BLOQUE V
LA EDUCACIÓN EN EL PERIODO REVOLUCIONARIO
Características de la Revolución
La Revolución del 20 de octubre de 1944 -también llamada Revolución de
Octubre o Revolución de 1944– fue un alzamiento cívico militar que tuvo lugar
el 20 de octubre de 1944 en Guatemala, mediante el cual se derrocó al
presidente provisorio del país, Federico Ponce Vaides y se constituyó una Junta
Revolucionaria provisional, compuesta por Francisco Javier Arana, Jorge
Toriello Garrido y Jacobo Árbenz Guzmán. Con ello se dio pasó a la elección del
gobierno democráticamente elegido de Juan José Arévalo.
La Revolución del 20 de Octubre de 1944 fue la respuesta del pueblo de
Guatemala a más de setenta años de dictaduras liberales de Miguel García
Granados, José Rufino Barrios, Lisandro Barillas, José María Reyna Barrios,
Manuel Estrada Cabrera, José María Orellana, Lázaro Tomás Chacón, Jorge
Ubico y Federico Ponce Vaides, las cuales fueron discriminadoras con
pretensiones de modernizar el país, valiéndose de la economía capitalista, pero
en manos de los cafetaleros e industriales alemanes y de las compañías
bananeras, ferrocarrileras y de la electrificación, pero que continuaba con
resabios feudales, por parte de los latifundistas guatemaltecos, para quienes
sus trabajadores eran siervos y mantenían en lo laboral el trabajo forzoso no
sólo en la agricultura, sino también en el servicio de obras públicas.
La revolución de octubre del año 1944 dejó un legado jurídico plasmado en la
Constitución de 1945, la que adaptó el sistema judicial a las necesidades
modernas de la época; en la legislación se crearon figuras y normativas
innovadoras, en el organismo ejecutivo se “remodeló” la administración pública
con la creación de instituciones de beneficio social que llenaron algunas de las
necesidades básicas, justas y necesarias que demandaba la población rural y
urbana; asimismo, se trató la figura del Ejército y su administración, pasando
de esa manera de vivir un constitucionalismo liberal a vivir un
constitucionalismo social (las relaciones de trabajo eran objeto de trato civil y
se elevaron a la categoría constitucional al igual que la previsión social).
La participación obrera en la Revolución.
Aunque tuvo detractores, el movimiento octubrino ha sido considerado una
auténtica revolución, por cuanto unió a las fuerzas obreras, intelectuales,
políticas y hasta militares de la época. No obstante, el protagonismo de la
clase obrera fue marcado y empoderado en el gobierno de Jacobo Árbenz. Los
hechos que denotan ese empoderamiento son los que se relatan a
continuación:
El 28 de septiembre de 1949 se realizó semi-clandestinamente el congreso
constituyente del partido de los comunistas guatemaltecos. En octubre de
1951 se creó la central única sindical: la Confederación General de
Trabajadores de Guatemala. En 1952 se organizó la agrupación única de los
campesinos: la Confederación Nacional Campesina de Guatemala. Esas
condiciones empezaron a permitir que, junto a un sector de la burguesía
nacional y a los partidos políticos de la pequeña burguesía democrática, la
clase obrera y los campesinos dieran apoyo e impulso al gobierno de Arbenz y
a su programa en forma más decidida y, en determinada medida, le
imprimieran al movimiento revolucionario un sello más avanzado.
Estas condiciones hicieron posible la aplicación de la Ley de Reforma Agraria,
promulgada en junio de 1952, que hizo real el contenido antifeudal de la
revolución, al mismo tiempo que otros aspectos de la política económica de
Arbenz pronunciaban el carácter antiimperialista del proceso. El carácter
sagrado de la propiedad privada de la tierra fue cuestionado a la luz de un
nuevo concepto de función social y una idea más profunda de la legalidad. El
latifundio, bastión del poder económico de la oligarquía terrateniente y de la
entonces todo poderosa United Fruit Company, fue afectado.
La reforma agraria puso en el camino de la acción política a millares de
campesinos en todos los rincones del país, al integrar los Comités Agrarios
locales que colocaron en manos de los propios interesados la lucha por la
tierra y que, en esas condiciones, crearon lo que podía llegar a ser el embrión
de un futuro poder popular local. Al mismo tiempo, los obreros urbanos y
agrícolas, unidos en su central única, iniciaron diversas huelgas contra
patronos guatemaltecos y extranjeros, demandando aumentos de salarios y
prestaciones hasta entonces ignorados, sin ser reprimidos por la fuerza pública
ni manipulados por el gobierno.
Arribo de Juan José Arévalo.
Juan José Arévalo Bermejo (Taxisco, 10 de septiembre de 1904-Ciudad de
Guatemala, 8 de octubre de 1990), hijo de Mariano Arévalo Bonilla y Elena
Bermejo de Paz, obtuvo en 1934 el doctorado en Filosofía y Ciencias de la
Educación en la Universidad Nacional de La Plata en Argentina,
desempeñándose luego como profesor en la Universidad Nacional de Tucumán
y Universidad de Buenos Aires, secretario de la Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación de la Universidad de La Plata, inspector de la
Universidad Nacional de Cuyo y organizador de la Escuela Normal de San Luis.
El presidente Arévalo tomó posesión de su cargo, el 15 de marzo de 1945 para
un período de 6 años, el mismo día que entró en vigor la nueva constitución de
la república, que había incorporado en su texto principios fundamentales de la
revolución de octubre, como la efectiva separación de los poderes del estado,
las autonomías municipal, del poder judicial y la universitaria, y también el
reconocimiento constitucional de los partidos políticos el sufragio de la mujer
alfabeta y el de los varones analfabetos, con carácter optativo y público.
También incluyo garantías sociales, entre ellas el trabajo como un derecho del
individuo y una obligación social, sentando las bases para un futuro código
laboral. Al reorganizar el estado el ejército se creó el cargo de jefe de las
fuerzas armadas nombrado por el congreso, y un consejo superior de la
defensa que daba alguna autonomía a la institución armada. Es posible que
aquí esté en parte el origen de la politización del ejército que, años después lo
convirtió en factor decisivo de la vida política del país.
Contenido económico, político y social de la Revolución.
El 20 de octubre de 1944 significó para el país un cambio político y social de
gran trascendencia histórica. Llegaban a su fin no solo los 108 días del
régimen provisional de Federico Ponce Vaides, sino también toda una época de
dictaduras, que tuvieron sus expresiones en los 22 años de Manuel Estrada
Cabrera y los 14 de Jorge Ubico.
