3. El Verbo de Dios se hizo hombre.
3.1. Enseñanzas de los gnósticos.
16,1. Hay, sin embargo, quienes enseñan que Jesús fue el receptáculo del Cristo, sobre el cual
"el Cristo descendió desde las alturas en forma de paloma", y, una vez que hubo señalado
(920) "al Padre innombrable", "habría retornado al Pléroma, de manera incomprensible e
invisible". Y no únicamente los seres humanos, sino que ni siquiera "las Potestades y Poderes
que están en el cielo son capaces de captarlo". Jesús sería sin duda el Hijo, mas su padre sería
el Cristo, y el Padre de Cristo, Dios. Otros andan diciendo que "sufrió sólo en apariencia,
puesto que es impasible". Los valentinianos distinguen entre el "Jesús de la Economía", que
"pasó a través de María", sobre el cual posteriormente "de la región superior descendió el
Salvador", al cual también se le llama Cristo "por llevar el nombre de todos aquellos que lo han
emitido". Este habría entrado en comunión con "aquel que viene de la Economía", de su
"Poder" y de su "Nombre", a fin de que la muerte quede vacía. Se conocería el Padre por "el
Salvador que descendió de la región superior", al cual indican como el receptáculo mismo de
Cristo y de todo el Pléroma.
Siendo así, confiesan con la lengua un solo Jesucristo; pero en su modo de entender lo separan
(pues esta es su regla, como ya antes expusimos: decir que uno es el Cristo que fue enviado
"por el Unigénito, a fin de reordenar el Pléroma", y otro diverso es el Salvador, emitido para
"dar gloria al Padre", y otro más el "de la Economía", el cual, según dicen, es el que sufrió,
mientras que "regresaba al Pléroma el Salvador" portador del Cristo).
Por eso juzgamos necesario exponer toda la doctrina de los Apóstoles acerca de nuestro Señor
Jesucristo, y probarles que ellos no sólo no han entendido nada sobre él; sino mucho más: que
el Espíritu Santo por medio de los Apóstoles ha advertido de antemano que ellos, sometidos a
Satanás, darían origen a tales doctrinas para echar abajo la fe de algunos y apartarlos de la
Vida.
3.2. Testimonios del Nuevo Testamento.
3.2.1. Juan.
(921) 16,2. Juan sabe que el único y mismo Verbo de Dios, es el Unigénito que se encarnó por
nuestra salvación, Jesucristo nuestro Señor. Esto lo hemos expuesto suficientemente a partir
de las mismas palabras de Juan.
3.2.2. Mateo.
Mateo reconoce al único y mismo Jesucristo, al exponer su generación humana de la Virgen,
como Dios prometió a David que del fruto de su seno suscitaría a un Rey eterno (Ps 132,11)
después de haber hecho a Abraham la misma promesa. Dice: "Libro del origen de Jesucristo,
hijo de David, hijo de Abraham" (Mt 1,1). Luego, para librar nuestra mente de toda sospecha
respecto a José, dice: "La concepción de Cristo sucedió así: estando su madre desposada con
José, antes de que viviesen juntos se encontró que había concebido por obra del Espíritu
Santo" (Mt 1,18); y como José pensase en abandonar a María porque estaba encinta, el ángel
del Señor se le presentó y le dijo: "No temas recibir a María tu esposa; porque lo que ha
concebido es del Espíritu Santo. Dará a luz a un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús: porque él
salvará a su pueblo de sus pecados. Esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había
dicho por el profeta: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán
Emmanuel, que significa Dios con nosotros" (Mt 1,20-23), dando a entender claramente que la
promesa hecha a los padres se había cumplido; pues de la Virgen había nacido el Hijo de Dios,
y éste mismo era el Cristo Salvador que los profetas habían predicado 1. Pero no es como dicen
ellos, que Jesús es el mismo que nació de María, pero que "el Cristo descendió de arriba". De
otro modo, Mateo habría podido decir: "La generación de Jesús es como sigue"; pero como el
Espíritu Santo previó a los calumniadores, predisponiéndose contra su fraudulencia, dijo por
Mateo: "Este fue el origen de Cristo". Y como éste es el Emmanuel, para que no lo juzgásemos
sólo un hombre: "El Verbo se hizo carne no de la voluntad de la carne, ni de deseo (922) de
varón, sino de la voluntad de Dios" (Jn 1,13-14) 2; para que así no fuese posible sospechar que
uno sea Jesús y otro el Cristo, sino supiésemos que es uno y el mismo.
