Tradiciones Tecnológicas en Putaendo
Tradiciones Tecnológicas en Putaendo
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En primer lugar, dedico este trabajo a toda mi familia, tanto a la nuclear como a la extensa, en
especial a Danitza mi madre, Eugenio mi padre, mis hermanas y hermanos Militza, Natacha,
Tatiana, Danko y Pola y a mis abuelas Angela y Anastasia.....solo gracias a su apoyo permanente
e incondicional esta memoria ve la luz.
Tambien, y con mucho aprecio, agradezco la ayuda de mis colegas y amigos Andrés Troncoso,
Rodrigo Sánchez, Jorge Rodríguez, Cristian Becker y Paola González, con quienes hemos
compartido el calor y el frío en los cerros, valles y rinconadas de Aconcagua y Choapa y hemos
meditado acerca del tiempo en el cual otros hombres los recorrían y habitaban.
Del mismo modo, deseo señalar y agradecer el apoyo incondicional que me ha entregado mi
profesora guía, Victoria Castro, durante el sinuoso periplo que ha significado la realización de
esta memoria. Quisiera hacer extensivo este reconocimiento a Fernanda Falabella y Luis Cornejo,
miembros de la comisión de titulación, con cuyos consejos este estudio se vio enriquecido.
Por último, mis profundos agradecimientos a todos aquellos habitantes de Putaendo y Aconcagua
que no solo permitieron amablemente que recorrieramos y excavaramos en sus tierras, sino que
nos transmitieron sus saberes con respecto a los antiguos habitantes de estos lugares.
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CONTENIDOS
I. INTRODUCCION. 5
V. DISCUSIÓN 103
V.1. EL PERIODO INTERMEDIO TARDIO DE PUTAENDO EN
EL MARCO DE LA CUENCA SUPERIOR DEL RIO ACONCAGUA
Y SU RELACIÓN CON ÁREAS ALEDAÑAS. 103
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VII. BIBLIOGRAFÍA. 136
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I. INTRODUCCION.
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registrado en la contigua y mejor estudiada cuenca del Maipo-Mapocho. Aunque estos elementos
han sido tradicionalmente considerados parte del universo alfarero de los grupos Aconcagua, no
se ha podido verificar si responden a variedades locales, al resultado de contactos con desarrollos
más nortinos (Diaguita) o si son el resultado de diferencias cronológicas. Obviamente, tampoco
ha sido posible establecer si corresponden a la presencia de un desarrollo cultural contemporáneo
diferente al Aconcagua.
Recientes investigaciones desarrolladas en la cuenca alta del valle (Sánchez 2000a, 2000b;
Sánchez et al. 2000; Hermosilla y Saavedra 1999; Pavlovic 2003a; Pavlovic y Sánchez 2001a,
2000b, 2002, 2003; Pavlovic et al. 2004a, 2004b), enfocadas a diferentes problemáticas, han
logrado avanzar en la caracterización de este período, permitiendo comenzar a ordenar los datos
fragmentarios, con la recuperación sistemática de contextos funerarios y domésticos, la obtención
de dataciones absolutas y la revisión de colecciones y antecedentes.
En el marco de una de ellas (2000a, 2000b; Sánchez et al. 1998, 1999, 2000, 2001, 2004;
Pavlovic 2003a; Pavlovic et al. 2004a, 2004b, 2006; Pavlovic y Sánchez 2001a, 2001b, 2002,
2003), enfocada en la definición de los patrones contextuales de la Cultura Aconcagua en esta
región, se ha procedido a investigar en forma sistemática un importante tributario de la cuenca
superior del río Aconcagua, el río Putaendo. La importancia de este afluente no solo radica en la
magnitud de su aporte hídrico y en la amplitud de su valle, sino también en su estratégica
posición geográfica y en su curso predominantemente norte-sur. Esta disposición lo transforma, a
través de sus tributarios, en una vía de comunicación natural entre el Aconcagua (y, por ende, la
Zona Central) y áreas adyacentes como los valles transversales nortinos (La Ligua, Petorca y
Choapa) y la vertiente oriental de la cordillera de los Andes (valles interandinos de San Juan,
Argentina).
Los estudios preliminares realizados en el sector superior de este valle han permitido
establecer la presencia de un conjunto alfarero claramente diferenciado del definido para la
Cultura Aconcagua y de una modalidad de enterratorio que presenta ciertas variaciones con
respecto a la conocida para este desarrollo cultural, elementos que confirman las características
particulares de los contextos del período Intermedio Tardío existentes en la cuenca superior del
río Aconcagua.
En este marco, esta memoria de título pretendió caracterizar en forma inicial el período
Intermedio Tardío en el sector superior del valle del río Putaendo, intentando establecer los
patrones de asentamiento y funerario, las estrategias de subsistencia, las tradiciones artefactuales,
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la cronología y la relación con áreas adyacentes que lo caracterizan. Se busca, de esta forma,
contribuir al conocimiento de las comunidades asentadas en esta zona durante esta época y ayudar
a la comprensión general de este período en la cuenca superior del río Aconcagua.
Para cumplir estos objetivos se procedio a desarrollar un enfoque Teórico metodológico
basado en dos niveles de análisis. En primer lugar se ha consideró la utilización de las
herramientas y principios de interpretación desarrollados por la llamada arqueología de los
Asentamientos con el fin de establecer los sistemas de asentamiento desarrollados en el valle de
Putaendo durante el período alfarero prehispánico y su relación con las estrategias de subsistencia
de las diferentes comunidades que lo habitaron durante esta etapa cultural. (Willey 1953; Chang
1968, 1983; Rouse 1968; Trigger 1967, 1968, Parsons 1972; Moseley y Mackey 1972).
Paralelamente se aplicó a la materialidad cultural registrada, fundamentalmente a los
conjuntos alfareros, un enfoque basado en la definición de las Tradiciones Tecnológicas,
utilizando para ello el concepto de estilo tecnológico (Hodder 1982, Dietler y Herbich 1998, Stark
1999, Sanhueza 2000a, Chilton 1999, Eerkens 2003). De esta forma se esperaba establecer la
presencia o no de una tradición cultural específica del valle de Putaendo durante el período
Intermedio Tardío, su relación con los antecedentes registradas en el resto de la cuenca superior
del río Aconcagua y en zonas aledañas en forma contemporánea y, finalmente, tratar de
interpretarla desde la probable organización social de sus comunidades integrantes (Sahlins 1972;
Wolf 1978)
El momento para desarrollar esta investigación resultó muy auspicioso, ya que, además de
los estudios que se están realizando en el área superior del río Aconcagua, se cuenta con
antecedentes de investigaciones desarrolladas en los valles ubicados inmediatamente al norte de
este valle, en los valles transversales de los ríos La Ligua, Petorca y cuenca del Choapa
(Rodríguez y Avalos 1994; Rodríguez et al. 1994, 1997, 1998, 2000; Troncoso 1998, Becker et
al. 2003, Pavlovic 2003b). Esto permitió contextualizar la información obtenida en un cuadro
geográfico mayor e intentar verificar la probable relación de las poblaciones del río Aconcagua
con las de los valles transversales más nortinos.
Esta investigación se hizo posible gracias al patrocinio de los proyectos "Una diferencia,
un sentido. Inscripción y contexto del Complejo Cultural Aconcagua (curso superior del río
Aconcagua)" (Fondecyt N° 1970531), "Caracterización inicial del período Intermedio Tardío en
la cuenca superior del río Aconcagua" (Fondecyt N° 1000172) y “Forma, Contenido, Sustancia y
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Expresión: Arte Rupestre en la cuenca superior del río Aconcagua” (Fondecyt Nº 1040153) y al
constante apoyo de sus investigadores y colaboradores.
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II. ANTECEDENTES GENERALES.
El valle del río Aconcagua y en forma especial su cuenca superior, se pueden contar entre
las primeras zonas de nuestro país en donde se desarrollaron investigaciones arqueológicas, a
fines del siglo pasado y principios del presente. Entre las razones que explican este temprano
interés por esta zona, podemos considerar los antecedentes etnohistóricos acerca del importante
asentamiento indígena existente en la zona a la llegada de los europeos, incluyendo la existencia
de una significativa presencia incaica (Bibar 1979 [1558]; Farga 1995; Stehberg 1995; Stehberg
et al. 1998); su cercanía a Santiago, centro inicial del desarrollo científico y museológico del país;
y, por último, la presencia en el valle de los impresionantes cementerios de túmulos o
"ancuviñas".
Medina (1882) y Fonck (1896) a fines del siglo XIX y Oyarzún (1910, 1912, 1934),
Latcham (1927, 1928a, 1928b) y Looser (1931) durante los inicios del XX, se cuentan entre los
primeros estudiosos que enfocaron su atención a los restos materiales de los grupos humanos que
habitaron el valle antes de la llegada de los europeos. En el marco de sus investigaciones, fueron
excavados varios cementerios de túmulos ubicados en la cuenca alta del valle.
Las evidencias recuperadas en esas primeras aproximaciones, junto a las provenientes de
nuevas investigaciones realizadas en esta y otras áreas durante las siguientes décadas, fueron
utilizadas posteriormente como base, primero, para la definición del denominado Horizonte
"Negro sobre Naranja" (Berdichewsky 1964; Nuñez 1964; Silva 1964) y de la Tradición
"Aconcagua Salmón" (Conclusiones del Tercer Congreso Internacional de Arqueología Chilena,
1964) y, posteriormente, para la formulación del Complejo Cultural Aconcagua (Duran y
Massone 1979), denominado de esta forma de acuerdo al principio de sitio-tipo, al estar ubicados
en el valle homónimo los sitios en donde por primera vez se registraron sus materiales
característicos.
Esta "unidad cultural regional" (Sánchez y Massone 1995:15) correspondería a la
expresión material del período Agroalfarero Tardío en Chile Central. De acuerdo a Durán y
Planella (1989), este desarrollo cultural presenta
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…. una bien definida delimitación espacial, una selectividad funcional diferencial de los
sitios ocupados; un patrón cerámico distintivo de gran homogeneidad formal y estilística
y una exteriorización de sus manifestaciones funerarias en cementerios de túmulos
(Durán y Planella 1989: 313).
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de que en las últimas décadas los únicos estudios arqueológicos que se han realizado en el valle
corresponden a excavaciones de rescate dirigidas a sitios funerarios (Gajardo-Tobar y Silva 1970;
Hermosilla 1983; Ramírez 1990) y que los trabajos de síntesis de prehistoria de la Zona Central
se refieran a las evidencias del valle en términos muy generales (Durán y Planella 1989).
Este grave sesgo ha comenzado a ser superado solo recientemente con el desarrollo de
algunas investigaciones, que con problemáticas específicas y marcos teórico-metodológicos
definidos, han permitido comenzar conocer la especificidad cultural y cronológica de los procesos
culturales del curso superior del río Aconcagua (Hermosilla et al. 1997-1998, 1999; Sánchez
2000a, 2000b).
Una de estas investigaciones (Sánchez 2000a, 2000b), enfocada en la definición de los
patrones contextuales de la Cultura Aconcagua en el área señalada, ha procedido al estudio de
algunas subregiones, entre las cuales se encuentra el curso superior del valle de Putaendo, un
importante tributario del río Aconcagua, al cual se une a este a la altura de la ciudad de San
Felipe.
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Tipo Aconcagua Tricromo Engobado); y finalmente, piezas de forma campanuliforme, cuya
morfología y decoración recuerdan piezas Diaguita-Inca del Norte Chico. Este variado conjunto
alfarero y el hecho de no presentarse cerámica Negro sobre Salmón, llevaron a Massone (1978) a
definirlo como representativo de un desarrollo local.
En 1964, Nuñez define el tipo cerámico Bellavista Negro sobre Salmón (antecedente
directo del Tipo Aconcagua Salmón), basándose en sus excavaciones en el alero La Pirámide y en
uno de los cementerios de túmulos emplazados en la hacienda Bellavista, en la zona de
confluencia del río Putaendo y el río Aconcagua. En su trabajo se describen una serie de piezas
portando en su interior un motivo polícromo denominado estrellado, una de las cuales presenta
por el exterior una versión bastante particular del motivo denominado trinacrio. Nuñez establece
que tanto por decoración como por manufactura las piezas de Bellavista no serían incaicas.
Posteriormente, en 1965, Madrid presenta una descripción preliminar de las extensas
excavaciones realizadas en otro de los cementerios de túmulos de la gran rinconada de Bellavista,
dirigidas por Berdichewsky. En ella se señala la presencia al interior de los túmulos de rasgos
tales como bóvedas funerarias y emplantillados de piedras. La alfarería recuperada presenta una
gran variabilidad, presentándose vasijas decoradas en forma polícroma en diferentes
disposiciones, algunas con el motivo del estrellado y otras con elementos similares a los presentes
en la cerámica Diaguita-Inca (incluyendo posibles piezas tipo campanuliforme). Madrid se
encarga de señalar en forma explícita la ausencia del motivo de trinacrio entre las piezas
recuperadas en estos trabajos.
Pocos años después, Sanguinetti (1968), procede a describir una serie de bloques rocosos
dispersos que presentan petroglifos emplazados en la zona de Piguchén, posiblemente a escasa
distancia del cementerio de túmulos del mismo nombre. Los motivos son geométricos y
antropomorfos, siendo frecuente el motivo del "círculo con o sin punto interior". El sitio es
asociado al estilo Aconcagua, definido por Niemeyer (1964).
Finalmente, y como ya se señalo, durante la década pasada el estudio arqueológico del
valle de Putaendo se reactiva gracias al desarrollo en su curso superior de las investigaciones
arqueológicas del proyecto Fondecyt nº 1970531 "Una diferencia, un sentido. Inscripción y
contexto del Complejo Cultural Aconcagua (curso superior del río Aconcagua)", dirigido por
Rodrigo Sánchez. Esta iniciativa inicia un línea de investigación que se ve continuada por los
estudios realizados en el marco de los proyectos “Caracterización preliminar del período
Intermedio Tardío en la cuenca superior del río Aconcagua” (Fondecyt nº 1000172), dirigido por
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el autor de este estudio, y “Forma, Contenido, Sustancia y Expresión: Arte Rupestre en la cuenca
superior del río Aconcagua” (Fondecyt nº 1040153), cuyo investigador responsable es Andrés
Troncoso.
Sus resultados, han venido a verificar lo ya planteado por Massone (1978) en relación al
cementerio de Piguchen (un contexto alfarero local) y Duran y Planella (1989) (contextos con
mayor variabilidad formal y decorativa en el valle de Aconcagua), al registrar para el Período
Intermedio Tardío del valle del río Putaendo un conjunto de evidencias (patrón alfarero y
evidencias mortuorias) que lo diferencian de las manifestaciones que han sido definidas como
características de la Cultura Aconcagua. Estas se expresarían en el registro, por un lado, de un
conjunto alfarero claramente diferenciado (decoración estrellada, formas y elementos decorativos
diaguita, abundancia de cerámica rojo engobada, piezas pareadas, etc.) y, por otro, de
manifestaciones funerarias particulares (cementerio tumuliforme, presencia de cámaras
funerarias), las cuales, de acuerdo a las dataciones absolutas obtenidas, serían contemporáneas a
los contextos Aconcagua estudiados en la cuenca del Maipo-Mapocho (Sánchez 2000a y 2000b;
Sánchez et al. 2001 y 2004; Pavlovic et al. 2004a, 2004b).
La presente Memoria tiene por objetivo presentar en extenso estas investigaciones, sus
resultados y las consecuencias para el avance del conocimiento arqueológico del período
Intermedio Tardío en la cuenca superior del río Aconcagua y la Zona Central.
Hasta las inmediaciones de la ciudad de Los Andes, el río Aconcagua, el mas meridional y
extenso de los valles transversales, escurre por estrechos cajones cordilleranos de laderas
abruptas. A partir de este punto, el valle se transforma en una extensa cuenca aluvial salpicada de
cerros islas y en la cual se asientan las ciudades de Los Andes y San Felipe y un gran número de
localidades rurales de diversa magnitud (ver mapa 1).
En el extremo occidental de esta cuenca, en las inmediaciones de San Felipe, el
Aconcagua recibe desde el norte las aguas de un importante afluente, el río Putaendo (ver mapa
2).
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Ubicado en la región septentrional de la Zona Central de Chile e incluido
administrativamente en la V región de Valparaíso y la Provincia de San Felipe de Aconcagua, el
río Putaendo desarrolla un curso predominantemente norte-sur de aproximadamente 34 km. de
largo (32° 30' y 32° 45' de Latitud Sur), transformándose en una vía de comunicación natural (a
través de sus tributarios) entre la Zona Central y áreas adyacentes como los valles transversales
nortinos (La Ligua, Petorca y Choapa) y la vertiente oriental de los Andes (nacientes del río Los
Patos, Provincia de San Juan) (ver mapa 3).
La zona específica de estudio corresponde a su curso superior, una tramo de orientación
noreste-suroeste y de aproximadamente 14 km. de largo, ubicado entre su nacimiento y la
localidad de San José de Piguchen, el cual presenta en promedio cotas de altitud entre los 950 y
los 1.400 msnm (ver mapa 4).
La pertenencia del río Putaendo a la cuenca superior del río Aconcagua lo ubica en una
zona de transición tanto geomorfológica como climática, situación que también determina los
principales rasgos hidrográficos y biogeográficos que se presentan en el área.
Geomorfología
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Junto a las grandes unidades físicas, en el valle de Putaendo se registran formaciones
geomorfológicas de menor magnitud, pero que son significativas al momento de estudiar el
poblamiento humano en la zona.
Es precisamente en el área específica de estudio y en donde su restringido curso serrano va
dejando paso al amplio valle, en donde se puede observar nítidamente como se intercalan estas
unidades, entre las cuales se cuentan diversas quebradas estacionales, imponentes conos
deyección y amplias rinconadas con vertientes de agua de provisión permanente, todas las cuales
evidencian en su formación procesos estructurales y climáticos (ver fotografía 4). Al mismo
tiempo, toda esta zona se encuentra delimitada por sendas estribaciones montañosas, tales como
las de los Cerro Bayo y Orolonco, ubicadas hacia el sureste.
Clima
El valle del río Putaendo se haya inserto en el extremo norte de distribución del clima de
tipo "Templado Mediterraneo" (Templado Lluvioso Csb) que caracteriza a gran parte de Chile
Central, aunque evidenciando ciertos elementos propias de las condiciones Semidesérticas
propias del Norte Chico, registrando una suerte de transición climática (Instituto Geográfico
Militar 1996).
Estas condiciones particulares están relacionadas con la interacción entre la influencia del
Océano Pacífico y la existencia de cordones transversales y del macizo montañoso longitudinal de
Los Andes, los cuales afectan el movimiento de las grandes masas de aire.
Bajo este marco, las precipitaciones presentan una marcada variabilidad a través del año,
con dos estaciones muy bien definidas, una seca y larga (de 7 a 8 meses, entre Septiembre y
Marzo) y otra lluviosa y corta (de 4 a 5 meses, entre Abril y Agosto).
Del mismo modo que la cuenca de San Felipe – Los Andes, el valle de Putaendo presenta
importantes rasgos de continentalidad que se expresan en significativos cambios de temperatura a
través del día, a diferencia de lo que sucede en zonas mas bajas y mas cercanas al mar del río
Aconcagua.
Hidrografía
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La existencia de un régimen de lluvias más regular que en el Norte Semiárido y el hecho
de que sus afluentes se hallen insertos en los contrafuertes cordilleranos, permite clasificar al
Putaendo hidrográficamente como un río de régimen mixto, con un importante caudal formado en
invierno por las lluvias de temporada y en primavera-verano por los deshielos (Niemeyer y
Cereceda 1984).
El río nace de la unión de sus tributarios principales, el estero Chalaco y el río Rocín, a la
altura de la localidad de Resguardo de Los Patos (ver fotografía 5) y luego de recorrer
aproximadamente 34 Km y de engrosar su caudal con el aporte de varios esteros, quebradas y
vertientes, une sus aguas a las del río Aconcagua en el marco de una caja fluvial de amplio
desarrollo. El río y sus afluentes riegan una cuenca total que alcanza los 1.192 Km² (Niemeyer y
Cereceda 1984) (ver mapa 2).
En su curso superior el río recibe el aporte del estero de Los Maquis y de innumerables
quebradas estacionales. Entre estas últimas hay que señalar las relacionadas con grandes
rinconadas, tales como las Grande y Tome en Piguchen y Los Maquis en la zona de Casa Blanca.
Por último hay que considerar la presencia en algunas rinconadas de pequeñas pero significativas
vertientes, ya que mantienen una provisión permanente de agua, aún en períodos de sequía. Al
mismo tiempo es necesario mencionar la presencia de la quebrada de Las Minillas, en el sector
de El Tartaro, que aunque no es tributaria del río Putaendo, constituye el origen del estero Seco,
el cual recorre el valle en forma paralela a la ribera occidental del río Putaendo.
Biogeografía
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(Geoffroea decorticans) y el algarrobo (Prosopis sp.) y gran cantidad de hierbas de los generos
Stepa, Festuca, Nacella y Bromus.
Asociado a este conjunto se presenta en lugares mas húmedos como los fondos de
quebrada y laderas de umbría, conjuntos y bosquetes de especies arbóreas de tipo esclerófilo, de
hojas duras y brillantes, junto a escasas especies higrófilas. Entre las primeras se cuentan el boldo
(Peumus boldus), el quillay (Quillaja saponaria), el litre (Lithraea caustica), mientras que entre
las segundas están el peumo (Crypocarya alba), el belloto (Beilschmedia miersii), el maitén
(Maytenus boaria) y el canelo (Drymis winteri).
La fauna asociada a esta región ecológica esta compuesta por mamíferos, reptiles,
batracios y aves. Entre los primeros se registran félidos como el gato de la pampa chilena (Felis
pajeros colo colo) y el colo colo (Felis colo colo); mustélidos como el chingue común
(Conepatus chinga); roedores como el coipo (Myocastor coypus), el degú (Octodon degus), el
cururo (Spalacopus cyanus) y la lauchita de los espinos (Oryzomys longicaudatos). Los reptiles y
batracios son escasos, destacando las culebras Liolaemus nigraviridis campanae y la Garthia
dorbigny y la rana grande chilena (Calyptocephalella gayi) y el sapo de secano (Bufo spinolosus
arunco). Las especies avícolas son abundantes, especialmente las granívoras y las insectívoras,
junto a algunas rapaces. Entre las mas abundantes se cuentan la tenca común (Minus thenca), la
diuca común (Diuca diuca), el jilguero común (Cardelius barbatus), la loica chilena (Sturnella
loyca), el tordo argentino o mirlo (Molothrus bonaerensis), el trile o queltehue (Agelaius thilius),
el bailarín (Elamus lencurus), el águila (Geranoaetus melanolencus), el tiuque común (Milvago
chimango) y la tortolita cuyana (Columbina picui) (Quintanilla 1983).
Cabe destacar que todos los ecosistemas presentes en la zona se han visto fuertemente
impactados por la importante presencia humana reciente. Y este impacto no solo se ha producido
sobre las especies animales (drástica disminución en número y extinción), sino también con las
vegetales. Es así como se ha planteado que la utilización como combustible de la madera de los
árboles mas importantes (algarrobo, chañar, quillay y otros) ha llevado a que la estepa de espino
haya alcanzado la predominancia que presenta en la actualidad y a preocupantes niveles de
erosión, situación diferente a la que se habría presentado en tiempos prehispanos (Quintanilla
1983).
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III. MARCO TEÓRICO-METODOLÓGICO.
Para lograr el principal objetivo de este estudio, la caracterización del Período Intermedio
Tardío en el valle de Putaendo, se ha aplicado un marco conceptual que ha combinado las
herramientas teóricas y metodológicas de dos diferentes enfoques arqueológicos, el estudio de los
Patrones de Asentamientos y el análisis de las Tradiciones Tecnológicas.
Dentro de ese objetivo, se esperaba que la aplicación conjunta de ambas aproximaciones
permitiera establecer no solo los patrones de distribución o tipología artefactual singulares, sino
también determinar los rasgos principales de la Tradición Cultural de las poblaciones que
habitaron el valle durante ese período.
La aplicación del primer enfoque estuvo orientada a la definición de los sistemas de
asentamiento desarrollados tanto durante el Período Intermedio Tardío como durante otros
períodos prehispánicos en el valle de Putaendo y establecer su relación con las modalidades de
ocupación del espacio, las estrategias de subsistencia y la probable organización social de las
comunidades humanas locales.
El segundo enfoque, que se nutre del desarrollo de conceptos como el “Habitus” y el
“Estilo Tecnológico”, fue utilizado para recolectar e interpretar la información presente en los
contextos Período Intermedio Tardío estudiados para establecer las Tradiciones Tecnológicas
desarrolladas por las comunidades locales durante este período y establecer su relación con la
definición de una Tradición Cultural particular, diferenciada de otras presentes en forma
contemporánea tanto en la Cuenca Superior del rio Aconcagua como en otras áreas aledañas.
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Es así como Parsons (1972) señala que a fines de la década de 1930 Julian Steward
desarrolla estudios sobre grupos indígenas del Sudoeste Americano donde los patrones de
asentamientos fueron utilizados para analizar procesos culturales generales.
Gracias a los aportes de Steward, durante la siguiente década se comienzan a desarrollar
una serie de estudios de campo en distintas regiones del mundo orientados al registro y ubicación
sistemática de sitios arqueológicos con el “express purpose of inferring sociological process from
changes in site patterning through time” (Parsons 1972: 128).
Entre estas investigaciones, las mas significativa fue la desarrollada por Gordon Willey en
el valle de Virú en Peru (1953), la cual generó una verdadera revolución en la arqueología, al
inaugurar el estudio sistemático de los patrones de Asentamiento en arqueología e introducir por
primera vez el método deductivo sistemático en la disciplina.
“The term ‘settlement patterns’ is defined here as the way in which man disposed himself
over the landscape on which he lived. It refers to dwellings, to their arrangement, and to
the nature and disposition of other buildings pertaining to community life. These
settlements reflect the natural environment, the level of technology on which the builders
operated, and various institutions of social interaction and control which the culture
maintained. Because settlement patterns are, to a large extent, directly shaped for widely
held cultural needs, they offer a strategic point for the functional interpretation of
archaeological cultures” (Willey 1953: 1)
De esta forma, se buscaba establecer la forma en la cual durante el pasado las distintas
sociedades habían ocupado el entorno, que tipos de asentamientos habían desarrollado, como
estos se relacionaban en un sistema funcional mayor y como a partir de estos se podían inferir las
instituciones sociales. (Willey 1953)
Este sistema de interconexión entre distintos tipos de sitios permitía la identificación de la
sociedad como una realidad dinámica, cuyo funcionamiento y modificaciones podrían ser
estudiadas de manera sistemática.
En este marco, el estudio de los patrones de asentamiento también permitió establecer que
el uso de “fósiles guías” de cultura material debía ser examinado con detalle, ya que sitios
contemporáneos o de un mismo desarrollo cultural podían tener artefactos diagnósticos
diferenciales según las actividades que en el se desarrollaron.
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La publicación del trabajo de Willey y la de otros investigadores permitió que en 1955 se
diera otro importante avance en el estudio sistemático de los patrones de asentamiento. Ese año la
Society of American Archaeology organizó una serie de seminarios orientados a la definición de
etapas o estadios socioculturales generales para organizar la data arqueológica mundial. Estos
estadios fueron definidos como “patrones o tipos de comunidades”, en donde las principales
variables eran las estrategias de subsistencia y la configuración de asentamiento. (Parsons 1972).
Con posteridad, Willey expandió sus planteamientos señalando que los asentamientos
reflejan de manera mas directa las actividades sociales y económicas, que la cultura material.
(Willey 1956, en Parsons 1972).
El impacto de este último trabajo, del cual Willey fue editor, pero en el cual diferentes
autores presentaron avances en el estudio del patrón de asentamiento, fue significativo,
desarrollándose desde fines de los años 50 y hasta comienzos de los 60 una gran cantidad de
estudios que utilizaron este enfoque (Parsons 1972).
En el marco de este apogeo se vislumbra la importancia de incorporar la analogía
etnográfica como forma de enriquecer y precisar las inferencias sociales y económicas
desarrolladas a partir del estudio de los asentamientos.
Aunque la mayoría de estos estudios se aplicaban a sociedades complejas, por lo general
con estructuras políticas de tipo estatal (Parsons 1972), Chang en 1958 y 1962, investiga de
manera sistemática las relaciones entre las estructuras sociales y los patrones de asentamiento
entre grupos agricultores no jerarquizados. En uno de estos trabajos define un concepto
fundamental: “annual subsistence region”, correspondiente a la zona que ocupa un grupo móvil a
lo largo de un año y en donde cada comunidad genera distintos tipos de asentamiento de acuerdo
a sus necesidades de subsistencia. (Chang 1962, en Parsons 1972:131).
Mas tarde y como claro resultado de la multiplicación de los estudios basados en el
asentamiento, otros autores siguieron el camino comenzado por Chang en relación a reevaluar las
características metodológicas y analíticas que presentaba el enfoque y criticaron sus
planteamientos como reduccionistas e inocentes.
Entre aquellos que procedieron a una redefinición revolucionaria del enfoque se sitúan
Trigger (1967, 1968), Winters (1969, en Parsons 1972: 132) y el mismo Chang (1968, 1983
[1967]). Las contribuciones de estos investigadores están relacionadas básicamente con una
sistematización y complejización de las investigaciones enfocadas en los patrones de
asentamiento. En ese sentido se hacen parte de la masa crítica que eclosionara en la actualmente
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llamada Arqueología Procesual, al plantear que una adecuada comprensión de los asentamientos
del pasado necesita de un estudio que utilice el método científico.
El primero, realiza dos importantes contribuciones que van perfilando la generación de un
estudio del patrón de asentamiento mas maduro. En primer lugar establece que los patrones de
asentamientos deben ser analizados en tres niveles para contribuir al estudio de la organización
social de sociedades ya desaparecidas: “...: the individual estructure, the settlement, and
settlement distributions” (Trigger 1967: 151).
En el primer nivel (“habitation”) se procede a estudiar la forma y uso de los diferentes tipo
de estructuras (léase corrales, viviendas, talleres, templos, graneros, etc.) con el fin de establecer
la organización social de sus ocupantes y las actividades desarrolladas. Con respecto al
asentamiento mismo, su estudio también entregaría información acerca de la organización social
y estrategias de subsistencia de la comunidad que lo habitaba (“Community”). Por último, la
investigación de la distribución de asentamientos en una región permitiría establecer el tipo de
interacción existente entre distintas comunidades (“Society”).
Aunque Trigger plantea que existen limitaciones en el desarrollo de inferencias sociales a
partir del estudio de los patrones de asentamientos, debido a las complejas relaciones que se
establecen entre los grupos humanos, establece que la arqueología de los asentamientos puede ser
un puente entre la arqueología y la etnología. La asociación que realiza en 1968 entre estos
niveles y los conceptos de “habitation”, “community” y “society”, confirma este planteamiento.
(Trigger 1968)
En este úlitimo trabajo, Trigger continúa con sus aportes al perfeccionamiento de la (por
el llamada) Arqueología de los Asentamientos, al establecer en 1968 los determinantes del patrón
de asentamiento. Estos determinantes son definidos como “...whose classes of factors that interact
with each other to produce spatial configurations of a social group” (Trigger 1968: 53).
Distintos tipos de determinantes actúan en los diferentes niveles ya mencionados y entre
los mas significativos Trigger menciona el medio ambiente, las materias primas y tecnologías
existentes, la organización social, política e ideológica de los grupos humanos. Todos estos
elementos configuran las características específicas que presenta el patrón de asentamiento de los
diferentes desarrollos culturales.
Winters (1969, en Parsons 1972: 132), por su parte, haciendo suyo los avances realizados
por Chang, distingue entre patrón de asentamiento y sistema de asentamiento. Mientras el primero
correspondería a las relaciones geográficas y fisiográficas existentes entre sitios contemporáneos
21
pertenecientes al mismo desarrollo cultural, el segundo se referiría más bien a las asociaciones
funcionales existentes entre los sitios.
Aunque este diferenciación toma elementos ya presentes en la arqueología Histórica-
Cultural, como la asignación a una misma cultura de cada sitio por medio de la distribución de
rasgos estilísticos particulares, la definición del sistema de asentamiento se inserta en los
primigenios planteamientos de la arqueología procesual.
Esto se debe a que para establecer el sistema de asentamiento es necesario saber en que
época del año se ocupo el sitio y que actividades se desarrollaron en el. Es así como se vuelve
indispensable sistematizar los métodos y técnicas de excavación (registros de planta,
microestratigrafía) y laboratorio para recuperar y analizar una amplia variedad de evidencias, tales
como los restos arqueobotánicos y arqueofaunísticos, desarrollar pruebas de paleoclima y
caracterizar las técnicas de producción constructiva y artefactual.
Por último, Chang desarrolla una completa reevaluación de la arqueología de los
Asentamientos y genera planteamientos que tienen vigencia hasta la actualidad. El objetivo
central de todo el trabajo intelectual y de terreno de este investigador de origen chino se centra en
el intento por establecer un marco teórico-metodológico arqueológico adecuado que permita
“...defining, characterizing, and relating prehistoric groups” (Chang 1968: 9).
Para ello, Chang establece que el concepto central de su enfoque corresponde al
denominado asentamiento arqueológico y que la clave para definir este asentamiento radica en la
tipología, es decir, en la forma en que se organiza y clasifica la materialidad registrada en los
sitios arqueológicos. Esta forma pragmática de enfrentar la realidad arqueológica puede ser
resultado de los desafíos que enfrentó Chang durante su significativa experiencia en terreno, la
cual lo llevo a articular un modelo que tuviera una aplicación sencilla y flexible y que al mismo
tiempo fuera sistemática.
Entre los principales puntos de su modelo se sitúa la importancia que le da a la
correspondencia entre su categoría básica de análisis arqueológico, el asentamiento (el segundo
nivel de Trigger) y el grupo social que las ciencias antropológicas y sociológicas han definido
como Comunidad.
Chang entiende a la comunidad como un grupo social presente en todo el orbe, la cual
establece los límites de las actividades sociales diarias y que condiciona el comportamiento
individual y la forma en que este interpreta su vida, a sus semejantes y el mundo. Además, y a
22
pesar de lo dificultoso que es, sería el grupo social mas claramente identificable
arqueológicamente.
Pero, no obstante todo lo anterior, como la comunidad ya desaparecida solo es una
abstracción, de la cual solo podemos estudiar evidencias indirectas, el asentamiento, como
equivalente arqueológico de este grupo social, pasa a tener un lugar central en el análisis de las
sociedades del pasado.
El asentamiento que utiliza Chang en su aproximación es definido como el emplazamiento
físico en donde los miembros de una comunidad viven, desarrollan sus estrategias de subsistencia
y roles sociales en un periodo de tiempo determinado.
Esta particular acepción del concepto de Asentamiento puede ser correlacionada con el
término de Ocupación que ha sido utilizado en la arqueología de nuestro país y que también es
usada en el presente trabajo.
En términos espaciales, el asentamiento no debe ser continuo, pero si debe estar ocupado
por un mismo grupo de personas, mientras que temporalmente, su definición no se relaciona
precisamente con la potencia estratigráfica de un sitio. En este sentido, si se demuestra que las
distintas ocupaciones de un sitio fueron desarrolladas por una misma comunidad, la cual en ese
período no sufrió significativas transformaciones socioculturales, todas ellas constituirían un
único asentamiento. Por el contrario, si cambios importantes a escala social son verificables en la
data arqueológica, es necesario establecer la presencia de mas de un asentamiento.
Ejemplos de estos cambios dramáticos pueden ser sucesos como las conquistas, la
migración masiva, el reemplazo poblacional, entre otros.
En el esquema de Chang estas transformaciones o revoluciones tienen lugar en períodos
de tiempo de corta extensión (1983 [1967]) y separan prolongadas etapas cronológicas de
estabilidad, los llamados estadios estacionarios.
Este último concepto es tomado por Chang de los trabajos de antropólogos como Firth,
Fortes, Nadel y Leach (Chang 1983 [1967]: 43-44), quienes a su vez lo habían recogido de la
Economía teórica, y lo relaciona con el enfoque estructuralista de Levi-Strauss (1963, en Chang
1983 [1967]: 44-45).
El estadio estacionario, que Chang asimila a su Asentamiento y al llamado Tipo Cultural
de Willey y Phillips (1958, en Chang 1983 [1967]), correspondería un período donde no se
producen fenómenos o eventos que modifiquen la estructura sociocultural fundamental de una
23
grupo humano. Es así como se asimilaría al concepto Levistrosiano de microtiempo (Chang 1983
[1967]: 44)
Si los cambios son significativos e implica que un esquema sociocultural ya no funciona,
se comienza a desarrollar un nuevo estadio estacionario. Esta transformación da cuenta, en
contraposición estructural al microtiempo, del macrotiempo de Levi-Strauss (1963, en Chang
1983 [1967]: 45).
Con respecto a la dimensión espacial, Chang toma estos conceptos y define los de micro-
espacio y macro-espacio (Chang 1983 [1967]: 49). El primero se refiere a las características
depositacionales y contextuales de un asentamiento, mientras que el segundo estaría relacionado
con la relación entre los diferentes asentamientos.
Los trabajos de Trigger, Winters, Chang y muchos otros consolidaron la necesidad de
enfrentar el estudio de los asentamientos de manera sistemática, ya que solo de esta forma se
podían desarrollar inferencias sociales válidas. Los estudios desarrollados con posterioridad a sus
aportes contribuyeron solo en aspectos secundarios al cuerpo teórico-metodológico medular de
este enfoque.
24
De este modo, cada Tradición Cultural estudiada desde la arqueología estaría constituida
por una serie de Tradiciones Tecnológicas presentes en una serie de asentamientos. Cada
asentamiento sería el referente arqueológico equivalente al de comunidad (Chang 1983 [1967]).
En este sentido, el estudio del asentamiento y de las Tradiciones Tecnológicas se
transforman en elementos que, en conjunto, pueden ayudar a establecer las Tradiciones Culturales
particulares, la presencia de realidades socioculturales específicas.
Para el caso del presente estudio, se ha considerado pertinente estudiar las Tradición
Tecnológica Alfarera que era parte de la Tradición Cultural de las poblaciones del Período
Intermedio Tardío de Putaendo utilizando el concepto de Estilo Tecnológico. Este, definido por
Lemmonier y difundido por Lechtman (Stark 1999) y aplicado por Stark (1999) a la producción
alfarera encuentra su base teórica en la escuela arqueológica de Tecnología y Cultura.
Esta aproximación se cuenta entre los principales aportes de la arqueología francesa a
nuestra disciplina. Generada a partir de los minuciosos estudios de producción artefactual en lo
contextos arqueológicos y la búsqueda de establecer tradiciones culturales utilizando patrones
tecnológicos determinados, este enfoque ha tenido a Leroi-Gourhan como uno de sus principales
exponentes (Binford 1988).
Esta escuela, que tuvo gran influencia en el surgimiento de la arqueología procesual de
fines del los 60, postulaba como fundamental para entender los sistemas socioculturales del
pasado, la identificación de las tecnologías de producción artefactual (cadena operativa), la
búsqueda y estudio de las fuentes de materias primas y la distribución de artefactos y materias
primas (Dietler y Herbich 1998).
Estos planteamientos acerca de la significancia de los aspectos productivos y tecnológicos
venían a superar el esquema tradicional de la arqueología del particularismo histórico en donde se
daba importancia solo a los aspectos formales y decorativos de la cultura material. Este esquema
tradicional diferenciaba y estudiaba por separado la decoración, la función y la tecnología.
Durante las últimas décadas los aportes de la escuela francesa de tecnología y cultura han
sido perfeccionados por distintos investigadores. Por medio de definiciones como la de Variación
Isocrética del concepto de estilo definida por Sackett (1986), el Habitus de Bourdieu, los
Diacríticos Culturales de Watson y el Estilo Tecnológico de Letchman (citados en Stark 1999) y
el patrón cerámico de Sanhueza (2000a) se buscaba entender las complejas relaciones recíprocas
entre la forma de las cosas, la forma en que utilizan y la forma en que se decoran (Stark 1999;
Dietler y Herbich 1998).
25
Dentro de ese marco, el concepto de Estilo Tecnológico es uno de los que ha brindado
importantes aportes al estudio de la cultura material como referente de comunidades o tradiciones
culturas. Tal como ya fue mencionado, este concepto ha sido aplicado en forma magistral Stark
(1999) al estudio de la alfareria. Una variación local esta constituido por el concepto de patrón
cerámico, desarrollado por Sanhueza recientemente (2000a).
Stark señala que uno de los principales errores de la arqueología tradicional ha sido el
establecimiento de una falsa separación entre los aspectos productivos, funcionales y estilísticos
de un artefacto dado. Su visión, sustentada entre otras bases en la escuela francesa de tecnología y
cultura, señala que todas estas variables están entrelazadas en cada artefacto.
Es en este marco en el cual hace uso del concepto de “estilo tecnológico”, ya que este
engloba las elecciones tecnológicas, las acciones efectuadas en la manufactura y el uso de la
cultura material, todas las cuales expresan información social. Estas actividades que implican la
búsqueda, recolección y uso de materias primas, fuentes de energía, la fabricación de
herramientas y la programación de las actividades son todas actividades domésticas
implementadas periódicamente.
Todas estas actividades implican numerosas y frecuentes elecciones tecnológicas que
están claramente determinadas por la tradición y la situación ambiental.
Estas elecciones y decisiones tecnológicas determinadas por la tradición social, por el
como deben ser las cosas, constituyen el estilo tecnológico. De este modo es factible postular que
todos los artefactos, como las vasijas cerámicas, conllevan información sobre la conducta de sus
productores y, por ende, los patrones tecnológicos así generados incorporan significados de una
tradición cultural determinada.
Por esta misma razón cada objeto elaborado es un reflejo de estos estilos tecnológicos y
estos estilos tecnológicos al ser un reflejo de la tradición y la comunidad, se transforman en
indicadores de la presencia o ausencia de una comunidad y su tradición cultural.
Esto podría indicar que la discontinuidad espacial de una tradición tecnológica
determinada debería reflejar límites sociales en el registro arqueológico, ya que indicaría que en
esa zona ya no se encontrarían los productores asociados a una tradición cultural particular.
La dimensión tecnológica, por lo anterior, es un mejor referente de identidades sociales ya
que a diferencia de la decoración y la forma (y aquí se podría plantear una crítica al alcance de la
aplicación arqueológica del estudio de Hodder [1982] en Baringo), no es manipulada
concientemente.
26
Considerando su fuerte relación con la tradición, las variables tecnológicas en la
producción alfarera involucran un mucho mayor grado de conservadurismo que las relacionadas
con la forma y decoración. En estas últimos existe una mayor flexibilidad y su implementación no
tiene que estar asociada a reglas obligatorias, como si lo tiene que estar la producción de una
vasija o de cualquier artefacto.
En este sentido, vasijas utilizadas en actividades domésticas cotidianas (procesamiento,
almacenaje o consumo de alimentos), que no son objetos muy involucrados en esferas de
interacción social o ritualidad, serían más indicativos de las tradiciones culturales. Por el
contrario, los aspectos suntuarios circulan mas extensamente, cruzando las fronteras de las
tradiciones culturales particulares, generándose lo que clásicamente se entiende por estilo o estilo
iconográfico.
Los elementos del estilo iconográfico (forma y decoración) pueden ser manipulados en
forma política y tienen en el espacio una distribución más extensiva, conformando el denominado
horizonte en el registro arqueológico. De este modo se transforman en “artefactos tipo” que
pueden confundir en vez de aclarar el estudio de las tradiciones culturales en el pasado, ya que
tienen un mayor grado de dinamismo y flexibilidad y están sujetos a la imitación.
Cambios en el estilo iconográfico no pueden ser analizados de la misma forma de aquellos
que afectan al estilo tecnológico, ya que este último presenta restricciones de distribución que
reflejan sistemas tecnológicos locales y a sus productores humanos (comunidad local). El cambio
en el estilo tecnológico esta ligado con modificaciones en la estrategia de subsistencia, la
demografía y otros, pudiendo ser rápido o gradual. Cambios en la vida de un artesano pueden
hacer variar su producción personal, que arqueológicamente no podrían tener una representación
significativa. Pero cambios a nivel de la comunidad pueden ser reflejo de su colonización o su
contacto continuado a otro grupo cultural, generando cambios que si pueden ser registrados
arqueológicamente.
Estos cambios se relacionan con los eventos que, según Chang (1983 [1967]), marcan el
paso de un estadio estacionario a otro, correspondiendo al macro-tiempo, en la terminología
levistrosiana que el asume en su trabajo.
