Perspectivas del Aborto: Legal y Ética
Perspectivas del Aborto: Legal y Ética
INTRODUCCIÓN
Nuestro trabajo se basa en la investigación y estudio del aborto, tema que nos intereso por estar
directamente relacionado con un problema básico de la juventud: La Maternidad. Así como también, con
uno de los bienes jurídicos de mayor importancia: La Vida.
Como Católicos, consideramos que La vida humana tiene un Valor Sagrado, desde su inicio hasta su
término, por lo cual, tiene derecho a ver respetado totalmente este bien primario suyo. Se debe defender y
promover la vida, especialmente cuando es más débil o está amenazada. La decisión de privar de la vida
a un ser humano es siempre mala desde el punto de vista moral y nunca debería ser lícita ni como medio
ni como fin.
Cuando una mujer se enfrenta a un aborto, se pregunta los porqué, ¿ por qué traer un hijo al mundo? se
plantea el dilema de dar la vida o de negarla. Cuando niega la vida, autorizando o permitiendo la muerte
de un inocente, lo hace a costa de sufrir o de morir. Porque no siempre las substancias o maniobras
abortivas son seguras, libres de riesgo aún cuando sea practicada por un profesional médico.
Esta investigación tiene como finalidad obtener una mejor visión del aborto, desde el punto de vista
jurídico, médico y desde la perspectiva de la Iglesia Católica, ya que no se puede desconocer la
existencia de esta realidad en el mundo entero. Ya que en ésta época de comodidad, el aborto se está
presentando como una manera “ fácil y rápida “ para deshacerse de un problema molesto. Cuando las
mujeres van en busca de consejo, muchos de los consejeros no les dicen la verdad concerniente a lo que
están por hacerle a su criatura y a ellas mismas. El aborto es un proceso quirúrgico mayor, del cual
pueden resultar serias complicaciones, no es tan “ seguro ” como se hace creer. Y no es tan simple,
como para decir “ahora estás embarazada”... ahora ya no lo estas. Solamente descansa un día y te
sentirás bien.
CAPITULO I
CONCEPTO DE ABORTO
Gramaticalmente la palabra aborto viene de Abortus, ab y ortus, nacimiento. Equivale a parto anticipado,
lo nacido antes de tiempo. Aborto es la sustantivación del participio de aborior, que en latín significaba
Morir.
Técnicamente el aborto es la interrupción del embarazo por la muerte o dispersión del producto de la
concepción.
En un sentido vulgar aborto es “parir antes de tiempo, en que el feto pueda vivir.” Este es su
significado natural y obvio, según el uso general de las mismas palabras de que habla el artículo 20 del
Código Civil, y que le confiere el de la lengua.
Nuestro Código Penal, como ocurre con la mayor parte de los delitos, no define lo que es el aborto, en su
artículo 342 se limita a decir “El que maliciosamente causare un aborto”. En esto se encuentra en
concordancia con la generalidad de los Códigos Penales del mundo que suelen no definir y emplean
expresiones similares a la nuestra.
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DEFINICIONES DE ABORTO
El concepto de aborto al igual que el concepto de otros delitos no es único ya que el Código Penal, tipifica
el delito pero no lo define. La postura dominante lo hace sinónimo del delito de Feticidio, que consiste en
dar muerte al feto sea que haya extracción o expulsión sea dentro o fuera del vientre materno.
• Hernán Silva:
“La destrucción del producto de la concepción en cualquier etapa de la vida intrauterina, sea por la
expulsión violenta del embrión o feto o por su destrucción en el vientre materno”.
• Alfredo Etcheberry:
• Guillermo Cabanellas:
“Hay aborto siempre que el producto de la concepción es expedido del útero antes de la época
determinada por la naturaleza”.
• Del Río:
“Aborto es la expulsión o extracción del producto antes que la naturaleza lo realice, o sea, el atentado
contra su desarrollo intrauterino y no su muerte, aunque prácticamente, en la mayor parte de los casos
unos y otros hechos coinciden”.
• Labatut:
“Interrupción maliciosa del embarazo con el propósito de destruir una futura vida humana”.
• Corte Suprema:
“Por aborto debe entenderse el hecho de la interrupción del proceso natural del embarazo que produce la
muerte del feto o producto de la concepción.”
• Maggiore:
“Interrupción violenta e ilegítima de la preñez mediante la muerte de un feto inmaduro, dentro o fuera del
útero materno”.
• Francisco Carrará:
“La muerte dolosa del feto dentro del útero, o su violenta expulsión del vientre materno, de la que sigue la
muerte del feto”.
Von Beling:
• Soler:
• Mezger:
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“Comete un aborto el que da muerte a un feto.”
• Manzini:
“Aborto provocado es cualquier hecho, con el cual se determina la muerte del feto antes de parto
fisiológico, con o sin expulsión del útero.”
“Es la expulsión prematura del producto de la concepción violentamente provocada”. Para estos autores
la expulsión prematura importa, biológicamente, la destrucción del proceso, y este elemento constituye,
en realidad un factor esencial del delito.”
“El aborto esta consumado desde que opera la interrupción del proceso fisiológico de la concepción. La
expulsión se produce, ordinariamente, después por reacción defensiva del organismo. Es una
consecuencia natural de la disolución del producto de la concepción.”
Para el Doctor Irureta Goyena la definición más racional de aborto sería: La interrupción maliciosa del
proceso fisiológico de la preñez. La preñez existe desde el momento de la fecundación hasta el
alumbramiento, y la fecundación desde que el germen macho y el germen hembra se confunden, o dicho
en otros términos desde el instante en que el espermatozoide y el óvulo se ponen en contacto. Por tanto,
la interrupción maliciosa de la preñez entre esos dos momentos extremos, es jurídicamente, el aborto.
En Chile, Del Río, en su libro Explicación del Derecho Penal, tomo III, dice que “ el aborto es la expulsión
o extracción del producto antes que la naturaleza lo realice, o sea, el atentado contra su desarrollo
intrauterino y no su muerte, aunque prácticamente, en la mayor parte de los casos unos y otros hechos
coinciden.”
Según esta tesis, se castiga la expulsión, que sería el aborto, y no el feticidio, que es dar muerte al feto.
Un fallo de la Corte Suprema del año 1963 resolvió que como en Chile no existe texto legal que altere la
definición gramatical y clásica del aborto, es necesario concluir que, para que exista aborto consumado,
es indispensable la expulsión prematura del producto de la concepción.
• Postura Ecléctica:
Labatut emplea una fórmula que contiene un elemento subjetivo del tipo, según la cual el aborto sería un
delito de resultado cortado. “Interrupción maliciosa del embarazo con el propósito de destruir una futura
vida humana.”
La muerte no es requerida objetivamente, el tipo se satisface en el plano objetivo con la interrupción, pero
no es bastante, en la esfera subjetiva, el puro dolo referido a la interrupción; se precisa, además la muerte
como mira por alcanzar.
La posición dominante, sin embargo se inclina por la caracterización del aborto como “Dar muerte al
feto”. La Corte Suprema ha señalado que debe entenderse el aborto como la interrupción del proceso
natural del embarazo que produce la muerte del feto o producto de la concepción.
Los médicos legistas, están de acuerdo en que médicamente por aborto ha de entenderse “ La
interrupción del embarazo en aquel período en que el producto de la concepción no es todavía capaz de
vivir fuera del claustro materno, por no ser aún visible, esto es en los primeros seis meses de la preñez.”
El nuevo Diccionario Médico Larouse define el aborto como:” Expulsión del producto de la concepción
antes de ser viable.
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Médicamente el aborto es Embrionario antes de los noventa días, Fetal hasta el séptimo mes; a partir de
esa fecha ya no se trata de aborto, sino de parto prematuro, considerándose entonces al niño viable
desde el punto de vista legal.
Para la medicina el aborto es sólo un fenómeno que interrumpe el proceso fisiológico del embarazo y
carece totalmente de importancia que sea producida debido a causas naturales o patológicas, o se deba a
un acto humano intencional. El concepto médico engloba por consiguiente tanto al que se produce en
forma espontánea como al provocado.
Algunos médicos definen el aborto como “ La eliminación de un embrión o feto de la pared del útero a la
que se ha adherido.” Esta extirpación se efectúa generalmente mediante una operación quirúrgica.
Otros creen que el aborto es cualquier medida que detenga el desarrollo de un óvulo fecundado, aún
antes de su implantación en el útero.
CAPITULO II
1.- Existencia de un embarazo, la preñez es un fenómeno fisiológico que admite su diagnóstico con
certeza, sin embargo, el error es posible especialmente en los llamados embarazos nerviosos. No existe
delito cuando se trata de la extracción de fetos imperfectos incapaces de vida.
2.- Interrupción provocada del embarazo en cualquier época de la vida intrauterina; igualmente
punible es el aborto del embrión de pocas semanas como el feto maduro próximo al parto.
Lo que la ley castiga es la muerte del feto y no la aceleración del parto; así como el bien jurídico protegido
es la vida de este y no el desarrollo intrauterino del ser humano.
3.- Voluntad de producir el aborto; la intención criminal supone el conocimiento del estado de gravidez
de la mujer y de la eficiencia abortiva del medio empleado.
No existe el cuasidelito de aborto, porque el embrión o feto no es persona, y porque los atentados contra
su salud e integridad corporal, no están protegidos por nuestro ordenamiento jurídico.
Objeto jurídico:
Objeto material:
Sujeto activo:
En general cualquier persona puede ser sujeto activo del delito de aborto; pero la calidad de sujeto activo
tiene gran importancia para diferenciar los diferentes tipos de aborto y su régimen de penalidad. Hay
ciertas personas que califican la conducta cuando ellos realizan el delito. Nuestro Código Penal da un
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tratamiento especial a la mujer que causa su propio aborto y al facultativo que abusando de su oficio, lo
ocasiona o coopera a que él se realice; en ambos casos sus conductas actúan como agravantes y
aumentan la pena correspondiente.
Conducta:
El aborto sólo puede cometerse por acción; no se puede cometer aborto por omisión dado que en nuestra
legislación se deben seguir los verbos rectores y el Código Penal señala “ El que causaré,” que implica
una actividad, así como el consentimiento que debe ser expreso.
Momento consumativo:
Lo decisivo para que el delito se consume es la muerte del feto, sea dentro o fuera del útero materno,
siempre que en este caso la muerte sea consecuencia de la interrupción de la gravidez.
Medios:
En cuanto a los medios para la perpetrar el aborto, nuestra legislación no hace ninguna alusión a ellos, al
igual que en el homicidio, no hay ninguna limitación.
Hay algunos que podrían llamarse específicos para producir el aborto, pero hay otros medios genéricos,
como los golpes que son asimismo idóneos y aun puede concebirse el empleo de medios morales.
Sujeto pasivo:
Se debe determinar quién es el titular del bien jurídico protegido. El sujeto pasivo es el feto, la
Constitución y el Código Civil le reconocen derechos al que esta por nacer.
Por tanto, mientras dure la calidad de feto se puede ser sujeto pasivo del delito de aborto; una vez nacido
comienza a ser persona y sujeto pasivo idóneo de homicidio en cualquiera de sus variedades. Para los
efectos legales se es feto desde el instante de la concepción, y se solamente se deja de serlo cuando se
produce su muerte o se produce la vida, “el parto.” Como el aborto es un delito de resultado, se consuma
cuando se produce la muerte del feto.
CAPITULO III
• Provocado: Este tipo de aborto encuentra su origen en un hecho del hombre; producto de una
intervención.
• Indirecto: Cuando se produce sin intención, como consecuencia de un hecho tendiente a otro
objetivo.
• Directo: Cuando se ha perseguido directamente la expulsión del feto. Este tipo de aborto puede
ser a su vez;
• Médico, cuando es realizado por un facultativo, con fines terapéuticos, en caso de enfermedad
de la madre o con el objeto de salvar su vida. También llamado lícito o terapéutico.
• Criminal o ilícito, que es provocado con el único fin de dar muerte al feto, de interrumpir el
embarazo, mediante el uso de instrumentos aptos para ello.
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En general hay acuerdo en considerar al aborto provocado ilícito, como un hecho antinatural, antisocial y
físicamente peligroso.
• Aborto Completo o Incompleto: En el aborto completo el huevo sale integro del interior de la
mujer; en el segundo quedan restos o partes del feto en el interior.
• Aborto Habitual: Cuando se producen tres o más abortos espontáneos consecutivos, debidos a
enfermedades, alteraciones hormonales, incompatibilidad de la sangre entre madre y feto,
problemas al útero u otras causas.
• Aborto Honoris Causa: Es el aborto producido para salvar el honor, la honra de la mujer soltera
como casada, que tienen sexualmente una reputación honesta. El privilegio es de carácter
personal e implica exclusivamente un momento de la culpabilidad, sólo beneficia a la mujer que
ha causado su aborto o consentido que otra persona se lo cause y no se extiende a los
copartícipes, aunque ellos concurran con el fin de ocultar la deshonra de la mujer. El ocultar la
deshonra debe haber sido el motivo fundamental o predominante, sin el cual no se hubiera
obrado.
• Aborto Etico-Social: Intervención abortiva que tiene por objeto la eliminación del producto de la
concepción que proviene de un hecho delictivo, como violación o incesto.
En lo que respecta a los que contribuyeron al suicidio, dándose todos los elementos del tipo, incluida la
muerte de la mujer, también su conducta respecto de la muerte del feto quedará impune de acuerdo con
el principio de la absorción. El que auxilia al suicidio será castigado sólo por ese delito y no por el aborto.
Si lo único que resulta de la cooperación al suicidio es la muerte del feto, el auxiliador no responderá
como cómplice de las lesiones que sufra la mujer como consecuencia de su intento suicida.
Aborto Ovular: Cuando se produce en los primeros días desde la concepción, se trata de un aborto
precoz que pasa desapercibido. Ya sea que se considere como momento de la concepción, la
fecundación, momento en que el espermatozoide penetra en un óvulo y se produce la fusión
cromosómica de ambas células, con lo que se forma una célula originaria con una dotación cromosómica
completa; o cuando se produce la anidación, es decir, cuando se produce su implantación en el útero,
donde debería seguir su desarrollo unida a la placenta y dentro del saco embrionario. El intervalo entre la
fecundación y la anidación es de siete a diez días.
Aborto Fetal: A partir de la doudécima semana de la concepción, toma el nombre de feto. Ya cuenta
con todos los órganos vitales, los que de allí en adelante deberían comenzar a desarrollarse hasta el
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momento de su nacimiento. Este aborto se produce hasta el séptimo mes de embarazo; después es un
parto prematuro.
Aborto Ampollar: Es una variedad del aborto Tubario que se produce en la ampolla del oviducto.
Aborto Frustrado: Es la retención del huevo muerto en el útero, por más de dos meses.
Aborto Inevitable: Aquel en el que hay ruptura de las membranas o se produce la muerte del
embrión.
Aborto Séptico: Se desarrolla cuando el contenido del útero ha quedado infectado antes, durante o
después del aborto.
CAPITULO IV
Nuestra ley no considera el aborto dentro de los delitos contra las personas, contenidos en el del Título
VIII, pese a que su modelo, el Código Penal Español de 1848, lo reglamentaba; nuestro ordenamiento
jurídico, contempla el aborto en el primer párrafo del Título VII del Código Penal, dentro de los “ Delitos
contra el orden de la familia y la moralidad pública.” Pero el aborto no ofende necesariamente el orden de
la familia, ya que es igualmente punible el aborto de una mujer casada que el de una mujer soltera; el de
una menor de edad que el de una adulta.
Con esta denominación se alude al aborto causado por personas distintas a la propia mujer embarazada.
Del concepto de “ tercero extraño “ se excluye, sin embargo, al facultativo que obra abusando de su oficio,
pues su presencia como sujeto activo da origen a otra figura. Las reglas en materia de participación se
aplican en esta figura delictiva con excepción de la participación del facultativo, ya señalado, y de la
propia mujer embarazada.
