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Agresividad Canina y Cimarrón Uruguayo

Este documento describe la agresividad canina y su clasificación en Uruguay. Los autores encontraron que la agresividad es el problema de comportamiento más común en perros, especialmente la agresividad dirigida hacia humanos por dominancia. También analizaron registros de ataques de perros a personas en Uruguay entre 2005-2007, encontrando entre 300-350 ataques por año. La agresividad canina representa un problema para la salud pública y el bienestar animal.

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Agresividad Canina y Cimarrón Uruguayo

Este documento describe la agresividad canina y su clasificación en Uruguay. Los autores encontraron que la agresividad es el problema de comportamiento más común en perros, especialmente la agresividad dirigida hacia humanos por dominancia. También analizaron registros de ataques de perros a personas en Uruguay entre 2005-2007, encontrando entre 300-350 ataques por año. La agresividad canina representa un problema para la salud pública y el bienestar animal.

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Etología clínica canina, agresividad y el Cimarrón Uruguayo.

Chapter · January 2013

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4 authors, including:

Juan Pablo Damián Ruben Rijo


Facultad de Veterinaria, Universidad de la República, Montevideo, Uruguay 1 PUBLICATION   0 CITATIONS   
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Capítulo 5

Etología clínica canina, agresividad


y el cimarrón uruguayo

Juan Pablo Damián1


María Belino2
Ruben Rijo3
Paul Ruiz4

Introducción a la etología clínica


La etología es la ciencia que estudia el comportamiento animal. Se encarga
de describir las conductas propias de la especie, los mecanismos que la desen-
cadenan y controlan a lo largo de la vida de los animales, buscando explicar el
motivo o función de las mismas. La etología clínica es la rama de la etología
que estudia los problemas de comportamiento en los animales domésticos. Los
problemas de comportamiento son todos aquellos que pueden generar cualquier
tipo de daño, molestia o hasta enfermedades en el propio animal que la presenta
o hacia otros animales, pudiendo afectar también al hombre. Estudios realizados
en Estados Unidos y el Reino Unido indican que más del 80% de los dueños de
perros han experimentado algún problema de comportamiento en sus mascotas.
Para una mejor comprensión, los problemas de comportamiento los podemos
clasificar en aquellos relacionados a la agresividad, eliminación inadecuada, con-
ducta destructiva, ladridos excesivos, miedos, fobias, estereotipias, dentro de
otras tantas clasificaciones que aparecen en la literatura científica.
Algunos reportes internacionales indican que la agresividad es el más fre-
cuente problema de comportamiento, seguido por eliminación inadecuada, com-
portamiento destructivo, miedo y vocalizaciones excesivas. Del 2005 al 2007
nuestro grupo de trabajo realizó registros de los diagnósticos de los problemas
de comportamiento canino (RDPCC) que nos derivaron (n=179) desde más de
treinta clínicas veterinarias del centro de la ciudad de Montevideo. Nuestros
resultados coinciden con lo reportado internacionalmente, donde encontramos
a la agresividad como el problema de comportamiento más frecuente con un

1 Facultad de Veterinaria, Udelar, Montevideo, Uruguay. Ejercicio libre de la profesión.


2 Ejercicio libre de la profesión.
3 Ejercicio libre de la profesión.
4 Facultad de Veterinaria y Facultad de Psicología, Udelar, Montevideo, Uruguay.

Comisión Sectorial de Investigación Científica 37


porcentaje cercano al 60%, y seguido en segundo lugar por la eliminación inade-
cuada con un 9%.