3.2.4. Marcos.
Por ese motivo Marcos empieza: "Inicio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Como está
escrito en los profetas..." (Mc 1,1), con lo cual reconoce que Jesucristo es el único y mismo Hijo
de Dios, anunciado por los profetas, nacido de las entrañas de David (Ps 132,11), el Emmanuel
(Is 7,14), "el Angel del gran consejo" (Is 9,5) del Padre, por el cual Dios ha hecho elevarse "el
Sol Levante sobre la casa de David", y ha "levantado un cuerno de salvación" (Is 7,13 Lc 1,78-
79), para lo cual "ha suscitado un Testimonio en Jacob" (Ps 78,5), como dijo David (923)
reflexionando sobre los motivos de su generación: "El ha establecido una Ley en Israel a
nuestros padres para que la enseñen a la siguiente generación, a fin de que los hijos nacidos de
éstos se levanten para contarla a sus hijos, para que pongan en Dios su esperanza y busquen
sus preceptos" (Ps 78,5-7).
3.2.5. Lucas.
Además el ángel anunció a María: "Este será grande y se llamará Hijo del Altísimo, y el Señor le
dará el trono de David su Padre" (Lc 1,32). Al mismo tiempo confiesa Hijo del Altísimo a aquel
mismo a quien llama hijo de David. Por eso David, conociendo por el Espíritu la Economía de su
venida, por la cual "es soberano de todos los vivos y muertos" (Rm 14,9), lo confesó "Señor
sentado a la derecha" (Ps 110,1) del Padre altísimo.
16,4. Simeón, que había recibido del Espíritu Santo la promesa de que no vería la muerte antes
de ver a Cristo, al recibir en sus manos a este Jesús primogénito de la Virgen, bendijo a Dios
diciendo: "Ahora deja a tu siervo ir en paz, Señor, según tu palabra, porque mis ojos han visto
tu salvación, que preparaste a la faz de todos los pueblos, luz para la revelación de las naciones
y gloria de tu pueblo Israel" (Lc 2,29-32); así confesó Cristo e Hijo de Dios al niño Jesús nacido
de María que llevaba en brazos, luz de los hombres y gloria del mismo Israel, paz y refrigerio de
los que han dormido3. Empezaba ya a despojar de su ignorancia a los hombres, dándoles su
1
Texto muy querido de San Ireneo, y con frecuencia citado: el "signo" profético de la concepción virginal
de Jesús anunciada por Isaías, indica tres cosas: 1ª la verdadera humanidad de Jesús nacido de María; 2ª
su filiación divina, significada por su origen humano sin intervención de varón; 3ª la unidad de Dios en
los dos Testamentos, manifestada en la profecía: el mismo que anunció esta obra en el Antiguo
Testamento la lleva a cabo en el Nuevo.
2
Nótese la lectura en singular de Jn 1, 13, común hasta el s. IV Esta sería una sugerencia joánea de la
concepción virginal de Jesús. Cf. también adelante, 19,2; 21,5 y V, 1,3. Véase la reseña de estos textos
antiguos en A. SERRA, Art. "Virgen", en Nuevo diccionario de mariología, Madrid, Paulinas 1988, pp.
1191s.
3
tôn eis koímesin peporeuménon, paz y refrigerio "de aquellos que han ido a dormir": importante
mantener (en éste y otros pasajes) el término preciso con el cual, siguiendo a Pablo y varios lugares del
Evangelio, los Padres Griegos indican la muerte del cristiano, que no es muerte sino dormición para
"despertar" en la resurrección. Es necesario tenerlo presente desde el principio para comprender la
doctrina de la "dormición" de María. A la figura de la muerte con esperanza de resucitar, como
conocimiento y haciendo botín de quienes lo conocen, como dice Isaías: "Llámalo: Despoja
rápidamente, haz botín velozmente"4 (Is 8,3). Pues son éstas las obras de Cristo. Y ése era el
Cristo, el que llevaba Simeón al bendecir al Altísimo (Lc 2,28), viendo al cual los pastores
glorificaban a Dios (Lc 2,20), al cual saltando de gozo saludó Juan, cuando estaba aún en el
vientre de su madre y él en la matriz de María, reconociéndolo como Señor.
