NARCOCULTURA [Link]
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Por: Ileana Guadalupe Lugo Palencia
Profesora de Humanidades
ITESM-Campus Estado de México
JUSTIFICACIÓN
Es común escuchar en estos días los sucesos que tienen que ver con los narcotraficantes, con los
productores así como también con los distribuidores de la droga en nuestro país y de la relación
tan tirante que existe entre México y los Estados Unidos a partir de 1985, con el caso Camarena y
con la certificación de la que somos objeto año con año en el mes de marzo.
De igual forma, es interesante para mí, el saber qué es lo que está pasando alrededor de todo este
ir y venir entre las dos naciones implicadas. Uno de estos factores es la cultura que se ha ido
formando alrededor de todos esos poderosos seres que ahora tienen acceso a la riqueza a través
de la producción, distribución y venta de las drogas ilegales, tanto en México como en los Estados
Unidos.
Podría decir en este momento que “la narcocultura” es una forma de identidad de estos sujetos
que tienen una manera muy especial de vestirse, de llevar alhajas, de hablar e incluso en sus
pueblos de origen son muy populares y aceptados por los mismos habitantes de estos lugares de
provincia porque hacen mucho por el bien de estos lugares, es decir, cubren la cuota que el mismo
gobierno no hace: obras públicas, empleos, viviendas, etc. que favorecen a las personas de estos
lugares.
Me parece muy interesante conocer si para ellos (los implicados en el narcotráfico) la manera de
comportarse es una forma contestataria hacia la sociedad que los rechaza y los juzga sin conocer a
fondo las razones que los llevaron a ganar el dinero de una manera ilícita y fácil.
El objetivo de este trabajo es el identificar qué es la narcocultura y, como es un término muy
reciente, dejar claro qué es. Si pertenece a la subcultura o a la mafia. De igual manera mi interés
es llegar a entender un poco más, no tan superficialmente, las razones psicológicas y sociológicas
que llevan a éstos individuos a actuar como lo hacen en sus pequeños centros de poder y a ser
omnipotentes para los pobladores de las regiones que los vieron nacer y crecer.
La hipótesis de este trabajo es que la narcocultura a pesar una forma de vida a través de hábitos,
costumbres, valores que entre ellos mismos tienen tales como la lealtad, la religión, el valor, etc.,
no es una forma de rebelión hacia la sociedad, es decir, no aporta una crítica a la sociedad, tal
como sucedió con el movimiento hippie en los setentas o los movimientos juveniles en los
sesentas.
INTRODUCCIÓN
El narcotráfico es, en la actualidad para México, un problema con muchas aristas
Una de ellas, es la cultura que han formado estos seres entre ellos mismos y en las poblaciones
donde se desarrollan: la narcocultura.
La narcocultura, como podremos ver en este trabajo, involucra la manera en cómo ellos viven, se
relacionan, se visten e incluso la forma en que se velan sus cuerpos y son recordados en los
panteones de Culiacán, Sin.
A través del presente trabajo se pretende explicar qué es la narcocultura, es una subcultura o una
cultura contestataria que desea criticar al sistema en el que vivimos.
El trabajo abarca un marco teórico basado en definiciones que intentan acomodar y explicar qué
es ésta; la segunda parte intenta ejemplificar el caso de Sinaloa y Guadalajara en el que se mezcla
la narcocultura entre las sociedades de estas dos ciudades. Es decir, se puede palpar, pero nadie
dice nada.
DEFINICIÓN DE NARCOCULTURA
El término de narcocultura es muy reciente ya que al estar investigando en diferentes diccionarios
no encontré la definición como tal. Se puede, entonces, sacar una conclusión de qué es la
narcocultura a partir de las palabras que la forman: Narcóticos y cultura
Narcótico Son las sustancias que actúan directamente sobre el Sistema Nervioso Central, suprimen
el dolor, inducen el sueño e intervienen para bajar la temperatura.