Agresividad
La agresividad es sin duda la que toma más relevancia dentro de los proble-
mas de comportamiento caninos, por varios factores a tener en cuenta. Dentro
de estos factores debemos mencionar que la agresividad es de los problemas de
comportamiento más frecuentemente observados en la clínica veterinaria, como
previamente mostramos. Por otro lado, la agresividad puede ocasionar grandes
problemas entre caninos o con otras especies animales, en las que además de
producir graves heridas y lesiones, puede ser un factor de transmisión de enfer-
medades. La agresividad a su vez, adquiere mayor importancia por las serias im-
plicancias que tiene en salud pública. Se estima que hay aproximadamente más
de cuatro millones de personas que son atacadas por perros cada año en Estados
Unidos siendo el 44% menores de 14 años, y los resultados fatales han llegado
a ser de 10 a 16 por año. En nuestro país, nuestro grupo de trabajo realizó un
análisis de los registros de ataques de perros hacia personas a partir de los datos
del Centro de Atención al Mordido del Ministerio de Salud Pública (CAM, MSP)
entre los años 2005-2007. Como se muestra en la figura 1, los ataques de perros
hacia personas oscilan entre 300 a 350 por año en nuestro país.
Desde el punto de vista del bienestar animal, la agresividad de los perros
muchas veces es motivo de abandono y descuido por parte de sus dueños, que
llegan incluso hasta el propio sacrificio de los mismos.
En las clínicas de pequeños animales de nuestro país aún no está incorpora-
da totalmente en los propietarios la visita a la clínica con un motivo de consulta
por problemas de comportamiento, así como lo hacen con otros tipos de con-
sultas médicas o de rutinas en alimentación o higiene. Esta es una de las razones
por las cuales existen pocos datos en nuestro país sobre problemas de compor-
tamiento en pequeños animales. Creemos también, que los veterinarios deben
estar alertas a los posibles problemas de comportamiento que puedan tener sus
pacientes, y especialmente en lo referente a la agresividad con preguntas del
estilo: ¿su perro ha mordido alguna vez?, ¿le gruñe cuando se acerca a la comida
o lo desplaza del sillón?, ¿le gruñe o muestra los dientes al bañarlo, cepillarlo, al
quitarle el juguete o simplemente al acariciarle la cabeza?
El clínico veterinario cuando está frente a un caso de agresividad, en una
primera instancia debe descartar cualquier alteración orgánica que pueda estar
sufriendo el animal, por ejemplo: hipotiroidismo, dolor, prurito, tumores intra-
craneales, hidrocefalia, entre otros. Una vez que el clínico ha descartado las po-
sibles alteraciones orgánicas debe encarar un cuestionario etológico basado en
una serie de preguntas preestablecidas a fin de clasificar el tipo de agresividad.
Existen varias formas de clasificar los tipos de agresividad de los caninos, pero
las más importantes reconocen las siguientes: 1) una primera clasificación de

38 Universidad de la República
acuerdo hacia quién va dirigida la agresión, que podemos dividir en dos grandes
grupos: a) agresividad dirigida hacia personas, y b) agresividad entre caninos;
y 2) una segunda clasificación de acuerdo al tipo agresividad que presenta el
canino: agresividad por dominancia, agresividad por miedo, agresividad terri-
torial, y otras: por protección de recursos, en el juego, depredadora, maternal,
redirigida.
Figura 1. Número de ataques de perros hacia personas

Registrados por el CAM, MSP, del 2005 al 2007.


Fuente: elaboración propia con base en datos del CAM, MSP

Figura 2. Porcentaje de los diferentes tipos de diagnósticos de agresividad canina

Registrados por nuestro grupo de trabajo en etología clínica del 2005 al 2007
en la ciudad de Montevideo. En el gráfico se indica el porcentaje del total de
diagnósticos de agresividad entre caninos y hacia humanos.
Fuente: elaboración propia

Comisión Sectorial de Investigación Científica 39


De acuerdo a nuestros registros de diagnósticos de los problemas de com-
portamiento canino (RDPCC) en las consultas de etología clínica, la agresivi-
dad hacia personas es mucho más frecuente que la agresividad entre caninos, y
dentro de las agresiones hacia personas, la agresividad por dominancia ocupa el
mayor porcentaje de las mismas (figura 2).

