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El Medio Ambiente Y El Ser Humano
Nuestro planeta constituye un conjunto medioambiental equilibrado, en el que todos los
elementos interaccionan entre sí, incluido el hombre. Sin embargo, la actividad humana, tendente
a lograr una mayor comodidad y desarrollo para nuestra especie, ha producido, como efecto
secundario indeseado, un proceso de degradación medioambiental más o menos acusado según las
áreas.
Transformación y conservación del medio
El hombre forma parte del medio ambiente. Sin embargo, su actividad produce cambios. La
transformación del medio natural en un medio humanizado ha seguido los siguientes pasos:
Descubrimiento de la agricultura y la ganadería. Mayor disponibilidad de alimentos y
cambios de aspecto en el paisaje.
La extensión de los cultivos produce cambios drásticos en el paisaje.
Avances científicos y técnicos, que aumentan la capacidad de supervivencia del ser
humano.
Realización de obras de todo tipo: edificios, caminos, canales, puentes, etcétera.
Industrialización, a partir del siglo XVIII, que produce efectos de cambio radical en el
medio ambiente a escala planetaria.
Crecimiento demográfico, facilitado por los puntos anteriores, que obliga al ser humano a
colonizar nuevos territorios y cambiarlos en su propio beneficio.
A lo largo del siglo XX la humanidad ha superado la cifra de 6.000 millones de habitantes y
ocupa prácticamente todo el planeta. Los bosques son talados para conseguir madera y nuevas
zonas agrícolas y los recursos marinos y del subsuelo se explotan a tal escala que no tardan en
agotarse. El conjunto de estas actividades ha tenido como resultado una transformación
general de los ecosistemas planetarios, hasta tal punto que la acción humana puede llegar a
suponer una seria amenaza para el mantenimiento de la vida en la Tierra a largo plazo.
La conservación del medio se impone, pues, como la única manera de alcanzar un ritmo de
desarrollo sostenible que permita la expansión humana sin poner en peligro el delicado
equilibrio ecológico que caracteriza al ecosistema total de nuestro planeta.
La degradación del medio
Prácticamente todas las actividades humanas transforman el medio natural y provocan cierto grado
de degradación. No obstante, algunas resultan particularmente importantes:
Agricultura y ganadería: pérdida de bosques, aumento de la erosión y disminución de la
producción de oxígeno. Desaparición de la flora y la fauna naturales. Impacto visual por la
parcelación de los terrenos.
Pesca: Disminución numérica, o incluso extinción, de diversas especies marinas.
Extracción de recursos: erosión del terreno, contaminación del suelo y del subsuelo.
Industria: contaminación atmosférica y de las aguas, lluvia ácida, gases de efecto
invernadero.
Producción de energía: Impacto visual, contaminación atmosférica (centrales térmicas),
destrucción de ecosistemas terrestres (presas), generación de radiaciones y residuos muy
peligrosos (centrales nucleares).
Urbanización e infraestructuras: transformación del paisaje, pérdida de ecosistemas,
erosión del terreno por obras diversas, contaminación atmosférica y de aguas, y generación de
gran cantidad de residuos.
Guerras: poco consideradas desde el punto de vista del cambio medioambiental, los
conflictos bélicos provocan graves daños ecológicos, especialmente cuando se emplean armas
químicas o nucleares.
Problemas medioambientales
Nuestro mundo sufre la amenaza de un cambio radical en sus ecosistemas. Las principales causas
son las siguientes:
Contaminación del agua dulce y de los mares: producida por la actividad industrial y las
ciudades.
Contaminación del aire: procedente de la industria y los automóviles. La generación de
gases de efecto invernadero representa un peligro de calentamiento global que podría
cambiar el clima a nivel planetario.
Destrucción de la capa de ozono: resultado de la emisión de ciertos gases industriales, la
pérdida de esta capa atmosférica dejaría a la Tierra sin protección contra las radiaciones
solares.
Destrucción de los bosques: la pérdida de la vegetación natural, unida al calentamiento
global, permite un rápido avance del desierto.
Residuos urbanos: la acumulación de basura es un grave problema de las ciudades
modernas.
Eliminación de la biodiversidad: la pérdida de variedad biológica empobrece el ecosistema
global y priva a la humanidad de importantes recursos.
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Relación ser humano-naturaleza: Desarrollo,
adaptabilidad y posicionamiento hacia la
búsqueda de bienestar subjetivo
Evelyn Rodríguez
[email protected]Universidad de Colima,, México
Ana Luz Quintanilla
[email protected]Universidad de Colima, México
Relación ser humano-naturaleza: Desarrollo, adaptabilidad y posicionamiento hacia la
búsqueda de bienestar subjetivo
Avances en Investigación Agropecuaria, vol. 23, núm. 3, pp. 7-22, 2019
Universidad de Colima
Recepción: 11 Septiembre 2019
Aprobación: 16 Diciembre 2019
Resumen:La desarticulación del ser humano con la naturaleza ha producido el mayor reto que
los seres vivos han de confrontar, sea su extinción y la del resto de organismos vivos que
comparten el planeta. El sistema de producción capitalista considera el desarrollo económico
como la base que rige los sistemas de decisiones; generando un explosivo desarrollo industrial y
un alto nivel de consumo de bienes, sin considerar efectos y soluciones. El objetivo del estudio
parte de las relaciones ecosistémicas, con relación a la existencia humana, y analiza su
interacción, desarrollo, adaptabilidad y posicionamiento del ser humano en la búsqueda de
bienestar subjetivo. Se analiza el pensamiento filosófico de Heidegger, resiliencia y márgenes
de vida. Se revisan teorías de los ecosistemas, percepción del paisaje hacia la conciencia desde
la teoría de la sensación. La relación hombre-naturaleza está desarticulada y se plantea desde la
teoría de bienestar subjetivo. Se analizan teorías de esta desvinculación humano-naturaleza:
Darwinista, teoría de sistemas complejos y teoría de Gaia. Se discute la dimensión de la visión
humana ante los impactos que mantiene contra la naturaleza y la necesidad urgente de trabajar
hacia un cambio que involucre modificación de actitud individual, para posibilitar cambios en el
ámbito colectivo. Es necesario y urgente replantear nueva cultura de la autosubsistencia,
cambiando patrones de autodestrucción; labor compleja y posible si se consideran las bases y
legados de las culturas de autosubsistencia, que en nuestro país demuestran haber conservado y
restaurado los ecosistemas.
