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De Keynes A Keynes - Novelo

Este documento presenta un resumen de la crisis económica global desde una perspectiva histórica, desde los años 80 hasta la actualidad. El autor analiza las similitudes entre la Gran Depresión de 1929 y la crisis actual, así como la relevancia de las ideas de John Maynard Keynes. También describe el surgimiento de un "keynesianismo sin Keynes" en respuesta al llamado neoliberalismo. El objetivo es comprender los eventos actuales desde diferentes teorías económicas y lecciones del pasado, evitando voluntarismos y apreciando los contextos
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De Keynes A Keynes - Novelo

Este documento presenta un resumen de la crisis económica global desde una perspectiva histórica, desde los años 80 hasta la actualidad. El autor analiza las similitudes entre la Gran Depresión de 1929 y la crisis actual, así como la relevancia de las ideas de John Maynard Keynes. También describe el surgimiento de un "keynesianismo sin Keynes" en respuesta al llamado neoliberalismo. El objetivo es comprender los eventos actuales desde diferentes teorías económicas y lecciones del pasado, evitando voluntarismos y apreciando los contextos
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DE KEYNES A KEYNES.

LA CRISIS ECONÓMICA GLOBAL, EN

PERSPECTIVA HISTÓRICA.

FEDERICO NOVELO URDANIVIA.

1
PARA MI QUERIDO HIJO NICOLÁS.

2
DE KEYNES A KEYNES.

LA CRISIS ECONÓMICA GLOBAL, EN PERSPECTIVA HISTÓRICA.

Federico Novelo Urdanivia.*

“Querido Señor Presidente:

Usted se ha convertido en fideicomisario de aquellos que, en todos los países, tratan de

arreglar los males de nuestra condición por medio del experimento razonado y dentro del

marco del sistema social existente. Si fracasa, el cambio racional se verá gravemente

perjudicado en todo el mundo y lo único que quedará será una batalla final entre la

ortodoxia y la revolución. Pero si Usted tiene éxito, nuevos y audaces métodos serán

probados en todos lados y estaremos autorizados a ponerle fecha al primer capítulo de una

nueva era económica, con su llegada al poder”.

Carta abierta de John M. Keynes al Presidente Franklin D. Roosevelt, publicada el 31 de

diciembre de 1933 en el New York Times.1

INTRODUCCIÓN.

Comprender los acontecimientos que agobian al capitalismo internacional, desde

muy diversas ópticas de la teoría económica, ortodoxa o no, parece un esfuerzo despojado

de referentes históricos y, por ello, tiende a convertirse en una suerte de voluntarismo

economicista que, en lo personal, ni puedo ni quiero compartir; una forma aceptablemente

confiable de evitar la repetición de los errores pasados, que la historia generosamente nos

cuenta, es la de conocerlos conociéndola, sin pretender apreciar a los momentos

culminantes, ahora de la crisis en curso, como relámpagos carentes de entorno y

antecedentes. Hoy se trata, en mi opinión, de realizar un ejercicio braudeliano, de recorrer

*
Profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, México.
1
Citada en Robert Skidelsky, John Maynard Keynes. The Economist as Savior (1920-1937), Penguin Books,
New York, 1995, p. 492.

3
y rescribir una historia de larga duración (más o menos), desde los amplios antecedentes de

los años ochenta del siglo pasado hasta la nueva incertidumbre que acompaña al momento

económico global que vivimos, incluyendo –por supuesto- la reivindicación de

especulaciones válidas sobre el porvenir.

En el desarrollo del tema relativo a los cambios globales, el punto de partida más

conveniente parece ser el del inicio de lo que Eric Hobsbawm llamó el siglo XX corto

(1914-1991); esta historia, desde el fin de la Paz de los Cien Años hasta el de la era

soviética, es el período al que Hobsbawm dedicó sus indagaciones para el estupendo

producto que nos ofreció en 19942. A nosotros corresponde, ahora, dedicar las nuestras

sobre los aspectos centrales de lo acontecido en las dos últimas grandes depresiones: La que

arranca en 1929 y aquella cuyo inicio podemos fechar en enero de 2007, sin que su

duración, al mediar el 2009, sea ni remotamente predecible3.

Las peculiaridades del fenómeno globalización, el que arranca justo con la

conclusión de la Guerra Fría, permiten aislarlo de la recurrente tentación por considerar –

como se hace en una caracterización realmente amplia- que la globalización se inició con

los desembarcos de Cristóbal Colón y Vasco da Gama, en Guanahaní y Calicut,

respectivamente y que sólo se ha interrumpido entre 1914 y 19454. De satisfacer a esa

tentación, para mi gusto, proviene la pérdida de eficacia explicativa del término y la

comodidad de su uso, por ejemplo, en los espacios que por mucho tiempo ocupó el

imperialismo. No obstante, y como veremos, hay similitudes –especialmente visibles en los

orígenes y dinámica de las crisis económicas, tanto en 1929 como en el presente- que no

2
Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, Crítica, Grijalvo Mondadori, S. A., Barcelona, 1995, 614 pp.
3
John K. Galbraith declara que: “El mayor éxito de los pronósticos económicos, es la elevación del prestigio
de la astrología”.
4
Aldo Ferrer, Historia de la Globalización II. La revolución industrial y el Segundo Orden Mundial, FCE,
Buenos Aires, 2000, p. 9.

4
pueden ignorarse; por ello, considero que la Era de oro del capitalismo global (1893-1914),

es un momento previo de globalización que, por lo que significó y –muy especialmente-

por lo que le siguió, ni puede ni debe ser ignorado. De tal circunstancia, en parte

fundamental, se origina el nombre de este trabajo, que intenta responder a las razones por

las que, en calidad de médico (o, mejor, como afirma Krugman, de reformista religioso, de

Martín Lutero), J. M. Keynes interviene en un escenario económico que no se deja explicar,

menos atender, por la ortodoxia económica y, cómo, tras una prolongada noche de

fundamentalismo de mercado (con la aparición y éxitos de Ignacio de Loyola –Milton

Friedman, para la analogía krugmaniana- y su orden de jesuitas –monetaristas-5), un

keynesianismo sin Keynes (o, de nuevo Krugman, ahora afirmando que: “A largo plazo

Keynes aún sigue vivo”6) hace acto de presencia en el crepúsculo del llamado

neoliberalismo. La otra circunstancia relacionada con el título deriva de la percepción que

se hizo y hoy se hace de Keynes, quien –a pesar del reconocimiento temprano de algunos

marxistas, como Paul M. Sweezy7- fue considerado mayoritariamente como un hombre de

derecha, por autores como John K. Galbraith, Paul Mattik, Robert Skidelsky8 y... el

mismísimo Keynes9; al respecto, resulta groseramente ilustrativo que en la licenciatura de

5
Paul Krugman, ¿Who was Milton Friedman? New York Review of Books, 15-de febrero de 2007.
6
Paul Krugman, Vendiendo prosperidad. Sensatez e insensatez económica en una era de expectativas
limitadas, Ariel, S. A., México, 1994, p. 205.
7
Paul M. Sweezy, John Maynard Keynes (1946), en Robert Lekachman (compilador), Teoría general de
Keynes. Informe de tres décadas, FCE, México, 1967, pp. 308-314.
8
Las Fuentes son: Para Galbraith, La era de la incertidumbre, Plaza & Janés, España, 1981; para Mattik,
Marx y Keynes. Los límites de la economía mixta, Ediciones Era, México, 1975, y para Skidelsky, El mundo
después de comunismo, Centre for Post-Colletivist Studies y Gernika, México, 1999.
9
“Puedo estar influido por lo que me parece ser justicia y buen sentido, pero la guerra de clases me
encontrará del lado de la bourgeoisie educada”, John M. Keynes, ¿Soy un liberal? (1925), Ensayos de
persuasión, Crítica, Grijalvo, Barcelona, 1988, p. 300. Aunque, en su notable ambigüedad, llega a afirmar lo
contrario sólo un año después: “Consideremos mi propio caso. Estoy seguro que soy menos conservador en
mis inclinaciones que el votante laborista medio; supongo que he jugado en mi mente con las posibilidades
de mayores cambios sociales de los que se encuentran en las actuales filosofías de, digamos, Sidney Webb,
Thomas o Wheatley. La república de mi imaginación se encuentra en la extrema izquierda del espacio
celestial”, en Liberalismo y laborismo (1926), Ensayos de persuasión, op. cit., p. 311.

5
economía de la Universidad Autónoma de Sinaloa (México), por ejemplo, el curso sobre

teoría keynesiana tiene la pintoresca denominación de Economía Burguesa II; en la

actualidad, como bien nos lo recuerda Antonio Gazol en El Correo del Sur (19/10/2008)-

extraordinario suplemento, propio de periodismo de primer mundo, que dirige el entrañable

Adolfo Sánchez Rebolledo-, Keynes, “sin haberse movido un milímetro”, es percibido

como una amenaza de izquierda10. De Keynes a Keynes, intenta explicar ambos giros; y

hasta aquí llega la explicación del título, ya que agrede al sentido común, por cuanto un

título abundantemente explicado muy difícilmente puede ser atinado.

El plan del libro es el siguiente:

a) La primera parte está destinada a explicar los orígenes de la Gran Depresión, a

destacar las reacciones de la economía estándar, poniéndolas en tensión con una

primera aproximación al tema desde las elaboraciones keynesianas. En esta parte se

intenta una caracterización de la misma crisis, con una exposición de lo que Keynes

denominó su método y su análisis del fenómeno al debatir con los liquidacionistas

y, en general, con los defensores del patrón oro. Se analizan los efectos mundiales

de la Gran Depresión, destacando la emergencia del nacionalismo económico y sus

más relevantes protagonistas; se pasa revista a sus más relevantes lecciones,

comenzando con la exposición de las conexiones entre el crack de 1929 y la Gran

Depresión y se describen los antecedentes, desarrollo y resultados de la Conferencia

de Bretton Woods, así como las características del mundo de la posguerra.

b) La segunda parte inicia con la descripción de la llamada Edad de Oro, donde son

visibles los acuerdos entre el conservadurismo moderado de los republicanos y el

10
Cfr., también, Susan George, El movimiento global de ciudadanos, Foreing Affairs en español, ITAM,
México, primavera 2002 y Jeffry A. Frieden, Capitalismo global. El trasfondo económico de la historia del
siglo XX, Memoria Crítica, Barcelona, 2007, 726 pp.

6
liberalismo, también moderado, de los demócratas, para producir y generalizar la

economía mixta, con resultados plausibles para los más diversos agentes

económicos. Se analiza el resurgimiento del conservadurismo radical, partiendo de

las variables explicativas de su emergencia y la conversión del Partido Republicano

en su hogar; se examina la expresión económica de los conservadores, desde el

intento de desnaturalización-absorción de Keynes mediante la llamada síntesis

neoclásica-keynesiana hasta la construcción de la hipótesis de las expectativas

racionales, pasando por las propuestas monetaristas de Milton Friedman y su

célebre tasa natural de desempleo. Se describe el surgimiento del conservadurismo

desde el poder, con la histórica frase de Ronald Reagan, “El gobierno no es una

solución para nuestros problemas; el gobierno es el problema”, y se continúa con

la cascada de desregulaciones que, apoyadas en la supuesta magia del mercado,

pavimentan el camino por el habría de transitar la crisis actual. Se examina el

proceso de creación, desmembramiento, empaquetamiento y titulación de derivados,

especialmente los subprime, de alto riesgo, y su distribución global, como

embutidos envenenados, y la reorganización institucional que los posibilitó,

abusando de los espíritus animales (la confianza y sus multiplicadores, la equidad,

las historias y la ilusión monetaria) de las víctimas de la especulación y mostrando

una parte, y sólo una parte, de la ineficacia de la economía estándar para mostrar

alguna explicación plausible del fenómeno y sus consecuencias.

c) Una tercera parte, la final, se destina a describir las razones del regreso de Keynes, a

partir de la enorme superioridad de sus aportaciones, sobre la economía

convencional, para explicar el fenómeno crítico en curso y, lo que quizá sea más

importante, para definir los derroteros de su superación. Aquí, por encima de la

7
información que arroja la crisis, se destaca el hecho subyacente de percibirla,

también y fundamentalmente, como el fracaso intelectual de las diversas

expresiones neoclásicas de explicación del funcionamiento del sistema económico y

de las llamadas turbulencias, para Keynes normalidades, que le acompañan. El libro

concluye con un cuerpo de conclusiones que reivindican la actualidad de Keynes y

con un anexo que se destina a describir la cronología de la crisis actual con sus,

hasta ahora, visibles efectos y la comparación entre las eras keynesiana y

poskeynesiana.

En el proceso de elaboración de este libro, he contado con las atinadas observaciones de

cuatro grandes economistas mexicanos, Marcos T. Águila, Rolando Cordera Campos,

Antonio Gazol Sánchez y Carlos Tello Macías y de un notable intelectual mexicano, José

Woldenberg Karakowsky (para su fortuna, no economista) que, en todos los casos,

sirvieron para enriquecer considerablemente los resultados. El apoyo de un viejo amigo,

Francisco Gómez Ruiz, para lograr la mejor alternativa editorial, constituye un

extraordinario favor, por el que le estoy profundamente agradecido. Una ayuda, por

permanente no menos significativa, me ha sido proporcionada por mi mujer, Elsa Cadena

González, quien –no sólo en este caso- me ha brindado sus amplios conocimientos sobre

los misterios cibernéticos, para hacer del libro un resultado presentable. A todos ellos mi

más agradecido reconocimiento; aunque, como es costumbre, quedan exonerados de

cualquier responsabilidad sobre los errores, omisiones y excesos del libro que, también

como es costumbre, deberán cargarse a mi cuenta.

FNU.

Xochimilco, invierno de 2010.

8
PRIMERA PARTE:

ORÍGENES,

CARACTERÍSTICAS,

EFECTOS, Y

LECCIONES DE LA GRAN DEPRESIÓN.

9
LA GRAN DEPRESIÓN Y LA ECONOMÍA CLÁSICA11.

“Cuando lo único que tienes es un martillo, todos los problemas comienzan a parecer

clavos”.

Mark Twain12

A diferencia de la mayoría de los antiguos desastres naturales (sobre los actuales, no

es tan evidente la inocencia humana), las crisis económicas suelen ser el resultado de la

acción humana, especialmente cuando la producción dominante escapa de los

imponderables naturales. Las sequías padecidas durante 2007 en naciones especializadas en

la producción rural y su considerable efecto en la caída de la oferta y el consecuente

incremento de los precios de los alimentos y algunas materias primas, en apariencia hijas de

caprichos naturales, se ubican en la lógica (hoy tan neciamente debatida) del cambio

climático producido por la acción humana. La temprana huída del capitalismo, a través de

la industria, de esos imponderables, respondía al propósito añadido de empatar –como no

puede suceder en la agricultura- los tiempos de trabajo y de producción. Sin embargo, antes

y después de la era capitalista, el asunto de los llamados ciclos económicos, el tránsito del

auge a la crisis y de ésta al auge de manera libre e irregular y en todos los aspectos

importantes de la economía, ha sido una fuerte y añeja preocupación sobre la que se han

intentado las más peculiares explicaciones, incluido el número y ubicación de las manchas

solares13.

11
“´Los economistas clásicos´ fue una denominación inventada por Marx para referirse a Ricardo, James
Mill y sus predecesores, es decir, para los fundadores de la teoría que culminó en Ricardo. Me he
acostumbrado, quizá cometiendo un solecismo, a incluir en ´la escuela clásica´ a los continuadores de
Ricardo, es decir, aquellos que adoptaron y perfeccionaron la teoría económica ricardiana, incluyendo a J.
S. Mill, Marshall, Edgeworth y el profesor Pigou”, John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el
interés y el dinero, FCE, México, 1958, p. 17 (n. al p.).
12
Citado en Erik S. Reinert, La globalización de la pobreza. Cómo se enriquecieron los países ricos… y por
qué los países pobres siguen siendo pobres, Crítica, Barcelona, 2007, p. 44.
13
Cfr. J. A. Estey, Tratado sobre los ciclos económicos, FCE, México, 1960.

10
La recesión, que convencionalmente se hace visible cuando hay una reducción del

Producto Interno Bruto por dos trimestres seguidos, conforma el más sombrío de los

momentos del ciclo económico, entre otras cosas, porque ha convocado (ayer y hoy) a

reacciones tardías y convencionales que tienden a su prolongación, con un amplio espectro

de efectos adversos, desde el contagio14 (entre naciones y entre las llamadas economías

nominal y real) hasta la caída de los precios y de la actividad económica, a los que se les

responde con la ortodoxia económica y el equilibrio presupuestal, cuyo saldo deplorable ha

sido el de la deflación globalizada.

Por paradójico que parezca, y con objetivos muy distintos a los alcanzados, la

depresión mundial de finales de la década de 1920 y comienzos de la de 1930, fue resultado

de un plan, notablemente ineficaz, que se cocina durante la Conferencia Monetaria

Internacional de Génova, en 1922, y que estableció: La restauración del patrón oro, la

creación de bancos centrales independientes, la disciplina fiscal, la asistencia condicional a

los países en los márgenes del sistema, y la sostenida cooperación de los bancos centrales

en la administración del sistema. La forma en la que tales propósitos se intentaron alcanzar,

más los propósitos mismos, sirvieron notablemente para el advenimiento de la Gran

Depresión. Veamos:

El primer propósito, la restauración del patrón oro, se plantea como un mecanismo

eficaz de establecimiento y consolidación de la confianza; este abandono preferente a la

dependencia de una cuestión fundamentalmente psicológica sobre las ventajas de operar

con arreglo a lo que resultara más práctico, se convirtió en una enorme debilidad, altamente

favorable a los especuladores, en el sistema económico internacional; a ello se refiere la

14
Hoy se debate en Europa, sobre la conveniencia de diferenciar entre patologías contagiosas (como las
gripes) y trasmisibles (como el VIH), por cuanto las segundas exigen un mayor grado de contacto que el del
ambiente que se comparte para sufrir contagios.

11
advertencia de John K. Galbraith, sobre: “... ese peligroso cliché que dice que en el mundo

de las finanzas todo depende de la confianza”15. El deseable freno a la inflación y a la

deflación excesivas, la pretendida nueva expansión del comercio (que, consigo, traería la

paz mundial) y la estabilización de las monedas, operaron como importantes incentivos en

este retorno al patrón oro; aunque de él derivó una notable, y finalmente contraproducente,

expansión del crédito a escala mundial que necesariamente reanimó –al sobrepasarse las

capacidades tributarias de buen número de deudores- a la inflación. Recordemos el

dictamen de Keynes –Grilletes de oro- al respecto:

“El patrón oro es la clave para entender la Depresión. El patrón oro de la década

de 1920 preparó el escenario para la Depresión de los años treinta al aumentar la

fragilidad del sistema financiero internacional. El patrón oro fue el mecanismo por el que

se trasmitió el impulso desestabilizador desde Estados Unidos al resto del mundo. El

patrón oro amplió esa conmoción desestabilizadora inicial. Fue el principal obstáculo

para cualquier intento de neutralizarla. Fue el vínculo restrictivo que impidió a los

gobernantes evitar el cierre de los bancos y contener la difusión del pánico financiero. Por

todas esas razones, el patrón oro internacional fue un actor decisivo de la Depresión

mundial. La recuperación no se demostró posible, por las mismas razones, hasta que no se

abandonó el patrón oro”16.

La pretensión de establecer bancas centrales independientes tenía un propósito muy

claro, que hoy suele opacarse deliberadamente: el de llevar adelante sus políticas

monetarias en concordancia con las exigencias del sistema internacional y no con las

15
Citado en Harold James, El fin de la globalización, Océano, México, 2003, p. 50.
16
Citado en Barry Eichengreen, Golden Fetters: The Gold Standard and the Great Depression, 1919-1939,
Nueva York, Oxford University Press, 1992, p. XI.

12
prioridades internas del país. Uno de sus principales defensores, y añejo gobernador del

Banco de Inglaterra, Montagu Norman, lo planteaba con meridiana claridad:

“La centralización de la banca es algo nuevo, y tiene carácter experimental; carece de

tradición: puede perdurar y crecer, o bien puede que su utilidad, en lo que se refiere a

cubrir una necesidad de posguerra y no más que eso, tenga corta vida. Por un lado, su

alcance se ve limitado por el requisito de que no puede haber un banco nacional mayor

que el propio Estado; que la criatura exceda a su creador. Por otro, un banco nacional

debe adquirir, ya sea mediante ayuda externa (como sucede, por ejemplo, en algunos de

nuestros antiguos países enemigos) o por reconocimiento interno (como en Francia) una

cierta libertad o independencia en el seno de su Estado, o incluso fuera de él. Sólo así es

factible la verdadera cooperación. No puedo sino hablar hipotéticamente de esta situación,

pero es posible que la misma permitiera que ese Banco pudiera “reprender” a su propio

gobierno incluso en público, y ejercer un poder de decisión en todo tipo de cuestiones,

salvo las políticas”17.

Para el tercer propósito –la creación de bancos centrales- que se encontraba

fuertemente vinculado con el retorno al patrón oro, los años veinte testifican el inicio de la

estabilización derivada de ese retorno en Austria, Hungría, y Alemania; mientras el mismo

principio se extendía por América: México, que ya se había adherido al patrón oro,

establece su banco central en 1925, Chile en 1926; en Brasil se discute favorablemente el

tema durante toda la década. Canadá crea el suyo en 1935 y Argentina en 1936. Con

excepción de México, que crea su banco en oposición a los designios de la llamada

17
Carta a J. P. Morgan, 19 de noviembre de 1927, citada en Harold James, El fin..., op. cit., pp. 52-53.

13
comunidad financiera internacional18, y de Francia, que estabiliza con relativa tardanza, los

nuevos presidentes de los bancos centrales emergentes son cobijados, y aleccionados, por

los responsables de los bancos centrales de Inglaterra, Estados Unidos y Alemania.

Respecto al siguiente propósito, la disciplina fiscal, resulta conveniente una pequeña

evocación histórica. Una de las más amargas lecciones de la Primera Guerra Mundial, que

fue prolija en brindar lecciones amargas, está referida a la imposibilidad de sostener un

conflicto armado con arreglo a la recaudación de impuestos. Los préstamos y, muy

especialmente, la menguada capacidad de pago de los deudores, debilitaron

irreversiblemente la hegemonía financiera británica y la solvencia de los países europeos,

con un solo acreedor mundial, los Estados Unidos. El reestablecimiento del patrón oro y el

fortalecimiento de las bancas centrales eran consistentes con la idea, hoy aún más

fortalecida, de controlar a la política fiscal desde la política monetaria, bajo el principio de

la falacia de composición, que pretende establecer una analogía entre los jefes de familia y

los gobiernos, sosteniendo que ambos sólo pueden gastar lo que sus ingresos les permiten19.

En un ambiente de penuria financiera, la prohibición tácita del déficit fiscal, no podría sino

significar el recorte presupuestal, no sólo en aspectos militares. Buena parte de la crítica de

Keynes al restablecimiento del patrón oro en Inglaterra, pronosticaba que la nueva paridad

originaría la intensificación del conflicto de clases y la persistencia del desempleo20. No se

18
Cfr. Abdiel Oñate Villarreal, Razones de Estado. Estudios sobre la formación del Estado mexicano
moderno, 1900-1934, Plaza y Valdés, 2006, pp. 127-156.
19
Esta falacia proviene del conocido aforismo de Adam Smith: “Los principios que rigen la conducta
prudente del jefe de familia difícilmente pueden considerarse insensatos en la de un gran reino”, citado en
Eric Roll, ¿En qué nos equivocamos? Del patrón oro a la integración con Europa, FCE, México, 1996, p. 23.
20
John Maynard Keynes, Las consecuencias económicas de Mister Churchill (1925), en Ensayos de
persuasión, Crítica, Grijalvo, Barcelona, 1988, pp. 213-236.

14
equivocó; la reducción del gasto público, por supuesto y, además, siempre fue contraria a

su más sólida intención, la de alcanzar el pleno empleo21.

La asistencia financiera condicional, inicialmente ensayada en Austria y Hungría,

significó la concesión y administración de préstamos, por parte de los países aliados; éstos

nombraron, en cada caso, un comisionado que recibía, controlaba y distribuía los fondos,

condicionándolos, regularmente, al despido de decenas de miles de empleados públicos y a

muy significativos recortes presupuestales.

Por último, la cooperación internacional de los bancos centrales, que derivó en el

invento británico, por el mismo M. Norman, del Banco de Pagos Internacionales, cuyos dos

propósitos fueron: concluir con la politización de las indemnizaciones de guerra y ser un

instrumento para la cooperación de los bancos centrales, por la vía de reducir la volatilidad

de los mercados de capital internacionales. Sobra decir que, en un plazo muy breve, ambos

propósitos se fueron convirtiendo en contradictorios, si es que en algún momento fueron

complementarios, con lo que la suerte del BPI y su errática existencia –hasta el notable

cambio de perfil que derivó de los acuerdos Basilea I y Basilea II- quedaron marcadas.

En este ambiente y con una luminosa insensatez, derivada de un auge especulativo

doméstico, el sistema económico estadounidense fue cocinando, como hoy y con arreglo a

una exhuberancia irracional, una depresión que habría de alcanzar, también como hoy, a

todo el mundo: “La producción de acero no había cesado de disminuir desde junio [de

1929]; también disminuyó fuertemente el volumen de transporte por ferrocarril. La

industria de la construcción de viviendas –de significación realmente barométrica- venía

21
“... es casi siempre por su prodigalidad por lo que se conoce a un hombre: Enrique VIII, para sus esposas;
Luis XIV, para sus amantes, y el general Douglas Mac Arthur, para sus discursos. Los keynesianos han sido
asociados para siempre a los gastos públicos”, John K. Galbraith, El capitalismo norteamericano, Editorial
Ágora, Buenos Aires, 1955, p. 53.

15
sufriendo desde hacia varios años una crisis impenitente y acabó en franca bancarrota en

1929. Finalmente, se vino abajo la bolsa. Desde este punto de vista, el mercado de valores

no es otra cosa que un espejo en el cual se representa –quizás con algo de retraso, como en

nuestro caso- una imagen de la subyacente o fundamental y básica situación económica. Y

si el sistema económico es causa, el mercado de valores es efecto, y nunca al revés. En

1929 el sistema económico se vio aquejado de serios trastornos, y estos marcaron la

dirección de aquel. En su momento estos trastornos se reflejaron violentamente en Wall

Street”22.

Lo que fue la Gran Depresión y, muy especialmente, las formas en que fue

interpretada –como un problema monetario, en la versión ortodoxa o como un problema de

gasto, de demanda efectiva, en la keynesiana- son las cuestiones con las que concluye este

apartado:

“La Gran Depresión, que comenzó en 1929 y duró hasta 1933, fue la peor crisis

económica de la historia moderna. Como en la recesión actual, el epicentro de la misma

estuvo en Estados Unidos. Entre 1929 y 1932, el valor de los bienes y servicios cayó casi a

la mitad. El volumen de la producción bajó en un tercio. El paro ascendió al 25 por ciento

de la fuerza laboral (unos 13 millones). Y la inversión se detuvo por completo. Magnitudes

semejantes se registraron en todo el mundo, y Alemania, donde el desempleo llegó a los

seis millones, fue el país que padeció el peor desastre. A finales de 1932 y principios de

1933, comenzó una limitada recuperación después de 12 trimestres de caída, pero no se

produjo una recuperación total completa hasta la segunda guerra mundial.

Como ahora, la propia depresión fue provocada por una crisis financiera, aunque

ésta tuvo lugar inicialmente en las bolsas más que en los bancos. En septiembre de 1929, el

22
John K. Galbraith, El crac del 29, Editorial Ariel, S. A., Barcelona, 1983, pp.135-136. El subrayado es mio.

16
índice Dow Jones alcanzó un máximo de 381. El estallido de la burbuja de la bolsa,

enormemente hinchada, el 24 de octubre desató un ansia incontrolable para vender. Dos

financieros arruinados se tiraron del piso 100 del Empire State cogidos de la mano. En

1932 el Dow Jones estaba en 41.2 puntos, lo que suponía una caída del 90 por ciento. No

se recuperó el nivel de 1929 hasta 1954. La desaparición de la riqueza de papel, la

liquidación de préstamos e hipotecas y la presión sobre el sistema bancario condujo a una

rápida reducción de la producción, que cayó un 10 por ciento entre octubre y diciembre de

1929 (Los índices de producción de Estados Unidos habían empezado a bajar antes del

crash de la bolsa. Pero fue el propio crash el que cambió las perspectivas de una suave

recesión por las de una profunda depresión). La crisis bancaria más grave no llegó hasta

1931.

La <<predicción>> de Hayek se basaba en una teoría completamente diferente a

la keynesiana, que era habitual entre los banqueros y empresarios conservadores de la

época. La Reserva Federal había mantenido el dinero demasiado barato durante

demasiado tiempo, lo que había permitido que se desarrollara un auge crediticio

insostenible. Para evitar auges y crisis Hayek no habría permitido jamás ninguna

<<inyección>> de crédito desde el sistema bancario, y él reconocía la lógica de esta

posición rechazando las reservas bancarias fraccionales, la práctica bancaria que exige

que los bancos sólo mantengan una fracción de sus depósitos en reservas. Hayek sugería

que el equilibrio a finales de la década de 1920 exigía que bajase el nivel de precios –en

línea con los aumentos de productividad- y advertía que se estaba avivando una inflación

de activos al mantenerlo estable. El auge crediticio había llevado a una

<<sobreinversión>>. La economía se dirigía al colapso cuando la inversión iba cada vez

17
más por delante del <<verdadero>> ahorro. Ésta sigue siendo hoy la base de la crítica

<<austríaca>> a la política de dinero barato de Greenspan.

El otro ramal de la explicación ortodoxa de la Gran Depresión se concentra en los

errores políticos cometidos durante la baja, que tuvo el efecto de ahondarla y prolongarla.

En una obra clásica, Friedman y Schwartz argumentaron que el Consejo de la Reserva

Federal no inyectó dinero en el sistema bancario después de octubre de 1930 para

compensar la <<acumulación>> por parte de los bancos y del público. Esto se debió a un

liderazgo débil y dividido, ya que el hombre fuerte de la Reserva Federal, Benjamin

Strong, había fallecido en 1928. Admitieron que la caída de la producción en el 27 por

ciento, del índice de precios al por mayor en el 13.5 por ciento y de las rentas personales

en el 17 por ciento entre octubre de 1929 y octubre de 1930 habría sido todavía <<una de

las contracciones más serias que se hayan registrado>>. Pero en octubre de 1930 llegó la

primera crisis bancaria. La proliferación de quiebras bancarias en las áreas rurales llevó

al público a convertir sus depósitos en dinero y a los bancos a acumular un exceso de

reservas, y todos trataron de proteger sus activos contra el pánico. Esto llevó a un colapso

de la oferta monetaria. Así pues, según Friedman y Schwartz, el desplazamiento de la

curva de oferta de dinero hacia abajo llevó a una menor presión sobre la renta real y los

precios. La depresión mundial intensificó la depresión americana, a través de la presión

sobre el dólar después del colapso de patrón oro en 1931.

El quid de la explicación <<monetarista>> de Friedman es que la cantidad de

dinero cayó, pero no porque no hubiera prestatarios dispuestos, sino porque la Reserva

dejó que disminuyera la cantidad de dinero. En contraste, la mayoría de keynesianos han

seguido el propio ejemplo de Keynes al explicar la depresión en términos de fallo en

18
mantener la demanda agregada. Fue la caída del gasto lo que llevó a la disminución del

stock de dinero, y no al revés”23.

Es importante establecer que la economía estándar estuvo, y está, incapacitada para

reconocer aquellas perturbaciones del sistema económico que no se corrijan con la

eliminación de rigideces en los precios y, fundamentalmente, en los salarios.

De otro lado, las peculiaridades de la ilusión monetaria con la que, a despecho del

respaldo institucional de las monedas de curso forzoso, se incentivó una no menos peculiar

preferencia por la liquidez para el atesoramiento, por parte de los particulares y de los

bancos, conforma una trascendente variable explicativa, primero, de las recesiones y, en su

profundización, de las depresiones. Esta ilusión monetaria corresponde, ni más ni menos, a

una de las más claras y preocupantes evidencias de la presencia de espíritus animales24.

Cabe recordar que esos espíritus y, especialmente, esa ilusión, han sido descartadas del

análisis económico, de tiempo atrás, por la sabiduría económica convencional.

Los espíritus animales, tal como los analizan Akerlof y Shiller y que se expresan en:

confianza, equidad, corrupción y mala fe, ilusión monetaria e historias, tienen una

secuencia en los momentos críticos de la economía: En una fase A (expansiva), la confianza

(y sus multiplicadores, en los que las historias de éxitos esperados juegan un papel central)

toma el papel central e inicial; no es, como cabría esperarlo, una confianza racional, si no,

más bien, una suerte de fe, en la que seguir a otros o confiar excesivamente en los expertos

son las llaves con las que se abren las puertas de entrada a la corrupción y a la mala fe que

invariablemente se sirven de tan vulnerables expresiones de confianza; la corrupción y la

mala fe, casi sobra decirlo, se hacen visibles cuando el príncipe se convierte en sapo; es

23
Robert Skidelsky, El regreso de Keynes, Crítica, Barcelona, 2009, pp. 86-90.
24
Cfr. George A. Akerlof y Robert J. Shiller, Animal Spirits, Ediciones Gestión 2000, Barcelona, 2009, p.
108.

19
decir, cuando la crisis ya está presente. Ahí, las oleadas de optimismo devienen pesimismo

y el contenido y tono esperanzado de las historias se metamorfosean en sus contrarios. La

Gran Depresión no representa ninguna excepción a esta conducta colectiva y la fortaleza de

la confianza muy pocas veces ha encontrado cotas mayores:

“En 1929, la obsesión por la especulación parecía carecer de límites geográficos o

sociales. Incluso había ocasiones, por ejemplo, durante una conversación mundana, en que

expresar desaprobación o escepticismo llegaba a provocar la misma animosidad que si la

polémica hubiera girado alrededor de la política o la religión… No me resultaba nada

agradable tener que comentar en el Times lo que a mi parecer constituían signos muy

claros de peligro. La formulación de este tipo de advertencias me obligaba a enfrentarme a

comentarios recriminatorios acerca de que el autor del artículo intentaba desacreditar o

paralizar la prosperidad de Estados Unidos”25.

En las páginas siguientes, se profundizará en la visión keynesiana de la Gran

Depresión, al tiempo que se describen sus pavorosos efectos (enfatizando la emergencia y

características del nacionalismo económico), la forma en la que hizo conexión con el crack

de octubre de 1929 y la larga lista de lecciones que proporcionó. También se analizan los

mecanismos con los que, desde la llegada al poder de F. D. Roosevelt, se le enfrentó con el

Nuevo Trato e importantes regulaciones financieras, asumiendo que la verdadera

superación llegó con la Segunda Guerra Mundial.

25
Alexander Dana Noyes ([Link] citado en George A. Akerlof y
Robert J. Shiller, Animal Spirits, op. cit., p. 117.

20
LA ERA DE KEYNES.26

“El decadente capitalismo internacional pero individualista, en cuyas manos nos

encontramos después de la guerra, no es un éxito. No es inteligente. No es bello. No es

justo. No es virtuoso. Y no satisface las necesidades. En corto, nos desagrada y

comenzamos a despreciarlo. Pero cuando buscamos con qué reemplazarlo, nos mostramos

extremadamente confusos”27.

La emergencia de Keynes, al menos en su propuesta contra cíclica, encuentra su

puerta de acceso en este ambiente, y corresponde a uno de los más intensos momentos de la

reflexividad, de la relación entre pensamiento y realidad, con la que se planteó –cuatro años

antes de la aparición de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero- una nueva

dimensión de la gestión económica gubernamental: “... la intervención directa del Estado

para promover y subvencionar nuevas inversiones. Antiguamente no se consideraba

adecuado que el Estado se endeudara para llevar a cabo otros gastos que no fueran los

propios de la guerra, por lo que con frecuencia había que esperar a una guerra para poner

fin a una depresión importante. Espero que en el futuro no mantengamos esa actitud

financiera purista y que estemos dispuestos a gastar en empresas pacíficas lo que las

máximas financieras del pasado sólo nos permitían gastar en la devastación de la guerra.

¡En cualquier caso, afirmo con seguridad absoluta que lo único que podemos hacer es

descubrir alguna excusa que aun las cabezas huecas consideren legítima para incrementar

ampliamente el gasto!”28.

26
Éste es el título de la gran obra de Robert Lekachman, The Age of Keynes, McGraw-Hill Paperbacks, New
York, 1975.
27
John M. Keynes, National Self Sufficiency, Yale Review, 26, 1933, pp. 760-761.
28
John Maynard Keynes, The World´s Economic Outlook, en Atlantic 1, mayo de 1932, pp. 521-526.

21
La dinámica de la crisis, a partir de las indiscutibles demostraciones de progreso

económico, cuando los beneficios superan sensiblemente a los costos, se hace visible con la

aparición de aquello que, en la opinión del propio Keynes significaba (y significa) lo peor:

la deflación, que es el momento en el que los costos superan a los beneficios, con lo que

desaparecen los verdaderos incentivos para invertir, y que, de manera suplementaria, se

acompaña de los problemas derivados de la asimetría y de la inoportunidad. Hay asimetría

en el hecho que hace de la caída de los precios de alimentos y materias primas básicas

(agropecuarias y mineras) un fenómeno mucho más apresurado y de más lenta

recuperación, que lo que puede observarse en la industria; hay, también, asimetría entre las

variaciones de los precios y la recuperación de las industrias productoras de bienes de

consumo y de bienes de capital, a favor –si así se puede decir- de las últimas. La

comprensión de lo que Keynes llamó su método, permite comprender, también, la inutilidad

de enfrentar a la deflación y a la depresión resultante, con las llamadas soluciones de

mercado de la sabiduría económica convencional. Ni la reducción de la oferta, en el

propósito de elevar los precios, ni la reducción salarial, en el de reducir los costos, podrán

producir efectos plausibles en un ambiente general de reducción del consumo o, lo que

tiene el mismo resultado práctico, de mantenimiento del consumo con arreglo a un tipo de

crédito impagable. La insolvencia –ya como imposibilidad de gasto presente, ya como

imposibilidad de pago futuro del crédito con el que se financia el consumo presente-

aparece como el más alarmante síntoma de la depresión y de su prolongación.

Para Keynes, que construye su método como un sistema económico de tres variables

independientes (la propensión marginal a consumir, la eficacia marginal del capital y la tasa

de interés) que determinan a dos dependientes (el nivel de ingreso y el volumen de

ocupación), la verdadera determinación del ciclo económico, la que marca el ritmo,

22
proviene de la inversión, misma que no se ve incentivada (lo que hoy es totalmente

evidente) por el bajo precio del dinero (bajas tasas de interés), cuya abundancia –

manipulada o no- zozobra en la trampa de liquidez, sino por el incremento de la demanda

efectiva o demanda agregada (demanda de bienes de consumo, de bienes intermedios y de

bienes de inversión), que en ambientes deprimidos, de rentismo financiero y de déficit

fiscal cero, deja de cumplir su encomienda, como la más general falla de mercado.

El tema merece cierta desagregación: la propensión marginal a consumir es la parte

de la variación en el ingreso que se destina al consumo; sus características son: que es

positiva (el consumo se mueve en la misma dirección que el ingreso), que es menor que la

unidad (no todo el ingreso incrementado toma la forma de consumo) y que tiende a cero

(hay un momento en que ninguna porción del ingreso incrementado se destina al consumo).

Mientras que lo que Keynes definió como economía clásica supone que la inversión deriva

de la abstinencia en el consumo, él afirma que entre mayor sea la parte del ingreso que se

gasta de esta forma, mayor será el efecto (multiplicador) que la inversión tendrá sobre el

ingreso y, en último término, sobre la ocupación. La mecánica es la siguiente:

El multiplicador (k) es igual al ingreso (Y) dividido por el propio ingreso menos la parte de

él destinada al consumo (c): k = Y / Y – c; lo que es igual al ingreso dividido por la parte de

él destinada al ahorro (s): k = Y / s; como c y s son fracciones de Y, el multiplicador es

igual al recíproco de s, lo que permite afirmar que k será mayor entre mayor sea c. Si se

asume que el nuevo nivel de ingreso (Y´) es igual a la inversión (I) multiplicada por el

multiplicador (k), Y´ = I x k, resulta que un mayor nivel de consumo habrá de generar un

mayor nivel de ingreso. Si este último se divide por la unidad de salario, se tiene una

adecuada aproximación al nuevo nivel de ocupación (N). Esto es un gancho al hígado de la

economía clásica, pero sólo un primer gancho.

23
La eficacia marginal del capital (r) es la rentabilidad de las inversiones, expresada

como una tasa de descuento (la que viaja del futuro hacia el presente) y que iguala el precio

de la oferta industrial (Po) con los Beneficios esperados (Be) de la actividad productiva

durante toda la vida útil de los bienes de inversión (Son esperados, y no corrientes, en

función de la incertidumbre que deriva de la competencia y corresponden a la producción

que el productor espera realizar en el mercado). La expectativa se vuelve pesimista con el

tiempo, en virtud de la incómoda e inevitable presencia del espíritu animal de los

empresarios, que acuden a las ramas más rentables. La formalización de la rentabilidad,

igualita a la muy posterior tasa interna de retorno (TIR), fundamental en la evaluación de

proyectos de inversión, y que no se encuentra en la Teoría general de la ocupación, el

interés y el dinero, es: Po = Be / (1 + r) n, donde n corresponde a los años de vida útil del

bien de inversión o al número de plazos de capitalización sobre el mismo bien.

Por último, la tasa de interés (i) es, simultáneamente, el precio del dinero y el

premio por renunciar a la liquidez, y corresponde a la relación entre los tres motivos de

preferencia por la liquidez (transacción, precaución y especulación) y la oferta monetaria

(M): i = Motivos de preferencia por la liquidez / M. Keynes jamás emplea el término

demanda de dinero para referirse a los motivos precitados, aunque es del todo válida esa

identidad. Lo que sí hace es establecer dos funciones de preferencia por la liquidez, donde

los dos primeros motivos representan una función relativa al ingreso que, ahora sí,

demandan una parte de la oferta monetaria (M1), mientras el tercer motivo, relativo a la

propia tasa de interés futura, demanda otra parte de la misma M, (M2):

L1 (Y) = M1,

L2 (i) = M2.

Las proporciones de M1 y M2 entran en conflicto, por cuanto ambas son partes de M:

24
L1 (Y) + L2 (i) = M1 + M2 = M.

Si, con Keynes, suponemos que M1 sirve a las tareas de consumo e inversión y M2 a las de

especulación, el éxito de la primera describe un círculo virtuoso de operación del sistema

económico, por cuanto con ella crecen el ingreso y el empleo; mientras que el éxito de M2,

siempre como proporción de M, describe la conversión del sistema en una economía de

casino. La conclusión relativa a aquello que corresponde a la política monetaria salta como

rana, si se asume el peso extraordinario de la especulación para esterilizar los esfuerzos

gubernamentales para reducir, con arreglo al incremento de la oferta monetaria, a la tasa de

interés y hacerlo de manera perdurable:

GRÁFICA 1

TRAMPA DE LA LIQUIDEZ

Tasa de interés activa Tasa de interés pasiva

M0

X0 M'
Y1
i0
X1 Y2
i1
(Y )
L1

(i) 1
L2
(i) 0
L2

0 1 0 1
M1 M1 M1 M2 M2 M2

Demanda de dinero Demanda de dinero


para negocios ($) para especulación ($)

25
En una situación de equilibrio, con una tasa de interés alta, M0 = (M1o + M2o)→io,

la autoridad monetaria realiza un esfuerzo por disminuir la tasa de interés, mediante el

incremento de la oferta monetaria, M´ > (M1 + M2) → i1, con lo que crecerá la demanda

de dinero para consumo e inversión, M11 y la correspondiente a la especulación, M21; el

resultado de estos incrementos, especialmente el correspondiente a propósitos

especulativos, es una nueva presión al alza de la tasa de interés. Esta esterilización de la

manipulación monetaria para reducir los costos financieros, es la trampa de liquidez.29

Este análisis del sistema económico, despojado de las limitaciones autoimpuestas en

la economía estándar (escasez, equilibrio con pleno empleo, neutralidad del dinero y

supuestos irreales), significó un soplo de aire fresco para los estudios económicos.

De aquí, seguramente, deriva el entusiasmo del estudiante de Cambridge, Bensusan-

Butt, tras la lectura de la Teoría general: “Gozosa revelación en tiempos oscuros.

Pensábamos que Keynes había descubierto el fallo en el sistema capitalista y había

inventado un remedio ... El misterio de la injusticia contemporánea quedaba revelado por

una obra maestra de esfuerzo intelectual sostenido ... Por eso la Teoría general era para

nosotros menos una obra de teoría económica que un manifiesto por la Razón y la Alegría

... Daba una base racional y un atractivo moral a la fe en la posible salud y cordura de la

humanidad contemporánea tal como los jóvenes de mi generación no habíamos encontrado

en ningún otro sitio”30.

Los efectos de la Gran Depresión, particularmente referidos a las condiciones de la

clase trabajadora, se describen crudamente por Eric Blair (desde 1933, en la firma de su

29
Cfr. Federico Novelo, Invitación a Keynes, FCE, México, 1997, pp. 118-119.
30
Citado en Robert Skidelsky, Keynes. The Economist as Savior (1920-1937), op. cit., p. 573.

26
libro Sin blanca en París y Londres, George Orwell31): “...jóvenes mineros y recolectores

de algodón que contemplan su destino con la muda estupefacción del animal caído en una

trampa. Simplemente no pueden entender lo que les está sucediendo. Los habían educado

para trabajar y ahora parece como si nunca fueran a tener la posibilidad de hacerlo de

nuevo”32.

Esta infausta situación derivó de la censurable apología del liquidacionismo, con el

que se justificaba una suerte de castigo metafísico, aunque totalmente terrenal, a la

ineficiencia económica. Andrew Mellon, secretario del Tesoro del presidente Calvin

Coolidge (1925-1929), lo exaltaba de la manera siguiente: “... liquidar la fuerza de trabajo,

liquidar los stoks, liquidar a los agricultores y liquidar hasta los bienes raíces. Purgará la

podredumbre acumulada en el sistema. El alto costo de la vida y el despilfarro

desaparecerán. La gente trabajará más y vivirá una vida más moral. Los valores se

ajustarán y la gente emprendedora enmendará los estragos causados por gente menos

competente”33. Mellon fue el más notorio liquidacionista, pero, por supuesto, no fue el

único: “Dos de las principales figuras de la época, Joseph Schumpeter, en ese momento

profesor en Harvard, y Lionel Robbins, de la London School of Economics, salieron a la

palestra para exhortar concretamente a que no se hiciera nada. En efecto, la depresión

debía seguir libremente su curso, única forma en que llegaría a curarse, de modo

espontáneo. La causa de la crisis era la acumulación de venenos en el sistema; a su vez,

las penalidades resultantes eliminarían la ponzoña y devolverían la salud a la economía.

31
“Orwell es un río del condado de Suffolk, no muy alejado de Southwold”, donde Blair vivió en su
adolescencia. Cfr. Simon Schama, Auge y caída del imperio británico, Crítica, Barcelona, 2004, p. 433.
32
George Orwell, The Road to Wigan Pier, Nueva York, Harcourt, Brace, 1958, pp. 85-86. Este libro es el
informe de Orwell al Left Book Club, que le encargó investigar la situación creada por la depresión, en enero
de 1936.
33
Citado en Bradford DeLong, “Liquidation” Cycles and the Great Depression, citado, a su vez, en Jeffry
Frieden, Capitalismo Global, op. cit., p. 241.

27
Según lo declaró explícitamente Joseph Schumpeter, el restablecimiento del sistema

siempre tenía lugar espontáneamente. Y añadió: <<Y eso no es todo: nuestro análisis nos

conduce a creer que la recuperación sólo puede ser efectiva si se produce por sí

misma>>”34. Por su parte, Keynes contemplaba a los liquidacionistas como víctimas de un

severo problema mental:

“Les parece que sería un triunfo de la injusticia si tanta prosperidad no se viera

subsiguientemente equilibrada por una bancarrota universal. Según dicen, necesitamos lo

que educadamente llaman una <<liquidación prolongada>> que nos ponga en el buen

camino. La liquidación, nos dicen, no se ha completado todavía; pero con el tiempo lo

hará. Y cuando haya pasado suficiente tiempo para que se complete la liquidación, todo

volverá a ir bien. Las voces que nos dicen que la vía de escape se halla en la economía

estricta y en abstenerse, siempre que sea posible, de utilizar la producción potencial del

mundo, son voces de insensatos y locos de atar”35.

Es éste, el espacio adecuado para exponer la interpretación keynesiana de La Gran

Depresión, con una atendible advertencia del autor, acerca del carácter esquemático de su

presentación: “Diré demasiado para el profano y demasiado poco para el experto. Porque

–aunque nadie lo creerá- la economía es un tema técnico y difícil. Incluso se está

convirtiendo en una ciencia. Sin embargo, haré todo lo que pueda”. Veamos cuánto pudo

hacer:

“Tomemos, ante todo, los bienes de consumo que van al mercado para la venta. ¿De qué

dependen los beneficios (o pérdidas) de los productores de tales bienes? Los costes totales

de producción, que son la misma cosa que los ingresos totales de la comunidad

34
Joseph A. Schumpeter, Depressions, en The Economics of the Recovery Program, Nueva York, McGraw-
Hill, 1934, p. 20, citado en John K. Galbraith, Historia de la economía, Ariel, Barcelona, 1989, p. 213.
35
John Maynard Keynes, The World´s Economic Outlook, op. cit., p. 525.

28
contemplados desde otro punto de vista, se dividen en una cierta proporción entre coste de

bienes de consumo y coste de bienes de capital. Las rentas del público, que son de nuevo la

misma cosa que los ingresos totales de la comunidad, se dividen también en cierta

proporción entre gasto en la compra de bienes de consumo y ahorros. Ahora bien, si la

primera proporción es mayor que la segunda, los productores de bienes de consumo

ganarán dinero; porque sus ingresos, que son iguales al gasto del público en bienes de

consumo, serán menores (como lo muestra una breve reflexión) que lo que les ha costado

producir esos bienes. Si, por el contrario, la segunda proporción es mayor que la primera,

entonces los productores de bienes de consumo obtendrán pérdidas excepcionales. De lo

cual se deduce que los beneficios de los productores de bienes de consumo sólo pueden

restablecerse o porque el público gaste una parte mayor de sus recursos en tales bienes (lo

que significa ahorrar menos), o porque una mayor proporción de la producción tome la

forma de bienes de capital (dado que esto significa una producción menor proporcionada a

los bienes de consumo). Pero los bienes de capital no se producirán en una escala mayor a

menos que los productores de tales bienes estén obteniendo un beneficio. Así llegamos a

nuestra segunda cuestión: ¿de qué dependen los beneficios de los productores de bienes de

capital? Dependen de si el público prefiere mantener sus ahorros líquidos en forma de

dinero o su equivalente, o emplearlos para comprar bienes de capital o su equivalente. Si

el público se muestra reacio a comprar los últimos, entonces los productores de bienes de

capital sufrirán una pérdida; en consecuencia, se producirán menos bienes de capital, con

el resultado de que, por las razones que antes se han dado, los productores de bienes de

consumo también sufrirán una pérdida. En otras palabras, todas las clases de productores

tenderán a sufrir una pérdida; y sobrevendrá el desempleo general. Esta es una

descripción excesivamente simplificada de un fenómeno complejo. Pero creo que contiene

29
la verdad esencial. Pueden sobreponerse muchas variaciones, fugas y orquestaciones, pero

la melodía es esta”36. La pésima distribución del ingreso, que caracterizó al sistema

económico de los Estados Unidos, durante los no tan felices veintes, fortaleció una

demanda preferente de bienes de capital, sobre los de consumo y, así, favoreció un

ambiente depresivo37. Antes de Keynes, y desde otra posición heterodoxa, ya se había

enfrentado esta cuestión, por lo que aquí se incluye una digresión, que no lo es tanto:

Con notable antelación, y de manera aun más esquemática, Carlos Marx –quien

fallece el mismo año en que nació J. M. Keynes (1883)- analiza los componentes, las tres

figuras, de lo que denominó el proceso cíclico del capital; esta relevante aportación que,

como se desprende de sus resultados, es una clara negación de la llamada Ley de Say,

comienza con la forma dineraria del capital (D), asumiendo que el dinero es capital si, y

sólo si, se metamorfosea en dos formas específicas de mercancía (M) que son los medios

productivos en un sentido amplio (instalaciones, maquinaria, materias primas) y la fuerza

de trabajo; hasta aquí, los ciclos del capital se verifican en la esfera de la circulación,

constituyendo un simple intercambio de las mercancías D–M. A partir de este momento, se

interrumpe la circulación y se inicia una nueva metamorfosis, en la que el capital toma una

forma productiva (P), de manera que: D-M...P; éste es el proceso productivo en el que las

mercancías medios productivos y la fuerza de trabajo que se le asocia, conforman una

función producción comandada por el capitalista y en la que una parte del trabajo es impaga

y apropiada por el mismo capitalista. De la forma productiva (P), resulta una nueva

mercancía, distinta a aquellas que la hicieron posible y que contiene una magnitud de valor
36
John M. Keynes, La Gran Depresión de 1930 (Diciembre de 1930), en Ensayos de persuasión, Crítica,
Grijalvo, Barcelona, 1988, pp.135-139. Respecto a las ganancias o pérdidas de los productores de bienes de
consumo, desde la versión en inglés (que se reproduce en la traducción), se confunde el efecto de mayores o
menores gastos en consumo (p. 138, 3er párrafo). Aquí, se presenta una versión corregida por el autor (FNU)
37
John K. Galbraith, El crac del 29, op. cit., p. 242.

30
mayor que M y conforma el inventario de la producción (M´) que habrá de volver a la

circulación para intercambiarse por otra magnitud dineraria (D´), también, por lógica,

mayor que D:

D-M... P-M´-D´38; el hecho de que M´>M y, consecuentemente, que D´>D,

demuestra lo desatinado de la conocida, e inútil, Ley de Say y permite ver que, donde la

economía clásica vio una puerta hacia el pleno empleo, Marx descubriera la mecánica de

las llamadas crisis de realización del valor. Estos ciclos demuestran también, que –en la

lógica marxista- el capitalismo es un sistema que produce mercancías por medio de

mercancías, casi como tituló a su obra el afamado investigador ricardiano, Piero Sraffa39.

En la vinculación entre las categorías marxistas, especialmente las correspondientes

al esquema de reproducción ampliada y los agregados keynesianos, y gracias a las

aportaciones de Shigeto Tsuru, tenemos una relación extraordinariamente estrecha, por lo

que hace a ambas interpretaciones del sistema económico y de sus vulnerabilidades: Tsuru

agrega los dos sectores de la elaboración de Marx (producción de bienes de capital y

producción de bienes de consumo), en un solo capital constante (C), y otro variable (V), al

tiempo que suma y desagrega la plusvalía, en función de su destino: para consumo de los

capitalistas (Pc), para capital constante adelantado (Pac) y para capital variable adelantado

(Pav). De la suma de todos los componentes proviene el producto (W):

• C + V + Pc + Pac + Pav = W

Veamos la relación con los agregados keynesianos:

• Consumo = W- (C + Pac) = V + Pc + Pav

38
Karl Marx [Fiedrich Engels], Las metamorfosis del capital y el ciclo de las mismas, en El capital, Tomo II /
Vol. 4, Siglo veintiuno Argentina editores, S. A., México, 1976, pp. 29-142.
39
Piero Sraffa, Producción de mercancías por medio de mercancías. Preludio a una crítica de la Teoría
económica, oikos-tau, S. A., ediciones, Barcelona, 1966, 137 páginas.

31
• Inversión = Pac + Pav

• Costo de uso = C – Pav

• Ahorro = (C + Pac) – (C – Pav) = Pac + Pav; es decir, igual a la inversión;

• Ingreso Nacional= W – (C – Pav) = V + Pc + Pac + Pav + Pav

El capital variable adelantado aparece en dos ocasiones, al formalizar al Ingreso Nacional:

primero, como inversión y, segundo, como consumo proletario40. Ésta, digamos, estrecha

cercanía entre ambos análisis, permite abrigar grandes sospechas respecto a la indisposición

de Keynes por mostrar una brizna de simpatía por los padres fundadores del marxismo, tal

como se lo comunicó a su amigo George Bernard Shaw, en carta fechada el 1º de enero de

1935:

“De los dos, prefiero a Engels. Puedo darme cuenta que inventaron cierto método y una

manera abominable de escribir, caracteres ambos que sus sucesores han conservado con

fidelidad. Pero si me dice usted que descubrieron una clave para el rompecabezas

económico, sigo sin comprender, pues no puedo descubrir en ellos nada que no sea un afán

anacrónico de controversia [...] Creo que estoy escribiendo un libro de teoría económica

que revolucionará en gran parte –no en seguida, supongo yo, pero sí durante los próximos

diez años- el modo de pensar del mundo sobre los problemas económicos”41. La

ambigüedad no es un pecado capital (puede ser incluso virtuosa42) y aquí comenzamos, y

continuaremos, con la vertiente keynesiana. Para ello, además de la convicción intelectual,

hay una razón política: La reacción conservadora piensa poco en la propuesta marxista, por

40
Shigeto Tsuru, Sobre los esquemas de la reproducción. en Paul Sweezy, Teoría del desarrollo capitalista,
FCE, México, 1945, pp. 397-406.
41
Citada en, Roy Harrod, La vida de John Maynard Keynes, FCE, México, 1951, p. 463.
42
Federico Novelo U., La ambigüedad en la obra de John Maynard Keynes, ¿falla o recurso plausible?, en
Fernando Noriega y Washington Aguirre (coordinadores), Temas selectos de investigación económica
latinoamericana, Universidad de Guayaquil, Ecuador, 2008, pp. 25-38.

32
conformar una utopía en el sentido de la inviabilidad, y tiende a espantarse poco –si algo-

con ella; Keynes produce un temor mucho mayor, al menos por dos razones que tienen que

ver con que su propuesta postula otro tipo de capitalismo del todo distinto al de los

mercados competitivos, en primer lugar y, en segundo, porque esa propuesta es viable justa

y necesariamente en los propios términos de la democracia, misma que, para Marx y

seguidores, resultaba del todo prescindible. Ese otro tipo de capitalismo, igualitario,

democrático y regulado, reivindica la percepción del mercado como institución de la

sociedad, a muy considerable distancia del pensamiento económico convencional que, cada

vez de manera más visible, convierte a la sociedad en rehén del mercado.

33
LA CONEXIÓN CRAC-GRAN DEPRESIÓN.

“No parece que pueda discutirse mucho el hecho de que en 1929 la economía –a diferencia

de lo que sostiene un famoso cliché- funcionaba fundamentalmente de modo incorrecto.

Esta circunstancia es de una importancia de primera magnitud”43.

La conexión de crac con la Gran Depresión debe entenderse tal y como se mencionó

previamente. El estado de salud del sistema económico estadounidense, lo que algunos

llaman economía real, distaba mucho de la fuerza y solidez sobre la que insistía el

presidente Hoover, por las siguientes razones, descubiertas y priorizadas por John K.

Galbraith:

“1.- La pésima distribución de la renta. En 1929 el cinco por ciento de la población con

rentas más altas recibió aproximadamente la tercera parte de toda la renta personal de la

nación. Esta distribución de la renta tan excesivamente desigual significaba que la

economía está asentada sobre un alto nivel de inversión o un alto nivel de consumo de

bienes suntuarios, o sobre ambos a la vez. El rico no puede comprar grandes cantidades de

pan. Si el conjunto de éstos se decide a transferir lo que recibe habrá de ser a cambio de

bienes suntuarios o inversiones en nuevas instalaciones y proyectos. Inevitablemente, tanto

el gasto suntuario como el de inversión están sometidos a influencias y fluctuaciones

mucho mayores que el pan. Este tándem esencial –gasto e inversión- fue especialmente

susceptible a las destructoras noticias del mercado de valores en octubre de 1929.

2.- La muy deficiente estructura de las sociedades anónimas. La realidad era que la

empresa norteamericana de los años veinte había abierto sus hospitalarios brazos a un

número excepcionalmente alto de promotores, arribistas, sinvergüenzas, impostores y

todas sus supercherías. Pocas veces, en la larga historia de estas actividades, se las ha

43
John K. Galbraith, El crac del 29, op. cit., p. 242.

34
visto operar como una marea de latrocinios corporativos de tan vastas proporciones. Las

tareas corporativas más importantes eran inherentes, por lo demás, a la enorme estructura

de creciente creación de los holdings, y los trust de inversión. Las holdings controlaban

amplios sectores de las sociedades por acciones, de ferrocarriles y esparcimiento. En estos

casos, como en los trust de inversión, siempre existía el peligro de devastación por una

acción a la inversa de la palanca. En particular, los dividendos de las compañías de

producción pagaban los intereses de las obligaciones de las recién ascendidas holdings. La

interrupción de los dividendos significaba la orfandad de las obligaciones, la bancarrota y

el colapso de la estructura. En esas circunstancias, era perfectamente obvia la tentación de

reducir la inversión en plantas productivas a fin de seguir obteniendo beneficios. Sin

olvidar que esto venía a sumarse a las presiones deflacionarias. Pero una vez llegadas a

esta situación, las entidades se veían obligadas a reducir sus beneficios, con lo cual toda la

pirámide de empresas disminuía de tamaño y fuerza. Cuando esto sucedía, eran inevitables

nuevos cercenamientos. Solicitar préstamos para nuevas inversiones se hacía imposible en

estas condiciones. Sería realmente difícil imaginar un sistema mejor dispuesto para

facilitar la continuación y acentuamiento de la espiral deflacionaria.