Por todo lo anterior es que la variabilidad tecnológica es muy significativa ya que es
estable en el tiempo y permitiría diferenciar distintas comunidades o tradiciones culturales en el
registro arqueológico.
27
Este conservadurismo de las tecnologías ha sido demostrado en estudios
etnoarqueológicos, los cuales han venido a demostrar que los aspectos tecnológicos son mucho
más resistentes a los cambios que aquellos ligados a los elementos decorativos de la cultura
material, debido a que requieren cambios en los procesos de elaboración.
Uno de los principales aportes a la arqueología del estudio tecnológico de los conjuntos
alfareros ha sido la posibilidad de confirmar la exitencia de estrategias de subsistencia
determinadas, ya que determinados rasgos estan fuertemenete relacionados con el contextos de
uso de los continentes cerámicos y las características que estos deben presentar.
Es así como Chilton (1999) compara la cerámica de sitios ubicados en Nueva Inglaterra,
[Link]., y evaluando las características tecnológicas es capaz de establecer su pertenencia a
grupos de tradición horticola sedentaria por un lado o bien a grupos recolectores móviles,
registrados etnográficamente en esa zona. Para esto utiliza la comparación de características como
la variabilidad diferencial en la morfología cerámica, la composición de antiplásticos y su
relación con favorecer variables como la resistencia mecánica o la conductividad térmica.
Por otro lado, Cornejo y Sanhueza (2003) desarrollan un estudio basado en los conjuntos
artefactuales líticos y cerámicos para comprender la ocupación alfarera temprana en el cajón del
Maipo, logrando establecer la presencia de al menos dos conjunto alfareros diferenciados posibles
de correlacionar con dos tradiciones culturales particulares. Una de ellas correspondería a grupos
horticultores y semi-sedentarios emplazados en los valles, productores de alfarería, y otra a
cazadores recolectores móviles, habiatantes de la precordillera y la cordillera, los cuales no
habrían elaborado piexzas cerámicas sino que la habrían obtenido de otros grupos productores.
Estos y otros ejemplos confirman la excelente posibilidad que entrega el análisis de los
estilos tecnológicos para analizar la distribución en el espacio de las unidades sociales en el
registro arqueológico.
Para desarrollar un correcto estudio del estilo tecnológico es obligatorio comprender la
secuencia operacional o cadena operativa de la manufactura cerámica. Esta incluye, tal como las
relacionadas con otro tipo de materias primas y artefactos, una serie de pasos técnicos. Estos son
enfrentados por cada alfarero de manera distinta, generándose obviamente una cierta variabilidad
en la producción.
La secuencia operacional en la producción alfarera esta caracterizada por varias
actividades. Las dos primeras corresponden a la obtención y preparación de materiales. Luego se
presentan los procesos de modelado y, en ocasiones, la decoración. Posteriormente se procede al
28
secado y cocido. En algunas piezas se recurre a técnicas de manufactura y decoración post-
cocción.
Este marco teórico nos permitió definir la tradición alfarera del período Intermedio Tardío
del valle de Putaendo y establecer sus diferencias con la perteneciente a la cultura Aconcagua y
las reconocidas para la cuenca de San Felipe-Los Andes, en el mismo valle de Aconcagua.
Las consecuencias de la verificación de estas diferencias, que en estos casos no solo
involucraban aspectos decorativos y formales, sino también tecnológicos de gran significación,
serán evaluadas en profundidad en las conclusiones de este trabajo.
III. 2. METODOLOGIA.
III.2.a. Terreno.
Prospección.
En el marco del proyecto Fondecyt N° 1970531 y en un lapso comprendido entre los años
1997 y 1999 se desarrollaron el valle del río Putaendo una serie de campañas de prospección, las
cuales se centraron en su curso superior, un tramo de aproximadamente 14 kilómetros que se
extiende entre su origen a la altura de la localidad de los Patos, en la confluencia del estero
Chalaco y del río del Rocín, y la rinconada de Piguchén.
Al interior de esta área se definieron un total de 5 zonas de estudio - Casa Blanca, El
Tartaro, Piguchen, Ramadillas y Los Patos - las cuales fueron prospectadas en forma pedestre
intensivamente, lo que permitió incluir en el estudio distintas formaciones geomorfológicas
(terrazas fluviales, rinconadas, conos de deyección, quebradas y cerros) y ambientes ecológicos
diferenciados (ver mapa 4).
Amplios sectores de las zonas de prospección correspondían a tierras de cultivo
parceladas, lo cual implicaba realizar solicitudes de permiso a los dueños de los predios, en su
mayoría habitantes locales. En estas consultas periódicas, se preguntó a los pobladores sobre el
conocimiento que estos poseían en torno a la ubicación y características de las manifestaciones
prehispánicas locales, las cuales siempre fueron entregadas en forma amable.
Durante las campañas de prospección, cada sitio fue en primer lugar ubicado
espacialmente por medio del establecimiento de sus coordenadas UTM usando un equipo de
29
Posicionamiento Geográfico (G.P.S.) y su localización en la carta 1:50.000 del Instituto
Geográfico Militar (I.G.M.) correspondiente a Putaendo.
Al mismo tiempo, se procedió a realizar en cada sitio una colecta de restos culturales
significativos para establecer la funcionalidad y la ubicación cronológica del sitio. Es así como
entre los materiales cerámicos se seleccionó una muestra representativa, privilegiando fragmentos
decorados y/o indicadores de forma, mientras que entre los líticos se tomaron muestras de las
materias primas y de los instrumentos presentes. En el caso de registrarse otras evidencias, tales
como restos óseos, estas también se recolectaron.
Contando con la información precedente, se aplicó un ficha de registro basada en la
diseñada por Jorge Rodríguez y Cristian Becker en 1995 (Rodríguez et al. 1998) en la cual se
estableció su identificación general (denominación, ubicación, propietario), las características
principales de su entorno físico y ecológico (relieve, tipo de suelo, vegetación, recurso hídrico
asociado y distancia de este), una descripción (tipo de sitio, dimensiones, densidad de materiales,
pendiente, erosión natural y disturbación antrópica) y finalmente el registro de los materiales y/o
rasgos que presentaba. Esta ficha se presenta sintetizada en los registros monográficos de los
sitios considerados en el estudio, presentados en el anexo 1.
Al finalizar, se procedió a obtener un registro fotográfico del sitio, su ubicación, sus
principales características y materiales y/o rasgos identificados.
30
Excavación
Con el fin de comenzar a establecer la secuencia ocupacional del valle y considerando los
antecedentes recopilados durante los recorridos pedestres y las conversaciones con los
propietarios y habitantes locales, se procedió a efectuar distintas campañas de terreno para
realizar excavaciones estratigráficas.
Estas estuvieron orientadas a identificar la cantidad y principales características de las
ocupaciones humanas, obtener material para ser datado, identificar áreas de actividad y precisar la
funcionalidad de aquellos sitios que aparecían como mas significativos e informativos y con
menores evidencias de disturbación.
La unidad básica de excavación estuvo representada por el pozo de 1x1 m., rebajado por
niveles artificiales de 10 cm. cada uno, varios de los cuales fueron efectuados en cada sitio.
Solo en un sitio, Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tártaro” se desarrollaron excavaciones mas
extensivas. Estas correspondieron a un área total de 12 m2, la cual fue rebajada en base a unidades
de 2x2 y 2x1 m., generandose un área de execavación definitiva de 4 m. en el eje Este-Oeste y 3
m. en el eje Norte-Sur, las cuales fueron implementadas como medida de salvataje ante el peligro
que corrían los rasgos funerarios de ser destruidos por el desarrollo de actividades agrícolas a
gran escala en el sector.
III.2.b. Laboratorio.
Los análisis de laboratorio realizados sobre los materiales obtenidos en las prospecciones
y excavaciones realizadas en el valle de Putaendo se desarrollaron en las instalaciones del
departamento de Antropología de la Universidad de Chile.
A continuación se entregan los detalles de la metodología de análisis aplicada básicamente
a los materiales cerámicos y líticos. Otro tipo de evidencias o no fueron registradas
(malacológico, restos orgánicos) o fueron analizadas por otros especialistas (restos óseos
humanos). En este último caso, los resultados de su estudio son incorporados en el capítulo IV.
Material Cerámico
31
La metodología de análisis cerámico aplicada en este estudio estuvo basada en la cadena
operativa alfarera detallada anteriormente, con un especial enfoque en aquellas variables que nos
permiten definir las Tradiciones Alfareras.
En este sentido se utilizaron categorías de clasificación e inferencia aplicables tanto a la
fragmentería procedentes de los sitios habitacionales como a las vasijas completas recuperadas en
los contextos mortuorios. De esta forma se definieron los tipos o grupos cerámicos que
caracterizaban el conjunto cerámico del Período Intermedio Tardío en Putaendo.
En el caso de los sitios habitacionales, un primer objetivo correspondió a caracterizar la
muestra alfarera del sitio, procurando establecer su asignación cultural más específica a través del
estudio de los materiales diagnósticos de forma y decoración, la elección de muestras
diagnósticas y su utilización en la obtención de dataciones absolutas por Termoluminiscencia y la
asociación contextual registrada in situ.
Por otro lado se procuró obtener la mayor cantidad de antecedentes relacionados con la
forma y potencial funcionalidad de las piezas alfareras con el fin de contribuir a establecer que
actividades fueron realizadas en el sitio, tratando, en ese sentido, de caracterizar el uso de
recursos y definir el tipo de ocupación que se desarrolló en el sitio (por ejemplo, de tipo
permanente o estacional).
Análisis General
En primer lugar, la cerámica fue lavada y rotulada, registrando los datos de su procedencia
(sitio, unidad, rasgo, nivel).
Posteriormente se procedió a realizar la clasificación de la fragmentería, para lo cual se
elaboró una ficha, orientada a reflejar en forma sintética las características de los conjuntos, por
medio de las distintas categorías utilizadas, y permitiendo, además, registrar observaciones
especiales.
La cerámica fue incorporada a cada Tipo o Grupo de acuerdo básicamente al tratamiento
de superficie (decorada, engobada, pulida, alisada y erosionada), al color que presentaban sus
superficies exteriores, la cocción y una revisión general y macroscópica de fracturas (pastas).
También se consideró en la ficha el registro de otras variables como las relacionadas con
la determinación de formas y funciones y aquellas ligadas con los procesos de formación de sitio
(tipo y grado de erosión, presencia de negativos de raicillas, sales, etc.).
32
Es así como se contempló el registro del número y características de los fragmentos
diagnósticos de forma (bordes, labios, asas, bases, cuellos, puntos de unión, puntos de inflexión,
puntos de quiebre, etc.), los motivos decorativos, el grosor de paredes (0-4 mm: delgada, 4-7
mm.: mediana, 7-10 mm.: gruesa, 10 o + mm.: muy gruesa), las huellas de exposición al fuego
(ahumado), el tipo y grado de erosión, el grado de fragmentación, l craquelamiento de engobes y
pinturas y la presencia de sustancias adheridas (sales y otras).
Con respecto a la posible relación forma-función de las piezas que estuvieron presentes en
el sitio se consideraran básicamente los usos ligados a la esfera de subsistencia, ya que otros
ligados a contextos rituales y sociales resultan de más difícil detección con la información
disponible.
Paralelamente se buscaron y registraron todo de evidencias relacionadas con las técnicas
de manufactura involucradas en la producción alfarera. Es así como por ejemplo se procedió a
analizar la utilización de rodetes, ahuecamiento, placas u otras técnicas de modelado o el tipo de
inserción de las asas en el cuerpo.
En el caso de las piezas completas provenientes de los contextos funerarios estudiados en
el proyecto, se procedió a elaborar una ficha que considerara fuera de los atributos ya
mencionados para la fragmentería (tratamiento y color de superficie, grosor de paredes y otros), el
tipo general y específico de vasija, las medidas totales y parciales de cada pieza (alto, ancho y
diámetro de las diferentes secciones de la pieza), peso de la pieza y de su posible contenido, el
espesor de sus paredes; la presencia o ausencia, ubicación, tipo y descripción de elementos
decorativos; evidencias de uso de decoración, en el cuerpo y en la boca); y huellas de
manufactura.
Análisis de Pastas
33
La muestra observada incluyó fragmentos cerámicos provenientes de cada sitio analizado
e incluyó básicamente una caracterización de una parte de sus componentes, los antiplásticos o
inclusiones, por medio de la definición de patrones de pasta.
Para ello se utilizo una lupa binocular (10x a 60x) y para la caracterización de pastas y la
definición de sus patrones se utilizó la ficha desarrollada por Varela et al. (1993), la cual fue
sintetizada para nuestros propósitos específicos.
De esta forma se consideraron diversos atributos de la pasta, los cuales se detallan a
continuación:
-Aspecto General:
-Compacta: pasta con cavidades, sin estratificación aparente o aspecto laminar, ni
tendencia a desintegrarse.
-No Compacta: pasta con abundantes cavidades, con estratificación aparente y/o
tendencia a desintegrarse.
-Inclusiones: se refiere a todos los materiales no plásticos presentes en la pasta, pudiendo haber
sido incorporados intencionalmente (desgrasantes, antiplásticos) o no (inclusiones naturales de la
arcilla).
-Densidad: porcentaje presente de inclusiones en relación a la matriz.
Abundante: mas del 30%.
Poco Abundante: menos del 30%
-Tamaño:
-Uniforme: el tamaño de las inclusiones no presenta diferencias mayores al doble.
-No Uniforme: cuando sí presenta dichas diferencias.
-Pequeño: menor a 0,25 mm.
-Mediano: entre 0.25 y 0,5 mm.
-Grande: mayor a 0,5 mm.
-Forma:
-Redondeado
-Angular
-Tabular
34
-Tipos de Antiplásticos: Se procedió a intentar clasificar los tipos de inclusiones presentes
(cuarzo, carbonatos, micas, inclusiones de color, arena, indeterminados).
Todas estas categorías fueron consideradas en el análisis que se presenta sintetizado en el anexo
2.
Material Litico
35
Finalmente, en el caso de los Núcleos se registró el tipo de cicatrices o negativos, la
preparación del núcleo, la dirección y regularidad del astillamiento, la materia prima, la
procedencia, las modificaciones funcionales y sus medidas.
Toda esta información se registró en una ficha diseñada especialmente con este fin, basada
en la elaborada por Galarce para materiales líticos de la Cultura Aconcagua (Galarce com pers.
1999).
Teniendo todos estos antecedentes, en una segunda etapa se evaluó la representatividad de
cada categoría de materiales líticos en cada sitio y la frecuencia de los distintos atributos en cada
una de ellas y su materia prima original, para de esta forma determinar que fases de la cadena
operativa estaban presentes en cada sitio e hipotetizar que actividades relacionadas con la
utilización de material lítico se implementaron en estos.
36
IV. RESULTADOS GENERALES
Durante el desarrollo del proyecto Fondecyt Nº1970531 se procedió a prospectar una zona
significativa del tercio superior del valle de Putaendo, correspondiente a un total de 27 km2
aproximadamente (ver fotografía 3).
En esta área se identificaron un total de 70 sitios arqueológicos. De estos, la mayoría
correspondieron a asentamientos de carácter habitacional con un total de 23 sitios (32%) y sitios
de arte rupestre (conjuntos de paneles o paneles aislados) con 22 presencias (30%). Otras
categorías importantes están representadas por aleros (n: 4, 5%), sitios de Avistadero (n: 4, 5%) y
los Indeterminados (n: 9, 13%). (ver tabla 1).
TABLA 1.
Sitios Arqueológicos del valle de Putaendo, Ubicación, tipología y cronología de Ocupaciones.
Sitio Ubicación Tipo de Sitio Cronología Ocupaciones
Coordenadas UTM
Datum SAM 56
Latitud Longitu pg pat pit p tnd hist
Norte d Este t
Casa Blanca 1 – 63.99.134 345.117 Funerario (cementerio X
“Ancuviña El tumuliforme)
Tartaro”
Casa Blanca 2 64.00.517 3.45.354 Paneles de Petroglifos X
Casa Blanca 3 64.00.497 3.45.715 Paneles de Petroglifos X
Casa Blanca 4 64.00.662 3.45.618 Avistadero X
Casa Blanca 5 64.00.929 3.45.512 Indeterminado X
Casa Blanca 6 64.00.831 3.45.560 Paneles de Petroglifos X
Casa Blanca 7 64.00.732 3.45.267 Paneles de Petroglifos X
Casa Blanca 8 64.00.612 3.45.264 Paneles de Petroglifos y Alero X
Casa Blanca 9 63.99.928 3.44.689 Indeterminado X
Casa Blanca 10 63.99.745 3.44.796 Habitacional X X X
Casa Blanca 11 64.00.177 3.44.535 Grupo de Aleros X X
Casa Blanca 12 64.00.831 3.44.437 Habitacional X X
Casa Blanca 13 64.01.278 3.44.392 Paneles de Petroglifos X
Casa Blanca 14 64.01.349 3.44.138 Paneles de Petroglifos X
Casa Blanca 15 64.00.627 3.44.842 Laboreo Minero (Fundición) X
Casa Blanca 16 64.01.643 3.46.714 Indeterminado X X
Casa Blanca 17 64.00.085 3.45.263 Habitacional X X
Casa Blanca 18 64.01.103 3.47.025 Indeterminado X
Casa Blanca 19 64.00.981 3.46.870 Habitacional X
Casa Blanca 20 64.01.082 3.46.307 Indeterminado X
Casa Blanca 21 64.00.632 3.46.900 Habitacional X
Casa Blanca 22 64.00.790 3.47.147 Habitacional X
37
Casa Blanca 23 64.00.329 3.46.852 Alero X
Casa Blanca 24 64.00.632 3.47.165 Paneles de Petroglifos X
Casa Blanca 25 64.00.568 3.46.999 Avistadero X
Casa Blanca 26 64.00.530 3.46.777 Panel de Petroglifos
Casa Blanca 27 64.00.304 3.46.609 Avistadero y Paneles de X
Petroglifos
Casa Blanca 28 64.00.178 3.46.533 Avistadero y Panel de X X
Petroglifos
Casa Blanca 29 64.00.479 3.46.888 Paneles de Petroglifos X
Casa Blanca 30 64.00.252 3.46.467 Habitacional X X X
Casa Blanca 31 64.00.190 3.45.359 Funerario X
Casa Blanca 32 64.01.301 3.43.934 Panel de Petroglifos X
Casa Blanca 33 64.01.309 3.43.950 Panel de Petroglifos y X
Avistadero
Casa Blanca 34 64.01.275 3.44.164 Paneles de Petroglifos X
Casa Blanca 35 63.99.368 3.45.002 Habitacional X
Casa Blanca 36 63.99.416 3.45.144 Habitacional X X X
Los Patos 1 64.03.241 3.51.699 Habitacional X X
Los Patos 2 64.03.054 3.51.801 Indeterminado X X
Los Patos 3 64.03.201 3.50.877 Piedra Tacita X X
Los Patos 4 64.02.644 3.50.763 Indeterminado X X
Los Patos 5 64.02.676 3.51.442 Alero X X
Los Patos 6 64.02.381 3.51.252 Campamento, Taller, Piedra X X
Tacita
Los Patos 7 64.02.787 3.51.518 Indeterminado X
Ramadillas 1-“La 64.01.765 3.50.797 Habitacional X X X
Higuera”
Ramadillas 2 64.02.150 3.51.400 Indeterminado X X
Ramadillas 3 64.01.970 3.51.234 Grupo de Aleros X X
Ramadillas 4 64.01.782 3.51.377 Cantera-Taller X
Ramadillas 5 64.01.547 3.50.989 Habitacional y Paneles de X
Petroglifos
Ramadillas 6 64.01.401 3.50.534 Habitacional y Paneles de X
Petroglifos
El Tartaro 1 – 63.99.125 3.42.700 Pucara X
“Pucara El
Tartaro”
El Tartaro 2 64.00.241 3.42.704 Paneles de Petroglifos X
El Tartaro 3 64.00.265 3.42.810 Panel de Petroglifos X
El Tartaro 4 64.00.023 3.42.696 Paneles de Petroglifos X
El Tartaro 5 63.99.491 3.42.817 Panel de Petroglifos X
El Tartaro 6 63.99.469 3.43.247 Habitacional X
El Tartaro 7 63.99.949 3.43.792 Panel de Petroglifos X
El Tartaro 8 63.98.543 3.42.547 Habitacional X X
El Tartaro 9 63.98.945 3.42.103 Habitacional X X
El Tartaro 10 63.98.825 3.42.480 Habitacional X
El Tartaro 11 63.98.869 3.44.081 Habitacional X
El Tartaro 12 63.98.685 3.43.451 Habitacional X X X
El Tartaro 13 63.98.391 3.43.490 Habitacional X X
El Tartaro 14 63.98.344 3.42.657 Habitacional X
Piguchen 1 63.92.650 3.45.659 Panel de Petroglifos X
Piguchen 2 63.95.060 3.48.235 Habitacional y Panel de X X X
Petroglifos
Piguchen 3 63.95.018 3.47.511 Panel de Petroglifos X
Piguchen 4 63.95.087 3.47.403 Habitacional X X
38
Piguchen 5 63.95.280 3.46.817 Habitacional y Panel de X X X
Petroglifos
Piguchen 6 63.95.094 3.45.849 Habitacional X
Piguchen 7 63.95.439 3.46.567 Habitacional X
LEYENDA:
pg.: período Prehispánico General (asignación cronológica no determinada).
pat: período Alfarero Temprano.
pit: período Intermedio Tardío.
pt: período Tardío (Inca).
tnd: período Tardío no determinado.
Hist: período Histórico.
El estudio de los sitios reconocidos en los estudios de prospección y los resultados de las
intervenciones estratigráficas realizados en el valle de Putaendo han permitido establecer la
secuencia cronocultural general del período alfarero prehispánico de esta región de Chile Central.
En esta subsección se procederá a entregar una síntesis de la información obtenida para
dos etapas de esta secuencia que quedan fuera del foco de interés principal de este estudio
específico: el período Alfarero Temprano y el período Tardío-Inca. Los resultados obtenidos para
el período Intermedio Tardío se entregaran en forma detallada en la tercera subsección de este
capítulo.
40
IV.2.a. Período Alfarero Temprano.
Patrón de Asentamiento
El Modo de utilización del espacio desarrollada por los grupos del Alfarero Temprano en
Putaendo esta caracterizado por la ocupación de cuatro distintos espacios de valle: a la salida de
las rinconadas, y al alero de cerros islas, en la zona en que estas toman contacto con las terrazas
fluviales; en terrazas fluviales; en cerros con planicies de media altura; y en tierras interiores de
41
rinconadas, adyacentes a quebradas (ver fotografìas 7 y 8). Los dos primeros tipos de
emplazamiento se registran en sectores como El Tártaro y Casa Blanca, en donde ha sido posible
establecer que los sitios ocupados durante el Período Alfarero Temprano luego son reocupados
por grupos del período Intermedio Tardío y del Tardío-Inca, y en los cuales se evidencian
evidencias domésticas. El tercer espacio de ocupación esta representado por sitios que presentan
condiciones privilegiadas para servir como avistadero, dominando grandes sectores del valle y
con un contexto material que indicaría que se trataría de campamentos de ocupación temporal, en
los cuales se habrían realizado distintas actividades domésticas (aprovisionamiento y trabajo de
materias primas de grano fino, labores de recolección y molienda de alimentos vegetales, etc.).
Cabe señalar la presencia en uno de estos (Los Patos 6) de un bloque con una tacita aislada.
Finalmente, el cuarto espacio corresponde a los sitios Alfareros Tempranos identificados en la
rinconada de Piguchén, los cuales están situados en las terrazas de una quebrada de caudal
permanente. El estado inicial de investigación en que se encuentran impide, por ahora,
caracterizarlos y establecer el papel que jugaron en el patrón de asentamiento de estos grupos.
Cultura Material
A pesar de que los restos alfareros del período Alfarero Temprano de Putaendo presentan
las mismos características que comparten la mayoría de los desarrollos culturales pertenecientes
al primer milenio despues de Cristo ubicados entre el Norte Chico y la zona Centro-Sur (piezas
restringidas monócromas, pulidas por el exterior, con pastas de granulometría fina o regular y
decoraciones fundamentalmente modeladas, incisas y con la presencia de hierro oligisto) y otro
tipo de evidencias de amplia dispersión, tal como los tembetás y las orejeras, las principales
semejanzas morfológicas y decorativas se dan con los conjuntos alfareros de desarrollos
contemporáneos del Norte Chico (Niemeyer et al. 1989; Castillo 1991; Rodríguez et. al. 1998) y
del Centro Oeste Argentino (Gambier 1993). Los elementos que permiten realizar esta
aseveración corresponden a rasgos morfológicos y decorativos. Entre los primeros destaca el
registro de fragmentos alfareros correspondientes a vasijas restringidas con bases
mayoritariamente cóncavas, planas sencillas y planas en pedestal. Con respecto a los rasgos
decorativos, entre estos se cuentan los incisos toscos y posiblemente en chevrón, el inciso lineal
punteado de trazo grueso, y la combinación de modelado con inciso punteado de trazo grueso (ver
fotografía 9). La mayoría de estos elementos no se registra en forma frecuente en los contextos
42
Tempranos de Chile Central definidos hasta el momento, y de ningún modo, corresponden a
rasgos diagnósticos de estos. Al contrario, gran parte de estos elementos están presentes en los
conjuntos alfareros pertenecientes a la Cultura El Molle de los valles de Huasco, Elqui y Limari
(Niemeyer et al. 1989) y sobre todo entre los heterogéneos y aún poco conocidos contextos
Alfareros Tempranos de los ríos Illapel y Chalinga de la cuenca del Choapa (Castillo 1991;
Rodríguez et al.1998). Del mismo modo, muchos de estos rasgos también están presentes en los
desarrollos Agroalfareros Tempranos definidos por Gambier (1993) para la Provincia Argentina
de San Juan, en la vertiente oriental de los Andes, los denominados Cultura de Ansilta, fase
cultural Punta del Barro y Cultura Calingasta, desarrollos ubicados cronológicamente entre el 500
a.C. y el 1.200 d.C..
Cronología
En el valle se han obtenido un total de 4 dataciones por T.L. para este período. Dos de
ellas fueron obtenidas de sitios ubicados en el sector de Casa Blanca (Casa Blanca 10 y Casa
Blanca 30), mientras las dos restantes provienen del sitio Los Patos 6 (Tabla 1). Las fechas
obtenidas hasta el momento señalan la contemporaneidad de las ocupaciones y permiten, en
conjunto con los contextos materiales, sugerir cierto grado de identidad sociocultural. Por otro
lado, las dataciones, ubican estas ocupaciones en un rango temporal bien acotado, ubicado entre
los siglos IX y X d.C., situándolas en los momentos finales del extenso período Alfarero
Temprano (Falabella y Stehberg 1989) y en momentos contemporáneos con el inicio de las
ocupaciones del Intermedio Tardío. Al no tener información para otros momentos de este
período, no es posible por ahora extrapolar las interpretaciones preliminares obtenidas a todo el
período Alfarero Temprano del río Putaendo.
43
IV.2.b. Período Tardío-Inca.
Patrón de Asentamiento
Con el Inca se producen ciertos cambios con respecto a los patrones de utilización del
espacio definidos para el período Intermedio Tardío, los cuales indicarían la aplicación de una
planificación en la ubicación de los asentamientos, con el fin de asegurar el cumplimiento de los
objetivos de la presencia del Tawantinsuyo en la zona. Es así como para este período, las
investigaciones han identificado un asentamiento defensivo o Pucara emplazado en la cumbre del
cerro El Castillo (Tartaro 1 “Pucara El Tártaro”) y la continuidad en la ocupación de varios sitios
habitacionales del período Intermedio Tardio, emplazados en tierras llanas adyacentes.
En lo que guarda relación con el sitio Tártaro 1 “Pucara El Tártaro”, el cerro en que se
ubica corresponde a una estribación de fuerte pendiente en casi todo su contorno, desde cuya
cumbre se logra una inmejorable visión de amplios sectores del valle del río Putaendo. El sitio
presenta doble muro perimetral, concentraciones de piedras huevillo (transportadas), posibles
atalayas, plazas intramuros, diversas estructuras, posibles bases de collcas. Fuera de las labores de
vigilancia y de fortaleza, es posible sugerir que en el sitio se habrían desarrollado labores
domésticas (instrumentos de molienda, cerámica con huellas de exposición al fuego, instrumentos
líticos), lo que indicaría la presencia permanente en el sitio de grupos de personas, que tuvieron
que ser mantenidas por poblaciones asentadas en las cercanías, posiblemente en los sitios
habitacionales que se han asociado a este período (ver fotografías 10 y 11).
Estos últimos se encuentran emplazados en tierras llanas a la salida de las rinconadas que
se ubican al norte y al sur del cerro El Castillo y son incorporados a este período tentativamente a
44
partir de materiales cerámicos colectados en superficie, algunos de los cuales muestran elementos
de decoración atribuidos al Inca. Por tratarse de sitios reconocidos solo en superficie se dificulta
establecer las actividades específicas que se desarrollaron en ellos o realizar aproximaciones al
patrón de asentamiento en que estaban insertos, fuera de señalar, como ya indicamos, su posible
relación con el “Pucara El Tártaro” (Tártaro 1).
El emplazamiento del Pucara y los sitios adyacentes es estratégico en virtud de dos
itinerarios posibles para el camino del Inca, uno de ellos planteado por Stehberg (1995),
recorriendo el valle del Putaendo en forma paralela a este río, y otro presente en la historia local
informal y en datos etnohistóricos preliminares (Sánchez et al. 2000), el cual vendría desde
Alicahue por las Minillas y pasaría por las cercanías del Pucara, para cruzar el río Putaendo,
entrar por la rinconada de Piguchén y luego tomar la quebrada de Jahuel, llegar al Aconcagua y
cruzarlo para seguir hacia Curimón.
Cabe señalar, por último, que la ubicación de los sitios Inca detectados en el valle coincide
con sectores que habrían estado densamente poblados durante el Internedio Tardío, tal como se
puede extrapolar de las prospecciones realizadas. Esta situación podría estar indicando que otra
variable que sopesó el Inca para seleccionar esta zona para ubicar sus asentamientos habría sido el
acceso a mano de obra local, elemento que ha sido planteado por diversos autores al momento de
estudiar los modos de presencia y dominación desarrollados por el Tawantinsuyo (Llagostera
1976; Stehberg 1995; Sánchez et al. 2000).
Cultura Material
45
En el “Pucara El Tartaro” se registró una cantidad importante de material alfarero en
superficie y estratigrafía que indica la presencia de variedades Diaguita-Inca (Diaguita II,
Diaguita III, cuarto estilo y otros), cerámica de la Cultura Aconcagua (correspondientes a los
únicos hallazgos realizados hasta el momento en esta zona) y elementos locales (estrellados).
Cabe destacar la presencia de piezas restringidas con un alisado interior de tipo escobillado, el
cual también ha sido registrado en el tambo o centro administrativo Inca de El Castillo, ubicado al
sur de la ciudad de Los Andes (Sánchez et al. 2000) y en sitios de la fase Diaguita III o Inca de la
cuenca del Choapa (Troncoso et al. 2004) (ver fotografías 12 y 13).
Fuera de lo anterior, en el Pucara se han recuperado algunos materiales líticos y un
fragmento de instrumento musical, correspondiente a una antara o flauta de pan en combarbalita.
Este último elemento también está presente en otros sitios Inca de la zona (Rodríguez et al. 1993)
Cronología
Para el período Inca en el curso superior del río Putaendo se cuenta con un total de 7
dataciones, todas ellas obtenidas por T.L. y provenientes del sitio Pucara El Tártaro (Tartaro 1).
Entre estas se cuentan materiales de filiación Diaguita-Inca, Aconcagua Salmón y Local (Tabla
1). Estas fechas han permitido verificar la asignación del sitio al período de presencia del
Tawantinsuyo en la zona y también verificar la contemporaneidad de los tipos alfareros
pertenecientes a distintas sociedades asentadas en diferentes zonas de Chile Central y el Norte
Chico registrados en el sitio.
TABLA 3.
Dataciones sitios del período Tardío - Inca, valle de Putaendo.
Sitio Unidad Material Fecha TL Muestra Fuente
El Tartaro 1– Superficie. Tipo Aconcagua Salmón 1.400 ± 50 UCTL Sánchez et
“Pucara El (var. negro sobre salmón) d.C. 1249 al. 1999
Tartaro”
El Tartaro 1 – Superficie. Tipo Aconcagua Rojo Engobado 1.370 ± 50 UCTL Sánchez et
“Pucara El (rojo engobado ext./café rojizo d.C. 1250 al. 1999
Tartaro” alisado int.)
El Tartaro 1 – Superficie. Tipo Putaendo Rojo sobre Blanco 1.580 ± 40 UCTL Sánchez et
“Pucara El (rojo sobre blanco ext. / café d.C. 1251 al. 1999
Tartaro” rojizo alisado int.)
El Tartaro 1 – Superficie. Negro sobre Blanco ext. / blanco 1.445 ± 60 UCTL Sánchez et
“Pucara El int. d.C. 1252 al. 1999
Tartaro”
El Tartaro 1 – Superficie. Negro y blanco sobre rojo ext. / 1.360 ± 60 UCTL Sánchez et
“Pucara El Blanco int.) d.C. 1253 al. 1999
46
Tartaro”
El Tartaro 1 – Superficie. Cerámica Diaguita (rojo 1.520 ± 50 UCTL Sánchez et
“Pucara El engobado ext. / blanco int.) d.C. 1254 al. 1999
Tartaro”
El Tartaro 1 – Cuadrícula 2, Cerámica Diaguita (rojo 1.500 ± 40 UCTL Sánchez et
“Pucara El nivel 0-10 cm. engobado ext. / blanco int.) d.C. 1255 al. 1999
Tartaro”
47
IV.3. CARACTERÍZACIÓN DEL PERIODO INTERMEDIO TARDIO EN EL VALLE
DE PUTAENDO.
48
De estos sitios, 6 presentan ocupación claramente asignables al período Intremedio Tardío
y 7 al Tardío No Determinado.
Los primeros corresponden a Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tártaro” (CB1-AET), Casa
Blanca 10 (CB 10), Casa Blanca 30 (CB 30), Casa Blanca 36 (CB 36), El Tártaro 13 (TA 13) y
Ramadillas 1-“La Higuera” (RAM 1).
Con respecto a aquellos con evidencias del Tardío No Determinado, estos son Casa
Blanca 17 (CB 17), Casa Blanca 25 (CB 25), Casa Blanca 27 (CB 27), El Tártaro 8 (TA 8), El
Tártaro 9 (TA 9), El Tártaro 12 (TA 12) y El Tártaro 14 (TA 14) (ver mapa 6).
La mayor parte de los sitios presentan ocupaciones pertenecientes a otros períodos
culturales, tanto prehispánicos como históricos. Es así como 8 sitios presentan evidencias del
período Alfarero Temprano y 6 del período Histórico.
En cuanto a su funcionalidad, diez sitios corresponderían a sitios habitacionales, dos a
avistaderos y solo uno a un sitio funerario (CB 1-AET).
TABLA 4.
Sitios período Intermedio Tardío y Tardio No Determinado del valle de Putaendo.
Ubicación, tipología y cronología de Ocupaciones.
Sitio Ubicación Tipo de Sitio Cronología Ocupaciones
Coordenadas UTM
Datum SAM 56
Norte Este pg pat pit pt tnd hist
Casa Blanca 1 – 63.99.134 345.117 Funerario (cementerio X
“Ancuviña El tumuliforme)
Tartaro”
Casa Blanca 10 63.99.745 3.44.796 Habitacional X X X
Casa Blanca 17 64.00.085 3.45.263 Habitacional X X
Casa Blanca 25 64.00.568 3.46.999 Avistadero X
Casa Blanca 27 64.00.304 3.46.609 Avistadero y Paneles de X
Petroglifos
Casa Blanca 30 64.00.252 3.46.467 Habitacional X X X
Casa Blanca 36 63.99.416 3.45.144 Habitacional X X X
Ramadillas 1-“La 64.01.765 3.50.797 Habitacional X X X
Higuera”
El Tartaro 8 63.98.543 3.42.547 Habitacional X X
El Tartaro 9 63.98.945 3.42.103 Habitacional X X
El Tartaro 12 63.98.685 3.43.451 Habitacional X X X
El Tartaro 13 63.98.391 3.43.490 Habitacional X X
El Tartaro 14 63.98.344 3.42.657 Habitacional X
LEYENDA:
pg.: período Prehispánico General (asignación cronológica no determinada). pt: período Tardío (Inca).
pat: período Alfarero Temprano. tnd: período Tardío no determinado.
pit: período Intermedio Tardío. Hist: período Histórico.
49
La información obtenida en el estudio de estos sitios se entrega procesada y sintetizada en
los subcapítulos siguientes. Monografías detalladas de las características de cada sitio y de los
estudios realizados en cada uno de ellos se presentan en el Anexo 1.
50
establecer que corresponden a los restos de actividades de tipo doméstico, indicando la presencia
de asentamientos habitacionales. La alta fragmentación detectada es un claro resultado de las
actividades agrícolas a que se han visto sometidos estos terrenos desde hace por lo menos 200
años.
Estas dispersiones varían entre menos de 5.000 m2 (1/2 hectárea) hasta mas de 200.000 m2
(20 hectáreas) y están constituidas principalmente por abundante fragmentería cerámica y
materiales líticos, destacando entre estos últimos los abundantes instrumentos de molienda, tales
como manos de moler y cananas (ver fotografía 17).
Las excavaciones realizadas en algunos de estos sitios han permitido establecer que
presentan depósitos culturales que por lo general alcanzan hasta los 40 cm. de profundidad y que
se sitúan sobre ocupaciones poco potentes del período Alfarero Temprano.
Separados por distancias que van desde los 500 m. hasta los 2 km., los sitios evidenciarían
la aplicación de un patrón de poblamiento disperso. Este patrón podría indicar la presencia de
unidades domésticas autónomas, sin el aglutamiento en aldeas o pueblos.
Con respecto a las actividades desarrolladas en estos asentamientos habitacionales, toda la
información señalaría que estos grupos habrían desarrollado labores de subsistencia basadas en
una agricultura de baja escala, junto a la cual, tanto la caza como la recolección habrían seguido
siendo importantes. En estos sitios no solo se habría procedido a la producción, procesamiento y
consumo de alimentos, sino también a la producción de distintos artefactos, tales como los
instrumentos líticos y la alfarería.
Por su parte, los sitios ubicados en cima de cerro han sido considerados como
campamentos de ocupación de baja intensidad. Posiblemente correspondería a avistaderos, ya que
presentan excelentes condiciones para la observación. Por lo general, registran escaso material
cultural, compuestos fundamentalmente por líticos, incluyendo derivados de núcleo y puntas de
proyectil, además de algunos fragmentos cerámicos erosionados. Esta última característica sería
resultado de la baja posibilidad de que queden enterrados bajo la superficie en espacios como en
el que se ubican, con una grado de sedimentación muy lento y escaso.
Los rasgos fundamentales del asentamiento del período Intermedio Tardío en el valle de
Putaendo que se han señalado permiten realizar varios planteamientos.
En primer lugar, se observa un significativo cambio en el patrón de asentamiento con
respecto al período Alfarero Temprano, expresado fundamentalmente en la ausencia de
ocupaciones del Intermedio Tardío en zonas interiores de rinconadas y en cerros con planicies de
51
media altura, zonas que los grupos alfareros tempranos ocuparon de forma tan o mas importante
con las terrazas y las zonas bajas de rinconadas (ver subcapítulo IV.2.b).
Lo anterior no significaría que los grupos tardíos no utilizaron estos espacios, sino que en
estos no habrían desarrollado ocupaciones de tipo permanente y por ende no se generaron
depósitos significativos. Lo anterior se confirma en la presencia de dos sitios con material
Intermedio Tardío ubicados en cima de cerros, los cuales habrían funcionado como avistaderos y
el emplazamiento de petroglifos atribuidos a este período en estos espacios (Troncoso 1998b,
2003). Es así como es factible señalar que la presencia humana en estos espacios durante este
período habría sido temporal y esporádica, orientada al desarrollo de actividades específicas
(obtención de materias primas líticas, caza, recolección y otras).
Esta situación podría responder a una serie de factores, los cuales deben ser comprendidos
en el marco del estudio del aún escasamente proceso en que el período Alfarero Temprano da
paso al Intermedio Tardío, con todos los cambios que esto habría implicado.
En primer lugar se debe considerar un cambio en las estrategias de subsistencia,
principalmente en lo concerniente al aumento en la importancia de la horticultura o agricultura
incipiente en la producción de alimentos y una probable disminución de la la significación para la
subsistencia de la caza y la recolección en el período período Intermedio Tardío.
Esta modificación podría ser un resultado combinado de la explotación humana intensiva
de los recursos de caza y recolección de estos recursos y de un cambio medioambiental (quizás
relacionado con una modificación climática) que generaron una disminución en los recursos
vegetales, animales y en la provisión de agua en las tierras altas, como el interior de las
rinconadas y las planicies de media altura.
La actividad antrópica debe ser considerada en esta supuesta transformación del ambiente,
ya que esta puede ser muy importante en estos espacios semiáridos muy vulnerables y con un
delicado equilibrio ecológico.
Por otro lado, si consideramos que los grupos del Alfarero Temprano también pudieron
haber desarrollado labores de horticultura, las mismas razones (cambio climático y subsiguiente
cambio ambiental y acción antrópica) y la escasa fertilidad de las tierras altas pudieron haber
generado el abandono de estos espacios por parte de estos grupos.
Al mismo tiempo, la significativa ocupación de Rinconadas, sobre todo en sus partes
bajas, se nos presenta como el resultado de un proceso iniciado durante el período Alfarero
Temprano. Desde este período se hace patente en estos espacios la ocupación humana que utiliza
52
las condiciones inmejorables que presentan estas formaciones características de los valles
interiores de Chile Central.
A pesar de que aparecen como zonas secas y agrestes a primera vista, un examen mas
minucioso permite percatarse de que ellas permiten la ocupación humana y la agricultura gracias
a que presentan vertientes y aguadas, que aunque tienen un pequeño caudal, este es de tipo
permanente.
Weischet (1976) ha demostrado que las características de estas formaciones permitieron el
desarrollo de actividades agrícolas sin necesidad de obras de regadío de importancia en tiempos
coloniales tempranos, situación que podría extrapolarse, al menos, al período prehispano
inmediatamente anterior a la llegada de los europeos.
La ocupación de tierras bajas de rinconadas permite al mismo tiempo acceder en forma
expedita a las tierras fértiles de las terrazas fluviales cercanas a la caja del río Putaendo, aunque
evitando los problemas que esta pueden sufrir por esa misma cercanía al río, tales como el peligro
de inundaciones como las que ocurren en años con lluvias torrenciales, asociados a la
manifestación del fenómeno del niño.
Por otro lado, al situarse los asentamientos a cubierto por las estribaciones de las
rinconadas, quedan mas protegidos de los fuertes vientos helados que en invierno bajan de la
cordillera.
Otros elementos que deben ser considerados al momento de establecer las modalidades de
asentamiento desarrolladas por los grupos del Intermedio Tardío estaría representado por el sitio
de funebria Casa Blanca 1- “Ancuviña El Tártaro”.
Este se sitúa en un espacio de terrazas fluviales muy cercano a sendos sitios habitacionales
del período Intermedio Tardío (Casa Blanca 10 y Casa Blanca 36), lo cual implicaría la intención
de ubicar el lugar de los muertos fuera de las zonas de ocupación permanente, aunque muy cerca
de ellas y en un espacio claramente visible desde todo el sector, tal como se desprende de la
erección de un montículo de gran tamaño.
En este análisis también debemos considerar el rol jugado por las numerosas evidencias de
arte rupestre asociadas al período Intermedio Tardío (Estilo 1) registradas en el área de estudio.
La ubicación de estos petroglifos en formaciones que delimitan geográficamente las áreas
de ocupación, tal como cerros islas, laderas de cerros y quebradas interiores, ha llevado a
Troncoso (1998c, 2003), a plantear que habrían servido de delimitadores espaciales tanto entre
los espacios ocupados en forma permanente (“domesticados”) y aquellos utilizados de manera
53
marginal (“salvajes”) por las poblaciones del período Intermedio Tardío como entre los
“territorios” de distintas comunidades.
La ubicación de los sitios habitacionales y el sitio funerario Casa Blanca 1-“Ancuviña El
Tartaro”, sumada a presencia de bloques de petroglifos que se ubican en formaciones geográficas
que delimitan espacios, permite establecer las características generales de la modalidad de
asentamiento desarrollada por estos grupos.