Este movimiento, cuya mayoría de logros permanece hasta el día de hoy,
marca un antes y un después en la historia del país. Fue la insurrección
popular que marcó el inicio de 10 años de revolución democrática en
Guatemala.
Durante este período gobernaron una Junta Revolucionaria de Gobierno y dos
presidentes electos democráticamente, quienes tomaron medidas políticas,
económicas y sociales que transformaron el país y abrieron la creciente
organización y movilización de las masas campesinas y obreras.
Aunque tuvo detractores, el movimiento octubrino ha sido considerado una
auténtica revolución, por cuanto unió a las fuerzas obreras, intelectuales,
políticas y hasta militares de la época.
Varios de los logros de la Revolución de 1944 se mantienen vigentes, entre
éstos:
a) Derecho de libre sindicación, huelga y paro
b) Indemnización laboral por despido sin causa justificada, en el Código de
Trabajo en 1947.
c) Reconocimiento de la propiedad privada
d) El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social
e) Voto a las mujeres
f) Derecho de voto a los analfabetos
g) Reformas al tema de la moneda
h) Reformas a la educación
i) Autonomía Universidad de San Carlos de Guatemala
j) Autonomía universitaria
k) Creación de la Ciudad Olímpica
Democratización de la cultura y desarrollo de la educación.
La revolución de octubre de 1944 se planteó, desde sus inicios, como una idea
legitimadora en la que se promovieron acciones con la intención de ejecutar un
programa que incidiera en la población indígena guatemalteca, la educación y
sobre todo en los ámbitos de la cultura alrededor de 1945. (Celso A. Lara
Figueroa). Ello fue lo que propició que se determinara la creación de un ente
impulsor que condujera y mantuviera la directriz de las políticas en este
cambio durante el período revolucionario.
Durante 1944 la Universidad de San Carlos fue el espacio donde empezó a
cobrar forma la oposición organizada contra la tiranía ubiquista. La Asociación
de Estudiantes Universitarios y el magisterio convocaron a una protesta pública
en la ciudad capital. Los estudiantes universitarios demandaron la destitución
de las autoridades universitarias impuestas y la restitución de la autonomía
universitaria, así como una serie de reformas internas entre las que se
contempló la creación de un instituto de Ciencias Indigenistas.
Ideas reformistas y reivindicatorias en las que tuvo un papel relevante Manuel
Galich, que formó parte del primer Grupo Indigenista, integrado en diciembre
de 1941 y que posteriormente, tras la caída de la dictadura sirvió de base para
la estructura del Instituto de Antropología e Historia en 1945. Manuel Galich
se convertiría posteriormente en Ministro de Educación del gobierno
revolucionario. Esta nueva forma de pensar que se estaba construyendo
adquirió su estatus de ideología oficial hasta 1945, configurando una línea de
pensamiento encaminado a la reestructura de lo cultural y educativo: a nivel
étnico cultural, reflexiones y estudios previos como el trabajo etnográfico
realizado por científicos alemanes a fines del siglo XIX y principios del XX,
prepararon el terreno para que la investigación antropológica pudiera adquirir
un carácter de ciencia aplicada, así como la labor propiciada por la Sociedad de
Geografía e Historia (fundada en 1923), a la que se vinculó la Fundación
Andrés Carnegie que propició a partir de 1936, estudios antropológicos en el
occidente guatemalteco. Estos trabajos se realizaron bajo la dirección de
Robert Redfiled y Salomón Tax de la Universidad de Chicago y constituyó el
inicio de los estudios de comunidad en Guatemala.
El escenario anterior, fortalecido por corrientes de pensamiento de orden
cultural e indigenista a nivel continental, propició el nacimiento de un grupo de
guatemaltecos que formularon las bases de un programa para lograr la plena
participación social tomando elementos culturales y étnicos (para ese entonces
indígenas), estableciéndose como máxima que: “el progreso de la nación
entera dependía del mejoramiento de las condiciones que vivía el indígena, así
como de la valoración de todo patrimonio cultural”.
Todo lo anterior ya en el marco de la Revolución de 1944. Juan José Arévalo,
como pedagogo se constituyó en foco de atención internacional por la
naturaleza de sus concepciones políticas muy ligadas a su experiencia de
educador y político.
Al momento de tomar posesión de la presidencia Juan José Arévalo, el 15 de
marzo de 1945, la situación socioeconómica del país presentaba duros
contrastes. El salario del campesino estaba en una escala que iba de cinco a
veinte centavos de dólar al día. El 2% de los hacendados poseía el 72% de la
tierra y el 90% de los pequeños propietarios tenían entre todo el 15% de los
terrenos productivos.
Los indígenas en el campo estaban atados a las grandes plantaciones por el
antiquísimo sistema de trabajo forzado, que imponía al menos 150 días del año
de deuda de trabajo en vez de impuestos. Aunque desde la primera
constitución del país se abolía la esclavitud, los sistemas de trabajo rural
prevalecientes hasta 1945 eran apenas distinguidos de la servidumbre
involuntaria pues la tasa del 75% de analfabetos llego hasta el 95% entre los
indígenas. El promedio de vida era de 50 años para los mestizos y de 40 para
los indígenas.
Una de las primeras medidas que tomó el Gobierno Revolucionario de Arévalo,
fue aumentar sustancialmente los sueldos de los maestros. En 1946, el
Congreso aprobó la primera ley de seguridad social que se promulgaba en el
país, y otorgaba garantías en la conservación de la fuente de trabajo,
indemnización por accidente, protección a la maternidad, educación básica y
atención sanitaria. De consecuencias más profundas fue el Código de Trabajo
aprobado en 1947 y que por primera vez en la historia laboral guatemalteca
protegía al trabajador frente a los grandes propietarios agrícolas y otros
patronos.
La reacción de los grandes latifundistas no se hizo esperar: configuraron una
corriente de opinión opuesta a las reformas que recogió lo más reaccionario
del pensamiento oligárquico y lo combinó con las renovadas ideas del
“anticomunismo macarthista” de la postguerra. La oligarquía de la época llevó
su posición sobre el estatuto jurídico de los indígenas en Guatemala en la que
dejaba entrever la inconveniencia de considerarlos sujetos de la ley a la par de
los mestizos, debido a la supuesta inferioridad natural del indio.