El aborto causado por extraño, que no sea el facultativo, se contempla en los artículos 342 y 343 del
Código Penal. El artículo 342, comienza refiriéndose al que “ Maliciosamente ” causare un aborto. Sobre
el significado de esta expresión, cabe añadir un importante antecedente histórico, que consiste en que la
Comisión Redactora sustituyó la expresión “ De Propósito “ del Código Penal español, dado que muchas
personas que proceden de buena fe lo hacen también de propósito, como el médico que practica un
aborto para salvar la vida de la madre en peligro. Sin embargo, de estas personas no podría decirse que
obran maliciosamente, según la opinión de los redactores, y no quedarían incluídos en el art. 342 del
Código Penal. Este cambio de redacción tiene importancia, ya que la expresión de propósito, en su
alcance natural y en que lo entendió la Comisión Redactora, es una alusión al elemento subjetivo;
constituye un elemento del dolo directo. En cambio la expresión maliciosamente, según la Comisión
Redactora, alude a la antijuridicidad o ilicitud de la conducta; no cabe duda de que el médico obra con
intención, pero su acto es justificado. Cuando falta la justificación, la ley considera que ha obrado
maliciosamente.
El aborto causado por terceros puede revestir tres modalidades distintas, de diferente gravedad. Las tres
hipótesis tienen en común la acción de causar un aborto maliciosamente. Esta expresión, ha suscitado
algunas dudas y las interpretaciones van desde negar toda particular exigencia subjetiva hasta reclamar
un dolo específico, sostenido por Labatut, que se ha impugnado sobre la base de que todo dolo es
específico y no existe dolo genérico. Etcheberry, sostiene que es irrelevante la voz maliciosamente en el
plano de la subjetividad, ya que el propósito de los comisionados, fue el de excluir las conductas
justificadas (abortos lícitos) y no de requerir algo especial en el plano de la intencionalidad. Además
Etcheberry sigue entre nosotros la tesis, que sólo el aborto violento contenido en el artículo 342 Nº1,
requiere dolo directo, es decir, propósito de dar muerte al feto, las otras dos hipótesis se sancionarían por
el artículo 343 del C.P; pudiendo cometerse con violencia pero sin dolo directo o cometer el delito con
dolo eventual.
Amunátegui, parece discrepar de esta interpretación cuando observa que el art. 10 Nº 10 del C.P.,
establece, una justificación para todo el que obre en cumplimiento de un deber o en el ejercicio legítimo
de un derecho, autoridad, oficio o cargo.
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La posición predominante, siguiendo a la Comisión Redactora, considera que las tres figuras de aborto
malicioso del art. 342 ( y no sólo la primera ) requieren para su perfeccionamiento de dolo directo,
concepto en el que debe entenderse comprendido el dolo de consecuencias necesarias.
A este tipo de aborto se refieren dos disposiciones; el artículo 342 Nº 1 y el artículo 343 del Código Penal.
Ambas difieren sólo en el elemento subjetivo que anima al hechor. La acción consiste siempre en causar
u ocasionar un aborto.
Por violencia debe entenderse no solamente la energía física que se despliegue sobre la mujer, sino
conjuntamente con aquella, la intimidación o como señala Etcheberry, la fuerza moral. De acuerdo con
esto, la amenaza o intimidación para vencer la resistencia de la mujer o para inducirla a causar su
autoaborto quedan abarcadas en el concepto del aborto violento. Si bien en numerosos preceptos del
Código la idea de violencia es separada de la de intimidación o amenazas ( arts. 138, 261 ), existen otros
en que ello no sucede ( arts. 261 Nº 2, 494 ), de tal manera que no puede decirse que el sistema chileno
haya adoptado un concepto unívoco de violencia. Sin embargo, es posible suponer que en la ley no está
la equiparación de la conducta de aquel que para producir el aborto amenaza de muerte con un revólver a
la mujer con el de que ésta sea engañada o simplemente ignore el tipo de maniobras que el agente está
realizando, casos claros de aborto sin consentimiento.
La esencia de esta modalidad delictiva esta en forzar a la mujer física y moralmente, en obrar contra su
voluntad. La forma de violencia física, sin embargo puede ser muy variada ( golpes, heridas, introducción
forzada de instrumentos o substancias ), en cambio, si la mujer ha dado su anuencia, aunque para
realizar el aborto se ejerza fuerza física, no se tratará de este aborto, sino del aborto consentido por la
mujer.
En la figura del aborto violento se puede producir la muerte de la mujer o que ella como consecuencia del
aborto, quede lesionada. En el primer caso, el sujeto activo, acepta la posibilidad que la mujer muera;
como consecuencia del fin o propósito buscado.
Tanto en este caso como en el aborto violento no consentido se suscita el problema de la huella en el
cuerpo, la salud o la vida de la madre, por obra de las violencias.
El punto no es complicado, si se trata de lesiones leves, en el sentido del diagnóstico médico, las lesiones
leves en el sentido del art. 494 Nº 5 del Código Penal, no interesan aquí, ya que ellas resultarán
absorbidas por el aborto violento que, ordinariamente lleva consigo alguna clase de lesión. Distinto es el
caso si la mujer muere, queda mutilada o gravemente lesionada, por la violencia que el agente ha
empleado para producirle el aborto. Las lesiones o la muerte de la mujer puede ser atribuible a dolo o
culpa del agente.
La tutela penal de la vida de la mujer incluye la del germen de vida incorporado a su cuerpo. No habría
homicidio doloso en concurso con aborto doloso, sino un solo delito; homicidio, sin perjuicio que dentro de
los márgenes del homicidio, el juez pueda tomar en cuenta el daño más intenso.
En lo concerniente, ahora, a las lesiones corporales que resultan de la acción abortiva, la solución no es
tan clara. La tendencia dominante en la doctrina y jurisprudencia alemana es reconocer también un
concurso aparente de leyes, pero en que la consunción operaría a la inversa que en el caso del homicidio,
ya que serían las lesiones absorbidas por el aborto. Maurach sostiene que las dificultades que suscita.
EL caso en que la ley desplazada tenga prevista una pena más grave ha conducido a que la
jurisprudencia en forma poco consecuente tome en cuenta el límite superior del tipo absorbido, lo que
significaría estar reconociendo el consurso ideal. Maurach formalmente afirma para estos casos un
concurso ideal.
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En nuestro ordenamiento, podrían plantearse problemas similares a los que han enfrentado a la doctrina y
jurisprudencia extranjera. Y la verdad es que las soluciones no son tan opuestas como parecen. Si bien
se mira el art 75, que rige el concurso ideal de delitos, se funda también en un criterio de absorción,
solamente que debe aplicarse la pena mayor asignada al delito más grave. Como, por otra parte, el
consurso aparente resuelto a través del criterio de la absorción no es obstáculo para que se compute el
disvalor desplazado, a través del art. 69, la única diferencia práctica que resulta de optar por el concurso
aparente de leyes o por el consurso ideal de delitos es que el aumento de rigor será en un caso
obligatorio y en el otro facultativo.
La solución más aceptada en nuestro ordenamiento, es la del concurso aparente de leyes. En otros
términos, en el aborto violento quedarán absorbidas todas aquellas lesiones conceptualmente inherentes
a la clase de violencia requerida para matar al feto. Los excesos dolosos, en cambio, no deben
considerarse como acompañantes ordinarios de las violencias para causar el aborto, y si de esos excesos
se sigue una lesión grave, este segundo disvalor no queda absorbido por el aborto doloso. Mientras que
todo homicidio doloso incluye conceptual u ordinariamente la muerte del feto, y de ahí que el homicidio
absorba al aborto, del mismo modo todo aborto violento supone determinadas lesiones, u ordinariamente
acompañarán aquél, por lo que el aborto doloso violento absorbe esas lesiones. No acontece lo mismo si
hay exceso, esto es, un mal trato que vaya más allá del dirigido a producir el aborto. Para tales casos que
coinciden con las hipótesis de las lesiones gravísimas, mutilaciones y castración, la solución más
concecuente parece ser la del concurso ideal. Todos estos problemas se suscitan si las lesiones o la
muerte de la mujer embarazada, cubiertas por el dolo del agente pertenecen al contexto de una acción
única. Distinto es el caso si completada la acción del agente, surge en éste la determinación de realizar
una nueva acción, por ejemplo para borrar las huellas de su delito. Aquí habría un concurso material de
delitos.
Esta situación, provoca nuevas complicaciones. La Comisión Redactora, pensando más bien en el aborto
consentido seguido de muerte, optó por solucionar el asunto con el consurso ideal. Desde antiguo esta
interpretación fue objeto de críticas.
Pedro Fernández, señala que estos casos no quedan comprendidos en el concurso ideal, pues la muerte
de la madre y el aborto, no son un hecho que constituya dos delitos, ni un medio necesario para cometer
el otro. La muerte es un accidente desgraciado pero no es necesario.
Labatut, por su parte piensa que la expresión “ un solo delito “ que contempla el art. 75, que consagra el
concurso ideal, se refiere a un solo hecho físico y no aquel que derive más de uno, como ocurre en esta
figura. El actor debe querer, al menos como contingencia posible, el resultado muerte. La solución es
atribuir el resultado muerte al de imprudencia temararia, es decir, aborto doloso en concurso con
cuasidelito de homicidio.
Etcheberry, en cambio acepta el criterio propuesto por la Comisión Redactora sobre la concurrencia de un
concurso ideal, para aborto malicioso y homicidio culposo, pero nada sugiere para la disyuntiva aborto
doloso-lesiones culposas.
Politoff, Grisolía y Bustos, señalan que ni conceptual ni ordinariamente la muerte acompaña al aborto ni la
culpa que lleve a este resultado, por lo tanto, la opinión es favorable a la tesis predominante del concurso
ideal entre aborto doloso y homicidio culposo. Y en lo que respecta a las lesiones culposas, sostienen que
ellas serán absorbidas por el aborto doloso violento en la medida en que las lesiones culposas sean de
aquellas que ordinariamente siguen a las maniobras abortivas o la violencia en su caso.
Es la segunda modalidad de aborto causado por extraños. Aquí no se hace uso de la violencia, pero falta
el consentimiento de la mujer; y la conducta del extraño o hechor debe ir dirigida a causar el aborto. El
consentimiento de la mujer puede faltar por estar privada de la capacidad de prestarlo, como también por
la existencia de un vicio que resta valor a su aquiescencia. Falta igualmente el consentimiento de la mujer
cuando ésta consiente, no en la muerte del feto, sino en ingerir substancias, sufrir las maniobras o
violencias, pero ignorante de la posible consecuencia de muerte del feto. El consentimiento, para que
pueda decirse que lo hay, debe referirse específicamente a éstas últimas circunstancias.
También falta el consentimiento cuando se encuentra privada de sentido, si carece de comprensión sobre
la índole de las maniobras o si se le engaña, en el caso de amenaza con males morales y en general en
todo caso en que la voluntad por cualquier razón esté ausente o viciada. Esto no significa reproducir la
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teoría civil de los vicios del consentimiento, debiendo determinarse la tipicidad de la conducta en cada
caso concreto. En general el consentimiento prestado por una enajenada mental será irrelevante, aun
cuando en algunos casos límites pueda admitirse su validez. En cuanto a los menores, ha habido
discusión, pero en todo caso la mujer que consiente en que otra persona cause su aborto, debe ser
naturalmente, imputable y no tendrá tal calidad, si es menor de dieciséis años o si siendo mayor de
dieciséis y menor de dieciocho ha actuado sin disernimiento. En estos casos la mujer estará exenta de
pena, mientras que el extrano que causó el aborto será sancionado como autor de aborto sin
consentimiento.
En el plano objetivo, a la conducta de dar muerte al feto se añade el requisito negativo de ausencia de
consentimiento, referido a la muerte del feto y no a las solas maniobras. Cuando la mujer consienta en
maniobras para acelerar el parto, ello no vuelve al extraño que actúa con dolo directo de aborto, en autor
de aborto consentido.
Como se ve el tratamiento penal del aborto causado por un extraño es más severo si se obra sin el
consentimiento de la mujer, que si se cuenta con él. Y no es sancionable el cuasidelito de aborto, sólo lo
será cuando se produzcan lesiones o la muerte de la mujer.
Es la tercera forma, la menos grave, del aborto causado por extraños. Se ha visto que, para ser relevante,
el consentimiento no debe haber sido arrancado con violencia y que en todo caso debe ser prestado sin
circunstancias que lo vicien. No es necesario que el agente sepa que cuenta con el consentimiento, si
éste efectivamente ha existido. La creencia por el agente de que está quebrantando la voluntad de la
mujer no transforma el hecho en un atentado contra la libertad de ésta, desde el punto de vista de los
requisitos del tipo, sino exclusivamente en la mente del autor.
El consentimiento debe ser prestado por la mujer libre y válidamente; en su sano juicio, teniendo edad
suficiente y sin coacciones, con conocimiento de la naturaleza y consecuencias del acto en el cual
consiente. Existiendo este consentimiento, aunque haya fuerza física, se aplica esta disposición y no la
del número 1 del mismo artículo.
Al igual que en el número anterior puede haber dolo directo o eventual, pero no se castiga el cuasidelito.
Si el hechor cree erróneamente que la mujer ha consentido, se trata de un error accidental, que según las
reglas generales deja subsistente la culpabilidad, pero cambia el título del delito, se sanciona en
conformidad a esta figura, aunque en la realidad de las cosas el consentimiento no haya existido.
Aquí nos encontramos ya con la intervención de otra persona, la mujer. Pero su participación no se rige
por las reglas generales, sino que se sanciona separadamente, según otra figura delictiva.
Este precepto castiga, con una pena menor a la del aborto malicioso, sin violencias y con consentimiento
de la mujer; al que con violencia ocasionare un aborto, aun cuando no haya tenido propósito de causarlo,
con tal que el estado de embarazo de la mujer sea notorio o le constare al hechor. Existe acuerdo en
considerar la expresión “aun cuando” como “siempre que”, ya que otro significado hace inteligible la
figura.
En este caso no existe dolo directo con respecto al aborto, por lo que corresponde determinar cuál es el
elemento subjetivo de esta figura. Que el embarazo sea notorio no significa que sea de público
conocimiento, sino que sea aparente por el aspecto físico de la mujer; especialmente, el abultamiento del
vientre y otros signos que ordinariamente acompañan a la preñez. Si el embarazo no es notorio, se
requiere al menos que le conste al hechor, esto es, que éste tenga conocimiento efectivo de que la mujer
se encuentra embarazada, aunque externamente la preñez no se manifieste todavía, se reconoce una
presupuesta situación psicológica, ello quiere decir que no basta la posibilidad de prever el embarazo,
para que el el tipo legal sea aplicable, sino que el agente debe saber que el embarazo existe. La
previsibilidad sólo debe ser referida a la muerte del feto. En esta expresión, también se especifica que aun
cuando el embarazo no aparezca, por signos fáciles de percibir, el marido debe conocer el embarazo de
su mujer antes que sea notado por los demás.
En relación a la naturaleza de la figura, los autores españoles, consideran que esta figura se refiere a un
aborto culposo ( cuasidelito de aborto ), que entre nosotros sería un caso de excepción a la regla general
de impunidad del cuasidelito.
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Labatut, señala que el aborto causado con violencia, pero ignorando el estado de embarazo, constituye
un aborto preterintencional, y no un cuasidelito ya que se penan los delitos contra las personas y el feto
no es persona.
Etcheberry, por su parte señala que los dos elementos únicos que la ley proporciona (ausencia de dolo
directo y previsibilidad del resultado) no excluyen más que el caso fortuito, y permiten sancionar de
conformidad con esta figura los abortos violentos que se causen con dolo eventual, con culpa consciente
o con culpa inconsciente. En estos tres casos se cumplen los únicos requisitos que la ley exige, falta de
propósito y notoriedad o constancia del embarazo.