Cultura es el nombre común para designar todos los tipos de conducta socialmente adquiridos y
que se transmiten con igual carácter por medio de símbolos; por ello es un nombre adecuado para
todas las realizaciones características de los grupos humanos; en él se comprenden, construcción
de instrumentos, la industria, el arte, la ciencia, el derecho, el gobierno, la moral, la religión, sino
también los instrumentos materiales o artefactos en los que se materializan las realizaciones
culturales y mediante los cuales surten efecto práctico los aspectos intelectuales de la cultura,
como los edificios, instrumentos, máquinas, artificios para la comunicación, objetos de arte, etc. La
significación científica del término es, por consiguiente, completamente diferente de su acepción
popular. Comprende todo lo que es aprendido mediante la comunicación entre hombres. Abarca
toda clase de lenguaje, las tradiciones, costumbres y las instituciones. Como jamás se ha tenido
noticia de un grupo humano que no tuviera lenguaje, tradiciones, costumbres e instituciones, la
cultura es la característica distintiva y universal de las sociedades humanas. De aquí su importancia
como concepto sociológico.[1]
Dentro de los mismos narcóticos podemos encontrar una gran variedad de éstos que permiten al
ser humano utilizarlo para atender algún mal, esto es en el caso que un médico lo administre, o en
el otro, y más común desafortunadamente, para fugarse de la realidad, es decir, ante la falta de
valores familiares, de oportunidades escolares, laborales, etc. el individuo recurre a la droga. Así es
menos pesada la vida o la realidad.
Alucinógenos: Sustancias que producen alteraciones mentales, emocionales y del
comportamiento, semejantes a las que caracterizan a la psicósis con desorganización de la
personalidad. Suele provocar alucinaciones, es decir, falsas impresiones sensoriales.
Analgésicos narcóticos: Existen tres grandes grupos: los alcaloides naturales como son la morfina y
la codeína que se obtiene del opio; los alcaloides semisintéticos, como la heroína producida a
partir de una modificación química de la morfina y, los alcaloides sintéticos son la metadona y la
perdina. Son sustancias que actúan directamente sobre el Sistema Nervioso Central y que
suprimen el dolor, inducen al sueño e intervienen para bajar la temperatura y su efecto más
importante es que reducen la sensibilidad y pueden producir euforia.
Cocaína: Es un estimulante potente del Sistema Nervioso Central que produce un aumento en el
estado de alerta, sentimientos intensos de euforia, produce inhibición del apetito y de la
necesidad de dormir.
Cristales: Nombre popular que se ha dado a drogas estimulantes que puede referirse a derivados
de la coca como el crack o la metanfetamina cristalizada, ambos tipos de sustancias se fuman y
existe evidencia de que pueden llegar a ser más adictivas que la cocaína pura.
Droga: Es cualquier sustancia química que produce en la persona cambios fisiológicos,
emocionales o del comportamiento.
Estimulantes: Sustancias que inducen alteraciones profundas en el Sistema Nervioso Central,
producen aumento del estado de alerta y la iniciativa, falta de sueño, mejoría del ánimo, euforia,
merma del apetito y pérdida de peso corporal.
Hashish: Es una recina extraída de la planta de mariguana.
Heroína: Es un potente analgésico narcótico, semisintético, derivado de la morfina, tiene efectos
eufóricos y analgésicos muy potentes y un potencial adictivo más alto que cualquier otro
analgésico narcótico.
Inhalables: Son hidrocarburos solventes volátiles que se obtienen del petróleo y del gas natural,
que tienen efectos psicotrópicos similares a los de otras sustancias sedantes e hipnóticos,
generalmente producen distorsiones sensoriales y percepciones temporales.
Mariguana: Es un alucinógeno leve, en dósis baja induce un sentimiento de relajación,
desinhibición emocional, distorsiones perceptuales y sensoriales, inhabilidad cognitiva y motora.
Narcótico: Sustancias que actúan directamente sobre el Sistema Nervioso Central, suprimen el
dolor, inducen el sueño e intervienen para bajar la temperatura.
Opio: Se obtiene de la amapola, contiene varios alcaloides, entre la morfina y la codeína; de la
morfina se sintetiza la heroína. Estas sustancias tienen un efecto analgésico muy potente. Los
efectos principales son: analgesia, somnolencia, cambios en el estado de ánimo, depresión
respiratoria, cambios en la motilidad gastrointestinal, además de producir náusea y vómito.