En el orden internacional, la expansión del imperialismo en el período de
postguerra buscaba la explotación de materias primas, encontrando en
Latinoamérica la posibilidad de efectuarla, y para el conocimiento del país se
necesitó del apoyo de instituciones que efectuaran una amplia labor de
investigación sobre la cultura, geografía, lingüística, etc. Una de las
instituciones dedicadas a esto fue el Departamento de Asuntos Indígenas,
convirtiéndose en el futuro en el Instituto Indigenista Interamericano que
tendría su sede en México y a partir de él, la creación de institutos en cada
país de América Latina.
El eje de interés de consolidación de la política indigenista fue facilitar la
penetración capitalista y por ende la ideología neoliberal. Sin embargo, todo
esto respondió a una política ideológica basada en las posiciones
epistemológicas como el relativismo cultural y el funcionalismo, como
representaciones teórico-metodológicas que colaboraron con la extensión en
ese entonces del capitalismo. La política indigenista de mayor fuerza fue la de
México, y lo que llegó a Guatemala fue la Política de Integración, la cual quería
corregir las ideas etnocentristas e introducir un elemento de justicia social en
la política indigenista estatal. “El progreso de la nación entera dependía del
mejoramiento de las condiciones que vivía el indígena, así como de la
valoración de todo patrimonio cultural”.
Crecimiento y ampliación de los servicios educativos.
La revolución se inicia promulgando un ideario que recoge las urgentes
necesidades del pueblo, figurando entre las primeras, la reivindicación de los
trabajadores por medio de la ley que regula las relaciones obrero-patronales.
Los maestros de escuela conquistan su escalafón, que abría de garantizar la
profesionalización del magisterio y la inamovilidad en sus cargos. La educación
pública fue objeto de especial atención desde los inicios del proceso
revolucionario; la propia junta revolucionaria de gobierno se apresuró a crear
el comité nacional de alfabetización, considerando “que al analfabetismo es la
causa primordial que ha impedido el funcionamiento de una auténtica
democracia”. El primer gobierno revolucionario presidido por el doctor Juan
José Arévalo, tuvo a su cargo la realización de las grandes reformas educativas
que habrían de extender la acción culturizante por todos los ámbitos de la
nación. El nombre de Arévalo no era nuevo en la docencia guatemalteca: se
trataba de un distinguido maestro que había figurado como pionero de la
reforma educativa, la cual no pudo ver realizada durante la dictadura
ubiquista, Ahora, desde la primera magistratura de la nación, que ocupó por la
voluntad soberana de las grandes mayorías del pueblo, tenía la oportunidad de
realizar aquellos viejos anhelos. La primera medida del gobierno arevalista en
el terreno educativo, consistió en la reforma de los planes de estudio y en la
práctica de un censo escolar, que se llevó a cabo en enero de l946, pocos
meses después de iniciado el período constitucional; este evento pedagógico,
que por primera vez se efectuaba en Guatemala, arrojó datos pavorosos sobre
el estado de atraso de educación en nuestra patria.
Con base en la realidad pedagógica del país, se puso en marcha un amplio
plan educativo. La educación popular ocupó el primer lugar dentro de aquella
gestión, planificándose la campaña alfabetizadora, organizándose las misiones
de cultura, reabriéndose la Universidad popular. La educación primaria fue
objeto de una reforma importante en sus planes y programas, incorporándose
principios modernos en su estructura y desarrollo metodológico. La
implantación de la jornada única de trabajo vino a llenar un doble papel: por
una parte se hizo posible que disponiéndose de escuelas matutinas y
vespertinas, se pudieron brindar dos oportunidades a los niños que tienen
necesidad de trabajar para colaborar en el sostenimiento económico del hogar;
y materias y el reordenamiento de otras, de conformidad con los nuevos
requerimientos de la didáctica y del medio ambiente nacional. La educación
cívica se llevaba a cabo de forma práctica, efectuándose como medio de
aplicación, actividades de autogobierno. Todas las escuelas secundarias y
normales tenían un consejo de profesores y una sociedad de alumnos que a su
vez contaba con distintos comités que tenían encomendadas diversas tareas
referentes al mejoramiento de la comunidad escolar. El viejo sistema de los
tribunales para la práctica de los exámenes de fin de curso fue sustituido por
el de las pruebas objetivas, eliminándose de ese modo los vicios inherentes al
antiguo sistema, en que la decisión aprobatoria o reprobatoria dependía de las
condiciones más o menos subjetivas del examinador.
La educación técnica y especial fue igualmente atendida. El Instituto Industrial
fue dotado con maquinaria moderna y suficiente materia prima, y se editaron
distintos manuales sobre las técnicas de trabajo propias de cada especialidad.
En las escuelas primarias se crearon los centros industriales consolidados, que
tenían por objeto capacitar a los alumnos en ciertas actividades artesanales e
industriales. El decreto l7 de la junta revolucionaria de gobierno otorgó la
autonomía universitaria el 28 de noviembre de 1944. Pocos días después este
decreto fue aprobado por la asamblea legislativa de la república, y luego
incorporado en la Constitución de 1945. La autonomía de la Universidad de
San Carlos representa un importante jalón en la vida universitaria y dio pie
para que se emprendiera la reforma de esa casa de estudios. La obra material
llevada a cabo por los gobiernos revolucionarios no tiene precedente en la
historia de la educación en Guatemala; se propagó por toda la nación la
construcción de las escuelas “Tipo Federación” ideadas por el doctor Juan José
Arévalo, a la sazón presidente de la república. Se construyeron escuelas de
este tipo (que son un legítimo orgullo de Guatemala) en casi todas las
cabeceras departamentales y en muchos municipios de importancia. Se
procedió a la edificación del Instituto Normal “Centroamérica”, que es también
una creación de la revolución de octubre.
Es justo reconocer que los dos gobiernos que rigieron los destinos nacionales
durante el período revolucionario, no acusan ninguna solución de continuidad
en sus programas educativos habiéndose registrado una continuidad de la
obra, cuyas primeras bases las puso la junta revolucionaria de gobierno.
Gracias a ello fue posible que se concluyeran sin demora muchas obras que
habían sido iniciadas por el gobierno de Arévalo, durante el interrumpido
periodo del coronel Jacobo Arbenz Guzmán. En lo fundamental subsistió
durante el segundo gobierno de la revolución el plan trazado por el gobierno
arevalista. Se registraron cambios más que todo en lo referente a la política
educativa, ya que durante el gobierno de Arbenz se incrementó la educación
rural y la alfabetización en función del problema agrario que se desarrollaba en
el país.