El tipo legal del art.343 en nada difiere, en sus extremos objetivos, del que se describe en el art. 342 Nº 1,
ya que será preciso que se dé muerte al feto para que el delito esté perfeccionado y que este aborto sea
producido con violencia por un extraño. La diferencia reside, pues, en el plano de la subjetividad del
agente. Para algunos se trata de un aborto preterintencional, habría dolo en cuanto a la violencia que se
ejerce sobre la mujer embarazada y un aborto que se pudo prever como consecuencia de la acción
desplegada. Curry concluye que se trata de una especial hipótesis de cuasidelito de aborto. En nuestra
ley no puede hablarse de un tipo básico, ya que no existe el tipo de causar violencia. Es más, si se
identificara a las violencias con las lesiones, se llegaría al absurdo de que las lesiones gravísimas, las
simplemente graves y las mutilaciones llevarían consigo una pena menor que la prevista para tales
resultados en el capítulo de las lesiones corporales, solamente porque se siguió un aborto como segundo
resultado. Extrema su tesis sosteniendo que no se requiere la intencionalidad respecto de la violencia,
basta que el agente haya realizado actos cuya consecuencia causal es dicha violencia, pudiendo o
debiendo preverla.
El empleo de violencia intencional, cualquiera que sea el nexo subjetivo respecto de la muerte del feto
(dolo eventual o culpa), supone la posibilidad de que de esas violencias se sigan, además del aborto,
efectos en la salud y aun en la vida de la mujer embarazada.
Cuando se ejerce violencia, dolosamente sobre la mujer embarazada y el contenido de su dolo abarca la
eventual muerte de ésta, cualquiera que sea el nexo subjetivo respecto del resultado aborto, responderá
por homicidio doloso, el cual absorbe el aborto del art. 343.
En cambio, si la muerte de la mujer es sólo atribuible a culpa del que ha ejercido violencia, estaremos en
presencia de un concurso ideal entre cuasidelito de homicidio del art. 490 Nº 1 y el aborto del art. 343.
Ahora, si como resultado de la violencia la mujer sufre lesiones, algunas de éstas quedarán absorbidas
sin dificultad en el tipo de aborto del art. 343; estas son las lesiones clinícamente leves, es decir, las leves
y menos graves, en cuanto ordinariamente acompañan a la idea de violencia.
Las lesiones graves, en forma de los dos números del art. 397 y la mutilaciones y las lesiones culposas
del art. 490 Nº 1 , estarían en relación de concurso ideal con el art. 343, según el art.75.
El aborto provocado por la propia mujer embarazada es una figura calificada en razón del sujeto activo, si
no existiera esta figura, la mujer debería ser sancionada como coautora del aborto causado por tercero, y
como en tal caso hay consentimiento de la mujer, la pena sería la que establece el Código Penal en el
artículo 242 Nº 3.
En el aborto consentido por la mujer, la ley considera más reprobable la conducta de ella que la del
tercero, seguramente por atribuir a la mujer, además de la lesión al bien jurídico vida del feto, una
infracción al deber personal frente a la protección del hijo futuro.
No ofrece mayor dificultad en su aspecto objetivo, pues consiste en que la mujer cause su propio aborto,
satisfaciéndose aun con el mero dolo eventual.
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Por ser una figura agravada,. con relación al art. 342 Nº3, pueden presentarse los mismos problemas de
comunicabilidad del parricidio, que sucede con los partícipes en el autoaborto.
Algunas legislaciones no lo castigan, como es el caso del Código Penal de la R.D.A.; otros le imponen
una pena menor que al aborto realizado por un extraño, que constituye una figura privilegiada, como
sucede con el Código de Alemania Federal y otros que lo castigan con una pena igual, como en España y
aun mayor como sucede en nuestro Código Penal, que al aborto que causa el extraño con el
consentimiento de la mujer.
En el autoaborto, la mujer tiene una causa personal que la impulsa a renunciar a algo que normalmente
es mirado como un bien ( hijo no deseado ) y a esta motivación se añade una circunstancia
excepcionalísima y es que el proceso del embarazo y los riesgos del parto, así como las obligaciones de
la maternidad, son cargas que la mujer debe soportar en sí misma; por ello algunos sostienen que la pena
del autoaborto debiera ser inferior al aborto que causa el extraño, aun con el presupuesto del
consentimiento.
Aquí necesariamente interviene un tercero, que causa el aborto. El tercero será sancionado según el
artículo 342 Nº 3 y la mujer, con una pena mayor, según el artículo 344 del C.P.
No se trata de castigar el nudo consentimiento ya que el tipo legal, también respecto de la mujer,
encuentra su principio de ejecución en las maniobras abortivas, porque se ha elevado a la categoría de
hecho principal un comportamiento que es sólo de complicidad, aun cuando en rigor de no existir el art.
344, sería de coautoría o de complicidad de la figura del art. 342 Nº 3, y que, en todo caso requiere del
comportamiento material del extraño, sin cuyo inicio el solo consentimiento de la mujer es penalmente
irrelevante.
El mismo artículo 344 inciso 2, contempla una atenuante especial. La ley ha considerado como
minorante de la punibilidad el móvil de honor, la honra de la mujer.
Este factor de atenuación es estrictamente personal e incomunicable, no beneficia a los terceros que
participan del delito, aunque ellos concurran con el fin de ocultar la deshonra de la mujer. El ocultar la
deshonra debe haber sido el motivo fundamental, sin el cual no se hubiera efectuado el aborto.
La idea de la honra debe entenderse en referencia al concepto tradicional de las buenas costumbres en
materia sexual y debe abordarse en relación con la propia dignidad del ser humano y la posibilidad de
atribuirle inmerecidamente un quebrantamiento a sus deberes éticos. No puede considerarse deshonrada
una mujer por lo que los prejuicios y fanatismos de su medio juzguen deshonroso.
Algunos piensan que el cambio de las costumbres, hace necesario el reemplazo de esta atenuante por
una capaz de abarcar la casuística de la compleja vida moderna, en vez de un fundamento exclusivo que
para estos tiempos ha perdido prácticamente su significación.
Se trata de una figura doblemente calificada, pues el profesional, siendo un tercero debería en principio
recibir las mismas penas del art.342 y en cambio se le aplican aumentadas en un grado y por otro lado se
eleva a conducta de autor el hecho de colaborar a la realización del aborto.
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El sujeto activo de esta figura es el facultativo. Por tal debe entenderse, desde luego a los médicos pero
significando el término la idea de un profesional que ha hecho estudios superiores y que ejercen el arte de
curar o, más exactamente, relacionados con la conservación y restablecimiento de la salud, de tal modo
que su oficio los ponga en situación de causar un aborto o cooperar con él.
El facultativo puede actuar de dos formas, causar un aborto o cooperar con él. En este último caso
quedan comprendidas las hipótesis de participación accesoria en el aborto causado por un tercero
extraño o por la propia mujer. Estas conductas de cooperación constituirán a veces autoria y a veces
complicidad.
La exigencia es que estas personas obren abusando de su oficio, es decir, requieren que su conducta
no este justificada. Si hay justificación la conducta es lícita y el legislador no requeriría servirse de una
mención especial en el tipo como la falta de abuso, ya que para ello basta el artículo 10 Nº 10 del C.P.
Esta expresión, sólo puede aplicarse al facultativo que realiza la acción típica no justificada, motivado por
fines ajenos a los principios terapéuticos que deben guiar la función profesional.
Los casos en que el médico no actúa en cuanto tal, quedan excluidos de la figura agravada, en cuanto el
agente no ha obrado abusando de su oficio. No comprende al médico que golpea a su mujer y la hace
abortar, o que la conduce con un tercero para que este le cause un aborto, hipótesis en que la calidad de
médico no tiene influencia alguna.
ABORTO TERAPEUTICO
La finalidad del aborto debe ser la de defender, en principio, la vida, la integridad corporal o la salud de la
madre, y no otro bien jurídico, ni otra persona. El aborto legalmente permitido sería el que obedece
exclusivamente a fines curativos. Se rechaza el aborto por capricho, por preocupaciones estéticas o por
motivos eugenésicos, demográficos, económicos, psicológicos o profesionales.
La expresión fines terapéuticos, es bastante vaga. En general se entiende que debe tratarse de un aborto
destinado a salvar la vida de la madre o evitar una gran enfermedad.
La doctrina extranjera sostiene que está permitido el aborto si éste constituye el único medio para evitar
un serio y directo peligro para la vida o salud de la mujer embarazada, con inclusión de las perturbaciones
psiquícas graves con peligro de suicidio, como también la probabilidad de una permanente disminución de
la capacidad de trabajo. Entre nosotros Etcheberry restringe los fines terapéuticos que justifican el aborto
a la intervención para salvar la vida de la madre a costa de la vida del feto, con los requisitos de realidad o
peligro inminente de la muerte de la mujer y que no exista otro medio practicable o menos perjudicial para
evitarla.
Una parte de la legislación extranjera, como la española e italiana, abordan el problema del aborto
terapéutico con arreglo al régimen general del estado de necesidad, en particular cuando a causa de
enfermedades o de otras condiciones particulares, la mujer no puede llevar a término su embarazo o
soportar el trabajo de parto de grave peligro para su vida o para su salud. Solución que no es aplicable en
nuestro sistema, en que la justificante del art. 10 Nº 7, tiene un alcance muy restringido, que sólo se
extiende al daño en la propiedad ajena.
La penalidad general del aborto demuestra que en principio para la ley la vida del feto es un bien jurídico
digno de protección, incluso contra los atentados de que pueda ser víctima por parte de la misma madre,
de tal modo que el sólo consentimiento de la mujer no basta para legitimar el aborto, ni aún con fines
curativos.
Nuestro Código Sanitario de 1967, en su art. 119, actualmente derogado, disponía que “ Sólo con fines
terapéuticos se podrá interrumpir un embarazo.“ Para proceder a esta intervención se requería la opinión
documentada de dos médicos cirujanos. El médico sólo podía causar un aborto justificadamente cuando
trataba de salvar la vida de la madre a través de la muerte del feto.
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Aborto terapéutico en el Código Sanitario
En el art.119 del derogado C. Sanitario, aparecía de manifiesto que sólo el médico podía lícitamente
realizar esta forma de especial justificación. Ello porque nuestro sistema jurídico sólo permite a estos
profesionales la actividad terapéutica y cuando la autoriza a otros profesionales, como las matronas, lo
hace en términos calculadamente restringidos, además la finalidad terapéutica debe ir acompañada del
conocimiento sobre el carácter indispensable de la intervención abortiva.
El precepto del Código Sanitario consagraba una causal de justificación que sólo en forma mediata tenía
su fundamento en el estado de necesidad, pero en rigor constituía un caso especialmente legislado de
ejercicio legítimo de la profesión de médico y, por lo mismo, sólo podía ser invocada por éste.
La ley nada decía sobre el consentimiento de la mujer embarazada. Para algunos autores, si la madre
rechaza el aborto, anteponiendo la salvación de su hijo a la suya propia, y el aborto se le practicaba
contra su voluntad, el hecho integrará el delito de aborto sin consentimiento de la mujer. Del Rosal, Cobo
y Mourullo, sostienen que por ser el aborto terapéutico un caso de estado de necesidad, opera el principio
del interés preponderante y por ello resultaba indiferente el consentimiento de la mujer. Se ha sacrificado
en definitiva un bien (vida del feto), en aras de otro bien (vida de la gestante).
Otros sostienen que es indiferente ver en esta situación una limitación al balanceamiento de bienes, sino
que está subordinado a la lex artis médica y a los criterios consuetudinarios y culturales que la delimitan.
No se puede desconocer la libertad del paciente para decidir si puede o no intervenirse en su cuerpo,
habrá que tomar en cuenta la disposición de la mujer embarazada de afrontar el riesgo.
El Código Sanitario, requería para proceder a la intervención, la opinión documentada de dos médicos
cirujanos. Esta exigencia tenía por fundamento la certidumbre sobre la razón terapéutica y tendía a
proscribir el aborto clandestino, sometiendo a una ritualidad normal su ejecución. La ausencia de este
requisito, conducía necesariamente la aplicación del art. 342 del Código Penal. Este requisito se hacía
necesario, si se piensa que el médico al hacer su pronóstico sobre el riesgo para la salud de la mujer
difícilmente podía medir en toda su intensidad la huella que el embarazo o parto podían causar a la mujer.
La Ley Nº 18.826 de 1989, reemplazó el texto de este art. por uno que señalaba “ No podrá ejecutarse
ninguna acción cuyo fin sea provocar un aborto.“ La motivación que tuvo la Ley 18.826, para reemplazar
el texto del art.119, se encontró en la actualidad, debido a los progresos de la medicina, los casos en que
la vida y la salud de la madre se ven en grave peligro por el embarazo son muy raros, y porque en las
situaciones excepcionales que todavía puedan presentarse, se aplicarán las reglas generales del Código
Penal.
La justificación del art.119, como modalidad especial de ejercicio legítimo de la profesión médica, estaba
sujeta a numerosas limitaciones. El médico que realizaba el aborto, aun con fin terapéutico, pero sin
cumplir las formalidades establecidas en la ley, no podía invocar la eximente del art.10 Nº 10 ( ejercicio
legítimo de la profesión ), ya que en esta materia el C. Sanitario restringió las posibilidades del ejercicio
legítimo, y tampoco podía invocar la justificación del art. 10 Nº 7, sobre el estado de necesidad, desde
que este precepto sólo ampara el daño en la propiedad ajena.
Por otra parte, el no médico, matronas, estudiantes de medicina, jamás podían invocar alguna de las dos
referidas eximentes, en subsidio de la justificante del Código Sanitario, que no le era aplicable.
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Pero podía acontecer que el médico o el no médico se enfrente a una situación de emergencia, en que la
no realización del aborto ponga en grave peligro actual la vida o la salud de la mujer. Esta actuación no
podía ser sino afrontada como un caso de estado de necesidad no legislado. Si se daban los requisitos
generales del estado de necesidad, incluido por cierto el que no haya otro medio practicable y menos
perjudicial para impedir el daño que amenaza a la mujer, habría que examinar, en el caso del médico, los
deberes profesionales en conflicto, y en el caso de no médico la entidad de los bienes jurídicos en pugna.
Si se trata de un conflicto entre la salud de la madre, amenazada por un grave daño, en forma actual o
inminente, y la vida del feto, en el caso del no médico, se da el hecho de tratarse de un balanceamiento
de bienes y no de deberes, lo que sólo puede encontrar solución por la vía de la exculpación ( no
exigibilidad de otra conducta ). En el caso del médico, un auténtico fin terapéutico impediría aplicarle la
figura agravada del art.345.
El aborto terapéutico, realizado por un facultativo, quedó derogado, por existir la eximente del artículo 10
Nº 10 del C.P., ejercicio legítimo de la profesión. Esta causal de justificación tendrá aplicación:
• Cuando la vida de la madre esté en peligro cierto, y para salvarla sea necesario practicar una
intervención que inevitablemente acarreará la muerte del feto o interrupción del embarazo.
( Extracción del útero, lugar donde se anida el feto, debido a la existencia de un tumor
canceroso.
• En los casos de embarazo ectópico o extrauterino, en que el embrión se anida en lugar del
útero en las trompas u otras vísceras, donde no tiene posibilidad de llegar a término normal y su
crecimiento pone en grave peligro la vida de la mujer.
Nuestro Código no previó expresamente la posibilidad de que a consecuencia de las maniobras abortivas
resultara la muerte de la mujer. El Código Belga contemplaba este caso y la Comisión Redactora lo
suprimió, estimando que caía dentro de la regla general ya consignada para el caso de que un mismo
hecho constituyera dos o más delitos. La doctrina nacional ha criticado vivamente este punto de vista de
los redactores, estimando que no se trata de un solo hecho, sino de dos. Los autores acostumbran
considerar este caso como una hipótesis característica de preterintencionalidad. Labatut, estima que la
naturaleza de las maniobras abortivas siempre permiten prever la posibilidad del resultado muerte de la
mujer, y que el que a pesar de ello practica el aborto, toma de su cargo el riesgo de esta muerte. Habría
dos delitos distintos, en concurso material, y ambos dolosos; el aborto cometido con dolo directo y el
homicidio con dolo eventual. Para evitar este tratamiento penal drástico, Labatut acepta como solución
práctica considerarlo como concurso entre delito de aborto con un cuasidelito de homicidio.