El alto grado de adicción que desarrollan estas sustancias está dado, en primer lugar, por el placer
que provoca y, en segundo lugar su administración crónica provoca un desagradable síndrome de
abstinencia, el cual intenta posponer el individuo a toda costa.
Sedantes/barbitúricos: Son sustancias depresoras del Sistema Nervioso Central, producen
sedación ligera, sueño, hipnósis y en dosis elevada, pérdida de conocimiento, anestesia quirúrgica
y depresión respiratoria.
Tranquilizantes/ansiolíticos: Son los agentes psicoterapéuticos más utilizados en el mundo, entre
otras razones, porque a dosis bajas son efectivos en el manejo de una variedad de estresantes
comunes.
Se le llama ansiolíticos y se les distingue de los tranquilizantes mayores, no en función de sus
efectos, sino por el tipo de trastornos para los cuales se prescriben. Los tranquilizantes que son
utilizados para el tratamiento de los síntomas psicopáticos constituyen un tipo diferente de
sustancias y no se consideran fármacos de abuso. Se clasifican de acuerdo a una estructura
química: 1) derivados del alcohol propílico (mecrobamato, fenaglicodol, etinamatol); 2) derivados
de la benzodiazepina (clordiazepóxido, diacepán, oxacepán) y, 3). Sustancias químicas
heterogéneas (como la benactizina, buclizina, clormezazona, mefanazolona y metacualanona). Los
tranquilizantes o ansiolíticos son depresores del Sistema Nervioso Central y su acción sobre ésta
resulta semejante a la que producen los barbitúricos.[2]
Una primera conclusión a esta definición sería que la narcocultura es la cultura que rodea a la
producción, distribución y consumo de narcóticos, por un lado, pero por el otro, la narcocultura
abarca a todas aquellas personas que necesitan de las sustancias para sentirse bien, ya que han
creado dependencia hacia ellas, y que las adquieren con los productores/distribuidores de droga.
Así tambien, y según los datos que ofrece el Programa de Control de Drogas de Naciones Unidas
(UNDCP), el negocio de las drogas es ampliamente aceptado, rentable y deja grandes ganancias y,
si no, veamos las siguientes cifras:
– Millones de consumidores de mariguana: 141.2
– Millones de consumidores de anfetaminas: 30.2
– Millones de consumidores de cocaína: 13.3
– Millones de consumidores de alucinógenos: 25.5
– Millones de consumidores de heroína: 8.2
– Hectáreas de cultivo de mariguana: 670 mil
– Toneladas de producción mundial de mariguana: 500 mil (1997)
– Toneladas de mariguana decomisadas en 1996: dos mil 524
– Toneladas de mariguana decomisadas en 1995: tres mil 044
– Mayor cultivo silvestre de mariguana: Rusia
– Mayores cultivadores ricos: Estados Unidos, Australia, Canadá.
– Método favorito de cultivo en Estados Unidos: Tecnología hidropónica
– Mayores cultivadores latinos: México, Colombia, Brasil
– Región donde cayó la producción de mariguana: América Latina
– Región donde aumentó la producción de mariguana: Asia
– Hectáreas de cultivo de cocaína: 200 mil
– Toneladas de producción mundial de cocaína: 302 mil (1997)
– Toneladas de cocaína decomisada en 1996: 351
– Toneladas de cocaína decomisada en 1995: 288
– Mayor productor de hoja de coca: Perú
– Toneladas de hoja de coca de Perú: 118 mil
– País donde bajó el cultivo de coca: Perú y Bolivia
– País donde aumentó el cultivo de coca: Colombia
– Mayores productores de cocaína: Colombia, Perú y Bolivia
– Hectáreas de cultivo mundial de opio: 265 mil
– Toneladas de producción mundial de opio: Cinco mil
– Mayor productor mundial de opio: Afganistán
– Hectáreas de cultivo de opio en México y Colombia: 12 mil
– Kilogramos de anfetaminas decomisadas en 1996: 14 mil 566
– Drogas sintéticas favoritas: Éxtasis (Ectasy) y Hielo (Ice).[3]
Una definición más cercana a la Narcocultura es la de subcultura que es el subconjunto de
elementos culturales tanto materiales como inmateriales (valores, conocimientos, lenguajes,
normas de comportamiento, estilos de vida, instrumentos de trabajo) elaborado o utilizado
típicamente por un sector, segmento o estrato de una sociedad: una clase, una comunidad
regional, una minoría étnica, una asociación política, religiosa, deportiva, una categoría
profesional, una organización como la burocracia, el ejército, una gran empresa o bien una
comunidad desviada como el hampa de las metrópolis o de la mafia.