3.- La pésima estructura bancaria. En los primeros seis meses de 1929, quebraron 346

bancos de distintas localidades del país, con un total neto de depósitos de 115 millones de

dólares. Las quiebras de bancos pueden convertirse rápidamente en un mal epidémico

cuando la renta, el empleo y los precios o el valor de los objetos se hunden como resultado

de una depresión. Esto fue lo que sucedió después de 1929. Y, una vez más, sería difícil un

mecanismo más apropiado para ampliar al máximo los efectos del pánico. Lo frágil y

tarado destruyó no solamente a los restantes mecanismos frágiles y tarados sino que

contaminó lo fuerte. Por todas partes, ricos y pobres se dieron cuenta del desastre

35
mediante la persuasiva conciencia de que sus ahorros habían sido liquidados. No hace

falta decir que este sistema bancario, una vez inmerso en las convulsiones de la quiebra,

afectó de modo definitivo el gasto de sus depositantes y la inversión de sus clientes.

4.- La dudosa situación de la balanza de pagos. Los países extranjeros no podían cubrir su

balanza comercial adversa con [Link]., mediante crecientes pagos en oro, o al menos no

por mucho tiempo. Lo cual significaba que o bien aumentaban sus exportaciones a

[Link]., o reducían sus importaciones o bien dejaban incumplidos los pagos de los

préstamos anteriores. El presidente Hoover y el Congreso actuaron rápidamente para

eliminar la primera posibilidad –eliminar la cuenta con mayores importaciones-: elevaron

fuertemente el arancel. Consecuencia de esta medida fue que las deudas –incluso las de

guerra- no pudieron ser satisfechas, y esto de rechazo provocó una estrepitosa caída de las

exportaciones norteamericanas. La reducción no fue grande en relación al producto total

de la economía norteamericana, pero contribuyó al desastre general y repercutió de forma

particularmente grave en la agricultura.

5.- Los míseros conocimientos de economía de la época. Los economistas y todos aquellos

que ofrecían consejo económico durante los últimos años veinte y primeros treinta eran

fundamentalmente malos economistas y perversos consejeros. En los meses y años

siguientes al crac del mercado de valores, los honorables consejos económicos de los

profesionales cargaron su orientación hacia el tipo de medidas más apropiadas para

empeorar las cosas. A partir de entonces, la política económica adoptada no hizo sino

empeorar cada vez más las cosas. Para los republicanos el presupuesto equilibrado era,

como siempre, alta doctrina. Pero el programa del partido demócrata en 1932 abogaba –

con una concreción que los políticos rara vez aconsejan- por un ´presupuesto federal

equilibrado cada año sobre la base de una precisa estimación gubernamental dentro de los

36
límites señalados por los ingresos fiscales...´ El presupuesto equilibrado no era un tema de

reflexión y ni siquiera, como a menudo se ha asegurado, una cuestión de fe. Más bien era

una simple fórmula, y no fue el único corsé que se aplicó a la economía. Hubo también el

espantajo de un abandono del patrón oro –cuya vigencia impedía la elevación del tipo de

cambio- y, todavía más sorprendente, de un riesgo de inflación. Si la economía hubiese

estado ´fundamentalmente firme y sólida´ en 1929 los efectos del gran crac de la bolsa

habrían sido pequeños”44. La extensión de esta cita se justifica en la enorme sabiduría que

encierra. El primer punto descrito por Galbraith, la pésima distribución de la renta –a

mucha distancia, la primera causal del advenimiento y prolongación de la Gran Depresión-

nos coloca frente a las evidencias favorables a la Teoría del subconsumo, en tanto variable

explicativa del ciclo económico, cuyo añejo y más significativo autor fue John Atkinson

Hobson45. En sus elaboraciones, Hobson sostiene que la desigualdad en la distribución del

ingreso genera, tarde que temprano, una crisis de realización de la oferta; la mecánica es la

siguiente: El capitalismo industrial avanzado tiende a producir muchos pobres muy pobres

y, por otro lado, pocos ricos muy ricos. Los primeros, gastando todo su ingreso, no pueden

consumir todo lo que desean, mientas, los segundos, tienen una enorme capacidad de

consumo pero no el deseo de gastar todo su ingreso. Ya se sabe que, para éstos, todo

incremento en su ingreso lo será en su ahorro –mismo que, por una convención de la

economía descriptiva, será igual a la inversión-. De aquí se sigue que al disponer de una

desproporcionada parte del ingreso nacional, los ricos invertirán preferentemente y, así,

promoverán un crecimiento excesivo de las ofertas de bienes de consumo y de bienes de

capital, siempre colocando a los salarios a la zaga de los precios. De todo ello resulta que la

44
John K. Galbraith, El crac del 29, op. cit., pp. 242 254.
45
J. A. Hobson, Economics of Unemployment, Londres, 1922.

37
oferta (Z) tendrá un crecimiento mucho más acelerado que la demanda (D), con lo que la

realización de la primera enfrentará notables y crecientes complicaciones:

ΔZ >> ΔD ⇒ ∇ de las ventas, crisis de realización (con todo y desempleo) y eventual

deflación.

Resulta lógico, entonces, que para Hobson el único remedio seguro a este círculo vicioso

sea una mayor igualdad46. La que no es, no puede ser, proporcionada por la mano invisible

del mercado. Por lo que hace al 4o. punto, la dudosa situación de la balanza de pagos,

resulta conveniente intentar el análisis de los efectos que, en aquel momento, tuvo la

decisión de poner en ejercicio un notable nacionalismo económico, expresado en la

extraordinaria elevación de los aranceles a las importaciones. La historia es la siguiente:

“Ya desde 1920, el Congreso dominado por los republicanos aprobó a la carrera un

decreto de urgencia sobre aranceles que tenía como objeto levantar un muro

proteccionista para impedir la entrada de productos extranjeros. En el mensaje en el que

expresó su veto, el presidente Wilson pidió que se actuara con sentido común al respecto.

Dijo: ´Si hubo un tiempo en que los Estados Unidos pudieron tener algo para tratar con la

competencia extranjera, ese tiempo ya ha pasado. Si queremos que Europa pague sus

deudas gubernamentales o comerciales, debemos estar dispuestos a comprarle. Es patente

que no ha llegado el momento de levantar altas barreras comerciales´. Pero los

republicanos decidieron no prestar oídos a este sabio consejo y tan pronto como tuvieron

el control completo del gobierno decretaron el arancel Fordney-McCumber (1922), que

elevó a alturas sin precedentes los impuestos a las importaciones e impidió efectivamente

que las naciones europeas vendieran sus artículos en los Estados Unidos. Ocho años más

tarde, la recalcitrante mayoría republicana impuso el arancel Smoot-Hawley (1930), el


46
Cfr. James Arthur Estey, Tratado sobre los ciclos económicos, op. cit., pp. 257-270.

38
más alto en la historia de los Estados Unidos y, a pesar de las protestas de casi todos los

economistas respetables del país, Hoover lo firmó. Estos aranceles no sólo cerraron el

mercado estadunidense a los productos de las granjas y de las fábricas de Europa, sino

que dio lugar a aranceles en represalia que cerraron los mercados europeos a los artículos

estadunidenses”47.

Respecto al último punto, asumiendo la claridad y consecuente comprensión de los

restantes, los míseros conocimientos de economía de la época, debe destacarse que,

también para Harold James (en El fin de la globalización, ya citado en páginas anteriores),

el crac del 29 y la Gran Depresión se hicieron acompañar de una suerte de bancarrota

intelectual, más que visible en gobernantes y responsables de la marcha económica. Al

respecto, Charles Kindleberger evoca la interpretación de Gibert Burck y Charles

Silberman: “La razón básica para que la depresión durara tanto fue, por supuesto, la

ignorancia económica de los tiempos”, y aporta un útil comentario: “Esta respuesta es

inadecuada a nivel mundial. Pero encaja muy bien con Estados Unidos”48.

Una inquietante pregunta ronda cualquier intento de explicación de la crisis actual y,

sin duda, tiene que ver con los parecidos de estas cinco cuestiones ayer y hoy. La inequidad

en la distribución del ingreso, que se ha profundizado desde la reaganomics en los Estados

Unidos y que conforma el corazón de la exportación, al calor de globalización, del

capitalismo estadounidense, vuelve a hacer acto de presencia, sólo que a una escala mucho

mayor, en la actual crisis. La recurrente aparición de los arribistas, sinvergüenzas e

impostores, con Bernard L. Madoff, Merrill Lynch y Goldman Sachs, como sujeto y

47
Allan Nevis y Henry Steele Comager con Jeffrey Morris, Breve historia de los Estados Unidos, FCE,
México, 1994, p. 400.
48
Charles Kindleberger, La crisis económica 1929-1939, Colección Historia económica mundial del siglo
XX, Crítica, Grijalvo, Barcelona, 1985, p. 324.

39
corporaciones, tan o más emblemáticos que los del final de los años 1920 y comienzos de

los 1930. El desorden, fragilidad y tendencias al contagio de los intermediarios financieros

autorregulados, que –en su actual regreso- acusan notables avances en su conmovedora

incompetencia; el nacionalismo económico, que ya ha comenzado a mostrar su pavorosa

cabeza, y la bancarrota intelectual, que obligó a percibir una suerte de Oráculo, donde sólo

se encontraba un tradicional y mediocre banquero central, Alan Greenspan, son

acontecimientos que, en una suerte de reproducción ampliada, vuelven a pasar lista de

presentes, para volver a completar la ruina.

40
EL NACIONALISMO ECONÓMICO.

“Simpatizo, por lo tanto, con aquellos que tenderían a minimizar, antes que con aquellos

proclives a maximizar, los lazos económicos entre naciones. Ideas, conocimientos, arte,

hospitalidad, viajes... son cosas que por naturaleza deberían ser universales. Sin embargo,

que los bienes sean de fabricación casera siempre que sea razonable y convenientemente

posible, y –sobre todo- que las finanzas sean primeramente nacionales”49.

En el pensamiento económico y, más específicamente, en la política económica, las

formas diversas de proteccionismo suelen identificarse como incorrecciones políticas

invariablemente inadecuadas; sin embargo, en el terreno de los hechos y frente a los

apremios producidos por una crisis global, estas medidas toman un sitio relevante en la

relación entre naciones, pese a ser identificadas con la poco solidaria intención de

empobrecer al vecino. Esto es así porque, aunque la economía puede ser, y es,

internacional, la política, el diálogo entre gobernantes y electores, siempre es nacional.

Respecto al artículo de Keynes, del que se ha extraído el epígrafe con el que comienza el

presente apartado, el afamado economista Lionel Robbins, padre de la célebre definición de

la economía, Ciencia que estudia la conducta humana en cuanto a relaciones entre fines y

medios escasos, susceptible de usos alternativos, en su no menos conocido Ensayo sobre la

naturaleza y el significado de la ciencia económica, declaró: “... hasta Keynes sucumbió a

la insensatez corriente... una triste aberración de una mente noble”50. En su reconocida

ambigüedad, Keynes sólo describía las causas y posibles alcances del nacionalismo

económico.

49
John Maynard Keynes, National Self-Sufficiency, op. cit., p. 758. Este ensayo, publicado en 1933, muy
rápida e inicialmente se tradujo al alemán.
50
Citado en Charles P. Kindleberger, La crisis económica de 1929-1939, de la colección Historia económica
mundial del siglo XX, Crítica, Grijalvo, Barcelona, 1985, pp. 306-307.

41
Es una historia conocida la del efecto que el proteccionismo estadounidense tuvo,

primero, en la ampliación y profundidad de la depresión mundial y, segundo, en las

reacciones nacionales en Euarasia, Europa, Japón y América latina, mucho más allá de la

reciprocidad arancelaria. Stalin reanimó una repetición del comunismo de guerra, a partir

de los magros frutos de la Nueva Política Económica (NEP, por sus siglas en inglés), de

Lenin, que –por la falta de respuesta de las economías occidentales y por la debilidad del

sistema económico- condujo forzosamente a la autarquía soviética (y bajo la lógica,

totalmente estalinista, del socialismo en un solo país), con un éxito considerable: En

opinión de Angus Maddison: “El periodo que va de 1938 al inicio de la guerra fue uno de

logros económicos fundamentales en términos de producción industrial. A tono con los

propósitos originales de la revolución, el radio de acción del control estatal fue muy

ampliado. Las técnicas de planeación centralizada y de ubicación de recursos se

desarrollaron. Se logró una colectivización más o menos completa de la agricultura. Los

pequeños empresarios fueron eliminados en la distribución y en las artesanías y

prácticamente todos se convirtieron en empleados estatales. Por lo tanto, el grado de

control estatal se extremó aún más de lo que ha sido en cualquier otro país comunista (de

44 % de la economía en 1928 a 96 % en 1934)”51. Por su parte, Mussolini, Hitler y los

militares del Partido Seiyuu, en Japón, comenzaron a entonar inquietantes cantos

nacionalistas que, en los tres casos, exaltaban el requerimiento de la expansión territorial,

por medios militares, despreciando la herencia y, muy especialmente, las instituciones del

liberalismo, entendido como hegemón geocultural. Por su parte, las economías de la

América latina que pudieron romper con una función internacional primario-exportadora

(provisión al capitalismo maduro de alimentos y materias primas), iniciaron un proceso de

51
Angus Madison, Crecimiento económico en el Japón y la URSS, FCE, México, 1971, p. 125.

42
industrialización sustitutiva de importaciones (ISI) que, para ser eficaz, requería de

enormes barreras proteccionistas.

“Mussolini justificó la invasión de Abisinia –que significó la ruptura definitiva de Italia

con el Sistema de la Sociedad de Naciones- como una vuelta al imperio romano, pero

también como la búsqueda de una salida en África para la superpoblación italiana. Ahora

Italia se proponía construir el nuevo imperio del Mediterráneo (“nuestro mar”). En 1932

el ministro de Relaciones Exteriores, Dino Grandi, explicaba ante el Senado que una

nación de 42 millones de habitantes no podía permanecer ´apresada en un mar sin salida´.

Libia sería el destino inicial. La colonización dirigida por el Estado, se definía como la

necesaria reacción ante la depresión, con métodos expeditivos imprescindibles para

´acelerar la concreción de la verdaderamente grandiosa empresa que se persigue´. África

era el nuevo destino de la emigración italiana y de la reafirmación nacional”52. En

Alemania, donde existía un prolongado ambiente cultural y político contrario al tratado de

Versalles y agudizado por la depresión, la obra clave de Adolfo Hitler (Mein Kampf)

recogía la reivindicación popular: “... el derecho a la posesión de la tierra puede

convertirse en un deber si, privada de una mayor extensión de esa tierra, una gran nación

se viera amenazada por la destrucción”53. Ya instalado en el gobierno, el tema se ventiló

con mucha mayor especificidad: “Apenas nombrado canciller de Alemania, en enero de

1933, Hitler expuso las bases de su política futura en un encuentro privado con jefes

militares. Desde su punto de vista existían dos soluciones alternativas para el problema

alemán. Una primera opción consistiría en que Alemania pudiera desarrollar su potencial

industrial mediante la revitalización de la economía exportadora después de los estragos

52
Harold James, El fin de la globalización, op. cit., p. 233.
53
Citado en Ian Kershaw, Hitler, 1889-1936: Hubris, Nueva York, W.W. Norton, 1999, p. 249.

43
de la depresión. Sin embargo, al comenzar su discurso, había subrayado la limitada

capacidad del mercado mundial para absorber exportaciones. Por ende, la segunda

alternativa sería ´quizá –y probablemente mejor- la conquista de nuevo espacio vital en el

este, con la consecuente brutal germanización´”54. Estas reacciones no se interpretaron, por

lo general, en toda su inquietante dimensión: “Fue durante este periodo cuando el ascenso

del fascismo en Italia y, en mayor grado, el del nazismo en Alemania, evidenciaron para

quienes estaban dispuestos a ver con penetración en estos acontecimientos los extremos

peligros del nacionalismo desbocado amamantado por la crisis y la depresión

económicas”55.

El Japón mostraba asombrosas coincidencias con sus futuros aliados: “... explicó la

invasión a Manchuria posterior a 1931 en términos de su necesidad de hacerse un lugar en

un mundo donde las industrias exportadoras japonesas ya no podían encontrar mercados.

Sería un ´salvavidas´ para la provisión de materias primas, para la creación de un nuevo

mercado para los bienes japoneses, y un medio para aliviar la superpoblación rural de

Japón. Los sectores del empresariado japonés describían el modelo de desarrollo

económico de Manchukuo, el Estado títere japonés, conducido por el gobierno, como ´una

solución a la actual encerrona y como una salida a la depresión´”56.

Por lo que hace a la ISI, en América latina, tenemos que, a reserva de la posible

profundización del análisis caso por caso, la Comisión Económica para América Latina y

El Caribe (CEPAL, 1948) ha elaborado abundante material acerca de las etapas del

crecimiento regional (hacia afuera, hacia adentro, y reciente), en los que se analizan los

54
Harold James, El fin de la globalización, op. cit., p. 234.
55
Eric Roll, ¿En qué nos equivocamos? Del patrón oro a la integración con Europa, FCE, México, 1996, pp.
53-54.
56
Harold James, El fin…, op. cit., p. 232.

44
efectos de la Gan Depresión, para la aparición de la segunda etapa, en cada sistema

económico, y que fueron comunes, para dar origen a la ISI. El carácter vernáculo de la

Teoría del Desarrollo cepalina y el lugar privilegiado que el tema ocupó durante un largo

período en la región, se describen con asombrosa claridad, entre otras, en las obras de

Aníbal Pinto57, a los efectos de realizar una afortunada esquematización de las etapas y, a

los efectos también, de esclarecer las variables explicativas estructurales, no monetarias, de

la inflación regional, en clara sintonía con el análisis keynesiano de las complicaciones que,

en la realidad, enfrentaría la llamada Teoría cuantitativa de la moneda; ambos

planteamientos encuentran en la ineficiencia productiva al más fuerte incentivo para la

elevación de los precios. Keynes lo explica de la siguiente manera:

Sea:

EZ= Elasticidad de la oferta;

dD= variación de la demanda (en cualquier sentido);

dZ= variación en la oferta (en el mismo sentido que la variación en la demanda), y

π= inflación, tal que:

EZ= dZ ÷ dD < 1 ⇒ π;

Si la variación en la demanda no produce un efecto igual o mayor en la variación de

la oferta, ésta será inelástica (menor que 1 en esta relación), con lo que la presión de la

demanda no actúa como un incentivo para la producción (que es ineficiente) y opera sobre

el nivel de precios, produciendo inflación, sin que la oferta monetaria represente papel

alguno en esta causal58. Por éstas y otras razones, para algunos relevantes autores

latinoamericanos, se hace una interpretación de la industrialización sustitutiva de

57
Aníbal Pinto, Inflación. Raíces estructurales, Lecturas del Trimestre Económico, Número 3, FCE, México,
1973, 420 pp.
58
Cfr. John M. Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, op. cit., pp. 284-289.

45
importaciones, como una suerte de versión latinoamericana del modelo keynesiano59, por

su carácter expansivo, por una (más declarada que operada) vocación distributiva, por el

sometimiento de la política monetaria a la política fiscal y, estelarmente, por la

omnipresencia intervencionista del Estado.

El proceso sustitutivo, en realidad, lo fue en dos sentidos: la sustitución de

exportaciones desde la metrópoli, por la Gran Depresión, primero, y por los efectos que en

la estructura productiva impuso la guerra, después, y la sustitución de importaciones desde

la periferia, mediante la industrialización ligera, para los mercados internos y la

importación de bienes de capital y de materias primas elaboradas. Hay, también, un efecto

suplementario por el estallido y duración de la Guerra de Corea (1950-1953), que prolongó

esta primera etapa sustitutiva de importaciones.

Para muchos analistas, la obsesión latinoamericana por el tema del desarrollo, bajo

la interpretación novedosa del historicismo estructuralista, que distinguió al pensamiento

cepalino durante un duradero proceso de elaboración teórica, encontraba –al lado de la

convergencia con las más importantes aportaciones keynesianas sobre el sistema

económico- relevantes puntos de contacto con obras de indiscutible sesgo marxista,

especialmente en el empleo de referentes y periodizaciones de carácter histórico. Es el caso

del extenso trabajo de Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial, en el que la

cantidad y relevancia de coincidencias en ambos análisis histórico estructurales, resulta

notable. Volviendo a la periodización cepalina, se presenta la siguiente aportación de A.

Pinto, la esquematización de su esquema, que sería:

59
Fernando Cortés, Procesos sociales y evolución de la distribución del ingreso monetario (1977-2004), en
Rolando Cordera y Carlos Javier Cabrera Adame (coordinadores), El papel de las ideas y las políticas en el
cambio estructural en México, Lecturas del Trimestre Económico número 99, México, 2008, p. 427.

46
CUADRO 1.

ETAPAS DEL CRECIMIENTO DE AMÉRICA LATINA.

ETAPAS DEL CRECIMIENTO FUERZA DINAMIZADORA CONTRADICCIÓN ESPECÍFICA

HACIA AFUERA. DESDE LA DEMANDA EXTERNA DE ESTRUCTURA PRIMITIVA DE

CONQUISTA HASTA LA BIENES PRIMARIOS, LA PRODUCCIÓN VERSUS

CRISIS DE 1929. ALIMENTOS Y MATERIAS ESTRUCTURA CIVILIZADA

PRIMAS. DEL CONSUMO.

HACIA ADENTRO. CRISIS DEL DEMANDA INTERNA DE ESTRUCTURA PRIMARIA DE

MERCADO MUNDIAL BIENES DE CONSUMO LAS EXPORTACIONES

CAPITALISTA, DESDE LA LIGEROS (ALIMENTOS, VERSUS ESTRUCTURA

GRAN DEPRESIÓN AL BEBIDAS, CALZADO, INDUSTRIAL DE LAS

TÉRMINO DE LA GUERRA DE VESTIDO). 1ª. ETAPA DE LA IMPORTACIONES.

COREA ISI. DESEQUILIBRIO EXTERNO.

RECIENTE. HEGEMONÍA DEMANDA INTERNA DE NIVEL MEDIO DE INGRESO

MUNDIAL DE EUA Y BIENES DE CONSUMO VERSUS PRECIO MEDIO DE

TRANSFERENCIAS DURADEROS. LÍNEA BLANCA, LA NUEVA OFERTA

PRODUCTIVAS AUTOMÓVILES Y INDUSTRIAL.

ELECTRODOMÉSTICOS.

Elaboración propia con apoyo en Aníbal Pinto, Inflación ..., op. cit. pp. 105-140.

Dos circunstancias, de gran importancia, alentaban al espíritu del nacionalismo

económico: En primer término, el abultado cuerpo de rigideces que derivan del patrón oro,

a los efectos de imposibilitar una política monetaria soberana sobre el tipo de cambio y a

los efectos, también, de imponer las mismas limitaciones a la oferta monetaria. En segundo

término, aparece el pavoroso efecto de depresión, deflación, carrera arancelaria y

devaluaciones competitivas, en la notable caída del comercio internacional.

47
El 20 de septiembre de 1931, Inglaterra abandona el patrón oro y, con cierta

velocidad, la libra esterlina pasa a establecerse en alrededor de 3.87 dólares, después de

haberse mantenido desde 1925, y por el restablecimiento de ese patrón, en 4.86 dólares. La

reacción de Keynes es la de un moderado optimismo, por cuanto un número significativo

de sociedades, con la estadounidense al frente, habrían de continuar apresadas por los

grilletes de oro. La devaluación razonable de las monedas ya liberadas, como aconteció con

la libra, disponían de todas las ventajas de una elevación en los aranceles, y ninguna de sus

desventajas. Aquí se evoca la oportuna reflexión keynesiana, publicada en el Sunday

Express, el 27 de septiembre de 1931, con el título de “El futuro del mundo”:

“Hay pocos ingleses que no se alegren de la ruptura de nuestras cadenas doradas.

Sentimos que tenemos por fin las manos libres para hacer lo sensato. Ha pasado la fase

romántica y podemos empezar a discutir con realismo cuál es la mejor política. Puede

parecer sorprendente que un movimiento que se había presentado como una catástrofe

desastrosa haya sido recibido con tanto entusiasmo. Pero las grandes ventajas para el

comercio y la industria británicos, derivadas de terminar con nuestros esfuerzos

artificiales para mantener nuestra moneda por encima de su valor real, fueron captadas

con rapidez [...] No maravilla, pues, que sintamos cierta euforia por el respiro, que las

cotizaciones de la bolsa suban y que los huesos secos de la industria se remuevan. Porque

si el cambio de la esterlina se deprecia, digamos, en un 25 por 100, esto hace tanto para

restringir nuestras importaciones como un arancel de esa cuantía; pero mientras que un

arancel no podría favorecer nuestras exportaciones, y podría perjudicarlas, la

depreciación de la esterlina les supone una subvención del mismo 25 por 100, con lo que

protege al productor nacional contra las importaciones [...] La solución a la que nos han

conducido, aunque nos proporciona un respiro inmediato y transfiere la tensión a otros, es

48
en verdad una solución insatisfactoria para todos. El mundo nunca será próspero sin una

recuperación comercial en los Estados Unidos. Paz, confianza y un equilibrio económico

armonioso para todos los países del globo más íntimamente interrelacionados, es el único

objetivo que vale la pena proponerse”60.

Pese a la reivindicación que hace Keynes de los mercantilistas, la opción de resolver

los problemas nacionales empobreciendo al vecino, en realidad no podía ser una opción

duradera ni deseable, entre otras razones, porque equivale a convocar al inicio de una

guerra comercial, en un juego de suma cero en el que, al final de la jornada, todos podrían

resultar vencidos. Su verdadera intención era que en todo el planeta –como aconteció con

cierta tardanza- se siguiera el ejemplo británico, sin que nadie conservara sus doradas

cadenas (corriendo la suerte del Rey Midas) y las relaciones entre las monedas fueran el

resultado del intercambio de bienes. Su advertencia, relativa a la inoportunidad de

establecer altos aranceles tardó considerablemente, como casi todas sus persuasiones, en

ser entendida y mucho más en ser atendida61.

Respecto a la contracción del comercio mundial, el más inquietante de los

problemas de la economía internacional derivado de la depresión, la deflación, la carrera

arancelaria y las demás formas, productivas y monetarias, de nacionalismo económico, se

tiene lo siguiente:

60
John Maynard Keynes, El final del patrón oro (1931), en Ensayos de persuasión, op. cit., pp. 249-253.
61
“He aquí coleccionado algo así como los graznidos de un cuervo o los cantos de una rana a lo largo de
doce años: graznidos o cantos de una Casandra que nunca pudo influir en el curso de los acontecimientos a
lo largo del tiempo. El volumen podría haberse titulado “Ensayos de profecía y persuasión”, porque la
profecía, por desgracia, ha tenido más éxito que la persuasión”, John M. Keynes, Prefacio (8/XI/1931) a
Ensayos de persuasión, op. cit., p. 9.

49
CUADRO 2

ESPIRAL CONTRACTIVA DEL COMERCIO MUNDIAL

ENERO 1929-MARZO 1933: IMPORTACIONES TOTALES DE 75 PAÍSES.

(VALORES MENSUALES EN MILLONES DE DÓLARES DE ORO

VIEJOS).

MES Y AÑO MDOV

ENERO DE 1929 2 998

ENERO DE 1930 2 739

ENERO DE 1931 1 839

ENERO DE 1932 1 206

MARZO DE 1933 992

Fuente: Sociedad de Naciones, Monthly Bulletin of Statistics (febrero 1934), p. 51,

citado en Charles Kindleberger, La crisis económica 1929-1939, colección Historia

económica mundial del siglo XX, Crítica, Grijalvo, Barcelona, 1985, p. 208.

La impronta de la crisis, también en el campo del intercambio comercial tuvo una

significativa contracción de las exportaciones de países no desarrollados e incipientemente

desarrollados, de manera que su principal, sino única, vía de acceso a la liquidez

internacional se encontró dramática y apresuradamente bloqueada, en una lógica que

terminó afectando, también, a las economías desarrolladas, por cuanto una importante

demanda para sus exportaciones careció de capacidad de compra, en virtud de la caída de

las exportaciones primarias a las que, de suyo, ya las había desvalorizado la fuerza

50
deflacionaria que escoltó a la crisis; la caída de precios de la que se tuvo que sufrir una

prolongada espera por la recuperación. Estos son los datos:

CUADRO 3.

49 PAÍSES EXPORTADORES DE BIENES PRIMARIOS CLASIFICADOS

POR PORCENTAJES DE CAÍDA DE SU EXPORTACIÓN, 1928-1929 HASTA

1932-1933.

PORCENTAJE DE CAÍDA DE LA PAÍSES

EXPORTACIÓN

> DE 80 CHILE

75-80 CHINA

70-75 BOLIVIA, CUBA, MALASIA, PERÚ, EL

SALVADOR

65-70 ARGENTINA, CANADÁ, CEILÁN, INDIAS OR.

HOLANDESAS, ESTONIA, GUATEMALA,

INDIA, ESTADO LIBRE DE IRLANDA,

LETONIA, MÉXICO, SIAM, ESPAÑA

60-65 BRASIL, REPÚBLICA DOMINICANA, EGIPTO,

GRECIA, HAITÍ, HUNGRÍA, HOLANDA,

NICARAGUA, NIGERIA, POLONIA,

YUGOESLAVIA

55-60 DINAMARCA, ECUADOR, HONDURAS, NUEVA

ZELANDA

50-55 AUSTRALIA, BULGARIA, COLOMBIA, COSTA

RICA, FINLANDIA, PANAMÁ, PARAGUAY

45-50 NORUEGA, PERSIA, PORTUGAL, RUMANIA

30-45 LITUANIA, FILIPINAS, TURQUÍA, VENEZUELA

51
Fuente: S. G. Triantis, Cyclical Changes in Trade Balance of Countries Exporting

Primary Products, 1927-1933, 1967, p. 19, citado en Charles Kindleberger, La crisis

económica …, op. cit., p. 230.

52
ALGUNOS HÉROES DEL NACIONALISMO ECONÓMICO: HJALMAR

SCHACHT, TAKAJASHI KOREKIYO Y... FRANKLIN D. ROOSEVELT.

“El comercio irrestricto correspondía a la paz; los altos aranceles, las barreras

arancelarias y la competencia económica injusta, correspondían a la guerra”62.

Durante la década bárbara, la institucionalidad internacional, encarnada en la

Sociedad de Naciones –de la que no formó parte su principal animador, los Estados

Unidos63- enfrenta un cuerpo de pruebas ácidas, en los años treinta, que no puede superar:

La invasión del Japón a Manchuria (1931), la de Italia a Abisinia (1935), la intervención de

Alemania e Italia en la Guerra Civil española (1936-1939), y la invasión de Alemania a

Austria y Checoslovaquia (1938), fueron acontecimientos con muy pobres reacciones,

cuando las hubo, de la Sociedad de Naciones, a pesar de que, con excepción del primer

caso, todas las naciones víctimas de estas invasiones e intervenciones formaran parte de la

propia institución, como miembros de pleno derecho64. El liberalismo y su institucionalidad

sufrían la más fuerte amenaza por la impronta fascista, notablemente incentivada por la

crisis económica.

En prácticamente todos los casos de nacionalismo económico, que arrancan con la

separación del patrón oro, el éxito inmediato fue de proporciones significativas; incluso, es

posible afirmar que dos naciones, Japón y Suecia, se colocaron rápidamente al margen de

los efectos de la Gran Depresión (el primero de ellos sólo estuvo adherido al patrón oro,

62
Cordell Hull, citado en Fred L. Block, Los orígenes del desorden económico internacional, FCE, México,
1980, p. 53.
63
Cfr. Woodrow Wilson, Discurso de los catorce puntos, y Henry Cabot Lodge, Discurso de la Sociedad de
Naciones, ambos en Daniel Boorstin (compilador), Compendio histórico de los Estados Unidos. Un recorrido
por sus documentos fundamentales, FCE, México, 1997, pp. 622-637.
64
Resulta irónico que Abisinia formara parte de la Sociedad de Naciones, desde 1925, por iniciativa de Italia.
Cfr. Henry Kissinger, La diplomacia, FCE, México, 1996, p. 295.

53
entre enero de 1930 y diciembre de 1931), por la acelerada puesta marcha de medidas

nacionalistas: Gran Bretaña, gracias a la devaluación de la esterlina y a los acuerdos

comerciales en el ámbito imperial, recuperó su fuerza exportadora y se benefició

notablemente de los términos de intercambio con países productores de materias primas,

duraderas víctimas de la deflación; Estados Unidos vivió una importante recuperación de

producción y empleo, bajo la sombra del New Deal; en Alemania, según Joan Robinson,

“Hitler había encontrado la manera de curar el desempleo antes que Keynes hubiese

acabado de explicar por qué se producía”65, y los países que, en América latina, pudieron

iniciar la industrialización sustitutiva de importaciones mostraron sorprendentes tasas de

crecimiento.

En la conclusión de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero,

Keynes afirma que: “Los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de

cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto.

Los maniáticos de la autoridad, que oyen voces en el aire, destilan su frenesí inspirados en

algún mal escritor académico de algunos años atrás”66. Los pensadores económicos que

inspiraron a los gobernantes de Alemania, Japón y los Estados Unidos, durante el

nacionalismo económico y que, salvo en un caso y en contra del acta de defunción previa

extendida por Keynes, vivieron más que los propios gobernantes, merecen aquí una

evocación.

HJALMAR SCHACHT.

El doctor Hjalmar H. G. Schacht tiende a ser recordado por razones relativas a la

emisión de la primera norma que impidió el acceso a cargos públicos de ciudadanos de

65
Citada en Federico Novelo, Teoría económica keynesiana, Plaza y Valdés, México, 1987, p. 44.
66
J. M. Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, op. cit., p. 367.

54
origen judío67, de la que derivó la genocida persecución, o por ser uno de los tres personajes

declarados no culpables, durante los juicios de criminales de guerra, en Núremberg,

Alemania, del 22 de noviembre de 1945 al 31 de agosto de 194668; también ha sido

evocado por haber provocado involuntariamente, y al lado de Montagu Norman y Charles

Rist (gobernador del Banco de Inglaterra y comisario gobernador del Banco de Francia,

respectivamente) que en 1927 presionaron exitosamente por la reducción de la tasa de

descuento del Banco de la Reserva Federal de los EUA, el origen del crac de 192969. En la

traducción francesa de sus memorias, el título es: Mémoires d´un magicien (París, Amito-

Dumont, 1954: Las memorias de un mago) y la evidencia disponible muestra que, para la

economía alemana de 1934 a 1936, en verdad lo fue. Schacht fue presidente del Banco

Central del Reich (el Reichbank) de 1923 a 1930 y después de marzo de 1933; en agosto de

1934 Adolfo Hitler lo coloca al mando del Ministerio de Economía, y el 31 de mayo de

1935 fue nombrado ministro plenipotenciario para la economía de guerra, con el fin de

favorecer el desarrollo de la Wehrmacht y el rearme, tareas que cumple sin aumentar los

impuestos ni recurrir a la emisión de papel moneda. El genio de este notable economista se

mostró a plenitud con la infrecuente mezcla de audacia e intuición: La primera, sirvió para

crear dos tipos de bonos gubernamentales, los bonos Offa, para financiar la obra pública, y

los bonos Mefo, para el rearme; en ambos casos, estos instrumentos podían ser

inmediatamente canjeados por el Reichbank; la intuición de Schacht sirvió para adivinar

que los tenedores (en lo fundamental, grandes empresarios de Alemania y de algunos países

industrializados) no los canjearían inmediatamente y, en lo mediato, se inclinarían por

cobrar los intereses que produjeran. El monto de estos bonos era doblemente ignorado; en

67
Henry Morgenthau III, Mostly Morgenthaus. A Family History, Ticknor & Fields, New York, 1991, p. 316.
68
Leon Goldensohn, Las entrevistas de Núremberg, taurus, México, 2005, p. 21.
69
Cfr. John K. Galbraith, El crac del 29, op. cit., p. 41.

55
primer lugar, por la población alemana y, en segundo lugar, por el extranjero que no

conocía siquiera un aproximado de los gastos militares de Alemania. “Se estima que en la

gran época de Schacht (1934-1936) circularon así doce mil millones de <<marcos

Mefo>> y financiaron el 50 % de los gastos de armamento. La gran industria, gracias a

sus recursos, se otorgaba créditos a sí misma. La deuda interna aumentó (cuarenta y siete

mil millones en 1938), pero las fábricas de armamento trabajaban y contrataban más y

más personal”70. El milagro económico alemán, en realidad, resultaba de una más que

sencilla formulación: Un gasto público enorme, destinado al crecimiento de la

infraestructura y al rearme, bajo el imperio estatal; es decir, bajo la sólida conducción

gubernamental que originaba un mercado dirigido o, como más le gustaba decirlo a Hitler,

un <<capitalismo organizado>>. En el frente externo, las cuestiones económicas ofrecían

una mayor complejidad; en parte, porque el Tratado de Versalles, por la tácita prohibición

de la devaluación del marco, dejaba al gobierno alemán ayuno de soberanía monetaria, en

tiempos de depresión internacional que dificultaba enormemente la exportación producida

con monedas sobrevaluadas, al menos frente al creciente número de países que habían

salido del bloque del oro, y, por otro lado, la escasez de divisas internacionales resultante,

complicaba extraordinariamente la importación de bienes indispensables. Para este

enredado problema, Schacht disponía de una solución, no total, pero solución al fin.

Consistió en un nuevo plan, anunciado el 19 de septiembre de 1934; en él, se generalizó el

control de cambios y se introdujo el principio de bilateralismo en los intercambios

financieros y comerciales. El plan descansaba en tres principios básicos:

a) Comprar solamente donde las mercancías alemanas fuesen aceptadas

como contravalor;

70
Marlis Steinert, Hitler y el universo hitleriano, Grupo Zeta, Barcelona, 2004, pp. 265-266.

56
b) No comprar más de lo que, así, se pudiera pagar, y

c) Sólo comprar lo estrictamente necesario.

El plan arrojó importantes éxitos, a los efectos de proveer bienes primarios a bajo

costo y sin la mediación de las escasas divisas y a los efectos, también aunque en menor

proporción, de encontrar salida para una parte –muy lejana del total, por cierto- de la

producción alemana para la exportación.

CUADRO 4.

ALGUNOS INTERCAMBIOS (TRUEQUES) INTERNACIONALES

DE ALEMANIA, CUBIERTOS POR EL PLAN SCHACHT.

BIENES BIENES

EXTRANJEROS ALEMANES

Café de Brasil Carbón y mineral de hierro

Aceite de ballena noruego Buques cisterna

Soja búlgara Colorantes y productos farmacéuticos

Algodón egipcio Abonos químicos

Elaboración propia con apoyo en Marlis Steinert, Hitler y el universo hitleriano, op.

cit., pp. 280-281.

En paralelo, Schacht promovió una peculiar sustitución de importaciones (ersatz),

por la vía de reorientar la inversión interna, de manera adversa para la producción menos

asociada con la expansión económica y el rearme. Los combustibles, lubricantes y fibras

sintéticos fueron algunos de los bienes sustitutos, de producción privada, que avaló el

gobierno nazi. Pese a los éxitos alcanzados, Schacht no era, ni con mucho, imprescindible;

al menos no lo era en la lógica y, más específicamente, en los propósitos de Hermann

57
Göring: “Una vez alcanzado el despegue de la economía, la puesta en marcha del

armamento y el desarrollo de la Wehrmacht, Schacht quería volver a una economía más

liberal, frenar la inflación y el ritmo de las medidas forzadas. A causa de ese problema,

que lo puso progresivamente en conflicto con los representantes de las fuerzas armadas, y

sobre todo con Goering (sic) –encargado entretanto, además de sus otras

responsabilidades, de la oficina recientemente creada para el plan Cuatrienal destinado a

acelerar la preparación económica de la guerra-, Schacht abandonó su ministerio en

1937; en 1939 dejó también la presidencia del Banco Central, pero siguió siendo miembro

del gobierno hasta 1943”71. Resulta interesante conocer las comparaciones que, en todos

los casos de estos héroes del nacionalismo económico, se hicieron con Keynes; para el caso

de Schacht, se dispone de ésta: “Hjalmar Horace Greeley Schacht y John Maynard Keynes

representaban esas respuestas distintas a la Depresión. Ambos rechazaron la ortodoxia del

patrón oro a favor de una vigorosa acción pública. Tanto la economía de Schacht como la

de Keynes favorecían la intervención del Estado, el activismo fiscal, restricciones a las

inversiones internacionales y controles al comercio. Schacht se inclinó por la autarquía

fascista y Keynes por el intervencionismo socialdemócrata. En 1934, en las profundidades

de la Depresión, el pragmático Schacht dirigía la segunda economía más grande del

mundo, mientras que el académico Keynes escribía una obra sobre teoría económica

abstracta. Esta disparidad provenía quizá de su actitud intelectual y personal: el alemán

era un prusófilo conformista que adoraba el poder y a los poderosos y el inglés un

homosexual heterodoxo que creía en el poder de las ideas y desdeñaba a los políticos. Pero

también reflejaba realidades políticas y económicas globales. La economía de Schacht fue

admirada e imitada en docenas de regímenes autárquicos de Europa y Latinoamérica,

71
Marlis Steinert, Hitler… op. cit., p. 266.

58
mientras que la de Keynes sólo fue obteniendo el apoyo de intelectuales y políticos

gradualmente

Las tornas cambiaron diez años después, en 1944. Mientras que el inglés celebraba

la aceptación por Occidente de su diseño para la economía del mundo de posguerra,

agentes de la GESTAPO se dirigían a detener al alemán. Mientras que Schacht rogaba por

su vida en Núremberg, Keynes presidía las negociaciones de un nuevo orden económico

que habría que construir sobre las ruinas de la guerra que los alemanes habían perdido”72.

En 1973, sustancialmente rico, Schacht muere a los 93 años de edad. En el camino

final, como durante toda su vida, rehusó haber hecho algo equivocado.73

TAKAJASHI KOREKIYO.

Por un período extraordinariamente prolongado, el Japón se dispuso a subordinarse

a las más fuertes tendencias económicas internacionales, especialmente monetarias, para no

enfrentar, en soledad, las calamidades derivadas de quedar fuera de la corriente dominante.

Fue así, como en 1917, el gobierno decidió suspender la exportación de oro, ya que varios

países lo habían hecho; de quedarse aislado como uno de los pocos exportadores del metal

precioso, tendría que pagarlo con una extraordinaria devaluación del yen. El retorno al

patrón oro por Estados Unidos (1919), Alemania (1924), Inglaterra (1925), Italia (1927) y

Francia (1928), más la exhortación por dicho retorno, desde la Conferencia de Génova en

1922 (ya citada), parecieron razones suficientes para que el gabinete Jamaguchi del partido

Minsei (formado en 1929), forzara al retorno al patrón oro, con el mantenimiento de la

paridad antigua, en enero de 1930. El mecanismo inicial fue el de abolir la prohibición de

exportar oro; al hacerlo con arreglo a la antigua paridad, el yen resultó revaluado en

72
Jeffry A. Frieden, Capitalismo global. El trasfondo económico de la historia del siglo XX, op. cit., p. 331.
73
Liaquat Ahamed, Lords of Finance. The Bankers Who Broke The World, Penguin Press. USA, 2009, p. 486.

59
alrededor del 10 %. El efecto comercial inmediato, por supuesto, fue deficitario. La moneda

fuerte, por vías artificiales o reales, dificulta enormemente las exportaciones y, en sí misma,

representa un gran incentivo para las importaciones. Esta situación tiende a agravarse en

una época de baja actividad comercial internacional.

La búsqueda del equilibrio entre una moneda sobrevaluada y una balanza comercial

deficitaria, para mal, se emprendió por el sinuoso camino de la deflación, a la que se

conoce como “política financiera Inoue”, en honor del ministro de Finanzas Inoue

Dyunnosuke. “En cualquier caso, la presión de la deflación debida al desplome de la

demanda general, aunque no se hubieran producido cambios en la economía mundial, no

habría permitido a la economía japonesa librarse de una aguda recesión. En realidad,

debido al desplome de la bolsa de valores de Nueva York, en el otoño de 1929 estalló la

crisis económica mundial. La economía japonesa sufrió los embates de una recesión

repentina (la crisis económica de Shoowa) al combinarse la deflación provocada por la

abolición de la prohibición de exportar oro y por el desplome de la economía internacional

a consecuencia de la crisis económica mundial”74.

En diciembre de 1931, dimitió el gabinete del Partido Minsei, siendo sustituido por

el Partido Seiyuu que volvió a prohibir la exportación de oro, apartó al Japón de ese patrón

y colocó al frente del ministerio de finanzas a Takajashi Korekiyo (1854-1936), quien

desde 1929 anunciaba con claridad lo que Keynes formalizaría siete años después:

“Hay que aclarar la diferencia entre la economía del país y la individual para

discutir el problema de la restricción. Por ejemplo, si una persona que tiene manera de

vivir con 50 mil yenes al año vive con sólo 30 mil y ahorra 20 mil, esto es muy bueno para

su economía privada porque año con año aumentan sus bienes. Pero si analizamos esto

74
Nakamura Takajusa, Economía japonesa. Estructura y desarrollo, COLMEX, México, 1990, p. 146.

60
desde el punto de vista de la economía del país, debido al ahorro de esa persona la

cantidad de 20 mil yenes que hasta entonces gastaba, ahora representa una disminución de

la demanda de algún artículo en alguna parte: el resultado es que disminuye la fuerza

productiva del país en esa cantidad. Por eso, desde el punto de vista de la economía del

país, es mejor que si alguien puede gastar 50 mil yenes al año los gaste. Supongamos que

alguien va a una casa de té y gasta dos mil yenes. Desde luego habrá críticas moralistas,

pero ir a una casa de té convidando a las geishas y comiendo platos de lujo, representa un

aumento de sueldo de los cocineros en la economía del país y además proporciona un

ingreso a los productores de alimentos, a los transportistas y a los comerciantes. El

ingreso de las geishas se convierte en alimentos, impuestos, ropas, cosméticos, etc. Ese

dinero pasa de mano en mano entre los agricultores, fabricantes, comerciantes y

pescadores y además ese dinero trabaja veinte o treinta veces más en las industrias. Si se

abstiene de ir a la casa de té contará con dos mil yenes nada más”75.

La estrategia económica de Takajashi consistió en tres elementos básicos:

a) La elevación del tipo de cambio, devaluación del yen que se puso al

servicio de la expansión de las exportaciones;

b) La reducción significativa de las tasas de interés y de descuento del

Banco de Japón, con la que se dispuso de dinero barato; y

c) El crecimiento extraordinario del gasto público, significativamente

concentrado en el gasto militar, financiado con empréstitos

gubernamentales, avalados por el Banco de Japón.

El efecto de esta estrategia no pudo ser más exitoso: Entre 1931 y 1937, las

exportaciones se duplicaron, aunque con un notable deterioro de los términos de

75
Citado en Nakamura Takajusa, Economía japonesa…, op. cit., p. 148.

61
intercambio, por la devaluación del yen; creció la demanda interna y la inversión privada;

el PNB real creció a una tasa de 6.2 % en 1937. Takajashi obtiene éxito, también, en una

política financiera que permitió la expansión monetaria, la formalización del pleno empleo

y el rápido crecimiento de la inversión y del producto, con estabilidad de precios. Cuando

percibió la amenaza de una espiral inflacionaria estabilizó el gasto en alrededor de 2 mil

millones de yenes y, tras la expansión significativa de la inversión privada y la reanimación

de la intermediación financiera, intentó frenar los gastos, advirtiendo que el crecimiento

específico de los militares desequilibraría a la economía nacional.

CUADRO 5

ÍNDICES ECONÓMICOS DEL JAPÓN

(EN MILLONES DE YENES).

Año PNB Gasto Inversión Inversión Exportación Importación

corriente de capital privada de

del fijo del capital fijo

gobierno gobierno

1929 16 286 1 612 1 210 1 620 3 300 3 223

1930 14 671 1 452 1 010 1 329 2 486 2 439

1931 13 309 1 685 902 1 058 2 029 2 105

1932 13 660 1 839 1 093 971 2 466 2 479

1933 15 347 2 046 1 194 1 310 3 092 3 107

1934 16 966 2 005 1 237 1 715 3 580 3 639

1935 18 298 2 117 1 354 2 006 4 158 3 991

1936 19 324 2 183 1 427 2 209 4 580 4 389

62
1937 22 823 2 609 2 482 3 195 5 401 5 969

Fuente: Nakamura Takajusa, Economía japonesa..., op. cit., p. 150.

Debe considerarse que, durante el mismo período, el consumo pasó de 11 782 a 15

121 millones de yenes; un muy significativo avance en la demanda efectiva japonesa.

Mientras los conflictos con los militares, en Alemania, condujeron a H. Schacht al

ostracismo, la suerte de Takajashi Korekiyo fue mucho más ingrata: “El 26 de febrero de

1936, un grupo fascista radical de jóvenes oficiales del ejército intentó dar un golpe de

estado, movilizando la primera división de la capital para establecer control sobre el área

donde se ubicaban la Dieta, el Ministerio de Defensa, el Estado Mayor, etc., y asesinaron a

varios dirigentes del gobierno incluyendo al ministro de finanzas, Takajashi Korekiyo. El

propósito del golpe era la reestructuración política del país según el plan trazado por Kita

Ikki. Fracasó al no obtener el apoyo del comando superior del ejército ni del tennoo. Los

principales líderes del golpe fueron ejecutados al igual que Kita y otros ideólogos del

fascismo radical y populista”76. El avance del militarismo, pese a esta derrota, no se

interrumpió: “En 1935 el expansionista ministro de Finanzas Takahashi (sic) Korekiyo

intentaría tomar las riendas de los déficit inflacionarios adoptando la política que se

conoció como <<la racionalización gradual de las emisiones de bonos del gobierno>>.

Pero esta aplicación de frenos económicos no tardó en producir una rebelión militar, y

Takahashi sería asesinado en febrero de 1936. Acto seguido, los gastos militares se

incrementaron aún más rápidamente”77.

El legado de Takajashi, sin embargo, se mantuvo guiando la recuperación de la

economía del Japón, con notable celeridad: “Japón alcanzó el pleno empleo a mitad de

76
Ibid., p. 151 (N al P).
77
Harold James, El fin de la globalización..., op. cit., p. 124.

63
1938. Se transfirieron 300 millones de yenes del Banco de Japón a un fondo que debía

financiar las importaciones de materias primas de las industrias de exportación, y con ello

disfrazar las pérdidas de oro. A esto le siguió un sistema de desequilibrio con controles de

cambio, controles de precios y asignaciones de recursos”78. La evocación del golpe que

ocasionó el asesinato de Takahashi, desde otra interpretación, es más comprensiva con los

militares sediciosos y con su ideólogo: “Ciertamente los oficiales (22) que llevaron a cabo

el fallido golpe estaban influidos por las ideas de Kita Ikki (<<reverencia al emperador y

abajo las fuerzas del mal>>), pero el propio Kita no tuvo en el mismo sino un mínima

participación, pues opinaba que en las circunstancias del momento importaba más que el

Japón introdujese ciertas correcciones en sus tratos con China y con los Estados Unidos.

Por tanto, en principio, no estuvo de acuerdo con el golpe y nunca prestó a la intentona de

los jóvenes oficiales más que un apoyo tácito. Sin embargo, fue encarcelado bajo la

acusación de haber sido de los principales instigadores del incidente. Otro de los

supuestos instigadores, Nishida Mitsugu, fue ejecutado al mismo tiempo; cuando se volvió

hacia Kita proponiendo: <<Muramos con tres vivas a Su Majestad el Emperador>>, Kita

se negó diciendo: <<No lo deseo>>. Un hermano menor suyo, que habló con él momentos

antes de que fuese aplicada la sentencia de muerte, cuenta que Kita dijo: <<No he tenido

nada que ver con esta sedición. Ahora bien, como los que la perpetraron eran admiradores

de mis obras, si se les piden responsabilidades tendré a mucha honra el figurar entre

ellos>>”79. En lo relativo a la relación entre incremento del producto y población, Japón

alcanzó el más notorio ritmo de crecimiento entre los más importantes países del mundo, tal

como nos lo muestra la elaboración de A. Madison:

78
Charles P. Kindleberger, La crisis económica..., op. cit., 332.
79
Michio Morishima, Porqué ha “triunfado” el Japón, Crítica, Grijalvo, México, 1984, pp. 194-195.

64
CUADRO 6

TASAS DE CRECIMIENTO DEL PNB PER CÁPITA EN 15 PAÍSES

(1913-1938).

PAÍS TASAS COMPUESTAS DE

CRECIMIENTO ANUAL PROMEDIO

Japón 2.6

Noruega 2.1

Unión Soviética 1.9

Suiza 1.6

Suecia 1.3

Alemania 1.1

Dinamarca 1.0

Italia 1.0

Francia 0.8

Estados Unidos 0.8

Holanda 0.7

Reino Unido 0.7

Bélgica 0.7

Canadá 0.0

Australia 0.1

Promedio 1.1

Fuente: Angus Maddison, Crecimiento económico en el Japón y la URSS, op. cit., p. 59.

65
FRANKLIN DELANO ROOSEVELT.

Entre las más sólidas instituciones, entendidas como reglas del juego, establecidas

en los Estados Unidos, el aislacionismo ocupa un lugar preponderante, desde las más

tempranas horas de esa nación: “La Europa tiene muchos intereses primarios que no tienen

ninguna o muy poca relación con nosotros. Necesariamente se hallará comprometida en

disputas, cuyas causas nos son esencialmente extrañas. Sería pues mucha imprudencia si

nos envolviésemos con vínculos artificiales en las vicisitudes ordinarias de su política o en

las combinaciones o choques casuales de sus amistades o enemistades. Nuestra verdadera

política exige que evitemos las alianzas permanentes con cualquier parte del mundo

extranjero aunque estemos ahora en libertad de hacerlo [...] La política, la humanidad y el

interés recomiendan la armonía y un trato liberal con todas las naciones. Pero nuestra

política mercantil es extender una mano igual e imparcial sin pedir ni conceder favores o

preferencias exclusivas, consultando el curso natural de los negocios; difundiendo y

variando por medios suaves los manantiales del comercio sin forzar nada; estableciendo

tratados de comercio con las demás potencias que definirán los derechos de nuestros

comerciantes, pero temporales, y sujetos a mudarse o a abandonarse según lo dicten la

experiencia y las circunstancias; teniendo a la vista que es un absurdo pensar que una

nación reciba favores desinteresados de otra; parte de su independencia estaría en peligro

si lo aceptase”80. Esta suerte de antiinternacionalismo ha caracterizado a la mayor parte de

80
George Washington, Discurso de despedida (1796), en Daniel Boorstin, Compendio histórico de los
Estados Unidos..., op. cit., pp. 174-175. La elaboración de este discurso tuvo la sorprendente participación de
dos acérrimos adversarios, James Madison y Alexander Hamilton, aunque el resultado final perteneció en
gran medida a Washington.

66
la historia de ese país y, durante la Gran Depresión, constituyó el elemento clave de la

política estadounidense.

Colocado en la nueva circunstancia de gobernar con algunas presiones de

colaboradores internacionalistas, y con muchas más de quienes se inclinaban por el

nacionalismo, el presidente Roosevelt –cercanamente asesorado por Henry Morgenthau-

comienza a dar pasos firmes en el rumbo del nacionalismo económico, primero, en abril de

1933, con la separación del dólar del patrón oro, con la consecuente depreciación de la

moneda estadounidense y, segundo, con una significativa declaración, un claro mensaje,

enviado a la Conferencia Económica Mundial, celebrada en Londres desde el 12 de junio

del mismo año. Escribió: “Tengo la firme creencia que un sistema económico interno

saludable contribuirá a una recuperación económica mundial más que cualquier acuerdo

internacional”81. Lo que siguió, con un pálido intento de estabilización del dólar, la libra

esterlina y el franco francés (el llamado Acuerdo Tripartito), no fue sino la creciente

visibilidad de bloques irreconciliablemente antagónicos: De un lado, las potencias

partidarias del statu quo –Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos- y, de otro, las

nuevas potencias imperialistas que buscaban una redistribución de los recursos

internacionales: Alemania, Italia y Japón.

No representa un dato menor la afirmación de Charles Kindleberger respecto a que

la profundidad y duración de la Gran Depresión, en una proporción significativa se explica

por la irresponsabilidad internacional de los Estados Unidos. Las tareas incumplidas, por

la incapacidad británica y la falta de voluntad norteamericana para estabilizar al sistema

económico internacional, fueron:

a) “Mantener un mercado relativamente abierto para los bienes con problemas;

81
Fred Block, Los orígenes del desorden económico internacional, loc. cit.

67
b) Proporcionar préstamos a largo plazo anticíclicos, o por lo menos estables;

c) Estructurar un sistema relativamente estable de tipos de cambio;

d) Asegurar la coordinación de las políticas macroeconómicas, y

e) Actuar como prestamista de última instancia, por medio del descuento o de

otras formas, proporcionando liquidez en las crisis financieras”82.

Además de las presiones internas, los Estados Unidos disponían de una buena dosis

de desconfianza hacia las economías europeas, las que –en el caso de las aliadas- habían ido

posponiendo el pago de las deudas contraídas con los EUA durante la Primera Guerra

Mundial, mientras que Alemania iba fortaleciendo su indisposición a pagar las reparaciones

establecidas en el tratado de Versalles, hasta su definitiva cancelación. Las circunstancias

internas y externas conformaron el telón de fondo de una política exterior estadounidense

errática, por decirlo con indulgencia: “El problema era que los Estados Unidos no estaban

preparados para asumir todas las responsabilidades que Gran Bretaña había asumido

antes. La subordinación de los intereses económicos internos al bienestar de la economía

mundial no era algo práctico para los Estados Unidos. Mientras que la salud económica

interna de Gran Bretaña había dependido por completo de la economía mundial, la

posición de los Estados Unidos era diferente. Los Estados Unidos tenían el poderío

económico necesario para desempeñar un papel central en la organización de la economía

mundial, pero tal papel no se le imponía; era mucho menos dependiente que Gran Bretaña

de sus importaciones o exportaciones para el funcionamiento de su economía. El resultado

fue que los Estados Unidos desempeñaron su papel económico internacional en forma

vacilante e irresponsable”83. Esta irresponsabilidad no era nueva; Charles Kindleberger cita

82
Charles Kindleberger, La crisis económica 1929-1939, op. cit., p. 340.
83
Fred L. Block, Los orígenes…, op. cit., p. 35.

68
al historiador E. H. Carr: “... en 1918 el liderazgo mundial fue ofrecido, casi con el

consentimiento universal, a Estados Unidos... y fue rechazado”84.

En el frente interno, en efecto, la llegada de F. D. Roosevelt al poder se hizo

acompañar de un fuerte compromiso social, con un mensaje contundente en abono de la

confianza y la tranquilidad colectivas: “... Permitidme aseverar mi firme convencimiento de

que la única cosa que debemos temer es el temor mismo, innominado, irracional,

injustificado terror que paraliza los necesarios esfuerzos para convertir la retirada en

avance... Nuestra zozobra no proviene de falla sustancial alguna... La abundancia se

encuentra en nuestros umbrales, pero languidece el generoso uso de ella a la vista misma

del aprovisionamiento. Esto obedece, en primer lugar, a que los regidores del intercambio

de las mercancías de la humanidad han fallado, a través de su propia tozudez y de su

propia incompetencia, han admitido su fracaso y han abdicado. Las prácticas de los

inescrupulosos cambistas de dinero han sido enjuiciadas en la corte de la opinión pública

y rechazadas por los corazones y las mentes de los hombres... Los cambistas de dinero han

huido de sus altos sitiales en el templo de nuestra civilización. Ahora podemos restituir ese

templo a las antiguas verdades... Nuestra tarea primaria más grande, es poner a la gente a

trabajar. Estoy preparado para recomendar, bajo la investidura de mi obligación

constitucional, las medidas que pueda requerir una Nación agobiada, en medio de un

mundo agobiado”85. Para la Nación hizo mucho; para el mundo, muy poco, al menos hasta

el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

84
Edward Hallett Carr, The Twenty Years´ Crisis, 1919-1939, citado en Charles Kindleberger, La crisis
económica…, op. cit., pp. 348-349.
85
Franklin D. Roosevelt, Discurso inaugural (4 de marzo de 19933), citado en Leo Huberman, Historia de
los Estados Unidos. Nosotros, el pueblo, Editorial Nuestro Tiempo, México, 1977, p. 363.