Sin embargo, el criterio de la Comisión Redactora es aquí el acertado. Se trata de un solo hecho, aunque
el resultado sea múltiple. A veces, porque físicamente no habrá más que un movimiento; otras porque
existiendo multiplicidad de actos, todos van unificados en una sola acción por la finalidad única que los
anima: el aborto. Si esta acción, sin ninguna intervención adicional, provoca también la muerte de la
mujer, se tendrá como un solo hecho con un doble resultado delictivo, como la Comisión pensó.
Aún admitiendo que la naturaleza de las maniobras permitan prever la posibilidad de la muerte de la
madre, se requiere además una actitud de aceptación del resultado, de indiferencia hacia lo que ocurra, el
sujeto se representa la posibilidad de que la mujer muera, pero actúa en la esperanza de que ello no
ocurra; confía en que su pericia podrá evitarla. Por lo tanto, en ese evento hay un concurso ideal entre un
delito de aborto y un cuasidelito de homicidio. El resultado podrá imputarse a título de dolo o culpa según
sea la situación concreta. En efecto, es un caso de consurso ideal regido por el art. 75, así también lo
señalan, Politoff, Grisolía y Bustos.
Cabe, una última posibilidad. Si se provoca un aborto por expulsión, pero el feto, estando ya muy
desarrollado, nace y vive, pero la madre muere; habrá un concurso ideal entre un aborto frustrado y un
cuasidelito de homicidio o delito de homicidio, si hubiere existido dolo eventual con respecto a la muerte
de la mujer.
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En relación a la comprobación del hecho punible el Código de Procedimiento Civil, en su artículo 134 ,
dispone que en caso de aborto se hará constar la existencia de la preñez, la época del embarazo, los
signos demostrativos de la expulsión del feto, las causas que lo hubieren determinado, y la circunstancia
de haber sido provocado por la madre o por un extraño que hubiere procedido, ya que con su
consentimiento, ya sean ejecutados en ella actos de violencia, ya por fin, abusando de su oficio el
facultativo.
Cuando el feto muerto, en el vientre materno no hubiere sido expulsado, se averiguará también si por
acción provocada se puso fin al desarrollo intrauterino.
CAPITULO V
MEDIOS ABORTIVOS
En nuestra legislación no se hace ninguna alusión a los medios abortivos; al igual que en el homicidio no
existe ninguna limitación. Hay algunos medios que podrían llamarse específicos para producir el aborto,
pero también hay otros llamados genéricos como los golpes y las lesiones, estos comprenden las
substancias abortivas y las maniobras abortivas.
Estas substancias son tóxicas, de posología incierta y acción variable; lesionan el organismo maternal y
son peligrosas para la madre como para el feto.
Los efectos abortivos no son selectivos, salvo en mujeres predispuestas, en que el papel individual juega
un papel importante, pero se caracterizan sobre todo por la intoxicación general, frecuentemente
conducen al coma de la madre y a su muerte.
Los efectos puramente abortivos se producen debido a la estimulación de las fibras musculares uterinas,
a la congestión del aparato uteroanexial por acción directa o por medio de los centros medulares. En lugar
de producir contracciones uterinas verdaderas, las substancias abortivas no llegan generalmente más que
a provocar la contractura, es decir, el espasmo.
Las substancias tóxicas vegetales más empleadas son el apio, la ruda, la sabina y la artemisa. En la
madre provocan, a fuertes dosis, una hepatonefritis más o menos intensa; en el feto se presentan
lesiones parecidas, pero siempre más graves, de las que permanecen si sobrevive. En animales
sometidos a experimentación se observa una congestión generalizada de todos los órganos, hemorragias
gastrointestinales y uterinas que son manifestaciones tóxicas de la degeneración parenquimatosa.
El apiol o esencia de perejil, es emenagoso a la dosis de 0,25 gramos a 0,75 gramos. A dosis tóxicas el
apiol provoca hepatonefritis grave y polineuritis, cuando es falsificado por adición de fosfato de
triortocresil. Los autores alemanes estiman que el apiol en estado de puro actuaría sobre la musculatura
uterina y sería abortivo.
La sabina y la ruda, contienen un aceite esencial dotado de propiedades ocitocicas, abortivas a dosis
tóxicas. Lewin relata casos en que la inyección de infusión de extracto de sabina ha provocado 21
abortos, 11 fracasos y 23 muertos. Los efectos tóxicos que produce son la gastroenteritis aguda y la
metrorragía y los efectos abortivos están dados por las contracciones del útero que empiezan el segundo
día. Estos efectos se observan después de la ingestión de 60 a 120 gramos de jugo o de cocimiento de
hojas de ruda.
El tejo a fuertes dosis es más tóxico que abortivo, produce trastornos gatrointestinales y respiratorios, así
como, muerte por asfixia en medio de convulsiones.
La tuya tiene una acción abortiva muy dudosa; la muerte eclámptica precede al aborto. Después de la
ingestión de 15 a 30 gramos de aceite de hierba lombriguera se registran intoxicaciones mortales con
convulsiones, opistotonos, trismus, espuma en los labios, respiración acelerada y estertorosa, dilatación
pupilar.
El plomo es un clásico mineral abortivo, tiene una acción electiva sobre el epitelio de las vellosidades; su
paso al embrión ha sido comprobado. La dosis abortiva seria aproximada a la mitad de la dosis letal. Se
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utiliza bajo la forma de extracto de Saturno o agua blanca; sea por ingestión a dosis progresiva,
empezando por una gota; sea por inyección intrauterina.
Algunos médicos han sido perseguidos y encarcelados bajo acusación de haber provocado abortos por
inyecciones de estrógeno ( foliculina, también llamada estrona y progynon o sus similares; estradiol,
progesterona o benzoginestryl ). Se admite actualmente que tales inyecciones, incluso a dosis masiva, no
tienen ninguna propiedad abortiva cuando el embarazo esta formado y en evolución.
MANIOBRAS ABORTIVAS:
Las primeras tienden a provocar la muerte del huevo, seguida de su expulsión de la cavidad uterina. Las
maniobras directas, mayormente utilizadas son:
• La dilatación del cuello del útero; se efectúa con un tallo de laminaria, con una esponja
preparada, por medio de bujías de Heggar, incluso hasta con el dedo; generalmente es
insuficiente, porque estos medios consiguen únicamente forzar el cuello; el orificio se dilata poco;
si se llega a dilatar mucho es a costa de un desgarro que hace comunicar el conducto cervical
con la base del ligamento ancho. La dilatación del cuello es seguida de fuertes dolores, de
hemorragias importantes y de fiebre bastante elevada.
También se utilizan algunos líquidos como: el agua de jabón, las soluciones antisépticas o cáusticas, el
vinagre puro, el agua oxigenada o javelizada, la glicerina, el alcohol de noventa, la tintura de yodo.
• La punción del huevo; practicada con un tallo improvisado como aguja de hacer calcetas,
varilla de cortina, pluma de ave, horquilla, ballena de paraguas, hueso de pollo, simple tallo de
maderas o una cola de perejil o con una pinza de larga forcipresión, un histerómetro o con un
perforador de membranas de partero.
Las maniobras indirectas son de una eficacia dudosa, salvo en mujeres predispuestas a los abortos;
consisten en traumatismos abdominales, tales como choques o golpes en el vientre, marchas forzadas;
por traumatismos vaginales como taponamientos, duchas enérgicas, sanguijuelas, coitos repetidos; no
obstante, los masajes violentos del bajo vientre y el amansamiento enérgico y renovado del útero
conducen a menudo al resultado buscado.
SÍNTOMAS Y COMPLICACIONES
Casi siempre, las maniobras abortivas directas se acompañan de sensaciones vagas y poco dolorosas. A
veces provocan un malestar general compuesto de desvanecimientos, vómitos, desfallecimientos y
lipótimias que pueden conducir al síncope mortal.
El aborto se manifiesta por una hemorragia abundante precedida o acompañada de cólicos, de dolores en
el bajo vientre y de dolor lumbar. La expulsión se produce al cabo de unas horas, casi siempre
veinticuatro, a veces ocho días y hasta un mes, después de la inyección intrauterina. El plazo, medio es
de cuatro días después de la punción del huevo; pero puede ser de cinco horas o de once días.
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En el aborto la expulsión generalmente se produce en dos tiempos; hay retención placentaria con
infección frecuente , sobre todo en los casos de punción.
Las complicaciones son frecuentes e importantes. Las estadísticas hablan de siete por mil de muertes
rápidas o inmediatas, diez por ciento de secuelas úteropelvianas, es decir, mujeres que quedan mutiladas
o lisiadas del vientre, treinta por ciento sufre de esterilización post abortum; un veinte por ciento sufre
algún grado de complicación y el aborto criminal representaría el quince por ciento de la mortalidad
maternal.
La muerte súbita se debe a dos causas: inhibición refleja o embolia gaseosa o grasosa.
La muerte por inhibición sobreviene bruscamente en algunos minutos, al principio de las maniobras
abortivas, en el momento en que el instrumento es introducido en el conducto endocervical o incluso
cuando el líquido penetra en el útero.
Localmente, el cuello uterino, la placenta, el huevo no representa ninguna lesión ni una equimosis ni una
infiltración sanguínea.
Esta muerte se explica por un mecanismo nervioso funcional; se trata de un fenómeno reflejo de paro
cardiórrespiratorio, desencadenando por una excitación periférica (zona genital), la cual es trasmitida al
bulbo por vía neurovegetativa. Ciertas condiciones son necesarias para su producción como son comidas,
predisposición, factor neurovegetativo, tensión emocional.
La muerte súbita por embolia gaseosa es debida a la penetración en la sangre, a través de los desgarros
vasculares de las membranas despegadas, del aire inyectado con la pera, al mismo tiempo que el líquido.
Desde este punto de vista el irrigador enema es particularmente peligroso. La embolia gaseosa se
presenta bajo forma pulmonar, disnea, opresión, tos, cianosis, edema aguda; bajo forma cardíaca, como
ansiedad precordial, dilatación aguda del corazón derecho; o cerebral como vértigo, convulsiones,
espasmos, contracturas o fenómenos paralíticos, ceguera, coma.
• Embolia retardada, que se produce en dos tiempos, separados por un intervalo libre. La llegada
de aire al corazón tiene lugar al cabo de cierto tiempo, a veces varias horas después de la
inyección abortiva. Las perforaciones uterinas pueden ser primitivas o secundarias.
Las perforaciones uterinas provienen de la herida directa, completa o incompleta del cuello, del cuerpo y
sobre todo del fondo del útero; se complican alrededor del trayecto transfixiante y de sus orificios, por los
procesos de infección gangrenosa, extensos y disecantes que aumentan la extensión de la perforación, la
cual puede transformar el fondo uterino en cráter de gran abertura peritoneal.
La gangrena perforante del útero, consecutiva a una punción o una herida por maniobra abortiva,
evoluciona rápidamente hacia la muerte en algunos días.
El desgarro del cuello del útero es obra de laminarias o de bujías utilizadas para abrir el cuello.
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Las perforaciones secundarias son consecutivas a la transformación gangrenosa del infarto uterino, o
incluso resultan de la inyección intrauterina de un líquido cáustico (agua de jabón), capaz de provocar
quemaduras neuróticas de la mucosa, después de una escara profunda y finalmente la perforación.
Otras perforaciones del útero, bastantes frecuentes y a veces muy graves, de origen instrumental, tienen
por causa el legrado quirúrgico intempestivo, particularmente peligroso, después del tercer mes.
partos prematuros, nacimientos prematuros por cesárea para salvar la vida de la madre y del hijo.
-Embarazo ectópico en trompas o malformaciones congénitas causadas por una placenta imperfecta.
Complicaciones psicológicas
El aborto viola algo muy básico en la naturaleza de la mujer: la maternidad. Y es casi imposible que no se
desarrolle a partir de ello una alteración psicológica seria. Al contrario, cuando no se presenta es que algo
más serio está pasando y suele estar acompañado de un autoengaño, una inmadurez o insensibilidad
afectiva patológica, que sólo puede ser producto de una personalidad anormal. La mujer que ha pasado
por la experiencia de un aborto es una mujer que ha sido herida en su dignidad. El camino de sanación
consiste esncialmente en cerra esta herida. Se trata de ver, reconocer y comprender la causa y efecto de
los diversos síntomas psicológicos que se pueden presentar. En la madre se pueden producir frigidez,
aversión hacia el marido o la pareja, culpabilidad o frustración de su instinto maternal, baja en su estima
personal al destruir a su propio hijo, desórdenes nerviosos, insomnio, neurosis diversas.
Las relaciones interpersonales suelen con frecuencia resultar fuertemente comprometidas después de un
aborto. Muchos jóvenes pierden la confianza y estima por la joven que ha abortado, reduciendo la
posibilidad de matrimonio. La relación entre los esposos puede verse seriamente comprometida, puede
haber hostilidad del marido hacia la mujer si no le ha consultado respecto al aborto; hostilidad de la mujer
al marido si le ha obligado a abortar. El aborto destruye la personalidad del hombre en su rol de padre. Se
desajusta emocionalmente por no haber defendido a su hijo, porque el hombre es una víctima silente.
El médico es llamado también para solucionar las consecuencias del aborto provocado. Si opera
clandestinamente, peligra de ser considerado y hasta acusado de complicidad.
Tampoco se le recomienda practicar legrados en el domicilio de la abortiva con o sin anestesia, incluso
con la ayuda de un compañero. El médico debería proceder cuidadosamente enviando a la mujer al
hospital o a una clínica.
El comportamiento social del médico frente a una candidata al aborto es muy importante. Consiste en
socorrerla moralmente informándola sobre su estado, disminuyendo sus inquietudes y sobre todo
haciéndole conocer las medidas impuestas por el Estado para acudir en ayuda de las mujeres encinta.
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Así mismo debería informarle sobre los peligros y complicaciones del aborto, sobre la esterilidad definitiva
que puede acarrear; utilizando además argumentos morales y religiosos por los cuales no debería
abortar.
Como médico solicitado frecuentemente para practicar un aborto. Este médico vulnera el
Juramento de Ginebra , que fue acordado por los médicos de 52 naciones; que reza “ Respetaré la vida
humana desde la concepción .”
El profesional cuenta con el rechazo de la mayoría de sus colegas; condenado por las leyes morales,
profesionales y penales. El médico abortador es inexorablemente perseguido por los tribunales,
cualquiera sean los móviles de su acto criminal. La piedad, la compasión , el desinterés pecuniario no son
consideradas como circunstancias atenuantes. También se expone a sanciones disciplinarias ante el
Colegio Médico.
Al principio de la preñez, puede insertar un tubo por la boca del útero y lo conecta a un aparato de
succión. Como el vacio es tan fuerte, la criatura se convierte instantáneamente en una masa fluída de
sangre, tejidos y cartílagos.
En la técnica del raspado, el cirujano amplía o dilata la boca del útero para pasar el fórceps. Entonces
alcanza dentro y raspa hacia fuera al feto y a la placenta.
Para abortar criaturas de mayor tamaño, puede que se requiera una operación abdominal similar a
una cesárea. Se abre el vientre cortándolo y se saca al niño.
Hasta el término de la preñez, se puede introducir una aguja larga por la pared abdominal de la madre
hasta dentro del vientre. Después de retirar fluído, inyecta una fuerte solución de agua salada, estéril,
salando vivo a la criatura.
El papel del médico legista; consiste en aportar las pruebas médicas del aborto criminal; papel difícil
en la mayoría de los casos así como penoso y delicado.
El aborto natural no deberá ser confundido con el aborto criminal, los antecedentes patológicos, como la
sífilis, nefritis o los antecedentes obstétricos, tales como el aborto de repetición o la desviación uterina,
deben ser buscado en la mujer encausada, pero no son más que elementos de presunción en favor de un
aborto. La endometritis decidual, es una causa frecuente de aborto que se reconoce por las membranas
engrosadas, desiguales, opacas, rugosas, por la caduca placentaria con manchas blanquecinas, por la
placenta de bordes gruesos y tallados a pico.