En tanto comparte algunos rasgos esenciales de ella, ese subconjunto de elementos culturales se
caracteriza dentro del conjunto de la cultura dominante, en algunos casos por ser una variante
diferenciada o especializada de ella como son en general los profesionales, o bien un elemento
históricamente constitutivo de ella, como las regionales o étnicas; en otros casos, por el hecho de
presentarse como una forma de desviación o de oposición real o aparente, respecto de ella.
En el caso de las sociedades criminales o de la sociedad juvenil. Sin embargo, cuando una sociedad
incorpora en su casi totalidad elementos que se presentan o son percibidos como radicalmente
opuestos a la cultura dominante se tiende a llamarla más bien contracultura.[4]
Sin embargo para que la narcocultura quepa en la definición de contracultura, para mí, sería una
manera de rebeldía ante lo económico, político y social. Este es el caso de los hippies (que también
consumían drogas) en la década de los 60 y 70.
No es una actividad contestataria, sino que asume la situación social y como tal obtiene grandes
ganancias, hablando en términos monetarios.
Así también la narcocultura está explicada dentro de los marcos de la sociología criminal o del
crimen.
Tal definición menciona que la investigación sociológica del crimen a la cual el italiano Enrico Ferri
dio el nombre de sociología criminal a fines de 1881, mientras que en el mundo anglosajón se le
llama simplemente criminología, ha sido atribuido gradualmente a una multiplicidad de tareas:
arrojar luz sobre factores estructurales y culturales, mediatos e inmediatos, que en una
determinada sociedad llevan a definir ciertos actos como comportamientos gravemente
desviados, esto es como crimen y a convertirlos por lo tanto en objeto específico de las leyes
penales y sus sanciones. El desarrollo de formas de anomia y más en general de crisis de las
instituciones o bien de desorganización social. Todas implican una declinación de la función
reguladora de normas fundamentales de comportamiento en las relaciones sociales y del apego
moral y afectivo a valores y símbolos que confieren significado al orden existente en la sociedad,
tal como se manifiesta en el sistema político. En la importancia que estos factores tienen para la
génesis y la frecuencia del crimen se basa en gran parte de la sociología criminal inspirado por la
obra de Durkheim.
Una situación de intenso conflicto cultural, como la que ocurre debido a las migraciones masivas
internas e internacionales. Si la población que emigra es relativamente numerosa en comparación
con la población anfitriona, y aquella es portadora de una cultura diferente, las definiciones
cognoscitivas, afectivas y valorativas de ambas culturas, a partir de las que gobiernan la vida
cotidiana, tienden a anularse, volviéndose ambiguas, y pierden su función orientadora respecto de
las disyuntivas que confronta cada tipo de acción social, en cada situación.
Los fenómenos de rápida urbanización, la rápida formación en breve tiempo de grandes ciudades,
metrópolis y núcleos urbanos. La masa de individuos que confluyen a las ciudades en expansión en
busca de una ocupación que el campo ya no es capaz de ofrecerles, o que parece más atractiva de
lo que éste ofrece, con una relativa multiplicación del proletariado bajo y de las ocupaciones
semiparasitarias del sector terciario, es de por sí un factor criminológico. Además esto tiende a
reforzar el efecto de otros factores tales como la crisis de las instituciones, incluido el gobierno
local y el conflicto cultural.