69
“Con Franklin Roosevelt llegaron finalmente a producirse importantes desviaciones

de la ortodoxia clásica, por más que no hubieran sido prometidas en absoluto durante su

campaña electoral de 1932. La depresión revestía tres facetas visibles. La primera, una

incontenible deflación de los precios, con la consiguiente ola de quiebras en la industria y

en la agricultura. La segunda, el desempleo. Y la tercera, los padecimientos que la

depresión acarreó para los grupos especialmente vulnerables: los ancianos, la juventud,

los enfermos y los que se encontraron sin vivienda o mal alojados, conjuntamente con los

parados en general. El primer tipo de medidas aplicadas por Roosevelt trataban de aliviar

el problema de los precios; el segundo, prestar ayuda a los desempleados,

suministrándoles trabajo, y el tercero, mitigar los sufrimientos de la población más

necesitada. Esta última categoría de medidas fue la génesis del estado de bienestar, que ya

había hecho su aparición en Europa y que ahora comenzaba a implantarse en los Estados

Unidos”86.

Las reformas legislativas impulsadas por Roosevelt fueron más variadas e

importantes que las que hayan impulsado cualquiera de sus predecesores. Una acertada

caracterización del Nuevo Trato, divide al total de acciones emprendidas en medidas de

recuperación y asistencia, de un lado, y en medidas de reforma, de otro, existiendo este

doble carácter en muchas de ellas:

“En el campo de la asistencia, el gobierno ayudó a las empresas que estaban en

graves apuros con empréstitos federales, que no tardaron en sumar miles de millones de

dólares. Puso en práctica un amplio programa de gastos en obras públicas y de créditos

para la construcción de casas, caminos, puentes y obras de mejoramiento local, con la

finalidad de estimular la actividad económica y crear empleos. Forjó complejos sistemas

86
John K. Galbraith, Historia de la economía, op. cit., pp. 213-214.

70
de asistencia a los desempleados y, hacia 1940, había gastado alrededor de 16 000

millones de dólares en asistencia directa y otros 7 000 millones más en varias obras

publicas. Dio inicio a un ambicioso programa de conservación de los recursos naturales,

uno de cuyos instrumentos principales fue el Civilian Conservation Corps, que

proporcionó trabajo a cerca de tres millones de jóvenes. Acudió en ayuda de los

ferrocarriles, propició la consolidación de los servicios y proporcionó mejoras que hacía

tiempo se necesitaban. Mediante el patrocinio federal para el trabajo de escritores, de los

teatros, los conciertos y la decoración de los edificios públicos, prestó ayuda a escritores,

artistas y músicos en apuros, con lo que enriqueció grandemente la vida cultural de la

nación. Muchas de las grandes reformas aplicadas a la agricultura y a la industria

tuvieron como mira también prestar asistencia a los necesitados. A la reforma permanente

apuntó gran parte de la legislación sobre banca, energía hidráulica, agricultura,

relaciones obrero-patronales, seguridad social y política. El nuevo Trato cerró los bancos

y los volvió a abrir sujetándolos a una vigilancia más estricta y actuando el gobierno como

garante de los depósitos bancarios. Abandonó el patrón oro y devaluó el dólar con el

objeto de alcanzar una inflación controlada poco fuerte y elevar, de tal modo, los precios

de las mercancías. Estableció un control cuidadoso de la venta de acciones, bonos y otros

valores. Deshizo las grandes compañías holding que se habían hecho con el control de

gran parte del negocio de suministrar al país energía eléctrica, y que a menudo había sido

manipulado para el beneficio de unos cuantos. Formuló códigos de conducta correcta para

los negocios, con la mira de poner fin a una despilfarradora competencia. Elevó los

impuesto sobre la renta de los ricos y de los consorcios, tapó agujeros en las leyes fiscales

y aclaró gran parte de la confusión que desde hacía tiempo prevalecía en lo que respecta a

las políticas fiscales de los gobiernos estatales y federal […] Cuatro grandes campos de la

71
reforma del Nuevo Trato merecen que se les preste atención particular: los de la

agricultura, el trabajo, la seguridad social y la administración pública. Los objetivos, en el

campo de la agricultura, fueron elevar los precios de las mercancías hasta el nivel anterior

a la Guerra Mundial, reducir la producción hasta el punto en que quedaran eliminados los

ruinosos excedentes, fomentar la conservación de la fertilidad de los suelos, facilitar la

extensión del crédito a los agricultores, rescatar a los aparceros y a los que trabajaban

tierras de productividad marginal, y abrir nuevos mercados tanto en el extranjero como en

el interior para los productos agrícolas. Todos estos objetivos fueron alcanzados en gran

parte. Una Ley de Ajuste Agrícola, que buscaba la reducción voluntaria de la producción

de ciertos artículos a cambio de subsidios gubernamentales, fue promulgada en 1933. Fue

anulada tres años más tarde por la Suprema Corte, pero entonces el Congreso promulgó

una segunda y mejor ley de asistencia al campo. Este decreto estipuló que el gobierno

haría pagos en dinero a los agricultores que dedicaran parte de sus tierras a cultivos

conservadores del suelo. Hacia 1940, cerca de seis millones de agricultores participaban

de ese programa y recibían subsidios que, en término medio, ascendían a más de 100

dólares por agricultor. La nueva ley, asimismo, dispuso que se otorgaran empréstitos con

garantía de mercancía para los excedentes de cosechas, la construcción de silos y

almacenes a fin de conseguir un granero constantemente normal, y seguros para la

producción de trigo. La disminución resultante de la producción de los principales cultivos

y la apertura de nuevos mercados lograron elevar los precios de las mercancías agrícolas:

hacia 1939, los ingresos de la agricultura eran más del doble de lo que habían sido en

1932. Una Farm Credit Administration proporcionó crédito a tasas de interés casi

nominales; una Farm Security Administration se dedicó a la tarea de financiar que los

72
aparceros se convirtieran en propietarios, así como a la rehabilitación de los agricultores

poco productivos.

En el campo del trabajo, el Nuevo Trato promulgó una serie de leyes que hicieron

época. La Ley de Recuperación Nacional de 1933 se propuso reducir la jornada de

trabajo, elevar los salarios, poner fin al trabajo infantil; garantizó el derecho a la

contratación colectiva y prohibió los contratos abusivos. La Suprema Corte la anuló en

1935, pero sus disposiciones en materia de trabajo fueron mejoradas en dos grandes leyes

fundamentales: la Ley Wagner de 1935 y la Ley de Estándares Justos de Trabajo de 1938.

La Ley Wagner garantizó a los trabajadores el derecho a formar sus propios sindicatos y

negociar a través de ellos con los patronos, prohibió a los patronos discriminar en contra

de cualquier miembro de un sindicato, y creó una Junta de Relaciones Laborales para

zanjar todas las disputas obrero-patronales. La ley dio origen a violentas controversias,

pero dio a los trabajadores un trato mejor que el que nunca antes habían recibido. Bajo

sus auspicios se revitalizó la AFL, y empezó a existir una nueva y vigorosa organización de

trabajadores, la del Congres for Industrial Organization, o CIO. Esta organización revivió

el sindicalismo industrial de los antiguos Knights of Labor y logró organizar a los

trabajadores de las industrias del acero, de los textiles, del automóvil y otras industrias

más que hasta entonces se habían mostrado invulnerables a la sindicalización. Hacia

1940, el número de miembros de los sindicatos se había elevado hasta ser de nueve

millones, y para cuando terminó la guerra, a casi 15 millones. La Ley de Estándares Justos

de Trabajo tuvo como objeto fijar un techo al número de horas de trabajo y un piso para

los salarios. Estableció las 40 horas como la semana mínima normal de trabajo y una

retribución de 40 centavos la hora, como salario mínimo normal; el límite fijado a la

jornada de trabajo se mantendría igual durante la siguiente generación, pero el salario

73
mínimo se elevó constantemente. Esta ley también prohibió el trabajo infantil en las

industrias que participaran en el comercio interestatal, prohibición a la que felizmente no

opuso su veto la Suprema Corte.

Tuvo importancia fundamental, también, la legislación para proporcionar

seguridad a los desempleados, los ancianos y los incapacitados. Hasta esas fechas, esas

cuestiones se habían confiado a los estados. Algunos estados habían puesto en práctica

eficaces proyectos de seguro por desempleo y pensiones por vejez, pero era patente que los

estados eran incapaces individualmente de manejar el problema, puesto que, en resumidas

cuentas, era de proporciones nacionales. A insistencia del presidente, en 1935, el

Congreso promulgó una serie de leyes de seguridad social por las que se proporcionaron

pensiones a los ancianos, seguro por desempleo, pagos asistenciales a los ciegos, a las

madres dependientes y a los niños inválidos, y partidas de presupuesto para trabajos de

salud pública. Estos programas debían ser financiados en parte por los patronos, y en

parte por los trabajadores; los estados se encargarían de su ejecución y el gobierno

federal los vigilaría. A pesar de la amplia oposición inicial, el programa de seguridad

social no tardó en ganarse el apoyo de casi todo el mundo, y en años subsiguientes sus

disposiciones se hicieron más generosas y sus alcances se ampliaron.

Entre sus realizaciones más importantes figuraron la creación de la Tennessee

Valley Authority, para desarrollar los recursos de una de las grandes cuencas interiores

del país, mediante el uso de plantas hidroeléctricas de propiedad estatal y de un programa

amplio de rehabilitación económica y agrícola. Esta empresa grandemente exitosa fue

seguida por otras semejantes, aunque menos ambiciosas, en el Lejano Oeste y fue copiada

en el extranjero.

74
Finalmente, el gobierno de Roosevelt inició importantes reformas, de largo alcance,

en su administración. El Departamento Ejecutivo, que había crecido a la buena de Dios y

era ineficaz y despilfarrador, fue reorganizado parcialmente, aunque quedó mucho por

hacer. La Ley Hatch de 1939, que quizá es la más importante de las reformas de la

administración pública desde la primera ley de reforma de 1883, prohibió a empleados del

gobierno dedicarse a <<actividades políticas perniciosas>>y combatió la corrupción y los

despilfarros de los partidos políticos. Y, en 1937, el presidente, profundamente preocupado

por una insólita serie de fallos de la Suprema Corte que había anulado la mayoría de las

medidas tomadas para la realización del Nuevo Trato, propuso un plan para reformas a

dicho tribunal supremo. El método consistió en enviar a retiro a los jueces de edad

avanzada y meter sangre nueva en el tribunal; y la finalidad fue convencer al supremo

tribunal que retornara a la gran tradición de los jueces Marshall, Story y Holmes, la

tradición que consideraba que la Constitución era un instrumento flexible de gobierno

antes que una barrera que se oponía al gobierno. La proposición específica de Roosevelt

fue agudamente criticada y finalmente rechazada. En el ínterin, sin embargo, el personal

de la Suprema Corte empezó a cambiar y antes que pasara mucho tiempo, formándose una

idea más esclarecida de la legislación promulgada por las otras ramas iguales e

independientes del gobierno, rectificó la mayoría de sus anteriores fallos paralizantes. El

gran debate que inició Roosevelt a propósito de la Suprema Corte, aunque produjo gran

confusión y rencores, al final algo hizo por educar a la nación acerca de cuál era el

carácter real del sistema constitucional estadunidense, así como persuadir a dicho tribunal

de que debía respetar de manera más realista las disposiciones constitucionales acerca de

75
la separación y la igualdad de las tres ramas del gobierno, y de que debía adaptarse a la

democracia estadunidense”87.

¿Alguna relación de esta larga descripción del Nuevo Trato con la Revolución

Keynesiana? Algo aporta a esta cuestión Eric Roll: “La revolución no quedó confinada a

Gran Bretaña, si bien en el continente, con excepción de los países escandinavos, fue más

moderada. Tuvo, sin embargo, un progreso incluso más rotundo en los Estados Unidos,

donde las ideas keynesianas, a menudo pulidas y perfeccionadas, pronto arrebataron a la

academia, y junto con el Nuevo Trato rooseveltiano y transcurrido un tiempo se

convirtieron en uno de los pilares de la sabiduría de la política económica, en contra de la

cual, al menos hasta el inicio de la guerra, la vieja ortodoxia fue relativamente

impotente”88.

Los juicios relativos al radicalismo o al conservadurismo del Nuevo Trato, así como

al talento o a la ignorancia económica de Roosevelt y de Henry Morgenthau, su secretario

del Tesoro desde noviembre de 1933 y principal asesor en la materia, son

sorprendentemente variados y opuestos: Mientras el Premio Nobel de Economía en 1970,

Paul Samuelson, nos recuerda que: “Una refutación (de la creencia anterior de que los

mercados liberalizados siempre pueden generar su propia recuperación) incluso anterior

la proporcionó el incapaz Herbert Hoover entre 1929 y 1932. Una economía en retroceso

genera su propio círculo vicioso descendente, a no ser que se le aporte un gran estímulo

público sostenido. Una economía deprimida genera una sociedad malsana. La historia nos

87
Allan Nevins y Henry Steele Commager con Jeffrey Morris, Breve historia de los Estados Unidos, FCE,
México, 1994, pp. 416-421.
88
Eric Roll, ¿En qué nos equivocamos? Del patrón oro a la integración con Europa, op. cit., p. 120.

76
lo ha mostrado en repetidas ocasiones”89, Paul Johnson establece que no hay mayores

diferencias ni en la capacidad de gobernar ni en el talento personal e incluso en los

propósitos económicos, entre Hoover y Roosevelt, y hace referencia a lo que juzga como

La mitología del Nuevo Trato90. Por lo que hace a las impresiones que, recíprocamente, se

dispensaron Roosevelt y Keynes, tras su encuentro en 1934, y que ambos y en privado

trasmitieron a Frances Perkins, secretaria del Trabajo en los años del primero, Roosevelt

comentó: “He visto a tu amigo Keynes. Ha puesto un completo jaleo de fórmulas. El debe

ser un matemático, más que un economista político”; Keynes, por su parte declaró: “Supuse

que el presidente era más culto, económicamente hablando”91. La opinión de Charles

Kindleberger es la siguiente: “Se puede garantizar que Roosevelt y sus consejeros más

cercanos –especialmente Morgenthau y Howe- a menudo no tenían una idea clara de lo

que estaban haciendo”92.

Desde otra perspectiva, John K. Galbraith considera de enorme importancia la

participación e influencia de Rexford Guy Tugwell y de Adolf A. Berle, economistas de

particular distinción, que persuadieron a Roosevelt para romper con la ortodoxia clásica;

otro tanto merece destacarse en el caso de los economistas agrarios George F. Warren y

Frank A. Pearson, quienes impulsaron los grandes apoyos a los productores rurales, que

desarrolló el Nuevo Trato. La lección, en el caso de la protección a los precios rurales, y su

expansión mundial, es recogida por Galbraith: “Así ocurre por ejemplo en el Japón, donde

los precios agrícolas están fuertemente protegidos; en el Mercado Común Europeo, donde

los precios de la producción agraria se llevan la parte del león en materia de subsidios y

89
Paul A. Samuelson, ¿Podría EE UU sufrir “décadas perdidas” como las de Japón?, El País, 29 de marzo
de 2009, Negocios, p. 9.
90
Paul Johnson, A History of the American People, HarperPerennial, New York, 1998, pp. 735-757.
91
Robert Lekachman, The Age of Keynes, op. cit., p. 123.
92
Charles Kindleberger, La crisis económica 1929-1939, op. cit., p. 268.

77
atenciones, y en Suiza, supuestamente el país de la libre empresa, donde las vacas viven de

la hierba de las montañas y sus dueños de las subvenciones oficiales. Es preciso volver a

destacar el fondo de la cuestión: la historia de la economía en tiempos recientes demuestra

bien a las claras que el sistema clásico de mercado ya no se tolera allí donde se presenta

en su forma más pura”93.

Durante el Nuevo Trato es documentable un cierto grado de pusilanimidad en el

comportamiento del presidente Roosevelt y de sus asesores: La rapidez con la que, desde

1936, se elevaron los precios y los salarios, en una gran parte explicable por prácticas

monopólicas de empresas y sindicatos, al menos en la opinión de Leon Henderson y

Marriner Eccles (Jefe del Sistema de la Reserva Federal), inclinaron al presidente a favor

de restablecer un presupuesto equilibrado, con lo que, en pocas palabras, se construyó una

depresión dentro de la depresión, que abarcó desde mediados de 1937 hasta el otoño de

193994 y que retrasó e hizo considerablemente más lenta la recuperación. Algunos

importantes elementos depresivos, como la caída de los precios, no encontraron una

recuperación significativa hasta fechas muy posteriores; en realidad, hasta la Segunda

Guerra Mundial y, en general y como puede apreciarse en el cuadro 7, la recuperación no

alcanzó los niveles de producción, ocupación y salarios de 1937, ni siquiera en agosto de

1939.

La lección, para aquel entonces y para el presente, es de una importancia difícil de

exagerar, toda vez que una aparente recuperación, leída en el incremento temporal de

precios y salarios, llevó a buscar el déficit cero y, con ello, a la notable interrupción de los

efectos expansivos de la primera etapa del Nuevo Trato, originando una duda de gran

93
John K. Galbraith, Historia de la economía, op. cit., pp. 215-228.
94
Gene Smiley, Rethinking The Great Depression. A New View of Its Causes and Consequences, Ivan R. Dee,
Chicago, 2002, pp. 116-132.

78
importancia, respecto a la verdadera variable explicativa de la posterior recuperación: ¿Fue

la segunda etapa del Nuevo Trato, o fue el estallido de la Segunda Guerra Mundial? La

respuesta es que una recuperación interrumpida, muy difícilmente puede hacerse eficaz en

su reinicio.

La depresión dentro de la depresión, bautizada entonces y con poco tino como

recesión, en muy buena medida fue el resultado de un comportamiento vacilante y

pusilánime de la administración rooseveltiana, consistente en intentar el retorno a los

presupuestos equilibrados95, cuando el efecto positivo de los déficit acumulados no se había

mostrado plenamente. Este intento de reivindicación del pensamiento económico

convencional, en obsequio de la opinión conservadora que forzó una reducción prematura

de los gastos gubernamentales, se tradujo en una suerte de freno económico de la

recuperación promovida por la primera etapa del Nuevo Trato y en el retorno a la

depresión, que obligó a esperar por la guerra para alcanzar el pleno empleo.

CUADRO 7

ÍNDICES DE ALGUNAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS DE LOS

ESTADOS UNIDOS, 1937-1939 (Con ajuste de la variación estacional).

CONCEPTO Periodo base 1937 1938 1939 Variación Variación

=100 Julio Junio Agosto De 37 a 38 De 38 a 39

Pagos de renta 1929 89 79 85 -12 +8

Empleo 1923-1925 111 84 96 -24 +14

industrial*

95
El 1o. de febrero de 1938, Keynes escribió una carta al presidente Roosevelt acerca de la recesión del año
anterior, proponiéndole, como remedio, un considerable gasto gubernamental contra cíclico. Roosevelt pidió a
Morgenthau elaborar la respuesta que el presidente firmaría; en ella, se manifiesta un amplio acuerdo con
Keynes, aunque, en realidad, Roosevelt y Morgenthau, en previsión de presiones inflacionarias, estaban
convencidos de las bondades del presupuesto equilibrado. Cfr. Henry Morgenthau III, Morgenthaus. A Family
History, op. cit., p. 309.

79
Sueldos y 1923-1925 105 71 90 -32 +26

salarios

industriales*

Producción 1935-1939 120 81 104 -33 +28

industrial

Total

Acero 1935-1939 142 49 111 -65 +127

Automóviles 1935-1939 144 49 84 -66 +71

Textiles 1935-1939 118 81 114 -31 +41

algodón

Textiles lana 1935-1939 97 68 106 -30 +56

Zapatos 1935-1939 108 88 107 -19 +22

Precios 1926 87.9 78.3 75 -11 -4

mayoreo*

* Sin ajuste estacional.

Fuente: F. D. Roosevelt, The Public Papers and Addresses of Franklin Delano

Roosevelt, vol. VII, 1931, 235, citado en Charles Kindleberger, La crisis económica..., op.

cit., p. 223.

80
LAS LECCIONES DE LA GRAN DEPRESIÓN96.

“Yo pienso que podemos comprender esta recesión como parte de los intentos, al final de

los 1920s, de reforzar el patrón oro y esto no era convergente con el equilibrio, de hecho

sus oscilaciones fueron más que suficientes para causar la crisis monetaria en 1931”97.

La confianza ciega que la sabiduría económica convencional históricamente ha

depositado en la eficacia de los mercados competitivos, tanto para la asignación de recursos

cuanto para la distribución de beneficios, quizá fue la primera víctima de la Gran

Depresión, al menos entre los primeros años treinta y el final de la Segunda Guerra

Mundial. El equilibrio con pleno empleo, supuestos interconectados de la teoría económica

al uso, no daban cabida a las recesiones y, muchísimo menos, a las depresiones del sistema

económico, sino en un espacio marginal, el del ciclo de los negocios, que no mantenía una

relación perceptible con la marcha general de la economía. Se aceptaba, con resignación

metafísica, la eventualidad de que una etapa de notable crecimiento fuese seguida por otra

de crecimiento muy bajo e incluso negativo; aunque ambas circunstancias, en presencia de

un sistema de precios y salarios flexibles, encontrarían el reestablecimiento de equilibrio y

pleno empleo, en un plazo razonablemente corto. En la analogía galbraithiana, “No puede

haber remedio para la depresión si ésta se halla excluida por la teoría. Ningún médico, por

más prestigio que tenga, puede tratar una enfermedad inexistente”98. Así pues, la primera

lección proporcionada por la Gran Depresión, consistió en admitir la necesidad de

incorporar nuevas ideas al análisis de la economía política.

96
Es, éste, el título de otro gran libro; cfr. Peter Temin, Lessons form the Great Depression, Cambridge, MA:
MIT Press, 1989.
97
Peter Temin en entrevista con Randall E. Parker, The Economics of the Great Depression. A Twenty-First
Century Look Back at the Economics of the Interwar Era, op. cit., 48.
98
John K. Galbraith, Historia de la economía, op. cit., p. 211.

81
Al lado de la ineficacia de la teoría convencional para explicar el problema

depresivo, aparece el de la superación. Si el mercado es incapaz de evitar la crisis, en el

corto plazo al menos, también lo será para iniciar la recuperación. Las insuficiencias de la

mano invisible, la del mercado, deberán ser corregidas por la muy visible mano del Estado,

mediante una política monetaria expansiva, que afronte la fuerza y tamaño de los diversos

motivos de preferencia por la liquidez y, en el caso extremo de la depresión, una política

fiscal de crecimiento extraordinario del gasto público. La convención y la teoría que

excluían la intervención económica gubernamental se vieron eclipsadas por los

requerimientos que, prácticamente en todo el mundo, impuso la necesidad de superar a la

Gran Depresión, con arreglo a una notable actividad económica de los Estados que, además

de las acciones citadas en las política monetaria y fiscal, debían establecer estrictas

regulaciones en contra de los abusos cobijados por el laissez faire.

Resulta muy difícil exagerar la relevancia de otra lección, la tercera, de la Gran

Depresión, relativa a la necesidad de reformar la enorme inequidad que caracteriza al

capitalismo. Esta reforma, aunque no de manera originaria en los Estados Unidos, estuvo

representada por la figura política del Estado de Bienestar, puntualmente recogido en el

célebre Plan Wisconsin y, en su reproducción ampliada, mediante el Nuevo Trato. Con

apoyo en Vilfredo Pareto, la economía clásica no era partidaria de la distribución del

ingreso y, de una u otra forma, las medidas de bienestar social siempre implican una

redistribución, por lo que la oposición de los seguidores de la teoría de los mercados

competitivos, ayer y hoy, ha sido más que activa en contra de tales medidas. Galbraith data

y ubica al surgimiento del Estado de Bienestar, en el decenio de 1880 y en la Alemania del

conde Otto von Bismarck (1815-1898): “Los economistas alemanes se ocupaban de la

historia, y de sus obras no solían desprenderse graves advertencias con respecto a las

82
intromisiones del gobierno. Conforme la tradición prusiana y alemana, el Estado era

competente, benéfico y sumamente prestigioso. Lo que se consideraba como principal

peligro de la época era la activa militancia de la clase obrera industrial en rápido

crecimiento, con su ostensible proclividad a las ideas revolucionarias y, en particular, a

las que provenían de su compatriota recientemente fallecido, Karl Marx. Proporcionando

el más claro ejemplo de temor a la revolución como incentivo para la reforma, Bismarck

urgió a que se mitigaran las más flagrantes crueldades del capitalismo. En 1884 y en 1887,

después de apasionadas polémicas, el Reichstag adoptó un conjunto de leyes que

otorgaban una protección elemental bajo la forma de seguros en previsión de accidentes,

enfermedades, ancianidad e invalidez”99.

Otro origen, proveniente de la concienzuda e informada agitación de hombres,

mujeres y organizaciones preocupados por el destino de la sociedad, tuvo el Estado de

Bienestar impulsado en Gran Bretaña 25 años después. El papel de Sidney y Beatrice

Webb, H. G. Wells, George Bernard Shaw, la Sociedad Fabiana y los sindicatos obreros

resultó fundamental en ese novedoso reformismo: “Bajo el patrocinio de Lloyd George,

ministro de Hacienda de Gran Bretaña, se adoptaron en 1911 leyes mediante las cuales se

implantaron los seguros oficiales de enfermedad e invalidez, y posteriormente de

desempleo. Con anterioridad a esto ya se había promulgado una ley que establecía

pensiones de ancianidad sin aportaciones de los particulares, pero no había previsto las

contribuciones necesarias para su mantenimiento. El subsidio del desempleo británico vino

a superar considerablemente las proporciones de su precursor alemán, que Lloyd George

se había ocupado de estudiar personalmente; en realidad, sólo en 1927 llegó a existir en

Alemania un seguro de desempleo propiamente dicho […] Literalmente hablando, el

99
Idem. 229.

83
triunfo de Lloyd George en 1910 y 1911 abrió el camino para el cambio que sobrevendría

en Estados Unidos cinco lustros más tarde. Gran Bretaña era la patria de la ortodoxia

clásica, pero había llegado a aceptar, aunque fuera con renuencia, una transformación

muy importante del sistema, o en términos más concretos, una atenuación realmente

sustancial de sus rigores. Se trataba de un ejemplo que Estados Unidos bien podía

emular”100.

En el resurgimiento del conservadurismo económico, desde los años sesenta, la

expansión monetaria, la política fiscal activa, especialmente el Estado de Bienestar, las

regulaciones económicas gubernamentales, y el intervencionismo económico del Estado, se

convirtieron en los blancos predilectos de los conservadores, apoyados en la interpretación

monetarista del ciclo económico y, posteriormente, en los setenta, en la que propusieron

sobre el novedoso fenómeno, bautizado por Paul Samuelson como estagflación; pero esa es

una historia que analizaremos más adelante. Aquí, cabe mencionar que, en una proporción

significativa, el éxito de los ataques conservadores a estas formas de activismo económico

gubernamental, explica una gran parte de la crisis actual.

Un antecedente realmente atendible de la generalización del Estado de Bienestar en

los Estados Unidos, está representado por el Plan Wisconsin que es el resultado de una

heterodoxia comparable a la protagonizada por los economistas agrarios, sólo que desde la

incipiente economía institucional: “… la Universidad de Wisconsin constituyó la fuente a la

vez de las ideas y de la iniciativa práctica fundamentales en la legislación del estado de

bienestar. John Robert Commons (1862-1945), catedrático de dicha universidad, es en

Estados Unidos la figura equivalente a Bismarck o a Lloyd George. En su edad madura,

Commons encarnaba el resultado brillante y extraordinariamente influyente de una

100
Idem, pp. 230-231.

84
educación caótica y de una carrera universitaria inicial desastrosa. Ésta le condujo a una

sucesión de colegios universitarios y de universidades del Medio Oeste y del Este de

Estados Unidos, a saber: Ohio, Wesleyan, Oberlin, Indiana y Syracuse. Todas estas

instituciones, como ya había ocurrido con Veblen, prefirieron verlo ejercer la docencia en

otra parte. Pero quizá lo más notable no es que fuera tan sistemáticamente despedido, sino

que con igual regularidad llegara a ser nuevamente contratado, hasta llegar a Wisconsin.

Los libros de Commons, entonces como ahora, no llegaron a contar con muchos lectores.

Lo más que consiguió fue reunir en torno suyo a un brillante y devoto círculo de colegas y

estudiantes que al no estar atados a los principios clásicos ortodoxos se pusieron en forma

sumamente práctica a enderezar los evidentes entuertos sociales de la época. Sus

instrumentos primordiales fueron el gobierno del estado de Wisconsin, con sede en

Madison, capital oportunamente próxima a la universidad, y su familia gobernante, a

saber, Robert La Follette y sus dos hijos.

El Plan Wisconsin, obra conjunta de economistas y políticos, estaba integrado por

una ley de administración pública del Estado de características progresistas; una

normatividad eficaz de las tarifas de los servicios públicos; una limitación de los intereses

crediticios (si bien con un máximo todavía prohibitivo del 3.5 por ciento mensual, o sea, el

42 por ciento anual); una política de apoyo al movimiento sindical de los trabajadores; un

impuesto estatal sobre la renta, y por último, en 1932, un sistema estatal de subsidio al

desempleo. Esta última medida tuvo un efecto muy considerable en las actitudes

económicas y políticas estadounidenses, y ningún otro factor contribuyó de forma tan

directa a la adopción de la legislación federal en la materia tres años después. Y fueron los

economistas del equipo de Commons y de la Universidad de Wisconsin, una vez más,

quienes llevaron adelante la iniciativa en el ámbito federal. Edwin E. Witte (1887-1960),

85
profesor de economía política en dicha universidad, y arquitecto del Plan Wisconsin, fue

director ejecutivo del Comité de Seguridad Económica del gabinete que redactó la

legislación federal. En estrecha cooperación con él, trabajó Arthur J. Altmeyer (1891-

1972), quien también había colaborado en las reformas de Wisconsin. De modo que quien

desee ir en peregrinación a las fuentes del estado de bienestar no puede omitir una

reverente visita a Madison, Wisconsin”101.

La cuarta lección, claramente ignorada en el origen de la crisis actual, es que una

etapa de expansión económica, incluida la expansión del crédito, deberá hacerse acompañar

de un crecimiento proporcional en la capacidad de pago de los deudores, a los efectos de

evitar la decisiva presencia de la insolvencia y a los efectos, también de, en su caso,

alcanzar una pronta recuperación de la recesión a través de la elevación de los niveles de

consumo; ello exige, por supuesto, un cierto grado de intervención gubernamental

reguladora.

La inequidad dominante en los años veinte, escoltó a un incremento notable de la

producción, creando el ambiente más propicio para la aparición de una crisis: “En enero de

1920, la Reserva Federal estableció un ajuste estacional del índice de producción

industrial, en una medida estándar de la actividad económica agregada de 81 (1935-

1939=100). Cuando el índice encontró su punto de inflexión en julio de 1929, era de 114,

con una tasa de crecimiento del 40.6 por ciento para todo el período [...] El desarrollo del

crédito en el período tuvo un crecimiento sustancial para el mercado de bienes de consumo

durables. La adquisición de automóviles, refrigeradores, radios y otros bienes durables

101
Ídem, pp. 233-234. Es importante señalar que en el ensayo de Keynes, ¿Soy un liberal?, ya citado, la
referencia a Commons es de gran relevancia, en la periodización histórica de la economía.

86
experimentó un crecimiento explosivo durante la década de 1920, mediante la obtención de

créditos fáciles”102.

La expansión del crédito, antes y ahora, acompañada del estancamiento de los

ingresos, antecede a la recesión. La pregunta pertinente es: ¿por qué, en la Gran Depresión

y en el origen de la crisis actual, no se intentó la indispensable regulación? Carlota Pérez

ofrece una respuesta del todo creíble: “La inexistencia de un marco regulatorio adecuado

es la razón por la cual el capital financiero puede llegar a provocar una situación caótica.

El marco regulatorio adecuado no se diseña y establece antes porque el capital financiero

no permite que se le pongan cortapisas. Y después de que la recesión ha comenzado, los

grupos políticos que tengan o se apropien de la oportunidad de representar los intereses

colectivos de la sociedad, sean quienes sean, tendrán el poder de moldear profundamente

el futuro”103. Es lo que hizo Roosevelt en los años treinta del siglo XX; ¿lo hará Obama al

finalizar la primera década del siglo XXI?

La historia de la regulación financiera, en el marco del Nuevo Trato, es la siguiente:

“Roosevelt, que sentía una aristocrática desconfianza de Wall Street y tenía un

recuerdo wilsoniano de las maquinaciones del “trust del dinero”, estaba determinado a

meter en cintura a los financieros. Una investigación de los bancos y las prácticas de

seguros, llevada adelante por iniciativa del Congreso y dirigida por Ferdinand Pecora,

que reveló condiciones llamadas “escandalosas”, y el desplome bancario de 1932-1933

pusieron en relieve la necesidad y aportaron la oportunidad para la reforma. La Ley

Glass-Steagall, de junio de 1933, separaba los bancos comerciales de los de inversiones,

102
Randall E. Parker, The Economics of the Great Depression. A Twenty-First Century Look Back at the
Economics of the Interwar Era, Edward, Elgar Publishing, Inc., Massachusetts, 2007, p. 2.
103
Carlota Pérez, Revoluciones tecnológicas y capital financiero. La dinámica de las grandes burbujas
financieras y las épocas de bonanza, Siglo XXI editores, México, 2004, p. 174.

87
limitaba severamente el uso de créditos bancarios con propósitos de especulación, y

extendía el Sistema de Reserva Federal. Para impedir una recurrencia de la epidemia de

quiebras de bancos, la ley estipulaba la creación de una Corporación de Seguros de

Depósitos Federales para asegurar los depósitos bancarios hasta una suma fija. Roosevelt

aceptó con reservas esta propuesta, y la Asociación de Banqueros la atacó como “viciada,

anticientífica, injusta y peligrosa”, pero resultó uno de los medios más constructivos de la

época del Nuevo Trato. Las quiebras de bancos, en promedio mil anuales en la década

anterior, casi llegaron a desaparecer. Durante los “segundos cien días”, del verano de

1935, el Congreso puso el remate a la nueva estructura de regulación gubernamental de

los bancos con la Ley Bancaria de 1935, que extendía las facultades de la reorganizada y

recién bautizada Junta de Gobernadores del Sistema de Reserva Federal.

El Nuevo Trato también puso bajo control federal el tráfico con bonos y acciones.

La Ley sobre la Verdad en los Valores, del 27 de mayo de 1933, estipulaba que las nuevas

acciones debían registrarse ante una agencia gubernamental (más tarde Comisión de

Valores y Cambio); que toda nueva oferta debía contener información completa para

capacitar al potencial comprador a juzgar de su valor; los funcionarios de empresas

podrían ser castigados según el derecho penal por cualquier engaño. Al año siguiente, se

legisló para impedir las prácticas fraudulentas en la Bolsa de Valores. Una ley de junio de

1934 creó una Comisión de Valores y Cambios, e instituyó la regulación en las

operaciones de la bolsa. Joseph P. Kennedy, financiero y especulador, fue nombrado

presidente de la Comisión porque, según dijo Roosevelt, conocía los trucos del negocio.104

104
La prensa tuvo una reacción adversa a la designación de J. Kennedy: “El señor Kennedy, antiguo
especulador y financiero de cambalaches, frenará la especulación y prohibirá la unión capitalista” y “... el
peor parásito, un operador de Wall Street”, Newsweek y New Republic, ambos del 7 de julio de 1934, citados
en Peter Collier y David Horowitz, Los Kennedy. Un drama americano, Tusquets, Barcelona, 2004, p. 80.

88
Aun cuando el Nuevo Trato dejó intacto el sistema de control privado de los

créditos e inversiones, sí alteró marcadamente la relación entre el gobierno y las finanzas.

Ya en 1934 un escritor observó: “Las noticias financieras ya no se originan en Wall

Street... El ritmo se determina ahora en Washington, no en los salones de juntas de las

compañías, ni en las oficinas de préstamos.” La nueva legislación sobre valores y bancos,

la reorientación de la Corporación de Reconstrucción de las Finanzas, bajo la presidencia

del banquero de Houston, Jesse Jones, los aumentados poderes de Sistema de Reserva

Federal, y el acelerado ritmo de gasto gubernamental dieron a Washington una posición

significativamente nueva, como socio principal en la administración de las finanzas del

país”105.

La más relevante lección de la Gran Depresión, aunque fue la que hizo posible la

recuperación, está representada por los preparativos, el estallido y la duración de la

Segunda Guerra Mundial. De forma similar a las condiciones que vincularon al crac con la

Gran Depresión, ésta desencadenó una serie de reacciones, destacadamente las diversas

formas del nacionalismo económico, que –al lado de la inoperancia de la Sociedad de

Naciones- crearon el escenario más propicio para la guerra. La mayor visibilidad de las

propuestas keynesianas, convertidas en política económica, se alcanza en los Estados

Unidos durante la Segunda Guerra Mundial; en opinión de Paul Krugman, “La Gran

Depresión concluyó gracias a un tipo de programa de obras públicas que incluso los

conservadores están dispuestos a defender: una guerra”106: De acuerdo con los apremios

impuestos por el surgimiento y desarrollo de las hostilidades, el papel económico del

Estado, incrementado en gigantescas proporciones, incluida la participación de los

105
Samuel Eliot Morison, Henry Steele Commager y William E. Leuchtenburg, Breve Historia de los Estados
Unidos, FCE, México, 1997, pp. 725-726.
106
Paul Krugman, Vendiendo ´prosperidad..., op. cit., 41.

89
planificadores económicos, deja de ser motivo de discusión y es generalmente aceptado,

más aún cuando sus efectos sobre el sistema económico son los de una expansión acelerada

y sostenida, tanto en inversión, como en consumo y en empleo:

CUADRO 8

ALGUNOS ÍNDICES DE LA ECONOMÍA DE LOS EUA, DURANTE LA

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (MILLONES DE DÓLARES y %).

AÑO COMPRAS VARIACIÓN GASTO CAPTACIÓN DESEMPLEO

GOBIERNO % PÚBLICO IMPUESTOS SOBRE PEA

1940 15 000 14.6

1941 36 200 141.3 9.9

1942 98 900 173.2 4.7

1943 147 800 49.4 1.9

1940-1943 885.3 % 182.0 %

Fuente: Gene Smiley, Rethinking the Great Depression, op. cit., p. 137.

Existe, frente a la reinante percepción de la prosperidad que proporcionó la guerra,

una nota discordante: “Los fundamentos de esta visión común son la reducción dramática

del desempleo, el ascenso del gasto real en consumo, y el sostenido crecimiento del

Producto Nacional Bruto en términos reales, durante los años de guerra. Pero una

inspección cercana a esos fundamentos revela que no pueden arribar a la conclusión de la

“prosperidad de la guerra”. Considérese, primero, la declinación sostenida del desempleo.

El número de desempleados en los Estados Unidos disminuyó de 8.12 millones en 1940 a

5.56 en 1941, a 2.66 en 1942 y a 1.07 en 1943. Al mismo tiempo que el número de

90
desempleados se redujo, el número de quienes servían en las fuerzas armadas creció

sostenidamente, especialmente después de octubre de 1940. Como el número de

trabajadores desempleados disminuyó 7.05 millones entre 1940 y 1943, el número de

reclutados en los servicios militares ascendió a los 8.59 millones, y en 1945 fueron 12.12

millones en esos servicios. El enorme engrosamiento del personal militar –no la expansión

de la actividad económica- sostenidamente redujo la tasa de desempleo”107. Para este autor,

la cantidad de soldados estadounidenses muertos (405 399) y seriamente heridos (670 846),

más el crecimiento del consumo por efecto de la expansión del gasto público y el desarrollo

preferente de la inversión pública sobre la privada, durante la guerra, constituyen muy

discutibles signos de prosperidad.

107
Gene Smiley, Rethinking the Great Depression, op. cit., pp. 139-140.

91
LA GUERRA Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

“Nuestro deber es prolongar la paz hora a hora, día a día, tanto como podamos. He

dicho, en otro contexto, que la desventaja del largo plazo es que a largo plazo todos hemos

muerto. Pero también podría haber dicho que la gran ventaja del corto plazo es que a

corto plazo estamos aún vivos. La vida y la historia están hechas de plazos cortos. Si

tenemos paz a corto plazo, ya es algo. Lo mejor que podemos hacer es retrasar el desastre

aunque sólo sea con la esperanza, no necesariamente remota, de que acabe sucediendo

algo”108.

La referencia que hace Keynes a su empleo anterior del largo plazo, está

contenida en su más afamada cita: “En el largo plazo estamos todos muertos. Los

economistas se plantean una tarea demasiado fácil, y demasiado inútil, si en cada tormenta

lo único que nos dicen es que cuando pasa el temporal el océano está otra vez

tranquilo”109. Según se le revelaba la conducción del fascismo al desastre global, se

inclinaba por la adopción de sanciones contra Italia, en la crisis de Abisinia de 1935, y

contra Japón, al estallar la guerra chino-japonesa en 1937; y había considerado el acuerdo

de Munich, en 1938, como una burla de cualquier política internacional honorable; sin

embargo, como se anota al comienzo de este aparatado, era un pacifista convencido, al

menos hasta el 3 de septiembre de 1939, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. A

partir de ese momento, demostró que no era partidario de la política de apaciguamiento a

cualquier precio.

108
John Maynard Keynes, The New Stateman and Nation, Julio de 1937, Collected Writings, vol. XXIII, pág.
69, citado en Luis Ángel Rojo, Keynes: su tiempo y el nuestro, Alianza Universidad, Madrid, 1984, p. 237.
109
John Maynard Keynes, Breve tratado sobre la reforma monetaria, FCE, México, 1992, p. 95. La
multicitada frase intenta responder a la tranquilizadora afirmación neoclásica relativa al restablecimiento del
equilibrio... en el largo plazo.

92
Desde 1929, en ocasión de la publicación del libro de W. Churchill, The World

Crisis: The Aftermath (La crisis mundial: Las consecuencias), Keynes muestra mucho más

que una brizna de simpatía por la obra y, en mayor medida, por el autor:

“¿Qué sentimientos despiertan las dos mil páginas de Churchill? Gratitud hacia un

hombre que sabe, con tanta elocuencia y sensibilidad, escribir sobre cosas que forman

parte de la vida de quienes pertenecemos a la generación de la guerra, cosas que él vivió y

conoció mucho más de cerca y con mayor claridad. Admiración por su vigor intelectual y

por su capacidad de concentrar intensos intereses intelectuales y emociones elementales en

el tema tratado, lo que constituye su más bella cualidad. Un poquito de envidia, acaso, por

su indudable convicción de que fronteras, razas, patriotismo, incluso guerras si es

necesario, sean para el género humano verdades últimas: convicción que, a su parecer,

confiere una especie de dignidad, incluso nobleza, a acontecimientos que para otros no son

sino un angustiante interludio, algo que debe ser abolido para siempre”110.

Durante los primeros días de mayo de 1940, Gran Bretaña y el mundo contemplaron

la asunción de un nuevo Winston Churchill; atrás habían quedado los errores militares de la

Primera Guerra Mundial y los problemas económicos que implicó el retorno al patrón oro

en 1925. Incluso los muy recientes desatinos tácticos, perpetrados desde el Almirantazgo,

ya en el despunte de esta nueva guerra. Churchill estaba de vuelta con renovada energía, tal

y como lo hizo del conocimiento de la Cámara de los Comunes, el 13 de mayo:

“Le diría a la Cámara lo mismo que les dije a los que se han incorporado al

gobierno: <<No tengo otra cosa que ofrecer más que sangre, sudor y lágrimas>>.

Tenemos ante nosotros una prueba de lo más penosa. Tenemos ante nosotros muchos,

110
John Maynard Keynes, Winston Churchill (marzo de 1929), en Ensayos biográficos. Políticos y
economistas, Crítica, Grijalvo, Barcelona, 1992, pp. 65-66.

93
muchos largos meses de combate y sufrimiento. Me preguntáis: ¿cuál es nuestra política?

Os lo diré: Hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y

toda la fuerza que Dios pueda darnos; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa,

nunca superada en el lamentable y oscuro catálogo de crímenes humanos. Ésta es nuestra

política. Me preguntáis: ¿cuál es nuestro objetivo? Os respondo con una sola palabra: la

victoria, la victoria a toda costa, la victoria a pesar del terror, la victoria, por largo y

penoso que sea el camino, porque sin victoria no hay supervivencia”111.

Las reflexiones y propuestas keynesianas, tanto para afrontar la guerra cuanto para

imaginar un mundo posterior a su conclusión, ocuparon un sitio destacado en la política

británica, interna y externa, y se hicieron concretas en diversos textos, desde Cómo pagar

la guerra, hasta su Plan para crear una Unión de Compensación Internacional, incluida la

generación de una nueva unidad de cuenta mundial (bancor); lo que, muy metamorfoseado,

acabó siendo el Fondo Monetario Internacional, a discutirse en la Conferencia de Bretton

Woods, entre junio y julio de 1944.

En Cómo pagar la guerra (1940), Keynes plantea un propósito general: “Los

sacrificios requeridos por la guerra obligan a una atención más urgente que antes para

ahorrárselos a quienes menos pueden soportarlos”, y un plan con objetivos precisos: “El

plan conveniente consiste en restringir la capacidad de gasto a su magnitud adecuada y

entonces dejar en la mayor libertad posible al consumidor, para que decida en qué

efectuará su gasto. Además, la presión de la capacidad de gasto provocará la marea de

inflación, que es el remedio natural y la única alternativa auténtica. […] Una escasez de

oferta con relación a la capacidad de gasto de los consumidores ejercerá una presión

desfavorable sobre nuestra balanza comercial, porque producirá una desviación de bienes

111
Citado en Simon Schama, Auge y caída del imperio británico, 1776-2000, op. cit., p. 472.

94
de la exportación y estimulará el consumo corriente de importaciones y también de la

producción nacional que de otra manera podrían haberse empleado para fines bélicos. De

esta manera, no podremos desarrollar al máximo nuestro esfuerzo de guerra y nuestras

reservas internacionales disminuirán más deprisa de lo que es prudente […] Porque la

victoria puede depender de que demostremos que somos capaces de organizar nuestra

fuerza económica de tal manera que mantengamos al enemigo impenitente apartado por

tiempo indefinido del comercio y de la sociedad mundiales […] En el frente económico

estamos necesitados –por tomar prestada una frase de Reynaud-, no de recursos

materiales, sino de lucidez y valor”112.

El tema general de ese panfleto consistía en asumir el efecto de la guerra, de los

gastos militares, en la demanda efectiva, asumiendo que –a diferencia de lo que habría que

hacer, en tiempos de paz, para aumentar el empleo- la tarea fundamental era la de reducir la

demanda efectiva, para enfrentar el doble riesgo de inflación o de reducción de los recursos

necesarios para el éxito militar: “La oferta para el consumo inmediato no puede aumentar

tanto como la demanda, de manera que los precios subirán un poco. Sin embargo, cuando

la gente ha estado trabajando más duramente y ha estado ganando más, ha podido

aumentar su consumo en casi la misma proporción”.

“Es decir, en tiempo de paz el tamaño del pastel depende de la cantidad de trabajo

empleado. Pero en tiempo de guerra el tamaño del pastel es fijo. Si trabajamos más duro

podemos luchar mejor. Pero no podemos consumir más”113.

En la solución del problema planteado por un tamaño fijo del consumo civil,

Keynes contempla la posibilidad de combatir, también, a la inequidad que caracteriza al

112
John M. Keynes, Cómo pagar la Guerra, en Ensayos de persuasión, op. cit., pp. 368-371.
113
John M. Keynes, Cómo pagar la Guerra, op. cit., p. 373.

95
capitalismo: “El carácter de nuestra solución debe ser, por tanto, que sustraiga del gasto

una proporción de los mayores ingresos. Esta es la única forma, aparte de la escasez de

bienes o de los precios más altos, para que podamos asegurar un equilibrio entre el dinero

que debe gastarse y los bienes que deben comprarse […] Pero también considero mérito

de un plan concreto que reduzca para el hombre medio la necesidad de estar

constantemente perplejo sobre cuánto debe economizar y pensando sobre estas cosas más

de lo conveniente. Una obsesión excesiva por el ahorro puede ser más útil que agradable;

no es siempre el que decide ahorrar quien hace el sacrificio real; y la necesidad pública

puede a veces convertirse en una excusa para darle rienda suelta, con la propia

aprobación, a un instinto que es también un vicio”114.

Cómo pagar la guerra, es una aportación de gran relevancia respecto a los

mecanismos mediante los cuales es posible alcanzar la frontera de posibilidades del sistema

económico británico, disponiendo de una cantidad fija de oferta y, necesariamente, de

demanda de bienes para el consumo civil, en el que la prioridad fundamental es el

abastecimiento de recursos al gobierno en el ánimo de alcanzar la victoria militar. Keynes

hace una clara descripción de sus providencias, que componen el capitulado central de su

plan:

“La primera providencia de nuestro plan radical es, por tanto, determinar la

proporción de los ingresos de cada persona que debe aplazarse; es decir, sustraerse del

consumo inmediato y dejarse disponible sólo como un derecho a consumir cuando haya

terminado la guerra. Si la proporción puede fijarse convenientemente para cada grupo de

renta, esta medida tendrá una doble ventaja. Ello quiere decir que los derechos al consumo

inmediato durante la guerra pueden asignarse teniendo más en cuenta el sacrificio relativo

114
Ibid, pp. 375-376.

96
que bajo cualquier otro plan. También quiere decir que los derechos al consumo aplazado

hasta después que termine la guerra, que es otra manera de referirse a la deuda pública,

estarán ampliamente distribuidos entre todos aquellos que están renunciando al consumo

inmediato, en vez de estar concentrados principalmente, como sucedió la última vez, en

manos de la clase capitalista.

La segunda providencia es hacer posible este consumo aplazado sin aumentar la

deuda pública, por medio de una leva general de capital después de la guerra.

La tercera providencia es proteger de cualquier reducción en el consumo corriente

a aquellos cuyo nivel de vida no ofrezca suficiente margen. Esto se lleva a cabo por medio

de un mínimo exento, una escala muy progresiva y un sistema de asignaciones familiares.

El resultado neto de estas propuestas es aumentar el consumo de las familias jóvenes que

perciben menos de 75 chelines por semana, dejar el consumo agregado del grupo de

ingresos menores, que tienen 5 libras o menos por semana, casi tan alto como antes de la

guerra (al mismo tiempo que se les da derecho, a cambio de su trabajo extraordinario, a

aplazar su consumo hasta después de la guerra) y reducir el consumo agregado del grupo

de renta más alta, con más de 5 libras por semana, aproximadamente en un tercio, en

promedio.

La cuarta providencia es ligar los cambios adicionales en los salarios monetarios,

pensiones y otras asignaciones, a cambios en el coste de un número limitado de artículos

de consumo racionados, una ración de hierro, como se le ha llamado, cuyo precio las

autoridades tratarán de evitar, de un modo u otro, que suba”115.

115
John Maynard Keynes, Cómo pagar la Guerra, op. cit., 376-377.

97
Keynes promovió la más amplia distribución de este panfleto, logrando que su

impresión fuera lo más barata posible116. Y en la elaboración de los apéndices estadísticos

que lo acompañan contó con la colaboración de E. Rothbarth. La idea fue la de promover

un debate profundo de los fundamentos y vías para alcanzar un propósito fundamental:

“Mientras que los ingresos aumentan, el consumo debe disminuir. Esta es la conclusión

que debemos asumir. No admite discusión”117. A lo largo del texto, Keynes insiste en que

se trata de un plan viable concreto, que no debe ser comparado con imaginarias

perfecciones: “Tendré que insistir más de una vez, antes de terminar, en que mis

propuestas deben compararse, no con alguna alternativa imaginaria, sino con alternativas

reales que se están presentando o van a presentarse delante de nuestros ojos”118.

Keynes parece ignorar que el término Plan, con independencia de su contenido

puntual, provocaba (y provoca) enormes temores entre algunos economistas liberales,

fanáticos del individualismo. La planeación, no hay que olvidarlo, es la materia

fundamental con la que, según Fiedrich A. Von Hayek, se pavimenta el camino a la

servidumbre, por (según él) conformar la antesala de cualquier régimen autoritario.119

La aportación central del panfleto keynesiano, y que repercutió de manera

fundamental en los Estados Unidos y, desde ahí, en todo el planeta, es la de establecer los

mecanismos por medio de los cuales la demanda presente podría diferirse. El tema es de

una importancia fundamental, entre otras razones, porque es la principal variable

explicativa de la singularidad de la Segunda Guerra Mundial, consistente en que el transito

116
“En el Reino Unido se vendieron 35 mil ejemplares”, Roy F. Harrod, La vida de John Maynard Keynes,
FCE, México, 1959, p. 562 (n. al p.)
117
Ibid, p. 381.
118
John M. Keynes, Cómo pagar la Guerra, op. cit., p. 384.
119
Friedrich A. Hayek, Camino a la servidumbre, Alianza Editorial, Madrid, 1978, 302 pp. La primera
edición de este libro es de 1944, y el autor vivía en el Reino Unido cuando Keynes publica su plan.

98
de una economía de guerra a una economía de paz, pudo realizarse sin las incómodas y

tradicionales escoltas de la depresión y el desempleo.

El éxito de la propuesta keynesiana, que no se aplicó plenamente aunque sí guió el

diseño del presupuesto británico desde 1941120, y que se asumió claramente en los Estados

Unidos, puede medirse por la capacidad que ambos países mostraron para exorcizar las

amenazas inflacionarias de la posguerra, al menos en comparación con algunos otras

naciones que siguieron estrategias distintas:

CUADRO 9.

ÍNDICE DE PRECIOS AL POR MAYOR Y DE BIENES DE CONSUMO

1937/1945-1948/1949

PAÍS ÍNDICE DE PRECIOS AL ÍNDICE DE PRECIOS DE

POR MAYOR EN 1949 BIENES DE CONSUMO

(BASE 1945=100) EN 1948 (BASE 1937=100)

Francia 511 1 900

Gran Bretaña 122 180

Bélgica 290 400

Estados Unidos 146 166

Fuente: Herman van der Wee, Prosperidad y crisis. Reconstrucción, crecimiento y cambio.

1945-1980, en Historia económica mundial del siglo XX, Crítica, Grijalvo, Barcelona,

1986, p. 20.

120
Keynes escribió a su madre: “El presupuesto ha satisfecho plenamente mis expectativas. La aceptación
limitada del pago diferido será asociada públicamente a mi nombre. Pero los dos puntos a los que atribuyo
mayor importancia y en los que he participado son la estabilización de los precios y el método de un
presupuesto de guerra que constituye una revolución en las finanzas públicas”, 14 de abril de 1941, citada en
Luis Ángel Rojo, Keynes: su tiempo y el nuestro, op. cit., 243.

99
BRETTON WOODS.

“ Si podemos continuar, esta pesadilla, en la que la mayoría de nosotros ha gastado mucho

de nuestras vidas, habrá terminado. La hermandad del hombre vendrá a ser más que una

frase”121.

Previamente, Keynes debió enfrentar, y perder, una dura competencia entre su

propuesta de crear una Unión Internacional de Compensación, lo que al paso del tiempo se

conocería como El Plan Keynes, y la idea estadounidense de alumbrar a un Fondo de

Estabilización, elaborado y defendido por Harry Dexter White, y avalado –con peso

decisorio- por el poderío económico y político de los Estados Unidos.

El temor por la repetición de otra etapa depresiva, y la clara conciencia de un poder

productivo asombrosamente incrementado por la guerra, fueron razones suficientes para

que las distintas fuerzas visibles en los Estados Unidos (empresarios utilitaristas y

planificadores cargados de cierto idealismo internacionalista) impulsaran conjuntamente la

edificación de un nuevo orden internacional basado en el libre comercio universal, muy útil

para alcanzar una balanza comercial con superávit grande y duradero, y sin espacio alguno

para las formas diversas de nacionalismo económico o, como más específicamente se les

llamaba entonces, para los métodos de Schacht, eran las razones de una rápida y radical

metamorfosis de los Estados Unidos, desde el aislacionismo hacia el universalismo122. La

121
John Maynard Keynes, Discurso de clausura de los trabajos de Bretton Woods, el 22 de julio de 1944,
citado en Liaquat Ahamed, Lords of Finance, Penguin Press, USA, 2009, p. 495.
122
“Durante la guerra se ha producido una expansión enorme de las capacidades manufactureras de los
Estados Unidos, y esta expansión se ha concentrado en gran medida en la industria pesada. Si no pueden
encontrarse mercados extranjeros para los productos de la industria pesada norteamericana en el período
inmediato, muchas industrias expandidas por la guerra se verán obligadas a reducir gravemente sus
operaciones y a disminuir en consecuencia su empleo de mano de obra”, Leo Cowley, Foreing Relations of
the United States, Departamento de Estado, 1946, vol. I, p. 1397, citado en Fred Block, Los orígenes del
desorden económico internacional, op. cit., p. 63 (n. al p.).

100
impresión, ampliamente compartida por el pueblo británico durante los últimos años de la

Segunda Guerra Mundial, en el sentido de contar con el derecho a un trato preferencial

desde el gobierno estadounidense, entre otras razones, por haber sido el único país aliado en

Europa al que Hitler no pudo invadir, lentamente se fue sustituyendo por una realidad en la

que la extraña mezcla de desconfianza y soberbia norteamericanas dominaban el terreno;

las restricciones por venir también atacaban al comercio imperial que Gran Bretaña

privilegió durante la guerra. Esta nueva circunstancia, acompañada de las recurrentemente

anunciadas restricciones que encontraría en el Congreso norteamericano cualquier

propuesta de ayuda económica a Inglaterra, debían ser, y fueron, consideradas en la

confección del esquema de la Unión de Compensación Internacional. Aquí reproducimos la

primera versión keynesiana de los propósitos, elaborada en el otoño de 1941123:

“Necesitamos un instrumento de moneda internacional que, por tener aceptación

general entre las naciones, haga innecesarios los saldos bloqueados y las compensaciones

bilaterales... Necesitamos un método ordenado y convenido de determinar los valores

relativos de cambio de las unidades monetarias nacionales de manera de impedir la acción

unilateral y la depreciación cambiaria con fines de competencia.

Necesitamos un quantum de moneda internacional que no sea determinado de un

modo imprevisible ni extraño como, por ejemplo, por el progreso técnico de la industria

aurífera, ni esté sujeto a grandes variaciones que dependen de la política de reservas de

oro de determinados países; sino que se rija por las necesidades reales del comercio

mundial y sea también capaz de dilatarse o contraerse deliberadamente para contrarrestar

las tendencias deflacionarias o inflacionarias de la demanda mundial efectiva.

123
El proyecto completo se publicó en español, durante abril de 1943, en el volumen X de El Trimestre
Económico, pp. 345-381.

101
Necesitamos un sistema dotado de un mecanismo estabilizador interno, por el cual

se ejerza presión sobre cualquier país cuya balanza de pagos con el resto del mundo se

esté desviando de su equilibrio en cualquier sentido, de manera de impedir fluctuaciones

que por fuerza crean a sus vecinos una falta de equilibrio de igual magnitud pero en

sentido contrario.

Necesitamos un plan convenido para que al finalizar la guerra cada país principie

con una existencia de reservas adecuada a su importancia en el comercio mundial de

manera que sin ansiedad alguna pueda ordenar su economía en el periodo de transición

hacia condiciones plenas de paz.

Necesitamos una institución central de carácter puramente técnico y apolítico que

auxilie y apoye a otras instituciones internacionales relacionadas con el planteamiento y la

regulación de la vida económica del mundo.

De un modo más general, necesitamos un medio de dar confianza a un mundo en

dificultades, por el cual todo país cuyos asuntos nacionales se gobiernen con la debida

prudencia, quede libre de inquietudes por causas ajenas en lo que se refiere a su

capacidad para hacer frente a sus obligaciones internacionales; y por el que, por

consiguiente, se hagan innecesarios aquellos métodos de restricción y discriminación que

las naciones han adoptado hasta ahora, no por sus méritos, sino como medidas de

protección contra las fuerzas perturbadoras de fuera”124.

Vale la pena establecer algunas precisiones, respecto a estos propósitos:

a) La primera parte establece la necesidad de disponer de una moneda internacional (el

bancor), emitida por la nueva institución central y despojada de cualquier

subordinación a la disponibilidad de oro y de las rigideces que le son

124
Citado en Roy Harrod, La vida de John Maynard Keynes, op. cit., p. 605.

102
consustanciales. Una nueva oferta monetaria mundial, extraordinariamente elástica

frente a las variaciones en la demanda efectiva mundial;

b) La segunda parte plantea una cuestión central, relativa a las responsabilidades de los

acreedores o, en su caso, de los países interesados en el superávit comercial grande

y permanente, a costa de los grandes y permanentes déficit de sus vecinos;

c) La tercera parte privilegia la figura del libre comercio, en atención a las

restricciones y preferencias estadounidenses precitadas, y

d) La última parte reivindica la soberanía de los países adscritos a la nueva institución.

El proyecto se discutió ampliamente entre las autoridades económicas británicas,

recibiendo la crítica recurrente sobre sus enormes, casi utópicas, ambiciones. Al otro lado

del Atlántico, y con notable sincronía, el Departamento del Tesoro estadounidense, a cargo

de Henry Morgenthau junior, promovía su propia propuesta para la organización económica

mundial de la posguerra.

