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PEDERASTIA EN LA IGLESIA ESPAÑOLA
Una víctima de abusos recibe una disculpa de la
Iglesia por WhatsApp casi cinco años después de
denunciar su caso
Emiliano Álvarez, que acusó a un cura de un seminario de León, se siente
insultado. El sacerdote, que tardó dos años en ser apartado y llegó a
denunciarle por difamación, recibe un castigo leve
Emiliano Álvarez fue víctima de abusos sexuales en los años setenta en el seminario de La Bañeza, en León.
ÓSCAR CORRAL
JUAN NAVARRO
Valladolid - 22 DIC 2021 - 21:20 COT
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El suplicio que arruinó la vida de Emiliano Álvarez se ha saldado después de
casi cinco años, tras su denuncia de febrero de 2017, con unas frías disculpas por
WhatsApp. Este leonés tenía solo 10 años cuando el cura Ángel Sánchez Cao lo
sometió a abusos sexuales en el Seminario Menor de La Bañeza (León). Luego
llevó una vida de drogas, prostitución, errores que achaca al trauma que sufrió.
Han pasado 45 años hasta que la Iglesia ha reconocido los hechos con una
condena canónica del sacerdote y se ha excusado de una forma “impersonal”,
según el afectado: un WhatsApp y una llamada de la responsable de atención a
las víctimas de la diócesis. Este es el mensaje: “Buenos días. Le he llamado para
comunicarle el resultado de la investigación de la denuncia por Ud. presentada,
con el fin de comunicarle el resultado personalmente. El Rvdo. Sánchez Cao ha
sido condenado a la prohibición de tener contacto de ningún tipo con menores
hasta los 80 años y a no poder escuchar confesión salvo en los casos previstos en
el c. 976. La diócesis reitera la petición de perdón y reitera el compromiso para
seguir trabajando por una Iglesia más segura. A su disposición. Atte”. Este
periódico ha intentado recabar la versión del obispado y no ha obtenido
respuesta.
Insuficientes disculpas e insuficiente castigo, considera Álvarez, con un
recuerdo vívido de lo que pasaba aquellas noches entre 1976 y 1978, cuando el
acusado y otros curas bajaban a las habitaciones de los niños y los sometían a
abusos. Él tenía diez años y tiene el recuerdo de despertarse por la noche
mientras un hombre con gafas doradas le quitaba el pijama y le apuntaba con
una linterna. Relata que tuvo una experiencia “terrorífica” de abusos que se
repitió durante dos años, y que no fue el único.
Afirma que tanto él como otro compañero con el que presentó una denuncia
han recibido la misma respuesta. “Es una broma de mal gusto que me
comuniquen así una cosa tan seria y tan dañina para mí y mi entorno familiar,
aunque me han reconocido como víctima de la Iglesia”, razona. Anima a que
todos los que padecieron abusos de religiosos se atrevan a denunciar, por
mucho que implique dificultades. En su caso, el padre Sánchez Cao se querelló
contra ellos por “infamias y calumnias”, con lo que intentó “amedrentarles”,
relata Álvarez. La causa luego se archivó. El sacerdote tardó dos años en ser
apartado, en 2019, tras nuevas denuncias, y continuó en la parroquia del Barco
de Valdeorras, en Ourense, incluso con contacto con menores. “Tendría que
estar fuera del sacerdocio por todo lo que hizo”, opina esta víctima. Para el
denunciante la pena es “leve porque quién sabe si lo van a vigilar”.
El seminario de La Bañeza también fue escenario en los años ochenta, una
década después, de los abusos de otro sacerdote ya condenado en 2018, José
Manuel Ramos, que abusó sexualmente de, al menos, cuatro niños. También fue
acusado de pederastia en los años setenta en el colegio Juan XXIII de Puebla de
Sanabria, Zamora. No obstante, la condena fue llevada en secreto por el obispo
de Astorga, Juan Antonio Menéndez, que permitió que ese mismo mes el cura
fuese homenajeado en Tábara, Zamora, la localidad donde era párroco.
Menéndez, fallecido en 2019, fue muy cuestionado por su gestión de estos casos
de abusos. No obstante, fue el presidente de la primera comisión antipederastia
de la Conferencia Episcopal Española (CEE), creada en 2018. En febrero de 2017,
una treintena de exalumnos del seminario de La Bañeza salieron a la calle ante
las puertas del obispado de Astorga para denunciar los casos de pederastia. Un
predecesor suyo en el obispado de Astorga hasta 1994, Antonio Briva, también
es sospechoso de encubrir y trasladar en dos ocasiones al cura José Manuel
Ramos.
La CEE pide a las víctimas que vayan a denunciar a sus oficinas, pero la
experiencia de Álvarez y muchos otros afectados es “humillante”. Él lamenta
que, como en su caso, la actitud del cura ahora condenado y las reticencias de la
Iglesia católica a intervenir socavan la voluntad de quienes hayan meditado
denunciar: “Con qué ganas va a denunciar una víctima”. Se siente “despachado”
por la institución religiosa, que mantiene en su seno a una persona “que no
respeta sus valores, es incomprensible porque cuando pudo decir la verdad se
dedicó a atacarnos”. El perdón, asegura Álvarez, es insuficiente y poco creíble
porque resulta “forzoso e indignante, revela falta de respeto”. Aplaude que en
Francia una comisión de investigación independiente haya anunciado que hay
unas 330.000 víctimas de abusos sexuales efectuados por religiosos, una
intervención que cree necesaria en España, aunque con la dificultad que, según
su opinión, supone ser “un país de pandereta”.
Emiliano Álvarez al menos celebra que se le haya otorgado por fin “la condición
de víctima”, pero este estatus resulta muy escaso respecto a la “reparación”
necesaria de la que nadie le ha hablado, pues la Iglesia “no está por la labor”.
Tampoco, dice, la Oficina de prevención de abusos sexuales a menores de la
Conferencia Episcopal le dio más respuestas o asistencia de las que recoge el
mensaje de WhatsApp. Esta víctima valora la decisión de la Iglesia de investigar
el informe elaborado por EL PAÍS con 251 casos y entregado al Vaticano el
pasado 2 de diciembre. “Es un paso adelante que el papa Francisco sea valiente
para poner a la Iglesia en un brete e investigar. Agradezco que ponga las cosas
claras, creo que él quiere una Iglesia limpia pero en España la están ensuciando”.
Si conoce algún caso de abusos sexuales que no haya visto la luz, escríbanos con su
denuncia a abusos@[Link]
SOBRE LA FIRMA
Juan Navarro
Colaborador de EL PAÍS en Castilla y León, Asturias y Cantabria desde 2019. Aprendió
en esRadio, La Moncloa, en comunicación corporativa, buscándose la vida y pisando
calle. Graduado en Periodismo en la Universidad de Valladolid, máster en Periodismo
Multimedia de la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo EL PAÍS.
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