es sujeto. En la doctrina existen tres concepciones típicas sobre la noción
del objeto del derecho.
1.- La primera considera que es el objeto todo lo que se representa como estando fuera
del sujeto, sean cosas materiales, acciones humanas o fenómenos inmateriales.
2.- La llamada "concepción clásica", que se considera derivada del derecho romano,
identifica el objeto del derecho con las cosas materiales.
3.- Por último, la tercera concepción, denominada a veces como" concepción moderna
"sostiene que el único objeto del derecho es la conducta humana (sea de acción u
omisión). Esta concepción suele llevar a algunos partidarios a distinguir entre el objeto
inmediato de los derechos que sería la conducta humana y su objeto mediato o practico o
substrato del derecho que sería la cosa a esa conducta se refiere. En todo caso, esta
concepción frecuentemente (aunque no siempre), lleva a borrar la distinción entre
los derechos reales y los derechos de crédito, distinción que es fundamental en el
Derecho Privado.
El objeto del derecho es uno de los términos de referencia de la relación jurídica, o sea del deber
jurídico y del derecho subjetivo. Así pues. Por objeto debe entenderse, en general, todo lo que en
una relación jurídica no es sujeto. Los sujetos del derecho son aquellos que disponen de
capacidad para tener derechos y obligaciones. Según la doctrina legal, es equivalente al concepto
de persona. Como persona se entiende el ser humano o el ente al que el ordenamiento jurídico
reconoce la capacidad para ser titular de derechos y obligaciones.
Como sujeto de derecho, el ser humano tiene derechos subjetivos, deberes y obligaciones. En
este punto es importante resaltar que el ser humano no es el único que puede considerarse sujeto
de derecho. El origen de la definición de persona, ligada muy de cerca al sujeto de derecho, viene
del latín del verbo persono, que significa resonar.
El concepto «persona» se refería a una máscara que utilizaban los artistas en su caracterización y
que variaba el sonido de su voz. En derecho no se equipara persona y ser humano; en
consecuencia, el sujeto de derecho y el ser humano tampoco son identificables. Existen
requisitos legales para ser considerado persona por el derecho. Solo cuando un ente adquiere
capacidad jurídica o personalidad jurídica, puede tener derechos y obligaciones.
Jurídicamente, persona es todo aquel sujeto capaz de derechos y obligaciones, es decir,
susceptible de devenir sujeto, activo o pasivo, de relaciones jurídicas. El desprendimiento del
seno materno con vida, esto es, el nacimiento, determina la personalidad.
Etimológicamente, la palabra persona tiene su origen en el sustantivo latino persona,ae, derivada
del verbo persono, que significa sonar mucho, resonar.
Con este sustantivo se designaba la máscara o careta que utilizaban los actores y que servía al
mismo tiempo para caracterizar, para ahuecar y lanzar la voz. Posteriormente esta palabra, se
aplica al actor, y luego a los actores de la vida social y jurídica.
Sucesión por causa de muerte es un modo de adquirir el dominio de todos los bienes, derechos y
obligaciones transmisibles de una persona difunta o de una cuota de ellos como la mitad, un
tercio, un quinto, o de una o más especies o cuerpos ciertos, como tal caballo, tal casa o de una o
más especies indeterminadas de cierto género, como un caballo, tres vacas, seiscientos sucres,
cuarenta fanegas de trigo.
Los derechos patrimoniales susceptibles de transmisión se integran en una unidad, formando una
universalidad jurídica que se denomina herencia o sucesión. El término sucesión, tiene su origen
en el vocablo successio, que proviene del latín. Esta palabra se refiere al derecho que ostenta un
sujeto para suceder a otro en sus derechos y obligaciones, por causa del fallecimiento del
primero.
De forma general, se puede concluir que la sucesión por causa de muerte es la trasmisión de los
derechos, bienes, obligaciones y acciones, de una persona que ha fallecido, a otra que toma su
lugar jurídicamente respecto a estos títulos. A partir de la muerte se forma una relación jurídica
entre los sucesores (herederos y legatarios) y la herencia: esta relación jurídica se traduce en
diversas facultades o poderes que tienen los sucesores sobre la herencia, entre las cuales cabe
señalar: la aceptación (o repudiación) de la herencia, iniciación del proceso de sucesión, la
custodia de los muebles y documentos del difunto, el secuestro de los bienes, y el cobro de lo que
se deba al causante, la demanda de partición y adjudicación de los bienes hereditarios. Fuera de
estas facultades y otras, los sucesores contraen determinadas obligaciones, como cancelar las
deudas de la sucesión, pagar los impuestos sucesorales, etc.