Desde su llegada al cargo, en noviembre de 1933, Morgenthau buscó la asesoría de

algún destacado economista ortodoxo y no tardó en proponerle el empleo al reconocido

profesor de la Universidad de Chicago Jacob Viner, quien consolidó definitivamente su

prestigio con su célebre texto sobre las uniones aduaneras, en 1950125. Viner no sentía

simpatía alguna por los ambientes burocráticos, por lo que declinó el ofrecimiento, aunque

propuso para el puesto a un brillante joven economista de Harvard, Harry Dexter White,

quien –además de convertirse en el peculiar adversario-amigo de Keynes durante los

preparativos y el desarrollo de la Conferencia de Bretton Woods126- terminó siendo uno de

125
Jacob Viner, The Customs Union Issue, Lancaster Press for Carnegie Endowment for International Peace,
Nueva York, 1950.
126
El 3 de octubre de 1943, Keynes escribió a Sir Wilfrid Eady: “Como puede Usted suponer, hemos pasado
mucho tiempo con Harry White. Las reservas que podamos tener acerca de él son un pálido reflejo de lo que

103
los más polémicos personajes de la política estadounidense de la posguerra, después de ser

señalado como agente e informante del gobierno soviético.

La alternativa de White tiene este origen: “El 14 de diciembre de 1941, el domingo

siguiente a Pearl Harbor, el secretario Morgenthau inquirió a Harry White sobre un

memorándum acerca del establecimiento de un fondo de estabilización entre los aliados. A

partir de entonces White fue el principal arquitecto, desde el Tesoro, de la planeación para

la estabilidad financiera en el mundo de la posguerra. En mayo de 1942 él completó la

elaboración de su primera propuesta para un Fondo de Estabilización de las Naciones

Unidas, que terminaría como el FMI (Fondo Monetario Internacional), y un Banco de

Reconstrucción y Desarrollo, popularmente conocido ahora como Banco Mundial. En la

presentación de sus propuestas al secretario, White sugirió que debían implementarse

llamando a una conferencia de los ministros de finanzas de las Naciones Unidas. Ésta se

efectuó dos años después en una reunión en Bretton Woods, New Hampshire”127.

El telón de fondo de la definición de la política exterior de los Estados Unidos, durante

la Segunda Guerra Mundial e, inercialmente, en la confección de planes para el futuro, era

el conflicto entre los librecambistas establecidos en el Departamento de Estado, con el

secretario Cordell Hull a la cabeza, y los planificadores económicos, avalados por el

Departamento del Tesoro, por Henry Morgenthau Junior, y representados notablemente por

Harry Dexter White:

sienten sus colegas. Es dominante, mal colega, siempre trata de quedar por encima de uno con su voz
chillona y destemplada, es estéticamente opresivo en su forma de pensar y en sus modales; no tiene la menor
idea sobre las normas del comportamiento civilizado. Al mismo tiempo, siento un gran respeto e incluso
simpatía por él. Aquí es, en muchos aspectos, el mejor hombre: es un funcionario capaz y entregado a su
tarea... su integridad es grande y desea sinceramente hacer cuanto de bueno pueda por el mundo”, citado en
Luis Ángel Rojo, Keynes..., op. cit. p. 268.
127
Henry Morgenthau III, Mostly Morgenthaus. A Family History, op. cit., p. 336.

104
“La conjugación de la ideología y el interés económico servía para que los planeadores

del Departamento de Estado se mostraran muy suspicaces de la Unión Soviética, sobre

todo en virtud de que la extensión del poderío soviético en Europa Oriental amenazaba con

cerrar esas áreas al comercio y la inversión norteamericanos. En cuanto a Alemania, el

Departamento de Estado creía conveniente el restablecimiento de un poder industrial. Esta

opinión se basaba en una evaluación de que la recuperación industrial de Alemania era

una condición necesaria para el retorno de Europa Occidental al comercio multilateral.

También reflejaba una convicción en el sentido de que sólo una Alemania fuerte podría

oponerse a una mayor expansión del poderío ruso en Europa. Aunque el Departamento de

Estado hacía gran hincapié en los nexos anglo-norteamericanos, había un gran interés en

el mantenimiento de influencia suficiente sobre la política británica para obligar a Gran

Bretaña a aceptar el multilateralismo durante la posguerra. El Departamento de Estado

estaba decidido a abrir el Imperio Británico al comercio y la inversión norteamericanos, y

con objeto de conseguir un resultado favorable se hallaba dispuesto a utilizar todos los

medios a su alcance.

Las actitudes del Departamento del Tesoro se asemejaban más a las del Departamento

de Estado en lo tocante a la política que debía seguirse hacia Gran Bretaña. También

White y Morgenthau estaban interesados en aumentar la influencia norteamericana sobre

Gran Bretaña, pero su interés no era el acceso al Imperio Británico. Ellos querían

asegurarse de que Gran Bretaña aceptara sus propios planes de organización del sistema

monetario internacional. Acerca de Alemania y Rusia, las diferencias con la posición del

Departamento de Estado eran mucho mayores. El odio que Morgenthau sentía por el

nazismo lo llevaba a proponer el cambio de Alemania a un sistema agrario, y aunque

White podría haberse inclinado por una política menos punitiva, ayudó a Morgenthau a

105
elaborar su famoso plan. La hostilidad de Morgenthau y White hacia Alemania no era

moderada debido a la consideración que influía sobre los planeadores del Departamento

de Estado.

Si Europa Occidental adoptara el capitalismo nacional, la fortaleza industrial de

Alemania no sería vital para la recuperación europea. Además, White y Morgenthau no

veían la necesidad de una Alemania fuerte para contrarrestar el poderío soviético. En una

deformación irónica del pensamiento de Cordell Hull, los planeadores del Departamento

del Tesoro sostuvieron que el mejor procedimiento para afrontar a la Unión Soviética

consistía en desarrollar fuertes lazos económicos con ella. En virtud de que White y

Morgenthau estaban relativamente de acuerdo con los arreglos comerciales estatales,

creían que estos lazos económicos podrían desarrollarse sin cambio alguno de las

prácticas comerciales de los soviéticos. Propusieron un gran préstamo para la

reconstrucción de la Unión Soviética, que se ataría a grandes exportaciones de materias

primas soviéticas a los Estados Unidos. Visto en retrospectiva, esto parece una previsora

anticipación de los desarrollos de las relaciones soviético-norteamericanas que

observamos más de un cuarto de siglo después”128.

El consenso entre ambas fuerzas antagónicas respecto al tratamiento que debía

dispensarse a la Gran Bretaña, en muy buena medida descansaba en un par de antecedentes,

en los que era visible cierto comedimiento hacia los ingleses: el del incumplimiento

británico de las deudas contraídas con EUA durante la Primera Guerra Mundial, y la Ley de

Préstamo y Arriendo, firmada por Roosevelt el 4 de marzo de 1941. La historia es la

siguiente:

128
Fred Block, Los orígenes del desorden económico internacional, op. cit., p. 72-73.

106
“... al comienzo de la guerra la Ley de Neutralidad de Estados Unidos prohibió los

préstamos a los beligerantes, y por otra parte la Ley Johnson prohibía los préstamos a los

países que no hubiesen pagado –como era el caso de Gran Bretaña- las deudas de la

Primera Guerra Mundial. Pero en noviembre de 1940 el Congreso había enmendado la

primera de las leyes mencionadas para permitir que Gran Bretaña y sus aliados

adquiriesen suministros de guerra, siempre que pagasen en efectivo y no utilizaran el

transporte norteamericano. Esa legislación de “pague y lleve” permitió que los británicos

aumentasen considerablemente sus pedidos, pero con idéntica rapidez estaban

disminuyendo los saldos en dólares de Gran Bretaña. Para financiar la guerra, Gran

Bretaña estaba desprendiéndose de sus saldos en oro y dólares. En diciembre de 1940 el

primer ministro Churchill escribió al presidente Roosevelt y le dijo entre otras cosas: “Se

aproxima el momento en que ya no podremos pagar en efectivo los embarques y otros

suministros”. Mientras realizaba un crucero por el Caribe, el presidente caviló acerca de

esta carta, y más tarde anunció el principio de préstamo y arriendo, con el cual según dijo

intentaba “eliminar el signo dólares”. De acuerdo con este plan, el gobierno compraría

todas las municiones, y prestaría a Inglaterra, sujetas a hipoteca, las que fueran más útiles

en sus manos. En una de sus charlas al lado del fuego, dirigidas al pueblo norteamericano,

explicó que su política era sencillamente suministrar los implementos bélicos, de manera

que otros combatiesen, con el fin de “mantener la guerra lejos de nuestro país”. El

material y el equipo “necesarios para la defensa de Estados Unidos”, como decía el

préstamo y arriendo, podían ser entregados a Gran Bretaña si el presidente entendía que

ése era el modo más eficaz de usarlos; los artículos así entregados no serían pagados con

dinero, y en cambio se les reconocería en la forma de cierta “consideración” que sería

necesario negociar. Así, con arreglo a este convenio, “el acto menos sórdido de la

107
historia”, como lo denominó Winston Churchill, se definió por el resto de la guerra el

principio fundamental que rigió el flujo de suministros a Gran Bretaña”129. Con los planes

para la posguerra, elaborados por Keynes y White, todo indicaba que la hora de negociar la

“consideración” había llegado, comenzando por la conclusión de los comedimientos

estadounidenses para con Inglaterra.

En esas circunstancias es que White elabora su plan original, en el que el banco es una

propuesta de institución más fuerte que el fondo, al menos en el cuerpo del borrador de

abril de 1942:

“El banco tendría un capital social de 10 000 millones de dólares, la mitad de cuya

suma sería pagada de inmediato por los miembros en oro y monedas locales. Estaba

“destinado principalmente a aportar el volumen enorme de capital que necesitarían las

Naciones Unidas y Asociadas para fines de la reconstrucción, la ayuda, y la recuperación

económica”. También estaba destinado a eliminar las fluctuaciones mundiales de origen

financiero y a reducir la probabilidad, intensidad y duración de las depresiones mundiales;

a estabilizar los precios de las materias primas esenciales; y en términos más generales a

elevar la productividad y los niveles de vida de sus miembros.

Específicamente tendría facultades para comprar y vender oro y valores de los

gobiernos participantes, para descontar y redescontar pagarés y aceptaciones, para emitir

documentos de deuda y para hacer préstamos a largo plazo a tasas de interés muy

bajas”130.

Como puede apreciarse, la creación de crédito internacional que derivaría de los 5 000

millones de dólares disponibles en el Fondo de Estabilización más los 10 000 de capital

129
Charles H. Hession, Keynes, Javier Vergara Editor, S. A., Buenos Aires, Argentina, 1985, p. 344.
130
Citado en Fred Block, Los orígenes del desorden económico internacional, op. cit., pp. 75-76.

108
social del banco y, especialmente, de las facultades de éste para crear crédito, emitir

préstamos a un múltiplo de su capital básico, y vender documentos de deuda en los

mercados de capital nacionales, alcanzaría proporciones elevadísimas que, en sí mismas,

generaban la sólida oposición de los banqueros internacionales, al menos frente a dos

efectos no deseados:

a) Las previsibles consecuencias inflacionarias de tal expansión de la liquides

internacional, y

b) La posible entrega de sus más importantes funciones a una agencia

internacional.

El objetivo fundamental de White, en correspondencia con los de Keynes, fue que estas

instituciones evitaran la repetición de la depresión mundial, sin forzar la aplicación de

costosos ajustes en las naciones en fase recesiva. Como Keynes, reivindicaba el

establecimiento planetario de políticas de pleno empleo, sin que ningún país corriera el

riesgo de agotar, en tal propósito, sus reservas internacionales. El mecanismo consistía en

asegurar la disposición de suficiente crédito internacional para asegurar la continuidad de

políticas económicas expansivas, estableciendo algunas restricciones para enfrentar la

tentación de establecer devaluaciones competitivas.

White imaginaba una fuerte influencia de las dos instituciones para presionar a los

países miembros a formular políticas económicas compatibles con la búsqueda del pleno

empleo mundial, a costa de restarle a cada nación una parte significativa de su soberanía

económica:

“Por ejemplo, el fondo podría impedir las modificaciones de las tasas de cambio, lo

que constituía una limitación importante de la libertad de acción nacional. Y si el 80% de

los votos del fondo indicaban la desaprobación de “cualquier medida o política monetaria

109
o de los precios en general” de uno de los gobiernos miembros porque contribuyera a un

grave desequilibrio de la balanza de pagos, el país en cuestión tendría que modificar su

política. Pero en otros sentidos el plan de White estaba destinado a fortalecer el poder de

los gobiernos nacionales. Según White, el fondo era un medio para el mejoramiento de la

capacidad de los gobiernos para controlar las exportaciones de capital inconvenientes.

Según el plan de White, como una condición para ingresar al fondo, los gobiernos debían

convenir en:

a) No aceptar ni permitir depósitos o inversiones de ninguno de los países

miembros, excepto con el permiso del gobierno de ese país, y

b) Poner a la disposición del gobierno de cualquiera de los países miembros,

cuando así lo solicitara, todas las propiedades de los ciudadanos de ese país en

forma de depósitos, inversiones o valores”131.

Con ambos planes listos, el de la Unión de Compensación y el del Fondo de

Estabilización, el de Keynes y el de White, pareció conveniente que sus respectivos autores

se enfrentaran directamente. La reunión, informal, de las delegaciones británica y

estadounidense se realizó en septiembre de 1943. Resulta conveniente establecer que, en su

proceso de formación académica, White y buena parte de los delegados de EUA habían

abrevado con entusiasmo y respeto en la obra de Keynes y, por ello, le profesaban un

enorme respeto que entraba en conflicto con la representación que ostentaban, la de la

verdadera potencia mayor, que debía imponer sus intereses con apoyo en su propio enfoque

de las instituciones necesarias.

131
Ibid. pp. 77-78. El voto de un país en el fondo sería aproximadamente proporcional al monto de su cuota.
Los Estados Unidos tendrían cerca del 25 % de los votos, aunque su cuota fuese mayor. Con esta capacidad
de decisión, este país quedaba exento de cualquier decisión del resto que, en el mejor de los casos, dispondría
sólo del 75 % de los votos. Loc. Cit.

110
El primer cuerpo de problemas, en opinión de White, estaba representado por aquello

que pudiera ser aprobado por el Congreso norteamericano, cuyo oído sería poco receptivo,

si algo, a la propuesta de la Unión; a cambio, White sostenía que, en profundidad, los

objetivos de la Unión podrían alcanzarse a través del Fondo, con lo que la discusión no

tendría porqué prolongarse en exceso. Para Keynes, el problema inicial radicaba en las

carencias de lucidez y claridad, con las que se había redactado el proyecto del Fondo:

“Atacó duramente la jerga que era tan cara a los técnicos norteamericanos y la llamaba

cherokee, en contraste con el “inglés cristiano” en que estaba redactado el proyecto de

Unión de Compensación. En un momento dado, para hacer una comparación muy

estrecha, Keynes tradujo los principales principios del Fondo de Estabilización al “inglés

cristiano”, y una vez hecho esto, se encontró que los dos planes se veían notablemente

similares. Si el oído del Congreso era halagado por el tonillo del cherokee, entonces no

había más remedio: era el dueño de la situación”132.

La decisión, fundamentalmente política, de imponer al dólar como único medio de pago

internacional, además del menosprecio injustificado a la propuesta keynesiana del bancor,

entrañaba enormes complicaciones:

“En realidad, el sistema estaba viciado desde el comienzo: los acuerdos de bretton

Woods implicaban que Estados Unidos debía tener una balanza de pagos deficitaria para

poder alimentar al mundo en dólares, único medio de pago internacional reconocido por

los acuerdos; esto sólo podría llevar a debilitar la confianza en dicha divisa a largo plazo.

Por decirlo en otras palabras, a medida que el dólar se transformara en una moneda de

reserva, sería cada vez menos digna de confianza. Esta paradoja, llamada dilema de

132
Roy Harrod, La vida de John Maynard Keynes, op. cit., pp. 644-645.

111
Triffin –por el nombre del economista belga que lo formuló- es de extrema actualidad, sin

que se haya llegado todavía a su punto máximo”133.

Resulta conveniente precisar las diferencias fundamentales entre ambos planes, para

establecer las verdaderas características de lo propuesto y lo aprobado en Bretton Woods:

CUADRO 10

PRINCIPALES DIFERENCIAS ENTRE LOS PLANES KEYNES Y WHITE

PARA LA CREACIÓN DEL FMI.

Tema Plan Keynes Plan White

Nombre Unión de Compensación Fondo de Estabilización

Internacional

Unidad de Cuenta Bancor (Activo básico de Unitas (Importancia

reserva internacional) insignificante, no

monetizada; una mera

contraseña)

Autorización del Fondo Cuando fuesen superiores al Necesaria en cualquier

sobre ajustes al tipo de 5 % de la paridad original ajuste

cambio de los países

miembros

Facilidades de Sobregiro Hasta 25 000 millones de Hasta 5 000 millones de

dólares dólares

Situación de países deudores Responsabilidad de los Cláusula de la Moneda

133
Jacques Attali, ¿Y después de la crisis qué…?, Gedisa editorial, Barcelona, 2009, pp. 32-33.

112
y acreedores acreedores y trato benigno a Escasa y sanciones para

los deudores ambos grupos

Tipos de Cambio Fijos en el corto plazo y Ídem.

flexibles a largo plazo

Elaboración propia, con apoyo en Luis Ángel Rojo, Keynes: su tiempo y el nuestro, op.

cit., pp. 254-264; Roy Harrod, La vida de John Maynard Keynes, op. cit., pp. 640-649, y

Charles H. Hession, Keynes, op. cit., pp.354-358.

La cláusula de la moneda escasa, que permitía que los países deudores discriminasen,

incluso en perjuicio de los productos estadounidenses, si había escasez de dólares, fue

considerada por Keynes como evidencia de la nueva responsabilidad norteamericana ante el

resto del mundo. Con ella, al menos, se moderaba la intención estadounidense de buscar un

superávit comercial de larga duración y se brindaba un cobijo importante a los países

deficitarios; no es un abuso del lenguaje la identidad que se hizo de éstos últimos con

deudores ni la que identifica a los otros con acreedores.

En realidad, con las discrepancias puestas sobre la mesa, y con algunas concesiones

recíprocas –más de los británicos que de los estadounidenses-, pareció conveniente poner

atención en las coincidencias. En carta a Keynes, Dennis Robertson aludió al “Plan

Whines”, combinando los apellidos de los principales negociadores y, así, poniendo en

claro la esencial analogía de ambos planes, con la que el propio Keynes se mostró de

acuerdo, tal como demostró en los debates realizados en la Cámara de los Lores, respecto a

la colaboración financiera. Alcanzado el acuerdo, entre los expertos de ambas naciones,

para crear un fondo monetario internacional, el material se publicó en abril de 1944.

En julio de 1944 se realizó la reunión de 44 naciones en Bretton Woods, Nueva

Hampshire, en la que las 42 naciones restantes tuvieron muy escasa influencia sobre el

113
acuerdo celebrado entre Gran Bretaña y los Estados Unidos, tal como lo observó Leon

Fraser, del First Nacional City Bank:

“Se nos dice que 44 naciones acordaron esto. Me parece que sería más correcta la

afirmación de que tres o cuatro grupos muy expertos se reunieron y redactaron un plan, y

luego se lo presentaron a otros 44 (sic) técnicos y declararon “esto es lo que los Estados

Unidos y Gran Bretaña están dispuestos a acordar con ustedes”.

Por supuesto, dada la situación del mundo en el momento de tales negociaciones, estos

técnicos dijeron: “Seguro que sí, ¿porqué no?” No tenían nada que perder. Dependían de

nosotros en cuanto a su salvación militar y económica, y toda propuesta más o menos

razonable de los Estados Unidos sería aceptable bajo tales condiciones”134.

La muerte de Franklin D. Roosevelt, en abril de 1945, fue el acontecimiento que más

decisivamente modificó los planes del Departamento del Tesoro para el mundo de la

posguerra: “La muerte de Roosevelt y el acceso al poder de Truman produjo casi de

inmediato la salida de Morgenthau de Washington. El poder de Morgenthau había

descansado en su amistad con Roosevelt; su relación con Truman se caracterizaba por el

desagrado mutuo. Truman sustituyó a Morgenthau con Fred Vinson, un demócrata sureño

conservador, de ideas ortodoxas acerca de la economía nacional e internacional. White

permaneció en el Departamento del Tesoro, pero su influencia disminuyó

considerablemente a causa de la salida de su protector. Más importante que la declinación

de las fortunas de Morgenthau y White fue el giro decisivo de la política exterior

norteamericana en contra de la dirección que ellos habían favorecido. Es posible, aun

probable, que si Roosevelt hubiese vivido se habría visto obligado eventualmente a

repudiar la política exterior del Departamento del Tesoro. Sin embargo, durante su vida

134
Citado en Michael Hudson, Superimperialism, Nueva York: Holt, Rinehart and Winston, 1972, p. 70.

114
fue importante la influencia del Departamento del Tesoro sobre la política exterior de los

Estados Unidos, y en ocasiones fue dominante. Con la muerte de Roosevelt, la influencia

del pensamiento de White y Morgenthau en la política exterior fue eliminada en gran parte,

y las concepciones de política exterior del Departamento de Estado triunfaron”135.

Las consecuencias mundiales de estos acontecimientos tuvieron una importancia

difícil de exagerar. Existía una enorme diferencia en los tratos que Morgenthau y White

proponían para Alemania y la Unión Soviética, la destrucción de la industria pesada de la

primera y el aseguramiento de la amistad de la segunda mediante un préstamo masivo, en

contra de los planes del Departamento de Estado para las mismas naciones, la

reconstrucción de Alemania como creación de un baluarte contra la Unión Soviética y el

requerimiento de una Alemania fuerte para la recuperación de Europa Occidental; el triunfo

de la segunda opción, combinada con la pretensión de Truman de “ponerse duro” con los

rusos, cocinaron la duradera “Guerra Fría”, que presidió las relaciones internacionales hasta

el derrumbe de la Unión Soviética, en 1994, y bajo cuyo cobijo se procedió a una política

anticomunista, dentro y fuera de los Estados Unidos que, no tan paradójicamente, contó a

Harry Dexter White entre sus más notorias víctimas, bajo la acusación, en 1948, de

proporcionar información estratégica a los soviéticos y de ser, él mismo, comunista

convencido; tal acusación, apoyada en las declaraciones de Whittaker Chambers y

Elizabeth Bentley ante la temible House Un-American Activities Committee (HUAC), se

formalizó en una carta del FBI enviada al general Harry H. Vaughan, asesor del presidente

Truman, en la que se enlistaba a varios empleados gubernamentales, incluido White,

envueltos .en el espionaje soviético136.

135
Fred Block, Los orígenes del desorden económico internacional, op. cit., p. 92.
136
Henry Morgenthau III, Mostly Morgenthaus. A Family History, op. cit., p. 423.

115
Respecto a la política más conveniente para la Gran Bretaña, el ascenso de Truman y la

consecuente dominancia del Departamento de Estado, justo en la antesala de las

negociaciones de un préstamo estadounidense a los ingleses, significó la búsqueda de un

triple propósito:

a) La cancelación del sistema de preferencia imperial, que mantenía cierta

cohesión, con control británico, en el comercio que se practicó al interior del

área de la libra esterlina;

b) La abolición del sistema de concentración de dólares entre los países de la

misma área, que era el mecanismo visible en la discriminación de productos

estadounidenses, y

c) La colaboración británica, como puente entre Estados Unidos y el resto del

mundo, en la conformación de un nuevo orden internacional, con comercio

abierto y un especial papel de la libra esterlina, por cuanto el dólar, por un buen

tiempo, sería la moneda escasa; se requería, en un proceso traslapado, una libra

fuerte, al comienzo y, en un corto plazo, una libra débil.

Estos propósitos podrían alcanzarse con el empleo de la poderosa y eficaz fuerza de la

presión financiera, convertida en la expresión temprana de lo que más tarde fue un abultado

cuerpo de imposiciones estadounidenses para todo el mundo.

El que F. Vinson fuese un abogado, con muy escasos conocimientos de economía,

más la animadversión del Departamento de Estado a los acuerdos de Bretton Woods,

incluido el protagonismo de Keynes, fueron elementos suficientes para la adopción de un

alto grado de intolerancia estadounidense, desde la sede de los nuevos organismos

(inicialmente acordada en la ciudad de Nueva York y finalmente impuesta, por el propio

Vinson, en la de Washington), hasta la duradera imposición del reparto de cargos (el

116
director del FMI, europeo –Camille Gutt, de Bélgica, fue el primero- y el del Banco

Mundial, estadounidense), pasando por la exclusión de Harry Dexter White, cuya posible

dirección ejecutiva del FMI contaba con el consenso general y con el apoyo decidido del

propio Keynes, quien ya había manifestado ciertas reservas para con los abogados: “Y que

se me permita decir, señor presidente, que bajo vuestra sabia y bondadosa guía hemos

alcanzado el éxito. Las conferencias internacionales no tienen una buena historia. Estoy

seguro que no se recuerda una conferencia similar que haya logrado construir tanto y de

una manera tan lúcida y tan sólida. Esto lo debemos no poco a la indomeñable voluntad y

a la energía siempre precedida por el buen humor y el ánimo sereno de Harry White. Pero

esta ha sido una conferencia tan apartada como pueda imaginarse, de la dependencia de

uno, de dos o de tres hombres. Ha sido un trabajo de equipo, de un equipo tan eficaz como

pocas veces lo he visto. Por mi parte, quisiera rendir un tributo especial a nuestros

abogados. Tanto más cuanto que debo confesar que en general no me gustan los abogados.

Se me reconoce como alguien que se lamenta de que, a juzgar por los resultados en esta

tierra plagada de abogados, el Mayflower, cuando salió de Plymouth, debía haber estado

completamente lleno de ellos”137.

Los malos presagios respecto al papel que podrían jugar las instituciones de Bretton

Woods, que se hacían cada vez más evidentes para Keynes, se muestran a plenitud en el

excelente y profético discurso de clausura del establecimiento del Fondo Monetario

Internacional y del Banco Mundial, que leyó a fines de marzo de 1946:

“Señor Secretario Vinson, Señores Gobernadores, Gobernadores suplentes, Consejeros y

Observadores:

137
Discurso de Keynes en la sesión de clausura de los trabajos de Bretton Woods, julio de 1944, citado en R.
Harrod, La vida de John Maynard Keynes, op. cit., p. 669. El subrayado es mío (FNU).

117
Al igual que algunos otros de los aquí presentes, me ha preocupado de una manera íntima

lo que creo que siempre se conocerá con el nombre de plan de Bretton Woods. La

gestación ha sido larga; los robustos mellizos vienen muy retrasados; como consecuencia,

espero que traigan un peso y una fuerza que honren a su ascendencia mezclada y colectiva.

De cualquier modo, es un privilegio del que no me hubiera gustado prescindir, estar

presente a la hora del nacimiento, a cualquier título, ya como Gobernador o como

gobernadora o aya, junto a las comadres, las enfermeras, los doctores y los clérigos

preparados para el bautizo (y siempre creeré que el bautizo no se ha hecho bien y que los

nombres de los gemelos debieron haberse invertido).

Ocultas tras los velos y las barbas de los líquenes, no dudo que las hadas de costumbre

hayan concurrido al bautizo, trayendo presentes adecuados. ¿Qué presentes y qué

bendiciones podrían ser más útiles a los gemelos, a quienes (con razón o sin ella) hemos

decidido llamar el Joven Fondo y la Señorita Banco?

Sugiero que la primera hada traiga una túnica de José (Joseph´s coat, la túnica de vistosos

colores que, según el relato bíblico, dio Jacob a José, su hijo predilecto), prenda de muchos

colores que puedan usar estas criaturas en perpetua recordación de que pertenecen a todo

el mundo y de que únicamente están obligados al bienestar general, sin miedo ni favor a

ningún interés particular. Piadosas palabras muy difíciles de cumplir. Apenas si hay una

experiencia duradera y feliz de un organismo internacional que haya realizado las

esperanzas de sus progenitores. O la institución se ha desviado hasta convertirse en

instrumento de un grupo limitado, o ha sido una muñeca de aserrín en la cual no sopla el

aliento de la vida. Cada paso y cada detalle de nuestras recién nacidas instituciones deben

calcularse para reforzar y mantener su carácter y su finalidad verdaderamente

internacionales.

118
La segunda hada, que está muy al día, quizá traiga una caja de vitaminas combinadas, A,

B, C, D, y todo el resto del alfabeto. Las criaturas pueden llevar constantemente su túnica

de muchos colores; sin embargo, sus caras son pálidas y delicadas. Lo que debemos pedir

a nuestros bebés es energía y un espíritu indomable que no se quiebre ante las dificultades

ni las evite, sino que les haga frente con la determinación de resolverlas.

La tercera hada, quizá mucho más vieja y no tan al día, quizá cierre, como el Papa a sus

cardenales, los labios de nuestras criaturas con su mano, para abrírselos de nuevo

invocando un espíritu de sabiduría, paciencia y grave discreción, para que, a medida que

crezcan, sean los recipientes respetados y seguros de confidencias, inquietudes y dudas,

apoyos confiables y prudentes de todos aquellos que los necesiten en los momentos

difíciles. Si estas instituciones han de ganarse la plena confianza del mundo suspicaz, es

necesario que el enfoque de los problemas no sólo sea, sino que además parezca,

absolutamente objetivo y ecuménico, sin prejuicios ni en pro ni en contra.

Como ustedes verán, pido y espero mucho.

Espero que el señor Kelchner no haya cometido ningún error y que no exista ninguna hada

maligna, ninguna Carabosse, a quien haya desdeñado olvidando invitarla a la fiesta.

Porque de haber sido así, los anatemas que el hada maligna pronunciará estoy seguro que

dirían así: “Vosotros dos, pequeñuelos, os convertiréis en políticos; todos vuestros

pensamientos y vuestros actos tendrán un arriérre-pensée; todo lo que resolváis no será

por su general conveniencia ni por sus propias virtudes, sino por otras causas”. Si esto

ocurriera, lo mejor que podría pasarles a los pequeños (y no sería nada raro que les pase)

119
sería caer en un sueño eterno para no despertar nunca más, y que nunca volviera a saberse

de ellos en los estrados ni en los mercados de la humanidad”138.

El discurso provocó serias molestias al anfitrión, según lo consigna R. Skidelsky:

“...el Secretario del Tesoro, Frederic Vinson, lo tomó como algo personal y refunfuñó:

<<No me importa que me llamen malvado, pero sí que me llamen hada>>”139. Por su

parte, Harrod lo recoge de la siguiente manera: “Vinson sospechó que Carabosse le

representaba a él, se enojó muchísimo, y una vez más se le atragantó Keynes”140. Tenían

razón ambos. Keynes, al profetizar la subordinación de las recién nacidas instituciones a los

dictados del gobierno de los Estados Unidos, y Vinson, al darse por aludido como el

promotor temprano de la degeneración de esas mismas instituciones.

Keynes viajó a Savannah con tres propósitos:

a) Que Harry Dexter White fuese designado como el primer Director Ejecutivo del

FMI;

b) Que la sede del fondo fuese Nueva York para aislarlo de la política de Washington

y para acercarlo a las Naciones Unidas, y

c) Que los funcionarios del fondo, y no los directores, imprimieran una orientación

técnica, y no política, a los mecanismos de acceso, preferentemente libre, a esos

recursos.

138
Discurso de John Maynard Keynes, en la inauguración del FMI y del Banco Mundial, Savannah, EUA,
marzo de 1946, cita en Roy F. Harrod, La vida de John Maynard Keynes, op. cit., pp. 724 726.
139
Citado en Robert Skidelsky, Keynes, Economía Alianza Editorial, Madrid, 1998, p. 25.
140
Roy Harrod, La vida de John Maynard Keynes, op. cit., p. 726.

120
“Ninguna de estas expectativas se materializó, y Keynes abandonó Savannah con gran

amargura. La experiencia minó aparentemente su salud y sufrió un grave ataque

cardiaco en el tren en que regresaba. Murió seis semanas más tarde”141.

141
Fred Block, Los orígenes del desorden económico internacional, op. cit., p. 116.

121
EL MUNDO DE LA POSGUERRA.

“No necesito decirles, caballeros, que la situación del mundo es muy seria. Ello debe

ser claro para toda persona inteligente. Considero que una dificultad radica en que la

situación es de tan enorme complejidad, que el mero conjunto de hechos que se presentan

al público por la prensa y la radio hacen extraordinariamente difícil que el hombre de la

calle alcance a valorar la situación. Asimismo, el pueblo de este país se halla alejado de

las zonas de conflicto, por lo que resulta difícil que comprenda los compromisos y las

reacciones que surgen en pueblos que han sufrido por mucho tiempo, así como el efecto de

esas reacciones en sus gobiernos, en relación con nuestros esfuerzos para promover la paz

en el mundo”142.

Existe una larga lista de razones por las que el propósito estadounidense de imponer una

economía mundial abierta, tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, se encontraba

ante enormes dificultades. Tanto en el frente interno como en el exterior, se hacía visible un

abultado cuerpo de oposiciones que, para el primer caso, se podían leer en el resurgimiento

del aislacionismo o del antiinternacionalismo tradicional, con expresiones puntuales en el

Congreso; en el escenario internacional, la devastación de la economía europea y el

desasosiego social imperante, se combinaba –adversamente para la causa de Truman- con

la emergencia en Europa de una izquierda (extremista, en unos casos y reformista, en otros)

poco amigable, por decirlo con indulgencia, con la hegemonía de los Estados Unidos; la

rápida consolidación de fuerzas nacionalistas, anticolonialistas y revolucionarias en el

subdesarrollo, tampoco era una buena noticia. Simultáneamente, el fortalecimiento y

expansión de la Unión Soviética encarnaba el más claro desafío para la edificación de un

142
George C. Marshall, Plan Marshall, discurso pronunciado en la Universidad de Harvard, el 5 de junio de
1947, citado en Daniel J. Boorstin (compilador), Compendio histórico de los Estados Unidos. Un recorrido
por sus documentos fundamentales, op. cit., p. 711.

122
multilateralismo construido con arreglo a los planes estadounidenses. Este panorama, más

la absurda pretensión de imponer el derrumbe arancelario en casi todo el mundo, con

excepción de los propios Estados Unidos, obligaban a la realización de importantes y

urgentes concesiones, en primer lugar, a Gran Bretaña y a algunos de los países aliados, y,

en segundo, al establecimiento de medidas de apoyo al crecimiento económico de Europa.

El préstamo británico, con la imposición de su inmediata convertibilidad, parecía un

primer paso en la dirección correcta, de no haberse topado con la fuerte oposición del

senador Robert A. Taft y de otros conservadores del Medio Oeste, del todo indispuestos a

aprobar la movilización de recursos en beneficio del extranjero. La ocurrente descripción

de Churchill del área soviética, la Cortina de Hierro, y las advertencias de la amenaza

comunista hechas por Vandenberg en el Senado y por McCormack en la Cámara de

Representantes, acabaron logrando la aprobación del préstamo en julio de 1945, mientras

que en el Parlamento de Gran Bretaña, que en un notable Quid pro quo debía aprobar

simultáneamente los acuerdos de Bretton Woods y el mismo préstamo, ambos temas

contaron con la fallida oposición de Winston Churchill y el apoyo decidido de John M.

Keynes, inclinándose la balanza a favor de este último. Casi sobra señalar que el extraño

proceso de atracción-repulsión, que con antelación a Bretton Woods presidía las relaciones

entre los Estados Unidos y Gran Bretaña, acabó produciendo una sólida y perdurable

política antisoviética, de una importancia decisiva en el inmediato programa de ayuda

estadounidense a Europa, conocido como Plan Marshall.

En diciembre de 1947, el gobierno envió al Congreso el proyecto de ley relativo a la

creación del Plan Marshall, con la solicitud que aprobara 6 800 millones de dólares para los

primeros quince meses de operación del programa y 17 000 millones para los siguientes

cuatro años. Las predecibles resistencias de los legisladores antiinternacionalistas se

123
disolvieron con una sólida campaña gubernamental que alertaba sobre la amenaza soviética

y con el acceso al poder de los comunistas, durante febrero de 1948, en Checoslovaquia.

Pese a los temores sobre la inminencia de una guerra contra la Unión Soviética, el

Congreso impuso importantes modificaciones al proyecto gubernamental:

a) Se privó al Departamento de Estado de la administración de la ayuda y se creó la

Administración de la Cooperación Económica que, además, sería encabezada por

un empresario republicano, y

b) Se negó la plurianualidad de la aprobación de los recursos, con la evaluación

anual de resultados como base para subsiguientes ministraciones.

Además de los objetivos específicamente económicos, el Plan Marshall perseguía

objetivos políticos, en ciertos casos, contradictorios con la supuesta proclama libertaria que

los aliados convirtieron en emblema durante la guerra. Es el caso de algunas ayudas a las

potencias europeas en sus guerras coloniales, específicamente en Malasia e Indochina, y en

contra de movimientos nacionalistas juzgados como radicales; de manera menos

contradictoria, se apoyaron medidas en contra de comunistas y sindicalistas europeos, todo

bajo el cobijo de la incipiente Guerra Fría. Tanto en el continente beneficiario como en el

Tercer Mundo, se consideró fundamental impedir la difusión del comunismo.

En el terreno económico, en el que resultaba indispensable el acceso de los países

europeos a crecientes ingresos de dólares, se hizo visible una notable paradoja: Para

mantener el superávit de exportación estadounidense, era necesaria la expansión de las

exportaciones europeas a los Estados Unidos, como la mejor vía para impedir el

resurgimiento de nacionalismos económicos en Europa y el consecuente aislamiento

continental o, en el peor de los casos, la intensificación del comercio con Europa Oriental y

con la URSS. El plan, entonces, debía mejorar la capacidad competitiva de Europa

124
Occidental para ganar dólares (que seguían siendo moneda escasa) mediante el aumento de

las exportaciones. El propósito, sobra decirlo, requería cambios fundamentales en la

organización de las economías a las que se deseaba convertir en altamente competitivas.

Las tres metas económicas del Plan Marshall –la restauración del multilateralismo, la

estabilidad de los precios y la recuperación de la producción- estaban realmente

interconectados, pero respondían a estatutos particulares y requerían de medidas

visiblemente contradictorias, arrojando resultados sensiblemente desiguales.

En el caso del multilateralismo, la inercia del comercio bilateral, intraeuropeo en el

mejor de los casos, establecido por Gran Bretaña, impuso una enorme resistencia a los

intentos estadounidenses por lograr algún compromiso tangible con el multilateralismo.

Mayores avances pudieron observarse en la estabilidad de los precios:

“En los países donde la izquierda era particularmente fuerte, no resultaba fácil la

reversión de las normas inflacionarias. Empresarios y políticos titubeaban para asumir los

riesgos de una línea dura en materia de salarios y de gastos gubernamentales. Pero la

política norteamericana encontraba a menudo aliados en la comunidad bancaria, donde la

oposición a la inflación era una convicción profunda. Con esta clase de apoyo, entre 1947

y 1949 se realizaron deflaciones drásticas en Italia, Francia, Alemania y otros países.

Estas deflaciones produjeron niveles notablemente elevados de desempleo, lo que a su vez

permitió resistir directamente las demandas salariales. El peligro de la agitación social se

minimizó por los esfuerzos norteamericanos tendientes a debilitar a las fuerzas de

izquierda. La táctica norteamericana básica consistía en dividir el movimiento de la clase

obrera en grupos comunistas y anticomunistas. Las operaciones de la CIA, los

representantes de los sindicatos norteamericanos, y la retórica de la Guerra Fría,

ayudaron a persuadir a los sindicalistas no comunistas para que cooperaran con políticas

125
económicas que eran desastrosas para la clase obrera. Por supuesto, la rigidez, la

inclinación hacia la Unión Soviética, y los errores estratégicos de los diversos partidos

comunistas, facilitaron esta tarea”143.

Durante sus cuatro años de existencia, el Plan Marshall se mostró incapaz de coordinar

las decisiones económicas fundamentales, especialmente de inversión, en las escalas

nacional y regional. El plazo fatal y la casi segura indisposición del Congreso para

prolongar la vida del plan, eran elementos que apremiaban por la búsqueda de nuevos

derroteros para favorecer el acceso de Europa a la captación de liquidez internacional,

particularmente de dólares con los que pudiesen importar bienes estadounidenses. Estos

derroteros tomaron la forma de nuevos planes, descritos a continuación:

CUADRO 11

PLANES PARA LA MEJOR CONDICIÓN EXPORTADORA

DE EUROPA OCCIDENTAL.

INSTITUCIÓN MECANISMO

Departamento del Tesoro Devaluación de las principales monedas

europeas

Administración de la Cooperación Europea Integración Económica Europea

Departamento de Estado (Kennan) Fusión Económica de EUA, Gran Bretaña y

Canadá

Departamento de Estado (Nitze) Rearme Masivo de EUA y Europa

143
Fred Block, Los orígenes del desorden económico internacional, op. cit., p. 141. Block cita a Wallich,
Mainsprings of the German Revival, 1955, quien señala el papel fundamental desempeñado por los banqueros
en las políticas deflacionarias y observa que una reforma monetaria como la alemana no habría podido ser
realizada por un gobierno parlamentario (loc. cit., n. al p.).

126
Elaboración propia, con base en Fred Block, Los orígenes del desorden económico

internacional, op. Cit., pp. 149-167.

En el primer caso, el de las devaluaciones, se estimó que permitirían mayores ventas

europeas a los Estados Unidos y a otros mercados; el realineamiento de las tasas de cambio

era, en la lógica del Departamento del Tesoro, el procedimiento adecuado para desarrollar

la capacidad exportadora europea, tras la conclusión del Plan Marshall: “Una vez que la

devaluación hubiese restablecido las tasas de cambio realistas, quedaría abierto el camino

para una multilateralización completa del comercio internacional. El avance hacia el

multilateralismo se pospondría indefinidamente si no se seguía este camino y se mantenían

las tasas de cambio vigentes”144.

La puesta en ejercicio de las presiones para que las economías de Europa devaluaran

sus monedas se apoyó en la acción directa del Departamento del Tesoro y en la acción

indirecta del Fondo Monetario Internacional, cuya normatividad no le facultaba para

cuestionar las tasas de cambio de sus miembros. El país que primero resintió estas

presiones fue Gran Bretaña, que el 18 de septiembre de 1949 devaluó significativamente la

libra esterlina (30.5 %) y desató devaluaciones inmediatas en Noruega, Dinamarca y

Holanda. Paradójicamente, la obtención del realineamiento de las monedas no provocó la

restauración del multilateralismo, por cuanto no logró reducción alguna, más bien produjo

el incremento, de la discriminación comercial.

La siguiente alternativa, la integración europea, fue enunciada por Paul Hoffman,

administrador del Plan Marshall en un discurso pronunciado el 31 de octubre de 1949,

como un instrumento que trascendía el umbral de la cooperación y que permitiría “… la

formación de un mercado grande en cuyo interior se eliminen en forma permanente las

144
Fred Block, Los orígenes del desorden económico internacional, op. cit., p. 151.

127
restricciones cuantitativas al movimiento de productos, las barreras monetarias al flujo de

los pagos y, con el tiempo, todos los aranceles”145. En el sitio de la cooperación, que

dependía de un ámbito fundamentalmente político, se colocó a la integración, que

implicaba la liberación de las fuerzas del mercado.

En la actualidad, y después de los Estados Unidos, la Unión Europea y su expresión

restringida en una Unión Monetaria, representa la experiencia de integración de mayor

densidad de las existentes en el planeta; sin embargo, el esfuerzo que la ha hecho posible

arrancó con mucha mayor tardanza, y como iniciativa vernácula, a los intentos que aquí se

analizan y que provinieron de funcionarios estadounidenses, en atención al interés

económico de los EUA. En el crepúsculo de los años 40, el propósito fundamental era

lograr un gran superávit de exportación norteamericano montado en un acrecentado flujo

comercial entre Europa y los Estados Unidos, en el que el acceso de la primera a las

economías de escala y al cambio tecnológico produciría una elevación notable de la

modernización industrial y de la consecuente competitividad.

El instrumento elegido para impulsar la integración continental, fue una Unión Europea

de Pagos (UEP), fuertemente apoyada por el gobierno de los Estados Unidos, entre finales

de 1949 y principios de 1950. La UEP reanimaría el comercio intrarregional actuando como

una cámara de compensación en la que los países utilizaran sus superávit comerciales con

un país en la adquisición de productos de otro; proveería créditos para evitar las

restricciones comerciales y, así, crearía incentivos para el abandono de los sistemas de

controles y de comercio bilateral, colocando en su lugar el multilateralismo del comercio

regional; la UEP, en fin, sería el elemento clave de un proceso evolutivo y gradual de

145
Citado en Fred Block, Los orígenes del desorden económico internacional, op. cit., p. 154.

128
transición europea del bilateralismo al pleno multilateralismo. El 19 de septiembre de 1950,

tras vencer una débil oposición británica, se firmó el Acuerdo que la creó.

El duradero conflicto entre internacionalistas y antiinternacionalistas, dentro del propio

gobierno de los Estados Unidos también tomó su sitio en el debate sobre las posibilidades y

oportunidad de la integración europea, al menos para ponerse al servicio de los propósitos

estadounidenses. Desde el Departamento del Tesoro, se cobijaban enormes dudas respecto

a la eficacia de un proceso gradual favoreciera la desaparición de controles y se asumía que

la continuación de los mismos sólo acabaría fortaleciendo los intereses que se beneficiaban

de ellos, con lo que habrían de prolongarse por tiempo indefinido. La disponibilidad de

crédito, a través de la UEP, se interpretó como un mecanismo eficaz de aislamiento

europeo, no sólo comercial sino también respecto a la disciplina económica internacional,

en previsión permanente del surgimiento de espirales inflacionarias. Por último, se dudaba

enormemente de la capacidad de un proceso evolutivo, inevitablemente lento, para empatar

una integración de multilateralismo regional con la conclusión, en 1952, del improrrogable

Plan Marshall. Todas las oposiciones se resumían en un tema general: La integración de

Europa no podía proveer, por sí sola, la solución a las dificultades sufridas por la política

económica exterior de los Estados Unidos y, eventualmente, podía originar un bloque

adverso a los intereses de ese país.

Durante 1949, el Departamento de Estado propuso dos planes, altamente

diferenciados, sobre la base del notable antiinternacionalismo instalado en el Congreso

estadounidense. La primera propuesta fue elaborada por George Kennan, jefe del Equipo de

Planeación de la Política Económica del Departamento de Estado. En él, existía la

convicción que el logro de los objetivos de los Estados Unidos pasaba por una apresurada

recuperación de la economía europea que, a su vez, era una función de la recuperación de la

129
Gran Bretaña; la idea derivada de esa convicción era la indispensable fusión económica de

los Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña. La absorción de esta última, en opinión de

Kennan, bastaría para asegurar una estrecha cooperación económica entre EUA y Europa

Occidental; esta fusión económica nunca se llevó a la práctica y tuvo que esperarse por un

nuevo, inmediato plan, para darle forma a una suerte de Comunidad Atlántica, montada en

una lógica militar, la de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

En ese mismo año, Kennan fue sustituido por Paul Nitze, quien construye una

alternativa mucho más viable para mantener un superávit de exportación estadounidense

que, desde el presupuesto, requería la aprobación del Congreso, por cuanto descansaba en

una elevación estratosférica de los gastos de defensa. Esta alternativa fue el rearme masivo

de los Estados Unidos y de Europa, en previsión del avance del comunismo internacional.

La revolución triunfante en China, la primera prueba soviética de la bomba atómica y, por

encima de todo, el estallido de la Guerra de Corea, en 1950, fueron evidencias que

progresivamente disolvieron las resistencias del Poder Legislativo:

CUADRO 12

GASTOS DE SEGURIDAD NACIONAL DE LOS ESTADOS UNIDOS

ENTRE 1950 Y 1953 (MILLONES DE DÓLARES).

AÑO MONTO

1950 13 000

1951 22 300

1952 44 000

1953 50 400

Fuente: Fred Block, Los orígenes del desorden económico internacional, op. cit., p. 166.

130
Según Block, “Sólo una parte de este tremendo aumento del gasto militar se destinó

al esfuerzo de la guerra en Corea: 4 500 millones de dólares de la suma de 10 500

millones pedida en la primera asignación complementaria para la Guerra de Corea se

destinaron en realidad para el rearme a largo plazo. Y el porcentaje para fines distintos a

la Guerra de Corea aumentó en las asignaciones subsecuentes. Gracias a este rápido

aumento del gasto militar, el problema principal de la economía norteamericana era otra

vez la inflación. En lugar de capacidad excedente y desempleo, había fuertes presiones de

demanda sobre los recursos existentes. El gobierno de Truman respondió a este problema

con un gran programa de expansión de la capacidad industrial para que el esfuerzo de la

Guerra de Corea y el rearme no significaran una gran reducción del consumo civil. La Ley

de Producción para la Defensa estableció extensos incentivos fiscales para que las

empresas realizaran nuevas inversiones, y en los términos del programa se invirtieron

muchos millones de dólares en la expansión de la base industrial de la economía”146.

La política del rearme, en realidad, se venía cocinando con antelación a estos

acontecimientos y había tomado su forma fundamental a partir de una Evaluación general

de los compromisos extranjeros del país, de sus capacidades, y de la situación estratégica

actual, en el Consejo Nacional de Seguridad, cuyo tema original era la decisión acerca de la

bomba H; la discusión fue presidida por Nitze y, en general, dominada por el Departamento

de Estado, durante enero de 1950. Su resultado, un documento titulado “NSC-68”, que

dibujaba un panorama apocalíptico, derivado de la expansión comunista por todo el mundo

y construía la única y radical opción del rearme masivo de Europa y los Estados Unidos.

Hasta el estallido de la Guerra de Corea, diagnóstico y opción gozaban de enorme

descrédito en el Congreso.

146
-Ídem., loc. cit.

131
Resulta conveniente enfatizar algunas cuestiones relacionadas con estas renovadas

capacidades, económicamente expansivas, de la guerra o, más específicamente, señalar que,

sin el estallido de guerras –en 1939 y en 1950- el capitalismo de entonces no dispondría de

más brújula que la que conducía a las recesiones recurrentes. Este señalamiento, inquietante

de suyo, se vuelve mucho más inquietante aún en el momento actual, al crepúsculo de

2009, cuando la crisis en curso parece invencible. También es conveniente rectificar el

infundio, más o menos generalizado, de percibir en dicha causalidad (depresión ► guerra

► expansión), una suerte de keynesianismo de guerra, por cuanto con dicho término la

vocación pacifista de Keynes queda deliberadamente evaporada, en lógicas propias de lo

que la señora Joan Robinson ha definido como keynesianismo bastardo147.

147
Joan Robinson, Herejías económicas, Editorial Ariel, Barcelona, 1976, p. 118. Además: “La gran
depresión es ahora una pesadilla casi olvidada. Desde que acabó la guerra, en parte gracias a la buena
suerte, en parte debido a una buena administración y en parte a resultas de la carrera de armamentos, se ha
logrado evitar siempre una grave recaída de la demanda efectiva global”, Joan Robinson, El nuevo
mercantilismo (1965), en Relevancia de la teoría económica, Ediciones Martínez Roca, S. A., Barcelona,
1976, p. 18.

132
SEGUNDA PARTE:

LA EDAD DE ORO,

LA EMERGENCIA CONSERVADORA,

EN EL CAMINO DE LA DESREGULACIÓN, Y

LA CRISIS ACTUAL.

133
LA ERA DE ORO.148

“Si algún partido político hubiera de tratar de abolir la Seguridad Social, el seguro

del desempleo y suprimir las leyes del trabajo o los programas de agricultura, ten por

seguro que no se volvería a oír hablar de ese partido en nuestra historia política. Hay, por

supuesto, un reducido grupúsculo que sí cree que puede hacerlo. Entre ellos están H. L.

Hunt (seguramente conoces su historia) y otros pocos magnates del petróleo de Texas

como él, así como algún otro político o empresario. Su número es ínfimo y ellos, unos

estúpidos.”

Carta del presidente (republicano) Dwight Eisenhower a su hermano Edgar, en 1954149.

La Guerra Fría, muy a pesar de la permanente amenaza de nuevas, posiblemente

definitivas, hostilidades (ahora nucleares), tuvo como característica fundamental que las

potencias, aunque tuvieron importante participación en las guerras de Corea, Vietnam y

Afganistán, no se enfrentaron directamente ni hicieron uso de sus pavorosos arsenales,

garantes de la destrucción masiva asegurada (MAD –loco-, por su siglas en inglés).

Existieron episodios de gran tensión, como las ocurrencias demagógicas del senador

Joseph McCarthy, o la Crisis de los misiles cubanos, en 1962, y alguna otra más bien

tragicómica, como la locura, literal, del secretario de Estado para la Marina del presidente

Truman, James Forestal, quien se suicidó porque “... veía venir a los rusos desde la ventana

del hospital en que estaba recluido”150. Pero, tal como lo sostiene Hobsbawm: “La

148
Así denominó Eric Hobsbawm al período que va de la segunda posguerra mundial al despunte de los años
setenta, Historia del siglo XX, op. cit., pp. 229-289.
149
Citada en Paul Krugman, Después de Bush. El fin de los <<neocons>> y la hora de los demócratas,
Crítica, Barcelona, 2008, p. 70.
150
Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, op. cit., p. 238.

134
contención era la política de todos (los aliados de los EUA); la destrucción del comunismo,

no”151.

Durante las décadas de 1950 y 1960, mientras las relaciones entre las superpotencias

transitaban de la contención hacia la distensión, el mundo vivió –muy especialmente en el

ámbito material- un era dorada:

“El mundo industrial, desde luego, se expandió por doquier, por los países capitalistas y

socialistas y por el <<tercer mundo>>. En el viejo mundo hubo espectaculares ejemplos

de revolución industrial, como España y Finlandia. En el mundo del <<socialismo real>>

países puramente agrícolas como Bulgaria y Rumania adquirieron enormes sectores

industriales. En el tercer mundo el asombroso desarrollo de los llamados <<países de

reciente industrialización>> (NIC, Newly Industrializing Countries), se produjo después

de la edad de oro, pero en todas partes el número de países dependientes en primer lugar

de la agricultura, por lo menos para financiar sus importaciones del resto del mundo,

disminuyó de forma notable. A finales de los ochenta apenas quince estados pagaban la

mitad o más de sus importaciones con la exportación de productos agrícolas. Con una sola

excepción (Nueva Zelanda), todos estaban en el África subsahariana y en América Latina.

La economía mundial crecía, pues, a un ritmo explosivo. Al llegar a los años sesenta, era

evidente que nunca había existido algo semejante. La producción mundial de manufacturas

se cuadruplicó entre principios de los cincuenta y principios de los setenta y, algo todavía

más impresionante, el comercio mundial de productos elaborados se multiplicó por diez.

Como hemos visto, la producción agrícola mundial también se disparó, aunque sin tanta

espectacularidad, no tanto (como acostumbraba suceder hasta entonces) gracias al cultivo

de nuevas tierras, sino más bien gracias al aumento de la productividad. El rendimiento de

151
Ibid., p. 241.

135
los cereales por hectárea casi se duplicó entre 1950-1952 y 1980-1982, y se duplicó con

creces en América Latina, Europa occidental y Extremo Oriente. Las flotas pesqueras

mundiales, mientras tanto, triplicaron sus capturas antes de volver a sufrir un

descenso”152.

En el ámbito social, la más visible expresión de la era dorada, sin duda, fue una

distribución menos desigual del ingreso, por efecto del incremento de los salarios y la

modificación apreciable de las relaciones entre el trabajo y el capital, de lo que resultó un

considerable incremento de la demanda en las economías desarrolladas, virtuosamente

concurrente con el cambio estructural operado del lado de la oferta. El empuje de la

demanda, originalmente en Europa, corrió por cuenta de la gestión gubernamental:

“El control estatal de la demanda (demand management) no se limitó a un esquema de

intervención coyuntural, sino que pasó a adquirir rasgos propios de un empeño también

estructural. Este tipo de política de bienestar implicaba que el Estado animase la demanda

de bienes de consumo duradero, a los que apoyaba también a través de la ampliación de la

infraestructura correspondiente. Implicaba asismismo la creación, por parte del Estado, de

una demanda de bienes de uso colectivo, introducidos por él en la economía a través de la

organización de servicios adecuados. También Japón fue configurándose progresivamente

a partir de 1945 como una sociedad de consumo. Al igual que en Europa, en este país la

sobrepoblación relativa y el excedente de mano de obra había determinado también que

los beneficios de la industrialización hubiesen ido en una primera etapa sobre todo al

factor capital. Pero si en la Europa posterior a la segunda guerra mundial, ante la escasez

de fuerza de trabajo, la acción de los sindicatos y partidos obreros contribuyó

decisivamente a la instauración de un gigantesco mercado interior para los productos

152
Ibid., p. 264.

136
industriales, en Japón este papel lo jugó ante todo la actitud paternalista de las grandes

empresas modernas”153.

CUADRO 13

NÚMEROS ÍNDICE RELATIVOS A LOS SALARIOS NOMINALES Y REALES

EN ALGUNOS PAÍSES DE LA OCDE, 1953-1973 (1970=100).

PAÍS SALARIO 1953 1960 1965 1973

RFA Nominal 27.0 44.0 66.5 139.0

Real 41.8 55.8 76.2 115.3

Italia Nominal 30.0 35.5 63.5 150.0

Real 37.5 52.5 74.0 118.6

Bélgica Nominal 36.1 47.4 68.0 143.9

Real 53.5 64.3 78.8 123.8

Países Bajos Nominal 21.9 36.5 59.5 147.4

Real 40.2 54.9 73.9 115.4

Francia Nominal 26.3 40.6 65.0 138.4

Real 55.5 61.9 81.7 116.0

Gran Bretaña Nominal 34.5 50.8 68.0 142.3

Real 61.1 75.3 85.2 113.3

Estados Nominal 47.7 62.9 74.7 121.6

Unidos Real 69.0 81.0 89.5 106.7

Japón Nominal 19.3 29.4 52.9 158.5

Real 38.2 50.9 68.9 129.6

153
Herman van der Wee, Prosperidad y crisis. Reconstrucción, crecimiento y cambio 1945-1980, op. cit., p.
274.

137
Nota: El salario nominal es igual a la masa salarial total dividida por el número de

ocupados; el salario real es igual al salario nominal dividido por el índice de precios de los

bienes de consumo.

Fuente: Herman van der Wee, Prosperidad y crisis, op. cit., p. 276.

Esta circunstancia cobijó un incremento notable de la remuneración a los

asalariados como proporción del ingreso nacional que, en sí misma, garantizaba la

realización de la oferta industrial de nuevos bienes de consumo, por cuanto la proporción

de los salarios destinada al consumo tiende a ser igual a 100:

CUADRO 14.

REMUNERACIÓN A ASALARIADOS EN 6 ECONOMÍAS DESARROLLADAS,

COMO PROPORCIÓN DEL INGRESO NACIONAL.

1860-1869 y 1954-1960 (%).

PAÍS 1860 1869 1954 1960

GRAN BRETAÑA 47 70

FRANCIA 36 59

RFA 39 60

CANADÁ 59 66

ESTADOS UNIDOS 54 69

Fuente: Simón Kuznets, Modern Economic Growth, pp. 168-170, citado en Herman van der

Wee, Prosperidad y crisis, op. cit., p. 280.

La experiencia adquirida durante los años de la Gran Depresión y de la Segunda

Guerra Mundial, respecto a las limitaciones de la mano invisible para equilibrar al sistema

económico, más la extraordinaria aportación de Keynes, contenida en su Teoría general,

138
fueron elementos de enorme utilidad para el advenimiento de la más emblemática figura de

la era dorada: La economía mixta:

“El economista inglés John Maynard Keynes rindió con su Teoría general de la ocupación,

el interés y el dinero, publicada en 1936, la contribución más importante a la

fundamentación teórica de la economía mixta. Desde su perspectiva, el sistema capitalista

de mercado era inestable por su propia naturaleza, pues no contenía ningún mecanismo

automático que determinase, en condiciones de pleno empleo, la coincidencia de la

producción y el consumo. Según Keynes, el Estado debía utilizar el gigantesco potencial de

poder de que disponía a partir de los impuestos y la política de gasto público y monetaria

para contener la inestabilidad del sistema de mercado. Ya anteriormente los

cristianodemócratas habían formulado serios argumentos morales a favor de una

distribución más justa de la renta y de la ampliación de las prestaciones sociales por parte

del Estado. Ahora Keynes aportaba los argumentos económicos pertinentes. Si las

inversiones privadas no bastaban para llegar al pleno empleo, la mano pública debía

gastar más en el sistema educativo y sanitario, en la construcción de viviendas sociales y

en la atención a los pobres a fin de mantener la demanda efectiva global en el nivel

deseado. El Estado debía velar, a través de medidas de control, corrección y estímulo,

para que las decisiones económicas fuesen las apropiadas para el logro de objetivos

macroeconómicos como el pleno empleo, la estabilidad del nivel de precios, el bienestar

social y el equilibrio de la balanza de pagos. Keynes se atenía en su elaboración teórica al

principio del libre mercado, pero complementándolo de manera significativa con las

funciones de dirección y control atribuidas al Estado”154.