Es así como, la reducción de los espacios destinados a la ocupación permanente que se
produce con respecto al período Alfarero Temprano y la ubicación de los petroglifos a modo de
delimitadores de espacios, podría sugerir la implantación de nociones de territorialidad y
propiedad mas rígidas que las existentes para el período anterior, no solamente relacionadas con
el acceso y uso de recursos, sino también por las relaciones establecidas con grupos asentados en
sectores vecinos (Troncoso 1998c).
La búsqueda de establecer delimitaciones espaciales habría sido desarrollada por
comunidades constituidas por unidades domésticas autónomas, tal como lo atestigua el patrón de
poblamiento disperso. Esta modalidad de asentamiento, que no consideraba el aglutinamiento en
aldeas o caseríos, se nos presenta como la mas adecuada al contemplar las características
ambientales circundantes, la probable organización social y las estrategias de subsistencia
particulares. Su sobrevivencia parcial hasta nuestros días y su presencia en sociedades
contemporáneas de áreas aledañas con características ambientales similares (Cuenca de San
Felipe-Los Andes, Cultura Diaguita y Aconcagua) confirmaría estos planteamientos (Falabella y
Planella 1980, Durán y Planella 1989, Hermosilla y Saavedra 1997-1998, Troncoso 1998a,
Pavlovic et al. 2000).
Las investigaciones realizadas hasta el momento en los sitios Intermedio Tardío del valle
de Putaendo permiten entregar una síntesis de los principales items de cultura materiales
presentes en estos contextos.
Gran parte de la información esta relacionada con el material cerámico y lítico. Otros
items como restos óseos animales, malacológicos u otro tipo de materiales orgánicos no se
registraron en los estudios utilizados como referencia para esta presentación. Pero esta situación
no significa que estos materiales no se presenten en estos contextos, tal como queda demostrado
54
en los materiales óseos que recientemente se han registrado en las nuevas investigaciones que se
estan desarrollando en sitios Intermedio Tardío de Putaendo, en el marco del proyecto Fondecyt
1040153 (Troncoso et al. 2006).
Conjunto Alfarero
55
ahumado intencional o el producido como resultado de su uso. Por lo anterior, es posible observar
las tonalidades que ha adquirido la arcilla como resultado de su cocción.
Cabe señalar que en este tipo han sido incluidos aquellos fragmentos que exhibiendo un
tratamiento alisado por el exterior, presentan su superficie interior erosionada en un grado tan
significativo que es imposible establecer el tratamiento de superficie que presentaba
originalmente
Frecuencia.
Este grupo es el más numeroso a nivel de muestras fragmentarias en sitios habitacionales y tiene
un alta representación en la colección de piezas completas procedentes del sitio funerario
considerado en este estudio. Es así como en el sitio Casa Blanca 10 representa el 61% de la
cerámica asignada a la ocupación del Intermedio Tardío, en el CB 30, el 67% y entre las piezas
completas del sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” equivale al 37,5%.
Tratamiento de Superficie.
El tratamiento de superficie puede ir desde un alisado muy bien logrado, que puede ser
considerado como un pulido no homogéneo, hasta un acabado muy tosco, con escasas evidencias
de aplicación de algún instrumento de alisado.
Por lo general, la superficie interior presenta un trabajo menos logrado, aunque en la mayoría de
las piezas, el acabado es bastante similar entre ambas superficies.
Tonalidades de superficie.
En la superficie de las vasijas de este grupo, las tonalidades no son homogéneas, sino que varían
de acuerdo al sector de las vasijas o como resultado de las características de su manufactura o
contexto de uso. El café predomina de manera significativa, aunque también se presenta el
naranja, café rojizo y el gris.
Formas Completas
En cuanto a las formas completas, la colección funeraria y las muestras fragmentarias
habitacionales indican la presencia de formas de tipo restringido y no restringido.
56
Restringidas: En cuanto a este tipo de vasijas, se registran las formas tipo Olla y tipo Jarro
de Perfil Compuesto.
-Olla: formas de tamaño mediano y grande de cuerpo globular o subglobular, con base
cóncava, sin clara diferenciación del resto del cuerpo. El cuello es angosto y la boca
ancha, con bordes rectos o ligeramente evertidos y labios redondeados y planos. El
contacto cuerpo-cuello se da en forma gradual, representado por puntos de inflexión. Las
asas se presentan en pares, opuesta por el diámetro, son de tipo cinta y con respecto a su
disposición y ubicación presentan dos situaciones: verticales, uniendo el cuello y el sector
superior del cuerpo y horizontales, estando situadas en la base del cuello (ver fotografías
18 y 19).
Con respecto a sus medidas, la presencia de estas piezas en 2 contextos funerarios del sitio
Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” permite tener una aproximación mas sistemática. Es
así como ha sido posible establecer que en estas piezas el diámetro mayor se ubica en la
parte media del cuerpo y presenta un rango entre los 96 y los 182 mm., mientras que la
altura total varía entre los 104 y los 168 mm.
El espesor de paredes es variable, ya que en la base puede alcanzar hasta los 10 mm.,
mientras que en el borde no supera los 5 mm.. En el cuerpo, el espesor promedio es de 6 a
7 mm.
Siguiendo la clasificación morfológica de Shepard (1964) estas piezas pueden definidas
como vasijas restringidas simples de perfil inflexionado.
-Jarro de Perfil Compuesto: corresponde a una vasija pequeña que presenta una forma
compleja, con cuerpos subglobulares unidos por cuellos pequeños y bordes evertidos. La
única vasija registrada para esta forma presenta evidencias de un asa faltante, la cual unía
el labio con el cuerpo inferior, siendo posiblemente de tipo cinta. Esta vasija, recuperada
en las excavaciones en el detectado en el sitio funerario Casa Blanca 1-“Ancuviña El
Tartaro”, evidencia una manufactura deficiente, pudiendo corresponder a una elaboración
experimental o bien a un producto elaborado por un aprendiz (ver fotografía 20).
57
-Escudillas de perfil continuo: formas semiesféricas de tamaño mediano y grandes de
perfil continuo, con base cóncava y cuyo sector mas ancho corresponde a la boca. La
altura de la pieza es variable, dependiendo del tamaño, pero predomina el eje horizontal.
La base es obviamente cóncava y no presenta una diferenciación del resto del cuerpo. El
borde es recto o ligeramente evertido, con labios que mayoritariamente se presentan
planos, registrando también el redondeado y el biselado (fotografías 21).
En algunos casos, presentan en el labio un par de lóbulos opuestos por el diámetro.
Algunos de estos presentan incisiones pequeñas perpendiculares al labio.
Gracias a su hallazgo en el contexto funerario estudiado, ha sido posible establecer
tamaños específicos. Con respecto a las de tamaño grande estas presentarían un diámetro
en la boca de 325 mm. y una altura de 201 mm., mientras que las medianas tendrían 252
mm. de diámetro en la boca y un altura de 127 mm.
El espesor de las vasijas es variable, de entre 7 u 8 mm. en la base y la parte inferior del
cuerpo y, en algunas ocasiones, hasta los 2 mm. en el labio.
No presentan asas.
La clasificación de Shepard (1964) las consideraría vasijas no restringidas de contorno
simple.
58
-Vasijas de almacenaje: Estas vasijas han sido interpretadas a partir de fragmentos, por lo
cual la precisión en cuanto a su forma no alcanza la de otras formas.
En términos generales, estas piezas tendrían una forma predominantemente vertical, tipo
cilindro que se va ensanchando hacia la boca y que presenta su sector mas angosto en la
base. Esta última es cóncava y presenta continuidad con el resto del cuerpo. Los bordes
son rectos o ligeramente evertidos y a diferencia de otras formas, se presentan bastante
gruesos, alcanzando en algunas ocasiones espesores sobre los 6 o 7 mm.
El tamaño y diámetro específico no han podido ser establecidos.
El espesor es más significativo en otros sectores de la pieza, en donde alcanza más de 10
mm., como en la base y sectores del cuerpo.
Las asas son escasas y cuando se presentan corresponden a asas mamelonares. Estas
presentan en algunas piezas incisiones gruesas, perpendiculares al sector distal de las asas.
Cocción.
En todos los tipos de vasijas predomina la cocción oxidante incompleta, expresada en fracturas de
tonalidades homogéneas con núcleos más oscuros que el resto de la fractura. La cocción oxidante
completa es escasa y se da principalmente en los fragmentos de tonalidades naranja.
Pasta.
Restringidas
59
-Jarro de Perfil Compuesto. La pasta en esta vasija presenta una escasa homogeneidad,
básicamente en la distribución de los antiplásticos. La densidad de antiplásticos es baja y
estos son de tamaño fino y mediano. La pasta presenta fracturas o posiblemente bolsas de
aire. Predominan los desgrasantes tipo cuarzo opaco de forma subangulosa e inclusiones
oscuras pequeñas.
No Restringidas
Evidencias de manufactura.
Restringidas.
-Ollas. Todo indica el uso de rodetes o lulos para la elaboración de las paredes del cuerpo
y el cuello. Estas secciones se habrían formado a partir de una base elaborada ya sea a
partir de ahuecamiento, de un disco modelado o bien de lulos. Estos lulos habrían sido
elaborados a partir de masas de pasta bien amasada, a juzgar por la baja presencia de
fracturas resultado de la presencia de aire en la mezcla.
60
La aplicación de la técnica por rodetes o lulos como técnica principal de manufactura
queda evidenciada en el tipo de fractura predominante manifestada en los sitios
analizados, la que es de tipo irregular. (Rye 1981).
Los cuellos se habrían elaborado por separado, tal como queda atestiguada la unión de
cerámica evidenciada en la zona del cuello de las vasijas.
Las superficie de las vasijas registran escasas estrías o huellas de cepillado o escobillado,
por lo cual se interpreta la aplicación de instrumentos sencillos de alisado, como la mano
o algún elemento orgánico suave.
En cuanto a las asas, estas habrían sido elaboradas por separado e insertadas en la arcilla
fresca. Por lo general la modalidad de inserción no puede ser observada debido a que la
zona de inserción fue posteriormente trabajada y emparejada.
-Perfil compuesto. La vasija registrada para esta forma presenta evidencias del uso de
modelado por ahuecamiento de los cuerpos y modelamiento sencillo de pequeñas
porciones de arcilla para los cuellos, adheridas entre si de manera poco prolija.
No Restringidas.
-Escudillas de perfil continuo. Tal como en el caso de las Restringidas se insinúa el uso de
rodetes o lulos, por lo menos desde el sector bajo del cuerpo hasta el borde mismo. La
elaboración de la base y parte del cuerpo pudo haber sido desarrollada con el apoyo de una
superficie cóncava que pudo haber actuado como molde.
Huellas de Uso.
61
Restringidas.
-Jarro de Perfil Compuesto. La única vasija de este tipo registrada hasta el momento de
forma no presenta huellas de uso.
No restringidas.
-Escudillas de perfil continuo. Este tipo de vasijas presentan escasas huellas de uso,
correspondientes básicamente a craquelamiento y erosión en la superficie exterior de la
base y pulido y oscurecimiento de bordes y labios. Las huellas de ahumado son escasas y
el hollín esta ausente
Función Inferida.
Restringida
62
altura, para que gran parte de su superficie se vea expuesta al fuego y al calor. Del mismo
modo, la presencia de un cuello angosto permite asegurar no derramar su contenido y la
presencia de asas indica la posibilidad de ser colgada o bien de ser asida con las manos en
su sector menos cercano al fuego y, por ende, menos expuesto al calor.
La presencia de significativas huellas de exposición al fuego, que van desde ahumados
ligeros a capas de hollín, en la base y el cuerpo bajo de estas vasijas confirmaría su
prolongada exposición al fuego. Los desprendimientos y craquelamientos presentes en su
base estarían relacionado con la misma situación.
Por otro lado, la presencia de una pasta con antiplásticos de distribución regular pero
tamaño diverso, que incluye cuarzo de tamaño significativo, podría estar relacionado con
la búsqueda de elaborar una vasija de pasta homogénea (sin bolsas de aire por buen
amasado) que propicie la conducción del calor desde el exterior de la pieza hacia el
interior, para de este modo lograr una mejor y mas rápida cocción de los alimentos, tal
como ha sido planteado (Falabella et al. 1994) con respecto al tipo Aconcagua Pardo
Alisado.
No Restringidas.
63
La escasez de huellas de exposición al fuego confirmaría esta situación sus características
indicarían que estas evidencias responderían a eventos de exposición al fuego esporádicos
y de corta duración.
La revisión de pastas, que permite observar antiplásticos de distribución y tamaño fino y
mediano homogéneo, confirmarían esta situación ya que una selección mas fina de sus
componentes desgrasantes podría estar relacionado con la búsqueda de favorecer la
resistencia mecánica de estas vasijas, con el fin de asegurar su sobrevivencia a los golpes y
caídas. Esto indicaría que estaban destinadas a labores en que eran frecuentemente
utilizadas y que estaban en permanente movimiento, tal como podría suceder si eran
utilizadas para el consumo y recalentamiento de alimentos. (Falabella et al. 1994).
Con respecto a las diferencias de tamaño registradas en estas piezas, estas podrían estar
relacionadas con el tipo de alimentos a ser consumidos o el número de personas que las
utilizan.
64
Cabe señalar que en este tipo han sido incluidos aquellos fragmentos que exhibiendo un
tratamiento pulido por el exterior, presentan su superficie interior erosionada en un grado tan
significativo que es imposible establecer el tratamiento de superficie que presentaba
originalmente
Frecuencia.
Este grupo también presenta frecuencias significativas, pero fundamentalmente a nivel de
muestras fragmentarias de sitios habitacionales. En las colecciones de piezas completas de sitios
funerarios esta prácticamente ausente. En el sitio Casa Blanca 10 representa el 19% del material
alfarero clasificado como perteneciente al Intermedio Tardío, en el Casa Blanca 30 representa el
24% y en el sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tártaro” equivale al 4,2 %, estando representado
por solo 1 pieza. En la colección perteneciente al sitio San José de Piguchén no se registran
piezas de este tipo.
Tratamiento de Superficie.
En estas piezas la superficie exterior presenta un pulido bien logrado, aunque no se registra piezas
bruñidas, tal como las evidenciadas en contextos PAT de Chile Central. Este pulimento no es
homogéneo en toda la pieza. Las bases y los sectores de unión entre cuello y cuerpo o de
inserción de asa presentan un acabado solo alisado.
La superficie interna, en general, se presenta alisada, con diferentes grados de prolijidad. La
excepción a esta situación, la constituye la superficie interna de los bordes, los cuales en algunas
ocasiones se presentan pulidos. Esta situación puede ser resultado de un decisión intencional, al
momento de manufacturar la pieza, o bien de acciones no intencionales repetidas numerosamente,
como sería tomar o beber directamente del labio de la vasija.
Tonalidades de superficie.
En la superficie de las vasijas de este grupo, las tonalidades no son homogéneas, sino que varían
de acuerdo al sector de las vasijas o como resultado de las características de su manufactura o
contexto de uso. Dentro de las tonalidades más frecuentes se encuentra el café claro, el
anaranjado y el gris.
Formas Completas
65
En cuanto a las formas completas, las colecciones funerarias y las muestras fragmentarias
habitacionales indican la presencia de formas restringidas y no restringidas.
Restringidas:
No Restringida:
66
La clasificación de Shepard (1964) las consideraría vasijas no restringidas de contorno
simple.
Cocción.
Tanto entre las piezas restringidas como las no restringidas predomina la cocción oxidante
incompleta, expresada en fracturas de tonalidades homogéneas con núcleos más oscuros que el
resto de la fractura. La cocción oxidante completa es escasa y se da principalmente en los
fragmentos de tonalidades naranja.
Pasta.
A nivel de pastas se aprecian diferencias al considerar fragmentos pertenecientes a formas
restringidas y no restringidas, confirmando su contexto de uso diferencial.
Restringidas:
-Jarro. En las piezas observadas de este tipo se detecta una pasta con una compactación
bien lograda y en donde se insertan antiplásticos de tamaño diverso, distribuidos en la
fractura de manera no homogenea. Entre estos, los más abundantes son los fragmentos de
cuarzo opaco y oscuro angulosos y subangulosos, los cuales presentan en su mayoría
tamaños pequeños y medianos, con presencia ocasional de tamaños mayores. Junto al
cuarzo se presentan en forma abundante inclusiones oscuras de tamaño pequeño y
mediano y forma redondeada. En forma más escasa se presentan rocas redondeadas de
color de tamaño grande y mediano y partículas de carbonatos en forma ocasional. (Patrón
PIT-CB1-C).
No Restringida:
67
distinto tamaño, junto al cual se registran abundantes inclusiones oscuras redondeadas de
tamaño pequeño y mediano. En ocasiones se hace presente en forma significativa el
carbonato y las rocas de colores redondeadas de tamaños medianos y grandes (Patrones
PIT-CB1-C, PIT-CB1-D y PIT-CB1-E).
Evidencias de manufactura.
Todo indica el uso de rodetes o lulos para la elaboración de las paredes del cuerpo y el cuello.
Estas secciones se habrían formado a partir de una base elaborada ya sea a partir de
ahuecamiento, de un disco modelado o bien de lulos.
La aplicación de la técnica por rodetes o lulos como técnica principal de manufactura queda
evidenciada en el tipo de fractura predominante manifestada en los sitios analizados, la que es de
tipo irregular (Rye 1981).
En el caso de las vasijas No Restringidas, los cuellos se habrían elaborado por separado, tal como
queda atestiguada la unión de cerámica evidenciada en la zona del cuello de las vasijas. En cuanto
a las asas, estas habrían sido elaboradas por separado e insertadas en la arcilla fresca.
Huellas de Uso.
Las huellas son escasas y se reducen a huellas de exposición al fuego en la base y la parte inferior
del cuerpo (ahumado), a craquelamientos y desprendimientos en la base y a evidencias de uso y
manipulación en el borde y labio.
Las dos primeras son claramente el resultado de la exposición al fuego, auque a una escala
claramente menos significativa que la detectada entre las tipo olla.
La última corresponde a un oscurecimiento y pulimiento correspondiente a la permanente
manipulación de este sector de la vasija y su exposición a los labios humanos.
Función Inferida.
68
La pasta de estas piezas presentan un importante grado de compactación, pero un tamaño
de antiplásticos diverso, lo cual podría señalar que aunque se buscaba otorgarle a la pieza
resistencia mecánica para prevenir los quiebres, estas piezas presentan una composición
de pudo beneficiar la conducción del calor entre sus superficies lo que podría indicar su
uso en el procesamiento de alimentos, o al menos en su recalentamiento (Falabella et al.
1994).
No Restringidas: Tal como veíamos para las vasijas similares registradas para el TPA,
estas piezas estarían orientadas al consumo de alimentos sólidos y probablemente a su
recalentamiento. La amplia boca y baja altura permite acceder individual o colectivamente
a sus contenidos, los cuales en la mayoría de los casos deben haber sido sólidos o al
menos espesos, ya que es más difícil que estos se derramen.
La escasez de huellas de exposición al fuego confirmaría esta situación sus características
indicarían que estas evidencias responderían a eventos de exposición al fuego esporádicos
y de corta duración.
La revisión de pastas, que permite observar una pasta compacta (sin fracturas) y
antiplásticos de distribución y tamaño fino y mediano homogéneo, confirmarían esta
situación ya que una selección mas fina de sus componentes desgrasantes podría estar
relacionado con la búsqueda de favorecer la resistencia mecánica de estas vasijas, con el
fin de asegurar su sobrevivencia a los golpes y caídas. Esto indicaría que estaban
destinadas a labores en que eran frecuentemente utilizadas y que estaban en permanente
movimiento, tal como podría suceder si eran utilizadas para el consumo y recalentamiento
de alimentos. (Falabella et al. 1994).
Con respecto a las diferencias de tamaño registradas en estas piezas, estas podrían estar
relacionadas con el tipo de alimentos a ser consumidos o el número de personas que las
utilizan.
69
mezclando arcilla, partículas minerales de color rojizo (oxido de hierro u otro), agua y
posiblemente algún aglutinante o adhesivo natural como resina vegetal.
La calidad del acabado también es desigual, ya que se puede presentar desde un pulido de
alta calidad y brillantez hasta una cobertura alisada y opaca, respondiendo en la mayoría de los
casos a la acción diferencial de los procesos erosivos post-depositacionales, a las acciones
implementadas en las etapas de manufactura de las piezas (temperatura y tiempo de cocción,
preparación de la mezcla para el engobe, etc.) y las huellas de uso.
Con respecto a estas últimas, una cantidad significativa de piezas completas y fragmentos
presentan sectores de color violáceo y grisáceo, correspondiente a sectores expuestos al fuego
directamente.
Frecuencia.
Este grupo presenta frecuencias significativas tanto en los sitios habitacionales como en la
colección procedente del sitio Casa Blanca 1-”Ancuviña El Tartaro”. Es así como en el sitio Casa
Blanca 10 representa el 17% de la cerámica asignada a la ocupación del período Intermedio
Tardío, en el sitio Casa Blanca 30 el 19,8% y entre las piezas completas del sitio Casa Blanca 1-
“Ancuviña El Tartaro” engloba un significativo 37,5%. En la colección perteneciente al sitio San
José de Piguchén se registran 2 piezas pertenecientes a este tipo.
Tratamiento de Superficie.
70
El tratamiento de superficie corresponde a la aplicación de un engobe o baño de color rojo, el cual
puede presentarse pulido en forma optima, pulido desprolijo y, mas escasamente, solo alisado. El
grosor de este engobe es variable, aunque por lo general no supera el milímetro.
Tonalidades de superficie.
El engobe rojo muestra variabilidad en su tonalidad, presentándose en un rango que va desde el
rojo brillante hasta el rojo violáceo o café. Las superficies no pulidas presentan en su mayoría
tonalidades cercanas al naranjo y, en algunos casos, el café rojizo.
Formas Completas
En cuanto a las formas completas, las colecciones funerarias y las muestras fragmentarias
habitacionales indican la presencia de formas de tipo restringido y no restringido.
Restringidas: En cuanto a este tipo de vasijas, se registran formas tipo Jarro, Cuenco
Subglobular y Vaso Cilíndrico.
71
cuerpo y presenta un rango entre los 153 y los 180 mm., mientras que la altura total varía
entre los 153 y los 210 mm. El espesor de paredes es variable, ya que en la base puede
alcanzar hasta los 7 u 8 mm., mientras que en el borde no supera los 5 mm. (ver fotografía
23).
En el mismo sitio se recuperó una pieza de tamaño mucho menor, aunque de similar
morfología, tipo pieza “miniatura”. Esta presenta un diámetro máximo de 112 mm., una
altura total de 111 mm. y espesores de pared que van entre 6 en la base y 3 en el labio.
Para Shepard (1964) esta vasija sería Restringida de contorno compuesto.
72
Para Shepard (1964) estas son vasijas no restringidas de contorno simple.
Cocción.
En todos los tipos de vasijas predomina la cocción oxidante incompleta, expresada en fracturas de
tonalidades homogéneas con núcleos más oscuros que el resto de la fractura. La cocción oxidante
completa es escasa y se da principalmente en los fragmentos de tonalidades naranja.
Pasta.
Con respecto a la pasta se han apreciado ciertas diferencias entre formas restringidas y no
restringidas.
73
redondeadas pequeñas. Tanto el cuarzo como las inclusiones oscuras se distribuyen de
forma homogénea en las fracturas frescas observadas (patrón de pastas PIT-CB1-B).
Evidencias de manufactura.
Restringidas.
-Jarro. Todo indica el uso de rodetes o lulos para la elaboración de las paredes del cuerpo
y el cuello. Estas secciones se habrían formado a partir de una base elaborada ya sea a
partir de ahuecamiento, de un disco modelado o bien de lulos. Estos lulos habrían sido
elaborados a partir de conglomerados de pasta inicial bien amasada, a juzgar por la baja
presencia de fracturas resultado de la presencia de aire en la mezcla.
La aplicación de la técnica por rodetes o lulos como técnica principal de manufactura
queda evidenciada en el tipo de fractura predominante manifestada en los sitios
analizados, la que es de tipo irregular (Rye 1981).
Los cuellos se habrían elaborado por separado, tal como queda atestiguada la unión de
cerámica evidenciada en la zona del cuello de las vasijas.
El engobe pulido homogéneamente que presentan gran parte de las piezas completas y
fragmentadas señala el uso de objetos sólidos y pulidos para lograr la primera etapa de
pulido y posteriormente la aplicación de materiales flexibles para homogeneizar este
pulido inicial. De esta forma las facetas del pulido inicial prácticamente nos se registran o
son difíciles de observar.
En cuanto a las asas, estas habrían sido elaboradas por separado e insertadas en la arcilla
fresca.
74
No Restringidas.
-Escudilla de perfil contínuo. Tal como en el caso de las Restringidas se insinúa el uso de
rodetes o lulos, por lo menos desde el sector bajo del cuerpo hasta el borde mismo. La
elaboración de la base y parte del cuerpo pudo haber sido desarrollada con el apoyo de una
superficie cóncava que pudo haber actuado como molde o por la técnica del ahuecado.
Huellas de Uso.
Restringidas.
-Jarros. Aunque presentan algunas huellas de exposición al fuego, las vasijas y fragmentos
no denotan que hayan sido usadas intensamente en labores de procesamientos de
alimentos, ya que las huellas de este tipo son escasas.
Las huellas mas importantes están relacionadas con su manipulación y uso para contener
líquidos, lo cual se traduce en el oscurecimiento de zonas de bordes y labios y en las asas.
A pesar de su bajo grado de exposición al fuego, la base presenta algunos
desprendimientos dispersos del engobe y la exposición de antiplásticos. Este tipo de
huellas podrían ser resultado de su situación de depósito en la matriz sedimentaria, mas
que de su exposición al fuego.
No restringidas.
-Escudilla de perfil contínuo. Este tipo de vasijas presentan escasas huellas de uso,
correspondientes básicamente a craquelamiento y erosión en la superficie exterior de la
base y pulido y oscurecimiento de bordes y labios por manipulación y uso para beber. Las
huellas de ahumado son escasas y el hollín esta prácticamente ausente.
Función Inferida.
Restringida
75
-Jarro: Los jarros están destinados primeramente a servir de contenedores de agua y
alimentos líquidos, tanto en una posición fija como para su transporte. En ellos también se
pudieron haber desarrollado labores de recalentamiento de estos alimentos, aunque esta
actividad no involucró su permanencia continua en las cercanías del fuego.
La presencia de un cuello angosto permite asegurar no derramar su contenido y la
presencia de un asa indica la posibilidad de ser asida con las manos. De hecho la presencia
de una sola asa indica el uso de esta para levantar la vasija y dándola vuelta, verter su
contenido liquido.
La pasta homogénea y el tamaño de antiplásticos fino y mediano que presentan estas
vasijas confirmaría su uso cotidiano y permanente traslado y manipulación, ya que el
trabajo alfarero privilegio la resistencia mecánica.
No Restringidas.
76
a que se exponen por ser piezas frecuentemente utilizadas y en permanente movimiento
(Falabella et al. 1994), pero utilizando una mezcla diferencial de materias primas, al
menos a nivel de antiplásticos. La explicación de este hecho, hasta el momento, no ha sido
establecida.
En este tipo se han incluido las piezas completas y fragmentadas que presentan en una o
en ambas superficies una decoración pintada consistente en la aplicación de pintura roja sobre un
engobe o pintura blanco. Estas decoraciones corresponden en todos los casos discernibles a líneas
rectas convergentes que forman ángulos inscritos. En las piezas no restringidas el extremo abierto
de estos ángulos esta orientado hacia el borde de las vasijas, y en las restringidas el extremo
abierto se orienta alternativamente hacia arriba y hacia abajo. Estos motivos se repiten en
traslación a lo largo de la superficie de la vasija, generando en el sector no decorado una figura
estrellada con un número variable de puntas.
77
El pulido y el engobe rojo en estas últimas piezas presentan por lo general un fino
acabado, no evidenciando en su mayoría las facetas de la aplicación de piedras de pulir. Esto
indica un trabajo posterior de homogeneización del pulido con materiales flexibles.
Al observar las superficies sin decoración o engobe es posible advertir que las tonalidades
originales son variables, presentándose colores como café rojizo, algunos anaranjado e incluso
algunos grises.
Frecuencia.
Aunque este grupo se halla representado en todos los sitios asignados al período Intermedio
Tardío, sus frecuencias son escasas, tanto en los sitios habitacionales como en la colección
procedente del sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”. Es así como en el sitio Casa Blanca 10
representa el 3% de la cerámica asignada a la ocupación Intermedio Tardío, en el Casa Blanca 30
el 1% y entre las piezas completas del sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” equivale al
12,5%
Tratamiento de Superficie
El tratamiento de superficie corresponde a la aplicación de un engobe o baño de color blanco, el
cual puede presentarse pulido en forma optima, pulido desprolijo y, mas escasamente, solo
alisado. El espesor de este engobe es por lo general delgado, presentándose en muchas casos
deslavado, siendo posible observar la superficie original. Es muy factible también que la
elaboración y las materias primas usadas para elaborar este engobe blanco determinen una mayor
sensibilidad ante su exposición ya sea a los alimentos a los que la pieza estaba destinada a
contener o los elementos a que se ha visto expuesta después de su paso a contextos arqueológicos.
El engobe rojo presente en algunas piezas por el exterior, presenta las mismas características que
se han detallado para el Tipo Putaendo Rojo Engobado, siendo por lo general mucho mas grueso
y con un grado de conservación mas elevado.
78
Tonalidades de superficie.
El engobe blanco presentan ciertas diferencias de pieza en pieza, registrándose tonalidades tales
como blanco, crema, amarillento y crema-rojizo. La observación de las fracturas frescas y las
superficies expuestas por el deslavado del engobe blanco permiten apreciar un color original café
rojizo y anaranjado.
Formas Completas
En cuanto a las formas completas, las colecciones funerarias y las muestras fragmentarias
habitacionales indican la presencia de formas de tipo restringido y no restringido.
Restringidas: En cuanto a este tipo de vasijas, se registran solo formas tipo Jarro.
79
Gracias al registro en el sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” de tres piezas
completas de este tipo es posible entregar ciertas precisiones sobre el tamaño de estas
piezas. En estas piezas el diámetro es bastante homogéneo, registrándose un rango entre
los 207 y los 235 mm.. Algo similar sucede con respecto a su altura, situándose el rango
entre los 75 y los 92 mm (ver fotografías 29, 30 y 31).
El espesor de las vasijas es variable, variando entre 7 u 8 mm. en la base y la parte inferior
del cuerpo, 5 o 6 mm. en el cuerpo y los 2 mm. en el labio.
No presentan asas.
Para Shepard estas piezas corresponden a vasijas no restringidas de contorno simple
(1964).
Cocción.
En todos los tipos de vasijas predomina la cocción oxidante incompleta, expresada en fracturas de
tonalidades homogéneas con núcleos mas oscuros que el resto de la fractura. La cocción oxidante
completa es escasa y se da principalmente en los fragmentos de tonalidades naranja.
Pasta.
La pasta registrada para los fragmentos pertenecientes a este tipo presenta fuertes similitudes para
las descritas para las formas no restringidas del Tipo Putaendo Rojo Engobado (TPRE),
señalando una preparación de las materias primas y el desarrollo de técnicas de elaboración muy
parecidas para ambas categorías.
La pasta no se presenta bien compacta, presentando fracturas y bolsas de aire, posiblemente
resultado de un amasado deficiente. Por su parte, los antiplásticos se distribuyen en las fracturas
de manera no homogénea y su tamaño es diverso. Predomina como árido el cuarzo opaco
anguloso, el cual se presenta solo (Patrón PIT-CB1-F) o aparece acompañado de rocas angulosas
grandes de apariencia granítica (Patrón PIT-CB1-G).
Evidencias de manufactura.
Restringidas.
80
-Jarro. Todo indica el uso de rodetes o lulos para la elaboración de las paredes del cuerpo
y el cuello. Estas secciones se habrían formado a partir de una base elaborada ya sea a
partir de ahuecamiento, de un disco modelado o bien de lulos. Estos lulos habrían sido
elaborados a partir de masas de pasta bien amasada, a juzgar por la baja presencia de
fracturas resultado de la presencia de aire en la mezcla.
La aplicación de la técnica por rodetes o lulos como técnica principal de manufactura
queda evidenciada en el tipo de fractura predominante manifestada en los sitios
analizados, la que es de tipo irregular (Rye 1981).
Los cuellos se habrían elaborado por separado, tal como queda atestiguada la unión de
cerámica evidenciada en la zona del cuello de las vasijas.
El engobe pulido homogéneamente que presentan gran parte de las piezas completas y
fragmentadas señala el uso de objetos sólidos y pulidos para lograr la primera etapa de
pulido y posteriormente la aplicación de materiales flexibles para homogeneizar este
pulido inicial. De esta forma las facetas del pulido inicial prácticamente no se registran o
son difíciles de observar.
No Restringidas.
-Escudilla de perfil contínuo. Tal como en el caso de las Restringidas se insinúa el uso de
rodetes o lulos, por lo menos desde el sector bajo del cuerpo hasta el borde mismo. La
elaboración de la base y parte del cuerpo pudo haber sido desarrollada con el apoyo de una
superficie cóncava que pudo haber actuado como molde o por la técnica del ahuecado.
Huellas de Uso.
Restringidas.
-Jarros. Aunque presentan algunas huellas de exposición al fuego, las vasijas y fragmentos
no denotan que hayan sido usadas intensamente en labores de procesamientos de
alimentos, ya que las huellas de este tipo son escasas.
Las huellas mas importantes están relacionadas con su manipulación y uso para contener
líquidos, lo cual se traduce en el oscurecimiento de zonas de bordes y labios y en las asas.
81
A pesar de su bajó grado de exposición al fuego, la base presenta algunos
desprendimientos dispersos del engobe y la exposición de antiplásticos. Este tipo de
huellas podrían ser resultado de su situación de depósito en la matriz sedimentaria, mas
que de su exposición al fuego.
No restringidas.
-Escudilla de perfil contínuo. Este tipo de vasijas presentan escasas huellas de uso,
correspondientes básicamente a craquelamiento y erosión en la superficie exterior de la
base y pulido y oscurecimiento de bordes y labios por manipulación y uso para beber. Las
huellas de ahumado son escasas y el hollín esta prácticamente ausente.
Función Inferida.
Restringida
No Restringidas.
82
derramen. Alimentos líquidos también pudieron haer sido consumidos en estas formas,
pero la forma de la pieza complica, por lo menos, su traslado.
La escasez de huellas de exposición al fuego confirmaría esta situación e indicaría que
aquellas huellas presentas responderían a eventos de exposición al fuego esporádicos y de
corta duración destinadas al recalentamiento de los alimentos.
La revisión de pastas, que permite observar antiplásticos de distribución y tamaño fino y
mediano homogéneo, también confirman los contextos de uso que se proponen para estas
vasijas. Una selección regular de los tamaños de sus componentes desgrasantes y la
adición en forma exclusiva de un tipo de estos (rocas de apariencia granítica) podría estar
relacionado con la búsqueda de favorecer la resistencia mecánica de estas vasijas, con el
fin de asegurar su sobrevivencia a los golpes y caídas, indicando que estaban destinadas a
labores en que eran frecuentemente utilizadas y que estaban en permanente movimiento,
tal como podría suceder si eran utilizadas para el consumo y recalentamiento de alimentos.
(Falabella et al. 1994).
En tipo esta constituido por escasas piezas completas y fragmentadas registradas en los
sitios del período Intremdio Tardío estudiados en el valle de Putaendo. Estas piezas presentan
rasgos formales y decorativos que las asemejan a las conocidas para la Cultura Diaguita. Es así
como corresponden a piezas no restringidas de base cóncava y paredes rectas y decoración
policroma en bandas ubicadas por el exterior de las vasijas. No obstante lo anterior, el análisis
minucioso de los mismos aspectos morfológicos y decorativos que las acercan estilísticamente a
la cerámica Diaguita, sumados a la revisión de aquellos propios de su manufactura, permiten
establecer que serían piezas producidas localmente que no pueden ser consideradas como parte
del conjunto alfarero de los grupos del Norte Chico (Gonzalez 2000a, Gonzalez 2000b, Sánchez
et al. 2000).
Los distintos argumentos que permiten realizar estas aseveraciones serán desarrollados en
cada una de las siguientes secciones destinadas a describir en detalle las piezas pertenecientes a
este tipo cerámico.
83
Frecuencia.
A excepción del sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”, en donde presenta una frecuencia de
8,3% (2 piezas completas) no ha sido posible establecer frecuencias debido a que su registro en
sitios habitacionales se ha reducido a hallazgos superficiales, no habiendo sido registrado hasta el
momento en estratigrafía. Todo ello señala que se trata de un tipo con escasa representación, pero
que poseería una carga simbólica importante.
Tratamiento de Superficie
Las piezas presentan por el exterior un engobe rojo que es solo apreciable en la base debido a que
sobre la pared recta se aplico una banda blanca que rodea toda la pieza y que presenta motivos
complejos en negro y rojo que se presentan en traslación horizontal.
En general se aprecia el logro de engobes y pinturas de buena calidad y que han resistido bien la
exposición a las matrices de las cuales se recuperaron.
El engobe rojo presenta un grosor promedio de 0,5 mm, siendo muy similar al detectado en otros
tipos del conjunto alfarero (Tipos Putaendo Rojo Engobado y Putaendo Rojo sobre Blanco), y
evidencia del instrumento sólido (posiblemente piedra pulida, llamada “ágata” localmente) con
que se trato de homogeneizar la superficie después de ser aplicado.
La base blanca de la banda decorativa indica un grosor similar al del rojo, apareciendo mas
compacto y homogéneo que el registrado en el Tipo Putaendo Rojo sobre Blanco.
Los motivos aplicados en negro y rojo sobre esta base pintada en blanco son de tipo geométrico,
presentando en un caso el motivo del “laberinto” y en otro la greca escalerada.
Estos motivos presentan diferencias con los conocidos para el conjunto alfarero Diaguita, debido
en primer lugar a la casi completa ausencia del motivo laberinto en el Semiárido (Gonzalez
2000a, Gonzalez 2000b, Sánchez et al. 2000) y al registro de trazos mas gruesos y menos
prolijos.
Por el interior la superficie se presenta pulida y con el color original de la pasta cocida,
correspondiente a café rojizo, siendo evidentes las huellas del instrumento sólido con que se
desarrolló el pulimiento.
El hecho de que la superficie interior se presente solo pulida también es un elemento que se
diferencia del conjunto alfarero Diaguita, ya que en estas piezas la superficie interior siempre se
presenta rojo o blanca engobada.
84
Tonalidades de superficie.
El Engobe rojo que cubre las superficies exteriores presenta una tonalidad oscurecida, lo que
podría ser resultado de la cocción de la pieza o de su exposición al fuego y el consiguiente humo
y hollín.
La pintura blanca se presenta con una tonalidad bastante limpia, aunque con sectores ahumados y
el negro se ha decolorado parcialmente, adquiriendo tonalidades de color café claro y gris.
La superficie interior de las vasijas, las cuales han permanecido sin intervención luego de su
pulido, presentan tonalidades café claro, correspondiendo al color que ha adquirido la mezcla
inicial de arcilla e inclusiones tras la cocción.
Formas Completas
Tanto las formas completas recuperadas en los contextos funerarios del sitio Casa Blanca 1-
“Ancuviña El Tartaro” como los escasos fragmentos recuperados en sitios habitacionales señalan
su pertenencia a piezas no restringidas.
Estas corresponden a escudillas de perfil discontinuo, en donde la base cóncava toma contacto
con una pared recta por medio de un punto de quiebre. La pared recta termina en un bode que se
inclina ligeramente hacia adentro (invertido), el cual presenta un labio redondeado. Toda la
superficie externa de sus paredes rectas se presentan cubiertas con bandas decorativas.
Las piezas recuperadas en Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” han entregado los siguientes
antecedentes con respecto a su tamaño.
Estas piezas presentan su mayor diámetro en la boca de las vasijas presentando un rango entre
135 y 155 mm. y con respecto a la altura total del cuerpo, esta alcanza entre 100 y 104 mm (ver
fotografias 32 y 33).
El espesor de paredes es bastante homogéneo ubicándose en un rango situado entre 6. y 8 mm.
Para Shepard estas piezas corresponden a vasijas no restringidas de contorno compuesto (1964).
Algunos de los elementos señalados permiten asimilar estas piezas con formas presentes en los
contextos Diaguita del Norte Chico, tal como la forma general con una base cóncava y una pared
recta, esta última terminada en un labio redondeado.
85
Pero, al mismo tiempo, elementos específicos de esta forma general permiten establecer una
distancia con las piezas de los grupos del Norte Chico. Estas corresponden a un diámetro inferior
al que presentan en promedio las piezas Diaguita y una altura de sus paredes que supera al
tradicional que se registran en el conjunto alfarero Diaguita.
Cocción.
En los escasos fragmentos donde ha sido posible observar fracturas ha sido posible establecer la
dominancia de la cocción oxidante incompleta, expresada en fracturas de tonalidades homogéneas
con núcleos mas oscuros que el resto de la fractura. La cocción oxidante completa es escasa.
Pasta.
La revisión de fracturas frescas en algunos fragmentos ha señalado que comparten una
parte importante de las características de pastas que registran las piezas no restringidas de los
tipos TPRE y TPRS, diferenciándose de las pastas reconocidas para las piezas decoradas del
universo cerámico Diaguita.
Es así como se presentan pastas de apariencia compacta, con antiplásticos
mayoritariamente de tipo cuarzo anguloso y subanguloso opaco, junto a algunas otras inclusiones
muy escasas. La distribución de estos áridos es homogénea y el tamaño tiende a ser homogéneo,
concentrándose en el rango fino y mediano. La tonalidad de base de la mezcla arcillosa tiende a
ser anaranjada, en las zonas donde se completó la cocción.
En los contextos Diaguita del valle del Choapa (Pavlovic 2003b) los antiplásticos
presentan tamaños mas desiguales, siendo abundantes aquellos con medidas superiores a 0,5
mm., los cuales son escasos en los tipos señalados. Por su parte, las pastas presentan en ocasiones
una apariencia no compacta, con la presencia de fracturas. En los contextos Diaguita las zonas de
cocción completa en las fractura presentan tonalidades café y en general la cocción es mas
deficiente, presentando núcleos oscuros de mayor magnitud.
Evidencias de manufactura.
Aunque los fragmentos que permitan avanzar en es sentido son escasos, se insinúa el uso
de rodetes o lulos, por lo menos desde el sector bajo del cuerpo hasta el borde mismo. La
86
elaboración de la base y parte del cuerpo pudo haber sido desarrollada con el apoyo de una
superficie cóncava que pudo haber actuado como molde o por la técnica del ahuecado.
Con respecto a acabados de superficie, la superficie interior presenta facetas horizontales,
posibles de atribuir al pulimento con objeto sólido (piedra pulida o “ágata”).
Huellas de Uso.
Tanto las vasijas completas como los fragmentos presentan escasas huellas de uso. Estas
corresponden en los fragmentos cerámicos a adelgazamiento y perdida de pintura blanca y en las
piezas completas a craquelamiento y erosión en la superficie exterior de la base (punto de apoyo
de la vasija), oscurecimiento y presencia de hollín adherido en la superficie de una de estas y un
incipiente pulido y oscurecimiento de bordes y labios, probablemente por manipulación y uso
para beber.
Función Inferida.
Corresponden a Escudillas de perfil discontinuo de tamaño pequeño. En forma funcional
primaria, estas vasijas estarían orientadas al consumo de alimentos sólidos y probablemente a su
recalentamiento. La amplia boca y baja altura permite acceder individual o colectivamente a sus
contenidos, los cuales en la mayoría de los casos deben haber sido sólidos o al menos espesos, ya
que es mas difícil que estos se derramen. Alimentos líquidos también pudieron haber sido
consumidos en estas formas, pero la forma de la pieza complica, por lo menos, su traslado.
La escasez de huellas de exposición al fuego confirmaría esta situación e indicaría que estas
responderían a eventos de exposición al fuego de tipo esporádico y de corta duración destinadas
al recalentamiento de los alimentos.
La revisión de pastas, que permite observar antiplásticos de distribución y tamaño fino y mediano
homogéneo, también confirman los contextos de uso que se proponen para estas vasijas. Una
selección regular de los tamaños de sus componentes desgrasantes y la adición en forma
exclusiva de un tipo de estos (rocas de apariencia granítica) podría estar relacionado con la
búsqueda de favorecer la resistencia mecánica de estas vasijas, con el fin de asegurar su
sobrevivencia a los golpes y caídas, indicando que estaban destinadas a labores en que eran
frecuentemente utilizadas y que estaban en permanente movimiento, tal como podría suceder si
eran utilizadas para el consumo y recalentamiento de alimentos. (Falabella et al. 1994).
