Salamanca 2
Salamanca 2
ESTUDIOS
ÁNGEL VACA LORENZO: La vía de la plata a su
paso por Salamanca
JOSÉ MIGUEL ÁVILA JALVO: Análisis constructi-
vo del puente Mayor de Salamanca
MIGUEL ANGEL MUÑOZ GARCÍA, MANUEL CARLOS
JIMÉNEZ GONZÁLEZ, MARÍA EVA GUTIÉRREZ
REV
MILLÁN: Segunda Campaña de Excava-
ción Arqueológica Solar del Botánico
2001, avance de conclusiones
PAULETTE GABAUDAN: Reflexiones en torno al
libro de Felipe Pereda. Una arquitectura
elocuente
MÓNICA MALO CERRO: El azulejero Pedro
Vázquez
SA
MARÍA JOSÉ REDONDO CANTERA: Noticias sobre
Alejo de Encinas y otros pintores activos
en Salamanca durante la primera
mitad del siglo XVI
ARSENIO DACOSTA: Una obra inacabada en la
Salamanca del siglo XVIII: nuevos datos
SA L A M A N C A sobre la fábrica del Real Convento de
San Antonio de Padua
REVISTA DE ESTUDIOS
BIENVENIDO GARCÍA MARTÍN: Los baldíos de la
ciudad y tierra de Salamanca en el siglo
Núm. 48 XVIII (Connotaciones de un proceso his-
2002 tórico)
Mª ANTONIA DÍEZ BALDA: El movimiento femi-
nista en Salamanca después de la muer-
te de Franco
EUGENIO GARCÍA ZARZA: El Turismo Cultural
en Castilla y León. El caso singular de
Las Edades del Hombre
M. S. ALONSO GARCÍA, J. L. LABAJO SALAZAR, M.
R. FIDALGO MARTÍNEZ: La isla de calor
urbana en Salamanca
DOCUMENTOS
MANUEL SANTOS BURGALETA: Poderes urbanos
y Comunidades de Castilla: la Junta de
Salamanca a través de sus actas de
sesiones (agosto de 1520-abril de 1521)
FELICIANO MONTERO: Documentos para la his-
toria de la construcción de la Iglesia de
Encinas de Abajo (1899-1902)
RESEÑAS
SALAMANCA
Revista de Estudios
SALAMANCA
REVISTA DE ESTUDIOS
Número 48
EDICIONES DE LA DIPUTACIÓN DE SALAMANCA
2002
CUBIERTA: “Carolus en la encrucijada”, Kaiser Karl. Macht und Ohnmacht Europas.
ISSN: 0211-9730
Depósito Legal: S. 102 - 1982
Consejo de Redacción
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Vocales:
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Eugenio García Zarza
Javier Infante Miguel-Motta
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José Luis Rodríguez Diéguez
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Manuel Santonja Gómez
Manuel Pérez Hernández
Miguel Domínguez-Berrueta de Juan
Miguel Lacero Álvarez
Pablo de Unamuno Pérez
Ramón Martín Rodrigo
Santiago González Gómez
Tomás Pérez Delgado
Secretaría:
Jesús García Cesteros
Adjunta a Secretaría:
Eva Gutiérrez Millán
SUMARIO
ESTUDIOS ............................................................................................................. 11
ÁNGEL VACA LORENZO: La Vía de la Plata a su paso por Salamanca ............. 13
JOSÉ MIGUEL ÁVILA JALVO: Análisis constructivo del puente Mayor de Salamanca 51
MIGUEL ANGEL MUÑOZ GARCÍA, MANUEL CARLOS JIMÉNEZ GONZÁLEZ, MARÍA EVA GUTIÉ-
RREZ MILLÁN: Segunda campaña de excavación arqueológica Solar del Botá-
nico 2001, avance de conclusiones ............................................................. 81
PAULETTE GABAUDAN: Reflexiones en torno al libro de Felipe Pereda. Una
arquitectura elocuente ................................................................................. 129
MÓNICA MALO CERRO: El azulejero Pedro Vázquez ....................................... 155
MARÍA JOSÉ REDONDO CANTERA: Noticias sobre Alejo de Encinas y otros pinto-
res activos en Salamanca durante la primera mitad del siglo XVI ............. 175
ARSENIO DACOSTA: Una obra inacabada en la Salamanca del siglo XVIII:
nuevos datos sobre la fábrica del Real Convento de San Antonio de Padua 187
BIENVENIDO GARCÍA MARTÍN: Los baldíos de la ciudad y tierra de Salamanca
en el siglo XVIII (Connotaciones de un proceso histórico) ........................... 211
Mª ANTONIA DÍEZ BALDA: El movimiento feminista en Salamanca después de
la muerte de Franco .................................................................................... 243
EUGENIO GARCÍA ZARZA: El Turismo Cultural en Castilla y León. El caso sin-
gular de Las Edades del Hombre ................................................................. 287
M. S. ALONSO GARCÍA, J. L. LABAJO SALAZAR, M. R. FIDALGO MARTÍNEZ: La isla
de calor urbana en Salamanca ................................................................... 337
* Este trabajo de historia surge a partir de un informe realizado para el alcalde de Salamanca en el
verano del 2001.
** Depto. de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea. Facultad de Geografía e Historia. C/. Cer-
vantes, s/n. 37007- Salamanca ([email protected])
6 GONZÁLEZ, J.: Repoblación de la “Extremadura” leonesa. En Hispania, III, 1943, pág. 195-96.
7 Cit. por ROLDÁN HERVÁS, J. M.: Ob. cit., pág. 17.
8 En 1186 se fecha la compraventa de un huerto y una viña, en la que se expresa: “Ipso orto
est in loco predicto in aldea Teiada; in prima parte vadit ille arroio de Azorgen, in IIª parte ille orto de
don Iohannis filio de Iambon, in IIIª parte illa carrera qui dizent de Quinea”. Posteriormente, en 1210,
vuelve a aparecer documentada, si bien en esta ocasión, solamente con el genérico “calçada”, cuando
se produce la compraventa de otro huerto que Gonzalo Peláez, escribano del rey, poseía en “Aldea
Tellada; de una parte lo orto de Sancta Maria, et de alia parte Azorgen, et de alia parte la calçada, et
de alia parte Azorguen”, en MARTÍN MARTÍN, J. L. et alii.: Documentos de los Archivos Catedralicio y
Diocesano de Salamanca (siglos XII-XIII). Salamanca: Universidad, 1977, docs. 90 y 125.
9 ROLDÁN HERVÁS, J. M.: Ob. cit., pág. 19.
10 “De los términos de Montenegro… Montenegro sea defeso desde la calzada colimbriana fas-
ta la calzada de la aldea de don Velayo como va la carrera a la aldea de Nunno Vela de Valmuza por
ó vieren por bien los alcalles e las iusticias por derecho seer”, en MARTÍN, J. L. y COCA, J. Fuero de
Salamanca. Salamanca: Ediciones de la Diputación de Salamanca, 1987, pág. 108.
11 VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro I, pág. 27.
12 GÓMEZ-MORENO, M. Catálogo Monumental de España. Provincia de Salamanca. Madrid: Minis-
terio de Educación y Ciencia, 1967, pág. 54.
claro error, por cuanto la Calzada Columbriana era la que se dirigía a Coimbra
(Conimbriga), pasando por Ciudad Rodrigo (Augustobriga). No obstante, en el cita-
do fuero salmantino, en el epígrafe 74 que trata Del término de la defesa, sí se men-
ciona genéricamente la Vía de la Plata cuando expresa: “Oveyas e cabras e yeguas
fuera anden de todo el valle de Azorguén. Et sea el término de calçada adentro y
de la otra parte de las cuestas ayuso”13.
En este primer tramo del discurrir de la Vía de la Plata por la ciudad de Sala-
manca afortunadamente no hay discrepancia alguna en el establecimiento de su
trazado. Al no existir para vehículos, animales y personas hasta 1913, año en que
se inauguró el puente de Enrique Estevan, otro paso sobre el río Tormes que el
del puente romano, designado como puente mayor, éste se convertía en lugar obli-
gado de tránsito para todos aquellos que querían penetrar o salir de la ciudad. Todo
el movimiento hacia la ciudad quedaba condicionado, pues, por este único paso
14 Si bien es verdad que, al menos en el siglo XIII, también por la presa de la pesquera “forna-
zina” del vado de Santervás, que iba desde las aceñas del Muradal, en el lado derecho del río Tormes,
hasta las aceñas del Arnal, en el izquierdo, también “solian por ally pasar carros pora meter dentro ena
villa”, según se expresa en una sentencia del juez real, Giral Estévanez, pronunciada en 1272 en el plei-
to que mantenía el Concejo con el Cabildo de Salamanca, sobre las obras que éste realizaba en dicha
presa. En MARTÍN MARTÍN, J. L. et alii. Ob. cit., doc. 333.
15 MARTÍN HERNÁNDEZ, V. Fragmentos de una historia sociourbanística de la ciudad de Sala-
manca. Salamanca, Centro de Estudios Salmantinos, 1992, pág. 21.
16 Publ. en la revista La Liga de Contribuyentes de Salamanca, núm. 155, de 18 de julio de 1886.
17 Ibídem.
18 Archivo de la Universidad de Salamanca. Espinosa, 5. Canteros. Juan Negrete, fols. 319-334.
Agradezco a María Eva GUTIÉRREZ MILLÁN la información sobre la existencia de este documento que
ella también utilizó en su, aún inédita, Memoria para optar al grado de Salamanca, titulada: Imagen de
la ciudad de Salamanca (1500-1620), a través de los papeles del Legado Ricardo Espinosa Maeso (Archi-
vo de la Universidad de Salamanca). Salamanca: Facultad de Geografía e Historia, 2000.
19 VERGAS DE CARVAJAL, A.: Ordenanças desta civdad de Salamanca qve por sv mandado reco-
piló… Salamanca, 1619, págs. 9 y 22.
20 ARAÚJO, F.: La reina del Tormes. Guía histórico-descriptiva de la ciudad de Salamanca. Sala-
manca, Caja de Ahorros, 1984, pág. 52. Reimp.
21 “que causó terribles estragos, motivando la conversión de las dos iglesias parroquiales de San
Esteban de los Godínez y ultra pontem en conventos de dominicos y benitas”, Ibídem, pág. 58. “Memo-
rable fue el 3 de Noviembre de 1256 por los estragos que causó el Tórmes; viéronse en la precision
de abandonar sus conventos los religiosos dominicos y las monjas de Santa María de la Serna”, en VILLAR
Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro III, pág. 10.
22 Según se desprende de una carta del infante don Fernando de la Cerda, hijo primogénito del
rey Alfonso X, fechada en Peñafiel, el 2 de abril de 1275, y dirigida a los alcaldes de Salamanca, en la
que, ante la queja presentada por el Cabildo de que, entre otras cosas, “agraviades a los clerigos e a
los sus vasallos de la Eglesia e les demandades que pechen con el concejo enna lavor de la ponte”,
les manda “que les non agraviades sus clerigos e sus vasallos demandándoles que pechen ennas lavo-
res sobredichas”, en MARTÍN MARTÍN, J. L. et alii. Ob. cit., doc. 349.
23 Por “los años de 1422 haviendo crecido el rio furiosamente maltrató al Monasterio (de las mon-
jas de Santa Ana, sito al otro lado del río, en la Serna) de tal suerte, que amedrentadas las Monjas le
desampararon: en cuya vista el piadoso Prelado (don Sancho de Castilla) temeroso de mayor daño en
lo sucesivo las hizo mudar à la Ciudad, dándolas para su habitación la Hermita de Santa Ana sita en
la calle de Genova…, trocando el nombre que tenìan de Santa Maria de la Serna por el que adqui-
rieron de Santa Ana, como tambien la Calle”, en DORADO, B.: Compendio histórico de la ciudad de
Salamanca. Salamanca, 1776, pág. 302. Reimpág. Salamanca, 1985. Según VILLAR Y MACÍAS, M. Ob.
cit., libro II, pág. 149-150, estas monjas de Santa Ana, que ya habían sufrido en 1256 (vid. nota 21) los
efectos del río Tormes, volvieron este año a padecerlos, pero en esta ocasión en el convento del Arra-
bal del Puente, a donde se habían trasladado.
24 En diciembre de este año, a los padres carmelitas calzados “se les arruinó el Convento por las
imperiosas corrientes de el Tormes, por lo que compadecidos nuestro Prelado Don Gonzalo, y su Ilustre
Cabildo les concedieron la antigua Parroquial Iglesia de San Andres”, en DORADO, B. Ob. cit., pág. 326.
25 “que dejó mal parado el puente”, en ARAÚJO, F. Ob. cit., pág. 125.
26 “Por los años de 1408 se colocaron estos Religiosos Padres (Trinitarios) en la Iglesia de San
Juan el Blanco, en este pues venerado, y celebrado sitio estuvieron 82 años hasta que en el de 1490
por una furiosa y repentina avenida de el Tormes se vieron quasi anegados, pudiendo salir de dicho
sitio, como dicen, à milagro”, en DORADO, B.: Ob. cit., pág. 333.
27 El puente, “con las muchas aguas deste invierno, se quebró e partió por muchos logares (en
concreto, “derrocó dos arcos de la puente”), que si non se adereçase al presente non podría por ella
pasar gente nin provisión nin otra cosa alguna; antes adelante se perdería o destruiría toda o la mayor
parte della”, en VACA LORENZO, A. Diplomatario del Archivo de la Universidad de Salamanca. La docu-
mentación privada de época medieval. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1996, doc. 155.
Sobre esta gran avenida parece que compuso un poema D. Antonio Ximénez, en ARAÚJO, F. Ob. cit.,
pág. 126.
que el Concejo impusiera una sisa sobre la compraventa de vino (16 mrs. por cuba),
carne y pescado (1 mr. por libra) que originó un agrio y largo pleito con la clere-
cía salmantina, que alegaba exención, felizmente concluido de forma amistosa por
la intervención directa de los Reyes Católicos28.
Raro era el año en que la conservación del puente no exigía algún pequeño
o gran reparo, lo que ocasionaba el consiguiente coste y, a veces, su derrama entre
los vecinos29; aunque en ocasiones desdichadas sus estribos y tajamares no pudie-
ron soportar la furiosa embestida de las aguas que destruyeron algunos de sus arcos;
de hecho, los once meridionales fueron reconstruidos definitivamente en 1677, como
consta en dos inscripciones que, bajo los escudos de armas de España y Salamanca,
se hallan gravadas en los dos pilares cuadrados que flanquean la entrada del puen-
te30; si bien previamente, en 1628, se había realizado un arreglo provisional con
entramado de madera31, después de haber sido arrasados diez arcos, con sus taja-
mares, y once estribos por la riada de San Policarpo, el 26 de enero de 162632.
33 Como la que tuvo lugar en el verano-otoño de 1886, en que, por unas grietas que aparecie-
ron en dos ojos, fue “menester sustituir con piedras nuevas algunas de las antiguas del dobelaje, que
parece ser que no reunen las condiciones necesarias, debido acaso á su mucha antigüedad”. Esta repa-
ración estuvo a punto de causar alguna desgracia “á consecuencia de haberse salido de los railes la
cabria que se tiene para ayudar en las obras”, según información suministrada por el periódico El Fomen-
to, los días 23 de julio, 19 y 27 de agosto y 10 de septiembre de 1886. Posiblemente se tratara de la
reparación de los arcos 7º y 8º y de las tres pilas correspondientes, realizada de acuerdo con el pro-
yecto redactado por el ingeniero Alfredo Mateos, según información de M. VICENTE en el periódico
La Gaceta del 15 de julio de 2002.
34 RUPÉREZ ALMAJANO, M.ª N. Urbanismo de Salamanca en el siglo XVIII. Salamanca: Delega-
ción en Salamanca del Colegio Oficial de Arquitectos de León, 1992, págs. 48-9.
35 ZAONERO, J.: Libro de noticias de Salamanca que empieza a rejir el año de 1796 [hasta
1812]. Edición crítica de Ricardo Robledo. Salamanca: Gráficas Cervantes, 1998, pág. 19.
36 ARAÚJO, F. Ob. cit., pág. 104.
37 Tal como consta en la queja que Gómez del Peso presentó ante el Consejo Real en relación
con las cuentas que de ésta y otras obras habían quedado pendientes: “en tiempo de alteraciones e
comunidades pasadas se hizieron en esa dicha çibdad en nuestro deservicio nuevos edificios e repa-
ros de çercas e una torre en meytad de la puente de la dicha çibdad”, cit. por SANTOS BURGALETA,
M. Poder y ciudad en la Castilla del primer Quinientos: Salamanca, 1493-1534. Salamanca, 2001,
pág. 218 (Tesis doctoral).
J. Willmore, etc.); era conocido con el nombre de castillo del puente. Infelizmen-
te fue demolido en 1852, cuando también quitaron las almenas que adornaban la
mitad antigua de ambos pretiles38 y fueron sustituidas por un cierre continuo con
desagües en gárgola, así como las losas de la calzada del puente, reemplazadas
por “piso de carretera”39. Y, en 1802, se construyó a su entrada una casilla, dise-
ñada por Sagarvinaga, de planta casi cuadrada, destinada a albergar a los depen-
dientes de las rentas reales, junto con un torreón circular provisto de troneras para
la defensa del puente; en una de las troneras se enganchaba una cadena que cerra-
ba el puente de noche40.
38 “En el año 1852 un Ingeniero (por respeto a las personas nos abstenemos de citar nombres
propios) concibió el pensamiento de hacer desaparecer las almenas, el castillo y las losas. Semejante
profanación en un monumento respetado por veinte siglos, sublevó, como era natural, el sentimiento
del país y causó una indignación general en Salamanca. Gobernaba entonces la provincia un militar,
rígido y severo como la Ordenanza, que equivocándose en el origen y valor del sentimiento público,
hizo formal empeño en que se ejecutase la reforma del Puente. Inútiles fueron cuantas observaciones
se creyeron en el deber de hacer los dignos individuos de la Comisión de Monumentos: ni como cor-
poración fueron consultados, ni como particulares atendidos. El ingeniero tuvo la triste satisfacción de
ver despejadas las líneas del Puente, arrancando a este vetusto monumento las insignias venerables que
cubrían su cabeza. Y la Comisión de Monumentos, sobre quien se hizo recaer la responsabilidad de
aquella profanación, fue depuesta por una Real orden, saliendo a la vergüenza pública en la Gaceta”,
FALCÓN, M.: Salamanca artística y monumental. Salamanca: Caja Duero, 2000, pág. 66 (reimp.). Y de
forma similar se pronunciaba ARAÚJO, F. Ob. cit., pág. 112: “y en fin, el bárbaro despojo que en 1852
realizó, con escándalo de la población, un ingeniero de memoria odiosa, arrancando al Puente las vene-
rables almenas que le adornaban y haciendo derribar el elegante castillo que en su centro se alzaba
airoso”. El nombre del gobernador que permitió el despojo de las almenas y castillo central del puen-
te fue don Fernando Zappino. Incluso, parece que ya entonces se pensó en quitar ambos pretiles de
piedra y sustituirlos por unas barandillas de hierro, según noticia que recogemos de la revista Cróni-
ca de Salamanca, fechada el 1 de abril de 1861: “Hemos oido que se han encargado á Londres las
barandillas de hierro que han de colocarse en el puente de esta Ciudad, y cuyo coste asciende á mas
de 400.000 rs. De realizarse esta obra ganará considerablemente aquella via en amplitud y hermosura”.
39 Si el 23 de octubre de 1851 el periódico El Correo Salmantino denunciaba “el mal estado en
que se encuentra el piso del puente de esta ciudad, con especialidad en las inmediaciones del casti-
llo”, la Revista Salmantina, el jueves 20 de mayo de 1852, anunciaba “que se ha dado la órden para
derribar el castillete del puente de esta ciudad denunciado hace mucho tiempo como ruinoso. Con-
veniente seria que se verificase cuanto antes ya que nada vale como monumento artístico ni histórico,
y ya que del puente se trata bueno seria componer su piso y reparar sus pretiles, obra tan necesaria
como de escaso coste”; días después, exactamente el 17 de junio del mismo año, este periódico local
refería ciertas mejoras urbanísticas, entre ellas la “de aprovechar para las calles las losas del puente que
habrán de quitarse para ponerle piso de carretera. El presupuesto de esta obra que puede considerar-
se como un gasto reproductivo, ha sido ya pasado al exámen del ayuntamiento”. Por su parte, el Eco
de Salamanca se lamentaba el 13 de junio de 1858 de que “haya sido derribado el arco triunfal de Tra-
jano que embellecia el famoso puente de Alcantara. Esto nos recuerda una coincidencia singular. Tam-
bien nuestro puente se atribuye á Trajano, y tambien el torreon que se levantaba en el medio, y las
almenas que adornaban la mitad antigua vinieron sin compasion á tierra hace pocos años. Verdad es
que con la reforma no ha quedado mas cómodo, mas seguro, ni mas bonito; pero sin duda estará con
arreglo al arte moderno”.
40 Según recoge RUPÉREZ ALMAJANO, M.ª N. Ob. cit., págs. 52-3. Con anterioridad, parece que
el portazgo ya se cobraba en ese lugar, según se desprende de las Noticias y documentos relativos a
la crecida de San Policarpo, donde en la relación de daños causados a la Iglesia Mayor se expresa que
la casa “que tiene de por vida Baltasar de Medina, con el portadgo, derribada”, en VILLAR Y MACÍAS,
M.: Ob. cit., libro VII, pág. 149. Incluso, a principios del siglo XVII, ya las ordenanzas municipales ordenaban,
Otra tropelía aún más grave estuvo a punto de perpetrarse contra este monu-
mento salmantino a finales del siglo XIX: por esas fechas era evidente que el puen-
te romano, por su estrechez (algo menos de seis metros de un pretil a otro), resul-
taba claramente insuficiente para satisfacer las perentorias necesidades del tráfico,
al tiempo que para preservar la seguridad de los peatones que por él circulaban
confundidos con los carruages, carros y caballerías41.
El 21 de marzo de 1886, la revista La Liga de Contribuyentes de Salamanca expre-
saba en una editorial, que encabezaba con el elocuente título de ¡Al puente, al puen-
te!, que “la ampliación del puente mayor del Tórmes, no es sólo conveniente, sino
que es una necesidad de carácter urgentísimo”42.
Sin embargo, ni el Ayuntamiento, ni la Diputación salmantina y, mucho menos
la Dirección General de Caminos, ni el Ministerio de Fomento parecían escuchar
esta petición de la prensa local y, si la oían, había sido “con una indiferencia tan-
to más punible, cuanto es más necesaria la reforma solicitada”.
No obstante, La Liga de Contribuyentes de Salamanca siguió reclamando el ensan-
che del tablero del puente romano por las necesidades comerciales de la ciudad43
en su título XVII. De la cadena de la puente, que “y haya persona que la heche la cadena de noche”,
en VERGAS DE CARVAJAL, A. Ob. cit., pág. 22. Esta cadena parece que dejó de utilizarse en 1833, según
noticia recogida en el periódico Adelante, el 17 de enero de 1861: “A la cabeza del puente de esta ciu-
dad se está habilitando un local para despacho del Portazguero, que con otro empleado auxiliar ha
de efectuarse la cobranza, segun tarifa, de los derechos de tránsito por el puente. Esto no es broma
pero hay quien dice que para evitar defraudaciones del paso, se echará por las noches la cadena que
está cesante desde que murió el rey Fernando VII”.
41 Que el peligro de sufrir un atropello en el puente era evidente queda demostrado por algún
suceso recogido por la prensa de entonces: “ayer estuvo expuesto á perder la vida, otro pobre á quien
derribó en el Puente Mayor, un carro que marchaba sin conductor que lo guiase”, vid. El Fomento, núm.
779, de 26 de octubre de 1886.
42 Y que no se trataba únicamente “de la comodidad ni seguridad del transeúnte ó caminante,
que es al parecer el principal objeto de nuestra idea, nó; se trata de facilitar el movimiento comercial
de aquella parte de la ciudad y cimentar proyectos que se harian inmediatamente, y que no sólo exis-
ten en concepto porque necesitan para realizarse, ampliar la vía del puente mayor, cada vez más impor-
tante”. En concreto, citaba el proyecto, ideado por el ayudante de Obras Públicas, D. Eduardo Milla,
de un tranvía, “movido con motor de sangre”, que habría de unir la Plaza Mayor con el inmediato pue-
blo de Tejares. En La Liga de Contribuyentes de Salamanca, núm. 138, de 21 de marzo de 1886.
43 Desde luego, era evidente, según ella, “la necesidad imperiosa de ensanchar la esfera en que
se desenvuelve (el movimiento comercial), reducida hoy por la angostura del puente, por el que tran-
sitan constantemente multitud de carruajes de gran carga y colosales volúmenes, que cruzan con gran-
de dificultad y peligro de los transeúntes; ganados que se encuentran en confusión peligrosa bajo todos
conceptos, siendo motivo de que las personas tengan que retroceder muchas veces en su camino para
evitar los daños á que puede dar lugar el encuentro con estos obstáculos, cada vez mayores, por aumen-
tar de dia en dia el movimiento por aquella via, única que ofrece paso sobre las aguas del rio”, ibí-
dem, núm. 152, de 27 de junio de 1886. Era, pues, imprescindible “ampliar el puente de piedra de esta
ciudad sobre el rio Tórmes que pone en comunicacion á la ciudad con el populoso barrio del Arrabal
del Puente, sitio de féria y de constante tráfico, y que es via comun de las carreteras de Avila, Béjar,
Extremadura, Peñaranda de Bracamonte, Ciudad-Rodrigo, Vitigudino, Alba de Tórmes, y de una gran
mayoría de los pueblos de esta provincia, cuyas tres cuartas partes de superficie, se estienden á la izquier-
da del rio, teniendo que utilizar, para comunicarse con la capital, el paso del puente que es al mismo
tiempo cañada por donde pasan innumerables cabezas de ganado en su traslacion periódica del Nor-
te á Extremadura y viceversa”, ibídem, núm. 155, de 18 de julio de 1886.
44 Ibídem.
45 Ibídem, núm. 241, de 11 de marzo de 1888.
46 En El Fomento, núm. 1.389, de 30 de noviembre de 1888.
47 Ibídem, núm. 1.165, de 1 de marzo de 1888. Sin embargo, la respuesta del alcalde no debió
satisfacer plenamente al referido concejal, pues en la siguiente sesión del 5 de marzo, el propio alcal-
de se vio en la necesidad de intervenir de nuevo, contestando “á la excitación que le hiciera en la sesión
anterior el Sr. Carnero, sobre ampliación del puente del rio Tórmes, que debido á gestiones de la Liga
de Contribuyentes se estaba tramitando un expediente en el Ministerio de Fomento para llevar á cabo
las obras que interesaba expresado señor concejal”, ibídem, núm. 1.172, de 9 de marzo de 1888. Para
volver de nuevo sobre el tema en la sesión del 23 de marzo, en la que, una vez “terminado el despa-
cho de los asuntos ordinarios el Sr. Carnero recordó que había quedado en suspenso en la sesión ante-
rior el nombramiento de una Comisión que personándose en Madrid, gestionara la resolución defini-
tiva sobre el cuartel del Trilingüe, la ampliación del puente mayor del Tórmes por el Estado, la
publicación en la Gaceta oficial del anuncio para la subasta del nuevo Matadero”, ibídem, núm. 1.185,
de 24 de marzo de 1888.
Desde entonces, el tema del ensanche del puente romano resulta recurrente
en varias sesiones municipales48; además, en 1890, arrecian las presiones de la pren-
sa local, que consideraba loables “los propósitos del Ayuntamiento al ocuparse del
proyecto del ensanche del puente sobre el Tórmes”. Incluso algún diario salman-
tino, como el repetidamente citado El Fomento, deseando contribuir “modestamente
á la realización de ese pensamiento, consignaremos que, según nuestras noticias,
hace tiempo se encuentra archivado en el ministerio de Fomento, como obra del
Estado, el estudio hecho con este objeto por el Ingeniero é Inspector del cuerpo
de Caminos D. Juan de Mata García”49; si bien, pronto mostró su desconfianza a
que tal proyecto saliese adelante50.
No obstante, antes de finalizar 1890, el periódico madrileño La Libertad afir-
maba haberse “recibido en el ministerio de Fomento un proyecto de ampliación
del puente sobre el Tórmes, de Salamanca, y la variación de las carreteras que con-
duce á aquella capital con un informe del ayudante de obras públicas D. Anasta-
sio Corchón, en el cual indica la conveniencia de demoler las casas de derecha é
izquierda de la entrada de dicho puente, para dar mejor acceso á los viajeros que
acuden á dicha ciudad. El proyecto está en estudio en el negociado correspondiente,
y será despachado á la mayor brevedad”51.
Es posible que este último proyecto de ensanche del puente de piedra de Sala-
manca fuera realizado por el ingeniero jefe Provincial de Obras Públicas, D. Gumer-
sindo Canals52. En dicho proyecto, autorizado por la propia Dirección General de
Obras, se preveía ensanchar el puente “por medio de andenes volados de hierro,
48 En la sesión del 28 de noviembre de 1888, el concejal Sr. Velasco toma la palabra y recomienda
“á la Presidencia que se interese del Director de Obras Públicas el estado en que se halle el expediente
sobre el ensanche del puente mayor sobre el rio Tórmes y que se gestione cuanto sea posible para la
pronta y favorable resolución del mismo”, Ibídem, núm. 1.388, de 29 de noviembre de 1888. Y en la
del 25 de enero de 1890, “terminado el despacho ordinario, pasó á informe de la comisión correspondiente
una proposición suscrita por el Sr. Cáceres, pidiendo que se practiquen los oportunos estudios para
llevar á cabo el ensanche del puente de piedra sobre el Tórmes”, ibídem, núm. 1.733, de 3 de febre-
ro de 1890.
49 Ibídem, núm. 1.735, de 30 de enero de 1890.
50 “Otro proyecto del Ayuntamiento, que tambien hizo suyo un Senador de la provincia, es la
reforma del puente sobre el Tórmes. Pero ya verán ustedes como el puente no se reforma”, ibídem,
núm. 1.762, de 26 de febrero de 1890.
51 Noticia inserta en ibídem, núm. 1.978, de 24 de octubre de 1890.
52 Con el fin de evitar a las personas “el riesgo que corren en la actualidad de ser arrolladas por
los vehículos y ganados en momentos de gran circulación por tener estrecho, como encallejonado, paso”,
y ante la máxima de que la seguridad debe prevalecer sobre la estética, planteó “la conveniencia y nece-
sidad también de efectuar en los pretiles del puente pequeños refugios donde puedan alojarse las per-
sonas”, tal como consta en escrito, fechado el 3 de junio de 1893, y remitido por el Gobierno Civil de
Salamanca al obispo con objeto de que, si lo consideraba oportuno, reuniese la Comisión de Monu-
mentos Históricos y Artísticos para pronunciarse sobre esta posibilidad, en Archivo Histórico Provin-
cial de Salamanca. Gobierno Civil: Comisión de Monumentos, leg. 25, caja 4.214, carpág. 26. En ade-
lante citaremos por A.H.P.SA. El nombre del ingeniero aparece en un reportaje de M. VICENTE aparecido
en La Gaceta de 15 de julio de 2002 y titulado “Una gran exposición desempolvará los proyectos emble-
máticos de los siglos XIX y XX”.
apoyados en ménsulas unidas a dos vigas de palastro que insisten sobre los con-
trafuertes del puente y los proyectados en los sombreretes de los tajamares”53.
Pero, fue tal la airada reacción que, en todos los medios, dicho proyecto sus-
citó, que rápidamente quedó desechado. Motivos estéticos, históricos, emblemáti-
cos, económicos o, incluso, “ya que ni aún el ensanche del existente por medio
de andenes volados se consideraba suficiente, puesto que se creía necesario que
tuviera diez metros de anchura”, alegaron la Comisión de Monumentos, la Real Aca-
demia de San Fernando de Madrid, el Ayuntamiento54 y la Diputación de Salamanca
para oponerse al ensanche del puente romano. La única alternativa viable era, pues,
la construcción de otro puente. De esta forma, el rey niño, Alfonso XIII, y, en su
nombre, la reina regente, doña María Cristina, su madre, aprobaron el proyecto redac-
tado el 12 de diciembre de 1898 por el ingeniero de caminos, D. Saturnino Zufia-
rre, de construir un nuevo puente metálico sobre el río Tormes55. El presupuesto
de este proyecto, que pocos años después se hizo realidad en el puente de Enri-
que Estevan, en reconocimiento al concejal que más empeño mostró en su cons-
trucción, ascendía a la cantidad total de 837.840 pesetas y 38 céntimos, de las que
el Ayuntamiento de la capital y la Diputación Provincial se comprometieron a con-
tribuir con 50.000 pesetas cada uno, además de pagar, el primero, “el importe total
de todas las expropiaciones que exijan las avenidas”56. Las obras fueron adjudica-
das a la empresa Duro y Felguera y realizadas bajo la dirección del ingeniero don
Joaquín Arrindiaga.
Pues bien, en esta primera zona, extramuros de la ciudad, el profesor Roldán,
varias veces citado, ha podido determinar con bastante exactitud el recorrido de
la Vía de la Plata: “Las huellas de la calzada se rastrean perfectamente desde el Sur
en el cruce con el ferrocarril que efectúa a unos 10 m al occidente del que utiliza
la actual carretera de Aldeatejada. En línea recta, busca entonces, a través de huer-
tas, el arroyo del Zurguén, que cruza por un puente (perceptible en el dibujo de
David Roberts y grabado de J. Willmore, 1835-1838) hoy desaparecido que aún se
señala por unos diques de contención del arroyo hechos con los restos de su pie-
dra. El paso de la calzada es aún visible, puesto que es el mismo que estaba en
uso a mitad del siglo pasado (XIX). Y desde aquí, con un cambio de rumbo, va a
unirse a la carretera, dejando a su izquierda a la Iglesia de la Trinidad para enfi-
lar el puente romano”57, así como el Arenal, donde en la Edad Media lidiaban y
celebraban sus justas y torneos los caballeros y peones salmantinos58. Mientras que,
a su derecha y en la bajada del Teso de la Feria, aparecían en épocas pasadas la
cofradía-alberguería de Santa María de Rocamador59, el matadero de reses vacunas
57 ROLDÁN HERVÁS, J. M. Ob. cit., págs. 97-8. La primera noticia que tenemos de la iglesia de
la Trinidad data del 17 de enero de 1268, en una donación que don Nicolao realiza a favor del Cabil-
do de, entre otros bienes, “un orto que yo don Nicholao he alende la ponte, cerca Azorguen, et des-
te orto son determinadores: de la una parte, el orto de Sancta Maria et ela heremyda que dicen Sanc-
ta Trenydade”, en MARTÍN MARTÍN, J. L. et alii. Ob. cit., doc. 31, si bien es posible que ya se refiera
a ella, con la denominación de “ecclesiam Ortolanorum iuxta pontem de Tormes”, la confirmación del
obispo don Vidal sobre una concordia de las redecimaciones en los préstamos, datada entre 1176 y
1198, Ibídem, doc. 67. En 1390 parece que llegaron a esta iglesia los trinitarios, para después pasar, al
otro lado del río, a la iglesia de San Juan el Blanco, que les fue concedida por don Diego Anaya Mal-
donado, obispo de Salamanca, el 20 de abril de 1395 (A.H.N. Salamanca. Catedral, carpág. 1.889, núm
16, cit. en MARCOS RODRÍGUEZ, F.: Catálogo de Documentos del Archivo Catedralicio de Salamanca
(siglos XII-XV). Salamanca, 1982, doc. 763), lo que motivó que ambas iglesias fuesen identificadas en
más de una ocasión (“el convento de la Trinidad que estava en el Arrabal de ella y se llamaba la igle-
sia de San Juan el Blanco”), tal como consta en un extracto de una escritura de trueque realizado entre
el CABILDO de Salamanca y el dicho convento de la Trinidad el 15 de marzo de 1398, en A.M.SA. Fon-
do Municipal, Sección de Gobierno, Caja 3.380, Libro 1.230, fols. 263-64 y como afirma VARGAS AGUI-
RRE, J. de: Dibujos salmantinos. Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos, 1981, pág. 66, cuando escri-
be: “San Juan el Blanco.- Estuvo en el Arrabal del Puente. En su origen se llamó sólo San Juan y luego
se le dio el nombre de San Juan el Blanco por una imagen de este santo, toda ella blanca, que se colo-
có en su fachada”. Esta iglesia fue una de las muchas que sufrieron las consecuencias de la riada de
San Policarpo, le “derribó las paredes y le hizo de daño mas de mil ducados”, en VILLAR Y MACÍAS,
M. Ob. cit., libro VII, apéndice III, pág. 148.
58 Tal como recogen dos artículos del fuero salmantino: “86. De lidiar en el arenal. Todo omne
que a lidiar ovier lide en el arenal; e qui passar la senal que poseren los fieles peche I moravedí”.
“87. El que lidiar que se non meta so la puente. Todo vecino de Sa(la)manca, peón o caballero
que lidiar en el arenal non se ampare entre los cantos nin en la puente nin so la puente; e se y entrar
las iusticias le dixeren: ‘ixe ende fuera’ e si non quesier salir por y sea caydo”, en MARTÍN, J. L. y COCA,
J.: Ob. cit., pág. 71.
59 Se hallaba en dicho lugar desde, al menos, el 21 de enero de 1267, en que don Domingo,
obispo de Salamanca, testó a favor de “Sancta Maria de Rocamador que es a la ponte Iª coçedra de
lana, et I cabezal, et I feltro”, en MARTÍN MARTÍN, J. L et alii. Ob. cit., doc. 315, y proporcionaba hos-
pitalidad y albergue a los peregrinos “que pasan en romería á Nuestra Señora de Guadalupe, Señor
Sanctiago y á otras partes, dándoles cama por tres noches”, en VILLAR Y MACÍAS, M.: Ob. cit., libro
III, págs. 125-129.
60 RUPÉREZ ALMAJANO, M.ª N.: Ob. cit., pág. 136. Este “matadero (fue) derribado, la cerca un
pedazo” por la riada de San Policarpo de 1626, vid. VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro VII, pág. 150.
61 “Santo Lasaro de allende la puente”, en MARTÍN MARTÍN, J. L. et alii. Ob. cit., doc. 298. Cons-
truido en la Edad Media, recogía los leprosos salmantinos; en 1515 “lo reedificó por completo el pla-
centino don Lorenzo Galíndez de Carvajal, escritor distinguido y consejero de los Reyes Católicos. Su
biznieto don Diego de Vargas Carvajal, señor de la villa del Puerto, le donó en 1580 á los Carmelitas
descalzos, donde se establecieron; pero le dejaron por su proximidad al rio, y le ocuparon después los
Agustinos recoletos, vulgarmente llamados de Santa Rita, mas le destruyó la crecida de San Policarpo”,
en VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro II, págs. 152-53.
62 Por un precio de “300 reales de capital y 800 de sus réditos anuales”, tal como consta en un
extracto de la escritura de esta compraventa, en A.M.SA. Fondo Municipal, Sección de Gobierno, Caja
3.380, Libro 1.230, fol. 133.
63 RUPÉREZ ALMAJANO, M.ª N.: Ob. cit., pág. 136.
64 Exactamente, “de la esquina del huerto del mesón de Gonzalo Flores, yendo todo derecho
arriba, azia el teso de la Feria, en que avía 34 baras de fondo, diez baras de ancho, cave la dicha esqui-
na. Y tomadas las dichas 34 baras, siguiese todo por derecho por el dicho tesso asta dar en derecho
del moxón del mesón de la iglesia a la Trinidad, que estava cave las Boticas; y desde dicho moxón
fuese siguiendo por derecho asta salir y dar en la frontera de la dicha esquina del guerto de Gonzalo
de Flores, donde primero se comenzó”, en A.M.SA., Fondo Municipal, Sección de Gobierno, Caja 3.380,
Libro 1.230, fols. 233v.-234, publicado por GONZÁLEZ GARCÍA, M. Salamanca: la repoblación y la
ciudad en la Baja Edad Media. Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos, 1988, págs. 147-48. Las orde-
nanzas de esta casa de la mancebía han sido editadas por VILLAR Y MACÍAS, M.: Ob. cit., libro V, apén-
dice XVIII, págs. 161-63 y por MARTÍN, J. L.: Ordenanzas del comercio y de los artesanos salmantinos.
1585. Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos, 1992, págs. 101-110.
65 El extracto de dicha licencia, así como el de la provisión de Felipe II, en A.M.SA. Fondo Muni-
cipal, Sección de Gobierno, Caja 3.380, Libro 1.230, fols. 326v.-328.
Este barrio del Arrabal del Puente siempre estuvo habitado por una población
predominantemente de agricultores, en especial, hortelanos. De hecho, ya en 1107,
una de las donaciones del conde Raimundo de Borgoña al obispo de Salamanca,
Jerónimo, después confirmada por el rey Alfonso VI, consistió en una “almunia”,
situada en este barrio, “ultra pontem, iuxta rivum Ozergam”, que, tal vez, fuera la
misma huerta que en 1398 cambió el cabildo catedralicio con el convento de la
Trinidad por ciertas propiedades urbanas, más los 600 mrs. del yantar de los pue-
blos del Abadengo66. Fue también éste, como sitio obligado de paso, un barrio don-
de pronto aparecieron centros de atención a los transeúntes, como los mesones
de Gonzalo Flores y de la propia iglesia de la Trinidad, que documentamos en 149867,
o, como aquel otro denominado la Portuguesa y propiedad de Santa María de las
Dueñas, que nos consta en 153368. De todas formas, la población de este barrio
nunca fue muy numerosa y sufrió grandes variaciones: si en la primera mitad del
siglo XVII, “en el arrabal de allende de la puente, paresce llevó el río noventa y
tres casas”, a principios del XVIII la crecida del río Tormes “no causó grande estra-
go en el Arrabal por estar casi despoblado”69; sin embargo, durante este último siglo
el vecindario del Arrabal creció considerablemente, de manera que a comienzos
del siglo XIX el número de vecinos era de casi cien, por lo que solicitaron al Con-
cejo licencia para abrir una taberna70.
66 Ibídem, fols. 263-264. Además, entre los bienes raíces destruidos por la riada de San Policar-
po de 1626 figuran: “Huerta llamada del Dean. La casa en que vivia el hortelano toda arruinada, la casa
que es palacio, maltratada, la huerta arruinada, arrancados los árboles, y las norias tapiadas y toda are-
nada la huerta.
Huerta pasado Azurguén (pasado el arroyo), que tenía Gaspar Esteban, arruinada.
Huerta y casa en que vivia Diego Alvarez, arruinada huerta y casa.
Huerta que tiene por su vida Esteban de la Iglesia, derribada la casa y las caballerizas y la huer-
ta perdida por arenada y las norias tapiadas y cercas derribadas”, en VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit.,
libro VII, pág. 149.
67 En A.M.SA. Fondo Municipal, Sección de Gobierno, Caja 3.380, Libro 1.230, fols. 233v.-235.
68 Ibídem, fols. 358v.-359v.
69 En VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro VII, pág. 146 y libro VIII, pág. 36.
70 Vid. RUPÉREZ ALMAJANO, M.ª N.: Ob. cit., pág. 135.
71 GONZÁLEZ GARCÍA, M. Ob. cit., pág. 59.
72 Que trata Del prazo quando ovieren a iusticiar el omne: “Quando las iusticias de Salamanca
ovieren ladrón o traydor a enforcar o quando lidiar cavallero o peón, ningún omne non passe del toro
de la puente adela(n)tre e de la oriella del río commo tien desta parte si non fuer alcalde o escrivano de
conceio o andadores o saiones”, en MARTÍN, J. L. y COCA, J. Ob. cit., pág. 73.
sobre un plinto que forma parte del mismo monolito. Su tamaño, aunque de gran-
des proporciones (2,10 m de largo, 1,57 de altura y 0,70 de espesor), es más
pequeño que el real. No es un prototipo único, sino que su factura es análoga a
un conjunto de más de doscientos ejemplares, genéricamente denominados verra-
cos por ser los cerdos y jabalíes las representaciones más singulares, repartidos por
las tierras occidentales de la Península (Castilla-León, Extremadura y Trás-os-Mon-
tes), antiguo territorio asignado por las fuentes a los vettones.
Para Gil González no cabe duda de que se trata de un ídolo pagano cuyo cul-
to se habría iniciado en Egipto y habría sido introducido en España por Hércu-
les73. Y, sin embargo, su significado, al igual que su exacta cronología, son temas
que aún presentan serias dudas. Parece relativamente firme la data post quem en
la cuarta centuria antes de Cristo para el inicio de estas esculturas; pero el límite
ad quem resulta más difícil de establecer, ya que los castros indígenas romaniza-
dos, con que se vinculan, tuvieron una vida muy larga. Y, en cuanto a su signifi-
cado, se apunta en varias direcciones, si bien todas ellas relacionadas con la impor-
tancia de la ganadería: ídolos zoomorfos, finalidad funeraria, representaciones
mágicas protectoras del ganado e hitos de delimitación de ricas zonas de pasto.
En el caso concreto del toro de Salamanca, por su ubicación, a la entrada del puen-
te por el lado de la ciudad, y por su indudable relación con el antiguo núcleo urba-
no, un castro indígena intensamente romanizado, parece plausible la opción de haber
servido como ídolo protector del ganado guardado en el cercano encerradero
natural de la vaguada de la Palma74.
Durante muchos siglos, el emplazamiento de esta escultura simbólica de la ciu-
dad se mantuvo a la entrada del puente, como corrobora el propio fuero salman-
tino del siglo XIII, ya citado. Allí lo encontró el siciliano Lucio Marineo Siculo a fina-
les del siglo XV75, así como, a mediados del siglo XVI, Lázaro de Tormes al inicio
de su errante vida de pícaro76. También recoge esta ubicación Gil González de Ávi-
73 “De todo lo dicho nos consta este Osiris en Egipto auer sido venerado, como mayor de los
Dioses, debaxo de la figura y sombra de toro”, en GONZÁLEZ, G. Declaración de la Antiguedad del
Toro de piedra de la puente de Salamanca y de otros que se hallan en otras ciudades y lugares de Cas-
tilla. Salamanca, 1596, pág. 12.
74 Vid. sobre este tema MARTÍN VALLS, R. La Edad del Hierro. En Historia de Salamanca. I Prehis-
toria y Edad Antigua. Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos, 1997, pág. 161 y ss.
75 “In ponte namque conspicitur animal qui, sive taurus sive sit aper, certe enim dinosci non potest,
uterque ipsi convenit, atque etiam magis si leo fuerit”, reproducido en BELTRÁN DE HEREDIA, V.:Car-
tulario de la Universidad de Salamanca. La Universidad en el Siglo de Oro. Salamanca: Universidad, 1971,
tomo III, pág. 141.
76 Narrada en La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. Madrid: Espasa-
Calpe, 1966, págs. 76-7: “Salimos de Salamanca y, llegando a la puente, está a la entrada della vn ani-
mal de piedra que casi tiene forma de toro, y el ciego mandome que llegasse cerca del animal e, alli
puesto, me dixo: /‘Lázaro, llega el oydo a este toro e oyrás gran ruydo dentro dél’. /Yo simplemente
llegué, creyendo ser ansi. Y, como sintió que tenía la cabeça par de la piedra, afirmó rezio la mano y
diome vna gran calabaçada en el diablo del toro, que mas de tres dias me duró el dolor de la corna-
da y dixome: /‘Necio, aprende: que el moço del ciego vn punto ha de saber mas que el diablo’”.
la al inicio del siglo XVII77, al igual que, posteriormente, otros viajeros que visita-
ron Salamanca, como Antonio Ponz en el siglo XVIII78 o, en fin, Alexander S. Mac-
kenzie en el siglo XIX79.
El toro del puente, cual figura informe de piedra, se hallaba exactamente
“empotrada en el petril (sic) occidental, entre sus vetustas almenas, la cual servia
de mirador al rio y de auténtico testimonio también de la remota antigüedad de
nuestra población, que se eleva hasta los tiempos más fabulosos”80. Sin embargo,
el dos de octubre de 1834, en una acción de difícil calificación, fue derribado “por
la ciega pasión política y la aún ciega ignorancia, que le atribuyó cierta significa-
ción ominosa”81, y arrojado al río por orden del gobernador civil, don José María
Cambronero, por considerar que se trataba de un “marrano, y á mayor abunda-
miento signo afrendoso de vasallaje” y de ignominia mandado colocar por Carlos V
en Salamanca y en las otras ciudades comuneras82. Al caer, el viejo toro de piedra
perdió su cabeza que, posteriormente, se creía empotrada en el pretil del puente;
el resto del cuerpo “se abrió por su mitad, aunque sin desunirse las dos piezas”.
Allí, a la orilla derecha del Tormes y bajo el puente sobre que durante tantos siglos
se ostentó, permaneció treinta y tres años83, cual despojos casi informes ya, prác-
ticamente sepultado entre los escombros que fueron amontonados en su inmediación,
hasta que en el mes de junio de 1867 una ínclita y benemérita institución, celoso
guardián del patrimonio histórico-artístico de la provincia charra, la alguna vez incó-
moda Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, creada el 22 de
agosto de 1835, aunque con nombre diferente (Comisión Civil de Inventarios de
Conventos Suprimidos), y de la que formaron parte, entre otros, personajes tan des-
tacados como Modesto Falcón, Joaquín de Vargas Aguirre o Manuel Villar y Macías,
77 “Por ser esta puente la cosa mas insigne que tiene esta Ciudad, la tiene por armas, juntamente
con vn Toro de piedra, que està al principio della”, en GONZÁLEZ DE ÁVILA, G. Historia de las Anti-
güedades de la ciudad de Salamanca. Salamanca, 1606, pág. 14. Reimpág. Con estudio introductorio
y notas de Baltasar Cuart Moner. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1994.
78 “Al principio del puente hay una figura informe, que parece un toro, monumento antiquísi-
mo. Y también hay almenas en las citaras o antepechos, lo que se deja conocer que es añadidura de
tiempos posteriores”, en PONZ, A. Viage de España en que da noticia de las cosas más apreciables y
dignas de saberse que hay en ella. Madrid: Aguilar, 1988, tomo XII, pág. 684.
79 “Como nos hallábamos en las cercanías del puente, bajamos a verlo y nos pareció una mole
sumamente singular; es la construcción de muchas épocas y pueblos diferentes; la mitad del lado de
Salamanca se atribuye a los romanos y el resto a los godos, moros y cristianos. En el trecho más anti-
guo hay una piedra singular que forma parte de un parapeto y que es la representación en escultura
de un toro; se cree que era un ídolo adorado en tiempos paganos por las gentes de Salamanca, en
cuyo escudo la figura del toro ocupa un lugar privilegiado”, en MAJADA, J. y MARTÍN, J. Viajeros extran-
jeros en Salamanca (1300-1936). Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos, 1988, pág. 172.
80 Extracto de una Memoria histórico-crítica sobre el origen y la significación del Toro de piedra
que había en el Puente mayor de esta ciudad, escrita por D. José Bonilla Ruiz, publicado en La Pro-
vincia. Revista Salmantina, núm. 51, el 5 de setiembre de 1867.
81 En VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro I, pág. 32.
82 MARTÍN VALLS, R. Ob. cit., pág. 162 y periódico Adelante, núm. 642, de 14 de febrero de 1867.
83 Exactamente, desde el 2 de octubre de 1834 hasta el 17 de junio de 1867.
88 Con fecha 6 de junio de 1867, la Comisión de Monumentos se dirigió a don Mariano Solís,
indicándole que “teniendo resuelto esta Comisión trasladar al Museo Provincial los restos del Toro de
piedra que existió en el puente de esta ciudad y no encontrando para verificarlo carro alguno que le
ofrezca la resistencia necesaria”, salvo el que poseía el destinatario de este escrito, acordó rogarle “se
sirva manifestar si, en obsequio al noble obgeto a que se le destina, tendría inconveniente en prestar
por breves momentos el carro indicado”, bien entendido de que si ocurriera algún siniestro, correría a
cargo de los fondos de la Comisión. A lo que rápidamente, el 8 de junio de 1867, respondió el citado
benefactor en los siguientes términos: “Siempre he recibido con grata satisfacción todas las invitacio-
nes que se me han hecho para contribuir con mis recursos a objetos de interés público y, hallándome
en este caso la que esa respetable Comisión me dirije para conseguir la traslación al Museo Provincial
de los restos del toro de piedra que esistió en el puente de esta ciudad, puede V. hacer presente a
dicha Corporación que espero sus órdenes para poner a su disposición un camión o el carro de baras
que tengo, a prueba los dos, de 50 quintales de peso. Puede elegirse el que sea más a propósito y se
presentará con su tiro de mulas, hasta ocho, y sin responsabilidad de toda clase de siniestros para el
carro y el tiro; porque, si alguno ocurriese, mi delicadeza se resentirá a admitir ninguna clase de remu-
neración”, en ibídem.
Una semana después, la Comisión de Monumentos respondía a don Mariano Solís que “aunque
siempre contó esta Comisión con la buena disposición de V. para todo lo que sea de interés público,
no ha podido menos de ver con la más viva satisfacción lo que se ha servido manifestarla por su aten-
to oficio de 8 del actual”, al tiempo que, después de rendirle un tributo de gracias por su generoso
desprendimiento, le informaba que “piensa trasladar inmediatamente al Museo el toro de piedra del
puente, para lo cual tiene todo dispuesto de manera que el lunes próximo, 17 del actual, pueda car-
garse dicha piedra monumental”, en ibídem.
El 26 de mayo de 1867, La Provincia, en su núm. 22, recogía la noticia de “que, por cuenta de la
Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de esta Provincia se está desenterrando el renombra-
do Toro de piedra que se ostentó sobre el Puente romano de esta Ciudad, desde muy remotos siglos
y que yacía hace ya bastantes años en completo olvido, mutilado y enterrado a la orilla derecha del
Tormes”. Y unos días más tarde, exactamente el 30 de junio, la misma revista salmantina publicaba que
“el antiguo todo del Puente, contemporáneo de romanos, ha sido trasladado al Museo provincial”, fina-
lizando con el siguiente párrafo: “Muchas son las personas que han presenciado las dificultades que
ha sido preciso vencer para mover y arrastrar por un terreno arenoso mole tan pesada. El Sr. D. Maria-
no de Solis prestó gratuitamente un excelente carro frances y siete mulas para el arrastre; debemos hacer
público este rasgo de generosidad que honra à su autor. La piedra sin embargo no llegó al Museo sin
una sensible averia, se abrió en el camino à consecuencia de una caída, y no pudieron salvarla las fuer-
tes grapas con que se le había fortalecido”.
89 “El toro que antes se encontraba bajo uno de los arcos, se halla al presente, convertido en
informe mole, en el vestíbulo del claustro del convento de San Esteban”, en ARAÚJO, F. Ob. cit., pág.
359.
90 Exactamente, en octubre de dicho año fue repuesto el toro del puente en su lugar originario
por iniciativa del Centro de Estudios Salmantino que presidía el catedrático D. Manuel García Blanco,
contando con la colaboración del ayuntamiento, cuyo Alcalde era D. Carlos Gutiérrez de Ceballos. El
acto tuvo lugar para conmemorar el IV Centenario de la publicación de El Lazarillo de Tormes, y en
él intervino el catedrático de Arqueología, D. Juan Maluquer de Motes. Agradezco esta información a
mi amigo y contertulio D. Manuel García Ibáñez.
entrada, su lugar de origen, de donde, refrendando las palabras del profesor Mar-
tín Valls, nunca debió ser movido, aunque, eso sí, sobre un pedestal escasamente
acorde con el entorno y con la propia escultura y en el lado opuesto al de su empla-
zamiento primitivo.
Este Arrabal de la Ribera fue, según la tradición, el primitivo territorio de los
mozárabes91, por lo que, en contra del sentir de don José Rodríguez Miguel, vocal
de la Comisión de Monumentos92, bien pudieran pertenecer a ellos y, por consi-
guiente, ser de una cronología anterior, las varias sepulturas “construidas con gran-
des losas de roca arenisca, y entre ellas una entera o vaciada en forma de ataúd,
con la particularidad de tener practicado un hueco cilíndrico en la cabecera”, que,
a finales del siglo XIX, se encontraron con motivo de la excavación practicada en
la enorme escombrera situada entre la plaza del Puente y la puerta del Río, para
mejorar la avenida derecha del Tormes y arreglo de la carretera de circunvalación93.
Desde luego, el cementerio judío, conocido como Hosario de los Judíos, estaba situa-
do al otro lado del río, en el Arrabal del Puente, según consta documentalmente
en la sentencia dada en 1272 por el juez Giralt Estévanez en el pleito que mante-
nían el Concejo y el Cabildo de Salamanca a propósito de unas obras que éste rea-
lizaba en una presa del río94, así como en la licencia concedida en 1557 por el con-
cejo de Salamanca al mercader Luis Sánchez de Canillas para plantar una alameda
en la ribera izquierda del río Tormes95.
Aprisionado entre la parte meridional de la muralla y el río, este arrabal de la
Ribera tenía forma alargada, de orientación este-oeste y disposición claramente
longitudinal; contaba con las parroquias de San Gil96, San Gervasio97, Santiago98,
Santa Cruz99 y San Lorenzo100, si bien las dos primeras no sobrepasaron los lími-
tes de la Edad Media, mientras que las dos últimas se incorporaron a la de San-
tiago en 1802 para, finalmente, desaparecer tres años después. Una zona del extra-
rradio que sufrió a lo largo de los siglos grandes alteraciones en su vecindario: por
los años 1200 la escasa población de la puebla de Santa Cruz fue estimulada por
Alfonso IX de León, concediendo exenciones y franquicias a los que acudiesen a
poblar este distrito101; posteriormente, fue fuertemente golpeada por la riada de
San Policarpo del año 1626, en que perdió más de cien casas102, además quedaron
arruinados los colegios y conventos de la Trinidad calzada103, el de las monjas
agustinas descalzas104 (más seis casas), el de las Niñas huérfanas105, el de San Andrés
96 Situada frente a la puerta del Río, aparece en la relación de collaciones del epígrafe 312. Del
iulgado de Salamanca del fuero salmantino y parece ser que “fue derrocada en tiempos de don Juan I,
como las casas que estaban junto a la muralla en la calle de su nombre, que iba delante de la puerta
del Rio á la de San Pablo…; pues el Concejo procuró desembarazar los muros de aquella parte, para
la mejor defensa de la ciudad por temor á los anglo-portugueses”, según VILLAR Y MACÍAS, M.: Ob.
cit., libro II, pág. 140 y libro IV, pág. 24.
97 Cerca de la aceña del Muradal, también aparece en la relación de collaciones del epígrafe 321.
Del iulgado de Salamanca del fuero salmantino, si bien su rastro se pierde pronto; su última referencia
documental, aunque indirecta, está fechada el 25 de septiembre de 1272, cuando, en una sentencia del
juez Giralt Estévanez, se alude “al vado de Santervas”, en MARTÍN MARTÍN, J. L. et alii. Ob. cit., doc.
333.
98 Entre la aceña del Muradal y el puente romano se halla esta iglesia que también aparece en
la relación de collaciones del epígrafe 321. Del iulgado de Salamanca del fuero salmantino y que “un
caballero salmantino, de la familia de los Maldonados, hallándose en peligroso trance contra los moros
de Córdoba, á donde había ido con el conde don Ponce Cabrera, gobernador ó rico-ome de Salamanca,
fundó por voto que entonces hizo… El dia de la fiesta de su santo titular y la víspera, iban á ella los
concejales á caballo, y el alférez llevaba el pendon de la ciudad; costumbre que llegó hasta el siglo
presente”, según VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro II, pág. 141. Al final, fue la única parroquia que
quedó en este arrabal de la Ribera.
99 Situada próxima a la puerta de San Juan del Alcázar, es otra de las parroquias que aparecen
en la relación de collaciones del epígrafe 321. Del iulgado de Salamanca del fuero salmantino.
100 Situada a la salida de la puerta de su mismo nombre o de los Milagros, al final de la vagua-
da de la Palma o valle de Sahagún y a los pies del alcázar, también figura en la relación de collacio-
nes del epígrafe 321. Del iulgado de Salamanca del fuero salmantino.
101 VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro II, págs. 17 y 141.
102 De las que 27 correspondían a la parroquia de Santa Cruz, 26 a la de Santiago y 43 a la de
San Lorenzo, en ibídem, libro VII, pág. 146.
103 Este convento, sito en las inmediaciones del Colegio de Santa María de la Vega, parece que
fue construido por el deán Álvaro de Paz en el solar de la antigua iglesia de San Juan el Blanco, a par-
tir de los grandes daños causados por otra riada en 1490 (vid. nota 26), si bien ya había sido abando-
nado, pues en 1591 estos religiosos compraron en la calle de Concejo de Abajo (Zamora) la casa prin-
cipal de los señores de Montellano, donde se habían trasladado, en ibídem, libro IV, págs. 63-4.
104 Estas monjas se establecieron en 1594 en una ermita o capilla, dedicada a San Roque, que
el carmelita fray Fernando del Barco había fundado al sur del hospital de Santa María la Blanca y cerca
de la antigua iglesia de San Nicolás. Posteriormente, fue construida otra iglesia algo más cerca de San-
ta Susana. Después de la riada de San Policarpo, se trasladaron a una casa, cerca del palacio de Mon-
terrey, hasta que este conde les fundó frente a su palacio el nuevo y suntuoso convento, en ibídem,
libro VI, págs. 189-90.
105 Establecido en 1600 en una casa frente al convento del Carmen calzado, en ibídem, libro VI,
pág. 159.
de los carmelitas calzados106 (más ocho casas), el de San Miguel de los trinitarios
descalzos107, el de los frailes premostratenses108, así como la iglesia de la ermita
de San Nicolás109 y el hospital de Santa María la Blanca, “donde se cura de males
contagiosos”110 (más 19 casas). Sin embargo, a lo largo del siglo XVII y primeros
años del XVIII, su caserío había crecido y se había densificado de tal manera que
dificultaba el propio tránsito rodado de coches y carros por la “calle que sale del
puente maior para venir a la Iglesia de Santiago, mediante ser tan estrecha y el
mucho comercio que por ella pasa, de que resultan algunas desgracias”, por lo que
el Consistorio municipal llegó a proponer en 1737 la expropiación de “las casas
106 Llegados a Salamanca en 1306, tuvieron que trasladarse en 1499 a la antigua parroquia de San
Andrés, que les fue cedida porque su casa había sido derruida por una avenida del río. En 1581 los
padres fray Juan de Montalvo y fray Pedro de Ojeda construyeron un gran edificio. La destrucción de
este convento por la riada de San Policarpo es afirmada por Villar y Macías, en ibídem, libro IV, pág.
33. Sin embargo, dudamos de tal afirmación, por cuanto en 1776 y 1786 Bernardo Dorado y Antonio
Ponz describían la espléndida fábrica de dicho convento, en concreto, el segundo expresaba lo siguien-
te: “Cerca de la puerta de San Pablo, en el lado derecho de la corriente del Tormes, está el edificio de
mejor arquitectura que hay en Salamanca, obra de Juan de Herrera, y es la iglesia de Carmelitas Des-
calzos, cuya planta es cruz griega. Su portada… sólo un retablo nuevo del crucero es una lástima que
se haya puesto, y sirve de fealdad, pudiéndose juntar éste con el de la inmediata capilla de la Orden
Tercera. Estas extravagancias parecen mal en todas partes, pero mucho peor junto a cosas buenas y en
edificios de esta clase, donde todo lo que se hizo con dirección de Herrera acompañada grandemente,
así en la iglesia como en el convento, siendo su materia por lo general piedras sillares”, en PONZ, A.
Ob. cit., págs. 680-81. Vid. dibujo de este convento en VARGAS AGUIRRE, J. de. Ob. cit., pág. 36.
107 Estos religiosos parece que llegaron a Salamanca en 1605, instalándose pocos años después,
1612, en la antigua iglesia de San Miguel, situada en las Huertas; y en ella permanecieron hasta su des-
trucción por la riada de San Policarpo. Provisionalmente ocuparon una casa en la calle Serranos has-
ta que en 1628 el Cabildo les dio dos casas en la plazuela de San Adrián (Colón), “que agregaron a la
principal de los Sotomayores”, así como a la también principal de José de Paz y Beatriz de Silveira,
donde en 1665 edificaron la iglesia y el convento. Vid. VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro VII, págs.
108-09.
108 Fundado en 1570 a las afueras de la puerta de San Pablo, junto a las Huertas, con el nom-
bre de Santa Susana, por haberlo construido junto a dicha iglesia y al hospital de la Pasión. Debió ser
reparado posteriormente para volver a sufrir deterioro “desde la guerra de la Independencia, pues los
franceses le hicieron sufrir los daños que á otros muchos”, en ibídem, pág. 173. Vid. dibujo de este
convento en VARGAS AGUIRRE, J. de. Ob. cit., pág. 42.
109 Esta iglesia, antes parroquia, fue consagrada por el obispo Vital en 1182, según la inscrip-
ción de una lápida que existió en ella. El 18 de marzo de 1419, el obispo, don Alonso Sánchez Cusan-
za, y el Cabildo salmantino dieron esta iglesia, con su cementerio y casa del ermitaño, a don Antonio
Ruiz de Medina, maestrescuela de la Universidad. Y cerca de ella construyó la Universidad su cátedra
de Anatomía, donde “se haze la Anatomia de los cuerpos” de los estudiantes pobres que morían en el
hospital del Estudio, para, después, enterrarlos allí. Vid. VILLAR Y MACÍAS, M.: Ob. cit., libro II, págs.
139-140. Estos edificios fueron derribados en el año 1802.
110 Continuador del hospital de Santa María de Roncesvalles, edificado en 1110 para los enfer-
mos de las huestes del rey don Alfonso de Aragón que contraían el “mal gálico”, a lo que alude Lope
de Vega, cuando expresa en El Bobo del Colegio: “Hay un hermoso hospital /De Santa María la Blan-
ca, /Donde se curan reliquias /De las flaquezas humanas”, así como el poeta salmantino, José Iglesias
de la Casa: “El joven que sin saber /Qué cosa lujuria fuera, /Por solo la vez primera /Que visitó una
mujer, /Ve el pobre que ha menester /Entrar en Santa María, /Le cayó la lotería”. En 1788 lo suprimió
Carlos III, en Ibídem, libro II, págs. 151-52.
de un lado para desmolerlas”, aunque rápidamente desistió por “el mucho coste
que tendría la conpra de las casas que eran necesarias para la extensión de dicha
calle”111. Pero en el siglo XIX, seguramente a partir de la Guerra de la Independencia,
de nuevo sufrió una gran devastación, convirtiéndose su caserío en “una enorme
escombrera”.
Este arrabal, cabe del puente, fue siempre un lugar de preferente ubicación de
ciertas actividades industriales. A oriente del puente, en la parte del “barrium extra
civitatem erga portam respicientem contra meridiem, iuxta rivum, in sinistra parte
ipsius pontis”, dado en 1102 por el conde Raimundo de Borgoña al obispo Jeró-
nimo, abundaron las ventas y mesones, como el que Martín Fernández Treviño tes-
tó en 1488 a favor del hospital del Estudio, cerca de la iglesia de San Nicolás112,
o como los de Rodrigo de Anaya, Francisco de Castroverde y el denominado
mesón el Gallo, cerca del hospital de Santa María la Blanca, propiedad de la Igle-
sia Mayor113, que aprovechaban una posición ventajosa de paso obligado, junto al
puente y las puertas de acceso a la ciudad, y donde no era infrecuente la exis-
tencia de “tablero de juegos en que se juegue dinero seco” y la práctica de la pros-
titución con “mugeres del partido, rameras, o que sean de malbevir de tres días
adelante”. En esta parte también había una importante industria harinera (la ace-
ña del Muradal, propiedad del cabildo, y “casas donde se pesa la harina”114, ambas
dañadas por la riada de San Policarpo) y, es posible que asimismo existieran indus-
trias textiles, por cuanto una ordenanza municipal de 1570 reservaba para el lava-
do de paños la parte del río que iba desde “la Azeña del muradal abaxo azia la
puente”115. Aquí, próximo al hospital de Santa María la Blanca y al teso de San Nico-
lás, se celebraba el mercado de ganado, origen de la actual plaza del Mercado Vie-
jo; también existían, “unas casas que es donde matan el ganado para el abasto de
las carnicerías” que derribó, junto con sus antepechos, la riada de San Policarpo
de 1626, por lo que, a principios del siglo XVIII, terminaron por ubicarse en una
casa de la Universidad, posiblemente el antiguo mesón de Treviño. Y más allá, en
la zona comprendida entre las puertas de San Pablo y Nueva y el río, salvo los
conventos de Nuestra Señora de la Vega y de los premonstratenses, el resto del
terreno estaba ocupado por huertas, en muchos casos, cercadas; de hecho, esta
zona era conocida con el topónimo Huertas.
111 En A.M.SA. Fondo Municipal, Sección Gobierno. Libro de Actas, caja 3.034, libro 122, fols.
146v-147.
112 Vid. VACA LORENZO, A. Ob. cit., doc. 76. Seguramente fue éste el “mesón muy grande” de
la parroquia de Santiago que se “llevó” la riada de San Policarpo.
113 Al que la riada de San Policarpo “derribóle las caballerizas y todos los corrales”, en VILLAR
Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro VII, pág. 148.
114 Las ordenanzas municipales de principios del XVII ordenaban que “haya en esta ciudad tres
casas, y pesos de arina, vna a la puerta del Rio, y otra a la de Santo Tomas, y otra a la de Villamayor,
y todo el pan que se moliere en las hazeñas desta ciudad, ansi de vecinos della, como de otras partes
pesese a yda y buelta en las dichas casas y pesos”, en VERGAS DE CARVAJAL, A.: Ob. cit., pág. 20.
115 Recogida en la ordenanza general sobre la “Limpieza de las calles”, recopilada en Ibídem,
pág. 10.
121 En 1626, la riada de San Policarpo derriba 27 casas de curtidores en la parroquia de Santa
Cruz y nada menos que 48 casas a los parroquianos curtidores de la de San Lorenzo.
122 Según consta en un extracto de escritura de arrendamiento que de su solar otorgó la ciudad
de Salamanca a Cristóbal Moreno el 30 de octubre de 1680, en A.M.SA. Fondo Municipal. Sección Gobier-
no, caja 3.380, libro 1.230, fols.400v-01v.
123 DORADO, B. Ob. cit., pág. 321.
124 VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro V, pág. 101, donde, además, afirma que “todavía exis-
te la fachada construida en el siglo XVI”, con una serie de inscripciones.
125 CABO ALONSO, A. II. Emplazamiento y primer desarrollo de la ciudad. En Salamanca. Geo-
grafía. Historia. Arte. Cultura. Salamanca: Ayuntamiento de Salamanca, 1986, pág. 21.
de San Francisco, desde adonde se comiença a baxar, y llaman todo lo que se baxa,
hasta nuestra Señora de los Milagros, el valle de Safagun. Comiença el otro mon-
te a subir desde San Ioan del Alcaçar hasta las escuelas, y Iglesia Mayor, desde adon-
de se torna a baxar hasta el tercer monte, que en lo mas alto del tiene su asiento
la Iglesia de San Christoual, que es el mas encumbrado de todos, desde el con la
vista se sujeta la mayor y mejor parte de la Ciudad126.
Pues bien, atravesado el río Tormes por el puente romano, así como el Arra-
bal de la Ribera, seis eran los posibles accesos que la ciudad ofrecía al mediodía
y que sucesivamente de poniente a oriente eran:
126 Así describe la orografía urbana de Salamanca GONZÁLEZ DE ÁVILA, G. Ob. cit., págs. 6-7.
127 Ibídem, pág. 22. Esta ermita de Santa María de los Milagros fue fundada en 1470 por los feli-
greses de las parroquias de San Lorenzo y San Blas, según VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro V, pág. 101.
Sin embargo, el cambio de denominación de esta puerta (San Lorenzo->Milagros) sucedió a principios
del siglo XVII, según afirma GONZÁLEZ DE ÁVILA, G.: Ob. cit., pág. 22: “y en nuestros tiempos ha veni-
do a perder el nombre, dándosele de la puerta de los Milagros”.
128 DORADO, B. Ob. cit., pág. 33.
129 La riada de San Policarpo de 1626 derribó dieciséis casas de la parroquia de San Blas, en
VILLAR Y MACÍAS, M.: Ob. cit., libro VII, apéndice III, pág. 146.
130 “La ciudad tiene su origen en un importante castro amurallado en los siglos IV-III antes de
J.C. que abarcaba el cerro de San Vicente y la Peña Celestina y teso de las Catedrales, incluyendo en
su interior la gran vaguada del arroyo de los Milagros, probablemente utilizada para cerrar los gana-
dos tribuales, tal como acontece en castros abulenses que poseen un recinto amurallado con idéntica
finalidad”, en MALUQUER DE MOTES NICOLAU, J. Carta arqueológica de España. Salamanca. Sala-
manca: Diputación Provincial de Salamanca, 1956, pág. 97.
que sostienen Martín Valls, Benet y Macarro Alcalde, de que en época prerroma-
na se usase la vaguada como excelente encerradero de ganado, sin tener que cons-
truir con ese fin un recinto especial, refrendada por la cercana presencia del toro
del puente, cuya finalidad en este caso, como ya se indicó, podría ser la de una
efigie protectora del ganado131.
Así denominada por estar cerca del alcázar132, demolido parcialmente en 1470
por el Concejo salmantino, con el beneplácito del rey Enrique IV133, y de una igle-
sia dedicada al apóstol San Juan que fue derribada en 1569134, en la parte alta de
131 MARTÍN VALLS, R., BENET, N. y MACARRO ALCALDE, C.: “Arqueología de Salamanca”, en
Actas del I Congreso de Historia de Salamanca. Salamanca, 1992, tomo I, pág. 106.
132 Es el término que utiliza la documentación medieval para referirse a esta fortaleza, mientras
que el de castillo siempre se reserva para aludir a las otras dos fortalezas que existían en las puertas
del Sol y del Río. “Ocupaba el alcázar lo más alto del distrito dominando el río y el puente desde tiem-
po inmemorial”, según QUADRADO, J.Mª.: España. Sus monumentos y artes – Su naturaleza é histo-
ria. Salamanca. Barcelona, 1884 (Reim. Salamanca, Ediciones Diputación de Salamanca, 2001), pág.
185; por su parte, ARAÚJO, F.: Ob. cit., págs. 57 y 120 atribuye la construcción o, al menos, “la reedi-
ficación del Alcázar con prohibición á los judíos y abadengos de que se excusasen de contribuir á ella”
al infante don Sancho en el año 1280; mientras que VILLAR Y MACÍAS, M.: Ob. cit., libro II, pág. 22
afirma haber sido construido “al verificarse la repoblación”. La primera alusión documentada directa
de este alcázar está fechada en febrero de 1263, en la venta que Diego Correonero y su mujer, Domin-
ga Pérez, realizan a favor del deán de Salamanca de “unas tenerías, que nos havemos sola Alcazar, et
son ende exterminadores: de la una parte. . .; et de la otra parte la carrera que va de Sancta Cruz pora
Sant Lorienze”, mientras que la primera referencia documental indirecta se remonta a 1257, cuando “Iuza-
fon iudeu et mia muler Orvilida, vendemus a vos Ioan Martín, unas casas que nos avemus en la cola-
ción de San Joan del Alcazar”, en MARTÍN MARTÍN, J.L. et alii: Ob. cit., docs. 300 y 268.
133 De acuerdo con una cédula que, según QUADRADO, J.Mª.: Ob. cit., pág. 186, nota 1, exis-
tía en el Archivo Municipal y expedida “por el rey en Segovia á 13 de setiembre de 1472, en que refi-
riéndose á otra de 31 de julio anterior con un notable preámbulo sobre la dignidad y autoridad real,
faculta á la ciudad para derribar sin pérdida de tiempo el alcázar, haciéndole donación de la taberna
de vino blanco que tenían los alcaides cerca de la iglesia de San Juan, y de los derechos y rentas de
las casas así de cristianos como de judíos situadas en la puebla de dicho alcázar, y del castillaje y mon-
tazgo y pasaje de los ganados que pasan por el puente, y de las penas del fosario de los judíos, y de
la madera, teja y clavazón del alcázar y de su solar”. El derribo no debió ser muy completo, “pues cuan-
do los franceses en 1812 construyeron en San Cayetano uno de sus fuertes, tuvieron que emplear muchos
barrenos de pólvora para destruir los restos que aún quedaban del antiguo Alcázar”, en VILLAR Y MACÍAS,
M.: Ob. cit., libro II, pág. 22. El hecho que motivó este derribo fue que, poco antes de la llamada far-
sa de Ávila (1465), se habían refugiado y apoderado de él Pedro González de Hontiveros y los caba-
lleros del bando de San Benito, parciales del infante don Alfonso y contrarios al rey Enrique IV. El apo-
yo que los salmantinos y, en especial, los miembros del bando de San Martín prestaron al rey en situación
tan delicada fue recompensado, una vez derrotada la Liga nobiliaria el 19 de agosto de 1467 en la bata-
lla de Olmedo, con la concesión de la feria franca de septiembre, vid. VACA LORENZO, A.: “La con-
cesión de la feria de septiembre a Salamanca (a. 1467)”, en Salamanca. Revista Provincial de Estudios,
26 (1990), págs. 281-92.
134 Motivada “para dar más amplitud al terreno en que alzaban el Colegio de la Órden Militar
de Santiago, llamado del Rey. Y el 30 de Enero se hizo la solemne traslación á la de San Bartolomé,
donde quedó agregada”, en VILLAR Y MACÍAS, M.: Ob. cit., libro II , pág. 109.
la Peña Celestina, entre los antiguos colegios de San Cayetano135 y del Rey136; orien-
tada al naciente, daba salida a la calle que aún lleva el nombre de San Juan del
Alcázar, una subida escarpada que dificultaba su acceso y contribuía a que fuera
menos frecuentada. Incluso, Villar y Macías señala que en la segunda mitad del
siglo XIX, cuando volvió a facilitarse el paso por ella, aún se conservaba la base de
las jambas de duro granito que formaban esta puerta y que, “á juzgar por el espa-
cio que las separaba, tenia mas bien las proporciones de portillo que de puerta”137.