La formación de guetos urbanos y suburbanos, es decir, la segregación en condiciones subestándar
de vivienda, sociales y económicas de grupos de población con características marginales: estratos
de ingreso inferior, tasa de desocupación precaria, grupos étnicos no autóctonos, inmigrantes. Se
recuerda que “gueto” no significa simplemente distrito habitado por una población de
características determinadas que la distinguen del resto, sino más bien distrito con una población
que a causa de su marginalidad está prácticamente atrapada en él, y no le es posible salirse sino
por breves períodos y con riesgos de diversa naturaleza. El factor criminológico debe verse por lo
tanto en los fenómenos de degradación sociocultural, en el plano individual, familiar o
comunitario propios de los guetos así definidos y constituidos, y no en la mera concentración de
individuos con características similares.
La presencia difusa, especialmente si se inserta más o menos orgánicamente en el cuadro de
ideologías políticas, de valores y actitudes que propenden a valer como justificación del crimen.
Entre los factores contingentes se cuentan las crisis económicas (recesión, desocupación,
inflación); los periodos de rápido desarrollo económico; las guerras y los periodos de movilidad
social que usualmente las suceden. Todos estos factores son en sí mismos ambiguos, es decir,
pueden operar en el sentido de aumentar la tasa de criminalidad, o en el sentido de reducirla. Por
lo tanto, siempre es necesario integrar la individualización de las correlaciones entre estos factores
y una fenomenología criminal determinada, con el análisis del significado que el acto criminal
reviste para quien lo consuma. Durante la crisis económica aumenta el número de personas que
optan por cometer crimen como robo y pillaje, para hacer frente a las necesidades de subsistencia
personales y familiares; pero en el interin escasea el dinero y las mercancías en circulación, el
consumo y la posesión de los preciados bienes, y con ello las oportunidades o la utilidad de
cometer hurtos o pillaje. Por su parte, los compradores de mercancía robada pagan menos por los
objetos robados también su mercado se contrae, de ahí la mayor propensión a cometer robos de
dinero en efectivo en lugar de hurtos de objetos.[5]
Es así como podríamos definir a la narcocultura como el producto de una sociedad en que se han
perdido los valores, especialmente de quienes proporcionan (productores/distribuidores) de las
diferentes drogas hacia los adictos.
Los “narcos” pertenecen a la mafia, tal como sucedió en la primera década del siglo veinte con la
prohibición.
Para Leonardo Sciacia la mafia tiene su origen en la región toscana y quiere decir miseria.
Él mismo explica la mafia en términos que podrían aplicarse al fenómeno del narcotráfico en
México.
Es una asociación de malhechores con fines de enriquecimiento ilícito, que nace de una
administración pública débil, ineficaz y venal, constituida por funcionarios incapaces y mal
pagados, que deben su puesto a alguien o directamente lo compraron y por eso mismo
consideraban – y estaban autorizados de hecho – a crear parásitos en el sector más débil y
desprotegido de sus gobernados.[6]
Pero cómo son los que forman parte de esa narcocultura tan hablada en el trabajo, cómo es la
vida de estos seres:
….”En el estereotipo, visten pantalón vaquero, camisa de seda estampada, sombrero texano,
cinturón piteado y botas de piel de víbora. Lucen cadenas y esclavas de oro, anillos de brillantes,
relojes Rolex. Cargan radiotransmisores y teléfonos celulares. Viajan en camionetas Ram o
Suburban con vidrios polarizados, donde llevan R-15 y cuernos de chivo. Escuchan a todo volumen
música de la onda grupera. Son léperos y bravucones, prepotentes y ostentosos, mujeriegos,
gastadores, generosos con los suyos”….[7]
Sin embargo, los narcos son mucho más que eso.
Su conducta, sus costumbres y sus modos obedecen a una peculiar concepción de la vida y de la
muerte como centro de una cultura propia que se extiende y permea a la sociedad en que se
insertan, en la que encuentran apoyos y complicidades. Tienen un código de ética que exalta
valores como la lealtad, la amistad, el valor, la audacia, la hombría y el respeto. Lo que no se
perdona es la traición.
En las ciudades del norte del país, los capos viven en mansiones enclavadas en las colonias de los
ricos, que a los ricos compran muy por arriba de su valor real. Hacen inversiones multimillonarias
en sociedad con empresarios respetables. Cohabitan y a menudo tienen a su servicio a los agentes
y jefes policiacos dedicados a perseguirlos. Departen socialmente con funcionarios públicos de
todos los niveles. Hacen donaciones a hospicios, hospitales, asilos, iglesias y seminarios. Ayudan a
sus coterráneos y financian obras públicas en las comunidades de donde son oriundos.