Desarticulación, relaciones, Dasein, cambio, capitalismo, ecosistemas.
Palabras clave:Desarticulación, relaciones, Dasein, cambio, capitalismo,
ecosistemas.
Abstract:The disarticulation of the self-subsistence cultures, which in our country demonstrate
having conserved and restored ecosystems.
Keywords:Disarticulation, relationships, Dasein, change, capitalism,
ecosystems.
Introducción
El ser humano, como todo ser vivo, forma parte de la naturaleza, y su
naturaleza específica consiste en la racionalidad de poseer una inteligencia y
una libre voluntad de acción. Dicha naturaleza humana es universal y lo
coloca en una situación privilegiada, ya que, a diferencia del resto de los seres,
su comportamiento no está determinado por los instintos y necesidades
naturales, sino que, gracias a su libre voluntad, puede inclusive obrar en
oposición a los mismos (sacrificio de la propia vida, huelga de hambre). No
obstante, en el ser humano no existe oposición entre naturaleza y libertad, ya
que la libertad pertenece a su naturaleza. Se relaciona con el entorno para
sobrevivir –como lo hacen el resto de las especies que comparten este planeta
con los humanos–, con una particularidad: los seres humanos representan
colectivamente formas culturales específicas al ejercer relaciones con el
entorno, creando y recreando ambientes que propician el cumplimiento de
nuestras necesidades, el desarrollo y la extensión de nuestra cultura; se
construyen paisajes culturales que propiciarán a su vez un bienestar subjetivo
en él mismo y en los suyos: su familia y las personas con las que se
interrelaciona en su vida cotidiana.
Desde sus orígenes, los seres humanos desean siempre conocer y
comprender a la naturaleza, principalmente porque de ello depende su
supervivencia. El conocimiento del marco natural, así como su transformación
y aprovechamiento, ha motivado e impulsado el conocimiento científico y la
técnica. Gracias a la inteligencia, el ser humano ha aprendido a adaptar la
realidad a sus propias necesidades, incluso cuando hoy en día prevalece la
destrucción de la misma, debido a los impactos producidos por los propios
humanos. El ser humano no se conformó con recolectar los frutos que la
naturaleza le ha ofrecido, sino que aprendió a sembrar y a cosechar: primero
manualmente, luego ayudado por animales, hasta que finalmente lo logró la
agricultura industrializada, con la que dio inicio a la transformación de la vida
moderna, al sustituir la energía humana por la energía animal y posteriormente
por las máquinas (D’Angelo, 2002).
Los sistemas de canalización y embalse permitieron tener agua corriente en
lugares en los que las lluvias son prácticamente inexistentes, y con ello el ser
humano ha hecho uso de la naturaleza para satisfacer sus necesidades; sin
embargo, se ha explotado su hábitat de manera excesiva, destruyéndolo al
sobrepasar los límites de la rehabilitación de cadenas tróficas y atentando
hacia sus coetáneos como especie. Debido a lo anterior, menciona Amhed
Djoghlaf, secretario ejecutivo de la Convención para la Diversidad Biológica
de la ONU (2017), que no existe duda de que el cambio climático y la pérdida
de biodiversidad son “las dos caras de la misma moneda”, y que es
consecuencia de la actividad humana que diariamente se extingan 150
especies, y cada año entre 18,000 y 55,000 especies se conviertan en extintas.
La deforestación, los cambios en el suelo la contaminación del agua y del aire,
y la continua destrucción de la atmósfera han provocado el cambio climático
global, también llamado cambio climático antropogénico (Ochoa y Zavala,
2015).
Los paisajes culturales constituyen una relación entre el ser humano y la
naturaleza, a partir de las expresiones humanas, por ello se hace cada vez más
importante reconocer y aprender sobre el bienestar subjetivo, como “una
sensación de agrado cotidiano al mantener un bienestar psicológico, gracias a
una buena adaptación a las circunstancias de la vida interna y externa del
individuo en sociedad” (García-Alandete, 2014). Con lo anterior, las
complejas redes naturales se relacionan también con el pensamiento
ecológico, que se plantea como respetuoso de estar en el mundo, como lo
menciona Heidegger con el “Dasein”. La realidad primaria donde el ser se
capta con su sentido original, que es lo que Heidegger llama el “Dasein”
significa ser-ahí, y en definitiva se refiere al hombre como un ser arrojado a la
existencia, un ser que existe en el mundo y actúa sobre las cosas que tiene,
ante todo el sentido de instrumentos del Dasein. La filosofía según Heidegger
no puede ser más que una analítica interpretación del Dasein: ser-ahí, arrojado
en el mundo con la posibilidad de construir formas de relación y pensamientos
para la acción más acorde con la integración ser humano-naturaleza. Estar en
el mundo para Heidegger (1962) es un todo unitario; también, para él, el
ambiente está constituido por árboles, rocas, insectos, y ellos son considerados
como elementos intramundanos (innerweltich). La naturaleza, así considerada
desde la filosofía, no es el mundo sino un ente que encontramos dentro del
propio mundo; así como las emociones y los sentimientos que constituyen
entes en diversos grados como maneras de poder incluirse en el mundo. El
Mundo, por lo tanto y para Heidegger como para muchos de la corriente
existencialista, representa ontológicamente un carácter del existir mismo. El
objetivo del presente estudio es partir de las relaciones ecosistémicas para
relacionarlas a la existencia humana y analizar la interacción entre ambas; su
desarrollo, adaptabilidad y posicionamiento del ser humano en la búsqueda
del bienestar subjetivo.