En este caso, tampoco ningún historiador la convierte en umbral de entrada
de la Vía de la Plata a la ciudad de Salamanca, si bien, por excavaciones reciente-
mente realizadas por Serrano-Piedecasas y Muñoz García, parece que esta puerta
135 También llamado de la Providencia por el voto de sus frailes de vivir de las limosnas ofre-
cidas voluntariamente, inicia su presencia en Salamanca en 1683, cuando los padres Antonio de Ven-
timiglia, siciliano, y Jerónimo Abarrategui y Figueroa, vizcaíno, compraron a la clerecía de San Marcos
una casa, que había pertenecido al judío Hain Pardo, sita en la calle de San Juan del Alcázar y a espal-
das del Colegio del Rey. En 1709 acabaron de construir este convento, después de que el obispo Fran-
cisco Calderón de la Barca les hubiera dado nueve casas, en la calle del Águila Vieja y contiguas al
primitivo convento, además de siete mil ducados. Su iglesia, construida por los Churriguera, tenía una
decoración tan recargada y delirante, al decir de A. Ponz, que J. de Vargas no duda en expresar su ale-
gría cuando afirma: “felizmente para el arte, la derribaron los franceses en 1812, al convertirla en punto
fortificado”, en VARGAS AGUIRRE, J. de. Ob. cit., pág. 60. Sobre este convento, vid. DORADO, B.: Ob.
cit., págs. 492-93, PONZ, A. Ob. cit., pág. 674 y VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro VII, págs. 117-18.
136 Perteneció a la orden de Santiago y su fundación se atribuye al emperador Carlos V, en 1534,
aunque la mayor parte de la construcción del edificio discurrió en tiempos de su hijo, Felipe II, por lo
que fue conocido con el nombre de Colegio de Rey. La obra duró mucho tiempo; los planos corres-
pondieron a Rodrigo Gil de Ontañón, que murió sin terminarla en 1577, por lo que hubo de concluirla
el arquitecto Juan Gómez de Mora. Era un “edificio de los mejores que tiene Salamanca, con dos torres
que le hermosean, que miran azia el Mediodia, adornadas con rejas y escudos de la Religión”, al decir
de GONZÁLEZ DE ÁVILA, G. Ob. cit., pág. 476; opinión que comparte PONZ, A.: Ob. cit., pág. 673,
cuando escribe que este colegio es “de lo mejor que hay en Salamanca, con magnífico patio, galerías
alta y baja, y columnas de orden dórico alrededor, sin pedestales, obra verdaderamente seria y majes-
tuosa, como son las demás partes del colegio”. Su capilla se dedicó a Nuestra Señora de Detén tu día
(vulgo de Tudía), en recuerdo a un curioso milagro sucedido en tiempos del rey Fernando III al gran
maestre de la Orden de Santiago, don Pelay Pérez de Correa, en VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro
VI, págs. 133-37. Fue demolido por los franceses en 1812.
137 Ibídem, libro II, pág. 33. El jueves, 21 de octubre de 1867, la revista salmantina La Provin-
cia, en su número 65, recogía la siguiente noticia: “Las obras que por cuenta del Ayuntamiento de esta
Ciudad se estan haciendo en la Peña Celestina, para demoler la parte mas peligrosa de esta, han pues-
to de manifiesto una antigua entrada de Salamanca. Llamóse Puerta de S. Juan del Alcazar, y estaba en
el sitio por donde ahora es dado bajar al barrio de extramuros. Tuvo tal nombre aquella Puerta, por
estar junto à la iglesia parroquial de S. Juan Evangelista, suprimida y agregada à la de S. Bartolomé en
1578, y junto al antiguo Alcázar de esta ciudad, edificio de curiosa é importante historia, demolido en
1469.
A la entrada de aquella Puerta de la Ciudad estuvo en lo antiguo el barrio y mercado de los Judios,
sujetos al alcaide de la citada fortaleza. Por esto aquel barrio se ha llamado la Judería aun en tiempos
muy recientes. Y en el mismo sitio se levantaron el colegio militar (del Rey) de la Orden de Santiago,
hoy cuartel, y el Colegio de la Providencia (de págs. de S. Cayetano).
Fuera muy util à las gentes que en las Tenerías y en las afueras de los Milagros y del Río, la con-
servación de la entrada nuevamente abierta hoy à la ciudad. La antigua existencia de la Puerta de san
Juan del Alcazar confirma nuestra indicación”.
pudo jugar un papel estelar en época prerromana, en que los castros vettones se
hallaban situados en lugares de difícil acceso y fácil defensa. Entonces, esta puer-
ta estaba dispuesta en acodo, aproximadamente a mitad de la cuesta de San Juan
del Alcázar138, cuyo arranque debió estar situado más al naciente, según se des-
prende de una excavación últimamente practicada por Muñoz García en la subi-
da occidental a la puerta del Río, al descubrir diversas unidades estratigráficas de
cenizal celtibérico con abundante material, y comprimido entre las mismas un sue-
lo de ocupación compactado con tierra cocida, seguramente debido a un incen-
dio, en el que se aprecia una mezcla de cerámica de tipo común reductora, como
celtibérica oxidante barnizada que remite un margen cronológico del siglo IV al siglo
I a. de C. Lo curioso es que ese suelo de ocupación compactado, de un espesor
entre 8 y 12 cm, no buza en el sentido de la rampa actual de la puerta del Río, de
cuya existencia tan temprana dudan, sino que conforma un plano inclinado que
toma dirección hacia la cuesta de San Juan del Alcázar139.
“la Sinoga Menor”143, y próximo al “castiello” de la puerta del Río y “que va pora
la puente”144. La calle interior que desembocaba en este Postigo Ciego y que sería
prolongación de la actual calle Libreros, parece que recibía el nombre de Baldre-
sería, por la actividad del cuero que, desbordando el ámbito estricto del barrio extra-
muros de la Ribera de Curtidores, se incrustaba en esta parte alta de la ciudad145,
si bien, quizás por exceder esta actividad dicha calle, también se aludía con el mis-
mo nombre a la zona aledaña146.
Desde fines del siglo XIII, no vuelve a aparecer en la documentación este Pos-
tigo Ciego. Sin embargo, posteriormente, en 1384, conocemos la existencia de “un
postigo nueuo que se fiso en la çerca”, que creemos, por los datos de localización
que el documento aporta, abierto próximo a aquél, quizás un poco más hacia el alcá-
zar147. Un siglo después, recibe el nombre de postigo de la judería en sendos docu-
mentos fechados en 1486148, si bien, un nuevo documento, datado el año siguiente,
cerca de la Signoga, cononbradamientre las que fueron de Barut baldresero et son ende linderos: elas
casas de San Millan et elos fiios de fiio Caro et donna Sevilla et Oro dueña mugier que fue de Baru,
et la calle que desçende al Postigo Çiego”; así como en otra escritura, fechada el 7 de agosto de 1299,
por la que “el rabi Çage Cohen et yo don Vellido fijo de Çage de Cuellar et yo Samuel fijo de Yuçef
Vasallo et yo Oruçete mogier que fuy de Yuçef Vasallo, todos de mancomun vendemos a vos Bertola-
me Iohannes, clerigo de Sant Martín, una casa que nos avemos al corral, entre la Sinoga et el Pasago
(Postigo), de que son linderos: la bodega de Santa Maria que tenia don Çulema Anglada; las casas que
fueron de Çague de Medina el baldrosero et el muro”, en ibídem, docs. 351 y 459.
143 Tal como se describe el 4 de marzo de 1279 en la escritura de compraventa realizada por el
canónigo Martín Pérez a Domingo Pérez, clérigo de Santa Cruz, de tres casas, una de las cuales, ubi-
cada “en Barrio de Yodios”, estaba delimitada por “Yago Catarribas et Oro Duena, la moger de Baru;
et la Sinoga Menor; et esta es al Postigo Çiego”, en ibídem, doc. 364.
144 Como figura en un documento del 30 de septiembre de 1278, en el que el judío Albolfaçen
Calvo y su mujer, Oro Sol, venden al canónigo Pascual “unas casas con tres cubas et una tina et tres
tinajas. Onde son linderos: el Castiello et el Postigo que va pora la puente; et la calle que va pora la
Sinoga Vieia; et el Çague de Medina et Iuçefe el Coxo”, en ibídem, doc. 362.
145 Así aparece denominada el 29 de enero de 1384, cuando Francisco Sánchez, tesorero de la
catedral, saca a renta “dos casas que están en par a la calle de la Baldresería, que vacaron por muer-
te de Çagui (sic) Catarribas, baldresero, de las quales casas son aledaños de la vna parte casas e corral
de Santa María, e de la otra parte la calle que va al postigo nueuo que se fiso en la çerca”, en CARRE-
TE PARRONDO, C. Fontes Iudaeorum Regni Castellae. I Provincia de Salamanca. Salamanca: Univer-
sidad Pontificia de Salamanca, 1981, doc. 258. En ella, en 1409, poseían casas don Jucef, hijo de don
Men Hacen, Zagüe Leal y don Hain Nahum, según QUADRADO, J. M.ª. Ob. cit., pág. 187, nota 4.
146 Por lo que parece deducirse de dos documentos: uno, fechado el 29 de diciembre de 1409,
en el que Yucef Abenmanco, judío, hijo de don Manahen Abenmanco, vende por 5.000 mrs. a don
Alfonso Martínez, canónigo de Salamanca, “vnas casas que yo he aquí, en la dicha çibdat, a la Bal-
dresería, en la puebla de Sant Juan del Alcáçar; de que son linderos: casas de Çag Leal, de la vna par-
te, et de la otra parte, casas de don Hayn Nahun”, en A.C.SA., caj. 3, leg. 2, núm. 33-bis. Y, otro, del
30 de octubre de 1415, en el que Juan González, canónigo subcolector del papa, sacó en renta unas
casas “que son en la Baldresería, que están al canto de la calleja, como van a la Vera Crus, a mano
derecha, que vacaron por muerte de Garçía Rodríguez, converso”, por 110 mrs. y un par de gallinas.
El lunes, 4 de noviembre de 1415, las traspasó a Antonio Rodríguez de Jerez, estudiante de Leyes, quien,
a su vez, dio por fiador a Lope Fernández de Vega, en A.C.SA., Actas Capitulares II (1413-1474), fol.
96. Ambos citados en CARRETE PARRONDO, C. Ob. cit., docs. 274 y 306.
147 Vid. nota 145.
148 El 21 de julio de 1486, porque el Cabildo salmantino había dado en renta “vnas casas al pos-
tigo de la judería que avían vacado por muerte de Antón García, clérigo”, las remató en García Pérez,
racionero de Salamanca, en 380 mrs. Y el 9 de agosto del mismo año, el mismo Cabildo, junto con el
nos plantea serios interrogantes sobre la exacta ubicación de este nuevo postigo,
al delimitar un suelo y solar que don Juan de la Serna, prior del monasterio de
San Vicente de Salamanca, da en censo enfitéutico a Francisco Abellote, en los siguien-
tes términos: “vn suelo e solar que es del dicho mi monesterio, a la colaçión de
Sant Blas, en que ay quarenta pies en ancho e ochenta pies en luengo, poco más
o menos, que es en el valle de Sant Fagúnd, que ha por linderos, de la vna par-
te, solar e casa de Rodrigáluares de Salamanca, e de la otra solar de Mari Garçia,
muger de Juan Garçia, corredor, /e por delante la puerta la calle que va de la çib-
dad al postigo de la Judería, que sale a Sant Lorenço, e por detrás la colada149.
A partir de la Edad Media se pierde toda referencia de estos postigos. Sin embar-
go, a mediados del siglo pasado, José Mª. Muñoz pudo constatar arqueológicamente
su existencia, al descubrir en el muro de un viejo edificio situado muy cerca del
puente romano una galería-corredor en cuesta, “construido con piedras de sillería,
que tenía 4,35 metros de longitud y 2,60 de altura, con bóveda en ojiva, presen-
tando el mismo, a casi un metro de su salida, una ranura de 28 centímetros de ancha
por la cual descendería una pesada puerta de guillotina o un fuerte rastrillo”; aquel
corredor afirmaba ser el Postigo Ciego150. Lo que ha llevado a pensar en la hipó-
tesis de que se trataba de un portillo disimulado que sirvió de salida de emergencia,
principalmente, a los judíos151, ya que el citado Muñoz, al abrir un pozo en el sóta-
no del antiguo convento de la Merced Calzada152, que había sido construido en el
solar de la Sinagoga Vieja153, logró poner en comunicación el Postigo Ciego con
deán, traspasan “vnas casas al postigo de la judería, que vacaron por [muerte de] Antón García, cléri-
go, las quales tenía por preçio” de 380 mrs., a “Graçia, muger de don Daví Arroyo, vecino desta çib-
dad, que presente estava…; e dio por fiadores a doña Graçia, muger de Rabí Judá, físico, judía, veci-
na de la dicha çibdad”, en CARRETE PARRONDO, C. Ob. cit., docs. 353 y 354. Asimismo, el 26 de octubre
de este mismo año, Diego Ruiz de Camargo, administrador de la Universidad de Salamanca, dona al
Cabildo “vnas casas que yo he e tengo en la Judería desta dicha çibdad, al postigo de la Judería; de
las quales son linderos: de vna parte, casas de Garçía Barroso, platero, y de la otra parte, la calle que
va para la Sinagoga, et por delante, la calle pública del Rey”, en A.C.SA., caj. 4, leg. 2, núm. 19, fol.
4r. y cit. en MARCOS RODRÍGUEZ, F. Ob. cit., doc. 1.083.
149 En Archivo de la Universidad Pontificia de Salamanca. Fondos Históricos, caja 157, carpeta
5. Cit. en CARRETE PARRONDO, C. Ob. cit., doc. 356.
150 MUÑOZ, J. M.ª. Las murallas salmantinas y sus puertas. El Postigo Ciego. En Zephyrus, IV,
1953, pág. 32.
151 GONZÁLEZ GARCÍA, M. Ob. cit., pág. 45.
152 Aunque la presencia de los religiosos mercedarios calzados en Salamanca se remonta a 1331,
en que se establecieron en el arrabal del Puente, la fundación de este convento tuvo lugar en 1412, a
partir de la conversión de los judíos llevada a cabo, un año antes, por san Vicente Ferrer, según el siguien-
te relato, narrado por GONZÁLEZ DE ÁVILA, G. Ob. cit., págs. 348-349: “Y porque en Salamanca y
Zamora estauan dos Sinagogas principales, en este mismo año vino à predicar à Salamanca, y tomó
estrecha amistad con vn Iudio, negociando con el buscasse medio como vn dia entrasse en la Sinago-
ga, quando los Iudios estuuiessen juntos celebrando las fiestas de sus Sabados. El qual le dixo la for-
ma y manera que auia de tener en todo, señalandole vn dia cierto para ello. Traia el glorioso Santo en
la mano vna Cruz; entrò en la Sinagoga quando ninguno de los de dentro pensaua en ello; alborota-
ronse todos; sossegòles con amorosas razones, rogándoles le oyessen lo que les queria dezir: y ende-
reçando la platica à dar à sus almas luz, començò à predicar. Y por la misericordia de Dios, estando
predicando, aparecieron sobre las ropas, y tocas de todos los que estauan en la Sinagoga vnas Cruzes
blancas. Y como lucha muchas vezes el fauor del cielo, con la violencia de la tierra, vista por los Iudios
vna tan gran marauilla, como era toque del cielo (a quien nadie puede resistir sin gran peligro) todos
pidieron el agua del Baptismo y que querían ser Christianos, conuirtiéndose, tomando muchos el nom-
bre de Vicentes, en memoria del Santo, por cuya mano les auia venido el mayor bien que puede espe-
rar vn alma infiel”.
Y, “por quanto los judios de la dicha çibdat eran tornados e conuertidos a la santa fee catolica
tanto que non avia en ella saluo muy pocos judios” (según se expresa un año más tarde en un docu-
mento en que el rey Juan II concede a la Universidad “vna casa que dezian del midras con vnas casas
e corrales al derredor… para fazer en ella ospital”. Vid. ONÍS, J. M.ª de. Los documentos reales del Archi-
vo Universitario de Salamanca. Salamanca, Memoria de la Universidad de Salamanca. Curso 1883-84,
doc. XLVII), la Sinagoga, a instancia del padre mercedario fray Juan Gilaberto, compañero de san Vicen-
te Ferrer, fue cedida a estos religiosos, para edificar su colegio que, en memoria del prodigio anterior,
tomó rápidamente el nombre de la Vera Cruz (así consta en un documento fechado el 11 de septiembre
de 1413, en CARRETE PARRONDO, C. Ob. cit., doc. 285), “y lo que era Sinagoga, es oy dia refitorio,
y en el está viua la puerta por donde entró el Santo à predicar”.
A fines del siglo XVI o principios del siguiente se acometieron importantes reformas en este edifi-
cio, gracias a la liberalidad del maestro fray Francisco Zumel, general de dicha orden, al igual que a
fines del siglo XVIII, “bajo las trazas y dirección del arquitecto D. Jerónimo Quiñones”, pero desde lue-
go, el mal gusto dejó señalada la huella en su fábrica, al decir de FALCÓN, M.: Ob. cit., págs. 316-17
y de PONZ, A. Ob. cit., págs. 673-674. En abril de 1812 fue demolido por los franceses y, después de
la guerra de la Independencia, “comenzó su reedificación, y quedó en el estado en que hoy se halla”,
en VILLAR Y MACÍAS, M.: Ob. cit., libro IV, págs. 61-62.
153 Sobre el número y exacta ubicación de las sinagogas salmantinas no hay certeza plena. En
1257 se data la primera mención documental, cuando el judío Iuzafón y su mujer Orvilida venden unas
casas en la colación de San Juan del Alcázar, limitadas, entre otros, por “ela cal que vay por cabo la
sinagoga”, en MARTÍN MARTÍN, J. L. et alii. Ob. cit., doc. 268. En julio de 1265, cuando Nuño Yánez,
alfayate, y su mujer Marina Martín venden otras casas, las sitúan “en Barrio de los Iudios, ena cale de
la Sinagoga Vieya”, en Ibídem, doc. 308. Esta denominada Sinagoga Vieja creemos que, por los datos
que aportan los documentos que la mencionan (268, 308, 351, 355, 358, 362, 364, 433 y 459), es en la que
penetró san Vicente Ferrer y se convirtió en convento mercedario de la Vera Cruz.
Otra nueva sinagoga aparece mencionada con el calificativo de Menor en una compraventa de
varias casas, realizada el 4 de marzo de 1279, que se situaban: una, “a Barrio de Yodios, çirca la Sino-
ga Menor, de que son linderos: las casas de donna Servilla et Oro Duena, la moger de Baru yudio; et
la calle que va por la Sinaoga”; otra, “en Barrio de los Yodios, de que son linderos: Yago Catarribas et
Oro Duena, la moger de Baru; et la Sinoga Menor; et esta es al Postigo Çiego”; y la tercera, “çerca la
Sinoga Vieya, de que son linderos: vos mismos (Domingo Pérez, canónigo) que complades; et las casas
de Santa María”, en Ibídem, doc. 364.
Una tercera sinagoga figura en la documentación del Archivo de la Catedral con el calificativo de
Nueva, cuando, el 13 de febrero de 1281, Juan Martínez, compañero de la iglesia de Salamanca, com-
pra unas casas “ena collaçión de San Ioan del Alcaçar; onde son linderos: las casas de Santa María; et
la muger de Pay Núñez, et la calle que vien de San Ioan del Alcaçar et va pora la Signoga Nueva”, en
Ibídem, doc. 380. La anterior y ésta parecen ser una misma, situada más próxima a la puerta del Río y
en el Postigo Ciego. Esta sinagoga fue, según todos los indicios, la que, una vez expulsados los judíos,
donaron los Reyes Católicos, el 25 de julio de 1492, al Cabildo salmantino (documento publicado en
VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit., libro V, apéndice VIII), quien construyó en su solar casas que, por ren-
tar poco y estar deterioradas, vendió en 4.000 mrs. a Benito de Castro el 17 de marzo de 1507, en ibí-
dem, pág. 37.
Sin embargo, es posible que lo que descubriera José Mª. Muñoz no fuera el
Postigo Ciego, sino más bien, la colada que el convento de la Merced había cons-
truido, posiblemente, sobre alguno de los postigos referidos, tal como consta en
una escritura del 8 de junio de 1628, en la que Cristóbal del Valle, curtidor, reco-
noce tener un censo perpetuo a favor de la ciudad por 500 mrs. de renta anual,
“como posehedor de dos suelos que fueron casas, en la parroquia de Santa Cruz,
arrimados al toro del puente, junto del río Tormes, como se ba a arroyo, avajo de
la colada del conbento de la Veracruz para el río, a mano izquierda, que la mis-
ma puerta es cimiento de dichos suelos, que tenían siete basos de curtidor”154.
Salvo Julio González155, ningún historiador ha concedido relevancia a esta
puerta de acceso al recinto urbano de Salamanca; al contrario, hay quien ha lle-
gado a afirmar que el mismo nombre de portillo revela la menor importancia que
tuvo comparado con otras puertas156. Sin embargo, son muchos los que han seña-
lado el evidente alineamiento existente entre ella, el puente (Postigo que va pora
la puente) y la actual calle Libreros, que, según general opinión, fue en época roma-
na el eje y centro de la vida política y comercial, el cardo maximus, donde pudo
situarse el Pretorio u otro edificio municipal, en el solar hoy ocupado por la Secre-
taría General de la Universidad, como parece sugerir el hallazgo en el antiguo Cole-
gio de San Millán, es decir, en las inmediaciones del paso de la Vía de la Plata y
en la parte más alta de la acrópolis, de un pedestal de mármol que ostenta una
dedicatoria al emperador Caracalla por el Ordo Salmanticensium157.
Efectivamente, todos los indicios apuntan a que la actual calle Libreros fue en
época romana el verdadero eje estructurador del espacio urbano salmantino ante-
rior a la repoblación raimundiana. Su alineamiento, al norte, con la desaparecida
Puerta del Sol y, al sur, con el puente romano a través de los obstruidos calle de
De todas formas, es posible la existencia de una sinagoga más en Salamanca, pues se sabe que
el obispo Juan de Castellanos, que gobernó la diócesis durante 1382-1389, intentó arrebatar a los judíos
una de sus sinagogas con objeto de reducir su influencia en la ciudad (en CARRETE PARRONDO, C.
Ob. cit., doc. 254). Intento que debió fructificar, por cuanto, el 19 de febrero de 1389, el papa Urba-
no VI pide a Fernando Martínez, escolástico de Salamanca, que le informe de la queja alegada por los
judíos salmantinos contra el obispo anterior por haberles desposeído de una sinagoga, en la que entró
y consagró como iglesia “sub nomine et vocabulo sancti Salvatoris”, al tiempo que le pedían licencia
para construir una nueva, en BELTRÁN DE HEREDIA, V. Bulario de la Universidad de Salamanca (1219-
1549). Salamanca: Universidad, 1966, I, doc. 191.
154 Vid. nota 119.
155 “Considerando la topografía, la época y las circunstancias políticas y económicas, vemos que
los focos directrices de la planta de Salamanca a los cuales obedece el trazado de calles, plazas, etcé-
tera son: 1º Las puertas de las cercas, determinadas a su vez por las vías de acceso exterior; como prin-
cipales tenemos la calzada de la Guinea, que a través del puente romano comunicaba a la ciudad con
todo lo del Sur del Tormes, la cual entraba por la Puerta del Río y por el Postigo Ciego y salía por la
Puerta del Sol, de la cual partían otras vías como la de Toro”, en GONZÁLEZ, J. Ob. cit., págs. 256-257.
156 GONZÁLEZ GARCÍA, M. Ob. cit., pág. 46.
157 Vid. MARTÍN VALLS, R.; BENET, N. y MACARRO ALCALDE, C. Ob. cit., pág. 112. Este pedestal
se halla en el Museo Provincial y lleva la siguiente inscripción: “IMP.CAES / M.AVR.ANTO/NINO AVG / F.
L. SEpág. SEVE/RI. ORDO / SALMANTIC.”, en ROLDÁN, J. M. La integración administrativa. En Historia
de Salamanca. I Prehistoria y Edad Antigua. Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos, 1997, pág. 274.
158 “Respecto de la traza urbana durante la dominación romana, solamente podemos imaginar
la existencia de una calle importante que atravesaba toda la ciudad, uniendo las dos puertas de la mura-
lla de que tenemos noticias; la principal al norte, por la cual tenían acceso los carros y carretas, y la
del Río por la que se entraba a la ciudad desde el puente. La parte llana de esta calle, situada entre el
Pretorio y la puerta principal, debió ser el eje y centro de la vida política y comercial. Esta calle es la
que determinó después de la repoblación, en la Edad Media, la traza de la Rúa Nueva que más tarde
se llamó calle de Libreros”, en MARTÍN HERNÁNDEZ, V. Ob. cit., pág. 14.
159 ARAÚJO, F. Ob. cit., pág. 107.
cerca vieja por abrirse a una zona despejada, de fácil acceso para el tráfico roda-
do y orientada hacia las futuras plaza de San Martín y puerta de Zamora que
cobrarán una excepcional importancia con la ampliación medieval del recinto
amurallado, desde mediados del siglo XII.
(Continuará)
ANÁLISIS CONSTRUCTIVO
DEL PUENTE MAYOR DE SALAMANCA1
1 Este texto deriva de un informe del mismo título que me fue encargado a través de José María
Cabrera. En mi primera visita al puente para realizar el informe, subí a la ciudad en busca de infor-
mación documental y tropecé con el Museo de Historia de la Ciudad. Allí accedí a María José Frades,
su directora, que tuvo la amabilidad de atender mis consultas y hacerme llegar buena parte de los textos
que figuran en la bibliografía final y, sin los cuales, mi conocimiento del puente se habría limitado a
una torpe visión técnica. Pedro Navascués, como es su costumbre para conmigo, me dejó algunos de
los mejores libros y mis hijos Javier y Miguel Ávila Nieto han montado la documentación gráfica.
2 “...los 14 arcos más cercanos [a la ciudad] y la mitad del 15 [de los 26 de que consta] son roma-
nos.” BENET, Nicolás. Informe sobre el puente romano de Salamanca. julio 1986, pág. 1.
3 “Las calzadas militares tenían de 4 a 6 m de latitud y las había enlosadas, afirmadas o sim-
plemente explanadas. Sobre el Tormes [los romanos] construyeron el puente de piedra...”, ALZOLA Y
MINONDO, Pablo. Historia de las Obras Públicas en España. Madrid: Colegio de Ingenieros de Cami-
nos, Canales y Puertos, 1994.
4 “Vense las ranuras donde se apoyó la cimbra (si no es que primitivamente tuvo maderaje en
lugar de arcos) dispuestas con regularidad de 5 en 5 a cada lado de las pilas en su penúltima hilada”.
GÓMEZ MORENO, Manuel. Catálogo Monumental de España. Provincia de Salamanca. Valencia: Minis-
terio de Educación y Ciencia, 1967, pág. 46.
5 “...se sigue datando el puente a finales del I y ... era posterior a otro anterior ... entre Augus-
to ... y Trajano, al que se atribuyen reparaciones. En 1767 se encuentra ... una moneda de Antonino
Pío ... y en 1853 ... otra de cobre del emperador Honorio, pudiendo fechar obras de reparación de
esas épocas.” Nota 2, pág. 2.
6 Dada la fisonomía, similar en todo al resto, no parece que este mayor tamaño tenga que ver
con obras posteriores “Entre 1885 y 1889 el puente fue restaurado según proyecto del ingeniero Alfre-
do Mateos que afectaba ... a las pilas 7ª y 8ª...”, CHÍAS, Pilar y ABAD, Antonio. Puentes de España.
Madrid: FCC, 1994, pág. 31.
7 En la descripción del puente de hierro cercano, Saturnino Zufiaurre, su autor, cita las carac-
terísticas del terreno: “...el lecho se compone de capas de arena y grava hasta llegar al terreno firme
que ... resultó estar a 6 m. bajo el estiaje. [Tal firme] se compone de bancos de arenisca continuación
de los que se ven al exterior, en la margen izquierda, que reúne excelentes condiciones para cimen-
tar la obra”, ZUFIAURRE GOICOECHEA, Saturnino. Puente sobre el río Tormes en Salamanca. En
Revista de Obras Públicas, 1903, Madrid, pág. 80.
FIG. 1.–Relación entre ancho de pila y luz de ojo en algunos puentes romanos de Hispania.
FIG. 4.–Puente Mayor de Salamanca. Cara aguas arriba, con pilastras adosadas.
8 “En general, los puentes romanos presentaban serias deficiencias de cimentación”. ARAMBU-
RU-ZABALA, M. Ángel. La arquitectura de puentes en Castilla y León. 1575-1650. Valladolid: Junta Cas-
tilla-León. Consejería de Cultura y Turismo. 1992, pág. 49.
9 De O’CONNOR, Colin. Roman Bridges. Cambridge University Press, 1993, pág. 165: Puentes
romanos españoles de gran longitud. El salmantino es el de mayor abertura relativa:
Puente Long. entre estribos Suma de ojos Razón
Córdoba 274 169 0.62
Mérida 721 461 0.64
Alconétar 244 178 0.73
Salamanca 179 142 0.80
10 “ ...uso de espolones, innovación medieval que aparece en los siglos XI y XII”. Nota 8, pág. 51.
11 Un contrafuerte trabaja a compresión por lo que debería situarse aguas abajo, y además tie-
ne que estar unido a la fábrica a la que ayuda, ya que su colaboración se basa en que no haya desli-
zamiento entre ambos. Esta unión se consigue con una traba que aquí no existe porque en la parte
baja las dovelas de los arcos impiden la entrada de los sillares del contrafuerte en la pila y en la alta
no hay coordinación entre las hiladas de ambos.
FIG. 6.–Sector del intradós del arco no integrado en las pilas. Puente Mayor de Salamanca.
12 La esbeltez es la relación entre grueso de las dovelas y luz del ojo, aunque es frecuente usar
el valor inverso, o sea diez por décimo.
Para que un arco sea estable, el recorrido de la línea de empuje tiene que dis-
currir con cierta holgura14 por el interior de la geometría del arco, o mejor, por el
interior de todos los materiales resistentes, tengan o no forma de arco, siempre que
no deslicen las piezas entre sí. El arco mecánico, la línea de empuje, puede salir
sin riesgo del arco constructivo cuando llega a la zona de los riñones (Fig. 8), ya
que se trata de la propia cepa del puente, construida con materiales aptos. Ello
explica cómo puentes muy esbeltos son suficientemente seguros –de hecho ahí están–
a pesar de que resultarían inestables si se calcularan sólo con la geometría de sus
dovelas15. Las bóvedas de los puentes romanos mantienen frecuentemente el mis-
mo espesor que los arcos de los frentes –llamados boquillas–, por lo que la segu-
ridad es la misma en toda su anchura.
La dovela romana tiene generalmente una proporción 1:2 (ancho:canto) vista
de frente, por lo que, añadiendo la condición de esbeltez 10, el número de ellas
que se necesitan para formar un arco semicircular está geométricamente determinado.
Oscila entre 31 y 35 según se mida esa proporción en el centro o en el intradós16.
esa zona. Este paulatino ensanchamiento no se podía resolver con rellenos, des-
cendederos o taludes, ya que los ojos del tramo romano no tienen capacidad de
evacuación suficiente para las crecidas del Tormes20.
20 El puente romano tiene capacidad de desagüe para un 50% de una avenida máxima como la
medida en 1940-1941 por lo que el aumento de longitud del puente requiere seguir haciendo puente
como lo realizado. DURÁN FUENTES, Manuel. Puentes romanos peninsulares: tipología y construcción.
En Actas I Congreso Nacional Historia de la Construcción. Madrid: Instituto Juan de Herrera, E. T. S.
de Arquitectura de Madrid, CEHOPU, CEDEX, Ministerio de Obras Públicas, 1996, pág. 172.
21 “En el primer tercio de XVI ... Juan Ramón de Transmiera ...Lo otro medio es hispano...”, VILLAR
Y MACÍAS, Manuel. Historia de Salamanca, 1ª edición, Salamanca, 1887, reimpresión, Salamanca: Gra-
ficesa,1973, libro I, pág. 32.
22 “... Siguen después 12 arcos con tajamares redondos, algunos apuntados, de granito y piedra
caleña. Su apariencia no es muy vetusta”. Nota 4, pág. 46.
23 “los puentes románicos eran más frágiles [que los romanos], y lo seguirán siendo hasta que
la investigación tecnológica supla los defectos romanos”. Nota 8, pág. 14.
24 Resumen de riadas: 1229, daños a los dominicos instalados en la iglesia de s. Juan el Blanco;
3-nov.-1256, los mismos dominicos y las monjas benitas de Sta Mª de la Serna tienen que desalojar el con-
vento por derrumbamiento; 1275, se reparan los daños de 1256; 1422, destrozo importante en el
convento de la Serna por otra avenida; 1479, una riada destroza el templo de los Carmelitas Calzados;
1482, una riada perjudicó la parte del puente que se hallaba resentida; 1490, avenida citada por Araujo;
1499, causó muchos daños destruyendo dos arcos del puente; 1543, datos de obras; 1555, estragos, pero
no dice nada de daños en el puente; 1582, el río se lleva los edificios de las riberas; 1594, los trinita-
rios abandonan s. Juan el Blanco, aburridos. Ver GONZÁLEZ IGLESIAS, Lorenzo. El Río, el Toro y la
costo25 que se retrasa cincuenta años y que debió aprovechar mucho de las obras
medievales26. Tuvo, entretanto, pasos de madera27 hasta que se realiza la recons-
trucción, hacia 1677, y que parece que lo deja, estructuralmente hablando, como
hoy lo vemos, aunque haya obras posteriores de importancia.
Acerca del reaprovechamiento de las partes de un puente arruinado parece nece-
sario aclarar que una crecida no se lleva un puente de piedra. Los elementos
pequeños pueden ser arrastrados por la corriente pero un sillar difícilmente reco-
rrerá unos metros. Eso si los sillares estuvieran sueltos, que no es el caso, ya que
forman parte de una fábrica cuyos morteros los unen. De modo que un puente se
viene a quedar donde está, aunque inservible y seriamente quebrado por causa
de las socavaciones producidas por la fuerza del agua, que arrastra a las arenas y
gravas de los lechos y que por ser materiales de poco tamaño, como decía al prin-
cipio, se los lleva el río. Efectivamente, el puente se arruina y caerá aguas abajo,
pero en la acepción vertical de la palabra. Más que las aguas turbulentas del Tor-
mes, debieron de arrastrar los carros de bueyes que, subiendo la cuesta, irían
depositando los sillares en el remanso de los edificios de la ciudad. Los restos que
se salvaron de los daños y formaron parte de aquella reconstrucción son la refe-
rencia que, de los distintos puentes medievales, queda. Confiemos en que, si hay
intervenciones que puedan afectar a su fisonomía, respeten la disparidad que en
su diseño, materiales y juntas han ido dejando esas diversas etapas constructivas.
Una vez más, el paso de los años sobre una obra vetusta, va dejando su hue-
lla. En este caso, las marcas más interesantes son las que nos muestran, a través
de sus formas variadas, el desarrollo de los conocimientos y la influencia de los
costes de construcción, tanto de las épocas medievales como del momento de la
reconstrucción. El resultado es un puente con elevadas mejoras hidrodinámicas,
por un lado, y una calidad constructiva muy inferior a la romana, por otro. Natu-
ralmente, los conocimientos técnicos del XVII son superiores a los de los constructores
clásicos, pero la economía que rige las obras de la reconstrucción también tiene
que ver en el resultado28. Las dovelas de las bóvedas tienen un espesor mucho
Puente. En El Museo. Crónica Salmantina I. Salamanca, 1957 pág. 39-50, y HERRÁEZ HERNÁNDEZ,
José María. El puente romano de Salamanca y la riada de 1499 según el manuscrito de José Iglesias de
la Casa. En Actas del I Congreso de Historia de Salamanca. Salamanca, 1992, tomo II, pág. 355-362.
25 Presupuesto de los canteros: 682.900 reales para reedificar los 10 arcos derribados, nota 21,
pág. 33.
26 Este arruinamiento, como tantos otros a lo largo de la historia y el presente, afectó a los cri-
terios de diseño de estructuras y, en este caso, debió tener influencia en Fray Lorenzo de San Nicolás
–que vino a vivir a Salamanca en el tiempo en que el puente estuvo roto–, a juzgar por las instruc-
ciones de obra masiva que escribió para el dimensionado de los puentes.
27 Después de San Policarpo se harían reparaciones provisionales con entramados de madera en
1628. GONZÁLEZ IGLESIAS. Nota 24, pág. 45.
28 “Desde fines del siglo XVI la cantería se encarece notablemente ... añádase que los materiales
doblaron su precio entre 1592-1605 ... de manera que hubo que encontrar fórmulas para abaratar la
menor que las de los arcos de las boquillas, cosa que no ocurría en el puente vie-
jo. El tipo de piedra dista de ser de la dureza y resistencia del granito29. Las boqui-
llas de arenisca están redondeadas (Fig. 10) mientras que las realizadas con gra-
nito (romanas y nuevas) tienen aristas bien marcadas. Quizá es sólo la meteorización
pero podría haberse empleado conscientemente un material blando con las aris-
tas redondeadas para producir menores problemas hidrodinámicos y de desgaste
del material.
Como es lógico, en los tres siglos largos que han transcurrido desde enton-
ces hasta hoy, nuevas crecidas y nuevos daños30 obligaron a nuevas intervencio-
construcción, generalmente en detrimento de la calidad de las obras. Después, la bajada del valor de
la moneda en 1642, repercutió directamente en la marcha de las obras...”. Nota 8, pág. 44.
29 “En la reconstrucción de 1677... era preciso usar otro tipo de piedra más cercana, barata, tra-
bajable y resistente a la inmersión prolongada”. JIMÉNEZ FUENTES, Emiliano y MARTÍN DE JESÚS, San-
tiago. Sobre el material empleado en la reconstrucción del puente romano de Salamanca, durante el
siglo XVII. En Actas del I Congreso de Historia de Salamanca. Salamanca, 1992, tomo II, pág. 364.
30 Crecidas: 6-nov.-1708, un huracán dañó gravemente los cimientos de la torre desencajando
muchas piedras; 1718; 4.dic.1739, se previó y para evitar desgracias se cargó el puente con hierros y
piedras; las crecidas de 1739 y 1740 se llevaron el estribo y socavaron algunas piedras de las cepas;
nes31. Desde 1681 las citas son más frecuentes que antes. Debe tener que ver con
ello la mayor atención borbónica a las comunicaciones de la que mostraron los
últimos Austrias, la novedad del informe técnico que forzó intervenciones al avi-
sar de los riesgos (aunque no siempre ajustados a la realidad) y la mayor cerca-
nía temporal32.
Hasta aquí, se ha dado un vistazo al pasado que añade a su propio interés el
de que nos permite conocer los problemas históricos de este puente y nos orien-
ta acerca de las líneas de vigilancia para el futuro. Como se desprende de la refe-
rencia de daños y reparos, la mayor frecuencia de los problemas se encuentra lógi-
camente en las zonas sumergidas.
1769; 1772; 1778; 1788, una avenida que produjo daños no reparados hasta 1803. Toda la primera mitad
del XIX sufrió daños no reparados sino con maderas; 18-feb.-1855, la más notable de nuestros días; 1909,
debió de tener menos importancia. De nota 24 y RUPÉREZ ALMAJANO, María Nieves. Urbanismo de
Salamanca en el siglo XVIII. Salamanca: Colegio Oficial de Arquitectos de León. Delegación de Sala-
manca, 1992, pág. 46 y passim. Es curioso, porque ese año (1909) el Duero tuvo una crecida consi-
derada de las mayores en la historia de Europa occidental. MENDILUCE José Mª y HERAS, Rafael. Cri-
terios y experiencias de la regulación de los ríos. Estudio de máximas crecidas. En Grandes presas. Experiencias
españolas en su proyecto y construcción. Comité Nacional Español de grandes presas. MOPU, 1976, pág. 55.
31 Reconstrucciones: 1709-1710, 1762-1768 y 1802. No modifican sustancialmente su fisonomía.
RUPÉREZ ALMAJANO, Mª Nieves. Nota 30, pág. 48.
32 Resumen de reparaciones: En 1717 algunas cepas; en 1726, una cepa; 1728, se socalza el estri-
bo de Salamanca; 1768, enlosado de medio puente y estribo (parte romana), se repararon 15 ojos pero
no se varió su estructura; 1780, se empieza a resentir la torrecilla, se había podrido la madera de cha-
pitel y bóveda por defecto de construcción y se reconstruyó sin alterar la forma; 1791, los 14 macho-
nes romanos estaban descarnados, especialmente algunas hiladas de los tajamares; 1802, informes de
daños: las 5 cepas inmediatas al estribo estaban socavadas, descarnadas, faltas de piedras y casi en el
aire. Los riesgos anunciados son tan grandes que se aprovecha lo que queda del verano para reparar
y el 13.nov.1802 se informa de la terminación gastando la décima parte de lo informado. La Academia
de San Fernando duda del asunto y pretende enviar un académico. (ZAONERO, J., Libro de noticias
de Salamanca. “Por julio se principió la obra del puente que fue ociosa pues no se necesitaba, y lo
que se pensó que avía de durar tres meses, se acabó en uno, porque los machones que suponían mui
estropeados del agua y del tiempo, no tenían que reparar y, en fin, todo fue por creerse de informes
falsos”. Nota 31, pág. 48.
FIG. 11.–Espesor de las dovelas en los arcos romanos y del siglo XVII del puente Mayor
de Salamanca.
FIG. 12.–Los rellenos entre la calzada y el trasdós de los arcos carecen de capacidad
estructural y no amortiguan la carga de la calzada.
33 Los testigos, extraídos recientemente indican que las dovelas de la obra romana mantienen el
espesor visible en las boquillas a lo largo de toda la bóveda mientras que en los arcos nuevos sólo la
boquilla tiene esa dimensión ya que en el interior el grueso de los sillares ronda los 30-40 cm.
34 Creo que es más apropiado el empleo del término calzada para estos puentes masivos que el
de tablero, que dejaría para aquellos otros en los que el piso está separado de la estructura general.
35 Para incluir este asunto en el cálculo hay que determinar el ángulo de rozamiento entre relle-
nos y entre ellos y el arco. Es difícil obtenerlo, por lo que normalmente se trabaja sin considerar esto
o empleando valores genéricos. Que el cálculo simplificado es conservador lo estudió Rankine y, cien
años después, Harvey (pág. 78-80 y fig 4.14 en HUERTA FERNÁNDEZ, Santiago. Diseño estructural de
arcos, bóvedas y cúpulas en España. ca. 1500- ca. 1800. Tesis doctoral. E. T. S. de Arquitectura. U. P.
de Madrid, 1990.
36 Para arcos semicirculares véase directamente HEYMAN, Jacques. Capítulo 18: Estimación de la
resistencia de los arcos de fábrica y Capítulo 6: La seguridad de los arcos de fábrica. En Teoría, historia
y restauración de estructuras de fábrica. Instituto Juan de Herrera y E.T.S. de Arquitectura de Madrid, 1995.
Con respecto a las tensiones máximas a la que está trabajando el arco, enten-
diendo la fábrica como un material continuo y uniforme, en la parte nueva (are-
nisca) alcanza los 3,0 kp/cm2 y 2,7 kp/cm2 en el granito de la parte romana37.
–Seguridad del puente completo sin sobrecargas: la seguridad geométrica del
puente (arco y relleno hasta la calzada) mejora respecto del arco aislado como siem-
pre ocurre en los sistemas abovedados38. En el puente del XVII, sube de 1,90 a 2,50
y, en el romano, de 7,50 a 8,00 (Fig. 14). Por otra parte, las tensiones máximas
son ahora de 17 kp/cm2 en la parte nueva y de 4,5 kp/cm2 en la vieja.
37 Puede resultar extraño que un arco más grueso, y por tanto más pesado, tenga tensiones meno-
res. Esto se explica porque la tensión aumenta con la excentricidad relativa de la línea de empuje res-
pecto del canto del arco y en la zona romana es menor que en la del XVII.
38 Aquí la mejora no es tan apreciable como en las bóvedas de los techos de los edificios que,
al tener una altura de relleno más ajustada a las necesidades mecánicas (por no tener que quedar nive-
ladas como le ocurre a la calzada de un puente), mejoran tanto la estabilidad que es arriesgado vaciar-
las. El conocimiento que tenían los constructores de la importancia del relleno, y que sólo desde hace
doscientos años se puede determinar mediante el cálculo, lo demuestra su permanente empleo; cono-
cimiento que aprendieron de la mera observación de edificios y ruinas.
39 Tanto esta justificación como el proceso seguido para esta evaluación está desarrollado en HEY-
MAN, Jacques. Capítulo 18: Estimación de la resistencia de los arcos de fábrica. En Teoría, historia y
restauración de estructuras de fábrica. Instituto Juan de Herrera y E.T.S. de Arquitectura de Madrid,
1995, figura, pág. 260.
una valoración más amplia si fuera necesario40. Con los datos disponibles se ana-
lizan aquí las consecuencias a que pudiera dar lugar el primer movimiento de des-
censo comentado.
40 Hay un levantamiento fotogramétrico efectuado por Leandro Cámara y Pablo Latorre con
fecha posterior a mi informe.
Este descenso está relacionado con el hecho de que el arco está comprimido,
lo que supone un acortamiento de su directriz y, por otro lado, con la excentrici-
dad con que la línea de empuje va pasando a lo largo de él, lo que altera su for-
ma circular. Por ambos motivos, un arco de medio punto tiene una deformada carac-
terística41 que aumenta a medida que lo hace el deterioro del material (Fig. 16),
de modo que la seguridad disminuye con el paso del tiempo. Esta pérdida es la
que se mide ahora.
FIG. 17.–Estados límite de deformación en los arcos del puente Mayor de Salamanca.
41 Un arco de un puente o una arcada, tienen una deformación menor que un arco aislado ya
que al estar aproximadamente equilibrados los empujes no hay desplome, como ocurre en los que apo-
yan en muros o contrafuertes. La deformabilidad queda limitada al acortamiento producido por el dete-
rioro de los materiales. Nota 35, pág. 59 y fig 4.2.
FIG. 18.–Sillares redondeados en uno de los arcos romanos del puente Mayor de Salamanca.
Dando por hecho que la carga del puente es hoy prácticamente fija –su pro-
pio peso– al no haber tránsito pesado, sólo el aumento de la degradación de los
materiales produce un aumento de deformación y reduce la seguridad. Se ha rea-
lizado el cálculo para un estado límite de deformación (Fig. 17) suponiendo que
el espesor de las juntas se anulara como consecuencia de una hipotética desinte-
gración total del mortero. El arco perdería levemente su forma circular y la línea
de empuje ocuparía más espesor que antes. El resultado obtenido es que la segu-
ridad baja de 1,90 a 1,63 en la bóveda del XVII (espesor 35 cm) y no se altera de
modo apreciable en la romana, ya que su deformación es imperceptible.
Hay zonas en las que muchos sillares consecutivos están redondeados (Fig. 18),
y puede ser conveniente realizar un tratamiento que restituya su forma para ase-
gurar su estabilidad. Obsérvese, que si se tratara de un arco aislado en lugar de
una bóveda de cañón, su equilibrio sería imposible ya que las dovelas podrían girar
libremente y estaríamos ante un arco poliarticulado, o sea, inestable; pero, al ser
una bóveda, un posible movimiento local incontrolado tiene muchas posibilida-
des de quedar limitado gracias al resto de ella y a los rellenos interiores.
5. MORTEROS Y RELLENOS
FIG. 19.–Efecto del lavado del terreno en una esquina de una pila
del puente Mayor de Salamanca.
FIG. 21.–Tubería instalada en época reciente en el relleno del puente Mayor de Salamanca.
– Un sillar mal apoyado en dos inferiores se comporta como si fuera una viga
(Fig. 23 A y B). Se producen tracciones horizontales en su parte inferior que,
para las proporciones de las piezas de este puente, son del mismo orden
de magnitud que la compresión que baje por él.
49 A pesar de ello, aún seguimos repitiendo que los romanos hacían sus obras a hueso. Veamos
el resumen de los ensayos de Tourtay 1885, en nota 35, pág. 33:
a) Las fábricas de piedra sin juntas dan resistencias bastante inferiores a las rejuntadas.
b) Las fábricas con una simple lechada parecen monolíticas y dan resistencias similares a
las de la piedra y muy superiores a las que tienen juntas.
– Por la fábrica, entendida como una masa continua uniforme, bajaría la car-
ga siguiendo un flujo laminar pero cualquier estrechamiento, como son los
redondeos de las aristas de los sillares, altera ese flujo ordenado y es otra
fuente de tracciones horizontales, aunque, en este caso, sólo alcanzan entre
1/5 y 1/3 de la compresión media (Fig. 23 C).
– La pérdida de mortero o el nacimiento de una grieta concentra el paso de
las compresiones en los estrechamientos y llega a triplicar sus valores
medios50.
50 El equipo dirigido por Jaime Cervera (ver CERVERA, Jaime; HERNANDO, José Ignacio y DE
LA TORRE, Juan Francisco. Acueducto de Segovia. Comportamiento mecánico. Dpto. de Estructuras de
Edificación. E. T. S. de Arquitectura. U. P. de Madrid, 1994) analizó este tipo de roturas en los sillares
del Acueducto de Segovia donde, como en tantos otros sitios, se produce este daño común. Los valo-
res comentados en este informe se han extraído de ese trabajo.
FIG
51 Estudio petrológico, físico y químico del puente dirigido por Mª Ángeles Vicente, del Depar-
tamento de Petrología de la Universidad de Salamanca que incluye resultados de rotura de los mate-
riales. Han roto probetas de granito de grano fino, grano grueso, rosado, arenisca silícea y de Villa-
mayor; a compresión, a flexotracción y a tracción (ensayo brasileño).
Varias bóvedas del puente romano tienen una larga grieta casi vertical que, si
fuera completa, separaría al puente en dos partes, la de aguas arriba y la de aguas
abajo.
Esta grieta es más ancha arriba, está más cerca de la cara de aguas abajo y des-
cribe una línea que se acerca algo más a esta cara en la parte superior. Ha pro-
ducido la rotura de algunos sillares, pero menos de lo que resultaría si el trazado
siguiera, lo que podríamos llamar, la línea directriz de la grieta, ya que se aprecia
que muchos sillares se han removido a un lado o al otro de la falla en lugar de
partir por medio. Con ello han forzado a que la trayectoria de la grieta siga fre-
cuentemente el trazado de las juntas.
Las dos partes de esta rotura están al mismo nivel horizontal, o sea, no hay un
descenso relativo entre ambas partes del puente. De nuevo, la marca del tiempo:
el agrietamiento, que alcanza a veces varios centímetros, tiene los labios redon-
deados y ha sido taponado con piedrecillas de pizarra y, si el sitio es grande, con
arenisca.
El origen de este daño se debe a situaciones críticas ocurridas durante las gran-
des avenidas. El agua empujando al puente no lo dividiría en dos partes pero suc-
cionándolo a su paso por él, fundamentalmente con los remolinos en la cara tra-
sera, veremos que esta rotura es posible.
Para ello basta imaginar que tomáramos el puente con la mano, lo pegáramos
por su cara de aguas arriba a un techo suficientemente resistente y lo dejáramos
colgando, incluso con pesos añadidos en la parte inferior que representen la succión
del agua en la cara de aguas abajo. Naturalmente, como la fábrica no resiste casi
tracciones y los sillares sí, el puente se nos caería del techo, piedra a piedra ya
que se descolgaría por las juntas. Pero, puestos a imaginar, supongamos aumen-
tada la resistencia a tracción de sillares y juntas, para que no llegue a caer. Si en
esta situación, fuera perdiendo esa resistencia imaginada paulatinamente para que
pudiéramos observar lentamente el desprendimiento, llegaría un momento en que
los sillares empezarían a deslizarse entre sí al ir fallando las juntas y, posiblemen-
te en algún caso, se rompería algún sillar de peor calidad.
Descolguemos ya el puente del techo devolviéndolo a su sitio pero recordan-
do que el agua está llevándoselo. El peso del puente y el rozamiento no dejarían
moverse nada libremente en la dirección horizontal de la corriente aunque la resis-
tencia a tracción de las juntas sea casi nula. De modo que el rozamiento equiva-
le al aumento ficticio de resistencia a tracción imaginada antes.
Queda justificar por qué los sillares se han separado o roto por una línea casi
vertical en lugar de por cualquier parte, lo que excede a las limitaciones de este
trabajo, pero puede explicarse aceptablemente. Con la succión aplicada en la cara
trasera, lo razonable sería que los sillares de esa cara de aguas abajo fueran los
que saltaran pero, al no haber ocurrido así, quiere decir que sólo esa succión no
fue suficiente para superar al conjunto peso-rozamiento de esa fachada de silla-
res. Hizo falta una fuerza mayor, conseguida sumando a lo anterior la succión pro-
ducida por el roce del agua en una cierta cantidad de la superficie del interior del
puente. Esa fuerza de succión aumenta cuanto más superficie de intradós de puen-
te se tome, pero el peso involucrado también crece y, en consecuencia, la línea
en la que se produce el desmembramiento es aquella en que el tiro del agua equi-
libra a la componente horizontal del peso-rozamiento.
Esto, con lo que quedan completadas las causas de los daños detectados en
el puente, es lo que yo diría que ocurrió, posiblemente, en la noche del 26 al 27
de enero de 1626, día de San Policarpo.
BIBLIOGRAFÍA
1. FASES DE OCUPACIÓN
Escasa trascendencia tuvieron las estructuras de la IIª Edad del Hierro exhu-
madas en la esta campaña. En anteriores intervenciones ya se adscribió una cro-
nología de los siglos III-II (a.c.), en la cual, encuadramos la etapa “clásica” o de ple-
nitud de la cultura Celtibérica. Desde el punto de vista urbanístico se confirmó la
presencia de estructuras de habitación en este sector del castro cercano a la Cer-
ca Vieja, y por tanto, a la primitiva defensa celtibérica. La linde de dicha defensa
estaba colmatada en este momento por niveles de tipo cenizal como se pudo
observar en la excavación de la Cuesta de Oviedo, junto al paramento interno de
la muralla8 o más recientemente en el tramo descubierto en el entorno de la Cues-
ta de Carvajal.
7 Precisamente por la rica historia constructiva de estas fundaciones se decidió dividirlas en sub-
fases de ocupación teniendo en cuenta el caso particular de cada una. De esta manera la letra “A” se
refiere al Convento de San Agustín, la “B” al Colegio Mayor de Cuenca y la “C” a la calle de San Pedro.
La secuencia resultante sería la que sigue:
CONVENTO DE SAN AGUSTÍN: A.1. Fundación de la iglesia conventual, la antigua parroquia romá-
nica de San Pedro. A.2. Incendio de 1589 y reconstrucción. A.3. Obras del S. XVII: la documentación
nos informa de pequeñas obras de albañilería en celdas y almacenes. La excavación arqueológica ha
identificado galerías y estancias adyacentes al coro de la iglesia (Estancias I, L, y K en el Área II). A.4.
Obras del S. XVIII, que comprende principalmente la remodelación del claustro a partir de 1720 y toda
la reforma sucedida tras el voraz incendio de 1755. A.5. Destrucción en la Guerra de la Independen-
cia, que no sólo comprende la destrucción sino también el pillaje y saqueo de todo lo que contenía
el edificio. El registro arqueológico, también ha dejado buena huella de esto. A.6. Reconstrucciones a
partir de 1815. A.7. Abandono por la Desamortización de 1837.
COLEGIO MAYOR DE CUENCA: B.1. Primeras construcciones en 1527. B.2. 1544 construcción del
Claustro. B.3. 1671 Cantinas. B.4. 1725-1738. Escalera. B.4. 1756. Fachada que da a la calle de los Mila-
gros. B.5. 1778. Capilla inacabada. B.6. Destrucción de la Guerra de la Independencia. B.7. Saqueo y
abandono.
CALLE DE SAN PEDRO: C.1. Calle a partir del S. XVI hasta mediados del S. XVIII. C.2. Calle de la IIª
mitad del S. XVIII.
8 MARTÍN VALLS, R.; BENET JORDANA, N. y MACARRO ALCALDE, C. Arqueología de Salamanca.
Del Paleolítico a la Historia. Salamanca, 1992.
Hacia el interior del castro las diferentes excavaciones nos informan de cons-
trucciones mayoritariamente de tipo doméstico con abundante presencia de silos,
y otras indeterminadas para almacenamiento o actividades de tipo artesanal, en las
que está presente la combustión representada por los abundantes hogares halla-
dos, algunos sin contexto estructural aparente. En los alzados de estas construc-
ciones es evidente el uso de la madera por la presencia de hoyos de poste for-
mando empalizadas o cercados de los que no se pudo reconstruir la planta. Los
muros en todas las construcciones eran de adobe cimentados sobre una solera de
pizarras.
En cuanto a época romana, los datos obtenidos en esta ocasión apenas hacen
más que certificar la ocupación de este espacio: niveles históricos con escasos frag-
mentos de terra sigillata nos remiten a los S. I, II, III y IV d. C.
Pasando ya a la fase III plenomedieval, las estructuras tampoco son muy sig-
nificativas. No obstante, el espacio de intervención es destacado por el Dr. Mín-
guez9 como parte del área ocupada por las elites de poder, ya que allí se sitúa el
Alcázar residente del tenente real, y además constituye el área de asentamiento de
los caballeros encargados de la defensa del concejo salmantino10. Éstos tienen una
procedencia serrana, de ahí que la calle norte que parte de la actual plaza de San
Bartolomé se llame “Serranos”. A su vez es significativo el culto a San Pedro que
constituye el embrión del convento de San Agustín. Tanto la advocación de este
apóstol como la más conocida de Santiago son propias de estos momentos de con-
solidación de los nuevos espacios. Muchas localidades de la provincia de Salamanca
que en estos años del S. XII se fundan o refundan por gentes venidas del norte,
poseen templos dedicados a estos personajes sacros.
También este templo de San Pedro es mencionado en el Fuero. Lamentable-
mente ni mediante la excavación en área, ni con los sondeos, ha sido posible hallar
resto alguno de la antigua parroquia medieval. Como tantas otras de la ciudad, pode-
mos suponerle un origen románico. Ello vendría corroborado por el canecillo
siglado como 2001/16/1, que representa un busto de animal. En anteriores cam-
pañas de excavación en el Solar del Botánico y en el control arqueológico practi-
cado por la arqueóloga Dña. Cristina Alario García11 sobre las obras de infraestructura
urbana en la calle Balmes, aparecieron diversas piezas arquitectónicas animadas
por el motivo del ajedrezado o taqueado jaqués. La conjunción de estos datos bien
puede ser interpretada como testimonio de la antigua iglesia de San Pedro. La igle-
sia conventual de San Agustín del S. XVI parece disponer de tres naves con cruce-
ro. Sin embargo, no tenemos ningún indicio que relacione tal disposición con el
primitivo edificio.
9 MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, J. M. La Edad Media. Historia de Salamanca II. Colección dirigida por
José Luis Martín. Salamanca, 1997, pág. 55.
10 1102, Repoblación Raimundo de Borgoña.
11 ALARIO GARCÍA, Cristina. Supervisión y Seguimiento de las Obras de Saneamiento y Urba-
nización en la calle Balmes y aledaños de Salamanca. Informe Inédito depositado en la Consejería de
Cultura de la Junta de Castilla y León. Salamanca, 1997.
12 VIDAL, MANUEL, Agustinos en Salamanca, pág. 13-15 (Fondo Histórico Universidad de Sala-
manca).
13 Las estructuras y pavimentos identificados pertenecen a época moderna, pues el perfil de la
calle evolucionó considerablemente.
14 BENITO MARTÍN, FÉLIX. Arquitectura Tradicional en Castilla y León. Valladolid, 1998.
El mayor estudio sistematizado sobre arquitectura popular se debe al profesor Félix Benito Mar-
tín. En dicha obra no solamente reconoce factores geográficos (recursos del medio, adaptación a la
economía local, etc...) sino también temporales. No obstante, nos centraremos en el tipo más básico
que no sólo sobrevive en zonas de la provincia de Salamanca, sino también en Zamora, Segovia y Valla-
dolid. Cronológicamente el autor lo sitúa en momentos anteriores al S. XVIII, y correspondería al tipo
11, según su propia clasificación.
magnitud. Esta última apenas puede ser denominada como tal, y normalmente se
encuentra restringida a los zócalos de los muros perimetrales y medianeros de las
edificaciones15. En la propia Salamanca, es bien conocido su uso en época roma-
na, como han demostrado las excavaciones del Solar del Trilingüe16.
El registro arqueológico ha identificado zócalos de mampostería seca apareja-
da con barro y ripia. El tamaño de la piedra también es indicativo. Por ejemplo,
el muro UE 1079 incorpora areniscas cuyas medidas oscilan entre 35 x 31 x 20 y
35 x 35 x 20 cm, siendo la mayor de 45 x 52 x 34 cm. Es decir, son piedra sin
labrar de tamaño medio para cuyo manejo no se precisan grandes conocimientos
de cantería.
El alzado de estas construcciones también sigue el modelo armuñés. El son-
deo 4 identificó un nivel de derrumbes de adobes (UE 1226) que apoyarían sobre
el zócalo de mampuesto UE 1232. Bajo los adobes en UE 1228, encontramos un
nivel con abundante material bajomedieval, en el cual apareció un Dinero de Enri-
que IV fabricado en la Ceca de Burgos (1454-1474). Evidentemente ello nos lleva
a situar esta construcción en la IIª mitad del S. XV. Restos de adobes o tapial tam-
bién se detectan bajo el cimiento UE 1120 de San Agustín, no excavado y situado
en la Estancia B3. Propiamente en tapial podemos citar al muro UE 1465, dentro
del área y sector 2.
Estos edificios de manifiesta sencillez constructiva eran producto de alarifes no
demasiado especializados, y en ocasiones con poco oficio. En 1473, el convento
de San Agustín se quejaba de ciertas casas alquiladas en la calle Mayor de la Jude-
ría, que rentaban poco dinero, y precisaban reparaciones constantes, lo que supo-
nía gran gasto17.
Aunque en cuestión de materiales y aparejos hallemos identidad con las cons-
trucciones de La Armuña, la forma y arquitectura de un casco urbano solía diferir
de una pequeña aldea rural. Urbanísticamente, la presencia de la muralla en la ciu-
dad cristiana de la Edad Media, jerarquizaba y organizaba el espacio a través de las
vías de comunicación interna que prefiguran sus puertas; de esto resultaron espacios
En el momento que nos ocupa el convento de San Agustín fue uno de los com-
plejos religiosos más extensos de la ciudad. De sus dimensiones y distribución es
testimonio revelador el plano de Joaquín del Niño Jesús36, presentado en 1815 tras
Los planos trazados por fray Joaquín de Niño Jesús tenían por objeto, servir de guía para la
reconstrucción del convento tras la “francesada”, y respetaban en la medida de lo posible las trazas de
la antigua edificación reproduciendo las líneas de la construcción anterior. Si bien es cierto que los pla-
nos fueron rechazados por la Real Academia de San Fernando, nos consta que el proyecto encargado
posteriormente a don Francisco de Paula, siguió en gran medida las líneas trazadas por el referido fr. Joa-
quín del Niño Jesús, considerando igualmente tanto las líneas maestras del antiguo convento, como los
restos en pie.
37 Reproducción del “Extracto del Expediente seguido por la Comisión provincial de Monu-
mentos Históricos y Artísticos de Salamanca a fin de encontrar y exhumar los restos mortales del maes-
tro Fray Luis de León”. Ed. Asociación de Amigos del Museo. Salamanca, 1996; Preámbulo de D. M.
Santonja y Mª José Frades.
38 VIDAL, M. Op. cit., escrita 1751-58.
agustina. Así se obliga a realizar la fábrica en tres años, y se dota con 50 fanegas
de pan, la mitad de cebada y la mitad de trigo cada año, por siempre. Señala el
padre Herrera39 que en realidad no se llegó a acabar el proyecto pero se donaron
al convento 100.000 maravedís, razón por la cual las armas de los Zuñigas, apa-
recían labradas en una pared de la iglesia concretamente en la que abría la por-
tada a la plaza de San Bartolomé.
En 1513 el Priorato del convento de San Agustín de Salamanca pasó a fray Agus-
tín de Alcázar, y dos años después a fray Pedro de Águila. Es en este momento
cuando se inició la obra de la iglesia principal del convento: Finalmente en este
biennio se comenzo la grande obra de la Capilla mayor de nuestra Iglesia. No es
la que hoi subsiste; sino otra, que en adelante se derribo para fabricar la que hoi
vemos como pieza proporcionada al Patronato de los Excelentíssimos Duques de Bejar.
La de este año de 1516. se ajustó en febrero con el maestro que fue Juan de Alava:
i toda ella, siendo de piedra, se ajusto asi manos, como materiales, en quatrocien-
tos y sesesanta mil maravedis: i que se havia de concluir en dos años i medio. Y si
à alguno le pareciere, que nodice bien tanto tiempo, con tan poco dinero, debe refle-
xionar, que todavia este siglo eran diez, ó docer maravedis paga diario de un ofi-
cial…40.
Tal como se desprende de esta referencia, el templo fue reedificado en 1516,
con más amplitud y magnificencia. De hecho el encargo de la traza ya la distin-
guía del resto al confiarla al prestigioso Juan de Álava, que se encontraba en Sala-
manca desde 1505; año en que consta su participación en el edificio viejo de la
Universidad41. Por la planta de 1815, sabemos que era un templo de una sola nave
con crucero y capillas laterales, que remataba en cabecera tripartita de tipo plano.
El proceso de excavación arqueológica únicamente ha podido descubrir el coro.
El cierre y los dos contrafuertes se componían de muro de doble paramento y núcleo
interior. La fábrica exterior del muro norte (paramento UE 1368) era una mampostería
de grandes piedras opalinas. Sus medidas oscilan entre 67 x 34 x 24, 67 x 42 x 24
y 82 x 40 x 23 cm; la junta mide entre 3 y 6 cm. Presenta una pequeña sutura que
no debemos interpretar como dos fases con relación de posterioridad, sino más
bien como un intento de adecuarse por parte de los canteros a las grandes piezas
cortadas.
Las grandes mamposterías de opalinas al exterior son un fenómeno común en
los edificios de la Salamanca del S. XVI. Son empleados tanto en los zócalos, como
en el resto del alzado exterior; así ocurre en las fábricas exteriores del colegio Mayor
Fonseca o al propio edificio histórico de la Universidad. Sin embargo ¿podría el
paramento externo que daba a la Plaza de San Agustín haberse consolidado en
39 HERRERA, T. Historia del Convento de San Agustín de Salamanca. págs. 238-239 (Fondo His-
tórico Universidad de Salamanca).
40 VIDAL, M. Op. cit., pág. 120.
41 MARTÍNEZ FRÍAS, J. M. El Monasterio de Nuestra Señora de la Victoria. La Orden Jerónima en
Salamanca. Salamanca, 1990, págs. 41 y ss.
CASTRO SANTAMARÍA, A. Juan de Álava: arquitecto del Renacimiento. Salamanca, Varona, 2002.
Villar y Macías46 hace referencia al cierre del coro hacia la nave, mostrándo-
nos una solución también constatada en San Esteban. Se trata de un arco escar-
zano, que apoyaría en su extremo norte sobre la basa de pilar UE 1461. Posible-
mente aparejaba un diseño semicircular como los pilares de San Esteban, o los centrales
de la capilla del colegio mayor de Fonseca. En base a estos casos citados, pode-
mos suponer que sobre esta basa del coro de San Agustín, arrancaba el pilar pro-
piamente dicho con nervios en las molduras que recorrían además todo el arco
escarzano. En este espacio iba dispuesto un altar y retablo dedicado a San Juan
Bautista. El coro propiamente dicho se distinguía también mediante una reja labra-
da de hierro47.
Muy posiblemente ésta iría adornada con los apliques de bronce dorado hallados
en las unidades estratigráficas de destrucción sobre el atrio. Las piezas recupera-
das son dignas de la más fina rejería renacentista. Además en un nivel cerrado (UE
1426) con material del S. XVI en la estancia triangular norte (estancia X1, sector 6,
área 2), se localizaron azulejos de arista con motivos de rosetas en verde, melado
y azul. Éstos iban acompañados de verduguillos. La combinación de rejería, azu-
lejerías y bóvedas de crucería con claves policromas, debió ser muy recurrida por
el mismo Juan de Álava. Ejemplos de ello es la Capilla Dorada de la Catedral, así
como el trabajo del azulejero Pedro Vázquez48 en el monasterio Jerónimo de Ntrª
Señora de la Victoria, cuyo claustro y templo, tiene finalizados Ibarra padre en 152449;
un año después comenzaría el presente coro. Estos testimonios –sea el coro o algún
otro elemento de la iglesia– nos permiten creer que la obra de San Agustín no se
distanciara de estas pautas decorativas, que marcarían rejería monumental, azule-
jería de arista y bóvedas de crucería policromadas.
Cabe ahora preguntarse por el papel que jugó la Iglesia de San Agustín en la
evolución del maestro Juan de Álava. El mismo plano de fray Joaquín del Niño Jesús
de 1815 invita a algunas reflexiones. A través de éste vemos la organización en
una nave con crucero, capillas laterales, un cimborrio central sostenido por cua-
tro grandes pilares centrales y una cabecera tripartita plana.
Ahora bien, el protocolo de fray Antonio de Solís, impone al maestro Ibarra y
señala que se haga la obra de la capilla mayor con las siguientes condiciones: no le
han de dar la casa, sino la piedra, cal y arena, por valor de 300 mrs; y debe ser de
la manera de la capilla mayor de la Victoria sita en el convento de san Jerónimo
y ha de llevar el arte que lleva la de Don Diego en las claves50. Algunos autores han
supuesto que ésta sería la capilla del camarero D. Diego Maldonado en la capilla
46 VILLAR Y MACÍAS, M. Historia de Salamanca IV. Desde el señorío de doña Constanza hasta
el gobierno del corregidor D. Alfonso Enríquez. Salamanca: Diputación Provincial de Salamanca, 1974.
47 VIDAL, M. Op. cit.
48 Gómez Moreno supuso que también este Pedro Vázquez decoraría la Capilla Dorada de la
Catedral que se comprometió a realizar el propio Juan de Álava. CASASECA CASECA. Las Catedrales
de Salamanca. León 1993.
49 MARTÍNEZ FRÍAS, J. M. Op. cit, pág. 53.
50 HERRERA, T. Op. cit.
del colegio Mayor Fonseca51. Sin embargo, nos parece una fecha demasiado tem-
prana para su finalización, y en consecuencia, compartimos la opinión de Martí-
nez Frías al afirmar que el documento se está refiriendo a la capilla del claustro
de la catedral, que acoge el sepulcro de D. Diego de Anaya y Maldonado. Ésta fue
fundada en el año 144252. Las claves son policromas y con motivos heráldicos.
Pero hay más: el hecho de condicionar el contrato con la capilla del monas-
terio de los Jerónimos implica una cabecera poligonal, como la proyectada en un
principio en el convento de San Esteban. Y ello se contradice con la planimetría
conservada. Otra de las cláusulas señala que debe estar terminada dos años des-
pués (en 1518) para la festividad de San Pedro. Los materiales para tal interven-
ción ascendieron, sin mano de obra, a 160.000 maravedís con un margen de 400
maravedís. La totalidad de la capilla mayor sumó 470.000 maravedís.
Sin embargo tenemos noticia de que posteriormente la fábrica inicial sería
mejorada y ampliada. Señala el padre Herrera que en los tiempos en que fue prior
fray Juan de San Vicente53 hizo conciertos con el duque de Béjar, y derribó la capi-
lla mayor que se había edificado en torno a 1520 y volvió a edificarse de mejor
forma y con más anchura. Posiblemente esta cabecera es la que se refiere en el
Plano conservado de fray Joaquín del Niño Jesús.
Desgraciadamente, no se ha conservado ningún cimborrio ejecutado por Juan
de Álava, pero por testimonios de la época tenemos la certeza que los construyó.
En Salamanca hubo dos: el de Ntrª Señora de la Victoria, en el monasterio de los
Jerónimos, y el de San Agustín. Además sabemos que proyectó el cimborrio tam-
bién en San Esteban que acabaría construyendo Rodrigo Gil de Hontañón. Este últi-
mo, como su “gemelo” de la capilla de colegio del Arzobispo, era de alzado cua-
drangular con contrafuertes a los lados en cada uno de sus paños.
La Vista de Salamanca dibujada por el flamenco Wyngaerden en 1572 nos
muestra un cimborrio de San Agustín también cuadrangular y también flanqueado
por contrafuertes. El de Santa María de la Victoria también contaba con desarrollo
cuadrangular, y el alero de los tejados sobresaliendo.
El hecho de que tanto en San Esteban como en Santa María de la Victoria, se
dispusieran estas linternas, no contradice la tendencia general de Juan de Álava,
que es calificado por Javier Gómez Martínez como el más gótico de todos los arqui-
tectos de nuestro Renacimiento; pues desarrollará soluciones constructivas que
por entonces se daban en el norte de Europa. Ello contrasta con los celebres Juan
y Rodrigo Gil de Hontañón que gustaron de las proporciones que se derivan del
tramo de cuadrado54. Pero en el caso de Álava: ¿Cómo se manifiesta esto?
55 Geometría innata a la edificación del gótico de la IIª mitad del S. XV, pervive hasta el S. XVII.
Prueba de ello son todos los tratados de montea que enseñaban a los arquitectos sobre el uso de bóve-
das de crucería. Ésta fue traída de las tradiciones del gótico en el norte de Europa, por los maestros
que trabajaron en las catedrales de Burgos, Toledo y Sevilla. Pensemos en Juan de Colonia que rema-
ta la fachada de la primera. Por ello, coincidimos con Javier Gómez Martínez cuando afirma que en
realidad al gótico hispano-flamenco sería más correcto llamarlo hispano-alemán. Pero lo más destaca-
do de su obra es la defensa de que el gótico del S. XVI, lejos de ser un residuo es un estilo vivo cono-
cido en la época como “moderno”, que convive y se sintetiza con el clásico llamado “romano”. Es hora
que comencemos a interpretar el Renacimiento europeo como una convivencia, y mucha veces sim-
biosis, del estilo moderno (gótico) y el romano (clásico exportado de Italia). Las mismas leyes de la
Geometría a las que alude Gómez Martínez en Álava o los Gil de Hontañón, es la misma de la que
partieron los arquitectos florentinos para el redescubrimiento o invención de la arquitectura clásica.
56 TORRES BALBAS, L. “Arquitectura Gótica”. Vol. VII del ARS HISPANIAE. Madrid, 1957.
la nave central, interconectando las claves polares centrales de las bóvedas estre-
lladas. Además al contrario que Rodrigo Gil, que tendía a independizar las rose-
tas de las bóvedas en cada tramo, Álava las interconectaba mediante una serie de
nervios en doble curva. Éstos enlazaban los brazos de las estrellas de los diferen-
tes tramos, potenciando aún más ese eje vertical preferido por este arquitecto57.
Entre los escombros hallados en el coro se identificó un nervio de estas caracte-
rísticas. Pero afirmar que esto es prueba de la practica de potenciación de ese eje
vertical en el templo de San Agustín, es excederse. Pues este tipo de nervio es uti-
lizado también para crear los brazos de las estrellas de las bóvedas. Por otro lado
el cimborrio que existió en San Agustín rompería ese supuesto eje vertical. Ade-
más, Juan de Álava también empleó bóvedas de crucerías sin interdependencia en
la capilla del Arzobispo Fonseca.
En cuanto a los soportes de las bóvedas, Modesto Falcón nos informa en
San Agustín de la existencia de bóvedas ojivales defendidas por aristones que se
recogían en manojos en los pilares58. Es decir, es el sistema empleado por el
propio Álava y Juan Gil de Hontañón en la catedral nueva de Salamanca y en
la capilla del colegio del Arzobispo. Los nervios partían de la parte inferior del pilar
para incorporarse al sistema de abovedamiento directamente. Álava iría mucho
más lejos en Fonseca, al no interponer elemento alguno entre el pilar adosado y
la bóveda, de manera que no podemos distinguir donde acaba el pilar y comien-
za la bóveda59. Si esta solución fue adoptada en San Agustín es algo que no pode-
mos precisar ahora.
No obstante, entre los elementos arquitectónicos rescatados destacan dos tipos
de nervios: uno con baquetones laterales cuyo perfil inferior acaba en punta, y otro
sin baquetones con remate inferior plano. Son los mismos que Sendín Calabuig apun-
ta como obra de Álava en la capilla del colegio mayor de Fonseca60. El segundo
tipo es empleado en los pilares, mientras aquel adornado con baquetones se dis-
pone en las bóvedas de crucería.
La portada se destacaba con un grandioso arco, cubierto de ricas imágenes,
con ménsulas y doseletes góticos. A su vez la fachada presentaba tres cuerpos, con
un gran crucifijo en el central, y la entrada de cierta amplitud se componía de arcos
ojivales concéntricos. Igualmente, la magnificencia del templo cautivó al viajero D. Anto-
nio Ponz que describe así su portada: Pocas portadas de iglesia hay en Salaman-
ca que merezcan la atención que ésta, pues, aunque admira el sumo trabajo de la
catedral y de San Esteban, es de mejor gusto la de San Agustín61. Si se trata de la
misma estructura que aparece en el grabado del S. XIX, parece contar de dos cuer-
pos rematados en frontón. Es una estética a “lo romano” que también es propia
de Juan de Álava. Pero no parece coincidir con la referida por Ponz, por lo que
un momento más avanzado que más tarde se definirá. Sin embargo, el muro que
da al patio del claustro no es el original de esta fase constructiva, ya que la direc-
ción que toma en ángulo recto esta fábrica (paramento UE 1134, núcleo UE 1164)
cortaría a la mitad el empedrado del patio rompiendo su unidad geométrica de paños
trapezoidales. Las huellas del cimiento de la galería que se han excavado en los
sectores 3 y 5, no dan pistas sobre el trazado original.
La galería continuaría entre los cimentos del sector 3 UE 1066 y UE 1120, para
doblar después en la esquina que hace la segunda con también cimiento UE 1108.
Entre éste y los cimientos que limitan con la Hospedería se levantaría la galería
oeste como ya se ha indicado en el capítulo correspondiente. Buena prueba del
trazado es que una “isla” del empedrado del patio venga a apoyarse sobre el lími-
te del cimiento mentado 1108. En realidad el mismo lo constituiría el muro de cie-
rre del patio hoy desaparecido. En el sector 5 el empedrado del patio UE 1589 ane-
ga otro anterior más basto UE 1091. Éste habría de encuadrarse en la fase anterior.
