BIOGRAFÍA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS
A mediados del siglo XVII, Lima, una ciudad que hoy alberga más de 7
millones de habitantes, cobijaba apenas unas 35,000 personas; cantidad que se
iría incrementando progresivamente por el arribo de miles de variopintos
personajes empujados por las noticias de una prosperidad fácil de alcanzar en
la capital.
Por el año de 1650, los negros angolas se agremiaron y constituyeron la
cofradía en la zona de Pachacamilla, lugar que anteriormente había sido
habitado por indios venidos de la zona de Pachacamác, y donde actualmente se
ubican la iglesia y el monasterio de las Nazarenas y el local de la Hermandad
del Señor de los Milagros. Las condiciones en las que vivían eran de una
pobreza absoluta.
Fue un 13 de noviembre de 1655, a las 2:45 de la tarde, cuando un terrible y
destructor terremoto estremeció Lima y Callao, tirando abajo las iglesias y
sepultando mansiones, dejando tras de sí miles de muertos y damnificados. El
sismo afectó la “zona de Pachacamilla” y las viviendas de los angola se
precipitaron al suelo; todas las paredes del local de la cofradía se cayeron,
produciéndose entonces el milagro: el débil muro de adobes donde se erguía la
imagen del Cristo crucificado quedó intacto, sin ningún tipo de
resquebrajamiento. Debido a los daños ocurridos, los angola se mudaron a otro
lugar dejando en el más absoluto abandono la pared con la sagrada imagen. Aunque hay otras versiones que dicen que los
negros angola se habían retirado del lugar antes del sismo, lo cierto es que después de la catástrofe, casi toda la población
limeña se entregó por entero a las plegarias, cánticos y rezos en las derruidas calles y plazas de la Capital, intentando pedir
perdón por sus pecados y rogando que no se produzca otro fenómeno de la misma naturaleza.
Pasaron 15 años y un vecino de la parroquia de San Sebastián, Antonio León, encontró la imagen abandonada y comenzó a
venerarla. Según los relatos de la época, León fue el primero que se preocupó por arreglar la ermita, sin imaginar que a partir
de entonces crecería el culto y la devoción al sagrado Cristo de Pachacamilla.
Cuentan que al subir el pintor la escalera para borrar la imagen, empezó a sentir temblores y escalofríos, teniendo que ser
atendido de inmediato para proseguir con su labor. Al reaccionar intentó nuevamente subir y borrar la imagen pero fue tanta
la impresión causada que bajó raudamente y se alejó asustado del lugar sin culminar con la tarea encomendada.
Un segundo hombre, un soldado de Balcázar, de ánimo más templado, subió pero bajó rápidamente, explicando luego que
cuando estuvo frente a la imagen vio que se ponía más bella y que la corona se tornaba verde; por esa razón no cumplió la
orden dada.
Ante la insistencia de las autoridades por desaparecer la imagen, la gente manifestó su disgusto y comenzó a protestar con
airadas voces y actitudes amenazantes que obligaron a retirarse a la comitiva. Pronto, el Virrey se enteró de los
acontecimientos y reflexionando sobre las posibles consecuencias si persistía en borrar la imagen, mandó revocar la orden y
acordó que en ese lugar se le rindiera culto y veneración a la portentosa imagen.
El 14 de setiembre de 1671 se ofició la primera misa ante el crucificado de Pachacamilla, fecha que coincide con la
exaltación de la Santísima Cruz. Conforme avanzaban los días los devotos aumentaban en forma considerable.
Venían de lejos en piadosa plegaria y mística romería, comenzando a denominarlo “El Santo Cristo de los Milagros o de las
Maravillas”.
Sin embargo, la ira de Dios no se calmaba y volvió a manifestarse en octubre de 1687, cuando un maremoto arrasó con el
Callao y parte de Lima y derribó la capilla edificada en honor de la imagen de Cristo, quedando erguida solamente la pared
con la imagen dibujada del Señor crucificado.
Tan terrible designio originó que se confeccionara una copia al óleo de la imagen y que, por primera vez, saliera en andas por
las calles del barrio de Pachacamilla, estableciéndose que a partir de ese momento la procesión tuviese lugar los días 18 y 19
de octubre de cada año.
BIOGRAFIA SEÑOR DE LOS MILAGROS
El Señor de los Milagros es una imagen de Jesús Crucificado
pintada originalmente por el esclavo Benito de Angola a
mediados del siglo XVII, en la ciudad de Lima, capital del
Virreinato del Perú.
En 1655 Lima sufrió un fuerte sismo, pero la imagen no sufrió
daño alguno, lo que fue considerado un hecho milagroso.
Inicialmente fue venerado por los esclavos del barrio de
Pachacamilla, pero el virrey Conde de Lemos (1684-1689) se
hizo su devoto y el culto se extendió rápidamente a otros
sectores sociales.
El año 1746 Lima padeció el terromoto mas destructor de su
historia y, según cuenta la tradición, una réplica de su imagen
salió en procesión y la tierra dejó de temblar. Esto acrecentó la
devoción del pueblo. En el gobierno del virrey Manuel Amat y
Juniet (1761-1776) se construyó la Iglesia de las Nazarenas, que
hoy es el santuario donde se le rinde culto. Decenas de miles de
devotos llegan de todas partes del mundo en el mes de octubre
para participar en las procesiones en su honor por las calles de
Lima.