Otro cambio registrado fue el establecimiento de la educación prevocacional,
que consistía en la generalización del ciclo básico de tres años, común ahora
ya no solo para el magisterio y el bachillerato sino para todas las carreras
técnicas y especiales. Finalmente, el plan inicial de la escuela normal rural se
extendió en la regionalización de las normales rurales, fijándose la fundación
de seis de esos centros en distintos rumbos del país, según las características
mesológicas regionales. Los postulados pedagógicos de la revolución se
mantuvieron vigentes durante los diez años que comentamos: se imprimió un
carácter democrático a la educación desde el jardín de niños hasta la
universidad; surgieron entonces el periodismo escolar y el auto gobierno, y las
asociaciones de estudiantes se multiplicaron fijándose objetivos sanos y
altamente educativos para la auténtica formación del ciudadano. La educación
cívica dejó de ser una materia de preceptos para tornarse en una actividad
permanente en la cual participaban todos los alumnos como miembros de la
colectividad. La educación mantuvo el carácter laico y gratuito y en lugar de
declararse la educación primaria (que nunca había existido más que en las
leyes), se estableció un mínimo de educación obligatoria para todos los niños
guatemaltecos. Se imprimió un carácter nacional, enfatizándose el estudio de
la geografía e historia patria y procurándose que los educandos entraran en
contacto con los problemas derivados de la realidad nacional.
Las aspiraciones democráticas de libertad y recuperación de la dignidad
ciudadana, eran postulados fundamentales de la revolución de octubre, fueron
de inmediato absorbidas dentro del ambiente escolar como una necesaria
consecuencia. No se contaba, sin embargo, un plan de reforma educativa, y se
desconocían los ingentes y particulares problemas de la realidad pedagógica
del país. El magisterio había sido un elemento determinante en el triunfo
revolucionario y esa circunstancia de daba autoridad moral para reclamar sus
reivindicaciones y promover la reforma de la educación nacional. La libertad de
criterio docente fue reconocida inmediatamente, y se dotó a la escuela
guatemalteca de un ambiente de libertad, dentro del cual se propugnó la
formación cívica del educando, haciéndole ejercitar sus deberes y derechos.
Catorce años de dictadura pesaban sobre los hombros del magisterio. No había
datos estadísticos sobre la situación de la educación, ni se contaba con
elementos preparados para emprender la reforma. Obraba pues, la intuición
que sobre los problemas nacionales existía para dar los primeros pasos. La
experiencia de los más descollantes guatemaltecos, testigos de tantos ensayos
malogrados, fue el único faro que orientó los primeros momentos de la vida
pedagógica de la revolución. Se sabía que, como un espeso telón de fondo
existían grandes masas privadas de alfabeto, pobres, desnutridas y sujetas a
un régimen de servidumbres semifeudal; saltaba a la vista la carencia de
maestros, edificios escolares, mobiliario y material didáctico. No había textos
adecuados y el libro circulaba muy limitadamente aun en las capas más cultas
de la población.
La junta revolucionaria de gobierno, tomando en consideración los grandes
problemas señalados empezó por dignificar económica y socialmente al
magisterio aumentándole sus salarios para la formación de una estadística
escolar que arrojara un poco de luz sobre la realidad educativa de la nación y
creó el comité nacional de alfabetización en que fue la primera medida positiva
en la lucha contra la ignorancia. En uno de los considerandos del decreto que
establece los principios fundamentales de la revolución, se declara que “una de
las cuestiones de más trascendencia para el futuro de Guatemala estriba en la
difusión de la cultura en todas sus formas”. Con la llegada del doctor Juan José
Arévalo a la presidencia de la república, el magisterio se apuntaba un
particular triunfo, pues era la primera vez que un maestro de escuela ocupaba
tan alto cargo. Durante su paso por la presidencia se llevó a cabo una obra
meritoria, aunque no se desarrolló sobre la base de un plan concluso y
acabado que permitiera desarrollar ampliamente el sistema de educación
nacional. Ocurrió que la propia dinámica revolucionaria y permanente ofensiva
reaccionaría distrajeron a Arévalo de aquella superior preocupación y no le
permitieron desarrollar sus ideas pedagógicas; el presidente y el político se
comieron al pedagogo, pero de ese fenómeno surgió una gran “estadista”. En
lo fundamental, la política educativa arevalista puso el acento de la educación
popular, en la formación de maestros en la multiplicación de todas las escuelas
en todos los niveles, en la reforma de los planes y programas de estudios, en
la edificación escolar, en la edición de muchísimos libros, y sobre todo, en el
mantenimiento de la democracia, dentro del ambiente de la escuela.
Con la práctica de los censos escolar, agropecuario y de población fue posible
establecer un cuadro más acabado sobre la situación nacional, y en adelante
se disponía de una base objetiva para impulsar la reforma de la educación.
Con la evolución del proceso revolucionario se promulgó la Ley de la Reforma
Agraria, durante el segundo gobierno de la revolución, y con ello se puso en
relieve la necesidad de establecer algunos principios pedagógicos que rigieran
nuevas condiciones que se daban en la nación con este motivo. Se propugnó,
en consecuencia, la igualdad de oportunidades educativas para todos, una
educación sin topes y el encauzamiento y orientación de la vocación de los
educandos. Estos principios desembocaron en la formulación de un sistema
educativo en el que el alumno, después de cursar su educación parvularia y
primaria, pasaría por un ciclo prevocacional de tres años, a partir del cual
encontraría tres caminos diferentes: Magisterio, Bachillerato Técnico y
Bachillerato en Ciencias y Letras ; a partir de estos estudios se abrían sendas
oportunidades en la Sección de Pedagogía de la Facultad de Humanidades (o
en una escuela normal superior), y en la Universidad de San Carlos. Con esa
planificación educativa, sería posible dar un paso más firme en favor de la
democratización de la cultura, brindándose oportunidades educativas a los
campesinos en sus escuelas rurales, a los obreros en las escuelas técnicas y a
los otros sectores de la población en las escuelas normales e institutos de
bachillerato. La escuela prevocacional no se proponía solamente la preparación
de los alumnos para el nivel educativo inmediato superior, sino que la
capacitación general de todos los órdenes de cultura para la mejor formación
del ciudadano, aun cuando no prosiguiera estudios posteriores. En el plan de
estudios de estas escuelas fueron asignadas materias básicas complementarias
y optativas, con el fin de que el educando pudiera canalizar sus tendencias
vocacionales.