87
Fuera de lo anterior también es posible que estas piezas hayan sido utilizadas en otro tipo de
actividades fuera del ámbito doméstico y que incluso las huellas de uso podrían ser resultado de
estas actividades. Su escasez en los contextos estudiados, su registro en los contextos funerarios y
su similitud a piezas propias de otros grupos cultural podría señalar su consideración como piezas
de especial relevancia en actividades sociales y rituales.
El conjunto alfarero del período Intermedio Tardío en Putaendo se ve completado por la presencia
de dos grupos cerámicos, compuestos por fragmentos con ciertas características, las cuales
impiden asignarlos a los tipos ya definidos o establecer a partir de su agrupamiento otros tipos
cerñamicos.
Al respecto, tenemos por un lado aquellos que pueden ser considerados como parte del Grupo
Putaendo Erosionado y, por otro, los que pueden incluirse en el Grupo Putaendo Alisado/Pulido.
Entre los primeros se consideran los fragmentos que presentan sus superficies exteriores o bien
ambas erosionadas de forma tan significativa que es imposible establecer el acabado de superficie
que presentaba inicialmente. Preliminarente, al interior de este grupo se han identificado una
variedad a”” (erosionado exterior e interior), una “b” (erosionado exterior / alisado interior) y otra
“c” (erosionado exterior/ pulido interior).
Con respecto al Grupo Putaendo Alisado/Pulido, en este se incluyen escasos fragmentos
registrados en los contextos habitacionales y los cuales señalalarían la presencia de vasijas con un
tratamiento interior de mejor acabado que el que exhibe la superficie interior. La escasez de estas
piezas y la posibilidad de que su acabdo pulido sea resultado de sus contextos de uso (generación
de un incipiente pulido y oscurecimiento de bordes y labios, probablemente por manipulación y
uso para beber) mas que de una intencionalidad del artesano, podría indicar que, originalmente,
los fragmentos pertenecieron a vasijas que pueden ser consideradas en los tipos cerámicos ya
descritos con anterioridad.
Conjunto Lítico
88
Cabe señalar que gran parte de las evidencias han sido recuperadas en los contextos
domésticos, siendo escasa las piezas obtenidas de los rasgos mortuorios investigados. Estos
últimos están constituidos en forma fundamental por instrumentos formatizados completos o
fragmentados.
En los sitios estudiados la industria lítica presenta un bajo grado de formatización, aunque
se registra una interesante asociación entre tipos de materias primas y categorías
morfofuncionales.
Gran parte de los materiales líticos corresponden a derivados de núcleo, la mayoría sin
modificaciones intencionales. Estos equivalen en el sitio Casa Blanca 10 al 92% y en el Casa
Blanca 30 al 85% de las muestras totales.
Dentro de esta categoría se consideran las lascas y laminas de distinto tamaño, los
desechos de talla y las microlascas.
Una cantidad ínfima de estas lascas y láminas presentan evidencias claras de uso,
correspondiente a las huellas de astillamiento continuo y homogéneo en filos vivos. No obstante
lo anterior, muchas mas pudieron haber sido usadas pero las huellas solo podrían identificadas
con análisis microscópicos. Esto indicaría una baja intensidad en su uso, correspondiendo a
instrumentos de filos vivos, polifuncionales y de rápido descarte.
Estos Derivados de Núcleo fueron extraídos por percusión desde nódulos de materia
prima posibles de obtener en la caja del río u otros lugares cercanos. Estos correspondían a
guijarros redondeados o bolones de tipo basáltico o andesítico, materias primas de grano mediano
de tonalidades grises y violeta. Gran parte de los desechos de talla también corresponden a estas
materias locales, y por ende, serían desechos, tal como muchas lascas no utilizadas.
Pero no todos los Derivados de Núcleo fueron obtenidos de nódulos de materia prima
local, ya que una cantidad significativa de lascas pequeñas y microlascas (15% del total de
Derivados de Núcleo) representan materias primas de grano fino, tipo sílice (jaspe). Estas
proceden de lugares lejanos a los sitios, posiblemente de canteras emplazadas en la precordillera y
en la cordillera andina.
Estas presentan una gran diversidad de tonalidades, incluyendo el rojo, el anaranjado, el
blanco y otros y muchas de ellas serían a extracciones asociadas a la elaboración o reavivado de
instrumentos bifaciales.
En los sitios se han identificado una cantidad importante de núcleos desde los cuales se
obtuvieron los Derivados de Núcleo (14% en el sitio Casa Blanca 10), incluyendo núcleos
89
activos, agotados y fragmentos de estos. Cabe hacer notar que gran parte estos corresponden a las
materias primas locales, basalto y andesita, y por ende son guijarros redondeados trabajados. Esto
sumado a la presencia de una gran diversidad en los tamaños de derivados y desechos y una
cantidad significativa piezas con corteza, señala la presencia en los sitios de toda o gran parte de
la cadena operativa de estas materias primas.
Por el contrario, para las materias primas silíceas alóctonas, el registro de núcleos es
escaso y esta representado por fragmentos pequeños de núcleo.
Esto, sumado a la escasez de corteza en las piezas en materias primas silíceas, confirmaría
la procedencia foránea de estas materias primas y posiblemente un trabajo preparatorio en la
cantera de origen o, bien, en algún taller especializado. En estos sitios se habrían desarrollado las
primeras etapas del procesamiento lítico.
Con respecto a los instrumentos formatizados, estos pueden ser subdivididos en
instrumentos obtenidos por talla y aquellos relacionados con la molienda de vegetales, en donde
se ha utilizado la abrasión y el pulimento.
Entre los primeros destaca la presencia de algunos instrumentos de gran tamaño, cuyo filo
han sido obtenidos gracias a la extracción de lascas pequeñas y medianas y que fueron utilizados
para varias actividades. Entre estos se ubican los tajadores y cepillos, siempre elaborados en
materias primas locales.
El otro gran grupo de instrumentos formatizados por talla corresponde a los artefactos
bifaciales, de cuya elaboración y/o reavivado en el sitio dan cuenta las microlascas ya
mencionadas. Estos artefactos elaborados por percusión y presión corresponden cuchillos y
puntas de proyectil. Estos implementos fueron elaborados en materias primas de grano fino
alóctonas y evidencian una prolija preparación y una acabado por presión de gran fineza (ver
fotografía 34).
De los cuchillos, solo se han recuperado fragmentos, lo que no ha permitido establecer en
forma clara su morfología. En el caso de las puntas de proyectil, estas corresponden a puntas
pequeñas triangulares, de base escotada o cóncava y con una particularidad en los sectores
mediales y proximales, el cual corresponde a la insinuación de una ligera convexidad. Una de
estas puntas aparece asociado a un contexto mortuorio del sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El
Tartaro”.
Los instrumentos de molienda constituyen el otro grupo de instrumentos formatizados,
siendo registrados en cantidades significativas en la superficie de los sitios habitacionales
90
analizados, por lo general en las áreas donde se acumulan las rocas que son retiradas de los
campos de cultivo para desarrollar mas fácilmente las actividades agrícolas. En estratigrafía se
han registrado en los sitios habitacionales manos de moler y fragmentos de conanas de pequeño
tamaño, mientras que en los rasgos mortuorios de Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” se han
registrado manos de moler completas y conanas fracturadas.
Las manos de moler presentan una forma ovoidal y un sección biconvexa, con una
superficie con claro pulimento, mientras que las conanas presentan distintas dimensiones y
profundidades. La gran mayoría de estos implementos están elaborados en granito a partir de
guijarros medianos para las manos y grandes para las conanas, los cuales se pueden encontrar en
la misma superficie del sitio o en la caja fluvial cercana.
Otros implementos elaborados en roca como adornos, cuentas o colgantes prácticamente
no se han registrado, siendo el único caso un posible pendiente pequeño elaborado en piedra
talcosa de color verde registrado en asociación a uno de los contextos funerarios del sitio Casa
Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”.
Los Cementerios
Tal como ya se ha indicado, los antecedentes relacionados con las prácticas mortuorias
desarrolladas por los grupos del período Intermedio Tardío en el valle de Putaendo se reducen a
los escasos datos entregados por Fonck sobre el sitio de San José de Piguchén (1896) y aquellos
recopilados en el sitio Casa Blanca 1 “Ancuviña El Tártaro” (Sánchez et al. 1998; Pavlovic et al.
2004a; 2004b).
Tomando en consideración el hecho de que la información proveniente de San José de
Piguchén será tomada de forma relativa a consecuencia del registro incompleto de sus contextos
y su probable reocupación durante el período tardío, la revisión indica, en primer lugar, la
presencia de dos modalidades de señalización mortuoria para este período.
La primera estaría representada en San José de Piguchén por la presencia de un conjunto
de señalizaciones monticulares o túmulos de unos 3 m. de diámetro y 1.50 a 2 m. de altura (30
unidades aproximadamente), mientras que la segunda se registraría en el sitio Casa Blanca 1-
“Ancuviña El Tartaro”, en donde se presenta un solo montículo de gran tamaño (cementerio
91
tumuliforme), el cual alcanzaría originalmente unos 50 m. de largo (eje norte-sur aproximado),
unos 30 m. de ancho (eje este-oeste aproximado) y 3 m. de altura.
Con respecto a su relación con los sitios de ocupación habitacional, al menos en el caso de
Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”, los cementerios no habrían ocupado los mismos espacios
que las viviendas, aunque se habrían situado en forma bastante cercana, tal como demuestra la
proximidad con varios de ellos (Casa Blanca 36 y Casa Blanca 10).
Considerando que en el área inmediata al cementerio tumuliforme de Casa Blanca 1-
“Ancuviña El Tartaro” se han registrado evidencias de ocupación habitacional, esta proximidad
explicaría la presencia de materiales fragmentados y con evidencias de utilización doméstica en el
relleno del túmulo. Estos habrían ingresado al relleno al momento de ser acarreados junto con la
tierra y piedras desde los cercanos sitios habitacionales para constituir el relleno “aéreo” del
túmulo.
Las Tumbas
Estos montículos, en cualquiera de las modalidades señaladas, indicarían la presencia de
varias tumbas en su interior, ya sean de tipo colectivas o individuales. Es así como Fonck (1896)
señala para San José de Piguchén la presencia de dos entierros individuales en al menos dos de
los túmulos estudiados, mientras que en Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” se han presentado
hasta el momento cuatro tumbas individuales y una de tipo múltiple, sumando un total de al
menos cinco tumbas para un único túmulo.
La tumba colectiva registrada en Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” (tumba nº 2)
podría estar señalando que algunos de estos entierros múltiples podrían corresponder a un solo
evento de inhumación o bien a acontecimientos desarrollados de forma muy contemporánea. Esto
se desprende del hecho de que este rasgo estaba constituido por los restos de 3 individuos
femeninos dispuestos uno sobre otro, en una misma posición y orientación y con nulas evidencias
de alteración.
Independiente de su depósito en una tumba individual o colectiva, todos los individuos
registrados sin alteración habrían sido enterrados en forma enfardada, tal como lo atestigua la
posición de los restos humanos (con miembros anteriores y posteriores muy apegados al cuerpo) y
los restos de algún tipo de fibra orgánica (de origen animal posiblemente) dispuesta en torno a los
individuos estudiados.
92
Aunque la mayoría habría sido inhumado en forma directa bajo el nivel original del suelo,
Sánchez (2000b) ha planteado la factibilidad de que en Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” se
hayan presentando bóvedas funerarias colapsadas, tal como podría estar indicando los grandes
bloques dispuestos sobre y en torno a la tumba colectiva N° 2.
Aunque esta es una práctica que ha sido relacionada tradicionalmente con los entierros de
época Inca, en el cercano sitio de Bellavista (Sánchez 2000b) y en el cementerio de Santa Rosa
(Pavlovic et al. 2003, Pavlovic et al. 2006) se han obtenido dataciones para tumbas de foso y
cámara situadas durante el período Intermedio Tardío, lo que validaría, al menos
cronológicamente, este planteamiento.
Los individuos
Hasta el momento, en el sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” se han identificado un
total de 5 tumbas (2 disturbadas), en las cuales se han registrado un total de 7 individuos (ver
fotografía 35). A pesar de que su escaso número no permite desarrollar una caracterización
adecuada de esta población y de su patrón funerario, es posible, a través de su descripción,
establecer ciertas regularidades interesantes de considerar.
TABLA 5.
Detalle contextos mortuorios sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”
(Sánchez et al. 1998).
Tumba Individuo Sexo Edad Eje del cuerpo Disposición
1 1 Femenino Adulto joven (± 30 años) Indeterminada Indeterminada
(Disturbada)
2 2 Femenino Adulto joven E-O Extendido
decúbito ventral
6 Femenino Adulto joven (± 20 años) E-O Extendido
decúbito ventral
7 Femenino Adulto maduro (± 40 años) E-O Extendido
decúbito ventral
3 3 Masculino Adulto joven NE-SW Extendido
decúbito ventral
4 4 Indeterminado Neonato SW-NE Extendido
decúbito ventral
5 5 Indeterminado Adolescente (± 17 años) Indeterminada Indeterminada
(Disturbada)
93
Con respecto a los rangos etáreos, de los individuos femeninos, uno es adulto maduro
(aproximadamente 40 años de edad al morir) y tres son adultos jóvenes (uno de aproximadamente
20 años y otro de cerca de 30 años). El masculino también es adulto. Con respecto a los de sexo
indeterminado, uno corresponde a un adolescente (aproximadamente 17 años) y otro un neonato.
La disposición predominante de los cuerpos en los cinco entierros no alterados fue la de
tipo extendida decúbito ventral. La dirección de la mirada en los cinco casos también fue la
misma, correspondiendo a la mirada hacia abajo.
Estas regularidades se repiten en la orientación del cuerpo. Tres de los cuerpos no
disturbados se ubicaban con su cabeza al este y los pies al Oeste (ver fotografía 36). Otro
individuo no disturbado presentaba una orientación solo ligeramente diferente, NE-SW, por lo
cual sería factible asociarlo al mismo patrón de orientación. El único individuo que presentaba un
eje de orientación diferencial, cabeza al Oeste y pies al Este, corresponde al individuo neonato
(individuo 4 de la tumba 4).
Con respecto a la estatura, la de los individuos femeninos es en promedio de 1.54 m,
tomándola a partir de 4 individuos de ese sexo, y la del único individuo masculino alcanza a 1.60
m..
Las Ofrendas
En gran parte de las tumbas de Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” se han detectado la
presencia de emplantillados de diverso tamaño compuestos de grandes guijarros angulosos y
redondeados, muchos de ellos tipo bolones de río. En algunas ocasiones corresponden solo a
algunas piedras depositadas en las cercanías de las extremidades o la cabeza del esqueleto,
mientras que en otras suman una gran cantidad y se ubican de preferencia sobre las tumbas (ver
fotografía 37). Fuera de sus probables connotaciones simbólicas (Sánchez 1993, Sánchez et al.
2001), estas acumulaciones podrían haber funcionado como señalizadores de tumbas, indicando
posiblemente la ausencia de indicadores superficiales de las tumbas.
Por otro lado y considerando las evidencias artefactuales registradas como ofrendas y
ajuar, tanto en san José de Piguchen como en Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”, gran parte de
las ofrendas han estado constituidas por piezas alfareras de distinta forma y tratamiento
superficial. Estas se ubican, de preferencia y tal como lo hacen los emplantillados de piedra, en la
cercanía de la cabeza, la pelvis o las extremidades inferiores de los individuos (ver fotografias 38
y 39).
94
Con respecto a estas ofrendas cerámicas, con la información que se posee hasta el
momento ha sido posible establecer ciertas asociaciones exclusivas entre tipos cerámicos y/o
modalidades de presencia de estas piezas alfareras y el sexo de los individuos en cuyas tumbas se
han registrado. Es así como, hasta ahora, solo se ha detectado la presencia de piezas del tipo tipo
Putaendo Rojo sobre Blanco con la decoración "estrellada" como ofrendas de individuos
masculinos (individuo3, tumba 3. Por otro lado, vasijas del tipo cerámico Putaendo Policromo
(decoración similar a Diaguita) se ha registrado en forma exclusiva en asociación a individuos
femeninos (individuo N° 2, tumba 2).
También en este último contexto funerario de Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro” se
verifico la presencia de otro elemento significativo en relación con las piezas cerámicas
registradas como ofrendas. Este corresponde a la presencia de piezas pareadas. De entre un total
de 12 piezas alfareras, se contaba con dos Jarras rojo engobadas, dos escudillas monocromas de
gran tamaño y con lóbulos, dos ollas monocromas y dos escudillas similares a piezas tipo
Diaguita II.
Llama la atención esta modalidad de presentación de ofrendas, que aunque no son gemelas
como las registradas para contextos de época Inca, no tienen antecedentes para grupos locales
anteriores a la presencia del Tawantinsuyo en la zona.
La gran cantidad de piezas alfareras por tumba también es otro elemento a destacar. Gran
parte de las tumbas no disturbadas presentan como ofrenda por individuo al menos tres piezas
cerámicas, alcanzando en el caso del contexto del individuo N° 2 de la tumba 2 un total de 12
piezas. Esta situación también es referida por Fonck (1896) para san José de Piguchén, en donde
se detecto una tumba con 12 piezas alfareras asociadas.
El registro de otros elementos de ofrenda y/o ajuar son escasos, y solo existe registro para
estos en Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”. En este último sitio los individuos también
presentaban en asociación instrumentos de molienda (manos de moler y conanas fracturadas),
puntas de proyectil, colgantes líticos y la posible presencia de "fardos funerarios", a los que ya se
ha hecho mención (ver fotografías 40 y 41).
Cabe mencionar la asociación exclusiva de los instrumentos de molienda y su asociación a
individuos femeninos de la tumba N° 2, lo que podría estar relacionado con las actividades
desarrolladas en vida por este grupo de género.
95
Con toda la información obtenida en terreno y laboratorio sobre las modalidades de uso
del espacio implementadas, la cultura material manejada, el patrón funerario identificado y los
antecedentes bioantropológicos obtenidos, es posible establecer ciertos elementos generales
acerca de las estrategias de subsistencia que desarrollaron los grupos del período Intermedio
Tardío en el valle del río Putaendo.
En primer lugar, el registro para este período de un patrón de asentamiento disperso, con
sitios separados por distancias que varían entre los 500 m. y los 2 km., indicaría la presencia de
unidades domésticas autónomas, sin el aglutinamiento en aldeas o pueblos. Esta modalidad de
asentamiento, relacionada posiblemente con las características ambientales, la organización social
y las estrategias de subsistencia particulares, sobrevive parcialmente hasta nuestros días.
Estos asentamientos se caracterizan por la presencia de materiales culturales dispersos en
amplias zonas, principalmente fragmentos cerámicos y derivados de núcleo líticos, junto a los
cuales se registran con regularidad conanas fragmentadas y manos de moler. Estas y otras
evidencias recuperadas en la superficie y en las excavaciones estratigráficas atestiguan el
funcionamiento de estos asentamientos como unidades habitacionales, las cuales habrían sido
ocupadas en forma permanente o semipermanente.
Aunque evidencias claras de cultígenos no han sido registradas hasta el momento en los
sitios estudiados, la ubicación de los sitios, los contextos artefactuales registrados y las evidencias
bioantropológicas atestiguarían que la subsistencia estaba basada de manera significativa en el
cultivo de vegetales domésticas, en un régimen de tipo hortícola o agrícola a pequeña escala.
En este sentido, el emplazamiento en las terrazas fluviales y las zonas bajas de las
rinconadas habría permitido el óptimo desarrollo de cultivos, aprovechando la calidad regular de
las tierras y la existencia de aguadas y quebradas de curso permanente para el riego. A su vez, los
contextos artefactuales incluyen instrumentos de molienda en números significativos y piezas de
cerámica que pudieron haber sido utilizados en el procesamiento y consumo de alimentos
cultivados y recolectados. Los estudios bioantropológicos (Sánchez et al. 1998), por su parte, han
permitido detectar en las piezas dentales la presencia de abrasión plana generalizada, relacionada
con un dieta dura y fibrosa, con un consumo de hidratos de carbono regular a escaso. La fuerte
abrasión provocaría un proceso de autolimpieza que explicaría la escasez de caries.
96
El hecho de que gran parte de los sitios del período Intermedio Tardío en Putaendo estén
situados en actuales zonas dedicadas a la agricultura permite confirmar que estos ocupaban
lugares adecuados para el desarrollo de cultivos.
La caza de presas animales y recolección intensiva de recursos vegetales habrían seguido
siendo importantes proveedores de alimentos y materias primas de distinta índole. La presencia
de instrumentos líticos tallados (puntas de proyectil, tajadores, cepillos), restos óseos animales y
los instrumentos de molienda confirmarían esta aseveración.
La presencia de materias primas líticas alóctonas, de probable origen precordillerano o
cordillerano implicaría que existían mecanismos directos (expediciones temporales) o indirectos
(intercambio con otros grupos) para acceder a este tipo de recurso.
De esta forma se configura la imagen de estos sitios habitacionales como complejas
unidades de producción económica, en donde se desarrollaban una gran variedad de actividades,
las cuales no solo se habrían relacionado con la producción, procesamiento, almacenaje y
consumo de alimentos, sino también con la producción de distintos artefactos a partir de materias
primas como el lítico, la arcilla, el material óseo y orgánico animal, la madera y otros vegetales.
Estos asentamientos habrían estado constituidos por un conjunto de estructuras
arquitectónicas de distintas características y funciones, tal como aquellos de data subactual que
aún es posible observar en el valle de Putaendo. En estos emplazamientos, algunos de los cuales
siguen siendo ocupados, se presentan estructuras dedicadas al alojamiento o pernoctación, otras
funcionan como cocinas, bodegas. Estructuras con otras técnicas de construcción de destinan a
corrales y pesebreras.
Tal como en estos asentamientos actuales, la técnica de construcción fundamental habría
sido la quincha, mezcla de barro y vegetales que se depositan sobre una estructura de madera y
ramas y cuya base esta constituida por un muro bajo de piedra sin canteado. El techo estaba
constituido por juncos y otros vegetales de ámbitos fluviales y/o lacustres.
Las paredes de estas estructuras deben ser reparadas constantemente, sobre todo después
de años de alta pluviosidad, ya que la mezcla de barro y paja se endurece de forma natural,
secándose al sol. Por lo mismo, la caída de los muros y la desaparición de los techos de estas
estructuras es bastante rápida, un hecho que se ha podido atestiguar en forma práctica con el
derrumbe de una estructura de quincha desocupada. Esta, en unos pocos años se ha derrumbado y
el material constituyente de sus paredes se ha visto arrastrado y se ha unido a la matriz natural del
suelo (ver fotografías 42 y 43).
97
Ello explicaría la ausencia de restos de los muros y techumbres de las estructuras de
quincha ocupadas por los grupos del Intermedio Tardío, registrándose solo en ocasiones los restos
removidos por el arado de los muros bajos de piedra, los cuales servían como base de las
murallas.
El conjunto de estas estructuras con distintas funciones y posiblemente habitadas por
grupos emparentados sanguineamente, habría dado origen al concepto de “aldejuelas” usadas por
los primeros europeos para describir los asentamientos de los habitantes nativos de Chile Central
a su llegada (Bibar. 1979 [1558]).
IV.3.d. Cronología.
TABLA 6
Dataciones absolutas sitios con ocupaciones del período Intermedio Tardío de Putaendo.
Sitio Procedencia Tipo Cerámico Fecha T.L. Muestra Fuente
Casa Blanca 1 Tumba 3 -Individuo 3, Tipo Putaendo Rojo sobre 1.040 ± 80 UCTL 1020 Sánchez et
Pieza 3 Blanco d.C. al. 1999
Casa Blanca 1 Tumba 2 -Individuo 6, Tipo Putaendo Rojo 1.110 ± 90 UCTL 1021 Sánchez et
Pieza 14 Engobado d.C. al. 1999
Casa Blanca 1 Tumba 2-Individuo 2, Tipo Putaendo Alisado 1.160 ± 80 UCTL 1022 Sánchez et
Pieza 4 (tonalidad: café) d.C. al. 1999
Casa Blanca 10 Unidad 2, nivel 2 (0- Tipo Putaendo Alisado 1.065 ± 80 UCTL 1105 Sánchez et
10 cm.) (tonalidad: naranja) d.C. al. 1999
Casa Blanca 10 Unidad 1, nivel 1 (0- Tipo Putaendo Rojo sobre 1.190 ± 60 UCTL 1102 Sánchez et
10 cm.) Blanco d.C. al. 1999
Casa Blanca 10 Unidad 1, nivel 2 (10- Tipo Putaendo Rojo 1.230 ± 60 UCTL 1104 Sánchez et
20 cm.) Engobado d.C. al. 1999
Casa Blanca 30 Unidad 2, nivel 1 (0- Tipo Putaendo Rojo sobre 1.565 ± 50 UCTL 1106 Sánchez et
10 cm.) Blanco d.C. al. 1999
Casa Blanca 36 Recolección Tipo Putaendo Rojo sobre 1.230 ± 70 UCTL 1395 Pavlovic y
Superficial Blanco d.C. Sánchez
2002
El Tártaro 12 Recolección Rojo Engobado exterior / 1.260 ± 70 UCTL 1392 Pavlovic y
Superficial Rojo y negro sobre Blanco d.C. Sánchez
interior 2002
El Tártaro 14 Recolección Rojo Engobado exterior / 1.345 ± 60 UCTL 1393 Pavlovic y
Superficial negro sobre rojo interior d.C. Sánchez
2002
El Tártaro 15 Recolección Tipo Putaendo Rojo sobre 1.170 ± 80 UCTL 1394 Pavlovic y
Superficial Blanco d.C. Sánchez
2002
Ramadillas 1- Pozo 2, nivel 2 (10-20 Tipo Putaendo Alisado 1.170 ± 85 UCTL 1690 Troncoso
“La Higuera” cm.) d.C. et al. 2006
98
Ramadillas 1- Pozo 1, nivel 2 (10-20 Tipo Putaendo Rojo 1.245 ± 60 UCTL 1689 Troncoso
“La Higuera” cm.) Engobado d.C. et al. 2006
De estas, ocho han sido obtenidas en el sector de Casa Blanca, tres en sitios del área de El
Tártaro y 2 en el sitio Ramadillas 1-“La Higuera”.
Con respecto a Casa Blanca, tres dataciones han sido obtenidas para el sitio Casa Blanca
10 a partir de fragmentos recuperados en las excavaciones estratigrafías de este sitio habitacional.
Estas muestras entregaron las siguientes fechas para la ocupación habitacional de este sitio: 1.065
± 80 d.C (tipo Putaendo Alisado), 1.190 ± 60 d.C. (tipo Putaendo Rojo sobre Blanco) y 1.230 ±
60 d.C. (tipo Putaendo Rojo Engobado).
Otros tres fechados han sido desarrollados a partir de fragmentos procedentes de piezas
completas fracturadas depositadas como ofrendas en los contextos mortuorios del cementerio
tumuliforme de Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”. Estas dataciones permitieron ubicar
cronológicamente de forma absoluta un total de 3 Individuos: tumba 3, individuo 3, y tumba 2,
individuos 6 y 2, correspondiendo respectivamente a las siguientes fechas: 1.040 ± 80 d.C. (tipo
Putaendo Rojo sobre Blanco), 1.110 ± 90 d.C. (tipo Putaendo Rojo Engobado) y 1.160 ± 80 d.C.
(tipo Putaendo Alisado).
Dos dataciones más han sido obtenidas de otros dos sitios habitacionales emplazados en el
área de Casa Blanca. Una de ella fue obtenida como resultado del procesamiento de un fragmento
cerámico obtenido en las excavaciones desarrolladas en el asentamiento Casa Blanca 30 (1.565 ±
50 d.C) y otra se desarrollo utilizando otra pieza procedente de la superficie del sitio Casa Blanca
36 (1.230 ± 70 d.C.), correspondiendo ambas a piezas fracturadas del tipo Putaendo Rojo sobre
Blanco.
Con respecto al sector de El Tártaro, las tres dataciones obtenidas corresponden a
muestras obtenidas desde la superficie de un total de tres sitios diferentes. Todos ellos
corresponden a asentamientos habitacionales emplazados en las terrazas fluviales ubicadas en
este sector del valle del río Putaendo. Estos sitios corresponden a El Tártaro 12 (1.260 ± 70 d.C.),
El Tártaro 14 (1.345 ± 60 d.C.) y El Tártaro 15 (1.170 ± 80 d.C.). En el caso de este último sitio,
el fragmento datado habría pertenecido a una vasija del tipo Putaendo Rojo sobre Blanco, pero en
los otros dos sitios, El Tartaro 12 y El Tartaro 14, los fragmentos fechados presentan
decoraciones polícromas por el interior que habían sido consideradas inicialmente como
asignables al período Tardío-Inca. Por esta circunstancia, estas dataciones y los antecedentes
99
existentes para estos sitios son considerados solo parcialmente para la caracterización del período
Interemdio Tardío en Putaendo.
Finalmente, otros dos fechados han sido obtenidos recientemente en el sitio
multicomponente de Ramadillas 1-“La Higuera”, emplazado en esta zona cercana a la nacientes
del río Putaendo. Este sitio, con ocupaciones de los períodos Alfarero Temprano, Histórico e
Intermedio Tardío, presenta para este último período las dataciones de 1.170 ± 85 d.C. (fragmento
del tipo Putaendo Alisado) y 1.245 ± 60 d.C. (fragmento del tipo Putaendo Rojo Engobado).
El rango temporal en que se ubican las dataciones va desde el siglo XI al XVI de nuestra
era, aunque existe una clara concentración entre los siglos XI y XIII (11 dataciones de un total de
13). Estas fechas no solo permiten comprobar la ubicación cronológica de los sitios investigados
en esta área, sino también establecer que son contemporáneos a los definidos para la Cultura
Aconcagua y afirmar que las diferencias registradas con respecto a los contextos de este
desarrollo no están relacionadas con la variable temporal.
Por otro lado, la datación obtenida en Casa Banca 30 a partir de un fragmento
perteneciente al tipo Putaendo Rojo sobre Blanco y la presencia de un contexto de clara
adscripción Intermedio Tardío podría señalar la supervivencia de la tradición cerámica local
durante tiempos Inca, al menos en determinados lugares del valle de Putaendo, en forma
contemporánea al funcionamiento del Pucara El Tartaro y otros sitios con evidencias de
ocupación durante el período Tardío-Inca emplazados en la zona de El Tártaro (ver subcapitulo
IV.2.b).
Las evidencias que han podido ser estudiadas de los grupos humanos que durante el
período Prehispánico habitaron el valle de Putaendo no solo se reducen a sus sitios de vivienda,
sus cementerios o los sectores altos que les servían de oteaderos. En los cerros aledaños y las
zonas altas de las rinconadas que se ubican en forma adyacente a los espacios que ocuparon
domésticamente se presentan numerosos sitios de Arte Rupestre, correspondientes a grabados
sobre rocas o petroglifos, las cuales constituyen una parte significativa del patrón de asentamiento
desarrollado por las poblaciones del período Intermedio Tardio en el valle de Putaendo.
Es por ello que estas manifestaciones han sido investigadas buscando no solo comprender
su estructura interna y rasgos tecnológicos, sino principalmente como otra fuente de antecedentes
100
para comprender de mejor forma las modalidades de subsistencia y las formas de concebir el
entorno generadas en el seno de los diferentes grupos humanos que habitaron la zona durante el
prolongado período prehispánico.
Este estudio ha sido dirigido por el arqueólogo Andres Troncoso, quien ha enfrentado su
estudio bajo el paradigma de la arqueología del Paisaje. Su estudio de los sitios de arte rupestre
identificadas en las zonas de Casa Blanca, Ramadillas, El Tártaro y Piguchén ha permitido definir
la existencia de tres estilos diferentes de arte para el valle de Putaendo (Troncoso 1998c). De
estos, el denominado Estilo I, ha sido adscrito al período Intermedio Tardío.
Este estilo, definido como Estilo I o Estilo de Arte Rupestre del Río Aconcagua, se
caracteriza por la preponderancia de la figura circular como elemento decorativo básico. Los
motivos de este estilo se estructuran en base a la presencia de estas figuras circulares y la
aplicación de apéndices lineales, decoración interior y yuxtaposiciones (ver fotografías 44 y 45).
Las figuras humanas presentes están también sujetas a similar normativa constructiva, siendo
posible diferenciar entre antropomorfos con un bajo grado de esquematización y antropomorfos
con una mayor esquematización. Figuras lineales y cuadrangulares están presentes también en
este estilo, pero tienen una muy baja representación en términos numéricos.
La asociación de estos motivos al Período Intermedio Tardío estaría ratificado no tanto
por una cuestionable asociación espacial general entre las zonas de asentamiento de las
comunidades de esta etapa cronocultural y los sitios de arte rupestre en donde se presenta, sino
mas bién, por la estructura de ordenación que presentan los motivos al interior de los paneles, la
cual es similar a la presente en la iconografía expresada en otras materialidades, tales como la
cerámica (Troncoso 2005).
Con respecto a la distribución espacial de los sitios de arte rupestre con motivos
asignables al Intermedio Tardío, es importante señalar una diferenciación en los espacios
destinados por un lado, al desarrollo de la vida cotidiana y, por otro, al emplazamiento de los
bloques con grabados. Esto debido a que a pesar de que se sitúan a cortas distancias unos de otros
(500 a 1.000 metros), nunca se presentan ambas manifestaciones arqueológicas en un mismo
punto.
Esto se comprueba al verificar que gran parte de los bloques con grabados asignables al
Intermedio Tardío se sitúan en zonas de ladera mediana y baja de los cerros que circundan la
rinconada de CasaBlanca, en cuyos sectores mas bajos se ubican los sitios habitacionales
ocupados durante este periodo. Troncoso (1998) propuso inicialmente que esto podría haber
101
correspondido a la búsqueda de definir una suerte de límite, de limes, de frontera entre los
espacios “domésticados”, aquellos relacionados con la ocupación doméstica permanente, y los
espacios “salvajes”, asociados con zonas de ocupación marginal y/o solo temporal, las cuales
pertecen al ámbito silvestre y han sido incorporadas al paisaje cultural solo de manera parcial.
(Troncoso 1998) (ver mapa 11).
Posteriormente, y sin desechar la hipótesis ya planteada, Troncoso (Troncoso et al. 2006)
ha planteado que al menos algunos de estos stios estarían relacionados con una suerte de etapas o
estaciones en un circuito ritual que, iniciandose en los límites de los espacios domésticados por
los grupos del Intermedio Tardío, se introduce en la principal quebrada del área y la única que
cuenta con agua permanente, hasta llegar al principal bloque de petroglifos hallado hasta el
momento en el valle. A partir de este punto, el circuito sigue por el interior de la quebrada,
comienza a ascender la ladera empinada de un cerro aledaño y culmina en un bloque situado a
gran altura y con dominio de todo el entorno del valle. La lectura que se ha propuesto acerca de
este circuito esta relacionada con la posibilidad de pasar desde un espacio domésticado y desde el
cual se puede ver todo el paisaje circundante hasta uno no domesticado, situado en el interior de
la quebrada, con una reducida visión del espacio. Finalmente, este ciclo finaliza en un sitio alto,
desde el cual nuevamente son visibles los espacios domésticados, aquellos situados en la zonas
bajas, en sonde se sitúan los asentamientos habitacionales.
En este circuito, diferentes bloques de arte rupestre funcionarían como puntos de inflexión
y nodos de movimiento del o los circuitos de movilidad posibles.
Independientemente de las inferencias particulares que se puedan elaborar sobre los
bloques de arte rupestre asignados al Intermedio Tardío en el valle de Putaendo, Troncoso señala
que su recurrencia los ubica como “…la principal representación material orientada a la
culturización del espacio,…” (Troncoso 2004: 457) desarrollada por las comunidades que
habitaron la zona durante este período.
Aun sin compartir completamente esta aseveración, a partir de los antecedentes recabados
para este estudio, se estima que su rol en este sentido estaba al mismo nivel de aquellos jugados
por los cementerios de túmulos y/o tubuliformes y las estructuras pertenecientes a los
asentamientos domésticos. Todos estos, en conjunto, estructuraban el paisaje cotidiano de estas
poblaciones, los espacios dedicados a la vida y la muerte, aquellos protegidos por los vivos y los
fallecidos….en fin, aquellos domésticados.
102
V. DISCUSIÓN
103
Chile e insertar los antecedentes obtenidos para el valle de Putaendo en un marco geográfico mas
amplio, fundamental para una comprensión acabada de su pasado prehispánico.
En este contexto se hace posible contrastar la información generada en Putaendo para el
período Intermedio Tardío con la obtenida, para tiempos contemporáneos, en otra amplia y
significativa región de la cuenca superior del río Aconcagua, la denominada cuenca de San Felipe
y Los Andes, un espacio físicamente muy cercano y medioambientalmente similar y en el cual se
insertan gran parte de las áreas señaladas con anterioridad.
Esta corresponde a un amplio territorio de suave pendiente y ricos suelos agrícolas,
formada y regada por el río Aconcagua y sus afluentes precordilleranos (esteros El Cobre, San
Francisco y Pocuro), y en donde se hallaban situados gran parte de los cementerios de túmulos en
donde se descubrieron por vez primera los contextos que dieron su nombre a la Cultura
Aconcagua (Ver mapa 8 y fotografia 46).
La contrastación de la información generada en esta zona con la obtenida en Putaendo no
solo permitió analizar las características que presenta el Intermedio Tardío en toda la cuenca
superior del río Aconcagua, reevaluando las hipótesis generadas sobre su cultura material
heterogénea, sino también considerar su relación con las regiones situadas inmediatamente al sur
-la cuenca del Maipo-Mapocho, en donde se ha caracterizado de forma definitiva la llamada
Cultura Aconcagua- y al norte, los valles de La Ligua, Petorca y Choapa, donde se registrarían
evidencias de la Cultura Diaguita y de desarrollos locales, de incipiente caracterización
(Rodríguez et al. 1994, 1997, 1998, 2000, Rodríguez y Ávalos 1994).
Toda esta reevalución permitió iniciar la caracterización de las esferas de interacción
existentes durante el período Intermedio Tardío entre las comunidades de Putaendo y el resto de
la cuenca superior del río Aconcagua y entre estas y las de regiones aledañas. Y al mismo tiempo,
dio luces para tratar de comprender la relación establecida entre las poblaciones locales de esta
región y el sistema administrativo implantado por el Imperio Inca durante el Período Tardío.
Para el estudio de los conjuntos alfareros del período Intermedio Tardío en la cuenca
superior del río Aconcagua se ha considerado la revisión de colecciones alfareras procedentes de
sitios funerarios excavados con anterioridad, que en su mayoría no cuentan con registras
adecuados de sus contextos de procedencia, la excavación sistemática de rasgos mortuorios y de
104
fragmentería obtenida en sitios habitacionales (Sánchez et al. 2000, Gonzalez 2000b, 2000c,
2003, Pavlovic et al. 2003).
Los resultados de esta investigación ha posibilitado desarrollar dos planteamientos
generales sobre las tradiciones cerámicas de este período que permiten comenzar a comprender la
heterogeneidad en los contextos del período Intermedio Tardío de la cuenca superior del río
Aconcagua señalada por Durán y Planella (1989) y las diferencias observadas por Massone
(1978) y Durán et al. (1991) entre el registro cerámico en las cuencas del Aconcagua y la del
Maipo-Mapocho durante el período Intermedio Tardío. Cabe recordar que estas diferencias
trataron de ser evaluadas por estos autores desde puntos de vista económicos, ideológicos y de
contacto cultural.
Las diferencias observadas estarían relacionadas en primer lugar con la presencia en las
colecciones cerámicas estudiadas para el valle de Aconcagua de piezas de dos períodos
diferentes, el Intermedio Tardío y el Tardío-Inca.
Esta situación estaría explicada parcialmente con la continuidad en la ocupación de
cementerios y sitios habitacionales del Intermedio Tardío durante el período de presencia Inca en
la cuenca superior del río Acocagua.
Pruebas de este hecho se pueden encontrar en las colecciones mismas a través de la
presencia de piezas con formas y decoraciones diferentes a las identificadas para el período
Intermedio Tardío y que corresponderían a tipos cerámicos que podríamos relacionar con las
modificaciones que sufrieron las tradiciones cerámicas locales a raíz de las relaciones
establecidas entre los habitantes nativos y los diferentes grupos culturales que arribaron durante el
período Tardío-Inca a la zona.
Los cambios que habrían afectado a las tradiciones cerámicas locales no habrían sido
homogeneas en todas las comunidades, ya que posiblemente los niveles de integración con el
aparato administrativo incaico fueron desiguales.
Esto habría generado en aquellos grupos con un grado significativo de relación con el
Imperio el surgimiento de nuevos tipos cerámicos, que podríamos denominar Inca-Locales, los
105
cuales coexistieron con algunos de aquellos originados en el Intermedio Tardío. Entre estos se
puede considerar al Tipo Aconcagua Tricromo Engobado (TATE), definido por Massone (1978)
Al mismo tiempo, comunidades con nulo o escasa relación con el Tawantinsuyo
mantuvieron sin modificaciones significativas sus conjuntos alfareros, como habría pasado en
Putaendo en sitios como Casa Blanca 30.
El movimiento de poblaciones foráneas o de zonas adyacentes que pudo desarrollar el
Tawantinsuyo en la cuenca superior del río Aconcagua viene a complejizar este panorama, ya que
se incorporan al registro las piezas elaboradas por estos contingentes y las variedades nuevas que
pudieron surgir de la convivencia con las poblaciones locales. En este sentido podría ser
interpretadas piezas muy similares a la fase Diaguita-Inca registrado en algunos sitios
habitacionales y/o administrativos como El Castillo (Sánchez et al 2000) y funerarios como El
Triunfo (Durán y Coros 1991) e incluso piezas con características del Tipo Aconcagua Salmón,
que aparecen en determinadas zonas solo en sitios de tiempos Incaicos y no antes. Esto podría
significar el movimiento de poblaciones o materialidad procedentes de zonas de Aconcagua o de
la cuenca del Maipo-Mapocho, en las cuales el tipo Aconcagua Salmón era parte de su tradición
cerámica.
Ejemplos de las situaciones señaladas pueden ser contempladas en cementerios de
túmulos como Bellavista (Núñez 1964, Madrid 1965, Sánchez 2000a, 2000b, Sánchez et al.
2000, Gonzalez 2000a, 2000b, 2000c), El Palomar (Oyarzún 1934, Sánchez et al. 2000, Gonzalez
2003), Santa Rosa (Sanguinetti 1975, Carlos Coros com pers. 2002, Pavlovic et al. 2003) y
posiblemente en San José de Piguchén (Fonk 1896, Massone 1978, Sánchez et al. 2000).
Es así como en Bellavista, sitio emplazado en una rinconada abierta a la ribera norte del
río Aconcagua en las cercanías de San Felipe, junto a piezas propias del período Intermedio
Tardío (tipos Aconcagua Rojo Engobado, Putaendo Rojo sobre Blanco y monocromas) se hacen
presentes piezas sin antecedentes en los contextos locales de este período y que pueden ser
asociadas al período de presencia Inca en la región (Tardío-Inca) (ver fotografías 47, 48 y 49).
Entre estas se cuentan piezas no restringidas de base plana y borde recto oblicuo o divergente
(campanuliformes) con decoraciones interiores antropomorfas y zoomorfas en negro sobre blanco
y el exterior engobado en rojo, piezas no restringidas de contorno simple con engobe rojo exterior
y decoración en negro y rojo sobre blanco interior estructurada en cuatripartición posibles de
asociar al Tipo Aconcagua Tricromo Engobado definido por Massone (1978), y 3 piezas no
restringidas de perfil simple con la decoración del trinacrio en negro sobre salmón por el exterior
106
y la decoración denominada estrellada (ángulos inscritos en desplazamiento horizontal y abiertos
hacia el borde) polícroma por el interior (Núñez 1964).
Con respecto a la colección de El Palomar, sitio tentativamente ubicado en la ribera sur
del río Aconcagua cerca de la localidad de Panquehue, junto a piezas del Tipo Aconcagua Salmón
(una datada en 1.195 ± 80 d.C.) y del Tipo Aconcagua Rojo Engobado (una fechada en 940 ± 110
d.C.) se presentan varias piezas asignables al Tipo Aconcagua Tricromo Engobado, tanto de
forma restringida como no restringida y un jarro con una decoración tipo Cuarto Estilo (ver
fotografías 50, 51 y 52).