En la mujer viva:
Las particularidades que distinguen el aborto espontáneo del aborto provocado no son lo suficientemente
demostrativas.
El aborto criminal provoca hemorragias duraderas, persistentes o repetidas y otras veces son
bruscamente profusas ( sangría en blanco ), mientras que el aborto natural se acompaña de una sola
hemorragia.
El huevo de menos de dos meses, que ha sido puncionado es expulsado en dos tiempos; hay
retención que es fuente de infección; en el aborto espontáneo el huevo es eliminado completamente de
una sola vez, abierto o cerrado.
El aborto no provocado se complica con menos frecuencia de fenómenos infecciosos, por ello, estos
tienen mala reputación. Lo mismo ocurre con la diarrea disenteriforme seguida de ictericia, de azotemia
elevada, de hemorragia, de contracturas, que orientan al diagnóstico hacia un aborto tóxico.
20
La retención prolongada del huevo es un signo de presunción de aborto criminal.
En el cadáver:
El examen del útero no aporta a menudo más que signos de probabilidad; el médico legista debe
mostrarse circunspecto. En efecto:
2.-Las erosiones de los fondos de sacos vaginales o de la mucosa uterina deben diferenciarse de las
ulceraciones patológicas.
3.-El desprendimiento y desgarro de las membranas imponen reserva si no hay al mismo tiempo
reblandecimiento y dilatación del cuello debidos a un principio de expulsión.
Las substancias caúticas introducidas en el útero como medio abortivo ocasionan lesiones equimoticas y
encefálicas, a nivel del cuello; el órgano esta congestionado, violáceo; las zonas de necrosis, están
recubiertas de falsas membranas que predominan en el fondo uterino y en el cuello; las trompas, los
ligamentos anchos son voluminosos y equimóticos; el peritoneo contiene líquido serosanguíneo lento.
El infarto del útero es significativo de la inyección de agua de jabón, con la condición de eliminar la torsión
del aparato genital y el síndrome tóxico e hipertensivo capaces también de engrosarlo.
La infección se reconoce por el examen microscópico, por las infiltraciones leucocitarias de la pared
uterina y por los pequeños abscesos intramusculares, mientras que el examen bacteriológico del líquido
extraído de la pequeña pelvis puede poner en evidencia estreptococos perfringenes. En fin, la muerte
súbita de una mujer encinta es siempre sospechosa. Los signos de certeza se limitan a las siguientes
observaciones:
• Perforación de los fondos de los sacos vaginales, del cuello o del cuerpo uterino.
• Gangrena uterina y perforación gangrenosa en cráter, que constituye la herencia casi exclusiva
de los abortos criminales.
El médico legista esta frecuentemente encargado de examinar las piezas del delito: medicamentos,
instrumentos, objetos diversos; debe buscar las huellas sospechosas: sangre humana, células uterinas;
debe analizar el líquido contenido en ciertas objetos retirados de la cavidad uterina.
El estudio médicolegal del sumario es a menudo una necesidad judicial. Consiste en pasar por la crítica
médica las declaraciones a veces fantásticas de los inculpados y de los testigos.
El médico legal debe responder a una serie de interrogantes antes de llegar a una conclusión, tales como:
Si la mujer ha tenido relaciones sexuales, si ha estado encinta, si hay aborto, si éste se a producido por
maniobras abortivas, si los objetos hallados han servido para practicar el aborto, si las maniobras fueron
practicadas por la mujer encinta o por un profesional, si fue por una inyección intrauterina, si el
medicamento tenía un efecto abortivo o podía prescribirse a una mujer embarazada.
CAPITULO VI
21
En numerosos fallos judiciales se reconoce de manera explícita “ La vida del que está por nacer ” y como
objeto de tutela es frecuente.
Como en Chile no existe texto legal alguno que altere la definición gramatical y clásica del aborto, es
necesario concluir que , para que exista aborto consumado, es indispensable la expulsión prematura del
producto de la concepción.
Corte Suprema.
Por aborto debe entenderse el hecho de la interrupción del proceso natural del embarazo que produce la
muerte del feto o producto de la concepción.
G.T.,2, 66-378.
RDJ,LII-198.
....según el Diccionario de Escriche, hay aborto siempre que el producto de la concepción se expela del
útero antes de la época determinada por la naturaleza; pero agrega, la ley no entiende por aborto sino la
expulsión provocada o premeditada del producto de la concepción antes del término natural de la preñez.
Hay aborto natural o espontáneo y aborto voluntario o provocado, que es efecto de algún medicamento
que se tomó o de alguna operación que se hizo con el objeto de provocarlo.
....el delito de aborto no esta definido en el Código Penal, el que se limita a castigarlo en los distintos
casos de que se tratan sus art.342 a art. 345, y que aunque por la etimología de la palabra con que se
designa, lleva envuelta la idea de separación del feto en relación con el cuerpo de la madre, idea que
corrobora su definición según el diccionario de la Lengua y algunos autores, el sentir de muchos
tratadistas de Derecho Penal y medicina legal, corresponde a un concepto más amplio, que comprende
toda maniobra destinada a interrumpir el embarazo. impidiendo que él llegue a su término natural, cual es
el nacimiento del producto de la concepción.
La tendencia moderna del Derecho Penal, es considerar el aborto no como un delito contra el Orden de
las Familias y la Moralidad Pública, como lo hace nuestro Código Penal, sino como un delito contra la vida
y sancionar de igual manera el aborto y el feticidio; pero como en Chile no existe texto legal alguno que
altere la definición gramatical y clásica del aborto, es necesario concluir que para que exista aborto
consumado es indispensable la expulsión prematura del producto de la concepción.
....el aborto interesa al juez en cuanto es delito, vale decir, en cuanto es el resultado de una conducta
humana prevista por la ley. En otras palabras el aborto no interesa mientras es un simple proceso
biológico ajeno a la conducta humana. El aborto, delito ( normal ), debe ser resultado de una conducta
externa del hombre, típica, antijurídica y culpable.
22
Corte de Apelaciones de Santiago, 18 de Junio de 1985, considerandos 5 y 6.
El delito de aborto es un hecho complejo y cuya comprobación exige el establecimiento de las diversas
circunstancias que señala el artículo 134 del C.P.P., existencia de la preñez, época del embarazo, signos
demostrativos de la expulsión del feto y las causas que lo hubieren determinado.
Que, si bien se ha establecido que la reo encontrándose embarazada de 11 semanas, presentó síntomas
de aborto, los que determinaron su hospitalización y posterior intervención médica a la expulsión del feto,
no lo es menos que no se acreditado que tales síntomas se deberían a la práctica de maniobras
abortivas, ya fueran éstas de la misma probada en autos, la existencia del cuerpo del delito de aborto que
se ha investigado.
Aunque esa fue la intención de la reo, y los medios empleados eran idóneos para obtener lo que se
proponía , la falta de objeto material del delito de aborto hace que el hecho no sea típico.
No procede admitir la existencia de una figura de cuasidelito de aborto, puesto que los tipos penales
rectores de conductas culposas son aplicables al restringido ámbito de los delitos contra las persona.... La
conducta del reo que produce desprendimiento de la placenta y obliga a una intevención cesárea de
urgencia, que finalmente produce al cabo de tres horas la muerte del feto así extraído, por
bronconeumonía o inmadurez pulmonar, no obstante el sufrimiento que le ha producido, no constituye ni
un cuasidelito de homicidio ni un cuasidelito de aborto, atendida la ubicación de esta figura dentro de
nuestro Código Penal...
Si la mujer tuvo un aborto por los golpes que le propinó su marido, a quién no podía menos que constarle
el embarazo de ésta, que además era notorio, el marido es reo del delito de aborto forzado, pesar que la
mujer falleció como consecuencia de las complicaciones derivadas del aborto.
23
Gaceta Jurídica de 1931, pág.469.
El aborto seguido de muerte constituye un delito preterintencional, mezcla de dolo y culpa que, de
acuerdo con el art.75 del C.P. debe castigarse con la pena asignada al delito más grave.
Quien comete un delito de aborto en estado de necesidad, es punible, pero se beneficia de la atenuante
contemplada en el artículo 11 Nº 5 del C.P., pues obra por un estímulo tan poderoso que naturalmente ha
debido provocar arrebato u obcecación.
Obra imprudentemente en el ejercicio de la profesión de matrona aquella que interrumpe sin fines
terapéuticos un embarazo, toda vez que el art. 226 del Código Sanitario prohibe, en general, la
interrupción de un embarazo sin fines de esa naturaleza y en especial prohibe, a las matronas intervenir
en curaciones ginecólogas u obstétricas, si no es bajo la dirección inmediata de un médico.
El Código Penal en sus artículos 343, 344 y 345, contempla las penas para quienes cometen un aborto.
Señala “ Será castigado con presidio menor en sus grados mínimo a medio, el que con violencias
ocasionare un aborto, aun cuando no haya tenido propósito de causarlo, con tal que el estado de
embarazo de la mujer sea notorio o le constare al hechor.”
Establece “ La mujer que causare su aborto o consintiere que otra persona se lo cause, será castigada
con presidio menor en su grado máximo.”
Si lo hiciere para ocultar su deshonra, incurrirá en la pena de presidio menor en su grado medio.
24
Reza “ El facultativo que, abusando de su oficio, causare el aborto o coopere a él, incurrirá
respectivamente en las penas señaladas en el artículo 342, aumentadas en un grado.
CAPITULO VII
En la actualidad existe una tendencia a permitir el aborto, en un serie de situaciones que hace algún
tiempo no se habrían aceptado. Hoy se castiga sólo en los casos que indica la ley en forma expresa; hay
mayor libertad, incluso han nacido los llamados “ Movimientos Abortistas”.
En los países donde el aborto esta prohibido, es tipificado como un delito que atenta contra la vida, contra
las personas, contra la integridad o como en nuestro país que es un delito que atenta contra el orden de la
familia. Pero el aborto no ofende necesariamente el orden de las familias ya que es igualmente punible el
aborto de una menor que el de una adulta, el de una mujer casada que el de una soltera; la verdad es que
en una concepción puritana podría argumentarse que la vida sexual fuera del matrimonio es también un
atentado en contra del orden de la familia.
El Código italiano de 1932 incluyó al delito de aborto en el epígrafe de los delitos contra la integridad y la
sanidad de la estirpe y al decir de Antolisei, se trató de una situación sistemática, en estricta dependencia
con la ideología política del régimen vigente en la época de emanación del Código, la mentalidad fascista.
En cuanto al Derecho alemán, la sistemática del aborto bajo el nacionalismo, postuló la inclusión del
aborto entre los atentados contra la raza y la herencia. Una manifestación de la grotesca consecuencia a
que llevó esta concepción fue la Ordenanza del 9 de Marzo de 1943, según la cual las personas de origen
no alemán quedaban exceptuadas la prohibición del aborto.
El Código Belga, que sirvió de base en esta materia a nuestro Código, dio un tratamiento al aborto fuera
de la protección de la vida, quedando incluido mediante una ligazón común con todo lo que concierne a la
seguridad de la familia y el respeto a las costumbres.
Algunos sostienen que el aborto provocado dentro de los tres primeros meses de embarazo, no debería
ser punible ya que sólo se esta en presencia de un embrión que no es ser humano ya que su cerebro no
registra actividad bioeléctrica y su electroencefalograma es plano y silencioso; después habría actividad
eléctrica registrable.
Hay legislaciones que expresamente describen el aborto como dar muerte al feto, como en Alemania, con
lo que se evita, entre otras cosas, la eventual discusión sobre si se trata de un delito de lesión o de peligro
o aun un delito con elemento subjetivo del tipo: delito de resultado cortado.
Sin embargo, la mayor parte de las legislaciones no identifican explícitamente aborto con feticidio, pese a
lo cual la doctrina dominante se ha inclinado por la equiparación.
En Italia aunque tampoco el aborto es definido por la ley, se lo interpreta por la mayoría de los autores
como matar al producto de la concepción.
Una opinión minoritaria, sin embargo, representada por Contieri y también por la jurisprudencia de la
Corte Suprema italiana, se satisface para afirmar la existencia del aborto con la interrupción del proceso
fisiológico de la gravidez.
En el Código italiano también esta previsto como tipo más grave el aborto sin consentimiento, y la propia
ley especifica entre los casos que el consentimiento carece de valor en que éste provenga de una menor
de catorce años o de una inimputable o si ha sido arrancado con violencia, amenazas, sugestión o
engaño.
25
En el Derecho alemán, el aborto consiste en matar ( abtòten ) al feto y dentro de tal voz es posible incluir
la no evitación de la muerte. En cambio, en Chile la ley usa la fórmula “ causar un aborto, “ lo que sugiere
la idea de que el agente desencadena el proceso causal.
En relación con el aborto causado mediante violencia, podemos señalar que el Código Penal de la R.D.A.,
además de la muerte o grave daño causado culposamente a la mujer embarazada, está previsto un tipo
calificado, que incluye, fundamentalmente, ya la conducta de emprender el hecho sin el consentimiento de
la mujer encinta, ya el de inducir a ésta, mediante malos tratamientos, fuerza o amenaza, a causarse el
aborto. Como se ve en ambos casos hay un abuso de la libertad de la mujer, que va desde la simple
ignorancia de parte de ésta hasta las formas de influjo mediante coacción.
También en España, la doctrina dominante, en armonía con la jurisprudencia; define el aborto como “
Muerte del producto de la concepción humana, sea que se lo prive de vida intrauterina, bien cuando se
llega al mismo fin por medios que provocan la expulsión prematura “ hasta conseguir muera al exterior por
falta de condiciones de viabilidad.”
En España, a partir de 1985, la ley declaró expresamente no punible la práctica del aborto en los casos de
riesgo para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada,delito de violación o de presunción de
que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas.
El Código español, en su art. 411, distingue entre aborto sin consecuencias y con consentimiento, y
agrava la pena si se emplea violencia, intimidación, amenaza o engaño, para realizar el aborto en el
primer caso o para obtener el consentimiento en el segundo.
• El artículo 345 del Código Penal de Colombia, establece: “ La mujer embarazada como resultado
de acceso carnal violento, abusivo o de inseminación artificial no consentida que causare su
aborto o permitiere que otro se lo cause, incurrirá en arresto de cuatro meses a un año. En la
misma pena incurrirá el que causaré el aborto por estas circunstancias.”
• El artículo 333 del Código Penal de México, dispone: “No es punible el aborto causado sólo por
imprudencia de la mujer embarazada, o cuando el embarazo sea resultado de una violación.”
• El artículo 86, inciso 2 del Código Penal Argentino, prescribe: “ Incurrirán en las penas
establecidas en el artículo anterior y sufrirán, además inhabilitación especial por doble tiempo
que de la condena, los médicos, cirujanos, parteras o farmacéuticos que abusaren de su ciencia
o arte para causar el aborto o cooperen a causarlo.”
• El artículo 417 bis del Código Penal de España, declara: “ No será punible el aborto practicado
por un médico, o bajo su dirección en centro o establecimiento sanitario público o privado,
acreditado y con consentimiento expreso de la mujer cuando concurran alguna de las
circunstancias siguientes:
• Que el embarazo sea consecuencia de un hecho constitutivo de delito de violación, del artículo
429, siempre que el aborto se practique dentro de los doce primeras semanas de gestación y
que el mencionado hecho hubiese sido denunciado.
• Que se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas, siempre que el
aborto se practique dentro de las veintidós primeras semanas de gestación y que el dictamen,
expresado con anterioridad al aborto, sea emitido por dos especialistas de centro o
establecimiento sanitario, público o privado, acreditado al efecto y distintos de aquel por quien
cuya bajo dirección se practique el aborto.