Marco teórico conceptual
L OS EQUILIBRIOS ECOSISTÉMICOS
El aporte de la biodiversidad a la vida del ser humano y sus procesos
productivos es múltiple. En el caso de la agricultura, la biodiversidad
contribuye a mantener la estabilidad del medio ambiente, permitiendo con ello
el funcionamiento de los ciclos globales de los nutrientes, la descomposición
de la materia orgánica, la recuperación del suelo compactado o degradado, la
regulación de las plagas y enfermedades, la polinización, entre otras; por estas
razones, el restablecimiento de la biodiversidad permite reducir la
dependencia de insumos externos en los sistemas agropecuarios y forestales,
tales como nutrientes (fertilizantes), agua, acondicionadores del suelo,
productos fitosanitarios (control químico de plagas y enfermedades), etcétera
(Manzur-Nazal y Villalba-Cabezas, 2008). Cuando los cambios en el medio
son seguidos de procesos adaptativos de otras especies que evolucionan con el
objetivo de poder continuar, adaptándose y superando los mismos, se presenta
el equilibrio ecosistémico; un ejemplo de ello son los pingüinos que llegaron
mediante las corrientes del mar a las Galápagos, y su adaptación al nuevo
medio hizo durante el proceso de sumergirse para obtener alimento que su
pico se hiciera más resistente, se hicieron más esbeltos y disminuyeron la
cantidad de su pelo. Otro ejemplo es el hecho de las personas que viven en
sitios de calor extremo, logran adaptarse a éste –v.gr. los habitantes de la
ciudad de Mexicali en Baja California, y Hermosillo en el estado de Sonora
(ambos en el noroeste de México), donde las temperaturas exceden los 50 ºC
durante el período de verano– (Quintanilla et al., 2015).
L A RESILIENCIA COMO ESTRATEGIA ADAPTATIVA
La conservación de un ambiente sano depende del tipo de desarrollo que se
dé en una región o país. Un desarrollo sostenible o sustentable que esté
dirigido a un uso responsable de los recursos naturales, no sólo es siempre
necesario sino imprescindible para la conservación de los ecosistemas; sin
embargo, los cuestionamientos comunes son: ¿Cómo podremos lograrlo?,
¿Cómo logramos asumir esa responsabilidad ante un sistema capitalista que
pondera con mayor valor a la economía que a la naturaleza? ¿Cómo sabemos
que un recurso está siendo aprovechado de manera responsable o es explotado
sin responsabilidad? ¿Cuáles son las consecuencias de no tener una gestión
ambiental responsable de los recursos naturales? ¿Cuánta presión se puede
ejercer sobre un recurso para ponerlo en riesgo de extinción o agotarlo? Estas
preguntas tienen respuesta de acuerdo con una misma variable: la resiliencia
de los ecosistemas; sin embargo, a ello se ha apostado la resistencia de los
mismos y no así a la conservación, restauración y mitigación de los impactos
antropogénicos. La resiliencia de los ecosistemas es la capacidad de
recuperarse de un disturbio o resistir presiones en curso; se refiere a los
complejos procesos físicos y ciclos biogeoquímicos regenerativos que
).
E L SENTIDO DE PROPIEDAD HACIA LA NATURALEZA ( HACIA UNA
PERSPECTIVA EPISTÉMICA INTEGRADORA )
Existe una totalidad de la naturaleza que no es perceptible a la vista y que
habita en otros espacios a que lo que comúnmente observamos, pero que sin
embargo pertenece a un todo, porque vivimos y coexistimos en el mismo
espacio; la unidad de un todo. Los paisajes culturales son trozos abstractos de
esa totalidad, desarrollados por cada cultura cuando ésta imprime
características únicas que, a través de la organización del espacio, comunican
símbolos entre sus edificios, parques, monumentos, agricultura, puentes,
puertos, paseos de recreación, museos y áreas rurales características.
En una sociedad totalmente acelerada, es casi imposible lograr la capacidad
de contemplación. ¿Cómo podría el ser humano articularse nuevamente a la
madre naturaleza, de la cual forma parte y de la cual fue desarticulándose y
controlando, y destruyendo? El contacto y la percepción del ser humano con
el resto de los seres vivos, mantiene al límite de la extinción a nuestra propia
especie por haberse desarticulado, y considerarse como el ser que posee y
toma control del resto del reino animal y vegetal. El ser humano necesita
hacer un alto en el tipo y ritmo de vida que lleva para regresar al centro, a uno
mismo, a su raíz que es propiamente la naturaleza, en la diversidad de sus
manifestaciones. Se requiere retornar al origen que somos: un elemento más
de un todo, en un sistema planetario llamado Tierra, el cual a su vez se
encuentra dentro de un universo complejo y mucho más amplio. Esta es la
visión que desea plantear el presente documento y, para lograrlo, se requieren
estrategias que se apliquen con disciplina y también con cierta flexibilidad;
sobre todo con un análisis amplio. Se ha reflexionado sobre cómo articular al
ser humano actual con su naturaleza animal, integrarlo nuevamente como uno
más del sistema natural; para ello, el presente estudio propone diferentes
estrategias que se irán definiendo.