Tanto las piezas del Tipo Aconcagua Tricromo Engobado (una de las cuales ha sido
datada en 1.455 ± 60 d.C.) como la que porta el motivo del Cuarto Estilo se consideran en esta
revisión como pertenecientes al período Inca. Esta asignación se realiza a pesar de que la pieza ha
sido fechada en el 870 ± 120 d.C., debido a que ciertas características de pasta y cocción de la
pieza indicarían una probable datación incorrecta. Esto confirmaría su asociación al período
Tardío-Inca, tal como se podría desprender de la importante presencia que registra esta variedad
decorativa en los contextos Diaguita-inca en la cuenca del río Choapa (Troncoso et al. 2004), en
la misma cuenca superior del rio Aconcagua (sitio El Tartaro 1 - “Pucara El Tártaro”, Pavlovic et
al. 2004a) y su ausencia en los contextos Intermedio Tardío de toda la Zona Central.
Emplazado a los pies del cerro Mercachas y en una rinconada ubicada en la ribera norte
del estero Pocuro, el cementerio de túmulos de Santa Rosa (Sanguinetti 1975, Carlos Coros com
pers. 2002) corresponde a dos agrupaciones de montículos funerarios separados por unos 500
metros uno de otro. En el túmulo 2 del sector A se identificó una tumba de foso y cámara (Tumba
2) en la cual se registro una pieza del tipo Aconcagua Rojo Engobado depositada como ofrenda,
la que ha sido datada en 1.280 ± 70 d.C. (ver fotografía 53). En este mismo túmulo, pero en un
nivel superior, en la zona donde el relleno aéreo del túmulo toma contacto con el suelo original,
se detecto otro contexto funerario, el cual se presentaba disturbado y al cual se asociaba una pieza
fracturada de clara filiación Inca-Local (Pavlovic y Sánchez 2003).
Por otro lado, para el sector B del mismo sitio, en donde recientemente se han identificado
varios contextos mortuorios del Intermedio Tardío en dos túmulos (Pavlovic 2003a), Coros (com.
pers. 2002) ha señalado el registro de piezas cuya forma y decoración indicaría su asignación al
período Incaico, tales como piezas tipo aribaloide, vasijas alisadas restringidas con una base alta
en pedestal, piezas similares a escudillas Diaguita-Inca (no restringidas de base cóncava y paredes
ligeramente inclinadas) y otras con decoraciones no reconocidas anteriormente.
107
El caso de San José de Piguchén (Fonk 1896) es mas difícil de evaluar, ya que las piezas
que podrían remitir a su reocupación en tiempos incaicos corresponden a vasijas que algunos
investigadores (Arturo Rodríguez y Carlos González com. pers.) han señalado como no
pertenecientes a la colección de este sitio, tal como las considero Massone en sus estudios (1978).
Para Rodríguez y González estas piezas fueron mal catalogadas a principios de siglo en el Museo
Nacional de Historia Natural y corresponderían a piezas provenientes del valle de Copiapó.
No obstante lo anterior, y ante la imposibilidad de establecer a ciencia cierta esta
situación, las piezas en cuestión serán consideradas como una probable prueba de la reocupación
durante el período Tardío-Inca de este sitio. Estas corresponden a vasijas no restringidas de base
plana y paredes oblicuas (campanuliforme) con decoración interior (triángulos reticulados
abiertos al borde) y exterior (bandas reticuladas y escalonadas).
Cabe mencionar que una inspección macroscópica de las pastas de una de ellas a través de
una fractura permitió establecer una significativa diferencia con las pastas reconocidas para el
período Intermedio Tardío y el período Tardío-Inca en la cuenca superior del río Aconcagua.
A nivel de sitios habitacionales, es significativa la situación que se ha evidenciado en el
sitio El Barro 2, no solo en relación a la reocupación de sitios período Intermedio Tardío en
durante el período de presencia del Tawantinsuyo, sino también en lo que guarda relación con la
asociación a ocupaciones de esta etapa cultural del Tipo Aconcagua Salmón. Este sitio se ubica
en la ribera sur del estero El Cobre, en el sector septentrional de la cuenca de San Felipe-Los
Andes y correspondería al sitio El Triunfo, en donde Carlos Coros y Eliana Durán (1991)
rescataron una serie de tumbas de filiación Inca-Diaguita y/o Inca-Local.
Las excavaciones desarrolladas recientemente (Pavlovic y Sánchez 2003) en su
componente habitacional han permitido identificar dos ocupaciones. Una, ubicada bajo los 20 cm.
de profundidad presenta todos los elementos recurrentes en los contextos Intermedio Tardío de la
zona, presentándose en forma abundante el tipo Aconcagua Rojo Engobado y estando ausente el
tipo Aconcagua Salmón. Esta ocupación ha sido datada preliminarmente en 1.375 ± 60 d.C.,
utilizando para ello un fragmento tipo Aconcagua Rojo Engobado (ver fotografía 54).
La ocupación superior, registrada entre la superficie y los 20 cm. de profundidad presenta,
en asociación al tipo Aconcagua Rojo Engobado, escasos fragmentos Aconcagua Salmón
asociados a cerámica Inca-local (posiblemente del tipo Aconcagua Tricromo Engobado, Massone
1978) y un aumento en el grosor de las paredes de las vasijas monocromas, una característica que
también se da en sitios Diaguita-Inca de la cuenca del Choapa y que estaría relacionada con el
108
aumento en la producción y almacenaje de alimentos y recursos en general, un tema asociado a la
implantación de la administración del Tawantinsuyo en la zona (Becker et al. 2003, Troncoso et
al. 2004).
Esta ocupación presenta dos dataciones. La primera ha sido obtenida en un fragmento
Aconcagua Salmón y corresponde al año 1.550 ± 40 d.C. y la segunda estaría datando una pieza
del tipo Aconcagua Rojo Engobado, presentando una fecha de 1.620 ± 30 d.C.
A este evento ocupacional se asociarían los entierros registrados con anterioridad en el
sitio (Duran y Coros 1991).
La alta frecuencia que presenta el tipo Aconcagua Rojo Engobado en ambas ocupaciones
evidenciaría la continuidad en la ocupación del sitio por las poblaciones locales y situaría a este
tipo como característico de la tradición alfarera de la cuenca de San Felipe-Los Andes.
El tipo Aconcagua Salmón aparece en forma escasa y asociado a la ocupación de tiempos
Incaicos, planteando la posibilidad de que haya ingresado al registro arqueológico de este sitio a
partir de situaciones generadas en el seno de la administración Incaica. Esta situación se vería
confirmada por el hecho de que gran parte de los fragmentos de este tipo identificados en el sitio
presentan por el interior evidencias de decoración en negro, rojo y blanco sobre salmón (tipo
Aconcagua Salmón, variedad d, Sánchez et al. 1997, Pavlovic 1998, 2000a), una variedad que es
muy escasa en los contextos de la cultura Aconcagua de la cuenca Maipo-Mapocho datados
durante el período Intermedio Tardío. Esto podría plantear la posibilidad de un incremento en la
decoración polícroma interior de este tipo cerámico a la llegada del Inca.
Esta situación contextual y cronológica del tipo Aconcagua Salmón asociado al periodo
Inca en el sitio El Barro 2 se confirma por su presencia en el sitio incaico del Pukara El Tártaro,
en donde ha sido datado en el 1.400 ± 50 d.C. (Sánchez et al. 2.000) (ver fotografía 55), y por las
particularidades decorativas que presenta en el sitio Bellavista, donde el interior esta decorado
con el motivo de los ángulos inscritos desplazada a lo largo del borde, formando el motivo
“estrellado” policromo (Núñez 1964) (ver fotografía 56).
109
la Cuenca Superior del río Aconcagua, las cuales podrían evidenciar la existencia de dos
tradiciones culturales que coexistieron en esta región durante al menos 400 años.
Una de ella correspondería a las comunidades asentadas en el valle del río Putaendo
durante el período Intermedio Tardío, fundamentalmente en su sector superior y más
septentrional. La otra esta representada por los grupos que vivían en forma contemporánea en la
cuenca de San Felipe y Los Andes (ver mapa 10).
El establecimiento de estas tradiciones culturales se ve justificada no solo a partir de la
dimensión alfarera, sino también por otros factores de gran significación. Entre estos se cuentan
las probables evidencias de que el Tawantinsuyo habría desarrollado estrategias diferenciales de
dominación en ambas zonas y, al mismo tiempo, las importantes desigualdades que el arte
rupestre presenta en estos espacios durante el período Intermedio Tardío (Troncoso et al. 2003,
Troncoso et al. 2006).
Estos y otros elementos, que por ahora solo comienzan a ser esbozados, podrían sugerir la
probable existencia de dos identidades culturales diferenciadas entre comunidades con estrategias
de subsistencia en gran medida similares.
Un importante elemento en la caracterización de estas probables identidades esta
relacionado con las esferas de interacción particulares de cada tradición cultural, las cuales se
aprecian nítidamente en el análisis de sus conjuntos cerámicos respectivos.
Es así como entre estos conjuntos cerámicos, las diferencias no solo se reducen a aspectos
decorativos o morfológicos, sino también a aspectos tecnológicos de la alfarería.
A continuación se entrega una breve caracterización de las tradiciones alfareras presentes
en ambas áreas, destacando sus diferencias y las esferas de interacción que a partir de esta
materialidad se pueden definir.
Valle de Putaendo
110
tipo se hacen presentes jarros con asas adheridas al labio y escudillas de perfil simple con o sin
lóbulos opuestos por el diámetro.
Estas últimas no presentan la típica decoración cuatripartita ni la cuidada preparación de la
arcilla del tipo Aconcagua Rojo Engobado (distribución y selección regular de los antiplásticos),
un rasgo presente en gran parte de los sitios de la Cultura Aconcagua y entre las piezas del TARE
presentes en la cuenca de San Felipe y Los Andes.
Además, en estos contextos se hacen presentes piezas no restringidas con elementos
formales y decorativos muy cercanos a las escudillas de perfil compuesto de los contextos
Diaguita del Norte Chico, las cuales han sido incluidas en el Tipo Putaendo Policromo.
Finalmente, otros elementos particulares corresponden a las grandes vasijas no
restringidas con lóbulos opuestos por el diámetro. En ocasiones, estos últimos presentan
incisiones.
González (2003) ha señalado para estos contextos importantes relaciones con grupos
culturales de zonas más septentrionales como el valle de La Ligua y el del Choapa y sus
tributarios.
Un significativo referente de esta relación con zonas norteñas se encuentra representado
por el cementerio de Valle Hermoso, ubicado en la ribera norte del río Ligua, frente a la ciudad
del mismo nombre.
Este sitio, el cual fue excavado primero por Jorge Kaltwasser (1968) y luego por un
equipo dirigido por Jorge Rodríguez (Rodríguez et al. 1994, 1997), ha entregado contextos
funerarios pertenecientes al período Alfarero Temprano y al período Intermedio Tardío.
Entre los materiales cerámicos adscritos a este último período en Valle Hermoso se
identifica un gran cantidad de piezas monocromas alisadas con formas tales como ollas de cuerpo
subglobular, cuello angosto y asas cinta verticales cuello-cuerpo, tazas correspondientes a vasijas
restringidas de contorno simple con un asa y escudillas de perfil continuo de tamaño grande y
mediano, algunas con dos o cuatro lóbulos en el labio opuestos por el diámetro. También se
presenta una cantidad significativa de piezas rojo engobadas de formas restringidas (formas tipo
olla y taza) y no restringidas (escudillas de perfil continuo). Completan el conjunto alfarero dos
escudillas de contorno simple rojo engobadas con decoración policroma por el exterior,
correspondientes en un caso a una banda decorativa de grecas y escalerados de estilo Diaguita y la
otra a un motivo Cuarto Estilo que se desplaza horizontalmente.
111
Esta revisión somera nos permite señalar una serie de elementos similares a los detectados
en los contextos Interemdio Tardío del valle del río Putaendo. Entre estos se cuentan las formas
no restringidas de gran tamaño y aquellas de tamaño mediano con lóbulos sobre el labio (Tipo
Putaendo Alisado), las vasijas no restringidas rojo engobadas (Tipo Putaendo Rojo Engobado) y
las vasijas con motivos similares al estilo decorativo Diaguita (Tipo Putaendo Policromo).
Estas últimas, tanto en Valle hermoso como en Putaendo se manifiestan en forma muy
escasa (2 entre un total de 66 piezas) (Rodríguez et al. 1997), como piezas con una significativa
importancia simbólica al estar presentes en contextos funerarios y con características particulares
que escapan a las reconocidas para el conjunto alfarero Diaguita del Norte Chico, al menos en el
caso de la pieza que porta la decoración Cuarto Estilo. Esta pieza corresponde a una forma
abierta, lo cual contrasta con la presencia preponderante del Cuarto Estilo en formas restringidas,
tal como ha sido identificado en contextos Diaguita-Inca del Norte Chico e incluso en el valle de
Aconcagua, a nivel de fragmentos (Pukara El Tártaro) y de vasijas completas (El Palomar)
(Sánchez et al. 2000, González 2000).
También es posible encontrar ciertas semejanzas, sobre todo a nivel morfológico con la
alfarería del sitio Los Coiles 136, ubicado en la zona litoral de la provincia de Petorca, en las
cercanías de Los Molles, en donde se estudio un cementerio con entierros de los períodos
Alfarero Temprano (Tradición Bato) y del Intermedio Tardío, definido por los autores como
período Medio-Tardío. Del mismo modo que Valle Hermoso, el sitio fue definido como los restos
de un grupo de desarrollo local que recepciona influencias desde la Zona Central, durante el
Alfarero Temprano, y desde el Norte Chico, durante el Intermedio Tardío. Las principales
semejanzas con los contextos de la Cuenca Superior del rio Aconcagua se dan en formas tales
como Escudillas y jarras rojo engobadas, Ollas de dos y un asa alisadas (Rodríguez y Avalos
1994).
Con respecto a la zona del Choapa, los estudios realizados en Illapel y en sitios
recientemente estudiados en el valle de Chalinga (Becker et al. 2003), señalan también una fuerte
similaridad, a pesar de que aquí los elementos Diaguita son más fuertes, aunque presentan
diferencias con lo que sucede en valles más nortinos (Elqui, Limarí).
Es así como en contextos como Loma El Arenal la relación se da en forma clara con los
contextos Diaguita mas tempranos o iniciales, y a nivel general con las piezas rojo engobadas y
monocromas. Podría sugerirse la existencia de un conjunto alfarero común inicial a toda la región
entre el Choapa y el Aconcagua que luego fue diferenciándose, y en donde lo importante era
112
marcar las diferencias al nivel de las decoraciones, ya que la forma de utilización de las piezas era
la misma, confirmando modos similares de elaboración, procesamiento y consumo de alimentos
similares entre todas estas poblaciones, las que finalmente tienen relación con el desarrollo de
estrategias de subsistencia semejantes.
Entre los rasgos utilizados para postular esto se cuentan vasijas monocromas alisadas muy
similares a las detectadas tanto en Valle Hermoso como en Putaendo. Estas corresponden a
formas no restringidas de contorno simple tipo escudilla con presencia de lóbulos.
Con respecto a la presencia en Putaendo de los tipos cerámicos emblemáticos de la
Cultura Aconcagua tal como ha sido caracterizada en la cuenca del Maipú-Mapocho, fragmentos
cerámicos de los tipos Aconcagua Salmón y Aconcagua Rojo Engobado hacen su aparición en el
valle exclusivamente en contextos del período Tardío-Inca (Pucara El Tártaro), implicando
posiblemente el movimiento de poblaciones y/o bienes por parte del Tawantinsuyo (Pavlovic et
al. 2004a, 2004b).
Por otro lado, los estudios realizados en colecciones depositadas en museos (El Palomar)
y en terreno (excavaciones en Santa Rosa y en sitios habitacionales y funerarios del estero de
Pocuro y El Cobre) en la cuenca de San Felipe-Los Andes (Sánchez et al. 2000, Pavlovic 2003a),
han permitido identificar una situación contemporánea diferente a la de Putaendo, la cual, en su
dimensión cerámica, estaría caracterizada por la abundancia del tipo Aconcagua Rojo Engobado
(TARE) (Massone 1978).
La forma mas común de este tipo es la escudilla de contorno simple (vasija no restringida
de contorno simple según Shepard 1964), la cual en algunos casos presenta sobre el labio de tipo
plano dos lóbulos opuestos por el diámetro.
En algunas ocasiones, las vasijas son de forma globular y la boca se angosta,
transformándose en formas restringidas. Los espesores de paredes son variables, presentando en
la base en promedio unos 7 mm. y en el borde entre 2 y 4 mm.
La gran mayoría de estas piezas presentan por la superficie interior una decoración de tipo
cuatripartito, con bandas perpendiculares de color rojo que se disponen sobre la superficie
original pulida, generando cuatro espacios triangulares que presentan el color original de la pasta
cocida o bien un ahumado intencional.
113
La observación de fracturas y una sonaridad similar al vidrio permite establecer la
presencia de patrones de pasta con una fina selección de antiplásticos (de tamaño menor a 0,5
mm.) y una cocción oxidante incompleta (núcleo gris o negro).
Con respecto a su representación, este tipo ha sido registrado en contextos mortuorios con
frecuencias relativas situadas entre el 20% y casi el 65% de las muestras totales (45% en
Bellavista, 20% en El Palomar y 64% en Santa Rosa), mientras que en contextos habitacionales
su representación se sitúa en torno al 20% (12% en El Barro 2, 18% en Pocuro 2 y 24% en Pocuro
4) (Sánchez et al. 2000, Pavlovic y Sánchez 2003).
Una significativa cantidad de dataciones absolutas obtenidas a partir de fragmentos
pertenecientes a este tipo, permiten situar cronológicamente a este tipo cerámico, cofirmándose su
contemporaneidad con los contextos locales de Putaendo y con los pertenecientes a la
denominada Cultura Aconcagua.
Cabe destacar a este respecto, la presencia de una vasija de este tipo como ofrenda del
individuo de la tumba de foso y cámara del túmulo 2 (entierro 2) del sector A de Santa Rosa. Esta
fue datada obteniéndose una fecha perteneciente de forma clara al Intermedio Tardío (1.280 ± 70
d.C.), lo que ha permitido asociar esta modalidad mortuoria a este período, al menos entre las
poblaciones del Intermedio Tardío de la cuenca de San Felipe-Los Andes.
Las dataciones absolutas obtenidas a partir de muestras de este tipo en otros sitios de la
cuenca de San Felipe y Los Andes confirman los planteamientos anteriores (ver Tabla 7).
Las significativas frecuencias que presenta este tipo en los contextos mortuorios y en los
sitios habitacionales señalan un papel relevante de este tipo en las actividades domésticas y
rituales de las comunidades asentadas en la cuenca de San Felipe-Los Andes durante el período
Intermedio Tardío. El hecho de que durante el período Tardío-Inca haya seguido estando presente
de manera importante en los contextos de la vida y de la muerte de estas poblaciones confirma su
relevancia.
Esta relevancia se hace patente al evaluar su representación en los contextos de la cultura
Aconcagua de la cuenca de Maipo-Mapocho. Para esta última zona, Massone (1978) estudiando
la representación en las colecciones de 5 sitios funerarios, registra una presencia relativa que en
promedio es inferior al 7% (Til-Til, Talagante, Lampa, Lo Herrera), siendo la única excepción, el
sitio de San Bernardo (17,2%), con una muestra muy pequeña. En cuanto a sitios habitacionales,
114
las frecuencias relativas se ubican en promedio bajo el 10%*, solo registrando una mayor
representación en el sitio Las Turbinas 1, en la zona de Chada, el cual podría tener reocupaciones
locales en tiempos Incaicos (Planella y Stehberg 1997).
Estos porcentajes obtenidos para el Tipo Aconcagua Rojo Engobado son muy inferiores
los registrados en estos sitios y otros de la cuenca del Maipú-Mapocho por el Tipo Aconcagua
Salmón.
En este sentido, el Aconcagua Rojo Engobado en la cuenca de San Felipe-Los Andes
viene a cumplir el rol preponderante que tiene el tipo Aconcagua Salmón entre los contextos
contemporáneos de la cuenca Maipo-Mapocho, adscritos a la Cultura Aconcagua.
Con respecto a este último tipo, considerado “emblemático” de la Cultura Aconcagua, a
pesar de que aparecería asociado al Tipo Aconcagua Rojo Engobado en contextos mortuorios y
domésticos datados en el período Intermedio Tardio, su situación representacional en la cuenca de
San Felipe-Los Andes es mucho menos significativa que la que evidencia en la cuenca de
Santiago.
Es así como a nivel de colecciones funerarias en Santiago alcanza un promedio cercano al
25% (Massone 1978), en San Felipe-Los Andes este tipo alcanza una representación que no
supera el 3% (2,4%), estando presente solo en una de las colecciones consideradas en esta
revisión, aquella perteneciente a El Palomar†. En este sitio, una vasija de este tipo ha sido datada
en 1.195 ± 80 d.C. (Sánchez et al. 2000) (Ver tabla 7).
Lo mismo sucede a nivel de sitios habitacionales. Si en asentamientos de la cuenca del
Maipo-Mapocho alcanza porcentualidades entre el 24,8% y el 46,9%‡, en dos sitios emplazados
en el estero Pocuro (Pocuro 2 y Pocuro 4) (Sánchez et al. 2000), al sudeste de la ciudad de Los
Andes, el Tipo Aconcagua Salmón alcanza frecuencias relativas de aproximadamente el 2% del
total de los materiales asociados a ocupaciones del período Intermedio Tardío, situadas
cronológicamente a través de dataciones absolutas: fechas de 950 ± 100, 1.040 ± 90 (Tipo
Aconcagua Salmón), 1.020 ± 100 (Tipo Aconcagua Rojo Engobado) y 940 ± 90 (cerámica
*
12,6% en RML 008-Blanca Gutierrez (Pavlovic et al. 2000), 6,3% en E-101-3/Tal 010 (Pavlovic y Troncoso 2001),
3% en Tal 003-Plaza de Pesaje, en Talgante (Pavlovic et al. 1.998)
†
Las piezas con el motivo del trinacrio en la superficie exterior registradas en Bellavista y descritas inicialmente por
Nuñez difícilmente pueden ser consideradas dentro del TAS, tal como ha sido definido por Massone (1978) y
registrado posteriormente por otros investigadores.
‡
24,8% en E-101-3/Tal 010 (Pavlovic y Troncoso 2001), 28,35% en Las Turbinas 1 (Planella y Stehberg 1997),
33,6% 3n Tal 003-Plaza de Pesaje (Pavlovic et al. 1998) y 46,9% en RML 008-Blanca Gutierrez (Pavlovic et al.
2000).
115
alisada) en Pocuro 2 y de 1.070 ± 60 (Tipo Aconcagua Salmón) y 1.320 ± 70 (cerámica alisada)
en Pocuro 4 (Sánchez et al. 2000) (ver tabla 7).
Una situación similar se repite en sitios habitacionales período Intermedio Tardío
emplazados en la zona del estero Lo Campo, en la comuna de Panquehue, al oeste de San Felipe.
En esta zona Nuriluz Hermosilla y su equipo (Hermosilla et al. 2003) ha identificado una serie de
sitios de los períodos Intermedio Tardío y Tardío-Inca. Entre los primeros se cuentan al menos
dos asentamientos en donde la cerámica del Tipo Aconcagua Salmón no alcanza el 9% de
representación relativa.
En otras zonas de la cuenca de San Felipe y Los Andes, el Tipo Aconcagua Salmón
sencillamente no se registra durante el período Intermedio Tardío, pero si lo hace asociado a
ocupaciones pertenecientes al período Tardío-Inca registradas en los mismos espacios. A esta
situación ya se ha hecho referencia en el subcapitulo anterior, al mencionar los sitios de la zona
del estero El Cobre, en el sector noreste de la cuenca de San Felipe y Los Andes. En esta zona se
presentan sitios con ocupaciones del Intermedio Tardío, algunos de los cuales continuaron siendo
ocupados en tiempos Incaicos probablemente por las mismas poblaciones, tal como ya se
describió para el sitio El Barro 2.
De esta forma, en algunos espacios de la cuenca de San Felipe-Los Andes se conforma
una situación similar a la detectada en el valle de Putaendo para el Tipo Aconcagua Salmón,
registrándose arqueológicamente solo en tiempos Inca.
Independiente de esta presencia escasa del Tipo Aconcagua Salmón en San Felipe-Los
Andes, el hecho de que este presente en contextos simbólicamente significativos como los
entierros, y que otro tipo cerámico identificado para los contextos de la Cultura Aconcagua, el
Tipo Aconcagua Rojo Engobado, se registre en altas frecuencias podría estar indicando la
existencia de relaciones sociales entre poblaciones de ambas zonas.
Estas comunidades habrían compartido elementos comunes en sus respectivas tradiciones
cerámicas, aunque su representación específica variaba, lo que podría estar demostrando el
funcionamiento de esferas de interacción activas entre ambas zonas. Las similitudes que
presentan los ejemplares de los tipos Tipo Aconcagua Salmón y Tipo Aconcagua Rojo Engobado
entre ambas zonas indicaría que las poblaciones situadas en ambas zonas compartían una serie de
conocimientos relacionados con la obtención y procesamiento de materias primas para la
elaboración cerámica y la preferencia por algunas categorías morfológicas y motivos decorativos
116
particulares, una situación que posiblemente estaba relacionada con la existencia de ciertos
principios ideológicos comunes a ambas poblaciones.
Patrón Funerario
117
Características de los Túmulos
Con respecto a las características de los túmulos, estos en Putaendo se presentan como
túmulos colectivos, con presencia de entre 2 (San José de Piguchén) hasta mas de 7 tumbas (Casa
Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”). Las tumbas en estos túmulos están ubicadas en la zona de
interfase entre el piso original y el relleno aéreo o bajo el piso original.
En general las tumbas son individuales, aunque en Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”
se presenta una tumba colectiva compuesta por un total de 3 enterratorios (Sánchez et al. 2000).
En San Felipe-Los Andes se presentan túmulos por lo general colectivos, con al menos 2
tumbas y hasta un total de 9 (túmulo 2 del sector B de Santa Rosa) (ver fotografía 59). Todas las
tumbas identificadas son individuales (Pavlovic y Sánchez 2003).
Tal como en Putaendo, las inhumaciones se ubican en el sector de transición bajo el suelo
original o bien en la transición entre este y el túmulo mismo. En su mayoría corresponden a
tumbas individuales.
Pero también se presentan otras formas de inhumaciones, tal como las tumbas de foso y
cámara registradas en tres túmulos del sitio Santa Rosa (del sector A el enterratorio 2 del túmulo
2 y del sector B, la tumba 4 del túmulo 3 y posiblemente la 8 del túmulo 3) (ver fotografías 57 y
58). Estas se ubican en un nivel mas profundo que aquel en donde se sitúan las tumbas de
inhumación simple (Pavlovic y Sánchez 2003).
Finalmente, en la cuenca de San Felipe-Los Andes se encuentra otra forma de inhumación,
correspondiente a tumbas de inhumación simple sin señalización superficial, dispersas bajo la
ocupación doméstica. Este es el caso del sitio Pocuro 4 (Sánchez et al. 2000).
Tal como ya se indico, en los contextos funerarios de la cultura Aconcagua predominan
los tumulos con una sola tumba, registrando por ejemplo en RML004-El Valle Chicauma un 66%
(Sánchez 1993). Hasta el momento todas las tumbas identificadas en los sitios Aconcagua son
inhumaciones simples, sin presencia de rasgos como fosos o cámaras.
118
A nivel de disposición y orientación de los cuerpos, se dan correspondencias en ambas
zonas. Es así como tanto en Putaendo como en la cuenca de San Felipe-Los Andes los cuerpos se
presentan extendidos, decúbito ventral o dorsal y con la cabeza orientada hacia el Este.
La posición de las extremidades superiores muy cerca y paralelas al cuerpo o sobre o bajo
el torso o la pelvis y de las inferiores unas sobre otras atestiguarían la posibilidad de que los
cuerpos fueron depositados en las tumbas enfardados. La presencia de posibles fibras animales en
torno a los restos óseos humanos en algunos entierros de Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”
(tumba colectiva 2, individuos 2, 6 y 7) y de Santa Rosa (sector B, tumba 4 del túmulo 3) podrían
confirmar esta posibilidad ya que podrían corresponder a piezas textiles que sirvieron para armar
el fardo.
El pequeño tamaño de las fosas también sería un punto de apoyo a este planteamiento.
Con respecto a la disposición de los individuos al interior de las tumbas en regiones
aledañas, en el cementerio Aconcagua RML 004-El Valle Chicauma, también predominan las
disposiciones extendido, aunque la possición decubito ventral es reemplazada por la de decubito
lateral derecho, la cual junto a la decubito dorsal son las más frecuentes (Sánchez 1993).
¿Qué sucede con la disposición de los cuerpos en zonas ubicadas al norte de la Cuenca
Superior del río Aconcagua?. En el cementerio de Valle Hermoso, el cual cuenta con la mayor
muestra de la zona, predomina claramente entre los entierros no disturbados la posición extendido
decubito ventral (presentandose en un total de 34 casos), siguiendola la extendida decubito lateral
derecho (8 casos) (Rodríguez et al. 1997). En cuanto al sitio Los Coiles 136, emplazado en las
cercanías de la localidad costera de Los Molles, la disposición que predomina entre los entierros
tardíos es la extendida decubito dorsal (Rodríguez y Avalos 1994).
Tal como en Putaendo, las ubicaciones mas frecuentes de las ofrendas en los contextos
mortuorios de la cuenca de San Felipe-Los Andes corresponden a la cabeza y los pies de los
individuos, agregándose la zona de la pelvis (Pavlovic y Sánchez 2003).
Las ofrendas mas frecuentes son las vasijas cerámicas, aunque al interior de esta
materialidad se ven diferencias a nivel cuantitativo entre ambas zonas. En Putaendo los
individuos presentan asociadas desde 4 hasta 8 Piezas, mientras que en San Felipe-Los Andes el
119
número de ofrendas cerámicas es mucho menos, siendo el máximo 4 piezas y registrando la
mayoría de las tumbas 1 pieza asociada. En otros casos, las ofrendas cerámicas no se presentan.
En este sentido, los contextos de San Felipe-Los Andes se aproximan mas al registro
cuantitativo de ofrendas alfareras conocidas para la Cultura Aconcagua en la cuenca de Maipo-
Mapocho, en donde las ofrendas cerámicas o las de cualquier materialidad perdurable son escasas
(Sánchez 1993).
La presencia de otros tipos de ofrendas en los contextos mortuorios de la Cuenca Superior
del río Aconcagua es escasa. Tal como ya se indico, en Putaendo aparece puntas de proyectil,
instrumentos de molienda fracturados (manos de moler y conanas) y al menos en un caso, una
piedra con orificio a modo de colgante. En los contextos estudiados en forma sistemática en la
cuenca de San Felipe-Los Andes se hacen presentes puntas de proyectil y, en un caso, un
instrumento en hueso de camélido, posiblemente correspondiente a una espátula.
Otro elemento que puede ser considerado al mismo tiempo como ofrenda y como
señalizador corresponden a las acumulaciones de piedra ubicadas en zonas cercanas a pies y/o
cabeza de los individuos. Estos solo han sido registrados en Putaendo, no habiendo sido
identificado hasta el momento en la cuenca de San Felipe-Los Andes.
Al comparar con áreas aledañas a la Cuenca Superior del río Aconcagua, el registro de
ofrendas sigue estando dominado por las vasijas cerámicas, pero se observan diferencias que
permiten también asociar esta variable con las dos áreas culturales que estamos definiendo en este
trabajo.
Es así como en los valles al norte de la Cuenca Superior del río Aconcagua, como La
Ligua y la cuenca del Choapa, que serían parte de la esferas de interacción de las poblaciones de
Putaendo, se registran ofrendas cerámicas en números diversos, pero que pueden alcanzar varias
piezas por individuo. Fuera de piezas cerámicas se registran torteras de piedra y hueso, agujas de
hueso y posibles pulidores cerámicos. (Rodríguez y Avalos 1994, Rodríguez et al. 1997, Becker
et al. 2003)
Con respecto a los sitios funerarios de la cultura Aconcagua de la cuenca de Santiago en
estos las ofrendas perdurables son escasas, algo que permite confirmar la relación con la cuenca
de San Felipe-Los Andes de la Cuenca Superior del río Aconcagua.
Tal como en la Cuenca Superior del río Aconcagua, en los contextos funerarios de estos
grupos también predominan las piezas cerámicas como ofrendas, pero en promedio estas no pasan
120
de una vasija por individuo. Junto a estas se presentan algunos collares, colgantes, piedras
pulidas, puntas de proyectil e instrumentos en hueso, tipo espátula.
La presencia de este último tipo de artefactos permitiría apoyaría la relación entre ambas
poblaciones, ya que se hacen presentes en los contextos mortuorios de ambos grupos
instrumentos asociados con el consumo de alucinógenos.
Acumulaciones de rocas también se registran en las áreas aledañas, aunque presentan
distintas características. En el sitio Diaguita Loma el Arenal del río Chalinga (cuenca del Choapa)
aparecen grandes bloques o lajas cubriendo cuerpos de infantes (Becker et al 2003), mientras que
en sitios Aconcagua como El Valle-Chicauma se presentan extensos emplantillados de rocas, en
un nivel superior al donde se ubican los individuos (Sánchez 1993)
Estrategias de Subsistencia
121
A diferencia de lo sucedido con los grupos Tempranos, en el período Intermedio Tardío
las poblaciones no ocuparon en forma permanente las zonas altas interiores, prefiriendo para sus
asentamientos las terrazas fluviales y zonas aledañas.
Este hecho, se cree que no solo respondería a posibles modificaciones en las estrategias de
subsistencia o en las condiciones medioambientales, sino que también a cambios en la forma de
ver, entender y usar el espacio y el paisaje por parte de las distintas poblaciones, planteamientos
generados a partir del estudio de los petroglifos en Putaendo con el enfoque de la denominada
Arqueología del Paisaje (Troncoso 2003).
Con este modelo, las Tierras Altas de la Cuenca Superior del río Aconcagua
corresponderían a un espacio de ocupación marginal para los grupos del período Intermedio
Tardío, un espacio limítrofe demarcado por los bloques de petroglifos y separado de las áreas de
asentamiento de los grupos de este etapa cronológica, ubicándose estas en la tierras llanas
asociados a esteros como El Cobre, Pocuro (Sánchez et al. 2000) y Lo Campo (Hermosilla et al.
2000) en la cuenca de San Felipe y Los Andes y las terrazas fluviales de las zona de El Tártaro y
Casa Blanca en el valle de Putaendo. La presencia humana durante este período habría sido
temporal y esporádica, orientada al desarrollo de actividades específicas (obtención de materias
primas líticas, caza, recolección y otras).
Al hilar mas fino, observamos que las ocupaciones del período Intermedio Tardío no se
ubican en cualquier lugar de las tierras planas de valle. Es así como, por lo general, no están
asociadas a las terrazas aledañas a los grandes curso fluviales de la región (ríos Aconcagua y
Putaendo) sino mas bien a los esteros tributarios mas pequeños y por lo general ubicados en las
cercanías de las estribaciones montañosas que delimitan la cuenca de San Felipe-Los Andes y el
curso superior del río Putaendo.
Entre las razones que explicarían esta situación podemos contar las dificultades con que se
encuentra una población para extraer agua de la amplia caja fluvial de ríos como el Aconcagua y
el Putaendo, a lo cual se agrega su fuerte disminución de caudal durante el otoño.
Por el contrario, las aguas de un curso hídrico mas pequeño como un estero o una
quebrada son mas fáciles de manejar y por ende se hace mas factible establecer asentamientos
habitacionales cerca de ellos. La ubicación cercana a los cerros les habría permitido a estas
poblaciones, al mismo tiempo, controlar las zonas en las cuales las quebradas cordilleranas hacen
su aparición en el valle y al mismo tiempo poder acceder mas fácilmente a las tierras altas en
122
donde obtenían recursos específicos (animales de caza, recolección de vegetales, materias primas
líticas, actividades rituales, rutas naturales de comunicación entre distintas zonas).
Con respecto a las evidencias bioantropológicas sobre las estrategias de subsistencia, el
análisis de los restos esqueletales registrados en el sitio Santa Rosa señalaron la presencia de
Hipoplasia en los individuos mejor conservados (Pavlovic y Sánchez 2003, Henríquez 2003).
Esta patología, producto de un empobrecimiento de la calidad nutritiva de los alimentos,
se habría producido entre los 3 y 4 años, coincidiendo con el destete y el cambio de alimentación
que esto implica. La disminución en el consumo de proteínas y el consiguiente debilitamiento del
sistema inmunológico aumenta el riesgo de contraer enfermedades infecciosas. Esto indicaría que
los individuos estuvieron sometidos a situaciones estresantes durante su niñez, relacionadas con
el inicio del consumo de un nuevo tipo de alimentos.
Por otro lado, el análisis de las numerosas lesiones dentales de tipo carióticas existentes en
los individuos rescatados en el mismo sitio y la alta cantidad de piezas perdidas en vida señalaría
que existía un fuerte consumo de alimentos blandos y ricos en carbohidratos, referentes de una
economía basada en la horticultura.
Esto, a su vez, explicaría la presencia de la hipoplasía y la crisis alimentaria producida con
el fin del destete, ya que la disminución en la calidad proteica de los alimentos es típica en grupos
que están realizando la transición desde una sociedad cazadora recolectora a otra de tipo
hortícola. Los alimentos cultivados que se transforman en el principal sustento no alcanzan a
cubrir las necesidades nutricionales de los niños recién destetados.
Esta situación ha sido claramente establecida con anterioridad para las poblaciones
Aconcagua de la zona de Lampa (Sánchez et al. 2000), e incluso ha sido relacionada con las altas
tasas de mortalidad que se producen a esta edad en este tipo de grupos
Cronología del Período Intermedio Tardío en la Cuenca Superior del río Aconcagua
Los fechados obtenidos durante las investigaciones realizadas en los diferentes sectores de
la cuenca de San Felipe-Los Andes en los últimos años y su comparación con las dataciones
desarrolladas en el valle de Putaendo permiten avanzar en la definición de forma mas precisa de
la cronología del período Intermedio Tardío en la Cuenca Superior del río Aconcagua.
Al mismo tiempo han contribuido a conocer de mejor forma la extensión cronológica y la
relación con el Intermedio Tardío de los períodos Alfarero Temprano y el de presencia Inca.
123
Entre los principales resultados ha sido posible establecer en forma precisa la extensión de
este período, el cual habría comenzado en torno al 900 d.C. y concluido circa 1.400 d.C., fecha
posible de inicio a la presencia Inca en la región.
Tal como se ha señalado, con posterioridad a esta fecha se han obtenido en la cuenca de
San Felipe-Los Andes dataciones sobre materiales que presentan similares atributos a los del
Intermedio Tardío (Tipos Aconcagua Salmón y Rojo Engobado), pero que han sido recuperados
en algunos contextos (sitios El Palomar, Sánchez et al. 1999; El Ingenio y La Nogalada, en el
Estero Lo Campo, Hermosilla et al. 2003) donde también se han recuperado variedades alfareras
nuevas, previamente no existentes en la zona, tales como el Tipo Aconcagua Tricromo Engobado
(Massone 1978) y una cerámica de pasta salmón amarillenta de selección fina, decorada en
ocasiones con pintura roja. Estos elementos estarían relacionados con los cambios generados en
las tradiciones tecnológicas y por ende culturales de los grupos locales con el arribo de la
administración Incaica, la cual habría impactado fuertemente este sector de la cuenca del río
Aconcagua, tal como se desprende de la presencia en el sector del sitio Cerro La Cruz (Rodríguez
et al. 1993), los sitios identificados por Hermosilla et al. (2003) y recientes evidencias detectadas
en el sector de Catemu (Troncoso et al. 2006).
Esta situación y, al mismo tiempo, la reocupación de cementerios período Intermedio
Tardío por las mismas poblaciones en tiempos Inca indicaría que en muchos aspectos la llegada
del Inca habría modificado en distintos grados el modo de vida de muchas de las poblaciones
asentadas en la zona, estableciéndose con el Tawantinsuyo distintos niveles de integración.
A su vez, el inicio del período esta marcado por el traslape de dataciones con aquellas
obtenidas en sitios del período Alfarero Temprano en la zona (Putaendo, Campos de Ahumada),
incluso en los mismos sitios del período Intermedio Tardío, que evidenciarían ocupaciones de
este período previas al asentamiento de las poblaciones tardías, tal como ha quedado demostrado
en el sitio El Barro 2 (1095 ± 90 d.C.) (Pavlovic y Sánchez 2003) y en el sitio Parcelación El
Ingenio (1.190 ± 60 d.C.), emplazado en el estero Lo Campo (Hermosilla et al. 2003)
Es así como las dataciones obtenidas extienden el período Alfarero Temprano hasta el año
1.100 d.C. al menos, una situación que se ha venido presentando en otras zonas aledañas, como el
Norte Chico y la cuenca del Maipo-Mapocho.
Para el período Intermedio Tardío se han datado fundamentalmente fragmentos cerámicos
provenientes de contextos habitacionales de Putaendo (Casa Blanca 10, Casa Blanca 30, Casa
Blanca 36, El Tartaro 12, El Tartaro 14, El Tartaro 15) y del estero El Cobre (El Barro 2, El
124
Barro 3 y Lo Calvo 1) y piezas fracturadas depositadas como ofrendas en contextos mortuorios
(Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”, Santa Rosa A y B y El Palomar).
Estas dataciones han permitido en definitiva establecer la contemporaneidad de las
manifestaciones del período Intermedio Tardío en las dos zonas de la cuenca superior de
Aconcagua que ya se han señalado (Putaendo y cuenca San Felipe-Los Andes). También
confirman su contemporaneidad con las manifestaciones de la Cultura Aconcagua de la cuenca
del Maipo-Mapocho.
Además han permitido establecer la continuidad, al menos parcialmente, de las tradiciones
alfareras del período Intermedio Tardío en tiempos Inca, la presencia en el valle con anterioridad
al período Tardio-Inca de las tumbas de foso y cámara (Santa Rosa) y verificar el traslape de
fechados entre el inicio del Intermedio Tardío y el fin del período Alfarero Temprano.
TABLA 7
Dataciones absolutas en sitios período Intermedio Tardío de la cuenca de San Felipe – Los Andes.