Desde los primeros momentos del proceso revolucionario de octubre, se
reconoció que la ignorancia era una de las causas primordiales que habían
impedido el funcionamiento de la democracia, y a partir de entonces la
atención capital se ubicó en la creación de escuelas por todos los ámbitos de la
república. En l0 años se aumentó el número de escuelas rurales en un 89%.
En las escuelas primarias urbanas aumentó el número de maestros que
prestaban sus servicios en un 51%. El número de escuelas normales y de
bachillerato aumentó en la década que nos ocupa, en un 69%; las escuelas
Técnico Vocacionales (Institutos Industriales, escuelas de Artes Femeniles,
escuela de comercio, conservatorios) aumentaron un 80%.
Para combatir la ignorancia desde la escuela primaria, la revolución se había
fijado un ritmo de producción de maestros de cerca de 500 anuales, que,
dadas las dimensiones del país, se podía considerar como una cifra alta. Sin
embargo, la falta de una planificación adecuada había inclinado la balanza
hacia el ambiente urbano, siendo muy limitada la formación de maestros
rurales. Esta anomalía empezó a corregirse cuando se puso en marcha el
programa agrario y entonces se planificó la creación de cinco normales
regionales rurales que con la que funcionaba ya en “La Alameda“, habrían de
producir una legión de educadores rurales que procederían a la reivindicación
cultural del campesinado guatemalteco.
Alfabetización y educación de adultos.
La educación fue objeto de especial atención en los inicios del proceso
revolucionario. Una de las primeras medidas de la Junta Revolucionaria de
gobierno consistió en la promulgación del decreto número 20 por el cual se
creó el Comité Nacional de Alfabetización, con jurisdicción en todo el territorio
de la República.
“Un segundo decreto el 8 de marzo de l945 número 72 contiene la Ley de
Alfabetización Nacional en la cual se decreta:
Artículo 1º. Se declara necesidad nacional de emergencia la alfabetización de
los guatemaltecos que no saben leer ni escribir.
Artículo 2º. Se entiende por alfabetización, para efectos de esta ley, además
del aprendizaje de la lectura – escritura inicial la adquisición de un mínimo de
nociones que incorporen el alfabeto al ambiente cultural.
Artículo 3o. La campaña nacional tendrá como finalidad precisa la de elevar el
índice de alfabetización a una cifra no menos del 95%. Alcanzando este fin, la
alfabetización se efectuará normalmente.
Artículo4o. Esta campaña se realizará en un lapso no menos de cuatro años.”
En el gobierno del Doctor Juan José Arévalo primer presidente de la revolución
se pone en marcha la campaña de alfabetización. La primera medida consistió
en la creación del departamento adscrito al Ministerio de Educación encargado
de llevar a la práctica los acuerdos del Comité de Alfabetización. Dicho comité
se integró de la siguiente forma: “cinco representante del Ministerio de
Educación y un representante por cada una de las siguientes instituciones:
Universidad de San Carlos de Guatemala, Sindicato de Trabajadores de La
Educación , Club de Leones , Boy Scout de Guatemala, Corporación de
Contadores Club Rotario, Gran logia de Guatemala, Sociedad Teosófica,
Asociación de Muchachas Guías, Asociación General de Empleados, Instituto
Guatemalteco Americano, Cámara de Comercio e Industria, Sociedad de
Auxilios Mutuos del Gremio Ferrocarrilero, Asociación de Estudiantes
Universitarios, Municipalidad de la Capital, Club Guatemala Prensa de La
Capital y Asociación de Maestras Católicas. Por un acuerdo posterior se
agregaron los comités de las entidades siguientes: Ejército Nacional,
Asociación Nacional de Agricultores, Confederación Nacional de Trabajadores,
Sociedad de Abogados, Asociación Médica de Auxilios Mutuos, Asociación de
Ingenieros, Asociación de Farmacéuticos y Asociación de Odontólogos.
Para cubrir los costos de la Campaña de Alfabetización se tomaron fondos en
su inicio del presupuesto del Estado y más adelante a través de una lotería
creada especialmente para ese fin. El decreto 361del organismo legislativo, del
14 de Abril l947, dispone la creación de la lotería Chica pro alfabetización por
lo cual acuerda:
“Artículo 82 de la República decreta: 1º. Se autoriza al organismo ejecutivo
para establecer en vía de ensayo y por el término de un año a partir del
primero de mayo próximo una Lotería Chica ProAlfabetización, cuyas utilidades
se destinarán exclusivamente a la campaña de alfabetización nacional. Un
decreto posterior establece de manera definitiva el funcionamiento de esta
lotería “.
Las primeras siete jornadas de la campaña de alfabetización se llevaron a cabo
entre 1945 y 1950 bajo la subvención del gobierno. En las primeras cuatro
jornadas los resultados fueron positivos y el número de los alfabetizados
aumentó, pero, a partir de la quinta jornada el resultado fue disminuyendo
hasta el punto que el Presidente Arvense manifestó su preocupación.
Jornadas de Alfabetización entre 1945-1950
Primera Jornada 5,143 alfabetizados
Segunda Jornada 7,596 alfabetizados
Tercera Jornada 17,756 alfabetizados
Cuarta Jornada 24,021 alfabetizados
Quinta jornada 13,210 alfabetizados
Sexta Jornada 9,119 alfabetizados
Séptima Jornada 5,433 alfabetizados
Total 82,278 alfabetizados
Las Jornadas de alfabetización rindieron frutos, es notorio que la máxima cifra
se alcanzó en la cuarta jornada en la cual se lograron alfabetizar 24,021
individuos. Sin embargo las jornadas se quedaron cortas porque en 1950 se
revela la existencia de 1.552,847 analfabetos y en ese año sólo se habían
alfabetizado 5,433. A la par del Departamento Nacional de Alfabetización
existían otras entidades que sostenían unidades de alfabetización tales como
Las Misiones de cultura inicial, La Universidad Popular, El ejército Nacional y
Las Escuelas Nocturnas de Completación. Después de la Sexta jornada se le
dio a la alfabetización carácter regional. Se eligió el departamento de Jalapa
donde funcionaron 234 aulas diurnas y 203 nocturnas durante un ciclo de doce
meses que se dividieron en dos etapas de 6 y 4 meses respectivamente. El
resultado fue de 4,609 jalapanecos aprobados. Las campañas de los años 1945
y 1946 y parte del 47 fueron financiadas por la subvención del Estado además
se completo con el resultado de otras actividades. Se contaba con equipo
audiovisual y una pequeña biblioteca. Todo el equipo era transportado por
unidades que se conocieron con el nombre de Unidades Móviles de
Alfabetización. La tendencia descendente continúa durante los años 51 y 52, Al
extremo que El Presidente Arbenz Guzmán se refirió a ello en su discurso ante
el congreso en 1951. Advirtiendo que sólo habían sido alfabetizados 4,600
adultos, cifra pequeña en comparación con la alta población analfabeta en el
país.