Todas las normas sobre sucesión por causa de muerte tienen un objetivo fundamental que es
resolver el problema que se suscita con la ocasión del fin de la existencia legal de una persona,
ya que a partir de ese momento el patrimonio del sujeto muerto pasa de pleno derecho y por el
solo ministerio de la ley, a sus herederos, quienes adquieren el dominio de sus bienes y asumen
las obligaciones del causante (Pérez Guerrero, 1956, p. 11).
Por todas estas consideraciones el tratadista Ponce Martínez sostiene que: a) La sucesión por
causa de muerte es un modo derivativo, mortis causae, de adquirir el dominio a título gratuito. b)
La sucesión por causa de muerte es un título para adquirir la posesión. c) La sucesión por causa
de muerte es un modo de adquirir todos los derechos reales o personales, bien a título universal,
bien a título singular. Es el único modo de adquirir una universalidad de derecho de una persona
natural, esto es, de adquirir el patrimonio de una persona natural (Ponce Martínez, 1993, p. 232).
CLASES DE SUCESIÓN
Dentro de los distintos regímenes sucesorios encontramos: a) la sucesión intestada o abintestato,
como regla general: tiene lugar cuando no hay testamento o este es ineficaz, de manera que la
distribución de la herencia la hace la ley. En ella la ley interpreta y suple la posible voluntad del
testador; b) la sucesión testamentaria, ocurre cuando el causante ha dejado testamento
íntegramente eficaz, en el que dispone de todos sus bienes; c) la sucesión mixta: es parte testada
y parte intestada, porque el testador no ha dispuesto de la totalidad de sus bienes o habiéndolo
hecho algunas de las asignaciones testamentarias no son válidas o son ineficaces.
SUCESIÓN INTESTADA
También denominada sucesión abintestato, legal o legítima, es aquella que se da en el caso
sucesión mortis causa ante la inexistencia o invalidez de testamento del fallecido. Dada la
necesidad de la elección de un sucesor, y ante la inexistencia de voluntad escrita del fallecido, la
ley suple esa voluntad designando sucesores por defecto.
En este caso no está reconocida la existencia de nombramientos alternativos. Puede haber
heredero único o múltiple, pero si hay pluralidad de herederos todos suceden simultáneamente.
La causa del derecho a suceder a cualquier causante queda fijada por la ley por unos criterios
objetivos que relacionan a causante y sucesor: parentesco, matrimonio y ciudadanía regidos por
un orden preferencial.
Si no se hace testamento, la ley dice quiénes y en qué proporción han de recibir los bienes
hereditarios. Es la sucesión intestada (o ab intestato) (Asamblea Nacional del Ecuador, 2005 Art.
1009).
SUCESIÓN TESTADA
Se denomina sucesión testada a aquella sucesión hereditaria en la que la que el fallecido ha
dejado constancia de su voluntad mediante un testamento. La ley otorga a las personas facultad
para que en vida dispongan de la suerte que han de correr sus bienes cuando mueran, es decir,
para señalen quienes los han de recibir. Los negocios jurídicos mediante los cuales se hace
manifestación de esta disposición se denominan testamentos. Esta es la sucesión testamentaria
(Asamblea Nacional del Ecuador, 2005 Art. 1009).
A través del testamento, el causante puede expresar su parecer sobre el destino que van a recibir
sus bienes tras su muerte, y con ello puede modificar en parte lo que establece la Ley. En el
testamento se puede nombrar herederos diferentes de los establecidos en la Ley.
En este caso cualquier persona, física o jurídica, puede suceder mortis causa al causante, en
calidad de heredero o de legatario, y el testador puede hacer nombramientos alternativos de
eventuales sucesores para el caso de que el primer nombrado no llegue a suceder.
