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TEMA 28 - La Vocación

La vocación es el propósito y misión única que Dios tiene designado para cada persona desde la eternidad. Todos estamos llamados por Dios a la santidad y a vivir nuestra vocación de manera concreta, ya sea a través del sacerdocio, la vida religiosa, el matrimonio o la vida laical. Para descubrir nuestra vocación, debemos escuchar la llamada de Dios, discernir mediante la oración y la reflexión, y luego vivir nuestra vocación en el presente a través de un generoso servicio.

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TEMA 28 - La Vocación

La vocación es el propósito y misión única que Dios tiene designado para cada persona desde la eternidad. Todos estamos llamados por Dios a la santidad y a vivir nuestra vocación de manera concreta, ya sea a través del sacerdocio, la vida religiosa, el matrimonio o la vida laical. Para descubrir nuestra vocación, debemos escuchar la llamada de Dios, discernir mediante la oración y la reflexión, y luego vivir nuestra vocación en el presente a través de un generoso servicio.

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TEMA 28

LA VOCACIÓN

¿QUÉ ES LA VOCACIÓN?
Dios, que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al
amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano, porque el
hombre fue creado a semejanza de Dios, que es amor.
Desde su nacimiento, cada persona está destinada a la
bienaventuranza eterna, el Cielo. Dios crea a cada uno con un propósito,
una misión. Esa misión es lo que se conoce como vocación. Catecismo
de la Iglesia Católica, 1604, 1703.

¿TODOS TENEMOS VOCACIÓN?


Sí, todos hemos sido creados por Dios con un propósito y un fin.
Dios ha querido para cada uno un proyecto único e irrepetible,
pensado desde toda la eternidad: «Antes de formarte en el vientre, te
elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jeremías
1, 5)
El Catecismo de la Iglesia Católica habla de la vocación a la
bienaventuranza, en definitiva, a la santidad, a la unión con Dios que
nos hace participar de Su felicidad y nos ama con totalidad y sin
condiciones.
La vocación común de todos los discípulos de Cristo es vocación a
la santidad y a la misión de evangelizar el mundo.
Dentro de esta vocación común, Dios invita a cada uno a recorrer
la vida junto a Él por un camino concreto. A algunos llama al sacerdocio
ministerial, a otros a la vida religiosa, y a otros, los laicos, los llama a
encontrarle en la vida ordinaria, ya sea viviendo el celibato o la vocación
matrimonial. Catecismo de la Iglesia Católica, 1716-1729, 1533
“Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y
ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí
donde cada uno se encuentra”.
¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu
entrega.
¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu
esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia.
¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia
tu trabajo al servicio de los hermanos.
¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los
niños a seguir a Jesús.
¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando
a tus intereses personales”. Gaudete et Exultate, 14

3 PASOS PARA DESCUBRIR LA VOCACIÓN, SEGÚN EL PAPA


FRANCISCO
Escuchar
“La llamada del Señor no es tan evidente como todo aquello que
podemos oír, ver o tocar en nuestra experiencia cotidiana”. El Papa
Francisco ha dicho que “Dios viene de modo silencioso y discreto, sin
imponerse a nuestra libertad. Así puede ocurrir que su voz quede
silenciada por las numerosas preocupaciones y tensiones que llenan
nuestra mente y nuestro corazón”.
Por ello, es necesario “prepararse para escuchar con profundidad
su Palabra y la vida, prestar atención a los detalles de nuestra vida
diaria, aprender a leer los acontecimientos con los ojos de la fe, y
mantenerse abiertos a las sorpresas del Espíritu”.
Para poder escuchar esa llamada del Señor hay que abrirse, salir
de uno mismo. “Si permanecemos encerrados en nosotros mismos, en
nuestras costumbres y en la apatía de quien desperdicia su vida en el
círculo restringido del propio yo, no podremos descubrir la llamada
especial y personal que Dios ha pensado para nosotros, perderemos la
oportunidad de soñar a lo grande y de convertirnos en protagonistas de
la historia única y original que Dios quiere escribir con nosotros”.
Ahora bien, esa actitud de escucha, “es hoy cada vez más difícil,
inmersos como estamos en una sociedad ruidosa, en el delirio de la
abundancia de estímulos y de información que llenan nuestras
jornadas”. Por ello el Papa invita a la contemplación, a “reflexionar con
serenidad sobre los acontecimientos de nuestra vida y llevar a cabo un
fecundo discernimiento, confiados en el diligente designio de Dios para
nosotros”.
Discernir
“Cada uno de nosotros puede descubrir su propia vocación sólo
mediante el discernimiento espiritual”. Insistió en que “la vocación
cristiana siempre tiene una dimensión profética”.
El Papa Francisco menciona que “hoy tenemos mucha necesidad del
discernimiento y de la profecía; de superar las tentaciones de la
ideología y del fatalismo y descubrir, en la relación con el Señor, los
lugares, los instrumentos y las situaciones a través de las cuales Él nos
llama. Todo cristiano debería desarrollar la capacidad de ‘leer desde
dentro’ la vida e intuir hacia dónde y qué es lo que el Señor le pide para
ser continuador de su misión”.