Agresividad canina hacia personas

Agresividad por dominancia


La agresividad forma parte de la estructura social de los caninos y por tanto
es un comportamiento normal de la especie. La agresividad permite establecer
un orden jerárquico entre los individuos de un grupo. El orden jerárquico implica
que un individuo «alpha» domina a todos los integrantes del grupo, el individuo
«beta» domina a todos los integrantes excepto al «alpha», y así sucesivamente.
Mientras que el orden jerárquico hace referencia a la relación de un individuo
dentro de un grupo, el término de dominancia y sumisión hacen referencia a la
relación entre dos individuos cuando estos compiten por algún recurso: el alimen-
to, el lugar o la hembra, entre otros. En estas competencias, el que accede en la
mayoría de las veces o lo hace primero es el individuo dominante a diferencia del
sumiso o subordinado que accede más tarde o no llega a acceder al recurso.
Las personas forman parte del grupo y de la estructura social de los caninos,
y en varias ocasiones son víctimas, recibiendo no solo amenazas sino que tam-
bién ataques directos que pueden llevar a diferentes tipos de lesiones e incluso
hasta la muerte. En este tipo de agresividad, el canino establece una relación de
«dominancia» con las personas con que convive diariamente. Cuando el perro no
conoce cuál es su posición jerárquica en su estructura social, y bajo determina-
das situaciones de competencia con cada persona, puede responder ya sea con
amenazas de tipo: gruñidos, ladridos, que se acompañan de piloerección en el
dorso, orejas erectas y dirigidas hacia adelante y mostrar los dientes; o mediante
la agresión directa, ocasionando comúnmente mordeduras en brazos, piernas o
en la cara de sus dueños, siendo muchos de ellos principalmente niños.
Si bien existen muchos factores que contribuyen a que un animal muestre
agresividad, los hormonales juegan un factor clave, y entre ellos, por ejemplo los
andrógenos (testosterona) aumentan las posibilidades de que un animal muestre
este tipo de agresividad. Por otro lado, la progesterona y progestágenos la dis-
minuyen. El factor hormonal puede ayudar a explicar en parte la razón por la
que la agresividad por dominancia es más frecuente en machos que en hembras.
A partir de los datos que obtuvimos del CAM, MSP, se puede observar que las
agresiones hacia personas ocurren entre un 70 a un 80% de los casos por los
machos (figura 3).
Es interesante observar que a partir de nuestros datos de RDPCC el 100%
de los machos implicados en agresividad hacia personas estaban enteros (no eran

40 Universidad de la República
castrados), mientras que en las hembras, casi el 40% estaban castradas. Las hor-
monas son factores muy importantes a tener en cuenta en el tratamiento, ya que
en casos como la agresividad por dominancia, la castración sería recomendada
para machos, pero no así para las hembras.
Figura 3. Porcentaje de caninos hembras y machos que participaron
en ataques directos hacia personas

Registro del CMA, MSP.


Fuente: elaboración propia con base en datos del CAM, MSP

El efecto hormonal también puede ayudar a explicar por qué la mayoría de


las agresiones comienzan a manifestarse cerca o luego de la pubertad. Con base
en nuestros datos de RDPCC, observamos que el 57% de los caninos muestran las
primeras señales de agresividad hacia sus dueños dentro del primer año de vida.
Este es un elemento muy importante a tener en cuenta por los veterinarios a la
hora de establecer un correcto diagnóstico y poder prevenir futuros accidentes
relacionados con la agresividad. Desgraciadamente, muchos casos de agresividad
llegan a la consulta de etología clínica luego de varios años en que los propietarios
sufren este tipo de problema de comportamiento con sus mascotas, y muchas
veces sumado al castigo y otras maniobras o manejos caseros no aconsejados,
hacen más difícil y a veces irreversible la resolución del problema. Por esta razón,
es muy importante que los propietarios y criadores consulten a los especialistas
veterinarios apenas observen señales indicadoras de agresividad.
El factor de la raza sobre la agresividad es un tema que ha generado un
debate que aún hoy sigue abierto. Para poder obtener información del efecto de
la raza sobre la agresividad hacia humanos, además de tener los datos de agre-
siones directas a las personas, también necesitamos obtener el valor porcentual
que ocupan esas razas en la población canina en estudio. Algunos autores han
utilizado un índice, llamado «índice de peligrosidad», al que nosotros llamamos
«factor de riesgo asociado a la raza». Este factor se obtiene del cociente entre el
porcentaje de la raza en la agresividad sobre el porcentaje de la raza en la po-
blación canina. En nuestro país no existen datos de la frecuencia de cada raza en