El acuerdo gubernativo del 23 de Julio de l952 se creó La Dirección General de
Educación Fundamental, agrupando a tres entidades de fines similares y ellos
fueron: El Departamento Nacional de Alfabetización, Las Misiones Ambulantes
de Cultura Inicial y los Núcleos Escolares Campesinos. La finalidad de unificar
estas entidades fue de evitar duplicidad de esfuerzos y ampliar la acción
educativa. Los programas educativos pretendían cubrir múltiples aspectos de la
vida en el campo, tales como: la educación para la salud, el trabajo, la
recreación y otros más. Las críticas planteadas al programa de educación
fundamental obligaron al departamento a modificar sus objetivos, fijándose los
siguientes:
“1º. Alfabetizar el mayor número de ciudadanos analfabetos, en todos los
lugares en donde las circunstancias lo permitían y especialmente en zonas
escogidas para el desarrollo de la campaña llevando en lo posible otros
conocimientos de orden práctico que permitan un mejor desenvolvimiento de
la vida de los individuos.
2º. apoyar con todo el peso de su acción educativa, los esfuerzos que el
gobierno realiza a favor de la Reforma Agraria Nacional, llevando a los
campesinos donde se hace activa aplicación de la ley respectiva, además del
alfabeto, los conocimientos y orientaciones que permitan a aquellos una mejor
interpretación y aprovechamiento de sus beneficios y,
3o. Sensibilizar a los ciudadanos a través de la alfabetización y educación de
adultos para una mejor comprensión de sus propios problemas y de los
grandes problemas nacionales a fin de que organicen su lucha por resolver los
propios y puedan prestar una más consciente colaboración para resolver los
segundos Se logró incrementar la campaña elevándose la inscripción. Los
datos de alfabetización en l953 fueron: 7,696 alfabetizados por la campaña de
educación pública 896 por el ejercito 335 por el sínodo evangélico y 87 por la
acción privada lo cual suma un total de 9,034 alfabetizados.”
En 1955 se creó La Dirección de Socio educativo rural, mediante decreto 300,
quien asumió todas las funciones de La Dirección de Educación Fundamental.
En 1952 se elaboran cartillas para alfabetizar en las principales lenguas
indígenas. Se realiza un ensayo en la región Kekchí, el cual se dividió en cuatro
partes:
- Introducción del alfabeto y aprendizaje de la lectura y escritura de la lengua
materna.
- Ejercicios de lectura y escritura en lengua materna.
- Aprendizaje se lectura y escritura en castellano
- Aplicación y ejercicios de lo aprendido en castellano.
El ensayo de Alfabetización bilingüe tuvo resultados muy bajos que podían
hacer temer que un programa en mayor escala fuese prohibitivo por los
costos.
Misiones Ambulantes de Cultura Inicial.
Las Misiones Ambulantes de Cultura Inicial fueron creadas durante el gobierno
del Doctor Juan José Arévalo con el objeto de llevar un mínimo de cultura a los
más apartados lugares del país. El acuerdo gubernativo de fecha 23 de mayo
de l946 da origen a las Misiones Ambulantes de Cultura Inicial. En sus aspectos
sobresalientes dice así:
En consejo de Ministros y de Conformidad con los artículos 79 y 82 de la
constitución acuerda:
1º. Créanse Las Misiones Ambulantes de Cultura Inicial como organismo
dependiente De La Presidencia de la República.
2º. Las Misiones Ambulantes de cultura Inicial tienen como principales fines:
“Difundir en los más apartados rincones de la República el culto de los
símbolos patrios y de los valores históricos de la nación, Iniciar a los
campesinos en el conocimiento del alfabeto cívico, explicando los derechos y
los deberes del ciudadano, Iniciarlos igualmente en el conocimiento de
nociones militares fundamentales, indispensables para difundir las virtudes del
soldado en los campesinos, Explicar a los campesinos los principios cardinales
de nuestra constitución democrática y unionista, Explicar a los campesinos el
origen moral y el sentido social de la revolución nacional de octubre Iniciar a
los campesinos en la teoría y la práctica de higiene general, Enseñar a las
mujeres nociones sobre el embarazo, el parto y la crianza de los niños, Exigir y
dirigir la construcción de nuevas viviendas rurales, Curar a los enfermos y
prevenir futuras enfermedades, Dirigir a los campesinos en sus labores
agrícolas, Proporcionar a los campesinos semillas para sus siembras, Enseñar a
los campesinos juegos deportivos, Enseñar a leer y escribir a los niños de edad
escolar y a todos los jóvenes y adulto hasta los 30 años de edad, Recoger
información sistemática sobre la población, Vigilar que todos los habitantes
estén debidamente provistos de cédula.”
Cada misión estaba integrada por: Un maestro titulado, un oficial del ejército,
un estudiante de medicina del último año y un perito agrónomo. Disponían de
todos los elementos de movilidad y docencia necesarios. Varios fueron los
pueblos que recorrieron estas brigadas entre ellos: San Luis Departamento del
Detén, San Miguel Espantan y Nevad del Quiche, Mataquescuintla del
departamento de Jalapa, Santa Lucía Utatlán del Departamento de Sololá y
muchos otros.
En junio de 1952 El Departamento de Misiones culturales pasó a formar parte
de La Dirección General de Educación Fundamental por considerarse que
debían unificar sus esfuerzos con el Departamento de Alfabetización y los
núcleos escolares Campesinos.
Escuelas primarias nocturnas y escuelas de completación.