SUCESIÓN MIXTA
Las sucesiones testamentaria e intestada, cuando coexisten se denominan sucesión Mixta. Esta
forma de coexistencia, se desarrolla pacíficamente, donde cada parte del patrimonio del causante
es repartida de acuerdo al tipo de sucesión que le corresponda.
El Código Civil ecuatoriano regula igualmente esta clase de sucesión: Art. 1034.- Cuando en un
mismo patrimonio se ha de suceder por testamento y abintestato, se cumplirán las disposiciones
testamentarias, y el remanente se adjudicará a los herederos abintestato, según las reglas
generales.
Pero los que suceden a un tiempo por testamento y abintestato, imputarán a la porción que les
corresponda abintestato lo que recibieren por testamento, sin perjuicio de retener toda la porción
testamentaria, si excediere a la otra. Prevalecerá sobre todo lo dicho la voluntad expresa del
testador, en lo que de derecho corresponda (Asamblea Nacional del Ecuador, 2005 Art. 2011).
Pero no todos los derechos o situaciones de que una persona es titular son susceptibles de
transmisión por causa de muerte. El art. 993 del Código Civil señala que se sucede a una persona
a título universal o a título singular y que, en el primer caso, se sucede en todos los bienes,
derechos y obligaciones transmisibles o en una cuota de ellos, mientras en el segundo evento se
sucede en una o más especies o cuerpos ciertos o en una o más especies indeterminadas de cierto
género.
Por regla general, todos los derechos y todas las obligaciones son transmisibles, salvo aquellos
derechos cuyo ejercicio es exclusivamente personal o que dependen de la vida de una persona y
aquellos cuya transmisión está prohibida por la ley. Al respecto se distinguen los derechos
transmisibles y los intransmisibles:
DERECHOS TRANSMISIBLES
Los derechos patrimoniales tienen la virtud de ser transmisibles, ya por acto entre vivos,
ya por causa de muerte. Estos derechos se clasifican en cuatro variedades: reales,
personales o de crédito, inmateriales y universales. Estos derechos son objeto de
sucesión, previas las siguientes observaciones:
I. La propiedad y demás derechos reales forman el contenido principal de las
sucesiones mortis causa. Se exceptúan los derechos cuya duración se condiciona a
la vida del transmitente o causante, como sucede con el usufructo, uso o
habitación.
II. II. Los derechos personales son objeto de trasmisión, tanto por el aspecto activo
como por el pasivo. Los sucesores (herederos o legatarios) pasan a ser acreedores
de los deudores que tuviera el causante en el momento de su muerte; igualmente
deben cancelar las deudas del causante.
Al respecto existen limitaciones con ciertas obligaciones de carácter
personalísimo. Ante todo, con las consistentes en acciones o conductas
(obligaciones de hacer). Debe de hacerse a este respecto una distinción: si el
muerto era acreedor o deudor. Si lo primero, es posible que subsista la obligación
de carácter personal, la que, en ese caso, deben cumplirla los herederos. El
mandatario debe continuar su encargo si en caso de suspender la confirmación de
su obligación se sigue perjuicio a los herederos o cuando el mandato está
destinado a ejecutarse después de la muerte del mandante. Cuando el muerto era
deudor, la obligación se extingue definitivamente, por imposibilidad de que los
herederos la cumplan.
III. Los derechos sobre objetos inmateriales se clasifican en derechos de autor
(propiedad intelectual) y derechos industriales (propiedad industrial).
1. En los derechos de autor (libros, escritos, obras teatrales, composiciones
musicales, dibujos, pinturas, grabados, esculturas, cartas, etc.) se distingue el
disfrute económico y el derecho de autoría o paternidad. El disfrute económico es
derecho susceptible de trasmitirse por causa de muerte. Así el sucesor puede
continuar explotando la obra: hacer nuevas ediciones o reproducciones. En
cambio, el derecho de autor (también denominado derecho moral) en sí no es
trasmisible por causa de muerte, por no ser ello posible.
2. Los bienes inmateriales industriales o propiedad industrial (patentes de
invención, dibujos y modelos industriales, marcas) son susceptibles de trasmisión
en lo que corresponda a su explotación económica.