154
Ibid., p. 334.

139
Esta notable criatura, la economía mixta, pudo nacer y desarrollarse por el hecho de

no proceder de una ideología específica (en teoría, la que era propia de la socialdemocracia

y de los sindicatos; los más visibles beneficiarios), sino de haber disfrutado de un amplio

consenso, también, entre los industriales, los banqueros y los intelectuales que le

percibieron –junto al resto de las recomendaciones keynesianas- como un cuerpo de

medidas de carácter práctico, con el muy adecuado telón de fondo de la reconstrucción

europea. Los objetivos de la economía mixta se lograron sintetizar en la llamada fórmula

del pentágono: pleno empleo, plena utilización de las capacidades productivas, estabilidad

del nivel de precios, aumento de los salarios por efecto de incrementos previos de la

productividad del trabajo y equilibrio de la balanza de pagos. El sólido argumento

económico descansó en la incertidumbre, y consecuente inestabilidad, con las que –en el

libre mercado- se adoptan las decisiones de la inversión privada y su inmediato efecto en

ocupación, ingreso, consumo y ahorro:

“Keynes había designado con anterioridad las inversiones privadas como <<el lugar>>

de control de la economía de libre mercado. Eran la fuente principal de inestabilidad de la

demanda agregada de bienes. El comportamiento tan sensible e inconstante de las

inversiones privadas puede explicarse a partir de la revolución tecnológica, la cual se

había acelerado desde las guerras mundiales. En una economía libre de mercado podían

producirse grandes derroches si un volumen excesivo de inversión conducía a la aparición

de capacidades excesivas o si, por el contrario, éstas se aplazaban en exceso. Ambas

posibilidades elevaban considerablemente el riesgo de las inversiones. A fin de controlar

140
mejor el ciclo de la coyuntura, tanto las inversiones a corto plazo como las de largo plazo

debían ser controladas estatalmente”155.

La función estratégica a desempeñar por el Estado, requirió de un ingrediente fundamental,

la planificación, útil en la definición de medidas contra cíclicas y mucho más útil, si cabe,

en la determinación del crecimiento económico a largo plazo: “El análisis input-output de

Leontief permitía medir las articulaciones internas del sistema económico. Se hacía así

posible formular pronósticos acerca de los efectos de las medidas anticíclicas adoptadas

por el gobierno. Esta experiencia posibilitó el desarrollo de modelos macroeconómicos

para la planificación a corto y largo plazo, orientados sobre todo a una política estructural

realizada por el gobierno. El gobierno fijaba los objetivos cuantitativos a alcanzar en el

futuro y se calculaba qué intervenciones públicas serían necesarias para lograrlos. En este

momento la política estructural a cargo del gobierno había pasado ya a la fase de

planificación tendente a la optimización del crecimiento económico. La revolución

keynesiana completó los principios de eficiencia microestática, que se fundamentaban en

los mecanismos del mercado libre, con un sistema de eficiencia macroestática basado en la

intervención del Estado. Pero cuando a la doble eficiencia estática se le añadió además

una dimensión dinámica se traspasó un nuevo umbral. Con la política estatal específica de

optimización del crecimiento económico la economía mixta fue elevada a un nivel superior.

El crecimiento se convirtió en un objeto en sí mismo, autónomo, y fue integrado como tal

en la política económica”156.

La economía mixta obtuvo una amplia legitimidad social toda vez que los esfuerzos

por incrementar la riqueza se hicieron acompañar por los relativos a buscar la más justa

155
Ibid., pp. 337-338.
156
Ibid., p. 338.

141
distribución de esos frutos: la progresividad fiscal, la fijación de salarios mínimos, la

introducción de impuestos sobre el patrimonio y la elevación de los correspondientes a

transmisiones por herencias, fueron medidas con las que la economía mixta proporcionaba

cobijo a una doble política, de crecimiento con bienestar, de cuya exitosa combinación

provino su notable fuerza. En cuatro casos, y por la presencia de partidos de izquierda en

los respectivos gobiernos, se adoptó un cuerpo de medidas, destacada pero no únicamente

las nacionalizaciones, que hicieron visible una vertiente colectivista (Francia y Gran

Bretaña) o neocolectivista (Italia y Japón), en la gran corriente dominante de la economía

mixta.

La economía mixta, del todo contraria a los preceptos de la sabiduría económica

convencional, también promovió una trascendental metamorfosis del agente económico,

que transita de maximizador de beneficios a la menos espectacular figura de minimizador

de riesgos. Las lecciones de la Gran Depresión, con su dilatada carga de inseguridades

económicas, aportó a los empresarios el adelgazamiento de un incentivo fundamental de la

economía convencional: el riesgo económico, expresado en variaciones imprevistas de los

precios, en modificaciones sorpresivas de los gustos de los consumidores y/o en la

obsolescencia de productos o procesos que los hacían posibles. La vieja escuela (clásica) y

sus derivados neoclásicos convertían en incompatibles la reducción de la inseguridad

económica y los incrementos en la producción; y la economía mixta demostró que tal

incompatibilidad era un mito:

“No sólo no son incompatibles entre sí la reducción de la inseguridad y el incremento de la

producción, sino que se encuentran indisolublemente ligados. Un alto nivel de seguridad

142
económica es esencial para una producción máxima, pero un alto nivel de producción es

también esencial para alcanzar la seguridad económica”157.

CUADRO 15

VARIACIONES EN LA PRODUCTIVIDAD DEL TRABAJO EN LOS

ESTADOS UNIDOS, 1900-1929 y 1940-1950.

(DÓLARES y %).

ETAPA INGRESO NACIONAL Δ EN CENTAVOS POR

HOMBRE/HORA AÑO

1900 89.6 -

1929 113.3 1.2

1940 131.5 -

1950 179.2 4.8

Fuente: John K. Galbraith, La sociedad opulenta, op. cit., p. 118.

Como puede apreciarse, el incremento en la productividad durante la edad de la

seguridad, cuadruplicó a la productividad observable durante la etapa previa, con lo que se

documenta la convergencia de aumento de la seguridad económica con el incremento de la

producción. Casi sobra decir que la seguridad de la que se habla es aquella que

proporcionaron las instituciones del Nuevo Trato y, en una escala occidental, la economía

mixta (seguro del desempleo, salario mínimo, pensiones y gasto público en general) más la

reorganización empresarial, enderezada en el propósito de obtener poder de mercado, bajo

el principio que lleva del control de los precios hacia el control de los beneficios.

157
John K. Galbraith, La sociedad opulenta, Ariel Sociedad Económica, Barcelona, 2007, p. 119.

143
La economía mixta, específicamente en los Estados Unidos, produjo una variante

neoliberal que, de manera inmediata, se propuso exaltar las bondades de la empresa privada

y criticar con severidad la intervención gubernamental:

“Estados Unidos había iniciado ya en la época de entreguerras con la política del New

Deal propugnada por Roosevelt la dirección hacia la economía mixta, camino por el que

siguió avanzando ese país durante la segunda guerra mundial. Pero inmediatamente

después de la guerra resurgió la tradicional desconfianza norteamericana hacia un poder

estatal central excesivamente grande. Sólo en años de penuria consintieron los

norteamericanos en una ampliación del poder del Estado. Pero una vez pasados esos años

volvieron a limitar inmediatamente sus prerrogativas. A finales de los años treinta no

quedaba apenas nada en pie de la política del New Deal, salvo la legislación agraria. Y

después de la segunda guerra mundial la política de back-to-normality se impuso con

sorprendente rapidez.

Los años de penuria, sin embargo, habían alterado la relación entre el Estado y la

sociedad. El cambio de escenario halló su expresión en la ley de empleo (Employment Act)

de 1946, que obligaba al Estado a alcanzar un alto grado de ocupación a través de una

política coyuntural adecuada. La ley era la respuesta a la tesis del estancamiento de

Hansen, quien creía que el fin de los avances y desarrollos de carácter pionero (new

frontiers) en el marco del capitalismo y la economía de mercado conducía

irremediablemente a nuevas depresiones con alto nivel de paro si el gobierno

norteamericano no intervenía sistemáticamente para apoyar la demanda, es decir, si no

instrumentaba una intervención de tipo keynesiano. A fin de dar a la política anticíclica del

Estado una base institucional suficiente, la ley de 1946 preveía la instauración de un

consejo de asesores económicos (Council of Economic Advisers) para el presidente. Éste

144
quedaba obligado a presentar anualmente un informe económico ante el Congreso. La ley

de empleo de 1946, con todo, no fue mucho más allá de fijar legalmente principios de

economía mixta. Por otro lado, de inmediato se tomaron medidas de carácter estructural

encaminadas a dejar funcionar al mecanismo de mercado. La Taft-Hartley Act de 1947

intentaba quebrar a través de múltiples limitaciones una posible posición monopolista de

las organizaciones de los trabajadores, mientras que una aplicación estricta de la

legislación antitrust debía impedir la formación de monopolios en la gran industria. En

consecuencia, se seguía viendo en el mecanismo de mercado el sistema más eficaz para

coordinar las decisiones económicas individuales [...] De esta manera mantuvo el gobierno

estadounidense en vigor, tras la segunda guerra mundial, la estructura del libre mercado.

Okun piensa que sólo una afortunada colaboración entre Estado y mercado puede

<<compensar la relación de tensión que se establece entre igualdad y eficiencia>>.

El Estado introdujo el control sobre la demanda a través de la ley relativa a los ingresos

estatales (Revenue Act) de 1945 y de 1948 en calidad de medida política coyuntural. Sin

embargo, el control de la demanda permaneció vinculado a una política presupuestaria en

gran medida ortodoxa. El déficit presupuestario –una consecuencia de la guerra fría- fue

cubierto durante el gobierno de Truman sobre todo a través de nuevos aumentos de

impuestos. Sin embargo, Eisenhower redujo además los gastos”158.

De cualquier modo, el telón de fondo de la guerra fría y, más específicamente, el

rearme, posibilitaron una vía de acercamiento entre los intereses públicos y los privados,

mediante la creación de nuevas armas y, después, de nuevos materiales e instrumentos

útiles en la exploración del espacio. En tal acercamiento, en el que convergen las

planeaciones respectivas de ambos actores, se fundamentó la economía mixta

158
Herman van der Wee, Prosperidad y crisis, op. cit., pp. 355-356.

145
estadounidense, al calor de la cual se construye una sociedad de clase media, en la que se

hace visible la Gran Compresión en las diferencias socioeconómicas. Una sociedad mucho

más igualitaria que la que antecedió a la Gran Depresión.

Las instituciones del Nuevo Trato, particularmente las relativas al Estado de

Bienestar (seguro de desempleo, salario mínimo y pensiones de jubilación), al lado de la

expansión de membresía y actividad sindicales y de los subsidios agrarios, son los

ingredientes que hicieron posible esa comprensión.

CUADRO 16

TASAS IMPOSITIVAS EN LOS ESTADOS UNIDOS 1929-1955

AÑO SOBRE SOBRE SOBRE

INGRESOS SUCESIONES BENEFICIOS

1929 24 % 20 % 14 %

1936 79 % 70 % 30 %

1955 91 % 77 % 45 %

Fuente: Paul Krugman, Después de Bush, op. cit., pp. 58-59.

La dureza de la Ley de Inmigración de 1924, que produjo una escasez relativa de

fuerza de trabajo, acompañada por el auge de los sindicatos, a partir del Nuevo Trato,

favoreció un incremento notable en los ingresos de los trabajadores. Dos elementos

convergieron en el establecimiento del papel protagónico de los sindicatos: Primero, la

normatividad del nuevo trato, la Ley de Relaciones Laborales Justas de 1935, que abordó

claramente la cuestión: “Esta ley define, como parte de nuestra ley sustantiva, el derecho

de los trabajadores de la industria a organizarse por sí mismos de cara a la negociación

colectiva y provee los métodos mediante los que el gobierno puede salvaguardar ese

146
derecho legal”159. Segundo, la dinámica interna de los sindicalistas que, a lo largo de la

Gran Depresión, fueron sumando fuerzas para recuperar la tradición del activismo sindical

de comienzos del siglo XX. De un lado, el gobierno abandonaba el papel de agente

represivo de los empresarios y, de otro, los trabajadores recuperaban conciencia plena, y

capacidad de poner en ejercicio, su propio poder; con ello, la actividad sindical provocó dos

resultados ampliamente favorables al combate a la desigualdad:

“En primer lugar, los sindicatos promovieron un aumento de salario para sus afiliados,

contribuyendo también, de forma indirecta y en menor modo, a que trabajadores del mismo

sector percibieran también mayores salarios, incluso si no estaban representados

sindicalmente, en la medida en que las empresas en las que no existía dicha representación

trataban así de hacer menos atractiva a sus trabajadores la sindicación. En segundo lugar,

los sindicatos también contribuyeron a acortar las distancias que separaban a las

retribuciones de que eran objeto los propios trabajadores, negociando mayores subidas

para los peor pagados y menores para aquellos con un mejor salario”160.

CUADRO 17

PROPORCIÓN DE TRABAJADORES SINDICALIZADOS

EN ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ 1920-1999 (%).

AÑO EUA CANADÁ

1920 10 % 8%

1960 30.4 % 32.3 %

1999 13.5 % 32.6 %

Fuente: Paul Krugman, Después de Bush, op. cit., p. 170.

159
Citada en Paul Krugman, Después de Bush, op. cit., p. 61.
160
Ibid., p. 62.

147
Respecto al más reciente dato de sindicalización en los Estados Unidos, Galbraith

hace el siguiente señalamiento: “Mientras esta edición va a imprenta (1998), se han

producido algunos cambios en relación con lo dicho. Los Estados Unidos han visto

algunos años de relativamente bajo desempleo e inflación muy suave, aunque el miedo no

ha disminuido. La nueva situación refleja el declinante poder de los sindicatos y la

creciente importancia de industrias –servicios, espectáculos, artes y profesiones, y

tecnología muy avanzada- en que no cuentan con representación, o ésta es poco

significativa. Aquí la interacción salarios-precios y su espiral no constituyen un factor.

Como sucede a menudo en la vida económica, el cambio en las circunstancias

determinantes ha producido un cambio económico apreciable, cuyo grado de permanencia

desconocemos”161.

La era dorada no sólo fue posible por la edificación de una sociedad igualitaria; se

requirió, también y con cierta antelación, de una convergencia política, hacia el centro, de

los dos principales partidos políticos estadounidenses. La aceptación, por parte de un

gobernante republicano, al mediar los años cincuenta, de las instituciones originadas por el

Nuevo Trato rooseveltiano (la del epígrafe de este apartado) no era nada más que el

reconocimiento de la indispensable intervención del Estado, tanto en el ámbito económico

cuanto en el social.

Esta sociedad, de clase media en su estructura socieconómica y colocada al centro

en la geometría ideológica, se cocinó al calor de una percepción generalizada sobre el papel

que la producción desempeña, a los efectos de brindar la más amplia protección sobre las

recurrentes amenazas depresivas y a los efectos, también, de acercar al sistema económico

a una situación de pleno empleo. De tales circunstancias, junto con la institucionalidad

161
John K. Galbraith, La sociedad opulenta, op. cit., p. 218.

148
rooseveltiana y la expansión y activismo sindicales, surgió una elevación sostenida de los

ingresos que lo era, también, de los gastos en consumo, con lo que la producción recibía

nuevos incentivos. La imperfección del mercado estadounidense, con la notable dominancia

de estructuras oligo y monopólicas y sus no menos notables poderes de mercado desde el

lado de la oferta, dio origen a una peculiaridad extraordinaria: la creación de necesidades

de los consumidores; con la que el núcleo emisor de dichas necesidades, correspondiente a

las crecientemente sofisticadas campañas publicitarias, correspondía al mismo núcleo que

habría de satisfacerlas, la gran empresa monopólica. El asunto hace que el énfasis del

análisis se traslade de la idea abstracta de la producción como mecanismo de seguridad, a la

muy concreta cuestión sobre qué es lo que se produce.

La emulación del consumo de quienes más tienen, la ampliación extraordinaria del

crédito para hacer realidad tal emulación, la competencia que –en el uso de los ingresos- se

establecía entre el consumo y el pago de deudas y la ruptura del equilibrio social, los gastos

públicos que son indispensables para el disfrute del consumo de los bienes producidos en la

empresa privada (carreteras y estacionamientos para el incremento en el consumo de

automóviles, por ejemplo), se rezagan, y comienzan a ser mal vistos por la comunidad,

respecto a la producción privada; todas éstas, fueron circunstancias que, al lado de

imprevistas presiones inflacionarias, favorecieron una desaceleración del crecimiento

económico y la sorprendente e inmerecida elevación del prestigio de la sabiduría

convencional, con el retorno del conservadurismo y la desigualdad, entendida como una

especie de mal necesario.

El prolongado efecto benéfico, de crecimiento con equidad, arrojado por la

institucionalidad que fue repuesta a la Gran Depresión, a la Segunda Guerra Mundial y a la

Guerra de Corea (el boom de la posguerra) alcanzó hasta el año de 1973, y fue

149
interrumpido con el incremento alucinante de los precios del petróleo y, más

específicamente, con la aparición de un notable estancamiento de la actividad económica

asombrosamente acompañado de una no menos notable espiral inflacionaria. La historia de

este período progresista, con los inquietantes paréntesis del macartismo y el rearme

cobijado por la Guerra Fría, fue el resultado de un, no tan duradero, acuerdo bipartidista

(demócratas y republicanos), recurrentemente puesto en tensión por las divergencias

visibles en materia racial y, por supuesto, en el complicado tema fiscal.

150
EL NUEVO CONSERVADURISMO: LA SERPIENTE VUELVE A DESOVAR.

“El gobierno no es una solución para nuestro problema; el gobierno es el problema”.

Discurso de la primera toma de posesión, como presidente de los EUA, de Ronald Reagan.

La definición de un solo tipo de capitalismo, en la versión estándar de la mano

invisible, encontró reacciones tempranas y adversas de gran relevancia, como las de

Federico List, que el cosmopolitismo reinante se encargó de menospreciar con éxito

significativo: “El mundo literario deseaba un sistema de economía política, y el de Mr.

Smith era el mejor en existencia. Dictado por un espíritu de cosmopolitismo, fue abrazado

en la época de cosmopolitismo en que hizo su aparición. Libertad por todo el orbe, paz

eterna, derechos de naturaleza, unión de toda la familia, etc., eran los temas predilectos de

filósofos y filántropos. La liberta de comercio por todo el orbe iba en plena armonía con

esas doctrinas. De aquí el éxito de la teoría de Smith. Además, daba un bonito consuelo a

las naciones más débiles”162.

El caso de los Estados Unidos, fuente inspiradora para las propuestas

proteccionistas de List, no conforma ninguna excepción a la conflictiva búsqueda de la más

adecuada economía de mercado:

“El debate sobre el tipo de capitalismo que es más conveniente practicar se

remonta a la historia de Estados Unidos y se caracteriza por sus numerosos y agudos

reveses. A comienzos del siglo XIX tuvo lugar una encendida polémica sobre el papel que

debía representar el gobierno en la economía del país. Los demócratas se oponían a la

intervención del gobierno, mientras que los Whigs creían que, en un capitalismo saludable,

el gobierno debería constituir tan solo un telón de fondo. Para el gobierno federal suponía

la iniciación de un sistema de coordinación nacional. Andew Jackson y más tarde Martin

162
Federico List, Sistema nacional de economía política, FCE, México, 1997, p. 492.

151
Van Buren se declararon contrarios a este plan. En cambio, John Quincy Adams y Henry

Clay a su favor.

Desde entonces, la polémica ha resurgido varias veces. Su principal manifestación

tuvo lugar durante la década de 1970 con la elección de Margaret Thatcher en el Reino

Unido y en la de 1980 con la elección de Ronald Reagan en Estados Unidos. Durante los

treinta años anteriores, con la aceptación general del New Deal, la ideología

predominante entre los políticos consideraba que el gobierno debía representar un papel

preponderante proporcionando la infraestructura de la sociedad capitalista. Además de

autopistas físicas, esta infraestructura consistía en un sistema educativo y el apoyo a la

investigación científica, pero también en reglamentaciones, sobre todo las que regulan los

mercados financieros. A finales de la década de 1980, el sistema económico estaba

extraordinariamente bien adaptado para superar cualquier trastorno. Por ejemplo, las

S&L (Sociedades de ahorros y préstamos) quebraron en masa, pero el sistema de

protección del gobierno pudo contener los daños macroeconómicos. El fallo costó dinero a

los contribuyentes, pero en pocos casos les costó el empleo.

Pero entonces –y ésta es otra parte de esta historia-, la economía, como sucede

siempre, cambió y se adaptó a las reglamentaciones en vigor. Después de la década de

1980, se reconoció la opinión general de que el capitalismo era un sistema económico

desregulado libre para todos (free-for-all) y que quizá el terreno de de juego había

cambiado, pero sus normas no se habían ajustado. Esta afirmación nunca había sido tan

patente como en los mercados financieros y la historia que hemos relatado sobre el

mercado inmobiliario es muy ilustrativa. Antes existían límites naturales para las hipotecas

inmobiliarias. Los bancos comerciales y las cajas de ahorros tenían razón en adoptar

precauciones cuando concedían una hipoteca. Probablemente sus titulares serían ellos

152
mismos, pero cuando esto cambió, los bancos se convirtieron en los contratantes, pero no

los tenedores, de las hipotecas. Pero la reglamentación no se ajustó para que las

estructuras financieras reflejaran ese cambio.

La antipatía por parte del público hacia la reglamentación fue el motivo subyacente

de su fracaso. Estados Unidos estaba enfrascado en una nueva visión del capitalismo y la

gente creía que el juego se podía desarrollar sin restricciones. Había olvidado la lección

duramente aprendida durante los años treinta: que el capitalismo nos puede proporcionar

el mejor de los mundos posibles, pero solo lo hace si es el gobierno el que establece las

normas y actúa como árbitro”163.

Sin embargo, el ínfimo número de conservadores –al que hizo referencia

Eisenhower- comenzó, desde los años cincuenta, a afinar la puntería en contra de dos

instituciones, una política y la otra económica, ambas visibles en el ámbito de la economía

política del Nuevo Trato. En el primer caso, el enemigo a vencer fue el Estado de Bienestar,

democráticamente legitimado, en tanto la expresión más completa de las virtudes que

acompañan a la intervención gubernamental enderezada en el propósito de edificar y

consolidar una sociedad tan igualitaria como el capitalismo regulado lo permitiera, una

intervención redistributiva de ingresos, oportunidades y resultados; en el segundo, se

pretendía combatir el cuerpo de ideas que hacen del capitalismo desregulado (mercados

competitivos) una fuente incesante de inestabilidad que incurre fatal y recurrentemente en el

ciclo económico, transitando del auge a la depresión, en lo fundamental, por la debilidad e

insuficiencia de las previsiones para oponer una respuesta cabal y completa a la

incertidumbre, por las consecuentes fluctuaciones de la percepción que los agentes

económicos pueden construir sobre el futuro del sistema económico y su inevitable reflejo

163
George A. Akerlof y Robert J. Shiller, Animal Spirits, op. cit., pp.283-284.

153
en las decisiones de inversión, consumo, ahorro y... empleo164. Ésta fue (y sigue siendo)

una lucha en contra de las principales características del pensamiento keynesiano: “Sin la

incertidumbre, Keynes es algo así como Hamlet sin el príncipe”165. De estar Keynes en lo

cierto, las diversas formas de intervención gubernamental no sólo serían un remedio a las

crisis, para después de su superación jibarizarse, sino un requerimiento constante que, a fin

de cuentas, tendría que producir otro tipo de capitalismo. El de la economía mixta.

En el frente político, el mantenimiento de la segregación racial, la percepción de la

blanca como la raza avanzada, el fundamentalismo cristiano (preferentemente protestante)

y la exaltación del individualismo, conformaban el credo conservador desde mediados de

los años cincuenta; en conciencia plena de su escaso número, los apologistas del

conservadurismo también comenzaron siéndolo de la violencia antidemocrática. Es esa la

posición de William F. Buckley, fundador, en 1955, de la revista conservadora National

Review. Reproduzco dos ejemplos:

“En efecto, si la mayoría pretende lo que resulta socialmente atávico, entonces

puede que el hecho de contravenir la voluntad de la mayoría, aun siendo antidemocrático,

suponga también un acto de ilustración. En este sentido, para cualquier comunidad y en

cualquier lugar del mundo resulta más importante afirmar y llevar una existencia acorde

con patrones civilizados que plegarse a las demandas de la mayoría numérica. Unas veces

no cabrá hacer valer la voluntad de la minoría, en cuyo caso ésta habrá de ceder y la

sociedad experimentará un retroceso; otras veces, la minoría numérica no podrá

164
“... esa economía capitalista no puede sostener el pleno empleo mediante sus propios procesos, y en una
sucesión de estados cíclicos cada uno de ellos es transitorio, en el sentido de que se crean relaciones que
transforman el modo en que se comportará la economía”, Hyman P. Minsky, Las razones de Keynes, FCE,
México, 1987, p. 66.
165
Hyman P. Minsky, Las razones de Keynes, op. cit., p. 67.

154
prevalecer sino recurriendo a la violencia, en cuyo caso la minoría habrá de decidir si la

prevalencia de su voluntad merece el terrible precio de la violencia”166.

“El general Franco es un verdadero héroe nacional. Suele concederse que él, más

que ningún otro, combinaba el talento, la constancia y el sentido de que su causa era justa

y resultaba necesaria para liberar a España de las manos de aquellos visionarios,

ideólogos, marxistas y nihilistas que, en la década de 1930, habían impuesto sobre ella un

régimen tan grotesco como para violentar la propia alma de España y para negar, incluso,

la identidad histórica de este país”167.

Poco importaba que aquel régimen grotesco fuera el gobierno español,

democráticamente elegido y brutalmente derrocado por Francisco Franco. Un plazo

relativamente breve alumbró importantes cambios. En menos de una década, los

conservadores extremistas lograron convertir al Partido Republicano, que en un pasado

inmediato albergó a conservadores moderados, en su propio hogar y postularon en 1964 a

uno de los suyos, Barry Goldwater, como candidato presidencial. La nominación de

Goldwater fue una respuesta anticipada, y mucho más que simbólica, a los preparativos y

ulterior aprobación (1965) de la Ley de Derechos Civiles, inicialmente presentada como

Derechos del Voto, diseñada en defensa de ese derecho para la población negra; aunque el

candidato republicano fue claramente derrotado, no es un dato menor que en el estado de

Mississippi –tradicionalmente racista- obtuviera el 87 % de los votos168. El resultado

electoral, abrumadoramente adverso en el resto del país, ponía en claro que el radicalismo

166
Editorial de la National Review, 24 de agosto de 1957, citado en Paul Krugman, Después de Bush, op. cit.,
118.
167
William F. Buckley, Yes, and Many Thanks, But Now the War Is Over, National Review, 26 de octubre de
1957, Citado en Paul Krugman, Después de Bush, op. cit., p. 119.
168
Oscar Handlin, Comentario al Discurso sobre los derechos del voto de Lindón B. Johnson, en Daniel J.
Boorstin (compilador), Compendio histórico de los Estados Unidos. Un recorrido por sus documentos
fundamentales, op. cit., p. 738.

155
conservador carecía, entre otras cosas, de base social; carencia que sólo pudo ser solventada

hasta el despunte de los años ochenta, con el triunfo de Ronald Reagan.

¿Cómo logró sus avances el conservadurismo?; ¿qué rompió la convergencia hacia

el centro, de republicanos y demócratas?; en fin, ¿qué tan resueltas están la cuestión racial y

el aprecio por la gestión gubernamental, en los Estados Unidos? Hay una larga historia de

conflicto entre el individualismo de los estadounidenses y los impulsos comunitarios que

desarrolló una suerte de sectarismo protestante, desde el origen de esa nación. Puede

decirse que los hábitos del alma, las mores que crean instituciones formales e informales,

contienen a ambos elementos, más la desconfianza en el gobierno, sin que deje de ser

visible, prácticamente en todos los casos, que las organizaciones comunitarias han

mostrado formas diversas de intolerancia hacia los negros –y, en medida variante, hacia

otras razas-, hacia las mujeres, los homosexuales y, destacadamente, hacia la acción

gubernamental, a los efectos de la ampliación y profundización de los servicios públicos

diversos y, más decididamente, a los efectos del cobro de impuestos progresivos para

financiar dichos servicios.169

Para la interpretación de dos importantes autores, durante un largo período existieron dos

formas altamente diferenciadas de conservadurismo: El primero, se decantó por una

militancia social, racista, machista, homofóbica y profundamente religiosa; en él, se cobijó

la idea de un país WASP (blanco, anglosajón y protestante) como el único deseable. Sus

orígenes y momentos estelares se hacen visibles durante el siglo XIX y se han venido

expresando en las diversas etapas del nativismo blanco. El segundo, corresponde a un

169
Para Alexis de Tocqueville, “En el mundo moral, todo parece clasificado, coordinado, previsto y decidido
de antemano. En el mundo político, todo está agitado, puesto en duda e incierto. En el uno predomina la
obediencia pasiva, aunque voluntaria; en el otro la independencia, el menosprecio de la experiencia y la
sospecha de toda autoridad”, La democracia en América, FCE, México, 1957, p. 64. (subrayado mío, FNU).

156
conservadurismo anti gubernamental; expresado en la apología de la actividad privada, del

libre mercado, de la ausencia de controles y regulaciones oficiales y, como contrapartida,

en un profundo desprecio al gobierno, a la recaudación de impuestos, a la expansión de la

gestión y el gasto gubernamentales y a la burocracia responsable de ese accionar público170.

La convergencia de ambas formas de conservadurismo se ha hecho acompañar de

un notable adelgazamiento de los impulsos comunitarios y un incremento exponencial del

individualismo, con la caída de organizaciones sociales, como los sindicatos, y el auge de la

desconfianza y la adquisición de armas y otras formas privadas, como la creación de

suburbios para las clases acomodadas, de seguridad individual171.

CUADRO 18

ETAPAS DEL NATIVISMO ESTADOUNIDENSE.

Años Objetivos Resultados


Después de 1790 Antirradicalismo Alien and Sedition Acts
1850 Antiirlandés y anticatólico Know Nothing Party
1886-1896 Antiinmigración Ley de inmigración de 1891
Después de la Primera. Antiinmigración Ley de inmigración de 1924
Guerra Mundial
Fuente: Elaborado con base en: Castro, Max J., Ideología, ciencias sociales y política, op.

cit., pp. 396-397. Este autor apoya su descripción de las etapas del nativismo en las

aportaciones de John Higham, contenidas en: Strangers in the Land, Patterns of American

Nativism 1860-1925, Nueva York, Atheneum, 1963.

170
John Micklethwait y Adrian Wooldrridge, The Right Nation. Conservative Power in America, Penguin
Press, New York, 2004, pp. 27-151.
171
Cfr. Robert D. Putnam, Bowling Alone. The Collapse and Revival of American Community, Simon
Schuster, New York, 2000, pp. 134-147.

157
El Antirradicalismo se refiere al temor sobre los efectos probables, aunque poco

deseables, de extensión de la ideología radical de la Revolución Francesa; por ello se

establece una norma que se opone a la importación de ideas y de agentes sediciosos.

La segunda etapa es de efectos más prolongados. La organización secreta Orden de

la Bandera de las Barras y Estrellas originó el movimiento Know-Nothing; en realidad, un

partido político que, a mediados de la década de 1850 había ganado elecciones de

gobernadores en seis estados, la mayoría de nueve legislaturas estatales y tenían a 43

representantes en el Congreso; su origen fue un profundo miedo al catolicismo: “Tras 1815,

la cada vez más acelerada inmigración procedente de Irlanda y Alemania empezó a

moderar el carácter exclusivamente protestante de Estados Unidos. En el decenio de 1820,

62, 000 inmigrantes entraron en Estados Unidos desde Irlanda y Alemania. En el de 1840,

casi 800, 000 llegaron sólo de Irlanda, y en la década de 1850, llegaron 952, 000 de

Alemania y 914, 000 de Irlanda. El 90 % de los irlandeses y una parte sustancial de los

alemanes eran católicos. Esta enorme afluencia reavivó los temores y las pasiones

anticatólicas. Los norteamericanos se habían definido como un pueblo anticatólico y se

sentían invadidos por el enemigo. […] Este anticatolicismo se formuló a menudo en

términos más políticos que religiosos. La Iglesia católica era considerada una

organización autocrática y antidemocrática, y los católicos eran tenidos por gente

acostumbrada a la jerarquía y a la obediencia que carecía del carácter moral debido en

los ciudadanos de una república. El catolicismo era una amenaza para la democracia y, al

mismo tiempo, para el protestantismo norteamericano. […] Las acciones y los movimientos

anticatólicos se intensificaron en los decenios de 1830 y 1840, e incluyeron la quema de un

158
convento en Charlestown, Massachussets, en 1834”172. El estallido de la Guerra de

Secesión marcó el fin de los grupos anticatólicos explícitos, aunque los sentimientos que

los animaban tuvieron una larga vida, si es que no han llegado hasta el presente. Huntington

recuerda que: “... en 1898, los estadounidenses fueron llamados a la guerra para liberar a

Cuba de la <<papista España>>”173. Esta etapa encuentra un fiel reflejo en la película

Gangs of New York, dirigida por Martín Scorsese, en la que se describe la intolerancia

nativista frente a los inmigrantes irlandeses, entre 1846 y el inicio de la Guerra de Secesión.

La tercera etapa, también marcada por la oposición a la inmigración, responde a la

presencia de un nuevo tipo de inmigrante, proveniente del sur y del este de Europa, frente a

la que se logra el establecimiento de las bases administrativas para el control de la

inmigración, contenidas en la ley de inmigración de 1891.

La cuarta etapa corresponde a un cuerpo de reacciones nativistas que se expresan

antes, durante y después de la Primera Guerra Mundial. Robert DeC. Ward interviene en el

asunto con forma y tono pretendidamente definitivos: “Durante los años de la guerra

diversos grupos raciales extranjeros en el país mostraron con claridad suficiente que sus

simpatías no eran por los estadounidenses sino por europeos. Los antagonismos europeos,

criados y alimentados en el exterior por siglos, llegaron a territorio de Estados Unidos.

Quienes habían confiado en el Crisol de Razas para lograr la asimilación se dieron cuenta

de que habían abrigado falsas esperanzas […] De repente los estadounidenses se dieron

cuenta del peligro de tener en su propio país un elemento de nacimiento en el exterior, o

con uno o ambos padres de origen extranjero, que constituía un tercio de la población total

172
Huntington, Samuel, ¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense, Paidós Estado
y sociedad 122, México, 2004, p. 120. “El sobrenombre de <<Know-Nothing>> les vino porque se decía que,
cuando sus miembros eran interpelados por personas ajenas al movimiento, tenían la consigna de fingir
<<no saber nada>>”, p. 121 (N. del T.).
173
Ídem., loc. cit.

159
y del cual una inquietantemente grande proporción era inadecuada para el servicio activo

debido a su incapacidad de hablar inglés o debido a su inteligencia inferior”174. Una quinta

etapa, en la que el objetivo sea frenar la inmigración latinoamericana y caribeña está en

curso y los indicadores de su existencia son diversos.

En todas las etapas del nativismo, además del ánimo antiinmigrantes, es notable el

racismo dispensado a la población negra, incluso en el caso del más notable abolicionista

de la esclavitud y en contra del llamado Melting Pot:

En 1858, durante el debate que sostuvo con Douglas, Abraham Lincoln no se

muestra especialmente convencido de la homogeneidad del género humano: “No soy ni

nunca fui partidario de instaurar de cualquier manera la igualdad social y política de las

razas blanca y negra; no soy, y nunca fui, partidario de hacer de los negros electores o

jurados [...] Añadiré que entre las razas blanca y negra existe una diferencia física que,

creo, impedirá siempre que ambas razas vivan juntas en una situación de igualdad social y

política”175.

El Crisol de razas (melting pot) tiene, por su parte, un añejo origen: En la década de

1780, Hector St. John de Crèvecoeur propuso el concepto de melting pot (crisol), para

referirse a la asimilación de los inmigrantes en Norteamérica: “... los individuos de todas

las naciones se funden en una nueva raza de hombres, mezcla entre ingleses, escoceses,

irlandeses, holandeses, alemanes y suecos y el nuevo americano deja atrás todos sus

antiguos prejuicios y costumbres y recibe otros nuevos a partir del nuevo modo de vida que

174
DeC. Ward, Nuestra nueva política migratoria, Foreing Affairs en español, Vol. 4, Núm. 2, México, 2004,

p. 229.
175
Citado, originalmente, por P. [Link] den Berghe, Race and Racism. A Comparative Perspective, Nueva
York, John Wiley, 1967, p. 79, y recuperado en Emmanuel Tood, El destino de los inmigrantes. Asimilación
y segregación en las democracias occidentales, Tusquets Editores, Barcelona, 1996, p. 79.

160
adopta, el nuevo gobierno al que obedece y la nueva categoría que ocupa”176. Muchos años

después, en 1908, Israel Zangwill publicó la obra de teatro The Melting Pot, en la que

extendió la mezcla incluyendo a “... celtas y latinos, eslavos y teutones, griegos y sirios,

negros y amarillos, judíos y gentiles. El crisol implica la creación de una nueva cultura

común en la que todos se unirán para construir la República del Hombre y el Reino de

Dios”177.

La tolerancia que implicaba la construcción del crisol, auténtica sopa multicultural,

tendió a declinar muy tempranamente, entre otras cosas, porque razas, religiones, mores y

culturas distintas comenzaron a percibirse como amenazas ciertas a los hábitos y

dominancia WASP.

El hecho consistente en que la Constitución de los Estados Unidos prohíbe al

gobierno federal establecer una religión oficial y que existe una observancia total y absoluta

del principio de separación de la Iglesia y el Estado, entra en tensión con la no prohibición

para que los estados que componen la nación sí establezcan una religión estatal, con el

lema nacional, In God We Trust, y con la tradición de la toma de posesión presidencial,

jurando la Biblia y no la Constitución; el resultado es un hecho trascendental: En los

Estados Unidos existe un nivel de religiosidad mayor que en casi todos los países europeos

que tienen una religión oficial178.

176
St. John de Crèvecoeur, Hector, Letters from an American Farmer and Sketches of 18th/Century America,
New York, Penguin, 1981, pp. 68/70.
177
Zangwill, Israel, The Melting Pot. A Drama in Four Acts, New York, Arno, Press, 1975, p. 184.
178
Cfr. Francis Fukuyama, Confianza (Trust). Las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad,
Editorial Atlántida, Madrid, 1996, p. 314.

161
CUADRO 19

OLEADAS DE RENOVACIÓN FUNDAMENTALISTA

DEL PROTESTANTISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS

ETAPA CARACTERÍSTICA

PRIMEROS COLONOS PURITANISMO ORIGINAL

PRIMERA MITAD SIGLO XIX RENACIMIENTO METODISTA

SIGLO XX EVANGELISMO PENTECOSTAL

David Martin, Tongues of Fire. The Explosion of Protestantism in Latin America,

Oxford, Basil Blackwell, 1990, pp.36-47.

En opinión de Fukuyama: “El carácter voluntario y empresarial de la vida religiosa

estadounidense explica cómo fue posible que el compromiso religioso se renovara a través

de largos períodos, resistiendo las fuerzas importantes de la secularización. Las Iglesias

más antiguas y firmemente establecidas, cuyos ministerios se habían vuelto rutinarios y

cuyas doctrinas se fueron tornando más latitudinarias, se veían desafiadas en forma

constante por nuevas sectas fundamentalistas, con más altos niveles de exigencia para

quienes querían unirse a ellas. Cuando la asociación a una Iglesia exige un alto precio en

términos de compromiso afectivo y cambios de estilo de vida, se crea un fuerte sentimiento

de comunidad entre sus miembros. Así como la infantería de marina de los Estados

Unidos, con su estricta disciplina y su exigente entrenamiento básico, engendra mayor

lealtad y espíritu de cuerpo que el ejército de ese país, así también las Iglesias

fundamentalistas tienen feligreses con un compromiso más apasionado que las Iglesias

más liberales de las primeras ramas del protestantismo”179.

179
F. Fukuyama, Confianza, op. cit., p. 315.

162
En el crepúsculo de los años cincuenta comienza a hacerse visible una ruptura del

equilibrio entre individualismo y comunitarismo, notablemente adverso para el segundo,

con efectos sociales relevantes:

“Las comunidades morales que constituían la sociedad civil estadounidense a

mediados de este siglo, desde la familia y los vecindarios hasta las Iglesias y los ámbitos

laborales, han sido marcadamente hostigadas, y una cantidad de indicadores sugerirían

que el grado de sociabilidad general ha declinado. El deterioro más evidente en la vida

comunitaria se nota en la desarticulación de la familia, con el constante aumento de las

tasas de divorcio y de la cantidad de familias a cargo de un solo padre registrada desde

fines de la década de los 60. Esta tendencia tiene consecuencias económicas muy claras:

un marcado incremento de la pobreza, asociada con la figura de la madre sola a cargo de

una familia. Para ser exactos, la familia es otra cosa que la comunidad. La familia

estadounidense siempre ha sido más débil, en muchos aspectos, que sus equivalentes de

China e Italia y, en cierto sentido, esto ha resultado más una ventaja que una desventaja

económica. Pero la vida familiar estadounidense no se ha deteriorado a causa del

fortalecimiento de otro tipo de vida societaria. Tanto las relaciones familiares como las

comunitarias están decayendo”180.

La participación en las asociaciones de carácter voluntario, la concurrencia a las

diversas iglesias, la afiliación sindical, la participación en asociaciones de padres y

maestros, la membresía en diversos clubes y en organizaciones como los Boy Scouts y la

Cruz Roja, en todos los casos muestran una considerable disminución, con un efecto muy

significativo en los grados de confianza recíproca.181

180
Ídem., pp. 334-335.
181
Robert D. Putnam, Bowling Alone, op. cit., pp. 31-133.

163
El resultado no es otro que la reducción sostenida del éxito de la acción colectiva

general, sometida a los avances de los grupos de interés económico y político.

Organizaciones de mucho mayor poder y mucho menor tamaño infiltradas en casi todos los

ámbitos de la vida económica y pública de la nación, capaces de crear necesidades que ellas

mismas habrán de satisfacer o de imponer decisiones políticas y militares a los gobiernos,

siempre que les beneficien; capaces, también, de distraer la atención colectiva de los

asuntos relevantes y conducirla a sumarse a sus particulares intereses. El peso

desproporcionado que la religión y el dinero tienen en las campañas políticas de los Estados

Unidos, por ejemplo, ha permitido que la derrota del comunitarismo a manos del

individualismo, beneficie claramente a estos grupos de interés, tradicionalmente ligados al

más recalcitrante conservadurismo. Paradójicamente, quien mejor podría proteger al interés

general de los intereses restringidos, el Estado, es por quien menor simpatía, si alguna,

siente el común de los estadounidenses, salvo en el recurrente tema de la defensa militar.182

CUADRO 20

VARIACIONES EN LA CONFIANZA EN LOS DEMÁS

EN LOS ESTADOS UNIDOS (PORCENTAJES)

AÑO CONFIANZA: VISITAS SOCIALES

RESPUESTAS A LOS VECINOS (MÁS DE

AFIRMATIVAS UNA POR AÑO)

1960 58 % 72 %

1993 37 % 61 %

182
El tema de las complicaciones que enfrenta la acción colectiva, es tratado a profundidad en dos textos de
Mancur Olson: La lógica de la acción colectiva. Bienes públicos y la teoría de grupos, Limusa. Noriega
Editores, México, 1992 (199 pp.), y Poder y prosperidad. La superación de las dictaduras comunistas y
capitalistas, Siglo XXI de España Editores, Madrid, 2001, (249 pp.)

164
Nota: En ambos casos, resultados de encuestas masivas.

Fuente: Robert D. Putnam, Bowling Alone, op. cit., p. 73.

En sintonía con su afición conservadora, Francis Fukuyama encuentra las causales

de la derrota del comunitarismo en... ¡la intervención del Estado! Desde la construcción de

conjuntos de viviendas sociales; la ampliación del Estado Benefactor; la defensa de los

derechos de quienes, por razones de raza, religión, preferencias sexuales, sexo y nivel

socioeconómico, era excluidos de algunas “organizaciones comunitarias” (como los Boy

Scouts excluían a los no cristianos, a las mujeres y a los homosexuales), defensa que

incluyó los Derechos Civiles (1964), los Derechos al Sufragio (1965) y los de expresión;

todo ese espectro de intervención gubernamental, en opinión de este autor, ha resultado

adverso a la vida comunitaria. En el tema de la defensa de los derechos, el tratamiento es

indefendible: “A pesar de que cada uno de los pasos dados era justificable, sobre la base

de los principios igualitarios básicos vigentes, el efecto acumulativo y no intencionado fue

que el Estado pasó a convertirse en el enemigo de muchas instituciones comunitarias [...]

Lo perverso de esa cultura de los derechos es que dignifica, con un alto propósito moral, lo

que a menudo terminan siendo mezquinos intereses o deseos personales”183. Como se

analiza a continuación, Fukuyama se inserta, desde otro frente, en el conservadurismo

económico de Milton Friedman, quien imagina que una invencible tasa de desempleo

natural es el resultado de la intervención del Estado de Bienestar, al establecer salarios

mínimos, seguro de desempleo y la prioridad del pleno empleo. Deshonestidad intelectual

pura y dura.

El cine, la televisión e internet, porque los dos primeros implican la comunicación

en una sola vía, y porque el tercero implica el aislamiento y la lejanía entre los usuarios,

183
Francis Fukuyama, Confianza, op. cit., pp. 339-345.

165
también tienen culpa, según Fukuyama, del auge creciente del individualismo. En su

opinión, la destrucción creativa, como Joseph Schumpeter describía al capitalismo, y que

en la actualidad ha potenciado exponencialmente ambas capacidades (la primera muy por

delante), es inocente de toda afectación a la vida comunitaria o, en el peor de los casos, no

es más culpable de lo que pudo haber sido, desarraigando a los trabajadores, durante el

siglo XIX.

Por fortuna, se dispone de otra opinión: “Resulta curioso que los mismos

pensadores de derecha que sostienen que los Estados son impotentes en la vida económica

pusieran tantas esperanzas en la actuación estatal en ingeniería social. Todavía más

incoherente es que el pensamiento de la <<nueva derecha>> que, al igual que el

marxismo corriente, sostiene que los cambios económicos determinan el comportamiento,

descuide tan sistemáticamente los efectos de liberar el mercado sobre el matrimonio, la

familia y la incidencia de la criminalidad”184.

Los avances del individualismo, la acrecentada sospecha colectiva sobre los actos

del gobierno, especialmente los relativos a la fiscalidad, y la conversión del Partido

Republicano en el hogar del conservadurismo radical, fueron los elementos que le

otorgaron la base social de la que había carecido, prácticamente desde la conclusión de la

Segunda guerra Mundial.185

184
John Gray, Falso amanecer. Los engaños del capitalismo global, Paidós, Barcelona, 2000, p. 54.
185
Según Paul Krugman, los gobiernos de Dwight Eisenhower y Richard Nixon, ambos republicanos, fueron
moderados, Después de Bush, op. cit.

166
EL RETORNO DE LA SABIDURÍA ECONÓMICA CONVENCIONAL.

“El enemigo de la sabiduría convencional no son las ideas, sino la marcha de los

acontecimientos”186.

En el terreno del pensamiento económico, el primer paso del conservadurismo

consistió en un intento, temporalmente exitoso, de convertir a la teoría keynesiana en un

caso especial de la teoría económica convencional, la llamada Síntesis Neoclásica-

Keynesiana, elaborada por el economista John Hicks, en su célebre artículo Keynes y los

clásicos (1937), que origina el diagrama SI-LL, metamorfoseado en IS-LM hasta 1979. La

conclusión de Hicks, en ese artículo, es la siguiente: “La Teoría general del empleo es un

libro útil; pero no es el principio ni el fin de la economía dinámica”187. Con este trabajo se

inaugura el llamado (por Joan Robinson) keynesianismo bastardo que, en el caso específico

del diagrama IS-LM, terminó resultando insatisfactorio para su propio creador:

“Debo decir que el diagrama IS-LM es ahora mucho menos popular conmigo que

con muchas otras gentes. Éste reduce La teoría general a economía de equilibrio; no es

realmente una teoría de la economía moviéndose a través del tiempo. Es mi propia opinión

que ésta, la economía del crecimiento en estado sostenido, ha sido más bien una

maldición; quizá será una de las ventajas de la presente crisis económica que nos enseñará

a superarla, por cuanto ha estimulado a los economistas a desperdiciar su tiempo en

construcciones de gran complejidad intelectual pero tan fuera de tiempo, y tan fuera de la

historia, como para ser prácticamente fútiles, y de hecho confucionistas”188.

186
John K. Galbraith, La sociedad opulenta, op. cit. p. 34.
187
John Hicks, Keynes y los clásicos, en Dinero, interés y salarios, FCE, México, 1989, pp. 101-114.
188
John Hicks, Some Questions of Time in Economics, en A. M. Tang, F. M. Westfield y J. S. Worley
(comps.), Evolution, Welfare, and Time in Economics: Essays in Honor of Nicholas Gergescu-Roegen,
Lexiton Books, 1976, pp. 140-143, Citado en Jaime Puyana, Modelos macroeconómicos de crecimiento,
UAM Iztapalapa, México, 1995, p. 26.

167
En un aspecto fundamental en la crítica de Keynes a la correlación clásica entre

salarios nominales y desempleo, la flexibilidad de los salarios monetarios, otro notable

economista, Jacob Viner, describió a la teoría keynesiana como una elaboración consistente

con la teoría convencional, que supone que esa flexibilidad, a la baja por supuesto, es el

camino adecuado para elevar el empleo y que, también en opinión de Keynes, algunos

elementos institucionales, destacadamente los sindicatos, imponían rigideces de tal

importancia que hacían totalmente inviable le necesaria flexibilidad189.

Además del análisis que hace Keynes de los efectos que una reducción de los

salarios nominales produciría en cada una de las variables independientes de su

interpretación del sistema económico (adversos en la propensión marginal a consumir, y en

la eficacia marginal del capital y favorables, a la baja, en la tasa de interés)190, Joan

Robinson aporta algo importante sobre la cuestión:

“La teoría ortodoxa, que Keynes atacaba, sostenía que una reducción de las tasas

de salarios monetarios implicaba una reducción de los salarios reales, y que una

reducción de los salarios reales conduciría a un incremento del empleo. El argumento de

Keynes era muy diferente del que después han elaborado inadecuadamente los keynesianos

bastardos; porque, según éstos, las tasas de salarios monetarios son rígidas por razones

institucionales. El argumento (de Keynes) se fundaba en que, si durante una depresión se

consiguiera reducir los salarios, la situación empeoraría porque ello conduciría a una

disminución de precios y a expectativas de caídas posteriores que desanimarían la

189
Jacob Viner, Mr. Keynes on the Causes of Unemployment, Quarterly Journal of Economics, 51, noviembre
de 1936, pp. 147-167.
190
John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, op. cit., pp. 247-260.

168
inversión; por otra parte, la caída del valor monetario de las acciones reduciría la

disponibilidad del crédito y pondría a los bancos en peligro de quiebra”191.

El tema, central en la construcción de la economía política keynesiana, convocó a

opinar a importantes economistas keynesianos, como Lawrence R. Klein, Abba P. Lerner y,

más recientemente, Hyman Minsky; es éste, el espacio adecuado para evocar algunas de sus

reacciones:

“El profesor Viner concluyó que la única diferencia entre Keynes y los economistas

clásicos, con respecto a temas como la oferta de mano de obra y las tasas de salarios,

consistió en la negación previa por parte de Keynes de que una reducción de los salarios

monetarios reduciría el desempleo. Viner fue uno de los primeros críticos que puso en

duda la habilidad de Keynes en continuar la correlación clásica entre las reducciones de

salarios reales y el desempleo. Viner creyó que Keynes no había refutado en realidad a los

economistas clásicos sino que simplemente había indicado que las reducciones a los

salarios monetarios podrían conducir a expectativas adversas y a un comportamiento

rígido de la inversión. En realidad, Keynes permitió a los economistas demostrar más que

esto, fundamentalmente que el mecanismo clásico no es la palanca automática que se

pensaba que era”192.

“Si un hombre no está dispuesto a aceptar un salario real menor, entonces es un

desocupado voluntario, y Keynes no se ocupa en absoluto de él. Pero hay millones de

personas que están desocupadas según la definición de Keynes pero que caen fuera de la

definición clásica de desocupación, y éstas crean uno de los más apremiantes problemas

sociales modernos. Éstos están dispuestos a trabajar por menos del salario real actual –

191
Joan Robinson, Herejías económicas, op. cit., pp. 118-119.
192
Lawrence R. Klein, La revolución keynesiana, Trillas, México, 1983, pp.113-114.

169
estarían dispuestos a trabajar a cambio del salario monetario actual incluso si el costo de

la vida aumentara un poco-, sin embargo, no pueden encontrar trabajos. ¿Qué determina

el número de personas en una sociedad que se encuentran en esta posición? O, para hacer

la pregunta de otra manera ¿qué determina el número de personas que encuentran

ocupación? La negativa clásica a considerar a estos hombres como realmente

desocupados involuntarios se resuelve a sí misma en una receta para encontrarles

ocupación. Sólo necesitan aceptar salarios menores y encontrarán trabajo. Keynes hace

objeciones a este procedimiento de los economistas sobre dos bases separadas. Su primera

objeción se refiere a la base práctica de la inutilidad de dar consejos que sabemos que no

se aceptarán, incluso si son buenos consejos. Es tiempo de que los economistas que desean

dar consejos prácticos a los estadistas comprendan que los salarios monetarios son

rígidos, que los trabajadores, de hecho, rehusarán reducir los salarios monetarios. Pero la

principal objeción de Keynes consiste en la negativa de la teoría que se expone como base

para el tratamiento. Si se reducen los salarios monetarios, no se deriva de esto

necesariamente que habrá algún aumento en la ocupación”193.

“En opinión de Viner, la teoría de Keynes es en esencia el modelo marshaliano al

que se agrega una especificación precisa del modo en que se determina la velocidad.

Similar a la de Viner es la interpretación de la Teoría general que hace Hicks en ´Mr.

Keynes and the Classics´, donde afirma que “su teoría (la de Keynes) es difícil de

distinguir de las teorías marshallianas revisadas y modificadas que, como hemos visto, no

son nuevas”. La repulsa de Keynes a la interpretación de Viner no deja lugar a

ambigüedades. Keynes escribió: “No puedo estar de acuerdo con la interpretación de

193
Abba P. Lerner, La teoría general (1936), en Robert Lekachman, Teoría general de Keynes. Informes de
tres décadas, op. cit., pp. 217-218.

170
Viner; estoy convencido que los teóricos monetarios que tratan de abordar a la demanda

de dinero de esa manera (la de Viner) andan totalmente sobre la pista falsa”194.

Durante los años sesenta, el pensamiento conservador abandonó el propósito de

incorporar a un Keynes desfigurado, con perversiones como las descritas, a sus filas, para

optar por el camino, más contundente y expedito, de enfrentarlo directamente. El

orquestador en jefe de dicho enfrentamiento fue Milton Friedman. “A principios de la

década de 1960, Friedman había completado casi su retorno al fundamentalismo del libre

mercado, proclamando que la Gran Depresión no vino dada por un mal funcionamiento de

los mercados sino del gobierno, y recurriendo a tal fin a argumentos que resultaban

resbaladizos y que, yo diría, rayaban en la deshonestidad académica. En cualquier caso, el

hecho de que el gran economista que era Friedman se sintiera compelido a entrar en

juegos de prestidigitación intelectual revela por sí mismo hasta qué punto el

fundamentalismo del libre mercado resultaba una poderosa tentación. [...] En una primera

fase, los intelectuales conservadores eran, con pocas excepciones, profesores

universitarios que casualmente resultaron ser o decidieron hacerse conservadores. Así,

Milton Friedman, por citar el ejemplo más revelador, fue en sus inicios un economista

cuyas tesis sobre el comportamiento de los consumidores, las fuerzas monetarias y la

inflación se ven aceptadas y reconocidas en nuestros días por la inmensa mayoría de los

economistas, sin que importe cuál sea su filiación política. En estas circunstancias,

Friedman habría obtenido el premio Nobel de Economía cualquiera que hubiese sido la

opción política por la que se hubiera decantado”195. Nacido el 31 de julio de 1912, en

Nueva York, de padres provenientes de Cárpato-Rutenia (que terminó siendo parte de la

194
Hyman Minsky, Las razones de Keynes, op. cit., p. 66.
195
Paul Krugman, Después de Bush, op. cit., pp. 133-135.

171
Unión Soviética), este notable economista fue alumno, entre otros, de Jacob Viner, en la

Universidad de Chicago; Milton Friedman complementó sus conocimientos sobre

estadística matemática bajo la conducción de Harold Hotelling, durante una estancia en la

Universidad de Columbia; en 1935 trabajó en el Comité Nacional de Recursos (una

institución del Nuevo Trato), en Washington; fue asistente de Simón Kuznets en el National

Bureau of Economic Research, durante 1937. Entre 1941 y 1943 trabajó en el

Departamento del Tesoro de los EUA, y en los dos años siguientes en la Universidad de

Columbia; en 1946 aceptó sustituir, como profesor de teoría económica en la Universidad

de Chicago, a Jacob Viner (quien marchó a la Universidad de Princeton), trabajo que

combinó con una investigación realizada, de nueva cuenta, en el National Bureau of

Economic Research, donde conoció a Anna J. Schwartz, con quien más tarde escribiría su A

Monetary History of the United States, 1867-1960. En 1950 fue consultor de la agencia

administradora del Plan Marshall, en París. En 1964 fue asesor económico del senador

Goldwater, y durante 1968 formó parte de un comité de asesores económicos en la

campaña de Richard Nixon. Después de 1977, durante los otoños y los inviernos, se

desempeñó como investigador principal en la Institución Hoover de la Universidad de

Stanford196.

Esta apretada autobiografía, tiene la cualidad suplementaria, y más que conveniente,

de ocultar los años de asesoría al criminal gobierno del usurpador golpista, general Augusto

Pinochet, así como la provisión, desde la Universidad de Chicago y/o desde su sucursal

latinoamericana, la Universidad Católica de Chile, de los principales gestores económicos

de dicho gobierno, promotores incansables, en Chile y, más tarde, en Bolivia (de igual

196
Milton Friedman, Biografía, en Los premios nobel de economía 1969-1977, Lecturas del Trimestre
Económico 25, FCE, México, 1978, pp. 309-312.

172
forma, después de un golpe militar), de medidas brutalmente impopulares e

invariablemente represivas de las organizaciones sociales197. También oculta el carácter

ideológico, de extremo conservadurismo, con el que la Institución Hoover se ha

comprometido históricamente198.

No es casual, ni mucho menos, que una parte significativa de los esfuerzos

intelectuales de Friedman se enderezaran en el propósito de proponer ciertos ajustes a la

curva de Phillips199, sobre la base de una tasa natural de desocupación, de imposible

compresión (aunque de magnitud variable), con la que –en el largo plazo- la curva de

Phillips cambiaría su pendiente negativa, para adoptar una forma vertical. Una tercera

etapa, acompañada de una segunda metamorfosis –apreciable particularmente en la primera

mitad de los años setenta, con la impronta de la estagflación-, se caracteriza por un

comportamiento simultáneo al alza de las tasas de inflación y desocupación, con lo que la

curva de Phillips adopta una pendiente positiva (ver las gráficas 1A, 1B y 1C).

Para Friedman, la hipótesis central de la curva de Phillips, la de una relación inversa

entre inflación y desempleo, no supera la prueba ácida de los datos empíricos o, en su caso,

no lo hace de manera perdurable. Como se verá más adelante, esta deficiencia, la falta de

eficacia explicativa de la versión estándar de la curva de Phillips, se convierte en la base del

examen friedmaniano de la relación entre inflación y empleo.

197
Cfr. Naomi Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Paidós, Barcelona, 2007,
pp. 109-176.
198
Como muestra recentísima de tal compromiso, consúltese el texto de John B. Taylor, Getting Off Track.
How Goverment Actions and Interventions Caused, Prolonged, and Worsened the Financial Crisis, Hoover
Intitution Press, Stanford University, 2009.
199
“Representación gráfica de las tesis planteadas en 1957 por el economista británico A. W. H. Phillips,
consistentes en que la reducción de las altas tasas de inflación, solamente puede lograrse con un aumento
considerable del desempleo”, Ramón Tamames, Diccionario de economía, Alianza Editorial, Madrid, 1988,
p. 84.

173
El punto de partida es la existencia de una suerte de desempleo irreprimible, la tasa

natural de desempleo, que estará presente frente a cualquier nivel de inflación (de ahí la

forma vertical que adopta la curva en este primer ajuste), y que es el resultado imprevisto y

lamentable de la intervención económica gubernamental, ya para promover una política

económica tendente a alcanzar el pleno empleo, ya para crear instituciones propias del

Estado de bienestar que provean del seguro del desempleo y que fijen un mínimo salarial

rígido; es decir, resistente a la baja.

En la elaboración correspondiente a su tasa natural de desempleo, Friedman ataca la

idea relativa a la presencia de algunos espíritus animales, como la ilusión monetaria y la

disposición colectiva a buscar la equidad, que no toman sitio alguno en sus “aportaciones”.

Es conveniente conocer, en este asunto, la posición de dos reconocidos autores:

“Son varias las razones por las que la teoría de la tasa natural no funciona. La

determinación de los salarios y los precios presupone todo tipo de consideraciones sobre

la ilusión monetaria y la equidad. Estas consideraciones se oponen a las suposiciones de la

teoría de la tasa natural. No deberíamos aceptarla sin espíritu crítico”200.