El observador atento, descubre los rostros de los nichos ecológicos, los
senderos que se trazan y se mantienen con el uso práctico de sus transeúntes;
sirven como una nueva alternativa de conexión entre el ser humano y la
naturaleza, considerada una alternativa productiva para muchas comunidades
alrededor de nuestro planeta (llamados por algunos como visitas a senderos
ecológicos o senderismo). Las propuestas incesantes por mantener recorridos
o senderismo, son también inserciones que provocan transformaciones en el
medio. Existe una desarticulación con la naturaleza: a partir de que dejamos
de recolectar nuestra agua, dejamos de producir nuestros propios alimentos y
energía, nos convertimos en seres que ignoran cómo opera ésta (Vega et al.,
2018).
L A PERCEPCIÓN DEL PAISAJE HACIA LA CONCIENCIA
En el momento en que se está atento y se camina por un paisaje natural,
existe el disfrute por parte de los seres humanos, porque somos parte ello, de
la naturaleza, y con ello se abre el campo de conciencia a lo que ocurre y se
tratan de captar las relaciones que en él se establecen, se puede ver un todo
unitario. Todos formamos parte del mismo sistema de vida. En el campo, en
la milpa, se escuchan los tallos y las hojas al pasar el viento; cuando llueve,
los estruendos de los rayos se escuchan
Las conexiones humanas se dan en función de la satisfacción de necesidades
y de las que tienen como fin último una relación espiritual. El ser humano
crece a través de su relación con los demás y con su medio ambiente; la
experiencia corresponde a su terreno de juego. El concepto de sensación es
una vivencia del sentir, palpando algo y degustando, y desencadena
percepciones de los hechos donde se distinguen y obtienen impresiones: el
gusto por un platillo agridulce, crocante, suave o carnoso son producto de
diferentes sensaciones. El comer es en cierta forma un sentido de placer que se
adquiere en un ambiente, en un contexto determinado. Como menciona la
teoría de la Gestalt: “El mundo está allá afuera y al percibirlo se toma algo de
él para los sentidos; se abstrae a través de una sensación de vínculos
ilimitados que llegan a la memoria y se resguardan como algo agradable o
desagradable” (Le Breton, 2006).
El análisis descubre una cualidad de todas las relaciones que existen en el
acto de percibir. Y estas relaciones están recubiertas de un saber que les
habitan. Hay cualidades puras, que son las que perciben los animales, y
cualidades cubiertas de significado, que representan para el ser humano algo
más, contienen cualidades y por ende adquieren significaciones.
T EORÍA DE LA SENSACIÓN
Representa la conquista de los sentidos, y proviene del medio o de la
naturaleza que nos toca a través de éstos. El ser humano piensa histórica y
sistemáticamente sus relaciones y las establece dentro de una cultura que
recrea y reconforma. Posee la ventaja de sus recuerdos, de sus memorias, que
a su vez se constituyen por el contacto con el medio a través de sus
percepciones de la realidad, llegando como imágenes y sensaciones. Nada de
lo que percibimos permanece estable ni constante. A esto se le llama
construcción perceptiva, la cual es vital para la adaptación al
abruptos de redes, sistemas, conexiones, corrompen los ambientes y todas
sus relaciones y se procura el caos.
Como bien menciona el Dalai Lama: “Lo que ves en el exterior,
específicamente en la naturaleza, es sólo el resultado del estado interno de los
seres humanos”. No es solamente un rompimiento estético, es una fractura de
la vida y su transmisión continuada de semilla de cadenas energéticas. Lo que
representa el fin del respeto por la misma y puede llegar a ser la propia
extinción de los seres vivos.
Resultados
LA PROPUESTA DE ESTUDIO HACÍA UN BIENESTAR SUBJETIVO
ECOSISTÉMICO
Se ha revisado la importancia del orden natural y de relaciones entre las
acciones del ser humano con el medio y en el entorno, como parte del mismo
a través de su percepción y de su conciencia.
Cuando hay una inexorable enajenación en el mundo moderno se produce la
ruptura del ser en el mundo, que es el “Dasein” de Heidegger, y la pérdida de
percepción, planteada por Ponty (1993), desde la fenomenología de la
experiencia del presente.
En la dualidad, el ser humano tiende a la fractura, en cuanto que, en la
concepción holística o sistémica, el pensamiento opera como integrador
del todo; se tiende a un pensamiento ecosistémico o a llevar a cabo una
articulación entre el ser humano y la naturaleza, como el que existe en las
comunidades que tienen como propósito el bien común y, dentro del cual,
todos trabajan y avanzan con base en la ayuda mutua, comunitaria. Asimismo,
al estar articulado el ser con su medio, tiende a conservarlo y restaurarlo para
no agotar los recursos que le dan vida, y por ende desarrolla más la
observación y la comprensión de lo que sucede a su alrededor: los cambios,
sus ciclos. Esta cercanía le ayuda para tener una mejor organización familiar y
social, que ofrece beneficios al conocer comunitariamente la necesidad
cumplimiento de los ciclos para la satisfacción de la mayor parte de las
necesidades de las unidades de producción.