IV. Los derechos universales, o sea los que recaen sobre ciertas universalidades
jurídicas, son igualmente trasmisibles por causa de muerte. Se distinguen tres
variedades principales: los derechos sucesorales o hereditarios y cuyo contenido
es la herencia; los derechos sobre el patrimonio de las personas jurídicas disueltas,
y los que recaen sobre la masa de gananciales.
V. Otros derechos patrimoniales transmisibles por causa de muerte. - No solo los
derechos mencionados se trasmiten; también los derechos en formación, los
derivados de la posesión y el derecho de accionar (o derecho de protección
jurídica). Por lo tanto, el derecho de accionar, o sea, la facultad de pedir a los
jueces la cesación de los estados anómalos de los derechos o situaciones jurídicas
que podía ejercer el causante, trasmite a los herederos.
DERECHOS INTRANSMISIBLES
En general no son transmisibles mortis causa los denominados derechos
extrapatrimoniales y los derechos políticos (derecho al voto y a ser elegido). Se
distinguen dos variedades de derechos extrapatrimoniales: los de personalidad o
humanos, y los de la familia. Igualmente, algunos derechos surgen con ocasión de la
muerte, pero no forman parte de la herencia por no encontrarse radicados en la cabeza del
causante en el momento de su muerte.
I. Los derechos de la personalidad o humanos. - Estos derechos son inherentes a la
propia persona humana, y de ella no pueden separarse. El derecho a la vida, a la
salud, al cuerpo, a la voz, al honor, etc., son bienes cuyo respeto se impone a los
demás y al propio Estado; se extinguen con la muerte.
II. Los derechos familiares, en general, se extinguen con la muerte. No solo la
obligación de fidelidad, ayuda y socorro mutuo entre cónyuges, sino también las
acciones en ejercicio o las que puedan ejercerse, como la de divorcio. No
obstante, la acción de investigación de un estado civil es trasmisible al heredero.
III. Derechos patrimoniales que no se radicaron en la cabeza del causante. - Para que
haya sucesión mortis causa se requiere que el derecho trasmisible exista en el
patrimonio del causante y que, a consecuencia de la muerte, pase a los sucesores.
La muerte puede ser una causa del nacimiento de derechos a favor de una
persona, pero no formar parte de la herencia, por no haber existido en cabeza del
causante en el momento de su muerte.
FUNDAMENTOS DE LA SUCESIÓN POR CAUSA DE MUERTE
La trasmisión de los bienes de las personas que muere a otra u otras personas actualmente vivas,
tiene varios fundamentos o causas. En primer término, se halla la institución de la propiedad
privada como derecho perpetuo; en segundo lugar, la institución misma de la familia; por otra
parte, la autonomía de la voluntad de los particulares en la disposición de sus bienes; y,
finalmente, importantes consideraciones de orden político y social (Valencia Zea, 1988, p. 33).
I. La institución de la propiedad privada. - El derecho hereditario o conjunto de normas
jurídicas que regulan la trasmisión de los bienes por causa de muerte, tiene por fin
principal la protección de la propiedad privada. Sin la existencia de la propiedad
como derecho subjetivo absoluto y perpetuo, no se concibe la sucesión por causa de
muerte. En efecto, la sucesión mortis causa supone derechos destinados no solo a
existir durante la vida de su titular, sino a continuar viviendo en cabeza de los
sucesores.
El nacimiento de la propiedad privada en cualquier sociedad, exige la reglamentación
de derecho hereditario, pues no es posible concebir la propiedad privada libre sin el
carácter de trasmisible ya entre vivos, ya mortis causa.
II. La familia. - Si la propiedad, considerada como derecho perpetuo y no vitalicio,
justifica la trasmisión hereditaria, es necesario encontrar otra base o fundamento
nuevo que nos sirva de pauta o guía en la escogencia de las personas que han de
recibir los bienes que pertenecen al que muere, esto es, los herederos y legatarios.
Toda persona proviene de una familia y generalmente ha formado otra. La
experiencia y la historia demuestran que las personas más vinculadas con otra son
precisamente los miembros de la familia que ha formado (hijos), y en su defecto, los
de la familia de donde proviene (padres y hermanos). Por ese motivo la ley al señalar
las personas que han de recibir los bienes del que muere, escoge de preferencia a los
hijos; en su defecto, a los padres, y en último término a los hermanos. Del mismo
modo el testador suele tener mayores afectos por los hijos; en su defecto por sus
padres y hermanos. Esta es una ley de la naturaleza humana que tiene muy pocas
excepciones.