Desde el punto de vista teórico, la aportación de Friedman, si así se le puede llamar,

carece de originalidad, por cuanto no hace sino actualizar la añeja propuesta neoclásica que

percibe a las rigideces, institucionales o de otro tipo (los sindicatos, por ejemplo), que

impiden la reducción de los salarios, primero, monetarios y, después, reales, como las

variables explicativas de la inviabilidad del pleno empleo201.

200
George A. Akerlof y Robert J. Shiller, Animal Spirits, op. cit., p. 192.
201
Al respecto, John K. Galbraith nos recuerda que: “También aquí la sabiduría convencional convierte a
menudo la vigorosa defensa de la originalidad en un sustituto de la misma originalidad”; cfr. La sociedad
opulenta, op. cit., p. 32.

174
Como los clásicos, pero en una versión de mayor conservadurismo, Friedman

encuentra la “solución”, por la vía de desaparecer, en lo particular, todas y cada una de las

rigideces; y, en lo general, impidiendo la gestión económica gubernamental. Que, de dicha

solución, derive una mayor desigualdad social es, para este autor, un asunto secundario.

Hasta la llegada de Margareth Tatcher al poder en el Reino Unido, en 1979, el derrumbe de

las rigideces propuesto por Friedman, sólo pudo establecerse en países no desarrollados,

Chile y Bolivia, víctimas de gobiernos dictatoriales, y por medios brutalmente violentos.

Con Friedman, se origina un sólido cuerpo de malas ideas, con un extraordinario

poder destructivo, que descansan en una deliberada falta de realismo en los supuestos, en

una definición de la disciplina económica parcial, en el mejor de los casos; equivocada, en

el peor, que encuentra en la escasez a la variable explicativa del accionar económico y que,

por ello, se encuentra estructuralmente imposibilitada para dar cuenta de los problemas de

realización que originan las crisis de abundancia. Estas ideas perniciosas ignoran la

presencia de los espíritus animales, otorgando cualidades a los agentes económicos –como

el conocimiento pleno de una suerte de información perfecta- que simplemente no existen;

suponen, también, que las decisiones resultantes de ese utópico conocimiento siempre son

racionales e incentivadas por motivos exclusivamente económicos, cuando la realidad nos

enseña la existencia de una cantidad enorme de decisiones irracionales, cuyos motivos –

igual que en algunas decisiones racionales- son distintos a los económicos. La llamada

hipótesis de las expectativas racionales, y las alegremente denominadas teorías, ya sean del

ciclo económico real, o de los mercados financieros eficientes, cuyas limitaciones y

notables fracasos son, hoy, más que evidentes, son herederas legítimas del errado

conservadurismo de Milton Friedman.

175
1A
Curva de Phillips
Estándar

I
n S
f a
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a a
c r
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ó o
n s
0 Desempleo

1B
Curva de Phillips
Ajustada por la "tasa
natural de desempleo"

I
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n s
0 Desempleo

1C
Curva de Phillips
Ajustada por la "Estagflación"

I
n S
f a
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c r
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n s
0 Desempleo

176
En la comprensión de la elaboración friedmaniana, resulta fundamental el análisis

del concepto tasa natural de desempleo: “... un término que introduje en recuerdo de la

“tasa natural de interés” de Wicksell, no es una constante numérica sino que depende de

factores “reales” por oposición a los monetarios: La eficacia del mercado de mano de

obra, el grado de competencia o monopolio, las barreras o los estímulos para el trabajo en

diversas ocupaciones, etcétera. Por ejemplo, la tasa natural ha venido aumentando

claramente en los Estados Unidos por dos razones principales. Primero, las mujeres, los

adolescentes y los trabajadores a tiempo parcial han venido constituyendo una fracción

creciente de la fuerza de trabajo. Estos grupos son más móviles en el empleo que otros

trabajadores, pues entran al mercado de mano de obra y salen de él, cambiando de empleo

con mayor frecuencia. Por lo tanto, tienden a experimentar tasas medias de desempleo más

altas. Segundo, el seguro de desempleo y otras formas de asistencia a los desempleados se

han extendido a otros grupos de trabajadores, y su duración y cuantía se han vuelto más

generosas. Los trabajadores que pierden sus empleos sienten menos presión para buscar

otro trabajo, tenderán a esperar durante más tiempo con la esperanza, generalmente

justificada, de que los vuelvan a llamar a su empleo anterior, y pueden ser más selectivos

en las alternativas que consideren. Además, la existencia del seguro de desempleo vuelve

más atractiva la entrada a la fuerza de trabajo en primer lugar, de modo que puede haber

estimulado el crecimiento ocurrido en la fuerza de trabajo como porcentaje de la

población y también el cambio de su composición”202.

No debe sorprender que, en su irredento conservadurismo, Friedman responsabilice

a los esfuerzos de política económica por alcanzar el pleno empleo y a la institución reina

202
Milton Friedman, Inflación y desempleo (Conferencia en homenaje a Alfred Nobel, 13 de diciembre de
1976), en Los premios nobel de economía, op. cit., p. 322.

177
del Estado de Bienestar, el seguro de desempleo que, como ya se ha visto, significó el

mejor argumento para la aceptación de dicho Estado, de la existencia y expansión de su

tasa natural de desempleo.

La conclusión a la que arriba, desde esta elaboración, es que la intervención del

gobierno, y las instituciones que la hacen posible, tienden a producir efectos adversos a sus

propios propósitos. De acuerdo con la llamada sabiduría económica convencional, las

rigideces institucionales que impiden la flexibilización –siempre a la baja- de los salarios

(normas que establecen salarios mínimos, sindicatos, presupuestos de pleno empleo y, muy

especialmente, seguro del desempleo), se convierten en las responsables directas de la

existencia del desempleo, como problema estructural. ¿Qué hacer? Desde su perspectiva,

que es la misma del pensamiento clásico, algo muy sencillo: remover a las instituciones que

actúan como fuente de las rigideces y permitir que los trabajadores se dispongan a aceptar

salarios monetarios menores que, a la muy corta, se convertirán en salarios reales

menores, con los que volverá a crecer la ocupación y... la desigualdad social. Nada más ni

nada menos que el expediente económico del ideario del conservadurismo radical.

El incremento del desempleo, escoltado por el incremento de la tasa de inflación,

del todo visible durante la primera mitad de los años setenta, de la que deriva una curva de

Phillips doblemente ajustada, con pendiente positiva, y que para muchos autores fue el

resultado de los notables aumentos en los precios del petróleo durante 1973, en la lectura de

Friedman es un fenómeno (el de la estagflación) que antecede a dichos aumentos, al menos

en la forma que analiza a algunas economías desarrolladas, en una considerablemente larga

etapa, en la que las variaciones en desocupación e inflación, especialmente durante los dos

primeros quinquenios, se sintonizan bastante menos de lo que Milton Friedman quisiera, tal

como puede apreciarse en el siguiente cuadro:

178
CUADRO 21

INFLACIÓN Y DESEMPLEO EN SIETE PAÍSES, 1956-1975

PROMEDIOS PARA QUINQUENIOS SUCESIVOS.

QUINQUENIOS Francia Alemania Italia Japón Suecia Reino EUA Promedio

Unido Ponderado

1956-1960 5.6, 1.1 1.8, 2.9 1.9, 1.9, 3.7, 2.6, 2.0, 2.8, 3.0

6.7 1.4 1.9 1.5 5.2

1961-1965 3.7, 1.2 2.8, 0.7 4.9, 6.2, 3.6, 3.5, 1.3, 3.7, 2.0

3.1 0.9 1.2 1.6, 5.5

1966-1970 4.4, 1.7 2.4, 1.2 3.0, 5.4, 4.6, 4.6, 4.2, 4.1, 2.2

3.5 1.1 1.6 2.1 3.9

1971-1975 8.8, 2.5 6.1, 2.1 11.3, 11.4, 7.9, 13.0, 6.7, 9.3, 2.9

3.3 1.4 1.8 3.2 6.1

Nota: Cada celda reporta dos porcentajes separados por una coma; el primero

corresponde a la tasa de cambio de los precios, en porcentaje anual, y el segundo, consigna

el desempleo como porcentaje de la fuerza de trabajo.

Fuente: Milton Friedman, Inflación y desempleo, op. cit., p. 326.

Friedman admite que Italia y Suecia escapan a lo que él denomina un patrón

general, de inflación con desempleo; según su apreciación del período, de aparición previa

al incremento de los precios internacionales del petróleo. Sin embargo, antes del último

quinquenio, y con sus propios datos, dicho patrón simplemente no es evidente.

179
El papel decisivo del dinero en el funcionamiento del sistema económico es otra

cuestión central para Friedman: “En su tarea de mostrar la importancia del dinero,

Friedman desencadenó los debates monetaristas-fiscalistas de los sesenta y setenta,

llegando a afirmar que lo único importante para la determinación del ingreso nominal es

el dinero y que la inflación es un fenómeno esencialmente monetario”203.

A su conservadurismo se deben polémicas aportaciones: “La desregulación

económica, el ejército voluntario y el impuesto al ingreso negativo como mecanismo

redistribuidor, existiendo diferencias respecto a su instrumentación y alcances. Otras

propuestas, como los vales educacionales y la abolición de los salarios mínimos y del

seguro social están sujetos a controversias, debido a que la información asimétrica y las

normas sociales restringen las bondades del individualismo de mercado, por lo que es

también dudoso que la privatización de la salud sea mejor alternativa”204.

A los esfuerzos de Friedman, especialmente los enderezados en afirmar que los

agentes económicos gozan de la capacidad para adelantar los efectos que la política

económica (especialmente la monetaria) tendrá en ingresos y precios, casi naturalmente

siguió la construcción del cuerpo teórico conocido como de expectativas racionales, en el

que tal capacidad extendía considerablemente el ámbito de las previsiones. A ningún

economista escapa la enorme deuda que tal teoría contrajo con Milton Friedman. Ésta es la

historia:

“... la teoría de las <<expectativas adaptativas>> de Friedman no fue lo suficientemente

lejos para una generación de economistas con formación matemática, como su antiguo

estudiante Robert Lucas. Friedman tiene agentes que aprende de (y adaptan su

203
Eliézer Tijerina G., Los Nobel de economía, Gran Comisión de la Cámara de Diputados LVI Legislatura,
México, 1997, p. 100.
204
Ídem., p. 102.

180
comportamiento a) las señales de cambio que emiten los mercados, pero con un desfase

inevitable porque los procesos de mercado tienen lugar en el tiempo. Pero los agentes

racionales tienen que poder hacerlo mejor que eso. Ellos ya tendrían que haber aprendido

de la experiencia del pasado (de la suya y de la de cualquier otro) que determinados tipos

de acontecimientos provocarán determinados resultados. En ese caso, la distinción que

hace Friedman entre el corto plazo, en el que los agentes pueden ser engañados, y el largo

plazo, en el que saben lo que cabe esperar, resulta superflua. El comportamiento

adaptativo es una descripción del comportamiento irracional si los agentes ya saben lo que

cabe esperar.

Así, en la década de 1980, la teoría de las expectativas adaptativas fue seguida por

la teoría de las expectativas racionales. Los teóricos de las expectativas racionales han

llevado el escepticismo de Friedman acerca de la dirección del ciclo económico a su

conclusión lógica. Si la política monetaria se utiliza sistemáticamente según los principios

keynesianos, se podrá prever y no tendrá ningún efecto real, ¡ni siquiera a corto plazo!

Entonces la política de estabilización sólo será posible si el gobierno tuviera mejor

información que los agentes privados. Al eliminar el <<corto plazo>>, la nueva

macroeconomía clásica suprimió el estrecho intervalo de tiempo que el monetarismo de

Friedman había dejado para que funcionase la política keynesiana. En palabras de Solow,

la revolución de las expectativas racionales eliminó <<todas las escapatorias que

proporcionaban algún margen “borroso” en el tramo vertical de la curva de Phillips a

largo plazo>>”205.

La hipótesis de expectativas racionales, al apoyarse en el supuesto que los agentes

económicos pueden hacer pronósticos que se apoyan en la práctica evaporación de las

205
Robert Skidelsky, El regreso de Keynes, op. cit., 133.

181
imperfecciones de la información disponible, construye otro supuesto, consistente en la

capacidad de los mismos agentes para anticiparse a las medidas de política económica y

actuar en consecuencia. La historia económica, la experiencia, ha demostrado que dicha

teoría, que explica la prolongación de la fase descendente del ciclo económico a partir de la

desorientación de los trabajadores y –en general- de todos los agentes por adoptar

percepciones no racionales sobre el comportamiento del sistema económico, carece de

sentido práctico y enfrenta dificultades invencibles para explicar recesiones prolongadas, si

es que tiene alguna eficacia explicativa en el corto plazo. Parte del falso supuesto clásico,

que explica a la desocupación como dominantemente voluntaria.

Las expectativas racionales, en realidad, tuvieron una corta vida, en lo fundamental,

por la notable falta de eficacia explicativa, derivada de partir de supuestos irreales:

“Pese a la confianza expresada tan a menudo sobre el buen funcionamiento de los

mercados, existe una gran cantidad de investigaciones que sugieren que una parte de los

inversores no es racional y, si tal es el caso, los precios que aparecen en el mercado no

proporcionan buenas ‹‹direcciones›› acerca de dónde invertir. Durante casi un cuarto de

siglo, que comenzó a principios de los setenta, el pensamiento de la escuela de economía

de las expectativas racionales dominaba la escena económica. Ésta describía al individuo

no sólo como un ser racional, que toma decisiones coherentes, sino también como alguien

capaz de procesar información compleja y asimilar sus nociones esenciales. Los

defensores de esta escuela se fijaban en modelos que partían de la base de que todos

disponían de la misma información, sin ningún tipo de desigualdad. En realidad, pocas

personas tenían suficientes nociones de matemáticas para procesar la amplitud de

conocimientos relacionados con la decisión de inversión más sencilla. (Los teóricos de las

expectativas racionales admitían dicho razonamiento, si bien afirmaban que, de alguna

182
manera, los individuos actuaban como si los hubiesen procesado). No contentos con

defender la racionalidad de los individuos, describían la economía, a su vez, como un

mecanismo racional, en el cual, de forma milagrosa, los precios reflejan al instante todo lo

conocido en el día y los precios del día manifiestan un conjunto coherente de expectativas

relacionadas con los precios que se darán en un futuro infinitamente lejano. La agenda

política de dicho trabajo se ha mostrado con frecuencia de una manera prácticamente

evidente: si las expectativas racionales estaban en lo cierto, los mercados eran eficaces por

sí mismos y sería necesaria muy poca intervención estatal, si es que se necesitaba alguna.

Me complace anunciar que el momento glorioso del movimiento de las expectativas

racionales ha tocado a su fin. Aunque su pensamiento sigue ejerciendo una inmensa

influencia, ha sido objeto de tres ataques amplios, cada uno de ellos devastador a su

manera. Todas las conclusiones de los teóricos de las expectativas racionales –en especial,

las relacionadas con la eficiencia de los mercados- caen por su propio peso si gente

diferente sabe o cree cosas distintas, como realmente ocurre. Se supone que los mercados

dirigen la economía a su eficacia, como guiada por una mano invisible. Las dificultades

sufridas como consecuencia de los felices noventa parecen indicar que la mano invisible no

funciona demasiado bien y las teorías de la información asimétrica ayudan a obtener una

explicación al respecto. El descontrol de los mercados, con numerosos conflictos de

intereses, conduce a la ineficacia de su comportamiento. Nunca podremos acabar con los

problemas, pero sí al menos mitigarlos. En los noventa, los empeoramos.

Un segundo ataque, relacionado con lo anterior, se fijaba en el hecho de que individuos

diferentes poseen creencias distintas acerca del mundo y su funcionamiento (para que las

conclusiones de las expectativas racionales funcionasen, no sólo todos debían poseer

expectativas racionales, sino que además debían creer que todos, a su vez, las poseían).

183
Sin embargo –como los desacuerdos que estamos presentando demuestran con suficiente

amplitud- no existe información suficiente sobre lo que todos consideran, de común

acuerdo, un modelo único del mundo. La tercera línea de ataque, liderada por los

psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman (este último recibió el Premio Nobel de

Economía en 2002), ponían el acento en las capacidades de procesamiento de la

información de los individuos, así como su racionalidad. Tversky y Kahneman demostraron

la existencia de una irracionalidad exorbitante; llegaron incluso a identificar modelos de

conducta en las irracionalidades de los individuos: modelos lo suficientemente claros como

para ser estudiados por científicos sociales”206.

La política y el acceso pleno a la información, se incorporaron, también, a los

supuestos de esta hipótesis:

“Pero la historia de la REH (Hipótesis de Expectativas Racionales, por sus siglas en

inglés) se encuentra conectada también con el carácter democrático del sueño americano.

Los mercados, que representan el veredicto de millones de individuos que persiguen su

propio interés, saben más y mejor que los gobiernos. El consumidor americano es el rey. A

los partidarios de la REH les gusta subrayar el carácter democrático de la reivindicación

de la racionalidad. Se basa en la ley de los grandes números, la cual nos dice que cuanto

mayor sea el grupo más probable es que la elección media sea la óptima. No hay manera

de que los gobiernos puedan superar la sabiduría de las masas.

Sin embargo, aunque los economistas de la REH se ocupaban de los mercados sin trabas

de ninguna clase, la REH es también la respuesta al sueño del planificador central.

Piénsese en aquellos gigantes ejércitos de programación lineal que diseñaron los

matemáticos soviéticos en la década de 1960, en el intento de hacer que fuese racional la

206
Joseph E. Stiglitz, Los felices noventa, Taurus, Colombia, 2003, pp. 194-196.

184
planificación central. El supuesto crítico de la REH no es la competencia perfecta, sino la

información perfecta. Si el Estado soviético hubiese sido capaz de concentrar la

información y el poder de la informática que ahora se dice que se encuentra dispersa en

los mercados libres, no habría existido ninguna razón técnica por la que sus elecciones no

hubieran sido perfectamente racionales del modo que postula la REH. Un solo guardián

platónico no cometería ningún error”207.

Ya en el despunte del tercer milenio, un par de relevantes autores acudieron a

proporcionar nuevas dosis de tranquilidad, ahora sobre la eficacia de la macroeconomía

para someter a rígidos controles al ciclo económico, tal como nos lo presenta Paul

Krugman:

“En 2003, Robert Lucas, catedrático de la Universidad de Chicago y galardonado en 1995

con el premio Nobel de Economía, pronunció el discurso presidencial durante la

convención anual de la Asociación Americana de Economía. Después de explicar que la

macroeconomía había surgido como respuesta a la Gran Depresión, declaró que había

llegado la hora de que aquella disciplina siguiera avanzando: ‹‹a efectos prácticos, el

problema principal de la depresión-prevención –declaró- se ha resuelto››.

Lucas no afirmaba que el ciclo económico, la alternancia irregular de recesiones y

expansiones que hace al menos un siglo y medio que nos acompaña, hubiera acabado. Sí

que sostenía, en cambio, que ese ciclo estaba bajo control, hasta el punto que los

beneficios de seguir domándolo serían triviales: los beneficios que tendría en el bienestar

de la población suavizar las fluctuaciones de la economía, dijo, serían triviales. Había

llegado el momento de centrarse en cuestiones como el crecimiento económico a largo

plazo.

207
Robert Skidelsky, El regreso de Keynes, op. cit., 56.

185
Lucas no era el único que aseguraba que el problema de la depresión-prevención

estaba resuelto. Un año más tarde, Ben Bernanke, un antiguo catedrático de Princeton que

había pasado a formar parte de la dirección de la Reserva Federal, de la cual no tardaría

en ser nombrado presidente, pronunció un discurso de un optimismo sensacional titulado

‹‹La gran moderación ›› en el que, como ya había hecho Lucas, sostenía que la política

macroeconómica moderna había resuelto el problema del ciclo económico (o, más

concretamente, había reducido ese problema tanto que ahora era más una molestia que un

problema prioritario).

Si echamos la vista atrás unos pocos años, y teniendo en cuenta además que gran

parte del mundo está sumido en una crisis económica y financiera que recuerda demasiado

a la de los años treinta, estas palabras optimistas parecen de una petulancia

extraordinaria. Lo más curioso de ese optimismo era que, durante los años noventa del

pasado siglo, varios países, y entre ellos Japón, la segunda economía mundial en

importancia, asistieron a la reaparición de unos problemas económicos que recordaban a

los años de la Gran Depresión.

Sin embargo, en los primeros años de esa década, este tipo de problemas típicos de

una recesión no habían llegado todavía a Estados Unidos, al tiempo que la inflación, el

azote de los años setenta, parecía, por fin, controlada. Además, las noticias económicas

relativamente tranquilizadoras se enmarcaban en un contexto político que alentaba el

optimismo: el mundo parecía un lugar más favorable para las economías de mercado de lo

que había sido en los últimos noventa años”208.

En realidad, mucho antes de los discursos de Lucas, que es autor destacado y

“original” de la hipótesis de expectativas racionales, y de Bernanke, la economía mundial

208
Paul Krugman, El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual, op. cit., pp. 13-14.

186
se había encaminado por la ruta del liberalismo económico, bajo el utópico supuesto que

los mercados competitivos, autorregulados, controlarían al ciclo económico y, casi por

decreto, evaporarían a la incertidumbre. Es aquí conveniente precisar la explicación

keynesiana del término incertidumbre, y su inamovible presencia en el comportamiento del

sistema económico:

“Permítaseme explicar que, con conocimiento “incierto”, no quiero simplemente

distinguir lo que se conoce como cierto de lo que sólo es probable. En este sentido, el juego

de la ruleta no está sujeto a la incertidumbre; ni tampoco lo está la perspectiva de que se

emita un bono de la Victoria. Asimismo, la esperanza de vida es sólo ligeramente incierta.

Incluso el clima es moderadamente incierto. El sentido en que utilizo esa palabra es aquel

en que la perspectiva de una guerra europea es incierta, o en que lo son el precio del cobre

y la tasa de interés de aquí a veinte años, o la obsolescencia de un nuevo invento, o bien la

posición de los dueños de la riqueza privada en el sistema social de 1970. Al respecto no

hay base científica sobre la cual se forme una probabilidad calculable, cualquiera que ésta

sea. Simplemente no lo sabemos. Y sin embargo, la necesidad de acción y de decisión nos

impulsa, a los hombres prácticos, a hacer todo lo posible por pasar por alto este

embarazoso hecho y a comportarnos exactamente como lo haríamos si, respaldándonos,

hubiera un buen cálculo benthamita de una serie de ventajas y desventajas futuras, cada

cual multiplicada por su apropiada probabilidad en espera de ser sumada”209.

La recurrente presencia de la incertidumbre, agudizada en momentos de crisis, y la

recurrencia del comportamiento económico que pretende evadirla, son constantes en la

historia económica, aunque la segunda no pueda sobreponerse a la primera:

209
Citado en Hyman P. Minsky, Las razones de Keynes, op. cit., p. 76.

187
“Toda referencia de Keynes a un equilibrio se interpreta mejor como referencia a

un grupo transitorio de variables de sistema hacia el cual se orienta la economía; pero,

contrastando con Marshall, a medida que la economía se desplaza hacia ese grupo de

variables sistemáticas, se producen cambios determinados endógenamente que afectan el

grupo de variables de sistema hacia el que tiende la economía. La analogía es la de un

blanco en movimiento, que nunca se alcanza sino por un breve instante, en caso de

alcanzarse. Cada estado, que sea de auge, crisis, deflación de la deuda, estancamiento o

expansión, es transitorio. En opinión de Keynes, durante cada equilibrio de periodo corto,

hay procesos en acción que “desequilibrarán” el sistema. La estabilidad no sólo es una

meta inalcanzable, sino que siempre que se logra algo cercano a la estabilidad, se echan a

andar procesos de desestabilización. Keynes no concibió un modelo de equilibrio simple de

dos estados (de corto y largo plazos) como el de Marshall. En el modelo de Keynes, el

sistema es capaz de estar en uno de diversos estados, cada uno de los cuales lleva en sí el

germen de su propia destrucción.

Así, la incertidumbre interviene y atenúa la importancia de las funciones de

producción y las funciones de preferencia estable de la teoría convencional como

determinantes del comportamiento de un sistema. La incertidumbre interviene

marcadamente en la determinación del comportamiento en dos puntos: en las decisiones de

cartera por parte de las familias, las empresas o las instituciones financieras y en los

criterios sustentados por las empresas, por los dueños de bienes de capital y por los

banqueros ante las empresas, respecto de los rendimientos futuros de los bienes de capital.

188
Al interpretar la Teoría general deberá tenerse presente que Keynes primeramente fue

autor de Un tratado sobre probabilidad”210.

210
Hyman Minsky, Las razones de Keynes, op. cit., pp. 71-77.

189
DESARMANDO EL NUEVO TRATO.

“Hemos tenido que enfrentarnos a los tradicionales enemigos de la paz social: los

monopolios empresariales y financieros, los especuladores, los banqueros sin escrúpulos,

aquellos que promovieron los antagonismos de clase o el secesionismo y quienes se

enriquecieron a costa de la guerra. Todos habían llegado a pensar que el gobierno de

Estados Unidos no era más que un mero instrumento al servicio de sus propios intereses.

Ahora sabemos que un gobierno en manos del capital organizado es igual de peligroso que

un gobierno en manos del crimen organizado. Nunca antes habían estado esas fuerzas tan

unidas contra un candidato como lo están en la actualidad. Su odio hacía mí es unánime y

lo asumo satisfecho”211.

Si la incertidumbre reinante impide la correspondencia entre las expectativas y los

resultados, entre otras cosas, por no ser idénticos los mejores intereses de los participantes

en los mercados y la percepción de sus mejores intereses, la idea consistente en que no hay

divergencia entre el ex ante y el ex post carece de racionalidad y de sentido práctico. Este

asunto se vuelve fundamental a la hora de analizar el comportamiento de los mercados

financieros, no como determinado por leyes atemporales y siempre válidas, sino como un

proceso histórico impredecible y distante de cualquier forma de equilibrio; en realidad, las

decisiones de compra-venta, en dichos mercados, se basan en expectativas sobre los precios

futuros, y los precios futuros, al tiempo, dependen de las decisiones presentes de compra y

venta.212

211
Franklin D. Roosevelt, Discurso de campaña, en la víspera de las elecciones de 1936, en el Madison
Square Garden de Nueva York, citado en Paul Krugman, Depués de Bush, op. cit., p. 71.
212
Cfr. George Soros, El Nuevo paradigma de los mercados financieros. Para entender la crisis económica
actual, Taurus, México, 2008, pp. 94-95.

190
El abandono, en ocasiones pausado y en otras de velocidad alucinante, de las formas

diversas de regulación de los mercados financieros, bajo el cobijo de peculiares

creatividades, sean estas los hedge funds o las subcontrataciones que se conocen en la

actualidad como outsourcings, invariablemente ha requerido de la opacidad que originó lo

que Krugman denomina banca en la sombra o el sistema bancario de facto.213

El mayor incentivo para que una parte del capital financiero se aparte de las

regulaciones consiste en la posibilidad de obtener ganancias gracias a la ignorancia de

quienes actuarán como compradores, sean intermedios o finales. Soros pone particular

énfasis en la falibilidad de los mercados financieros, de imposible auto reconocimiento con

la soberbia que les acompaña, y en sus pavorosos efectos:

“En primer lugar, en vez de acertar, los mercados financieros siempre yerran. En

cualquier caso, tienen la habilidad tanto de autocorregirse como de, ocasionalmente,

hacer que sus propios errores se vuelvan realidad por un proceso reflexivo de

autovalidación. De esta manera, parecen tener siempre la razón. Para ser más exactos, los

mercados financieros no pueden predecir con exactitud decaimientos en la actividad, pero

sí causarlos”214.

Los antecedentes del sistema financiero de facto no son, ni con mucho, recientes; se

remontan al pánico bancario de 1907, en los Estados Unidos e incluyen una no tan corta

historia:

“La crisis nació en los trusts, unas instituciones neoyorquinas parecidas a los

bancos y que aceptaban depósitos, pero cuyo propósito inicial era simplemente gestionar

herencias y el patrimonio de clientes acaudalados. Dado que, en principio, solamente

213
Paul Krugman, El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual, op. cit., 163.
214
George Soros, El Nuevo paradigma de los mercados financieros. Para entender la crisis económica
actual, op. cit., p. 118.

191
realizaban operaciones de escaso riesgo, la regulación a la que estaban sujetos los trusts y

los requisitos de reservas y de liquidez que se les exigían eran menores que en el caso de

los bancos nacionales. No obstante, con el boom de la economía durante la primera

década del siglo XX, los trusts se lanzaron a la especulación inmobiliaria y bursátil, un

terreno vedado a los bancos nacionales. Y dado que estaban sujetos a una regulación

menor que los bancos nacionales, los trusts disponían de recursos para ofrecer a sus

depositarios un mayor rendimiento. Sin proponérselo, los trusts se hicieron acreedores de

la sólida reputación que acompañaba a los bancos nacionales pues eran, a ojos de los

depositarios, unas instituciones tan seguras como éstos. De resultas de todo ello, los trusts

crecieron rápidamente: en 1907, el valor total de los activos de los trusts de Nueva York

igualaba la cifra total de activos de los bancos nacionales. Al mismo tiempo, los trusts

rechazaron la oferta de entrar en la Cámara de Compensación de Nueva York, un

consorcio de los bancos nacionales neoyorkinos que garantizaba la solidez de cada uno de

sus miembros, porque, para ello, habrían debido aumentar sus reservas de liquidez, en

detrimento de sus beneficios.

El pánico de 1907 se inició con la caída del Knickerbocker Trust, uno de los

grandes trusts de Nueva York, que quebró después de financiar una operación de

especulación bursátil a gran escala que se saldó con un fracaso. Rápidamente, otros trusts

de Nueva York se encontraron en el ojo del huracán, y los depositarios, asustados,

corrieron a sus oficinas para retirar sus fondos. La Cámara de Compensación de Nueva

York se negó a intervenir y prestar dinero a los trusts, e incluso los que se encontraban en

una situación sólida se vieron seriamente amenazados. En dos días, doce de los trusts más

importantes habían sucumbido. Los mercados crediticios se congelaron y la Bolsa

experimentó una caída en picado, al tiempo que los agentes de Bolsa se veían incapaces de

192
conseguir el crédito necesario para financiar sus operaciones y mientras la confianza en

los negocios se evaporaba [...] A continuación, el país entró en una recesión de cuatro

años durante la cual la producción cayó un 11 por 100 y la tasa de desempleo pasó del 3 al

8 por 100.

En 1913, desapareció el sistema bancario nacional y nació el sistema de la Reserva

Federal, cuyo cometido era obligar a todas las instituciones que aceptaban depósitos a

disponer de unas reservas apropiadas y a abrir sus cuentas a las inspecciones de los

reguladores. Aunque aquel nuevo régimen homogeneizaba y centralizaba las reservas que

los bancos habían de tener, no conjuraba el peligro de un pánico bancario y, a principios

de los años treinta, estalló la crisis bancaria más grave de la historia. La caída de la

economía provocó el hundimiento de los precios: los más perjudicados por esta situación

fueron los granjeros estadounidenses, lo que precipitó una cascada de impagos que

desembocaron en los pánicos bancarios de 1930, 1931 y 1933, que se iniciaron, todos, en

bancos del Medio Oeste antes de extenderse a todo el país. Prácticamente todos los

historiadores de la economía coinciden en que fue precisamente la crisis bancaria lo que

convirtió una seria recesión en la Gran Depresión.

Para responder a aquella situación, se creó un sistema con muchas más garantías.

La Ley Glass-Steagall separó los bancos en dos categorías: bancos comerciales, que

aceptaban depósitos, y bancos de inversión, que no. Los bancos comerciales tenían

claramente delimitados los riesgos que podían asumir; a cambio, podían acceder

fácilmente al crédito de la Reserva Federal (al discount-window, un departamento que se

encarga de atender las peticiones de préstamos a tasas de descuento) y, probablemente lo

que era más importante, sus depósitos estaban garantizados directamente por los

contribuyentes. Los bancos de inversión estaban sujetos a una regulación mucho más

193
estricta, algo que, sin embargo, se consideraba aceptable porque, en tanto que entidades

que no trabajaban con depósitos, en principio no tenían porqué temer a los pánicos

bancarios.

Durante casi setenta años, este nuevo sistema protegió a la economía de las crisis

financieras. Las cosas no siempre fueron bien. Uno de los momentos más recordados se

produjo en los años ochenta, cuando una combinación de mala suerte y malas decisiones

políticas provocó la quiebra de muchas sociedades de ahorro y préstamos, un tipo de

banco que se había convertido en la fuente principal de préstamos hipotecarios”215.

En 1984, Lehman Brothers inventa el producto conocido como auction-rate

security; en él, un individuo hacía un préstamo a largo plazo a la entidad prestataria y ésta

celebraba subastas periódicamente en las que nuevos inversionistas potenciales pujaban por

el derecho a sustituir a los que deseaban retirarse. El tipo de interés resultante de las

subastas se aplicaba a todos los fondos invertidos en ese producto hasta la celebración de

una nueva subasta. El propósito de estos instrumentos era conciliar el deseo de los

prestatarios de lograr una vía segura de financiamiento a largo plazo con el deseo de los

prestamistas de poder acceder en cualquier momento a su dinero; el atractivo residía en que

al comprarlos se obtenía un interés superior al bancario y al ofertarlos se pagaba un interés

menor que por un préstamo bancario a largo plazo, aunque –por ello- no estaban protegidos

por la red de seguridad del sistema bancario. Cuando las subastas dejaron de funcionar,

porque no llegaban nuevos inversionistas y los ya existentes no podían recuperar su dinero,

el sistema se vino abajo, a principios de 2008. Lo que había acontecido, con otro nombre

(el crepúsculo de los trust), cien años atrás, se repetía casi puntualmente.

215
Paul Krugman, El retorno de la economía de la depresión, op. cit., pp. 165-168.

194
En 1999, tras una fuerte presión de los banqueros y de las autoridades del Tesoro, se

abrogó la Ley Glass-Steagall. No es un dato menor el recordar que, desde 1995, Robert

Rubin recibió el nombramiento de secretario del Tesoro; Rubin era banquero, heredero de

Goldman Sachs y, como tal y a despecho del más que visible conflicto de intereses, apoya

activamente el esfuerzo por revocar la ley. El argumento más reiterado en ese propósito,

consistía en considerar a la ley como una clara desventaja de los Estados Unidos frente a

países, como Alemania y Japón, que no contaban con una normatividad que separara a los

bancos de depósitos de los de inversión, en momentos en los que, por obra y gracia de la

globalización, la libre circulación de capitales y la disponibilidad de oportunidades

entendidas como economías de alcance, hacían obsoleta a la ley que establecía esa

separación.216

George Soros, por su parte, propone interpretar a los mercados financieros en tanto

procesos históricos: “La mayoría de los procesos reflexivos implican una interacción entre

los participantes del mercado y los reguladores. Para entender esa interacción, es

importante recordar que los reguladores son tan falibles como los participantes. Los

cambios en el ambiente regulador sitúan cada crisis en un contexto histórico único. Eso es

de por sí suficiente para reclamar que el comportamiento de los mercados se considere un

proceso histórico.

El fundamentalismo de mercado culpa de los fallos del mercado a la falibilidad de

los reguladores y en parte tiene razón. Tanto los mercados como los reguladores son

falibles. Donde se equivocan de plano los fundamentalistas del mercado es a la hora de

reclamar que las regulaciones sean abolidas debido a su falibilidad. Pero

comprenderíamos mejor la realidad si reconociéramos el carácter ideológico del

216
Joseph Stiglitz, Los felices noventa, op. cit., p. 203.

195
fundamentalismo de mercado. El hecho de que los reguladores sean falibles no prueba que

los mercados sean perfectos. Sólo justifica que reexaminemos y mejoremos el ambiente

regulatorio”217.

Krugman reproduce parte del discurso de Timothy Geithner, que en junio de 2008

pronunció en el Club Económico de Nueva York, que resalta el descontrol en los mercados

financieros que habían producido los bancos de facto:

“La estructura del sistema financiero cambió de un modo fundamental durante el

boom, y aumentó espectacularmente la proporción de activos ajenos al sistema bancario

tradicional. Este sistema financiero no bancario creció hasta asumir unas dimensiones

considerables, especialmente en los mercados monetario y de financiación. A principios de

2007, el volumen total de los títulos comerciales respaldados por activos, de los vehículos

de inversión estructurados, de los auction-rate preferentes, de los bonos con opción de

oferta y de los pagarés a la vista de tipo variable era de unos 2.2 billones de dólares. Los

activos financiados a muy corto plazo en repo tripartito sumaban unos 2.5 billones de

dólares. Los activos en hedge funds, unos 1.8 billones de dólares. El balance combinado de

los cinco mayores bancos de inversión del momento era de 4 billones de dólares.

Por su parte, los activos totales de los cinco principales holdings bancarios

estadounidenses a la sazón superaban los 6 billones de dólares, y los activos totales de

todo el sistema bancario sumaban alrededor de 10 billones de dólares

La cantidad de activos relativamente no líquidos y dudosos a largo plazo

financiados por pasivos a muy corto plazo hizo que muchos de los vehículos e instituciones

de este sistema financiero paralelo fueran vulnerables a un pánico clásico, y que no

217
George Soros, El Nuevo paradigma de los mercados financieros, op. cit., p. 119.

196
pudieran beneficiarse, además, de las garantías de que dispone el sistema bancario para

reducir estos riesgos, como los seguros sobre depósitos”218.

La opinión relativa a que la derogación de la Ley Glass Steagall fue un error que

algún efecto tuvo en las burbujas tecnológica (2000) e hipotecaria (2007), es ampliamente

compartida por los economistas de posiciones más progresistas; sin embargo, en la medida

en la actual crisis amenazó preferentemente a instituciones que nunca estuvieron sometidas

a regulación alguna, es necesario complementar el peso de aquel error, con la aparición y

expansión del sistema bancario de facto:

“A medida que el sistema bancario en la sombra crecía para competir en

importancia con la banca convencional, o incluso superarla, los políticos y los

funcionarios gubernamentales deberían haber advertido que estaban resucitando la misma

vulnerabilidad financiera que había propiciado la Gran Depresión, y deberían haber

decretado una mayor regulación y ampliado la red de seguridad financiera para proteger

también a esas nuevas instituciones. Las voces más influyentes deberían haber manifestado

algo tan sencillo como que todo aquello que se comporte como un banco, y todo aquello

que deba ser rescatado durante una crisis como se rescataría a un banco, debe estar sujeto

a la misma regulación que un banco.

En su lugar, desoyeron los avisos y nadie hizo nada para ampliar la regulación

existente. Antes bien, el espíritu de los tiempos –y los postulados de la Administración de

George W. Bush- era profundamente contrario a la regulación, una actitud que quedó

recogida en una sesión fotográfica que tuvo lugar en 2003, en la que representantes de las

diferentes agencias encargadas de supervisar las actividades bancarias usaron cizallas y

sierras de cadena para cortar pilas de reglamentos. Concretamente, la Administración

218
Citado en Paul Krugman, El retorno a la economía de la depresión y la crisis actual, op. cit., p. 171.

197
Bush se escudó en el poder federal, incluidas las oscuras atribuciones de la Oficina del

Jefe de Moneda Extranjera, para bloquear cualquier iniciativa de los estados con vistas a

imponer una cierta supervisión sobre las hipotecas de alto riesgo.

Entretanto, la gente que debería haber estado preocupada por la fragilidad del

sistema se dedicaba, en su lugar, a alabar la <<innovación financiera>>. <<No sólo las

instituciones financieras son hoy, una por una, menos vulnerables a las sacudidas de los

factores de riesgo subyacentes –declaró Alan Greenspan en 2004-, sino que, en su

conjunto, el sistema ha ganado en resistencia.>>

Y así fue como ignoraron o menospreciaron el riesgo cada vez mayor de una crisis

del sistema financiero y de la economía. Y la crisis estalló”219.

Sobre la conducta de Greenspan, la opinión de Joseph Stiglitz es verdaderamente

contundente: “Nuestro país ha sufrido así las consecuencias de escoger como regulador en

jefe de la economía a alguien que no creía en la regulación”220.

Atrás del estallido de la crisis que arranca en 2007, hay una prolongada historia de

cambios sistémicos que, en opinión de importantes autores, encontraron la puerta de

ingreso en la crisis de los años setenta y que originaron el inicio de un cambio, un nuevo

orden monetario y financiero, cuya inicial criatura y posterior sirviente se evoca como

neoliberalismo. Con el análisis de esa historia y sus eslabonamientos hasta la crisis en

curso, inicia el siguiente capítulo.

219
Ibid. pp. 173-174.
220
Joseph Stiglitz, La caída de Wall Street es para el fundamentalismo de mercado lo que la caída del muro
de Berlín fue para el comunismo, en el libro, La crisis económica mundial, Debate, México, 2009, p. 60.

198
LA CRISIS DE HOY.

“El mundo no está gobernado desde lo alto de tal manera que los intereses privados y de la

sociedad coincidan siempre. No está administrado aquí abajo de tal manera que coincidan

prácticamente. No es una deducción correcta de los principios de la economía que el

interés personal opera siempre para el interés público”.

John Maynard Keynes, The End of Laissez-Faire (1926)221

La interpretación de las instituciones de Bretton Woods, como una extensión

mundial del Nuevo Trato, aunque carezca de precisión exacta, no deja de ser una buena

aproximación, especialmente por la intención globalizada de alcanzar el pleno empleo, que

alimentaba los propósitos de Keynes y de White. El mecanismo para alcanzarlo, consistía

en que los apremios externos, comerciales y financieros, no impidieran u obstaculizaran los

esfuerzos nacionales por alcanzar esos niveles de ocupación. Pervertir los objetivos e

instrumentos de tales instituciones, entonces, y convertirlas en instrumentos de una sola

nación, se convirtió en otra forma, ahora mundial, de desarmar al Nuevo Trato:

“Los tres pilares del sistema de Bretton Woods fueron el establecimiento de tasas de

cambio, la creación de instituciones monetarias mundiales que pudieran conceder créditos

a los países que los necesitaran, y los límites a la movilidad de capitales. Los acuerdos

definían el principio de la fijación de tasas de cambio entre monedas (con un pequeño

margen de fluctuación), pero estaban permitidos los ajustes dentro de ciertos límites, luego

de consulta y autorización del FMI. Éste podía intervenir para sostener momentáneamente

a los países en dificultades con créditos otorgados en ciertas monedas, juzgadas “tan

buenas como el oro”. El artículo 6-3 del acuerdo autorizaba las restricciones a la

circulación internacional de capitales (el control de cambios), al menos en situaciones de

221
Essays in Persuasion, W. W. Norton &Company, New York, 1963, p. 312.

199
crisis. La minuciosidad en la definición de las reglas y su constante ajuste expresaba la

dificultad de separar los buenos de los malos movimientos de capitales, una distinción

frecuentemente traducida, de manera más o menos apropiada, en referencia a los plazos de

inversión: a largo plazo (los buenos movimientos) y a corto plazo (los malos). Estas

ambigüedades expresaban un anhelo, más bien piadoso, de ver los capitales entrar y no

huir en caso de crisis.

Hasta las primeras dificultades que anunciaron la crisis monetaria de finales de los

años sesenta, los países europeos y Japón recurrieron a la doble posibilidad que se les

ofreció: el reajuste de su tasa de cambio, emparejada a las limitaciones de la movilidad

internacional de los capitales (las múltiples modalidades del control de cambios). Cuando

se puede entrever la sobre valoración de una moneda debida a un diferencial de inflación

(por el ahondamiento de los déficit exteriores y la reducción de las reservas en divisas), los

capitales, presintiendo la inminencia de la devaluación, tendían a convertirse a otra

moneda, liberados para efectuar en el plazo más breve posible el salto inverso, cuando el

reajuste hubiese tenido lugar. Así, el ajuste de las tasas de cambio se acompañaba de un

fortalecimiento del control de cambios seguido de un relajamiento del mismo, para evitar

la especulación financiera.

La posición de Estados Unidos, potencia dominante indiscutida después de la

segunda Guerra Mundial, fue, desde el principio del juego, singular. La cláusula que

estipulaba que los créditos del FMI podían ser librados en una moneda tan buena como el

oro confirió al dólar, la moneda del país dominante, un papel central, consagrándolo

prácticamente como moneda internacional. Si el margen de maniobra de las finanzas

estadounidenses parecía reducido, la hegemonía de Estados Unidos se había consolidado.

Estados Unidos no utilizó la posibilidad de ajustar el curso de su moneda, sea porque no

200
tuvo necesidad, sea porque esa práctica habría estado en flagrante contradicción con la

situación del dólar (cuando un reajuste se hizo inevitable, en los años setenta, prefirió

destruir el sistema). No recurrió a los controles sino ante la proximidad de la crisis

mundial, cuando su preeminencia comercial fue gravemente afectada a fines de los años

sesenta.

La renuencia del gobierno estadounidense a devaluar el dólar, sobrevaluado y

cuyas enormes masas se habían acumulado en el extranjero, provocó la crisis del sistema

monetario internacional entre 1971 y 1973, y el fin de la convertibilidad internacional del

dólar con respecto al oro. El abandono de los cambios fijos y el pasaje a cambios flotantes

fueron primero forzados y provisorios, luego establecidos en 1973. Era un primer paso

hacia el nuevo orden monetario y financiero que debía ser seguido por otros, preparando

la llegada del neoliberalismo. Las limitaciones en la circulación de los capitales se

levantaron en Estados Unidos en 1974. Esta iniciativa fue seguida por Reino Unido en

1979, luego por el resto de Europa (Acte Unique de 1986, decisión de la Comisión y del

Consejo de Ministros en 1988) y por los países de la OCDE (que en 1989 adoptaron, todos

ellos, el Código de liberalización).

La destrucción del cuadro de Bretton Woods puede analizarse como un

hundimiento comandado por Estados Unidos. El dólar se impuso como la moneda

internacional, pese al desarrollo de los derechos de giro especiales (la moneda del FMI),

el sistema no sobrevivió a la reducción de la supremacía estadounidense. Aquello que

faltaba a la economía mundial era una verdadera institución monetaria internacional

susceptible de crear y garantizar una moneda mundial, con autonomía suficiente del dólar,

conforme al proyecto inicial (el bancor, de Keynes). La crisis monetaria mundial hubiera

podido ser la ocasión para crear tal dispositivo, pero desembocó, a la inversa, en la

201
instauración de reglas que consagraban, una vez más, la supremacía del dólar y los

destinos del sector financiero manejado por las finanzas estadounidenses. No era la

mundialización lo que había privado a la economía de su autonomía en materia de política

económica, sino la trayectoria neoliberal de la mundialización”222.

El término neoliberalismo no deja de entrañar ciertos problemas, a la luz de dos

consideraciones: a los efectos de sugerir que existió un previo liberalismo, que tiende a

confundir el proceso decantado por la Revolución francesa y su herencia humanista

(Libertad, Igualdad y Fraternidad) con la herencia del pensamiento económico clásico,

centralmente referida a la Libertad de Comercio. Y a los efectos, también y desde el punto

de vista político e ideológico, de entronizar una nueva confusión, ya que en los Estados

Unidos se entiende que el Liberalismo corresponde a las fuerzas progresistas del espectro

político. El aprovechamiento de la crisis de los setenta en beneficio de las finanzas, para

servir, primero, a sus intereses y para establecer, después, un orden alternativo mundial,

describe el verdadero sentido del término.

Los éxitos alcanzados en el propósito de generalizar el (des) orden neoliberal en el

mundo ha tenido (y sigue teniendo) un efecto devastador, especialmente por lo que hace a

su intento de incidir en el curso de la historia en su propio interés:

“Significa, para las finanzas, crear los marcos institucionales de su poder, el de los

propietarios sobre la tropa de administradores; es reforzar su alianza, su fusión, con las

élites gestionarias; es romper las reglamentaciones que limitan los márgenes de maniobra

del mundo de los negocios en materia de contratación y de despidos, de fusiones...; es

privar de sus medios al Estado garante de las antiguas alianzas sociales; es colocar a los

222
Gérard Duménil y Dominique Lévy, Crisis y salida de la crisis. Orden y desorden neoliberales, FCE,
México, 2007, pp. 232-233.

202
bancos centrales al servicio exclusivo de la estabilidad de los precios y de la protección del

patrimonio del acreedor; es hacer de la jubilación y de la protección social un fructuoso

campo de actividad en fondos de pensiones o sociedades aseguradoras privadas (sobre

todo en el campo de la salud); es romper la solidaridad de los asalariados en beneficio de

una pretendida asociación de éstos con la propiedad (el “todos capitalistas”); es crear un

confortable colchón de desocupados y excluidos unidos por pasarelas sutiles; es controlar

la dinámica del costo de la mano de obra. Algunas de esas conquistas de las finanzas a

costa de los trabajadores son designadas ahora con la graciosa palabra “flexibilidad”:

delgadez y aptitud para la adaptación”223.

En todo el proceso, sin embargo, la incertidumbre continuó haciendo acto de

presencia e incluso, en los momentos de mayor inestabilidad, se vio acrecentada debilitando

la convención, relativa a la continuidad del presente estado de las cosas:

“En tiempos anormales, particularmente cuando la hipótesis de una continuación

indefinida del estado actual de los negocios es menos probable que de ordinario, aun

cuando no existan motivos expresos para anticipar un cambio definido, el mercado estará

sujeto a oleadas de sentimientos optimistas o pesimistas, que son irrazonables y sin

embargo legítimos, en cierto sentido, cuando no hay bases sólidas para un cálculo

razonable”224.

Bajo ese influjo, el de los sentimientos irrazonables, se fabricaron los venenosos

embutidos, en palabras de Robert Skidelsky, que consistieron en el corte, empaquetamiento

en diferentes activos, venta y distribución global de las hipotecas basura. Este proceso no es

tan reciente; en opinión de Skidelsky, después del año 2000, fue el resultado de tres

223
Gérard Duménil y Dominique Levy, Crisis y salida de la crisis. Orden y desorden neoliberales, op. cit., p.
31.
224
John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, op. cit., p. 141.

203
decisiones de política desregulatoria: La derogación de la Ley Glass-Steagall de 1933,

durante 1999; la decisión de la administración Clinton de no regular el intercambio de

créditos incobrables, y la decisión de 2004, por parte de La Comisión Estadounidense de

Cambios y Garantías, de permitir a los bancos aumentar la proporción de su

apalancamiento –la proporción del valor total de pasivos- de 10 : 1 a 30 : 1.225

La última de estas decisiones se tomó en momentos en los que, como respuesta a los

efectos de la burbuja tecnológica (2000) y a los que produciría el ataque terrorista del 11 de

septiembre de 2001, el Sistema de la Reserva Federal bajó el tipo de interés de los fondos

gubernamentales al 1 %; esta decisión incentivó el desarrollo de una gran burbuja

inmobiliaria en los Estados Unidos que, de manera inmediata, repercutió por todo el

mundo, en virtud de la distribución global de valores hipotecarios estadounidenses:

“Había una tendencia general –una relajación cada vez mayor de los criterios

mínimos para prestar y una expansión de las proporciones de préstamos a proporción del

valor hipotecado- que se vio agudizada por la idea equivocada general de que el valor de

las garantías no se veía afectado por el deseo de prestar. Ése es el error que más

comúnmente ha inflado a las burbujas en el pasado, especialmente en lo que respecta a la

propiedad inmobiliaria. Lo sorprendente es que todavía no hayamos aprendido la lección.

Los norteamericanos han añadido más préstamos hipotecarios en los últimos seis años que

en toda la actividad anterior del mercado hipotecario. La burbuja comenzó lentamente, se

mantuvo varios años y no invirtió su tendencia cuando las tasas de interés comenzaron a

crecer. Se mantenía gracias a una demanda especulativa, ayudada e instigada por

prácticas de préstamo cada vez más agresivas y formas cada vez más sofisticadas de

securización de hipotecas. Finalmente, en la primavera de 2007, el momento de la verdad

225
Robert Skidelsky, Keynes. The Return of the Master, PublicAffairs, New York, 2009, p. 7.

204
llegó cuando el problema de las subprime llevó a la bancarrota a New Century Financial

Corporation, a lo que siguió un periodo de decadencia en que el precio de las casas caía

pero la gente no se daba cuenta de que el juego había llegado a su fin. Cuando se llegó al

punto de inflexión, en agosto de 2007, hubo una aceleración hacia abajo, catastrófica, que

se vio agravada por un contagio que se propagó de un segmento del mercado al otro.

Parecía como la apisonadora que asolara un país tras otro en la crisis de los mercados

emergentes de 1997”226.

El conflicto entre reguladores y promotores de la especulación no ofrece, no puede

ofrecer, un panorama completo de los momentos críticos, toda vez que la participación de

colectividades abandonadas a las actividades especulativas históricamente ha sido

fundamental en el surgimiento, duración y profundidad de las crisis; aunque muy

difícilmente en su superación. Keynes lo expresó claramente: “Una valoración

convencional que se establece como resultado de la psicología de masa de un gran número

de individuos ignorantes está sujeta a modificaciones violentas debidas a un cambio

violento en la opinión como consecuencia de factores que en realidad no significan gran

cosa para el rendimiento probable, ya que no habrá motivos de convicción fuertemente

arraigados para mantenerla con firmeza”227.

¿Qué comportamiento colectivo facilitó el abandono a las orgías especulativas? El

tema, fundamental en el análisis de las crisis, no es nuevo en absoluto. Ya desde 1841,

Charles Mackay reclamaba la falta de previsión respecto al frenesí avaricioso de naciones

completas, en los casos de El proyecto Misisipí (sic), La burbuja de la South Sea Company

226
George Soros, El Nuevo paradigma de los mercados financieros, op. cit., pp. 125-127. El subrayado es
mío (FNU)
227
John M. Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, op. cit., p. 141.

205
y La tulipomanía o manía de los tulipanes.228 Muchos años después, John K. Galbraith

volvió sobre el tema y, a partir de los casos analizados por Mackay, lo amplió hasta la

revisión de la conducta colectiva durante crisis más recientes.229 Robert Shiller, en los años

recientes, ha intentado explicar, primero en lo individual, la vertiente psicológica de las

crisis230, y en este mismo 2009 y al lado de George A. Akerlof, ofrece una espléndida

actualización del tema.231

La recurrencia de conductas económicas irracionales, sólo parcialmente se explica

en los engaños y propaganda de los instrumentos con los que se originan e inflan las

burbujas. Parece existir, en la condición humana, un invencible apetito de enriquecimiento

veloz, cómodo y sencillo, en cuya búsqueda toda la experiencia acumulada recurrentemente

se vuelve prescindible. Veamos, en dos ejemplos, cómo describe Mackay ese abandono;

primero, entre 1719 y 1720, en el caso de lo que él denominó El proyecto de la Compañía

del Misisipí:

“Tanto las clases altas como las bajas tenían una perspectiva única de riqueza sin

límites. No había nadie de renombre entre la aristocracia, con las excepciones del duque

de Saint-Simon y el mariscal Villars, que no estuviera metido en el negocio de compraventa

de acciones. Gente de toda edad, sexo y clase social especulaba con las subidas y bajadas

de los títulos del Misisipí. La Rue de Quincampoix era el punto de encuentro principal de

los corredores y, como era una calle estrecha e incómoda, continuamente ocurrían

accidentes en ella a causa de la tremenda presión de la multitud. Sus casas, cuyo alquiler

solía costar mil libras al año en épocas normales, reportaban ahora unos ingresos de doce

228
Charles Mackay, Delirios populares extraordinarios y la locura de las masas, Profit Editorial, Barcelona,
2009, 143 pp.
229
John K. Galbraith, Breve historia de la euforia financiera, Ariel, Barcelona, 2009, 141 pp.
230
Robert J. Shiller, Exuberancia irracional, Turner, Madrid, 2003, 330 pp.
231
George A. Akerlof y Robert J. Shiller, Animal Spirits, Ediciones Gestión 2000, Barcelona, 2009, 327 pp.

206
a dieciséis mil libras. Un zapatero remendón, que tenía allí un puesto, ganaba unas

doscientas libras diarias alquilándolo y suministrando material de escritorio a los

corredores y sus clientes. La historia asegura que un jorobado ganaba sumas

considerables en la calle ¡alquilando su joroba como escritorio para especuladores

impacientes! La gran afluencia de personas que se reunían allí para hacer negocios atrajo

una afluencia aún mayor de espectadores. Y éstos, a su vez, atrajeron al lugar a todos los

ladrones y gentes de mal vivir de París, de modo que continuamente se producían

alborotos y peleas. Al anochecer solía ser necesario enviar una patrulla de soldados para

despejar la calle”232.

En Gran Bretaña, a partir de 1720 y en el caso de la South Sea Company, las cosas

no eran muy distintas:

“Parecía entonces que todo el mundo se había convertido en corredor de Bolsa.

Exchange Alley se encontraba todos los días bloqueado por la multitud y no se podía

transitar por Cornhill a causa del gran número de carruajes. Todos iban allí a comprar

acciones. <<Cada tonto aspiraba a ser un granuja>>, en palabras de una balada

publicada en la época y cantada por las calles (“Una balada del Mar del Sur”):

Entonces aparecieron estrellas y ligas

Entre la chusma más vil

Comprar y vender, ver y escuchar

Los judíos y gentiles se pelean

Las damas más importantes allá iban

Y viajaban en carrozas cada día

O empeñaban sus joyas por una cantidad

232
Charles Mackay, Delirios populares extraordinarios y locura de las masas, op. cit., pp. 31-32.

207
Para jugar en la Bolsa.

La insaciable sed de ganancias que afligía a todas las capas de la sociedad no

podía ser saciada ni siquiera por los Mares del Sur”233.

Shiller ofrece una explicación de la metamorfosis de conductas racionales, especial

aunque no exclusivamente en materia económica, en sus opuestas. Este autor se dedica a

examinar diversas explicaciones de la conducta humana subordinada a ciertas

externalidades por las que, prescindiendo de su libre albedrío, incurre en comportamientos

irracionales. La propuesta de presión de grupo, apoyada en el experimento de Solomon

Asch –donde un grupo de siete a nueve personas, en el que todas menos una se habían

entrenado previamente para ofrecer las mismas siete respuestas equivocadas a doce

preguntas, obligando a que el no coludido las escuchara antes de formular las suyas; en uno

de tres casos, el sujeto de experimentación cedía y daba las mismas respuestas equivocadas

del grupo cómplice-; la del complemento a ésta, ofrecida por Deutsch y Gerard –para

quienes el sujeto de Asch reaccionó a la información que indicaba que un grupo numeroso

de gente había llegado a una conclusión distinta a la suya y que, por su tamaño y

unanimidad, no podía estar equivocado-; la de Stanley y Milgram –en la que el sujeto

adopta la conducta del rebaño por el poder de la autoridad (experto)234 que envía órdenes

cuyo cumplimiento es más conveniente que no hacer nada o hacer otra cosa- y que sugiere

que la humanidad ha aprendido a confiar en la autoridad que considera legítima: “Si

tenemos en cuenta los comportamientos observados por Milgram y Asch, no habrá de

sorprendernos que tantas personas acepten la autoridad de otras respecto a la valoración

233
Ibid. p. 81.
234
En este experimento, el sujeto debía administrar descargas eléctricas a una persona sentada a su lado
(cómplice del experimento); no había tales descargas, pero el cómplice fingía recibirlas y experimentar gran
dolor. A pesar de ello, cuando el profesional ordenaba la continuación de las descargas, la mayoría de los
sujetos del experimento le obedecía.

208
del mercado, entre otras cosas. Es probable que, en esta área, la mayoría de la gente

confíe menos en su propia opinión de lo que los sujetos de experimentación confiaban en

las pruebas que tenían ante los ojos: la longitud de una línea trazada sobre una tarjeta o el

dolor experimentado por una persona sentada junto a ellos”235.

En la conducta colectiva, las cascadas de información juegan un papel fundamental.

El ejemplo clásico de la formación de tales cascadas es el relativo a la elección de un

restaurante entre dos disponibles, en la misma calle. Sólo el primer cliente enfrentará

intuitivamente y en soledad la necesidad de elegir entre ambos que están vacíos; a partir de

él, que involuntariamente se convierte en referente, el resto de clientes preferirán ingresar al

establecimiento que tenga algún o algunos comensales, sin evidencia disponible de la

calidad que ambos ofrecen (se podría estar eligiendo, a partir de esta “información”, al peor

de los dos sin que los clientes lo supieran). El método, extraordinariamente elemental y

recurrente, consiste simplemente en seguir a otros.

Para el caso de los mercados financieros, el camino preferente por el que se sigue a

otros es el más antiguo y simple de la interacción humana: la comunicación boca a boca.

Veamos los ejemplos propuestos por Shiller:

“En un estudio realizado en 1986, John Pound y yo intentamos averiguar qué era lo

que primero atraía a los inversores particulares. Enviamos por correo un cuestionario a

un grupo escogido al azar y pedimos que recordaran a qué empresa pertenecían las

últimas acciones que habían adquirido. Luego preguntamos: “¿Qué fue lo primero que le

llamó la atención de esta compañía?”. Sólo el 6 % de los individuos consultados mencionó

revistas o diarios. La mayoría de las respuestas citaron fuentes que necesariamente

235
Robert J. Shiller, Exuberancia irracional, op. cit., p. 192.

209
implicaron comunicación interpersonal directa. Aunque la gente lea mucho, la

comunicación interpersonal ejerce mayor influencia sobre su atención y sus actos.