Comisión Sectorial de Investigación Científica 41


la población canina, y por esa razón, un grupo de estudiantes de la Facultad de
Veterinaria en el 2008 hizo un estudio de frecuencia a partir del mayor registro
representativo de la ciudad de Montevideo, el que se encuentra en la Comisión
Nacional Honoraria de Zoonosis (CNHZ), dependencia del MSP. Es importante
tener en cuenta que es un muestreo representativo de la ciudad, en donde tam-
bién se encuentran a las razas cruzas. De este estudio se observó que el 42% de
las razas son cruzas, y que dentro de las razas puras el ovejero alemán es el más
frecuente, seguido por el labrador, el caniche, el cocker, y en quinto lugar se
encuentra el cimarrón, con un porcentaje de 3,6 (figura 4).
Figura 4. Frecuencia de las principales razas en la población canina de Montevideo

A partir de registros de la CNHZ, MSP, 2007.


Fuente: elaboración propia con base en datos del CAM, MSP

Del 2005 al 2007 nuestro grupo de trabajo analizó dos tipos de regis-
tros: a) RDPCC que nos derivaron desde clínicas veterinarias de la ciudad de
Montevideo; y b) registros de los datos del CAM, MSP.
El porcentaje de casos de agresividad ubica en segundo lugar a la raza cima-
rrón, en ambos tipos de registros (figura 5). La raza cimarrón por varias razones
(principalmente demográficas), no ha sido considerada en los estudios interna-
cionales de etología clínica, pero claramente en función de los datos observados
en nuestro país, toma un importante lugar en las consultas de agresividad, la que
debería tenerse en cuenta a la hora de elaborar un perfil comportamental de la
raza. El hecho de que la raza cocker ocupe el primer lugar en agresividad hacia
personas dentro de las consultas de etología clínica, coincide con los reportes in-
ternacionales de los países de Europa y América del Norte. Por otro lado, la raza
cocker no aparece en forma frecuente en los registros del CAM, MSP. Esto puede
explicarse por varias razones, entre ellas, que es una raza de tamaño mediano y con
relación a ello sus ataques o agresiones son de «escasa o poca gravedad», lo que no

42 Universidad de la República
motiva a los dueños a que realicen las respectivas denuncias en el CAM, MSP. Sin
embargo, estas agresiones de escasa gravedad tienden a continuar con el tiempo,
y en este sentido, los propietarios sí se ven motivados a hacer las consultas de
etología clínica con los especialistas veterinarios por el problema que genera en
su familia, en donde la mayoría de las veces están implicados los niños.
Figura 5. Razas implicadas en agresividad hacia personas

Del 2005 al 2007 en Montevideo: a) RDPCC que nos derivaron desde clínicas
veterinarias de la ciudad de Montevideo; y b) registros de los datos del CAM, MSP.
Fuente: elaboración propia con base en datos propios y del CAM, MSP

En el registro de CAM, MSP la raza que aparece en primer lugar es el ovejero


alemán, lo cual también concuerda con datos de la literatura internacional, pero
como fue mostrado en la figura 4, esta raza es la más frecuente en Montevideo,
y por eso es que es necesario evaluar el factor de riesgo asociado a la raza, como
lo hemos mencionamos previamente.
Para cada uno de los registros y en función de la frecuencia de las razas en
la población canina, se obtuvo el factor de riesgo por raza. En la figura 6a) se
observa el factor de riesgo por raza de acuerdo a nuestro registro de RDPCC, y
en la figura 6b) se observa el factor de riesgo por raza de acuerdo al registro del
CAM, MSP.
A partir de los datos, se observa que las razas más frecuentes y con mayor
riesgo, implicadas en agresividad hacia personas en Montevideo son el rottwai-
ler y el cimarrón. Es interesante la observación de que en dos sistemas diferentes
de registros, el factor de riesgo ubica en primer lugar al rottweiler y en tercer
lugar al cimarrón.
La importancia del segundo lugar en el factor de riesgo para la raza cocker
en nuestras consultas de etología clínica, pero no en el CAM del MSP evidencia