III. Autonomía de la voluntad individual. - La persona que carece de hijos y cuyos padres
ya murieron, tiene total libertad para distribuir sus bienes (salvo los casos
excepcionales de porción conyugal). El imperio de la voluntad se admite plenamente
en relación con las personas que en el momento de morir no sean miembros de
ninguna familia, es decir, que carezcan de hijos y padres. Esto nos indica que, según
el Código Civil, la institución de la familia y el principio de la autonomía de la
voluntad en algunos casos se complementan mutuamente, mientras que en otros la
autonomía de la voluntad se impone.
IV. Fundamentos de orden político y social. - La trasmisión de bienes por causa de
muerte ha sido aprovechada por los estados modernos para incrementar los ingresos
del Fisco, y también para evitar la excesiva concentración de patrimonios en una sola
cabeza, haciendo un reparto de los bienes entre diversas personas.
En este sentido, se deduce que en la reglamentación del derecho hereditario también
desempeñan un papel importante las consideraciones de carácter político, pero estas
deben jugar su papel a falta de testamento y a falta de familia a quien atribuir los
bienes hereditarios.
DERECHO DE TRANSMISIÓN
En el artículo 999 del Código Civil vigente se establece el Derecho de transmisión: "Si el
heredero o legatario cuyos derechos a la sucesión no han prescrito, fallece antes de haber
aceptado o repudiado la herencia o legado que se le ha deferido, transmite a sus herederos el
derecho de aceptar o repudiar dicha herencia o legado, aun cuando fallezca sin saber que se le ha
deferido. (…) No se puede ejercer este derecho sin aceptar la herencia de la persona que lo
transmite."
Es decir, que aquel sujeto que ha recibido en herencia o legado determinado patrimonio, pero
fallece antes de aceptarlo o repudiarlo, puede heredar a sus herederos o legatarios, mediante el
Derecho de transmisión, la posibilidad de heredar aquello sobre lo que éste podía ejercitar la
sucesión. Lo que se transmite en estos casos es el derecho de aceptar o repudiar la herencia o
legado, incluso en los casos de fallecimiento sin conocer que este legado o herencia se le ha
deferido.
RESPONSABILIDAD DEL HEREDERO POR LEGADOS
El Código Civil establece con carácter general los efectos que la aceptación de herencia produce
en el aspecto pasivo. Y así como con respecto a las deudas se admite unánimemente que
consagra la responsabilidad ilimitada del heredero, lo mismo ha de ocurrir con respecto a los
legados, ya que, como se ha dicho, no son más que obligaciones creadas por el testador a cargo
del heredero.
"Art. 1273.- Las herencias del Estado y de todas las corporaciones y establecimientos
públicos se aceptarán, precisamente, con beneficio de inventario. Se aceptarán de la
misma manera las herencias que recaigan en personas que no pueden aceptar o repudiar
sino por ministerio o con autorización de otras. No cumpliéndose con lo dispuesto en
este artículo, las personas naturales o jurídicas representadas, no estarán obligadas por
las deudas y cargas de la sucesión sino hasta donde alcance lo que existiere de la
herencia al tiempo de la demanda, o se probare haberse empleado efectivamente en
beneficio de ellas."
Se argumenta que, si el artículo 1273 limita la responsabilidad del heredero por deudas y legados
en caso de aceptación del beneficio de inventario, esta responsabilidad ha de ser ilimitada en
caso de no aceptarse dicho beneficio.
El Código Civil ha introducido reformas en cuando al beneficio de inventario en relación con el
Derecho anterior, pues por una parte sanciona con la pérdida del beneficio de inventario a los
que ocultaren o sustrajeran bienes, y por otra, a los que enajenaren. Además, ha establecido un
sistema de responsabilidad cum viribus, con la consiguiente administración que implica un
proceso de liquidación de la herencia con fines de pago preferente a acreedores y legatarios.
DIEGO CAIZA PRECIADO
23 de diciembre 2021.