Es de interés referir, igualmente, la disposición de los suelos empedrados de
patio y galería. Son bien conocidos en el panorama constructivo del S. XVI en la
corona de Castilla, se trataba de verdaderos mosaicos empedrados que engalana-
ban especialmente los patios porticados y estancias nobles de los edificios de esta
centuria. Los materiales son muy variopintos van desde el ladrillo (claustro de las
Dueñas en Salamanca) el cuarzo, la pizarra o osamentas animales (Salón de Pro-
fundis en San Esteban y gran Sala del monasterio de San Vicente). Quizá el uso
de la piedra rodada frente a la tesela u otro material más noble, ha hecho que no
se valoren adecuadamente, menospreciándolos por suponerlos obra de albañiles
o alarifes poco ilustrados.
En este caso la técnica empleada para el trazo de los motivos consiste en el
uso de cuarzo lechoso remarcado por el spicatum de pizarra en sus laterales. En
la galería del claustro, el suelo se organiza en cuatro rosetas separadas por cene-
fas. Las rosetas tienen un círculo central a modo de clave, que se ve rodeado por
curvas que parten de las esquinas como si de una bóveda de crucería se tratase.
Observamos que el diseño de este suelo UE 1057, sería idéntico sobre el papel al
que presenta la planta de una iglesia de una sola nave con cuatro tramos de bóveda
separados por arcos fajones. Las bóvedas de crucería serían las rosetas y las cenefas
los arcos fajones. Es decir, parece que el mismo diseño simple que los maestros
utilizaban en sus plantas ejecutadas con compás, se veía reflejado en el suelo. En
realidad, el diseño de plantas era el trabajo más sencillo que desarrollaban los maes-
tros constructores. Las trazas se daban mediante estacas y cuerdas sobre el terre-
no. Su pericia se demostraba por los continuos cálculos que se obligaban a hacer
a medida que se construía el alzado de los edificios.
Aunque estos pavimentos no son obras de autor66, sin embargo, deben ser valo-
rados como fruto directo de una cultura constructiva en la que la geometría aplicada
66 Anónimos.
67 Archivo Histórico Provincial Salamanca, 4650, Pedro Ruano, 1590, fols. 3227r.-3228v.
Sin salir de la iglesia conventual hay que mencionar en primer lugar la erec-
ción del retablo mayor contratado en 1624, obra del maestro Gregorio Fernández
y su entorno70. Sabemos que en 1618, intervino el albañil Lucas de Araujo, que
realizó celdas, corredores y escalera, tanto en lo concerniente a albañilería como
en carpintería. Precisamente obras de albañilería debieron ser la construcción de
las estancias L1, I2 y K3 que rodean el cuerpo de la iglesia conventual. Es posible
que la construcción que hemos denominado “brasero” (estancia I1, sector 2, área
2) se construyera sobre la antigua galería norte del claustro del S. XVI, ya que el
pavimento de patio UE 1058 se viene a apoyar con el muro sur de la estancia, a
la que además se accede por las escaleras de arenisca UE 1362. Los muros de todas
estas estructuras están aparejados en seco, aunque su apariencia se salvaba por los
frescos que adornaban su alzado. A juzgar por los fragmentos conservados la
decoración se distribuía en casetones con colores rojos, amarillos y negros.
remodelación adecuada de las tumbas que en esta ocasión configuraban una sec-
ción de la estructura que se daba en llamar Claustro de los Muertos71, fuera de los
limites de la excavación.
En este momento el convento sufrió una nueva desgracia: un incendio que el
9 de octubre de 1744 destruyó la torre o espadaña y derritió, otra vez, las campa-
nas. La peor consecuencia del mismo fue sin duda la pérdida de la mayor parte
de la rica biblioteca del convento que atesoraba obras de gran importancia y rare-
za72. Un año después el convento volvió a experimentar daños, en esta ocasión
por causa del agua, en forma de inundación. Esta circunstancia ha sido constatado
arqueológicamente en el sondeo 4: corresponde a la UE 1169 que arruina el sue-
lo empedrado UE 1222. El antiguo muro de cierre UE 1221, se sustituye por el que
limita el monasterio con la calle de San Pedro.
El claustro excavado en el área 1, retrotrajo sus dimensiones y se construyó el
muro de cierre conformado por UE 1134 (paramento) y 1164 (núcleo). Sobre el mis-
mo se levantarían los pilares 1163 que sostenían los arcos que daban al patio. En
cuanto a la galería del propio claustro, lejos de discurrir hasta el área de la Hos-
pedería, esta vez vino limitada por el muro que se sostendría en los cimientos UE
1118. Posiblemente el nuevo alzado de los muros de la galería disponía de fronta-
les en azulejería talaverana con motivos de ferronires. Por lo menos esa impresión
se desprende después haber recogido una cantidad importante de fragmentos en
este espacio y la antesala del refectorio. Este tipo en azul y amarillo tiene una pro-
yección cronológica que abarca desde la IIª mitad del S. XVI hasta el S. XVIII.
Sobre muros nuevos se edificaron el refectorio y las cocinas, a la vez que se
amortizaba el conocido como UE 1059. Todos ellos tienen en común el aparejar
una mampostería muy irregular, que denota la celeridad con que fue construida.
Estaban realizados para ser recubiertos. En la misma técnica se completó el muro
de los graneros. Los empedrados volvieron a ser recurridos de nuevo (UE 1152 en
sector 8 y UE 1216 en sector 1 del área 1). Por último también consta la reforma
de las puertas del coro en 1746.
6.2. LA CONSTRUCCIÓN DEL CLAUSTRO Y EL MURO DE CIERRE QUE MIRA A SAN AGUSTIN
(FASE V. B2)
A fines del siglo XVII, aún no se había concluido la fachada principal ni la esca-
lera noble del colegio. En este momento se produjo una aceleración significativa
del ritmo de construcción, no olvidemos que en los dos siglos anteriores ni siquie-
ra se había comenzado el lienzo principal, donde se situaría la fachada, ni se
había concluido el lienzo frontero a San Agustín. En cuanto al que daba frente al
colegio de Oviedo, en la calle de la Gloria, era tan sólo una pared de cierre, en
la que descansaban las maderas del corredor, y que incluso tenía los dientes para
el enjarje con la obra posterior. Esta estructura fue identificada en la campaña de
excavaciones arqueológicas del año 1986, sobre el solar que más tarde sería el actual
Palacio de Congresos y Exposiciones de la Junta de Castilla y León en Salamanca74.
Las trazas y orientaciones para intervenir en el colegio entre 1725 y 1738 se
debieron a Alberto de Churriguera. De hecho dicho arquitecto ya ostentaba el títu-
lo de maestro mayor del colegio cuando fue elegido para realizar la Plaza Mayor
de la ciudad de Salamanca. Posiblemente fue designado como sucesor a la muer-
te de su hermano Joaquín.
Como era usual en un edificio de esta importancia y función, la escalera como
elemento semipúblico fue esencial para lograr la majestuosidad requerida y tras-
mitir a propios y extraños su estima y la de aquellos que lo habitaban. Se proyectaba
construir dicha escalera en el ángulo noreste, con la misma ubicación de la traza
inicial.
La obra se realizó bajo el control y vigilancia del maestro arquitecto D. Alber-
to de Churriguera, y del mayordomo y familiar del colegio D. Francisco Antonio
Romero. En documento de 1726 se señala expresamente que el arquitecto estaba
asistido por un aparejador, se trataba de D. Francisco Alvarez; posiblemente la mis-
ma función la ejerciera en su día D. Félix Vaquero.
Consta documentalmente que la escalera tenía como mínimo 43 peldaños, for-
mados por piezas enteras de granito, cada una de ellas con un pie de alto y media
vara de huella. El tramo más ancho comprendería 14 pasos de 11 pies, mientras
que los tres tramos restantes eran más reducidos. Castro y Rupérez75 señalan que
se trataría de una escalera ancha y de pendiente suave. Posiblemente tendría
importantes semejanzas con la escalera de Soto ubicada en el convento de San Este-
ban en la ciudad de Salamanca, o incluso a la del colegio Militar de Calatrava.
Tal como la describió el marqués de Alventos, la escalera del colegio de Cuen-
ca debía ser una de las mejores piezas de arquitectura ubicadas en la ciudad de
Salamanca. Falcón señalaba igualmente que los testigos que le hablaron del cole-
gio hacían, entre otras piezas, elogio de su escalera. A su vez el maestro Félix Vaque-
ro refería que fueron a verla y a conocerla por los exquisitos cortes que incluía.
Sin duda era obra de gran belleza y perfección técnica. Su coste superó los 20.000
ducados (eso sí incluyendo los lienzos colindantes a la capilla y la sacristía).
Hoy en día, en poco se puede apreciar esta fama, únicamente quedan las dos
zapatas UE 1534 y 1533 desposeídas incluso de su paramento exterior. Es posible
que éstas sostuvieran el primer cuerpo, para que el segundo volase hacia el ter-
cero que se calzaría sobre el muro oeste UE 1531 y UE 1536. De no ser así, no
habría espacio para encajar una escalera monumental con tantos tramos. Estas estruc-
turas a través del también muro UE 1532 vienen a apoyarse sobre UE 1592 y 1505,
parte del muro que limita la galería del claustro realizado en el S. XVI. De hecho
esta escalera altera al disposición del mismo, pues en el espacio que cierra el muro
UE 1530 dentro del sector 5, se hallaron los restos de un marco de ventana en pie-
dra que sin duda fue anegada con la construcción de la escalera monumental.
Situado junto a la escalera principal en la crujía este existía un cuarto que ser-
vía de cantina para el agua76. Los brocales UE 1571 en el interior de la estancia de
la escalera y UE 1563 están indicando la existencia de este aljibe –cantina de agua,
que parece de factura más antigua que esta obra de 1726–. No nos explicamos de
otra forma que esté integrado en UE 1593, muro en el que se apoya el cierre de
la escalera UE 1539-1582. Por supuesto que esta última estructura junto con los muros
sur (UE 1528, 1579 y 1580), Este (UE 1646, 1648 y 1581) y el contrafuerte 1647 per-
tenecen también a este momento constructivo.
Por su parte las cantinas empedradas aparecieron con un escalón pavimenta-
do de pizarra que rodeaba todos los muros de cierres (UE 1577 y 1512). Este se
apoya directamente sobre el muro sur de cierre de la escalera, los adscribe a la
presente fase de construcción. El suelo irregular que marca el enmorrillado del S. XVII,
era poco propicio para la conservación de recipientes de gran tamaño con base
plana. La pizarra tallada proporcionaba esa planitud que permitía almacenar gran-
des contenedores (suponemos cerámicos) junto a las paredes de la estancia. En la
cantina O2 se cierra además el acceso del S. XVII UE 1590, accediéndose en este
momento a través de la cantina M1 por la puerta UE 1580, que también esta remar-
cada por las losas de pizarra flanqueantes. A esta última se accedía desde la puer-
ta UE 1507 en el muro interior UE 1504.
Por fin, entre 1756 y 1764 se construyó la fachada del colegio de Cuenca. El
elemento se abría hacia la calle de la Gloria, en una plazuela contigua a la hos-
pedería de la de Oviedo. Según el Memorial Ajustado77 en este lienzo se situaban
el zaguán, la librería, el general y otras oficinas que eran necesarias para la comu-
nidad, así como la sacristía y la nueva capilla.
De esta fachada, en el área excavada únicamente se ha exhumado la parte que
cerraba el ala norte, que además se prolonga hacia 10,15 m la calle a modo de
portada escenográfica; al otro lado, estos metros de muro daban a la calle abier-
ta. Debemos entender esta prolongación como un recurso estético encaminado a
mantener una serie de proporciones y simetrías de fachada que a día de hoy se
nos escapan. Testimonios de ello son los elementos de contrafuerte (UE 1545 y
1544) que se adherían al muro exterior (UE 1539 y 1582). Posiblemente constituían
parte el basamento de elementos verticales como columnas de orden gigante o pilas-
tras, que animaban la monumental fachada barroca vista por Ponz. Tengamos pre-
sente que estos elementos también fueron dispuestos por Andrés García de Qui-
ñones, en el exterior del Ayuntamiento que luce la Plaza Mayor salmantina.
Colegio. Y que se recojan las Constituciones impresas de que éste usa, y se arregle a las originales dis-
puestas por el Reverendo Obispo, Fundador, en 12 de Abril de 1537. Escribano de Cámara Don Anto-
nio Martínez Salazar.
Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 5499.
81 ...ya que por real decreto estaban extinguidas las Ordenes religiosas y el convento de san Agus-
tín estaba ocupado por las tropas francesas, para evitar que si forzaban las puertas de la Iglesia llega-
sen a profanar las reliquias de San Juan de Sahagún y de Santo Tomás de Villanueva, era convenien-
te trasladar sus urnas a la catedral... Archivo Catedralicio de Salamanca, Actas Capitulares, Años
1805-1810, págs. 435 bis-436.
82 ZAHONERO J. Libro de Noticias de Salamanca que Empieza a Regir el Año 1796 (Fondo His-
tórico Universidad de Salamanca).
83 ALARIO GARCÍA, C. Op. cit.
refiere una batería emplazada en esta zona para asaltar la gola (baluarte) de San Caye-
tano. El día 26 de junio con el refuerzo de la artillería de sitio traída de Ciudad Rodri-
go y Almeida, estallaba el Fuerte de San Vicente y se abría brecha en San Cayeta-
no. Los destacamentos franceses no tardarían en capitular.
Tras la guerra, las órdenes religiosas fueron restablecidas en España por decre-
to de las Cortes de Cádiz de 18 de septiembre de 1812. Desgraciadamente duran-
te los años de supresión, la comunidad agustina había perdido su convento, y no
contaba con un lugar donde alojarse y celebrar los ritos religiosos. Además un decre-
to de 18 de febrero de 1813 prohibía pedir limosna para reedificar conventos en
ruinas, así como admitir nuevos miembros a comunidades ya constituidas, lo que
dificultaba notablemente la adquisición de fondos para la nueva fábrica.
La comunidad agustina considera tarea prioritaria la reconstrucción de su con-
vento87. El 13 de mayo de 1815 las Actas del Capítulo Provincial se inician con una
firme declaración de principios: Quanto más sano es un instituto y más sabias leyes
que lo gobiernan, tanto mayores son los esfuerzos del demonio para minarlo y
derribarlo… Testigos y víctimas hemos sido de su rabia… Reunidas las piedras del
santuario, dispersas por calles y plazas, se hace preciso restituirlas a su primitivo
ser, en quanto sea posible y lo permitan las fatales circunstancias de los tiempos.
Los planos de la nueva fábrica fueron encargados a fray Joaquín del Niño Jesús88,
que los presentó con fecha de 26 de octubre de 1815. Dicho proyecto tomó como
inicio y regencia las dependencias y trazas del antiguo monasterio, a la par que
reaprovechaba la fábrica e integraba las estructuras que habían sobrevivido a la
desidia y el expolio. Expresivo testimonio del estado de ruina de este momento
era la propia planta del coro. fray Joaquín dibujó una sola puerta sobre el muro
sur de cierre (con trazo sin rellenar), justo donde la excavación arqueológica ha
localizado dos. Posiblemente los escombros no le permitieron ver detalles de la
fisonomía de dicho cierre.
De nuevo el edificio sufrió daños en 1819, a fecha de 19 de agosto se produ-
jo un incendio en sus bodegas. Tras un período de estudio, los planos del carmelita
fray Joaquín del Niño Jesús fueron rechazados por la Real Academia de San Fer-
nando. Fue preciso encargar las trazas a otro arquitecto, don Francisco de Paula
que recibió por ellos 1.500 reales en julio de 1817. Según se desprende tanto de
las noticias documentales, como de los restos excavados, dicho proyecto siguió en
gran medida las líneas trazadas por el referido fray Joaquín del Niño Jesús, consi-
derando igualmente tanto las líneas maestras del antiguo convento, como los res-
tos en pie. El cuarto de las enfermerías se debió embaldosar (UE 1089) justo en
este momento, a juzgar por los resultados del sondeo 4. Sabemos también que se
rehicieron las hospederías. De ello han quedado los cimientos de los tabiques de
separación UE 1101 y 1093 entre habitaciones (estudio y alcoba según el plano de
Joaquín del Niño Jesús). La orientación de los mismos coincide con el documen-
to planimétrico aludido.
94 VILLAR Y MACÍAS, M. Historia de Salamanca IV, Desde el señorío de doña Constanza hasta el
gobierno del corregidor D. Alfonso Enríquez. Salamanca: Diputación Provincial de Salamanca, 1974.
95 SANTONJA M. y FRADE, M. J. Op. cit.
96 VILLAR Y MACÍAS. Historia de Salamanca, tomo IX. Salamanca, 1973.
97 Archivo Universidad de Salamanca, Libro de Juntas de la Administración y Rentas de la Uni-
versidad, N 2896, fol. 9r.
FIGURA 6.–Reconstrucción
de los tramos de bóveda perlongados
en la iglesia de San Agustín, a partir
del plano de 1815, realizado
por fray Joaquín del Niño Jesús.
FIGURA 15.–Botones de las casacas que vestirían los soldados que combatie-
ron por el Redondo de San Cayetano, aparecidos durante el proceso de
excavación arqueológica.
PAULETTE GABAUDAN*
RESUMEN: Este artículo es una respuesta al libro de Felipe Pereda Una arqui-
tectura elocuente, a su vez, crítica del mío, El mito imperial. Se trata pues de un
debate en torno a la iconografía renacentista de la Universidad de Salamanca, fachada
y escalera. Después de presentar objeciones generales al método de Pereda: su
utilización de las supuestas fechas de las esculturas, la limitación de sus fuentes a
la biblioteca del Estudio, su tendencia a privar estos relieves de su significado, en
contradicción con el título mismo del libro, paso a un análisis pormenorizado de
su lectura, subrayando que, en ella, la escalera pierde su sentido global, sustitui-
do por cuadritos inconexos. Aunque valoro más positivamente el estudio del con-
junto de la fachada, no así lo referente al escudo imperial y al toisón. Esto me lle-
va a la discusión de la tercera parte, donde creo detectar en Pereda una voluntad
de minimizar la indiscutible presencia del Emperador a favor de la reina Juana y
del claustro universitario. Unas nuevas investigaciones, promovidas por la tesis de
Pereda, me conducen a reafirmar mi primera lectura, la clave imperial.
ABSTRACT: This paper is an answer to Felipe Pereda’s Una arquitectura elocuente,
which is, in turn, the response to my book El mito imperial. So, it is a debate about
the Renaissance icons in the façade and stairs of the Salamanca University main
building. I object Pereda’s method for his chronology of the sculptures, for limi-
ting his sources to the internal ones in the University Library, for his refusal to focus
on the reliefs meaning, contradicting the very title of his own book. I analyse in
detail Pereda’s interpretation, beginning with the stairs, which he almost deprives
of signifying, limiting his study to isolated parts, without any connexion with the
rest and the whole. Regarding the façade, I don’t agree with his assesment of the
imperial coat of arms with the Golden Fleece. Indeed, Pereda tries to minimize
the clear presence of the Emperor in the façade, in favour of Queen Juana’s and
of the University staff. My new research, as a response to Pereda’s, makes me rea-
firm my former interpretation, the imperial key.
PALABRAS CLAVE: Universidad / iconografía / Pereda / crítica.
* Universidad de Salamanca.
1. OBJECIONES AL MÉTODO
2 Pondré las frases de Pereda entre comillas, y las demás citas en cursiva.
que la reina Juana costeó la fachada, el gasto no puede figurar en los Libros de
Cuentas de la Universidad, con lo cual las afirmaciones anteriores de Pereda se derrum-
ban.
3 ROYS, Francisco de. Pyra real que erigió… la Universidad de Salamanca en las inmortales ceni-
zas de la gloriosa memoria de su Rey y señor Felipe IV el grande. Salamanca, 1666, citado por DÁVILA
FERNÁNDEZ, M. Pilar. Los sermones y el arte. Valladolid, 1980, pág. 175, y PEREDA, pág. 227.
4 Cita repetidas veces a Marineo Sículo, a Nebrija sólo de pasada porque ya se había ido en la
época que interesa, a Arias Barbosa y a Hernán Núñez el Pinciano para el medallón de los Reyes Cató-
licos (pág. 219), a G. Reich para el motivo de Amicitia (págs. 120-21), a López de Vivero o Palacios
Rubios, para los medallones que rodean a las estatuas (págs. 261-273, 284-88 ), a Pérez de Oliva, rápi-
damente eliminado, a Luis de Lucena, etc.
mundo a la medida de Europa y más aún, universal. Antes ya, los Reyes Católicos
habían sido príncipes abiertos, Fernando vuelto hacia el Mediterráneo, implicado
en toda la política de Oriente; Isabel, la soberana europea que se lanzó a la gran
empresa ultramarina; y, en cuanto al arte, su afición a los pintores flamencos
demuestra que no estaba limitada, culturalmente tampoco, a sus fronteras. La figura
de Hércules, tomado como origen de la dinastía y modelo político en la historio-
grafía de esta época, según lo demuestra Robert Tate, va a la par con esta aspira-
ción hacia lo universal5.
Si Pereda titula su libro Una arquitectura elocuente, es porque piensa que estas
piedras nos hablan, transmiten un mensaje, reposan sobre una ideología que el estu-
dio se propone desvelar. Sin embargo en la introducción y en la conclusión me
chocan dos frases. Se lee (pág. 13): “Admitir que la obra de arte pertenece a un
código social en el que se integra en tanto que signo, hace posible entender que
la incorporación de la fachada al discurso político dominante en la España de Car-
los V pudo engullir su significado y filtrar su sentido originario. En otras palabras,
hemos estado leyendo la fachada de 1520-25 de acuerdo al discurso político esta-
bilizado en 1550, un anacronismo”.
Como, en la segunda parte del párrafo, me siento aludida aunque no se me
nombre, empezaré por este punto y me permitiré recordar ciertos hechos históri-
cos. En 1550, a pesar del reciente triunfo de Mühlberg, brillantemente orquestado,
sobre todo gracias al magnífico cuadro de Ticiano, el Imperio se está muriendo:
las derrotas suceden al triunfo, la unidad familiar se resquebraja, Fernando ya no
apoya a Carlos, se vislumbra la necesidad de dividir la herencia, justamente lo con-
trario de la concepción del Imperio como unidad, y, como se podía prever, no hay
acuerdo sobre esta división. Por colmo de desgracia, en 1551, el Emperador vie-
jo, enfermo y sin dinero, tiene que huir precipitadamente de Innsbruck en medio
del frío y la nieve para no ser apresado6. Su preocupación no es ya el Imperio roma-
no modélico, sino Lutero y sus demás enemigos coaligados. Muy diferente era la
situación en 1520-25 cuando el porvenir se vislumbraba cargado de esperanzas.
No olvidemos que la ideología imperial existía ya antes de que apareciera Carlos V.
Era una vieja aspiración medieval, reflejada por Dante entre otros, y que entonces
se hizo realidad7. La idea imperial la tenía bien clara Gattinara, cuando, el 12 de
julio de 1519, unos días después de la coronación de Aquisgrán, escribía al Empe-
rador: Sire, ya que a vos Dios os ha dado esta merced gigantesca, colocándoos
5 Cuando España se repliega sobre sí misma, Hércules es el ladrón de los rebaños de Gerión;
en cambio, con los Reyes Católicos, Hércules es el héroe. TATE, R. B., Ensayos sobre la historiografía
peninsular del siglo XV. Madrid: Gredos, 1970, págs. 15-18, 25-6 y 209.
6 FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Manuel. Carlos V, el César y el hombre. Madrid: Espasa-Calpe, 1999,
págs. 740-52.
7 YATES, Frances. Charles Quint et l’idée d’Empire. En Fêtes et cérémonies au temps de Charles
Quint, Colloque de 1958. Paris: CNRS, 1975.
sobre todos los reyes y príncipes de la cristiandad, en un poder que hasta ahora sólo
ha poseído vuestro antecesor Carlos el Magno, estáis en camino de la monarquía
mundial, para reunir a la cristiandad bajo un solo pastor8. Y Gattinara no era el
único. Fueron los años de los sueños dorados, la elección, Aquisgrán, el retorno
triunfal a España, Pavía, la boda, y Bolonia en lontananza. A la luz de estos datos
creo sinceramente que el anacronismo no es mío.
Pero más difícil de entender resulta el principio del párrafo: “Admitir que la
obra de arte pertenece a un código en el que se integra en tanto que signo”. Pare-
ce que es precisamente lo que Pereda se resiste a admitir. Esta sospecha queda
confirmada por otra afirmación de su conclusión (pág. 295), donde critica la acti-
tud que “predetermina el significado de las obras de arte, privilegiando un lenguaje
externo al de la imagen … El resultado es que la imagen resulta redundante, se
limita a re-presentar algún significado que ya estaba elaborado en la sociedad”.
En efecto, así es. Toda idea de programa se asienta sobre esta concepción. Las
palabras de Pereda corresponden exactamente a la definición que Panofsky da de
la iconología, ese sentido simbólico, más allá de la simple iconografía, por el cual
una representación gráfica expresa una sensibilidad colectiva. Pero, no es sólo que
lo piense Panofsky, es que en esas épocas y hasta aproximadamente el siglo XVIII,
es la concepción misma del arte: está al servicio de una idea, se amolda a un pro-
grama. Y por eso mismo es elocuente. En estas frases de Pereda es donde me pare-
ce percibir una contradicción interna, pues este recelo ante la ideología está reñi-
do con la promesa del título. El resultado de esta dicotomía es que, a pesar de
varias interpretaciones satisfactorias o por lo menos interesantes, demasiadas veces
se repiten frases como “no significa nada” o “es decorativo”, caso del personaje
velado de la fachada o de los dos que rodean las águilas, por ejemplo. Este pro-
ceder, a mi modo de ver, tiene algo de huida ante la dificultad. En el mismo sen-
tido, resulta también sorprendente que la ilustración de la cubierta sea un simple
grutesco “decorativo”, en ningún momento objeto de comentario.
Pasando ahora de lo general a los detalles concretos, seguiré la lectura que hace
Pereda de las distintas iconografías, empezando como él a partir de la escalera.
2.1. LA ESCALERA
8 BRANDI, Karl. Carlos V, versión española. Madrid: Editora Nacional, 1943, pág. 96.
Así, a propósito de las tres cabezas, dice: “No creemos que esta pilastra ocul-
te significado alguno”, porque no tienen, según dice, nada que ver con la prudencia
de Panofsky (pág. 98). En este caso su repetición ¿no resulta algo extraña?, sobre
todo teniendo en cuenta que en la pilastra siguiente no es propiamente repetición
sino complemento: son tres cabezas de animales, lobo, león y perro, como las que
figuran en el cuadro de Ticiano El buen consejo, debajo de las tres cabezas humanas.
Hablando luego del peregrino, lo considera un tópico y una reminiscencia medie-
val; después de largas disquisiciones fruto de una abundante erudición, lo relaciona
con el cerebro, la mnemotecnia, etc., dejando de lado la escalera (págs. 80-94). Y
sin embargo, en mi opinión, el peregrino es un elemento clave: alzando los ojos
hacia arriba, hacia su meta, da sentido a su caminar, y por su mirada unifica las
escenas, que se convierten en las etapas de su recorrido. Gracias a él las alegorí-
as de la escalera convergen hacia un único sentido. Por su presencia, además, el
peregrino permite que, incluso si no hubiera escalera, este sentido sea ascencio-
nal, ya que la peregrinación supone siempre una superación espiritual, que la dife-
rencia en su esencia de la simple excursión
En la danza morisca, el simple hecho de que el loco haya perdido sus orejas
al pasar del grabado a la piedra, conduce a Pereda a afirmar que “tal figura no
tenía significado alguno para quienes tallaron la escalera” (pág. 96), y, por deduc-
ción, la danza morisca pierde el suyo. Se llega incluso a identificar al loco con el
peregrino. Personalmente observo que, cuando, en los enigmas, el cantero se ha
equivocado y ha puesto la divisa de una escena para la otra (enigma de la mujer
con la tortuga y de los dos niños), el modelo de Polifilo, e incluso el mero senti-
do común, nos permite corregir. ¿Por qué no se ha de hacerlo aquí, si tenemos la
clave en Van Meckenem?
recogido por Hernán Núñez en 1555, cuya lengua y ortografía lo situa como con-
temporáneo de la escalera y cuyo texto es muy próximo al texto latino: Quánto
çuga el abeja, miel torna, quánto el araña ponzoña9. Esto demuestra precisamente
hasta qué punto está vivo el pensamiento en la mente de los contemporáneos, que
no se atienen a la forma porque hasta los iletrados conocen perfectamente la ale-
goría y la hacen suya, sin necesidad de filacterias. Y en cuanto a nosotros, pues-
to que se ha encontrado el letrero modelo, es fácil completar, como en el caso de
las orejas del loco.
Por otra parte, si fueran escenas eróticas con valor equivalente, ¿cómo expli-
car la contraposición abeja/araña? Todo queda claro si lo vemos como un enfren-
tamiento entre el bien y el mal, que confirma la marcha ascendente. Una litogra-
fía que se presentó en la exposición Carlos V de Bonn 2000, ofrece una contraposición
del bien y el mal representada, como aquí, por dos mujeres entre las que se debe
elegir. Es la famosa alegoría de “Hércules en la encrucijada”, inspirada en los
Memorables de Jenofonte, tan explotada en el Renacimiento y que el grabado
popular sigue al pie de la letra. Entre una Virtus, descalza y harapienta y una Volup-
tas, ricamente ataviada, la mirada del héroe no deja duda sobre su virtuosa elec-
ción. Y este héroe es nada menos que Carolus, en una traslación de la alegoría al
nuevo Hércules10. Me parece una buena ayuda para interpretar la escalera.
9 NÚÑEZ, Hernán. Refranes o proverbios en romance, ed. princeps, 1555. Reeditado en edición
crítica por L. Combet, etc. Madrid: Guillermo Blázquez, 2001, t. I, pág. 204. La recogida es forzosamente
posterior al refrán en varios años. Existen más variantes en Gonzalo Correas y en Rodríguez Marín I y II.
10 Kaiser Karl. Macht und Ohnmacht Europas, Exposición de Bonn, 2000 pág. 7.
espiritual como Amicitia, que, no lo olvidemos, es la meta del peregrino, una meta
muy alta. De hecho Pereda desliga esta alegoría del tramo que la precede. Cada cua-
dro está visto independientemente del otro, y por eso mismo pierde su significado.
2.1.5. Amicitia
En lo tocante a Amicitia y las tres filacterias (pág. 119) me parece que el autor
se crea un falso problema. El texto es triple, como las filacterias, aunque en una
de las ediciones de Holcot no haya más que dos elementos (probablemente por
olvido), ya que en la cultura de la época, a la que esta alegoría pertenece, el tex-
to es triple, como nos lo confirma la adaptación al español que Guevara nos da
de ella: Ámanse en casa y fuera de casa (prope/longe), en prosperidad y adversi-
dad (ætas/hiems), en ausencia y en presencia (mors/vita). El comentario de Gue-
vara está en total conformidad con la glosa de los textos antiguos11. En mi opi-
nión de la palabra amicus, no se puede inferir tampoco nada excluyente, “un tipo
de amor reservado de forma particular para los hombres” (pág.121), que luego desem-
boca en unas consideraciones misóginas. Amicitia tiene por el contrario un signi-
ficado amplio, que León Hebreo, un contemporáneo, define muy bien. Es el amor
de Dios hacia sus criaturas, el amor de los padres a sus hijos, el de los esposos
que se quieren, y todo sentimiento que une a dos personas con el deseo del bien
para la persona amada por encima de uno mismo: Amor y Amicitia son concep-
tos intercambiables12.
En cuanto a la ausencia de inscripciones, es tan sistemática que tiene que ser
voluntaria. Aquí debe aplicarse la lección que nos da Erasmo, la de rehuir el cami-
no fácil y vencer una dificultad13. Sobre el recurso a la mnemotecnia pedagógica
que, según Pereda, podría justificar estas escenas, me parece que empequeñece
la riqueza y la belleza de esta obra de arte.
2.1.6. El Toisón
11 GUEVARA, Antonio de. Relox de príncipes. CONFRES, 1994, lib. II, p.406.
12 HEBREO, León. Dialoghi di amore. Venecia, 1541, ed. espág. Austral, 1947, págs. 34-37 y 54-56.
13 Esta lección ha gozado de una gran popularidad: pensemos por ejemplo en el cuadro de Pous-
sin, Les bergers d’Arcadie, que desarrolla el mismo tema, todavía vivo a muchos años de distancia.
14 Y curiosamente en el anverso tiene, en 1506, las armas de Navarra, que no se incorporaron
al escudo hasta 1512, como lo dice muy bien Pereda, pág. 71.
FIG. 1.–Emblema
del Toisónen
la escalera:
cruz FIG. 2.–Vidriera en el palacio
de Borgoña, de los duques de Borgoña en
llamas, pedernal Dijon (2.a mitad del XV),
y eslabón llamas, pedernal y eslabón
en forma de B. en forma de B.
^
15 MALE, Emile. Histoire et légende de l’apôtre Saint André dans l’art. En Revue des deux Mon-
des, 5, 1955, Paris, págs. 412-20.
No me detendré sobre los enigmas del claustro, ya que el autor sigue a Pilar
Pedraza16, interesándose en ella más por el aspecto formal que por el moral o sím-
bolico. Ahora bien, Pedraza no vio la perspectiva política, evidente en el enigma
de Tifeo y Briareo dominados por el águila jupiteriana, ni tampoco en otros varios,
donde, sin embargo, se hace presente. Pero sobre el asunto ya he ofecido sufi-
cientes indicaciones en mi libro.
2.3. LA FACHADA
2.3.1. El escudo
Sin embargo en el nivel central, tratado en primer lugar, el empeño en querer
eliminar, o soslayar la presencia del Emperador, conduce al autor a unas afirma-
ciones francamente sorprendentes. Leemos que “el escudo no es estrictamente el
de Carlos” (pág. 235), que “se ha evitado todo mote o emblema personal del
Emperador, a excepción del Toisón que se había vinculado a la monarquía espa-
ñola...” (pág. 238) y que “tan sólo dos elementos hacen referencia en todo el pro-
grama heráldico al Emperador” (pág. 236). Estos dos elementos son un globo
diminuto que, según dice, se habría añadido después, y el águila bicéfala. Quié-
ralo o no, este águila bicéfala por sí sola hace ineludible al Emperador.
Pero ¿qué es lo que conduce a Pereda a rechazar el blasón, tan grande, tan
central, tan afirmativo? Dice: “Es el escudo de Felipe y Juana” (pág. 235), y tam-
bién “Es el de Carlos y su madre, de los reyes de España” (págs. 237-8) ¿De los
reyes de España, con Austria y los estados borgoñones? Naturalmente que está incluí-
do el escudo de Juana en el de Carlos, puesto que es su madre. Un escudo repre-
senta una genealogía y, a la par, unos territorios aportados en herencia por unos
ilustres antepasados. Pero en el caso de Carlos V, ya que Felipe y Juana han teni-
do un papel diminuto en la historia, lo que figura en el escudo es la sangre y son
los territorios de sus cuatro ilustres abuelos, Isabel (Castilla, León, más tarde Gra-
nada y América, incluida en Castilla), Fernando (Aragón y sus territorios italianos,
y Navarra incorporada en 1512), Maximiliano (Austria y una puerta abierta hacia
el Sacro Imperio), María (Borgoña, Flandes, Brabante, etc., y el Toisón). Eso es lo
que dice este blasón, indiscutiblemente de Carlos V, este blasón que fascinó y asus-
tó a sus contemporáneos por el inmenso poder que suponía, nunca reunido en
una sola mano desde los tiempos del Imperio romano.
2.3.2. El Toisón
Para más precisión el escudo está rodeado por el collar del Toisón. Y aquí tam-
bién tendré que puntualizar. El Toisón no fue incorporado por Felipe el Hermoso
a la Corona española, por más que así se pueda leer en algunos escritos y en el
propio Pereda (pág. 235 ). Para mayor seguridad volvamos a los Estatutos: La Toi-
son d’Or ou recueil des statuts… Cologne 1689, y a fuentes fehacientes: La Toisón
d’Or, cinq siècles d’art et d’histoire. Desde la fundación de la Orden se prevé que
en caso de defunción del maestre de la misma, si el sucesor es menor de edad, el
consejo asume el cargo, en espera de que el heredero del título alcance la edad
exigida, quince años; en caso de que el maestre difunto no tenga hijo sino hija,
su marido asumirá el cargo (capág. LXV). Así, al morir el Temerario (1477), Maxi-
miliano, marido de su hija, fue maestre, hasta la mayoría de Felipe el Hermoso (1491).
Al morir éste, un consejo asumió el cargo reservándolo para Carlos hasta 1515. Dos
principios absolutos rigen esta sucesión: la exclusión de las mujeres –ya que se
trata de una Orden militar–, y el principio de extraterritorialidad: lo que se llama
la “soberanía”, es decir el cargo de maestre, no pertenece al Estado borgoñón, sino
que pasa por vía hereditaria al jefe de la casa de Borgoña, que es el varón mayor
de la dinastía.
Si la soberanía del cargo no pertenece al Estado borgoñón, menos aún al Esta-
do español, como lo pretende Pereda. Y si Carlos tenía la soberanía ya reservada
desde 1506, sin ser entonces rey de España, sino duque de Borgoña, es que el Toi-
són no estaba incorporado a la monarquía española. Carlos V, siguió siendo Duque
de Borgoña, aunque Borgoña perteneciera a la Corona de Francia17. En el momen-
to de la abdicación, Carlos renuncia a los Países Bajos y al título de duque de Bor-
goña en un acto singular, aparte de sus otras posesiones y abdicaciones, y lo hace
en favor de su hijo Felipe que pasa a ser maestre de la Orden. Felipe III concede
a su primo el Archiduque Alberto de Austria ser también Duque de Borgoña, tant
la Toison lui fut précieuse, dicen los Estatutos. Pero, cuando un Borbón ocupa
el trono de España, un conflicto grave enfrenta entonces a las dos monarquías.
La casa de Austria reivindica el Toisón como descendiente directa del Temerario. La
discusión se prolonga a lo largo de varios reinados, interviene el papa, finalmen-
te, en tiempos de Carlos III, la Orden se divide en dos ramas y, para abreviar, hoy
día conviven dos casas y dos maestres, Juan Carlos I y Oto de Habsburgo, este
último sin tierra y sin monarquía, pero de la sangre del Temerario18. Todos estos
datos avalan de modo indiscutible que el collar que rodea el escudo en la fachada
17 De hecho, desde la muerte del Temerario en 1477, de derecho a partir de un tratado con Fran-
cisco I de 1547.
18 La Toison d’Or ou Recueil des Statuts, Cologne, 1689. La Toison d’Or, cinq siècles d’Art et d’His-
toire, Exposition de Bruges, 1962, Introduction, págs. 27-33. PINEDO Y ZALAZAR, Julián. Historia de
la insigne Orden del Toisón de Oro. Madrid: Imprenta Real, 1787, t. I, dice erróneamente que está vin-
culado a la monarquía española, influido por la lucha de su rey, Carlos III por la soberanía del Toi-
són, lucha que se zanjó entonces con la división en dos ramas. La enciclopedia Espasa lo repite lue-
go, sin más razón.
19 ROSENTHAL, Ernst. The invention of the columnar device of emperor Charles V at the court of
Burgundy in Flanders in 1516. En Journal of the Wartburg Institute, XXXVI, 1973, especialmente pág. 209,
211, págs. 218-23. Divisa de Felipe el Bueno: Autre N’aray, del Temerario, Je l’ay emprins, de Felipe
el Hermoso Qui vouldra. BATAILLON, Marcel.Plus Oultre. En Fêtes et cérémonies au temps de Charles
Quint, Colloque, 1957, Paris: CNRS, 1975.
el Gordo (siglo IX), tales como los muestran las monedas que mi nueva investigación
me ha permitido encontrar20. Se trata pues del traje distintivo de los emperadores del
Sacro Imperio, según un prototipo que se repite a través de los siglos.
En cuanto a la posibilidad de que la mujer del medallón simétrico sea Juana,
tal como el propio Pereda lo había propuesto en primera instancia para luego dese-
charlo, debo de admitir que es una posibilidad muy plausible. Si bien es cierto que
existe una costumbre muy extendida de poner a los esposos de cada lado de una
puerta, muchas veces con el carácter de donantes, y que la cara retratada en el
medallón evoca más bien la Emperatriz, el caso de Carlos con su madre es atípi-
co. Era ella la reina, y en los documentos figura siempre así, tal como lo indica
Gattinara. En las monedas acabamos de ver que debe figurar Juana en el reverso.
Dada la fidelidad de la fachada al programa del canciller, la reina Juana podría per-
fectamente encontrar su lugar en este medallón, a la izquierda de su hijo, situa-
ción de inferioridad equivalente al reverso de las monedas. Era una sugerencia de
Pereda muy atendible, casi la única que me hubiera convencido. Pero finalmente
renuncia a ella y ve una vez más en las figuras unos medallones decorativos.
20 Gabinete de medallas, Bibliothèque Nationale. Paris, citado por MAUROIS A. Historia de Ale-
mania. Paris: Hachette; Ed. Barcelona: Blume, 1966, pág. 39.
21 CHECA CREMADES, Fernando. Kunst und Macht inder erst en Hälfte des 16 Jahrunderts: Karl
und die Kunst. En Kaiser Karl V. Macht und Ohnmacht Europas, Exposición de Bonn, 2000; ilustración
pág. 37. ROSENTHAL. Nota 19, pág. 207.
22 BEAUJEU, Jean. La religion romaine. Paris: Belles Lettres, 1955, pág. 87. Tres monedas en el
catálogo del British Museum, pl. 10, nº 25, pl. 11, nº 13, pl. 14, nº 1; cinco, en COHEN, Description
historique des monnaies frappées sous l’empire romain. Paris: Rollin, 1882, nº 67, 129, 215, 231, 343.
Hadrien, BEAUJEU, pág. 305.
claramente una Venus” (pág. 196), cuya desnudez sin embargo, en tanto que For-
taleza, no deja de plantearle problemas23. En realidad la figura es Venus, sin palia-
tivos. La columna no es más que el atributo y Venus es el sustantivo. Todo se acla-
ra, y me permito proponer mi aportación, si esta Venus se enmarca en la cultura
latina, donde aparece especialmente asociada a Hércules en la mitología imperial.
Es la madre de Eneas, la madre de César y de los césares; están presentes, ella y
Eneas en las monedas de César y de Augusto. En resumen, es la que justifica todos
los medallones de emperadores que la rodean en la fachada. Se integra en un con-
junto coherente en que las figuras se aclaran unas a otras y contribuye en una par-
te estimable en hacer de esta fachada una fachada imperial. Y si lleva efectivamente
la columna rota, atributo tradicional de la Fortaleza, es porque es la diosa madre
y representa la fuerza arrolladora de la fecundidad.
23 Para él, Hércules también es la Fortaleza y ve dos Fortalezas más en los medallones.
24 LLEO CAÑAL, Vicente. El palacio del primer duque de Alcalá; La casa de Pilatos. En ROSENTHAL,
Ernst (Coord.). El estilo imperial al romano. Arquitectura imperial. Granada: Universidad, 1988, pág. 93
25 Su colocación es errónea: sitúa el velo (3º) en el 2º lugar, el mancebo (4º) en el 3º, César (2º)
en el 4º; y los nombres propuestos para cada uno van cambiando: el personaje a la derecha de Venus
se identificó primero con Alejandro (págs. 268-9) siguiendo a Palacios Rubios. De la colocación erró-
nea de César saca conclusiones no menos discutibles.
que adornan su cabeza y que han sido siempre atributos de Baco o Dionisos, Pere-
da opina que no son importantes. No cabe duda de que la importancia de las cosas
varía según nuestra conveniencia. Y mi comentario en este caso no va dirigido a
Felipe Pereda ya que este fariseismo intelectual es una trampa en la que caemos
todos. Como para mí los pámpanos son importantes, en este medallón he identi-
ficado a Baco, siguiendo la tradición, mientras sitúo a Trajano, también importan-
te en mi opinión, en la concha con la piel de león. En cuanto a la barba, que el
Trajano antiguo no llevaba, deja de ser un obstáculo a partir del momento en que
en el siglo XVI aparece con barba, incluso “espesa”, por lo menos en dos fuentes,
una cita de Guevara y una moneda de Andreas Fulvio. Agradezco a Pereda esta
aportación que hace desvanecer mis escrúpulos relativos a este emperador que yo
también había identificado con un hombre barbado en una de las conchas.
El siguiente personaje es César, tanto para Pereda como para mí, aunque nuestras
razones puedan ser diferentes. Pero, si relacionamos el medallón con el emblema que
cuelga de él, cosa bastante lógica por otra parte, surge el problema del cetro, que no
suele ser atributo de César. En cambio sí aparece en monedas con la balanza de
la Justicia, como atributo de Venus26. Considero el dato interesante, puesto que pre-
cisamente la balanza y el cetro son los emblemas colgados de los anillos en los
medallones que rodean a Venus. Si se considera la colocación de los emblemas
con flexibilidad, tal como pienso que debe hacerse, esos detalles se resuelven satis-
factoriamente. Los emblemas se integran en el conjunto de la fachada.
Para el joven del extremo derecho de la fachada el autor escoge a Escipión,
según Palacios Rubios, por su juventud y por el trofeo militar (pág. 285). Si de juven-
tud se trata, a mi entender, el más indicado es Alejandro, que no conoció nunca
la vejez y que aparece en la fachada con rasgos tan propios como su cabellera grie-
ga y la inclinación de su cabeza. En cambio a Escipión, exclusivamente militar, le
va muy bien el casco, aunque no sea privativo de él, puesto que se hallan muchos
cascos en la decoración a lo romano. Éstas son mis propuestas, bastante relacio-
nadas con las de Pereda aunque con divergencias sensibles.
2.3.9. Augusto
No puedo decir lo mismo en cambio del último medallón tratado, tercero en
la fachada. Para Pereda “la intención de representar a un personaje en particular
dista mucho de ser clara” (pág. 289). ¿Cómo es posible que en una perfecta sime-
tría, pueda haber tres personajes emblemáticos y un cuarto que no represente a
nadie? Y ¿cómo, entre los héroes antiguos y los emperadores romanos, ejempla-
res todos, no va a figurar Augusto, el primer emperador, el más emblemático, que
ha promovido el siglo de oro latino? Me extenderé sobre este punto algo más de
lo debido, teniendo en cuenta mi convicción de que el último medallón estudia-
do es sin duda el emperador Augusto.
26 SCHILLING, R. La religion romaine de Venus. Paris: Boccard, 1954, pl. XXXI, nº 2, Cabezas de
los Dioscuros; reverso, Venus con esos atributos y Cupido en el hombro.
27 VARRÓN, De lingua latina, 5, 84. TITO LIVIO. De Urbe condita, I. 18, 7, un augur en la elec-
ción de Numa; I. 36, 5, en la estatua de un augur; I. 32, 6, un legado en un juicio religioso; VIII. 9, 5,
generales ofreciendo su vida para la salvación de Roma; X. 7, 10, plebeyos aspirando a cargos sacer-
dotales. VIRGILIO. Eneida, V, v. 755, comentado por Servio Honorato (siglo III). Esos datos me han
sido facilitados por Gregorio Hinojo e Isabel Moreno.
28 GOLTZIUS, C. Julius Cæsar sive historiæ imperatorum cæsarumque romanorum ex antiquis
numismatibus restitutæ. Liber primus. Brujas, 1571, lam. III, a2.
29 ZANKER, Paul. Augusto y el poder de las imágenes. Madrid: Alianza editorial, 1992, pág. 157; pág.
153, fig. 101, pág. 163, fig. 108 y 109. Monedas: pág. 157, fig. 103, denario de C. Marsius, Roma, 13 a C.
British Museum nos proporciona otras. En una moneda de este último repertorio
se ve la cabeza de Augusto laureada como Apolo en el anverso, y en el reverso
el mismo Augusto velado y laureado conduciendo una yunta de bueyes, en acti-
tud de Rómulo, como fundador de la nueva Roma30.
Pero hay otra categoría de testimonios, si bien mucho menos numerosos, en cam-
bio más selectos, donde aparece con frecuencia Augusto con el velo, se trata de los
camafeos, el de Viena, el de Florencia, por ejemplo. El famoso “Grand Camée de
France”, que llegó de Constantinopla a San Luis durante las cruzadas, representa
en su centro a Tiberio y Livia, y en la parte alta, como aparición divina, figura Augus-
to con la cabeza velada31.
Todas estas pruebas indiscutibles no quitan para que, como dice Pereda, las
estatuas famosas de Augusto, entre ellas la de la Via Labicana, no habían sido aún
descubiertas por los arqueólogos en la época de la fachada. Pero cuando presen-
to como Augusto velado el de la Via Labicana, en ningún momento lo he consi-
derado como modelo del escultor salmantino; era simplemente un ejemplo de las
numerosas imágenes de Augusto sacerdote, la más bella. El propio Pereda (pág. 220)
expresa con gran finura lo que debe ser nuestro acercamiento a la época: “Las fuen-
tes que propongo no son fuentes en el sentido tradicional, sino unas catas en una
cultura… en las que el texto escrito es a veces sólo la ventana a través de la cual
atisba una cultura oral definitivamente perdida” (pág. 220). Algo parecido he pre-
tendido hacer con las esculturas32.
En definitiva y resumiendo, si, como he indicado, los pontífices llevaban la cabe-
za velada, si los emperadores ofreciendo un sacrificio la llevaban así también,
parece evidente que Augusto había de vestirse forzosamente como corresponde-
ría a su cargo, cargo tan decisivo en su vida que la ceremonia del pontificado dio
lugar a una gran fiesta, a la que acudió un inmenso público venido de toda Italia,
y que el nombre mismo de Augusto, “consagrado”, le fue dado en esta ocasión. El
velo va ligado para Augusto a lo más prestigioso de su vida y a su propio nombre.
Por consiguiente, creo que lo importante no consiste en poner en duda algo
evidente, que Augusto llevara velo, sino en preguntarse por qué se escogió esta
imagen de Augusto para la fachada. Para mí, la explicación está en la idea de paz,
que transmitía Augusto con el velo del pontífice, similar a la paz cristiana que pre-
tende anunciar al mundo el nuevo Emperador, emperador ungido, sacralizado
como lo fue Augusto Pontifex, y, por ende, como lo quería Gattinara, por encima
de los reyes.
30 KENT. Roman coins, pl. 41, nº 148; MATTINGLY, H. Coins of the Roman Empire in the British
Museum. London, 1976, pl. 15, nº 17.
31 DELAROCHE, P. Trésor de Numismatique et de Glyptique. Iconographie des empereurs romains
et de leurs familles. Paris: Didier, 1858. Camafeo de Francia, hoy día en la Biblioteca Nacional france-
sa, pl. 12, comm. págs. 23-24; de Viena, pl. 6, comm. pág. 10; de Florencia, pl. 3, comm. pág. 6.
32 Aparte de todo, es muy difícil dictaminar qué conocían exactamente los hombres del XVI, ya
que muchas cosas desaparecieron en aquel momento, cuando la moda de lo antiguo favorecía un inten-
so pillaje.
En realidad me consta que todo eso Pereda lo sabe de sobra, como lo revela
su nota nº 249 (pág. 289), con la cita de los Diálogos de Medallas de Antonio Agus-
tín y su referencia al velo. Pero prefiere ignorarlo, porque, si admitiera a Augusto
en la fachada, tendría que admitir el tema imperial, y su tesis va por otro camino,
como lo vamos a ver.
En cuanto a las serpientes que van colgadas del anillo debajo del medallón,
confirman mi identificación: son, estoy de acuerdo, el emblema de la Prudencia,
una virtud que le corresponde perfectamente a Augusto, la principal, entre las muchas
que le atribuyen y que resaltaba en su divisa: Festina lente33. Porque, a pesar de
las afirmaciones de Pereda, según el cual “la prudencia no encuentra sitio entre las
virtudes” (pág. 288), la prudencia es una virtud muy ponderada tanto en la Anti-
güedad, como en la época cristiana; es una de las cuatro virtudes cardinales que
han de acompañar también al poder político; rodean, por ejemplo el trono del rey
D. Juan Carlos en el Palacio Real.
Pero, además, tratándose de Augusto, las serpientes tienen otro valor, muy per-
sonal, ligado a su mito, es decir a su nacimiento milagroso y a su filiación apolí-
nea, pues Apolo, dios de Delfos, tiene la serpiente como atributo. Zanker trata tam-
bién dilatadamente este tema, y las dos serpientes figuran en varias monedas de
Augusto. Por todos estos motivos su nombre se ajusta perfectamente al personaje
del medallón, que, lejos de ser “decorativo”, resulta altamente “elocuente”.
A modo de conclusión a este apartado sobre la iconografía en la fachada, debo
reconocer que, si bien Pereda encuentra en ocasiones explicaciones interesantes,
empaña el conjunto por su tendencia a empobrecer la interpretación a base de ele-
mentos considerados como meramente “decorativos”, sin un núcleo integrador
que explique todo el programa y que, en mi opinión, no es otro que el Imperio.
En realidad Pereda quiere ver la fachada como una realización del claustro uni-
versitario; y si insiste en la presencia de Juana es en la medida en que sería la repre-
sentante de la vieja monarquía española, la hija de Isabel, frente al intruso flamenco,
33 Según Suetonio citaba en griego, haciéndolo suyo, un verso de Eurípides: Para un jefe, pru-
dencia vale más que osadía. Los doce Césares, Augusto. Paris: Belles Lettres, pág. 8.
tal como consideraban a Carlos el claustro y las ciudades castellanas levantadas con-
tra él. Aunque la fachada se haya esculpido en su reinado, Pereda intenta desvin-
cular a la Universidad y su iconografía del Imperio y del Emperador.
Así por ejemplo la referencia a las columnas ausentes manifiesta la intención
de eliminar a Carlos Emperador. Y, a partir de allí, esta ausencia cambia el signi-
ficado general, hasta el punto de que Hércules deja de ser flamenco o imperial
para ser exclusivamente español, hogareño como las fuentes del principio. Se pue-
de leer: “La ausencia de las columnas y su leyenda indican que esta fusión heroi-
ca, (se refiere a la de los Hércules flamenco y Habsburgo con el español, realiza-
da por Carlos V), no tiene eco en la fachada de Salamanca”. Es decir que nos situaríamos
antes del dominio carolino. Personalmente veo mal la relación entre las columnas
ausentes34 y la nacionalidad de Hércules. Pero más sorprendente es dar una nacio-
nalidad a Hércules, el gran aventurero sin fronteras, que recorrió todo el Mediterrá-
neo desde el Helesponto hasta Tartessos. Conviene recordar el estudio de Tate ya cita-
do, que lo presenta al contrario como el símbolo de la España abierta al mundo.
Más llamativa aún es la valoración global que hace Pereda en relación con los
escudos. El rechazo al Emperador se hace patente cuando dice: “dos leitmotiven
fundamentales en torno a los cuales se organiza la totalidad de la iconografía, el
escudo real y el pontificio” (pág. 230). El escudo real, –el contexto lo indica cla-
ramente–, es el medallón de los Reyes Católicos, del que comenta la divisa. El otro
es el medallón del papa35. Así, por arte de magia, el gran escudo del Emperador
parece haber desaparecido o no tiene ninguna relevancia. Y cuando Pereda habla
de este escudo es para desposeer casi a su dueño de su pertenencia. Así en esta
frase ya citada: “El escudo de la fachada no es tan sólo el del Emperador, sino el
de los reyes de España, don Carlos y su madre, doña Juana. El hecho de haber
evitado todo emblema personal del Emperador a excepción del Toisón, que ya se
había vinculado a la monarquía española, así parece demostrarlo” (págs. 237-38).
De donde se deriva que: “ El claustro eligió una fórmula heráldica en la que el
peso caía sobre el equilibrio monárquico entre la corona española y el impe-
rio”(pág. 239). La palabra “equilibrio”, empleada ya en la página 230, deja claro
que Pereda interpreta la iconografía como un compromiso entre Carlos y el claus-
tro, mayoritariamente comunero y fiel a la reina Juana. Y quiere ver la fachada como
una obra de la Universidad, concebida y realizada preferentemente en la época
comunera. Podemos leer: “No parece necesario, como tampoco lo excluye, que el
segundo cuerpo de la fachada se esculpiera necesariamente durante los meses que
duró la revuelta...” y “Aun cuando la realización del escudo de la fachada debiera
ser posterior al sometimiento de las comunidades....” (pág. 239). Estas frases, aun-
que quieren ser matizadas, de hecho delatan el deseo del autor. De allí el interés
en forzar las fechas, y querer que las entalladuras mencionadas en 1520 sean obli-
gatoriamente las de la fachada, cuyo cuerpo central se habría terminado de prisa
y corriendo, con sus medallones laterales (los de Carlos y su madre), que no
representarían a nadie: “No estamos convencidos de que los medallones en cues-
tión representen a nadie en particular, podría tratarse de medallones decorativos”
(pág. 25), y todo esto con el fin de estar en el tiempo, es decir dentro de la épo-
ca comunera, porque sólo entonces pudo haber “equilibrio”.
Se compromete todavía más claramente cuando quiere ver en la fachada unos
recursos retóricos “no sólo ajenos a la figura del emperador, sino decididamente
antiimperiales’’ (pág. 233). Se refiere con esto a los emperadores romanos de los
medallones, que considera como temas explotados ya antes del Imperio carolino
en tanto que representación de virtudes romanas, republicanas probablemente, pues-
to que las llama “antiimperiales”. Y cuando, entre los dos partidos, no se aprecia
ya equilibrio sino clara confrontación –la hubo, desde luego–, considera la facha-
da de la Universidad de Salamanca como “una pieza en este juego de intereses” a
través de un lenguaje figurativo “que todavía en 1523 estaba desprovisto de señor
y dueño” (pág. 275-76). Creo haber rebatido este último punto: ni la fecha de 1523
tiene validez rigurosa para la fachada, ni la idea imperial estaba por nacer entonces.
36 FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Manuel. Juana la Loca. Palencia: ed. La Olmeda, 1994, pág. 199 y pág. 208.
37 FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Manuel. La reforma universitaria. En Studia histórica, 2, n.° 3, 1984, págs. 21-46.
38 FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Manuel. La reforma, pág. 27.
39 PEREZ, Joseph. La revolución de las Comunidades de Castilla. Siglo XXI de España, 1977, pág. 428.
40 FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Manuel. Carlos V. Nota 6, pág. 285
41 ROYS, Francisco de. Nota 3, citado por PEREDA, pág. 227.
42 FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Manuel. Juana la Loca. Nota 36, pág. 126. Asignación de 38.000 duca-
dos en 1544, Felipe, ya mayor, sólo 32.000.
43 BELTRÁN DE HEREDIA, Vicente. Nota 1, pág. 215.
CONCLUSIÓN
INTRODUCCIÓN
En la primera mitad del siglo XVI la azulejería salmantina vivió una época de
esplendor y abundancia, dadas la calidad y la cantidad de las obras realizadas en
esos años. El artífice de esta circunstancia debemos pensar que fue en buena
medida Pedro Vázquez. Manuel Gómez Moreno sacó a la luz a este ceramista, gra-
cias a la documentación que demostraba que Vázquez en 1526 había llevado a cabo
los desaparecidos revestimientos cerámicos de la Sala Capitular de la Catedral Nue-
va de Salamanca. Dedujo además que en este mismo templo el azulejero tuvo que
ser el autor del zócalo, el frontal y el pavimento de la Capilla Dorada, obras todas
ellas realizadas hacia 15251.
Según Gómez Moreno y Elías Tormo, en 1546 Pedro Vázquez regentaba un taller
en Salamanca2. La fecha más antigua de un trabajo atribuible al azulejero, y todo
según Gómez-Moreno, es 1551, año del que data la construcción del coro de la
iglesia de Sancti Spiritus en Salamanca. El historiador granadino llegó a ver en ese
pavimento piezas de arista hoy desaparecidas3.
Años después José María Martínez Frías, en su libro sobre el monasterio de Nues-
tra Señora de la Victoria de Salamanca, dejó constancia de otra obra de Pedro Váz-
quez documentada, la cual, desgraciadamente, tampoco ha llegado hasta nuestros
días. Estos revestimientos cerámicos fueron realizados entre el 18 de julio de 1522
y el 23 de junio de 15234.
A pesar de la escasez de datos documentales sobre Pedro Vázquez, podemos
atribuir una serie de obras a este azulejero, basándonos en la comparación esti-
lística a partir del repertorio de los diseños desarrollado en la Capilla Dorada de
la Catedral Nueva.
TRAYECTORIA PROFESIONAL
6 CUESTA HERNÁNDEZ, Luis Javier. Arte Conventual en Alba de Tormes. Los conventos de San-
ta Isabel y las Reverendas Madres Benedictinas (Dueñas). Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos,
1998, pág. 24.
7 Algunas de las piezas se han colocado en el altar mayor de la iglesia del convento, mientras
que el resto se hallan en el Museo de Salamanca.
8 RUIZ HERNANDO, José Antonio. Los monasterios jerónimos españoles. Segovia: Caja Segovia,
1997, pág. 371.
9 Nota 8, págs. 371 y 372.
Francisco Niculoso Pisano, pero sin olvidar otros temas recurrentes en la produc-
ción del artista que nos ocupa.
Tampoco debió de ser desdeñable el trabajo que Vázquez realizó para el con-
vento de la Anunciación o de las Úrsulas de Salamanca, del que se conservan en
la actualidad numerosas piezas sueltas decoradas por diseños renacentistas pisa-
nellos. Las fechas concuerdan, ya que el cenobio fue fundado por don Alonso de
Fonseca en 151210.
Otro conjunto destacable entre los atribuibles a Vázquez, tanto por el núme-
ro de piezas que lo componen como por la variedad de los motivos desarrolla-
dos, es el del convento carmelita descalzo de Nuestra Señora de Loreto en Peña-
randa de Bracamonte. La fundación tuvo lugar en 166111, por lo que es posible
que los azulejos, entre los que destacan los de estilo pisanello, fueran realizados
por un discípulo tardío de Vázquez, o bien tuvieran en origen otro destino y fue-
ran reaprovechados en este edificio del siglo XVII12. Un dato que apoya esta últi-
ma hipótesis es que habitualmente los frontales de nuestro ceramista presentan dos
únicos motivos, uno que se repite en la cenefa y otro que domina el fondo, mien-
tras que en este caso se han introducido más diseños que rompen la unidad. Más
que una elección consciente, parece que probablemente las combinaciones desa-
rrolladas se han visto forzadas por no existir suficientes azulejos iguales en el
momento del montaje de la obra.
Más construcciones salmantinas a las que Pedro Vázquez debió de suministrar
revestimientos fueron el convento de las Dueñas, la iglesia de San Polo y el pala-
cio de los Álvarez Abarca. En el Museo de Salamanca se conservan fragmentos de
azulejos de arista procedentes de los dos últimos edificios citados, mientras que
en el convento Gómez-Moreno pudo ver numerosos azulejos del siglo XVI, idénti-
cos a los de la Capilla Dorada de la Catedral Nueva13. Este monasterio experimentó
importantes reformas en el primer tercio del siglo XVI (1533)14, y sería entonces cuan-
do Pedro Vázquez llevó a cabo los mencionados revestimientos.
Fuera de la provincia salmantina existen algunos edificios que cuentan con rea-
lizaciones atribuibles a Vázquez, como es el caso del pavimento y de las gradas
de la capilla del Marquesito de la iglesia parroquial de Fuente el Sauz (Ávila), fun-
dada en 152015.
10 MARTÍNEZ FRÍAS, José María. Los edificios religiosos (Edad Media). En CABO ALONSO y ORTE-
GA CARMONA: Salamanca. Geografía, historia, arte y cultura. Salamanca: Ayuntamiento de Salaman-
ca, 1986, pág. 344.
11 FORTES GARCÍA, Ana y SANZ HERMIDA, Jacobo. Salamanca. Conventos y monasterios. Sala-
manca: Grupo Promotor Salmantino, 1995, pág. 133.
12 Refuerza esta hipótesis el hecho de que en los altares se mezclen azulejos con diversos dise-
ños, en ocasiones dispuestos asimétricamente, lo que prueba que nos encontramos ante revestimien-
tos rehechos.
13 Nota 1, pág. 89.
14 NAVASCUES PALACIO, Pedro. Monasterios de España. Tomo I. Madrid: Espasa Calpe, 1988, pág. 298.
15 ALDEA VAQUERO, Agustín; MARÍN MARTÍNEZ, Tomás y VIVES GATELL, José. Diccionario de
Historia Eclesiástica de España. Tomo II. Madrid: Instituto Enríquez Flórez. Consejo Superior de Inves-
tigaciones Científicas, 1972, pág. 1222.
Las piezas llevadas a cabo por Vázquez para la capilla del Marquesito son en
su mayoría de estilo mudéjar, aunque también hallamos composiciones renacen-
tistas. Forman parte de una solería en la que se combinan con losetas sin vidriar,
componiendo de este modo una alfombrilla cerámica, tipología habitual en los con-
ventos de Toledo.
En los Museos de Palencia y de Valladolid (piezas estas últimas procedentes
del monasterio de Nuestra Señora de Prado) se conservan algunos azulejos con dise-
ños geométricos mudéjares que enlazan con el estilo de Vázquez, y que presumi-
blemente son obras del salmantino. Lo mismo cabe decir de numerosas piezas que
adornan el monasterio de Sancti Spiritus de Toro, y que presentan principalmen-
te composiciones florales renacentistas.
Para finalizar, resta señalar que el friso exterior de la cabecera de la iglesia del
convento de la Magdalena en Medina del Campo se halla decorado por unos azu-
lejos con diseños florales realizados entre 1552 y 155816, y que poseen un estilo
similar al desarrollado por Vázquez.
ANÁLISIS ESTILÍSTICO
16 GARCÍA CHICO, Esteban. La colegiata de Medina del Campo y otros estudios. Tomo I. Valla-
dolid, 1957, pág. 27; y PÉREZ VILLANUEVA, Joaquín. La escultura de yeso en Castilla. La obra de los
Hermanos Corral. En Boletín de Estudios del Seminario de Arte y Arqueología, II, 1933-34. Valladolid:
Universidad, pág. 370.
Grecas como la que nos ocupa las hallamos en piezas recuperadas en exca-
vaciones llevadas a cabo en Talavera de la Reina, en el monasterio de las Descal-
zas Reales de Madrid, y en los conventos de los franciscanos en Escalona, y de
San Clemente, San Juan de la Penitenciaría y Santo Domingo el Antiguo en Toledo.
FIGURA 14.
24 La composición descrita aparece plasmada en los zócalos del claustro de la cartuja de Santa
María de las Cuevas de Sevilla.
11. Motivo vegetal central verde y melado, dentro de un marco octogonal también
verde, y de una corona circular de contornos de este mismo color. En su inte-
rior se suceden elementos vegetales y paños colgantes. Todo este esquema se
superpone a un cuadrado melado, en cuyos ángulos encontramos formas flo-
rales verdes y marrones (fig. 33). Azulejos con este diseño sevillano pisanello
se emplearon en la ornamentación del convento de las Úrsulas.
FIGURA 33.
de las Descalzas Reales de Madrid. En lo que respecta a Pedro Vázquez, azulejos con
esta composición se conservan en el convento de Nuestra Señora de Loreto de Peña-
randa de Bracamonte y en el monasterio de Sancti Spiritus de Toro.
14. Círculo melado con decoración en zigzag que encierra tallos entrelazados en ver-
de, azul y melado sobre fondo blanco. En el centro aparece una flor melada y azul,
y en los ángulos hallamos más elementos vegetales verdes, melados y azules (fig.
36). Éste es un diseño de estilo pisanello, creación quizá de Pedro Vázquez, que
hallamos en azulejos pertenecientes al convento de Sancti Spiritus de Toro.
CONCLUSIONES
En definitiva y tras el análisis de todos los diseños descritos, podemos deducir
que Pedro Vázquez fue un ceramista de presumible formación toledana, pero que
también plasmó en sus obras composiciones de origen sevillano. Los rasgos anda-
luces se explican por la interrelación que existió entre ambos centros cerámicos des-
de al menos el siglo XVI. Vázquez se instaló en Salamanca en los inicios de dicha
centuria, atraído por las importantes obras del castillo de Alba de Tormes. Posible-
mente la escasez de ceramistas de calidad en Salamanca persuadió a Vázquez para
quedarse definitivamente en esta capital, donde obtuvo numerosos encargos. De esta
forma gozó de una exitosa carrera, ya que fueron clientes suyos el cabildo cate-
dralicio y diversas órdenes religiosas, así como nobles y familias poderosas. Su fama
sobrepasó los límites de su zona de residencia, llegando hasta las provincias de Ávi-
la, Valladolid, Zamora y Palencia. Fue por tanto el azulejero más importante entre
los castellano-leoneses de la primera mitad del XVI, e introdujo un estilo y unos moti-
vos en los revestimientos cerámicos hasta entonces desconocidos en la región. Por
todo ello, podemos considerarle como uno de los precedentes, sino el más desta-
cado, de la edad de oro que la azulejería castellano-leonesa vivió en la segunda
mitad del siglo XVI y en los inicios de la siguiente centuria.
5 El resto de sus bienes los dejó vinculados a una capellanía que había fundado en la iglesia
donde fue enterrado.
6 Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Pérez Alonso, Fenecidos, caja 415-5.
7 Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, caja 423-2.
8 No se conserva la memoria de su existencia en ninguno de los estudios publicados sobre esta
localidad salmantina. Ni siquiera aparece recogido en el libro de ARAÚJO, Fernando. Guía histórico-
descriptiva de Alba de Tormes. Salamanca, 1882. No sabemos, por tanto, cuándo, cómo y por qué desa-
pareció.
9 GÓMEZ-MORENO, Manuel. La capilla de la Universidad de Salamanca. En Boletín de la Socie-
dad Castellana de Excursiones, VI, 1914, págs. 326-327.
contenidos en las declaraciones del proceso son reveladores del cambio de gusto
que se estaba produciendo en esos momentos. Así, por ejemplo, la decoración del
intradós del arco con la pintura de un cielo azul con estrellas doradas –propia de
un imaginario soteriológico medieval– prevista en un principio, fue sustituida por
la imitación de una piedra más rica, el jaspe, mediante la aplicación de un solo
“matiz”, con unos “golpes de color”, con objeto de conseguir mejor la ilusión de
las vetas y la variedad de tonos del suntuoso material marmóreo.
La estructura del retablo era sencilla. Estaba formada por dos pilares, sobre los
que apoyaba un friso, decorado con cinco serafines de talla, dorados sobre fondo
azul. Por encima, como remate, se había preparado “un archete”. Pero cuando Enci-
nas diseñó la figura de San Cristóbal, sobrepasó la altura prevista. Entonces, de acuer-
do con el comitente, decidió modificar la parte superior del retablo y hacer una
decoración pintada, formada por un resplandor, unos serafines y una inscripción,
que se añadieron a lo acordado en el contrato10. Había también una “moldura que
anda alrrededor que esta arriba en el arco dorado con unos rostros e medallas”,
motivos que confirman el uso de un repertorio decorativo propio de ese Renaci-
miento temprano al que perteneció la obra.
El cambio en la forma del remate del retablo y la falta de cumplimiento del
contrato en algún pequeño detalle más (unas pinceladas que fingieran mejor la cali-
dad del jaspe y una orla dorada en la capa del San Cristóbal), le sirvieron al comi-
tente como pretexto para retener los cuatro ducados que faltaban de pagar al pin-
tor para cumplir con el precio acordado. Pero Alejo de Encinas no tenía intención
de quedarse a esperar en Alba de Tormes, pues allí no tenía más trabajo y quería
marcharse a buscar un nuevo encargo. Prueba de ello es que, aunque según el
concierto disponía de plazo hasta el día de Navidad de 1528 para acabar la pin-
tura contratada, se apresuró más de lo previsto y el 18 de noviembre ya había ter-
minado, pues pedía que fuera examinada y que se le acabara de abonar lo esta-
blecido, para poder seguir camino. El pintor debía de llevar algunos meses por tierras
de Salamanca, ya que en la primavera de 1529 Martín de Montejo y Pedro Bello
declararon que le conocían desde hacía un año y Juan de Flandes, seis meses. Había
llegado a Alba de Tormes recomendado por un amigo salmantino del tesorero Pedro
Alonso, conocido de Francisco González y testigo por su parte en el pleito, a quien
le presentó una carta “rogandole que le hiziese dar esta obra e otras si se ofrecie-
se”. Terminado el retablo, Encinas quería marcharse y se sentía perjudicado por-
que la falta de pago le retenía en Alba. Calculó que por cada día que permanecía
10 Alejo de Encinas declaró que “estando el debuxando en el dicho retablo a señor sant cristoval
e teniendo debuxado el alto del le paresçio que por estar tan alto yva mal e lo quiso borrrar e que el
dicho contador le dixo que no lo borrase que el queria que llevase todo el alto que tenia debuxado por
que el archete no hera bueno e no queria que se hechase e que el dicho alexo de encinas le dixo que se
podia hechar en el pintura e cosas que valiesen mas que los archetes e que al tiempo que por lo susodi-
cho estavan dos testigos presentes e que el dicho contador dixo que aunque el archete se obiese de
hechar se hechara un pequeño de tres dedos en ancho porque el no lo avia quedado de hechar e dixo
que negava e nego aver quedado de haser a los dichos serafines ni letrero...”. Nota 7.
sin trabajar perdía medio ducado (187,5 maravedíes) “e aun mas”. Tal valoración
resulta un tanto exagerada, pues por el mes y medio que había invertido en pin-
tar la figura de San Cristóbal y la decoración del arco no iba a cobrar más que cator-
ce ducados (5.250 maravedíes), a pesar de que luego sus colegas estimaran en más
su trabajo, en el que se incluían las demasías ya mencionadas. Por otros datos docu-
mentales sabemos que el salario diario referido por Encina sólo podía alcanzarse
en período de plena actividad y siempre que el oficio del artista tuviera una reco-
nocida aceptación de su habilidad. Años más tarde, por ejemplo, se consideraba
que con tal cantidad, o bien con siete u ocho reales (238 ó 272 maravedíes), esta-
ba muy bien pagado el trabajo que un buen oficial o maestro de escultura podía
hacer en un día11. Otra cuestión importante para valorar adecuadamente el pago
al artista es la relativa a los materiales. La documentación que poseemos en este
caso no arroja datos concluyentes sobre ello, aunque habitualmente corrían a car-
go del pintor. No sólo comprenderían los pigmentos de la pintura de San Cristó-
bal y de las decoraciones aplicadas en el muro, sino también el oro que se nece-
sitó para completar el dorado de los elementos arquitectónicos, cuya cantidad se
estimó al menos en quince panes.
En cualquier caso, lo que sí consta que proporcionó el contador a Encinas fue
“una sala” en su casa, donde se alojó el pintor e instaló su taller. Eso le supuso
al artista un ahorro mensual de dos reales y medio por el alquiler que dejó de pagar.
También el comitente le facilitó el combustible lígneo necesario para “calentar los
matices”, declaración que constituye un interesante testimonio sobre la prepara-
ción en caliente de los pigmentos, o quizá de los barnices. La operación de bar-
nizado a la que había sido sometida la pintura, una vez terminada, fue testimo-
niada por el pintor Martín de Montejo.
En las declaraciones efectuadas por los pintores que fueron presentados por
Encinas como testigos en el pleito, éstos insistieron en que todas las pinturas rea-
lizadas en el sepulcro de Alba de Tormes, ya fueran las aplicadas sobre el muro
y el arco de cantería, ya fuera la pintura figurada sobre tabla, lo habían sido al
óleo. De este modo, con esta técnica se habría conseguido un mayor brillo, y
por lo tanto una ilusión más efectiva, para fingir el jaspe pulido del arco. Igual-
mente al óleo se había escrito “un petafio de letras griegas”. Si este último dato es
correcto y no es un error en la audición de la declaración o en la transcripción de
ésta, el uso de la lengua griega denota un insólito nivel cultural por parte del pin-
tor, de quien partió la iniciativa de añadir la inscripción, junto con las cabecitas
aladas de serafines y el resplandor, en sustitución del primer remate previsto,
como se ha dicho más arriba.
La imagen principal del retablo era un San Cristóbal, pintado al óleo sobre tabla,
como ya se ha dicho y como fue lo habitual en aquel momento. El santo vestía
11 Véanse las declaraciones efectuadas con motivo del pleito que tuvo lugar en 1553 por el sepulcro
de don Pedro González Coronel, MARTÍ Y MONSÓ, José. Nota 1, pág. 177. También la declaración de
Antonio Morante sobre Antonio Martínez, en ese pleito, aún inédita, Archivo de la Real Chancillería de
Valladolid, Pleitos Civiles, Quevedo, Fenecidos, caja 891-1, sin foliar.
un sayo “de matiz de teja” y una capa, que debía adornarse con una faja de oro
que Encinas aún no había hecho cuando pidió que se le pagara. Sobre el hombro
llevaba al Niño Jesús. A su encuentro salía “sobre unas peñas” un ermitaño con
una linterna para indicarle el camino. A los pies del santo gigante se encontraba
“un rogante yncado de rodillas”, es decir, el retrato de Gonzalo González, que en
este caso estaba revestido de un sentido funerario. Al fondo se desarrollaba un pai-
saje, “con sus lexos e peñas”. Para subrayar el carácter sagrado de la representa-
ción, unos angelitos volaban por el cielo.