26
• En los casos previstos en el número anterior, no será punible la conducta de la embarazada aun
cuando la práctica del aborto no se realice en un centro o establecimiento público o privado
acreditado o no se hayan emitido los dictámenes médicos exigidos.
• El artículo 128 del Código Penal de Brasil anota: “ No se reprime el aborto provocado por
médico, si el embarazo es resultado de estupro y el aborto esta precedido del consentimiento de
la embarazada, o si fuere incapaz, de su representante legal.
• El Código Penal de Ecuador, en su artículo 447, prevee: ” El aborto practicado por un médico,
con el consentimiento de la mujer, de su marido o de familiares íntimos, cuando ella no estuviere
en posibilidad de prestarlo, no será punible: Si el embarazo proviene de una violación o estupro
cometido en una mujer idiota o demente. En este caso, para el aborto se requerirá el
consentimiento del representante legal de la mujer.
• El artículo 441-B del Código Penal de Cuba, prescribe: “ Si lo hiciere para ocultar su deshonra o
por causa de su miseria, incurrirá en una sanción de privación de libertad de
a)El que provocaré o llevaré a cabo, con su anuencia un aborto, cuando la gestación hubiere sido
ocasionada por haberse cometido sobre la grávida, el delito de violación, rapto no seguido de matrimonio
o de estupro.
b)El que provocaré llevaré a cabo, con la anuencia de los padres, cuando el propósito sea evitar la
transmisión al feto de una enfermedad hereditaria o contagiosa de carácter grave.
En Chile, el problema quedó planteado ya desde el momento mismo de la redacción del Código, cuando
en la sección 160 se intento excluir de la incriminación por aborto al “ médico que necesita causar el
aborto para salvar la vida de una enferma en peligro”.
Se sostiene en la doctrina extranjera que está permitido el aborto si éste constituye el único medio para
evitar un serio y directo peligro para la vida o salud de la mujer embarazada. Una parte de la legislación
extranjera aborda el problema del aborto terapéutico con arreglo al régimen general del estado de
necesidad, por ejemplo en Italia el aborto terapéutico es abordado con ese criterio en el art. 54 de su
C.P. , cuando se pone en peligro la vida de la mujer o cuando exista el peligro de una grave enfermedad.
Encuentra su apoyo dogmático en el régimen legal del estado de necesidad porque se alude al “ daño
grave a la persona “. Solución que no es aplicable en nuestro sistema, en que esa justificante la del ( art.
10 Nº 7 del Cód. Penal ) tiene un alcance muy restringido, que sólo se extiende al daño en la propiedad
ajena.
En España, reconoce la doctrina predominante que el aborto terapéutico es obviamente impune, basta
que se destruya el feto para salvar la vida o evitar graves riesgos en la salud de la madre. Los límites de
la exención de responsabilidad se determinan con arreglo al fuero de la conciencia y del deber
deontológico.
27
Suecia admite desde 1938 la interrupción del embarazo si hay peligro para la salud de la madre o para
prevenir su agotamiento cuando, dadas sus condiciones de vida, el parto y los cuidados que ha de dar al
hijo pueden dañar su salud física o mental.
En Suiza, se considera que no existe aborto en sentido legal cuando se práctica por un médico diplomado
con el consentimiento por escrito de la mujer embarazada y al parecer conforme de un médico diplomado
para evitar un peligro imposible de soslayar de otro modo para la vida de la madre o que amenace
seriamente su salud.
En Estados Unidos, ha ganado el llamado “ Movimiento Liberalizador”, con una decisión en 1973 del
Tribunal Supremo Federal, según el cual el aborto es la total responsabilidad del médico y la madre
durante los tres primeros meses del embarazo; entre el tercer y sexto mes, el Estado puede intervenir
para asegurar que la operación se realice en condiciones que no pongan en peligro la vida de la madre, y
a partir del sexto mes de gestación el Estado puede prohibir la interrupción del embarazo, salvo que
ponga en peligro la vida de la embarazada.
Códigos Penales de diversos países Latinoamericanos como, Argentina, México, Costa Rica, se refieren
en forma expresa a este tipo de aborto.
CAPITULO VIII
El fundamento de este derecho es, que el feto es la simple prolongación del organismo materno, por lo
tanto, la madre es dueña de su cuerpo; teniendo derecho incluso a atentar contra su vida.
La mayoría de los argumentos a favor del aborto presuponen que el mismo es beneficioso para la madre
y humanitario para la criatura.
Jurídicamente, el embrión puede tener vida independiente, pero fisiológicamente constituye sólo una
víscera más del organismo materno. El cuerpo del embrión no es nada más que un órgano, en el conjunto
de órganos que integran la estructura fisiológica de la mujer, es un latido, un episodio de la vida de la
madre.
Sus partidarios concluyen que la ley no debe penar el aborto, que es necesario que el Estado establezca
y permita clínicas para practicarlo científicamente y que a pesar de disminuir la natalidad, los niños que
nazcan recibirán mayor dedicación, una educación mejor y más amor ya que habrán sido deseados.
Dicen algunos, que es totalmente aceptable como el caso de enfermedad de la mujer o para salvar su
vida. Se basan en los siguientes principios:
1-El del mal menor: Tanto la vida de la madre como la del menor son sagradas, pero desde que el feto
pone en peligro o en riesgo la vida de la mujer, los médicos están autorizados para sacrificar aquella vida
cuya existencias es problemática ya que la madre es el pilar de una familia y tiene un valor inapreciable.
2-La de la legítima defensa: Cuando pone en peligro la vida de la madre, aquí deben darse tres
circunstancias necesarias:
-Agresión ilegítima; no puede ser más ilegítima la agresión del feto contra la vida de la madre.
-Necesidad racional del medio empleado para impedirlo o repelerlo; al médico no le queda otro remedio
racional para impedir la muerte de la madre que el aborto.
-Falta de provocación suficiente de la que se defiende; la madre no ha provocado al hijo. No es ella la que
hace justicia sino que es la ciencia la que la protege.
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3-El del consentimiento tácito: Si el feto pudiera ser consultado, seguramente renunciaría a su vida
para salvar la vida de la madre.
4-La condena por utilidad pública: Algunos piensan que la mujer embarazada junto con el médico
llamado para que provoque el aborto, cumplen con una sentencia pronunciada por un tribunal compuesto
por la familia de la madre. Otros admiten el aborto Terapéutico y el aborto Eugenésico, ya que además,
en estos casos se trata de evitar el nacimiento de monstruos o seres con taras hereditarias que
signifiquen un desmejoramiento de la raza.
Algunos, como Jiménez de Azúa, admiten solamente el aborto por causa de honor, en casos muy
calificados, como la violación , en que la ultrajada que queda encinta, mire en su hijo, concebido por la
fuerza, un recuerdo amarguisímo de los instantes más penosos de su vida.
Jiménez de Azúa, opina que debería formularse un artículo en todos los Códigos Penales de América
hispana, en el que se conceda al magistrado la facultad de otorgar a la mujer violada que lo solicite, un
permiso para que un médico de solvencia moral y científica le practique el aborto liberador de sus justas
repugnancias.
a)Violación, que se comete cuando se yace con una mujer empleando fuerza o intimidación; cuando se
yace con mujer privada de sentido o razón, o cuando se yace con una mujer menor de doce años
cumplidos, Art.361 del Código Penal.
b)Estupro, que se comete cuando se yace con mujer doncella, mayor de doce años y menor de veinte,
interviniendo engaño del artículo 363 del Código Penal.
c)Rapto, cuando se haya ejecutado contra la voluntad de la mujer ( con fuerza ), y con miras
deshonestas; o cuando se trate del rapto de una doncella menor de dieciocho y mayor de doce años,
ejecutado con su anuencia. Artículos 358 y 359 del Código Penal.
El feto presenta sus propios procesos vitales, tiene una independencia ontogenia, lo que caracteriza la
individualidad biológica de un ser es el número de cromosomas de sus células, que es igual y fijo para
todas las células de un mismo organismo; por ello, tanto el óvulo como el espermatozoide son
independientes de la madre y del padre; así como el producto de su fusión.
La independencia fisiológica del feto se manifiesta de sus procesos de alimentación, respiración, aparato
genital y de su sistema nervioso. El feto tiene además, como todo ser vivo, un fin propio e independiente a
otro ser.
La vida de la madre y de la criatura, son dos vidas humanas independientes, igualmente valiosas; no es
efectivo que se deba escoger el mal menor, ya que siempre será esencialmente malo escoger la muerte o
dar muerte a un INOCENTE.
El feto jamás es un agresor de la madre, puesto que no realiza ningún acto positivo ni menos injusto en
contra de ella, el feto no se sale de la esfera de sus derechos; y cuando llega a ocasionar algún peligro
para la vida de la madre, esta proviene de una fuerza mayor que no le puede ser imputable.
Nunca opera el consentimiento tácito, no existe un derecho sobre la propia existencia, por consiguiente
nadie puede autorizar a otro para ser eliminado.
Cuando se practica un aborto, no hay ninguna duda que el cadáver será muy pequeño, pero es de un ser
humano que ha desaparecido porque lo han matado.
Cualquiera que sea la ley civil, debe quedar bien claro que el hombre no puede jamás obedecer a una ley
inmoral en sí misma; tal es el caso de una ley que admitiera la licitud del aborto; así lo señala la
Declaración de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.
29
CAPITULO IX
En los pueblos primitivos, el aborto no se consideraba una violación a los principios básicos sociales.
El aborto existía como práctica corriente entre los Coreanos, los Senegaleses, los Onolofs, Esquimales,
pueblos atrasados de los diversos continentes.
Lo que difiere de un pueblo a otro es el motivo del aborto. Entre los Griegos y los Romanos, la causa del
aborto era la conservación de la belleza de la mujer, el mantenimiento de sus formas esculturales y
también a veces, la venganza de la mujer contra su marido. En los pueblos primitivos una de las
principales causas por las cuales se practicaban abortos era el hambre y la falta de recursos materiales.
Las primeras comunidades cristianas, castigaron el aborto, por razones que atañen, pura y
exclusivamente, al sentido o espíritu del dogma, es decir, por un motivo esencialmente religioso. Se
consideraba que el feto, después de los cuarenta o de los ochenta días, según fuera hombre o mujer,
constituía un ser animado.
En la época del Renacimiento, era una práctica común, sin embargo, la mujer que abortaba corría el
riesgo de ser condenada a muerte infamante.
En el mundo de hoy, se observa una gran confusión sobre el aborto. Hay gran cantidad de países que no
permiten el aborto, por ejemplo los países Sudamericanos. Sin embargo en otros como Japón, Italia, le
esta permitido al médico ejecutar dicha operación, bajo condiciones y requisitos diferentes en cada uno de
sus ordenamientos.
En ésta época de comodidad, el aborto se está presentando como una manera fácil y rápida para
deshacerse de un problema molesto.
Las estadísticas mundiales son difíciles de conseguir ya que en varias naciones el aborto es ilegal. Pero
en países donde es una práctica legal, como Japón en 1965 las cifras eran de 843 mil abortos, o sea 46
abortos por cada 100 embarazos. En Hungría, el año 1978 hubo 180 mil abortos, en relación a tan sólo
133 mil nacimientos.
En la conferencia sobre Población Mundial de las Naciones Unidas, celebrada en 1965, se concluyó que
el número total de abortos, en el mundo por año, tanto legales como ilegales era cerca de 30 millones.
Cifra impresionante, unos 85 mil abortos por día, 50 abortos por minuto.
En España, después que se aprobo la ley sobre el aborto en casos de violación, subnormalidad o por
estado de salud de la madre, unas 50.000 mujeres al año se acogen a la posibilidad de interrumpir su
embarazo legalmente, lo cual no ha evitado que se sigan produciendo abortos clandestinos, cuyo número
puede alcanzar entre 100 mil y 300 mil abortos.
Según estudios realizados en el último tiempo, hay millones de mujeres que encontrándose en cinta,
están dispuestas a llegar a cualquier extremo para poner fin a un embarazo. Mujeres de todas las clases
recurren a esta práctica. En Europa las de clase social alta viajan a Inglaterra para someterse a un aborto
legal. Las de situación más baja que no pueden pagar por servicios que provocan abortos en la localidad
que residen, suelen recurrir a medidas desesperadas, tratando de provocarse ellas mismas el aborto, con
medios crueles y peligrosos de los que han oído hablar. Como consecuencia de esta situación hay países
donde la mayor causa de deceso entre las mujeres es el aborto , por ejemplo Colombia.
El 22 de Enero de 1973, la Corte Suprema de los Estados Unidos determinó que el derecho a la
privacidad de una mujer es más apremiante que el derecho a la vida de su hijo que esta por nacer. Esa
decisión introdujo una época de testimonio a la exterminación por aborto de más de un millón de niños por
nacer, cada año.
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En Chile es difícil tener estadísticas exactas debido a que se producen en forma clandestina, pero
desgraciadamente las cifras son alarmantes, sobre todo en jóvenes entre 12 y 18 años.
El aborto existió siempre y seguirá existiendo, como tantas cosas que atañen a nuestra sociedad que va
progresando, pero más preocupante que el hecho que muchas mujeres aborten es el cambio de
mentalidad que ha operado en algunos sectores sociales en relación con el valor de la vida humana en el
seno materno.
La madre es la primera protectora que la naturaleza ofrece contra los peligros exteriores, en el caso del
aborto se ven invertidas sus funciones naturales, ya que muchas veces es ella quién pide abortar la
criatura, convirtiéndose en su propio verdugo.
Entre la vida o muerte del hijo que lleva en sus entrañas, la madre exige o consiente, que sea condenado
a muerte.
La maternidad, una vez encendida la luz de la fecundación, es de por sí una obra de vida; el aborto en
cambio es una obra de muerte.
Entre el aborto y la vida no hay término medio, la ley que reconoce el aborto rechaza radicalmente la vida
y favorece la muerte de quienes menos la merecen.
Todo aborto, por su propia definición, destruye un óvulo que se ha fecundado y ha comenzado a crecer y
que sin las intervenciones extrañas hubiera llegado a ser una criatura humana, de ahí que la controversia
moral y religiosa sobre el aborto se haya convertido en la más férvida de cuantas se relaciona con el
control demográfico de la natalidad.
Se dice que un médico nunca debería aconsejar un aborto, pues el deber de la profesión médica es
preservar y salvar las obras de la naturaleza y no destruirlas.
La moderna doctrina y la Iglesia Católica consideran que la vida y el alma comienzan en el momento en
que el óvulo es fecundado, desde el momento de la concepción, ya sea que consideremos que la
concepción se produce cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide o desde que el huevo se
anida en el útero.
TRADICIÓN CRISTIANA:
La tradición cristiana es clara y unánime, desde los orígenes hasta nuestros días, se considera al aborto
como un desorden moral particularmente grave. Desde que entró en contacto con el mundo
grecorromano, en el que estaba difundida la práctica del aborto y del infanticidio, la primera comunidad
cristiana se opuso radicalmente, con su doctrina y praxis, que le enseñaban “ no matarás al hijo en el
seno de su madre, ni quitarás la vida al recién nacido.”
Entre los escritores eclesiásticos del área griega, Atenágoras recuerda que los cristianos consideran
como homicidas a las mujeres que recurren a medicinas abortiva, porque los niños, aun estando en el
seno de la madre, son ya “ objeto de la providencia de Dios “.
Entre los latinos, Tertuliano afirma que es un homicidio anticipado impedir el nacimiento; poco importa que
se suprima el alma ya nacida o que se la haga desaparecer en el nacimiento. Es ya un hombre aquél que
lo será.
El Magisterio Pontificio más reciente ha reafirmado con gran vigor está doctrina común.
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El Papa Pío XI en la Encíclica Casti Connubii del año 1930 rechazó las pretendidas justificaciones del
aborto.
Pío XII excluyó todo aborto directo, sea, todo acto que tienda directamente a destruir la vida humana aún
no nacida.
Juan XXIII, en su Encíclica Mater et Magistra de 1961, reafirmó que la vida humana es sagrada, porque “
desde que aflora, ella implica directamente la acción creadora de Dios.”