Según Descola y Pálssón (2003), los seres humanos se vinculan con la
naturaleza desde formas específicas de socialización, que es una teoría de
modos de identificación que desarrollaron independientemente de la época de
su existencia, y son cuatro tipos de ontología: el animismo, el totemismo, el
analogismo y el naturalismo. La cosmovisión de cualquier pueblo se vincula
en estas cuatro formas, existiendo la posibilidad de hibridaciones. Estas
formas de vinculación están presentes en cualquier humano, sólo que
exclusivamente uno de ellos es el que está activado; son también formas de
aprehensión del ambiente.
Levi-Strauss (1964) hablaba de las especies con cualidades sensibles, con
las que se vinculan los seres humanos, ya que, en esa forma de representación
icónica simple, conceptualizan su estructura. En cuanto al animismo, a las
plantas y animales se les asignan características con respecto al respeto, leyes
de parentesco y códigos éticos; éste es un modelo de objetivación de los seres
de la naturaleza, que sirve como categorías elementales de la práctica social
para pensar las relaciones de los seres humanos con los seres
naturales (Descola y Pálsson, 2003).
Los seres humanos y todos los seres vivos tienen materialidades específicas,
en tanto sus esencias internas idénticas se encarnan en cuerpos con
propiedades contrastantes, cuerpos que son frecuentemente descritos
localmente como simples ropajes para subrayar mejor su independencia de las
interioridades que lo habitan (Descola y Pálsson, 2003).
En este sentido, las formas de relación con el entorno son integralmente
culturales, en razón de una interioridad humana y como subjetiva que es, que
cada ser percibe de manera diferenciada las complejidades de esta
interrelación a partir de su corporalidad. La idea de que ciertas propiedades,
movimiento o modificaciones de estructura del mundo, ejercen una influencia
a distancia sobre el destino de los seres humanos, como en el caso del
nagualismo, según el cual cada persona posee un doble animal con el cual una
entra en contacto, pero cuyas desventuras pueden afectar su cuerpo.
El analogismo no requiere ninguna relación directa de persona a persona
entre los seres vivos, implica que existe entre una similitud de efectos, una
acción lejana o una resonancia involuntaria que se distingue de la homología
más sustancial de las propiedades. El analogismo no está fundado ni en la
homología de las interioridades (en una diferencia de las materialidades como
el animismo) ni en una sectorización de las interioridades y materialidades
(como el totemismo australiano), sino en una discontinuidad gradual de las
esencias, de la cual la formulación más clásica es la teoría de la cadena de
seres, y sobre una serie de brechas diferenciales débiles entre las formas y las
sustancias necesarias para que puedan establecerse correspondencias entre
éstas. Los vivos, todos, pertenecen a la misma colectividad (Pazos, 2005).
El naturalismo aparece en el siglo XVII e implica un intrincado mundo de
artificio y libertad que genera complejas relaciones e invierte la construcción
ontológica del animismo, en lugar de una identidad de almas y una diferencia
de cuerpos; presupone una discontinuidad de las interioridades y una
continuidad material. En el siglo XIX, con la emergencia de las ciencias, la
diversidad de la acción creadora del ser humano va a fijar sus características y
contornos como un productor de normas, signos y símbolos. La propuesta es
que existe una sola naturaleza y una diversidad de culturas. Lo que distingue a
los humanos de lo que consideramos como no humanos es, claramente, el
alma, la consciencia, la subjetividad y el lenguaje –que, por cierto, en los
últimos años, la propia ciencia ha descubierto que también se comunican entre
sí–, del mismo modo que los grupos humanos se distinguen unos de otros por
una suerte de disposición interna colectiva que se ha llamado, durante mucho
tiempo, el espíritu de un pueblo (Pazos, 2005).
A partir de Darwin (1859), conocemos que la materialidad de los humanos
los sitúa con pocas diferencias de otras entidades en el mundo de la
naturaleza. Desde el punto de vista de la organización cosmológica que
instaura el naturalismo, los humanos se distribuyen en el seno de
colectividades diferenciadas. Una vez que se caracterizan las formas de
abstraer la realidad circundante se sitúan las diferentes posturas personales y
sociales.
En el presente, nuestro entorno global puede considerarse como un medio
ampliamente transformado y deteriorado, en el que algunos aspectos del
entorno evolucionan y otros se pierden por completo, como es el caso de las
especies ya extinguidas, debido a la toxicidad del aire en las mega ciudades,
una tendencia de apropiación del medio que es impuesta por el modelo
económico y político imperante (una forma de producción que transforma y
destruye, para crear nuevas necesidades y también nuevos modelos de
producción y de consumo). Las comunidades son actualmente organismos
complejos que constituyen hábitos en contigüidad y respeto al entorno o no.
En Latinoamérica existen cuantiosos recursos naturales y una enorme
biodiversidad; sin embargo, quienes toman decisiones y los criterios con los
que se toman las mismas están en mano de los gobiernos y sus líderes
políticos (incluidos los grupos de interés sobre las ganancias que se obtienen),
así como de la política internacional de los países económicamente más ricos
–no así en recursos naturales–; particularmente en el caso de México, depende
en gran parte de voluntades de países dominantes como Estados Unidos y
Canadá, así como de los países del imperio de Europa. El dominio de las
fuerzas de poder son las que prevalecen por encima del bien y de la
conservación de los recursos naturales y de la cultura popular, que no respetan
para que éstas permanezcan y puedan reconocer su valía mediante el
aprovechamiento, conservación y restauración de sus recursos naturales, a
través de buenos hábitos de manejo o gestión de la naturaleza; la prueba está
en que existe gran contaminación en las venas de los grandes ríos, en la
deforestación de bosques y selvas, en la contaminación del agua y el aire. En
la reducción de asignar un valor a la naturaleza, de la cual dependemos los
seres vivos, conviene recordar que, en la pirámide materia-energía, los seres
humanos se posicionan en la cúspide y representan a la única especie que
depende del mundo vegetal y animal para asegurar su existencia en el planeta;
por ende, el valor de vida que tienen los seres humanos en la naturaleza es el
más bajo.