Juan de Flandes afirmaba en su declaración que la imagen del santo estaba repre-
sentada “como se suele pintar”. Los grabados alemanes, en especial los de Schon-
gauer, habían contribuido decisivamente a extender por toda Europa, desde los últi-
mos decenios del siglo XV, la iconografía del santo en la escena en la que atravesaba
el río con el Niño Jesús sobre el hombro; el complemento escenográfico (cauce
del río, paisaje agreste, ermitaño situado en el otro margen y portador de una lin-
terna encendida para guiar al santo en su travesía) se convirtió en obligado para
tal tipo de figuración. En Salamanca, en particular, la iconografia del christoforo ya
era bien conocida desde fines del XV y principios del XVI12, como demuestran dos
ejemplos que se conservan en la actualidad en su Catedral Vieja. El más antiguo
es una de las pinturas laterales del retablo de la Virgen de la Rosa, firmada esta
última por Fernando Gallego, que se encuentra actualmente en el Museo Catedralicio,
fechable en los primeros años del decenio de 147013. Pero aún más próxima al aspec-
to de la desaparecida imagen albense estará la atribuida a Francisco Gallego o a
un seguidor de Fernando, hoy en la capilla de Santa Catalina, procedente del
claustro, pues contiene la figura orante de un clérigo, el canónigo Alonso Gómez
de Paradinas, fallecido en 151214. En este último caso y en el albense las imáge-
nes fueron pintadas para cumplir un encargo testamentario. Aunque la principal
devoción que recibió San Cristóbal fue la de la protección contra la muerte súbi-
ta sin confesión, la acción del paso de una orilla a otra fue también entendida con
un sentido escatológico. Pero si la composición iconográfica fue semejante, la pin-
tura de Encinas no alcanzó las enormes dimensiones de la salmantina. No supe-
raría un tamaño mediano, por mucho que Martín de Montejo declarara que la repre-
sentada en el retablo de Gonzalo González era grande y que hubiera sido necesario
ampliar del hueco de la puerta por donde se entraba a la sala donde Encinas ins-
taló su taller. Un rasgo anecdótico, sin embargo, diferenciaba a la imagen albense
12 También fue recogido por Durero en varios grabados dedicado a esta iconografía, fechados
durante el primer cuarto del siglo XVI. Véase The Illustrated Bartsch, 10 (7): Sixteenth Century German
Artists. New York: Abaris Books, 1980, págs. 198-200.
13 Una puesta al día sobre esta obra, con la bibliografía correspondiente, fue hecha por MARTÍ-
NEZ-BURGOS, Palma, en el catálogo de la exposición Reyes y Mecenas. Los Reyes Católicos - Maximi-
liano I y los inicios de la Casa de Austria en España. Madrid: Electa España, 1992, págs. 404-406.
14 GÓMEZ-MORENO, Manuel. Catálogo monumental de España. Provincia de Salamanca. Madrid,
1967, pág. 142. Véase también el estudio redactado por ÁLVAREZ VILLAR, Julián, en el catálogo de la
exposición Las Edades del Hombre. El Arte en la Iglesia de Castilla y León. Valladolid, 1988, pág. 217,
con más bibliografía sobre esta obra.
15 HALE, J. R. La Europa del Renacimiento. 1480-1520. Madrid: Siglo XXI Editores, 1973, pág. 9.
El más anciano de todos ellos era Pedro Bello, nacido en 1469, vecino y acti-
vo en Salamanca al menos desde los primeros años del siglo XVI. Falleció en la
ciudad del Tormes en 155016. Perteneció a la familia con este apellido, documen-
tada en Salamanca durante la primera mitad del siglo XVI17. Por lo que sabemos
hasta ahora, nada impide identificarle con el artista del mismo nombre, “pintor del
regne de Castella” que en 1494 se comprometía a pintar el retablo de la capilla de
Nuestra Señora de la Piedad, en Vich18. En aquel momento contaría veinticinco años,
edad en la que era posible contratar obras con autonomía, si se disponía de la cua-
lificación de “maestro”. Por otro lado, la referencia hecha por Pedro Bello en su
testamento a la residencia valenciana de su único hijo varón, Francisco Bello,
constituye, aunque sea muchos años más tarde, una referencia reveladora de una
proyección o conexión levantina en la biografía del artista. La intención, proba-
blemente llevada a cabo, manifestada por Bello de desplazarse a Orense en 151919,
es otro testimonio más de la movilidad del pintor, aunque esté documentada su
vecindad en Salamanca durante casi cincuenta años.
El primer dato conocido sobre su actividad en tierras salmantinas le atribuye
la autoría del desaparecido retablo de la iglesia de Santa María en Salvatierra de
Tormes (Salamanca), realizado poco antes de 1503 y terminado de pagar al año
siguiente20.
Afortunadamente sí se han conservado y constituyen la referencia fundamen-
tal para conocer el estilo del pintor, las ocho pinturas que hizo con destino al gran
tríptico de Santa Catalina, para la capilla situada bajo esta advocación en la Cate-
dral Vieja de Salamanca21. En ellas se revela como un seguidor de Fernando Galle-
go, pero con un sentido más monumental de la figura humana, menos nervioso y
expresivo, con una característica tendencia a redondear las cabezas ¿Serían con-
secuencia estos rasgos de un conocimiento de la pintura de Pedro Berruguete, cuya
influencia se incorporaría a un poderoso sustrato galleguista, del que Bello no se
podía desprender por la generalizada aceptación del arte de Fernando Gallego?
A pesar del abundante trabajo que tuvo Bello en este primer lustro del siglo
XVI, la demanda de su obra debió de decaer en tierras salmantinas a finales de la
década siguiente, quizá como consecuencia de la presencia, documentada entre
1505 y 1508, de Juan de Flandes22, que traía consigo una pintura de extraordina-
rio refinamiento y elevadísima calidad.
En 1519 Bello partía hacia Orense, con la intención de contratar alguna obra
importante, o varias, para lo que el clérigo Pedro Roqueño se comprometió a actuar
como su fiador hasta una cantidad de 200.000 maravedíes. Diez años más tarde ya
estaba de vuelta, como demuestra el pleito que aquí damos a conocer. El matri-
monio de una hija suya, Catalina Sierra, con el pintor salmantino Antonio Rodrí-
guez en 1533, además de constituir un uso habitual entre los artistas, en el que las
relaciones familiares se entrelazaban con las profesionales y económicas, es una
muestra más de la consolidación de Bello en el medio pictórico salmantino. En fecha
que no podemos determinar, hizo y donó al convento de Santa Clara, en Ciudad
Rodrigo, donde su hija María había ingresado como monja, un retablo “de talla e
pintura”, valorado en más de 120.000 maravedíes, de lo que nada se conserva. Al
final de su vida, en 1547 seguía gozando de la confianza de las autoridades ecle-
siásticas, pues en compañía del pintor García Pérez, también vecino de Salaman-
ca, se desplazó hasta la villa de Mollorido (Salamanca) para tasar el retablo que
había pintado Diosdado de Olivares23.
Entre los testigos presentados por Encinas, le seguía en edad Juan de Cerve-
ra, nacido en 1479, de quien no tenemos más noticias. Por su circunstancia cro-
nológica es probable que se formara en la órbita de Fernando Gallego y, en cual-
quier caso, que fuera un continuador de la pintura hispano-flamenca.
Casi con el nuevo siglo había empezado su vida Martín de Montejo, quien
ya había muerto en 1543 y del que muy poco más conocemos24. De Juan de Flan-
des, nacido en 1505, es inevitable pensar en una relación filial con el relevante
pintor homónimo que estuvo en Salamanca en esa misma fecha25, aunque apenas
sabemos nada de él y de su actividad26.
A todos estos pintores, vecinos de Salamanca, se unió un quinto, Cristóbal
Álvarez, avecindado en Ávila, nacido en 1507 y fallecido ya en 1551. Su obra cono-
cida más importante fue el retablo de la iglesia parroquial de Casas del Puerto (Ávi-
la), contratado en 1529 y desaparecido en la actualidad27.
22 Nota 9, págs. 325-326 y VANDEVIVERE, Ignace. Juan de Flandes. Madrid: Museo del Prado,
1986, págs. 79-82.
23 Nota 19.
24 Nota 16, págs. 117 y 120.
25 Nota 22. Hasta ahora se creía que la única posible descendencia del pintor flamenco era el
entallador Pedro de Flandes. GARCÍA CHICO, Esteban. Palencia: Papeletas de Historia y Arte. Palen-
cia, 1951, pág. 82 y nota 22, pág. 14.
26 Véase nota 16, pág. 131.
27 PARRADO DEL OLMO, Jesús María. Los escultores seguidores de Berruguete en Ávila. Ávila: Caja
Central de Ahorros y Préstamos de Ávila, 1981, págs. 68-69 y 410-411.
suyo. No tenemos más referencias acerca de ese litigio, pero sí del que se ventiló
ante el alcalde de Corte entre el pintor y Alonso de Argüello, acerca del retablo
que aquél había pintado para la capilla familiar del segundo en el convento de
San Pablo de Valladolid30, que ya estaba terminado en 153231. Al no estar locali-
zada la documentación correspondiente, no podemos tener la seguridad de que
se trate del mismo pleito, pese a la proximidad de las fechas, si se tiene en cuen-
ta la larga duración de los trámites en los procesos cuando éstos recorrían todas
las instancias. Sabemos que el litigio del desaparecido retablo de los Argüello no
agotó su resolución ante el Tribunal de la Real Chancillería, tras haber presentado
en éste su apelación el cliente, sino que se resolvió por un acuerdo entre las par-
tes, firmado en agosto de 1532. Este documento parece remitir a unas fechas inme-
diatamente anteriores y no al pleito que se estaba dirimiendo en la primavera de
1529. Además, si durante el año precedente Encinas había estado por tierras de
Salamanca, donde había entablado conocimiento tanto como pintores como con
clientes (recuérdese la carta de recomendación con la cual llegó a Alba de Tor-
mes), tal proceso judicial habría estado motivado por algo acontecido con ante-
rioridad, lo que tampoco parece coincidir exactamente en cronología con el plei-
to por el retablo de los Argüello.
En cualquier caso, con Alejo de Encinas nos encontramos ante un pintor que
no tenía gran inconveniente en iniciar litigios. Consta que fue él quien interpuso
la demanda, tanto en Alba de Tormes como en Valladolid, aun cuando sus clien-
tes, el tesorero del duque de Alba y el secretario Argüello, disfrutaban de una posi-
ción social claramente superior a la suya. De esta circunstancia se puede deducir
una acentuada autoestima por parte del artista. El que su obra fuera conocida y
su estilo reconocible por parte de sus colegas salmantinos declarantes en el plei-
to del retablo de Alba de Tormes abunda en esta conciencia y afirmación de la
personalidad artística que empezó a implantarse con el Renacimiento.
Sin embargo, como ya se ha dicho más arriba, el ejercicio de la pintura aún
conservaba una parte mecánica de la actividad. Alejo de Encinas no sólo pintó las
“figuras y todas las otras cosas que en el estan” en el retablo de los Argüello, sino
que también doró su mazonería, la reja y otras cosas de la capilla, además de pin-
tar “una cortina con ciertos escudos de armas”. En este sentido, y sobre todo para
no gastar más tiempo y dinero en pleitos, el pintor se avino a recibir de Argüello
tres mil maravedíes “en dineros contados”, en vez de los hipotéticos más de ocho
mil que le correspondían como último pago de su trabajo, según la sentencia dic-
tada por el alcalde de Corte.
30 La capilla de los Argüello, situada bajo la advocación de San Juan, se abría en el lado de la
Epístola en la iglesia conventual dominica. CANESI ACEVEDO, Manuel. Historia de Valladolid (1750),
t. II. Valladolid: Grupo Pinciano, 1996, pág. 122.
31 Nota 1, pág. 629. El documento se encuentra en el Archivo Histórico Provincial de Vallado-
lid, Protocolos, legajo 82, fol. 199.
32 ZARCO DEL VALLE, Manuel R. Documentos inéditos para la Historia de España, LV: Documentos
inéditos para la Historia de las Bellas Artes en España. Madrid, 1870, págs. 537-539; VIÑAZA, Conde
de la. Adiciones al Diccionario Histórico de los más ilustres Profesores de las Bellas Artes en España, II.
Madrid, 1889, págs. 157-158; ZARCO DEL VALLE, Manuel R. Datos documentales para la Historia del
Arte español, II: Documentos de la Catedral de Toledo, vol. II. Madrid, 1916, pág. 142.
ARSENIO DACOSTA1
1 Doctor en Historia. Adobe, Gestión de Patrimonio Histórico S.L. Este trabajo está dedicado a
la memoria de Ángel Rodríguez Sánchez, por su magisterio.
1. INTRODUCCIÓN
2 La bibliografía sobre este convento es escasa hasta el punto de que tan sólo un autor ha dedi-
cado un esfuerzo monográfico sobre el mismo: PINILLA GONZÁLEZ, Jaime. Convento de San Antonio
el Real. Salamanca. En El Arte de los monasterios y conventos despoblados de la provincia de Salaman-
ca. 1ª ed. Salamanca: Universidad, 1978, págs. 133-145. Aportan una interesante documentación foto-
gráfica MAZO, A. y FRADES, M. J. Crónica de la Desolación. Retazos del Patrimonio Conventual Sal-
mantino. 1ª ed. Salamanca: Diputación Provincial, 1994.
3 Expediente incoado el 26 de diciembre de 1994.
4 Nota 2, pág. 133.
5 Los cuatro primeros –cronológicamente hablando– los trascribe Pinilla en su obra citada. El
quinto de esos contratos aparece trascrito en el apéndice del presente trabajo.
6 DORADO, Bernardo. Compendio Histórico de la Ciudad de Salamanca. Ed. facsímil. Salamanca:
Diputación Provincial, 1985 [1776], pág. 527.
fechada dos días antes y que informa a la institución de la licencia regia para edi-
ficar en la ciudad un convento y enfermería para agrupar a los religiosos de “los
diversos conventos e desiertos que tiene esta provincia”.14 El citado miembro del Con-
sejo Real insta igualmente al Ayuntamiento a aprobar dicha instalación. En noviem-
bre de ese año, el Consistorio volvió a valorar la petición, pese a lo cual deja en
suspenso la decisión hasta obtener los informes legales oportunos. Como bien seña-
la Pinilla, el informe requerido parece favorable y el día 5 de diciembre de 1732
se otorga licencia para construir el hospicio y convento. En este sentido, cabe pre-
guntarse si la decisión de abrir un nuevo convento en Salamanca no está en rela-
ción con el grave incendio que destruyó el de San Antonio de las Afueras el 27 de
junio de 1726.15 Por lo que informa el autor citado, parece que el Consistorio indi-
có un solar en las afueras conocido como Monte Olivete para la nueva construc-
ción.16 Finalmente, el solar escogido será el de “la casa y Palacio de los Excelen-
tísimos Condes de Amayuelas sito en la calle de Herreros, llamada comúnmente de
el Gran Torreón”.17 La advocación para el nuevo convento será la de San Antonio
de Padua, santo franciscano que, pese a su gentilicio, nació en Lisboa en 1195.
Se ha tratado de seguir la pista, bibliográfica y documentalmente, de dicho solar.
Por lo que se ha podido averiguar, la zona tenía, desde el siglo XIV, un carácter
palaciego con una elevada concentración de casas y torres nobiliarias.18 En esta
área palaciega se localiza el solar de los condes de las Amayuelas conocido tam-
bién como “el Gran Torreón”, edificio del que se conserva una descripción gra-
cias al autor decimonónico José María Quadrado:
“Frente a las ruinas del convento franciscano de San Antonio, obstruía el trán-
sito una torre por estilo de la del Clavero, unida por un puente levadizo con la con-
tigua casa. Erigióle en 1470 durante la mayor furia de los bandos el licenciado Antón
Núñez de Ciudad Rodrigo, jefe del partido portugués..”19.
14 Avo. Hco Municipal de Salamanca, libro de Actas del Consistorio, 1/1-116, fº 222 ss; citado
por nota 2, pág. 134.
15 Nota 7, pág. 77-78.
16 Nota 2, pág. 134.
17 Nota 6, pág. 527-528.
18 Se han documentado las siguientes: la de Ovalle, de los señores de Palacios; la de Godínez,
de los señores de Salvadorique; la de Anaya, de esta casa; la de Solís, de los duques de Montellano;
la de Tejedas, de los marqueses de Gallegos; la de Villena, de los marqueses del Real Tesoro; la de
Banda, de los vizcondes de Revilla de los Cornejos; la de Paz, de este linaje; la de la Cadena, de los
Villafuerte; la de Brochero, de los señores de Martín Pérez; y la de Arauzos, señores de Cañal. Sobre
el urbanismo de Salamanca, véanse INFANTE, J. El municipio de Salamanca en los siglos XVI-XVIII. En
1er Congreso de Historia de Salamanca. 1ª ed. Salamanca: Universidad, 1989, tomo II, págs. 119-136;
GUTIÉRREZ DE CEBALLOS, Carlos. Salamanca a finales del siglo XIX. 1ª ed. Salamanca: Diputación
Provincial, 1951; OLIVARES Y CARBONELL, J. Urbanismo en Salamanca a finales del siglo XVIII. En
“Boletín del Seminario de Arte y Arqueología de Valladolid”. 50-51, 1975, págs. 287-296; RUPÉREZ
ALMAJANO, M.N. Urbanismo en Salamanca en el siglo XVIII. 1ª ed. Salamanca: Universidad, 1992; y
MARTÍN HERNÁNDEZ, V. Fragmentos de una Historia socio-urbanística de la ciudad de Salamanca.
1ª ed. Salamanca. 1992.
19 QUADRADO, José María. Salamanca, Ávila y Segovia. (España: sus monumentos y artes, su
naturaleza e historia). Ed. facsímil. Barcelona: El Albir, 1979[¿1859?], págs. 195-196.
Por la misma fuente sabemos que la citada torre dispuso de “estrechos venta-
nillos en forma de cruz” y que, a fecha del escrito de Quadrado, no quedaba de
dicha torre más que la memoria. Eso sí, este autor se preocupa de señalar que “el
arruinado convento ocupa la casa del referido Antón Núñez, señor de Terrados”;
en definitiva, que existe una correspondencia entre los solares de “el Gran Torreón”
(casa-torre y anejos) y el del Real Convento20.
Llegados a este punto, es necesario referirse a uno de los aspectos más con-
trovertidos de los orígenes de este convento: el de la presunta oposición de otras
fundaciones religiosas de la ciudad a ésta. Según los continuadores de Dorado, los
conventos de San Francisco, San Cayetano, El Calvario y San Antonio de las Afue-
ras, junto con la Clerecía y el propio Ayuntamiento, se opusieron a la apertura de
este nuevo convento21. Contra estas afirmaciones argumenta Jaime Pinilla, en espe-
cial, en lo referente al Ayuntamiento que acata plenamente la fundación regia, según
hemos visto. Sin embargo, y pese a que Villar y Macías no informe al respecto,
parece cierta esta oposición siendo particularmente intensa la del convento de San
Francisco el Grande, que incluso presentará al rey un memorial sobre el asunto22.
La razón de esta abierta y beligerante oposición de los demás conventos de la
ciudad, incluido el de San Francisco el Grande, es lógica dado el estado de crisis
del, llamémosle, “mercado de la caridad”. No cabe minimizar dicha oposición ya
que, en 1737, la carta patente del general de la Orden es taxativa en la prohibi-
ción de pedir limosna y “molestar a los fieles”23. Y no cabe dudar, como no lo hace
Pinilla, que quien más presiona en contra de la nueva fundación es el convento
hermano de San Francisco el Grande.
No debe extrañar este comportamiento entre los píos franciscanos. No en
vano, en estas mismas fechas, uno de ellos provocaba uno de los más sonados
escándalos en la provincia. Dicho personaje, que obra hacia 1728, no es otro que
fray Gregorio Téllez, a la sazón obispo de Ciudad Rodrigo, quien suscitó una
amplia polémica al “dejarse llevar por su linaje”, esto es, al imponer en la obra de
su capilla mortuoria el escudo familiar y no el de la Orden de San Francisco como
era preceptivo.24 Este ejemplo sirve para ilustrar cuán lejos estaba de los religio-
sos franciscanos su ideal originario de caridad, y cómo los intereses mundanos domi-
nan la administración conventual en esta época.
Y esto se extiende al terreno de la asistencialidad en la ciudad. No en vano,
el título heráldico de la ciudad de Salamanca contiene una referencia explícita a
dicho mercado de la caridad y de la asistencialidad. Como reza en el escudo, la
ciudad es Muy Noble, Muy Leal, Hospitalaria y Caritativa. Para ajustar con preci-
sión el sentido histórico de este nuevo convento y hospital, es necesario saber el
25 Por lo que sabemos, entre los siglos XVI y XVIII se conocen, entre otros, los siguientes: Hospi-
tal General, Hospital de la Santísima Trinidad, Hospital de Nª Señora del Amparo, también conocido
como de los Desamparados, Hospital de San Bernardino, Hospital de los Niños Huérfanos. A éstos habría
que sumar los de las capitales comarcales, a saber: Hospital de San José (Ledesma), Hospital de San-
ta María la Blanca (Peñaranda de Bracamonte) y Hospital de Santa María la Blanca (Alba de Tormes).
Informaciones extraídas de los catálogos del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Otras fuen-
tes, sin embargo, hablan de un número exagerado de instituciones en el siglo XVI (“a veintiuno subía
el número de hospitales que tenía Salamanca”), lo que provoca la intervención regia (Felipe II) para
limitar dicho número ya que “no podían subsistir decorosamente tantas pequeñas fundaciones” (nota
7, pág. 57).
26 Sobre el Hospital General, véase SANTANDER, Teresa. El Hospital del Estudio. Asistencia y hos-
pitalidad de la Universidad de Salamanca (1413-1810). 1ª ed. Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos,
1993.
27 LÓPEZ BENITO, Clara Isabel. La sociedad salmantina en la Edad Moderna. En nota 13,
pág. 318 ss.
28 Nota 7, pág. 59.
29 Nota 2, pág. 135.
35 Los contratos correspondientes a las obras acometidas en el Convento en este periodo son
trascritos por Jaime PINILLA en los apéndices documentales de su obra citada, nota 2, págs. 196-206.
36 Avo. Hco Provincial de Salamanca, sección Protocolos, escribanía Melo y Vargas, nº 3700, fº 107r.
Véase apéndice documental.
37 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 5v.
38 Avo. Hco Provincial de Salamanca, sección Protocolos, escribanía Melo y Vargas, nº 3700, fº 108v
y 109v. Véase apéndice documental.
39 Avo. Hco Provincial de Salamanca, sección Protocolos, escribanía Melo y Vargas, nº 3700, fº 109v.
Véase apéndice documental.
40 Avo. Hco Provincial de Salamanca, sección Protocolos, escribanía Melo y Vargas, nº 3700, fº 107v
y 108v. Véase apéndice documental.
“los planos y perfil adjuntos”) y con diversas anotaciones y mediciones de esta área,
tanto de aspectos estructurales como de otros ornamentales41. En resumen, pode-
mos decir que probablemente sólo existió un original del proyecto de fray Fran-
cisco de la Visitación y que, posiblemente, esté perdido como consecuencia de la
débil actividad monástica de San Antonio el Real y de las vicisitudes de la Desa-
mortización de Mendizábal. Visto pues todo lo referido al proyecto, cabe volver a
la descripción de las obras.
Tras la inyección de fondos de 1744, las obras no tardan en reiniciarse no más
allá del verano de 1745. Jaime Pinilla argumenta acerca de la lentitud de las obras
de la iglesia como consecuencia de la “escasez de recursos del convento”42. A este
último respecto hay que estar de acuerdo con el autor, aunque debería matizarse lo
referente al ritmo de las obras, que más que “lento” se verá que es totalmente inter-
mitente por las razones ya expuestas.
Como es sabido, el proyecto se había encargado al prestigioso arquitecto de
la Orden, fray Francisco de la Visitación quien ya había trabajado en la ciudad como
visitador de la obra de los Jerónimos en 173643. Quizá en esta fecha fray Francisco
había proyectado la obra completa ya que, sin duda, debió conocer el solar des-
tinado al Convento durante la citada visita a la ciudad. Y muy posiblemente ya se
habían acometido entre 1736 y 1745 partes importantes de la fábrica de la iglesia
que, posiblemente, coincidan con lo que hemos descrito como primer oratorio, el
mismo que se ordenó cerrar al público en 1737. En cualquier caso, tenemos de nue-
vo a fray Francisco en Salamanca en el verano de 1745 y es entonces cuando se
encarga a los maestros Santiago Vicente, José Sánchez Ruano, Juan Alonso Gordillo
y Santiago de la Villa la terminación de la iglesia. Al primero de los contratistas,
Santiago Vicente, lo encontramos pocos años después, entre 1753 y 1772, como
maestro en diversas obras de Salamanca y Santibáñez. En cuanto a José Sánchez
Ruano, el segundo de los nombrados, figura como fiador del anterior en las obras
de Santibáñez en el año de 175444. Sobre los dos maestros de obras restantes no se
han localizado más referencias que las ya conocidas gracias a Jaime Pinilla45.
En cualquier caso, los contratistas quedan bajo la directa supervisión del arqui-
tecto fray Francisco de la Visitación tal y como reza la primera cláusula del con-
trato estipulado con dichos maestros en julio de 174546. Como describe pormeno-
rizadamente Jaime Pinilla, la obra es iniciada en julio de 1745 y terminada en septiembre
41 Avo. Hco. Provincial de Salamanca, sección Protocolos, escribanía Melo y Vargas, nº 3700, fº
106v, 107v, 108r, 109v y 111r. Véase apéndice documental.
42 Nota 2, pág. 137.
43 Nuestro personaje no debe confundirse con otro arquitecto contemporáneo llamado fray
Pedro de la Visitación quien, en 1714, figura como “visitador” de las obras de la Catedral Nueva, ya
que no coinciden ni el nombre ni su adscripción (el segundo es carmelita descalzo). Véase GÓMEZ-
MORENO, Manuel. Catálogo Monumental de la provincia de Salamanca. 1ª ed. Valencia, 1967.
44 Véase PAREDES GIRALDO, Mª del Carmen. Documentos para la historia del arte en Salamanca.
1ª ed. Salamanca: Diputación Provincial, 1993.
45 Nota 2, pág. 137.
46 Nota 2, apéndice documental, pág. 197.
De esta manera, podemos confirmar las hipótesis sugeridas más arriba, esto es,
que las obras de la iglesia no se terminaron a causa de dos factores complemen-
tarios: la falta de fondos, y los cambios introducidos en el proyecto. Dichos cam-
bios, realizados durante la ejecución de las obras son presumiblemente ordenados
por el padre guardián del convento, quien prefirió sacrificar la iglesia en pos de
ir concluyendo la obra interior; a saber, la sala De Profundis, la sacristía y depen-
dencias de servicio.51
En resumen, en este momento (entre 1746 y 1747) las obras se paralizan pro-
bablemente por falta de fondos y por cambios sustanciales en el proyecto. Las obras
no se reinician hasta 1756, según se describe a continuación.
54 Avo. Hco. Prov. de Salamanca, sección Protocolos, escribanía Melo y Vargas, nº 3700, fº 105r.
Véase apéndice documental.
55 Avo. Hco. Prov. de Salamanca, sección Protocolos, escribanía Melo y Vargas, nº 3700, fº 107v.
Véase apéndice documental.
56 Avo. Hco. Prov. de Salamanca, sección Protocolos, escribanía Melo y Vargas, nº 3700, fº 107v.
Véase apéndice documental.
La ejecución de las obras, pese a la claridad y precisión con que estaban esta-
blecidas en el contrato, debió de ser altamente conflictiva. De hecho, antes de fina-
lizar el plazo de ejecución de la obra, las partes ya se encuentran frente a la jus-
ticia. La primera vista tuvo lugar el 16 de mayo de 1757 ante el licenciado Esteban
Márquez, delegado del alcalde mayor de Salamanca. Según se desprende de las
actas de esta vista, Jerónimo García de Quiñones había incumplido sus obligacio-
nes y se le instaba a “azer las bóbedas de los dos lienzos con los materiales que le
tienen prebenidos”57. Ante el juez, Jerónimo García argumenta (según sus oponentes
con “escusas fríbolas”) que no tiene material para ejecutar dichas bóvedas, a lo que
se le contesta que miente y que “el gieso y ladrillo están prebenidos”58.
Por lo que sabemos, Jerónimo García se ve obligado a reiniciar las obras, algo
que hace en el día 4 de julio59. Por un testimonio ulterior sabemos que, en sep-
tiembre de ese mismo año (1757) abandona de nuevo la obra y, presumiblemen-
te, para no volver a ella jamás. De nuevo es la falta de materiales (y los costes aña-
didos para el contratista) lo que provoca este parón: “ocasionándome estas
intermisiones mui considerables perjuizios por quanto se bolbía a trabajar nueba-
mente, ia lo que se abía echo tenía bastantes menoscabos y por lo mismo era pre-
ziso reedificar i azer segunda vez mucha obra”60.
Como no podía ser de otra forma, el conflicto se alarga y acaba en manos de
la Audiencia y Chancillería de Valladolid. El proceso es largo y no merece la pena
describirlo pormenorizadamente aquí. Sólo señalar que se extiende, en una pri-
mera fase, hasta el 10 de junio de 1760, fecha de la primera sentencia favorable a
García de Quiñones61. Una segunda fase –posiblemente definitiva– es la de la
apelación del Convento y que dura hasta el 31 de julio 1465, fecha en que se con-
firma la sentencia anterior62.
Podemos sospechar que, con estas dos sentencias a su favor, Jerónimo García de
Quiñones no volvió por la obra y que, en consecuencia, ésta quedó inacabada e
57 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 11v.
58 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 11v.
59 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 23r.
60 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 17v.
61 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 111 ss.
62 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 235v.
hipotecada por las costas judiciales. La cuestión radica en saber qué quedó sin cons-
truir en esta fase, posiblemente la última de la fábrica del convento. Para ello, sólo
podemos recurrir a las probanzas de las partes en el pleito citado, además de vol-
ver sobre este punto esencial (la carencia de materiales o, en su defecto, la falta
de cumplimiento de las obligaciones del contratista).
Como es habitual en este tipo de conflictos, las partes se acusan mutuamente
y reclaman su fuero, aunque suele aflorar la verdad –o parte de ella- bajo los tes-
timonios. García de Quiñones basa su defensa en la carestía de materiales y sus
consecuencias (“se a bisto prezisado a zesar en dicha obra por defecto de materiales”)63.
Sin embargo, poco a poco, van apareciendo nuevos argumentos que se refieren a
reales o presuntos incumplimientos de contrato por parte de los frailes:
63 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 23r.
64 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 23r-v.
65 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 22r.
66 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 27v.
67 Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fene-
cidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 30r.
68 “que toda la broza que a produzido la obra desde que la enprendió dicho Gerónimo se man-
tiene en dicho conbento sin haber mandado echarla fuera de la Ziudad como es su obligazion” (Avo.
de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, Fenecidos, Caja. 2950,
exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 59r); “que haviendo sacado por quenta del maestro la madera de donde la
tenía la comunidad la dejó tirada en el claustro donde oi día permanece mui menoscabada sin aber-
la querido llebar donde estaba” (Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles, Zaran-
dona y Balboa, Fenecidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 59v); “que estando labrados por quen-
ta del dicho maestro catorce pasos de piedra de una escalera i otros repechos de ventanas no los ha querido
poner i están perdidos por su culpa” (Avo. de la Real Chancillería de Valladolid, sección Pleitos Civiles,
Zarandona y Balboa, Fenecidos, Caja. 2950, exp. 5, leg. 542, rollo 3º, fº 59r).
69 Nota 7, págs. 77-78.
70 Véase nota 44.
71 AZOFRA AGUSTÍN, Eduardo. El Arte de la Segunda Mitad del Siglo XVIII. En El Libro de Oro
del Arte Salmantino. 1ª ed. Salamanca: El Adelanto, 1999, págs. 170-189.
72 Para todo lo expuesto en torno a la Torre de las Campanas de la Catedral de Salamanca, véa-
se, PORTAL MONGE, Yolanda. La torre de las Campanas de la Catedral de Salamanca. 1ª ed. Salamanca:
Universidad, 1988, págs. 20-22.
73 Pinilla comenta el resultado de esta nueva sentencia, la que parece definitiva, ya que el Con-
vento procede durante ese mismo mes a abonar las cantidades debidas a García de Quiñónes (nota 2,
pág. 142).
4. APÉNDICE DOCUMENTAL
3ª. Que se han de abrir las zanjas para los zimientos de las dos líneas de el claus-
tro que ban marcadas en los planos, las que comprenden setenta pies de longitud cada
una, cuia escavazión se profundará asta encontrar peña o tierra firme abriendo dichas
zanjas medio pie más ancho por cada lado que el mazizo de dichos zimientos, y ambe-
lándolas para empezar a plantar la fábrica y advirtiendo que antes de verla reconozense
por persona intelijente la firmeza del fundamento, lo que visto y aprobado que sea se
irá mazizando / dichas dos líneas de mampostería de piedra tosca y buena mezcla de
cal de dos y una, vien vatida y reposada de quinze días lo menos antes de empezarla,
dándolo a los nominados zimientos un quarto de pie más ancho a cada lado que los
zócalos de las pilastras o machones de dicho claustro ambelándolos con el pavimento
que havrán de tener poniendo devajo de dichos zócalos todo a lo largo de las dos expre-
sadas líneas una ylada vaja de cantería de piedra tosca labrada para la elección y asien-
to de la fábrica.
4ª. Que sobre la ilada de elección antezendente se sentarán las dos iladas de zóca-
los y vasas de las pilastras y antepechos a las distanzias competentes según lo demues-
tra el alzado adjunto de cantería tosca de la más dura vien labrada con lecho a esqua-
dra y llenos, todo viene espezado y junto executando los perfiles y molduras que ban diseñados
asentándolas con lechada de cal y arena /107 a partes iguales pasada por zedazo toman-
do sus juntas y retundiéndolo con toda uniformidad y aseo.
5ª. Que desde las nominadas dos iladas de cantería tosca se proseguirá el todo de
la fábrica de dichas dos líneas de el claustro por dentro y fuera de piedra franca de las
canterías de Villamaior escojiendo entre la que se conduzca la de mejor calidad, vlan-
ca y fuerte que se encuentre para lo esterior, labrándola con toda limpieza y rectitud y
con lechos a esquadra, quardando con la maior esactitud igualdad y arreglo los relie-
bes, molduras, resaltos y gruesos que se manifiestan en lo diseñado, asentando las impos-
tas, aseos, cornisas y ventanas a las alturas y distanzias demostradas con lechada de
cal como queda prevenido guardando la uniformidad, vuelos y proporzión que repre-
senta dicho diseño, retundiendo, asperoneando y tomando sus juntas a todo je/neral-
mente por ambas superfizies.
6ª. Que sobre las paredes de el primer cuerpo de obra que está erexida comprendi-
da en la porción que manifiestan los planos con el color amarillo y contiene devajo la
pieza De Profundis, escalera, sacristía y oratorio, se proseguirá la fábrica de dichas pare-
des de mampostería de piedra tosca y cal elebándolas asta los dos altos de avitazión que
a de tener, que vienen a ser quarenta y ocho pies y medio contados desde el asiento de
los zócalos de el claustro vajo; cuias armaduras de ángulos, miembros de puertas, ven-
tanas y alazenas, pilastras, frisos, cornisas, avanzamientos y arranques, así interiores
como esteriores, deverán ser de cantería franca vien labrada y sentada como se a dicho
anteriormente guardando la misma orden, gruesas y disposición que lo que se alla
construido continuando asimismo de el propio material la escalera de comunicazión
que está empezada asta elevarla que desembarque al cuerpo de el segundo alto de dicha
avitazión formando las dos divisiones de propia armadura que contienen y represen-
tan los planos. /108
7ª. Que se a de hazer el pavimento o piso del primero y segundo alto de dicha avi-
tazión comprendida en los planos, y lo mismo sus dos subidas de el claustro, de vóbe-
das de rosca de media asta de ladrillo y hieso guarnecidas de faxería y moldura con
sus lunetas, aristas, arcos de relieve de división, repisas y tambanillos que han de lle-
bar, las quales para su seguridad se mazizarán de mampostería y cal asta los terzios
formando enzima sus lenguetas de media hasta de ladrillo y hieso a quatro pies de dis-
tanzia una de otras cubriéndolas con sus ornillos o cañones en vuelta tabicados y
doblados, y el resto, asta el nivel de las claves, se terraplenarán para el asiento de los
enladrillados cuias vóbedas se deverán luzir y vlanquear a paño con toda perfezión.
8ª. Que el techo de el segundo alto o piso del desbán de la expresada avitazión y
pareos de el claustro que contiene el segundo plano se ha de cubrir o zerrar con vigas
terzias de madera de pino labradas para vobedillas puestas a distancia o hueco de
catorze dedos unas de otras, haziendo dichas vóbedillas de hieso y ladrillo como se
acostumbra, vien raspadas y vlanqueadas clavando los embigamentos contra las sole-
ras y nudillos que también se han de poner con clavos de a peso por ambos lados de sus
cavezas.
9ª. Que los tejados de dicha porzión de obra se an de armar a par e ylera de vigas
terzias y viguetas, la cluxida del claustro de el lado de la iglesia dándoles la elevazión
o cartabón entre cinco y seis con sus jabarcones a los terzios, limas, péndolas y pato-
nales enbarvillando todo en los estribos que también serán de viguetas, cuios pares y pen-
dolones se colocarán a tres pies de desvío unos de otros para el repartimiento de las vallas
o teladas que sean procurar con tabla de quatro varas vien recorrida y junta, hazien-
do asimismo el tejado mazizo de calzada terrera, canal, y todas las vocas sobre vocas,
limas y cavalletes abriendo juntamente en los paraxes donde mejor combenga; y se le
señalen dos guardillas para la ventilazión de las armaduras y en caso nezesario poder
suvir a dichos /109 tejados con sus ventanas de madera enrrasadas que se puedan abrir
y cerrar con una aldaba o zerrojo.
10ª. Que todos los tabiques de medianía o división de las zeldas de ambos altos según
lo manifiestan los planos han de ser de media hasta de ladrillo sentado en buena mez-
cla de cal con sus pies derechos, soleras, marcos y guiones de viguetas con listones y zapa-
tas con votoneras, puestos y colocados dichos pies derechos a tres pies de distanzia unos
de otros para la maior seguridad y fortaleza de las mallas, y todos los demás tabiques
de los compartimientos interiores de dichas zeldas deverán ser tavicados y doblados, los
que así estos como los otros; y lo propio, las paredes se amaestrarán, encalarán y ten-
derán de hieso por sus superfizies luziéndolas y vlanqueándolas a paño con hieso vlan-
co de espejuelo como se acostumbra de suerte que queden vien vlancas y tersas sin oyos,
tesos ni costurones.
11ª. Que todos los pisos del primero y segundo alto se han de enladrillar con bal-
dosas o ladrillo delgado recocido sentado sobre su tendel de cal de dos dedos de / grue-
so y lo mismo se ejecutará en el piso desbán, siendo sólo éste con barro para la maior
defensa y abrigo de la avitazión, aziendo juntamente las dos órdenes de secretas según
y conforme van diseñadas en los planos en los paxajes que lo están las que se allan exe-
cutadas a la suvida de el primer tramo de escalera.
12ª. Que al lado de la sacristía que mira al mediodía se ha de lebantar sobre sus
columnas o pilastras de cantería franca y vasas de piedra tosca elebándolas asta el pri-
mer alto un corredor o solana según se representa demarcado en el primer plano con
sus embigamientos, vobedillas y enladrillados, así en el piso como en el techo, forman-
do su antepecho de viguetas labradas y moldadas y valaustres torneados de a quartón
de amarreo cubriéndolo asimismo de cornisa armadura de viguetas, tabla de a quatro
varas, y su tejado como el demás de la avitazión encalándolo, teniendo y vlanquean-
do las paredes que le corresponde.
13ª. Que si acaso subcediere que alguno por devozión o limosna se quisiese emplear
en la execución de alguna porzión de obra de anbañilería inclusa en esta impresión o
ajuste, o ubiere algún religioso lego, dé la facultad que se ocupe en ella [y] se le /110 deve-
rá revajar al mencionado asentista de el total valor de su ajuste y remate las cantida-
des que importaren las labores o trabajos que de esta suerte se hizieren en esta forma:
por cada tapia superfizial de taviques de asiento de media asta de ladrillo y cal, a qua-
tro reales; por cada tapia de treinta y dos pies superfiziales de vóbeda de rosca de media
hasta de ladrillo y hieso, a siete reales con las faxerías; por cada tapia de tabicados y
doblados con ladrillo y hieso, a tres reales y medio; por cada tapia de enladrillar de die-
ziocho a veinte pies de largo, a dos reales; y por cada tapia de tejado según condizión,
a tres reales.
14ª. Que era de la obligazión de el impresario el sacar y transportar toda la tierra,
piedra y vroza que se causare de las escavaziones y labra de la piedra extramuros de
la ciudad en los parajes señalados donde no pare perjucio, como asimismo el hazer y
concluir todo lo correspondiente a esta obra asta dejarla entera y perfectamente aca-
bada a excepción de las puertas y ventanas de madera, herrajes y valcones de hierro
que ban de quenta de su dueño que ejecutará cada y quando que le pareciere previ-
niendo que en lo demás / dicho asentista no ha de poder pedir ni pretender por ningún
acontecimiento más porción ni cantidad que la del remate, ni tampoco mejoras aun-
que las aya en la obra y por olbido no se haian expresado en estas condiziiones o ano-
tado en los referidos planos y alzado, pues todo lo nezesario y combeniente para su maior
perfección deverá executar en ella de quanto enzierra y ba estipulado y proyectado sin
aumento de maior estensión de la obra.
15ª. Que será de cargo y obligazión de el que emprendiere esta obra darla concluida
dentro de diez y ocho meses contados desde el día en que se rematare y escripturare para
que no pare pese juicio, no siendo por defecto en la falta de los materiales correspon-
dientes pues de esta suerte no será responsable el asentista a la maior dilación o tardanza
de ella, la que executará y con/111cluirá cumpliendo con todo lo estipulado en estas
condiziones y lo demás que se contiene en los planos y perfil adjuntos que las acompa-
ñan, con las anotaziones y medidas que comprehenden y dirijen a fin de la más arre-
glada construzión, en cuia inteligenzia se obligará a cumplir y cumplirá en toda for-
ma y perfecta conclusión dando para ello fianzas lisas, legas y abonadas a satisfazión
del reverendísimo padre guardián del dicho Real Combento de San antonio, quien
podrá nombrar y nombrará como dicho, y no otro ninguno, persona intelijente para el
reconocimiento y aprovazión de la mencionada obra.
16ª. Y últimamente es condizión que el importe en que se rematare la expresada
fábrica lo hirá perziviendo el impresario en la forma y manera siguiente: la terzera par-
te de su total luego que sea escripturada y afianzada para los preparos de herramien-
tas y principio de su construzión; la otra terzera parte se dará / concluida que sea el
medio de la obra reservando la terzera y última parte que no se le entregará asta la ente-
ra conclusión y aprovazión de la referida fábrica.
Según dichas condiziones y cada una de ellas he de dar perfecta acavada y apro-
vada la expresada obra por el maestro o maestros que se nombraren por las partes que
la declare por tal; y declarada, se me a de dar entera satisfazión y cumplimiento de los
diez y siete mil seiscientos reales vellón, última y terzera parte de los dichos zinquenta
y dos milll y ochozientos reales según las citadas condiziones. Y yo, el mencionado
Gerónimo Garzía de Quiñones, como principal; Miguel Martínez, maestro tallista, Joseph
Isidro, maestro de anvañilería; y Manuel de San Miguel Olea, maestro vedriero, como
sus fiadores, vezinos que somos de esta referida ciudad, haziendo como en este caso haze-
mos de deuda y dicho ajeno nuestro propio sin que sea nezesario hacer escursión en el
principal ni otra diligenzia, todos quatro juntos de mancomún y cada uno insolium,
renunciando como renunciamos leies de duous reis debendi y la auténtica presente hoy
yta de fie jusonibus, y el remedio benefizio de la excursión, zesión, división de vienes,
depósito de espensas, epístorde el Duio /112 Adreano y demás de la mancomunidad y fian-
zas como en ellas se contiene; nos obligamos con nuestras personas y vienes havidos y
por haver a que conforme dichas condiziones y cada una de ellas hemos de dar aca-
bada la expresada obra a vista de el maestro o maestros que para ello se nombraren en
el año y medio que empieza a correr y contarse desde oy día de la fecha para que la
declaren por vien hecha, acabada y arregalada a las mencionadas calidades y condi-
ziones sin que falte cosa alguna, y en vista de lo referido se nos ha de dar entera satis-
fazión de la cantidad que se nos restare deber al cumplimiento de los dichos zinquen-
ta y dos mil y ochocientos reales vellón como ba declarado llanamente y sin pleito
alguno, pena de execuzión a nuestra costa con las de la cobranza.
(Azeptación). Yo, el enumperado Domingo Martín de Ayuso, cumpliendo con lo que
a mi parte como tal síndico toca, digo que enterado de el contesto de esta scriptura, sus
calidades y condiziones la azepto en todo y por todo según se contiene y me obligo a
pagar a dicho maestro y fiadores los expresados zinquenta y dos mil y ocho/cientos reales
vellón en la forma que ba referido; y dada por vuena dicha obra, entregarles el resto
llanamente y sin pleito alguno pena de la execuzión a mi costa con las de la cobranza
para su cumplimiento y execución cada parte, por lo que nos toca damos poder a las
justicias de su Magestad competentes a quienes, conforme a derecho, nos devemos some-
ter para que nos compelan a lo que dicho es como si fuera por sentencia difinitiba de
Juez competente pasada en juzgado, renunciamos leies, fueros y derechos de nuestro fabor
y de dicho combento, con la general en forma y por firme lo otorgamos antedichos día
mes y año arriva dichos. Testigos: Domingo Alonso Ruano, Manuel Sánchez Pineda y
Vallecrezes, y Fernando Garzía, vezinos de esta ciudad y los otorgantes a quienes yo el
escrivano doi fee conozco lo firmaron. Entre renglones: “encalarán”, vale; “testado”, “dedos”;
no vale.
Gerónimo García de Quiñónez. / Joseph Isidro. / Miguel Martínez. / Manuel de San
Miguel de Olea. / Domingo Martín de Ayuso. / Ante mí, Francisco Melo y Bargas.
(*) En el transcurso de producción de este número de la Revista de Estudios tuvo lugar el falle-
cimiento de Bienvenido García Martín. El consejo de redacción desea manifestar su solidaridad con la
familia de quien fue un entrañable colaborador de esta revista.
1. INTRODUCCIÓN
zonas dañadas, que incluso llega a detallar los lugares, términos y jurisdicciones,
con los nombres de los propios usurpadores14.
El concejo salmantino manifestó más de una vez su incapacidad para poner
freno a los desmedidos ataques de los usurpadores. Muestras evidentes de su acti-
tud están recogidas en las actitudes reales. No obstante, estas últimas resultaron
poco o nada eficaces.
El rey Juan II confirmó una “provisión”, el año 144215 en la que se daba la razón
al concejo salmantino, a la vez que se insistía en la toma de medidas para evitar
todas las anomalías, provocadas por reincidencia.
Entre los años 1433 y 1453, debido a las reiteradas y constantes quejas hechas
llegar hasta la realeza, se ordena por ésta realizar tres “pesquisas” con intenciones
de aclarar el vidrioso asunto:
“...tan acosados por la necesidad estaban que decidieron cambiar los mojones
del deslinde con Los Arevalos, del Concejo de Salamanca y Jurisdicción de Tejeda...” 19.
Debemos situarnos en los finales del siglo XV y principios del XVI para ver que
las cosas habían cambiado profundamente respecto de la integridad de los baldí-
os y su mantenimiento bajo el dominio del concejo de la ciudad de Salamanca.
18 VILLAR y MACIAS, M. Historia de Salamanca. Libro V. Reed. Salamanca, 1974, pág. 26.
19 AGS. Diversos de Castilla. Legajo 321. Fol. 2 vto.
20 Colección particular (Hondura de Huebra). Documento copiado de otro original el año de
1922, compuesto de 6 folios; falta en el original la primera página.
En primer lugar, las talas de castaños, las cuales se venían repitiendo desde
siglos anteriores21 para la construcción de edificios, influyeron decisivamente en
el aminoramiento de la producción de frutos básicos en la alimentación humana,
según el modelo de alimentación tradicional en España, el romano, a base de hidra-
tos de carbono, donde la castaña era alimento básico22. En segundo lugar citare-
mos “las quemas y las rozas”, que fueron numerosas en las zonas baldías, con el
fin de proporcionar terrenos para la agricultura en detrimento de la ganadería. Abun-
dan, en este sentido, los topónimos de “plantíos”, “los nuevos”, “los rompidos”, en
documentos de la época.
Otro factor de capital importancia en la modificación estructural del apro-
vechamiento de los baldíos fue la nueva política llevada a cabo por Castilla. La con-
cepción mercantilista hizo que se pusiesen las bases del desarrollo lanero como
consecuencia de la fuerte demanda de este producto proveniente de la Europa de
los Países Bajos. El efecto mayor fue que desde la Corona se tratase de ampliar el
espacio dedicado a pastos para que la oveja merina, de extraordinarios rendi-
mientos, tuviese amplias zonas de pastoreo. Todo ello iba lógicamente en detri-
mento de la agricultura.
Rodríguez Arzúa, y no sin razón, afirma que “...la posible prosperidad económica
de la zona en la que se encuentran los baldíos se debe a causas exógenas...”. Algún
apoyo a esta teoría puede verse en el incremento de la construcción rural, donde
sobresalen las iglesias, casas solariegas y otros edificios públicos, cárceles, plazas,
alhóndigas, cillas, carnicerías, lagaretas, etc. A este respecto, es preciso señalar que
también en las zonas urbanas salmantinas (Ciudad Rodrigo, Salamanca) se dejó notar
la construcción en este siglo como producto de la mejora económica.
La conciencia popular y señorial de la época parece tener en los baldíos un
objetivo fundamental, como solución a los distintos problemas sociales; en frente
estaban las instituciones locales provinciales y la Corona, que lucharon deno-
dadamente contra el deterioro que ocasionaba la mencionada lucha a la situación
establecida.
Los últimos estudios relacionados con la economía agraria salmantina sobre el
siglo XVI, reafirman la constante que se viene manteniendo, a la vez que señalan
y matizan el porqué de la perpetuación de la tierra. Vela Santamaría31, apoyándo-
se en las teorías de Boserup, sobre los sistemas de cultivo, señala: “...la transición
a formas más intensivas de explotación de la tierra tiene lugar como respuesta al
incremento de la población de un área determinada...”. El mismo autor viene a
concluir reafirmando que el desarrollo del sector terciario en Salamanca estuvo liga-
do a los aumentos poblacionales, los cuales obligaron a intensificar y expansionar
las áreas de cultivos. Recurre a justificaciones documentadas, en el caso de la dis-
minución de los bueyes, como elemento de tiro, en favor de las mulas, lo que sería
denotativo de las dificultades del acceso a los pastos comunes por parte de aque-
llos animales o la disminución de los mencionados pastos comunales por rotura-
ciones u otro tipo de reducciones.
Otros autores, Anes32, Mangas33, Infante34, etc., en sus trabajos, en conjunto o
específicamente para Salamanca, dejan entrever una complejidad difícilmente dedu-
cible ante un solo hecho, hasta llegar a cambiar la forma de trabajo campesino,
bueyes por mulas, entre otras cosas.
Resulta sumamente interesante para el proceso histórico-económico de la
Ciudad el estudio de sus baldíos, a lo que ha colaborado decisivamente la docu-
mentación descubierta y los estudios realizados en los últimos años. Una de las fuen-
tes más interesantes para este momento35 nos clarifica la situación de los terrenos
2.4. SIGLO XVII. FRENAZO A LAS APETENCIAS SEÑORIALES Y VECINALES: LAS DEVOLUCIONES
A finales del siglo XVI quedaron muy claras las posturas de enfrentamiento por los
intereses de los baldíos; de un lado señores, vecinos y concejos de los distintos luga-
res donde se encontraban o limitaban con estas tierras, trataron de “perpetuar” la
tierra y de otro las fuerzas vivas y fácticas, concejo salmantino, sexmeros y Coro-
na, esforzándose por “componer” la misma.
El resultado final de esta dicotomía se decantó favorablemente a la política lle-
vada a cabo por el Concejo salmantino y que era consecuente con la del siglo ante-
rior. Esto originó verdaderas convulsiones en la dinámica económica de los asen-
tamientos humanos de los pueblos, en sus explotaciones y en las formas del
comportamiento humano con vistas al futuro.
La documentación archivada nos demuestra la fuerza del consistorio salmanti-
no y las actuaciones del mismo respecto de sus intereses contra pueblos y vecinos.
Los efectos apreciables sobre devoluciones se dejaron notar en los primeros
años del siglo XVII por haberse producido el correspondiente fallo judicial, aunque
con mucha antelación a su ejecución37.
Las medidas tomadas por el concejo de Salamanca en estos momentos del siglo XVII,
fueron siempre para buscar un mejor y mayor control, por lo que se nombraron
guardas, montaraces y otro personal38, al tiempo que se establecían penas para los
36 Ver artículo de LÓPEZ BENITO, C. I. La devolución de las tierras baldías al Concejo de Sala-
manca en los inicios de la Edad Moderna. Aproximación a su estudio. En Revista Studia Historica. His-
toria Moderna, volumen II, nº 3. Salamanca, 1984, págs. 96-111.
37 Ciertas “Cartas-ejecutorias”, muchas de ellas, recogen el fallo de fechas muy anteriores aun-
que se hicieron efectivas años después: “...contra el Conde y Villa de Miranda del Castañar, ante Pedro
Alemán, escribano de la Cámara de Valladolid a 4 de diciembre de 1565, por lo que se declara que
todo el termino de la Palla en usufructo y propiedad se dé a la Ciudad de Salamanca...”.
38 ORDENANZAS DE LA CIUDAD DE SALAMANCA. Salamanca 1619. Libro VI, págs. 56-57.
“...esta Ciudad ganó Ejecutoria en Madrid, año de 1568, ante D. Juan Gallo de Andrada, para que desde
dicho año, no se cerque, ni rompa lo público y concejil de la Vicaría de Monleón y lugares de la Sie-
rra Mayor y Menor de esta ciudad ...”.
39 ORDENANZAS... cit. Libro VI. Título III, pág 59.
40 ORDENANZAS... cit. Libro VI. Título III, apartado 6, pág. 60.
41 ORDENANZAS... cit. Libro VI. Título III, apartado 10, pág. 60.
42 ORDENANZAS... cit. Libro VI. Título III, apartado 11-2º, pág. 60.
El resumen final sobre el proceso seguido por los baldíos durante el siglo XVII
está marcado por las limitaciones en la venta de baldíos, por el movimiento de cer-
camientos y las restricciones de las explotaciones agrícolas. Todo ello significó la
vuelta a las antiguas tradiciones publicas y comunitarias.
La erosión de la propiedad privada en el siglo XVII dejó en precario a las comu-
nidades de aldea, con emigraciones constantes y despoblados (La Palla, La Moral,
Panaderos, El Espinillo45, Peña de Rey, etc.). Al mismo tiempo se debilitaba la acción
vecinal y concejil, excepto la del concejo de Salamanca. En el fondo subyacía el
predominio de la ganadería sobre la agricultura y los intereses que esto conlleva,
así como la presión del Estado sobre la del vecino y la del concejo salmantino sobre
los demás concejos de la tierra de la ciudad de Salamanca. Paralelamente a este
proceso existía el de la consolidación señorial, del que se conservan múltiples ejem-
plos. Nos vale el llevado a cabo con la compra de la Jurisdicción de San Miguel
de Valero, realizada por el duque de Bejar al conde de Salvatierra.
“...con el fin de poder hacer pasto en el terreno baldío para el mucho ganado
ovejuno de su propiedad...”46.
43 ORDENANZAS... cit. Libro VI. Título III, apartado 19, pág. 61.
44 MANGAS NAVAS, J. M. Ob. cit., pág. 132.
45 GARCÍA ZARZA, E. Origen histórico del latifundismo salmantino, 2ª edición. Salamanca, 1986.
46 A.M. DE SALVATIERRA DE TORMES. Caja 12. Legajo 2. Folio 1.
47 AHN. Informe del Exmo Sr. D. Fray Gaspar de Molina y Oviedo, Gobernador del Real Supre-
mo Consejo de Castilla, Presbítero, Cardenal de la Santa Iglesia de Roma, Obispo de Málaga y Comisa-
rio General de la Santa Cruzada... Fol. 37.
48 ROBLEDO HERNÁNDEZ, R. Política reformista del régimen de tendencia de la tierra. Salamanca,
1750-1808, pág. 710.
49 GARCÍA MARTÍN, B. El Proceso histórico de despoblamiento... Ob. cit., págs. 81-94.
50 Documento inédito hasta el momento.
El mismo autor antes citado incide en que las mayores causas de la despoblación
han sido las guerras y las “asfisiantes contribuciones” además de que:
“...desposeídos ya los naturales de la tierra mansa con que los vecinos se habían
criado y mantenido, tuvieron que abandonar sus hogares y buscar en ajenos sue-
los su subsistencia o sujetarse a los ganaderos...” (pág. 228).
Las medidas tomadas desde las instituciones minoraron el problema, sin embar-
go, no dieron solución a la lacra secular, que se venía padeciendo, no sólo en la
provincia de Salamanca, sino en todo el país.
La conciencia popular de protesta llegó a generalizarse hasta que los concejos,
haciéndose eco de la situación, cursaron a la Corona en plan de queja, a través
54 VILLAR Y MACÍAS, M., Historia de Salamanca. Salamanca, 1973, reed., libro VIII, págs. 43-
45. Recoge documentación sobre los problemas de huelgas, motines, etc. En nuestra zona son de des-
tacar los habidos en La Alberca (aunque su territorio estaba bajo la jurisdicción de la Casa de Alba [1713]),
en Navarredonda de la Rinconada (1714), Escurial de la Sierra (1714), Cepeda de la Sierra (1725). Uno
de los motines más violentos descritos por Villar y Macías fue el llamado de “el carnaval” (5 de marzo
de 1764), debido a la carestía y subida del precio del pan. La muchedumbre, después de manifestar-
se vociferante, asaltó el Consistorio, se metió violentamente con el administrador de tabacos, rompió
vidrieras, enarbolaron una manta roja en la torre de San Martín y con toques de campanas a “rebato”
llamaron al pueblo a lo que acudió el Cabildo de la Catedral con reparto de pan para calmar el ner-
viosismo y aplacar la situación...; al final la muchedumbre cantaba:
¡Viva el Cabildo!, que fino
en todas las adversidades
socorre necesidades
de este pueblo salmantino.
El motín más ruidoso fue el de la ciudad de Salamanca, 5 de mayo de 1780, motivado por la cares-
tía de alimentos, especialmente de trigo. El año 1788 hubo otro en Babilafuente y villas limítrofes con-
tra el administrador de la Casa de Alba. Este último fue también debido a la falta de trigo.
55 A.D.P. SALAMANCA. Los pósitos salmantinos. Libro de Cuentas de la Tierra de Salamanca, nº 205
(desde 1698 a 1727) y el nº 206, desde 1727, en adelante.
56 VILLAR Y MACÍAS, M. Ob. cit. Libro VIII, pág. 81.
57 B.N. Madrid, 1742. Sig. 2 / 30184 (firmaron los representantes de Castilla, León y Aragón).
58 Novísima Recopilación. Libro VII. Ley III. Título XXIII.
59 AUS. Manuscrito cit. Fol. 7.
60 AUS. Manuscrito cit. Fols. 7 y 8.
61 GARCÍA MARTÍN, B. Renta per cápita de la provincia de la Ciudad de Salamanca. Año de 1799.
En Revista Naturaleza y Gracia, vol. XXV. Facsímil I, enero de 1978.
62 A.M. DE SAN MIGUEL DE VALERO. Juicios sobre baldíos. 1763.
Las quejas de los vecinos de los pueblos, más o menos fundadas, constituyeron
la constante cantinela que fue en aumento a medida que pasaba el tiempo. Dichas
quejas estaban basadas en la “miseria, necesidad y calamidad que padecían” (pala-
bras éstas usadas constantemente en los documentos baldíos). Los vecinos tenían
en la “Ley Agraria” puesta la esperanza; deseaban y esperaban que la misma fue-
se la “panacea” de todos sus males.
La propia ley hacía valedores de los vecinos a los órganos administrativos de
la ciudad, los sexmeros y el concejo, lo que creó una cierta desconfianza y deses-
peranza en las aspiraciones vecinales. Por el contrario, el ambiente nacional y los
tratadistas de la época favorecían el reparto vecinal con el fin de “...aliviar el ham-
bre de los vecinos y sacarles del hambre secular...”. En esta línea se expresaban los
Memoriales Ajustados en el año 1784, especialmente el de esta zona. A este res-
pecto, los conocidos escritos y teorías de Campomanes63 y Floridablanca64 parti-
darios de una explotación mixta, donde pudiesen coexistir conjuntamente agricultura
y ganadería como principales fuentes de riqueza, fueron la base doctrinal de la redis-
tribución de la tierra a los vecinos.
Los resultados finales del proceso de amojonamiento en los postreros años del
siglo XVII dejaron cuantificadas 59.750 hectáreas en la Sierra Mayor y 6.900 en la
Sierra Menor. El resto de la extensión, perteneciente a este tipo de terreno, den-
tro del alfoz de Salamanca, había sido ya adjudicado en primer lugar a aldeas exis-
tentes en el territorio baldío, las cuales lo adehesaban o roturaban, alternando una
economía mixta (véanse ejemplos tales como los de Castroverde, Cabrera, Cortos
de la Sierra, etc.). En segundo lugar y en el caso de los baldíos cercanos, dichas
extensiones habían sido acaparadas por la ciudad que las explotaba en régimen
de aprovechamiento propio. Un ejemplo similar a este último acontecía con los
baldíos que estaban asignados a los pueblos creados con posterioridad al asenta-
miento repoblacional (Las Veguillas o incluso Navagallega).
El ambiente social era propicio para el reparto vecinal de los baldíos. Sin
embargo, el desarrollo del proceso fue más lento de lo esperado, por lo que se
reprodujeron hechos de épocas anteriores. Cabe citar entre otros, los ya conoci-
dos, algaradas, motines u otro tipo de protestas así como la desvinculación de los
vecinos de los baldíos tomando diversas alternativas de trabajo, como la arriería,
cantería, etc.
La Administración intentó paliar esta desesperación una vez más, recurriendo
a los pósitos65 como alivio, en petición de créditos y también buscó apoyo ante
el “Montepío de Labradores”66.
A nivel local, durante el siglo XVIII, la crisis es clara y evidente. Cabo nos
comenta a este respecto que:
“...profunda crisis poblacional y económica que los salmantinos consiguieron
superar a mediados del XVIII, pero en la que volvieron a caer hasta bien transpuesta
la mitad del XIX...”72.
La obra de los ilustrados españoles estuvo motivada por las necesidades prima-
rias y perentorias de la población. Los ilustrados pusieron en marcha urgentes medi-
das, entre ellas, el reparto de baldíos al objeto de solucionar los problemas más
elementales relacionados con la subsistencia de los vecinos de los pueblos.
Las órdenes de reparto procedieron de la misma Corona y estuvieron conside-
radas como “acto de socorro” a la población necesitada. Culminaba así un secular
proceso en el que se habían visto implicados grupos sociales de la ciudad, privi-
legiados en su mayoría (nobles y burgueses), el Consejo de Castilla, la Corona, pue-
blos y diversos concejos municipales distintos al de Salamanca. En la Sierra Menor
ya había habido algún intento mínimo y pasajero de solución73.
Puede considerarse la orden promulgada por la Corona como un triunfo de
las clases más necesitadas que tanto habían presionado al Consejo de Castilla y a
la propia Corona en busca de legislación favorable para sus intereses. A pesar de
dicho régimen jurídico favorable74 los pueblos no llegaron a disfrutar “de facto”
de la misma. Los denominados “privilegiados” reaccionaron de forma contundente
a dichos movimientos y a dicha legislación tal como se deduce del siguiente texto:
“...los sexmeros y procuradores de la Tierra de Salamanca, Ledesma y Ciudad
Rodrigo fueron quienes más importunaron al Consejo de Castilla y la mayoría de
las disposiciones ilustradas...”75.
71 JOVELLANOS. D. G. M. de. Informe. Expediente de Ley Agraria. Madrid, 1795, pág. 17.
72 CABO ALONSO, A., Salamanca: personalidad geográfica de una ciudad. Salamanca, 1981, pág. 16.
73 A. DIPUTACIÓN DE SALAMANCA. Microfilm referente a Membribe de la Sierra, 1788.
74 Véase a estos efectos, el movimiento ilustrado como idea y la propia “Ley Agraria” como imple-
mentación de dicha idea en la práctica.
75 ROBLEDO HERNANDEZ, R. Ob. cit., págs. 705-706.
Los vecinos de la Sierra Menor gozaban ya de hecho de los baldíos. En los nue-
vos repartos realizados por la Administración se respetaron, en casi todos los casos,
las adjudicaciones locales convenidas entre ellos con anterioridad (éste fue el caso
en Navagallega, Membribe, Las Veguillas y las aldeas adscritas a estas localidades
–fundadas y formadas algún tiempo antes en estos espacios baldíos– además de
La lucha secular de los vecinos de los pueblos contra los sexmeros de la ciu-
dad, contra los “señores”, el concejo de la ciudad y la Corona por obtener la pro-
piedad de los baldíos había hecho que los pueblos estuviesen unidos contra un
enemigo común: “los de la ciudad”, “los dueños” o “los amos” en el vocabulario
de la época, incluso documental. Al mismo tiempo mantenían una forma de expre-
sión especial como era el lamento o la queja constante a todos los niveles lo cual
parecía identificarles entre todos. Las formas de administrar o de explotar estos bal-
díos, cuando los pueblos pudieron hacer uso de ellos, fueron siempre democráti-
cas, por consenso entre los interesados. Una vez recibidos los baldíos para disfrute
vecinal, apenas sabían administrarlos de otra forma distinta a la que venían man-
teniendo, lo que le llevó a continuar su posesión en proindiviso, administrada por
los respectivos concejos. En ocasiones, algunos de estos concejos se reunirán en
“sexmería” para mejor llevar adelante las explotaciones y obviar toda una serie de
inconvenientes originados por los aprovechamientos90.
La documentación se muestra fiel al diseño marcado:
“... Sepan cuentos viesen este público instrumento y carta de poder, cómo noso-
tros el Concejo y Regimiento y Propcurador Síndico General y demás común de los
vecinos de esta Villa de San Miguel de Valero, estando presentes y congregados en
nuestras casas concejiles por son de Campana Tañida como lo hacemos de uso y
costumbre para tratar y confirmar las cosas tocantes y pertenecientes al bien y uti-
lidad de este Común especial...”91.
Los vecinos tomaron los terrenos baldíos con gran ilusión y se dispusieron a
mejorar su situación económica y calidad de vida, pues:
93 AHPS. Protocolo 4530. Fols. 482 al 510. Reparto de baldíos de la Sierra Mayor y Menor. El pago
en cuestión se encontraba “...en el sitio de Pico Cervero... limite desde el Pozo de los Lobos, subiendo
por la Sierra... se llama el ‘güeco’, divisorio del término de Escurial y el Baldío...”; 12 de enero de 1805.
4. A MODO DE CONCLUSIÓN
Los terrenos baldíos del alfoz de Salamanca, como los de otros alfoces, fueron
la base del apoyo económico a los concejos donde se encontraban ubicados y sobre
todo de los vecinos de los pueblos y aldeas instalados en sus terrenos o en los
aledaños. Al tiempo fueron fuente de ingresos para la Corona, bien por medio de
contribuciones o por la propia venta. Esta base fundamental de la estructura baldía
y de sus objetivos estuvo amenazada por las reiteradas apetencias tanto de elementos
exógenos a los baldíos (nobles, ganaderos, vecinos de otros concejos, etc.), como
de elementos endógenos (sexmeros, administradores locales y los propios corre-
gidores).
Los baldíos de la ciudad de Salamanca están sometidos en el transcurso del
tiempo a esta constante. Hasta el siglo XV fueron los nobles salmantinos, quienes,
además de usurpar otras tierras, lo hicieron con los baldíos (documentado en las
pesquisas correspondientes).
Durante el siglo XVI será la Corona, con la venta de terrenos baldíos, el mayor
enemigo de su integridad (se vendieron en la Sierra Mayor 5.347 huebras; en esta
época se realizó el acto de compra de la jurisdicción del lugar de S. Miguel de Vale-
ro por el duque de Béjar, pasando más tarde, entre 1630 y 1631, tal jurisdicción,
por el mismo sistema, del duque de Béjar al conde de Salvatierra.
El siglo XVII significó un giro en la política baldía, siendo el concejo de la ciu-
dad de Salamanca el primer interesado en frenar la marcha sobre la extinción de
los bienes baldíos. A tal efecto, se logró recuperar buen número de términos bal-
díos procedentes de manos de particulares, recurriendo a diversas formas, entre
ellas la jurídica.
El liberalismo y la política ilustrada hicieron del siglo XVIII una nueva época
para este integrante económico del alfoz salmantino, al mismo tiempo que se
reforzaban las apetencias de posesión de los vecinos, de los pueblos, de las aldeas
y de los concejos próximos a los bienes baldíos. La necesidad y la precariedad eco-
nómica tradujeron las aspiraciones vecinales en un nerviosismo con resultados de
algaradas, motines y otras respuestas sociales, como asaltos a centros de almace-
namiento o a repartos de granos y bienes recogidos en los pósitos.
Los vecinos de los pueblos, ante la desesperación de tanta calamidad y la inse-
guridad creada por la falta de solución al tema de los baldíos, buscaron nuevos
caminos y formas de subsistencia en la arriería y en otras nuevas actividades arte-
sanales, capaces de suplantar la labor económico-social que hubiesen podido rea-
lizar los bienes baldíos.
Aunque tardía, durante el siglo XIX, la solución ilustrada proporcionó la satis-
facción a los vecinos de los pueblos de verse como poseedores y propietarios del
terrazgo baldío, a través de la institución concejil, cosa que siglos atrás hubiese sig-
nificado una adecuada solución al problema a la vez que se habría ampliado el
patrimonio concejil y particular de los vecinos de los pueblos, influyendo en los
98 Si se desea hacer un seguimiento del proceso seguido por estos bienes municipales, aunque de
una forma parcial, es necesario consultar el artículo de ÁNGEL SÁNCHEZ BLANCO, titulado, Inciden-
cia de la Legislación desamortizadora sobre los municipios pertenecientes al partido judicial de Sala-
manca (1855-1911). En Revista de Estudios de Vida Local, n.º 197, enero-marzo, 1978. Año XXXVII, págs.
65-118. El autor, aparte de realizar un análisis exhaustivo de la subasta, de parte de estos bienes, ana-
lizados más arriba, entre bienes de propios o de comunales, registra la subasta y venta de 735 ha, per-
tenecientes al partido judicial de Salamanca (pág. 89), y entre las páginas 101 y siguientes, hace una
relación en la que se incluyen tasación, adjudicación, porcentaje del total y año en que fueron subas-
tados los bienes municipales; en otro apartado del mismo artículo (páginas 103 y siguientes) se regis-
tran los nombres de los adjudicatarios, la localización de las propiedades, residencia de los nuevos pro-
pietarios y los lotes y números de los mismos.
5. APÉNDICE DOCUMENTAL
APÉNDICE
Nota final:
“... Se incluyeron en este libro todos los baldíos y realengos que disfruta dicha
Ciudad de Salamanca…”.
* Universidad de Salamanca.
1 Profesora de Geodinámica y feminista, quiero agradecer a las amigas que me han ayudado a
escribir este artículo: a Rosario Cortés por la documentación que archivó durante nuestra militancia en
la Asamblea de Mujeres, por su apoyo y la lectura crítica del manuscrito; a Rocío Navarro que me ha
suministrado bibliografía muy valiosa; a Angelines Corrochano, que militó en La Asamblea y conser-
vaba documentación; a Mercedes Romero, que dirige el grupo de teoría feminista del Seminario de estu-
dios de la mujer de Salamanca, por la orientación y bibliografia prestadas; a Pilar de la Puente, por su
amabilidad y por corregir el texto y a Puy Ayarza, geofísica joven, por su complicidad. Está claro que
siendo geóloga y no historiadora mi aportación se basa sobre todo en mis recuerdos, en mi historia
vivida.
1. INTRODUCCIÓN
5 Actualmente la teoría feminista analiza la discriminación de las mujeres o realiza estudios con
esa perspectiva. La terminología utilizada: estudios de género, perspectiva de género, teoría de género, es
un poco engorrosa en mi opinión porque siempre hay que andar explicando. El término género en cas-
tellano tiene muchos significados, sin embargo gender en inglés únicamente se usa en las ciencias socia-
les y se refiere a la construcción cultural que diferencia a los seres humanos en tipos femeninos y mas-
culinos. Dicho con otras palabras: género es la construcción cultural de la diferencia sexual, es decir aspectos
del comportamiento determinados culturalmente y aprendidos después de nacer. Ya Simone de Beauvoir
en El segundo sexo (tomo II, pág. 13) decía: “No se nace mujer: llega una a serlo” yo siempre he enten-
dido esta frase de Simone en el sentido de que una se adapta a lo que su sociedad o cultura espera de
ella porque su destino ya ha sido configurado y limitado por su sexo... se adapta o la obligan a adap-
tarse. Si se ahoga en ese estrecho molde y lucha por romperlo hablamos ya de rebelión feminista. Ver
Colorado et al. (1998) y Lagarde (1996). En estos tiempos light se abusa bastante del término género y
se dice por ejemplo “violencia de género” cuando en realidad las victimas casi siempre son las mujeres;
pienso como Lidia Falcón (2000), que es más claro y menos ambiguo decir “violencia contra las muje-
res” y que muchas veces se usa mal el término género o se usa para evitar decir feminismo.
6 También actualmente se encuentran en la red hombres profeministas belgas: http://www.euro-
profem.org; la revista Lectora de la Universitat Autónoma de Barcelona ha dedicado un tomo al
Dossier: “Hombres y feminismo” (1998, Carbonell, Samblancat y Torras, Ed.) Lectora. Revista de Dones
y textualitat, 4.
7 Las feministas de León, luchadoras incansables desde los 70, la eligieron para nombrar su aso-
ciación. Flora Tristán se adelantó a Marx y predicó el internacionalismo proletario.
8 Esta Declaración, redactada por Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott, que fue la única ora-
dora, consta de doce decisiones, once fueron aprobadas por unanimidad pero la que se refería al dere-
cho al voto no fue aceptada. Destaco de ella las frases: “Decidimos que la mujer es igual al hombre
–que así lo pretendió el creador– y que por el bien de la raza humana exije que sea reconocida como
tal” “...todas las leyes que sitúen a la mujer en una posición inferior a la del hombre son contrarias al
gran precepto de la naturaleza y, por lo tanto, no tienen ni fuerza ni autoridad” (ver Friedan, 1974; Fal-
cón, 1973; Martín Gamero, 1975; el artículo de María Ortiz y Cristina P. Fraga “Ellas se lo ganaron” en
El País dominical del 1 octubre de 1981, y artículo “El viaje apasionado”, en El Adelanto del 25 de Febre-
ro de 1982.
9 Las sufragistas fueron ridiculizadas por la reacción antifeminista; esto se repite en diferentes
momentos históricos: a las de la Asamblea de Mujeres, el periodista de La Gaceta, Pedro Casado, nos
llamaba feas; a las luchadoras americanas, como a Fany Wright y Ernestine Rose, se las llamó rameras,
ver artículo de la Asamblea “El viaje apasionado” en El Adelanto del 25 de febrero de 1982 y Vissière
(1988).
Emilia Pardo Bazán (González, López, Mendoza y Urueña, op. cit.). Sólo después
de que entrado el s. XX las mujeres hubieran conseguido el voto en Norteamérica,
Inglaterra, Nueva Zelanda, Australia e Italia, comenzaron las españolas a pensar
en reivindicaciones parecidas (Falcón, 1973)
La Constitución Republicana de 1931, otorga por primera vez a las españolas
el derecho al sufragio.
La tercera oleada de rebelión de las mujeres10 se produce a finales de los seten-
ta; en muchos países occidentales, y entre ellos en España, renace con fuerza el
feminismo como movimiento social, político y cultural. Las mujeres feministas en
este momento cuestionamos que la biología condicione y limite nuestro futuro al
exclusivo papel de hembra reproductora, esposa y madre. Exigimos el control del
propio cuerpo y de la sexualidad y el derecho a elegir libremente ser madres o
no. Cuestionamos el reparto del poder y de las tareas exigiendo formación y pro-
moción para poder ocupar puestos de poder y decisión. Luchamos contra todas
las leyes que nos marginaban y exigimos igualdad en el trabajo, en la educación
y en la pareja con un reparto más justo de las tareas domésticas (Maldonado
Román y Cabo Mesonero,1996). (Ver panfletos y artículos de la época de la Asam-
blea de Mujeres de Salamanca, por ejemplo).
La definición que da Magda Oranich nos parece acertada cuando escribe en
1976: “Ser feminista con todo el profundo significado que el término conlleva quie-
re decir luchar por una sociedad más justa, donde todos, hombres y mujeres, ten-
gan absolutamente los mismos derechos y obligaciones. Ser feminista en nuestro país
quiere decir luchar contra estructuras injustas que son las que hacen posible la espe-
cial opresión que sufre la mujer, y contra toda una superestructura ideológica que
ha impregnado de esquemas machistas y falocráticos hasta los más recónditos luga-
res de nuestra sociedad”.
Dentro de esta tercera oleada del feminismo, Amparo Moreno distingue en Espa-
ña varias etapas en la historia del movimiento feminista, destaco las dos últimas
como las más importantes:
– De mediados de los sesenta hasta 1975.– En esta etapa proliferan las orga-
nizaciones de mujeres, unas como frentes femeninos de partidos de izquier-
da, otras como grupos claramente feministas, otras con fines específicos (muje-
res universitarias, juristas, separadas, etc.).
– A partir de 1975.– A partir de este año en España y en el feminismo espa-
ñol ya nada fue lo mismo. Pocos días después de la muerte de Franco se
celebraron en Madrid las Primeras Jornadas por la liberación de la mujer.
Es a partir de estas jornadas de diciembre cuando se sientan las bases de
un movimiento feminista plural pero unido para que llegue a la mayoría
de las mujeres y de ese modo van surgiendo diversos grupos y tendencias
feministas (Moreno, 1977).
10 Para muchos es “la segunda ola” si excluimos lo de Olimpia de Gouges y Mary Wollstone-
craft.