Sitio Procedencia Tipo Cerámico Fecha T.L. Muestra Fuente
El Palomar Contexto Funerario Tipo Aconcagua Rojo 940 ± 110 d.C. UCTL 1167 Sánchez et
Engobado al. 1999
El Palomar Contexto Funerario Tipo Aconcagua Salmón 1.195 ± 80 UCTL 1166 Sánchez et
d.C. al. 1999
El Palomar Contexto Funerario Tipo Cuarto Estilo 870 ± 120 d.C. UCTL 1168 Sánchez et
al. 1999
El Palomar Contexto Funerario Tipo Aconcagua Tricromo 1.455 ± 60 UCTL 1165 Sánchez et
Engobado d.C. al. 1999
Pocuro 2 Unidad 2, nivel 7 (60- Tipo Aconcagua Rojo 1.020 ± 100 UCTL 1257 Sánchez et
70 cm. Engobado d.C. al. 1999
Pocuro 2 Unidad 2, nivel 7 (60- Grupo Monocromo Alisado 940 ± 90 d.C. UCTL 1258 Sánchez et
70 cm. al. 1999
Pocuro 2 Unidad 2, nivel 8 (70- Tipo Aconcagua Salmón 950 ± 100 d.C. UCTL 1259 Sánchez et
80 cm. al. 1999
Pocuro 2 Recolección Tipo Aconcagua Salmón 1.040 ± 90 UCTL 1256 Sánchez et
Superficial d.C. al. 1999
Pocuro 4 Pieza asociada a Tipo Aconcagua Rojo 1.335 ± 70 UCTL 1247 Sánchez et
Tumba 2 Engobado d.C. al. 1999
Pocuro 4 Sector 2, unidad 2, Grupo Monocromo Alisado 1.320 ± 70 UCTL 1260 Sánchez et
nivel 5 (40-50 cm.) d.C. al. 1999
Pocuro 4 Sector 2, unidad 2, Tipo Aconcagua Salmón 1.070 ± 60 UCTL 1261 Sánchez et
nivel 5 (40-50 cm.) d.C. al. 1999
125
El Barro 2 Pozo 2, nivel 3 (20-30 Tipo Aconcagua Rojo 1.375 ± 60 UCTL 1495 Pavlovic et
cm.) Engobado d.C. al. 2003
El Barro 3 Pozo 1, nivel 1 (0-10 Tipo Aconcagua Rojo 960 ± 100 d.C. UCTL 1461 Pavlovic et
cm.) Engobado al. 2003
Pocuro 1 – Tumulo 2, pieza Tipo Aconcagua Rojo 1.280 ± 70 UCTL 1462 Pavlovic et
Santa Rosa asociada a entierro 2 Engobado d.C. al. 2003
El Ingenio* Unidad D, nivel 1 (0- Negro Pulido 1.190 ± 60 UCTL 1111 Hermosilla
10 cm.) exterior/Alisado interior d.C. et al. 2003
El Ingenio Unidad G, nivel 2 (10- Tipo Aconcagua Rojo 1.520 ± 50 UCTL 1112 Hermosilla
20 cm.) Engobado d.C. et al. 2003
El Ingenio Unidad G, nivel 3 (20- Tipo Aconcagua Salmón 1.480 ± 50 UCTL 1113 Hermosilla
30 cm.) (variedad d, policroma d.C. et al. 2003
interior)
El Ingenio Unidad G, nivel 4 (30- Tipo Aconcagua Salmón 1.275 ± 60 UCTL 1114 Hermosilla
40 cm.) d.C. et al. 2003
El Ingenio Recolección Tipo Aconcagua Rojo 515 ± 120 d.C. UCTL 1115 Hermosilla
Superficial Engobado et al. 2003
El Ingenio** Recolección Rojo sobre pasta salmón 1.520 ± 30 UCTL 1116 Hermosilla
Superficial homogénea d.C. et al. 2003
La Nogalada Unidad 1, nivel 2 (10- Tipo Aconcagua Rojo 1.305 ± 70 UCTL 1135 Hermosilla
20 cm.) Engobado d.C. et al. 2003
La Nogalada** Unidad 1, nivel 2 (10- Rojo sobre pasta salmón 1.365 ± 70 UCTL 1136 Hermosilla
20 cm.) homogénea d.C. et al. 2003
La Nogalada** Recolección Rojo Engobado exterior / 1.360 ± 760 UCTL 1137 Hermosilla
Superficial rojo y negro sobre blanco d.C. et al. 2003
interior
La Nogalada Recolección Tipo Aconcagua Salmón 1.140 ± 100 UCTL 1138 Hermosilla
Superficial d.C. et al. 2003
*: fragmento de filiación Alfarera Temprana
**: materiales asignados a variedades cerámicas locales del período Tardío-Inca
126
V.2. EL PERIODO INTERMEDIO TARDIO DE PUTAENDO, LA CUENCA
SUPERIOR DEL RÍO ACONCAGUA Y LA UTILIZACIÓN DE LA PROBABLE
ORGANIZACIÓN SOCIAL DE SUS POBLACIONES PARA COMPRENDER SUS
CONTEXTOS HETEROGENEOS Y LAS IDENTIDADES SOCIOCULTURALES
PARTICULARES.
127
interacción con grupos culturales adyacentes como las comunidades Diaguita y los grupos de la
cultura Aconcagua.
Este concepto aplicado a la realidad del valle de Aconcagua, vendría a cuestionar la
conveniencia de aplicar un concepto como el de “Cultura” a la realidad de los grupos del
Intermedio Tardío de la Zona Central, al menos como un referente de identidad común.
Se ha demostrado que la etnicidad es situacional, que sus límites son flexibles, más aún
cuando estamos tratando con sociedades tradicionales de tipo segmentario, con escasa
centralización política, con unidades domésticas, en gran medida, autárquicas.
La alfarería puede transformarse en el elemento clave para identificar la distribución
espacial de estas sociedades tradicionales ya desaparecidas. En este sentido se ha verificado que
la dimensión tecnológica de la alfarería ha sido definida como la de mayor significación al
momento de intentar establecer límites sociales o étnicos (Stark 1999), fundamentalmente en lo
que tiene relación con las piezas domésticas, ya que estas no están sujetas a la manipulación
simbólica que la gente hace de sus artefactos y que se expresan en la alfarería fundamentalmente
a nivel decorativo y morfologico.
Esto se relacionaría con la complejidad tecnológica que implica la elaboración de
alfarería, lo que hace de esta una artesanía muy tradicional, poco susceptible al cambio y, por
ende, puede transformase en un importante referente para identificar unidades sociales.
En el mismo sentido, los bienes domésticos son mas sensibles a los límites culturales de
unidades sociales, y por ello, creemos que el uso de un concepto como el de “estilo tecnológico”
(Stark 1999) contribuiría a verificar si las diferencias observadas a partir de la decoración,
alfarera tienen un correlato en aspectos sociales.
Falabella et al. (2002), Sanhueza et al. (2003) y Cornejo y Sanhueza (2003) han aplicado
enfoques similares al estudio del período Alfarero Temprano y el período Intermedio Tardío en la
cuenca de Santiago, utilizando el estudio de las familias de pastas, parte del estilo tecnológico,
para diferenciar distintos grupos sociales.
Tomando en cuenta estos antecedentes, al momento de establecer las características
tecnológicas alfareras de los dos referentes que se han identificado para el valle de Aconcagua se
aprecian diferencias en tres niveles: decorativo, formal y de manufactura.
En el aspecto decorativo, se dan claras diferencias que ya señalamos anteriormente y que
estan relacionados con la presencia de tipos cerámicos con disposiciones decorativas claramente
diferenciadas. A nivel formal también se dan divergencias, tal como la presencia exclusiva de
128
jarros cerveceros, de escudillas de paredes rectas, grandes formas abiertas y formas de perfil
compuesto y otras en Putaendo, las cuales están ausentes en los contextos de la cuenca de San
Felipe-Los Andes.
Finalmente, en el aspecto tecnológico, se aprecia diferencias sustanciales entre ambas
zonas. En primer lugar se aprecia, en todos los tipos cerámicos identificados, una selección
menos fina de los antiplásticos que la atestiguada en la alfarería de las comunidades del período
Intermedio Tardío de San Felipe-Los Andes. Por otro lado, a pesar de que en Putaendo las piezas
rojo engobadas presentan frecuencias significativas, estas no presentan la pasta de fina selección
que caracteriza al tipo Aconcagua Rojo Engobado y que es diagnostica de los contextos
Intermedio Tardío de la cuenca de San Felipe-Los Andes y que se transforma en el principal
elemento de relación con las comunidades de la cuenca de Santiago.
La magnitud de los aspectos decorativos, formales y tecnológicos que diferencian las
tradiciones alfareras de las comunidades que habitaban en la Cuenca Superior del río Aconcagua
durante el período Intermedio Tardío y su presencia tanto en contextos domésticos como rituales
permitiría verificar la existencia de dos tradiciones de elaborar alfarería en la zona estudiada que
se corresponderían con dos sociedades coexistiendo en la zona durante el período Intermedio
Tardío.
Tal como se ha señalado anteriormente (Troncoso 2003), este planteamiento encontraría
en el arte rupestre una fuente muy significativa en que apoyarse, ya que esta manifestación
cultural evidencia una presencia diferencial en ambas zonas. En Putaendo, se ha definido un estilo
de arte rupestre perteneciente al Intermedio Tardío y que es escaso fuera de la región del valle,
una dimensión que refuerza su relación con los valles mas nortinos, en donde las manifestaciones
rupestres son abundantes. Con el Inca, en Putaendo aparece un nuevo estilo que integra al local.
Por el contrario, en la cuenca de San Felipe-Los Andes los petroglifos del período Intermedio
Tardío son escasos y la mayoría de los motivos pueden ser asignados al período Inca. Esta
ausencia de petroglifos en tiempos preincaicos en esta zona se correlaciona con la ausencia o
escasez de petroglifos en el territorio de la Cultura Aconcagua, con la cual estos grupos habrían
estado relacionados. Esta significativa diferencia estaría confirmando la presencia de dos áreas o
esferas culturales que coexistieron durante el período Intermedio Tardío en la Cuenca Superior
del río Aconcagua.
A ello deberíamos agregar las diferencias en un aspecto tan significativo como el ritual
mortuorio, en donde, a pesar de que en ambas zonas se da la costumbre de depositar los muertos
129
bajo montículos de tierra se aprecian significativas diferencias. Es así como en Putaendo se
registra una modalidad correspondiente a un cementerio tumuliforme, una completa necrópolis
bajo un único túmulo de grandes dimensiones, mientras en San Felipe-Los Andes se dan los
clásicos cementerios de túmulos colectivos.
Estas comunidades estarían conformando por diferentes unidades domésticas
correspondientes a familias extensas, con un enfoque fuertemente autarquico en la producción de
recursos. Los lazos parentales y los rituales permitirían relacionar a estos diferentes grupos y tal
como los campesinos tradicionales de la zona central lo hacen en la actualidad con los eventos
sociales, religiosos o deportivos. En ese sentido se podrían considerar a estos grupos
segmentarios como “campesinos primitivos” (Wolf 1978).
Se conformaría así un cúmulo de evidencias que vendrían a verificar la presencia de dos
entidades socioculturales diferenciadas, las cuales otorgan una imagen de heterogeneidad cultural
al período Intermedio Tardío de Aconcagua que no había sido considerada y que estamos solo
recién comprendiendo.
130
VI. CONCLUSIONES
Hace ya casi 30 años Mauricio Massone (1978) señalo las particularidades que
presentaban los conjuntos cerámicos del valle de Aconcagua con respecto a los reconocidos para
la Cultura Aconcagua, referente del período Intermedio Tardío en la Zona Central de nuestro país.
En forma especial, el destaco las singularidad que presentaba la colección de vasijas
procedentes del cementerio de tumulos de San José de Piguchen, sitio emplazado en el zona
media del valle del río Putaendo y que había sido excavado a fines del siglo XIX por Francisco
Fonck (1896).
En el presente trabajo se ha intentado contribuir al esclarecimiento y explicación de esta
situación, desarrollando uan aproximación sistemática a la realidad del período Intermedio Tardío
en el valle del río Putaendo. Con este objetivo se ha enfrentando como tema central la
caracterización de la tradición cultural de las poblaciones que habitaron el mencionado valle
durante ese período. Pero, al mismo tiempo, se ha intentando situar esta realidad en el marco
geográfico y cultural mayor que representa la cuenca superior del río Aconcagua, de la cual
Putaendo es parte integrante.
Para desarrollar el estudio se ha optado por aplicar un marco teórico metodológico que ha
combinado las herramientas conceptuales y de la praxis de dos importantes enfoques
arqueológicos, la arqueología de los asentamientos y el estudio de las Tradiciones Tecnológicas.
Ello ha permitido enfrentar la caracterización de las formas de ocupación del espacio, la
definición de las estrategias de subsistencia y la identificación de los asentamientos. Estos ultimos
han sido considerados como equivalentes de las comunidades humanas que compartian la
Tradición cultural particular del período Intermedio Tardío en Putaendo y que definian las
tradicioners tecnológicas que la componian, las formas tradicionales de hacer las cosas.
Por su parte, la identificación y caracterización de la Tradición Tecnológico alfarera del
valle del río Putaendo durante el período Intermedio Tardío ha permitido verificar, al menos
parcialmente, la existencia de una serie de comunidades que compartían una Tradición Cultural,
la cual se diferenciaba claramente de aquella propia de las poblaciones asentadas en forma
contemporánea en otros sectores de la Cuenca Superior del río Aconcagua, tales como la cuenca
de San Felipe-Los Andes.
Las diferencias a nivel decorativo, formal y tecnológico entre los contextos cerámicos de
ambas zonas establece la existencia de dos formas diferenciales de enfrentar la producción
131
cerámica entre grupos culturales con formas de vida y estrategias de subsistencia muy similares.
Esto implica una transmisión de conocimientos sobre la obtención y procesamiento de las
materias primas propio y diferenciado al interior de los grupos de Putaendo durante este período.
Este se diferencia claramente de los saberes, de los gestos técnicos, de los “habitus” reproducidos
por los artesanos alfareros de las comunidades de San Felipe-Los Andes.
Tal como ya se ha señalado, otras dimensiones, tales como las manifestaciones funerarias
y el arte rupestre permiten confirmar estas particularidades.
De hecho, estos y otros elementos materiales y contextuales indicarían que las relaciones
sociales de las comunidades asentadas en ambas zonas habrían sido mas fluidas con zonas
geográficas aledañas que entre si. Es así como se postula la existencia de esferas de interacción
muy dinámicas entre, por un lado, las poblaciones del período Intermedio Tardío de Putaendo y
aquellas asentadas en los valles de La Ligua, Petorca y el Choapa, y por otro, entre los grupos
propios de la cuenca de San Felipe-Los Andes y las poblaciones de la cultura Aconcagua de la
cuenca del Maipo-Mapocho.
Obviamente lo anterior no quiere decir que entre ambas poblaciones no haya habido
contacto. Las relaciones necesariamente se debieron haber dado entre grupos tan cercanos
geográficamente.
Lo que la materialidad arqueológica estaría indicando es que ambas sociedades poseían
Tradiciones Culturales diferentes, cuyos principales elementos fueron usados intencionalmente
usados para diferenciarse de aquellos asentados a escasos kilómetros.
Esto podría estar señalando la existencia de dos identidades culturales diferenciadas para la
Cuenca Superior del río Aconcagua durante el período Intermedio Tardío, las cuales serían
representadas hasta el momento por las comunidades del valle de Putaendo por un lado, y
aquellas pertenecientes a la cuenca de San Felipe-Los Andes, por el otro.
Estas identidades diferenciadas encuentran un sustrato cronológico en las evidencias
registradas hasta el momento para la etapa cultural anterior al período Intermedio Tardio, el
período Alfarero Temprano. Es así como los contextos del período Alfarero Temprano estudiados
en el valle de Putaendo presentarían fuertes semejanzas con desarrollos contemporáneos del
Norte Chico o Semiárido (Complejo El Molle y contextos de la cuenca del Choapa) (Niemeyer et
al. 1989; Castillo 1991, Rodríguez et. al. 1998) y del Centro-Oeste Argentino (fase cultural Punta
del Barro y Cultura Calingasta) (Gambier 1993, Sánchez et al. 2000). En esta zona, hasta el
momento, no se han registrado los elementos diagnósticos de los desarrollos mejor conocidos
132
para este período en Chile Central, la Tradición Bato y el Complejo Cultural Llolleo (Falabella y
Stehberg 1989).
Por el contrario, claras evidencias de estos últimos si han sido identificados en espacios
pertenecientes a la cuenca de San Felipe-Los Andes (Pavlovic 2000b).
Esta situación podría estar señalando que las esferas de interacción ya señaladas para el
período Intermedio Tardío habrían estado funcionando, al menos, desde este período.
Otros antecedentes significativos provienen de las evidencias recogidas para el segmento
crono-cultural posterior al período Intermedio Tardío, el período Tardío-Inca (PT), durante el cual
ha sido posible apreciar el desarrollo por parte del Tawantinsuyo de estrategias diferenciales al
momento de relacionarse con las poblaciones locales (Pavlovic et al. 2006).
Estas diferencias se interpretan apartir de la presencia mucho mas significativa del estado
Inca y sus esferas de interacción en la cuenca de San Felipe-Los Andes que en Putaendo, no solo
en cuanto a sitios con estructuras arquitectónicas, sitios habitacionales y funerarios, sino también
en una materialidad cultural diversa.
Es así como se registra un amplia variabilidad alfarera que podría estar relacionada con
cambios desarrollados en el seno de las tradiciones alfareras locales a raíz del contacto con la
administración Inca y los grupos que ingresaron a la zona durante el período. Tal como ya se
señalo, la amplia diversidad registrada durante este período a escala alfarera podría estar
relacionada con los desiguales niveles de integración que se desarrollaron entre las diferentes
comunidades y el estado cuzqueño y sus representantes. Este panorama se complejiza al
considerar la producción alfarera desarrollada por las poblaciones movilizadas hacia el valle.
El registro de otras materialidades como artefactos de metal e instrumentos musicales
elaborados en materias primas alóctonas confirmarían la importancia de esta zona para el estado
Inca.
Gran parte de estos aspectos no han sido registrados hasta el momento en Putaendo.
Aunque claramente puede ser resultado de un sesgo en la investigación, es factible pensar que
también sea resultado de la consideración por parte del Inca como una zona con otra orientación,
quizas mas enfocado a la producción de materias primas minerales.
El arte rupestre también aporta a esta diferenciación con la posibilidad de que a diferencia
de Putaendo, en la cuenca de San Felipe-Los Andes no se haya desarrollado de manera
significativa el arte rupestre en forma previa a la llegada a la zona del Tawantinsuyo (Troncoso
2003).
133
La abundancia de petroglifos en Putaendo y su probable asignación cronológica al período
Intermedio Tardío (Troncoso 2003) plantea nuevamente una fuerte relación con las poblaciones
de la zona del Choapa, tanto del período Alfarero Temprano como del Intermedio Tardío, donde
los grabados en roca constituyen una manifestación cultural muy significativa, y al mismo tiempo
aporta a la definición de una Tradición Cultural diferente a propia de los grupos de San Felipe-
Los Andes.
En esta última zona, el arte rupestre se hace común solo durante el período Tardío-Inca y
gran parte de este habría sido realizado por grupos locales o foráneos relacionados de manera
significativa con el Incario (Troncoso et al. 2005).
Esta situación permite establecer un paralelo con los casi nulos ejemplos de arte rupestre
registrados en la cuenca del Maipú-Mapocho, volviendo a manifestarse elementos comunes con
el registro arqueológico de la cuenca de San Felipe-Los Andes que permiten establecer la
existencia de esferas de interacción dinámicas entre ambas zonas.
De esta forma y considerando tanto las tradiciones alfareras, como las evidencias
mortuorias, las evidencias rupestres y los antecedentes existentes para otros períodos en la
Cuenca Superior del río Aconcagua conformaría un cúmulo de evidencias que vendrían a
verificar la presencia de dos entidades socioculturales diferenciadas en forma clara, las cuales
vienen a dar una imagen de heterogeneidad cultural al período Intermedio Tardio de Aconcagua
que no había sido considerada y que recien comienza a comprenderse.
El estudio del patron de asentamiento, de las tradiciones tecnológicas, las estrategias de
subsistencia y de los modos de vida presentados permiten correlacionar la presencia de esta
heterogeneidad cultural con la organización social segmentaria que habrían presentado estas
poblaciones.
Precisamente en este punto es donde falta mas avanzar para compreneder de mejor forma
como el estudio de la cultura material nos permite conocer mejor las formas en que la gente
conceptualizaba tanto los aspectos que constituían su espacio físico aquellas otras personas que
conformaban su espacio social.
Finalmente, es importante destacar que todos los datos recopilados no hacen sino
confirmar los planteamientos que han estado surgiendo en los últimos años acerca de un área de
interacción cultural muy importante que habría estado definida entre la cuenca del Choapa por el
norte y el curso superior del río Aconcagua por el sur, y que habría tenido importantes relaciones
con la vertiente trasandina (ver mapa 12). Esta dinámica se habría desarrollado durante todo el
134
Período Alfarero, desde el Temprano hasta el Tardío Incaico. (Durán y Planella 1989; Gambier
1993; Rodríguez et al. 1997, 1998; Sánchez 1997, 2000; Sánchez et al. 1999, 2000). La conquista
hispana no habría significado el fin de esta zona de interacción, siendo patente durante la colonia,
la república y hasta nuestros días, tal como se ha podido apreciar en la enriquecedora interacción
con los habitantes actuales.
135
VII. BIBLIOGRAFÍA
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VIII. ANEXOS
146
entregan las especificaciones de cada rasgo funerario identificado en el sitio:
TUMBA 1 Individuo nº 1:
Corresponde a una tumba alterada Sexo: Femenino
por las actividades agrícolas y Edad: Adulto joven (+- 30 años)
saqueos subsiguientes. Sin embargo, Disposición: indeterminada.
fue posible desarrollar un registro Eje del cuerpo: indeterminado.
mínimo. Este permitio recuperar los Mirada: indeterminada
restos de un individuo y una vasija Profundidad: 2 m. aprox.
cerámica. Este rasgo mortuorio Elementos Asociados Directamente: al individuo se asociaban, al
estaba ubicado aproximadamente a parecer, varias piezas cerámicas, de las cuales solo se pudo
2 m. de profunddad desde la cima registrar en detalle 1 pieza, la cual se describe a continuación.
del túmulo, aproximadamente en el Pieza 1. Vaso cilíndrico del Tipo Putaendo Rojo Engobado.
límite entre el relleno super-
superficial del túmulo y el nivel
original del suelo.
TUMBA 2 Individuo nº 2:
Corresponde a una tumba multiple, Sexo: Femenino.
compuesta por la inhumación de 3 Edad: Adulto joven.
individuos colocados virtualmente Disposición: extendida decubito ventral.
uno encima de otro. La única Eje del cuerpo: Este-Oeste.
separación entre los individuos Mirada: abajo
estaba constituida por una delgada Profundidad: 2,93 m. aprox.
capa, no superior a 3 cm. de Elementos Asociados Directamente: al individuo se asociaban un
espesor, de una sustancia total de 11 piezas cerámicas y una mano de moler, las cuales se
descompuesta de origen situaban sobre y al lado izquierdo del individuo. La mano de moler
posiblemente vegetal, que podría (pieza 5) posee forma subrectangular, presenta solo una cara
haber correspondido a una estera o utilizada y sección biconvexa. Entre las piezas cerámicas, un total
un textil que sirvió de fardo de 8 se encontraban dispuestas pareadas, conformando una pareja
funerario. Este elemento envolvía de escudillas decoradas, una pareja de Jarros, una pareja de
completamente a los 3 individuos y escudillas monocromos y una pareja de ollas .
permitió separar los elementos A continuación se describen brevemente las piezas alfareras
asociados a cada individuo. Por su recuperadas:
constitución, la tumba parece haber -Pieza 1. Escudilla con lóbulos del Tipo Putaendo Pulido.
correspondido a un único evento de -Pieza 2. Jarro del Tipo Putaendo Rojo Engobado.
inhumación, esto por que ninguno de -Pieza 3. Jarro del Tipo Putaendo Rojo Engobado.
los enterratorios disturbo a otro a -Pieza 4. Escudilla con lóbulos del Tipo Putaendo Alisado.
pesar de su cercanía y similar -Pieza 6. Escudilla del Tipo Putaendo Alisado.
disposición, hecho que también -Pieza 7. Olla del Tipo Putaendo Alisado.
permite apoyar la idea de un evento -Pieza 8. Fragmento de escudilla del Tipo Putaendo Rojo Engobado.
singular. Por otra parte, la tumba y -Pieza 9. Escudilla del Tipo Putendo Policromo.
los 3 individuos inhumados en ella -Pieza 10. Escudilla del Tipo Putaendo Policromo.
se encuentran al lado norte de la -Pieza 11. Olla del Tipo Putaendo Alisado.
estructura de piedra que se presenta -Pieza 12. Jarro del Tipo Putaendo Rojo Engobado.
147
en el sector sur de la acumulación Individuo nº 6:
de grandes bloques rocosos del Sexo: Femenino.
túmulo. Incluso los individuos 6 y 7 Edad: Adulto joven (+- 20 años).
se encuentran virtualmente bajo la Disposición: extendida decubito ventral.
estructura. Eje del cuerpo: Este-Oeste.
Mirada: abajo
Profundidad: 3,45 m. aprox.
Elementos Asociados Directamente: al individuo se asociaban un
total de 3 piezas cerámicas y una conana, dispuestas sobre y al lado
inferior derecho del individuo. La conana (pieza 18) se encontraba
fracturada y esta elaborada en granito. A continuación se describen
brevemente las piezas alfareras recuperadas:
-Pieza 13. Base plana de una pieza de gran tamaño del Tipo
Putaendo Alisado.
-Pieza 14. Cuenco subglobular del Tipo Putaendo Rojo Engobado.
-Pieza 15. Escudilla del Tipo Putaendo Rojo Engobado.
Individuo nº 7:
Sexo: Femenino.
Edad: Adulto maduro (+- 40 años).
Disposición: extendida decubito ventral.
Eje del cuerpo: Este-Oeste.
Mirada: abajo
Profundidad: 3,71 m. aprox.
Elementos Asociados Directamente: al individuo se asociaban un
total de 5 piezas cerámicas, una punta de proyectil y un pendiente.:
las piezas cerámicas se encontraban dispuestas sbre el individuo. El
pendiuente esta elaborado en piedra talcosa de color verde y
presenta una forma subcuadrangular. La punta de proyectil era
pequeña (2,6 cm. de largo) triangular y de base escotada. La punta
y el pendiente se ubicaban al lado derecho del craneo. A
continuación se describen brevemente las piezas alfareras
recuperadas:
-Pieza 16. Jarro de perfil compuesto del Tipo Putaendo Alisado.
-Pieza 17. Olla del Tipo Putaendo Alisado.
-Pieza 19. Escudilla con lóbulos del Tipo Putaendo Rojo Engobado.
-Pieza 22. Escudilla del Tipo Putaendo Alisado.
-Pieza 23. Vaso cilíndrico del Tipo Putaendo Rojo Engobado.
Tumba 3 Individuo nº 3:
Corresponde a una sola inhumación Sexo: Masculino.
ubicada en el sector noreste de la Edad: Adulto joven.
unidad de rescate desarrollada en el Disposición: extendida decubito ventral.
sector alterado del cementerio Eje del cuerpo: Noreste-Suroeste.
tubuliforme. Mirada: abajo
Profundidad: 1,60 m. aprox.
Elementos Asociados Directamente: al individuo se asociaban un
total de 4 piezas cerámicas, una cuenta de collar en la boca, una
falange y una vértebra de camelido al lado derecho de la tibia
derecha, un trozo de tronco o rama sobre las piernas y dos
pequeños emplantillados, uno sobre la espalda y otro al final de los
pies. A continuación se describen brevemente las piezas alfareras
recuperadas:
148
-Pieza 1. Escudilla con lóbulos del Tipo Putaendo Rojo sobre
Blanco (al lado izquierdo del craneo).
-Pieza 2. Escudilla con lóbulos del Tipo Putaendo Rojo sobre
Blanco (al ldo derecho del craneo).
-Pieza 3. Escudilla del Tipo Putaendo Rojo sobre Blanco (sobre la
pelvis).
-Pieza 4. Olla del Tipo Putaendo Alisado. (al lado derecho de la
tibia).
Tumba 4 Individuo nº 4:
Corresponde a la tumba de un Sexo: Indeterminado.
Neonato inserta en el área de Edad: Neonato.
grandes bloques registrado en el Disposición: Extendida decubito ventral.
sector sur de la unidad de rescate Eje del cuerpo: Suroeste-Noreste.
desarrollada en el túmulo. Mirada: abajo
Profundidad: 2,54 m. aprox.
Tumba 5 Individuo nº 5:
Correspondía a un enterratorio Sexo: Indeterminado.
severamente disturbado, Edad: Adolescente (17 años aproximadamente).
probablemente al excavarse la fosa Disposición: Indeterminada.
de otro individuo en el túmulo. Eje del cuerpo: Indeterminado.
Mirada: Indeterminada
Profundidad: 1,93-2,56 m. aprox.
149
I. IDENTIFICACIÓN DEL SITIO
Nombre: Casa Blanca 10
Propietario y/o Rene Leon Registrado por: R. Sánchez, P.
Arrendatario: Gilberto Montenegro Gonzalez, A.
Troncoso y D.
Pavlovic
Proyecto Fondecyt 1970531 Fecha de Registro: 26-01-1998
II. UBICACIÓN DEL SITIO
II.1 Politico Administrativa Región Provincia Comuna
V de Valparaíso San Felipe Putaendo
II.2. Centro Poblado mas cercano Caserío de Casa Blanca
II.3. Coordenadas UTM / Datum E N
SAM 56 344.796 63.99.745
II.4. Altitud 980 msnm II.5. Carta IGM Nombre Escala
Putaendo 1: 50.000
II.6. Emplazamiento Geográfico y Cuenca Fluvial (nombre) Aconcagua
Entorno Nombre y Tipo de Curso Hídrico Río Putaendo
mas cercano
Tipo de Relieve Piedemonte de
Rinconada
Tipo de Vegetación Cultivos
Tipo de Suelo Limoso-Arcilloso
Pendiente Suave (0 a 10º)
III. DESCRIPCIÓN DEL SITIO
III.1. Tipo de Sitio Categoría General Categoría Específica
Doméstico Habitacional sin estructuras
2
III.2. Superficie 40.000 m III.3. Densidad de sus Alta (material
componentes cultural)
III.4. Contexto Presenta una gran cantidad de materiales culturales (cerámica y lítico) en
Cultural y Ecofactual superficie y estratigrafía. Posiblemente se presentarían rasgos funerarios y
en algunos sectores restos ecofactuales conservados como huesos de
animal y piezas malacológicas.
III.5. Asignación Cronológica y Cultural Período Alfarero Temprano
Período Intermedio Tardío
III.6. Estado de Conservación Regular
III.7. Factores de Disturbación Naturales Antrópicos
Aluvial Agricultura (cultivos y acequías)
IV. NIVEL DE REGISTRO ARQUEÓLOGICO
El sitio fue detectado en el marco de una prospección sistematica realizada en la zona, destacando el
registro de una gran cantidad de materiales culturales (fragmentos cerámicos, desechos de talla e
instrumentos líticos, instrumentos de molienda, etc.), fundamentalmente en su sector Noroeste,
correspondiente a un espacio con gran cantidad de rocas (de posible origen aluvional), en donde el arado
no ha sido utilizado con la intensidad con que ha sido aplicado en los sectores mas llanos y libres de rocas.
Además, el señor Rene León señala el hallazgo de probables restos óseos humanos o animales y una vasija
completa en el sector bajo del sitio.
150
Actualmente el sitio se encuentra dividido, al menos, en dos predios agrícolas pertenecientes a diferentes
familias. Es en la propiedad de la familia León donde se presenta el sector de menor de alteración
antrópica.
En la primera temporada de estudio, en el sitio se practicaron un total de 4 unidades de 1m² cada una
(unidades 1, 2, 3 y 4), rebajadas en niveles artificiales de 10 cm. y registrando las capas o estratos
naturales. Las excavaciones tuvieron por objetivo definir en forma mas precisa el contexto arqueológico y
recabar antecedentes preliminares sobre la extensión del sitio. La potencia sedimentaría registrada fue
exigua, con un máximo de 40 cm. de profundidad y correspondió básicamente a una matriz limosa de
compactación regular con guijarros, bajo la cual se presentaba una compacta capa de guijarros, estéril
culturalmente y muy dificultosa de trabajar.
Las excavaciones realizadas en el sitio Casa Blanca N°10 permitieron establecer la existencia de dos
ocupaciones de tipo habitacional: una alfarera Temprana y otra perteneciente al Intermedio Tardío. La
primera de ellas presentó claras semejanzas con los contextos alfareros de los desarrollos definidos para
este período en Chile Central. Pero la ausencia de materiales decorativos diagnósticos no permitió
relacionarla en forma clara con algunos de estos complejos artefactuales. La datación obtenida (935 ± 60
d.C.) la ubicaría a fines del período Alfarero Temprano, en tiempos previos al inició del Período
Intermedio Tardío. A pesar de lo poco diagnóstico del contexto, la obtención de una datación y la
información obtenido acerca de este permitirá ayudar a definir las escasamente conocidas manifestaciones
alfareras Tempranas del curso superior del río Aconcagua. La segunda, y mas potente, ocupación
correspondió a la asignada al período Intermedio Tardío, para el cual se presentan evidencias de todo el
conjunto alfarero, piezas líticas y dataciones absolutas (1065 ± 80 d.C., 1.190 ± 60 d.C. y 1.230 ± 60 d.C.)
que confirman la similitud de este contexto con los detectados en otros sitios cercanos, como el sitio Casa
Blanca 1-”Ancuviña El Tartaro”.
Durante el año 2005 y 2006 se ha reiniciado el estudio de este sitio. Al respecto, se ha procedido a
desarrollar una red de pozos de sondeo en un amplio sector del sitio para establecer sus características
depositacionales y se han rebajado un total de 3 unidades de 2m2. Aunque los materiales obtenidos en estos
rebajes se encuentran actualmente en análisis, es posible, a partir de su estudio y los antecedentes
recopilados en terrreno, confirmar la asignación al período Intermedio Tardio de gran parte del contexto
cultural y ecofactual de este sitio. Además, en estos últimos estudios ha sido posible recuperar una
significatva muestra arqueofaunística y arqueobotanica de sitio, que indicaría que el arado no ha
intervenido completamente los rasgos que se presentan en este sitio y que se podrán caracterizar de mejor
forma las estrategias de subsistencia de los grupos de habitaron este sitio durante el período Intermedio
Tardío.
151
I. IDENTIFICACIÓN DEL SITIO
Nombre: Casa Blanca 30
Propietario y/o Familia Gonzalez Registrado por: R. Sánchez, P. Gonzalez,
Arrendatario: N. Gaete, A. Troncoso y
D. Pavlovic
Proyecto Fondecyt 1970531 Fecha de Registro: 01-02-1998
II. UBICACIÓN DEL SITIO
II.1 Politico Administrativa Región Provincia Comuna
V de Valparaíso San Felipe Putaendo
II.2. Centro Poblado mas cercano Caserío de Casa Blanca
II.3. Coordenadas UTM / Datum E N
SAM 56 346.467 64.00.252
II.4. Altitud 900 msnm II.5. Carta IGM Nombre Escala
Putaendo 1: 50.000
II.6. Emplazamiento Geográfico y Cuenca Fluvial (nombre) Aconcagua
Entorno Nombre y Tipo de Curso Río Putaendo
Hídrico mas cercano
Tipo de Relieve Piedemonte de Rinconada y
adyacente a cerro isla
Tipo de Vegetación Cultivos
Tipo de Suelo Limoso-Arcilloso
Pendiente Suave (0 a 10º)
III. DESCRIPCIÓN DEL SITIO
III.1. Tipo de Sitio Categoría General Categoría Específica
Doméstico Habitacional sin estructuras
III.2. Superficie 15.000 m2 III.3. Densidad de sus Alta (material
componentes cultural)
III.4. Contexto Presenta una gran cantidad de materiales culturales (cerámica y lítico) en
Cultural y Ecofactual superficie y estratigrafía.
III.5. Asignación Cronológica y Cultural Período Alfarero Temprano
Período Intermedio Tardío
Periodo Histórico
III.6. Estado de Conservación Regular
III.7. Factores de Disturbación Naturales Antrópicos
Aluvial - Animales Agricultura (cultivos y acequías),
construcciones, caminos.
IV. NIVEL DE REGISTRO ARQUEÓLOGICO
El sitio fue detectado en el marco de una prospección sistematica realizada en la zona, destacando el
registro de una gran cantidad de materiales culturales (fragmentos cerámicos, desechos e instrumento
líticos tallados, instrumentos de molienda, etc.), fundamentalmente en su sector Noreste, en un espacio
utilizado actualmente para el cultivo de árboles frutales y que presentan claras evidencias de haber sido
arado intensamente.
Su sector sur se presenta fuertemente alterado por la presencia de un emplazamiento doméstico actual de
alta complejidad con varias estructuras de distintos tamaño, factura y cronología, destacando una antigua
casa de quincha.
Durante el año 1998, en el sitio se practicaron 2 unidades de 1m² cada uno (unidades 1 y 2), rebajadas en
152
niveles artificiales de 10 cm. y registrando las capas o estratos naturales. Las excavaciones tuvieron por
objetivo definir en forma mas precisa el contexto arqueológico y recabar antecedentes preliminares sobre
la extensión del sitio. La potencia sedimentaría registrada fue exigua, con un máximo de 30 cm. de
profundidad y correspondió básicamente a una matriz limosa de compactación regular con guijarros, bajo
la cual se presentaba una compacta capa de guijarros, estéril culturalmente y muy dificultosa de trabajar.
Las excavaciones realizadas en el sitio Casa Blanca N°30 permitieron establecer la existencia de tres
ocupaciones de tipo habitacional: una correspondiente al período Alfarera Temprano, otra perteneciente al
Intermedio Tardío y una atribuible al período Histórica.
La primera de ellas presentó claras semejanzas con los contextos alfareros de los desarrollos definidos
para este período en Chile Central, aunque presentan elementos particulares que permien asociarla con las
tradiciones alfareras que se presentaron localmente en este valle durante este argo período cronológico. En
ese sentido destaca el hallazgo de bases planas en pedestal y un fragmento con gruesas incisiones lineales y
punteadas. Para esta ocupación se obtuvo una datación absoluta por T.L. (880 ± 70 d.C.) la cual la
ubicaría a fines del período Alfarero Temprano, en tiempos previos al inició del Período Intermedio Tardío.
Esta datación se podría correlacionar claramente con la datación obtenida en Casa Blanca 10 y señalar la
presencia de emplazamientos de grupos de tradición alferara temprana en espacios de valle en los
momentos finales del primer milenio de nuestra era. A pesar de lo poco diagnóstico del contexto, la
obtención de una datación y la información obtenido acerca de este permitirá ayudar a definir las
escasamente conocidas manifestaciones alfareras Tempranas del curso superior del río Aconcagua.
La segunda, y mas potente, ocupación correspondió a la asignada al período Intermedio Tardío, para el
cual se presentan evidencias de todo el conjunto alfarero, piezas líticas y otras evidencias que confirman la
similitud de este contexto con los detectados en otros sitios cercanos, como los sitios Casa Blanca 1-
”Ancuviña El Tartaro” y Casa Blanca 10. Un fragmento del Tipo Putaendo Rojo sobre Blanco
perteneciente a esta cupación fue datado por T.L, obteniendose una fecha (1.565 ± 50 d.C.), que permitiría
sostener la probable extensión cronológica de esta ocupación hasta momentos de presencia Incaica e
incluso Hispánica en Chile Central.
La secuencia ocupacional del sitio se completa con la ocupación de momentos históricos, la cual en las
unidades rebajadas se presenta de manera bastante exigua. No obstante lo anterior, entre los materiales
asignados a este momento destaca la presencia de un framento ceráamico decorado en blanco sobre rojo
engobado exterior, perteneciente a una vasija pulida espatulada.
153
I. IDENTIFICACIÓN DEL SITIO
Nombre: Ramadillas 1 – “La Higuera”
Propietario y/o Desconocido Registrado por: R. Sánchez, N. Gaete, A.
Arrendatario: Troncoso y D. Pavlovic
Proyecto Fondecyt 1970531 Fecha de Registro: 31-01-1998
II. UBICACIÓN DEL SITIO
II.1 Politico Administrativa Región Provincia Comuna
V de Valparaíso San Felipe Putaendo
II.2. Centro Poblado mas cercano Pueblo de Piguchen
II.3. Coordenadas UTM / Datum E N
SAM 56 350.797 64.01.765
II.4. Altitud 1.137 msnm II.5. Carta IGM Nombre Escala
Putaendo 1: 50.000
II.6. Emplazamiento Geográfico y Cuenca Fluvial (nombre) Aconcagua
Entorno Nombre y Tipo de Curso Río Putaendo y Estero Los
Hídrico mas cercano Encañados o Las Gredas.
Tipo de Relieve Piedemonte de cadena de
cerros
Tipo de Vegetación Arboles, arbustos y matorral
Tipo de Suelo Limoso-Arcilloso
Pendiente Suave (0 a 10º)
III. DESCRIPCIÓN DEL SITIO
III.1. Tipo de Sitio Categoría General Categoría Específica
Doméstico Habitacional sin estructuras
2
III.2. Superficie 100.000 m III.3. Densidad de sus Media
componentes (material
cultural)
III.4. Contexto Presenta una cantidad significativa de materiales culturales (cerámica y
Cultural y Ecofactual lítico) en superficie y estratigrafía.
III.5. Asignación Cronológica y Cultural Período Alfarero Temprano
Período Intermedio Tardío
Periodo Histórico
III.6. Estado de Conservación Regular
III.7. Factores de Disturbación Naturales Antrópicos
Aluvial, Animales y Agricultura (cultivos y acequías),
Carcava construcciones, caminos.
IV. NIVEL DE REGISTRO ARQUEÓLOGICO
El sitio fue detectado en el marco de una prospección sistematica realizada en la zona, destacando el
registros de una gran cantidad de materiales culturales (fragmentos cerámicos, desechos de instrumentos
líticos tallados, instrumentos de molienda, etc.), fundamentalmente en su sector Suroeste, en un espacio
ubicado en forma adyacente a un asentamiento histórico abandonado y grandes corrales de piedra.
Adyacente a este espacio se ubica una carcava de aproximadamente 1 m. de profundidad en cuyos perfiles
es posible identificar restos materiales prehispánicos e históricos, señalando claramente la alteración de
los depósitos originales por la acción en forma intensa del arado.
En el marco del proyecto Fondecyt 1040153 y con el objetivo de caracterizar de mejor forma la extensión,
el contexto, la asignación cronocultural y la funcionaldad del sitio, durante el año 2004 se realizarón 2
154
unidades de 1m² cada uno (unidades 1 y 2), rebajadas en niveles artificiales de 10 cm. y registrando las
capas o estratos naturales. La potencia sedimentaría registrada alcanzo los 60 cm. de profundidad. A pesar
de que no se pudieron distinguir pisos cupacionales debido a la alteración generada por el arado, fue
posible bajo los 35 cm. de profundidad establecer la presencia de depósitos con un mayor grado de
preservación. Por debajo de la profundidad señalada no se presentaba material cerámico histórico,
registradonseo solo restos prehispánicos. De hecho, en los niveles mas profundos, gran parte del material
cutltural puede pudo ser asignado al período Alfarero Temprano. Con respecto a la estratigrafía natural
que presenta el sitio, el sector removido por arado, desde la superficie hasta los 40 cm. de profundidad,
presentaba una matriz de regular compactación compuesta por limo y arcilla, con presencia de guijarros
angulosos medianos y pequeños. Bajo los 40 cm. se aprecia una creciente compactación, una fuerte
disminución del contenido orgánico y el aumento del componente arcilloso.
Con estas excavaciones fue posible establecer la secuencia ocupacional del sitio, lo que permite situarlo en
el contexto mayor de la historia ocupacional de las áreas de Ramadillas y Los Patos y, en general, del
valle superior del río Putaendo. Es así como ha sido posible confirmar la presencia de materiales
pertenecientes a tres períodos de la secuencia crono-cultural del valle de Putaendo: los períodos Alfarero
Temprano, el Intermedio Tardío y el Histórico.
La ocupación se iniciaría con eventos ocupacionales de grupos que ocuparon el sitio durante el período
Alfarero Temprano. Sus evidencias indican la utilización de un conjunto reducido de categorías de formas
cerámicas, las cuales habrían sido usadas básicamente para el transporte, almacenaje temporal,
procesamiento y consumo de alimentos sólidos y líquidos. La predominancia de fragmentos alisados, y la
escasez de fragmentos pulidos, podría permitir plantear la posibilidad de asociar las ocupaciones de este
sitio a grupos móviles, entre los cuales se privilegia el tratamiento lisado por el exterior de las vasijas ya
que privilegia la transmisión de calor. Esta misma situación se da entre los materiales del sitio Los Patos 6,
situado a escasa distancia y en un ambiente similar y contrasta con la registrada en otros sitios del período
Alfarero Temprano, como Cancha Lo Vicuña (Troncoso et al. 2005), en donde predominan las superficies
exteriores pulidas y se da una mayor variedad de formas y tamaños de vasijas, aspectos que podrían estar
relacionados con su pertenencia a grupos de mayor sedentarismo.
Los materiales líticos asociados a esta ocupación corresponderían a instrumentos tipo cepillos y derivados
de núcleo elaboradas en materias primas locales. Algunos de estos materiales pudieron haber sido
utilizados para el trabajo de la madera, algo recurrente en los sitios período Alfarero Temprano del valle
de Putaendo y Chile Central en general.
Por todo lo anterior es factible postular que estos materiales serían resultado de ocupaciones temporales,
cada una de las cuales generaban bajas densidades de materiales descartados en el lugar, pero que al
repetirse a lo largo de un prolongado período de tiempo, generaron un depósito significativo.
Esta ocupación Alfarero Temprano fue alterada parcialmente por las actividades domésticas llevadas a
cabo por otros grupos humanos durante el Intermedio Tardío. Esta ocupación sería el resultado de la
instalación en el lugar de un asentamiento habitacional en el cual se habría desarrollado una variada serie
de actividades relacionadas con la subsistencia de sus ocupantes que pueden ser inferidas a partir del
análisis de los materiales culturales registrados en el sitio.