Hace falta educar y elevar los niveles de consciencia –quizá mediante la
misma– a la ciudadanía en general, hacia el respeto al hábitat, y sancionar
apropiadamente el rompimiento de las leyes que agotan y deterioran la
naturaleza. Se requiere de modificar los paradigmas actuales, tomar otro
rumbo que incluya la construcción de escenarios con base en la participación
social, en donde se entiendan las interrelaciones y sus importancias en
codependencia; se requiere que las percepciones se agudicen y la conciencia
se amplíe en el retorno a lo natural, a lo simple. Como menciona el padre de la
teoría de sistemas complejos, Edgar Morín: “La realidad que percibe el ser
humano cada día, la compresión de su propia existencia y conflictos internos,
trae inmersos los aires de la complejidad, de lo global, lo contextual y lo
multidimensional” (Morin, 1990).
La forma de pensamiento predominante, por mucho tiempo, y en la cual se
produjeron grandes descubrimientos, favorecía el mecanismo de lo lineal, lo
cuantitativo, y aún en la actualidad existe quien defienda sus postulados,
además de sus logros; sin embargo, la ciencia ha avanzado y las sociedades se
modificaron con el desarrollo de las tecnologías; los nuevos hallazgos
requieren del conocimiento de nuevos paradigmas y de un enfoque hacia el
surgimiento de una nueva forma de pensar y de actuar.
Los seres humanos y el resto de los seres vivos que comparten con nosotros
este planeta, estamos experimentando un planeta en entropía, con base en el
mayor reto que tenemos de sobrevivencia en este siglo: el cambio ambiental
global, y que incluye tanto los impactos inducidos por los seres humanos
como la variabilidad natural del clima que ha existido a lo largo de la historia
del planeta.
A nivel general, la interpretación y comprensión de los diversos fenómenos
de la naturaleza requieren de una forma de pensamiento y de toma de acciones
y modificación de actitudes y hábitos, y es donde se destaca el planteamiento
de Edgar Morín, relacionado con el desarrollo de un pensamiento de la
complejidad en los seres humanos, como una forma de encaminar a los
individuos y a las naciones hacia el bienestar, la evolución y la productividad.
En el desarrollo de un pensamiento de la complejidad en los individuos está el
futuro de la ciencia, en virtud de los nuevos hallazgos que se pueden propiciar
(Morin, 1990).
En lo anterior reside la teoría del bienestar subjetivo y el bienestar social, la
mantiene una postura de corresponsabilidad en la toma de decisiones, desde la
microescala (como el individuo), hasta la dimensión planetaria, que permita
fortalecer las redes de apoyo de las ciudades y los estados, desarrollando
programas de trabajo y diseñando políticas públicas que nos permitan poder
dimensionar el mundo en el que vivimos hoy en día, con más de 7.8 mil
millones de seres humanos y con un recurso cada vez más escaso y
fundamental para la vida: el agua; con un sistema de producción de alimentos
basado en el consumo de productos animales (res, aves, cerdo y otros),
principalmente por los países más ricos, que propician un mayor cambio de
uso de suelo y deforestación para el mantenimiento de los animales que se
comerán (Günther y Gutiérrez, 2017).
Se requiere modificar la visión que se mantiene con respecto a la naturaleza
y a sus ecosistemas. No es posible continuar generando energía eléctrica con
base en combustibles fósiles, porque esto ha producido la destrucción de la
atmósfera y, con ello, el cambio climático global de origen antropogénico.
¿Cómo podemos entender que más de 95% del capital económico en el
planeta se encuentre en manos de menos de 12 familias? ¿Cómo entender que
más de 50% de la población mundial padezca desnutrición y pobreza extrema
y, a su vez, un 40% de los alimentos que se producen en el planeta son
enviados a la basura? ¿Cómo entender que solamente 1% de la propiedad
privada en el planeta corresponda a las mujeres y que éstas ganen en igualdad
de habilidades y capacidades, entre un 30 a un 50% menos que los hombres?
(Quintanilla, 2019).
El bienestar subjetivo es una propuesta que alienta y enriquece como
postura el análisis de la realidad desde diferentes perspectivas. La propuesta es
compleja porque requiere de seres humanos que utilicen su libertad a través
del compromiso consciente del cuidado de sí mismos y, por ende, del entorno
del cual se forma parte. Se requiere tomar consciencia para lograr una apertura
y responsabilidad para actuar, para aportar hacia el bien común, no el propio
como lo plantea el sistema capitalista. Así como existen comités de vigilancia
para proteger las cosas privadas de los grandes fraccionamientos, también es
necesario que todos estén en una constante vigilancia de lo que da vida: la
naturaleza; los árboles, la calidad y cantidad del agua, el cuidado de los ríos,
del océano como el principal termorregulador del clima en el planeta, la
comprensión de la naturaleza como hábitat real y como fuente abastecedora y
dadora de vida.