11 De hecho hablamos de “feminismos”. Como dice Montse Oliván (1998): “las mujeres no somos
idénticas, no somos iguales ni en nuestras vidas, ni en nuestros cuerpos, ni en nuestras experiencias,
ni en nuestras ideas; es más, el ser mujer no es lo único que define nuestra posición en el mundo. Las
feministas tampoco tenemos un modelo, al menos común, que ofrecer sobre cómo ser mujer, ni sabe-
mos diseñar ese mundo en el que las mujeres no fuéramos el segundo sexo”... “Sin embargo, no pode-
mos renunciar a un sujeto que actúe en contra de las discriminaciones que las mujeres sufren... un suje-
to que pueda dar cabida a mujeres muy distintas y a concepciones feministas también muy diversas
...pero que pueda articularse en una misma lucha por objetivos concretos“… ”...no deberemos renun-
ciar a algo que ha sido, desde el principio del feminismo, patrimonio del mismo: el pensamiento crí-
tico”.
12 Las del Partido feminista de Lidia Falcón, que editaron la revista “Vindicación Feminista”, apa-
recida en julio de 1976, sufrieron profundos desencantos y, a veces, los insultos provenientes de mili-
tantes sindicales varones que les decían en público: “tu a fregar platos”. También fueron conscientes
de que su tesis de que la mujer es una clase social no convenció (Ver Falcón, 1978 y Sontag, 1977).
13 Ver Amman (1979) y artículo de Lourdes Ortiz (1979) “De géneros y especies” en Revista Ozo-
no nº 41, dossier feminismo, págs. 30-32. y artículos de Celia Amorós, Empar Pineda, Genoveva Rojo
y Amelia Valcárcel en El viejo topo, extra nº 10, 1980.
14 En toda organización política viva hay discusión y polémica, pero, como dice Celia Amorós:
“no debemos escandalizarnos de que el feminismo no sea una ‘balsa de aceite’...” “el feminismo no es
un islote incontaminado en el sórdido mundo de competividad en que vivimos” …y no pasa nada por
que se aireen y se conozcan las discrepancias, Amorós (1979).
15 Ley 191/1964 de 24 de diciembre, B.O.E.: de 28 de diciembre.
1975
18 “Las mujeres del movimiento de liberación no solamente luchan por poseer el control de su
cuerpo y de su mente, sino que reclaman un tipo completamente nuevo de moralidad sexual y social.
Rechazan la hipocresía, la culpa y la verguenza, en relación con sus necesidades sexuales, con que se
pretende mantenerlas ligadas al matrimonio. Como dijo una mujer: “la gente debe sentirse ligada por
amor y no por un contrato”. Ver Evelyn Reed (1977, pág. 158). También Alexandra Kolontai (1975, pág.
85) dice: “Las nuevas mujeres no desean la posesión exclusiva cuando aman. Puesto que exigen respe-
to por la libertad de sus propios sentimientos, también aprenden a mostrar ese respeto hacia los otros”.
19 Ver Ponencia sobre lesbianismo del Grup de Dones d’Alacant, Jornadas Feministas estatales,
Granada, diciembre 1979.
20 Es decir como rechazo a la sexualidad única y modélica impuesta (en función del placer del
varón y de la procreación). Ver Amman (1979) y Marchante (1980). Prueba del pensamiento crítico femi-
nista, contrario a cualquier dogma o doctrina fija de la “correcta manera de ser feminista”, cabe citar
el artículo de Gretel Amman que es muy claro y reclama la derogación de “normas no escritas sobre
la correcta manera de ser feminista y lesbiana”. También la publicación “Nosotras que nos queremos
tanto” insistía en esto (la sexualidad lesbiana no tenía por qué ser suave, no agresiva, ni seguir nin-
guna pauta ni feminista ni femenina).
El año 1975 fue declarado por la ONU el Año Internacional de la Mujer, muy
pocos días después de la muerte de Franco, los días 5 al 8 de diciembre se cele-
braron en Madrid, en la clandestinidad, las Primeras Jornadas Feministas.
Aquí ya se planteó un problema con la doble militancia ya que algunas muje-
res querían suspender las jornadas para asistir a manifestarse frente a la cárcel de
Carabanchel por la amnistía de los presos políticos; se organizó una gran discu-
sión ya que otras opinaban que habría que manifestarse delante de la cárcel de
mujeres de Yeserías. Al final se optó por no suspender las jornadas, dejar libertad
para que las que quisieran fueran a manifestarse, y continuar los debates. Se impu-
so la voluntad de consolidar el movimiento y asumir una unidad de lucha (Salas
y Comabella, op. cit)21.
1975-76
En los años 1975 y 76 las luchas que llevaban a cabo los partidos de izquier-
da eran fundamentalmente para conseguir las libertades políticas y la amnistía de
los presos políticos (una amnistía incompleta se logró a finales de septiembre de
1976 (Tusell, op. cit. pág. 55). Tras las I Jornadas por la Liberación de la Mujer del 5
al 8 de Diciembre de 1975 quedó patente que el feminismo era plural, pero que habría
que tratar de consolidar una unidad de lucha por los objetivos comunes que eran
muchos e incluían la implantación de la democracia y las libertades.
La Plataforma de Organizaciones Feministas y Grupos de Mujeres de Madrid
se organiza entre 1974 y 1978, es plural y trabaja para consolidar la unidad del movi-
miento feminista; organiza el 15 enero de 1976 una gran manifestación con el lema
“mujer lucha por tu liberación” que fue reprimida con botes de humo y gases lacri-
mógenos. Consiguieron llevar a cabo numerosas concentraciones y manifestacio-
nes en las que pedían la amnistía para las mujeres condenadas por delitos tipifi-
cados como específicos de la mujer (aborto, anticoncepción, prostitución) y la
despenalización del adulterio, además de la igualdad en el trabajo, el derecho de
reunión, asociación, manifestación y huelga así como la supresión en los medios
de comunicación de las imágenes y conceptos denigrantes para la mujer.
El 20 de octubre de 1976, la Plataforma de Organizaciones y Grupos de Muje-
res de Madrid comunicó en una rueda de prensa que sus fines no eran la unifor-
midad ideológica, sino la realización de acciones concretas para transformar la situa-
ción de las mujeres y potenciar el movimiento feminista. Sus objetivos concretos
eran fundamentalmente:
– Luchar contra la discriminación de la mujer en todos los aspectos sociales.
– Concienciar a la sociedad española para transformar las relaciones hombre-
mujer tanto en la familia como en la sociedad.
– Postular la implantación de una democracia que garantizara todas las liber-
tades en el Estado español, la cual permitiría cambios sustanciales en la vida
de las mujeres (Salas y Comabella, op. cit.).
1978
Hernández Gil, un documento programático con los puntos que debería recoger
la Constitución, entre otros:
1. El Estado debía compromenterse a fomentar la incorporación de las muje-
res al trabajo productivo.
2. El matrimonio habría de basarse en la igualdad de los cónyuges y podría
disolverse por mutuo disenso a petición de cualquiera de los cónyuges.
3. Toda persona debía tener derecho a decidir el número de hijos que qui-
siera tener y por tanto tendría acceso a los medios de control de la natali-
dad existentes (Salas y Comabella, op. cit.).
El artículo 15 de la Constitución podía dificultar estas aspiraciones de las muje-
res pues dice: “todos tienen derecho a la vida”, en vez de todas las personas y ese
texto puede interpretarse en el sentido de que incluso los no nacidos, el feto o
“nasciturus”, fueran sujetos de derecho. De hecho esta redacción ambigua permi-
tió declarar inconstitucional la llamada “Ley del aborto” el 11 de abril de 198523.
A todos los grupos feministas les disgustaba el hecho de que el texto consti-
tucional no recogiera estos y otros derechos que se consideraban fundamentales
para las mujeres: hubo pronunciamientos en todos los sentidos24.
Este debate preconstitucional no impidió que ese año se celebrara unitariamente
el día 8 de marzo que se decidió llamarle Día Internacional de la Mujer Trabaja-
dora y el lema de ese año fue: “por un puesto de trabajo sin discriminación” (Salas
y Comabella, op. cit.).
23 Ver artículo de HUERTA TOCILDO, Susana. “Una sentencia lamentable” en el dossier aborto,
Revista Mujeres, nº 6, abril de 1985, págs. 5-9).
24 En El País, 3 de diciembre de 1978, apareció un manifiesto de apoyo al Proyecto en el que
las firmantes “…sin renunciar a seguir luchando por las reivindicaciones feministas legítimas… consi-
deraban urgente apoyarlo ...para garantizar un marco de convivencia para todos los españoles”. Entre
las firmantes se encontraban mujeres de UCD, PSOE, PC, MDM, ADM-PT y ORT-ULM (Rubio, 1979)
25 Ver artículo firmado por las iniciales A.P.V. en la Revista Saida del 3 de enero de 1978, pág. 37;
y Revista Dones en lluita, nº 11, maig-juny de 1979.
26 En este sentido se expresan con gran claridad las del Partido feminista, ver Tesis del Partido
feminista; otras creen que por razones tácticas conviene aliarse con el movimiento revolucionario
socialista (ver Sontag, 1977, “La larga marcha hacia la liberación” en donde dice: “No creo que el socia-
lismo traerá consigo de modo inevitable la liberación de la mujer... pero sólo en una sociedad socialis-
ta sería posible inventar e institucionalizar formas de vida que la liberarían”.
27 La actuación reciente de los gobiernos del PSOE, con mayoría absoluta primero, y mayoría
suficiente después, que pudieron ampliar la legislación del aborto al cuarto supuesto, es algo que no
nos ha pasado desapercibido. Se dejó para lo último y se perdieron las votaciones, en la última por
un voto, con un escaño particular visiblemente vacío, ese día también: el de Felipe González.
28 Ver artículos de Inmaculada de Francisco y Fisa L. Aranguren (1980) y de Judith Astelarra (1981).
1979
En 1979 las exigencias más inmediatas son el divorcio y el aborto, fueron cam-
pañas largas y difíciles que merecen ser tratadas por separado.
3. EL DIVORCIO
29 En las elecciones generales de 1979, casi todos los partidos ofrecen en sus campañas una regu-
lación más o menos amplia del divorcio, los votos dieron un sí a dicha regulación.
30 Existían tribunales eclesiásticos que concedían la nulidad del matrimonio previo pago, esas nuli-
dades las conseguían fácilmente las ricas y famosas como Isabel Presley o Carmencita Martínez Bordiú.
31 Los obispos o la Conferencia Episcopal emitían comunicados en fechas clave apostando por
el matrimonio indisoluble y la familia.
En noviembre de 1979, la XXXII Conferencia Episcopal, tras afirmar que no quiere interferir en la
labor del legislador, fija unos límites al divorcio: que no sea considerado un derecho sino un remedio
para situaciones irrecuperables y que no se admita el divorcio por mutuo acuerdo. Al final los responsables
del Ministerio de Justicia tuvieron que negociar con ellos. España había dejado de ser un estado con-
fesional y les pidieron que dejaran de entrometerse y dejaran autonomía a la autoridad civil. Los obis-
pos tuvieron que ceder ante el derecho del Estado a regular una ley civil. El hecho de que existiera
una ley, no obligaba a los católicos, si no se lo permitía su fe, a acogerse a ella. Los responsables del
Ministerio visitaron por cortesía a los obispos para explicarles la ley que iría a las Cortes ...y uno de
ellos, monseñor Jubany de Barcelona, les dijo: “Bueno, pero por favor, háganme ustedes un divorcio
caro” (Pérez Serrano y Rubio, op. cit., pág. 152). (Ver artículo sobre Divorcio de la Asamblea de Muje-
res en El Adelanto 18 de marzo de 1981).
4. EL ABORTO
32 Las españolas abortaban en Londres, unas 2.863 en 1974 y 4.230 en 1975. En dos meses de
1976, marzo y junio abortaron en Londres 2.726 españolas (Alberdi y Sendón, op. cit.). En 1979 abor-
taron en Londres 16.433 españolas; en 1981, 22.000, ver El País del 12 de febrero de 1983, pág. 16.
33 El primero que se creó en Madrid fue el de Federico Rubio (funcionó en 1976 y 1977). La Aso-
ciación de Mujeres de Aluche también creó uno. La Comisión Pro Derecho al aborto de Madrid editó un
folleto explicativo de 39 páginas en 1981, que incluye datos estadísticos elaborados por el Centro de Muje-
res de Vallecas: De un muestreo de 820 mujeres que abortaron: el 68% eran casadas, el 29% solteras y el
3% viudas o separadas. De un muestreo de 600 mujeres: el 86,9 % habían abortado antes de las 12 sema-
nas de embarazo, el 72% tenían escasos recursos económicos pero habían salido al extranjero a abortar
para evitar males mayores en España, el 45,69% abortaron por motivos económicos y sociales.
34 El juicio se anunció para el 26 de octubre de 1979, se suspendió varias veces y se celebró
finalmente en 1982. La sentencia reconocía el estado de necesidad, absolvía a 9 mujeres y condenaba
al hombre por inducción y a la mujer que había practicado los abortos. El fiscal recurrió, y tras varias
suspensiones, la vista del recurso fue a finales de 1983 y se confirmó la absolución de 4 mujeres y se
condenó a las otras seis y al hombre. Finalmente las siete personas fueron indultadas (ver Dones en
lluita, nº 12, octubre-noviembre de 1979, págs. 20 y 22).
5. OTRAS CAMPAÑAS
Años 70
En Salamanca el primer grupo que apareció en los setenta fue A.U.P.E.P.M. (Aso-
ciación Universitaria para el Estudio de los Problemas de la Mujer). Esta asocia-
ción era mixta, admitía a varones. Surgió en la Universidad Complutense de Madrid.
Se hizo legal en 1976 y tuvo un grupo organizado en Salamanca (Moreno, 1977).
La primera actividad en la que recuerdo que participé fue convocar para el día
21 de noviembre de 1978 una reunión en la Calle Serranos, 2 para discutir la Cons-
titución desde el punto de vista de las mujeres. El cartel lo hice yo y convocábamos
35 Todas las organizaciones feministas denunciaban “el comercio con exhibición del cuerpo de
las mujeres”. En los anuncios para vender cualquier cosa la mujer aparece completamente desnuda o
en ropa interior y el hombre vestido de pies a cabeza.
36 Ver Vindicación feminista del 1 de diciembre de 1976.
39 Los Arapesh... ¿recordáis?; ese día Paloma Pomba se había preparado el tema con la ayuda de
las publicaciones de la antropóloga Margaret Mead y llevamos a la Asamblea a algunas amigas de oyen-
tes, quedaron bastante alucinadas con la velocidad del discurso de Paloma y, todo hay que decirlo, no
volvieron.
40 Para informarnos de cómo estaba la situación visitamos a don Ángel García, catedrático de
Ginecología en ese año de 1979. Fuimos al Clínico a verle varias del equipo de la radio: Charo Macías,
Carmen Castrillo, Marisa Méndez y yo. Nos informó sobre los servicios que existían por ejemplo: infer-
tilidad, partos de alto riesgo... etc., nosotras tomábamos nota muy modositas, y cuando ya al final, tími-
damente, le preguntamos si tenían un servicio de planificación familiar, montó en cólera y casi nos echa
de su despacho. Este doctor comprendía que una mujer quisiera planificar los nacimientos por ejem-
plo si estaba terminando su tesis doctoral... pero las mujeres normales y corrientes de clase trabajado-
ra no entraban en sus esquemas. Para recetarle la píldora debería ir acompañada de su marido y el
médico decidía si se la recetaba o no.
A raíz de las movilizaciones en solidaridad con las mujeres que iban a ser pro-
cesadas por aborto en el “Juicio de Bilbao”, en Octubre de 1979, llevé personal-
mente un comunicado de La Asamblea de Mujeres a Radio Salamanca. Vicente
Herrero se mostró muy interesado y me hizo una entrevista corta, en directo, en
la que le expliqué las movilizaciones que teníamos organizadas en relación con
ese tema. Le pregunté si sería posible que tuviéramos un programa en la radio para
explicar todas nuestras reivindicaciones. A las pocas semanas teníamos un programa
semanal todos los lunes que duraba 20 minutos. Era en horario de tarde, de 7 a 8,
creo recordar, hora en la que las amas de casa podían escucharnos porque ya habían
recogido a los niños del colegio. El programa se llamó “La mujer toma la palabra”
y en él informábamos sobre los centros de planificación existentes en Salamanca,
informábamos sobre métodos anticonceptivos, sobre las separaciones matrimo-
niales y la ley de divorcio que queríamos las feministas, sobre la violación, el tra-
bajo de las empleadas de hogar, las jornadas feministas, los malos tratos hacia las
mujeres en la familia, etc. El programa tenía como sintonía el coro de los esclavos
de Nabuco de Verdi y estaba apoyado por la publicidad de los Supermercados Díaz.
A veces llevábamos al programa a especialistas, médicas, abogadas, sexólogos o
psicólogos y en una ocasión vino Angelita San Francisco a hablar de cómo se las
apañaban las mujeres casadas para controlar la natalidad en tiempos de Franco.
Como hablábamos sin tapujos sobre sexualidad, sobre homosexualidad, sobre los
anticonceptivos y el aborto el programa nos duró sólo unos meses, desde finales
de Noviembre del 79 hasta algo después del lunes de aguas. Conservo varias gra-
baciones de los programas, poníamos canciones divertidas de Guillermina Motta,
y otras que tuvieran algo que ver con el tema tratado, boleros de Antonio Machín,
etc. Fue un trabajo que nos tomamos muy en serio y nos resultó muy divertido.
aceptado que la llevaran en coche a su pueblo al salir de una discoteca y, para el juez, eso significa-
ba exponerse a que la violaran y la dejaran tirada de noche en un arbolado lejos del pueblo. En otra
ocasión publicaron mi protesta porque Feliciano Fidalgo llamaba a Simone de Beauvoir “la señora de
lujo de Jean Paul Sartre”.
43 Ver “T.E.” Revista de la Federación de Enseñanza de CC.OO., nº 219, enero 2001, pág. central.
44 Los organizadores del “día de la bici” protestaron por nuestra participación disfrazadas y les
contestamos con una Nota en El Adelanto del día 12 de marzo de 1982.
45 Nosotras éramos contrarias al salario para el ama de casa porque eso significaría afirmar que
era un trabajo propio y exclusivo de la mujer. Esto, no por casualidad, lo propuso la Sección Femeni-
na a finales de los sesenta. El Opus Dei también apostaba por la profesionalización de este trabajo del
ama de casa y era contrario a la participación de la mujer en trabajos fuera del hogar (Ferrándiz y Ver-
dú, 1975).
46 En el cartel anunciador utilizábamos los dibujos de Nuria Pompeia que ilustran el libro de Lidia
Falcón Cartas a una idiota española, porque son muy expresivos.
47 Este síndrome fue muy famoso, primero los médicos pensaban que era una “pneumonía atí-
pica” pero al final se descubrió que estaba ligado al aceite de colza desnaturalizado, para uso indus-
trial, con colorantes, que había sido vendido fraudulentamente, también en Salamanca y en mi barrio,
como aceite de oliva purísimo. Hubo muertos y muchos afectados con graves secuelas físicas. Seguí
con atención el caso porque yo compré cinco litros de la marca JAP, de colza seguro, pero aparente-
mente no muy tóxico, porque sigo aquí.
48 Ver Fig. 1. En la Plaza Mayor, octubre de 1979, con la pancarta “Anticonceptivos para no abor-
tar, abortar para no morir” y Fig. 8, panfleto “Ningún embarazo no deseado, evita el aborto, usa anti-
conceptivos”.
49 Ver El Adelanto del 5 de junio de 1983, en esta ocasión dedicó dos páginas al debate del abor-
to (págs. 16-17).
mujer y aunque fuera mujer no estaría en edad de concebir, segundo, han tratado
el tema con frivolidad porque las mujeres no abortan para mantener su buena figu-
ra... etc., estuvo muy convincente y el aula magna, que estaba a rebosar, escuchó
los argumentos de las feministas. En resumen, a los organizadores les salió el tiro
por la culata. Carmen estuvo genial50.
Subvenciones conseguidas
No nos legalizamos como “Asamblea de Mujeres” sino como “Asociación de
Mujeres Universitarias de Salamanca”, registrada el 18 de febrero de 1984 con
número de registro 540, en el Registro provincial de asociaciones51. El papeleo
lo hice yo; nos legalizamos para pedir subvenciones al Instituto de la Mujer52. El
14 de Febrero de 1987 solicitamos una nueva subvención de 1.000.000 pts para
valorar el sexismo en la escuela. El proyecto se llamaba: “Estereotipos sexistas que
perduran en la escuela actual, influencia y conocimiento del feminismo en la
escuela”, las encuestas ya estaban recogidas53 y queríamos estudiarlas y analizar
los resultados.
Recibimos 500.000 pts. para este proyecto en septiembre de 1987.
Después de una cierta resistencia durante el curso 1987-88 abandoné la Asam-
blea, antes la habían dejado algunas de mis amigas porque tuvimos diferencias con
algunas mujeres del Movimiento Comunista que la controlaban por completo y boi-
coteaban las propuestas de las “históricas”. Habían ganado pues las defensoras de
la “doble militancia”. Por ejemplo discrepamos en el uso de la subvención. Yo había
conseguido la subvención para el estudio de las encuestas y la elaboración de los
resultados de ese estudio y no quería que se desviara la subvención para otros asun-
tos. Los años de mayor actividad de la Asamblea de Mujeres, durante los años que
estuve en ella, fueron de 1979 a 1986. Después otras han continuado en la lucha,
pero los años de mayor efervescencia de la lucha del movimiento feminista ya habían
pasado. Además Salamanca es una ciudad de paso para muchas. En la Asamblea,
en los tiempos en que yo estaba, la mayoría éramos estudiantes de la Universidad
o profesoras no numerarias, y también había amas de casa, trabajadoras, paradas,
y hasta una monja psicóloga que hizo su tesina sobre el movimiento feminista y
venía a la Asamblea a estudiarnos. Tengo su tesina que nos dedicó con cariño54.
Cada nuevo curso desaparecían las que habían terminado sus carreras y volvían a
su ciudad o se casaban fuera. Nos quedábamos unas pocas que vivíamos aquí y
entraban otras nuevas. Se renovaba mucho la gente y permanecíamos algunas
“históricas”. Con estas “históricas”, mis amigas, he contado para hacer este peque-
ño texto. Les he preguntado dudas y me han aportado algún material.
7. CONCLUSIONES
54 Se llama Mercedes Navarro Puerto, la tesina: “Estudio psicosocial del feminismo en España”,
fue presentada en la Pontificia en mayo de 1982, dirigida por Antonio Vazquez Fernández. La monja
Mercedes habló a veces conmigo, que le presté bibliografía; su convento estaba en la Calle Pollo Mar-
tín. Me comentó cómo también entre los teólogos había machismo, a las monjas las ninguneaban, la
Iglesia oficial no las dejaba destacar en teología.
8. APÉNDICE 1
En El Adelanto de Salamanca:
– “Consideraciones sobre el Aborto” - 6 de diciembre de 1979.
– “San Violentin” (sobre violaciones) - 14 de febrero de 1980.
– “A favor de las niñas” - diciembre 1980.
– “Sobre divorcio” - 1979-1980?
– “¿Femeninas o feministas?” - 30 de noviembre de 1980.
– “Mujer y publicidad” - enero de 1981.
– “8 de marzo. Día Internacional de la Mujer Trabajadora” - 8 de marzo de 1981.
– “La ley de divorcio, un poco de historia” - 18 de Marzo de 1981.
– “El día de la madre” - 3 de mayo de 1981.
– “El aborto, actitud pro elección” - 16 de enero de 1982.
– “El viaje apasionado” (sobre la lucha de las sufragistas) - 25 de febrero de 1982.
– “La violación, tema molesto que se silencia” - 4 de marzo de 1982.
– “Nota de la Asamblea de Mujeres de Salamanca” - 12 de marzo de 1982.
– “Por la legalización del aborto y la amnistía de las 11 mujeres de Bilbao” - 16 de
marzo de 1982.
– “Por qué pedimos el derecho al aborto” - 18 de marzo de 1982.
– “La Asamblea de Mujeres de Salamanca ante el 8 de marzo” - 8 de marzo de 1984.
Artículos enviados a El Adelanto que no fueron publicados:
– “Gary Cooper: el único interlocutor adecuado”, artículo muy cuidado, que escribió
Rosario Cortés a raíz del estreno de la película de Pilar Miró “Gary Cooper que estás
en los cielos”. Charo, citaba a Carmen Martín Gaite porque le había impresionado
la inteligencia y precisión de Carmen en “La busqueda del interlocutor”, al descri-
bir las cualidades que debe tener el que escucha.
En otros periódicos o revistas:
– “¿Qué quieren las feministas?”, periódico Nuestro Barrio Asociacion del Barrio de
San Bernardo. Marzo 1985, nº 13.
– “Las novelas del corazón, subliteratura para mujeres”, Revista Trama (revista uni-
versitaria de alcance interdisciplinario), numero cero. Salamanca. 1984.
Cartas al director, aparecidas en “El Pais”:
– 3 Dic. 1985, “¿Qué Es el feminismo?”, en respuesta a un artículo de Lidia Falcón apa-
recido en El País el lunes 25 de noviembre página 32. También aparecieron otras
que no he conservado.
Carta publicada en Dunia:
– En Diciembre de 1983 envié una carta sobre el libro de Colette Dowling El Com-
plejo de cenicienta. El miedo de las mujeres a la independencia, Editorial Grijalbo,
1982. Apareció publicada poco después.
9. APÉNDICE 2 (fechas)
1984. Mural en el Paseo de San Vicente, enfrente de la cafetería “El Pato Rojo”, “por
unos juguetes creativos y no sexistas” (Fig. 5).
1984. De octubre a diciembre campaña en contra de las violaciones. Asistencia al
Juicio en el que se juzgaba a 2 presuntos violadores, la abogada de la acu-
sación fue María Dolores Torres Vizcaya. Al juicio asistimos un grupo de la
Asamblea de Mujeres y ese día hablamos en Radio Popular de Salamanca. A
ese programa asistió la citada abogada y se habló ampliamente de lo que con-
sideramos las mujeres por violación y por qué no se denunciban todos los
casos.
1984. Conferencias en pueblos de la provincia de Zamora. En Toro hablamos sobre
“El movimiento feminista, los anticonceptivos y el aborto” en Mayo de 1984.
En Piedrahíta (Ávila) el 6 de diciembre de 1984.
Conferencias en Valdemardán, Badillo de Guareña y otros pueblos próximos
a Toro.
1985, Enero. Mesa Redonda: “Por un juguete creativo no sexista”, en la Casa Munici-
pal de Cultura de Salamanca.
1985. Restauramos el mural “Por un juguete creativo no sexista”. (Fig. 5).
1985, Día 8 de Febrero. Conferencia en Los Santos (Salamanca).
1985 Marzo. Pintamos el mural “10 años de lucha feminista”, en la Plaza del Oes-
te (Fig. 14). Mural “10 años de lucha feminista” en El Corrillo.lo pintó Marta
Sánchez Marcos amiga mía (Fig. 6), Mural “Ni guerra que nos destruya ni paz
que nos oprima”, en el Barrio de Garrido, Salamanca.
1985 Campaña contra las violaciones. Fotos con muñeco, “Tiro al violador”. Repar-
to de panfletos en El Corrillo (Fig. 13).
10 de Marzo de 1985. Proyeción de un vídeo de Carmen Sarmiento sobre “La Mujer en
el tercer Mundo”, en la Biblioteca Municipal. Plaza Gabriel y Galán, 14.
1985. días 2 al 7 de marzo. Exposición “Chicas, Chicas, Chicas”. Exposición de
imágenes y documentos feministas. En la Galería Lazarillo, Calle José Jaúre-
gui 16, Salamanca.
1985 del 4 al 6 de Marzo en el mismo lugar de la exposición: Proyección de vídeos:
día 4 a las 7,30 en la Galería Lazarillo, “Las noches de Cabiria”; dia 5 “Histo-
ria de Piera”; día 6 “Locura de mujer”.
1985. 4.500 mujeres se reunieron en Barcelona en las Jornadas conmemorativas de
los 10 años de lucha feminista.
1985-7 Diciembre. Sábado Cena-Fiesta-Feminista en Garrido, celebración de Diez Años
de Lucha Feminista, cantamos y bailamos y lo pasamos estupendamente,
costaba 300 pesetas
En 1985 teníamos local en la Calle Concejo, 1-4º, que compartíamos con los
del Comité antinuclear.
1986. Mural: “Empleada de hogar exige tus derechos” y otro de la Mujer trabaja-
dora en el Barrio Garrido (tengo diapositivas).
1986. Septiembre a diciembre de 1986. Encuentros de Mujeres en Madrid. Campa-
ñas de autoinculpaciones de aborto en solidaridad con los procesados por
presuntos delitos de aborto: Jesús Fiel, Marcelina Martín y Jesús Nieto de la
Clínica Canalejas de Salamanca.
Octubre 1986. Encierro en Sanidad y manifestación en Salamanca por la Gran Vía que
terminó delante de la cárcel, en solidaridad con los procesados por presun-
FIGURA 4.–Carmen Castrillo, María Monedero, Marisa Méndez, Pilar y otra, en bici disfra-
zadas de sufragistas, con carteles en la espalda. Calle Federico Anaya (7-3-1982).
Foto de Francisco Navarro.
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RESUMEN: Hasta hace pocos años, el Turismo Cultural en España estaba res-
tringido a unas cuantas ciudades monumentales, Museos importantes y algunas fies-
tas como la Semana Santa, Feria de Sevilla o las Fallas. Tenía escasa aceptación,
porque sus recursos eran poco conocidos y las deficiencias en promoción e infra-
estructuras eran grandes y poco importantes las repercusiones socioeconómicas.
Han cambiado mucho las cosas y hoy el Turismo Cultural, en general y en Cas-
tilla y León, tiene muchos seguidores y es ya una fuente de ingresos económicos
en la región cada día más importante. Cuenta con muchos, variados e interesan-
tes recursos, conocidos y aprovechados, gracias a una promoción cada día mejor
y por el creciente interés de los que están relacionados con el mismo.
Este auge creciente del Turismo Cultural ha contado en Castilla y León, con
un importante evento que ha contribuido a darle gran impulso y que se interese
por el mismo mucha gente. Se trata de Las Edades del Hombre, original exposi-
ción de parte de la riqueza histórico-artística regional, de acuerdo con un proyecto
docente-religioso-cultural y realizada en las Catedrales de la región. Su interés lo
ratifica el haberla visitado más de 6 millones de personas en las 8 fases realiza-
das, siendo el acontecimiento de esta índole, más importante celebrado jamás en
España. Por esto han sido imitadas en otras regiones españolas, como ahora en
Murcia con Huellas, pero sin alcanzar, ni con mucho, el éxito registrado en Cas-
tilla y León. Además, han tenido muchas e importantes repercusiones culturales y
turísticas y se puede decir que, en Castilla y León, ha habido un antes y después
respecto a Las Edades del Hombre.
ABSTRACT: Until recent times, cultural tourism in Spain had been traditionally
restricted to a few cities, Museums and some popular festivities like Semana San-
ta, Feria de Abril (Sevilla) or Las Fallas (Valencia). It had little acceptance due to
the lack of available information, and the deficiencies in promotion and infrastructures.
Nowadays, cultural tourism in Castilla y León has become a major income sour-
ce, due to the increasing number of visitors and the appropriate promotion under-
taken by the administration, enterprises and experts. This growing importance of
cultural tourism in our region has benefited from the impact of Las Edades del Hom-
bre, a cultural project aimed at exhibiting the religious art heritage of Castilla y Leon,
through periodic exhibitions in the Cathedrals of the region. Since 1989, they have
been visited by more than 6 million people, and have substantially contributed to
the development of the tourism sector in Castilla y León.
PALABRAS CLAVE: Edades del Hombre / Turismo Cultural / proyecto docente
/ Castilla y León.
hecho y lograr estancias más largas y gastos mayores, con las consiguientes y
beneficiosas repercusiones socioeconómicas para el sector y la economía de los
espacios afectados.
Hasta hace muy poco tiempo, el Turismo Cultural era una modalidad, a la que
se le prestaba poca atención, pero esto ha cambiado radicalmente. Hoy presenta
gran dinamismo en España, no sólo en regiones interiores que han encontrado en
él un interesante filón para su precaria economía en el mundo rural, sino también
en las zonas con turismo playero y por las causas citadas antes. Tenemos en Espa-
ña y, en particular, en Castilla y León, muchos, variados e interesantes recursos turís-
ticos, que cada día gozan de más aceptación. A la vez, se interesa por ellos la Admi-
nistración en todos sus niveles, por razones políticas, no siempre muy eficaces. También
los empresarios están ya convencidos de su importancia y le prestan cada vez más
atención y son mayores las inversiones para aumentar y mejorar las infraestructu-
ras hosteleras, en las ciudades monumentales y en zonas rurales, con paisajes, con-
juntos arquitectónicos y otros recursos interesantes. Asimismo, se hacen más y mejo-
res estudios sobre el sector, lo que ayuda al mejor conocimiento de sus características,
posibilidades y ventajas y al aprovechamiento racional y sostenible de los mismos.
Las inversiones se han incrementado mucho, al igual que las instalaciones, pero
aún están a años luz de las que se hicieron y siguen haciéndose en el turismo de
Sol y Playa. No se puede negar que se ha avanzado mucho en este sector en los
últimos años, en el desarrollo del Turismo Cultural. Castilla y León no es una excep-
ción y hoy está en el grupo de cabeza de las regiones que más han avanzado en
esto y ha experimentado también dicho sector, un considerable desarrollo, casi impen-
sable hace muy pocos años.
Los resultados no siempre son proporcionales al interés de los recursos exis-
tentes y al esfuerzo e inversiones realizadas, al ser reciente este interés, no estar
consolidada ni ser modélica la promoción del sector, estar poco estudiados y pla-
nificados, participar poco en todo ello expertos y empresarios del sector y hacer-
lo algunos más por motivaciones políticas que por el interés real del propio sec-
tor. Pero sí ha habido un gran avance y desarrollo y, sobre todo, se ha creado en
regiones como Castilla y León una conciencia social, política y empresarial sobre
la importancia y posibilidades del turismo, algo impensable hasta hace poco tiem-
po. Es decir, se ha creado algo muy importante para cualquier actividad y más una
como la turística, crear un ambiente propicio a la misma, no sólo entre todos los
interesados en impulsarla, Administración, empresarios y expertos, sino entre la pobla-
ción, que ya es consciente de la importancia que tiene el desarrollo del sector, para
la conservación de los recursos, y el desarrollo económico, algo en lo que ellos
también están involucrados e interesados. Pero este interés, no pocas veces se exa-
gera, no está justificado, al considerar al Turismo como la panacea que resolverá
todos los males, en vez de considerarlo como una alternativa posible que puede
contribuir a mejorar la economía de algunas ciudades, lugares y comarcas, pero
no siempre, en cualquier lugar y de cualquier forma, como creen algunos. Man-
tiene su vigencia el principio latino: In medio, virtus.
– El que muchos recursos del Turismo Cultural son señas de identidad colec-
tiva para muchos.
– Más y mejor promoción del sector a todos los niveles, aunque haya aún
muchas deficiencias.
– El impulso dado a este tipo de Turismo por actividades como Las Edades de
Hombre.
Estas son las Causas generales, gracias a la cuales el Turismo Cultural ha pasa-
do a tener una presencia e importancia cultural, social y económica destacada, impen-
sable hace unos años, en que, sobre todo, se invertía, promocionaba y demanda-
ba el turismo de Sol y Playa. Estas Causas han logrado dar al Turismo Cultural un
gran impulso, hasta alcanzar unos niveles de desarrollo interesantes, en la cuantía
de los participantes y repercusión socioeconómica, en el mundo rural como en el
urbano, pues no se puede asociar esta modalidad sólo con las ciudades monumentales.
En Castilla y León, también han sido las Causas citadas las impulsoras del Turis-
mo Cultural regional, en general. Pero, además, ha habido un acontecimiento cul-
tural que ha tenido una singular y destacada participación e influencia en el desa-
rrollo del mismo, Las Edades del Hombre, con su peculiar, original y singular
manera de presentar a la gente la importante riqueza patrimonial propia, sensibi-
lizarla en este sentido, hacer que las sintieran y consideraran como propias, como
una de sus señas de identidad colectiva, a la vez que han mostrado las grandes
posibilidades culturales y turísticas que tiene el patrimonio existente. Además del
gran impulso para el Turismo Cultural regional, han servido para valorar, en su
justa medida, el interesante patrimonio histórico monumental y cultural existente
en la región, consecuencia de su importante historia, algo que muchos, portado-
res de grandes anteojeras, negaban o ignoraban. Asimismo esta singular muestra,
ha sido pionera en España en la recuperación y puesta en valor de la riqueza his-
tórico-monumental existente en otras regiones españolas, habiéndose celebrado mues-
tras similares en otros muchos lugares, con repercusiones culturales, socioeconó-
micas y turísticas a las de Castilla y León, pero en menor cuantía. Es indudable
que en Castilla y León y, sobre todo, en las ciudades-sede en las que se han cele-
brado Las Edades del Hombre, ha habido un antes y un después, en el turismo en
general y, en particular, en el Turismo Cultural.
de Medina, Alba, Peñaranda, La Armuña y Los Torozos, entre otras, por citar sólo
alguna de las comarcas que hay en dicho espacio regional, con claras diferencias
paisajísticas entre ellas y destacado interés en la mayor parte de las mismas. Se demues-
tra así la diversidad paisajística regional y de los Recursos Turísticos Culturales de
esta procedencia, también en claro auge y aceptación, como los de índole histó-
rico-artística.
Junto a la diversidad paisajística regional hay que citar la del poblamiento
rural, en estrecha relación con lo anterior. La población rural ha llevado a cabo la
construcción de sus casas, de instalaciones diversas para las explotaciones agro-
pecuarias, con unas características peculiares que hacen de ellas también intere-
santes recursos turísticos, por sus materiales, formas, adecuación al entorno y los
recursos económicos y culturales. También están en ellos los castillos, molinos y
palomares y que, en muchos casos, también son hoy interesantes Recursos Turís-
ticos Culturales, pese al estado en que se encuentran muchos de ellos, las pérdi-
das por la intensa emigración y las construcciones recientes de clara influencia urba-
na y escaso interés turístico. Tanto en las zonas montañosas como en los páramos,
altiplanicies centrales, Campiñas y Riberas, hay pueblos, caseríos, castillos y palo-
mares, legado del pasado histórico en el mundo rural, con una interesante arqui-
tectura y que son hoy, pese a los cambios por construcciones modernas, destruc-
ciones y abandono, interesantes recursos del Turismo Cultural y Rural. Castilla y
León no es una excepción en esto, y cuenta con una arquitectura rural tradicional
interesante, como lo demuestra el más de un centenar de pueblos que son Con-
junto Histórico, sus numerosos castillos y otras construcciones populares. Por eso,
cuenta también en este sector con interesantes Recursos Turísticos Culturales, aun-
que muchos no lo crean así, ni tenga para ellos demasiado interés e importancia
todo esto
Este trabajo no tiene como finalidad estudiar con detalle los Recursos Turísti-
cos Culturales de Castilla y León, sino hacer una defensa sencilla del interés y diver-
sidad de los paisajísticos, la arquitectura rural tradicional y los histórico-monumentales,
parte de los cuales han sido expuestos en las diferentes fases de Las Edades del
Hombre. Además, pretendo contribuir a desterrar la imagen errónea del paisaje de
Castilla y León, como uniforme, monótono y feo. Esto tiene importantes y negati-
vas repercusiones en el sector turístico, ya que exige un mayor esfuerzo para con-
vencer a la gente de lo contrario y que vengan a la región, al no resultar atracti-
vo para muchos hacerlo, al tener una imagen poco positiva de la misma. Lo
primero que hay que hacer es convencerles de lo contrario. Esto es un importan-
te obstáculo para el desarrollo del Turismo Rural y también el Turismo Cultural ,
pues difícilmente va a venir nadie a disfrutar de sus paisajes, pueblos y otras
muchos atractivos del mundo rural, si se tiene la creencia, errónea pero para
muchos no, de que es un paisaje monótono, triste y feo. Se reducen mucho las
posibilidades de desarrollo turístico y lo primero que hay que hacer es desmontar
tal imagen, lo que obliga a un mayor esfuerzo y a una promoción diferente. De
forma abreviada se exponen a continuación los principales Recursos Turísticos
Culturales que hay en Castilla y León. Esta relación pone de manifiesto, una vez
más, su abundancia, diversidad e interés.
A) PATRIMONIO NATURAL
– Territorio con paisaje variado e interesante, a escalas diferentes al de otras
regiones.
– Importancia territorial, diversidad e interés en las formas, de los espacios natu-
rales Protegidos.
– Interés y diversidad de la flora y fauna en Castilla y León.
– Hidrografía variada con formas únicas, peculiares e interesantes, como en
Las Arribes del Duero.
B) PATRIMONIO HISTÓRICO-MONUMENTAL.
– Importantes y abundantes restos prehistóricos y arqueológicos por toda la región.
– Arquitectura rural, variada e interesante, consecuencia de la diversidad
del medio natural, usos del suelo e importancia histórica.
– Extensas superficies con paisaje adehesado, considerado modélico por la
UE.
– Variedad de paisajes derivados de la secular y variada acción humana en
el medio natural.
– Embalses e importantes construcciones hidroeléctricas, con grandes posibi-
lidades deportivas.
– Interesante arquitectura militar: castillos, murallas y fortificaciones fronte-
rizas.
– Muchas e interesantes casonas, iglesias, puentes y conventos.
– Numerosas e interesantes ermitas emplazadas en lugares singulares.
– Cerca de un centenar de interesantes pueblos que son Conjunto Histórico Nacio-
nal.
– Tres Ciudades Patrimonio Cultural de la Humanidad y otras con interesante
monumentalidad.
– Extensa, interesante y desaprovechada red de Cañadas, Cordeles y Veredas.
– Artesanía de calidad y variada.
– Puerto fluvial de Vega Terrón, Salamanca, con posibilidades de cruceros has-
ta Oporto.
– Instalaciones para la práctica del deporte de la nieve en diferentes lugares.
– Balnearios en interesantes paisajes y con larga tradición.
– Tramos ferroviarios con posibilidad de trenes turísticos interesantes: La Fuen-
te-Vega Terrón.
– Campos de golf, en parajes singulares y con modernas instalaciones.
C) PATRIMONIO CULTURAL
y el interés por el Turismo Cultural, la realización de Las Edades del Hombre, con
su peculiar, original y singular manera de presentar una parte de su interesante patri-
monio histórico-artístico e interesar a la gente por la gran riqueza patrimonial pro-
pia y ser pioneras en este aspecto en España. Ha habido, además, otras muchas
causas en el auge del Turismo Cultural, algunas señaladas antes, logrando entre
todas, impulsar el desarrollo de estos recursos hasta unos niveles impensables
hace muy pocos años. El Turismo Cultural busca con su promoción y desarrollo,
explotar unos recursos interesantes, pero poco conocidos y aprovechados turísti-
camente hasta hace poco, contribuir a conservar mejor tales recursos, mejorar y
diversificar la oferta turística, incrementar la cuantía de visitantes, lograr estancias
más largas, con las consiguientes y beneficiosas repercusiones socioeconómicas para
el sector y la precaria economía regional y, sobre todo, de muchas zonas rurales
en las que se encuentran tales recursos.
Por todo lo expuesto antes, queda demostrado, aunque haya sido de manera
muy general, el interés, diversidad e importancia de los Recursos Turísticos Cultu-
rales de Castilla y León, incluso los relacionados con el Patrimonio Natural regio-
nal. Quien conozca el territorio no puede negar que posee un paisaje variado e
interesante, aunque, como señalé antes, desde la Generación del 98 se ha difun-
dido, y aún perdura, la imagen errónea de que es uniforme, monótono y feo. Resul-
ta chocante que se diga esto de un territorio que está rodeado de un cinturón mon-
tañoso, con bastante diversidad paisajística, reconocida al haber sido declaradas muchas
zonas del mismo espacios naturales Protegidos en alguna de sus formas. El terri-
torio de altiplanicies centrales que rodea dicho cinturón, también presenta bastante
diversidad, aunque a escalas y con formas diferentes a las de otras regiones espa-
ñolas y con otros elementos paisajísticos de los que tienen los espacios montaño-
sos. Además, es opinable que el canon de belleza paisajística sea sólo la acciden-
tada morfología.
Esta riqueza, diversidad e interés de los Recursos Turísticos Culturales y los cam-
bios socioeconómicos en la sociedad española, explican el interés adquirido por
el Turismo Cultural en la región, en diversas manifestaciones histórico-artísticas y
paisajísticas, al igual que en otras muchas regiones españolas. Pero su participa-
ción en la economía, está por debajo de las posibilidades existentes. Recordemos
que el año pasado, el turismo sólo aportó a la economía regional el 6% de su PIB,
cuantía importante si se compara con la de sólo diez años atrás, pero todavía muy
lejos del 11% que aporta a la economía española y, más aún, en las principales
regiones turísticas.
Las Edades del Hombre han sido una de las causas del cambio e incremento
registrado en la aportación del turismo a la economía regional y del auge del Turis-
mo Cultural en Castilla y León. También lo han sido del cambio experimentado
en muchos que, antes de tal acontecimiento cultural, no creían en el Turismo Cul-
tural. Su éxito, en gran medida, es debido a que han mostrado una parte de esta
riqueza histórico-artística, de forma interesante y atrayente, con originalidad e imagi-
nación, dentro de un proyecto docente-religioso-cultural, con objetivos concretos
que han sido comprendidos y captados por la gente y aceptados por casi todo el
mundo, cualquiera que sea su nivel cultural, y que se ha identificado con ellos.
No sólo buscaban mostrar dicha riqueza como una exposición más, sino que pre-
tendía algo más profundo y trascendente, a la vez que sencillo. Demostrar la
importancia de nuestra riqueza histórico-monumental, consecuencia del intere-
sante pasado histórico y como señas históricas y culturales de nuestra identidad
colectiva. Y lo han conseguido, como ha quedado ya bien demostrado por la res-
puesta masiva y satisfactoria de todas las fases realizadas hasta el momento. Su éxi-
to es también, la mejor confirmación de la abundancia, diversidad, interés e impor-
tancia de los Recursos Turísticos Culturales existentes en la región.
Esta importante riqueza paisajística, histórico-artístico y cultural de Castilla y León
a la que he hecho referencia antes de forma general, ha llegado hasta hoy, pese a
la desidia, abandono, destrucción y expolio de que ha sido objeto, hasta hace poco,
muchos de tales recursos. No se le ha prestado atención a edificios históricos y,
menos aún, a los de pequeño tamaño, obras de arte y de artesanía popular, que
han sufrido un brutal expolio desde hace mucho tiempo, además de las impor-
tantes pérdidas por desidia y abandono. Tampoco se le prestó atención a la arqui-
tectura popular, original y adecuada a la geografía e historia de las comarcas de
Castilla y León. Muchos pueblos, con interesantes caseríos, por su arquitectura tra-
dicional y adecuación con el entorno, han sido radicalmente transformados y han
perdido el interés cultural y turístico, por las nuevas construcciones realizadas con
materiales, formas, volúmenes, colores y usos sin ninguna adecuación con su geo-
grafía e historia.
Este desinterés cultural era aún mayor desde el punto de vista turístico, ya que
consideraban que tales cosas no tenían ningún valor, al creerse que, turísticamen-
te, sólo interesaban el Sol y la Playa y alguna ciudad monumental, museos inte-
resantes y lugares destacados por su riqueza monumental, pero con poca reper-
cusión socioeconómica, al ser explotados con escasa efectividad y sin una perspectiva
económica. Las Edades del Hombre y la actuación de instituciones y personas en
pro de la recuperación del patrimonio, han puesto de manifiesto la importancia
de tales recursos y han hecho que se le preste más atención, se les valore por lo
que son histórica y culturalmente, pero también desde el punto de vista turístico,
con el lógico incremento y mejora de la citada actividad en la región y de las posi-
tivas repercusiones económicas y en la recuperación y conservación de los pro-
pios recursos y en la economía regional.
ya señalé antes, han tenido destacada influencia en Castilla y León Las Edades del
Hombre, al poner de manifiesto el interés, importancia, diversidad y aceptación popu-
lar de tales recursos, cuando son expuestos con originalidad, imaginación, senci-
llez y buen gusto, demostrando, además, sus grandes posibilidades turísticas. Pero
muchos se preguntarán, qué son Las Edades del Hombre. Para quien no las conoz-
ca, ni haya visitado alguna de las ocho fases realizadas hasta la fecha, hemos de
decir, de manera abreviada, que es una exposición de arte religioso, que se viene
celebrando en las Catedrales de Castilla y León desde el año 1989, con unos obje-
tivos concretos, más profundos e interesantes que los de una simple muestra de
arte sacro y con unas características peculiares que la hacen ser original, intere-
sante y diferente a las de su género celebradas antes.
La elevada y sorprendente cifra de visitantes en las ocho fases celebradas en
la región, Valladolid, Burgos, León, Salamanca, Burgo de Osma, Palencia, Astorga
y Zamora, más de seis millones, lo confirman. Hay que destacar que la aceptación
y éxito ha sido similar en todas, desde la primera celebrada en Valladolid hasta la
última realizada en Zamora, aunque el impacto de la primera fue mayor, por la
novedad y el haber reunido una extraordinaria selección de obras de arte de toda
la región difícilmente igualables. Lejos de cansar y perder interés en las sucesivas
fases, como podría pensarse, son esperadas con expectación en las ciudades-sede
y por muchos que son ya asiduos visitantes de ellas. Esto confiere a dicha mani-
festación artística otra interesante característica, el que no ha cansado, pese a que
ya van ocho fases con características similares, en los objetivos generales, pero dife-
rentes en cada fase. Esta afluencia de visitantes a Las Edades del Hombre, es la mejor
demostración del interés del Turismo Cultural en la región, al ser una clara mani-
festación del mismo.
Las Edades del Hombre han sido el acontecimiento cultural contemporáneo más
popular e importante, con más visitantes de los celebrados en España. Varias de
sus fases han superado, con mucho, a las más importantes exposiciones antológi-
cas celebradas en Madrid y Barcelona, pese a que éstas han contado con gran apo-
yo institucional, de los medios de comunicación y son dos grandes ciudades, con
muchos más potenciales visitantes que Castilla y León. Esto no ha ocurrido en Las
Edades, pues la sede en las que se han celebrado eran pequeñas ciudades, excep-
to en el caso de la primera, en Valladolid, pero aún así, es una ciudad mucho menor
que las citadas antes. Otro tanto ha ocurrido, también, en las exposiciones reali-
zadas a imitación de Las Edades del Hombre en otras regiones españolas, como la
celebrada hace algún tiempo en la Catedral de Valencia,“La Luz de las Imágenes”,
otra en Oviedo, Orígenes, en Zaragoza y Valencia, con una afluencia muy inferior
a la de cualquiera de las fases celebradas aquí. Ahora se está celebrando otra simi-
lar en Murcia, “Huellas”, montada por el mismo equipo que ha hecho el montaje
de Las Edades del Hombre Recordemos que tres de las fases, Valladolid, León y
Salamanca, recibieron más de tres millones y cuarto de visitantes, en la de Sala-
manca fueron 1,3 millones, que dos de las sedes, Burgo de Osma y Astorga, son
ciudades pequeñas y por ello, con pocos potenciales visitantes propios y, sin
embargo, recibieron más de medio millón cada una, confirmándose la anterior afir-
mación en cuanto a la importancia y atractivo de tan singular muestra, Las Edades
del Hombre y del Turismo Cultural en Castilla y León.
Quiere esto decir que, la inmensa mayoría de los visitantes en todas las fases
eran foráneos a la sede en la que se celebraba la Muestra, y una parte importan-
te de los mismos, procedía de fuera de la región, lo que confirma y acrecienta el
interés y atractivo de la misma. Esto se ratifica si la comparamos con otras impor-
tantes muestras culturales similares. La Exposición Antológica sobre Velázquez,
Madrid 1989, la más visitada de las de este tipo celebradas en España, recibió poco
más de medio millón, bastantes menos que la 1ª de las fases de Las Edades cele-
brada simultáneamente en Valladolid y que fueron 980.000 personas, y bastantes
menos que en Salamanca, con 1,31 millones, pese al indudable interés de la cita-
da exposición, celebrarse en Madrid y contar con una extraordinaria promoción
por parte de los medios de comunicación nacionales, mientras que aquí la princi-
pal difusión y promoción fue la que hicieron los propios visitantes. Salvando las
diferencias y con un significado cultural, se podría aplicar a Las Edades del Hom-
bre lo que Cervantes dijo de la batalla de Lepanto: “La más alta ocasión( muestra
cultural) que vieron siglos pasados, los presentes y esperan ver los futuros”.
Además de la gran afluencia de visitantes a Las Edades del Hombre en todas
las fases y su procedencia de fuera de la ciudad, provincia y región, hay que des-
tacar la heterogénea pertenencia de los visitantes, pertenecientes a los más diver-
sos grupos humanos y de toda condición social. Pertenecen por igual a ambos sexos,
a todas las edades y a gentes de toda condición social y niveles culturales. El inte-
rés ha sido generalizado en cualquier colectivo humano, rural o urbano y cualquiera
que sea su pertenencia y composición demográfica, socioeconómica y cultural. Se
han podido ver en todas las fases y también en la en la última de Zamora, grupos
de niños y adolescentes, pertenecientes a colegios e institutos, públicos y priva-
dos. También son numerosos los visitantes de la 3ª Edad, Asociaciones culturales
diversas, familias, grupos de amigos y mucha gente aislada que acude a visitarlas,
como tantos otros, atraídas por el interés que suscita la exposición, por la origi-
nalidad, la calidad de lo expuesto y del marco en el que está y el éxito de las fases
anteriores. Esto no suele ser frecuente en las exposiciones clásicas, con un públi-
co específico, mucho menos heterogéneo en la procedencia y condiciones socio-
culturales y económicas de sus visitantes, cosa que sí ocurre en Las Edades.
En apartados anteriores se han señalado diversas características de Las Edades
del Hombre. Así, su considerable afluencia de visitantes, mayoritariamente foráneos,
no sólo de las ciudades-sede, sino de la región lo que acrecienta su importancia
y las repercusiones socioeconómicas. En efecto, se estima que en torno al 60% pro-
ceden de otras regiones españolas, particularmente de las limítrofes con Castilla y
León, sobre todo de Madrid. Esto le ha dado una proyección social y geográfica
muy importante. Además, se ha tratado de una muestra que ha sabido mantener
el interés y la aceptación popular desde el comienzo, cosa nada fácil en un acon-
tecimiento de este tipo y que ya va por la 8ª fase, lo que podía haber producido
Nuestros castillos, la mayor parte están medio abandonados, en ruinas, sin aten-
ción alguna ni aprovechamiento o utilidad, cultural y turística. Por fin, se ha dado
un primer paso en este sentido en Peñafiel, donde se ha restaurado su singular e
interesante castillo, se le ha dado una finalidad acorde con la zona, el Museo del
Vino. Los positivos resultados turísticos de tal medida están a la vista y parece que,
tan interesante iniciativa, está empezando a tener más seguidores en el caso de
otros castillos. Esperemos que así sea. El interés histórico y cultural de nuestros
castillos, el privilegiado emplazamiento de muchos de ellos es innegable, como lo
es también su escasa importancia turística, el poco partido que se le ha sacado.
Tales características de nuestros castillos están recogidas en la siguiente coplilla:
“Galeras de Castilla, señoriales/ reliquias de la historia y la aventura/ que guardan
la quietud de la llanura,/ por encima del mar de los trigales”. Confiemos que ini-
ciativas como Las Edades del Hombre y la del castillo de Peñafiel, sirvan de acica-
te y estímulo, para hacer algo similar con otros muchos Recursos Turísticos Cultu-
rales que hay en la región, pero que siguen durmiendo en el limbo de los justos,
siendo muy escaso su aprovechamiento cultural y turístico.
También hay decir que, gracias a esta muestra, los Recursos Turísticos Cultu-
rales citados, están siendo el factor principal del reciente desarrollo del sector
turístico en Castilla y León. Nadie puede negar ya que Las Edades del Hombre han
tenido una destacada influencia en dicho auge, al hacerlo en el Turismo Cultural,
el más importante en la región dentro del sector. Además, hay que reconocerle el
mérito de que han confirmado que Castilla y León posee una gran riqueza y diver-
sidad de recursos turísticos de índole artístico-cultural, demostrado en las ocho fases
celebradas. Asimismo, la citada muestra, ha tenido otra destacada característica: Ha
sido un importante revulsivo para que todos en la región, responsables políticos, rela-
cionados con los citados recursos, expertos y la gente en general, tomen concien-
cia, se percaten del interés, calidad de tales recursos e importancia histórica, cul-
tural y turística y los valoren en su justa medida, cosa que no ocurría antes. De
ahí que apenas hubiera interés por muchos de ellos, no se valorara la ingente rique-
za existente y, menos aún, se preocupara nadie por sacarlos del abandono en que
estaban muchos de ellos, no se les valorara y unos fueran destruidos para instalar
en su lugar construcciones modernas y otros fueran objeto de un insaciable expo-
lio, que ha sacado muchas obras de arte fuera de la región, no pocas veces, con
la colaboración directa o inconsciente de gentes de estas tierras, muchas veces por
ignorancia o apatía.
Las Edades del Hombre han demostrado, entre otras muchas cosas, aunque no
era ese su principal objetivo, que era posible suscitar el interés de la población
respecto a los recursos culturales e histórico-monumentales, siempre que se les pre-
sente con imaginación, originalidad y buen gusto, en un marco adecuado, las cate-
drales, y con unos objetivos concretos, didáctico-religioso-culturales, no sólo con
la finalidad de que las gentes admiraran su interés artístico. Además, no han teni-
do ánimo de lucro, pese a su elevado coste, ni de lucimiento, ni protagonismo de
nadie, cosa poco frecuente y menos aún, cuando el éxito ha sido tan grande
desde la primera a la última fase. Es una actividad cultural que ha sabido conec-
tar con los intereses y gustos de la población, cualquiera que fuera su edad, nivel
cultural, condición social y lugar de residencia, cosa nada fácil pero muy impor-
tante en los resultados. La población regional ha considerado Las Edades del Hom-
bre, la gran riqueza cultural que han mostrado y el interés monumental de las cate-
drales en las que se exhiben, como algo propio, demostración de la importancia
de su historia y cultura y señas de su identidad cultural colectiva. El éxito ha sido
tan grande que ha sorprendido a propios y a extraños.
P. Velicia en el Prólogo del Catálogo de la primera fase: “Contar una historia a tra-
vés del arte y una historia cuyos protagonistas no fueran los estilos, ni las épocas,
ni los autores, sino el hombre”.
El citado promotor y padre de tan genial idea, tuvo muy claro desde el prin-
cipio y así se lo manifestó a los responsables de Caja Duero, obispos de Castilla
y León y responsables políticos regionales, que la apoyaron para llevarla a cabo.
No pretendía ofrecer una muestra antológica de la variada e interesante riqueza
artística existente en la región, sino algo más profundo, complejo y original. Pre-
tendía que los iconos religiosos, desplazados del lugar y el entorno para el que
fueron creados y mudos, recuperaran su voz, el mensaje que siempre difundieron,
religioso, cultural y estético, y que durante siglos transmitieron. Además, lo pre-
sentó con imaginación y buen gusto en un marco adecuado y supo conectar con
la población, cualquiera que fuera su condición social, edad o nivel cultural, como
lo confirma la respuesta masiva que han dado en todas las fases.
Ésta es la idea central del proyecto que subyace, está latente en todas las fases
y es causa por la que Las Edades del Hombre han sido diferentes y mucho más
que una mera exposición artística, por muy importantes que hayan sido las obras
seleccionadas. No pretenden mostrar la riqueza artística existente en Castilla y
León, sino algo más profundo y trascendente y en eso, ha residido buena parte
de su éxito. Pretenden conseguir con ellas un fin complejo y profundo, didáctico-
religioso-artístico-estético-cultural y sin pretenderlo, también turístico, mostrando
para ello parte del rico legado histórico-artístico existente en la región. Así lo reco-
nocen los obispos en el Prólogo de la 6ª fase celebrada en Palencia: “Por eso los
obispos de Castilla y León, no quisiéramos que cuantos visitan esta exposición lo hagan
simplemente como curiosos. Nuestro deseo es que recorran un camino, el mismo de
miles de hermanos nuestros que nos precedieron con el signo de la fe en Jesucris-
to, camino que lleva a la vida. Hay que abrir los ojos y mirar, para ser conscientes
de que, cuanto se ve, es herencia propia. Memoria viva, raíces vitales y luces de espe-
ranza... Lo que hoy se denomina patrimonio artístico de la Iglesia no son bienes de
consumo que satisfacen sólo apetencias estéticas de los turistas, ni objetos para el
comercio o para el prestigio de quien los posee. No es para el disfrute de uno pocos
privilegiados... Aquí, siguen diciendo, se pueden llegar a tocar las raíces de ese
árbol majestuoso del que todos formamos parte, por ser miembros de la sociedad
castellano-leonesa, española, occidental... Las obras que se muestran están termi-
nadas, pero no acabadas... porque el Dios de quien habla esta catedral... sigue vivo
y actuando y en sus obras concede a los hombres también derechos de autor”. La
cita es bien significativa al respecto.
Las Edades del Hombre han buscado que los iconos expuestos, la obra de arte,
surgida por la necesidad del hombre de crear y para dar respuesta a interrogan-
tes que subyacen en lo más profundo de su ser, a cuestiones que le han preocu-
pado a lo largo de la historia, recuperen el lenguaje, se restaure el diálogo que
han mantenido durante siglos con el hombre. En el mensaje dado en el Concilio
Vaticano II a los artistas, hay clara referencia a esto y que, sin lugar a dudas,
obras se presenten en el ambiente sacro en el que surgieron y desde el que han trans-
mitido su mensaje a quienes las colocaron y contemplaban con ojos limpios”.
Que Las Edades del Hombre querían ser mucho más que la muestra de una
parte del importante legado histórico-artístico existente en Castilla y León, era algo
en lo que estaban de acuerdo los que le dieron su apoyo desde el principio. Así
lo manifiestan ya los Obispos en el Prólogo al Catálogo de la 1ª fase en el que
escriben: “Así quisieramos que fuera comprendida esta exposición, no como mero
recuerdo nostálgico de un pasado glorioso, sino como memoria viviente que reac-
tiva el presente y lo dinamiza para el futuro”. Esta idea central de Las Edades del
Hombre y objetivo prioritario de las mismas, es reiteradamente expuesto por el P. Veli-
cia y ha sido una de la causas de su éxito.
El haber conseguido esto, que la muestra fuera algo más profundo y trascen-
dente que la mera exposición de parte de la riqueza histórico-artística de Castilla
y León, y fuera entendido así por la gente, ha sido una de las principales causas
de su gran éxito y que éste se haya mantenido en la 8ª fase igual que en la pri-
mera, sin cansar a la gente que espera la apertura de una nueva fase con expec-
tación, ilusión y gran interés. La elección de las obras expuestas en cada fase no
eran sólo las mejores que pudiera haber en la ciudad donde se celebraba la fase,
sino las más adecuadas a los objetivos previstos. Se concebía cada fase como un
testimonio de la innegable impregnación cristiana de la cultura castellano-leonesa
y española. O como decía el folleto explicativo de la 4ª fase celebrada en Sala-
manca: “Las tres exposiciones anteriores han supuesto la recuperación de la memo-
ria, del relato plástico que cuentan los iconos antiguos. Ahora intentamos un paso
más: poner en comunicación esa memoria histórica con el presente, buscar en las
raíces comunes del Arte, crear una nueva música.... Como dice Gardamer, tradi-
ción no quiere decir mera conservación sino transmisión. Pero la transmisión no
significa dejar lo antiguo intacto, limitándose a conservarlo, sino aprender a con-
cebirlo, a decirlo de nuevo”.
Esta genial idea del P. Velicia (†), no tuvo el apoyo de las primeras personas
responsables de diversas instituciones a las que se la expuso, al considerar éstas
elevado su coste y no captar el significado profundo de la misma. No sucedió así
con el entonces director general de Caja Salamanca y Soria, hoy Presidente de Caja
Duero, D. Sebastián Battaner, que intuyó el alcance de dicha idea y consideró asu-
mible y rentable el coste económico de la misma para dicha institución, incluso
con la ampliación que hicieron, propuesta por él, del proyecto inicial a varias fases
en diferentes ciudades, en vez de hacerlo en una sola, como proyectaba inicial-
mente su promotor. El 30-X-1987 el Episcopado regional y Caja Salamanca y Soria
firmaron el Protocolo que permitiría poner en marcha la genial idea del P. Velicia.
Desde entonces Caja Duero las consideró como actividad cultural predilecta entre
las muchas e importantes que patrocina, no sólo por lo que puede suponer de ima-
gen y publicidad para la institución, sino y sobre todo, porque fueron conscien-
tes de sus múltiples y favorables y repercusiones en ámbitos religiosos, culturales,
fase, ya tienen una imagen de marca, con indiscutible calidad y gran aceptación
por parte de la gente, a pesar de las dificultades y riesgo que entrañaba la repeti-
ción de una exposición temática como ésta, en ciudades pequeñas y sin contar con
la promoción de los medios de comunicación como las grandes exposiciones cele-
bradas en ciudades más importantes.
Las tres primeras fases tuvieron una temática definida, concreta y los proble-
mas que plantearon estuvieron relacionados con la conjunción entre la idea cen-
tral de la muestra, las obras seleccionadas y el marco en el que iban a estar expues-
tas. Se lograron superar tales dificultades, como lo confirma el éxito y la aceptación
popular que tuvieron. En la de Salamanca plantearon la muestra desde otra pers-
pectiva, por lo que se enfrentaron a un nuevo reto. El tema central fue poner en
comunicación, establecer una comparación entre la memoria histórica, represen-
tada en obras artísticas del pasado, colocadas en el lugar para el que habían sido
realizadas o similar y el arte contemporáneo. Se mostraba lo que las obras de arte
han sido y son para el hombre, qué han representado y representan y de cómo valo-
ra unas y otras. En el pasado, la obra de arte era considerada como una realiza-
ción personal, en respuesta a deseos colectivos, religiosos, culturales y estéticos, con
una proyección trascendente y sin distinción de personas, cosa que no ocurre con
las obras modernas, de carácter más elitista y personal. Así lo manifestaba el Comi-
sario de la muestra en el Prólogo de la fase salmantina: “Con la exposición “El Con-
trapunto y su morada”, celebrada en Salamanca, intentamos asomarnos al arte moder-
no, su futuro y la relación con el hombre”. De la comparación entre ambos tipos
de arte, no salía muy bien parado el arte contemporáneo, en cuanto que está muy
lejos de ser una realización humana en respuesta a deseos colectivos, siendo más
elitista en todo y por lo tanto menos popular.
De manera similar opinaba también el Episcopado regional que, en el Prólo-
go del Catálogo escribió: “La aspiración más profunda que late en Las Edades del
Hombre, se halla en perfecta sintonía con cuanto Salamanca es y con lo que ha
significado en las diversas etapas de su larga historia... Arte, cultura y fe, en diá-
logo mutuo y en estrecha colaboración, nos recuerdan también la larga y fecun-
da historia de la Universidad salmantina, que tuvo su más esplendorosa expresión
en el Siglo de Oro de las Letras y de la Espiritualidad Españolas”. Se pretendía que
la muestra salmantina, denominada “El Contrapunto y su morada”, fuera una con-
traposición, com paración, entre la importancia que ha tenido el arte en el pasa-
do y en el presente y el papel que el mismo ha desempeñado, la función que ha
cumplido, en aspectos humanos tan importantes como la fe, cultura y belleza. Éste
era el contenido u objetivo central de la muestra salmantina, diferente al de las tres
anteriores, pero en la misma trayectoria de la idea original, que Las Edades del Hom-
bre fueran algo más que una exposición de arte, al estilo tradicional y sin más pre-
tensiones. Tanto la idea original del P. Velicia, como los objetivos que se desea-
ban conseguir con ella, muestran la originalidad y el sentido trascendente y más
profundo de Las Edades del Hombre. Así lo manifestó también el presidente de Caja
que quiere es hacer memorial de una rica historia; es decir, hacer el pasado pre-
sente para que sean esas mismas aguas las que muevan el futuro. Lo hemos dicho
muchas veces desde el proyecto y la Fundación Las Edades del Hombre; es más, este
es uno de los objetivos fundamentales a perseguir: que recuperemos la memoria, que
nos situemos en el fluir de la tradición de nuestro pueblo y, por qué no, de nuestra
Iglesia, pues estamos perdiendo, no sólo nuestra conexión histórica, sino también
el sentido de pertenencia a un pueblo; y sin memoria e individualizados, somos mucho
más fácilmente manipulables”. Esencialmente no hay apenas diferencia entre este
planteamiento con motivo de la octava fase recién celebrada en Zamora y el que
hizo el P. Velicia con motivo de la primera realizada en Valladolid.
Podríamos sintetizar diciendo que Las Edades del Hombre, han sido el resul-
tado de la feliz combinación entre una genial idea, apoyada por gentes que cre-
yeron en ella y la pusieron en práctica de forma original, entusiasta, atrayente y
al alcance de todo el mundo, tanto en lo material, aunque era costosa, como en
el contenido, objetivos o significado de la muestra. Un acontecimiento de tal mag-
nitud, éxito y proyección popular, no se ha librado de los detractores. No han fal-
tado los que, con mente bastante obtusa y grandes anteojeras de burro de noria,
las han criticado sin argumentos y de ahí el poco éxito de su oposición. Unos las
criticaron por despecho, al no haber sido consultados y considerarse imprescindi-
bles en cualquier manifestación cultural, cosa que no eran Las Edades del Hom-
bre, como ha quedado de manifiesto, sino que eran algo mucho más complejo y
trascendente. Otros lo hicieron porque son los opuestos a todo, sin argumentar por
qué. Se pude resumir todo esto con un proverbio popular con el que encabezo
este trabajo y que dice así: “Las grandes obras las sueñan los genios, las realizan
los intrépidos, las disfruta la gente sencilla, y las critican los inútiles crónicos”.
En este caso el genio, y no pequeño, fue el P. Velicia, autor de tan genial idea,
los intrépidos los que le apoyaron decididamente al conocer el proyecto, destacando
entre ellos, el presidente de Caja Duero D. Sebastián Battaner y el Episcopado regio-
nal. Las gentes sencillas son los más de seis millones de personas que han visita-
do las ocho fases realizadas hasta la fecha, han disfrutado con ellas, siendo la mejor
demostración de su interés e importancia. Los inútiles crónicos, que no han falta-
do, han sido una exigua minoría que ha considerado Las Edades del Hombre como
algo sin interés e importancia alguna y llenas de defectos en todos los sentidos.
Son aquellos que critican cuanto se hace, porque ellos no intervienen, están en
contra de todo y de todos, adolecen de gran miopía y anteojeras mentales y cul-
turales, que les impiden ver las cosas con objetividad, aunque sean tan interesan-
tes como en este caso. Las han criticado con miras destructivas, augurándole un
fracaso rotundo y escaso porvenir desde la primera fase y no han rectificado, por
lo que han hecho el más espantoso de los ridículos. Pero no les hace mella, pues
también en eso son miopes.
hubiera tenido unas repercusiones tan variadas e importantes como han tenido Las
Edades del Hombre. En apartados anteriores ya se han señalado algunas de estas
causas generales, al explicar el origen de la muestra. A continuación se exponen
aquellas otras Específicas que tuvieron una incidencia más directa, concreta e influ-
yente en ellas.
1.ª La primera y fundamental causa del éxito de Las Edades del Hombre radi-
ca en la abundancia, diversidad y calidad del Patrimonio Artístico y monumental
existente en Castilla y León. Conviene recordar que ya se han celebrado ocho
fases, que en cada una se han expuesto una media de 300 piezas artísticas diver-
sas y de gran valor e interés y que son muy pocas las que se han expuesto dos
veces. Y aún quedan muchas por exponer que lo serán en las fases que faltan.
Sólo con una riqueza artística como la existente aquí, con las características cita-
das antes, se puede llevar a cabo una muestra religiosa de tal envergadura, de la
que ya se han celebrado ocho fases y está muy lejos de haberse mostrado todo lo
que se atesora. Además, esta riqueza no ha surgido espontáneamente, sino que es
consecuencia de una historia interesante e importante, que además de una cultu-
ra con unos principios religiosos profundos, tenía un notable desarrollo, capaz de
realizar tales obras de arte y disfrutar con ellas, tanto religiosa como culturalmen-
te. Es lo que se ha dicho siempre de los pueblos griego y romano, que supieron
legar a la posteridad tantas y tan interesantes obras de arte, aunque fueran unos
cuantos artistas los que las realizaron. Pero detrás o al lado, había un pueblo que
demandaba y disfrutaba con las obras de arte realizadas. ¿Por qué va a ser dife-
rente en este caso y pensar que tal riqueza artística surgió por azar, a lo largo de
siglos, en medio de un pueblo inculto?
2.ª Una segunda causa más relacionada con Las Edades del Hombre, fue la
genial y original idea del P. Velicia, responsable de Pastoral de la Diócesis de Valla-
dolid y que quería que la imaginería religiosa, tan interesante y abundante en Cas-
tilla y León, con un papel tan destacado en lo religioso, pero también en nuestra
cultura y proyección exterior de ella, recuperara el mensaje que, durante siglos, había
transmitido a los creyentes y amantes del arte, pero que se había interrumpido o
devaluado últimamente por diversas causas. Restaurar esa relación, lograr que el
arte religioso volviera a tener en nuestros días la función religiosa, cultural y social
que había tenido desde que fuera creado por la devoción popular, aunque fuera
temporalmente, era el motivo fundamental de la idea del P. Velicia. No deseaba mon-
tar una mera y magna exposición de arte religioso, aunque figuraran en ella muchas
y buenas obras maestras e interesantes. Organizó dicha Exposición dentro de un
gran proyecto didáctico-religioso-estético-cultural y en el que arte religioso sería
el protagonista principal, con el objetivo antes citado. Los resultados obtenidos rati-
fican lo acertado de tan genial idea.
Su intención era montar una exposición con arte religioso, dentro de un pro-
yecto didáctico-religioso-artístico-cultural, no para mostrarlo, sin más pretensiones
que las religiosas o estéticas, sino con unos objetivos más profundos e importantes
y señalados antes. No es lo mismo mostrar una imagen en una exposición cualquiera
que en el marco en el que fue realizada y dentro del contexto religioso-cultural que
impulsó su realización. Los resultados obtenidos desde la primera fase hasta la octa-
va, que acaba de finalizar y la acertada puesta en escena de la misma, le han dado
la razón. Como se ha dicho antes, el promotor de la idea deseaba que los iconos
religiosos recuperaran su lenguaje, transmitieran a quien los contemplara, como
creyente o amante del arte, el mensaje religioso, estético y cultural que siempre
difundieron, causa de su creación, pero que habían perdido por causas diversas.
Es decir, se trataba de una muestra religiosa, pero con unos objetivos muy diver-
sos y profundos y no solamente religiosos, como lo demuestra el interés que por
ella han tenido también los no creyentes, los amantes del arte, de lo bello. El pro-
motor de Las Edades del Hombre, P. Velicia, puso esto de manifiesto en el Prólo-
go del Cátalogo de la primera fase, en el que escribió: “Así quisiéramos que fuera
comprendida esta exposición, no como mero recuerdo nostálgico de un pasado
glorioso, sino como una memoria viviente que reactiva el presente y lo dinamiza
para el futuro”.
No falta quien dice que era fácil lograr una muestra de gran valor artístico, dada
la gran riqueza existente en Castilla y León en este campo. Añadían, además, que
con el marco elegido para la exposición, las catedrales de la región, el éxito era
más que seguro. Pero hay que recordar que, ambas cosas, riqueza artística y monu-
mentalidad de las catedrales, llevaban siglos en la región y el interés de las gen-
tes por ambos aspectos, distaba mucho del que van a tener con motivo de Las Eda-
des del Hombre. Además, cuando han hecho algo como esto en ciudades de otras
regiones españolas, la afluencia de visitantes ha sido más bien escasa, el resulta-
do más bien decepcionante y solamente realizaron una fase. Quiere decir que Las
Edades del Hombre han tenido y tienen algo más que las ha hecho más interesantes
que si fuera una mera y destacada exposición de arte sacro. Además, la catedra-
les y las obras de arte que se han expuesto estaban ahí y no suscitaban el interés
que después han tenido con motivo de Las Edades del Hombre. Esto es como el
huevo de Colón, que nadie sabía cómo colocarlo y cuando lo hizo dicha persona,
a todos les pareció muy fácil y sencillo. Desde la primera fase se superó amplia-
mente la aspiración del Comisario y promotor de la idea que escribió así en el Catá-
logo de la primera fase: “Esta exposición ha servido para recuperar alguna obra
de excepcional categoría y para despertar el amor y la pasión por el patrimonio
histórico-artístico de nuestra región”. Sin duda alguna, tal riqueza artística, ha sido
fundamental, pero lo fue también el hacer un proyecto que permitiera cono-
cer tal riqueza artística, desde una perspectiva diferente, original, interesante y
atractiva.
3.ª La genial idea del P. Velicia no se hubiera podido llevar a cabo, sin el apo-
yo decidido, entusiasta, desinteresado de los representantes de varias instituciones
regionales que se volcaron en apoyo de la citada idea: Episcopado regional, Caja
Salamanca y Soria y Junta de Castilla y León. El contar con el apoyo necesario para
llevar adelante la idea y proyecto del P. Velicia es fundamental y no era fácil, aun-
que ahora lo parezca. En efecto, esto fue lo que hicieron los responsables de las
instituciones que apoyaron las primeras fases de Las Edades del Hombre: Episco-
pado regional, Caja de Salamanca y Soria y Junta de Castilla y León. Unos y otros
aportaron lo necesario para llevar a cabo tan genial y costosa idea, las obras artís-
ticas necesarias, los recursos económicos y el apoyo que toda obra de este tipo
necesita. Desde el primer momento creyeron en la viabilidad del proyecto presentado
por el P. Velicia y actuaron con sentido común, renunciando a todo protagonis-
mo, personal y de la institución a la que representaban. Tampoco modificaron el
contenido y objetivos del proyecto presentado y evitaron todo lucimiento, lucro o
politización y sólo les movió llevarlo a cabo, al máximo nivel, convencidos de la
bondad del proyecto y de sus fines. No hubo desavenencias entre ellos por ren-
tabilizar el éxito de la muestra en su favor, cosa que ocurre con cierta frecuencia
en proyectos parecidos en otros campos y hace que fracasen o no se obtenga de
ellos los resultados esperados. Esto fue también muy importante en el caso de Las
Edades del Hombre, sin este apoyo hubiera sido imposible llevarlas a cabo.