Vivir
Existe la necesidad de asumir la vocación, una vez descubierta, sin
rezagarse: “¡La vocación es hoy! ¡La misión cristiana es para el
presente! Y cada uno de nosotros está llamado (a la vida laical, en el
matrimonio; a la sacerdotal, en el ministerio ordenado, o a la de
especial consagración) a convertirse en testigo del Señor, aquí y ahora”.
“El Señor sigue llamando hoy para que le sigan, no podemos esperar a
ser perfectos para responder con nuestro generoso ‘aquí estoy’, ni
asustarnos de nuestros límites y de nuestros pecados, sino escuchar su
voz con corazón abierto, discernir nuestra misión personal en la Iglesia y
en el mundo, y vivirla en el hoy que Dios nos da”.
La vocación es una cierta manera de vivir la vida, comprenderla y
ordenarla como un servicio. Pero la llamada- origen de la vocación- no
emana de la persona. Esta sólo puede recibirla y aceptarla libremente.
La vocación es ser llamado, ser llamado por y ser llamado
para. Esto requiere una escucha, una respuesta.
Para los cristianos, la llamada viene de Dios, de la Palabra de
Cristo que invita a seguirle ya ser testigos en el mundo y en la historia.
Todo cristiano- por su bautismo- está llamado a hacer de su vida una
respuesta y un servicio.
Cualquiera que sea nuestra vocación, somos llamados a la
santidad, a participar en la plenitud del amor de Dios, a amar y a ser
feliz y hacer felices a los demás.
La santidad es una llamada universal dirigida por Dios a todos los
bautizados. Esta vocación se recibe en el seno de un pueblo, llamado
también por Dio en el transcurso de la historia. La santidad es una
gracia ya dada que es preciso hacer fructificar con todos los esfuerzos
que hacemos para engrandecerla con la fe y la caridad.
Entre los cristianos, algunos son llamados a consagrar su vida con
un don total a Dios y al servicio de una misión como sacerdote, diácono,
religioso o religiosa, laico consagrado... Es lo que se llama también
vocaciones específicas o vocaciones particulares.
En la Iglesia católica, el Servicio de las Vocaciones tiene por
misión llamar a cada uno a que su vida se convierta en respuesta
específica a la llamada de Dios, a despertar, mantener y ayudar al
discernimiento de las personas que se plantean la cuestión de una
vocación particular (sacerdotes, diáconos, misioneros, religiosos,
religiosas y laicos consagrados).
Toda llamada, a la vocación que sea, tiene como origen Dios
y como fin la realización de la persona dentro de los marcos en los
cuales se puede realizar mejor su afán de ser feliz y hacer felices a los
demás. Dios da a cada uno su propia vocación para contribuir al
mejoramiento de esta sociedad en la que vive. Y su respuesta y
exigencia consiste en dejarla mejor de lo que se la encontró cuando
empezó sus pasos por ella.

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