En lo que respecta a las inversiones, el poder de la comunicación interpersonal

boca a boca ha quedado demostrado por el trabajo de las unidades de vigilancia de

mercados en las Bolsas y dentro de la Comisión de Bolsas de valores. La misión de estas

unidades de vigilancia es detectar transacciones internas, y para ello rastrean todas las

comunicaciones ocurridas entre inversores particulares. Por ejemplo, los resultados

revelaron cómo se inició una serie de comunicaciones boca a boca en mayo de 1995,

cuando una secretaria de IBM recibió la orden de fotocopiar documentos que contenían

referencias a la ultrasecreta adquisición de Lotus Development Corporation por parte de

esa empresa, transacción que debía ser anunciada el 5 de junio de ese mimo año. La mujer

solo se lo comentó a su marido, un televendedor. El 2 de junio él se lo dijo a otra persona –

un compañero de trabajo que compró acciones dieciocho minutos después de haberse

enterado- y luego a un amigo –un técnico de ordenadores que inició una serie de llamadas

telefónicas-. Cuando finamente se realizó el anuncio el 5 de junio, veinticinco personas

vinculadas a esta célula de comunicación boca a boca habían invertido medio millón de

dólares en acciones. Entre ellos había un cocinero, un ingeniero electrónico, un ejecutivo

bancario, un distribuidor mayorista de productos lácteos, una ex docente, una ginecóloga,

una abogada y cuatro corredores de Bolsa. Queda demostrado que la comunicación boca

a boca puede funcionar a gran velocidad y entre grupos sociales dispares”236.

El tema de la metamorfosis de comportamientos colectivos racionales en sus

opuestos tiene relevancia por el papel de variables explicativas de las inestabilidades, no

siempre visibles, que subyacen en el capitalismo. Su examen es necesario, no sólo en

236
Ibid. pp. 194-195.

210
atención a sus más extravagantes expresiones –como la disposición a embaucarse, durante

el siglo XVIII en Inglaterra, en la creación de Una compañía para llevar a cabo una

actividad muy provechosa, pero que nadie debe saber en qué consiste237-, sino por

constituir una causa principal de las fluctuaciones del sistema económico. A estos excesos,

presentes en la naturaleza humana- los gobiernan espíritus animales (motivos no

económicos y conductas irracionales) que transitan de estados de ánimo irresponsablemente

optimistas a verdaderas oleadas de pesimismo y… pánico.238

En la Teoría general… Keynes descubrió la presencia de los espíritus animales y, lo

que quizá sea más importante, la forma de contrarrestarlos con la intervención del gobierno.

Las diversas reacciones conservadoras que cuestionaron (y cuestionan) el legado de

Keynes, más las elaboraciones de quienes pretendieron acercarle a la teoría estándar,

exorcizaron, casi por decreto, a tales espíritus y, desde hace más de treinta años, con el

thatcherismo del Reino Unido y el reaganismo estadounidense, reivindicaron el credo en el

mercado, originando los problemas que hoy agobian al capitalismo.

Un elemento fundamental en el inicio de las burbujas especulativas, en la fase A,

expansiva, del ciclo económico es el de la confianza, como expresión de los espíritus

animales, con arreglo a la interpretación que, de ella, hace Roland Benabou, en su

Groupthink: Collective:

237
Charles Mackay, Delirios populares extraordinarios y la locura de las masas, op. cit., p. 85. El promotor
obtuvo la suscripción, en un solo día, de más de mil acciones (2 libras esterlinas por suscripción) y marchó al
continente la misma tarde. Nunca más se supo de él. Loc. cit.
238
Cfr. George A. Akerlof y Robert J. Shiller, Animal Spirits, op. cit., Prólogo.

211
“El concepto de confianza corresponde a un estado psicológico de la gente en que

ésta no utiliza lo suficiente la información disponible. Es demasiado confiada y su estado

de ánimo la impulsa a invertir en exceso”239.

Como puede apreciarse, la confianza deviene fe, término que sobrepasa lo racional y

que, por ello, corresponde a una forma optimista de espíritu animal. La importancia de esta

cuestión a la hora de adoptar decisiones de inversión difícilmente puede exagerarse: “La

mayoría de las decisiones que tomamos, y sobre todo algunas de las más importantes de

nuestra vida, las tomamos porque <<nos parecen bien>>”240.

La confianza irracional tiende a encontrar, en el llamado lado oscuro de los espíritus

animales, un complemento retroalimentador, montado en la corrupción y la mala fe, que

opera como una suerte de efecto multiplicador de la confianza y que no estuvo previsto ni

por Keynes ni por el resto del Grupo de Bloomsbury, al menos durante sus años de

acercamiento a George Moore:

“No me ocupo, sin embargo, del hecho de que ese aspecto de nuestro código (el

inmoralismo) fuera escandaloso. No lo hubiera sido menos si hubiéramos tenido absoluta

razón. Lo que más importa es que, según pienso ahora, se apoyaba en la endeble base de

una visión a priori, desastrosamente equivocada, de lo que es y parece ser la naturaleza

humana, tanto la nuestra como la de otros […] repudiábamos todas las versiones del

pecado original, de la presencia en la mayor parte de los seres humanos de veneros

morbosos e irracionales de maldad”241.

239
Citado en George A. Akerlof y Robert J. Shiller, Animal Spirits, op. cit., p. 33 (n. al p.)
240
Ibid, p. 35.
241
John M. Keynes, Mis creencias juveniles, en Ensayos biográficos, op. cit., p. 369.

212
Un claro ejemplo de este complemento perverso, está contenido en las ocupaciones

de Charles Ponzi, el más célebre impulsor de los fraudes piramidales, durante los años

veinte del siglo pasado:

“El fraude de Ponzi incita a los primeros inversores –a los que supuestamente ha

hecho ganar enormes sumas de dinero- a comentar sus éxitos financieros a otra ronda de

inversores, quienes a su vez invierten en el fraude y posibilitan que el estafador pueda

pagarle a la primera ronda de inversores, cuyos triunfos atraen cada vez más inversores, y

así sucesivamente. Tarde o temprano, el fraude debe llegar a su fin porque la oferta de

inversores no es inagotable, y el estafador lo sabe. Lo mejor que podría pasarle es

desaparecer de la escena sin haberle pagado a la última y más grande ronda de

inversores, y luego escapar de la mano de la ley”242.

Con los ingredientes dispuestos, víctimas, victimarios y tolerancia gubernamental,

es necesario recorrer la historia de la crisis en curso, destacando las más relevantes

variables explicativas del actual estado de cosas:

“Desde finales de la década de 1990 hasta el año 2006, los precios de la vivienda

en Estados Unidos se dispararon, sobre todo en mercados como Boston, Las Vegas, Los

Angeles, Miami y Washington D. C. Esta burbuja inmobiliaria se ha asociado al

incremento masivo de los préstamos para hipotecas subprime, que en el mercado

hipotecario pasó de un simple 5 % a un 20 %, aproximadamente, con un total de 625 mil

millones de dólares.

Los préstamos para hipotecas subprime se convirtieron en una nueva gran industria

cuya regulación no era la adecuada. Reemplazaron a los programas gubernamentales que

concedían créditos a prestatarios con rentas bajas bajo auspicios de la Administración

242
Robert J. Shiller, Exuberancia irracional, op. cit., pp. 98-99.

213
Federal para la Vivienda y la Administración de Veteranos. Bajo la influencia de la era

Reagan, con su fe en soluciones procedentes de mercados privados, se dejó que decayeran

los programas del gobierno, que se habían regulado a conciencia para que beneficiaran a

los propietarios de las viviendas, mientras se estimulaba el florecimiento de empresas

privadas que ofrecían servicios similares (pero con tipos de interés elevados o que iban a

sufrir un incremento en fecha posterior).

Por desgracia, muchos prestamistas de hipotecas subprime concedieron hipotecas

que no eran adecuadas para sus prestatarios. Anunciaron a bombo y platillo unos pagos

iniciales reducidos que a menudo encubrían unos tipos de interés mucho más elevados que

se aplicarían más adelante. Los prestamistas tuvieron mucho éxito concediendo este tipo

de créditos a personas vulnerables, de poca formación y mal informadas. Aunque este

comportamiento quizá no sea ilegal, creemos que los casos más destacados merecen la

calificación de corruptos.

En general, estos fabricantes de hipotecas no creían en sus propios productos y

deseaban deshacerse de ellos cuanto antes. Esto fue posible, a su vez, gracias a los

cambios radicales que se estaban produciendo en los métodos con que se concedían y

financiaban las hipotecas. Antes, las entidades que concedían hipotecas, como las

Sociedades de Ahorro y Préstamos, eran las mismas que las financiaban. Pero el mercado

había experimentado un cambio y entonces, las entidades (corredores hipotecarios, bancos

u otras instituciones de ahorro) que ofrecían hipotecas pocas veces las mantenían en

cartera si no que las vendían. En realidad, solían reagrupar en paquetes las operaciones

que contrataban mediante una gran variedad de modalidades. En esta reagrupación en

paquetes, los diferentes tramos de las hipotecas se solían agrupar y se vendían en

fracciones muy variadas. Igual que los tenderos espabilados habían descubierto que

214
podían hacer un buen negocio vendiendo un pollo a trozos, los mercados financieros se

habían dado cuenta de que era posible vender las hipotecas por partes. Los tenedores

finales de estas hipotecas están muy distanciados de quienes las conceden y suelen sentir

escaso interés por comprobar las calificaciones de las hipotecas individuales de sus

carteras. Además, comparten las pérdidas y ganancias con un número elevado de

compradores.

Ahora bien, si las hipotecas –o las porciones que corresponden a las de riesgo más

elevado- conllevan que éste sea muy elevado, es natural plantearse la cuestión siguiente:

¿quién va a comprarlas? Pues resultó que, una vez que las hipotecas se habían reunido en

paquetes, se produjo un milagro financiero. Se enviaron a agencias de clasificación para

su aprobación. Los paquetes de hipotecas subprime recibían clasificaciones muy altas (80

% AAA y 95 % A o superior). En realidad, estas clasificaciones eran tan elevadas que

tenían que comprarlas compañías tenedoras de bancos, fondos de mercado monetario,

compañías de seguros y a veces incluso bancos depositarios, que nunca se hubieran

dignado a aceptar individualmente ninguna de ellas.

Según Charles Calomiris, dos pizcas de magia permitieron que las agencias de

clasificación pudieran realizar este truco de sombrero. Otorgaban a las garantías un

índice muy bajo de pérdidas esperables por impago, un 6 %. Esta posibilidad de impago se

basaba en datos muy recientes procedentes de un período en el que el precio de la vivienda

había aumentado con rapidez. Incluso así, las estimaciones de las pérdidas esperables en

caso de impago eran escasas, entre un 10 y un 20 %.

Los que compraron estos paquetes basura de elevada clasificación no tenían

ningunas ganas de examinarlas a fondo, ya que lo que deseaban era obtener los máximos

beneficios de la compra de hipotecas subprime que añadirlas a sus beneficios actuales. Se

215
necesitan estudios considerablemente sofisticados para cuestionar una clasificación AAA.

Por descontado, los que habían reunido la basura deseaban obtener sus emolumentos y

nadie deseaba la responsabilidad de levantar la perdiz. Si un calificador de valores

facilitaba calificaciones poco favorables, los empaquetadores de hipotecas se irían

tranquilamente a otra parte. Existía, además, un equilibrio económico que abarcaba toda

la cadena de operaciones, desde los compradores de propiedades hasta los otorgantes de

préstamos hipotecarios, los garantes de las mismas, las agencias de clasificación y,

finalmente, los compradores de títulos amparados por hipotecas. Todos tenían una

motivación. Pero los que se hallaban al inicio de la cadena, los que había firmado

hipotecas de viviendas que no se podían permitir y los titulares finales de la deuda estaban

comprando un versión moderna de ungüento de la serpiente”243.

La crisis en curso es, como se ha visto, el estallido de una burbuja especulativa en el

manejo desaseado de hipotecas de alto riesgo; esta burbuja recibió la fuerza de su

expansión prácticamente en el momento en que otra burbuja especulativa, en ese caso

bursátil, se desinflaba. Desde la perspectiva de la economía conductual, así fueron las

cosas:

“La historia comienza prácticamente en 2000 y 2001. En 2000 se produjo una gran

caída del mercado bursátil mientras la economía retrocedía a causa de la exuberancia

irracional de los años puntocom. En índice de crecimiento real del PIB experimentó una

desaceleración de un 4 % en 1999 y la primera mitad del 2000, a solo un 0.8 % durante la

primera mitad de 2001. La administración Bush utilizó el bajón para realizar recortes

fiscales masivos y permanentes. El primero y el mayor se aplicó en forma de ley en junio

de 2001. La Reserva Federal también actuó. La tasa de los tipos de interés, que había sido

243
George A. Akerlof y Robert J. Shiller, Animal Spirits, op. cit., pp. 69-72.

216
del 6 % durante la última mitad de 2000, en noviembre de 2002 había disminuido al 0. 75

%. Existen muchos motivos para creer que ambas medidas fueron efectivas, ya que la

economía se recuperó. Al parecer, la reducción de los tipos de interés tuvo el efecto

previsto. El anterior boom había sido inestable en cuanto a gastos en equipamientos de

capital. La inversión en equipamiento y software había sido especialmente elevada justo

antes del pánico Y2K (efecto 2000). En este nuevo boom, el estímulo procedía de la

vivienda. En solo cuatro años, entre 2001 y 2005, el gasto inmobiliario aumentó un 33.1

%, mientras que el crecimiento del PIB fue solo de 11.2 %.

Pero entonces, como ya hemos indicado, comenzaron a suceder cosas extrañas. Se

trata de situaciones que suelen ocurrir durante los booms mientras predomina el exceso de

confianza. La gente comienza a comprar viviendas como si fuera su última oportunidad en

la vida (porque creen que los precios continuarán subiendo por encima de sus

posibilidades), y los especuladores empiezan a efectuar inversiones en el sector

inmobiliario, como si todo el mundo fuera a pensar que debería comprar ahora,

prácticamente a cualquier precio, porque más adelante no podrá permitírselo. Los precios

de la vivienda aumentaron casi dos terceras partes durante el corto intervalo comprendido

entre el primer trimestre de 2000 y el cuarto trimestre de 2006. En Los Angeles, Miami,

San Francisco y algunas otras zonas, aumentaron bastante más. De la noche a la mañana,

grandes zonas agrícolas se convirtieron en zonas de construcción de nuevas casas. La

fiebre de la especulación inmobiliaria hacía acto de presencia.

Y lo que resulta más sorprendente es que no fueron únicamente los compradores de

viviendas a quienes alcanzó la fiebre. Los mercados financieros, supuestamente muy

prudentes, colaboraron y secundaron el proceso. Por descontado, los agentes

inmobiliarios y los corredores de hipotecas no tenían ningún motivo para detenerla fiebre,

217
ya que los honorarios que estaban obteniendo de las transacciones, con una actividad tan

dinámica, eran enormes. Y lo que es más sorprendente aún, los que estaban al otro lado

del libro contable se quedaron con las hipotecas y proporcionaron a los compradores de

casas los fondos masivos que necesitaban para sus imprudentes especulaciones.

Los motivos de que los compradores adquirieran estas hipotecas son muchos y

sencillos. Por una parte, los compradores habituales de hipotecas, varios tipos diferentes

de bancos, se habían dado cuenta de que podían obtener enormes beneficios de las

comisiones por tramitación de solicitud de los créditos, pero sin que tuvieran que reflejar

las hipotecas en sus libros contables. Como ya hemos visto, podían repartirlas, el

equivalente hipotecario de vender un pollo a trozos. Los compradores de estas hipotecas

no sabían lo que estaban comprando porque no se quedaban con las hipotecas, sino con

partes en forma de grandes paquetes, con lo cual resultaba muy difícil o prácticamente

imposible conocer las hipotecas correspondientes. Además, las hipotecas titulizadas

habían sido clasificadas por diferentes empresas de clasificación. Éstas basaban sus

estimaciones en la probabilidad de incumplimiento de tales hipotecas, en las tendencias

recientes de los precios de la vivienda, que siempre habían subido. Por lo tanto, en este

caso parecían existir pocos motivos para temer incumplimientos. Además, en el caso de

que una agencia de clasificación hubiera creído que lo opuesto era cierto, que las

clasificaciones podrían incluir la posibilidad de que los precios de la vivienda bajaran,

cualquiera que eventualmente levantara la perdiz se haría inmensamente antipático por

haber puesto en entredicho a todo un repertorio de recaudadores de tasas que se estaban

218
haciendo muy ricos a toda velocidad”244. Pese a todo el optimismo reinante, y en contra de

las previsiones, los precios de las viviendas bajaron (ver figura 2).

FIGURA 2

Fuente: George Soros, El nuevo paradigma de los mercados financieros, op. cit., p. 194.

En todo el proceso, la abultada presencia de los espíritus animales imposibilita que

la teoría económica convencional tenga alguna eficacia explicativa, por cuanto considera

que todos los motivos de participación de los agentes son económicos y todas sus

conductas, racionales.

Cuando los supuestos de la teoría útil son, como deben ser, realistas, es posible

encontrar, en todo evento de toma de decisiones de los agentes económicos, conductas

racionales e irracionales y motivaciones económicas y no económicas. Esta carga de

realismo en los supuestos puede ilustrarse de forma tal que las conductas racionales y los

motivos económicos expliquen tan sólo una pequeña proporción del amplio espectro de

conductas y motivos del accionar de los agentes:

244
Ibid, pp. 278-280.

219
CUADRO 22

CONDUCTAS Y MOTIVOS DE LOS AGENTES ECONÓMICOS.

CONDUCTAS
MOTIVOS
RACIONALES IRRACIONALES

Económicos Teoría estándar Espíritus animales

No Económicos Teoría alternativa Espíritus animales

Fuente: Elaboración propia, con apoyo en: George A. Akerlof y Robert J. Shiller, Animal

Spirits, op. cit. , p. 277.

Por teoría alternativa debe entenderse aquella que, como la keynesiana, sea

positiva, con supuestos realistas que informan cómo son las cosas (y no cómo deberían ser,

que es el caso de las teorías normativas, como la estándar) y que, también satisfaga la

condición de comprender los motivos no económicos y las conductas no racionales con los

que, en realidad, se comportan los agentes.

220
TERCERA PARTE:

EL REGRESO DE KEYNES, y

CONCLUSIONES.

221
DE NUEVO, ¡KEYNES!

“La economía de hoy es cronológicamente poskeynesiana pero intelectualmente

prekeynesiana”245.

En la contabilidad de los efectos perversos de la crisis en curso (caída del producto

y del empleo, contracción del comercio internacional y del crédito, reducción de la

demanda efectiva, etcétera), subyace un fracaso mayor, de corte intelectual del pensamiento

económico convencional, tanto por la carencia de eficacia explicativa de la crisis misma,

cuanto por la falta de disponibilidad de perspectivas para su superación. El problema

comienza con Adam Smith y se profundiza desde la, ya citada, definición ofrecida por

Lionel Robbins –en 1932- para la economía: “La ciencia que estudia el comportamiento

humano como una relación entre fines y medios escasos que tienen usos alternativos”.

La escasez, como punto de partida, obliga a construir una lógica que no se

compadece de la aparición de problemas de demanda; si ésta supera a los recursos que, por

ello, son escasos, la solución estándar es la <<producción>> (“La oferta crea su propia

demanda”, propondría J. B. Say y asentiría Ricardo); por lo que una crisis de abundancia

(que es de demanda) escapa a la comprensión de la economía convencional. Malthus y

Marx antecedieron a Keynes en la reflexión teórica que pondría en tensión este supuesto; y

lo hicieron, como Keynes, con arreglo a la notable intuición de la demanda efectiva.

En el caso de Malthus, aunque su intuición de la demanda efectiva se agotó en la

relativa a los bienes de consumo, Keynes reproduce una relevante relación epistolar entre

Ricardo y el que Keynes denominó el primer economista de Cambridge, Thomas Robert

Malthus. El 24 de enero de 1817, Ricardo le escribió:

245
Hyman Minsky, El legado de Keynes, Investigación Económica 177, FEUNAM, México, julio-septiembre
de 1986.

222
“Me parece que una causa fundamental de nuestras divergencias sobre la cuestión

que tan a menudo hemos discutido es que tú siempre tienes en mente los efectos inmediatos

y temporales de las mutaciones particulares, mientras que yo dejo a un lado estos efectos

inmediatos y temporales y concentro toda mi atención en el permanente estado de cosas

que resulta de ellos. Tal vez tú concedas un peso excesivo a esos efectos temporales,

mientras que yo me siento inclinado a infravalorarlos. Para tratar correctamente el asunto

sería necesario diferenciarlos y citarlos cuidadosamente, adscribiendo a cada uno a los

debidos efectos”.

Dos días después, Malthus respondió:

“Estoy de acuerdo contigo en que una causa de nuestra diferencia de opinión es la

que tú mencionas. Es verdad que tiendo a referirme con frecuencia a las cosas tal como

son, como única vía para hacer que mis escritos sean prácticamente útiles a la sociedad, y

creo también, como única vía que me preserve de caer en los errores de los sastres de

Laputa, de modo que partiendo de un pequeño error se llegaría a conclusiones

alejadísimas de la verdad. Por lo demás, creo realmente que el progreso de la sociedad

consiste en movimientos irregulares, y que omitir las consideraciones de causa, que

durante ocho o diez años darán un fuerte impulso a la producción y a la población, o serán

un freno para ellas, es omitir las causas de la riqueza y de la pobreza de las naciones, que

es el gran objeto de las investigaciones de la economía política. Un escritor puede hacer

cuantas hipótesis le plazca, pero si presupone lo que no es prácticamente verdadero,

excluye la posibilidad de sacar de sus hipótesis una conclusión práctica. En tu ensayo

sobre los beneficios, supones que los salarios reales del trabajo se mantienen constantes,

pero puesto que varían con cada modificación del precio de las mercancías (mientras

nominalmente siguen iguales) y, en realidad son variables como los beneficios, no hay

223
ninguna posibilidad de que tus deducciones sean exactas en cuanto aplicadas al estado

efectivo de las cosas. En todos los países de nuestro entorno, y particularmente en el

nuestro, vemos periodos de mayor o menor prosperidad y a veces de adversidad, nunca el

progreso uniforme que tú pareces únicamente contemplar. Pero hay todavía una causa más

específica de divergencia entre nosotros. Tú pareces creer que las necesidades y los gustos

de la humanidad están siempre a punto para la oferta, mientras que yo soy rotundamente

de la opinión que pocas cosas hay más difíciles que inspirar nuevos gustos y necesidades,

especialmente con viejas materias primas; que uno de los grandes elementos de la

demanda es el valor que la gente atribuye a las mercancías, y que cuanto más plenamente

se adapte la oferta a la demanda tanto mayor será este valor, y por lo tanto mayor será el

número de días de trabajo que se intercambiará [...] Estoy profundamente convencido de

que prácticamente el actual obstáculo para la producción y la población surge más de la

carencia de estímulo que de la carencia de capacidad de producción”246.

Para Keynes, el éxito de la teoría ricardiana eclipsó lamentablemente el tema de la

demanda efectiva:

“Ricardo conquistó a Inglaterra como la santa Inquisición a España, desapareció

completamente y dejó de estudiarse. El gran enigma de la demanda efectiva, con el que

Malthus había luchado, se desvaneció de la literatura económica. Ni una sola vez puede

verse mencionado en cualquiera de los trabajos de Marshall, Edgeworth y el profesor

Pigou, de cuyas manos ha recibido su mayor madurez la teoría clásica. Sólo pudo vivir

246
John Maynard Keynes, Thomas Robert Malthus. El primero de los economistas de Cambridge, Ensayos
biográficos, op. cit., pp. 106-108.

224
furtivamente disfrazada, en las regiones del bajo mundo de Carlos Marx, Silvio Gesell y el

mayor Douglas”247.

En la forma que Keynes recupera la demanda efectiva, que es aquella que agrega la

de bienes de consumo con los de inversión, y la que efectivamente se encuentra con la

curva de oferta, definiendo monto de producción, nivel de precios y volumen de ocupación,

existe una diferenciación de enorme importancia, relativa a la estabilidad: Mientras el gasto

en consumo, siempre como proporción del ingreso tiende a ser visiblemente estable, aquel

destinado a los bienes de inversión, por la omnipresente incertidumbre, tiende a mostrar

mucho mayor inestabilidad. Con una clara superioridad teórica y práctica, Keynes coloca a

la demanda efectiva en el sitio que la economía clásica colocó a la Ley de Say.

En relación causal con la idea de escasez, la teoría convencional –también desde los

tiempos de David Ricardo, le otorga al dinero un carácter neutral sobre el funcionamiento

del sistema económico, con arreglo en la Teoría Cuantitativa de la Moneda:

“Una premisa de la teoría es que la velocidad de circulación del dinero sea un

parámetro bastante estable. En consecuencia, cualquier aumento de la cantidad de dinero

debería traducirse en un aumento en la misma proporción del nivel general de los precios,

si a corto plazo también la cantidad de bienes disponibles se mantiene constante. Dicho de

otro modo, dada la disponibilidad de los bienes, el nivel de sus precios vendría a depender

exclusivamente de la cantidad de dinero en circulación. Si se eleva el nivel general de

precios (inflación), la causa sería imputable al aumento de la circulación monetaria; al

contrario, la deflación sobrevendría como consecuencia de una contracción del circulante,

y no por otra cosa. El abanderado de la escuela neocuantitativa o escuela de Chicago, M.

247
John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, op. cit., p. 43. Marx recupera
el tema en los ciclos de capital, analizados en el segundo apartado de la primera parte de este libro.

225
Friedman, ha podido escribir: “Quizá ninguna otra relación empírica en economía se ha

visto reaparecer tan uniformemente, en una variedad tan amplia de circunstancias, como

la relación entre los cambios sustanciales del stock de dinero a corto plazo y las

variaciones de los precios; unos y otros están infaliblemente ligados y van en la misma

dirección: yo diría que esa uniformidad es del mismo orden que las que forman la base de

las ciencias físicas”. El mecanismo a través del cual la circulación monetaria influye en

los precios es el de la demanda. Si, como se supone, los individuos desean mantener cierta

proporción constante, o casi, entre sus stoks líquidos y la disponibilidad de otros bienes,

cualquier agregado al dinero en su posesión se transformará en demanda de otros bienes

en esa proporción. Pero esa demanda difícilmente podrá ser satisfecha si la capacidad de

producción de la economía está agotada, o si de cualquier modo la oferta correspondiente

tarda en manifestarse, por las rigideces de la producción (por lo menos a corto plazo). La

consecuencia será pues una inflación de demanda, que reducirá el poder adquisitivo de los

stoks de dinero en poder de los individuos. El anterior exceso de liquidez no será

considerado tal, porque el aumento de los precios habrá restablecido la proporción

habitual entre el valor nominal de los otros bienes (o también entre dos valores reales: lo

importante es que se confronten valores homogéneos, o todos nominales o todos reales).

Según la teoría cuantitativa, el fenómeno inflacionario derivado del aumento de la

circulación monetaria debería tener escasas repercusiones sobre los precios relativos: eso

significa que todos los precios absolutos deberían aumentar aproximadamente en la misma

proporción, de manera que sus relaciones no se modificarían en forma significativa”248.

Para Keynes, además de medio de pago, el dinero es un depósito de valor que liga el

presente con el futuro, y que también se somete a la incertidumbre, ahora referida a los

248
Sergio Ricossa, Diccionario de economía, Siglo XXI, México, 1990, pp. 217-218.

226
cambios futuros y desconocidos de las tasas de interés que variarán temporalmente en

relación inversa a las variaciones de la oferta monetaria, hasta que la trampa de liquidez

haga acto de presencia. Además, aunque la economía estándar imagina los efectos

inflacionarios de los aumentos de dicha oferta en situación de pleno empleo (supuesto

irreal), Keynes advierte que, mucho antes del pleno empleo, el nivel de precios

experimentará presiones al alza y que, en algunos casos lo hará por razones estructurales

(inelasticidad de la oferta) y no por razones monetarias.

Tanto en la Teoría general cuanto en reflexiones complementarias, Keynes advierte

que la Teoría cuantitativa, al afirmar que un incremento en la oferta monetaria, posterior al

pleno empleo, sólo afectará proporcionalmente al nivel general de precios manteniendo la

relación entre precios relativos, ignora la existencia de una demanda de dinero para fines

especulativos, que corresponde a la función de preferencia por la liquidez relativa a la

propia tasa de interés, L2 (i) = M2:

“Era usura, escribió a un corresponsal, <<extraer del prestatario alguna cantidad

adicional al verdadero sacrificio del prestamista que la debilidad de la posición

negociadora del prestatario o su extrema necesidad… hace plausible… Encuentro

interesante exponerlo de esta manera porque realmente viene a ser lo mismo que mi teoría

de la liquidez”249.

Como una cuestión de justicia, y de promoción de las inversiones, Keynes propone

–de manera complementaria a los efectos bajistas que la abundancia de capital tendría sobre

el tipo de interés- una política específica para mantenerlo bajo:

“Hoy el interés no recompensa ningún sacrificio genuino, como tampoco lo hace la

renta de la tierra. El propietario del capital puede obtener interés porque aquél escasea, lo

249
Citado en Robert Skidelsky, El regreso de Keynes, op. cit., p. 175.

227
mismo que el dueño de la tierra puede percibir rentas debido a que su provisión es

limitada; pero mientras tal vez haya razones intrínsecas para la escasez de la tierra, no las

hay para la de capital”250.

Con apoyo en las fluctuaciones en el nivel potencial de producción, que se explica

en la recurrente variación en la productividad, y derivada de la hipótesis de las expectativas

racionales, se construyó la llamada Teoría del ciclo económico real que pretende explicar

las fases depresiva y expansiva del sistema económico como reacciones eficientes a las

modificaciones del entorno económico real. Estos cambios incluyen precios, regulaciones,

condiciones meteorológicas y otros muy diversos factores:

“Supongamos, por ejemplo, que se ralentiza la velocidad del cambio tecnológico.

Como resultado, caerá la productividad marginal de la población y, al hacerlo, caerá el

salario real. La gente reaccionará a este cambio de una forma racional, eligiendo trabajar

por un salario menor, en el mismo puesto de trabajo o en otro, o pasar más tiempo en

familia. De ahí que una conmoción real provoque ciclos mediante reacciones eficientes de

los agentes económicos a sus circunstancias económicas modificadas. Este modelo se

sostiene durante periodos largos. Cuando aparece un conjunto de nuevas invenciones que

hace subir los salarios reales, la gente trabaja más y se produce un incremento de la

producción. Allá donde haya una ralentización tecnológica que provoque una bajada del

salario real, la gente trabajará menos, y provocará una caída en la producción. Éste es el

patrón que observamos durante los auges y las recesiones. Igual que la hipótesis de las

expectativas racionales, la teoría del ciclo económico real supone que, en ausencia de

250
Ibíd., loc. cit.

228
regulaciones, los mercados son eficientes, lo que sugiere, obviamente, que éstos deben

dejarse tan desregulados como sea posible”251.

Esta “teoría” resulta radicalmente equivocada. Lo es a los efectos de aquello que

determina las fluctuaciones de la actividad económica y a los efectos, también, de las

reacciones de los agentes. Son los rendimientos esperados del uso de un bien de inversión,

y sus frecuentes fluctuaciones, lo que determina el nivel de inversión y todas sus virtuosas

consecuencias y es la ilusión monetaria, y no una decisión perfectamente racional, la que

impide a los trabajadores disponerse a aceptar menores salarios nominales. El primer

aspecto es abordado por Minsky:

“En tanto que la productividad de un bien de capital en la teoría convencional está

determinada tecnológicamente, el rendimiento de escasez corriente de ese bien depende de

las diversas suertes de industrias, de locaciones y de condiciones económicas. De hecho, la

“escasez” de capital varía a lo largo de un ciclo económico. Las depresiones se

caracterizan por la ociosidad de hombres y máquinas, los auges por la escasez tanto de

mano de obra como de bienes de capital”252.

Otra teoría, también derivada de la economía convencional y específicamente

dedicada a la medición del riesgo, es la llamada Teoría del mercado financiero eficiente,

que asume desconocer lo que ocurrirá con certeza, aunque pretende conocer, y medir, el

riesgo de que ocurra; esta exitosa valoración de los riesgos se hace representar en los

precios de los instrumentos financieros, acciones, títulos y deudas, siempre a partir de la

información disponible. Esta dependencia de la información presente permitió establecer

falsas analogías, como la de aplicar modelos de seguro a productos que no son asegurables;

251
Robert Skidelsky, El regreso de Keynes, op. cit., p. 57.
252
Hyman Minsky, Las razones de Keynes, op. cit., p. 107.

229
la analogía entre modelos actuariales de vida, propiedad y accidentes y el seguro de

derivados complejos es falsa. El resultado es que “El uso de la palabra <<riesgo>> para

cubrir acontecimientos fortuitos que no pueden asegurarse trasmite una precisión falsa,

que conforta a los mercados, pero que no tiene ninguna base en la ciencia”253.

CUADRO 23

SUPUESTOS INTELECTUALES Y CONSECUENCIAS DE LA TEORÍA

DEL MERCADO FINANCIERO EFICIENTE.

SUPUESTOS CONSECUENCIAS

Los precios de mercado son buenos Los mercados son, en general,

indicadores del valor económico autocorrectores si hay una disciplina de

racionalmente evaluado. mercado como instrumento más eficaz que

la regulación o la supervisión

El desarrollo del crédito titulizado, dado que La principal responsabilidad en la gestión

se basa en la creación de nuevos mercados de riesgos radica en la dirección superior y

más líquidos, ha mejorado tanto la en los consejos de administración de las

eficiencia de la asignación como la empresas.

estabilidad financiera.

Las características del riesgo de los La protección al cliente no se consigue

mercados financieros pueden inferirse mejor por la regulación de los productos o

mediante análisis matemático, la intervención directa, sino asegurando que

proporcionando sólidas medidas los mercados al por mayor sean tan libres y

cuantitativas del riesgo comercial. transparentes como sea posible.

253
Robert Skidelsky, El regreso de Keynes, op. cit., p. 62.

230
La disciplina del mercado puede ser un La distribución de los rendimientos del

instrumento eficaz para restringir la pasado proporciona un abanico de

asunción de riesgos nocivos incertidumbre sobre los rendimientos

futuros. La distribución, o la incertidumbre

de los resultados, se mide mediante la

desviación estándar o la varianza.

Puede suponerse que la innovación Gestión de todo tipo de riesgo: crediticio, de

financiera es beneficiosa, ya que la liquidez, de mercado, legal, catastrófico,

competencia en el mercado desestimaría regulador, político, de cumplimiento y de

cualquier innovación que no supusiera un reputación. Estos riesgos, se creyó, podían

valor añadido calcularse actuarialmente, exactamente

igual que el seguro de vida.

Fuente: Elaboración propia con apoyo en The Turner Review: a Regulatory

Response to the Crisis in Global Banking, Financial Services Authority, 2009, p. 39.

Esta teoría, en un primer lugar y a considerable distancia del resto, fue la primera

baja a contabilizar con la actual crisis, entre otras cosas, por haber convertido en un artículo

de fe que la diversificación de los productos financieros reduce el riesgo: “Los modelos de

gestión del riesgo ignoraron la posibilidad de una correlación casi completa o un impulso

en el movimiento de los riesgos, típico de un auge o de una crisis. Lo que sucedió a lo

largo de 2008 fue que, de repente, el 10 por ciento de los riesgos se convirtió en el 90 por

ciento o más, y todo ello al mismo tiempo”254.

254
Ibíd., p. 61.

231
La previsión de un notable keynesiano, arroja luminosa luz sobre la suerte de los

productos financieros diversificados: “Muy pocos en ese momento, como el profesor

Maurice Allais en París y, en Nueva York, Hyman Minsky –un profesor estrafalario y

marginal admirado por marxistas y por gestores de hedge funds-, fueron los que

anunciaron que se avecinaba una grave crisis financiera. Minsky preveía un desarrollo en

cinco fases: una innovación rentable (o un cambio de política económica), un boom, un

estado de euforia, la retirada de beneficios y, finalmente, el pánico, que desde entonces

recibe el nombre de Minsky Moment y que él predecía para el año 2009…”255.

Sobre el mismo aspecto, Skidelsky aporta lo siguiente: “El ya fallecido Hyman

Minsky, también tras los pasos de Keynes, describió un sistema financiero que transforma

la inversión en especulación, seguida por colapso. Los periodistas económicos han

debatido largo y tendido si el momento actual representa un <<momento Minsky>>. Los

economistas de la teoría dominante hicieron caso omiso e ignoraron por completo a

Minsky”256.

Minsky mismo, ofrece su versión de las fluctuaciones, del momento realmente

anunciado y de la necesaria reivindicación de Keynes:

“La socialización de la inversión que Keynes sugirió ofrece una alternativa tanto

para el tratamiento de la inestabilidad y el estancamiento que rigen actualmente, como

para las ineficiencias inherentes a una economía donde las transferencias son

suficientemente grandes como para ser una barrera efectiva contra el colapso de las

ganancias que lleve a las depresiones profundas.

255
Jaques Attali, ¿Y después de la crisis qué…?, op. cit., p. 42.
256
Robert Skidelsky, El regreso de Keynes, op. cit., p. 63.

232
Keynes es poco importante en la teoría y la política que actualmente dominan pero

eso sólo subraya la banalidad de la teoría y ayuda a explicar lo inadecuado de la política.

Como se ha mostrado, la incapacidad de la teoría actual para comprender la tan evidente

inestabilidad de nuestra economía, lleva a la necesidad de una reconstrucción de la teoría.

Como la incapacidad de la política para operar en la inestabilidad se ha vuelto también

evidente, tendrá que ocurrir una verdadera revisión de la política. En ese momento –y me

atrevo a decir que el momento está cerca- Keynes será de gran importancia, no como un

conjunto de doctrinas heredadas, sino como creador de los hombros de un gigante sobre

los cuales pueda descansar la disciplina y el análisis de la política”257. El momento,

Minsky o Keynes, ha llegado.

Escasez de bienes de consumo, neutralidad del dinero, equilibrio con pleno empleo

y la notable afición por partir de supuestos despojados de realismo, han sido componentes

fundamentales en las diversas construcciones clásicas y neoclásicas que han desembocado

en teorías diversas, como: monetarismo, expectativas racionales, ciclo económico real y

mercados eficientes. En todos estos casos, resulta notable la ausencia de lo que para Keynes

era fundamental en el análisis del comportamiento de los agentes económicos: la

construcción de expectativas con arreglo a la omnipresencia de la incertidumbre:

“Por conocimiento <<incierto>> no pretendo simplemente distinguir lo que se da

por cierto de lo que es sólo probable… El sentido en el que estoy utilizando el término es

aquel en el cual la perspectiva de una guerra europea es incierta, o el precio del cobre y el

tipo de interés de aquí a veinte años, o la obsolescencia de los inventos, o la situación de

los poseedores de riqueza privada en el sistema social de 1970. En estas cuestiones no

257
Hyman Minsky, El legado de Keynes, op. cit., pp. 29-30. El subrayado es mío (FNU)

233
existe ninguna base científica sobre la que pueda formarse ninguna probabilidad

calculable. Sencillamente no lo sabemos”258.

A la incertidumbre se le debe diferenciar del riesgo y de la probabilidad, aunque

recurrentemente se les confunde en las propuestas neoclásicas; veamos la posición de

Keynes, en el extraordinario capítulo XII de la Teoría general:

“Al hacer nuestras previsiones sería torpe atribuir gran influencia a motivos que

sean inciertos (Con “muy inciertos” no quiero decir lo mismo que con “muy

improbables”). Por tanto, es razonable dejarse guiar principalmente por los hechos que

nos inspiren cierta confianza, aunque tengan una importancia menos decisiva para

nuestros fines, que por otros poco y vagamente conocidos. Por este motivo, los hechos

propios de la situación presente entran, desproporcionadamente en cierto sentido, en la

formación de nuestras previsiones a largo plazo, siendo nuestra costumbre fijarnos en la

situación actual para proyectarla en el futuro, modificándola únicamente según los

motivos más o menos definidos que tengamos para esperar una modificación”259.

Bajo tales circunstancias, y asumiendo que el papel de la inversión -el gasto activo y

fluctuante de la demanda efectiva-, es el de motor del sistema económico, resulta

fundamental reconocer la variedad y jerarquía de aquellos elementos que, para Keynes, la

determinan:

“La teoría se puede resumir diciendo que, dada la psicología del público, el nivel

de producción y de ocupación en general depende del volumen de inversión. Lo planteo de

ese modo, no porque sea el único factor del que depende la producción agregada sino

porque, en un sistema complejo, se acostumbra considerar como la causa causans el factor

258
Citado en Robert Skidelsky, El regreso de Keynes, op. cit., p. 109.
259
John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, op. cit., p. 147.

234
más sujeto a fluctuaciones bruscas y apreciables. De una manera más general, la

producción agregada depende de la propensión a atesorar, de la política de la autoridad

monetaria en la medida en que afecte el volumen de dinero, del estado de confianza

respecto del rendimiento esperado de los bienes de capital, de la propensión a gastar y de

los factores sociales que influyen en el nivel del salario monetario. Mas, entre todos esos

factores, los menos confiables son aquellos que determinan la tasa de inversión, pues en

ellos influyen nuestras ideas del futuro, acerca del cual sabemos tan poco”260.

Mayor claridad, imposible. El momento en el que, en palabras de Minsky, Keynes

regresa como creador de los hombros de un gigante, es –ni más ni menos- ahora.

260
John Maynard Keynes, La teoría general del empleo, Quarterly Journal of Economics, 51, febrero de
1937, p. 221. El subrayado es del propio Keynes.

235
CONCLUSIONES.

“Pero, tarde o temprano, son las ideas y no los intereses creados las que presentan

peligros, tanto para mal como para bien”261.

En el análisis de la crisis actual, es visible la persistencia de numerosos autores por

señalar a algunas medidas específicas de política económica, especialmente monetarias,

como las fallas que explican el pavoroso problema o, por lo menos, su origen. En este libro,

aunque esas medidas toman su sitio, me he empeñado en escapar de tal simplismo,

intentando describir a la crisis como un notable fracaso intelectual de las expresiones –ya

no tan recientes- de la llamada sabiduría económica convencional que, con arreglo a la

creciente sofisticación matemática (la que Galbraith denominó fuga técnica), reivindica la

añeja idea relativa a que las rigideces en salarios y precios explican los fenómenos críticos

y, muy especialmente, el desempleo.

Esos cuerpos teóricos fracasados iniciaron el camino de su propia ruina, que ha

originado la ruina, hoy visible, de todo el sistema económico mundial, con la pretensión de

desaparecer o, en una versión menos soberbia, de controlar al ciclo económico, de forma

que las instituciones, instrumentos y políticas que permitieron enfrentarlo terminaron

convirtiéndose, primero, en prescindibles y, no mucho después, en perniciosos. Enviar al

olvido las lecciones de la Gran Depresión y a la hoguera a la teoría y políticas que paliaron

sus efectos, pese a todo no fue un proceso ni veloz ni sencillo. Fue un proceso histórico de,

más o menos, larga duración que, como aquí se ha demostrado, requirió del previo retorno

del conservadurismo en campos distintos al del pensamiento económico.

261
John Maynard Keynes: palabras finales de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, op.
cit., p. 367.

236
Las similitudes entre la Gran Depresión y la crisis en curso son, en verdad, grandes

y alarmantes a los efectos de su origen en la inequidad y en las finanzas y sus inquietantes

reflejos en las contracciones del crecimiento de la economía, del empleo, del comercio

internacional, del crédito para la producción y de las esperanzas sobre el porvenir; y a los

efectos, también, de las reacciones inmediatas, como el nacionalismo económico, las

devaluaciones competitivas y la anemia de los mecanismos de cooperación internacional

para superarla. Contra un cierto optimismo presente, las diferencias, también visibles, no

radican en la aún indemostrada afirmación que esta crisis es un evento menor, y mucho más

controlable, que la que arrancó en octubre de 1929.

Gráfica 3
Comercio mundial
(Variación anual)
15

10
Porcentajes

5
X
M
0
2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009

-5

-10
Años

FUENTE: OMC. Varios años.

Una diferencia notable radica en la fortaleza de la memoria colectiva de la primera

de ambas crisis, tanto por su profundidad cuanto por lo que significó su verdadera solución,

237
la Segunda Guerra Mundial, cuyos efectos materiales compensaron poco y mal las

cuantiosas pérdidas en vidas humanas y en incapacidades físicas y mentales de buena parte

de los combatientes. La Gran depresión y la guerra, por ejemplo, enseñaron las enormes

ventajas de establecer –como lo hizo el Nuevo Trato- una sociedad igualitaria; y esa

trascendente lección, hoy está olvidada:

CUADRO 24

EUA: PARTICIPACIÓN EN LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO.


10% de los ingresosmás 1% de los ingresosmás
Años y Población
elevados elevados
Promedio en ladécada de
43.6% 17.3%
1920
2005 44.3% 17.4%

FUENTE: Paul Krugman, El retorno de la economía de la Gran Depresión y la crisis

actual, op. cit., pp. 127-130.

Hay similitudes, también, en la impresentable desregulación financiera y en los

míseros conocimientos económicos, que Galbraith describió -para el caso de la Gran

Depresión- como variables explicativas de la conexión entre el crack del 29 y la propia

depresión.

En la crisis actual, como señala el propio Krugman, la primera década del siglo XXI

será recordada como aquella en la que “No conseguimos nada ni aprendimos nada”262. Otra

diferencia de gran importancia es que una nueva guerra, con características similares a

aquella, simplemente no se encuentra en el horizonte mediato, por lo que cualquier proceso

de recuperación –en el ámbito que realmente importa, el del empleo- será lento, errático y

vulnerable a nuevas recaídas. Mientras no se experimente un crecimiento sostenido de la

ocupación, el cuerpo de recuperaciones técnicas, brotes verdes y el haber dejado atrás lo


262
Paul Krugman, El gran cero, El País, Negocios, 3 de enero de 2010, p. 7.

238
peor, sólo representa aquello que, con gran tino, John Gray bautizó como un falso

amanecer, ni más ni menos.

La perspectiva histórica, bajo cuyo cobijo quise desarrollar este trabajo, permite

reconocer la magnitud, profundidad y pertinencia de las grandes enseñanzas del

extraordinario antecedente de la crisis en curso y sus notables secuelas; también favorece el

conocimiento del proceso mediante el cual el conservadurismo retornó, con más vitalidad

que novedades, para combatir las propuestas, teóricas y políticas, de Keynes. El fracaso

intelectual de la economía estándar probablemente permitirá una revaloración, mucho más

allá que declarativa, de esas trascendentes propuestas.

La insistencia en reconocer el peso inescapable de la incertidumbre, especialmente

en lo relativo a la decisión de los agentes económicos para invertir (la previsión en el corto

plazo es relativa a los precios y, a largo plazo, a la inversión, diría Keynes), resulta

indispensable –entre otras cosas- porque la economía dominante tiende a confundirla con el

riesgo que, además y para esa sabiduría, es mensurable. La circunstancia por la que la

incertidumbre (lo que no sabemos sobre el futuro) es una constante en el capitalismo,

obliga a otorgarle el mismo sitio en el proceso de su comprensión y, más específicamente,

de la comprensión de sus fluctuaciones. Para entender a Keynes, tal cual lo plantea en el

más luminoso capítulo de la Teoría general, el XII, es un elemento fundamental, como nos

lo recuerda Minsky: “Sin la incertidumbre, Keynes es una especie de Hamlet sin el

príncipe”.

El descrédito en el que ha caído la teoría económica estándar y sus derivados

diversos, no implica –por desgracia- la recuperación profunda del pensamiento keynesiano;

al menos, no por lo pronto. La severidad de la crisis, su duración y la lentitud e

incertidumbre que escoltarán a la recuperación, son elementos que habrán de favorecer una

239
reivindicación plena de aquellas trascendentes aportaciones. Sin embargo, y como se ha

demostrado, la sabiduría convencional y sus apologistas han sido y son de una recurrencia

rayana en la necedad. El regreso de Keynes, en su caso, o es profundo o será aparente,

agotándose en formas puntuales de regulaciones, de gastos públicos o de dinero barato. Con

tales vulgarizaciones, la instauración de facultades institucionales del Estado para intervenir

activamente en la economía, para socializar el dinero y la inversión, para reedificar una

economía mixta guiada por el extraordinario propósito de alcanzar el pleno empleo, tenderá

a posponerse... hasta la nueva crisis.

Tal riesgo está presente en la indulgencia con la que hoy se juzga el fracaso de la

economía convencional y en la resistencia para asumir las enseñanzas profundas de esta

crisis. Es éste, un espacio propicio para hacer votos por un cambio que, inicial y

fundamentalmente, favorezca la asimilación de las lecciones de la crisis y, a partir de ahí,

haga visible la disposición colectiva para edificar una sociedad igualitaria y, de una vez por

todas, dispuesta a superar los vulgares problemas materiales para que, como diría Keynes,

“... nuestra cabeza sea ocupada o reocupada por nuestros problemas reales: los problemas

de la vida y de las relaciones humanas, de la creación, del comportamiento... Y sucede que

hay una razón sutil , extraída del análisis económico, por la que, en este caso, la fe puede

obrar. Porque si actuamos consistentemente sobre la hipótesis optimista, esta hipótesis

tenderá a realizarse; mientras que actuando sobre la hipótesis pesimista podemos

enterrarnos para siempre en el pozo de la necesidad” 263.

La lectura de la Gran Depresión (y de la crisis en curso), en tanto crisis económicas,

y no original, fundamental o únicamente financieras, como se insiste neciamente desde los

escombros del fundamentalismo de mercado, está vinculada, como debe ser, al tipo de

263
John Maynard Keynes, Prefacio a Ensayos de persuasión, op. cit., p. 10.

240
comprensión y de solución que, ayer y hoy, resulta plausible: Una teoría consistente con la

mejor apreciación de la economía política, entendida como la vinculación virtuosa de la

teoría económica con el arte de gobernar; que favorezca el entendimiento relativo a la

persistencia del ciclo económico, que asuma la presencia de la incertidumbre y que otorgue

al Estado el relevante papel de indicar las formas de enfrentarla. A partir de la

disponibilidad de tal teoría, la keynesiana en sentido estricto, ensayar las políticas

consistentes: Un incremento épico de los gastos públicos, talentoso y aplicado en la

ampliación de todo tipo de bienes públicos, en la búsqueda de la mayor equidad en la

distribución del ingreso y en la recuperación de rumbo hacia el pleno empleo con la mayor

estabilidad de precios (en ese orden). A despecho de la equivocada interpretación

friedmaniana de la crisis del 29, que le percibió como un problema de liquidez y de torpeza

mayúscula del Sistema de la Reserva Federal, como un problema monetario (¡Faltaba

menos!)264, Keynes demostró que el problema fue de gasto: “La causa fundamental es la

falta de iniciativas debida a un mercado que no motiva la inversión de capital”265; en

último término, la falla de mercado que se expresa en una débil demanda agregada,

convoca a la intervención económica del Estado, fundamental –aunque no exclusivamente-

fiscal. Los presupuestos de Pleno Empleo, como la más plausible criatura legislativa, y

apoyados en una amplia recaudación progresiva, deben volver a ocupar su relevante sitio en

la confección de las políticas fiscales266.

Las aportaciones de Keynes resultaron fundamentales en la superación de la Gran

Depresión y en la construcción de la subsiguiente Era Dorada. Su regreso, a partir de este

264
Milton Friedman y Anna Schwartz, A Monetary History of the United States, 1867-1960, Princeton,
Princeton University Press, 1963, p.306.
265
John M. Keynes, La Gran Depresión, loc. cit.
266
Cfr. John K. Galbraith, Historia de la economía, Ariel Sociedad Económica, Barcelona, 1989, pp. 276-
277.

241
2010, es una gran noticia, tanto porque resulta indispensable para ocupar el relevante sitio

de la teoría económica que, de manera más que interesada, se le arrebató por un

pensamiento económico intelectualmente inferior, cuanto porque las políticas que propone,

tan cargadas de realismo como los supuestos de su teoría, constituyen una vía cierta, en los

propios ámbitos del capitalismo, para alcanzar el ideal, necesario y factible, de sociedad.

242
ANEXOS

243
Anexo 1

Cronologías de la crisis

Enero 2007

ƒ El Departamento de Comercio anuncia que las ventas de vivienda

nueva cayeron 17.3% en 2006, su nivel más bajo desde 1990,


26
mientras que la reventa de casas usadas cayó 8.4%, el mayor

descenso desde 1989.

Marzo 2007

ƒ HSBC anuncia un fuerte incremento de la morosidad, que subió de

6 35%, la mayor parte de estos impagos se produjeron en el marcado

hipotecario de EU.

ƒ New Century Financial se encuentra al borde de la quiebra después

deque los grandes bancos que le aportan liquidez, como Citigroup,


13
Goldman Sachs y Morgan Stanley, le comunicaron que no le van a

dar más fondos.

Abril 2007

ƒ New Century Financial, considerada como una de las más activas en

la concesión de créditos de alto riesgo, se declara en bancarrota. Sus

2 activos y operaciones pasaron a manos de Carrington Capital

Management, y de Greenwich Capital Financial Products, por un

valor total de casi 300 millones de dólares (mdd).

244
Junio 2007

ƒ La Reserva Federal (Fed) decidió mantener los tipos de interés por


29
novena vez consecutiva en 5.25 por ciento.

Julio 2007

ƒ EU revisa a la baja sus tasa de crecimiento del primer trimestre a


1
0.6% del PIB, el menor en cinco años

Agosto 2007

ƒ American Home Mortgage Investment anuncia lar educción de


3
90.3% de su plantilla

ƒ American Home Mortgage, el décimo del sector hipotecario en EU,


6
declara la suspensión de pagos.

ƒ La Fed anuncia un recorte de medido punto –de 6.25 a 5.75%- en el

17 tipo de interés que aplica al dinero que presta a las entidades

bancarias.

ƒ El banco hipotecario First Magnus Financial presenta unja solicitud

21 de suspensión de pagos ante un tribunal de Arizona (EU) al no poder

hacer frente a sus obligaciones.

ƒ Las entidades crediticias Bear Stearns, Capital One, Countrywide

22 Financial y SunTrust Banks, golpeadas por los impagos de las

hipotecas de alto riesgo, suman más de 11,040 despidos.

245
ƒ Entre enero y agosto, el sector financiero de EU ha destruido 87,962

empleos, 75% más que todos los despidos acumulados en 2006.

ƒ The Mortgage Bankers Association of America anuncia una


30
reducción en las solicitudes de hipotecas de 4 por ciento

Septiembre 2007

ƒ El Banco de Inglaterra rescata al Northern Rock por sus problemas


15
de liquidez garantizando el 100% de los depósitos bancarios

ƒ La Fed opta por rebajar en medio punto los tipos de interés, hasta
18
4.75 por ciento.

ƒ El grupo holandés ING Direct sale al rescate de los clientes de

30 Netbank por el alto volumen de impagos de las hipotecas y su

delicada situación financiera.

Octubre 2007

ƒ El suizo UBS, el mayor gestor de patrimonios de banca privada del


1
mundo, declara que despedirá a 1,500 empleados, 2% de la plantilla.

ƒ Un fallo en el modelo de cálculo de Morgan Stanley se tradujo en

14 unas pérdidas de 390 mdd en un solo día, sumando a 13 días previos

de pérdidas.

24 ƒ Merrill Lynch cierra sus cuentas del tercer trimestre con unas

246
pérdidas de 2,240 mdd, las mayores en un solo trimestre en sus 93

años de historia.

Noviembre 2007

1 ƒ La Fed bajó los tipos de interés a 4.5 por ciento

ƒ El banco de inversiones Morgan Stanley anuncia que en el cuarto

trimestre se verá obligado a cargar a su cuenta de resultados 3,700


8
mdd por las pérdidas ocasionadas en su negocio de hipotecas basura

o de alto riesgo.

ƒ Wachovia anuncia que la crisis subprime redujo el valor de sus


9
activos en 1.100 mdd en octubre.

ƒ El precio de las nuevas viviendas vendidas en EU cayó 13% en


30
octubre, la mayor caída desde 1970.

Diciembre 2007

ƒ La CE autoriza el paquete de ayudas de Reino Unido para rescatar el


5
banco hipotecario Northern Rock, quinto banco hipotecario del país.

ƒ La Fed bajó en un cuarto de punto los tipo de interés, hasta 4.25 por
10
ciento

ƒ El BCE colocó 348,607 millones de euros entre 390 entidades


18
financieras a 4.21 por ciento.

19 ƒ El banco de inversión Morgan Stanley anunció una inyección de

247
5,000 mdd desde el fondo soberano controlado por el gobierno

chino.

Enero 2008

ƒ EU registra la tasa de desempleo más alta en los dos últimos años,


4
según datos del Departamento de Trabajo.

ƒ Ford se desploma tras advertencias de una mala situación en la


5
industria, presenta pérdidas frente a Toyota en ventas y títulos.

ƒ En Madrid el gobierno exigirá a la banca planes de emergencia para


9
la crisis de liquidez.

ƒ Bancos y cajas españolas afrontan la crisis con un “colchón” de

14 34,000 millones de euros para combatir la morosidad futura, de ser

esta muy elevada.

ƒ El temor a lar recesión castiga a las principales Bolsas, Wall Street

protagoniza el peor arranque bursátil desde 1978: en tres semanas

15 presenta pérdidas de 800,000 mdd.

ƒ Citigroup presentó los peores números de su historia, demostrando

con ello el impacto devastador de la crisis hipotecaria.

ƒ El presidente de EU y la Fed respaldan nuevos estímulos fiscales

contra la crisis, complementarios a la política monetaria, el plan de


18
choque (100,000 mdd) representa 1% del PIB y contempla una

nueva disminución en las tasas de interés, devolver impuestos a

248
familias y reducir la carga fiscal a empresas.

ƒ Las Bolsas asiáticas y europeas reaccionan ante medidas fiscales de

22 EU. La amenaza de recesión hunde los mercados de todo el mundo

salvándose solo Wall Street que cerró por festividad.

ƒ La Fed baja por quinta ocasión, desde el inicio de la crisis, los tipos
31
dejándolos en 3%, medida que busca evitar la recesión.

Febrero 2008

ƒ La crisis obliga a EU a duplicar el déficit público, debido a la caída

5 de los ingresos derivados del costo del paquete temporal de

estímulos fiscales.

12 ƒ AIG anunció que sus pérdidas acumuladas llegaron a 4,112 mdd.

13 ƒ La banca estadounidense retrasa los embargos a clientes morosos.

Marzo 2008

ƒ El euro marca récord frente al dólar ante el temor a una recesión en


1
EU.

ƒ El clima de recesión en EU deja al dólar en mínimos históricos, la

Fed inyecta 100,000 mdd ante las nuevas tensiones financieras. El


8
presidente Bush admite la desaceleración tras la destrucción de

63,000 empleos en febrero.

11 ƒ La Fed y los Bancos Centrales de España, Reino Unido, Canadá y

249
Suiza toman medidas coordinadas para aliviar las condiciones en los

mercados de crédito.

ƒ El oro rompe la barrera de los 1,000 dólares como refugio ante la

crisis.

14 ƒ La Fed sale al rescate de la mayor firma de bonos Bear Stearns con

ayuda de JP Morgan, facilitando el acceso a una línea de

financiación especial.

ƒ La crisis financiera se recrudece, las Bolsas caen pese a las nuevas

medidas de la Fed y penalizan a los bancos; el crudo baja de los 100

18 dólares por temor a la recesión.

ƒ La venta de Bear Stearns a precio de saldo aviva el temor sobre

otros bancos, Lehman Brothers presenta pérdidas de 20% en Bolsa.

ƒ La crisis financiera empuja al Euríbor a su mayor alza, las tensiones

26 bancarias son las que provocan su inflación, traduciéndose en

encarecimiento de hipotecas.

ƒ América Latina (AL) cierra un lustro de oro, el continente afronta la

30 desaceleración mundial con tasas de crecimiento no registradas

desde los años setenta.

Abril 2008

1 ƒ EU da a la Fed máximos poderes en el control del sector financiero.

ƒ Las hipotecas “basura” también generan pérdidas en Japón. El


11
banco Mizuho, de los más importantes en el país, anuncia que las

250
subprime le han costado 565,000 millones de yenes (5,538 mdd y

otros 3,505 en euros).

ƒ La crisis sacude a Merrill Lynch por tercer trimestre consecutivo,


18
cerró el primer trimestre con unas pérdidas netas de 1,960 mdd.

ƒ Reino Unido sale al rescate de la banca. El Banco de Inglaterra

permitirá canjear activos dañados por bonos del Estado, prevé

20 65,000 millones de euros para la banca, inyectando liquidez en los

mercados y permitiendo canjear de forma temporal hipotecas y otros

activos dañados por la crisis subprime.

ƒ La Fed recorta por séptima vez los tipos a 2%, señalando que puede

30 ser el último recorte, en una campaña que busca ayudar a frenar la

desaceleración de la economía norteamericana.

Mayo 2008

ƒ El BCE, la Fed y el Banco Nacional Suizo acuerdan aumentar la

2 inyección de dinero a los mercados para ayudar a frenar la continua

escasez de préstamos.