Así lo supo ver el Presidente de Caja Salamanca y Soria, D. J. Mª. Vargas Zúñi-
ga, en el Prólogo del Catálogo de la primera fase:“El convenio que en su día se fir-
mó entre la Iglesia de Castilla y León y la Caja de Ahorros de Salamanca, a fin de
llevar a cabo, conjuntamente, un magno proyecto que diera a conocer las raíces
cristianas de nuestra historia y de nuestra cultura, así como el protagonismo que
nuestra región tuvo en la construcción de la sociedad de otras culturas y de los Nue-
vos Mundos, inicia ahora su andadura con una rica muestra del patrimonio ico-
nográfico, acumulado en largos períodos de la vida del hombre.” El extraordinario
éxito obtenido en la primera muestra y que tuvo su continuación en las siguien-
tes hasta ahora, confirma lo acertado de la decisión de quienes creyeron en el pro-
yecto y apostaron por el mismo. Se superaron las previsiones más optimistas y se
cumplió, una vez más, algo que se olvida con demasiada frecuencia y es causa de
muchos fracasos o que se obtengan menos ventajas de muchos esfuerzos e inver-
siones: “La unión hace la fuerza”. No fue así en esta ocasión y los resultados ahí
están y lo confirman.
4.ª Los primeros e importantes pasos de Las Edades del Hombre estaban
dados pero no era suficiente. La genial idea contaba con el respaldo y apoyo deci-
dido de instituciones, pero había que materializarla, presentarla de forma tal que
gustara y fuera comprendida y aceptada en toda su plenitud por las gentes. Si no
se acertaba con esto, aunque se contara con lo anterior, con ser muy importante,
no era suficiente. Del dicho al hecho hay un trecho, dice el adagio popular y en
esta ocasión era muy importante salvar con dignidad ese trecho. De esto se encar-
gó un grupo de personas, heterogéneo en la formación profesional, como lo eran
también los objetivos de la muestra, pero que pronto crearon un auténtico equipo
homogéneo, compacto, entusiasta, que supo materializar, dar forma de manera ori-
ginal y atrayente, a la genial idea del P. Velicia. Dicho equipo, laborioso, eficaz,
profesional, sin afán de protagonismo personal, entusiasmado por el proyecto y
unido como una piña, lo pusieron en escena de forma tal que entusiasmó a pro-
pios y extraños y los resultados superaron las predicciones más optimistas desde el
las obras seleccionadas han ganado muchos enteros y han impresionado más a
quien las contemplaba, lográndose mejor el objetivo inicial de la idea del P. Veli-
cia, que las imágenes recuperen el mensaje didáctico-religioso-cultural que tuvie-
ron durante siglos y que habían perdido. Esto ha tenido otro aspecto positivo, el
redescubrimiento de las Catedrales, en general, y muchas veces para los naturales
de la propia ciudad, que desconocían muchas cosas de ellas. El emplazamiento
de las diferentes fases en una catedral, ha sido otro acierto que ha contribuido pode-
rosamente, al éxito de Las Edades del Hombre. La masiva asistencia de visitantes
y la aceptación popular en todas ellas, son la mejor confirmación de que se con-
siguieron los objetivos propuestos.
Además, ha servido para revalorizar la importancia monumental de las cate-
drales de la región.
7.ª Junto a las causas citadas antes, hay otras de índole diferente pero no por
ello menos interesantes e influyentes a la hora de explicar el gran éxito alcanza-
do por Las Edades del Hombre, desde la primera hasta la octava fase. Tal es el caso
de haber ofrecido tan interesante muestra en todas las fases, de forma gratuita, sin
coste alguno para el visitante, pese a que la organización de cada fase ha supues-
to un desembolso importante de preparación, organización, montaje y mantenimiento.
El ofrecer las cosas gratis hace que, generalmente, se las valore menos y se crea
que, porque no cuestan, no tienen interés. Aquí se ha roto ese esquema y ha suce-
dido lo contrario. Desde el principio la gente ha comprobado que se trataba de
una cosa interesante, buena y costosa y, sin embargo, no le cobraban nada por
ella. La masiva respuesta dada en todas las fases, confirman lo acertado de tal deci-
sión. Como siempre ocurre, no han faltado los que han criticado esta medida, con-
siderando que era un derroche no cobrar nada y que iba a ser un fracaso. Los resul-
tados de la primera fase a la última, le han quitado toda razón.
8.ª Las causas citadas, muy importantes, se refieren al contenido y diversas
circunstancias de la exposición y que, sin duda, han tenido una destacada influen-
cia en el gran éxito de Las Edades del Hombre. Pero no se deben olvidar otras tam-
bién importantes que han contribuido en el mismo sentido de las anteriores. Tal
es el caso de la forma como se ofrezca lo que se expone. Los organizadores han
unido la calidad de lo expuesto, el marco incomparable en el que se han realiza-
do todas ellas, con la gratuidad de la muestra, ya que consideraban las obras de
arte expuestas como algo del pueblo, señas de su identidad colectiva y por lo tan-
to, en buena lógica, pensaron que no tenían ni debían cobrarle por mostrárselas.
Les hicieron ver, además, que eran gratuitas, porque le mostraban algo perteneciente
a su historia y patrimonio común y, por lo tanto, no parecía correcto cobrarle por
mostrarles algo que era suyo. Se ha logrado así otro objetivo buscado por los orga-
nizadores de Las Edades del Hombre, que la gente las viera como algo propio, se
identificara con ellas y valorara lo que se exponía, como resultado de su historia y
señas de identidad cultural, cosa que se ha conseguido plenamente. Y esto ha sido
bien comprendido por la gente y ha servido para revalorizar Las Edades del Hom-
bre, al contrario de lo que suele ocurrir cuando se ofrece una cosa gratuitamente,
aunque sea interesante se suele apreciar menos, se devalúa por este motivo. Los
organizadores han mostrado de manera inequívoca que querían prestar este ser-
vicio cultural a la población de Castilla y León y a la española en general, sin cobrar-
le nada a cambio. La masiva afluencia de visitantes ratifica lo acertado de tal medi-
da, frente a los agoreros que, como siempre, vaticinaron lo contrario.
9.ª Las causas citadas antes ponen de manifiesto que el éxito de Las Edades
del Hombre no ha sido fortuito ni debido al azar, sino que ha habido previamen-
te una serie de motivaciones que lo explican. Es necesario tener esto muy presen-
te, para que no se crea que ha sido de otra manera. También para que se tome
como ejemplo de cómo se deben hacer las cosas, si se quiere que resulten bien.
Puede ocurrir que se planifiquen como en este caso y no resulten bien. Pero lo
que sí es seguro es que, sin la concurrencia de factores favorables como en este
caso, debidos a la planificación previa y a la unión de esfuerzos de muchas per-
sonas en torno a una idea genial, es difícil conseguir nada. Que no se crea que,
improvisando y sin atar bien todos los cabos, se van a conseguir unos resultados
espectaculares, en ningún campo y menos en el turístico, en el que hay tanto por
hacer. Gracias a la concurrencia de las causas citadas se logró ofrecer algo intere-
sante, atractivo, que supo suscitar y captar, desde el primer momento, el interés de
gentes de toda edad y condición social, cultural y económica, cosa nada fácil, pero
posible como ha quedado demostrado. Esto sirve para explicarnos el éxito de Las
Edades, pero también es ejemplo de cómo se deben de planificar las cosas si que-
remos que resulten bien.
Son muchos los testimonios de personalidades, visitantes de Las Edades del Hom-
bre, que han manifestado su satisfacción y ratificado el éxito de las mismas, a la
vez que señalan algunos aspectos que le llamaron más la atención y que ayudan
a explicar el éxito de las mismas. Uno de ellos es el compositor Cristobal Halffter,
buen conocedor de la muestra y sobre las que ha dicho: “El conjunto de las cua-
tro exposiciones, que, bajo el nombre genérico de Las Edades del Hombre, se ha veni-
do celebrando durante los últimos años en diversas ciudades de Castilla y León, repre-
sentan para mí uno de los acontecimientos culturales más importantes que se han
desarrollado en España en los últimos decenios. Concederle esta importancia lo fun-
damento, no sólo en la cantidad y calidad de las obras expuestas, en la forma de
presentar estos objetos y en las ideas que ellas representan, sino también en lo que
todo este conjunto de obras, ideas y conjuntos tienen como representación de una
realidad histórica del pasado y por lo que todo ello tiene de reto para la sociedad
de nuestro tiempo”.
Similar opinión tuvo otro ilustre intelectual, el profesor A. Fontán, que ha
escrito un encendido alegato en favor de dicho acontecimiento en La Nueva Revis-
ta: “Las Edades del Hombre han constituido uno de los acontecimientos culturales
e históricos hispanos de mayor alcance. Feliz idea de un entusiasta sacerdote, que
tuvo la fortuna de encontrar acogida, comprensión y decidido apoyo por parte de
los directivos de Caja Salamanca y poco después de la Junta de Castilla y León, bajo
el patrocinio del Episcopado regional”. En dicha publicación, J. L. Álvarez, también
manifestó su admiración por Las Edades del Hombre, a la vez que señala nuevos
matices del éxito de la citada manifestación cultural; dice así: “Las Edades del Hom-
bre se ven ahora, cuando acaba de inaugurarse la fase de Salamanca, que sobre-
pasan en mucho a lo que significa una exposición cultural y artística, por impor-
tante que ésta sea... Y lo que ha sucedido es que, unas exhibiciones culturales y artísticas,
refinadas, intelectualizadas y minoritarias, han sido transformadas, no por la
publicidad, la promoción o el dinero, sino por la voluntad de millones de ciuda-
danos corrientes, en un acontecimiento extraordinario, con gran éxito popular”.
10.ª Por lo expuesto antes ha quedado de manifiesto que el éxito de Las Eda-
des del Hombre se ha debido, principalmente, a una serie de Causas Específicas
que ha hecho que fueran un importante acontecimiento cultural, no sólo en la región
sino a escala nacional. Pero junto a las Causas citadas antes, también hay que tener
muy en cuenta las Causas generales que han impulsado el desarrollo del Turismo
Cultural en España y también en Castilla y León, convirtiéndolo en una actividad
incorporada al modo de vida de casi toda la población. Son muchos los que par-
ticipan en él, 3ª Edad, estudiantes y gente en general, con el consiguiente desa-
rrollo que tiene en nuestros días. Tal es el caso del desarrollo socioeconómico espa-
ñol, el que los españoles disponemos de más tiempo libre, que se desea llenar practicando
el Turismo Cultural en algunas de sus múltiples modalidades, el interés por la cul-
tura propia, el que el Turismo Cultural se ha convertido en una modalidad com-
plementaria o alternativa del de Sol y Playa, entre otras causas, han influido tam-
bién en el éxito de Las Edades del Hombre.
Tampoco se puede olvidar que su éxito ha traspasado las fronteras y han sido
bastantes los extranjeros que las han visitado. Su importancia histórico-artística y
cultural explica que sean conocidas y valoradas positivamente fuera de nuestras
fronteras y haya llegado su éxito hasta la Asamblea de las Regiones de Europa,
que felicitó a la Junta de Castilla y León y le pidió información sobre dicho acon-
tecimiento “Para remitirlo a todas la regiones representadas en la Asamblea y bene-
ficiarnos de su experiencia, según dice el texto de la citada Asamblea. Esta circunstancia,
junto con otras razones de índole histórica, explican que los organizadores se ani-
maran a montar una fase de Las Edades del Hombre, la 5ª, en Amberes en 1995,
cumpliéndose el principio que dice: No hay quinto malo. Además de la proyec-
ción internacional que esto suponía, se consiguió realmente y no de forma figu-
rada, lo máximo en nuestras aspiraciones cuando queremos alcanzar algo muy impor-
tante: Poner una pica en Flandes. El éxito también acompañó a esta muestra, lo
que confirma que no sólo gustan a las gentes de donde proceden las obras de arte
expuesta, sino a todos los que tienen sensibilidad para captar la belleza. Actual-
mente se está preparando una muestra similar para exponerla en Nueva York. Estoy
seguro que el éxito también acompañará a esta muestra, pues se cuenta con un
material artístico extraordinario, la experiencia de los organizadores y motivos para
darle un contenido y significado interesante y atractivo pues no en vano Castilla
y León ha tenido una gran proyección cultural hacia el continente americano.
Un acontecimiento cultural y turístico como Las Edades del Hombre, que han
recibido más de seis millones de visitantes en las ocho fases celebradas, no ha pasa-
do desapercibido en la región, particularmente en las ciudades-sede, para el sec-
tor turístico de las mismas y a nivel regional. En cualquiera de los campos citados
ha tenido una serie de importantes repercusiones, como suele ocurrir en un acon-
tecimiento de tal envergadura El estudio del mismo, desde la perspectiva turística,
socioeconómica, geográfica, tiene que analizar tales repercusiones para conocer el
alcance, la importancia que el mismo ha tenido en todos los campos y, particu-
larmente, en el citado sector. No basta con estudiar, conocer, el origen de Las Eda-
des, sus características, objetivos y causas del mismo, sino que se debe analizar tam-
bién las repercusiones que ha producido en diversos campos. Esto es necesario
para conocer la magnitud del citado acontecimiento, su importancia socioeconó-
mica, problemática del mismo, su incidencia cultural y turística en la región y
aprovechar mejor su éxito y, sobre todo, su organización, para aplicarla a otros
sectores y actividades y obtener similares resultados a los de Las Edades del Hom-
bre. Como suele ocurrir en un acontecimiento tan complejo e importante como el
que aquí estudiamos, las repercusiones han sido muchas y diferentes y entre ellas
han destacado las siguientes:
1.ª La primera y más importante repercusión ha sido poner de manifiesto la
importancia histórica y cultural de Castilla y León, el destacado papel que en ambos
aspectos ha tenido en la Historia de España y, consecuencia directa de ambas
cosas, la gran riqueza histórico-artística existente en la región. No se puede expli-
car tal riqueza si no ha existido lo primero. Este aspecto se había ido olvidando,
incluso por los naturales de la región, por el escaso desarrollo socioeconómico regio-
nal y la pérdida de protagonismo de Castilla y León en otros campos dentro del con-
texto nacional. Se ha demostrado que es cierto lo que han dicho algunas personas
ajenas a esta región, que posee un importante e interesante legado histórico-artís-
tico, más del 50% del total nacional, pese a las importantes pérdidas sufridas en el
mismo, desde hace dos siglos, por la destrucción, expolio, desidia y abandono sufri-
dos. Las ocho fases realizadas sólo han mostrado una parte del interesante patri-
monio regional, pero han demostrado fehacientemente que es cierta tal asevera-
ción. Así lo manifestaba en el Prólogo de la 1ª fase el presidente de Caja Salamanca,
J. Mª. Vargas Zúñiga:“Es sin duda alguna, Castilla y León, dentro de las varias y
definidas regiones de España, excepcional paradigma de cuanto el Cristianismo ha
legado como patrimonio cultural al género humano”.
2.ª Junto con el reconocimiento de su rico patrimonio histórico-artístico y monu-
mental, Castilla y León ha recuperado un destacado protagonismo en España en el
ámbito cultural, sin imposición, violencia, ni necesidad de inmersión cultural cas-
tellana, ni normalización lingüística de ningún tipo, como ha ocurrido en otras
partes, sin reivindicaciones políticas interesadas y a costa de los demás, sin pedir
Pero entre tantos visitantes, ha habido otros con mayor poder adquisitivo que
sí realizaban más gastos con motivo de su visita a Las Edades del Hombre, contri-
buyendo a incrementar la repercusión económica de la muestra en las ciudades-
sede. Permanecían más tiempo y realizaban gastos importantes en hostelería y com-
pras diversas, con las consiguientes y positivas repercusiones económicas. Por
todo ello, los ingresos por turismo han incrementado su cuantía y al final de cada
muestra, la economía de la ciudad-sede había logrado unos importantes benefi-
cios económicos. Ya nadie pone en duda que ésta es otra y muy importante reper-
cusión económica de Las Edades del Hombre. A esto se debe también buena par-
te del auge que ha tenido la actividad turística en la región, alcanzando actualmente
el 7% del PIB regional, algo impensable hace muy pocos años. Se puede decir, sin
temor a pecar de exagerados, que Las Edades del Hombre, han marcado un antes
y un después en la actividad turística regional. Otro tanto ha ocurrido en el incre-
mento del Turismo Cultural en Castilla y León, importante siempre, pero mucho
más ahora, gracias al citado evento.
Es muy difícil hacer ni siquiera una estimación acerca de la cuantía económi-
ca que han movilizado Las Edades del Hombre y que se ha quedado en la región,
en su mayor parte en las ciudades-sede. Las cifras económicas que se manejan en
este aspecto varían mucho según quien facilite los datos. Si es un hostelero, la cuan-
tía es pequeña, no faltará quien diga que incluso ha perdido dinero, porque la acti-
vidad se concentró en los establecimientos de una parte de la ciudad, sufriendo
el resto de ella las consecuencias negativas de la misma. Si es un político que haya
tenido algo que ver con el evento, nos dará unas cifras que convierten la muestra
en un auténtico maná y lluvia de oro, pero si está en la oposición dirá lo contra-
rio. Como suele ocurrir, la realidad está entre una y otra apreciación, In medio vir-
tus. Esto no resta importancia a la cuantía real que ha sido considerable y direc-
tamente muy positiva para la economía regional, de las ciudades-sede y del sector.
En una estimación a la baja, se calculan por encima de los 45.000 millones de pts.,
unos 270 millones de euros, las aportaciones económicas directas por las ocho fases
celebradas hasta la fecha, la mayor parte a la economía de las ciudades-sede, pero
también a la regional, según datos a partir de encuestas, sondeos y estimaciones
diversas, realizadas al respecto. Es una cuantía lo suficientemente importante para
no pasar desapercibida en ningún caso, pero menos al tratarse de ciudades peque-
ñas y con una economía un tanto precaria y poco dinámica. Éstas tuvieron en la
muestra una importante fuente de ingresos durante el tiempo que estuvo abierta
y fue, además, un destacado factor que impulsó después la actividad turística en
ellas, a niveles jamás conocidos antes, incluso en las ciudades ya conocidas por
su riqueza monumental, como Salamanca, León y Burgos. Es decir, Las Edades del
Hombre han sido una importante fuente de ingresos para las ciudades-sede duran-
te la muestra y han contribuido a impulsar la actividad turística en las mismas des-
pués. Su repercusión económica ha sido importante, notoria y evidente. Nadie pue-
de negar esta repercusión de Las Edades del Hombre.
Según las fuentes citadas, hubo grandes diferencias en los ingresos derivados
de la celebración de Las Edades del Hombre, consecuencia de la desigual afluen-
cia de visitantes y de los gastos medios realizados en cada una de ellas. La que
aportó mayores ingresos fue la de Salamanca, con unos 10.500 millones de pts.,
63 millones de euros, por haber estado abierta más tiempo, 270 días hábiles, apro-
vecharse del tirón de las anteriores y tener los visitantes una estancia media más
larga para conocer la ciudad. Le sigue León con 187 días de apertura y unos 7.500
millones de pts. Quizás haya sido la más completa, por la perfecta simbiosis entre
el continente, el contenido, el tema elegido, la Música, logrando crear un ambien-
te que favorecía la consecución de los objetivos didáctico-religioso-culturales bus-
cados por el genial creador del proyecto. La de Valladolid, con unos 7.000 millo-
nes fue la más impactante, por ser la primera y ofrecer una selección artística de
gran calidad. Quizás haya sido la más importante en el aspecto artístico, al mos-
trar piezas de gran calidad y valor, poco o nada conocidas, por estar muchas de
ellas en conventos de clausura. El último lugar en ingresos lo ocupó Burgo de Osma,
con algo más de 3.000 mill, debido a que estuvo menos tiempo abierta al públi-
co, tratarse de una ciudad pequeña, predominar el visitante de paso, tener la
muestra un carácter más local y pertenecer las piezas expuestas, muchas de gran
calidad, a la Diocesis propia, lo que no atrajo tanto a las gentes de otras partes de
Castilla y León.
7.ª No acaba con lo expuesto antes el análisis de las repercusiones derivadas
de Las Edades del Hombre. Además de las importantes citadas antes, ha habido otras
más concretas y también interesantes. Tal es el caso de la repercusión urbanística
en las ciudades-sede, al realizarse algunas mejoras o cambios urbanos por dicho
evento. Así, en el sector hotelero, Las Edades del Hombre fueron la causa de la cons-
trucción de algunos hoteles nuevos y modernización de otros, dado el incremento
del turismo en las ciudades con motivo de tal evento. También se produjeron cam-
bios importantes en el comercio en las zonas o calles cercanas a las catedrales. Se
abrieron nuevas tiendas de artesanía y recuerdos y, en menor medida, de artícu-
los diversos en las calles cercanas a la exposición, con clara incidencia en el pai-
saje urbanístico de la zona.
En este sentido no se puede decir que todos los gestores municipales estuvieran
muy solícitos en colaborar por el éxito de la muestra celebrada en su ciudad. Algu-
nos no fueron muy generosos, ni entusiastas colaboradores a favor evento, pese
a la gran importancia que iba a tener para su ciudad tal acontecimiento cultural.
No lo apoyaron como se merecía, porque no creyeron en él o se consideraron pos-
tergados y sin el protagonismo personal que reclamaba su egolatría y prepoten-
cia, de ahí su indiferencia y escaso entusiasmo. Olvidaban que su obligación les
exigía ceder ante el interés común. Así en el caso de Salamanca que, aunque se
supo con tres años de antelación la fecha de realización de la 4ª fase, que recibió
1,3 millones de visitantes, tuvieron la c/ de la Rúa, principal acceso a las catedrales,
en obras durante gran parte del tiempo que estuvo abierta la muestra. Además, habi-
litaron un aparcamiento para los autobuses a casi dos km de las catedrales, con
un acceso incomodo y difícil para desplazarse desde allí hasta la zona monumen-
tal. Se perdió una gran oportunidad para promocionar una imagen moderna y actual
de Salamanca, preparándola para recibir el Turismo Cultural, pues tiene sobrados
méritos para ello. La repercusión en el sector citado ha existido y las ciudades-sede
han registrado cambios urbanísticos diversos, directa o indirectamente, debido a
Las Edades del Hombre.
8.ª Los buenos resultados económicos derivados de Las Edades del Hombre,
comentados en el apartado anterior, particularmente en las ciudades-sede de cada
muestra, han puesto de manifiesto que la actividad turística y, sobre todo, el Turis-
mo Cultural, es una actividad rentable e interesante económicamente. Esto ha
hecho que los empresarios del sector, reacios antes de tal acontecimiento a inver-
tir en mejorar y modernizar las instalaciones hosteleras y a invertir de cara al
Turismo Cultural, han cambiado y hoy dicho sector, en el ámbito urbano regional,
es dinámico y se halla en plena expansión y desarrollo. Incluso han influido tam-
bién en el auge y desarrollo del Turismo Rural. Las Edades del Hombre, sin ser la
única causa en tales cosas, sí han contribuido de forma destacada en tal sentido.
9.ª No acaba con lo expuesto hasta aquí, aunque haya sido mucho, las reper-
cusiones que ha provocado en Castilla y León tan importante acontecimiento cul-
tural, aunque ya se han señalado varias que son importantes, generalizadas y noto-
rias. Las Edades del Hombre han sido la causa o factor más importante del desarrollo
que ha tenido la actividad turística regional en los últimos años, del auge que aho-
ra tiene, del dinamismo que manifiesta, del gran parte del interés que hay entre los
expertos, empresarios y la Administración por el sector turístico. Antes ocurría lo con-
trario, tenía escasa importancia en la economía de Castilla y León y apenas le pres-
taban atención los responsables de la Administración y los empresarios. Hoy el sec-
tor turístico es uno de los más dinámicos en la economía regional, en franca
expansión y por el que hay un interés generalizado, aunque todavía su aportación
a la economía regional diste bastante de la que tiene a escala nacional y en rela-
ción con las posibilidades existentes.
10.ª Los comentarios anteriores ponen de manifiesto que Las Edades del Hom-
bre han supuesto un fuerte acicate y un considerable impulso para la actividad turís-
tica, no sólo de las ciudades-sede sino en toda Castilla y León. Podemos decir que,
tanto en las ciudades-sede como en la región, ha habido un antes y un después
de las Edades del Hombre en lo referente al Turismo en general y al Cultural en
particular. Este redescubrimiento de las ciudades, gracias a Las Edades del Hom-
bre, se ha producido incluso en algunas muy monumentales, pero que no se había
popularizado tanto su oferta turística, siendo Las Edades del Hombre una impor-
tante causa de ello. Tal es el caso de Salamanca, conocida antes por su monumentalidad
y condición universitaria, pero que ha visto incrementar su Turismo desde enton-
ces. Algo parecido está ocurriendo ahora con motivo de la Ciudad Cultural Euro-
pea 2002, que ha dado gran impulso al sector hotelero.
Esta influencia de Las Edades del Hombre en la promoción turística ha sido más no-
toria en el caso de las ciudades pequeñas en las que se han celebrado, Astorga,
CONCLUSIONES
6.ª Las Edades del Hombre han ratificado que Castilla y León tiene un patri-
monio artístico-monumental extraordinario, consecuencia de su interesante histo-
ria y su destacada aportación cultural y del que se pueden obtener muchos bene-
ficios culturales y turísticos, si es presentado con originalidad, objetivos concretos
y buen gusto.
7ª Tan importante acontecimiento ha tenido muchas, importantes y variadas
repercusiones culturales, turísticas y también sociales, económicas y urbanísticas y
que han puesto de manifiesto la importancia del Turismo Cultural. También han
servido para poner de manifiesto la importancia de Castilla y León en la Historia
y Cultura españolas, pues tal riqueza histórico-artística, no es algo fortuito sino con-
secuencia de un pasado histórico acorde con tal importancia y riqueza.
8.ª En el apartado correspondiente se han señalado las muchas, variadas e inte-
resantes repercusiones de Las Edades del Hombre en Castilla y León y, sobre todo
en las ciudades-sede, pudiendo decirse que ha habido un antes y un después de
dicho acontecimiento. Hay que destacar, también, el interés de la población por
su patrimonio, al considerarlo como un importante elemento de su historia y seña
de su identidad colectiva. Además, han descubierto que es un interesante recurso
cultural y turístico.
9ª Las Edades del Hombre han servido para mejorar la imagen de Castilla y
León dentro del contexto español, pues su riqueza histórico-artística es conse-
cuencia directa del destacado papel que dicha región ha tenido en la Historia de
España. También para incrementar la autoestima de la población regional respec-
to a su historia y su rico e interesante patrimonio histórico-monumental y que pue-
da mostrarse orgullosa del mismo, ratificado por el éxito obtenido.
10ª Las Edades del Hombre han demostrado que el Turismo Cultural no es
una posibilidad remota, sino realidad tangible, siempre que se sepan aprovechar
los muchos recursos existentes en la región, de forma original, atrayente y al alcan-
ce de todos.
11.ª La importancia de Las Edades del Hombre, puesta de manifiesto por la
afluencia de visitantes y su satisfacción en todas las fases, no ha pasado desaper-
cibida, sino que ha sido pionera y ha tenido muchos e importantes seguidores e
imitadores en otras regiones españolas, lo que acrecienta su interés e importancia.
12.ª El extraordinario éxito de Las Edades del Hombre debería ser motivo para
tomarlas como modelo en otras muchas actividades en las que se requiere la par-
ticipación de gentes e instituciones de procedencia heterogénea. En este caso, han
demostrado su generosidad e interés por las cosas bien hechas y en beneficio del
bien común, por encima del personal o de las instituciones. Los extraordinarios
resultados avalan lo acertado de tan decisión.
Estudiar este acontecimiento desde diferentes perspectivas, en el caso presente
desde la Geografía del Turismo, es conocerlo mejor y colaborar a que su positivo
efecto, su favorable influencia en tantos campos, no se olvide, desaparezca, sino
que se fortalezca, consolide, perdure y sea tomado como ejemplo en otras muchas
actividades. Además, ha servido para impulsar una actividad cultural importante y
con extraordinarios resultados en el sector turístico. Así se cumplirá otro de los obje-
tivos buscados por el creador de tan genial idea y de los que mantienen la conti-
nuidad del mismo con sucesivas fases, seguidas con el mismo entusiasmo que las
primeras. Porque muchas veces lo importante no es sólo empezar una cosa y que
salga bien la primera vez, sino que ésta tenga continuidad y éxito, aspectos nada
fáciles de conseguir en tal elevada cuantía como en este caso. Ambas cosas las han
tenido Las Edades del Hombre, otra prueba más a su favor. Así lo manifestaba su
principal mecenas, D. Sebastián Battaner, presidente de Caja Duero, en el Prólo-
go de la fase de Salamanca escribió así: “Al ánimo de empezar la gloria de con-
cluir. Así reza el conocido epitafio del frontis de la iglesia salmantina de S. Boal...
Por ello la etapa salmantina, en cuanto análisis y futuro, reflexión del pasado y
perspectiva, debe ser abierta, tiene que ser abierta y prometedora. Debe mirar ade-
lante”.
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* E-mail: [email protected].
** Dpto. Física General y de la Atmósfera. Facultad de Ciencias. Universidad de Salamanca. Pza.
de la Merced, s/n. 37008. Salamanca. España. Fax. +34923294584. E-mail: jll45@ gugu.usal.es.
*** Dpto. Física General y de la Atmósfera. Facultad de Ciencias. Universidad de Salamanca. Espa-
ña. E-mail: [email protected].
1. INTRODUCCIÓN
La ciudad es, sin duda, un paisaje fabricado por la mano del hombre. La acti-
vidad del ser humano influye en aspectos tan diferentes como pueden ser el cli-
ma o la composición del aire, con consecuencias que llegan a afectar al bienestar
social y que, por lo general, se están intentando atenuar.
La manifestación más evidente del impacto de la urbanización sobre el clima
es la modificación del campo térmico superficial, de forma que se pueda diferen-
ciar, claramente, la urbe de las zonas rurales circundantes, fenómeno que se cono-
ce como “isla de calor urbana”. Este hecho se hace más patente cuanto mayor sea
la ciudad, en concreto, comienza a tener importancia para ciudades de más de 100.000
habitantes [1]. Teniendo en cuenta que, según el censo de 1991, el 75,5% de la pobla-
ción española vive en zonas urbanas [2], podemos decir que la mayor parte de los
españoles estamos sometidos a un cambio climático. La isla de calor urbana es un
fenómeno que tiene lugar a micro escala, por lo que se debe considerar esta alte-
ración del clima como un cambio climático local.
La realidad muestra que son muchos los factores que influyen en el aumento
de la temperatura en zonas urbanas, pero, según todos los autores consultados,
los principales son: la morfología urbana, la contaminación atmosférica y los fac-
tores meteorológicos.
La isla de calor ha sido descrita por numerosos autores, como un “efecto inver-
nadero local”. La boina de contaminación que hay sobre las grandes ciudades hace
que llegue a éstas, de un 10 % a un 30 % menos de radiación solar. Por otro lado,
la radiación de onda corta, que es capaz de llegar al suelo, es transformada en radia-
ción de onda larga, por los materiales urbanos, radiación que es incapaz de atrave-
sar la capa de contaminantes que cubre la ciudad, aumentando el calentamiento urba-
no. De los contaminantes típicos de las zonas urbanas, son las partículas en
suspensión las que más radiación absorben. Algunas de estas partículas pueden
ser arrastradas por el viento y absorber la radiación, no sólo de la ciudad, sino tam-
bién de los alrededores, alterando el clima regional.
No obstante, la contaminación que más calentamiento provoca en las ciuda-
des es de tipo físico. Esta contaminación se denomina “contaminación térmica”, y
es provocada por la actividad industrial, los vehículos, las calefacciones y otras acti-
vidades urbanas que los convierten en productores de calor. Aunque estas fuentes
de producción de calor antropogénico no parecen influir, en gran medida, a esca-
la planetaria, sí se aprecia a escala local, contribuyendo al calentamiento urbano.
contando la zona con unos 10.827 habitantes. Se comprueba así el crecimiento que
está sufriendo la zona. Se trata de suelo urbanizable, en el que están creciendo las
urbanizaciones.
Posiblemente lo que más interesa para los fines de este estudio es la pobla-
ción “activa“ de la ciudad, es decir, habitantes entre los 18 y los 65 años, debido
a que es la edad de trabajar y, probablemente, de mayor uso del automóvil pri-
vado. La población activa de esta zona sur de la ciudad es del 69,9% [8].
En la margen derecha del río, empezando la descripción desde el propio río
hacia el norte tenemos:
– El corazón urbano, que es el casco antiguo de la ciudad. Está delimitado
por tres grandes avenidas (Pº de Canalejas, Avda. de Mirat y Pº de Carme-
litas) y por el río Tormes. El punto central del casco viejo es la Plaza Mayor.
La parte más al sur de esta zona está compuesta por calles estrechas y casas
de poca altura. Es donde se encuentra la zona más monumental de la ciu-
dad (la Catedral, Universidad, etc.,). Dentro del corazón urbano también inclui-
mos la Gran Vía, calle ancha de gran tráfico con edificios altos, de mane-
ra que hay gran aglomeración de edificios en los alrededores. Esta parte de
la ciudad cuenta con centros de enseñanza, locales de ocio, y los princi-
pales centros de la administración y de los servicios públicos. Todo esto hace
que los habitantes se desplacen al centro desde los barrios residenciales con
lo que se convierte en zona de gran tránsito.
De acuerdo con los estudios demográficos y la división en zonas de salud [7],
en la denominada Centro-Universidad–Sancti Spiritus existe una población residente
de 25.584 habitantes, mientras que la transeúnte es de 5.947 habitantes, con lo que
la población total en esa zona es de 31.531 habitantes. La población activa com-
prende el 66,7% de la población de la zona, contando con un 20 % de población
transeúnte, consecuencia del carácter universitario de la ciudad.
– Barrios residenciales. Al otro lado de la frontera que delimita el casco anti-
guo y más al norte nos encontramos con una serie de barrios residencia-
les, con gran acumulación de edificios y escasas zonas verdes. Cuenta con
amplias calles como son C/. Mª Auxiliadora, Avda. de Federico Anaya, Pº.
de Torres Villarroel, Avda. de Portugal. En el límite entre el centro antiguo
y la zona norte, en el cruce de la Gran Vía y la Avda. de Mirat, encontra-
mos el Parque de la Alamedilla que es la zona verde más extensa con que
cuenta el centro de la ciudad. A pesar de eso también es un punto negro
en el que se dan niveles más altos de contaminación debido a la gran den-
sidad del tráfico que circula por sus proximidades. La población residente
total de la zona es de 62.275 habitantes, con 7.876 transeúntes, dando una
población total de 70.151 habitantes.
– Al este, encontramos zonas residenciales, zonas verdes y zonas industria-
les, que limitan con la zona norte por la estación del ferrocarril y con el
centro por el Pº de Canalejas. Destaca la presencia de una gran zona ver-
de (Parque de los Jesuitas) próxima a una zona industrial. Recordemos que
3. METODOLOGÍA DE MEDIDA
TRANSECTO Nº 1
TRANSECTO Nº 2
Atravesamos la ciudad de norte a suroeste. El punto 1 se encuentra a las puertas
de un gran centro comercial muy transitado, aún con baja densidad de edificación
que va en aumento. A lo largo de una avenida con grandes espacios abiertos lle-
gamos al punto 2, situado entre el Cuartel de Ingenieros y la Plaza de Toros, con
abundante zona verde. El siguiente punto de medida se encuentra en las proxi-
midades del segundo punto negro de la ciudad, cruce del Pº. de Torres Villarroel
y la Avda. de Portugal (en este punto se encuentra la estación E1). El punto 4 está
en la Pta. de Zamora. A lo largo del Pº de Carmelitas, avenida relativamente ancha,
de edificios altos y con zonas verdes, a modo de bulevar, situamos los puntos 5 y
6. El punto 7 se encuentra en la zona hospitalaria. Al avanzar disminuye levemente
la altitud y nos encontramos con zona verde abundante y después el río. El pun-
to 8 se encuentra en el puente Sánchez Fabrés. El 9 en la zona verde de la ribera
del río y el 10 en el barrio de Chamberí, ya en la margen izquierda. Estos dos últi-
mos puntos pueden considerarse entorno rur-urbano.
TRANSECTO Nº 3
En esta ocasión el recorrido es a lo largo de noreste-noroeste. El punto 1
lo situamos en el comienzo de la carretera de Ledesma, en zona rural. Adentrán-
donos en la ciudad por un barrio residencial muy poblado llegamos al punto 2
del transecto nº 3. El punto 3 de medida se encuentra en el cruce de la Avda. de
Salamanca y la Avda. de Italia. El 4 está en la Avda. de Italia, que es una vía no
Se han realizado medidas a lo largo de todos y cada uno de los transectos duran-
te una serie de días de características meteorológicas diferentes. El número de días
de medida lo hemos limitado en función de las necesidades de agrupación, y de
acuerdo con la literatura existe sobre el tema. En todo caso las observaciones rea-
lizadas nos van a permitir disponer de información suficiente para sacar conclu-
siones en cada una de las situaciones consideradas. Las horas de medida a las que
haremos referencia a lo largo del texto son horas oficiales (hora TU+1 hora o hora
TU+2 horas, según la época del año).
La localización espacial del núcleo de la isla se puede definir con mapas de
isotermas. Estos mapas se construyen a partir de los datos isocronos de tempera-
tura en cada punto de los transectos seleccionados. Hay dos formas de represen-
tar los mapas de isotermas: Imagen de la isla con isotermas reales (representando
directamente los datos obtenidos en las medidas) o representando la medida refe-
renciada al valor mínimo del transecto (valor de la diferencia de la temperatura de
cada punto y el mínimo del transecto). A estos valores los vamos a denominar inten-
sidad relativa de la isla de calor (Ir). En ambos casos hay que medir todos los tran-
sectos seguidos haciendo que los datos sean lo más homogéneos posibles. Por ello
se han elegido transectos que se cortan, de manera que, si en los puntos de cor-
te la diferencia entre la temperatura tomada, a diferente hora, no pasa de 0,5°C,
los datos obtenidos en los transectos se suponen homogéneos.
Una vez realizadas las medidas de temperatura, en diferentes días a lo largo
de los tres transectos, calculamos las intensidades relativas de la isla (Ir). Sólo se
realizan medidas nocturnas, ya que no se quiere introducir aquí la inversión de la
isla, debido a calentamientos extremos por radiación solar. Una vez obtenidos los
valores de Ir a lo largo de los tres transectos, se calculan sus valores medios y extre-
mos. Con ellos vamos a definir un perfil medio de Ir en cada transecto, para situa-
ciones de tiempo estable.
Para el transecto nº 1, en la Tabla 1, los máximos absolutos de las tres series
de valores se encuentran en la zona centro, mientras que los mínimos absolutos
están en las afueras. Cabe destacar la presencia de un mínimo relativo en el pun-
to 6 de las series de valores máximos de intensidades relativas, como efecto del
gran porcentaje de zona verde en su entorno. Aparentemente, Ir mínima es la serie
que mejor representa la diferencia entre entorno rural y urbano.
TABLA 1.–Intensidades relativas medias y extremas (°C) del transecto nº 1.
1 1,3 ,0
2 2,1 ,2
3 3,1 ,2
4 2,7 ,4
5 3,1 1,2
6 2,2 1,0
7 3,3 ,7
8 1,9 ,4
9 1,1 ,2
10 ,3 ,0
1 4,7 ,5
2 5,0 ,3
3 5,7 1,1
4 6,7 1,1
5 6,6 1,4
6 5,9 1,3
7 3,8 ,8
8 1,7 ,3
9 1,1 ,3
10 ,0 ,0
En la tabla 2 observamos que los valores medios del transecto nº 2 son supe-
riores a los del transecto nº 1. Los máximos y los mínimos más elevados se siguen
registrando en las zonas céntricas de la ciudad.
1 ,3 ,0
2 1,4 ,6
3 1,6 ,7
4 1,8 1,2
5 3,2 1,6
6 2,3 1,7
7 2,2 ,9
8 2,2 ,7
9 2,0 ,2
10 1,0 ,0
indica mediante flechas, situadas en los puntos de medida, el sentido del transec-
to. Las isolíneas se representarán cada 0,5°C.
En este transecto vamos a contar con espacios abiertos en: Pta. de Zamora, cen-
tro de la Pza. Mayor (4) y la Pza. de Anaya (10). Estos van a ser los puntos en los
que las medidas diurnas presenten los máximos valores. En el caso de la Plaza Mayor,
al igual que sucedía en el transecto A, las medidas diurnas y las nocturnas alcan-
zan valores máximos. Otro punto a destacar en este transecto es el 8, emplazado
junto a La Clerecía. Este punto, es un punto frío por la noche, pero por el día se
trata de una plaza por lo que la temperatura aumenta. En la Plaza de Anaya se alcan-
zan, de noche, los mínimos del casco viejo por ser un espacio abierto, y de día se
mantiene por tener zonas verdes.
6. CONCLUSIONES
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1. INTRODUCCIÓN
1 Desde fray Antonio de Guevara, quien es sabido ofrecía una versión de los hechos supues-
tamente simultánea a su propio acontecer (Libro Primero de las Epístolas Familiares, 2 tomos. Madrid:
Real Academia Española, 1950-1952), las interpretaciones sobre las Comunidades de Castilla han sido
tantas y tan diversas, pero, sobre todo, tan constantes, que han dado asimismo lugar a no pocos aná-
lisis de dicha secuencia historiográfica. Véase, a modo de simple ejemplo, CARRETERO, L. Las Comu-
nidades castellanas en la Historia y estado actual, Segovia, 1921; EIRAS ROEL, Antonio. Actualización
del estudio de las Comunidades’. En Hispania, 96, 1964, págs. 601-608; S. M. B., ‘Nueva bibliografía
alrededor de las Comunidades castellanas. En Estudios Segovianos, 25, 1973, págs. 536-550; GUTIÉRREZ
NIETO, Juan Ignacio. Las Comunidades como movimiento antiseñorial. (La formación del bando rea-
lista en la guerra civil castellana de 1520-1521). Barcelona: Planeta, 1973, págs. 21-122; ESTÉVEZ, Xavier.
La guerra de las Comunidades: proceso del conflicto, evolución historiográfica y últimas aportaciones
sobre el movimiento. En Mundáiz, 3, 1975, págs. 1-8; PÉREZ, Joseph. Les Comunidades de Castille et
leurs interpretations. En Cahiers du monde Hispanique el Luso-Bresilien, 38, 1982, págs. 5-28 . Actual-
mente, y debido quizás al perfil más localista que parece crecientemente caracterizar el estudio de las
Comunidades, el esfuerzo de su actualización historiográfica ha pasado de originar trabajos monográfi-
cos en el tipo de los recién aludidos, a abordarse de manera parcial, pero invariablemente, en cada una
de las nuevas contribuciones.
2 CARANDE, Ramón. Maravall ante las Comunidades. En Revista de Occidente, 16, 1964, págs.
110-115.
3 En el prólogo al trabajo de HALICZER, Stephen. Los comuneros de Castilla. La forja de una
revolución (1475-1521). Valladolid: Universidad de Valladolid, 1987), Julio Valdeón recordaba, por
ejemplo, cómo en nuestros días la guerra de las Comunidades seguía constituyéndose en elemento sus-
ceptible de manejo político, de identidad comunitaria, etc.
4 Aunque es una cuestión que el paso del tiempo hace cada vez más insoslayable, la plena afi-
nidad de los criterios políticos que habían de regir la transición a la democracia en España y aquellos
en virtud de los que se interpretaron las Comunidades por parte de sus aún hoy máximos especialis-
tas (MARAVALL, José Antonio. Las Comunidades de Castilla. Una primera revolución moderna. Madrid:
Alianza, 1979 y PÉREZ, Joseph. La revolución de las Comunidades de Castilla (1520-1521). Madrid: Siglo
XXI, 1977), queda de manifiesto, por ejemplo, en la facilidad con que el programa comunero defen-
dido por éstos se podía y de hecho se llegó a considerar en numerosos aspectos vigente en relación
a los principios que habían de regir la nueva democracia española, ya fuese a nivel estatal como de
las futuras Comunidades Autónomas. Un ejemplo ciertamente ilustrativo al respecto en DÍEZ, José Luis.
Los Comuneros de Castilla. Madrid: Mañana Editorial, 1977, especialmente págs. 99-109.
5 Uno de los más recientes e ilustrativos ejemplos es el trabajo de SÁNCHEZ LEÓN, Pablo. Abso-
lutismo y comunidad. Los orígenes sociales de la guerra de los comuneros de Castilla. Madrid: Siglo XXI,
1998.
6 Además de sus incuestionables méritos propios, una de las grandes virtudes que cabe atribuir
al monumental trabajo de Joseph Pérez, ya citado, es el de haber actuado a modo de sementera de
numerosos trabajos de alcance local sobre las Comunidades de Castilla, entre los cuales, a modo sólo
de escueta muestra cabría destacar, pongamos por caso, FERNÁNDEZ MARTÍN, Luis S. J. Feliciano de
Silva y el movimiento comunero en Ciudad Rodrigo. En Archivos Leoneses, 62, 1977, págs. 285-357; OWENS,
John. Rebelión, monarquía y oligarquía murciana en la época de Carlos V. Murcia: Universidad de Mur-
cia, 1980; FERNÁNDEZ MARTÍN, Luis S. J. El movimiento comunero en tierras palentinas. En Palencia
en la Historia. Palencia: Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Palencia, 1982, págs. 169-185; FERNÁN-
DEZ ÁLVAREZ, Manuel, La Zamora comunera en 1520. En Studia Historica. Historia Moderna, I, 1983,
págs. 7-28; RUIZ AYÚCAR, María José. Aportación a la historia de las Comunidades en Ávila. En Cua-
dernos Abulenses, 7, 1987, págs. 219-240; ÁLVAREZ DE FRUTOS, Pedro. Análisis político-social de la
revolución comunera en Segovia: causas y represión. En Estudios Segovianos, 30, 1989, págs. 5-52; PORRAS
ARBOLEDAS, Pedro Antonio. La ciudad de Jaén y la revolución de las Comunidades de Castilla. 1500-
1523. Jaén: Instituto de Estudios Giennenses, 1993; MARTÍNEZ GIL, Fernando. La ciudad inquieta. Tole-
do comunera, 1520-1522. Toledo: Diputación Provincial de Toledo, 1993; SAN ROMÁN RIVIERANT,
Josefa. La participación del concejo de Madrid en las Comunidades. En Torre de los Lujanes, 28, 1994,
págs. 211-221; DIAGO HERNANDO, Máximo. Dos precedentes del movimiento comunero en la ciu-
dad de Soria. En 1490: en el umbral de la modernidad. Actas del Encuentro de Jóvenes Historiadores.
Valencia: Generalitat Valenciana, 1994, II, págs. 797-805; GÓMEZ VOZMEDIANO, Miguel Fernando. La
revuelta de las Comunidades en La Mancha (1519-1531). En Chronica Nova, 23, 1996, págs. 135-169.
2. LA FUENTE
7 Aunque con propósitos dispares, tal es el planteamiento que parece prevalecer en trabajos como
los de COOPER, Edward. La revuelta de las Comunidades. Una visión desde la sacristía. En Hispania,
193, 1996, págs. 467-495; VAL VALDIVIELSO, María Isabel del. Aspiraciones y actitudes socio-políticas.
Aproximación a la sociedad urbana de la Castilla bajomedieval. En BONACHIA HERNANDO, J. A., (Coord.),
La ciudad Medieval: aspectos de la vida urbana en la Castilla bajomedieval. Valladolid: Universidad de
Valladolid, 1996, págs. 213-254; HERNÁNDEZ FRANCO, Juan y JIMÉNEZ ALCÁZAR, Juan Francisco, Esta-
do, aristocracia y oligarquías urbanas en el reino de Murcia. Un punto de reflexión en torno a las Comu-
nidades de Castilla. En Chronica Nova, 23, 1996, págs. 171-187.
8 AGS, Cédulas, lib. 52, fol. 156.
No obstante, la actitud de Villarreal bien puede servir para ilustrar hasta qué
punto la información contenida en las actas de la junta comunera de Salamanca
puede venir condicionada por la manipulación de que dichas escrituras fueron inva-
riablemente objeto. Que hayamos de acceder a ella como prueba judicial indica-
ría, antes de nada, que intereses específicos del litigio primaron sobre lo fidedig-
no de las transcripciones. Habrá por ello en la fuente silencios puramente
circunstanciales, pero también los habrá concienzudamente calculados. El proble-
ma, naturalmente, es que apenas si podemos tener una ligera noción de a qué res-
pondían de manera puntual tales silencios, pero, sobre todo, que se dispone de
muy escasos criterios objetivos para discernir con garantías si algo se estaba silen-
ciando realmente o no. Resulta de alguna manera lógico considerar que las actas
aquí presentadas no agotan el número de sesiones celebradas durante la rebelión.
Primero, porque bajo distintas signaturas se han encontrado un número conside-
rable de registros de juntas omitidos en los supuestamente completos que presentaba
en octubre de 1521 el fiscal del maestrescuela, incluido algunos de ellos en que
se hacía referencia expresa a las personas contra quienes justamente se estaba pro-
cediendo; y segundo, porque la secuencia casi diaria de reuniones que queda refle-
jada en períodos muy concretos, como febrero o marzo de 1521, contrasta de mane-
ra llamativa con algunos meses, caso de septiembre y octubre de 1520, en que únicamente
se constatan cinco ayuntamientos. Con todo, constancia plena de que faltan actas
de sesiones no podrá haber hasta que no aparezcan sus registros.
Lagunas bastante más fáciles de detectar, aunque de más compleja interpreta-
ción, son las relativas al contenido de cada registro. Que la concurrencia de inte-
reses dispares determina su conocimiento es algo que no admite dudas cuando
hay sesiones, como la del 23 de febrero de 1521, de las que se poseen hasta tres
versiones, y en todas ellas se registra al menos algún asunto tratado que se omi-
te en el resto; algo, por lo demás, que también se observa, incluso a través del
mismo ejemplo, en relación con el asiento en acta de los asistentes a cada ayun-
tamiento. Alguna responsabilidad de esto podría achacarse al encargado de asen-
tar por escrito el desarrollo de las juntas, máxime cuando no pocos de sus más
frecuentes asistentes coincidían en cómo Antonio de Linares, escribano a la sazón
de concejo, “muchas vezes faltava de los ayuntamyentos e dexava un moço que
savía, e después que el dicho Antonyo de Linares venía, dava por fee synado lo que
pasava por tal moço”21. El criado de Linares cometió errores –a decir verdad tan
fácilmente constatables como subsanables– al asentar, por ejemplo, el nombre u
oficio los asistentes, especialmente en los de menor rango, pero desde luego no
cabe atribuirle la omisión de importantes mandatos de la junta de los que tene-
mos noticia a través justamente de otros criterios de transcripción, cuya disparidad
puede llegar a oscilar hasta el extremo de registrarse los presentes a la reunión
pero no las decisiones en ella adoptadas.
21 ARCHV, Pleitos Civiles, Quevedo (F) C. 25-1. El mozo en cuestión era su criado, y futuro escri-
bano del número de Salamanca, Pero González.
3. LA JUNTA
Desde las agitadas Cortes en Galicia, pasando por el asesinato del procurador
Rodrigo de Tordesillas en Segovia y el cerco de la ciudad por el licenciado Ron-
quillo, las incesantes misivas entre unas ciudades sublevadas que acabarían por reu-
nirse primero en Ávila y más tarde, tras la quema de Medina, en Tordesillas desa-
fiando abiertamente el poder del Consejo Real, la derrota de los comuneros en esta
villa y su pírrica victoria en Torrelobatón, hasta el desastre final de Villalar y muer-
te de sus caudillos, los grandes hitos que conforman lo que se viene en denomi-
nar la guerra, rebelión, o incluso revolución de las Comunidades de Castilla, son
hechos por lo general tan sumamente célebres que basta en ocasiones con sólo
citarlos para dar por bien recreada aquella crítica coyuntura. Algo menos conoci-
dos, naturalmente, es aquel sinfín de sucesos que en cada localidad fue definien-
do la vida cotidiana y el sentido efectivo de la rebelión. Y en lo que toca a la for-
mación de la “comunidad” en Salamanca, ciudad en lo historiográfico prácticamente
“desierta”22, apenas si se ha llegado a establecer una narración coherente de los
22 Véanse, por ejemplo, las opiniones coincidentes de RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Ángel. Una valo-
ración de la historiografía salmantina en la Edad Moderna y ROBLEDO, Ricardo. ‘Salamanca en la His-
toriografía contemporánea. ¿Un desierto historiográfico?’ En Actas del I Congreso de Historia de Sala-
manca. Salamanca, 1992, vol. III, págs. 9-33.
hechos23, quizás por estar bastante peor documentados estos aspectos que los rela-
cionados con una mejor conocida represión de los rebeldes24.
A lo que podemos saber, pues, los primeros indicios de rebeldía que dio la
ciudad fueron los alborotos ocasionados en consistorio cuando se recibió la carta
que a principios de noviembre Toledo envió al resto de las ciudades alentándolas
a juntarse para proveer el remedio a los males del reino25. La situación, no obs-
tante, se mantuvo en calma hasta mediados de febrero siguiente, en que se supo
la convocatoria de Cortes en Santiago de Compostela, novedad que suscitó en el
regimiento la necesidad de acudir a su inveterada costumbre de consultar con repre-
sentantes del clero regular la postura a adoptar en los momentos políticamente más
delicados26. Asesorados por varios frailes franciscanos, agustinos y dominicos de
la ciudad, el día 24 de febrero el regimiento salmantino optó por buscar una pos-
tura común con el resto de las ciudades con voz en Cortes consensuando un pro-
grama de actuación inmediata definido por la limitación de los poderes de los pro-
curadores, y un retraso de las Cortes para tratar con la serenidad que convenía asuntos
de vital importancia como la provisión de oficios a extranjeros, la congelación de
los encabezamientos y servicios, así como la partida del rey. Nada nuevo, según
andaba en rumores el reino desde que comenzó a circular de ciudad en ciudad la
carta de Toledo, salvo la firme voluntad de reservarse el derecho de actuación si
el rey permanecía inflexible en sus planteamientos27. El rey no cedería, y tampoco
Salamanca, que a primeros de marzo nombraba por procuradores de Cortes con
las referidas restricciones a don Pedro Maldonado Pimentel, nieto y heredero del
doctor Rodrigo Maldonado de Talavera, consejero de los Reyes Católicos, y a Anto-
nio Hernández, hijo del licenciado Alonso Fernández de Guadalupe, aliado tradi-
cional de la facción urbana que encabezase el doctor hasta su muerte en 151728.
23 Pese a considerarla una de las ciudades cuyo papel se presumía clave para la comprensión
del movimiento comunero, Joseph PÉREZ (La revolución ..., págs. 427-728) no dedica más de un párra-
fo a lo acontecido en la formación de la comunidad salmantina, por lo que las noticias más sustan-
ciosas al respecto siguen siendo la que nos proporcionan, aun con la precaución que merecen, tanto
VILLAR y MACÍAS, Manuel. (Historia de Salamanca. Salamanca: 1973) como los antiguos historiadores
de la ciudad, especialmente, GONZÁLEZ DÁVILA y su Historia de las antigüedades de la ciudad de
Salamanca, edición facsímil, (estudio introductorio y notas de Baltasar CUART MONER). Salamanca:
Universidad de Salamanca, 1994.
24 Aspecto que se pone inequívocamente de manifiesto, por ejemplo, en el más serio intento de
compilación documental sobre las Comunidades en Salamanca como es el llevado a cabo por BELTRÁN
DE HEREDIA, Vicente en su Cartulario de la Universidad de Salamanca (1218-1600). Salamanca: Uni-
versidad de Salamanca, 1970-1972, vol. III, págs. 95-134.
25 AGS, RGS, 30 de noviembre de 1519.
26 Un claro precedente de esta costumbre del regimiento salmantino de someterse al parecer, en
este caso de frailes franciscanos, acontecido en mayo de 1516, puede verse en AHPS, Protocolos, Pero
González, leg. 2912, fols. 787-796.
27 DANVILA y COLLADO, M. Historia crítica..., XXXV, págs. 272-274.
28 Sobre la estrecha vinculación entre el licenciado Guadalupe y el doctor de Talavera, véase CLE-
MENCÍN, Diego. Elogio de la Reina Católica doña Isabel, leído en la junta pública que celebró la Real
Academia de la Historia el día 31 de julio de 1807. Madrid, 1820, págs. 365-369.
Decidió también entonces la ciudad enviar, como Toledo, mensajeros que tra-
tasen de camino a Galicia con el Consejo Real la solución de sus inquietudes, que
según Villar y Macías fueron Juan Álvarez Maldonado y Antón Enríquez29, aunque
documentalmente sólo puede constarse que fuese el primero junto con los dos pro-
curadores de Cortes30. Sea como fuere, lo cierto es que ambas embajadas fracasa-
ron estrepitosamente, pues el Consejo no prestó oídos a las súplicas de los men-
sajeros, ni se permitió el acceso a las Cortes de los procuradores por negarse don
Pedro Maldonado en última instancia a aceptar el poder en regla que enviaba el
corregidor de la ciudad31. A raíz de esto, los procuradores salmantinos desapare-
cen de la escena política hasta que mediado junio, y aprovechando la alteración
que había de vivir Salamanca por las nuevas que llegaban sobre la muerte del pro-
curador segoviano y la sedición de Toledo, desde su retiro en Babilafuente don
Pedro Maldonado movilizaba a sus secuaces en Salamanca para que la ciudad le
brindase a él, lo mismo que a Antonio Hernández, hacía ya días en la ciudad, un
recibimiento en olor de multitud en el que participaron representantes de todos
los estados de la ciudad32. Y en adelante, todo movimiento de oposición a la polí-
tica del César había de estar condicionado por el liderazgo que trataría de ejercer
don Pedro Maldonado sobre las iniciativas que en la ciudad comenzaban a tomarse.
Porque, sin más cargo que su reputación como leal servidor de la ciudad, su
intervención en asuntos como la firma por parte de Salamanca de cartas de con-
federación con otras ciudades que denunciaba el cardenal Adriano a fines de
junio33, o como el embargo de las alcabalas del partido de Salamanca que por aque-
llos mismos días decretó el regimiento34, le convertirían a mitades de julio en el
líder indiscutible de los rebeldes salmantinos. Además, un acontecimiento quizás
no del todo inesperado vino a fortalecer su posición en la ciudad. En efecto, el
día 12 de julio entraba secretamente en Salamanca el obispo Acuña al amparo del
prior de la catedral, don Álvar Gómez de Jaén, con quien mantenía una vieja
amistad desde los tiempos en que compartiesen en Roma el servicio de Alejandro VI35,
e instigaba a los rebeldes salmantinos a buscar fórmulas para liberar en Tordesi-
llas a la reina doña Juana, pero, sobre todo, a quitar como en Toledo las varas de
justicia al corregidor36. Al día siguiente, cuando en una asamblea de los estados
de la ciudad reunida en el monasterio de San Francisco se planteó la posibilidad
de deponer al corregidor, a todos los presentes había de quedarles claro que, de
37 Véase, por ejemplo, ARCHV, Pleitos Civiles, Fernando Alonso (F) C. 1473-1, respuesta de Juan
de Guijano a la 1ª pregunta, o la del ollero Juan de Cantalpino a la 7ª.
38 Los sucesos del 18 de julio se han reconstruido a través e los siguientes documentos: ARCHV,
Reales Ejecutorias, C. 445-48; ibíd., Pleitos Civiles, Pérez Alonso (F) C. 1292-1 y Lapuerta (F) C. 753-2;
AGS, RGS, 20 de diciembre de 1522 y DANVILA y COLLADO, M. Historia crítica..., XXXV, págs. 433-
434.
41 Véase el caso del consistorio celebrado el 31 de agosto de 1520 que originalmente se inclu-
ye entre las actas de la junta, pero no aquí, en ARCHV, Pleitos Civiles, Quevedo (F) C. 676-1.
42 Acaso la más sintética caracterización del organigrama institucional de una junta tipo es la que
proporciona INFANTE MIGUEL-MOTTA, Javier. En torno a la cuestión municipal en las Comunidades
de Castilla. En IGLESIAS FERREIRÓS, A. (ed.). Centralismo y autonomismo en los siglos XVI y XVII. Home-
naje al profesor Jesús Lalinde Abadía. Barcelona: Universidad de Barcelona, 1989, págs. 241-264.
Salvo para ofrecerlos como aval de toda iniciativa juntera, y de manera un tanto
protocolaria por lo demás, no hay alusiones a los bienes de propios, por ejemplo.
De los asuntos de rentas reales, asimismo, apenas si se llega a dar orden de cómo
arrendar las alcabalas de la carne, y, en fin, que únicamente los abastos merecie-
ron la atención de la junta y generalmente, además, para adoptar medidas de cor-
te populista como la provisión del vino, el embargo de las paneras de los caba-
llero ausentes para suministro de la ciudad y, fundamentalmente, la creación de
la alhóndiga y el decreto del mercado franco, eximiendo de alcabala a los productos
de fuera de la ciudad. Y es de creer que de materias tales se había de ocupar el
consistorio, dado que la desidia de la junta se torna frenética actividad en lo tocan-
te a la recluta, organización y debida financiación del total de tres ejércitos que en
envió Salamanca en socorro del reino en septiembre de 1520, así como en enero
y abril del año siguiente, cuyas formas de movilización, por otra parte, entroncan
tan estrechamente con las de las Hermandades45 como para no valorar detenida-
mente su influencia, no ya únicamente en cuanto a su organización, sino incluso
en relación al sentido mismo del movimiento rebelde.
Porque, amén de lo puramente militar, y una vez establecidos en base al pre-
ceptivo juramento los participantes de su estructura orgánica, los mayores desve-
los de la junta salmantina se dedicaron precisamente a la gestión del orden públi-
co y defensa de la ciudad, dentro de lo cual, naturalmente, se contemplaba el control
del espacio del alfoz mediante numerosas guardas y corredores del campo. Esta
particular atención comienza al tiempo casi que la propia junta, desde la que se
dictan instrucciones para proceder ante diversas contingencias46. Atención, no obs-
tante que parecerá convertirse en auténtica obsesión de los rebeldes a partir de
que las tropas realistas tomasen Tordesillas, pero muy señaladamente, desde la maña-
na del 17 de febrero de 1521 en que aparecieron clavados en varias iglesias de la
ciudad cartelones firmados originalmente por el cardenal Adriano, y en los que se
declaraba excomulgado a todo el que no actuase decididamente en contra de la
junta47. Desde entonces, el miedo al quintacolumnismo en la ciudad dio lugar no
sólo a un creciente armamento y militarización de la población, sino también su
constante exhibición dentro de la ciudad, convirtiendo cada acto rutinario de los
oficiales de la junta en toda una demostración de fuerza y cohesión comunitaria,
debido a la cantidad de gente armada de que invariablemente se hicieron acom-
pañar, tanto como al incremento de las represalias en contra de la tibieza rebelde
que se percibiese en los vecinos.
Descartadas las judiciales desde que cayó en el olvido la idea de poner en
la ciudad alcaldes de las alzadas que sustituyesen en apelaciones a los oidores
45 La organización del ejércitos comuneros que se vislumbra a través de la lectura de las actas
puede comparase con los de la hermandad en BERMEJO CABRERO, José Luis. Hermandades y Comu-
nidades de Castilla. En Anuario de Historia del Derecho Español, 58, 1988, págs. 277-412.
46 Véase al respecto GUTIÉRREZ NIETO, Juan Ignacio, Semántica del término Comunidad antes
de 1520: las asociaciones juramentadas de defensa. En Hispania, 136, 1977, págs. 319-367.
47 ARCHV, Pleitos Civiles, Pérez Alonso (F) C. 606-1.
4. PODERES Y COMUNIDAD
48 ARCHV, Pleitos Civiles, Pérez Alonso (F) C. 606-1, respuesta de Francisco Reinoso a la 4º pre-
gunta del interrogatorio.
49 Sobre la vinculación de uno y otro, véase, respectivamente, ACS, Actas Capitulares, lib. 26, fol.197 v
y AGS, Cámara-Memoriales, leg. 106, fol. 63; y ARCHV, Pleitos Civiles, Varela (OLV) C. 262-3.
50 AGS, Consejo Real, leg. 32, fol. 15.
51 Pregunta, por lo demás, que tanto demandantes como demandados confesaban abiertamen-
te constituir la clave del pleito en prueba de la culpabilidad o inocencia de los delitos que se atribuían
a los demandados. Puede verse, indistintamente, ARCHV, Pleitos Civiles, Pérez Alonso (F) C. 606-1 Fer-
nando Alonso (F) C. 1473-1, Lapuerta (F) C. 1643-5, y Quevedo (F) C. 676-1 así como AGS, Consejo
Real, leg. 32, fol. 10.
52 Particularmente, según interpretación coincidente de PÉREZ, J. La revolución..., págs. 509 y ss.;
MARAVAL, J. A. Las Comunidades..., págs. 144-175, y HALICZER, S. Los comuneros..., págs. 201-226.
53 Sobre las seculares reclamaciones de los Linajes salmantinos, véase ACS, C. 43, leg. 2, nº 64;
AGS, Cámara-Personas, leg. 1, fol. 820; AHPS, Protocolos, Pero González, leg. 2912, fol. 787; ARCHV,
Pleitos Civiles, Pérez Alonso (F) C. 1291-1, 1292-1 y 1293-1; e ibíd., Moreno (OLV) C. 938-2; así como
los trabajos de LÓPEZ BENITO, Clara Isabel. Bandos nobiliarios en Salamanca al iniciarse la Edad Moder-
na. Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos, 1983 y, especialmente, de VACA LORENZO, Ángel. La
oligarquía urbana salmantina en la Baja Edad Media. Caballeros y escuderos en pugna por los cargos
del concejo (1390-1408). En BONILLA, J. A. y BARRIENTOS (coords.). Estudios Históricos Salmantinos.
Homenaje al P. Benigno Hernadez Montes. Salamanca: Universidad de Salamanca, 1999, págs. 65-102.
54 Sobre las pretensiones colectivas del común salmantino en el periodo anterior a las Comuni-
dades, puede asimismo consultarse el trabajo de MONSALVO ANTÓN, José María. La sociedad conce-
jil de los siglos XIV y XV. Caballeros y pecheros. En MÍNGUEZ, J. M. (coord.) y MARTÍN, J. L. (dir.), His-
toria de Salamanca. Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos, vol. II, pp. 127-215.
vera y luego de su nieto, o que los caballeros declarados traidores por la junta de
Salamanca tuviesen en común, además de haber huido, su adscripción personal al
arzobispo Fonseca.
Y es que la identidad personal era por entonces un criterio de precedencia polí-
tica tanto o más importante que la presencia institucional, por lo que la hechura
orgánica de la junta comunera mal podía haber constituido la excepción, y no lo
hizo. Uno de los flamantes alcaldes era tío carnal de Francisco Maldonado, nieto
asimismo del doctor de Talavera, procurador en la Santa Junta de Tordesillas y Valla-
dolid y capitán general de la comunidad salmantina59. El deán don Juan Pereyra60,
diputado de la Iglesia, lo mismo que su pariente Pero Bonal61 y Pero Enríquez de
Sevilla62, que lo eran de los Linajes, habían sido fieles aliados del de Talavera, al
igual también que Francisco de Anaya63, y su tío el doctor de la Reina, suegro a
su vez de Francisco Maldonado64. Podría seguir citándose nombres y vínculos has-
ta definir por completo la tupida gama de relaciones en que don Pedro Maldona-
do basó su liderazgo, que no eran por otra parte sino las habituales entre las oli-
garquías castellanas de la época. Pero sus redes alcanzaban también al común de
la ciudad, extremo que pudiera contribuir a explicar la aceptación de que siem-
pre gozó don Pedro entre los sectores populares. Veyntes de las parroquias como
fueron Gonzalo Hernández, el viejo65, y su hijo homónimo66, Juan Bueno67, Pedro
de Morales68, Francisco Pérez69, o Blas de Vergara70, estaban vinculados a perso-
nalmente a la casa de don Pedro, aunque sólo de igual modo, por ejemplo, que
Antón Martín71 y su hermano Pero Martín72, ambos veyntes, servían respectivamente
en casa de regidores como el comendador Gricio y el doctor de la Reina. Y su desig-
nación para el cargo tampoco había sido casualidad, pues, a lo que podemos
saber, “al dicho don Pedro llevaron memoria de çinco o seys personas de onbres
para que dellos nombrase el que quisiese que fuese veynte”73.
Declaración, junto a los resultados que sabemos, que sirven para poner en tela
de juicio el tantas ocasiones únicamente presupuesto régimen democrático de las
juntas locales. Aunque en realidad lo de menos era por razón de qué se asistía a
los ayuntamientos, sino lo que se podía decidir en ellos. Y en este sentido, son
numerosos los testimonios de asistentes habituales a las juntas que corroboran la
tendencia de los regidores comuneros a hacer salir a los veyntes y algunos dipu-
tados de la sala para continuar la reunión, “porque dezian que aquella hera jun-
ta de secreto”74. Claro que ni siquiera eso podía ser necesario, pues muchos de los
asuntos que se trataban en la junta, llegaban ya a ella con la decisión previamen-
te tomada, ya hubiese sido en sesión del consistorio, o bien en el marco de los
comités de no más de cinco asistentes que solía celebrar el deán en su casa75. Y
puede, incluso, que esta actitud quedara de alguna manera reflejada en el lacóni-
co estilo de los registros de la junta, y en la total ausencia de opiniones políticas
que recogen las actas.
Por todas estas cosas, la mayor parte de quienes formaron la junta comunera
y vivieron para contarlo, no solían tener excesivas dudas respecto a que en ella,
según por ejemplo lo expresó el veynte Gonzalo Hernández, “no se hazía otra cosa
syno lo que mandava el don Pedro e el deán e Francisco Maldonado, que los otros
heran todos moços e mandados”76. Pero tampoco las cosas eran del todo así. En
ciudad existía un larvado malestar porque después de tantos sinsabores, las cosas
del gobierno, al menos el de la ciudad, seguían por los mismos derroteros que siem-
pre. Andrés González, veynte de la Magdalena en los comienzos de la rebelión,
dejó asqueado su cargo porque en su parroquia no le tocaba sino callar ante los
reproches que le hacían sus convecinos sobre que “en la dicha junta que no se
hazía lo que cunplía a la çibdad”77. Siempre había quien, con algo menos de inge-
nuidad política quizás, estaba dispuesto a tomárselo con mejor humor. Era el caso
de algunos vecinos del barrio de la catedral, que solían burlarse de Juan de Zara-
goza diciéndole “que no avya tan grand lobo veynte como él hera en la dicha çib-
dad”78. No obstante, el tono de las quejas era mucho más amargo, y veyntes por
ejemplo como Juan de Guijano y Francisco de Salamanca llegarían a lamentarse
en la junta de “que las dichas perrochias no los pusieron para ser moços e man-
dados”, y, sobre todo, “que la çibdad no mandava estar allí sus veyntes para ave-
riguar las diferencias que entre los caballeros de la dicha çibdad avya”79.
74 ARCHV, Pleitos Civiles, Quevedo (F) C. 676-1, declaración de Francisco Rodríguez, veynte de
San Cebrián en 1521, a la 3ª pregunta.
75 ARCHV, Pleitos Civiles, Pérez Alonso (F) C. 606-1. Declaración de Pedro de Pascua a la 4ª pre-
gunta.
76 ARCHV, Pleitos Civiles, Fernando Alonso (F) C. 12-3.
77 ARCHV, Pleitos Civiles, Quevedo (F) C. 25-1.
78 ARCHV, Pleitos Civiles, Fernando Alonso (F) C. 1473-1. Respuesta de Martín Sánchez a la 8ª
pregunta.
79 ARCHV, Pleitos Civiles, Fernando Alonso (F) C. 1473-1. Respuestas de los aludidos al juramento
de calumnia y 1ª del interrogatorio, respectivamente.
Quizás porque, según decían, “en la dicha junta no se hazía quenta de los veyn-
tes”, nadie se tomó a mal aquellos comentarios, pero tampoco es que los princi-
pales cabecillas admitiesen de buena gana las críticas. El deán de Salamanca, a lo
que parece, mandaba callar a todo el que se atrevía a no comulgar con su pare-
cer80, y don Pedro Maldonado, porque osó interrumpirle en consistorio, hizo callar
al turbulento Juan de Valloria amenazándole allí mismo con “hazerle ahorcar de
las ventanas abaxo”81. Sin embargo, no siempre habían de salirse don Pedro y sus
secuaces con la suya. Casi todos en la ciudad podían recordar también cómo don
Pedro Maldonado hubo de ceder al “alboroto que se iço en la plaça, que se junta-
ron al pie de çinco mill onbres que dezían a vozes que se hiziese mercado franco”.
Y es que había llegado provisión de la Santa Junta ordenando que se hiciese en
la ciudad mercado franco, pero don Pedro y el resto de los regidores habían deci-
dido dilatar su estreno “hasta tener manera que Sus Majestades fuesen pagados de
sus rentas”82. Se trataba, sin duda, de la misma restricción a la franqueza que esta-
blecería el regimiento salmantino en 1528, cuando el Consejo Real dio de nuevo
licencia a que se hiciese en la ciudad el mismo mercado franco que se abolió tras
la derrota de las Comunidades83.
***
80 ARCHV, Pleitos Civiles, Quevedo (F) C. 676-1. Repuestas de los veyntes Antón de Toledo y
Miguel de Salamanca a la 15ª pregunta del interrogatorio
81 ARCHV, Pleitos Civiles, Quevedo (F) C. 676-1. Respuestas de los también veyntes Frrancisco
Pérez y Benito Frenero a la 10ª pregunta.
82 ARCHV, Pleitos Civiles, Fernando Alonso (F) C. 12-3. Respuesta de los veyntes Gonzalo Her-
nández y Francisco de Salamanca a la 4ª pregunta.
83 MARTÍN RODRÍGUEZ, José Luis. Ordenanzas de Salamanca. Libro cuarto: abasto de la ciu-
dad. Salamanca: Mercasalamanca, S.A., 1997, págs. 143-155.
APÉNDICE DOCUMENTAL
I
Ayuntamiento en la yglesia mayor este día, a veynte e dos días del mes de
agosto de iUdxx años.
En Salamanca, este dicho día se juntaron dentro en la yglesia mayor los seño-
res regidores e sesmeros e diputados de los estados de la dicha çibdad, es a saber:
los señores don Pedro Maldonado Pimentel e Françisco Maldonado e Alonso Enri-
ques e Diego Bonal e Antonio Hernandes, regidores; e Françisco Rodrigues de Çori-
ta e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çibdad; e Pero Xiraldes e Juan Escudero e
Benyto Frayle e Martin Porras, sesmeros de la tierra della; e el señor Deán de Sala-
manca y el señor prior Alvar Gómez como diputados de la yglesia; e Pero Enrí-
ques y el Bachiller Andrés de Toro, como diputados de los linages; e Juan de Vallo-
ria, como diputado del pueblo; e Pedro de Paloma e Juan de Guijano, como
diputados de los veynte de la dicha çibdad, e otras personas de los dichos veyn-
te e del dicho pueblo.
Escrivir a los cavalleros avsentes
Encargaron a los señores Françisco Maldonado e Diego Bonal que vean los cava-
lleros e personas avsentes a quyen se deve escribir, e que vengan a esta çibdad e
les escrivan que vengan con los cavallos e armas, al térmyno e so la pena que les
pareçiere.
II
Ayuntamiento en la yglesia mayor a xxiii días del mes de agosto de iUxx años.
En Salamanca, este día se juntaron dentro en la claostra de la yglesia mayor
de la dicha çibdad los señores regidores e los sesmeros e diputados de los esta-
dos de la dicha çibdad, conviene a saber: don Pedro Maldonado Pimentel e Alon-
so Enríques e Antonio Hernández e Françisco Maldonado, regidores; e Françisco
III
Ayuntamiento en la yglesia mayor a xxv días del mes de agosto de iUdxx
años.
En Salamanca, este dicho día dentro en la yglesia de nuestra señora la mayor,
en la claostra, se juntaron los señores regidores sesmeros e diputados de los esta-
dos de la dicha çibdad, conbiene a saber: don Pedro Maldonado Pimentel e Alon-
so Enríques e Françisco Maldonado e Antonyo Hernández, que son de los regi-
dores de la dicha çibdad; e Françisco Rodríguez de Çorita e Juan Syerra, sesmeros
de la dicha çibdad; e Pero Xiraldes e Martín de Porras e Juan Escudero e Benyto
Frayle, sesmeros de la tierra della; y el señor deán de Salamanca y el prior Alvar
Gómez, diputados de la yglesia; e Pero Enríquez de Sevilla e el bachiller Andrés
de Toro, como diputados de los linages; e Juan de Valloria y Estevan de Buena-
madre, como diputados del pueblo; e Pedro de Pascua, como diputado de los veynte;
IV
Ayuntamiento del martes, a xxviii días del mes de agosto de iUdxx años.
En la çibdad de Salamanca, martes a veynte e ocho días del dicho mes de agos-
to de mill e quinyentos e veynte años, se juntaron los señores regidores e sesme-
ros e diputados de los estados de la dicha çibdad, conbiene a saber: los señores
don Pedro Maldonado Pimentel e Françisco Maldonado e Alonso Enríquez e Anton-
yo Hernández e Cristóbal de Villafañe, regidores; e Françisco Rodríguez de Çori-
ta e Juan Sierra, sesmeros della; e el señor deán de Salamanca e el señor chantre
de Salamanca e el prior Alvar Gómez, como diputados de la yglesia; e Françisco
de San Miguel e el bachiller Andrés de Toro, como diputados de los linages; e Juan
de Valloria, diputado del pueblo; e Pedro de Pasqua, diputado de los veynte; e
Hernando de Ontiveros e Pedro del Pino e Alonso de Ornyllos e Juan Benyto e
Alonso Palanca e Martyn de Rollan e Melchor Gonçález e Françisco de Salaman-
ca e Françisco de Castroverde e Juan de Pasqua, çerrajero, e Françisco Pérez e Juan
de la Ribera e Juan de Çaragoza, de los veynte; e otros del pueblo de la dicha
çibdad.
Çerca del corregidor que se fue.