Desde el análisis de la naturaleza como totalidad, podrá entenderse ese
entramado de redes ecosistémicas, como lo menciona la teoría de
Gaia propuesta por James Lovelock et al. (2009), quienes formularon una
teoría revolucionaria que unificó la de la evolución y la de la geología,
hablando del planeta azul como un organismo que se autorregula y cuya
finalidad es albergar vida. Lo que en un principio parecía ser una simple
hipótesis se convirtió en una teoría que, de ser la gran desconocida, es
actualmente aceptada por la comunidad científica como ciencias del sistema
Tierra. Al igual que la alquimia evolucionó hacia la química, o el
geocentrismo dio paso al heliocentrismo, es hora de abandonar nuestras
antiguas creencias en favor de una nueva mentalidad científica: Gaia, que se
refiere a la Tierra como un organismo autorregulador compuesto por los
océanos, rocas de la superficie, atmósfera y seres vivos, que en conjunto
forman un sistema que evoluciona y cuyo objetivo es la regulación de las
condiciones de la superficie en función de su habitabilidad, en función de la
vida.
El postulado anterior, que ha realizado predicciones correctas y se basa en
observaciones y modelos teóricos, procede de la inicial hipótesis de Gaia, que
era contraria a la tesis común que afirmaba que la vida se adapta a las
condiciones del planeta y que la vida y el planeta evolucionan de forma
separada. Una vez matizada la hipótesis, dio lugar a la teoría de Gaia; y la
tesis convencional se convirtió en lo que hoy conocemos como la ciencia del
sistema Tierra. Se trata de una disciplina dedicada al estudio de la Tierra por
parte de aquellos científicos que opinan que los fenómenos de nuestro planeta
no pueden ser explicados por la geología tradicional. La conclusión de que la
Tierra es una entidad dinámica en la que lo vivo y lo inerte está relacionado y
que posee una autorregulación climática y química, constituyó la base de
la Declaración de Ámsterdam en 2001.
Se puede dimensionar el constituir, parte de un sistema, y que este mismo
responda adecuadamente cuando todas sus partes se encuentran en equilibrio:
todas sanas y funcionando en sincronía con la naturaleza. La comprensión de
que somos parte de un todo nos permite entender que, tal como un órgano
vivo, contiene múltiples redes e interconexiones y, al alterarlas, todos en el
sistema resultamos perjudicados; de hecho, el ser humano es uno de los más
vulnerables al depender del resto de las especies para su sobrevivencia.
La comprensión de que la vida tiene tres presencias: cuerpo-mente-espíritu,
nos conduce a entender que el cuerpo es el templo en el que habita el espíritu
y que la mente no representa necesariamente los pensamientos; es sabia y está
atenta para permitir al organismo estar dentro del entorno y reconocer al ser
como parte del mismo. El ser humano debe permitirse poder reincorporarse al
origen del cual proviene, estar y ser parte del ambiente natural, escuchando los
sonidos que la naturaleza emite al percibir el viento, la frescura de un clima
tropical bajo la sombra de un gran árbol, observar los amaneceres y
atardeceres, sentir el cuerpo en el agua de río y de mar porque son elementos
base de la vida; si se reconoce la naturaleza en unificación con el hombre, éste
se podrá reintegrar a la totalidad.
Los seres vivos se encuentran interconectados, el ser humano está
desarticulado del universo, enajenado por una cultura de ego en la que vive,
dependiendo de posesiones materiales, de emociones negativas (envidias,
prejuicios, mitos, creencias, apegos emocionales, políticas de control, de
poder, riquezas individuales logradas a través de una cadena de abusos); por
eso genera pensamientos destructivos, vengativos, absurdos; le roba toda la
importancia al momento presente y se enfoca en el pasado o en el futuro,
generando así emociones de estrés y ansiedad; reclama una existencia
separada de la naturaleza, creyéndose absurdamente superior y no hace sino
perderse a sí mismo. Cuando se observa la naturaleza a fondo y con atención
en los pequeños detalles, es cuando se acaba el ego y se lleva a cabo una
fusión, una entrega de reconocer la majestuosidad y sacralidad de la misma,
abriendo una conciencia y serenando el espíritu ajetreado, maltratado por la
presencia de pensamientos agobiantes.
La sutileza que permite al ser humano conectarse con la naturaleza a través
de los sonidos del ambiente, como los grillos lo hacen durante la noche, la
presencia de las luciérnagas (sutiles y brillantes), el estruendo de los rayos en
una tormenta o los sonidos magnificados en una selva tropical, alejan la
desintegración que provoca el pensamiento creador de conflictos y
redundancias.
La inteligencia mayor viene de ese entramado de relaciones
interdependientes en los ecosistemas, ¡que maravilloso sería lograr esa
capacidad hacia un pensamiento ecosistémico! Que opere como lo hace la
naturaleza, con la sacralidad que exige una espiritualidad mayor en el ser
humano. Para lograrlo, es necesario conocer la corporeidad, el campo
energético como ser en el mundo, sentir la vida misma que anima porque se
está conectado. Si se observa bien, esa es la actitud de un niño que quiere
jugar y coparticipar con otros en el juego, porque está vivo, porque sigue su
intuición; pero se va corrompiendo al crecer. El pensamiento, si no va de la
mano con la intuición y con la vida animada, se vuelve usufructuario de
bienes, de comodidades.
