Si solo se trata de letras, la lectura digital
está perdida
Decir importante a la lectura es quedarse corto. No fue solamente vital para el
aprendizaje de información sino también es un medio para expandir las ideas e impulsar
el juicio crítico propio y el raciocinio de las personas. Desde la creación de la imprenta,
su medio de difusión masiva ha sido, por mayoría, los libros impresos. No obstante, en
estas últimas épocas, la creación de la web y los medios digitales han permitido que
estas letras pasen al hipertexto y sean transmitidas a todas partes sin gastos de
producción ni de logística. ¡Una maravilla! Sin embargo, la duda está ¿Es la lectura
digital un mejor medio para la comprensión lectora que la lectura tradicional?
En el presente ensayo se postula que la lectura tradicional es un mejor medio para la
comprensión lectora que la lectura digital puesto que esta permite un mejor análisis y
recepción de la información contenida en los textos. En el texto se expondrá, en primer
lugar, la relación entre la lectura y las actividades que realiza el cerebro para su
realización. En segundo lugar, se discutirá sobre las ventajas y desventajas que tienen
ambas lecturas, una frente a la otra. Finalmente, se analizará que tipo de lectura resulta
más eficaz en la comprensión lectora.
Iniciando, tenemos el primer dato. El cerebro humando aún está aprendiendo a leer.
Parafraseando a Delgado et al. (2019) Mariane Wolf, investigadora en capacidad
lectora, advierte que nuestro cerebro no está adaptado para leer, sino que lee gracias a su
capacidad de adaptarse a nuevas tareas. Además, indica que es muy sensible a cualquier
estímulo en la forma en que se aprende y se practica.
Aprender a leer es una actividad que requiere una completa concentración. No obstante,
lo digital no fomenta a la concentración sino a la multitarea. Desde que buscamos algo
en el buscador hasta si decidimos dar clic en un enlace son pruebas de que
constantemente debemos tomar muchas decisiones seguidas. En este sentido, una
lectura digital no significa solamente cambiar el leer papel por el leer en la pantalla, sino
que conlleva también a someter nuestra capacidad de atención a las distintas posibles
distracciones que estás llevan. Algunas externas como la notificación de un correo
recibido, los mensajes de las redes sociales, la batería del dispositivo o la regulación de
la iluminación de este, u otros dentro de la misma página como son aquellas frases en
color azul y que rezan ser interesantes para ti. Estímulos que nos desconcentran de la
lectura, y, a veces, nos sofocan.
Ser multitarea suena como un concepto bueno. Pero en realidad, aquellos individuos que
suelen realizar varias actividades al mismo tiempo lo hacen porque son menos capaces
de evitar distracciones y concentrarse en una misma labor, además de que generalmente
sobreestiman sus capacidades. (Sanbonmatsu et al. 2012) Combinado con el párrafo
anterior, ambos indican lo mismo: El ambiente multitarea de lo digital no favorece a la
comprensión lectora, sino que la entorpece.
Y esto es comprobable. En un estudio realizado en el 2016 por Geoff Kaufman y Mary
Flanagan, junto a más de 300 sujetos de prueba, se buscó comprobar su nivel de
comprensión a partir de una lectura digital vs una impresa. Los resultados fueron que
quienes leían de forma impresa realizaban una mejor comprensión abstracta del texto
que aquellos que leían en pantallas. Mientras que si eran preguntas concretas del texto
aquellos que leían digitalmente recordaban mejor los detalles en textos breves. Con los
investigadores concluyeron que en la lectura digital las personas solamente leen de
forma superficial, por lo que menos procesos del cerebro son dedicados a analizarlo. Y
aunque parezca que favorece a la memoria, cuando se traten de textos más largos y,
sobre todo, profundos la necesidad de tener un ambiente que favorezca la comprensión
lectora se hará más evidente.
Por otro lado, dejando de lado la comprensión general de los textos, hay ciertas
deficiencias en la lectura digital que se hacen evidentes cuando la comparamos con la
lectura impresa. Primero, la forma de avanzar en la lectura que se realiza con el
deslizamiento vertical (scrolling) requiere que el lector deje de leer para concentrarse
conscientemente en la última palabra leída y la forma en la que se mueve, además de
que consume más recursos mentales que pasar una página de un libro (Comunidad
Baratz 2020). Segundo, la vista se fatiga más rápido con una pantalla que con el papel.
“La lectura digital es física y mentalmente más exigente, por la luz y los pixeles que
estimulan nuestra visión” (Araus, M 2014) Y finalmente, la experiencia sensorial se
pierde en la lectura digital. Un punto fuerte en la lectura impresa es aquella
comunicación háptica entre los libros y nosotros. “Los libros impresos satisfacen la
necesidad de tocar, pasar las páginas y percibir las letras como objetos físicos.”
(Comunidad Baratz).
Como último argumento, y antes de concluir, está la opinión del público en general.
Pablo Delgado et al. indican que:
En lo que respecta a la lectura en profundidad, el ARFIS (Estudio Internacional
sobre la Lectura Académica) en 2018, liderado por Diane Mizrachi, indica que
un 78% de 10 293 alumnos universitarios de 21 países prefieren el formato en
papel. Y estudios similares revelan que personas que trabajan de forma digital
prefieren el formato físico, sobre todo cuando se trate de profundizar el
contenido o en textos largos. (pp 28)
En conclusión, dejando de lado opiniones románticas y sentimientos hacia la lectura
tradicional, nos podemos dar cuenta que la lectura que se da de forma impresa es un
medio más adecuado para la comprensión y análisis de los textos que se encuentran en
ellos. Es un medio menos distractivo y sofocativo y la simplicidad de su formato nos
permite enfocarnos más en lo que leemos. Aún incluso en esta era de la revolución
tecnológica, si solo se trata de letras, la lectura digital está perdida.