En el dicho ayuntamiento, este día los dichos señores regidores e sesmeros e
diputados e veyntes dixeron que a su notiçia hes venydo que el señor don Juan
de Ayala, corregidor de la dicha çibdad de Salamanca por la reyna e por el rey su
hijo, nuestros señores, tenyendo el dicho ofiçio se a ydo e avsentado secreta-
mente de la dicha çibdad e de su jurediçión para no bolver a ella, e aliende que
dixeron ser ansy notorio e público, para se ynformar çerca dello tomaron e reçi-
bieron juramento en forma de derecho de Juan Bueno, veçino de la dicha çibdad
que estava presente, juró, etc.
El dicho Juan Bueno, testigo susodicho, jurado e preguntado en el dicho caso,
dixo que sabe que es notorio en la dicha çibdad que el dicho señor don Juan de
Ayala, corregidor de la dicha çibdad, se fue e avsentó ayer della, e que luego vino
a notiçia de los señores regidores e diputados de los estados que estavan juntos,
algunos dellos vinieron a la posada del dicho señor corregidor e ablaron a la
señora doña María, su muger, e le preguntaron por el dicho don Juan de Ayala,
corregidor, e ella les dixo e respondió que por algunas cavsas el se avya salido
desta çibdad para no bolver a ella, e questo sabe porque se alló presente a ello e
lo vyo ansy pasar para el juramento que fizo.
Yten juró el dicho caso en forma Fernando de Parada, criado del chantre de
Salamanca, que estava presente, e syendo preguntado dixo que sabe e vio que ayer,
çerca de mediodía, el dicho señor don Juan de Ayala, corregidor, salió desta çib-
dad con su alguazil por el camino de Alva adelante a toda priesa, e traspasó por
el dicho camino adelante, e dende a un rato vio este testigo cómo un onbre, que
no sabe cómo se llama, bolvía e traya la vara del dicho corregidor a la dicha çib-
dad de Salamanca, e oyó decir a algunas personas que por allí estavan que el dicho
corregidor se yba para no bolver más a la dicha çibdad, e questo sabe deste fecho
para el juramento que fizo.
Luego yncontinente juró çerca de lo que dicho es Mateo Garçía, odrero, vezi-
no de la dicha çibdad, que estava presente, en forma, etc., e syendo preguntado
dixo que ayer lunes a las diez oras antes de medio día poco mas o menos, ven-
yendo este testigo del arrabal de allende la puente, vio cómo el dicho don Juan
de Ayala, corregidor, e su alguazil con él, e dos moços de espuelas, salieron por
la puente e por el dicho arraval adelante, e camynaron por el camyno de Alva a
grand priesa quanto podían; y este testigo se maravilló de los ver yr tan depriesa,
e que todos los que allí estavan dezían públicamente que el dicho corregidor se
yba desta çibdad para no volver a ella, e que sabe que antes tenya el dicho corre-
gidor alçada su hazienda e no tenya casi nada en casa, e esto es notorio, e que
como este testigo vio cómo el dicho corregidor se yba e dexava la çibdad, vyno
a la yglesia mayor donde estavan juntos los regidores e diputados de los estados des-
ta çibdad e ge lo fizo saber, e que esto sabe deste fecho para el juramento que fizo.
Luego yncontinente juró çerca de lo que dicho es Françisco Mynaya, vezino
de la dicha çibdad, que estava presente, en forma, etc., e syendo preguntado en
el dicho caso, dixo que sabe cómo ayer estando los señores regidores y diputa-
dos de los estados desta çibdad en la yglesia mayor della, vynieron alli çiertas per-
sonas e dixeron cómo el señor don Juan de Ayala, corregidor, hera ydo de la dicha
çibdad para no bolver a ella, e que le avyan visto yr por el camyno de Alva a grand
priesa e que se avya apeado de una mula e tomado un cavallo de su alguacil, e
ydose a mucha priesa, e como esto se supo en la dicha junta, luego vynieron algu-
nos de los regidores e cavalleros que allí estavan a la posada del dicho corregidor
e ablaron a la señora doña María, su muger, que allaron en la posada e le preguntaron
por el dicho corregidor e cómo avya sydo la mudança que avya fecho, e la dicha
doña María les respondió e dixo que por algunas cosas el dicho corregidor se avya
ydo desta çibdad para no bolver a ella, e que de allá donde estuviese faría mejor
el serviçio desta çibdad que de acá, e que sy conbenía a la çibdad hazer avtos e otra
cosa, que fiziesen lo que viesen que cunplía a la çibdad, e que a esto se falló este
testigo presente e lo vio ansy pasar para el juramento que fizo.
Yten, luego yncontinente juró e fizo juramento en forma de derecho en la dicha
razon Diego de Fromista, vezino de la dicha çibdad, que estava presente, e dixo
que ayer antes de medio día oyó este testigo que el dicho don Juan de Ayala, corre-
gidor, con su alguazil se yba desta çibdad e que yba por el camyno de Alva, e que
este testigo e otros fueron por el dicho camyno de Alva adelante a ver sy hera ver-
dad que se yba el dicho corregidor, e llegando a Carpihuelo, poco antes, encon-
traron un onbre desta çibdad, que no se acuerda cómo se llama, e dixo a este tes-
tigo e a otros que no curasen de trabaxar, que el dicho corregidor yba ya muy lexos
por el dicho camyno de Alva, e que allí bolvían la vara del dicho corregidor a esta
çibdad; e que es notorio e público en la dicha çibdad que el dicho corregidor se
fue de la dicha çibdad para no bolver a ella, e questo sabe deste fecho para el
juramento que fizo.
Luego, los dichos señores regidores e sesmeros e diputados de los estados e
personas del dicho pueblo, dixeron que por quanto el dicho señor don Juan de
Ayala, que hera corregidor de la dicha çibdad, se fue e absentó fuera della e de
su juridiçión para no volver, e sus tenientes no an querido juzgar, e la dicha çib-
dad está syn corregidor e justiçia, e aun ayer después de absentado el dicho corre-
gidor sobrevino la muerte de un onbre e algund alboroto, e conbiene para ser-
viçio de Dios e de la Reyna e Rey nuestros señores e paçificaçión desta çibdad
que aya en ella justiçia e quyen la administre, por ende todos de un acuerdo e
voluntad e conformidad, e acatando la sazón y el estado al que al presente está
el tienpo, eligieron por corregidor e justiçia mayor desta çibdad por la Reyna e por el
Rey nuestros señores, al señor don Pedro Maldonado Pimentel, regidor de la dicha
çibdad, que estava presente, e le pidieron por merçed que lo quisyese açebtar por-
que ansy conbenia al dicho serviçio de Dios e de sus magestades e bien e paçifi-
caçión e sosiego desta çibdad. Luego, el dicho señor don Pedro pidió por merçed
a los dichos señores que no le quisyesen encargar el dicho ofiçio e que lo diesen
a otras personas de mas sufiçiençia e abilidad. Luego, los dichos señores dixeron
que al dicho señor don Pedro helegían e heligieron como helegido tenyan, e le
pidieron por merçed e sy hera menester le mandaron que lo açebte e huse dello
e no faga otra cosa, porque ansy conbiene como dicho es, e le dixeron y entre-
garon su vara para que huse y hexerça el dicho ofiçio de corregidor e justiçia mayor
de la dicha çibdad e su tierra e jurediçión bien e cumplidamente, e aya de la dicha
çibdad e le sea avydo e pagado el salario acostunbrado de corregidor; e esto dixe-
ron que fazían e fizieron desta manera esta vez por el estado de las cosas, porque
ansy conbiene y es neçesaryo e que no sea visto ny se entienda para adelante
Otros ofiçiales.
Yten los sucapitanes de la gente de pie e los cabos de esquadra e los sargen-
tos e alferes e atanbores e pífanos, a cada uno dellos paga doble.
Maestro de Canpo.
Al señor Hernando Hernández, que a de yr por maestro de canpo, que aya de
salario cada mes de los que se ocupare en serviçio de la çibdad como maestro de
canpo, doze ducados cada mes.
Tenyente de Capitán.
Al tenyente de capitán general, que diz que a de ser Rodrigo Bonal, que aya
de salario quynze ducados cada mes por el tienpo que se ocupare como tal ten-
yente en serviçio de la çibdad.
Dottor Çuñiga
Por quanto los señores procuradores de las çibdades e villas destos reynos que
asysten en la Junta de la çibdad de Avila, escrivieron a esta çibdad que se enbia-
se a la dicha Junta al dottor Alonso de Çúñiga, porque avya neçesydad de su yda,
por ende que los dichos señores rogaron e mandaron al dicho dottor Alonso de
Çúñiga, que estava presente, que dentro de tres días parta desta çibdad e vaya a
la dicha Junta de Ávila, e que de allá no salga ny venga syn liçençia de los seño-
res de la dicha Junta, e que no haga otra cosa so pena de perdimiento de bienes
e derrocamiento de sus casa. Luego, el dicho dottor Alonso de Çúñiga dixo que
por themor de la dicha pena cunpliría el dicho mandamiento. Mandaron que se
escriva con él a la Junta cómo va.
De que se a de pagar la gente e exerçito.
En el dicho consystorio, este día, los dichos señores corregidor, alcaldes e regi-
dores e sesmeros e diputados de los estados e veyntes e personas sobredichas, dixe-
ron que, por quanto la gente y exérçito questa çibdad haze e a de enbiar es para
cosas del serviçio de Dios e de la Reyna e del Rey su hijo nuestros señores, e bien
e defensa e paçificaçión destos sus reynos e señoríos, e por que diz que son
ynformados que en otras çibdades se hazen e enbian exerçitos, se faze desta
manera, acordaron e mandaron que las costas e gastos e salarios de la dicha gen-
te e exérçito e lo a ello anexo, sea de dineros de las rentas reales desta çibdad e
su partido e del serviçio de sus altezas.
Chantre.
En el dicho consystorio, este día el dicho señor chantre de Salamanca, por sy
e por otras dinidades e personas de la iglesia, pidió por merçed a los dichos señores
justiçia e regidores e seysmeros e diputados que no les echen gente de cavallo ny
de lanças para el dicho exerçito e gente que la çibdad haze, porque ellos no la
entienden dar de su voluntad e que les arán merçed en ello. Los dichos señores
dixeron que mandavan e mandaron que las personas de la dicha yglesia den las
lanças de cavallo que les estavan repartidas al termino puesto, con aperçibimien-
to que no lo cunpliendo se executarán las penas puestas. El dicho chantre lo pidió
por testimonio.
Para sacar a paz e a salvo a los que an encargado.
En el dicho consystorio, este día los dichos señores justiçia e regidores e seys-
meros e diputados e personas sobre dichas en boz e en nonbre de la dicha çib-
dad, prometieron firmemente que todos los cargos ansy de justiçia, como de capi-
tanías e otras cosas e cargos que esta çibdad e estados e ayuntamiento della an
proveydo e proveyeren a qualesquier persona o personas en qualquier manera, que
por ello a ninguno ny a alguno dellos, no verná daño ny perjuyzio ny detrimen-
to alguno de sus personas e hazienda ny de otra manera, a que todos le sacarán
a paz e a salvo yndene de todo ello e de cada una cosa e parte dello, so obli-
gaçión de todos los bienes e propios de la dicha çibdad e muebles rayzes avydos
e por aver, que obligaron e asy lo otorgaron ante my el presente escrivano.
Fuegos, lo que Dios no quiera.
Que puesto caso, lo que Dios no quiera, que en esta çibdad se ofresca algund
fuego e quema de casa o casas, mandaron que nyngund vezino de la dicha çib-
dad acuda ny vaya al dicho fuego syn liçençia o mandado de la justiçia, e que todos
los vezinos de la dicha çibdad acudan luego que sobreviniere fuego a la plaça arma-
dos con sus armas para yr e fazer lo que por la justiçia fuere mandado, e manda-
ron que todos los carpinteros de la dicha çibdad acudan luego con sus aparejos
al fuego e fuegos e travajen de lo atajar con toda diligençia so pena de perdimiento
de bienes e de ser avydos por traydores e deRocamiento de casas, e que se able
con los conventos de los monasterios desta çibdad para que los frayles dellos acu-
dan a los dichos fuegos e travajen e se atajen.
V
Ayuntamiento en la yglesia mayor a ii días del mes de septiembre de iUdxx
años.
En la dicha çibdad, este dicho día dentro de la claostra de la yglesia se junta-
ron las justiçias e regidores e sesmeros e diputados de los estados de la dicha çib-
dad, conbiene a saber: don Pedro Maldonado Pimentel, regidor e corregidor en la
dicha çibdad por sus altezas, y el liçençiado Pedro Ternero, alcalde, e Diego Bonal
e Alonso Enríques e el comendador Griçio e Françisco Maldonado, regidores; e Juan
Syerra e Françisco Rodrígues de Çorita, sesmeros de la dicha çibdad, e Juan Escudero
VI
Ayuntamiento del martes, xi de septiembre de iUdxx años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio los seño-
res justiçia e regidores e sesmeros e diputados de los estados desta çibdad, con-
biene a saber: el dicho señor don Pedro, corregidor; e los dichos alcaldes, e Die-
go Bonal e Antonyo Hernándes; e Françisco Rodrígues de Çorita e Juan Syerra, sesmeros
de la çibdad; e el señor deán e el señor chantre de Salamanca y el prior Alvar Gómez,
diputados de la yglesia; e Pero Enríquez e Pero Bonal e Françisco de San Miguel
y el bachiller Andrés, como diputados de los linages; e Juan de Valloria, diputado
del pueblo; e Juan Guixano e Pedro de Pasqua como diputados de los veynte, e
otros muchos de los dichos veynte.
Guardas de las puertas e escuderos.
Mandaron a los guardas de las puertas que, yendo los escuderos con sus seño-
res e señoras, avnque vayan a cavallo, que las guardas de las puertas los dexen
salir fuera de la çibdad e no les ynpidan la salida.
Çiertos cavalleros e sus escuderos e criados no entren ny esten en la çibdad.
En el dicho ayuntamyento, este dicho día los dichos señores justiçia e regido-
res e sesmeros e diputados e veyntes, dixeron que por quanto los cavalleros de
yuso escriptos se fueron e avsentaron desta çibdad syn cavsa ni razón alguna e no
an buelto a ella, antes son ynformados que an andado fuera de la dicha çibdad
proponyendo e procurando cosas de su daño e perjuizio, e porque entienden que
asy cunple al serviçio de Dios e de la Reyna e Rey nuestros señores e al bien e
paçificaçion e sosiego de la dicha çibdad, acordaron de mandar e mandaron que
nynguno ny alguno de los dichos cavalleros de suso esciptos, ny sus escuderos ny
criados ny alguno dellos, no entren ny estén en esta çibdad de Salamanca en mane-
ra alguna, e los escuderos e criados dellos que están en la dicha çibdad, que sal-
gan e se vayan fuera della dentro del terçero día primero syguiente, e no buelvan
a ella ny estén en ella, so pena de perdimyento de bienes a cada uno que lo con-
trario hiziere, e que le sean derrocadas las casas e de ser avidos por traydores, e
que no lleven armas ny cavallos los que salieren desta çibdad so las penas que se
pregone. E que no se entienda en lo que dicho es el escudero o escuderos, cria-
do o criados de los dichos cavalleros que constare por verdad que son despedi-
dos de los dichos sus amos e hizieren juramento e dieren fianças de no venyr ny
yr mas con ellos.
Que son los cavalleros de yuso escriptos en esta siguiente guisa: Pero Ordo-
ñes, don Bernaldino, comendador Eliche, comendador Françisco de Myranda, don
Alonso de Çúñiga, el comendador Antonyo Osorio, Pedro de Solis, Diego Maldo-
nado de Espino, su hijo, don Pedro de Çúñiga, Alonso Rodríguez de Fonseca, Antón
Enríques, Pedro de Anaya, don Garçía Manrique, Hernán Enríques.
VII
Junta del martes, xxv de septiembre de iUdxx años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día se juntaron en las casas del consys-
torio el señor don Pedro Maldonado Pimentel, regidor e corregidor, e Alonso Enrí-
ques; el deán de Salamanca, el chantre e el prior como diputados de la yglesia; e
Pero Bonal e Pero Enríques y el bachiller Andrés de Toro, como diputados de los
linages; e Juan de Valloria, como diputado del pueblo; e muchos de los veyntes
desta çibdad.
Juros.
Encargaron a los señores Pero Bonal e el prior e el sesmero Çorita e Valloria,
vean los juros que son antiguos e se deven pagar en esta çibdad e su partido, e
trayan relaçion e se probean cómo se enbarguen los libramyentos que estovieren
fechos de juros nuevos. E que los señores el chantre e Pero Bonal escrivan a la
Junta, a los procuradores desta çibdad, que enbien declaraçión quáles son juros
viejos o nuevos.
Juros.
Que se den mandamyentos para la çibdad e tierra que nyngund andador ny
conçejo, no acuda con nyngund juro ny librança avnque esten librados por el reçe-
tor de las alcavalas, fasta que no venga la declaraçión de la Junta sobrello e a que
se mande lo que an de hazer.
VIII
Junta del viernes en la tarde, a xxviii días de septiembre de iUdxx años.
En la dicha çibdad, este día, viernes, veynte e ocho de setienbre deste dicho
año, en la tarde, se juntaron dentro en las casas del consystorio el señor don Pedro
Maldonado Pimentel, regidor e corregidor e justiçia mayor en la dicha çibdad por
la Reyna e Rey nuestros señores, e los liçençiados Lorenço Maldonado e Pedro Ter-
nero, alcaldes en la dicha çibdad; e el comendador Françisco de Griçio e Alonso
Enríques e Antonyo Hernández, regidores; e Françisco Rodrígues de Çorita e Juan
Syerra, sesmeros de la dicha çibdad; e el deán e el chantre e el prior de la ygle-
sia de la dicha çibdad, como diputados de la dicha yglesia; e el bachiller Andrés
de Toro, como diputado de los linages; e Juan de Valloria, como diputado de la
comunydad; e Hernando de Ontiveros e Juan Calvo e Françisco de Salamanca e
Françisco Pérez, e otros muchos de los veyntes de la dicha çibdad.
Al de Çafra.
Encargaron e mandaron al bachiller Andrés de Toro que, con la carta que se
traxo de la Santa Junta para el padre de Zafra, vaya a se la notificar a Benavente
a donde el estoviere.
IX
Junta a xxix días de septiembre de iUdxx años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día se juntaron en la posada del señor
deán de Salamanca el señor don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor e justiçia
mayor en la dicha çibdad por la Reyna e por el Rey su hijo, nuestros señores; e
Françisco Rodrígues de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çibdad; y el señor
don Juan Pereyra, deán de Salamanca, como diputado de la yglesia della; e Juan
de Guijano, como diputado de los veynte; e el bachiller Andrés de Toro, como dipu-
tado de los linages; e Juan de Valloria, como diputado del pueblo; e Hernando de
Ontiveros e Juan de Çaragoza e Juan de Pasqua e otros de los veynte, e Alonso
de Salamanca e Pero Gonçáles, mercadero, como çibdadanos diputados.
Junta en la yglesia mayor a quatro días del mes de otubre de mill e quin-
yentos e veynte años.
En Salamanca este día se juntaron la justiçia regidores e sesmeros e diputados
de los estados desta çibdad de Salamanca en la claustra de la yglesia mayor della
para entender platicar e proveer en las cosas tocantes al serviçio de Dios e de sus
altezas e bien destos reynos e desta çibdad, conviene a saber: el señor don Pedro
Maldonado Pimentel, regidor e coRegidor e justiçia mayor en la dicha çibdad por la
reyna e por el rey su hijo nuestros señores, e el liçençiado Pedro Ternero, alcalde e
Alonso Enrríquez e Antonyo Fernández, que son de los regidores de la dicha çib-
dad, e don Juan Pereyra, deán de Salamanca e don Bernaldino López de Logro-
ño, chantre de Salamanca, como diputados de la yglesia della, e Françisco de San
Miguel como diputado de los linages, e Juan de Valloria como diputado del pue-
blo, e Pedro de Pasqua e Juan de Guijano como diputados de los veynte e otros
asaz dellos veynte de la dicha çibdad.
XI
Comisyón.
Encargaron a los señores deán, chantre e prior e sesmero Çorita e Valloria, que
ordenen los capitulos que se an de jurar más e allende de lo que está jurado, e lo
trayan a esta junta.
Juros.
Que el reçetor de las alcavalas, ni ningund arrendador ny conçejo, no acuda
con juro nynguno de los que ay en las alcavalas desta çibdad e su tierra e parti-
dos sin mandamyentos desta çibdad, so las penas que están puestas.
XII
Junta a xv días de otubre de iUdxx años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron el señor don Pedro Maldonado Pimen-
tel, corregidor, e los liçençiados Lorenço Maldonado e Pedro Ternero, alcaldes; e
los señores Alonso Enríques e Antonyo Hernándes, regidores; e Juan Syerra, ses-
mero de la dicha çibdad; e los señores don Juan Pereyra, deán de Salamanca, e
don Bernaldino López de Logroño, chantre, e don Álvaro Gómez, prior; y el bachi-
ller Andrés de Toro y Françisco de San Miguel, como diputados de los linages; e
Juan de Valloria, como diputado del pueblo; e Pedro de Pasqua e Juan de Guixa-
no como diputados de los veynte; e Françisco de Castroverde e Françisco de Sala-
manca e Juan de la Ribera e Juan de Çaragoza e Françisco Perez e Alonso Palan-
ca e Antón del Pino e Juan de Pasqua e Hernando de Ontiveros e otros de los
veynte; e Pero Gonçáles e Alonso Hernándes e Juan Calvo e Alonso de Salaman-
ca, e otros çibdadanos.
Carta de Burgos.
En el dicho ayuntamiento, este día, vieron una carta de la çibdad de Burgos
que traxo a esta çibdad Rodrigo de Vallejo, e unos capitulos que traxo, e oyeron
lo que dixo. Acordaron que el prior Alvar Gómez e Alonso de Salamanca vayan a
la dicha çibdad de Burgos con carta desta çibdad de creençia e respondan a lo
susodicho.
Escrivir a Çamora,Toro e Valladolid e otras.
Encargaron e cometieron al señor chantre de Salamanca que escriva por esta
çibdad cartas a las çibdades de Valladolid e Çamora e Toro e Medina e Segovia e
Ávila como aquy se conçertó, e que yo firme por la çibdad las cartas e las selle.
XIII
Junta del jueves, a xviii de otubre de iUdxx años.
Juntáronse este día en las casas del consystorio el señor liçençiado Lorenço Mal-
donado, alcalde, e Antonyo Hernándes, regidor; e Françisco Rodrígues de Çorita;
e el señor deán, como diputado de la yglesia; e Pero Enríques e Françisco de San
Miguel, como diputados de los linages; e Juan de Valloria, diputado del pueblo, e
XIV
Junta a xxvii días del mes de otubre de iUdxx años, este día en la tarde.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día en la tarde se juntaron en las casas
del consystorio el dicho señor don Pedro Maldonado Pimentel, regidor e corregi-
dor; e el liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde; e Antonyo Hernández, regidor;
y Françisco Rodríguez de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çibdad; e el
señor don Juan Pereyra, deán de Salamanca, como diputado della; e Pero Enríques,
como diputado de los linajes, e Pero Bonal, como diputado de los linages; e Juan
de Valloria, como diputado del pueblo; e Juan Escudero, sesmero de Armuña; e
Hernando de Ontiveros e Françisco de Castroverde e Rodrigo de Carrión e Françis-
co de Salamanca e Diego Garçía e Juan de la Ribera e Martyn de Rollán e Antón
del Pino e Miguel de Salamanca e Alonso de Ornyllos e Françisco Pérez, e otros de
los veynte de la dicha çibdad, e Geronymo Leonés e Pero Gonçáles, mercadero.
traya o enbie recavdo cómo los dio a la dicha Junta, e que el dicho Villareal lo
cumpla, so pena de perdimiento de bienes. Esto se gastó después en el exérçito
que fue con el pendón desta çibdad en socorro de la Reyna nuestra señora e de
la Junta a Tordesyllas.
XV
Junta.
En Salamanca, sábado, tres días del mes de novienbre, año de mill e quynientos
e veynte años, se juntaron en las casa del consystorio los señores siguientes: los
señores liçençiados Lorenço Maldonado e Pedro Ternero, alcaldes de la dicha çib-
dad; e el señor Antonyo Hernández, regidor; e Françisco Rodrígues de Çorita, ses-
mero; e el señor don Juan Pereyra, deán de la dicha çibdad; e Françisco de San
Miguel, alguaçil; e el bachiller Andrés de Toro; e Juan de Valloria; e Pedro de Pas-
qua, diputados; e Françisco de Salamanca, diputado ansymismo; e Juan Benyto,
veynte; e Pero Gonçáles, nonbrado que dixeron que hera de los diputados; e
Martyn Fernándes, veynte, los quales estando ansy juntos mandaron lo siguiente:
Jorge.
Que porque Jorge, criado de la señora su muger de Juan de Paz, dize que quye-
re yr con su señora e llevar un potro que tiene, que dando entera seguridad que
dentro de ocho días lo volverá a la çibdad, e buelto, no lo sacará syn mandado
de los señores de la junta desta çibdad, que en tal caso se le dé liçençia para que
lo pueda sacar, para lo bolver como dicho es.
Que no dexen pasar los vezinos de la tierra gente de a cavallo.
Este día mandaron que los vezinos de los lugares de la tierra no dexen pasar
nynguna gente de a cavallo de una parte a otra, ny armas, e que los tomen e tra-
yan a esta çibdad.
Que se apregone que no acudan a señores.
Este día mandaron que se apregonase que nyngund cavallero desta çibdad ny
de la tierra della ny de fuera de la dicha tierra, que tenga fazienda en esta çibdad
ny en su tierra, no acudan a nyngund señor avnque niden con él, so pena de tray-
dores e de muerte e de perdimyento de bienes e deRocamyento de casas.
XVI
Junta del lunes, v de noviembre de iUdxx años.
Este día, çinco días del dicho mes de novienbre del dicho año de mill e qui-
nientos e veynte años, estando en las casas del consystorio juntos los señores Lorenço
Maldonado e Pedro Ternero, alcaldes en la dicha çibdad por sus altezas; e Anto-
nio Hernández, regidor desta dicha çibdad; e Françisco Rodríguez de Çorita, seys-
mero de la çibdad; e Pero Giráldez, de Cabeçavellosa, e Benyto Flayre, sesmero
del quarto de Baños; e el señor don Juan Pereyra, deán de la dicha çibdad, dipu-
tado de la yglesia catedral de la dicha çibdad; e Juan Benyto e Martyn Fernández
e Françisco de Salamanca, de los veyntes de la dicha çibdad; e Pero Gonçáles, mer-
cadero, nonbrado para con los dichos veynte; e Juan de Valloria e Pedro de Pas-
qua, diputados de la comunydad de la dicha çibdad; e Estevan de Buenamadre,
de los dichos veynte, e estando en el dicho ayuntamiento, dentro de las casas del
consystorio de la dicha çibdad mandaron lo siguiente.
Librança a Pero Giráldes.
Este día los dichos señores mandaron a Villareal, reçebtor de las alcavalas des-
ta çibdad de Salamanca e su partido e vezino della, que de los maravedís de las
dichas rentas e encabeçamientos e de otros qualesquier maravedís que ansy es reçeb-
tor este dicho año de mill e quinientos e veynte años, deys e pagueys a Pero Girál-
dez, de Cabeçavellosa, seysmero del quarto de Val de Villoria, dozientos e çinquenta
mill maravedís que en vos le mandaron librar, para que los lleve a la villa de Tor-
desyllas a faser pago con ellos a la gente e exérçito que en la dicha villa está por
mandado de la çibdad en serviçio de Sus Altezas, e que ge los de e pague luego
por quanto ansy cunplya al serviçio de Dios e de Sus Altezas e bien público des-
tos reynos e desta çibdad; lo qual haga e cunpla luego so pena de muerte e de
ser avydo por traydor e derrocamiento de su casa, e dándolos e pagándolos, por
la presente quedaron se le recreciere, e tomad su carta de pago que con la carta
de pago e su libramiento se le resçibirá en quenta, de lo qual mandaron dar la
presente firmada de Rodrigo Ruano, escrivano público del número de la dicha çib-
dad de Salamanca, e thenyente de escrivano de nos en el conçejo.
XVII
Junta del jueves, viii días de noviembre de iUdxx años.
Este dicho día se juntaron a la dicha junta, en las casas del consystorio, los seño-
res liçençiados Lorenço Maldonado e Pedro Ternero, alcaldes en la dicha çibdad;
e Antonyo Hernándes, regidor; e Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero de la dicha
çibdad; e Juan Escudero e Martyn de Porras, sesmeros de la tierra; e el señor don
Juan Pereyra, deán de la yglesia catedral de la dicha çibdad; e Françisco de San
Miguel, alguacil, e el bachiller Andrés, diputados de los linages; e Juan de Vallo-
ria e Juan de Pasqua, diputados; e Juan Benito e Miguel de Salamanca e Estevan
de Buenamadre e Antón del Pino e Pero Gonçáles, mercadero, de los veynte de
la çibdad, e Mechor Gonçáles.
XVIII
Junta del jueves, xv días del mes de noviembre de iUdxx años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio el señor
liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde en la dicha çibdad por Sus Altezas; e Anton-
yo Hernándes, regidor; e Françisco Rodrígues de Çorita e Juan Syerra, sesmeros
de la dicha çibdad; e los señores don Juan Pereyra, deán de Salamanca, e don Álva-
ro Gómez, prior de Salamanca, como diputados de la yglesia della; e el bachiller
Andrés de Toro e Françisco de San Miguel, como diputados de los linages; e Pedro
de Pasqua, como diputado de los veynte; e Françisco de Salamanca e Alonso de
Ornyllos e Rodrigo de Carrión e Martyn de Rollán e Melchor González e Hernan-
do de Ontiveros e Çaragoza e Françisco de Castroverde e Miguel de Salamanca e
Juan Benyto e Andrés Gonçáles e Antón del Pino, de los veynte de la dicha çib-
dad; e Gaspar Méndez e Martyn Caro, procuradores; e Pero Gonçáles e Alonso de
Salamanca e Antón Martyn, çibdadanos.
Cruzada a Sanestevan, platero.
En la dicha junta, este dicho día, el dicho prior de Salamanca e Gutierre Qui-
xada, notario, dixeron e dieron fee que Baltasar de Santistevan, platero, tiene dada
seguridad bastante de cobrar lo que se deve de las bulas de la cruzada e conpusyçion
pasada, e tenerlo de manifiesto, e no acudir sin mandado de la çibdad. Luego, los
dichos señores que estavan en la dicha junta mandaron dar mandamyento al dicho
Santistevan para el cuerpo de la çibdad e para los quartos de Val de Villoria e Armu-
ña, que pueda cobrar él o quyen su poder oviere, lo que se deve de las dichas
bulas se la dicha santa cruzada e conpusyçión pasada.
Librança para enbiar al exerçito.
Libraron en Hernán Dálvares de Villareal, reçetor de las alcavalas desta çibdad
e su partido en su cargo deste año de las dichas rentas, a Françisco Rodrígues de
Çorita, sesmero e vezino desta çibdad, trezientos ducados de oro, e que el dicho
Françisco Rodrígues los enbie luego con persona çierta para que se haga socorro
e paga por algunos días a la gente de pie e de cavallo questa con el pendon des-
ta çibdad e quedaron con él de los que desta çibdad salieron en serviçio de Sus
Altezas e de la Santa Junta, el qual socorro e paga se haga a la dicha gente por
el tienpo e como pareçiere al señor don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor
desta çibdad, que está en el dicho exérçito e pendón, e que se dé mandamyen-
to para el dicho Villareal, con pena de perdimyento de bienes e derrocamyento
de casas.
XIX
Junta del sábado, xvii días del mes de noviembre de iUdxx años.
En Salamanca, este día, en las casas del consystorio, el señor liçençiado Pedro
Ternero, alcalde en la dicha çibdad; e Antonyo Hernándes, regidor; e el señor don
Juan Pereyra, deán de Salamanca, e don Álvaro Gómez, prior, como diputados de
la yglesia; y el bachiller Andrés de Toro, como diputado de los linages; e Pedro
de Pasqua, como diputado de los veynte; e Françisco de Salamanca e Martín de
Rollán e Rodrigo de Carrión e Juan Calvo e Castroverde e Diego Garçía e Françis-
co Pérez e otros de los veynte; e Pero Gonçáles, joyero, e Juan de Santiuste e Juan
Bueno e otros çibdadanos.
Yr a Çibdad Rodrigo.
Acordaron que de parte de esta çibdad vaya a la çibdad de Çibdad Rodrigo el
padre fray Lorenço, mínimo, e con él Pero Gonçáles, e lleven los capítulos que
vinieron de la Santa Junta e traslados de las cartas que aquy están, que an veny-
do de Valladolid e de la Junta, e lleven la carta desta çibdad.
XX
Junta a xxv días del mes de noviembre de iUdxx años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio, conbie-
ne a saber: el señor liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde en la dicha çibdad por
la Reyna e Rey, su hijo, nuestros señores; e Antonyo Hernándes, regidor; e Françis-
co Rodrígues de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çibdad; e el señor don
Juan Pereyra, deán de Salamanca, e don Álvaro Gómez, prior, como diputados de
la dicha iglesia; e Juan de Valloria, como diputado del pueblo; e Pedro de Pasqua,
como diputado de los veynte; e Rodrigo de Carrión e Juan de Pasqua e Françisco
de Ontiveros e Juan de la Ribera e Alonso de Ornyllos e Alonso Palanca e Andrés
Gonçáles, e otros de los veynte de la dicha çibdad, e algunos çibdadanos della.
XXI
Escrivir a Ávila.
Que se escriva a la çibdad de Ávila cómo an sabido que a pasado gente de
Ledesma de cavallo e lo questa çibdad hizo; que tengan aviso si esta gente o otra
pasaren por su tierra que les tomen e ynpidan el paso.
Escrivir a la Junta.
Que se escriva a la Junta lo mismo, e que lo haga saber a las çibdades e villas
para questén sobre aviso.
XXII
Junta en la yglesia mayor, sábado viii días del mes de dezienbre de iUdxx
años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día se juntaron en la dicha claostra de
la yglesia mayor los señores justiçia, sesmeros e diputados de los estados de la dicha
çibdad, conbiene a saber: los señores liçençiados Pedro Ternero e Lorenço Mal-
donado, alcaldes en la dicha çibdad por la Reyna e por el Rey su hijo, nuestros
señores; e Françisco Rodrígues de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çib-
dad; e el señor don Juan Pereyra, deán de Salamanca, e don Álvaro Gómez, prior,
como diputados de la yglesia e cabildo desta çibdad; e el bachiller Andrés de Toro,
como diputado de los linages; e Juan de Valloria, como diputado del pueblo; e
Pedro de Pasqua, como diputado de los veynte; e Hernando de Ontiveros e Antón
del Pino e Juan de Çaragoza e Alonso de Ornyllos e Melchor Gonçáles e Rodrigo
de Carrión e otros de los veynte de las parrochias de la dicha çibdad; e Gerony-
mo Leonés e Alonso de Salamanca e Pero Gonçáles e Antón Martín, e otros çib-
dadanos.
Que anden armados.
Mandaron que se pregone que todos los çibdadanos vezinos e naturales des-
ta çibdad anden armados de todas armas a punto de guerra, de día e de noche, e
en todo aviso e cuydado para defensa e bien desta çibdad.
Depósyto de San Françisco.
Encargaron e mandaron al dicho señor liçençiado Lorenço Maldonado e Juan
Syerra e Gutierre Quixada, que vayan al monesterio de San Françisco de la dicha
çibdad, e sepan los depósytos e dineros e plata que hay en el dicho monesterio,
e lo que puede aver, e que del deposyto quellos vieren, tomen prestados para esta
çibdad hasta quynientos ducados, de que al presente ay mucha nesçesidad para
pagar a la gente y exérçito que esta çibdad agora enbia en serviçio e socorro de
la Reyna nuestra señora e de la Santa Junta; e que esta çibdad los bolverá e paga-
rá al dicho depósyto como se sacaren, e que de donde quyeran que se ayan dine-
ros se den al dicho Pero Gonçáles, mercadero, fasta trezientos ducados que lleve
para pagar la gente e exérçito del cuerpo de la çibdad.
Exérçito.
Mandaron al dicho Pero Gonçáles que vaya donde está el exérçito e, juntamente
con el señor comendador Griçio, capitán desta çibdad, escojan fasta trezientos peo-
nes, los mejores de la gente del cuerpo desta çibdad e los aRabales, e los armen
de las armas dellos e de los otros lo mejor que pudieren, e la gente que mas ovie-
re del cuerpo de la çibdad la hagan volver e quede la gente de la tierra, e esco-
jan fasta seisçientos peones, vallesteros e piqueros e escopeteros, de manera que
unos e otros sean mill peones sin los de a cavallo, que vayan con el exerçito des-
ta çibdad en el dicho serviçio e socoRo de la reyna nuestra señora, e que todos
los de cavallo que salieren con el dicho exerçito, asy desta çibdad como de su tie-
rra, vayan lo mejor armados que pudieren; e que el dicho Pero Gonçáles haga paga
a los dichos de cavallo e peones del cuerpo de la çibdad por diez días, a real cada
día los peones, e los de cavallo a sesenta maravedís cada día, e a los capitanes de
gente de pie paga doble, e al alférez de cavallo paga doble, e a los alferes de pie
paga doble de los peones; e a los peones de las aldeas, sus pueblos les paguen
por estos diez días. E que el dicho exérçito con el capitán, pendón e bandera, vayan
la bía de la villa de Medina del Campo, e el dicho Pero Gonçáles haga saber cómo
va, e de parte desta çibdad hable a la dicha villa de Medina, e lleve carta de cre-
hençia. Pasó lo susodicho ante my, Antonyo de Linares, escrivano.
XXIII
XXIV
Junta del martes, xi de deziembre de iUdxx años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este dicho día, en las cosas de consystorio,
se ayuntaron la justiçia e regidores, sesmeros e diputados de los estados de la dicha
çibdad de Salamanca, conbiene a saber: el señor don Pedro Maldonado Pimentel,
regidor e corregidor e justiçia mayor en la dicha çibdad; e los liçençiados Pedro
Ternero e Lorenço Maldonado, alcaldes de la dicha çibdad por la Reyna e por el
Rey, su hijo, nuestros señores; e Antonyo Hernándes, regidor; e Françisco Rodrí-
gues de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çibdad; e Pedro Giráldez e Juan
Escudero e Martyn Porras, sesmeros de la tierra della; e el señor don Juan Perey-
ra, deán de la yglesia de Salamanca, e don Álvaro Gómez, prior de la dicha ygle-
sia, como diputados della; e Juan de Valloria, como diputado del pueblo; e Pedro
de Pasqua, como diputado de los veynte; e Hernando de Ontiveros e Françisco
Fiança de bulas.
Encargaron al señor prior de Salamanca que tenga cargo de tomar e tome fianças
e seguridad de los que cobran las bulas e cruzada e conpusyçion, para que todos
los dineros que cobraren no acudan con ellos syn que esta çibdad se lo mande.
Depósyto.
Encargaron a Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero de la diha çibdad, que
cobre la plata o las dozientas mill maravedís que se toman prestadas del depósy-
to que se habló en San Francisco para los gastos e neçesydades que al presente
tiene esta çibdad, ansy de pagar el dicho exérçito como otros gastos; e mandaron
que Hernando Alonso e Nyculás de Valençia e Antonyo Rodrígues, vezinos desta
çibdad, hagan obligaçión por ello, e que esta çibdad los sacará a paz e a salvo, so
obligaçión de todos sus bienes propios que para ello obligaron, e que los alcal-
des que lo hagan otorgar.
XXV
Junta del lunes, a xvii de dezienbre de iUdxx años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este dicho día e mes e año susodichos se
juntaron dentro en las casas del consystorio los señores justiçias e regidores e ses-
meros e diputados de los estados de la dicha çibdad, conbiene a saber: el liçençia-
do Lorenço Maldonado, alcalde en la dicha çibdad por Sus Altezas; e Antonio Her-
nándes, regidor; e Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero de la dicha çibdad; e
Martyn Porras, sesmero de la tierra della; e los señores deán e prior de Salamanca,
XXVI
darán en que biban y en tanto que los veynte e quadrilleros de las parrochias don-
de están casas principales provean personas de las que ovieren de rondar, que las
guarden e duerman en ellas.
XXVII
Junta del jueves, tres días del mes de henero, año de iUddxi años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día se juntaron en las casas del consys-
torio los señores justiçia e regidores, veyntes e diputados de los estados desta çib-
dad, conbiene a saber: el señor don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor; e el
liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde; e los señores Françisco Maldonado e Antonio
Hernándes, regidores; e Françisco Rodrígues de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la
dicha çibdad; e Pedro Giráldes e Juan Escudero e Benyto Frayle, sesmeros de
la tierra della; e Pero Enríquez e Pero Bonal e el bachiller Andrés de Toro, como
diputados de los linages; e Juan de Valloria, como diputado del pueblo; e Pedro
de Pasqua, como diputado de los veynte; e Gonzalo Hernándes e Juan Calvo e
Diego Garçía e Juan de la Ribera e Antón del Pino e Alonso de Ornyllos e Andrés
Gonçáles e Hernando de Ontiveros e Rodrigo Carríon e Françisco de Salamanca e
Françisco Pérez, de los veynte; e Alonso de Salamanca e Juan Bueno, e otros çib-
dadanos desta çibdad.
Casas fuertes.
Encargaron e cometieron a Pedro de Pasqua e a Pero Gonçáles que entiendan
en dar orden en la guarda e recavdo de las casas fuertes desta çibdad, e que para
mañana la tengan dada e la trayan a la junta, so pena de cada dos mill maravedís
para los gastos e reparos desta çibdad.
XXVIII
Junta del martes, ocho días del mes de henero de iUdxxi años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio don Pedro
Maldonado Pimentel, corregidor, e el liçençiado Pedro Ternero, e Françisco Mal-
donado e Rodrigo Maldonado e Antonyo Hernández, regidores; e Françisco Rodrí-
guez de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çibdad; e Pero Bonal, como
diputado de los linajes; e don Álvar Gómes, prior de la yglesia, como diputado
della; e Ruberte de Santistevan e Françisco de Minaya e Juan de Valloria e Cas-
troverde e Miguel de Salamanca e Rodrigo Carrión e Martín de Rollán e Antón del
Pino e Hernando de Hontiveros, e otros de los veynte; e Benyto Flayre, de Perahuy,
sesmero de la tierra della.
XXIX
Junta del miércoles, xvi de henero de iUdxxi años.
Este día en la junta se juntaron el señor don Pedro Maldonado Pimentel, regi-
dor e corregidor; e el señor liçençiado Lorenço Maldonado; e el señor Antonyo
Hernándes, regidor; y el señor deán, y el prior de Salamanca; e el señor Pero Bonal
y el bachiller Andrés, y el secretario Gutierre Quixada, e Françisco Rodrígues de
Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çibdad; e Pero Giráldez e Juan Escu-
dero, sesmeros de la tierra; e Rodrigo Maldonado, e el comendador Griçio, regi-
dor; e Alonso Enríques e Françisco Maldonado e Françisco de Castroverde e Juan
de la Ribera e Françisco de Salamanca e Juan de Çaragoza e Juan de Valloria e
Geronymo Leonés e Martyn de Rollán e Andrés González e Antonyo Martyn e Martyn
Caro, hollero, e Gaspar Méndez, procuradores de la çibdad; e Juan Benyto e Beny-
to Regero.
Sobre lo de Çibdad Rodrigo.
Encargaron al señor prior de Salamanca que vaya a Çibdad Rodrigo con Juan
Bueno a hablar a la çibdad sobre la carta que escrivieron a esta çibdad sobre el
XXX
Junta del miércoles, xxii días del dicho mes de henero de iUdxxi años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio el dicho
señor don Pedro, corregidor e Justiçia mayor; e el liçençiado Pedro Ternero, alcal-
de; e Alonso Enríques e comendador Griçio e Antonyo Hernándes e Françisco Mal-
donado, regidores; e Françisco Rodrígues de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la
dicha çibdad; e Pedro Giráldes e Juan Escudero, sesmeros de la tierra della; e el
señor don Juan Pereyra, deán de la yglesia de Salamanca, e el prior Álvaro Gómez,
como diputados de la dicha yglesia; e Pero Bonal e el bachiller Andrés de Toro e
Françisco de San Miguel, como diputados de los linages; e Juan de Valloria, como
diputado del pueblo; e Pedro de Pasqua, como diputado de los veynte; e Françis-
co de Castroverde e Françisco de Salamanca e Alonso de Ornyllos e Hernando de
Ontiveros, e otros de los veynte de la dicha çibdad.
Mandamyento e declaraçión como se a de aRendar el alcavala de la carne.
En el dicho ayuntamiento, este día acordaron e mandaron que la alcavala de
la carne de la dicha çibdad se arriende en tal manera que se pague alcavala de
toda la carne que se pesare en las carnyçerías de la dicha çibdad de muerte de
diez maravedís uno, e que de las reses vacunas que se conpraren e traxeren de
fuera desta çibdad no se pida ni pague alcavala devida ny otro achaque, ny de lo
que se conprare en los mercados francos desta çibdad se pida ny pague alcavala
devida, e desta manera se apregone e arriende.
Que se haga paga al exérçito.
Mandaron a los sesmeros de la dicha çibdad que mañana jueves de mañana
hagan paga por un mes a toda la gente de pie que a de yr en el exérçito desta
çibdad e luego partan, e que mañana a las tres horas de la tarde todos los que
están señalados e mandados que vayan a cavallo al dicho exérçito, que salgan a
hazer el alarde al monesterio de nuestra señora de la Vitoria, estramuros desta çib-
dad, porque an de partir el viernes e se les a de pagar un mes.
XXXI
Junta que se hizo, lunes, xxviii días del mes de henero de iUdxxi años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio el señor
don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor; e el liçençiado Pedro Ternero, alcalde;
XXXII
XXXIII
XXXIV
Pregones de lo susodicho.
En la dicha çibdad, este día, Miguel Martínes, pregonero de la dicha çibdad, a
altas bozes e ynteligibles, dio pregones de lo susodicho ante mucha gente e con
tronpetas; un pregón en la plaça pública ante las puertas de las casas del consys-
torio, e otro a la boca de la Rúa, e otro a la plaçuela de Sant Ysidro, y otro al desa-
fiadero. Testigos que a ello fueron presentes, Martyn Caro e Juan Benyto e Gutie-
rre Quixada, vezinos de Salamanca, e otros.
XXXV
Junta del jueves, xiiiiº días del mes de hebrero de iUdxxi años.
En Salamanca, a catorze de hebrero de mill e quinyentos e veynte e un años,
se juntaron en las casas del consystorio el dicho señor don Pedro, corregidor; e el
liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde; e Antonyo Hernándes e Rodrigo Maldo-
nado, regidores; e el dicho señor deán de Salamanca; e los dichos sesmeros de la
çibdad; e Benyto Frayle e Juan Escudero e Pero Giráldes, sesmeros de la tierra; e
el bachiller Andrés de Toro, diputado de los linages; e Juan de Valloria e Pedro de
Pasqua, diputados del pueblo e veyntes; e Françisco de Castroverde e Rodrigo de
Carrión e Benyto Frenero e Martyn de Rollán e Miguel de Salamanca e Ontiveros
e otros de los veynte; e Geronymo Leonés e Pero Gonçáles e Antón Martyn, e otros
çibdadanos.
Escrivir a Medina.
Que el bachiller Andrés vaya a Medina a hablar sobre lo que aquy le encar-
garon, e lleve carta de crehençia.
XXXVI
Ayuntamiento del sábado, diez e seys de hebrero de mill e quinientos e
veynte e un años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio el señor
don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor; e los liçençiados Lorenço Maldonado
e Pedro Ternero, alcaldes; e Antonyo Hernández e el comendador Griçio, regido-
res; e Françisco Rodríguez de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çibdad;
e Pero Giráldes e Benyto Flayre e Juan Escudero e Martín Porras, sesmeros de la
tierra; e Françisco de San Miguel, como diputado de los linajes; e el señor deán
de Salamanca, como diputado de la yglesia; e Juan de Valloria e Pedro de Pasqua,
como diputados del pueblo e de los veyntes desta çibdad; e Françisco de Castro-
verde e Gonçalo Hernández e Andrés Gonçáles e Juan Benyto e Hernando de Hon-
tiveros e Françisco de Salamanca e Benyto Frenero e Alonso de Hornillos e Martyn
de Rollán e otros de los veyntes, e Pero Gonçales e Anton Martyn e Gutierre Qui-
xada e otros çibdadanos.
XXVII
Junta del lunes, xviii días del mes de hebrero de iUdxxi años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día se juntaron en las casas del consys-
torio los señores justiçia e regidores e sesmeros e diputados de los estados de la
dicha çibdad, e veyntes della, conbiene a saber: el señor don Pedro Maldonado
Pimentel, regidor e corregidor en la dicha çibdad por Sus Altezas; e los liçençia-
dos Pedro Ternero e liçençiado Lorenço Maldonado, alcaldes; e Françisco Rodrí-
gues de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çibdad; e Martyn Porras e
Pedro Giráldez e Juan Escudero e Benyto Frayle, sesmeros de la tierra della; y el
señor don Juan Pereyra, deán de la yglesia de la dicha çibdad, y el prior don Álva-
ro Gómez, como diputados de la dicha yglesia; e Pero Bonal e Françisco de San
Miguel e el bachiller Andrés de Toro, como diputados de los linages; e los dipu-
tados del pueblo e veyntes de la dicha çibdad de yuso escriptos.
Reçibimiento de Veyntes.
En el dicho ayuntamiento, este día çiertos vesynos de la collaçión de San
Román traxeron a Bartolomé de Peñaranda, vesyno de la dicha çibdad e collaçión,
e dixeron que en su conçejo avyan nonbrado por veynte para este año. Juró en
forma. Fue reçibido.
Veynte de Sante Ysydro.
Yten, en el dicho ayuntamiento, este día çiertos vesynos de la collaçión de San-
te Ysydro de la dicha çibdad presentaron por veynte de su collaçión que diz que
nonbró el conçejo, a Blas de Vergara, vesyno de la dicha çibdad, que estava pre-
sente, e juró en forma. Reçibiéronle.
Veynte de San Julián.
Luego Alonso de Alva, odrero, como quadrillero de la collaçión de San Jullián
de la dicha çibdad, presentó por veynte de su collaçión, que diz que nonbró su
conçejo, a Cristóval de Salamanca, vesyno de la dicha çibdad, presente. Juró en
forma. Fue reçibido.
Veynte de San Martyn.
Luego Tristán Cabeça, como quadrillero de la collaçión de San Martyn de la dicha
çibdad presentó por veynte de su conçejo, que diz que nonbró el conçejo della, a
Juan Bueno, pellitero, vesyno de la dicha çibdad. Juró en forma. Fue reçibido.
Veynte de Santyuste.
En la dicha çibdad, este día en el dicho ayuntamyento çiertos vesynos de San-
tyuste e de sus collaçión presentaron un memorial de çiertas personas que heli-
gieron para veynte este año en su conçejo, uno de los quales hera Pedro de Mora-
les, vesyno de la dicha çibdad. Los dichos señores del ayuntamiento lhubieron por
veynte de la dicha collaçión al dicho Pedro de Morales e mandaron que venga a
jurar e resydir.
XXXVIII
Consystorio del martes, diez e nueve días del mes de hebrero de mill e qui-
nientos e veynte e un años.
En la dicha çibdad, este dia se juntaron a consystorio el liçençiado Pedro Ter-
nero alcalde, e Antonyo Hernández e Rodrigo Maldonado, regidores; e Françisco
de Çorita e Juan Syerra sesmeros de la çibdad.
Junta este día, después del dicho consystorio.
En la dicha çibdad, este día se juntaron los señores justiçia e regidores e ses-
meros e diputados de los estados e veyntes de la dicha çibdad en las casas del
consystorio della, conbiene a saber: el dicho señor alcalde, regidores e sesmeros
de suso nonbrados, conbiene a saber: el liçençiado Pedro Ternero, alcalde; e
Antonyo Hernándes e Rodrigo Maldonado, regidores; e Françisco Rodrígues de Çori-
ta e Juan Syerra, sesmeros de la dicha çibdad; e los señores el prior e el deán de
Salamanca, como diputados de la yglesia; e Pero Bonal e el bachiller Andrés de
Toro e Françisco de San Miguel, como diputados de los linages; e Françisco Myna-
ya, e Juan de Valloria, e Françisco de Castroverde e Cristóval de Rueda e Pero Gonçá-
les, diputados del pueblo; e Bartolomé de Peñaranda e Benyto Frenero e Alonso
Montero e Juan Pinto e Nyculás Pérez e Gonzalo Hernándes e Pedro Moro e Blas
de Vergara e Luys Martín, e otros de los veynte de la dicha çibdad.
Veynte de Santispíritus.
En el dicho ayuntamiento, este día juró por veynte de la collaçión de Santis-
píritus desta çibdad que diz que fue helegido por veynte por el conçejo de la collaçión
della, Pero Martyn, cortidor. Fue reçibido.
Que todos acudan a sus estançias quando fuere menester e a sus capitanes.
Mandaron pregonar que todas las personas desta çibdad de todos los estados,
cada e quando sobrebenga alguna alteraçión a esta çibdad, luego acudan a las estançias
de la çerca que estavan señaladas a las perrochias donde cada uno bive, e a los
capitanes a quyen está encargado, e que se junten con los dichos capitanes e los
obedezcan e no salgan de su adminystraçión, so las penas que los dichos capita-
nes pusyeren a los de su capitanya.
XXXIX
Junta del miércoles, veynte días del mes de hebrero de mill e quinientos e
veynte e un años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio el liçençia-
do Pedro Ternero, alcalde en la dicha çibdad por Sus Altezas; e Antonyo Hernán-
dez, regidor; e Françisco Rodríguez de Çorita e Juan Syerra, sesmeros de la dicha
çibdad; e Benyto Flayre, sesmero de la tierra della; e el señor deán de Salamanca,
e el prior Álvaro Gómez, como diputados de la yglesia della; e Pero Bonal e Pero
Enríquez e el bachiller Andrés e Françisco de San Miguel, como diputados de los
linajes; e Juan de Valloria e Pero Gonçáles e Françisco de Castroverde e Cristóval
de Rueda, como diputados del pueblo; e Benyto Frenero e Martyn de Salamanca
e Alonso de Almenara e Françisco Rodríguez e Gonçalo Hernández e Blas de Ver-
gara e Lorenço de Ledesma e Pablos Domínguez, e otros de los veyntes de la dicha
çibdad; e Françisco Minaya e Gutierre Quixada e Juan de la Ribera e Sebastian de
Huerta, procuradores della.
XL
Junta del jueves, veynte e un días del mes de hebrero de mill e quinientos
e veynte e un años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio los seño-
res don Pedro Maldonado Pimentel, regidor e corregidor en la dicha çibdad por
XLI
Junta del sábado, a xxiii días del dicho mes de febrero de iUdxxi años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este dicho día se juntaron en las casas
del consystorio el dicho señor don Pedro, corregidor; e el liçençiado Pedro
Ternero, alcalde; e comendador Françisco de Griçio e Antonyo Hernándes, regi-
dores de la dicha çibdad; e Hernando Alonso e Françisco Rodrígues de Çorita, ses-
meros de la dicha çibdad; e Pedro Giráldez, sesmero de la tierra della; e el dicho
señor deán e el dicho prior, como diputados de la yglesia; e Pero Bonal e Pero
Enríques, como diputados de los linages; e Françisco Mynaya e Françisco de Cas-
troverde e Cristóval de Rueda e Juan de Valloria, como diputados del pueblo; e
Pero Martyn e Gonzalo Hernándes e Nyculás Pérez e Benyto Frenero e Martyn de
Salamanca e Pedro de Morales e Cristóval de Salamanca e Alonso Montero e Luis
Martyn e Alonso de Almenara e Blas de Vergara, de los veynte de la dicha çibdad.
XLII
Junta del lunes, veynte e çinco días del mes de hebrero de mill e quinien-
tos e veynte e un años.
En la dicha çibdad, este dicho día se juntaron en las casas del consystorio el
señor don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor; e Antonyo Hernández e el comen-
dador Françisco de Griçio, regidores; e Françisco Rodríguez de Çorita e Hernando
Alonso, sesmeros de la dicha çibdad; e Pero Bonal e Pero Enríquez e el bachiller
Andrés de Toro e Françisco de San Miguel, como diputados de los linajes; e los
señores el deán e el prior, como diputados de la yglesia de la dicha çibdad; e Françis-
co Minaya e Ruberte de Santistevan e Juan de Valloria e Cristóval de Rueda e Françis-
co de Castroverde, de los dicputados del pueblo; e Nyculás Pérez e Alonso de Alme-
nara e Anton Martyn e Benyto Frenero e Pablos Domínguez e Alonso Montero e
Luys Martyn e Blas de Vergara, e otros de los veyntes; e Juan de la Ribera e Álva-
ro de Párraga, procuradores del pueblo de la dicha çibdad.
XLIII
Junta del jueves, xxviii días del mes de hebrero de iUdxxi años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio el señor
liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde en la dicha çibdad por sus altezas; e Anton-
yo Hernándes, regidor; e Hernando Alonso, sesmero de la dicha çibdad; e Pedro
Giráldez e Juan Escudero, sesmeros de la tierra della; los dichos deán e prior, dipu-
tados de la yglesia; e Pero Bonal e el bachiller Andrés de Toro, diputados de los
linages; e Juan de Valloria e Cristóval de Rueda e Martyn de Salamanca e Bartolo-
mé de Peñarande e Juan Pinto e Alonso de Almenara e Juan Bueno e Pero Martyn
e Pedro de Morales e Gonzalo Hernándes e Antón Martyn e Nyculás Pérez e Blas
de Vergara e Luys Martyn e Pablos Domynguez.
Los que an de ir a hazer la paga al exerçito.
Que con Hernando Hernández, que va al exérçito por capitán de gente de cava-
llo, vayan Juan Bueno e Cristóval de Rueda a hazer la paga a la gente del exérçi-
to desta dicha çibdad que están en serviçio de Sus Altezas e defensa e reparo del
reyno, e agan paga al capitán general e al capitán de pie, e a los otros ofiçiales e
gente, ansy de cavallo como de pie, del dicho exerçito, por un mes, que corre ya
desde que se cunplió la otra paga; e lleven consigo a Hernán Núñez, escrivano,
o a otro escrivano ante quyen pase la dicha paga, e que Çorita, sesmero, les dé
recavdo de dineros para hazer la dicha paga.
LXIV
Junta del viernes, primero día del mes de março de iUdxxi años.
En Salamanca, este día se juntaron en las casas del consystorio el dicho señor
don Pedro Maldonado, corregidor; y el liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde; e
Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero de la çibdad; e los señores el deán e el
prior de Salamanca, diputados de la yglesia; e Pero Bonal e el bachiller Andrés de
Toro e Françisco de San Miguel, como diputados de los linages; e Juan de Vallo-
ria e Cristóval de Rueda, diputados del pueblo; e Álvaro de Párraga e Juan de la
Ribera, procuradores de la çibdad; e Blas de Vergara e Antón Martyn e Gonzalo
Hernández e Nyculás Pérez e Juan Bueno e otros de los veynte; e Pedro Giráldez
e Martyn de Porras e Juan Escudero, sesmeros de la tierra della.
quatro ducados, e al dicho Hernando Moreno, dos ducados, con los quales man-
daron acudir a Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero, para los gastos e reparos
desta dicha çibdad, e que dén seguridad que estarán en serviçio e bien desta çib-
dad e su tierra e deste pueblo e comunydad, e que direte ny yndirete no dirán ni
harán ni tentarán cosa en deserviçio e perjuizio de la dicha çibdad e su tierra, e
que cada e quando que fueren llamados por parte desta çibdad acudirán e vernán
a ella e donde les fuere mandado, e servirán como vezinos e naturales e como
quyen son, e no acudirán a señor ny a otro alguno sin mandaddo desta çibdad so
pena de çinquenta mill maravedís, e con esto se vayan. Pero Bonal dixo que por-
que no tiene averiguado culpa questos tienen, que no es en ello.
Personas sospechosas.
Que qualquyera persona o bezino desta çibdad que syntieren en ellas perso-
nas sospechosas e criados de los cavalleros contrarios e otros perjudiçiales, que
luego lo manyfiesten para que sean presos e castigados, e qualquyer vezino des-
ta cibdad los pueda prender e traer a la cárçel, e todos faborezcan a ello e den
fabor e ayuda.
XLV
Ayuntamiento del sábado, dos días del mes de março de iUddxi años.
En Salamanca, este día se juntaron el dicho señor don Pedro, corregidor; e Françis-
co Rodrígues de Çorita e Hernando Alonso, sesmeros de la çibdad; e Juan Escu-
dero, sesmero de la tierra della; e Pedro Giráldez e Benyto Frayle, sesmeros de la
tierra della; e Pero Bonal e Juan de Valloria, uno de los diputados del pueblo; e
Sebastián de Huerta e Álvaro de Párraga, procuradores de la dicha çibdad; e Beny-
to Frenero e Pero Martyn e Pedro de Morales e Nyculás Pérez e Gonzalo Henán-
dez e Blas de Vergara e Luis Martyn e Françisco Rodrígues e Alonso de Almenara
e Martyn de Salamanca, e otros de los veyntes.
Junta deste día en la tarde.
Este día en la tarde se juntaron en las casas del consystorio el señor don Pedro
Maldonado Pimentel, corregidor; e el liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde; e Françis-
co Rodrígues de Çorita, sesmero de la çibdad; e los señores el deán e prior, dipu-
tados de la yglesia; e Pero Bonal, diputado de los linajes; e Juan de Valloria, uno
de los diputados del pueblo, e algunos de los veyntes de la dicha çibdad.
Enbaxada de Ávila.
En el dicho ayuntamyento, este día, el señor Françisco de Mynaya y el reve-
rendo padre fray Lorenço de la Torre e Françisco de Castroverde, dieron relaçión
e razón de su enbaxada a que esta çibdad los enbió a la çibdad de Ávila, e una
carta que traxeron de la çibdad de Ávila.
Libramyento al mynimo.
En el dicho ayuntamiento, este día, por algunas cosas que esta çibdad a encar-
gado al dicho padre fray Lorenço de la Torre e a trabaxado por esta dicha çibdad,
ansy en ella como en camynos, para en alguna satisfaçión dello, mandaron a
Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero de la dicha çibdad, que le dé quatro duca-
dos.
XLVI
Ayuntamiento del martes, v días del mes de março de iUddxi años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio, conbie-
ne a saber: el dicho señor don Pedro, corregidor; e el liçençiado Pedro Ternero,
alcalde; e Antonyo Hernándes e comendador Françisco de Griçio, regidores; e Françis-
co Rodrígues de Çorita e Hernando Alonso, sesmeros de la dicha çibdad; e Juan
Escudero, sesmero de la tierra della; e los dichos señores prior e deán, como dipu-
tados de la yglesia; e Pero Bonal e el bachiller Andrés e Françisco de San Miguel,
diputados de los linages; e Juan de Valloria, como uno de los diputados del pue-
blo; e Gonzalo Hernándes e Cristóval de Salamanca e Pedro de Morales e Blas de
Vergara e Benyto Frenero e Martyn de Salamanca, e otros de los veynte.
Enbargar lo de los cavalleros que se fueron.
Que se dén mandamyentos para que las rentas de los lugares e heredam-
yentos de todos los lugares e haziendas de los cavalleros desta çibdad que se
an ydo a Tordesyllas a juntar con los grandes, e todo el pan que se fallare en
ellos, se enbargue e estén enbargados en los mayordomos e renteros, e no acu-
dan a los dichos cavalleros ny a otro alguno syn la liçençia e mandado desta
çibdad, so pena de lo pagar con el doblo e de muerte; e que vayan luego los
escrivanos de los quartos, cada uno a su quarto, e trayan por fee e testimonyo de
los dichos enbargos.
XLVII
Ayuntamiento del jueves, vii días del mes de março de iUdxxi años.
En la dicha çibdad, este día se ayuntaron a consystorio el señor liçençiado Pedro
Ternero e el liçençiado Lorenço Maldonado, alcaldes en la dicha çibdad por sus
altezas; e Rodrigo Maldonado, regidor; e los señores el deán e el prior, como diputa-
dos de la yglesia; e Françisco Rodrígues de Çorita e Hernando Alonso, sesmeros de
la dicha çibdad; e Pedro Giráldez e Benyto Frayle e Juan Escudero, sesmeros
de la tierra della; e Juan de Valloria, como uno de los diputados del pueblo, e Sebas-
tián de Huerta, procurador; e Gonzalo Hernándes e Juan Pinto e Bartolomé de Peña-
randa e Cristóbal de Salamanca e Pablos Domínguez, e otros de los veynte.
Librança a Çorita.
En el dicho ayuntamyento, este día libraron a Françisco Rodrígues de Çorita,
sesmero desta çibdad, en Hernán Dálvarez de Villareal, reçetor de las alcavalas de
los años del encabeçamyento pasado, trezientos ducados para ayuda a la paga e
gastos del exérçito e artyllería desta çibdad, de que a de dar quenta con lo que
tiene, e que se dé mandamyento en forma con pena que luego lo dé.
XLVIII
Junta del viernes en la tarde, ocho de março de iUdxxi años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio el deñor
don Pedro Pimentel, corregidor e Justiçia mayor en la dicha çibdad; e el liçençia-
do Pedro Ternero, alcalde; e el comendador Françisco de Griçio e Antonyo Her-
nándes, regidores; e Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero de la dicha çibad; e
Pero Bonal e el bachiller Andrés de Toro, diputados de los linages; e Françisco Myna-
ya, e Juan de Valloria, diputado del pueblo; e Martyn de Almenara e Gonzalo Her-
nándes e Benyto Frenero e Pablos Domínguez e Luis Martyn e Diego Garçía e Nycu-
lás Pérez, Vergara, e otros de los veynte de la dicha çibdad.
Carta de la Junta e del procurador.
Vieron una carta de la Santa Junta e otra de Françisco Maldonado, procurador,
e encargaron a los señores el deán e Pero Bonal a que respondan a ellas por çib-
dad e despache el mensagero.
Aperçibimyento.
Por que an sabydo que el térmyno de la tregua que se asentó entre la Santa
Junta e los grandes que resyden en Tordesyllas, se va cunpliendo y está acorda-
do que acabado aquél no se prorrrogue ny dilate tregua, por ende mandaron pre-
gonar por pregón general que todos los vezinos desta çibdad e avitantes en ella
de todos estados de cavallo e de pie, estén aperçibidos con sus armas a punto de
guerra, con bastimentos de diez días para sy fuere menester salir e yr donde la
Santa Junta acordare, e nynguno se escuse so pena de perdimyento de bienes e
de ser avidos por traydores.
Pregones.
En Salamanca, este día Miguel Martínes, pregonero, dio pregones de lo suso-
dicho a la letra como de suso se contyene. Un pregón en la plaça pública, delan-
te de las casas del consystorio, e otro a la boca de la Rúa, e otro a la plazuela de
Santysidro, e otro al desafiadero, ante mucha gente. Testigos, Blas de Vergara e Sebas-
tián de Huerta e Juan de Valloria, vezinos de Salamanca, e otros.
XLIX
Ayuntamiento del sábado, a ix días del mes de março de iUdxxi años.
En la muy noble e muy leal çibdad de Salamanca, este día se ajuntaron en las
casas de consystorio los señores justiçia e regidores, sesmeros e diputados de los
estados de la dicha çibdad e veyntes della, conbiene a saber: el señor don Pedro
Maldonado Pimentel, corregidor e Justiçia Mayor en la dicha çibdad por Sus Altezas;
e el liçençiado Pedro Ternero, alcalde; e Antonyo Hernándes, regidor; e Françisco
Rodrígues de Çorita e Hernando Alonso, sesmeros de la dicha çibdad; e Benyto
Frayle e Juan Escudero, sesmeros de la tierra della; e Alonso Sánches, como pro-
curador e diputado del quarto de Peña del Rey; e el señor don Juan Pereyra, deán,
e don Álvaro Gómez, prior de la yglesia de Salamanca, como diputados de la dicha
yglesia; e Pero Bonal e el bachiller Andrés de Toro, como diputados de los lina-
ges; e Álvaro de Párraga e Sebastián de Huerta e Lorenço de Ledesma, como pro-
curadores de la dicha çibdad; e Juan de Valloria, diputado del pueblo; e Pedro Mora-
les e Nyculás Pérez e Alonso de Almenara e Bartolomé de Peñaranda e Martyn de
Salamanca e Alonso Montero e Pablos Domynguez e Francisco Rodríguez, e otros
de los veyntes de la dicha çibdad.
Gente que se a de repartyr a esta çibdad e su tierra e partido para la guerra.
En el dicho ayuntamyento, este día, ponyendo en obra y efeto lo que por car-
tas de la Santa Junta e de los capitanes del exérçito del reyno se a escripto y encar-
gado a esta çibdad, acordaron e mandaron que luego se repartan por las parro-
chias desta çibdad e arrabales quynientos peones, el qual repartimyento fagan los
sesmeros de la dicha çibdad e los diputados e veyntes que a ello quysyeren estar;
e el repartimyento que se hiziere que sea válido e se cunpla.
Tierra.
Yten, que en los lugares de la tierra desta çibdad se repartan otros mill peo-
nes a vista de los sesmeros de la tierra, que están presentes.
Señoríos.
Que en las villas e lugares de señorío de la probinçia e partido desta çibdad
se repartan otros quynientos peones, que sean por todos dos mill peones, los qua-
les dichos peones en cada parrochia e lugar e villa, los que a cada uno cupieren
e fueren repartidos, se aperciban e estén desde luego aperçibidos e aparejados con
todas sus armas a punto de guerra, para que syendo llamados por mandado des-
ta çibdad, luego salgan en exérçito donde sea menester, e que los peones que ansy
cupieren e fueren repartidos a cada parrochia e lugar e villa quando fueren lla-
mados e ovieren de salir las dichas paRochias e lugares e villas, cada uno los suyos,
los probean e paguen, e sean bien pagados por quinze días, a doze reales cada
uno, e a los escopeteros a treze reales, e que luego se enbien yjuelas e manda-
myentos a las dichas perrochias e lugares e villas a cada uno de los peones que
les cupieren, e lo probean como dicho es, so pena de çinquenta mill maravedis,
etc., porque ansy conbiene al serviçio de Sus Magestades e bien e defensa e repa-
ro destos reynos.
Que en las peRochias de la dicha çibdad se eligan los dichos peones por suer-
tes, en las quales sorteen todas las personas que el veynte de cada collaçión vie-
re que son dispuestos e aparejados para guerra, e a los que cupieren, estén aperçi-
bidos para ir e vayan siendo menester como dicho es.
Yten, los lugares sorteen todos, eçeto los cogedores de alcavalas e pecho real
e herreros, e los sesmeros e diputados e procuradores de la tierra probean quien
vaya por los lugares a elegir e hazer armas e aparejar los peones.
Que en cada parrochia el veynte dé un onbre sufiçiente que vaya con los peo-
nes de su collaçión como quadrillero e cabo desquadra e mire por ellos e aya paga
doble.
Que luego se escrivan cartas a las villas e señoríos de la probinçia, e partan
todos desta çibdad conforme a lo susodicho.
De Cavallo.
Yten, que se hagan fasta çinquenta lanças de a cavallo que vayan en el dicho
exérçito.
Capitán General.
Que el señor don Pedro Maldonado Pimentel salga por capitán general desta
çibdad con la dicha gente y exérçito que de yuso se haze mynçión que la çibdad
a de enbiar syendo neçesario.
L
Ayuntamiento del lunes, xi días de março de iUdxxi años.
En la dicha çibdad se juntaron en las casas del consystorio el señor don Pedro
Maldonado Pimentel, regidor e corrregidor; e el liçençiado Lorenço Maldonado, alcal-
de; e Antonyo Hernández e comendador Griçio, regidores; e Françisco Rodrígues
de Çorita e Hernando Alonso, sesmeros de la dicha çibdad; e los dichos señores
deán e prior, como diputados de la yglesia; e Pero Bonal e el bachiller Andrés e
Françisco de San Miguel, como diputados de los linages; e Juan de Valloria, como
diputado del pueblo; e Pedro de Morales e Nyculás Pérez e Luis Martyn e Alonso
Nieto e Cristóval de Salamanca e Pedro de la Fuente e Martyn de Almenara e Pedro
Moro e Benyto Frenero e Antón Martyn e Blas de Vergara e Pero Martyn e Françis-
co Hernándes e Gonçalo Hernándes.
Mayordomo de la artillería.
En el dicho ayuntamyento, este día encargaron e mandaron a Juan de Santiuste,
vezino de la dicha çibdad, que estava presente, que sea mayordomo e tenga car-
go de la guarda e racavdo de la artillería que esta çibdad tiene e toviere, lo qual
todo se le de e entregue e venga a su poder por memorial, e ya venido, lo tenga
guardado en mucho recavdo, para que esté a punto para quando la çibdad tovie-
re neçesydad della, e que le satisfazan su trabaxo. E el dicho Juan de Santiuste,
por servir a sus merçedes, lo açetó e hizo juramento en forma de derecho que bien
e realmente usaría del dicho cargo, e pornya toda guarda e recavdo en toda la dicha
artillería e muniçión e aparejos, e que daría de todo buena quenta e razón, e que
no acudiría ny daría cosa alguna de artillería ny munyçión ny pólvora ny otra cosa
a persona alguna syn mandamyento de la dicha çibdad, e que en todo haría como
buen e fiel mayordomo, etc.
LI
Ayuntamiento del miércoles en la tarde, xiii días del mes de março de iUdx-
xi años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron dentro en las casas del consystorio el
señor don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor; e los dichos Françisco de Çori-
ta e Hernando Alonso, sesmeros de la dicha çibdad; e los dichos señores deán e
prior de Salamanca, como diputados de la yglesia della; e Pero Bonal el bachiller
Andrés de Toro, como diputados de los linajes; e Pero Gonçáles e Juan de Vallo-
ria e Cristóval de Rueda, como diputados del pueblo; e Juan Bueno e Gonzalo Her-
nándes e Bartolomé de Peñaranda e Blas de Vergara e Nyculás Pérez e Antón de
Toledo e Cristóval de Salamanca e Françisco de la Fuente e Pablos Domíngues e
Martyn de Salamanca e Benyto Frenero e Pedro de Morales e Pero Martyn e Luis
Martín, e otros de los veynte de la dicha çibdad.
LII
Junta del jueves, xiiiiº de março de iUdxxi años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron el dicho señor don Pedro Pimentel,
corregidor; e el liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde; e Antonyo Hernández; e
Hernando Alonso e Françisco Rodrígues de Çorita, sesmeros de la çibdad; e Pero
Xiráldes e Martyn de Porras; los dichos señores deán e prior de Salamanca, como
diputados de la yglesia della; e Pero Bonal e Françisco de San Miguel, diputados
de los linages; e Juan de Valloria, diputado del pueblo; e Juan Bueno e Gonçalo
Hernandes e Nyculás Pérez e Alonso de Almenara e Juan Pinto e otros de los veyn-
te; e Álvaro de Párraga e Juan de la Ribera e Sebastián de Huerta e Lorenço de
Ledesma, procuradores de la dicha çibdad.
Que se enbarguen las rentas e frutos de todos los cavalleros que se an pasa-
do e ydo al exerçito contrario del reyno.
Que se dé mandamyento de çibdad en forma para enbargar e secrestar los fru-
tos e rentas de los lugares e haziendas e heredamyentos que en esta çibdad e su
tierra e juridiçión ay de todos los cavalleros, escuderos e personas desta dicha çib-
dad que se an ydo e pasado a los grandes e exérçito contrario del reyno e del bien
LIII
Ayuntamiento del sábado en tarde, a xvi días del mes de março de iUdxxi años.
En la dicha çibdad, este día se ajuntaron en las casas del consystorio el dicho señor
don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor; y el liçençiado Lorenço Maldonado,
LIV
Ayuntamiento del martes, a diez e nueve días del mes de março de mill e
quinientos e veynte e un años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este dicho día se ayuntaron en las casas del
consystorio el señor don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor; e Antonio Her-
nández, regidor; e los dichos sesmeros de la dicha çibdad Françisco de Çorita e
Juan Syerra; e Pero Giráldez e Benito Frayle e Juan Escudero, sesmeros de la tie-
rra della; e los dichos señores deán e prior de Salamanca, como diputados de la
yglesia; e Pero Bonal e el bachiller Andrés de Toro, como diputados de los lina-
xes; e Juan de Valloria e Cristóval de Rueda e Pero Gonçáles, de los diputados del
pueblo; e Juan Bueno e Pero Martyn e Martyn de Salamanca e Pedro de Morales
e Juan Pinto e Alonso de Almenara e Nyculás Pérez e otros de los veyntes; e Álva-
ro de Párraga e Lorenço de Ledesma, procuradores de la dicha çiudad
Mandamiento a Juan Bueno y a Pedro de Morales.
Encargaron e mandaron a Juan Bueno e a Pedro de Morales, veyntes, que çier-
tos dineros que faltan sobre lo que le faltó a Cristóval Quadrado de las bullas para
cunplir a duzientas mill maravedís que se an de enbiar a la Santa Junta, que los tomen
prestados de algunos çibdadanos hasta que se hayan de las dichas bullas e se les
paguen, e que ellos hagan obligaçión por los dineros que asy sacaren prestados, que
esta çibdad los sacará a paz e a salvo de la tal obligaçión que por ello fizieren.
LV
Ayuntamiento del miércoles, tarde, xx de março de iUdxxi años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio el señor
don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor en la dicha çibdad por sus altezas; e
Antonyo Hernándes e comendador Griçio; e Françisco Rodrígues de Çorita e Her-
nando Alonso, sesmeros de la dicha çibdad; e Juan Escudero, de Castellanos de
Morisco, sesmero de la tierra della; e el señor don Juan Pereyra, deán de Salamanca,
y el prior Álvaro Gómez, como diputados de la yglesia; e Pero Bonal, diputado de
los linages; e Juan de Valloria e Pero Gonçáles, diputados del pueblo; e Benyto
Frenero e Cristóval de Salamanca e Alonso de Almenara, e otros de los veynte de
la dicha çibdad; e Cristóval de Salamanca, veynte; e Sebastián de Huerta e Álvaro
de Párraga, procuradores de la dicha çibdad.
Librança a Antonyo Hernándes,regidor.