Los Magos lo adoraron al verlo, y le ofrecieron los dones que ya antes indicamos, (924) y
postrándose ante el Rey eterno, "se fueron por otro camino" (Mt 2,12), ya no regresaron por el
de los Asirios: "Porque antes de que el niño aprenda a decir papá y mamá, recibirá el poder de
Damasco y los despojos de Samaria, contra el rey de los asirios" (Is 8,4). De modo velado pero
profundo, todas estas cosas manifiestan que "el Señor triunfó sobre Amalec con mano oculta"
(Ex 17,16). Por este motivo arrancó de esta vida a los hijos de la casa de David a quienes había
tocado en suerte nacer en ese tiempo, para enviarlos de antemano a su reino. Siendo él mismo
un niño, de hijos de los hombres aún niños hizo mártires, muertos por Cristo que, según las
Escrituras, "nació en Judea", "en la ciudad de David" (Mt 2,5 Lc 2,11).
16,5. Por eso el Señor dijo a sus discípulos después de la resurrección: "¡Oh insensatos y tardos
de corazón para creer en todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo
padeciera y entrara así en su gloria?" (Lc 24,25-26). Y añadió: "Estas palabras os he dicho
mientras aún estaba con vosotros, porque es necesario que se cumpla todo cuanto está escrito
sobre mí en Moisés, en los profetas y en los salmos. En seguida les abrió la mente para que
entendiesen las Escrituras, y les dijo: Así está escrito... el Cristo debía padecer y resucitar de
entre los muertos ... y su nombre ha de ser predicado en todas las naciones para el perdón de
los pecados" (Lc 24,44-47).
Este es aquel que nació de María: "Es necesario que el Hijo del hombre sufra muchas cosas,
sea condenado, crucificado y resucite al tercer día" (Lc 9,22 Mc 8,31). El Evangelio, pues, no
conoce a otro Hijo del Hombre, sino a aquel que nació de María y sufrió; y a este mismo
Jesucristo nacido, lo reconoció Hijo de Dios, y de éste mismo dice que sufrió y resucitó.
3.2.6. Juan.
Juan, el discípulo del Señor, lo confirmó diciendo: "Estas cosas fueron escritas para que creáis
que Jesús es el Hijo de Dios, y creyendo tengáis vida eterna en su nombre" (Jn 20,31). Lo hizo
porque preveía estas opiniones blasfemas que, (925) en cuanto pueden, dividen al Señor,
diciendo que fue hecho de dos substancias. Por eso da testimonio en su epístola: "Hijitos, esta
es la última hora. Oísteis que el Anticristo había de venir, pues bien, muchos anticristos han
venido: por eso sabéis que es la última hora. Salieron de entre nosotros, pero no eran de
nosotros; pues si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero para
que se manifieste que no son de los nuestros. Sabéis que toda mentira es ajena a la verdad. ¿Y
quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? ¡Este es el Anticristo!" (1Jn
2,18-22).
3.3. Más sobre las doctrinas gnósticas.
16,6. Todos aquellos de que hemos hablado también confiesan un solo Jesucristo con la
lengua, pero se burlan de sí mismos al pensar una cosa y decir otra -pues sus hipótesis son
múltiples, como lo hemos demostrado, por ejemplo decir que es uno el que nació y sufrió, y
"dormición", corresponde en griego la expresión "fue despertado", de ordinario traducido a lenguas
actuales, con menor precisión, por "resucitó" o "fue resucitado".
4
Esto es lo que en hebreo significa el nombre del hijo de Isaías: Maher Psal Jas Baz.
éste sería Jesús, y otro el que descendió sobre él. Este sería el que también ascendió, al cual
anuncian como el Cristo. Y el Demiurgo sería distinto del Jesús de la economía que nació de
José, del cual arguyen que es el pasible, y otro distinto de ambos sería el que descendió de
entre los seres invisibles e inenarrables, el cual pretenderían que es invisible, incomprensible e
impasible-, errando así de la verdad, porque su gnosis se aparta del Dios verdadero.
3.4. El plan divino: la recapitulación.
No ven que el mismo Verbo (Jn 1,1-3) Unigénito (Jn 1,18), que siempre está presente en la
humanidad (Jn 1,10), uniéndose y mezclándose con su creatura según el beneplácito del Padre,
y haciéndose carne (Jn 1,14), es el mismo Jesucristo nuestro Señor, que sufrió por nosotros y
se despertó (egertheìs) por nosotros, y de nuevo vendrá en la gloria del Padre para resucitar a
toda carne y para manifestar la salvación y para extender la regla del justo juicio a todos los
que han sido hechos por él. Así pues, como hemos demostrado, hay un solo Dios Padre, y un
solo Cristo Jesús nuestro Señor, el cual vino para la salvación universal recapitulando todo en sí
(Eph 1,10).