En relación al conjunto alfarero, se presentan todos los tipos y grupos cerámicos que han sido registrados y
descritos para otros sitios Intermedio Tardío del área, incluyendo tanto las vasijas monocromas
restringidas destinadas al procesamiento y almacenamiento de alimentos y liquidas, las monocromas no
restringidas que funcionaban como amplios continentes para almacenar, recalentar y/o consumir alimentos
sólidos y aquellas engobadas y decoradas, en su mayoría no restringidas, destinadas al consumo de
alimentos. Entre estas últimas destaca la presencia del tipo Putaendo Rojo sobre Blanco, el tipo cerámico
que aparece como emblemático del Intermedio Tardío en el valle del río Putaendo (Sánchez et al. 2000,
Pavlovic et al. 2004, Pavlovic et al. 2006).
En cuanto a los materiales líticos, se registra la tradicional industria lítica de estos sitios, incluyendo una
gran cantidad de derivados de núcleo que funcionaron como instrumentos polifuncionales de rápido
descarte, los cuales fueron obtenidos a partir de guijarros redondeados de andesita y basalto, posiblemente
recolectados en la cercana caja fluvial del río Putaendo. Junto a estos se detectan algunos desechos,
pequeños derivados e instrumentos bifaciales elaborados a partir de rocas silíceas de grano fino, que
155
debieron ser traídas de zonas mas precordilleranas. Dentro de los instrumentos bifaciales se detecta una
preforma de punta triangular de base escotada y de entre 15 y 25 mm. de largo, un tipo de proyectil que se
registra en todos los contextos Intermedio Tardío de la zona (Sánchez et al. 2000, Pavlovic et al. 2004).
Todo este conjunto confirma el desarrollo de actividades de tipo doméstico en el sitio, entre las cuales
aparece nítidamente el procesamiento, almacenaje y consumo de alimentos sólidos y liquidos; la
elaboración de instrumentos líticos a ser usados en el trabajo de la madera y para elaborar armas de caza;
y el descarte de artefactos fracturados.
Al mismo tiempo, la presencia de todo el utillaje cerámico y lítico propio del Intermedio Tardío en
Ramadillas 1-“La Higuera” y la constatación de que se da una fuerte identidad tecnológica, morfológica y
decorativa con aquellos otros contextos del mismo período de la zona, permiten establecer que los grupos
que ocuparon por un período indeterminado de tiempo este sector estaban fuertemente relacionados con los
pobladores de toda el área, siendo posible postular que eran parte de la Tradición Cultural local del
Intermedio Tardío.
Esta ocupación período Intermedio Tardío ha sido datada en forma absoluta gracias al procesamiento por
el método de Termoluminiscencia aplicado sobre un fragmento del Tipo Putaendo Rojo Engobado. Este
proceso entrego una fecha completamente coherente con la cronología del Intermedio Tardío en Putaendo:
1.170 ± 85 d.C.
Finalmente, se dan el sitio significativas evidencias cerámicas pertenecientes al período Histórico,
correspondientes a formas restringidas tipo jarro y no restringidas tipo escudillas de borde engrosado “en
coma”. Gran parte de estas vasijas presentan un tratamiento rojo engobado pulido, con claras huellas de la
piedra pulida o ágata que fue utilizada para darle el acabado, correspondiente al llamado facetado o
espatulado. Junto al material cerámico, en las intervenciones estratigráficos se registraron asociados a
esta ocupación fragmentos de vidrio y loza. Todas las evidencias señalan que en el sitio se habrían
desarrollado durante este período actividades de tipo domésticas asociadas al emplazamiento en el lugar
de un asentamiento habitacional. Estos materiales y el emplazamiento del sitio, se condicen con los ya
conocido para este período en el valle de Putaendo, contribuyendo a la comprensión del patrón de
asentamiento histórico. Con respecto a la cronología, es factible que esta se haya desarrollado en el marco
del período Histórico Republicano, durante el cual se habría desarrollado la Tradición Cerámica que
incluía a la cerámica rojo engobada.
A pesar de que esta ultima ocupación fue intensa y removió parcialmente los depósitos prehispánicos, es
importante destacar la posibilidad de que exista bajo los 35 cm. de profundidad sectortes con los depósitos
prehispánicos con bajos niveles de distrubación, cuyo estudio podría contribuir a la comprensión de la
ocupación humana de este sitio y todo el valle de Putaendo.
156
I. IDENTIFICACIÓN DEL SITIO
Nombre: Casa Blanca 36
Propietario y/o Reinel Vergara Registrado por: R. Sánchez, A.
Arrendatario: Troncoso y D.
Pavlovic
Proyecto Fondecyt 1970531 Fecha de Registro: 16-08-1999
II. UBICACIÓN DEL SITIO
II.1 Politico Administrativa Región Provincia Comuna
V de Valparaíso San Felipe Putaendo
II.2. Centro Poblado mas cercano Caserío de Casa Blanca
II.3. Coordenadas UTM / Datum E N
SAM 56 345.144 63.99.416
II.4. Altitud 1.030 msnm II.5. Carta IGM Nombre Escala
Putaendo 1: 50.000
II.6. Emplazamiento Geográfico y Cuenca Fluvial (nombre) Aconcagua
Entorno Nombre y Tipo de Curso Río Putaendo
Hídrico mas cercano
Tipo de Relieve Terraza Fluvial
Tipo de Vegetación Cultivos
Tipo de Suelo Limoso-Arcilloso
Pendiente Suave (0 a 10º)
III. DESCRIPCIÓN DEL SITIO
III.1. Tipo de Sitio Categoría General Categoría Específica
Doméstico Habitacional sin estructuras
III.2. Superficie 5.000 m2 III.3. Densidad de sus Alta (material
componentes cultural)
III.4. Contexto Presenta una cantidad significativa de materiales culturales (cerámica y
Cultural y Ecofactual lítico) en superficie y estratigrafía.
III.5. Asignación Cronológica y Cultural Período Intermedio Tardío
Período Tardío-Inca
Periodo Histórico
III.6. Estado de Conservación Regular
III.7. Factores de Disturbación Naturales Antrópicos
Animales. Agricultura (cultivos y acequías).
IV. NIVEL DE REGISTRO ARQUEÓLOGICO
Identificado durante las prospecciones desarrolladas durante 1999 en el marco del proyecto Fondecyt nº
1970531, el sitio Casablanca 36 corresponde a un sitio multicomponente emplazado en el tramo superior
del valle del río Putaendo. Al situarse en las fértiles terrazas fluviales que se emplazan en el sector de
Casablanca, en la ribera noroeste del río Putaendo, el sitio ha sido fuertemente afectado por el desarrollo
de actividades agrícolas. En la actualidad es utilizado como campo destinado al cultivo de árboles frutales.
En forma específica el sitio se ubica a escasos metros del inicio de la amplia caja fluvial del río Putaendo,
frente a la amplia rinconada de CasaBlanca y en forma adyacente al predio en el cual se emplaza el sitio
Casablanca 1-Ancuviña El Tartaro.
Durante el registro inicial realizado en el marco de la prospección señalada se identificaron en la
superficie del sitio material cerámico y lítico que señalaba la probable existencia en el lugar de
157
ocupaciones del período Intermedio Tardío, el período Tardío-Inca y el período Histórico.
Con el fin de completar la información acerca de la ocupación período Intermedio Tardío en la zona, en el
marco del proyecto Fondecyt nº 1000172 se realizó una datación absoluta por Termoluminiscencia de un
fragmento recolectado en la superficie del sitio (Pavlovic et al. 2002). Este correspondía a un fragmento
rojo engobado exterior/rojo sobre blanco interior, perteneciente al Tipo Putaendo Rojo sobre Blanco
(TPRB), y que entrego una fecha de 1.230 ± 70 d.C. (UCTL 1395). Esta fecha permitió verificar la
presencia de una ocupación PERÍODO INTERMEDIO TARDÍO en el sitio y plantear la posibilidad de
desarrollas futuras intervenciones estratigráficas en el sitio.
Estas finalmente se concretaron durante el desarrollo del proyecto 1040153 y estuvieron orientadas a
caracterizar los eventos ocupacionales que se implementaron en el sitio y de esta forma contribuir al
cumplimiento de los objetivos del presente proyecto, en particular de aquel relacionado con la
“Caracterización de la dinámica socio-cultural de las poblaciones alfareras prehispánicas de la cuenca
superior del río Aconcagua”.
Para cumplir con los objetivos que justificaban la excavación de este sitio, se desarrolló una metodología
de excavación de incluyo el rebaje de dos unidades de 1 m2 cada una (pozo 1 y pozo 2), situadas en el
sector sur del sitio, en el sector mas cercano a la caja fluvial del río Putaendo. Estas se ubicaron en los
sectores abiertos situados entre las hileras de árboles frutales y separados entre si por aproximadamente
20 m.
La imposibilidad de determinar horizontes estratigráficos naturales debido al fuerte grado de remoción por
arado que presentaba la zona, determinó la necesidad de rebajar estas unidades por medio de niveles
artificiales de 10 cm. cada uno. No obstante lo anterior, bajo los 30 cm. de profundidad se puso especial
atención a la probable identificación de capas naturales sin disturbación, ya que esta parecía ser el límite
de profundidad del arado utilizado en la zona, de acuerdo al propietario del predio.
Esta última situación permitió identificar en el Pozo 1 un rasgo en la base de la ocupación prehispánica del
sitio (nivel 45-55 cm.), correspondiente posiblemente a los restos de un fogón o área de quema, el cual
presentaba abundante carbón, tierra quemada y algunos materiales.
Precisamente el nivel en que se identificó el rasgo descrito marca el límite inferior de la presencia de
materiales culturales y un significativo cambio de matriz, marcando el límite entre los dos estratos
naturales identificados en el sitio. Ambos tienen un comportamiento depositacional bastante similar en
ambos pozos y a continuación se entregan sus principales características
Desde la superficie hasta aproximadamente los 50 cm. se presenta un horizonte estratigráfico compuesto
por limo, con alto contenido orgánico, baja compactación y escasa presencia de guijarros redondeados y
angulosos de tamaño mediano. Aunque la parte superior de este estrato A se haya claramente intervenida
por las actividades agrícolas, este se presentaría mejor conservado entre los 35 y los 50 cm.. Este nivel fue
precisamente aquel en donde se registró la mayor cantidad de materiales culturales y probablemente el
mayor contenido orgánico (color mas oscuro), pudiendo plantearse en forma tentativa que correspondería
al nivel de piso y ocupación que tenía la zona cuando fue utilizado domésticamente durante el período
Intermedio Tardío. El registro del rasgo señalado, al parecer no removido, en este nivel confirmaría esta
apreciación.
En este sentido sería factible postular que una parte significativa de los materiales registrados en los
primeros niveles del sitio, entre la superficie y posiblemente los 25 cm. de profundidad, hayan sido
trasladados hacia arriba desde el nivel de ocupación por efecto del arado, al alterar este último la parte
superior del horizonte ocupacional.
Bajo los 50 cm. de profundidad se sitúa el estrato B, estéril culturalmente y correspondiente a una matriz
con mayor presencia de arcilla, de color amarillenta, de alta compactación y claramente sin un
significativo contenido orgánico.
En el sitio ha sido posible establecer la probable existencia de ocupaciones durante el período Alfarero
Temprano, para el cual no se tenían evidencias anteriores. Esto fue posible debido a que, a pesar de su
escasez, los materiales del Alfarero Teprano se situaban de forma mayoritaria bajo los 25 cm. de
profundidad, haciendo factible proponer en forma tentativa el desarrollo de eventos ocupacionales
asignables a este período. La posterior ocupación período Intermedio Tardío, posiblemente mas intensa y
permanente, podría haber alterado de manera significativa las evidencias y rasgos generados durante este
158
período.
Los materiales que representan la ocupación del Alfarero Temprano en el sitio están constituidos por
fragmentos cerámicos de paredes pulidas y alisadas y pasta finamente seleccionada pertenecientes a
vasijas restringidas de tamaño pequeño y mediano, posiblemente tipo jarro. Algunos materiales líticos
también pueden ser asignados a esta ocupación, tales como algunos raspadores y derivados de núcleo con
modificaciones por percusión y uso, todos ellos elaborados en materias primas locales como andesita y
posiblemente dedicados al trabajo de la madera. Estas y otras pudieron haber sido obtenidas a partir de
guijarros redondeados recolectados en la cercana caja fluvial del Putaendo, los cuales fueron procesados
inicialmente en el sitio, a juzgar por la presencia de gran cantidad de lascas con presencia de corteza. A
diferencia de lo sucedido con la probable ocupación del Alfarero Temprano, y no obstante la profunda
intervención a que ha estado sujeto el sitio, los antecedentes estratigráficos y los análisis desarrollados
permiten establecer en forma clara e indudable que en el sitio se habrían desarrollado eventos
ocupacionales del Intermedio Tardío. Parte de los restos de estos fueron detectados bajo los 35 cm. de
profundidad, registrándose en el pozo 1 un rasgo asociado a un fogón o área de quema no disturbado.
En relación al conjunto alfarero, se presentan todos los tipos y grupos cerámicos que han sido registrados y
descritos para otros sitios del Intermedio Tardío del área, incluyendo tanto las vasijas monocromas
restringidas destinadas al procesamiento y almacenamiento de alimentos y liquidas, las monocromas no
restringidas que funcionaban como amplios continentes para almacenar, recalentar y/o consumir alimentos
sólidos y aquellas engobadas y decoradas, en su mayoría no restringidas, destinadas al consumo de
alimentos. Entre estas últimas destaca la presencia del tipo Putaendo Rojo sobre Blanco, el tipo cerámico
que aparece como emblemático del Intermedio Tardio en el valle del río Putaendo.
En cuanto a los materiales líticos, se registra la tradicional industria lítica de estos sitios, incluyendo una
gran cantidad de derivados de núcleo que funcionaron como instrumentos polifuncionales de rápido
descarte, los cuales fueron obtenidos a partir de guijarros redondeados de andesita y basalto, posiblemente
recolectados en la cercana caja fluvial del río Putaendo. Junto a estos se detectan algunos desechos,
pequeños derivados e instrumentos bifaciales elaborados a partir de rocas silíceas de grano fino, que
debieron ser traídas de zonas mas precordilleranas. Dentro de los instrumentos bifaciales se detectan las
típicas puntas triangulares de base escotada y de entre 15 y 25 mm. de largo, que se registran en todos los
contextos del Intermedio Tardío de la zona. A ello se agrega la presencia de manos de moler, elaboradas a
partir de bloques de granito.
Todo este conjunto confirma el desarrollo de actividades de tipo doméstico en el sitio, entre las cuales
aparece nítidamente el procesamiento, almacenaje y consumo de alimentos sólidos y liquidos; la
elaboración de instrumentos líticos a ser usados en el trabajo de la madera y para elaborar armas de caza;
y el descarte de artefactos fracturados.
Por otro lado, es importante destacar la posibilidad de que exista bajo los 35 cm. de profundidad amplias
extensiones de la ocupación Intermedio Tardío del sitio sin disturbación, lo cual podría permitir,
desarrollando excavaciones mas extensivas, registrar áreas de actividad y materiales menos fracturados.
159
II.2. Centro Poblado mas cercano Caserío de Casa Blanca
II.3. Coordenadas UTM / Datum E N
SAM 56 345.263 64.00.085
II.4. Altitud 1.051 msnm II.5. Carta IGM Nombre Escala
Putaendo 1: 50.000
II.6. Emplazamiento Geográfico y Cuenca Fluvial (nombre) Aconcagua
Entorno Nombre y Tipo de Curso Río Putaendo
Hídrico mas cercano
Tipo de Relieve Terraza Fluvial
Tipo de Vegetación Cultivos
Tipo de Suelo Limoso-Arcilloso
Pendiente Suave (0 a 10º)
III. DESCRIPCIÓN DEL SITIO
III.1. Tipo de Sitio Categoría General Categoría Específica
Doméstico Habitacional sin estructuras
III.2. Superficie 40.000 m2 III.3. Densidad de sus Media
componentes (material
cultural)
III.4. Contexto Presenta una cantidad significativa de materiales culturales (cerámica y
Cultural y Ecofactual lítico) en superficie.
III.5. Asignación Cronológica y Cultural Período Tardío No Determinado
Periodo Histórico
III.6. Estado de Conservación Regular
III.7. Factores de Disturbación Naturales Antrópicos
Animales Agricultura (cultivos y acequías)
IV. NIVEL DE REGISTRO ARQUEÓLOGICO
Registro y Caracterización Superficial.
Recolección de materiales diagnósticos presentes en la superficie del sitio.
161
I. IDENTIFICACIÓN DEL SITIO
Nombre: Casa Blanca 27
Propietario y/o Juan Garcia Registrado por: R. Sánchez, N. Gaete, P.
Arrendatario: Gonzalez, A. Troncoso y
D. Pavlovic
Proyecto Fondecyt 1970531 Fecha de Registro: 01-02-1998
II. UBICACIÓN DEL SITIO
II.1 Politico Administrativa Región Provincia Comuna
V de Valparaíso San Felipe Putaendo
II.2. Centro Poblado mas cercano Caserío de Casa Blanca
II.3. Coordenadas UTM / Datum E N
SAM 56 346.609 64.00.304
II.4. Altitud 1.070 msnm II.5. Carta IGM Nombre Escala
Putaendo 1: 50.000
II.6. Emplazamiento Geográfico y Cuenca Fluvial (nombre) Aconcagua
Entorno Nombre y Tipo de Curso Río Putaendo
Hídrico mas cercano
Tipo de Relieve Cima de Cerro
Tipo de Vegetación Arbustos y Matorral
Tipo de Suelo Limoso-Arcilloso-Pedregoso
Pendiente Suave (0 a 10º)
III. DESCRIPCIÓN DEL SITIO
III.1. Tipo de Sitio Categoría General Categoría Específica
Doméstico y Rupestre. Avistadero – Campamento - Bloques con
Petroglifos
2
III.2. Superficie 3.000 m III.3. Densidad de sus Alta (material
componentes cultural)
III.4. Contexto Presenta materiales culturales (cerámica y lítico) en superficie y al menos
Cultural y Ecofactual dos bloques con petroglifos.
III.5. Asignación Cronológica y Cultural Período Tardío No Determinado
163
Pavlovic
Proyecto Fondecyt 1970531 Fecha de Registro: 13-09-1999
II. UBICACIÓN DEL SITIO
II.1 Politico Administrativa Región Provincia Comuna
V de Valparaíso San Felipe Putaendo
II.2. Centro Poblado mas cercano Caserío de Casa Blanca
II.3. Coordenadas UTM / Datum E N
SAM 56 342.103 63.98.945
II.4. Altitud 1.030 msnm II.5. Carta IGM Nombre Escala
Putaendo 1: 50.000
II.6. Emplazamiento Geográfico y Cuenca Fluvial (nombre) Aconcagua
Entorno Nombre y Tipo de Curso Río Putaendo y Estero Las
Hídrico mas cercano Minillas
Tipo de Relieve Piedemonte
Tipo de Vegetación Arbustos y matorral
Tipo de Suelo Limoso-Arcilloso-Pedregoso
Pendiente Suave (0 a 10º)
III. DESCRIPCIÓN DEL SITIO
III.1. Tipo de Sitio Categoría General Categoría Específica
Doméstico. Habitacional sin estructuras
III.2. Superficie 60.000 m2 III.3. Densidad de sus Baja (material
componentes cultural)
III.4. Contexto Presenta materiales culturales (cerámica y lítico) en superficie.
Cultural y Ecofactual
III.5. Asignación Cronológica y Cultural Período Alfarero Temprano
Período Tardío No Determinado
III.6. Estado de Conservación Regular
III.7. Factores de Disturbación Naturales Antrópicos
Aluvial y Animales. Rayados en rocas de gran tamaño.
IV. NIVEL DE REGISTRO ARQUEÓLOGICO
Registro y Caracterización Superficial.
Recolección de materiales diagnósticos presentes en la superficie del sitio.
165
II.2. Centro Poblado mas cercano Caserío de Casa Blanca
II.3. Coordenadas UTM / Datum SAM E N
56 343.490 63.98.391
II.4. Altitud 1.060 msnm II.5. Carta IGM Nombre Escala
Putaendo 1: 50.000
II.6. Emplazamiento Geográfico y Cuenca Fluvial (nombre) Aconcagua
Entorno Nombre y Tipo de Curso Río Putaendo
Hídrico mas cercano
Tipo de Relieve Terraza Fluvial
Tipo de Vegetación Cultivos
Tipo de Suelo Limoso-Arcilloso
Pendiente Suave (0 a 10º)
III. DESCRIPCIÓN DEL SITIO
III.1. Tipo de Sitio Categoría General Categoría Específica
Doméstico. Habitacional sin estructuras
III.2. Superficie 200.000 m2 III.3. Densidad de sus Alta (material
componentes cultural)
III.4. Contexto Cultural Presenta materiales culturales (cerámica y lítico) en superficie.
y Ecofactual
III.5. Asignación Cronológica y Cultural Período Alfarero Temprano
Período Intermedio Tardío
III.6. Estado de Conservación Regular
III.7. Factores de Disturbación Naturales Antrópicos
Aluvial. Agricultura (Cultivos, acequías, etc.).
IV. NIVEL DE REGISTRO ARQUEÓLOGICO
Registro y Caracterización Superficial.
Recolección de materiales diagnósticos presentes en la superficie del sitio.
166
I. IDENTIFICACIÓN DEL SITIO
Nombre: El Tartaro 14
Propietario y/o Familia Cabrini Registrado por: R. Sánchez, J. Rodríguez,
Arrendatario: I. Martinez, A. Troncoso y
D. Pavlovic
Proyecto Fondecyt 1970531 Fecha de 14-09-1999
Registro:
II. UBICACIÓN DEL SITIO
II.1 Politico Administrativa Región Provincia Comuna
V de Valparaíso San Felipe Putaendo
II.2. Centro Poblado mas cercano Caserío de Casa Blanca
II.3. Coordenadas UTM / Datum E N
SAM 56 342.657 63.98.344
II.4. Altitud 1.005 msnm II.5. Carta IGM Nombre Escala
Putaendo 1: 50.000
II.6. Emplazamiento Geográfico y Cuenca Fluvial (nombre) Aconcagua
Entorno Nombre y Tipo de Curso Río Putaendo y Estero Las
Hídrico mas cercano Minillas
Tipo de Relieve Terraza Fluvial
Tipo de Vegetación Cultivos
Tipo de Suelo Limoso-Arcilloso
Pendiente Suave (0 a 10º)
III. DESCRIPCIÓN DEL SITIO
III.1. Tipo de Sitio Categoría General Categoría Específica
Doméstico Habitacional sin estructuras
III.2. Superficie 10.000 m2 III.3. Densidad de sus Alta (material
componentes cultural)
III.4. Contexto Presenta materiales culturales (cerámica y lítico) en superficie.
Cultural y Ecofactual
III.5. Asignación Cronológica y Cultural Período Tardío No Definido
167
ANEXO 2. CARACTERIZACIÓN PRELIMINAR DE PASTAS ALFARERAS DEL PERÍODO INTERMEDIO TARDIO EN
PUTAENDO.
TABLA 2.1.
Detalle muestras de pasta del sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tártaro” analizadas para la Caracterización preliminar del conjunto
alfarero del período Intermedio Tardío en Putaendo.
Muestra Tipo Trat Sup Distribución Tamaño Forma Completa
Cerámico Ext Trat Sup Int Espesor Cocción Forma Pasta Antiplástico Antiplástico Inferida Patrón
borde-
Cocción cuello- regular
Putaendo café ahumado oxidante inserción (pequeño- Forma Restringida
CB1 - 1 Alisado pulido alisado mediano incompleta asa compacta homogénea mediano) Mediana (olla) PIT-CB1-C
irregular
Cocción (pequeño-
Putaendo café ahumado ahumado oxidante mediano- Forma Restringida
CB1 - 2 Alisado pulido alisado grueso incompleta Base compacta homogénea grueso) Mediana PIT-CB1-C
irregular
Cocción (pequeño-
Putaendo café ahumado oxidante mediano- Forma Restringida
CB1 - 3 Pulido pulido alisado grueso completa Cuerpo compacta homogénea grueso) Mediana/Grande PIT-CB1-C
irregular
Cocción (pequeño-
Putaendo café ahumado ahumado oxidante Borde- mediano- Forma Restringida
CB1 - 4 Pulido pulido pulido mediano incompleta cuello compacta no homogénea grueso) Mediana (olla) PIT-CB1-C
irregular
Cocción (pequeño-
Putaendo café claro oxidante Borde- mediano- Forma Restringida
CB1 - 5 Pulido pulido alisado mediano incompleta cuello compacta homogénea grueso) Mediana PIT-CB1-C
irregular
Cocción (pequeño-
Putaendo Café claro oxidante No mediano- Forma Restringida
CB1 - 6 Pulido pulido alisado mediano incompleta Cuerpo compacta no homogénea grueso) Grande PIT-CB1-C
irregular
Cocción (pequeño- Forma No
Putaendo oxidante mediano- Restringida Grande
CB1 - 7 Pulido naranja pulido pulido mediano incompleta Borde compacta homogénea grueso) (escudilla) PIT-CB1-D
irregular
Cocción (pequeño-
Putaendo oxidante mediano- Forma No
CB1 - 8 Pulido naranja pulido pulido grueso completa Cuerpo compacta homogénea grueso) Restringida Grande PIT-CB1-E
irregular
Cocción (pequeño-
Putaendo oxidante mediano- Forma Restringida
CB1 - 9 Pulido naranja pulido pulido mediano completa Cuerpo compacta homogénea grueso) Mediana (Jarro) PIT-CB1-C
CB1 - 10 Putaendo Rojo alisado mediano Cocción Cuerpo compacta homogénea regular Forma Restringida PIT-CB1-B
168
Rojo engobado oxidante (pequeño- Mediana (Jarro)
Engobado pulido completa mediano
Putaendo Cocción regular
Rojo rojo engobado oxidante (pequeño- Forma Restringida
CB1 - 11 Engobado pulido alisado mediano completa Cuerpo compacta homogénea mediano Mediana (Jarro) PIT-CB1-B
Putaendo Cocción regular Forma No
Rojo rojo engobado rojo engobado oxidante borde con (pequeño- Restringida
CB1 - 12 Engobado pulido pulido mediano completa lóbulo compacta homogénea mediano Mediana (escudilla) PIT-CB1-F
irregular
Putaendo Cocción (pequeño- Forma No
Rojo rojo engobado rojo engobado oxidante mediano- Restringida
CB1 - 13 Engobado pulido pulido mediano incompleta Borde compacta no homogénea grueso) Mediana (escudilla) PIT-CB1-G
irregular
Putaendo Cocción (pequeño- Forma No
Rojo rojo engobado rojo engobado oxidante mediano- Restringida
CB1 - 14 Engobado pulido pulido mediano completa Cuerpo compacta homogénea grueso) Mediana (escudilla) PIT-CB1-G
irregular
Putaendo Cocción (pequeño- Forma No
Rojo rojo engobado rojo engobado oxidante No mediano- Restringida
CB1 - 15 Engobado pulido pulido mediano incompleta Cuerpo compacta homogénea grueso) Mediana (escudilla) PIT-CB1-G
irregular Forma No
Putaendo Cocción (pequeño- Restringida
Rojo rojo engobado rojo engobado oxidante No mediano- Mediana-Grande
CB1 - 16 Engobado pulido pulido mediano incompleta Borde compacta no homogénea grueso) (escudilla) PIT-CB1-C
irregular
Putaendo Cocción (pequeño- Forma No
Rojo sobre rojo engobado rojo sobre oxidante No mediano- Restringida
CB1 - 17 Blanco pulido blanco mediano incompleta Borde compacta no homogénea grueso) Mediana (escudilla) PIT-CB1-F
irregular
Putaendo Cocción (pequeño- Forma No
Rojo sobre cafe y rojo rojo engobado oxidante No mediano- Restringida
CB1 - 18 Blanco sobreblanco pulido mediano incompleta Borde compacta no homogénea grueso) Mediana (escudilla) PIT-CB1-G
Putaendo rojo sobre Cocción regular Forma No
Rojo sobre rojo engobado blanco sobre oxidante (pequeño- Restringida
CB1 - 19 Blanco pulido rojo engobado mediano incompleta Cuerpo compacta homogénea mediano) Mediana (escudilla) PIT-CB1-G
169
TABLA 2.2
Descripción de patrones de pasta, Caracterización preliminar pastas conjunto alfarero del período Intermedio Tardío en Putaendo.
PATRON DESCRIPCIÓN
Inclusiones similares a cuarzo opaco anguloso y redondeado como antiplástico mayoritario, con tamaños pequeños y medianos
(menores a 0,5 mm.). En forma escasa se presentan inclusiones oscuras redondeadas pequeñas. Tanto el cuarzo como las
PIT-CB1-B inclusiones oscuras se distribuyen de forma homogénea en las fracturas frescas observadas
El cuarzo es el árido dominante, presentándose en formas angulosas y subangulosas y en tamaños mayoritariamente pequeños y
medianos (menores a 0,5 mm.). Se presentan también inclusiones oscuras redondeadas pequeñas y medianas en forma abundante
PIT-CB1-C y otras de apariencia granítica de colores diversos y subangulosas. El carbonato se presenta en forma ocasional.
Como antiplástico predomina el cuarzo opaco y rojizo anguloso, subanguloso y redondeado. Este se ve acompañado por escasas
inclusiones oscuras angulosas y otras de apariencia granítica de colores diversos y tamaño mediano y grande (superiores a 0,25
PIT-CB1-D mm.).
Predomina como antiplástico los cuarzos opacos y oscuros, angulosos y subangulosos pequeños y medianos. Junto a estos se
presentan inclusiones oscuras redondeadas abundantes, escasas rocas de apariencia granítica, redondeadas y pequeñas y, en forma
PIT-CB1-E muy ocasional, partículas de carbonato.
PIT-CB1-F Presenta como único antiplástico el cuarzo opaco anguloso de tamaño regular (tamaños pequeños y medianos).
PIT-CB1-G Junto al cuarzo anguloso de tamaño regular (tamaños pequeños y medianos), se presentan inclusiones de tipo graníticas de color.
170
ANEXO 3. MAPAS Y FOTOGRAFIAS.
Put aendo
N San Fel i pe 0 10 Km
0 10 Km
1: 400. 000 1: 250. 000
Mapa 1. Imagen Satelital de la Cuenca Superior del río Aconcagua, Mapa 2. Imagen Satelital del Valle del río Putaendo,
incluyendo el valle del río Putaendo. señalando sus tributarios y su confluencia con el río
Aconcagua.
171
Mapa 3. Imágenes satelitales de ubicación de la Cuenca Superior del río Aconcagua y el valle de Putaendo en la V región del territorio
chileno y su posición en relación a zonas adyacentes como la cuenca del río Choapa en la IV región, la cuenca Maipú-Mapocho en la
región Metropolitana y las provincias argentinas de San Juan y Mendoza.
172
N
0 5 km.
1: 125.000
Mapa 4. Imagen satelital El valle de Putaendo y las zonas de estudio consideradas en este estudio. También se señalan elementos
geográficos de importancia como el Cerro Orolonco, la zona de Las Minillas y la Laguna el Copín.
173
N
0 1 km.
1: 65.000
Mapa 5. Imagen satelital del valle de Putaendo y los sitios arqueológicos identificados en su curso superior.
174
0 1 km.
1: 50.000
Mapa 6. Imagen satelital del emplazamiento de los sitios arqueológicos de los períodos Intermedio Tardío y Tardío No Determinado
identificados en el valle de Putaendo.
175
Co
rdó
nd
el
Put aendo Co
bre
el
hu
e
Ja
Co
te
Es
El
ro
Queb. El
te
Asi ent o y Cº Campos de Ahumada
Es
Tabaco y Cº El Cobr e
Put aendo Estero San Francisco
Río
Aco
San Fel i pe
nca
gua
Panquehue Est er o El Cobre
La Fl or i da y
Pi o Ri o
Pai dahuen
Co
rdó
nd
e
Ch Estero Poc
Los Andes Cº Mercachas ac uro
ab
uc
o
Si err a de 0 10 Km
Chacabuco
Est er o Pocur o 1: 250.000
Mapa 7. Imagen satelital de la cuenca superior del río Aconcagua. Se Mapa 8. Imagen Satelital de la cuenca de San Felipe y Los Andes, en
señalan en naranjo las áreas estudiadas por el equipo de investigación al donde se señalan sus principales cursos hídricos y los cordones
cual pertenece el autor del presente estudio, algunas de las cuales han montañosos que la delimitan.
sido prospectadas en el marco de proyectos del Centro de Artes y
Oficios El Almendral y su Instituto de Estudios Culturales y
Ambientales de Montaña. En Línea segmentada azul se señalan las
áreas investigadas por Nuriluz Hermosilla y su equipo.
176
Mapa 9. Imagen
Satelital de la
Cuenca de San
Felipe y Los Andes y
la zona de
Panquehue. Se
señalan los sitios
identificados en
algunos sectores de
la cuenca. Con
puntos rojos se
señalan sitios
identificados y/o
estudiados por el
equipo de
investigación al cual
pertenece el autor de
este estudio. Con
nombres blancos se
señalan los citados
en este trabajo y que
0 10 km. han sido
investigados con
mayor profundidad.
1: 300.000
177
Cuenca de Put aendo
0 10 Km
Mapa 10. Imagen satelital con la definición Mapa 12. Imagen satelital en donde se aprecia la cercanía de los tributarios formativos
de las dos sub-cuencas de la cuenca superior de los ríos Putaendo, Choapa, Petorca y La Ligua y su posición en relación a las
del río Aconcagua, las cuales se cuencas trasandinas.
corresponden aproximadamente con
manifestaciones culturales diferenciadas para
el período Intermedio tardío
178
0 1 km.
1: 50.000
Mapa 11. Imagen satelital del curso superior del río Aconcagua, donde se señalan con puntos azules los sitios de Arte Rupestre (paneles
de petroglifos) y con puntos rojo los sitios domésticos y funerarios considerados en este estudio.
179
ANEXO 3.2. FOTOGRAFIAS
180
Fotografía 7. Planicie de media altura, espacio Fotografía 8. Interior de Rinconada, espacio de
de ocupación durante el período Alfarero ocupación durante el período Alfarero
Temprano, sitio Los Patos 6. Temprano, Piguchen.
Fotografía 9. Selección de fragmentos Fotografía 10. Vista desde el valle del cerro El
cerámicos del período Alfarero Temprano, sitio Castillo, en cuya cumbre se emplaza el sitio El
Los Patos 6. Tartaro 1-“Pukara El Tartaro”.
Fotografía 11. Vista de una sección de los Fotografía 12. Selección de fragmentos
muros del sitio El Tartaro 1-“Pukara El Tartaro”. cerámicos de filiación Diaguita registrados en
el sitio El Tartaro 1-Pukara El Tartaro”
181
Fotografía 13. Fragmento de Flauta de piedra Fotografía 14. Terraza Fluvial, espacio de
o”Antara” registrada en el sitio El Tartaro 1- ocupación período Intermedio Tardío, zona
“Pukara El Tartaro” de Casa Blanca.
Fotografía 15. Zona Baja de Rinconada, Fotografía 16. Cerro Isla, en sectores de
espacio de ocupación período Intermedio cumbre se registran materiales del período
Tardío, zona de Casa Blanca, sitio Casa Blanca Intermedio Tardío que indicarían su uso
10. como avistadero u otra actividad esporádica.
Fotografía 17. Materiales identificados en la Fotografía 18. Olla asas verticales, Tipo
Recolección Superficial del sitio El Tartaro 9 Putaendo Alisado, Casa Blanca 1-“Ancuviña
El Tartaro” (tumba 2, ind. 2, pieza 7)
182
Fotografía 19. Olla asas horizontales, Tipo Fotografía 20. Vasija tipo Jarro perfil compuesto,
Putaendo Alisado, Sitio Casa Blanca 1- Tipo Putaendo Alisado, Sitio Casa Blanca 1-
“Ancuviña El Tartaro” (tumba 3, ind 3, p. 4) “Ancuviña El Tartaro” (tumba 2, ind. 7, pieza 16)
Fotografía 21. Vasija tipo Escudilla con lóbulos, Fotografía 22. Vasija tipo Escudilla con lóbulos,
Tipo Putaendo Pulido, Sitio Casa Blanca 1- Tipo Putaendo Pulido, Sitio Casa Blanca 1-
“Ancuviña El Tartaro” (tumba 2, ind. 2, pieza 1) “Ancuviña El Tartaro” (tumba 2, ind. 2, pieza 4)
Fotografía [Link] tipo Jarro, Tipo Putaendo Fotografía [Link] tipo Cuenco Subglobular,
Rojo Engobado, Sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña Tipo Putaendo Rojo Engobado, Casa Blanca 1-
El Tartaro” (tumba 2, ind.2, pieza 2) “Ancuviña El Tartaro” (tumba 2, ind.6, pieza 14)
183
Fotografía 25. Vaso Cilíndrico pequeño, Tipo Fotografía 26. Vaso Cilíndrico grande, Tipo
Putaendo Rojo Engobado, Casa Blanca 1- Putaendo Rojo Engobado, Casa Blanca 1-
“Ancuviña El Tartaro” (tumba 2, ind. 7, p. 23) “Ancuviña El Tartaro” (tumba 1, ind. 1, p. 23)
Fotografía 27. Escudilla con lóbulos, Tipo Fotografía 28. Fragmentos de piezas
Putaendo Rojo Engobado, Casa Blanca 1- restringidas y no restringidas del Tipo
“Ancuviña El Tartaro” (tumba 2, ind. 7, p. 23) Putaendo Rojo sobre Blanco, Casa Blanca 10.
Fotografía 29. Escudilla, Tipo Putaendo Rojo Fotografía 30. Escudilla con lóbulos, Tipo
sobre Blanco, Casa Blanca 1-“Ancuviña El Putaendo Rojo sobre Blanco, Casa Blanca 1-
Tartaro” (tumba 3, individuo 3, pieza 3) “Ancuviña El Tartaro” (tumba 3, ind. 3, p. 2)
184
Fotografía 31. Escudilla con lóbulos, Tipo Fotografía 32. Escudilla, Tipo Putaendo
Putaendo Rojo sobre Blanco, Casa Blanca 1- Policromo, Casa Blanca 1-“Ancuviña El
“Ancuviña El Tartaro” (tumba 3, ind. 3, p. 1) Tartaro” (tumba 2, individuo 2, pieza 10)
Fotografía 35. Vista General de la Excavación Fotografía 36. Cuerpo con orientación Este-
de salvataje desarrollada en el sitio Casa Oeste, sitio casa Blanca 1-“Ancuviña El
Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”. Tartaro”, tumba 3, individuo 3.
185
Fotografía 37. Emplantillado de rocas en Fotografía 38. Ofrendas cerámicas, tumba 2,
asociación a cráneo y ofrendas, ind. 2 tumba individuo 2, Casa Blanca 1-“Ancuviña El
2, sitio Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”. Tartaro”.
Fotografía 39. Ofrendas cerámicas, tumba 2, Fotografía 40. Punta de proyectil y colgante de
individuos 6 y 7, Casa Blanca 1-“Ancuviña El piedra registradas como ajuar, tumba 2, ind. 2,
Tartaro”. Casa Blanca 1-“Ancuviña El Tartaro”
Fotografía 41. Mano de Moler como ofrenda, Fotografía 42. Estructura habitacional de
tumba 2, individuo 2, Casa Blanca 1- Putaendo. Muestra técnica de enquinchado en
“Ancuviña El Tartaro”. su parte superior y base de piedra.
186
Fotografía 43. Detalle de técnica de Fotografía 44. Petroglifos Estilo I, sitio Casa
enquinchado. Blanca 6.
Fotografía 45. Petroglifos Estilo I, sitio Casa Fotografía 46. Panorámica de la Cuenca de
Blanca 27. San Felipe-Los Andes. Vista desde el Cerro
Mercachas.
Fotografía 47. A la izquierda se sitúa una pieza Fotografía 48. Imagen de escudillas con
campanuliforme con decoración antropomorfa decoración estrellada policroma interior.
de filiación Inca-local, recuperada en Bellavista Bellavista (fuente: Madrid 1965).
(fuente: Madrid 1965)
187
Fotografía 49. A la izquierda pieza tipo vaso Fotografía 50. Decoración interior de escudilla
cilíndrico con decoración polícroma, del Tipo Aconcagua Tricromo Engobado,
recuperado. Bellavista (fuente: Madrid 1965) probablemente perteneciente al período
Tardío-Inca, sitio El Palomar (fuente de la
ilustración: González 2000)
Fotografía 51. Decoración interior de escudilla Fotografía 52. Decoración interior de escudilla
del Tipo Aconcagua Tricromo Engobado, del Tipo Aconcagua Tricromo Engobado,
probablemente perteneciente al período probablemente perteneciente al período
Tardío-Inca, sitio El Palomar (fuente de la Tardío-Inca, sitio El Palomar (fuente de la
ilustración: González 2000) ilustración: González 2000)
Fotografía 53. Contexto funerario sitio Santa Fotografía 54. Excavaciones en el sitio El
Rosa B, Los Andes. Túmulo 3, enterratorios 1 Barro 2, posiblemente correspondiente al sitio
y 2. “El Triunfo”.
188
Fotografía 55. Fragmentos cerámicos del Tipo Fotografía 56. Imagen de piezas decoradas
Aconcagua Salmón, registrados en el sitio El con Trinacrio por el exterior y estrellado interior
Tartaro 1-“Pukara El Tartaro”. recuperadas en Bellavista por Nuñez (1964)
Fotografía 57. Tumba de foso y cámara Fotografía 58. Detalle cráneo y escudilla del
registrada en el sitio Santa Rosa A, los Andes. Tipo Aconcagua Rojo Engobado asociada a
Túmulo 2, tumba 2, individuo 1. individuo depositado en tumba de foso y
cámara ya indicada en foto anterior.
189
ANEXO 4. REVISIÓN DE ANTECEDENTES Y DISCUSIÓN SOBRE EL PATRON DE
ASENTAMIENTO Y LA ORGANIZACIÓN SOCIAL DE LA CULTURA ACONCAGUA.
4.1. ANTECEDENTES
Este anexo tiene por objetivo desarrollar una historia de la investigación y revisión crítica
de las aproximaciones desarrolladas por la investigación arqueológica de nuestro país sobre el
patrón de asentamiento desarrollado por las poblaciones que habitaron la zona septentrional de
Chile Central durante el período Intermedio Tardío.
Se orienta, de esta forma, a contextualizar los planeamientos expuestos en el presente
trabajo sobre las modalidades de ocupación del espacio implementadas por las poblaciones que
habitaron el valle de Putaendo y la Cuenca superior del río Aconcagua en el marco geográfico,
ambiental y social mas amplio representado por el litoral central y las cuencas de los ríos Maipo y
Cachapoal.
Este análisis se hace fundamental al considerar que el estudio de los patrones de
asentamiento es uno de los pilares teórico-metodológicos que guían el desarrollo del presente
estudio.
Los antecedentes a considerar en las zonas adyacentes a la cuenca superior del río
Aconcagua están referidos fundamentalmente a sitios pertenecientes a la denominada Cultura
Aconcagua, el referente sociocultural mas conocido para el período Intermedio Tardío de Chile
Central.
Al respecto, la zona que ha sido el foco del presente estudio, ha sido considerada
tradicionalmente dentro de la región de ocupación de los grupos humanos que han sido incluidos
en este constructo arqueológico. De hecho el nombre de este desarrollo cultural hace referencia al
hecho de que las primeras manifestaciones que aparecen actualmente como emblemáticas de esta
cultura se identificaron en sitios de funebria ubicados en la cuenca del río Aconcagua.
Pero, tal como se puede apreciar en la revisión de los acápites precedentes del presente
estudio, esta situación ha sido cuestionada en la última década gracias al desarrollo en la zona de
estudios sistemáticos de tipo áreal. Estas investigaciones han venido a corroborar las
particularidades que Massone (1980) ya había indicado para los contextos del Complejo o
Cultura Aconcagua en el valle homónimo.
190
Las particularidades estarían asociadas parcialmente con la heterogeneidad artefactual de
los contextos asignados al período Intermedio Tardío de la cuenca superior del río Aconcagua,
especialmente en lo que guarda relación con los conjuntos cerámicos. Los estudios realizados en
los últimos años han permitido comprender que esta heterogeneidad esta relacionada por un lado
con las tradiciones tecnológicas desarrolladas en el seno de las comunidades locales con la
llegada a la zona del aparato estatal Incaico y, por otro, con la presencia en la región durante el
periodo Intermedio Tardío de al menos dos tradiciones culturales diferentes.