En el dicho ayuntamyento, este día los dichos señores justiçia, regidores e ses-
meros, diputados de los estados e veyntes e procuradores, dixeron que visto cómo
esta dicha çibdad es en muchos cargos a Antonyo Hernándes, regidor della, ansy
por razón de lo que trabaxa e se dispuso e aventuró en las cortes de Galizia el
año pasado como procurador de cortes desta çibdad, por la libertad e bien e repa-
ro della e del reyno, con toda conestançia e perseverançia, juntamente con los otros
cavalleros desta çibdad que en ello estovieron, e como por ser el dicho Antonyo
Hernándes tan buen cavallero e tener neçesydad los otros cavalleros que en las
dichas cortes concurrieron desta çibdad, quisyeron e ovieron por bien que el galar-
dón que todos mereçían se convertiese en el dicho Antonyo Hernández; e demás
desto lo mucho que el dicho Antonyo Hernándes a trabaxado cada día, ansy en
los reparos del artillería como en el recavdo e sobre ronda desta çibdad, e otras
cosas e costas que en ello se le an recreçido e recreçen de su casa, por ende, para
en alguna satisfaçión, galardón e remuneraçión de lo sobre dicho, mandaron a Françis-
co Rodrígues de Çorita, sesmero e vezino de la dicha çibdad, que de quales quyer
dineros que tenga o tuviere desta çibdad, dé e pague al dicho Antonyo Hernán-
des, regidor, dozientos ducados de oro, por el presente fasta que la çibdad le pue-
da hazer más gratificaçión, e con este mandamyento e esta carta de pago le serán
reçibidos en quenta e pago de los dichos dozientos ducados al dicho sesmero.
LVI
Ayuntamiento del jueves, a xxi de março de iUdxxi años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día se juntaron dentro de las casas del
consystorio el dicho señor don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor; e liçençiado
LVII
Ayuntamiento del sábado, xxiii días del mes de março de iUdxxi años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día se juntaron en las casas del consys-
torio los dichos señores justiçia e regidores e sesmeros e diputados de los estados
e veyntes de la dicha çibdad, conbiene a saber: el señor don Pedro Maldonado
Pimentel, corregidor e Justiçia Mayor en la dicha çibdad por Sus Altezas; e el
liçençiado Pedro Ternero, alcalde en la dicha çibdad; e Antonyo Hernándes, regi-
dor della; e Françisco Rodrígues de Çorita e Hernando Alonso, sesmeros de la dicha
çibdad; Martyn Porras de Linares, sesmero de la tierra della; e el señor don Juan
Pereyra, deán de la yglesia de Salamanca, como diputado della; e Pero Bonal e el
bachiller Andrés de Toro, como diputados de los linages; e Pero Gonçáles e
Françisco de Castroverde e Juan de Valloria e Cristóval de Rueda, como diputados
del pueblo; e Françisco Fernándes e Antonyo Martyn e Martyn de Salamanca e Pero
Martyn e Juan Bueno e Nyculás Pérez e Blas de Vergara e Benyto Frenero e Pedro
de Morales e Luis Martyn e otros de los veynte; e Álvaro de Párraga e Sebastián
de Huerta, de los procuradores de la dicha çibdad.
Carneros enbargados e detenydos.
En el dicho ayuntamyento, este día platicaron çerca de çiertos carneros que diz
que estavan detenydos a Françisco Roldán, vezino de Villalón, por que diz que yban
por la tierra e provisyón de los contrarios del bien general del reyno. Acordaron
de encargar e encargaron a Pero Martyn e Nyculás Pérez, veyntes, e Hernando
Alonso, sesmero de la dicha çibdad, que tengan cargo de vender los dichos car-
neros en esta dicha çibdad para la provisyón della,e que los aprovechen lo mejor
que puedan, e si su dueño quisyere, sea presente a la venta dellos, e que los dine-
ros que dellos sacaren los tenga en deposyto el dicho Pero Martyn e el dicho Her-
nando Alonso, e no acudan con ellos a persona alguna fasta questa çibdad man-
de lo que dellos se haga.
LVIII
LIX
Junta del miércoles de las ochavas de Pasqua, iii días del mes de abril de iUdx-
xi años.
En la dicha çibdad, este día se juntaron en las casas del consystorio el señor
don Pedro Maldonado Pimentel, regidor e corregidor en la dicha çibdad por Sus
Altezas; e Antonyo Hernándes, regidor; e Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero
de la dicha çibdad; e Pedro Giráldez e Juan Escudero, sesmeros de la tierra de la
dicha çibdad; e Cristóval de Rueda e Françisco de Castroverde e Pero Gonçáles e
Valloria, diputados del pueblo; e el señor deán e el señor prior don Álvaro Gómez,
como diputados de la yglesia de Salamanca; e Pero Bonal como diputado de los
linages; e Pero Martyn e Juan Bueno e Blas de Vergara e Juan Pinto e Françisco
de la Fuente e Antón de Toledo e Alonso de Almenara e Martyn Gonçáles e Beny-
to Frenero e Pedro Moro.
Escrivir a Ledesma.
Que escrivan a Ledesma con Juan Bueno en favor de los frayles de San Fran-
cisco; dé crehençia; después se encargo a Juan Bueno otra cosa e encargaron a
los señores deán e Pero Bonal que escrivan carta sobre la dicha villa de Ledesma
e vaya otro mensagero.
Alhóndiga del pan.
En el dicho ayuntamyento, este día los dichos señores dixeron que por quan-
to an mandado que el trigo e çevada de las paneras que se hallaren por los luga-
res de la tierra desta dicha çibdad se trayan e pongan en esta dicha çibdad en alhón-
diga e aprovisyón della e de su tierra, por ende encargaron e cometieron al señor
Antonyo Hernándes, regidor de la dicha çibdad, e a Pero Martyn, veynte, que ellos
tengan a cargo la dicha alóndiga e todas las cosas a ella tocantes, e escogan la casa
o casas que les pareçiere en esta çibdad, en las quales reçiba todo el pan que se
traxere para la dicha alóndiga, por ante escrivano público, e por libro e cargo lo
tengan en guarda con todo recavdo para hazer e disponer del dicho pan de la dicha
alóndiga aquello que por la çibdad fuere ordenado e mandado, e tengan razón de
todo ello para que puedan dar e den buena quenta con pago leal e verdadero quan-
do les fuere demandado, e puedan proveer e provean en todo quanto conbenga
e sea neçesaryo a la dicha alóndiga; los quales açetaron el dicho cargo e fizieron
juramento en forma de derecho de bien e fielmente lo usar, e poner toda la dili-
gençia, trabaxo e recavdo que puedan, e hazer libro e ynventario por ante escri-
vano público de todo el trigo e çevada que viene para la dicha alondiga syn falta
nynguna, e de lo que dello se fiziere e dispusyere, e no dar ny dispensar de cosa
alguna mas de aquello que la çibdad les mandare e cometiere, e dar de todo bue-
na quenta e razón, llana e verdadera con pago quando le sea demandada sin frav-
de ny cavtela ny comisyón alguna.
Escrivano para la dicha alóndiga.
En el dicho ayuntamyento, este día encargaron a Pedro de Salamanca, escri-
vano público del número desta dicha çibdad, que sea escrivano de todas las cosas
tocantes a la dicha alóndiga e tenga libro della, ansy de cargo como de data e todo
lo que sea neçesario, e que todo el pan que se reçibiere se asyente por antél e lo
que dello se dispusyere e las otras cosas tocantes a la dicha alóndiga, e açetolo e
hizo juramento que bien e fielmente, lo fazeré, etc.
Para el quarto de Baños.
Encargaron a Hernando de Ontiveros, vezino de la dicha çibdad, que estava
presente, que él y otra persona que él nonbrare vayan a los lugares del quarto de
Baños, tierra desta çibdad, a conplir el mandamyento que está dado, que se enbar-
guen las rentas de los cavalleros e personas que an pasado al exérçito de los grandes
e contrarios del reyno, e saber todas las paneras de trigo e çevada que ay en los
dichos lugares e hazerlo traer a la alóndiga desta dicha çibdad e se le dé mandamyento
en forma, e vaya con ellos un escrivano del numero ante quyen pase.
Mandamyento a Juan de las Peñas.
Mandaron a Juan de las Peñas, escrivano publico, que vaya con el alguazil Aze-
vedo e con Juan Benyto al quarto de Peña del rey a conplir el mandamyento que
los sobredichos llevan, e por ante quyen pasen los avtos que fizieren, so pena de
perdimyento de bienes e privaçión de ofiçio.
Librança a Françisco Rodrigues, sesmero de la çibdad.
En el dicho ayuntamyento, este día libraron a Françisco Rodrígues de Çorita,
sesmero de la dicha çibdad, en Hernán Dálvarez de Villareal, reçetor de las ren-
tas e alcavalas della del tienpo del encabeçamyento pasado en su cargo de las dichas
alcavalas, quatroçientos mill maravedís para ayuda a la paga que agora se enbía a
los capitanes e gente del exérçito desta dicha çibdad que están en serviçio de Sus
Altezas e bien e defensa e reparo deste reyno, e mandaron al dicho Villareal le acu-
da luego con ellos, de que a de dar quenta el dicho sesmero con lo que tiene.
Otro libramyento al dicho Çorita.
En el dicho ayuntamyento, este día libraron al dicho Françisco Rodrígues de
Çorita, sesmero, en Alonso del Azevo, reçetor de la mytad del serviçio desta dicha
çibdad e su partido del año pasado de quinyentos e diez e nueve en su cargo del
dicho serviçio, dozientos ducados para la dicha ayuda de la paga que agora se enbía
a los capitanes e gente del exérçito desta çibdad, e que a de dar quenta con lo
que tiene.
Otro libramyento al dicho sesmero Çorita.
Yten, libraron más al dicho Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero de la dicha
çibdad, en Luis del Peso, reçetor de la otra mytad del dicho serviçio desta çibdad
e su tierra çierto tienpo del dicho año pasado de quinyentos e veynte, otros dozien-
tos ducados para la dicha paga que al presente se enbía a los dichos capitanes e
gente del exérçito desta dicha çibdad, e que a de dar quenta con lo que tiene.
Personas que an de yr a llevar la paga.
Mandaron a Juan Bueno e Cristóval de Rueda, que estavan presentes, que lue-
go partan e vayan a hazer e hagan la paga del mes que pende para los dichos
capitanes e gente del exérçito desta çibdad que estan en serviçio de Sus Altezas e
bien e defensa e reparo del reyno, e pague a cada uno lo que la çibdad le da, e que
el dicho Françisco Rodrígues, sesmero de la çibdad, les dé dineros para ello, de
lo que de suso se le a librado.
LX
Junta del viernes, v de días del mes de abril de iUdxxi años.
En Salamanca, este día se juntaron en las casas del consystorio los señores jus-
tiçia e regidores e sesmeros e diputados de los estados e veyntes desta çibdad, con-
biene a saber: el dicho señor don Pedro Maldonado Pimentel, regidor e corregi-
dor en la dicha çibdad por Sus Altezas; e Antonyo Hernándes e el comendador
Françisco de Griçio, regidores; e Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero, e Her-
nando Alonso, sesmeros de la dicha çibdad; e los dichos deán e prior como dipu-
tados de la yglesia de la dicha çibdad; e Pero Bonal y el bachiller Andrés, como
diputados de los linajes; e Pero Gonçáles e Françisco de Castroverde e Juan de
Valloria, de los diputados del pueblo; e Cristóval de Salamanca e Benyto Frenero
e Nyculás Pérez e Antonyo de Toledo e otros de los veynte de la dicha çibdad.
Pan de Carrascalejo.
En el dicho ayuntamyento, este día los dichos señores dixeron que por quan-
to son ynformados que en el lugar de Carrascalejo, aldea de la dicha çibdad, ay
çierto pan, el qual es menester para la provisyón e alóndiga desta çibdad e su tie-
rra, por ende encargaron e mandaron a Álvaro de Párraga, procurador de la dicha
çibdad, e a Alonso Montero, veynte, que luego vayan al dicho lugar de Carrasca-
lejo e que todo el trigo e çevada que en él hallaren en qualquier manera, lo hagan
medir por media hanega derecha e ante un escrivano que con ellos vaya que lo
ponga por escrito e memoria, e que lo haga traer a esta çibdad echar en el alón-
diga della para la dicha provisyón, e que el dueño o dueños del dicho trigo ven-
gan o enbíen ante sus mercedes para que se dé orden en la paga del dicho pan,
e que se les dé mandamyento en forma para esto e para que tomen carreta e bue-
yes e bestyas en que lo trayan.
Dineros de la Cruzada.
En el dicho ayuntamiento, este dicho día los dichos señores dixeron que por
quanto ovieron encargado al señor prior Álvaro Gómez que sopiese de los dineros
LXI
Ayuntamiento del martes, ix días de abril de iUdxxi años.
En Salamanca, este día se ayuntaron los dichos señores justiçia e regidores e
sesmeros e diputados de los estados e veyntes de la dicha çibdad en las casas del
consystorio della, conbiene a saber: el dicho señor don Pedro Maldonado Pimen-
tel, corregidor; e el liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde; e el comendador
Françisco de Griçio e Antonyo Hernándes, regidores; e Françisco Rodrígues de Çori-
ta e Hernando Alonso, sesmeros de la dicha çibdad; y el prior don Álvaro Gómez,
como diputado de la yglesia; e Pero Bonal e el bachiller Andrés de Toro, como
diputados de los linages; e Françisco de Castroverde e Pero Gonçáles e Juan de
Valloria, de los diputados del pueblo; e Pero Martyn e Nyculás Pérez e Blas de Ver-
gara e Françisco Hernándes e Juan Pinto e Benyto Frenero e Cristóval de Salamanca,
e otros de los veynte de la dicha çibdad.
Pan de Val de Villoria, que se traya.
Mandaron a Juan de la Ribera, procurador, vezino desta çibdad, e a Diego de
Tapia, que luego vayan a los lugares del quarto de Val de Villoria e que de todo
el trigo e çevada que en el quarto enbargaron e dexaron enbargado de las pane-
ras que hallaron, lo hagan traer a esta çibdad a la alóndiga della para su provis-
yon e de su tierra, e para ello tomen bueyes e mulas e carretas e bestias doquier
que la hallaren, e lleven mandamyento en forma; e que el dicho Diego de Tapia
vaya con vara como alguaçil, e que vaya con ellos Alonso Godínes, escribano, que
asyente lo que pasare, e que el pan sea por medida e por memoria.
LXII
Junta del jueves, xi días del mes de abril de iUdxxi años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día se juntaron en las casas del consys-
torio el dicho señor don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor en la dicha çib-
dad por Sus Altezas; y el comendador Françisco de Griçio e Rodrigo Maldonado,
regidores; e los dichos sesmeros de la çibdad; e Martyn Porras e Pedro Giráldez e
Benyto Frayle e Juan Escudero, sesmeros de la tierra della; e el señor don Juan
Pereyra, deán de la yglesia de Salamanca, e el prior don Álvaro Gómez, como diputa-
dos de la dicha yglesia; e Pero Bonal e el bachiller Andrés de Toro, como diputados
de los linages; e Françisco de Castroverde e Juan de Valloria, de los diputados del
pueblo; e Pero Martyn e Pedro de Morales e Benyto Frenero e Cristóval de Sala-
manca e Gonçalo Hernándes e Nyculás Pérez e Juan Pinto, e otros de los veynte
de la dicha çibdad.
Libramyento en Hernando Alonso.
En el dicho ayuntamyento, este día mandaron a Hernando Alonso, sesmero de
la dicha çibdad, que de los maravedís que le mandaron reçibir de la cruzada e con-
pusyçión, dé a Pero Giráldes, sesmero de la tierra de la dicha çibdad, las dozien-
tas mill maravedís que esta çibdad a de enbiar a la Santa Junta del Reyno, para
que el dicho Pero Giráldes los lleve e entregue a la dicha Junta, e entregue recav-
do como ge los dio, e que sy el dicho Hernando Alonso no tuviere en su poder
las dichas dozientas mill maravedís enteramente, que lo que faltare lo cunpla de
lo prestado e lo pague a quyen lo prestó, e mandaron al dicho Pero Giráldes que
de los mysmos dineros faga la costa suya e de los que con él fueren.
Libramiento al sesmero Françisco Rodriguez de Çorita.
Libraron a Françisco Rodríguez de Çorita, sesmero de la dicha çibdad, en Fer-
nán Dálvarez de Villareal, reçebtor desta çibdad de las alcavalas della e su parti-
do del tienpo del encabeçamiento pasado en su cargo de las dichas alcavalas, çin-
quenta mill maravedís para la paga del capitán e gente que van a la guarda del
canpo e para otras necesidades.
LXIII
Junta del viernes, doze días del mes de abril de iUdxxi años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día se juntaron en las casas del consys-
torio los señores justiçia, regidores, sesmeros e diputados de los estados e veyntes,
conviene a saber: el dicho señor don Pedro Maldonado Pimentel, corregidor; e el
liçençiado Pedro Ternero, alcalde; e el comendador Françisco de Griçio e Rodri-
go Maldonado e Antonyo Hernándes, regidores; e los dichos Françisco Rodrígues
de Çorita e Hernando Alonso, sesmeros de la dicha çibdad; e Martyn Porras, ses-
mero de la tierra; e el señor don Juan Pereyra, deán de la dicha yglesia catredal
de la dicha çibdad, como diputado della; e Pero Bonal e el bachiller Andrés de
Toro, como diputados de los linajes; e Françisco Mynaya e Ruberte de Santistevan
e Juan de Valloria e Cristóval de Rueda, de los diputados del pueblo; e Alonso de
Almenara e Martyn de Salamanca e Benyto Frenero e Cristóval de Salamanca e Alonso
Montero e Françisco de la Fuente e Juan Pinto e Luis Martyn e Blas de Vergara e
e con su carta de pago le sean reçibidos en quenta. Lo que dicho es pasó ante my
todo lo susodicho. Antonyo de Linares, escrivano.
LXIV
LXV
Junta del martes, diez e seys días del mes de abril de mill e quinientos e veyn-
te e un años.
Este dicho día se juntaron en las casas del consytorio el señor don Pedro Mal-
donado Pimentel, regidor e corregidor en la dicha çiudad por Sus Altezas e por la
çibdad; e el liçençiado Lorenço Maldonado, alcalde en la dicha çiudad; e Rodrigo
Maldonado e Antonyo Hernández, regidores; e Françisco Rodríguez de Çorita e Her-
nando Alonso, seysmeros de la çibdad; e el señor don Juan Pereyra, deán de la
yglesia de Salamanca, como diputado della; e Pero Bonal e el bachiller Andrés de
Toro, como diputados de los linajes; e Juan de Valloria e Françisco de Castroverde
e Cristóval de Rueda e Pero Gonçáles, diputados del pueblo; e Juan Bueno e Pero
Martyn e Pedro de Morales e Cristóval de Salamanca e Pablos Domínguez e Alonso
de Almenara e Nyculás Pérez e Benyto Frenero e Luys Martyn e Françisco de la
Fuente e Martyn de Salamanca.
LXVI
Junta del viernes, xix días del mes de abril de iUdxxi años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este día se juntaron dentro de las casas del
consystorio, conbiene a saber: los liçençiados Lorenço Maldonado e Pedro Ternero,
alcaldes en la dicha çibdad por Sus Altezas; e Antonyo Hernándes e Rodrigo Mal-
donado, regidores; e Françisco Rodrígues de Çorita, sesmero de la dicha çibdad; e
Martyn Porras e Juan Escudero, sesmeros de la tierra della; e el señor don Juan
Pereyra, deán, e don Álvaro Gómez, prior de la yglesia de Salamanca, como dipu-
tados della; e Pero Bonal e el bachiller Andrés e Françisco de San Miguel, como
diputados de los linajes; e Françisco de Mynaya e Ruberto de Santistevan e Diego
Nyeto e Juan de Valloria e Françisco de Castroverde, como diputados del pueblo;
e Antón Martyn e Pedro de Morales e Blas de Vergara e Antón de Toledo e Juan
de Almenara e Françisco de la Fuente, e otros de los veynte; e Sevastián de Huer-
ta e Juan de la Ribera, procuradores de la dicha çibdad.
Carta de Segovia.
En este ayuntamyento vieron una carta de la çibdad de Segovia que traxo un
canónigo, e oyéronlo, e dixeron e acordaron que lleve la respuesta de la dicha carta
a la dicha çibdad de Segovia el prior don Álvaro Gómez, e se escriva con el car-
ta de crehençia para la dicha çibdad de Segovia.
Yten, que lleve carta de crehençia para la çibdad de Ávila, e de parte desta
çibdad fable lo que sobrello a platicado, e vaya con el dicho prior Alonso de Sala-
manca.
LXVII
LXVIII
Junta del lunes, xxii días del mes de abril de iUdxxi años.
En la dicha çibdad de Salamanca, este dicho día se juntaron los dichos seño-
res conçejo, justiçia e regidores, seysmeros e diputados de los estados e veyntes
de la dicha çibdad dentro en las casas del consystorio, conbiene a saber: el liçençia-
do Lorenço Maldonado, alcalde en la dicha çibdad por Sus Altezas; e Antonyo Her-
nándes e Rodrigo Maldonado, regidores della; e Françisco Rodrígues de Çorita e
Hernando Alonso, sesmeros de la dicha çibdad; e Pero Bonal e Françisco de San
Miguel e el Bachiller Andrés de Toro, como diputados de los linajes; e Ruberto de
Santistevan, e Juan de Valloria e Françisco de Castroverde e Pero Gonçáles, de los
diputados del pueblo; e Blas de Vergara e Alonso de Almenara e Pablos Domynguez
e Cristóval de Salamanca e Antón de Toledo e Juan Bueno e Pedro de Morales e
Pero Martyn e Gonçalo Hernández, e otros de los veynte de la dicha çibdad. Pro-
veyeron lo siguiente.
Aperçibimyento.
Acordaron e mandaron que se pregone públicamente que todos los vezinos e
abitantes desta çibdad estén aperçibydos e aparejados a que oyendo la canpana
de San Martyn, todos con sus armas salgan a la plaça, ansy los de cavallo a cava-
llo, como todos los otros a punto de guerra para acudir a donde conbenga, e que
tengan las armas que están mandadas tener, so pena que el que no acudiere de
perdimyento de bienes e ser avido por traydor.
e que se dé mandamyento para lo cobrar e que les sea acudido con ello; e le die-
ron poder bastante e quedaron de le sacar a paz e a salvo e obligaçión de todos
los bienes propios de la dicha çibdad, que para ello obligaron e demandaron que
lo faga bien e diligentemente e con todo recavdo, so pena de perdimyento de bie-
nes e derribamyento de casas; e el dicho Alonso de Mercado, dixo que lo oya.
FELICIANO MONTERO*
las últimas 4.000 pts. Se adjunta una Minuta de las cantidades parciales, anticipa-
das entre el 15 de noviembre de 1899 (primeras 5.000) y el 25 de mayo de 1902,
(últimas 5000). Sucesivamente se anticipan 5.000 pts el 11 de junio de 1900, el 6
de abril de 1901, el 19 de octubre de 1901 y el 25 de mayo de 1902, y 15.000 el
10 de octubre de 1901. Así como de las cantidades devueltas en diversas entregas
a cuenta, generalmente de 5.000, desde el 13 de junio de 1903 hasta el 31 de agos-
to de 1909; la cantidad principal de 13.000 corresponde al año 19094.
Finalmente, publicamos los Títulos de patronos, con los privilegios corres-
pondientes, que el Obispo concedió al matrimonio fundador de la nueva Iglesia
el 19 de marzo de 1902 (documento 4)5. El decreto del obispo concedía entre otros
privilegios el derecho de sepultura en la capilla del Pilar. El 19 de mayo de 1930,
el obispo de Salamanca, Francisco (Frutos Valiente), confirma la facultad de ente-
rrar en la Iglesia a los patronos: D. Juan Redero, en su día; y respecto a Dña Mª
del Pilar, que “tan pronto como las leyes civiles lo permitan, sean trasladados a la
iglesia parroquial, los restos mortales de su esposa recientemente fallecida”6. En el
Libro de Régimen se anota la Traslación de los restos de los Sres. Patrones a la Igle-
sia, el 13 de diciembre de 1946: “Acompañaron las autoridades y casi todo el pue-
blo. Se tuvo un funeral solemne con asistencia y… cumpliendo su voluntad expre-
sada en el testamento se repartió una limosna de 300 pts. a las familias más
necesitadas”.
Esta publicación de documentos interesa en primer lugar a los vecinos de
Encinas de Abajo. Para la pequeña historia local de Encinas es evidente que la cons-
trucción de la nueva Iglesia y las celebraciones consiguientes fueron un aconteci-
miento excepcional. Pero los documentos presentados tienen un interés histórico
más general. Nos hablan de una época y de una mentalidad, la correspondiente
al cambio del siglo XIX al siglo XX, de lento tránsito, especialmente en el medio rural,
entre lo viejo y lo nuevo: la pervivencia del Patronato; la celebración conjunta de
lo religioso y lo festivo en un acto que es a la vez cívico y religioso, en el que
participa todo el pueblo con las autoridades al frente.
4 En la visita pastoral del obispo Valdés Noriega a la parroquia, el 5-IX-1909, se reconoce la can-
celación de la deuda, mandando el obispo que se reconozca expresamente a los patronos el agrade-
cimiento por la magnífica dotación de la Iglesia; y a la vez, se manda que la fábrica de la Iglesia se
haga cargo a partir de ese momento de todos los gastos de reparación y conservación del templo. Es
decir, saldada la deuda, terminada la financiación de los patronos, correspondía ahora a la Iglesia correr
con los gastos de sostenimiento y mantenimiento. Vid. Libro de Régimen, págs. 14-15.
5 Decreto concediendo el Título de patronos de la iglesia, con los privilegios correspondientes,
dado por el obispo Cámara, el 19 de marzo de 1902. Con la misma fecha ampliación del decreto, dado
el derecho de sepultura, en la capilla del Pilar, de acuerdo con las prevenciones civiles.
6 En el Libro de Régimen, anota el párroco D. Donato el fallecimiento de Dña. Mª del Pilar, el
23 de febrero de 1930, “insigne bienhechora y Patrona honorífica; se le tuvo funeral de 1ª clase, nove-
nario y limosna a los pobres de 5 pts.”.
En la crónica del párroco se atribuye por igual al obispo Cámara y a los patro-
nos fundadores la realización del proyecto. Y en efecto animó el proyecto y ade-
lantó el dinero efectivo para la financiación de la obra. Cuando el obispo Cámara
acoge e impulsa la construcción de la nueva Iglesia de Encinas era ya una figura
muy reconocida y popular, más allá de Salamanca, dentro y fuera del mundo cató-
lico. Si el párroco don Donato era un cura joven que acababa de llegar a Encinas,
el obispo estaba viviendo los últimos años de su vida y de su obispado en Sala-
manca (murió en mayo de 1904, sólo escasamente dos años después de la con-
sagración solemne de la nueva Iglesia).
En Salamanca, donde llevaba de obispo desde 1885, Cámara había destacado
entre otras cosas precisamente por impulsar la construcción de nuevos templos,
como la Iglesia de San Juan de Sahagún, y el proyecto inacabado de la basílica de
Santa Teresa de Alba de Tormes, cuya construcción estuvo ligada a un importante
impulso de la devoción a la Santa, con ocasión de la celebración del 3º centenario
de su muerte en 18828. Precisamente entre las asociaciones piadosas que funcio-
naban en Encinas en el tiempo de construcción de la nueva Iglesia la crónica del
párroco cita expresamente a “las jóvenes teresianas con sus insignias y medallas”.
El obispo Cámara es uno de los mejores representantes del nuevo catolicismo
restaurador que trataba de adaptarse y responder a los nuevos retos del mundo
liberal con los instrumentos y métodos de ese mundo: la prensa, el asociacionismo,
la acción educativa y social, la actividad parlamentaria (durante varias legislaturas
7 Copia del Acta y Toma de posesión en Libro de Régimen, 1878, pág. 6. En el mismo Libro de
Régimen el arcipreste Miguel Martín anota el fallecimiento de D. Donato Toribio López el 25 de mar-
zo de 1950.
8 Precisamente en la introducción de su crónica se refiere el párroco a estas dos obras de San
Juan de Sahagún y la basílica de Sta. Teresa, para destacar el empuje y la personalidad del obispo; y
de paso integrar la nueva iglesia de Encinas dentro de ese proyecto.
9 Sobre el significado histórico del obispado de Cámara en Salamanca, ver ESTEBAN DE VEGA,
Mariano. El Padre Cámara y la Iglesia española de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. En
Salamanca, Revista de Estudios, 33-34; 1994, Salamanca: Diputación, págs. 109-122
10 Estos y otros datos, tomados directamente de los libros sacramentales de la parroquia de Enci-
nas, conservados en el Archivo Diocesano, nos han sido facilitados por Agustín Redero, que los reco-
piló en la elaboración de una historia familiar.
El pueblo de Encinas en esa época parece que está en una fase de crecimiento.
Según el censo de 1900, el número de habitantes en esa fecha era 469. Había aumen-
tado significativamente en los últimos diez años, pues en el censo de 1887 eran
389. Y el crecimiento es mucho más claro si lo comparamos con los datos de 1877
(334 habitantes) y de 1860 (291 habitantes). Así es que, según estos datos, entre
1860 y 1900 la población de Encinas casi se había duplicado. En términos abso-
lutos seguía siendo una población pequeña, pero había experimentado un creci-
miento importante en los últimos años del siglo XIX, y a ello se refería Don Dona-
to en su crónica para justificar la construcción de la nueva Iglesia: “Ya se dejaba
sentir la necesidad de una Iglesia más espaciosa y capaz y más digna de la gran-
deza y majestad de Dios y del esplendor del culto católico, pues la que teníamos
era ya muy antigua y estaba construida de muy pobres y humildes materiales, y
además era insuficiente ya para contener el pueblo que había aumentado consi-
derablemente”.
El crecimiento también debió afectar al caserío. Algunas de las mejores casas
del pueblo se construyeron en esos años de finales del siglo XIX y principios del
siglo XX.
La financiación de la construcción de la Iglesia corrió íntegramente a cargo del
matrimonio fundador; da la impresión de que no hubo ninguna otra contribución
económica por parte del pueblo, a excepción, quizá de aportaciones en forma de
trabajo voluntario.
Para justificar el cronista el legítimo derecho de patronato alcanzado por el matri-
monio fundador subraya su contribución exclusiva: “Ellos han puesto a disposi-
ción del Prelado todos sus intereses, sus ganados y sus personas, ellos tomaron a
su cargo continuar la obra y la inmediata inspección de los trabajos proveyendo
todo cuanto se ha necesitado; y puede considerarse en muy poco lo que ha hecho
el pueblo comparado con lo mucho que ellos han contribuido, pudiéndoseles
considerar sin ofensa de nadie como verdaderos fundadores de la Iglesia”.
El pueblo aparece en la crónica fundamentalmente como participante activo,
(“todo el pueblo”, con las autoridades al frente), en las diversas ceremonias reli-
giosas y festivas que acompañan las diversas fases desde la primera piedra a la con-
sagración. Dentro de esa referencia genérica al pueblo destaca la alusión expresa
a algunas asociaciones piadosas, como el Apostolado de la Oración y las Jóvenes
Teresianas.
11 Noticia facilitada por Agustín Redero. Eso explica que en el primer aniversario de la consa-
gración de la iglesia, en septiembre de 1903, participara en la ceremonia religiosa el coro de niños de
los salesianos.
3. LOS DOCUMENTOS
Iba a hundirse en la noche de los tiempos el siglo XIX de grandes adelantos y descu-
brimientos científicos, al par que desgraciado para nuestra España. Ocupaba la silla de Pedro
el gran Pontífice León XIII, “Lumen in caelo”, astro refulgente, que con sus inmortales Encí-
clicas y sus escritos alumbró al mundo todo, trazándole con mano maestra el camino del
cielo a los pueblos y a las naciones. Era el año 22 de su largo y glorioso Pontificado. Regía
la diócesis de Salamanca el excelentísimo e Ilustrísimo Sr. D. Fr. Tomás Cámara y Castro del
Orden de S. Agustín, una de las glorias más puras y legítimas del Episcopado español, orador
elocuente y escritor insigne, celosísimo por el bien y la prosperidad de los pueblos por él gober-
nados, siendo prueba clara y evidente sus frecuentes visitas pastorales; restaurador incansable
de los monumentos nacionales y las joyas de arte que encierra la ciudad del saber, como
atestiguan las obras de reparación de sus hermosas catedrales; emprendedor infatigable de
nuevas y gloriosas empresas, tales como la Iglesia de S. Juan de Sahagún, la que motiva
esta breve memoria y otras varias; hasta el punto de ser muchos los pueblos que han toca-
do las felices consecuencias de su largo y glorioso Pontificado. Y si lo dicho no bastara a
probar su celo y las energías de su grandiosa alma, pregonándolo está esa obra colosal, ese
proyecto grandioso de Basílica dedicada a la gran reformadora del Carmelo, a la nuestra
doctora Sta. Teresa de Jesús. Obra gigantesca que sólo pueden concebir los grandes genios
y llevar a cabo los corazones grandes y esforzados.
Corría el año 1899. Vivía en este humilde y reducido vecindario un matrimonio piado-
so y creyente y como pocos celoso de la gloria de Dios y del bien de sus semejantes. No
tuvieron sucesión tal vez para que el demasiado amor y el cariño de los hijos no los dis-
trajera del amor que a Dios se debe, y para que así, libres de los cuidados y desvelos de
la familia, estuvieran más libres y desprendidos de los bienes de fortuna que el Señor les
había dispensado con mano pródiga y liberal, en recompensa de su vida sencilla y honra-
do trabajo, para ofrecerlos al Señor algún día con una generosidad y desprendimiento dig-
nos de toda alabanza.
El Angel del buen consejo les inspiró el muy hermoso y muy cristiano pensamiento de
levantar un templo en el que fuera honrado y glorificado el Santo nombre de Dios y para
conseguirlo ofrecieron gran parte de sus riquezas.
Ya se dejaba sentir la necesidad de una Iglesia más espaciosa y capaz y más digna de
la grandeza y majestad de Dios y del esplendor del culto católico, pues la que teníamos era
ya muy antigua y estaba construida de muy pobres y humildes materiales y además era insu-
ficiente ya para contener el pueblo que había aumentado considerablemente.
Comunicaron al Excelentísimo Prelado su pensamiento, quien al ver tan buenos deseos
y presentándosele una ocasión tan propicia de enriquecer su diócesis con un nuevo templo,
con un monumento más, debido a la fe y a la generosidad de unos piadosos donantes, no
sólo aprobó el pensamiento sino que tomándolo como cosa suya y con el entusiasmo y la
actividad que le es propia, con su palabra lleva de vida y aliento, con sus consejos y sabias
instrucciones, allanando los obstáculos y venciendo dificultades, dando cuerpo a la idea y
realidad al pensamiento los alentó y animó a llevar a cabo tan gloriosa empresa. Y pode-
mos decir sin temor de equivocarnos que si bien es verdad que los Sres. D. Juan Redero y
su esposa Dña. Mª del Pilar Martín, contribuyeron con sus bienes y sus riquezas, con una
generosidad y un desprendimiento que les honra en alto grado y lo que es más de estimar,
con el sacrificio de sus personas, de su tranquilidad y reposo; sin embargo el alma y la vida
de ese pensamiento de esa noble y grande idea fue nuestro Excelentísimo Prelado D. Fr.
Tomás Cámara y Castro. Por eso queremos antes de pasar más adelante dejar aquí grava-
do y consignado un recuerdo de eterno agradecimiento a los Señores fundadores que tan-
to lo merecen y al excelentísimo Señor Obispo que tanta parte tuvo en la realización de
tan hermoso pensamiento. A unos y otros rendimos un tributo de alabanza y admiración.
Una vez que el Señor bendijo este pensamiento al punto se puso en práctica porque
las obras aceptas a Dios y por él protegidas no hay obstáculo que no se venza, ni impedi-
mento difícil que sea, que no tenga fácil solución, y no importa que a impedirlo salgan las
fuerzas todas del infierno y los hombres todos se opongan a ello. Porque la fe arrolla cuan-
to encuentra en su camino, y si es necesario hace milagros, para llevar a cabo el plan tra-
zado por la mano de Dios.
19 abril 1899
Con grande júbilo y alegría de nuestros corazones vimos llegar el 19 de abril de mil
ochocientos noventa y nueve, era el día señalado para bendecir y colocar la primera pie-
dra de la nueva Iglesia, fecha memorable y de eterno recuerdo para este pueblo, día de
fiesta y de inmenso regocijo para todos. Autoridades y pueblo salieron a recibir con gran
entusiasmo al Excelentísimo Prelado, los vivas y los aplausos se sucedían sin interrupción,
siendo así acompañado hasta la casa de los tres fundadores y patronos, quienes le recibie-
ron y obsequiaron espléndidamente con la amabilidad que les distingue, teniéndose por muy
honrados al tener en su casa tan ilustre huesped.
El entusiasmo que reinaba era indescriptible, las campanas desde su antigua torre con
sus lenguas de metal, sus alegres y acompasados sonidos llamaban al pueblo para que acu-
diera a presenciar la importante y sencilla ceremonia de colocar la primera piedra de un
nuevo templo. El antiguo era insuficiente para contener el gran número de fieles que de
muchas partes habían venido llevados de la novedad de tan grande acontecimiento. Llega-
do el momento oportuno y la hora señalada para la ceremonia su Excelencia Ilustrísima reves-
tido de los ornamentos pontificales y acompañado de buen número de Sacerdotes se diri-
gió al lugar de la primera piedra, que previamente preparada, estaba suspendida en el aire
y caprichosamente adornada de cintas y flores; ante ella se detuvo el Prelado, la bendijo
con las oraciones del pontifical y terminadas las oraciones y bendición, la vimos descender
pausada y majestuosamente al lugar preparado para su asiento, y este fue el ángulo dere-
cho inmediato a la puerta de entrada o sea el ángulo saliente que está entre la torre y la
puerta.
En esa primera piedra se abrió de antemano una urna donde se guarda una caja (de
las…) que contiene el acta del día mes y año en que se colocó, firmada por el Excelentí-
simo Prelado, autoridades y Sacerdotes presentes, y además con ella se pusieron monedas
de cobre y plata más modernas, un número de la Semana Católica y otro del Lábaro, sema-
nario y periódico católicos de la capital, acto seguido se asentó y colocó la piedra siendo
el Prelado el primero que echó una paletada de cemento a quien imitaron después algu-
nos de los allí presentes.
Concluida la colocación de la primera piedra el Sr. Obispo revestido con los ornamentos
Pontificales dirigió la palabra al numeroso concurso, que fue oída con religioso silencio. Dijo
entre otras cosas que a la fe debíamos los mejores Monumentos, que ella obra maravillas
que vemos repetirse con frecuencia, cómo la fe traslada los montes poco a poco, y piedra
a piedra para formar parte de esas grandes catedrales y de esos templos magníficos, que
son la admiración de todo el que los contempla. Dijo también que contribuía mucho a fomen-
tar la piedad y devoción, la grandeza y la hermosura de los templos, porque el hombre se
siente grande al contacto de lo grande y su corazón se ensancha y su espíritu se eleva más
fácilmente a contemplar la grandeza y majestad de Dios cuando se encuentra en un tem-
plo magnífico y suntuoso, extendiéndose sobre estos puntos en hermosas reflexiones, en
sublimes y elevados pensamientos, fluyendo de sus labios el sabroso y rico decir que le
distingue, y terminó haciendo votos porque muy pronto viéramos terminado el templo que
se principiaba. Terminada la función religiosa se terminó el día con festejos y bailes popu-
lares en señal de alegría y regocijo.
Principiaron los trabajos con grande actividad el día 6 de mayo y bien pronto vimos
rellenar las grandes zanjas y los profundos y anchos cimientos sobre los que había de des-
cansar el soberbio edificio, con piedra dura y compacta de las canteras de Villagonzalo y
el Pardo. Y apareció el zócalo y los ángulos, y a medida que avanzaban las obras veíamos
con gran satisfacción y contentamiento de nuestra alma elevarse las paredes del nuevo tem-
plo. Cómo se levantaban gallardas y airosas, las columnas y cornisas, las puertas, las ven-
tanas y los arcos quedando terminados los muros el día siete de septiembre de 1900, día
7, en cuyo día se cantó un Te Deum en acción de gracias. El día 24 de dicho mes se tuvo
una misa solemne a la Virgen Santísima por la protección dispensada a las obras de la Igle-
sia hasta esta fecha.
Durante el año 1901 se puso la cubierta y el macizo de todos los tejados y en el inte-
rior se hicieron las airosas bóvedas que miden doce metros y la gallarda cúpula del cruce-
ro que mide diez y seis metros de altura, en ese mismo año se terminaron los planos, las
obras de carpintería, pinturas y pavimentos, quedando en condiciones de habilitarse para
el culto, como efectivamente se hizo después de colocar los tres altares, el mayor y los dos
laterales, el día 12 de octubre de 1901. Este día en que la Iglesia celebra la venida de la
Virgen Santísima a España en carne mortal apareciéndose a las orillas del Ebro sobre majes-
tuoso Pilar, fue el señalado por el Excelentísimo Prelado para abrirse al culto la nueva Igle-
sia. Fue recibido el Señor Obispo el día anterior por el pueblo con muestras de grande entu-
siasmo y alegría, entre vivas y grandes aplausos, y el día siguiente estando ya todo preparado
y acompañado de diez sacerdotes todos de sobrepelliz procedió a la bendición exterior e
interior de la Iglesia y acto seguido se organizó una solemne y lucídisima Procesión para
trasladar el Santísimo a su nueva y espléndida morada, desde el humilde lugar en que se
hallaba desde el día 11 de mayo (fiesta de la Ascensión del Señor) de 1899 que fue el día
en que se dijo la última misa en la Iglesia antigua. La procesión resultó ordenada y solem-
ne, las calles estaban engalanadas, y cubierta la carrera de árboles y follaje, los hombres y
las mujeres en ordenadas filas y con luces encendidas acompañaban al Santísimo que era
llevado bajo Palio por el Sr. Obispo mientras los Sacerdotes entonaban los himnos y cánti-
cos sagrados. Así fue llevado a su nueva y magnífica casa el Dios tres veces Santo que bajo
humildes especies se esconde en el Sacramento del Amor para habitar día y noche entre
nosotros. Una vez colocada su Majestad Divina en el rico Sagrario, dijo la primera Misa su
Excelencia Ilustrísima en la que comulgaron los Señores protectores de la Iglesia y algunas
personas devotas. Terminada la Sta. Misa dirigió unos momentos su palabra el Prelado al
numeroso auditorio, congratulándose de la feliz terminación de la nueva Iglesia, por lo que
debían darse por muy bien empleados todos los dispendios, todos los disgustos, desvelos
y sinsabores que traen consigo tales obras, porque todo eso pasa, y ahora se siente la satis-
facción inmensa, se tiene el consuelo y la alegría de disfrutar de una de las mejores Igle-
sias de la Diócesis, para poder practicar y celebrar en ella con más pompa y esplendor los
solemnes cultos y las festividades de la Iglesia. Terminó dando las gracias a todos los que
de alguna manera con poco o mucho habían contribuido a una obra de la que tanta glo-
ria y tanto provecho espiritual podía resultar para este pueblo. Y dio las gracias de una mane-
ra especial a los que todos sabemos que han sido el alma de esta empresa. Terminada la
plática dijeron misa los Sres. Sacerdotes, en los tres altares que habían sido habilitados. Y
terminó tan memorable día con festejos, juegos y regocijos populares, después de haber
sido despedido cariñosamente el Prelado por los Sacerdotes las autoridades y el pueblo.
1902
En este año siguieron sin interrumpirse las obras de la gallarda y airosa torre que está
adosada a sus muros, mientras que el interior de la iglesia se adornaba y decoraba con los
objetos necesarios para el culto, se colocó el altar del Pilar, el púlpito, el confesionario y el
Via-Crucis magnífico, el que se erigió solemnemente en el mes de Marzo.
Se erigió el Via-crucis en la forma siguiente. Se invitaron los fieles y las piadosa aso-
ciaciones del Apostolado y Jóvenes Teresianas, se rezó el Sto. Rosario y terminado se hizo
una hermosa y devota procesión alrededor del Templo con los hermosos cuadros de bajo
relieve que fueron conducidos en el centro por catorce hombres, socios del apostolado, y
con las catorce cruces llevadas por otros tantos niños siendo acompañados por todo el pue-
blo en ordenadas filas y con luces encendidas, concluida la procesión y ya dentro de tem-
plo el Párroco acompañado de otros sacerdotes, previas facultades y autorización del Exc-
mo. Prelado Salmantino, procedió, según rúbricas y con fórmula autorizada, a la bendición
y erección de las catorce estaciones, terminada la cual dicho Señor Párroco tuvo una plática,
ponderando la utilidad y la excelencia de tan piadoso ejercicio y recordando a los fieles las
muchas indulgencia que los Romanos Pontífices tienen concedidas a los que practiquen tan
santa devoción. En ese día se recorrieron por primera vez con gran piedad y recogimiento
las catorce estaciones con asistencia de todo el pueblo.
Con fecha 24 venticuatro de febrero de 1902 se recibió un oficio que dice así:
“Por la presente y en virtud de las facultades que nos están conferidas por el Muy Rvdo.
P. Ministro general de la Orden de Menores Franciscanos, autorizamos a V. Para que pue-
da erigir y de hecho erija el Santo Via-Crucis en esa parroquia de su cargo, levantando dupli-
cada acta de la erección firmada por V., uno de cuyos ejemplares constará en el libro de
régimen parroquial de esa Iglesia y el otro lo remitirá para archivarlo a nuestra Secretaría
de Cámara. Dios guarde a V.m Salamanca 24 de febrero de 1902.
El Obispo de Salamanca. Hay una rúbrica” Es copia (firma de Donato Toribio).
“En Encinas de Abajo, Diócesis y provincia de Salamanca el día diez de marzo de mil
novecientos dos. Yo D. Donato Toribio, Párroco de esta Iglesia de Sto. Domingo de Guz-
mán, en virtud de las facultades a mí conferidas por el Excelentísimo e Ilustrísimo Señor D.
Fr. Tomás Cámara y Castro Obispo de Salamanca y con su autorización como consta por el
oficio y letras dadas el día venticuatro de febrero de este presente año, Procedí, según rúbri-
cas y servatis servandis, a la bendición y erección de las catorce estaciones del Sto. Via-Cru-
cis en dicha Iglesia Parroquial, valiéndome para ello de fórmula autorizada. Por lo que todos
y cada uno de los fieles que recorran devotamente dichas catorce estaciones, siempre que
observen las condiciones prescritas por la Sede apostólica, pueden ganar todas y cada una
de las indulgencia que los Romanos Pontífices liberalmente han concedido a esta pidado-
sísima devoción. Y para que así conste lo firmo fecha ut supra (firma de Donato Toribio)
Nadie ignora ya que dichos Señores son los que con más empeño e interés han traba-
jado para que este su pueblo natal tenga uno de los mejores templos de toda la Diócesis,
sin su poderosa ayuda, sin su protección no se hubiera llevado a cabo esta gigantesca empre-
sa. Ellos han puesto a disposición del prelado todos sus intereses, sus ganados y sus per-
sonas, ellos tomaron a su cargo continuar la obra y la inmediata inspección de los trabajos
proveyendo todo cuanto se ha necesitado, y puede considerarse en muy poco lo que ha
hecho el pueblo comparado con lo mucho que ellos han contribuido pudiéndoseles con-
siderar sin ofensa de nadie como verdaderos fundadores de la Iglesia.
Siendo esto así ya no es de extrañar por qué el dignísimo Prelado salmantino, en prueba
de especial afecto y como premio de sus desvelos y de lo muy mucho que han hecho por
la nueva Iglesia, haya querido honrarlos de singular manera y distinguirlos con el honroso
25 marzo 1902
Acta de la toma de posesión por D. Juan Redero y Dña María el Pilar Martín del Patro-
nato de la Iglesia Parroquial de Encinas de Abajo.
“En el pueblo de Encinas de Abajo a venticinco de marzo de mil novecientos dos, fies-
ta de la Anunciación de la Santísima Virgen, el Licenciado D. Tomás Redondo Díez, Vice-
secretario de Cámara, en norma y por delegación en forma del Excelentísimo e Ilustrísimo
señor Don Fray Tomás Cámara Castro, Obispo de Salamanca, convocados los fieles y reu-
nidos en el nuevo templo parroquial con asistencia del Ayuntamiento en pleno, después
de ordenar se leyesen por el infrascrito Notario habilitado el Decreto de institución del Patro-
nato y el título de Patronos de la Iglesia parroquial de Encinas de Abajo, expedido a favor
de sus piadosos y muníficos fundadores D. Juan Redero y su esposa Dña. María del Pilar
Martín, con expresión de los honores y preeminencias que como a tales de Derecho les
corresponden: púsoles solemnemente en posesión del referido Patronato, y en señal de que
la tomaban ocuparon en sitio preferente sillones con alfombra y reclinatorios, a presencia
de los testigos que firman este acta extendida por duplicado de la que un ejemplar se depo-
sitó en el archivo parroquial, para ser copiado en el libro de régimen de aquella Iglesia y
fue remitido el otro al archivo episcopal. En Encinas de Abajo a venticinco de marzo de mil
novecientos dos.
Lic. Tomás Redondo, Dr. Manuel de la Cruz García, Donato Toribio López, Angel Rodrí-
guez, Telesforo Redero, Carlos Salvador, Rafael Martín. Hay siete rúbricas”. Es copia (firma
Donato Toribio).
Los privilegios concedidos a dichos señores, según se desprenden de los títulos son:
1º Lugar de preferencia en la Iglesia con sillón y reclinatorio, el elegido por ellos fue
a la terminación de las gradas del Presbiterio, a un lado del Altar de San José, y toda la
capilla del Pilar para ellos y sus parientes. 2º Derecho a ser depositados sus restos morta-
les o sea las cenizas y huesos áridos, siempre que la autoridad civil lo consienta y no ten-
ga derecho a oponerse, en dicha capilla del Pilar en cuyo centro está marcado el enterra-
miento con una gran losa de mármol negro a cuya continuación esta la entrada cubierta
por baldosines de cemento. 3º Derecho de paz e inciensación, y lugar preferente en las Pro-
cesiones después del clero. Todos estos derechos y privilegios mueren con ellos, no pasan
a sus parientes.
2 Esta breve nota de la crónica de D. Donato indica que la escribió en dos etapas.
1902
Cuando se bendijo la Iglesia sólo faltaba la terminación de la torre desde las campa-
neras para arriba, su piso y su escalera. Las cuatro hermosas campanas ya sonaron formando
armoniosa clave el día de la bendición, durante la primavera y el verano de este año de
mil novecientos dos se terminaron las obras de la torre, el piso y la escalera airosa que con-
duce a las campanas, se pusieron los remates y veletas y los dos pararayos, se terminó el
jarreo de la torre, interior y exteriormente, se allanó el piso exterior alrededor de la Iglesia
y se quitaron todos los andamios y quedó toda la obra rematada y concluida para el día
ventisiete de Setiembre día en que se hizo la Consagración del altar.
27 Setiembre 1902, 28 y 29
Esta es la más memorable de todas las fechas citadas en el relato de esta sucinta memo-
ria, el más grande acontecimiento que se registra en los anales de este pueblo. Eternamente
gravadas quedarán en la memoria de los hijos de este pueblo y de todos los inmediatos,
las solemnes festividades religiosas que tuvieron lugar en los días 27, 28 y 29 de este año,
así como también la afluencia de Sacerdotes y forasteros que en esos días nos honraron
con su presencia. Las casas, las plazas y las calles eran insuficientes a contener tanta muche-
dumbre de gentes.
Lo que con mano trémula y mal cortada pluma he venido reseñando en esta memoria
y anotando los principales hechos que han tenido lugar en el curso de la obra del ya ter-
minado templo y que he visto abrir sus cimientos y he seguido con entusiasmo todas sus
etapas hasta ver su glorioso fin y remate. Hoy me siento sin fuerzas y no encuentro pala-
bras para hacer la reseña del Solemne Triduo que en acción de gracias a Dios y con moti-
vo de la solemne Consagración del altar Mayor tuvo lugar en los días indicados.
Terminadas las obras de la gallarda y esbelta torre de 30 metros de alta y decorado el
suntuoso templo con cuatro retablos de madera, imitando mármol y oro, cuyas hornacinas
ostentan nuevas y hermosas imágenes de exquisito gusto, casi todas de tamaño natural, enri-
quecida la Iglesia con nuevos y costosos ornamentos; quiso el Excelentísimo Prelado en vis-
ta de tan generoso desprendimiento y en prueba de especial predilección concedernos un
privilegio especialísimo, y a muy raras Iglesias concedido que fue Consagrar el Altar Mayor,
ya que no pudo Consagrar toda la Iglesia, como fue siempre su intención y lo tenía pro-
metido, a causa de hallarse quebrantadas su energías por la enfermedad y fatal dolencia
que le aqueja.
Al saber tan grande y feliz acontecimiento fue también grande y extraordinario el entu-
siasmo que se despertó en los hijos de este pueblo lo que contribuyó en gran manera para
que las fiestas anunciadas resultaran magníficas y espléndidas. Voy a hacer de ellas una pálida
descripción ya que no pueda pintar al vivo y con todos su matices y colores su hermosa
realidad.
Lúcida y gallarda cabalgata de Jóvenes se adelantó a recibir al Ilustre Prelado salman-
tino, mientras las autoridades y el pueblo, buen número de sacerdotes y forasteros, a quie-
nes había traído la novedad, esperaban su llegada a la carretera; a su llegada, vivas entu-
siastas llenaron los aires, infinidad de cohetes atronaron el espacio con sus estampidos, las
cuatro hermosas campanas, desde su robusta y airosa torre llevaban sus sonidos y alegre
clamoreo por los montes y los valles inmediatos, todo era animación y vida, pocas veces
había tenido el Prelado tan solemne y cordial recibimiento. Inmediatamente se organizó la
Procesión para acompañar las Santas Reliquias que habían de ser depositadas en el altar
consagrado.
A la cruz parroquial seguían los niños de la escuela con su estandarte y el Sr. Maestro
al frente, las jóvenes teresianas con sus insignias y medallas cantando piadosos himnos, lo
socios del Apostolado y después todo el pueblo en ordenadas filas se dirigieron a la Igle-
sia, en cuyo trayecto se levantaban soberbios arcos de triunfo, dedicados al Prelado; uno
por las autoridades y el pueblo, otro por los niños y el maestro y el último y más vistoso por
las Jóvenes Teresianas, todos ellos artística y caprichosamente engalanados.
Llegado a la Iglesia el Sr. Obispo fue recibido bajo palio, llegó al altar mayor, donde
hizo oración y después en el altar de S. José expuso a la adoración de los fieles las reli-
quias de los Stos. Mártires Clemente, Prospero, y Benito, de S. Juan de Sahagun, confesor,
y de las Santas Vírgenes y mártires Margarita y Gasilina, habiendo sido veladas todas noche
por Sacerdotes y fieles, hasta que fueron depositadas en el sepulcro preparado para ellas.
Día ventisiete
Dos horas duró la consagración el Altar. Ceremonia solemne y pesada en la que ayu-
daron al Prelado el Maestro de Ceremonias de la Sta. Basílica Catedral y un lucido cortejo
de Sacerdotes. El Altar consagrado es el Mayor dedicado a Sto. Domingo de Guzmán, Titu-
lar de la Parroquia. La mesa del Altar es de una sola pieza de granito, de tres metros de lar-
ga y labrada con esmero, está sostenida por cuatro columnas de piedra franca, artísticamente
cinceladas y el frontal es un hermoso tablero imitando piedra y con las mismas labores que
las columnas, decorado en el centro con la cruz de los Dominicos. El sepulcro de las Stas.
Reliquias esta cerca del Sagrario.
Terminada la Consagración, a las 10 se tocó a Misa Mayor en la que celebró el Sr. Obis-
po de medio pontifical, y tuvo la misa D. Antono Calama Hoyos, Penitenciario de Ciudad
Rodrigo. La Iglesia a pesar de ser muy espaciosa, con relación al vecindario, era insuficiente
a contener el inmenso gentío que de todas partes acudió, atraído por tan solemnes fiestas.
Mucho contribuyeron a realzarlas y darles esplendor inusitado en los pueblos, los cantores
de la Catedral, Sres. D. Plácido Corvo (tenor), D. Justo Larrarte (contralto), D. Francisco Bera-
saluce (bajo) y D. Dionisio Villares (bajo), y D. Bernardo García 2º Organista. Todos ellos
a porfía lucieron en estos días sus especiales dotes, cantando con el gusto y afinación que
tanto los distingue.
Por la noche se expuso el Santísimo Sacramento y rezado el Sto. Rosario ocupó la Sagra-
da Cátedra D. Antonio Calama, quien predicó con unción evangélica poniendo a la consi-
deración de los oyentes, los muchos medios que la Iglesia tiene como madre cariñosa para
que por ellos consigamos sus hijos nuestro bien espiritual, deteniéndose especialmente en
los Sacramentos.
Terminada la función de la noche, se quemaron vistosos fuegos artificiales e infinidad
de cohetes y bombas ante un concurso numeroso de gente. Por la tarde se organizó un gran
baile público estando muy concurridos todos los juegos y diversiones organizadas para hon-
rar a los forasteros.
Día ventiocho
Este día como el anterior ofició también de Medio Pontifical el Excelentísimo Prelado,
tuvo la misa el Sr. Párroco. Ocupó en ella la Sagrada Cátedra el ecónomo de Babilafuente
D. Feliciano Bermejo Toribio, quien con verdadera elocuencia y poseído de entusiasmo, pro-
nunció un acabado discurso, diciendo lo que es y significa el templo material y lo que es el
templo espiritual, trayendo hermosas comparaciones, y terminó dando el parabién y la enho-
rabuena, primero a Dios que es el dador de todo bien, después al Prelado, a los Sres. Pro-
tectores de la obra, al Arquitecto y a todos los que han contribuido a levantar este suntuo-
so templo, sin olvidarse del pueblo que lo ha de disfrutar. El coro estuvo a cargo de los Sres.
Cantores ya indicados, quienes derrocharon arte y gusto. Mayor afluencia de gente que el
día anterior, por ser Domingo. Solo Sacerdotes nos honraron con su presencia, cuarenta, muchos
de ellos nos ayudaron en la mañana de este día oyendo confesiones, pues Comulgaron en
la misa del Prelado (quien dirigió al numerosos concurso una sentida Plática encaminada a
mover los corazones a la frecuencia de los Stos. Sacramentos para conservar el templo vivo
del alma, limpio y puro, y poder ofrecerlo al Señor, inmaculado a semejanza del material
que se le dedicaba ) 165 personas entre ellas todas las autoridades dando ejemplo a todos.
Mucho contribuyó a la animación de este día y al mayor concurso de gente, la corrida
de novillos que se sorteó, por aficionados y mozos del pueblo generosamente ofrecida por
D. Juan Sánchez del Campo. Resultó muy divertida y sin tener que lamentar ningún per-
cance desagradable.
Por la noche función religiosa. Exposición, Rosario y reserva del Santísimo, festejos
de este día además de la capea de novillos, gran baile popular y público. Segunda sesión de
fuegos artificiales, soberbia iluminación como el día anterior de la Iglesia y la torre y la por-
tada, presentando un golpe de vista sorprendente.
Este día después de decir misa rezada marchó el Prelado a Salamanca donde le recla-
maban asuntos urgentes, privándonos de su presencia con harto sentimiento; antes de mar-
char bendijo el agua que había de servir para la bendición de las campanas, las que pocos
días después, bendijo el Sr. Arcipreste.
La despedida fue entusiasta como el recibimiento.
A las diez se tuvo la Misa mayor que la dijo el Sr. Arcipreste D. Santiago Sesmilo, Párro-
co de Aldearrubia. El coro como en los días anteriores a cargo de la Capilla de música de
la Catedral. Ocupó la sagrada Cátedra D. Gregorio Gómez Barrera, ecónomo de Horcajo
Medianero. Hablando de la dedicación del templo.
Por la noche, después de expuesto el Santísimo y rezado el Sto. Rosario. Cerró estas
fiestas y solemnes cultos en nombre del Prelado el M.I. Sr. D. Francisco Jarrín, Canónigo
Magistral de la Santa Iglesia Catedral de Salamanca. Hermoso y riquísimo broche fue su nota-
ble discurso. Como los demás oradores que le habían precedido, ensalzó elocuentemente
la significación de las fiestas que se realizaban, ponderó lo que significa el altar material
consagrado y el altar espiritual de nuestras almas y nuestros corazones, ponderó la fe y la
generosidad de los Sres. Patronos del nuevo templo, presentándolos como modelo de matri-
monios cristianos, sencillos en la relativa abundancia de bienes materiales que como reci-
bidos de Dios, a Dios los volvían, alzándoles aquella morada de grandeza. Concluida su
hermosa oración sagrada, hizo la reserva y dio la bendición con el Santísimo al numeroso
concurso de fieles.
Los festejos públicos, animados y concurridos como los días anteriores. Quiero hacer cons-
tar aquí un hecho y un caso raro, y es que a pesar de durar casi cuatro días las fiestas y los
regocijos y a pesar de ser muy grande la concurrencia de gente de los pueblos inmediatos
en su mayoría jóvenes alegres y bullidores, no hubo ni una disputa, ningún accidente desa-
gradable que viniera a turbar la alegría y la tranquilidad del pueblo. Gracias mil sean dadas
a Dios por tantos beneficios.
1903. Septiembre 27
En este día como primer aniversario de la Consagración de la Iglesia se hizo una solem-
nísima fiesta. A darle mayor realce y esplendor contribuyeron los niños que educan los padres
Salesianos. El R.P. Superior agradecido a los Sres. Patronos, con la amabilidad que le dis-
tingue, se ofreció a que los niños que frecuentan el Colegio por él tan acertadamente diri-
gido cantasen la Misa, en número de más de 60, con instrumentos musicales. Resultando
una Misa de ángeles llena de dulces y suaves notas.
Predicó en ella el Párroco recordando las solemnes fiestas del año anterior y cómo ade-
más de celebrar el aniversario se hacía una fiesta especial a la Santísima Virgen, bajo cuya
protección se habían puesto las obras de la Iglesia y las personas y cosas que en ellas toma-
ron parte, cuya protección se vio visiblemente en varios casos, sin tener que lamentar en
los tres años y medio que estuvieron abiertas las obras ninguna desgracia ni grave accidente;
el Párroco se extendió en estas consideraciones, poniendo de relieve la protección de la
Virgen, y la confianza que en Ella debemos depositar en todos los momentos de la vida.
Por la tarde se rezó el rosario y los niños cantaron con sumo gusto la Letanía y la Salve.
Aniversarios
Todos los años con más o menos solemnidades, pero siempre con Misa Solemne, se
celebran, por la voluntad de los Sres. Patronos los aniversarios siguientes. 1º Día de la colo-
cación de la primera piedra, 19 abril. 2º. Día en que se trasladó el Santísimo a la Iglesia
provisional, como en desagravio del tiempo en que estuvo en tan humilde y pobre lugar
11 de Mayo. 3º. Día en que se bendijo y abrió al culto la nueva Iglesia, que coincidió con
el Santo de la Sra. Fundadora María del Pilar Martín, 12 Octubre. 4º. Día de la Consagra-
ción del Altar Mayor, 27 Setiembre. 5º. Día de S. Juan de la Cruz, Santo del fundador y patro-
no D. Juan Redero, 24 Noviembre.
Aquí doy por terminada la sucinta memoria que me propuse hacer para perpetuo
recuerdo de este pueblo y de las generaciones venideras. Dando mil gracias a Dios dador
de todo bien y pidiéndole del fondo del alma que este nuevo templo sea para mayor hon-
ra y gloria suya y esplendor de su culto, que sus piedras, sus bóvedas, sus campanas y agu-
jas sean peremnes y constantes predicadores de su amor y su bondad.
Mil gracias a los Sres. que con su generoso desprendimiento han logrado para su pue-
blo natal, uno de los más hermosos y ricos templos de la Diócesis. El Señor que no se deja
vencer en generosidad se lo premiará con creces en el cielo.
Donato Toribio (firma).
Reunidos en Encinas de Abajo el día 12 de octubre de 1899 de una parte D. Juan Rede-
ro. Mayor de edad y vecino de este pueblo en nombre y representación del Excmo. Sr. Obis-
po de la Diócesis provisto de cédula personal de 7ª clase nº 195, y de la otra Serafín Polo
(…), también mayor de edad, vecino de Salamanca con cédula personal de (…) clase (nº)
hacen constar:
2º Que D. Juan Redero se compromete a suministrar al Serafín Polo todos los mate-
riales de construcción que sean precisos con debida anticipación, pero si por una causa cual-
quiera aquellos no estuvieran oportunamente al pie de la obra, el Serafín no podrá recla-
mar cantidad alguna en concepto de indemnización de daños o perjuicios por la demora
con que se le suministrasen los materiales.
3º Son de cuenta del contratista todos los aparatos, andamios y demás medios auxi-
liares de construcción; excepto únicamente la construcción de las cimbras de los arcos, que
se harán por cuenta de la Iglesia, aunque su colocación será de cargo y riesgo de aquel.
4º A más de las condiciones estipuladas el contratista se somete a todas las que figu-
ran en el pliego de condiciones generales aprobado por R.O. de 11 de junio de 1886.
5º (a) La labra de la sillería recta y aplantillada en muros, portadas, jambas, dinteles,
arcos, cornisas, pilastras y ángulos será a escoda, presentando todas sus aristas
vivas, bien perfiladas las molduras y sin defecto alguno en sus caras exteriores
y atestando herméticamente las laterales y lechos, en las que no se permitirá hue-
cos, cuña ni ripio alguno. Las juntas de las dovelas seguirá la línea de los radios
respectivos y la clave se sentará a golpe de mazo. Todas la piedras se ajustarán
a las plantillas respectivas, y si alguna resaltase defectuosa o escasa después de
labrada quedará a cargo del contratista siendo de su cuenta la adquisición al pie
de la obra de los sillares que hayan de sustituir a los estropeados.
(b) La mampostería ordinaria se ejecutará colocando los mampuestos después de
mojados y preparados a pico y martillo sobre delgados tendeles de mortero,
ripiando todos los huecos e intersticios a golpe de martillo; teniendo cuidado
de alternar los mampuestos duros y los grandes de modo que algunos de estos
en cada tangada abracen todo el espesor de los muros, los cuales se harán a
cordel y plomada.
(c) La fábrica de ladrillo se hará a reglón y plomada colocando los ladrillos sobre
delgadas capas de mortero después de haberlo sumergido en un cubo de agua
y golpeándolos después con el martillo o mango de la paleta.
(d) Las bóvedas de la Iglesia se harán de doble panderete, en las de canon recto y
de triple en los ángulos aristas y encuentros de unas con otras, siguiendo la línea
que acuse el plano y después se enlucirán interior y exteriormente con buen
mortero de cal, decorándolas del modo que disponga el Director de la obra.
(e) El mortero se hará modelando bien la cal con la arena silícea y el agua nece-
saria en las proporciones de dos volúmenes de arena con uno de cal grasa bien
apagada; se batirá bien el mortero dos veces y se apagará la cal viva que se
suministre al contratista por cuenta de éste, a cuyo cargo corre también por los
precios arriba dichos la preparación del mortero de cemento o yeso necesarios.
(f) Ayudará el contratista con sus operarios a los oficiales de carpintería y cerrajería
que construyan las puertas, rejas, ventanas, armaduras y demás obras de carác-
ter definitivo, demolerá la torre vieja; así mismo ayudará a descargar los carros,
colocará las campanas, veletas, cruces y pararrayos que se ordene; trasladará
el retablo del altar mayor y ejecutará todas las demás obras imprevistas y pro-
visionales por la cantidad de quinientas pesetas, que percibirá únicamente si
termina completamente la obra, en otro caso no tendrá derecho a reclamación
parcial ni total alguna por cualquier concepto.
Por la presente declaramos nosotros Don Juan Redero Marcos y su esposa Doña Pilar
Martín García que hemos resuelto, después de madura reflexión, mostrar a Dios nuestro Señor
nuestro amor y reconocimiento por sus beneficios levantándole un templo nuevo, altares y
cuanto necesario sea para dicho templo en este pueblo de Encinas de Abajo.
Al efecto nos hemos puesto de acuerdo con el Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo de la Dió-
cesis Don Fr. Tomás Cámara y Castro a quien hemos manifestado que, no disponiendo en
la actualidad de numerario suficiente para pagar las obra de la nueva Iglesia, necesitamos
de su auxilio al efecto de que nos adelante las cantidades que podamos nosotros sufragar,
las cuales devolveremos a la Caja Diocesana, en el tiempo y proporción que nos vaya sien-
do posible, dejando sometidos a esta misma obligación nuestros bienes, si Dios nuestro Señor
nos llamase a sí antes de hacer por nuestra mano dicha devolución. Y aceptada esta pro-
posición por nuestro Rmo. Sr. Obispo, abrimos cuenta con él de los fondos que anticipa, y
tanto a los documentos de la misma cuenta como a esta declaración, queremos que se pres-
te completa fe, igual a la que mereciera un documento público ante Notario, y que, por
tanto, en el caso de morir nosotros dejando incumplido el todo o parte del pago de los fon-
dos adelantados, nuestros testamentarios y herederos se consideren obligados al cumplimiento
de esta obligación.
Será de cuenta del Excmo. Sr. Obispo pagar al director de la obra D. Anastasio Cor-
chón, o a otro que le sustituyese, y al dueño o dueños la piedra de la cantera del Pardo,
si algo exigieran por ella.
Se emplearán en la obra los donativos recibidos para ella, como igualmente los fondos
que tenga la Iglesia.
Nos D. Fr. Tomás Cámara y Castro, del orden de San Agustín, Maestro de Sagrada Teología,
por la gracia de Dios y la Santa Sede Apostólica Obispo de Salamanca, Senador del Rei-
no, del Consejo de S.M., individuo correspondiente de las Reales Academias de la Len-
gua, de la Historia y de las Bellas Artes de San Fernando, etc., etc.
A nuestros amados fieles D. Juan Redero y Dª María del Pilar Martín, su esposa, del pueblo
de Encinas de Abajo
Por cuanto habeis dado a una buena porción de los bienes temporales , con que Dios
nuestro Señor os favoreciera, empleo digno de la mayor alabanza, pues habeis edificado,
previa nuestra licencia, el templo parroquial en que ha de recibir las oraciones de todo el
pueblo; por tanto Nos, en nombre de la Iglesia agradecida, os otorgamos el título de Patro-
nos del mismo templo con todos los derechos y preeminencias anejas al mismo, bien con-
fiados de que vuestra religiosidad os hará de día en día más dignos de referido título. En
su virtud ocupareis en dicho templo el sitio de honor que os corresponde con uso de recli-
natorios y sillas para ambos, pudiendo honrar la memoria de vuestros antepasados alum-
brando su sepultura sobre la losa de mármol de la Capilla del Pilar, y os serán guardadas
aquellas preferencias que son de costumbre a los Patronos de las Iglesias, no debiendo pasar
estos privilegios y honores a vuestros parientes ni herederos.
El Señor Dios que os inspiró tan laudable pensamiento, os mantenga en su gracia y
protección para bien de la Iglesia y edificación del pueblo.
En testimonio de lo cual expedimos el presente, firmado por Nos, sellado con el mayor
de Nuestras armas y refrendado por nuestro infrascrito Secretario de Cámara y Gobierno en
Nuestro Palacio Episcopal de Salamanca a diez y nueve de marzo de mil novecientos dos
(Firma de) Fr. Tomás, Obispo de Salamanca
Por mandato de S.E. Ilma. El Obispo mi Señor
(firma de) Dr. Pedro García Repila, Deán-Secretº
Nos D. Fr. Tomás Cámara y Castro, del orden de San Agustín, Maestro de Sagrada Teología,
por la gracia de Dios y la Santa Sede Apostólica Obispo de Salamanca, Senador del Rei-
no, del Consejo de S.M., individuo correspondiente de las Reales Academias de la Len-
gua, de la Historia y de las Bellas Artes de San Fernando, etc., etc.
A nuestros amados fieles D. Juan Redero y Dª María del Pilar Martín, su esposa, del
pueblo de Encinas de Abajo.
Al redactar el Decreto por el cual os declaramos Patronos de esa Parroquia, no pudi-
mos consignar en el mismo, como deseábamos, el derecho que hubiéramos deseado otor-
garos, de que vuestros cadáveres fueran sepultados en ella, ya porque no ha sido ese el
espíritu de la Iglesia, ya por oponerse abiertamente a esto las leyes civiles. Mas como no
hay peligro para la salud pública en que verificada la consunción de los mismos en el cemen-
terio y cuando solamente queden de ellos huesos áridos, puedan ser estos inhumados en
el templo, previo el permiso de la autoridad civil, para el caso en que obtenga ese permi-
so, concedemos nuestra licencia desde ahora o la concederán generosamente nuestros
sucesores, pues así se lo rogamos, para que los referidos restos sean sepultados en la Capi-
lla del Pilar, al sitio marcado con la losa de mármol de que se hace mención en aquel Decre-
to.
Dado en Nuestro Palacio Episcopal de Salamanca a diez y nueve de marzo de mil nove-
cientos dos
(Firma de) FR. Tomás, Obispo de Salamanca
Por mandato de S.E. Ilma. El Obispo mi Señor
(firma de) Dr. Pedro García Repila, Deán-Secretº
En uso de las facultades Apostólicas que por Rescripto de la Sagrada Congregación del
Concilio, con fecha de 1 de marzo del corriente año, Nos han sido otorgadas: Concedemos
la facultad de que en la Iglesia parroquial de Encinas de Abajo, en esta Nuestra Diócesis,
pueda ser sepultado, a su fallecimiento, el cadáver de Don Juan Redero y la de que, tan
pronto como las leyes civiles lo permitan, sean trasladados a la misma dicha Iglesia parro-
quial, los restos mortales de su esposa recientemente fallecida y que se encuentran en la
actualidad en el cementerio católico de dicha localidad.
Salamanca 19 de mayo de 1930
(firma de) Francisco, Obispo de Salamanca
Ana Castro Santamaria: Juan de Álava, arquitecto del Renacimiento. Salamanca: Caja
Duero, 2002.
El libro de la Dra. Castro Santamaría constituye una aportación innegable a la
bibliografía española sobre la historia de la arquitectura, pues la figura y obra de Juan
de Álava eran merecedoras de una monografía que aclarara y completara los datos bio-
gráficos que se conocían y que estudiara en profundidad y de una manera global su
producción, repartida esencialmente por gran parte del occidente peninsular. Su cali-
dad exigía además que su quehacer quedara individualizado con respecto al de otros
profesionales coetáneos; después de todo, Álava es uno de los mejores representantes
de esa arquitectura denominada plateresca, término y concepto éste sobre cuya perti-
nencia abre precisamente el estudio.
Dos partes claramente diferenciadas constituyen el libro; una primera que arranca
de la biografía y está dedicada a los aspectos generales, y una segunda en la que se
repasan las obras en las que Juan de Álava intervino.
En la primera el avance es considerable con respecto a lo que se conocía, y ade-
más se estudian otros aspectos importantes como su formación, primero junto a su padre
y después en contacto con otros profesionales importantes, amén de las fuentes libres-
cas, etc.
Particular interés tiene el largo capítulo que con el título de “Características Gene-
rales de su obra” contempla toda una serie de aspectos como los socioeconómicos, la
organización del trabajo, etc.; los elementos constructivos, desde materiales empleados
hasta tipos de pilares, columnas, arcos y bóvedas, elemento éste en el que el arqui-
tecto se mostró muy conservador al optar por los rampantes planos; se analiza igual-
mente la parte adjetiva, en la que hizo un generoso uso de grutescos organizados muchas
veces en fajas horizontales y medallones sitos frecuentemente en las enjutas.
Dado que la actividad de Álava abarcó edificios con destinos muy diversos, se
estudian asimismo la distintas tipologías con las que resolvió catedrales, conventos,
monasterios, colegios, universidades, palacios, casas, etc. Con respecto a estas últimas
es preciso señalar que lógicamente diseñó su propia casa, la bien conocida de “las Muer-
tes”, que habla no sólo de sus gustos personales no condicionados por ningún clien-
te, sino también del estatus socioeconómico adquirido; es interesante, a más de estos
extremos, la conservación en sí de la vivienda del artista por lo infrecuente del hecho.
Trabajó también en otro tipo de obras, como sepulcros y retablos, unos y otros muy
demandados en el siglo XVI.
Para posibilitar la arquitectura, el arte con mucho más oneroso, es imprescindible
una demanda previa, unos clientes poderosos, algunos de los cuales ya han quedado
implícitamente señalados –iglesia y universidades–, pero entre los demandantes de
Juan de Álava figura también la nobleza, en concreto destacan dos de las familias más
influyentes de la España de aquel momento, los Fonseca, padre e hijo, asentados tan-
to en Santiago de Compostela como en Salamanca, y los Álvarez de Toledo, los Alba.
Para los primeros trabajó en la iglesia de las Úrsulas y San Benito, en el claustro de la
catedral jacobea y en sus colegios de Santiago y Salamanca. Para los segundos en el monas-
terio de San Leonardo de Alba de Tormes y el convento de San Esteban de Salamanca.
La segunda parte del libro se compone de los estudios monográficos dedicados a
los edificios levantados por Álava, organizados tipológicamente: catedrales, monaste-
rios y conventos, iglesias parroquiales, colegios e instituciones docentes, casas, casti-
llos y obras públicas. No se olvida la autora de considerar las visitas y tasaciones, tan
usuales en la época.
El libro cierra con el obligado apartado de fuentes y bibliografía, seguido de los
correspondientes índices y del aparato gráfico, referido a fotografías en color, pues las
de blanco y negro y los planos, cortes, secciones, etc., se distribuyen atinadamente a
lo largo del texto, lo que facilita su lectura y comprensión.
Finalizaré de la misma manera que comencé, aplaudiendo la oportunidad de estu-
diar la figura de este arquitecto que, formado en la tradición medieval, supo evolucionar
hacia formas más acordes con el arte de su tiempo. La autora ha logrado con una mono-
grafía de más de seiscientas páginas un completo estudio sobre la figura de Juan de
Álava, padre del también arquitecto Pedro de Ibarra, que continuará su obra.
J. R. NIETO GONZÁLEZ