Porque el hombre es en todo criatura de Dios. Y por eso en sí mismo recapituló al hombre 5,
haciéndose visible el invisible, (926) comprensible el incomprensible, pasible el impasible, el
Verbo hombre, para recapitular todas las cosas en sí mismo; para que, como el Verbo de Dios
tiene el primado sobre las cosas sobrecelestes, espirituales e invisibles, así pueda tener el
primado también sobre las cosas visibles y corporales (Col 1,18); para, al asumir en sí el
primado, darse a sí mismo a la Iglesia como Cabeza (Ep 1,22); para atraer a sí todas las cosas en
el tiempo oportuno (Jn 12,32).
16,7. Nada hay de desordenado ni de intempestivo en él, como tampoco sería esto congruente
con el Padre. Porque el Padre preconoce todas las cosas, pero el Hijo las realiza a su debido
tiempo según conviene. Por eso, cuando María lo apresuraba al admirable signo del vino,
queriendo participar antes de tiempo de la copa de comunión (1Co 10,16-17) 6, el Señor
rechazó su prisa intempestiva diciéndole: "¿Qué para mí y para ti, mujer? Aún no ha llegado mi
hora" (Jn 2,4), porque debía esperar la hora preconocida del Padre. Por eso, como muchas
veces los hombres quisiesen apresarlo, dice: "Ninguno le echó mano porque no había llegado
la hora" (Jn 7,30) de su aprehensión, ni el tiempo de su pasión preconocido del Padre, como
dice el profeta Habacuc: "Cuando lleguen los años serás reconocido, cuando llegue el tiempo
te manifestarás, cuando mi alma esté turbada por tu ira, te acordarás de tu misericordia" (Hab
3,2). Y Pablo dice: "Cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo" (Ga 4,4).
Estos textos ponen en claro que todas las cosas que el Padre preconocía, nuestro Señor las
realizó en el orden y tiempo y hora predeterminados y convenientes: éste es uno y el mismo,
rico y múltiple, porque sirve a la voluntad rica y múltiple del Padre, siendo él el Salvador de
aquellos que se salvan, el Señor de los que están sometidos a su señorío, Dios de las criaturas,
5
Aquí subyace la doctrina de los dos Adanes: el primero es cabeza de la humanidad caída, el segundo se
hace Cabeza de la humanidad salvada. Pero en esta humanidad Cristo también se constituye Cabeza
cósmica, de modo que recapitula (en su humanidad) toda la creación (hecha para el hombre), y así
adquiere el primado sobre ella. La recapitulación es uno de los pilares del pensamiento de San Ireneo:
ver III, 23,1; IV, 6,2; 38,1; 40,3,; V, 1,2; 20,2; D 6, 30, 32-33, 37, 95, 99.
6
Lit. "de la copa del compendio" (tês syntomías poteríou): Ireneo ve el milagro de Caná como un signo
que prefigura la Eucaristía. María tendría ansia de apresurar el momento, teología muy repetida por
varios de los Padres, que ven en esto una pequeña imperfección de la cual María habría de ser redimida,
por desear apresurar la hora fijada por el Padre.
Unigénito del Padre, el Cristo predicado y el Verbo de Dios encarnado cuando se cumplió el
tiempo en el cual convenía que el Hijo de Dios se hiciese Hijo del Hombre.
3.5. Errores gnósticos. Destruyen su salvación.
16,8. Por eso quedan fuera de la Economía todos los que con pretexto de la gnosis piensan que
uno es Jesús, otro el Cristo, (927) otro el Unigénito, otro más el Verbo y otro el Salvador, el
cual sería una emisión de los Eones caídos en deterioro como dicen los discípulos del error;
éstos son por fuera ovejas -pues en el exterior parecen semejantes a nosotros porque hablan
de cosas parecidas a nuestra enseñanza- pero por dentro son lobos (Mt 7,15) cuya doctrina es
homicida, pues imaginan muchos Dioses y fingen muchos Padres, y según muchos aspectos
reducen y dividen al Hijo de Dios.