Comisión Sectorial de Investigación Científica 43


el grado leve de lesiones que esta raza genera, sin embargo, sí se hace evidente la
gran inquietud por parte de los dueños en resolver los problemas de agresividad
en sus respectivas viviendas.
En el caso del ovejero alemán, más allá de ser la raza más frecuente, igual-
mente se observó un alto factor de riesgo en CAM, MSP. Esta es una caracterís-
tica conocida de la raza, y se evidencia con relación al tamaño de la misma y al
daño que puede generar su mordida. Sin embargo, y a diferencia de la raza coc-
ker, las consultas de agresividad en etología clínica no parecen mostrarla como
una raza de alto riesgo.
Figura 6. Resultados del factor de riesgo por raza en Montevideo

A partir de dos registros: a) registros de diagnósticos de nuestras consultas de


etología clínica sobre problemas de comportamiento canino (RDPCC);
y b) registros a partir de los datos del CAM, MSP. Ambos registros se realizaron
en el mismo período: 2005-2007.
Fuente: elaboración propia con base en datos del CAM, MSP

Agresividad por miedo


El miedo es la respuesta que el animal manifiesta cuando percibe una situa-
ción de amenaza, e incluye los cambios que se generan durante la respuesta de
estrés. Esta respuesta comienza una vez que el animal percibe un estímulo como

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«estresante» (estresor) y se activa el eje hipotálamo-adrenomedular, produciendo
una rápida liberación de catecolaminas (principalmente adrenalina) al torren-
te sanguíneo. Las catecolaminas generan en el organismo cambios a diferentes
niveles, principalmente aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial,
la frecuencia respiratoria, provocan midriasis y piloerección. Además se activa
otro eje: el hipotálamo-hipófisis-adrenocortical con la consecuente liberación de
corticoides (en los mamíferos principalmente el cortisol). Los corticoides junto
con las catecolaminas ayudan a movilizar las reservas de grasas y aumentan los
niveles de glucosa en sangre, que en momentos de «estrés» son extremadamente
necesarios para el sistema nervioso y todos los sentidos, así como también para
los músculos, que ayudarán al animal a hacer frente a la amenaza. Pero además
de los cambios metabólicos y fisiológicos conocidos, el miedo también genera
cambios rápidos de comportamiento. Es así que muchas veces, los caninos y
otros animales bajo situaciones de miedo pueden mostrar comportamientos de
tipo sumisos, acompañados de emisión de orina, en los cuales se puede observar
las clásicas posturas de la cola entre las patas, las orejas hacia atrás, con el cuerpo
retraído y cabeza agachada. En muchas ocasiones, cuando el estímulo de miedo
es generado por el humano y el canino se encuentra «acorralado», o sea, sin la
posibilidad de escapar o huir de esa situación, es que reacciona con agresión,
amenazando o mordiendo directamente a la persona. Es muy importante tener
en cuenta la postura que tiene el animal durante estos episodios, ya que es uno
de los factores principales en el diagnóstico de este tipo de agresividad.
Dentro de los factores predisponentes, podemos mencionar situaciones
traumáticas previas, malas experiencias, pero la literatura indica que la poca o
mala socialización durante el momento más sensible del período, desde la ter-
cera hasta la doceava semana de vida, es uno de los factores predisponentes más
importantes de la agresividad por miedo.
Cuando se habla de poca o mala socialización, se está diciendo que el canino
durante el período descrito ha tenido muy poco o nulo contacto e interacción
con otros individuos, ya sean caninos o humanos, y por tanto también con una
serie de estímulos auditivos, gestos y con otros tipos de objetos.
Es interesante mencionar el estudio realizado por unos estudiantes en torno
al efecto de la socialización sobre el feto en camadas de cimarrón, en el cual
algunos cachorros fueron sometidos a un manejo diario durante el mencionado
período, y por otro lado otros cachorros no fueron sometidos a tal manejo y por
tanto se mantuvieron como grupo control. El manejo consistió en hacerles cari-
cias a los cachorros, presentarles diferentes tipos de juguetes, presentarles otros
animales como por ejemplo gatos, hacerles escuchar diferentes tipos de soni-
dos desde musicales hasta ruidos no tan agradables. Los resultados preliminares
mostraron que los cachorros a los que se le realizó el mencionado manejo pre-
sentaron menos respuesta de miedo y estrés frente a diferentes tipos de estímu-
los y personas extrañas comparado con el grupo control, si bien son resultados
preliminares las respuestas son claramente diferentes. Por ejemplo, en la camada