El Concilio Vaticano II, condenó con gran severidad el aborto: “ Se ha de proteger la vida con el máximo
cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes nefandos.” ”Ninguna
circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es
intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre,
reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia.
El Código de Derecho Canónico de 1917 , establecía para el aborto la pena de excomunión.( can.2350 /
1). También la nueva legislación canónica se sitúa en esta dirección cuando sanciona que “quien procura
el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión, (can.1398). La excomunión afecta a todos los que
cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices sin cuya cooperación no se
hubiera producido. Con esta reiterada sanción, la Iglesia señala este delito como uno de los más graves y
peligrosos, alentando así a quien lo comete a buscar solícitamente el camino de la conversión.
Ante semejante unanimidad en la tradición doctrinal y disciplinar de la Iglesia, Pablo VI, en su Carta Enc.
Humanae Vitae del 25 de Julio de 1968 y en su discurso al Congreso de la Asociación de Juristas
Católicos Italianos del 9 de Diciembre de 1972 declaró que esta enseñanza no había cambiado y que era
inmutable. El aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral
grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la
ley natural y en la palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el
Magisterio ordinario y universal.
Por su parte el Catesismo de la Iglesia Católica, establece que el derecho al ejecicio de la libertad,
especialmente en materia religiosa y moral es una exigencia inseparable de la dignidad del hombre. Pero
el ejercicio de la libertad no implica el pretendido derecho de decir o hacer cualquier cosa.
El respeto de la persona humana implica, el de los derechos que derivan de su dignidad de criatura; y
estos derechos son anteriores a la sociedad y se imponen a ella. A la Iglesia le compete siempre
proclamar los principios morales incluso los referentes al orden social, asi como dar su juicio sobre
cualquier asunto humano, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona
humana. Esto explica el esfuerzo por defender la vida humana contra toda influencia o acción que la
amenace o la debilite.
Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza
no ha cambiado; permanece invariable.
CATESISMO Y ABORTO
La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la
concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus
derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable a la vida. El aborto directo, es decir,
querido como medio o como fin, es gravemente contrario a la ley moral.
La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave, que la Iglesia sanciona con pena canónica
de excomunión. Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es
manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da
muerte, a sus padres y a toda la sociedad.
Porque ha de ser tratado como una persona desde su concepción, el embrión debe ser defendido en su
integridad, atendido y cuidado médicamente como cualquier otro ser humano.
El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de
la sociedad civil y de su legislación. La Iglesia esta a favor de la vida, la fecundidad es un don.
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EL ABORTO EN LA ENCÍCLICA EVANGELIUM VITAE
La Carta encíclica, EVANGELIUM VITAE, del Papa JUAN PABLO II, que habla sobre el valor y el carácter
inviolable de la vida humana, nos señala en su Introducción que el Evangelio de la Vida está en el centro
del mensaje de Jesús y tiene un eco profundo y persuasivo en el corazón de cada persona, creyente e
incluso no creyente, porque superando infinitamente sus expectativas, se ajusta a ella de modo
sorprendente. Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e
incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la
ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y
afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el
reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política.
En esta misma Introducción nos dice que ya el Concilio Vaticano II, en una página de dramática
actualidad, denunció con fuerza los numerosos delitos y atentados contra la vida humana. A treinta años
de distancia, haciendo suyas las palabras de la asamblea conciliar el Papa Juan Pablo II nos dice, “ Todo
lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, el genocidio, el aborto, la eutanasia y
el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones,
las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la
dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida; estas cosas y otras semejantes son
ciertamente oprobios que, al corromper la civilización humana deshonran más a quienes los practican que
a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador”. Por desgracia,
este alarmante panorama, en vez de disminuir, se va más bien agrandando. Con las nuevas perspectivas
abiertas por el progreso científico y tecnológico surgen nuevas formas de agresión contra la vida e
integridad de ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que
confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y podría decirse aún más inicuo ocasionando
ulteriores y graves preocupaciones.
Amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de la libertad
individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte
del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las
estructuras sanitarias.
En la actualidad, todo esto provoca un cambio profundo en el modo de entender la vida y las relaciones
entre los hombres. El hecho de que las legislaciones de muchos países, alejándose tal vez de los mismos
principios fundamentales de sus Constituciones, hayan consentido no penar o incluso reconocer la plena
legitimidad de estas prácticas contra la vida es, al mismo tiempo, un síntoma preocupante y causa no
marginal de un grave deterioro moral. Opciones, antes consideradas unánimemente como delictivas y
rechazadas por el común sentido moral, llegan a ser poco a poco socialmente respetables. La misma
medicina, que por su vocación está ordenada a la defensa y cuidado de la vida humana, se presta cada
vez más en algunos de sus sectores a realizar estos actos contra la persona y vida humana.
Acogiendo esta petición, el Sumo Pontífice escribió en Pentecostés de 1991 una carta personal a cada
hermano en el Episcopado para que, en el espíritu de la colegialidad episcopal, lo ayudarán a redactar un
documento sobre el Evangelio de la Vida. Así como hace un siglo la clase obrera estaba oprimida en sus
derechos fundamentales, la Iglesia tomó su defensa, con gran valentía, así ahora cuando otra clase de
personas está oprimida en su derecho fundamental a la vida, la Iglesia siente el deber de dar voz, con la
misma valentía a quien no tiene voz. Hoy una gran multitud de seres humanos débiles e indefensos, como
son, concretamente, los niños aún no nacidos, está siendo aplastada en su derecho fundamental a la
vida.
El Sucesor de Pedro, nos dice al finalizar la introducción que esta Encíclica quiere ser pues una
confirmación precisa y firme ” del valor de la vida humana y de su carácter inviolable”, y al mismo
tiempo, una acuciante llamada a todos y cada uno, en nombre de Dios: ¡respeta, defiende, ama y sirve a
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la vida, a toda la vida humana!. Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad
verdadera, paz y felicidad.
La Encíclica Evangelium Vitae, contiene un capítulo específicamente dedicado al tema del “Aborto,” el
Papa nos empieza diciendo que entre los delitos que el hombre puede cometer contra la vida, el aborto
procurado presenta características que lo hacen particularmente grave e ignominioso. El Concilio
Vaticano II lo define, junto con el infanticidio, como “ crímenes nefandos”.
La gravedad moral del aborto se manifiesta en toda su verdad si se reconoce que se trata de un homicidio
y, en particular, si se consideran las circunstancias específicas que lo cualifican. Quien se elimina es un
ser humano que comienza a vivir, es decir, lo más inocente en absoluto que se pueda imaginar: jamás
podría ser considerado un agresor, y menos un agresor injusto. Es débil. inerme, hasta el punto de estar
privado incluso de aquella mínima forma de defensa que constituye la fuerza implorante de los gemidos y
del llanto del recién nacido. Se halla totalmente confiado a la protección y al cuidado de la mujer que lo
lleva en su seno. Sin embargo, a veces es precisamente ella, la madre quien decide y pide su eliminación,
e incluso la procura.
Es cierto que en muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y
doloroso, en cuanto que la decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones
puramente egoístas o de conveniencia, sino porque se quisieran preservar algunos bienes importantes,
como la propia salud o un nivel de vida digno para los demás miembros de la familia. Pero esta y otras
razones semejantes, jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente.
El Santo Padre señala que en la decisión sobre la muerte de un niño aún no nacido, además de la madre,
intervienen con frecuencia otras personas. Ante todo, puede ser culpable el padre del niño, no sólo
cuando induce expresamente a la mujer al aborto, sino también cuando favorece de modo indirecto esta
decisión suya al dejarla sola ante los problemas del embarazo, de esta forma se hiere mortalmente a la
familia y se profana su naturaleza de comunicada de amor y su vocación de ser “ santuario de la vida.” No
cabe duda que la responsabilidad moral afecta particularmente a quienes directa o indirectamente han
forzado a una mujer a abortar. También son responsables los médicos y el personal sanitario cuando
ponen al servicio de la muerte la competencia adquirida para promover la vida.
Pero esta responsabilidad implica también a los legisladores que han promovido y aprobado leyes que
amparan el aborto y, en la medida en que haya dependido de ellos, los administradores de las estructuras
sanitarias utilizadas para practicar abortos. Una responsabilidad general no menos grave afecta tanto a
los que han favorecido la difusión de una mentalidad de permisivismo sexual y de menosprecio de la
maternidad, como a quienes debieron haber asegurado y no lo hicieron; políticas familiares y sociales
válidas en apoyo de las familias, especialmente las numerosas o con particulares dificultades económicas
y educativas. Estamos dice el Papa ante lo que puede definirse como una estructura de pecado contra la
vida humana aún no nacida.
Algunos dice Juan Pablo II, intentan justificar el aborto sosteniendo que el fruto de la concepción, al
menos hasta cierto número de días, no puede ser todavía considerado una vida humana personal. En
realidad, “desde el momento que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es del padre
ni de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser
humano sino lo ha sido desde entonces. La fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas
principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar.
La Iglesia siempre ha enseñado, y sigue enseñando, que al fruto de la generación humana, desde el
primer momento de su existencia, se ha de garantizar el respeto incondicional que moralmente se le debe
al ser humano en su totalidad y unidad corporal y espiritual: ”El ser humano debe ser respetado y tratado
como persona desde el instante de su concepción “ y, por eso a partir de ese mismo momento se le
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deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano
inocente a la vida.
Los textos de la Sagrada Escritura nos dicen que la vida humana es sagrada e inviolable en cada
momento de su existencia, también en el inicial que precede al nacimiento. El hombre desde el seno
materno, pertenece a Dios que lo escruta y conoce todo, que lo forma y lo plasma con sus manos, que lo
ve mientras es todavía un pequeño embrión informe y que en él entrevé el adulto del mañana, cuyos días
están contados y cuya vocación está ya escrita en el “ libro de la vida”.
La valoración moral del aborto se debe aplicar también a las recientes formas de intervención sobre los
embriones humanos que, aun buscando fines en sí mismos legítimos, comportan inevitablemente su
destrucción. Es el caso de los experimentos con embriones, en creciente expansión en el campo de la
investigación biomédica y legalmente admitida por algunos Estados. En la Congregación para la Doctrina
de la Fe del 22 de Febrero de 1987, se sostuvo que son lícitas las intervenciones sobre el embrión
humano siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos
desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su
supervivencia.
En la Carta de los derechos de la familia se sostuvo que el uso de embriones o fetos humanos como
objeto de experimentación constituye un delito en consideración a su dignidad de seres humanos, que
tienen derecho al mismo respeto debido al niño ya nacido y a toda persona. La eliminación de criaturas
humanas inocentes, aun cuando beneficie a otras, constituye un acto absolutamente inaceptable.
Una atención especial merece para la Iglesia la valoración moral de las técnicas de diagnóstico prenatal,
que permiten identificar precozmente eventuales anomalías del niño que esta por nacer. Por la
complejidad de estas técnicas, esta valoración debe hacerse cuidadosa y articuladamente. Estas técnicas
son moralmente lícitas cuando están exentas de riesgos desproporcionados para el niño o para la madre,
y cuando están orientadas a posibilitar una terapia precoz o también a favorecer una serena y consciente
aceptación del niño por nacer. Pero cuando estas técnicas se ponen al servicio de una mentalidad
eugenésica, que acepta el aborto selectivo para impedir el, nacimiento de niños afectados por varios tipos
de anomalías. Semejante mentalidad es ignominiosa y totalmente reprobable, porque pretende medir el
valor de una vida humana siguiendo sólo parámetros de “ normalidad ”y de bienestar físico, abriendo así
el camino a la legitimación incluso del infanticidio y de la eutanasia.
La Iglesia esta cercana a todos aquellos afectados por graves formas de minusvalidez, ellos deben sentir
que son aceptados y amados por nosotros, constituyendo un testimonio particularmente eficaz de los
auténticos valores que caracterizan la vida y que la hacen, incluso en condiciones difíciles preciosa para
sí y para los demás.
Una de las características propias de los atentados actuales contra la vida humana, consiste en la
legitimación jurídica, como si fuesen derechos que el Estado, al menos en ciertas condiciones, debe
reconocer a los ciudadanos.
No pocas veces se considera que la vida de quien que aún no ha nacido o esta gravemente debilitado es
un bien sólo relativo. Algunos piensan que solamente quien se encuentra en esa situación concreta y está
personalmente afectado puede hacer una ponderación justa de los bienes en juego; en consecuencia sólo
ellos podrían juzgar la moralidad de su decisión. Por ello el Estado, en interés de la convivencia civil y de
la armonía social , debería respetar su decisión, llegando incluso a admitir el aborto y la eutanasia.
El Papa sostiene que para el futuro de la sociedad y del desarrollo de una sana democracia, urge pues
descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que derivan de la
verdad misma del ser humano y que expresen y tutelen la dignidad de la persona. Son valores que ningún
individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo
reconocer, respetar y promover. En este sentido es necesario tener en cuenta los elementos
fundamentales del conjunto de las relaciones entre la ley civil y ley moral, tal como son propuestos por la
Iglesia, pero que forman parte también del patrimonio de las grandes tradiciones jurídicas de la
humanidad.
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Como el contenido de la ley civil es diverso y de ámbito más limitado que el de la ley moral, ningún ámbito
de la ley civil puede sustituir a la conciencia o exceder su competencia que es la de asegurar el bien
común de las personas. Precisamente por esto, la ley civil debe asegurar a todos los miembros de la
sociedad el respeto por algunos derechos fundamentales, que pertenecen originariamente a la persona y
que toda ley positiva debe reconocer y garantizar. Entre ellos el primero y fundamental es “ el derecho
inviolable de cada ser humano inocente a la vida.”
Al respecto, El Catesismo de la Iglesia Católica, nos dice que los derechos inalienables de la persona
deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Cuando una
ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el
Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los
derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos
mismos del Estado de derecho. El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma
concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda
deliberada violación de sus derechos.
El Papa Juan XXIII, señalaba que la autoridad es postulada por el orden moral y deriva de Dios. Por tanto,
si las leyes o preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con aquel orden y por
consiguiente en contradicción con la voluntad de Dios, no tendría fuerza para obligar la conciencia. Esta
es una clara enseñanza de Santo Tomás de Aquino, que entre otras cosas escribió ” La ley humana es tal
en cuanto este conforme con la recta razón y por tanto deriva de la ley eterna.
La primera y más inmediata aplicación de esta doctrina hace referencia a la ley humana que niega el
derecho fundamental y originario de la vida, derecho de todo hombre. Así, las leyes que, como el aborto
legitiman la eliminación directa de seres humanos inocentes están en total e insuperable contradicción
con el derecho inviolable a la vida inherente a todos los hombres, y niegan, por tanto la igualdad de todos
ante la ley.
Las leyes que autorizan y favorecen el aborto se oponen radicalmente no sólo al bien del individuo, sino
también al bien común y por consiguiente, están privadas totalmente de auténtica validez jurídica.
Así pues, el aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar. Leyes
de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que por el contrario establecen una
grave y precisa obligación de oponerse a ellas. Desde los orígenes de la Iglesia , la predicación apostólica
inculcó a los cristianos el deber de obedecer a las autoridades legítimamente constituidas, pero al mismo
tiempo enseñó firmemente que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.( Hechos 5, 29). En el
caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es
lícito someterse a ella, ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el
sufragio del propio voto.
Uno de los mandamientos más importantes de Dios es “ Amarás a tu prójimo como a ti mismo ”( Lucas
10,27). “ Promueve la vida “. Los mandamientos del Señor nos enseñan el camino a la vida. La elección
de determinados comportamientos es radicalmente incompatible con el amor de Dios y la dignidad de la
persona, creada a su imagen.
El Papa nos dice que El Creador ha confiado la vida del hombre a su cuidado responsable, no para que
disponga de ella de modo arbitrario, sino que la custodie con sabiduría y la administre con amorosa
fidelidad, ha confiado la vida de cada hombre a otro hombre hermano suyo, según la ley de la
reciprocidad del dar y del recibir, del don de sí mismo y la acogida del otro.