Desde el gobierno del Doctor Juan José Arévalo (1948) las escuelas Nocturnas
de primaria de Adultos funcionaron como las primarias de niños con 6 años
obligatorios, hasta los años setenta en los cuales sufre cambios para acelerar
el proceso por lo cual recibe el nombre de educación acelerada de Adultos. Por
la deserción que ocurría en las escuelas primarias urbanas, el gobierno del
Doctor Arévalo planificó la creación de escuelas nocturnas, cuya misión era
que los adultos que habían abandonado sus estudios la educación la
completaran. Esa es la razón que se les haya llamado Escuelas de
Completación. Las Escuelas Nocturnas de Completación empezaron a funcionar
desde 1948 con maestros titulados, en la ciudad capital funcionaron 15 de
estos establecimientos. La función de estas escuelas fue la de cubrir
principalmente los grados superiores mientras que los primeros grados fueron
organizados por el departamento de Alfabetización con el objetivo de proveer
el aprendizaje de lectura y escritura.
Durante el gobierno revolucionario se operó un aumento considerable de las
Escuelas Nocturnas para Adultos. La inscripción de alumnos en1944 fue de
3,986 en tanto que en 1954 esta cifra se elevó 7,612. La cifra de los maestros
que atendían a estos alumnos fue de 273. La enseñanza de las escuelas
nocturnas se reducía a la enseñanza de lectura, escritura, ortografía y cálculo,
agregándose labores de mano en el caso de la escuela para mujeres. Se
enfrentaba el problema de que los contenidos de la educación primaria integral
no se adaptaban a las necesidades de los trabajadores, por lo cual se integró
una comisión formada por maestros de las escuelas nocturnas para la
formulación del plan y los programas de estos centros. En el año de 1946, el
gobierno del Doctor Juan José Arévalo ordena la reapertura de La universidad
Popular con lo cual devuelve a los obreros un Centro cultural. Se le asignó una
subvención dentro del Presupuesto General de Gastos de Nación. En su inicio
sus funciones fueron similares a las de las escuelas nocturnas, pero con el
transcurso del tiempo ampliaron su radio de acción.
En 1953 La Universidad Popular contaba con 12 Establecimientos 45 maestros
y 975 alumnos. Las clases se impartían por la noche utilizando los edificios del
estado. Su plan de estudios comprendía: Lectura y escritura, aritmética,
higiene y primeros auxilios, geografía e historia, estudio de la naturaleza y
materias relativas a la educación para el trabajo y educación estética. Además,
figuraba un programa de actos artísticos y culturales. Entre sus ingresos
figuraban el 25 % de la utilidad de la lotería Chica. La Creación de La Dirección
de Alfabetización y Educación de Adultos data de 1948 por medio de acuerdo
gubernativo 200. La Dirección de Alfabetización y Educación de Adultos tenía a
su cargo organizar, supervisar, evaluar y coordinar la alfabetización nacional y
lo relacionado con la formación integral del adulto. Son fines de la educación
de Adultos:
“1- promover la movilidad social del adulto dentro de la comunidad donde se
desenvuelve; 2- Promover en el adulto la superación personal, familiar y
comunal; 3- continuar en el adulto el proceso de formación iniciando con la
alfabetización a través de todas las modalidades educativas autorizadas por el
ministerio de educación; 4-Procurar porque en el currículo de la actual
educación sistemática que se imparte a los adultos se incluyan aspectos
relacionados con su trabajo, tradiciones y costumbres de tal manera que
respondan a sus intereses y necesidades; y 5- Aprovechar todo tipo de
actividad para realizar educación de adultos.”
Según el Manual de funciones del Departamento de Educación de Adultos. El
departamento se encontraba organizado de la siguiente forma:
Personal Técnico Administrativo
Director de Alfabetización y Educación de Adultos
Jefe del Departamento de Educación de Adultos
El cuerpo de supervisión Técnica
El cuerpo de Coordinación de Educación Asistemático
El cuerpo de Coordinadores Técnicos
Personal Administrativo:
El cuerpo de Secretaría y Oficinistas
Los Directores de las Escuelas
Personal docente:
Los maestros de etapa
La Escuela Normal Rural “La Alameda”.
La Escuela Normal Rural Pedro Molina de Chimaltenango fue fundada en 1949,
durante el período democrático del Presidente de la República Juan José
Arévalo (1944-1951), como la primera escuela regional para formación de
maestros rurales. Su sede es la Finca La Alameda y su objetivo era formar
maestros destinados al ambiente campesino
Como antecedente que en diciembre de 1,929 se tomaron las medidas
encaminadas a la creación de una escuela normal rural; sin embargo, con la
llegada de Jorge Ubico a la presidencia en 1,931, todos aquellos trabajos
pasaron al cesto de la basura.
Con el fenómeno revolucionario de 1,944 se fijó la atención en la educación
rural, encontrándose que la falta de maestros titulados era una de las causas
de su atraso. Otra medida tendiente a la elevación de la calidad docente en el
ambiente rural, consistió en el aumento de salarios, pues los pagados por la
administración ubiquista eran de Q 7.00 al mes.
Para llevar a cabo la formación de maestros rurales y la capacitación de los
maestros empíricos en servicio, se aprovechó la cooperación técnica
norteamericana, que, de acuerdo con el convenio del 19 de julio de 1,945,
disponía que los recursos del programa cooperativo de la educación se
dedicaran al desarrollo de la educación rural.
Del 3 al 12 de enero de 1956 fue realizado el seminario de maestros de
Escuelas Normales Rurales, en la Escuela Normal Rural de la Alameda "Dr.
Pedro Molina" en el que se examinaron los objetivos de la educación rural: la
estructura y organización de los establecimientos de esta índole, la
conveniencia de reformar el plan de estudios que rige las Escuelas Normales
Rurales del País, reconociendo la necesidad de una educación para la salud, el
aprovechamiento de las horas libres y la educación para la recreación.
Reforma y ampliación de la educación de párvulos.
En 1945 se llevó a cabo la Convención de Santa Ana, reunión donde estuvieron
presentes funcionarios guatemaltecos y salvadoreños, con la finalidad de
promover la unificación de los planes de estudio a nivel de Centroamérica,
planes de estudio que dieron como resultado la adopción de nuevos métodos
didácticos para el nivel de educación preprimaria (entre ellos los métodos
Montessori y Pestalozzi), los cuales estaban más acordes a la modernidad de la
época.
Ampliación de la educación primaria.
En el decreto numero 18 decretado el 28 de noviembre de 1944, en el artículo
5° establece la instrucción primaria, obligatoria, sostenida por la nación, es
laica y gratuita.