Dentro de la población de Tijuana no hay diferencia entre los narcotraficantes y los miembros de
los cuerpos policiacos. Hay una degradación moral y un descrédito de los cuerpos de procuración
de justicia. Es en esto donde cobra presencia y legitimidad la acción de los narcotraficantes y toda
la lógica de muerte que puede envolverlos.
Más allá de consideraciones morales y penales, la narcocultura es una realidad tangible, que en el
norte y noroeste del país (donde por razones históricas, geográficas y culturales se han asentado
los principales cárteles) adquiere una presencia mayor, cercana. Su expresión más popular son los
corridos, que cuentan hazañas y tragedias, aventuras y desventuras, muertes, amores,
complicidades y traiciones de los traficantes. Son los narcocorridos.
Un rasgo común es la violencia, evidenciada en ejecuciones sangrientas, así como en lacras
asociadas al narcotráfico: robo de autos, asaltos, riñas, drogadicción. Otro, la ostentación
irremediable que los narcos hacen de su dinero y su poder: los autos, las joyas, las fiestas, las
armas.
El perfil arquetípico del narco, su estilo, su vestimenta, corresponde por lo demás al del agricultor
sinaloense común y corriente, sobre todo el serrano. Es un atuendo tradicional en estas tierras,
que los narcos asumen de una manera sofisticada.
La diferencia, en todo caso, es la calidad de ropa, su precio. A ellos les gustan las camisas de seda,
estampadas, a veces la imagen de la virgen de Guadalupe o la del santo Malverde, el patrono de
los narcos. También es común que lleven cinturones piteados – bordeados con hilo sobre el cuero
– en cuya hebilla destaca una planta de mariguana.
Su gusto por la tambora y los jolgorios tampoco está reñido con los gustos de los campesinos
sinaloenses.
Así también demuestran su devoción por el “santo” Jesús Malverde. Según la leyenda Malverde
fue un ladrón bueno y generoso que en tiempos del porfiriato robaba para repartir el dinero entre
los pobres y que fue ahorcado en 1909. Con el tiempo se hizo mito y los sinaloenses pobres lo
hicieron su “santo”, al que veneraban en un altar colocado donde supuestamente estuvo el árbol
de donde fue colgado.
Los narcos – como muchos otros campesinos, gente del pueblo – adoptaron a Malverde como su
santo patrono. A él piden fortuna y protección. A él agradecen la feliz culminación de la cosecha, el
cierre de un negocio.
Es común, a todas horas del día, ver en la capilla a sujetos de inconfundible facha que encienden
veladoras y rezan al “santo”, o que le llevan la tambora para que le toquen durante dos, tres
horas.
Malverde –cuyo busto en yeso recuerda el rostro de Pedro Infante – está presente también en los
sembradíos de mariguana de la sierra sinaloense. Es costumbre que el plantío se levante en su
honor un pequeño altar, con una reproducción de su efigie.
En Culiacán han proliferado en los últimos años las joyerías, las florerías y las funerarias de lujo.
Hay clientes con dinero para esos ramos.
La muerte de algún capo o de alguno de sus familiares, es cosa frecuente, cotidiana casi. Siete
nuevas funerarias se disputan en Culiacán el honor de atender esos servicios. Algunas como la
Emaús y la San Martín, han abierto sucursales en otras localidades del estado como Navolato o
Mocorito.
Los funerales de Amado Carrillo en El Guamuchilito costaron a la familia 500 mil pesos. Los
proporcionó una de las agencias en expansión, la Emaús. Otra, la Moreh, única que ofrece el
servicio de cremación, construyó un edificio de espectaculares dimensiones, con aires románicos
en columnas y balaustradas. Ahí el servicio más económico cuesta 6,000 pesos, pero de ahí para
arriba no hay más límite que el gusto y los recursos de los dolientes.
Dignas de verse son las tumbas de los narcos en los cementerios de Culiacán: verdaderos
mausoleos de mármoles blancos y rosados destinados a perpetuar la memoria de sus moradores.