Para el cristiano estos mandamientos implican en definitiva el imperativo de respetar, amar, y promover la
vida de cada hermano, según las exigencias y las dimensiones del amor de Dios en Jesucristo. Lo que
todos debemos asegurar a nuestro prójimo es un servicio de amor, para que siempre se defienda y se
promueva su vida, especialmente cuando es más débil o ésta amenazada. Es una exigencia no sólo
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personal sino también social, que todos debemos cultivar, poniendo el respeto incondicional de la vida
humana como fundamento de una sociedad renovada.
El Catesismo, en relación a este quinto mandamiento “ No Matarás “ señala que la vida humana es
sagrada, porque desde su incio es fruto de una acción creadora de Dios, sólo Dios es señor de la vida
desde su comienzo hasta su término y nadie en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de
atentar contra un ser humano inocente. Que Dios ha confiado a los hombres la excelsa misión de
conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno; se debe proteger la vida con máximo cuidado
desde la concepción.
CAPITULO X
ABORTO Y EUGENESIA
El concepto concierne al aborto que se realiza para prevenir descendientes que por taras hereditarias u
otras circunstancias, deba presentar notables anomalías o defectos físicos o psíquicos.
El aborto es uno de los medios eugenésicos denominados negativo que se realizan para evitar el
nacimiento de seres que por circunstancias que se hayan presentado en el desarrollo del feto dentro del
vientre materno, o por antecedentes hereditarios hagan presumir la existencia de taras en su desarrollo.
Luis Jiménez de Azúa, en un artículo publicado en la Revista Jurídica Argentina, tomo XXVI, señaló que el
aborto eugenésico consiste en impedir el nacimiento de infelices seres tarados con una enorme carga
negativa.
Manuel López-Rey y Arrojo, en su libro Aborto, lo definen como aquel aborto realizado para evitar el
nacimiento de un vástago con serias incapacidades físicas o mentales, o las dos.
De estas definiciones, podemos conceptualizar el aborto eugenésico como “ Dar muerte al producto de la
concepción para evitar que el individuo que se esta desarrollando en el vientre materno, nazca con taras
de carácter físico y / o mentales.
Algunos sostienen que el fin propio de la eugenesia es la ciencia del buen nacimiento aunque existen
autores como Cousiño Mc Iver que sostiene que el aborto no constituye un medio propio de la eugenesia,
puesto que lo que se propone esta ciencia es impedir la fecundación, la génesis de seres ineptos y
condenados de antemano a la fatalidad de sus antecedentes hereditarios.
Las causas que determinan la presencia de taras físicas y síquicas van a depender muchas veces de las
condiciones físicas particulares de la madre, con diversos estudios se ha podido señalar como causal el
alcoholismo y enfermedades tales como la sífilis y la rubéola que pueden debilitar las células sexuales
masculinas y femeninas afectando al huevo que sé esta formando. En el caso de las drogas que la madre
consuma durante el embarazo pueden producir ciertas malformaciones como las que produce la
Talidomina, droga conocida como Disteval o Softenón, que entró al mercado de Alemania e Inglaterra en
la década de los 60. Pero estas causales no son tan exactas y de aceptar este tipo de aborto se podría
evitar el nacimiento de niños completamente normales.
1.-Ecografía: Es la técnica que permite visualizar al feto, a partir de la tercera semana de gestación, ver
la placenta y el líquido amniótico. La limitación es que no pueden visualizarse taras síquicas como el
Síndrome de Dawn.
2-Fetoscopía: Técnica que consiste en observar al feto y a la placenta a través de un pequeño tubo que
entra por el abdomen y extrae sangre fetal.
3.-Amniocentesis: Consiste en extraer líquido secretado por el feto a través de una punción abdominal
de la madre, sólo dentro de las 12 semanas de gestación.
El problema consiste en determinar cual es el grado de incapacidad para poder desarrollarse como
persona normal a pesar de las taras físicas o psíquicas que presente.
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La cuestión moral consiste en determinar si es lícito privar del nacimiento a un niño; que por presentar
malformaciones se pueda encontrar incapacitado física o mentalmente para formar parte de una sociedad
que exige cada día mayor desenvolvimiento de sus miembros.
Los partidarios de este tipo de aborto sostienen que la presencia de seres humanos con taras físicas o
psíquicas obstaculizan el desarrollo de la sociedad y que es una carga para la comunidad, ya que tendrán
que invertir recursos que no generan frutos. Uno de los partidarios del aborto eugenésico como es Georg
Friederch Nicolai dice que “ La eugenesia no es un problema a discutir, sino una necesidad que cumplir.”
Al tiempo en que el niño se haya desarrollado a suficiente tamaño para poder extraer del fluído amniótico
en el cual yace, al objeto de probar definitivamente el hecho de que el niño será deforme, la preñez ya
habrá alcanzado una etapa en que provocar un aborto está lleno de tremendos peligros. Más aún si la
deformidad es vista como razón válida para matar a un ser humano antes de su nacimiento, entonces no
podría haber objeción para matar también a aquellos que después del nacimiento se convierten en
deformes.
Los que se oponen al aborto eugenésico también sostienen; que aceptarlo produciría un quiebre en los
valores humanos, e iría contra uno de los mandamientos de Dios que impone la orden de no matar,
premisa básica que forma la actividad de toda sociedad Cristiana y por ende argumento de toda lógica.
Los seres humanos no pueden ser objetos de transaccciones económicas-sociales, la sociedad es quién
debe aportar y ayudar a todas las personas que tengan alguna dificultad, para que puedan desenvolverse
e integrarse dignamente a la sociedad. Cuando estas personas son aceptadas y amadas por nosotros,
constituyen un testimonio particularmente eficaz de los verdaderos valores que caracterizan la vida y la
hacen aún con esas dificultades valiosa.
Una atención especial merece para la Iglesia Católica, la valoración moral de las técnicas de diagnóstico
prenatal, que permiten identificar precozmente eventuales anomalías del niño que esta por nacer. Por la
complejidad de estas técnicas, esta valoración debe hacerse cuidadosamente. Estas técnicas son
moralmente lícitas cuando están exentas de riesgos para el niño o para la madre, y cuando están
orientadas a posibilitar una terapia precoz o también a favorecer una serena y consciente aceptación del
niño por nacer. Pero son totalmente reprobables cuando estas técnicas se ponen al servicio de una
mentalidad eugenésica, que acepta el aborto para impedir, el nacimiento de niños afectados por varios
tipos de anomalías.
La Iglesia ha estado siempre muy cerca de todos aquellos esposos, que con gran ansia y sufrimiento,
acogen a sus hijos afectados por incapacidades, así como agradece a todas las familias que, por medio
de la adopción, ampara a niños que han sido abandonados por sus padres debido a malformaciones o
invalidez.
CAPITULO XI
Se sabe por diversos estudios realizados en el tema, que hoy en día la fecundación artificial es una de las
formas esenciales que permite resolver con éxito, las consecuencias de la impotencia e infertilidad.
Producto de este medio de fecundación cabe preguntarse ¿ La destrucción del embrión que se ha
formado por la inseminación artificial, resultado de la fusión del óvulo con el espermio podía penarse
como aborto?. Asi como también, ¿ La muerte del embrión in vitro constituye aborto?; ¿Puede este
embrión que no se encuentra en el vientre materno ser objeto de maniobras abortivas.?
En las tendencias modernas el bien tutelado por la ley en el delito de aborto es la vida del feto, ser que
esta en vías de desarrollo, no considerando que sea necesario que sea expulsado del vientre materno.
El médico legista argentino Bonnet, señala “ La interrupción de la vida del ser viviente mientras se
encuentra en el caldo de cultivo no es aborto, porque no puede hablarse de embarazo ( preñez de la
mujer ), inexistente en esos momentos. Sólo podría haber aborto cuando el embrión, huevo o feto se halle
situado en el útero y ocurra su muerte como consecuencia de un acto accidental o delictual. Para este
autor habría aborto sólo cuando la interrupción de la vida del feto es en el vientre materno, ya que es justo
ahí donde se verifica el embarazo.
Zannoni señala al respecto que hoy existe una nueva posibilidad de aborto que no supone la muerte del
embrión en el seno materno y por ende, la interrupción del embarazo, sino que se trata de la destrucción
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del embrión viable mediante implantación en el útero, en la etapa en que se encuentra fuera del seno
materno y sujeto a la manipulación del laboratorio.
Si biológicamente la fecundación extrauterina implica la fusión genética del espermatozoide y del óvulo y
si esa fusión de células germinales masculinas y femeninas constituye la primera célula del nuevo ser, es
indudable que la protección jurídica debe alcanzarle del mismo modo que si esa fusión hubiese ocurrido
en el seno materno.
El penalista José María Rodríguez Devesa , establece que el aborto consiste en la muerte del feto
mediante su destrucción en el seno materno o por su expulsión prematura provocada. La consecuencia
más importante de esta noción, es que da al aborto el carácter de delito de lesión y no de mero peligro.
El autor Francisco Muñoz, en su obra Los delitos contra la vida humana dependiente y el delito de aborto
señala que el bien jurídico protegido es la vida no independizada en todos sus estados de desarrollo;
desde el momento de la concepción hasta el de su separación del claustro materno. Por concepción debe
entenderse no la mera fecundación del óvulo por el espermatozoide, sino la nidación del óvulo ya
fecundado en el útero materno. Quedando excluidas del ámbito del derecho penal las fecundaciones in
vitro, es decir, aquellas que no tienen lugar en el seno materno, sino en tubos de ensayo.
Carlos Crees, en su obra Derecho Penal, al analizar los delitos contra la vida sostiene que el producto de
una concepción lograda fuera del seno materno, que no ha sido implantado todavía a él, que se sostiene
artificialmente fuera del mismo( vida in vitro), aunque biológicamente pueda catalogarse como vida
humana, no es la que la ley protege bajo este título, aún cuando su destrucción puede afectar otros
intereses y constituir otros delitos; pero si ese producto ha sido implantado ya en el seno materno, la
protección legal por medio del delito de aborto se da hasta el momento en que se produce el
alumbramiento, cualesquiera que sean las posibilidades de viabilidad de él, basta que funcione como
complejo vital.
Grisolia, Bustos y Politoff señalan que recientes experiencias científicas, sobre cuyas perspectivas los
especialistas se muestran cautelosos, para una eventual; fecundación artificial ( fuera del cuerpo de una
mujer ), seguida de la implantación del huevo ya fecundado mediante una intervención quirúrgica, podrían
tal vez obligar a que el entero asunto sea replanteado.
Hans Luttger, nos dice que la anidación constituye el comienzo de la punibilidad de la interrupción del
embarazo; los embriones extrauterinos y los óvulos fecundados in vitro hasta su posterior implantación
quedan fuera de esta prohibición.
Resumiendo la opinión de estos autores, podemos concluir que no se esta frente a un delito de aborto, ya
que la condición necesaria para que se verifique este delito; es que el embrión se encuentre dentro del
seno materno.
Hernán Silva Silva , señala “ La destrucción del embrión, u óvulo fecundado; pone término a una vida
humana aún cuando no este implantado en la mujer. No debe manipularse el producto de la fecundación
con fines científicos. La vida humana no puede ser materia de experimentación, ni menos se puede
aceptar fecundación selectiva con fines eugenésicos, ni alterar los cromosomas.”
Córdova Ruiz, nos dice que ante la nueva modalidad de formación de la vida humana, el concepto de
destrucción de la misma debe ser ampliado. No se puede pensar que sólo se destruye la vida humana
después de los catorce o quince días de fecundación, sino que se puede destruir antes, puesto que
aunque se considere que el embrión no es todavía un ser humano, desde el punto de vista moral y
científico tiene la posibilidad de serlo y generalmente lo es, salvo que se presenten circunstancias que lo
impidan.
De la opinión de estos autores podemos concluir que estamos ante una nueva forma de destrucción de la
vida humana, cuya causa es precisamente su nueva forma de producción.
La posición de la Iglesia en esta materia, es clara, las técnicas que provocan una disociación de la
paternidad por intervención de una persona extraña ( donación del esperma o del óvulo), son gravemente
deshonestos. Lesionan el derecho del niño a nacer de un padre y una madre conocidas de él. Quebrantan
su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro.
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Practicadas dentro de la pareja, son quizas menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente
reprobables. Confían la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biológos, e
instauran un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana.
El evangelio enseña que la esterilidad física no es un mal [Link] se agotan los recursos
legítimos de la medicina, se sufre por la esterilidad, pero pueden manifestar su generosidad adoptando
niños abandonados. Los niños no son un derecho sino un Don. El don más excelente es: Una persona
humana.
CONCLUSIÓN
Se habla mucho sobre el aborto, pero pocas veces de sus complicaciones, daños y consecuencias. Por
ello este trabajo, tuvo por finalidad dar una visión de él más allá de sus aspectos jurídicos, abordando
materias importantes que han sido objeto de controversia, como los relativos a la posición de la Iglesia
Católica.
Nuestro Código Penal, se limita a considerar el aborto como un delito contra el orden de la familia y la
moralidad pública, pero sin definirlo. Como consecuencia de ello, se han dado diversos conceptos; en su
mayoría, coinciden en que se trata de dar muerte al feto.
La Tradición Cristiana, desde sus orígenes a considerado al aborto, un desorden moral particularmente
grave y sostienen que el aborto al igual que el infanticidio, son un crimen nefando.
Lo que la sociedad debe buscar es un equilibrio entre la ley moral y la ley civil. La función de la ley civil
consiste en garantizar una ordenada convivencia social, por esto la ley civil debe asegurar a todos los
miembros de la sociedad el respeto de algunos derechos fundamentales, que pertenecen originariamente
a la persona y que toda ley positiva debe reconocer y garantizar. Entre ellos el primero y fundamental: El
Derecho inviolable de cada ser humano inocente a La Vida.
Una de las excusas escuchadas con mayor frecuencia entre los grupos que están a favor del aborto es
que sería injusto traer otro niño “ no deseado” al mundo. En realidad, no hay tal cosa. Al nacer una
criatura, jamás será no deseado por la escasez de recién nacidos y disponibles para la adopción. Se
puede ser un dador de vida o se puede cometer un crimen que permanecerá en la conciencia por el resto
de la vida. El aborto es un asesinato.
Como todas las estadísticas, estas no son más que cifras frías e impersonales. Pero representan valores
en conflicto. Y gente: jovencitas, mujeres casadas y solteras, angustiadas por un embarazo inesperado o
inoportuno; médicos y enfermeras, capacitados para salvar vidas, están en cambio ayudando a
destruirlas; criaturas desvalidas y ocultos, acercándose al momento de nacer, hasta que...
INDICE
Introducción.
Capítulo I
-Concepto de Aborto.
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
40
-Las figuras derivadas del aborto
Capítulo V
-Síntomas y complicaciones
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
-Aborto y Eugenesia.
Capítulo XI
41
-Aborto y fecundación artificial.
Conclusión.
BIBLIOGRAFÍA
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Delitos contra los individuos en sus condiciones físicas, Segunda Edición, Editorial Jurídica de Chile del
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6.-PACHECO G., MÁXIMO: Teoría del Derecho, Cuarta Edición, Editorial Jurídica de Chile del año 1990.
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8.-CALANDRA, DANTE: Estudio Social y Jurídico, Editorial Médico Panamericano, Buenos Aires del año
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Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Concepción.
10.-MEDINA ROJAS, ROXANA: Aborto. Memoria para optar al grado de Licenciado en Ciencias Jurídicas
y Sociales de la Universidad de Chile.
11.-BLASQUEZ, NICETO: La Dictadura del Aborto, Biblioteca de Autores Cristianos de Ética, S.A. Madrid
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14.-JUAN PABLO II: Evangelium Vitae, Carta encíclica sobre el valor y el carácter inviolable de la vida
humana, Editorial San Pablo del año 1995.
16.-CAMINOS DE ESPERANZA, Boletines del programa sanción post aborto de Mayo y Junio de 1990.
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