La educación primaria fue objeto de una reforma importante en sus planes y
programas, incorporándose principios modernos en su estructura y desarrollo
metodológico. La implantación de la jornada única de trabajo vino a llenar un
doble papel por una parte se hizo posible que disponiéndose de escuelas
matutinas y vespertinas se pudieron brindar dos oportunidades a los niños que
tienen necesidades de trabajar para colaborar en el sostenimiento económico
del hogar y materias y el reordenamiento de otras de conformidad con los
nuevos requerimientos de didáctica y del medio ambiente nacional.
La nueva escuela primaria guatemalteca.
La reforma de la escuela primaria guatemalteca se operó bajo el signo de los
postulados de la revolución de octubre. No correspondió ciertamente a una
planificación elaborada por especialistas, ni al cumplimiento de mandatos de
orden legal. Se produjo como consecuencia de las necesidades puestas de
manifiesto durante el proceso revolucionario, y como reacción frente a la
situación en que se encontraba la escuela en la época de la dictadura. Los
portadores de los ideales de la reforma eran los maestros que se habían
incorporado a la revolución y que conocían nuestras grandes deficiencias
pedagógicas. Pero ahí donde surgía un planteamiento o se señalaba una
deficiencia se buscaba su solución consultando la opinión de los técnicos,
revisando las experiencias nacionales y extranjeras o buscando la bibliografía
adecuada; estábamos frente a una situación nueva en que era necesario
revisarlo todo.
A partir de l945, en que se fundó la Facultad de Humanidades, con su
departamento de pedagogía, se inicia un período de hondas inquietudes
culturales, se lleva a cabo las primeras investigaciones de carácter pedagógico
y se trata de enlazar a esta superior casa de estudios con los grandes
problemas nacionales. La voz autorizada de eminentes pensadores americanos
vino a estimular esta naciente inquietud, desde la cátedra recién fundada, una
pléyade de educadores guatemaltecos se da cita alrededor de la joven
institución.
En adelante se habrían de multiplicar las mesas redondas del magisterio, las
conferencias de carácter pedagógico, los seminarios sobre problemas técnicos,
etc., y la escuela primaria, como era de esperarse, empezó a recibir
importantes aportaciones doctrinarias y prácticas desde las páginas de los
libros, revistas y periódicos.
Maestros destacados como Juan José Arévalo desde la Presidencia de la
República, Manuel Galich, con su inspiración patriótica, Raúl Oseguera, con su
palabra docta y emocionada y Mardoqueo García Asturias, con la experiencia
del maestro que mantuvo su rebeldía frente a la dictadura, contribuyeron
desde el Ministerio de Educación Pública, a conformar la nueva escuela
guatemalteca.
La reforma de la escuela primaria guatemalteca comprendió tres aspectos:
cívico-social, técnico y material. El primero de estos aspectos se refería a la
formación de la conciencia cívica del educando y a la proyección social de la
escuela, y se alcanzó mediante la formación de un ambiente democrático que
permitió que todos y cada uno de los alumnos mantuvieran una participación
efectiva en las actividades escolares, favoreciéndose en lo posible la práctica
del autogobierno, y la participación en actividades de orden social. Las
conmemoraciones cívicas dejaron de ser simples actos escolares, para
convertirlos en fructíferas actividades que se desarrollaban alrededor de un
proyecto, que generalmente duraba una semana; así se celebraban las
efemérides de la patria y se rendía homenaje a nuestros próceres.
Las escuelas Tipo Federación
Estas escuelas empezaron a operarse después de la revolución de octubre, no
fue una planificación elaborada o a un mandato legal, se dio como un
manifiesto del proceso revolucionario, reaccionado frente a la escuela de la
dictadura. Los portadores de estas ideas eran los maestros, ya que conocían
las deficiencias pedagógicas del país.
Las Escuelas Tipo Federación fueron fundadas por el Doctor José Arévalo y
reflejan uno de los ideales prioritarios de la Revolución de Octubre de 1944,
que consiste en difundir el pensamiento democrático desde la infancia, razón
por la cual, fueron revestidos de material didáctico perdurable representado en
relieves y pinturas murales que coadyuvaran a fijar la idea de bienestar social
sobre el individual a través de la comprensión de la historia de nuestro país.
Tenían aulas autónomas federadas en un gran organismo material, maestros
autónomos federados en un gran equipo de trabajo, respondiendo a las
necesidades educativas de cada jurisdicción.
Los objetivos de la creación de estos establecimientos eran:
a) Fomentar la educación participativa, para mejorar el proceso de explicar y
comprender.
b) Cambiar la enseñanza didáctica rígida y tradicional.
c) La autonomía del aula, por lo que los establecimientos incluían las salas de
trabajo.
d) Tener espacio para áreas de recreo (Patios).
e) Servicios sanitarios independientes (Para cada grupo de estudiantes).
f) Área para teatro.
g) Espacios administrativos (Habitaciones adecuadas para maestros y
autoridades).
La infraestructura de las escuelas Tipo Federación se clasificaban en cuatro
diseños que fueron:
a) La circular de ocho aulas dobles, construida en el área Urbana.
b) La semicircular de seis aulas dobles, construida en el área Urbana.
c) La cuadrante de cuatro, construida en el área Urbana.
d) La mínima de tres, construida en el área Rural.
El Doctor Arévalo se preocupó por que las escuelas tuvieran biblioteca, el
laboratorio, la tienda escolar, el cinematógrafo, patios deportivos, material
didáctico y mobiliario escolar.
La organización de estas escuelas está a cargo de un director general y dos
subdirectores y según el tipo de que se trate; un secretario, maestros de
grupo, encargado de limpieza y arreglo de la escuela. Se construyeron en las
cabeceras departamentales, en la ciudad capital, en los principales municipios,
en los pequeños pueblos y aldeas. Podrían considerarse cono parlacenes por
su magnificencia, en donde el niño y el docente se mueven a un ambiente
según sus necesidades.
Ensayos pedagógicos y escuelas experimentales.
Con el propósito de intensificar los estudios científicos pedagógicos, el
Ministerio de Educación, dispuso en 1953, declarar experimentales las
siguientes escuelas: Dolores Bedoya, República de Venezuela, Santos Toruño,
Mariano Gálvez y República del Perú. Estos centros supervisados por el
Consejo Técnico de Educación tenían como objetivo inmediato, controlar la
medición del aprendizaje escolar, para formular conclusiones posteriores sobre
el proceso de enseñanza aprendizaje del niño guatemalteco.