Una de estas, asentada en el valle de Putaendo, habría desarrollado esferas de interacción
y/o lazos de integración con los grupos asentados en los valles ubicados al norte de esta zona.
La otra, con sus comunidades ocupando la cuenca de San Felipe-Los Andes, habría estado
posiblemente mas relacionada con los grupos Aconcagua del sector septentrional de la cuenca del
Maipo-Mapocho.
Independientemente de las diferencias que se han señalando en este estudio anteriormente
(ver capítulo V), los estudios realizados han permitido establecer que todos estos grupos habrían
presentado formas de vida muy similares, basadas en estrategias de subsistencia centradas en la
horticultura del maíz y otras especies domésticas, las recolección y caza terrestre y/o marítima.
Todos ellos también habrían compartido ciertos principios ideológicos, tal como se puede
atestiguar en el registro de los conocidos cementerios de túmulos y las disposiciones y
orientaciones de los cuerpos en el interior de los rasgos funerarios y la presencia del complejo
alucinógeno.
Las fuertes similaridades a nivel de subsistencia determinan, por ejemplo, una fuerte
homogeneidad en las características generales de la industria lítica, tanto en lo que guarda
relación con el tallado como con el pulimento (instrumentos de molienda), el trabajo del hueso y
otras materialidades.
No obstante estas consideraciones, la definición de distintos desarrollos culturales o
tradiciones culturales se justifica al momento de realizar una revisión del componente alfarero de
estos contextos. Esta revisión ha permitido establecer importantes diferencias que no solo se
expresan a nivel de decoración o morfología, sino que también se refleja de manera patente a
nivel tecnológico, en el nivel de manufactura de las piezas alfareras.
Estas diferencias atestiguan el desarrollo de distintas “formas” de elaborar la cerámica,
que permiten definir distintas tradiciones tecnológicas, las cuales pueden servir para proponer la
presencia de comunidades pertenecientes a distintas tradiciones culturales (ver capitulo V)
191
En estos contextos, pertenecientes a grupos con formas de vida similares, se aprecia una
intencionalidad por diferenciarse, en el marco de una situación sociopolítica que no buscaba la
homogenización y/o centralización sino que estaba estructurada en la existencia de grupos
familiares extensos que buscaban generar la totalidad de sus recursos necesarios para sobrevivir
La historia de la investigación de los que hoy llamamos Cultura Aconcagua se inicia con
diversos estudios realizados por pioneros de la arqueología Chilena, partiendo por José Toribio
Medina 1952 {1882} y Francisco Fonck (1896) y siguiendo con Aureliano Oyarzún (1910, 1912,
1934), Ricardo Latcham (1927, 1928a, 1928b) y Gualterio Looser (1926, 1931).
Entre estos primeros investigadores destacan Oyarzún, el cual dio su nombre al motivo del
trinacrio y realizó excavaciones en cementerios de túmulos del valle del Aconcagua (San Felipe)
y Latcham, quien realiza la primera cronología relativa para Chile Central y delimita áreas de
desarrollo cultural y/o tecnológico que se corresponden con las de la Cultura Aconcagua.
Latcham además adelanta hipótesis, en base a información etnohistórica y etnográfica, en torno a
las estrategias de subsistencia, asentamiento habitacionales (aldeas) y organización sociopolítica
de los grupos prehispanos de Chile Central en general.
Luego de esta época de pioneros, no se producen avances significativos en el desarrollo de
la investigación Aconcagua hasta el desarrollo del Tercer Congreso Internacional de Arqueología
Chilena, realizado en 1964, en donde diversos investigadores intentan abordar de manera
sistemática que es lo que representaba la llamativa cerámica Salmón. Es así como Lautaro Nuñez
definiría el tipo cerámico Bellavista “Negro sobre Naranja”, basándose en las excavaciones de
Bellavista (San Felipe) y de La Pirámide (Santiago), delimitando sus áreas de dispersión y
situación cronológica, además de relacionarlo con el Horizonte surandino Negro sobre Rojo. Su
excavación del alero de La Pirámide se transformaría en uno de los primeros acercamientos a la
dimensión doméstica de estos grupos prehispánicos.
En el mismo congreso Bernardo Berdichewsky, en base a sus investigaciones en el litoral
central, plantea la existencia de un Horizonte cerámico Negro sobre Salmón y su relación con la
etnía Picunche y Jorge Silva establece los límites temporales del Horizonte: entre el 800 d.C.
hasta el arribo Inca.
192
En las conclusiones del Tercer Congreso y como fruto de estas presentaciones basadas en
la excavación de sitios funerarios y habitacionales se procedió a definir un período intermedio en
Chile Central, “caracterizado por ‘sitios de habitación y cementerios de túmulos’ cuyo elemento
principal estaría representado por la cerámica que se acordó designar ‘Aconcagua Salmón’ por
proceder originalmente del río Aconcagua y por presentar una coloración salmón o anaranjado,
debido al alto porcentaje de caolín contenido en la pasta” (Masones, 1978: 6). Se acuerda
estandarizar la cerámica emblemática como tipo “Aconcagua Salmón”, definiendo su pertenencia
no a un horizonte sino a una tradición, referida a este desarrollo cerámico. También se realizaría
al interior del tipo cerámico la primera categorización de sus variedades (monócroma, bícroma y
trícroma).
El mismo año (1964), Hans Niemeyer utiliza por primera vez la nueva clasificación sobre
una colección cerámica de Curacaví.
El VII Congreso Nacional de Arqueología Chilena (1977) se transformó en otro hito en las
investigaciones de la Cultura Aconcagua con los trabajos de Mauricio Massone y Eliana Durán
quienes plantean (Durán y Massone, 1979), en base a la nueva data, la necesidad de definir una
“Unidad Cultural Regional” (Sánchez y Massone, 1995: 15) que proponen denominar “Complejo
Cultural Aconcagua”, precisando sus límites espacio-temporales y sistematizando su expresión
cerámica. Es allí donde Massone (1979) define el tipo cerámico Aconcagua Rojo Engobado,
Durán (1979) presenta las excavaciones en el cementerio de María Pinto (transformándose luego
en el primer sitio Aconcagua en poseer un fechado absoluto: 990 +/- d.C.) y Rubén Stehberg y
Keith Fox (1979) exponen las excavaciones del alero Los Llanos (Arrayán), sitio que
evidenciaba la ocupación Aconcagua en un entorno precordillerano.
La excavación por parte de Alejandro Durán (1979) del cementerio de túmulos de
Chicauma (Lampa) entregaría otros dos nuevos fechados absolutos. Sus resultados van a ser
vitales mas a futuro, cuando otros investigadores intenten ahondar en los principios ideológicos
de las comunidades Aconcagua.
Siguiendo adelante, en el tercer número de la Revista Chilena de Antropología (1980) se
publican dos trabajos indispensables de considerar al momento de analizar el desarrollo de la
investigación sobre la Cultura Aconcagua y en especial de su patrón de asentamiento y su
dimensión habitacional. Fernanda Falabella y María Teresa Planella (1980) plantean, de acuerdo a
sus excavaciones en conchales Aconcagua ubicados en la desembocadura del río Maipo
(Falabella y Planella, 1979), la interpretación de sitios habitacionales temporales costeros
193
dedicados a la explotación de recursos específicos con el objetivo de ser transportados al interior,
en el marco de un sistema mayor centrado en los valles interiores y en donde también jugarían su
papel otros sitios de ocupación temporal y/o estacional ubicados en otros ambientes, tales como
los aleros precordilleranos. Ello se ve avalado en los sitios costeros por su ubicación en sectores
de desembocadura, cercanos a las vías de comunicación representadas por los ríos y la presencia
de abundantes restos de camélidos, lo cual se relacionaba con la probable posesión por parte de
los grupos Aconcagua de ganado doméstico y su uso en el transporte de recursos. Las principales
características de estos sitios costeros es la identificación de un piso habitacional en donde
además de la gran cantidad de restos malacológicos se presentan fogones, fragmentos cerámicos,
instrumentos y desechos líticos, instrumentos y restos óseos mamíferos e ictiofaunísticos. A ello
se agrega la presencia de posibles huecos de postes y la quincha o turba elaborada.
En ese mismo número, Massone (1980) además de resumir su sistematización del
universo cerámico Aconcagua y de plantear hipótesis acerca de su origen, ubicación cronológica y
relación con otras áreas culturales, plantea algo similar a lo expresado por Falabella y Planella
(1980) y establece la necesidad de investigar sitios abiertos de habitación en los valles interiores
susceptibles de ser comparados con los asentados en los otros niveles ecológicos, tarea difícil
según él, ya que la mayoría debían estar arrasados a raíz de los trabajos agrícolas posteriores al
contacto europeo. Considera las laderas marginales de los valles como lugares de potencial
hallazgo de sitios habitacionales.
En la década de los ’80 del siglo pasado Stehberg realiza diversas investigaciones
referidas al Aconcagua tanto en el área de Huechún como en aleros precordilleranos (Stehberg
1981, 1982).
Los sitios de características habitacionales detectados por Stehberg (1981) en Huechún
son agrupados en dos categorías, diferenciadas según una serie de rasgos: “Poblados” y “Sitios
Habitacionales”. Con el primer término se hace referencia a “grandes extensiones de terreno
plano, aptas para el cultivo, sobre el cual yacen diseminados en gran cantidad, restos de mortero,
manos de moler y fragmentos de material cerámico y lítico” (Stehberg 1981: 19). Estos sitios
representarían evidencias de acequias de regadío y los morteros, según el autor, serían indicadores
de áreas de actividad e incluso la ubicación de “viviendas de material perecible” (Stehberg 1981:
19). A partir de la gran cantidad de morteros Stehberg plantea que estos “Poblados” estuvieron
constituidos de 10 o más unidades domésticas, “correspondiendo a caseríos o pequeños poblados”
(Stehberg 1981: 19). Presentan como rasgos de ocupación, además de restos alimenticios y
194
cenizas, fragmentos cerámicos, implementos de molienda, piedras horadadas, restos de pircas y
asociación a piedras tacitas (morteros colectivos). En Huechún fueron identificados dos
“Poblados”: Huechún-2 y Huechún-3.
En cuanto a los “Sitios Habitacionales”, Stehberg los define como “lugares con restos de
morteros, manos de moler, cenizas, restos de cerámica y lítico. Poseen menores dimensiones que
los “Poblados” y menor disponibilidad de recursos de agua” (Stehberg 1981: 20): En la
publicación el autor menciona dos sitios pertenecientes a esta categoría: Huechún-5 y Huechún-6.
Para Stehberg la importancia de las investigaciones realizadas en Huechún recaen en el
registro por primera vez de sitios habitacionales de gran tamaño, en forma de poblados y que
indicarían la existencia de un patrón de asentamiento aldeano para el desarrollo Aconcagua. Así
mismo la economía de estos grupos principalmente agrícola fue complementada con actividades
pastoriles y/o de caza de camélido, caza de aves y recolección de frutos silvestres y moluscos de
agua dulce.
Con estos antecedentes, a fines de la década de 1980 ve la luz el capítulo denominado
“Consolidación Agroalfarera: Zona Central” (Planella y Durán, 1989) del texto “Prehistoria:
Culturas de Chile”, el cual corresponde a una síntesis de los datos conocidos a la fecha para la
Cultura Aconcagua, analizando desde sus manifestaciones artefactuales y ecofactuales hasta su
patrón de asentamiento, patrón funerario, expresión artística, resumiendo y generando además
hipótesis acerca de sus relaciones con otras áreas culturales y la ubicación cronológica de estos
hallazgos, su probable organización sociopolítica y su relación con etnias identificadas en
tiempos del contacto europeo.
Cabe destacar la sección de Patrón de Asentamiento, en donde las autoras generan una
preliminar categorización y caracterización de los sitios Aconcagua, en especial aquellos ligados
a la expresión doméstica.
Distinguen entre los emplazamientos Aconcagua de la costa y el interior. Los primeros
representados por conchales, en los cuales “destaca la presencia recurrente de fogones
distribuidos en un nivel que corresponde al piso habitacional” (Durán y Planella 1989: 314). Los
fogones presentan una serie de evidencias tales como cerámica decorada y no decorada, restos
óseos y malacológicos y artefactos líticos y óseos. La presencia de agujeros cilíndricos asignables
a restos de postes de madera y la abundancia de restos de turba arcillosa alisada (quincha) hacen
pensar en la preparación de una vivienda.
195
La ubicación en ambientes de desembocadura ricos en recursos provenientes de distintas
zonas de explotación y cercanos a las vías naturales de comunicación con el interior, y la
presencia abundante de restos óseos camélidos en los fogones como parte de la dieta, hacen
pensar que son “ocupaciones semipermanentes, con incremento estacional de algunas en torno a
la recolección y desecación de flora y fauna de origen marino” (Durán y Planella 1989: 316). A
ello se suma la posible práctica de cultivos en terrenos abrigados y la recolección de recursos
vegetales (verificado a través de la presencia de elementos de molienda).
En cuanto a los sitios de interior los sitios habitacionales aparecen reunidos en seis
categorías (Durán y Planella 1989: 316):
a) sitios abiertos con presencia débil de material Aconcagua por sobre ocupaciones del Período
Agroalfarero Temprano, b) extensos sitios de ocupación con abundante material
cultural, sin evidencias de estructuras habitacionales, c) sitios con restos de estructuras de escasas
unidades de vivienda, d) contextos de asentamiento con características de poblados, e) abrigos
rocosos, f) para la región trasandina se mencionan lugares temporales de veranada y poblados de
altura con recintos pircados.
Una nueva etapa de investigaciones se inicia a fines de los años ‘80 y continua a lo largo
de los años ’90 del siglo pasado, con la implementación de una serie de proyectos arqueológicos
enfocados a estudios de tipo áreal, con prospecciones sistemáticas orientadas a la definición de
las secuencias crono-culturales, el estudio los patrones de asentamiento y estrategias de
subsistencia desarrollados en sus regiones de interés y la aplicación de nuevos enfoques teórico-
196
metodológicos encaminados a acceder a las dimensiones no materiales de la cultura: organización
social, creencias y sistemas simbólicos. En todas ellas se realizan significativos aportes a la
comprensión del patrón de asentamiento de la cultura Aconcagua.
Entre estos se cuentan las iniciativas desarrolladas en la zona de Lampa (Thomas et al.
1990, Sánchez 1993, Gaete 1993, Becker 1993, Sánchez et. al. 1993, Sánchez et al. 1997,
Pavlovic 1998, 2000, Pavlovic et al. 1998, 2000), en el cordón de Chacabuco (Stehberg y Pinto
1982, Durán et al. 1993, Hermosilla et al. 1997-1998, Hermosilla y Saavedra 2000, Hermosilla et
al. 2000) y en la precordillera del río Maipo (Madrid 1980, Cornejo y Simonetti 1992, 1993,
1997-1998, Cornejo et al. 1997, Cornejo 2000).
Lampa
Con respecto a Lampa, la mayoría de los trabajos corresponden a los resultados de las
investigaciones llevadas a cabo en la comuna de Lampa por un grupo de académicos, licenciados
y estudiantes del departamento de Antropología de la Universidad de Chile, dirigidos en principio
por Carlos Thomas y que posteriormente lideró Rodrigo Sánchez.
Al respecto, el informe de Thomas et al. (1990) es una significativa base bibliográfica, ya
que presenta los resultados de las excavaciones sistemáticas en una serie de sitios habitacionales
de la comuna de Lampa, entre los que destacan RML 8-“Blanca Gutiérrez” y RML 15-“Familia
Fernández”, en donde se practicaron excavaciones extensivas. Con respecto a este último, Gaete
(1993) lo define como un sitio con ocupaciones de los período Intermedio Tardío y Tardío, esta
última representada por contextos mortuorios. En específico, la ocupación Aconcagua presenta
características atípicas para los contextos de esta cultura conocidos a la fecha, lo cual le permite
postular la existencia en el sitio de dos contextos diferenciados: uno “doméstico-habitacional” y
otro “ritual-ceremonial”. Al respecto, la presencia de un Grupo Cerámico Local le lleva a plantear
la existencia de “contextos locales” al interior del Aconcagua y un nivel de organización mayor a
la tradicionalmente pensada debido a la presencia de una serie de materiales culturales no
conocidos con anterioridad, en donde destacan una cantidad de importante instrumental óseo
ligado al consumo de alucinógenos. En forma paralela, y como alternativa, Gaete también plantea
la posibilidad de que estos “contextos locales” se deban más bien al poco conocimiento que se
tiene acerca de la dimensión habitacional Aconcagua.
197
A su vez, Becker (1993) analiza las muestras óseas de los sitios de Lampa por medio de su
comparación con patrones óseos actuales, todo ello para verificar las modalidades de uso del
recurso camélido por los grupos Aconcagua asentados en la zona de Lampa. A ello se agrega el
intento de sistematizar la clasificación anatómica. La importancia de este estudio pionero se basa
en la potencial data que puede entregar acerca de las estrategias de subsistencia Aconcagua, en
relación a si los restos corresponden a especies silvestres y/o domesticadas. A ello se agregan
otros puntos como identificación de sexo y edad que también entregan información acerca de su
utilización por parte de los grupos Aconcagua. En cuanto a la especie las unidades esqueletarias
que pudieron ser identificadas, siguiendo los patrones correspondientes, pertenecen en su
totalidad a Guanaco. A juicio del autor los resultados comprueban la hipótesis formulada por
Benavente (1985) para tiempos mas tardíos, acerca de la utilización de poblaciones humanas
prehispánicas tardías de este recurso animal.
Por otro lado, en una serie de trabajos de Rodrigo Sánchez (Sánchez et al. 1993, 1997) y
del autor del presente estudio (Pavlovic et al. 1998, 2000) se profundizan los avances en la
comprensión de la dimensión intrasitio del patrón de asentamiento de la cultura Aconcagua, al
presentar los resultados de los estudios desarrollados en el sitio RML 8-“Blanca Gutiérrez”, un
sitio habitacional emplazado a unos pocos kilómetros al norte de la localidad de Lampa, el cual
presentaba un alto excelente estado de conservación. Además de registrar un contexto de alta
densidad y variabilidad, en este sitio fue posible establecer la presencia de una serie de rasgos que
permitieron contribuir a la caracterización de los asentamientos domésticos de los grupos
Aconcagua. Entre estos se encuentran acumulaciones de piedra que corresponderían a los restos
de los pequeños muros que constituían la base de las paredes de las distintas estructuras de
quincha que se registraban en el sitio, acumulaciones de material árido que habrían sido utilizados
para aterrazar y preparar el piso de estas estructuras de las diferentes estructuras, posibles restos
quemados de los muros de quincha y huecos de postes, los cuales serían evidencia del
enterramiento de los palos gruesos que conforman la estructura principal de las paredes de
quincha y de aquellos que soportaron el techo de fibras vegetales de las estructuras.
Por otro lado, y considerando la información obtenida en RML8-“Blanca Gutiérrez” y los
otros sitios habitacionales identificados en el área de Lampa y en otras zonas de la cuenca del
Maipo-Mapocho, se ha intentado avanzar en la definición de las modalidades de asentamiento y
subsistencia de la cultura Aconcagua en toda la cuenca del Maipú-Mapocho. En estos trabajos, el
autor intenta evaluar la información existente para los sitios seleccionados de distintos aspectos
198
tales como Espacio, Funcionalidad, Temporalidad y Estacionalidad, junto a las características que
presentan sus conjuntos materiales (Pavlovic 1998, 2000).
Es así como con respecto al emplazamiento, los asentamientos habitacionales de los
grupos Aconcagua indican su ubicación en forma estratégica con respecto al agua y los recursos
en general. Al respecto, se aprecia una clara asociación de los sitios a ríos, esteros y vertientes,
asegurando una permanente provisión del vital líquido, y su ubicación en espacios que permitían
a sus ocupantes utilizarlos como asentamientos-base para acceder a diferentes espacios ecológicos
y geográficos donde obtener la amplia gama de recursos y materias primas necesarios para su
subsistencia, las cuales han quedado evidenciadas en sus contextos.
Los lugares seleccionados en forma más frecuente corresponden a los llanos aluviales (o
terrazas fluviales) o bien laderas de suave pendiente, al alero de rinconadas y cerros isla, siempre
con un expedito y permanente acceso al agua. Estas ubicaciones y su asociación a cursos hídricos
indican su preferencia por ocupar ambientes propicios para el cultivo. La situación óptima del
asentamiento en rinconadas y a los pies de cerros islas ha sido verificada en estudios sobre el
asentamiento rural post-hispánico previo a la utilización del regadío (Weischet 1976), como
resultado de su permanente provisión de agua. En el caso específico de los cerros-islas, esto se
produce debido a que actúan como obstáculos naturales a la libre circulación del agua,
permitiendo su acumulación subterránea. Además, este tipo de conjuntos geomorfológicos están
más protegidos de las inundaciones periódicas que sufren las tierras planas bajas (Pavlovic 1998,
2000).
Con respecto a la caracterización funcional de los sitios, y considerando loa antecedentes
anteriores y los conjuntos recuperados en los asentamientos, se ha planteado (Pavlovic 1998,
2000) que las actividades están relacionadas preferentemente con la esfera doméstica cotidiana,
incluyendo aquellas ligadas a la arquitectura doméstica desarrollada por los grupos que lo
habitaron. Es así como se puede inferir la preparación, el consumo y el almacenaje de distintos
tipos de alimentos (material cerámico, fogones, restos ecofactuales, etc.), recolección y/o cultivo
de vegetales (instrumentos de molienda, palas líticas y restos orgánicos), la caza y destazamiento
de animales (restos óseos y instrumental lítico), procesamiento de cuero y hueso animal
(instrumental lítico y óseo), elaboración de alfarería (áreas de combustión, fragmentos de arcilla
cocida y pulidores), elaboración de instrumentos líticos y óseos (material lítico y óseo),
preparación de textiles (torteras), elaboración de adornos (material lítico y óseo), cestería
(improntas en arena de semillas de juncaceas), acceso y utilización de recursos alóctonos
199
(recursos marinos y precordilleranos) y recolección de materias primas diversas (arcilla, lítica,
mineral, etc.).
Paralelamente a esta situación, ciertos sitios han presentado contextos cuyas evidencias
estarían dando cuenta de actividades que generalmente no han sido incorporadas a la dimensión
doméstica. Entre estos se cuenta con instrumentos óseos posiblemente destinados al consumo de
alucinógenos, evidencias relacionadas con la metalurgia (restos de escoria, instrumentos,
fragmentos de moldes y restos de quincha con escoria, lo cual puede estar implicando el uso de
este material en la elaboración de hornos para el trabajo del metal) y gran cantidad de cerámica
decorada, la cual junto a probables evidencias del procesamiento de la arcilla, podría indicar
cierto nivel de especialización en la producción alfarera en el sitio. Por último, en el sector 3 del
sitio RML 8-“Blanca Gutiérrez” se presenta un sector con un cúmulo de rasgos (restos óseos
camélidos, vasijas cerámicas, sectores de quema y otros) que hacen pensar en un evento
fundacional, ligado a la esfera de creencias de los grupos asentados en el lugar (Sánchez et al.
1997; Pavlovic et al. 1997, 1998a).
Estas evidencias relacionadas unas al nivel tecnológico y otras a la esfera religiosa podrían
implicar la existencia de diferencias en el tipo de actividades desarrolladas al interior de los
asentamientos habitacionales Aconcagua, ya postulados por algunos de los autores revisados
(Gaete 1993). Esas diferencias pueden ser resultado de múltiples variables, difíciles de
determinar, y que solo hemos comenzamos a comprender al analizar este tipo de contextos
(diferencias jerárquicas, lugares sagrados o bien asientos de especialistas tecnológicos y/o
religiosos).
Al momento de evaluar la estacionalidad ocupacional de los sitios Aconcagua, se ha
indicado (Pavlovic 1998, 2000) que las inferencias al respecto están relacionadas casi
exclusivamente con los resultados obtenidos en los estudios arqueofaunísticos realizados por
Cristian Becker en sitios emplazados en el área de Lampa (Becker 1993). Las evidencias en estos
sitios se restringen a restos malacológicos de agua salada y mamíferos marinos (costa) y materias
primas líticas alóctonas (precordillera). Los estudios realizados por Becker (1993) en las muestras
óseas camélidas y de otras especies animales en RML 8-“Blanca Gutiérrez” plantean la ocupación
del sitio al menos durante el invierno, primavera y verano (Julio a Marzo), lo que coincide con la
época en que los camélidos se mueven a las tierras bajas y se realizan los cultivos. Ello permitiría
apoyar una hipotética desocupación del sitio durante el otoño. Esta posible desocupación
estacional encontraría ciertos puntales en otro tipo de evidencias como el registro de restos óseos
200
con cierto tipo de impresiones vegetales que indicarían períodos de abandono (quizás
estacionales), en el marco de una ocupación semi-permanente (Becker 1993). La presencia de
restos óseos de mamíferos marinos, conchas de agua salada y materias primas líticas
precordilleranas permiten plantear los posibles escenarios hacia donde los grupos se movieron en
determinados períodos del año, seguramente aquellos en los que los valles interiores presentan
una menor disponibilidad de recursos (otoño, luego del seco verano).
En lo que guarda relación con los mecanismos de obtención de los recursos que no era
propios de las áreas de asentamiento más significativas (los valles interiores), es posible
considerar la posibilidad de la coexistencia de diversas modalidades de obtención de productos
propios de ambientes ubicados a distancia (costeros y/o precordilleranos). Entre ellos podemos
considerar el movimiento estacional de parte o la totalidad del grupo familiar, la existencia de
redes de intercambio costa e interior (regulados por principios de parentesco u de otro tipo de
afinidad cultural) y también el movimiento de grupos de tarea específicos seleccionados por la
comunidad (lo cual implicaría un grado de organización comunitaria capaz de coordinar la
redistribución de recursos) (Pavlovic et al. 1998).
Cordón de Chacabuco
Al interior de esta zona se pueden reconocer dos espacios donde se han desarrollados
investigaciones sistemáticas: la cuenca del estero El Cobre, (Durán et al. 1993) y las tierras altas
ubicadas entre la denominada cuesta de Chacabuco por el este, valle de Aconcagua por el norte y
cuenca de Las Chilcas por el Oeste (Hermosilla et al. 1997-1998, Hermosilla y Saavedra 2000,
Hermosilla et al. 2000).
En la primera área Durán y su equipo (Duran et al. 1993) identificaron una serie de sitios
habitacionales Aconcagua, algunos con reocupaciones del período Tardío-Inca. Según los autores,
durante el momento de ocupación de estos sitios, el ambiente poseía una variedad de recursos
más variados que el actual que habrían permitido una ocupación bastante densa
demográficamente, avalada por diversos evidencias que hacen pensar en la existencia de unidades
habitacionales (fogones, restos óseos, moluscos, material lítico, cerámica, quincha, etc.).
En lo que respecta a la zona de tierras altas de Chacabuco, con el desarrollo de distintos
proyectos y tomando como antecedentes los trabajos iniciales en la zona de Rubén Stehberg
(Stehberg y Pinto 1982), el equipo multidisciplinario liderado por Nuriluz Hermosilla ha logrado
201
la identificación y estudio de una gran cantidad de sitios arqueológicos en este espacio de
interfluvio caracterizado por planicies de media altura y pequeñas cuencas tributarias de los
grandes ríos adyacentes (Hermosilla et al. 1997-1998, Hermosilla y Saavedra 2000, Hermosilla et
al. 2000). Entre los principales resultados de estos estudios esta la verificación de que estos
espacios fueron ocupados de forma poco intensa por los grupos Aconcagua, asentados en los
valles bajos. Estos espacios habrían sido ocupados por las poblaciones Aconcagua como zonas de
paso y/o lugares de aprovisionamiento de recursos específicos tales como presas de caza o
materias primas líticas. Sus escasas evidencias se reducirían a materiales cerámicos e
instrumental lítico de morfología Aconcagua, junto a evidencias de las presas animales cazadas.
A raíz de la información etnohistórica y antecedentes vertidos en el presente estudio sería
factible señalar que algunos de estos materiales quizás ni siquiera fueron descartados o
abandonados en esos campamento por grupos Aconcagua, sino por grupos de tradición cazadora-
recolectara que siguieron ocupando estos espacios durante el período Intermedio Tardío y que
tenian acceso a la materiales Aconcagua vía intercambio u otros mecanismos.
202
Gracias a los avances presentados anteriormente y el desarrollo de proyectos de
investigación orientados al estudio de grandes regiones de la cuenca del río Maipo desarrollados
por el equipo encabezado por Fernanda Falabella, Lorena Sanhueza y Luis Cornejo, durante los
últimos años se han desarrollado nuevos avances con respecto a la caracterización de los sistemas
de asentamiento desarrollados por las comunidades Aconcagua durante el período Intermedio
Tardío en Chile Central. Gracias a los antecedentes cuantitativos y cualitativos obtenidos en estos
estudios y el contraste con las evidencias etnohistóricas ha sido posible realizar significativos
planteamientos sobre la organización social de las poblaciones tanto del período Alfarero
Temprano (Falabella y Sanhueza 2005-2006) como del Intermedio Tardío (Falabella et al. 2003,
Cornejo et al. 2003-2004).
Con respecto a este último período, Falabella et al. (2003) han intentado generar un
modelo para inferir los niveles de integración social y espacial al interior de la Sociedad
Aconcagua a partir del análisis de las características estilísticas y tecnológicas de los conjuntos
artefactuales recuperados en distintos sitios. Al respecto, y en el marco de un nivel de integridad a
escala macro-regional que reconoce a Aconcagua como una entidad cultural particular, el estudio
de los conjuntos alfareros ha permitido avanzar en el reconocimiento de un nivel de integración
intermedio entre el macro ya señalado y el referido al ámbito “co-residencial” o intrasitio. Este
esta relacionado con el reconocimiento de una mayor homogeneidad entre sitios ubicados en la
costa y la cordillera de la costa (curso inferior del río Maipo) por un lado y en el interior (curso
medio del río Maipo) y la precordillera (Cajón del Maipo) por otro, lo que ha sido interpretado
como una mayor interacción social entre las comunidades que ocupaban estos espacios.
La presencia de estos niveles de integración no esta relacionada con su pertenencia a
comunidades con grados de jerarquización de importancia. De hecho, la homogeneidad detectada
en la cultura material es característica de sociedades igualitarias, con evidencia de centralización
política. En este marco, una mayoría abrumadora de los asentamientos pueden ser interpretados
como caseríos domésticos, bastante homogéneos en cuanto a sus contextos, emplazamiento y
superficie. La generación de todos los artefactos presentes en los contextos se realiza a nivel de
hogar o comunidad, en el marco de la independencia productiva de cada una de las unidades
sociales representadas por estos caseríos, entre los cuales el intercambio o movimiento de
materias primas o alimentos habría sido muy escasa.
203
No obstante lo anterior, Falabella et al. (2003) plantean que todas estas comunidades que
buscaban la autarquía productiva habrían compartido principios estilísticos (en el entendido de
que engloban los aspectos tecnológicos), los cuales seguramente son referentes de eventos y
modalidades de integración que trascendían y relacionaban a las distintas comunidades habitantes
de un valle o región en particular. Precisamente, este nivel es el de mayor dificultad de enfrentar
desde la disciplina arqueológica.
En la misma línea y considerando los mismos antecedentes, Cornejo et al. (2003-2004)
realiza una revisión de los planteamientos desarrollados durante las últimas décadas en torno al
patrón de asentamiento desarrollado por los miembros de la cultura Aconcagua, relacionando las
modalidades de ocupación de espacio desarrollada por estas comunidades con su probable
organización social.
Para ello, Cornejo et al. (2003-2004) consideran una serie de variables, tales como la
extensión de los asentamientos, la distancia entre los asentamientos mas próximos, el
agrupamiento de sitios, la distancia al cerro y rinconadas mas cercanas y la distancia al eje del río
Maipo y al curso hídrico mas cercano
Con toda la información recabada en este análisis, los autores desarrollan una serie de
argumentaciones. Entre las principales se sitúa planteamiento en torno al nivel social de
comunidad “co-residencial”, para el cual señalan que los sitios arqueológicos corresponderían a
una serie de de “ocupaciones discretas segregadas en el tiempo y/o espacio” (Cornejo et al. 2003-
2004: 91). Todas estas ocupaciones equivaldrían a una unidad “co-residencial”, que son
consideradas como parte de un único sitio debido a la homogeneización de la distribución
superficial de materiales generada por los procesos post-depositacionales, tales como la
agricultura intensiva. Como modelos sociales dinámicos para explicar esta situación se plantea
por un lado la posibilidad de que estas ocupaciones corresponderían a distintas unidades “co-
residenciales” funcionando de manera contemporánea muy próximas espacialmente y que estarían
fuertemente relacionadas con lazos de parentesco, y, por otro, la posibilidad de que correspondan
a las evidencias de una única unidad “co-residencial” que a lo largo de un lapso determinado de
tiempo va cambiando ligeramente su lugar de emplazamiento en un espacio definido.
En términos generales estas unidades “co-residenciales” habrían estado compuestas por
una serie de estructuras construidas por materiales perecederos, a excepción en algunos casos de
paredes cuya base estaba constituida por muros bajos de piedra.
204
Tal como ya se había planteado anteriormente, estos sitios se asociarían a espacios que
habrían sido destinados al cultivo de vegetales domesticados, se emplazarían en forma adyacente
a espacios donde desarrollar prácticas de caza y recolección y se organizarían bajo un patrón
disperso de asentamientos.
Ciertas diferencias se aprecian entre las zonas consideradas en el estudio, cuando se
aprecian los resultados obtenidos a una escala espacial mayor a la ya considerada, aquella
denominada de “localidad”, que sería el referente de la categoría social de comunidad, la cual
incluiría a unidades “co-residenciales” “suficientemente cercanas como para compartir
actividades en un territorio determinado” (Cornejo et al. 2003-2004: 77). Es así como en Santiago
(curso medio del río Maipo, zonas de interfluvio entre este y el río Maipo y afluentes de ambos)
se aprecia el emplazamiento en un territorio discreto de varias de los conjuntos de unidades “co-
residenciales” que han sido consideradas como referentes sociales de los sitios arqueológicos
identificados. Esta situación no es tan clara en Melipilla (curso medio del río Maipú y tributarios),
donde el agrupamiento de conjuntos de unidades “co-residenciales” presenta menores densidades.
Con respecto a la costa, tanto en la escala de análisis anterior como en esta, la situación es
particular y se diferencia claramente de lo que es posible de evidenciar en el interior. Esta
situación se relacionaría según Cornejo et al. (2003-2004) con el hecho de que gran parte de los
sitios de la costa corresponden a campamentos de tarea orientados a las obtención de recursos
específicos de este ámbito ecológico, lo que entregaría al asentamiento Aconcagua de la costa
características especiales.
Con respecto al tema de la integración a una escala macro regional, Cornejo et al. (2003-
2004), reafirma lo planteado por Falabella et al. (2003) en torno a una integración social entre los
ocupantes de los sitios Aconcagua de la costa con aquellos de Melipilla (cordillera de la costa) y
entre los de santiago (interior) y la precordillera (Cajón del Maipo), planteamiento basado en los
conjuntos alfareros. En ese marco y con el sustento de evidencia etnohistóricas, se sostiene que
los sitios de tarea de la costa habrían sido ocupados por grupos procedentes de la zona de
Melipilla.
A pesar de estas diferencias en cuanto a la integración social particular entre las diferentes
regiones considerada en el estudio, Cornejo et al. (2003-2004) destacan los resultados obtenidos
en relación a una visión de la cuenca de Santiago como un todo, el cual se transforma en un
referente ineludible al momento de analizar el patrón de asentamiento para cualquier zona de
Chile Central. Es así como ha sido posible establecer una fuerte similitud en cuando a las
205
características de los sitios habitacionales Aconcagua, no registrándose evidencias de
jerarquización, que podrían estar evidenciadas en asentamientos con características singulares.
Al respecto se sostiene que aunque la unidad social básica de interacción y de relaciones
sociales directa estaba circunscrita a la familia extensa, existían mecanismos de integración que
conectaba a las distintas familias y comunidades mas cercanas y a estos agrupamientos con el
resto de la población del resto de la cuenca del Maipo e incluso entre esta y las cuencas
adyacentes. Esta situación de integración se daba en el seno de una sociedad igualitaria con
distinciones sociales, económicas o políticas de muy baja significación, cuya unidad social básica
estaba constituida por grupos familiares que generaban en el espacio un patrón de asentamiento
disperso.
Cornejo et al. (2003-2004) finalizan su análisis planteando que su análisis sobre la
organización social de las poblaciones Aconcagua, tal como se puede inferir a partir del patrón de
asentamiento que evidencian sus sitios y los contextos artefactuales recuperados en ellos,
permiten verificar de manera sólida los argumentos sostenidos por diferentes estudiosos sobre el
tema durante los últimos años y, al mismo tiempo, establecer aseveraciones que vienen a
cuestionar ciertas ideas comúnmente aceptadas, al considerar como muestra una extensa área
geográfica y una cantidad significativo de asentamientos.
Al respecto, ha sido posible establecer ciertas diferencias en las modalidades de
asentamiento de las diferentes zonas estudiadas y descartar algunos espacios típicos de la
geomorfología de Chile Central como zonas de ocupación significativa para las poblaciones
Aconcagua, tales como las Rinconadas.
4.5. DISCUSIÓN
Con respecto a lo planteado por Cornejo et al. (2003-2004) y con la información obtenida
en la cuenca superior del río Aconcagua es posible discutir y precisar algunos aspectos menores
sobre los sistemas de asentamiento desarrollados por las poblaciones del Intermedio Tardío de
Chile Central, pero que parecen ser significativas en cuanto a las estrategias de subsistencia
desarrolladas por estas comunidades, independientemente de la cuenca o región específica en que
habitaron.
Es así como aunque se coincide con los investigadores señalados en que el interior de las
Rinconadas no corresponden a un espacio de ocupación permanente relevante por parte de las
206
poblaciones del Intermedio Tardío, la información obtenida en el valle de Putaendo, y en general
en la cuenca superior del río Aconcagua, permite señalar que las partes bajas o inferiores de estas,
correspondientes a espacios adyacentes a terreas fluviales, si estarían entre los espacios
seleccionados para emplazar asentamientos habitaciones por estas poblaciones. Otros espacios
adyacentes a las terreazas como laderas de baja pendiente, como en donde se emplaza el sitio
RML 8-“Blanca Gutiérrez” en Lampa, también habrían sido ocupados de manera significativa.
Al respecto, el sesgo impuesto al estudio realizado en la cuenca de Santiago con respecto
a no prospectar las zonas con pendientes superiores al 10% de pendiente (Cornejo et al. 2003-
2004), aunque se comprende en el marco de los objetivos de esa investigación especifica, es
posiblemente una de las causas de que las partes bajas de las rinconadas o las laderas o
piedemontes de cerros no aparezcan como lugares significativos para el emplazamiento de sitios
domésticos pertenecientes a grupos Aconcagua. Al respecto, señalar como verificación de la poca
importancia de las zonas de mayor pendiente para la ocupación Aconcagua los resultados
obtenidos en zonas precordilleranos no sería totalmente válido. Esto debido a que las partes bajas
de las rinconadas y las laderas de cerros adyacentes a las terrazas no corresponderían
precisamente a espacios de emplazamiento con las mismas características. En el caso de estas
últimas, estas aparecen como prolongaciones naturales de los espacios bajos de los valles. Al
menos en Aconcagua, y aún considerando que cuentan con matrices sedimentarias que incluyen
material aluvional grueso procedente fundamentalmente de eventos de depositación masiva
generados en las quebradas, estos espacios son estratégicos en relación al acceso a cursos
hídricos. Esto debido a que presentan cursos hídricos que aunque de caudal pequeño, son de
carácter permanente, aún incluso en momentos de sequía intensa, a diferencia de los cursos
hídricos mayores que si se ven fuertemente afectados por este tipo de eventos, que como
resultado de las condiciones climáticas y ambientales de Chile Central, se manifiestan cada cierto
período de años.
Con respecto a la última variable señalada, otro punto que es importante de mencionar es
aquel referido al emplazamiento de los sitios de forma preferente en forma adyacente a cursos
hídricos, fundamentalmente en las terrazas fluviales vinculadas a estos, caracterizados
fundamentalmente por depósitos limosos de alto contenido orgánico. Cornejo et al. (2003-2004)
señalan que esta asociación se da en los sitios ubicados en las zonas interiores analizadas en
relación a cursos de significación como los ríos Maipo y Mapocho y cursos menores y afluentes
de estos como los esteros Lampa, Puangue, El Manzano, Popeta y otros.
207
A partir de la experiencia obtenida en el valle de Aconcagua, es factible decir que en esta
zona los asentamientos habitacionales del Intermedio Tardío son escasos en las terrazas asociadas
directamente con los grandes cursos hídricos como los ríos Aconcagua y Putaendo,
concentrándose fundamentalmente en las tierras llanas y de escasa pendiente asociadas a cursos
hídricos menores, que se constituyen como tributarios de los cursos mayores ya mencionados. Tal
como se plantea en el desarrollo del trabajo en el cual se enmarca el presente anexo (ver capítulo
IV), esta situación sería resultado de la dificultad para obtener agua desde las amplias cajas
fluviales que presentan los cursos hídricos de mayor importancia. Solo con emprendimientos
hidráulicos de envergadura, como los desarrollados con posterioridad a la consolidación de la
ocupación hispánica en Chile Central, las amplias terrazas fluviales de Aconcagua se vuelven
espacios de explotación intensiva.
En este sentido, es mucho mas sencillo obtener agua para cultivos por parte de grupos
humanos pequeños, e incluso su manejo por medido de acequias, desde los cursos hídricos de
importancia intermedia, como los esteros señalados.
Al respecto, si observamos la distribución de sitios de la cultura Aconcagua identificados
en la cuenca del Maipo representada en el mapa de la publicación correspondiente, es posible
apreciar que aunque varios sitios se asocian directamente a los cursos hídricos de importancia,
una mayor cantidad de estos están asociados más bien a los esteros tributarios. Algunos incluso se
sitúan en espacios de interfluvio, en donde pueden haber sido utilizadas, tal como sugiere Cornejo
et al. (2003-2004), fuentes de agua de otro tipo, como las vertientes. Esta situación, aunque
obviamente sesgada por el método de muestreo desarrollado en la investigación particular citada,
puede ser utilizada para apoyar el planteamiento generado en base a la información obtenida en
Aconcagua al respecto.
Por otra parte, y en relación a los modelos utilizados para interpretar las características
que presentan los asentamientos habitacionales Aconcagua planteados por Cornejo et al. (2003-
2004), se cree posible aportar otra variable que se relaciona con el carácter dinámico en términos
del número de familias nucleares y/o integrantes individuales que necesariamente debieron
presentar las unidades “co-residenciales” señaladas en el nivel de integración inferior.
Estas unidades a lo largo del tiempo no pueden haber mantenido números fijos de
miembros y, por ende, es posible que la cantidad de miembros haya variado a lo largo del tiempo
por distintos factores. Esta situación pudo haber generado en algunos momentos el levantamiento
de nuevas estructuras en forma adyacente a las ya existentes en un momento determinado,
208
determinando el crecimiento del espacio ocupado por esa unidad “co-residencial” determinada y
generando nuevas ocupaciones discretas en el espacio. Del mismo modo, la reducción en el
número de familias o integrantes de estas unidades pudo haber determinado el abandono de
algunos de estas estructuras o el cambio en su funcionalidad. La continuidad en la ocupación de
estas estructuras a lo largo del tiempo podrían estar determinando las diferencias en cuanto a
potencia estratigráfica y densidad de materiales registradas en las distintas concentraciones o
ocupaciones discretas que son definidas por Cornejo et al. (2003-2004) como constituyentes de
estas unidades “co-residenciales”.
Por último, el sesgo impuesto al no considerar en las prospecciones realizadas en las
investigaciones que presentan Falabella et al. (2003) y Cornejo et al. (2003-2004) los espacios
con mayor pendiente, podrían explicar la escasez de asentamiento de orientación funeraria
detectados en la zonas estudiadas de la cuenca del Maipo. Al respecto, los sitios de carácter
mortuorio señalizados con estructuras tipo túmulos identificados en zonas de ocupación
Aconcagua como Lampa y aquellos reconocidos para la cuenca del Aconcagua se ubican de
manera casi exclusiva en piedemontes o en las laderas interiores de rinconadas, en zonas con
amplia visibilidad del entorno y alejados de las zonas orientadas al cultivo y las actividades
cotidianas representadas en los sitios habitacionales, emplazados en las tierras llanas y bajas.
209
4.6. BIBLIOGRAFIA ANEXO 4
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