Pensando en ellos nuestro Señor nos ha hecho la advertencia de tener cuidado, y su discípulo
Juan en su epístola citada nos previene diciendo: "Muchos seductores han venido a este
mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Estos son el Seductor y el
Anticristo. ¡Cuidaos de ellos, no vayáis a perder lo que con trabajo habéis logrado!" (2Jn 7-8). Y
añade en su otra epístola: "Muchos pseudo profetas han venido a este mundo. En esto
conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido a la carne, ha
venido de Dios. Y todo espíritu que divide a Jesús, no viene de Dios, sino del Anticristo" (1Jn
4,1-3).
Esto es muy semejante a lo que nos dice en el Evangelio: "El Verbo se hizo carne y habitó entre
nosotros" (Jn 1,14). Por eso dice también en su epístola: "Quien cree que Jesús es el Cristo, ha
nacido de Dios" (1Jn 5,1). En consecuencia, Juan no reconoce sino a uno y el mismo Jesucristo,
para el cual se abrieron las puertas del cielo por su asunción carnal. El mismo vendrá en la
carne en la cual sufrió, para revelar la gloria del Padre.
16,9. También Pablo está de acuerdo con estas cartas, cuando dice a los romanos: "Mucho más
quienes reciben (928) la abundancia de gracia y de justicia para la vida, reinarán por obra del
único Jesucristo" (Rm 5,17). Por consiguiente, él no sabe del Cristo que voló dejando a Jesús.
Tampoco sabe de un "Salvador de lo alto", a quien ellos caracterizan como "impasible". Pues si
fue uno el que sufrió y otro el que permaneció impasible, uno el que nació y otro el que
descendió sobre el que nació para luego abandonarlo, esto probaría que son dos, y no uno. Y
porque el Apóstol conoce sólo a un Jesucristo que nació y padeció, escribe en su epístola:
"¿Acaso ignoráis que cuantos somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su
muerte? De modo que, así como Cristo resucitó de entre los muertos, así nosotros hemos de
caminar en una nueva vida" (Rm 6,3-4). En otro pasaje subraya que Cristo sufrió, y que él
mismo es el Hijo de Dios que por nosotros murió y nos redimió con su sangre, en el tiempo
decidido (por el Padre): "Estando nosotros aún sin fuerzas, murió por los impíos en el
momento determinado... Dios muestra su amor por nosotros en el hecho que, cuando aún
éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con mayor razón, ahora que estamos
justificados en su sangre, seremos salvados por él de su cólera! Si, en efecto, cuando aún
éramos enemigos, nos hemos reconciliado con Dios por la sangre de su Hijo, con mayor razón,
ahora que estamos reconciliados, seremos salvados en su vida" (Rm 5,6-10).
Pablo declara con precisión que el mismo que ha sufrido y derramado su sangre por nosotros
es Cristo, el Hijo de Dios, el mismo que resucitó y fue asumido a los cielos, como él mismo
escribe: "Cristo murió, más aún resucitó, y está sentado a la diestra de Dios" (Rm 8,34). Y
añade: "Sabéis que Cristo resucitado de entre los muertos ya no muere" (Rm 6,9). El escribió lo
anterior porque preveía, iluminado por el Espíritu, las divisiones provocadas por malos
maestros, y queriendo quitarles toda ocasión de disentir. "Mas si el Espíritu del que resucitó a
Jesús de entre los muertos habita en vosotros, aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos
(929) dará vida también a vuestros cuerpos mortales" (Rm 8,11). Me parece oírlo gritar a
quienes quieran escucharlo: "No os equivoquéis: uno y el mismo es Jesucristo el Hijo de Dios,
que por su pasión nos reconcilió con Dios y resucitó de entre los muertos, está sentado a la
derecha del Padre, y es perfecto en todas las cosas, es el mismo que, mientras padecía no
profirió amenazas (1P 2,23); el que, víctima de la tiranía, mientras sufría rogaba al Padre que
perdonara a aquellos mismos que lo crucificaban (Lc 23,34). El nos salvó, él mismo es el Verbo
de Dios, el Unigénito del Padre, Cristo Jesús nuestro Señor".
17,1. Los Apóstoles podrían haber dicho que "el Cristo descendió sobre Jesús"; o que el
Salvador Superior descendió sobre el de la Economía; o que "aquel que proviene del ser
invisible, vino sobre el que es (obra) del Demiurgo". Pero ni supieron ni dijeron nada de eso;
pues si lo hubiesen sabido, así lo habrían comunicado.