En el panteón Jardines del Humaya hay toda una sección de narcocriptas, algunas de las cuales
semejan catedrales en miniatura. En sus altares hay a menudo fotografias del finado en vida, con
su cuerno de chivo en las manos. Ahí está la tumba donde descansan los restos de la mujer y dos
hijos del Güero Palma, muertos trágicamente.
Guadalajara es otra cosa. En una ciudad conurbada de cuatro millones de habitantes, la presencia
de los narcos se diluye. Por eso ellos emigraron de Sinaloa y otros estados hacia la capital tapatía,
sobre todo a raíz de la Operación Cóndor y en general el recrudecimiento de la lucha
antinarcóticos.
Sin embargo, ahí están ocultos en inmensas mansiones de las colonias residenciales, como
Jardines de San Javier, La Estancia, La Calma, Lomas del Valle, Providencia o Lomas Universidad.
Hacen negocios, invierten, alternan en sociedad.
La presencia de los narcos es discreta, aunque no inactiva: están en todas partes, como un pulpo
que mueve sus tentáculos. Y no sólo en Guadalajara, también en el campo jalisciense. Ellos
favorecen el cultivo en los municipios pobres, gravemente afectados por la política económica
neoliberal. Los narcos no respetan nada; pero eso sí, son gente muy caritativa: patrocinan
hospicios, regalan dinero, apoyan parroquias.
CONCLUSIONES
A través de la investigación que hemos hecho y de las clases recibidas de esta interesante materia
hemos llegado a concluir que:
1. La narcocultura no es una forma contestataria de reaccionar de una parte de la sociedad.
Podríamos decir, que forma parte de la misma corrupción que existe en todos los ámbitos del país
y del gobierno.
Es decir, se sabe que está ahí, pero se permite que viva porque de qué otra forma puede generar
empleos y salarios el gobierno si no es de esta manera.
2. La narcocultura es una subcultura, como vimos en la primera parte del trabajo. Es, también,
una falsa cultura que se está difundiendo en mucha gente que ve de alguna manera el narco como
algo normal o por lo menos provechoso. No podemos excluir que para muchos jóvenes en la
actualidad sea un ideal no confesado, pero un ideal en ellos oculto de llegar a ser un día alguno de
los capos y tener poder y dinero.
3. Como en toda cultura, la narcocultura involucra diferentes costumbres, hábitos, formas de
identificación y de relacionarse entre ellos mismos. Los ejemplos más claros son la forma de vestir,
la forma de hablar, los valores, e incluso de qué forma mueren y cómo son velados y enterrados
sus cuerpos.
4. El capo es visto como un héroe para los jóvenes y los no tanto ya que, algunos de ellos, hacen
obras para la mejora de sus pueblos, dan dinero a los orfanatos, a la iglesia, etc. Por eso cuando
mueren son recordados como el benefactor del pueblo y de la gente de ese mismo lugar. Lo que
no hace el gobierno, que es su obligación, lo hace el narco para legitimarse ante los demás.
BIBLIOGRAFIA
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2. Correa, Yeri. Amado Carrillo ahora es leyenda. México : Semanario Etcétera, 1998.
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Gómez, Ana Josefina (Comp.) Tráfico y consumo de drogas: una visión alternativa. México :
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[1] Fairchild, Henry Pratt. Diccionario de Sociología. México : F. C. E. , 1997, Pp. 75.
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Gómez, Ana Josefina (Comp.) Tráfico y consumo de drogas: una visión alternativa. México:
UNAM/ENEP Acatlán, 1991, Pp. 374-376.
[3].Alarmantes cifras mundiales sobre los estupefacientes. México : Negocios y Bancos, 1998.
[4] Gallino, Luciano. Diccionario de Sociología. México : Siglo XXI, 1995, Pp. 853-854.
[5] Ibid. Pp. 121-124
[6] Correa, Yeri. Amado Carrillo, ahora es leyenda. México : Semanario Etcétera, 1998.
[7] Ortiz Pinchetti, Francisco “Tijuana, Culiacán, Guadalajara….un recorrido por los caminos de la
droga” en Proceso, México, D. F. : 1998.