Junio 2008

ƒ Lehman Brothers pierde 1,790 mdd en el segundo trimestre desde su

16 salida a Bolsa. Asimismo, la entidad ha reducido en 35% sus

compromisos de financiación.

23 ƒ Citigroup, que acumula más de 15,000 mdd en pérdidas en los dos

251
últimos trimestre, y Goldman Sachs planea reducir en

aproximadamente un 10su plantilla de banca de inversión para paliar

la crisis lo que supone unos 6,500 despidos.

Julio 2008

ƒ La reforma de las pensiones entra en vigor en Chile.

2 ƒ Las acciones de la inmobiliaria Taylor Wimpey, la mayor de Reino

Unido, caen un 45% en la Bolsa de Londres.

ƒ El BCE decide subir los tipos básicos de interés en 25 puntos, hasta

4.25%, con lo que ha situado el precio del dinero en la zona euro a

sus nivel más alto de los últimos siete años.

3 ƒ La oficina estadística de Dinamarca anuncia que es el primer país de

la UE que entra en recesión.

ƒ El Euríbor, ante la subida de tipos, sube de 5.12 a 5.43%, lo que

supone un encarecimiento de las hipotecas.

ƒ EU cierra el primer semestre de 2008 con 438,000 empleos


4
distribuidos.

ƒ Ignacio Deschamps, director general de BBVA Bancomer, comenta

5 que la inversión crediticia de la filial en México crecerá en torno a

20%, pese al entorno internacional.

ƒ Se anuncia que las ventas de automóviles cayeron en junio 18 y


6
28% para General Motors (GM) y Ford, respectivamente.

8 ƒ La Fed anuncia que tiene intención de prolongar hasta 2009 los

252
créditos de emergencia a la banca de inversión.

ƒ Las entidades hipotecarias semipúblicas Fannie Mae y Freddie Mac

se derrumban en Wall Street, por el delicado estado de sus cuentas y

sus dificultades para dotarse de liquidez frente a la crisis, 14 y 22%,

10 respectivamente.

ƒ El banco californiano Indymac, uno de los más importantes en

cuanto a concesión de hipotecas de EWU, queda bajo control de las

autoridades federales para evitar la quiebra.

ƒ Como medida para compensar sus pérdidas en la crisis hipotecaria,

el banco estadounidense Citigroup confirma la venta de su negocio


11
de banca minorista en Alemania, Citibank Privatkunden, al banco

francés Crédit Mutuel por 4,900 millones de euros.

ƒ La Fed autoriza a la Reserva de Nueva York conceder créditos a

14 Fannie Mae y Freddie Mac, si fuera necesario, para restablecer la

confianza de Wall Street en ambas hipotecarias

ƒ GM anuncia que despedirá un número sin determinar de

trabajadores para recortar sus costes hasta en 20% y al mismo


15
tiempo recurrirá a los mercados financieros para buscar hasta 3,000

mdd en préstamos.

ƒ El Departamento de Trabajo de EU informa que el IPC subió en

16 junio pasado 1.1% lo que supone el mayor avance de los últimos 26

años.

19 ƒ Citigroup y Merrill Lynch anuncia pérdidas en el segundo trimestre

253
del año por 2,500 y 4,650 mdd respectivamente.

ƒ La Cámara de Representantes de EU aprueba el proyecto de ley

para apoyar el mercado hipotecario: la medida respalda


24
explícitamente a las entidades hipotecarias Fannie Mae y Freddie

Mac, que poseen casi la mitad de la deuda hipotecaria nacional.

ƒ El Senado de EE UU aprueba un paquete de medidas para salir al

rescate del sector inmobiliario. Además, permitió a la Casa Blanca

salir al rescate de los bancos semipúblicos Fannie Mae y Freddie

26 Mac.

ƒ Las autoridades del Tesoro de EU intervienen el First National

Bank de Nevada y el First Heritage Bank de California debido a su

baja capitalización.

ƒ La Casa Blanca pronostica un déficit récord de 482,000 mdd para el

28 año fiscal 2009, lo que representaría aproximadamente 3.5% de la

economía de la nación.

Agosto 2008

ƒ La Fed decide mantener los tipos de interés a 2%, su nivel más bajo

5 desde noviembre de 2004. Esta decisión es un intento por mantener

a raya la inflación de la economía del país.

ƒ El BCE decide mantener los tipos de interés en la zona del euro en

7 4.25 por ciento.

ƒ El gobierno de Japón da por finalizado, de forma oficial, el periodo

254
de expansión más largo desde el final de la Segunda guerra Mundial

en 1945.

ƒ El euro experimenta una acusada caída en su cotización frente al

dólar y cierra en 1.5006 dólares, su nivel más bajo desde finales de

febrero. La causa es la decisión de BCE de mantener los tipos en

4.25 por ciento.

ƒ El Instituto Italiano de Estadística (Istat) estima que el PIB italiano

tuvo un crecimiento cero durante el segundo trimestre del año, frente

8 al mismo periodo de 2007, mientras se redujo el 0.3% en

comparación con el primer trimestre.

ƒ El Royal Bank of Scotland anuncia que en el primer semestre del

año tuvo pérdidas netas por 493 millones de euros.

ƒ AIG, la mayor aseguradora del mundo, cierra el segundo trimestre

con pérdidas de 5,360 mdd. Es el tercer trimestre consecutivo que la

aseguradora cierra en rojo, por su exposición a las hipotecas basura.

ƒ El banco UBS registra una pérdida neta de 358 millones de francos

suizos (unos 221 millones de euros) en el segundo trimestre de 2008,


12
una consecuencia directa de sus importantes inversiones en el sector

de créditos de alto riesgo en EU.

ƒ Se anuncia que la economía japonesa acumula una contracción

13 anual del 2.4% tras haber retrocedido un 0.6% entre abril y junio en

comparación con el primer trimestre del año.

14 ƒ El Departamento de Trabajo de EU informa que el Índice de

255
Precios al consumo (IPC) subió un 0.8% en julio. En un año el IPC

ha subido 5.6%, el mayor incremento interanual en 17 años.

ƒ Eurostat informa que la economía europea se ha contraído en el

segundo trimestre: la oficina estadística comunitaria cifra en el 0.2%

la caída del PIB de la eurozona y en el 0.1% la del conjunto de la

UE.

ƒ La compañía estadounidense de neumáticos Goodyear anuncia que

se ha visto obligada a cerrar 12% de sus tiendas en EU y desaparecer


19
600 puestos de empleo por el mal momento económico que atraviesa

la industria automotriz.

ƒ El fondo estadounidense de capital privado Lone Star anuncia la

20 compra de 91% de los títulos del Banco Alemán de Industria (IKB),

afectado por la crisis hipotecaria y financiera.

ƒ La Oficina Nacional de Estadística británica (ONS; en inglés)

publica que el PIB del Reino Unido registró en el segundo trimestre


22
0% de crecimiento. Este dato es el peor en 16 años al acabar con 63

trimestres de continuo crecimiento.

ƒ Alemania anuncia el primer retroceso de su PIB en cuatro años al

26 caer 0.5%. Esto llevó al euro a su nivel más bajo de los últimos seis

meses hasta cotizar a 1.4591 dólares a media sesión.

ƒ La agencia que da cobertura a los depósitos bancarios en EU –la

27 FDIC, por sus siglas en inglés-, identificó durante el segundo

trimestre a 117 bancos con problemas.

256
ƒ La administración Bush publica que la economía de EU creció 3.3%

28 en el segundo trimestre en tasa interanual, y que dicho crecimiento

estuvo justificado por el empuje de las exportaciones.

Septiembre 2008

ƒ Dinamarca abandona la recesión técnica en la que se encontraba desde hace

1 dos trimestres después de que el PIB creciera 0.6% entre abril y junio de

este año, según cifras oficiales.

ƒ El BCE anuncia un endurecimiento del sistema de garantías que se exige a


4
los bancos comerciales de la zona del euro para prestarles dinero.

ƒ El Departamento de Trabajo de Washington anuncia que la economía

estadounidense ha visto subir su tasa de paro hasta 6.1% a cierre del pasado
5
mes, el nivel más alto de los últimos cinco años tras ocho meses

consecutivos a la baja.

ƒ Henry Paulson, secretario del Departamento del Tesoro del gobierno

7 estadounidense, anuncia la tutela legal de las hipotecarias Fannie Mae y

Freddie Mac.

ƒ La decisión del gobierno estadounidense de rescatar las dos hipotecarias

8 más grandes, Fannie Mae y Freddie Mac, provoca la mayor alza diaria en

un mes en el índice Dow Jones que subió 2.58 por ciento.

ƒ Lehman Brothers anuncia el recorte de dividendos, la venta del paquete de

10 control de su división de gestión e inversiones, y su deseo de deshacerse de

30,000 mdd en activos inmobiliarios

257
ƒ El anuncio de Lehman Brothers provoca una caída de 42% de su valor en
11
Bolsa

ƒ El gobierno de EU interviene en la negociación con inversores privados

12 para lograr un acuerdo de venta del banco de inversión Lehman Brothers

par evitar su colapso y tener que recurrir al dinero público.

ƒ Se anuncia la bancarrota del cuarto banco de inversión estadounidense

Leyhman Brothers y la venta de Merrill Lynch a Bank of America.

ƒ El BCE anuncia una nueva inyección de liquidez por 30,000 millones de

euros.

ƒ Los precios del petróleo, ante la expectativa de una menor demanda tras la

quiebra de Lehman, caen a su nivel más bajo desde febrero: por debajo de

los 92 dólares en el mercado de Londres y a menos de 96 en el de Nueva

York.

15 ƒ Ante la gravedad de la situación la Fed anunció la expansión de sus

mecanismos de préstamo y la aceptación de un abanico más amplio de

garantías como aval para esos créditos.

ƒ Un grupo de diez bancos internacionales, entre los que se cuentan Bank of

America, Barclays, Deutsche Bank y UBS, anunciaron la formación de un

fondo que servirá de garantía para el sistema financiero y en el que cada

entidad aportará 7,000 mdd.

ƒ Las acciones de AIG, la mayor aseguradora de EU, pierden 61% de su valor

en la Bolsa de Nueva York.

16 ƒ Las acciones de AIG pierden nuevamente más de 37% de su valor en la

258
Bolsa de Nueva York.

ƒ La Fed decide mantener la tasa de interés de referencia en su nivel de 2% e

inyectar liquidez por 50,000 mdd.

ƒ El índice Nikkei de la Bolsa de Tokio cae 5% hasta su nivel más bajo de los

últimos tres años.

ƒ El banco británico Barclays, el tercero de Reino Unido por valor, llega a un

acuerdo para comprar la sección de brokers de Lehman Brothers por cerca

de 2,000 millones de euros.

ƒ Se anuncia el rescate de AIG por parte de la Fed con un crédito puente de

85,000 mdd.

ƒ La drástica caída de las acciones de las bolsas de Moscú obligó al Servicio

Federal para Mercados Financieros a suspender las operaciones en las


17
Bolsas de Rusia.

ƒ El Departamento del Tesoro emite 40,000 mdd en bonos cuyo receptor es

el banco de Nueva York, debido al deterioro en el balance de la Fed por sus

cuantiosas inyecciones de liquidez al sistema bancario.

ƒ Los principales índices bursátiles rusos, el RTS y el MMVB, vuelven a abrir

con unas subidas del 9 y 13, respectivamente.

19 ƒ El oro y la plata se disparan en Bolsa como valores refugio: el precio del

oro en la Bolsa mercantil de Nueva York ha aumentado cerca de 14%, la

plata acumula un ascenso cercano a 20 por ciento.

ƒ El presidente Bush envía al Congreso la propuesta legislativa para el


20
rescate de Wall Street cuyo costo ascendió a 700,000 mdd.

259
ƒ El plan de rescate del gobierno de EE UU dispara el precio del petróleo: el

precio del crudo de Texas se encarece 15.7 por ciento.

22 ƒ La Fed exige a Morgan Stanley y Goldman Sachs que transformen su

estructura y se conviertan en entidades de banca tradicional en el marco del

plan de rescate diseñado por el gobierno estadounidense.

ƒ La casa de valores japonesa Nomura anuncia un acuerdo para adquirir los

activos y operaciones de banca de inversión de Lehman Brothers en Europa

y Oriente Medio.
23
ƒ La Fed aprueba la conversión de Goldman Sachs y Morgan Stanley, los dos

últimos bancos de inversión independientes, en bancos comerciales

regulados y supervisados como el resto de entidades.

ƒ El banco de inversión norteamericano JP Morgan Chase & Co cierra un

acuerdo para adquirir los depósitos y las filiales de Washington Mutual

(WaMu), la mayor caja de ahorros y préstamos de EU, por 1,900 mdd. El

resto de la entidad será gestionada por el gobierno estadounidense.

ƒ Irlanda entra en recesión por primera vez desde 1983.

ƒ El banco belga-holandés Fprtis anunció la venta de activos por valor de


26
hasta 10,000 millones de euros para hacer frente a la caída de 70% en su

cotización bursátil en lo que va del año.

ƒ El BCE, el Banco de Inglaterra y el Banco Nacional de Suiza acuerdan

inyectar un total de 74,000 MDD con el objetivo de ayudar a lso bancos al

cierre de los balances del tercer trimestre.

ƒ El HSBC, el mayor banco de Europa, despide a 1,100 personas de su

260
división de banca global y operaciones de mercado, debido a la

incertidumbre de la crisis crediticia mundial.

ƒ El gobierno británico anuncia la nacionalización del banco Bradford &


27
Bingley (B&B), afectado por la crisis crediticia.

ƒ El Dow Jones registra la mayor caída en puntos de su historia tras el

rechazo de la Cámara de Representantes al plan de rescate financiero y

cierra con una caída de 6.98 por ciento.

ƒ La Corporación Federal Aseguradora de Depósitos (FDIC, en inglés) de


29
EU anuncia la venta del negocio de banca de Wachovia a Citigroup.

ƒ La Fed y los principales bancos centrales del mundo incrementan la

disposición de dólares a las entidades financieras no estadounidenses hasta

los 620,000 mdd frente a los 330,000 que tenían a disposición.

ƒ Bélgica, Francia y Luxemburgo anuncian una inyección de 6,400 millones

30 de euros en el banco-aseguradora Dexia, que el día anterior se desplomó un

29% en Bolsa.

Octubre 2008

ƒ El gobierno irlandés se compromete a proteger su sistema financiero de la


1
crisis internacional.

ƒ El Senado de EU aprueba el plan de rescate que prevé 700,000 mdd para


2
estabilizar los mercados financieros.

ƒ El BCE permitirá a los bancos de la eurozona inyecciones de liquidez


3
adicional para enfrentar la crisis.

261
4 ƒ Irlanda, Grecia y Reino Unido elevan las garantías de depósitos bancarios.

ƒ El gobierno alemán aprueba el rescate del banco hipotecario Hypo Real


5
Estate por 50,000 millones de euros.

ƒ Las Bolsas de todo el mundo registran caídas superiores a 5 por ciento.

6 ƒ Los ministros de economía de la UE acuerdan elevar a más de 40,000 euros

la garantía de los depósitos.

ƒ El gobierno británico anunció el rescate por 50,000 millones de libras para

estabilizar el sistema financiero y garantizar la liquidez de los principales

bancos del país.

ƒ El presidente ruso anunció un paquete de ayuda para la banca de 27,000 mdd.

ƒ El gobierno de España crea un fondo máximo de 50,000 millones de euros


8
para apoyar la banca del país.

ƒ Islandia nacionaliza el banco Landsbanki para evitar la quiebra del sistema

financiero y la bancarrota del Estado.

ƒ El presidente de México presenta un plan contra la crisis financiera basado en

el impulso a la inversión.

ƒ El gobierno italiano crea un fondo de 20,000 millones de euros para la

9 estabilidad de la banca.

ƒ Islandia nacionaliza su mayor banco.

ƒ Rusia anuncia una inyección de 5,000 millones de euros como medida de


11
rescate del sistema financiero.

ƒ Gran Bretaña anuncia un plan de rescate financiero por más de 44,000


12
millones de euros para evitar la quiebra de los cuatro mayores bancos del

262
país.

ƒ GM negocia una posible fusión con Chrysler para hacer frente a la crisis

financiera.

ƒ España prevé un plan de rescate de 100,000 millones de euros.

ƒ Austria destinará 100,000 millones de euros en el rescate de entidades en

13 problemas financieros.

ƒ El gobierno de Portugal aprotará 20,000 millones de euros para garantizar las

operaciones financieras de los bancos que operan en su país.

ƒ La canciller alemana, Ángela Merkel, anuncia un nuevo fondo de

estabilización de los mercados financieros por 500,000 millones de euros para

14 avalar deudas y créditos interbancarios.

ƒ Francia da a conocer un plan gubernamental destinado a garantizar los

créditos interbancarios con un límite de 320,000 millones de euros.

ƒ Caen las principales Bolsas del mundo, registran bajas de más de 5 por

ciento.
15
ƒ La bolsa islandesa registró la peor caída de su historia, 77% tras volver a

cotizar luego de permanecer cerrada por tres días.

ƒ El gobierno suizo rescatará al UBS, el banco europeo más golpeado por la

crisis financiera internacional, con 6,200 mdd.


16
ƒ Aumentó la cifra de parados en Reino Unido a 1.79 millones, la más alta en

17 años.

ƒ Las autoridades holandesas inyectarán 10,000 millones de euros en el capital


19
del grupo holandés de banca y seguros ING para fortalecerlo ante la crisis.

263
ƒ El parlamento europeo aprueba un plan de rescate de entre 10 y 30 mil

millones de euros.
20
ƒ Francia anuncia una inyección por 10,500 millones de euros en el capital de

sus seis principales bancos privados.

ƒ EU anuncia una inyección de liquidez a los fondos de inversión por 540,000

mdd.
21
ƒ El gobierno sueco da a conocer un plan de rescate financiero por 150,000

millones de euros

ƒ El presidente brasileño, Luis Inácio Lula da Silva, envía una iniciativa que
23
autoriza la nacionalización de la banca.

ƒ El presidente francés, Nicolas Sarkozy, anuncia un plan anticrisis que


24
contempla crear un fondo público par salvar empresas estratégicas.

ƒ Se desploman las principales bolsas del mundo, presentan caídas por encima

de 5 por ciento.
25
ƒ El Fondo Monetario Internacional (FMI) anuncia un préstamo por 2,100

mdd a Islandia.

ƒ El FMI anunció un acuerdo con Ucrania para el préstamo de 16,500 mdd para
27
hacer frente a la crisis.

ƒ GM y Chrysler solicitaron ala gobierno estadounidense alrededor de 10,000

28 mdd como un paquete de rescate que dé cobertura financiera a la fusión entre

ambas compañías.

29 ƒ Islandia subió los tipos de interés a 18% para reforzar su moneda.

30 ƒ La economía estadounidense se contrae por primera vez desde 2001 a un

264
ritmo anual de 0.3%. El consumo cae 3.1% la mayor caída en 17 años.

ƒ La Comisión Europea (CE) aprueba un plan de apoyo a la economía y

protección al empleo ante el inminente riesgo de recesión.

ƒ El FMI, la Unión Europea (UE) y el Banco Mundial (BM) se

comprometieron a otorgar un préstamo por 20,000 millones de euros a

Hungría para superar el colapso del sistema financiero.

ƒ La economía española registró un retroceso del 0.2 en el tercer trimestre


31
respecto al anterior, el primero en 15 años.

Noviembre 2008

ƒ El BOJ recortó los tipos de interés, por primera vez en siete años, para hacer
1
frente a la crisis financiera.

ƒ El ministro de finanzas de Portugal anuncia la nacionalización del Banco


2
Portugués de Negocios (BPN).

ƒ El Commerzbank anunció que ha solicitado ayuda por 8,200 millones de

euros del fondo de rescate del gobierno alemán para reforzar su liquidez.
3
ƒ El presidente Bush niega la ayuda solicitada por GM para su fusión con

Chrysler.

ƒ El gobierno francés presiona a los bancos para que otorguen créditos a

particulares y empresas.
4
ƒ Las autoridades austriacas anunciaron la nacionalización del octavo banco

del país, Kommunalkredit.

5 ƒ El gobierno alemán aprobó un paquete de ayuda económica de hasta 35,000

265
millones de euros para reactivar la economía.

ƒ La tasa de desempleo de EU alcanzó 6.5%, la más alta desde marzo de 1994,

el número de parados llegó a 10.1 millones de personas.

ƒ GM pierde 2,500 mdd durante el tercer trimestre del año y reduce su liquidez

en 6,900 mdd.

7 ƒ El FMI aprobó un crédito por 16,500 mdd a Ucrania para fortalecer su

estabilidad económica.

ƒ El gobierno chino autorizó una inyección de capital de 14,880 millones de

euros a su cuarto banco, el Banco Agrícola de China, para mejorar su

posición financiera y estimular su rentabilidad.

ƒ El Consejo de Estado chino informó que planea invertir cuatro billones de

yuanes (casi 460,000 millones de euros) en su economía y facilitará la


9
adquisición de créditos y financiamiento a fin de reactivar la demanda interna

ya dinamizar la economía.

13 ƒ Alemania entra oficialmente en recesión.

14 ƒ Italia entra oficialmente en recesión.

ƒ Japón entra oficialmente en recesión.

17 ƒ El gobierno italiano anuncia un plan de acción que supone una inyección de

80,000 millones de euros para tratar de reactivar la economía.

ƒ El primer ministro japonés anuncia un plan de estímulo económico por

40,000 millones de euros para hacer frente a la crisis.


18
ƒ El BOJ rebajó los tipos de interés a 0.3 por ciento.

ƒ El Euríbor baja a 4.32 por ciento

266
ƒ Los presidentes de las tres mayores compañías automovilísticas de EU, Ford,

19 GM y Chrysler, solicitaron al Congreso un plan de rescate por 25,000 mdd

para evitar el colapso de la industria automotriz de ese país.

ƒ Se presentan caídas de más de 5% en las principales bolsas del mundo.


20
ƒ El FMI aprueba un préstamo por 2,100 mdd para Islandia.

ƒ El Dow Jones gana 6.5 por ciento.

ƒ El gobierno holandés aprobó la fusión de los dos bancos más afectados por la

21 crisis, ABN-Amro y Fortis Holanda.

ƒ El senado argentino aprueba la nacionalización de los fondos privados de

pensiones.

ƒ Citigroup pierde 70% del valor de sus acciones en 3 días.

22 ƒ El gobierno británico anuncia una rebaja del IVA de 2.5% para estimular el

consumo.

ƒ El gobierno estadounidense anuncia una inversión de 20,000 mdd en el


24
rescate de Citigroup.

ƒ La Fed y el Departamento del Tesoro acordaron un plan por valor de 800,000

mdd para reactivar los mercados de crédito y atajar los efectos de la crisis

financiera en la economía real.


25
ƒ La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, anunció un plan para

reactivar la economía que incluye, entre otras medidas, la repatriación de

capitales.

ƒ El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, anuncia un crédito


27
extraordinario de 11,000 millones de euros para hacer frente a la crisis,

267
combatir el desempleo y reactivar la economía a través, principalmente, de

obra pública.

ƒ El gobierno chino rebaja los tipos de internes en 1.08 puntos.

ƒ El Consejo de Ministros de Italia aprobó un paquete de ayuda para combatir

la crisis económica por un monto de 80,000 millones de euros.

28 ƒ El banco público alemán, BayernLB, recibirá una inyección de capital y

garantías por valor de más de 30,000 millones de euros.

ƒ Suecia entra oficialmente en recesión.

Diciembre 2008

ƒ Se hace oficial la recesión en EU.

1 ƒ El Dow Jones presenta una caída de 7.7%. Las Bolsas europeas también

presentan descensos importantes.

ƒ GM presenta ante el Congreso de EU su plan de reestructuración y viabilidad,

solicitando un préstamo de hasta 12,000 mdd para mantener su liquidez. Esto

se suma a la solicitud de hasta 9,000 mdd presentada por Ford.

2 ƒ El impacto de la crisis en el sector financiero internacional provocó el

despido de más de 100,000 empleados bancarios de todo el mundo, de los

cuales, aproximadamente 50% pertenecen al corporativo estadounidense

Citigroup.

ƒ El Banco Central Europeo (BCE) decidió rebajar los tipos de interés en 75

4 puntos básicos hasta 2.5 por ciento.

ƒ El gobierno argentino anuncia un plan de 13,200 millones de pesos

268
argentinos para hacer frente a la crisis. Se destinarán 3,100 millones de pesos

a la industria automotriz.

ƒ El presidente francés, Nicolas Sarkozy, anuncia un plan de estímulo para

reactivar la economía por 27,000 millones de euros, concediendo especial

atención al sector automotriz.

ƒ La producción industrial en España registra su peor caída histórica tras bajar


5
12.8% por sexto mes consecutivo.

ƒ Los líderes demócratas del Congreso de EU envían a la Casa blanca un

8 acuerdo para inyectar un máximo de 15,000 mdd de ayuda inmediata al sector

automotriz.

ƒ El gobierno brasileño anuncia una serie de recortes de impuestos con lo que

busca inyectar a la economía cerca de 3,900 mdd, además de aumentar el

consumo y hacer frente a la crisis financiera global.

11 ƒ La Agencia Internacional de Energía (AIE) anuncia el primer retroceso desde

1983 de la demanda mundial de petróleo.

ƒ La Cámara de Representantes de EU aprovecha el plan de rescate para

inyectar 15,000 mdd a la industria automovilística del país.

12 ƒ Rusia entra oficialmente en recesión.

ƒ El Senado estadounidense veta el fondo especial de 14,000 mdd solicitados

13 por la Casa Blanca para rescatar a sus tres gigantes del automóvil.

ƒ Japón, China y corea del Sur crean un Frente Asiático Unido contra la crisis.

ƒ La Fed baja los tipos de interés dejando el precio del dinero entre 0 y 0.25
16
por ciento, nivel históricamente bajo.

269
ƒ La producción industrial rusa cayó 10.8% en noviembre, respecto al mes

anterior.

ƒ El gobierno irlandés anunció que inyectará hasta 10,000 millones de euros,

provenientes del fondo nacional de reserva de las pensiones, en los cinco

grandes bancos del país para asegurar su viabilidad financiera en el largo

plazo.

ƒ La cadena británica de almacenes Woolworth anuncia el cierre de sus 807


17
establecimientos con lo que 27,000 personas podrían perder sus empleos.

18 ƒ Chrysler anuncia que cerrará durante un mes sus fábricas en EE UU.

ƒ El presidente de EU, anuncia que destinará 17,400 mdd en préstamos para las

empresas automovilísticas mientras implementan su plan de reestructuración.


19
ƒ El Banco Central de Japón (BOJ) anunció un recorte de las tasas de interés

hasta 0.1 por ciento.

ƒ El gobierno japonés aprueba un nuevo paquete de ayudas económicas de 4.79


20
billones de yenes (unos 38,500 millones de euros).

ƒ Las autoridades canadienses anunciaron un préstamo de 4,000 mdd


21
canadienses para las empresas automovilísticas, Chrysler, GM y Ford.

ƒ El gobierno de Irlanda anuncia la nacionalización del Anglo Irish Bank y la

22 intervención parcial del Bank of Ireland y el Allied Irish Banks. El Estado

inyectará un total de 5,500 millones de euros en esas entidades.

ƒ La Fed aprueba que la entidad financiera de GM, GMAC se convierta en

24 banco comercial para que pueda acceder a la ayuda financiera del gobierno

estadounidense.

270
ƒ La producción industrial japonesa cae 8.1% en noviembre respecto al mes
26
anterior, lo que supone la mayor caída de su historia.

27 ƒ Oficial, la recesión en España tras dos semestres de crecimiento negativo.

ƒ El Departamento del Tesoro destinará 5,000 mdd a la institución financiera


30
de General Motors (GM) para ayudar a la empresa a salir de la crisis.

Enero 2009

ƒ El gobierno austriaco asume el control del banco Medici, entidad seriamente

afectada por la estafa Madoff.

ƒ El sector automotriz pide 10,000 millones de euros al gobierno español para

enfrentar la caída de sus ventas.

3 ƒ Chrysler recibe del Departamento del Tesoro un préstamo de emergencia por

4,000 mdd.

ƒ India lanza un segundo plan de rescate para inyectar liquidez a sus entidades

financieras y anuncia una disminución del tipo de interés dejándolo en 5.5%,

el más bajo en ocho maños.

ƒ El primer ministro británico propone un programa de inversiones públicas en


4
infraestructura para crear 100 mil empleos y reactivar la economía.

ƒ Michelle Bachelet, presidenta de Chile, anuncia un plan económico de 4,000

5 mdd para estimular el empleo, reactivar el crecimiento de su país y enfrentar

los estragos de la crisis mundial.

ƒ Felipe Calderón, presidente de México, presenta su plan anticrisis, el cual


7
contempla entre otras medidas, reducción de tarifas de luz, apoyo a

271
desempleados y mayor inversión en infraestructura.

ƒ El Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, recomienda el

cierre de los gigantes inmobiliarios Fannie Mae y Freddie Mac y exhorta a

que sean remplazados por entidades privadas reguladas muy estrechamente.

ƒ El presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, pronuncia un

discurso en el que aboga por una fuerte intervención del Estado en la

economía para evitar que la recesión se prolongue. Su plan de rescate se

valora entre 675 y 775 mil mdd.

ƒ El Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra (BoE) decide


8
rebajar los tipos de interés en 50 puntos básicos, hasta situarlos en el 1.5%, su

nivel más bajo desde 1997, con el objetivo de combatir la recesión

económica.

ƒ Commerzbank, el segundo banco alemán en activos, es nacionalizado

parcialmente por el Estado. El gobierno controlará 25% de la entidad.

ƒ El Departamento de Trabajo de Estados Unidos anuncia que, a la fecha, hay

9 en total 11 millones de desempleados en su país y que la tasa de desempleo

llegó a 7.2% en diciembre de 2008, la más alta desde 1994.

ƒ El fabricante automovilístico alemán Volkswagen (VW) anuncia que subieron

11 en 2008 sus ventas hasta la cifra récord de 6.23 millones de unidades, lo que

supone un 0.6% más que en 2007, pese a la crisis.

ƒ El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, pide al congreso que

12 apruebe los 350,000 mdd correspondientes a la segunda parte del plan de

rescate de Wall Street, en respuesta a una solicitud del mandatario electo,

272
Barack Obama.

ƒ Alemania aprueba un segundo programa de apoyo a la coyuntura por un

13 monto de 50,000 millones de euros, que se suman a los 35,000 millones

aprobados dos meses antes.

ƒ El gigante canadiense de las telecomunicaciones, Nortel Networks, se declara

en bancarrota y anuncia que se pone bajo la tutela de los tribunales para hacer

frente a sus acreedores y a la crisis económica.

14 ƒ El Gobierno británico presenta un paquete de medidas acordadas con la

banca para inyectar 21,350 millones de libras (23,5oo millones de euros) en

créditos a las Pymes de los que algo más de la mitad tienen la garantía del

Estado.

ƒ El BCE baja los tipos de interés medio punto hasta 2% para hacer frente a la

recesión.

ƒ Se da a conocer el plan de rescate del presidente electo de Estados Unidos,

Barack Obama, que prevé el empleo de 850,000 millones de dólares para

financiamiento de infraestructura, inversiones en energía limpia, y un plan de

reducción de impuestos para empresas y particulares.


15
ƒ Un estudio realizado en conjunto por el Departamento de Asuntos

Económicos y Sociales de la ONU, la Conferencia de Naciones Unidas sobre

Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y la Comisión Económica para América

Latina y el Caribe (CEPAL) Advierte que de acuerdo con las previsiones

pesimistas para las dos mayores economías latinoamericanas, el PIB de brasil

crece3rá un 0.5%, y el de México se contraerá 1.2% en 2009.

273
ƒ La agencia Standard & Poors declara que la actual crisis económica y

financiera global ha incrementado la pérdida de competitividad subyacente de

la economía de Grecia.

ƒ Citigroup cede a Morgan Stanley el control de Smith Barney, su división de

correduría –y la mayor firma de corretaje- por 2,700 mdd.

ƒ El Senado estadounidense da luz verde a la liberación de la segunda parte del

plan de rescate financiero, de una cuantía de 350,000 millones de dólares.

ƒ El Gobierno de Dublín anuncia la suspensión del plan de rescate del Anglo

Irish Bank y su decisión de nacionalizar el banco.

ƒ El FMI pronostica que la recesión se profundizará en la zona euro y que el

continente sólo se recuperará lentamente a finales de este año.

ƒ El Banco Nacional de Dinamarca reduce las tasas en tres cuartos de punto

porcentual, hasta 3%, como reacción a la bajada acometida por el BCE y para

evitar la apreciación de la corona danesa.

ƒ Según las previsiones aprobadas por el gobierno español, su economía se

contraerá en 2009 por primera vez en dieciséis años, al caer 1.6%, y la crisis

hará que en ese ejercicio las cuentas públicas incurran en un déficit de 5.8%

del PIB.

16 ƒ Se publican los resultados de los principales bancos de Estados Unidos, que

cierran el peor año para el sector desde la crisis de 1929: destaca el caso de

Citigroup que cierra el ejercicio con unos números rojos de 18,715 mdd.

También el primer banco del país, el Bank of America, anuncia sus primeras

pérdidas en 17 años tras registrar un balance negativo de 2,392 millones de

274
dólares en el cuarto trimestre.

ƒ La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima

que el impacto de la crisis golpeará especialmente con un aumento0 del

desempleo, que si bien no alcanzará 11% de 2003, podría superar 7.8% con el

que se cerró 2008. La secretaria ejecutiva del organismo, Alicia Bárcena,

situó el crecimiento del PIB de la región en 1.9%, un recorte considerable en

comparación con las cifras cercanas a 9% de los últimos años.

ƒ El gobierno estadounidense se lanza sobre Bank of America, la mayor entidad

financiera de Estados Unidos, con una intervención valorada en 138,000

millones de dólares: el rescate debe ayudar a Bank of America a absorber

Merrill Lynch.

ƒ El Gobierno británico ha lanzado un segundo plan de rescate de los bancos.

El objetivo de Reino Unido es garantizar, a través del pago de un honorario y


19
hasta un determinado nivel, las deudas “tóxicas” para aumentar los préstamos

y esquivar los efectos la peor crisis financiera en 70 años.

ƒ El consorcio automovilístico italiano Fiat ha llegado a un acuerdo con el

20 fabricante estadounidense Chrysler por el que tomará 35% del capital de la

firma norteamericana.

ƒ El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-ClaudeTrichet asegura

que no existe amenaza inmediata de deflación para la zona euro. Afirma que

21 sólo enfrentan una etapa de desinflación por la disminución del precio del

petróleo, pero prevé que los niveles de inflación de la zona se mantengan en

torno al 2 por ciento.

275
ƒ La Unión Europea (UE) exhorta a la banca a conceder préstamos a empresas

y particulares con el fin de estimular la economía real.

ƒ Toyota se convierte en el principal fabricante de automóviles en el mundo

luego de 77 años de liderazgo de GM.

ƒ Chrysler sede 35% de su capital al grupo italiano Fiat a cambio de acceso a

la tecnología italiana para producir vehículos más pequeños y eficientes y

acceso a mercados fuera de Norteamérica, como parte de su estrategia para

hacer frente a la crisis.

ƒ La banca británica cotiza a la baja castigando principalmente al Lloyds

Banking Group ante la expectativa de que sea nacionalizado.

ƒ El primer ministro de Francia, anuncia un plan de ayuda para el sector

automovilístico por 6,000 millones de euros.

ƒ Anuncian Volkswagen (VW), BMW y MAN que ante la caída de su demanda

ocasionada por la crisis económica recortaran sus niveles de producción.

ƒ El Tesoro emitirá 68% más deuda en 2009 respecto al año anterior para

financiar los planes contra la crisis.

ƒ La compañía International Business Machines (IBM) cerró el 2008 con un

aumento de 18.4% en su beneficio neto y registró ingresos récord, con lo que,

se asegura, se ha salvado de la crisis.

ƒ La creciente inflación en Argentina ha ocasionado la escasez de monedas lo

que ha propiciado el uso de caramelos como medio de cambio.

ƒ Microsoft anuncia 5,000 despidos para los próximos 18 meses, lo que


22
significa una disminución de 1,500 mdd en sus costos; como medida para

276
hacer frente a la crisis.

ƒ Google ganó 70% menos en el último trimestre de 2008 en relación con el

mismo trimestre del año anterior.

ƒ El titular de la Secretaría de Hacienda en México, Agustín Carstens exhorta a

los banqueros a mantener el financiamiento para todos los sectores

productivos del país.

ƒ El banco español, Bankinter, anuncia una caída de 30.2% en su beneficio

neto de 2008, respecto al año anterior.

ƒ Reino Unido entra oficialmente en recesión tras la peor caída del producto en

28 años.

ƒ China registra su menor ritmo de crecimiento en siete años (9% en 2008,

cuatro puntos por debajo del de 2007) como consecuencia de la caída de la

demanda exterior. A pesar de eso se convierte en la tercera economía a nivel

mundial superando a Alemania.


23
ƒ La falta de liquidez lleva a Nissan a cancelar su proyecto de fábrica en

Marruecos. El proyecto se realizaría en conjunto con Renault quien ha a

firmado que continuará con la construcción de la fábrica pero que retrasa seis

meses su puesta en marcha.

ƒ El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, informó que su gobierno

implementará medidas de ayuda para la industria automovilística del país.

ƒ La hipotecaria Freddie Mac, tras registrar pérdidas por 25,300 millones de

25 dólares en el tercer trimestre de 2008, solicitó al Tesoro estadounidense

35,000 mdd para hacer frente a la crisis que atraviesa, mismos que se suman a

277
los 13,800 mdd inyectados a la institución en noviembre de ese año.

ƒ El grupo bancario y de seguros holandés ING, anunció una pérdida neta de

1,000 millones de euros en su ejercicio fiscal 2008 y el despido de 7,000

trabajadores en todo el mundo.

ƒ Caterpillar, la empresa de maquinaria estadounidense, anunció el despido de

20,000 trabadores en los próximos dos meses con objeto de reducir sus costos
26
y hace3r frente a la crisis económica.

ƒ Home Depot informó que planea eliminar 7,000 empleos (alrededor de 2% de

su planta) ante los malos resultados financieros.

ƒ El gobierno francés inyectará 5,000 millones de euros al fabricante de

aviones Airbus.

ƒ El buscador y portal de Internet Yahoo! registró pérdidas por 303 millones de

dólares durante el tercer trimestre de 2008.

27 ƒ El Ministerio de Economía de Japón informó que su gobierno inyectará

fondos públicos a través de entidades de créditos a las empresas privadas

afectadas por la crisis económica.

ƒ El FMI dio a conocer sus pronósticos de crecimiento para este año, todos

ellos a la baja. La institución señala que la economía mundial crecerá este año

tan sólo 0.5 por ciento, su menor cifra desde la Segunda guerra Mundial; la

28 economía de la zona euro se contraerá un 2% mientras América Latina

crecerá tan sólo al 1.1 por ciento. Entre las economías que presentarán tasas

de crecimiento negativas se encuentran Estados Unidos (-1.6%), Alemania (-

2.5%), Francia (-1.9%), Italia (-2.1%), España (-1.7%), Japón (-2.6%),

278
México (-0.3%), Venezuela (-2%), entre otras. Los países que crecerán,

aunque a un ritmo menor del esperado son China (6.7%), Brasil (1.8%), Perú

(5.1%).

ƒ México entra oficialmente en recesión. El gobernador del Banco de México,

Guillermo Ortiz, anunció una caída del 1% del PIB en el cuarto trimestre de

2008 y pronosticó una contracción de entre 0.8 y 1.8 para este año, lo que

representará una reducción de hasta 340 mil empleos.

ƒ La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señaló que la crisis

económica elevará la cifra oficial de desempleados a 230 millones.

ƒ Suman 70,000 despidos a nivel mundial, sin considerar los anunciados por

ING, Caterpillar y Boeing.

ƒ Boeing anuncia el despido de 10,000 trabajadores (6% de su plantilla) por la

reducción de su demanda.

Fuente: Diana López Hernández, Mario A. Cruz González, Karla P. Zúñiga Hernández y

Carlos J. Galván Rodea, La economía imperfecta: Cronología de la crisis, en Economía

Informa, número 357, marzo-abril de 2009, FEUNAM, México pp. 94-108.

En paralelo, Jacques Attali nos ofrece otra cronología de la crisis en curso:

“En febrero de 2007, cuando todo el mundo se preocupaba por los efectos del fuerte

crecimiento económico sobre los aumentos de los precios de los alimentos y del petróleo,

unas nuevas reglas contables impusieron que los activos se valorasen en relación con las

cotizaciones del mercado. Los bancos vieron que no se habían deshecho de los activos

titulizados y que, por razones jurídicas, éstos podían volver a incorporarse a sus balances.

Como según los acuerdos de Basilea estaban obligados a que sus préstamos dependieran

279
de sus propios fondos, una valorización a la baja de esos fondos podía llevarlos a la

quiebra. La trampa que habían tendido los acuerdos de Basilea y los del IFRS (dos

instituciones informales) se volvía más clara.

En junio de 2007, el banco de inversión Bear Stearns anunció la quiebra de dos

hedge funds que habían invertido en los subprimes. En julio, después de que dos millones

de norteamericanos vendieran sus casas por la incapacidad para pagar sus créditos,

Wynne Godley, del Levy Institute, explicaba que << la deuda de los hogares

norteamericanos es impagable>>. Bill White, el economista del BPI de Basilea, estaba

preocupado aunque no realizaba declaraciones importantes en público. En agosto, la

caída del sector inmobiliario en Estados Unidos repercutió en la intensificación de los

defaults de los deudores de créditos subprimes. Sus bienes fueron embargados y

revendidos, lo cual aceleró la caída de los precios de los activos y de los productos

titulizados asociados a ellos.

En ese momento, y por accidente, se tomó conciencia de que la crisis financiera no

era sólo norteamericana y que los subprimes habían sido titulizados en todo el mundo y ya

no podían ser <<transferibles>>. Según Paul Jorion, el 10 de agosto, <<un banco

francés, el BNP Paribas, hizo sonar la alarma>>. Se empezaba a entender que el

fenómeno no afectaba exclusivamente a algunos deudores norteamericanos pobres. Se vio

claramente que incluso algunos bancos europeos eran más frágiles que los

norteamericanos, ya que sus fondos propios eran más débiles: mientras que en Estados

Unidos los bancos prestaban 96 centavos por cada dólar depositado, ¡los bancos europeos

prestaban 1.4 euros por cada euro depositado! Y aun cuando lo hacían tomando menos

riesgos, algunos bancos que se consideraban sólidos se mostraban afectados al no

disponer de los fondos propios que necesitaban. El 13 de septiembre de 2007, el Northern

280
Rock, el quinto banco de Gran Bretaña, pidió auxilio al Banco de Inglaterra. Se trataba de

un banco joven fundado en 1965 y que había ingresado en el London Stock Exchange de

1997, provincial (de Newcastle) y especializado en créditos inmobiliarios a tipos bajos con

unos riesgos relativamente altos (comparados con los créditos Alt-A norteamericanos, es

decir, un poco menos arriesgados que los subprimes). Como precisaba una refinanciación

constante y le era cada vez más difícil obtenerla, el Northern Rock solicitó, muy tarde, al

Banco de Inglaterra que caucionara sus préstamos. Esto no evitó que sus acciones cayeran

un 72 % en la Bolsa ni que se formaran colas delante de las agencias, lo que agravó su

crisis de liquidez.

El 13 de septiembre, en Nueva York, el cada vez más escuchado Nouriel Roubini

decía que <<mientras que la casa de cada uno sea un distribuidor de billetes, el consumo

privado seguirá creciendo sin fundamento real>>. El 14 de septiembre, el Banco de

Inglaterra otorgó un préstamo urgente al Northern Rock para evitar su quiebra.

El director del Banco de Inglaterra dudaba: ¿debía ayudar a los bancos? El nuevo

presidente de la Fed, Ben Bernanke, cuya tesis trataba sobre la crisis de 192, estaba

convencido de que el papel de un banco central era, en primer lugar, servir a sus

ciudadanos, además de estar persuadido de que, para los norteamericanos, lo principal

era que continuase el crecimiento. Estaba decidido a impedir que la recesión se instalara,

pero ¿hasta cuándo? Dudó seguramente sobre la posibilidad de abrir las puertas a la

emisión monetaria. Por su lado, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, que

supuestamente debía convertir el euro en una moneda de reserva internacionalmente

reconocida, no retrocedió: en contra de la opinión de sus horrorizados colegas, aceptó

aumentar los volúmenes de títulos depositados en el BCE a cambio de emisiones

monetarias a favor de bancos que comenzaban a tener dificultades. Gracias a esta medida

281
salvó el sistema financiero mundial y, convencida que era la medida correcta, la Fed hizo

lo mismo.

El 1 de octubre, UBS y Citigroup anunciaron fuertes depreciaciones de activos

ligadas a los subprimes y a productos derivados. Muchos otros bancos norteamericanos y

europeos hicieron lo mismo los días siguientes. Los bancos centrales los ayudaron a

superar el escollo. El 8 de octubre, George Magnus, el economista del UBS, escribió en el

Financial Times que <<la liquidez de los bancos está amenazada. El proceso de reducción

de la deuda acaba de comenzar>>.

En 2007, el expresidente de la Fed, Alan Greenspan, que todavía no se arrepentía

de las decisiones que había tomado, convencido de que la caída de los tipos de interés

había sido necesaria, afirmó que la burbuja que se había formado era <<la manifestación

más reciente de la disposición humana a la euforia y citó el ejemplo de <<la tulipanmanía

en la Holanda del siglo XVII>>.En enero de 2008, numerosos bancos norteamericanos,

como Freddie Mac y Fannie Mae, mantenían la solvencia gracias a los préstamos de la

Fed y a los fondos soberanos de los Emiratos Árabes, de Singapur, de China… El 22 de

enero, la Fed bajó su tipo rector tres cuartos de punto hasta un 3.50 %, una medida de

alcance excepcional. Al fin de mes las bolsas mejoraron. Sin embargo, Paul Jorion

anunció que había problemas con el Crédit Agricole, las Caisses d´Epargne, Natixis…

¡Roubini seguía diciendo que todavía no habíamos visto nada!

Y a decir verdad, esta afirmación era cierta: el 7 de febrero, en Londres, el

Northern Rock fue nacionalizado. El 4 de marzo, en Wall Street, el banco de inversión

Bear Stearns amenazó con quebrar, al abandonar 13. 4 T* de dólares en transacciones de

productos derivados, es decir, mucho más que lo que había llevado a la quiebra el Long

*
T: Unidad de cuenta igual a un billón de dólares.

282
Term Capital Management (LTCM) en 1998. Se trataba de una cifra escalofriante: ¡13.4 T

era superior al PIB del país!

El 11 de marzo, por primera vez desde 1929, la Fed admitió refinanciaciones para

los bancos de inversión, entre ellos el Bear Stearns, a los que tenían derecho hasta

entonces los bancos de depósitos. Una decisión increíble: la Fed, que no controlaba estas

instituciones dado que estaban bajo la tutela de la SEC, decidía apoyarlas ¡sin conocer sus

balances! El 14 de marzo, J. P. Morgan Chase compró el Bear Stearns a 2 dólares por

acción (contra los 93 dólares que costaban en febrero), gracias a un préstamo del tesoro

de 29, 00 millones. ¡El mercado aplaudió esta entrada de los contribuyentes en la

financiación de sus errores! Al día siguiente, el analista del Deutsche Bank Jim Reid

escribió: <<Estados Unidos va rumbo a la ruina. Cuanto más largo sea el proceso, más

grave será el impacto en el dólar y en el nivel de vida>>.

El 24 de marzo, tras una amenaza de juicio, J. P. Morgan elevó su oferta por el

Bear Stearns a 10 dólares por acción, aproximadamente 1, 200 millones de dólares en

total. ¿De dónde sacaría el dinero? En abril, Nouriel Roubini, cuyas palabras

determinaban a estas alturas el comportamiento de los inversores, escribió: <<Estimo que

corremos el riesgo de caer en una severa crisis de liquidez que conducirá a un desplome

del sistema financiero de un tamaño nunca visto. El gobierno federal debe intervenir>>. El

FMI evaluaba las pérdidas financieras globales en 945, 000 millones de dólares y

desataba las críticas de los sectores que lo acusaban de pesimista. Sin embargo, todavía no

habíamos visto nada.

En mayo, la Fed aporto 150, 000 millones de garantía a los organismos de crédito,

y 100, 000 millones a los bancos de depósito. En ese mismo momento, el Gobierno tomó un

préstamo de 165, 000 millones de dólares para bajar los impuestos a los consumidores.

283
Luego llegó lo peor: el 30 de junio de 2008, la compañía de seguros más grande del

mundo, AIG, anunció que su división financiera (que actuaba como un banco de inversión

y como contrapartida en un gran número de swaps y de hedge, para asegurar los títulos

que utilizaba a fin de constituir sus provisiones) había emitido CDS adosados a CDO por

un monto de 441, 000 millones de dólares. Pero esos CDO, aunque estaban clasificados

como AAA, estaban basados esencialmente en RMBS**, entre los cuales había subprimes

por un montante de 60, 000 millones de dólares. En otras palabras, AIG confesaba haber

contabilizado en sus reservas técnicas títulos sumamente especulativos, titulaciones de

subprimes, cuyo valor estaba garantizado con mecanismos aún más especulativos. ¡Una

verdadera bomba de relojería!

Sin embargo, una semana más tarde, en la cumbre del G-8 organizada en Japón se

hablaba casi exclusivamente del calentamiento del planeta, de la crisis alimentaria y de la

posibilidad de ampliar el grupo hasta un G-13…

El 15 de julio, la recesión se anunciaba a través de una caída de 17 dólares del

barril de petróleo. Durante ese período, la titulación de subprimes seguía dando que

hablar: en julio, los dos organismos públicos de crédito inmobiliario, Freddie Mac y

Fannie Mae, amenazaron con negarse a devolver su deuda, que se estimaba entonces en

1.5 T. El secretario del Tesoro norteamericano, Paulson, anunció con dolor en el alma su

intención de otorgar una ayuda presupuestaria a Fannie Mae y Freddie Mac, teniendo en

cuenta que innumerables instituciones financieras –en especial asiáticas- habían invertido

**
CDO (collateralized debt obligation): título de deuda basado en títulos de varios activos, generalmente ABS
(asset-backed securities), acciones y obligaciones.
CDS (credit default swap): contrato de seguro entre dos entidades diferentes para protegerse de un riesgo
corrido por alguna de las dos. El precio del CDS demuestra la confianza acordada en uno u otro emisor de
deuda y sirve de base para fijar el valor.
RMBS (residencial mortagage-backed securities): título adosado a un conjunto de créditos hipotecarios
inmobiliarios de tipo subprime, Alt-A o prime. Quien posee un RMBS recibe los reembolsos de capital y de
los intereses de los créditos inmobiliarios que fueron titulizados.

284
en títulos de esas dos firmas, que se suponían infalibles. Sus convicciones y su sistema de

pensamiento se oponían a lo que estaba obligado a decir y hacer.

En agosto bajaron los préstamos al consumo, en especial los créditos para comprar

automóviles. El BCE, al igual que el Banco Federal norteamericano, aceptaba ahora sin

análisis previo toda clase de títulos para apoyar a los bancos.

El 6 de septiembre, el banco Lehman solicitó una ampliación de capital de 200, 000

millones: confesó que tenía 613, 000 millones de deuda y poseía entre sus activos, como

mínimo, 85, 000 millones de títulos <<tóxicos>>, entre los cuales 57, 000 millones eran

derivados de los subprimes. Como ya no obtenía beneficios de esos títulos, afrontaba unas

pérdidas considerables: 18, 000 millones de dólares en los últimos tres trimestres.

El Departamento del Tesoro no quería seguir pagando ni por Lehman, ni por AIG,

ni por Morgan Stanley (que también estaba muy mal), ni por nadie más. Paulson pensaba

que era el momento de demostrar que el presupuesto federal no cubriría todas las torpezas

de Wall Street. Pero todos eran concientes del peligro que podía representar la quiebra de

Lehman: hubieran tenido que liquidar sus activos, entre ellos los CDO y CDS, lo que

hubiera fijado un valor muy bajo y hubiera obligado a todo el resto de instituciones

financieras a valorar de inmediato sus propios activos al mismo nivel, ya que debían

respetar las nuevas normas IFRS. Esto hubiera reducido su cotización en bolsa y su

capacidad de préstamo, ya que debían aplicar los acuerdos de Basilea. Frente a esta

amenaza, la Fed y el tesoro se convencieron de que los bancos se harían cargo de Lehman.

Una partida de póker se iniciaba entonces entre Wall Street y Washington.

Para colmo, al día siguiente, el 7 de septiembre, el tesoro se veía obligado a poner

bajo su tutela a Fannie Mae y Freddie Mac.

285
Paulson pensó que había ganado: durante el fin de semana del viernes 12 al

domingo 14 de septiembre, los bancos de Wall Street discutieron un plan que preveía

confinar las deudas <<malas>> de Lehman en un <<mal>> banco, financiado por un

fondo de 70, 000 millones puesto a disposición por los otros bancos, y ubicar el resto en un

<<buen>> banco, que comprarían Barclays y Bank of America. Todos creían haber

encontrado la solución. El viernes por la mañana, el editorialista del Financial Times

escribió: <<Es tiempo de que las autoridades se retiren […]. Lo que se ha hecho hasta

ahora debería ser suficiente>>.

Finalmente, el lunes por la mañana, los bancos de Wall Street rechazaron el plan,

cuya puesta en práctica era muy complicada, ya que estaban convencidos que Paulson

pagaría: ¿qué era un <<mal>> banco? El secretario no cedió y rechazó toda posible

intervención. El mismo día, 15 de septiembre, Lehman fue puesto bajo la protección del

capítulo 11 de la Ley de quiebras. Era la peor decisión que se podía tomar, pues en pocos

días el sistema financiero quedaría al borde del abismo.

El pánico se desató en el mercado de financiación a corto plazo. Los bancos, que

no sabían exactamente lo que Lehman les debía y no los devolvería dejaron de prestar. El

mercado monetario se estancó y el mercado interbancario desapareció. El Libor, el

principal tipo de interés en ese mercado, dio un brinco de varios cientos de puntos base (1

punto base = 0.01 %).

Además, ese mismo día, 15 de septiembre, la quiebra de Lehman obligó al primer

asegurador mundial, AIG –que ya se encontraba en serias dificultades- a ejercer su papel

como asegurador. Esto hizo que las pérdidas acumuladas ascendieran a 30, 000 millones

de dólares, a las que había que agregar 6 00 millones ligados a la completa devaluación

286
de Fannie-Feddie tras su nacionalización. Esa semana se detuvo por completo la

financiación de las empresas a largo plazo.

Las agencias de evaluación, obnubiladas por la necesidad de que se olvidasen los

errores del pasado, le exigieron inmediatamente a AIG unas provisiones, llamadas de

margen, por 13, 000 millones, con el objetivo de compensar el deterioro de su rol como

asegurador. AIG no tenía ninguna liquidez, y los títulos perdían así un 95 % de su valor

(1.25 dólares la acción).

Al día siguiente, 16 de septiembre, como si hubiera entendido que no podía

repetirse el error cometido con Lehman, Paulson, que no tenía buenos expertos alrededor,

excluyendo a los de Goldman Sachs, imaginó que era posible pedirles a Goldman Sachs y

J. P. Morgan que asumieran la dirección de un consorcio para organizar un crédito de 75,

000 millones para la aseguradora AIG. Fue en vano. Las opciones eran entonces una

nueva quiebra o la nacionalización. Paulson no podía dejar que AIG corriera la misma

suerte que Lehman. Por primera vez, la Fed prestaba a un no-banco: 85, 000 millones de

dólares garantizados por todos los activos de AIG, con un tipo de penalizaciones para

incitar un rápido reembolso. Esto representaba un enorme cambio: una vez que el crédito

se extinguiera, el Estado federal quedaría como accionista del 79.9 % de la empresa. La

primera compañía aseguradora del mundo, el orgullo de Norteamérica, era así

nacionalizada ante la estupefacción general. Paulson logró obtener el derecho de cambiar

a los directivos y lo hizo, ¡Aunque también tuvo que ayudar al día siguiente a Goldman

Sachs y Morgan Stanley, que estaban a punto de ser compradas por japoneses o ingleses!

Durante esos mismos días, la gestión de la crisis era muy diferente en Londres,

donde la situación era igualmente grave. Se hizo volver a la tesorería a todos los expertos

de la City. Todos se pusieron a trabajar un plan cuyo objetivo era únicamente salvar a la

287
City y sus extraordinarios beneficios financieros. Y el plan tuvo en cuenta los errores

norteamericanos: no se dejó que los bancos se acercaran a la quiebra, como ya se había

hecho una vez con Northern Rock. Tampoco se confinaron las malas deudas, como se

había imaginado con Lehman. De ninguna manera el Estado otorgaría recursos

financieros sin verificar que éstos se utilizarían exclusivamente para financiar empresas.

De ninguna manera tomarían participaciones en las empresas sin ocupar lugares

importantes en los consejos de administración de las mismas.

El 25 de septiembre, el ministro de Economía alemán, Peer Steinbrück, declaró

triunfalmente que era el fin de Estados Unidos como hiperpotencia. Diez días más tarde,

tuvo que improvisar un programa para salvar de la quiebra al Hypo Real Estate…

El mes de septiembre transformó todo: Lehman quebró, Bear Stearns y Merrill

Lynch fueron rescatados en plena catástrofe, Goldman Sachs y Morgan Stanley fueron

reflotados in extremis y AIG fue nacionalizada. Y todos creyeron nuevamente que la crisis

había terminado: el Gobierno norteamericano lo financió todo y volvió a incrementar su

deuda; una deuda que las agencias de calificación consideraban todavía digna de la nota

AAA que se atribuye a los deudores más seguros contra el no reembolso de un préstamo, la

probabilidad de default de Estados Unidos, si bien continuaba siendo baja, se había

multiplicado `por dos en seis meses: los CDS, una vez más, demostraban que la crisis

acababa de comenzar”267.

267
Jacques Attali, ¿Y después de la crisis qué…?, op. cit., pp. 65-75.

288
ANEXO 2

COMPARACIÓN ENTRE LAS ERAS KEYNESIANA Y

POSKEYNESIANA.

CONCEPTO KEYNES POSKEYNES

1951-1973 1973-2009

Crecimiento del PIB real 4.8 % 3.2 %

global

Recesiones mundiales 0 5

Desempleo 2.7 7.0

Crecimiento PIB per cápita 4.4 1.8

Inflación global 3.9 3.2

Desigualdad Baja y estable Grande y creciente

Fuente: Elaboración propia con apoyo en Robert Skidelsky, El regreso de Keynes, op. cit.,

pp. 143-151.

Por lo que hace a la inflación, que no registra una variación tan significativa, resulta

conveniente recordar que el propósito fundamental del llamado Consenso de Washington

ha sido el de la estabilidad de precios, mientras el de Bretton Woods fue el del pleno

empleo.

289
ANEXO 3

OBJETIVOS, INSTRUMENTOS Y AUTORIDADES RESPONSABLES

EN LAS ERAS KEYNESIANA Y POSKEYNESIANA.

ERA OBJETIVOS INSTRUMENTOS AUTORIDADES

RESPONSABLES

Bretton Woods Pleno Empleo Gestión de la Gobiernos

demanda (fiscalidad) nacionales

Balanza de pagos Tipos de cambio FMI

ajustada fijos

Comercio Reducción GATT

internacional arancelaria

Desarrollo Ayuda oficial Banco Mundial

económico

Consenso de Estabilidad de Tipos de interés Bancos centrales

Washington precios

Balanza de pagos Tipos de cambio

ajustada flotantes

Comercio Reducciones OIC, OMC

internacional arancelarias

Desarrollo Préstamos Banca comercial y

económico Banco Mundial

Fuente: Robert Skidelsky, El regreso de Keynes, op. cit., p. 142.

290
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302
ÍNDICE

INTRODUCCIÓN 3

PRIMERA PARTE

LA GRAN DEPRESIÓN Y LA ECONOMÍA CLÁSICA 10

LA ERA DE KEYNES 21

LA CONEXIÓN CRAC-GRAN DEPRESIÓN 34

EL NACIONALISMO ECONÓMICO 41

ALGUNOS HÉROES DEL NACIONALISMO ECONÓMICO 53

LAS LECCIONES DE LA GRAN DEPRESIÓN 81

LA GUERRA Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL 92

BRETTON WOODS 100

EL MUNDO DE LA POSGUERRA 122

SEGUNDA PARTE

LA ERA DE ORO 134

EL NUEVO CONSERVADURISMO 151

EL RETORNO DE LA SABIDURÍA ECONÓMICA

CONVENCIONAL 167

DESARMANDO EL NUEVO TRATO 190

LA CRISIS DE HOY 199

TERCERA PARTE

DE NUEVO, ¡KEYNES! 222

CONCLUSIONES 236

303
ANEXOS

1 CRONOLOGÍAS DE LA CRISIS 244

2 COMPARACIÓN ENTRE LAS ERAS KEYNESIANA

Y POSKEYNESIANA 289

3 OBJETIVOS, INSTRUMENTOS Y AUTORIDADES RESPONSABLES EN

LAS ERAS KEYNESIANA Y POSKEYNESIANA 290

BIBLIOHEMEROGRAFÍA 291

304

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