El pensamiento oriental es uno de los más sabios, llegó a América por los
grupos migrantes que luego se fueron distribuyendo por Norteamérica,
Aridoamérica y Mesoamérica, hasta el sur. Son estos grupos los que viven en
los pocos lugares donde hay vegetación, agua y manejo integral de los
ecosistemas, porque tienen una sabiduría y conocimiento de tomar poco y
guardar reservas para las futuras generaciones; piensan no sólo en sí mismos
sino en su comunidad, que tiene una red de interrelaciones. Como lo dice
(Kumar, 2008), es la reestructuración del orden de pensamiento sistémico que
permita la articulación nuevamente del ser humano con la naturaleza y el
emprendimiento de acciones hacia el bien común de la misma. En la ecología
profunda, las especies no compiten para sobrevivir, como declara Darwin,
sino que están en una danza continua de mutualismo, reciprocidad y
conectividad.
Discusión
En la actualidad las incidencias de los grupos de explotación, exacerbada
hacia los recursos naturales, han provocado un cambio que para algunas
especies es completamente irreversible, ya lo dicen Toledo et al. (2006): la
ecología política integra el pensamiento complejo. El Dasein, del que nos
hablaba Heidegger, y el aquí y el ahora que nos dice la teoría Gestalt, deben
ser recurrentes para pasar al habitus de Bourdieu (1961). No se puede
fragmentar la realidad, eso lo ha hecho el concepto a partir de Descartes, y se
creó un vicio a partir de construcciones mentales teóricas que no reflejan la
realidad actual; por eso se requiere una visión holística de la realidad y un
pensamiento crítico: un proceso de cambio.
La cultura de la autosubsistencia, que es comunitaria, ha sido la base de la
producción de las comunidades indígenas, así que las áreas más protegidas
cuentan con su propio modelo de cuidado, tiempos de descanso y restauración
de las tierras, producción del sistema milpa y policultivos en la baja escala. Es
una herencia de las culturas mesoamericanas. Actualmente los totonacas de la
costa del Golfo, chichimeca-jonaz del norte de Guanajuato, seris de Sonora,
zapotecos de Oaxaca, nahuas de México y tarascos en Michoacán, siguen hoy
en día esa producción, actúan como resistencia biocultural y a la vez que lo
hacen resguardan las tierras comunales, que son reservorios de selvas y
bosques.
El cambio de conciencia se hace urgente y puede ser creado a partir de
brindar la información a las sociedades, sobre los restos ante los riesgos
climáticos, que hemos generado los seres humanos. Se debe proceder a
reconectar con una nueva comunidad de gente que recree nuevamente la
intuición, más que la actuación, con actitudes aprendidas que hoy en día son
obsoletas para de la realidad. La relación con la naturaleza es recíproca, lo
vemos con los pueblos aborígenes, que nunca separan la naturaleza de las
comunidades y se manejan como un todo orgánico.
El ser humano está destruyendo la vida, y con ello propicia su
autodestrucción como especie y las del resto de los seres vivos que comparten
este maravilloso sitio de vida. Es urgente cambiar, trascender y volver a
articularse como parte del sistema, de Gaia. Es un deber social reconocer que,
en este momento, los seres humanos actúan como la peor plaga que ha tenido
este planeta. Una vez que se reconozca la quietud, la belleza, la perfección de
la naturaleza, de la cual se forma parte, se hará la transformación. La
naturaleza es la unión de un todo en sus partes, para concertarse justamente
con la Gaia, como un solo ser orgánico y cambiante. Es necesario ir sumando
a otros para reconocer y venerar esa belleza, para recuperar esa forma de
interconexión suprema de los ecosistemas de los cuales se forma parte, y no
hay que perder la oportunidad de permitir y llevar acciones que aseguren la
permanencia de la vida en la Tierra.
El pensamiento ecosistémico requiere de acallar la mente de pensamientos
recurrentes, obsoletos e infructuosos, para poder reestablecer la conexión y
generar un pensamiento de las relaciones subjetivas individuo-ambiente. Este
se logra con una inteligencia mayor al pensamiento tradicional como etapa de
desarrollo evolutivo que conocemos. El nuevo pensamiento se logra al generar
quietud y paz, en lugar de la distracción y la destrucción, y acallando el ruido
inmenso que se genera en las sociedades.
Observando la naturaleza, sintiéndola, se genera un proceso de re-
energetización, de unión de campos energéticos que exige hacer pausas de
pensamientos recurrentes y entonces crear una nueva forma de
concebirla, siendo y reconociendo a los seres humanos como parte de ella.
Entonces se comprende la unidad y la relación con el todo, que son sistemas
interconectados y continuos.
Conclusión
En el camino de trabajar la relación hombre-medio ambiente hay muchos
abismos para comprender su integración y se necesita una apertura de relación
que vincule de manera más fluida la relación entre en las ciencias básicas y las
ciencias humanas, profundizando cada una de las categorías de vinculación.
La tierra ha tenido que llegar a un estado de crisis mundial generalizada,
para que las voces públicas, privadas y los científicos, empiecen a hablar de
esta vinculación.
Las culturas más avanzadas, producto del modo de producción capitalista,
ha privilegiado el desarrollo tecnológico en detrimento de la cualidad de los
paisajes nutricios, que sólo son resguardados por las culturas originarias o que
habitan los espacios en zonas de refugio, hasta donde ellos pueden, porque ya
las regiones más lejanas están siendo alcanzadas por la modernidad.
La vida es un entramado de interconexiones, que al suprimir varias de ellas,
la propia vida de las plantas, animales y humanos se transforma en un caos,
debido a multifactores y por la presión de las demandas de la población
creciente, desarrollo industrial que no atiende medidas para manejar los
impactos y malos manejos de los espacios productivos, lo que está
lamentablemente muy cerca de ser irreversible.
Este trabajo intenta contribuir a las reflexiones de la compleja vinculación
de la antropología de la naturaleza.
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