Comisión Sectorial de Investigación Científica 45


sometida a tal manejo cuando la persona o individuo se introdujo al lugar en el
que se encontraban los cachorros, estos salieron corriendo y adquirieron la pos-
tura de juego al entablar un contacto directo con ese individuo extraño, mien-
tras que en la camada control, los cachorros se dirigieron rápidamente hacia
donde se encontraba su madre, escapando del «intruso». Bajo estas condiciones,
las probabilidades de que un cachorro con mala socialización pueda presentar
agresividad por miedo son superiores a las de los cachorros que mantuvieron
una buena socialización. Por estas razones, es muy importante que además del
manejo adecuado de la alimentación, sanidad e higiene del cachorro, sea en los
criaderos como en los lugares en donde estos cachorros vivan, se realice un co-
rrecto período de socialización.

Agresividad territorial
Los aspectos más importantes y que determinan una agresividad territorial,
son el hecho de que la agresividad ocurre solamente bajo un determinado espacio
o territorio, el que es considerado como «propiedad» del canino y la agresividad
se desencadena cuando ese espacio es invadido por una persona extraña o no
conocida por el canino. Además de las características del lugar y que las personas
son extrañas para el canino, la postura que manifiesta el perro en este tipo de
agresividad es claramente del tipo dominante (como se mencionó previamente en
agresividad por dominancia; a diferencia de lo que recientemente describimos en
la agresividad por miedo, con la clásica postura de sumisión).
Si bien es necesario obtener más datos sobre etología clínica canina con el
objetivo de reforzar estos datos preliminares, nuestros primeros resultados sobre
agresividad canina parecen indicar que la mayoría de las agresiones presentadas
por la raza cimarrón se han caracterizado por dos elementos importantes: pri-
mero, las hembras mostraron mayor frecuencia de casos de agresividad que los
machos, y en segundo término, que el tipo de agresividad más frecuentemente
observado en la raza es justamente la territorial.
Esta información parece estar bien vinculada a los aspectos históricos y
de la selección de la raza en nuestro país. En el sitio web de la SCCU, hacen
referencia a una frase que fue pronunciada por don José Gervasio Artigas, nues-
tro prócer, quien expresó: «Cuando me quede sin soldados, pelearé con perros
cimarrones». En el mismo espacio, la sociedad dice: «Esperamos que las demás
organizaciones que integran la FCI sepan reconocer todas sus virtudes, las cua-
les lo han colocado en una situación de destaque en nuestro país en distintas
actividades, como el trabajo con ganado, la caza mayor (especialmente jabalí),
guarda, defensa, y sobre todo como un gran compañero del hombre en todas
las actividades en que este lo necesite». Por otro lado, algunos trabajos sobre la
raza, han catalogado al cimarrón con buena funcionalidad para «el medio rural
y el trabajo con el ganado», pero también destacan las aptitudes para «su uso
en la caza mayor, la vigilancia y la defensa». Principalmente estos últimos dos
aspectos fueron claramente evidenciados en el presente trabajo, lo que refuerza

46 Universidad de la República
las características de comportamiento que se han venido observando en forma
empírica por propietarios y criadores en nuestro país.

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Multimédica, 3.ª ed.

Rercursos electrónicos
Sitio web de la Sociedad de Criadores de Cimarrón Uruguayo: <www.sccu.com.uy/>.

Agradecimientos
Se gradece muy especialmente a Verónica Bonino del Centro de Atención
al Mordido, de la Dirección de Epidemiología, Zoonosis y Vectores del MSP y
a la Comisión Nacional Honoraria de Zoonosis del MSP por el suministro de
los registros a partir de los cuales pudimos obtener los datos presentados en este
capítulo.
Parte del trabajo pudo realizarse gracias a la colaboración de Mario
Artagaveytia, de la empresa Laor SA.
Los autores agradecen la gran colaboración de los estudiantes de veteri-
naria Elisa García, Martín Acosta y Analía Soler; a las clínicas veterinarias de
Montevideo y a nuestros queridos colegas que nos han derivado muchos de los
casos aquí presentados.

Comisión Sectorial de Investigación Científica 47

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